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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Sistema penitenciario en EEUU

Sistema penitenciario en EEUU

América se hunde entre el crimen y el delito. Las cifras son tan absolutamente espectaculares que se diría que las autoridades han renunciado a contener a los maleantes. No es así, de hecho, lo que ha ocurrido es que se ven desbordados por la delincuencia. En 2000 existían ¡dos millones y medio! de presos en las distintas cárceles de los EEUU. La cifra es a todas luces desmesurada… pero real.
Y es que todas las cifras de la delincuencia en EEUU son espectaculares.

EL AUMENTO ASINDOTICO DE LA DELINCUENCIA

Tras la Segunda Guerra Mundial, la delincuencia se disparó en EEUU. Hasta ese momento, las estadísticas indicaban que la seguridad ciudadana estaba al mismo nivel que en otros países tan distantes como diferentes; eran, en efecto, similares a las que se daban en cualquier país desarrollado. Sin embargo, a partir de 1945, todo esto quedó desbaratado. A principios de los años 60, Londres y Tokio registraban menos violencia urbana que cualquiera de las ciudades norteamericanas más importantes. En 1979 se produjeron 14 veces más violaciones en Nueva York que en Tokio que, en la época, era la ciudad más grande del mundo.
Ese mismo año en la ciudad de los rascacielos resultaron asesinadas 12 veces más personas que en la aglomeración de Tokio. Y, puestos a comparar, las cifras eran tan espectaculares que ya resultaba difícil poderlas enmascaras: en 1980, globalmente, en todo el territorio de los EEUU se produjeron 5 veces más homicidios que en Japón y 7 veces más que en Gran Bretaña, 10 veces más violaciones que en Japón y 12 más que en Gran Bretaña y 17 veces más robos que en Japón y 8 más que en Gran Bretaña. En apenas treinta años, en el período que media entre 1945 y 1975, según las cifras aportadas por el FBI, la criminalidad aumentó un 500%. En los cinco años siguientes, logró ser contenida, pero a partir de 1978 ya no hubo nada que hacer e incluso empezaron a aparecer en las estadísticas franjas de población hasta entonces ausentes; particular estupefacción produjo el aumento de la delincuencia entre los menores de 12 años.

En 1980 se produjeron 4.000.000 de asaltos a personas, 1.000.000 de robos con intimidación, 145.000 violaciones, 150.000 tirones y 20.000 homicidios. Realmente poco, por que veinte años después, estas cifras, ya de por sí alarmantes, habían sido superadas con creces

¿SE HA TOCADO TECHO?

El 23 de octubre de 2003, los teletipos se hicieron eco de la enorme satisfacción que expandió el FBI al comunicas que la delincuencia había disminuido el año anterior un 1%. Pero, en bruto, el dato era espeluznante: en el 2002 se habían cometido en todo el territorio de las Unión 11’9 millones de delitos, casi tres veces más que los cometidos veinte años antes. El FBI calculaba que cada tres segundos ocurre un delito contra la propiedad en Estados Unidos, y cada 22 segundos un delito violento. Las cifras del FBI eran difícilmente cuestionables. Procedían de los datos facilitados por las 17.000 agencias policiales en todo el país. Las cifras contradecían las aportadas por la Oficina de Estadísticas de Justicia, que a principios de 2003 calculó que los delitos violentos y contra la propiedad habían descendido a sus tasas más bajas en 30 años. Hasta el comunicado del FBI, el secretario de Justicia John Ashcroft había citado en repetidas ocasiones el informe del Departamento de Justicia como evidencia de que las políticas penitenciarias más duras han logrado una nación más segura. Lo importante, mucho más allá de las estadísticas, es la impresión que tiene el hombre de la calle y en EEUU no existen grandes discrepancias: es un país en el que la gente se siente insegura. Tanto es así que una tercera parte de los hogares dispone de armas de fuego y la mitad de las mujeres declaran sentir miedo cuando salen de su casa. En 1981, el antropólogo urbano Marvin Harris explicaba que una quinta parte de los habitantes de las ciudades tienen, pura y simplemente, miedo de pasear por las calles o ir a su trabajo. Mucho antes de los atentados del 11-S y de lo que siguió –una verdadera campaña que estimuló el terror psicológico- buena parte de la población norteamericana emigraba de las ciudades a la periferia en busca de seguridad, algo que en EEUU reviste desde principios de los 80, el rango de una verdadera obsesión.

LAS CIFRAS DIFUNDIDAS DESDE CHINA

De todas formas, a pesar de la democracia formal que se vive en EEUU, hay cifras que, es preciso buscarlas fuera del territorio de la Unión. En 2003, la Oficina de Información del Consejo de Estado de China difundió un informe sobre la situación de los derechos humanos de Estados Unidos en 2002. En dicho informe se daban algunas cifras sobre la criminalidad en los EEUU: en 2002, se produjeron en ese país norteamericano 11.8 millones de delitos en 2001, una subida del 2.1 por ciento frente al año anterior. En promedio, se cometió un delito cada 2.7 segundos, mientras que se produjeron cada día 44 asesinatos y 248 violaciones (en total, 15,980 personas fueron asesinadas y 90,491 mujeres fueron violadas). Siguió aumentando la tasa de delincuencia en las grandes ciudades estadounidenses, especialmente en Washington, donde se registró una subida interanual de 36 por ciento, en Boston (67 por ciento) y Los Ángeles (27 por ciento). La tasa de asesinatos en ese país resultó ser entre cinco y siete veces mayor que en la mayoría de los países industriales.
Debido a los más de 200 millones de armas privadas que poseen los estadounidenses (en 1980 “solamente” existían 50 millones de pistolas y rifles en manos de los ciudadanos), fueron frecuentes los tiroteos, que han causado más de 30,000 muertos o heridos cada año. Se ha mantenido en EEUU una elevada tasa de delincuencia juvenil, y los adolescentes cometieron un 20 por ciento de los crímenes violentos. El número de detenciones policiales mensuales se incrementó en un 15 por ciento respecto al año anterior, hasta las 7,823 personas, dos tercios de ellas fueron archivadas por la justicia por falta de pruebas.

Las autoridades estadounidenses confirmaron que desde 1973 habían sido erróneamente condenados más de 200 encarcelados, de los que 99 condenados a muerte eran inocentes. Sin embargo, la mayoría de ellos no obtuvo compensaciones. EEUU es uno de los pocos países del mundo que impone la pena capital a los delincuentes adolescentes y con enfermedades mentales. En ese país se produjeron dos tercios de las ejecuciones de criminales adolescentes relizadas en el mundo durante la última década. A finales de 2001, un total de 6.6 millones de personas cumplían penas en los cárceles estadounidenses, que tienen un alto índice de ocupación. Las mujeres y niños son en muchas ocasiones las víctimas del crimen y violencia. Las mujeres se encuentran bajo mayor riesgo de asesinato. Entre 1988 y 1997, un total de 6,817 chicos de entre 5 y 14 años fueron asesinados a tiros en los 50 estados del país norteamericano. Cada año 58,000 chicos fueron secuestrados por personas de otras familias (el 40 por ciento acabaron siendo asesinados). Otros 200,000 fueron secuestrados por miembros de sus propias familias, en muchos casos para conseguir la custodia del menor negada por los jueces.

Los datos de los tribunales muestran que es más común condenar a pena de muerte a personas culpables de asesinar a ciudadanos blancos que a quienes matan a personas de otros colectivos, y un acusado negro corre el mayor riesgo de recibir una pena de muerte. Una persona acusada de asesinar a una blanca tiene 1.6 posibilidades más de ser condenada a muerte que una persona que mata a una negra. Una persona negra culpable de la muerte de una blanca tiene 2.5 posibilidades de ser sentenciada a pena capital que una persona blanca que asesina a una blanca, y 3.5 posibilidades más que en casos en que tanto asesinos como víctimas son negros.

PENA DE MUERTE. PUNTO Y APARTE

Mientras que en Europa la tasa media de población penitenciaria es de un 1 por 1000, en EEUU es ¡diez veces superior! Los negros, en 2002 un 13% de la población, aportaban el 60% de los reclusos. En 2002 se cometieron 11.800.000 delitos, con un incremento del 2’1% en relación al año anterior, entre ellos 15.980 asesinatos, 44 al día y un total de 90491 violaciones, verdadera plaga de la sociedad americana. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la existencia de pena de muerte no limita los delitos, ni tampoco los casos en los que el fiscal o la acusación particular la solicitan, son juicios realizados con garantías jurídicas extremas como, en principio, en Europa se tiende a pensar. Todo lo contrario: desde 1973 un centenar de inocentes han sido ejecutados. Solo en el Estado de Texas, su gobernador, George W. Bush, firmó 152 ejecuciones que se llevaron a efecto, aun cuando una tercera parte de los abogados fueran expulsados de la sala y el acusado quedara inerme ante la acusación. En otros 30 casos, en los que se presentaron como pruebas de cargo a psiquiatras, éstos no habían visto nunca al preso. Todo lo cual no fue óbice para que el entonces gobernador Bush dijera: “Quienes se oponen a la pena de muerte y a la guerra, son pervertidos morales y degenerados que han perdido la capacidad de indignación moral”... Sin comentarios.

AFROAMERICANOS Y DELINCUENCIA

Las cifras de delincuencia y, especialmente, de asesinatos, son absolutamente insoportables cuando se trata de miembros de la comunidad afroamericana. En 1980 el 43% de los detenidos eran negros que solamente constituían el 11% de la población. Estas cifras eran particularmente preocupantes en las grandes ciudades. En las 17 mayores aglomeraciones urbanas de EEUU el 72% de los homicidios erna cometidos por negros, así como el 74% de las agresiones con agravantes, el 81% de los robos sin armas y el 85% de los atracos a establecimientos. En su conjunto, la comunidad negra tenía unos índices de delincuencia 14 veces superes a los blancos. De hecho, la tasa de homicidios cometidos por blancos es solo el doble que en Japón. Hay que hacer la salvedad de que en las estadísticas del Departamento de Justicia se considera “blancos” a los hispanos. Estos, por su parte, tienen tasas de delincuencia en aumento en los últimos años.

Suele decirse que “No es la raza sin ola pobreza desesperada y el desempleo crónico” lo que provoca las altas tasas de delincuencia entre los negros. Así es, en efecto. Tras la Segunda Guerra Mundial, los negros emigraron de las granjas a las fábricas, se convirtieron en un proletariado urbano desarraigado y mal pagado que, frecuentemente tenía tendencia a recluirse en guetos. En 1980 la mitad de la población negra vive en grandes ciudades y de ellos, la mitad, esto es 7 millones, vive en guetos. En los años 70, la pobreza descendió entre los blancos un 5%, pero aumento un 25% entre los negros. En esas fechas, la tasa de paro de los negros era justo el doble que la de los blancos, pero resultaba particularmente alarmante entre los jóvenes negros, la mitad de los cuales estaban en paro. En guetos como Harlem el 86% de la población joven está en paro. Los sociólogos calculas que un aumento del paro de un 1% provoca que las estadísticas de delincuencia se disparen, un 6% los robos y un 4% los homicidios.

Estadísticamente, los negros están condenados: un negro pobre –cuenta Harris- tiene 25 veces más posibilidades de ser víctima de un robo con lesiones, mientras que este porcentaje desciende hasta una proporción de 8 a 1. El homicidio es la causa mas habitual de muerte en tres los jóvenes negros de 15 a 24 años. Resulta escalofriante constatar que 2 de cada 5 negros varones nacidos en las ciudades norteamericanas no llegarán a los 25 años. En los guetos, las posibilidades de morir antes de los 25 años para un joven negro se elevan al 40%... algo similar a algunas zonas subdesarrolladas de África.
LA PRIVATICACION DE LAS CÁRCELES ¿POR QUÉ?
La población penitenciaria ha alcanzado tal nivel que las cárceles se han empezado a privatizar en los EEUU. Esta privatización ha hecho que distintas asociaciones de defensa de los derechos humanos hayan protestado. Los presos se ven obligados a trabajar para industrias que apenas pagan unos pocos centavos por hora de trabajo. El gran negocio es para quienes han invertido en las sociedades anónimas que gestionan las cárceles privadas. La población penitenciaria en tanto que mano de obra, jamás tiene derecho a un mes de vacaciones pagadas, ni derechos sindicales, seguro de desempleo, ni ninguna otra conquista de las clases trabajadoras. Necesariamente llegan siempre a la hora a su puesto de trabajo. El absentismo laboral no existe. En las cárceles privadas, de hecho, se obliga a los reclusos a trabajar por 25 centavos la hora. Negarse implica ser enviado a celdas de castigo. El “California Prison Focus” ha escrito que "ninguna otra sociedad en la historia humana jamás ha encarcelado a tantos de sus propios ciudadanos". En China, con una población cinco veces superior, hay medio millón menos de presos que en EEUU. El 25% de los presos de todo el mundo son norteamericanos, cuando los norteamericanos son solo el 5% de la población mundial. En 1972 existían 300.000 presos. En 1990, ya había ascendido a 1.000.000. Doce años después, en 2002, habían superado los 2.000.000. Fue a mediados de los años 90 cuando apareció el fenómeno de las cárceles privadas. En 1997 solamente existían cinco establecimientos de este tipo con apenas 2.000 presos. En 2003 eran ya 100 con 62.000 plazas, ocupadas todas, por supuesto. Las previsiones más moderadas establecen que en 2005 existirán entre 350 y 500.000 plazas en las cárceles privadas. La industria de los presidios es, sin duda, uno de los sectores económicos con mayor expansión y mejores perspectivas para la inversión privada: las estadísticas indican que el número de presos va a seguir creciendo en las próximas décadas; ya no se trata solo de lo que la Administración entregue para la manutención de los presos, sino de los ingresos que estos obtengan mediante el trabajo forzado, lo que estimula a los inversores. Es imposible que un negocio de estas características tenga pérdidas mientras esté bien administrado. Por lo demás, en torno a este negocio ha aparecido una pujante industria periférica: las empresas especializadas en la construcción de prisiones, las empresas de venta por Internet que comercializan los bienes producidos en las prisiones, las empresas de mantenimiento de prisiones, etc.

Algunos sectores de la producción no contemplan otra posibilidad más que la de situar sus plantas de producción en el interior de las prisiones. Así, por ejemplo, la totalidad de todos los cascos militares, correajes, chalecos blindados, tarjetas de identificación camisas, pantalones, y demás material para la intendencia militar, se fabrican en las cárceles privadas, evidenciando una alianza entre el complejo militar-industrial y el penitenciario. Otras cifras son, así mismo, espectaculares: en el interior de las prisiones privadas se fabrica ya hoy el 93% de las pinturaS y pinceles de los pintores, el 92% de todos los elementos de mobiliario de cocina, el 36% de todos los utensilios caseros, 30% de los audífonos y altavoces, el 21% de todos los muebles para oficina. Por supuesto, se fabrican componentes para la industria pesada e incluso se crían perros guía para ciegos.

El sistema judicial norteamericano está basado en la aplicación de duras penas de cárcel por delitos que en Europa apenas supondrían una multa. La posesión de un gramo de cocaína en roca implica una condena segura de 10 años de cárcel, por ejemplo… pero 500 gramos de cocaína en polvo merecen solo 5 años de condena. Evidentemente quien tiene cocaína en polvo es un consumidor, luego pertenece a la clase privilegiada, la única capaz de mantener el consumo. Sin embargo, la posesión de dos onzas de cocaína en roca implica la seguridad de que se trata de un narcotraficante de escasos vuelos, habitualmente negro o hispano. Existe cierto racismo en la legislación norteamericana. En Nueva York la ley antidroga promulgada en 1973 por Nelson Rockefeller impone una condena obligatoria que va de 15 años a perpetua por posesión de 4 onzas de cualquier droga ilícita. Creemos que, efectivamente, es preciso afrontar en todo el mundo la lucha contra la droga, contra su consumo y su tráfico. Bien. Pero lo más sorprendente es que las penas extraordinariamente duras aplicadas en EEUU, lejos de haber detenido el consumo, parecen no tener absolutamente ninguna incidencia con éste: existe una carrera sin límite y entre el consumo de drogas y el aumento de las penas.

¿PRESOS? ¡CONTRA MÁS, MEJOR!

La promulgación en trece estados, de la cadena perpetua por ser declarado culpable de tres delitos, tuvo como consecuencia directa la necesidad de construir 20 nuevas prisiones. Se suele contar el caso espeluznante de una persona condenada a 25 años de cárcel por robar un coche y dos bicicletas. Tampoco la prolongación de las penas de prisión parece haber incidido positivamente en el freno a la delincuencia. En realidad, es todo lo contrario. Da la sensación de que las autoridades de los EEUU, aumentando los tipos delictivos y prolongando las condenas, lo que han buscado es aumentar la población penitenciaria. ¿Por qué? Por que de esa forma se creaba un sector nuevo de la industria de servicios y, al mismo tiempo, se optimizaban los costos de producción en otros sectores de la economía. Las ganancias del sector penitenciario (que cotiza, por supuesto en Wall Street) y de las empresas que entregan su producción al interior de las prisiones, es un incentivo extraordinario para aumentar los supuestos que pueden llevar a un ciudadano medio, en absoluto peligroso y sin ser un delincuente habitual, a la prisión. Este sistema infernal se refuerza decisivamente a partir del momento en que se aprueba toda una legislación que permita sancionar con dureza a presos que se niegan a trabajar en las cárceles.

Este sistema no es nuevo en los EEUU. Como otras “tradiciones” norteamericanas, hunde sus raíces en los inicios de la colonización. Desde los orígenes de los EEUU, los presos eran “alquilados” a los productores. Tras la guerra civil, la desaparición de la esclavitud no implicó la desaparición de los negros en el trabajo forzado en los campos de algodón. Arrojados al libre mercado en el que no encontraron puesto de trabajos, los negros fueron condenados masivamente por pequeños robos y hurtos a los que se vieron abocados para sobrevivir. En Georgia, entre 1870 y 1910, el 88% de los convictos alquilados a los plantadores eran negros. En Alabama, 93% de los mineros contratados por el mismo sistema de “alquiler de presos”, eran, así mismo, negros. En Mississipi, existió la explotación Parchman hasta 1972 en la que los presos seguían trabajando. Como se ve el sistema del trabajo de presos no es nuevo en EEUU.

Queda ahora por nombrar a las principales expresas que contratan trabajo penitenciario, esto es, trabajo esclavo. La mayoría de sus nombres son suficientemente conocidos en Europa. Observen: IBM, Boeing, Motorola, Microsoft, AT&T, Wireless, Texas Instrument, Dell, Compaq, Honeywell, Hewlett-Packard, Nortel, Lucent Technologies, 3Com, Intel, Northerm Telecom, TWA, Nordstrom, Revon, Macy's, Pierre Cardin, Target Stores, y muchas otras más. Todas estas empresas gozan de una excelente salud económica y podrán ascender el salario que pagan a los presos, pero las necesidades de crecimiento de la cuenta de beneficios, exigida por los inversionistas, desaconsejan la aplicación de salarios humanitarios.

En las prisiones públicas del Estado de Colorado se pagan 2 dólares por hora trabajadlos salarios llegan a 2 dólares la hora, pero en ese mismo Estado, en la industria carcelaria, se pagan 17 centavos por hora trabajada. El salario mensual llega a 20 dólares… lo que implica una renta anual del preso, similar a la media de los Estados africanos más subdesarrollados y olvidados. Nunca se ha pagado, en ninguna prisión privada de EEUU más de 50 centavos hora. El dudoso honor de haber alcanzado este “espléndido” techo salarial corresponde a una prisión de Tennessee.

LA PRIVATIZACION EN CRECIMIENTO ACELERADO

La moda de las cárceles privadas se inició con el mandado de Reagan, experimentó un crecimiento tímido pero real en los ocho años que siguieron, fue aumentando algo más decididamente en el mandato de Bush y experimentó un impulso decisivo al entrar a cotizarse en Wall Street, durante el período de Clinton. Este, intentó reducir los gastos de la administración federal y dio un paso decisivo a la privatización de las prisiones como medio para reducir el número de funcionarios federales.

Un total de 18 sociedades anónimas administraban en 1999 a 10,000 prisioneros en 27 estados. Las dos empresas de mayor volumen son la Corporación Correccional de America CCA y la Wackenhut que suman el 75% del volumen total del sector. Este tipo de empresas se basa en la optimización de inversiones, en la reducción al mínimo de su personal y en un mayor diferencial entre los beneficios generados por el trabajo penitenciario y el pago a los trabajadores presos.
La reglamentación de estos presidios es peligrosa para los presos: si bien estos pueden gozar de beneficios penitenciarios y reducciones de condena por haber trabajado habitualmente y hecho gala de buen comportamiento, también pueden ser sancionados con aumento del tiempo en prisión si han cometido alguna falta. Distintos estudian han demostrado que las reducciones por buen comportamiento son ocho veces menores que en las prisiones estatales. Se trata, evidentemente, de optimizar la estancia de los presos en la cárcel para aumentar el rendimiento y los beneficios de la empresa.

Distintas asociaciones de Derechos Humanos han alertado sobre la posibilidad de que 623.000 presos residentes en cárceles norteamericanas, sean efectivamente inocentes de los delitos que se les imputa. Por lo demás, esas mismas asociaciones han comprobado que el 16% de los presos deberían estar en cárceles psiquiátricas al tener alguna facultad mental alterada o disminuida.

UN SISTEMA JUDICIAL IMPERFECTO

Todas estas cifras nos sitúan ante un panorama excepcionalmente sorprendente: mientras que para los países europeos la disminución, o al menos la contención, de la población penitenciaria, es un objetivo (que no ha podido ser cumplido en la medida en que ha aumentado el número de delincuentes procedentes del exterior de Europa), para los EEUU, el hecho de que aumente la población penitenciaria no es un drama, sino un baño salvífico para ciertos sectores de la industria que evitan trasladar sus plantas de producción al Tercer Mundo y están en condiciones de pagar un salario exactamente igual al que pagarían en países lejanos del Sudeste Asiático o de Centroamérica… pero sin tener que abonar los costes de transporte de las mercaderías. Mientras no se trata de trabajar con materias primas que solo están a disposición en zonas alejadas, el montaje de equipos, el ensamblado de manufacturas, resulta rentable que sea realizado por presos. Y para ello es preciso que la población penitenciaria no disminuya, sino todo lo contrario. Cualquier delito, por mínimo que sea, puede llevar a un hombre medio, en absoluto integrado en el circuito de la delincuencia, a la cárcel.

El drama en este terreno consiste en que la elevación de las penas de prisión y la pobreza o el desarraigo social hacen que los delincuentes eviten por todos los medios ingresar en prisión… aun a costa de eliminar los testigos. Sus delitos son cada vez más violentos, innecesariamente violentos, salvo para evitar identificaciones posteriores. Así pues, el sistema judicial norteamericano, basado en el castigo penitenciario desmesurado incluso para delitos mínimos, tiene como resultado una ampliación de la violencia en la sociedad y la aparición de una delincuencia ultraviolenta.

ALGUNA CONCLUSION

¿Es viable un país con estas características? Difícilmente. En la práctica existen dos fenómenos opuestos: de uno, el aumento de la inestabilidad social y la criminalidad que implican, el aumento de la inseguridad ciudadana y del aumento de la población penitenciaria. De otro lado, tenemos la contradicción de que esta situación, que hace que la seguridad sea la primera obsesión de la sociedad norteamericana, sea, así mismo, la principal fuente de ingresos de una serie de grandes corporaciones que administran las prisiones privadas y que trabajan, preferencialmente, para las grandes empresas que sirven bienes de consumo para el mercado americano. Lo que es negativo para la mayor parte de la sociedad, resulta, a la postre, ser benéfico para la gran industria.

Así mismo, hemos visto que esta situación afecta principalmente a la comunidad negra. Los afrocamericanos son las primeras víctimas de la violencia ciudadana y sus primeros artífices. Hemos visto que fue durante los años de la guerra civil de Nicaragua cuando apareció –no por casualidad- el crack en los ghetos negros y, a partir de ahí, se generalizó la delincuencia ligada a la droga, la aparición de nuevas enfermedades y se dio un paso al frente en la desestructuración de las familias negras de los ghetos.

Hemos visto, así mismo, que los cuarenta años de política de integración racial, han resultado, pura y simplemente, un fracaso. Hoy los negros siguen tan marginados, realmente, sino formalmente, como lo estaban en 1965. Solo que ahora ya no queda lugar a la esperanza. Nadie en la comunidad negra piensa que un presidente mirífico los situará en una situación de igualdad similar a la de los blancos. Algunos guetos han mejorado su aspecto en los últimos años, a costa de haberse convertido en cotos de especulación inmobiliaria. No es que haya menos pobres en los EEUU sino que han cambiado de ubicación.

Una nación en la que las armas se venden públicamente y sin límites desde el origen de la Unión, es una sociedad armad en la que los delincuentes no tienen ninguna dificultad para proveerse de arsenales de armas ligeras y, al mismo tiempo, el ciudadano medio, ya sea por tradición o por inseguridad, se obsesione con la tenencia de armas. Es una sociedad en la que la violencia está instalada en la calle.
Pensemos en la combinación explosiva de todos estos factores: pobreza insuperable de unos sectores sociales, armas, industria privada carcelaria, intereses de las empresas norteamericanas, elevación de la delincuencia, legislación progresivamente más dura… todo ello no puede aumentar indefinidamente, debe existir necesariamente un techo para que todas estas tensiones terminen estallando en lo que presumiblemente será una guerra civil, que a la vez será racial y social y con la que los EEUU tienen una cita inevitable.

Los optimistas indican que la delincuencia en cifras absolutas no ha aumentado en los últimos 20 años. No es cierto. Ha aumentado la población y algunas estadísticas parecen indicar que la delincuencia se mantiene en las mismas cifras absolutas, disminuyendo el porcentaje al haber aumentado la población: en 1984 era de 235.824.902 habitantes según la Oficina del Censo y en 2003 había ascendido a 290.809.777 habitantes, es decir un incremento de 55 millones. En ese tiempo, según el FBI, los delitos de todo tipo aumentaron de 6.591.874 a 7.021.588, algo menos de 500.000, un aumento casi proporcional.

Es cierto que algunos delitos han tenido tendencia a bajar, especialmente si comparamos las cifras de 2003 con las de 1994. En ese período se ha producido una disminución del 33’4% en los robos con violencia. Y entre 2003 y 2002, una disminución del 3’9%. Pero hay que estar atento a las cifras: se trata de delitos denunciados que distan mucho de ser todos los que se han cometido. La apatía de las autoridades, la creencia en que una denuncia no llevará a ningún sitio, tan sólo a una pérdida de tiempo, hace que cada vez exista mas tendencia a presentar denuncia cuando se trata de cobrar alguna indemnización del seguro o bien cuando se han perdido documentos personales de los que puede hacerse uso indebido. En última instancia está claro, las cifras de población penitenciaria, no pueden inducir a engaño: si aumenta la población penitenciaria eso implica, necesariamente, que aumenta el número de condenas. Dentro de poco, EEUU puede tener más población penitencia global que la de algunos países europeos. Ni los trabajos forzados, ni las penas de muerte ejecutadas, ni las desproporcionadas condenas para algunos delitos, son el ejemplo de una sociedad moderna y avanzada, sino, por el contrario, una situación de primitivismo e incapacidad para la autoreforma interior. Pero, siempre, hay un momento en el que las autoridades de un país se niegan a hacer las reformas necesarias reflejando una esclerosis del sistema de gobierno. Pero siempre –tanto en la revolución francesa, como en la revolución soviética de 1918- cerrar el paso a la reforma necesaria implica abrirlo a la revuelta futura.
A la guerra civil, racial y social, se unirá la revuelta de la comunidad de presos airados por la humillación que supone la explotación de su condición de reos por parte de empresas privadas.

