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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

"Gaudí y la Masonería", está a punto de aparecer

"Gaudí y la Masonería", está a punto de aparecer

Redacción.- El próximo mes de septiembre se pondrá a la venta el volumen de “Gaudí y la Masonería” de Ernesto Milá. Reproducimos el contenido completo de la conclusión. La obra sostiene la idea de que Gaudí, en su juventud, entre 1872 y 1882 estuvo ligado a los ambientes masónicos de la Ciudad Condal. Luego, se desvinculó progresivamente de estos medios y, tras conocer al Conde de Güell. Siempre, a lo largo de toda su vida, Gaudí tuvo presentes símbolos e ideas de aquel período de juventud.

[“Gaudí y la masonería!” – Ernesto Milá – Editorial PYRE – 2005 – 18,50 € - Reserva tu ejemplar en adb@pyrelibros.com o en infokrisis@yahoo.es, así contribuirás al mantenimiento de este blog.]

Etapa final

El ascesis gaudiniano

1) No fue droga alguna, lo que ayudó a Gaudí a crear los paisajes interiores que luego proyectó en sus construcciones, sino la práctica de la meditación, que le zambulló en otra forma de percepción similar a la del misticismo católico del Siglo de Oro o a la que conduce la práctica del Zen.

2) El estilo de vida de Gaudí, sus prácticas religiosas, ayunos y ausencia de sexualidad, generaron las condiciones para fugas hacia el misticismo y formas inflamadas de espiritualidad.

3) La genialidad en Gaudí consiste en unir una audacia estética surgida de sus paisajes interiores, a un dominio completo de la técnica.

4) Las virtudes católicas que el «Gaudí maduro» vivió en «grado heroico» en sus últimos años no son óbice para reconocer, tal como hemos demostrado, que el «Gaudí joven», se alimentó de otras fuentes.

5) A pesar de que en su madurez volviera sobre sus pasos y rectificara sus opiniones juveniles, subsistieron en su subconsciente, rescoldos de aquellos años, que evidenció en algunos símbolos utilizados hasta su muerte.

Sobre la hipótesis de la presunta militancia masónica de Gaudí en su juventud, no puede decirse mucho más. Valdrá la pena, eso sí, recordar algunos de los argumentos que otros autores han aportado y a los que nosotros no hemos dado validez. Básicamente se trata de las obras de Joan Llarch1, Francisco Carandell2 y Eduardo Rojo, en su obra sobre la Casa Milà3.

El libro del fallecido Joan Llarch, merece sucintos comentarios. Escritor profesional, se veía obligado, para sobrevivir, a una producción en cadena y su libro está poco trabajado y encierra notables errores, entre ellos considerar que Gaudí tuvo algo que ver en la elección del solar en el que luego se edificó la Sagrada Familia y el más imperdonable, desde luego, insinuar que Gaudí consumía hongos alucinógenos4, en concreto «amanita muscaria». Sobre este tema, Carandell, al aludir a la restauración de los pabellones de acceso al Park Güell, explica que se «ha restituido los colores y detalles originales a las setas que los coronan. Se trata de dos ejemplares jóvenes de la especie amanita muscaria, de capucha roja con pintas blancas, conocidas popularmente en castellano como matamoscas y, en catalán, como reig bord y reig foll. Gaudí se interesó por los hongos gracias al Sr. Calvet, micólogo aficionado, y los utilizó por primera vez, como elemento de su arquitectura, en la galería de la casa Calvet, que adornó con diversos ejemplares, después los imitó en su propia casa del Park Güell, en los vestíbulos y chimeneas de la Pedrera, etc. El atractivo de los hongos, reside, además del silvestre y variado sabor de los comestibles, en sus curiosas formas. Los de la especie amanita muscaria son de conocidos efectos alucinógenos y de acción semejante al soma de los griegos, al peyote mexicano y otros elíxires y manjares utilizados en ancestrales ceremonias religiosas o profanas para entrar en trance, en estados de euforia, de sopor y en sueños de ”viajes” (…) Todas estas circunstancias explican que Gaudí colocase las amanitas de manera tan ambigua, que lucen atractivas y espectaculares a pesar de ser simples salidas de humos»5.

Carandell reproduce una famosa caricatura en la que puede verse a Güell recolectando setas con el esquema de un pabellón de acceso a su Park al fondo. A decir verdad, no afirma que Gaudí consumiera hongos alucinógenos. Por lo demás, se reconoce unánimemente que el extraño adorno situado en lo alto del pabellón de acceso al Park Güell está inspirado en una variedad de la amanita muscaria.

Joan Llarch, por su parte, empieza su capítulo citando la frase que pronunció Unamuno tras visitar la Sagrada Familia: «no me gusta. No me gusta. Es una obra delirante, como el efecto de una embriaguez», a partir de aquí, siguiendo el libro del doctor Gordon Wasson, «El hongo divino de la inmortalidad», describe los efectos de la amanita muscaria y termina diciendo que este hongo tiene «poderes como medio para facilitar visiones radiantes» y «produce un efecto de embriaguez». Llarch, llegado a un momento de sus reflexiones, se pregunta: «De todo lo antedicho, ¿puede deducirse que Gaudí usó, para mejor logro de su creación, el poder del hongo divino de la inmortalidad». Y él mismo contesta: «No hay pruebas fehacientes de que tomara Amanita muscaria», pero hasta el final del capítulo, sigue contorneando el tema y lanzando insinuaciones: «¿Quién puede poner en duda que un hombre visionario como Antonio Gaudí tuviera mirada de iluminado?» y acto seguido, recuerda que la atropina contenida en la amanita muscaria, provoca «dilatación de la pupila, por lo que, en tal caso, como efecto del hongo, su mirada como hombre iluminado debía ser por demás notable». Y, finalmente, recuerda que en su ficha de ingreso en el Hospital de la Santa Cruz «se indicó abreviadamente: “E. em”, significándose con ello que el accidentado había sido recogido en estado de embriaguez».

Pero todo esto no parece muy consistente. Muchos autores han resaltado la mirada de Gaudí. Josep Pla, por ejemplo: «¡Los ojos de Gaudí! Sus ojos azules eran casi desprovistos de movilidad nerviosa, pero la calma en la que se mantenían era de una singularísima intensidad; no era una calma de tendencia extasiada y blanca, sino una calma llena de fuerza, de pasión y vida. Todas las personas que trataron con Gaudí recuerdan sus ojos como el elemento impresionante, fascinador»6. Y una de las leyendas (o realidades), citadas frecuentemente por los biógrafos de Gaudí, decía que precisamente el librero Bocabella, había soñado con un joven arquitecto de ojos «azules y penetrantes» que salvaría a la Sagrada Familia. Cuando conoció a Gaudí en el estudio de Joan Martorell, no le quedó la menor duda de que era el elegido para construir el Templo. Las pocas fotos que nos han quedado de Gaudí no han logrado mantener esa impresión que produjo en quienes lo conocieron. Pero eso no implica que fuera un alucinado o que esa mirada fuera el producto de la ingesta de ciertas drogas como la amanita muscaria.

La técnica de meditación de Antonio Gaudí

En nuestra juventud frecuentamos, y nosotros mismos practicamos, distintas formas de meditación budista e incluso el hesicasmo de la Iglesia Ortodoxa, sistema de meditación practicado por los monjes del Monte Atos. A decir verdad, vimos esa mirada que describen Pla y otros, en muchos practicantes de sistemas de meditación cuándo ésta alcanzaba cierto nivel de intensidad. Los propios ejercicios de meditación, finalmente, terminan modificando los hábitos de comportamiento, la forma de mirar, de moverse, de actuar, restan nerviosismo a los gestos, estabilizan la conducta cotidiana e incluso alteran los hábitos alimentarios. Llegado a un punto, puede ocurrir que se produzcan fenómenos extáticos o bien alteraciones en la percepción de la realidad: de hecho, la «iluminación» no es sino una percepción directa e intuitiva de la realidad que viene acompañada de fenómenos de «luz interior» que han sido perfectamente estudiados por algunos historiadores de las religiones.

Los hábitos de vida de Antonio Gaudí nos indican que, desde muy joven, las costumbres de su padre, seguidor de las técnicas del abate Sebastián Kneip (ver Anexo II), uno de los fundadores de la hidroterapia y de la naturopatía, influyeron en su alimentación. El padre de Gaudí, por ejemplo, sostenía que uno de los sistemas para prolongar la existencia, consistía en caminar descalzo sobre la hierba, práctica que él mismo seguía y que, ciertamente, le llevó a prolongar su vida hasta los 92 años de edad. El arquitecto, por su parte, parece ser que solía comer unas pocas hojas de lechuga con aceite, algunas nueces o almendras azucaradas, algo de queso, leche y poco más. Su calzado en esa época había sido hecho ex profeso: con la suela de esparto y el cuerpo del zapato de piel. Alguien lo vio ingerir también leche y limón. Bebía bastante agua y utilizaba el hielo aplicado en los pies y en los ojos para eliminar los problemas circulatorios y eludir la vista cansada. Se mire como se mire, una alimentación deficitaria hasta el límite en proteínas no parece la dieta más completa. Así puede entenderse que dijera «Contra más se debilita mi cuerpo, más se eleva mi espíritu»7, frase que hubieran podido compartir los místicos de todos los tiempos. Comenta, así mismo: «La mortificación del cuerpo es la alegría del espíritu, como dijo precisamente el doctor Torras i Bages, y la mortificación del cuerpo es el trabajo continuado, persistente; este es el auxiliar más poderosos contra las tentaciones (...) no se va bien hasta que se ha caido y ha venido el golpe; el golpe es la puerta del convencimiento (...), toda caída es hija de haber confiado en sí mismo (...). No hay otra forma de corrección que el castigo. El hombre tiene la libertad para hacer el mal, pero paga inevitablemente las consecuencias de este mal. Dios nos ha de corregir constantemente; le hemos de orar. Castigadnos, pero consoladnos»8.

En el fondo, los sistemas de meditación de Oriente y Occidente, se basan en los mismos principios:

1) Detener el flujo de ideas, pensamientos y sugestiones conscientes, estabilizando la mente en un solo punto.

2) Anclar la conciencia ordinaria en ese único punto, lo que equivale a desactivar el papel del cerebro dual en la percepción de la realidad.

3) Dejar que salgan a la superficie, espontáneamente, otros mecanismos de la percepción, más intuitivos y directos.

4) Profundizar en esta dinámica hasta que, finalmente, se produce la iluminación extática que altera la percepción.

Gaudí seguía este sistema, consciente o inconscientemente. Entre sus libros de cabecera figuraba la «Imitación de Cristo» de Tomás de Kempis y parece que también había leído el libro de «Ejercicios Espirituales» de Ignacio de Loyola y conocía bien las obras de Santa Teresa. Es posible que su amigo, el poeta Jacinto Verdaguer, le recomendara las lecturas de uno de sus mentores doctrinales, el Padre Palau9. Así mismo se sabe que Gaudí era un devoto del Santo Rosario, que rezó a diario, a partir de cierto momento de su vida. Y se ha repetido, una y mil veces, la anécdota de que colocó 150 bolas de piedra en el Park Güell, que no eran sino un remedo de las 150 cuentas del rosario, que diariamente, mientras vivió allí, recorría orando al caminar por los viaductos. Se ha discutido sobre si la imagen que pretendía colocar en lo alto de la Casa Milà era la Virgen del Rosario (que correspondería al nombre de la propietaria del inmueble, Rosario Segimón) o bien a la Virgen de Gracia, de la que se ha especulado que, precisamente en el solar que ocupa el edificio y que señalaba el límite del barrio de Gracia, allí estuviera situado una pequeña capilla hasta 1860. Sea como fuere, no hay ninguna duda que la primera fase de cualquier técnica de meditación, era practicada por Antonio Gaudí: el rezo del Santo Rosario, estabilizaba su mente y concentraba su atención en un solo punto, la imagen de la Virgen.

Gaudí debió aprender –como cualquier otro practicante de no importa qué sistema de meditación– que la dieta está íntimamente ligada a la posibilidad de meditar. Con una digestión pesada, no hay posibilidades de hacerlo. A pesar de que la mente se esfuerce en estar quieta y serena, constantemente, las vísceras en su proceso digestivo, tienden a desestabilizarla. De ahí que no haya posibilidades de practicar una meditación profunda sin ayunos (como los que Gaudí practicó frecuentemente, incluso hasta límites que le llevaron a la antesala de la muerte10), o con una dieta excesivamente rica en proteínas. Si Gaudí repetía la frase que hemos citado, lo contrario es también cierto: «contra más fuerte es el cuerpo, más logra neutralizar al espíritu». Al parecer, su padre llevaba ya siguiendo los consejos del abate Kneip y una dieta rigurosamente naturista en una fecha temprana. Su hijo, el arquitecto, la asumió también, pero, además, realizaba un endiablado ejercicio físico diario: del Park Güell, a la Iglesia de San Juan de Gracia, o al oratorio de San Felipe Neri, a las obras (la Pedrera, la Sagrada Familia), vuelta al Park Güell, rezo del Santo Rosario mientras caminaba… unido a una dieta frugal y a ayunos cuaresmales repetidos. Era imposible debilitar más un cuerpo. Si a esto añadimos la fatiga intelectual que supone la responsabilidad de unos proyectos arquitectónicos ciertamente importantes, la tensión frecuente con el Ayuntamiento, con los clientes, el tiempo dedicado al estudio, a la planificación, al diseño, a la revisión de obras, al encuentro con alumnos de la Escuela de Arquitectura, ansiosos de aprender algo del maestro, sus famosos soliloquios, todo ello, suponía una actividad frenética y un desgaste adicional de su naturaleza que, ya desde muy niño, era débil y quebradiza.

Pero había un último elemento de importancia no desdeñable. Su sexualidad. Se ha definido al sexo como la «fuerza más grande de la naturaleza». El esfuerzo físico y mental que requiere el impulso sexual, tiende a dilapidar energías que requieren ser renovadas constantemente, mucho más, si, como en la modernidad, vivimos una pansexualización de la vida. En la vida de Gaudí, el sexo ocupó un lugar exiguo y da la sensación de que, tras el desengaño que le produjo la respuesta negativa de Josefa Moreu a su declaración de amor, renunciara completamente a la vida matrimonial para zambullirse en su arte. Dice Casanellas, por ejemplo, que, «al ser rechazado por Pepeta, tuvo conciencia de que el celibato era el estado más conveniente para su espíritu. El amor en Gaudí, si fue una preocupación en algún momento, no llegó a problema»11.

Es discutible el efecto que un desengaño amoroso pueda operar en un ser humano y, mucho más, en un artista que suele vivir con una inusual intensidad este tipo de conflictos. Federico Nietzsche escribió en apenas 30 días su «Así Hablaba Zaratustra» tras las «calabazas» recibidas de Lou Salomé. Y Richard Wagner, compuso con la sangre de su amor imposible hacia Matilde Wasssendock, su obra cumbre «Tritán e Isolda». En muchos artistas modernos es posible percibir inequívocamente los rastros de una neurosis sexual (en Dalí, por ejemplo) inequívoca que condiciona completamente su obra. Las biografías más fiables de Gaudí coinciden en definirlo como alguien tremendamente tímido, extremadamente celoso de su intimidad, recatado y con un alto sentido del pudor12. En general, no parece que existan dudas sobre la renuncia a la sexualidad de Gaudí y se tiende a aceptar que, tras el desengaño con Josefa Moreu, le costó un tiempo aceptar que su vida personal, matrimonial y sexual, debían ser sacrificadas en beneficio de su arte. Bergós escribe: «La amarga lección de esta renuncia al amor humano, para alcanzar la plenitud del amor divino, deja una impronta definitiva en nuestro hombre y le decidió al más ejemplar celibato cristiano. Entones vio claramente la importancia de la mortificación y del sacrificio: “La vida es una batalla; para combatir es necesaria fuerza y fuerza es la virtud, que sólo se sostiene y aumenta con el cultivo espiritual, eso es, con las prácticas religiosas”. (…) El ejercicio corporal, la sobriedad en el comer, beber y dormir, son mortificaciones del cuerpo que combaten eficazmente la lujuria, la pereza y la embriaguez (…) La vida es amor y el amor es sacrificio. El sacrificio es lo único realmente fructífero. La causa del avance espiritual y material de las órdenes religiosas es que se sacrifican todos los miembros en bien del conjunto»13. Sea como fuere, todo induce a pensar que las energías que habitualmente consume el ser humano en la sexualidad, Gaudí logró orientarlas hacia su arte.

Si se hace abstracción de las prácticas de meditación de Gaudí con el Santo Rosario, sus ayunos, la renuncia a la sexualidad, la concentración en su trabajo, es posible concluir que su personalidad era autista, tal como lo definió Buckman14 y que cuando fue arrollado por un tranvía en la Gran Vía, realmente estaba «desconectado» de la realidad. Ahora bien, si se tienen en cuenta todos estos factores que hemos citado, el diagnóstico es otro: Gaudí en ese momento cumplía lo que hemos definido como el segundo punto de cualquier técnica de meditación: anclar la conciencia ordinaria en un solo punto, lo que equivale a desactivar el papel del cerebro dual en la percepción de la realidad.

A partir de entonces, todo consistía para él en dejar aflorar, tal como hemos dicho, espontáneamente, otros mecanismos de la percepción, más intuitivos y directos. Es el punto tercero de todo sistema de meditación. En estado de meditación profunda es posible crear. Probablemente, la obra maestra solamente nace de estos momentos de arrobamiento extremo, concentración absoluta y ensimismamiento del artista en su obra. Pero cualquier arte, exige una alta cualificación técnica excepcional. No basta simplemente con «tener la intuición genial», hace falta, y especialmente en arquitectura, ser capaz de traducirla en cálculos complejos y estudios técnicos detallados y precisos. Gaudí, no lo olvidemos, era un técnico. Su faceta creativa y la excentricidad de algunas de sus creaciones, no deben ocultar el hecho de que fue un técnico genial que realizó posibilidades hasta entonces insospechadas en el arte de la arquitectura. Columnas inclinadas con el centro de gravedad fuera de la base de sustentación, que se caían mientras no recibían las cargas, eliminación de los contrafuertes y arbotantes tan característicos del arte gótico, un naturalismo extremo en algunos momentos, desarrollo de nuevas técnicas constructivas, unas cualidades que ya fueron apreciadas desde el momento mismo en el que Elías Rogent le entregó el título de arquitecto diciendo: «Quien sabe si estamos ante un genio o ante un loco». Es posible que fuera precisamente la necesidad de resolver los problemas técnicos, lo que hacía que Gaudí volviera al mundo real y saliera de sus estados de arrobamiento místico profundo. De haberse tratado de un eremita, Gaudí sin duda habría podido asemejarse a los grandes místicos del Siglo de Oro o a los grandes santos cristianos.

