Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Misterio de la Catedral de Barcelona. La plantilla del trazado: una estrella pentagonal

Infokrisis.- Se trató este de uno de nuestros más felices descubrimientos a lo largo de nuestras pesquisas sobre la Catedral. Lo realmente sorprendente es que el esquema pentagonal se adapta perfectamente, no sólo a la Catedral Gótica, sino también a la románica, anterior a ella, cuyos restos se encuentran bajo las naves de la misma. Para hacer nuestros cálculos tomamos como referencia la obra de Basegoda Nonell sobre la restauración de la Catedral de Barcelona. También aquí será básico insertar lo antes posible, los gráficos que permiten percibir con más facilidad nuestras afirmaciones.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo X
LA PLANTILLA DEL TRAZADO: UNA ESTRELLA PENTAGONA
L



No hay que olvidar que la Catedral gótica de Barcelona es apenas un desarrollo y una ampliación de la Catedral románica. Es imposible encontrar la clave constructiva sin remontarnos a la Catedral edificada a lo largo del siglo XI. Hoy los historiadores parecen estar completamente de acuerdo en que no existió disrupción entre una y otra y que nunca jamás el culto fue interrumpido; el hecho de que pueda superponerse perfectamente el templo gótico al románico, el  que la cripta de Santa Eulalia no variara de lugar y, finalmente, que el altar mayor de la Catedral gótica nunca fuera consagrado, nos indican que a medida que se iba construyendo el templo gótico, el románico se fue derribando. Incluso es seguro que buena parte de sus piedras y lápidas sepulcrales se aprovecharan en el nuevo recinto. Con todo, no hay que olvidar que la técnica del gótico era diferente de la utilizada en el románico e incluso sus principios constructivos variaban notablemente. Así pues, entre las dos catedrales existirán afinidades y divergencias. Las primeras derivan del trazado de doble estrella pentagonal utilizado como plantilla para el diseño de la Catedral románico, a la que luego se superpuso la gótica. Esta última respetó y amplió el trazado de la románica. Las disrupciones procederán de la leyenda de las "tres tablas del Grial". El primer punto por desarrollar es la orientación de la Catedral, idéntica en ambos estilos.

Como la mayoría de templos románicos y góticos, e incluso como la mayoría de los templos cristianos construidos hasta hace bien poco, la Catedral de Barcelona sigue las "Constituciones Apostólicas" por las que se regía la Iglesia desde la más remota antigüedad. Gracias a estos documentos se sabe que, originariamente, los cristianos oraban con el cuerpo girado a Oriente, hacia el Este, el lugar por donde sale el Sol. El propio Cristo es llamado "Luz de Oriente" y "Sol de Justicia". El sol debe iluminar la puerta del Este -la de San Ivo- y jamás tocar el rosetón de la fachada. Ya veremos cual es la desviación del eje de la Catedral de Barcelona, respecto al Norte y como el Este está perfectamente marcado por una particular gárgola. Si la Catedral Románica y la Gótica tienen la misma orientación, la paleocristiana, en cambio, disponía del ábside igualmente orientado hacia el Este, si bien con una desviación equivalente a las que le siguieron. Por lo demás, tampoco el Sol daba jamás de frente a la facha de la primera catedral barcelonesa.

El templo fue trazado a partir de un solo punto generatriz, no hubo necesidad ni de complicados cálculos matemáticos, ni planos cuidadosamente trazados por equipos de delineantes utilizando los más avanzados recursos técnicos. Y sin embargo, es más que probable, que cuando la mayoría de edificios modernos, así diseñados, hayan desaparecido, nuestra Catedral siga desafiando los tiempos.

El procedimiento de trazado del plano de un edificio sagrado utilizado por los maestros de obras medievales, se conserva todavía como tradición oral, patrimonio de determinadas asociaciones iniciáticas; es a su generosidad y confianza que debemos buena parte de lo que sigue.

Para construir la Catedral de Barcelona se empleó inicialmente una columna o un bastón y una cuerda. El bastón tenía una medida cuidadosamente determinada y la cuerda estaba dividida en trece segmentos, por doce nudos separados regularmente. El bastón se colocaba perpendicular al suelo, en el punto generatriz de la Catedral, allí donde las corrientes telúricas eran más perceptibles; en un momento del año, relacionado con los solsticios, y a una hora solar concreta -el medio día- la sombra proyectada por el bastón marcaba un punto que servía al mismo tiempo para definir la orientación del eje de la Catedral y trazar un círculo cuyo centro era el punto generatriz y la longitud del radio la sombra del bastón. Así se cumplía el principio hermético de "lo que está arriba es como lo que está abajo". Y es que la Catedral se forjará según el dictado del cielo, pues no pretende sino reproducir el arquetipo celeste.

Sabemos cual era el punto generatriz de la Catedral. Está marcado desde hace casi mil años por la cripta de Santa Eulalia y el Altar Mayor de la nave central. Pero ¿qué medida se utilizó? ¿cuál era la altura del bastón o de la columna cuya sombra definió la orientación de las Catedrales gótica y románica, diferente de la paleo-critiana? No basta decir que se trató de un problema de terreno disponible. Cualquier permuta hubiera dado la posibilidad de hacer efectiva la orientación requerida. Ciertamente, la orientación de la Catedral coincide con la de las calles del Obispo y la calle de los Condes, pero esto no debe extrañarnos: estas calles son una proyección en el tiempo presente de los antiguos "decumanus" de la ciudadela romana. Hoy sabemos que la fundación de una ciudad romana se realizaba en función de ritos sagrados no muy diferentes de los utilizados en la edad media en las catedrales. Los arúspices determinaban el lugar y luego los sacerdotes, rememorando el arquetipo de la fundación de Roma por Rómulo, recorrían el perímetro que la ciudad debía tener con una yunta de bueyes que tiraba un arado. Este arado solo era levantado en cuatro ocasiones que marcaban las cuatro puertas de la ciudad. Así se hizo también en Barcelona pocos años antes de Cristo y así volvió hacerlo el obispo Bernard Pelegrí el 1 de mayo de 1298, cuando trazó con su báculo el nuevo perímetro de la catedral, determinando el espacio sagrado que contendría el volumen mediador entre el cielo y los hombres. El templo no podía ser expresión personal de la creatividad de un artista, sino reproducir el arquetipo celeste; este arquetipo es, en el caso de la Catedral, el Templo de Salomón que no era sino el lugar sagrado cuyas dimensiones comunicó el mismo Dios a David, padre del sabio rey constructoren.

