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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Alternativas desdibujadas

Alternativas desdibujadas

Info|krisis.- La semana que empieza ha dejado atrás dos noticias que influirán decisivamente en el futuro de los nuevos partidos que aspiraban a luchar contra “la casta”. Por una parte, Podemos está viviendo su primera gran crisis con la dimisión de Juan Carlos Monedero y la brecha cada vez mayor abierta entre la cúpula y las bases. De otra, Ciudadanos ha perdido la virginidad definitivamente, al haber establecido un pacto de gobierno con el PSOE en Andalucía. Estos dos elementos van a jugar decisivamente en el papel de estas dos formaciones en las semanas que van a seguir contribuyendo a diluir su papel de “alternativa a la casta” y a afirmarlas más bien como “prolongación de lo que existe”.

La “nueva banda de los cuatro” en apoyo a la “vieja banda de los cuatro”

Hace apenas tres meses, Podemos era el “primer partido” del país; hoy ya no lo es. Hace un mes, Ciudadanos ocupaba el mismo papel. Mañana, seguramente, no lo será. Apenas quince días atrás, las encuestas anunciaban un “empate” entre las intenciones de voto de estos dos partidos y las del PP y el PSOE. En las próximas semanas, no albergamos la menor duda de que Ciudadanos iniciará un declive que reducirá sus expectativas de voto en las elecciones municipales y autonómicas. ¿El culpable? Juan Marín y los pactos que a los que ha llegado en Andalucía para apoyar la elección de Susana Díaz como presidenta autonómica.

Era evidente que, antes o después, la “nueva banda de los cuatro” (formada por ERC, Bildu, Podemos y Ciudadanos), como cualquier otro que aspire a “nadar” en política, iba a “mojarse” y a tener que demostrar ante la opinión pública la pasta de la que estaban hechos sus dirigentes. Sabemos, por ejemplo que las preferencias de Bildu, como las de ERC, consisten en formar un “frente soberanista” con los nacionalistas moderados. Era algo que estaba implícito en su condición de “nacionalistas radicales” y que, por tanto, no ha sorprendido.

Mucha más sorpresa ha causado la problemática interna que se ha desarrollado en el interior de Podemos entre los “posibilistas” y los “radicales” y que tiene también su reflejo en Ciudadanos, partido dirigido en Andalucía por un pequeño aventurero de la política que tiene prisa por “tocar moqueta” y congraciarse con el que, sin duda, es –a corta distancia del gobierno autonómico catalán– la vanguardia de la corrupción del “Estado de las Autonomías”. Si esto hubiera ocurrido en Aragón o en Cantabria, nadie su hubiera sorprendido del puente tendido de Ciudadanos hacia el PSOE, pero en Andalucía la cosa ha sido doblemente sorprendente por dos razones:

-          En primer lugar porque los votos de Ciudadanos proceden del PP… y nunca lo hubieran entregado a esta formación de saber que iban a ser destinados a apuntalar a Susana Díaz en el poder y al “régimen” socialista andaluz muy tocado tras el procesamiento de Cháves y Griñán por el escándalo de los EREs.

-          En segundo lugar porque supone un toque de atención para millones de electores de toda España decepcionados con la derecha liberal y que habían visto en Ciudadanos, un nuevo experimento “centrista”, incontaminado y virginal.

Las prisas de Marín en trenzar un acuerdo con el PSOE que le garantizara que el tiempo que vaya a permanecer en política le aportará suficientes beneficios para desaparecer sin problemas (en cuatro años veremos lo que queda de Ciudadanos en Andalucía), perjudican gravemente la credibilidad de Albert Rivera (salvo en Cataluña en donde el partido sigue creciendo gracias a que el PSC se mantiene instalado en una improbable “tierra de nadie” entre soberanismo y estatalismo, y la actitud de Ciudadanos allí se basa, no tanto en el centrismo, como en ventear el antinacionalismo como reclamo electoral). Pero en el resto del Estado, la actitud de Ciudadanos va a repercutir muy negativamente en la bolsa de votos que hasta ahora se prometía Rivera.

Podemos: de la gloria al fraccionamiento

Peor van las cosas en Podemos. De la fascinación que ejercía sobre el electorado se ha pasado a verlo como un partido dividido interiormente, con una cúpula fracturada y con un rumbo inestable. No es que los ataques del PP y del PSOE hayan erosionado a Podemos. De hecho, se trataba de ataques destinados a interrumpir el flujo de adhesiones a este partido procedentes de las propias filas de la socialdemocracia o de los decepcionados del PP. El hecho de que estos partidos alardearan de que Podemos había recibido subvenciones procedentes del gobierno venezolano apenas le ha causado problemas: la mayor parte de la ciudadanía han pensado que, mejor que reciban dinero de fuera, antes que nutrirse como la “vieja banda de los cuatro” de las arcas públicas del Estado Español, es decir de los impuestos pagados por todos nosotros.

Lo que verdaderamente ha generado la pérdida de fuerza de Podemos ha sido:

-          De un lado el que los medios de comunicación de izquierdas han optado por promocionar a Ciudadanos, un partido destinado a nutrirse de votos procedentes de  la derecha, sin pensar que parte de esos votos, antes, se habían orientado a la bolsa de Podemos.

-          Las distintas orientaciones estratégicas entre las fracciones que componen la dirección de Podemos y que oscilan entre insertarse como un “partido reformista” más (Iglesias, Bescansa, Errejón) y los que optan por una estrategia “alternativa” (Monedero y la Izquierda Anticapitalista que recientemente visto expulsados a 60 de los suyos en Andalucía).

En muchas poblaciones, los candidatos que Ciudadanos va a presentar en las próximas elecciones municipales, hace solamente un año, tras las elecciones europeas, figuraban entre los afiliados a Podemos. Querían integrarse en un “partido de protesta” fuera el que fuera, sin importarles mucho su orientación. Simplemente no querían nada que ver con “la casta”, ni con sus siglas. Parte de los votos que llegaban a esta formación procedían de los votantes de centro-derecha hartos de verse decepcionados una y otra vez por el PP.

Era paradójico, pero no por ello menos real: un partido de extrema-izquierda recibía votos “centristas” procedentes del PP. Ahora, con la elevación de Ciudadanos a “gran partido nacional”, esos votos han cambiado de orientación y, de manera mucho más natural, van a parar a esta formación que, después de años de autoconsiderarse como de “centro-izquierda”, finalmente han asumido una ubicación “centrista” mucho más oportunista, pero también más adecuada a los contingentes de votos que les van a parar. Esto ha supuesto una primera merma para Podemos.

La segunda ha sido todavía mayor: Monedero no era uno más entre los fundadores de Podemos, era el ideólogo, el estratega, el hombre de los contactos. Y ha dado el portazo. Partidario de forzar la situación y de no transigir con la “vieja banda de los cuatro” (PP, PSOE, PNV, CiU), la derecha apuntó bien sus baterías contra él: con Monedero fuera del partido, Podemos pierde su carácter “alternativo” para convertirse en un partido más o menos reformista, moderado y cuyos miembros no tienen muy claro hacia dónde aplicarán las reformar en caso de participar en alguna coalición de gobierno.

Syriza como [mal] ejemplo para Podemos

Ahí está el caso de Syriza, otro elemento que también ha contribuido a sembrar las dudas sobre la viabilidad de proyectos similares. Después de meses de amenazar con romper con la UE y con el euro si no se condonaba parte de la deuda, de tantear a Rusia como alternativa de reemplazo, de proclamarse una y otra vez anticapitalistas, finalmente, el gobierno griego ha terminado por destituir a Varufakis, su propio ministro de economía como negociador con la “troika” de Bruselas. Syriza ha elegido su camino: aplicar, poco a poco, las reformas que exige la UE, procurar no causar sobresaltos al Euro; y, finalmente, no alterar el panorama internacional. Bienvenido Syriza a la socialdemocracia…

El ejemplo Syriza es, por el momento, bastante decepcionante para los que en España reivindicaban un espacio y una orientación similares. De hecho, Syriza y Podemos son cada vez más parecidos (salvo por el pequeño detalle de que Syriza tiene como socio de gobierno a un partido antiglobalización de derecha y en España una combinación de este tipo sería altamente improbable a la vista de que Podemos sigue preso con el viejo esquema de las “dos Españas”) y el camino emprendido por Syriza en Grecia es, justamente, el que aspiran a adoptar los moderados de Podemos en España. Pero Syriza “no ha podido” en Grecia, nada hace pensar, por tanto, que Podemos “sí pueda” en España.

Monedero no estaba dispuesto a ser domesticado por el sistema y por eso ha optado, finalmente, por irse. Su salida no ha generado inquietudes en la dirección, pero si ha ampliado la distancia entre ésta y una parte importante de sus bases. Los buenos resultados obtenidos en Andalucía por Podemos y por Ciudadanos para lo único que han servido es para ver claramente de qué manera iban a gestionarlos. Ahora sabemos que Ciudadanos se ha vendido rápidamente y seguramente por poco. Por su parte, Podemos en Andalucía se ha ido desdibujando en las semanas posteriores.

La “nueva banda de los cuatro”: los mismos problemas y alguno más…

La impresión que dan los dos partidos nacionales de la “nueva banda de los cuatro” es que sus dirigentes son excesivamente bisoños, meros aficionados sin mucho conocimiento de la política y de sus mecanismos, carecen de proyecto, de preparación, de experiencia, no solamente de gestión, sino incluso de capacidad para elaborar programas políticos viables que cambien algo. Veremos, incluso, cómo reaccionan cuando tengan la oportunidad de percibir comisiones y de aceptar corruptelas.

No somos muy optimistas al respecto: cuando un proyecto político está desdibujado, las ambiciones personales son demasiado concretas como para que existan argumentos éticos y morales suficientes para no contaminarse con el universo político corrupto de la “vieja banda de los cuatro”. Simplemente esas ambiciones pasan a primer plano por encima de cualquier otra consideración.

La historia, Marx dixit, se repite primero como tragedia y luego como comedia. ¿Vamos a olvidar que el PSOE de 1979 estaba formado por antiguos idealistas procedentes de toda la extrema-izquierda española, curtida en la clandestinidad durante los últimos años del franquismo (maoístas del Partido del Trabajo, de la Organización Revolucionaria de Trabajadores y de la Organización Comunista de España (Bandera Roja), trotskistas de la Liga Comunista, marxistas-revolucionarios de la OICE, Organización de Izquierda Revolucionaria de España)? De hecho, vale la pena recordar que el primer caso de corrupción que apareció en el PSOE fue el de Didac Fábregas, el antiguo secretario general de la OICE que debió emigrar a Cuba en 1984 por haber desviado a espuertas fondos públicos a su bolsillo.

Los jefes de la “nueva banda de los cuatro” son de “bajo perfil”: Rivera solamente se mueve bien en el tema antisoberanista, en todos los demás da una pobre impresión; Pavel Iglesias, agotada la temática “anticasta” tampoco aporta precisamente “ideas geniales” y, en ocasiones, ejerce un peripatetismo acaramelado.

Podemos y Ciudadanos, al insertarse de manera creciente en la política real, están perdiendo buena parte de los apoyos con los que inicialmente partieron. Su trayectoria este último año delata un fenómeno demasiado evidente: el de la volatilidad de estas opciones capaces en pocas semanas de pasar de las cimas de la gloria o los umbrales de la inanición política. A esto se une el “bajo perfil” de sus direcciones, incapaces de suscitar entusiasmo más allá del impulso inicial (una estrategia basada no tanto en los aciertos propios como en los errores de la “vieja banda de los cuatro”), gente que en medio de una crisis económica generalizada, ven en la política una salida personal para evitar acabar sus días como aburridos profesores no numerarios o como tristes reponedores de super. Sería incluso aceptable de no ser porque no es eso lo que proclaman al electorado...