Gaudí, hasta el último momento de su vida tuvo los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. Era consciente de que estaba abriendo nuevos caminos a la técnica arquitectónica. Había dicho «El gótico es sublime pero incompleto; no hemos de imitarlo, sino continuarlo». Y a esta tarea dedicó sus conocimientos técnicos y sus análisis de estructuras, con una racionalidad extrema y sin ninguna concesión a la fantasía. En sus reflexiones, su temprana modestia nunca le abandonó; decía, por ejemplo: «Mis ideas estructurales son de una lógica indiscutible. El hecho de que no hayan sido aplicadas antes y que haya de ser yo el primero en hacerlo me ha dado mucho que pensar. Eso sería lo único, en todo caso, que me haría dudar. En cambio creo que, convencido del perfeccionamiento que suponen, tengo el deber de aplicarlas». En el Gaudí maduro se percibe un último eco de los maestros de obras medievales: aquellos en los que el ego parecía no existir, que estaban tan identificados con sus obras que habían disuelto en ellas su personalidad. No se saben los nombres de los técnicos geniales que, de la noche a la mañana, casi sin transición, crearon el gótico, pero a través del gótico, podemos aproximarnos a su extraordinaria envergadura. Siempre hemos tenido la sensación de que hay seres humanos fuera de su tiempo. Gaudí, probablemente, era uno de estos que, en ciertos sentidos se adelantaron a su momento y en otros daba la sensación de ser el último representante de una raza de artistas ya extinguida.

Creo que Juan Eduardo-Cirlot fue uno de los que mejor comprendieron a Gaudí cuando en las primeras líneas de su obra sobre el arquitecto, escribe: «Hay en torno a Gaudí una niebla de misterio. Probablemente, el primer círculo que obstaculiza el acceso a su obra es la misteriosidad intrínseca de todo genio y, en última instancia, de todo espíritu humano. Agravado el caso, por el hecho reconocido, de que Gaudí deseó crear una zona de silencio en torno a su persona, mientras, en la medida que mantenía ese hermetismo –o sea, aniquilación de sus valores vitales– daba expresión y simbolización a sus estados anímicos y a su tremendo poder mental»15.

Pero una vida hecha de tensiones cotidianas, esfuerzos intelectuales supremos, meditación y oración, dieta deficiente, renuncias, ayunos y maceraciones, no podía tener como consecuencia, sino el caída del arquitecto en graves crisis de salud. La más grave, probablemente, la que en 1910 le llevó a Vich y a Puigcerdá, a reponerse. Por otra parte, no está claro si Gaudí era consciente de hacia dónde le llevaba el estilo de vida que había asumido. En ciertos místicos del Siglo de Oro, incluso en la misma sensualidad de Santa Teresa, se percibe que su devoción les ha llevado por una vía autónoma hacia la trascendencia, a la que han llegado espontáneamente y sin que tuvieran muy claro a dónde conducía y a lo que conducía. En este sentido, también en el terreno de la mística, en ocasiones, puede decirse, que la flauta suena por casualidad. El análisis de los hábitos de vida de Antonio Gaudí, nos explica extremadamente bien, sin necesidad de recurrir a la ingesta de «amanita muscaria», cómo construía sus paisajes interiores de los que surgían sus formas imposibles y su arte único e irrepetible.

El estilo es la vida. Y en un artista, su obra es la traducción inteligible de su vida. Ningún otro arquitecto que no hubiera llevado el estilo de vida, su dieta, sus meditaciones, sus oraciones, sus ayunos, su ausencia de sexualidad, hubiera podido plasmar las últimas creaciones de Gaudí. Para que fuera posible alumbrar esas formas se precisaba algo más que inteligencia técnica y habilidades constructivas, era precisa una inspiración que surgiera de lo más profundo del alma y, una vez emergida, fuera encarrilada hacia la realidad, mediante la técnica objetiva. Las fuentes del Gran Arte son, sin duda, la inspiración y la técnica; la primera es subjetiva, la segunda solamente puede ser objetiva. Creatividad y «oficio», se dan sólo en grado extremo en unos pocos artistas a lo largo de la Historia.

El propio Gaudí dijo: «La imaginación es la facultad anímica de ver formas nuevas en el propio cerebro y saber, gracias al oficio después, convertirlos en edificios en obras de arte. La fantasía es la facultad onírica de inventar absurdos o imposibles. La primera es consciente, la segunda inconsciente». Se toma posesión de la imaginación; se es, por el contrario, arrastrado por la fantasía. El despertar, en términos de Zen, implica abrir la mente a la nueva conciencia de lo incondicionado. La fantasía consiste en vagar en el mundo del deseo.
Gaudí, sin duda, con sus rarezas, con sus miserias, con los espacios en blanco en su biografía, con su carácter iracundo para quien osaba criticarle, no puede ser medido con los patrones de lo «humano, simplemente humano». Probablemente, el error que cometen algunos de sus biógrafos oficiales es medirlo en función de los estándares aplicables al común de los mortales, pero no al «artista»: se esfuerzan excesivamente en demostrar que Gaudí era una buena persona, cuando en realidad, no se trata de si era bueno o malo, sino de si fue Grande o pequeño. En este sentido, es significativo el proceso de beatificación de Gaudí pues, no en vano, muchos santos, han sido también, previamente, grandes pecadores. Ahí está la figura de Ignacio de Loyola para recordarlo. Un viejo proverbio Zen dice: «Allí donde las montañas son altas, los valles son profundos».
Del Gaudí masón al Gaudí beatificado

Cuando sostenemos que Gaudí, en un momento concreto de su juventud, estuvo cerca de los círculos masónicos, o bien perteneció a ellos, no estamos intentando empañar, de ninguna manera, la imagen del arquitecto, ni, mucho menos, entorpecer su proceso de beatificación. Para que éste lleve a buen puerto, sus defensores deben demostrar, únicamente, que en los últimos años de su vida fue una persona ejemplar con virtudes elevadas al rango heroico. No vamos a ser nosotros quienes discutamos esto.

Tampoco hemos intentado «forzar» la demostración de nuestra hipótesis de trabajo recurriendo a una casuística discutible como la que caen algunos autores que pretenden extrapolar un pequeño símbolo escondido en alguna construcción de Gaudí, intentando convertir lo casual y único, en universal. La rosa situada en lo alto de la Casa Milà no es, desde luego, la rosa de los rosacruces. Determinada ornamentación del banco serpentino del Park Güell no puede considerarse elemento suficiente como para deducir su militancia en alguna sociedad secreta durante los años de construcción del recinto. Así mismo, no hay pruebas para suponer que Gaudí perteneciera a una logia de nombre «Labor», tal como hace Carandell, a la que pertenecerían igualmente Jujol y el mismo Güell.

En nuestra hipótesis de trabajo, hemos utilizado símbolos que se repitieron casi obsesivamente, y episodios de su vida que son unánimemente aceptados por sus biógrafos más serios. Ciertamente, hemos procurado reconducir esos episodios y los personajes y situaciones que en ellos aparecen, como elementos para reforzar –como no podía ser de otra manera– nuestra hipótesis. Ahora, hemos llegado al final del camino. Es posible que dé la sensación de que hemos abierto más interrogantes de los que hemos sido capaces de cerrar. En realidad, todo episodio histórico y toda biografía, tienen «agujeros negros», máxime cuando el tiempo los va alejándo y ya apenas quedan personas vivas que conocieron a Gaudí. Archivos incendiados y saqueados, documentos perdidos o que jamás existieron, el secretismo de determinadas sociedades y las necesidades de reelaboración de la propia biografía, hacen imposible afinar al máximo, más allá de donde lo hemos hecho, la hipótesis de trabajo que ha presidido estas páginas.

El año en el que yo nací, se cumplía el centenario del nacimiento del arquitecto. Hace poco se ha celebrado el 150 aniversario de la misma fecha. El tiempo corre, imparable, y los barceloneses que hayamos reparado alguna vez en la cornisa de la Casa Xifré o en los relieves de la Logia del Parque del Laberinto, habremos visto la imagen de Cronos con sus atributos, el reloj de arena y la guadaña, el tiempo y la muerte, símbolos que presiden la vida humana. Salvo la aparición de nuevos documentos, es imposible redondear más nuestra hipótesis de trabajo sobre la proximidad de Antonio Gardí i Cornet, durante su juventud, a alguna logia masónica. Las páginas precedentes pueden aceptarse como pruebas circunstanciales o rechazarse frontalmente. Para nosotros se trata de lo primero: no ha sido posible demostrar completamente la hipótesis de trabajo, pero si encontrar documentación y datos suficientes como para apoyarla en pruebas circunstanciales. Más allá, creemos, es imposible llegar.

Paso de Biar, 28 de julio de 2005.

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1. «Gaudí, Biografía Mágica», Joan Llarch, Plaza & Janés, Barcelona 1982.

2. «Park Güell, utopía de Gaudí», Josep María Carandell, Pere Vilas, Triangle Postals, Barcelona 1998.

3. «El otro Gaudí, la obra Casa Milà», Eduardo Rojo Albarrán. Distribuidora Enlace. Barna, 1998.

4. «Gaudí, Biografía Mágica», op.cit., Capítulo 16, «El Hongo divino de la inmortalidad», pág 196 y sigs.

5. «Park Güell…», op.cit., págs. 26 y 28.

6. «Antoni Gaudí», op.cit., pág. 100.

7. La frase ha sido repetida hasta la saciedad con este redactado, sin embargo, procede del libro de Bergós que la cita de manera sensiblemente diferente: «A medida que los años debilitan mi cuerpo, siento más ágil el espíritu». «Gaudí, l’Home i l’Obra», op.cit., pág. 46.

8. «Gaudí, l’Home i l’Obra», op.cit., pág. 45.

9. Francisco Palau Quer, místico carmelita, hoy beatificado, que practicó exorcismos en la Ciudad Condal a principios del siglo XIX. El padre Palau nació en Aytona (Lérida) en 1811. En 1829, tras estudiar filosofía y teología recibió la tonsura sacerdotal e ingresó en los Carmelitas Descalzos. Las bullangas de 1835 terminaron con el incendio del Convento de San José en el que se encontraba y con la expulsión de los religiosos. Fue así como entre 1840 y 1851 residió en Francia. En esa época empezó la práctica del ascetismo en solitario. De regreso a España impulsó la «Escuela de virtud» en Barcelona que funcionó en la Parroquia de San Agustín a partir de 1851. La «escuela» fue acusada de estar implicada en tumultos antirrepublicanos y terminó cerrada. Palau fue confinado en Ibiza hasta que la amnistía de 1857 le autorizó a volver a España. En 1860 tuvo una experiencia espiritual extremadamente intensa que sus biógrafos cuentan así: «Durante la predicación de la novena de las ánimas en Ciudadela, recibe especial ilustración sobre los misterios de la Iglesia». A partir de entonces empieza a escribir diversas obras de carácter místico y doctrinal. Murió en Tarragona en 1872. En 1958 se inició el proceso de beatificación.

La obra del Padre Palau está íntimamente ligada a la Ciudad Condal y a Verdaguer. Construyó un oratorio en Vallcarca, en las afueras de Barcelona en torno al cual se situaban cuevas de penitentes. Eran «estrechas y angostas» según nos cuentan; de apenas 10 ó 12 palmos de ancho y 11 de alto. El párroco de San Genís dels Agudells que acudió a visitarlo apenas pudo entrar. Promovía la práctica de la penitencia en solitario y tenía una colonia de anacoretas en la actual calle Penitents, en donde en 1960 colocaron una placa conmemorativa a la altura del número 7. En 1868 creó el semanario «El Ermitaño» y dos años después, la comunidad fue suprimida por el obispo. Entonces, fundó la Orden Terciaria de las Carmelitas Misioneras Descalzas.

Su discípulo, el padre Piñol, por su parte, había sido anteriormente presbítero en la localidad barcelonesa de Vilanova y Geltrú. Hace treinta años, en la Parroquia de San Antonio de aquella localidad, aún recordaban sus manías demoníacas. Destinado, posteriormente, a Barcelona, junto a otras piadosas gentes habían abierto una «Casa de Oración» en el número 7 de la calle Mirallers, en un edificio que todavía existe. Pronto, lo que debía ser un lugar de recogimiento devoto para un grupo de católicos, se convirtió en un centro de exorcismos, donde diariamente Piñol y Verdaguer luchaban contra el diablo, inspirados en las obras del padre Palau. Carmen Güell, tataranieta de Eusebio Güell, en su obra «Gaudí y el conde de Güell», Op.cit., pág. 116, recoge un texto de Juan Antonio López, hijo del Marqués de Comillas, en el que describe al Padre Piñol: «Fue un sacerdote llamado Piñol quien le inició en estas prácticas… Este clérigo me daba miedo. Era altísimo y tan delgado que su sotana no parecía cubrir su cuerpo, sino colgar de una percha. Tenía una mirada penetrante y exaltada, y gesticulaba constantemente con los brazos, que eran de una largura desproporcionada».

10. En la cuaresma de 1894, estuvo al borde de la muerte y su padre y sobrina tuvieron que pedir ayuda a los amigos y colaboradores del arquitecto para hacerle desistir de su actitud. El dibujante Opisso que le ayudaba en la administración de las obras de la Sagrada Familia, fue a verlo y quedó impresionado por el estado de debilidad en que encontró al arquitecto. Finalmente, el obispo Torras i Bages le convenció de que abandonara estas prácticas extremas. Todo induce a pensar que, en esa época, Gaudí podía padecer un conato de depresión que luego, en 1910 afloró con toda su violencia.

11. «Nueva Visión de Gaudí», op.cit., pág. 28.

12. Hay una anécdota significativa sobre este alto sentido del pudor que tuvo Gaudí. En cierta ocasión, la mujer que cuidaba el servicio de la Sagrada Familia, lavaba en sus dependencias la vajilla en la que ella y su marido habían comido. Gaudí, de vez en cuando, pasada por la vivienda para saludarlos. En aquella ocasión, la mujer al ver al arquitecto se secó las manos, pero dejó sus brazos al descubierto; Gaudí le dijo secamente: «Haga el favor de cubrirse». La anécdota es contada por Ana María Ferrín, «Gaudí de Piedra y Fuego», op.cit., pág. 395.

13. «Gaudí, l’Home i l’Obra», pág. 43.

14. «Gaudí, assaig biografic», Jorge Elías.

15. «Gaudí», Juan Eduardo Cirlot Laporta, Sant Lluis

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© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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Inmigración: integración, asimilación, segregación

Inmigración: integración, asimilación, segregación

Redacción.- Se decía que cuando Franco se desplazaba a cualquier capital, los servicios municipales de esa ciudad procedían a la “limpia” de mendigos para que Su Excelencia no percibiera una realidad social triste y gris. Se trataba de una falsedad: Franco, durante su penúltima visita a Barcelona, se acercó al Campo de la Bota. Lo que sí es rigurosamente cierto es que allí por donde va Zapatero, sus acólitos “limpian” de “sin papeles” la zona. Acaba de ocurrir en Lanzarote.

La España real y la España de Zapatero, aumentan diferencias

Ocurrió en Lanzarote. La isla, justo a Fuerteventura, las dos más próximas a las costas africanas, es uno de los pasos elegidos por la inmigración masiva para saltar a Europa. Algo aparentemente absurdo porque Lanzarote, geográficamente, está más próxima a África que a Europa, aunque culturalmente esté –por el momento- mas próxima a Europa que a África. La cuestión es que los “sin papeles” que llegan a Lanzarote, se quedan en la isla o bien son trasladados con cargo a los presupuestos generales del Estado, a la Península a la espera de la próxima regularización masiva que sin duda tendrá lugar antes del 2007. La situación en Lanzarote es dramática, no de ahora, sino desde hace ya cuatro años. Literalmente, la población ya no cabe en la isla. Se ha llegado a la superpoblación, gracias a la presencia masiva de inmigrantes que nadie tiene valor para repatriar. Porque, en el fondo, hace falta valor para adoptar decisiones de Estado y Zapatero no lo tiene hoy, de la misma forma que Aznar –aconsejado por Bush- nunca tuvo a la inmigración como problema.

En esto que el pasado 3 de agosto, al presidente se le ocurrió aparecer por la castigada isla de Lanzarote. Un aeropuerto pequeño que dispone de una sala de tránsito en la que la Delegación del Gobierno ha instalado un centro de acogida de inmigrantes ilegales. El centro, por supuesto, es pirata. Pues bien, cuatro horas antes de que ZP llegara al aeropuerto de Lanzarote, otro avión despegaba del aeropuerto trasladando a los ilegales acogidos allí. Lo sorprendente es que AENA estuvo intentando desmontar el centro desde el pasado mes de mayo, Los ilegales fueron trasladados a Fuerteventura, otra isla con superpoblación de ilegales, problemas de inseguridad ciudadana y el turismo pulverizado por la presencia masiva de inmigrantes.

Hay que decir que ZP que, por una parte habla de “humanismo”, predica “derechos” y corona sus sermones con llamamientos al “diálogo de las culturas”, ha mantenido en Lanzarote un “centro de acogida” que sin duda ofrecía peores condiciones de vida que cualquiera de los campos de exterminio stalinistas. Con los inmigrantes apilados en 400 metros cuadrados, sin comedir, sin lugar para pasear, separados del resto del aeropuerto por una reja, soportando temperaturas altísimas, sin duda el “centro de acogida” era, como mínimo tan espantoso como una travesía en patera por el Atlántico embravecido. Esos son los derechos humanos de ZP.

El problema de la inmigración se agrava

El gobierno ZP, en su increíble necedad, creía que una regularización masiva bastaría para solucionar el problema. Caldera, que pasa por ser ministro, cerraba la regularización masiva de mayo amenazando con graves sanciones a los empresarios que contrataran a ilegales y con órdenes de expulsión inmediata a los que llegaran sin papeles en regla. Todo eso se ha perdido como lágrimas bajo la lluvia. Ni se producen inspecciones masivas, ni todos los regularizados se han dado de alta en la seguridad social, ni se procede a repatriaciones masivas de ilegales. El efecto llamada está hoy en su mejor momento. Llegan tantos ilegales como el año pasado. El hecho de que el gobierno oculte las cifras es suficientemente elocuente de lo que está ocurriendo.

La alarma social está llegando a todas partes. Solamente los progres más cerriles –ZP entre ellos- y los beneficiarios de la inmigración –la patronal de construcción y hostelería- siguen encontrando alicientes a la inmigración. Pero, en el momento actual, existen fenómenos nuevos que antes no se había presentado en la sociedad española y en la inmigración masiva.

La mayoría de los cinco millones de inmigrantes que se encuentran en estos momentos en territorio nacional, han entrado entre 1999 y 2005. Puede cifrarse en algo menos de un millón los que existían antes de esa fecha. Algunos llevan ya 6 años en nuestro país, dentro de poco, los que lo deseen, podrán acogerse a la doble nacionalidad y tendrán derecho al voto, alterando gravemente los equilibrios políticos en España. Hacia el 2025, el incremento demográfico de la población de origen inmigrante, hará que cualquier candidato a la presidencia del gobierno deba, necesariamente, halagar a los inmigrantes para un obtener un voto que entonces será decisivo. ¿Qué implica esto? El halago solamente puede ir en tres direcciones:

- Desfiguramiento de la identidad española con la introducción del concepto de “integración” (que permite mantener las propias peculiaridades culturales en el seno del Estado), que llevará directamente a la “multiculturalidad y, consiguiente, a la pérdida de la identidad española.

- Promesa de ayudas social especiales para inmigrantes y estimulación de la “discriminación positiva”, con lo que el gran drama con el que terminará el primer cuarto de siglo será haber nacido étnicamente europeo, ser pobre, y no pertenecer a ninguna minoría étnica.

- Facilidades para la llegada de más inmigrantes que estimulará a un permanente efecto llamada y a un crecimiento exponencial de la población inmigrante que hacia el 2025 se estima que puede llegar a ser, como mínimo, un tercio de la población total.

