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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

La situación exige un gobierno de técnicos y expertos

Infokrisis.- En momento de convulsiones insuperables, es mejor aparcar lo secundario y concentrar baterías en lo esencial. Afrontamos una crisis de dimensiones desconocidas hasta ahora y estamos dirigidos por un gobierno de ineptos y una oposición que no logra perfilar cuál es exactamente su alternativa de manera concreta y que se muestra incapaz de generar entusiasmos. Siempre hemos dicho que Cristóbal Montoro es una de las mentes más lúcidas del PP, especialmente en lo que se refiere a la crítica a la política económica gubernamental, pero sus propuestas son insuficientes (y en ocasiones increíbles) para salir de la crisis. Señalamos a continuación algunos comentarios sobre la nueva situación que se está creando:

1.- Las últimas medidas aprobadas por el gobierno para reducir el déficit distan mucho de satisfacer a las instituciones financieras, a conjurar riesgos y a bastar por sí mismas para alcanzar el objetivo. Se trata de medidas titubeantes en algunos casos, no apuntan contra los grandes factores de aumento del déficit (entre otros no dicen nada sobre la inmigración) y tendrán un efecto contraproducente sobre la estabilidad social del país. En efecto todos estas medidas no buscan la eficiencia de las administraciones, ni siquiera la reactivación de la economía, lo único que pretenden son dar tijeretazos a los presupuestos a la espera de que el gasto del Estado sea menor…

Es posible que estas medidas lo único que sirvan es para evitar el aumento del déficit, pero servirán mucho menos para disminuirlo: a medida que se vayan aplicando los tijeretazos, disminuirá la inversión pública y la economía… se paralizará todavía más. Por otra parte, las instituciones de crédito seguirán con la espita cerrada, intentando obtener ingresos solamente con la compra de deuda pública al 3% (con dinero impreso por el Banco de España y comprado al 1%... mientras el Banco Central Europeo no suba los tipos de interés) y con la venta de su cartera de inmuebles una vez ejecutadas las hipotecas.

Ninguna institución de crédito europea o ningún centro financiero internacional está dispuesto a dar créditos a bancos españoles para que puedan abrir, a su vez, la espita del crédito. Por lo tanto, hay que prever una parálisis creciente de la empresa privada y, por tanto, el enquistamiento del problema del paro.

2.- La crisis económica ya se ha transformado en crisis social: lo que preveíamos desde hace un año y medio se está produciendo estos días con las torpes medidas de ZP para paliar el déficit. Lo que inicialmente era una “crisis económica” con unos efectos exclusivamente económicos (crecimiento negativo del PIB, agotamiento del modelo económico aznarista, etc.) a partir de la generación de tasas espectaculares de paro, se ha convertido en una “crisis social” cuando nos situamos en 4.500.000 de parados. La habilidad de ZP en estos últimos dos años ha consistido en saber mantener la “esperanza” del pueblo español (parados, clases medias, trabajadores en precario, jóvenes), pero a medida que esta crisis ha ido avanzando, la decepción se ha ido imponiendo cada vez más y en este momento –tras las medidas para paliar el déficit- la esperanza se ha disuelto y las frases optimistas de ZP son consideradas ya como una ofensa para los que sufren la crisis.

Pero la situación no se detendrá aquí. A pesar de que la impresión es que “se ha tocado suelo” con el 20% de paro, la realidad es que las medidas económicas del gobierno pueden ampliar entre septiembre y abril próximos el paro hasta el 22-23%... y ahora ya no hay posibilidades de extender los subsidios a los parados. Los mismos sindicatos, aunque raquíticos, ultrasubvencionados y megasumisos al poder, están reaccionando negativamente a las medidas gubernamentales percibiendo que de no hacerlo perderán por completo lo que queda de su prestigio entre los trabajadores. La duda que tienen en estos momentos los sindicatos es qué ocurrirá si llaman a la gente a la calle… cuando ya no tienen militancia suficiente para encuadrarla. Los sindicatos corren el riesgo de verse desbordados por la cólera popular, la decepción, la desesperación y la evaporación de la “esperanza”.

Las medidas gubernamentales tendrán un efecto balsámico mínimo sobre la economía y generarán otros problemas. En tanto que se trata de medidas incompletas será preciso añadir otras más. Las enumeramos: aumento general de impuestos (por mucho que ZP diga que solamente será para los “privilegiados”, todos sabemos que será sobre todo contra las clases medias contra quienes apuntará), aumento de dos años en la edad de jubilación, copago en los servicios de la sanidad pública, recortes en los presupuestos autonómicos, venta de empresas públicas por parte del Estado y de las Comunidad Autónomas… Y eso es lo que tenemos ante el futuro: en total, según el economista Santiago Niño Becerra “cuatro años más de crisis aguda”.

Las medidas drásticas impuestas (“recomendadas”) por el Fondo Monetario Internacional supondrán un impacto brutal para a sociedad española. Estas medidas se habían aplicado hasta hace poco solamente en el Tercer Mundo, pero con la crisis griega se intentaron en ese país y ahora en España. Estas medidas suponen un golpe contra las clases medias que vivirán una situación de proletarización. En el caso español se suele decir que la deuda pública no es alta (y no lo es, en efecto, supone un 50% del PIB), pero lo realmente grave y lo que tiene la crisis española de diferencial en relación a Grecia es que la “deuda total” (suma de la deuda del Estado, de las Comunidades Autónomas, de los Ayuntamientos, de las familias y de las empresas) supone un ¡400% del PIB! Insoportable y prácticamente impagable.

No hay que perder de vista que si Santiago Niño tiene razón (y su esquema está muy bien argumentado) acabamos de entrar en lo “peor” de la crisis y permaneceremos en ella durante cuatro años). A lo largo de estos cuatros años la crisis social se irá “pudriendo” y consumiendo a la sociedad. Haya elecciones en 2012 o antes, lo cierto es que el PP gobernará en un entorno social muy degradado y aplicará exactamente las mismas medidas que está aplicando hoy ZP, medidas impuestas por la alta finanza internacional y las instituciones financieras europeas temerosas de que el desplome de España arrastre en su caída al euro. El PP estará obligado a aplicar con brazo de hierro las medidas neoliberales que el zapaterismo no se ha atrevido a aplicar… con la consiguiente reacción iracunda de la sociedad española. Justamente en ese momento, la “crisis social” empezará a solaparse sobre la “crisis política” que se irá agravando de mes en mes: al reciente fracaso socialista se unirá el fracaso del centro-derecha. Ambos partidos quedarán sumidos en el desprestigio absoluto… y con ellos el sistema político nacido en 1978.

3.- Parece muy difícil que el gobierno logre mantenerse hasta marzo de 2012 en estas circunstancias, pero si persiste a la espera de que en los dos próximos años la situación de la economía internacional mejore y esto arrastre una recuperación de la economía española, se equivoca de medio a medio. Estos dos próximos años van a ser simplemente el de una agonía prolongada, similar a la que vivió el felipismo en sus últimos tres años de gobierno, cuando su cinismo estuvo en condiciones de engañar a una parte del electorado y conservar el poder, pero no fue suficiente para estimular las inversiones.

Vamos a asistir pues a una operación de acoso y derribo del zapaterismo por parte de todos los sectores sociales y cada vez cobra más cuerpo la posibilidad de que en 2012 se produzca el desplome electoral y la desintegración de este partido. En el otoño se reiniciará la guerra interior para buscar un sustituto a ZP. Chamuscado y requemado Bono, no queda nadie más que Pepinho Blanco como sustituto: demasiado burdo, demasiado ignorante, demasiado mentiroso, demasiado demagogo y sin perfil ideológico, al PSOE ya no queda ninguna carta más: está a las puertas del desplome.

4.- Lo razonable en este momento y ante la gravedad de la crisis es un gobierno de técnicos y expertos de indudable patriotismo y capacidad. En los ambientes económicos y bursátiles empieza a oírse el run-run del “gobierno de concentración nacional” que supondría en la práctica una coalición entre el PSOE y el PP. Error. No solamente ambos partidos se odian tras 35 años de competir por la llave de la caja del Estado, sino que ninguno de los dos tienen propuestas concretas y claras para salir de la crisis. Dependen de su electorado y no quieren adoptar medidas que puedan hacerles perder un solo voto… pero tampoco saben qué proponer.

A situaciones excepcionales corresponden remedios no menos excepcionales. Hoy no hacen falta políticos, sino expertos. Hoy ya no tiene sentido –en medio de la mayor crisis de nuestra historia- discutir tal como está haciendo el gobierno si las menores de 16 años irán acompañadas a abortar o lo harán con autorización de un facultativo, hoy ya no es hora de discutir medidas de igualdad, sino de PLANIFICAR cómo salir de la crisis. Eso no lo puede hacer ni un gobierno que se despedirá en unos meses, ni una oposición que no ha aportado salidas creíbles en positivo, ni mucho menos una coalición que aunará las impotencias de unos y de otros. Esto solamente lo pueden resolver TÉCNICOS Y EXPERTOS con indudable capacidad técnica y dotas de patriotismo y responsabilidad ante la gravedad de la crisis. Esos técnicos y expertos existen… pero no están encuadrados en partidos políticos.

Los partidos políticos mayoritarios se han convertido en un lastre para España, son los responsables por acción u omisión de habernos llevado hasta el punto caótico en el que nos encontramos. Para salir de la crisis es preciso eludir el pernicioso influjo de los partidos y de la clase política sobre los asuntos económicos. Da igual si esto ocurre ahora cuando empieza a ser imprescindible para paliar la crisis o la evolución de los próximos años los evidenciará como incapaces en los próximos años. Salir de la crisis no pasa por los partidos tradicionales. Así pues, prescindamos de ellos cuanto antes.

Es evidente que a la Casa Real le correspondería poner orden en todo este caos y convocar en La Zarzuela a un equipo de técnicos y expertos de indudable patriotismo y capacidad técnica. No lo hará, por supuesto. Pero, probablemente, esa sería la única medida que lograría que en la próxima crisis que se avecina, la monarquía no fuera considerada como otro elemento que ha tolerado la crisis sin decir nada y que corriera el mismo destino que presumiblemente le espera al PP y al PSOE en 2014. Cuando la crisis social se transforme en crisis política, muy posiblemente, se abra la posibilidad para una reforma en profundidad de la constitución. Y, en ese momento, cómo la monarquía llegue sin tener los deberes hechos, ya puede pensar en una salida a lo Alfonso XII.

© Ernesto Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.com – Se prohíbe la reproducción de este texto sin indicar origen.

Las medidas propuestas por Zapatero: presión insoportable sobre la sociedad española

Infokrisis.- La batería de medidas propuesta por Zapatero en el Congreso de los Diputados quizás logren paliar el déficit, pero no desde luego contribuirán a resolver la situación creada por un gasto insostenible y en perpetuo crecimiento.

Tales medidas, impuestas por el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional han demostrado la incapacidad el gobierno español para adoptar por sí mismo cualquier medida y actuar solamente en función de la presión internacional. El editorial de El País de hoy 13 de mayo es elocuente: “Zapatero ha matado a ZP”. En efecto, el “ZP social”, el “ZP ingeniero social”, el “ZP humanista y universalista”, el ZP más similar a una ONG que a un estadista, se ha disuelto como un azucarillo en el océano y se ha reinventado a sí mismo como el hombre que adopta “medidas duras pero inaplazables”…

No está todo dicho, ni todas las medidas adoptadas

Le falta decir que para algunos estas medidas deberían haberse puesto en práctica hace dos años y no esperar a que la situación fuera completamente insostenible. Falta decir también que está por ver si estas medidas logran disminuir el déficit hasta el 3% en años. Y falta decir, por supuesto, si una gestión prudente y mesurada del Estado hubiera hecho inaplazables estas medidas.

Ayer Zapatero se presentó como el hombre que “hizo lo que tenía que hacer”, cuando en realidad era sino el hombre que no hizo lo que tenía hacer cuando tocaba hacerlo y que ahora lo hace acomplejado por la colleja recibida de Europa y de las instituciones financieras. Llama la atención, por cierto, que esto ocurra en el “semestre español” cuando Zapatero es “presidente” de la UE…

Zapatero tenía que haber aligerado el gasto del Estado desde 2004 en lugar de ampliarlo vertiginosamente. Debió taponar el gasto y moderarlo cuando la situación del país era aceptablemente buena en lugar de patearse literal y alegremente las reservas del Estado hasta hace pocos días. El hombre que quería pasar a la historia de España como el que alteró profundamente la estructura de la sociedad española gracias a sus propuestas de ingeniería social, finalmente pasará al mañana como la persona que liquidó el Estado del Bienestar e hizo pagar la crisis a los modestos y a los humildes.

Consecuencias inmediatas

Quedan por saber las consecuencias que tendrán estas medidas. Las resumimos:

-    En primer lugar, el cese de inversiones en el sector público y la imposibilidad de nuevos Plan E, Plan E2000 o Plan VIVE, generará en los próximos meses un repunte del paro que, a estas alturas a nadie le extrañará que supere con mucho los 5.000.000 de desempleados en febrero de 2011.

-    Ese aumento del paro hará imposible el repunte del consumo y el PIB –el fetiche de la economía moderna- descenderá en los próximos trimestres.

-    En los próximos meses –y sin duda aprovechando las vacaciones y la desconexión estival- se adoptarán nuevas medidas a la vista de que éstas propuestas ahora son insuficientes: subirán los impuestos indirectos sobre la gasolina, el tabaco y el alcohol; se subirá la edad de jubilación dos años y se recortarán más y más prestaciones sociales, al tiempo que se eliminan reducciones fiscales y, para colmo, en la esperanza de que repunte el mercado laboral se aprobará el despido libre y sin paliativos.

-    Las consecuencias sociales de estas medidas serán inevitables a corto plazo y obligarán a los sindicatos a convocar protestas o bien correrán el riesgo de verse rebasados por la protesta social. En cualquier caso, el punto en el que la crisis económica se transformaba en crisis social se ha alcanzado. De persistir entre dos y tres años esta crisis social se transformará inevitablemente en crisis política.

-    A pesar de la cocina del CIS y de la identificación del PP con la corrupción, lo cierto es que Zapatero y la sigla PSOE están desahuciadas políticamente. Su crisis es la crisis de la socialdemocracia europea que no ha sabido, querido, ni podido desvincularse de las consecuencias de la crisis y ha aparecido como uno de los responsables de la misma.

La pregunta del millón: ¿Por qué las propuestas de Zapatero no bastarán?

Nuestro pesimismo antropológico quizás no sea el mejor argumento para explicar porqué las medidas propuestas por Zapatero no bastarán para paliar el déficit. Y, sin embargo, es muy simple de entender.