En realidad, la “vieja banda de los cuatro” y la “nueva banda de los cuatro” no parecen muy diferentes una de otra: como máximo, una es el recambio generacional de la otra, pero sus valores, sus actitudes, sus duplicidades, no son muy diferentes… por tanto, hay que pensar que sus respuestas ante la corrupción, su oportunismo sin principios y su falta de escrúpulos, serán seguramente similares en ambos casos. El hecho de que a Ciudadanos haya ido a parar lo que de más oportunista hay en este país (con Juan Marín al frente) y que, como en Podemos, se hayan reunido allí los segundas filas de los grandes partidos, apartados por los ajustes de cuentas internos, o simplemente marginados de la política a la vista de su falta de solvencia intelectual y moral, no deja mucho lugar al optimismo.

El problema no es hoy que la “vieja banda de los cuatro” haya sumido a este país en la crisis más profunda y prolongada de su historia, sino que la “nueva banda de los cuatro” en los próximos dos años demostrará que no está de ninguna manera capacitada para sacarnos de la sima. De la “gran decepción” a la “nueva decepción”, tal es lo que va de los “viejos” partidos a las “nuevas” opciones. Y, eso sí, en un clima de inestabilidad política creciente.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Libia y la inmigración

Libia y la inmigración

Info|krisis. Libia y la invasión migratoria a Europa.- El gobierno italiano de izquierda presidido por Matteo Renzi del Partido Democrático es el eslabón más débil del norte del Mediterráneo. Con una orientación “soft” similar al antiguo zapaterismo español, el gobierno italiano ha “rescatado” a 150.000 inmigrantes del mar en apenas un año, la mayoría procedentes de Libia. Se calcula que han muerto en la aventura en torno a otros 2.000 inmigrantes más. Y es que la debilidad mata. Si la UE hubiera asumido una política de contención de la inmigración no se vería lastrada por cientos de miles de inmigrantes superfluos cuya única función es disminuir el valor de los salarios, y tampoco habrían fallecido miles de personas en la aventura de cruzar el Mediterráneo. Veamos la génesis del conflicto.

Libia: una nación y un Estado evaporados

La fatalidad ha hecho coincidir en una especie de “tormenta perfecta” tres elementos: la volatilización del Estado Libio, la aglomeración en aquel país de decenas de miles de personas que aspiran  dejar atrás los focos de tensión de Oriente Medio y la presencia en el poder de un gobierno timorato y de izquierdas en Italia absolutamente incapaz de contener una riada migratoria que supera con mucho la que España ha venido soportando desde 1996. La convergencia de estos tres elementos está en el origen de la inflación de muertes que se están produciendo en las costas del sur de Italia.

¿Quién está llegando? Por una parte subsaharianos que quieren llegar a los escaparates de consumo occidentales y que se hacen eco de la imagen de “Europa tierra donde todo se regala” que les han pintado sus paisanos residentes en el viejo continente. De otro, gentes que huyen de los conflictos del Próximo y Medio Oriente, sirios, kurdos, iraquíes, palestinos, y especialmente libios en el momento actual, familias enteras que vienen a Europa convencidos de que se vive mejor en los centros de internamiento para inmigrantes ilegales que en la calle en libertad en sus países de origen. Y, finalmente, islamistas radicales que aspiran a llevar la yihad a Europa o que dan por acabado su compromiso con la “guerra santa” y quieren empezar de cero una vida nueva. A estos grupos pertenecen los inmigrantes musulmanes que arrojaron por la borda a 12 inmigrantes por el mero hecho de que eran cristianos… No es, en cualquier caso, la inmigración que Europa necesita.

No es que se trate de una “conspiración”, es que la evaporación del Estado Libio facilita las bases en el Sur del Mediterráneo para el “corredor migratorio” hacia Europa. Y, a todo esto, ¿Qué ha ocurrido en Libia en los últimos cuatro años?

La guerra civil libia prosigue en 2015

Vale la pena recordar la película de los hechos. En febrero de 2011, en Bengasi y en otras ciudades del país se produjeron insurrecciones que desembocaron en ocho meses de conflicto, al término de los cuáles se desplomó el régimen del coronel Mohamar El Gadafi. Desde el origen del régimen de Gadafi a principios de los años 70, aquel país había visto reforzada su identidad nacional. Fue, a partir de ese momento, cuando “Libia” empezó a existir como nación. El régimen de Gadafi dotó de una mínima “conciencia nacional” a un territorio del Magreb que nunca había tenido la idea de pertenecer a un mismo Estado. El hundimiento del régimen libio entrañó, no solamente la desaparición del último líder panarabista, sino también y sobre todo la evaporación de esa “conciencia nacional” y, con ella del mismo Estado. Lo que existe hoy en Libia –tal como podía preverse desde el inicio de las llamadas “revoluciones verdes”– era la sustitución de una dictadura por el caos y la guerra entre facciones rivales.

Cuando se iniciaron los incidentes en Bengasi que culminaron en la guerra civil (que todavía se prolonga), el único objetivo que guiaba a las distintas acciones insurgentes era la oposición  a Gadafi. Caído éste, se evidenció que no había ni rastro de “oposición democrática”, ni objetivos nacionales, ni siquiera interés en lo que podía ocurrir después. En el lugar del Estado aparecieron entidades tribales o fracciones religiosas, todas ellas armadas y disponiendo de milicias que campaban libremente sin que ninguna sombra de poder pudiera disciplinarlas.

El país de las cien fracciones

Obviamente, la “revolución” no estalló espontáneamente y, sin duda, la intervención de la OTAN y, especialmente de Sarkozy, constituyó un nuevo error de cálculo en las políticas “occidentalistas” hacia el mundo árabe. Lo que determinó la caída de Gadafi fue, esencialmente, el haberse querido mantener equidistante entre los EEUU y Rusia, a diferencia del régimen sirio que se ha apoyado en Rusia para su lucha contra la insurgencia islamistas en su territorio. A la hora de la verdad, el gobierno ruso se desentendió del destino de aquel que había rechazado su mano tendida antes del conflicto. El nacionalismo de Gadafi fue su tumba.

Hoy nadie gobierna en libia. La existencia de un Congreso Nacional General, el parlamento elegido el 6 de julio de 2012 es tan solo nominal. Existen decenas de fracciones, cada una con pequeñas milicias armadas de entre 250 y 500 hombres, en pugna por el control de los puertos y de las fronteras, de las calles y plazas de las ciudades, aeropuertos, y de los campos petroleros o de las carreteras que conducen a los puertos.

A groso modo, este enjambre de grupos puede ordenarse en dos fracciones: los “laicos” y los “islamistas”. La primera está formada por antiguos funcionarios del gobierno de Gadafi y por oficiales que desertaron en los primeros momentos de la guerra civil. La segunda está compuesta por todos los grupos partidarios de instaurar la sharia inmediatamente. Y luego cabría hablar de poblaciones de origen beduino, débilmente islamizadas, que actúan por su cuenta con cierta propensión a aliarse con clanes “laicos”.

En los pequeños pueblos, las rivalidades son siempre con la tribu vecina, pero en las grandes ciudades que registraron, desde el inicio del régimen de Gadafi, llegada masiva de población procedente de la periferia del país, se han acumulado gentes de orígenes muy diversos que no han roto todavía con sus tribus de origen y que constituyen fracciones rivales dentro de los barrios, especialmente en Bengasi, aumentando todavía más la sensación de caos.

El general Haftar y los islamistas

La lucha contra los islamistas corre a cargo en este momento del general Jalifa Haftar, un ex oficial de Gadafi que desertó en 1983 para exiliarse en EEUU, regresando en 2011 como “hombre de confianza” del Departamento de Estado. En mayo de 2014, Haftar pasó a la ofensiva con la llamada “Operación Al Karama” (Dignidad) para erradicar a los islamistas. La primera acción fue el bombardeo de las posiciones de las distintas fracciones musulmanas en Bengasi. La élite de su ejército está formada también por antiguos oficiales desertores del régimen de Gadafi y brigadas reclutadas entre las tribus saadíes (beduinas) y los autonomistas de la Cirenaica.

De la misma forma que en 2011, existió una unidad coyuntural para derrocar a Gadafi, ahora Haftar (y sus patrones del Departamento de Estado) intentan consolidar una inestable coalición de milicias “laicas” que oponer a los grupos islamistas que, por su parte, también intentan concluir una coalición, Amanecer de Libia con fuertes puntos de apoyo… ¡en las zonas de las que parten las pateras hacia el Lampedusa, Pantelaria, Sicilia y el sur de Italia! Concretamente, la parte noroeste del país (Trípoli, Mistara, Zuara, Zauiya, Homs), son zonas de enfrentamiento al igual que la costa central, desde Misrata hasta Bangasi en todo lo que constituye el Golfo de Sirte.

Es evidente que en estas zonas embarcan solamente quienes son “aprobados” por los “señores de la guerra” locales y, si tenemos en cuenta que amplias franjas de la costa están controladas por islamistas entonces puede entenderse la inquietud que ha aparecido entre el gobierno italiano sobre el “material humano” que va llegando y el pánico que se ha apoderado al saber que los islamistas llegan a cobrar el “peaje” para el embarque a cristianos… que luego (como si se tratara de una “ley de fugas” o como un remedo del episodio del “Túnel de Usera” durante la guerra civil española) los arrojan al mar por otros islamistas…

Libia: un país, dos gobiernos

Tal como podía esperarse en 2011, la “democracia” no ha aportado nada. En las elecciones que tuvieron lugar el 25 de junio de 2014 (casualmente poco después del inicio de la ofensiva del general Haftar) apenas votó el 18% del censo electoral (incluidos los falsos y los electores que votaron varias veces). Las elecciones fraudulentas dieron lugar a un parlamento que no representaba a nadie… y que se instaló en Tobruck, feudo del general Haftar. Al inaugurarse las sesiones de este parlamento de ficción, un 30% de los diputados ni siquiera se dignó asistir.

Mientras, este remedo de organismo representativo elegía como “jefe de gobierno” a un títere del general Haftar, la coalición islamista Amanecer de Libia, reunida en Trípoli el pasado agosto de 2014 designó a su propio “gobierno de salvación nacional”. Hoy, Libia es el “país de los dos gobiernos y los cientos de fracciones”.

Desde el inicio de la segunda fase de la guerra civil (agosto de 2014) se han producido más de 7.000 muertos. Los frentes están mal definidos (se lucha en barrios e incluso dentro de bloques de viviendas) y el número de desplazados se eleva a medio millón… una parte importante de los cuales ven en Europa su tabla de salvación.

En cuanto a la Organización del Estado Islámico (OEI), los yihadistas libios que fueron a combatir en sus filas en Siria y que retornaron al iniciarse la ofensiva del general Haftar, han tomado el control del puerto de Derna (en el noreste del país, próximo a la frontera con Egipto) imponiéndose sin muchas dificultades sobre las fracciones islamistas locales y extienden su influencia sobre Sirte. La OEI ha sabido imponerse y sobrevivir en el clima de guerra civil.

Errores europeos y “principio de prudencia”

Es fácil intuir que Libia se ha convertido –gracias a la inconsciencia del Departamento de Estado, a los informes erróneos de la CIA sobre las posibilidades de instaurar una democracia en aquel país, a las ambiciones seudo-napoleónicas de Sarkozy y a la incapacidad de la OTAN– en un país en la que ninguna fracción, ni islamistas, ni laicos, puede triunfar sobre la otra, pero tampoco pueden pactar una paz después de lo ocurrido en los últimos cuatro años. Así mismo, una intervención extranjera en un país con las características de Libia (desierto inmenso y aglomeraciones urbanas en la costa) es impensable y contribuiría a agravar la situación. Y lo que es peor: el avispero libio se está extendiendo a todo el Magreb. El 15 de febrero la aviación egipcia bombardeó las posiciones de la OEI y el 5 de marzo pasado, el general Haftar y su gobierno fueron reconocidos por Marruecos… generando la ira de los islamistas locales. Esto sólo ha hecho que empezar.

