Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

CULTURA

Himno Nacional: va siendo hora de recuperar lo que ya tenemos.

Himno Nacional: va siendo hora de recuperar lo que ya tenemos.

Infokrisis.- Siempre habrá un nacionalista que diga que no se ha hablado de su terruño específicamente y que, por tanto, no es el himno de todos. Así pues prevemos que la versión elegida para la letra del himno oscilará entre la cursileria más acrisolada, la ambigüedad ingenuo-felizota y la jabonosidad hacia las partes (monarquía, autonomías). ¿Será eso la letra de un himno o más bien e habitual churro en el que terminan estos “grandes debates?

La letra de Pemán

El vecino de la esquina o el poeta romántico del pub al que voy todas las noches pueden escribir una letra que tendrá todas las limitaciones de quienes son, de por sí, limitados en sus capacidades literarias. No se puede esperar gran cosa de los siete mil espontáneos que han enviado su contribución a este malhadado concurso para dar una letra al himno nacional.

En cuanto a los escritores profesionales, han preferido abstenerse a la vista de lo improbable de poder articular una letra que satisfaga a todos. Ninguna de las grandes plumas de la Real Academia (la única que, como colectivo, en principio, debería tener entidad suficiente como para cumplir el encargo) se ha querido comprometer con esta tarea titánica llamada al fracaso más estrepitoso.

Pero lo que hoy no existe –intelectuales comprometidos con su país, en lugar de con su carrera literaria- si existió en el pasado. José María Pemán fue un intelectual de fuste que desde los años veinte hasta los sesenta estuvo en activo. Medio siglo de producción hoy injustamente olvidada gracias a la militancia franquista de Pemán durante unos años y luego a la militancia monárquica juanista en los años cincuenta.

Es famosa la anécdota de Pemán, en las primeras semanas de la guerra civil, en el aula magna de la universidad de Salamanca, con Unamuno, su rector, entonando el “Venceréis pero no convenceréis” a un Millán Astray particularmente energuménico esa tarde, gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”, mientras Pemán se levantó e intentó poner orden en donde era imposible diciendo aquello otro de “No, abajo los malos intelectuales”. Ahí estaba doña Carmen Polo de Franco para dar el brazo al anciano Unamuno y concluir al acto antes de que el incidente pasara a mayores. Pues bien, las virtudes diplomáticas de doña Carmen Polo (denostada luego como “la collares”) están hoy tan olvidadas como las cualidades literarias de Pemán.

Y Pemán fue uno de los grandes de nuestra literatura. En los primeros pasos de la TVE, su serie semanal “el Séneca”, demostró que su fina ironía y su sentido del humor seguían siempre presentes. Si hubo una serie en la que se analizara “lo español” fue precisamente en esa que tenía como guionista y presentador a un Pemán ya envejecido, pero no por ello, menos brillante.

Pemán tiene hoy lo que no tienen los miles de espontáneos bienintencionados que han enviado sus letras al concurso de marras. Tiene prestigio. Y, sobre todo, tiene letra para el himno.

Esa letra se redactó a petición del General Primo de Rivera en 1927 y fue la oficial durante unos años. Pemán había estado afiliado al partido de corte social-cristiano de derechas fundado por el dictador, la Unión Patriótica. En el marasmo de la dictablanda de Berenguer y del advenimiento de la República, la letra se olvidó. El franquismo la recuperó en sus primeros años y, hasta finales de los años 40 era frecuente que se cantara incluso en algunos colegios. Luego también pasó al olvido por motivos que se nos escapan a todos. Desde el principio de TVE –ya que hemos aludido a este ente- en 1956, el himno nacional con el que se cerraban las emisiones, se retransmitía sin letra.

Es cierto que el franquismo impuso algunos pequeños cambios en la letra y allí donde decía: “Alzad la frente hijos del pueblo español”, puso aquello otro de “Alzad los brazos hijos del pueblos español”, pero, respeto todo el resto y la letra todavía conserva hoy su poesía, su patriotismo indeleble y, en definitiva, su fuerza, porque ya que estamos hablando de himno nacional, se trata de que tenga “fuerza” (y prevemos que las letras presentadas al concurso son un portento de ambigüedad, cursileria, sino mariconadas puras y simples).

Una propuesta: que no nos impongan un churro

Hay situaciones de “máximo riesgo” y esta es una de ellas. La letra que gane, a falta de cualquier otra, será la oficiosa, hasta que una próxima reforma constitucional le dé el reconocimiento institucional. Mal asunto si Zapatero, este gobierno o cualquier otro hecho de componendas y ajustes con los partidos nacionalistas periférico, tiene que dar el visto bueno. Legítimamente podemos esperar lo peor.

Por eso vale la pena adelantarse, difundir lo antes posible y popularizar la letra de Pemán que es, de todas las posibles, la que, al menos tiene garra, fuerza y poesía. Así que a partir de este momento, esta versión cantada queda incluida en nuestra “zona de descargas” y a continuación ofrecemos la letra. Creo que vale la pena difundirla al máximo, especialmente en los foros y chats más frecuentados

A falta de la versión originaria (que ignoramos si existe) hemos recuperado una de las versiones que se cantaron en los primeros años del franquismo. Las variaciones son mínimas.

Hace unos años propusimos que en la medida en que las competiciones deportivas serán las ocasiones en las que se cantará lo más frecuentemente el himno de manera colectiva, al llegar al “Alzad los brazos hijos del pueblo español”, se acompañara la letra con el gesto, mil veces repetido en los estadios, de alzar, efectivamente los dos brazos que, en el fondo, es lo que hoy se hace coreando el himno con el “la-la-la”.

¿Gestualización absurda? En absoluto, los himnos tienen un aspecto iconográfico indiscutible. Contra más sensación gestual se dé de unidad y más se exteriorice, mejor.

Ahí va la letra y se ruega difundirla por Internet lo más posible:

“Viva España

Alzad los brazos [alzad la frente]

Hijos del pueblo español

Que vuelve a resurgir.

Gloria a la Patria

Que supo seguir

Sobre el azul del mar

El caminar del Sol.

Triunfa España,

Los yunques y las ruedas

Marchan al compás

Del himno de la fe.

Juntos con ellos

Cantemos en pie

La nueva vida y era

Del trabajo y paz”

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Psicopatología del antifascismo. Análisis de una enfermedad del alma

Psicopatología del antifascismo. Análisis de una enfermedad del alma

Infokrisis.- Amadeo Bordiga, secretario general del Partido Comunista Italiano en los años 20 y disidente del stalinismo decía literalmente: “Lo peor del fascismo será el antifascismo”. Esta sentencia queda confirmada por el seguimiento de las páginas “antifas” de la web. Hasta la aparición del Internet, el antifascismo era un residuo impenetrable al que solamente sus últimos mohicanos prestaban atención. Internet lo ha convertido en la ventana abierta de una patología social, relativamente compleja en unos casos y más simple que el mecanismo de un botijo en otros. Hela aquí expuesta para los lectores de infokrisis.

Pero ¿qué es el fascismo?

Hablando con propiedad, el fascismo fue el movimiento político italiano creado por Benito Mussolini de procedencia socialista, por los futuristas y por los nacionalistas italianos después de la Primera Guerra Mundial y que gobernó Italia durante 20 años, cohabitando con la monarquía de los Saboia y teniendo una prolongación de apenas dos años en la República Social Italiana. Así pues, históricamente no hubo más fascismo que éste.

Desde el punto de vista de las tipologías políticas se conoce por generalización abusiva como “fascismo” a los movimientos que, en líneas generales, tienen un alto grado de similitudes con el fascismo italiano y en esto entran movimientos muy diversos, todos los cuales tienen como características comunes: nacionalismo, movimiento de masas, interclasismo, respuesta al comunismo y voluntad de llevar a la práctica una política social avanzada que pudiera rivalizar con la agitada por la izquierda. Las componentes de estos movimientos, que se dan en todas las formas de fascismo, proceden de sectores de la izquierda, de la burguesía y de los excombatientes de la Gran Guerra. Debemos al profesor Zeev Sternhell un formidable estudio sobre estos movimientos en su libro “Ni derechas, ni izquierdas”, no traducido en España y del que hace unas semanas publicamos en infokrisis un capítulo.

La tesis de Sternhell afirma que el roce con el poder y el ejercicio del poder, contaminaron al fascismo y lo desviaron de su esencia original. Por tanto, no es en Italia ni en Alemania donde puede estudiarse formas químicamente puras de fascismo, sino en Francia donde éste movimiento no llegó al poder (y por tanto, no rectificó su línea según las componendas necesarias en toda gestión del poder), pero sí tuvo una larga gestación ideológica muy anterior que se inicia con disidentes del socialismo (desde Proudhom a Henry de Man), con la aparición del nacionalismo integral de Maurras y con los llamados “no conformistas de los años 30” (el grupo Ordre Nouveau, Esprit, etc.). Para Sternhell no hay duda de que el fascismo fue un movimiento político de nuevo cuño, alternativa a la derecha y a la izquierda. Debemos recordar que el esfuerzo de objetividad en Sternhell es todavía más apreciable en la medida en que es de nacionalidad judía y profesor de la universidad de Tel Aviv.

Pero existe una tercera forma de fascismo, que más que una catalogación política o ideológica supondría un adjetivo de propaganda lanzado contra tal o cual adversario. Se sabe, por ejemplo, que contra más virado a la izquierda está un partido, más amplio considera el espectro “fascista”. Para HB “fascismo” es, desde el PSOE hasta la falange, pasando por el PP, el PNV y el turista que pasaba por ahí y que no había sido recibido con un aurresku. Antes de la II Guerra Mundial vimos a los estalinistas llamar “social-fascistas” a los partidos socialdemócratas y, por extensión, fascismo sería toda forma de anticomunismo o de actitud de prevención contra el comunismo.

Quienes consideran la primera definición de fascismo se centran en el análisis histórico rigorista; quienes asumen la segunda, preferencialmente, contemplan los aspectos ideológicos y doctrinales del fascismo. Ambas son posturas razonables que no presuponen una adhesión a los principios del fascismo ni a ninguna organización fascista. Es la tercera opción de la que ha salido el antifascismo entendido como psicopatología, esto es “enfermedad del alma” o “perversión de la mente”.

Si usted es “antifa”, usted tiene un problema

Seamos claros: hasta la caída del Muro de Berlín, ser anticomunista implicaba denunciar a un sistema que había recluido a su población en la miseria y creado el universo concentracionario más grande de la historia, que amputaba las libertades políticas y que ni siquiera era capaz de avanzar decididamente por la vía del desarrollo. Si el comunismo era la quintaesencia de la dictadura… el stalinismo era la forma más perversa y degradada de dictadura. El ciclo del comunismo duró desde 1917 hasta el 9 de noviembre de 1989 cuando las masas saltan sobre el Muro de Berlín y desaparece la República Democrática Alemana.

A partir de ese momento, ser “anticomunista” empezaba a ser algo obsoleto y periclitado. En la Francia de hoy donde el otrora poderosísimo PCF es un despojo o en España en donde los herederos del PCE se preocupan solo del carril bici y de la memoria histórica hemipléjica, ser anticomunista es una resaca de un movimiento político que se extinguió hacia 1989, hace sólo 18 años. Pero es que el fascismo histórico desapareció en 1945, hace la friolera de 62 años.

Por tanto, en la mentalidad de quien se define como “antifa” hay algo averiado y sombrío. Que el antifa no es el único sometido a la patología social que vamos a definir es claro y cristalino. Determinadas formas de antisemitismo entran también dentro de la misma patología. La diferencia estriba en que en Palestina sigue habiendo matanzas, que el poder del judaísmo norteamericano está en el origen de las peores maniobras expansionistas de aquella potencia y que, dos mil años de recelos del catolicismo hacia el judaísmo no se extinguen en unas décadas.

Antifascismo uno y múltiple

El antifascismo es un fenómeno único en la historia reciente de las ideas. De hecho, ya hemos dicho que no es una idea, sino una “patología del alma”. De la misma forma que se utiliza el concepto de “Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida” para etiquetar a un paquete de distintas enfermedades que pueden o no manifestarse en el aquejado por determinado virus, el antifascismo aparece solamente en organismos en los que el virus de lo políticamente correcto ha calado hondo. Y, por eso mismo, se manifiesta de distintas formas, unas son razonables y otras son extremas y, por tanto, equivalentes a los peores estragos de una enfermedad terminal.

Lo importante, en cualquier caso, es señalar que el antifascismo sólo aparece en mentes aplanadas (y aplatanadas) por lo políticamente correcto y sólo en ellas. Una mente que trabaja con parámetros aceptables de racionalidad, lógica, sentido común y capacidad para encadenar silogismos, nunca aceptará ni el pensamiento único, ni lo políticamente correcto.

Así pues, en toda forma de antifascismo hay una renuncia: a esforzarse en ir más allá del límite marcado por lo políticamente correcto, como si esa frontera fuera un finís térrea, más allá del cual solamente existe un territorio incógnito que más vale no adentrarse ni conocer. Lo políticamente correcto son las lentes correctivas que, hechas con la montura del apriorismo, impiden ver la realidad tal cual es, esto es, con objetividad.

Existen tres tipos de antifascismo:

1)     El antifascismo inercial: es el propio del ciudadano medio que sigue pasivamente la política, no se preocupa ni por adoptar una posición activa –salvo en muy determinadas ocasiones, siempre en episodios de masas– ni por las causas últimas, le basta con que los “líderes de opinión” sean más o menos antifascistas como para adherirse a esa corriente general. A fuerza de oír hablar de “fascismo” y de identificarlo con el mal absoluto, su falta de energía mental le lleva a aceptar la consigna atribuida al Gran Hermano: “No pienses, el gran hermano piensa por ti”. Y el Gran Hermano dice que el fascismo es malvado, por tanto, hay que condenarlo. Es una forma de ser antifa, pero sin ejercerlo. Una parte sustancial de la sociedad está aquejada de esta enfermedad del alma que, en el fondo, no es sino una forma de pereza trasladada al plano de las ideas.

2)     El antifascismo político: es mucho más consciente que el anterior, habitualmente es utilizado por los agitprop de los partidos para lanzar la acusación de “fascista” sobre el adversario. También por determinadas ONGs que tildan de “fascismo” a todo aquel que discute sus razonamientos. En el extremo más bajo de este grupo se encuentran gentes como Esteban Ibarra, paniaguado del régimen cuyos Informes Rayen sobre el racismo y la xenofobia incitan al escepticismo. Para Ibarra y su ONG “Movimiento contra la Intolerancia”, la prensa oculta la realidad: el fascismo está vivo y activo y ataca desde la sombra. No importa que le prensa no lo registre, cualquier llamada telefónica a la miserrima sede de su grupo (el dinero de las subvenciones no es para pagar una sede, sino para pagar… ¿a quién aparte de a Ibarra?) de alguien que dice que ha tenido noticia de que un primo de un cuñado, de un hermano del portero de la casa en donde vive el chico que sale con mi hermana, ha oído que en la discoteca en la que se emporra cada sábado ha habido una trifulca y un “pelao le ha metido dos buchantes a un nano que lo dejado cucufati”… Ese dato queda registrado en los Informes Rayen para mayor gloria del método científico y del periodismo de investigación. Resulta un misterio el porqué Ibarra no recorta cada día la prensa y no considera las agresiones de los Latin Kings y la media docena de tribus urbanas más como “agresiones racistas”, cotejadas por lo demás por miles de testigos, atestados policiales y demás. Es lo que tiene subvencionar a las ONGs, que luego están obligadas a demostrar que sirven para algo. Y, de hecho, Ibarra utiliza todos estos datos sesgados, surgidos de nadie sabe donde (¿para qué explicarlo? El fascismo es intrínsecamente perverso, por tanto cualquier cosa que se ponga en su debe es rigurosamente cierto e incluso resulta legítimo inventar episodios inexistentes para concienciar sobre el mal absoluto). A todo esto, Ibarra identifica sobre todo a los pelaos con fachas, algo, como mínimo, aventurado, erróneo, poco científico y distorsionado (valdría más calificarlos de “tribu urbana” en lugar de “movimiento político”) simplemente para justificar las generosas subvenciones de las que vive y que pagamos usted y yo, por cierto.

3)     El antifascismo visceral: Ibarra es la sal gruesa del antifascismo político, pero luego está la sal petri (el guano, la mierdecilla excremencial, para ser más claro). Ibarra, en el fondo, tiene una razón profunda para su antifascismo: gracias a él puede extender la gorra y justificar la subvención, pero ¿y los que hacen del antifascismo el eje de su vida? Si le pedís a un ocupa que se defina políticamente, lo primero que os dirá es “Colega, yo soy antifa”. Luego habrá un largo silencio en el que percibiréis como único riesgo que la baba se le acumule y termine resbalando por el labio inferior de una boca en expresión perpleja y, como con la relajación de haberse fumado el último canuto. Eso es todo. La variedad superior es la que une independentismo a antifascismo. En este sentido vale la pena ver las webs de los independentistas catalanes y vascos en donde el primitivismo y el irracionalismo propio de todo nacionalismo (el nacionalismo es sólo víscera, sentimiento, emotividad y mitología ad hoc) se unen las consideraciones antifas. Para un independentista, facha es todo aquel que no se muestra del todo decidido a meter a un país en la centrifugadora. Alguien que hable castellano en Catalunya es un “facha” y, poco importa, si tiene argumentos suficientes como para negarse a aprender catalán o renunciar voluntariamente a hablarlo. Es facha y punto. Hace poco, yendo en el tren entablé conversación con el tipo de al lado, de aspecto suficientemente tosco y primitivo como para hacer de él un “objeto analizable de sociología práctica”. Era ocupa y hablábamos sobre lo caro de la vivienda. En un momento dado, afirma que “los fachas especulan con la vivienda”. Le pregunté que entendía por fachas, el espécimen sociológico se descompuso, me miró como a un extraterreste y balbuceó: “Los fachas, ostia, el PP”. A todas luces el PP tiene tanto de facha como la Vicepresidenta del Gobierno de Miss Mundo. El tipo funcionaba a base de porros y las cinco horas de tren eran suficientes como para que sintiera el síndrome de abstinencia al no poder fumar. Así que seguí adelante: “Y ¿hay muchos fachas en Barcelona?”. Me dijo que estaba lleno. Que cerca de su casa había un local. Vivía en Gracia así que no acertaba a intuir de qué local estaba hablando. Seguí preguntando hasta que, finalmente, me lo situó: “Si, cohone, el cuartel de los picos”. Vale. Los picos, la Guardia Civil también es facha. Lo más sorprendente es que la cosa no terminó ahí: también Artur Mas era fascista, e incluso Carod-Rovira y luego ya descendió a los abismos de la marginalidad: si, porque hay “ocupas” y “ocupas”; determinados ocupas también son “fascistas” pues no en vano se niegan a abrir sus casas a otros ocupas. La cuestión es que mi espécimen no era un caso aparte, hay muchos como él en la geografía ocupa de nuestro país. Ahí están en webs y en blogs. El hecho de que estén como las maracas de Machín y, en sí mismos, sean una muestra de los destrozos que ha causado el sistema educativo español, unido al consumo desmesurado de porros y a la falta de competitividad social, no implica que sean minorías exiguas.

Podríamos hablar de una cuarta variedad de antifascismo, minoritaria y, esta sí, exigua, que nos impide unirla a las tres anteriores. Es el antifascismo del que hacen gala algunos que conocen perfectamente el fondo ideológico del fascismo, pero temen mostrar su adhesión a él, o bien son conscientes de su incapacidad para ser fascistas. He visto periodistas que hubieran amado tener una vida aventurera como muchos de los “fascistas” a los que han conocido. Investigaban sus andanzas para sorprenderse de hasta qué punto algunos militantes que en los años setenta y ochenta seguían fieles al fascismo, eran capaces de asumir. Para estos el “vivir peligrosamente” era un estilo de vida, mucho más que una frase hecha o una consigna. Conozco más de media docena de periodistas que responden a esta característica, muestra excesivamente pequeña como para que de ella se pueda extrapolar una categoría universal.

Así mismo, he visto a otros militar en grupos fascistas en los años 60, hacerlo con obstinación y convicción ideológica, hasta el día en que llegaron a la universidad y percibieron que en aquella época o se era militante de izquierdas o resultaba imposible llegar a fin de curso sin ser agredido. Además, en aquella época, los grupos de izquierda, como reclamo principal, tenían chicas… había gente incapaz de ligar y de tener el aplomo suficiente para acercarse a una mujer, que solamente podía experimentar ese calor, en un grupo de izquierdas (claro está que a partir de 1977, el grueso de militancia política femenina se decantó hacia Fuerza Nueva especialmente en Madrid, coincidiendo esta decantación con la desmovilización de la izquierda militante). Muchos militaron en esos grupos de izquierda –y los pobres chicos de Bandera Roja, entre los que se encontraba Jiménez Lozanitos antes asumir el liberalismo como doctrina-, leyeron obras infumables de Nikos Poulantzas, de Debray, o las soporíferas resoluciones de la IV Internacional, simplemente para poder ir de intelectuales ante las ricashembras de la izquierda y llamar su atención recitando las mejores filípicas antifascistas. A todos estos –que no fueron pocos pero que ya no son– les podemos llamar “antifascistas por vía vaginal”. “Quico el progre” (el personaje ideado por el fallecido Perich) tenía mucho de esto y no era, desde luego, una caricatura, sino la quintaesencia de los pobres diablos que recorrían la hoy mitificada “oposición democrática al franquismo”

La psicopatología del antifascismo

El alma antifascista, hoy, en el siglo XXI, oscila entre el complejo de culpabilidad y la frustración. De hecho, el propio antifascismo –especialmente el de sal gruesa y el de sal petri– queda comprendido entre ambos.