© Ernesto Milà – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

América se escribe con "Ñ"

América se escribe con "Ñ"

Redacción.- Gane quien gane las próximas elecciones europeas, pocas cosas van a cambiar en las relaciones de EEUU con el resto del mundo. Mientras los poderes fácticos sigan siendo los mismos –y lo serán bajo Kerry como lo han sido con Bush- no habrá otra política más que las aventuras exteriores, la ruina interior y el enriquecimiento de la clase de los especuladores bursátiles. Pero existen elementos nuevos en la política norteamericana. Sin duda el más importante es el crecimiento de la comunidad hispana.


CUANDO AMERICA ES… AMERICA DEL NORTE



Llama la atención que el libro de Zbigniew Brzezinski, “El Gran tablero mundial”, se pasa revista a la geopolítica de todo el mundo… pero no de África (verdadero centro del enfrentamiento larvado actual entre Francia, China y EEUU), ni de América Latina. Da la sensación de que Brzezinski cree que no vale la pena aludir a algo que se considera el “patio trasero” de los EEUU y que, de ninguna manera, se toleraría que alguien cuestionara el dominio neocolonial con que se mira al hemisferio centro y sur norteamericano.



Haría bien el judío-polaco Brzezinski en preocuparse sobre el mundo hispano por que este será mayoritario en sólo unas generaciones en EEUU. De hecho, la composición originaria de los EEUU se ha reconstruido gracias a la inmigración masiva mexicana. Efectivamente, a principios del siglo XIX existían tres troncos étnicos: el blanco, el negro y el aborigen. Cien años después, los aborígenes habían desaparecido prácticamente recluidos en exiguas reservas y mermados por la caballería de los EEUU, por las epidemias, el alcoholismo y la pobreza endémica. Hoy, grupos étnicos indígenas, procedentes de México se están asentando masivamente especialmente en el sur de los EEUU… en la parte que en otro tiempo se robó a México. EEUU es un país trirracial y no todas las comunidades crecen a la misma velocidad.



La tasa de fecundidad de los hispanos residentes en EEUU era casi el doble que el de la comunidad blanca. En 1999, era de 1’82 para los blancos, el 2’9 para los hispanos. Para colmo, los hispanos tienen una baja tasa de matrimonios misterios, especialmente en los últimos años en donde ha podido constatarse que, a medida que crece el peso de la comunidad hispana, desciende el número de matrimonios mixtos, como si los hispanos ya no tuvieran necesidad de acercarse a personas del otro sexo de origen blanco, para progresar socialmente.



Y lo que es peor: también la unidad lingüística del país está a punto de romperse. Hoy, los hispanos son mayoría en determinadas zonas. Miami es una ciudad hispana y en breve Nueva York, será la ciudad con un mayor número de hispanoparlantes de todo el mundo. Hubo un tiempo en el que los hispanos debían necesariamente dominar el inglés para tener alguna posibilidad de progreso en la sociedad norteamericana. Esto hizo que a principios de los años 80 se considerase que la “integración” de los hispanos era ejemplar. Pero se trató de un espejismo. A medida que se fueron formando comunidades mayoritarias hispanoparlantes, la población anglófona fue abandonando esas zonas (Miami es el ejemplo de una gran ciudad que ha ido perdiendo población anglófona a ritmo de 15.000 anuales, 143.000 en los últimos 10 años.



Hasta ahora resultaba significativo que una frase habitual entre los presidentes de los EEUU fuera “Dios bendiga a América”… por “América” entendían, naturalmente, “América del Norte”, pero, desde la Doctrina Monroe, los EEUU habían decretado que todo el continente, de Norte a Sur, era su zona de influencia y así lo hicieron saber: tras la independencia de las colonias españolas, no tolerarían que otras potencias europeas estuvieran presentes en el continente americano. Así ha sido. Sólo que ahora es la otra América la que asciende hacia el coloso del Norte y lo ocupa.



DOS ESCALAS DE VALORES DIFERENTES



A diferencia de la comunidad negra que pronto perdió su lengua y sus tradiciones seculares, los hispanos han conservado bien tanto como otros factores de identidad étnica y antropológica. El hecho mismo de que cada vez sea más evidente que un candidato a la presidencia de los EEUU deba, necesariamente, hablar español, es suficientemente significativo de la pujanza de esta comunidad.



Pero la diferencia va mucho más allá. En el terreno religioso, por ejemplo, es donde ambas comunidades se sitúan en las antípodas. Mientras que el dios de los WASP (blancos, anglosajones y protestantes), es el dios de los triunfadores, el dios que otorga su gracia a quienes han triunfado socialmente gracias a su justeza y pureza de intenciones, el dios de los multimillonarios, en definitiva, por el contrario, el dios de los hispanos es aquel que se identifica con los pobres, que está con los pobres y que él mismo, a su vez, es pobre. Sería difícil encontrar dos escalas de valores tan alejadas.



Hasta ahora, los EEUU habían sido viables en la medida en que solamente existía un modelo de ser norteamericano. La presencia masiva de hispanos ha roto esta unanimidad. Ahora ya no se trata de peleas de bandas como las que pintó Gershwin en su “West side Store”, ahora es algo mucho más masivo, profundo y arraigado: dos comunidades, dos valores, dos evoluciones distintas.



BLANCOS NO HISPANOS PIERDEN LA MAYORIA



EEUU se ha constituido a lo largo de su historia por distintas oleadas étnicas. El film “Bandas de Nueva York”, ambientada en los arrabales de la ciudad mientras se desarrollaba la guerra civil americana, pinta el ambiente de odio y resentimiento que existía en la época entre los “americanos viejos”, nacidos en el continente e hijos de inmigrantes europeos que llegaron durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX y de otro, los nuevos llegados en esa época, fundamentalmente irlandeses. Mientras los primeros eran puritanos y protestantes, los otros eran católicos. El conflicto, tal como muestra la película con cierto rigor, estaba servido.



A finales del siglo XIX, los principales contingentes de inmigración llegaban de Alemania, los países nórdicos y, particularmente, Irlanda. Tras la Segunda Guerra Mundial, la ocupación de media Europa por la Unión Soviética, generó una diáspora en muchos núcleos de población del Este que llegaron a EEUU. Así mismo fue también el tiempo de oro de la inmigración italiana.



En 1960 las principales comunidades de inmigrantes en EEUU eran europeas: 748.000 polacos, 833.000 ingleses, 953.000 canadientes, 990.000 alemanes y 1.257.000 italianos. Parecía mucho, pero las cifras 40 años después son completamente diferentes. Las comunidades inmigrantes con mayor número de ciudadanos son: cubanos (952.000), hindúes (1.007.000), filipinos (1.222.000), chinos (1.391.000) y mexicanos (¡7.841.000!).



En apenas quince años algunos Estados de la Unión han variado sensiblemente su composición demográfica. California, por ejemplo, en 1990 tenía un 57% de blancos y un 25% de hispanos y, en la época, esto parecía alarmante ya a algunos políticos de extracción anglosajona. Era realmente poco, por que en la actualidad, la proporción es 50-30 y los demógrafos calculan que en el año 2040 –a la vuelta de la esquina en la historia- existirá un 31% de población blanca por un 48% de hispanos. California, el Estado más pujante y con mayor peso económico de los EEUU, será un Estado con una amplia mayoría hispana. En todo el país, los blancos no hispanos eran en 1990 el 76’5% de la población, diez años después ya habían descendido hasta el 69’1%. En la fecha clave de 2040, no solo California, sino también Hawai, Nuevo México y el Distrito de Columbia, los blancos no hispanos serán minoría.



LA OLEADA HISPANA



EEUU mantiene con México una frontera de 3500 km de longitud. Se trata de una frontera peligrosa, mucho más, desde luego, que la que EEUU mantiene con Canadá. Y es lógico que así sea. Existe una igualdad de ingresos medios entre la población canadiense y la estadounidense, pero, en el Sur ocurre justamente lo contrario: la diferencia de ingresos a uno y otro lado del Río Grande es la mayor que existe entre dos países contiguos en todo el mundo.



Estos diferenciales de renta, cuando aparecen, siempre son peligrosos y generan migraciones masivas. Es, en el fondo, lo que ha ocurrido a uno y otro lado del Mediterráneo, solo que la contigüidad entre Europa del Sur y el Magreb está rota por Gibraltar y las aguas del Mare Nostrum. Esto hace también que si bien el 60% de la población marroquí desee emigrar a Europa (y, en concreto, mayoritariamente, a España), no todos tengan la posibilidad de hacerlo, mientras que hoy el 30% de la población mexicana ya se encuentra en EEUU.



La revista “Foreing Policy” en su número de abril/mayo de 2004, dedicaba su portada a “La amenaza hispana a EEUU”. El artículo anunciado en la portada, había sido escrito por el teórico neoconservador de la “lucha de civilizaciones”, Samuel Huntington. Algunos de los datos ofrecidos por Huntington eran, sencillamente, espectaculares y se comprende que no hubiera lugar para el optimismo. El crecimiento de la población mexicana en EEUU ha sido casi asindótico. En la década de los 60 entraron en EEUU 640.000 mexicanos. Parecía poco y nadie se preocupó. En los años 80, entraron 1.656.000 mexicanos y entre 1981 y 1991, 2.249.000. Solo que las altas tasas de natalidad de esta comunidad falsean estas cifras. Antes hemos hablado del 2’9%, lo que hace que, solamente mexicanos, residan en estos momentos en EEUU, un mínimo de 20 millones de personas. Así mismo, es significativo el número de detenciones en la frontera: 1,6 millones en la década de los 60, 11,9 en la década de los 70 y 14 millones en la década de los 80. En la actualidad se estima que cada cruzan ilegalmente la frontera 350.000 mexicanos. No hay ni un solo datos demográfico, económico o sociológico, que indique que estas cifras van a moderarse o a bajar en los próximos años.



LA ROTURA DE LA UNIDAD LINGÜÍSTICA



El español da coherencia a la sociedad hispana en EEUU. El origen cristiano refuerza esta identidad, pero corresponde, fundamentalmente, a la lengua el papel de cemento unificador.



Mientras los afroamericanos perdieron en la primera generación todo rastro de su lengua y de sus tradiciones, los hispanos la han conservado. En 1990, el 95% de los hispanos hablaban castellano en su hogar. Este porcentaje no ha disminuido sino que tiende a aumentar levemente. Por el contrario, lo que sí ha aumentado, es el número de hispanos que hablan inglés con dificultades y, especialmente, el número de hispanos que han renunciado a hablar inglés: respectivamente, el 73’6% y el 43% en 1990. Del total de hispanos residentes en EEUU, 28 millones en el año 2000, 13’8 hablan inglés con dificultades.



En la aglomeración de Los Ángeles, el 11’6% de la población solamente habla español, el 25% habla ambas lenguas por igual, un 32% habla más inglés que español, un 30’1% habla sólo inglés. Es evidente que, cada vez para un mayor número de mexicanos, hablar inglés tiene cada vez menos incentivos. En la actualidad, las posibilidades de encontrar trabajo de un ciudadano norteamericano bilingüe son superiores a las de un ciudadano que sólo hable inglés o sólo español. El bilingüísmo está ya implícito en la sociedad norteamericana, aun cuando la Constitución no lo sanciones. Observen: las familias que hablan solo español tienen unos ingresos medios de 18.000 dólares, mientras que las familias angófonas llegan hasta los 32.000 dólares anuales… pero las familias bilingües llegan a los 50.000 dólares de ingresos. Hoy, para ocupar un puesto cómodo en la burguesía media norteamericana es cada vez más imprescindible hablar inglés. Uno de los problemas insolubles que sumen a la comunidad negra en la pobreza, es precisamente el hecho de que la casi totalidad de sus miembros son angloparlantes.



El clima lingüístico de los EEUU está descrito con unas breves pinceladas en la película “Un día de furia”. El protagonista, un burgués medio norteamericano, WASP, se siente airado por la pérdida del empleo y el cambio de paisaje en su entorno: cada vez encuentra a gentes que, o bien no hablan su idioma (recuérdese el shop coreano o vietnamita), o bien las bandas de delincuentes hispanos se enseñorean de ciertas zonas. El clima de decadencia moral, cultural y económica, se corona con la pérdida de la hegemonía lingüística inglesa.



Las alarmas sonaron en 1998 cuando el nombre de “José” encabezó la lista de los más inscritos en el registro civil de Florida y California, desplazando a “Michel”. La autoridades intentaron cortar la afloración de leyes locales que tendían a la cooficialidad lingüística, pero no fue posible impedir las reivindicaciones cada vez más masivas y radicales de los hispanos a favor de su lengua común. En 1998 se produjo un nuevo trauma: por primera vez en el inicio de un partido de fútbol en Los Ángeles, el himno norteamericano fue abucheado por los asistentes hispanos. Lo más parecido a un sacrilegio. Realmente poco por que Osvaldo Soto, uno de los miembros notables de la comunidad hispana estadounidense explicó: “El inglés no nos basta, no queremos una sociedad monolingüística”. Las asociaciones hispanas pidieron en esas fechas que el Congreso autorizara el desarrollo de programas de protección cultural y educación bilingüe. En Florida y Los Ángeles, cada vez un mayor número de empresas contestan a las llamadas telefónicas preguntando en qué idioma desean que se les atienda: “¿inglés o español?”. Ciertamente, se trata de una muestra de pragmatismo empresarial… pero que supone un impacto en la línea de flotación de uno de los elementos sobre los que se ha asentado el poder de los EEUU: la lengua inglesa. Un espacio lingüístico homogéneo formado por 300 millones de personas, asegura un mercado igualmente homogéneo, a diferencia de Europa en donde los productos culturales deben ser traducidos a 40 lenguas nacionales diferentes, sin contar las lenguas regionales.



CAMBIO DE PAISAJE PREVIO AL CAMBIO POLITICO



Huntington cita una frase de Theodore Roosevelt, pronunciada en 1917: “Debemos tener una sola lengua y una sola bandera. Debe ser la lengua de la Declaración de la Independencia, el discurso de despedida de Washington, la proclamación de Lincoln en Gettysburg y en su segunda toma de posesión”. Pero en 2000, Hill Clinton, realizaba un giro copernicano, cuando expresaba ante representantes de la comunidad hispana: “Confío en ser el último Presidente de los EEUU que no sepa hablar español”. De hecho, así ha sido; su sucesor, George W. Bush, se expresaba habitualmente en español y a partir de mayo de 2001, prnuncia su discurso semanal radiado en inglés y español. Huntington concluye estas consideraciones escribiendo textualmente: “Si la división lingüística prosigue será la escsición más grave en la sociedad estadounidense”. Pues bien, dicha escisión ya se ha producido. Cuando Clinton deseó públicamente que su sucesor hablara español, justamente se había producido una polémica decisión en el Estado de California, la Proposición 187 de que limitaba el acceso a la Seguridad Social de los hijos de los inmigrantes. Los hispanos se manifestaron por las calles con la bandera mexicana en alto y la norteamericana boca abajo, “a la funerala”.



Los inmigrantes mexicanos, a diferencia de los “chicanos” de los años 50-70 (los protagonistas del “West Side Story”), no se consideran norteamericanos; cuando se les pregunta, contestan que “hispanos” (un 41’2%) o simplemente “mexicanos” (36’2%).



En la actualidad, los equilibrios políticos implican que los próximos presidentes de los EEUU pueden gobernar –por el momento- de espaldas a los hispanos, pero no contra los hispanos. En el futuro, sin duda dentro de esta década, quien desee ser elegido presidente deberá cortejar –y no solo mediante unas pocas frases dichas en español- a la comunidad hispana, otorgando concesiones, lo que implicará la materialización del peor fantasma descrito por Huntington, “la escisión lingüística”.



MIAMI COMO PARADIGMA



En Miami no son los mexicanos sino los cubanos quienes han conquistado la ciudad. Dos terceras partes de la población en estos momentos, son hispanos, y la mitad cubanos. El 75% de la población se expresa corrientemente en castellano. El número de angloparlantes que abandonan la ciudad es de 15.000 anuales. En diez años, el inglés se habrá desterrado completamente de Miami. No hará falta saber inglés para vivir en Miami y desenvolverse por la ciudad.



Paradójicamente, los culpables de la hispanización de Miami, fueron los distintos presidentes de los EEUU que, desde Kennedy sometieron a Cuba a cerco económico, mientras que fueron recibiendo a los anticastristas huidos de la isla. En tanto que los cubanos residentes en Miami no podían enviar sus ahorros a Cuba, los inviertieron en la ciudad. A medida que Cuba fue segregando más y más exilio, el capital cubano fue acumulándose en Miami. Hoy es una de las grandes ciudades de EEUU que viven del comercio internacional. Por Miami pasaron en 1993, 25600 millones de dólares en negocios de importación. En 1998, una televisión no inglesa, de habla española, ocupó en Miami el primer puesto en el share de audiencia.



Hoy no cabe ninguna duda de que la tendencia imparable es que la población hispana conquiste las zonas que en otro tiempo EEUU robaron a México. Se trata, innegablemente, de una reconquista, mediante la colonización demográfica imparable. Algunos han bromeado diciendo que en el 2080, los EEUU se llamarán “Mecicamérica”, “Améxica” o “Mexifornia”… pero, para otros, no se trata de un peligro, sino de la peor pesadilla que sufre el “imperio” crepuscular y decadente. A nadie se le escapa que lo que ha ocurrido en Miami está a punto de ocurrir en Los Angeles y en los Estados de California, Texas y Nuevo México. La América que resulte de este avance hispano no será, desde luego, como la que hemos conocido, ni por su fisonomía, ni por sus valores.



© Ernesto Milà – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

La crisis del PP en Madrid ¿resuelta?

La crisis del PP en Madrid ¿resuelta?

Redacción.- Gallárdón ha retirado la candidatura que patrocinó para presidir el Partido Popular de Madrid. Los medios del PP han dado por cerrada dicha crisis… y así parece. En tanto que partido que ha gobernado hasta hace poco y que pretende regresar en breve al poder, debe, necesariamente dar muestras de unidad interior. Ciertamente esta unidad existe, pero cuando un partido se define como de “centro-derecha”, la misma definición implica tres “sensibilidades”: una de derechas, otra de centro y otra de centro-derecha… Crisis resuelta, pero ni enterrada ni olvidada.

EL CENTRO COMO GRAN INVENTO DE LA TRANSICION

Desde los últimos años del franquismo quedó claro que sociológicamente, ninguna de las dos Españas tenía la capacidad de imponerse sobre la otra. El franquismo carecía de consenso suficiente como para prolongar su existencia, especialmente cuando el poder fáctico fundamental, el económico, precisaba caminar con paso firma hacia el Mercado Común y era el verdadero motor del cambio (y no la Casa Real). En cuando a la “oposición democrática”, careció siempre de fuerza social suficiente como para desencadenar el proceso rupturista que preconizaba. Fue así como se pactó la transición y como apareció el concepto de “centro político” de la mano de Adolfo Suárez.



Suárez fue, por encima de cualquier otro presidente de la democracia, un descubridor de nuevos conceptos políticos. De su antiguo militancia falangista le quedaba el “ni de derechas, ni de izquierdas”… esto es, el tercio excluso, el centro, era lo que se situaba por encima de los “extremos” y que, en consecuencia, debía de provocar “estabilidad”. La transición fue un proceso tan inestable que el electorado tuvo necesidad a partir de mediados de 1977 de alcanzar la “estabilidad”… y esa estabilidad Suárez logró demostrar que iba de la mano del “centro”.

¿Existía el centro más allá de una sugestión impuesta desde el aparato mediático de Suárez? España vivió entre 1976 y junio de 1977, una situación particularmente traumática: la transición se hizo bajo el efecto del trauma psicológico. Suárez prometió superar ese caos mediante el rechazo de las dos alas de la política española de la época: Fraga (presentado como el franquismo maquillado) y González (que aún no había abandonado sus ademanes izquierdistas). La idea no era mala, era pragmática y seguramente le fue insertada desde la Embajada Americana que se limitó a recuperar la idea joseantoniana de sus recuerdos.

Ese centro se apoyaba sociológicamente en las clases medias y en la confusión mental que estas sufrieron en los primeros años de democracia. En la práctica, eran las clases no comprometidas con el franquismo ni con la oposición, pero que se habían beneficiado del franquismo y coqueteado con la oposición sin comprometerse a fondo. En la medida en que estas clases crecieron extraordinariamente entre 1962 (momento álgido del Primer Plan de Desarrollo) y 1973 (primera crisis del petróleo), la política nacional empezó a depender de la actitud del centro sociológico que, durante ese período, ni apostó por el franquismo, ni por la oposición democrática, pero colaboró con ambas.

CENTRO-DERECHA Y CENTRO-IZQUIERDA

A partir de la victoria de Suárez en junio de 1977, quedó claro que el truco para alcanzar el poder, pasaba por el centro. La conquista del centro se convirtió en una obsesión para PSOE y PP y fue así como tras el inicio de la crisis de UCD a partir de 1980, el crecimiento de las otras dos fuerzas solamente podría realizarse a base de conquistar la sangría electoral que se iba desprendiendo. Fue así como tanto el PSOE como el PP pasaron a convertirse, tras sucesivas mutaciones más o menos traumáticas, en partidos de “centro-derecha” y de “centro-izquierda”.

Cuando se produjo la victoria electoral de 1983, el PSOE ya había dejado atrás el marxismo, las tentaciones izquierdistas y se había convertido en una fotocopia reducida del SPD alemán, esto es, del partido que lo financió. Y en cuando al PP, olvidadas las tentaciones de presentarse como partido “de la derecha”, aspiraba a ser una formación de centro-derecha, algo que no logró hasta el período aznarista.

En las elecciones del 2000 resultó evidente que fueron los errores del PSOE condujeron a la mayoría absoluta del PP. En efecto, en aquella ocasión, el anuncio de un “frente de izquierdas” no fue asumido por el electorado, lo cual, unido a los buenos resultados de la política económica aznarista, supusieron el ariete del PP para la mayoría absoluta.

De hecho, la derrota posterior de Rajoy se basó en tres elementos de importancia creciente: el hecho accesorio de que el PSOE recuperara la línea de centro-izquierda, se unía a que la política exterior de Aznar, su actitud actitud de firmeza ante las aspiraciones de los independentistas catalanes y vascos, y algunos ademanes del presidente, habían deslizado al PP hacia la derecha. Esto, unido al hecho determinante de las bombas del 11-M, fueron los elementos que operaron la victoria socialista tres días después. En la práctica, el control del centro seguía dando la victoria electoral... y su pérdida restaba posibilidades de tocar poder.

LO MEJOR PARA EL PARTIDO Y LAS PREFERENCIAS DEL ELECTORADO

Todo esto viene a cuento de que Ruiz Gallardón es en el PP madrileño el artífice de la conquista del centro y de su mantenimiento y, por tanto, de que se mantenga en el poder tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Si el PP quiere ganar las elecciones de 2008 deberá necesariamente reconquistar, él sólo y sin ayuda de nadie, el centro político y veremos si, incluso en esas circunstancias, la sociología española de la época no ha variado. Y esto, es evidente que lo conseguirá mediante Ruiz Gallardón, más que a través de Esperanza Aguirre, el primero es el representante más conspicuo del centro-centro, mientras que Aguirre lo es del centro-derecha.

La contradicción estriba en que las correlaciones de fuerzas interiores en los partidos políticos se producen por voluntad de sus afiliados. En tanto el centrismo sigue siendo el rasgo sociológico característico de las clases medias y estas siguen con su actitud mayoritariamente no comprometida, quienes forman parte de los partidos políticos –en tanto que “comprometidos”- son una muestra “menos” centrista que la dada por los afiliados. En congresos y momentos previos a las elecciones, los militantes de los partidos recuerdan su “vocación centrista” (de izquierdas y derechas), pero ahora las elecciones quedan lejos, y los afiliados no valoran quienes deben ser sus líderes en términos de triunfo electoral, sino de afinidades políticas. En este sentido los afiliados del PP son más bien de derecha-derecha y de centro-derecha, antes que de centro-centro… Precisamente Alberto Ruíz Gallardón, el conspicuo representante del centro-centro, carece de apoyos suficientes entre las bases del partido para hacer triunfar su candidatura. Debía de haber esperado al congreso de 2006 para presentar batalla.

Y es que las preferencias del electorado difieren en buena medida de las preferencias de la militancia de los partidos. Es el centro el que da poder. Pero son las formas políticas puras (derecha e izquierda) las que suscitan el entusiasmo de los afiliados a los partidos políticos. A su vez, los dirigentes de los partidos, en períodos alejados de los ciclos electorales se vuelcan sobre sus afiliados atenuando las formas puras en formas “oportunas” y presentables para el electorado (centro-derecha y centro-izquierda).

LOS CAMBIOS SOCIOLOGICOS QUE SE AVECINAN

En los próximos años la sociedad española va a afrontar grandes transformaciones. Las clases medias están siendo comprimidas, veremos lo que queda de ellas cuando se cierren los Presupuestos del Estado del 2004… Lo cierto es que estas clases se van a acentuar las tensiones generadas por la globalización y van a sufrir un proceso general de empobrecimiento. Estas tensiones, pueden alterar el espectro político y suponer un electroshock para el electorado que, a partir de entonces, no responderá a los mismos estímulos a que ha sido sometido en los últimos 30 años. También es posible que emerjan fuerzas políticas de nuevo cuño y que, definitivamente, el status político establecido en Europa a partir de 1945 con la existencia de dos grandes partidos turnándose en el poder, caduque definitivamente.

La cuestión es si los grandes partidos van a estar en condiciones de entender estos cambios y de realizar una adaptación que resulte creíble para el electorado. Es más, hará falta saber si los partidos políticos tendrán el “valor” de cambiar.

En el PP este “valor” empieza a faltar. La “comprensión” de Gallardón hacia la adopción de niños por parejas homosexuales, la falta de energía en la lucha contra las toxicomanías en todas las comunidades autónomas, las declaraciones y los programas a favor de la inmigración y en detrimento de los nacidos en España, que no son sino prolongación de la falta de decisión de Aznar a la hora de combatir a la inmigración masiva (3.500.000 sobre 4.000.000 de inmigrantes han llegado en los años de Aznar). En el PSOE ocurre otro tanto: preso de los mitos de la izquierda tradicional, su militancia y mucho menos sus dirigentes, difícilmente podrán asumir los desafíos del tiempo nuevo que son, en buena medida, el resultado de la aplicación de las políticas neoliberales tan queridas al centro-izquierda.

Pero si esto vale para las clases medias, los sectores más desfavorecidos de la sociedad van a sufrir todavía transformaciones más brutales. Si las clases medias afrontan procesos de proletarización, el proletariado corre el riesgo de empobrecerse, perder cualquier garantía de seguridad y estabilidad en el empleo e incluso transitar hacia el lumpenproletariado. Para colmo va a ser en los barrios proletarios en donde se van a instalar las oleadas migratorias y allí es donde van a estallar los conflictos entre los que van a ser considerados como “ladrones” de los puestos de trabajo y aquellos otros que se tienen por “propietarios” legítimos, por cuestión de nacimiento, de esos puestos de trabajo.

Se ignora como van a responder políticamente estas franjas del proletariado empobrecidas… de lo que no existe la menor duda es que no van a votar a una izquierda, autopresentada como primer valedor de los derechos de los inmigrantes.

El binomio de la globalización (deslocalización de Norte a Sur – inmigración de Sur a Norte) va a ser determinante en el empobrecimiento de las clases trabajadoras.

