Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Misterio de la Catedral de Barcelona. La comprensión del Caos primordial

Infokrisis.-La segunda parte del Misterio de la Catedral de Barcelona que empieza con este capítulo se titula genéricamente: "Santa Eulalia y los Principios de la Ciencia Hermética" y no es más que una síntesis de estos principios, y una descripción general del proceso hermético realizado en el capítulo específico sobre Santa Eularia. Así como en la primera parte nos hemos centrado en la Catedral extrayendo de ella las enseñanzas herméticas que contiene, en esta segunda parte, partiremos de la tradición hermética para ver reflejados en los muros de la catedral esas mismas enseñanzas.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
EL SIMBOLISMO DEL CAOS Y EL HUEVO COSMICO
Capítulo I
La comprensión del Caos Primordial


Cuando el sincero investigador de las artes herméticas desea penetrar en sus misterios, la primera dificultad estriba en encontrar el modo de situarse en el atrio del templo de la ciencia. Es imposible acceder al trabajo operativo en el Laboratorio sin antes consagrar interminables horas al estudio de los textos clásicos del hermetismo. Solo después de un largo tránsito por la investigación y la meditación, el neófito podrá percibir el punto de partida, a saber, la noción de Caos Primordial.

Tras una memorable transmutación habida el 15 de enero de 1648,  Richthausen fue nombrado "Barón del Caos". Los alquimistas en su laboratorio no pretendían otra cosa que ordenar el Caos, reproduciendo la obra de la Creación, tal como fue descrita en los primeros versículos del Génesis, cuando "la tierra era algo sin forma y vacío; la oscuridad cubría el abismo y sobre las aguas se movía el Espíritu de Dios".

La acción de alzar una Catedral suponía llevar el Orden allí donde antes había solo Caos. Mediante el rito que hemos descrito, el obispo trazaba el Espacio Sagrado que luego el maestro de obras se encargaba de diseñar y que era fundamentalmente distinto al Espacio Profano exterior: mientras en éste seguía reinando el Caos, en el otro, el orden armónico de la construcción trasladaba al fiel que entraba en él, con apertura de corazón y simplicidad de espíritu, a un espacio creado para favorecer su crecimiento interior. El rito "sacralizaba", es decir, convertía en sagrado, y era eficaz en tanto que reproducía un arquetipo (la fundación del Templo de Jerusalén, la fundación de Roma...). Sabiendo lo que es el Caos, el aprendiz inferirá, fácilmente, que Orden precisa y cómo llegar a él.

Según la ley de las analogías, el Caos vive, tanto en el sujeto mineral que el artista toma para sus operaciones, como en su propio interior. Precisamente, la toma de conciencia de tal estado informe y desordenado, es el primer paso para emprender los trabajos.

Fulcanelli, en "Las moradas filosofales", abunda en este supuesto explicando que "los cuatro elementos están encerrados, confusos y desordenados"  y añade que "los antiguos lo compararon al caos de la Creación, donde los elementos y los principios se encontraban confundidos, entremezclados y sin posibilidad de reaccionar unos sobre otros". Este alquimista contemporáneo cita, finalmente, un texto clásico, atribuido a Basilio Valentino, para recordarnos como representó simbólicamente su materia bajo la figura del mundo que contenía en sí los elementos de nuestro globo hermético o microcosmos,  reunidos "sin orden, forma, ritmo, ni medida".

La acepción común de Caos, confusión, desorden, vale también para el hermetismo. La diferencia radica en que éste Caos  que, nos cansaremos de repetir es el "arcano de los arcanos"- está presente en el microcosmos del hermetista al iniciar sus trabajos como lo estuvo en el Cosmos al comienzo de la creación. En su interior se contienen los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua, Aire), los tres mundos (Divino, Intermedio y Material, el reino del Azufre, el Mercurio y la Sal) y los dos principios (Activo y Pasivo, o si se prefiere, Sol y Luna, Oro y Plata, etc.) que conforman la Unidad. Hortulano anota al respecto: "La piedra surge de una masa confusa que contiene en sí a todos los elementos" y  añade: "...lo mismo que el mundo ha surgido de un caos confuso, la piedra ha surgido también de la misma forma".

La labor hermética, en su primera fase, ha sido llamada también "el arte de la separatoria", pues de separar los distintos elementos que confluyen en este caos, y ordenarlos según una ley de armonía, es de lo que se trata. En esa confusión inicial se encuentra nuestra Materia Prima.

Los maestros albañiles y los canteros que construyeron la Catedral de Barcelona, distinguían tres tipos de piedra: la piedra en bruto, salida de la cantera, que es preciso pulir y transformar en piedra cúbica; en esta clave simbólica, la piedra basta equivale al caos primitivo, mientras que la piedra cúbica simboliza los trabajos de ordenación del caos. Esta, a su vez, contiene en su interior todas las formas que el cantero quiera encontrar en ella con el cincel y el mazo. Si los trabajos llegan a buen término, la resultante será tallada en forma de piedra puntiaguda, en cuyo perfil se une el cuaternario inferior (los cuatro elementos de cada uno de los lados del cuadrilátero) y el triángulo equilátero superior (los tres "mundos", o los tres vehículos de lo humano), cuyo vértice ascendente será acaso la mejor figuración de lo que ya no está condicionado solo por la materia.

Esta tarea de llevar el orden allí donde hasta entonces solo había caos adquiría los rasgos de un ritual sagrado. En las canteras situadas en Montjuich y en las inmediaciones de las obras de la Catedral, si la estatua de cualquier santo o una clave de bóveda se dañaba por un inoportuno y descuidado martillazo, el maestro de obras comprobaba si era posible repararla, y en caso contrario se procedía a enterrarla solemnemente pues se consideraba que a partir de un cierto punto de desbastado y pulido de la piedra, ésta había adquirido algo del alma del operario que la labró; si la obra se echaba a perder, era también una parte del artesano impérito la que moría allí. El Caos que empezaba a dejar de ser Caos, reaparecía entonces de nuevo y era preciso realizar el sacrificio expiatorio implícito en la ceremonia fúnebre.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Lo Activo y lo Pasivo

Infokrisis.- Este segundo capítulo de la II Parte, tiene como objetivo aclarar uno de los conceptos primordiales de la tradición hermética: la dualidad. Entender lo que implican estos conceptos, implica entender también la visión tradicional de la vida. Por otra parte, lo activo y lo pasivo están presentes en cualquier catedral en la bóveda (se dice que la bóveda nunca descansa) y en los contrafuertes que anulan el paso de la bóveda.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo II
LO ACTIVO Y LO PASIVO

Son varios los textos que enigmáticamente subrayan que este caos es neutro, "activo" y "pasivo" , dicen de él que "es macho y hembra a la vez". "El Cosmopolita" tras definir el caos como "mezcla y  confusión", dice de él que "constituía la materia del Universo antes de obtener forma" y explica que se trata de "un compuesto agitado de agua y fuego vivificante" añadiendo que es la "materia que contiene a todas las formas en potencia". [Foto 44.- LA IIª Y IXª CLAVE DE BASILIO VALENTINO]

La "Novena Clave" de Basilio Valentino  muestra, en su parte inferior, a un hombre y una mujer, cuyos cuerpos están en posición horizontal y las piernas en línea vertical, componiendo una cruz, en cada uno de los extremos de la cual encontramos los símbolos de los cuatro elementos y en la parte superior, tres serpientes.

Ya hemos señalado que en el único Caos están contenidos los cuatro elementos de la naturaleza, las tres partes del ser humano y los dos principios, activo y pasivo. La sucesión numérica 1 + 2 + 3 + 4 = 10, define la totalidad del ciclo de lo manifestado. Nos limitaremos ahora a examinar la dualidad. Principio activo, expansivo, masculino, dominante y principio pasivo, compresivo, femenino, dominado, están inmersos en este caos, contrarrestándose uno a otro; de ahí el carácter neutro del conjunto. Esta dualidad está expresada en muchos puntos de la Catedral de Barcelona. Los campanarios son quizás la más evidente. El campanario de San Ivo, orientado hacia Nor-Este y el del "Seny de las Horas", hacia el Sud-Oeste, están decorados por Trifolios y Cuatrifolios, elementos masculinos y femeninos respectivamente. [Foto 45.- TRIFOLIOS, SIMBOLO MASCULINO, EN EL CAMPANARIO DE SAN IVO Y CUATRIFOLIOS, SÍMBOLO FEMENINO EN EL CAMPANARIO DEL SENY DE LAS HORAS]

En la "Novena clave" del ya mencionado libro de Basilio Valentino, los personajes no están coronados y sus cuerpos se encuentran en oposición, desnudos y sin otros atributos que los que corresponden al "fuego" y al "agua", a lo masculino y a lo femenino. La obra de la creación  el arte de la separatoria  todavía no ha comenzado. Habrá que remitirse a la "Sexta Clave" del mismo texto para comprobar como el elemento masculino y el femenino, separados y presentados ahora como el "rey" y la "reina", cooperan en la realización de la obra. Son múltiples los textos que repiten el simbolismo de la pareja real. El caos está ya ordenado y la primera fase de la obra, consumada. [Foto 46.- PUERTA SITUADA AL FINAL DE LA NAVE ORIENTAL DEL CLAUSTRO QUE DA ACCESO A LA SALA CAPITULAR, PRESIDIDA POR EL SIMBOLO QUE REMITE AL YIN-YANG]

En nuestras Catedrales el principio activo y dinámico está representado por las bóvedas cuyas fuerzas actúan siempre, aun a pesar de su aparente estabilidad. Un antiguo dicho musulmán recuerda que una bóveda nunca descansa. El principio pasivo, por el contrario, está constituido por los contrafuertes y arbotantes que nivelan y neutralizan las cargas. Uno no puede existir sin el otro, ambos son completamente interdependientes e inseparables. Y sobre ellos no puede hablarse en términos absolutos. La bóveda es "relativamente" activa y los contrafuertes son solo "relativamente" pasivos. El "yin-yang", símbolo suficientemente conocido llegado de Oriente, expresa de manera muy acertada este orden de ideas. Pues bien, al término de la nave oriental del claustro puede verse sobre las archivoltas de la puerta que constituye la entrada lateral de la Sala Capitular, hoy raramente abierta, un círculo dividido en cuatro partes y dentro de cada una de ellas, otro pequeño círculo, en una estilización simbólica muy próxima al yin-yang que sorprende por su belleza. Así mismo, en las claves de bóveda del claustro paralelas a la calle de la Piedad, se ven idénticos motivos que indican dualidad y movimiento y que parecen más directamente tomados de la tradición celta. [Foto 47.- CONTRAFUERTES DE LA BOVEDA MAYOR DE LA CATEDRAL DE BARCELONA]

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Símbolos del Caos

Infokrisis.- El caos está representado herméticamente por un círculo vacío y el "caos ordenado" por un círculo con un punto central. Todo esto permite considerar a las claves de bóveda de las catedrales como símbolos del equilibrio y del orden y, por tanto, a partir de esta idea, realizamos una primera excursión que se ampliará en los capítulos siguientes sobre el Caos y su simbolismo. Al mismo tiempo se aprovecha, como es la costumbre en esta pequeña obra, para aportar algunos datos curiosos sobre la historia objetiva de la Catedral.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo III
SIMBOLOS DEL CAOS



Lo activo (bóveda y nervaduras) y lo pasivo (contrafuertes, arbotantes y pináculos) no serían nada sin las claves de bóveda. La clave de bóveda equilibra ambos aspectos del Cosmos presentes en la Catedral. Para poder observar la magnificencia de las seis situadas en la nave central de la Seo barcelonesa, es preciso acceder al triforio y adquirir una nueva perspectiva de la Catedral inalcanzable para el fiel que ora desde las losas. Los seis colosos miden dos metros de diámetro y pesan cinco toneladas; policromadas y exquisitamente labradas, su forma circular indica, no Caos, sino Totalidad y perfección. Los motivos representados indican que, dentro del círculo, el Caos se ha transformado en Orden. Las claves de bóveda superan e integran la ruptura del Orden originario que implica la dualidad. En el arte gótico, la Totalidad (el círculo de las claves) contiene a las partes (el mundo de la dualidad) representadas mediante las escenas sagradas policromadas; en el arte románico, se sigue un orden inverso. El Pantocrator, situado en el centro y, por tanto, evocador de Totalidad, está rodeado de la "almendra" trazada el base a una figura geométrica, la "vésica piscis" que surje de la descomposición del círculo en dos partes (la dualidad) que se interseccionan. Siendo el símbolo diferente, su metafísica es idéntica.