El gobierno italiano –de acrisolado “humanismo” y debilidad demostrada– debe irse preparando para acoger a decenas de miles de nuevos inmigrantes que afluirán en oleadas mientras Europa se niega a aprobar una política de contención decidida de la inmigración. Libia es víctima de los errores políticos de “Occidente”… pero Europa no puede abrir las puertas al aluvión de desplazados que ha generado una guerra civil desencadenada por los EEUU, Sarkozy y la OTAN. Así pues, lo primero que debería dirimir el Parlament Europeo son los niveles de responsabilidad del Sarkozy y de la OTAN y luego… cerrar fronteras. La crisis libia no se resolverá admitiendo 500.000 inmigrantes procedentes de aquel país en Europa, lo único que se logrará es que entre tanta inmigración se filtren yihadistas de la OEI y extender –aún más– el problema a Europa. El “principio de prudencia” indica la política a seguir… A fin de cuentas, los errores los han cometido gobiernos europeos, pero desde el punto de vista de Europa, de lo que se trata ahora es de proteger a la población europea.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de ese texto sin indicar origen.

 

E.Milá: Reflechir&Agir

E.Milá: Reflechir&Agir

Info|krisis.- Reproducimos el texto en castellano de la entrevista realizada hace dos meses por la revista francesa Reflechir&Agiren en la que Ernesto Milá responde a las preguntas que leformula la redacción.

¿Cuál es la situación, aquí y ahora, la situación general de España? ¿Dónde se encuentra la inmigración y la islamización?

En cifras, la situación de España puede resumirse así: 1,03 billones de euros de deuda pública, 650.000 millones euros de deuda de las familias, 1,3 billones de euros de deuda de las empresas. En total, 3 billones de euros de deuda. Para 2015, se calcula que España crecerá 25.000 millones de euros… pero tendrá que pagar 36.000 millones de euros de intereses. En breve: la deuda española es impagable. Una cuarta parte de la población está próxima al umbral de la pobreza o por debajo de ella. Las cifras oficiales registran 5.000.000 de parados, y el salario medio está en torno a los 1.400 euros… pero con una gran desigualdad de renta entre los salarios más altos y una población generalmente “mileurista” (con salarios próximos a 1.000 euros o por debajo de esa cifra). En los últimos cuatro años, 300.000 jóvenes universitarios, la mayoría con títulos técnico-científicos, se han ido de España en busca de empleo digno. El único sector económico en el que en la actualidad se mantiene la economía española es el turismo y la hostelería. La economía sumergida ocupa un 20% de la economía real. Incluso la banca española, en estos momentos, sobrevive gracias a las bases iberoamericanas a las que ha desplazado buena parte de su actividad. La pretendida “reactivación económica” existe solamente en la propaganda del gobierno en este año electoral y en la macroeconomía: el ciudadano de a pie no la percibe.

En cuanto a las cifras de inmigración, en mi estimación personal, basada en el seguimiento del fenómeno desde 1998, puedo afirmar que desde 1996 han llegado a España 8.000.000 de inmigrantes, de los que 2.000.000 tienen hoy nacionalidad española, entre 500 y 750.000 han retornado a sus países. En el mejor momento (2005) apenas cotizaban a la seguridad social, 1.800.000.

Sobre la inmigración islámica, podemos decir que está desigualmente distribuida y se concentra particularmente en Cataluña (con magrebíes, subsaharianos y paquistaníes) y con menos densidad en Andalucía, Madrid y Valencia. En total 2.000.000 de islamistas, un 4,65% de la población con una tasa de natalidad cuatro veces superior a la de la población autóctona.

Es importante preguntarse ¿quién trajo la inmigración masiva a España? Se trata de un fenómeno relativamente reciente. Fue instigado a partir de 1996 por José María Aznar como uno de los elementos centrales de su “modelo económico”. Se trataba, simplemente, de hacer “competitiva” la economía española rebajando salarios mediante la saturación del mercado laboral. Beneficio a unos pocos sectores económicos (construcción, hostelería y agricultura) pero perjudicó al conjunto del país y hoy supone un lastre económico insuperable para la sociedad.

¿Cuáles son las relaciones de fuerzas políticas que se puede esperar a corto plazo?

El régimen nacido en 1978, ha estado sostenido hasta por una columna de centro-derecha (PP) y otra de centro-izquierda, con la participación de dos partidos regionalistas (CiU y PNV). Ese régimen está dando sus últimos pasos. Las pasadas elecciones europeas demostraron el descenso de votos de la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) y la irrupción de Podemos, una formación de izquierdas nacida del “movimiento de los indignados”. La irrupción con fuerza otro nuevo partido centrista (Ciudadanos), alterará profundamente la correlación de fuerzas que se ha vivido en España en los últimos 38 años.

Sin embargo, el sistema político español de “bipartidismo imperfecto”, difícilmente puede convivir con una fragmentación del parlamento en no menos de una docena de opciones. La inestabilidad se instalará en el sistema político español a partir de las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo de este año y especialmente a partir de las generales que tendrán lugar en noviembre o diciembre. Las fuerzas políticas que crearon el régimen de 1978, en mi opinión, intentarán una última carta para retrasar lo inevitable: una “Gross Koalition” PP+PSOE. Como ha ocurrido siempre en situaciones en las que se asiste al final de un ciclo político y al principio de otro, en estos momentos de transición, asistiremos a un enfrentamiento entre lo que quiere nacer (Podemos, Ciudadanos) y lo que se resiste a morir (PSOE y PP).

Es significativo que en el último debate sobre el estado de la nación (24-26 de febrero), los medios de comunicación estuvieran igualmente pendientes del debate en el Congreso de los Diputados y de las declaraciones de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, y de Pablo Iglesias, líder de Podemos, que no son diputados, ni cuyas formaciones tienen representación parlamentaria: es la calle frente al congreso, es el pasado frente al futuro.

¿Cómo se explica el éxito de Podemos y cómo se explica el fracaso de las fuerzas nacionales?

Sin mucho esfuerzo y con muchos ataques en contra, Podemos se ha configurado como la segunda fuerza política que sustituirá al PSOE en su papel de fuerza hegemónica de la izquierda. A diferencia de Syriza (una coalición de partidos de extrema-izquierda), Podemos es un conjunto de “círculos”, movimientos sociales e iniciativas que se remonta a las protestas que aparecieron con el inicio de la crisis económica de 2008 y especialmente durante su fase más dura (2009-2012), el famoso movimiento de los “indignados”. Responde, en primer lugar a una situación de deterioro del régimen nacido en 1978 que nadie hasta ese momento tenía credibilidad suficiente para aprovechar e instrumentalizar. El sistema bipartidista ha generado una corrupción generalizada que afecta a todos los niveles administrativos del Estado, una alternancia entre centro-derecha y centro-izquierda que han gobernado de manera despótica, desaprensiva e ineficiente desde principios de los años 80 y cuyos errores se han ido acumulando: mal acuerdo de ingreso en la Unión Europea a mediados de los años ochenta, un sistema autonómico insostenible que se ha ido comiendo, poco a poco, al Estado del Bienestar, políticas erróneas en la lucha contra el terrorismo, políticas sociales neo-liberales aplicadas por socialdemócratas y por la derecha, desertización industrial y llegada masiva de inmigración descontrolada, pérdidas del valor adquisitivo de los salarios y empobrecimiento de los jóvenes y de las clases más modestas, un sistema fiscal basado en penalizar los salarios y beneficiar a las rentas procedentes del capital, todo ello dominado por una corrupción institucionalizada, perceptible entre la población y negada persistentemente por la clase política. Es evidente que un sistema así concebido tenía fecha de caducidad y se desmoronaría a la primera crisis económica que apareciera.

Podemos, simplemente, estaba en el lugar justo en el momento adecuado. A pesar de que sus análisis y diagnósticos sobre la situación son limitados, en ocasiones erróneos y sus recetas de dudosa eficacia, se benefician de la sensación que se ha apoderado de buena parte de la población: que los partidos hasta ahora mayoritarios durante casi cuatro décadas ya no están en condiciones de resolver sus problemas.

Sobre las “fuerzas nacionales”. Noción errónea. No existen fuerzas nacionales. Lo que existe es una sopa de siglas, a menudo incomprensible, casi siempre irrelevantes, sin peso, con muy pocos cuadros capacitados y sin posibilidades de incidir en la política real a corto plazo. En la actualidad, las dos únicas fuerzas política que existen con algo de peso son Plataforma por Cataluña (que obtuvo 65 concejales en las pasadas elecciones municipales, de los que actualmente 50 siguen en el partido y que cosechó 70.000 votos y el 1,5% en la provincia de Barcelona en las pasadas elecciones generales) y España 2000 (que obtuvo 5 concejales, entre ellos en uno en Alcalá de Henares y otro en Onda, provincia de Castellón; el grupo de Alcalá ha logrado irradiar a todo el “Corredor del Henares” y otro tanto ha ocurrido con el de Onda; por lo demás, en Castellón, E2000 obtuvo el 1,5% de votos en las pasadas elecciones generales. Estos son las dos únicas bases tangibles que existen en este momento en España. El resto, con todas las simpatías que pueden merecer, son solamente buenas intenciones.

Respecto a la “sopa de siglas”, parece poco probable que otros grupos logren salir del cero absoluto en el que se encuentran en la actualidad. Falange Española de las JONS, el movimiento histórico, está en estos momentos mucho mejor dirigida que en otros períodos, pero seguramente ya es demasiado tarde para que este partido pueda remontar (y sigue sin existir unidad entre las bases falangistas, la mayor parte desmovilizadas y políticamente despistadas), grupos como Democracia Nacional en veinte años no han logrado salir de su etapa subgrupuscular, otros como MSR sufren altibajos y escisiones, la extrema-derecha clásica en Madrid se concentra en torno a La España en Marcha (coalición de cuatro o cinco grupos de los que sólo La Falange (otra tendencia falangista) tiene un mínimo de estructura. Ninguno de todos estos grupos ha obtenido cargos electos. En cuanto al Partido por la Libertad, será necesario que obtenga resultados tangibles en las elecciones municipales de mayo si quiere tener algún peso. No hay más.

Fragmentación, falta de cuadros políticos, ausencia de programas realistas, carencia casi absoluta de experiencia política real, debilidad de los aparatos centrales de las pequeñas organizaciones políticas, explican el fracaso casi generalizado de todo este pequeño mundo.

¿Existen esperanzas de aparición a medio plazo de un movimiento similar al Front National o a Pegida en España?

No, desde luego, a corto plazo. Personalmente, no creo en los modelos “importados”. La situación política, económica y social en España es muy diferente a la que en Francia ha cristalizado en la formación y en la eclosión del Front National o a la que ha dado lugar al movimiento Pegida en Alemania. Es significativo que mientras algunos intentan “copiar” a Amanecer Dorado, otros quieran emular a Geert Wilders e incluso otros al Vlaams Belang, y, por supuesto al Front National… todo esto está muy bien, pero lo esencial es no olvidar que un movimiento político es la suma de un programa, de una clase dirigente cualificada, de unos objetivos políticos, de una estrategia, de una táctica y de un criterio organizativo. Nada de todo esto existen en España y, por tanto, con la inexorabilidad de una ley física, puede decirse que sin estos elementos, no existe movimiento político digno de tal nombre. En la medida en que PxC y E2000 contienen algunos de estos elementos, son los dos grupos que han podido destacar ligeramente sobre el resto.