Cuando el PSOE defendía el “papeles para todos” desde principios de los años 90, cuando el PP permanecía de espaldas al problema de la inmigración porque eso satisfacía a una parte de su cúpula (la representada por grandes empresarios de hostelería, construcción y sector agrícola), era imposible de prever para estos partidos lo que ahora resulta una cita ineludible: que iba a existir un crecimiento demográfico inesperado que alteraría absolutamente todos los planes y previsiones en todos los terrenos de la actividad del Estado: desde el consumo de energía hasta la educación, desde los presupuestos de asistencia social a los de sanidad, desde los de Justicia e Interior a la vivienda, todo, absolutamente todo, se ha visto alterado por la incrustación como hecho consumado de cinco millones de inmigrantes que hoy suponen un 12% de la población española. Difícilmente en un plazo tan breve, encontraríamos otra comunidad, cuya masa demográfica haya crecido de manera tan explosiva. Y, ni PP ayer, ni PSOE hoy, están en condiciones de definir la verdadera naturaleza del problema y plantear salidas adecuadas, realistas y viables, especialmente, para los bolsillos de quienes estamos pagando tanta imprevisión: los contribuyentes españoles.

El problema de las reagrupaciones familiares

Se han regularizado 750.000 inmigrantes que entraron ilegalmente en España, incumpliendo la vigente Ley de Extranjería. Incumpla usted una ley y acabará en la cárcel o con la cuenta corriente y sus propiedades embargadas, incumpla un inmigrante la legislación que le corresponde, a sabiendas, con premeditación y el hecho consumado, será un premio para acelerará su regularización. Incomprensible pero cierto. El hecho consumado solamente puede contrarrestarse con otro hecho consumado: la repatriación inmediata y la prohibición de retornar al territorio de la Unión de por vida. Solamente así, mediante medidas drásticas, puede anularse el efecto llamada permanente. No, desde luego, con premios como la regularización masiva.

Ahora bien, esta regularización implicaría en teoría que los 750.000 regularizados, desde el momento mismo de la regularización, pasan a ser trabajadores autónomos o trabajadores por cuenta de terceros. Así pues, desde el mes de mayo deberían de haberse generado 750.000 nuevas altas en la SS. Y no se han producido. Se han producido menos de la mitad, así que está claro que, puesto a incumplir la ley, sigamos incumpliéndola no dándose de alta en la SS. A ninguna inteligencia mediana se le escapa que la situación es mucho peor que la de hace un año: la mayoría de inmigrantes regularizados (más del 50%) siguen sin aparecer en los listados de pago de la seguridad social. Del resto se sabe que, o bien cotizan cantidades mínimas o lo hacen por media jornada. Y aún no se sabe de los que empezaron a cotizar en mayo, cuántos siguen cotizando en estos momentos. Es muy fácil dejar de pagar un recibo del régimen de autónomos que llega a una cuenta bancaria y que cuyo importe, luego, nadie reclama.

Para colmo, el problema que se abre el próximo año es el de las “reagrupaciones familiares”. Parece justo y humano el que los inmigrantes se reúnan con sus familias, pero lo que parece justo para la inmigración resulta absolutamente injusto para el país receptor. Porque, como hemos visto, el inmigrante crea más problemas a la comunidad nacional, de los que resuelve (de hecho solamente resuelve el problema de mano de obra barata que tienen ciertos sectores empresariales), la reagrupación familiar lo que hace es cargar una vez más los servicios del Estado con un contingente demográfico que llega automáticamente y que puede cifrarse que será en los próximos dos años, de entre tres y cuatro millones de inmigrantes más, que vienen a reunirse con el primer llegado de su familia. Esto sin contar con que en algunos hospitales del sur del Mediterráneo Español, los nacimientos de niños inmigrantes ya han llegado a ser tres cuartas partes del total de nacimientos. Para increíble que hace unos días, Leyre Pajín –esa absurda diputada del PSOE con rango de subsecretaria- haya explicado que, finalmente, el problema de la natalidad ya está resuelto en España. Lo que está resuelto es el problema de la natalidad de los extranjeros en España, no el del grupo étnico-cultural español.

Vamos a acabar la primera década del milenio con no menos de diez millones de inmigrantes. En torno al 20% y hasta ahora, todo lo que han aportado, tanto el PP como el PSOE, En esta materia, oscila entre la chapuza pura y simple, o la estupidez inspirada en los más altos valores éticos, morales e ingenuofelizotes.

¿Podemos absorber 10 millones de inmigrantes en 5 años?

La respuesta es no. Se ha demostrado en países con mucha más tradición en inmigración que España. No solamente es imposible, sino que es el principal riesgo que va a afrontar nuestro país en los próximos años. Ayer, precisamente, en la estación de Sax, pude ver un espectáculo que me hizo pensar: una madre marroquí, ataviada con el valo y la chilaba, acompañaba a sus tres hijas de menos de 12 años, a la estación de RENFE. Las tres niñas, vestían a la occidental, pues no en vano aún “no eran mujeres”. En el momento en que tengan la primera menstruación, la estética de esas niñas será alterada por la fuerza si es preciso: dejarán de utilizar trajes en los que muestren los brazos o los hombres o las pantorrillas, pasarán a utilizar el velo y reforzarán así su identidad originaria. Y lo que es peor, se alejarán de los estándares de vida occidentales que, desde la más remota antigüedad, han concedido a la mujer un puesto diferenciado pero igual en dignidad al varón, desde Grecia y Roma. El futuro que les espera a esas tres niñas es, desde luego, envidiable, comparado con el que espera a las niñas procedentes del islam subsahariano que, inevitablemente, en España o en los retornos esporádico a su tierra natal, sufrirán la más horrenda de las amputaciones que pueda haber concebido la perversión humana: la ablación.

¿Asimilación, integración o segregación?

Existen tres conceptos a considerar en el tema de las relaciones entre las comunidades inmigrantes y las comunidad originarias. Estos tres conceptos son: asimilación, integración o segregación.

Una comunidad inmigrantes es “asimilada” por otra comunidad cuando renuncia a sus particularidades culturales. Es “integrada”, cuando sigue manteniéndolas, pero acepta las particularidades de la comunidad que la acoge. Es “segregada” cuando cualquiera de las dos comunidades, la inmigrante y la receptora, siguen conservando sus particularidades culturales y profesándose un recelo mutuo que, inevitablemente, va creciendo.

Pues bien, las políticas de “integración” han fracasado en toda Europa. Ni una sola de estas políticas (cuando ZP subió al poder, dijo inspirarse en el “modelo holandés de integración” y, para su desgracia, este modelo saltó por los aires tras el asesinato de Theo van Gogh) ha logrado, resolver la cuestión de la inmigración, aun a pesar de haber invertido en saco roto ingentes cantidades de fondos. El progresismo, inevitablemente tiende a la integración. El problema es que, el progresismo olvida que en la cuestión de la inmigración existen dos partes: la receptora y la alógena. Si ésta rechaza la integración, ella misma se sitúa en el terreno que ha elegido libremente: la segregación, o más precisamente, la “autosegregación”. El modelo de integración que pretenden algunos sectores inmigrantes puede resumirse así: “dámelo todo y yo ya decidiré si me integro o no y cómo me integro”. Queda el modelo olvidado: la asimilación. El único que permitirá mantener la identidad cultural y étnica de los pueblos europeos.

No podemos defender otra cosa más que la asimilación: ¿quieres vivir en Europa? Bien, te admitimos en nuestra casa, pero debes cumplir nuestras reglas y asimilar una cultura, una tradición y una ética que, lo lamentamos, pero consideramos que son superiores a la tuya. Nosotros estamos orgullosos de ser europeos –no en vano, Europa ha hecho al mundo- así pues te ofrecemos que dejes en el baúl de los recuerdos tus particularidades tribales, tus supersticiones, sus miserias culturales, tus hábitos antropológicos que nos resultan incomprensibles en unos casos y odiosos en otros… y te asimiles a la comunidad en cuyo seno pides ser acogido. No te hemos invitado, vienes por que lo deseas. Y si vienes a nuestra casa, debes de cumplir nuestras normas. Aquí te ofrecemos algo más que un salario a cambio de tu fuerza de trabajo: te ofrecemos una cultura y una tradición superior a la tuya, cuyos logros son indiscutibles y que tu eres el primero en reconocer porque llamas a nuestra puerta. Así pues: deja en tu tierra todos los lastres ancestrales que han marchado con tu tradición y que han hecho de tu pueblo, un pueblo desgraciado y miserable, subdesarrollado y roto, y reconoce que no todas las culturas son iguales y que, ahora, tienes la oportunidad –si es que eres capaz- de asimilarte a una cultura superior a la tuya.

Este es el único discurso que va a convenir en los próximos años: el del reconocimiento de la identidad europea y la obligación de todo aquel que llama a nuestra puerta de ser como nosotros. O retornar a su país de origen. En el fondo, nadie le ha invitado. Ni siquiera los invitados ponen condiciones. Las condiciones las ponen los invasores. Y en cierto sentido, la inmigración es una invasión que solamente puede contrarrestarse con una propuesta clara y neta: ASIMILACIÓN

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

Algunas reflexiones sobre el terrorismo internacional

Algunas reflexiones sobre el terrorismo internacional

Redacción.- Los atentados de julio en Londres han reavivado el tema del terrorismo internacional. Inmediatamente después de cometidos, nos planteábamos en infokrisis las similitudes de estos atentados con los que se han cometido anteriormente. Existen, ciertamente, unos patrones únicos (lo oscuro de la trama). Queremos ahora examinar este terrorismo para aislar a sus beneficiarios.

[como complemento de este artículo se sugiere la lectura de dos obras de Ernesto Milá: “11-M, los perros del infierno” y “La Gran Mentira”, que pueden ser solicitados a Editorial PYRE (adb@pyrelibros.com) o a este blog (infokrisis@yahoo.es) al precio de 20,00 y 14,00 euros, respectivamente. Así contribuirás al desarrollo de este blog]

¿Una organización terrorista a escala mundial?

Que el islam, como cualquier forma de pensamiento mágico, genera un entorno más o menos amplio de fanatismo, es incuestionable. Que este tipo de fanáticos, crecidos al calor del odio hacia occidente, es capaz de cometer cualquier atrocidad aduciendo tal o cual versículo del “libro”, está fuera de discusión. El islam, no lo olvidemos, es la única religión que no incluye entre sus prescripciones el “no matarás”. Por activa y por pasiva, se prohíbe orinar en la tapia de los cementerios… pero nada se dice sobre la prescripción de no matar. Que, además, en estos momentos, el odio hacia Europa ha crecido entre los sectores islámicos de la inmigración, y, en concreto en España, tenida por algunos de estos fanáticos como “tierra islámica usurpada por cruzados y herejes”, es un síntoma inequívoco que no puede conducir a nada bueno…

Dicho todo esto, la conclusión es clara: el islam es una forma de pensamiento mágico que permite un entendimiento con el terrorismo. No es esta afirmación la que queremos cuestionar. En otros momentos, hemos visto como determinados sectores en los que anidaba un pensamiento radicalizado, eran utilizados por direcciones que nada tenían que ver con esas formas de pensamiento para orientarlos en beneficio de sus intereses. En los últimos años del siglo XIX, la policía barcelonesa, era lo más alejado que podía existir del movimiento anarquista-nihilista; sin embargo, el atentado de la calle Canvis Nous, durante la celebración de la procesión del Corpus, que dio lugar a una represión generalizada contra el movimiento anarquista barcelonés, fue instigado por la propia policía. Setenta años después, el atentado contra la sala de fiestas “Scala”, en la misma ciudad de Barcelona, sirvió para desmantelar completamente y para siempre al anarcosindicalismo catalán… y el atentado contra “Scala” fue, así mismo, inducido por provocadores a sueldo de la policía barcelonesa. Definitivamente, no hay nada nuevo bajo el sol.

Este caso de provocaciones contra un sector radical, inducidas a partir de servicios de seguridad del Estado, ha sido una constante a lo largo del siglo XX, pero hunde sus raíces mucho antes. Se sabe que el llamado “motín del té de Boston” fue ejecutado por un grupo de miembros de la logia masónica de esa ciudad, dirigidos por Joseph Warren, disfrazados de indios pielesrojas. Ese episodio fue el pistoletazo de salida de la independencia de los EEUU.

Paradójicamente, el hecho de que exista un sector radicalizado, dispuesto a cometer los peores atentados, no es garantía de que atentados que, efectivamente ocurren, sean cometidos por esos sectores radicales. Con mucha frecuencia la exaltación y el radicalismo, están reñidos con la capacidad de preparación de un atentado, con la inteligencia para diseñarlo y con la posibilidad efectiva de realizarlo. En los años 70, existían en el panorama político italiano, radicales de derechas que difundían propaganda e ideas extremistas, pero que no tenían ni la intención, ni la voluntad, ni la capacidad para cometer los atentados conocidos como “masacres de Estado” que, efectivamente, se produjeron… cometidos, en su inmensa mayoría, por fuerzas y miembros de la seguridad del Estado.

Otro ejemplo: a principios de los años 80, se cometieron siete asesinatos en el País Vasco; las víctimas eran miembros del entorno abertzale, exetarras y familiares de etarras encarcelados. Los atentados eran firmados por el “Batallón Vasco Español”. Cuando la policía detuvo a las dos personas que cometían esos atentados (Iñaki Iturbide Alcaín y Ladislao Zabala Solchaga) se comprobó que no tenían nada que ver con la persona que reivindicaba los atentados. Ambos ejecutores eran completamente independientes, tanto de quien reivindicaba los atentados como de cualquier otra fuerza política o policial. Sin embargo, en esos mismos días, en territorio francés, el Bar Hendayais era ametrallado y perdían la vida varios simpatizantes abertzales. El atentado era cometido por mercenarios a sueldo de la seguridad del Estado Español que tampoco reivindicaron el atentado. Sin embargo, éste fue asumido, también, por el Batallón Vasco Español. Como puede percibirse, el fenómeno terrorista es de una complejidad extrema y se trata siempre de tender a la objetividad, procurar que todas las piezas encajen y, a partir de aquí, utilizar los métodos habituales de investigación criminal.

Así pues, al examinar el terrorismo islámico, ¿es posible aplicar el mismo esquema interpretativo? A saber: ¿existe, de un lado, un sector islamista radical, que participa en alguna medida en la comisión de atentados cuya paternidad hay que buscar en otro sitio?

¿Existe una secuencia lógica para estos atentados?

Llevamos cuatro años siguiendo el tema del terrorismo internacional, intentando deducir un patrón político que lo mueva. En el fondo, todo terrorismo no es más que una forma de hacer política mediante el ejercicio repetido del crimen. El terrorismo tiende a transformar el crimen en “hecho político”. Esta orientación ha estado presente en todos los movimientos de carácter terrorista, guerrillero y, en cualquier caso, armado. Tarea esta de tratar encontrar una lógica al terrorismo internacional: no la tiene.

Si hay algo que caracteriza al terrorismo internacional es que es un terrorismo absurdo en sí mismo. Organizaciones terroristas de las que nadie ha oído hablar y que, bruscamente, cometen un atentado de extraordinaria envergadura, para ser, a continuación desarticulados en un tiempo record; cuyos miembros carecen previamente de experiencia y militancia política, habitualmente se trata de profesionales brillantes, de los que ni sus compañeros de estudios, ni la gente que tienen próxima, ha conocido jamás sus orientaciones, o bien de delincuentes comunes que tampoco han manifestado jamás la más mínima tentación por lo político o la mística. Estas organizaciones se han fraguado durante años en el silencio –las “células dormidas”-, luego han “despertado”, y han cometido “el atentado” para ser después desarticuladas. La mayoría de sus miembros perecen en la acción o poco tiempo después. A diferencia de los palestinos que, antes de “inmolarse”, realizan un vídeo publicitario explicando los motivos por los que se suicidad, estos otros, desaparecen sin despedirse… Habitualmente hubieran podido conseguirse los mismos efectos, sin sacrificar a los miembros del comando: en Casablanca, mueren 15 terroristas, causando 30 víctimas irrelevantes, que hubieran asesinado igualmente arrojando las bombas por encima de la tapia de la “Casa de España”. En Londres, los terroristas mueren, sin pretenderlo, al colocar las bombas; se dice que eran “defectuosas”. El 11-S, la versión oficial sostiene que los terroristas estrellan los aviones contra el WTC, aun cuando, contrariamente a lo que se dijo al principio, ni uno de ellos estaba en condiciones de ponerse a los mandos de un Boeing. El 11-M, todos mueren en Leganés, donde permanecían contra toda lógica, aun a pesar de que desde hacía días, sabían que la policía estaba buscándolos en ese barrio y en un episodio que la Comisión 11-M apenas se preocupó de esclarecer.

Por otra parte, los atentados se producen en puntos alejados del globo; su comisión carece de secuencia lógica: ¿por qué saltar de Balí a Madrid o de Nueva York a Londres, o de Casablanca a Ankara? ¿o de Arabia Saudí a Buenos Aires? Y todo esto en un plazo de 7 años…

¿Qué sentido tiene para radicales islámicos atentar en Londres, donde, precisamente, tienen su refugio cientos de islamistas radicales llegados de los puntos más alejados del globo, hasta el punto de que la capital británica bien puede ser considerada como el “santuario” del islamismo integrista. Ningún grupo terrorista, por absurdo y estúpido que sea, “quema” el “santuario” en el que puede vivir una vida cómoda y desde donde puede reagruparse y planificar nuevas operaciones.

En el radicalismo islamista no hay ni grandes teóricos, ni grandes analistas políticos, eso es cierto, pero para advertir sobre los riesgos que implican algunos atentados, no hace falta ser una eminencia gris. Golpear en Londres es lo más absurdo que un terrorista islámico podría hacer. Y sin embargo…

Atentar en el WTC podría tener como objetivo doblegar el orgullo norteamericano… pero ese atentado facilitó el casus belli para la guerra de Afganistán, esto es, para que el integrismo islámico perdiera su único baluarte mundial. Atentar el 11-M en España podría tener como lógica, forzar un cambio de gobierno y obtener la retirada de las tropas españolas de Irak, con el consiguiente desmigajamiento de la coalición; pero esto lo sabemos ahora, antes, un “analista” islámico hubiera debido jugar con muchas variables diferenciadas para poder establecer ese diagnóstico: las bombas del 11-M, en sí mismas, no bastaban para forzar el cambio de gobierno, era preciso, además, que la SER desde el primer momento diera la noticia de que era un atentado islámico mientras que el gobierno Aznar, engañado, sostuviera en las 48 horas siguientes, que era ETA; era preciso, además, que los SMS se pusieran en marcha. De no haber mediado estos elementos, Aznar se sentaría en la Moncloa todavía como Blair lo está en Downing Street. Los atentados de Casablanca, no sirvieron, desde el punto de vista islámico, absolutamente para nada: desprestigiaron la opción moderada que tenía grandes posibilidades de avanzar en las elecciones municipales siguientes, mientras el islamismo extremista carecía de organización política. Y en cuanto a los atentados de Balí, apenas sirvieron para otra cosa más que para acentuar la vigilancia y el tejido de acuerdos de cooperación mutua entre EEUU y los países del sudeste asiático. ¿El atentado de Londres? Al igual que los del 11-S, tuvieron como primera consecuencia un reforzamiento de la legislación antiterrorista con notorias restricciones a las libertades y a los derechos públicos… para islamistas y para no islamistas. Blair hoy, como Bush ayer, jamás hubieran podido aprobar leyes que, en la práctica, permitían disparar primero y preguntar después, de no haber sido por los extraños atentados con firma islámica que se produjeron en sus respectivos países.