Zapatero ha apuntado sus baterías contra sectores poco movilizables en la calle: especialmente contra funcionarios y jubilados… pero estos sectores no son, desde luego, los que más gasto generan en el Estado. Zapatero ha eludido tocar al sector social que globalmente absorbe extraordinarias partidas presupuestas y produce menos ingresos: la inmigración.

Ni una sola medida, ni una, tiene que ver con la inmigración, ni se habla de recortes a esa “integración” imposible e improbable, ni se tiene en consideración que la inmigración es una fuente de gasto insoportable en el terreno de la sanidad (el 45% de infectados por el VIH son inmigrantes y su tratamiento cuesta 18.000 euros al mes, en natalidad la inmigración supone un gasto entre cuatro y cinco veces superior al porcentaje de gasto autóctono) la educación (donde la inmigración absorbe un 15% del presupuesto), de las prisiones (casi un 50% se lo lleva la inmigración), en paro (la inmigración absorbe cada año 6.000.000 millones de euros) y resulta un misterio saber cuánto se lleva en justicia e interior, pues la opacidad estadística en estos terrenos es absoluta.

Zapatero llegó a la secretaría general del PSOE en mayo de 2000 con un programa cuyo primer punto era la “ayuda a la inmigración”. Hizo público ese programa cuando los socialistas leoneses avalaron su candidatura en una provincia en la que en el año 2000 no había ni un centenar de inmigrantes. Y es que, al menos desde entonces, la inmigración constituye una verdadera obsesión para Zapatero que sueña en un mundo mestizo y feliz, multicultural y multiétnico, surgido de su Alianza de Civilizaciones. Para Zapatero la inmigración es un dogma y ese dogma lleva a su pequeño melting pot.

Por eso prefiere literalmente crujir a las clases medias, por eso quiere aspirar a acogotar a impuestos a los trabajadores y a los funcionarios, restar beneficios sociales a los jubilados y pagar con el sudor de la población autóctona, su última fantasía estúpida inmigracionista.

Y es ante el final del Estado del Bienestar y ante la España mestiza que Zapatero no renunciará a subsidiar hasta que sea arrojado al basurero de la historia, contra la que es preciso revelarnos. Porque está claro que con estas medidas sobre la sociedad española (esto es, contra la sociedad española), la temperatura de este país en los tres próximos años va a ser la propia de una olla a presión. Mucho más de lo que nos podemos permitir y mucho más de lo que merecemos y merecen nuestros hijos.

Esta situación ha sido creada por un inepto y la debe pagar ese inepto convocando lo antes posible elecciones anticipadas. Solamente la protesta social le convencerá de que su hora ha pasado y debe hacer mutis por el foro. Y cuanto antes mejor.

Repetimos la fórmula para disminuir drásticamente el déficit de un día para otro: repatriar a los inmigrantes en situación de ilegalidad, repatriar a los inmigrantes en situación de paro de larga duración, cesar la política de regularizaciones por arraigo, cortar en seco la reagrupación familiar, mayor disciplina presupuestaria y aligeramiento de todos los niveles de la administración. Todo esto permitiría disminuir el déficit sin afectar a los derechos sociales de la población autóctona e incluso mejorándolos.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Reflexiones sobre el encuentro Zapatero-Rajoy

Infokrisis.- Al gobierno Zapatero se le ha acabado el tiempo. Desde hace dos años y medio, es decir, justo desde el momento en el que el peor presidente de la historia de España juró su cargo por segunda vez, lo que ha estado haciendo ha sido “comprar tiempo”. Zapatero logró mantenerse en el poder en aquellas malhadadas elecciones gracias a una mentira mil veces repetida durante la campaña: “No hay crisis”. Puede ser que sinceramente lo creyera (lo cual agrava aún más el problema) pero, sea como fuere, desde entonces se ha dedicado a subsidiar a sectores cada vez más amplios de la sociedad (desde los bancos hasta los parados, desde inmigrantes hasta concesionarios de vehículos) hasta agotar no solamente los recursos actuales del Estado sino aquellos otros que estarán a disposición del Estado en los próximos cinco años.

Cuando ya no queda tiempo que comprar


Cuando Zapatero tuvo la crisis encima empezó a “comprar tiempo” pensando que, antes o después, la crisis amainaría, que se trataba de una crisis coyuntural y que pronto la economía norteamericana o las locomotoras europeas, tirarían de nuevo del carro y la economía española se recuperaría automáticamente.

Así pues, desde esta perspectiva, Zapatero no creía que la crisis fuera a durar hasta 2012 (algunos economistas, Niño Becerra entre ellos, ya barajan la cifra del 2020 como fecha en la que España logrará finalmente salir del “bache”). Así pues, para Zapatero se trataba sólo de contentar durante uno o dos años a los parados, generar puestos de trabajo de corta duración que dieran derecho a más subsidios de paro (Plan E y Plan E 2010), subsidiar algunas actividades y, sobre todo, tener contenta a la banca. Y, por supuesto, tranquilizando a la opinión pública.

Cuando llegase la recuperación económica –que Zapatero calculaba que iba a ser en su infinita ingenuidad a lo largo de 2011- tendría tiempo para volver a alardear de éxitos económicos y recuperar la confianza. Incluso, en esa perspectiva, bastaba con sacar del armario de la Moncloa a “Josu Ternera” para que estampara su firma en el acuerdo que desmovilizara definitivamente a ETA. En 2012 le esperaba, pues, un nuevo período de cuatro años de gobierno en el que volvería a sus monsergas de “ingeniería social”, buenismo y renuncia preventiva.

Pues bien, nada de todo esto tendrá lugar. Zapatero calculó mal; todo le ha salido al revés y ha terminado pudriéndose justo en el “semestre español” al frente de la UE.

Cita con el destino: el “ajuste duro” a las puertas

El problema  hasta ahora no ha sido que cualquier analista español mínimamente avisado reconociera en Zapatero al peor presidente de la democracia, sino que esa misma opinión es la que han terminado por compartir todos los gobiernos europeos y, por supuesto, el capital financiero del que hoy depende la economía español. Falta de liderazgo, falta de decisión para adoptar medidas urgentes, aplazamiento de soluciones a la espera de que los problemas desaparezcan y, finalmente, frases pretendidamente optimistas que han convertido una muletilla grotesca en el discurso de Zapatero, han hecho que el conflicto sea inaplazable.

La UE y el FMI, a la vista de cómo está la situación en la Península, han pedido al gobierno español un plan integral de saneamiento de la economía. Pero Zapatero no está en condiciones de realizarlo so pena de perder más y más apoyos y llegar a las elecciones del 2012 en el peor momento del reajuste. Su debilidad es tal que si ahora pusiera en práctica ese plan, probablemente debería de convocar elecciones anticipadas (no entre julio y enero porque se solaparían con las elecciones autonómicas catalanas, ni tampoco entre febrero y agosto de 2011 en donde lo harían con las elecciones municipales; así pues solamente queda un resquicio en Enero, unir elecciones generales, municipales y autonómicas, o bien adelantarlas hasta septiembre de 2011… apenas medio año antes de la fecha en que corresponderían normalmente, en marzo de 2012).

Un dejà-vû

Lo que parece claro es que estamos en uno de estos períodos en la historia política de la España contemporánea en donde la vida y la economía estarán paralizadas mientras no se celebren elecciones anticipadas. El felipismo agónico ya desde 1989, se salvó de la debacle por los pelos en 2003 para finalmente ser derrotado en 2006, pero ese largo período de siete años estuvo dominado por la parálisis económica, especialmente los últimos tres años en los que el felipismo, utilizando todos los trucos electorales , hizo todo lo posible por prolongar su estancia en el poder a pesar de la desconfianza que generaba en los inversores y de que su ciclo se había agotado.

 Hoy ocurre otro tanto. El zapaterismo es un sistema político agotado y desecho, un producto de la crisis de la socialdemocracia europea, del que no se salvará nada. Las Bibiana Aído, las Leyre Pajín, los Pepinho Blanco y demás nulidades aun más nulas que su jefe, regresarán a su mediocridad habitual y de ellas y ellos nunca más se volverá a saber nada. En cuanto a Zapatero su nombre será maldecido por las generaciones venideras que tendrán que pagar sus errores durante décadas.

El encuentro ZP-Rajoy o la escenificación de la impotencia

Y es en ese punto en donde todos –salvo el propio interesado- advierten con facilidad que Zapatero es un político amortizado, cuando se escenifica una “reunión de alto nivel” en la Moncloa para devolver a los mercados la confianza en la economía española. Error. Era muy arriesgado reunir a un presidente que se niega a tomar medidas porque de hacerlo está convencido que perdería las próximas elecciones, junto con un jefe de la oposición que tampoco quiere proponer medidas porque desvelar sus cartas implicaría que no ganaría las próximas elecciones.

Ambos saben que las medidas que exige la UE, la alta finanza internacional y el FMI irán dirigidas contra las clases trabajadoras, contra las clases medias y contra los que hoy son los grupos sociales más afectados por la crisis, mientras que los causantes de la misma se van de rositas y nadie se acuerda de ellos.

Es significativo que ambos “líderes” aludieran a un “pacto sobre las Cajas de Ahorra” (a buena hora mangas verdes, cuando Fernández Ordóñez ya está dispuesto a enviar inspectores a las Cajas que no se han fusionado para examinar sus cuentas, lo que equivaldría a revivir el caso de Caja de Ahorros Castilla La Mancha en media docena de entidades) y a un “pacto sobre la educación” (cuando el fracaso escolar no es de ayer sino que tiene ya 20 años de antigüedad y alcanza regularmente el 30% y el sistema educativo generado por PP y PSOE ha creado de este fracaso la famosa generación “ni-ni” que, en realidad es “ni-ni-ni” (ni trabajan, ni estudian, ni piensan).

Era evidente que para un viaje de tan corto calado no hacían falta alforjas. En apenas una semana –incluido el día del encuentro y el posterior- las bolsas españolas han perdido el 12% de su valor, un 3,7% tras la reunión… La alta finanza, los inversores, los operadores del dinero han comprobado con cierto sobresalto que España es también un país ni-ni ,ni gobierno, ni oposición.

En realidad, el encuentro Zapatero-Rajoy ha servido para una sola cosa: escenificar ante toda la opinión pública que en la España democrática solamente hay una alternativa: o votar PP o votar PSOE, las dos caras de la misma moneda.

Ahora bien. , desde hace dos años, en infoKrisis ya habíamos previsto cómo iban a evolucionar los acontecimientos: la crisis económica se sentiría con más dramatismo y brutalidad en España a causa de nuestro peculiar sistema económico basado desde el aznarismo en la hipertrofia del sector de la construcción, en salarios bajos, inmigración masiva y crédito abierto a espuertas. Decíamos entonces que la crisis económica, de prolongarse –y no albergábamos la menor duda de que se prolongaría- desencadenaría una crisis social. Hoy, cuando hemos llegado a los 5.000.000 de parados reales, con unos sindicatos mudos, sin perspectiva de reducir el paro como no sea en períodos estacionales, hemos llegado a esa crisis social que bulle en las familias, en los bares y en los lugares de reunión pero que todavía no se ha manifestado en la calle. Es cuestión de tiempo. En el momento en el que el zapaterismo o su sustituto pretendan aplicar las medidas tan largamente esperadas por la UE y el FMI, se producirá el estallido social y lo que hasta ese momento era solamente una crisis social larvada se convertirá en crisis política.

La crisis política en puertas


Y este es el problema, porque si el PSOE identificado con la sigla ZP será responsabilizado de la crisis y quedará al pie de los adoquines (y hará falta ver si no queda más bajo, en la fosa séptica de las siglas consumidas cuando se desvele lo que ocurrió realmente el 11-M), no albergamos la menor duda de que una reestructuración económico-social como la que precisa España (y que dudamos mucho que el PP esté en condiciones de realizar e incluso de idear), será inaplicable por un partido de derechas que no tiene más programa económico que el impuesto desde la UE y desde las recomendaciones del FMI.

El problema no es que el PSOE-ZP no esté en condiciones de solucionar la crisis, sino que el verdadero problema es que el PP tiene idénticas limitaciones pues no en vano es la otra cara de la misma moneda.

¿Qué ocurrirá cuando el electorado, hacia finales de 2012 o seis meses después de que se convoquen las próximas elecciones anticipadas, descubra que el PP tampoco es capaz de sacarnos de la crisis? ¿Quedará en 2015-2016 algo del sistema de partidos políticos generado en 1978? Lo dudamos mucho.

La crisis económica devenida ya crisis social, en el momento en que se quiera paliar con las fórmulas de manual impuestas por la UE y el FMI desencadenará una crisis política sin precedentes que arruinará el sistema que el centro-derecha y el centro-izquierda idearon en 1978 para eternizarse en el poder.

Y creo que debemos felicitarnos porque nuestra generación vea ese día no muy lejano.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Lo que ocurre en Grecia: espejo de lo que ocurrirá en España

Infokrisis.- Grecia ha estallado. Dos meses de agitación social terminaron en una gigantesca manifestación sindical el pasado 5 de mayo que terminó en incidentes (incidentes, por lo demás, poco claros) con un balance de tres muertos. La izquierda –y más concretamente la extrema izquierda comunista- está liderando la agitación. El pasado 4 de marzo, la policía griega pasó por encima de Manolis Glezos, de 88 años, un antiguo resistente de izquierdas. La prensa progresista clamó contra lo que consideraba una agresión a los “símbolos de las democracia griega”. El día antes, Yorgos Papandreu (socialista) había anunciado un plan de austeridad extremadamente severo. La calle estalló en apenas 24 horas.

El “plan” griego para salir de la crisis

Es bueno recordar en qué consiste ese “plan” que ha puesto a Grecia en pleno estallido social porque es el que se va a intentar aplicar en España este verano: congelación salarial de los funcionarios y descenso del 10% en algunas categorías, subida general de impuestos, reducción de subsidios, flexibilización de la contratación,  y eliminación de las pagas dobles.

Al igual que Zapatero en España, también Papandreu llegó al poder con una campaña plagada de mentiras: “¡Las arcas del Estado están llenas, miente quien diga lo contrario!” había repetido una y otra vez antes de demostrarse justamente lo que todos intuían: que las arcas del Estado no solamente estaban vacías sino mucho más vacías de lo que se imaginaba la opinión pública e incluso las instancias económicas internacionales. Goldman Sachs, en comandita con el gobierno griego, había enmascarado 40.000 millones de déficit.