Un complejo de culpabilidad consiste en albergar la íntima convicción en el subconsciente de que se es culpable (por cualquier motivo: por pensar como un proletario y vivir como un burgués, por no vivir de papá y de mamá, pero ser incapaz de demostrarles aprecio, estima y cariño, por solidarizarse con la última “lucha de liberación” que se da en el último rincón del globo, pero ser incapaz de ir más allá, de esforzarse algo más o de llevar la solidaridad hasta extremos concretos y apreciables, y así sucesivamente.

Hay un hecho sociológico que vale la pena señalar: la abundancia de cristianos comprometidos o de individuos que han recibido una educación cristiana, que pueden encontrarse en ambientes antifascistas. De hecho, todo el independentismo catalanista actual tiene una matriz boy-scout que deriva de órdenes religiosas que en los años 60-90 inspiraron a este movimiento y le imbuyeron valores “cristianos”.

Los cristianos “comprometidos” han sido educados en la noción de “pecado”. El pecado es una falta por acción, omisión, pensamiento, etc. Un ser humano, peca simplemente por el hecho de levantarse de la cama, cuando preferiría seguir descansando (pecado de pereza). La noción de pecado y la imposibilidad de escapar al pecado, induce a un complejo de culpabilidad permanente.

Habitualmente, los complejos de culpabilidad crean un descenso en la autoestima que puede llegar incluso a la depresión o al suicidio. Desde el punto de vista psicológico es fundamental que quien está aquejado de un complejo de culpabilidad sea capaz de reconocer, mucho más que de albergarlo en los corredores más sombríos de su psique. La vida psicológica sana y normal es incompatible con la existencia de profundos complejos de culpabilidad. El proceso mental con el que la mente se resguarda de los efectos deletéreos de estos complejos es mediante la sublimación de los mismos: “Si, yo soy culpable porque me mato a pajas… si, yo soy culpable porque no hago lo suficiente por los niños del Brasil, si, yo soy culpable por que el mundo sufre y yo estoy aquí tan contento viviendo de papá y mamá… pero –y aquí viene la sublimación– hay otros que son MAS CULPABLES QUE YO: los fascistas, por ejemplo”.

Este proceso de sublimación conduce a la primera forma de antifascismo psicológico. ¿Qué es un antifa? Muy sencillo: alguien que se sabe culpable de algo, que ha desterrado ese complejo a las profundidades de su subconsciente y que cubre esa culpabilidad forjando la imagen de alguien más “culpable” que él.

Peor luego está el complejo de frustración. Es normal que todos, en la vida alberguemos ciertas frustraciones. Tenía un amigo cuya mamá quería que fuera Papa. Lo juro. La criatura no llegó a monaguillo. La madre le había inducido durante sus primeros quince años de vida con tanto énfasis su “vocación de papable” que, el pobre hombre, todavía hoy, no puede evitar un evidente complejo de frustración que ha sublimado comiendo. Va por los 140 kilos y seguirá engordando hasta el estallido final. A otros antifas les pasa exactamente lo mismo.

Podemos establecer una diferencia por edades. Habitualmente, antifas de más de 50 años responden a las mismas características: divorciados –se casaron con aquella chica que estaba en la célula del partido que se pudieron, finalmente, llevar al catre explicándoles las teorías de Antonio Gramsci, cuando la chica, en realidad, necesitaba otra cosa mucho más directa y portentosa-, amargados, sus hijos no les hacen ni caso –les han educado esmeradamente según los principios de la progresía y ahí están dándole al canuto o pateándose la pasta de papá–, han visto como todos sus ideales, sin excepción, se han hundido: ni revolución proletaria, ni proletariado revolucionario, ni el socialismo ni el comunismo han demostrado nada particularmente esperanzador en España, ya no creen en reformas sociales, ni siquiera en horizontes esperanzadores a nivel personal, se les ha hundido completamente el marxismo, son conscientes de que han estado defendiendo un detritus ideológico por el que no valía la pena ni perder dos minutos, y ya no tienen grandes esperanzas.

Carecen de futuro, por tanto, miran solo al pasado. Su vida ha sido una frustración permanente. De aquel pasado ya no queda nada: algunos miembros del PSUC fueron ministros del PP, los que quedan en el PCE o en el PSUC es porque no han encontrado el mejor momento para pasarse al PSOE, donde estaba el “mogollón”, donde “se pillaba”. Y estos, todavía, siguen más amargados. Lo único que les queda de su pasado es el recuerdo de que el “antifascismo” daba un sentido a su vida hasta 1976. Hoy el franquismo no existe, pero en algún pueblo, en algún lugar recóndito de la geografía española, ellos están dispuestos a encontrar una placa de una calle con el nombre de un jefe de centuria de Falange caído en una ignota batalla. El antifascismo une en estas pobres y peripatéticas figuras, el eco remoto de su juventud con algo de lo que hoy todavía se habla: la memoria histórica, la culpabilidad del fascismo, etc.

Hay otros, los de sal gruesa, que ven las cosas desde otro punto de vista. Son los más jóvenes. Muchos de ellos no se sienten competitivos, son verdaderos fracasos, subproductos de las leyes de educación promulgadas desde 1973. Para ellos, el “facha” es el “triunfador” (sea quien sea: desde Artur Mas, Carod-Rovira hasta el nano del cocodrilo en la parodia del pijauta del PP). No es que conciban la lucha de clases entre explotados y explotadores, es que la han traslado al terreno del éxito o el fracaso. El éxito representa el “fascismo”. Por eso es odiado. La frustración lleva al odio incondicional, irracional, visceral, sin apelación. Esa falta de competitividad ideológico, personal, política, social, una característica demasiado evidente en todas las webs y blogs antifascistas.

Y luego están los antifas que, además, son independentistas. La pirueta de estos es notable: unen a la frustración personal, la frustración que atribuyen a una nación. La Catalunya que fue una parte del Reino de Aragón, no gana, batallas en solitario, desde el siglo XIII. Todas las conmemoraciones catalanistas lo son de derrotas, sublimando esas derrotas se oculta el complejo de frustración del independentismo. “El día que Catalunya sea libre, volverán los mejores tiempos” ¿cuáles? No importa, eso ocurrirá el día en que Catalunya sea libre. Entonces, la frustración desaparecerá porque no habrá con quien compararla. El independentismo reconstruirá la historia de Catalunya a partir de una única “victoria” a partir de la que se iniciará la “verdadera historia”: con la misma independencia. Es el viejo sueño mesiánico: la historia empieza conmigo, antes mío no hay nada. ¿Qué me impide ser yo mismo? La España fascista.

En realidad, el antifa independentista cubre el pasado mediante la reconstrucción de una historia ad usum delphini, y cubre el futuro (una Catalunya independiente es tan viable como un puesto de gominolas dentro de una clínica para diabéticos) situando el hecho triunfal de la independencia de Catalunya como un fin de la historia y una entrada en tiempos míticos en los que Catalunya “será rica i plena”.

Lo dicho ¿Es usted antifa? Muchacho, está usted como las maracas de Machín. Míreselo porque usted lo que tiene es un problema grande y no es precisamente el fascismo, sino su vida misma.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La revisión idealista del marxismo: el socialismo ético de Henri De Man

La revisión idealista del marxismo: el socialismo ético de Henri De Man

Infokrisis.- Recientemente, hemos leído la edición francesa de Au Delà du Marxisme, la obra cumbre de Henri De Man, en su versión francesa y nos ha sorprendido que ya en los años 30, un intelectual procedente de la izquierda estaba en condiciones de realizar a Marx que no fue superada en los años de la Guerra Fría. Por una feliz casualidad, esta lectura se ha superpuesto a otra: la del libro Ne Droit ne Gauche de Zeev Sternhell, sobre los no conformistas de los años 30. La tesis de Sternhell es que el "verdadero fascismo" solamente puede estudiarse siguiendo la evolución de las corrientes del pensamiento francés no conformista, desde Sorel hasta De Man. Presentamos a continuación la traducción al castellano del capítulo de esta obra dedicada a Henri De Man. Vale la pena añadir que se trata de una primera traducción a la que todavía no se le han añadido las referencias, ni una corrección de estilo.

La revisión idealista del marxismo: El socialismo ético de Henri De Man

l. La negación del marxismo El revisionismo constituye, ya desde el principio del siglo XX, una dimensión capital, y generalmente desconocida y menospreciada, de la ascensión del fascismo. En la práctica, no es absolutamente posible elaborar una explicación satisfactoria del fenómeno fascista sin recurrir a los muchas etapas de la crisis del socialismo. Desde el final del affaire Dreyfus hasta el pacto de Munich, el arranque de la ideología fascista es la manifestación más evidente de las enormes dificultades que el socialismo encuentra en responder al desafío del capitalismo. Ciertas formas de revisionismo como la de Bernstein o la de Jaurès conducen al socialismo reformista; otra, como las de Sorel, Déat o Henri De Man desembocan en el fascismo. Ambas tienen en común la voluntad de superar el marxismo, y las dos están de acuerdo en ver en el marxismo un incomparable instrumento de análisis histórico, el cuadro conceptual ideal para poner orden en la historia, pero no -a menos que no sufra una profunda modificación- una verdadera palanca para conseguir cambios políticos. En el período entre las dos guerras, la revisión del marxismo se identifica dentro del entorno cultural francés con el nombre de Henri De Man. Tal como se expresa en la obra del autor belga, este ataque al marxismo es un aspecto fundamental de la revuelta idealista de las primeras décadas de nuestro siglo. En este sentido, el pensamiento de Henri De Man continúa y desarrolla el de Georges Sorel; encuentra un profundo eco, y también un principio de ejecución, en Francia, en la acción política de Marcel Déat. En el extremo opuesto del abanico político, la nueva revuelta idealista de un Thierry Maulnier continuará, por su parte, la línea de Barrès. Las dos corrientes de este neo socialismo convergen hacia una síntesis que, al final de esta segunda preguerra, asumirá los rasgos del fascismo. Al principio de los años treinta, el autor de Au delà du marxisme aparece como uno de los primeros teóricos del socialismo europeo. Cosmopolita en el ánimo, hablando con soltura flamenco, francés, alemán e inglés, este prólifico autor elige, según las circunstancias, la lengua que le conviene. Es uno de los raros hombres políticos en Europa, quizás lo único, que ha vivido largo tiempo en el extranjero, incluido en los Estados Unidos, y capaz de pasar de un entorno cultural a otro sintiéndose perfectamente cómodo en todos. Nacido en el 1885 en Amberes, este hijo de una gran familia burguesa flamenca se adhiere a la Jeune Garde Socialiste el primero mayo de 1902. Está entonces ideológicamente más cerca de Liebknecht que de Jaurès y reniega de Millerand. El joven De Man se arroja en cuerpo y alma en la acción socialista: sus estudios se resienten de su actividad militante y, en el 1905, su familia lo ve partir con placer a la universidad de Lipsia. Los años que siguen son decisivos para su formación intelectual. Incluso concluyendo brillantemente sus estudios en una gran universidad alemana, participa en el trastorno ideológico producido dentro de la socialdemocracia de ese país por la larga lucha contra el revisionismo. Después de una estancia en Inglaterra, que le reporta cierto respeto por la democracia burguesa, asume, a invitación de Émile Vandervelde, la estrella ascendente del socialismo belga, la dirección de la nueva Central de Educación Obrera. En agosto de 1914, participa, como intérprete, pero también como militante convencido, en la misión de Hermann Müller y de Camille Huysmans, quienes acudieron a París, en nombre de la Internacional, en un esfuerzo del última hora para evitar la guerra. Sin embargo, tres años después, el teniente de artillería de las trincheras De Man intenta, con Vandervelde y Brouckère, convencer el gobierno Kerenski de continuar la guerra. Inmediatamente después de su misión en Rusia, De Man es enviado por el Gobierno belga a los Estados Unidos: estas dos experiencias tendrán un papel importante en su evolución ideológica. Durante los años que preceden a la guerra, De Man contribuye a la cristalización del ala a izquierda marxista en Bélgica y es su líder valón. Aprende a reconocer la ortodoxia marxista de más estricta observancia, como la representada entonces por Kautsky. Sin embargo -y ésto tendrá importancia para su evolución ulterior- antes de convertirse en un "socialista científico", De Man atraviesa un período de socialismo ético [1] . Tras su estancia en Inglaterra, pública en el célebre órgano socialista alemán, el Leipziger Volkszeitung, una serie de artículos que Karl Radek define ya como el principio de una herejía [2] . Las primeras grietas en la ortodoxia marxista de Henri De Man aparecen incontestablemente antes de la guerra. Las rectificaciones y las modificaciones que se notan ya hacia 1910 echan las bases de un cambio continuo que se prolongará hasta el 1926 en que publica Au delà du marxisme. Ya en este período, De Man se plantea la naturaleza esquemática de la explicación marxista de las realidades sociales y culturales [3] . Durante la guerra y después del fin de las hostilidades, se interesa de nuevo por la psicología y se inicia en las nuevas tendencias de las escuelas psicoanalíticas. Pero, según su testimonio, no espera a 1918 para sacar como conclusión global que las causas inherentes a la naturaleza humana, basadas sobre el instinto pero ligeramente modificables por la costumbre y la educación, revisten un campo más extenso de lo que sostiene la filosofía marxista [4] . Así, cuando pública en 1926 su crítica global del marxismo, parte de la doctrina de las causas, es decir del problema de las motivaciones. Si la guerra ha podido afectar tan profundamente a Henri De Man, es porque se ha sumado -como escribe en aquel libro que considera como un fragmento de una autobiografía "espiritual"- "a una crisis intelectual que se extiende casi durante una veintena de años". Ya antes de la guerra, añade, “los ángulos más agudos de mi ortodoxia habían empezado a a tenuarse” [5] . La actitud está próxima de Sorel. Al igual que el autor de los Réflexions sur el violence, De Man pretende encaminarse por la vía del revisionismo bajo la experiencia de sus contactos con la práctica del movimiento obrero, sobre todo del movimiento sindical [6] ; “la evolución de los últimos diez años no ha hecho otra cosa que llevar al paroxismo una crisis que ya se había anunciado mucho antes” [7] . No se trata de minimizar el peso de la guerra, pero es necesario precisar que, de un lado, el marxismo posterior a 1918 presenta síntomas de crisis que no pueden ser únicamente explicados a través de las dificultades de adaptación a nuevas circunstancias, y que, por otro lado, si la guerra aceleró el proceso de revisión del marxismo, su influencia no es determinante si no en el caso de los no conformistas como Lagardelle, Hervé, De Man. Son los "izquierdistas" de lo anteguerra, los hombres que han quedado en los márgenes del movimiento y de los partidos socialistas organizados durante toda su carrera, o de los opositores natos como De Man, quienes resultan más duramente golpeados. Serán los contestatarios del socialismo, del comunismo y de los demás sectores de la izquierda quienes padecerán más duramente la crisis intelectual del socialismo. Por el contrario, los elementos más ortodoxos, los inmovilistas a ultranza, si lo preferimos, los que resisten mejor, porque rechazan la aventura. Sin embargo, en el caso de Henri De Man, el marxismo es cuestionado no sólo por la guerra, sino también por la experiencia alemana de los años 1920; para De Man, lejos del detener la decadencia del movimiento social demócrata, el marxismo lo ha favorecido con su materialismo [8] . Durante los primeros treinta años del siglo, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) alemán desarrolla un papel determinante en la historia del socialismo europeo. La quiebra del socialismo de más allá de Rhin, el desbarajuste de lo internacional, colocan al marxismo en una nueva situación. Esta experiencia sobrecogedora amplía las franjas no conformistas que, ya desde antes del 1914, aparecieron sobre la superficie lisa de la ortodoxia. Efectivamente, la obra teórica de Henri De Man se instala sobre una revisión de los fundamentos filosóficos del marxismo que va más allá de la experiencia de la guerra. Es la esencia misma del sistema la que se cuestionan, y no solamente ciertos aspectos de su realidad. Inmediatamete después de la guerra, De Man se cuida de apuntar en directo las mismas reacciones, y el documento que produce entonces es de gran interés, a condición de tener en cuenta la situación emotiva del autor en el momento en que escribe. El resultado es un libro en inglés, The Remaking of a Mind, publicado en francés en forma más concisa, con el título La Leçon de la Guerre [9] De aquel "trágico examen" que fue "la prueba del fuego" bélica, De Man extrae una lección capital: el proletariado no es una fuerza revolucionaria, el socialismo no es una idea capaz de transformar el mundo porque no forma parte de aquellas verdades por las que uno se hace matar. Por el contrario, millones de seres humanos no habían dudado en arriesgar su vida y sacrificarla, no sólo en nombre de la nación, sino también por ideas de menor importancia. Para Henri De Man, es un hecho esencial, que las masas obreras inglesas, americanas y franceses habían hecho sacrificios mucho más considerables por ideas como la autonomía y la inviolabilidad de las naciones, la justicia en las relaciones entre Estados y el autogobierno de los pueblos, de los que hicieron antes, cuando sus intereses materiales de clase estuvieron en juego. Esto lleva a De Man a dos conclusiones capitales: los hechos económicos, por sí mismos, no pueden explicarnos la trama de toda la evolución histórica, y el socialismo no puede esperar realizarse independientemente del desarrollo de la democracia política. Escribirá: "No creo que, para llegar al socialismo, baste recurrir a los intereses de clase del proletariado industrial, despreciando el apoyo que puedan darnos algunos intereses e ideales comúnes a toda la nación y a toda la humanidad. No creo tampoco que la lucha de clase proletaria, que sigue siendo el principal medio de realización socialista, pueda tener éxito sin admitir algunas formas de colaboración de clase y partido" [10] . En el mismo orden de ideas, De Man declara estar convencido de que el socialismo no puede consistir en un simple secuestro de los grandes medios de producción por parte del Estado, sin en una transformación profunda de los procesos de gestión, sin el estímulo que constituyen para cada economía la competencia de las empresas autónomas y la remuneración integral del trabajo. Y concluye: Creo en un socialismo más póximo y más seguro, pero también más realista, más pragmático, más sintético, en una palabra más humano. [11] Perfectamente consciente del sentido profundo de sus críticas, el futuro presidente del Partido Obrero Belga acaba diciendo: "Para que no exista ningua duda sobre mi apostasía, yo la titularé: la revisión del marxismo" [12] . Esta revisión del marxismo comporta de un lado una adhesión absoluta a la democracia liberal, considerada como una condición sine qua non para la emancipación de la clase obrera y del repudio al marxismo, en el más puro estilo del socialismo nacional de finales del siglo XIX. El marxismo, explica, había recibido demasiado intensamente "la marca del socialismo alemán y ruso" [13] , dos países en los que la falta de instituciones democráticas influyó fuertemente en la mentalidad obrera. Además, la decadencia de la democracia burguesa, que renunció gradualmente a las tradiciones de los orígenes revolucionarios en la medida en que aumentó su miedo de la revolución obrera, no pudo hacer confundir su decadencia con la de los principios de los que se reclamaba [14] . El socialismo, según De Man, es inseparable de la democracia liberal. Efectivamente, se trata de un nuevo socialismo, íntimamente ligado no sólo al liberalismo en cuanto ideología -De Man habla con emoción de los "inmortales principios del 1789» [15] -, sino también al orden político y social presente. Al socialismo de revuelta le sucede un socialismo de aceptación: la legitimidad del orden burgués ya no se cuestiona realmente. La impresión general del lector de esta serie de artículos es que el nuevo socialismo se prepara, muy sencillamente, a tomar a su cargo el orden burgués, mejorándolo, modernizándolo, conformándolo con las necesidades de la época, pero sin una verdadera voluntad revolucionaria. El repliegue ocurre en dos tiempos. En un primer momento se realiza, en nombre de la libertad, la retirada del socialismo revolucionario sobre las posiciones más moderadas de la socialdemocracia, y en un segundo momento, cuando el marxismo esté bien enterrado, se entregarán los viejos principios liberales a favor de una economía directa en el cuadro de un Estado fuerte. Los principios de la propiedad privada y el beneficio como motor de la actividad económica serán conservados, pero cubiertos por un poder autoritario. Éste será el sentido de las tesis de Pontigny que completarán en 1934 el Plan del trabajo. Éste también será el sentido del neo-socialismo. El revisionismo del período de las entreguerras significa el final de la utopía socialista o bien, para utilizar la famosa terminología soreliana, el fin del mito revolucionario, ya que es justo éste lo que separará intensamente, a lo largo de los años Treinta, el socialismo del neo-socialismo, la ortodoxia del revisionismo: en nombre de las realidades -y el hecho nacional es la primera de todas- los hombres nuevos, retomando el camino de los socialistas nacionales de 1890, abandonan para siempre el sueño de una revolución proletaria. ¿Qué queda entonces del marxismo? Lo que, en el espíritu de Henri De Man, todavía da valor al marxismo, es la calidad de su método de búsqueda científica. Su valor, como el de cada instrumento, depende del modo en que se utiliza. El método en sí mismo, "está lejos de ser inservible": sin embargo, De Man piensa que para que continúe siendo útil, es necesario que sea revisado continuamente a la luz de los nuevos hecho [16] . Entonces, queriendo adecuar el sistema de las fórmulas marxistas a las nuevas condiciones, se percata que es necesario aportar cambios tan profundos como los que las ciencias naturales, por ejemplo, han tenido que aportar a las teorías de Darwin. Pero, de Marx queda lo que queda de Darwin: ante todo el gran mérito de haber introducido la idea de una evolución que obedezca a leyes científicas, tras lo cual suyace el mérito aún mayor de utilizar los hechos económicos para explicar las grandes fuerzas que generan el progreso histórico [17] . Sea como fuere, al final de la guerra, la concepción del marxismo, dice De Man, se ha desarrollado en un sentido más liberal y realista [18] . A partir de ahora estará íntimamente ligada a la democracia, concebida como una condición del socialismo. Cómo Déat, también De Man recurre a la herencia de aquellos socialistas como Jaurès, que no separaron nunca la causa de la libertad política de la emancipación económica y reclamaron para el proletariado la herencia de las grandes revoluciones “burguesas” [19] . Éstas son las reflexiones que le sugiere a Henri De Man el armisticio. Al regreso de su segunda estancia en los Estados Unidos, en otoño 1920, asume la dirección de la Escuela Obrera Superior. Permanece en el cargo menos de dos años. Los ejecutivos del partido aceptan sin añoranza ver alejar a este hombre conocido por su no conformismo doctrinario y por su valor personal, que pudo ser para ellos un competidor peligroso. Un conflicto permanente lo opone a la dirección de su partido; rechaza la alineación del socialismo belga con el revanchismo de Poincaré. En 1922, una vez más, De Man deja Bélgica y se establece en Alemania, dónde residirá diez años. De 1922 a 1926, enseña en la Acadernia del Trabajo de Francfort del Main. Escribe aquí su obra más importante y que tendrá un enorme eco: Zur Psychologie des Sozialismus. La obra será traducida a trece idiomas y hará de Henri De Man el teórico más controvertido de los años veinte [20] . Este libro tiene un objetivo fundamental: preconiza sencillamente "la liquidación del marxismo” [21] . Para enfatizar más su "oposición a los principios fundamentales de la doctrina marxista", De Man prefiere para su libro "la fórmula más allá del marxismo a todas las expresiones incisivas como la revisión, adaptación, reinterpretación, etcétera, qué aspiran a salvar el oro y el moro” [22] . Por otra parte, para desactivar las críticas de los que creen poder debilitar el alcance de sus tesis reconduciendo la discusión sobre el terreno de la crítica de los textos, subraya que la interpretación del pensamiento original de Marx le interesa bien poco y poco le importa lo que tal o cual palabra de Marx haya podido significar en un momento dado. Hoy lo que importa es no juzgar al "Marx difunto" sino "al socialismo viviente": De Man no trata de evitar las dificultades y pone los puntos sobre las íes. La crítica que hace es una crítica global no a la doctrina de Karl Marx [23] , sino a todo el conjunto de juicios de valor, de símbolos afectivos, de deseos colectivos, de principios, de programas y de métodos de acción que forman el marxismo y que siguen viviendo en el movimiento obrero [24] . Marx, dice De Man, ha formulado una doctrina sólo para poder actuar a través suyo; es preciso reconocer entonces que todo lo que no se encuentra dentro de su pensamiento en el marxismo, no ha tenido efecto [25] . Pero, continúa, "para poder decir después de Marx, tengo que decir antes contra Marx [26] , y, para vencer el error en el que se ha vuelto el marxismo, no se tiene que volver sobre él, sino superarlo” [27] . A fin de cuentas, De Man comprende muy bien que todo eso, un día, tendrá que conducir “una nueva síntesis” [28] . Au delà du marxisme fue, según una expresión del propio Henri De Man "un ajuste de cuentas" con su pasado marxista [29] . Un primer complemento a esta crítica del marxismo es una colección de textos -Le Socialisme Constructif [30] - introducidos en la relación presentada por el autor en la conferencia de Heppenheirn en 1928. Esta conferencia, en la que participaron muchos intelectuales relevantes de la época como Paul Tillich, Eduard Heimann, Adolf Lówe, Martin Buber y muchos otros que eran verdaderas referencias, intentó unirse a un socialismo caracterizado “por una preocupación más profunda de los valores espirituales” [31] . Henri De Man resume sus conclusiones en forma de tesis, las llamadas “tesis de Heppenheim”. Pero la obra a la que tiene más consideración, y cuya importancia en la historia de las ideas es próxima a la de Au delà du marxisme, es su última obra, Le Idée socialiste, una exposición positiva de su revisión del marxismo. Bajo muchos puntos de vista, es su obra más importante; en ella intenta solucionar los problemas planteados en Au delà du marxisme. Se trató, dirá, "de situar el socialismo en la evolución, no sólo de la economía o de las instituciones, sino de las ideas que hacen y deshacen la civilización” [32] . Esta obra fue una gran ambición basada en la voluntad de penetrar hasta la esencia de la idea socialista y situarla en un vasto abanico a la vez filosófico, psicológico e histórico. Au delà du marxisme es una crítica global del marxismo en la que De Man plantea el problema: establece que más allá de los intereses de clase, los movimientos y las instituciones, hay algo que está más intensamente arraigado en la personalidad humana, y que forma parte de la vida instintiva y emotiva incluso antes de pasar al estado de la conciencia. Por el contrario, Le Idée Socialiste ya es una respuesta a la pregunta planteada en el último capítulo de Au delà du marxisme: si el socialismo es diferente a un simple materialismo, si el socialismo significa una convicción que se basa en algunos juicios de valor, entonces ¿de dónde vienen, que son y hacia dónde conducen estos juicios de valor? [33] Si el sentido y el objetivo de Le Idée socialiste no difieren en absoluto del espíritu que presidió la elaboración de Au delà du marxisme, el estilo y el contexto son muy diferentes. Efectivamente, el último libro de Henri De Man ha sido escrito a la sombra del ascenso del nazismo, y el prefacio de la versión original está fechado en enero de 1933 [Hitler subió al poder el 30 de enero]. El libro se publica en Diederichs, Jena, en el momento de la derrota final de la izquierda alemana. Habiendo hecho el movimiento hitleriano del antimarxismo la consigna de su proselitismo, Henri De Man contesta con un desafío: “quien me obligase a elegir entre la etiqueta de marxista y la de no marxista, dando a la palabra marxismo el sentido que le dan los adversarios del movimiento obrero socialista, tendría de mí una respuesta que excluye la posibilidad de equivocación: sin ninguna duda, me cuento entre los marxistas más convencidos” [34] . El 10 de mayo de 1933, la obra será quemada en la Plaza del Ayuntamiento de Francfort. En el verano del 1940, después de siete años suplementarios de deslizamiento "más allá del marxismo", tal impulso de revuelta será impensable. El presidente del Partido Obrero Belga acogerá entonces con entusiasmo la conquista de Europa de parte de la Alemania nazi. 2. La filosofía del revisionismo La negación del marxismo de Henri De Man no pone en tela de juicio el lugar de Marx en el desarrollo de las ciencias sociales: si se quisiera borrar el nombre de Marx de su historia, estas tendrían un retraso de medio siglo, dice De Man [35] . No se trata siquiera de negar su contribución al análisis del capitalismo, pero si se quiere avanzar, hace falta aceptar la idea de Marx sobre la "relatividad" de las ideologías. Hace falta pues "superar el marxismo" [36] y, para liberarse, hace falta emanciparse no sólo de las conclusiones marxistas sino también del modo de pensar marxista [37] . Es por ello que el futuro presidente del POB ataca a las raíces mismas del sistema: "el determinismo económico y el racionalismo cientifista [38] . De cualquier forma, para él, cada verdad depende de su época. El marxismo, como cualquiera otro sistema de ideas, esuvo condicionado por las circunstancias de la época en la que nació. Habiendo cambiado completamente las circunstancias, la convicción según la cual el marxismo ha dejado de ser verdadero se ha convertido en un elemento de la verdad de nuestra época [39] . El punto de patida de esta crítica del marxismo es lo que Henri De Man llama "la teoría de los 'móviles' de Marx, la que hace derivar la acción social de las masas del conocimiento de sus intereses” [40] . Cada tesis económica y cada idea política o táctica de Marx, para De Man, descansa sobre la hipótesis de que los móviles de la voluntad humana son dictados en primer lugar del interés económico. Es propio de este “conocimiento de los intereses económicos como fundamento de la actividad social” [41] constituir la base de lo que De Man considera como la realización más importante y más original del marxismo: "Fundar una doctrina que atara en un único concepto la idea del socialismo y la de lucha de clase” [42] . Marx permite atacar los fundamentos jurídicos y morales del estado social actual partiendo de los "motivos de interés y potencia condicionados, para los obreros industriales, del entorno capitalista” [43] . He aquí porque el fundador del socialismo científico pudiera apelar a una nueva justificación del socialismo, echada el ancla, contrariamente al utopismo, a la observación causal de lo que es [44] . Al final, prsigue De Man, el hedonismo económico que está en la base de la noción marxista de clase, del interés de clase y de la lucha de clases, el determinismo que permite no interesarse en el proceso psicológico por el que las necesidades económicas se transforman en objetivos humanos [45] otorgan al marxismo su carácter “anético” [46] . Es en ésto donde reside, según el teórico belga, la debilidad del sistema. Para Marx, la idea misma del socialismo es "suscitada" por la lucha de clase, es decir por una consecuencia necesaria del capitalismo; ella no sería, pues, el postulado de un juicio de valor. El socialismo no se afirmará porque es justo, sino porque es necesario, porque será el resultado de la victoria necesaria del proletariado en su lucha de clase [47] . No se necesita así más que razones para justificar el socialismo; basta con el conocimiento de las causas. Y la gran pregunta, según De Man, es saber si el socialismo puede basarse en la teoría causal de Marx lo que quiere y lo que tiene que ser. Por su parte, la respuesta está clara: el socialismo no puede ser más que el resultado de decisiones morales que se apoyan sobre un fundamento anterior a cada experiencia histórica [48] . Incluso renegando del marxismo a causa de su carácter "mecánico", a causa de su automatismo, De Man reconoce “que el juicio ético existió en Marx, y que él, por así decirlo, solamente lo ha escondido” [49] . Según el autor belga, Marx se ha equivocado con este sistema de disimulo, ya que si hubiera formulado claramente los fundamentos éticos de su sistema, hubiera desbancado los fundamentos científicos, así las huellas del fundamento ético de su convicción sólo se encuentran en los escritos que tratan de los acontecimientos y de los problemas de la actualidad política. Éste era, por otra parte, una concesión de Marx a lo que consideró como la inmadurez de cuántos fundaron con él la Internacional, y a la presunta inmadurez presunta de muchas formas no marxistas del socialismo continental. Pero, De Man dice, que en las obras científicas en las que Marx desarrolló su doctrina sin fijarse en el efecto político inmediato, "hace falta casi investigar sus juicios de valor por medio del psicoanálisis" [50] . Si esto es lógico en Marx, si es posible, esto es debido al echo de que el autor de El Capital “ha recavado de su maestro Hegel la ceencia en la “astucia de la idea” [51] . A través de la búsqueda de la satisfacción e las necesidades creadas or el ambiente capitalista, traés de la lucha por lo interesesde clase, a través de la lucha por la plusvalía on los compradores de la fuerza de trabajo del obrero industrial, el proletariado se convierte en el instrumento de una fatalida, nacida dl capitalismo y causada por el desarrollo de las fuerzas productivas. La únca libertad eistente consiste en reconocer la necesidad de eta evolucón, sino, y aquí es De Man quien interviene, “la astucia de la idea” y es esta misma necesidad que, siguendo leyes férreas, dirige el progreso histórico hacia una desembocadura digna de ser perseguida en sí misma: la abolición de las clases, el fin de la explotación y de la opresión. Es pues así que actúa “la astucia de la idea”; a través de los intereses materiales, la lucha de interess y de poder, se realiza como necesidad natural [52] .