La clave de la Catedral gótica está en una capilla cercana, que contiene la medida utilizada. Es la Capilla de las Once Mil Vírgenes, hoy conocida como capilla de Santa Lucía.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. La capilla de Santa Lucía y su misterio

Infokrisis.- Anexo al edificio de la catedral y con una salida al claustro, la capilla de Santa Lucía, de estilo románico y dimensiones excepcionalmente reducidas constituye un misterio en sí misma y mucho más cuando en tan poco espacio se incluyen una serie de elementos simbólicos particularmente ricos. La propia leyenda de Santa Lucía (que da nombre a una de las ferias tradicionales de la ciudad antigua que ha sobrevivido hasta nuestros días) asociada a la ciudad, dice mucho sobre el tema que nos ocupa

 


El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítuo XII
LA CAPILLA DE SANTA LUCIA Y SU MISTERIO

La Capilla de Santa Lucía encierra un misterio: el de su presencia. Una muy antigua tradición barcelonesa cuenta que en el lugar donde hoy se encuentra la capilla vivió en otro tiempo Lucía. Su historia es extremadamente aleccionadora. Oriunda de Sicilia, cuentan las crónicas que era extremadamente bella, dotada de unos extraordinarios ojos azules capaces, por sí mismos, de suscitar pasiones. Lucía era cristiana y cuando un pagano la pidió en matrimonio, ella se limitó a decir que era sierva de Dios. Denunciada por el despechado pretendiente fue detenida, pero sus ojos enamoraron al Cónsul romano. Ella volvió a rechazarlo y el Cónsul, tras decirle que sus ojos le hechizaban, amenazó con hacer todo lo posible para que fueran suyos. Esa misma noche, Lucía se arrancó sus ojos y los ofreció en bandeja de plata al Cónsul. En su lugar crecieron otros, negros, no menos cautivadores. La capilla de Santa Lucía tiene dos "ojos" que la comunican con el exterior, la puerta de acceso desde la calle del mismo nombre y la que la comunica con el claustro. La tercera puerta que daba a la calle del obispo, fue tapiada y apenas muestra una efigie del Agnus Dei como rastro de que allí estuvo.

Santa Lucía encarna un viejo mito pagano llegado del Norte, probablemente con los invasores germánicos. Lucía es la Holda nórdica, hada y hechicera a la vez, dotada de dos aspectos antagónicos, maléfico y benéfico. Estaba ligada a la rueca y en Austria no se podía hilar en su festividad y se decía que las brujas andaban en libertad excepcionalmente activas. En su noche, una luz misteriosa aparecía en los cielos y quien tenía el valor de observarla podía leer el futuro. En Barcelona es patrona de las modistas. Está ligada a la visión; es conocido la bendición que dice "Santa Lucía te conserve la vista y la claridad" y resulta evidente que esa "claridad" no alude solamente a la visión, sino, antes bien, a la luz interior y a la intuición espiritual.

Su fiesta se celebra el 13 de diciembre y preludia el ciclo navideño. No siempre la capilla estuvo consagrada a la Santa, antes se la conoció como "Capilla de las Once Mil Vírgenes"; su culto pasó a la santa solo a mediados del siglo XVI. Todo esto remite a una serie de símbolos. Santa Lucía tiene dos aspectos complementarios: de un lado se trata de una divinidad estacional que aparece cuando declinan las luces del otoño y en el horizonte aun no se presiente la fiesta del Sol Invencible en el Solsticio Invernal. Pero esto no es todo. De otro lado, Santa Lucía remite a una temática propiamente hermética.

La Capilla de Santa Lucía es el límite Oeste de la Catedral y de su claustro. Su primera piedra se colocó en 1257 y terminó de construirse once años después. Treinta años más tarde se inicia la construcción de la Catedral de Barcelona. Tenemos la convicción de que la construcción de la Capilla de Santa Lucía obedeció a la necesidad de los futuros constructores de la Catedral de tener una pequeña capilla, próxima a la futura Catedral, donde estuvieran presentes las unidades de medida que iban a utilizarse. Estas unidades dependían del lugar y cada lugar es diferente de todos los demás. El codo utilizado en la Catedral de Chartes, es diferente del empleado en Bourges. El palmo y la caña de Barcelona debían de ser igualmente diferenciados.

Los historiadores del arte se han preguntado qué llevó a los maestros de obra a construir la capilla de Santa Lucía poco antes de abordar la construcción de la Catedral gótica. Se ha dicho que la pequeña capilla era la iglesia del palacio arzobispal. Se olvida que está al otro lado de la calle más frecuentada de la Barcelona antigua, la calle del Obispo y su prolongación comunicaba la puerta Decumana y la puerta Pretoria de la calle Regomir. La calle del Obispo existe desde que existe la ciudad, era el "decumanus" mayor de la Colonia Julia Augusta Patricia Barcino. Era del todo improbable que el palacio arzobispal tuviera la capilla al otro lado de tan populosa calle. No, Santa Lucía tiene dos elementos que la ligan indisolublemente a la catedral gótica: el ser el límite de su claustro, marcando la línea del pórtico de la Catedral y, al mismo tiempo, albergar la medida que sirvió como patrón mientras duraron las obras.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Unidades de medida y divina proporción

Infokrisis.- Esta capítulo precisa de los gráficos para entenderlo, de la misma manera que el resto de la obra gana en comprensión añadiendo las fotos que esperamos poder incluir en las próximas semanas. Así mismo, haremos otro tanto con los gráficos que en este momento permanecen en otros disketes a rescatar. Dejamos, por tanto, el hueco para insertar estos gráficos y las fotos correspondientes.

 

 

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XIII
LAS UNIDADES DE MEDIDA Y LA DIVINA PROPORCION

Esta medida está incluida en la fachada de Santa Lucía: la Canna de Destre, tallada en la confluencia de la calle de Santa Lucía con la calle del Obispo. Su medida es 2,796 m. Estaba dividida en 12 palmos catalanes de 0’233 m. Así mismo existía otra medida, la Caña de Santa Lucía, muy utilizada entre los barceloneses. Su medida era 1,55 m. Aun hoy puede leerse en la fachada de Santa Lucía una pequeña inscripción latina que nos habla de un pozo que allí existió a dos cañas de profundidad, es decir, a casi cinco metros y medio. Tal es la escasa profundidad a la que pasa por la zona el "riu de Sota" o "Riu de Santa Eulalia".