EL PARTIDO POPULAR ANTE ESTOS CAMBIOS

La crisis del PP en la Comunidad de Madrid y las que está desarrollando en Galicia y Levante, podrán ser resueltas a partir de que algún dirigente –Rajoy, Aceves- esté en condiciones de demostrar que lo que puede perderse –la posibilidad de recuperar el poder en 2008- es muy superior a la victoria pírrica de los de “la boina” en Galicia, de los zaplanistas en Levante o de los centristas en Madrid. Pero la crisis es más profunda de lo que parece, por que está en otro lugar.

Tanto el PP como el PSOE seguirán siendo los partidos mayoritarios quizás durante muchas décadas; seguramente, en las próximas elecciones IU terminará desapareciendo definitivamente y el proceso de integración europea marcará el declinar de los partidos nacionalistas ante la falta de desembocaduras para sus proyectos; pero lo que morirá indefectiblemente, es el sistema bipartidista perfecto que hemos tenido desde los primeros años de la democracia.

La imagen del Partido Popular está inadaptada para capturar las bolsas de votantes que van a ir apareciendo a medida que vaya afianzándose el proceso de globalización. Difícilmente, si bien es posible que los sectores proletarizados de la burguesía media puedan ser recuperados por el PP, instrumentalizando su resentimiento hacia la izquierda que desde el poder los ha empobrecido, resulta prácticamente imposible que los sectores del proletariado afectado por la deslocalización y la inmigración masiva, pueda constituir un nuevo caladero de votos para el PP.

El programa económico y de vivienda del PP no puede hacer abstracción de las líneas que han sido tradicionales hasta ahora en esta formación: aplicación estricta de doctrinas económicas neoliberales… es decir, las que terminarán empobreciendo a la burguesía media y marginalizando al proletariado.

Ruiz Gallardón, como máximo, podrá conservar el voto centrista para el PP y, de hecho, es la línea que deberá presentar el PP para ganar las elecciones de 2007 (ya lo explicamos en un artículo aparecido tras los atentados del 11-M y la consiguiente victoria del PSOE). El 2007, más que en otras ocasiones, la victoria de unos o de otros dependerá del control sobre el centro. Ahora bien, las transformaciones sociales implicarán un empequeñecimiento del centro sociológico que solo será decisivo para determinar cuál seguirá siendo el partido mayoritario (PP o PSOE)… pero no ya para aportar mayorías absolutas a unos u otros. Estas vendrán de coaliciones y pactos.

El PP en esa circunstancia se verá forzado a pactar, o bien con nacionalistas que aspirarán a techos autonómicos cada vez mayores, o bien con formaciones de nuevo cuño. Y este elemento es básico para intuir como será el mapa político futuro: votantes de izquierda que no se identifican ya con la izquierda ni con el centro-izquierda, huérfanos de opción y opciones de centro-derecha y de centro-izquierda que ven como se reducen sus caladeros de votos a medida que avanza la globalización.

¿PUEDE EL CENTRO-DERECHA GENERAR UNA OPCION DE EXTREMA-DERECHA?

La ficción con la que la extrema-derecha española ha operado desde el 23-F ha sido que, estando dentro del PP, antes o después, se produciría una escisión dentro de ese partido, tal que “liberaría” a los sectores de extrema-derecha y les permitiría retirarse al campo que le es propio con armas y bagajes. Cuando en 1997, el PP vio como se desgajaba el PADE, pareció que este concepto se materializaba, pero al cabo de dos años, el PADE estaba liquidado y la escisión superada. Desde entonces no se ha vuelto a producir ningún movimiento de militancia de extrema-derecha dentro del PP, ni siquiera sector alguno del PP ha manifestado su incomodidad.

La realidad es que la militancia del PP se siente bien dentro del PP y el electorado de centro-derecha, derecha-derecha y extrema-derecha del PP… se sienten muy a gusto y muy conformes con esta opción y no existe absolutamente ninguna posibilidad de que esta percepción termine algún día mientras persistas las actuales circunstancias o se vaya realizando la evolución prevista en la sociedad española. La escisión del PADE demostró que ni siquiera la fuga de un diputado nacional y de una docena de concejales bastó para consolidar una opción a la derecha del PP. Así pues, Aznar, durante todos estos años, pudo muy bien trabajar, según su deseo, “sin enemigos a la derecha”. Hoy las cosas no han cambiado: el electorado del PP está muy conforme con las orientaciones de la dirección a la que idolatra, ya sea de derecha-derecha, de centro derecha o de extrema-derecha.

Si bien es posible que exista un camino a la derecha del PP… no es menos cierto que esa opción no va a generarse a partir de cuadros, votantes o militantes del PP. Y lo que es más: si el PP quiere retornar al poder, deberá “centrarse” o bien prepararse para pactar con algún partido –por ahora inexistente- que capte votos en los caladeros de izquierda. El que esto no sea posible en este momento no quiere decir que en años venideros las mutaciones políticas no lo conviertan en la única alternativa posible. Por que un pacto con los nacionalistas periféricos es hoy inviable y dentro de unos años (con el ocaso definitivo de CiU y la pérdida de vigor de CC) va a ser todavía más difícil.
Por lo demás, en esta crisis del PP madrileño todas las partes se han puesto literalmente “verdes”, las heridas interiores no se restañarán tan fácilmente como todas las partes han hecho creer: Gallardón quiere la presidencia del PP y su candidaturas para las elecciones de 2011. Para ello precisa desplazar a Esperanza Aguirre y a los “talibanes” del PP: ni Gallardón, ni la presidenta madrileña, ni los talibanes, van a olvidar esta crisis. Las espadas han sido envainadas, pero todas las partes las siguen afilando. El electorado del PP, obediente, lo único que espera es saber a quien tienen que votar. En cuando a los centristas, les encantaría votar a Gallardón… falta saber si en 2011 quedará algo de este país “en otro tiempo llamado España”.

© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

ENSEÑANZAS DE 40 AÑOS DE TERRORISMO

ENSEÑANZAS DE 40 AÑOS DE TERRORISMO

Redacción.- Al título de este capítulo puede resumirse diciendo que el terrorismo, considerado en la forma que ha revestido entre 1957 (inicio de la revuelta argelina) hasta el 11 de septiembre de 2001, ha constituido un rotundo fracaso. Las cárceles y los cementerios están llenos de antiguos terroristas. Si ha habido una enseñanza es que, salvo en situaciones de ocupación militar, en donde es fácil activar el ciclo provocación-acción-represión, el terrorismo ha fracasado completamente. Y sin embargo, sigue existiendo.

En este capítulo pretendemos responder a este enigma: siendo la estrategia un fracaso ¿a qué se debe que sigan existiendo determinados focos de actividad terrorista?

LOS MOTIVOS DEL FRACASO: ESCASA CAPACIDAD DE ATRACCION

Insistimos, salvo en situaciones de ocupación militar flagrante, como pudo ser en su momento Vietnam o en la actualidad Irak o Afganistán, el terrorismo no ha logrado incorporar a las masas. Ha llamado siempre la atención el que los terroristas realizaran sus más horrorosas acciones en nombre del “pueblo”, pero eso pueblo, en la mayoría de los casos, no les ha apoyado. El pueblo es el terrorista, lo que el pez al agua. El pez se ha ahogado por falta de agua. Las Brigadas Rojas murieron sin suscitar ni un mínimo entusiasmo en la clase obrera italiana a la que pretendían liberar. Los dirigentes de la Fracción del Ejército Rojo fueron hallados muertos en sus celdas, sin que ni un solo exponente de la clase obrera alemana se conmoviera más allá de lo que puede conmover cualquier otra muerte de un ser humano. El GRAPO jamás ha contado con un apoyo popular mínimamente apreciable y, en cuanto a ETA, ni siquiera en su cuota del 15% del electorado radical abertzale existía unanimidad respecto a la justeza de su acción. Sin una puerta que se abra para albergar al terrorista una vez cometida su acción, o sin un baúl inofensivo en el que puedan guardarse las armas junto al resto del ajuar en un hogar a salvo de cualquier sospecha, la acción del terrorismo no es viable. Al menos tal como fue concebido en los años 50 y 60: como movimiento de liberación… es difícil liberar a quien no se considera oprimido y es mucho más difícil luchar contando con el apoyo de alguien que se siente ajeno al terrorismo.

En realidad, el terrorismo ha persistido en zonas en donde se han dado determinadas circunstancias:

donde ha existido algo de apoyo popular, como en el caso vasco o irlandés, siendo ambos casos completamente diferentes o en el caso palestino por unas circunstancias muy concreta (60 años de ocupación israelí) o en situación de ocupación militar (Irak y Afganistán).

Allí donde ha existido inestabilidad política y debilidad para combatir el terrorismo. En el caso español, por ejemplo, el terrorismo pudo persistir mientras duró la transición y durante todo el tiempo que tardó la democracia en asentarse (entre 1976 y 1983) y a partir de entonces, logró sobrevivir en un clima de debilidad política en la que los socialistas no se sentían seguros con los antiguos funcionarios de la policía franquista y cometieron la estupidez de intentar arreglar las cosas “a la francesa”, tal como hicieron los “barbouzes” con la OAS, el GAL y aquello resultó un desastre. Pero, cuando el PP subió al poder y decidió terminar radicalmente con el problema, en cinco años logró arrinconar a la banda y sumirla en una agonía de la que en el momento de escribir estas líneas todavía no se ha zafado.

Cuando existen complicidades de altos vuelos. A nadie se les escapa –solamente a los portavoces oficiales del nacionalismo vasco- que ETA logró sobrevivir gracias a que el nacionalismo moderado jugó con ella el “juego de las partes”: los radicales golpeaban y, como dijo Arzallus en su famosa frase, otros recogían los frutos. Antes, ETA se había beneficiado de la complicidad francesa que entre principios de los años 60 y hasta mediados de los 80, es decir, durante un ciclo de 25 años, permitió que se albergara en su territorio el santuario etarra. De no haber existido tal santuario, ETA no habría podido prorrogar su acción ni siquiera hasta 1970.

Cobertura por parte de todo o de una parte de un Estado. Hemos sostenido en otros capítulos de este libro que el terrorismo, en muchas ocasiones, no siempre es autónomo, sino que muy frecuentemente pasa a ser un instrumento de política exterior de algún Estado, beneficiándose, por ello, de importantes coberturas, ayudas, información y complicidades. Entre 1972 y 1986, ETA contó con la ayuda y protección de las autoridades argelinas, los etarras pudieron establecer campos de entrenamiento en ese país y obtener fondos y armamentos. Otro tanto ocurrió con las guerrillas latinoamericanas hasta 1970, todas ellas tributarias del régimen castrista. Y en cuanto a regímenes como el libio o el sirio, apoyaron de manera bastante indecente, por lo demás, a los más variados grupos extremistas europeos y árabes.

Allí donde han aparecido uno o varios de estos elementos, el terrorismo ha podido mantener cierta iniciativa en algunos países. Ahora bien, en el momento en que la situación política o la coyuntura internacional cambiaron, y algunas de estas circunstancias dejaron de estar presentes, el terrorismo periclitó.

En España resulta evidente que, en primer lugar, el desmantelamiento de la URSS, derivó en que regímenes como el argelino fueron abandonados a su suerte y debieron cortar los vínculos con organizaciones terroristas, entre otras ETA, vínculos que anteriormente habían sido “recomendados” con todo el poder de sugestión que podía tener la KGB. Por lo demás, cuando terminó la transición, tras el período de debilidad y de errores protagonizado por Barrionuevo y su olvidable sucesor en el cargo, el Estado Español recuperó una solidez y una determinación que fue en detrimento de la actividad etarra y consiguió arrinconar a la banda. A partir de 1979, el gobierno francés, por otra parte, ya había comprendido que España iniciaba una marcha imparable hacia la convergencia con Europa y que sus socios del entonces “Mercado Común” no iban a permitir que el Estado galo albergara sobre su suelo a un grupo de aventureros sin escrúpulos. Francia, por lo demás, sentía que el problema vasco podía trasladarse a su territorio. Así pues, bruscamente a partir de principios de los años 80, el “santuario francés” dejó de ser tal. Finalmente, ETA consiguió prolongar su acción gracias al apoyo popular y a lo que hemos dado en llamar “complicidades de altos vuelos”. Pero cada vez estuvo más arrinconada, especialmente, desde la muerte de Miguel Angel Blanco y de la movilización de una parte sustancial de la sociedad vasco contra el terror: esta movilización dejó en evidencia que el apoyo popular a la banda era protagonizado por una minoría vociferante, pero en absoluto significativa. Y, por otra parte, el PNV empezó a valorar que los “muchachos de la gasolina”, empezaban a ser peligrosos y que era mayor cortejar a su electorado antes que tratarlos de igual a igual.

En otros lugares y a otras organizaciones les ha ido mucho peor. Salvo en Nicaragua y por razones de política exterior de la administración Carter, los sandinistas –un grupo “guerrillero” que en realidad no era sino una organización terrorista ampliada- lograron subir al poder, no tanto gracias a su capacidad militar, que nunca fue excesiva, sino gracias a la actitud de los EEUU que, en un momento dado decidieron cortar bruscamente su apoyo al gobierno de Anastasio Somoza. En pocos días, la Guardia Nacional somocista que, podía haber vencido en campo abierto a los insurgentes, se encontró sin municiones y cortada de cualquier apoyo político internacional. El régimen se desplomó en pocos días. En otros países en los que, con una situación igual o peor (Guatemala, El Salvador), existió una firme voluntad por parte del sucesor de Carter (Reagan) de combatir la insurgencia, ésta no pudo superar el umbral de un movimiento insurreccional perpetuamente acosado y que jamás estuvo en condiciones de provocar un vuelco político.

Peor situación se dio en España, en los distintos grupos nacionalistas-terroristas (Terra Lliure, el Front d’Alliberament de Catalunya antes, el Exercito Gallego do Pobo Ceibe) y media docena de grupos anarquistas (OLLA, GARI, MIL, grupos autónomos, etc.) y, los marxistas-leninistas (FRAP primero y GRAPO hasta hoy), no estuvieron en condiciones de reclutar el más mínimo apoyo popular. Es más, de hecho, perdieron todo apoyo popular en cuanto persistieron en sus tácticas terroristas, al margen de cualquier otra consideración razonable. A diferencia de la leyenda con que algunos ex miembros de estos grupos han pretendido aureolarse –pues no han faltado refundiciones de sus documentos y enumeración de sus acciones editados en forma de libros encomiásticos-, la verdad es que buena parte de sus integrantes respondían a las características de lo que unos han llamado “delincuentes lombrosianos” y otros como Julio Caro Baroja opinan que “entre los terroristas se da mucho tarado” (Terror y Terrorismo, Plaza&Janés, 1989). Más adelante insistiremos y desarrollaremos este punto.

UN PRODUCTO DE LA MODA

En 1965-73 la guerrilla estaba de moda. La experiencia castrista parecía haber enseñado que un foco guerrillero resuelto era capaz de crear las condiciones objetivas necesarias para provocar el hundimiento de un régimen. Regis Debray, impenitente admirador –y seguidor- en la época de Castro y del Ché, lo había dicho en su “Guerra de Guerrillas”: “No era preciso que existieran condiciones objetivas para la revolución, el foco guerrillero las creaba”. El espejismo en que cayó toda una generación de revolucionarios latinoamericanos, costó cientos de muertes. Finalmente, tras haber vivido su experiencia guerrillera de unos días, Debray fue capturado por los rangers bolivianos y no tuvo el menor empacho, primero en “cantar” todo lo que sabía de la guerrilla y en segundo lugar, una vez liberado y retornado al paraíso cartesiano francés, en convertirse en funcionarios socialista y culpar al pintor Ciro Bustos de haber delatado al Ché… Aún hoy, Debray se niega a entrar en el fondo de la cuestión. Pero, en el fondo, estos hijos de papá europeos, intelectuales cultivados, solamente estaban en condiciones de haber la guerra de guerrillas en una biblioteca dotada de aire acondicionado, no en el altiplano. Una vez vivida la experiencia, pasaban a “redimensionar” la teoría: Debray escribió su “Crítica de las Armas”, renunciando a sus ardores juveniles atemperados por un año de cárcel boliviana.

Pero en esa época, una parte de la Cuarta Internacional, animada por la experiencia del Partido Revolucionario de los Trabajadores argentino, había decretado la guerra de guerrillas. En Europa, la sección más influyente y la única que estaba en condiciones de realizar algo parecido era, con mucho, la Liga Comunista Revolucionaria francesa, que ya había tenido un papel importante (como Juventud Comunista Revolucionaria) en las jornadas de mayo de 1968. La LCR, Krivinne, Bensaind, Weber, empezaron a multiplicar los ataques contra la formación de extrema-derecha Ordre Nouveau como una forma de “gimnasia revolucionaria” que debería de servir de escuela de cuadros para el futuro movimiento guerrillero. Se trataba solo de ir amplificando la intensidad de las operaciones contra la extrema-derecha a todo el Estado. Otro sueño que se desvaneció cuando la magistratura decidió tomar cartas en el asunto y disolver la LCR. En ese período, el partido hermano del grupo de Krivinne, en España, del mismo nombre, se escindió en dos y una de las fracciones fue a converger con ETA(VI Asamblea), pero en esta organización, lo poco que quedaba de interés por la lucha armada se concentró en los atracos y las “expropiaciones” de material para elaborar propaganda política. Nada importante.

En cuanto a los marxistas-leninistas, los maoístas, ciertamente, su verbalismo revolucionario parecía prometedor para los que esperaban una “insurrección armadas de masas” y una “guerra popular prolongada”… pero todo terminaba ahí. Ni en Italia, Bélgica, Portugal o España en donde los maoístas arraigaron más y mejor, estuvieron en condiciones de realizar “operaciones militares”. Y las pocas que hicieron, aun no está claro desde donde se planificaron. Más adelante insistiremos en este extraño asunto. En cualquier caso, solamente el GRAPO siguió en su “mantenella y no enmendalla” que le llevó a las dimensiones de una pequeña secta de delincuentes comunes con alguna irisación política siempre declinante desde 1975.

Los estudios de la revista teórica de la IV Internacional –Imprecor- o las revistas doctrinales del PCE(m-l), eran francamente aburridas, sus debates bizantinos sobre las condiciones objetivas, la preparación del proletariado para la lucha y demás, suscitaban el bostezo y a distancia de treinta años, parece increíble, no sólo que alguien las leyera, sino que alguien se atreviera a escribir todo aquel cúmulo de insensateces. Pero ahí están para los estudiosos, con su carga ideológica y su capacidad para el autoengaño.

En el fondo, en aquella época el maoísmo y el trotskysmo estaban de moda en Europa y en América Latina, justo en un momento en que el castrismo parecía, aportar poco desde el punto de vista teórico… y ya se sabe que siempre hay muchos que se apuntan a la moda. Luego tuvieron toda la vida para arrepentirse.

Hacia 1975, ambas modas ya habían periclitado: el trotskysmo solamente parecía haber adquirido una dimensión considerable en Argentina (5000 tipos armados concentrados fundamentalmente en la provincia de Salta), pero en Europa, Alain Krivinne ya se había convencido de que la “gimnasia revolucionaria” generaba, sobre todo, agujetas, pero la lucha contra otros jóvenes de extrema-derecha mal armados y peor organizados, no preparaba para derribar al Estado. Esto sin contar con que la clase obrera francesa se configuraba como la más aburguesada de toda Europa. Por lo tanto, no había apoyo popular. En cuanto al maoísmo, se había disuelto como un azucarillo. El FRAP declaró la insurrección en enero de 1975 y en junio del mismo año ya había sido completamente desarticulado. Tan solo lograron asesinar a media docena de policías nacionales, elegidos al azar y sin ninguna tarea “represiva” específica. Y en cuanto a la OMLE; reconvertida en PCE(r) y su “sección técnica” en GRAPO pasó, en pocos meses, de ser un pequeño grupo perdido en una galaxia de pequeños grupos activistas, a ser una secta cuya violencia sorprendió en un primer momento para luego concentrar buena parte de las actividades policiales entre 1976-1979 y quedar esquelética en los años 80.

Claro que cuando esto ocurría, la moda había dejado ya de ser moda y los maoístas de ayer que seguían en activo, se preparaban para ser funcionarios socialistas, tanto en Francia, como en Italia, como en España, como en Portugal (ahí tenemos a Joao Barroso, actual presidente del Consejo de Europa, ex militante del Movimiento por la Reconstrucción del Partido del Proletariado…).

CUANDO EL ESTADO VA UN PASO POR DELANTE

En septiembre de 1975 el SAS inglés utilizó por primera vez un robot para desactivar una bomba situada en el Hotel Hilton de Londres. Con una cámara de TV y un brazo articulado, dispuestos sobre una oruga, el “Little Willie”. A este robot siguieron otros aun más perfeccionados hasta el punto de que, en la actualidad, una bomba localizada equivale a una bomba desactivada o cuya explosión está controlada. Mientras el terrorismo occidental estaba íntimamente relacionado a los servicios secretos de Europa del Este, pudo contar con avances técnicos suficientemente sofisticados ideados en los laboratorios de la NKVD, el KGB o los servicios checos o búlgaros. El 29 de marzo de 1974, Bernard Calladene, uno de los responsables del antiterrorismo inglés en Irlanda, falleció cuando estalló una bomba bajo su coche. La particularidad es que la bomba se activó cuando Calladene enfocó su linterna en los bajos del vehículo. En efecto, el detonante estaba unido a un dispositivo fotoeléctrico. El MI-5 concluyó que el dispositivo había sido elaborado en Checoslovaquia. Quince años antes el KGB había construido pistolas eléctricas que disparaban cianuro. Manejadas por sus propias redes terroristas, diezmaron la resistencia anticomunista ukraniana. Pero, a partir de la subida al poder de Gorbachov, con la glasnost, todas estas iniciativas fueron abandonadas. A partir de 1985, el terrorismo occidental dio muestras de indigencia tecnológica.

Frente a esta indigencia, EE.UU. había creado un primer sistema de localización electrónica llamado Octopus que en noviembre de 1975 contaba con veinte millones de datos incluidas fotografías. Octopus era capaz de identificar inmediatamente a cualquier sospechoso que figurara en las fotografías. A este sistema siguieron otros mucho más sofisticados basados, no sólo en el reconocimiento fotográfico de huellas digitales, sino en los reconocimientos faciales a partir de fotos tomadas por las videocámaras situadas en aeropuertos y puntos calientes. A principios de los años 90, con el aumento creciente de la telefonía móvil y el uso de Internet, se pusieron las bases de lo que luego sería la red “Echelon” de intervención y lectura digitalizada y autoselectiva de comunicaciones.

Ya hemos trazado en otro lugar de esta pequeña obra un esbozo de la historia reciente del terrorismo, lo suficiente como para saber que a partir de 1980-83, el terrorismo político utilizaba las mismas tácticas que un siglo antes… solo que el enemigo –el Estado- era más fuerte. Con la introducción de las nuevas tecnologías en el trabajo policial, la distancia que separaba a los núcleos terroristas de sus enemigos, las fuerzas de seguridad del Estado, se fue ampliando, hasta hacerse completamente insalvable. Pero el problema no era solo tecnológico, estaba también el “factor humano”.

Las distintas fuerzas de seguridad del Estado estaban compuestos por una legión de funcionarios exentos de comportamientos y actitudes pequeño-burguesas, son sistemáticos en el cumplimiento de sus funciones, están extremadamente jerarquizados, reciben recompensas por resultados, además del salario base. Están ahí para cumplir con un cometido, que es su trabajo, su vocación y su medio de vida, el que han elegido y el que lo seguirá siendo durante toda su vida; no son coleccionistas de nada, no se llevan trabajo a casa, procuran no dejar cabos sueltos, les pagan por eso y constituyen una pequeña legión que actúa con todo el tiempo del mundo.

Frente a ellos se encuentran los terroristas: mentalidades extrañas, unos hiperintelectualizados, otros hombres de acción, pero no de pensamientos, caracteres broncos y radicales, a menudo pasionales, han ligado su vida a la “revolución”, pero esta carece de futuro, sus análisis son subjetivos, muchos de ellos albergan una profunda desconfianza hacia el futuro y no se sienten competitivos en esta sociedad que abominan por que no tienen lugar en ella, son marginados, a los que, para colmo se unen en muchos casos distintas psicopatías y en otras problemas de adicciones a drogas químicas; los hay, incluso, que subconscientemente, creen que el terrorismo que son capaces de desatar contribuirá a hacerles olvidar sus problemas y sus traumas personales. Además, el tiempo no les sobra; son pocos, los suficientes como para causar sobresaltos, pero no en número suficiente como para alterar el curso de las cosas. Frecuentemente, sus comportamientos registrar tics pequeño-burgueses. A unos les gusta alardear de sus acciones ante chicas o en el círculo de amigos de la infancia, a otros les encanta coleccionar trofeos, los hay incluso que anotan en diarios personales lo que hacen cada día y la mayoría deja datos sobre su vida y sus contactos demasiado visibles como para que si son detenidos puedan destruirlos u ocultarlos.

Para colmo, en el accionar de los terroristas todo es previsible. Las fuerza de seguridad del Estado lo tienen fácil: les basta con elaborar un patrón de actuación, así pueden adelantarse al episodio terrorista. Saben que precisarán alquilar pisos y que lo harán a nombre de parejas o de chicas que figuran como estudiantes. O bien que están tocando a grupos de ocupas, con lo cual no será un gran problema poner en marcha unos cuantos cientos de policías para que 365 días al año, durante un mínimo de ocho horas al día, cuarenta horas a la semana, realicen seguimientos sistemáticos, intervenciones de teléfonos o, interceptación de correspondencia, infiltración de agentes o mercenarios a sueldo, etc. Es una cuestión de tiempo el que logren identificar a los cabecillas, aislarlos, distribuir sus fotos en decenas de miles de ejemplares y a través de los medios y esperar resultados. Apenas una cuestión de tiempo que una célula terrorista sea desarticulada, sin recurrir a los sofisticado métodos de la policía científica que pueden acelerar incluso aún más el proceso.

Digámoslo ya: los medios con los que cuenta el Estado moderno son incomparablemente superiores a los medios con los que cuenta en la actualidad cualquier grupo terrorista. Y, para colmo, las gentes que de dedican al antiterrorismo tienen una dedicación full time a su tarea, mientras que para los terroristas se trata de una actividad más, entre otras, o bien su actividad central… pero obsesiva, mientras que para un funcionario, al terminar la jornada de 40 horas se “desconecta” del trabajo, se recargan baterías y al lunes siguiente se empieza con redoblado ímpetu. El terrorista profesional, jamás puede desconectar, por que la desconexión es susceptible de implicar un fallo en su seguridad, la caída y una o dos décadas de cárcel. O quizás la muerte.

No hay perspectivas de que un planteamiento como éste pueda cambiar. Todo lo contrario: la desproporción de medios tiende a ampliarse. El ciberespacio, el boom de las comunicaciones generan, efectivamente, nuevos canales por los que puede discurrir la acción terrorista… pero en ellos también, el dominio ejercido por los medios de comunicación del Estado es aún mayor. El sistema “Echelon” y las redes equivalentes europea y rusa, hacen que una palabra-objetivo sea retenida por procesadores excepcionalmente rápidos, el número desde el que se ha llamado sea aislado, sea donde sea desde donde se realiza la comunicación. Investigaciones como la desarrollada sobre los atentados del 11-M se realizaron casi completamente a partir de los listados y los datos ofrecidos por los operadores de telefonía móvil.

En el futuro, todo esto aumentará con bases de datos de ADN que permitirán descubrir muchas características de los terroristas, sistemas de reconocimiento de voz que permitirán seleccionar los tonos de voz buscados entre millones, documentos de identidad prácticamente imposibles de falsificar en los que se incluirán datos médicos imposibles de atribuir a otras personas fuera de los titulares, etc. La era de las nuevas tecnologías dista mucho de haber dado su última aportación a la lucha antiterrorista.