¿Qué sentido, además, puede tener matar a trabajadores, muchos de los cuáles eran inmigrantes y, frecuentemente, inmigrantes islámicos, cuando tanto en Nueva York, como en Madrid, Casablanca, Balí o Londres, era posible asesinar a responsables políticos ligados a iniciativas neocapitalistas y globalizadotas, desde luego antiislamistas? ¿para qué matar a pobres diablos si se podía lograr un impacto semejante atentando contra élites gubernamentales y capitalistas de esos mismos países, con solamente, rectificar ligeramente el tiro. Incluso el terrorismo anarquista de finales del XIX prefirió apuntar contra la oligarquía catalana reunida en el Liceo para lucimiento de escotes enjoyados de sus damas y punto de encuentro para cerrar lucrativos negocios en los entreactos, antes que en las estaciones ferroviarias que ya existían por entonces. De hecho, el atentado anarquista real (bomba del Liceo), se distingue del atentado anarquista de pura provocación (bomba de la procesión del Corpus) en que en el primero mueren oligarcas y sus familias, mientras que en el segundo las víctimas son extraídas del pueblo llano. Dime a quien matas y te diré a quien sirves. Ni siquiera en esto hay coherencia en el “terrorismo islamista”.

El terrorismo internacional como desencadenante

Está claro que en esta extraña trama de “terrorismo internacional”, el islamismo radical entra en algún punto de la quiniela. Las fotos tomadas en los pasillos del metro de Londres indican que, efectivamente, las bombas fueron colocadas por gente procedente de países islamistas, así pues, hay que deducir que, efectivamente, eran islamistas. Pero una cosa es poner la bomba y otra muy distinta idear el atentado. Hasta ahora, hay que reconocer que los motivos del terrorismo islamista no están nada claros. No es solamente un activismo antinorteamericano, el que lo mueve, tal como se pensaba en los primeros años en los que emergió la figura de Bin Laden y de Al Qaeda, sino otros muchos intereses: el atentado de Casablanca, no era antinorteamericano, tampoco el de Ankara, mucho menos el de Bali, ni los de Londres. Solamente los de Madrid tenían cierta lógica… a condición de que fueran acompañados por mensajes SMS y mentiras orquestadas por PRISA.

El terrorismo internacional en la zona de Oriente Medio y Asia Central es de otra matriz, muy distinta a la que se produce fuera de esas zonas. Puede entenderse que haya una reacción suicida de jovenzuelos palestinos ante cincuenta años de ocupación sionista. La falta de perspectivas genera desesperación y deseo de autodestrucción y, mucho más, si el islam promete al “guerrero muerto en la guerra santa”, una vida opípara y bajamente sensualista en el más allá. Así mismo, se entiende que en Afganistán e Irak, menudeen los atentados suicidas: son países en estado de guerra, la resistencia contra el invasor, en estos casos, no es de naturaleza diferente a la que apareció en la Europa ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En la guerra moderna, ni invadidos, ni invasores, tienen límites a su brutalidad. Pero ¿existe alguna justificación, incluso desde el punto de vista islámico, para el terrorismo internacional?

No hay perder de vista otro dato: todas las operaciones terroristas islámicas desde el WTC hasta Londres, han traído flacos servicios a la causa que decían defender. Los ataques del 11-S fueron la excusa para la liquidación del régimen afgano, los de Casablanca contuvieron la ofensiva islamista moderada del Partido de la Justicia y el Desarrollo, los atentados de Londres tuvieron como consecuencia el endurecimiento de las condiciones de vida de los islamistas refugiados en Londres.

En todos estos casos, incluso en el caso del 11-M, el terrorismo islamista es utilizado siempre como desencadenante de algo: una invasión, un recorte a las libertades públicas, una retirada de tropas, etc. Más que terrorismo internacional habría que hablar de “terrorismo reactivo” en el sentido de que tiende a provocar reacciones y, unánimemente, esas reacciones son contrarias a los intereses… del islam radical.

Al Qaeda y el terrorismo “de red”

El tiempo va pasando. El 11-S podíamos creer que Bin Laden se escondía en las cuevas de Tora-Bora y que, en pocas semanas sería capturado o ejecutado sobre la marcha. Han pasado, desde entonces cuatro largos años y media docena de atentados terroristas, firmados por el entorno Al Qaeda. En todos estos atentados sin excepción, el nexo que los une a Al Qaeda, es excepcionalmente débil y cuestionable y no sería admitido como prueba en ningún tribunal regular: una llamada telefónica realizada desde un número vigilado y considerado como de Al Qaeda (o de un simpatizante, o de un desconocido al que se le atribuye esa militancia), a otro número, basta para establecer el vínculo entre el centro terrorista y sus “células dormidas”. Veremos si la Audiencia Nacional es capaz de dictar una sentencia condenatoria contra la “célula española de Al Qaeda”, a la vista de lo magro de las pruebas presentadas por la fiscalía. El 20 de septiembre tendremos la sentencia que, sea cual sea, será recurrida. Por nuestra parte, hemos seguido el proceso diariamente a través de la prensa y podemos afirmar que, incluso las pruebas circunstanciales presentadas por el fiscal, son de una endeblez supina y que, a la vista de las mismas, resulta una enormidad pensar que un juez se haya atrevido a procesar a un grupo de individuos y acusarlos, nada más ni nada menos, que de las 3000 víctimas del WTC…

Han pasado cuatro años desde el WTC, Bin Laden sigue sin aparecer y sin dar signos de vida, la investigación en EEUU sobre el 11-S está empantanada, se ha presentado incluso una denuncia colectiva de familiares de víctimas y notables contra la administración norteamericana por mentir sobre los atentados. Hasta 2002, Bin Laden realizaba esporádicamente alguna intervención en medios de comunicación. Desde 2003 permanece mudo y en paradero desconocido. ¿Una clandestinidad efectiva? Improbable: no es un solo servicio de seguridad el que lo busca, sino los de todo el mundo, quienes hemos estado en la clandestinidad en alguna época de nuestra vida, sabemos que estas situaciones se pueden prolongar un tiempo, no eternamente. Ahí está el ejemplo de Saddam Hussein para certificarlo.

En cuanto a Al Qaeda se la ha definido como “la red”. Brillante e imaginativo, pero inexacto e improbable: la red ¿de qué? ¿cuántos grupos pertenecen a esa red? ¿cómo se constituye esa red? ¿cómo decide la estrategia? ¿cómo opera? ¿cómo establece dónde y cuando golpear? ¿cuántos la forman? Los “expertos” norteamericanos contestan con largas parrafadas, en obras imaginativas pero en las que es fácil establecer dónde empieza la ficción y donde terminan los pocos datos objetivos, incuestionables y demostrados. Pero, nada, absolutamente nada de cierto, puede responderse. De ETA o del IRA se sabe absolutamente todo de cualquiera de sus períodos. Del terrorismo internacional, a cuatro años del atentado al WTC sigue sin saberse absolutamente nada cierto.

La ficción de las “células dormidas” es insostenible: una célula terrorista para operar eficazmente, precisa entrenamiento, “gimnasia” terrorista (esto es, pequeños atentados que van curtiendo a los integrantes de la célula), actividad constante y permanecer en guardia constantemente… no estar ”dormidas”. En 1991, el sector de Terra Lliure vinculado a Catalunya Lliure, había decretado una “tregua”. Cuando los jerifaltes de CLl solicitaron al “grupo armado” que reanudara los atentados, éstos le contestaron diciendo que ya no estaban por la labor. Efectivamente, una “célula dormida”, en la práctica, es una “célula liquidada”. Las organizaciones terroristas se mantienen mediante el ejercicio del terrorismo, no mediante la promesa de un terrorismo futuro e hipotético. Por lo demás, no están claros, ni siquiera en los libros publicados por los “especialistas” sobre Al Qaeda, cuáles son los canales de transmisión de órdenes, quien determina que una célula “dormida”, “despierte”, quien marca los objetivos, ni cuáles son los canales jerárquicos interiores.

Walter Laqueur, uno de estos especialistas en terrorismo internacional, hace poco escribió en el “Dossier La Vanguardia” dedicado al terrorismo: “Llevo 20 años estudiando el fenómeno del terrorismo internacional y contra más tiempo pasa, menos lo comprendo”. La frase, por sí misma, es elocuente y demuestra el drama del analista sincero: cada remesa de datos que recibe de los organismos de inteligencia, le alejan de la comprensión del problema, nunca tantas hojas impidieron ver un bosque tan escuálido.

Terroristas islámicos, ejecutores inconscientes y criminales con cerebro de mosquito carcomido por el pensamiento mágico, manipulados por distintos centros de poder, frecuentemente, y también, por aventureros de pocos escrúpulos. No existiría un solo centro manipulador, sino una multiplicidad de intereses encarnados por distintos centros que utilizaban el radicalismo islámico como fuerza de choque barata e inconsciente para sus provocaciones. Quizás esta sea la hipótesis de trabajo más ajustada a la realidad. En el fondo, el terrorismo islámico reviviría en los albores del siglo XXI, el drama del terrorismo anarquista de finales del XIX: existían efectivamente, terroristas anarquistas, químicamente puros, pero la inmensa mayoría de atentados atribuidos a este sector, en realidad no pasaban de ser provocaciones realizadas desde distintos sectores (incluso por parte de confidentes infiltrados en el anarquismo que querían cotizar al alza sus informaciones). ¿Por qué se eligió a los anarquistas para estas provocaciones? Por lo mismo que hoy se ha elegido a los islamistas radicales:

1) En primer lugar, porque existen verdaderamente aquí y allí, rescoldos de un terrorismo islamista real y autónomo (Palestina, Irak, Afganistán).
2) En segundo lugar, porque el fondo de la ideología islamista radical contiene un germen terrorista innegable: la “guerra santa” y la ausencia del “no matarás”.
3) En tercer lugar, porque los sectores islamistas radicales (como los anarquistas de ayer) tenían poca educación política, gustaban utilizar el verbalismo revolucionario más radical (por la boca muere el pez), a pesar de ser incapaces de llevarlo a la práctica.

Los especialistas en “antiterrorismo” harían bien en modificar sus esquemas interpretativos del fenómeno. Mirar la vista atrás y comparar este nuevo terrorismo, con el que ya apareció en otras épocas. Advertirán, inicialmente, que en el terrorismo internacional, nada es lo que parece y, en segundo lugar, que no hay nada nuevo bajo el sol.

[como complemento de este artículo se sugiere la lectura de dos obras de Ernesto Milá: “11-M, los perros del infierno” y “La Gran Mentira”, que pueden ser solicitados a Editorial PYRE (adb@pyrelibros.com) o a este blog (infokrisis@yahoo.es) al precio de 20 y 14 euros, respectivamente. Así contribuirás al desarrollo de este blog]

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

"Arraigo laboral": tras la noche, la noche más larga

"Arraigo laboral": tras la noche, la noche más larga

Redacción.- Una vez más ha sido en el mes de agosto, cuando el gobierno ZP ha realizado su propuesta para “solucionar” el problema de la inmigración masiva. Y, una vez más, como el año pasado, la única solución es una nueva regularización. Esta segunda, se realiza bajo la peregrina excusa del “arraigo laboral”.

Cifras oficiales y cifras reales

Cuando se cerró la regularización de febrero-mayo de 2005, el mismo gobierno advirtió que quedaban 120.000 inmigrantes sin regularizar. El ministro Caldera hizo gala en aquel momento de su más que dudosa “energía”: “Quién no esté regularizado, se tendrá que marchar” y “Habilitaremos inspecciones de trabajo para localizar a los inmigrantes ilegales y sancionar a las empresas que los contraten”. De todo este ejercicio de la autoridad, hoy no queda nada: el mismo Caldera ha reconocido que los 120.000 de ayer, hoy son 170.000. De las inspecciones y de las repatriaciones, no sabemos que se haya realizado ni una.

Pero la cuestión es que no son 150.000 inmigrantes ilegales los que en estos momentos están en nuestro territorio. Estamos hablando de entre millón y medio y dos millones. La subida de 120 a 150.000 que ha reconocido Caldera se basa en una extraña proyección del contingente de ilegales que llega cada mes de promedio. Según Caldera, en torno a 10.000 al mes (de mayo a agosto, 30.000…). Pero estas proyecciones son infantiles: 10.000 inmigrantes son los que llegan en patera a las costas de Canarias y del Sur de España. Y la patera, contra lo que se tiene tendencia a pensar, no es la forma mayoritaria de entrada ilegal en España. En Barajas, cada semana, llega una cifra parecida de andinos. Y por la frontera, absolutamente desguarnecida, de los Pirineos, ha habido momentos (especialmente en el mes de abril) que algunos funcionarios de Interior, calculan extraoficialmente que llegaron en torno a 6.000 por día.

Si en la actualidad existen, según las cifras oficiales, 3.000.000 de inmigrantes censados (cuando hace un año se reconocía la mitad exacta), el incremento de 30.000 inmigrantes en tres meses y la cifra final de 170.000 ilegales, parece razonable… pero no lo es, esa cantidad está viciada de partida. Fue en el período 2000-2003, cuando la cifra de inmigrantes residentes en España, pasó de apenas 1.000.000 a 3.000.000.

Más allá de los tres millones de inmigrantes

En enero de 2003 en Catalunya, las cifras oficiales que nos dieron en el Departamento de Inmigración, entonces controlado por CiU y, verdaderamente alarmado por el incremento de las cifras, era de 300.000 legales y 350.000 ilegales. Cuando tuvieron lugar las elecciones autonómicas catalanas, todos los partidos presentaron como “guinda” a un inmigrante en su lista. Tuvimos ocasión de conocer al sirio y al hindú que CiU había incluido en sus listas. Y fue con ellos y con el entonces director de Inmigración de la Generalitat, cuando estas cifras ya se habían elevado a 375.000 ilegales, solamente en Catalunya. Así pues, a principios de 2.004, en Catalunya, estábamos hablando “oficialmente” de 675.000 inmigrantes, cifra que podemos considerar como relativamente exacta. Realizando la proyección de esta cifra sobre el resto de comunidades autónomas, atendiendo a su densidad de población y al interés que tienen para la inmigración (concentrada en Madrid, Catalunya, Andalucía, Valencia y disminuyendo en el resto de comunidades, hasta ser mínima en la cornisa cantábrica), se obtenía la cifra 3.000.000… ¡a principios de 2004!

Pero, desde entonces, ha llovido mucho: en enero de 2005 la Unión Europea reconocía que habían entrado en España 800.000 inmigrantes ilegales (contrariamente a las cifras oficiales que, apenas las cifraban en la tercera parte). Esto daba una cifra de 3.800.000 inmigrantes, entre legales e ilegales. Pero entonces se produjeron los atentados del 11-M y la entrada en goteo que había presidido la primera legislatura del PP (1996-2000), ya no era ni siquiera la riada que se generó en la segunda legislatura (2000-2004), sino que estuvimos ante un verdadero alud.

La inmigración: de goteo a marea y de marea a alud

Tras unos días en los que disminuyó el flujo de inmigrantes (los días inmediatamente posteriores al 11-M), la inmigración y los traficantes de carne humana, advirtieron los resquicios que dejaba abiertos la debilidad de ZP. Fueron precisamente, los contingentes pakistaníes los que primero advirtieron la nueva situación. Las mafias pakistaníes de la inmigración, que siguen en importancia y actividad a las marroquíes, reaccionaron inmediatamente ocupando la Catedral de Barcelona en la peor infamia que recuerda la historia del lugar. Las tumbas de los menestrales barceloneses sirvieron de urinarios, los bancos de la Cripta de Santa Eulalia y de la nave central, fueron apilados y colocados como barricadas dentro del Templo y, finalmente, la Sala Capitular en donde se encuentra el Cristo de Lepanto, se utilizó como basurero… El gobierno ZP y el “honorable” Maragall, en lugar de reaccionar con expulsiones inmediatas y encarcelamiento de los allanadores y profanadores de la Catedral, prometió que “revisaría la política de inmigración”. Esta fue la señal que convenció a las mafias de la inmigración de la debilidad congénita del gobierno ZP. A partir de ese momento, el “efecto llamada” se convierte en una tendencia permanente. Cuando tiene lugar la ocupación de la Catedral de Barcelona, ya se estaba rondando la cifra de 4.000.000 de inmigrantes.

A estos 4.000.000 hay que añadir los que han entrado con el “efecto llamada” desencadenado a partir de las declaraciones de Consuelo Rumi en agosto de 2004, cuando estableció las normas generales de lo que luego sería la reforma de la Ley de Extranjería que abrió la vía para la regularización masiva de febrero-mayo. Sobre este período no hay cifras oficiales. El Ministerio del Interior, insiste en que ha disminuido el flujo de inmigrantes ilegales. Pero, de hecho, son los únicos que se atreven a afirmarlo. Sindicatos policiales, gobiernos autonómicos y municipales, servicios sociales, servicios sanitarios, sin excepción son mucho más pesimistas: en el último año se ha disparado la inmigración masiva. De hecho, la regularización masiva no fue considerada ni por la inmigración, ni por las mafias, como una muestra de “generosidad” (tal como ZP pretendía), sino de “debilidad”. Y al débil se le obliga siempre a que realice más concesiones. La regularización convirtió la marejada en un alud incontenible, un “efecto llamada” redoblado, cuyos efectos duran todavía hoy.

Los costes de transformación social brusca

A lo largo de 2005, se ha hecho evidente que una población no puede crecer bruscamente en 5.000.000 de habitantes en apenas cinco años, sin que sufra bruscas alteraciones y desfases. Los precios de la vivienda que deberían de haberse estancado con tendencia a la baja, han seguido subiendo un 14% en el último año, la energía eléctrica consumida por la población española se ha mostrado insuficiente para cubrir las necesidades de estos cinco millones de recién llegados. En algunas zonas, los servicios médicos de la seguridad social están saturados y las listas de espera que, llevaban camino de resolverse en años anteriores, han colapsado determinados servicios (no hay que olvidar que buena parte de la inmigración, contra lo que se tiene tendencia a pensar, no son adultos varones en edad de trabajar, sino de todas las edades, con un contingente significativo de embarazadas, procedentes de países como Malí y Mauritania con entre un 30 y un 40% de afectados por enfermedades infecto-contagiosas, incluido el SIDA. Desde 2002 ya se experimentó un aumento asindótico de la violencia doméstica y ya ese año, las cifras del Instituto El Cano, indicaban que, estadísticamente, el 7% de la población (el porcentaje de inmigrantes ese año) protagonizaba el 50% de los asesinatos de mujeres en el marco de la violencia doméstica. Y así sucesivamente…

El “arraigo laboral” como último invento socialista

El PSOE, Caldera, Rumi y ZP se equivocan. Utilizando proyecciones estadísticas absolutamente ilusorias y que remiten su error inicial al año 1997, han establecido que solamente hay en España 3.000.000 de inmigrantes, de los cuales, hoy, 170.000 están sin regularizar. En su infinita ignorancia del fenómeno inmigratorio, están persuadidos de que esos 170.000 inmigrantes ilegales están trabajando de manera ilegal en empresas españolas. Se equivocan, por supuesto. Sobre este tema no hay cifras seguras, en absoluto. Se ignora cuántos ilegales trabajan en empresas españolas, es posible que haya unas decenas de miles, pero, en cualquier caso se trata de cifras difícilmente cuantificables: se trata de trabajos esporádicos, en absoluto de empleo fijo. Por otra parte, el problema no es de los que estos 170.000 que –según Caldera “trabajarían” en algo- sino de los otros 1.830.000 que ni aparecen en las estadísticas, ni se sabe de qué viven, ni donde están, ni a qué se dedican.

Con la figura del “arraigo laboral” lo único que se conseguirá es reforzar –en la medida en que es posible reforzar un verdadero alud- el efecto llamada permanente que vive nuestro país desde la ocupación de la Catedral de Barcelona en mayo de 2004. Por lo demás, es discutible que estos inmigrantes puedan presentar un contrato regular. Han sido contratados por que no tienen costes sociales y reciben un salario inferior a los trabajadores regulares. En el momento en que se igualen en derechos a los regulares, los trabajadores ilegales dejarán de tener atractivo para los empresarios desaprensivos, como de hecho ya ocurrió al abrirse la regularización de febrero-mayo.

El fondo de la cuestión: una política suicida

El problema para ZP es que no ha entendido –es el único en Europa en no entenderlo- el problema de la inmigración masiva. No se trata ya de regularizarla o no, se trata de que está alterando el sustrato étnico, cultural, antropológico y social de Europa. Cuando un proceso de esta envergadura se produce en menos de una generación, estamos ante un momento de estallidos sociales inevitables. La política de ZP es la de la concesión constante, lo que hemos dado en llamar, la “renuncia preventiva”.

El problema es que esta política de mano tendida la está practicando hacia gente que procede de otros horizontes culturales y que tienen la concesión como evidencia de debilidad. Ya lo hemos dicho: al débil se le obliga a la concesión; ante el fuerte se tiene respeto, ante el débil se abusa y se practica el maximalismo y la intolerancia. Tal es la visión antropológica y cultural que viene en el bagaje genético de buena parte de las comunidades inmigrantes que llegan a nuestro país. Por eso, una política de inmigración basada en la debilidad es una política suicida a corto plazo.

ZP tiene todo el derecho a suicidarse, pero no tiene ningún derecho a hacer de esa opción personal, un destino colectivo para toda una Nación.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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¿Está usted en un blog del PP?

¿Está usted en un blog del PP?

Redacción.- Recientemente, algún merluzo diplomado ha certificado que el blog que está usted visitando está “a sueldo del PP”. Con lo cual demuestra que, o bien no sabe leer, o bien no ha leído el blog, y que, en cualquier caso, hace un ejercicio continuo de la mentira. Pues bien, no. Este blog no está a sueldo del PP. Pero una estupidez como ésta nos va a servir como excusa para examinar la línea política del PP. Gracias por habernos dado motivo para abordar este tema.

Por un juicio crítico del aznarismo

En 1996, Aznar accedió al poder después de una campaña que suscitó pocos entusiasmos. El propio Aznar no era un tipo carismático y su triunfo se debió más al hastío que había impregnado hasta el tuétano a la sociedad española que a méritos propios. Hay que reconocer que en esa primera legislatura, Aznar consiguió éxitos notables: la crisis económica que se venía arrastrando desde 1992, desapareció finalmente cuando el PP devolvió confianza al inversor. Y, sin duda, el éxito más notable de Aznar fue contener la corrupción que había alcanzado con el socialismo límites extremos nunca antes vistos. En materia antiterrorista, resultó evidente que el PP era, no solamente un hueso duro de roer para ETA, sino que, además, el terrorismo iba a sufrir una ofensiva general en todos los terrenos: policial, político, internacional y legislativo. El electorado recompensó estos logros y concedió mayoría absoluta al PP en las elecciones del 2000.

Suele decirse que, a partir de ese momento, Aznar adoptó una línea política soberbia y que, frecuentemente, tendía a la crispación. Hay algo de cierto en esto, pero solamente en un terreno: el alineamiento de Aznar junto a Bush durante la malhadada guerra de Irak. Ni en aquel momento entendimos el giro de Aznar, ni aún hoy, él mismo ha sido capaz de explicarlo. Probablemente, en esto jugó mucho el factor subjetivo que le unión al presidente norteamericano: a partir de 2002, Bush y Aznar, por lo que fuera, se “cayeron bien”. De este elemento imprevisto, surgió la opción pro belicista que fue rechazada unánimemente por el pueblo español. Aznar no atendió al aviso de la población y siguió en sus trece. Aun así, el bajo calado de la candidatura socialista en 2004, hubiera permitido a Aznar mantener una cómoda mayoría parlamentaria el 14-M. Pero los atentados del 11-M y la indigna campaña de intoxicación y desinformación llevada a cabo por el patrón del PSOE, la cadena PRISA, selló el fin de la era Aznar.

El balance de este segundo período tuvo otro punto negativo: la cuestión de la inmigración. Si bien es cierto que en 1999, los socialistas, apoyados por todos los demás grupos parlamentarios, lograron imponer una reforma de la Ley de Extranjería que condujo al primer “efecto llamada”, cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta en el 2000, hubiera sido posible que, de existir voluntad política, se hubiera atajado de raíz el problema de la inmigración. Sin embargo, cuando concluyó el período Aznar nos encontrábamos con 3.500.000 de inmigrantes, más de la mitad de los cuales
eran ilegales. El ministerio del interior, que tan eficazmente luchó contra ETA, había olvidado los otros dos frentes de su competencia: inseguridad ciudadana e inmigración, frecuentemente unidos.

Aznar logró equilibrar las cuentas del Estado y mantenerse firme ante los proyectos independentistas. Su estrategia de apoyarse en la primera legislatura en “los catalanes”, esto es, en CiU, no supuso concesiones excesivas y endeudamientos costosos con el nacionalismo, sino que, más bien, tendió a “domesticarlo”.

Las políticas sociales que impulsó el PP, podían calificarse de “mediocres”. Ni eran excesivamente “sociales”, ni tampoco estaban dictadas por la patronal. Lo que para Aznar contaba en ese momento –de hecho, lo único que contaba para él- era el equilibrio de las cuentas públicas: mientras no apareciera el fantasma del déficit, era admisible impulsar proyectos de calado social. Progresivamente, casi sin darse cuenta, muchos de estos proyectos y fondos iban siendo acaparados por la inmigración en un proceso que hubiera debido alertar a Aznar del problema. Pero, en el fondo, existían dos patronales que pesaban en el gobierno Aznar, eran la de la construcción y la de hostelería. Y estas patronales precisaban de mano de obra barata que pulverizara el mercado laboral y rebajara los costos de la mano de obra. De ahí que Aznar permaneciera de espaldas al problema.

Hubo frentes en donde se podía haber hecho más, pero el trabajo de corrección de los disparates realizados en el período felipista, quedó a medio camino. En enseñanza, por ejemplo. Las reformas de la enseñanza que impulsó en dos ocasiones el gobierno Aznar, a pesar de estar correctamente enfocadas –especialmente la diseñada por la ministra Esperanza Aguirre- recibieron el fuego cruzado del nacionalismo y del socialismo que veían como lo propuesto apuntaba directamente a su línea de flotación, esa innata capacidad para falsificar la historia de la que siempre ha estado dotado el progresismo y el nacionalismo.

Así mismo, la política autonómica fue correcta, tan correcta que desató las furias de los “centrífugos”. Ahora bien, en este terreno, Aznar hubiera debido de acudir con más frecuencia al consenso con el partido mayoritario en la oposición. En ámbitos importantes para la vida de una nación y para su futuro, las políticas de consenso son absolutamente necesarias y mucho más en el caso de España en el que el sistema se sostiene sobre dos columnas (PP y PSOE) y de manera muy secundaria por partidos pequeños que, a duras penas, alcanzan el 5%. La falta de consenso en algunas áreas no puede achacársele solamente a Aznar; los socialistas en la oposición suelen comportarse como hienas hambrientas a las que solamente les mueve el interés de partido y no les interesa más que el desprestigio del contrario, ¿y el interés nacional? Poco entienden los socialistas del interés nacional desde Largo Caballero hasta Zapatero.

Lo mejor del PP: que no es el PSOE

En el balance objetivo del aznarismo ha habido de todo: positivo y negativo; es historia reciente y, como toda historia, nada es completamente blanco o negro, sino que existe una abundante gama de grises. Pero ¿y hoy? ¿es válido seguir diciendo “ni derecha, ni izquierda”, “ni PP, ni PSOE”. En cierto sentido si, de lo contrario estaríamos en el PP o en el PSOE. Pero sería absurdo pensar que este rechazo a los contenidos globales de las opciones mayoritarias implica un equilibrio y una equidistancia entre ambos grupos políticos. La política autonómica del PSOE es nefasta y suicida; la del PP, no. La política social del PSOE, la política educativa, la política de defensa nacional, la política antiterrorista, son absolutas y verdaderas catástrofes que tienden siempre a la centrifugación nacional, a la pérdida de identidad de nuestra comunidad, a desconsiderar adversarios notorios y a tender la mano a las fuerzas más irresponsables, disgregadores y, ocasionalmente, asesinas que actúan en nuestro territorio. Y, por lo demás, es una política asocial…

Así, este blog, “entiende” mejor las posiciones del PP en algunos terrenos, que las del PSOE en esos mismos terrenos. En este momento, no vemos absolutamente ningún aspecto de la política socialista que podamos aceptar; sin embargo, vemos razonables algunos aspectos de la oposición del PP.

Dicho esto, vale la pena preguntarse, en el fondo, ¿qué es el PP? Un partido liberal, de centro-derecha, con un ala derecha fuerte que, inevitablemente, se repliega en momentos electorales para priorizar la conquista del centro. Amigos de la globalización y en absoluto críticos ante el proceso de mundialización, es en este terreno en donde existen más contradicciones en el interior del PP, cuya derecha es nacionalista e, incluso, jacobina, pero que, sin embargo, defiende actitudes propias del liberalismo salvaje y mundializador.

Si bien en el PSOE de ZP está claro que apenas es otra cosa que un partido pegado a un grupo de prensa, las cosas no son iguales en el PP. Como todo partido mayoritario y liberal, sus intereses responden a sectores sociales concretos, en este caso la alta burguesía y sectores de la patronal, sectores conservadores ligados a la Iglesia o a grupos de presión dentro de la órbita católica, sectores de la burguesía agraria, conservadores por definición. Es decir, en el PP existe una representación más amplia de sectores sociales y una multiplicidad de intereses, no siempre coincidentes. Sería absurdo pensar que en el PSOE existe algo parecido: el cáncer de la izquierda europea ha sido buscar los votos en las bolsas marginales, dándoles alas y realizando promesas para estimularles. El felipismo ganó en 1983 los votos de dos millones de porreros prometiendo la despenalización del consumo de marihuana. Zapatero quiere aupar su ansiada mayoría absoluta en los votos de homosexuales, feministas, transexuales y demás lindezas. Es evidente que no existe un paralelismo ni una equidistancia entre PP y PSOE. La línea del PP puede discutirse, especialmente en algunos aspectos, la del PSOE es pura basura progresista.

El PP evidencia poca sensibilidad social… pero la sensibilidad social del PSOE son los “pisos de 30 metros cuadrados” y la regularización de 750.000 inmigrantes que va en detrimento de los intereses de las clases trabajadoras españolas. Aznar era un líder sin carisma pero con energía y decisión: sabía a donde quería ir aunque al grueso de la población no lo admitiera. Tenía voluntad para ejercer el mando y capacidad para elegir colaboradores. En cuanto a Zapatero, ni tiene carisma, ni tiene capacidad de mando, ni sabe a dónde quiere ir y en cuanto a sus colaboradores, cumple el “principio de Meter” sobre los distintos niveles de incompetencia. En cuestión de líderes, el PSOE es, actualmente, una catástrofe hecha gobierno.

El PSOE y su gestión producen en nuestro ser más íntimo rechazo y, si se examinan sus decisiones de forma pormenorizada, el rechazo puede llegar a la náusea. Por su parte, el PP no nos produce entusiasmo, pero, justo es recordarlo, solamente en los momentos previos a la guerra de Irak, suscitó náusea. El PP no nos entusiasma (falta un pronunciamiento en una dirección antimundialista, falta una crítica al liberalismo salvaje, falta un proyecto nacional ilusionador, falta sensibilidad social y falta valor para defender la identidad nacional, que es algo diferente a la unidad nacional).

De ahí que, en síntesis, podamos decir que lo que más nos convence del PP actual es, su oposición al PSOE, mucho más, desde luego, que sus propuestas en positivo.

¿Está infoKrisis a sueldo del PP?

A la vista de que cada día nos levantamos para trabajar y ganamos el pan con la fuerza de nuestro trabajo (y los que nos conocen saben que trabajar no es nuestro ideal… pero cumplimos como los buenos y vivimos razonablemente bien gracias a nuestro esfuerzo), podemos afirmar que entre nuestro “clientes” no está ni el PP, ni nadie de su entorno. Vamos, que no estamos a sueldo del PP, si es que hace falta aclararlo, para que el bobo que lo proclama se entere.

Julius Evola nos enseñó una cosa que vale la pena recordar aquí: la objetividad. Objetividad es el esfuerzo por reconocer las cosas tal cual son, en su aspecto más real y desapasionado. Objetividad supone huir de mitos, de frases hechas, de dinámicas inerciales, de apriorismos y de cualquier rasgo de subjetividad. Evola, en su obra de juventud “Fenomenología del individuo absoluto” y, más tarde, en su última gran obra, “Cabalgar el Tigre”, expuso la importancia del valor objetividad en el conocimiento de uno mismo y del mundo.

Un jefecillo de tribu urbana, no hace mucho, escribía en lo que supone casi su web personal: “el enemigo principal es el PP”. Y se quedó tan ancho. Fue incapaz de explicarlo, pero la frase quedó para ilustrar al último rescoldo de acólitos. La frase es buena muestra de que la subjetividad respecto a las propias capacidades, viene acompañada de una subjetividad enfermiza a la hora de valorar el mundo, incluso el mundo político.

En nuestra opinión, infoKrisis aspira a aproximarse a la objetividad. De ahí que los análisis políticos queden priorizados sobre las opiniones políticas. Primero el análisis, luego la opinión. Y esa objetividad, no implica eclecticismo o equidistancia respecto al PP y al PSOE, sino valoración de lo que aporta uno y otro. Y en este sentido podemos decir –y desafiamos a que alguien demuestre lo contrario- que el PSOE es el enemigo principal en este momento porque en apenas 18 meses de gobierno ha acelerado visiblemente todos los procesos de centrifugación nacional y disolución social. El PP, con sus puntos negros, jamás hubiera igualado el nivel de irresponsabilidad histórica y mala gestión que está haciendo gala el gobierno Zapatero.

¿Supone esto estar “a sueldo del PP”? NO, supone esforzarse en la objetividad. Algo que quien se tiene por líder máximo, gran timonel y ayatolah de su peña, jamás podrá entender, como la rana de la charca, jamás entenderá la grandeza del océano. Y lo más bueno del caso, es que el propio interesado y sus colaboradores saben de sobras que la acusación es falsa. Lo peor no es “estar a sueldo del PP”, lo peor es mentir para aspirar a algún sueldo y estar dispuesto a hacer cualquier cosa por obtenerlo.

Así que, tranquilícese, usted no ha llegado a un blog del PP, ni siquiera de la periferia del PP.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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¿Existe vida antes de la muerte? No es evidente

¿Existe vida antes de la muerte? No es evidente

Redacción.- El hombre moderno tiene miedo de morir y solo le reconforta pensar que más allá de la muerte existe un "corredor de luz", una sensación de "paz, quietud y serenidad", otra vida en definitiva. Muchos son los libros y los trabajos periodísticos, los reportajes y filmes que tratan -casi de manera obsesiva- sobre la supervivencia tras a muerte. Pero a fuerza de pensar en el "allí y entonces", nos olvidamos del "aquí y el ahora". Y la vida se resuelve en cada instante de eternidad, aquí y ahora.

En tales condiciones, es lícito preguntarse si existe o no vida antes de la muerte, entendiendo por vida, no solo el sufrir los acontecimientos de la cotidianeidad, sino el tener una percepción directa del ser y de la existencia.

LA VIDA: O ES ARMONIA O NO ES NADA

Algunos místicos católicos y también grandes meditadores de escuelas orientales o sufíes, los mismos pitagóricos, han "percibido", en trances profundos de meditación, una ley de armonía en el cosmos que hace de éste algo ordenado y evita que el caos se enseñoree.

El místico y el meditador no temen a la muerte, no tanto por la presunción -problemática, por lo demás- de que el principio de la personalidad, mi yo, subsistirá tras la muerte, como por la certeza de que con la muerte cesan las contradicciones de lo contingente y el alma humana, liberada, se integra -entra en sintonía- con el orden cósmico. A este proceso algunas escuelas budistas le han llamado "la extinción". Y, paradójicamente, es esa extinción -la abolición del principio de individuación que da nacimiento a nuestra personalidad- la que persiguen a través de sus prácticas y meditaciones.

A través de las diversas religiones y creencias, el abandono total del Yo (la renuncia al principio de individuación) y la práctica del amor (esto es, de la armonía y de la no-contradicción) hacia todo lo que les rodea, abren la vía a una percepción directa del cosmos y de la vida. Es en el curso de esas prácticas en donde la vida, aquí y ahora, adquiere su verdadero sentido. De ahí que a esta experiencia interior se la conozca en diversas latitudes como "el despertar", despertar es vivir, vivir es tener constancia del momento presente, apearse de la corriente del devenir, "vivir el aquí y el ahora".

A partir de aquí puede comprenderse el papel secundario que ocupaba el destino post-morten del ego que, sin embargo, centra buena parte de las preocupaciones del hombre moderno. Obsesionándose con la seguridad -altamente improbable- de obtener testimonios objetivos y convincentes al ciento por ciento sobre la pervivencia de su Ego tras la muerte, el hombre moderno se olvida que el problema fundamental lo tiene aquí y ahora; el momento presente es sacrificado y no vivido y la existencia se convierte en un sueño cuyo despertar es morir.

ZP: GOBERNAR ES SUFRIR

Redacción.- ZP jamás olvidará el verano del 2005. Hasta ahora, no había encontrado absolutamente ningún problema en su tarea de gobierno. Y sin embargo, no consiguió que el PSOE se despegara del PP en las intenciones de voto registradas por el CIS. Sin embargo, en apenas tres semanas se han producido incendios por toda España, el Estatuto catalán ha embarrancado, los abertzales vuelven a la carga, ERC ha demostrado ser un mal socio de gobierno, un muerto en un puesto de la Guardia Civil, el PSOE valenciano empieza a tener deserciones a causa de la cuestión del trasvase y para colmo un helicóptero se estrella en Afganistán. La hora de la verdad ha llegado para ZP.


Gobernar frente a divagar

El tripartito catalán presidido por Maragall, hasta la fecha, en dos años de gobierno, no ha encontrado absolutamente ningún problema en su camino. Ni situaciones graves, ni momentos de crisis, más allá del malhadado viaje de Carod a Perpignan y del hundimiento del barrio del Carmelo con la consiguiente crisis del 3%. Todo significativo, pero, en definitiva, nada grave. El tripartito catalán en dos años, solamente ha sido capaz de redactor unos 200 folios en lo que debía ser el “nou Estatut”, ese que solamente era anhelado por la clase política (en tanto que suponía para ellos una mayor disponibilidad de fondos).

Pero, finalmente, el “nou estatut” embarrancó. El nacionalismo y el independentismo demostraron que solamente saben mirar atrás y su reivindicación de “derechos históricos”, ha paralizado su tramitación que corre el riesgo de perderse definitivamente. Y este fracaso ha evidenciado la triste realidad del tripartito catalán: en dos años, el vacío ha sido la norma de gestión. Cero, ni otros proyectos legislativos, ni otras medidas de alcance, ni siquiera una honestidad probada en la gestión de la cosa pública.

Ahora, Maragall se encuentra ante el vacío: desesperado, empieza a pensar que no pasará a la historia como “hacedor del nuevo estatuto”, sino como aquel presidente que competirá a corta distancia con Luís Companys en ineficacia.

Maragall se entiende bien con ZP. Gracias a él, y a los votos del PSC, ZP logró la secretaría general del partido. ZP correspondió a este favor, eligiendo los votos de ERC como partener para poder gobernar a partir de marzo de 2004. Si, como dictaba la lógica, el PSOE, hubiera gobernado con CiU (como ya había hecho antes), el tripartito catalán se hubiera deshecho como un azucarillo.

No es raro que, tanto en el gobierno autonómico catalán como el gobierno del Estado, se encuentren ahora ante la misma tesitura: la retórica utilizada por Maragall en su defensa del “nou estatut”, tiene su correspondencia en el insoportable humanitarismo políticamente correcto e ignorante de ZP en torno al “diálogo de civilizaciones”. La retórica maragallana sobre a necesidad de un “nuevo techo autonómico y nuevas cuotas de autogobierno”, tienen su equivalente en la fraseología vacua de ZP sobre los “derechos humanos” o la “superación de la crispación”. Ambos, en efecto, son absolutamente ignorantes de las diferencias entre una “nación”, una “nacionalidad”, una “autonomía”, un “estado”, etc. La única diferencia es que uno tiene el aspecto de ser completamente abstemio y el otro no, con la contrapartida de que al menos, Maragall tiene una buena excusa para sus maragalladas; ZP, no.

Toca gobernar, es decir, toca resolver problemas, no crearlos

Gobernar consiste en encontrar soluciones simples y viables, a problemas complejos. Gobernar, no es una bicoca, es difícil y, frecuentemente, es posible que se tenga que gobernar contra una parte de la población que no está dispuesta (o no es capaz) de reconocer que determinadas medidas son necesarias, aunque sean duras. ZP jamás lo ha entendido así. Su incapacidad para gobernar deriva de su absoluta imposibilidad para establecer la diferencia entre lo que la población necesita, lo que quiere, lo que el Estado puede realizar y, sobre todo, su incapacidad en vulnerar los límites de lo políticamente correcto que, por lo demás, siempre es justo lo contrario de lo que conviene realizar.

ZP tiene alma de populista, un populista de izquierdas, progresista, que consiste en lo que Martín-Beaumont nos definió en la Universidad de Verano de DN en Almagro: “¿Qué es el populismo?” y respondía: “Dar la razón al pueblo”. Lo que pasa –y este es el problema- es que el pueblo no siempre tiene una apreciación global de lo que le conviene, ni mucho menos de lo que es posible realizar. Al populista ZP le horroriza tener que decir algo que “el pueblo” no quiere oír: si está delante de los trabajadores de Izar, les dirá que la empresa no cerrará jamás; luego vino el problema. Si está delante de un independentista catalán, le indicará que sus motivos son justos y democráticos y él, ZP, con su “talante dialogante” está en condiciones de apreciar sus razones. De la misma forma que si al día siguiente, le viene a ver un extremeño áspero y con ideas claras como Ibarra, le dará igualmente la razón. El problema es de falta de ideas y de falta de personalidad. Sin embargo, ZP durante 18 meses ha podido gobernar apelando a esta fraseología ambigua. Así puede gobernarse, cuando el “gran problema” del momento, es la última metida de pata de cualquier “ministra de cuota” (empezando por la pérdida de subvenciones al aceite, continuando por los pisos de treinta metros y concluyendo con el vacío absoluto que se ha instalado en el Ministerio de Educación, donde la ministra Sansegundo, parece vivir unas vacaciones permanentes).

Ahora, en el verano de 2005, han aparecido los problemas. Y no pocos. Han aparecido, brutalmente, en cadena. La sequía, el primer problema. La sequía es incompatible con la política hídrica socialista, absolutamente inviable en las comunidades autónomas del Sur-Este (Valencia y Murcia). La interrupción del trasvase del Ebro y la posición del socialismo ante el trasvase Jucar-Vinalopó, arrojan al PSOE valenciano y murciano a la marginalidad, mientras que le conceden ventaja en Aragón y en el sur de Tarragona.

ZP haría bien en recordar que cuando los fenómenos naturales eran adversos a los antiguos faraones, el pueblo tenía derecho a arrojarlos del poder. En la entronización del faraón egipcio, del emperador romano o del chino, parte del ritual consistía en que el gobernante fuera beneficiado por Dios, concediéndole que los elementos fueran propicios. De no ser así, si la climatología era adversa al faraón o al rey, eso implicaba que había sido abandonado por los dioses. Si aplicamos este criterio a ZP, está claro que los desastres climáticos que España está afrontando en este momento, no tienen precedentes en décadas. Con los embalses al 7% de su capacidad, con una sequía que ha provocado incendios por todo el territorio nacional y 13 muertos en distintos incendios, está claro que ZP no es, precisamente, un “amado por los dioses”.

No es de extrañar. Gobernar en España, supone gobernar, sino con la Iglesia, al menos no gobernar contra la Iglesia. ZP, siguiendo el manual del perfecto progresista de izquierdas, se ha enfrentado a la Iglesia. La absurda e inútil ley sobre “matrimonios” homosexuales, la política educativa y la hostilidad manifiesta hacia la Iglesia, han generado un enfrentamiento que ha alcanzado una línea sin retorno. El próximo otoño, las familias católicas se movilizarán contra la política educativa de ZP.

Luego está el penoso incidente del cuartel de la Guardia Civil de Roquetas. Quien vea –como ZP- en el episodio solo un problema de “derechos humanos” o de “falta de respeto a la Guardia Civil” –Acebes- se equivoca. Ahí hay un problema mucho mayor. De un lado, guardias civiles desmotivados y de otro ciudadanos que consideran “normal” ponerse de cuarto y mitad de cocaína, aderezarla con docena y media de porros y con unos cuantos litros de alcohol, todo ello en la misma tarde. Si la Guardia Civil cometió un error –algo que dirán los tribunales-, de momento el forense ya ha dicho lo que el fallecido en Roquetas tenía dentro del cuerpo: una mezcla de drogas duras y blandas que, cada vez está más extendida entre ciertas capas de la población. Detrás de Roquetas está la dejadez de ZP en materia de lucha contra el narcotráfico. Y ZP sigue sin enterarse.

Pero ¿qué diablos hacen nuestros soldados en Afganistán?

Para colmo, atacado o caído por una avería mecánica, un helicóptero se estrella con 17 soldados españoles en Afganistán. A ZP le debería de haber costado explicar por qué tiene a un ministro de Defensa que, textualmente, dice que prefiere morir a matar y cuyo único programa de gobierno en su área, consiste en subir sueldos con una cicatería miserable, ascender la cuota de extranjeros en las FFAA, al 7% y, finalmente, realizar campañas de reclutamiento como si las FFAA fueran una ONG de ayuda humanitaria.

ZP, que retiró “como promesa electoral” a los 1500 soldados de Irak, transvasó, de tapadillo, 7000 soldados a Afganistán. En realidad, tenía más sentido nuestra presencia en Irak (no en vano, cerca están los pozos de petróleo y, la política proamericana de Aznar, tendía a situarnos en el furgón de cola del americanismo a cambio de cierta seguridad en el suministro de petróleo cuando empiece a escasear. Pero ¿y en Afganistán? Si en Irak hay petróleo, en Afganistán lo único que hay son cabras y amapolas. La presencia de nuestros soldados en Afganistán es incomprensible desde todo punto de vista e injustificable.

Los 17 soldados muertos son tan muertes tan absurdas como las del Yak-42. A España no se le ha perdido nada en Afganistán… como todo el mundo sabe.

A ZP le corresponde la responsabilidad de enviar a la muerte a esos muchachos. A la muerte, para nada.

ZP hoy es tan culpable como Aznar, de habernos metido en abisperos lejanos. Solo que –tampoco en esto hay simetría entre PP y PSOE- tras la iniciativa de Aznar en Irak miraba al petróleo (iniciativa política errónea, pero ambiciosa desde el punto de vista nacional). La política de ZP mira solo a congraciarse con EEUU… pero 7000 soldados perdidos en un lugar olvidado del mundo, no van a hacer torcer la actitud hostil de Bush en relación a ZP. Nunca tantos soldados habían muerto por nada.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

EL HOMBRE MODERNO UN HOMBRE ROTO

El proceso a través del cual se ha iniciado esta caída es complejo y se ha ido acelerando en el curso de la historia; está íntimamente relacionado con el tránsito de las civilizaciones tradicionales a las modernas. Entendemos por "civilización tradicional" aquella que muestra caracteres orgánicos, ordena todas sus partes y actividades en un conjunto integrador, holista y finalmente tiene su eje en la trascendencia, esto es en las posibilidades del hombre como ser que rebasa los marcos y las necesidades de lo estrictamente biológico y material.

La civilización moderna pone, por el contrario, el énfasis en una concepción biológica y reduccionista del hombre y en la satisfacción solo de su vertiente material -innegable por lo demás, pero no preeminente en relación al conjunto-; haciendo esto rompe el marco orgánico y holista anterior y coloca al hombre a merced de las fuerzas contradictorias que rijen todo lo que es material. Una serie de aspectos de la vida humana que anteriormente estaban integrados, se rompen y a partir de aquí puede entenderse el profundo malestar de las sociedades modernas y de sus componentes individuales.

Es dudoso que al resultado de todo esto se le pueda considerar "vida"; el hombre moderno no vive, soporta la vida.

LA RUPTURA DEL HOMBRE CONSIGO MISMO

El hombre moderno ignora cual es su verdadera naturaleza: apenas sabe nada importante de sí mismo. Conoce solo sus necesidades cotidianas y contingentes y al actuar en función de ellas termina convencido de que no es nada más que un tubo digestivo que es preciso alimentar y satisfacer en unas pocas necesidades más.

Pero el hombre es algo más que eso. Cualquier antropología tradicional implica una concepción más completa y realista: el hombre es cuerpo físico, pero también flujo mental (que puede controlar o mediante el cual puede ser controlado) y finalmente, late en él una chispa sobrenatural que hace de él algo diferente al resto de la naturaleza.

Una concepción reduccionista -utilitarista, si se quiere- hace del hombre un cuerpo, hecho de materia, que es preciso mantener y una mente atraída por las necesidades de esa misma materia que hay que satisfacer en lo que pida: el eje de la vida se desplaza de un polo trascendente (la concepción del hombre como un ser integrado en la naturaleza, pero al mismo tiempo radicalmente diferente a la misma, es decir, una vida orientada a satisfacerlos aspectos trascendentes) a un polo contingente (la vida como búsqueda del hedonismo más elemental y materialista).

LA RUPTURA DEL HOMBRE CON LA NATURALEZA

Una concepción materialista y economicista de la vida, debía repercutir, antes o después, en la naturaleza: optimización de los beneficios, las leyes del mercado, la de la rentabilidad, de la productividad a todo trance, debía finalmente, agredir a la naturaleza. Los tiempos en los que el hombre tenía conciencia de que, en su parte contingente, formaba parte de esa misma naturaleza, han acabado.

La sobreexplotación de la naturaleza, los problemas del medio ambiente, las catástrofes derivadas de la energía nuclear, los experimentos genéticos descabellados, todo ello no son sino pruebas fehacientes del enfrentamiento del hombre con la naturaleza. Una lucha titánica en la que el hombre -como el Titán mitológico- siempre tiene las de perder.

Una vida integrada del hombre en relación a la naturaleza implica la utilización racional de los recursos que ésta ofrece; una ruptura, en cambio, implica sobreexplotación, agresión y conflicto. A estas alturas es imposible seguir compartiendo actitudes "progresistas" según las cuales el progreso científico irá compensando y corrigiendo el deterioro del entorno ecológico. Más aún: el encarrilamiento actual del progreso científico supone, día a día, una ruptura mayor del hombre con la naturaleza. La carrera entre una ciencia que deteriora el medio y otra ciencia que intenta paliar este deterioro prosigue frenética y sin cesar, con un resultado problemático al final del camino.

RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS SEMEJANTES

Las sociedades modernos son profundamente insolidarias. El fenómeno no es nuevo. Desde que se definieron las relaciones entre los hombre como "homo homine lupus", estaban sentadas las bases para la aparición de un hiperindividualismo y para la abolición de todo lazo de solidaridad.

Fenómenos posteriores como el nacionalismo (que aparece con la revolución francesa, siendo en la práctica el individualismo de los pueblos), el racismo (que se afirma a lo largo del siglo XIX), el individualismo (para el cual el hombre es una unidad atómica separada de otras idénticas a él y necesariamente enfrentada), unido a la acumulación de capital y al afán de lucro y de usura, se van extremizando a lo largo del siglo XIX y XX y hoy no dan pié a ningún optimismo.

El repliegue individualista que registran las sociedades modernas, en las que nadie está dispuesto a sacrificarse por nada y ningún valor es defendido fuera de los estrictamente economicistas, hacen de la sociedad algo profundamente fragmentado y en crisis irreversible.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA MUJER

Sería injusto afirmar que la concepción tradicional de la pareja ha entrado en crisis; lo que está en crisis es la concepción burguesa de las relaciones hombre-mujer: la sumisión fálica de la mujer al hombre, ha sido sustituida por el igualitarismo a ultranza y en todos los órdenes. Pero la alternativa no está ahí; si la sociedad burguesa hubo roto la complementareidad hombre-mujer, lo que siguió después, no fue un "ir a más", sino un descender un peldaño: el de la reducción de la feminidad al tipo de varón, integrándose progresivamente en todas las actividades de éste, como si esto fuera una conquista, cuando en realidad lo que implicaba era llegar a las últimas consecuencias de una sociedad machista, la integración de la mujer en el modelo "macho". Pero esto supuso olvidar muchas cosas.

En primer lugar este planteamiento ignora la importancia de la sexualidad en la vida humana. Existe atracción sexual en tanto que existe polaridad entre los dos sexos. Polaridad implica atracción: más fuerte es la polaridad, más fuerte es la atracción, más atenuada está, más débil es la atracción erótica. Un mundo en el que los dos sexos tienden a igualar sus perfomances es un mundo sin polaridad, luego un mundo en el que la tensión erótica se ha relajado o desviado.

Nunca una sociedad ha sido tan libre y permisiva desde el punto de vista sexual como hoy, nunca al hombre se le han dado tantas posibilidades de gozar, pero nunca como hoy han existido tantas psicopatías sexuales.

La integración de la mujer en el mercado de trabajo (como trabajadora alienada y consumidora integrada), su incorporación a las filas militares y a trabajos ingratos y desfeminizantes, solamente puede ser considerada como una "conquista" por mentes abyectas y deformadas, nunca por cerebros sanos y objetivos.

RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS HIJOS

La aceleración de los ritmos de la historia ha hecho prácticamente imposible la comunicación generacional. Las jóvenes generaciones lo ignoran casi todo de sus padres y lo que estos pueden transmitirles ya ha periclitado o carece de valor.

En este contexto el papel educador de los padres (en el supuesto de que estuvieran en condiciones y supieran educar a los hijos) se ha difuminado: los padres, delegando en la "educación obligatoria" la formación de sus hijos, han renunciado a aportarles algo de sí mismos, confiando en los buenos oficios del Estado o de entidades privadas.

Pero la educación es algo más que cinco horas de clase al día. La educación global implica convivencia, transmisión continua, y, sobre todo, ejemplo. El papel del padre de familia se ha devaluado y deja de ser, ejemplo, educador y orientador de sus hijos, para pasar a ser la persona que trae dinero a casa, tarea a la que se ha reducido la paternidad en nuestras sociedades.

No es de extrañar que el impulso vital que hace que una sociedad se prolongue en sus hijos, haya disminuido en Occidente y la pirámide de población se invierta. ¿Para qué tener hijos? Desde el punto de vista económico, son ruinosos; y tal es el único punto de vista que hoy cuenta, el economicista.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA "RES PUBLICA"

Occidente entero, el Primer Mundo, vive regímenes de democracia formal. En la práctica estos regímenes no son otra cosa que partitocracias tuteladas por una oligarquía económica. La libertad de expresión ("se puede decir todo pero no sirve para nada") es una ilusión formal. Las elecciones "democráticas", no solo se celebran ante una indiferencia cada vez mayor, sino que además las opciones en liza han sido uniformizadas en función del "realismo" y del "posibilismo": derechas e izquierdas liman sus aristas y se convierten en confusos conglomerados de centro.

Hoy, democracia, en Occidente, supone elegir solo, cada cuatro años, a unos sujetos con los cuales no existe la más mínima relación, divorciados completamente de sus electores, impuestos por las cúpulas de los partidos (esto es, por los grupos de presión a los que sirven), y cuya tarea se limita a apretar un botón siguiendo las consignas de su jefe de grupo parlamentario. No tienen iniciativa propia, ni autonomía de decisión, ni relación con sus electores...

Para colmo, la pared que separa la vida política de la económica es tan fina como un papel de fumar: los grandes negocios se realizan al abrigo del poder que, frecuentemente es cortejado por mafias corruptas y corruptoras. Esta degeneración de la vida pública -corrupción- aumenta, día a día, la separación entre el país real y el país legal. Por lo demás, puede intuirse el ejemplo de unas instituciones corruptas sobre una sociedad presionada por necesidades economicistas: es el "aquí vale todo" que vivimos. La economía dirige a la política, el poder económico al poder político, las necesidades del rendimiento máximo del capital se traducen en decisiones políticas...

La separación de poderes, base del liberalismo democrático, es mera entelequia y solo existe de manera teórica; la representatividad de las instituciones es más que cuestionable en tanto que los electores no reciben suficiente información (sino consignas y falacias publicitarias) a la hora de votar. Por lo demás, es tradicional que los partidos traicionen el voto de los electores y hagan todo lo contrario de lo que han dicho...

En estas condiciones el hombre moderno no participa de la vida pública. Esta ha sido usurpada y acaparada por una clique de políticos profesionales para los que la gestión del poder por el poder es la única norma y ley.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LO TRASCENDENTE

Entendemos por trascendencia el impulso del hombre hacia el conocimiento de lo divino. La trascendencia forma parte de la naturaleza humana, tanto como su aspecto biológico o su flujo mental. El marco a través del cual el hombre pudo vivir en el pasado la trascendencia, no era únicamente el religioso; buena parte de las técnicas de ascesis no están necesariamente ligados a ninguna forma religiosa concreta. Estas técnicas forman parte del esoterismo, que se sitúa en un plano superior a la mera religiosidad exotérica.