 

Tal fue, según De Man, el gran diseño de Marx. El padre del socialismo científico contemplaba un objetivo moral y su doctrina fue un intento genial para utilizar para este fin los esfuerzos dirigidos por el capitalismo hacia valores materiales. En la época heroica del socialismo, dice De Man, fue una idea fecunda y fácilmente concebible, en razón de que "los motivos de los combatientes fueron morales. Sólo los partisanos entusiastas de un ideal escatológico de justicia tuvieron entonces el espíritu de sacrificio necesario por la más pequeña lucha en favor de los objetivos materiales más inmediatos” [53] . He aquí porque se pudo encarnar entonces el objetivo ideal en los medios materiales: para el socialista que se batió en las barricadas, que conspiró o que hizo sacrificios y se arriesgó al martirio participando sencillamente en la lucha por el poder político, el objetivo y su medio fueron idénticos. Era entonces al mismo tiempo posible y lógico hacer tomar al socialismo la simple forma de una lucha por los intereses de clase sabiendo que no se trata de hecho qué de un expediente histórico. Sólo que el marxismo, que “había contado con la astucia de la idea, fue, por su parte, víctima de la astucia del interés” [54] : convertido en un movimiento de masa conducido por una clase de profesionales, fraccionado en partidos nacionales cada uno de los cuales defendía los intereses de su propia clientela, el movimiento socialista entró en una fase en que los medios se volvieron cada vez más los objetivos en sí. Fue el triunfo del oportunismo, que amenazó, en el espíritu de Henri De Man, con transformar la conquista de las instituciones de la sociedad burguesa en una conquista de parte de estas instituciones. Es un estado de cosas que Marx no pudo prever, tal como no pudo adelantar el proceso de aburguesamiento del proletariado. No pudo prever, con precisión, que, llegado a la edad madura, el marxismo habría desembocado en el "reformismo oportunista y el aburguesamiento de la cultura” [55] . De la misma forma que no pudo saber que su determinismo habría servido el "conservadurismo burocrático", que habría justificado ante todo la resistencia de los profesionales de la política contra todas las tendencias innovadoras dentro del movimento [56] . En la misma medida, De Man continúa, la teoría de la plusvalía demuestra lo vano que es querer compender la realidad social sirviéndose de incluso categorías económicas [57] . La conclusión está implícita: el mundo moderno no necesita de un socialismo zurcido y reformado, sino de un socialismo totalmente nuevo, un socialismo que pueda "liberarnos de esta dependencia del hombre hacia sus medios técnicos y económicos de vita” [58] , un socialismo que "renuncie a la posición marxista fundamental de la determinación de todas las ideologías por parte de la clase a la que se pertenece" [59] , un socialismo qu deje de ablar de las causas para iterroarse sobre los jucios de valor" [60] . Este nuevo socialismo puede asumir la forma de una "conciliación entre marxismo y socialismo ético” [61] ; hace falta conservar "lo que queda vivo del anticapitalismo marxista” [62] , sin olvidar que el socialismo es mucho más que el anticapitalismo ya que en cada socialismo hay "un impulso –el esfuerzo hacia un orden social justo y equitativo– que es eterno" [63] que es partícipe tanto de la mentalidad socialista como de los recursos espirituales de la burguesía en sus orígenes. No se puede designar este impulso, dice De Man, con una expresión mejor de “humanismo” [64] . Por esto el socialismo es definido por De Man coo una "manifestación, variable según las épocas, de una aspiración eterna hacia un orden social conforme con nuestro sentido moral” [65] . De Man recupera a menudo esta definición, completándola a su vez. El socialismo, dice en otro lugar, siempre está justificado [...] por normas morales para las que se reclama una validez universal. [...] Cada socialismo es una moral superpuesta a las cosas sociales, en el que los principios morales están, más o menos, expresamente marcados al estado de las creencias en la civilización de la época" [66] . O también, el socialismo es "la subordinación de los impulsos egoístas a los altruistas" [67] . Y, finalmente: "En el origen de cada concepción socialista existe un juicio moral nacido de la fe" [68] . Ésto hace que se trata de un “modo de pensar y de sentir tan antiguo y tan difuso como el pensamiento político mismo” [69] . Es así como se expresa entre las dos guerras la revuelta idealista dentro del socialismo europeo, y es entonces cuando nace un socialismo totalmente liberado del marxismo. Considerado como totalmente independiente de su momento histórico, de las fuerzas económicas y de las estructuras sociales, concebido por consiguiente como independiente del capitalismo, el socialismo aparece como "una corriente profunda, potente y eterna" [70] cuya historia "empieza por lo menos con Platón, los Esenios y las primeras comunidades cristianas" [71] . Esta historia continúa con los movimientos populares comunistas de la Edad Media y de la Reforma, pasa por las utopías del Renacimiento, de los siglos XVIII y XIX, para llegar a los movimientos de masa del siglo XX [72] . Es importante subrayar aquí que la noción de socialismo ético, de socialismo "eterno", es muy difusa entre el 1920 y el 1935. De Man no pudo ignorar a Spengler: el historiador alemán que, al día siguiente de acabar la Gran Guerra, anunciaba: "Todos somos socialistas, lo sepamos o no, lo queramos o no. Incluso la resistencia al socialismo tiene el molde socialista" [73] . El socialismo de que habla Spengler es "el socialismo ético", es decir "lo máximo, accesible en general, de un sentimiento de la vida vista bajo el aspecto del finalidad” [74] . Precisando su pensamiento, escribe poco más adelante: "EI socialismo ético no es -a pesar de las ilusiones que puedan aparecer inicialmente- un sistema de compasión, humanidad, paz y de rapidez, sino de la voluntad de potenza” [75] . Este socialismo que, preparado por Fichte, Hegel, Humboldt, tuvo "su tiempo de grandeza apasionada hacia mediados del siglo XIX”, ha llegado a su término en el siglo XX: es entonces cuando a "una filosofía ética" se ha superpuesto "una práctica diaria de las cuestiones” [76] . De Man se implica en esta misma calle y, como conclusión, reprocha al marxismo de esta situación. Su lucha por un socialismo ético, en nombre del socialismo de siempre, no es finalmente sólo una lucha contra el marxismo, sino también un esfuerzo por reemplazar el marxismo con otro socialismo. En nombre de un socialismo ético el futuro presidente del Partido Obrero Belga inicia el proceso de deslizamiento hacia derecha que lo conducirá, algunos años más tarde, a saludar los éxitos nazis: fue indudablemente la más bonita victoria nunca indicada sobre el materialismo. Otro ejemplo conmovedor es el caso de Arturo Labriola. Es en La Avanguardia Socialista donde se forja, en los primeros años del siglo, la violenta oposición al reformismo de Turati, que precede en una generación la lucha de Henri De Man contra Vandervelde o el asalto de Déat contra el viejo SFIO de Léon Blum. Veinte años más tarde, después de haberse adherido durante la guerra, como De Man y Déat, al nacionalismo militante, y en la vigilia del retorno a Italia mussoliniana en señal de solidaridad con su país partido a la conquista de Abisinia, Labriola, entonces desterrado en París, reconocerá el carácter muy particular del sindicalismo revolucionario italiano. "Nosotros consideramos el socialismo como un instrumento de la transformación del país, más que como un objetivo válido por sí mismo” [77] escribe, precisando que: "Nuestro punto de vista fue estrechamente italiano; quizás también un poco nazionalista [78] . En el 1932, Labriola publica en la Librería Valois otro libro de título sugestivo: Au delà du capitalisme et du socialisme. Plantes la doctrina del socialismo eterno: "Todas las sociedades que la historia ha conocido o han sido el teatro de manifestaciones del socialismo» [79] . Del mundo antiguo a Moro y Timbre, hasta el socialismo moderno, se constata "en el desarrollo del pensamiento socialista [una] continuidad que no tenemos derecho a rechazar" [80] . Así pues "el socialismo es viejo": es "viejo como doctrina, es viejo, terriblemente viejo como estado de ánimo; es viejo como aspiracións" [81] pero además parece "que una relación entre capitalismo y socialismo no haya existido nunca" [82] . Por ello "el socialismo, en sus ideales, en su movimiento y en su política, no es un producto del fenómeno capitalista, todo el problema del significado del socialismo es puesto de nuevo sobre el tapete" [83] . Existe toda una corriente en el socialismo de los años treinta, que admite la posibilidad de existencia de un socialismo sin Marx, un socialismo sin capitalismo, un socialismo independiente de cualquier consideración de clase, un socialismo que no quiera ser más que la aspiración "hacia una sociedad justa, una sociedad fraterna" [84] . Resulta, entonces, que también en otras clases sociales puede hacerse sentir la necesidad de adoptar el socialismo o que, al revés, el proletariado pueda, en una situación dada, abandonar el socialismo. Para De Man -el representante más importante de esta escuela- el valor del marxismo reside mucho más en su contribución a nuestro conocimiento del capitalismo que en lo que haya podido aportar realmente al socialismo [85] ; por el socialismo no es, "si queremos hablar apropiadamente, un producto del capitalismo", sino mucho más una "disposición humana", caracterizada por "una cierta idea fija del sentido de los valores jurídicos y morales", que se puede comprender sólo remontando a la experiencia social del régimen feudal y al artesanado, a la moral del cristianismo y a los principios de la democracia [86] . No se trata, pues, de un problema de sueldos o distribución de la plusvalía, sino de un amplio conjunto de razones que producen "un complejo de inferioridad social" y qué ponen un problema de cultura [87] . El móvil esencial del movimiento obrero, dice De Man, es el instinto de “autorestima”, es “una cuestión de dignidad al menos tanto como es una cuestión de interesse” [88] . En el espíritu de Henri De Man, lo que determinante no es el hecho de vender la misma fuerza de trabajo sino las condiciones sociales especificaciones en que esta venta se realiza: la falta de propiedad y proyección social, la inestabilidad del modo de vida, la inseguridad del empleo, el trabajo sin alegría, el estado de dependencia respecto a los patronos [89] . En otras palabras, en el momento mismo en que se llegan a establecer condiciones de vida, un régimen económico y de las relaciones sociales que aseguran al proletariado y a todos los trabajadores la propiedad, la estabilidad, la seguridad del empleo y la dignidad, el socialismo, tal como es entendido por los militantes de los partidos asociados a lo internacional, ya no tiene razón de ser. La cosa es tan evidente que el autor de Au delà du marxisme define el socialismo "como el producto de una voluntad personal, inspirada por el sentimiento del bien y el diritto” [90] : el socialismo "existió antes del movimiento a obrero e incluso antes de la clase obrera” [91] , y no nace “de una lucha de clases victoriosa” [92] . El pensamiento socialista como cada sistema de pensamiento, toman su origen, según De Man, en una cantidad casi infinita de reacciones emotivas diferentes de origen intelectual, ética y estética: "Las ideas", dice, "son la obra de la personalidad y no el resultado de un paralelograma de fuerzas sociales...” [93] . Desde el momento en que su reflexión alcanza la madurez, ella toma la vía que se convirtió en clásica desde el final del siglo XIX, la que concibe el socialismo como algo que no implica ningún tipo de cambio estructural en las relaciones económicas y sociales, y cuyo objetivo no es la revolución sino una "sociedad fraterna", un orden social basado en los "instintos altruistas" del “hombre real” [94] . La idea según la cual "el concepto de explotación es ético y no economico” [95] desarrolla un papel capital en el avance de la filosofía fascista después de la Primera Guerra Mundial. Esta idea está en la base de la negación de las "concepciones mecánicas y materialísticas que han obstaculizado", en el proletariado, "el desarrollo ético del sentimiento de solidaridad” [96] . De Man considera histórica y psicológicamente insostenible, y también prácticamente nociva, una doctrina que trata de basar la solidaridad obrera en el interés de classe [97] : el interés de clase no "crea móviles éticos” [98] y el socialismo no puede combatir el egoísmo burgués mediante el materialismo y el hedonismo obreros [99] . Ya que, en último análisis, el socialismo por De Man "es una creencia, una pasión” [100] y no una ciencia "el socialismo científico es tan absurdo como el amor científico” [101] y la ciencia social no puede conocer el futuro ya que no "necesita conocerlo más allá del alcance del acto presente” [102] . Por eso dice -y parece tener bajo los ojos un texto de Sorel- "bata con que el socialismo crea en su futuro” [103] . Hallamos la misma actitud que tuvo en el momento en que elaboró Réflexions sur la violence: el socialismo no puede ser una acumulación de nociones abstractas, o una simple deducción lógica de la actual evolución de la economía. Esta deducción “no le otorgaría alguna imagen” [104] , cuando es precisamente esta facultad de formar una imagen lo que permite edificar la visión del futuro socialista [105] . De Man es perfectamente consciente de que se trata, a fuerza de ser sinceros, de un mito soreliano [106] . De la misma forma que la idea de la huelga general no es sino un mito que simboliza la catástrofe del capitalismo, las nociones fundamentales del socialismo llamado "científico", la revolución social, la dictadura del proletariado, no son más que simples mitos, símbolos de una creencia [107] que responden precisamente a lo que constituye el elemento fundamental de la política: "la necesidad de crear masas" [108] . La revisión del marxismo desarrollada por el teórico del sindicalismo revolucionario contiene en germen la que emprende, una generación después, el líder socialista belga. Leído detenidamente el capítulo 4, central de Réflexions sur el violence, anuncia ya en muchos puntos lo esencial de las ideas expresadas en la obra de Henri De Man. Sorel es, en efecto, el primero que emprende una verdadera revisión del marxismo que interesa a las bases mismas del sistema y que asume llamarse así. El procedimiento de Henri De Man está mucho cerca del del autor francés de su escuela, tanto a nivel de teoría como de la acción política. En los hechos, los sindicalistas revolucionarios de Francia e Italia trazaron muy exactamente la ruta sobre que De Man se encaminó. Los fenómenos considerados por la crítica de Henri De Man -el determinismo, el oportunismo, el reformismo, la burocratización, el aburguesamiento, el verbalismo utópico, la ignorancia de valores humanistas [109] - son precisamente los mismos contra los que los rebeldes del principio del siglo se lanzan. También su crítica ha sido una crítica funcional formulada a partir de su empeño socialista, y también ellos han llegado a la conclusión que es precisamente la doctrina quien tiene la responsabilidad de estos errores. Sorel, Michels, Lagardelle, Arturo Labriola, antes de De Man, ataron la decadencia de los movimientos políticos de izquierda a su doctrina. Sorel y De Man, cada uno en su tiempo y en su lugar, se revuelven contra la forma caricaturesca del guesdismo y el kautskysmo, que debieron bajo muchos puntos de vista modelar el marxismo en sus concepciones mecánicas y estrechamente economicistas, y al mismo tiempo cubrir una práctica política oportunista. Ambos se oponen al desarrollo del socialismo hacia una social democracia burocraticizada, sin alma y sin altura; no tienen peor enemigo que el político degenerado, la política de los aparatos, de los funcionarios de partido, de las luchas electorales y de los certámenes parlamentarios. Pero si Sorel logra alejarse todo lo que pudiera tener que ver con la política, De Man aceptará finalmente ser ministro a la edad de cincuenta años, pero sin haber sido nunca parlamentario. Su lucha contra un marxismo pasmado, almidonado por viejas fórmulas, no es sino un aspecto del renacimiento del socialismo, que sigue siendo el gran objetivo de toda la acción de De Man. Pero el verdadero rasgo de conjunción entre el pensamiento de Georges Sorel y el de Henri De Man es esa forma de revisionismo que consiste en vaciar el marxismo de su contenido materialísta, determinista y reemplazarlo con muchas formas de volontarismo y vitalismo. Sorel fue el primero en querer corregir el marxismo insertando dentro de un sistema concebido fundamentalmente como mecánico y racionalista, una visión del mundo volontarista y una explicación nueva de la naturaleza humana. Las fuerzas profundas son, según Sorel, las del inconsciente, y la humanidad procede a fuerza de mitos e imágenes" [110] . Tal como hizo Sorel hizo pasar la psicología de Gustav Le Bon en sus Réflexions sur la violence, De Man le recurre a Freud: "La raíz de nuestros actos reside en nuestros instintos", De Man escribe [111] , recuperando una fórmula que, una generación anterior, había ilustrado Barrès. Se hace simplementeeco de los hombres a caballo entre dos siglos: "En el origen de la formación de la idea se encuentra una corriente emocional y afectiva... » [112] . Según experimentó Vacher De Lapouge, el darwinista social que también fue socialista: La conciencia moral [...] es un impulso del subconsciente. Reside en el sentimiento de solidaridad con la especie, que está mucho más intensamente arraigado en nuestra organización física que el instinto gregario o el instinto materno lo están en los animales [113] . Sin embargo, De Man añade a su análisis una ulterior dimensión, que la generación del 1890 ignoró: las mismas ciencias experimentales, qué dan prueba de la dependencia de nuestra vida espiritual y de los procesos de la conciencia de los instintos, ponen en evidencia el hecho de que las fuerzas más potentes del hombre son los