Ninguno de estos números es arbitrario; los tres tienen su razón de ser matemática. Mas adelante veremos que las proporciones de la catedral son el doble de largo que de ancho y, en volumen, la misma altura que anchura. La catedral, en la práctica, es un prisma apaisado formado por dos cubos. Más adelante insistiremos en estas proporciones. Baste decir, por el momento que existen dos diagonales que unen los vértices opuestos de este prisma, una en superficie y la otra en volumen. Calcular su medida es fácil a poco que observemos el gráfico




Grafico 1

x = diagonal del rectánculo ABCD   x =  (12 + 22) =  5 = 2’23
y = diagonal del prisma AC’   y =  (12 + 2’232) = 2’44
    Ahora bien, estas razones matemáticas nos aproximan al Número de Oro y a la Divina Proporción en función de la cual se trazaron los dos brazos del crucero de la Catedral románica que luego heredó la gótica: la Puerta de San Ivo y la Puerta que abre la Catedral al Claustro. La mitad de la diagonal ABCD es  5/2, es decir  1,11 y la mitad de la diagonal AC’ es 1,22. La suma de ambas cifras nos da la medida del Palma Catalán. Y doce veces éste la Caña de Destre que puede verse en el ángulo del muro de Santa Lucía:
1’11 + 1’22 = 2’33    ;     2’33 x 12 = 27’96
    La relación con la Divina Proporción se establece a partir del rectángulo ABCD. La sección áurea de la diagonal AC es FC, es decir










Gráfico 2

    Siendo OC =  5/2 y FC = (1+ 5)/2 = 1,618, es decir el Número de Oro. Esta ecuación nos da, al mismo tiempo, la longitud del segmento que une los vértices alternos de un pentágono regular, figura que, como veremos más adelante, tiene mucho que ver en el trazado del plano de la Catedral de Barcelona. El Número de Oro está, pues, insertado en las proporciones del pentágono.













Gráfico 3

Queda por elucidar el origen de la Caña de Santa Lucía. El número 1’55 no es tampoco arbitrario. Procede de la proporción

x2 =  (2 + 1) , es decir, x2 = 1’41 + 1) , de donde x =  2’41 = 1’55

Esta suma de  2, diagonal de un cuadrado de lado 1 y el propio lado del cuadrado, supone una aplicación del Teorema de Pitágoras para un triángulo cuyos catetos miden, respectivamente, 1 y 1’41.

Esta Caña de Santa Lucía es importante por que las principales dimensiones de la Catedral están conseguidas multiplicando su medida por unidades enteras. Las cifras obtenidas son exactas o bien hay pequeñas diferencias, con las medidas de la Catedral. Por ejemplo, la longitud exterior del Templo son 93 m. es decir 93 : 1’55, la altura 28 m. (28 : 1’55 = 18’06), la altura de los campanarios poco más de 53 metros (53 : 1’55 = 34’19), la longitud interior 79 metros (79 : 1’55 = 51) y el arranque de los arcos de las pilastras 15,5 metros (15,5 : 1’55 = 10). Cuando se trata de cantidades no exactas estamos ante una diferencia de muy pocos centímetros o, incluso, escasos milímetros. Piénsese lo que representa esa diferencia en las dimensiones de la Catedral. Por lo demás, las medidas que hemos utilizado, posiblemente contengan algunos errores.

Ya sabemos la medida que se utilizó -la Caña de Santa Lucía equivalente a 1’55 metros-. Veamos ahora como se eligió el punto generatriz. Entre la construcción de la Catedral Paleo-cristiana y la colocación de la primera piedra de la románica, transcurrieron casi quinientos años; algo debió ocurrir con la corriente telurica que circulaba bajo el Táber, el "Riu de Sota" o "Riu de Santa Eulalia", algo que desplazó el punto de máxima influencia telurica del baptisterio paleo-cristiano a la actual cripta de la Catedral. Probablemente algún desplome varió el curso de esta corriente telúrica y obligó a buscar un nuevo emplazamiento; de ahí que entre ambos centros telúricos existiera una diferencia de casi veinticinco metros. Corrió a cargo de algún "sensitivo", marcar el punto de mayor intensidad de la corriente telúrica. Este se situó en la zona donde hoy se encuentra el altar mayor, coincidiendo con la clave de bóveda de la cripta, la clave de bóveda mayor del presbiterio y la Santa Cruz del terrado. Inmediatamente se urdió la leyenda de que era en ese punto donde Santiago el Mayor predicó sobre una piedra cúbica, leyenda que ha llegado hasta nosotros. [Foto 25.- LA SANTA CRUZ EN EL TERRADO DE LA CATEDRAL, EN EL MISMO EJE QUE LA CLAVE DE LA BOVEDA MAYOR DEL PRESBITERIO, EL ALTAR Y LA CLAVE DE BOVEDA DE LA CRIPTA][Foto 26.- LA "CANA DE DESTRE" EN EL ANGULO DE LA CAPILLA DE SANTA LUCIA]

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Las tres tablas del Grial en la Seo barcelonesa

Infokrisis.- Toda Catedral gótica se construye en función de "tres tablas". Es una alusión a las tres tablas sobre las que descansó el Grial: la Tabla de la Última Cena, la Tabla del Rey Pescador y la Tabla Redonda de Arturo y sus caballeros. En la Catedral de Barcelona estas tres tablas están así mismo presentes y nos introducen en el "misterio del trazado", una antigua tradición que todavía mantienen hoy viva ciertas agrupaciones iniciáticas.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XV
LAS TRES TABLAS DEL GRIAL EN LA SEO BARCELONESA

 

El eje de la Catedral era marcado por la sombra de un bastón en el momento que pasaba a ser el eje de la misma. Seguramente ese bastón tenía la dimensión de la Caña de Santa Eulalia y era hincado en el punto de mayor influencia telúrica. El Maestro de Obras, observaba el curso del Sol en una de las "puertas solsticiales", con toda seguridad el Solsticio de Invierno y, a las 12 del mediodía, marcaba:

- la sombra proyectada por el bastón que le daría la orientación del eje de la Catedral (en este caso, desplazado 33º al Este), que no sería más que su prolongación.
- un radio sobre el suelo del Táber, que se serviría para trazar una circunferencia.

Es importante recordar que los maestros de obras medievales no trabajaban con medidas exactas, sino con proporciones y éstas, en ocasiones, eran aproximadas. A efectos del maestro de obras, la Catedral tenía una base cuyas proporciones eran 1:2, doble de largo que de ancho; sobre el plano se comprueba que hay un desfase de casi dos metros, algo imperceptible en el edificio. Así mismo, como veremos, al trazar algunas figuras formas poligonales o encontrar la resolución a determinados problemas (el de la cuadratura del círculo), comprobaremos que se trata de soluciones aproximadas, posibles apelando a la geometría y cuestionables desde el punto de vista matemático. En la magnificencia de la Catedral tales desfases no suponen alteraciones en la armonía del conjunto; en cierta forma, recuerdan una tradición de los constructores musulmanes que, siempre, en algún punto del edificio, voluntariamente, dejan una imperfección: la obra perfecta solo está al alcance de Dios. Por todo ello eludimos dar medidas exactas que podrían oscurecer las explicaciones que siguen... por lo demás, el maestro de obras tampoco recurría a ellas.