El Caos primordial suele representarse en los viejos tratados de Alquimia con la imagen de un círculo vacío. Este círculo, a la vez principio y fin, activo y pasivo, contenedor de todas las cosas y del poder de la generación, se simboliza también por el Ouróboros, la serpiente que se muerde la cola, recurso de origen gnóstico. Junto a estas representaciones se suele añadir la leyenda "Todo en uno" (?? ?o ???). La superioridad del hermetismo en relación a la física se refleja en la anticipación con que hombres que no disponían de mas instrumento de observación que su intuición y su calmada capacidad de observación, enunciaron la teoría de la unidad del universo y del común origen de todas sus partes. Sellaron este conocimiento otorgando al objeto de su observación el nombre de "Universo", vocablo derivado de Uno. El "uno" era la totalidad, y la totalidad se concebía como sagrado y se contemplaba como tal; no en vano, en inglés "wholly" (totalidad) deriva de "holly" (sagrado).

Pero el caos primitivo también ha recibido otros apelativos, todos ellos igualmente ciertos y precisos, pues no en vano, lo que es el "Todo" puede ser llamado de casi todas las formas. Unos lo han llamado "nuestro Saturno": Saturno, dios maléfico por excelencia, astrológicamente está asociado al planeta del mismo nombre y al plomo. Su opacidad hace que se le atribuya el color negro y ello abre la posibilidad a decenas de asociaciones: el  caos es la "gallina negra", también el "Dragón negro", las "rosas  negras", las tinieblas y la noche, poéticamente se ha aludido a él llamándole "sombra cimeria"; pero quizás sea más simple adjetivarlo solo con la palabra "muerte"...

Los maestros de obras medievales reflejaron este conocimiento sagrado del universo en las Catedrales erigidas por obra de su ciencia y por la fe del pueblo. La gran serpiente del Todo se convirtió en el círculo de los gigantescos rosetones que ornaban las fachadas y muchos de ellos contuvieron en su interior el sello de Salomón, signatura complesiva de los cuatro elementos ordenados en el interior del caos. No esperéis ver un gran rosetón en la Catedral de Barcelona; los de Santa María del Mar y de San Cugat del Vallés, nos ofrecen lo que está ausente en la Seo. El rosetón alveolado del pórtico principal es un falso rosetón con forma de estrella hexagonal. Y, a pesar de haber sido diseñado por el "Maestro Carlí" en el siglo XV, no fue construido hasta finales del siglo pasado. Hasta ese momento, nuestra Catedral tenía por fachada un desagradable muro encalado y en el terrado solo existía el tambor del cimborrio, que se detenia en el actual arranque de los ventanales, cubierto por un entramado de madera y tejas. A mediados del XIX, Manuel Girona, rico hacendado e industrial, encargó al arquitecto Oriol Mestres el proyecto de terminación de la Catedral. [Foto 48.- LA CATEDRAL, A PRINCIPIOS DE SIGLO, ANTES DE CONSTRUIRSE LA FACHADA]

Tres años trabajó Mestres en una pequeña oficina situada cerca del triforio. Al cabo de ese tiempo, el arquitecto entregó al prócer dos libros de 1 m. x 0'75 m. encuadernados de manera monumental -no en vano Girona había advertido que no se reparara en gastos- que contenían, cada uno de ellos, 42 hojas con los nuevos planos del conjunto. Todo estaba previsto para empezar las obras cuando estalló la revolución de 1868 y hubo que esperar dos años más, para que se organizara una "Caja de Obras de la Santa Iglesia Catedral" con objeto de recaudar fondos para completar su construcción. En 1883, la gestión de la asociación se había saldado con el más estrepitoso fracaso, hasta el punto de que fue, una vez más, Manuel Girona quien, a sus 66 años, asumió la financiación completa de las obras de la fachada. El 4 de julio de 1887, más de 20 años después de que se manifestara la voluntad decidida de dar a la Catedral una culminación digna, pudieron comenzar las obras con el derribo del muro provisional que databa del siglo XVI. Apenas tres años después, lo esencial de la obra se inauguró el día de Santa Eulalia; los trabajos habían durado dos años y ocho meses "sin haber ocurrido ninguna desgracia", tal como consta en la memoria de las obras. Se aprovecharon unos planos realizados en 1408 por el "maestro Carlí de Ruán", pero no pudo evitarse que el falso rosetón no alcanzara el nivel de perfección que tienen hoy los de San Cugat del Vallés, la Iglesia del Pino o la misma Santa María del Mar. [Foto 49.- EN EL ARRANQUE DE LAS ARCHIVOLTAS, A DERECHA E IZQUIERDA, UN DRAGON Y UN REPTIL DE DOS COLAS ENTRELAZADAS]

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Caos primordial y caos de los filósofos

Infokrisis.- Siguiendo los capítulos de la Segunda Parte del trabajo titulado El Misterio de la Catedral de Barcelona, iniciamos una reflexión sobre el Caos que se continuó en el capítulo siguiente y que, por su importancia, se sitúa en el centro de toda la temática que estamos siguiendo. Las fuentes de donde se extraen las referencias están constituidas esencialmente por los textos clásicos sobre hermatismo y alquimia. Cuando confeccionamos este pequeño trabajo tuvimos que consultar estos textos, algunos de ellos de difícil acceso, situados solamente en bibliotecas privadas pertenecientes a heruditos, hoy, en cambio, ha variado extraordinariamente el panorama y todos estos textos pueden consultarse en web y descargarse en nuestros ordenadores.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo IV
CAOS PRIMORDIAL Y CAOS DE LOS FILOSOFOS

 

La lectura prolongada de los textos canónicos de la alquimia demuestra que son voluntariamente engañosos y hábiles en confundir al observador poco avisado. Cuando un hermetista nos habla de Caos, no podemos hacer mucho caso de la palabra en sí, debemos ver que atributos le siguen o preceden, debemos, en fin, examinar el contexto en el que se incluye y la intención precisa de cada autor, en cada momento concreto. [Foto 50.- TIMPANO, ARCHIVOLTAS Y ROSETON ALVEOLADO DE LA FACHADA]

Así pues, si bien en algunos autores, la palabra "Caos" aparece aislada y sin más precisiones, en otros textos se acompaña de una indicación no desdeñable, "Caos primitivo"  caos que entra en el orden de explicaciones que hemos expuesto hasta ahora , en otros, "Caos de los filósofos". Entre ambos conceptos existe una diferencia fundamental. Así mismo, el "caos de los filósofos" expresa una idea que aparece también bajo diferentes apelativos, aparentemente contradictorios, pero perfectamente acordes con los conceptos simbólicos del Arte: si se le llama "Saturnia vegetal", y no simplemente Saturno, es por que en él se ha individuado un principio animado  el vegetativo , si se le conoce como "Tierra Santa" y no como "Tierra" es para expresar en aquella una actividad que está ausente en ésta. Otros textos dicen de él que es el "hijo" o "Niño de Saturno", es decir, una emanación del primer caos. También lo han apodado "leche de la virgen", para aludir a su poder generador y fructificador. Trabajar sobre el "Caos primitivo" es preparar el "Caos de los filósofos". Filaleto dice de éste último que "de él se saca el Mercurio tintóreo que contiene el oro místico".

El "Caos primitivo" existe como tal en la mayoría de los humanos. El hermetista y solo él, lo advierte en sí, dentro de sí, en torno suyo. Y decide afrontar el milagro de la obra hermética: toma conciencia de ese caos, medita sobre él, se instruye sobre su composición; de sufrirlo quiere pasar a dominarlo; poco a poco, va percibiendo que todo lo que precisa  la energía desconocida que opera la transmutación alterando la estructura atómica de los elementos  está incluido en ese mismo caos y empieza a distinguir sus partes, primero con dificultad, luego elige la que le interesa, la destaca de las otras, la separa más tarde. El "Caos primitivo", inconsciente, es sustituido por el "caos de los filósofos", consciente y verdadera materia prima. ¡Cuán hermosa es esa primera transmutación interior operada en lo más íntimo del artista!; esa decisión soberana de la voluntad que reconoce sus límites y está dispuesto a superarlos, es el primer producto de la reflexión del operador sobre sí mismo. No se puede conocer el mundo de la Naturaleza, sin conocer antes aquella parcela íntima que se rige por los mismos impulsos que el Universo. Cuando el estudioso advierte su caos interior, ha dado un primer paso para adentrarse en la Ciencia que le reportará las mayores satisfacciones de su existencia.

Es importante negar la identidad entre caos y subconsciente, sostenida por alguna escuela disidente del freudismo. El caos de los filósofos va más allá del subconsciente del cual es sólo una parte, pero no el todo. El subconsciente, tal como es entendido por la psiquiatría moderna, tiene algunas analogías con el caos, pero se trata de un concepto mucho más restringido. Se ha hablado del subconsciente como de las profundidades del ser humano, atribuyéndole un contenido acuoso y movedizo, en donde residen monstruos y formas terribles que imponen su ley al consciente. Pero este es el dominio de la psiquiatría, no del hermetismo. Los procesos de la psicología se resuelven en el cerebro, los del hermetismo en el Atanor.

La historia de Moisés está narrada en los capiteles corridos del claustro de la Catedral de Barcelona, especialmente en tres series particularmente notables. Puede verse en el primero los "palacios de Egipto", sobre ellos vuela el "ángel exterminador". Tales construcciones, esquematizan el horno de los filósofos, representado habitualmente con la forma de un torreón, provisto de dos aberturas. En la inferior arden los carbones, en la superior se cuece el huevo filosofal. El ángel, una vez más, nos habla de la presencia del elemento superior quintaesenciado, sin cuyo concurso la transformación es altamente improbable; es el Ángel de la Espada, el emisario del Logos.