Pensar, como piensan la mayoría de estos grupos que mediante una aparición providencial de su líder en televisión en prime-time, o mediante inversiones de dinero, o mediante un frenesí activista, podrán experimentar un crecimiento brusco, convirtiéndose en hegemónicos, parece ilusorio e infantil. Frente a este “providencialismo”, defendemos la necesidad de un entendimiento entre las fuerzas que obtengan un número mínimo de cargos electos en las próximas elecciones municipales y un proceso de integración de los grupos menores en estos. Partir, en definitiva, casi de cero.

Pequeña biografía:

Ernesto Milá, nacido en 1952, periodista y escritor, influido especialmente por la obra de Julius Evola y de Alain de Benoist. Ha militado en distintos grupos patrióticos y nacionalistas desde 1968 y conocido distintos períodos de prisión (entre ellas, una breve estancia de 90 días en la prisión parisina de La Santé). Autor de diversos libros sobre la ciudad de Barcelona, sobre el catarismo occitano y sobre la arquitectura de Antonio Gaudí, y sobre la obra de Salvador Dalí (Dalí entre Dios y el Diablo), se especializó en política internacional (Marruecos, el enemigo del Sur, Marruecos: la amenaza, Teoría del Mundo Cúbico). Ha sido jefe de redacción en varias revistas. Entre ellas Identidad (2008-2010) y dirige actualmente la Revista de Historia del Fascismo (2010-…). Desde 2003 publica ininterrumpidamente el blog Info|krisis y ha publicado distintas obras sobre el “fascismo español” (José Antonio y los no-conformistas, Ramiro Ledesma a contraluz). Ha escrito dos volúmenes de Ultramemorias en las que detalla su aventura política, los años de militancia, de exilio y de prisión. Colabora en la actualidad con España 2000 y suele dar conferencias y charlas para distintos círculos políticos y culturales. Pasa su tiempo entre España, Québec y Costa Rica. 

Entrevista sobre MILICIA

Entrevista sobre MILICIA

Info|krisis.- En 2009 apareció MILICIA una obra que desde entonces ha tenido distintas reediciones. Sin embargo, el autor ha ido ampliando el contenido de esta obra, variando algunos contenidos, ampliando otros y reestructurándola de arriba abajo. El resultado han sido estos dos volúmenes con el título de MILICIA, EL LIBRO DE LA TRADICIÓN GUERRERA, de 350 páginas cada uno, sobre los que conversamos con el autor:

¿Qué nos transmites en esta obra?

- Es muy simple. Existe una tradición guerrera que se remonta a la antigüedad y que seguramente es la primera tradición que acompaña a la humanidad desde sus albores. Lo que he pretendido es, simplemente, exponer su origen y sus contenidos.

¿Por qué dices que es la primera tradición?

- El ser humano consiguió sobrevivir frente a otras especies más fuertes gracias a que supo manejar las armas. Si el ser humano hubiera estado desarmado –esa exigencia del “pacifismo” moderno– no hubiera resistido los ataques de otras especies y hubiera sucumbido. Hoy no estaríamos aquí. Las armas fueron la primera “herramienta” de la humanidad y, ya se sabe que las armas son inseparables de la tradición guerrera.

¿De dónde procede la tradición guerrera?

- De la modulación de algunos instintos básicos: el de supervivencia, en primer lugar, y el instinto territorial que están presentes en todas las especies superiores. Y el de agresividad, por supuesto, que nos hace defensores de nuestra comunidad y de lo nuestro. En el ser humano estos instintos implícitos en su genética, cristalizan en una casta, la casta guerrera, encargada de la defensa de la comunidad que los encarna de manera más completa.

¿Una casta? 

- Efectivamente, desde Dumézil se sabe que las sociedades indoeuropeas han esta siempre organizadas en tres “castas”: una casta en la que la acción está por encima de todo, la guerrera; otra casta que hace de la meditación y la contemplación su ley, la casta sacerdotal; y, finalmente, la función productiva, una casta que produce mediante el trabajo manual.

¿Para qué sirve una casta?

- Históricamente, en las sociedades indoeuropeas, ha servido para organizarse a la vista de que existen tres caracteres fundamentales en las personas (las que están más predispuestas para la acción, las que lo están hacia la contemplación, y las que se inclinan preferentemente hacia la creación). En la edad media, la casta guerrera estaba organizada en órdenes militares, la casta sacerdotal en órdenes ascéticas y la función productiva en gremios. Quien dice "casta" dice estructura social.

¿Tiene sentido todo esto en el siglo XXI?

- Es evidente que el contexto ha cambiado, pero lo que no ha cambiado es el ser humano. Todavía existen los tres tipos humanos a pesar de que las estructuras "verticales" (militares, ascéticas o gremiales) que los albergaban han desaparecido o han pasado a segundo plano. Vivimos en tiempos de crisis de valores y de desintegración de la civilización. Probablemente en este contexto, la función guerrera tenga mucho que decir. Los valores militares todavía están vivos y se enseñan en las academias militares, estando particularmente vivas en determinados tipos humanos. Nunca como hoy, los valores militares han estado tan ausentes de la sociedad, pero nunca como hoy son tan necesarios. Los valores militares, de jerarquía, autoridad, disciplina, capacidad de sacrificio, entrega, honor y lealtad, fidelidad a la palabra dada, claridad en el lenguaje, acción y pensamiento pronto, diligente y sin dobleces, estilo, sentido de la justicia, empuje, implacabilidad, valor...son los únicos en torno a los cuales puede alumbrarse un nuevo ciclo de civilización que sustituya de una vez por todas las concepciones humanitaristas y soft que cada día debilitan más a nuestra sociedad.

¿Lo que estas proponiendo es trasladar los valores militares a la sociedad?

- Con matices, pero sí, más o menos eso es lo que propongo. En tiempos duros lo peor es asumir valores “blandos”. No van a ser los valores humanistas y universalistas, ni los valores del mercado y del librecomercio los que nos van a sacar de una etapa en la que además de la crisis económica, existe una crisis en la educación y en los valores que asumen los jóvenes y otros sectores sociales. Hacen falta valores duros, austeros, capaces de hacer tabla rasa y volver a empezar un nuevo ciclo de civilización.

¿Y hablas en tu libro de todo esto?

- Pues sí, la obra está estructurada en dos volúmenes. En el primero alude al origen de los valores militares y en la naturaleza de estos valores. Se han añadido unos anexos compuestos por fragmentos de la obra de Julius Evola, el filósofo de la Tradición, buen parte de cuya obra está orientada desde el punto de vista de la Tradición Guerrera. Digamos que este primer volumen tiene que ver con los “valores” generales de la milicia. En el segundo descendemos a estudiar algunas tradiciones militares concretas para ver cómo han cristalizado los mismos valores en distintas épocas. Queda por escribir un tercer volumen para completar este repaso morfológico a las distintas tradiciones guerreras.

He visto que el primer capítulo de la obra está dedicado a las novatadas, ¿Por qué?

- Lo esencial de toda tradición es su impersonalidad, el hecho de intentar disolver la individualidad para integrar la personalidad en una "unidad". En este sentido, es lógico que una de las fases del entrenamiento militar sea la novatada que contribuye a escarnecer al sujeto y a que los conceptos puramente individualistas se quedan a la puerta del cuartel. Solamente cuando la individualidad se desvanece aparece el "esprit de corps" que, contra más afirmado está, más eficaz es la unidad militar que lo encarna. Tal es la base del entrenamiento de los cuerpos de élite.


Indice Volumen I (360 págs.)

Introducción

Capítulo I. Lo que enseñan las novatadas

Capítulo II. Cuando la milicia está en los genes

Capítulo III. La casta guerrera y la sociedad

Capítulo IV. Los valores de la casta guerrera

Algunas conclusiones

Anexos (Julius Evola)

     I. Citas sobre Orden, Autoridad y Jerarquía 

    II. Virilidad Espiritual

   III. El alma de la caballería

   IV. El ejército y la obediencia

    V. Rostros del heroísmo

   VI. Derecho sobre la vida

  VII. Fidelidad a la propia naturaleza

VIII. Sobre la Fidelidad

Anexo (Ernesto Milá) 

La larga marcha hacia la guerra moderna


Indice Volumen II (350 págs.)

Capítulo I. Esparta: la madre de todos los guerreros

Capítulo II. Roma Vincit. Organización y estrategia de la Legión Romana

Capítulo III. La iniciación caballeresca

Capítulo IV. El modelo literario del guerrero

Capítulo V. Cyrano y los mosqueteros

Capítulo VI. Locura y milicia

Capítulo VII. El espíritu de la Legión en sus canciones

Capítulo VIII. La Yihad no es un a broma

 

Formato: tamaño 15x20 cm, portada en cuatricomía, plastificada y con solapas

Pedidos: eminves@gmail.com

Precio:

Los dos volúmenes juntos     35 euros (+ 5,00 de gastos de envío)

Cada volumen por separado 19 euros (+ 3,00 de gastos de envío)

Benoist, casi de la familia

Benoist, casi de la familia

Info|krisis.- Este artículo forma parte de una obra recopilatoria sobre Alain de Benoist. Para evitar realizar una glosa entusiasta de este autor (los grandes intelectuales aborrecen los elogios en tanto que refuerzan su ego), me limité a explicar lo que la obra de Benoist a supuesto en mi formación intelectual. Ni podía hacer otra cosa, ni siquiera estaba predispuesto a escribir otra cosa. Parece como si a la hora de glosar a un intelectual hubiera que tratar de estar a su altura y hacer gala de una sofisticación intelectual que pusiera el comentario a la altura del autor. Más modesto en mis aspiraciones me he limitado a juzgar y personalizar la obra en función de lo que ha representado para mí y para el tiempo que me ha tocado vivir. El libro se ha publicado recientemente, así que ahí va mi aportación.

Alain de Benoist. Casi como de la familia.

Servidor que va ya por los 62 años, pertenece a una generación que cuando tenía 15 ó 16 años discutía sobre Marcuse y sobre estructuralismo, descubría los clásicos del socialismo utópico y los alternaba con la lectura de José Antonio Primo de Rivera y de Ramiro Ledesma. En aquella época y hasta que llegué a la edad de Cristo, era muy fácil ser marxista. Todo el mundo lo era, especialmente en la Universidad y para cualquiera que se preciara de tener un mínimo de cultura, parecía un desdoro declararse antimarxista.

Hoy, cuando hace tres décadas que el marxismo ha entrado en el basurero de la historia, resulta muy difícil explicar cómo eran aquellos años y el clima cultural que se respiraba en el tardo–franquismo. Los kioscos de las Ramblas barcelonesas, que hoy apenas venden otra cosa que gadgets para turistas, a partir de 1968 solamente mostraban libros de orientación marxista. Fue allí donde compramos la edición de 1967 de ¿Fascismo en España? seguido por el Discurso a las Juventudes de España, de Ramiro Ledesma, publicado por una editorial de izquierdas… No se había traducido ninguna obra de Evola, los textos de Carl Schmitt, como todos los títulos publicados por la Editora Nacional (ente dependiente del régimen franquista) pasaban casi como clandestinos. Digámoslo claramente: el tardo–franquismo fue un erial cultural. O, al menos, yo lo recuerdo así. En ese erial descubrí la obra de Benoist. Una bendición. Sus escritos se han  convertido en una de mis lecturas habituales.

Me permitiréis que recuerde las etapas en mi formación cultural: me nutrí inicialmente de los clásicos del no–conformismo (llamémoslo así) español de los años 30: desde José Antonio a Ledesma, de Unamuno (aquella inolvidable Vida de don Quijote y Sancho) a Ortega (ese liberal alarmado por la deriva de las sociedades modernas). Leyendo a Pauwels y Bergier me enteré de la existencia de un tal “Guénon”. Arrojé a la basura a los autores de El retorno de los brujos y me apresuré a la lectura de René Guénon, deplorando a sus sectarios. Un amigo italiano que entonces publicaba una pequeña revista ciclostylada en Florencia, Marco Tarchi, me envió el texto de Orientamenti y fue así como llegué a conocer la obra de Julius Evola justo por el mejor lugar para penetrar en ella, ese pequeño folleto repleto de “afirmaciones absolutas y negaciones soberanas” que descifré diccionario en mano. Y un buen día, en una librería de viejo vi un libro que me compré sin conocer a sus autores y sin que el tema me interesara mucho, sólo porque pertenecía a una colección –Collection Action– de la que había leído ya varios títulos. Era Le courage est son patrie, firmado por François d’Orcival y Fabrice Laroche. Era una colección de relatos sobre los años de lucha por la Argelia Francesa. Era, una exaltación a la militancia política.