Regresemos a la técnica del trazado.

Tenemos el punto generatriz y el primer desarrollo del plano, un círculo. En ese punto, el maestro de obras plantó el bastón y su sombra determinó el radio del círculo. Este círculo es el que encierra el lugar más santo de la Catedral: allí está el altar mayor y las columnas que delimitan el deambulatorio. Sabemos que el maestro de obras utilizó una cuerda de doce nudos, regularmente distribuidos, para trazar una estrella de siete puntas. Esto le daba una angulación, que utilizaba para dividir el círculo en siete arcos, podía así trazar una estrella de siete puntas que le ayudaba a situar exactamente, no solo las capillas del claustro, sino incluso definir exactamente el ancho y largo de su Catedral. ¿Por qué siete capillas? ¿por qué un círculo dividido en siete partes, cuando hubiera sido mucho más sencillo adoptar otra figura poligonal? ¿Acaso por que el siete es el número de la perfección y nuestro magister quería trasladar esa perfección a su templo? ¿o por qué era el que más convenía a esta Catedral en concreto? No hay respuesta...

Hoy jugamos con ventaja porque la Catedral ya está construida y resulta relativamente fácil encontrar la secuencia lógica que utilizó el maestro de obras para planificar sus formas; pero aquel hombre sabio tenía sólo un terreno sobre el que edificar su Catedral y ni siquiera estaba vacío. Mientras se construía el ábside de la actual Catedral, proseguían los oficios en el templo románico cuyo ábside no fue derribado sino hasta bien entrado el siglo XIV, es decir, mucho después del inicio de los trabajos. Nuestro maestro desconocido debió confeccionar un triángulo isósceles con su cuerda de doce nudos y trece secciones. Situó cinco divisiones en la base y cuatro en cada uno de los lados. El ángulo marcado por la base y estos lados, era 51º 19'. La división de un círculo en siete partes le da una apertura de 51º 25' para cada uno de los ángulos. Al maestro de obras le bastaba construir el triángulo isósceles siete veces, utilizando el mismo centro -o bien tomar la medida del arco que marcaba en la circunferencia y transportarlo siete veces- para dividir el círculo en siete segmentos y poder trazar, una estrella de siete puntas y un heptágono regular. Pues bien, de la combinación de uno y otro, unidas a las medidas del crucero del edificio románico, surgirán todas las medidas y proporciones de la Catedral. Ésta como hemos visto, tenía una longitud doble a su anchura; esto nos da la proporción 1:2 que repite en varias medidas de la Seo. Es la proporción de la "primera tabla". Pero esto requiere una precisión.

Una vieja tradición de los constructores entronca directamente con la leyenda del Grial y nos indica que ambas son hijas de la misma matriz. Quiere la tradición que la mesa sobre la que se celebró el último encuentro de Cristo con sus discípulos y la primera celebración eucarística, fuera una mesa rectangular. De ahí que en aquella parte de la Catedral en donde se rememora este sacrificio, durante la ceremonia de la Misa, sea el lugar relacionado con la "tabla rectangular".

Pero en el ciclo graélico se habla de otra mesa, aquella en la que fue depositado el Grial una vez llevado al castillo maravilloso del Rey Pescador y colocado junto a la lanza y la espada del Poder. Esta mesa era cuadrada y en torno suyo se sentaron los Caballeros Custodios.

Finalmente, el Grial fue llevado a la Corte de Arturo por Bors, el "humilde caballero", único que regresa a Camelot tras haber conquistado la preciada copa. Merlín ha fundado la Tabla Redonda y poco después, en el curso de una reunión el día de Pentecostés, el Grial apareció flotando sobre un rayo de luz y cubierto por un velo. Fue entonces cuando los caballeros decidieron partir en su busca dando origen al ciclo de aventuras iniciáticas del Grial.[Foto 27.- LA ESTRELLA DE SIETE PUNTAS Y EL TRAZADO DEL ABSIDE]

Por eso dice la tradición que fueron tres las tablas que llevaron el Grial -la rectangular, la cuadrada y la redonda- cuya superficie es la misma y su número es 21. Indicaciones suficientes que nos resuelven la totalidad del enigma constructivo. El número 21 es, a la vez, el resultado de sumar los seis primeros números (1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 = 21) que conforman la "corona del mago", la estrella de seis puntas, y también una proporción que está presente en ésta y en otras muchas Catedrales: 2/1. Si construimos un rectángulo cuya base sea la mitad de su altura, la diagonal será  5. Si a este número se añade la unidad y se divide por dos el resultado es  (5+1)/2 = 1,618, el Número de Oro, la Divina Proporción. Pues bien, esta proporción 1:2 se encuentra en la planta de la Catedral cuyas medidas exteriores son 45 x 92 metros y es también, como veremos, la de la primera tabla. [Foto 28.- LA TABLA RECTANGULAR, PRIMERA TABLA]

El primer círculo, marcado a partir de la generatriz de la Catedral, señala el límite interior entre el deambulatorio; sobre él se traza la estrella de siete puntas. Pero hay un segundo y un tercer círculo que son importantes a la hora de establecer la anchura de las naves laterales y del deambulatorio. Para encontrar el segundo círculo bastará con doblar la longitud del radio del primero, o si se quiere tomar el diámetro de éste y convertirlo en el radio del segundo; respetaremos así la proporción 1:2. El círculo trazado con ese radio marca la ubicación de los peldaños que ascienden hasta las capillas del ábside; pues bien, bastará encontrar las siete interferencias entre las bisectrices de las puntas de la estrella y el perímetro de este círculo, para establecer el centro geométrico de las capillas.

Pero ¿qué medida deberemos utilizar para trazar los pequeños círculos que marcan las dimensiones de estas capillas?. Simplemente deberemos encontrar la Sección Aurea del radio utilizado para trazar el círculo que tiene inscrita la estrella de siete puntas. Una vez hallado, todo consistirá en trazar los círculos tangentes al nuevo círculo; a partir de aquí basta con transformar la forma circular cada uno de estos círculos en octógonos para obtener la forma de las siete capillas.

Así pues, con esta primera operación geométrica, el maestro de obras resolvió, con apenas el bastón y la cuerda, no sólo los primeros problemas que planteaba la cabecera del templo y su trazado, sino también las dimensiones de la tabla rectangular. Su ancho es el diámetro del primer círculo que nos sirve para trazar la estrella de siete puntas y su altura el diámetro del segundo círculo. Su superficie: la base por la altura.