El siguiente capitel nos muestra las cabezas de tres soldados egipcios anegados por las aguas. La falta de espacio ha sido resuelta por el artista que labró la escena, colocando las olas en vertical. La escena alude, no solo al episodio de la huida del Israel de Egipto, sino también al fracaso en la experiencia hermética; el poder desencadenado con la liberación del Mercurio, durante la primera fase de los trabajos, no ha podido ser controlado por el operador y ha terminado anegándolo. Cuando lo que la antigua alquimia llama el "espíritu mercurial" -es decir, el psiquismo- se liberaba de su soporte físico, desdoblándose de él y alcanzando un estado incondicionado que sumía al cuerpo físico en un estado similar a la muerte, podía ocurrir que el alquimista experimentara una sensación de terror, algo así como sentir que el suelo falta bajo los pies, el vértigo de una caída o ser arrastrado por las aguas. En cualquier caso, estas dramatizaciones de experiencias psíquicas indicaban que el Mercurio no estaba lo suficientemente purificado para su "extracción" de tal forma que una vez provocada ésta, era imposible controlarlo y, como el Faraón ante el Mar Rojo, debía volverse atrás y buscar un anclaje firme (el cuerpo físico o la ribera del Mar Rojo).[Foto 51.- LAS AGUAS DEL MAR ROJO AHOGAN A TRES EGIPCIOS] [Foto 52.- MOISES IRRADIANDO LUZ E IMPLORANDO EL CONCURSO DE LO DIVINO]

En el siguiente capitel del claustro, Moisés aparece ante Dios irradiante de luz que porta las Tablas de la Ley, dispuesto a entregarlas. Al otro lado del árbol, puede verse también a Moisés implorando ayuda a los cielos. Frente a él se alinean los hombres y mujeres judíos que habían rendido culto al becerro de oro, vistiendo trajes que corresponden a los judíos de la corona de Aragón en el siglo XV. Las alusiones a Moisés deben ser tenidas como referencias al mago que efectúa los trabajos herméticos y arquetipo del alquimista. Algunos investigadores han asegurado que se trataría de un príncipe del Nilo. Su nombre egipcio era Osarsiph y la Biblia reconoce que fue instruido en los misterios de aquella religión, pero ¿cuáles eran tales misterios? Asistió, según la tradición, a la escuela del templo de On, ciudad que, más tarde, sería conocida con el nombre de Heliópolis. Allí aprendería todo lo necesario para legislar la vida nómada del pueblo judío y escribir para ellos los libros del Pentateuco de cuya exégesis se encargarían los khabalistas. Toda la peripecia del pueblo elegido, desde sus orígenes hasta su libertad, debe ser entendida, no tanto como una experiencia histórica objetiva, sino como una dramatización de experiencias interiores de carácter metafísico. Al igual que hiciera Flamel legando a la posteridad el relato de su peregrinación a Santiago de Compostela, tres mil años antes, Moisés ya utilizó la alegoría del viaje iniciático para iluminar la mente de sus coetáneos y enseñar que la búsqueda espiritual empieza dejando atrás la "Tierra Negra" de Egipto, superando la tentación del becerro de oro -la vía de la mano izquierda- atravesando el Mar Rojo, ascendiendo a la cumbre del Sinaí y contemplando la zarza ardiente, peregrinando durante cuarenta años antes de entrar en la Tierra Prometida. Otros, han preferido el símbolo de la aventura contra el dragón y otros, como Cyrano de Bergerac, el relato del viaje a la Luna... La trayectoria del Pueblo Elegido que culmina con la entrada en Palestina, se inicia con la descripción del Caos Primordial, en los primeros versículos del Génesis.

En la parte lateral del contrafuerte derecho de la fachada de la Catedral, justo bajo una terrorífica gárgola en forma de Dragón alado, existe una vigorosa estatua de San Roque que muestra -como aquella otra que se encuentra en el arranque de la escalinata del Hospital de Sant Pau- los atributos del peregrino -el bordón y la merella- y la rodilla izquierda descubierta, símbolo de los iniciados. Aun hoy, los neófitos que ingresan en la masonería, deben caminar sobre el enlosado ajedrezado del Templo, con la rodilla izquierda descubierta, antes de ser investidos como Aprendices. La versión barcelonesa de la leyenda de San Roque cuenta que un cuervo negro -jeroglífico de la primera fase de la obra hermética- sobrevoló Barcelona pero cayó muerto sobre la ciudad. Sus entrañas se abrieron expandiendo un olor fétido. Así comenzó una epidemia de peste. San Roque, que acababa de llegar, se contagió y debió abandonar su morada, acompañado de un perro que lamió sus heridas. Esta leyenda presenta al Santo como eterno viajero, con hatillo y un perro caracoleando entre sus piernas; representación similar a aquella otra del Tarot que nos muestra en su primera carta al "El Loco", un joven que camina directamente al abismo -la vida- con un perro mordiéndole  -símbolo de sus bajos instintos y pasiones, su psiquismo indomeñable-; resulta evidente que San Roque y "El Loco" tienen el mismo origen, sin embargo lo que en éste representa fiereza y agresividad -el perro- en aquel se limita a ser un manso can que lame las heridas del Santo. Por eso el Santo figura en el contrafuerte de la fachada: ha domado "su Mercurio", ha disciplinado su psiquismo, es digno de mostrar su rodilla izquierda al recibir la iniciación. "El Loco" del Tarot representa al "Caos Primordial", que tiene ante sí el abismo y la oscuridad; San Roque, por el contrario, representa el "Caos de los Filósofos", aquel que ya está dispuesto, mediante la iniciación  -evocada por su rodilla descubierta- a transformarse en Orden. [Foto 53.- SAN ROQUE EN LA FACHADA DE LA CATEDRAL]

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Caos y oro filosófico

Infokrisis.- En la segunda parte de esta pequeña obra abordamos la definición de algunos aspectos propios del hermetismo. En realidad, buena parte de la reflexión hermética se realiza en torno a la existencia del "caos" y a la idea de lo que este "caos" representa para el ser humano. Se trata de un concepto que habitualmente los textos herméticos repiten incesantemente, pero del que apenas dan definiciones, ni cuyo concepto acota. Tal es la función que nos planteamos en este capítulo.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo V
CAOS Y ORO FILOSOFICO


En el caos están comprendidos todos los aspectos del cosmos, desordenados y mezclados, entre ellos el oro. Fulcanelli explica: "El oro filosófico, cubierto de  impurezas, rodeado de espesas tinieblas y cubierto de tristeza y duelo, debe ser considerado como la verdadera y única materia prima de la obra, al igual que sucede con el Mercurio, de donde ese oro invisible, miserable y desconocido, ha nacido". A continuación, citando a otros maestros del arte, pasa a recordar los epítetos que lanzan contra la envoltura que rodea al oro filosófico: Valentino le llama estiércol y abomina de él,  otros lo califican de "baba del dragón", "vil y preciosa" al  mismo tiempo. Lo describen como "de color negro y olor cadavérico", "bodrio grasiento y pimentado que recubre su  solución".

En el Caos reside la semilla del oro, tal es la firme convicción que ha animado a los hermetistas de todos los tiempos. Al hablar de la caída de Adán ya hemos referido como el "espíritu de Dios" se fue retirando progresivamente hasta quedar reducido a una chispa en el interior del ser humano, que éste no percibe en condiciones normales y que se ve incapacitado para pasar de la potencia al acto. Tal es el principio activo, inhabilitado por las impurezas que lo bloquean. Este proceso de retracción de la llama divina a su mínima expresión en el microcosmos humano, se repite también en la materia. Algunos minerales, en sus yacimientos, contienen en potencia, la "naturaleza" del oro: es preciso, también, purificarlos. Pero de la misma forma que, no en todo lo que tiene vida animal, late la chispa divina, tampoco en todo mineral está presente la cualidad áurea. Unos minerales, enseñan los alquimistas, están más próximos al oro que otros. Perderíamos el tiempo si intentáramos realizar comparaciones tomando como referencia los números atómicos de los distintos elementos; estos carecen de importancia para la obra hermética y solo han entrado en consideración por investigadores modernos a la búsqueda de una explicación racional y científica para la transmutación metálica; en cambio, las indicaciones de los artífices son relativamente claras y el mismo Fulcanelli las resume "[la estrella de seis  puntas] subraya las propiedades de esta sustancia que el Creador  marcó con su sello".

Pues bien, solamente existe un mineral que, tras ser fundido, se solidifica, sin experimentar el efecto de retracción que es normal para los otros; éste, al enfriarse, rompe su superficie con una figura geométrica perfecta, la estrella de seis puntas. Se trata del bisulfuro de antimonio, también conocido como "régulo [=reyezuelo] de antimonio". Extraído de la mina, el bisulfuro de antimonio, contiene también el "espíritu de vida" anunciada por esta peculiar estrella que aparece en su superficie. Todos los hermetistas que se han referido a ella, lo han hecho comparándola a la estrella de los "Magos de Oriente" que señaló el nacimiento del Niño Dios.

Esa estrella de seis puntas nos mira desde la fachada de la Catedral cuando nos aproximamos a ella por la Plaça Nova. Es el rosetón, en forma de estrella exagonal alveolada. [Foto 54.- EL PLANO DEL MAESTRO CARLI DE ROUAN QUE INCLUIA EL ROSETON EXAGONAL]

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Del caos y la luz: los vitrales de la Catedral

Infokrisis.- Todo lo que tiene que ver con la tradición hermética tiene relación directa con la "Luz". Tal es el tema de este capítulo que alude especialmente a los vitrales de la Catedral de Barcelona, en sí mismos, obras de arte sorprendentes, pero que, como en toda Catedral gótica, tenían un significado y una función especial. Se aprovecha también para explicar, a partir de los textos del "Cosmopolita" el sentido de las distintas "regiones" iluminadas por la "Luz". Seguramente este capítulo aportará algo a quienes acudan a la Catedral de Barcelona a deleitarse con los vitrales que abren sus paredes a la luz.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo VI
Del caos y la luz: Los vitrales de la Catedral


En la misma carta filosófica antes citada, el Cosmopolita nos explica que, a pesar de su estado de caos, esta materia primera tiene tres partes: una superior ("iluminada y eminentemente sutil"), la inferior ("tenebrosa, impura, mugrienta y grosera (...) pero que contiene todas las esencias y virtudes de las  superiores") y la media ("mezcla de una y otra"). El Cosmopolita alude, evidentemente, a las Grandes Tríadas, Azufre, Mercurio y Sal, Cuerpo, Alma y Espíritu, Cielo, Purgatorio e Infierno, etc. La Catedral como intersección entre el mundo de Dios y el mundo del Hombre, como espacio sagrado y auténtica ventana de comunicación entre uno y otro mundo, constituye un volumen intermedio que reproduce, a su vez, la Tríada en las Tres Tablas a las que hemos aludido cuando describíamos el trazado de la Catedral. La "región superior, iluminada y sutil" a la que se refería el Cosmopolita, corresponde a la Tabla Rectangular, donde se encuentra el Altar Mayor de la Catedral, sobre la Cripta de Santa Eulalia, bajo la Santa Cruz y la clave de bóveda mayor del presbiterio que representa a Cristo en la Cruz entre el Sol y la Luna, entre la Virgen y San Juan. La región inferior está situada en la Tabla Redonda, bajo el cimborrio, en el atrio del Templo, el lugar sagrado más próximo al mundo profano. Por eso dice el Cosmopolita que, esta zona, siendo impura contiene todas las esencias superiores. Finalmente, el centro de la Catedral, la Tabla Cuadrada, es una mezcla de ambas; los fieles manifiestan su voluntad de unirse a lo Sagrado, dejando atrás el mundo de lo contingente y aproximándose al mundo trascendente que anida en el Altar.