instintos morales. Es por ello que en el subconsciente del hombre vive una necesidad invencible de consideración y consideración de si mismo [114] : Según el autor belga, la psicología permite llegar a un socialismo fundamentado sobre realmente bases científicas. Así la psicología corrige, completamente en ocasiones, vaciándolo de su contenido materialista, tomando el lugar del marxismo. En la psicología, De Man ha encontrado por fin un método que pudiera oponer con éxito al materialismo histórico. Efectivamente, según De Man, la psicología facilita otra concepción del hombre, engendra una verdadera revolución cultural e ideológica. Freud desarrolla un papel cuya importancia puede ser sólo comparada a la desarrollada por Marx y los puntos de contacto entre la nueva psicología y el socialismo se manifiestan en el hecho de "que esta psicología, con la individualización del hombre, ha superado al mismo tiempo la materialización” [115] . De Freud recupera el mecanismo del complejo, de Adler hereda dos ideas: la importancia de la comunidad humana mediante la edificación de los valores que el hombre necesita, pero sobre todo la influencia del sentimiento de inferioridad [116] . En efecto, De Man escribe, el descontento crónico de la clase obrera [...] no es más que un aspecto particular de un vasto de causas que engendran un complejo de inferioridad social. [...] Situar el problema en estos términos, quiere decir darse cuenta de como el móvil esencial del movimiento obrero es el instinto de autoestima; o, para decirlo en términos prosaicos, es una cuestión de dignidad no mens que una cuestión de intereses [117] . Una decena de años después, haciendo balance de su acción, es consciente de haber descubierto en la psicología un método "que hace descender el ideal consciente del móvil subconsciente, la doctrina de la voluntad, el objetivo del movimiento y la idea del sufrimiento" [118] . Aunque se acepta la idea según la cual el empleo de la psicología social por parte de De Man es de inspiración ética [119] , aunque sea su inspiración moral la que le lleva a este tipo de análisis y conclusiones, no existen dudas que se trata en él de un proceso que contribuye fuertemente a la cristalización de la ideología fascista: hacer emanar "la doctrina de la voluntad" y "el objetivo del movimiento" representa exactamente el sentido de la revolución intelectual simbolizado por el fascismo. Escribiendo Au delà du marxisme, De Man es perfectamente consciente que el método "que busca tras los móviles del interés económico, las causas psicológicas más profundas que los inspiran [...] no sólo la interpretación marxista del movimiento obrero, sino también la interpretación marxista de la economía politica» [120] . Tocamos aquí el problema cardenal: al marxismo, a este "hijo del siglo" XIX, portador del principio de la "causalidad mecánica" [121] , De Man opone el "volontarismo sindical" [122] ; frente a un sistema caracterizado "por las expresiones: determinismo, mecanicismo, historicismo, nacionalismo y hedonismo económico" [123] presenta como solución sustitutiva una "ciencia socialista" qué define como "pragmática, volontarista, pluralista e institucionalista" [124] . Ésto implica, y De Man no olvida de subrayarlo, una concepción que le remonta a Proudhon el cual, según él, fue en realidad mucho más proletario en su concepción de la revolución de lo que fuera el marxismo. Para este último, dice el autor belga, la lucha de clase del proletariano no es, a fin de cuentas más que la realización de una idea reconocida por intelectuales a priori. "Para el proudhonismo, el movimiento es el la fuente de una creación constante de ideas a posteriori", y su concepción de la revolución se basa sobre el «acción directa" de los obreros en el campo de la actividad económica y social [125] . De Man se refiere a menudo a Proudhon para subrayar todo lo que el socialismo debe a la bestia negra de Marx [126] . Cómo Sorel, como todos los maurrassianos sociales, como todos los socialistas que se deslizaron hacia el fascismo, aprecia su "socialismo con el sabor de la terra” [127] . No se trata de que el procedimiento de Henri De Man esté una vez más próximo al ilustrado por Sorel. El principio de la revisión del marxismo mediante la introducción de elementos volontaristas, vitalistas, antimaterialístas, conducen a los mismos resultados. A fin de cuentas, se consigue una ideología que se considera incluso socialista, pero cuyo sentido cambia muy intensamente. "Lo que hay de esencial en el socialismo, es la lucha por él" [128] , escribe el autor de Au delà du marxisme [129] . Lo que cuenta realmente en el socialismo es el movimiento, y si se quiere andar adelante verdaderamente, hace falta "decir sencillamente: en el principio fue la acción" [130] . Es necesario también, por última vez, no olvidar con "la teoría de la superestructura", o suposición de que las ideas 'reflejan' sencillamente intereses" [131] , hace falta decir en voz alta que "el placer egoísta separa a los hombres y el sacrificio los une" [132] y que, finalmente, "el objetivo de nuestra existencia no es paradisíaco pero heroico" [133] . Ningún ideólogo fascista ha dicho mejor. El problema de la "alegría" del trabajo ocupa en la obra de Henri De Man un puesto importante. Según De Man, el hecho de que en este momento las funciones más importantes de la producción sean confiadas a seres que no eperimentan con ello ninguna satisfacción, hace presagiar un peligro extremadamente grave para la civilización [134] . Es, en su espíritu, "un motivo de descontento tan importante como el empobrecimiento problemático de sus recursos" [135] . En la práctica cree infinitamente más importantes los problemas de satisfacción personal, de "dignidad humana", de "capacidad profesional" [136] que los relacionados con la propiedad de los medios de producción o la distribución de la riqueza. Los problemas psicológicos, afectivos y emocionales, toman siempre la ventaja sobre los económicos: la estética ocupa en la vida de los hombres un lugar al menos tan importante como la economía. Se puede así, satisfacer las necesidades psicológicas de los trabajadores, para eludir abordar los problemas estructurales: tal es la idea esencial implícita en este análisis. De la misma forma, la aspiración primaria del hombre, dice De Man, lo empuja a expresar en su trabajo los valores del alma más personal. Así que, para el líder socialista belga, tudos los problemas sociales de la historia "no son más que los diversos aspectos del problema social eterno, que los supera y los resume todo en último análisis: ¿cómo puede encontrar el ser humano la felicidad, no solamente por el trabajo sino también en el trabajo?" [137] . La revisión del marxismo asume en tal modo todo su sentido: converge, sin grandes dificultades, con la visión del mundo propia del fascismo. Otros elementos se suman para percibir como más natural aún la inclinación del revisionismo de Henri De Man hacia el fascismo. "Las motivaciones de las masas son esencialmente de orden emotivo", dice recuperando la vieja fórmula de Gustave Le Bon [138] . He aquí porque, como “las ovejas de Panurgo”, las masas siempre "sentirán la necesidad de seguir las huellas de un jefe, que representa a sus ojos todo lo que hubieran querido ser" [139] . El proceso de identificación del propio yo con un yo ideal está en la naturaleza de las cosas, tal como la diferencia social entre los jefes y las masas. Es pues pura ficción ver en los jefes de un partido socialista a simples representantes de la voluntad de sus miembros [140] . De ello se desprende que cada sociedad, independientemente de sus estructuras y de su organización, necesita jefes. Una sociedad socialista no será diferente, tendrá su jerarquía, sus hombres fuertes y sus desigualdades naturales. En cierto sentido, De Man recupera el papel que tuvieron a principios de siglo Pareto, Mosca o Michels: fundadores de las ciencias sociales que huvieron erosionado profundamente las bases de la democracia parlamentaria, el autor belga cuestiona la posibilidad de existencia de una sociedad socialista en que las relaciones entre los hombres sean diferentes de los que prevalecen en la sociedad capitalista. La importancia esencial que De Man concede a los factores psicológicos, a las motivaciones individuales, a todo lo que hay de inmutable en la naturaleza humana, disminuye considerablemente las diferencias entre una sociedad socialista y una sociedad no socialista. Lo mismo ocurre con el concepto de igualdad: "el deseo de igualdad y la necesidad de desigualdad, lejos del excluirse, se condicionan mutualmente" [141] . De la misma forma que hay un "deseo de igualdad", hay también "la necesidad de desigualdad" [142] , y lo que empuja a las masas con más fuerza hacia el socialismo, es la "necesidad instintiva e inmediata de las clases inferiores de disminuir la desigualdad social". Esta "reivindicación socialista de igualdad" es "Ia representación compensatoria de un complejo de inferioridad" inherente a la condición obrera [143] como el producto del “instinto de autoestima” del hombre occidental [144] . Sin embargo, sus instintos sociales exigen al mismo tiempo, según De Man, que cada sociedad "tenga" una clase superior qué pueda dar el ejemplo de un estado deseable: es por esta razón psicológica que ninguna sociedad es posible sin "aristocracia" [145] . Esta aristocracia puede asumir formas muy diferentes: el gentilhombre europeo o el viejo mandarinato de la antigua China, o incluso el dirigente comunista soviético, no son más que espectos diferentes del mismo fenómeno" [146] . En último análisis, "la inferioridad social de las clases trabajadoras" no se basa ni sobre una falta de igualdad política, ni sobre las estructuras económicas existentes, sino sobre un estado "psicológico" qué proviene de un sentimiento crónico de inseguridad y, sobre todo, de su creencia en esta inferioridad [147] . Por otra parte, se pone cada vez más de manifiesto que incluso conduciendo una lucha de intereses contra la burguesía, los obreros consideran la existencia burguesa como envidiable y deseable, y cada vez, se parecen más parecidos a sus avversarios [148] . He aquí porque no existe una cultura proletaria. Esta no es más que una reivindicación, producto de la hostilidad contra la cultura burguesa que caracteriza el socialismo de los intelectuales, pero que no interesa a los obreros. El modo de vida de la burguesía ejerce gran influencia sobre el proletariado: el deseo de ser decorosos también determina la aceptación de parte del mundo obrero de las normas morales de las clases privilegiadas [149] . La especificidad proletaria no es más que una ilusión, una invención de los teóricos: ¿no es el marxismo mismo quizás la creación de un "ratón de biblioteca, extraño a las cosas de la vida práctica y sobre todo de la vida obrera?" [150] . El marxismo para De Man no es otra cosa que la democracia fue por Maurras: apenas una nube. Un élitismo muy pronunciado constituye así uno de los aspectos esenciales de esta revisión del marxismo: De Man tiene horror de la burguesía –llega hasta afirmar que la atmósfera de la sociedad burguesa se "ha vuelto irrespirable" para él [151] - pero sabe que, en algunos campos, la formación del gusto por ejemplo, no son cosa de costumbres individuales, "sino de un ascenso para las generaciones en el curso de la cual se hereda una cultura tal como una propiedad" [152] . Alexis de Tocqueville no lo hubiera dicho de otra manera, pero el autor de La Democracia en América no tuvo el pretensión de ser socialista. Es cierto que Michels, por su parte, también profesó las mismas ideas que Mosca y Pareto. Cuando tal forma de élitismo viene a sumarse a una negación más radical del parlamentarismo como de los valores burgueses y al desprecio de las costumbres en régimen de sufragio universal, nadie puede dudar del resultado de todo ello. Esta conclusión es tanto más clara si se considera que, en el espíritu del autor de Le Idée socialiste, el proletariado moderno ya no vive más, desde hace mucho tiempo, en la realidad que conocieron los hombres del 1848. Hoy, organizados en sindicados, gozando de sufragio universal, de la instrucción obligatoria, de una vasta legislación social, los obreros, tienen poco que er con la la ilusión marxista según la cual "tendrían que perder muchas cosas que representan para ellos una pequeña parte de patria" [153] . Ante todo, los obreros han adquirido influencia sobre el Estado y, lo que es aún más importante, "su influencia se confunde cada vez más con la consideración del Estado mismo" [154] . Efectivamente, a la clase a obrera le corresponde, frente a los grandes monopolios industriales y financieros, frente a la Bolsa y a los Institutos de crédito, ser el verdadero sostén del Estado. Aquí el líder socialista belga llega una vez más a otra conclusión de gran importancia: "Contra más se vuelve el socialismo el vehículo de la idea de Estado, tanto más se vuelve también el vehículo de la idea de nación que se encarna en el Estado" [155] . Así se encuentra abierta el vía hacia una nueva forma de socialismo. Esta nueva concepción de socialismo puede desembocar en la socialdemocracia, o incluso en el laborismo, pero también puede conducir a una fórmula, el socialismo nacional. La cosa es tanto más fácil en cuanto De Man insiste en que, en el mundo moderno, "no todos los intereses de los obreros se oponen a los de los propietarios” [156] : existe una solidaridad de intereses entre el obrero y el empresario, y la suerte de ambos depende de la política llevada adelante por sus jefes políticos y militares, de la coyuntura internacional o de la competencia extranjera [157] . Por otra parte, a medida que a la clase obrera "crece en potencia y asume más responsabilidades" [158] , se encuentra cada vez más arrastrada por los conflictos entre Estados. De este modo, De Man dice, "los obreros de países diferentes se convierten en concurrentes sobre el mismo espacio de los intereses económicos inmediatos, en lugar de verse cada vez más unidos como consecuencia de la continua expansión de la economía capitalista mundial" [159] . El capitalismo, pues, no desarrolla el papel que le fue asignado por Marx, y el mundo no reviste aquella forma simple que el padre del socialismo científico previó. El internacionalismo apenas se queda en una vana palabra, ni la depauperación ni la polarización social se producen, y la clase media no ha sido rechazada hacie el proletariado por la concentración capitalista. La estructura social del campesinado ha seguido siendo sencialmente la que fue siempre, la ascensión de la nueva clase media ha compensado la decadencia de la vieja clase media de la época precapitalista. Cuantitativamente, los artesanos y los comerciantes autónomos han sido reemplazados por los empleados, los funcionarios y los profesionales librerales. De Man enseña que la decadencia social de estos medios se realiza de modo colectivo y no individual. La pérdida de independencia social golpea todas las clases: los campesinos con la deuda, la nueva clase mediana ciudadana con la creciente incertidumbre causada por la disminución de las posibilidades de trabajo, la vieja clase mediana con la reducción de los capitales y las grandes rentas [160] . En esto consiste el problema nuevo al que De Man se dedica. Es extremadamente consciente de la diversidad de las clases y de los grupos en la sociedad moderna, del pluralismo de los intereses que no se dejan reducir a la dicotomía marxista tradicional. Para él, el gran problema de los años Treinta es el peligro de proletarización que amenaza a las clases medianas, ya sea a las ciudadanas o a las campesinas y a su revuelta contra una eventual proletarización. Esta revuelta se expresa "de un lado por sentimientos anticapitalistas, del otro por sentimientos antiproletarios” [161] . Aquí se encuentra, según él, la llave psicológica de la respuesta a la proletarización creciente, que está construida ya sea de odio al capital, como de odio del socialismo proletario [162] . Puesto que el socialismo reformista, tal como fue presentado entonces, no tiene casi nada esencial proponer y el comunismo es para ellas un espantajo, las clases medianas se orientan hacie el fascismo [163] He aquí, pues, tal como él la concibe, la nueva situación que hace falta afrontar: De Man propondrá, pues, una tercera vía entre el socialismo ortodoxo, que excluye las clases medianas y el fascismo hacia las que se deslizan. Esta tercera vía aspira como principio a proveer, gracias a un plan de acción, una respuesta al desafío que la crisis europea plantea: crisis del sistema económico, crisis del régimen político, crisis de sociedad. Esta respuesta será el planismo, el famoso "Plano De Man" seguido por ejemplos parecidos en Francia. Pero el planismo irá mucho más allá de presentar una solución ad hoc en relación a un problema definido, ya que, en la prática, esto constituiría una dimensión del revisionismo. Ahora, el revisionismo de Henri De Man, seguido por el de Marcel Déat, constituye, para el pensamiento socialista de la época, el intento inconformista más profundo en el período entre las dos guerras. Se trata de una experiencia original, de gran importancia sobre el plano de la teoría política. Efectivamente, con respecto al socialismo democrático, parlamentario, respetuoso con las reglas del juego y el sufragio universal de un lado, y con respecto al liberalismo del otro, esta experiencia propondrá una tercera solución -un socialismo por todas las clases reunidas- fundada al mismo tiempo en el antimarxismo, en la negación del capitalismo y en la integración del proletariado en la comunidad nacional. Ciertamente, el planismo en sí puede alimentar cualquiera ideología política que no se refiera específicamente al liberalismo más extremo e, intrínsecamente, no hay ninguna razón por que tenga que conducir al fascismo. Será así, en particular, después de la segunda guerra mundial; pero en los años Treinta, cuando se presenta como una alternativa al socialismo democrático y al liberalismo, integrando al mismo tiempo al corporativismo y al autoritarismo político, el planismo contribuye fuertemente a alimentar la mentalidad fascista.