UNA CARRERA ABANDONADA POR LOS TERRORISTAS

Los debates que tuvieron lugar en los años 70 en el interior de las organizaciones terroristas, era absolutamente absurdo. De un lado se defendía el carácter popular de la “lucha armada” y su necesario “arraigo en las masas” y de otro se sostenía la contundencia de esa lucha. Algo incompatible: por que, o bien las células terroristas son cerradas y desvinculadas de cualquier “combate político”, y por tanto están al resguardo de la represión, o bien, realizan “trabajo de masas” y, por tanto, son fácilmente identificables por los cuerpos de seguridad del Estado.

Entre 1975 y 1976, en España este debate bizantino, propio de terroristas con mala conciencia, embargó las discusiones en el interior de ETA(p-m). El otro sector de la banda, desde 1973, tenía excepcionalmente claro que ETA debía ser una banda especializada en operaciones terroristas, y, solamente a nivel de cúpula debían de existir relaciones con el “frente político”. Tal era la concepción de José María Beñarán Ordeñaba (a) “Argala”, probablemente el cerebro más lúcido de ETA en toda su historia. Frente a él, fue tomando cuerpo las extrañas doctrinas elaboradas por Eduardo Moreno Bergareche (a) “Pertur” en la ponencia “Otsagabia” elaborada a finales de 1975. “Pertur” defendía una simbiosis en la que el terrorista debía evitar especializarse en la “acción militar” y procurar realizar “trabajo político”. Lo político y lo militar estaban unidos en la concepción de “Pertur”. En la de “Argala”, eran realidades completamente diferentes: una misma estrategia, pero solo relaciones en la cúpula. En la práctica, ETA(p-m) ha desaparecido y ETA(m) ha podido sobrevivirle veinte años más.

Pero, en cualquier caso, lo que era evidente es que, el terrorismo ha carecido de modelo organizativo adecuado a la realidad, al menos desde hace treinta años. Cuando el FLN argelino se puso en marcha, su estructura organizativa, formada por células triangulares de las que solo una de sus miembros tenía relación con el eslabón superior, constituía, globalmente una pirámide que, aparentemente, daba solidez y prevenía a la totalidad de la organización de las eventuales caídas de una parte de la misma. Ahora bien, eso valía en 1958-63, y quizás diez años después. Pero cuando, las fuerzas de seguridad fueron perfeccionando sus sistemas de investigación, esta estructura piramidal no estuvo en condiciones de introducir modificaciones que la capacitaran para resistir los envites policiales. De hecho, lo que ocurrió fue todo lo contrario.

Un exiliado español en Uruguay que, sin pertenecer a los “tupamaros”, si al menos les prestó sus teorizaciones, Abraham Guillén, ya había teorizado sobre la necesidad de “autonomía táctica” de las células terroristas, las cuales debían tener iniciativa propia, estar formadas por un mínimo de tres y un máximo de cinco personas, reclutadas para que fueran una unidad autosuficiente. Es muy difícil, incluso para una policía eficiente, identificar a cinco personas en una ciudad de dos millones de habitantes, si no intentan captar militantes, ponerse en contacto con otras células ni esperan órdenes. Guillén estaba en contra de que la organización tuviera “frentes fijos”, rechazaba que las armas y todo lo que se refiere a logística fuera almacenado en unos pocos depósitos o que existiera un “hospital” o una “cárcel del pueblo” a la que debieran recurrir todas las células. Era mejor que cada cual, por sí mismo, cada célula, creara su propia estructura. Si caía, se perdía solo una parte y nada más que una parte, pero el resto permanecía a salvo. De hecho, Guillén lo que estaba proponiendo es que al esquema del FLN argelino (que hico fortuna entre los terroristas europeos y latinoamericanos de los años 70) se le amputara de un extremo: la posibilidad de que cada célula triangulas conectara con la superior.

Pero en la práctica esto implicaba que todo el movimiento tenía un alto grado de conciencia política, sentido de la táctica y comprendía todos los elementos estratégicos al ciento por ciento. Lo cual no era así. En buena medida los terroristas, lejos de ser grupos de “cuadros”, son soldados de base, que precisan órdenes claras, precisas y extremadamente concretas. Para colmo, de tanto en tanto, se reúnen en asambleas para “decidir” lo que hay que hacer… Claro está que en esas reuniones, en aquella época, se iba con antifaz o máscara…, como los brasileños de la ALN que, tras permanecer unas horas con un calor sofocante, oculto el rostro bajo la máscara, se la quitaban para respirar y, de paso, verse unos a otros las caras.

Estas formas organizativas –que en España siguen practicando lo que queda de ETA y del GRAPO- se prestan extraordinariamente a la infiltración y, consiguientemente, exponen al movimiento terrorista a la represión.

Hoy las alternativas siguen siendo dos: o bien la “profesionalización” que implica una cierta fisonomía de secta, y un alejamiento de las masas, o bien la “apertura” que genera una estructura “movimentista” que, a la postre, es vulnerable. Solamente en las zonas de ocupación militar –como Irak y Afganistán o Palestina- es posible conjugar ambos tipos de organización terrorista. Pero nunca en zonas del mundo desarrollado, políticamente estables.

La aparición de Al Qaeda y de Bin Laden y el desarrollo por la RAND Corporation (un think-tank conservador norteamericano) de la idea de net-war, aportan algunos elementos nuevos, pero antes de entrar en este apasionante tema, vale la pena introducir un elemento importante. Las nuevas tecnologías y el terrorismo

UNA MIRADA HISTORICA: ALIANZA ANTIGUA Y DIVORCIO MODERNO

Lo más sorprendente del terrorismo es que –excepción hecha de Al Qaeda, sea lo que sea- las estrategias del terrorismo no han variado en absoluto en los últimos 150 años. Mejor dicho, si han variado en un sentido. Los primeros teóricos del terrorismo del siglo XIX eran decididos partidarios de introducir las nuevas tecnologías desarrolladas en la época en las tácticas terroristas. A partir de los años 70, se diría que la imaginación se ha secado en las mentes de los terroristas que apenas son capaces de concebir atentados a lo Ravachol.

Antes de la dinamita, el terrorista contaba con pocas armas. Los “assesins” ismaelitas del Viejo de la Montaña contaban con sus puñales y alfanjes, luego se añadió al arsenal la pistola y el revólver. Más tarde, la pólvora se utilizó en “máquinas infernales”. Era el precedente del “coche bomba”. Napoleón tuvo que sufrir varios atentados de este tipo, con carruajes bomba que contenían toneles rebosantes de pólvora negra. Luego vinieron las bombas Orsini, pesadas, características, difíciles de transportar, a base de pólvora y metal que debería convertirse en metralla. La dinamita y la gelignita aparecieron entre 1860 y 1870. Inmediatamente fueron incorporadas al arsenal del perfecto terrorista.

KarlHeinzen, un demócrata radical alemán (1809-1880) insertó algunas ideas interesantes en su folleto “Asesinato” y en su revista “La Evolución”. Decía Heinzen que la clave del éxito del terrorismo había que buscarla en las nuevas tecnologías. Aludía a los nuevos explosivos. Hasta entonces, el único explosivo conocido era la pólvora negra, pero entonces se empezaba a trabajar en las dinamitas. Y el detalle no pasó desapercibido a Heinzen. En su locura visionaria anticipó el atentado contra Carrero Blanco: había que crear bombas bajo el pavimento que estallaran al paso de los poderosos. También aludió a formas de guerra química: propuso envenenar alimentos. Y para colmo recomendó que las organizaciones internacionales terroristas concedieran “premios de investigación”. Todo ello lo decía con una seriedad pasmosa.

El año después de su muerte, en 1881, quedó claro que su mensaje no había caído en saco roto. Efectivamente, ese año tuvo lugar el Congreso Internacional Anarquista en el curso del cual uno de los delegados, un tal Ganz, propuso que se creara un grupo de expertos dependientes de la Internacional, especialistas en química y tecnología. En la revista “Le Révolté” de 23 de julio de 1881 se daba cuenta de la resolución final del congreso que incluía la aprobación de una moción en la que se mencionaba la aportación de la química “a la causa revolucionaria”, por lo que se hacía un llamamiento a los afiliados para que “se entregaran al estudio de estas ciencias”.

Poco después, Johann Most (n. 1846) dio una nueva vuelta de tuerca. Entró a trabajar en una fábrica de explosivos y advirtió lo que era elemental: que era más fácil y seguro robar el material manufacturado antes que dedicarse a fabricar la nitroglicerina por su cuenta. Varios de sus camaradas ya habían saltado por los aires, o bien el fruto de sus esfuerzos, a la hora de la verdad, se había resistido a estallar. A partir de Most, los grupos terroristas miran a los arsenales militares, a las fábricas de explosivos y a las minas u obras públicas donde puede haber almacenado material explosivo, detonantes y mechas. Pero Most hizo algo más: creó la carta-bomba y, puestos a elucubrar, imaginó que era posible bombardear, desde globos aerostáticos o dirigibles, comitivas de autoridades, desfiles militares o palacios. También a partir de la revolución de 1905, los revolucionarios rusos pensaron en el avión como útil terrorista para acercarse a sus objetivos.

Realmente poco, por que los primeros fenianos, también utilizaron la imaginación. En 1880 gastaron 60.000 dólares en EEUU para construir tres submarinos que jamás pasaron del nivel de proyecto. Pero era suficiente como para ver que su imaginación era fértil. O’Donovan Rossa, uno de los líderes fenianos irlandeses, proyectó bombardear el Parlamento Británico con gas de osmio. Intentó adquirir cerillas explosivas y estiletes envenenados, armas imposibles e inexistentes pero por las que pagó buenos dólares americanos. Había mucha imaginación en todo esto, tanto como inconsciencia, ingenuidad y un punto de locura.

En realidad, mucho de todo esto era mera palabrería. “Por la boca muere el pez” dice el viejo refrán y, evidentemente, en el momento en que un anarquista o un radical manifestaban claramente sus propósitos y los dejaban escritos en actas de congresos internacionales, antes o después llegaban a manos de la policía que inmediatamente se dedicaba a seguirlos, perseguirlos y desarticularlos. O bien a infiltrarlos. Esto hizo que, en buena medida, todos estos proyectos enloquecidos de incorporación de las nuevas tecnologías del siglo XIX a la actividad terrorista, quedaran en agua de borrajas. La mayor parte de los terroristas debían dedicar su tiempo a protegerse a sí mismos, en absoluto tenían capacidad para traducir su pensamiento en medidas prácticas.

Pasaron las décadas y, a medida que entramos en el siglo XX, se va perdiendo esa voluntad de incorporar las nuevas tecnologías a la iniciativa terrorista. A pesar de que durante la Primera Guerra Mundial se utilizaron millones de litros de gases tóxicos, y era posible robar alguna partida, en los años veinte, pródigos en operaciones terroristas, jamás se utilizaron gases. La máxima innovación correspondió a principios de los años 60 a los antifascistas portugueses dirigidos por el capitán Galvao que secuestraron un buque de pasajeros en alta mar. Algo que desde la piratería clásica no se había prodigado en aguas del Atlántico. Diez años después, palestinos y sus aliados izquierdistas alemanes y japoneses secuestraron decenas de aviones a partir de la guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes. Pero, en ocho años de secuestros continuos, al diario cairota Al Ahram debió reconocer el 28 de junio de 1976 que “lejos de haber dañado a Israel, los secuestros habían robustecido a este Estado y suscitado una hostilidad hacia los palestinos”. Ciertamente, este tipo de secuestros suponían una “innovación” táctica, pero no tecnológica y, de hecho, aportaron poco.

Pues bien, hoy la cosa no ha variado extraordinariamente. Lo que ha variado es el modelo organizativo, el modelo estratégico y el modelo táctico. Algo que analizamos en otra parte de esta obra.

EL PROCESO DEGENERATIVO DE LAS ORGANIZACIONES TERRORISTAS

El tiempo –y no sólo el terror- lo matan todo. El promedio de actividad de una organización de terrorismo urbano en los años 70 y principios de los 80, se prolongaba, en el mejor de los casos, a cuatro años. Solamente ETA y el IRA, por circunstancias socio-políticas, diferentes, pero muy localizadas, pudo prolongar su acción durante unas décadas. Pero todo tiene un límite y ninguna de estas dos organizaciones ha logrado ir mucho más allá. De hecho, la ley universal es: o bien una organización terrorista alcanza sus objetivos políticos, o bien prolonga su acción más allá del “plazo de caducidad”, con lo cual en el mejor de los casos, su terrorismo se vuelve residual (ETA) o bien es completamente desarticulada por la policía (FLQ, Montoneros, Tupamaros, Brigadas Rojas, etc.).

Hay una tercera posibilidad: cuando una organización terrorista prolonga su actuación más allá de los cuatro años de caducidad pero sufriendo una mutación interior que la deslizan a través de un proceso degenerativo irreversible. El Frente Nacional de Liberación de Córcega, los Montoneros argentinos, las guerrillas colombianas, Sendero Luminoso, el IRA y el GRAPO, son ejemplos flagrantes. Sigamos el proceso con el detenimiento que permite la brevedad de esta obra.

En 1975 algunas presas políticas de Yeserías tuvieron noticias de las presas de la Organización Marxista Leninista de España, de que sus “comandos” habían sido los causantes del asesinato de cuatro policías el 1º de octubre. Por entonces se pensaba que eran supervivientes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), vinculado al maoísta PCE(m-l) y en ese momento casi completamente desarticulado, quienes actuaban a la desesperada y autónomamente. Pero no era así, gracias a las presas políticas democráticas de Yeserías se supo que había una nueva organización terrorista que pocas semanas después sería bautizada con el nombre de GRAPO. En septiembre de 1975 el GRAPO todavía no había nacido, y las acciones eran cometidas por la “sección técnica” del PCE(reconstituido).

Los GRAPO no captan miembros directamente; sus miembros proceden del PCE(r), organización de la cual la mayoría de militantes han compartido movilizaciones con otros sectores de la oposición democrática y son suficientemente conocidos como para que en los meses siguientes la mayoría de ellos sean identificados por la policía que, en poco tiempo estuvo en condiciones de trazar un plano de la implantación nacional del PCE(r), a partir del cual se fueron operando las detenciones. Cuando se resuelven los secuestros de Oriol y Villaescusa, el GRAPO de la época queda casi completamente desarticulado. Pero se viven momentos de gran politización y radicalismo en la sociedad española (estamo en los momentos más duros de la transición) y el GRAPO logra reconstituirse y mantener cierto nivel de operatividad en los tres años siguientes.

Esta “resurrección” es facilitada por una característica del GRAPO y del PCE(r) que no está presente en otras organizaciones políticas. En efecto, el núcleo impulsor del grupo tiene una estructura de clan. Se trata de lumpenproletarios ligados entre si por vínculos familiares: hermanos, primos, cuñados, todos ellos con un alto nivel de cohesión vincular entre sus miembros y un amplio sentimiento de solidaridad. Pero, aun así, a principios de los años 80, el GRAPO está de nuevo casi completamente desarticulado.

En realidad, el GRAPO era (o debía ser) un embrión de guerrilla. Pero, al mismo tiempo, tenia el cometido mucho más prosaico de facilitar medios para que la dirección del PCE(r), pudiera desempeñar sus funciones. En la práctica eso equivalía a que, entre asesinato y asesinato, la única tarea del GRAPO consistía en realizar atracos, robos en furgones blindados y secuestros. El GRAPO había iniciado desde principios de los años 80 un proceso de”bandización”. Muy poco distinguía a sus miembros de atracadores normales y corrientes: lo hacían por una causa, remotamente política, si, pero hacían exactamente lo mismo que un delincuente común. A este proceso debía de seguir otro en el que eran aún más visibles las tendencias degenerativas.

En efecto, hacia mediados de los años 90, el GRAPO había dejado prácticamente de existir y las únicas posibilidades de reavivarlo eran a través los presos que, tras 15 y 20 años de cárcel volvían a salir en libertad. Las organizaciones del PCE(r), sin excepción, estaban disueltas, extinguidas o desarticuladas. ¿Dónde captar nuevos militantes? En esos años, a partir de 1990, la extrema-izquierda, limitada en su capacidad de crecimiento, manifestó un interés creciente por los “movimientos sociales” considerados como fuerzas “objetivamente revolucionarias”, pero solamente en uno de estos sectores el GRAPO logró contar con cierta posibilidad de arraigo: entre los “okupas”. En ese sector se dio una circunstancia que venía improvisadamente en ayuda de los reclutadores del GRAPO: nuevamente lograba penetrar en un ambiente “lumpen” en donde no existían fronteras nítidas entre los contenidos políticos y la delincuencia común. Los últimos mohicanos del GRAPO encontraron entre los okupas una nueva generación de reclutas necesitados de medios de subsistencia, algunos de los cuales querían “dignificar” su vida insertando un contenido político, por marginal que fuera.

Pero ni en estos ambientes encontraron el sector “objetivamente revolucionario” que buscaban, ni los nuevos reclutas eran como los austeros primeros militantes del PCE(r). En general se trataba de “colgados”, o de lo que Caro Baroja había llamado unos “completos tarados”. Marginales en cualquier caso. Con un grupo de marginales no se ataca al corazón del sistema.

Análogo proceso se ha dado en otras organizaciones. El FNLC es hoy una parte sustancial de la mafia corsa. Tanto los militantes del IRA(p) como de los protestantes unionistas de las Fuerzas Voluntarias del Ulster (UVF) o de la Asociación para la Defensa del Ulster (UDA), experimentaron procesos degenerativos que les convirtieron en mafias de arrabal. Implícitamente renunciaron a sus objetivos políticos para luchar sólo por el “control” de los negocios ilegales de uno u otro barrio.

Bakunin había sido el primero en fijarse en el delincuente común como ayuda inestimable para la causa revolucionaria. Lo definió como “enemigo del Estado”, sincero y no contaminado por doctrinas inmovilizantes. Posteriormente, en los años 20 y 30, los terroristas croatas y macedonios no dudaron en falsificar moneda y, con posterioridad a 1905, los bolcheviques adoptaron la táctica del atraco bancario para financiarse. El IMRO, la Organización Revolucionaria Macedonia, terminó siendo un grupo de pistoleros a sueldo de quien estuviera dispuesto a pagarles. Otro tanto ocurrió con el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) que nació como grupo de resistencia antiserbio, para pasar a ser sin solución de continuidad, un grupo de atracadores que operaban en toda Europa Occidental, especialmente en España, mientras que su cúpula trabajaba con las mafias del narcotráfico turco penúltima etapa de la “ruta de la seda” que conducía la heroína cultivada y procesada en el Afganistán post-talibán, hasta los mercados de Europa Occidental, a través del “corredor isámico de los Balcanes”. En cuanto a los Montoneros argentinos, el secuestro de Jorge Born por cuyo rescate recibieron 75 millones de dólares, una cantidad espectacular para la época, supuso el fin de la organización, cuando una parte de la dirección, consciente de la imposibilidad de alcanzar sus objetivos, se vio con un dinero entre las manos que les aseguraba el retiro para el resto de sus días.

En realidad, la palabra “bandido” tiene, por extraño que parezca, un origen político. “Bandido” era el que se colocaba en algún “bando” y el bando se distinguía por su “bandera”. Y esta implicaba una catalogación, finalmente, política. Caro Baroja acepta que “bandido” y “bandolero” derivan de la palabra toscaza “bando”. Aparece esta catalogación ya en la Navarra del siglo XIII. Es en el siglo XVII cuando el bandolerismo se extiende a buena parte de Europa y, frecuentemente, actúan en un Estado y se refugian en otro vecino, donde son bien recibidos y que utilizan como “santuario”. Cuando se produzcan las “guerras napoleónicas” surgirán distintos movimientos de resistencia que, tras la retirada de las tropas francesas, protagonizarán movimientos de bandidos. En toda Italia y en España se reprodujo este fenómeno. En general, los “bandidos”, primero pertenecieron a un “bando” político o guerrillero y luego, degeneraron, acaso por que se habían habituado a un tipo de vida al margen de cualquier norma o no encontraban lugar en la sociedad o en el Estado. Solamente en un caso, los bandidos realizaron el recorrido inverso: en efecto, en el Estado de Yenan, durante los primeros años de la revolución, Mao-Tse Tung pudo integrar en sus filas a miembros de las poderosas sociedades secretas de bandidos. Pero se trata de una excepción. En el fondo, los restos de las organizaciones de defensa y apoyo mutuo que aparecieron en el sur de Italia a lo largo del siglo XIX, subsisten todavía hoy bajo la forma de organizaciones delictivas: Mafia, Camorra, N’Dragheta, etc.

En este caso, el proceso degenerativo se produce cuando el adversario para el que ha sido creada la “banda” o “bandería”, ya ha desaparecido, pero sus miembros se resisten a disolverla y pasan a tener otra orientación. Diferente del caso en el que, la banda percibe que no está en condiciones de alcanzar sus fines y se reconvierte lenta, pero inexorablemente, en organización de carácter mafioso. En los próximos años, algunos núcleos que participaron en la vida de ETA, darán presumiblemente un giro en esa dirección. Esto se producirá cuando se haya operado el desmantelamiento total de la organización, o bien cuando la puesta en libertad de algunos de sus miembros, genere en torno a ellos, en su barrio o en su pueblo, una corriente de solidaridad, reforzada por la sensación de que los antiguos terroristas siguen contando con armas a su disposición y, acaso, constreñidos por necesidades materiales o por una mezcla de estas y del estilo de vida llevado hasta entonces en donde un joven que a los 25 años se exilia, permanece cinco en clandestinidad cometiendo atentados, es detenido, pasa 20 años de cárcel, al salir a los 50, jamás ha conocido lo que es un trabajo fijo, estable, con horarios de ocho horas, cinco días a la semana, y un mes de vacaciones anuales…

LAS VICTIMAS: DE LO SELECTIVO A LO MASIVO

Pero, si esto es lo que ataque a la degeneración de las organizaciones terroristas, en lo que se refiere al terrorismo en general, también se ha producido un cambio de perspectiva. Cuando el terrorismo moderno da sus primeros pasos, en el período napoleónico, sus mentores están horrorizados de causar daño a algún inocente. Esta repugnancia durará hasta mediados de los años 60 cuando los “tupamaros” entregaban recibos de confiscación a las personas a las que sustraían algún bien material. Un día improbable, la organización devolvería el bien confiscado. La buena conciencia quedaba a salvo.

Pero todo esto ha cambiado. El terrorismo, en la mayoría de los casos, ha dejado de ser algo selectivo, para transformarse en una sistemática manera de matar en la que, sobre todo, lo que cuenta es el número de víctimas y el espectáculo mediático. A partir del 11-S esta tendencia resulta innegable. Pero incluso esta tendencia tiene sus grados. Hubo un tiempo –finales de los años 60- en los que se justificaba ocasionar víctimas inocentes con frases cínicas y pretendidamente ingeniosas: “En el western de la sociedad cada cual merece la bala que se le dispara”. Así pues, todos somos culpables, luego todos podemos ser víctimas. ¿Por qué somos culpables? Por no apoyar al movimiento de liberación. Pero razonamientos de este tipo resultaban extremadamente débiles, especialmente, cuando las víctimas eran niños. A partir del 11-S, queda claro que ni siquiera es necesario explicar nada: las víctimas son los que pierden y, poco importa su rostro, contra más sean, menos se retendrán sus caras, pero mayor será el impacto alcanzado.

El terrorismo siempre ha intentado golpear los objetivos más desguarnecidos. Carrero Blanco murió por que solamente contaba con tres policías de escolta y realizaba siempre el mismo recorrido fijo. Pym Fortyun, Olor Palme, Anna Lindth fueron asesinados por carecer de escolta: eran blancos fáciles que no exigían un alto riesgo a los asesinos. Entre un concejal con escolta y otro sin escolta, ETA siempre ha elegido al segundo aun cuando se tratara de alguien políticamente irrelevante. Pero, resulta evidente que las masas son las más vulnerables. Están por todas partes, frecuentan lugares imposibles de proteger y transitan por zonas de alta densidad: rascacielos (11-S), estaciones (11-M), es posible asesinar a varios cientos de ellos, utilizando medios relativamente artesanales, el coche bomba, el paquete explosivo de alta potencia, el avión dirigido.

Las estadísticas a este respecto son espectaculares: la mayoría de los muertos en el WTC eran, o bien turistas no americanos o bien trabajadores de limpieza, policías o bomberos. Ningún yuppie, ningún nombre particularmente relevante: todos, economías modestas, rostros anónimos. Los aviones secuestrados, por su parte, iban con menos pasajeros que la media habitual. En cuanto al ataque al Pentágono, sorprendentemente, lo que impactara contra el macroedificio (fuera un mísil como se ha argumentado o fuera el Boeing de la versión oficial), impactó contra un ala en obras, murieron 126 civiles, albañiles, electricistas, fontaneros y solamente un general que se encontraba allí casualmente… En cuanto a los atentados de Balí, la mayoría de víctimas fueron turistas australianos. Las víctimas de los atentados de Casablanca fueron personas grises, sin historia, irrelevantes para alguien más allá de su círculo de amistades y familiares. Y entre las víctimas del 11-M abundaban los inmigrantes extranjeros, los pequeños funcionarios y estudiantes. No era la posición en los engranajes de poder, ni su relevancia social, lo que hizo que estos atentados fueran considerados espectaculares y terribles: sino el carácter masivo de las víctimas.

Es posible establecer una proporción aproximada entre dos atentados que conmovieron España: el 23 de diciembre de 1972, Carrero Blanco saltó por los aires en un atentado que mantuvo en vilo durante varios días a la opinión pública y generó cambios radicales en la historia del país. La muerte del delfín Carrero supuso el final del franquismo y su imposibilidad de encarrilarse hacia una democracia tutelada. Así mismo, algo más de 30 años después, no es un presidente del gobierno, sino 202 muertos los que generan un efecto parecido: cae, inopinadamente, un gobierno que tiene ganadas las elecciones y accede al poder la opción inesperada. La equivalencia es macabra y, sin duda, inexacta, pero en estos dos episodios: 1 víctima notables (Carrero Blanco, sin olvidar a sus dos acompañantes), operaron un efecto parecido a 202 víctimas desconocidas. Pero esta proporción es fundamental en un tiempo en el que los “notables” –a diferencia de 1973 cuando fue asesinado Carrero- se dotan de unos sistemas de protección y seguridad prácticamente invulnerables. Así los terroristas –abandonados los escrúpulos morales de los regicidas y de los anarquistas de los primeros tiempos del terrorismo moderno- tienden a utilizar a las masas como víctimas propiciatorias.

Las sociedades modernas viven un proceso creciente de masificación. Actividades que, hasta no hace mucho, eran privativas de pequeños grupos o individuos –desde el uso de drogas hasta la utilización de equipos de aire acondicionado- han pasado a ser masivas. Y este carácter masivo ha hecho que se transformaran en frentes de conflictividad. Si el terrorismo ya era problemático en su período selectivo, ahora todos estamos amenazados por la endiablada colusión entre la casualidad y el terror. No basta con ser inocentes para verse libre del terrorismo, hace falta llevar una vida completamente fuera de la sociedad y alejada de los grandes núcleos de población para evitar que nos golpee.