Queda ahora la mesa cuadrada. Sabemos que su superficie es la misma que la de la tabla anterior. Y que su forma es cuadrada. Está perfectamente marcada sobre el eje de la Catedral y abarca de la primera a la cuarta claves de bóveda y a lo ancho por los muros que separan las cuartas de las quintas capillas laterales. Contiene toda la sillería del coro. El vértice superior está ligeramente desplazado hacia el altar mayor a un metro escaso de la clave de bóveda del transepto. Sabemos cuál es su superficie, la misma que la de la mesa rectangular, sabemos, pues, cual es la medida de su lado: Si la Superficie de la Mesa Rectangular (X) es idéntica a la de la Mesa Cuadrada (Y), y la Superficie de esta es igual a Y = L2, el lado de ésta será X = Y = L·L   Y = L2, de donde L =  Y

En cuando a la Tabla Redonda el procedimiento es análogo. Ya que sabemos la superficie que debe tener, nos restará, para situarla en el plano, la medida de su radio. Para hallarlo, tendremos, igualmente presente que la superficie de la Tabla Redonda (Z), es igual a la de las otras dos Tablas (X e Y). La fórmula que nos da la superficie de un círculo es Z =  ?·r2 , siendo r el radio. Sabemos el valor de Z y el de ?, por tanto, despejando r nos quedará:  r2 = Z / ?, de donde r =  Z/?.

Estas simples fórmulas permitieron al maestro de obras trazar tres figuras geométricas de la misma superficie (en términos geométricamente precisos, aunque no matemáticamente exactos). Había situado la mesa rectangular, pero le quedaban la cuadrada y la redonda. Sabía solo que ambas tendrían como diagonal y diámetro, el eje central de la Catedral. Resulta claro que la "tabla cuadrada" está situada sobre la superficie del actual coro y abarca toda su sillería. La "tabla redonda", por su parte, se encuentra próxima al pórtico del templo, una vez rebasado el atrio y su centro geométrico está situado bajo el cimborrio.  [Foto 30.- LUGAR Y DIMENSIONES DE LAS TABLAS CUADRADA Y REDONDA]

Las proporciones de la Catedral de Barcelona, están en relación 2 : 1, es decir, 2 de largo y 1 de ancho. Ya hemos dicho que  hay dos metros de diferencia. Sin embargo, no hay que olvidar que el Templo empieza no tanto en el límite que marca la puerta como tras superar el atrio. El atrio está constituido por los contrafuertes ocultos tras el pórtico principal y a partir de ese límite se inicia el espacio sagrado (es ahí donde están colocadas las pilas de agua bendita). Entonces las proporciones 2 : 1 se cumplen.

En cuanto a las dimensiones del claustro, se hallaron por un procedimiento similar. A partir de la estrella de cinco puntas, se trazó otro círculo a partir del cual fue posible construir otra estrella de cinco puntas. Estas figuras situaban los límites interiores del ala NO del claustro (paralelo a la calle de Santa Lucía) y el límite del muro exterior del claustro paralelo a la calle del Obispo. El eje de esa pequeña estrella pentagonal constituía, así mismo, el eje del claustro. Y es ahí donde las ocas sorprenden por su estruendo y por su presencia misma.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Las ocas del claustro

Infokrisis.-Sin duda el elemento que recibe mayor atención del visitante y que siempre, a partir de ese momento, quedará inscrito en su memoria cuando se le mencione la Catedral de Barcelona, son sin duda las ocas que se encuentran en el claustro y que son la herencia de una vieja tradición barcelonesa que relatamos a continuación. Esta tradición entronca con el patrimonio de la tradición hermética: no en vano, la oca es el símbolo de aquel que está en vela permanentemente.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XVII
LAS OCAS DEL CLAUSTRO


Las ocas son, sin duda, los huéspedes más simpáticos del claustro; las hemos visto en muchos otros lugares góticos, casi siempre unidas a leyendas graélicas o artesanales. En la Seo barcelonesa no podía ser de otra manera. Cuenta una vieja tradición que apenas abierta la cantera e iniciadas las obras, durante la noche, unos ladrones, irrumpieron en la "logia" del "barraquer", guardián de los dineros y de los instrumentos de construcción. Pero nuestro "barraquer" mantenía junto a la cantera, un corral con estridentes ocas que graznaron hasta despertarlo. Este puso en fuga a los desalmados. Para recordar este episodio, el capítulo catedralicio quiso que las ocas siempre vigilaran el templo.

Otra tradición es coincidente con la anterior. La primera mártir barcelonesa, Eulalia, fue advertida por las ocas de su corral de la presencia de los esbirros de Daciano. Así pues las trece torturas  -dramatización lúgubre de los avatares que sigue la materia prima en su mortificación, como veremos en la segunda parte de esta obra- se iniciaron bajo el augurio de los graznidos de estas aves.

Las ocas estaban presentes en lugares sagrados, como mínimo, desde que en el 390 a. de JC alertaron a la guardia del Capitolio romano de la presencia de los galos. E incluso antes, se sabe que el templo de Juno era protegido por ocas sagradas. La tradición céltica asimilaba el cisne con el ánsar y fue así como, apenas disimulado, Helias -Helios = el Sol-, el glorioso "caballero del cisne", conquistó el Grial. Mucho antes, en el Egipto de las primeras dinastías, los faraones, identificados con el sol, gustaban ser representados en forma de ocas, pues, no en vano, sostenían que este ave había nacido del huevo primordial... ese mismo huevo que, año tras año, baila bajo la clave de bóveda del templete de San Jaime en el claustro y al que consagraremos unas pocas líneas más adelante.