"La región inferior no está totalmente desprovista de luz, ni la superior de alguna mezcla de tinieblas" ¿cómo podía ser de otra manera, si todo lo contenido en el caos está formado por una sola y misma materia?. Esta materia tiene distintos grados de vibración, que dan como resultado, una materia sutil  que sigue siendo materia, acaso rarificada, pero materia, al fin y al cabo  y una materia densa  no completamente densa pero si con la opacidad suficiente como para ser considerada antítesis de la primera.

Las contradicción esencial en el interior del caos es la producida por el "agua primera e informe" y el "fuego vivificante que agita el agua"; volvemos a encontrar aquí los dos principios  a los que se refieren todos los hermetistas. El "agua primera" es el principio pasivo y femenino, mientras que el "fuego vivificante" es principio activo. Materia y forma estaban confundidas en el caos que constituía el habitáculo natural de la primera. La forma disipa al caos. Al igual que la piedra recién extraída contiene, confundida en ella, la materia y la forma, el caos primitivo contiene en su interior "las tinturas propias para crear los seres particulares". Los seres individuales son producidos por el Caos mediante estas tinturas que el "Cosmopolita" llama "potencias astrales puntuales", es decir, una parte de la materia divina albergada en un soporte tangible; "el Fuego no es un cuerpo, pero toma uno". Si no fuera a través de la materia, la esencia divina no podría manifestarse. La existencia del Creador se mide y manifiesta a través de su obra; sin ella no sería posible comprender todo su poder y armonía.

Lo que distingue estas tres regiones es la mayor o menor presencia de Luz. La Luz penetra en la Catedral por los vitrales y se genera en el interior con cirios y velas; pero son dos luces de diferente naturaleza. Hasta la restauración iniciada a finales de los años sesenta, la Catedral de Barcelona era oscura y tenebrosa, el hollín de los cirios había cubierto hasta lo indecible las bóvedas, claves y sus nervios; se había depositado incluso en las paredes. Para colmo, hasta no hace mucho era frecuente que bastara una capa de cal para disimular el hollín depositado. Capas de hollín y cal se alternaban hasta disimular por completo relieves, ocultar materiales preciosos y borrar cualquier rastro de policromía. Algunas capillas, como la del Cristo de Lepanto, llegaban a tener en algunos lugares varios centímetros de suciedad. Los mismos vitrales, ennegrecidos, ahogaban la luz exterior, en lugar de potenciarla y filtrarla. Con la limpieza y restauración iniciada al acabar los sesenta, todo esto debía cambiar. Hoy sabemos que la Seo barcelonesa es luminosa y que su trazado tenía en cuenta las posiciones del Sol para que su Luz llegara hasta los fieles.

El primer proyecto moderno de iluminación de la Catedral data de 1911. Gaudí participó en su elaboración e imprimió su particular concepción mística. Sostenía que la Catedral no es un monumento cualquiera hecho para conmemorar una gesta o admirar una estética: es un lugar de recogimiento y plegaria, un espacio que debe favorecer la meditación. De ahí que la luz deba iluminar lo esencial y ser solo la necesaria, nada más. El altar mayor debe recoger las miradas y la atención de los fieles; pero, tanto ahí como en cualquier otro punto, sostenía Gaudí, deben evitarse focos y fuentes de luz que distraigan. Fue precisamente un discípulo de Gaudí, Bernardino Martorell, quien iluminó la capilla del Cristo de Lepanto siguiendo las enseñanzas de su maestro ya muerto y que seguramente habría aprobado el trabajo realizado.

Las Catedrales fueron construidas en un tiempo en el que solamente podían alumbrarse con luz natural o cirios, candelas y lámparas de aceite. La luz natural penetraba por los rosetones y las vidrieras. Dado el ángulo de inclinación del Sol y el ritmo de las estaciones, no toda la Catedral quedaba iluminada por igual, ni la iluminación era uniforme durante todo el año. El curso solar marcaba los ritmos. De ahí la importancia en la orientación del eje central del Templo en la operación de trazado de la Primera Tabla. Pero además estaban los vitrales. El vidrio utilizado en su elaboración, originariamente, no era de la misma naturaleza que el vidrio común. Era un producto elaborado alquímicamente. El procedimiento consiste en realizar la separación del Azufre sobre el Cobre, generándose una tintura capaz de fijarse en el vidrio. Un tratado alquímico explica que "Nuestra piedra tiene dos virtudes. La primera con relación al vidrio, al que da en su interior toda clase de colores, como en las vidrieras de la Sainte Chapelle de París".

Los primeros vitrales aparecieron en Persia en laboratorios alquímicos y llegaron a Europa trescientos años después, en el período de las Cruzadas, formando parte del flujo cultural que de Oriente llegó a nuestras latitudes a través del templarismo. En un principio carecían de color y solo proyectaban una luz blanca. La primera construcción gótica, la Abadía de Saint Dennis, tiene ya vitrales impregnados con tinturas azul y roja. De ahí pasó a Notre-Dame de París y a Chartres, ciudad en la que se estableció el colegio de alquimistas que los fabricaron hasta mediados del siglo XII. Luego ya no hubo más. Solo aproximaciones surgidas no de "tinturas" herméticas, sino de colores profanos. Pero aun así, durante mucho tiempo, los maestros vidrieros fueron considerados de rango igual al de los caballeros y autorizados a llevar espadas. El dominio de la Gran Obra, hacía del Artista el mas heroico de los combatientes. Se había vencido a sí mismo y había inyectado en la masa pastosa del vidrio fundido su Oro. De ahí que los análisis químicos modernos hayan advertido que el vitral rojo contuviera rastros de "púrpura de Casio", compuesta, entre otros elementos, por el metal regio y solar. Antes, las pocas aberturas de las iglesias románicas estaban cubiertas con "cristal de antimonio".

Se ha sostenido que el vitral alquímico contiene propiedades diferentes a las del vidrio ordinario. Hoy, la ciencia moderna ha identificado en la luz, partículas de energía y vibraciones lumínicas. Energía destructora y vibración constructiva. Al igual que los Sagrados Corazones irradiantes que, alternativamente, muestran rayos ondulantes (la vibración constructiva) y rectilíneos (la energía destructiva), el Sol tiene el doble poder de la vida y de la muerte. La noche es necesaria para las operaciones herméticas, como si las partículas de energía lumínica, al impactar contra el compuesto hermético lo neutralizaran e hicieran imposible su transmutación en un mineral más perfeccionado. La función del vitral alquímico es polarizar la Luz, hacer que la partícula se estrelle contra el vidrio y sea repelida por él, mientras que la onda vibracional penetra en el interior del Templo. Los conservadores de las Catedrales en las que quedan rastros de vitral alquímico sostienen que, por algún efecto que ignoran, la suciedad, el polvo y los agentes contaminantes, son repelidos por estos productos de la Ciencia Hermética. El vitral hermético rechaza el Caos y abre el paso a la verdadera Luz.

Los vitrales de la Catedral de Barcelona fueron producidos 250 años después de que se agotase la escuela de Chartres. Los más antiguas son las de la girola y sus motivos decorativos tienen siempre que ver con la advocación de las capillas que iluminan. Las más modernas son los situadas en el cimborrio que incluyen las efigies de Manuel Girona, su esposa y el arquitecto que terminó la Catedral. Aun cuando estos vitrales no fueron elaborados por procedimientos alquímicos, logran el fin deseado que Gaudí supo entender con singular agudeza: estimular el recogimiento y la meditación.

El patrón de los artesanos del vidrio es San Marcos, cuya imagen está representada en la capilla de San Bernardino de Siena que, en otro tiempo, fue lugar de culto del gremio de Zapateros que tiene al evangelista como patrón. Martirizado cerca de Alejandría, unos mercaderes venecianos llevaron sus reliquias a la ciudad de los canales de la que es patrón. En el curso de un viaje apostólico a Alejandría, San Marcos sufrió la rotura del calzado y acudió a Aniano, un maestro zapatero, que al repararlo se hirió accidentalmente. Marcos sanó la herida con fango y Aniano se convirtió siendo martirizado poco después. La relación de Marcos con los vidrieros procede de los frecuentes accidentes que se producen en esta profesión. El símbolo de San Marcos, el León, remite al signo astrológico del mismo nombre, por donde discurre el curso del Sol en el mes más ardiente y luminoso del año, ese mismo sol que ilumina los vitrales y puede llegar hasta nuestro Santuario del Corazón a poco que nosotros le abramos las puertas.

De entre todas las imágenes representadas en los vitrales, una destaca por su reiteración y por la confusión que genera en quien la advierte. Se trata de casi 250 papagayos situados en las vidrieras del ábside, rodeando los escudos de las casas reales. La posibilidad de articular unos pocos sonidos a costa de imitar al hombre, el hecho de que vuelen y sus colores (rojo, verde, azul y blanco) situaron a estas aves próximas al símbolo de la realeza.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicadr origen

El Misterio de la Catedral de Barcelona. L'Ou com balla.

Infokrisis.- Una de las más celebradas tradiciones en la catedral de Barcelona es la que tiene lugar en el templete de Sant Jordi en el claustro de la catedral, cuando un huevo es mantenido en el aire impulsado por el chorro de una fuente. Sobre el origen y el significado de esta tradición (cuyo origen situamos en el siglo XVII seguramente traída por exiliados de la Guerra de Sucesión que habían permanecido en Austria) trata este capítulo. El huevo es el símbolo hermético de la "obra" al contener el germen de todos los desarrollos posteriores.

 

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo VII
L'OU COM BALLA


El llamado "Pequeño Tratado sobre la Piedra Filosofal" ha llegado hasta nosotros en varias ediciones anastásicas de la primera del Museum Hermeticum, datada en 1677. "He leído la  Filosofía y la he comprendido bien", dice una filacteria en la introducción situada bajo el blasón de su familia. El tratado de Lambsprink es interesante, no sólo por la belleza de sus ilustraciones y la notable precisión del texto que las acompaña, sino también  según explica en la introducción  por que, como él mismo confiesa, "he seguido un orden notable, a fin de que pobres y ricos comprendan".