El esoterismo implica la posibilidad de tener directamente la experiencia de lo Absoluto, mediante una práctica interior. Hasta no hace mucho, las religiones tradicionales suponían un encauzamiento de la aspiración del ser humano a lo absoluto. Pero en las últimas décadas se ha producido, no sólo la disolución progresiva de los lazos del hombre con lo trascendente -lo que se operó en una primera fase- sino la desviación posterior del impulso hacia la trascendencia. Esta desviación se operó en dos direcciones diferentes: de un lado con la aparición de ideologías político-sociales que implicaban la aceptación de dogmas, ritos, culto, sacerdotes, escritos sagrados, etc. (el marxismo en primer lugar), y de otro, la proliferación de sectas seudo-religiosas, cultos exóticos, ocultismo de distintos pelajes, etc. que han constituido lo que podemos llamar "supermercado espiritual".

En este contexto la profecía de Spengler, según la cual, la caída de las religiones tradicionales, no abriría un período de ateismo, sino la irrupción de formas saturadas de superstición, se ha demostrado exacta. Ahí está el movimiento de la “new age” para confirmarlo.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA ECONOMIA

La economía ha pasado, en el decurso de los siglos, de ser un accesorio para facilitar la vida social, a dirigir la totalidad de las actividades humanas. El hombre ha dejado de utilizar la economía para su beneficio y se ha convertido en una pieza más del complicado engranaje de producción y consumo.

La economía en las sociedades tradicionales estaba situada en el nivel que le correspondía: junto a la función productora. Ahora bien, al convertirse la burguesía en clase social preeminente, impuso sus valores a la totalidad de la sociedad y los convirtió en hegemónicos: afán de lucro y usura, leyes del mercado, de la oferta y la demanda, etc.

Pero el burgués utilizaba un arma peligrosa para alcanzar sus fines: el capital. Poco a poco, la acumulación de capital se ha ido concentrando en cada vez menos manos y ha cobrado vida propia: la economía se ha vuelto omnipresente, rige los destinos de los hombres y de las naciones, dirige la política e impone sus leyes en todos los campos de actividad humana y millones de hombres sufren las oscilaciones de un sistema económico que ya nadie controla.

Ya hemos dicho que la economía, para servir a la realización de sus leyes objetivas, ha terminado por agredir, de un lado al hombre, de otro a la naturaleza; pero esto no es todo. En los últimos 200 años se han ido produciendo crisis coyunturales en el sistema económico capitalista, que, mejor o peor, se corregían mediante ajustes técnicos; pero hoy, un examente pormenorizado de la actual crisis económica demuestra que no es coyuntural, sino estructural: pero la reforma de las estructuras económicas, pasa por el rompimiento de las leyes del capital y éste hoy, es hegemónico e inamovible y camina hacia sus últimas consecuencias lógicas: máxima acumulación de bienes, optimización de los costos de producción, regímenes de oligopolio, etc. con sus secuelas sociales: alienación del trabajo, legiones de parados, desfase entre la oferta de consumo y las posibilidades reales de consumir, marginación de sectores cada vez mayores de la población, etc.

RUPTURA DEL HOMBRE CON EL SABER

A partir del triunfo de las nociones mecanicistas de la ciencia, se operó un cambio sustancial en ésta: el saber dejó de ser algo universal y se fragmentó en especializaciones horizontes progresivamente más restringidos. La educación integral de los científicos se olvidó y la ciencia se convirtió en una búsqueda ciega y sin conciencia, en la que el desprecio más profundo por la dignidad humana, la seguridad del entorno ecológico y la calidad de vida, se utilizó en beneficio de los intereses de las multinacionales y de los gobiernos: unos y otros preocupados por los problemas de competencia.

El saber -como la economía- ha pasado de ser un instrumento en manos del hombre, a ser una cadena de hierro que marca su esclavitud. Hoy sabemos que la idea del progreso indefinido en falaz y engañosa y que los avances técnicos solo mejoran la vida en sus aspectos más superficiales, sino banales.

Ahora bien, dado el proceso economicista de las sociedades modernas, el saber -que en otro tiempo abarcaba ramas muy diferentes del pensamiento humano- ha quedado reducido al saber científico y éste, a su vez, al saber utilitarista: solo merece ser investigado aquello de lo que puede derivar un beneficio, sin importar cualquier otra consideración ética o moral: los espectaculares avances en biología son significativos a este respecto.

Dado que las humanidades no rinden un beneficio directo, pasan a ocupar un plano muy secundario en la enseñanza y son desvalorizadas por las nuevas generaciones. Idiomas como el latín y el griego, cuyo aprendizaje no es un alarde de mera erudición, sino un instrumento para comprender el significado de las palabras y la génesis de las ideas, desaparecen de los programas de bachillerato. La memoria -ese "músculo" a desarrollar- es estigmatizada por una pedagogía "progresista" y su práctica -que todas las civilizaciones tradicionales han colocado en el centro de su sistema pedagógico- borrada literalmente de los nuevos planes de estudio. El resultado son niños que utilizan constantemente la calculadora para sumar cantidades mínimas y que ignoran todo sobre el origen de su cultura y su pasado. El empobrecimiento humanístico de un saber así concebido, es tan evidente como dramático.

SOLDAR LAS RUPTURAS: PARA QUE HAYA VIDA ANTES DE LA MUERTE

De todas estas rupturas emana una psicopatología social que hace que la humanidad viva una crisis progresivamente generalizada que afecta a las sociedades en tanto que tales y a los individuos aislados en tanto que miembros de unas sociedades en crisis.

Aislando los males es posible evaluar los remedios eventuales. Hay que ver la marcha actual de la civilización, en su tendencia dominante, como una bola de nieve que cae por una ladera arrastrándolo todo y a velocidad progresiva. Parece como si a lo largo de los últimos doscientos años la historia se hubiera acelerado adquiriendo la forma de una curva asindótica en la que las fechas son el eje de ordenadas y el la desintegración el eje de abcisas. Pues bien, la existencia del hombre antes de la muerte, se desenvuelve en ese marco espectral.

Una vida "rota" no es vida, es un sucedáneo de vida. Frente a las rupturas y desintegraciones de hoy no queda más que una vía: recuperar el sentido -etimológico- de lo religioso. La palabra religión procede del latín, "religare", volver a unir. En sánskrito, la palabra "yoga", deriva igualmente de "yug", (raíz que, por derivación directa a dado origen a la palabra latina "yugo", unión) cuyo sentido es idéntico. Al hablar de "religión" nos estamos refiriendo no a dogmáticas concretas, ni a cultos o fés particulares, sino a la recuperación de una sabiduría capaz de reintegrar los distintos aspectos de la vida del hombre en una totalidad holística, en un conjunto unitario. Eso y solo eso, puede ser considerado como verdadera vida.

Solo así la vida recuperará un sentido. Solo así, podremos decir que vale la pena vivir la vida y más aun, que existe una vida antes de la muerte... al menos una vida digna de tal nombre.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

El verano más negro de ZP

El verano más negro de ZP

Redacción.- ZP jamás olvidará el verano de 2005. Es el verano en el que tuvo que gobernar. Tuvo, pero no supo. Hasta ahora, entre el recurso al “talante” y vender grandes fases (“diálogo de civilizaciones”), ZP ha podido ir sobreviviendo. Pero desde el 15 de julio, las cosas se le han torcido. Gobernar es tomar medidas, no vender humo. La muerte de 17 soldados españoles en Afganistán es la guinda amarga que corona el agrio pastel de verano de ZP.

Pepe Bono en Afganistán

Hoy, 17 de agosto se han dado dos noticias: una buna y otra mala; la buena es que Pepe Bono se ha ido a Afgnistán; la mala es que todo induce a pensar que volverá.

Como se sabe, el único signo de identidad del PSOE de ZP, es que quiere ser diferente del PP de Aznar. De ahí que, inmediatamente se conoció la noticia de la muerte de 17 soldados españoles, Bono y ZP se repartieran los papeles: el primero en calidad de ministro, iría a “supervisar” las autopsias tal como dijo “El País” (¿pero qué significa “supervisar”? ¿acaso es forense?); el segundo se quedaría en su puesto de mando, vendiendo serenidad. Ambos hablarían por videoconferencia: Bono informaría disciplinadamente y ZP pondría cara de preocupación, todo ello escenificado para las cámaras de TV.

El espectáculo ha sido bochornoso. Por que ni las condolencias enviadas por Bono sobre el terreno, ni las transmitidas por ZP, han podido eludir la pregunta fundamental de la cuestión: ¿qué diablos hacen 850 soldados españoles en un lugar dejado de la mano de Dios, perdido en un lugar difícilmente explicable y en donde no hay más que amapolas (para fabricar morfina) y cabras?

Costaba entender –pero se podía entender- que la España de Aznar se pusiera del lado del primo de Zumosol de la política internacional e intentara quedarse, al menos, con las migajas del pastel iraquí: seguridades en el suministro de petróleo para cuando éste escasee. La intervención española en Irak, era moralmente rechazable, pero, al menos, detrás de aquella infamia, existía un objetivo político. Hoy, cuando Pedro de Arístegui ha intentado explicar las razones por las que España debe seguir presente en Afganistán, se ha repetido la perplejidad que siempre hemos sentido por aquel conflicto. ¿En Afganistán? ¿Qué se nos ha perdido allí? De hecho, las rutas del petróleo que deberían de haberse abierto tras la guerra de octubre-noviembre de 2001, conducían el petróleo del Caspio, hasta el Índico, no desde luego a Europa, ni mucho menos a España. ¿Qué se nos ha perdido?

¿Vamos a creer la “versión oficial” que carga la responsabilidad de los atentados del 11-S al gobierno talibán? Y aunque así fuera: ¿qué se nos ha perdido allí? ¿Acaso los EEUU han participado en una expedición contra Marruecos de donde salieron los brazos ejecutores de los atentados del 11-M (aunque no, desde luego, los ideadotes)? ¿Cómo es posible que ZP fuera tan diligente a la hora de retirar las tropas de Irak y, crease, a partir de entonces, un extraño vaso comunicante con Afganistán, sin que nadie lo hubiera pedido? Era, desde luego, para congraciarse con Bush. Pero, a la vista de lo visto, la muerte de 17 jóvenes soldados, no ha servido absolutamente para nada, tan solo para causar una riada de dolor inútil que ya conocíamos desde la tragedia del Yak-42.

El embrollo de los 17 soldados muertos, no es menor que el de las víctimas del Yakolev. De hecho, es la primera crisis grave que tiene que afrontar el Ministerio de la Defensa. Pero el problema, en este momento, ya no es de si las autopsias se realizan bien o mal (los muertos, muertos están), si ZP procura simular más cara de aflicción que Aznar hace dos años o si han “caído defendiendo la libertad”, como han dicho Bono y ZP… todo esto es retórica de baratillo. Lo realmente importnate es que ministro de defensa y presidente del gobierno, expliquen ¿qué hacen nuestros soldados en Afganistán? ¿qué defienden allí? ¿qué ventajas geopolíticas va alcanzar España destacando 850 soldados en una zona perdida e inhóspita?

La respuesta a todos estos interrogantes es NINGUNA. En el caso de Irak, la inmoralidad del conflicto se atenuaba con el recurso al suministro petrolífero. En Afganistan, la inmoralidad del conflicto, no queda atenuado por nada. Así pues, la consigna a defender en estos momentos es clara: QUE REGRESEN TODOS LOS SOLDADOS ESPAÑOLES DESTACADOS EN AFGNISTAN, ESA NO ES NUESTRA GUERRA, LOS INTERESES QUE ALLI SE DEFIENDEN NO SON NUESTROS INTERESES. ¡QUE VUELVAN A CASA, YA!

El veranito de ZP

El otro día, un conocido diario titulaba su editorial: “Gobernar es apagar fuegos” y lo hacía en un doble sentido, alegórico y real. De manera alegórica, ZP tiene la obligación de “apagar el fuego” nacionalista e independentista, en lugar de avivarlo como ha hecho desde que sentó sus reales en La Moncloa. De manera mucho más real, ZP y el gobierno socialista, así como la Junta de Castilla-La Mancha, tenían la obligación de apagar el fuego iniciado en Cuenca y que costó la vida a 11 bomberos. Hoy se sabe que la Junta cometió graves negligencias en el tratamiento del siniestro, se sabe que rechazó la ayuda ofrecida por otras comunidades autónomas gobernadas por el PP, para evitar que este partido pudiera “sacar tajada” de las llamas. Quienes si que no sacaron tajada alguna, fueron los 11 bomberos muertos, mientras ZP iniciaba sus vacaciones en Lanzarote (esa isla machacada por la inmigración ilegal y masiva).

De la misma forma que en Semana Santa, el gobierno dio muestras de no estar en condiciones de controlar los embotellamientos de tráfico, ahora ha vuelto a dar señal de incapacidad para controlar los incendios. Gobernar es resolver problemas. De hecho, gobernar es buscar soluciones sencillas a problemas complejos. Algo, desde luego, que excede el alcance y las luces de ZP.

Para colmo, en Roquetas, un tipo muere en el interior del cuartelillo de la Guardia Civil. Hasta que el tribunal no dicte sentencia, no estaremos en condiciones de saber exactamente qué pasó y si la Guardia Civil se excedió o no. Lo que sabemos, por el momento, lo sabemos por el médico forense que realizó la autopsia en el cuerpo del agricultor fallecido. En el momento de escribir estas líneas, lo más destacado es que el sujeto había ingerido ingentes cantidades de cocaína, porros y alcohol. Y esto es lo más dramático. Un drogado, jamás se sabe por donde puede salir y cuál puede ser su reacción. Lo terrible es que una de las funciones del gobierno es la defensa de los derechos humanos… pero también la lucha contra la drogadicción y las toxicomanías. Pues bien, hoy más que nunca, las drogas, duras y blandas, se han extendido como una mancha de aceite, no solo en núcleos urbanos donde siempre han existido, sino en zonas rurales, entre agricultores, en pequeños pueblos y entre la juventud, incluso lumpen, cuando hasta no hace mucho, la cocaína era una “droga selecta” apta solamente para bolsillos potentes. La debilidad del gobierno en todos los terrenos, es una constante también en éste. Su desidia (el gobierno todavía no tiene claro si legalizar o no el porro, ni mucho menos qué medidas aplicar para combatir la drogadicción) está haciendo que el problema de la droga alcance unos límites absolutamente dramáticos.

En el ministerio de la defensa, las cosas no van en absoluto bien, a pesar de que su titular, sea el político más conocido y goce de un favor popular superior al del mismísimo ZP. Pepe Bono sirve para cualquier cosa, menos para ministro de la defensa. Sus medidas en el ejercicio del cargo, se han limitado a palabras y a una subida cicatera de sueldos, para, a continuación, elevar hasta el 7% la presencia de extranjeros en las FFAA (a cambio de la nacionalidad…), fracasar en la campaña de reclutamiento del presente año (cuando los spots presentaban a los soldados como hermanitas de la caridad, una especie de ONG con hábito mimetizado y en donde deliberadamente no aparecía ningún arma) y exclamar, en el colmo del disparate que prefería morir a matar… Tenemos el primer ministro de defensa pacifista en la historia. No es raro que España esté, en estos momentos, sin defensa nacional digna de tal nombre.

En Catalunya, ZP ha pasado de defender ante Ibarreche la “Vía Catalana” a tragarse sus palabras. Ha bastado una pequeña discusión sobre un tema absolutamente secundario y que en la Catalunya real no interesa a nadie (la cuestión de “los derechos históricos”) para que la “vía Catalana” hacia el “nuevo estatuto” se desvaneciera inmediatamente. ERC ha preferido reconstruir el “frente nacionalista”, después de juzgar que ya ha ganado a una parte significativa de electores del PSC, con CiU, antes que seguir gobernando con Maragall. Carod quiere ser el próximo “president de govern” y aspira a que haya elecciones anticipadas en Catalunya antes del verano del 2006. Ha rectificado su estrategia y aspira a un “frente nacionalista” que lidere el camino hacia la independencia. Este frente se está intentando concretar estos días entre CiU y ERC. Lo que implica, inmediatamente, la caída de Maragall y la necesidad para Zp de buscar nuevos aliados parlamentarios. Este verano, como ningún otro antes, ha sido el de la inestabilidad política. El embarrancamiento del “nou Estatut” ha tirado por la borda la única actividad desempeñada por Maragall en los dos últimos años. Quitando esta iniciativa, su paso al frente del gobierno autonómico de Catalunya tendrá solamente dos “hitos” significativos: la visita de Carod a la cúpula de ETA y el hundimiento del barrio de El Carmelo con el escándalo del 3% de racket.

Para colmo, cuando se creía que el kale borrka ya había pasado a la historia, ETA intenta redimensionar sus fuerzas, estimulando lo que tiene más a mano: los chicos jóvenes que no necesitan mucho para lanzar unos cuantos cócteles molotov, volcar unos contenedores y apedrear alguna sucursal bancaria. Cuando ZP, de forma irresponsable, ha tendido la mano a ETA para “negociar”, lo que ha hecho es obligar a ETA a que realice acciones terroristas a fin de sentarse en la mesa de negociación con algún activo… en lugar de en la situación de indigencia y precariedad en la que se encontraba a mediados de 2004. Una de las pocas áreas en las que existía consenso y las cosas iban razonablemente bien (el asunto del terrorismo), ha saltado por los aires desde el momento en que a ZP se le ha ocurrido aplicar una idea propia. Decía Azaña que hay gente que pertenece al peor tipo de tontos, los tontos con ideas. ZP es uno de ellos.

La que le espera al gobierno en septiembre

A partir de ahora, el gobierno ya no va a tener tregua. Septiembre se verá dominado por la temática autonómica. Imaz seguirá predicando “la soberanía compartida para Euzkadi” (compartida entre Francia, España, la Unión Europea y el País Vasco…). Maragall echará la culpa a todas las demás fuerzas políticas (no, desde luego, a su miopía) del fracaso del “nou Estatut” y, a partir del Debate sobre el Estado de las Autonomías en el senado, es presumible que ERC rompa el gobierno tripartito. Para colmo se ha abierto un “tercer frente” autonómico: el del BNG que, también reivindica “derechos históricas” acompañados de una, no menos abultada “deuda histórica” que ZP deberá pagar si no quiere elecciones anticipadas en Galicia.

Además está la Iglesia. Era muy fácil buscar una coexistencia pacífica con ella. ZP, echando mano al manual del perfecto progresista de izquierdas, se enteró que un gobierno “de izquierdas” debía mostrar un mínimo talante laicista y a ello que se aprestó. En primer lugar con la historia débil de la ley de matrimonio homosexual, una ley absurda que ha abierto tensiones allí en donde antes no existían. En segundo lugar, financiando a los profesores de doctrina islámica en la escuela pública, al mismo tiempo que negaba la enseñanza católica en las escuelas. Finalmente, con un marasmo autista en el Ministerio de Educación y con una ministra de cuota (la Sansegundo) que permanece absolutamente muda ante el abismo que se encuentra la enseñanza primaria. No es raro que la Iglesia Católica reaccionara. Ya vimos su capacidad de respuesta en el tema de las uniones homosexuales. Ahora, en septiembre, volveremos a verla en defensa de la enseñanza católica y contra los principios educativos traídos por el socialismo de rancio y acartonado laicismo.

¿Hacia dónde vas ZP?