EL ACTO TERRORISTA: ESPECTACULO

A medida que la sociedad de la información ha ido implantándose, el carácter del acto terrorista ha ido variando sustancialmente. En 1967, Guy Debord, un miembro de la Internacional Situacionista, publicaba un ensayo-panfleto (en el sentido histórico de la palabra), titulado “La Sociedad del Espectáculo”. Un libro, ciertamente difícil, en el que Debord sostiene la tesis de que al producirse cierto nivel de acumulación de capital, éste se convierte en imagen, generando el inicio de lo que llama “espectáculo”. Esto implica que el trabajador, hasta ese momento alienado, pasa a convertirse en consumidor integrado. A partir de ahí, cualquier tarea que realice se convierte en útil para el capital: ocio, sexo, cotidianeidad. Cada actividad que realiza el trabajador valoriza algún aspecto del capital: llegan las vacaciones y el trabajador quiere satisfacer a sus hijos llevándolos a Disneyworld: allí lo que está haciendo es aumentar la cuenta de beneficios de una multinacional cuyo objetivo social es la explotación del ocio convertido en espectáculo. Es probable que si el hijo del trabajador no accede al escaparate de consumo que es Disneyworld se sienta frustrado y aniquilado como individuo. Sólo el acceso al espectáculo del consumo le produce sensación de existencia. Gracias al espectáculo el trabajador “vive”. Pero también ocurre que a fuerza “ganarse la vida”, en el fondo la pierde. A medida que este endiablado proceso de integración del productor en los mecanismos del consumo se va acelerando, la sociedad capitalista pasa a ser sociedad del espectáculo, en la que cualquier manifestación está reducida a su dimensión de espectáculo de consumo. Ni partidos, ni sindicatos están en condiciones de deconstruir este proceso. Debord y luego Toni Negri, concluyen que no hay esperanza de liberación, ni posibilidad de estructuras vanguardias combatientes; en consecuencia, no hay porvenir. Debord ve claro que la “vida” va contra el “espectáculo”, pero no alcanza a ver como la vida puede manifestarse victoriosamente contra su oponente. Da algunas pistas –la formación de “consejos obreros”- pero resultaban poco convincentes en 1967 y hoy son utopías. Hay que decir que, Debord, finalmente, se suicidó a mediados de los 90. Aun cuando su análisis de cómo el capital se transforma en espectáculo sea cuestionable (existe espectáculo antes de que exista concentración de capital, “panen et circenses” daban los emperadores romanos a su pueblo aun cuando el sistema de producción distara mucho de revestir formas capitalistas, el espectáculo ya estaba imbricado en el alma de la sociedad), en el fondo tiene razón en el dictamen final: el espectáculo se sitúa en el centro de la sociedad moderna. Cualquier actividad pasa a ser espectáculo –no por el capital, sino por los desarrollos tecnológicos de la sociedad moderna-… incluido el terrorismo.

El terrorista había advertido ya a finales de los años 60 que una acción terrorista era tanto más eficaz en cuanto que resultaba reflejada por los medios de comunicación. Cientos de bombas colocadas en postes de alta tensión y torres de comunicaciones no tendrán el mismo efecto mediático que una que estalle en un momento clave. Antes del 11 de septiembre de 1973, terroristas desconocidos, interrumpieron el fluido eléctrico en Santiago de Chile, justo cuando el presidente Salvador Allende se disponía a iniciar la retransmisión de un mensaje tranquilizador para la población. El efecto causado fue tremendo: se evidenció que el gobierno carecía de capacidad para mantener el orden y que la situación estaba fuera de control. El explosivo había volado una torre de alta tensión próxima a Santiago interrumpiendo lo esencial del flujo eléctrico. Antes y después, cientos de cargas explosivas similares habían estallado en el Chile de aquella época, pero solo aquella explosión revistió verdaderamente el carácter de “espectáculo”. Y aún deberían de pasar casi 28 años para que el 11-S de 2001 se confirmara esta tendencia del terrorismo a devenir espectáculo.

El 11-S fue concebido como espectáculo mediático. De ahí su eficacia. Si solamente nos hubieran informado escuetamente de que dos aviones se habían estrellado contra el WTC, la noticia habría causado un gran impacto, pero a los pocos días se habría difuminado como se difuminó el atentado contra Hipercor o contra el cuartel de la Guardia Civil en Vich o Zaragoza, o en otro plano, como se difuminó el efecto del atentado de Balí o contra el edificio federal de XXXXX. Pero el 11-S fue retransmitido en directo. Recordemos.

Inicialmente, un avión se estrella contra la primera torre del WTC. Justo en el momento en que América se levanta y en Europa el público se prepara para ver los informativos. Cinco minutos después del primer impacto, las televisiones de todo el mundo –y repito: de “todo el mundo”- se han conectado con Maniatan Sur. Es entonces cuando se produce el segundo impacto que es retransmitido en riguroso directo. Sigue el espectáculo. Hora y media después ésta segunda torre se desploma y una hora más tarde cae la primera. Las imágenes, a todo esto, son casi siempre las mismas que se repiten machaconamente a pesar de que era posible ofrecer miles de tomas diferentes, pero era evidente que se pretendía lograr un efecto acumulativo. Para colmo, estas imágenes estaban excepcionalmente bien seleccionadas: se tendía a presentar las dimensiones reales de la tragedia… pero a distancia. Se evitaba que aparecieran cadáveres o mutilaciones (a pesar de que se produjeron) por que lo importante era excitar el deseo de venganza, pero no generar un amedrentamiento total de la población americana que inhibiera el deseo de venganza. Mientras el público estaba literalmente petrificado en torno a los televisores se lanzaron los primeros mensajes subliminales sobre los autores: unas imágenes de palestinos festejando el crimen (que luego resultaron ser falsas), unas reivindicaciones (no menos falsas) pero que remitían al mundo árabe y, finalmente, la declaración del vicepresidente que atribuía a Bin Laden la responsabilidad de la tragedia (cuando tres años después ese vínculo no ha podido ser establecido sino a través de un vídeo… no menos falso encontrado “casualmente” en una casa abandonada de Kandahar…). Las imágenes fueron hipnóticamente reproducidas decenas de veces (aún cuando hubiera sido posible realizar tomas desde otros ángulos y mostrar escenas de pánico en Maniatan Sur. El espectáculo, para ser tal, debía ser estudiado hasta en sus más mínimos detalles: no podía haber lugar a la improvisación, ni a imágenes que pudieran distorsionar o atenuar los efectos que inicialmente se preveía alcanzar.

El 11-S fue el primer atentado mediático. La conclusión es que para los terroristas modernos, lo importante no es cometer un crimen o generar un dolor, sino que ese dolor irradie transmitiéndose a cuantos más televisores mejor. El 11-S, el terrorismo dejó de ser una tragedia entre terroristas y víctimas, para pasar a ser un espectáculo mediático universal. Abandonamos, a partir de entonces, el terrorismo-político para penetrar en el terrorismo espectáculo que, por sí mismo genera destrucción, pero cuyo fin no es la destrucción y la muerte, sino introducir en el cerebro ideas, sensaciones, impresiones y terrores que duren toda una vida.

A decir verdad, todavía no se sabe, a ciencia cierta, absolutamente nada de lo que ocurrió el 11-S. Las pruebas que señalan la responsabilidad de Al Qaeda, están muy disminuidas y son cuestionables. De lo que no cabe la menor duda es de que ningún tribunal legalmente constituido aceptaría las pruebas que pesan hoy sobre Bin Laden para condenarlo por su presunta participación en los atentados del 11-S.

LOS VERDUGOS: DE LO CONCRETO A LO ABSTRACTO

Uno de los atentados más misteriosos de la historia anterior al 11-S, tuvo lugar el 21 de diciembre de 1975 en Viena cuando un grupo de terroristas asaltó la sede de la Organización de Países Productores de Petróleo en Viena, mientras se celebraba una reunión presidida por el jeque Llaman. Se sabe que el comando estaba compuesto por alemanes y latinoamericanos y su jefe era Illich Ramírez (a) “Carlos”. Hoy “Carlos” está preso en París y se sabe que fue formado en Moscú y vinculado a los servicios secretos cubanos en París. Sé por confidencia directa de una alta funcionaria latinoamericana de la UNESCO que, “Carlos” estuvo escondido durante un tiempo en el domicilio de un funcionario cubano de ese organismo en París. Años después, Illich Ramírez lanzó una granada de mano en el drugstore de Saint Germain, también en París. Recorrí aquel lugar intentando encontrar una explicación a ambos atentados. Pues bien, nadie hasta hoy ha entendido exactamente el significado de ambas acciones: ni se sabe qué llevó a “Carlos” a realizar la operación de Viena, ni que le impulsó a lanzar una granada de mano criminal en aquel drugstore. De hecho, se tiene la sensación de que “Carlos” era un agente del Este, ocasionalmente al servicio de algún otro país árabe, quizás un aventurero sin escrúpulos que se beneficiaba de importantes coberturas y de complicidades hasta ahora poco conocidos… bien, pero siguen sin estar claros los motivos de ambos episodios terroristas. No se cansen investigando: jamás los entenderán, acaso por que no hay explicación. No hay ideología ni estrategia que pudiera contribuir a justificar acciones como estas.

Se sabe que los atentados del 11-S llevaron, primero a la invasión de Afganistán y luego a la de Irak. Se sabe, así mismo que el asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo por el estudiante Gavrilo Prinzip, miembro de una sociedad secreta serbia –la “Mano Negra”, desencadenó la Primera Guerra Mundial. Pequeñas causas pueden producir grandes efectos. El terrorismo es una pequeña causa, pero, especialmente al transformarse en espectáculo, tiende a producir grandes efectos. De hecho, en nuestro libro “11-M: los perros del infierno” sosteníamos que el sentido de los atentados del 11-M era justamente el opuesto a los del 11-S: lo que se crea a raíz de estos, empieza a desmantelarse cuando el PSOE llega al poder en España, retira las tropas de Irak y se inicia el desmadejamiento de la coalición constituida tras el 11-S para invadir Afganistán y apoyar la política unilateralista norteamericana.

Todo esto está muy bien, pero ¿para quién trabajaba “Carlos”? Se intuye que para el Este… pero no está claro en qué dirección. Mientras se sabe todo sobre el terrorismo de ETA, incluidos sus contactos internacionales, mientras todos los aspectos que podían resultar misteriosos en la historia del IRA o de los Montoneros, o incluso del GRAPO, están más o menos resueltos… lo ignoramos absolutamente todo sobre los atentados del 11-M y del 11-S, no sabemos absolutamente nada fuera de duda sobre los atentados de Casablanca y, en general, sobre toda esa galaxia extraña que se ha dado en llamar “terrorismo internacional”. Repito: a pesar de todos los informes de inteligencia, ignoramos todo lo esencial sobre Al Qaeda y sobre sus reales o supuestos satélites. Y basta examinar superficialmente toda la literatura difundida en torno a estos grupos como para saber que es inconsistente y que no soportaría un examen profundo realizado por un tribunal regular.

Se sabe que “Argala” asesinó a Carrero Blanco y que, a su vez, fue asesinado por antiguos compañeros de armas del almirante. Se sabe que José Ternera dirigía ETA cuando cometió el atentado contra Hipercor. Se sabe que Bobby Sans fue miembro del IRA y falleció como resultado de una huelga de hambre en 1982. Se sabe que la dirección montonera en 1976 estaba compuesta por Mario Firmenich, Fernando Perdía, Carlos Obregón Cano y “el loco Galimba” (Eduardo Galimberti). Se sabe que el GRAPO era una emanación del PCE(r) cuyo secretario general era, y sigue siendo “el camarada Arenas”… no hay dudas de todo esto; los medios de seguridad del Estado han ido cosechando sobre todos estos grupos materiales concretos, ha obtenido declaraciones específicas, pruebas científicas exhaustivas, etc. No podemos hablar de misterio, sino de organizaciones clandestinas descubiertas y desarticuladas. Los criminales tienen nombre y rostro. No hay misterio posible. Los verdugos tienen un rostro concreto.

Pero esto era cosa de ayer. El terrorismo que ha aparecido en nuestros días, es de una matriz completamente diferente. No hay rostros: tan solo iconos. Bin Laden es un icono, paradigma de las fuerzas del mal. El restro de rostros pertenecen a cadáveres: Mohamed Atta y sus 18 compañeros el 11-S, los muertos en la explosión de Leganés que cerraron todas las pistas para la investigación sobre los atentados del 11-M, los suicidas de Casablanca (13 suicidas para causar 28 víctimas todas ellas irrelevantes…). Los rostros del terrorismo moderno son vagos, difusos, confusos y abstrusos. Carecen de rostro. Y lo que es peor, cuando se analiza lo poco que se sabe de ellos, no corresponden al perfil de ningún terrorista posible y mucho menos al del delincuente lombrosiano típico. Atta era un estudiante de urbanismo. “El Chino” –fallecido en Leganés- un pequeño delincuente común. “El Tunecino”, -así mismo fallecido en Leganés- un freakie religioso… pero que jamás había empuñado un arma ni hecho otra cosa que manifestar una intolerancia verbal irreprimible. De los muertos de Casablanca se sabe todavía menos salvo que eran chicos pobres del arrabal más pobre de la ciudad. Por no corresponder, el perfil de ninguno de estos corresponde al de un militante integrista. Atta habitualmente consumía alcohol. “El Chino” estaba casado con una madrileña con piercing, pantalones vaquero ajustados y tatuajes, algo que ningún islamista ortodoxo habría permitido para su esposa. En cuanto a “El Tunecino” era simplemente una caricatura de lunático religioso, acaso situada en el candelero del terrorismo por esa característica. Por lo demás, resulta curioso que todos estos suicidas no dejen –como hacen habitualmente los palestinos- una grabación explicando los motivos que les han llevado a quitarse la vida, a modo de último tributo rendido a su causa y con la esperanza de que la declaración tenga un efecto propagandístico y multiplicativo.

No, decididamente, los modernos terroristas que aparecen a partir del 11-S son radicalmente diferentes a los anteriores. De ellos no se sabe apenas nada y lo que se conoce no corresponde al perfil apropiado a su carácter: son terroristas, no delincuentes comunes, ni técnicos en urbanismo. Nadie pasa de vender haschish en los barrios musulmanes de Madrid a matar a 202 personas, sin fases intermedias. O nadie pasa de diseñar parques y jardines y lanzarse dentro de un Boeing contra el WTC sin que, antes o después, alguien advierta que está cerca de un monstruo enloquecido.

Si hay una característica que corresponde a los terroristas aparecidos a partir de la mañana del 11-S, esa es la ambigüedad. Sus rostros son imprecisos, sus perfiles carecen de solidez, no han dejado constancia de sus intenciones en ningún manifiesto, en ningún vídeo, en ninguna declaración: simplemente, han vivido como hombres grises y, bruscamente, han muerto como terroristas.

Si a algunos de los terroristas clásicos les cuadra el calificativo de “perfectos tarados” y a otros el de “criminales lombrosianos”, y la mayoría son jóvenes equivocados que se han ido deslizando por el camino de la exaltación creciente y del radicalismo hasta que en su loca evolución han terminado cometiendo crímenes horrendos… con los terroristas modernos post-11-S, este perfil de difumina y se vuelve vidrioso e impreciso. Está claro que los cuerpos de seguridad del Estado tienen, casi como obligación, sembrar la tranquilidad entre la población: se comete un atentado y se operan unas detenciones, “asunto resuelto”, los criminales están a buen recaudo y algunos han muerto en el curso de su loca aventura. Pero ¿qué ocurre cuando esta versión, examinada con más detenimiento, impide que un tribunal delibere y dictamine sobre las investigaciones? Hoy, a tres años de la comisión de los atentados del 11-S, los tres únicos procesos que se han desarrollado (dos en Alemania y uno en EEUU), han llevado a la absolución de los acusados.

Digámoslo ya: lo ignoramos todo sobre los nuevos terroristas, en la misma medida en que lo sabemos todo de los terroristas clásicos. De hecho, no hace falta conocer los nombres y apellidos de las últimas promociones de etarras, nos basta saber que tanto por nuestro bien como por el de ellos, han sido detenidos en buena medida antes de que estuvieran en condiciones de cometer ninguna exacción ni ningún crimen. Lo ignoramos todo sobre la personalidad de los nuevos terroristas, a pesar de que, en ocasiones, parezca que algunos responsables policiales o periodistas habitualmente bien informados, parezcan hablar con conocimiento de causa.

LOS DESENCADENANTES DEL TERRORISMO

Las enseñanzas de los últimos 40 años de terrorismo, esto es desde la aparición de los movimientos de liberación nacional tercermundistas en los años 60, hasta el día antes del 11-S de 2001 pueden resumirse así: el terrorismo convencional ha fracasado, no volverá tal como lo hemos conocido en ese período. Puede ser que no existan “condiciones objetivas”, que se haya quedado anticuado y no esté en condiciones de reponerse del acoso de la seguridad del Estado. También puede ser que sus integrantes no sean precisamente inteligencias lúcidas sino los “perfectos tarados” o los “delincuentes lombrosianos” a los que se ha aludido.

Las guerras balcánicas de los años 90 fueron los cantos del cisne de los terrorismos nacionalistas. ETA languidece en las prisiones y seguramente algún dirigente desaprensivo ya piensa en hacer las maletas para las playas venezolanas acompañado de algún que otro millón de euros para vencer la inevitable moriña. El IRA pactó finalmente. Los movimientos marxistas-revolucionarias europeos al estilo de las Brigadas Rojas, Primalinea y demás, desaparecieron en la oscuridad de las cárceles hace ya 20 años. Ciertamente es posible avivar, utilizando a cuatro descerebrados, el terrorismo nacionalista en cualquier rincón de Europa, pero se tratará siempre de algo superficial, falso, sin gran arraigo (caso de Terra Lliure en Catalunya o del Exercito Gallego do Povo Ceibe). Un simple soplido bastará para desmantelar iniciativas de este estilo (tal como ocurrió con Terra Lliure en 1992).

En los países desarrollados ya nadie está dispuesto a morir ni a matar por causas políticas, es decir, por causas, más o menos, racionales. El nacionalismo tiene una componente irracional que lo hace más vulnerable a las tentaciones irracionales, pero los sistemas de seguridad del Estado son, precisamente en Europa de tal calibre que resulta difícil pensar que en algún país pudiera avivarse un núcleo terrorista al estilo de ETA o del IRA, sin que inmediatamente fuera localizado y desmantelado en la fase de proyecto.

Los marxistas-revolucionarios que aún creen en la insurrección armada de masas y en la guerra popular pueden contarse en Europa con los dedos de la oreja. Los anarquistas tienen estructura suficiente para ir a una gasolinera y, a escote, pagar un par de cócteles molotov o bien para comprar un petardo y lanzarlo contra un cajero automático. Para poco más. Otro tanto vale para los okupas. Mientras haya eventos antiglobalizadores en los que puedan infiltrarse y realizar demostraciones violentas seguirán manifestándose, pero a título póstumo. Julio Caro Baroja, con su entrañable prosa y su sabiduría septuagenaria, escribió que ya antes del desencadenamiento de la guerra civil, los anarquistas estaban periclitados. Menciona una tertulia desarrollada en el Ateneo de Madrid en la que todos los anarquistas radicales habían cumplido los ochenta, pero eran tan entrañables como inofensivos. Desde entonces el anarquismo no ha mejorado, ni hoy tiene capacidad para mejorar. En sus grupos sigue recomendándose la lectura de Kropotkin al que le cuadraría más la aureola del santo elevado a los altares. Bakunin llama la atención por su ingenuidad y los escritos neoanarquistas de mayo del 68 hasta nuestros días evidencian un irritante infantilismo y un verbalismo hiper-revolucionario que ya tiene hueco en una sociedad occidental a principios del siglo XXI.

Si el nacionalismo puede dar alguna sorpresa momentánea, el anarquismo y el marxismo-revolucionario están ya en la cloaca de la historia. No han sido capaces de renovar sus estructuras organizativas, ni su armamento, no han sido capaces de ganar al Estado la carrera por el dominio de las nuevas tecnologías y, finalmente, han terminado desapareciendo.

El lugar que han dejado ha sido ocupado, a partir del 11-S por un enigma: el “terrorismo internacional”, que, liberalmente, debería ser una estructura capaz de cometer actos de terror en cualquier lugar del mundo respondiendo a un solo centro directivo. Su icono Bin Laden, su nombre Al Qaeda. Ahora veremos que todo esto es altamente improbable. Ahora bien, si es rigurosamente cierto que el tránsito del siglo XX al siglo XXI ha supuesto también un cambio de milenio y con él han llegado ideologías y doctrinas milenaristas y escatológicas de contenido religioso, místico o simplemente supersticioso que anidan en los estratos más irracionales de la naturaleza humana. Nuevamente el irracionalismo…

Un análisis racional y razonable sobre las condiciones objetivas que imposibilitan el que un movimiento terrorista pueda alcanzar sus objetivos; un análisis sobre lo inhumano de pretender alcanzar unos objetivos políticos mediante el asesinato de seres humanos; una proyección lúcida de lo que supone la vida de un terrorista (con una mínima posibilidad de éxito y la certidumbre casi completa de que, al final del camino, le espera la cárcel o la muerte)… todo esto, son argumentos más que suficientes para que alguien que no sienta muy en el interior de sí mismo, la llama de lo irracional, deseche el terrorismo como recurso estratégico. Pero, el fundamentalismo religioso aprovecha el sustrato irracional. De ahí que hoy el único terrorismo posible que adquiera cierto nivel de peligrosidad, pueda proceder solamente de este sector.

Ahora bien… existen los fundamentalistas religiosos y aquellos que utilizan el fundamentalismo religioso para idear operaciones terroristas que supongan vuelcos en la situación internacional. En este sentido, nunca –y oiganlo bien- nunca se podrá estar seguro de que el ideador de los atentados y su mandatario sean fanáticos religiosos, sino que muy bien pudiera ocurrir –y estamos persuadidos de que la precisión de los atentados del 11-M y del 11-S es tal que no pudieron ser planificados por gentes fundamentalmente irracionales, sino por expertos que derrochaban rigor, método analítico y racionalidad en sus diseños criminales- que cerebros fríos y lúcidos, manipulen a cerebros carcomidos por el odio y el fanatismo religioso. No es por casualidad que subtitulamos nuestro libro “11-M: los perros del infierno” añadiendo que “En el terrorismo internacional nada es lo que parece”.

Esa, finalmente, es la enseñanza que se deriva de las primeras convulsiones del terrorismo emergente en estos primeros albores del siglo XXI.



© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

LA CONCEPCION “EUROPEA” DE LA FAMILIA

LA CONCEPCION “EUROPEA” DE LA FAMILIA

Redacción.- La Europa de hoy es altamente tributaria del mundo clásico. Tanto es así que algunos –los “arqueofuturistas”, preocúpese si no ha oído hablar de nosotros- pensamos que la solución para el Viejo Continente es combinar los adelantos científicos más avanzados nacidos del genio de Europa con la tradición más ancestral. Y esta es la herencia clásica.



Por que fue aquí, en la sagrada tierra de Europa, donde nació la democracia, el pensamiento científico y todo aquello por lo que hoy vale la pena vivir e incluso sacrificarse. Y fue también en el mundo clásico donde nació una concepción de la familia que merece ser recuperada. Nuestro guía en esta etapa va a ser el brillante Foustel de Coulanges y su no superada y más que centenaria obra “La Ciudad Antigua”.

Explica Foustel que si nos trasladamos con la imaginación al mundo clásico encontraremos en cada casa un altar y en derredor del altar una familia congregada. La familia tiene conciencia de sí misma gracias a la memoria de sus ancestros. Si careciera de ancestros, ni siquiera existiría. Los vivos y los muertos están unidos en torno a este altar y no lejos de él, siempre cerca de la casa, se encuentra la tumba de los antepasados, la que Foustel denomina “la segunda mansión de la familia”. Y añade: “allí reposan en común varias generaciones de antepasados: la muerte no los ha separado. Permanecen agrupados en esta segunda existencia y continúan formando una familia indisoluble”. Por que lo que une a los miembros de la familia antigua es la religión del hogar y de los antepasados, sin duda la mejor y la más realista de todas las religiones. Resulta difícil que la presencia de un dios, ignoto e improbable, condicione nuestro comportamiento cotidiano, pero la fidelidad a los ancestros, a los de nuestra sangre, de nuestro linaje, a los que nos precedieron y de los que somos últimos vástagos, eso si que tiene fuerza de compromiso.

La familia antigua tenía su altar en el hogar. Hogar, religión, familia, eran lo mismo. Es por eso mismo que Foustel puede decir con justicia: “Una familia era un grupo de personas a quienes la religión permitía invocar el mismo hogar y ofrecer la comida fúnebre a los mismos antepasados”. El fundamento de la familia era religioso y cultual. Separándose de la familia, el individuo quedaba al margen de la sociedad; espiritualmente era un desahuciado por que jamás su memoria sería venerada por los miembros de su familia. La idea era que al morir, el hombre clásico perdía su cuerpo físico, pero una entidad más profunda seguía acompañando a los miembros de su familia y se manifestaba a través del fuego sagrado del hogar situado en el altar del culto doméstico. Además, las familias patricias romanas podían establecer con toda precisión el origen de su linaje en algún dios o héroe de la mitología clásica: Hércules, Agamenón, Aquiles, Marte, etc. Y había que ser fiel al linaje de los ancestros por que ellos eran dioses.

Cada culto doméstico era diferente y particular al resto. Cuando una joven perteneciente a una familia determinaba se enamoraba de un joven de otra familia y terminaba casándose con él, no se trataba sólo de una boda con consecuencias sobre la herencia, la dote, la descendencia, etc. sino que afectaba sobre todo al culto doméstico. Abandonar el hogar paterno y construir otro con el esposo, equivalía a convertirse a otra religión: de ahí la importancia del matrimonio y la gravedad de la elección. Por eso los antiguos llamaban al matrimonio “ceremonia sagrada”.

La boda, si es que así puede llamarse, constaba de tres episodios: el primero transcurría en el hogar del padre, el tercero en el hogar del marido y el segundo era el tránsito de uno a otro. Inicialmente el padre de la novia, en su hogar ofrecía un sacrificio a los ancestros y declaraba que entregaba a su hija al novio. Solamente si el padre accedía a que su hija se desligara del culto doméstico, el matrimonio era considerado válido. Para entrar en la nueva religión doméstica, debía, previamente, abandonar la antigua. La segunda fase era una ceremonia iniciática que equivalía a un rapto: no en vano, el marido cogía entre sus brazos a la novia y entraba así en el nuevo hogar. Las amigas de la novia y ella misma debían gritar y realizar un simulacro de resistencia, aunque, claro, ninguna aspiraba a que el “rapto” fracasara. Ya en el hogar, el esposo colocaba a la esposa en presencia de la divinidad doméstica. La rociaba con agua lustral y tocaba el fuego sagrado. Rezaban unas oraciones y comían juntos una torta de pan, frutas y vino. Las tres fases se llamaban: tradition, deductio in domun y confarreatio. La fórmula romana: “Nuptiae sunt divini juris et humani communicatio” implicaba que la mujer había entrado a formar parte de la religión del marido.

Así concebían nuestros ancestros –todos los hijos de la Vieja Europa somos, así mismo, hijos del mundo clásico- la unión de un hombre y una mujer con vistas a formar una familia. Foustel, por eso concluye: “La institución del matrimonio sagrado debe ser tan antigua en la raza indoeuropea como la religión doméstica, pues la una va unida a la otra. Esta religión ha enseñado al hombre que la unión conyugal es algo más que una relación de sexos y un afecto pasajero, pues ha unido a dos esposos con los poderosos lazos del mismo culto y de las mismas creencias”.

El matrimonio era, por todo ello, sagrado e indisoluble. No eran unos pacatos estos romanos que concedían el divorcio civil con una gran facilidad... el civil, por que el matrimonio religioso no se disolvía por el equivalente al tribunal romano de la Rota, sino que se precisaba otra ceremonia sagrada: “Solo –dice Foustel- la religión podía separar lo que la religión había unido”.

Luego estaba la cuestión de los hijos. Cada romano y cada griego tenían el máximo interés en dejar un hijo tras de sí, por que gracias a ellos dependía su propia inmortalidad. Es más: tener hijos era uno de los deberes para con los antepasados, pues su dicha podía durar lo que durase la familia. En el mundo indo-europeo el primer hijo recién nacido se llamaba “el hijo del deber”, los demás eran hijos del amor, de la pasión o de los efectos de la noche al claro de luna llena. Pero el indo-europeo debía ante todo cumplir con su deber engendrando el vástago que supondría la posibilidad de prolongar el linaje. Por que el matrimonio era poco menos que obligatorio. Fustel cuenta que Dionisio de Halicarnaso había visto en los viejos anales de Roma una ley que prescribía el matrimonio de los jóvenes. Alabada sea aquella ley y maldito el tiempo futuro que la perdió. Cicerón en sus comentarios sobre la ley romana dice que proscribía el celibato. Y Fustel colige de todo esto que “el hombre no se pertenecía, sino que pertenecía a la familia”.

Del concepto de familia (como agrupación de los que proceden del mismo linaje en torno al altar doméstico), hemos pasado al examen del vínculo que lo hace posible (la boda con sus tres fases), para ver luego la importancia que adquiría el “hijo del deber” (en tanto que propagador del linaje). Pero si alguien creía que con esto ya bastaba, erraba. No era suficiente con engendrar un hijo. El hijo, además, debía ser engendrado según un ritual sagrado para que pudiera tener el poder de perpetuar la religión doméstica (y, por tanto, a la familia misma). El vínculo de sangre no era suficiente para prolongar la familia: era preciso un vínculo superior. Fustel, una vez más, explica con brillantez: “el hijo nacido de una mujer que no hubiese estado asociada al culto del marido por la ceremonia del matrimonio, no podía participar por sí mismo en el culto”. El casamiento era, por ello, obligatorio. Su objeto no era el placer, ni la fusión de dos fortunas patricias o del hambre y las ganas de comer plebeyas. El matrimonio servía para unir a dos seres del mismo culto doméstico para hacer nacer un tercero que fuera apto para continuar este culto.

Estaba claro que si la mujer era estéril el matrimonio podía disolverse sin excepciones. Por que es básico entender esto: lo fundamental para el griego y el romano antiguo era que la familia no se extinguiera y que la llama del culto doméstico jamás se consumiese. Y a este objetivo se subordinaba el amor, el pragmatismo o la pasión. Más aún: en las legislaciones indo-europeas más antiguas, si la esposa enviudaba, estaba escrito que debía casarse con el familiar más próximo del marido. Y si tenía hijos con él, éstos se consideraban hijos del difunto.

El nacimiento de una hija no suponía cumplir con el “hijo del deber”. Debía ser hijo varón. Pero tener un varón tampoco bastaba. Era preciso recibirlo en la comunidad religiosa familiar. El rito prescribía que, inicialmente, el hijo fuera reconocido por el padre. Luego venía la iniciación que los romanos celebraban al noveno día de vida del recién nacido, los griegos el décimo y los hindúes el duodécimo. Ese día el hijo era presentado a los dioses domésticos, una mujer debía llevarlo en brazos y dar con él varias vueltas en torno al fuego doméstico. A partir de ese momento se consideraba que el niño había entrado en la comunidad familiar, estaba obligado (obligado sería decir mucho, tenía el derecho sería quizás más adecuado) a practicar el culto doméstico y a profesar la religión de los antepasados. Por que era un privilegio más que una obligación.

Fíjense si estas concepciones estaban fuertemente arraigadas que influían en toda la legislación y en algunas instituciones familiares. Veamos. En aquellos tiempos la vida media era corta, no sólo por la precaria salubridad, sino también por la abundancia de guerras. Se tendía a que las familias fueran más que numerosas; la propia matrona romana era el símbolo de la fertilidad y de las necesidades de aquella sociedad tan ruda como pura y esencial. Además, si algo caracteriza a Roma era el pragmatismo. De ahí que existiera todo un ritual de adopción que garantizase la incorporación de hijos no sanguíneos al linaje. Cuando un linaje carecía de hijos varones, la legislación y el ritual permitían que se incorporara uno. Se repetían las mismas exigencias que para el matrimonio: para que un hijo pudiera integrarse en una nueva religión debía de abandonar la antigua. Cuando se adoptaba un hijo era preciso ante todo iniciarle en el culto familiar: “introducirlo en la religión doméstica, acercarlo a los penates”. El lazo de nacimiento quedaba roto, el vínculo otorgado por la iniciación era más fuerte y, desde luego, superior. Se integraba en una nueva familia y, para ello, era preciso emanciparse de la anterior; esto es, debía emanciparse de la religión practicaba por su antigua familia que, a partir de ese momento, ya no era nada para él. Para el mundo clásico, el lazo de la sangre no era nada a la hora de establecer un parentesco –cualquiera que sea- era preciso el vínculo del culto. Por que –siempre con Fustel- “la religión determina el parentesco”. El hijo no podía recibir la herencia del padre si no compartía el culto doméstico o si había abrazado otra forma de culto.

Demos otro paso ya que hablamos de herencia: la propiedad. Contrariamente a lo que algunos tienen tendencia a pensar, la propiedad privada no existió siempre. El establecimiento de la propiedad privada fue largo, trabajoso y no se realizó de manera uniforme. Los germanos cultivaban la tierra y eran propietarios de la cosecha... pero no de la tierra. Las tribus indoeuropeas se reunían cada año para deliberar qué lotes de tierra debían cultivar sus miembros. Había variantes: para los griegos, la cosecha era propiedad común y sólo la tierra pertenecía al patrimonio de la familia. Pero fuera cual fuese la desembocadura práctica, lo cierto es que en las sociedades indo-europeos la religión doméstica, la familia y el derecho de propiedad estaban íntimamente unidos. Cada familia tenía sus dioses y su culto; la propiedad se inicia precisamente con ese concepto: la familia es propietaria colectiva de los dioses. En un segundo paso dado que los dioses están asentados en el culto doméstico, esto es, en el hogar, y éste sobre una tierra, existe finalmente una relación misteriosa entre los dioses y el suelo. Y esto estaba arraigado de tal manera que la pena de destierro por la cual el sujeto debía abandonar la tierra de sus ancestros, era considerado como tan grave como la pena de muerte e incluso más por que suponía vagar por el mundo como un muerto en vida, sin relación con un linaje, con un culto doméstico y con un hogar.

Después de los dioses, el hogar –templo de esos dioses- constituye la segunda etapa de la aparición del derecho de propiedad. Pero, fijémonos, que no se trata de una propiedad individual, sino familiar. Aquella seguía sin existir. El hogar tenía puerta y esta debía permanecer cerrada, ¿por seguridad? ¿para preservar la intimidad? Sólo en parte: no conviene que el hogar permanezca abierto para que alguien ajeno a la familia vea el desarrollo del culto doméstico. Por eso los dioses de este culto se llaman “penates”, literalmente dioses interiores u ocultos. Por eso mismo, el hogar es aislado del exterior mediante un cercado que delimita un recinto sagrado que el dios protege y vela. Violar este recinto supone, no un atentado a la propiedad privada, sino un sacrilegio y una muestra de impiedad. De ahí la dureza con que siempre se castigó en el mundo antiguo el “allanamiento de morada”. El domicilio era inviolable: el dios doméstico –comenta Fustel- “ahuyentaba al ladrón y alejaba al enemigo”. El recinto sagrado era el herctum y en su centro estaba el altar doméstico. Cada casa debía estar aislada de otras; no podía haber muros en común: miren cualquier bloque de apartamentos de nuestra ciudad y los ansiados “adosados” y verán hasta qué punto estamos hoy en la inversión del concepto antiguo de hogar. “¿Qué hay de más sagrado que la morada de cada hombre?” se preguntaba Cicerón. Hoy sería fácil responderle: la televisión, el automóvil. Y en cuanto a lo que hoy llamamos “allanamiento de morada” penado con cuatro años, tres meses y un día, en otro tiempo suponía un sacrilegio. Fustel –siempre Fustel- escribe: “Para invadir el campo de una familia era necesario derribar o cambiar de sitio un límite; ahora bien: este límite era un dios. El sacrilegio era horrendo y el castigo severo”. Los romanos, que para esto no se andaban con chiquitas, establecieron en su legislación más antigua: “Si ha tocado el término con la reja de su arado, que el hombre y sus bueyes sean consagrados a los dioses infernales”, en otras palabras que el hombre y los bueyes debían ser sacrificados en expiación.

Nadie podía vender su propia casa –para horror de los API y desesperación de los gestores hipotecarios-, ni renunciar a ella. Era una ley antigua. Ni vender la tierra ni dividirla. La cosa es coherente: “Fundad la propiedad en el derecho del trabajo, y el hombre podrá enajenarla. Fundadla sobre la religión y ya no le será posible, pues un lazo más fuerte que la voluntad humana asocia al hombre a la tierra”. Fustel una vez mas. La propiedad no es propiedad de un sujeto, sino que éste es su depositario en tanto que mero eslabón en la cadena del linaje. Por eso mismo la expropiación con fines de utilidad pública era desconocida por los antiguos. La Ley de las Doce Tablas prescribía la imposibilidad de confiscar las tierras de un deudor, pero con la misma autoridad establecía que el cuerpo de éste pertenecía al acreedor. La sociedad antigua no bromeaba con ciertas cosas.

El derecho de sucesión estaba plenamente regulado y garantizado. Cicerón resume: “La religión prescribe que los bienes y el culto de cada familia son inseparables y que el cuidado de los sacrificios recaiga en aquel que reciba la herencia”. Y un abogado griego especificaba ante el juzgado: “Reflexionad bien, jueces y decidid entre yo y mi adversario quién debe heredar los bienes de Filémon y hacer los sacrificios sobre la tumba”. Por que el cuidado del culto y la sucesión son inseparables. Fustel colige de todo esto que: “transmitiéndose la religión doméstica de varón en varón, la propiedad se hereda del mismo modo”. Lo que hace que el hijo herede no es la voluntad personal del padre. El padre no necesitaba hacer testamento: el hijo hereda sin restricciones. Pero es el hijo mayor el que hereda; no la hija. ¿Por qué?

Dado que la hija no es apta para mantener la llama de la religión doméstica en la medida en que al casarse renuncia al culto de su propia religión para asumir la del esposo, por eso mismo no tiene derecho a la herencia. Hacer heredera a la hija implicaría dejar al altar doméstico sin culto. ¿Y si el padre moría sin hijos? Entonces se intentaba buscar entre sus familiares quien debía ser el continuador del culto. La ley ateniense prescribía que “Si un hombre muere sin hijos, el heredero es el hermano del difunto, con tal que sea hermano consanguíneo; a defecto de éste, el que hereda es el hijo del hermano: pues la sucesión pasa siempre a los varones y a los descendientes de los varones”.

De todo esto puede deducirse que nuestros antepasados no daban importancia alguna al testamento. Los recios habitantes de Esparta lo proscribieron, simplemente. Solón en su código lo permitió sólo a quienes morían sin herederos. Legar arbitrariamente los bienes era una opción que apareció en un tiempo muy posterior a los orígenes. Todo el patrimonio era indivisible e iba a parar al primogénito, el “hijo del deber”. El código de Manú, ley de los antiguos arios establecía que “el primogénito sienta por sus hermanos menores el amor de un padre por sus hijos, y que éstos, a su vez, lo respeten como a un padre”.

El padre de familia detenta una autoridad similar a la de un jefe de Estado. Falta saber de dónde derivaba tal autoridad, pero está claro que ésta era, sobre el papel, absoluta hasta el extremo de poder vender y matar a su hijo. En el mundo clásico el origen del derecho no hay que buscarlo en un legislador, sino en la familia. Los principios que regían a la familia, con el tiempo pasaron a ampliar su radio de acción y a trasladar sus principios a un marco más amplio.

La autoridad en la familia, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no la detentaba el padre en tanto que tal. Hay alguien que está por encima del padre: la religión doméstica y el dios al que los griegos llamaban el “hogar-dueño” y los latinos “lar familiae pater”. Era una divinidad interior o, con más precisión, la creencia que anida en el alma humana, una autoridad indiscutible a partir de la cual se establecía la jerarquía familiar. El padre era el primero en tanto que encendía el fuego sagrado y lo conservaba. Era el pontífice, quien establecía puentes entre el mundo humano y el de los lares. Le corresponde dirigir y ejecutar la liturgia y los sacrificios, pronuncia las oraciones. La familia se perpetuaba a través suyo. Cuando muera se transformará en un ente divino que los descendientes invocarán. La mujer tenía otro rango, ni superior, ni inferior, simplemente diferente. Las legislaciones indo-europeas la consideraban como una menor de edad. No podía tener hogar propio ni presidir el culto. Era la materfamilias pero perdía el título al morir el marido. Soltera estaba sometida al padre; muerto el padre, a sus hermanos; casada a su marido; muerto el marido, a sus hijos. Que no se vea en esta dependencia una imposición, ni el derecho del fuerte, sino que derivaba de las creencias religiosas que situaban al varón como pontifex del culto doméstico. La mujer ejercía también, en cierto sentido, un sacerdocio. Tiene sus derechos derivados de ser la encargada de velar para que el hogar no se extinga. Sin ella, el culto doméstico resulta insuficiente. Si el paterfamilias enviuda, pierde por eso mismo el sacerdocio. En contrapartida, la legislación, las costumbres y la tradición romana atribuían a la mujer una gran dignidad, tanto en su papel de madre matrona como de amante. No nos engañemos: pocas sociedades como la romana han tenido en tan alta estima a la mujer y la han dotado de semejante veneración, incomparable con el rol social actual de la mujer. El hijo, por su parte, no podía cuidar el culto doméstico mientras viviera el padre y no importaba si se casaba y tenía hijos. En la casa romana, en la casa indo-europeo, si bien no existía la igualdad de derechos y obligaciones, si al menos había una igual dignidad. Esto es mucho más de lo que existe hoy.

La religión doméstica configuraba el núcleo familiar y lo organizaba. Se equivocan quienes atribuyen a este modelo organizativo un machismo inherente a la condición de varón del padre. En absoluto, repitámoslo otra vez, esa preeminencia aparecía en función de su papel en el culto doméstico y de su condición de sacerdote del hogar y depositario de los misteriosos ritos del culto y de las fórmulas secretas de oración. Fustel de Coulanges realiza un análisis etimológico de la palabra “pater”. En griego, latín y sánscrito la palabra era la misma y tenía idéntico significado. Era una palabra –y un concepto- antiguo, casi diríamos “originario”. Cuando los romanos querían aludir a quien había contribuido al nacimiento de los hijos, no utilizaban la palabra “pater”, sino “genitor” y los indios “gânitar”. Por lo demás, su autoridad distaba mucho de ser absoluta: era dueño del hogar y de sus bienes, pero no podía ni entregarlo, ni enajenarlo. Podía repudiar a los hijos, pero no era una decisión que se tomara a la ligera pues podía correr el riesgo de morir sin descendencia y, por tanto, su familia se extinguiría y los manes de sus antepasados caerían en el olvido. No había –óigase bien en estos tiempos de derechos adquiridos y relativismos morales- derecho del padre que no estuviera acompañado de obligaciones. Era el primero de entre los miembros de su familia, por que le correspondían unos deberes tan absorbentes que, en el fondo, no era sino el primer servidor de la familia.

Los lares eran los dioses terribles encargados de castigar a los humanos y velar sobre el destino del hogar. Los penates son los dioses que nos hacen vivir, mantienen nuestro cuerpo y sostienen nuestra alma. Los manes son nuestros antepasados devenidos dioses tras al muerte. Dioses protectores, dioses mantenedores, dioses destructores, era difícil que el romano en su hogar se sintiera solo: todo una cohorte sutil le acompañaba, le protegía y lo sostenía. El dios de la caridad no existía. El amor al próximo tampoco. Un hombre veía en otro a un ente exterior a sus ritos, que no debía conocerlos, con el que no tenía oraciones en común, ni siquiera dioses. Por lo mismo, el romano antiguo no imploraba a su dios en beneficio de alguien ajeno a la familia. También ignoraba lo que era la caridad: el romano entendía sólo de deberes. Y el primero de todos era contraer matrimonio. El celibato no era solo una negligencia, era también un crimen.

Nuestro padre es el mundo clásico. Yo me siento hijo de Roma. En Roma, para nosotros hispanos, empezó todo. Entramos en la civilización de la mano de Roma y de su romanización. No podemos evitar admiración, veneración y nostalgia por estos orígenes. Hoy aquel modelo histórico es irrecuperable, pero si es posible repensarlo. Por lo demás, este modelo no desapareció bruscamente, sufrió distintas adaptaciones y mantuvo hasta un tiempo relativamente reciente residuos de sus orígenes. La función de esta pequeña obra consiste en rescatar algunas de las tradiciones y costumbres –casi completamente desaparecidas en nuestros días- que afectaron al matrimonio y a la familia en nuestro horizonte geográfico. Vamos a intentar enumerar estas tradiciones y darles una explicación. Todo sea para recuperar el legado de nuestros ancestros, todo para renovar el contacto con el mundo de los orígenes.

Sabemos como se concebía la familia y el matrimonio en la Roma patricia. Veamos qué características ha tenido en la España tradicional.



© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

EL CALAMBRAZO DE LA SEXUALIDAD

EL CALAMBRAZO DE LA SEXUALIDAD

Redacción.-Se dice que el ojo humano es la gran construcción de la evolución. Será por que el que suscribe es miope, hijo y nieto de miopes y padre, a su vez, de miopes, que me parece que, con nuestra familia la evolución no ha hecho precisamente maravillas y estas, sin embargo, han correspondido a la óptica de la esquina. No nos engañemos: el gran logro de la evolución es el orgasmo. La excusa del orgasmo nos sirve para comprender la teoría "electromagnética" de la sexualidad.



LOS ORGASMILLOS O EL BIEN MORIR

Células nerviosas que están en condiciones en determinadas circunstancias de generar una sensación invasiva de suspensión de todas las funciones vitales, de gozo y armonía sin fin. El pensamiento lógico puede ser reproducido por los algoritmos de una máquina que razona más rápidamente que la mente humana más ágil y brillante. Pídanle a una máquina que tenga algo parecido a un orgasmo y se le fundirá el transformador. Y eso es lo maravilloso: que el orgasmo parece trasladarnos en vida más allá de la vida, en un punto límite en el que parece fronterizo e incompatible con la vida –las frases de los amantes a este respecto son elocuentes: “me muero”, “me matas”, “estoy muerto”, “matame”- o una experiencia de éxtasis trascendente. Puede entenderse la insistencia con que la mística española del siglo de Oro y el mismo Eclesiastés o el Cantar de los Cantares, tenían fugas tan evidentes hacia lo erotísimo.

No tengo idea de cómo pueda ser el orgasmo homosexual pero, a la vista de las confidencias de unos y de otros, me maquino que igual de potente que el hétero. Por alguna descripción, me da que tiene tendencia a ser más genital que global, pero es posible que me equivoque, vosotros sabréis como son vuestros orgasmos homosexuales, que a servidor le corresponden los heterosexuales.

No tengo la menor duda de que el orgasmo es un estado psicofísico inducido por la excitación de determinadas células nerviosas que genera descargas hormonales y convulsiones musculares; y mayor o menor según se den unas u otras condiciones de la mente. No siempre es de la misma intensidad y no siempre depende de la habilidad y el savoir faire del o de la amante. Es curioso, pero incluso los mismos amantes no tienen habitualmente orgasmos de la misma intensidad. Diríase que no hay una ley física que determine la duración y la intensidad del orgasmo y que éste depende muy poco de la voluntad consciente de la pareja. Si por ellos fuera, calambrazo diario y estrellitas día sí día también. Verán ustedes de donde sale esta teoría de la polaridad sexual.

En realidad, Platón no iba mal enfocado con la historia del andrógino, sólo que lo complicó todo en su afán de intentar dar una explicación a las relaciones homosexuales y lésbicas. Si exceptuamos esa coletilla, ausente, como hemos visto, en toda la literatura anterior y posterior sobre el mismo tema, veremos que, en el fondo, la separación de los sexos y su atracción irresistible parecen tener casi una base electromagnética. Se sabe aquello de que los polos opuestos se unen y los polos del mismo signo se repelen. Luego entraremos en la inclusión del hecho homosexual dentro de esta teoría. Limitémonos ahora a llegar hasta las últimas consecuencias lógicas e inevitables de esta concepción.

Las civilizaciones tradicionales, anteriores a Platón y, en cualquier caso, pre-modernas, tenían una curiosa cosmogonía que partía de una base conceptual: no veían el mundo como nosotros, sino como símbolo. Y, en tanto que tal, reconocían pares simbólicos equivalentes, todos los cuales derivaban de la totalidad originaria. No importa qué cosmogonía examinamos, siempre, en el origen de los tiempos, previo a la creación, existía el caos. Llegado a un punto, el caos era ordenado por un principio generador. El Caos tenía como símbolo el círculo que se cierra sobre sí mismo y dentro del cual bullen indiferenciados todos los elementos. Ese caos ordenado da como resultado el mundo manifestado. Pero ese mundo está sometido a la ley de la dualidad y de la contradicción: es entonces cuando aparece el Bien y el Mal, lo alto y lo bajo, lo positivo y lo negativo, el Sol y la Luna, lo Masculino y lo Femenino, el Oro y la Plata, el Fuego y el Agua. Y, con alguno de estos pares pueden establecerse relaciones de equivalencia; por ejemplo: Positivo, Sol, Masculino, Oro, Fuego y Negativo, Luna, Femenino, Plata, Agua. Lo más sorprendente es que estas correspondencias pueden aplicarse a lo que podríamos llamar una morfología de las civilizaciones.

Así, por ejemplo, existen dos grandes tipos de civilizaciones: las uránicas o solares y las telúricas o lunares. En ocasiones el conflicto entre estas acarrea la destrucción de una de ellas: de la resolución de las tres guerras púnicas las legiones del Aguila y del Lictor se impusieron sobre los adoradores de la diosa. Con Cartago cayó la gran civilización mediterránea de la diosa. En otras ocasiones, el conflicto no alcanzó tales niveles de dramatismo y los rasgos de una civilización se impusieron sobre los de la anterior. Así puede entenderse la presencia de diosas y grandes madres en la mitología griega junto a héroes solares o dioses apolíneos, pues no en vano, la civilización cretense y minoica que rendía culto a los primeros, fue vencida y destruida por aqueos y dorios llegados del Norte. El resultado fue un cierto nivel de sincretismo en el que era fácil reconocer los temas originarios: Apolo el Sol en sí, inmóvil, inconmovible, sereno, estable, rodeado de quietud, tema propio de las civilizaciones solares; Helios el Sol sometido a la ley de ascensos y descensos, tirado por Pegaso, que cada mañana se eleva en el cielo para caer en el ocaso en el seno de la Madre Tierra de donde recupera nuevas fuerzas para elevarse al día siguiente de nuevo... un tema característico de la civilización de la Madre. Buscaríamos inútilmente un tercer tipo de civilizaciones que encajara con un arquetipo gay.

Alguno podría estar tentado de citar civilizaciones extrañas, como la de las amazonas o sociedades guerreras en las que el principio masculino es excluyente de cualquier otro, pero no, se trata de un espejismo.

Las civilizaciones solares suelen dar prioridad a la idea del Estado y se concretan en imperios que dominan grandes áreas terrestres, están gobernados por aristocracias con funciones que, a la vez son reales y sacerdotales. Por el contrario, en las civilizaciones telúricas o lunares, el énfasis se coloca sobre el comercio y da, inevitablemente, lugar a civilizaciones marítimas, gobernadas por castas sacerdotales fuentes de todo poder. Cuando una civilización del primer tipo entra en crisis, es sustituida por el tercer principio, el que tiene su centro en la virilidad fálica, en aristocracias guerreras que afirman su poder mediante la fuerza. Por el contrario, en la mitología griega y romana se percibe perfectamente que las civilizaciones telúricas o lunares, cuando decaen dan lugar a un tipo femenino guerrero, del que la amazona es su quintaesencia. Amazonismo y falocracia, son degeneraciones guerreras e inestables de los dos tipos de civilizaciones originarias. No existe una civilización en la que, por mucho que se empeñe Platón, se haya dado origen a un tipo sincrético próximo al mundo gay. Es más, incluso en la actualidad, salvando todas las distancias que se quiera, sigue existiendo una potencia oceánica que da preeminencia al comercio sobre cualquier otra actividad, y una potencia continental la URSS ayer, mañana China, que da más importancia al Estado.

Estos dos pares ordenados de polaridades tienen su equivalente en el género humano en dos tipos fisiológicos bien determinados: hombre y mujer. La importancia que las civilizaciones tradicionales daban a la división de roles sexuales era una prolongación de su visión dualista del mundo y de la vida. El hombre arcaico, además de sobrevivir, observaba el mundo que le rodeaba. Aquellas centurias oscuras de las que apenas sabemos gran cosa debieron ser épicas: la lucha por la supervivencia de un lado, por conquistar el alimento, engendrar, proteger a la prole, reponer fuerzas, volver a conquistar el alimento y así sucesivamente debieron permitir liberar tiempo para observar el mundo. Nuestro cerebro, que permanece idéntico en capacidades, volumen y circunvoluciones cerebrales desde hace miles de años, empezó a tomar conciencia de sí mismo y del mundo y empezó a preguntar el por qué de todo: por qué existe el Mal en el mundo, por qué es preciso luchar por la vida, por qué hay día y hay noche; y empezó a valorar las respuestas en orden a lo que veía en torno suyo: hombres y mujeres que se atraían unos a otros, hombres que luchaban por la vida y mujeres que alumbraban hijos y los cuidaban. Y entre ambos vio una maravillosa simbiosis y complementareidad. Alzó su mirada y vio Sol y vio Luna. Vio Tierra y vio Agua. Y en cuanto empezó a saber trabajar los metales, vio oro y vio plata. Eso fue el origen de todo. ¿Simplista? ¿erróneo? No lo creemos.

Les seré sincero: las manzanas también caen en Tasmania. Piensen bien esta frase que no es una boutade: por que para que la teoría de la gravedad de Newton sea cierta, no era preciso que una manzana cayera desde lo alto de una rama, sobre un tipo en una tarde del siglo XVII en un lugar concreto de Inglaterra, sino que para que esa teoría fuera cierta era preciso que en todas las épocas las manzanas hayan ido cayendo en cualquier lugar del planeta. Incluido en Tasmania, aquí y ahora. Y eso quiere decir que una teoría es tanto más fiable, cuantas más veces ha aparecido en la historia y es tanto más cuestionable cuantas menos veces se haya manifestado. Y nos parece que está fuera de toda duda que, desde los albores del paleolítico, el género humano siguió las pautas marcadas por la evolución y organizó a la sociedad en dos sexos cada uno con sus funciones específicas derivadas de su particular rol biológico.

Por eso, deberemos de convenir que la definición de hombre y Mujer como sexos opuestos y complementarios es una tautología. En efecto: todo lo opuesto, en gran medida, es complementario. ¿Y lo gay? Pregúntenselo a Platón.

Aceptar lo anterior es reaccionario, políticamente incorrecto, “regre” y, hasta cierto punto, inconveniente. Significa en principio negar 150 años de teorización feminista. Efectivamente, eso es lo que estamos haciendo. Nuestro amigo Pol Ubach en un encantador volumen de esta misma colección –“¿Aún votas, merluzo?”- explicaba la génesis del sistema democrática y decía: si bien es rigurosamente cierto que el origen de las democracias formales actuales está en la odiosa teoría política luterana y calvinista, el resultado final no ha sido malo. Una mala teoría ha dado lugar a un buen sistema. Las ideas feministas del último tercio del XIX y de todo el siglo XX, han sido, cuanto menos, cuestionables o manifiestamente falsas, pero han servido para rescatar a la mujer de un plano absolutamente secundario en el que el concepto de familia burguesa la había sumido. Bien, nuevamente, una mala teoría ha servido para hacer triunfar una causa justa. Por no hablar del marxismo, claro.