La "primera figura" del tratado es extraordinariamente evocadora y nos muestra un mar por el que navega un barco y dos peces. En lo alto de los cielos, aun sin verse, el sol ilumina la escena, creando luces y sombras; uno de los peces nada en la luz; el otro entre tinieblas. El texto que acompaña el grabado explica: "Hay en nuestro mar dos peces, enteramente despojados de carne y de hueso" (...) "Los dos peces, parecen no ser más que uno, pero, no obstante, son dos y sin embargo una sola cosa. Cuerpo, Alma y Espíritu". El simbolismo no puede ser más diáfano: el mar lo contiene todo; ese mar es el caos originario, el que alberga todos los elementos y estados. El barco, es la representación del cuerpo humano al que evoca por su materialidad y solidez, construido en madera, a merced de los vientos que hinchan su vela. Los dos peces, uno iluminado y otro en penumbra, son las evocaciones de los dos estados del espíritu, que los hermetistas conocían como las dos formas del Mercurio. Las escamas de los peces, de la misma tintura que la Luna y que el Mercurio, su movilidad, idéntica a la inestabilidad del metal líquido, no dejan lugar a dudas. Un pez nada entre la luz, es el espíritu rectificado, rescatado y limpio de impurezas, lo que el sabio hermetista conoció como "Mercurio andrógino"; el otro, compartiendo las tinieblas y sin acceso a las fuentes de luz, cortado de ella, es el Mercurio lunar. A lo alto, el sol invisible se alza sobre las tinieblas; su situación y su luminosidad nos dicen que es el elemento sobrenatural del conjunto y oímos resonar otra vez las palabras del Génesis "el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas", es decir, algo exterior al caos de lo que el caos nació. Y ese "espíritu de Dios" está representado en las tradiciones Catedralicias, por un simple y sencillo huevo.

Tradicionalmente los equinoccios están relacionados con el mundo terrestre y con sus variaciones; los solsticios, por el contrario, aluden al mundo sideral. De ahí que los pueblos antiguos representasen los solsticios mediante una línea vertical, que indicaría ascenso y descenso y los equinoccios con un trazo horizontal, representación del mundo terrenal. Esta dualidad no está carente de interés y se traduce en las concepciones religiosas de los pueblos. Los que hacen de los solsticios el eje de su identidad religiosa, adoptarán cultos de tipo solar; mientras que los otros se referirán a cultos telúricos y ginecocráticos, o si se quiere, a cultos lunares. Con frecuencia, ambas concepciones se interfieren como producto de las migraciones de los pueblos, las mezclas e inevitables sincretismos. Así, por ejemplo, Apolo, concebido como el Sol en sí, inmóvil y soberano (traído a Grecia por Aqueos y Dorios, indo-arios), sufre la adulteración de los pueblos equinocciales de la Grecia Antigua (los pueblos pre-arios, minoicos, cretenses, etc.), transformándose en Helios, representación del sol sometido a la ley de ascenso y descenso, que cada noche se refugia en la madre tierra donde cobra nuevos bríos para ascender al día siguiente.

Hay que incluir los cultos y temas equinocciales entre los de la Gran Madre, cultos relacionados con la floración de la tierra, con lo caótico y desordenado de los bosques, es decir, con todo lo relativo al reino vegetal. La secuencia de las estaciones hace que al frío invierno siga la bondad de la primavera. La naturaleza experimenta un cambio radical, se aceleran los deshielos y los arroyos descienden impetuosos. El verdor empieza a enseñorearse de los campos y lo que se presentía en el solsticio de invierno -el triunfo del "Solis Invictus", el sol invencible- se confirma ahora. En aquella ocasión el astro rey alcanzó el punto más lejano de la elíptica y comenzaba su recuperación, confirmada ahora con la floración de la naturaleza.

El primer brote que despunta y que puede recogerse antes de la llegada del verano, es el haba que se incluía antes como único regalo de los torteles de Reyes que, ya de por sí, en su forma, eran símbolo mismo del Caos primordial. En el interior del Tortel-Caos se encontraba el principio de la generación, el haba, mientras que su exterior se adornaba con una corona de oro hecha en papel. En cuanto al haba se ha visto frecuentemente relacionada con cultos mistéricos y sobre él han pesado interdictos dignos de mención. En tanto que primicia de la cosecha, los pitagóricos establecieron la prohibición de comerlas como tributo a la Madre Tierra. Otra tradición clásica, rememoraba el gesto del héroe Teseo quien, de regreso a Creta, ofreció un sacrificio a los dioses cociendo cáscaras de habas y comiéndolas con sus  compañeros, como rito para un feliz regreso. El residuo de lo que era sagrado en primavera, era utilizado en los confines del otoño para augurar la futura renovación de la naturaleza.

Pocos pueblos han sido tan festivos como el romano, hasta el punto de que buena parte de las actuales celebraciones y fiestas de primavera son una herencia de la Roma antigua. Vinalias, rubigalias, parilias y, finalmente, las floralias, recordaban momentos decisivos en la historia de Roma y de sus mitos. Las parilias -21 de abril- aludían a la fecha de fundación de Roma. Por analogía, era la festividad que celebraban las madres embarazadas. La diosa tutelar de estas fiestas era Palés, diosa de los pastores a la que estos encomendaban la salvaguardia de sus rebaños ante el ataque de los lobos. En las proximidades del ganado se quemaba Azufre, laurel, olivo y romero, y el pueblo se untaba perfumes mezclados con sangre de caballo y cenizas de un becerro quemado justo al salir del vientre de su madre, junto con plantas de habas. Se trataba de un rito de purificación del ganado.

A estas seguían las rubigalias, también de carácter agrario, instituidas por Numa Pompilio -el fundador de las hermandades artesanales en la Roma mítica- en honor al dios Rubigo, conservador de las cosechas. El 23 de abril se sacrificaba en su honor un cordero y un perro y se le ofrecía vino e incienso. Del 29 de abril al 3 de mayo tenía lugar un nuevo ciclo festivo, el de las floralias o florales, en homenaje a la diosa Flora. Su celebración incluía los "juegos florales", instituidos en honor de esta diosa sabina; con su institución el 580 de la Fundación de Roma, el Senado quiso aplacar a la diosa por los desastres agrícolas de ese año. Fiesta de carácter orgiástico y promiscuo, la desnudez de las muchachas hizo -según refiere Plinio- que el virtuoso Catón se alejara de ellas, para no impedir su desarrollo.

Todas estas fiestas fueron, finalmente, cristianizadas: San Jorge, matador del dragón, el 23 de abril, sustituyó a las rubigalias. En el nuevo calendario cristiano la imagen del dragón quedó convertida en algo maléfico y demoníaco, en tanto que era frecuentemente utilizado por la iconografía pagana. El dragón que se muerde la cola -el ouróboros-  era similar en su simbolismo al "huevo cósmico", en absoluto un elemento maléfico; la expansión del cristianismo impuso la necesidad de criminalizar los cultos anteriores invirtiendo significados y dando un contenido propio a las mismas fechas. [Foto 55.- EL HUEVO BAILANDO EN EL TEMPLETE DE SAN JAIME DEL CLAUSTRO]

La sustitución de los viejos cultos paganos se hizo escalonadamente. En ocasiones la similitud entre la fiesta pagana y su equivalente cristiano era sorprendente. Tal es el caso del culto a Atis, joven dios frigio, cuya celebración tenía lugar en el equinoccio de primavera. Atis moría en un árbol, para resucitar al tercer día; si para el mundo clásico la muerte y resurrección del dios auguraban la muerte de la naturaleza en invierno y su resurrección en primavera, el cristianismo "humanizaba" este significado: Cristo, a través de su sacrificio en el árbol hecho cruz, redimía a la humanidad del pecado original.

Los cultos en honor de Maia (Maya), la tierra, en las teofanías cristianizadas se transformaron en ritos en honor de la Virgen, celebrados durante el mes de mayo. El ciclo de Pascua tiene lugar bajo el doble signo de rito de muerte y resurrección; a la tristeza (patentizada en la Semana Santa con la detención, juicio, crucifixión y muerte de Cristo y la rememoración de todos los episodios del Via Crucis), sigue una explosión de alegría y felicidad (Cristo resucita y consuma la purificación de los pecados del mundo). El ciclo se inicia con una festividad que apenas puede disimular su carácter agrario y estacional: el Domingo de Ramos.

Las aportaciones a la fiesta cristiana de Pascua no proceden sólo del entorno mistérico romano, el judaísmo también contribuyó a darle el carácter que tiene hoy. El año judío se inicia con la primavera, en el mes de Nisán, y se conmemora mediante la festividad de la Pascua que, al menos en su origen, gozó de un carácter doble, propio de agricultores sedentarios y de ganaderos nómadas; de ahí que se ofrecieran como sacrificio las primicias de las cosechas y el carnero pascual.

Es precisamente en el curso de la cena pascual cuando Cristo instituyó la Eucaristía (de carácter esencialmente agrario, a través del pan y el vino, utilizado como "carne" y "sangre" de la tierra); la inocencia e indefensión del cordero fue transferida a la imagen de Cristo ("cordero de Dios"). Los primeros cristianos, cuando apenas eran una disidencia de la religión judía, celebraban su pascua en la misma fecha que la hebrea, esto es, el 25 de marzo. Pero esto suscitó resistencias y oposiciones en la nueva religión. Tras un largo proceso, el Concilio de Nicea (325 d. JC) decretó que la Pascua fuera una fiesta móvil cuyo inicio lo marcaría el primer domingo siguiente a la luna llena tras el equinoccio de primavera, es decir, entre el 21 de marzo y el 25 de abril. Intentos de cambio posteriores y de transformación en una fiesta fija -aprobado en el curso del Concilio Vaticano II- no han podido imponerse.

En Cataluña, contrariamente al resto de España, el ciclo de Pascua no termina el domingo de Resurrección, sino el lunes siguiente, celebrándose con un dulce típico: la "mona". Hoy la repostería ha convertido lo que era simple en algo extremadamente sofisticado; sin embargo, en algunos pueblos del interior, puede todavía adquirirse la "mona" tradicional, redonda y con cuatro huevos duros equidistantes (en ocasiones solo con uno y situado en el centro).

En otras latitudes el huevo tiene un papel central en estas celebraciones desde un período que se pierde en la noche de los tiempos. En yacimientos arqueológicos suecos y rusos, se han encontrado huevos de arcilla en enterramientos. En la actualidad, en distintas latitudes -especialmente en Europa Central- se confeccionan huevos naturales, de mazapán, o chocolate, pintados con motivos tradicionales.

Este papel protagonista del huevo deriva de su simbolismo tradicional como germen que contiene en potencia todo lo que será el ser que nazca de él. Es el origen de toda generación. Y si se relaciona el huevo con la primavera se debe a que la renovación de la Naturaleza que tiene lugar en ese período del año se asemeja a la exuberancia que mostrará el potencial contenido en el huevo.

En la Seo barcelonesa existe la tradición de "l'ou com valla" ("el huevo que baila"), similar a la que se da en otras latitudes  -países eslavos, por ejemplo- consistente en colocar un huevo (previamente vaciado) sobre un surtidor para que la presión del agua le impida caer. Se trata de una alusión al poder renovador del sol  -"el sol danza en los cielos"- que desde las alturas genera la frondosidad de la tierra. El huevo, situado en el Templete del claustro, baila sobre una fuente decorada con motivos vegetales entre los que destacan las cerezas. No es una tradición excesivamente antigua, apenas setecentista, y es probable que fuera traída a Barcelona por gentes que la habían visto en Austria (a donde fueron a parar muchos exiliados políticos de la Guerra de Sucesión).