(C) Por la traducción: Ernesto Milà - infokrisis@yahoo.es

 

 

Cuando los intelectuales disentían: los no conformistas de los años 30 (I de II)

Cuando los intelectuales disentían: los no conformistas de los años 30 (I de II)

Infokrisis.- En el lejano 1973, leyendo la Historia de las Ideas Políticas de Jean Touchard supe de la existencia (pág. 603 y sigs.) de una corriente política realmente sorprendente que apareció en Francia en lso años 30 y que Loubet del Bayle había llamado “los no conformistas de los años 30”. Debía llegar todavia el año 1983 para que apareciera la edición italiana de Né Destra ne Sinista de Zeev Sertnhell para comprender la totalidad del fenómeno. Si en el siglo XX hibo un movimiento revolucionario y alternativo en estado puro ese fue el formado por gente tan diversa como Henri de Man, Thierry Maulnier, Andaud Dandieu y tantos otros.

Francia, laboratorio de ideas

La tesis del profesor Sternhell es que en Francia el fascismo no ejerció nunca el poder, por tanto, es ahí en donde no se vió adulterado por los compromisos contraídos para poder ejercer la tarea de gobierno y donde existió un mayor poso teórico que permite analizar el fenómeno mejor que en cualquier otro luigar. Porque la tesis de Sternhell, en el fondo, es que los llamados “no conformistas de los años 30” fueron fascistas.

El libro de Sternhell es extremadamente lúcido y provisto de una abundante documentación que no hace sencilla la tarea de quien aspire a refutarlo. Sterhnhell realiza algunas precisiones: cuando se refiere a “los años 30” alude sobre todo al período 1930-1934. A partir de los incidentes de la Plaza de la Concordia el 6 de febrero de ese año y de la nueva situación internacional que se va precipitando sucesivamente, se producen correcciones en todo ese movimiento que determinan su pérdida de vigor en los años siguientes. Estos sucesos son, fundamentalmente, tres: la subida de Hitler al poder y las primeras reivindicaciones territoriales que no cesarán hasta el 1º de septiembre de 1939 y el estallido de la guerra civil español.

Ambos fenómenos muestran aspectos poco agradables –especialmente para un francés- del fascismo alemán y del fascismo español. De un lado, el rearme inmediato de Alemania y el inicio de sus reivindicaciones territoriales –hacia 1935- alarman a los franceses –incluidos a la mayoría de intelectuales- que tienen fresco el recuerdo de la Primer Guerra Mundial e incluso, los más mayores, de la Guerra Franco-Prusiana. Como veremos, no son nacionalistas, pero temen que el expansionismo alemán pueda afectar a su nación.

En cuanto a la Guerra Civil Españala, les demuestra que no hay “guerras limpias” y que en un conflicto bélico todas las partes cometen excesos. Los “no conformistas de los años 30” habían nacido en la Francia racionalista y admitían mal los excesos, aun cuando los cometieran los miembros de su “propio bando”.

¿Por qué el período áureo fue entre 1930 y 1934?

Desde 1880, Francia había sido un hervidero de nuevas ideas. La Revolución Francesa que en toda Europa se percibía como la “victoria de las libertades” había dejado un recuerdo de sangre, excesos siniestros, radicalismo absurdo y revueltas criminales, asociadas al sonido de la guillotina. Sectores, incluso liberales, consideraban que la Revolución Francesa había sido simplemente una orgía innecesaria de sangre que precipitó la irrupción de la República, pero que hubiera podido ser posible sin las desgracias que acarreó.

La irrupción de un grupo de intelectuales de derechas en la escena política, de la mano de Charles Maurras, la aparición del “nacionalismo integral”, las obras de Drumont, Daudet, Bainville y, naturalmente, Maurras, habían contribuido a generar un ambiente cultivado en el que fermentaron ideas nacionalistas, atenuadas en el radicalismo propio a cualquier nacionalismo, por el carácter culto y erudito de sus mentores.

En el primer tercio del siglo XX, el semanario L’Action Française y la asociación del mismo nombre, alcanzaron una influencia entre capas intelectuales y entre sectores de la pequeña burguesía que lo configuraron como un fuerte movimiento de masas. En aquella época, los universitarios o eran miembros de las Juventudes de Acción Francesa o eran simpatizantes, o carecían de fuerza y de argumentos para competir con ellos.

Solamente cuando acabó la Primera Guerra Mundial e irrumpió el fascismo italiano, algunos miembros de Acción Française percibieron que determinadas ideas de Maurras deberían ser rectificadas y que otras ya no tendrían la importancia en el escenario futuro que se adivinaba para Europa, como la que habían tenido hasta entonces. Estaba naciendo un mundo nuevo: Maurras no lo percibía porque formaba parte del “viejo mundo” a pesar de que sus Camelots du Roi dominaran el Barrio Latino y sus 70.000 afiliados compitieran con cifras parecidas del PCF

En los años 20 y en los primeros años 30 nacen distintas formaciones de extrema-derecha que intentan imitar al fascismo y, luego, al nacionalsocialismo alemán. Se trata de copias, la mayor parte constituidas por antiguos miembros de Action Française que habían descubierto la necesidad de un “pensamiento social” que acompañara al “pensamiento nacional” del que Maurras había sido tan diestro difusor. Bucard, Valois, Lamour, etc., se parecían demasiado al modelo italiano el cual, por lo demás, estaba sufriendo una mutación en tanto que su presencia en el poder pasó de temporal a permanente. Mientras Mussolini moderó sus posiciones extremistas en lo social, Bucard y Valois mantuvieron su radicalismo social que trasmitieron a las sucesivas formaciones fascistas francesas y, en especial, al Parti Populaire Française de Jacques Doriot que nació más tarde.

Los primeros fascistas franceses estaban persuadidos de que podían imitar a Mussolini y hacerse con el poder mediante un golpe de fuerza. Se organizaron en milicias y fueron, mucho más, una “primera línea” combativa que un partido convencional. Rozaron la insurrección en la noche del 6 de febrero de 1934, pero la falta de valor de los líderes más moderados –el coronel La Rocque jefe de los Croix du Feu y el propio Maurras- limitaron los incidentes a unos disturbios localizados en una fecha concreta. El impacto que estos sucesos tuvieron en la extrema-derecha francesa fue extraordinario. Unos terminaron por configurarse más tarde, como partido político convencional –el PPF- mientras que otros se organizaron clandestinamente –La Cagoule-. En 1935 el panorama había cambiado extraordinariamente.

El anticomunismo como elementos distorsionador

La fermentación previa que se había generado tras la Guerra Franco-Prusiana, la proliferación de disidentes de Action Française, los primeros pasos del fascismo francés, habían hecho que buena parte de la juventud francesa pensase en términos de “fascismo francés”. Pero, al mismo tiempo, el hecho de que los grupos que se declaraban de esa tendencia no ocuparan el poder, hizo que pudieran ofrecer un aspecto “auténtico” que contrastaba con la burocratización creciente del fascismo mussoliniano, su coexistencia pacífica con la monarquía de los Savoia.

Por otra parte, el comunismo francés fue siempre fuerte. Esto generó que algunos industriales seducidos por el fascismo italiano apoyaran a grupos fascistas franceses -e incluso los crearon ellos mismos- dotándolos de una única característica que se fue haciendo patente a medida que avanzó la década de los 30: el anticomunismo. Los propietarios de Renault y, especialmente, de L’Oreal, creían que, de un momento a otro, la izquierda marxista podía operar un proceso como el leninista y hacerse con el poder. Sus sustanciales ayudas contribuían a que, en caso de una hipótesis de este tipo, existiera una fuerza militante de dureza extrema que impidiera la aventura. En este sentido, si es rigurosamente cierto, que una parte sustancial del “fascismo francés” fue el “brazo armado de la burguesía contra el comunismo”…

Reducir todo el fascismo francés a éste parámetro es abusivo y erróneo. Es cierto, igualmente que en España, la Falange de Primo de Rivera y las distintas experiencias y revistas de Ramiro recibieron fondos de industriales vascos y de la nobleza terrateniente, pero reducir el “fascismo español” a esto es, evidentemente, un error, porque contenía también elementos intelectuales de cierta envergadura. En Francia se dio una situación parecida a la de España, pero multiplicada por cien en la medida en que los intelectuales comprometidos con la extrema-derecha eran muchos más, surgidos al calor, especialmente de Maurras.

Realmente, los fascismos solo son aleatoriamente anticomunistas y en la medida en que en el curso de su lucha por el poder disputan con los partidos comunistas efectivos de la clase obrera. Así como los partidos burgueses apenas tenían obreros entre sus filas, desde su origen, los fascismos se configuran como partidos interclasistas, incluso en los que la clase obrera está sobrerrepresentada y tiene formaciones específicas (las SA hitlerianas, por ejemplo estaban formadas esencialmente por excombatientes surgidos de la clase obrera). Esto mismo ocurre en el Reino Unido con la Union Mouvement de Mosley, otra forma de fascismo interclasista con una fuerte componente obrera. En el fondo, el fascismo español adoleció de esta falta y fue, a la postre, un partido de derechas radicales, esencialmente juveniles, cuyos miembros pertenecían mayoritariamente a la burguesía media.

En tanto los partidos comunistas obedecían consignas emanadas de un solo centro internacional, el Komintern, se beneficiaban de las experiencias obtenidas en otros países. La experiencia italiana y la alemana fueron traumáticas para el movimiento comunista internacional y, a partir de entonces, allí donde alguién enarbolara ideas similares a los fascismos, el Komintern declaró su voluntad de combatirlos, o en su jerga: “Aplastar al fascismo en el huevo”.

La subida de Hitler al poder exaspera esta tendencia del Komintern y hace que a partir de 1934, allí donde nace un pequeño grupo fascista, todos los esfuerzos del partido comunista más próximo, se dediquen a combatirlo. Mucho más en el caso francés en donde, el fascismo tenía cierta importancia numérica y la sombra protectora de L’Oreal, Renault y varias firmas más, era palpable.

La gestación de los no-conformistas de los años 30

Los “felices veinte”, los “años locos”, no pudieron evitar que algunos jóvenes intelectuales, habitualmente próximos a Action Française, realizaran una reflexión intelectual. Dado que eran tiempos de militantismo, todos ellos se “comprometieron” con ideas situadas voluntariamente al margen del orden establecido. No puede hablarse de una tendencia homogénea. Loubet del Bayle y Zeev Sternhell han distinguido tres corrientes similares y hasta cierto punto convergentes, pero todas ellas con rasgos propios:

- El Grupo Ordre Nouveau, formado por Alexandre Marc con la cooperación intelectual de Robert Aron y Armand Dandieu.

- La Joven Derecha, con Jean Pierre Maxence y especialmente, Thierry Maulnier, expresada a través de revistas como Cahiers, Réaction pour l’ordre, La Revue Française y La Revue du Siècle.

- El Grupo Esprit, formado en torno a la revista del mismo nombre y Emmanuel Mounier.

A estos grupos podría sumarse otro que influyó extraordinariamente en la Joven Derecha: el formado en torno a Henri de Man y que agrupaba a disidentes de la izquierda marxista y del que hablaremos más adelante.

La proliferación de estos grupos se produjo entre 1930 y 1934, y partían de ideas comunes:

1.- Rechazo al individualismo característico de las sociedades liberales y, por tanto, rechazo de la ideología liberal y especialmente a sus instituciones que consideraban “frágiles e inhumanas”. Por eso, cuando se vean obligados a forjar una doctrina que aspire a rivalizar con el individualismo, la llamarán “personalismo”.

2.- En tanto que antiliberales eran antiparlamentaristas y, por tanto, no tuvieron inconveniente en fijar su atención hacia los dos movimientos del mismo cariz: fascismo y comunismo. En tanto que intelectuales realizaron una mirada crítica hacia estos fenómenos.

3. – Rechazaban el materialismo marxista y el nihilismo del que hacían gala algunas corrientes del fascismo. No podían evitar ser franceses, esto es, racionalistas hasta cierto punto; pero también asumían toda la tradición europea de considerar a la realidad como algo situado más allá de lo tangible. Los había católicos y agnósticos, pero todos ellos consideraban que existía un poso en la naturaleza humana que no podía reducirse a la materia.

4.- Creen que es preciso restablecer la autoridad del Estado, pero no un “estado autoritario”. Rechazan el indivualismo liberal y el colectivismo marxista, aluden a una organización “federalista”, “personalista” y “comunitaria”, que no era propiamente fascismo, pero que si acercaba a algo, era precisamente al fascismo. Maurras había impregnado a su nacionalismo integral de antijacobinismo y, por tanto, su doctrina encajaba bien con las ideas regionalistas. No se consideraban “totalitarios”, pero defendían a un Estado fuerte, encarnacion jurídica de la Nación, pero también a una sociedad fuerte que el Estado debía estar en condiciones de organizar y satisfacer en sus necesidades.

Todos estos grupos fueron debatiendo estas ideas, ampliándolas y rectificándolas a medida que fue pasando el tiempo. Como hemos dicho, entre 1934 y 1936 se evidencian las consecuencias de tres hechos traumáticos (subida de Hitler al poder, sucesos del 6 de febrero de 1934 y estallido de la Guerra Civil Española) que contribuyen a romper la identidad doctrinal común de estos tres grupos y los dispersan.

Cuando Alemania invada Francia, se cree la Zona Libre de Vichy, algunos no-conformistas observarán y participarán en las experiencias corporativas impulsadas por el Mariscal Petain, otros figurarán en la Resistencia, otros preferirán abandonar toda actividad y otros, simplemente, pasarán a la izquierda. La evolución de los “no conformistas” fue problemática y marcada por un alto grado de dispersión. En 196 el fenómeno había concluido y sólo quedaba como ejemplo de una reflexión intelectual frustrada que no pudo tener traducción política.

La inmensa mayoría de intelectuales de aquella época, posteriormente asumieron sus escritos y, como máximo intentaron justiicarlos, pero no renunciaron a ellos. Solamente, la revista Esprit tomó posiciones contrarias a lo que había sido el pensamiento difundido por ella en los años 30. Los herederos de Mourier serán los primeros en llamarse “nueva izquierda” y tendrán siempre influencia en los entornos del partido socialista y en los grupos de “cristianos comprometidos”. A partir de 1968, Rougemont y Jacques Ellul (ambos con varias obras traducidas al castellano en los años 70) se alinearán los el ecologismo. Muchos de ellos, especialmente los católicos, se alinearán con la democracia cristiana.

Ordre Nouveau : Dandieu y Maulnier.

El grupo Ordre Nouveau encontró en el joven Alexandre Marc a su impulsor, al que se sumaron en 1930, Robert Aron y Arnaud Dandieu. Marc había creado previamente un club muy impregnado de catolicismo ecuménico, cuyas principales discusiones eran en torno a cuestiones políticas. Dandieu lanzó tres obras fundamentales para comprender esta corriente: Décadence de la Nation Française, Le Cancer américain y La Révolution nécessaire, sin embargo, su muerte prematura en 1934, supuso una pérdida irreparable, aun a pesar de que, el año antes, en 1933, cuando empezó a publicarse la revista que dio nombre albrupo, se habían sumado Daniel-Rops y Denis de Rougemont.

Marc, Dandieu y Aron tenían como idea central la sensación de que se estaba produciendo una “crisis de civilización” que debía superarse mediante una “revolución espiritual” cuyas orientaciones fundamentales las resumen en esta consigna: “Contra el desorden capitalista y la opresión comunicas, contra el nacionalismo homicida y el internacionalismo impotente, contra el parlamentarismo y el fascismo, el Orden Nuevo pone las instituciones al servicio de la personalidad y subordina el Estado al hombre”. Había nacido el “personalismo” como ideología política. Sin embargo, esta ideología pasaría a estar vinculada, como veremos, a la personalidad de Emmanuel Mounier.

Dandieu se declaró antiparlamentarista. Había escrito: “No somos ni de derechas, ni de izquierdas, pero si es rigurosamente necesario situarnos en términos parlamentarios, repetimos que nos encontramos a medio camino entre la extrema-derecha y la extrema-izquierda, por detrás del presidente y dando la espalda a la asamblea” (La révolution necessaie, 1934, pag. 28). Creían en la “vía revolucionaria”: “Cuando el orden no está en el orden, está en la revolución y la única revolución en la que pensamos, es la revolución del orden” (pág. 34).

Junto a Maulnier, Dandieu y el grupo aspiraban a conciliar nacionalismo y socialismo, o más precisamente “cierta forma” de nacionalismo y “cierta forma” de socialismo. No es raro que, Maulnier escribiera su mejor obra titulándola de manera simétrica la que Henri de Man había hecho con la suya. Como veremos de Man, procedente del marxismo, escribió Más allá del socialismo, mientras que Maulnier tituló a su mejor obra: Más allá del nacionalismo.

Precisamente, una de las pocas obras que hay publicadas ne lengua castellana de los no conformistas de los años 30, es Más allá del nacionalismo”, editado por Editorial Nuevo Orden de Buenos Aires en 1963. En el epílogo de la obra, Maulnier resume la idea que ha querido transmitir en las 200 páginas anteriores: “La conciencia nacional y la conciencia revoluciomnaria, separadas, erigidas frente a frente, no constituyen una con mejor título que la otra, las fuerzas dialécticas de la creación del futuro, son tan solo estériles productor de una sociedad que muere. La conciencia nacional se hace conservadora, es decir asocia estúpidamente al esfuerzo para perpetuar la realidad nacional el esfuerzo para conservar en ella el poder de las fuerzas que la destruyen; la conciencia revolucionaria se hace antihistórica y antinacional, es decir trabaja para aniquila lo que quiere liberar. Las mismas palabras “nacional” y “revolucionario” han sido a tal punto deshonradas por la demagogia, la mediocridad y el verbalismo, que son ya recibidas en Francia con una diferencia bastante parecida al disgusto. El problema consiste hoy en superar esos mitos políticos fundados sobre los antagonismos económicos de una sociedad dividida; en liberar al nacionalismo de su carácter “burgués” y a la revolución de su carácter “proletario”; en interesar de una manera orgáncia y total a la nación en la revolución, ya que sólo la nación es capaz de llevarla a cabo; en interesar igualmente a la revolución en la nación que sólo la revolución puede salvarla”.

Así termina la obra de Maulnier y, en buena medida, así termina también la historia de este grupo, preocupado especialmente por mantener posiciones de equivalencia y simetría. La primera dispersión de sus animadores se produjo en 1934, no sólo por la muerte prematura de Dandieu, sino por los sucesos de febrero. Con todo, el grupo prosiguió editando sus publicaciones hasta 1938. Luego vino la guerra mundial en donde Francia no estaba para estudiar simetrías. Solamente cabían dos campos: o con la colaboración o con la resistencia. Era ilusorio pensar en la posibilidad de levantar terceras vías. Cuando terminó el conflicto, algunos exponentes de Ordre Nouveau, el propio Maulnier y, por supuesto, Raymond Aron, adecuaron sus ideas al federalismo europeo tan en boga en los años 48-58 y que, en el fondo, constituyó el núcleo originario de la idea europea tal como hoy se la concibe.

Maulnier: del no conformismo al federalismo de derechas

Maulnier, no se llamaba Maulnier, sino Jacques Talagrand. Tenía 21 años cundo se integró en Ordre Nouveau. Tuvo como compañeros de clase en la Escuela Normal a Robert Brasillach y a aurice Bardèche. Muy joven había ingresado en Action Française colaborando en la redaccion de la revista; la agilidad de su pluma hizo que Henri Massis –el autor de La Defénse de l’Occident- y próximo a los “no conformistas” lo integrara en la redacción de su Revue Universelle. De hecho, colaboró con todas las revistas no conformistas de la época.

Massis se publicó su primer ligro de título significativo: La crise est dans l’homme (La crisis está en el hombre). En 1934, junto a Pierre Maxence escribió Demain la France, contribuyendo dos años después a la fundación del semanario L’Insurgé de corta vida, en el que defendió posiciones nacionalistas fuertemente teñidas por políticas sociales anticapitalistas. Los escritos publicados en esa revista pasaron a constituir el núcleo central de su libro Au-delà del nationalisme (Más allá del nacionalismo) aparecido en 1938. A pesar del título de esta obra, Maulnier no cortó los puentes que le unían a Maurras y siempre hasta el desembarco norteamericano en África del Norte, siguió colaborando con L’Action Française. A partir de 1945 y hasta su muerto, seguiría haciéndolo desde la columnas del diario conservador Le Figaro.

La nueva situación creada en Europa en 1945 le induce prudentemente a alejarse de la política y de escritos doctrinales. Se centra en su carrera periodística y como dramaturgo y crítico de teatro. El éxito le acompaña. Como máximo escribe algunos ensayos de contenido ético moral: de los que La Face de méduse du communisme, aparecido en 1952 y L’Europe a fait le monde (1966), constituyen, sin duda, sus mejores obras. Ambas han sido traducidas al castellano. Se convierte en un “federalista europeo” y colabora en revistas como Le XX siègle fédéraliste, buena parte de cuyos colaboradores son antiguos “no conformistas” (Aron, Rougenmont, Rops, Febrègues). Desde 1964, se sentó en la Academia Franesa.

Jean Pierre Maxence y los que creyeon en la « Revolución Nacional”

Maulnier es el ejemplo del “no confrmista”, prudente durante la ocupación alemana y que, tras la “liberación” logra mantener e incluso aumentar su prestigio intelectual, sin que su paso por los “no conformistas” le hiciera daño. El caso contrario es el de Jean Pierre Maxence, con el que firmó vario ensayos y con quien recorrió parte del camino.

Jean Pierre Maxence, discípulo de Maritain, creó en 1928 la revista Les Cahiers (que aparecería hasta 1931) inspirada por el pensamiento de Péguy, en la que ya encontramos la idea de una “revolución espiritual”. Posteriormente, participará con Maulnier en la creación de La Revue Française. En 1932, es evidente que este pensamiento es excesivamente nebuloso y ambiguo, incluso vago, así que Maxence experimenta la necesidad de ser más concreto. Poco a poco, especialmente tras os incidentes del 6 de febrero e 1934, se v politizando y asume un pensamiento cada ve más antiparlamentario y anticapitlista, próximo al fascismo de los primeros tiempos de Musolini. En el libro, escrito junto a Maulnier, Demain la France, esta tendencia se hace muy evidente. No menos significativa es su alta en el partido Solidarité Française, unas de las muchas organizacines financiadas por François Coty, propietario de L’Oreal.

En 1941 se declara partidario de la Revolución Nacional propuesta por el Mariscal Petain. El hecho de participar en una red de protección a niños judíos durante la ocupación alemana, no le eximirá de ser perseguido posteriomrnete como “colaboracionista”. Huirá de Francia y se establecerá en Suiza en donde morirá en 1956. Maxence es el ejemplo de los “no conformistas” que creerán en el petainismo y en la colaboración.

La protesta contra el parlamentarismo en Francia: 6 de febrero de 1934

La protesta contra el parlamentarismo en Francia: 6 de febrero de 1934

Infokrisis.-El 6 de febrero de 1934, el régimen parlamentario francés estuvo a punto de caer. Miles de manifestantes de las ligas de extrema-derecha a los que se sumaron militantes de las juventudes comunistas, protestaron contra los escándalos y la corrupción que habían llegado al corazón de la República. 17 murtos y 2.309 heridos fueron el balance de aquella jornada.

Un judío ucraniano… de paso frac-masón.

Serge Alexandre Stvisky, había abandonado pronto su Ucrania natal. En 1910 se nacionalizó francés. Era judío de raza aunque nunca le había preocupado mucho la religión de sus padres. Esto no fue obstáculo para que ingresara en la fanc-masonería. Allí hizo gala de su don de gentes y su habilidad para la estafa. Hacia mediados de los “felices años veinte”, ya estaba considerado como un estafador por los servicios policiales franceses. Sobre él recaían varia sospechas de robo y de estafa.

Su primer delito consistió en robar a padre, dentista, ciertas cantidades de oro dental. Poco después, su abuelo lo recogió tras ser expulsado del domicilio paterno. Ambos se convirtieron en gerentes del teatro Folies-Marigny de París. Al cabo de pocas semanas, ambos huyeron con la caja. Entre 1906 y 1926 había sido acusado de 84 robos y estafas.

En 1926, el “bello Sacha”, como se le conocía en la distinguida sociedad parisina, cumplió una condena en la cárcel parisina de La Santé de 18 meses de prisión por uno de estos delitos.

A pesar de que los estatutos de la masonería prescriben que solamente pueden ser miembros de esta “hombres libres y de buenas costumbres”, Stavisky se las arregló para seguir manteniéndose vinculado a esta red de influencias. Gracias a sus amistades masónicas consiguió estafar más de 200 millones de francos al Banco de Crédito Municipal de Bayona. La estafa no hubiera sido posible sin la ayuda de diputado y alcalde de la ciudad Joseh Garat así mimo, francmasón.

La estafa se descubrió el 23 de diciembre de 1933, cuando el director del Banco de Crédito Comunal de Bayona, Gustave Tissier, fue detenido por fraude y por poner en circulación 235 millones de francos en billetes falsos. A la policía le costó poco establecer que Tissier era apenas un ejecutor y que el verdadero cerebro de la operación era el “bello Sacha”… el expresidiario que, como por arte de magia, había logrado fundar esa institución de crédito.

A finales de 1933, cuando la estafa salea la superficie, Stavisky huye, pero finalmente es localizado en Chamonix. Allí tenía una chalet al que llamaba el “Vieux logis” (la Vieja Logia o la Vieja Morada). Lo más sorprendente es que cuando la policía entró en el inmueble, es escuchó un disparo y Stavisky apareció muerto. La primea versión indicó que se había suicidado.

Muerto Stavisky, se iniciaba el llamado “affaire Stavisky”. Lo que hasta ahora había sido un oscuro asunto de tráfico de influencias, corrupción y delincuencia, iba a desvelar que detrás, existían complicidades de altos vuelos y que el pequeño judío ucraniano no hubiera podido urdir un plan que le superaba ampliamente sin contar con ayudas poderosas.

Tres precedentes que hicieron rebosar el vaso

El formidable impacto del “affaire Stavisky no puede entenderse si hacemos abstracción una multiplicidad de casos similares que habían ensombrecido a Francia en los 30 años anteriores, arruinando a miles y miles de pequeños accionistas.

En 1879, Fernando de Lesseps, constructor del canal de Suez y masón de Rito de Menphis-Misraïm, estableció el patronato internacional que debía impulsar el proyecto del Canal de Panamá cuyo coste ascendía 600 millones de francos. Lesseps creó una sociedad anónima co la participación de varios bancos franceses. Dos años después de iniciadas las obras, la insalubridad del clima hicieron que las instituciones bancarias retiraran su apoyo al proyecto. Lesseps buscó entonces dinero de inversores privados. El problema vino cuando una parte de este dinero fue utilizado para sobornar a periodistas que investigaba las dificultades que encontraba la obra. Cuando el proyecto se encontraba a mitad de camino había costado más del doble e lo presupuestado. En ese punto, y a la vista, de los problemas técnicos que estaban surgiendo, Lesseps recurrió al ingeniero Gustave Eiffel quien alteró completamente el proyecto introduciendo el sistema de exclusas. Lesseps prosiguió con sus corruptelas, no deteniéndose en periodista sino tocando a políticos que aprobaron la ley que permitía la emisión de deuda. Aún así el 4 de febrero de 1889 la compañía quebró arruinando a 85.000 accionistas.

Desde el diario La Libre Parole, Edouard Drumont acusó a financieros judíos de haber animado a los pequeños inversores a iniciar su fatal aventura, generando una oleada de antisemitismo que se reforzó con el estallido del “affaire Dreyfus” tres años después. Varios ministros resultaron condenados, así como el propio Lesseps e incluso Gustave Eiffel, si bien años después sería completamente rehabilitado. El hijo de Fernando de Lesseps, Carlos, obtuvo 5 años de prisión. Después de este asunto, los EEUU tomarían a su cargo la construcción del canal.

Vinte años después, Marthe Hannau, la llamada «banquera de los felices veinte» había protagonizado otro escándalo que se evocó en los días del “affaire Stakisky”. En 1925 había fundado un diario que tuvo bastante éxito, La Gazette du fran, cuyas únicas informaciones eran de carácter financiero. Los pequeños inversores escuchaban sus consejos y seguían sus indicaciones. El éxito del diario fue tal, que la Hannau convenció a muchos lectores para que le confiaran a ella sus ahorros y los invirtiera en Bolsa, prometiéndoles unos intereses excepcionalmente altos. Se trataba de una estafa piramidal: pagaba los intereses, no a cuenta del beneficio de las operaciones realizadas, sino con el producto de las nuevas aportaciones. La pirámide se desplomó a finales de 1928. La suma total de la estafa ascendió a 100 millones de francos. Marthe Hanneau fue detenida en diciembre de 1928. Tras una huelga de hambre siguió un intento de evasión. Puesta en libertad bajo fianza, fue juzgada y condenada ingresando en prisión en julio de 1934. Se suicidó en la prisión de Fresnes el 14 de julio de 1935 ingiriendo un tubo de barbitúricos. La revista Le Canard Enchaîné realizó una investigación a partir de noviembre de 1928, concluyendo que la estafa no habría sido posible sin la cooperación de poderes políticos y económicos.

Antes que ella, Albert Oustric había fundado en 1919 una sociedad de banca especializada en operaciones especulativas ofreciendo elevados intereses. Oustric disponía de una red de contactos políticos que le facilitaron el poder operar de manera aventurera e irresponsable, tal como estableció la comisión que estudió la bancarrota que inevitablemente se produjo en noviembre de 1929. De las muchas dimisiones de altos cargos políticos que se sucedieron, la más importante es sin duda la de Raoul Peret, presidente del instituto de la monera de André Tardieu, presidente del consejo de ministros. También aquí, Le Canard Enchaîné dio el máximo relieve al asunto, generando involuntariamente una tendencia antiparlamentaria en la sociedad francesa.

Con estos precedentes y con unas ligas fascistas extremadamente fuertes que habían generado un caldo de cultivo antiparlamentario, puede entenderse lo que sucedió después.

El “affaire Stavisky” convertido en asunto de Estado

La muerte de Stavisky fue recibida con mucho escepticismo por los medios periodísticos franceses. Le Canard Enchaîné puso en duda la versión oficial y sugirió que había sido asesinado. Pudo demostrarse que la bala que había “suicidado” a Stavisky fue disparada a tres metros de distancia. El periódico pudo afirmar con ironía: “Ciertamente, tenía el brazo demasiado largo”. El periódico del monárquico Charles Maurras, L’Action Française, amplió todas estas informaciones. Pronto resultaron implicados en el asunto las más altas autoridades de la República que, por acción o por omisión, habían permitido a un estafador de poca monta facilitar su acción. No era casual que todos, sin excepción, fueran franc-masones. A partir de las informaciones de estos dos medios, lo que ya se conocía como el “affaire Stavisky” pasó a ser el símbolo de una república minada por la corrupción y gobernada por truhanes.

Pierre Bonny, el policía encargado de la investigación se propuso llegar hasta el final del asunto. Poco después fue suspendido de sus funciones. Sin embargo, consiguió encontrar el talonario de cheques de Stavisky, comprometiendo a la clase política del Partido Radical y de los socialistas. La protesta popular obliga a la prefectura a restablecer a Bonny en sus funciones e incluso a calificarlo como “el primer policía de Francia”. Durante la Segunda Guerra Mundial volvería a ser denigrado tras colaborar con los alemanes en la represión contra los atentados de la resistencia y dirigir los interrogatorios de la rue Lauriston.

Poco a poco fueron cayendo todos los cómplices: el diputado radical Bonnaure, el senador Renoult, el ministro de colonias y antiguo ministro de justicia Albert Dalimier, los periodistas Dubarry y Aymard que había publicado informaciones falsas favorables a toda la banda, el procurador general de la República, Pressard, cuñado del presidente del consejo de ministros Camille Chautemps que se preocupó de retrasar los juicios contra Stavisky. No es extraño que el “bello Sacha” no hubiera podido aparecer vivo.

Bruscamente, Francia se enteró que su clase política estaba podrida. El parlamento fue considerado por buena parte de la población como un cueva de Alí Babá en donde los ladrones eran mucho más de cuarenta. Además, no era el único caso de corrupción que había estallado en la época. El “affaire Panamá” flotaba todavía en el ambiente. En aquella época, el periodista Edouard Drumont ya había recordado que la mayor parte de financieros que sostuvieron el proyecto y que estaban detrás de su fracaso (la sociedad del Canal de Panamá quebró y arrastró a pequeños inversionistas) eran judíos. El “affaire Stavisky” resucitó el antiguo “affaire Panamá” y el impulso sinérgico entre ambos se convirtió en una formidable ola de antisemitismo, antimasonista antiparlamentarismo.

Algunos elementos objetivos se habían sumado a la crisis. Francia tardó dos años e sentir la gran depresión que había estallado en 1929. No fue el proletariado, sino las clases medias las que sufrieron extraordinariamente esta crisis en un momento en el que los gobiernos parecían mucho más interesados en lucrarse que en buscar soluciones a la crisis.

Para colmo en 1932, la Conferencia de Lausanne decidió cancelar el pago de las reparaciones alemana a Francia a causa de la Primera Guerra Mundial. La ira popular aumentó cuando se supo que Francia debía seguir pagando indemnizaciones por la ayuda prestada por los EEUU. Los contribuyentes se negaron a pagar impuestos. En muchas ciudades y pueblos se expulsó a los recaudadores o se incendiaron las oficinas del fisco. Los estudiantes dirigidos por Action Française ocuparon las facultades y la de Derecho se declaró en rebeldía. En 1932, par agravar más las cosas, el gobierno concedió un crédito a Austia por valor de 350 millones de francos, sin tener en cuenta que en ese momento el hambre empezaba a causas estragos en las clases populares. Julián Green en su diario pudo escribir: “El viejo mundo capitalista se tambalea” y tras su entrevista co Maritain añadía: “Nos estamos ya deslizando hacia el abismo. Estamos en él. Todos los místicos coinciden en ello. Si no hay una guerra, habrá una revolución que nos destruirá”. Y concluía: “Todo se derrumba”.

Entre mayo de 1932 y enero de 1934 se sucedieron vertiginosamente cinco gobiernos, en medio de un clima de creciente desconfianza por parte de las clases medias. A partir del 9 de enero de 1934, las ligas de extrema-derecha habían multiplicado sus campañas contra la república sobre tres ejes: antisemitismo, antiparlamentarismo y antimasonismo. La agitación llegó su límite en la tarde del 6 de febrero de 1934. La izquierda estaba en el poder desde 1932 y las ligas demostraban un inaudito nivel de actividad.

Era el momento en que la extrema-derecha podía pensar en asaltar el poder.

En la tarde del 6 de febrero de 1934

Los distintos grupos patrióticos y las ligas de excombatientes, incluidos los comunistas, llamaron a concentrarse en la Plaza de la Concordia a las 18,00 del 6 de febrero de 1934 cuando Daladier debía comparecer en el Parlmento. Cerca de allí se encuentra el Sena y la plaza está separada de la Asamblea Nacional por un puente, el llamado Puente de la Concordia.

Los Cruces de Fuego del Coronel La Rocque, excombatientes fogueados en el frente durante la Primera Guerra Mundial, popularizaron su consigna: “Abajo los ladrones”, desfilando por la orilla izquierda del Sena. La columna de La Rocque rodeó el edificio de la Asamblea Nacional dispersándose a continuación. Sin embargo, desde la orilla derecha, en la Concordia, los grupos más sensibilizados por la corrupción y el desgobierno, se mostraban mucho más amenazadores. En el fondo La Rocque era un hombre de orden –como por lo demás Maurras- y no albergaba la más mínima intención de poner en peligro la supervivencia de la República –a diferencia de Maurras-, paradójicamente, la izquierda consideraba que el verdadero peligro lo constituía La Rocque.

En el interior de la Cámara, los diputados de izquierdas y derecha se enzarzaron en una pelea que prefiguraba lo que iba a ocurrir en el exterior. En aquel momento no se logró la dimisión de Daladier que, en las primeras horas de la noche y a la vista del cariz que estaban tomando los enfrentamientos en el puente de la Concordia y en la plaza del mismo nombre, contempló la proclamación del Estado de Sitio. Al día siguiente y a la vista de la actitud de la policía y la magistratura y de la dimisión de algunos de sus ministros, se vio obligado a dimitir.

Dadas las circunstancias y el sentir de la opinión pública, en aquel momento era absolutamente posible derribar a la república y así hubiera ocurrido si el coronel La Rocque hubiera autorizado el asalto a la Asamblea Nacional. Su negativa a vulnerar la legalidad, supuso el fin de las esperanzas de destruir el régimen mediante la protesta popular. En lugar de una “marcha sobre Roma”, la “marcha sobre la Asamblea Nacional” hubiera tenido un efecto similar.

Cuando los manifestantes situados al otro lado del Sena, en a Plaza de la Concordia, aspiraron a hacer lo que La Rocque no se había atrevido, avanzaron hacia el puente de la Concoria, iniciándose el tiroteo que se prolongaría hasta altas horas de la noche. Al ver avanzar la manifestación, la policía disparó a matar.

Estuvieron presentes en la manifestación, además de los Cruces de Fuego, la Association Républicaine des Anciens Combattants, formada por los comunistas y las distintas ligas fascistas, especialmene los Camelots du Roi (el servicio de orden de Acción Francesa que disribuyeron la revista en cuya primera págin podía leerse: “Abajo el régimen abyecto”), las Jeneusses Petriotiques et Sociales y la Solidarité Française. También estuvieron presentes pequeños grupos de las juventudes comunistas con sus propios eslóganes. En total participó una muchedumbre de entre 30 y 50.00 personas. Los enfrentamientos duraron hasta la 2:30 de la madrugada. Todavía hoy ha sido imposible establecer la realidad de las cifras que oscilan entre 15 muertos y 435 heridos que han dado los más favorables a la República y los 17 muertos y 2.309 heridos que han dado otros. De lo que no cabe la menor duda es de que a la liga de Maurras, le correspondió el mayor tributo de sangre. El jefe de los Camelots du Roi, el escultor Maxime Real del Sartre, resultó también herido [Años después, del Sartre presentó compitió con Juan de Ávalos en el proyecto del Valle de los Caídos]. El siguiente número de Action Fançaise e abría con este titular: “Además de ladrones, asesinos”. Cinco de sus militantes habían muerto en aquella jornada. Anatole France pudo escribir: “La República gobierna mal, pero se defiende bien”.

Las consecuencias del 6 de febrero

El orden se restableció cuando se formó un gobierno de derechas moderadas del que su elemento más radical fue el mariscal Petain como ministro de la guerra. Poco después, la izquierda marxista convocó una contra manifestación el 9 de febrero, en la que formaron juntos socialistas y comunistas y que prefiguró lo que dos años después sería el Frente Popular que llevaría a León Blum a la presidencia de la República. A fin de cuentas, el 6 de febrero fue el germen de la “unión antifascista”

Las consecuencias en la extrema-derecha, fueron igualmente profundas. La extrema-derecha no había sabido encontrar su unidad ni el líder carismático que precisaba la situación. Pierre Coty, el propietario de L’Oreal y otros industriales habían financiado a estos grupos, dándose más un carácter anticomunista que verdaderamente fascista (entendiendo que el fascismo fue bastante más que el anticomunismo) y a ellos les cabe buena parte de la responsabilidad en la inoperancia política (y en la eficacia militante) de todos estos grupos que siempre ganaron tácticamente a los comunistas pero que perdieron la batalla estratégica ante la República.

Las ligas de extrema-derecha, incluida Action Française y los Cruces de Fueo, fueron disueltas por el Frente Popular en 1936, cuando ya había estallado la guerra civil española y Hitler se encontraba en la cúspide de su poder.

Perdida la esperanza de abatir al régimen parlamentario mediante la movilización popular, algunos sectores empezaron a organizarse de manera secreta con la intención de crear redes terroristas. Así nació La Cagoule.

(c) Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El Cabaret del Gato Negro: el lugar donde todo era posible.

El Cabaret del Gato Negro: el lugar donde todo era posible.

Infokrisis.- En un lugar próximo a Place Clichy, al pie de la colina de Montmartre, existió el Cabaret del Gato Negro, en francés, el Chat Noir. Si hubo un símbolo de la belle epoque, este símbolo es ese extraño cabaret que a algunos nos ha fascinado desde siempre y cuyo emplazamiento hemos visitado intuyendo el rastro del que fue centro cultural de su tiempo. Esta es su historia.

El origen del Cabaret

Rodolpe Salís era un modesto limonero de provincias que en 1872 había llegado a París con muchas ilusiones y sin apenas peculio. Pero era un tipo espabilado de esos que solamente la pobreza de las provincias es capaz de dotar de un innato sentido de la supervivencia. Se ganó la vida fabricando imágenes sagradas que eran consumidas por los católicos franceses en un momento en el que su polémica con la República se iba recrudeciendo. Se interesaba también por la cultura de su tiempo y había podido conocer a algunas de las mejores inteligencias de la época.

Un buen día tuvo una idea para huir de la mediocridad: crear un espacio en el que la bebida y la cultura se encontraran. Imaginaba a los sacerdotes de la cultura laica bebiendo y departiendo con Balzac o Víctor Hugo; pensaba en veladas intensas surgida de una imaginación estimulada por la absenta y el láudano.

El nombre del local procedía de un gato negro perdido que Salis encontró mientras trabajaba en acondicionar el lugar. O, al menos, eso difundió.

Los inicios fueron descorazonadores. El proyecto era brillante y único en su tiempo, pero el local que se abrió en noviembre de 1881 distaba mucho de satisfacer las expectativas de su fundador. El vino servido era infame y la decoración interior del local dejaba mucho que desear. Todavía no estaba emplazado en el lugar en el que luego alcanzó la fama, sino en el bulevar Rochechouart, en un pequeño local sin apenas decoración. El único distintivo era un portero suizo que invitaba a entrar a los artistas y poetas, cerrando las puertas a curas y militares. Poco a poco, a medida que los ingresos se multiplicaban, Salis fue mejorando la decoración del lugar, evocando la Francia del siglo XVI y, voluntariamente la época de Rabelais.

La secta de los “hidrópatas”

Uno de los primeros grupos que trasladaron su tertulia al local fue la secta de los “hidrópatas” de Émile Goudeau. La llegada de los hidrópatas animó el lugar y estimularon a la bohemia parisina a acudir allí.

La secta había sido fundada oficialmente el 11 de octubre de 1878 y prefiguró lo esencial del movimiento simbolista. En realidad se trataba de uno de los muchos clubs fundados tras la guerra franco-prusiana de 1870. El de los hidrópatas –literalmente “el agua enferma”- figuró, sin duda, entre los más importantes. El nombre había surgido de una valse llamada Hydropathen de Joseph Gungl. Seguramente Goudeau había querido realzar un juego de palabras con su propio apellido: “Goudeau” = “Goût d’eau”, esto es, “gusto a agua”. Todos eran, sin duda, bebedores empedernidos. La fecha oficial de su fundación fue el 11 de octubre de 1878.

El elemento de unión de los artistas e intelectuales miembros del club era debatir sobre sus especialidades y profesar un rechazo absoluto al agua como bebida en beneficio del alcohol. Fue uno éxito. En su primera reunión se agruparon 75 miembros que llegaron hasta 350. Se admitía solamente a miembros de la bohemia artística, fuera cual fuese su especialidad.

Inicialmente, el club se reunió en un pequeño café de la rive gauche del Barrio Latino y luego, a partir de la apertura del Chat Noir en 1881, en una de sus salas. Eran frecuentes las bromas pesadas y los pequeños disturbios tanto dentro como fuera del local. Si bien algunos miembros moderados se retiraron a causa de las gamberradas, estas prácticas atrajeron a otros muchos más hasta el punto de que en 1879, Goudeau lanzó una revista quincenal, L’Hidropathe, que recogía las intervenciones, escritos y poemas más brillantes que habían producido los miembros del club. Apenas tuvo un año de vida.

Entre los miembros más brillantes del club figuraron Sarah Bernhardt, Léon Bloy, Charles Cros, Alphonse Allais, Thédore de Banville, Guy de Maupassant, Jean Moreas, Germain Nouveau o Maurice Rollinat.

El local de Salis, nunca fue el lugar más adecuado para los honestos pequeño-burgueses parisinos. Esto no impidió que las más grandes inteligencia de la Belle Epoque y personalidades relevantes de otros países acudieran en busca de conocer a la élite intelectual parisina. El futuro rey Eduardo VII estuvo allí, sufriendo alguna que otra burla de la enloquecida bohemia que lo frecuentaba.

Hacia el emplazamiento definitivo

Como hemos dicho, la primera sede del cabaret estuvo en el pequeño local del 84 bulevard Rochecouart. Poco después de trasladarse, en ese mismo emplazamiento abrió otro cabaret que gozaría de fama en la misma época, el Mirlitón, propiedad de Aristide Bruant. El Chat Noir pasó en junio de 1885 al número 12 de la rue Victor Massé en donde estuvo algo más de once años, hasta 1896.

En aquel local bebieron absenta hasta el delirio, Aristide Bruant, Zola, Jean Groudezki, Albert Samain y tros muchos. La revista de los hidrópatas se vendía casi tanto como el alcohol. Salis decidió instalar el primer piano que se vio en un cabaret. Maupassant, Gillette, Lautrec, Bonnard, Steinlen, Lautrec, figuraron entre los primeros clientes. Erik Satié, cuando aún no estaba consagrado como artista, pero ya pertenecía a la Orden de la Rosa Cruz Católica de Josephin Peladan, fue pianista auxiliar, sustituto de Albet Trinchant. Claude Debussy, otro personaje del que se ha dicho –sin mucho fundamento, bien es cierto- que fue “gran maestre” del Priorato de Sión, tocó en varias ocasiones el piano, acompañando el “teatro de las sombras”.

Los negocios iban bien, así que Salis adquirió un local de tres pisos en la rue Laval (hoy rue Victor-Massé). El inmueble, mucho más amplio que el pequeño local de Rochechouart, fue decorado por Henri Rivière y Caran d’Ache. Ambos crearían luego el famoso “teatro de sombras”.

Nuevamente, éxito volvió a acompañar a la empresa y el local se volvió a quedar pequeño. Fue entonces cuando llegó a su enplazamiento definitivo en el número 68 del bulevard Clichy.

Salis, a imitación de los hidrópatas, creó una revista semanal para promocionar el local que apareció entre 1882 y 1895. Si alguien quiere entender lo que fue la Belle Epoque debe necesariamente consultar la colección completa.

Un extraño lugar permeable al esoterismo

El éxito del local hizo que aparecieran sucedáneos de los que el más importante fue, sin duda, La Abadía del Thelema, nombre de un lugar descrito por Rabelais y recuperado luego por el mago y satanista inglés Aleister Crowley, en plena Plaza de Pigale.

Lo cierto es que, desde el origen, hubo mucha ambigüedad en la inspiración del Chat Noir. La misma alusión al nombre del cabaret ha suscitado todo tipo de comentarios, pues no en vano el gato es un símbolo esotérico del que se dice que puede ver las almas de los muertos. Y mucho más si es negro.

El misterioso alquimista que firmó sus libros con el seudónimo de Fulcanelli menciona en uno de ellos –Las Moradas Filosofales- al cabaret y a los hidrópatas. Según Fulcanelli, el cabaret habría sido un importante centro de encuentros esotéricos y Salis, su inspirador era algo más que un inofensivo artesano con ganas de triunfar. Decía Fulcanelli en el capítulo de su libro dedicado a Louis d’Estisac y a la X que forman los bigotes del gato:

“A propósito del gato, mucho de nosotros recordamos el famoso Chat Noir que estuvo tan en boga bajo la tutela de Rodolphe Salis, pero ¿cuántos saben que centro esotérico y político se camuflaba en su interior y qué masonería internacional se ocultaba bajo el símbolo del cabaret artístico?”.

Puede creerse a Fulcanelli que, fuera quien fuese –seguramente el pintor Jean Julián de Champagne- conocía a la perfección los ambientes esotéricos de París. Fulcanelli seguía al criptógrafo Grasset d’Orcet en su teoría sobre la “lengua de los pájaros”, especie de lenguaje simbólico cifrado que habrían utilizado los distintos poetas a partir de la Edad Media, empezando por… Rabelais que tanto interesaba a Salis y a su competidor de La Abadía del Thelema. Por otra parte, es rigurosamente cierto que algunos de los más conspicuos simbolistas, precisamente a causa de su orientación estética, sentían una particular atracción por los símbolos en los que insistía la tradición hermética y el ocultismo europeo del siglo XIX.

Grasset d’Orcet sostenía que algunas revistas satíricas de su tiempo, incluido Le Chat Noir, encubrían una poderosa logia secreta, místico-política, de la que Louis Legrand (Franc-Nohaim) y Caran d’Ache (Emmanuel Poiré) eran sus máximos inspiradores. Nada, por supuesto, ha podido demostrarse, ni la crítica ortodoxa admite estas concomitancias. Lo único rigurosamente cierto es que una parte muy importante de los clientes del cabaret pertenecían a sociedades secretas o estaban interesados en aspectos heréticos y herméticos de la cultura occidental.

En aquellos mismos años, no solamente la Sociedad Teosófica había irrumpido en París sino que incluso otros grupos muchos más serios, vivían su época dorada. Papus y su Escuela Hermética daban cursos de ocultismo y formaron generaciones de esoteristas cuya influencia alcanzó incluso la primera mitad del siglo XX.

Montmartre era calificado en el siglo XIX como Nueva Atenas. Tras la derrota de la Comuna de París en 1870, se produjo un empobrecimiento cultural extraordinario en la vida parisina que solamentese estuvo en condiciones de superar diez años después. En ese tiempo, floreció la cultura laica, neoespiritualista, librepensadora, esotérica, ocultista, hermética y libertaria en un nuevo caldo de cultivo del que el Chat Noir fue solamente un reflejo, sin duda el enclave más importante.

De hecho, algunos de los cuadros de Steinlen e incluso de Toulouse-Lautrec, evidencian una extraña proliferación de símbolos esotéricos, en especial del hipocampo que aparece en la afiche del Chat Noir y es tomado por Fulcanelli como su signatura personal. Por su parte, el escritor Maurice Leblanc y su personaje Arsenio Lupin, vive una serie de aventuras de connotaciones esotéricas, de las que La Condesa de Cagliostro es sin duda, la más inquietante, incluyendo referencias a la Gioconda de Leonardo y a los Pastores de la Arcadia de Poussin. Otros como Raymond Roussel irán por la misma senda y sus producciones figurarán tanto entre los inspiradores del surrealismo como entre los escritos que impulsarán a Fulcanelli a escribir sus obras.

El teatro de las sombras

Sin duda, además de su clientela bohemia, el Teatro de las Sombras fue el elemento que más atractivo tuvo para la clientela del local. Consistía en generar efectos de luces de colores proyectadas sobre una pantalla sobre siluetas recortadas en cartón y en láminas de zinc. La primera vez que se exhibió el espectáculo fue en 1894. En aquella misma época, Fulcanelli definía a la alquimia como “una permutación de formas mediante la luz, el fuego o el Espíritu”.

Las composiciones eran verdaderas piezas teatrales, acompañadas del piano. Fueron elaboradas por cuatro autores, Raymond Roussel, Alfred Jarry, Maurice Leblanc, Gaston Leroux. Se ha dicho que los cuatro elaboraban sus piezas dirigidos por un “maestro de logia” desconocido y se ha insinuado que podía ser Fulcanelli o alguno de los que operaron con este seudónimo colectivo.

El origen de esta forma de expresión artística había sido el juego que Henri Rivière había realizado en 1885, junto con George Auriol y Henri Somm. Los tres intentaron trasladar al Chat Noir los teatros de marionetas infantiles, sólo que con argumentos y temas para adultos. A Rivière se le ocurrió utilizar una pequeña servilleta blanca en el escenario del pequeño teatrito. Somm, por su parte, tuvo la idea de realizar recortes representando siluetas de personajes conocidos que colocados detrás de la servilleta, proyectaban sobre ella su sombra. Habitualmente, los temas de las representaciones eran pequeñas cancioncillas (que otros cantaban o acompañaban piano), pero pronto pasaron a ser obras propiamente simbolistas.

Dos años después, Rivière, dio un paso más y sustituyó este teatro informal por lo que sería internacionalmente conocido como el “teatro de las sombras”. La pantalla pasó a ser un lienzo de 1,12 x 1,40, situada en un bastidor metálico en el exterior del edificio. Caran d’Ache, por su parte, recortó siluetas en cinc asegurándoles una mayor perennidad. Rivière, por su parte, pintor, litógrafo, músico y fotógrafo, podía verlas desde su taller en el 29 del bulevard Clichy.

A lo largo de 11 años que duraron estas representaciones se produjeron en torno a 40 piezas teatrales que constituyeron la mejor publicidad del local.

El éxito del Chat Noir fue extraordinario, no solamente en Francia, donde inmediatamente tuvo competencia, como hemos visto, sino también en España. En Barcelona, concretamente, un grupo de artistas modernistas, conocedores del cabaret francés, decidieron transplantarlo a la ciudad condal. No fue uno, sino cuatro los gatos que inspiraron el local. En efecto, en la calle Montesión (nombre, por lo demás evocador), próximo a la Catedral de Barcelona, se abrió en el año 1897 el cabaret Els Quatre Gats. El nombre se debía a Santiago Rusiñol quien había dicho que el local lo frecuentarían “cuatro gatos”. Como se sabe, Rusiñol era un adicto a las bromas (aparte de a la morfina, por cierto, en un período de su vida), así que habitualmente se toma este comentario por una de sus múltiples ocurrencias. La sonrisa irónica se hiela cuando se sabe que Santiago Rusiñol, pintor radicado durante muchos años en París formó parte y fue iniciado regularmente en la Orden de la Rosa Cruz Católica dirigida por Josephin Peladan y de la que formaban parte muchos de los intelectuales y artistas habituales del Chat Noir, diestros en el noble arte del esoterismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

Más allá del límite de la sociedad del espectáculo y de la telebasura

Más allá del límite de la sociedad del espectáculo y de la telebasura

Infokrisis.- Aramis Fuster se ha intentado suicidar, Bárbara Rey ha tenido trifulca con la Patiño, cada vez son más los famosos que han ligado con tal o cual streaper, en casa de Jesulín se masca la tragedia, el hijo de la Pantoja solamente puede tirar de tarjeta 20 euros al día… tales son algunas de las noticias que incesantemente se han repetido a lo largo de la semana con singular insistencia. ¿Qué está ocurriendo? Algo muy simple: que hemos franqueado la frontera de la sociedad del espectáculo y nos adentramos en un terreno mucho más ingrato e inviable, el de la sociedad del montaje.

Aramís, juguete roto, famosilla caída en el olvido

Conocí a Aramís Fuster un Día del Libro -yo presentaba, mira por donde, una guía del catarismo- cuando ella estaba en la cúspide de su increíble fama. Se decía vidente, simplemente, porque una empresa había comprado su imagen para una de sus muchas líneas de videncia 906. Tenía gracia, Aramís, como otras muchas videntes que he conocido, era incapaz de profetizar si un día oscuro y nublado, desapacible y húmedo, iba a traer o no lluvia, aun cuando contara con el apoyo del parte meteorológico. En un momento en el que ciegos guían a ciegos, cegatrones absolutos proclaman a quien quiera oírlo su poder de videncia. Dudo mucho que el libro que llevaba la firma de Aramís, fuera escrito por ella; lo más probable es que un “negro” lo hubiera improvisado al peso y que ella se limitara a poner el nombre y la cara. Era una práctica habitual de aquella editorial que, no hacía mucho, me había preguntado si conocía a alguna bruja que estuviera físicamente bien; la conocía y se la presenté; firmó tres olvidables libros de “magia doméstica” que ni siquiera había escrito. A nadie le puede extrañar que en estos momentos, haya inflación de videntes que no ven, sanadores que no sanan, reyes que no reinan y gobernantes que no gobiernan.

Aramís iba de diva. Había entendido que “ser bruja” o ir de vidente no dependían de los conocimientos reales que tuviera sobre brujería o sobre videncia, sino del aplomo y el morro que se tuviera. Y ella lo tenía. Así que nos castigó con rituales para casi todo, que ella misma improvisaba sobre la marcha y sin ninguna referencia antropológica.

La buena mujer estaba dotada solamente con aquellas luces que acompañan a las chicas traviesas que han vivido mucho y que saben que la credulidad de las gentes, como aquellas hetairas que, inevitablemente dicen a sus clientes que están enamonadas de ellos y que nunca han conocido a alguien que se lo haya hecho tan biem. Pero, Aramís, dotada de esta sabiduría, lo ignoraba casi todo del mundo del espectáculo televisivo. Ignoraba, por ejemplo, que los famosos de medio pelo –y ella lo era- son efímeros en el tiempo. El ocio televisivo está levantado sobre pirámides de cadáveres que tuvieron sus quince minutos de fama macluhaniana y ahora residen en los muchos túmulos del panteón del olvido.

Aramís se había negado a ser lo que la mayoría de vidente suelen ser: una foto que acompaña a un anuncio de 906. Los hay a cientos. Aramís es derrochona, su concepción de la vida se reducía "vivir es gastar y gastar es padecer para derrochar". Para derrochar hace falta que, a fin de mes, los ingresos hayan sido superiores a los gastos. Y Aramís estaba dispuesta a sufrir para disponer de esa seguridad que da una cuenta corriente de seis cifras.

Las tres fases de la fama

Un buen día, Aramís comprobó que los medios le hacían cada vez menos caso y ni siquiera tenían interés en reproducir su cuerpo exuberante, ni en oír sus improvisados conjuros de bartillo. Lo poco de ella que quedaba sin consumirse, se quemó finalmente en un reality televisivo (el Hotel Glamour o algo similar). Desde entonces salió poco por los medios, así que tuvo que esforzarse en intentar llamar la atención. Cuando eso ocurre es que el famoso de medio pelo ha entrado en plena decadencia y se parece más a un juguete roto que a un ser de carne y hueso.

El famoso se ha hecho dependiente de su fama sin considerar que esta es, necesariamente, efímera. Atraviesa distintas fases:

- en la primera fase, cuando empieza a disminuir la frecuencia de sus apariciones televisivas, todavía no nota la realidad: se está desconectando de la fama… pero no lo advierte aún: su cuenta corriente todavía dispone de efectivo y se puede permitir un tren de vida endiablado inaccesible al común de los mortales. Por lo demás, la inmediatez de sus apariciones televisivas, hace que todavía su rostro y su presencia sean comentadas en la calle; la gente se vuelve a su paso, muchos los saludan, se dirigen a ellos, les piden autógrafos y los señalan con el dedo a sus hijos… Es el “efecto resaca”: donde ha habido mucha fama, siempre queda algo.

- pero en la segunda fase, bruscamente, éste “efecto resaca” se disipa. Dado que los espectáculos televisivos precisan incesantemente de nuevos rostros, el famoso caído es sustituido inmediatamente por otras decenas de rostros que siguen los mismos peldaños y alcanzan la misma fama que ha seguido él. Así pues, bruscamente, el famoso entiende que está dejando de ser famoso: ya no le miran tanto, ya no le solicitan en absoluto para otros programas, ya no le saludan por la calle. Sólo entonces adquiere conciencia del problema al que se enfrenta: la supervivencia. Empieza a saber que la fama es un droga: cuando se tiene se disfruta, cuando se carece de ella se percibe como privación. Y esto nos lleva a la tercera fase.