Al día siguiente de la aplicación de estas medidas, una oleada de protesta cristalizó en la calle: “¡que paguen la crisis quienes la han creado, no los trabajadores!”. Lo mismo se podrá oír en España dentro de pocas semanas. Pero han ocurrido otras muchas cosas en el interior de la sociedad griega en los últimos meses: la criminalidad se ha disparado y no hay maquillador estadístico que haya logrado enmascarar la realidad; la inmigración, especialmente turca e islámica está en el candelero y la opinión pública le atribuye el repunte de la delincuencia. A cada manifestación sindical, sucede una oleada de violencia (en parte provocada por agitadores a sueldo de no sé sabe bien quien, posiblemente a cuenta del propio gobierno que aspira a desprestigiar a los sindicatos y a presentarlos ante la opinión pública como “estimuladores de la violencia extremista”).

¿Por qué se ha hundido Grecia?

Esta es la pregunta capital y aquí los paralelismos son sorprendentes entre nuestro país y Grecia. Sí, ¿por qué ha estallado Grecia? Por convergencia de distintos factores de crisis: crisis de la deuda soberana, fiscalidad absurda, sistema político bipartidista que apenas deja espacio para opiniones disidentes, endeudamiento de todos los estratos de la sociedad (familias, empresas, pymes, pequeño comercio) y de la administración (gobierno central y ayuntamientos).

El problema no es de ahora. Se arrastra desde los años 50 cuando el 80% de la recaudación impositiva del Estado procedía de impuestos indirectos (gasolina, alcohol, tabaco) y del impuesto sobre los salarios… ¿Os suena? Es como en España. ¿Cuál es la diferencia? Que Grecia tiene un sector nacionalizado más amplio que España. ¿En qué se parecen más ambos países? En que el gasto público ha ido subiendo progresivamente mucho más allá de lo que podía soportar la solvencia del país cuya economía se mantenía gracias… al turismo y al sector inmobiliario ¿A qué esto también suena? La izquierda solamente ganaba las elecciones cuando proponía ampliar coberturas sociales  a costa de aumenta más y más el gasto público y sin mirar la situación real de la economía del país. Exactamente igual que ha ocurrido en la España de Zapatero.

Donde Grecia se equivocaba: la UE apoya a quien no genera problemas

A cada “plan de estabilización”  ordenado por la UE, la economía griega respondía con más evasión fiscal, más especulación, más economía financiera y más beneficios bancarios y bursátiles. El gobierno lo intentaba solucionar todo… subiendo el IVA. Hubo crecimiento económico y… el gasto público se redobló más y más sin que se reformara la fiscalidad.

Tanto la derecha como la izquierda griega estaban persuadidas de que en caso de que las cosas fueran a peor, la Unión Europea ayudaría a Atenas a salir del problema. Pero olvidaban que todos los gobiernos de la UE, a fin de cuentas, se deben al humor de sus electores y que ninguno iba a poner en la balanza cientos de millones de euros para ayudar a un país que se había dormido a la hora de practicar reformas necesarias en su estructura económica y en sistema fiscal. Atenas, en los últimos años, llegó a comprar cantidades innecesarias de armamento francés y alemán (ocho fragatas) para congraciarse con ambos gobiernos en caso de crisis. El resultado ha sido inesperado: ambos motores de la UE han pedido ha Grecia que pusiera en marcha un plan de austeridad… salvo en materia armamentista.

Grecia y España se parecen incluso en que tienen un adversario islámico. Lo que Marruecos es para España, para Grecia es Turquía, el vecino molesto, intratable, intervencionista y quisquilloso. Lo que España tiene pendiente con Marruecos en Ceuta, Melilla, las islas adyacentes e incluso Canarias, Grecia lo tiene con Turquía en Chipre y en islas del Egeo que reivindica el país islámico. Sin embargo los griegos, más belicosos que nuestro país, gastan un 4’3% de su presupuesto en defensa, casi el doble que España.

Recientemente se ha dicho que una tuberculosis en Grecia tiene el mismo impacto en la UE que un resfriado en España… Cierto, pero hay que pensar lo que ocurriría en la UE si el enfermo tuberculoso tuviera las dimensiones de España. España no es Grecia, pero se le parece mucho y valdrá la pena que veamos los sucesos que están ocurriendo en Grecia en estos momentos como el espejo de lo que va a ocurrir en España en el próximo verano y otoño. El estallido social griego precede al que se producirá en España inevitablemente cuando el gobierno –el que sea- se vea obligado a aplicar medidas de un impacto y de una brutalidad desconocida hasta ahora, especialmente sobre las clases más modestas.

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Magia financiera o estafa a la ciudadanía. La banca española viciada por el “carry trade”

Inokrisis.- El gobierno emite deuda porque sabe que la banca la comprará, pero ese recurso se está acabando. Los problemas de la economía española son completamente diferentes a los de Europa, sin embargo la política monetaria en la UE está onopolizada por el consorcio franco–alemán: las soluciones buenas para el resto de Europa pueden ser extremadamente negativas para España… y en particular para la Banca española. Si suben los tipos de interés en los próximos meses puede producirse otro estallido: el del carry trade. Ahora entenderá el por qué 2010 va a ser un año difícil para la banca española

En 2008 nos mintieron: el dinero entregado por el gobierno a la banca, nunca iba a ir destinado a reabrir la espita del crédito para la pequeña y mediana empresa y, por tanto, no contribuiría a crear ni empleos, ni a volver a poner en marcha la maquinaria económica. Lo sabían tanto la banca que recibía como el gobierno que daba. Simplemente se trataba de evitar que la Banca española no pudiera afrontar los pagos el 31 de diciembre de 2008 debía realizar a entidades de crédito europeas y al Banco Central Europeo. La banca española quedó a la recíproca y, favor por favor, se comprometió a comprar deuda pública emitida por el Estado. Toma y daca entre el Estado y la Banca. ¿Y la ciudadanía? Engañada, por supuesto.

En apenas un año de agosto de 2008 a agosto de 2009 las entidades financieras españolas han comprado masivamente deuda pública. Hoy tienen un 75% más que hace un año, en cifras absolutas unos 70.000 millones de dólares. De entre todos los sistemas financieros del mundo, el español es el más decidido a comprar deuda del Estado. Del total de deuda pública adquirida por la Banca Europea en 2008–2009 (245.000 millones de euros, un 19% más de lo que tenían), la Banca Española ha adquirido ella sola, algo más del 30% del total europeo. Algo a todas luces desmesurado y que, por sí mismo, denota la existencia de un acuerdo suscrito a espaldas de la ciudadanía entre el Estado y la Banca.

El negocio de la banca en 2009

No es una técnica bursátil nueva, de hecho, en tiempos de vacas gordas, e incluso cuando la economía ha estado a medio gas siempre se ha utilizado la técnica del “carry trade”. Se suele utilizar en operaciones de especulación con divisas, pero hoy es un sistema monopolizado prácticamente por la banca. Es muy simple: pido un crédito a un interés X e invierto ese dinero en bolsa obteniendo unos beneficios Y. Si yo pago el dinero a un interés del 3% y obtengo unos beneficios bursátiles del 7%, estaré ganando aproximadamente un 4%, podré afrontar mi deuda con el banco y obtener, de paso, un jugoso beneficio con un dinero que, a fin de cuentas, no es mío. Esa técnica se suele utilizar en períodos de auge bursátil y, especialmente, cuando las tasas de interés son bajas.

Eso es precisamente lo que ha estado haciendo la banca española a lo largo del año 2009 aprovechando que las tasas de interés eran extremadamente bajas y el dinero prácticamente salía gratis. El problema ha sido que la banca española ha utilizado, en connivencia con el Estado, un sistema perverso: ha solicitado créditos constantemente al Banco de España al 1% y con ese dinero ha comprado masivamente deuda pública emitida por el Estado que renta un beneficio medio del 3%... La operación le ha valido un 2% de beneficios, sin absolutamente ningún riesgo.

A lo largo de todo el año 2009, la política de la banca ha consistido en retraer al máximo los préstamos personales y a las PYMES, exigiendo garantías estrictas que contrastaban con la ligereza utilizada sólo 18 meses antes a la hora de conceder hipotecas multimillonarias. En lugar de realizar una tarea social e incentivar el mecanismo de producción y consumo, la banca lo que ha hecho a lo largo de todo el año 2009 ha sido simplemente lucrarse sin riesgo y sin esfuerzos obteniendo un 2% de intereses limpios de polvo, paja e impuestos, procedente de un Estado gestionado por una banda de manirrotos que administran un dinero que no es suyo que se permiten dilapidar en decenas de caprichos.

¿Cuál es el problema de este sistema? Hay muchos, a parte de lo cuestionable de un Banco de España que es una parte del Estado, emite un dinero que entrega a los bancos comprometidos a comprar deuda del mismo Estado, operación en la que la Banca obtiene un 2% de beneficios que… lógicamente procederá de los impuestos pagados por todos nosotros. El principal problema es que el Estado, poniendo a la venta cantidades ingentes de deuda se convierte en una máquina aspiradora de dinero. La seguridad que da la deuda pública hace que el 60% del dinero disponible para créditos sea absorbido por el Estado y solamente un 40% esté destinado al crédito familiar y a las PYMES. De ahí que pueda decirse sin exagerar que el Estado gestionado por Zapatero es el primer responsable de que las empresas y las familias se vean asfixiadas.

Los bancos no es que hayan cerrado completamente la espita del crédito para las familias y las PYMES, es que han aumentado las exigencias, los avales y… los intereses. Si usted presenta todos los avales en regla, el banco le cobrará un 12% de interés, sin embargo pero aceptará el 3–4% que como máximo le paga el Estado. El desfase es de ¡8 puntos! Una vez más el trabajo bancario y la usura –el préstamo con interés abusivo– van de la mano. Y el Estado transige en tanto que beneficiario del sistema.

Imaginemos lo que ocurriría si el Banco de España concediera créditos a las familias para comprar deuda pública… A fin de cuentas, no perdería nada, el 2% de beneficios repercutiría en la población. ¿Y por qué no hacer algo mejor? No emitir deuda… y ahorrarse ese 2% de interés, simplemente rebajando impuestos. Sin embargo, el Estado y la Banca, compinchados, trabajan en beneficio mutuo de espaldas a la población. No es demagogia, es lógica pura y simple.

El riesgo del proceso


Hasta aquí la práctica bancaria del “carry trade”. Ese sistema no puede realizarse siempre. Solamente es viable cuando los tipos de interés son bajos… como ahora. Pero ¿qué ocurre cuando los tipos de interés empieza a subir? También es simple entender lo que puede ocurrir. La Banca X compra deuda pública a un interés del 3% con dinero que recibe del Banco de España al 1%. Eso implica que el precio del dinero es de un 1%, pero si bruscamente los tipos de interés empiezan a subir puede ocurrir que se sitúes por encima del 3% con lo que tener deuda al 3% supondría limitar los ingresos y, a la postre, obtener pérdidas porque seguramente otros productos financieros y bursátiles ofrecerían intereses más elevados. Cuando se produzca ese supuesto se dirá que “ha estallado la burbuja del carry trade”… ¿puede ocurrir?

Vale la pena recordar dos factores. Uno de ellos es que la crisis económica española es muy diferente de la de cualquier otro país europeo. En ningún país europeo las dos columnas sobre las que se había sostenido el crecimiento económico español en los últimos quince años (construcción y hostelería) se han hundido y han generado unas tasas tan extraordinarios de paro imposibles de compensar por otros sectores. Lo que es peor: ambos sectores nunca jamás, nunca, volverán a alcanzar los niveles de desarrollo que tuvieron en 2004–2007. En otros países estos sectores han tenido un impacto muy secundario en su estructura económica, sólo en España han sido sectores clave del crecimiento.

De ahí que exista un desfase entre la “recuperación” en la Zona Euro y la “recuperación” en España. El gran problema es que al estar dentro de la Zona Euro el gobierno español no es dueño de la política monetaria europea que depende del Bancos Central Europeo que se rige fundamentalmente con criterios franco–alemanes. Lo que puede ser bueno para la economía franco–alemana puede ser nefasto para la economía española.

El Banco Central Europeo siempre ha practicado una política monetarista centrada en contener la inflación e impedir el recalentamiento de la economía y en este momento se vuelve a empezar a aludir a las subidas de tipos de interés. El pasado 13 de noviembre, por ejemplo, se supo que la “eurozona” creció en el tercer trimestre del año un 0’4% y que en conjunto de la UE lo hizo un 0,2%. Eran las primeras cifras positivas en los últimos cinco trimestres. Francia y Alemania están en estos momentos en cabeza de la reactivación, mientras que España y Grecia son los “farolillos rojos”. Claude Trichet explicó textualmente, por si había dudas, que el hecho de que haya "países en crecimiento negativo y positivo no excluye una situación de subida de tipos”.

La noticia supuso un jarro de agua fría para Zapatero y la banca española. Ésta última estaría ya en números rojos si los bancos anotaran en su contabilidad el valor real de los inmuebles en su poder procedentes de ejecuciones de hipotecas. En lugar de eso siguen anotando el valor de las tasaciones… realizadas por empresas controladas por esos mismos bancos. Esto implica hinchar –fraudulentamente, no se olvide– el propio activo, mientras la autoridad bancaria (MAFO) hace la vista gorda. Pero en el caso de que subieran los tipos de interés, la mayor fuente de ingresos de la banca en este momento –el “carry trade”– saltaría por los aires: si se sitúan en el 2% los ingresos por esta técnica disminuirían a la mitad y si se sitúan en el 3% el beneficio sería cero. Con unos tipos de interés superiores, ya estaríamos hablando de pérdidas.

En esa hipótesis la banca eludirá el interés de sus créditos, los hinchará para compensar así el 4,5% de créditos fallidos (14,5% entre inmigrantes) y las familias seguirán teniendo problemas para pagar sus hipotecas, mientras las PYMES trabajarán a destajo solamente para devolver los créditos que puedan obtener tras aportar avales y garantías personales. En cuando a los préstamos personales y a determinados servicios bancarios básicos, irán aumentando los intereses y las cantidades a pagar.

¿Qué será de la deuda?

Existen distintos tipos de deuda. Las Letras del Tesoro, por ejemplo, se firman por espacios inferiores a un año, habitualmente se utilizan para compensar el déficit de caja y cubrir las necesidades urgentes de tesorería del Estado. Salvo en un escenario catastrófico, sería difícil que la economía europea se recalentara tanto que obligara al Banco Central Europeo a subir los tipos de interés más allá del 2,5% en 2010, pero, aun así, los beneficios de la banca española quedarían excepcionalmente recortados. Mucho más grave lo tiene la deuda a medio plazo –los Bonos del Tesoro– que sí pueden vencer después de que el BCE haya subido los tipos de interés y, por supuesto, la deuda a largo plazo –las Obligaciones del Tesoro– que hará perder dinero a los bancos casi necesariamente. El 75% de deuda adquirida por los bancos es a medio plazo, entre tres y cinco años… peligroso.