Así pues el tema parece tan viejo como la misma humanidad. Nuestro admirado Fulcanelli ve en las ocas arcanos de la gran obra, pero desdeña extenderse sobre su significado simbólico y hermético. Las pocas líneas que consagra a este animal son insuficientes para saciar la sed de saber del aprendiz. Y sobre todo ¿por qué graznan en nuestra Catedral? [Foto 31.- LAS OCAS DEL CLAUSTRO]

Una leyenda relaciona a las ocas con las hermandades de constructores. Aquellos hombres sabios que alzaron los más hermosos edificios del Medievo eran conscientes de que sus propias manos eran más sofisticados instrumentos de trabajo y el primero de los útiles geométricos. Pues, en efecto, al abrir la palma y extender los dedos, observaron que pulgar y meñique formaban un ángulo recto mientras que anular, índice y medio, correspondían a las tres garras de la oca, unidas por la membrana que les facilita nadar. Vieron además que si extendían la mano con la palma perpendicular al suelo y el pulgar paralelo a este, a modo de cuadrante, los otros tres marcaban las posiciones del sol en los solsticios (anular e índice) y en los equinoccios (el medio). Fue así como divinizaron a este animal en cuyas extremidades vieron reflejado el recorrido del disco solar; para su mentalidad tradicional esto constituyó el indicativo de que había algo de la naturaleza del astro rey en estas aves. Su capacidad para desplazarse por encima de las aguas, le confirman en su carácter tradicional que hacía de ellos un producto del huevo cósmico primordial; en efecto, "el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas" tal como escrito está en el Génesis. [Foto 32.- LA MANO, INSTRUMENTO DE MEDIDA DE LAS ESTACIONES]

Luego estaba su plumaje blanco. La luz pura del Sol Verdadero es blanca. El iniciado, cuando atraviesa por la experiencia del "albedo" (segunda fase de la obra u "obra al blanco") se siente invadido por una luz blanca que surge de su interior y, paralelamente, percibe como el compuesto mineral que bulle en el Atanor, dentro del huevo filosofal, adquiere esa misma tonalidad, desapareciendo la textura hojaldrosa que cubría la etapa entre el negro y el blanco, para pasar a un aspecto pastoso y uniforme; entonces sabe que ha coronado la segunda fase de la obra hermética, aquella, en la que según los textos canónicos, se opera la fusión entre el Rey (principio activo, oro, Azufre o alma) y la Reina (principio pasivo, Mercurio o espíritu), formándose el ente andrógino. Esta fase se llama también "cópula filosofal" y su unión resulta indisoluble: no es raro, pues, que hoy la oca haya pasado a ser símbolo de la fidelidad conyugal. Pero también señala con su impronta la dignidad real. Los egipcios anunciaban la entronización de un nuevo rey liberando ocas en las cuatro direcciones del horizonte y diciendo: "Apresúrate y di a los dioses que el faraón ha tomado la doble corona". Quien, como la oca, puede desenvolverse sin dificultad sobre las aguas caóticas e informes, es que ha vencido a la naturaleza del Mercurio primitivo, su movilidad y fluidez, y ha conseguido fijarlo, liberando la semilla del oro. Los antiguos tomaron el abultamiento circular que lucen las ocas en su cabeza como otro signo distintivo de la naturaleza solar de dicha ave, mientras que la largura de su cuello fue tenida como un intento titánico de dotar a la oca de una mayor proximidad al astro rey.

No en vano se decía en la Edad Media que las ocas y los cisnes eran blancos por fuera y negros por dentro. Quien haya conseguido purificar sus tres santuarios, vencer la oscuridad y las tinieblas interiores y abrirse a las cumbres luminosas, comprenderá por qué el tránsito del interior de la Catedral a las galerías abiertas del claustro, es algo más que un simple cambio de escenario; los graznidos de las ocas se lo indican, esos animales que siempre, en cualquier circunstancia, como el alma del Despierto, están en perpetua Vela.

Gustav Meyrink, al viejo escritor de Praga, supo transcribir en unas pocas líneas la naturaleza de esta experiencia, aun sin hablar del animal que la encarna en nuestra Santa Catedral. "La que llave abre nuestra naturaleza interior está oxidada desde el Diluvio. Se llama velar, velar lo es todo"

La Oca, es el símbolo de aquel que está perpetuamente en vela...

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. El pórtico mistérico.

Infokrisis.- Existe un pórtico extraño que comunica la catedral con el claustro en cuyos capiteles se encuentra un universo simbólico particularmente rico e irreductible a la teología católica. Se trata de unas columnillas supervivientes de la antigua catedral romática. Su simbolismo es particularmente rico a la luzde la tradición hermética y, seguramente, tras los relieves situados a ambos lados de la Puerta de Sant Iu (San Ivo), los más elocuentes y de mayor contenido simbólico.


El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XVIII
EL PORTICO MISTERICO


Ya hemos aludido a la puerta que comunica el brazo sur del transepto con el claustro. Se ha creído hasta hace poco que esta puerta y sus motivos decorativos, eran restos del pórtico principal de la primitiva Catedral románica; sin embargo, cuando se realizaron las excavaciones en el baptisterio para comprobar la solidez de los fundamentos y garantizar la feliz construcción del cimborrio, se descubrieron los restos del pórtico de la Catedral románica y pudo comprobarse que las medidas no correspondían con las de la puerta situada entre el crucero y el claustro. Hoy se sostiene, sin excesiva convicción, que los relieves fueron labrados por artistas pisanos y traídos a Barcelona en 1327, junto con otras piezas. A nuestros efectos, importa poco si esta puerta y los capiteles de las columnillas proceden de la Catedral románica o bien fueron traídos de Pisa junto a los frisos de la Puerta de San Ivo que, por lo demás, tienen idéntica significación hermética y no son reductibles a la teología y simbólica católica. Por nuestra parte, tenemos la íntima convicción de que durante más de doscientos cincuenta años por esta puerta penetraron los barceloneses en la Catedral construida por Ramón Berenguer "el Viejo" y su amada esposa Almodis. A su derecha, las columnillas del ábaco están coronadas por capiteles corintios floreados que indican la lujuriosa floración de la derecha del Árbol de la Ciencia. A la izquierda de la puerta, por el contrario, el panorama es sensiblemente diferente y nos muestra complejas representaciones simbólicas cuya riqueza explica el porqué la puerta se conservó de una a otra Catedral. 

Estos cinco capiteles indican cuatro momentos distintos y graduales de purificación de la materia prima. En el primero puede verse un águila atacada por dos pavos: la naturaleza ígnea del águila, único animal que puede mirar al sol cara a cara sin cerrar los ojos, contrasta con la realidad del pavo, símbolo de un alma atormentada por el mundo de la dualidad; grosero y pesado, incapaz de remontar el vuelo y sumido en la fealdad más absoluta y en la agresividad inconsecuente, los pavos simbolizan el mundo dual que ahoga el alma, así como los estados menos evolucionados, oscuros y opacos del mundo mineral. Ni un solo animal tiene el Ego tan desarrollado como el pavo, ajeno a su propia fealdad, con sus andares pretenciosos y sus intentos para aparentar ser más de lo que es en realidad, hinchando sus plumas. Ni un solo metal es tan pesado, denso y opaco como el plomo.