La noche del 30 de abril al 1 de Mayo tenía para los antiguos pueblos indoeuropeos un carácter mágico. Abría la puerta a las festividades del mes de mayo; sin embargo, hoy se la considera una celebración siniestra y ligada a la brujería. Hasta el triunfo del cristianismo, la noche que marca el tránsito de abril a mayo, se consideraba el momento en el cual las divinidades de la fertilidad se extendían por los campos, superando definitivamente el invierno. La fiesta se celebra todavía hoy en Suecia (día de la Valborgsmässoafton), especialmente por los estudiantes de la Universidad de Upsala, que en ese día queman sus gorros de invierno en medio del jolgorio general y de los excesos alcohólicos. ¿Cómo se operó la cristianización? Visto que la Iglesia no podía hacer olvidar el recuerdo ancestral dejado por la festividad pagana, se limitó  -como en otras ocasiones- a cristianizarlo. Creó un personaje mítico y legendario, cuya existencia real jamás ha podido ser confirmada, Santa Valpurga, que habría contribuido a la evangelización de los pueblos nórdico-germánicos en el siglo VIII. San Bonifacio, antes de su muerte, asesinado por paganos, le habría encargado su tarea evangelizadora.

La iconografía nos la presenta con un báculo abacial y un frasco de aromas; en su noche las campanas de las iglesias francesas sonaban llamándola para que las protegiera y apartara las brujas. Dado que los aquelarres brujeriles tenían lugar principalmente en esa noche, la Santa estaba reputada de ofrecer una defensa segura contra la maldad. Bram Stoker en "Dracula", recuerda que en la "Walpurgisnacht", el diablo sale de las entrañas de la tierra y habita entre los hombres.

Para protegernos de todo esto, el día de Valpurgis del 1298, el obispo Fray Bernardo Pelegrí señaló, según el ritual, con su báculo abacial el perímetro de la Seo barcelonesa, reinando Jaime II, hace ahora setecientos años.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Santa Eulalia: el crisol y el atanor

Infokrisis.- Esta entrega de nuestra obra escrita y olvidada hace veinte años pertenece a la segunda parte está dedicada al estudio del simbolismo hermético de Santa Eulalia. Todavía hoy en Barcelona, el nombre de Santa Eulalia es considerado como un patrimonio local y buena parte de los símbolos que encierra al catedral de Barcelona están dedicados a esta Santa. Cuando en la mañana del 11 de Septiembre de 1714, el "conseller cap" Rafael de Casanova acudió a los baluartes de la ciudad más amenazados por las tropas borbónicas, resultó herido en una pierna, mientras portaba la bandera de Santa Eulalia que por su sola presencia era capaz de galvanizar las tropas. No es raro que el caso antiguo de la ciudad de Barcelona esté recorrido por decenas de leyendas referidas a muchas de sus calles como testimonio de la fe ancestral de los barceloneses en la figura de esta santa. Es la primera vez que se realiza una síntesis de las leyendas sobre la Santa a la luz de la Tradición Hermética.

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo VIII
Santa Eulalia: el crisol y el atanor

Los forjadores barceloneses tuvieron fama proverbial en todo Occidente, hasta el punto que ha llegado a decirse que las verjas de Notre Dame de París fueron ejecutados por los maestros "serrallers" de la Ciudad Condal; queremos creer que es incluso posible que así fuera. Pues bien, también una vieja leyenda circula en torno a este tema. 

Cuentan que en la Barcelona del siglo XIV existía una gran competencia entre los maestros forjadores; había uno entre ellos tan pobre que al derrumbarse la pared del horno de su modesto taller, no pudo pedir el concurso de un maestro de obras para repararlo y debió ser él quien levantara de nuevo el muro. Pero su habilidad era el fuego y el hierro, no el mortero y la piedra, así que el muro resultó inclinado por la parte superior. Afortunado error, pues lo que constituía un defecto de construcción, supuso, en la práctica, un eficiente tiro que lograba calentar más y mejor los carbones y fundir rápidamente el mineral. Esto constituyó su secreto y el motivo por el cual sus trabajos fueron admitidos para ornar el interior de nuestra Catedral. La leyenda termina afirmando que un joven aprendiz, disfrazado de anciana, se hizo acoger por el artesano hasta que descubrió su secreto.

El horno es imprescindible, no sÓlo para la forja de los metales, sino para alcanzar las más altas cumbres del trabajo hermético. Ineludibles en el laboratorio alquímico, el crisol y el atanor, suponen un entendimiento necesario con el fuego. Las descripciones sobre la forma y estructura del horno, así como las notas sobre su utilidad, son, por lo demás, la prueba más fehaciente de que la alquimia no era sólo una técnica espiritual o una forma de mística, sino que suponía ante todo un entendimiento con los minerales y el fuego. Ya hemos aludido a que uno de los principios de la alquimia es la ley de las correspondencias según la cual existe una simetría entre dos órdenes distintos de realidad, el macrocosmos y el microcosmos ("lo que está arriba es como lo que está abajo"), entre el alquimista y su obra. El artista intenta reproducir en los trabajos y en el instrumental alquímico su propio cuerpo utilizando minerales o tomándolos como símbolo para identificarlos con las distintas partes de su ser (espíritu = Mercurio, alma = Azufre, cuerpo = sal). Esto nos sitúa ante el gran misterio de la alquimia: la equivalencia y el paralelismo entre las operaciones sobre los minerales en el laboratorio y las experiencias interiores que el alquimista atraviesa en su propio cuerpo. Cuando habla de "separar" se alude a la separación entre el mineral y su ganga, pero también entre el cuerpo y su espíritu. [Foto 56.- MENSULA CON LA CRUZ DE SANTA EULALIA EN EL TAMBOR DEL CIMBORRIO]

El instrumento en el cual se cifra el éxito del discurrir hermético es el Atanor, el horno de fusión, una esquematización simbólica -pero no por ello menos real- del propio cuerpo del alquimista. Las etimologías de la palabra son dos: atanor derivaría del término árabe "attannûr", horno, o bien de la palabra griega "thanatos", muerte, la cual, precedida de la partícula "a", que indica negación, expresaría no-muerte, o si se quiere, resurrección, vida eterna.

El atanor consta de una envoltura exterior compuesta de ladrillos refractarios, cemento o cualquier otro material sólido; en el interior está lleno de cenizas (los textos clásicos recomiendan cenizas de encina), que envuelven completamente el "huevo filosófico", la esfera de vidrio o el matraz en el interior del cual se encuentra la materia prima. Un fuego situado en la parte inferior calienta el "huevo", pero no llega a tocarlo directamente sino que resulta difuminado y suavizado por las cenizas.

Esta estructura encuentra su correspondencia en el cuerpo humano: la envoltura sólida exterior corresponde en el hombre el cuerpo físico, las cenizas equivalen al "espíritu" (lo mental, pasiones, obsesiones, instintos, etc. que han sido "purificados", esto es, reducidos a cenizas) y, finalmente, el "huevo" es el receptáculo del alma, la parte más íntima del ser humano que, como la semilla del oro, los alquimistas intentan reavivar.

El fuego se sitúa en la parte inferior y es regulado mediante la inyección de aire a través de un fuelle o soplete. Dependerá del volumen de aire que se inyecte que la llama sea más o menos viva. No todas las operaciones alquímicas se realizan a la misma temperatura. Los textos clásicos insisten en que, en ocasiones es preciso una temperatura natural constante (como la que la gallina da a sus huevos, incubándolos). Sin embargo, en algún momento es preciso obtener una subida brusca de calor; regulando la inyección de aire se obtienen tales efectos.

Y esto precisamente tiene su equivalente en el ser humano. Siendo el atanor una reproducción del cuerpo, existirá una correspondencia entre la temperatura del horno y la del cuerpo humano. Para entender esto es conveniente que recordemos los fundamentos del yoga. En la región ilíaca anida una serpiente enroscada que es preciso despertar y lograr que ascienda por la columna vertebral. Esto se consigue a través del control sobre la respiración; los pulmones son el equivalente al fuelle del atanor.

Los textos clásicos de la alquimia suelen presentar al atanor como una especie de torre pequeña cubierta por una cúpula, en cuyo centro está situado el huevo que contiene la materia prima. Pero esto no debe engañarnos; existen muchos tipos de hornos alquímicos y cualquiera puede construirlo a su gusto respetando una serie de normas. En principio, el método más seguro y allí donde podemos encontrar datos concretos, es en las obras de química del siglo XVII, en ellas se explica minuciosamente como eran los hornos de fusión utilizados en la época, aquellos que la química de entonces había heredado de la alquimia.

También en algún texto clásico se dan indicaciones abundantes. Señalemos tan solo a título ilustrativo el que nos parece más completo, "La entrada abierta al palacio cerrado del rey" de Ireneo Filaleto, en su capítulo XVIII o Nicolás Lemery en su "Curs de Chymie" (en realidad se refiere a alquimia) marca las líneas generales: "... se compone de ladrillos, que se unirán con un zulaque hecho de una parte de arcilla, otro tanto de excremento de caballo y dos partes de arena, todo ello empapado en agua: los ladrillos se colocarán en doble fila, para que el horno, al ser más grueso, mantenga el calor más tiempo; el cenicero será de un pie de alto y tendrá la puerta del lado de donde viene el aire, para que, al abrirla, el fuego se encienda o aumente fácilmente; la altura del fogón será como la del cenicero y terminará en la parte superior en dos barras de hierro del grosor de un pulgar que servirán para sostener la retorta y se elevará el horno a la altura de más o menos un pie, de modo que oculte la retorta. Se aadaptará encima una bóveda como tapadera, que tendrá un agujero en medio con su tapón, y una pequeña chimenea de un pie de altura, para introducir por este agujero, cuando esté destapado, y cuando se quiera excitar un gran fuego, pues la llama, al conservarse por medio de esta pequeña chimenea, reverbera antes sobre la retorta". El fuego procede de la combustión de carbones.

Es evidente que en todo este proceso lo más difícil es controlar la temperatura del fuego y lograr que sea constante durante horas e incluso, habitualmente, días. Existe la tendencia a que la temperatura de combustión varíe a medida que se consumen los carbones... y aunque el hecho de que la materia prima esté envuelta en ceniza y atenúe las variaciones de temperatura no bastan para asegurar el éxito de los trabajos. Así pues, desde el invento de las planchas térmicas o de los hornos eléctricos, no existe unanimidad sobre su adecuación a los trabajos alquímicos. En realidad, una plancha térmica conectada a la red eléctrica dará con mucha más facilidad una temperatura constante, sin que haya que preocuparse por inyectar aire o introducir carbones. En contra, se aluden los fenómenos de inducción magnética y la ruptura del proceso de atención con que el alquimista debe seguir su obra para establecer con ella una comunicación vital y una sintonía absoluta.