A fuerza de repetir lo del “diálogo de civilizaciones”, daba la impresión de que España tuviera “política exterior autónoma”. Se trata de una ilusión. Esta política es apenas una forma de verbalismo de pocos vuelos, imposible de llevarse a la práctica, por muchos fondos que se inyecten. A fuerza de repetir que tenemos tropas estacionadas en diversos países alejados unos de otros, daba la sensación de que existía algo similar a la “defensa nacional”. En absoluto: ni tenemos política exterior, ni tenemos defensa nacional. Son tan solo simulacros de pocos vuelos.

El problema es todavía más profundo: gobernar es encontrar soluciones simples a problemas complejos, ZP está generando problemas allí en donde no existían y ahondando aquellos que estaban abiertos. Gobernar es resolver cuestiones, no refugiarse en las palabras, para evitar irrumpir en el ruedo de la realidad. ZP no es un gobernante, es un vendedor de humo: ayer ese humo se llamó “talante”, luego “diálogo de civilizaciones”, ahora, ese humo –“los 17 soldados defendían la libertad”- se ha trasladado a nuestros muchachos muertos absurdamente en Afganistán. ZP no es un gobernante, es un vendedor de humo. Por el humo, efectivamente, se sabe donde está el fuego, pero también dónde esta la ineficacia hecha gobierno. Dime cuanto abusa un gobierno de la retórica y yo te diré hasta que punto es ineficaz.

Esperemos que este sea el último verano de ZP en La Moncloa. No estamos seguros de por cuánto tiempo resistirán las costuras de este país, tanta ineficacia y tanta irresponsabilidad.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

[en caso de querer realizar algún comentario, enviarlo por email a infokrisis@yahoo.es y será incluido, salvo que se trate de las habituales estupideces propias de los estúpidos que siembran con su baba este blog en los últimos días]

Los problemas del liderazgo y la

Los problemas del liderazgo y la

Redacción.- Presentamos la segunda entrega -de una serie de cinco...- en donde se abordan los problemas del liderazgo. En esta ocasión se trata el tema de la "tesorería". Recientemente hemos reivindicado en DN algo tan simple como que el partido dispusiera de un tesorero que gozara de la confianza de toda la organización. La respuesta ha sido -y es curioso- el levantamiento de un experiente sancionador. En las líneas que siguen, posiblemente, quien corresponde se entere de lo que es un tesorero y de su necesidad. Tarde, desde luego, pero más vale tarde que nunca. [nota tres años después: hemos repasado casualmente este artículo y no tenemos nada que ñadir salvo que: se empieza no teniendo tesorero, sigue luego la infidelidad en la custodia de fondos, finalmente la reconversión de un partido en una secta, paso necesario para evitar que algún "disidente" exija la figura de un tesorero... finalmente, la secta se cierra sobre sí misma y cualquier parecido con un partido político pasa a ser pura coincidencia. 21 de febrero de 2008]


Las funciones del “tesorero”

Se suele considerar al tesorero como la persona que administra los fondos de una organización. Y se entiende que administrar es llevar las cuentas de ingresos y de gastos. Con una persona honesta al frente de la tesorería de cualquier organización política, se debería lograr una correcta administración de recursos. Pero la cosa es mucho más compleja de lo que a primera vista parece.

Este concepto de tesorería valdría para una tribu urbana (reunimos tantos dineros y nos los gastamos en tantas cajas de cerveza, luego nos quedan X euros…), pero la administración de fondos de una organización es algo mucho más complejo y requiere un tratamiento más amplio. Si alguien tiene en mente el concepto de un tesorero reducido a la mínima expresión de anotador de cifras en dos columnas –debe y haber- que rectifique. Tal concepto no sirve ni para administrar una mercería de barrio.

Entendido en un sentido mucho más amplio y exacto, la tesorería implica una correcta administración de todos los aspectos económicos que se refieren a la vida de una asociación. No se trata solo de administrar, sino también de prever ingresos y gastos, buscar de dónde pueden provenir los ingresos y, finalmente, realizar estudios económicos y de viabilidad financiera de la organización. Vamos a analizar rápidamente todas estas funciones.

Primera tarea: Recaudar fondos

Una tesorería debe, necesariamente, tener relación con el departamento de encuadramiento y organización. Tenemos tantos afiliados… luego, recaudamos tanto de cuotas al mes. Es elemental: si se ignora el número de miembros de la organización, no puede existir una correcta recaudación de fondos. Lo que implica, inevitablemente, que todos los afiliados del partido deben estar censados en una base de datos central.
Es absolutamente intolerable la existencia de afiliados a organizaciones locales, cuyas cuotas son recaudadas por estas mismas organizaciones y que están fuera del control central de la organización. Sin embargo, este proceso se repite habitualmente en muchas organizaciones políticas cuando se producen determinadas circunstancias.

Segunda tarea: Redistribuir fondos

La recaudación de cuotas tiene dos “direcciones” posibles:

O bien, la organización central realiza el cobro de las cuotas mediante recibo bancario y, posteriormente, envía a los grupos locales, el porcentaje de las cuotas que le corresponde: 50% para la organización local, 50% se queda en la organización central.

O bien, las organizaciones locales realizan la recaudación y posteriormente envían a la organización central el porcentaje que les corresponde.

Algunas organizaciones más complejas realizan una diferenciación entre tres niveles de organización: organización central, organización provincial y organización local (15-35-50%, respectivamente. El procedimiento no importa, la dirección tampoco, lo que importa realmente y lo que cualquier organización normal contempla es que una parte de las cuotas revierten necesariamente en la organización central y otra parte en la organización local cuyos miembros aportan los fondos…

Cuando los delegados de provincias en una reunión de la Mesa Nacional de una organización renuncian, por votación, a que las organizaciones locales, renuncien a percibir el porcentaje que les corresponde, estamos ante un grave error que dice muy poco de los que han votado a favor: en la práctica, eso implica, que las organizaciones locales carecen de vida y de actividad política y, por tanto, no precisan recursos propios. O bien implica que los delegados locales prefieren votar a favor de una resolución que les perjudica para congraciarse con quien lo propone. Lo cual es todavía peor, pues indica su incapacidad para dirigir el trabajo político en su demarcación

Tercera tarea: Captación de fondos

Las cuotas no bastan. La mayor parte de afiliados de una organización política suelen pagar las cantidades mínimas establecidas en los estatutos. Así pues, no puede esperarse que, a través del sistema de cuotas, una organización se pueda autofinanciar. En este sentido, la tercera tarea del responsable de tesorería de una organización debe ser capaz de:

Estimular a aquellos afiliados que dispongan de cierta comodidad económica a que aumenten su cotización al partido y

Prever otros canales originales de ingreso de fondos.

Para lo primero es preciso tener en cuenta que el afiliado no da sus fondos a cambio de nada, ni éticamente tampoco es admisible exigirle continuamente derramas, sin darle contrapartidas. En organizaciones de nuestro estilo, existen muchos afiliados descolgados de cualquier organización local que están poco integrados en la organización y que, ya sea por su aislamiento geográfico, o por falta de tiempo, en muy pocas ocasiones están en disposición de realizar trabajo de partido junto a otros afiliados. Para ellos, hasta ahora existía el “boletín interno”, un elemento de propaganda necesario en cualquier partido y que no debe limitarse solamente a dar cuenta de las actividades que realiza la organización, sino que también debe facilitar elementos de análisis, orientaciones y difundir aquel material teórico y político que todo afiliado debe conocer. Hoy, naturalmente, existe Internet como medio de transmisión de la información, pero, Internet no está al alcance de todos y, por lo demás, nada todavía puede sustituir al boletín interior que todos afiliados esperan en su casa y que leen con detenimiento y dejan a otros conocidos. Internet requiere otro tipo de material, dirigido a un público más amplio y difundido entre un público también más extenso. Si la organización no da nada a cambio de la cuota, difícilmente podrá explicar porqué pide aumentos de cuota o derramas. Yo te doy, luego yo te pido un esfuerzo…

Para lo segundo, la imaginación del tesorero es el elemento básico que ayudará a encontrar soluciones y fórmulas: bonos, concursos, sorteos, petición de créditos, búsqueda de subvenciones públicas, etc. Como vemos, el tesorero no es un simple anotador de ingresos y gastos en dos columnas de un folio, es mucho más que eso y precisa una portentosa imaginación y, preferentemente, un conocimiento del mundo de los negocios y de la dinámica de grupos.

Cuarta tarea: Planificar gastos

Por ello entendemos dos tareas extremadamente importantes. De una parte, el tesorero debe prever con anticipación el capítulo de ingresos y de gastos: si se ingresa tanto en seis meses, se puede gastar esa cantidad, no más, a menos que la organización se encuentre en un instante político trascendental que aconseje solicitar créditos o cualquier otra tarea que estimule la llegada de fondos a la misma.

Existen actividades que el tesorero debe analizar en compañía de otros sectores. Por ejemplo, una campaña política en torno a un tema X. La finalidad de esa campaña es siempre dinamizar el crecimiento del partido en función de ese tema concreto de agitación. Si en una campaña se invierte 6000 euros, no se trata de que sea una inversión a fondo perdido, sino que esos 6000 euros regresen a las cajas del partido en los meses siguientes, a través de las cuotas aportadas por los nuevos afiliados en los meses posteriores a su integración. Más afiliados, más fondos. Más fondos, más campañas. Más campañas, más influencia política. Cada campaña, en sí misma, debe de cerrarse con la posibilidad de equilibrar cuentas en los dos meses siguientes a cerrarse. Si una campaña ha costado 6.000 euros, en los dos meses siguientes se trata de que los X afiliados que han llegado a la organización a través de la misma, aporten en sus cuotas, esa misma cantidad. Una campaña que ha costado esa cantidad, debe de “producir”, unos 200 afiliados nuevos que paguen unos 15 euros al mes (200 afiliados x 15 euros cuota mensual x 2 meses = 6.000 euros). La recuperación económica es total y el partido puede abordar otra campaña similar.

Está claro que si, una inversión no se traduce ni en afiliación, ni en recuperación de lo invertido, alguien ha fallado. De ahí que estatutariamente puedan pedirse responsabilidades a quien haya fallado: al diseñador, al planificador de la campaña, a los grupos locales, al presidente, o a todos ellos por igual. Si, por el contrario, se parte de la base de que todas las campañas son a fondo perdido y de que no importa ni los resultados, ni los ingresos, ni los nuevos afiliados, sino solamente que “se hable de la organización”, entonces ésta sigue instalada en el infantilismo y en la falta de madurez. Jamás una organización avanza en esa dirección.

Quinta tarea: Analizar gastos

No todos los gastos tienen la misma importancia. Existen gastos prioritarios (el boletín interno, la realización de campañas de propaganda, etc.) y otros que son secundarios (los gastos suntuarios de las “jerarquías”. La misión de un tesorero es dictaminar sobre la mejor utilización de los recursos, impedir los gastos superfluos y orientar los fondos hacia los esenciales. Y, por supuesto, intentar abaratar todos los costes.

Imaginemos una situación: un grupo de inmigrantes españoles afiliados a la organización, solicitan ayuda para constituir una célula de la misma en, digamos, Venezuela. Piden que un responsable del partido acuda a Caracas para inaugurar las actividades. El tesorero realiza el correspondiente análisis económico de la inversión: si lo que puede aportar esa delegación en los meses siguientes, supera la inversión, ésta es asumible, si no ocurre así, es posible que la delegación se convierta en un quemadero de fondos. Otro ejemplo: si la estructura de una organización puede soportar solamente el mantenimiento de una docena de delegaciones, todo lo que exceda de ese número debe ser examinado cuidadosamente, o de lo contrario, se formarán delegaciones que no se está en condiciones de mantener, ya sea por que no se les puede enviar material político o simplemente por que precisan un tutelaje constante y la transferencia de cuadros políticos a esa zona (lo cual se traduce en gastos de desplazamiento, albergue, alimentación, etc.). ¿Para qué tener más delegaciones que las que se pueden mantener? ¿No es mejor concentrarse en las delegaciones sólidas con posibilidades de desarrollo que aventurarse en la creación de nuevas delegaciones que no se van a poder mantener? Algún “dirigente” nos dirá: “contra más delegaciones tengamos, más sensación de solidez daremos”. Error. Esta es una percepción ingenua e infantil: una delegación fuerte hace más por una organización política, que un organigrama cuidadosamente dibujado de delegaciones distribuidas en todo el territorio nacional y cuya virtualidad clama al cielo. Las delegaciones se crean para que funcionen, no para que figuren en un organigrama tan inútil como bien dibujado…

¿Realizar un mitin en la localidad X? Bien, veamos los gastos: tanto de alquiler de local, tanto de publicidad, tanto de desplazamiento de tal o cual dirigente del partido, tanto en dietas y tanto en albergue… ¿resulta un precio a pagar que pueda ser asumido o de un precio excesivo? Es evidente que hay delegaciones prometedoras a medio plazo y hay que apostar por ellas. Pero se trata de que el tesorero y la dirección nacional del partido sean extremadamente claros en el análisis de las posibilidades de cada delegación: ¿de cuántos cuadros políticos con experiencia puede disponer la organización? ¿qué situación existe en la provincia? ¿hay condiciones objetivas para que una opción como la nuestra arraigue en esa provincia? ¿existe excesiva “competencia” de otras organizaciones similares? ¿es posible superar a esa competencia a corto plazo? Es evidente que las respuestas no están solo en manos del tesorero, sino de la totalidad de la dirección: el secretario de organización debe aportar sus datos, el presidente debe de ser capaz de apreciar y valorar los datos políticos, y el secretario general, de establecer el plan de actuación en esa provincia. Y a la vista de todo eso, el tesorero establecerá si esa delegación es viable o no lo es, si tiene interés o no lo tiene, etc.

A la vista del informe del tesorero la dirección y la delegación concreta, pueden corregir algunos de los parámetros: probablemente, en lugar de acudir un refuerzo de 6 militantes de otros puntos, el presupuesto no dé para más de 1; y, quizás, si en lugar de ir los 6 a un hotel de cuatro estrellas, el que va, es albergado por un afiliado local y si, de los gastos iniciales, solamente hay que abonar los gastos de desplazamiento y parte de la alimentación… posiblemente, los gastos habrán descendido 80% del presupuesto inicial y, por tanto, la iniciativa será viable. Ahora bien, lo que es inadmisible es ser, en todo esto, juez y parte: proponer actividades, realizarlas uno mismo, quemar sin ningún tipo de censura ni de control los fondos que se estimen oportunos y al cabo de seis meses, tener esa delegación en el mismo punto muerto que estaba al inicio, reducida a un mero punto en el mapa-organigrama del partido. Cero + cero no dan nada tangible.

Sexta tarea: Elaborar los presupuestos anuales

Finalmente, el tesorero debe de tener a su cargo el establecimiento del presupuesto anual de la organización. En este terreno, las desviaciones presupuestarias son admisibles… mientras no sean excesivas. La elaboración de unos presupuestos con pocas desviaciones en su ejecución, son muestra de madurez en la organización. Para elaborarlos deben participar varios responsables, no es tarea única del tesorero. Cada responsable de un área de trabajo debe de ser capaz de prever los recursos que va a consumir y de planificar el trabajo que va a realizar; no es lo mismo un año sin elecciones que un año en el que tendrán lugar tres competiciones electorales. Para que sea posible establecer unos presupuestos rigurosos, la organización debe disponer de cierto grado de madurez y sus cuadros deben estar necesariamente bregados en el trabajo político.

Una “dirección política” digna de tal nombre no es aquella que concentra bajo su férula más “poder”, sino aquella que evidencia más eficacia y que se muestra capaz de integrar a los mejores elementos de la organización. Una dirección eficaz es lo contrario de una dirección personalizada y polarizada en una sola persona. Habitualmente, los dirigentes inmaduros confunden la necesidad de que el cartel electoral esté dominado por un solo rostro, con la necesidad, así mismo ineludible, de que la organización esté dividida en áreas autónomas de trabajo, al frente de las cuales estén responsables eficaces y que sean capaces de coordinarse entre sí para exprimir la eficacia al máximo de sus posibilidades. En este contesto, la imagen del tesorero, es la imagen de “uno más entre los mejores”.

Si la figura del tesorero está ausente y todo el poder está concentrado en una sola mano, es normal que se caiga en el subjetivismo: el “líder máximo, gran timonel y ayatolah de la organización” tendrá sus preferencias. No es que se quede dinero de la organización para sus gastos personales… es que tenderá a administrar subjetivamente los fondos. En lugar de desplazarse en autobús o tren, preferirá desplazarse a tal o cual delegación en avión o coche propio, multiplicando los gastos; en lugar de elegir una delegaciones fuertes para concentrar esfuerzos, se dispersará en desplazamientos a lugares en los que por algún motivo le apetece viajar. Mirará de ir a hoteles de cuatro y cinco estrellas, antes que ser albergado en domicilios de otros afiliados… y así sucesivamente. Todo esto, repetido día tras día, sin las consideraciones críticas de un tesorero digno de tal nombre, harán, finalmente, que no sea posible ni publicar boletines internos, ni realizar campañas de propaganda, ni siquiera pagar a los proveedores… Aun, hasta aquí, la honestidad, como el valor al soldado, se le supone. Honestidad, si, pero también irresponsabilidad, uno de los peores cócteles que se dan en dirigentes políticos.

Y no digamos si la honestidad, poco a poco, se va relajando. Si las cuotas se pagan en la mano y si no media recibo alguno; si la mayoría de gastos son de “prestigio” pero no suponen avances reales; si el dinero que un afiliado dona para una campaña concreta no se utiliza para esa campaña, sino para cualquier otra tarea y si, finalmente, a fuerza de pedir militantismo, voluntarismo, entrega y sacrificio, lo único que se está pidiendo es una cuota que nadie sabe a donde va a parar ni en qué se utiliza, porque jamás se han visto originales de facturas, listas reales de ingresos bancarios y de afiliados reales, y ni siquiera se tiene conciencia de los costes de tal o cual actividad. Y no importa si entre todos los miembros de un organismo de dirección existen buenas relaciones y amistad más allá de la camaradería: razón de más para ser transparente en los gastos y para aceptar la “tiranía” de un tesorero.

Casi estaríamos dispuestos a acabar estas notas realizadas a volapié añadiendo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. En absoluto. Todas estas notas tienen como origen la petición realizada al partido en el que milito para que, sin más dilación, se nombre a un tesorero. No había tenido ocasión de explicar las tareas que corresponden a un tesorero; ahora lo hemos hecho. Y nos parece algo absolutamente increíble, tener que escribir quince folios en Courier 12 a doble espacio, sobre algo tan elemental, normal y lógico como es la figura del tesorero y las tareas que le corresponden, que no damos crédito a por qué la presidencia de DN se niega pertinazmente a nombrar un tesorero aceptado por todas las partes. A partir de aquí es muy fácil realizar una crítica a lo que han supuesto los últimos 10 meses de DN: sin fondos, sin inversión en publicidad, sin inversión en boletines internos, y con una opacidad económica absoluta que no puede por menos que generar todo tipo de inquietudes, rumores y comentarios en el interior de la organización.

Realmente ¿había falta escribir 15 folios sobre este tema? Para que la dirección actual de DN y algunos afiliados se enteren de lo que la lógica y el sentido común, por sí mismos, debería de haberles iluminado. ¿No a la figura de un tesorero? Ahora sólo queda explicar el por qué… No basta con expulsar a los que utilizan la lógica y el sentido común. Hace falta, algo más: precisamente, ejercer la lógica y el sentido común, dos de las cualidades del dirigente político. Si están ausentes no hay liderazgo político que valga.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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