El segundo capitel muestra a uno de estos pavos compartiendo secretos con una ondina; símbolo ésta del Mercurio, pasivo, lábil y húmedo, que encuentra su lugar natural bajo las aguas informes y oscuras evocadoras del caos originario. Se trata de dos formas mercuriales -representadas respectivamente por el pavo y la sirena- ligadas a los elementos Tierra y Agua respectivamente, que tienen su equivalente en el ser humano en los huesos y en los humores y secreciones del cuerpo, indudablemente las dos que registran mas y mayores impurezas y escoria mineralizada y que no podían sino trabajar conjuntamente para la perdición de lo humano y la asfixia del Azufre.

El capitel siguiente está ornado con una forma femenina que cobija en su pecho a un hombre desesperado y abatido. Otra mujer, desnuda y seductora, resulta devorada por dos animales de similar naturaleza, sapo y serpiente. El principio activo, masculino y solar, sulfúreo, en definitiva, aparece devorado por el elemento pasivo, lunar, representado por la mujer; en el curso de ese proceso se ha generado el Ego. La notación gráfica de esta etapa es aquella con la que los alquimistas indicaban la Sal, ?, el círculo del caos traspasado por una línea horizontal que indica cese del flujo vital, y una quietud que no es propia de la serenidad olímpica, sino de la muerte y del sueño, resueltos ambos en posición horizontal. El elemento salino o principio pasivo, representado por la mujer en el capitel anterior, es ahora sometido a todo tipo de tensiones. Acechado por un sapo y una serpiente, indica su naturaleza mortal y su sometimiento al mundo de lo dual y contingente. La Sal se ve asaltada por la presión y seducción de aquellos elementos más próximos a su naturaleza, representados aquí por el sapo y la serpiente, alegorías de un espíritu no rectificado, salvaje y ligado al mundo. Pero este espíritu denota ya una cualidad diferente: su color verde, propio de ambos animales, nos dice que hay algo de fuerza y vigor en él; su ataque a las formas femeninas y lunares, habla mucho de la necesidad que tiene el operador de oponerse a la Sal, con la potente arma que supone el mercurio rectificado propio de un espíritu lo suficientemente fuerte como para emerger sobre lo que es puramente arrastrado por la materia. [Foto 33.- SUCESION DE CAPITELES EN EL PORTICO ROMANICO]

Hará falta, pues, la concurrencia del principio superior representado en el capitel siguiente: allí aparece con toda claridad un león devorando al venado. La cualidad ígnea se ha reforzado en relación a la verdosidad anterior; el amarillo solar de las melenas del león nos inducen a pensar que el espíritu ha resultado fortalecido y ahora ya es capaz de oponerse con garantías de éxito a la naturaleza terrestre y vegetativa, extremadamente nerviosa y movediza de nuestro Mercurio, representado por el venado cuyas astas indican relación con el elemento vegetativo y su agilidad, la movilidad que define la naturaleza del metaloide líquido. En la siguiente imagen se ve reforzada y multiplicada esta operación. El león, aparece ahora, alado, devorando a la serpiente. El rey de la tierra, revestido con las alas del águila, rey de las alturas, animales solares por excelencia, termina venciendo a la naturaleza reptante y serpentina que existe en el sujeto. La elevación que indican las alas, hace que a la situación de estagnación y muerte a la que antes hemos aludido, prosiga otra de resurrección y vida nueva, de verticalidad, en definitiva, ?. El águila y el león han domado a la serpiente; el poder de ésta ha quedado neutralizado. El eje de la personalidad se ha desplazado de los dos pavos que eran su primera imagen, a esta última representación. Y es justo en ese momento cuando aparece la figura del basilisco, perífrasis de la piedra filosofal, situado también en nuestro querido pórtico que tanto nos dice con su libro mudo de imágenes.

En efecto, en el capitel dispuesto sobre la jamba de la puerta, puede verse una figura extraña envuelta en densos ropajes, un águila con cabeza humana, dos dragones en oposición y el basilisco. La figura de aspecto indescifrable es la imagen misma de la Ciencia Hermética que se cubre con formas enigmáticas para evitar la penetración del intruso y huye del insensato, una ciencia antigua que se muestra inaccesible al profano. El águila antropomórfica es el símbolo del hermetista una vez alcanzado la maestría; los dos dragones enfrentados evocan la dualidad vencida y derrotada, neutralizada pero no muerta, domeñada, que tan bien ha sido representada en el caduceo de Hermes. En cuanto al basilisco nos dice que el Artista ha coronado sus trabajos de Hércules y su viaje en pos de las Hespérides, hallando la piedra transmutatoria.

Decía la tradición que el Basilisco mataba a quien miraba y el Fisiólogo completa la descripción diciendo que "nace del huevo de un gallo. Cuando el gallo tiene siete años cumplidos, en su vientre crece un huevo. Y Cuando siente este huevo queda maravillado de sí mismo y experimenta la más grande angustia que una bestia puede sentir o sufrir. Cansado, busca un lugar oculto en el estiércol o en una cuadra y rasca con las patas hasta hacer un hoyo para poner en él su huevo. Y cuando el gallo haya hecho su agujero, correrá a él diez veces cada día hasta que se libre de su carga. Y el sapo es de tal naturaleza, que percibe por su olfato el veneno que el gallo lleva en el vientre; lo acecha de modo tal, que el gallo no puede ir a su hoyo sin ser visto. Y en cuanto el gallo se aleja del lugar en que ha de poner su huevo, allí va el sapo para ver si el huevo está puesto. Cuando el huevo está puesto, el sapo lo toma y lo incuba. Y cuando lo ha incubado tanto que está a punto de abrirse, es una bestia que tiene la cabeza, el cuello y el pecho de gallo y el cuerpo por detrás es como el de una serpiente. Y en cuento esta bestia puede, busca un lugar oculto en una vieja sima o en una antigua cisterna y allá permanece sin que nadie pueda verla. Pues es de tal naturaleza, que moriría si el hombre alcanza a verla antes de que ella vea al hombre". Hemos sabido de la existencia de varios basiliscos ornando ermitas en pueblos del Pirineo Catalán; hay uno particularmente hermoso en el tímpano de la Catedral de Jaca y en la de Gerona; se le tiene por guardián de tesoros -como el glifo en otras latitudes- y rey de las serpientes. Todos estos detalles simbólicos indican, no solo su calidad, sino el método de preparación de su nacimiento y los elementos de los que surge. El gallo, con su cresta inmensa y roja, y su hábito de cantar la salida del sol, representa el Azufre metálico y el Alma del individuo, en estado libre y dominante; el huevo que debe poner es el núcleo de toda generación, pero no es sino hasta que el sapo -el principio mercurial y, al mismo tiempo, el espíritu- contribuya también a incubarlo, que verá la luz. La unión del Azufre y del Mercurio, del alma y el espíritu, conforman la naturaleza del nuevo ser que produce la muerte de quien lo mira; por qué quien tiene la capacidad de mirarlo es que lo ha realizado en sí y muere en tanto que "hombre viejo". La alusión a los siete años cumplidos y a las diez visitas del gallo a su huevo, no son sino las distintas soluciones y coagulaciones, necesarias para forzar la unión de los contrarios.