Elemento central del laboratorio alquímico, el atanor aparece descrito en numerosos libros clásicos de alquimia, con todas las formas inimaginables, se diría que se trata de un instrumento personalizado que cada alquimista se construye a su medida. Y así es en efecto. Basta contemplar las láminas del "Mutus Liber" para advertir la relación entre el alquimista y su atanor: arrodillado ante el horno, en posición de abandono total y concentración extrema, el alquimista muestra la simetría que existe entre él y su atanor. La escena ocurre, por lo demás, en el laboratorio. Hay que diseccionar la palabra laboratorio para advertir su sentido hermético originario: lab-oratorio, siendo "lab", corazón en hebreo, laboratorio será allí donde se realiza la "oración del corazón". Y ciertamente uno de los fines de la alquimia es transferir la conciencia del cerebro al corazón.

Habitualmente el atanor está representado en las "moradas filosofales" (definidas por Fulcanelli como "soportes físicos de verdades herméticas") de dos maneras diferentes, ora como torreón y ora como recipiente; así puede verse en el claustro de la Catedral de Barcelona y en la cuarta clave de bóveda de la nave principal. En efecto, en el primer caso, está esculpido un torreón (representación habitual del atanor) con una apertura en la base, firme y sólido, aparece en uno de los capiteles como "palacio de Egipto" (en donde la "tierra negra", nombre de ese país, se cuece), pero también aislado e incluso en una de las capillas, junto a marcas de canteros, está representado por una ermita de cuya puerta surge, de forma sorprendente, una corriente de agua. La clave de bóveda, por su parte, recurre a otro símbolo, así mismo muy frecuentemente utilizado por los imagineros medievales. [Foto 57.- EL ATANOR EN FORMA DE "PALACIOS DE EGIPTO". SOBRE ELLOS EL ANGEL CON LA ESPADA]

Representando la Anunciación de la Virgen, la imagen de ésta se encuentra enfrentada a la del Ángel, y entre ambas solamente está un recipiente sostenido por una columnilla gótica; del recipiente salen unas flores que parecen espigas y rosas. Este recipiente es el vaso, herméticamente cerrado, en el que se ha operado la transformación de la materia prima. Muchas veces, en la imaginería hermética, los alquimistas han utilizado la figura del recipiente del cual nacen flores y espigas. Los hemos visto en los grabados del siglo XV atribuidos a Johannes Andreae y que se encuentran actualmente en el Museo Británico. Los hemos vuelto a ver en el "Pretiosissimum Donum Dei" de Georgium Anrach, libro de grabados alquímicos del siglo XVII, conservado en la Biblioteca del Arsenal de París. Y podríamos seguir hasta llegar a esta clave de bóveda en la que el mismo recipiente tiene forma octogonal, recomendada también en algunos textos canónicos, al ser una figura de tránsito entre el cuadrado y el círculo,  es decir, entre lo humano y lo divino.

El atanor y el recipiente hermético se utiliza en la primera y segunda fase de la obra alquímica; y además sólo en la llamada "vía húmeda". Pero en las fases más avanzadas de la Obra el trabajo se realiza en recipiente abierto y sin la protección del atanor, en el crisol. Pues bien, la notación hermética del crisol es la X. Y esto nos remite a Santa Eulalia, a sus trece martirios y a su crucifixión en un aspa de madera. El aspa de Santa Eulalia puede verse en distintos puntos de la Catedral: está presente en el tambor del cimborrio, la segunda clave de bóveda de la nave central tiene como tema la imagen de la Santa, en los relieves a la derecha del trascoro, en la clave de bóveda de la primera capilla de la girola después de la puerta de San Ivo, si bien es San Andrés el martirizado en el aspa, en la vidriera central del ábside y en forma de motivos decorativos, alternados con la cruz griega, en las inmediaciones del altar mayor. [Foto 58.- SAN PEDRO CON LA CRUZ INVERTIDA, EN ESTE CASO EN FORMA DE X Y SANTIAGO APOSTOL, PATRON DE LOS ALQUIMISTAS, JUNTOS EN LA FACHA DE LA Catedral. A LA DERECHA: SAN ANDRES Y EL ASPA O CRISOL]

Patrona de Barcelona, el féretro de Santa Eulalia fue encontrado en Santa María de las Arenas -hoy Santa María del Mar- hacia el siglo IX y trasladado, según la tradición, al centro de la ciudad. La pila bautismal que hoy puede verse en Santa María del Mar fue el sepulcro de Santa Eulalia encontrado en la ermita de Las Arenas.

El feliz hallazgo fue augurado por San Francisco de Asís; cuenta la tradición que una vez llegado a nuestra ciudad, predicó en lo que hoy es la Plaza de Medinacelli y dice la leyenda que desde allí profetizó que se encontraría el cuerpo de la Santa y que él mismo fundaría una orden que tendría un majestuoso convento en aquel lugar, cosa que, efectivamente, también ocurrió.

Iniciado el traslado de la Santa, al llegar a la Plaza del Ángel no hubo forma de mover el cuerpo. Se dio la infeliz circunstancia de que había desaparecido un dedo del cadáver y sólo gracias a la intervención de un ángel pudo localizarse la reliquia sustraída por uno de los clérigos que acompañaron al cortejo. El cuerpo fue introducido en un sarcófago ricamente labrado por artistas pisanos en donde se registran los episodios mas sangrientos en el martirio de la Santa. Dicho sarcófago hoy está depositado en la cripta de la Catedral de Barcelona, sostenido por pequeñas columnillas salomónicas.

El tema de Santa Eulalia es altamente ilustrativo de hasta qué punto la sabiduría hermética fue preeminente en la conformación de los mitos y las tradiciones barcelonesas. Por qué, o bien la historia de Santa Eulalia fue urdida por iniciados en el noble arte de la Alquimia, o bien es apenas un catálogo de horrores sadomasoquistas. El tema de Santa Eulalia, va mucho más allá de la mera religiosidad popular y si bien es cierto que, en siglos anteriores, ejerció una profunda influencia sobre la ciudad -de la cual es último testimonio la presencia de los restos de la Mártir en el lugar más santo de nuestra Catedral- no es menos cierto que todas las tradiciones relativas a ella discurren por unos senderos simbólicos imposibles de comprender a menos de aceptar que no son sino episodios dramatizados de las distintas operaciones alquímicas... eso, o pensar que fueron solo el producto de una mente enferma; y parece difícil aceptar esta segunda explicación a tenor de la influencia que tuvo Santa Eulalia para las generaciones anteriores a nuestro desgraciado siglo. Por tanto, es en el hermetismo en donde hay que incluir el tema de la Mártir barcelonesa y utilizar la secuencia de operaciones alquímicas como clave interpretativa de tan extraña y, aparentemente cruel, historia.

Los barceloneses de hoy ignoran que buena parte del casco antiguo está tachonado por lugares que en otro tiempo evocaban a la Santa. Dice la tradición que la joven Eulalia fue martirizada en la Plaza del Padró en donde actualmente se encuentra su estatua sobre una alta peana, justo ante la iglesia de San Lázaro, antigua leprosería de la ciudad [hoy víctima de una ominosa restauración. 1997]. Dicha imagen fue inicialmente de madera y su ubicación en 1672 constituyó un hito ciudadano, pues no en vano se trataba de la primera estatua colocada en una calle barcelonesa. Al cabo de pocos años, en 1687, la estatua de madera, fue sustituida por otra de piedra, destruida, a su vez, en 1936 y restaurada en los años de postguerra. Existe un pequeño pasaje -la Volta de Santa Eulalia- en pleno casco antiguo, donde la tradición sitúa la prisión en que la mártir aguardó el tormento. Se trata de una pequeña calle, extremadamente umbría, de la que los barceloneses decían que el sol nunca la iluminaba por haber sido escenario de su encarcelamiento.

Cuenta la tradición que fue encerrada en un corral sucio y maloliente, lleno de pulgas; tal fue el primer martirio que hubo de sufrir en sus carnes. Añade la crónica que el 12 de febrero, festividad de la Santa, las pulgas son más grandes que cualquier otro día del año y pican con singular saña. Otra tradición, divergente con la anterior, sitúa la cárcel de la mártir en una casa adosada al muro de la calle San Ramón. Otra, bastante extendida, cuenta que en el camino hacia el convento de Pedralbes, en pleno barrio de Les Corts, existió un bosque de cipreses en donde se decía que había nacido la Santa; cuando la pequeña Eulalia paseaba por allí, un ángel le anunció su destino de Santa y patrona de Barcelona. En recuerdo de aquella milagrosa aparición los cipreses se trocaron en palmeras y es por ello que las imágenes de Santa Eulalia figuran siempre -y así puede verse en una de las claves de bóveda de la nave central de nuestra Catedral y en varios lugares más- con una palma en la mano y en la otra un libro cerrado.

Recordamos ahora otra tradición relativa al martirio de Eulalia. Se la tenía por hija de una de las más ricas familias barcelonesas, tanto es así que al iniciarse la persecución contra los cristianos, un sacerdote pagano cayó en la cuenta que hacía tiempo que no pasaba por el templo de Augusto y la denunció al pretor Daciano. El sacerdote estaba movido por la codicia puesto que quien denunciaba a algún cristiano obtenía parte de su patrimonio. El hijo de Daciano se enamoró de la joven y procuró salvarla; sin embargo, ésta, cuando fue llevada a la sala de tormento y contempló los hierros y demás instrumentos de infamia, falleció de la impresión. El sacerdote fue ejecutado a iniciativa del hijo del pretor.

Y aún una enésima leyenda sobre la joven mártir. Otra calle de la ciudad que llevó hasta no hace muchas décadas el nombre de la Santa fue la Bajada de la Llibretería, llamada antes Bajada de Santa Eulalia. Y quien pasee por la calle del Bisbe, podrá observar, adosado al muro de uno de los torreones del Portal Mayor que en otro tiempo constituyeron la entrada principal al recinto amurallado, una pequeña hornacina, dentro de la cual, el maestro escultor colocó una imagen de Santa Eulalia en 1456. Precisamente esa misma calle del Obispo era el lugar habitual donde se encontraban los talleres de los maestros escultores que tenían como patronos a Castorio, Claudio, Nicóstrato y Sinforiano, los famosos "cuatro mártires coronados" cuyo culto prosigue aun hoy vigente en los talleres masónicos, siendo, al menos una logia en cada país que recibe el nombre de "Quatuor Coronati".

Otra tradición sitúa el martirio de Santa Eulalia en el llano de la Boquería y, por ello, la puerta que abría la muralla medieval de la ciudad en ese punto y la misma calle de la Boquería, tenían el nombre de la patrona barcelonesa. Y, repasando las viejas historias de Barcelona compiladas durante el siglo pasado, todavía encontraríamos más y más referencias a la huella dejada por Santa Eulalia en el callejero de la ciudad.