- en esta nueva fase, el famoso en vías de ser olvidado completamente adopta dos actitudes diferentes: o bien reacciona accediendo a participar en montajes (habitualmente organizados por los propios periodistas que luego los entrevistas en los shows televisivos), o bien busca por sí mismo excusas para ser llamado por los programas del corazón. Las fórmulas siempre son las mismas: “soy lesbiana (o gay)”, “me he divorciado”, “soy víctima de malos tratos”, “estoy embarazada”, “me he liado con fulanito o menganita (otro famoso de medio pelo con el que se pacta un joint-venture)” y así sucesivamente.

Este ciclo se repite con más frecuencia que la que se cree. En realidad, los espectadores estamos tan habituados a los shows televisivos que apenas reparamos en este proceso que, muy frecuentemente tiene consecuencias desastrosas para sus protagonistas.

La autodestrucción televisiva

Pepe Carroll era un “mago”, no en el sentido de Aramís, sino que realizaba juegos de magia y prestidigitación. No era malo, aunque muchos otros estaban a su mismo nivel. Dotado de un buen físico, pasó a presentar un olvidado programa de TV a mediados de los noventa que no resistió más allá de una temporada en antena. Luego, nadie volvió a contratar a Pepe Carroll. Fue así como llegó al tercer estadio de la fama: el olvido. Y no pudo soportarlo, se deprimió primero y murió de pura tristeza después.

Pepe Carroll no es un caso único. Varios “grandes hermanos” han pasado por ciclos similares y con una frecuencia inusual se han visto tratados a causa de depresiones de todo tipo. Algunos han intentado el suicidio y otros han muerto víctimas de accidentes de todo tipo. Muy pocos de ellos tienen estabilidad personal, profesional y emocional. Es la maldición de la efímera fama.

Otros personajes como “Tamara” (luego “Ámbar”, luego “Yurena” y vaya usted a saber como gusta llamarse ahora) han intentado suicidarse tras tolerar cada vez menos el ser permanentemente observados como “freaks”, considerados como tales y remunerados en función de dicho rol.

El suicidio casi televisado de Aramís

Y llegamos a Aramís Fuster, caída en el olvido, culona, tetona y celulítica, cuyos ojos pintarrajeados yo no excitan precisamente pasiones, ni llamadas televisivas. Un juguete de la fama, hecho pedazos. Y no se resignaba. Así que, a principios de año acusó a su compañero ocasional de malos tratos; en la España de ZP, cualquier mujer que declare ser objeto de malos ratos pasa a ser objeto de veneración, a pesar de que la acusación sea falsa. De hecho, se calcula que un tercio de las denuncias por malos tratos son falsas y se presentan con la intención de mejorar la posición de un cónyuge en los casos de divorcio. Ni una sola de estas denuncias falsas merece ser perseguida de oficio por el fiscal. Aramís, mujer de mundo, lo sabía perfectamente, por eso se presentó como mujer aterrorizada por un maltratador impenitente y cruel, cubanito por más señas. El problema era que Aramís es mala actriz, ni siquiera enarboló un mal parte forense que avalara la declaración, ni siquiera una denuncia presentada en el juzgado de guardia… Era evidente que se trataba de un montaje destinado a “hacer caja” recorriendo luego los platós televisivos.

Aramís olvidaba que los mejores montajes, los únicos que la prensa del colorín tolera, son los montados por esa misma prensa. De lo contrario, los “profesionales” del corazón son los primeros en denunciarlos… al no haber cobrado el peaje en forma de comisión.

Fallido el intento de reciclado en el circuito del famoseo vía la violencia doméstica, Aramís decidió subir un peldaño más la intensidad de su montaje. Anunció a “El Tomate” que iba a suicidarse ella y su madre. Ambas fueron recogidas acto seguido por los servicios de urgencia, ella con una dosis de insulina tragada y su madre con cuatro de propina. A Aramís no le pasó gran cosa y unas horas después ya estaba en condiciones de explicar a los medios que quisieran oírle, en qué había consistido el problema. Luego, preveía, pasar por los platós y “hacer caja”.

Pero este increíble montaje no pasó el control de calidad de los periodistas especializados en el arte del montajismo.

Donde Bárbara Rey muerde la carótida más famosa de España

Siendo el caso de Aramís el plato fuerte servido por el colorín en la tercera semana de julio, no era el más importante. El centro de atención a lo largo de toda la semana fue el rifirrafe que tuvo lugar la semana anterior entre Bárbara Rey (de profesión "exclusivas") y la Patiño (insignificante periodista cuya carótida a punto de estallar, merecería un estudio clínico exclusivo).

Se dijeron de todo. La Patiño insinuó, lo que ya es del dominio público, que la otra había sido una especie de concubina de altos vuelos y ésta respondió lanzando invectivas contra la chica de la carótida. En realidad, algo intrascendente. Los labios recauchutados de Bárbara Rey son suficientemente elocuentes de que el tiempo no pasa en vano y de que la que un día fue una de las vedettes de la transición, hoy es un cascajo sostenido a latigazos de botox y remiendos quirúrgicos que, por algún motivo, no han logrado mejorar ni su educación, ni sus modales. Y en cuanto al énfasis que la Patiño pone en estos temas, como si se estuviera tratando de cuestiones de gran calado, cuando apenas son espectáculo de la más baja ralea, es elocuente de la vacuidad en la que ha caído el medio televisivo.

Estamos asistiendo en los últimos meses a un episodio de reciente aparición que podemos calificar como “la revuelta del invitado”. Hace ya tres semanas Jiménez Arnau, harto del rol inquisitorial de Ángela Portero (hermano del propietario de la Agencia Corpas, principal hacedora de montajes, constructora y deconstructora de famosos), le vino a espetar que si contaba todo lo que sabía de ella y de su hermano, las columnas de la agencia se tambalearían. Hace unos meses Coto Matamoros insinuó lo mismo de la familia que regenta Corpas. Hace 10 días, fue Bárbara Rey la que amenazó a la Patiño con contar sus intimidades.  En el fondo, todo esto no es más que un rizar el rizo: el invitado a la carnicería se revuelve en la pira del sacrificio y aspira a cambiar las tornas, su ejecutor pasará a ser víctima; ambas carnes machacadas y sanguinolentas se mezclarán inextricablemente en el curso del espectáculo ritual del colorín semanal.

¿Es deliberado todo esta miseria televisiva?

En los dos últimos años, todas las televisiones están perdiendo audiencia. Los jóvenes cada vez ven menos televisión (los videojuegos y el material a medida bajado de Internet son sus principales distracciones) y, en cuanto a los adultos, prefieren contratar canales privados (libres de publicidad –lo que no es poco– y en donde se puede configurar una programación que satisfaga más los gustos personales): pagar a Polanco-que-está en los cielos, antes que sufrir.

Contra más saturado está un canal televisivo de talk-shows, realitys-shows o, simplemente, de “corazón”, menos calidad cultural tiene su audiencia. Cualquier forma de sensibilidad cultural está reñida con todo este tipo de programas. Por otra parte, a pesar de que las cadenas de TV obtengan abundantes beneficios por publicidad, lo cierto es que un canal cultural o temático es mucho más rentable que un canal generalista. Canal Plus lo entendió hace más de diez años. Así pues, de lo que se trata, en realidad, es de desplazar audiencia desde los canales generalistas que hasta ahora han tenido la primacía, hacia los canales de pago. ¿Cómo? Simplemente, aumentando los niveles de telebasura. No es que cada vez se vea más telebasura, es que cada vez más la telebasura está siendo vista por un público menos exigente, mientras que el público con más inquietudes se refugia en los canales de pago.

Resulta difícil decir si esta migración es debida a la escasa sensibilidad cultural de los programadores de televisión, o bien si el rebajar los listones de las televisiones generalistas es un método para desviar público a los canales de pago. Sea como fuere, el orden de los factores no altera el producto.

Lo realmente importante es que nos encontramos en un momento de cambio acelerado, casi insensato, de los contenidos televisivos que está llegando a las últimas consecuencias de la vía emprendida en el primer tercio de los años 90, con la irrupción de los Pepe Navarro y demás secuelas, con la primera edición del Gran Hermano (2000) y con la generalización de los talk-shows televisivos (a partir de la experiencia de Tómbola y de El Diario de Patricia en el 2001-2). Cada vez estamos yendo más lejos en esa tendencia. Y no hay límite. No es que el público cada vez pida “más”, es que si no se le dan contenidos más “fuertes”, se corre el riesgo de que los niveles menos exigentes de espectadores migre a otras cadenas.

Por eso es importante que Aramís Fuster protagonizara un intento de suicidio casi en directo, de la misma forma que la muerte de Carmina Ordóñez fue el último acto de servicio de una vida puesta al servicio de las exclusivas y de la fama. ¿Cuándo veremos a un famoso agredir a otro con un derechazo en la mandíbula? ¿Cuándo una pelea de famosos contra periodistas del cuore? ¿cuándo veremos el suicidio en directo de uno de estos pobres diablos? Es cuestión de tiempo, pero, a la postre es el límite lógico al que tendemos y al que inexorablemente llegaremos.

Espero, francamente, que ni usted ni yo veamos tales disparates. ¿Quiere contenidos a medida? Bájelos de Internet, cómprese un disco duro exterior que pueda conectar por el puerto USB tanto de su ordenador como del DVD y no pierda el tiempo. De lo contrario, si Aramís si suicida o si la carótida de la Patiño peta, usted tendrá que considera que tiene una parte de responsabilidad en el disparate. Y seguramente la tendrá.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El Jueves secuestrado… la monarquía cuestionada

El Jueves secuestrado… la monarquía cuestionada

Infokrisis.- A primera vista, da la sensación de que el secuestro de la revista “El Jueves”, ordenada por la fiscalía general del Estado, no quedará en una simple anécdota. Dado que la fiscalía general del Estado es el perro de presa del gobierno, cabe pensar que el secuestro de la publicación se ha hecho con la aquiescencia de éste, si no bajo su impulso. La cuestión es analizar el hecho en sí y prever las consecuencias.

1. ¿Qué es El Jueves?

Un residuo arqueológico de la transición que un tiempo hizo gracia y, a fuerza de repetirse a sí mismo, se ha convertido en una patética muestra del sentido del humor vigente hace treinta años. Y esto por varios motivos:

1) Algunas de las caricaturas (todo lo elaborado por “el profesor Cojonciano”) es el tipo de humor propio de la transición (30 años de antigüedad, vaya), con sus chatis de tetamen reventón y los varones tripudos y barrigones a la búsqueda de ricahembra.

2) Otras caricaturas tienen el aroma inequívoco del anarkismo de los 70, que ya no había soportado las transformaciones de los 80. Ahí tenemos el “PGB”, Partido de la Gente de Bar, donde lo libertario, la exaltación del colgao y del marginal, del alcoholismo y el alternativismo, forman un todo que, ya en su momento, tenía más desgracia que gracia y que hoy es el arquetipo del fracasado marginal inintegrable en cualquier noción de normalidad.

3) Caricaturas “antifascistas”, como “Martínez el Facha”, no han variado ni un ápice en los últimos 30 años. En aquella época, Blas Piñar y sus muchachos podían parecer las encarnaciones de aquellos personajes, pero hoy, cuando la ultra no es más que el trípode Ynestrillas-Canduela-Andrino en su triángulo más impresentable y López-Dieguez y el triángulo divino en su costado más presentable, “Martínez el Facha” es otra muestra antropológica y lítica de lo que fue la transición.

4) En cuanto a las caricaturas en las que se presenta al Dios del triángulo y las barbas, que insistentemente viene repitiéndose en los últimos 30 años, cabe decir que ayer podía hacer gracia a librepensadores, ateos y resabiados de la enseñanza religiosa, pero hoy es una muestra de cobardía, dado que las referencias al dios cristiano, contrastan con la absoluta ausencia de referencias al fenómeno religioso más ridículo de la modernidad: el radicalismo islamista. Cuando ya no hay Guerrilleros de Cristo Rey que amenacen con un capón, es fácil ironizar sobre el Dios católico, especialmente si plasmar simplemente la imagen de Alá puede hacerte acreedor del degüello ritual.

5) Otras caricaturas –“Mamen”, por ejemplo- que han cumplido los 25 años, muestran estilos de vida y problemas de otro tiempo. “Mamen” no ha envejecido físicamente en un cuarto de siglo y su estilo de vida sigue igual que entonces; lamentablemente para su dibujante, ese estilo de vida remite a otro tiempo y evidencia la situación personal de la autora y su incapacidad para engarzar una vida estable junto a una persona de otro sexo.

6) “El Jueves” ha practicado algo de crítica política, siempre desde posiciones “progresistas”, o más bien “tópicamente progresistas”. Hayan ironizado sobre las derechas o sobre las izquierdas, jamás han tomado partido, ni han propuesto absolutamente nada en positivo.

Esto es “El Jueves”, la “mejor revista de humor”… a falta de cualquier otra. Un residuo de la transición que ha sobrevivido, no tanto por méritos propios, sino por que los progres veinteañeros de los años 70, cincuentones o sexagenarios hoy, quieren recordar sus tiempos de mozuelos cuando, de tanto en tanto, corrían delante de los “grises” en lo que ha constituido, sin duda, la mayor aventura de su vida, esa que cuentan con fruición a los pocos que quieren oír sus peñazos.

Esa es la revista que ha sido secuestrada por orden del insigne Conde Pumpido. Más hubiera valido haberle habilitado una reserva natural para especies periodísticas en vías de extinción.

2. ¿Por qué ha sido secuestrado El Jueves?

Después de 30 años de caricaturizar todo lo caricaturizable, El Jueves ha decidido poner en portada un dibujo de alguien que parece ser el príncipe de Asturias y la señora presentadora, y ligarla con el caramelo electoralista zapateriano de los 2.500,00 euros por nuevo nacimiento. El fiscal general ha entendido que se insultaba a miembros de la familia real…

En realidad se insultaba al buen gusto. La cutrez, ordinariez y bajeza de la caricatura es lo verdaderamente insultante. ¿La referencia a la familia real? Se han hecho referencias, como mínimo, igualmente insultantes a otros personajes públicos. Claro, la familia real es “Familia Real”… pero, en su infinito democratismo, a los borbones siempre les ha gustado hacer guiños de populismo, así que si han salido caricaturizados copulando tal como se ha presentado a Aznar y señora Botella, a Felipe González y a su gris esposa-diputada, o a Zapatero y su cantarina mujer, o a cualquier otro hijo de vecino, los vecinos de La Zarzuela tienen el mismo derecho a aparecer en portada.

3. El fondo de la cuestión: pura pornografía

La libertad de expresión encaja poco con este secuestro. La libertad de expresión se aplica a otras cosas más serias, no a una caricatura tan obscena como malamente elaborada. Resulta sorprendente que El Jueves haya podido, durante años, difundir en portada caricaturas más o menos pornográficas, sin que ninguno de los fiscales generales del Estado se haya preocupado de que esas portadas se exhibían en kioscos y librerías, al alcance de cualquiera y que uno de los decretos aprobados en plena transición aludía a la prohibición de exhibir pornografía en portadas. Porque, a fin de cuentas, se trata de pura pornografía.

El hecho de que las imágenes representadas en esta última portada representen a los príncipes de Asturias es indiferente a la vista de la igualdad de todos los españoles ante la ley. En otras palabras: no están representando a nadie en especial, salvo al heredero de la corona… si es que alguna vez hereda la corona, que, en lo personal, nos resulta completamente indiferente. La inutilidad de la institución monárquica resulta tan evidente que ni siquiera vale la pena dedicarle dos líneas.

La pornografía ya está suficientemente presente en la sociedad como para exhibirla en los kioscos. No es que nos escandalicemos. Tenemos a gala ser liberales en materia sexual y disfrutar con el sexo, el erotismo y todo aquello que proporciona gustirrinín. Ahora bien, todo tiene límites, y en los últimos tiempos parece que se haya producido un desmadre generalizado. Recordamos, por ejemplo:

1) Una olvidable manifestación antitaurina en Barcelona en la que los participantes tenían a bien practicar nudismo en pleno centro de la ciudad, o aquella otra manifestación en la que se protestaba contra los abrigos de pieles de animales y los alegres muchachos y muchachas que participaban en la acción iban
tan desnudos como esos mismos animales que decían defender. O aquella otra, celebrada la semana pasada, en la que los nudistas, no contentos con las playas francas a ellos dedicadas, querían lucir felpudo y demás en cualquier otra playa. En todos estos casos, los manifestantes no encontraron mejor método de expresar sus reivindicaciones que ir completamente desnudos.

2) El día del orgullo gay del presente año en la que, mientras la TV entrevistaba al ricitos de cámara de ZP, PZ, esto es Pedro Zerolo, por detrás de la cámara aparecía un tipo en pelota picada, con los colgajos al viento.

3) En los sanfermines de 2005 se puso de moda la manifestación de los antitaurinos en pelotas que en EEUU tiene ya casi tanto tirón como las obras de Hemingway sobre las fiestas pamplonicas.

Pues bien, en todos estos casos se perciben rastros de delito de “escándalo público”, si es que todavía está presente en el código penal. Una higiene social implica necesariamente la noción del pudor, no como quintaesencia de una moral pequeño burguesa y pacata, sino exigencia para una sexualidad plena.

La banalización del desnudo, a la postre, resta intensidad al misterio del Eros. Si hombre y mujer ya saben lo que van a encontrar –porque el nudismo no deja lugar al secreto-, la tensión erótica de la pareja disminuye, salvo en los casos en los que el exhibicionismo y el voyerismo suponen los estimulantes para la relación erótica. Estas dos variedades son “parafilias” y, en realidad, el nudismo contribuye a estimular, de manera enfermiza, tanto estas como otras “parafilias”: cualquier cosa para recuperar una tensión erótica que antes se alcanzaba simplemente con la muestra del cuerpo del desnudo. La banalización del desnudo obliga a encontrar otras vías de excitación, y es allí donde aparecen las “parafilias”. No es por casualidad que la pornografía infantil, el snuff, el freakismo, el bestialismo o las fronteras extremas del sadomasoquismo más desmadrado ocupen lugares cada vez más amplios en la sociedad.

Este es el verdadero fondo de la cuestión: El Jueves, desde hace treinta años, en una parte sustancial de su producción propaga pura pornografía. Y esto es lo que ha propagado en la portada del número secuestrado, independientemente de a quien representara. ¿Los príncipes de Asturias? Como si fuera la vecina del quinto; la pornografía es pornografía y lo cutre es cutre, independientemente de a quien intente representar.

4. Por qué el secuestro, por qué ahora

Repetimos: el fiscal general del Estado come de la mano del gobierno, luego la idea del secuestro debe de haber partido del gobierno. Que la decisión ha sido equivocada y que tendrá graves consecuencias es indudable, pero ¿equivocada para quién? ¿Consecuencias para quién?

Como se sabe, las ideas políticas de ZP no van más lejos que las del difunto de su abuelito, el republicano. ZP es republicano. ZP quiere una república como cristalización de una segunda transición. Para ello hay que estimular el debate en negativo sobre la institución monárquica, demostrar que se trata de una institución inútil e incluso peligrosa que puede llegar a atentar contra las libertades públicas. ¿La muestra? Que una caricatura idiota puede llevar al secuestro de una publicación…

En el momento de escribir estas líneas, ignoramos la tirada de El Jueves y lo insignificante de esta cuestión no nos anima a que busquemos las cifras. No deben ser, en cualquier caso, excesivamente altas. El Jueves es una publicación crepuscular que va perdiendo lectores a medida que los cincuentones progres, que la leían en los 70 y 80, están palmando a causa del colesterol, con el hígado hecho foigrás o por infarto. Nunca El Jueves podía esperar ver su nombre reproducido en todo el mundo a causa de una desafortunada decisión de la fiscalía. Conde Pumpido le ha regalado a El Jueves la campaña de publicidad a escala mundial más barata de la historia.

Como se sabe, el verano es una época parca en noticias. Así pues, cualquier polémica que se genere en ese período indica a las claras las tendencias de la población. Desde hace varios años venimos diciendo: la izquierda se ha quedado sin temas de agitación; el día en que se vea definitivamente arrinconada –y ahora está bastante arrinconada- terminará sacando el tema de la “república”, en la esperanza de que le rinda buenos resultados electorales. La maniobra no es más que la primera andanada que deberá terminar cuestionando finalmente el carácter de España como monarquía.

Ante este problema, tenemos muy claro que la monarquía actual es un cero que no representa nada (ni mucho menos a la monarquía tradicional en la historia de España), ni sirve para nada (el hecho de que un ploter firme –o “sancione”- las leyes ya es significativo de su utilidad). Pero, no es menos cierto que las hojas no deben dejar de ver el bosque y que la sustitución de la monarquía por la república no figura entre las prioridades de este país. La monarquía es hoy tan poco que no vale la pena ni siquiera hablar sobre ella más allá de en la prensa del colorín y en los programas del corazón.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es