Pero la cuestión es plantearse a estas alturas en las que nadie niega el derecho de la mujer a la igualdad, a donde puede llevarnos. Me da la sensación de que es hora de lanzar algunas advertencias. Cuidado, que la sociedad no es más estable hoy que cuando existía una opresión de la mujer. Si nos atenemos a algunos rasgos de la crisis social actual veremos que derivan directamente de la aplicación de los principios emanados del feminismo.

POLARIDAD RIMA CON SEXUALIDAD

Esta divagación acerca del orgasmo nos lleva de cabeza a una consideración. Las relaciones heterosexuales se conciben como la unión de dos polaridades diferentes de signo opuesto que se atraen irremisiblemente y que corresponden a los dos sexos fisiológicos. Esta concepción tiene debería tener un corolario: contra más fuerte es la polaridad, más atracción genera, lo que plantea algunos problemas que luego examinaremos. Pero este concepto de la sexualidad no sirve para explicar las relaciones homosexuales. O quizás si. Luego veremos. El problema a fin de cuentas es de punto de partida: por que si se parte de la base de que existe un sustrato, casi diríamos “electromagnético” en la sexualidad o si, por el contrario, se basan en el libre albedrío de los sujetos que tendrían una innata tendencia a unirse entre sí al margen de su sexo físico, el problema es que la educación y las costumbres sociales siempre, inevitablemente favorecen a una u otra concepción.

Por ejemplo: la concepción de la sexualidad como polaridad se alimenta por la oposición de ambos sexos. Contra mayor es esa oposición, contra más acentuados tienen sus caracteres masculinos y femeninos hombres y mujeres, más atracción existirá entre ellos, y a la inversa, contra menos acusados tengan estos rasgos, más atenuada será la atracción. La sabiduría erótica antigua oriental establecía distintos tipos masculinos y femeninos, algunos de los cuales eran incompatibles. Cada tipo masculino tenía su correspondiente tipo femenino, el que mejor se complementaba y adaptaba. Un hombre “elefante” difícilmente encajaría con una mujer “liebre”. Léanse el Kama Sutra y comprobarán que toda esta sabiduría se basaba en una observación exhaustiva de la naturaleza humana. El Ars Amandi de Ovidio, a distancia de lugar y tiempo, entraba en parecidas consideraciones.

SEXO FISICO Y SEXO MENTAL

¿Qué problema subyace en las relaciones homosexuales? Que sacan a la superficie un elemento interesante: no todo es fisiología. Existe un sexo corporal y un sexo mental. Frecuentemente no coinciden. Así pues hay dos polaridades a considerar: cuando coinciden, estamos ante tipos heterosexuales, cuando difieren, esto es cuando sexo físico y sexo mental no coinciden, estamos ante tipos homosexuales. Dando por supuesto que el cerebro es completamente independiente de la fisiología: que no lo es. Por que la química del cerebro opera maravillas y haría falta saber si las secreciones de angrógenos -hormonas de la sexualidad masculina- son del mismo nivel e intensidad en heterosexuales y en homosexuales. Por que a la postre somos un sustrato biológico gobernado por neuronas, las cuales, a su vez, se ven influidas por determinadas secreciones hormonales. Es decir, que somos química. Tenemos libre albedrío... si, pero hasta cierto punto por que resulta muy difícil deslindar donde termina un impulso generado por sobreabundancia o miseria hormonal y donde empieza y termina nuestra libertad de opción.



LAS CHICAS CON LAS CHICAS, LOS CHICOS CON LOS CHICOS

Si aceptamos lo anterior, con todos los matices que se quiera, las conclusiones pueden llegar a ser pasmosas y corren el riesgo de conmover los cimientos sobre los que se ha edificado nuestra sociedad en los últimos 30 años. Observen sino. Coeducación. Nadie la cuestiona –ni nosotros tampoco-, pero... servidor es hijo de la educación diferenciada. Para mi y para los de mi generación, la mujer era un misterio. Ibamos a la salida del colegio de escolapios a ver a las alegres muchachas que salían del vecino colegio de la Damas Negras. Para nosotros la mujer era un misterio. Mirábamos estatuaria clásica y veíamos que a la mujer no le colgaba nada entre las piernas. Por algún motivo los senos revestían una particular atracción para todos. Eramos niños de apenas 10 años y ya entonces la sexualidad ejercía sobre nosotros una irresistible atracción. Nadie nos había dicho que las chicas debían gustarnos pero nos gustaban. Durante años acumulábamos una tensión erótica que luego pagaba la primera novieta. Había pasión en el primer beso y no se relajaba con el primer coito. El misterio acentuaba la polaridad y ésta multiplicaba la atracción. Los niños con los niños y las niñas con las niñas es hoy un principio más que superado y la coeducación es incuestionable. Lo que quiere decir que no es políticamente correcto cuestionarla. Servidor tiene tendencia a cuestionarla, como un “pour parler”.

No hay nada más antierótico que una playa nudista. Salvo cuatro degenerados, tres exhibicionistas y dos mirones, los nudistas no suelen empalmarse en las playas. Los hay que si, son los mirones, no son nudistas, son otra cosa, mirones. El que suscribe pasó por las playas nudistas y no encontró nada que le interesara, un bañador cubre entre un 5 y un 10% del pellejo, así que llevarlo o no llevarle, ni libera en exceso, ni oprime hasta excesos insoportables. Así que me parece irrelevante mostrar o no lo poco que queda a cubierto con un bañador. Ahora bien, el nudista no tiene secretos. La tensión erótica, el misterio, queda literalmente barrido de una playa nudista. Conclusión: si usted considera más importante ligar bronce hasta en la raja del culete antes que sentirse irresistiblemente atraído por el otro sexo, no lo dude, lo suyo son las playas nudistas; ahora bien, si usted quiere tener una relación sexual intensa, necesariamente en ella deberá existir algo de misterio.

ENTRE UN SEXO Y OTRO HAY UN MISTERIO

Es el “misterio” lo que aproxima a dos seres humanos uno hacia el otro. Esto es lo que nos diferencia de las especies animales. El erotismo. La mera existencia del concepto implica la necesidad de cierto grado de pudor. En el fondo, el pudor, no es otra cosa que el mantenimiento del misterio de cada sexo hacia el otro, a fin de aumentar la atracción entre ambos seres. Pero hoy el pudor es una idea desterrada. De hecho, me temo que si realizáramos una macroencuesta entre gente menor de 40 años, sobre lo que es el pudor, la respuestas podrían sorprendernos y mucho más el porcentaje de aciertos. ¿Pudor? ¿para qué? No, desde luego, por una cuestión moral o por restricciones de tipo religioso, sino, fundamentalmente para mantener el misterio masculino y el misterio femenino, para acentuar la polaridad, para lograr una atracción más continuada e intensa entre los sexos, para evitar banalizar el sexo, para situarlo en el lugar ha ocupado desde la más remota antigüedad como dispensador de placer y generación. Juntos y por separado: placer por el placer y placer para la generación.

Está claro que determinadas formas de pudor implican -como los niveles extremos de exhibicionismo- problemas de la mente. Como siempre, la vía media es la más adecuada. La moderación, la madre de todas las dichas. No se trata de defender una moral sexual restrictiva y pacata, sino de asegurar una sexualidad que pueda seguir dando placer y que sea compatible con el mantenimiento de la especie. El placer puede ser cotidiano, incluso varias veces al día; la generación debe ser responsable y consciente. Esto implica niveles de educación sexual. Yo la tuve a los 12 años gracias a un escolapio cubano exiliado por Castro. No me sorprendió lo que me explicó, por que me confirmó en lo que hablábamos los chicos entre nosotros ya desde los 9 ó 10 años. El despertar de la sexualidad es algo maravilloso, pero si se tiene tan cerca al otro sexo, el misterio tiende a diluirse. La polaridad mengua. La calidad de la atracción también. Para mantener la tensión sexual es preciso una educación diferenciadora... contrariamente a la actual que es igualitarista.

Si el niño convive seis o siete horas con niñas, y viceversa, y ambos reciben la misma educación en base a los mismos principios establecidos por el dogma de la coeducación, se cierran las puertas a la diferenciación entre los sexos. Diferenciación que existe en base a la misma diferenciación fisiológica y a los distintos niveles de secreciones hormonales masculinas y femeninas. Pero, aunque la coeducación cierre la puerta a la diferenciación de sexos, ésta entra por la ventana.

Las niñas suelen estudiar más. No pueden competir con los niños en juegos que impliquen grandes fuerza y prefieren competir en el terreno de los estudios. Habitualmente son más aventajadas y, desde luego, porcentualmente no cabe la menor duda de su superioridad en aplicación. Los niños, por el contrario, son conscientes de su fuerza y la evidencian precisamente por que intuyen que ese rasgo diferencial no está habitualmente al alcance de las chicas. Además, para diferenciarse de ellas, recurren –o suelen recurrir al gamberrismo más exaltado. Creen que así se diferencian más de las chicas. Por lo demás, las chicas maduran mentalmente antes y los chicos después. También, físicamente, las chicas experimentan un “tirón” previo al de los chicos. Pero luego su crecimiento se detiene, justo cuando el de ellos arranca. ¿El resultado? Un mayor rendimiento de las chicas en los estudios. ¿Su efecto social? Una mayor presencia de la mujer en profesiones liberales y, consiguientemente –junto a otros factores de incidencia demográfica- un descenso en la demografía y una aumento en la edad en la que se tienen hijos. Y quizás, incluso, cierta inestabilidad creciente en las parejas. Por que hoy el “hasta que la muerte nos separe” ha pasado a ser una frase hecha en la que nadie cree y en la que muy pocos piensan. Y, sin embargo, servidor sostiene que no hay nada más grande que un abuelo y una abuela que se han soportado durante toda una vida, con sus grandezas y sus miserias, con sus alegrías y sus problemas y que, finalmente, tras cuarenta o cincuenta años de vida en común, siguen amándose hasta el punto de que la muerte de uno suele acarrear en menos de un año la del cónyuge. Créanme que siento felicidad y satisfacción al ver estas parejas paseando por la calle y temo que sea cosa de otro tiempo.

El gran drama de nuestra época que espero me lo explique algún sexólogo progre es que, nunca como ahora han estado ausentes trabas y barreras para el ejercicio de la sexualidad, es decir, nunca como ahora han saltado por los aires las barreras del pudor y se ha vivido un clima tal de libertad sexual y, “parajódicamente”, nunca como hasta ahora se vive tal nivel de patologías, disfunciones sexuales y perversiones lacerantes. Y, finalmente, nunca como ahora, los niveles de duración de las parejas (básicos a la hora de la generación y educación de los hijos) son tan breves. Algo falla, compañeros. Las concepciones progres de las que se alimenta nuestra civilización en los últimos cuarenta años, no han llevado a algo “mejor” respecto a lo que fue la familia burguesa y las concepciones burguesas clásicas... sino a algo diferente. Mejor en algunos aspectos... y peor en otros muchos.

ALGO NO FUNCIONA

Y es en este contexto en el que el fenómeno de la homosexualidad adquiere un carácter de movimiento social. Habitualmente los homosexuales suelen explicar que, siempre ha existido el mismo número de personas atraídas por otras de su propio sexo, solo que ahora, al desdramatizarse este tipo de relaciones, la tendencia a “salir del armario” hace que parezcan más. El argumento es digno de considerarse, pero no de aceptarse. El homosexual tiene la mala costumbre de acusar al que no lo es de “reprimido”. Que tiene una carga de agresividad similar al peor insulto.

Hoy existe un mayor número de asesinatos sexuales, existe un problema superior a cualquier otra época, de infertilidad. Hace unas décadas los afrodisíacos eran una rareza, hoy, a fuerza de banalizar la sexualidad y poner cualquier forma de erotismo al alcance de todos en todo momento y con encender simplemente un ordenador o a la hora de ver buena parte de la publicidad televisiva, lo que se ha logrado es despojar al erotismo de cualquier halo de misterio. Con esto se ha logrado la persecución acelerada de la “novedad”. Y esto es peligroso en materia de erotismo. Por que la búsqueda de la novedad termina acelerando la propia sexualidad y llevándola por caminos cada vez más excéntricos. ¿Por qué ocurre eso? Por que el erotismo está fuera de cualquier control. Lo hemos dicho en otro punto: lo importante no es la “liberación sexual”, sino la “liberación del sexo”. Por que el sexo, devenido obsesión, no es la mejor de las perspectivas, créanme. Y no albergo la menor duda de que pedófilos, mirones, masturbadores compulsivos, internautas erotómanos adictos al chateo unos y al sexo extremo otros, consumidores acelerados de líneas eróticas, ayer 906 y hoy 801, turismo erótico, sin olvidar los “baby cocoon” (adultos atraídos por el uso de inofensivos pañales que les permiten orinarse encima experimentando así el dudoso gustirrinín de un calorcillo húmedo) y demás lindezas, son rarillos que autoexcluidos de la idea de normalidad, campan en zonas que nada tienen que ver con el principio del placer, pero están imbricados directamente con el principio de la chaladura. Y cada vez son más. Hoy todos los fenómenos sociales son fenómenos de masas. Lo que no quiere decir precisamente que sean asumibles por la sociedad que vertebra orteguianamente a esas masas. Espero que los homosexuales admitan que ninguno de estos fenómenos es como para tocar las castañuelas y que ellos mismos revisen su realidad sexual y dictaminen sobre si todas las formas de homosexualidad son para ellos aceptables o no.

Enseñen a controlar la sexualidad en las clases de educación sexual. Enseñen estándares de normalidad y de anormalidad. Enséñese que hay vida fuera de la sexualidad. Enséñese, finalmente, que la sexualidad ha sido considerado en todas las épocas como una gran misterio y que es bueno que así haya sido. Recuérdese que cuando ha dejado de ser un misterio y se ha banalizado, la explosión de las neurosis y sociopatologías de base sexual se ha enseñoreado en la sociedad. Lo dicho, que estamos ante una perspectiva que es como la echar cohetes.



© Ernesto Milà – infoLrisis – infokrisis@yahoo.es

ROBERT KAGAN: UN HOMBRE QUE HABLA CLARO

ROBERT KAGAN: UN HOMBRE QUE HABLA CLARO

Redacción.-Robert Kagan, cómo no, es un straussiano notorio y, como la mayoría de ellos, judío-norteamericano. A Robert Kagan puede reprochársele cualquier cosa, menos su claridad. No es un cualquiera. Titulado en las universidades de Harvard y Yale, ha escrito varios libros sobre la historia diplomática estadounidense y las tradiciones que explican la política exterior actual de su país.



Colaborador habitual del Washington Post, estuvo a cargo del Comité de Asuntos Interamericanos en el Departamento de Estado norteamericano y fue el principal redactor de los discursos del Secretario de Estado. Es miembro de la Fundación Carnegie por la Paz y del extremadamente influyente Consejo de Relaciones Internacionales (CFR), uno de los centros de planificación del “poder mundial” de los EEUU desde el primer tercio del siglo XX. Kagan vive hoy en Bruselas, cerca del núcleo de decisión de la OTAN. Además, le preocupan particularmente las relaciones entre la Unión Europea y EEUU. Seamos más claros: desprecia a Europa a quien considera como un enemigo potencial que no ha sabido agradecer lo que EEUU ha hecho por ella. Así lo ha dicho en varias entrevistas realizadas por la prensa europea.


Su último libro, Poder y debilidad (“Power and Weakness“), está dedicado a examinar desde el punto de vista de un conservador halconizado norteamericano la naturaleza del “desencuentro” con Europa. Vale la pena seguir algunas de sus tesis. Véanse algunas de las perlas cultivadas de esta preciosa obra: "Los que tienen más poder tienden a usarlo y a creer en la legitimidad de ese poder", "Los países débiles siempre han querido tener mecanismos para limitar el poder de los que lo poseen", "Son ustedes, los europeos, quienes están aislados, porque los métodos que utiliza Europa para relacionarse y entenderse con el mundo no pueden aplicarse fuera de Europa", "El orden mundial se basa en el poder (relativamente benévolo) de Estados Unidos, a lo largo del siglo". "Si la única potencia que puede afrontar las nuevas amenazas no tiene esa legitimidad, el mundo occidental no podrá enfrentarse a ellas".


Pero donde Kagan se muestra más iracundo es en la valoración del papel jugado por las NNUU: "No hemos de ser simplistas, no se hallará la legitimidad en el Consejo de Seguridad. Tengan en cuenta que los presidentes norteamericanos nunca creyeron en la ONU", "La mayoría de los europeos cree que el Consejo de Seguridad de la ONU es la única garantía de multipolaridad"… "Creo que hay muchas ventajas en un mundo unipolar". A decir verdad, Kagan desprecia la legalidad internacional que puedan suponer las NNUU y cualquier otro organismo internacional, incluidos los tribunales de justicia. Cualquier resolución de estos organismos que pudiera ser considerada como hostil a los intereses de EEUU debería ser respetada por este país. Y explica esta posición argumentando contra toda lógica que estos organismos están compuestos por “comunistas antimercado, no cristianos y dictaduras antidemocráticas”. Para colmo, EEUU es la nación elegida por Dios, así pues nada ni nadie –y por supuesto ningún organismo internacional- pueden interponerse entre Dios y los EEUU. “O sustituirán a Dios o sustituirán a los EEUU”. Por eso, las NNUU son el verdadero enemigo…


Buena parte del ensayo Poder y debilidad (EEUU es la encarnación del poder y Europa la debilidad manifestada), Kagan establece que los europeos mantenemos una visión kantiana del mundo; nos reprocha que creamos en la paz y que ésta sea alcanzable mediante consensos. Para él, la postura “normal” es la americana: "para EEUU, la verdadera seguridad siguen dependiendo de la posesión y el uso del poderío militar". La acción militar unilateral sería una muestra de poder; el pactismo europeo, el reflejo de su debilidad. Kagan olvida que Kant no era ningún alucinado ni un buenista ingenuo, en su ensayo Por la Paz Perpetua, reconocía que la paz era tarea bien difícil, pero que merecía la pena tratar de alcanzarla mediante el derecho internacional. Tampoco era un pacifista a ultranza, la guerra era para él la ultima ratio para resolver conflictos que no podían solucionarse de otra manera, pero criticaba a quines utilizan la guerra "no según leyes universalmente válidas, sino con la fuerza y según criterios unilaterales".


En Estados Unidos más del 70% de los ciudadanos está a favor de la guerra y en Europa más del 70% está en contra de la guerra. Kagan en su obra parece desconocer que desde hace 2000 años, Europa ha sido el teatro de guerras y enfrentamientos fratricidas, mientras que EEUU, desde la guerra civil de 1960, solo ha sufrido los ataques del 11-S. El pueblo norteamericano desconoce los efectos de una guerra moderna sobre su propio territorio. Europa es la voz de la experiencia y de la sabiduría en esto de la guerra. Kagan sostiene que las dos guerras mundiales del siglo XX han hecho posible que los europeos trataran de crear un sistema en el que la guerra quedara obsoleta, mientras que EEUU, al otro lado del océano, vive en un mundo “mucho más peligroso en el que la acción militar sí que está justificada”.


Kagan olvida que no todo es potencia militar en el mundo extremadamente complejo del siglo XXI. La UE es hoy la primera potencia económica y comercial del mundo. Olvida que la UE está camino de consolidar una misma actitud en política exterior y de defensa y que sus 420 millones de habitantes tienen un buen nivel cultural, están unidos por un conjunto de valores que definen la identidad europea y que confieren credibilidad objetiva a Europa ante los efectos negativos de la globalización. Kagan olvida –acaso por que le tiene absolutamente sin cuidado- que la UE aporta el 60% de la ayuda oficial al desarrollo y de la ayuda humanitaria mundiales y que en las zonas castigadas de Bosnia-Herzegovina y Kosovo asume el 80% de la ayuda a la reconstrucción y el 80% de las fuerzas de paz. En otras palabras: la UE es, mal que le pese a Kagan, un actor internacional de primero orden. Alude irónicamente, a la “misión civilizatrice” europea empeñada en jugar a la contra con el poder americano, olvidando que es “débil”. Para Kagan, lo esencial de esa debilidad es el aspecto militar “el poder, la fuerza militar de EEUU, ha producido una propensión a usar ese mismo poder; la debilidad militar de Europa ha producido una comprensible aversión hacia el ejercicio del poder militar… un interés por habitar un mundo donde el poder militar no importa, donde predominan la ley y las instituciones internacionales”. Todo lo que Europa hace, lo hace desde la debilidad y, por tanto, tiene el sello de la debilidad. Y, como todos los débiles, buscan la “paz perpetua” que les evite el compromiso. Este razonamiento lleva hasta Kant. Los EEUU, por el contrario, ven en el escenario mundial fuerzas anárquicas que actúan sin control, frente a las cuales, los EEUU han decidido ejercer su poder. Kagan opina que, en la actual situación, no se puede confiar en leyes y reglas internacionales, sino que la seguridad real y la defensa y promoción de un orden liberal depende del poder militar. Su exposición teórica se acompaña por una síntesis gráfica que parafrasea el título de un best-seller norteamericano: “los americanos son de Marte y los europeos son de Venus”.


Sin embargo, las tesis de Kagan son equívocas. Tiene razón en afirmar que en la escena internacional actúan fuerzas descontroladas y que la confianza de Europa en los organismos internacionales se debe a su falta de decisión. Acierta en la desproporción tecnológica existente entre el poder militar americano y el europeo, pero las cosas son mucho más complejas de cómo nos la cuenta: para Europa es cuestión de tiempo el unificar políticas exteriores y de defensa, es cuestión de tiempo el concentrar parte de su presupuesto hoy destinado al desarrollo de las zonas deprimidas del continente y a financiar la modernización de estructuras de las nuevas incorporaciones a la Unión, para mañana aumentar la inversión en tecnologías de defensa. ¿Veinte años? No, más. En ese tiempo, los EEUU, que llegaron al límite de su poder con el derribo escenificado de la estatua de Saddam Hussein en Bagdad, solo les queda declinar. El declive se está produciendo ya en estos momentos: por que EEUU vive una guerra civil racial y social, larvada, soterrada, pero no por ello menos real. Y un no menos real déficit público sin precedentes en la historia de la humanidad.


EEUU no es, como quiere Brzezinsky y sus compañeros, la “Nueva Roma”… muchas de sus características recuerdan a Cartago, pero es que, además, EEUU son la inversión, el reflejo especular de la antigua grandeza de Roma. Roma se podía jactar de ser civilizadora. El propio Brzezinsky en el primer capítulo de su “Tablero Mundial”, reconoce “cierta tosquedad” a la cultura norteamericana. A partir de ahí, puede deducirse que Kagan elude aspectos esenciales de la cuestión. Su libro tiene la virtud de explicar el núcleo duro del pensamiento conservador americano en versión apta para observadores europeos. Porque Kagan, calla lo esencial: que esta geopolítica expansiva, esta voluntad de poder fuera de toda medida, tiene una médula mística que resulta evidente al examinar de cerca las declaraciones de algunos líderes políticos y personajes públicos de la vida americana. Ya hemos visto una de las componentes de esta doctrina esotérica a través de Leo Strauss, apta sólo para los “filósofos”. Hemos terminado el capítulo anterior diciendo que los “filósofos” difunden entre las masas una combinación de nacionalismo y religión, como mitos necesarios para ejercer el control sobre las masas. No es raro que la base sociológica del neoconservadurismo norteamericano esté formado por los llamados “cristianos renacidos”.

(c) Ernesto Milà - infoKrisis - infokrisis@yahoo.es

EL ORIGEN DE LOS "CRISTIANOS RENACIDOS"

EL ORIGEN DE LOS "CRISTIANOS RENACIDOS"

Para entender la situación actual de la nueva derecha religiosa, es preciso viajar hasta principios del siglo XX cuando Lyman Steward y un grupo de teólogos protestantes de Princeton, publicaron una colección de doce folletos titulado “Fundamentalism: a testimony of the truth”. La palabra “fundamentalismo” deriva de este grupo que proponía un estilo de vida rigorista y dictado por las páginas de la Biblia. En los tiempos en los que el progreso generaba problemas de identificación para los cristianos, los “fundamentalismos” presentaban la vida austera y la observación de los preceptos bíblicos como la forma más adecuada para afrontar la modernidad.



Políticamente, este grupo se convirtió en un ala del Partido Republicano. En aquel momento afrontaron una lucha extremadamente dura contra los darvinistas en nombre del “creacionismo”. Su aceptación del texto bíblico, no solamente en su sentido moral, alegórico o simbólico, sino también en su interpretación de la génesis del ser humano –“Y Dios creó al hombre”- les llevó necesariamente a rechazar las nuevas corrientes del pensamiento científico.



Cuando fueron un número suficiente, dieron vida a diversos grupos militantes: primero la “Liga de América” y luego “Cruzada anticomunista”. Estos grupos estaban perfectamente adaptados al marco del anticomunismo generado a partir del “Golpe de Praga” en 1948, pero siempre fueron a la zaga de organizaciones mejor dotadas desde el punto de vista doctrinal, como la “John Birch Society”. A partir de los años 60, estos grupos fundamentalistas cristanos empezaron a parecer inadecuados para una sociedad que había descubierto la píldora, la minifalda, la liberación sexual, el rock y el movimiento hippy. A medida que se avanzó en la década de los 60, los grupos fundamentalistas, fueron perdiendo influencia y, por eso mismo, radicalizándose aún más. Ya no eran solo enemigos de los comunistas, sino de lo que ellos llamaban “criptocomunismo” que, en buena medida, correspondía a sectores que nada tenían que ver con el Partido Comunista ni con ninguna de las agrupaciones marxistas organizadas. Esta radicalización no contribuyó a aumentar su influencia. Aquellos años fueron de un crecimiento económico espectacular y, difícilmente, podría exigirse austeridad y rigorismo a una población que estaba degustando a placer las mieles del consumo y de una prosperidad económica innegable.



El fundamentalismo cristiano languideció a lo largo de toda la década de los 60 y solamente logró recuperarse a finales de los 70, cuando emergió gracias al fenómeno de los telepredicadores. Fue en ese momento cuando irrumpió Jerry Falwell y su “Mayoría Moral”, pero también Bil Graham, Pat Robertson y Pat Buchanan. Su lenguaje era mucho más agresivo y directo, se agruparon en la “nueva derecha cristiana” que aportó el elemento más dinámico a la elección de Ronald Reagan. En 1989 se funda la Coalición Cristiana y unos años antes, el núcleo había dado vida a la Christian Broadcasting Network, una estación de TV especialmente dedicada al fundamentalismo religioso. El grupo decidió que el campo más adecuado para su acción era la política. Como hemos dicho, participaron decisivamente en la elección y en la reelección de Reagan, pero en 1988, Pat Robertson se presentó a la nominación como presidente y cuatro años después lo intentó Buchaban. Ambos fracasaron en su empeño. Podían influir en la sociedad… pero no dirigirla directamente.



Cuando subió al poder Bill Clinton, el grupo pareció languidecer de nuevo, pero se trataba de un espejismo. De hecho, al producirse el episodio Levinsky, tras la Coalición Cristiana que desempeñó lo esencial de la agitación, se encontraban Dick Chenney y Ronald Rumsfeld, mucho más diestros en el manejo de las campañas de alta política. Con Bush, los fundamentalistas tocaron de nuevo poder e impusieron a la nueva administración un programa que el propio Bush compartía sin fisuras. Todos partían de la vieja idea de que los EEUU son la nación elegida por Dios, el nuevo pueblo elegido, los judíos de la modernidad, ideas que les llevaban a una mezcla de mesianismo enfermizo y unilateralismo exasperado, teniendo como trasfondo en política interior una reacción brutal contra el laicismo. Su programa exigía el retorno a la religión a la escuela, la protección de la familia, la lucha contra el divorcio, el aborto, la homosexualidad y el feminismo. El 13-S, Bill Graham resumió esta ideología llamando al “arrepentimiento” de los norteamericanos, sus pecados habían causado el castigo de Dios –los ataques del 11-S- si querían prevenir nuevos atentados debían aceptar el reinado de Dios, el arrepentimiento de sus pecados colectivos y… la defensa del derecho del Estado de Israel a existir en las fronteras conquistadas durante la “Guerra de los Seis Días” en 1967.



El “Destino Manifiesto” como referencia



Cuando estalla la guerra de independencia de los EEUU, Francia y España ayudan a los colonos. La ayuda española existió pero no es tan conocida como la de Lafayette o Beaumarchais. En aquel momento, España controlaba Cuba y Luisiana (un espacio muy superior al actual Estado de ese nombre que abarcaba desde el Golfo de Méjico hasta el Canadá, entre el Mississippi y las Montañas Rocosas. España facilitó a la rebelión de las colonias armas, medicamentos y víveres. El General Gálvez estuvo en esos días en contacto con las tropas de Washington. A decir verdad, España alimentó a la hiena que finalmente la devoró. Ya en 1818 se produce la invasión de Florida, perteneciente a España, desde donde los indios semínolas, realizaban incursiones en el territorio de EEUU. El presidente Andrew Jackson aludió entonces a "esos odiosos caballeros españoles". España, que en aquel momento afrontaba la rebelión de las colonias sudamericanas no pudo hacer nada para evitar la pérdida de Florida que, finalmente, fue comprada por cinco millones de dólares. En ese momento, esta expansión territorial respondía a un impulso mesiánico todavía no plasmado en declaraciones expresas. Aún habría que esperar casi treinta años para que las dos principales orientaciones de la política exterior norteamericana (todavía hoy en vigor) fueran enunciadas expresamente: la doctrina del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.



En 1840, John Louis O'Sullivan publicó un grupo de artículos cuyo tema central era “El Destino Manifiesto”. Se justificaba la expansión americana en todos los continentes basándose en la doctrina racista de la superioridad racial.



Esta expansión se produjo en distintas oleadas tras el triunfo de la rebelión de los 13 Estados iniciales. Inicialmente, la expansión se orientó hacia el Oeste, entre Río Grande y Canadá. Fueron las “guerras indias” que abarcaron casi todo el siglo XIX norteamericano con distintos sobresaltos y con el paréntesis de la guerra civil en el que se formaron unidades indias, hecho significativo, que combatieron contra los nordistas. El procedimiento expansivo consistía en asentar colonos y luego provocar incidentes que terminaban con el exterminio o la expulsión de los indígenas. Mayor importancia tuvo la guerra contra Méjico con el episodio de El Alamo permitida por el ejército norteamericano para justificar la intervención posterior contra el vecino país al grito de “Alamo Revenge” (vengar el Alamo) que supuso la pérdida de 1/3 de su territorio. A partir de ese momento, EEUU fue un país transoceánico que abarcaba desde el Atlántico al Pacífico y desde el Río Grande a la frontera canadiense.



La segunda oleada expansiva partió de las tesis racistas de John Fiske, Strong, Burgess y Mahan, en las que se sostenía el supremacismo anglosajón. La “raza anglosajona” y su lengua eran consideradas superiores a las de sus vecinos y a cualquier otra. Estos escritos, descaradamente racistas y que harían palidecer a los xenófobos del siglo XXI, prepararon la intervención en Centro América y la aparición de la doctrina Monroe que, finalmente, fue el centro de esta segunda oleada expansiva. La Doctrina Monroe, establecía que el territorio de América, ni del Norte, ni del Centro, ni del Sur, podía ser colonizada por europeos. O dicho de otra manera: “América para los americanos… del Norte”. Durante este período el expansionismo tuvo como hitos principales los sucesivos intentos de invasión de Cuba a partir de mediados del XIX y la construcción del Canal de Panamá con el dominio efectivo sobre territorio panameño. En 1841 ya se produjeron dos locos intentos de invadir Cuba por parte de 150 aventureros de EEUU que partieron desde Miami. Poco después, el presidente Quincey Adams ya exponía que “Cuba caerá en manos de EEUU como fruta madura”. Y en 1858, cuando se aproximaba la guerra civil, el “Manifiesto de Ostende”, rubricado por tres diplomáticos norteamericanos destinados en Europa, reiteraba el derecho de apoderarse de Cuba si España no accedía a vender la isla. Luego vino la guerra civil, el proceso de reconstrucción, un momento en el que España todavía poseía una flota eficiente y disuasiva y el nacimiento de un fuerte sentimiento nacionalista en Cuba que impedía que la venta pudiera realizarse sin que conllevara la interrupción del proceso independentista de la isla. Así pues, los norteamericanos optaron por avivar la rebelión cubana. La flota española mostró su eficacia a la hora de detener un alto número de buques norteamericanos que enviaban armas y municiones a los rebeldes. En cada episodio, EEUU tronaba contra el atentado al “libre comercio”. Luego, EEUU intentó imponer un tratado comercial humillante para España con la intención confesada de defender los derechos de los inversores norteamericanos en la isla. A partir de 1887, EEUU decide que lo esencial de su expansión debe realizarse por vía marítima y, desde entonces, el poder naval de éste país empieza a superar al de España. En 1896, el presidente Cleveland habla ante el congreso que los EEUU deben intervenir en la isla, empleando argumentos tan absolutamente falsos y mendaces como los utilizados cien años después por George W. Bush y sus altos funcionarios para justificar las intervenciones en Irak y Afganistán. Cuando es sucedido por McKinley le dice textualmente: "Siento profundamente, Sr. Presidente, dejarle la herencia de una guerra con España, que llegará antes de que transcurran dos años”. En efecto, llega 1898 y con él la explosión del Maine tan extraña como cien años después ha resultado el atentado contra las Torres Gemelas.



Aún se produjeron otrs dos impulsos expansivos. Asegurado el control sobre el territorio norteamericano (nueva frontera hacia el Oeste y guerra contra México), asegurado el control sobre el “patio trasero” (el Caribe y Centro America), los EEUU miran hacia Europa donde se encuentra, en las primeras décadas del siglo XX, el centro del capitalismo mundial. EEUU no pararán hasta vencer las reticencias aislacionistas de su población e inmiscuirse en la “guerra europea” que, con ellos, pasa a ser mundial. La siguiente vuelta de tuerca será, la intervención en la Segunda Guerra Mundial, la victoria, la reconstrucción de Europa a cambio de eliminar aranceles proteccionistas y tener a los países vencidos (Alemania y Japón) por meros protectorados durante décadas.



Finalmente, la caída del comunismo y la doctrina oficial del stablishment, suponía consagrar a la “hiperpotencia” norteamericana como una garante de la paz y la estabilidad mundial. O tal era la pretensión que debía realizarse mediante la globalización económica. Pues bien, en todo este impulso expansivo la doctrina del “destino manifiesto” ha sido siempre el eje central de la política norteamericana en función de la cual se justificaban las operaciones intervencionistas.



Esta tendencia hacia el “expansionismo” fue observado por Alexis de Tocqueville cuando escribió: “Mientras no tenga delante más que países desiertos o poco habitados, mientras no halle en su camino poblaciones numerosas a través de las cuales le sea imposible abrirse paso, se la verá extenderse sin cesar. No se detendrá en los límites trazados por los tratados, sino que desbordará por todas partes esos diques imaginarios. Cuando Tocqueville escribía estas líneas, lo hacía influenciado por el “espíritu de la frontera” que llevaba a los nacientes EEUU a extender la colonización hacia el Oeste. Tocqueville no percibió que la importancia futura de los EEUU derivaría de que, por primera vez en la historia, aparecía una nación capaz de unir el desarrollo del capitalismo con la construcción nacional. Esa combinación hizo que la frontera no se detuviera cuando los colonos llegaron al Atlántico sino que prosiguiera en los cuatro círculos de expansión que hemos definido.



En 1777, John Jay aseguraba que el norteamericano era el primer pueblo favorecido por Dios al tener ocasión de elegir su forma de gobierno. Sólo tres años después, Samuel Cooper aludía a la “misión providencial de EEUU de transformar gran parte del globo en asiento del conocimiento y la libertad”. Por su parte, John Adams, quien reemplazó a Washington en la presidencia, explicó que los EEUU tenían como misión emancipar a toda la humanidad. Franklin aseguró que, también “la Providencia” había dado “un lugar de honor a los EEUU para luchar por la dignidad humana”. Tom Paine, en la misma senda, recordaba a sus lectores que “La causa de América es la causa de toda la humanidad”. El senador Albert Beveridge, en 1900, en un discurso explicaba: “Dios preparó al pueblo de los EEUU para ser dueños y organizadores del mundo (…) Dios ha elegido al pueblo norteamericano como nación elegida para iniciar al regeneración del mundo”. Walt Whitman, a su vez, en 1846 escribió: "Nos encanta disfrutar con pensamientos acerca de la futura extensión y poderío de esta república, porque con su crecimiento, crecen la felicidad y libertad humana”. El economista Johan Galting era de la misma opinión cuando escribía: “tenemos la obligación mesiánica de asumir aspectos divinos de omnipotencia, bondad y misericordia infinitas”… Finalmente, el presidente Woodrod Wilson en 1902 expresó el mismo estado de espíritu con estas palabras: “En nuestro pueblo ha estado siempre presente una poderosa presión desplazándose continuamente en busca de nuevas fronteras y territorios, en la búsqueda de mayor poder, de total libertad de un mundo virgen. Es un destino divino que ha configurado nuestra política”…



Podríamos multiplicar las citas en la misma dirección que nos indicarían que la ideología dominante en EEUU, de la que George W. Bush y su administración se hacen eco es apenas una forma de mesianismo vigoroso, mezcla de ingenuidad, cinismo y alucinación mística que les “obliga” a ejercer el castigo para liberar a la humanidad de las garras del mal. Hemos seguido declaraciones mesiánicas que abarcan desde la fundación de los EEUU, de ahí que la última frase seleccionada fuera pronunciada el 8 de mayo de 1999 por el Fiscal General y Secretario de Justicia, John Ashcroft, hombre de nuestro tiempo que alude a las ideas de siempre con estas palabras: “Única entre las naciones, los EEUU han reconocido la fuente de nuestro carácter como cosa divina y eterna, no cívica o temporal. Como nuestra fuente es eterna, somos diferentes. No tenemos otro rey que Jesús…”. Esta ideología ha estado siempre viva en la derecha estadounidense y ha sido evocada por George Bush, padre e hijo, muchas veces han hecho referencia a "nuestra superioridad moral" para justificar las intervenciones político-militares en cualquier parte del mundo. Declaraciones de este estilo no habría llamado la atención en otro tiempo, hoy, además de una muestra de subjetividad, es también la evidencia de una ignorancia histórica palmaria y rallana en el analfabetismo estructural.



De tal estado de espíritu deriva la doctrina del “destino manifiesto” formulada por el periodista John O’Sulivan justificando la anexión de Tejas, que llevó a la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo que, prácticamente, duplicó la extensión de EEUU. La idea es que los americanos tenían el derecho e incluso la obligación de expandir su dominio sobre el continente, ya que se consideraba que era la "voluntad de Dios". La formulación de O’Suivan venía en el momento adecuado: se trataba, por una parte, de justificar las “guerras indias” y el exterminio del pueblo indígena. De otra parte, tenía mucho que ver con el proceso de los países sudamericanos y centroamericanos por su independencia. La Doctrina Monroe se había anticipado en 1823, dos años después de que España reconociera la independencia de México. El concepto de Destino Manifiesto es la siguiente vuelta de tuerca de la misma política. En apenas cuatro años, a partir de 1840, los EEUU duplicaron su territorio nacional. Este empuje fue considerado como parte de un proceso inexorable querido por “la Providencia” e impulsó a O’Sulivan a formular su teoría según la cual este proceso de expansión territorial era el “destino manifiesto” que culminaba en la “dominación de todo el continente”. Luego se formularía la “doctrina Monroe” que consagraría esta tendencia. No todos los norteamericanos, ni siquiera todas las fuerzas políticas, aún aceptando la idea del “destino manifiesto”, coincidían con esta tendencia expansionista; algunos pedían que se definiera el territorio que debía adquirirse y cuando lo decían estaban pensando en compras territoriales. Pensaban que los territorios limítrofes, contiguos a los EEUU, terminarían uniéndose a ellos voluntariamente: “caerían como fruta madura”, decían. Pero la tendencia general de quienes enunciaron la abusiva teoría del “destino manifiesto” se declaraban a favor de una expansión rápida aunque fuera a costa de emprender guerras de conquista.



La "Doctrina Monroe" y la teoría del "Destino Manifiesto" contribuyeron, a la consolidación de la conciencia nacional y la coherencia interna de los EEUU. Mientras la primera excluía a Europa de cualquier veleidad de estar presente en Centro y Suramérica, la segunda contribuía a justificar el recurso a la guerra. En la práctica, ambos principios siguen en vigor en nuestros días y constituyen lo esencial de la política exterior norteamericana.



O'Sullivan, dio la definición de lo que entendía por "Destino Manifiesto": "Es nuestro destino manifiesto esparcirnos por el continente que nos deparó la Providencia para que en libertad crezcan y se multipliquen anualmente millones y millones de norteamericanos". En esa época, la balanza entre los Estados que estaban a favor de la esclavitud y los que estaban a favor del trabajo asalariado, se mantenía en equilibrio, pero la incorporación de cualquier nuevo Estado podría romperlo a favor de una u otra opción.



Las dificultades de la invasión de Nicaragua convencieron a muchos norteamericanos de que era necesario descartar la idea de una república transcontinental. Percibieron que si se dilataban excesivamente las fronteras y se integraban en ella contingentes con otra lengua y otra raza, se debilitaría la cohesión de los EEUU. Pero a mediados del siglo XIX, las nuevas tecnologías de la época aplicadas al transporte (los barcos de vapor) y a las comunicaciones (el telégrafo) parecían espectaculares. Ambos inventos fueron aplicados para mejorar la comunicación entre los distintos Estados de la Unión. En ese contexto cobró fuerza y peso la corriente “expansionista e intervencionista” que desde entonces siempre ha estado viva en los EEUU. Ciertamente, los EEUU tenían tierras desocupadas y no era preciso conquistar otras lejanas para dar asiento a nuevos colonos. Aunque los inmigrantes afluían sin cesar desde Irlanda, Alemania e Italia, los contingentes llegados no lo eran en número alarmante y que no pudieran ser absorbidos por la sociedad americana. En ese contexto apareció la corriente “expansionista” que tomaba como referencia algunas frases del segundo presidente de los EEUU, Thomas Jefferson, y proponía la adquisición o conquista sin fin de nuevos territorios para cumplir el “destino manifiesto”. Esto, proseguían, serviría, no para debilitar la Unión, sino para que las generaciones futuras pudieran disponer de abundantes recursos económicos. Entre estos sectores se encontraban algunos teóricos del esclavismo de los Estados del Sur. Nuevos Estados, con nuevos esclavos, aumentarían el poder político de los Estados del Sur, pues, no en vano, tales Estados solo podían situarse al Sur, es decir, más próximos al área de influencia de lo que luego sería la Confederación americana. Sólo así, los EEUU podrían competir con el comercio británico, especialmente por el control de los mercados asiáticos, algo que estaba en mente de los expansionistas desde que fue arrancado a México el territorio de California y se podía contar con el puerto de San Francisco como base para la expansión por el Pacífico hacia Asia. La crisis económica de 1837 en la que un exceso de producción agrícola hundió los precios, dio nuevos argumentos a los expansionistas para que se buscaran nuevos mercados en el exterior y, para ello, había que disponer de bases en todo el mundo. Por esas fechas, Inglaterra era la pesadilla de la nueva nación, especialmente en los Estados del Sur. En 1843, el Sur denunció que Inglaterra estaba promoviendo la abolición de la esclavitud en EEUU; acto seguido proclamaron la necesidad de incorporar a la República de Texas para asegurar los intereses de los terratenientes algodoneros del Sur. Fue así, como, poco a poco, la doctrina del Destino Manifiesto se fue convirtiendo en cada vez más agresiva y que hacía del “brazo militar” y del recurso a la guerra, los elementos tácticos más habituales para su realización.



La guerra contra México (1846-1848), hizo que los EEUU se apropiaran de California, Nuevo México, Texas. Luego, el proceso de anexión se decantó hacia la América ítsmica, dado que tras la “fiebre del oro” en California (1848), el territorio de Nicaragua adquirió importancia como ruta más corta entre los puertos del Atlántico y los del Pacífico. En esos años la ruta entre unos puertos y otros de la Unión se realizaba a través de Nicaragua. De ahí surgió la idea de construir un canal transoceánico que, finalmente, se haría realidad en Panamá. Los años 1856-1857 fueron de gran inestabilidad en la región, generada siempre desde los EEUU que no dudaron en romper el “pacto centroamericano” y facilitar discordias civiles en Nicaragua. El llamado “filibusterismo” estadounidense terminó dominando la región. En 1854, Francisco Castellón y Byron Cole en 1854, firmaron un contrato que permitía contratar mercenarios para que combatieran en Nicaragua a favor de los liberales y en su lucha contra los conservadores. Dado que en 1818 en Congreso de los EEUU había aprobado una “ley de neutralidad”, William Walker logró que Castellón redactara el contrato indicando que los “mercenarios” debían colonizar el país, garantizándoles el mismo derecho que tenían en su país a portar armas. William Walker contó inicialmente con 58 “filibusteros” que, a lo largo de la guerra centroamericana, terminaron siendo 6000. Se trató de las primeras tropas norteamericanas que actuaron en el extranjero. Finalmente, Walker terminó conquistando la ciudad de Granada, convirtiéndose en el árbitro de la situación. A partir de ese momento, la política nicaragüense estuvo dictada por el aventurero al servicio de la administración norteamericana. Costa Rica comprendió que era la siguiente ficha del dominó centroamericano. El 20 de noviembre de 1855, el presidente don Juan Rafael Mora Porras proclamó: "Costarricenses: la paz, esa paz venturosa que, unida a vuestra laboriosa perseverancia, ha aumentado tanto nuestro crédito, riqueza y felicidad, está pérfidamente amenazada...". Walker respondió negando que tuviera ambiciones sobre Costa Rica y acto seguido mandó al coronel Louis Schlessinger, otro “filibustero”, para que exigiera "una franca explicación sobre la política que ha estado observando Costa Rica con respecto del actual Gobierno de Nicaragua". Schlesinger, por cierto, no era coronel, sino cabo austríaco, perseguido en Alemania por desfalco y robo. La comisión no fue recibida por los dignatarios costarricenses lo cual fue tomado por Walker como una ofensa personal y le incitó a reclutar más filibusteros. En marzo de 1856, cuando la amenaza era innegable, el presidente Juan Rafael Mora Porras convocó a los costarricenses: "…¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié. Marchemos a Nicaragua a destruir esa falange impía que la ha reducido a la más oprobiosa esclavitud. Marchemos a combatir por la libertad de nuestros hermanos…!”. Walker resultó derrotado y con él la ambición de incorporar territorialmente Centroamérica a los EEUU.



El conflicto político-militar tuvo un carácter de lucha de "liberación nacional". No se opuso solamente al "filibusterismo", sino también y sobre todo, a la doctrina Monroe y a la teoría del "Destino Manifiesto". La guerra centroamericana de 1856-1857 fue un percance inesperado en la política expansionista norteamericana, pero también supuso el primer choque evidente entre dos concepciones específicamente norteamericanas: la de los granjeros aislacionistas que no querían saber nada de aventuras internacionales y preferían no actuar, ni siquiera opinar, sobre los asuntos internos de los países vecinos, y aquella otra que no tenía empacho en manifestar claramente su voluntad intervencionista. A lo largo del siglo XX esta dialéctica “aislacionismo-intervencionismo” constituirá el eje central de las grandes aventuras históricas norteamericanas. Tanto es así que para resolverla, la clase dirigente norteamericana hubo de recurrir a la provocación. Fue así como se generó un “modelo histórico” repetido desde las profundidades de la historia norteamericana hasta nuestros días.



En 1823, el presidente James Monroe lanza la doctrina que llevaría su nombre en el curso de un mensaje al Congreso. El derrumbe del Imperio Español, la emancipación de las colonias en sudamérica, había despertado las ambiciones inglesas. A continuación EEUU intervino militarmente en 1824 en Puerto Rico, en 1845 y 1847 en México, en 1857 en Nicaragua, en 1860 en la provincia de Panamá y nuevamente en Nicaragua. La situación era tan alarmante que en 1847, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú se reunieron en Lima alarmados por este intervencionismo. Al año siguiente, estalló la guerra contra México. Pero no fue sino hasta la conclusión de la guerra de secesión norteamericana que los EEUU tomaron conciencia de su inmensa poder. En 1880, cuando la “conquista del Oeste” ya había concluido, el presidente Ulysses Grant no ocultó su proyecto de controlar la totalidad del continente: fue la política del big stick (palo grande) que llevó a las intervenciones militares directas, a la anexión de nuevos territorios o a la formación de “protectorados”. El 15 de febrero de 1898 el acorazado estadounidense US Maine explotó en La Habana, pretexto que el presidente William McKinley utilizó para declarar la guerra a España. La culminación de lo que Theodore Roosevelt llamó “espléndida pequeña guerra”, fue la conquista de Puerto Rico. En el Tratado de París del 10 de diciembre de 1898, España renunció también a Cuba y a las Filipinas. Cínicamente, en 1901, incorporó a su constitución la enmienda Platt, aprobada por el Senado estadounidense en 1901, en virtud de la cual Cuba debía aceptar el derecho de intervención de EEUU para “preservar la independencia cubana y mantener un gobierno que protegiera la vida, la propiedad y las libertades individuales”. “Con el fin de cumplir con las condiciones requeridas por Estados Unidos para mantener la independencia de Cuba y proteger a su pueblo, así como para su propia defensa el gobierno de Cuba venderá o alquilará a Estados Unidos el territorio necesario para el establecimiento de depósitos de carbón o de estaciones navales en algunos puntos determinados”. Algo más de un siglo después, la base de Guantánamo sigue siendo testimonio de la ignominia de esta política. Cuba pasó de depender de España a depender de EEUU que intervino militarmente en la isla en 1906, 1912 y 1917, siendo hasta 1934 un mero protectorado.



“En el hemisferio occidental, la adhesión de Estados Unidos a la doctrina Monroe puede obligarlo, en casos flagrantes donde se encuentre frente a determinada mala conducta o a determinada incapacidad, a ejercer, aunque se resistiera a hacerlo, un poder internacional de policía”, tal era el corolario de la doctrina Monroe, enunciado en 1903 por Theodore Roosevelt. Con los mismos argumentos –el respeto a las “obligaciones internacionales” y “la justicia para con los extranjeros” (que enmascaraba intereses económicos e inversiones de EEUU), “aportar el progreso y la democracia a los pueblos atrasados”, etc- los marines desembarcaron en México, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Ecuador. En 1912, en un lapsus o quizás como muestra de la ebriedad que provoca el poder, el presidente Taft declaró: “Todo el hemisferio nos pertenecerá, como de hecho, ya nos pertenece moralmente, en virtud de la superioridad de nuestra raza”, lo que traducido quiere decir que la defensa de la soberanía nacional de territorios que entran dentro del campo de aplicación de la Doctrina Monroe o que, por algún motivo, obstaculizan la realización del Destino Manifiesto, se convierten en una rebelión contra la potencia elegida por Dios. Evidentemente, no hace falta más excusa para masacrar tales obstáculos.



A partir de la primera concesión obtenida en Costa Rica en 1878, la United Fruit Company construyó un imperio bananero en la costa atlántica de América Central dotado con millones de hectárea. La goodwill (buena voluntad) de EEUU (el Tío Sam, diseñado con sombrero de copa, chaleco de estrellas y pantalón confeccionado con las barras de la bandera de EEUU) no puede ponerse en duda, en tanto que pueblo aliado de Dios que interviene diplomática y militarmente, con autoridad propia, sin ningún control, en los asuntos internos de estas repúblicas, manifestando la voluntad divina que los guía, de la que la Doctrina Monroe y la teoría del Destino Manifiesto son su enunciado político. En Honduras, Estados Unidos interviene en cuatro ocasiones (1903, 1905, 1919 y 1924) para “restablecer el orden” (entendiendo por tal la defensa de los intereses de la United Fruit y de las compañías forestales y mineras de EEUU). En 1915, le toca a Haití; una fuerza al mando del almirante William B. Caperton, desembarca en Puerto Príncipe e imponen una administración norteamericana. Lo mismo había ocurrido ocho antes antes en la vecina República Dominicana. Esta política del big stick, tiránica e intervencionista, se prolongará con el mismo cinismo hasta 1934 cuando Franklin D. Roosevelt la reemplazará por la del good neighbourhood (buena vecindad).



En los cuatro años siguientes, la Conferencia para el Mantenimiento de la Paz (1936) y la VIII Conferencia de los Estados Americanos (1938) reconocerán la soberanía de cada país del hemisferio Sur. Asegurado el dominio económico ¿para qué comprometerse a más? El pensamiento de la clase dirigente norteamericana, aspiraba en ese momento a una proyección, no sólo hemisférica, sino mundial.



Como hemos dicho, la rivalidad con Inglaterra para controlar los mercados asiáticos y el desenlace final de la guerra civil, hizo que los EEUU buscaran bases en el camino hacia el lejano Oriente. En 1893 reclamaron las Islas Hawai. El almirante Belknap lo justificó con estas palabras: “Parecería que la naturaleza creó ese grupo de islas para que fuese ocupado como puesto avanzado, por así decirlo, de la Gran República”. Y el congresista Henry expresó en la misma línea: “Las queremos porque se hallan más cerca de nuestro territorio que de cualquier otra nación”. Reclamaron el archipiélago de Hawai y lo obtuvieron. Una vez allí, miraron a Filipinas. El ex secretario Denby explicó: “Estamos extendiendo las manos para tomar lo que la naturaleza nos ha destinado”. El problema era que Filipinas no tenía ninguna relación de contigüidad con el territorio de los EEUU. No era problema, el senador Beveridge añadió: “¡Nuestra Armada las hará contiguas!”. Y de Filipinas a la masa continental China. El propio Beveridge añadió: “las islas Filipinas son nuestra puerta de acceso a China”. Antes, el comodoro Perry había forzado la puerta de Japón.



En 1902, Woodrow Wilson intentaba justificar este impulso expansionista aludiendo de nuevo a la doctrina del Destino Manifiesto: “Esta poderosa presión ejercida por un pueblo que se desplaza constantemente hacia nuevas fronteras, en busca de nuevos territorios, de mayor poder, de la total libertad de un mundo virgen, ha gobernado nuestro curso y como un Destino ha plasmado nuestra política”. La realidad era mucho más prosaica: los EEUU tras haber enlazado los dos océanos mediante ferrocarril y a través de la construcción del Canal de Panamá, después de haber agotado las posibilidades de expansión en el territorio americano, buscaron exteriorizar su mesianismo en el exterior. Las grandes crisis de la historia del siglo XX no son otra cosa más que el producto de los desajustes internacionales provocados por el expansionismo norteamericano."



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