Sin embargo, como ya hemos dicho en otro lugar, el principal recuerdo no estaba en la superficie, sino en las entrañas de la tierra, en el llamado "Riu de Sota" o "Riu de Santa Eulalia" que discurría -y discurre- entre las capas freáticas situadas bajos los pies de los barceloneses y que alimentó a los 800 pozos que existieron en la ciudad antigua. De este "Riu de Sota" se sabía que, periódicamente, sufría inesperadas crecidas que inundaban los bajos de las viviendas. Era frecuente que algunos pozos, repentinamente, vieran como ascendía hasta desbordarse el nivel de sus aguas y de esto queda constancia, especialmente, en los alrededores de la Catedral y entre las viviendas que hubieron en los aledaños de la calle del Bisbe. En la calle dels Geperuts (jorobados) existió un pozo ligado a este "riu" que sufría abundantes crecidas. No es raro que fueran los restos de Santa Eulalia y no los de cualquiera de las demás santas y santos populares en la ciudad, los que se depositaron en las entrañas de la Catedral, en su cripta, más próxima a la corriente telúrica que condicionó toda la ubicación del Templo.

El sepulcro de Santa Eulalia, trabajado en el año 1339, resume en pequeños iconos los suplicios que sufrió. Su cuerpo fue transportado a la Catedral en el tiempo que la jefatura de las obras recayó sobre el misterioso "Jaume Fabre", a quien ya hemos aludido y que puede verse en el relieve del sepulcro, situado detrás de la figura del rey; Fabre, el maestro de obras, vuelve la mirada en sentido contrario, en la parte superior del sepulcro. El maestro de obras está vuelto hacia otra figura, tocada con un extraño gorro y que realiza con la mano izquierda el gesto de los iniciados: los dedos pulgar y medio, extendidos, y, anular y meñique, doblados sobre sí mismos, "lo que está arriba es como lo que está abajo". "Fabre", por su parte, mantiene la mano derecha sobre el Santuario del Corazón.

Es hora ya de describir los tormentos que sufrió la santa.

Hay que tomar todas las precauciones a la hora de reseñar este amplio catálogo de horrores; existen muchas versiones de la leyenda y, evidentemente, se ha perdido la memoria de los orígenes trastrocándose tanto el orden como la naturaleza simbólica de algunos tormentos. Todo induce a pensar que el primer martirio que debió afrontar fue el ya mencionado de las picaduras de las pulgas. A este siguieron los azotes y la aplicación de garfios sobre su piel; otro tormento, coincidente con estos en sus consecuencias, es el que sufrió en la Bajada de Santa Eulalia, donde fue encerrada en un tonel con clavos y vidrios rotos, y lanzada por la pendiente durante 13 veces. Estos cuatro tormentos son, en el fondo uno solo y equivalen a los azotes que sufrió Cristo y al viento huracanado que afrontó Mithra tras su nacimiento y que desgarró su piel. El adepto sabe -por lo ha experimentado sobre su propia carne- que en las primeras fases del trabajo hermético, la extracción del Mercurio, provoca una serie de sensaciones objetivas muy vividas y especialmente la sensación de una ruptura interior, de un desgajamiento, como si una parte de sí mismo fuera desprendida, cortada del eje de la personalidad. Algunos dramatizan esta experiencia en forma de azotes, en otras como viento huracanado, también -podemos dar fe- como la experiencia de ser atravesado por algún objeto cortante. Da igual, siempre la esencia es la misma, algo que desgarra y, ante lo cual, en ocasiones, el adepto llega a aterrorizarse y dar marcha atrás o interrumpir la operación. Los cuatro martirios descritos tienen el mismo significado simbólico y objetivo; extracción de las "aguas mercuriales" que han hecho de la "sal" su lugar de presencia, separación del espíritu de su soporte físico, o si se prefiere, distinción entre la mena y su ganga.

A esta serie de "tormentos" siguen otros dos que entendemos corresponden a la misma operación. La Santa es rociada con plomo derretido y sus heridas frotadas con una piedra áspera. La primera fase de los trabajos -la mortificación de la materia primera- ha sido concluida, se trata ahora de obtener los primeros resultados y alcanzar la etapa en la que aparece el negro azabache en el recipiente filosofal. Tal es el simbolismo del frotar la piedra sin desbastar. Esa piedra, de cuya existencia se ha tomado conciencia y que es preciso trabajar en dos fases subsiguientes del trabajo (su conversión en piedra cúbica y la prueba de maestría que implicará transformarla en piedra puntiaguda) nace de la purificación anterior que se opera fundamentalmente en la sangre, esto es, en la vitalidad. Algunos maestros han sostenido que el arcano de la obra y acaso la práctica más delicada y difícil, en esta fase, consiste en transferir la vitalidad al compuesto mineral que bulle en el atanor y que ha ido acentuando su putrefacción y adquiriendo negritud en las operaciones anteriores. Tal sería el aporte energético que posibilitaría la transmutación metálica y también el punto de unión entre la alquimia entendida como ascesis personal interior y, paralelamente, como operación de laboratorio, pues de lo que estamos hablando, sin utilizar perífrasis simbólicas, ni artificios lingüísticos, es de depositar el espíritu extraído del compuesto humano, en el recipiente donde bulle el sulfuro metálico, a fin de vivificarlo. Es pues una piedra sin desbaratar -el sulfuro metálico aludido- lo que entra en contacto con el núcleo de la vitalidad que reside en la sangre y de ahí el sentido que tiene el martirio de la Santa. En cuanto al baño de plomo derretido hay que tenerlo como culminación del "opus nigrum": el metal por excelencia de Saturno, el plomo, cubre el cuerpo y acaecen entonces las tinieblas. Ese plomo abrasa toda superfluidez, quema restos de impurezas y es, en definitiva, el "agua que quema" de la que hablan Pontano, Della Riviera y tantos otros maestros. Unido a este grupo de martirios se encuentra otro, intercalable, aquel en el que la santa sufre en un brasero ardiendo. Tal brasero nos indica la inevitable presencia del atanor, ya descrito, en el interior del cual se realizan las transformaciones.

El siguiente grupo de tormentos tiene como leit-motiv la blancura y la desnudez. La santa es expuesta en su desnudez, que evoca, fundamentalmente pureza, pero la piadosa leyenda añade un elemento que va en la misma dirección: la nieve evita que su cuerpo sea visto por otros. Más tarde será arrojada a un depósito de cal cuyo color blanco y función ardiente van en la misma dirección que el simbolismo de la desnudez y de la nieve. Hemos llegado al "albedo", la "Obra al blanco". El compuesto renacido de su putrefacción y negrura anterior debe unirse al elemento sulfuroso e ígneo. Santa Eulalia resulta, en ese momento, rociada con aceite hirviendo y casi, acto seguido, está a punto de escapar de sus captores; es por ello que, detenida de nuevo, es fijada a una cruz en forma de aspa, de X. Pero la X -como ya hemos dicho- es la notación hermética del crisol, del horno abierto utilizado en los últimos trabajos de la obra. El mensaje es claro: se trata, a esas alturas de los trabajos, de provocar nuevas sublimaciones, "lavando con fuego" (tal es el sentido del aceite hirviendo que corresponde a un espíritu o Mercurio purificado y que ya posee en sí algunas de las características que lo hacen próximo del elemento ígneo, el Azufre de los filósofos o alma) y las subsiguientes coagulaciones (de ahí el sentido de colocar a la santa en el crisol, cruz o aspa tras su fuga, que, por lo demás, equivale a la sublimación o disolución). La dramática historia termina con la muerte de la Santa y su glorificación. [Foto 59.- "DAMA ALQUIMIA" EN NOTRE DAME DE PARIS]

Existe otra Santa Eulalia, celebrada en Mérida, que sufrió martirio en tiempos de Diocleciano. Evidentemente existen elementos de unión entre las dos Santas Eulalias, no sólo por la proximidad entre el nombre de Diocleciano y de Daciano (pretor que, según la tradición, gobernaba en la Barcelona romana de la leyenda), entre los nombres de ambas santas y en algunos de los tormentos complementarios que sufrieron. Así, por ejemplo, la santa extremeña sufrió la quemadura de sus senos (a la barcelonesa le fueron cortados) y de su cabello hasta que murió asfixiada. La clave interpretativa de la Santa Eulalia extremeña es más clara en algunos aspectos: el castigo de sus senos y de sus cabellos equivalen a la purificación de los "santuarios del corazón" y de "la cabeza", respectivamente. Pero, ni la santa barcelonesa, ni su homóloga extremeña, presentan con rasgos muy claros el inicio de la tercera fase, el "rubedo", leucosis u "obra al rojo", que, o bien se ha perdido en la leyenda, o bien nunca jamás fue compilado.

Habría que recurrir a los símbolos con los que es representada Santa Eulalia para ver que efectivamente en ellos están el principio y el fin, la apertura y la coronación de los trabajos herméticos: la palma y el libro cerrado. En el medallón situado en el centro del pórtico de Notre Dame de París se encuentra la representación de una extraña mujer, sentada en un trono, ante la que hay representada una escalera -símbolo de los peldaños que conducen al saber- y que ostenta en una mano dos libros, cerrado y abierto, representando respectivamente los dos tipos de materia, la materia primera, no penetrada, oscura e incomprensible y aquella otra abierta, preparada y dispuesta para la manifestación de su contenido. Principio y final de la Obra. En la fachada de la Catedral barcelonesa, en el contrafuerte de la parte derecha, situado justo en el arranque de las arquivoltas, las estatuas hieráticas de dos apóstoles miran a la lejanía; uno muestra un libro abierto y el otro cerrado; el primero señala con el índica el Santuario del Vientre y el segundo con índice y medio a la altura del Santuario del Corazón. El mismo símbolo que ocupa en Notre Dame un lugar central está presente en la Seo barcelonesa. [Foto 60.- LIBRO ABIERTO Y LIBRO CERRADO EN LA FACHADA DE LA CATEDRAL]

Sin embargo, en el tema de Santa Eulalia, el libro abierto es representado, por conveniencias del relato mítico, con la forma de una palma indicadora de victoria y fecundidad. Este símbolo tiene singular relieve en las festividades del Domingo de Ramos en Barcelona cuando los niños, rememorando la entrada de Jesús en Jerusalén, agitan sus palmas y palmones, que han perdido su color verdoso original, para adoptar un tono amarillento próximo al oro. Y así, con estos dos atributos, es representada la Santa en la clave menor de su cripta, dorada y policromada como corresponde al jeroglífico que resume en sí toda la Obra Filosofal. También puede vérsela en la segunda clave de la nave central, con idénticos atributos -ostentando, además, el noble escudo de doña Blanca reina de Aragón- y en la gran clave de la bóveda de la cripta vuelve a estar presente la palma y el libro, viéndose además la Corona que le tiende el Niño Dios y que corresponde a quien ha llegado al final del camino... Maravillosa obra de arte levantada por la sola fe de un pueblo. Maravilloso el arte que acrecienta la fe de quien tiene ojos y ve, entendimiento y entiende: "Fides fovet artem et ars fovet fidem", la fe fomenta el Arte y el Arte fomenta la fe. [Foto 61.- SANTA EULALIA EN UNA CLAVE DE BOVEDA, CON EL LIBRO CERADO Y LA PALMA]

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen