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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

La eterna Juventud en la Catedral de Barcelona

Infokrisis.- Rescatamos el último capítulo de una obra escrita hace 20 años y que desde entonces ha permanecido en un cajón. Se trata simplemente de un trabajo monográfico sobre el simbolismo hermético de la catedral de Barcelona, del que presentamos a continuación el último capítulo sobre la Edad de Oro y la Juventud. El estilo empleado es el propio de esto trabajos sobre hermerismo de lo que Fulcanelli marcó en sus obras.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona

Conclusión
La Edad de Oro y la Juventud

 

No es por casualidad que hayamos traído a colación la historia de Santa Eulalia en el último capítulo de esta pequeña obra. La Santa es habitualmente representada con los rasgos de una muchacha excepcionalmente joven. Esta es una de las muchas ocasiones en que el tema de la juventud se filtra en las leyendas y los símbolos de nuestra Catedral. Una vieja leyenda setecentista, por ejemplo, cuenta que existió una campana en la Seo barcelonesa cuyo sonido era singularmente claro y armonioso. Nadie sabe por qué los barceloneses de entonces la llamaron "Honorata"; si se cree saber, en cambio, que fue construida en la placeta de Junqueras, más o menos, en el lugar ocupado actualmente por la Plaza de Urquinaona. Dice la tradición que la campana entró en la ciudad por la Puerta del Angel y fue llevada hasta la confluencia con la calle Condal. Pero allí las fuerzas flaquearon y la campana -de más de tres toneladas de peso- quedó clavada en el suelo. En 1545 doscientos dos jóvenes barceloneses pidieron llevarla consiguiendo situarla al pié del campanario ochavado de San Ivo, que hacía poco que se había coronado. Treinta parejas de bueyes e ingeniosos juegos de poleas y polipastos, alzaron la campana casi a la altura de su emplazamiento; pero hubo un momento en que bestias y hombres, agotados, no alcanzaban a llevar la campana a la altura requerida. Fue un joven barcelonés el que dio con la solución, tan simple como todo lo que vale la pena en la vida: bastó con mojar las cuerdas para que el cáñamo se encogiera y la campana subiera sin más ayuda los pocos metros que faltaban...

No es la única tradición en la que la Seo barcelonesa se acerca al tema de la juventud. Si iniciábamos la primera parte de esta obra hablando del desaparecido convento de Santa Caterina, volvemos ahora a referirnos a la Santa, una de las patronas de la Juventud, junto al Apóstol San Andrés y a San Nicolás de Bari. Este último está presente en la clave de bóveda de una capilla lateral, mientras que puede verse a San Andrés en el pórtico principal de la Catedral, junto al resto de discípulos de Cristo y, así mismo, en la clave de bóveda de otra capilla, ostentando siempre su cruz en forma de X.

Santa Caterina tenía 19 años, era huérfana e hija de reyes; como en el caso de Santa Eulalia, el Emperador la quiso seducir ofreciéndole matrimonio que, por supuesto, rechazó. Alimentada en su encierro por una paloma blanca, sus suplicios tienen igual sentido simbólico que los de la Santa barcelonesa. Sometida al tormento de la rueda -ésta se rompió hiriendo a sus torturadores- y decapitada luego, su cuello manó leche. La imagen de la Santa está presente en la clave de bóveda de la capilla consagrada a San Marcos y al gremio de zapateros. Una ves más, bajo la imagen de los suplicios se evocan operaciones herméticas muy concretas. El llamado "fuego de rueda", es una técnica de los alquimistas consistente en cocer en el atanor, durante largo tiempo, el huevo filosofal a temperatura constante. Esta operación permite alcanzar la "obra al blanco", el "albedo", evidenciado en la leyenda de la Santa con el símbolo de la cabeza cortada que destila leche. Cuando se alcanza esta fase se está próximo a la regeneración del cuerpo y a la eterna juventud que otorga a la Santa el patronazgo de la adolescencia junto a San Andrés (martirizado, como la joven Eulalia, en un aspa, X, notación alquímica del crisol) y San Nicolás (su nombre en griego, deriva de "piedra").

Análogamente, la Capilla de la Madre de Dios de Montserrat, anteriormente dedicada a Santa Agnes, está coronada por la clave de bóveda que nos muestra a esta santa de apenas trece años en el momento de su martirio. A esa edad se convirtió al cristianismo y, como en el caso de Eulalia, el Cónsul romano se enamoró de ella; Agnes lo rechazó. Llevada a un burdel y expuesta en su desnudez ante los ojos lúbricos de los paganos, el Cielo quiso que el cabello le creciera hasta cubrirla. El hecho fue tenido como milagroso y el burdel transformado en casa de oración. Cuando el cónsul acudió a comprobar la veracidad de los rumores sobre el hecho, la luz que irradiaba el corazón de Agnes lo cegó y murió. Y es que el Santuario del Corazón, purificado y renovado, desprende tal luminosidad que abrasa al "Hombre Viejo".

Idéntico tema de la juventud triunfadora sobre el mal  -representado, esta vez, por el dragón- se repite en la clave de bóveda de la Capilla de la Madre de Dios del Pilar, antes dedicada a Santa Margarita, cuyos atributos son la cruz y el libro. Hija de paganos, su niñera la introdujo en la fe cristiana. A los 15 años, el gobernador romano quiso tomarla como esposa, pero ella se resistió y sufrió martirio. Un dragón amenazó devorarla, y al igual que Santa Marta, se libró con la señal de la cruz. Tragada luego por la fiera, salió de sus entrañas enarbolando nuevamente la cruz; por eso la tradición quiere que la Santa se invoque en las situaciones difíciles. El diablo volvió a tentarla con forma de hombre peludo  -otra vez la misma imagen presente en los frisos del pórtico de San Ivo-, pero se libró. Martirizada con fuego y agua fría, salió reforzada en su fe. Como otros muchos santos, fue, finalmente, decapitada. En la clave de bóveda se la representa con perlas, símbolos de pureza. Una vez más estamos ante la perífrasis simbólica de un martirio que no es sino la descripción de un proceso hermético de realización interior. A la victoria sobre el dragón, sucede la purificación del Santuario de la Cabeza.

Cuando estábamos a punto de dar por concluida esta obra, caímos en la cuenta de que faltaba hablar de la disposición de ánimo con que el alquimista debe iniciar sus trabajos. Esa actitud es la misma que la demostrada por nuestra amada hija cuando vio, en el Templete de San Jaime del claustro, el huevo bailando sobre las aguas. Nos llamó la atención la extraordinaria pureza de corazón con la que contemplaba la escena. Entendimos súbitamente por qué Cristo quiso rodearse de niños, por qué dijo que quien no fuera como ellos no tendría acceso al Reino de los Cielos y por qué alabó en sus bienaventuranzas a los "mendicantes de espíritu" (ya que no pobres). Entendimos también aquellas líneas que dedicó von Eckartshausen a todos los buscadores: "¿En qué consiste el órgano de la verdad? ¿Qué es la capacidad de verdad en el hombre? Respondo: es la simplicidad de corazón; la simplicidad coloca al corazón en una situación conveniente para recibir con pureza el rayo de la razón; y éste organiza al corazón para la recepción de la luz". La Juventud es el estado físico que equivale en el plano interior, a la simplicidad de espíritu, y en el plano cósmico a la Edad de Oro.

La Edad de Oro fue considerada en el mundo clásico, el período de plenitud del ser. La primera característica que enumera Hesíodo de la Edad de Oro es la juventud, "la vejez miserable no existía", escribe en "Los Trabajos y los Días". Aquel tiempo de plenitud espiritual aparece reflejado en otras tradiciones con las mismas características, incluso en el período cristiano. San Brandán, en el curso de su navegación llega a una "Isla Bienaventurada" en donde sus moradores viven una eterna juventud. La tradición china nos muestra otro ejemplo de una isla, Kuchea, poblada por "hombres trascendentes con rasgos de niños".

El lenguaje chino permite otra generalización interesante. En algunos dialectos la palabra "tse" quiere decir tanto "norte" como "joven". Habitualmente, todos las tierras paradisíacas relacionadas con el inicio de los tiempos y la Edad de Oro, están situadas en el Norte, esto es, en el Polo. Hiperbórea -el continente situado en el extremo septentrional del globo según la tradición griega- es el ejemplo que nos ofrece el mundo clásico: situada en el extremo Norte, allí reinaba la eterna juventud.

En otros contextos culturales no tendríamos ninguna dificultad en encontrar seriado este mismo dato. Los chiitas esperan la llegada del XIIº Imán, el "Imán Oculto", "polo de los polos", que tendrá los rasgos de un joven de belleza sobrenatural. Esta tradición deriva probablemente de otra anterior, la que define el reino iranio de Yima como un lugar en el que "no había vejez ni muerte (...) Padre e hijo parecían tener quince años". El "Zend Avesta", libro sagrado de la tradición irania, sitúa el reino de Yima en el Norte, lugar de juventud y trascendencia. Todos estos elementos son interesantes en su calidad de mitos, pero también contienen una enseñanza aplicable al proceso de realización del ser.

Una iniciación consiste en el acto de introducir al sujeto en un sendero de trascendencia que regenera su vida. Existe un "antes" y un "después" de la ceremonia iniciática; antes, el sujeto era considerado como un ser incompleto, limitado y en una situación similar a la vejez, al margen de su edad biológica real. A lo largo de las anteriores páginas, hemos aludido en varias ocasiones a este tema; el "hombre viejo", queda renovado mediante la ceremonia iniciática y se convierte en un hombre nacido a una nueva realidad, un "hombre nuevo", un re-nacido.

En el momento en que los francmasones son iniciados en el grado de Aprendiz, el primero de su jerarquía iniciática, reciben el nombre "Hijos de la Viuda", aludiendo al hijo que portaba en sus entrañas Balkis, la reina de Saba, fecundada por Hiram, el arquitecto. El rey Salomón, celoso de Hirám ordenó su muerte. Por eso los francmasones, herederos del arquitecto y fundidor se dan a sí mismos el nombre de "Hijos de la Viuda".

Antes que ellos, los templarios -que algunas obediencias sitúan en el origen de la francmasonería- fueron acusados de "quemar recién nacidos". Sus verdugos confundieron -o quisieron confundir- el mito con la realidad. La ceremonia de iniciación al capítulo secreto de la Orden recibía el nombre de "Baphomet" -nombre que la inquisición consideraba erróneamente como el de un ídolo demoníaco-; hay que descomponer esta palabra en "baphos", bautismo en griego y "metheos", fuego, para comprender el significado de la ceremonia: un "bautismo por el fuego", similar al dispensado por el Espíritu Santo, que posó "lenguas de fuego" sobre las cabezas de los apóstoles. El hecho de que se tratara de un bautismo (sólo se bautiza a los niños) y que fuera realizado mediante el "fuego" (esto es, a través del "espíritu") hizo que los inquisidores, tomando la alegoría por realidad, creyeran que los templarios quemaban a recién nacidos.

Idéntica confusión entre mito y realidad produjo la perdición de los judíos. Hasta un tiempo relativamente reciente se creía que los judíos, en las proximidades de la fiesta del Pesaj, secuestraban y torturaban a recién nacidos. En 1928, incluso, en Massena, estado de Nueva York, el rabino de la localidad fue interrogado tras la desaparición de un niño; éste fue encontrado, tiempo después, perdido en un bosque cercano y sólo el feliz hallazgo calmó a los antisemitas. Nicolás II, a finales del siglo pasado culpó oficialmente a los judíos de otro asesinato ritual, sin que nada pudiera demostrarse. Encontramos casos parecidos a partir del siglo XII, algunos de los cuales posiblemente fueran ciertos, pero sobre la mayoría persiste la duda. Una vieja leyenda urbana barcelonesa es significativa al respecto. Los judíos del Call (barrio judío de Barcelona situada en la parte noroeste de la ciudad antigua) asesinaron a Mauret, un niño, crucificándolo. Cuando lanzaron su sangre a las aguas, éstas se tiñeron de rojo. El niño, al decir del relato, fue santificado. Se trata, evidentemente de una leyenda hermética. No existen huellas de un culto a Sant Mauret en la Ciudad Condal, sin embargo, la leyenda, efectivamente circuló. Ya hemos visto por que el nombre de "Mauret" es sospechoso; en España, desde la Edad Media, los nombres cuya etimología se asocia a los "moros" están relacionados con lugares de magia y brujería. Mauret es pues un mago o un hermetista. Su crucifixión y muerte implican una ceremonia iniciática: ser crucificado equivale al "coagula" alquímico, la fijación en la cruz de los cuatro elementos (fuego, tierra, agua y aire), es decir, la obtención del dominio sobre ellos. La muestra de que la operación ha tenido éxito es que la sangre renovada de nuestro "Mauret" (en catalán, diminutivo de "moro") adquiere el carácter de una "tintura" que enrojece las aguas (en términos herméticos, dignifica el espíritu y otorga la mestría).

Los escritores herméticos representan a quien ha logrado extraer la "piedra filosofal" con la imagen de un niño o un adolescente. Abundan los grabados para demostrarlo: la XV figura del Libro de Lambsprinck muestra a un "nuevo Hijo" coronado de oro; en la II Clave de la "Filosofía Hermética" de Basilio Valentino, Hermes, representado por un joven coronado, está revestido con los atributos del triunfo alquímico. Así mismo, la quinta lámina del "Atalanta Fugiens" de Michel Maier muestra un embrión en el vientre de su madre, premonición del futuro nacimiento.

La consumación de la obra alquímica está reputada de ofrecer la "eterna juventud". Sus textos hablan de una misteriosa "fuente" que prolonga la vida en un estado joven y vigoroso para quien consiga descubrirla y beber de sus aguas. El famoso pintor Hieronimus Bosco en su retablo "El Jardín de las Delicias", representa esta fuente y "Cilyani", autor alquímico del siglo XIX, nos dice que se trata de la "fuente de Cadmo". Hay que entender por "fuente" al propio espíritu, el cual purificado, se convierte en germen del estado de eterna felicidad interior, comparable al Edén.

Aun es posible realizar otra asimilación entre la juventud, la fuente y el Edén: el símbolo del Grial.

Entre 1180 y el 1230, como respondiendo a una influencia subterránea oculta durante muchos años, de manera simultánea aparecieron en todo Occidente una multitud de leyendas relacionadas con la búsqueda del Grial. Época de las cruzadas, del auge de los templarios, el período de los grandes Emperadores del Sacro Imperio y de la síntesis espiritual del tomismo, en solo unos pocos años los textos de Chretien de Troyes, Robert de Boron, Massenier, Wolfram von Eschembarch, von der Tumlim, Gerbert de Montreuil, y algún otro autor anónimo, respondiendo sin duda a una consigna, se sitúan en la base del último gran despertar de la Tradición Occidental. El tema central es la búsqueda del Grial.

Tallado de una esmeralda caída de la frente de Lucifer, fue utilizado como copa en la Ultima Cena y luego en la cruz recogió la última sangre de Cristo. Recuperada por José de Arimatea, una saga de reyes-sacerdotes la custodió en un castillo. Pero uno de estos reyes resulta herido y el Grial se pierde. Deberán llegar Arturo y sus caballeros para acometer su búsqueda. Solo tres lo alcanzarán: Galahad, hijo de Lanzarote, el "caballero perfecto", Bors, el "caballero humilde" que regresa con él a Camelot y, finalmente, Perceval, llamado el "tonto perfecto" por su inocencia y juventud.

Una de las virtudes que dispensa el Grial es la "salud", entendida tanto en un sentido de salvación espiritual, salud física y juventud interior. Wolfram escribió: "el Grial infunde al hombre tal vigor que sus huesos y carne encuentran súbitamente su juventud". De los tres caballeros que lo conquistan, solo uno nos interesa a efectos de nuestro análisis; Perzeval, en efecto, es representado en los relatos del Grial, como un adolescente que apenas conoce el miedo -como el héroe nórdico-germánico Sigfrido, otro arquetipo heroico de la juventud- simple y sencillo de costumbres; caballero santo, vagará durante 5 años en busca de la Copa y conseguirá curar con su virtud al Rey Herido. Tras aproximarse al Grial y cosechar un primer fracaso, acomete de nuevo la aventura y lo obtiene al responder a la pregunta fatídica formulada por el Rey Herido "¿A quién sirve el Grial?", "A vos" responde Parzeval.

A pesar de la poca relación entre el tema del Grial y la tradición católica, es significativo que ambas hagan del estado de infancia una cualidad imprescindible para aproximarse a la experiencia trascendente y llegar a Cristo.

Los Evangelios no ahorran alusiones a la necesidad de un estado de infancia para alcanzar la conciencia crístico. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son pródigos en este tipo de referencias. "Dejad que los niños vengan a mí" dice el Cristo y también "El que no reciba el reino de Dios como un niño pequeño no entrará en él". San Mateo repite textualmente la frase. Incluso el Antiguo Testamento tiene algunas referencias a la juventud: "El cordero y el lobo serán guardados juntos por un niño en el Paraíso", dice Isaías (XI: 6). La misma iconografía católica reconoce la virtud del estado de infancia en las figuras de los ángeles representados siempre con rasgos puros y etéreos de la pubertad.

Ya que hemos empezado con Hesiodo, sigamos el camino trazado por él en "Los Trabajos y los días". Allí, el autor clásico nos presenta un cuadro mítico para explicar la decadencia de la humanidad. A la Edad de Oro seguirán otras tres de decadencia progresiva, en las que se acorta cada vez más la vida de los hombres. En efecto, las edades de Plata (edad de los sacerdotes), de Bronce (edad de los guerreros) y de Hierro (edad de la confusión y el caos, la actual), siguen a la Edad de Oro (edad de la espiritualidad pura). En cada etapa la brecha entre el hombre y la trascendencia aumenta.

Hesiodo nos dice que los dioses para dar una esperanza a los hombres crearon una "raza de Héroes", capaces de ofrecer a los hombres de la Edad de Hierro una vía de reintegración en el estado primordial de la edad de oro. A través de un esfuerzo personal y de una búsqueda individualizada, afrontando la vida como una prueba, el Héroe clásico podía alcanzar un estado idéntico al de los hombres de la Edad de Oro. No se garantizaba el éxito de la aventura; unos triunfaban -como Hércules- y otros muchos fracasan (como varios argonautas compañeros de Jasón o héroes griegos muertos ante las murallas de Troya). El héroe siempre es presentado con los rasgos de un joven de vigor y fuerza inagotables.

El descenso de la Edad de Oro a la Edad del Hierro, último de los períodos de la decadencia, produce, como hemos visto, un acortamiento de la vida humana. El tema está presente en todas las mitologías. Los Vedas aluden al "Toro del Dharma" que en cada una de las cuatro edades va perdiendo una pata; en la Edad de Oro se mantiene sobre las cuatro, en la de Plata con tres, luego, en la de Bronce con dos y en la de Hierro -el Kali-Yuga, edad oscura, de la tradición hindú- con solo una. Esto indica una situación de inestabilidad creciente y una reducción en la duración de los tiempos, según la proporción 4, 3, 2, 1, cuya suma nos da el 10, límite de duración de un ciclo completo. En la tradición hebrea encontramos análogos retazos de la misma sabiduría; la Biblia pone especial énfasis en mostrar la edad de los patriarcas. Así, por ejemplo, Adán viviría 930 años, su hijo Seth 912, Enós, 905, hasta llegar a Abrahám cuya vida se extinguió a los 175 años. Después del episodio de la Torre de Babel, la vida humana sufrió una drástica reducción y tras el episodio de Esaú y Jacob, la edad media de los patriarcas pasa a ser similar a la actual. En el Libro de Daniel se habla de la visión de una estatua con la cabeza de oro, el torso de plata, las piernas de bronce y los pies de barro.

Pero en todas estas tradiciones se contempla la posibilidad de superar el pobre destino de la muerte y la extinción. Es universal la creencia que tras un período de decadencia absoluta, cuando se ha alcanzado el límite de las desintegraciones, se producirá una recuperación brusca y al caos más absoluto será sucedido por un nuevo ciclo áureo. El universo absorberá las partes impuras y reaparecerá el estado edénico primordial.

Incluso el cristianismo considera esta posibilidad bajo la forma de la "segunda venida de Cristo", la "era del Paráclito" a la que aludió Joaquín de Fiore, el místico y profeta medieval intérprete del Apocalipsis. Anunciado por las trompetas de ángeles y arcángeles, el concepto católico de renovación del Cosmos tiene también equivalente en la tradición clásica. Virgilio, en "Las Bucólicas", anuncia que el nacimiento de un niño providencial llevará al mundo de la Edad de Hierro a la de Oro. Ese Niño, para nosotros, es Jesús, el que, como la Piedra transmutadora de Plomo en Oro, nació en la oscuridad, en el seno de una caverna y bajo el signo de la estrella.

En un lugar privilegiado de la Catedral de Barcelona, en la nave lateral derecha, a la altura del coro, se encuentra la Capilla de San Raimundo de Peñafort. Antes del traslado de los restos del Patrón de los Abogados estaba consagrada a San Cristóbal. La clave de bóveda de dicha capilla muestra aun a San Cristóbal. El Santo no supone más que una leve alteración del eterno tema clásico del titán Atlas aquel que cargaba sobre sus espaldas el globo terráqueo. Cristóbal, el cananeo, era, como Atlas, un gigante que toda su vida había ansiado ponerse a las órdenes del Señor más grande del Universo. En el palacio de un Rey cristiano, observó como el monarca se santiguaba al oír el nombre del diablo y se hizo servidor del Maligno a quien creía el más poderoso. Lo abandonó cuando, llegando a una población, vieron la cruz de piedra, y el demonio huyó. Entonces supo que Cristo era más poderoso y decidió buscarlo, pero en vano. Un ermitaño le recomendó el ayuno y la ayuda a los débiles. Cristóbal así lo hizo. Un día, un
Niño le pidió que le transportara a la otra ribera de un río. A medida que Cristóbal se internaba en las aguas, notaba como el peso del Niño aumentaba más y más. Era Jesús que llevaba sobre sus hombros la carga de todos los pecados del mundo. Esos "pecados" tienen la densidad, opacidad y pesadez del plomo, oscurecen nuestra naturaleza trascendente y le privan de manifestar su verdadera faz. Pero, en el Niño se encuentra el germen del Oro.

Próximo a la capilla de Santa Lucía se encuentra el arcosolio funerario que alberga los restos de un joven juglar, Mosén Borra. Una vieja leyenda catedralicia nos explica que había nacido en el seno de una familia pobre, pero su padre, consiguió aproximarse a la cámara real e intercambiarlo por el hijo del Rey, cuando aún era muy niño. Devenido pobre juglar, Mosén Borra, el monarca verdadero, ignoraba su auténtica naturaleza, la regia, áurea y solar y había asumido aquella situada en las antípodas; en la jerarquía de las cortes medievales, el número uno era el rey y el último, su juglar, considerado como la inversión del primero, de la misma forma que el plomo es oro invertido y toda la luminosidad que hay en uno se transforma en negrura y pesadez en el otro. Borra quiere decir cordero y su raíz, bor-, se encuentra en la palabra boreal; en el fondo se trata de una reiteración: el "cordero" es Aries, primer signo del Zodíaco, el jefe de la manada que indica la dirección a seguir, el Norte, boreas, marcada por la estrella polar. La tumba de mosén Borra, el juglar que ignoraba su noble origen, se encuentra hoy junto a la capilla de Santa Lucía, en el claustro. En este sepulcro se lee la siguiente inscripción: "Hic jacet dominus Borra, miles gloriosus  - Facta fuit sepultura ista anno Domini MCCCXXIII".

La leyenda de mosén Borra es el símbolo de todos nosotros: alejados de nuestro origen tras la caída adámica, nos queda la esperanza de descubrir nuestras raíces trascendentes. El devenir del Mundo, como la caja de Pandora, tras haber arrojado todos los horrores del universo, solo ha dejado en el fondo la esperanza: y esa esperanza tiene un nombre en todas las tradiciones; se llama juventud y es un estado interior...

Sólo conocen ese estado quienes forman parte de la Ekklesia -literalmente "asamblea de los que han sido puesto aparte"- y digan, con Alfonso X, el Rey Sabio, "por bienaventurado se debe tener todo home que pueda construir iglesia". Aquellos, en definitiva, que hayan completado su templo interior, nacidos, con ello, a la nueva vida.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia,

 

Diez notas sobre la crisis de la agricultura:

Diez notas sobre la crisis de la agricultura:

Infokrisis.- Presentamos diez puntos sobre la agricultura y su marcha que hemos introducido previamente en un foro de Internet. Se trata de 10 puntos que son fáciles de demostrar y, la mayoría suficientemente conocidos. Sólo que valía la pena agruparlos. Básicamente se puede resumir así: la política agrícola es la que hay que abordar más seriamente porque de ella va a derivar una necesidad básica para la supervivencia: la alimentación. A partir de ahí, es evidente que existe un nexo entre agricultura - alimentación - energía. Todos estos temas quedan tratados en la obra de Alain de Benoist que hemos traducido y que en breve será publicada por Ediciones IdentidaD: Mañana el decrecimiento.

1) El tejido agrícola español se está perdiendo aceleradamente. Hay provincias enteras en donde trabajar el campo ha dejado de ser rentable desde hace mucho tiempo y los hijos de los agricultores prefieren estudiar en las ciudades a seguir haciéndose cargo de un negocio no rentable.



2) La crisis económica, transformada hoy en depresión y mañana en super-depresión, ha generado un fenómeno curioso: se ha hundido la construcción (a la que se había ido a trabajr mucha mano de obra agrícola), se está hundiendo la industria y el turismo ya tiene muy acelerada su caída: el único sector económico que está aguantando la crisis es la agricultura. No se han perdido puestos de trabajo en agricultura... sólo que ésta ha sido menos rentable.

3) La globalización y la eliminación de aranceles han puesto en peligro nuestra agricultura: vienen kiwis de Nueva Zelanda, naranjas de Israel, tomates de Marruecos, pollos de Vietnam, mosto de Argentina y vinos de Chile... que hasta ahora han resultado más barato importar que criar en España.

4) Pero este sistema, que ha destrozado nuestra agricultura y ganadería, no es viable a medio plazo y es muy peligroso: una epidemia en extremo oriente puede hacer que se detengan bruscamente los flujos de mercancías a Europa y que en pocas semanas los mercados estén desabastecidos y aparezca el hambre.

5) La gasolina se va agotando poco a poco (la naturaleza tarda millones de años en generar un litro de gasolina que un vehículo consume en menos de una hora). El agotamiento del petróleo hace que la globalización sea una ficción imposible de sostener durante mucho tiempo. Sin gasolina no hay transporte de personas ni de mercancías.

6) Los biocarburantes son un mito y están en el origen de la actual crisis económico-alimentaria: cuando en 2005 se produjo el boom de los biocarburantes, buena parte de los agricultores mexicanos y argentinos desviaron su producción de los circuitos alimentarios a los del biocarburante (vendidos a un precio algo mayor). El resultado inmediato fue la subida brutal de los alimentos que se produjo entre 2006 y 2007 con el resultado de hambre, revueltas populares y tensiones sociales en Iberoamérica y Asia.

7) Los biocarburantes no son la solución a la crisis energética. No hay biomasa suficiente en todo el planeta para cubrar todas las necesidades hoy cubiertas por el petróleo y sus derivados. Es más, los biocarburantes hacen que aumente la fragilidad del sistema energético mundial.

8) El papel de la Unión Europea en tema agrícola ha sido nefasto: su estructura burocrática ha hecho que se adopten decisiones con siete y hasta diez años de retraso: un técnico constata que cultivar viña sería un buen asunto, hace un informe, llega a la UE, se estudia, se resuelte subvencionar la plantación de viña, se aprueba la partida presupuestaria, se envía a los gobiernos, estos la anuncian, empieza la plantación de viña masiva (al estar subvencionada), tarda tres años en dar la primera cosecha; cuando eso ha ocurrido, cultivar viña ya no es rentable, el precio de la viña ha caído a la décima parte de su precio siete años antes. Campesinos arruinados que hasta ahora vendían sus parcelas para construir chalets. A partir de ese momento, un técnico envía un informe a la UE diciendo que habría que subvencionar el arranque de cepas... cuando llega el dinero para arrancar cepas han pasado otros siete años. En ese tiempo, otro técnico ya ha enviado un informe diciendo que sería bueno subvencionar el cultivo de soja, girasol o palma... Conclusión: la burocracia de Bruselas ha hundido a la agricultura europea.

9) Las necesidades alimentarias de un país deben resolverse en el marco de ese mismo país. Los alimentos deben ser cuestión de proximidad, no de precio. La globalización alimentaria constituye el suicidio alimentario del planeta. Es absurdo que en España se pueda producir leche suficiente para alimentar a toda la población y se importe, en cambio leche francesa. Es absurdo que se importen masivamente productos hortofrutícolas marroquíes (de calidad infame que solamente saben a agua, sean sandías, tomates, cebollas o nabos) cuando los campos en España se están convirtiendo en eriales. "¿Qué comes? Como lo que se cultiva en mi comarca, no lo que se trae del quinto coño, porque hoy se puede traer pero mañana seguramente no llegará aquí a causa de la crisis energética y de la inestabilidad de los países productores". Esa debería ser la norma.

10) La agricultura en los últimos 15 años ha ido absorbiendo mano de otra inmigrante. Pero hoy, cuando la construcción se ha hundido, miles de españoles que hasta anteayer habían trabajo en la construcción vuelven a las tareas agrícolas. Esto hace que en la agricultura sea necesario realizar un reajuste y dar prioridad a los trabajadores españoles a la hora de encontrar empleo en el campo. ¿Y eso que implica? Eso implica la necesidad de desmantelar el PER andaluz y las demás formas de clientelismo y ofrecer la posibilidad de trabajar en el campo. Pero, para eso, es preciso reajustar el secto agrícola y adoptar una política coherente de inmigración: "NI UN SOLO INMIGRANTE SI HAY UN ESPAÑOL QUE PUEDE OCUPAR UN PUESTO DE TRABAJO".

Ah, y por cierto, el gran problema es: el destino de la agricultura y de la producción de alimentos y la sustitución del petróleo que se acaba por otras energías alternativas. Y sobre esto: ni energía eólica, ni solar, ni marina, ni fluvial, tienen niveles de producción suficientes para compensar el agotamiento del petróleo y para sustituirlo. Sirven, sí, pero para el pequeño consumo, no para alimentar los circuitos de energía de la industria. Esto hace casi inevitable que sea preciso recurrir a la energía nuclear. Guste o no guste. La energía de fusión tardará todavía entre 30 y 40 años en poderse poner en marcha (si es que se logra).

Hay una palabra con la que vamos a tener que familiarizaros en breve, nos guste o no: DECRECIMIENTO. El decrecimiento es nuestro destino. En las próximas semanas estará a disposición del público español la obra de Alain de Benoist MAÑANA EL DECRECINIENTO, con una introducción especial sobre la crisis económica, escrito especialmente para la Edición Española, publicada por Ediciones IdentidaD. La idea central del decrecimiento es que no puede proponerse un desarrollo ilimitado para un planeta de posibilidades limitadas.

(reserva y pedidos: Infokrisis@yahoo.es, 20 euros. Estará disponible a finales de julio)

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

ENSAYO SOBRE EL FIN DE NUESTRA EDAD - A. Marques Bessa

Infokrisis.- Presentamos la traducciones realizada hace veinte años de un admirable texto que nos llegó de Portugal de una pequeña editorial que en aquel momento difundía textos de la Nueva Derecha francesa, escrito por Antonio Marques Bessa. Es evidente que el texto fue escrito a principios de los años 80 y que resume las ideas de la Nueva Derecha en el estado en que se encontraban en aquel momento. Lo reproducimos tal como lo hemos recuperado. El texto tiene hoy más de 25 años y fue escrito en un momento en el que la izquierda marxista se aproximaba al final de su "reinado intelectual". Tiene el valor del compendio justo que refleja el patrimonio cultural, siempre en evolucion, en un momento dado de la historia del pensamiento contra-corriente.

 

Ensayo sobre el fin de nuestra edad

Antonio Marques Bessa

A Vintila Horia, el teorizador. A D. Andrés Rodriguez Villar, un "caballero" y a todos mis camaradas que, bajo condiciones muy adversas, siempre tuvieron en la boca un poema de esperanza para saludar a la aurora solar.

1. LA CULTURA CIRCULAR

Es inútil crearse ilusiones con la quimera de un falso optimismo: nos encontramos hoy al final de un ciclo. Desde hace siglos, primero de forma insensible, luego con la rapidez de una masa que se desmorona, varios procesos tienden a destruir en Occidente cualquier ordenamiento normal y legítimo de los hombres y a falsear las más elevadas concepciones del vivir, del actuar, del conocer y del compartir. Y el motor de esta caída vertiginosa fue llamado "progreso".
J.EVOLA

La historia de la cultura occidental y el análisis de las grandes transformaciones político sociales muestra que éstas están normalmente precedidas por movimientos intelectuales, olas culturales, que funcionan como períodos de gestación de los grandes sistemas, de las revoluciones y de las mutaciones estructurales, que solo para los profanos pueden aparecer bruscas y radicalmente nuevas. En verdad, han sido preparadas por múltiples esfuerzos intelectuales, todos tendientes a alterar la mundovisión básica y la concepción del mundo y de la vida. Las convulsiones sociales, la ruptura de los regímenes, las alteraciones de los sistemas, surgen así tras un trabajo cultural previo, como identificó muy bien el marxista italiano Antonio Gramsci.

Ahora, las soluciones sociales e ideológicas hoy vigentes encuentran sus raíces profundas en el Renacimiento, movimiento cultural que abre paso a la Edad Moderna y que opera una caída centrífuga del teocentrismo hacia el antropocentrismo. Dios, recluido en su esfera remota, abandona el centro de la sociedad, dejando al hombre en papel de matriz y medida de todas las cosas. Como consecuencia lógica de esta actitud, el movimiento desplegó un racionalismo optimista  confianza absoluta en las capacidades de la razón para discernir sobre los acontecimientos de lo real  consagró el principio de la libertad individual.

Todas las disciplinas pasaron a reflejar el peso de la nueva mundovisión. La teología y la lógica ceden su lugar a las Ciencias Naturales en la jerarquía del conocimiento. Incluso en filosofía, la investigación se concentró en la gnoseología (teoría del conocimiento), disciplina que amplió su campo de acción al asimilar otros saberes hasta culminar en la elaboración de los grandes sistemas racionalistas de tipo hegeliano.

La mitificación de las capacidades de la razón condujo al cisma en el seno de la Iglesia Católica. Se asistió al advenimiento del protestantismo, que no es sino la creencia en las posibilidades de la razón humana para interpretar correctamente la palabra de Dios sin intermediarios. En las ciencias naturales germinó un estado de espíritu que culminó en el positivismo cientifista y en el mecanicismo de los siglos XVIII y XIX, cuya característica también es la creencia en el entendimiento humano como instrumento capaz de interpretar los datos facilitados por la naturaleza y aislados por métodos experimentales.

El siglo XIX  el estúpido siglo XIX, como escribió León Daudet  vio a la mecánica analítica erigirse en principio explicativo general y tomó conocimiento del gran axioma: "el todo es igual a la suma de las partes". De la física a la biología, operaciones tan simples como sumar, analizar o integrar, agotaban la realidad. El universo era una máquina, un reloj perfecto, y los hombres no pasaban de ser algo semejante: máquinas, más o menos complicadas, pero máquinas al fin y al cabo. Es el tiempo de explicar el comportamiento animal por meras acciones y correcciones, por tropismos, por tensiones eléctricas, esquema que pasó a la ideología americana y soviética con el behaviorismo y el pavlonianismo.

La psicología y la política aceptaron y profundizaron en la imagen ofrecida por la física, la biología y en general por las ciencias naturales. De esta forma ofrecerán como verdad esencial una imagen del hombre con grandes novedades simétricamente invertidas respecto a la época de las catedrales. En lugar de la persona creada por Dios con inteligencia e instintos,con dimensión interior autónoma, presentaron al ser humano como un conjunto de reflejos condicionados, como una personalidad íntegramente definid por estímulos exteriores. El Bien y el Mal pierden su carácter absoluto y pasan a ser apreciados en función de las condiciones sociales, las experiencias positivas o negativas de los individuos. La sociedad en lugar de un todo jerarquizado y funcional, instrumento de supervivencia, es concebida como una mera suma de agentes individuales, según el axioma de la época. El CONSTITUCIONALISMO es también un exponente de esta moderna visión del mundo: acreditó que la mente humana podía descubrir las leyes fundamentales de la sociedad e inscribirlas en documento estatal perenne. Todo el folklore de la Constitución es puramente novecentista y los desmentidos que ha sufrido parecen no bastar todavía para demostrar la imposibilidad de esta area romántica.

Entre tanto, la Química y la Física confirmaban lo acertado de tales posiciones al dividir los fenómenos en sus elementos componentes y al volver a reconstruirlos mediante las síntesis. Ciencias Naturales, psicología, política y sociología, se orientaron según las líneas de fuerza del sistema cultural insistiendo en la concepción analítica, en el mecanicismo, en la reflexología, en las cualidades deterministas, como si toda la realidad no pasara de ser una imaginación calcada de las leyes de Newton. No se concebían espacios vedados: todo tenía una explicación mecánica y causal estricta, positiva y científica, total. El misterio había sido borrado.

Marx, en muchos aspectos, es el hombre que completa en la política, el compendio reflexológico causal y determinista, tal como Dollar y Skinner en psicología, y luego la escuela marxista en multitud de disciplinas sociales.

NUESTRO CICLO.


El momento cultural actual nace en un punto que no es fácil de aislar, pero cuyo período vital puede situarse, grosso modo, entre el advenimiento del Renacimiento y el declive el positivismo cientifista de fines del siglo pasado.

Muy esquemáticamente, nuestro ciclo cultural puede caracterizarse, así como sus consecuencias de orden práctico (económicas, políticas, religiosas, organizativas), como un continuo desvío hacia el antropocentrismo, hacia la desacralización del mundo, como una substitución del indeterminismo básico del origen divino mediante sucesivas estructuras determinantes o sistemas fechados.

La línea dominante puede ser sintetizada en un esquema muy simple:

ANTROPOCENTRISMO HUMANISMO RACIONALISMO


En las ciencias naturales: positivismo, reflexología y obsesión analítica.

En las ciencias políticas: creencias de que es el ambiente el que hace al hombre.

En la Economía: liberalismo económico, capitalismo, socialismo y planificación.

En Política: liberalismo, constitucionalismo, democracia parlamentaria o popular, partidos, mito de la igualdad, voto, totalitarismo y socialismo.

En la Sociedad: intensa conflictividad, impacto de la ideología marxista popularizada.

En la Religión: cismas, sectas, tolerancia, relativismo de la Verdad, teologías antropocéntricas.

Las consecuencias prácticas de las categorías y actitudes surgidas, en primer lugar, en las ciencias naturales, no se hicieron esperar. La imagen del mundo definida por la Física, la Química y la Zoología, se fue ampliando a todos los demás terrenos, preparando las mentalidades para la aceptación de la "verdades científicas", y cambiando efectivamente la concepción del mundo y del hombre. Las Ciencias Sociales fueron a beber en la misma fuente y no es extraño que Karl Heinrich Marx pretendiese añadir a su construcción unas "verdades" enunciadas por las ciencias exactas, constituyéndose él mismo en un punto de referencia obligatoria del ciclo cultural contemporáneo.

Por ello, aunque a la luz de ciertos criterios se consideren grandiosas las realizaciones teórico prácticas de nuestro ciclo, la verdad es que los intelectuales más despiertos y atentos ya su agotamiento y su fin. Existen muchos indicadores que hacen sospechar la conclusión del ciclo, específicamente los que se refieren a las líneas de desarrollo de las Ciencias Fundamentales, los problemas prácticos de los sistemas de civilizaciones del Mundo y las cribas existentes en el corazón de la cultura.

El sociólogo americano Wrigt Mills, entre varios más, se ha hecho de estas perplejidades afirmando: "Nos encontramos al final de lo que llama la Edad Moderna. Tal como sucedió en la antigüedad, ésta fue sucedida por varios siglos de ascendencia oriental, a los que los occidentales llaman prosaicamente "período de las Treguas" (Edad Media), también la Edad Moderna está en camino de ser sucedida por un período post moderno al que tal vez podamos dar el nombre de Cuarta Edad".

Esta observación de Mills sitúa claramente el problema de las transposiciones. En realidad, el movimiento cultural se condensa en una mundovisión determinada, dando origen a los sistemas políticos, sociales, a organizaciones peculiares, esto es, a consecuencias de orden práctico. Las nuevas estructuras tienden a sustituir a las antiguas, que entre tanto, debido a la pérdida de vitalidad del antiguo sistema cultural entraron en un proceso de decadencia y pérdida de vigencia, presentándose frecuentemente en antagonismo con lo Real.

Ha llegado el momento de asimilar las dimensiones de la crisis: aquella en la que un nuevo ciclo cultural está a punto de condensarse y en el que aún tienen un vigor residual las formas prácticas e intelectuales del ciclo antiguo. Estas intentan resistir, luchan por su conservación, denuncian e intentan liquidar las nuevas formulaciones pudiendo incluso incorporar algunas y demoler tesis y conceptos de vanguardia. Por ello su crisis interna, su incapacidad para competir con las nuevas interpretaciones, su falta de poder para integrar todos los elementos, se traduce normalmente en el abandono y el colapso de amplias zonas de explicación y de futuras áreas de organización práctica. La crisis pues, un tiempo de confusión en que la sociedad oscila entre dos ordenamientos, entre dos o múltiples explicaciones, pero donde los más atentos ya pueden notar la debilidad del viejo ciclo.

Y prosigue Mills caracterizando perfectamente este tiempo: "Sentimos que estamos en una época en la que suponemos que vamos a entrar. También cuando intentamos orientarnos, verificamos que existen un gran número de expectativas y antiguas imágenes históricas desfasadas; que los patrones de pensar y sentir ayudan y perpetúan, al mismo tiempo la interpretación de lo que está por ocurrir: que gran parte de nuestras explicaciones datan de la transición histórica del Medievo hacia la Edad Moderna y que la generalización de su uso las vuelve actualmente pesadas, irrelevantes e inconvenientes".

El stablishment cultural y científico tiene grietas y esas grietas se van ampliando. Los problemas son otros y requieren una nueva formulación. Las preguntas que se hacen a los mismos documentos son de otra naturaleza. Los fenómenos tienen otro alcance.

El aparato cultural de la Edad Moderna ya no es suficientemente adecuado para la interpretación y explicación del los problemas contemporáneos. Las ideologías y demás derivados de su Ciencia, por muchas razones, no pueden satisfacer a los hombres, en el diagnóstico de los males que afligen a las sociedades orientadas por principios ideados en el auge del Ciclo Moderno, y sumergidas en una crisis existencial que radica en la incapacidad de adecuarse a lo Real y explicarse a sí mismas en un discurso renovado.

Por otro lado, las consecuencias prácticas del ciclo están a prueba en todo el mundo, tanto en la forma de sociedades emanadas del capitalismo, como en las sociedades totalitarias, atrapadas, donde se vigoriza el socialismo "científico" y el modo de producción asiático, ahora, en ambas, aparecen las mismas características generales: sociedades de masa, materialistas, basadas en el principio de la razón suficiente. Todas dominadas por contradicciones y antagonismos profundos que parecen presentir su fin, cuando sus soportes culturales hace mucho que ya se vieron asaeteados por las arremetidas de la Nueva Ciencia, expresión de la claridad apetecida en el Nuevo Ciclo.

Tal paso es indispensable para comprender la crisis general y abordar los dos sistemas mundiales desde el punto de vista de sus claves esenciales, para luego examinar brevemente la civilización industrial, urbana, laica, que es la nuestra.


2. LAS FRACTURAS DEL SISTEMA CAPITALISTA.

Algo tendrá que parar. La sociedad de consumo no puede extenderse más a no ser que inventemos máquinas consumidoras.
Denis Gabor The Mature Society

El capitalismo es la forma político económica nacida del encuentro entre el espíritu del protestantismo (el enriquecimiento como muestra de salvación) y los elementos tecnológicos salidos de la revolución cultural inglesa. Si bien el capitalismo ya había tenido expresiones financieras y comerciales en Babilonia, Grecia y Roma, es solo en los siglos XVII y XIX cuando encontró una aceptación generalizada y planetaria. Los descubrimientos, las colonizaciones, las investigaciones técnicas y la expansión de los poderes occidentales, que disponen de una tecnología superior y más eficaz, imponen esta matriz ideológica y práctica en amplios espacios del mundo.

Con el triunfo del capitalismo y del liberalismo avanza el capitalismo como ideología justificadora de la moralidad y de la propiedad privada y del lucro. Con el tiempo, pasó a ser un vector globalmente estructurante de toda la sociedad industrial, dando origen a un sistema político de amplia lógica, capaz de digerir e integral en sí mismo nuevas problemáticas y alcanzar teorizaciones adecuadas para su propia expansión.

Con su clase dominante, la alta burguesía, con su sistema económico, el imperialismo financiero industrial, consiguió realizar una civilización planetaria, extendiendo a todo el globo sus mitos y conflictos. Fue agente de modernización y transformación, bien como factor de destrucción o de exploración. Su sistema ideológico tiene una capacidad de respuesta altamente flexible y diversificada. En cada coyuntura sabe encontrar los instrumentos apaciguadores y evitar su destrucción, integrando al liberalismo, a la socialdemocracia, o "socialismo con rostro humano", a la democracia cristiana y a otras mini respuestas, su sistema ideológico (pluralista) asegura la manutención de una élite de poder y la conservación del régimen. Sobre esta amplia gama de respuestas fundamentales, aparentemente contradictorias, se destaca el mismo tronco retórico común: la creencia en que los individuos son un fin en si mismos, iguales entre sí y que la sociedad y el Estado son meros instrumentos para la realización de su bien estar material, creencia que finaliza en que el todo no es igual a la suma de las partes, como se ve en la Química y la Física clásicas.

Imaginativo y conquistador en su lógica expansionista, el sistema se ve hoy a la espera de un soporte renovador que no se materialice. En cuanto pierde potencia y fuerza ideológica, se agravan los problemas cruciales en su seno, sin que hasta la fecha se consiga discernir cuales van a ser las soluciones. De este modo, son contradicciones estructurales abiertas, las fracturas que pueden inventariarse en sus sectores decisivos, como el político, el social, el espiritual o el científico o el biológico cultural y el ecológico, que bloquean y degradran esta máquina que no cesa de crecer desde la primitiva revolución industrial inglesa.

En el sector social se verifica su capacidad para realizar una integración no masificadora del individuo en la sociedad y en el Estado. Y por eso fue sumergida en el reino de la cantidad y hoy en día a pasado de ser costumbre el describir al hombre moderno como un ser esencialmente amputado de sus raíces profundas, prisionero de los parásitos artificiales de la sociedad consumista o de la manipulación publicitaria.Aislado y acorralado entre el modelo de la termitera y el individualismo exacervado, duda entre el rechazo y la nausea. La solución parece haber sido la opción por una manipulación y una manifestación más acentuadas, de forma que anulen la conciencia de la situación.

En el plano mundial, el sistema no tiene posibilidades de asumir, paralelamente a su formulación materialista universal, la correspondiente responsabilidad para el desarrollo económico de todos los pueblos dominados y sometidos. La revolución agrícola fue un fracaso y lo que se constata después de años y años de ayuda al desarrollo es que es lugar del progreso de los más pobres, se acentúa el distanciamiento entre países pobres, dominados y dominantes, dentro del marco de la civilización capitalista.

Por otro lado, obsesionado por la técnica que potenció la vertiginosa marcha de la cultura material, el sistema encuentra aquí el principio de su propia ruptura. Y ello por que, para él, es más preeminente el problema superficial del progreso técnico que la cuestión fundamental de la mutación institucional de las funciones políticas, económicas y sociales dentro del régimen, adecuándolas al avance de su propio frente científico.

En el sector político se sustituye la selección natural de los mejores por mecanismos artificiales que eligen en función de los mitos realidades del régimen, de los cuales cumple destacar la riqueza, la retórica y la habilidad manipuladora. Así, se funda un régimen oligárquico con clases políticas contratadas y pagadas, en la que los detentadores del Estado conservan su presa con la mayor impunidad. La Nación cedió el paso a la sociedad concebida como el campo de luchas como facciones, la unidad primordial fue dislocada por el atomismo, y los intereses reales enmascarados por las ideologías. El juego político tiene un carácter conservador de las situaciones afuncionales y de los intereses de grupos o individuos.

En el círculo más amplio del mundo, surgieron poderes hegemónicos que dominan y rigen a otras naciones en nombre de una mitología que no tiene realidad objetiva. La intoxicación americanista es un factor decisivo. Su ideología OCCIDENTALISTA y sus sucedáneos (mundo libre, cruzada democrática, solidaridad atlántica, etc.) no pasan de ser enmascaramientos de los intereses del imperialismo americano para instrumentalizar a los pueblos de su órbita en el conflicto pragmático que mantiene con la alternativa comunista.

Todas las ideas políticas fundamentales para la conservación de las comunidades se encuentran en fase adelantada de disgregación o incluso de eliminación pura y simple.

En el sector cultural, paralelamente el reduccionismo de interpretación intelectual racionalista y positivista, avanzó el proceso de la alienación de la existencia, que subordina al hombre y a los valores a objetivos de carácter inmediato y material. Surge así un antagonismo fundamental entre la matriz del ser humano y los imperativos del propio sistema, que alabándolo superficialmente, le niegan en realidad el cumplimiento de su propia humanidad. El "humanismo burgués" que practicaba la superación del individualismo egoísta y del utilitarismo comercial, no pasa de ser hoy un pálido recuerdo fundado en los ataques concentrados de los teóricos de la sociedad de consumo y de los ideólogos del marxismo. La vida se reduce a un esquema muy estrecho y a una problemática tecno económica unidireccional. Es programada de acuerdo con las necesidades del binomio producción consumo, con el consiguiente margen de lucro. El hombre apenas posee condiciones objetivas para desenvolver sus facultades materiales concordantes con el proyecto en vigor, que apunta a un modelo masificado. El hombre masa es el producto del siglo. Pero este tipo no es más que el resultado del industrialismo es decir, un producto standarizado de la cadena de producción.

El hombre integral, que preserva ba una axiología espiritualista en contradicción flagrante con el esquema valorativo de la sociedad de consumo, no pasa hoy de ser un enquistamiento en la sociedad moderna. Este testimonio supramaterial va siendo cada vez más difícil de mantener, una vez que la tentación de los reinos de la cantidad y de la facilidad, aliada al vértigo sexual cuidadosamente construido, se hubo revelado mucho más fuerte que el ejercicio de la ascesis, la moderación, la templanza y la disciplina interior.

Pero propiamente, a nivel científico, el sistema capitalista permaneció amarrado a su metodología analítica y a la obsesión atomista. Aun hoy no posee una visión global y organizada del hombre y del mundo. La Ciencia, reducida a especialización atomista y a investigaciones sectoriales, carece de bases necesarias para la elaboración de una perspectiva sistemática global, siendo lo mejor de su esfuerzo loas pequeñas síntesis particulares y contingentes.

Sus intentos de globalización, han sido más bien dictados por las necesidades de respuesta a las acusaciones y ataques de la teología marxista que por las necesidades intrínsecas del sistema. En este, las respuestas son dadas a medida que son necesarias.

En la dimensión biológico cultural se constata actualmente otra grave ruptura. El antagonismo entre los imperativos culturalmente dictados por la civilización de masas y las necesidades profundas de carácter biológico del animal que no paran de aumentar. En verdad, la ciencia etológica demuestra que el hombre está condicionado a nivel filogenético por las mismas fuerzas que motivan el comportamiento de los primates y demás mamíferos. Somos, de hecho, cazadores de savana, de espacios abiertos, seres que gustan de vivir en grupos de reducidas dimensiones. La cultura apunta en un sentido completamente antagónico cortando profundamente las líneas básicas de nuestros imperativos más arraigados. Ahora, cuando la discontinuidad entre la biología del hombre y la cultura que creó (medios extra biológicos de actuación) alcanzan graves niveles de incompatibilidad, se refuerza el peligro de inconformidad bio cultural y se vuelve permanente la necesidad de volver a las bases de la cultura (en el sentido antropológico) o modificar la biología. Es evidente que muchos de los conflictos sociales, paranoias y estados de crisis en el mundo contemporáneo prueban, en gran medida, la oposición entre la herencia natural humana y el mundo simbólico en que se mueve el mono desnudo.

En el sector ecológico. La ecología del planeta, por culpa de las consecuencias prácticas del sistema industrial, se erige en problema grave para los sistemas civilizados.

La cuestión deriva del hecho de que la tierra es agotable en términos de recursos movilizables para la manutención de la población en el mismo nivel de vida y consumo, y también del sistema ecológico susceptible de degradarse más allá de límites que representan un peligro letal para la totalidad del género humano.

La civilización moderna puso en marcha un mecanismo que siempre se ha negado a reconocer sus límites y que, además de ello, tuvo sus propias exigencias expansionistas. La contradicción entre el sistema de civilización y los múltiples y delicados desequilibrios del planeta se altera catastróficamente, apunta hacia un desenlace fatal, antes de que se agoten todas las riquezas aun existentes y movilizables. el equilibrio entre animal y medio, única forma de mantener la herencia recibida y la hipótesis de vida en el planeta, se complica y se ve amenazado por el superdesarrollo se la industria y de la población humana, que hasta ahora nadie ha pensado en detener. Estas líneas, como reconocen muchos especialistas, no tiene salida: ni para lo mejor, ni para la humanidad.

En el sector económico, el sistema capitalista a pesar de haber dado pruebas cabales de eficacia y de razonable garantía de las libertades cívicas para que se le pueda colocar como alternativa frente a las formas de dictadura del proletariado, experimentada en numerosas regiones siempre con resultados negativos, parece sufrir de problemas interiores graves que le inviabilizan para en futuro prometedor. Si en análisis demuestra que las formas políticas occidentales neocapitalistas (de fachada socialdemócrata o socialista) han dado metodologías capaces de hacer crecer las economías hasta tasa elevadas y elevar el nivel de vida, también es evidente que este crecimiento no puede mantenerse indefinidamente; se ha dicho que la Economía establece que la peculiar estructura del mercado perfecto está sujeta a crisis cíclicas (kuznetz), inventariadas y estudiadas por los mejores especialistas sin que tal estudio haya producido hasta hoy un instrumento capaz de evitar o minimizar tales rupturas, y aun hoy estén abiertas a la manipulación de los más fuertes en su propio beneficio.

De igual forma, resulta claro que la industrialización desenfrenada como vía de crecimiento y desarrollo, conduce a un punto muerto, hoy evidente para los mejores especialistas de las economías superindustrializadas, de forma que, púdicamente, los teóricos más avanzados, en vez de hablar de tasas de crecimiento impresionantes, prefieren especular sobre la necesidad de alcanzar la fase de crecimiento cero, o sea, el equilibrio perfecto en el ramo de la filosofía económica; en fin, se sabe que el crecimiento autosuficiente y continuado, base real de todos los sistemas económico políticos de occidente, deberá alcanzar en punto de involución, limitado como está por el ecosistema terrestre y por la cantidad de recursos utilizables para los actuales niveles tecnológicos. El sector económico, luego, también es un sector en crisis en el que se hacen sentir los profundos antagonismos, apareciendo los mismos fantasmas amenazadores del futuro.

Desde el punto de vista ideológico, tras una fase pujante y conquistadora (liberalismo, revoluciones de igualdad y libertad, publicas parlamentarias), se estabilizó y dio muestras de poca inventiva y capacidad de proselitismo. Frente al marxismo, ha optado por hacer concesiones parciales, compromisos coyunturales, anexiones semánticas, sin que la vieja doctrina del siglo XIX (liberalismo político económico) haya sido refundida i modernizada. Conceptos procedentes de la teorización socialista y neomarxista han sido integrados en el sistema a título de "socialización" sin alterar sustancialmente el stato quo anterior.

Queda la certeza que, tanto la vieja ideología, cono las nuevas refundiciones de inspiración socialista, son incapaces de explicar la reakidad social o guiar incluso de forma aproximada la práctica política. El desencanto que suscita es generalizado y no se muestran como los instrumentos más idóneos y solventes para resolver las diversas contradicciones del sistema. Estas mismas. justificación última del régimen instaurado, están en contradicción directa con los elementos de juicio de la ciencia comtemporánea.


3. LAS CONTRADICCIONES DEL SISTEMA COMUNISTA


Hoy el marxismo es el opio de las masas. Es una ignorancia institucionalizada, universalizada, y santificada.
Robert Ardrey The territorial imperative.

El marxismo es la base teórica fundamental de otro sistema de civilización moderna: el comunismo.

Ligándose a la ciencia de la época, el marxismo pretendió crear una nueva ciencia global  el materialismo dialéctico que aplicaba a la historia, la filosofía y las ciencias naturales y sociales, y se presentaba a sí mismo como el máximo exponente del rigor, del racionalismo, del positivismo y del cientifismo novecentista. De simple esquema ideológico, consagrada en el MANIFIESTO y en las obras capitales de Marx y Engels pasó a ser el sistema político oficial con el triunfo del sovietismo, del castrismo y del maoismo; con la derrota de Alemania en 1.945, la fuerza del ejército rojo impuso también el marxismo a los pueblos del Este europeo.

Si en la teoría progresista, la fase marxista nace como un estadio superior a la fase burguesa una vez que intenta dar nueva lógica y reformular problemas concretos que no encuentran solución en los marcos mentales y materiales del capitalismo, lo cierto es que, en la práctica, la ideología marxista no pasa de ser un intento de complementar la ideología demo liberal, divergiendo apenas en los medios que consagra para la obtención de los fines últimos. En realidad, el marxismo defiende los mismos objetivos que el liberalismo político: la felicidad material del individuo en la tierra, equitativamente distribuida para todos los hombres hasta la igualdad universal. Es precisamente en la instrumentalización de la igualdad real de los hombres que las doctrinas racionalistas divergen: el marxismo reivindica la utilización de los medios científicamente estudiados, objetivos, en completa consonancia con su interpretación materialista restringida: apropiación colectiva de los medios de producción, destrucción de la burguesía explotadora y dominante, planificación centralizada y burocrática, partido único de los trabajadores, eliminación del Estado.

Tomando como base a Rousseau y aceptando que el hombre es intrínsecamente bueno y perfecto como requiere la falacia humanista y expone metafísicamente el filósofo de Ginebra, los pasos del marxismo desarrollarán la temática que supone también volver al fundamento filosófico de la Era Moderna. En el "Discurso sobre la Desigualdad", Rousseau tiene escrito: el hombre es bueno de forma natural. Cualquier trazo de violencia en su ser íntimo es producido por las instituciones sociales. La propiedad privada y el Estado son las dos instituciones preponderantes de invención y autoría humanas. La primera, produce la desigualdad y requiere la segunda para mantenerse. La propiedad privada y el Estado se combinan para producir la ruina del hombre. Glosando este tema Proudhom debería escribir: "la propiedad privada es un robo", y Owen, Fourier, Marx, Engels y demás utópicos se aplicaron a determinar científicamente la validez de estos razonamientos.

Marx llegó inevitablemente al diagnóstico y a la receta: aceptando que la naturaleza humana específica y buena, adelantó que el ambiente social es el responsable de la violencia y el vicio. La naturaleza de la sociedad humana está determinada por la posesión de la tierra y de los medios de producción. Por tanto, la naturaleza del hombre está determinada por la posesión del capital. En cuanto la propiedad siga siendo privada, la humanidad permanecerá dividida entre explotados y explotadores. Toda la Historia, por consiguiente, debe ser interpretada en términos de lucha de clases, todo conflicto en términos de esfuerzos de la clase explotadora para mantener sus privilegios. Por ello, si los explotados consiguieran llegar al control del Estado, la propiedad sería extinguida y terminaría la lucha de clases. La guerra, la miseria y el vicio, la violencia y las necesidades del Estado acabarían, por que en ese momento el hombre será naturalmente pacífico y bueno. Es claro que en los países en donde esta lógica fue mantenido hasta las últimas consecuencias se pudo constatar una ironía final: cuando un hombre confía en la bondad de otro, nunca pierde nada más que la vida.

Se trata, por consiguiente de aceptar que el hombre no pasa de ser barro moldeable por el ambiente que le rodea. La revolución marxista tiene por ello como objetivo alterar radicalmente el medio vivencial para que todos los hombres puedan ser plenamente iguales, plenamente conscientes y perfectos. Como si no hubiese ni la biología, ni la genética, y Mendel no hubiera establecido las leyes de la herencia humana y los cromosomas en el siglo pasado.

LAS CONTRADICCIONES MAS FLAGRANTES.

Sea como fuere, el sistema marxista se impone de diversas maneras, vigoriza amplios espacios del mundo y el análisis de sus formas conctretas y reales permite un diagnóstico que no se diferencia mucho del que ya se ha hecho para aquello que se ha convenido en llamar "mundo libre". Efectivamente, tal como éste, el sistema marxista se debate en la crisis, en las contradicciones y los antagonismos internos y externos. Por un lado comparte la mayor parte de las contradicciones igualmente presentes en el capitalismo siento también una opción masificada, parcial, industrializada, que procura con ahínco el desarrollo económico, prestigiando los valores materiales; por lo demás se le suma otras que tienen origen en su peculiar mundovisión, organización, y estructuras sociales.

Así, este sistema conocido por su monolitismo y solidez universal, tiene problemas estructurales graves (aún poco divulgados), contradicciones internas profundas y revela una notable incapacidad para resolver problemas cotidianos y normales dentro del marco rígido de las instituciones del régimen y de su ideología. La participación del pueblo por medio de las contribuciones particulares o colectivas, en el proceso de crecimiento, es limitado en lo que tiene de original y acelerador, debido al tipo de planificación y a la ausencia de estímulos materiales, ya que, así mismo, contribuye al mantenimiento de un modelo muy conservador que avanza lentamente a través de la integración y selección de los descubrimientos occidentales y los pequeños logros internos.

Sin ir tan lejos como Emmanuel Todd, que por el método histórico describe a la URSS como un país subdesarrollado y atrasado, exponente de la forma de producción asiática, puede tenerse la seguridad de que en esa vasta región se está muy lejos de la sociedad pujante, que la ideología prometió en la revolución de octubre y nunca dejó de exhibir como meta para el pueblo soviético.

La realidad cotidiana es dramática, la falta de géneros, el control de los consumos, está de acuerdo con las necesidades policiales. Efectivamente, la posibilidad de elección entre distintos productos, la viabilidad para determinar una opción de cara a una oferta rica, solo puede estimular el espíritu de independencia y reforzar la libertad individual. Tal vez por ello el sistema haya evitado cuidadosamente la sociedad de consumo con sus tentaciones, manteniendo al proletariado bajo una férrea dictadura de los hombres de la nomenklatura, que saben lo que conviene a todos por igual, pero especialmente lo que les favorece como clase dirigente y dominante.

La voluntad en cambio, de transición hacia la sociedad de la abundancia que se ve en Occidente y que en el fondo es una promesa de la ideología marxista, se expresa hoy en día en la disminución de las tasas de natalidad y en las reivindicaciones salariales, que chocan con el conservadurismo tradicional del Régimen. Este, después del aviso de Hungría y de la confirmación en el caso checoslovaco, no puede dejar de evitar la sociedad de consumo. Esta implica la libertas política y ello es impensable en la sociedad soviética.

En el sector social de exasperó la tendencia masificante del capitalismo, agravándose con el concentracionismo característico del sovietismo. La sociedad sin clases, prometida y "científicamente" justificada, es una utopía crónica que apenas sirve para justificar la nueva estructuración social, que asegura el funcionamiento burocrático de la sociedad global. Con una cúspide formada por los altos dignatarios del partido, burócratas y técnicos, la NUEVA CLASE, la sociedad real, continúan los viejos mujiks, trabajadores, obreros, pequeños e ínfimos burócratas, la masa del funcionariado del Estado. El sistema político soviético no ofrece, entre tanto, una alternativa para la superación de las clases. Para mantenerlas firmemente, eliminó en amplia medida a los estratos intermedios y los mecanismos de movilización ascendente, proletarizando a la masa de los ciudadanos.

La ciencia contemporánea enseña que la jerarquía es la columna vertebral de la comunidad. Lo prueba Lorenz en la sociedad animal y lo mismo demostraron Paretto, Mosca, Michels, Mills y otros notables sociólogos, a nivel de organizaciones humanas. La búsqueda de la sociedad sin clases no es más que una fórmula política, una justificación metafísica, como quien dice, por parte de los detentadores del poder. Por ello, hoy, tras tanto tirmpo de experiencia, se muestra absolutamente falsa. Y esto es extremadamente importante. La competición por las posiciones y por el poder discurre como en todos lados, excepto que en sociedades sin propiedad privada, la agresividad se acentúa y manifiesta en el estrecho círculo de los espacios aprobados: lugares directivos del partido, honorarios oficiales, símbolos de prestigio. Y la lucha se vuele más salvaje y brutal.

Así, invocando el beneplácito de la sociedad sin clases, lo que realmente se hizo fue operar una mutación en el esquema obligatorio de colaboración entre las clases. La división entre gobernantes y gobernados, distinción fundamental de Duguit, permanece, aun como la separación de los estratos de la nueva sociedad igualitaria. La ideología justifica el nuevo orden de las cosas y explica todo descontento como reaccionarismo capitalista. De cualquier modo, a pesar de haber sido reducida a su expresión más superficial y convencional es ahora un potente instrumento de estabilización para el análisis de un sistema explotador. Basta aplicar un análisis marxista a la sociedad soviética y a sus satélites para obtener la imagen de una estructura dual en la que la clase dominante, con nivel de vida muy acomodado, explota y vigila a la gran masa del proletariado, y a trabajadores del campo y de la industria, reducidos a un papel de siervos. Bajo estas circunstancias la productividad en sus ínfimos niveles puede ser explicada por que el estatuto de servidumbre nunca estimuló la inventiva, ni aumentó la producción en cualidad, ni en cantidad.

En el marco científico emerge y se acumula un antagonismo primordial entre la ciencia del siglo XX y las fijaciones de la ideología. La ortodoxia condenó a los genetistas rusos a los campos de concentración siberianos (caso Lysenko), que continúan en peligro permanente en los laboratorios soviéticos. Toda la física moderna y la genética, están en estado de contradicción con los textos de los profetas reverenciados por la clase dominante. Es imposible hacer bombas atómicas, conocer la ecuación de Einstein, de Werner Heisemberg, los principios de Pauli y simultáneamente seguir reverenciando al materialismo dialéctico. Es extremadamente difícil escamotear las implicaciones filosóficas y las prácticas de la vanguardia científica, cuando se quiere utilizar sus descubrimientos. Y ahí nace una contradicción en el propio corazón de la ideología justificadora de todo el sistema político social. Y tal vez por eso mismo es que Todd afirma que la clase dirigente dominante tiene mala conciencia. Ya no acredita ni la propia doctrina; se limita a imponerla como un formulario oficial y a conservar el poder en el estrecho círculo de las clases del partido.

Por otro lado, también es sabido que en un clima de constante espionaje y vigilancia policial el trabajo científico es pobre y retrasado: así la URSS nunca podrá dejar de ser una potencia dependiente desde el punto de vista tecnológico. Tienen que espiar a las naciones occidentales más avanzadas para aplicar sus descubrimientos y seguir avanzando. ¿Y cuando estas no existan? ¿a quién espiará?

4. EL CREPUSCULO DE LA CIVILIZACION CONTEMPORANEA.

Capitalismo y comunismo son los dos subsistemas que conforman la civilización moderna, esto es, los modelos a que aspiran a imitar todos los pueblos subdesarrollados sin darse cuenta que esos "paraísos" se encuentran en una situación de ruptura global.

En efecto, el sistema capitalista los sistemas comunistas desarrollarán una civilización industrial, masificante, que presentan hoy en día problemas estructurales que no tienen solución en el marco material o mental del sistema general.

Crisis económica, crisis de estado, crisis de la cultura, crisis del propio hombre y de su ambiente natural, son las múltiples facetas del marco que más que nunca explica coherentemente las tensiones y los antagonismos que miman a la sociedad occidental. Al otro lado de la divisoria ideológica, las sociedades totalitarias afrontan problemas semejantes y el Estado no es más que la caja de resonancia de los conflictos de clase o un vector de presión de los grupos nepóticos de intereses variados.

Las dos civilizaciones planetarias, lejos de volver a sus bases  al liberalismo y al marxismo  continúan irreversiblemente al desarrollo lógico de sus axiomas, volviendo inevitables la polarización de los conflictos internos y la disputa internacional de los espacios y las esferas de influencia. En ambas, las formas de civilización y los imperativos económicos apuntaron al industrialismo, que tiene exigencias propias. En el Este y en el Oeste nació una civilización que como analiza Macurre, configura todo un universo del pensamiento y de la acción, de la cultura material y de la cultura intelectual. En el medio tecnológico, consustancial a ambos campos, la cultura la política y la economía, se unen en un sistema omnipresente que devora o rechaza todas las alternativas. La productividad y el crecimiento potencial de este sistema estabilizan la sociedad y sustentan el progreso técnico dentro de un marco de dominación. La razón tecnológica se vuelve razón política. Cada vez más notoriamente el aparato impone sus exigencias económicas y políticas, para la expansión y la defensa de sí mismo, sobre el tiempo de trabajo y el tiempo libre, sobre la cultura material y espiritual. En virtud del modo de organización de su base tecnológica, la sociedad, la sociedad industrial contemporánea tiende a ser totalitaria. Por que no es exclusivamente totalitaria una coordenada técnico económica, no policial, que actúa a través de la manipulación de las necesidades por intereses suscitados por la propaganda impidiendo por tanto la aparición de una oposición efectiva contra el Todo".

Es un sistema nacido de las ideas del iluminismo que presuponen una relación innata entre la razón y la libertad, que presenta hoy en día dos interpretaciones distintas y aparentemente antagónicas, ya que, los medios de contención, los hábitos y concepciones prácticas, son fundamentalmente los mismos, de la misma forma que las justificaciones ideológicas se atenúan. Por otro lado, se trata de una civilización parcial y baja, con una profunda y obsesiva tendencia analítica, desarrollando preferentemente, patrones culturales de tipo materialista.

Sus líneas de orientación global hace mucho que han perdido actualidad y están en contradicción con los datos de las ciencias de vanguardia. En la estela de otros pensadores, Mills escribe: "Las ideas de razón y libertad aparecen frecuentemente como ambiguas, tanto en la sociedad capitalista como en la comunista de nuestra época, por que el marxismo se vuelve con frecuencia una retórica repetitiva de la defensa y abuso de la burocracia; y el liberalismo una forma demasiado simple e irrelevante de enmascarar la realidad social. Los principales hechos de nuestra época ya no pueden ser correctamente comprendidos en términos de interpretación liberal, ni de interpretación marxista. Estas formas de pensamiento surgieron como líneas maestras de reflexión sobre sociedades que hoy ya no existen ni volverán. Jhon Stuart Mill jamás examinó los tipos de economía que aparecieron en el mundo capitalista. Marx jamás analizó los tipos de sociedad que emergieron en el bloque comunista. Y ninguno de ambos pensó jamás en los problemas de los llamados países subdesarrollados, donde cada vez más los hombres luchan por sobrevivir". Lo real representa problemas y el mundo revela estructuras que ya no pueden ser aprendidas en términos de liberalismo o de marxismo.

En resumen: vivimos hoy, aquí y ahora, bajo la presión de un sistema mundial fundamentado en los presupuestos científico culturales de los siglos XVII XIX, fracturado en dos imperialismos de coordenadas totalitarias, que se presentan en crisis interna y externa. Cuestiones fundamentales para todas las comunidades no encuentran respuesta, y la ruptura se agrava por que la situación actual descubre lógicamente la incapacidad de los viejos aparatos para realizar el salto cualitativo y cuantitativo que presupone y exige la congestión y la afuncionalidad de los sistemas actualmente en vigor. El impass en que se encuentra la civilización planetaria moderna es profundamente grave. La razón tecnológica que gobernó su desarrollo se muestra cada vez menos capaz de responder eficazmente a los desafíos, que se multiplican de día en día en sectores clave de la sociedad mundial.

Por ello se pueden inventar un rosario de problemas concretos, cada uno más amenazador que el otro. El mundo natural del hombre, de ese cazador de savana, inventivo y arrojado, se parece más a una caseta de animal domesticado. Y eso tiene consecuencias, aunque nuestros contemporáneos no quieran verlas.

LAS LINEAS DE RUPTURA

Empezando por el campo material, aparecen contradicciones en el sector económico, saso que la riqueza producida, aunque en aumento, está cada vez más imperfectamente distribuida. Tanto el Estado comunista, como el Estado del bienestar social, no consiguen resolver este problema. La dialéctica entre explotados y explotadores (entre grupos, personas y naciones) continúa siendo de la más preeminente actualidad y es una fuente permanente de conflictos y tensiones sociales.

Por otro lado, la organización social está atrasada en relación a la superdesarrollada estructura científico tec  nológica. En verdad, la vida, amputada de la dimensión espiritual, se ve progresivamente concentrada en lo económico, en lo puramente material; el desequilibrio entre los subsistemas sociales no se atenúa sino que aumenta.

Pero las angustias más caracterizadas de nuestro tiempo y de nuestra civilización son las espirituales, que nacen de la tensión entre el hombre y la sociedad de masas que lo sofoca y aniquila en todo aquello que tiene de supramaterial. Pese a las ideologías libertadoras y a las antropologías teológicas, fue imposible elevar al hombre hasta su dimensión. Tanto en el Este como en el Oeste, lo que domina es el reino inmundo de la cantidad, de las ideas reflejas, del hombre vegetativo. La afectividad se empobrece y reducirá las relaciones entre los hombres, tanto en cantidad como en cualidad, la biología tiene que pasar factura a la sociedad de masas. La naturaleza humana, dice Lorenz, es más pobre y esto es un indicador concreto de los efectos del sistema sobre el espíritu humano.

En el campo biocultural hay contradicciones que enraizan una creciente incompatibilidad entre la superestructura cultural y las exigencias naturales de la biología humana. El ritmo de vida, los patrones de actividad, la acción sobre el ambiente, agravan permanentemente la tensión entre la ecología del planeta y el hombre, y entre la cultura y la biología. Como escribe Lorenz, "el ritmo de evolución genética en el hombre se encuentra constantemente atrasado respecto al ritmo de su evolución genética en el hombre se encuentra constantemente atrasado respecto al ritmo de su evolución cultural. De aquí resulta que el desafío que el hombre se lanza a sí mismo por medio de su vida cultural termina por superar en amplitud la totalidad de sus capacidades genéticas. Esta contradicción basta para explicar el fundamento de civilización altamente desarrolladas en cierto momento de su evolución". El peligro de inconformismo biocultural ya no es una amenaza a largo plazo, sino un peligro muy próximo.

A esta incompatibilidad entre biología y cultura humana, se suma la contradicción entre la cultura moderna y el propio planeta. Ciegas por sus potencialidades tecnológicas, las sociedades iniciaron un proceso de explotación de los recursos que pone en peligro los equilibrios fundamentales de la Tierra. Como escribe Lorenz "cuando se ve al hombre llegar al extremo de servirse de tales técnicas para atacar a la naturaleza viva y destruir de este modo los propios fundamentos de su existencia, se puede pensar que es una verdadera dolencia mental, una auténtica locura. Pero cuando los hombres se empeñan en seguir por este camino, incluso con la certeza de que al hacerlo aniquilan incluso recursos destinados a sus hijos y a sus nietos, como aún el oxígeno que ellos mismos respiran, entonces ya no se puede hablar de un pecado de locura. Se trata de un crimen".

El desarrollo de los medios de comunicación y planificación del sistema civilizacional dominante hace aparecer otro peligro: la HOMOGENEIZACION. El hombre se ve uniformizado a través de un proceso de vulgarización que elimina las diferencias, las características locales y personales, para dar lugar al hombre medio en todas partes del mundo.

La causa principal de esta involución es la uniformización de las presiones selectivas en todos los espacios humanos. Con el progreso de la tecnología y los avances del moderno frente cultural, los mecanismos de selección natural fueron eliminados en beneficio de una presión selectiva artificial y normalizada para todas las comunidades civilizadas. Las diferencias culturales entre comunidades y naciones, que surgieron en función de los diferentes desafíos históricos y presiones selectivas, van desapareciendo a medida que todo se uniformiza. Es, en definitiva, la vulgarización del hombre, una monstruosidad que ni siquiera Ortega y Gaset pudo imaginar al escribir "La rebelión de las masas".

Este peligro, que implica una pérdida en las capacidades de respuesta de la especie humana en su conjunto, presenta también fenómenos secundarios de domesticación corporal, como el aumento de la gordura, la disminución de la combatividad las obsesiones sexuales, disminución de la selectividad sexual y otros elementos negativos para la conservación de nuestra especie. La uniformización y la vulgarización son también aspectos de una regresión de civilizaciones pues el camino ascendente de caracteriza por una creciente diferenciación y un mayor grado de organización.

Pero el desarrollo del aparato tecnológico, no hace apenas que aumentar el peligro de homogeneización y domesticamiento, provoca una profunda mutación de la humanidad frente al mundo vivo. El pensamiento tradicional fue sustituido por el pensamiento teomórfico. La característica principal de este nuevo tipo de pensamiento radica en la aplicación a los sistemas vivos de métodos de análisis y de acción elaborados para ser aplicados a los sistemas muertos. La tecnología dejó de ser un medio para convertirse en un fin y es en base a su óptica que el hombre moderno ve el mundo vivo.

En el dominio político ideológico continúa el antagonismo de bloques, que instrumentaliza las naciones y los pueblos según los objetivos de las grandes potencias. Las ideologías dominantes en contradicción con los datos experimentales de la ciencia de nuestro siglo, justifican y disfrazan los intereses reales en juego. Las masas cada vez más masificadas, científica y sistemáticamente atontadas, manipuladas por los técnicos de la propaganda, son llevadas como carneros ciegos y estúpidos tras los "grandes ideales", cumplidos los objetivos de quien detenta el poder. Sin embargo, razones suficientes asisten a Pareto, Michels, Schmit y Mosca, para abordar de forma neomaquiavelista el fenómeno del poder.

Desde el punto de vista científico, lo que se verifica es la existencia de un ordenamiento conservador y terrorista, en la sociedad comunista de los "todos iguales" y en la sociedad libertaria capitalista. Las ideas nuevas, contrarias a los fundamentos ideológicos del stablishment son combatidas por todos los medios. Sin suficiente capacidad para explicar la fenomenología, la estructura implantada se limita a negar las nuevas interpretaciones y refuerza desesperadamente todos los viejos axiomas positivo racionalistas. El ciclo moderno resiste, reafirma sus bases y su romanticismo, busca nuevas maneras de decir las mismas cosas. El ciclo cultural culminó llevando a sus últimas consecuencias la mundovisión de base y ahora puede deslizarse en el círculo de sus axiomas, cultivando mala conciencia y fiscalizando las nuevas aportaciones intelectuales.

Ignorando premeditadamente los nuevos datos hechos puestos a la luz del día por los investigadores solitarios, sabios silenciosos, científicos y hombres de vanguardia, los teóricos y servidores del stablishment continúa ofreciendo las mismas explicaciones novecentistas y románticas. Continúan concibiendo la atracción del hombre por la propiedad y por la nación como aberraciones provocadas por la inseguridad sexual, por la educación, obsesiones y frustraciones, pero lo que nunca admitieron es la explicación correcta: que a ello obliga el instinto territorial que se manifiesta en todos los animales. De hecho, esta explicación que se basa en la existencia de imperativos filogenéticos más viejos que nuestra especie, finalmente no es tan sutil como las demás seudocausas y mucho menos complicada que las ingeniosas construcciones de Marx, Freud, y demás maestros del pasado.

Los científicos oficiales prefirieron explicar el Estado por la lucha de clases, el canibalismo por la deficiencia en proteínas, la guerra por las industrias de armamento y por el capitalismo la droga por la falta de amor, el crimen por la frustración y así sucesivamente. El ciclo cultural que nos integra culminó finalmente en una gigantesca era de la Disculpa, todo está disculpado. Nadie tiene la culpa de nada.

A pesar de los nuevos campos abiertos por la investigación científica de nuestro siglo, afirma Ardrey que "el científico oficial está viendo la vida humana a través de la cortina de la falacia romántica y prepararse recetas que a pesar fatales para el paciente le serán entregadas con toda confianza, con lógica y, por encima de todo, con las manos lavadas de cualquier culpa".

Incrustadas en el corazón del Viejo Ciclo que termina, los científicos oficiales, los ideólogos y los ciudadanos masificados, luchan contra lo que ya es inevitable: los efectos prácticos de la revolución científica del siglo XX. Efectivamente, los investigadores de campos tan distantes como la Física y la Zoología destruirían las bases del confort intelectual de los "avanzados" "progresistas" o modernos. Metódica y silenciosamente, estos hombres desconocidos llevarán a cabo una verdadera revolución, tal vez la única que merezca este título. Abrirán las puertas a la Cuarta Edad y por esto mismo, los más atentos inteligentes y serios,y tienen suficientes razones para sentirse perplejos ante las confusiones derivadas del encuentro entre dos ciclos: el moribundo y el ascendente. Reconoce también Mils este hecho al escribir que "Así como las teorías de hoy se encuentran desconectadas de la realidad, también nuestras principales concepciones liberalismo y marxismo  se descomponen como expolicaciones adecuadas del mundo y de nosotros mismos". Salidas del caudal científico de los siglos XVIII y XIX y alimentadas por él, estas dos sociedades contemporáneas no son más que la consecuencia de orden práctico del movimiento cultural racionalista mecanicista, base del ciclo anterior.

El futuro pese a los determinismos primarios nunca está definido. Su construcción es una tarea de vanguardia, de élites, un trabajo perennemente presente. Con todo, desconociendo el contenido de ese futuro, podemos adivinar ya su entorno. Como Vintila Horia, uno de los intelectuales más celebrados de Occidente, nosotros también tenemos que reconocer que "si las ideologías que nos manejan hubieran tenido la habilidad de ligar su destino al de la ciencia a mediados del siglo pasado, y si la ciencia de nuestro siglo destrozase las conclusiones de su predecesora, lo que moriría con aquel antiguo error  materialismo, determinismo, racionalismo  es todo aquello que nadie encuentra razón de ser. Si el soporte científico del materialismo, comunismo marxista, o pragmatismo americano, se desmorona bajo el embite del principio de la incertidumbre, es inútil procurar encontrar la cuadratura del círculo ideológico por que no existe". Y sigue el ensayista: "Entre la ciencia de hoy y la de ayer, y tal es el mal de las ideologías contemporáneas, existe una ruptura. La era en que entramos, ayudados por la Ciencia y por otras claridades, tiene aspectos de complementariedad. Las antiguas separaciones, razón contra sentimiento, consciente contra inconsciente, clase contra clase, generación contra generación, ya no tienen ningún sentido. Feroces antagonismos desaparecen bajo la luz del principio de complementariedad. El propio ser humano es una integridad, y la sociedad debe ser su reflejo".


5. ERIGIR UNA NUEVA CULTURA.


Sin alardes ni publicidad, la vanguardia científica de nuestro siglo empezó a destruir, silenciosamente las bases esenciales del Sistema contemporáneo. El trabajo de estos años apenas fue destructivo para las tesis más amadas por el homo sapiens. Fue más amplio: produjo una inversión de conceptos, desalojó lo falso e impuso lo verdadero, barrió el mito románico, satisfactorio para nuestra variedad de animales culturales, y colocó al hombre, desnudo, ante la brusca realidad.

Nombres ignorados como los de Puali, Heisemberg o Lupasco, Lorenz y Weizaker, Planck, Bhor, Bertalanffy, hacen sonar ahora su voz decisiva. Fuera de los esquemas reduccionistas, estos hombres, más allá de sus trabajos especializados, no han dudado en ir hasta el fondo de los problemas. Superando la tendencia analítica, la mayor parte de ellos lleva su ejercicio intelectual más allá de las fronteras de su especialidad. Con profundos conocimientos interdisciplinarios, no dudaron en pasar de las Ciencias de la Naturaleza a la Filosofía, la Ética, la Antropología y la Sociología. Ahí está el gran físico Werner Heisemberg probando en sus "Diálogos sobre la física atómica" hasta donde pueden ir las implicaciones lógicas de los descubrimientos en este sector clave. Y ahí están los libros de Lupasco, Lorenz, Ardrey y demás, para mostrar amplios espacios completamente nuevos que solo ahora empiezan a ser intuidos.

DE LA ETOLOGÍA A LA ESCUELA SOCIALISTA ITALIANA

De entre las nuevas ciencias que irrumpieron bruscamente en el panorama del saber, cabe destacar a la Etología. Esta rompió definitivamente el bloqueo del behaviorismo americano y ruso y demostró que no todo puede ser explicado por los "condicionamientos exteriores". Efectivamente, la lucha llevada a cabo por Raymond Dart en la Antropología y Jacob von Uexhull en la zoología debería cobrar significado en nuestra época al igual que los trabajos pormenorizados de los observadores de los animales en libertad: Carpenter, Schaller, Hall, Eugene Marais, Jane Goddall, Nikolas Tinbergen, Eibl Eibesfeldt, Schenkel, Petter, Buechner, Konrad Lorenz y tantos otros hombres dispersos por ecologías distantes. Las notas reunidas e integradas por hombres de la talle de Lorenz, Eibesfeldt, Humphry Knipe, Robert Ardrey, Desmond Morris (discípulo de Tienbergen), asumen ahora un significado decisivo para la comprensión de las motivaciones y del comportamiento humano.

Las viejas explicaciones freudianas, marxistas, behavioristas, quedan archivadas definitivamente como muestras del pensamiento romántico del siglo pasado, preocupado en las bellas construcciones intelectuales más que en la realidad y exactitud de las cosas. Rousseau, Engels, Owen y demás utópicos, solo interesan a una galería de literatos y humoristas. Nunca para explicar los fundamentos de la sociedad ni los patrones de la conducta humana.

En realidad, en estos años de investigaciones, la etología dejó claro que el hombre es un animal con impulsos instintivos heredados, filogenéticamente definidos y que Eibesfeld llega a denominar "programa". No nace como una "tabula rasa" o como un "buen salvaje". Nace como una herencia definida un plano de ser, que obligatoriamenente varía de uno a otro. Es la fecundación, ese accidente de la noche, como dice Ardrey, quien determina el banco de genes y las posibilidades de surgimiento de los individuos iguales que no pueden expresarse en un número accesible para nuestro entendimiento.

Las pulsiones, las bases instintivas del comportamiento, son comunes a la mayor parte del mundo animal. El hombre tiene, por consiguiente, un fundamento biológico innegable que tras el punto de partida crea una desigualdad bien clara. Aquí, la etología confirma el pensamiento neomaquiavélico de la sociedad italiana, liberada por Pareto, Mosca y Robert Michels.

Por otro lado, contrariamente a la creencia de los demiurgos sociales, el hombre actúa dentro de marcos institucionales extremadamente antiguos, tan viejos como la propia naturaleza. La Enciclopedia, que elevó la razón y la capacidad de inventar al rango de modelo social más adecuado (línea marxista, positivista y romántica) tiene en la Etología el más claro desmentido. Las estructuras fundamentales de la sociedad son animales, o sino, ENTERAMENTE NATURALES. No se inventaron en parte alguna: son algo innato idéntico a lo que encontró el primer homínido. En cualquier sociedad será siempre así: en las animales y en las humanas.

En primer lugar tiene un territorio que defiende contra los miembros de la misma especie integrados en grupos diferentes. Dentro del territorio la agresividad está controlada, disciplinada, orientada hacia el exterior. Así, el control de un territorio por un individuo, una tribu, un grupo, no es un invento del capitalismo; es un don natural.

En segundo lugar, existe siempre un jerarquía y una élite que detenta el poder. Es la espina dorsal de la sociedad y todos los animales revelan tal estructura de mando. No es luego un efecto de la propiedad privada: es un perfeccionamiento que se incorporó a lo largo de la evolución y que constituye hoy un patrimonio de todas la sociedades que sobreviven. Las que no tuvieron jerarquía, si las hubo, no dejaron huellas en la historia. Tienen toda la razón Pareto y Michels al escribir que si la jerarquía desapareciese, esto supondría el fin de la sociedad. A lo largo del tiempo, como afirma esta escuela por medio de Julien Freund, "lo que varía es la minoría que ejerce el poder". Existe siempre, ya que es una exigencia intrínseca de la propia estructura social.

La agresividad, por otro lado, mostró sus raíces institucionalizadas. El ambiente puede contribuir para desencadenar el ataque, el combate, más nunca podrá crearlo o eliminarlo. El mundo pacífico empieza, como enseñó Cristo, en el corazón del hombre: en la autodisciplina, en el dominio de los instintos; en la defensa del ordenamiento cultural como dice hoy Arnold Gehlen. Animales creados en aislamiento, fuera de cualquier contacto con sus semejantes, llegada la hora del enfrentamiento, no dudan en los gestos amenazadores característicos de su especie. La información está en los genes. Lo que necesitaban era apenas un estímulo desencadenador. Los niños que fueron sometidos a un sistema educativo basado en la falsa idea de que la agresividad es totalmente APRENDIDA se vuelven, con la ausencia de castigos y control, individuos desequilibrados, arrogantes, implicativos, egocéntricos que fracasan en su vida desde el punto de vista profesional y puramente humano. Los mitos cuestan caros, más esto nunca impidió que tras una calamidad le siguiera inmediatamente otra, procedente de la aplicación de los mismos principios.

La vinculación, el amor, los ritos sociales más consagrados, tienen también una base filogenética y aprueban en su mayoría de ritualización las partas de los cuidados familiares: alimentación, limpieza, protección. Estas actitudes, indudablemente amigables, se divulgaron como signos específicos de amistad y cooperación.

Finalmente, la propia sociedad, como estructura global, es una realización animal. Los estudios efectuados sobre las sociedades de mamíferos superiores, como las comunidades de macacos babuinos, gorilas y demás, demostraron las raíces filogenéticas de esta organización que nosotros también utilizamos. Esto quiere decir, que su ordenamiento no es arbitrario: es de un forma y no de otra. Tiene razón absoluta Alexis Carrel al condenar como absurdas las construcciones abstractas de Marx o de un Rousseau.

Por todo ello la Etología conduce a un ejercicio global que supone una lanza apuntada contra la falacia romántica, del stablishment cultural de nuestro tiempo. Su investigación permite una perspectiva nueva del hombre u del medio animal, y una visión de la cultura y del espíritu fuera de los mecanismos viciados a que nos habituó la psicología americana y la sociología romántica. Aquí se inicia un ejercicio en el punto en que acabó Marx y ello no puede dejar de tener profundas implicaciones. Detrás, los ataques denodados a la ciencia etológica, a sus cultivadores y también el intento de incorporarla como psicología animal en un capítulo de la psicología general son señales de la agitación que recorre al mundo behaviorista, reflexológico y más ampliamente determinista.

La Etología demostró, luego, que tenemos una herencia mucho más rica de lo que se pensaba y subrayó la originalidad de la cultura, como una construcción acumulativa esencial para la supervivencia del hombre, pero también como una variación viable sobre estructuras filogenéticas fundamentales.

Tal vez se a Lorenz el etólogo que mejor describió este problema, mostrando al mismo tiempo las implicaciones de la nueva ciencia en el campo de la política. Afirmó en una entrevista a un diario americano que: "Una perspectiva biológica del comportamiento humano de nuestro tiempo podría contrariar a las doctrinas de repercusión mundial. Y la doctrina simplificada de los reflejos condicionados hace todo lo que puede para destruir a las doctrinas adversas. Esta doctrina  la llamo seudo democrática  tiene profundas raíces y es muy peligrosa. De hecho una teoría que postula que el hombre no es más que el producto del medio es confortable para todo el mundo. Los ciudadanos así igualados son tan bienvenidos al capitalismo americano, que precisa de un consumidor integrado, como al totalitarismo rojo que quiere un ciudadano sin ideas.

Si, siguiendo a Freud, estudiamos con atención las reacciones mentales y emocionales que los behavioristas tienen contra todo lo que no son reflejos condicionados, descubriremos la ideología subyacente a todas las doctrinas políticas de actualidad. El tratamiento y control de las amplias masas sienta la presunción errónea de que no hay programa innato en el hombre, esto es, ningún programa psicogenético. Este punto de vista igualitario es completamente contrario a toda la evidencia biológica.

En las sociedades humanas la división del trabajo está fundada en una diferencia, en la desigualdad de los miembros de la sociedad que presupone una diferencia de capacidades. Hoy en día se asiste a un intento de demostrar la justicia de una sociedad compuesta por elementos manipulables e intercambiables. En otras palabras: el mejor de los mundos posibles para los tiranos rusos o los monopolistas norteamericanos. Los adversarios de la etología nos acusan muchas veces de ser antidemócratas, por no decir racistas y rodean su propia doctrina con el halo de la democracia. Ahora bien, el fenómeno fue analizado ya por el escritor americano Philip Myllie. Afirmó que la doctrina seudo democrática extrae su fuerza de una verdad que fue transformada en una mentira. La verdad es que todos los hombres deben tener las mismas posibilidades para desarrollar cabalmente sus capacidades. Pero ¿quién ha negado esto alguna vez? Esta verdad indiscutible se desvía cuando proclaman: "Si todos los hombres tienen las mismas posibilidades, todos los hombres serán igualmente iguales". Y esto no es verdad. Es absolutamente falso por que todos los hombres son desiguales desde el momento de la concepción. Por eso se tiene la pretensión de que la igualdad es una llave, un sine quan non de la vida colectiva, lo que también es falso.

Hoy en día ya se siente cierta hostilidad contra la élite intelectual entre ciertos estudiantes contestarios. Ahora, el igualitarismo  no lo dudemos  que prohíbe a un hombre ser más inteligente que la media, es la muerte de todo el desarrollo intelectual".

Por su parte, el hombre que más se interesó por la aplicación de la Etología en el campo de la antropolítica  Ireneus Eibl Eibesfeldt  tiene una idea muy particular ( y correcta) de las potencialidades i implicaciones del nuevo saber en el marco de lo "adquirido" a título de revelación.

"La investigación comparada del comportamiento al demostrar claramente la importancia de lo innato en el comportamiento humano, destruye las posiciones extremas de algunos teóricos del medio ambiente, que eran de la opinión de que el hombre era un producto de su medio. Esto tiene importancia bajo diversos aspectos. Tomemos, por ejemplo, las normas éticas: si la teoría del medio ambiente, que eran de la opinión de que el hombre era un producto de su medio. Esto tiene importancia bajo diversos aspectos. Tomemos, por ejemplo, las normas serían relativas según las culturas, lo que quiere decir, que no tendrían ninguna validez universal.Tendría que ser reconocido como natural lo que una cultura elevada a norma, aunque fuese de la tiranía. Ahora bien, la Etología puede demostrar que se producen inhibiciones innatas para matar, robar, etc. Esto significa, dicho de otra forma, que una serie de normas éticas se basaban en adaptaciones filogenéticas y son, por ello, universales. Esto se relaciona también, como expuse especialmente en mi último libro, "Guerra y paz a la luz del comportamiento", con otras normas de reacción y otras pautas de comportamiento. Esto me parece muy tranquilizador pues se trata de una herencia común que une a todos los hombres suponiendo una base que posibilite un entendimiento mutuo muy por encima de sus fronteras culturales.

Tuve ocasión de experimentar algunas veces de manera conmovedora en las comunidades de los pueblos primitivos. Es cierto que el reaccionar según los modelos prestablecidos solo es problemático cuando no sabemos nada a este respecto, pues entonces reaccionamos ciegamente, en el sentido más verdadero de la palabra. Pero una mayor información posibilita superestructurar culturalmente y, así, dirigir inclusivamente el comportamiento innato. En todo lo que es la herencia antigua se muestra una actualidad útil para la especie. Esto es válido, por ejemplo, para nuestra tendencia innata a agasajar a los extraños. Nosotros los etólogos resaltamos, muchas veces explicitamente, la educabilidad del hombre. Es infundada la censura de quien dice que por hacer hincapié en lo heredado defendemos el conservadurismo. Lorenz, por ejemplo, en su libro tan extremadamente discutido "La agresividad" proclamó que considera la agresividad humana en la situación actual como el mayor de todos los peligros: "Tenemos buenas razones para considerar la agresividad interna de la especie humana, en la actual situación histórica, cultural y tecnológica de la humanidad, como el más grave de todos los peligros. Pero, ciertamente, no mejoraremos nuestras expectativas de contención por el hecho de considerarla como algo metafísico que no pueda ser evitado, sino tal vez por el hecho de investigar la cadena de sus causas naturales. Siempre que el hombre consiguió obtener o poder dirigir voluntariamente en determinada dirección un fenómeno de la naturaleza, fue debido a su comprensión del encadenamiento de las causas que lo producen. La doctrina sobre el proceso normal de la vida, cuya acción tiende a la conservación de la especie, la fisiología, constituyó una base indispensable para la doctrina se su perturbación, o para la patología".

"En contrapartida, una teoría del medio ambiente que en su programa educativo no tenga en cuenta la posible existencia previa de tendencias innatas en el hombre, corre el peligro de sobrecargar constantemente en sus propósitos educativos, volviéndose así, directamente inhumana".

Cuando, como ahora, se pretende ignorar las raíces biológicas del hombre y transformar todo en base a la idea de que la sociedad es una construcción artificial (incluso el propio hombre), la etología ofrece un espacio único de reflexión indispensable para la recuperación de la imagen correcta. Las teorías románticas del perfeccionamiento del hombre, que culminan en la celebérrima "sociedad sin clases", quedan infelizmente para sus partidarios, total y completamente demolidas.

Y sí, al avanzar, la escuela etológica, en sus tesis más vanguardistas, corroboró y penetró en la sociología política, lúcidamente desarrollada por Wilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels.

LA NUEVA FÍSICA

La revolución silenciosa en la Física no llegó a conclusiones diferentes de las que ya se intuían en el campo de la etología. Por el contrario, las confirmó y abrió nuevos planos revolucionarios para la mentalidad actual. Esto afectó de tal modo la concepción del mundo en que vivimos que los mayores exponentes de este saber se sintieron en la necesidad de explicar las fracturar como la mundovisión antigua y la real novedad de concepción del mundo y de la vida del siglo XX. Fue lo que Werner Heisemberg hizo lúcidamente en diversos trabajos y lo que Carl von Weizaker intentó en "La imagen Física del mundo".

Quiere esto decir que la asimilación de la realidad varía en función del aparato conceptual e instrumental de que disponen los científicos. Las imágenes del mundo dadas por las ciencias de la naturaleza se han modificado de siglo en siglo (Kolster), provocando siempre mutaciones en las ideologías y modificaciones en las ciencias sociales. El marxismo, queriéndose ligar a la explicación científica del siglo XIX, muere hoy al ser negada ésta por parte de las vanguardias científicas. Términos como materia, universo, átomo, tienen una interpretación nueva: significan otra cosa, son asimilados dentro de otros marcos mentales que no coinciden con los de la ignorante suficiencia materialista. Las ideologías que se formaron con base en las antiguas significaciones, dejan de tener cualquier credibilidad en nuestro tiempo. Pero no solo mudó el concepto de los términios llave de las ciencias de la naturaleza. La física moderna con Planck, Einstein, Heisemberg y Pauli formularon principios, leyes y tesis tan radicalmente revolucionarias que han dejado en la sombra a los antiguos axiomas. Puede hablarse así con exactitud de "nueva imagen física del mundo", esto es , de una asimilación más próxima a la Verdad. Y no deja de ser sintomático que mientras los físicos del siglo XIX se entretengan en el escepticismo y en la blasfemia, hoy en día los vanguardistas escriben en este campo las más bellas páginas religiosas, realizando, por tanto, al mismo tiempo, un profundo ejercicio filosófico en el dominio del Misterio.

Entre los descubrimientos más significativos por sus implicaciones filosóficas están los principios de Einstein y Pauli Heisemberg. Einstein, por su fórmula de la conversión de la masa en energía es igual a la masa multiplicada por una constante universal (la velocidad de la luz elevada al cuadrado), demuestra que la última realidad no es las materia. Las investigaciones de la Física Atómica confirmaron que la materia no pasa de ser una FORMA DE CONDENSACIÓN DE LA ENERGÍA. En 1.906, Einstein como consecuencia de su Teoría Especial de la Relatividad fue llevado a reconocer la inercia de la energía y su fórmula dejaba concluir que un gramo de materia contiene 25 mil millones de Kw/hora. Planteaba el problema de la demostración, pero fue ahora Otto Hahn, conjuntamente con Meither, quien lo hizo al conseguir realizar la fisión del átomo de uranio. Por otro lado, como afirma Heisemberg, "la fórmula de Einstein nos permite asegurar que las partículas elementales que forman el átomo son energía en estado libre". En efecto, pese a los materialistas, la materia (la celebérrima materia) no es más que un sistema de acontecimientos energéticos. Y esta sistematización no es posible sin la existencia de fuerzas antagónicas, de atracción y repulsión, simultáneamente operantes.

LAS TRES MATERIAS

Fue Lupasco quien descubrió este estado de antagonismo y quien postuló que vivimos en un Universo en que la materia no es una. Pasaron los tiempos en que la referencia a la materia tenía una sola connotación. Ahora, además de saberse que no pasa de ser una sistematización de energía y que la energía obedece a un permanente dinamismo antagónico, se verificó que ella  la materia  puede presentarse entres estados, todos ellos gobernados por leyes características. Son las tres materias, de que habla Lupasco en sus investigaciones de vanguardia. En primer lugar hay una materia macrofísica que va desde el objeto familiar a las estrellas y las galaxias. Está formada por sistemas de moléculas, átomos, partículas y es gobernada por el principio de la degradación de la energía (en virtud del segundo principio de la termodinámica). En un sistema dado, según Clausius Cournot, la energía se degrada, o pasa de formas más complejas a otras menos complejas y estructuradas. Aquí encuentra el materialismo dialéctico su sentencia de muerte, ya que la materia que se considera no puede evolucionar, o pasar a niveles superiores de organización y heterogeneidad. Lo que sucede es precisamente lo contrario y por eso mismo, en su tiempo, Marx y Engels rechazaron, con completa lógica, aceptar como verdadero el segundo principio de la termodinámica. Más bien, esta primera materia camina hacia su aniquilamiento, hacia su homogeneización.

En segundo lugar existe otra materia, llamada viva, que está hecha por los mismos elementos constitutivos, atómicos y moleculares, pero al contrario de la anterior está gobernada por un principio de heterogeneidad. Inversamente a los sistemas macrofísicos contiene neguentropía, es decir, entropía negativa y obedece a leyes y lógica peculiares.

Finalmente, cuando de penetra en el dominio de la materia energía, en el dominio cuántico, aparece una tercera materia, que está al mismo tiempo animada e inanimada y es campo de batalla entre lo homogéneo y lo heterogéneo. Lejos de degradarse, la energía se acumula a este nivel.

Con todo, tal como explica Lupasco, las tres materias están constituidas por los mismos elementos y no son, en el fondo, "más que acontecimientos energéticos, o mejor, sistemas energéticos"

Esta revisión del concepto de materia como se intuirá inmediatamente, tiene un especial interés para el análisis crítico de los denominados materialismo y deja inmediatamente clara su desactualización.

En este nuevo mundo conceptual que asume un significado profundo las palabras inspiradas por San Juan: "En el principio era el Verbo", la potencia, la energía, la luz. Como escribió el físico James Jeans, "la física moderna tiene la tendencia a reducir el universo a ondas y a nada más que a ondas. Estas ondas son de dos tipos, ondas cohibidos en su movimiento, a las que llamamos radiaciones o luz. Cuando se destruye la materia, el fenómeno consiste simplemente en la liberación de energía indular retenida que entonces se propaga por el universo. Estas concepciones reducen el universo total a un mundo de luz potencial o realmente existente, de tal modo que toda la historia de la creación puede ser narrada con absoluta exactitud e integridad por estas seis palabras:"Y dijo Dios: hágase la luz".

EL INDETERMINISMO BÁSICO Y LA LÓGICA DE LA ENERGÍA


En otra línea, Pauli y Heisemberg avalaron el edificio de la casualidad fechada, novecentista determinista, con sus dos principios: el de indeterminación y el de complementariedad. El principio de indeterminación afirma que no se puede determinar al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula elemental. En las palabras del propio investigador "una partícula puede tener posición o velocidad, pero en sentido estricto no puede tener ambas". Este principio llamado también principio de la incertidumbre liquida la casualidad determinista del siglo pasado. Las partículas elementales no obedecen por tanto al mecanismo determinista tan querido por los filósofos románticos, antes se dislocan en trayectorias indeterminadas. En el dominio de lo más pequeño gobierna el determinismo.

En otra obra "La naturaleza de la física contemporánea", Heisemberg nota que hoy apenas puede hablarse de leyes de probabilidades o sino, formulación de medidas que integran en su seno el principio de incertidumbre o indeterminismo básico. Escribe el físico: "Las leyes estadísticas significan normalmente que los sistemas físico solo se conocen incompletamente".

A pesar de los trabajos de Bibs y Boltzmann ya apuntaron en principio de la era moderna hacia esta dirección, sólo las investigaciones de Max Planck consiguieron reducir el determinismo a cero. Efectivamente, en sus trabajos sobre la teoría de las radiaciones atómicas demostró que la radiación del átomo es discontinua y brusca exigió para su integración un abordaje estadístico y por tanto basado en el cálculo de probabilidades. Esto significó el abandono de la concepción determinista en el análisis de los fenómenos de la Naturaleza. Después de los trabajos de Einstein, Bhor y Sommerfeld, la teoría probabilística de los quanta de Plank se "reveló la llave de acceso a todo el dominio de la física atómica" y evidenció la inutilidad e inexactitud de los planteamientos causales que dominaron el siglo XIX e informaron toda la teoría marxista, desde el materialismo dialéctico a la teoría económica. El fin de un mundo.

Juntamente con este descubrimiento decisivo, contracorriente, otro no menos importante fue evidenciado por el físico Niels Bhor. Descubrió que la luz apenas puede describirse por medio de dos conceptos lógicamente opuestos, pero complementarios: como partícula y como onda. Bajo ciertas condiciones la luz se manifiesta como si estuviese formada por partículas: en otras como si fuera una onda. En el fondo, los enunciados de Heisenberg implican también una complementariedad tuvo una repercusión importante en la psicología se Jung. Este sabio, trabajando con el físico Pauli, demostró que el consciente y el inconsciente forman un par de oposiciones complementarias. En las ciencias sociales, donde el marxismo (exponente del determinismo del siglo pasado) introdujo las famosas contradicciones dialécticas, el concepto de complementariedad delimita, como advirtió lúcidamente Vintila Horia, muchas oposiciones irreductibles.

Pero no terminan aquí las implicaciones de estos años de estudio sobre la naturaleza. El físico Stephane Lupasco, completamente a la par con la vanguardia científica en la física, transpuso para la lógica las relaciones que encontró en el mundo metafísico. Creó así una nueva lógica, que acrecentó la lógica aristotélica con toda la dimensión que sería imposible de elaborar a partir de la construcción clásica. La llamó "Lógica del Antagonismo" y probó que no solo es capaz de explicar e interpretar todo aquello que la dialéctica explico como pelnetrar dominios como los que so delimitan en la Física Atómica y a presentar una interpretación coherente del mundo y del hombre consecuente con la avanguardia científica. En sus propias palabras, la nueva dimensión de la lógica muestra sus enormes potencialidades.

"La lógica inmanente a todo el pensamiento, a todo el comportamiento y a toda la realidad es de tal importancia que vamos a ver como la lógica y fundamentalmente la noción de energía, permite coordinar, justificar y prever, incluso sus manifestaciones más extrañas. Esta lógica podría ser resumida de la siguiente forma: para que ocurra cualquier acontecimiento en cualquier lugar y momento, es necesario que una energía, que un dinamismo, pueda pasar de un cierto estado de potencialización a un estado de actualización; sin esto, en un estado rigurosamente actual o actualizado, no se podría seguir hablando de energía, dinamismo, todo sería estático, igual desde siempre y para siempre.

Para que una energía, un dinamismo, se pueda encontrar en ese estado de potencialización es indispensable que algo, esto es, que dentro de un universo en que todo es energía, una energía un dinamismo antagónico, se haya mantenido como tal por su propia actualización y se potencialice a su vez para permitir la actualización de la misma. Esto es lo que he llamado la lógica del antagonismo.

Así, toda la energía, todo acontecimiento energético, bajo cualquier forma, si existe y para que exista, implica una energía, un acontecimiento antagónico de tal modo que la actualización de uno determina la potencialización del otro. Esto es lo que llamo el principio de antagonismo. Inducido a partir de la experiencia, transformé este principio en axioma de base para una nueva lógica de lo contradictorio o más simplemente, lógica de la energía.

Por aquí se ve que nunca existe, en la lógica de Lupasco, la superación marxista entre tesis y antítesis. Lo que existe es un permanente antagonismo entre formas que se actualizan y potencian, alternadamente, aunque bajo formas variadas de sistematización energética. La inoperancia de las leyes dialécticas inventariadas por el hegelianismo fue demostrada por Ortoneda en un bellísimo trabajo que casi le consumió la mitad de su vida de madurez. Este autor inventarió 400 errores puramente científicos, 600 dialécticos y 200 filosóficos o de sentido común en la defensa que los marxistas hacen de sus tres principios o leyes dialécticas. En este trabajo de comparación entre las afirmaciones de las tres leyes (unidad y antagonismo de los contrarios, negación de la negación, transición de la cantidad en cualidad) y los datos científicos contemporáneos, utilizó fundamentalmente las fuentes ideológicas soviéticas y ahí discutió 15 argumentos de carácter científico dialéctico.

Jaques Monod, Premio Nóbel de Biología, empleó para la mismas conclusiones su discutido ensayo "El Azar y la necesidad". Efectivamente, partiendo del error epistemológico que deriva del uso científico de la interpretación dialéctica, éste biólogo escribe: "Hacer de la contradicción dialéctica la ley fundamental de todo el movimiento, de toda la evolución, significa intentar sistemáticamente una interpretación subjetiva de la naturaleza, un proyecto ascensional, constructivo y creador; y volverlo así descifrable y moralmente significativo. Se trata de una proyección animista, siempre reconocible, cualquiera que sean sus disfraces y apariencias".

Pero Monod prosigue: "La interpretación marxista no solo es extraña a la ciencia sino también incompatible con ella, como se ha verificado siempre en los materialismos dialécticos, saliendo del puro verbalismo "teórico" se lanza a iluminar las vías de la ciencia experimental con la ayuda de sus concepciones. En este caso el desastre fue total. El propio Engels fue llevado a rechazar en nombre de la dialéctica, los dos mayores descubrimientos de su tiempo: el segundo principio de la Termodinámica y la interpretación puramente selectiva de la evolución presentada por Darwin. Y fue en virtud del mismo principio que Lenin atacó  y con qué violencia  la epistemología de Mach; que Idanov ordenó a los filósofos rusos que censurasen "las diabluras de la escuela Kantiana de Copenhagen" y que Lysenko acusó a los genetistas rusos, Lysenko tenía razón: la teoría del gen como determinante hereditario invariable a través de generaciones e incluso de hibridaciones, es efectivamente irreconciliable con los principios dialécticos. Es por definición una teoría idealista, dado que se apoya en un postulado de invariabilidad".

Además sobradas razones asisten a Ernst Topich al comentar las interminables discusiones sobre el valor de la dialéctica del siguiente modo: "No hubo ninguna respuesta ni la habrá jamás para la pregunta, ¿cuál es la verdadera dialéctica?".

DE LA BIOLOGIA A LA PSICOLOGIA.

La genética asestó otro profundo golpe a la visión del mundo del siglo pasado ¿Quién iría a suponer que los cruces de Mendel llevarían a la liquidación física de los grandes genetistas rusos, en nuestro siglo, por orden de un funcionario del partido, criado en la lógica del mito romántico? En realidad, como confirma Monod, el principio de invariabilidad ausente en el gen niega absolutamente todas las posibilidades a los juegos dialécticos y propone como corolario el principio más amplio de la desigualdad.

De hecho, la recombinación sexual (que combina genes del padre con genes de la madre) impone la diversidad de todos los seres vivo que se convierte en desigualdad real en el marco de la vida social. Una generación de biólogos, entre los cuales se entregan los nombres de Julian Huxley, George Geylord, Simpson y Ernst Mayr, sintetizaron los avances de su disciplina confrontándolos con la teoría darwinista y dejaron perfectamente claro que "todos los hombres nacen desiguales". El gen como principio hereditario fijo, transmisible por combinación sexual, asume un significado anti igualitario a nivel individual, pero también no deja de tener implicaciones a nivel comunitario.

Los biólogos, como Jhon Calhoun, abandonaron hace tiempo las herencias individuales para fijarse sobre otro campo más interesante: las poblaciones. Estas, son "cualquier agrupamiento de una única especie, contiguamente distribuida que se caracteriza por su continuidad genética y cultural a lo largo de varias generaciones". Estos grupos desarrollan con el tiempo sus capacidades genéticas y se separan de otros grupos por una línea de discontinuidad donde raras veces sucede la hibridación. Esta concepción corresponde, en rasgos generales, a nuestras nociones actuales y pone de relieve la base filogenética de cada agrupamiento. Esto significa que tiene caudales genéticos diferenciados y como tal, desiguales. Escribe Ardrey, basado en esta perspectiva, que hay que acabar con el relativismo cultural de una vez por todas. Incluso en poblaciones bien integradas en su ambiente, no todas tienen el mismo potencial de respuesta. Existen niveles de adaptabilidad, unos inferiores y otros superiores, cosa que nunca dejó de afirmar el gran economista Ludwig von Mises en el análisis a que sometió la acción humana.

Estas constribuciones específicas de la nueva biología fueron a encontrar eco en la psicología, que se liberó de los esquemas behavioristas y reflexológicos. Buscando los fundamentos de la "performance" intelectual, algunos de los más destacados exponentes de esta disciplina concluirán con la teoría de la diferencia genética como factor fundamental. Herejía. Pensamiento inadmisible para los buddas del satablishment, que se ocuparon en destruir la obra y la reputación de hombres como Hans Eysenck, Arthur Jensen, Herrstein y el premio Nóbel, Schokley. Estos profesores, con gran reputación académica, verificaron simplemente que el factor genético desempeña un papel preponderante en la determinación de los niveles de inteligencia. Cosa esperada más no por ello menos chocante para la religión ambientalista de los sacerdotes de la "coartada".

Por ello pregunta con toda la razón Ludwig von Bertalanfly, creador de una ciencia sistemática y destacado psicólogo:"¿Hasta qué punto son útiles o morales los cuidados que hoy prodigamos a los retrasados mentales, a los dementes e inclusive a los criminales, si sabemos con la misma certeza que la que rodea a un hecho científico, que el resultado será el deterioro de las reservas genéticas humanas y la futura multiplición de las generaciones de idiotas y malformados?". Y si esto se hace asociado al odio socialmente cultivado hacia el más inteligente, el destacado, a la falta de escuelas y protecciones especiales para los más dotados (otros anormales, o sino, los únicos anormales que interesan para la conservación y mejora de la especie) el panorama se vuelve aterrador. ¿Quién da la pauta para la conservación de la vida, para la supervivencia o el progreso de la especie? La fé de los norteamericanos en el progreso, en la igualdad absoluta y democrática, apenas glosa un tema aterrador", afirma así mismo Bertalanffy.

No hay duda que, como afirma, se siente que nuestra especie está fascinada por todo lo que es enfermizo, degenerado y subnormal. "Tres por ciento de la población infantil, los atrasados mentales, atraen fuertemente la atención pública; el otro 97% normal tiene que remediarse con un número insuficiente de profesores mal retribuidos". Y en ese 97% sería necesario incluir a los superdotados. Pero de esto no se habla. Si fueran identificados, en un futuro próximo, podrían ser condenados a las nuevas cámaras de gas, como temen con razón los más avisados.

Pero el pensamiento de los heréticos, que ya hace correr mucha tinta, continua presionando las viejas bases de la psicología en su torre de marfil. El "jensenismo", como fue cualificado, suscitó algunos trabajos fundamentales en el dominio de la genética humana y hasta hoy no encontró una respuesta de envergadura. A los libros de Jesen, se sucedieron las obras de Eysenck, que alimentan, entre tanto, un debate cuya conclusión se conoce anticipadamente. Efectivamente, la contribución de otras ciencias de vanguardia, permiten demostrar la exactitud de la aserciones de los jensenistas, sin hablar ya de las capacidad epistemológica de su propia disciplina.

LA REFLEXIÓN SOBRE LA ELITE.

La desigualdad individual origina en el plano social una división entre fuertes y débiles, constatada ya por Duguir. Los fuertes capturan los poderes sociales (político, ideológico, económico) y gobiernan a la mayoría de la población. Es el fenómeno de las élites dirigentes y dominantes, de la jerarquía, que tan bien evidencia el análisis de la sociedad animal. La reflexión más desapasionada sobre esta materia fue efectuada por la escuela sociológica italiana, con Wilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels. Estos autores probaron la perennidad de la minoría, la minoría poderosa, que impone su voluntad sobre la mayoría dándole la impresión de ser ella la que decide y gobierna.

Analizando las sociedades y el hombre tal como son, estos autores se anticiparon casi medio siglo a las realidades científicas de nuestro tiempo. Identificaron correctamente a los detentadores del poder real y formularon leyes según las cuales discurre la disputa por el poder. Así mismo identificaron las justificaciones, más o menos elaboradas, que la minoría creó para su poderío y la llamaron fórmula política. Decir que el poder le viene de Dios, o del Pueblo, o que se es un autócrata a título de conquista, son todas razones óptimas desde que operan y cumplen su función justificativa. Hoy en día las fórmulas políticas son las ideologías y en ellas no hay, como se ha visto, el menor grado de credibilidad. Está por nacer la fórmula política de nuestro tiempo, que reduzca democracia y socialismo, socialdemocracia y marxismo, a meros trastos viejos de la historia del homo sapiens.

Los autores que sitúan correctamente estos problemas en un análisis neomaquiavelista son pocos. Todos prefieren las visiones románticas penetradas por la ideología, justificativas en última instancia del poder de la minoría actuante, o de la minoría que aspira al poder. Con todo con la desaparición de estos grandes lastres del pensamiento político, no es menos cierto que aparecieron autores que interesa conocer y que se refieren, en Teoría Política, a la revolución intelectual a que se asiste en otros terrenos del saber. Carl Schmitt, el viejo profesor alemán, James Burnham, Wright Mills y Julien Freund, llegan a asegurar un ejercicio impecable en materia de realismo político y transparencia de concepción.

Las minorías, por tanto, lejos de confundirse con la multitud, son por su organización y coherencia el único fermento social de mudanza y poder. Solo caen para ceder el lugar a otras, de modo que la Historia no pasa de ser un viejo y enorme cementerio de oligarquías. La Ley de Hierro de la Oligarquía, formulada por Michels, se hace eco de esta constatación empírica, tan desagradable a los decanos del igualitarismo acéfalo, fervorosos creyentes en la coartada de la tábula rasa.

REGRESO AL MISTERIO.



También en otros campos del pensamiento verdaderamente vital se asiste a una importante ruptura y renovación. En la Etología, la Filosofía, la Literatura, la Metaciencia, se abre desde el inicio del siglo un nuevo espacio ontológico, un dominio del Ser y de lo Sagrado en donde se reconoce implícita o explícitamente, la impotencia de la Razón. Nace otra vez la conciencia de los límites de la capacidad humana para conocer y percibir. Si en el período anterior el campo de los problemas invadió el campo de los misterios, hoy vuelve la Zona del Misterio, hacia la Zona del Problema.

En la Etnología, Mircea Eliade busca las bases perdidas por la Antropología, demasiado racionalista y positivista. En la Metaciencia, René Guenon y Julius Evola, vuelven a ver en los mitos, los fundamentos valorativos, revisitando lo Sagrado y los altos valores de la Tradición. En la Filosofía Antropológica, Arnold Gehlen hace ejercicio completo sobre la Cultura y la disciplina superadora, que asegura la manutención de la civilización. Contra el mito roussoniano no cesa de exigir un "regreso a la cultura", oponiendo a lo reaccionario da enseñanza que proclama el regreso a la naturaleza como factor de redención.

En Filosofía, Max Scheller, Husserl, Heidegger y Jaspers, continúan apuntando a una línea de investigación y búsqueda de lo Absoluto y de superación de la razón eficiente.

En Psicología, Jung, Jesen, Eysenck, Bertalanffy, vuelven a los fundamentos biológicos ( a los instintos) y extraen consecuencias de la Genética contemporánea y de la Etología, todas fundamentales para nuestro mundovisión.

Poco a poco, todos los campos científicos se ven afectados por la revolución silenciosa y por la necesidad de recorrer los nuevos descubrimientos para explicar y entender lo Real.

Entre tanto, el Dios Vivo, Aquel que es, que fuera marginado por la ciencia racionalista que todo lo explicaba por las relaciones mecánicas y los modelos hidráulicos, entra de nuevo en el campo del saber de la mano de los grandes Físicos. El milagro fue implantado por decreto: todo funcionaba como un reloj sin necesidad de vigilante, se insinúa hoy en el plano de los quanta a través de los acontecimientos del indeterminismo básico de toda la construcción universal. Grande es la libertad de las cosas materiales que no están sincronizadas con las sabias doctrinas de la causalidad fechada. Grande y sabio es el constructor de tan grande misterio, que en la propia base tiene el Misterio.

Y tal vez por ello hoy en día las más bellas páginas de la espiritualidad se encuentran en los escritos de los grandes físicos occidentales que se revelan al mismo tiempo como grandes creyentes en Su Sabiduría ¿No aseguró Cristo a los judíos que le perseguirían por haber curado aun paralítico en sábado, "MI PADRE TRABAJA CONTINUAMENTE Y YO TAMBIÉN TRABAJO". Esta operación continua de conservación no puede encontrar mejores entendedores que los que trabajan en la frontera de lo indeterminado.

Esta onda renovadora que trae mucho de ruptura no puede dejar de tener consecuencias prácticas, político sociales o encontrar formulación y concretización a nivel de lo social. Los elementos superadores de la Vieja Mundovisión están disponibles en un cuerpo de conocimientos verdaderamente revolucionarios que fundamentaron una nueva visión del mundo y de la vida. Y las nuevas líneas sociales, económicas, políticas, espirituales, demográficas, no pueden colisionar con el acervo científico acumulado por centenares de ignotos investigadores. Al contrario, las teorías, las explicaciones, la práctica, tienden a ir al encuentro de ése saber buscando así las respuestas para sus perplejidades. Para la edificación de las estructuras político sociales estables, donde el hombre reintegrado en su herencia natural y cultural, puede vivir feliz.

Madrid/Algueirao
1º Domingo de Agosto.

(c) Por el texto: Bessa

(c) Por la traducción: Ernesto Milà

 

Aviso para lectores y suscriptores de Revista IdentidaD

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Acaba de aparecer en Ediciones Identidad: Problemas de la Identidad Española, de Tierra & Pueblo

Acaba de aparecer en Ediciones Identidad: Problemas de la Identidad Española, de Tierra & Pueblo

Infokrisis.- El inicio del siglo XXI está marcado por el enfrentamiento entre el pensamiento único de la globalización y la defensa de las diferencias y las identidades en un mundo multipolar. La resistencia a la hegemonía mundialista sólo vendrá de los que sean conscientes de su “más larga memoria” como señaló Nietzsche. En estas páginas hemos querido sintetizar  las claves de la nuestra, la de España y de los pueblos que la componen.  Una España que sólo puede entenderse en virtud de su pertenencia –por su origen y por su futuro- a Europa, nuestra “gran unidad de destino en lo universal”.

PRÓLOGO

España parece permanentemente una cuestión abierta. Cuestionada por unos, falsificada por otros, reducida a estrechos modelos y patrones por los de más allá, su nombre evoca cosas tan distintas y a veces contradictoras. Se hace necesario pararse a reflexionar y preguntarse ¿Qué es España? ¿Cómo se ha formado? ¿Qué pasado común esconde? ¿Qué futuro tiene en el mundo globalizado del siglo XXI?

Si hemos de empezar por algún sitio, mejor empezar por el principio, pues gran parte de los errores sobre lo «español» vienen de la ignorancia y la confusión sobre su más primigenia herencia. España, es ante todo, un pedazo de Europa, el nombre que nuestro continente y nuestra civilización adquiere en la Península Ibérica (lo mismo cabe decir para Portugal). Y lo es así desde la noche de los tiempos. No, Spain is not different como gustaba repetir a los falsificadores de nuestra identidad.

Hispania, el Jardín de las Hespérides, la Keltiké de los griegos, tiene un proceso de etnogénesis paralelo al del resto de países de Europa occidental, donde el elemento céltico es el catalizador y formador de la personalidad hispánica. En este marco es donde hay que situar a la llamada «cultura ibérica», tantas veces usada como argumento «separatista» frente a Europa. Dos artículos de  este ensayo se refieren a esta problemática cuestión.

Un segundo elemento será vital en la configuración de los pueblos hispánicos. Del mismo tronco indoeuropeo que los celtas, los romanos que supusieron un aporte de  15-20% de la población de la Hispania antigua, darán el derecho, la organización territorial y, muy especialmente, las lengua que hoy hablamos todos los españoles excepto ese tesoro de la Prehistoria que es el vascuence.

El tercer elemento indoeuropeo determinante en nuestra historia es el germánico. Como bien dice el nunca suficientemente valorado Sánchez-Albornoz, España es una «comunidad racial de rancio abolengo romano-germámico». Algunos historiadores consideran –no sin parte de razón- al reino visigodo de Toledo como el primer Estado hispano unificado. Su derrota y consiguiente invasión musulmana con los 700 años de ocupación islámica de nuestra tierra, significó la fragmentación del antiguo reino germano-hispánico. Núcleos de resistencia cristiana se formaron entorno a las grandes cordilleras montañosas de nuestra geografía, cada uno de esos núcleos fue generando una evolución propia y local del antiguo idioma hispano-romance de una gran uniformidad en toda Hispania durante época visigoda. También las leyes y las costumbres fueron adaptándose en cada uno de aquellos núcleos de resistencia pero siempre consciente de su común herencia. La nobleza visigoda fue la que en cada uno de ellos organizó y protagonizó la reconquista del territorio arrebatado por los musulmanes con el objetivo de reconstruir el antiguo reino de Toledo. Ésa es la historia de nuestra Reconquista y en última instancia el origen del concepto político de España.

Así mediante la reconquista y la repoblación, no lo olvidemos, la España actual es consecuencia directa de la repoblación medieval, aquellos núcleos iniciales se transformaron en los diferentes reinos peninsulares. Del núcleo astur-cántabro nacería Castilla-León que llegará hasta el estrecho de Gibraltar; del pirenaico oriental, Cataluña; de otro núcleo pirenaico contiguo Aragón que se juntaría con Cataluña dando lugar a la Corona de Aragón y su posterior expansión en Valencia y Balearas. Del vasco, el reino de Navarra, aun ahí se puede rastrear cierto influjo político-ideológico visigodo, en un reino étnicamente vasco-navarro. Navarra será la aventura política del antiguo y valiente pueblo de los vascones.

El final de la Reconquista y la expulsión de árabes y judíos señalarán el nacimiento de la España imperial. Ni qué decir se hace necesario desmentir la falsaria hipótesis de la «España de las tres culturas» germen ideológico del ridículo «Diálogo de las civilizaciones». Ambos experimentos mentales fallidos, contestados por la realidad y la ciencia histórica y antropológica. Castillos de fuegos artificiales con pólvora mojada

Tras la Reconquista, la vitalidad de nuestras elites hizo  posible conquistar más de medio mundo y aún con el garrafales errores que se cometieron en la Conquista de América y el inútil desgaste de «la flor de nuestros Guzmanes» en fraticidas guerras de religión, la historia demuestra que el elemento hispánico –de matriz celta, romana y germánica- tenía aún la suficiente energía como para imponer su ley y su fuerza y crear el mayor Imperio jamás conocido.

Los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II marcan el cenit de nuestra historia. Además de las gestas bélicas, hay que subrayar su genial concepción política a la hora de mantener los equilibrios necesarios en la configuración de la nueva realidad estatal. Imbuidos de las mejores concepciones políticas de nuestra herencia europea aunaron un sólido poder central con el absoluto respeto a peculiaridades lingüísticas, culturales y legislativas de cada uno de sus territorios. Es necesario recordar como ejemplo significativo que en la «España imperial» tan añorada por algunos, en Cataluña se hablaba catalán y sólo catalán. Eso fue así durante el reinado de la dinastía de los Austrias.

El conflicto por la sucesión al trono español surgido tras la muerte de último Austria, Carlos II el Hechizado, enfrentó a los fieles a la dinastía anterior –concentrado en Cataluña y Valencia especialmente- y los partidarios de la llegada de los Borbones, fuertes en Castilla. La victoria fue de los segundos, con la derrota austriacista también terminó la España tradicional, plural y respetuosa con sus diferencias para importar un modelo centralista y uniformizador a semejanza del francés. La llegada de Felipe V de Anjou-Borbón marcó el inicio de la decadencia española, también marcó –como reacción a su imposición del modelo centralista- el inicio de las tensiones interiores y el rechazo de los territorios que serán oprimidos con el Decreto de Nueva Planta, a la nueva configuración territorial, aquí está la génesis de los movimientos separatistas en Cataluña. Vasconia –favorable a los Borbones- mantendrá sus fueron hasta que en el posterior enfrentamiento entre liberales isabelinos y carlistas optarán por le segundo bando, la derrota carlista también será la de los vascos, que nunca hasta entonces se habían sentido extraños a una España que integraba armónicamente sus peculiaridades.

La intención de esta colección de artículos no es otra que referirnos a estos tres puntos. La europeidad de España desde el momento de su formación; la idea de Reconquista del reino visigodo de Toledo como elemento creador del concepto político de España; y la crítica a la idea reduccionista y uniformadora de España que ha provocado tres siglos de tensión interna y que sólo su superación y rectificación podrá asegurar la existencia de España como unidad en el próximo futuro.

Los autores.

Índice

Prólogo                                 
Península ibérica ¿o céltica?                         
El elemento celta en la formación de España               
Los españoles y nuestra realidad genética               
La cruz visigoda como lábaro de la Reconquista           
Presencia germánica en Castilla                   
La hidalguía: sangre y nobleza de Castilla               
Extremadura, apuntes para una incógnita               
Breves apuntes de etnología andaluza                   
29 de abril: la anexión de Canarias a la Corona de Castilla       
Café para todos, el invento de algunas autonomías           
¿Cataluña franca o gótica?                       
El catalán como lengua hispano-romance               
El Valle de Arán, la Occitania española               
Quan el mal ve d´Almasa a tots alcaça               
Maulets y botiflers, dos visiones de España           
¿Nacionalismo integrador o nacionalismo disgregador?    

La obra puede ser adquirida a 10 euros. Pedidos idpress7@gmail.com, o bien con descuento para grupos o pedidos superiores a 5 ejemplares.

 

Por qué no soy nacional–revolucionario… Ultramemorias ¿ideológicas? - (I de V)

Infokrisis.– Este post podría resumirse diciendo simplemente: “No soy nacional–revolucionario, porque no sé que coño es eso”. La cuestión es si debería de añadir: “Que me lo expliquen”. Pero esto último tiene poco sentido: la experiencia me indica que cada cual ve “lo nacional revolucionario” según sus preferencias. Ni existe, ni ha existido “doctrina” nacional–revolucionaria, sino que han existido tantas definiciones del fenómeno casi como nacional–revolucionarios existen. Por eso, ni soy, ni aspiro a ser, algo que no sé en qué consiste.

Los problemas de las minorías hiperminoritarias

Todos los sectores que se autocalifican de “nacional–revolucionarios” tienen una característica común: son hiperminoritarios. Sus discursos políticos están estructurados en el vacío y  parecer no lograr capturar el interés de nadie. Recuerdo los temas de agitación que teníamos en los primeros años 70, cuando el que suscribe quería pensar que era “nacional–revolucionario”: “Ni USA, ni URSS: Europa”. ¿A quién le podía interesar esa consigna en un país que acababa de salir del subdesarrollo, con un abuelete decrépito al frente de los destinos de la nación, una democracia formal pendiente y unas libertades públicas en suspenso? Luego nos quejábamos de que lo nuestro no terminaba de funcionar y no entendíamos el por qué. Y sin embargo, estaba claro: nuestro discurso nos satisfacía, pero sólo a nosotros… El resto de la población tenía otros intereses, otras urgencias y otra forma de ver los problemas. Desde entonces, todas las generaciones de “nacional–revolucionarios” que han intentado expresar sus ideas lo han hecho en parecidos términos: utilizando temas y ejes de agitación ajenos al debate político que en ese momento había en la sociedad.

Se me ha recriminado, por ejemplo, el que durante la crisis de Gaza,  personalmente recomendara la inhibición. ¡Y sin embargo, era tan fácil de argumental! No era creíble manifestarse a favor de los palestinos, junto a miles de inmigrantes magrebíes en las calles de nuestro país, y luego, al cabo de unas horas, olvidada la cuestión de Gaza, emprender otra vez alguna campaña contra la “inmigración masiva” y por la “repatriación de los inmigrantes en paro” o por la “preferencia nacional”. Afirmar que Gaza queda demasiado lejos y que aquí tenemos a 1.250.000 islamistas resultaba odioso para los que preferían recordar los bombardeos israelitas. Así que fui tildado de "pro–sionista"… Y, sin embargo, cuando sobre España se estaba desencadenando la crisis más grande de nuestra historia –la “super–depresión”– no era cuestión de dilapidar tiempo y esfuerzos en un problema insoluble situado a 3.000 km de distancia, en el que ya es imposible saber quién disparó primero y quién tiene razón y lo más sensato es recomendar a las partes, sentarse en una mesa y dejar de matarse, so pena que de aquí a 20 años sigan igual y el último palestino termine por ahogar con sus propias tripas al último judío. Gaza estaba fuera y al margen de los intereses del pueblo español y manifestar el apoyo a este o a aquel, no iba a suponer ningún avance real para la causa “nacional–revolucionaria”, aquí y ahora.

El problema de las minorías es que tienen tendencia a confundir sus sueños con realidades: lo que les interesa a ellos, no suele interesar a casi nadie, e incluso cuando interesa a alguien siempre va acompañado por otros temas que desconciertan e inhiben. Tiene gracia, por ejemplo, que se repita con cierta frecuencia que "el nacionalismo–revolucionario es de izquierdas”, solamente por el hecho de que alguien ha considerado que así estará más cerca de los trabajadores… cuando todo aquel que ha tenido algún contacto en medios obreros, sabe que los términos “derecha” e “izquierda” tienen muy poco significado hoy para la clase obrera como para el resto de la sociedad y todo se centra en quién defiende mejor por propios intereses grupales, sin importar un carajo si está situado a la izquierda, a la derecha, o en Marte.

Estos problemas se multiplican cuando ya no se está hablando de minorías, sino de ultraminorías: en el ámbito “nacional–revolucionario”, piénsese, estamos hablando casi de minorías de uno, a tenor de que es difícil encontrar dos que sostengan las mismas posiciones en todos los terrenos (y basta leer someramente los post enviados a los foros para comprobarlo). Es normal: contra más minoritario es un grupo eso indica que ha sintonizado menos con los intereses de la población. Y si es hiper–minoritario quiere decir, simplemente, que está fuera de la realidad.

El “nacional–revolucionario” atribuye su carácter minoritario a que los medios de comunicación están fuera de su acceso. No es eso: cuando se ha dado a algún nacional–revolucionario la oportunidad de expresarse en un medio, ha salido por peteneras, ha sido incapaz de articular un discurso susceptible de interesar a algún sector de la población y se ha ido por las ramas. La hiper–minoría solamente se reconoce a sí misma y se siente ajena a cualquier otro sector de la sociedad, por tanto, no es raro que desarrolle un discurso político marciano sin contacto con el debate que está en esos momentos desarrollándose en la sociedad.

El discurso “nacional–revolucionario” siempre apuesto por los “grandes combates”: contra el imperialismo, contra el sistema, contra la reacción, contra el capitalismo, contra el sionismo, etc… pero para ser efectivo, para poder llegar a la opinión pública, hace falta ser más concreto, poner nombres y apellidos y señalar con el dedo. Llama la atención, por ejemplo, las acusaciones lanzadas a diestro y siniestro sobre si tal o cual sujeto es “pro–sionista” o, simplemente, “sionista”, pero no he vista hasta ahora ningún análisis detallado sobre la influencia del sionismo en España, sobre la estrategia del sionismo en Eurabia y sobre los canales de propaganda sionista que existen en España a derecha e izquierda del panorama político. Las posiciones anticapitalistas de todos estos grupos y personas, no se traducen en un análisis sobre la crisis económica y sobre el desplome del sistema financiero internacional, ni mucho menos sobre lo que implica…

Es simple entender por qué eso es así y no de otra manera: lo “nacional–revolucionario” se expresa a través de consignas genéricas, en absoluto de una ideología estructurada coherentemente, y tales consignas son incapaces de ser desarrolladas minuciosamente y entendidas por unas minorías hiperminoritarias que ni siquiera están interesadas en pasar del paradigma y de la consigna a su desarrollo. “¿Yo? ¡yo estoy contra el sistema! Todo lo demás ¡me la suda!”. Y esto implica la imposibilidad de definir una ideología nacional–revolucionaria y una práctica política que vaya más allá de la consigna genérica…

Definición ideológica y acción política

Repito: No sé lo que es un “nacional–revolucionario”. Nunca lo he sabido. Finalmente, ha dejado de interesarme. De todas las clasificaciones taxonómicas de grupos extremistas, ésta es la más tenue y leve, no se sabe bien dónde empieza y dónde termina, ni cuales son sus contenidos, ni sus referencias históricas, ni siquiera su visión del mundo. En general, se considera que “lo nacional–revolucionario” es como una especie de “fascismo” que prefiere expresarse de otra manera, pero que ha tomado todos los elementos esenciales del primer fascismo, anterior al “ventennio”: futurista, irreverente, activista, antiburgués y dado al aceite de ricino y al santo garrote  -eso fue, a la postre, el primer fascismo- antes que a un texto sagrado y a una ideología puntillista. Por eso al “nacional–revolucionario” le gusta aquel primer fascismo: “No es el tiempo de las palabras, es el tiempo de la acción”, “el fascismo no es doctrina, es vida”, “el fascismo se construye en la acción”. Todo esto lleva a la embriaguez de la acción que tan bien canto Drieu la Rochelle y que encarnó su “jeune europeene” que, tras buscarse a sí mismo a lo largo de cuatrocientas entretenidas páginas, termina alistado en el Tercio de Extranjeros durante la Guerra Civil.

El “nacional–revolucionario” suele proponer una revuelta anti–burguesa, en general desprecia las teorías y practica un culto a la acción casi idolátrico. Su “revuelta contra el sistema” es epidérmica, mucho más que asentada sobre profundos análisis ideológicos. A decir verdad, tampoco tiene muy claro lo que es una ideología. Le gustaría tener una doctrina cerrada como los marxistas de los años 30–70, pero en realidad, esto sería demasiado complejo y tampoco está para perder mucho tiempo leyendo libracos y dando coherencia a su pensamiento. Más que de ideas perfectamente concatenadas en un sistema orgánico, vive de intuiciones, reflejos pavlovianos, imágenes y mitos de acción.

Aquel que quiera construir una “ideología nacional–revolucionaria” o que crea que la ha construido, es digno de conmiseración, en primer lugar porque, aun existiendo un corpus que permita excluir y otorgar patentes, a todos, sin excepción, salvo al “doctrinario”, a todos los demás, se la traerá floja la dogmática, y el culto a la acción seguirá rigiendo los destinos de todo lo que se mueva en el ámbito “nacional–revolucionario”. Todo lo que es juvenil, es así. Y lo juvenil está caracterizado por un exceso de hormonas.

¿Y la política? ¿Dónde queda la política en todo esto? No hay espacio para ella. Donde hay sobresaturación hormonal que lleve a un activismo frenético, la política es cosa de burgueses, trabajo de mujeres y tarea de infantes. La alta tarea que se ha marcado el “nacional–revolucionario” es, simplemente, gigantesca: “luchar contra el sistema”. Y esto se hace con el “todo o nada” propio de los maximalismos. Todo lo que no sea intentar derrumbar al sistema hoy y aplazar su demolición para mañana, es considerado como "contra–revolucionario", “burgués”, y, en cualquier caso, sospechoso, cuando no denunciado como provocación por parte de las alcantarillas del sistema. Dejando aparte que dudamos mucho de que se pueda cerrar una ideología nacional–revolucionaria estable, coherente y capaz de ser encarnada, no diré por un movimiento político, sino por una decena de cuadros, lo cierto es que jamás, en ningún momento, alguien que se tuviera por “nacional–revolucionario” ha estado en condiciones de formular una estrategia política, ni siquiera de marcarse un objetivo a conquistar. Cuando se vive en el Empíreo de las grandes doctrinas filosóficas, parece como si marcarse un objetivo político fuera una mariconada o poco menos.

Porque lo peor no es que los aspectos de la ideología “nacional–revolucionaria” sean todos ellos inestables y discutibles (¿es de derechas o de izquierdas o está en otro ámbito? En cuanto a la referencia a "lo nacional"¿implica que "o nacional-revolucionario" es nacionalista español, europeo o regionalista, o en los tres ámbitos, o acaso en ninguno? Alude al “hombre nuevo”, pero ¿se lo ha cruzado alguno en la calle a ese "hombre nuevo" y lo ha reconocido como tal o basta colocar en la tarjeta de visita: “Fulanito de Tal, Hombre Nuevo”? Y en materia económico–social: ¿cómo sería una sociedad ideal? ¿y el sistema económico? estaría más cerca del socialismo que del capitalismo, claro, ¿hasta qué punto sería socialista? Por cierto, ¿democracia? ¿Cómo sería la democracia del nacional–revolucionario o qué parámetros representativos existirían? ¿Y los grupos sociales? ¿Cómo estarían articulados? ¿En que se diferenciaría el “socialismo nacional revolucionario” de otras formas de socialismo, socialdemocracia o izquierda?). Lo peor no es que, cada cuál dé a estas cuestiones, una respuesta acorde con su leal saber y entender, lo peor es la incapacidad para cristalizar en un movimiento político, el debate permanente, el achacar las culpas a otros –la mía eventualmente, y un día de estos me gustaría saber por qué– de que no exista un movimiento nacional–revolucionario, cuando en realidad se debe a que ni siquiera el primer elemento presente sine qua non en una organización política (la doctrina) es capaz de estar cerrado.

Con una ideología brumosa, inestable, susceptible de interpretaciones diversas, es imposible cristalizar un movimiento político. Cómo máximo, lo único que puede hacerse es dar vida a un grupo activista que durará tanto como tarden sus integrantes en encontrar otra ocupación que les satisfaga más. No doctrina, no movimiento… no política.

El maximalismo como enfermedad juvenil del fascismo

Hemos aludido a “gesticulaciones revolucionarias”. Algunas tienen gracia por que siempre hay alguien que es capaz de gesticular más. En el límite está el mono del zoológico matándose a pajas delante del público que tanto le quiere. Lo digo por que, en el ámbito “nacional–revolucionario”, siempre hay alguien que es capaz de ir más allá que cualquiera. Por ejemplo, no basta con que alguien haya demostrado por activa y por pasiva, su solidaridad con el pueblo palestino, esto es, su oposición al Estado sionista (y lo digo por gentes del MSR). No basta, porque si algún día, saluda a un judío o le da la mano a alguien cuyo primo de un cuñado del portero de su casa, sea admirador del Estado de Israel, esto es suficiente como para acusarle de “sionista”. Increíble, pero cierto. Es más, siempre habrá algún listo, capaz de demostrar que no importa quien es judío, porque alguno de sus apellidos ha sido utilizado en algún momento por alguien que podría ser judío. Lo dicho, increíble, pero cierto. Muchos y multiformes son los caminos de la chaladura.

De la misma forma que uno puede proclamar que está “contra el sistema” (un concepto que dista mucho de estar claro porque, si vamos a esas, incluso los que se sitúan en los márgenes del sistema y expresan su revuelta activa, están incluidos en ese mismo sistema, aunque en lugares alejados de su centro) y siempre habrá alguien que esté “más” contra el sistema y que te pueda acusar de “burgués”, “vendido al sistema”, simplemente por haberte presentado a unas elecciones o por haber accedido en salir en cualquier programa de TV de masas.

Esto es lo que he visto en el ambiente “nacional–revolucionario” desde los años 80. Uno que ha conocido la cárcel, de dos países, el exilio en tres continentes, que ha tenido que salir de cuatro países a escape, al que le han perseguido varios servicios de seguridad y de inteligencia con la sana intención de darle pa’l pelo, que para colmo ha tenido que saltar de un primero y de un cuarto piso cuando la policía entraba a buscarlo, que cuando ha sido detenido le han forrado a ostias… no es más que un “colaborador del sistema”, simplemente porque alguien lo pontifica desde una trinchera mucho menos comprometida pero bastante más estridente. Sería desesperante, de no ser simplemente grotesco e incitar a la carcajada.

El “nacional–revolucionario” tiene una tipología media particular. Inicialmente es un chaval, apenas dejada atrás la adolescencia que cree que se va a comer el mundo proclamando cuatro gritos contra el sistema (que otros muchos antes que él ya han –ya hemos– proferido, la pólvora no se descubre con tanta facilidad) y realizando unas cuantas pintadas estridentes con la sana intención de llamar la atención hacía sí, mucho más que para hacer acción política. Al cabo de unos años, si no se ha ido a su casa, si no ha pasado a ser dependiente de una mercería, viajante de comercio, informático con cara de monitor de fósforo verde o ingeniero de caminos, canales y puertos recién divorciado, tripudo, calvo y barrigón, al cabo de unos años, digo, termina “amargado” de la política, “harto” del mundo político, y criticando cualquier forma de hacer política, inhibido de la acción revolucionaria y ganado por una vida muelle, más que burguesa, gris oscura, sin más aliciente que el fin de semana y una paella amb muscles en la playa de Castedefels...

En realidad, el proceso mental es muy simple: el extremismo juvenil de su período “nacional–revolucionario” es una especie de sarpullido hormonal, preñado de desbordante juventud tanto como de falta de conocimiento de la vida; es, digámoslo ya, una enfermedad infantil.

A fin de cuentas, el “nacionalismo–revolucionario” y sus avatares no son más que la expresión de ese estado febril previo al encuentro con “el eterno femenino”, al choque con la vida real, a la ponderación de los juicios y de las conductas, a la superación de las pulsiones edípicas (el “padre” es el “nacional–conservador” al que hay que “matar” para sentirse liberado de él: por tanto, no es extraño que en la propaganda nacional–revolucionaria se ataque mucho más a la figura de este “padre” -los “fachas”- que a la de un enemigo que, en realidad, no se tiene una conciencia exacta de quién es.) De hecho cuando, el nacional–revolucionario considera que el enemigo es el “sistema”, solamente le falta poner a este “sistema” nombres y apellidos, no hacerlo sería como ir a una pescadería y pedir un kilo de “mar”, en lugar de algún producto concreto de ese mismo “mar”.

Como todos los procesos febriles, la etapa “nacional–revolucionaria” dura poco en la vida, pero resta energías. Una vez concluida, ya no se puede seguir manteniendo el ritmo activista de la crisis febril domina por ese “fascismo” juvenil. y primigenio. A partir de entonces queda, modular esos ardores en forma de educación política, o irse a casa que es lo que suele ocurrir. Es "el desengaño", la decrepitud del ideal, al percibir que “no puede hacerse nada contra el sistema”, al “todo está corrupto” y a la búsqueda, de finitiva, de una excusa para abandonar la lucha.

En realidad, lo que ha pasado, es que después de la enfermedad infantil, viene, casi sin solución de continuidad, la crisis de la senectud. ¿Y en medio? En medio lo único que existe es una incapacidad para reflexionar sobre lo que es la acción política (lucha, voluntad, destino), sobre los medios necesarios para realizarla (doctrina, programa, objetivos, estrategia, táctica, organización, agitación, propaganda) y sobre su ineluctabilidad (se puede luchar, se debe luchar, hay que hacerlo, hay que lograr ir más allá del testimonialismo, del nostalgismo, del marginalismo).

En el fascista senil, tanto como en el fascista infantil, lo que subyacen es simplemente dos formas de estar de espaldas a una realidad: la política. En realidad, a muchos “nacional–revolucionarios” lo que menos les interesa es la acción política y todo empieza y termina en un desahogo hormonal que cuando se canaliza por la vía correcta (la chati del polvo salvaje, la tarea de supervivencia cotidiana, la capacitación para la vida en medio de un mundo hostil, habitualmente cruel y casi siempre injusto) implica casi necesariamente la superación del estado febril y el abandono de la actividad política, o presunta tal, para caer en un escepticismo desesperanzado.

Entiendo perfectamente que, con el paso de los años, las energías iniciales de la vida se vayan moderando. Es duro tener 50 años y querer vivir como un chaval de 18. Pero en el ámbito “nacional–revolucionario” no se produce un lento reflujo hacia posiciones más realistas y moderadas, sino que se pasa, sin solución de continuidad, de un extremo al otro: del fascismo infantil al desengaño senil. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Ya se sabe: para ir y volver, vale más no ir.

De las distintas variedades del producto

El término “nacional–revolucionario” llegó a España hacia principios de los 70 cuando algunos entramos en contacto con opciones que se reclamaban de esta corriente en Europa. Creo que yo fui uno de los introductores de esa terminología en España. Así que sé de lo que hablo. Empezamos a utilizar este término a despecho de que en Europa las cosas, lejos de estar claras, estaban sometidas a contradicciones de todo tipo. En lo personal supe del término gracias a las revistas de “Pour une Jeune Europe”, publicadas en 1969 y 1970 por Nicolás Tandler y que, a pesar del nombre, nada tenían con la organización creada por Jean Thiriart ocho años antes. Pero, a poco que uno sondeaba, percibía que tras esa denominación se escondían realidades muy diversas. Por ejemplo, en aquel tiempo, un antiguo SS francés, Yves Jean, publicaba desde Nantes la revista ciclostilada “Europe Unie” que añadía al término “nacional–revolucionario” otro que aportaba un matiz nuevo: “etnitista–nacionalista”, que implicaba que para este sector “nacional–revolucionario” una adhesión a los regionalismos, algo, por lo demás, muy comprensible en la Francia jacobina.

Pero en Francia, en aquella época, existía una diferenciación muy acusada entre “nacionales” y “nacionalistas”, por lo tanto, algunos preferían asumir el término “nacionalistas–revolucionarios” a “nacional–revolucionarios”. Y, para acabar de arreglarlo, otros nacional o nacionalistas revolucionarios, consideraban que su “nación” no tenía nada que ver con la nacionalidad que ponía en su pasaporte, ni con la tierra chica, la matria, la patria carnal, la región, en definitiva, de nacimiento, sino que ellos eran “europeos”. Por tanto, el término “nacional–revolucionario” iba frecuentemente añadido al de “europeo”.

Así pues, solamente en 1970, en Francia, existían “nacional–revolucionarios”, “nacionalistas–revolucionarios”, “nacional–revolucionarios europeos”, “nacionalistas–revolucionarios europeos”, “nacional–revolucionarios etnitistas”, “nacionalistas–revolucionarios etnitistas”, y así sucesivamente.  A esto se unían los “solidaristas” que, para algunos eran “nacional–revolucionarios” y para otros “nacionalistas–revolucionarios”. Mientras todos estos grupos seguían con sus querellas sobre la definición que más convenía y sobre la introducción de tal o cual matiz, apareció Ordre Nouveau y empezó a hacer política. Tanto es así que a Ordre Nouveau le correspondió convencer a Le Pen para que se sumara al proyecto de crear un Front National.

Para colmo, en Francia, todos estos grupos utilizaban la cruz céltica como símbolo, con lo cual, a la confusión terminológica se unía también niveles hermenéuticos de confusión que agravaban el conflicto. Seguramente fue por eso que los “solidaristas” lanzaron el emblema del tridente para diferenciarse… hasta que algunas de sus escisiones empezaron a alternar el tridente con la cruz céltica en la orgía de confusión de mediados de los 70.

Las cosas en Italia no iban mucho mejor. Había un problema de definición. Si bien allí no existía la división entre “nacionales” y “nacionalistas”, las brechas intertribus no eran menores. Estaban a un lado los de la “destra nazionale” y a otro los “nacional–revolucionarios” que, a principios de los 70 eran tres fracciones: Avanguardia Nazionale, Ordine Nuovo y Lotta di Popolo. Las tres, sin excepción tenían un mayor o menor grado de influencia del filósofo tradicionalista Julius Evola, por lo que su concepción de lo nacional–revolucionario estaba íntimamente ligado al problema de la Tradición. Ordine Nuovo era “muy” tradicionalista, Avanguardia lo era en la misma medida pero prefería temas de agitación y propagada más mundanos y en Lotta di Popolo había de todo.

Para colmo, cuando Lotta di Popolo se extendió a Francia y a Alemania (e incluso en España y puedo decirlo porque fuimos una tendencia del PENS, Europa Joven, la que trabajó en esa dirección), gracias a la actividad de Yves Bataille, todo el panorama se complicó extraordinariamente. Los franceses de la OLP (Organización Lucha del Pueblo) no eran tradicionalistas, eran nacionalistas–europeos–revolucionarios. Fue en Alemania en donde, con la precisión germánica habitual, esta tendencia, Sache des Volkes, desarrolló una teoría particular sobre lo nacionalista–revolucionario. A principios de los 70, el estallido en las juventudes del NPD dio lugar a todo tipo de iniciativas, la mayoría de las cuales apostaban por el europeísmo revolucionario, solidaridad hacia Palestina y ciertas gesticulaciones que lejanamente evocaban las de la nueva izquierda de la época.

A partir de ese momento, ya era una aventura definirse como “nacional–revolucionario” porque uno corría el riesgo de meterse en un berenjenal de difícil salida, cada vez más opaco a medida que se iba avanzando en la hazaña. En España, claro, todo fue mucho más simple. Aquí lo que existía era el nacional–sindicalismo que no era ni una cosa ni otra sino todo lo contrario. Nadie utilizaba en 1970 el término nacional–revolucionario. O se era “franquista” o se era “falangista”, o se era “nazi”. Estos últimos, muy intuitivos, empezaron a entender que eso de definirse con la etiqueta que llevaba la losa de la pérdida de una guerra, era poco “político” por lo que adoptaron el término “nacional–revolucionario” que, aquí, entre nosotros, desde entonces, era sinónimo de “nacional–socialista”. No había, pues, más “nacional–revolucionarios” que no querían utilizar la etiqueta “nacional–socialista”. Así transcurrieron los 70: en plena confusión y en un ambiente de pobreza ideológica difícilmente comparable con país alguno de Europa. En aquel momento, “nacional–revolucionario” en España era todo aquello que no era falangista, ni franquista y que estaba en el turrón.

En los 80, Bases Autónomas dio un nuevo impulso al término introduciendo elementos nuevos. En su estrategia de “romper los esquemas”, adoptaron como líneas de definición todo aquello que era justo lo que no se esperaba de ellos. De pronto, la definición de “nacional–revolucionario” estuvo en la calle respaldando consignas de por sí significativas del nivel de teorización de estos grupos: “¡Por el caos!”. Bueno, pues por el caos... Así empezaron a aparecer fracciones disidentes dentro de los “nacional–revolucionarios”. Aparecieron los “nacional–bolcheviques”, los grupos que no hacían remilgos a la definición de anarco–fascistas, el Ché Guevara –ese pobre psicopatón asmático cuyo mayor mérito fue morir engañado en el altiplano boliviano creyendo que hacía la revolución cuando en realidad Castro se lo había quitado de encima por cabra loca– se introdujo en la iconografía “nacional–revolucionaria” (algo inédito en Europa) con la cruz céltica en la boina… sin duda, por coherencia: “el Ché era “revolucionario”, nosotros somos más revolucionarios que la hostia, ergo, el Ché era camarada y si no llevó la cruz céltica en la boina, debió ser, sin duda, por que no se le ocurrió con esa jartá de trabajo revolucionario que había asumido”. Genial en grado de frustración. Bases Autónomas desapareció en medio de todo tipo de episodios truculentos y desafortunados y cuando los adolescentes díscolos crecieron se dedicaron a tareas mucho más serias.

De todas formas, en España, el término nacional–revolucionario ya había seguido el mismo camino que en toda Europa: hacia 1986, ya nadie podía apostar qué implicaba esa definición. Cuando en 1988 salió el primer número de la revista DisidenciaS, muchos ya nos negábamos a calificarnos como nacional–revolucionarios a la vista de que el grado de confusión que introducía el término era indescriptible.

Desde entonces, las cosas no han mejorado. Yo diría incluso que han empeorado. y de qué manera.  Faltaba la llegada del redentor que, como todos los redentores, está como las maracas de Machín.Y por ahí anda pontificando y colocando posts a troche y moche en Indimierda, en el blog de Syniestrillas, o en foros que agrupan a rarezas y exotismos varios.

El ambiente “nacional–revolucionario” sigue siendo patrimonio de jóvenes, especialmente de una franja situada entre los 17 y los 24 años. A partir de esa edad, los nacional–revolucionarios se van rarificando y a partir de los 30, casi han desaparecido completamente. Así pues, y a despecho delpobre diablo que intenta organizar el “ambiente NR”, lo cierto es que se trata de un ambiente inorgánico, juvenil, maximalista, propio del tránsito de la adolescencia a la madurez, hiperminoritario, que jamás ha cristalizado en ningún lugar de Europa en movimientos con un mínimo seguimiento popular. Y quien quiera ver otra cosa, lamentablemente, se engaña.

De la inutilidad de aspirar a una definición exacta

Hasta ahora, “lo nacional revolucionario” era una forma de definir un espacio nacionalista radical en España fuera del ámbito falangista. Era poco, pero era algo concreto. Dentro de ese espacio cabía gente muy diversa. Era el techo de la definición. Se suponía que ese sector sería más extraparlamentario y, por tanto, poco interesado en convocatorias electorales. Entonces le quedaba la acción en la calle… pero, desde que Bases Autónomas desapareciera no ha existido la posibilidad de reconstruir ningún grupo nacional–revolucionario capaz de movilizar en la calle a efectivos mínimos, fuera, naturalmente, del ámbito skin que, por definición es otra cosa.

Fue así como algún iluminado empezó a atribuir la falta de capacidad de movilización de lo  “nacional–revolucionario” a que todavía no existía de una ideología perfectamente definida y acotada. Como siempre, el remedio es peor que la enfermedad, porque la inexistencia histórica de una definición sobre lo que es o deja de ser “nacional–revolucionario” implica que, finalmente, no es más que lo que el teórico improvisado de turno quiere que sea, así pues, la definición de lo “nacional–revolucionario” queda al albur de sus filias y de sus fobias, de sus obsesiones y de sus limitaciones y de sus lógicas de lo absurdo.

Toda religión, incluso laica, precisa de un papa, necesita para tener carta de naturaleza lanzar anatemas, realizar exclusiones, construir su dogmática, tener sus profetas iracundos y sus monaguillos bienintencionados. A decir verdad, contra más popes, profetas, cardenales, santo oficio, imanes y electroimanes, budas y chamanes, del nacionalismo–revolucionario, corresponde más aislamiento de la realidad, más marginación, más inestabilidad interior y más minoría hasta llegar por arte de birlibirloque a la minoría de uno, compensada, eso sí, por el síndrome de la personalidad múltiple de alguno de estos iluminetas.

Si decimos todo esto es porque, en los últimos días hemos realizado una excursión por los foros de Internet de carácter nacional–revolucionario o similares. Y si lo hemos hecho no ha sido por afinidad con este sector, sino porque alguien advirtió que nuestra teoría de los “tres sectores” en los que se organiza el área (el católico, el falangista y el identitario) está incompleta sin un cuarto sector, el “nacional–revolucionario”, claro. Queríamos pulsar si ese sector existía verdaderamente o era simplemente una entelequia inorgánica o un magma movedizo incapaz de cristalizar en algo tangible.

Lo que hemos visto nos confirma en que, más allá de MSR, no existe realidad orgánica alguna, ni por tanto “área nacional–revolucionaria”, fuera de las ilusiones ingenuas de algunos jóvenes militantes y de las fantasías enfermizas de algún teórico piradillo él. Es evidente que la definición del MSR es, en buena medida, “nacional-revolucionaria”, pero el problema no es de definición, sino de contenidos y, especialmente, de con quién se trabaja políticamente. Resulta difícil considerarse “nacional-revolucionario” y dar a este concepto un contenido concreto que choca con el que otros le dan, y, mucho más, cuando otros que se dicen también “nacional-revolucionarios” te torpedean a base de bien.

La cuestión de fondo es la siguiente: ¿quién ha dicho que hoy, para llevar a cabo una lucha política hace falta una etiqueta ideológica cerrada? Valdría la pena releer El Ocaso de las Ideologías de Fernández de la Mora, o simplemente cualquier estudio sobre la desvalorización de las ideologías producidas a partir de la segunda mitad de los 60, para advertir que  "ideología" (esquema rígido de interpretación de la realidad que pronto se ve superado por esa misma realidad), ha sido sustituida por la "concepción del mundo". Y un partido, hoy, indica que sus miembros defienden un programa concreto, raramente una "ideología". El problema es de los dogmáticos que quieren basar la lucha política en "terreno firmemente asentado" (la ideología), con lo que lo único que consiguen es sentar las bases para futuras disidencias, para partirse en mil pedazos en cuanto empiezan a aflorar distintos puntos de vista (incluso sobre temas secundarios e irrelevantes).

El que suscribe estas líneas coincide con el análisis histórico realizado por Evola en Rivolta contro il mondo moderno y por Guénon en El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos y La Crisis del Mundo moderno. Así mismo, se siente identificado con la inmensa mayoría del terreno explorado por la Nueva Derecha francesa. Le interesan especialmente en otros ámbitos, la geopolítica y la antropología... pero yo no intento llevar una tarea misional a los ámbitos en los que participo: no llevo la "batalla ideológica", ni a la cama, ni a la familia, ni a los amigos. No soy un misionero, fanático en busca de acólitos, ni prosélitos. Eso queda para los aspirantes a Vicente Ferrer de la extrema-derecha más marginal. En política, lo único que me interesa es el programa del partido en el que me he afiliado y, si existe, una razonable similitud entre lo que uno piensa y lo que recoje ese programa... adelante, pues. Sería absurdo querer hacer política solamente con quien aceptara una interpretación de la obra de Guénon estrictamente ortodoxa y situada en sus escritos entre el período 1926-1948. ¿A qué jugamos? ¿A reconstruir una escolástica o a hacer política? De ahí que los problemas de definición ideológica precisa no me interesen excesivamente, ni los considero necesarios para abordar una lucha política. ¿Quieres hacer política? Dótate de un programa político, las pajas mentales para los pajilleros mentales...

Conclusión

Por todo esto ni soy “nacional–revolucionario”, ni creo que nadie con un mínimo de experiencia política se pueda definir así. El área inexistente, no es más que una agregación de buenas intenciones, gesticulaciones revolucionaristas, ingenuidad ajena a la política real y, todo ello, recorrido trasversalmente, por algún pelmazo a la búsqueda de parroquia. ¿Realmente alguien puede pensar que el que suscribe no tiene cosas mejor que hacer que interesarse por un pequeño círculo inestable que jamás logra encontrar un denominador común, ni una desembocadura política?

El tiempo es inexorable y va pasando. Los adolescentes de ayer, son los hombres maduros de mañana. Las fuerzas físicas varían, las sobredosis hormonales se moderan, la ingenuidad da lugar al realismo. Pocos son los que están más de uno o dos años en activo en grupos nacional–revolucionarios, tras la experiencia del activismo frenético, de las consignas construidas solamente para “romper los esquemas” y del romanticismo revolucionario; los que continúan en activo, buscan caminos más eficaces para expresarse, ya no les basta con ser perpetuos out–siders; antes o después reconocen que la acción política se basa en la simplicidad del discurso, en su adaptación a la realidad, y en conectar con los intereses objetivos de una fracción de la comunidad del pueblo.

Solamente una minoría de inadaptados, algunos patológicos, de lunáticos poseídos por la “misión” de salvar las “esencias” nacional–revolucionarias, se creen en la obligación, cumplidos los 50, de ejercer de misioneros con nuevas promociones de chicos jóvenes, topados con la política y que gustan durante unos años de la exaltación de repetir una y mil veces la palabra “revolucionario”…, cuando, en realidad, revolucionario no es quien más veces se proclama tal en menos tiempo, sino quien trabaja para operar cambios reales en la sociedad. Y eso, no puede hacerse ni ayer, ni hoy, ni mañana, con pequeños grupos de chavales jóvenes, sino que para ello hace falta algo más: un movimiento político. Y repetimos, sería una novedad, por que nunca hasta ahora, en ningún lugar de Europa, un movimiento nacional–revolucionario puro y duro ha pasado de ser algo más que una exigua minoría de activistas.

Por todo ello, desde hace mucho –pero mucho– tiempo, ni soy, ni me considero, ni me interesa lo nacional–revolucionario, sea lo que sea que fuere.

¿Algún mensaje dirigido a los que se consideran “nacional–revolucionarios”? Sí, ponderación, objetividad y realismo. El resto viene por sí mismo.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://infokrisis.blogia.com – Infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Metralla para una reflexión global (I de VII). La esencia de la coyuntura

Infokrisis.- En los últimos 10 días hemos publicado tres documentos para la reflexión que han sido leídos cada uno de ellos por casi 2.000 personas en apenas unos días, suscitando más comentarios de los que nos imaginábamos. El primer documento titulado Un pequeño análisis de los resultados electorales y algunas propuestas, fue seguido, casi de manera natural por otras dos series tituladas: Del Frente Político Nacional al Frente Político Social y por Apuntes para una estrategia ante la super-depresión. Hemos considerado necesario realizar un resumen en forma de preguntas y respuestas, más simples y accesibles. No se dice nada nuevo que no se haya resumido en los anteriores documentos

¿Cómo resumes la situación del momento?

Es simple: la crisis económica se está transformando en depresión. Las depresiones tienen un ciclo de entre 8 y 12 años. De ahí que es previsible que entre el último trimestre del año y el primero de 2010, la crisis económica precipite una crisis social. Pero una crisis social no puede prolongarse durante toda una depresión. De ahí que, antes o después, la crisis social se transformará inevitablemente en crisis política. Y este razonamiento es el primero que no hay que perder de vista.

¿Qué caracteriza a una crisis social?

En primer lugar, el empobrecimiento de las clases medias y trabajadoras el paro generalizado. España puede aguantar hasta 5.000.000 de parados, más no. Y se superarán ampliamente en 2010. El gasto público aumentará extraordinariamente, para mantenerlo el Estado deberá emitir más deuda y, además, hacerla atractiva: esto será aún más contraproducente, el capital inversor, en lugar de orientarse hacia la inversión en la empresa privada, se orientará hacia el Estado (mucho más seguro como inversión que la empresa privada). El paro, por tanto, seguirá subiendo y el mecanismo no arrancará.

¿Y esto qué consecuencias directas tendrá?


La primera de todas, es que la crisis social desplazará a cualquier otra del panorama. Durante todo el tiempo en que se prolongue lo único que va a interesar a capas cada vez más amplias de la sociedad, es cómo sobrevivir, de qué comer cada día, cómo salir adelante. Cualquier otra consideración pasará a segundo plano y no logrará movilizar ni resortes, ni energías. Antes o después, alguien señalará a los responsables: PP y PSOE. La crisis social se habrá transformado en política.

¿Tú crees que la crisis social desplazará de la escena a la crisis del Estado y al problema autonómico?

De hecho, ya lo ha desplazado: Victoria del PP en las elecciones gallegas y marcha atrás en la política lingüística en esa autonomía. Victoria del PSV y formación del primer gobierno estatalista en la autonomía vasca, apoyado por el PP. Manifestación contra la política lingüística en Baleares. Deterioro de la estabilidad electoral de los dos socios del PSC (ERC e ICV). Y como colofón, sensación de afianzamiento de UPyD que permite pensar que en unas próximas elecciones, tendrá grupo parlamentario… desplazando a PNV y CiU de su papel de bisagra. Si a esto añadimos que el jacobinismo está presente todavía en amplios sectores del PSOE y que el PP siempre se ha manifestado a favor de la "unidad del Estado"… ¿dónde está el riesgo desintegrador de España? ¿en cuatro gilipollas pitando en un partido de fútbol? No hay que confundir un problema de orden público con un problema político.

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Metralla para una reflexión global (II de VII). La "cuestión de la vertebración del Estado"

Entonces tú excluyes problemas separatistas…

Seguirá el eterno raca-raca nacionalista, cada vez más silenciado por el ruido de la crisis económico-social. Para colmo, hay otro hecho capital: la Unión Europea es una "unión de Estados Nacionales". Paradójicamente, nuestra póliza de seguro como "nación" es precisamente nuestra adscripción a la Unión Europea. ¿Le interesa a algún país de la Unión permitir el que en algún lugar de la misma se abra un proceso independentista que inmediatamente se contagiaría a todos los países de la UE? Es evidente que no. ¿Entonces a qué esa preocupación por un problema que cada vez es menor?

Sin embargo, el terrorismo separatista…


En la comunidad vasca solamente existe un terrorismo residual, en Catalunya hace casi 20 años se extinguió el ridículo terrorismo independentista… ¿en dónde más? Además, toda la sociedad española está de acuerdo en el "leña al mono" terrorista. Solamente un deficiente mental como ZP pudo pensar en un "proceso de paz" cuando ETA estaba contra las cuerdas. Nadie en la sociedad española discute que la vía policial puede hoy resolver el problema con facilidad. Hace unos años, algunos discutían sobre la cadena perpetua. Hoy, lo odioso de cada atentado ha conseguido que la sociedad española casi unánimemente la admita como castigo para delitos de terrorismo.

Así pues, para ti, el eje de una acción política alternativa para los próximos años no será la "defensa de la unidad nacional"…


Si la unidad del Estado no está en riesgo, si la derecha manifiesta siempre y en todo momento su voluntad de no cuestionar la unidad del Estado, si, para colmo la UE garantiza esa unidad, si el terrorismo separatista está machacado, si UPyD va a restar protagonismo a los nacionalistas a la hora de componer mayorías, si el nacionalismo ya ha entrado en reflujo en Galizia, Catalunya y País Vasco… entonces ¿me quieres decir donde está el riesgo para la unidad nacional? ¿dónde se cuantifican esos riesgos, dónde se ubican?

¿Pero en Catalunya todavía puede haber sobresaltos?

El único fleco que queda pendiente es la resolución del Tribunal Constitucional sobre el Nou Estatut. Sea cual sea, con la que está cayendo a nivel económico, a Catalunya solamente le falta una aventurilla independentista para desintegrarse ella misma y sin ayuda de nadie. En Catalunya hay la mayor tasa de desempleo de todo el Estado, el proceso más acelerado de destrucción de empleo, el menor crecimiento demográfico de la población autóctona, una ausencia total de planes de reindustrialización y de cualquier medida de gobierno que no vaya a favor de la "construcción nacional de Catalunya", la mayor tasa de inmigración que, para colmo, es mayoritariamente islámica… La mayor parte de las ventas de las pocas manufacturas catalanas se venden en España o en Francia. Una Catalunya separada es una Catalunya inviable que, a la hora de la verdad, nadie apoyaría. En tiempo de crisis nadie está para reivindicaciones "nacionales", sino preocupados por la comida y el mañana.

O sea, que como tema de agitación no sirve…

La "patria", el "patriotismo" es patrimonio de una comunidad nacional, no de una sigla política. Si España se convierte en sinónimo de bandería, España ha dejado de existir. Es cierto que algunos la viven con singular intensidad y que no es lo mismo ver el problema "español" desde el centro que desde la periferia. Pero, francamente, con un PP nacionalista, con un PSV encabezando un gobierno anti-PNV, con una Rosa Díez hurtando al nacionalismo su papel de bisagra, con protestas en Baleares, con marcha atrás en Galiza, con ETA en las últimas y con HB ausente… unido a la crisis económica, hay que redimensionar la importancia del tema "nacional". Yo creo que hoy sería más cuestión de defender el patriotismo a través de fundaciones y grupos de presión, por encima de los partidos, que hacer de ello una cuestión de partido. El patriotismo es cosa de todos, lo contrario del "partido" que indica fracción. La expresión "partidos patrióticos", por tanto, es contradictoria y hoy no es señal suficiente de referencia, ni, por supuesto, con "punch" electoral.

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