Ha bastado que se propagase el rumor de elevación de los tipos de interés por parte del BCE para que al día siguiente distintos editoriales de la prensa económica alertaran de que a partir del segundo trimestre del 2010, el Estado empezará a tener dificultades para colocar los distintos productos de deuda pública.

Si hasta ahora Zapatero ha conseguido mantener un déficit de cuentas del Estado desmesurado ha sido gracias a su facilidad para emitir y vender deuda, especialmente a la banca. La Comisión Europea ha considerado desde el mes de junio que el déficit actual es insostenible, pero Zapatero no ha hecho el más mínimo gesto para contener el gasto público (sino todo lo contrario), pensando en su ignorancia en materia económica que los bajos tipos de interés serían permanentes… y, lo que es peor, que la economía española saldría prácticamente de la crisis con unos pocos meses de diferencia del eje franco–alemán. Ensoñaciones.

A lo largo de octubre y noviembre se produjeron los primeros avisos de que el camino abordado en 2009 para financiar el déficit del Estado no podría mantenerse en el 2010. El primer aviso vino por parte del gabinete de estudios del Barclays Bank que preveía que los bancos reducirían las compras masivas de deuda pública especialmente a partir de junio de 2010. Para Barklays no existe absolutamente ninguna duda de que el Estado se verá imposibilitado de colocar antes de esa fecha las casi 215.000 millones de euros que Zapatero aspira a emitir según se deduce de los Presupuestos Generales del Estado.

Ese estudio confirmó también que los bancos han sido los primeros compradores de deuda pública de los Estados, siempre con el sistema de “carry trade”… solamente en EEUU, UE y Japón, estas compras se han elevado a la astronómica cifra sin precedentes de ¡4,6 billones –con “b”– de dólares!

Barclays Bank fue el primero en alertar sobre la posibilidad de que los tipos de interés subirían, en primer lugar en el Banco de Inglaterra (el Reino Unido está fuera de la zona euro) a partir del primer trimestre de 2010, la Reserva Federal hará otro tanto y el BCE se verá obligado a lo mismo según el mismo informe. En menos de cinco/seis meses se habrá terminado la “financiación barata”, soporte de esa técnica… y empezarán las pérdidas en las carteras de deuda.

Al día siguiente de publicarse esta noticia, el Banco de Sabadell entró en pánico y se deshizo de todos los bonos del Estado que había comprado en meses anteriores. Se trataba de deuda a 10 años  así pretendían eliminar el riesgo de subida de tipos. El Sabadell ganó con la operación 40 millones de euros (al haber subido el precio de la deuda en los últimos meses). Tomás Varela, director financiero del Sabadell, explica que "anticipamos una posible caída de los precios y por eso decidimos eliminar totalmente la exposición a bonos a 10 años, ni españoles ni de ningún otro país". Decisión significativa.

En el momento de escribir estas líneas da la sensación de que los bancos españoles empiezan a deshacerse discretamente de la deuda en su poder. Es todo un aviso. A partir de ahora si el Estado quiere emitir deuda (y lo tendrá necesariamente que hacer) deberá hacerla más suculenta y ofrecer más rentabilidad… que se traducirá, de nuevo, en más impuestos sobre el ciudadano. Por otra parte, contra más deuda circula, más se devalúa y es necesario prometer el pago de más intereses a sus tenedores.

Cuando el déficit de cuentas del Estado ya se aproxima al peligroso 6% y las alarmas de la UE están a punto de sonar, la política económico–social de Zapatero ha entrado en una peligrosa dinámica: más deuda, más interés, más impuestos, menos inversión, menso trabajo, menos consumo, más paro. Efectivamente, la luz al final del túnel es otro convoy que viaja a velocidad de vértigo en dirección contraria y por la misma vía.

[recuadro fuera de texto]

El termómetro interbancario a cero grados

Hoy, los bancos siguen sin fiarse entre ellos. Les consta que hay entidades todavía contaminadas por las hipotecas subprime que llegaron de los EEUU, pero cada banco prefiere callar sobre su nivel de contaminación. A esto, los bancos españoles y las cajas de ahorro, unen unas tasas de morosidad hipotecaria que corren el riesgo de traducirse en pérdida muy reales por alto que sea el maquillaje que cada uno realiza de sus balances a fuerza de exagerar el activo y disimular el pasivo.

La muestra de que la crisis sigue es que los préstamos interbancarios se han reducido prácticamente a cero. El préstamo interbancario es una práctica habitual hasta antes de la crisis: los bancos se prestan dinero unos a otros a un interés mínimo para garantizar su liquidez en todo momento.

Cuando en julio, el BCE insertó una inyección liquidez en el sistema bancario europeo (exactamente 442.200 millones de euros a doce meses), las entidades sí adquirieron ese dinero… pero no para realizar préstamos interbancarios como en otro tiempo, sino para conservar el grueso de esa cantidad (236.000 millones de euros) en las arcas del propio BCE, a pesar que éste solamente ofrecía un 0’25% de interés y de el precio del dinero en el mercado interbancario está a un 1,5%, esto es ¡seis veces más! Pero los bancos, ante la duda de qué entidades están contaminadas y se desplomarán en 2010, prefieren actuar con prudencia, militar sus beneficios y eliminar la posibilidad de pérdidas.

Si la salud del sistema bancaria da una muestra de la salud de la economía hay que convenir que ésta dista mucho de haberse normalizado, incluso en los países europeas que antes han salido de la crisis. Esto no ha terminado –y los bancos los saben– todo terremoto tiene “réplicas” o sacudidas secundarias.

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El “Caso Vic” versión 2.0. La decisión de la Comisión Europea reabre el debate sobre los inmigrantes en Vic

Infokrisis.- El tripartito catalán ha establecido un dogma: “empadronar inmigrantes es legal” y ese dogma ha sido avalado por dios-padre, José Luis Rodríguez Zapatero. Y resulta que no, que no solamente la legalidad sobre el empadronamiento de inmigrantes era cuestionable según la legislación española, sino que además la Unión Europea sitúa la legalidad en otro lugar. Zapatero calla, su nueva  secretaria de inmigración, Ana Terrón, balbucea excusas y el tripartito sigue aferrado a su dogma. La reciente decisión del consistorio de Vic de comunicar a la Delegación del Gobierno en Catalunya sobre los inmigrantes ilegales empadronados en la ciudad ha acabado por complicar la situación. El gobierno estará ahora obligado a actuar ante situaciones de ilegalidad… El Caso Vic está de nuevo en el candelero. Mal asunto eso de dejar debates abiertos.

En enero, el Ayuntamiento de Vic decidió que no empadronaría a ningún inmigrante que se encontrara en situación irregular mientras no acreditara que había cursado la solicitud o prórroga del permiso de residencia. Sin embargo, finalmente la aplicación de la norma no se llevó a cabo por presión de la Generalitat y del gobierno Zapatero. Sin embargo, el Caso Vic distaba mucho de haber concluido.

La noticia de que la UE no avalaba la decisión de la Generalitat ni del gobierno español publicada el pasado 11 de abril supuso el desencadenamiento de una nueva polémica que situaba por segunda vez en menos de cuatro meses a esta población catalana [véase el despiece: Vic, capital espiritual de Catalunya] en el centro de la atención mediática. La noticia según la cual el Ayuntamiento de Vic informará "caso a caso" a la Delegación del Gobierno en Cataluña de los inmigrantes empadronados en la ciudad que se encuentren en situación irregular en España y que "no tengan los requisitos de residencia legales", desencadenó el revival del “Caso Vic”.

La Unión Europea avala el no empadronamiento de ilegales


Aunque la Comisión Europea no puede tomar medidas formales antes del 24 de diciembre de 2010, fecha en la que todos los Estados miembros tienen que incorporar a su ordenamiento jurídico la Directiva de retorno, ha pedido "velar" por el cumplimiento de las normas fijadas en la misma "tan pronto como sea posible".

El primer teniente de alcalde de Vic, Xavier Solà (CiU), aseguró a Efe, que el consistorio “ha decidido llevar a cabo esta medida para no "prevaricar por omisión", ya que, según ha dicho, se podría dar el caso de que un fiscal actuara en contra del ente municipal por incumplir las indicaciones de la Unión Europea”. Se trataba, en realidad, de un “efecto rebote” generado por la comisaria europea de Interior, Cecilia Malmström, quien aseguró pocas horas antes que "las autoridades españolas, una vez que tienen conocimiento de la presencia en su territorio de un nacional de un tercer país que se encuentre en situación irregular, ya no son libres para tolerar esta situación sin iniciar los procedimientos de retorno o poner en marcha procedimientos para concederle el derecho a permanecer en su territorio"…

La Comisión Europea ha advertido a través de Malmström que, cuando tenga conocimiento de esta situación de ilegalidad, deberá iniciar el procedimiento de expulsión o regularizar a los inmigrantes. Malmström recordó que la normativa comunitaria obliga a los Estados miembros a "expedir una decisión de retorno contra cualquier nacional de un tercer país que se encuentre en situación irregular en su territorio" pero que también permite "conceder un permiso de residencia u otra autorización que otorgue un derecho de estancia por razones humanitarias o de otro tipo".

Cecilia Malmström señaló, así mismos, que las autoridades españolas, "una vez que tienen conocimiento de la presencia en su territorio de un nacional de un tercer país que se encuentre en situación irregular, ya no son libres para tolerar esta situación sin iniciar los procedimientos de retorno o poner en marcha procedimientos para concederle el derecho a permanecer en su territorio".

Malmström aclaró igualmente que los Estados miembros pueden decidir qué nivel administrativo -local, regional o federal- toma las decisiones relacionadas con el retorno o la concesión del derecho de permanencia. En todo caso, el Estado miembro es responsable ante la UE de la correcta aplicación de la normativa comunitaria "en la totalidad de su territorio".

El problema es que en España nunca resulta claro qué nivel administrativo es responsable de algo tal como demuestran los últimos 30 años de “Estado de las Autonomías” en las que constantemente cada escalón ha culpado a los otros de cualquier error o tragedia: Estado contra Autonomías, Autonomías contra Estado, Ayuntamientos contra Autonomías, Autonomías contra Autonomías… y ahora, lo que faltaba: Estado y Generalitat contra la Unión Europea.

Las declaraciones de Cecilia Malmström realizadas por “una instancia superior” (la UE), suponían un mazazo para las dos instancias jurídicamente inferiores: el Gobierno Español y el Gobierno de la Generalitat de Catalunya que intentaron justificar con toda una maraña jurídica algo que era extremadamente simple de partida: las condiciones de empadronamiento de la Unión Europea son contrarias a la dogmática del gobierno español y del gobierno autonómico catalán. Y esto ocurre cuando la presidencia europea de José Luis Rodríguez Zapatero se encamina hacia su recta final con más pena que gloria. Las declaraciones de Cecilia Malmström suponen un nuevo desdoro para este abochornante semestre de presidencia española.

Culpas, ambigüedades y balones fuera de CiU

Las declaraciones de Cecilia Malmström eran la respuesta a una pregunta de Ramón Tremosa, eurodiputado de CiU sobre si era legal o no empadronar a inmigrantes ilegales.

Para Tremosa, la postura de la comisaria europea avala al Ayuntamiento de Vic en su polémica con el Gobierno, que le exigió inscribir a los sin papeles en el padrón. Lo que olvida decir Tremosa es que CiU se vio obligado a proponer el no empadronamiento de ilegales en el Ayuntamiento de Vic por presión de la Plataforma per Catalunya y como última esperanza para detener la avalancha de votos hacia esta nueva formación política que amenaza con empañar el stablishment local.

El teniente de alcalde de Vic Xavier Solà (CiU) considera que la Comisión Europea trata de obligar al gobierno español a adoptar una postura coincidente con los criterios de la UE sobre empadronamiento de ilegales ya que el Ayuntamiento "no tiene competencias" en materia de inmigración. En otras palabras: el Gobierno debe decidir si expulsa a los ilegales o les da permiso para residir en España.

Así pues la culpa de que en Vic se sigan empadronando inmigrantes ilegales es del gobierno español porque el ayuntamiento local, “ha hecho lo que ha podido para impedirlo”. Y no es cierto: el Ayuntamiento de Vic podía haber hecho mucho más. Podía apelar a las instancias europeas que le habrían dado la razón avalado en el hecho de que la legislación española en la materia es contradictoria. El Ayuntamiento de Vic hubiera podido presentar denuncia al Tribunal Constitucional. Podía haber aplazado el empadronamiento, podía haber realizado inspecciones por parte de la policía municipal para confirmar si los datos aportados por los ilegales en su hoja de empadronamiento eran ciertos o falsas, podría haber enviado inspecciones de sanidad para ver si los pisos que los ilegales señalaban como residencia eran, en realidad, “pisos patera”. El ayuntamiento de Vic hubiera podido declararse, pura y simplemente, en estado de insumisión a las imposiciones del gobierno catalán y del gobierno español, manifestándose a la espera de las aclaraciones pertinentes… Pero el ayuntamiento de Vic controlado por CiU no hizo nada de todo esto. Y no es raro: a CiU le tiene absolutamente sin cuidado el tema de la inmigración.

El juego de CiU es bien simple y visible: el tema de la inmigración les interesa solamente en la medida en que el aluvión de votos que se prevé para PxC se basa en la aceptación de buena parte del electorado de las posiciones de este partido en materia de inmigración. Practicando el lenguaje de la ambigüedad, CiU lo que pretende es recuperar e instrumentalizar el tema de la inmigración, presentándose como una víctima del gobierno central… pero sin explicar exactamente cómo quiere resolver el problema de la inmigración.

¿CiU oponiéndose a la inmigración? Tan increíble como un pijama con hombreras… ¿Es creíble la posición de CiU cuando fue precisamente su venerado Jordi Pujol quien no sólo no se opuso a la llegada de inmigrantes subsaharianos al Maresme ya a finales de los años 80, sino que las empresas de flores propiedad de Marta Ferrusola figuraron entre las primeras que contrataron de esas nacionales incluso en situación ilegal? ¿Es creíble la posición de CiU cuándo fue precisamente Jordi Pujol quien creó una “embajada” de la Generalitat en Marruecos para estimular la llegada de inmigrantes marroquíes a Catalunya con la excusa de que al no hablar castellano –a diferencia de los andinos- aprenderías antes el catalán? ¿Es creíble la posición de CiU contraria a la inmigración cuando durante quince años ha callado sino elogiado la llegada masiva de inmigrantes?

