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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Romanticismo Fascista

Romanticismo Fascista

La publicación de Romanticismo Fascista de Paul Sérant por primera vez en lengua castellana, puede ser considerada un hito para todos los que se interesan y estudian los aspectos culturales del fascismo. Detrás del título lo que se oculta es un ensayo sobre los intelectuales fascistas, sobre seis en concreto: Pierre Drieu La Rochelle, Louis Ferdinand Céline, Roberto Brasillach, Alphonse Chateaubriand, Abel Bonnard y Lucien Rebatet. Es, pues, un ensayo sobre literatura fascista francesa. El fascismo francés fue un gigante intelectual y un enano político. Francia fue el país en el que el fascismo nunca tuvo posibilidades de triunfar y en donde los intelectuales que optaron por esta vía representan la quintaesencia de la autenticidad.

El autor

El autor, Paul Sérant, es un gran desconocido en España y, sin embargo, fue uno de los autores más populares en la Francia de los años 50-80. Su verdadero nombre era Paul Salleron. Nació en 1922 y falleció en 2012. Su trayectoria política es extraña. A los 20 años participó en las actividades e la resistencia francesa y trabajó luego para la BBC inglesa.

Sus primeros pasos como ensayista los dio en el terreno del esoterismo consagrando un estudio sobre la vida y la obra de René Guénon (que llevaba el nombre del maestro del tradicionalismo integral) que gozó de merecida fama y que todavía hoy es regularmente reeditado. Las obras que publicó en los años 50 van esa dirección: Le meurtre rituel (1950), Au seuil de l’esotérisme (1952) y L’esprit moderne et la tradition  (1953). Hasta su muerte reconocerá la herencia intelectual de René Guénon e incluso su alejamiento de la “Nouvelle Droite” se producirá por el papel que ocupaba Louis Pauwels en ese ambiente, uno de los intelectuales que peor comprendieron la obra guenoniana.

Será a mediados de los años 50 cuando se empiece a interesar por temática política. Romanticismo Fascista inaugura ese período, cuando ya ha tomado contacto con Maurice Bardéche e iniciado su colaboración con La Défense de l’Occident. Políticamente, Sérant nunca será fascista, sino que se irá aproximando a los puntos de vista de Action Française y del que fuera su jefe e inspirador, Charles Maurras. Con todo, Sérant –a quien se puede aplicar aquello de “amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”- no ahorra críticas a Maurras (incluso en esta obra que presentamos ahora).

Uno de sus últimos libros, Les dissidents de l’Action Française fue publicada en 1978 por Éditions Cópernic, el sello editorial de la Nouvelle Droite, a pesar de que Sérant evitaba relacionarse públicamente con esta tendencia causa de su lealtad a Guénon.

En sus últimos años sostuvo posiciones tradicionalistas, nacionalistas, identitarias y regionalistas, a las que les había llevado sus largas excursiones por distintas arenas doctrinales. Precisamente por esta peripecia política hemos decidido traducir Romanticismo Fascista, en la medida en que responde al lema de la Revista de Historia del Fascismo: “Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos. Así fue un aspecto del siglo XX”.

La obra

Sérant describe con singular maestría los rasgos del fascismo a través de las obras y de las vidas de seis intelectuales de esta corriente. Pierre Drieu La Rochelle, Louis Ferdinand Céline, Roberto Brasillach, Alphonse Chateaubriand, Abel Bonnard y Lucien Rebatet. La fama de todos ellos excedió en su tiempo las fronteras de Francia. Fueron autores universales, algunos de los cuales hoy siguen gozando de merecida fama literaria y de constantes reediciones: en especial Céline (considerado hoy por buena parte de la crítica, como el mejor autor francés del siglo XX) y Drieu la Rochelle. Ambos tienen buena parte de su obra traducida al castellano, pero, lamentablemente, hasta la aparición de esta obra no se ha podido disponer de ningún estudio crítico sobre ellos, ni sobre todos los demás.

Sérant encuentra en los rasgos del fascismo de todos estos escritores elementos comunes dentro de la personalidad propia de cada uno de ellos. Define esos rasgos como Romanticismo, el dominio en el que la pasión, la vitalidad, la vida y el espíritu tienen la iniciativa sobre la reflexión, la racionalidad, la pasividad y la solemnidad. Es una forma de romanticismo en la medida en que el espíritu domina sobre la materia, la pasión arrebatadora sobre la reflexión serena, el arrebato sobre la serenidad. La forma de observar el pasado, las raíces y la tradición de todos estos autores, tiene mucho que ver con los valores del romanticismo del siglo XIX. Alguien los ha llamado “nuevos románticos”, Sérant se limita a describir su obra, su vida y sus vicisitudes.

Cada capítulo indica un área de investigación. Sérant selecciona, ordena, comenta, analiza, interrelaciona, más de 400 citas de todos estos autores. Y, por supuesto, da su opinión extremadamente esclarecedora y brillante que incluye un juicio extremadamente crítico hacia la resistencia francesa y sus intelectuales.

El libro termina con esta declaración:

“La gran lucha de nuestra época no es pues la que contrapone una ideología a otra, las razas y las potenciales rivales entre ellas. Es la de las pequeñas minorías de seres despiertos que, en todos los pueblos de la tierra, preparan en silencio el renacimiento del espíritu tradicional en las formas adaptadas a las exigencias del mundo actual. Las meditaciones sobre grandes aventuras polí­ticas y espirituales de este siglo es una de las armas necesarias para tal lucha, una lucha, en definitiva, contra uno mismo más que la lucha contra todas las presiones externas. Quizás nuestro ensayo haya aportado su modesta contribución a esta medita­ción tan ingrata como necesaria”.

Sumario

Introducción (pág. 5)

Capítulo I. La decadencia francesa (pág. 11)

Capítulo II. Ni derecha ni izquierda (pág. 29)

Capítulo III. Nacionalistas y socialistas (pág. 55)

Capítulo IV. El jefe y el partido. Raza y la juventud (pág. 89)

Capítulo V. ¿Paganismo o cristianismo? (pág. 109)

Capítulo VI. Francia en Europa (pág. 145)

Capítulo VII. ¿Guerra o paz? (pág. 171)

Capítulo VIII. El instante decisivo (pág. 191)

Capítulo IX. Una revolución abortada (pág. 219)

Capítulo X. Más allá del fascismo (pag. 267)

Conclusión (pág. 293)

Características:

366 paginas, papel ahuesado de 80 grms.

Formato 15 x 23

Traducción del original italiano publicado por Ediciones Ciarrapico

Precio ejemplar: 21,00 euros

Pedidos: eminves@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

Los cambios en Cataluña

Los cambios en Cataluña

Artur Más, finalmente, se ha decidido a convocar el referéndum para el 9 de noviembre de 2014. Es una locura, por supuesto. Pero es la desembocadura lógica de un proceso de despropósitos que se remonta a la misma aprobación de la Constitución de 1978.

Hasta hace poco, la burguesía catalana era hegemónica en el nacionalismo. De hecho, todo el nacionalismo había surgido de la alta burguesía catalana que tras imponer el proteccionismo a España (para conseguir que los productos de la industria textil catalana fueran los únicos que se vendieran en España) quiso creer que era lo suficientemente fuerte como para aspirar a la independencia y convertirse en único dueño del corral. Eran las 200 familias que controlaban Cataluña las que dictaban las reglas del juego.

Tras la guerra civil, esas 200 familias colaboraron con el franquismo (¡y de qué manera!) hasta que se sintieron de nuevo lo suficientemente fuertes en 1975 para lanzar de nuevo el proceso de “construcción nacional de Cataluña”, ausente 40 años. Los “padres de la Constitución” en su innegable estupidez y mediocridad, intentaron una arquitectura constitucional en la que hubiera lugar para todos… incluidos los nacionalistas. Desde entonces las cosas han ido cada vez peor: primero un Estatuto ambiguo en el que se aludía a Cataluña, no como el “territorio de los antiguos condados de la Marca Hispánica”, no como lo que era en realidad: el “territorio geográfico correspondiente a las actuales cuatro provincias catalanas que estaba integrado en la Corona de Aragón”, “la región que agrupa a cuatro provincias, Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona”, sino como una “nacionalidad”, aludiendo al Reino de Aragón como “Confederación catalano-aragonesa” y, ya se sabe, que por una GENERALIZACIÓN ABUSIVA: “NACIONALIDAD” PARA ELLOS IMPLICABA “NACIÓN”...

Se ignoraba desde el principio que en Cataluña coexistían DOS IDENTIDADES, la española y la catalana y que no necesariamente eran opuestas, ni contradictorias. SOLAMENTE EL NACIONALISMO LAS HA CONVERTIDO EN OPUESTAS y los estatutos de autonomía lo han bendecido falseando la realidad social catalana.

Amparado en su andamiaje burocrático-administrativo y en las necesidades que gobiernos cada vez más débiles que ocupaban la sede del gobierno central, la Generalitat fue prosperando, acumulando atribuciones y competencias y creando otras que no estaban inicialmente previstas. En los años 80 y 90, Cataluña se convirtió en uno de los territorios más corruptos de todo el Estado en la medida en la que el poder era ejercido inevitablemente por las 200 familias que hacían y deshacían a su antojo controlando el aparato legal, los medios de comunicación, la industria del ocio, etc. Les quedaba controlar solamente las llaves de la caja, la recaudación de impuestos, y a ello se aprestaron con todas sus fuerzas desde mediados de los años 90.

Desacreditado por la corrupción, por una gestión exclusivamente nacionalista, en 2002, el PSC estuvo en condiciones de formar gobierno apoyado por IU y ERC. Después de 25 años de no entender que el voto socialista era mayoritariamente castellanoparlante y de querer contemporizar con el nacionalismo, la gestión de un Maragall –ya muy erosionado por sus adicciones y problemas de salud cuando llegó al poder, apoyado por los independentistas, llevó desde el principio, paradójicamente, a MAS NACIONALISMO.

No hubiera ocurrido nada de no ser porque las bombas del 11-M llevaron a la presidencia a un individuo que no creía en los nacionalismos ni en las fronteras y que, por tanto, le daba igual que existieran o no: José Luís Rodríguez Zapatero fue la pieza clave para que el nacionalismo, entonces representado por un exponente y delegado de las 200 familias, Maragall, avanzara sus posiciones. Durante tres años no se habló en Cataluña de nada más que de un nuevo Estatuto para el que ni existía demanda social, ni marco legal. Mientras que para Maragall se trataba de llegar al “techo histórico” del nacionalismo, para Carod-Rovira se trataba de dar un nuevo paso a la independencia. Entonces surgió la fecha mítica de 2014: el 300 aniversario de la ocupación de Cataluña por el ejército de Felipe V en la Guerra de Sucesión.

El estado permanente de confusión mental de Maragall, apreciado por todo su entorno, por toda la prensa, por todas las fuerzas políticas catalanas, llevó a su sustitución por Montilla, un individuo mediocre que había dejado un pésimo recuerdo en política municipal y cuyo período de gobierno constituyó un impase de mala gestión, indecisión y rapacidad que decepcionó a todos y abrió las puertas a la victoria de Mas. Esta se produjo cuando HABIAN CAMBIADO MUCHAS COSAS en Cataluña.

Las 200 familias seguían siendo dueñas de Cataluña y dictando sus reglas, pero sus ingresos dependían ya de las inversiones en bolsas y en escenarios lejanos, pocas veces en Cataluña que, sin embargo se veía poblada por capitales extranjeros y por 1.500.000 de inmigrantes mayoritariamente islámicos.

La camiseta del Barça es el paradigma de esta “fusión”: las cuatro barras catalanas, sobre las siglas Qatar Corporation, un reflejo de lo que es Cataluña en el siglo XXI.

El aparato burocrático de la Generalitat siguió siendo utilizado por esa alta burguesía para ofrecer a sus hijos buenos negocios realizados a la sombra del poder y para mantener a una clase funcionarial y clientelar que suponía un verdadero “voto cautivo”. La alta burguesía catalana HABIA GANADO PESO ECONÓMICO, PERO EL EJE DE SUS NEGOCIOS YA NO ERA CATALUÑA SINO LAS BOLSAS INTERNACIONALES Y LAS INVERSIONES HOSTELERAS EN IBEROAMÉRICA. Ya no quedaba nada de la industria textil catalana, ni de la industria cementera que hizo la fortuna de los Güell, ni de ningún sector productivo en el que orientaran históricamente sus inversiones: sus fuentes de ingresos eran las propias de la globalización y los réditos que les proporcionaba el control de la Generalitat y los negocios que podían realizarse a su sombra (véase el papel de Oriol Pujol, el “primo de Zumosol” en la cuestión la ITV de chimeneas, o el Caso Palau). Bastaba con tener el control sobre los medios de comunicación mediante subvenciones para que el nacionalismo siguiera siendo considerado “cosa de todos” y sobre el electorado existiera una presión emotiva y sentimental favorable al nacionalismo (el Conde de Godó se queja de tener un diario –La Vanguardia- una radio –RAC- y un canal de TV -TV8- que no dicen lo que él piensa... pero que expanden el mensaje nacionalista a cambio de subsidios de la Generalitat).

Pero la foto con que nos obsequiaron los servicios de prensa de la Generalitat al anunciar Mas la fecha de convocatoria del referéndum indica la realidad social de la política catalán: LA ALTA BURGUESIA HA GANADO PESO ECONÓMICO… PERO HA PERDIDO PESO SOCIAL. ¿La muestra? La foto de Artur Mas –delegado de la alta burguesía catalana- delante anunciando el referéndum, EMPUJADO DETRÁS por un Oriol Junqueras, representante del independentismo radical presente especialmente en la periferia catalana (Gerona, norte de Lérida, la “montaña” catalana y ausente casi por completo de las zonas urbanas e industriales), un representante del radicalismo desmadrado de extrema-izquierda (CUP) y un representante de la “sandía catalana”, ICV, verdes por fuera, rosados por dentro, residuos del antiguo PSUC…

EL CUADRO SUGIERE A UNOS GRUPOS POLITICOS RADICALIZADOS EMPUJANDO A ARTUR MAS Y A LA ALTA BURGUESIA CATALANA A ADOPTAR UN CAMINO QUE VA A CONDUCIR AL ABISMO ESPECIALMENTE A LAS CLASES MEDIAS Y QUE YA HA ARRUINADO A LA CLASE OBRERA CATALANA.

- ¿Por qué el nacionalismo es contrario a los intereses de los trabajadores catalanes?

1. Porque es un producto de una alta burguesía que ya ha renunciado a invertir en Cataluña (pero no a extraer beneficios del sistema fiscal a través de muñir a la Generalitat, estructura que muñe al pueblo catalán).

2. Porque esa burguesía catalana durante el período Pujol fue la que orientó –a través de Ángel Colom- la llegada mayoritaria de inmigrantes islámicos a Cataluña que compiten con los trabajadores catalanes y tiran a la baja de los salarios.

- ¿Por qué el nacionalismo es contrario a los intereses de las clases medias catalanas?

1. Porque las inversiones de la alta burguesía ya no se orientan hacia el territorio catalán, no crean riqueza en Cataluña, sino que confían en las inversiones extranjeras la creación de puestos de trabajo de mala calidad en la que no encuentran acomodo los hijos de las clases medias.

2. Porque la enseñanza obsesiva de la lengua catalana en la enseñanza ha creado automáticamente una barrera con el resto del Estado e incluso con un mercado laboral de 400 millones de personas que hablan castellano en América del Sur y del Norte.

3. Porque las clases medias en Cataluña son las que están pagando la estructura burocrática de la Generalitat cuya utilidad es amamantar al “electorado cautivo” propio del nacionalismo.

- ¿Por qué Cataluña así constituida se dirige hacia el abismo?

1. Porque, termine como termine este desafío nacionalista, generará secuelas y odios en las dos partes que tardarán décadas en extinguirse.

2. Porque una Cataluña independiente es incapaz de afrontar sola la apisonadora demográfica que suponen 1.500.000 de inmigrantes de mayoría islámica.

3. Porque la demografía del grupo específicamente catalán es la más baja del mundo y en apenas 50 años, se habrá consumado un escenario en el que los grupos étnicos de origen no catalán ni español, serán minoritarios y exigirán un derecho diferenciado. En este sentido la Generalitat se equivoca con la capacidad de integración de los grupos étnicos alógenos que se han instalado en una Cataluña con un mercado laboral en quiebra y muy difícil de revitalizar.

4. Porque la Generalitat ha perdido su campaña internacional, carece de apoyos para su proyecto y quedar al margen de la UE le supondría una merma en inversiones, una salida de capitales que había todavía más inviable la existencia de un Estado independiente.

5. Porque aquí y ahora, la mayoría de catalanes no son independentistas. El nacionalismo y el independentismo arrastran en un marco de apatía, crisis económica y repliegue a lo personal, pero CARECEN DE FUERZA SOCIAL SUFICIENTE COMO PARA CONSEGUIR LA INDEPENDENCIA. En este sentido, el referéndum lo demostraría a las claras. El que la mayor parte de la población catalana calle ante la ofensiva nacionalista, no quiere decir que sea independentista. Por no ser independentista, ni siquiera lo es la alta burguesía. Es el juego de las circunstancias –crisis económica, chantajes nacionalistas al Estado, baja calidad de la actual clase política de CiU, control sobre los medios de comunicación, etc- lo que ha generado la efusión independentista actual, QUE NO ES MÁS QUE UN FUEGO DE PAJA. Esa negativa de la Generalitat independentista y del nacionalismo a reconocer la contradicción en la existencia de dos identidad, catalana y española (y de no haber conseguido liquidar a la española a pesar de 30 años de presión institucional) es quizás el elemento más problemático de esta situación.

- ¿Cómo va a terminar el conflicto? Muy simple:

1. La actitud del PSC y del PSOE era básica para valorar la situación: el hecho de que, finalmente, se hayan decantado por el jacobinismo propio de la izquierda, implica el que el proyecto independentista ha perdido la posibilidad de una convocatoria legal del referéndum. No habrá pues referéndum y una sentencia a favor del Tribunal de Derechos Humanos supondría el que 150 regiones más de Europa tendría la posibilidad de solicitar inmediatamente referéndums análogos descoyuntando para siempre la UE. El nacionalismo nunca podrá contar con una mayoría en el parlamento español para modificar la constitución en su beneficio. Luego NO HABRÁ REFERENDUM LEGAL.

2. ¿Puede haber un referendo ilegal? Por supuesto, de hecho ya ha habido hace tres-cinco años, referéndums de este tipo con urnas de cartón, sillas plegables, en plena calle, en los que el independentismo alcanzó un 19% de participación de promedio. Convocar un referéndum de este tipo supondría generar todavía más ironías y burlas hacia el nacionalismo. NO HABRÁ, PUES, UN REFERENDUM ILEGAL, salvo que se rompa el frente independentista que apareció ayer y CUPs decida echarse al monte por su cuenta.

3. LA UNICA SALIDA A LA ACTUAL SITUACIÓN –y la que intentará CiU- SERÁ LA CONVOCATORIA DE ELECCIONES ANTICIPADAS PLEBISCITARIAS en las que espera que las fuerzas independentistas alcancen una mayoría y declaren en el nuevo parlamento una voluntad de ruptura…. Pero, incluso en este caso, la centrifugación es improbable constitucionalmente: la soberanía según la Constitución reside en “el pueblo español”, no en “el pueblo catalán”, mero jerga pero en la que se atrinchera el “unitarismo constitucional” del PP-PSOE-UPyD-Cs.

En conclusión:

EL PROYECTO INDEPENDENTISTA DE ARTUR MAS ES UN FUEGO DE PAJA. Lo realmente nuevo es que, por primera vez (esto nunca ocurrió con Cambó, ni siquiera con Pujol) LOS INDEPENDENTISTAS RADICALES, LA IZQUIERDA SANDIA Y LA EXTREMA-IZQUIERDA, HAN LOGRADO EMPUJAR A LA ALTA BURGUESIA CATALANA HACIA EL PRECIPICIO INDEPENDENTISTA. Uno de los resultados inevitables de esto va a ser la DESTRUCCIÓN DE CiU COMO “PAL DE PALLER” (palo de pajar) DE CATALUÑA. Cataluña no se independizará, pero las secuelas de las actuales fricciones y de los odios que se están suscitando, tardarán décadas en extinguirse. En 20-30 años, el nacionalismo será minoritario porque la población alógena, étnica, cultural, psicológica y religiosamente, habrán alcanzado ya el 30% de la población e, insistimos, el nacionalismo se equivoca si cree que va a integrar a este contingente en una Cataluña desertizada industrialmente, colonizada por fondos de inversión extranjeros y petrodólares y vaciada de jóvenes que han migrado al extranjero o incluso a otras zonas del Estado más tranquilas.

En resumen: EL DRAMA CATALÁN NO HA HECHO NADA MÁS QUE EMPEZAR Y VA A SER LA CONTINUACIÓN DE LOS ERRORES EN CADENA QUE SE HAN IDO COMETIENDO A PARTIR DE 1978.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – prohibida la reproducción sin indicar origen.

 

¡Nada que celebrar!

¡Nada que celebrar!

Día de la constitución: nada que celebrar.- Toda norma jurídica nace con la ambición de prolongar su vigencia eternamente. Le pasó a la Ley Orgánica del Estado, la última “ley fundamental” emitida por el franquismo en 1967 y que apenas estuvo en vigor diez años y le vuelve a ocurrir a la Constitución Española que desde 1978 rige los destinos de nuestro país y acaba de cumplir los 35 años. El problema es que, desde poco después de su promulgación, ya a mediados de los años 80, la Constitución Española, como decía la canción de Dylan, “está vieja y enferma cuando apenas acaba de nacer”. Desde entonces el deterioro de la norma constitución ha proseguido de forma acelerada y sin pausa. Lo que hoy queda de la Constitución de 1978 es un despojo fétido, un esperpento responsable del marasmo político, económico y social que vive nuestro país.

Vale la pena recordar lo que nos ha traído la constitución:

1. Debilidad del Estado.- El gran drama de España –algo que se percibe perfectamente desde el extranjero- es que nuestro país tiene una identidad extremadamente fuerte (y que cabalga con la lengua española en todo el mundo, lo que hace completamente inútiles los esfuerzos de ciertas autonomías por convertir sus “casas regionales” en embajadas en el exterior), pero un Estado extremadamente débil. El sistema diseñado en 1978 por los malhadados “padres de la constitución” se basaba en un bipartidismo imperfecto que en situaciones en los que uno de los dos grandes partidos (de centro-derecha y de centro-izquierda) que se repartirían el poder permanentemente beneficiados por un sistema electoral a todas luces injusto, en caso de no tener mayoría absoluta, podrían recurrir a la alianza con un tercer y un cuarto partidos de carácter regionalista: la famosa “banda de los cuatro” (PP + PSOE + CiU + PNV), verdadero “partido único” que desde hace 35 años se reparte el poder. Esto implicaba el que la arquitectura constitucional, desde un principio, otorgaría un excepcional peso a las autonomías llamadas “históricas” (especialmente a Cataluña y al País Vasco y en menor medida a Galicia), lo que no estaba previsto es que luego, el hecho de que UCD no tuviera mayoría en ninguna de estas comunidades hizo que generara otras en el famoso café para todos que terminó por desintegrar la unidad del Estado en 17 taifas autonómicas.

2.- Fin del Estado del Bienestar.- El bipartidismo imperfecto hizo todo lo demás: en situaciones de mayoría minoritaria, los partidos de centro-derecha y centro-izquierda debieron literalmente entregar su alma a los nacionalistas catalanes y vascos para poder gobernar y ambos fueron adquiriendo ventajas, acentuando la desigualdad inter-territorial y preparando el camino para la centrifugación final del Estado. Pocos Estados europeos son en estos momentos tan débiles y quebradizos como el español. El Estado es hoy un perro enfermo al que, como es habitual, todo se le antojan pulgas. En tiempos de bonanza económica, más o menos ilusoria, el mantenimiento del Estado de las Autonomías era simplemente un problema de tira y afloja, de negociación entre el Estado central y cada autonomía; sin embargo, desde el momento en el que la crisis ha proyectado su sombra sobre el país, ese Estado de las Autonomías está literalmente devorando los restos del Estado del Bienestar: porque ambos son completamente incompatibles. El Estado de las Autonomías  alimenta a las clases políticas regionales de tal manera que para ser viable debe realizar recortes de derechos sociales adquiridos por la población.

3. Primacía de la economía sobre la política.- Tal como está estructurada la constitución española permite la existencia de un Estado débil, esto es de un “poder soft”. El Estado Español muestra diariamente esta debilidad al ser incapaz de imponer condiciones a los fondos de inversión para impedir que en estos momentos compren parcelas completas del país. Tanto el PSOE como el PP, como los dos partidos nacionalistas, asumen los principios de la economía liberal con mínimos matices: todos ellos aceptan que el Estado (encarnación jurídica de la sociedad y de la Nación) debe inmiscuirse lo menos posible en asuntos económicos, principio que implica el que la población está inerme ante las grandes concentraciones de capitales, son ellas las que dictan las reglas del juego económico y las que imponen sus condiciones a la sociedad. Por eso no puede extrañar que desde que está en vigor la constitución los salarios hayan perdido poder adquisitivo, el capital haya optimizado sus beneficios, se hay asistido a una serie ininterrumpida de recortes sociales y los rendimientos del trabajo tributen cada vez más en relación a los rendimientos del capital. Todo eso se ha producido porque el Estado es débil para afrontar al poder económico, el cual cada vez dicta condiciones más radicales que la “banda de los cuatro” aplica, acepta y asume con fidelidad perruna.

4.- Pérdida de soberanía.- En 1978 se alardeaba de que después de 40 años sin elecciones democráticas se aproximaba un período en el que constantemente el Estado recurriría a la opinión de la población para seguir sus designios mayoritarios. Se trataba de otra mentira que acompañaba a la colección de ambigüedades, mentiras y falsos mitos presentes en el articulado de la Constitución. Pronto se vio que la Ley d’Hont y el sistema electoral generaban un déficit representativo insuperable, se vio que el gobierno no estaba en absoluto dispuesto a convocar referéndums y que los programas a los que votaba el electorado ningún partido tenía intención de cumplirlos. El poder democrático se vio comprimido desde mediados de los años 80 por una tenaza formada por dos fuerzas: la adhesión a la Unión Europea y la influencia de los centros de decisión económicos. Lo primero fue el resultado de una negociación mal llevada y lo segundo de la concepción misma del Estado implícita en la constitución. El resultado de esta tenaza ha sido la pérdida de soberanía del Estado y la pérdida de representatividad democrática. Desde mediados de los años 80, los gobiernos españoles han dejado de ser autónomos y de trabajar para mejorar las condiciones de vida de los electores: son más bien siervos del poder económico y tienen limitada su soberanía por una superestructura que nadie ha elegido en votación democrática alguna: la Comisión Europea, que cada vez absorbe más competencias del gobierno de la nación que, al menos, sí ha sido elegido democráticamente.

5. Partidocracia.- Si algunos rasgos impuestos por la Constitución han desembocado en un gobierno plutocrático efectivo (es decir, en un gobierno del dinero y de sus gestores), por otra parte, se ha consolidado una forma de partidocracia (lo que se ha dado también en llamar “la casta”) compuesta por los estados mayores de los distintos partidos políticos que, enfeudados en los distintos niveles administrativos del Estado, dedican la parte del león de los recursos de esa administración en su propio beneficio. El interés nacional hace tiempo que ha dejado de ser el objetivo a alcanzar por la “banda de los cuatro” que no se ha forjado otro objetivo más que el de aumentar los beneficios de la casta. Esto hace que el poder político, el cual acepta las imposiciones del poder económico (la “casta” no es más que el delegado a través del cual el poder económico logra el mayor rendimiento para el capital), a su vez, tienda a explotar sistemáticamente a la población para beneficiarse a su vez de los recursos del Estado.

6. Corrupción incontrolable.- Desde el arranque mismo de la Constitución la corrupción anidó en el interior mismo del sistema y hoy constituye un cáncer presente en todos los niveles administrativos y en todas las jerarquía del Estado: desde la Casa Real hasta las concejalías, desde los ministerios hasta la última consejería, desde la gran empresa hasta el trabajo negro realizado por grupos desfavorecidos. La corrupción hoy, como el caciquismo durante la restauración monárquica del siglo XIX, es el elemento más característico del período constitucional actual. Ni uno solo de los escalones del Estado, ni uno solo de los poderes del Estado se ve libre de este cáncer que solamente es conocido por la opinión pública en una cantidad infinitesimal y que en la actualidad resulta imposible erradicar sin aplicar leyes de excepción que un poder “blando” no está por supuesto en condiciones de establecer, sin olvidar que nunca en la historia un político ha aprobado una ley que le perjudique a sí mismo…

7. Vacío de poder y debilidad de todos los poderes.- La corrupción, la prelación del poder económico sobre el poder político, y la existencia de múltiples centros de decisión cada uno de ellos descarga su responsabilidad sobre los demás en momentos de crisis, hace que, finalmente, lo que haya traído la constitución sea precisamente la negación del principio de Montesquieu de la división de poderes: los tres poderes han dejado de funcionar y lo que es peor, los tres poderes nunca, ni siquiera en los años de “juventud” de la constitución, han sido jamás independientes, todos ellos han estado controlados por la cúpula del partido en el gobierno en cada momento: el poder legislativo no ha sido más que una caja de resonancia, una especie de “yes man” del gobierno, los diputados anónimos, sin voz y sin rostro, pero con emolumentos, prebendas e inmunidad, beneficiados por derechos sociales y económicos que desdicen la igualdad del sistema, ni han fiscalizado la acción del gobierno, ni han redactado leyes como hubieran debido, ni han representado a nadie más que a ellos mismos; el poder ejecutivo hace mucho tiempo que ha dejado de estar en manos de técnicos y expertos, para residir en manos de amigos de los líderes del partido en el poder, al margen de sus cualidades presuntas o reales y así se han producido los gigantescos errores políticos y económicos de las últimas décadas; en cuanto al poder judicial, salvo honrosas excepciones, siempre ha tenido a los partidos políticos como extremadamente cuidadosos a la hora de elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional para que siempre se produjera una correlación de fuerzas en su interior que no generase contradicciones con el poder ejecutivo. El resultado ha sido que ninguno de estos tres poderes cumple su función. Esto, unido a la falta de centros claros de imputación, a las taifas autonómicas y a la falta de autoridad de la clase política, genera el penúltimo problema derivado de la constitución de 1978: el vacío de poder.

8. Inseguridad generalizada.-  La novedad de las dos últimas décadas reside en que por primera vez en la historia de España desde la Segunda República, la inmensa mayoría de la sociedad española vive en una situación de inseguridad: inseguridad en su futuro y en el de sus hijos, inseguridad sobre la supervivencia de las conquistas del Estado del Bienestar, inseguridad sobre la moralidad de la clase política, inseguridad ciudadana generada por la delincuencia llegada de todos los extremos del planeta ante la permisividad de la clase política, inseguridad ante las próximas decisiones de éste y de los gobiernos que seguirán siempre propensos a beneficiar a los poderosos a costa de las clases modestas, inseguridad en el trabajo y seguridad de que una vez perdido costará mucho obtener otro, inseguridad de las familias, inseguridad ante la persistencia de una crisis que desde hace siete años se nos dice que será corta y que no lleva camino de resolverse porque la globalización y la pérdida de soberanía que implica ha hecho que incluso un gobierno razonable y volcado a mejorar las condiciones de vida de su pueblo, encontraría dificultades de todo tipo para imponerse, inseguridad en nuestra defensa territorial encomendada a unas fuerzas armadas cada vez más carentes de medios y puestas solamente al servicio de aventuras coloniales en los países más remotos del planeta… la inseguridad ha terminado siendo la ley de hierro de la Constitución de 1978: quien vive en una situación de inseguridad, vive inmerso en el miedo constante a perder una situación estable y a contemplar la posibilidad de ver degradarse su situación personal. Quien tiene miedo a perder su trabajo, quien teme que la cicatería del Estado en su jubilación, quien ve cernirse el fantasma amenazador de las privatizaciones o la impunidad ante amnistías encubiertas a asesinos en serie y la falta de respuesta del Estado a la delincuencia, no puede ser libre jamás, ni puede ejercer ningún derecho de manera afectiva. Quien tiene miedo no es libre. Por eso, contrariamente a la tópica declaración de principios insertada en la constitución, nosotros afirmamos que el primer derecho humano es la seguridad y que sólo de la existencia de seguridad deriva la posibilidad de ejercer cualquier otro derecho.

Pero hay una buena noticia… que no es tan buena

Desde hace más de 30 años se no ha repetido por activa y por pasiva que la constitución era inamovible, que era una norma para toda la eternidad. Sin embargo, en 2011 vimos como para responder a las exigencias de la Unión Europea, la constitución “inamovible” era modificada en una tarde por votación conjunto de PP y PSOE… Así pues, la buena noticia es que esta constitución no es más inamovible que cualquier otra anterior. Solamente los intereses de la clase política y del poder económico, sus principales beneficiarios, hace que el cadáver putrefacto de la constitución aparezca como maquillado y gozando de buena salud.

Cuando un vestido tiene una mancha se pone en la lavadora y la mancha desaparece, pero cuando el vestido se ha transformado en un harapo fétido, deshilachado y harapiento, resulta inútil someterlo a un programa de lavado: lo que hay que hacer es tirarlo al basurero más próximo. Tal es el problema de nuestra constitución: es irreformable en profundidad porque los partidos que deberían reformarla, perderían con esa reforma su privilegiada situación… así pues siempre encontrarán las razones para defender el tejido constitucional harapiento y desgastado. De hecho, ni PP ni PSOE abogan por una “reforma constitucional”, para ellos, el actual marco jurídico es “inmejorable”, lo que traducido quiere decir que ningún otro les ofrecería tantas garantías para medrar como éste.

En cuanto a los partidos que piden “reformar la constitución” o “cumplirla”, se equivocan: esta constitución ya ha dado de sí todo lo que podía dar. Tratar de “cumplirla” o “reformarla” equivaldría a meter el harapo en la lavadora, del cual saldría todavía más deshilachado. Rosa Díez y Albert Ribera se equivocan: esta constitución no tiene remedio, es insalvable, es un mal recuerdo de un período ominoso en nuestra historia que nos ha situado en el atrio de catástrofes por llegar aun mayores.

El drama estriba en que mientras se prolonguen los actuales equilibrios de fuerzas, y mientras subsista el miedo, la pasividad y la apatía en la sociedad española, no existirá fuerza social suficiente como para desencadenar un proceso constituyente capaz de dotarnos de una nueva arquitectura constitucional.

A partir de principios de los años 80, la sociedad civil española fue diluyéndose progresivamente. Con el asociacionismo reducido a la mínima expresión, las ONGs dependientes de los dineros del poder, los sindicatos comprados al peso, los medios de comunicación expresión en manos de los consorcios detentadores del capital y convertido en voz de su amo, los focos de resistencia que podrían proponer un proceso constituyente son minúsculos y carecen de peso político. Así pues, tenemos constitución para rato… lo que implica que nuestro país está y estará dirigido durante mucho tiempo por un “fuego fatuo”, resultado del cadáver constitucional en descomposición.

Hasta en esto la constitución de 1978 ha sido una tragedia: como el perro del hortelano, ni come ni deja comer, esto es, ni muerta termina de dejar que se la entierre. Porque no lo neguemos, la legitimidad de un régimen nunca viene impuesta por los principios que dice defender de manera teórica, sino por la defensa efectiva que hace de esos principios, por su eficacia demostrada diariamente en la práctica, por la seguridad que genera en la ciudadanía, esto es, por todo aquello que hoy está ausente del panorama político español.

Así pues, el próximo día de la Constitución, ¡no hay nada que celebrar!

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la publicación sin indicar origen


 

 

Ruta de las esculturas

Ruta de las esculturas

Info-krisis.- En Sintra, entre el centro urbano y la zona “noble” de la misma, alguien ha decidido colocar una serie de figuras cinceladas por varios escultores, unidos por una misma temática: el lenguaje de los símbolos. Cada una de estas formas no puede entenderse como aislada de las demás, sino que todas ellas forman un conjunto simbólico. Los artistas que las han elaborado han querido, sin duda, decirnos algo. Cada cual podrá leerlas según su intuición y estamos seguros de que otros querrán ver un mensaje diferente al que, por nuestra parte, hemos considerado. Están en su derecho. No en vano, el mismo símbolo puede ser susceptible de distintos niveles de interpretación.

1. La Rosa y Dios Padre

Se trata de esculturas simbólicas que, en tanto que tales, pretenden ser expresiones sensibles de ideas. Todas ellas están situadas en un espacio de apenas 100 metros. La secuencia de inicia con dos imágenes algo separadas del resto: un trono representado por un cojín extremadamente mullido realizado en mármol blanco, sobre el que se ve una rosa. Cerca de allí, sobre una piedra en bruto, una imagen de Dios Padre con los brazos abiertos parece ser la contrapartida: esoterismo y exoterismo, vía interior y vía exterior, parecen sugerirnos ambas figuras. El esoterismo, representado por la rosa (esa rosa roja, equivalente al corazón y que el adepto siente como se abre en su pecho cuando atraviesa la última fase dela progresión que le lleva por los peldaños del Saber). El exoterismo representado por el culto religioso y la fe, ese impulso emotivo del alma que nos lleva a abstraernos y creer a la espera de la recompensa en el más allá. No es por casualidad, sin duda, que la imagen de este Dios Padre está diseñada de manera etérea; a pesar de estar elaborada en hierro forjado puede verse a través suyo.

 

Guénon piensa que solamente la unión de esoterismo y exoterismo, de doctrina interior y de fe pública, pueden conducir a la liberación del alma. No parece evidente. La fe es apenas una forma de emotividad. Tener fe, simplemente, tranquiliza, pero no es seguridad ni vencer al desasosiego lo que implica una práctica espiritual, sino más bien, clavo ardiendo al que asirse en un mundo que tiene poco sentido. Al igual que ascender por el camino que conduce a la cúspide de una montaña, implica que el paisaje que vemos se va ampliando y va cambiando la percepción que teníamos de él en los niveles inferiores, así mismo en el terreno de la espiritualidad existe un nivel inferior, la fe, y un nivel superior, la conquista de lo espiritual. La fe se expresa a través del exoterismo, de la práctica religiosa, superior seguramente a la mera observancia de principios morales, pero inferior a la práctica esotérica. Porque el esoterismo implica reconocer que existe una realidad física y una realidad metafísica y que la iniciación es el puente entre una y otra realidades. Así pues, estas dos primeras imágenes nos sitúan ante esa disyuntiva: o culto exterior, o práctica interior, o “salvación” o “liberación”. Quien aspire a la “salvación”, la religión tradicional, la Iglesia, ofrece una vía. Quien aspire a la “liberación” deberá optar por recorrer un camino mucho más complejo en donde nadie le perdonará sus pecados, ni le reprochará sus errores: una “vía autónoma a la trascendencia”, en definitiva. La vía del esoterismo.

2. El laberinto y el árbol

El ser humano, arrojado a un mundo carente de sentido tiene, durante todo el tiempo que se prolongue su estancia aquí, la posibilidad de permanecer en las tinieblas o de aspirar a buscar la luz, esto es, a dar un sentido a su vida. En la Edad Media, el laberinto que se encontraba en algunas catedrales góticas indicaba los conflictos y los problemas que todos encontraríamos en nuestra peripecia en este mundo, pero siguiéndolo, finalmente, llegaríamos a un centro exento de conflictos. Ese centro se representaba casi siempre por un círculo o una figura geométrica próxima a él (el octógono regular). Aspirar a llegar a ese centro era, justamente, lo que daba sentido a la vida.

En el camino de Sintra, la siguiente escultura que encontramos nos muestra a un “laberinto” en forma de línea quebrada, que partiendo de lo más profundo de la tierra, de la negrura más abisal, va ascendiendo hasta la superficie y eclosiona como forma vegetal. El simbolismo es el mismo que el de las viejas catedrales: de la negrura y de conflicto a la luz. Tal es el recorrido que la simiente debe superar una vez se la ha enterrado en la tierra. La semilla busca la luz porque es ahí, en contacto con la luz del Sol, como podrá crecer y multiplicarse.

Por otra parte, la vida vegetativa es un estadio inferior en relación con la vida animal. Es necesario comprender la necesidad de pasar de las tinieblas a la luz. Ese primer recorrido es complicado, e incluso laberíntico: no hay escuelas esotéricas dignas de tal nombre que “garanticen” que el camino emprendido llegue a buen puerto; hay lecturas que el interesado puede estudiar, símbolos que deberá tener en cuenta, pero también hay mucha charlatanería, mucha banalidad, demasiado gusto por la erudición que lo desviará de su camino. La única señal de que va por una buena ruta y de que va esquivando las trampas del laberinto y aproximándose a la luz, es seguir solamente a quien hable claro desde el principio: no se trata de “mejorar” como persona, ni de “enriquecerse como ser humano” o “crecer”, sino, simplemente, de destruir el Ego. De morir, en definitiva. La semilla muere como tal cuando eclosiona y sale a la superficie para alimentarse de la pura luz del sol. Si una semilla tuviera la potestad de negarse a morir, sin duda, jamás daría fruto. El ser humano está situado en un espacio intermedio entre la Trascendencia y la Materia. Su cuerpo es materia, su alma es espíritu, pero su mente es una emanación de sus neuronas y por tanto de la materia que compone su cerebro, pero al mismo y está situado en el espacio intermedio del ser humano: es emanación de la materia, pero no es materia. Es ahí, en su cerebro en donde anida lo esencial de su personalidad, de su Ego. A lo largo de la vida, el ser humano, debe en cada momento, optar por engordar su Ego o por liberarse de su tiranía. Engordar el Ego supone verse atraído por el mundo de la materia, liberarse de él implica tender hacia la conquista del mundo que está “al otro lado”, el mundo de la trascendencia. Y, para ello, es preciso liberar la personalidad, neutralizarla primero y vencerla después. Vale la pena recordar que en el camino de la verdadera espiritualidad, el Ego no tiene entrada. Cuando se acepta esto, la semilla ha llegado a la superficie, ha entendido la vía a seguir y se sitúa en el atrio del Templo del Saber.

3. La comprensión del Mundo

Todas las escuelas esotéricas (y especialmente la tradición hermética alejandrina) explican que el mundo está compuesto por una sucesión de elementos que emanan de lo Absoluto y replegándose sobre sí mismo, ese Absoluto crea el Cosmos, la totalidad; el círculo vacío es su representación. Esa totalidad está formada por dos principios: activo y pasivo, cielo y tierra, espíritu y materia, positivo y negativo; sin duda, el ying-yang es el símbolo que mejor nos transmite estas concepciones. Todos estos elementos están representados en la parte superior de la siguiente escultura: La pura trascendencia es la estrella e cinco puntas con volumen que aparece en la parte superior, como culminación del conjunto. Inmediatamente debajo aparece el círculo y debajo suyo, el ying-yang. Los colores que dominan son el blanco y el rojo y todos estos símbolos están situados sobre una forma triangular de piedra relativamente pulida que tiende a lo alto.

Los elementos de la parte inferior, en cambio, están incluidos en una piedra apenas sin desbastar y en ella es perceptible la espiral levógira, la estrella de seis puntas y la estrella de cinco puntas, esta última provista de una tonalidad rojiza idéntica a triángulo superior. La espiral sugiere generación, desarrollo de una fuerza que, después de varios giros termina abarcando el perímetro formado por la estrella de seis puntas. ¿Qué implica este elemento? En la Tradición Hermética es la fusión de los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua y Aire) que forman la estrella de seis puntas (la llamada “Corona del Mago” 1+2+3+4+5+6=24).

La tradición hermética alejandrina aludía a que estos cuatro elementos tenían su equivalente tanto en el cosmos como en el interior del ser humano (el fuego en la sangre, la tierra en los huesos, el agua en los fluidos corporales, el aire en los pulmones). De ahí que también este símbolo sea la unión de dos triángulos, macrocosmos y microcosmos. Tomar conciencia del propio cuerpo y de sus elementos parece una de las vías para armonizar la vía y adquirir una naturaleza en cuyo interior exista equilibrio, es decir, “ser hombre”. A diferencia de una modernidad que tan fácilmente concede la patente “humana” a cualquier primate evolucionado, en el terreno de la Tradición Hermética, tal condición solamente se concede a quien tenga la conciencia de que dentro de sí mismo existe un elemento sobrenatural, una chispa de trascendencia, que se trata de desarrollar. Como se sabe, la estrella de cinco puntas se traza en función del llamado “número de oro” o “divina proporción”: es decir, de una “medida” divina que está presente en algunos humanos. De ahí que en el conjunto escultórico esta estrella de cinco puntas esté presente en la piedra, como réplica invertida de la estrella de cinco puntas esculpida casi en el vacío en lo alto de la imagen.

4. La cópula filosofal

La “divina proporción” y el “número de oro” presentes en el trazado del pentágono regular y en la estrella de cinco puntas, indica que hay en el interior del ser humano que tiene conciencia de sí mismo y de su realidad, un “germen” que puede desarrollarse. Es lo que nos indica la siguiente escultura: una imagen de verticalidad en cuya base se encuentra un “huevo” (símbolo de toda generación), próximo a un “cinturón” formado por triángulos equiláteros (símbolo del fuego), encima del cual, un canal ascendente conduce mediante una progresión de piedra a una forma redondeada, evocadora, sin duda, de las curvas femeninas. Para confirmarlo, un búho estilizado cuyo pico es un triángulo invertido parece ser el destino del germen situado en la base.

Lo que el artista no está diciendo es la necesidad de unir lo “activo” (el huevo) y lo “pasivo” (el triángulo invertido, símbolo también de la feminidad). Tras ordenar los cuatro elementos que existen en su interior, el ser humano da “forma” a su naturaleza (la estrella pentagonal), con el que podrá huir de la materia. El tránsito a través del canal ascendente que muestra la escultura que comentamos implica unir esa chispa de trascendencia que encontramos en el ser humano al “aspecto femenino del Cosmos” es lo que la Tradición Hermética llamó “la cópula filosofal”. Los textos clásicos advierten que solamente es posible realizar esta cópula en cuanto el “principio activo” (el huevo de toda generación) está suficientemente depurado y es capaz de huir de la materia y reconocer su meta en el Espíritu, ese principio pasivo presente en el Cosmos solamente accesible para un espíritu que ya se ha liberado de las escorias del Ego.

5. La gestación del hombre nuevo

Apenas 20 metros más adelante por el camino del Palacio Nacional de Sintra, se encuentra la siguiente escultura: una forma femenina esencial, reducida a un cuerpo en el que destaca el vientre, visiblemente embarazado, sin rostro, es el “crisol” en donde se gesta el hombre nuevo que nacerá de la “cópula filosofal”. La imagen de la mujer y del fruto de su vientre, parece escapar del mármol que los representa. Bajo ella, en la parte izquierda, sumido en la piedra en bruto, un fauno, apenas está en condiciones de extraer la cabeza y observar con gente horrorizado la imagen de la mujer encinta.

En la Tradición Hermética, a la “cópula filosofal” sigue una etapa en la que se trata de insistir en lo realizado hasta ese momento: ir depurando la materia, asegurarnos de que el Ego ha sido definitivamente vencido (ese Ego representado por el fauno, símbolo de lo que es meramente humano, animal, salvaje, desenfrenado, incontrolable, encastrado en la “piedra en bruto”). Los nueve meses de gestación de todo embarazo, son el símbolo de ese proceso de perfeccionamiento interior realizado con total abandono de uno mismo, como el feto se abandona a su madre durante el embarazo. La blancura de la forma femenina, sus contornos perfectamente dibujados por el cincel, aumentan la sensación de huida de la materia, contrapartida al fauno y a su Ego, atrapados en la misma.

6. La piedra se va desbastando

La siguiente escultura es extremadamente diáfana para que nos tome muchas líneas el comentarla: en el interior del vientre de la madre, el nuevo ser va cobrando forma. En él son perceptibles ya los rasgos de un recién nacido. Poco a poco, la piedra va quedando desbastada, la materia superflua va cayendo, y el nuevo ser va adquiriendo sus facciones definitivas.

La masonería moderna, heredera de antiguas corporaciones artesanales y estas, a su vez, detentadoras de ritos iniciáticos procedentes del mundo clásico, alude a la transformación de la piedra en bruto, sacada de la mina, informe y áspera, que equivaldría al ser humano anterior a comenzar su proceso de perfeccionamiento y, por tanto, en el simbolismo masónico equivale al grado de “aprendiz”. Dicha “piedra en bruto”, mediante el “arte”, deberá transformarse en “piedra cúbica”, con sus seis caras perfectamente pulidas, cuya proyección se extenderá por las seis direcciones del espacio, en lo que constituye el símbolo del “compañero”, el segundo grado de aprendizaje en la masonería.

El artista de Sintra ha representado esta misma idea de otra forma: la piedra en bruto, con forma de cuyo sin desbastar, poco a poco va adquiriendo los rasgos del nuevo ser. Se percibe claramente que el artista ha querido huir del simbolismo masónico para evitar caer en equívocos simbólicos y ha dado su particular interpretación que culminará en la escultura siguiente.

7. El nacimiento del hombre nuevo

La última escultura de la serie nos muestra a la vez el dominio que el artista tiene sobre el mármol, pues no en vano, ha cincelado a un recién nacido perfecto y absolutamente realista, sino también el dominio que tiene sobre el simbolismo: el bebé, en posición fetal, se dispone a salir del claustro materno, es el Hombre Nuevo. El “re-nacido”, el nacido dos veces, el “vuelto a nacer”, aquel que ha pasado por la “iniciación” que en el mundo clásico equivalía a un nuevo nacimiento.

La imagen recuerda extraordinariamente al final de la película de Kubrick, 2001 Odisea en el Espacio. Haciéndose eco de la popularidad que vivía en la época el padre Teilhard du Chardin, Kubrick sobre el “Cristo Cósmico” como destino final de la evolución de lo humano, presentaba el nacimiento del hombre nuevo con la imagen de un feto en gestación proyectado sobre el planeta Tierra. La película de Kubrick es, en cualquier caso, difícilmente comprensible en nuestros días cuando las tesis de Teilhard du Chardin se han desdibujado completamente y solamente subsiste un eco de las mismas en el movimiento de la New Age. Sin embargo, a poco que nos documentemos, veremos que la idea del nacimiento de hombre nuevo es común a todas las escuelas herméticas y a toda la metafísica tradicional. El hombre viejo, representado por aquella estrella pentagonal tintada de rojo, que tiene en sí mismo la chispa divina pero que se muestra incapaz de manifestarla en tanto que ahogada por su Ego, finamente logra liberarse, hacerse con una “forma”, sublimarse, mediante la muerte del Ego a la que sigue, tras una etapa de gestación y depuración, el nuevo nacimiento, no ya en la materia sino en el espíritu.

*      *     *

Resulta curioso dar una vuelta, en un momento de vacaciones, por las inmediaciones de Sintra y bruscamente encontrar una serie de estatuas colocadas recientemente que nos hablan en el lenguaje tradicional de los símbolos. Los símbolos están ahí para sugerirnos interpretaciones. No apelan a la lógica, ni al racionalismo, pero si a la coherencia y a la racionalidad. Con solo verlos, las interpretaciones apelan a nuestra intuición. Son como chispas en la oscuridad que permiten divisar en la mínima fracción de tiempo, el paisaje que estamos recorriendo. Hacía mucho sol en el camino que va desde el centro urbano de Sintra a la zona noble de los palacios y las quintas. Y ha querido el destino que nos fijáramos en estas imágenes que, en sí mismas, constituían una “morada filosofal”, esto es el soporte físico de una verdad hermética.

Se observará que no hemos dedicado ni una línea a los autores de estas esculturas: ¿a quién le importa una firma personal para un conjunto que nos habla de vencer al Ego?

©  Ernesto Milá – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción sin indicar origen.

 

 

ETA-Rajoy: pirámide de fraudes

ETA-Rajoy: pirámide de fraudes

Infokrisis.- Strasburgo hace dos semanas dio a Mariano Rajoy la que probablemente ha sido su única satisfacción en 2013. Vale la pena hacer la génesis de todo este problema y recordar algunos de los puntos esenciales del acontecimiento en los que Rajoy no queda, desde luego muy bien parado. Digamos, en principio, que desde que se inició este reiterativo tema del “proceso de paz” las cosas son incomprensibles para la opinión pública. Veamos algunos de los misterios acumulados hasta ahora:

1) ¿Cómo era posible que desde 2002 las detenciones de miembros de ETA se hicieran habituales en células que incluso no habían entrado en acción y estaban todavía en proceso de formación?

2) ¿Cómo era posible que lasa detenciones solamente afectaban a un sector de ETA, el de los oponentes a “Josu Ternera” y, de paso, cómo era posible que, desde 2002 (cuando abandonó su puesto de diputado autonómico y volvió a entrar en la clandestinidad), el único miembro de la dirección de ETA que no había sido detenido era, precisamente, “Josu Ternera?

3) ¿Qué elemento dio al malhadado presidente José Luis Rodríguez Zapatero la seguridad casi teológica de que el “proceso de paz” llegaría a buen puerto? ¿En qué se basaba para arrojarse a tumba abierta a un proceso con el que quería pasar a la historia como “el pacificador”? ¿Simplemente en su “optimismo antropológico, o es que disponía de datos que no se hicieron públicos?

4) ¿Por qué el proceso de paz de interrumpió tras el atentado a la T-4 en el aeropuerto de Madrid y no se interrumpió cuando se detectaron movimientos de militantes de ETA, robos de armas, etc.? ¿Fue solamente por los dos muertos accidentales?

5) ¿Cómo fue posible que ETA reanudara las conversaciones de paz con Zapatero justo cuando éste ya estaba desahuciado en todas las encuestas y desde 2009 a ningún analista se le escapaba  que sería Rajoy quien le sustituiría?

6) Y finalmente, ¿a qué viene esa rapidez en aplicar la sentencia del Tribunal de Strasburgo?

Son seis preguntas que la lógica, el sentido común y las hemerotecas contribuyen a explicar con una facilidad pasmosa y a partir de las cuales es posible elaborar una hipótesis de trabajo que puede resumirse así: el proceso de paz ya está cerrado y solamente falta aplicarlo y se basa en la “integración” de ETA en las instituciones a cambio de la puesta en libertad de los presos. Todo lo que estamos viendo desde hace diez años es una comedia escenificada por las partes que entran en juego en el drama: algunos mandos policiales de la lucha antiterrorista, Josu Ternera, Zapatero, Rajoy, y en el que solamente se han excluido a las víctimas del terrorismo y a quienes creemos que la acción de ETA en los último 38 años no es sino la acción de unos psicópatas, asesinos en serie.

En esta ocasión, como siempre, la verdad está ante nuestros ojos, accesible solamente si tenemos el valor para mirarla de cerca y eludir los datos superfluos interpolados, las pistas falsas, la retórica de comunicadores y tertulianos, y nos ceñimos solamente a los hechos desnudos en su absoluta, terrible y dramática simplicidad. 

Veamos las respuestas:

1) ¿Cómo era posible que desde 2002 las detenciones de miembros de ETA se hicieran habituales en células que incluso no habían entrado en acción y estaban todavía en proceso de formación? Evidente, había un “topo” dentro de ETA, un topo intocable para los etarras y presentado por los medios de comunicación como el jefe indiscutible de la banda, lo que contribuía a hacerle todavía más odioso ante la opinión pública y a aumentar su crédito dentro de la organización terrorista. Las detenciones de etarras eran demasiado continuas, demasiado limpias, demasiado casuales, y lo peor es que la mayor parte de ETA no reaccionó a lo que era evidente: que estaba siendo traicionada desde dentro. Quien lo hizo, “Txeroki”, optó por crear una estructura paralela partiendo de cero y completamente al margen del resto de la organización. Prueba inequívoca de que algún miembro de ETA empezó a sospechar que alguien les estaba traicionando.

2) ¿Cómo era posible que lasa detenciones solamente afectaban a un sector de ETA, el de los oponentes a “Josu Ternera” y, de paso, cómo era posible que, desde 2002 (cuando abandonó su puesto de diputado autonómico y volvió a entrar en la clandestinidad), el único miembro de la dirección de ETA que no había sido detenido era, precisamente, “Josu Ternera? Evidente, si desde su entrada en clandestinidad en 2002 hasta nuestros días, solamente hay un miembro de la dirección de ETA que no ha sido detenido… es evidente que el “topo” es precisamente él. Se llegó, incluso, en el Caso Faisán a que los propios “investigadores” advirtieron a los etarras de que se iba a producir una redada. ¿Por qué? Por que los etarras advertidos pertenecían al círculo íntimo de Josu Ternera.

3) ¿Qué elemento dio al malhadado presidente José Luis Rodríguez Zapatero la seguridad casi teológica de que el “proceso de paz” llegaría a buen puerto? ¿En qué se basaba para arrojarse a tumba abierta a un proceso con el que quería pasar a la historia como “el pacificador”? ¿Simplemente en su “optimismo antropológico, o es que disponía de datos que no se hicieron públicos? Evidente: porque los asesores de la “lucha antiterrorista” habían informado a Zapatero de que el “líder de ETA” estaba a favor del proceso de paz y había prestado hasta ese momento colaboraciones suficientes como para creer en su palabra. Si se examina la prensa de la época, solamente había dos posibilidades para justificar el optimismo de Zapatero, o bien era completamente imbécil, o bien tenía información privilegiada sobre el interior de ETA (y esta solamente podía ser la seguridad dada por su jefe de que se llegaría a un acuerdo). Dicho de otra forma: lo que Ternera proponía era: UN ACUERDO A CAMBIO DE SU SEGURIDAD (acuerdo que se ha cumplido a rajatabla) y probablemente de la policía no insistiría mucho en quién se quedaba con el “tesoro de guerra” de ETA, cuestión clave y que habitualmente se olvida: una organización que durante décadas se ha dedicado al racket, a los secuestros, a tráficos de todo tipo, ha almacenado tal cantidad de fondos cuyo control final es fundamental para determinar la desembocadura de un “proceso de paz”.

4) ¿Por qué el proceso de paz de interrumpió tras el atentado a la T-4 en el aeropuerto de Madrid y no se interrumpió cuando se detectaron movimientos de militantes de ETA, robos de armas, etc.? ¿Fue solamente por los dos muertos accidentales? Evidente: porque la correlación de fuerzas en el interior de ETA, demostró que Josu Ternera había perdido la preeminencia y que quien estaba dirigiendo la banda terrorista era, simplemente, Txeroki, un irreductible con el que era imposible negociar. A partir de ahí era necesario interrumpir el “proceso de paz” hasta que no se restableciera la normalidad, esto es hasta que Txeroki fuera detenido y en la mesa de negociaciones se sentaran de nuevo Josu Ternera y/o sus representantes. Como así ocurrió: Txeroki fue detenido y unos meses después se reemprendieron las conversaciones de paz.

5) ¿Cómo fue posible que ETA reanudara las conversaciones de paz con Zapatero justo cuando éste ya estaba desahuciado en todas las encuestas y desde 2009 a ningún analista se le escapaba  que sería Rajoy quien le sustituiría? Evidente: ETA no iba a negociar con un gobierno desahuciado políticamente y que en año y medio debería abandonar el poder. Si ETA accedió a sentarse en la mesa de negociaciones de nuevo fue porque tenía la seguridad de que el proceso sería proseguido por Mariano Rajoy, quien debió de ser informado de las conversaciones y de cómo se desarrollaría el proceso. De no tener esta seguridad, ETA hubiera esperado a la formación del nuevo gobierno del centro-derecha para reabrir la negociación.

6) Y finalmente, ¿a qué viene esa rapidez en aplicar la sentencia del Tribunal de Strasburgo? Evidente: hasta la sentencia del Tribunal Europeo a Mariano Rajoy le era prácticamente imposible el empezar a aplicar uno de los puntos pactados: el inicio de la liberación escalonada de los presos… a pesar de que en los dos últimos años, con diferentes excusas, habían sido puestos en libertad varios notorios matarifes de la banda, simplemente para indicar a ETA la “buena voluntad” del gobierno y, al mismo tiempo, la imposibilidad de ir más rápido en la aplicación de la amnistía encubierta. La sentencia de Strasburgo ofrecía esta posibilidad. Y ha sido significativa la rapidez con la que las instituciones españolas la han aplicado, especialmente desde el momento en que se ha difundido la noticia de que la mayor parte de países europeos tienen sentencia de Strasburgo sin ejecutar durante más de cinco años y que en nuestro país hay también otras ocho sentencia que llevan más de dos años esperando ser ejecutadas. Es falso que “Europa” obligue a cumplir la sentencia. Lo que ocurre es que la sentencia facilita la explicación de Rajoy a su propio electorado (las víctimas del terrorismo, masivamente, le han apoyado hasta ahora).

¿Alguna conclusión? Evidentemente varias. La primera de todas es que en la “lucha antiterrorista”, nada es lo que parece. Pero hay un cabo suelto: la lógica y el sentido común. A lo largo de estas seis preguntas y respuestas hemos seguido toda la trayectoria de un gigantesco fraude a la justicia, a la verdad y a la esperanza. Un fraude que demuestra: 1) que no siempre ganan “los buenos”, 2) que aquello que la clase política dice no tienen ningún punto de contacto con la realidad, 3) que el Estado débil siempre negocia con bandas criminales si la negociación sirve para mejorar su imagen, 4) que los medios de comunicación, especialmente en estos momentos que precisas subvenciones y publicidad para sobrevivir, acceden a encubrir sistemáticamente las peores infamias de quien les paga y 5) que estamos asistiendo a una infame comedia en el que cada parte asume el rol que le corresponde (el PP expresando “dureza y resignación” por la sentencia, los etarras sacando pecho, el gobierno explicando que se ve “obligado a acatar la sentencia”) y en el que las únicas víctimas son 1) las víctimas del terrorismo 2) la verdad y 3) toda una sociedad que no se merece asistir a representaciones teatrales de tan bajo calado.

(c) Ernesto Milà – ernesto.mila.rodri@gmail.comhttp://info.krisis.blogspot.com Prohibida la reprodcción sin indicar origen

 

 

 

Símbolo: naturaleza y papel

Símbolo: naturaleza y papel

Infokrisis.- Cualquier estudio sobre la Tradición ha de ocuparse, más tarde o más temprano, del mundo de los símbolos. Los arcanos ma­yores del Tarot, por ejemplo, constituyen conjuntos simbólicos que, sin duda, están en condiciones de ayudarnos a comprender y a meditar sobre aspectos de la vida y de la naturaleza humana. El primer arcano nos presenta la imagen de un joven con un hatillo al hombro que camina hacia un precipicio; un perro le muerde una pierna. Si tomamos cada uno de estos elementos ‑joven, hatillo, precipicio, pe­rro‑ en su sentido simbólico ‑pureza, necesidad, devenir, instintos y pasiones, respectivarnente‑ obtendremos un significado de conjunto: el devenir de la vida humana, emprendida al nacer con los mínimos imprescindibles, nos arrastra hacia el abismo en caso de que nues­tros instintos y pasiones no sean controlados. Y al mismo tiempo irá implícita una enseñanza: hay que salir de la corriente del devenir, bloqueando primero y anulando después el impulso aninial que ani­da en nosotros. La carta en cuestión se llama "El Loco”, “The fool”, "Le Mat”. Despojando al Tarot de la devaluación y banalización que su­fre en los tiempos modernos como objeto predilecto (le todo tipo de charlatanes y estafadores, se convierte en un "mutus liber”: un libro mudo, sin texto, pero con imágenes ‑esto es, símbolos‑, en las cuales se encierran algunas "enseñanzas".

Ahora bien, el Tarot no constituye un universo sinibólico ais­lado, sino que está relacionado con otras ciencias tradicionales: her­metismo, alquimia, cábala, astrología, medicina, etc. Ciencias cuya existencia misma sería impensable de no ser por la utiliación del símbolo. Igualmente, la práctica operativa de lo que se llama “siste­mas de meditacion con apoyo” implica el conocimiento del universo simbólico: se medita fijando la atención sobre una forma geométrica (en ocasiones un mandala) que facilita el tránsito hacia estados dife­renciados de conciencia.

Todo lo anterior evidencia que un estudio serio (le las doctri­nas y técnicas tradicionales nos lleva, antes o después, al mundo de los símbolos.

I. UNIVERSALIDAD DEL SÍMBOLO

Ahora bien, lo primero que llama la atención en este terreno es la reiteración con que los mismos símbolos, apenas sin alteracio­nes, se repiten en marcos geográficos muy diferentes: un lagarto tiene el mismo significado para los pastores de los Pirineos que para los chamanes del altiplano andino. Un triángulo simboliza el elemento fuego tanto entre los indios guatemaltecos como entre los hermetistas de Beirut. Por no hablar de la svástica, símbolo universal por excelen­cia. El campesino pirenáico nutre su conversación de sabiduría tradicional (tradición = transmisión) y, excluyendo su posibilidad de con­tactos culturales con otros grupos étnicos fuera de los que pueblan el entorno de los valles Pirenáicos, hay que concluir que en él ‑en algún lugar de su persona‑ residen los mismos arquetipos que en el chamán andino.

En cierta ocasión un pastor nos contó bajo un sol de plomo, la historia de una salamandra que se introdujo en el fuego y se convir­tió en una hermosa mujer; por ello, los restos de madera quemada, el carbón vegetal, en definitiva, es utilizado para curar ciertas enferme­dades. Una leyenda parecida circula en el "mercado de las brujas" de La Paz, ligada así mismo a pretensiones terapéuticas: la mujer en cuestión, reconvertida en especie proxima a la salamandra, un lagarto local, se vende disecada para curar enfermedades de columna; hay que colocársela durante un tiempo en el cuello para sanar de hernias discales, escoliosis, etc. También sabemos que las doctrinas tántricas y yóguicas hablan de una fuerza ígnea contenida en la base de la co­lumna vertebral (la Kundalini) que el practicante debe despertar, y que tal fuerza tiene un carácter serpentino y femenino (la Shakty). Las leyendas medievales europeas, igualmente, aluden al regalo que el mítico "rey Pescador”, el "Preste Juan", realizó al Emperador Federico I: un abrigo de piel de salamandra que protegía del fuego. Y no queremos agotar las correspondencias. Es evidente que en todos estos temas existe una interrelación simbólica: mujer – reptil – fuego - curación.

Ahora bien, a poco que investiguemos sobre el tema utilizan­do el material facilitado por la antropología, la arqueología y la histo­ria de las religiones, advertiremos que la naturaleza de los símbolos es universal tanto en lo espacial como en lo temporal; el origen de los simbolos se pierde en la noche de los tiempos, más aún, da la sensa­ción de que con el paso del tiempo han ido perdiendo concreción y hoy no son más que productos degenerados bajo la forma de cuentos y leyendas o supersticiones.

Hay que descartar, pues, que el símbolo en sentido tradiclonal sea una construcción “original” ligada a la fantasía poética de tal o cual persona, fijado en un marco geográfico concreto y surgido en un tiempo histórico preciso; por el contrario, su universalidad es demasiado evidente como para que pueda ignorarse.

Por lo demás, en el sistema que les era propio, los símbolos sin­tetizaban los conocimientos de las distintas ramas del saber ‑en las dis­tintas ciencias tradicionales‑ a la par que se trataba de instrumentos interdisciplinarios que las conectaban y daban a la ciencia tradicional el aspecto unitario que, por lo demás, caracterizó a este tipo de sociedades.

II. HACIA UNA DEFINICIÓN DEL SÍMBOLO

El concepto de símbolo que asumimos no tiene nada que ver con las teorías semióticas que deambulan entre la intelectualidad occi­dental desde finales del siglo XVIV. Tampoco tiene nada que ver con las divagaciones de ciertas escuelas psicoanalíticas (las capitancadas por Rank y Jung principalmente).

El símbolo ‑a efectos de nuestro estudio‑ no puede entenderse como desvinculado de la sociedad tradicional y habrá que apelar a una clasificación de los símbolos en el parágrafo siguiente para fijar esta idea.

Así pues, no es raro que Guénon dijera del símbolo que "se ha convertido en algo ajeno a la mentalidad modernia”. Y uno de sus comentaristas añade: "El símbolo es todo lo contrario de lo que con­viene al racionalismo". En otra de sus obras, el propio Guenon perfila más estos conceptos cuando establece que el símbolo es la expresión sensible de una idea".

En estas frases está contenida toda la ciencia del símbolo. No se trata de algo que pueda ser entendido, aprendido o asimilado por la razon, sino que su sentido y esencia hay que captarlo a través de la in­tuición intelectual. Toda “práctica tradicional”, en definitiva, no es si­no un conjunto de métodos para estimular tal intuición, siendo el símbolo una ayuda para recorrer ese camino.

No es raro, pues, que se afirme que el símbolo es exterior al mundo moderno, en tanto que este mundo no es otra cosa más que una derivación monstruosa del racionalismo. No se vea en este orden de ideas una defensa de lo irracional ‑infra‑racional, en realidad‑ sino de una for­ma de conocimiento asimilada mediante otros medios diferentes de los racionales. Situarnos en la esfera de la suprarracionalidad es situarnos en el terreno del universo simbólico.

En cierta ocasión nos explicaron una hermosa parábola a pro­pósito de las formas de descripción de estados de conciencia diferen­ciados. "Un hombre se retiró al desierto para meditar, allí vió a dios. Cuando regresó a la ciudad sintió la necesidad de contar a los suyos lo que había experimentado. Hubo de apoyarse en parábolas y descrip­ciones limitadas; aún así, quienes le oyeron adquirieron una nueva fe y mataron y murieron por ella, pero ¿,cómo pueden unas pobres pala­bras definir la esencia y el contenido de lo Absoluto”.

En efecto, las construcciones humanas son limitadas para definir y pe­netrar en lo que está más allá de lo humano. Toda práctica tradicional se basa en la posibilidad de atravesar la línea divisoria que separa el mundo físico del mundo que está más allá de él. La doctrina tradicio­nal afirma que el verdadero sentido de la vida y las respuestas a buena parte de los misterios que encierra la existencia, anidan en esa "otra parte", esto es, en el universo metafísico. De ahí que, desde el punto de vista tradicional, no tenga sentido discutir sobre metafísica, dee la mis­ma forma que tampoco tiene sentido discutir sobre las posibilidades de cambios de estado de los fluidos: basta con experimentarlos. Esta experimentación es lo que hemos llamado hasta ahora “práctica tradi­cional”.

Dado que en el inicio de esta práctica el hombre no cuenta con otro apoyo más que su propio ser y sus sentidos físicos, y que es­tos no están acondicionados para percibir otra realidad que la estricta­mente material, estamos forzados a utilizar unos instrumeutos que se sitúan a medio camino entre el universo estríctamente físico y el me­tafísico, esto es, los símbolos. Puede entenderse ahora por qué Guénon había definido al símbolo como "expresión sensible de una idea". En tanto que expresión tiene algo de esa idea, y en tanto que sensible participa del mundo físico.

La justeza de esta definición viene avalada por el estudio eti­mológico de la palabra. Símbolo procede de la palabra griega Sumbolon, derivada del verbo súmballo, juntar, reunir. La antigüedad griega registraba una costumbre consistente en romper un objeto en dos partes y dar una de ellas al huésped, quedándose el arifitrión la otra. Cada una de las partes era transmitida de padres a hijos, para que, en caso de que volvieran a unirse, fuera señal de la amistad y hospitali­dad que existió tiempo atrás. Se trataba de un objeto de reconocimiento.

Así pues la palabra expresa, en su etimología, una concepción que recorre transversalmente todas las expresiones temporales del mundo tradicional: el hombre es un ser roto que inicialmente no lo era; ese proceso de ruptura constituyó lo que en distintos mitologemas es la "caída", es decir, la imposibilidad para el hombre de vivir dos órdenes de realidad diferentes: la física y la metafísica; también mar­ca, implícitamente, un objetivo: la reunificacion de las dos partes en un todo renovado.

En la Edad Media, esta idea es expresada a través del mito de la espada rota, que el héroe debe soldar para volver a empuñar y ven­cer al dragón (mito nórdico de Sigfrido). También se expresa a través del mito céltico‑artúrico de la espada clavada en la piedra, entendiendo por ello un poder superior que está retenido por la pura materialidad (representada por la piedra) y que es preciso liberar (acto de extraer la espada). Próximo a este orden de ideas sería también el concepto her­mético del Rebis andrógino, el de "puente" y de "pontífice" (hacedor de puentes) como instrumento de tránsito entre dos realidades jerárqui­camente dispuestas, o las llaves que abren y cierran mundos.

El símbolo es, pues, un mediador. Captar su sentido metafísi­co equivale a comprenderlo. Es evidente que puede existir una aproxi­mación intelectual al símbolo. De hecho, tal es la función de los mu­chos diccionarios de símbolos que existen en el mercado. Un círculo, por ejemplo, en hermetismo simboliza el caos: el círculo cerrado so­bre sí mismo abarca en su interior elementos indiferenciados y por tanto, caóticos. Ese mismo círculo con un punto en el centro, pasa a ser un símbolo solar, el caos ordenado, igual que el sol físico de nues­tro sistema, situado en el centro de gravitación de los planetas. Un cu­bo es la representación de la materia, en tanto que es el mas inmóvil de todos los poliedros, y este concepto sugiere la “pesadez” y la “densi­dad” de la materia. Sin embargo, una esfera, la mas perfecta de las formas físicas, por ello mismo es asimilada al alma. Estos serían ejemplos de aproximaciones intelectuales a la naturaleza del símbolo.

Podemos hablar también de aproximaciones, naturalistas. A través del estudio sobre alquimia clásica sabemos que la salamandra es asimilada siempre al fuego, pero fue necesario que viéramos una salamandra moverse sobre las rocas para que entendiéramos por qué se le ha otorgado tal símbolo: su movimiento “recuerda” al de las lla­mas. Igualmente, el espíritu en la tradición hermética ha sido compa­rado con el mercurio: el temblor de una porción de mercurio indica su movili­dad, el hecho de que no tenga forma propia, sino que se adapte siem­pre a la del recipiente que lo contiene, así como su aspecto exterior que evoca el color de la luna ‑forma astral cambiante por exce­lencia‑, por todo ello, el mercurio es símbolo de un espíritu ‑entendi­do como conjunto de construcciones mentales ernanadas de nuestro cerebro‑ no fijo, sino en continuo movimiento por el perpetuo fluir de las ideas. Otros han comparado ese mismo espíritu a la mariposa que se posa de flor en flor, nerviosa y sin apenas detenerse. Imágenes que nos sugieren que el espíritu es puro devenir, flujo mental, caos, movi­lidad, ideas todas ellas contenidas en los objetos o materia­les presentes en la naturaleza, a través de los cuales son representadas aproximativamente.

Pero todo ello son, efectivamente, aspectos intelectuales o naturalistas. Penetrar en el sentido de un símbolo ‑no meramente aproximarse‑ quiere decir comprender su significado metafísi­co. Y al llegar a este punto es imposible dar más explicaciones: no se puede conocer esta parte del camino sin franquearla y este recorrido no puede ser sino personalizado. Luego insistiremos sobre esta idea.

III. INTENTO DE CLASIFICACIÓN DE LOS SÍMBOLOS

Tomemos un episodio evangélico suficientemente conocido: Cristo azotado tras su detención. Este episodio es susceptible de múl­tiples niveles de interpretacion. Encontraremos a una escuela psicoanalítica que nos hablará de evidencias de un complejo sado‑masoquista en el autor del texto evangélico, el cual habrá plasmado sus pulsiones eró­ticas más recónditas, adquiridas durante su infancia, en el episodio descrito. Es lo que podríamos llamar una interpretación profana ba­sada en un intento de racionalización y análisis de los procesos men­tales.

Paralelamente, el fiel católico verá en el episodio una etapa del sufrimiento de Cristo para la redención del género humano; episo­dio necesario en el desarrollo de la pasión y muerte de aquel a quien todo cristiano considera su Redentor. Estamos en plena interpretación sagrada del mismo episodio. Afinando más, podemos decir que se tra­ta de una interpretación exotérica, es decir, situada en el plano de la mera religiosidad.

Pero este episodio no constituye algo exclusivo del cristia­nismo: temas parecidos se describen en otras tradiciones. Así por ejemplo, cuando Mithra atraviesa las aguas del río en el que acaba de nacer, y gana la otra orilla, se ve "azotado" por un viento que desga­rra sus vestiduras y castiga su cuerpo. Es evidente que se trata de la misma experiencia dramatizada de forma diferente que en el Evangelio.

Esta experiencia puede entenderse en un sentido interior y ser vivida de formas muy distintas. Puede ser también el momento en que el practicante "separa" ‑el hermetismo fue llamado "el arte de la separatoria"‑ su cuerpo físico de su flujo mental, es decir, de la primera fase del desplazamiento de la conciencia: del cerebro (conciencia racional) al corazón (conciencia intuitiva). En esta fase, una y otra vez, la conciencia racional se resiste a abandonar el soporte que representa para ella el cuerpo físico y, al mismo tienipo, siente una especie de terror cuando lo ha conseguido, ya que acaece una sensa­ción de vacío, como de caída libre, que provoca la regresión de la experiencia y la vuelta al punto de partida.

Pues bien, una vez madu­rada esta fase, la sensación universal de todos los que la han atrave­sado suele ser de desgarramiento interior: puede comprenderse en­tonces por qué unos la representan como azotes, otros como el golpe­ar del viento contra el propio cuerpo y otros ‑se nos permitira añadir una experiencia interior al respecto‑ como si el cuerpo fuera atrave­sado por discos de vidrio afilados que lo rompieran. Se trata de la misma experiencia vivida de formas diferentes. La ecuación personal de cada uno influye decisivamente, así como la actividad profesional, los mitos y símbolos de la propia cultura, los tenias centrales de un exoterismo. Este último es el caso del cristianismo con su pathos de expiación a través del cual se obtiene la salvación. Un el caso del mithraismo, sistema mistérico de tipo guerrero, se entieende como lu­cha del hombre contra los elementos, y en el caso de los discos de vi­drio afilados que cortan al practicante, aparece en alguien que participa­ba en las tareas del campo y, por tanto, tenía relación con el instru­mento utilizado para romper los terrones apelmazados tras el paso del arado.

Todo lo anterior nos permite ya establecer una sucinta clasifi­cación de los símbolos: profanos y sagrados y, estos últimos, símbo­los exotéricos y símbolos esotéricos. Tal es la clasificación del con­junto. Profano: todo lo que está ligado a la vida cotidiana y vinculado a interpretaciones racionalistas. Sagrado: lo que esta ligado a sistemas de tipo trascendente. Exotérico: todo lo que se rrianifiesta en el exte­rior. Esotérico: todo aquello que es interiorizado. Exotérico sería equivalente a religioso, y esotérico ‑más o menos‑ a metafísico; am­bos serían los dos polos de un conocimiento sagrado, esto es, trascendente, no ra­cional y jerárquicamente estructurado: el exoterisnio requiere fe; el esoterismo, experimentación, y ésta es una forma de conocimiento di­recto y superior a la fe.

IV. CÓMO ACTÚA EL SÍMBOLO

Anexo a la iglesia de San Cugat del Vallés, en las proximida­des de Barcelona, existe un claustro de singular belleza cuyos capite­les llaman inmediatamente la atención del visitante. Hacia el año 1945 fue a parar a este lugar Marius Sclineider, musicólogo alemán, considerado heterodoxo por sus colegas. Poco a poco fué interesándo­se por los capiteles, en los que intuía un ritmo y una armonía. Buena parte de las figuras grabadas en piedra representaban a animales en distintas actitudes. Schneider tuvo la idea de asociar cada animal a un sonido específico: el oso representaría un sonido bajo; la hiena, agu­do; el cuervo estaría entre uno y otro, y así sucesivamente. La actitud de los animales representados en los capiteles marcaría un ritmo. Como conclusión de sus trabajos, Schneider intentó llevar todas estas observaciones al pentagrama y de ahí salió una música. Años después ‑cuando el erudito alemán ya había muerto‑, en el curso de unos tra­bajos de remodelación en el Monasterio de San Cugat del Vallés, fueron encontrados unos códices medievales y entre ellos la partitura de lo que fue el himno perdido del lugar. Pues bien: se trataba de la mis­ma música que Schneider había intuido en la piedra...

Esto es mas que una hermosa historia. Es la muestra fehaciente de que nada en el arte medieval es gratuito o superfluo, nada moti­vado por razones frívolamente estéticas o por una religiosidad inge­nua y devota. Música y arquitectura implican conocimientos técnicos específicos, leyes objetivas de ritmo, armonía, resistencia de materia­les, medida, proporción, etc. y, además, la capacidad de combinarlas entre sí. ¿Con qué fin? ¿Para qué?

El mundo tradicional hablaba de la existencia de una armonía en el cosmos percibida por el iniciado que había conquistado un esta­do de conciencia diferenciado. Pitágoras habló de la “música celes­tial” aludiendo a ésto; Platón mismo aludió a la "armonía de las esfe­ras cósmicas"; más recientemente, Robert Flud escribió en 1617 De musica mundana y Atanasius Kircher Musurgia Universafis en 1650. El espacio que va entre unos y otros es cubierto por la arquitectura medieval. A este respecto, el estudio de Selmeider sobre el Monasterio de San Cugat y el de Charpentier sobre la Catedral de Chartes muestran que se percibía en el Cosmos una armonía que se quería transmitir al hombre mediante la música y la arquitectura.

¿Qué permitía realizar tal tránsito y por qué? La sensación de existencia de un orden cósmico era fundamental en la humanidad tradicional. El macrocosmos era sentido coino la expre­sión de fuerzas que actuaban armónicamente, exentas de contradiccio­nes. Algunos llamaron a esta sensación "Amor". El hombre, en cam­bio, tenía otra dimensión, microcósmica y, en tanto que formaba parte del cosmos, reproducía en sí mismo las características fundanientales de éste. El hermetista árabe Geber, cuando tradujo un manuscrito ale­jandrino que llevaba el título de La Tabla Esmeraldina, alcanzó la fa­ma al redescubrir para Occidente la primera frase del escrito: “Loque está arriba es como lo que está abajo”. Es decir, el microcosinos hu­mano reproduciría, según esta escuela, el orden macrocósmico; pero tal microcosmos estaba amputado de una parte de sí mismo y, no per­cibiendo otra realidad que la física, había caído en el caos primordial. Y de la misma forma que el Génesis anuncia las etapas en las cuales el Caos se transformó en Orden, el hermetista debe “trabajar” su pro­pio Caos y ordenarlo.

Ecos de todo esto subsisten incluso en la enseñanza escolásti­ca. La "ciudad de Dios" no es sino aquella construida a imagen y se­mejanza de lo divino, o si se quiere, como reflejo de lo divino. Así mismo, cuando en el Génesis se dice que "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza" lo que se está haciendo es enunciar una ley de correspondencias y analogías. Pablo, en su Epístola a los romanos, ofrece algo similar cuando dice (1, 20): "Lo cognoscible de Dios es manifiesto; porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras". Goethe, siglos más tarde, repetiría casi textualmente la traducción de Geber: "Lo que está dentro es como lo que está fuera”. Mircea Eliade, en su Tratado de Historia de las Religiones, reconocería: "Si el todo se puede apreciar contenido en un fragmento es porque cada fragmen­to repite al Todo". Y Guénon, finalmente, resumiendo toda la tradi­ción metafísica que le precedió, establecería que "el fundamento del símbolo es la correspondencia que une entre sí todos los órdenes de realidad, ligándolos unos a otros", concluyendo que "el universo ente­ro es un símbolo".

El símbolo transmite y canaliza esta ley de analogía entre el hombre y el cosmos. Al ocupar un mundo intermedio entre uno y el otro, es reflejo del cosmos y traducción cognoscible de algunos as­pectos de éste, pero en tanto que representación sensible, puede ser entendida por los sentidos físicos del hombre y, en estado de medita­ción profunda, "sugiere" o le hace intuir aspectos de ese mismo cos­mos.

En realidad, los sistemas de meditación del mundo tradicio­nal, como hemos dicho, no tienen otra finalidad más que transferir la conciencia del cerebro al corazón, es decir, de una forma de pen­sar dualista a una forma de entender y conocer más inmediata, in­tuitiva y directa. Se trata de unas técnicas progresivas de aprendiza­je y desarrollo de facultades que habitualmente permanecen sofoca­das por nuestro sistema de pensar dualista, técnicas que por lo de­más, en su mayor parte, no requieren ninguna cualificación especial y hoy están al alcance de cualquiera gracias a la proliferación de textos que divulgan sistemas de meditación Zen, determinados ti­pos de yoga, incluso residuos de sistemas ligados al catolicismo, tanto occidental (Meister Eckhart y la mística renana) como a la iglesia ortodoxa oriental (filocalia y hesicasmo). El sistema es siempre el mis­mo: total abandono del Yo (superación del principio de individua­ción), adquisición de una conciencia inmediata del aquí y del ahora, introspección (pregunta repetida de ¿quién soy yo? ¿cuál es mi ver­dadera naturaleza?), meditación sobre algunos símbolos (cruz, mandalas, letras, etc.), salida a la superficie de los estratos más pro­fundos de la personalidad e identificación con ellos, etc. Este pro­ceso termina en aquello que quienes lo han pasado, a través de todas las épocas y lugares, han definido con nombres característicos y simi­lares: el Despertar, la Iluminación, el Fuego Interior, la experiencia de la Luz, etc.

En cualquier caso, la persona decidida a estudiar seriamente estas vías no debe hacer de ello un objeto de erudición. El mundo tradicional, jerárquicamente concebido, prescribía que todo practicante de cualquier disciplina debía tener un instructor y recibir de él una en­señanza viva y personalizada, en absoluto libresca y masificada. Una enseñanza en la cual el secreto formaba parte sustancial de la misma. ¿Por qué este culto al secreto? El practicante debía descubrir por sí mismo lo que se encontraba al final de cada etapa, y esto no sólo por la dificultad que entraña definir coloquialmente estados diÍcrenciados de conciencia, sino porque explicar al neófito la naturaleza de cada experiencia supondría crear en él un deseo de alcanzarla, y tal deseo ‑en tanto que mera pulsión cerebral‑ hubiera bloqueado la ex­periencia misma. Esto es fácil de entender si se tiene en cuenta que to­da práctica tradicional implica sacrificio del Yo, pero el instructor no puede evitar hablar a ese mismo Yo que ha decidido vivir otra reali­dad jerárquicamente superior. Si el instructor facilita excesivos datos sobre cada etapa, el Yo los asimila e intenta expermentarlos por sí mismo, pero tales estados no pueden vivirse a través del Yo, sino de su renuncia. De ahí que hayamos dicho que el deseo de la experiencia bloquea a esa misma experiencia. En cambio, si el instructor facilita sólo la técnica, el practicante se limitará a utilizarla, sin esperar nada en concreto, es decir, sin que el Yo se pueda interferir por la vía del deseo concreto).

V. LAS INTERPRETACIONES PSICOANALÍTICAS

Llegados a este punto, hay que repetir la pregunta que otros muchos han hecho: ¿Dónde “viven” los simbolos? ¿Cuál es su “lugar de residencia”? A partir de Jung y de su intento de psicología analítica, ta­les preguntas han polarizado las discusiones centrales en torno a los símbolos. ¿Por qué los mismos símbolos se repiten en todas las épo­cas en lugares distantes y sin contacto entre sí? ¿Por qué encuentran eco en las profundidades del alma humana? ¿No será que es ahí donde se encuentra su hábitat natural?

Las teorías de Jung han intentado dar respuesta a estas pre­guntas a través de la psicología analítica, heterodoxa en relación a Freud, pero, al mismo tiempo, limitada, como ésta. Las tres teorías de Jung ‑sobre los “procesos de individuación”, el “inconscienie colecti­vo” y los “arquetipos”‑ aminoran la importancia dada por Freud a la sexualidad infantil, principal aberración del psicoanálisis, pero, a de­cir verdad, no penetran en la naturaleza del mundo tradicional que pre­tendió estudiar y que alardeó de haber desvelado.

Las distintas técnicas tradicionales ‑y la alquimia en particu­lar, a la que Jung consagró un voluminoso trabajo: Psicología y Alquimia‑ serían para Jung proyecciones de contenidos psíquicos del inconsciente sobre las cosas. A esto Jung lo llamaba "proceso de individuación" y mostraría la tendencia hacia la realización del ser. ¿Por qué se producía una convergencia de símbolos? Porque todos los seres humanos tenían desde el momento mismo de su nacimien­to, grabados en su cerebro, mitos y creencias propios de su raza, una especie de herencia psicológica a la que Jung llamó "inconsciente colectivo". Otto Rank, psicoanalista freudiano ortodoxo durante mu­cho tiempo, convergió con estos postulados afirmando que "el mito es el sueño colectivo de un pueblo". Sería en este inconsciente co­lectivo en donde residirían los "arquetipos", rnodelos simbólicos re­currentes.

Estas teorías fueron expuestas en diversos libros: El secreto de la flor de oro, Transformaciones y símbolos de la líbido y Psicología y Alquimia, fundamentalmente, y ya en su momento su­frieron críticas muy duras, beneficiándose de la ventaja de eludir los aspectos más problemáticos de las teorías freudianas y de recurrir a exposiciones frecuentemente cargadas de poesía. Por lo demás, en la discusión entre Freud y Jung lo que hubo fue una confrontación ra­cista del "SIgfrido suizo" contra el "judío de Viena", repleta de ajus­tes de cuentas (Totem y tabú, de Freud, es solo un ajuste de cuentas con la escuela de Jung), insultos mutuos y dos personalidades en dis­puta por la jefatura de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Era rigurosamente cierto, por lo demás, como achacó Ernst Jones a Jung, que éste solía cubrir sus exposiciones con "inmensa espuma de ver­borrea".

Pero tras todas estas disputas y teorías, lo que existe es una teoría freudiana difícil de comprobar, frente a un "cuento de hadas" junguiano que se desvanece en presencia de la genética actual (los caracteres adquiridos no se transmiten por herencia). Efectiva­mente, ni uno ni otro utilizan el método científico para establecer sus teorías. Freud fue lamarckista hasta su muerte y Jung no va rnás allá de él cuando intenta explicar los símbolos tradicionales no co­mo un eslabón de enlace entre el mundo físico y el nictafísico, sino entre el consciente y el inconsciente. En este punto ‑el que interesa verdaderamente‑, Jung permanece en el mismo nivel de ideas que Freud.

La tendencia del psicoanálisis, sea cual sea su escuela, es siempre la de haber superado efectivamente, al menos en parte, el ma­terialismo que dominaba hasta finales del siglo XIX (“no existe más realidad que la que se puede percibir con los sentidos”) y el haber con­cebido estados de conciencia subpersonales, pero sin contemplar si­quiera la posibilidad de existencia de estados de conciencia diferenciados que trasciendan al individuo. La confrontación entre el psicoanálisis y las doctrinas tradicionales estriba en la naturaleza de los símbolos. Para el psicoanálisis, se trata de una plasmación del inconsciente colectivo al­bergada en un estrato más profundo del insconsciente individual, mientras que para las doctrinas tradicionales tal inconsiciente no es si­no una manifestación de lo mental y, por tanto, está alejada de la me­tafísica y la espiritualidad pura. El mundo tradicional contemplaba la existencia del inconsciente entendido en sentido psicoanalítico ‑a eso aluden los mitos sobre el "reino de Neptuno" y los monstruos abomi­nables que moran en él‑ pero considerándolo como capas infrarracio­nales y subpersonales. Al mismo tiempo, afirmaba la existencia de ni­veles superiores a la conciencia ordinaria, supra‑personales. Estos ni­veles suprapersonales estarían en el umbral de la otra realidad, la me­tafísica, y mantendrían con ella "territorios" comunes. Esta situación privilegiada permitiría al símbolo ejercer su función de mediador en­tre lo humano y lo metafísico. Por lo demás, para la metafísica tadi­cional no existe realidad individualizada ‑este sería uno de los aspectos de "maya", la ilusión‑, sino unicidad orgánica, demostrable a tra­vés de la persistencia espacio‑temporal de los símbolos.

VI. EL SÍMBOLO COMO BASE PARA LA RECONSTRUCCIÓN DEL ORDEN TRADICIONAL

La sociedad tradicional, como todo lo que tiene un soporte humano, se fue agotando en el curso de los siglos y su influencia ha ido disminuyendo en el plano contingente. Hoy incluso ha desapareci­do el concepto mismo de "tradición" y "tradicionalismo", pasando, en ocasiones, a ser sinónimo de "ochocentismo" o de "burguesismo".

Pero es innegable que cuando se habla de "alternativa al siste­ma" en materia espiritual, una de las pocas alternativas posibles es la recuperación de los valores de la Tradición. La búsqueda de la nove­dad parece el callejón sin salida de todos los intentos "alternativistas". Martin Buber escribió: “Imago mundi nova, imago nulIa”, que no creemos necesario traducir; pero si no se quiere ser tan radical, es preciso reconocer, como mínimo, que cuando se han agotado todas las fórmulas "nuevas" no queda más re­medio que buscar entre el arsenal de las que se dieron en el pasado y adaptar sus principios al tiempo moderno.

Pero esto suscita una serie de problemas. En primer lugar, "tradición" implica "transmisión". Y esto se ha perdido. El hilo que une las escuelas tradicionales del pasado con el presente es tan débil que no puede considerarse como realmente válido y operativo. Cualquiera que haya tenido relación con escuelas tradicionales ‑budis­tas, sufíes, hinduístas, ortodoxas, residuos occidentales‑ habrá adverti­do lo problemático de todas ellas. Desde Taishen Deshimaru, uno de los japoneses que más hicieron por adaptar el budismo a Occidente, hasta Allan Wats, gurú de la contracultura y divulgador del Zen en los años 60 y 70, pasando por el lama Tchongyam Grumpa Rimpoché, uno de los más lúcidos maestros tibetanos llegados a nuestras latitu­des, todos ellos ‑cuyos escritos nos han ayudado extraordinariamente- ­murieron de algo tan prosaico como la cirrosis hepática... No puede esperarse encontrar un "maestro" perteneciente a una escuela regular sobre cuyo origen, actitud o regularidad no existan dudas. El mundo moderno no puede ofrecer ningún tipo de certidumbre si no es la de su propio fin, y esto afecta a los residuos tradicionales que subsisten en su seno.

En la polémica entre Jullus Evola y René Guerion en torno a la “regularidad iniciática”, estamos tentados de dar la razón al prime­ro en contra de la innegable ortodoxia del segundo. Como se sabe, to­das las doctrinas tradicionales sostienen la posibilidad de injertar en el aspirante una fuerza que le trasciende a través del rito y de la iniciación; algo así como colocar un molino de viento justo donde pasa una co­rriente de aire para activarlo. Pero nuestra experiencia personal nos ha permitido conocer decenas de "iniciados regulares" en distintas escue­las budistas e islámicas, que han aportado poco o nada al sujeto que la recibía, al igual que la recepción de los sacramentos no suele varias la condición de quienes los reciben. En la Grecia crepuscular ocurrió otro tanto: los ritos dejaron de ser "eficaces"; al igual que en los mornentos actuales, los ritos y las iniciaciones “se dernocratizaron”: como los sacramen­tos, se recibían sin ninguna preparación previa en profundidad, sin pa­sar por un período de ascesis y, de la misma forma que el corcho ab­sorbe cualquier vibración, el así "iniciado" se convertía en impermea­ble a la "fuerza actuante" de los ritos.

Sobre este tema se podría discutir mucho ‑y de hecho así ha ocurrido‑, pero a nuestros efectos carece de interés en tanto que, si bien es posible dar la prueba en negativo (la actual ineficacia de las iniciaciones), no lo es en positivo (nunca sabremos "positivamente" si en el pasado fueron o no eficaces ciertos ritos). A su favor está la tesis de la duración dilatada de los ciclos tradicionales; el arqueólogo e his­toriador Contenau pone, al respecto, el dedo en la llaga: los ciclos tra­dicionales, con sus ritos y mancias, nunca habrían podido sostenerse durante muchos años de no ser por haber mostrado un porcentaje sig­nificativo de éxitos, Gaston Bachelard, por su parte, abunda en la mis­ma idea preguntándose: "¿Cómo podría perpetuarse y mantenerse una leyenda si ca­da generación no tuviera razones íntimas para creer?”.

Despojando al mundo tradicional de todo aquello que es acce­sorio, de lo que fueron construcciones históricas sujetas a imperativos étnicos, geográficos o históricos; quitando a todo exoterisrno sus ras­gos propios superfluos y su utilitarismo social, abandonando en el camino todo aquello que se presta a discusión intelectual y reviste caracteres problemáticos o indemostrables, lo único que nos queda hoy son tres factores: unos métodos de meditación e instrospección, unos elementos mínimos de metafísica (de conquista de lo que está más allá de lo físico) y un sistema de símbolos sobre los que apoyar la práctica. Es decir: teoría, práctica y puntos de apoyo. ¿Para qué debería faltar algo más?

A la hora de la verdad, meditar ‑es decir, abordar una de las prácticas tradicionales posibles‑ es estar solo consigo mismo, y nada ni nadie puede ayudarnos en la búsqueda de nuestro Ser más profun­do. A la iniciación "real" y “ortodoxa” como la teorizada por Guenon, el tiempo nuevo debe oponer, ha opuesto, una “iniciación virtual”, de­rivada de una práctica seria, personalizada, basada en una rigurosa or­todoxia metafísica y apoyada en un sistema de símbolos que encuen­tre eco en nuestro interior.

No puede haber reconstrucción de orden tradicional alguno, si antes no se reconstruye la élite tradicional que lo alumbrará. Nunca el efecto fue anterior a la causa.

(c) Ernesto Milà – ernesto.mila.rodri@gmail.comhttp://info.krisis.blogspot.com Prohibida la reprodcción sin indicar origen

 

RHF nº XXVI

RHF nº XXVI

Acaba de aparecer el nº XXVI de la Revista de Historia del Fascismo correspondiente al mes de noviembre de 2013 que incluye los siguientes artículos:

Sumario:

DOSIER
Arde el Reichstag:
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?. Del 30 de enero al 5 de marzo de 1933: semanas decisivas

En la noche del 27 de febrero de 1933, cuando aún no se cumplía un mes del nombramiento de Hitler como Canciller, el Reichstag quedaba convertido en cenizas. Aun hoy subsiste en de­bate sobre quién incendió el edificio e incluso el autor material, Marinus Van Der Lubbe, ha sido rehabilitado en 1998. La respuesta del gobierno consistió en presentar una ley especial para la represión de estos actos de terrorismo que tuvo como consecuencia la prohibición del Partido Comunista Alemán (KPD) y sucesivas modificaciones legales que concentraron el poder en manos de Hitler. Presentamos la cronología de los acontecimientos y un análisis crítico del episodio.

NACIONAL-SINDICALISMO
Crónica de una frustración histórica
Las causas que impidieron el arraigo de un fascismo en España

La crónica del «fascismo español», esto es, del movi­miento nacional-sindicalista, es también la crónica de una permanente frustración que se manifestó ya desde los primeros momentos y que lo ha acompañado a lo largo de toda su historia. Debemos, pues, hablar de un «fascismo frustrado» mucho más que de una experiencia histórica consumada. Este artículo tiene dos partes, en la primera se aluden a las distintas causas que generaron esa frustración. En la segunda se describen las biografías de los dos principales exponentes de la «derecha falangista»: Onésimo Redondo Ortega y Julio Ruiz de Alda.

NACIONAL-SINDICALISMO
Dos biografías de la “derecha falangista”
Onésimo Redondo y Ruiz de Alda
(por Eduardo Núñez)

Después de esta introducción presentamos las biografías de los dos dirigentes falangistas más conocidos de su «ala derecha». Se trata de dos biografías sintéticas que nos sirven para situar a los personajes. Al lector le será sumamente fácil, con la introducción que hemos realizado, entender que situemos a estos dos personajes en la «derecha fa­langista». Vale la pena decir que, en el propio José Antonio, se percibe una evolución nítida a lo largo del año 1935 que lo va desplazando del «ala derecha», hacia nuevas posiciones. Esta evolución, por el contrario, no se percibe ni en Onésimo Redondo, ni en Julio Ruiz de Alda.

FASCISMOS INTERNACIONALES
Camisas doradas y el fascismo en México
(por Eduardo Basurto)

En el México insurgente del primer tercio del si­glo XX, tras las guerras cristeras (de las que León Degrelle fue un testigo excepcional) apareció el movimiento de los Camisas Doradas, rama militante de la Acción Revolucionaria Mexicanista, dirigida por Nicolás Rodríguez Carrasco, un movimiento que rechazaba a la democracia parlamentaria y el marxismo. Son considerados como el «partido fascista» mexicano más amplio y con una base más sólida. Su ciclo histórico fue breve pero aquí lo repasamos, desde sus orígenes hasta su extinción en el tiempo en el que la guerra ya había vuelto a prender en Europa.

NEOFASCISMO
Memorias de Stefano Delle Chiaie
Los años del exilio español

Reanudamos la traducción y publicación de las memorias de Stefano Delle Chiaie editadas en Italia con el título de El Águila y el Cóndor. Llega­mos a la dilatada etapa española en la que Delle Chiaie consigue crear, junto con el Comandante Borghese, una «santuario» en nuestro país cuya vigencia se prolongará hasta un año después de la muerte de Franco. Esta etapa es prolija en acontecimientos que están ligados en buena medida a las peripecias de la policía española de la época y que harán que el nombre de Delle Chiaie aparezca con mucha frecuencia en las primeras páginas de los medios de comunicación españoles durante la transición.

Formato 15x21 cm
232 páginas
Portada: cuatricomía, plastificada, con solapas
PVP: 18,00 €
Pedidos superiores a 10 ejemplares: 9:00 €

El sistema se defiende

El sistema se defiende

Infokrisis.- Nuestra época es hija directa del nuevo equilibrio mundial de fuerzas generado en 1945 y en 1989 al concluir la Guerra Fría. Sin embargo, las fuerzas que en esos momentos eran hegemónicas e indiscutibles han perdido cohesión y hoy se encuentran en crisis. A partir de 1973, cuando concluyeron “los 30 años gloriosos”, las crisis cíclicas del capitalismo, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, los procesos inflacionarios, la primera crisis del petróleo, supusieron una primera etapa en la crisis. Era el período marcado por el capitalismo multinacional. Cuando cayó el Muro de Berlín y el capitalismo entró en su fase globalizadora se inició un viaje sin retorno a nivel mundial. Todo esto repercutió en la “calidad” de las democracias: la dominante de todo este largo proceso fue la preeminencia de la economía sobre la política, es decir, de los intereses de las oligarquías económicas sobre la soberanía y el poder político. Los partidos que en 1945 eran solamente la expresión de intereses de las distintas fuerzas económicas que actuaban en cada país, se orientaron en dos direcciones: partidos de centro-derecha, herederos de los antiguos partidos conservadores, y partidos de centro-izquierda, derivado de partidos socialdemócratas y socialistas. A medida que el capitalismo mundial se fue transformando, estos partidos fueron corrigiendo sus posiciones y acentuando cada vez más su carácter de dos caras de la misma moneda. Sin embargo, a partir de los años 80, el sistema de partidos políticos empezó a sufrir una rápida erosión y el agotamiento de las fórmulas que se venían utilizando desde 1945 impuso correcciones al sistema de fuerzas económico-político: el Sistema, en definitiva, se defiende. Y cuanto más agónica es su situación, esta defensa se convierte en más agresiva.

La erosión del sistema tiene varias vertientes. Algunas son inocuas en relación a la supervivencia del sistema y no implican riesgo: las bajas cotas de afiliación política y sindical, el desinterés de las masas por la política (generada por el propio sistema a partir de mediados de los años 70 mediante el aumento auspiciado por Brzezinsky del “entertaintment”), el aumento del abstencionismo electoral. Pero otras pueden ser consideradas como peligrosas: el voto de protesta, especialmente el voto a partidos y a gentes que presentan un modelo político-económico diferente e irreductible a los programas de los partidos “homologados” por el capital internacional.

Para conjurar a estas fuerzas consideras “peligrosas”, el Sistema ha habilitado una serie de tácticas que han mostrado su eficacia mientras que las crisis han sido breves y alternadas por períodos de progreso más o menos ilusorio (“ilusorio” en la medida en que la concentración de capital mundial y su transformación en capital especulativo ha ido aumentando en las últimas décadas, paralelamente a la pérdida de poder adquisitivo de la población).

La novedad es que la actual crisis es sostenida (“sostenida” en la medida en que dura ya seis años y que hoy, cuando aún no se ha resuelto la crisis iniciada en EEUU y en Europa en 2007 y 2008, se preparan nuevos focos de crisis en Brasil primero y posteriormente en China) y no se percibe de qué forma el sistema económico mundial logrará superarla sin que ocurra una convulsión sin precedentes.

Vale la pena, pues, realizar una breve excursión a las tácticas utilizadas por el Sistema para liquidar los focos de oposición y resistencia, intuyendo al mismo tiempo, que a medida que la crisis del sistema político se vaya acentuando, esas tácticas ganarán en brutalidad.

1. Modificaciones legislativas

Desde los Procesos de Nuremberg quedó de manifiesto que el nuevo equilibrio de fuerzas creado excluía a determinadas opciones políticas y que solamente alcanzarían carta de legitimidad aquellas fuerzas que aceptaran: el capitalismo como sistema económico, la partidocracia como sistema político y el consumismo como hábito social. Cualquier otra forma de considerar las relaciones político-económico-sociales, sería considerada como herética y arrojada extramuros del sistema. Esto se tradujo inmediatamente en la introducción de cláusulas excluyentes, bien en los textos constitucionales o bien en leyes orgánicas en toda Europa.

Estas modificaciones legislativas tenían dos vertientes: en algún caso se trataba de modificaciones de gran calado como los cambios en las legislaciones electorales. Así, por ejemplo, el 16 de marzo de 1986, el Front National francés entra en la Asamblea Nacional con 35 escaños… Inmediatamente después, como respuesta, el gobierno Mitterand aprobó una modificación legislativa que implantaba la elección a “doble vuelta” que, a la vista de sus buenos resultados, se implantó también en todos los niveles electorales. Tal sistema implicaba que si una tercera fuerza, ajena a los partidos “oficialistas” de centro-derecha y de centro-izquierda, era el partido más votado sin alcanzar la mayoría absoluta en la primera vuelta, el “oficialismo” se coaligaría contra él en la segunda vuelta, imponiéndose casi de manera inevitable. Desde entonces, el “oficialismo” galo ha respetado esta regla bloqueando el ascenso de terceras fuerzas.

En España, este sistema ya ha sido propuesto por algunos dirigentes del PP, mientras que el PSOE, mientras estuvo en el poder, impuso la recogida de un porcentaje de firmas en cada circunscripción electoral para aquellas fuerzas que no tenían representación, reduciendo drásticamente el número de candidaturas a presentar. Por otra parte, el mantenimiento de la Ley D’Hont (en lugar de la representación proporcional pura), significa, de partida, una desnaturalización de la democracia y una alteración de la voluntad popular en beneficio de los partidos “oficialistas”: ayer UCD y hoy PP por el centro-derecha y el PSOE por el centro-izquierda.

En otros casos se trataba de simples modificaciones que tienden a limitar la libertad de expresión, no solamente de los grupos a los que van dirigidos, sino de cualquier fuerza disidente. En efecto, después 1945, el gobierno alemán se tomó particular interés en demostrar su “lealtad democrática” y la eficacia de los “procesos de desnazificación”, aprobando una legislación antifascista particularmente dura. Esta legislación se puso en vigor en los años 50 en varias ocasiones deteniendo el crecimiento de varias formaciones nacidas a la derecha de los partidos “oficialistas” y en varias ocasiones ha puesto al NPD en peligro de prohibición. El papel determinante y locomotor de Alemania en la Unión Europea ha hecho que una de las exigencias de Angela Merkel (democristiana) para que Alemania colabore en la resolución de la crisis en terceros países, ha sido la aplicación del “modelo alemán” (prohibición de cualquier cosa que recuerde incluso remotamente al nazismo) se extienda a toda la Unión Europea. Fruto de esta exigencia ha sido la reciente ley Gallardón para perseguir este tipo de opiniones.

El hecho de que en Grecia –país particularmente sacudido por la crisis económica y, por tanto, en riesgo de saqueo por parte del capital internacional- haya despuntado un partido considerado como neo-nazi (en realidad, se trata de un partido de derecha-nacional anti-inmigración y anti-crisis) que recoja a una parte sustancial del electorado, y que este partido no oculte en su programa su intención de ofrecer resistencia al saqueo, ha sido el detonante para que Alemania, “sugiriera” la extensión de su legislación “anti-nazi” especialmente a los países más afectados por la crisis.

2. Programas de “contra-inteligencia interior”.

COINTELPRO eran las siglas de Counter Intelligence Programa (Programa de Contrainteligencia) creado por el FBI norteamericano, destinado, no solamente a investigar, sino a sabotear la acción de las organizaciones políticas disidentes en el interior de los Estados Unidos. Hoy se conoce suficientemente todos los aspectos de ese programa y se sospecha de otros que todavía no han sido revelados. El programa, aparentemente, se dirigía “contra las organizaciones extremistas”, pero, como siempre, esta calificación es excesivamente elástica. El programa implicaba una infiltración masiva y una manipulación para “desbaratar, descarriar, desacreditar o neutralizar” a estos movimientos y a sus líderes.

Se sabe que el proyecto comenzó en 1956 y se prolongó hasta 1970. Los objetivos fueron el Partido Comunista de los EEUU, el Socialist Worker's Party de carácter trotskista, las distintas fracciones del Ku Klux Klan, los grupos radicales negros (incluido Nation of Islam), y los grupos de la Nueva Izquierda y, por supuesto, el ANP y la Iglesia de la Identidad Cristiana. Con posterioridad al desarrollo de este plan, el Congreso de los EEUU y el Tribunal Supremo declaró que el proyecto violaba las garantías y libertades constitucionales…. Pero ya era tarde. El programa fue secreto hasta que en 1971, un grupo de radicales de izquierda (seguramente informados por algún otro servicio de inteligencia rival), se llevó varios documentos de una oficina del FBI; una comisión de investigación del Senado investigo exhaustivamente el COINTELPRO en 1976.

Aparte de los métodos policiales habituales para investigar y mantener bajo control a los grupos radicales, lo que aportaba el COINTELPRO eran elementos de lo que se ha dado en llamar “War at home” (guerra en casa), cuyas tácticas eran: infiltración sistemática (pero a diferencia de la infiltración clásica, no se trataba de obtener informaciones que permitieran un control de los grupos radicales, sino que esos infiltrados debían sabotear, crear confusión, avivar polémicas interiores, generar conflictos y desbarajustes), guerra psicológica desde el exterior (que implicaba en hacer llegar a los medios de comunicación cientos de informaciones falsas, falsear documentos interiores, enviar sistemáticamente cartas anónimas, generar movimientos inexistentes para crear confusión, lograr que los grupos ya constituidos fueran dirigidos por agentes infiltrados), hostigamiento legal (que no se refería a los habituales recursos de la fiscalía para acosar a quienes infringieran la ley, sino que tanto los policías encargados de la investigación, como los agentes infiltrados, debían y podían mentir bajo juramento, presentar pruebas falsas elaboradas ad hoc, intimidar a los dirigentes de la manera que fuera, directamente o a través de sus familias y silenciar a los simpatizantes) y, finalmente, fuerza extralegal y violencia (los propios agentes del FBI, infiltrados o no, realizaban actos de vandalismo que firmaban con las siglas de los grupos a los que querían desprestigiar, incluyendo asalto, palizas, hasta el punto de que, una vez conocidos, fueron calificados como “terrorismo oficial”). Todo esto se realizaba por iniciativa del FBI, sin autorización judicial, y en completa clandestinidad.

Pues bien, este programa COINTELPRO, en unos países de manera limitada (España) y en otros de manera calcada (Italia) se fue extendiendo por todos los servicios de seguridad del mundo y hoy, sus enseñanzas siguen siendo aplicadas. Muchos de los episodios que ocurrieron en el tardo-franquismo y con mucha más frecuencia durante la transición, son altamente tributarios de las enseñanzas del COINTELPRO.

3. Creación de “partidos trampa”

En el año 2000, el FPÖ austríaco era el partido que recogía mayor intención de voto. Sin embargo, al producirse las elecciones tres años después, éste partido recogió el 20,55% de los votos, obteniendo el partido vencedor, los socialdemócratas, el 26,86% y los democristianos el 24%. Este resultado se hubiera visto completamente desequilibrado si a última hora, deprisa y corriendo, los medios de comunicación apoyaron masivamente la candidatura del llamado Team Stronach, fundado por el millonario Frank Stronach, quien invirtió 25 millones de euros en una campaña de carácter ultra populista, sin más contenido que el euroescepticismo y el nacionalismo, que le reportó casi un 10% de votos… que de otra manera hubieran ido a parar a un FPÖ irreductible. No ha sido el único caso.

En Francia, la escisión que tuvo lugar en el interior del Front National en 1998 y que puso en peligro su continuidad, contó –como otras iniciativas fraccionalistas anteriores de que fue objeto este partido- con el apoyo de los medios vinculados al Sistema político “oficialista”. Hay que señalar que esta escisión se produjo cuando el partido se encontraba en su apogeo. Los disidentes pasaron a formar el Movimiento Nacional Republicano.

En Italia, en 1977, después del XI Congreso del Movimiento Social Italiano, un grupo de diputados y senadores, todos ellos pertenecientes al “ala más centrista” del partido, es decir aquella que aspiraba a pactar con la Democracia Cristiana, se escindieron constituyendo Democracia Nacional (que contactó en España con Alianza Popular en 1979 para responder a la “eurodestra” que estaba intentando crear entonces Giorgio Almirante, secretario general del MSI… También en esta ocasión, la escisión se produjo cuando el partido había roído una parte sustancial de la DC y después de que se intentaran contra él provocaciones, más o menos frustradas, que lo implicaban en actos de terrorismo (detención de Pino Rauti, diputado del MSI en 1973… poco antes de las elecciones generales).

La homogeneidad de esta táctica, permite pensar que es universal y que cuando un partido disidente ha alcanzado un cierto número de escaños, votos o peso político real, inmediatamente, los partidos “oficialistas” o las fuerzas de seguridad encargadas de la defensa del “sistema”, generan una escisión que se traduce inmediatamente en un estancamiento de la fuerza disidente, en una merma en su capacidad política o, simplemente, en una escisión destructora de su imagen y, por tanto, de su futuro político.

4. Presión mediático-política

El papel de los medios de comunicación en los regímenes partidocráticos no es otro que el de servir de cajas de resonancia a determinadas opciones “oficialistas” y sabotear a otras para mantener así el equilibrio de fuerzas que conviene a los grupos económicos que detentan la propiedad de tales medios. Conviene no olvidar que la naturaleza del capitalismo multinacional y globalizado tiende a la existencia de grandes consorcios económicos dedicados a múltiples actividades o bien grandes fondos de inversión interesados por áreas muy distintas pero siempre complementarias. Así mismo, tampoco hay que olvidar que tanto la Comisión Trilateral, como el Club Bildelberg, son estados mayores del poder económico, político y mediático.

En las últimas décadas se ha visto como en cualquier operación política de envergadura el poder mediático juega un papel capital decantando en determinada dirección a la opinión pública (excepcionalmente receptiva y mutable). En España, por ejemplo, la transición no hubiera sido posible sin el concurso de tres grupos mediáticos: Cadena 16 (ya desaparecida), PRISA (en graves dificultades) y Cadena Z (absolutamente en crisis). Así mismo, no hay que olvidar que las “cadenas nacionales” son altamente tributarias de las “agencias de prensa internacionales” que, históricamente, siempre han sido un reflejo interesado de la opinión de sus respectivos gobiernos nacionales.

En la actualidad, los medios de comunicación son el principal elemento de estabilización del sistema partidocrático en toda Europa en la medida en que la prensa libre ha dejado de existir, las crisis económicas y la crisis derivada de la transmisión digital de la información, cada vez hacen más dependientes a los medios del sistema de subvenciones y subsidios habilitados por los regímenes políticos.

Es a través de los medios de comunicación como cualquier operación de “guerra en casa” se hace creíble, como se atribuye la paternidad de cualquier atentado a quien interesa y cómo unas opciones quedan marcadas con el descrédito y otras se prestigian. Mediante los titulares de prensa se legitiman o se justifican asesinatos (recientemente el asesinato de dos miembros de Amanecer Dorado y hace 35 años, los asesinatos reiterados de miembros del MSI o de otros grupos italianos, eran presentados como respuestas a la “violencia de la extrema-derecha”), grupos poco menos que inexistentes aparecen en primera página confundiendo a la opinión pública sobre su peligrosidad (véanse los titulares generados por la irrupción de un grupo en la librería Blanquerna), se siembra la confusión entre actos promovidos por insolventes políticos y manifestaciones de calado político (los resto de Cadena Z, intentaron confundir el pasado 12-O la minúscula manifestación de extrema-derecha en Barcelona convocada por varios grupos, con la gran manifestación ciudadana anti independentista que se celebraba el mismo día en la plaza de Cataluña).

Durante la transición esta táctica se puso de manifiesto con un añadido particularmente desagradable: una pequeña pelea de bar provocada por miembros de la extrema-derecha era denunciada a grandes titulares, el mismo día en que cualquier grupo terrorista de extrema-izquierda asesinaba a una o a varias personas. En Italia ocurrió el mismo fenómeno y en la misma época.

La táctica consiste, en definitiva, en tomar la parte por el todo, responsabilizando a todo un sector político de las acciones irresponsables cometidas por unos pocos.

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Estas tácticas no aparecen nunca aisladas. Generalmente suelen interactuar y aplicarse a modo de “alfombra apisonadora” en un mismo en un mismo período y en un mismo país. La novedad estriba en que, a medida que avanza la crisis, cada vez hace falta aplicar medidas más severas para impedir que los grupos de oposición al “oficialismo” avancen. Es difícil saber hasta donde aguantará el sistema político-económico-social sin desplomarse víctima, bien de la oposición interior, bien de un desplome en el interior del mismo. Lo que es previsible es que, a medida que vaya aumentando la fragilidad del sistema y su debilidad, irá aplicando estas tácticas de manera cada vez más brutal.

Vale la pena pues seguir los casos francés (en donde antes de las próximas elecciones presidenciales el Sistema deberá hacer algo… y rápidamente, si quiere evitar que el FN se consolide como el gran partido de oposición), el caso griego (en donde se corre el riesgo de llegar a una espiral de violencia y en donde las enseñanzas que obtenga el Sistema serán actualizadas y aplicables a otros países), el caso austríaco (en donde parece poco probable que el “partido trampa” pueda prolongar su existencia).

Las tácticas utilizadas por el Sistema para compensar su debilidad creciente, tienen un problema: no garantizan su subsistencia en el tiempo eternamente, ni tampoco bloquean completamente los “sarpullidos” anti-sistema que inevitablemente surgen en tiempos de crisis. El Sistema se revela, como el perro del hortelano, como una entidad que “ni come ni deja comer”.

El Sistema puede neutralizar mediante estas tácticas, la aparición de focos de oposición, pero nunca podrá superar la ley interna del capitalismo: la búsqueda del máximo beneficio para el capital en el menor tiempo posible, y esto es, precisamente, lo que provocará antes o después su desplome interior: hoy no hay en el mundo dinero suficiente para cubrir toda la deuda mundial y el hecho de que las imprentas sigan imprimiendo papel-moneda y que la economía financiera siga anotando asientos electrónicos y ganancias virtuales en la nube informática, no impiden apreciar que los desajustes interiores del Sistema son de tal calibre que lo convierten en una estructura diamantina: excepcionalmente dura y resistente, pero, al mismo tiempo, extremadamente sensible al estallido en cuanto se encuentra el punto de fractura. Encontrar ese punto de fractura  en el cual, aplicando una pequeña fuerza, el Sistema estalla, es el quid de la cuestión de todo movimiento de oposición al sistema.

© Ernesto Milà – ernesto.mila.rodri@gmail.com – http://infokrisis.blogia.com – http://info-krisis.blogspot.com