No creo desvelar, a estas alturas ningún secreto, si recuerdo que uno de los seudónimos de Alain de Benoist es, precisamente, “Fabrice Laroche”. Así pues, éste fue el primer título que leí de nuestro autor, en un tiempo en el que apreciaba especialmente la literatura activista y exaltada de José Antonio y de Ramiro Ledesma, cuando ya había descubierto la obra del “primer” Jean Thiriart publicado en España con el peregrino nombre de ¡Arriba Europa!

En aquellos años de juventud, mi orientación personal giraba en torno a dos ejes: encontrar argumentos para defender una opción que, en aquella época, era fundamentalmente instintiva, mucho más que razonada; y, en segundo lugar, vivir la exaltación propia de la militancia política juvenil. Quien no ha pasado por ese período en el que arde el cerebro y el corazón, se ha perdido lo mejor de la juventud. Sólo el descubrimiento del primer amor puede ser tan arrebatador como la asunción de un ideal.

Benoist lo había descubierto antes que yo. Veinte años nos separan, así que pertenece a la generación anterior a la mía. Su prueba de fuego había sido Europe Action (cuya colección completa pude leer en casa del que fuera fundador de CEDADE, Ángel Ricote) y la Fédération d’Étudiants Nationalistes. La juventud parece siempre inequívocamente unida a los errores y el militantismo es una etapa de la vida en la que se permanece todavía muy alejado de la política real y, por tanto, se es proclive a errores de apreciación y a valoraciones todavía no suficientemente objetivas de la realidad. Menciono esto para recordar que varios de los rasgos que luego estuvieron presentes en la formación de la “nouvelle droite” ya estaban, al menos en potencia, contenidos en algunos de los artículos de Europe Action.

Debió ser hacia 1970 cuando pedí algunas revistas de Nouvelle École. Vale la pena mencionar que el primer número, cyclostilado toscamente, había aparecido en junio de 1968, cuando las brigadas de trabajadores todavía estaban restaurando el pavés levantado durante las barricadas de mayo. En aquellos primeros volúmenes había “respuestas”, encontré nombres, referencias, orientaciones, en definitiva. Supe entonces de la obra de Jacques Monod y, a partir de ahí, ya era posible criticar algunas de las tesis del materialismo científico. Supe de la obra de Luis Rougier y con él desapareció mi cristianismo, ya por entonces muy tibio. Y supe también lo que era el “arraigo”. Una de las pistas me llevó a Moeller van den Bruck, otra a Armin Mohler, imprescindible para poder encuadrar al primero dentro de la “revolución conservadora”. Redimensioné a Nietzsche. Devoré a Lorenz y a Ardrey. Recordé los nombres de Pareto, Mosca, Burnham, que más adelante leería. Y a Arthur Koestler. Supe apreciar el valor de la genética y pude discutir con mi padre sobre Teilhard de Chardin.

Desde entonces tengo a Benoist por un gran divulgador. Creo que era Drieu el que decía que “intelectual no es aquel que piensa, sino el que hace del pensar una profesión”, y lo decía con una hostilidad no disimulada, como si el ejercicio de una profesión y vivir de ella fuera algo poco honorable. Cosas del pobre Drieu. Pero es rigurosamente cierto que Benoist ha hecho del pensar una profesión y que hay que agradecérselo. A muchos nos hubiera costado mucho más de haber llegado a todas la fuentes culturales que Benoist nos ha ido indicando desde hace casi cincuenta años de no ser por su titánico trabajo de compilador, analizador, transmisor y difusor de autores, con cierta frecuencia, difíciles y que, en principio uno no estaría dispuesto a asociar con la familia de pensamiento que ha elegido.

Creo que este aspecto de divulgación y difusión es, con mucho, el más interesante en la obra de Benoist. No creo –si no lo digo, reviento– en la “lucha cultural”, ni mucho menos en el “gramscismo de derechas” que creo, incluso, que su propio impulsor allá por los años 70-80 tiene ya superado. El gramscismo pudo existir porque antes existía un Partido Comunista de Italia que difundió sus tesis y del que él era Secretario General y antes que él, existieron un Lenin y un Trotsky, y antes aún un Carlos Marx que, es bueno no olvidarlo, no solamente fue el intelectual que redactó el Manifiesto Comunista, sino que también fue militante y que trabajó en la construcción de una organización política, la Asociación Internacional de Trabajadores. Sólo después de disponer de un sólido cuerpo doctrinal, de unas estructuras militantes, puede pensarse en realizar “lucha cultural”; pensar que ésta puede irrumpir a partir de un núcleo, el GRECE, y por el mero hecho de su dinamismo, lograr paralizar los engranajes culturales que ejercen como puntales para el mantenimiento del “sistema” de valores, me pareció siempre algo extremadamente optimista por parte de Benoist. El marxismo ha caído, salvo en China, en donde la asignatura de “marxismo–leninismo” sigue siendo obligatoria en las universidades y en donde los altavoces de los campus lanzan continuamente consignas políticas… porque allí existe un “poder” que avala una ideología ya caída en el resto del mundo. No fue la “lucha cultural” la que destruyó la URSS, sino las huelgas de los astilleros de Danzig y sus consecuencias, el empantanamiento de Afganistán, la imposibilidad de alcanzar la altura del listón armamentístico con la Guerra de las Galaxias impuesta por Reagan y un papa polaco, los que contribuyeron a debilitar la cadena de alianzas defensivas de la URSS, hacer inviable su economía y, finalmente, caer.

No fue ni siquiera la pérdida de la iniciativa cultural lo que hizo que el franquismo entrara en vía muerta, sino el incipiente capitalismo español creado en la década de los 60 y que, a partir de la crisis mundial de 1973, necesitaba nuevos mercados para exportar la abundante superproducción de manufacturas. Y para ello era preciso retorcer el régimen y desviarlo hacia las democracias “a la occidental”, entrando en la OTAN y en la entonces llamada “Comunidad Europea”. Entender todos estos procesos es negar la eficacia al “gramscismo de derechas”.

He puesto este último ejemplo porque en su primera época, la asignatura pendiente de la “nouvelle droite” era la economía. Y no será sino hasta un tiempo muy tardío cuando sea Benoist quien dedique algunos artículos a Hayek y a la crítica del neo–liberalismo. Si Benoist hubiera realizado un análisis económico a finales de los 60 o cuando concluyeron en 1973 “los treinta años gloriosos”, probablemente hubiera llegado a la conclusión de que en la modernidad, la cultura va a remolque de la economía. Si en 1973 hubiera atribuido a La era tecnotrónica de Brzezinsky la importancia que merecía se habría anticipado a la evolución de las sociedades capitalistas y a la irrupción posterior del neo–liberalismo, habría dado mayor importancia a la industria del entertaintment en un momento en el que podía preverse la devaluación de “lo cultural”. A pesar de que en los años 70, Benoist estudió en diversos artículos la pedagogía, no recuerdo –y que me disculpe si me equivoco– que previera el hundimiento de la educación y su reducción a mera fórmula de almacenamiento de los hijos en horas laborables de los padres. No hace falta ser marxista para advertir hasta qué punto la economía pesa en nuestro presente. Hoy, si el sistema mundial es inviable y si la globalización constituye una amenaza para todos los pueblos (incluso para los que hasta ahora se benefician de ella), es porque la economía se ha convertido, no en nuestro destino, pero sí en la primera amenaza que pende sobre nuestra cabezas.

La debilidad de la “nouvelle droite” (¿o es que todo tienen que ser alabanzas, loas y glosas? ¿Es que los Pepitos Grillos no son necesarios mucho más que las “adhesiones inquebrantables” y los aplausos sincopados a la soviética?) consiste en no haber sido explícita en un elemento esencial: definir claramente y sin matices, ni dudas, cuál era, cuál podía ser, cuál debía ser, su opción política. Marx enseña que la formación ideológica y la construcción de la herramienta política (la Internacional), preceden a la “lucha cultural”; sin ambos elementos, la “lucha cultural” se realiza en el vacío y termina convirtiéndose en mero ejercicio intelectual, una moda, o como ha terminado ejerciendo Benoist en actividad propia del divulgador que tamiza, adapta, presenta, analiza, distintas corrientes de pensamiento que van apareciendo.

Me di cuenta de esto cuando traduje la obra de Benoist sobre el decrecimiento. Benoist había realizado un portentoso trabajo de selección de fuentes originales (lo que no es fácil en tendencias que están de moda: hace falta velocidad para identificarlas, capacidad para sintetizarlas y basamento cultural suficiente como para poder juzgarlas) que permitía, con la mera lectura de su obra y el seguimiento de las referencias que daba, participar en tertulias, debates, escribir artículos en revistas y blogs, sobre la materia. Y esta tarea es algo que algunos agradeceremos siempre a Benoist y justo por lo que lo hemos considerado desde principios de los años 70, uno de nuestros “maestros de pensamiento”.

Se me ocurre una observación a efectos de deshacerme de esa sensación que tengo de malestar al no compartir algunos puntos de la obra de quien me han pedido un comentario. Me explico: somos hombres libres, incluso con cierta capacidad de discernimiento. No somos de los que veneran libros sagrados, ni se inclinan ante sumos sacerdotes, no adoramos símbolos, ni rostros. Simplemente nos interesa nuestro tiempo, las ideas que lo recorren y aquellos que formulan ideas para rectificarlo. Quien suscribe estas líneas tiene el “corazón partío” en dos escuelas de pensamiento: el tradicionalismo evoliano y la “nouvelle droite”. A pesar de que Benoist haya publicado algún ensayo sobre Evola, e incluso las Éditions Copérnic dedicaran un volumen a su figura, ambos estilos de pensamiento son, en el mejor de los casos, paralelos y en absoluto convergentes. Para la “nouvelle droite”, la obra de Evola, considerada en su integralidad y no solamente en su parte política (Los hombres y las ruinas y El fascismo visto desde la derecha), sería una forma de “pensamiento mágico”. Para Evola, la “nouvelle droite” no pasaría de ser una forma de modernidad atenuada, pero modernidad al fin y al cabo. Solamente las “sectas” excomulgan a quienes no piensan como ellos. Y no se puede reprochar que algunos lectores de Benoist o de Evola,  se hayan excomulgado unos a otros.

A este respecto y en lo personal, creo que un tren es mucho más seguro que un mono–rail. Avanzar sobre dos vías en la crítica a la modernidad, permite una mayor visión de lo que rodea. Y en este viaje en la noche oscura, ocasionalmente, se perciben islas de claridad tanto en el lado del pensamiento de Benoist como en el de Evola. Sentiría que me faltan instrumentos de análisis y comportamiento (de “estilo”) si tuviera que renunciar a alguno de estos dos raíles, pero también es cierto que sería imposible asumir a ambos en su integridad, sin caer en contradicciones.

Una de las obras de Evola tiene un título evocador (aparte de la riqueza de los ensayos que contiene): El arco y la maza. El título, en cualquier caso, es opaco si se hace abstracción de la utilidad de cada una de estas armas: el arco sirve para abatir objetivos lejanos, la maza para golpear lo que está próximo. Me armo con el pensamiento evoliano cuando intento entender el pasado más remoto y percibir el futuro lejano de nuestra civilización. Tiendo a armarme con los análisis de Benoist, especialmente en temas más inmediatos (la ecología, la crítica al neo–liberalismo o a la conspiranoia, apreciaciones sobre política internacional, sobre la evaluación de los distintos movimientos culturales, sobre nuevas corrientes, etc.). Y, finalmente, en lo que se refiere al “estilo” (Benoist utilizaba en los 70 aquella frase rotunda de “el estilo es la vida”), creo que ambos van por la misma dirección, si bien Evola insiste en algo precioso, la necesidad de una introspección y un viaje a los estratos más profundos de nuestro ser (la tradición ofrece vehículos suficientes para quien quiera realizar tal viaje), pero el modelo humano que proponen ambos autores no difiere.

Hay algo que Evola me enseñó y que veo también reflejado en Benoist: una necesidad interior irresistible de búsqueda de la objetividad. Ese empeño de ver el mundo tal cual es, sin prismas deformantes, sin ideas preconcebidas, sin filias ni fobias. Ese esfuerzo lo veo reflejado en cada artículo y en cada ensayo de Benoist. Somos hijos de nuestro tiempo, a nosotros corresponde entenderlo, percibirlo en su monstruosidad tanto como en su aspecto más seductor (la técnica, sin duda). Solamente la objetividad puede enseñarnos el camino situarnos dentro de ese mundo que no guiamos, ni controlamos, e insertar en él nuestra pequeñas vidas que, al menos, sí podemos intentar guiar y controlar.

Creo que esto es lo más interesante de Benoist. Me ha ayudado –nos ha ayudado a todos los que en algún momento hemos sido sus lectores– a entender mejor el mundo que nos rodea y las ideas que lo mueven.

No albergo la menor duda de que cuando dentro de unas décadas o de unos siglos, alguien intente hacerse una idea de cómo fue nuestra época, deberá recurrir necesariamente a los escritos de Benoist. Tengo ahora mismo, junto a la mesa de trabajo, el Vu de Droite. Sería difícil encontrar una guía más completa para entender lo esencial de los movimientos culturales que estaban en vigor en los años 70. A partir de los distintos artículos y ensayos que componen la obra (es una recopilación de textos publicados por Benoist hasta 1977) es posible entender el debate de ideas de aquella época con claridad meridiana.

Cabe decir algo precisamente, a propósito del título de esta obra y del movimiento que lo apadrinó: Vu de Droite, “nouvelle droite”… es evidente que estamos situados “a la derecha” del pensamiento. Eso suscita dos cuestiones: la primera es cierta perplejidad en relación a esta ubicación que puede surgir en un momento en el que resulta ya muy difícil distinguir entre “derecha” e “izquierda” si nos estamos refiriendo a ubicaciones políticas. La segunda tiene que ver sobre el papel político que ha tenido la obra de Benoist en Francia.

Hay algo en la “nouvelle droite” que es simétrico a la “vieja derecha”. Si ésta era anti–alemana, Benoist ha mostrado cierta predisposición hacia la filosofía alemana. Si la “vieja derecha” era católica, la “nueva derecha” ha reivindicado el paganismo. Mientras que la vieja derecha siempre ha sido reaccionaria y conservadora, Benoist no ha tenido el más mínimo empacho en criticar todo aquello que no vale la pena ni conservar, ni se ha preocupado de mantener cadáveres con vida. Cuando la “vieja derecha” ha mirado a los EEUU en búsqueda de protección, la “nueva derecha” ha realizado una crítica despiadada a la civilización americana y a lo que representa el americanismo. La idea de “nación” propia de la vieja derecha ha encontrado un eco en la idea de “Europa” en Benoist. Arraigo y tradición frente a progresismo y etnocentrismo. Podríamos seguir. Sin duda, en estos rechazos hay algún rastro de las decepciones que el equipo de la FEN y de Europe Action sufrió en los años 60.

Benoist ha intentado siempre, desde 1968, mantenerse al margen de los partidos y de las ideas partidarias, y siempre ha mantenido reservas en relación a aquellos partidos de extrema–derecha que fueron minúsculos en los años 70, resucitaron en los 80, oscilaron en los 90 y casi estuvieron a punto de desaparecer en el tránsito del milenio, para convertirse en formaciones de protesta en los últimos dos años. Es inevitable, pues, una referencia al Front National.

Benoist nunca tuvo la menor duda de que Jean Marie Le Pen pertenecía a la “vieja derecha”. Deploró el que algunos de sus antiguos compañeros ingresaran en el Front a finales de los años 80 y supo que tenía razón cuando se produjo la crisis que llevó a la escisión de Bruno Mégret a la que se sumaron todos aquellos cuadros procedentes de la “nouvelle droite”. El partido de Mégret fue “flor de un día” pero absorbió esfuerzos y energías dignas de mejor causa. Estuve como invitado en el Congreso del Front National celebrado en París el año 2000, poco después de la escisión, y pude percibir que el partido se encontraba desarbolado y sin cuadros, con un nivel político bajo, poca incidencia entre la juventud, y eran todavía muy perceptibles los destrozos ocasionados por la salida de los “mégretistas”. La edad media de los asistentes era elevada y algunas de las opiniones vertidas por el propio Jean Marie Le Pen, tanto en privado, como en sus intervenciones congresuales, me remitían a las que tantas veces había oído en España en los medios de extrema–derecha. La “gran esperanza blanca” en aquel Congreso era que Bruno Gollnisch asumiera la dirección del partido y diera un nuevo impulso.

Si el Front National sobrevivió esos años era porque respondía perfectamente a los intereses, los miedos y las aspiraciones de un sector de la sociedad francesa, permanentemente decepcionado por derechas e izquierdas, alarmado por el cambio de paisaje en las ciudades y por todas aquellas cuestiones que suelen preocupar a un público de derechas (orden público, delincuencia, decadencia en las costumbres, corrupción). No hacía falta para ello ni lucha cultural, ni gramscismo, ni difusión de ideas, bastaba con disponer de un abanderado y un tambor. Le Pen era ambas cosas.

Sin embargo, hubo que esperar hasta que Marine Le Pen asumió la presidencia del partido para ver que había habido algo más que el cambio del padre por la hija o de una generación por otra. Las opiniones de la nueva presidenta del Front National parecieron desde el principio mucho más ajustadas a la realidad presente que las de su padre, lo que unido, a la insatisfacción de la sociedad francesa por los problemas que se vienen arrastrando desde hace décadas, la falta de gestión eficaz por los partidos tradicionales, han convertido en el momento de escribir estas líneas a su partido en el primero en intención de voto en Francia. Pues bien, creo que ese vuelco político se ha producido, no por influencia de la “lucha cultural”, sino por degeneración del propio sistema político francés y por pérdida de influencia de los partidos que han gestionado la Quinta República en las últimas décadas. El hecho de que parte de las ideas que ha expandido Benoist desde los años 70, especialmente sobre la identidad comunitaria y el arraigo, hayan sido recogidas por algunos intelectuales que gravitan en la esfera del Front National y, más especialmente, los que se definen como “identitarios”, es quizás el premio de consolación. Cuando Benoist decía “Nuestra identidad nacional no está en peligro debido a la identidad de los demás”, decía justo lo contrario de lo que dice el que parece es ya el primer partido de Francia en intención de voto.

Así, entre nosotros, he notado demasiada circunspección siempre en Benoist a la hora de tomar partido. Quizás aquel poema de Gabriel Celaya La poesía es un arma cargada de futuro (en sus Cantos Íberos de 1955) sería la mejor recomendación que le puedo hacer en esta obra colectiva: Maldigo la poesía concebida como un lujo | cultural por los neutrales | que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. | Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse”. A fin de cuentas, quizás lo que ha faltado es “tomar partido hasta mancharse”… 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproduccion de este texto sin indicar origen.

23 abril día de la rosa

23 abril día de la rosa

Que la Rosa florezca en tu corazón
Que sus espinas corten como tu espada
Que sus pétalos te recuerden la sangre de los tuyos
Que su tallo tenga raíces profundas como tu identidad

Que tu vida tienda hacia el sol como la rosa se abre ante su poder

 Que si hemos de morir nuestra vida sea breve pero intensa como la de la rosa.
Que detrás nuestro surjan cien rosas con mil espinos
Y que nuestra comunidad sea como un seto de rosas
fuerte, compacta, brillante, apasionada y elegante
como la rosa sobre su tierra y bajo el Sol eterno y antiguo.

 (No puedo por menos que recordar hoy, DÍA DE LA ROSA, a Raymond Berenguer IV, Conde de Provenza, hijo de Alfonso II de Aragón y de Doña Sancha de Castilla, representado en la iconografía medieval armado con espada, cota de malla y la rosa).

 Y, por supuesto, en un día como hoy habrá que leer LA ROSA DE PARACELSO, uno de los cuentos más breves y admirables de Jorge Luis Borges. Ahí os lo reproduzco para que no tengáis excusa:


La rosa de Paracelso

De Quincey: Writings, XIII, 345
En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano, Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.

El maestro fue el primero que habló.

—Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente —dijo con cierta pompa. —No recuerdo la tuya. ¿Quién eres y qué deseas de mí?

—Mi nombre es lo de menos —replicó el otro. —Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.

Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

—Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

—El oro no me importa —respondió el otro.— Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

—El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

—Pero, ¿hay una meta?

Parecelso se rió.

—Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que “hay” un Camino.

Hubo un silencio, y dijo el otro:

—Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

—¿Cuándo? —dijo con inquietud Paracelso.

—Ahora mismo —dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.

El muchacho elevó en el aire la rosa.

—Es fama —dijo— que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

—Eres muy crédulo —dijo el maestro.— No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

—Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

—Eres crédulo —dijo.— ¿Dices que soy capaz de destruirla?

—Nadie es incapaz de destruirla —dijo el discípulo.

—Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

—No estamos en el Paraíso —dijo tercamente el muchacho; aquí, bajo la luna, todo es mortal.

Paracelso se había puesto en pie.

—¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

—Una rosa puede quemarse —dijo con desafío el discípulo.

—Aún queda fuego en la chimenea —dijo Parecelso.

—Si arrojamos esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

—¿Una palabra? —dijo con extrañeza el discípulo–. El atanor está apagado y están llenos de polvos los alambiques. ¿Qué harías para que resugiera?

Paracelso le miró con tristeza.

—El atanor está apagado —repitió— y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

—No me atrevo a preguntar cuáles son —dijo el otro con astucia o con humildad.

—Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

—Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:

—Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

—Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó, tembloroso:

—Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.

Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza.

—Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:

—He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?

Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió


Ciudadanos o la ambigüedad

Ciudadanos o la ambigüedad

Info|krisis.- Ciudadanos, “partido de la ciudadanía”, es la muestra de cómo una única idea –el antiindependentismo catalán- puede “cuajar” y convertirse en un movimiento político de alcance nacional por una serie de casualidades inesperadas. En el momento de escribir estas líneas, según algunas encuestas (poco creíbles por lo demás), PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos están “igualados” en intención de voto… En realidad, técnicamente, la Ley d’Hondt está ahí para hacer imposible un resultado de este tipo. Pero es, en cualquier caso, significativo que un partido con un perfil “débil” (soft) como Ciudadanos sea una de las formaciones llamadas a sustituir a la “vieja banda de los cuatro” (PP, PSOE, PNV, CiU). No está, pues, de más componer unas notas sobre esta formación, a modo de “aviso a los navegantes”.

Los errores de otros, aciertos de Ciudadanos

Hasta hace unas semanas, Ciudadanos no era más que un partido implantado relativamente en Cataluña y que no suscitaba excesivos entusiasmos en el resto de España salvo por el hecho de que en aquella comunidad autónoma era el que se había enfrentado más decididamente contra el soberanismo, en un momento en el que el PP chaqueteaba, según su tradición, con CiU.

Hay que recordar que en las elecciones autonómicas catalanas del 2010, Ciudadanos obtuvo tres diputados gracias a esa actitud antiseparatista. Vale la pena recordar que, en aquella ocasión, la ambigüedad de la que hizo gala Plataforma x Cataluña, partido que en aquel momento, estaba en pleno auge, hubiera podido liquidar para siempre a Ciudadanos si, además del anti-inmigracionismo hubiera añadido también a su programa, un decidido antisoberanismo. Pero, en aquella ocasión, PxC, mal dirigida y peor orientada políticamente, cometió el error de dejar el espacio libre para que Ciudadanos pudiera crecer en esa dirección. Hoy, podemos decir con seguridad que si Ciudadanos ha llegado a donde está es porque los errores de PxC en 2010 le dejaron un hueco que aprovechó. El dogmatismo que en aquella ocasión se impuso a PxC en imitación del modelo flamenco del Vlaams Belang costó caro a esta formación.

Sin embargo, en el interior de Ciudadanos aparecieron distintas tensiones que contribuyeron a que, cuando se convocaron las siguientes elecciones autonómicas, el partido distara mucho de estar consolidado en aquella región. Solamente la intensificación del soberanismo hizo que en 2012, Ciudadanos triplicara sus escaños y se convirtiera en el sexto partido en Cataluña. PxC en esa ocasión volvió a equivocarse y siguió cediendo terreno a Ciudadanos: cuando ya distintos sectores dentro de PxC alertaban sobre lo peligroso de no tomar partido ante el soberanismo, justo cuando toda la política catalana basculaba en torno a este tema, los promotores del error de 2010 seguían anclados en las mismas posiciones, cerrándose a una posición favorable a la unidad del Estado. Ciudadanos, ya en ese momento, se estaba nutriendo de sectores decepcionados del PP y del PSC que, sin estar incorporados al partido y, por tanto, ignorar sus problemas internos, estaban concienciados de que enfrentarse al soberanismo era la tarea más urgente del momento. El hecho de que el partido de Rosa Díez no tuviera nunca una presencia excesiva en Cataluña contribuyó a que el voto antisoberanista, mayoritariamente, se decantara hacia Ciudadanos.

Fue después de las autonómicas de 2012 cuando Albert Rivera inició su expansión más allá del Ebro. El éxito le acompañaría en las elecciones europeas cuando obtuvo 500.000 votos y dos escaños. A partir de ahí, y como había ocurrido en Cataluña, no fueron los aciertos de Ciudadanos los que propiciaron su éxito sino los errores de sus competidores más directos.

En efecto, aquellas elecciones UPD había obtenido unos resultados justo el doble que Ciudadanos. Era evidente que ambos partidos se disputaban un mismo espacio político. Era también evidente que daban de sí mismos una definición similar (“de centro-izquierda”). Y era evidente, por fin, que estaban condenados a entenderse. Ciudadanos dio el primer paso, pero se encontró con una Rosa Díaz dotada de una concepción “patrimonialista” de su partido (el partido era ella y ella era el partido) a la que no quería renunciar. La falta de talla política de Rosa Díez –presentida tanto en el momento en el que fue consejera del gobierno vasco con la coalición PSOE-PNV como cuando optó a la secretaría general del PSOE siendo derrotada por un líder de perfil bajo-bajísimo, Rodríguez Zapatero- se evidenció entonces: cortedad de miras, incapacidad para ver más allá de un pequeño partido que acaparara un número suficiente de votos como hacerle jugar un papel como bisagra y, sobre todo, terror ante la posibilidad de que alguien lograra descabalgarla de su creación personal, fueron los elementos que jugaron en contra de Rosa Díaz y de su apuesta por no aproximarse a Ciudadanos. Era evidente que aquel que primero evidenciara debilidad desaparecería tragado por el otro.

Así pues, cuando Sosa Wagner, un profesor universitario y en absoluto un hombre de partido, criticó la actitud de Rosa Díez en relación a Ciudadanos, la suerte de UPyD quedó sellada para siempre. El “partido magenta” era el cántaro de barro que se rompería por la mera proximidad ante el cántaro de bronce que era Ciudadanos. No hubo nada más que esperar a las elecciones autonómicas andaluzas para que Ciudadanos, con una candidatura mediocre, hecha a partes iguales por oportunistas y desconocidos, sin programa, sin propuestas que fueran más allá de los tópicos, obtuvo 370.000 votos y 9 diputados, mientras UPyD se quedaba con 75.000 votos y muy lejos de obtener escaños. A partir de ese momento, Rivera sustituyó a Pablo Iglesias como “estrella ascendente” de la política española.

Tal es la historia de Ciudadanos: corta, irrelevante salvo en Cataluña y que ha podido crecer, no tanto por méritos propios, como por los garrafales errores de terceros.

¿Cuál es el papel de Ciudadanos en los tiempos que se aproximan?

Los éxitos de Ciudadanos contrastan con la pobreza de sus propuestas. A poco que nos fijemos, veremos que no hay nada en este partido que sea verdaderamente ilusionante. Sus propuestas de luchar contra la corrupción se podrán mantener mientras el partido siga “virgen”, pero dentro de poco, cuando sus diputados andaluces se hayan “mojado” o cuando las decenas de concejales que obtendrán participen en gobiernos municipales o, simplemente, se vean obligados a realizar propuestas, comprobarán lo poco que les une y lo vago de los principios que inspiran al partido e incluso es posible que comprueben la facilidad para realizar las mismas prácticas de las que hoy acusan a la “vieja banda de los cuatro”.

Incluso en materia autonómica existen distintas posiciones y, así como en Cataluña, lo fácil y lo lógico es oponerse al soberanismo cleptomaníaco de CiU, en Andalucía la propuesta de que solamente la presencia de Griñán y Chaves en el parlamento les impide pactar con el PSOE, es extremadamente arriesgada: ¿es que la corrupción en Andalucía está solamente representada por estos dos expresidentes atrincherados en su inmunidad parlamentaria? ¿Es que no es todo el PSOE andaluz y la UGT –a la que el propio Rivera está afiliado- un gigantesco sumidero de corruptelas y de nepotismo?

En cuanto al “constitucionalismo” del que hacen gala no es menos contradictorio. ¿Para qué hacerse ilusiones con una constitución que es, por sí misma, la que ha generado los increíbles niveles de corrupción que existen hoy? ¿Se puede defender una constitución en la que está implícito desde el sistema autonómico en el que han colocado sus cuñas los soberanismos catalán y vasco o en donde todavía se encuentran estupideces y arcaísmos progres como la negativa a reconocer la cadena perpetua y se antepone la reinserción del delincuente al resarcimiento de la víctima? ¿Dice algo Ciudadanos sobre la globalización? ¿Algo sobre la inmigración, aparte de aspirar a captar –criaturas- el voto inmigrante? En definitiva: ¿qué propone Ciudadanos? Poco, nada en realidad, solamente una fe ciega en la “convivencia”…

Ciudadanos –y no la constitución o la “banda de los cuatro”- han conseguido detener el ascenso de Podemos, al menos momentáneamente. A fin de cuentas, Ciudadanos es Podemos sin coletas, con camisa y corbata y con un líder de peluquería y manicura, con más “prestancia” que Pablo Iglesias. Hay que reconocer sus valores… El voto de protesta que hasta ahora se decantaba solamente hacia Podemos, incluso el que derivaba del PP, ahora se orienta también hacia Ciudadanos. Pero “protesta”, ¿ante qué? ¿Por qué? ¿De qué? simplemente protesta ante los efectos más visibles y deletéreos del “régimen”: corrupción, paro, crisis económica, despilfarro autonómico… nada más. Podríamos estar incluso de acuerdo en parte con la crítica, pero no con las soluciones, porque lo que propone, a fin de cuentas, Ciudadanos es… tener fe en la constitución. Poco para un problema tan grande.

Pero es que Ciudadanos no puede ir más allá de la crítica a los aspectos más problemáticos del régimen nacido en 1978. Sobre estos, existe casi unanimidad en la sociedad española. Los únicos que siguen negando la realidad son los dirigentes de la “banda de los cuatro” (de la “vieja banda de los cuatro”: PP+PSOE+CiU+PNV) para los que estamos en el mejor de los mundos y salir adelante consiste en votarles a ellos, nada más que a ellos y sólo a ellos. No es raro que todos ellos, en conjunto, vayan de capa caída y prosigan impertérritos su discurso de décadas anunciando el apocalipsis si no se les entrega el voto. Pero cuando, Ciudadanos –o incluso Podemos, y no digamos Sortu o ERC, los componentes  de la “nueva banda de los cuatro”- piensa en positivo e intenta aportar alguna solución la tierra se abre bajo sus pies: los miembros de Ciudadanos están unidos por el rechazo a los aspectos más preocupantes del sistema. Por nada más. Ninguna propuesta en positivo les une. Los problemas que han tenido a la hora de enunciar un rudimento de política fiscal, la incapacidad para decir qué harían con las autonomías o, simplemente, la ignorancia en materia internacional, de defensa o de modelo económico, son tan evidentes que hacen sonreír de conmiseración incluso a muchos periodistas que han entrevistado a Rivera y que comprueban que, más allá del discurso anti-soberanista y anti-corrupción, no da para mucho más.

Ciudadanos está llamado, pues, a agrupar el voto de los decepcionados por las políticas del PP. Nada más. Lo más probable es que tenga un ascenso brusco en las próximas elecciones municipales y autonómicas y que se traduzca en un avance en su presencia parlamentaria en las elecciones generales. Pero, en el momento en el que sus diputados y cargos electos se vean obligados a tomar partido, empezarán los problemas interiores y el partido, cogido con alfileres como la formación de Rosa Díez, no tendrá otro destino más que vivir etapas de conflictualidad interna sin fin.

Hay otro elemento a tener en cuenta. En algunos municipios, los que han acudido a Ciudadanos son, literalmente, gentes que no han sabido o podido acomodarse en las candidaturas de la derecha, habitualmente “independientes” en busca de un escaño municipal o segundas filas del PP o del PSOE, muchos de ellos verdaderos aventureros políticos. Cuando no existe ni un programa claro, ni propuestas en positivo, el vínculo de unión no puede ser otro más que el oportunismo: ese mismo oportunismo que está presente desde hace décadas en los partidos mayoritarios y que reaparece en cualquier nueva formación. Ciudadanos, no solamente no es una excepción, sino como demuestra el caso andaluz, es esa constante quintaesenciada. Juan Marín Lozano, su hombre fuerte allí, es un antiguo del Partido Andalucista, pasado a los Independientes por Sanlúcar, para apoyar al PSOE en esta ciudad… Se ignora completamente lo que opina sobre política regional. Estará allí en donde alguien le permita gobernar y en cuanto huela que los vientos soplan en otra dirección, con la misma tranquilidad con la que llegó a Ciudadanos, lo abandonará para instalar sus ambiciones en cualquier otra formación o retornar a la “independencia”… Hay “líderes” que están hechos de esa pasta. La constitución de 1978, esa que con tanto ahínco defiende Rivera, no da para mucho más.

Con este “material humano” –que será mucho más evidente todavía cuando se constituyan los próximos ayuntamientos- quedará evidenciado algo que Rivera y su círculo saben perfectamente (como lo saben en el otro lado de la barrera, los dirigentes de Podemos) que su partido está formado por el mismo “material humano” que ha estado presente en la “vieja banda de los cuatro” y que el oportunismo es su ley, su única ley.