Y hoy, cuando CiU ve peligrar si situación en muchos ayuntamientos, cuando la inmigración ha pasado a ser uno de los grandes problemas de Catalunya y cuando la pérdida de identidad catalana a causa de la inmigración masiva ya ha desfigurado muchos barrios y ciudades, ahora precisamente, CiU lanza una de cal y otra de arena sobre el problema demostrando por activa y por pasiva que lo importante para CiU es seguir gobernando ¿Catalunya? No, en absoluto, lo importante para CiU es seguir gobernando sus buenos negocios hechos al calor de los distintos peldaños de la administración catalana.

La reacción de los “amigos de los ilegales” (I): ZP

Ana Terrón es el actual perro de presa de ZP en materia de inmigración, sustituyendo a la malhadada Consuelo Rumi (la responsable de la regularización masiva de inmigrantes en febrero-mayo de 2005 que renovó y redobló el “efecto llamada” cuyas consecuencias duran hasta nuestros días). Es a la Terrón a quien correspondió –ante el silencio de Zapatero, todavía más incomprensible en razón de su cargo de presidente de la UE- dar la cara ante el nuevo capítulo del Caso Vic.

La Terrón afirmó que “España” no vulnera ni incumple ninguna norma comunitaria sobre Extranjería y que ha trasladado la Directiva de Retorno sobre inmigración ilegal de manera satisfactoria. La Terrón olvidó decir que fue el gobierno Zapatero y no “España” quien se opuso a la Directiva de Retorno de la UE, la combatió hasta el final e incluso consiguió que prosperara eliminó del texto la prohibición de celebrar nuevas “regularizaciones masivas”. Olvidó decir que en la Directiva de Retorno no figura ninguna alusión a la esperpéntica “regularización por arraigo” que sigue en vigor en España. Y olvidó decir que mientras la mayoría de gobiernos europeos son conscientes de que hay que contener a la inmigración masiva, solamente los últimos mohicanos del “papeles para todos”, atrincherados tras las últimas barricadas de la derruida ciudadela zapaterista sostienen hoy estas posiciones.

La Terrón añadió: "Por descontado España no vulnera ninguna norma comunitaria y por descontado no hay nada de lo que estemos haciendo que sea contrario a la UE". Para colmo explicó que: “Lo único que dice la Directiva es que existe la obligación de expulsar lo más rápidamente posible a los ciudadanos en situación irregular y que es exactamente lo mismo que dicen las leyes españolas”… la única observación que se puede hacer es que en la última reforma de la Ley de Extranjería los plazos de detención de ilegales están muy por debajo de los recomendados en esa directiva y que, por lo demás, el que las leyes españolas digan lo mismo de la directiva, es absurdo simplemente porque la ley española en materia de inmigración, no solo es contradictoria, sino que no se cumple: los “ilegales” son habitualmente puestos en libertad y solamente se repatría a cifras inferiores al 3% de ilegales... prueba de ello es que en la última reforma de la ley de extranjería no se abolió la figura de la “regularización por arraigo” que premia a quienes han logrado estar tres años en situación de ilegalidad con la obtención del permiso de residencia. ¡Vaya forma de “cumplir” la Directiva del Retorno!

En realidad, la Comisión Europea daba el viernes 11de abril la razón al ayuntamiento de Vic (en realidad cabría más decir, que la UE a quien ha dado la razón es a la Plataforma per Catalunya y al movimiento anti-inmigración que fue quien propuso la medida) indicando claramente que “España que no es libre para tolerar la situación de irregularidad de los inmigrantes y empadronar a los que no tienen papeles”. Ante esta explícita y taxativa declaración, las palabras de Ana Terrón suponen casi un chiste y sus declaraciones indicando que la “la CE ha dejado claro que no es competente para opinar en el empadronamiento  de España”, suponen una afrenta al sentido común.

La reacción de los “amigos de los ilegales” (II): El tripartito catalán

El mismo viernes 11 la Generalitat defendió el empadronamiento de ilegales con la excusa –muy mala, por cierto- de que esa inscripción de permitía “conocer el número y perfil de la población en Cataluña” (como si no se conociera por las estadísticas realizadas a través de los servicios sociales de los ayuntamientos o de las estadísticas de las policías municipales…). La Generalitat indicó, con una ingenuidad rayana en la estupidez que "Cataluña tiene legislación propia y los ayuntamientos la han de cumplir"… olvidando que Catalunya es una parte del Estado español y, lo que es más importante, que debe cumplir la legislación europea y adaptar su arsenal legal a las Directivas aprobadas por la UE.

Más allá del límite del engaño, el “tripartito” catalán –cuya gestión en los últimos ocho años ha constituido una verdadera tragedia para Catalunya- se atrevió a “instar” a los entes municipales a abordar "conjuntamente el debate sobre la inmigración a través del Pacto Nacional para la Inmigración y la Mesa de Ciudadanía e Inmigración, desde la proximidad y no la lejanía de Bruselas"

Interesante “europeísmo” el del tripartito gracias al cual no existe “debate” y cualquier debate es cerrado en falso. Maravillosa estupidez la del Pacto Nacional para la Inmigración cuyos únicos miembros ¡son todos aquellos partidos pro-inmigracionistas! y cuyas diferencias son solamente por matices secundarios. Y, finalmente, maravilloso el tripartito catalán y CiU que olvidan que el “debate” sobre la inmigración no lo han generado ellos (¡que son precisamente los responsables del desastre generado por la inmigración!) sino PxC a cuyo remolque están yendo…

El nuevo episodio del empadronamiento de inmigrantes ilegales cogió a Montilla con el paso cambiado justo cuando buscaba el voto inmigrante en Reus. Montilla acudió a la 25ª Assemblea Anual d’Associacions de Veïns de Catalunya  (Confavc) que se ha celebraba en Reus. Allí –en el peor momento- instó a “construir una sociedad más tolerante y cívica y poder así consolidar la cohesión social que necesitamos para todos los vecinos de Catalunya” y, puestos a ser “tolerante” aludió a los inmigrantes destacando “el importante papel que ha jugado la Llei de Barris en la integración de la inmigración. Sin esta ley, la inmigración no podría haberse integrado tan fácilmente y habrán surgido muchos más problemas”… ¿A qué integración alude este bobalicón con rostro de granito? ¿A la integración en Salt? ¿Al “islam catalán”? ¿Al imán de Cunit? ¿A la integración en L’Hospitalet? ¿A los problemas continuos de convivencia en toda Catalunya?

Las declaraciones de Montilla se vuelven todavía más insultantes cuando a un Lley de Barris -que ha pasado completamente desapercibida para la población catalana- le pone coste: 1,2 millones de euros ¡solamente en materia de “integración de inmigrantes” y durante el ejercicio 2009!

La reacción de los “amigos de los ilegales” (I): ERC

Las reacciones en Catalunya a la resolución de la Comisión Europea han sido las que correspondían al talante tradicional de cada partido: CiU en su línea de recuperar el voto sustraído por PxC e instalada en la ambigüedad permanente; el PSC montilliano siguiendo las orientaciones del zapaterismo agónico. ICV con su muletilla habitual de “papeles para todos”; el PP alarmado también por la fuga de votos y cargos hacia PxC, Ciutadans, ese partidillo de “centro-izquierda-antiidentitaria” con su permanente Ns/Nc, no sabe-no contesta en materia de inmigración. En cuanto a UPyD simplemente, ausente y sin señas en Catalunya. Pero de entre todas las reacciones de los partidos catalanes, la del área independentista merece comentarse.

Se tiene tendencia a pensar que los independentistas figuran entre las fuerzas políticas catalanas más partidarias de conservar la identidad catalana. A nadie se le escapa que la inmigración masiva, legal o ilegal, altera la identidad de Catalunya y de cualquier otro lugar de Europa. Sin embargo para el independentismo (y para el nacionalismo de CiU) lo importante es que el inmigrante se “catalanice”. Se olvida que el inmigrante llega con una cultura de origen muy bien definida, que tiene conciencia de su diferencia en relación al grupo autóctono y que esa conciencia aumenta los rasgos identitarios al refugiarse en su propio grupo social formado por gentes de su propia comunidad.

Con el Islam esto es particularmente visible. Y ante esto, los partidos catalanes mantienen posturas curiosas: CiU prefiere eludir el problema del Islam y no aludir nunca, absolutamente nunca, a esta cuestión, para evitar que se le recuerde que el Islam está presente en Catalunya gracias a Jordi Pujol y a CiU que lo trajeron de la mano. El PSC cultiva el voto islámico con singular énfasis dado que agrupa al mayor número de inmigrantes que cualquier otra en las grandes poblaciones catalanas en donde el PSC cuenta con mayorías que no quiere perder en las próximas elecciones municipales. ICV es una cero a la izquierda en política catalana gracias a su actitud hacia la inmigración (“papeles para todos”, “ningún ser humano es ilegal”, tópicos suicidas que aún defiende). Y en cuanto a ERC la presencia masiva de islamistas en Catalunya le ha inducido a difundir la ficción de que existe hoy, en Catalunya, un “islam catalán” que estaría perfectamente integrado… cuando lo que existe es una presencia masiva de islamistas en Catalunya que es algo muy diferente a un “islam catalán”.

Dado que Carod y ERC ignoran completamente lo que es el Islam y en su esquematismo zafio creen que se trata de una religión como cualquier otra, han seguido trabajando sobre esa ficción, confeccionando diccionarios de árabe-catalán, multiplicando subsidios a todas las asociaciones islámicas y conformándose con que de tanto en tanta salga algún islamista en TV3 hablando catalán con acento de Ketama, Nador o de Tánger. Eso es el “islam catalán”.

La propia actitud de ERC tras la declaración de la comisaria Malmström es antológica de la inopia en la que está instalado el independentismo catalán. Joan López aparenta ser concejal de Acción Social y Ciudadanía del Ayuntamiento de Vic y portavoz de Esquerra Republicana (ERC). López, contradijo al alcalde de la localidad, Josep Maria Vila d'Abadal (UDC), al asegurar que el Consistorio no notificará a la Delegación del Gobierno los casos de inmigrantes irregulares empadronados. Preguntado sobre si el municipio enviará información al Estado español de inmigrantes sin papeles, López respondió que Vic seguirá siempre leyes "como la de la protección de datos"... Cualquier cosa antes que expulsar a un ilegal.

El “efecto Vic”…

En cuanto a las organizaciones de inmigrantes han reaccionado airadamente ante las declaraciones de Cecilia Malmström. Para el Centro Islámico de Vic “El padrón es un control del municipio y para ese tipo de información ya está el Ministerio del Interior. Su labor es sólo municipal, por lo que consultaremos con los servicios legales que nos asesoran la viabilidad de esta decisión”, aseguró, declarando que la medida recomendada por la UE. “Es ilegal y amoral”.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Ecuatorianos de Vic (sí, porque después de los marroquíes invitados por la Generalitat de Pujol llegaron los andinos…) Carlos Ordóñez, contorneó el tema explicando que “A raíz de lo que pasó en enero creamos una comitiva de seguimiento  del debate, por lo que programaremos una reunión de urgencia para evaluar esta decisión”.

Por el momento, el efecto de toda la polémica suscitada y del debate abierto en Enero y reabierto en Abril en torno al empadronamiento de inmigrantes ha tenido un efecto inesperado: muchos inmigrantes magrebís se están yendo de Vic…

Las distintas asociaciones de inmigrantes que se reúnen mensualmente en Vic en el Casal Claret han manifestado su intención de “debatir cara a cara con el Ayuntamiento”… y, más vale que se den prisa porque dentro de poco habrá otro Ayuntamiento en Vic y como decía la memorable canción de Bob Dylan “los vientos van cambiando”. En ocasiones no sólo es viento lo que sopla sino vendavales. El tripartito catalán quedará literalmente barrido en las elecciones de noviembre. Falta saber el alcance de la victoria de CiU.

Los resultados de PxC y el índice de abstención serán los elementos que determinarán si la victoria de CiU será limitada y alicorta o cómoda y con margen de maniobra, algo que parece casi completamente descartado. El Caso Vic todavía no ha terminado todavía.

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Vic, centro espiritual de Catalunya

LA geopolítica enseña que siempre existe una contradicción entre potencias terrestres y potencias marítimas y dentro de cada potencia, entre mar y montaña. Este esquema se repite en Catalunya en donde la “muntanya” es completamente diferente al “mar”.  Y es que, Catalunya, como mínimo, es dual. Las comarcas del interior, la “muntanya” –y específicamente Osona, cuya capital es Vic- son históricamente católicas, conservadoras, rurales y monárquicas. Las del “mar”, por el contrario, son laicas, progresistas y políticamente republicanas.

Vic no pertenece ni a la Catalunya industrial que nació en torno a Barcelona en la primera mitad del siglo XX y creció como Área Metropolitana en la segunda, ni tampoco tiene mucho que ver con las comarcas costeras del Maresme, la Costra Brava y el Penedés o la costa tarraconense. Existe una “especificidad viguetana” que hace de aquella ciudad algo completamente diferente al “mar” catalán y la forma más pura en la que hasta hace poco se han conservado las tradiciones catalanas en estado relativamente puro.

A pesar de su proximidad a otras comarcas de “muntanya”, Vic y su comarca tampoco tiene que ver con las comarcas pirenaicas o con la Terra Ferma de Lleida. Vic es otra cosa. El elemento diferencial viguetano surgió en el siglo XIX en torno al seminario de Vic que formó a generaciones de sacerdotes tradicionalistas que sostuvieron durante décadas a las partidas carlistas. Junto a estos curas trabucaires se forjó tras los altos muros del seminario de Vic a una corte de intelectuales conservadores católicos que tuvieron a Jaume Balmes como su figura más representativa, y más tarde a Jaume Collell y a Narcís Verdaguer como predicadores católicos que enlazaron con la alta burguesía conservadora catalana (a través de la familia Güell).

Cuando el pairalismo (tradicionalismo católico catalán) selló una santa alianza con la alta burguesía catalanista, el nacionalismo catalán tomó carta de naturaleza. Figuras como Jacinto Verdaguer, clérigo de Folgueroles, pequeño puedo de Osona, próximo a Vic, gran poeta de la lengua catalana, amigo íntimo de Eusebio Güell, fue otra de las grandes figuras de la Renaixença y de la primera generación catalanista. Los obispos Morgades y Torres i Bages, contribuyeron como nadie a organizar el catalanismo político desde Vic antes de hacerse cargo de la sede de Barcelona. Gracias a todo esto, Vic fue, primero plaza fuerte del pairalismo y del carlismo combatiente; luego, durante la Restauración, plaza fuerte del regionalismo catalanista y de la Lliga. El franquismo no chirrió en aquella comarca mientras el catolicismo fue fuerza hegemónica hasta el Concilio Vaticano II y, a partir de la transición, se convirtió en fortaleza de CiU.

Cuando en la segunda mitad de los años 90 CiU facilitó la llegada de magrebíes a Catalunya, Osona y la Plana de Vic sufrieron una primera oleada de inmigración que se acomodó laboralmente en la industria porcina. Una década después llegaron los andinos. Hoy, la plaza del mercado de Vic es una muestra del drama de Catalunya: cada vez hay menos catalanes y el número de extranjeros va creciendo incesantemente. Vic es cada vez menos catalana y más cosmopolita. Y seguramente eso no es lo que más les gusta a los viguetanos. Reclamaciones a los partidos mayoritarios, PxC tiene las manos y la conciencia limpias.


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La novela familiar del alcalde de Vic

En 2003, la Plataforma per Catalunya entró con fuerza en el consistorio viguetano. Cuatro años después se convertía en la segunda formación política local obligando a la creación de un “gobierno de concentración” que unía a CiU, PSC, ERC e ICV. Gracias a PxC, el PP desapareció de Vic, algo que genera un verdadero quebradero de cabeza a este partido; matemáticamente no existe posibilidad de mayoría absoluta para el PP en el Estado si no obtiene un número mínimo de diputados en Catalunya; la existencia de la PxC contribuye a empequeñecer el papel del PP. El hecho de que en Vic gobierne una coalición de todos los partidos representados en el ayuntamiento, menos PxC, evidencian el pánico que causa el ascenso de esta pujante formación política entre los partidos tradicionales.

Al frente del cuatripartito viguetano se sitúa Josep Maria Vila d’Abadal Serra, un apellido ilustre del nacionalismo catalanista. D’Abadal es miembro de Unió Democrática de Catalunya, socio menor de Convergencia Democrática de Catalunya en el seno de la coalición CiU. Su abuelo, precisamente fue uno de los fundadores de UDC cuya orientación es democristiana. A pesar de tener pedigrí nacionalista D’Abadal fue muy discutido dentro de la coalición cuando fue nombrado candidato a la alcaldía en 2007. Sustituía a Jacint Codina, quien había sido alcalde en las tres legislaturas anteriores. A favor de d’Abadal no jugaba ni su experiencia en gestión, ni su prestigio entre la población, sino solamente su apellido.

Los D’Abadal, desde su masía, El Cavaller de Vidrà, dominan la comarca desde el siglo XVI. La masía fue habitualmente refugio de las partidas carlistas durante las guerras civiles del siglo XIX. El propio bisabuelo del actual alcalde fue uno de los líderes del carlismo montañés. Pero cuando el líder carlista Marià Vila Teixidor se casó con Pilar d’Abadal Calderó, pubilla de una poderosa familia liberal de la comarca, las fidelidades carlistas de los D’Abadal se atenuaron. El matrimonio no tuvo hijos, así que el patrimonio familiar recayó en manos del hijo segundo de los Vila, un conocido médico otorrino, Lluís Vila d’Abadal, abuelo del actual alcalde.

Lluís Vila abandonó el carlismo pasándose a Acció Catalana, un partido regionalista, antes de ser uno de los fundadores de UDC en 1931. Como otros miembros de este partido, Lluís Vila auxilió a perseguidos católicos y su casa barcelonesa fue llamada el “obispado clandestino”. Desde allí se organizó una red de ayuda a los católicos perseguidos por la CNT-FAI. La red resultó desmantelada por el SIM un año antes de que terminara la guerra civil, cuando ya Vila d’Abadal había fallecido unos meses antes de muerte natural.

El otorrino tuvo nueve hijos, dos de los cuales siguieron vinculados al catalanismo político. Marià, el primogénito perteneció a la dirección clandestina de UDC durante el franquismo y fue diputado de CiU en la primera legislatura. El hijo segundo, Quico, fue socialista, siguiendo la tradición de las viejas familias catalanas de que cada hijo se posicionaba en partido diferente para que los negocios familiares resultaran favorecidos gobernara quien gobernara.

El actual alcalde de Vic es hijo de Marià Vila d’Abadal un hombre que siente el aliento de Josep Anglada en el cogote…

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Memoria histórica (I) : Algunos apuntes sobre la historia de la Falange, el jonsismo y el franquismo

Infokrisis.- A fuerza de repetir algunos tópicos históricos terminan por establecerse verdades absolutas. El problema es que cuando se somete esos tópicos a un mínimo análisis, resulta que aparecen en su verdadera dimensión como lo que son: ideas falsas, sin base real. Entonces se derrumba toda la construcción posterior. En nuestro ambiente político, esos tópicos son recurrentes y han alimentado desde los años 50 y 60 los más enconados –y frecuentemente violentos- debates.

Siempre he sostenido que “memoria histórica” y “acción política” son dos cosas completamente diferentes y sin conexión alguna. Y que los grupos que reivindican una filiación histórica de los años 30 no tienen ninguna posibilidad de remontar el vuelo, pero en cambio tienen la posibilidad de “trabajar” estos temas históricos todavía no resueltos en el marco de asociaciones o fundaciones dedicadas al efecto. Otros opinan, por el contrario, que este bagaje histórico es el que les permitirá recuperarse. Pero creo demasiado evidente que el paso del tiempo demuestra justamente lo contrario

De ahí que sostenga, antes de proseguir, que estos temas no tienen en absoluto un interés  político y deberían ser tratados en el seno de círculos y fundaciones que cultivaran la memoria histórica y la mantuvieran, no en webs de las que se esperan que traten sobre actualidad política. Pero, dado que, frecuentemente, tanto en los artículos enviados, como en los comentarios introducidos, aparecen y reaparecen, me dan la excusa para plantearlos con toda su crudeza.

Elegimos tres: el primero es sobre la importancia efectiva las JONS y del pensamiento de Ramiro Ledesma. El segundo es sobre las relaciones entre franquismo y falange y cómo sobrevivió la Falange durante el franquismo. El último es por qué diablos al partido franquista se le llamó “Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas”.

1. Ramiro y las JONS

La Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, es bueno recodarlo, nunca tuvieron más de 14 miembros. Repito: 14 miembros, esto equivale a las dimensiones de muchos grupúsculos provinciales actuales, pero en un tiempo en el que las ideas que sostenía Onésimo Redondo en Valladolid estaban en boga en toda Europa. Es preocupante que las JCAH solamente hubieran conseguido atraer a 14 personas antes de fusionarse con las JONS.

En los años 50, la Editora Nacional publicó un volumen de Obras Completas de Onésimo Redondo que, fundamentalmente, estaban compuestas por textos extraídos del semanario “Libertad” y por fragmentos de discursos del propio Redondo. Es fácil ver una ideología muy similar al conservadurismo católico y del antisemitismo de la misma extracción. En general, se trata de textos coyunturales, poco atractivos, divagaciones sobre episodios políticos de la época y poco más. No puede hablarse de “doctrina política”, sino de elementos aislados de una “ideología ultra-conservadora” que, por motivos que se nos escapan no habían llevado a esos 14 jóvenes y al propio Onésimo a las filas del Partido Nacionalista Español del Doctor Albiñana, en aquel momento diputado en Cortés y muy conocido como “el primer fascista español” (cuando no era más que un ultraconservador muy conocido, sin más ribetes doctrinales.

Si los 14 miembros de las JCAH son suficientemente elocuentes sobre lo limitado de esta organización, pero más preocupante es todavía que las JONS nunca superaran los 200 afiliados entre la aparición de “La conquista del Estado” (marzo de 1931) y su fusión con Falange Española (febrero de 1934).

De lo que el propio Ramiro Ledesma explica en “¿Fascismo en España?”, las actividades de las JONS jamás supusieron un activismo desbordante, raras veces aparecieron en medios de comunicación y apenas dieron que hablar en su tiempo. Algunos de los ejemplos que da Ramiro sobre el activismo de las JONS indican que, como es habitual en este tipo de formaciones juveniles, al radicalismo se suelen unir “travesuras” propias de la edad: un petardo a la llegada de Companys a Madrid, el asalto a las oficinas de la Asociación de Amigos de la URSS y poco más.

Así como “La Conquista del Estado” era una revista “de combate”, la que le siguió, “JONS” era un órgano teórico. Ramiro Ledesma era consciente de que había que elaborar una doctrina y a ello se aprestó en las páginas de “JONS” (de la que aparecieron 11 números entre mayo de 1933 y  agosto de 1934).

Siguiendo los números de “JONS”, se puede leer la incorporación de este grupo a Falange Española (febrero de 1934), pero no su salida de la misma formación (enero de 1935) cuando la revista teórica ya no existía.

La sensación que se tiene al leer tanto “La Conquista del Estado” como “JONS” es que se trataba de publicaciones hechas por gente muy joven y que, por tanto, se resentían de aspectos extremistas poco razonados y nada razonables (recuérdese el destacado: “Viva la Alemania de Hitler, Viva la Italia de Mussolini, Viva la Rusia de Stalin”), con una intención de capturar la atención de las masas anarco-sindicalistas y una posición entre la “burguesía” y el “socialismo” acentuando los rasgos hiper-revolucionarios, desconociendo que aquel pequeño grupo de 200 jóvenes apenas podía a duras penas pagar su local y no crecía a un ritmo que permitiera pensar en la posibilidad de revolución alguna.

Ramiro Ledesma, por lo demás, no era buen orador, no sabía despertar en el auditorio ni la pasión, ni el entusiasmo que conseguía José Antonio, quizás con menor bagaje filosófico-cultural, pero con mucha mayor facilidad para la síntesis (en este sentido su discurso del Teatro de la Comedia es una pieza oratoria antológica). Los discursos de Ramiro suelen ser toscos, se pierde en consideraciones sobre una revolución imposible de desencadenarse y en sus escritos muestra un radicalismo alejado de la realidad y solamente capaz de atraer a jóvenes… y no muchos como hemos visto

En cuanto a la gran obra teórica de Ramiro Ledesma, el “Discurso a las Juventudes de España” –sin duda, la única obra de carácter doctrinal de toda esta corriente- se trata de una obra breve y que deja muchos cabos sueltos, es eminentemente agitativa y verosímilmente pretendía ser una especie de “Manifiesto Comunista” para su tendencia política. Sin duda la parte más interesante es aquel capítulo en el que analiza el siglo XIX español y el XX hasta la II República. Hay en la obra un patriotismo fervoroso y la convicción de que a través suyo podría regenerarse España.

En la segunda parte (“Problemas de la Juventud Nacional”) define la idea de “nacionalizar a las masas”, une patriotismo y políticas sociales, e intenta dar una solución a un problema que la Generación del 98 había estudiado en los treinta años anteriores: cómo regenerar España. Ramiro alude a que “hay que ser soldados”, propone la creación de “una moral nacional”.

En cuanto a sus ideas económicas es evidente que no tienen vigencia hoy a la vista de que el capitalismo está en un estadio de desarrollo absolutamente diferente al que se encontraba en los años 30. Idéntica crítica podría hacerse a sus ideas sobre convertir España en “fortaleza militar” (el texto estaba escrito antes de la II Guerra mundial, de su desenlace y de la lucha por la hegemonía mundial que supuso la Guerra Fría y prosigue hoy).

Cuando explica que “Cuarenta millones de españoles vivirían mejor que los veintitrés actuales”, hay que sonreír. Ledesma sigue en eso a Mussolini para quien la potencia de una nación dependía de la demografía (concepto eminentemente cuantitativo y que no dice nada sobre la cualidad de los nuevos nacimientos). Si aludo a “sonreír” es porque este punto que apenas tenía actualidad en los años 30 (cuando la natalidad española tenía una tasa por encima del 3,5) es el único que ahora tiene interés (cuando la tasa de natalidad apenas se sitúa en el 1,3). En este tema demográfico podemos decir que el aterrizaje de Ramio fue perfecto… pero se equivocó de aeropuerto esto es, de tiempo. Es hoy cuando tiene interés y no en los años 30.

En la parte titulada “Esquemas estratégicos” alude a la “acción directa” (un concepto de origen anarquista y que Ramiro Ledesma nunca practicó, acaso porque solamente podía ser asumido por una organización como la CNT que en aquel momento contaba con 1.500.000 afiliados), y habla de la “incorporación de los trabajadores a la revolución nacional” que nunca se produjo de manera significativa. Aporta algunas puyas a la Iglesia, al propio José Antonio (insiste en denunciar la acción de los “leguleyos”, acaso porque José Antonio le había interpuesto una denuncia tras la escisión) y, alude a la “revolución” como tarea de una minoría organizada (algo que, por lo demás, desde el “¿Qué hacer?” de Lenin ya no era ningún secreto).  No es esta, sin duda, una parte muy original sino que evidencia que Ramiro “picoteaba” de aquí y e allí e intentaba realizar una síntesis estratégica que resultó bastante tosca a la postre.

El resto de la obra es en cualquier caso interesante de leer, a condición de tener en cuenta que fue escrita en los años 30 y que alude a una España que ya no existe y a una crítica al capitalismo y al marxismo que tampoco existen.

El texto pasó completamente desapercibido en su momento, ni fue leído de manera significativa, ni influyó en absoluto en la trayectoria del grupo mayoritario del fascismo español (Falange), ni sirvió para reconstruir las viejas JONS (de las que Ramiro al final de “¿Fascismo en España?” reconoce que se habían dispersado tras su salida de Falange Española) y todo ello a pesar de ser, repetimos, la única obra con pretensión de estructurar una doctrina para el “nacional-sindicalismo”.

Es una obra clave para quien quiera conocer lo que se pensaba en los años 30 y lo que llevaba Ramiro en mente: un Estado Social y Patriótico según los esquemas de aquella época. Casi es hoy una curiosidad.

En cuanto a la relevancia de Ramiro Ledesma en su momento histórico, a la fuerza hay que reconocer que tuvo un impacto muy poco profundo. Podría ser considerado como “precursor” (al fundar “La Conquista del Estado” en 1931), pero no lo era si tenemos en cuenta que el Doctor Albiñana había constituido su partido exactamente un año antes.

Por lo demás, es difícil establecer qué tenía Ramiro en la cabeza: una forma “española” de fascismo o de nacional-socialismo, un proyecto propio que partía del hecho de que en España la clase obrera estaba dominada por el anarco-sindicalismo, ¿quiso repetir la experiencia hitleriana cambiando el “nacional-socialismo” –en Alemania el movimiento obrero estaba dirigido por socialistas- por el “nacional-sindicalismo” a la vista de quién dominaba aquí? En cuanto a sus posiciones tras la ruptura con José Antonio, ¿estuvieron dictadas por impulsos subjetivos y resentimiento hacia el Marqués de Estella? Cuando dice en “¿Fascismo en España?” que le correspondía “más la camisa roja de Garibaldi que la negra de Mussolini” ¿qué quería decir exactamente?

Nada en las últimas publicaciones de Ramiro aclaran todos estos extremos. Ni en “La Patria Libre” (Febrero 1935 - Marzo 1935) con siete números aparecidos, ni en “Nuestra Revolución” (Julio 1936) de la que apareció un solo número, se muestran ideas que vayan más allá de lo expuesto en el “Discurso a las Juventudes de España”. La diferencia entre ambas publicaciones es que en la primera, Ramiro sigue hablando de “las JONS” como si estas siguieran existiendo. En la segunda, el nombre de JONS desaparece completamente dando, por lo tanto, pie a pensar que Ramiro ha comprendido la inviabilidad de mantener en pie con sus menguados efectivos una organización política.

Escritores como Payne mantienen que la violencia de la que hizo gala Falange se debió al “extremismo de Ramiro”. No estamos de acuerdo. En nuestra opinión fue simplemente un mal cálculo estratégico de José Antonio que embarcó al nuevo partido en una espiral de represalias y contra-represalias que, constituyeron un verdadero rosario de víctimas por uno y otro lado.

Así pues, en conclusión se puede afirmar:

-    Que la relevancia política de Ramiro Ledesma en su tiempo estuvo próxima a la que tienen actualmente los jefes de los distintos partidos de extrema-derecha.

-    Que en su dimensión teórica, Ramiro dio “relativa coherencia” a la doctrina nacional-sindicalista, pero distó mucho de cerrarla.

-    Que numéricamente las JONS tuvieron la misma importancia que la mayoría de grupúsculos de extrema-derecha actuales (no más de 200 afiliados) o incluso menor o mucho menor.

-    Que, aparte de Ramiro Ledesma, el resto de miembros de su partido carecieron de resonancia política o social durante la II República.

-    Que en el momento de producirse el 18 de julio e iniciarse la guerra civil, las JONS hacía dos años que no existían.

 

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Nacionalismo – patriotismo – Nación - Patria - Nacionalidad - Imperio

Infokrisis.- El significado de las palabras y de los símbolos –tal como explica la semiótica de Umberto Eco y especialmente la semiótica cultural de Yuri Lotman- es importante, sino importantísimo, a la hora de definir una doctrina política y una forma de organización del Estado. Algo que generalmente se olvida como signo de los tiempos y muestra del empobrecimiento cultural de nuestro tiempo.

Llama la atención la confusión habitual entre nacionalismo y patriotismo, y que ni siquiera existe un consenso entre la clase política sobre lo que es una nacionalidad y una nación. Cada uno entiende lo que quiere entender a expensas del significado real, etimológico y originario de las palabras.

La modernidad tiene, además, otro elemento dominante: la incoherencia. Una escuela de filosofía o una doctrina política, necesariamente, debían –en otro tiempo, no desde luego en nuestra malhadada época- de estar estructurados en función de razonamientos y premisas perfectamente concatenadas que llevaran de unos conceptos a otros en riguroso encadenamiento. A esto se le llamó en otro tiempo “coherencia”. Algo coherente es algo consecuente que une las posiciones anteriores a las siguientes en un todo armónico.

Para ser eficaz una doctrina política o una escuela filosófica deben ser necesariamente coherentes. Y la única forma de alcanzar niveles de coherencia aceptables es atribuyendo a las palabras el justo valor que les corresponde por su etimología y por su origen.

Esta introducción sirve como prefacio para situarnos en una digresión la nación, el nacionalismo, la Patria, el patriotismo y el significado e implicaciones de cada uno de estos conceptos.

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Primero fue el núcleo familiar, luego el tribu y el clan, y entre agricultores emanó la ciudad. Un grupo de ciudades y comarcas provistas de la misma identidad, generó la nacionalidad, cuando distintas nacionalidades se organizaron en torno a un linaje aparecieron los “reinos” y en el estadio siguiente, surgió la idea Imperial: una élite con voluntad de poder y proyecto civilizador. Al menos esto fue así hasta la modernidad.

¿Cuándo empieza la modernidad? Según los libros de historia que barajábamos en el bachillerado de los años 60, la “Edad moderna” empezaba cuando terminaba la “Edad Media”, esto es, en el Renacimiento y en los Reyes Católicos a esta parte de la galaxia. Lo siguiente era la “Edad Contemporánea” y en esto no había unanimidad. Para algunos empezaba con el desastre del 98, otros –pelotilleros ellos- con el franquismo y los había –rigor se impone- que la hacían remontar a la revolución francesa. Sí, porque la “Nación” es un producto que se asienta en la historia con la Revolución Francesa. Mientras, la “Patria” es algo cuyo sentido aparece ya en la Odisea y en la Ilíada y, por supuesto en la Historia de Roma la Grande.

Ha sido preciso realizar esta brevísima introducción histórica para aproximarnos a lo esencial del problema: nacionalidad, nación y patria no son lo mismo, como, evidentemente, tampoco es lo mismo la idea de “Imperio” y, resulta claro que no todo “imperio” merece la mayúscula que como el valor al soldado, “se le supone”. Y no digamos entre la exaltación de la patria –el “patriotismo” y de la nación –el nacionalismo-.

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1) Diferencia entre “imperio” e “imperialismo”.- Es obvia, se habla con sana nostalgia del Imperio Romano o del Imperio de los “Grandes Austria”, se denosta, al mismo tiempo el “imperialismo” americano o el soviético liquidado en la conclusión de la Guerra Fría. Para que haya “imperio” debe de haber una cultura que exportar. Es precisamente la superioridad cultural –las culturas, por mucho que los amantes del multiculturalismo lo nieguen, también están sometidas a un orden jerárquico. La concepción cultural de Roma la Grande está años luz por encima de la cultura de las islas de Andamán (una de cuyas últimas testigos murió no hace muchos días si hemos de creer a las agencias de prensa; cuenta EFE que hablada una lengua a la que se le calculaba 65.000 años…). Beethoven y Bach no están al mismo nivel que la música sincopada africana, de la misma forma que Wermer de Delf o Velázquez son superiores al chamán africano que pinta el cuerpo de los enfermos para logra su curación. En el mundo domina la ley de la desigualdad y de la jerarquía. La realidad no es progresista.

Por eso mismo el concepto que podemos albergar de los grandes imperios del pasado no tiene nada que ver con su proyección en el presente: a pesar de que Brzezynsky y los teóricos de la proyección “imperial” de los EEUU lo pretendan, éste país no es el “reflejo” de Roma la Grande (Brzezinsky llega incluso a comparar el despliegue militar actual de los EEUU con el de las Legiones en el período de la “pax romana”: 250.000 militares). Es justo su inversión. Roma fue una potencia civilizadora, los EEUU son, en cambio, una potencia bastardizadora. No difunde cultura, sino que aculturiza. Roma duró un ciclo de mil años y EEUU difícilmente llegará a 2025. Es así de simple: cualquier parecido con la realidad entre Roma y EEUU, de existir, sería pura coincidencia.

Cuando un “imperio” no tiene una Cultura que exportar (atención a las mayúsculas y a las minúsculas) no es un Imperio, ni su cultura es Cultura (conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social,). En el caso de los EEUU, como máximo podríamos hablar de “civilización” (nivel de vida y desarrollo económico-social de una sociedad) siguiendo la distinción spengleriana entre ambos conceptos. Roma, por el contrario, fue una potencia cultural (esto es con principios culturales), capaz de civilizar (es decir, de aplicar estos conceptos para elevar el nivel de vida de las poblaciones conquistadas).

Evola trata este tema en “Los Hombres y las ruinas”: el Imperio sería tal en cuanto su cultura tuviera como eje central una metafísica (o dicho con otras palabras: con los “espiritual” y con su posibilidad de acceder a lo que está “más allá de lo físico”). El “imperialismo” sería una forma de dominio económico-militar.

En este sentido estos conceptos tienen mucho que ver con las castas dominantes que construyen uno de estos proyectos: el Imperio de los Austria estuvo constituido por la casta guerrera, la aristocracia y la pequeña aristocracia y su fin fue civilizador (llevar una cultura) y metafísico (expandir una concepción de la vida identificada con el catolicismo).

Por el contrario, el Imperio Británico fue un producto de la burguesía emergente y se generó fue a remolque de la Compañía de Indias de las que la casta militar británica no era más que una punta de lanza que facilitaba los buenos negocios y la introducción forzada en mercados y en países proveedores de materias primas…). En este sentido, el imperialismo norteamericano puede considerarse como su continuación, repitiéndose el mismo esquema cambiando sólo la Compañía de Indias por las multinacionales y a los lanceros bengalíes y demás cuerpos coloniales por los marines…

2) Diferencia entre “patria” y “nación”.- Es radical, son dos conceptos antitéticos como el blanco y el negro. La “patria” es la “tierra de los padres”, allí en donde se ha nacido y en donde están enterrados los antepasados. Es una proyección física del linaje, del clan, de la nacionalidad. El concepto, como mínimo, se remonta al siglo VI a. de JC y aparece en el mundo clásico. Indica “transmisión” de un legado que pasa de padres a hijos, siendo la misión de cada generación ampliarlo y engrandecerlo. No tiene nada que ver con lo “individual”, sino con lo “colectivo”: la familia, el clan, la nacionalidad. Tampoco tiene nada que ver con la modernidad, sino que está ligado a la “tradición” (literalmente “lo que se transmite”). Tiene también mucho que ver con el arraigo y la identidad: se está arraigado a la tierra en la que se ha nacido y en la que han nacido y están enterrados los antepasados que es la tierra en la que nacerán los hijos que vendrán; se tiene una identidad específica que procede de un conjunto de rasgos antropológicos, étnicos y culturales que indican a cada persona y a cada grupo social lo que es y lo que no es.

En cuanto a la nación es un fenómeno esencialmente moderno que aparece con las revoluciones francesa y norteamericana que, junto con la guerra civil británica anterior y con el movimiento de la Ilustración y el Enciclopedismo, exasperan las líneas de fractura que ya se habían intuido en el siglo XVI y XVII, cuando los descubrimientos y el comercio generan las primeras acumulaciones de capital por parte de los banqueros y comerciantes y estos se sienten incómodos ante cualquier autoridad superior a ellos. No quieren depender de la aristocracia y de la monarquía, sino que aspiran a convertirse ellos mismos en poder.

Por otra parte, la “fides” medieval pierde tensión, los nuevos monarcas intentan amputar los fueros a los cuerpos intermedios de la sociedad y se genera una fenómeno perverso especialmente en Francia con los Borbones: un proceso uniformizador de la sociedad que cristaliza en el absolutismo y en el despotismo ilustrado. Las nacionalidades que forman los reinos se ven presionadas por un centralismo absolutista emergente, nivelador e igualitario que se verá exasperada tras la Revolución Francesa, pero todavía no han irrumpido las naciones. Francia, España, el Reino Unido, no son en el siglo XVII y hasta la Revolución Francesa, “naciones”, sino “reinos” y estos ya no son un conjunto de nacionalidades y estamentos sociales ligados por una “fides”, sino un aparato central monárquico que tiende a asumir cada vez más roles y a ocupar espacios cada vez mayores de poder. Eso es el absolutismo.

En la fase siguiente, cuando estalla la revolución francesa, en la medida en que Luis XVIII es guillotinado, el “reino” desaparece y es justamente entonces cuando aparece la “nación” que continúa la tendencia centralizadora, uniformizadora e igualitaria generado por la monarquía absoluta. Los revolucionarios la emprenden contra los gremios (expresión organizada de la función productiva o de los trabajadores organizados en instituciones de defensa y transmisión del oficio… quienes asumen el poder revolucionario son burgueses, pero no están adscritos a los oficios sino al dominio sobre el capital, al comercio y a la especulación, generándose las oligarquías económicas actuales), contra las órdenes religiosas (impulso anti-religioso de la revolución francesa que persigue, prohíbe y expulsa a los presentantes de la casta sacerdotal) y contra las órdenes militares y la aristocracia que las articulaba (en la medida en que la casta guerrera era renuente a un entendimiento con la oligarquía burguesa: aquellos sostenían principios y valores superiores, estos tenían como único principio: el negocio). Y crean otro modelo de sociedad construida en nombre del “ciudadano” aboliendo la estructura trifuncional propia de las sociedades indoeuropeas que había prevalecido hasta ese momento y que Dumezil reconstruyó y demostró su universalidad en todo el ámbito cultural de los pueblos de ese origen. La Revolución Francesa contribuyó pues a desfigurar la estructura trifuncional de la que derivaba lo esencial de la identidad de los pueblos europeos.

La confusión terminológica vino por que los revolucionarios llamaron al “ciudadano”, el “enfant de la patrie” (en la Marsellesa, el himno de los revolucionarios), pero se trata solamente de una licencia poética sin contenido teórico. Cuando Robespierre, Marat, Dantón y demás criminales, aluden a la “patrie”, en realidad estaban hablando de un valor y de un concepto nuevo puesto al servicio de la burguesía compuesto por el individualismo, el liberalismo económico, el igualitarismo a ultranza, las clases sociales (definidas según parámetros económicos y según su función en el proceso de producción como completará Marx) frente a los estamentos (grupos sociales agrupados según una vocación, con sus tradiciones propias, su función social concreta e interrelacionadas entre sí y en absoluto en lucha tal como quería Marx). La “patria” de la revolución francesa no es la cantada por Homero, ni la experimentada en el mundo clásico.

El “ciudadano” de la revolución francesa es el individuo sin personalidad propia, exactamente igual a otros ciudadanos (como un grano de arena lo es a otros) que experimenta un rechazo hacia cualquier autoridad superior y rechaza toda aquella autoridad que no proceda de la ley del número. El poder tiene una justificación, a partir de entonces, meramente cuantitativa, casi material: un 51% gobierna sobre un 4%, aunque la mayoría esté compuesta por violadores y criminales y la minoría por premios Nobel. Efectivamente, la ley del número de la democracia liberal está ligada a la “nación” tanto como a la burguesía como clase hegemónica y al liberalismo como sistema económico. La patria, por el contrario, está vinculada a la tradición.

3) Diferencia entre “patria” y “Estado”.- La patria no está ligada necesariamente a vínculos jurídicos sino sociales, a valores y a espacios concretos. No tiene necesariamente nada que ver con el Estado, aunque tampoco existe contradicción alguna entre “patria” y “Estado”, todo dependerá del momento histórico en el que se aplique: el concepto de Estado ha variado mucho a lo largo de la historia. No es lo mismo un Estado vertebrado por una casta guerrera, que aquel otro al que una casta sacerdotal ha dado coherencia o el que ha tomado forma con la burguesía como clase política dominante. En este último caso se dice que el Estado es la encarnación jurídica de la Nación. Pero en la Edad Media era el marco en el que cristalizaba la idea de la “fides”. Y en el tiempo en el que la casta sacerdotal era hegemónica, estaríamos hablando de una concreción teocrática.

La geopolítica de la historia enseña que en las potencias marítimas y comerciales, siempre el Estado ha sido particularmente débil (Cartago ayer) o ha existido una desconfianza de la población hacia el Estado (EEUU hoy). Sin embargo, en las potencias continentales ha existido una fuerte estructura estatal (Esparta ayer, Roma más tarde, la URSS en el siglo XX). No es raro que las potencias navales intentaran disminuir el peso del Estado para aumentar el papel del comercio y que en las potencias terrestres ocurra justamente lo contrario.

4) Diferencia entre “nación” y “nacionalidad”. Evola, así mismo en “Los hombres y las ruinas” sostenía que en el pasado –esto es, en el “mundo tradicional”- no existían “naciones”, sino “nacionalidades”. Basta realizar un análisis histórico para comprobar que el Diccionario de la Real Academia no tiene razón en cuanto sitúa a la “nacionalidad” como “la calidad de los ciudadanos de una nación”. Es otra cosa, porque la “nacionalidad” aparece mucho antes que el concepto de “nación” irrumpiera en la historia.

La “nacionalidad”, en efecto, tiene mucho más que ver con el “imperio” y con el “arraigo” que con la nación. Históricamente, los grandes imperios tradicionales no se podían articular en una unidad al estilo del jacobinismo revolucionario o al absolutismo nivelador inmediatamente anterior. Eran territorios demasiado extensos y con características propias como para que cada parte fuera “lo mismo” que otras. La unidad estructural era “el reino” (desde los míticos reyes de Roma hasta el concepto de reino que se abre en la “Edad Moderna”), y cuando el reino manifestaba una voluntad de poder, “el imperio”. El reino se constituía sobre la base de la “fides”, el acto de reconocimiento de la autoridad de un monarca, el cual, a cambio, reconocía unos fueros concretos (esto es unos beneficios propios a tal o cual región, ciudad o estamento).

La nacionalidad implicaba la existencia de unos vínculos identitarios propios que compartían todos los miembros de esa nacionalidad que generalmente se asentaba sobre un territorio común previo a su incorporación al “imperio”. Una vez incorporados, seguían manteniendo leyes, normas y tradiciones específicas, a las que se superponían las del Imperio. Flandes o el Franco Condado formaron parte del Imperio español aun hablando otra lengua, disponiendo de otras tradiciones, desde el momento en que aceptaron las bases sobre las que se asentaba la construcción de los Grandes Austrias: defensa del catolicismo, expansión universal de una cultura católica y tarea civilizacional. Por naturaleza, los imperios, como las monarquías tradicionales no podían ser más que estructuras descentralizadas en las que cada nacionalidad aplicaba y adaptaba a sus características los principios imperiales.

La nacionalidad tenía por encima al Imperio y por debajo a las comarcas que la componían. Todo esto formaba parte de un sistema flexible, elástico y perfectamente adaptable de distintos niveles de identidad a la que solamente eran refractarios algunos pueblos exóticos (Israel en el caso de la antigua Roma, los pueblos situados al norte de la muralla trajana en las Islas Británicas, entre otros, esto es, pueblos situados en la periferia del Imperio). En ningún caso el concepto de “nación” y de “nacionalidad” que se atribuía en los imperios tradicionales tenía absolutamente nada que ver con el concepto actual que se atribuye a estas palabras. En esto estribó la trampa de los nacionalistas periféricos durante los debates que llevaron a la redacción de la constitución española de 1978: se introdujo el término “nacionalidad” en el texto, dando a entender que se consideraba desde un punto de vista tradicional próximo a regiones del Estado que disponían de cierta personalidad y características propias. Sólo en un segundo momento, esos mismos nacionalistas la ambigüedad del concepto que habían sostenido en 1978 pasaron a afirmar que “nación” y “nacionalidad” eran lo mismo.

La “nacionalidad” es una parte de un organismo mayor (Estado, Imperio), tratándose de un concepto tradicional, mientras que la “nación” es otro concepto esencialmente moderno que sustituye al de “Reino” a partir de la revolución francesa. Aparece en ese momento el concepto de Estado-Nación (el Estado considerado como la encarnación jurídica de una Nación) y el llamado “principio de las nacionalidades” (según el cual un pueblo que disponga de una lengua propia y habite sobre un territorio concreto es una “nación”). Este segundo principio tiende a considerar de manera excesiva el papel de la lengua, cuando para el concepto tradicional de “nacionalidad” eran precisas otras muchas similitudes: cultura, pasado, antropología, historia, geopolítica, etc. ¿Qué había ocurrido?

De la misma forma que la ley de oro que se impone con la Revolución Francesa en materia de relaciones sociales era el individualismo, al perderse en el terreno político la noción de “Reino” y de “Imperio”, el punto de referencia es “material”: el “ciudadano” que no es, como hemos dicho, sino un átomo social. Cada parte de una “nación” reivindica, a partir de la instauración misma del concepto, la aplicación del “principio de las nacionalidades” y se ve así misma como una “nación” que carece de Estado. Con el liberalismo ocurre como con algunos minerales que cristalizan en determinadas estructuras geométricas y que basta con golpear con un martillo para que reproduzcan en dimensiones cada vez más pequeñas esa misma estructura geométrica y así hasta lo infinitamente pequeño. Se empieza afirmando que Catalunya es una nación y los habitantes del valle de Arán terminan sosteniendo su carácter de “nacionalidad” pues -según el “principio de las nacionalidades”- disponen de una lengua propia y habitan sobre un territorio concreto… son, pues, una nacionalidad.

A partir de la instauración del concepto de “nación”, el único poder que puede contribuir a mantener la unidad del conjunto es la fuerza. Europa es un continente excepcionalmente rico cuyas naciones han estado compuestas hasta hace poco más de 200 años por nacionalidades que han hundido sus raíces muy profundamente. Los revolucionarios franceses de 1789 entendieron que, desaparecidos los rastros de la “fides” medieval que habían quedado en pie después del absolutismo borbónico, la única posibilidad de mantener unidad a la nación era mediante la fuerza de la guillotina. A diferencia de estos, el carlismo español, mantuvo en la segunda mitad del siglo XIX en su tetralogía –Dios, Patria, Fueros, Rey- en tercer lugar los “fueros” concedidos por los monarcas a ciudades, estamentos, regiones y… nacionalidades. Hasta hacía poco no se hablaba de “España” en singular, sino de “las Españas” en plural, reconocimiento la existencia de distintas nacionalidades que formaban ese racimo de “las Españas”.

Una vez desaparecida la “fides” y los principios superiores de carácter civilizacional que mantenían unidos al conjunto de los reinos y los imperios, quedaba solamente la fuerza para mantener la integridad del conjunto. Y la fuerza generaba, allí en donde se aplicaba tímidamente una reacción en contra. Según la ley del equilibrio que gobierna todo lo que está en el Cosmos, a una fuerza aplicada en dirección centrípeta, debía seguir otra fuerza centrífuga de orientación inversa.

5) Diferencia entre “nacionalismo” y “patriotismo”.- El “nacionalismo” fue definido por José Antonio Primo de Rivera como el “individualismo de los pueblos” y, sin duda, esta es una de sus frases más afortunadas. El nacionalismo no es más que un impulso emotivo y sentimental –luego, irracional o, mejor, infrarracional- surgido de sugestiones históricas impuesta por complejos colectivos, frustraciones, resentimientos y traumas históricos que tiende a ser inevitablemente agresivo contra el nacionalismo más próximo y sumir a una nación en el aislamiento y la hostilidad hacia el vecino. En este sentido, el nacionalismo es un fenómeno beligerante y enfermizo (“lo mío es superior a lo de los demás”).

En cierto sentido el “nacionalismo” es un legado de nuestra herencia animal, no modulado por la cultura. De la misma forma que todos los mamíferos experimentan el impulso territorial y no toleran que ningún otro animal penetre en su territorio, los humanos acompañan a este impulso irracional por consideraciones filosóficas y existenciales. En tanto que residuo del impulso territorial, el nacionalismo no puede ser sino hostil y beligerante hacia cualquier otra cosa que no sea lo propio. Seguramente Alberto Boadella es quien mejor ha definido la esencia íntima del nacionalismo cuando dijo: “Es como un pedo, que sólo satisface a quien se lo tira”. Tiene gracia que los nacionalistas empleen buena parte de sus alardes teóricos en explicar que no son agresivos hacia ningún otro nacionalismo, sin embargo los conflictos que se han desarrollado en los últimos 200 años tienen como germen el exclusivismo nacionalista.

El patriotismo es otra cosa muy diferente: deriva de algo tan objetivo como es la fidelidad a la tierra y a los antepasados. Así como el nacionalismo está ligado a la idea exasperada de Nación y esta a la revolución francesa, el patriotismo aparece en la historia con las civilizaciones tradicionales de la antigüedad a partir del mundo clásico, es decir, irrumpe con determinado nivel de cultura. El nacionalismo, por el contrario, no tiene nada que ver con la cultura, sino con la civilización. Las guerras del siglo XIX y XX son precisamente esto: intentos de conquistar territorios de unas naciones a otras, para controlar recursos energéticos, no para expandir modelos de cultura.

El hecho es que no hay rastros de nacionalismo antes de 1789. Antes, desde la Edad Media, hasta finales del XVIII, cuando se declaraba una guerra y la población demostraba su entusiasmo no era por el “honor nacional” como por la “fidelidad” al Rey y por su honor. De ahí que, históricamente, el nacionalismo esté ligado a un determinado modelo: a la burguesía como casta hegemónica, a la democracia del número como sistema político, al liberalismo capitalista como concepción económica y así sucesivamente. Del paradigma liberal deriva el nacionalismo y la exaltación irracional que expande.

Esta idea es importante: para ser un “nacionalista” consecuente es preciso ser jacobino, liberal, defender los valores burgueses, adherirse al capitalismo y a la democracia, o de lo contrario, se corre el riesgo de caer en la incoherencia. Eso es coherencia. Ser “nacionalista”, pero antiliberal o les liberal pero antinacionalista es simplemente inconsecuencia. Tal fue lo que entendió perfectamente José Antonio Primo de Rivera, cuando en ningún momento se declaró “nacionalista”.

El nacionalismo nunca ha pertenecido a nuestra familia política. En su forma jacobina ha sido patrimonio de la izquierda y en su forma liberal cosa de la derecha. Se empieza confundiendo nacionalismo y patriotismo y se termina desconociendo a la propia familia política. Nunca un imperio ha sido “nacionalista” pues no en vano “nación” e “imperio” son conceptos imposibles históricamente de encajar. Volvemos pues, al principio: un imperio no es más que una nacionalidad con voluntad de poder y proyecto cultural superior a los demás.

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Coda

Habría que preguntarse por qué viviendo en una sociedad liberal y democrática, capitalista y gobernada por los ideales de la burguesía, el nacionalismo español es casi inexistente. Se debe a varios fenómenos perfectamente identificables y completamente concatenados.

El nacionalismo español que emergió inicialmente durante el siglo XIX, especialmente a partir del trienio liberal (1820-23), terminó generando cincuenta años después una eclosión de nacionalismos periféricos (catalán, vasco, gallego, andaluz) que un mineral que cristaliza en forma cúbica puede romperse hasta el infinito reproduciendo esa misma estructura cúbica en formas cada vez más pequeñas. A partir de ese momento, hacia finales del siglo XIX, la historia de España se convierte en un permanente tira y afloja entre el nacionalismo central y el periférico.

Paradójicamente, el franquismo, que incluía entre sus soportes al carlismo y que reconocía como filiación política la negación de la Revolución Francesa, esto es, del jacobinismo, terminó siendo un régimen jacobino y centralista seguramente como rechazo al separatismo de ERC, Estat Catalá, el PNV o ANV… Algunos de los teóricos del nuevo régimen llamaron la atención sobre los riesgos del jacobinismo y de la desconsideración hacia las lenguas y los rasgos regionales. Esto hizo que mientras otras extremas-derechas europeas (la francesa, por ejemplo) aceptan el hecho regional (en las manifestaciones del Front National, por ejemplo, están siempre presentes las banderas de las distintas regiones), en la española todavía se desconfíe de lo que supone la periferia.

A esto ha contribuido el fracaso del Estado de las Autonomías y las tensiones generadas por los nacionalistas. La extrema-derecha (y buena parte del centro-derecha y del centro-izquierda) están presos de una lógica endiablada: esencialmente el nacionalismo español y el nacionalismo periférico son de la misma naturaleza, sólo que éste es la fotocopia reducida de aquel.

Otro fenómeno ha agravado esta situación: la pérdida de la tensión ideal del nacionalismo español que, a partir del desastre de 1898 y, mucho más, después de la Generación del 98, cayó en la atonía y detuvo su teorización. El mundo fue evolucionando y se produjo un desfase especialmente a partir de 1945 cuando volvió la paz y el mundo resultó empequeñecido gracias a los nuevos medios de comunicación de masas y a la evolución de los transportes. En los treinta años siguientes (de 1945 a la crisis del petróleo de 1973) se produjo un crecimiento económico constante que elevó el nivel de vida y aceleró la concentración de capitales. Veinte años después –tras la conclusión de la II Guerra del Golfo, la de Kuwait- el capitalismo ya no era el mismo que en 1945 (capitalismo industrial), ni el mismo que en 1973 (capitalismo multinacional), se había convertido en capitalismo globalizador.

La clase hegemónica ya no era la burguesía media sino la oligarquía económica que se nutre, fundamentalmente, esquilmando a las clases medias. La “nación-Estado” ya no es la dimensión apropiada para gestionar el sistema mundial.

Por otra parte, los Estados-Nación, demasiado pequeños para afrontar los desafíos del tiempo nuevo se ven obligados a agruparse en unidades mayores (los proyectos Airbus, ciclotrón para desarrollar la energía de fusión, caza europeo, etc., superan con mucho el presupuesto de los Estados de tamaño medio de la UE). Y, hasta ahora, la crítica de los “nacionalistas” no ha sido capaz de elaborar una alternativa a esta situación. El nacionalismo jacobino de hoy sigue siendo exactamente el mismo que el de finales del siglo XIX, no ha variado un ápice, mientras que la sociedad y la situación internacional ha variado extraordinariamente.

El tiempo del nacionalismo ya ha pasado porque era solamente el impulso emotivo, sentimental e irracional de la burguesía media, ligado a la democracia liberal y al capitalismo industrial, fenómenos todos ellos que han quedado muy atrás en la historia.

© Ernest Milà