No es que la “vieja banda de los cuatro” sea mejor que la “nueva banda de los cuatro” es que, da la sensación de que desde 1978 se ha producido en la clase política española una “selección a la inversa” y que las “nuevas élites” políticas se forman a partir de residuos de las anteriores: de la misma forma que a Podemos han ido a parar los “segundas filas” de IUA a Ciudadanos ha ido a parar todo el oportunismo del PP (y también algunas escorias del PSOE) que no era suficientemente astuto para competir dentro en el interior de su partido y que han optado por crear una “alternativa” que lo es solo a sus antiguos compañeros de partido, no a la sociedad, ni al Estado tal como ha sido concebido por la constitución de 1978.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

 

 

Francis García ha fallecido

Francis García ha fallecido

Cuando falleció hará unos años Carlos Oriente lo primero que recordé es que “los amados de los dioses mueren jóvenes”. Cuando unos años antes había muerto Liberato Egea, la cita histórica que vino a mi mente era la de “morirán los mejores”. Ahora, que se ha ido Francis García, inevitablemente recuerdo aquella frase de Séneca: “Si no quieres combatir, retírate. En efecto, nada te impide morir”. Francis, es de los que han elegido morir por propia voluntad.

Conocí a Francis García en Madrid en el curso de una reunión de los Círculos Doctrinales José Antonio, en aquel abigarrado despacho que tenían en la calle Ferraz. Presidían la reunión Diego Márquez y Carlos Ruiz Soto. Debía ser 1973. Se trataba de preparar una de las “concentraciones nacionales” de los Círculos. Francis estaba sentado en la fila de delante y según una costumbre que no le abandonó jamás, empezó a cuchichear conmigo a despecho de lo que decía la mesa presidencial. En realidad, ni él ni yo encajábamos mucho en aquel ambiente que pronto abandonamos como una etapa no particularmente afortunada de nuestra vida. Pero aquella primera conversación fue el inicio de una muy buena amistad y camaradería que duró hasta día y medio antes de su decisión de morir. En efecto, cruzamos un último email y la noticia siguiente que tuve de él fue la de su fallecimiento.

Francis era un tipo especial. Todos los que lo conocimos, podemos dar fe de ello. Y lo era desde muy joven. No se encuentra a dos personas como él en todo el mundo. Intelectual tradicionalista, prácticamente del budismo desde el verano de 1978, militó, además de en el Círculo José Antonio de Zaragoza, en el Frente Nacional de la Juventud y en el Frente de la Juventud, siendo detenido en la redada que pulverizó a esta organización en junio de 1980. Proseguiría durante toda su vida su búsqueda espiritual, reuniendo una extensísima biblioteca de, probablemente, más de 10.000 volúmenes, dedicados a los temas de espiritualidad que siempre constituyeron el eje de su vida. Por su origen familiar y por su habilidad para las lenguas, esa biblioteca –que considero única en Barcelona- englobaba libros en todos los idiomas. Era, sin duda, la biblioteca más caótica y desordenada que he conocido, pero también la más completa: bastaba pedirle un título para que inmediatamente lo localizara en cualquier bolsa de plástico o en la cornisa de una olvidada estantería.

Su mundo era la espiritualidad: dominaba desde muy joven la obra de Evola y de René Guénon. Conoció a Schuon y a maestros sufíes tanto como a budistas o taoístas. Mantenía correspondencia y amistad con intelectuales franceses de esta corriente. Pero sus intereses intelectuales iban mucho más allá de la espiritualidad: la sociología, la política internacional, el estudio de la modernidad, la ecología, el mundo de las sectas, constituían otros frentes de su curiosidad. Raro era el día que no compraba uno o varios libros. Ya no queda mucha gente así.

Siempre se interesó por los puntos de vista alternativos. Cuando se produjeron las protestas del “no a la guerra” en 2003, Francis fue uno de los que organizaron la gran manifestación que recorrió las calles de Barcelona gritando contra la intervención norteamericana en Irak. Seguía manteniendo sus opiniones políticas de siempre, pero se había aproximado al mundo alternativo.

Después de casarse pasó los últimos siete años de su vida en China regresando hace un mes y medio aquejado de varios problemas físicos. Le gustaba China y creo que me pintó el cuadro más completo de aquella sociedad cuya evolución miraba con interés. Gracias a él supe que el comunismo chino no difiere, ni siquiera hoy, del peor stalinismo; o que la asignatura de marxismo-leninismo es obligatoria en todos los cursos de carreras universitarias y que no es precisamente “una maría”, se aprueba o no hay forma de pasar al curso siguiente. Supe que en los campus chinos, los altavoces tronaban consignas del Partido Comunista, en lo que me pareció una situación orwelliana. Supe, gracias a él, que el suicidio era una salida habitual en China y que había muchos días que la polución medioambiental impedía ver la luz del sol. No me extraña que volviera con problemas físicos. Y sin embargo, el pueblo chino le gustaba. Tuvo ocasión de conocer en aquel país (y en todo el sudeste asiático) a maestros de las distintas corrientes espirituales y tradiciones de aquellas latitudes. Siempre estuvo en estos viajes acompañado por su esposa, Yiffen, mujer de gran entereza, capacidad de trabajo y cultura.

Francis era una de las personas más sociables que he conocido. Le costaba poco hacer buenos amigos y siempre tendía a ver las mejores cualidades en la gente. Bastaba una frase, una simple idea para que se interesara por alguien y, a partir de entonces, lo considerara un interlocutor válido. No siempre acertaba. En ocasiones se dejaba llevar por su entusiasmo por la gente. Se llevó algunas decepciones, pero también conoció gente excepcional, últimos rescoldos de un mundo que va terminando, testigos de otra época que hoy están recluidos en sí mismos y sin mucho interés ni por llamar la atención, ni por manifestar su existencia.

Creo que yo fui uno de sus mejores amigos y, desde luego, todas las veces que me despedía de él por email terminaba con un “cordial saludo de tu amigo y camarada”. Era amigo y camarada mío. Así que lo siento doblemente. Se ha ido alguien excepcionalmente modesto del que el mejor elogio que podemos decir y lo más a lo que aspiraba era a ser “una buena persona”.

Ambos nos llevamos una gran satisfacción cuando en 1988 un amigo y editor nos encargó la traducción de Cabalgar el Tigre. Conocíamos previamente el libro y lo habíamos leído a finales de los años 70. Aquel texto nos cambió la vida. Nos hizo espiritualmente entrar en la madurez.  Ninguno de los dos dudábamos de la superioridad intelectuales de su autor, Julius Evola, sobre cualquier otro de la misma corriente. Para otros, la espiritualidad era el estudio de algo que no tenía nada que ver con el mundo contingente. Para Evola, en cambio, la espiritualidad y la vida, eran dos polos difícilmente separables. A diferencia de las grandes tesis de Guénon imposibles de llevar a la práctica o que desviaron a sus partidarios hacia instituciones tan contradictorias como el tradicionalismo católico, la masonería o el islam, con Evola hay dos tipos de prácticas a elegir: una, aquella adaptada para el hombre de acción y expuesta en su obra Los hombres y las ruinas, ideal para quienes creen que “todavía puede hacerse algo” para remontar la pendiente de la decadencia; junto a esta, para quienes creen que ya nada puede hacerse y que lo más sensato es apartarse cuando se viene encima el alud de la modernidad, Evola escribió sus últimas reflexiones, las de Cabalga el Tigre. El libro, escrito en los años 60, sigue todas y cada una de las corrientes de aquella época y recomienda algunas normas de comportamiento frente a problemas nuevos. Nos dice que la decadencia que estamos viviendo hoy, no es la de una “sociedad tradicional”, sino que lo que se está manifestando es la crisis de la sociedad burguesa y de los valores burgueses. Nos dice ante todo y sobre todo que es preciso “superar el nihilismo”: pasar por el nihilismo, reconocer que no hay instituciones que valga la pena defender, dejar de utilizar coartadas y coberturas tranquilizadoras a modo de clavos ardiendo a los que asirnos, o como decía Julio Cortazar, la única vía posible era tirarlo todo por la venta y luego, tirar la ventana por la ventana. Lo que nos indica Evola es que hay que iniciar un viaje hacia el fin del nihilismo, bañarse en él, superarlo, y luego tener el valor de permanecer en pie ante el vacío y la vacuidad de la sociedad moderna.

Tradujimos el libro que se editó y del que todavía se han hecho sucesivamente decenas de ediciones y se ha difundido hasta la saciedad por Internet. Fue un trabajo coral que realizamos en el curso de un mes. No solamente desgranábamos las páginas de las ediciones francesas e italiana del libro, sino que, además, aprovechábamos para comentar la obra, dar vueltas a los temas (que era como dar vueltas a la modernidad y empaparnos de aquellas ideas) y ampliar nuestras propias conclusiones.

Uno de los capítulos de Cabalgar el Tigre se titula: El derecho sobre la vida: el suicidio. Es de las páginas más duras que he leído jamás. Si la vida no es el valor supremo (y no lo es, puesto que el héroe está dispuesto a entregar su vida, renunciando a ella, en defensa de su comunidad, de su dama, de sus valores) y somos dueños de nuestra vida y responsables de todo lo que nos ocurra, la muerte a iniciativa propia es una opción. Mishima, Venner, Montherland, Drieu, siguieron ese camino. Evola citaba la frase de Séneca: “Si no quieres combatir, puedes retirarte. En efecto, nada de impide morir”. Es una opción.

Solamente dos doctrinas admiten el suicidio como algo moralmente admisible: el estoicismo y el zen. Ambos nos sentimos siempre extremadamente próximos a ambas corrientes. Si con la primera solamente podía existir un conocimiento literario e intelectual, con el budismo zen, si es posible encontrar todavía a “maestros espirituales” que te entreguen los rudimentos de la práctica.

Hubo un momento en el que nuestros caminos espirituales se distanciaron, aun cuando no nuestra amistad –siempre he considerado a Francis García como mi hermano y siento ahora mismo el dolor que se siente cuando muere un hermano de sangre- ni nuestra complicidad o nuestros análisis políticos. Francis buscaba “maestros espirituales” y “sistemas iniciáticos”. Yo, a finales de los 80, me convencí de que buscar todo eso era problemático: nada indicaba que seguían existiendo (al menos dignos de tal nombre). A partir de entonces, empecé a concebir la espiritualidad como una pared en blanco y siendo el medio más accesible para acceder a ella la meditación en su forma zen. Buscar sistemas iniciáticos complejos podía suponer emplear demasiado tiempo y poner excesivas esperanzas que podrían verse decepcionadas. Y el tiempo nunca vuelve. En cuanto a la “iniciación”, había conocido demasiados sistemas iniciáticos como para dudar de su eficacia en la actualidad: era como si las puertas que en otro tiempo habían permanecido abiertas y permitían el tránsito del mundo de lo contingente al de la trascendencia, se hubieran ido cerrando. Tal es el drama de nuestra época.


Todo esto no era nada distinto a lo que Evola nos había explicado: seguía siendo necesario realizar el viaje al fin del nihilismo, apurar el nihilismo en todos sus aspectos y actuar como el caballero de aquel grabado de Anton Durero, El caballero, la muerte y el diablo. El caballero de Durero, sin duda el mejor artista alemán, aun acosado y seguido por el diablo, parece dotado de una impasibilidad y serenidad a toda prueba. Así es como debemos actuar ante las destrucciones omnipresentes de la modernidad. No hay remedios “tradicionales” accesibles. Las puertas se han cerrado. Estamos nosotros solos ante el vacío. Solos ante nosotros mismos. Solos ante la ilusión de un mundo impermanente y en plena desintegración. Reconocer todo esto implica situarnos ante el “punto omega” de nuestra propia existencia: y entones se abren dos vías. La de aceptar la vida, tratar de aprovechar lo que ésta nos ofrece. O la de considerar que el viaje es ocioso, que ya sabemos lo que nos depara y, retirarnos; esto es, morir. Francis, eligió esta segunda opción.

Mañana 21 de abril de 2015, será icinerado en Collserola de 16:15 a 17:00 horas. Lo podéis visitar hoy y mañana en el Tanatorio de la Ronda de Dalt, sala nº 20.

Que el Sol, eterno y lejano, lo tenga para siempre en su luz.