Algunos tratadistas han querido ver en los símbolos narrados en este pórtico, fragmentos de la historia de Job y no es raro que así sea. Job representa la paciencia que debe hacer gala el hermetista para continuar con la misma operación mil veces repetida de disolución y coagulación de su compuesto filosofal. Difícilmente encontraríamos en la Bibia otra imagen más sugestiva para definir las cualidades del hermetista que la de este Job incapaz de inmutarse ante cualquier estímulo que le desviara de su vía. Símbolos ingenuos para una elevada sabiduría.

Incluso hoy se duda del origen de esta puerta y de sus capiteles. Según una teoría, el maestro de obras eliminó la columna central  que sostenía el vano de la puerta de acceso a la antigua catedral románica, redujo la anchura de luz de la puerta, cortó el tímpano como si de una rodaja de queso se tratara y pulió su parte inferior para obtener un nuevo dintel. Por ello el primitivo arco románico perdió su redondez y aparece hoy ligeramente apuntado. Pero, ya sea mediante adaptación del portico de la catedral románica a las dimensiones de la puerta del claustro, o bien cincelado por artistas pisanos en el siglo XIV, éste pórtico, unido a los reieves que embellecen la Puerta de San Ivo, incluyen el mayor número de símbolos y sugerencias  herméticas de la Catedral de Barcelona. Sea cual sea su origen !bienaventurados sean los símbolos labrados en piedra capaces de expresar mediante sus formas aquello que las pobres palabras humanas apenas alcanzarían a entrever!

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. La doma del dragón.

Infokrisis.- El dragón es uno de los elementos recurrentes en todas las tradiciones populares y está, por supuesto, presente en la Catedral de Barcelona. Esto nos ha permitido reconocer en él uno de los elementos que imprimen carácter a la catedral y que suponen un nuevo factor de interrelación entre el edificio y la tradición hermática al que lo vinculamos en esta obra. El material legendario que utilizamos tiene fuentes múltiples, habitualmente setecentistas y alguna recopilación realizada por Joan Amadés.

 

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XIX
El alquimista y el dragón

 

I. NUESTRA PIEDRA ANGULAR

Un alquimista monta guardia en el claustro de nuestra Catedral. Próximo a los capiteles que acabamos de analizar se halla la Puerta de la Piedad que abre el claustro a la calle del mismo nombre. En la parte interior del muro, labrado en piedra a modo de ménsula, nos sorprende una imagen, por su actitud, mezcla de energía, agudeza y penetración; diríase que el artista que la labró estaba inspirado por Dios. Entre sus manos sostiene una larga filacteria sin palabras inscritas; su cuerpo está cubierto de ropajes, espesos y densos; mira fijamente a un lugar situado a 45º del muro que parece querer abandonar. Nos sentimos vivamente impresionados la primera vez que reparamos en la presencia de aquella imagen tan evocadora como afortunada. El objetivo de su mirada está situado junto a las columnillas del pórtico románico, es una pequeña hornacina apuntada, de apenas 25 cm. de anchura y profundidad, y poco más de altura, cerrada por un forjado que, en otro tiempo, podría y abrirse. Dentro existe una vieja lámpara en forma de dragón estilizado, igualmente realizada en forja, convertida ayer en soporte para dos pequeñas bombillas maltratadas e inutilizadas por algún bárbaro. La ornacina es desde hace muy poco el lugar donde los turistas, sin saber por qué, arrojan calderilla. Hay que suponer que el humo del aceite o de las candelas que allí se debían encender, ennegreció la imagen y su minúsculo habitáculo y que el restaurador estimó que era más importante llevar la luz artificial que respetar la intención originaria con que fue construido.

En otro tiempo, existió en Notre Dame de París, una curiosa figura, hoy desgraciadamente desaparecida, situada también en el interior de un muro y con una función relativamente similar. Le llamaban Maister Pierre du Coignet, literalmente "la piedra mestra del rinconcito" ("coignet" es un diminutivo de rincón) y representaba a un diablo dotado de gigantesca boca abierta, en la que los fieles apagaban cirios y candelas. La sucesión de devotas generaciones, había ennegrecido, hasta lo indecible, la imagen y acumulado una gruesa capa de cera y hollín; pero tal era la intención originaria que debió ser respetada. La "piedra maestra del rinconcito", evocaba el drama de la naturaleza humana: a ella va a parar todo lo que la ennegrece y recubre de un velo pastoso y opaco, hecho de residuos inservibles y groseros. Hay quien la identifica con el más bello de los arcángeles, Lucifer, príncipe de la luz y portador de la piedra verde en la frente con la que se talló el Grial; devenido avatar del Maligno y "mico de Dios", es el imitador. Pero también es nuestra piedra angular sobre la que se sostiene todo el edificio de lo humano. Sin ella, lo humano es inconcebible. Maister Pierre du Coignet recordaba a los fieles el verdadero aspecto de sí mismos y la necesidad de disolver la escoria del Ego que recubre el Alma y se enseñorea del cuerpo; por qué sobre el cuerpo físico se apoya todo nuestro Templo. [Foto 34.- EL DRAGON EN SU ORNACINA]

II. EL CONCURSO DE LO DIVINO


Algo parecido nos dice nuestro alquimista y su dragón inciso en la piedra. Una figura angélica se muestra junto a él en la otra ménsula del pórtico. Esta última nos habla del concurso de lo divino, sin lo cual nada puede obrar el milagro transmutatorio. ¿Cómo pensar que con las meras fuerzas humanas puede operarse un resultado que excede con mucho las posibilidades de lo humano? ¿Cómo puede un espíritu ciego desconsiderar la parte trascendente que concurre en la Obra y que el ángel reivindica con su presencia?; la manipulación de los cuerpos más próximos a la naturaleza del oro -los sulfuros metálicos- que realiza el alquimista en su laboratorio, precisa de algo más que la habilidad del químico: tal es el mensaje del principio angélico.

Tenemos así, a uno y otro lado del interior de la Puerta de la Piedad, a un alquimista inspirado por un ángel que mira al dragón ¿qué nos quiso decir el maestro de obras con tan singulares sugerencias simbólicas? El símbolo del dragón en todo el proceso de renovación interior y metálico que acomete el hermetista es lo suficientemente delicada y completa como para que antes de responder a la cuestión planteada, examinemos los relieves de la puerta de San Ivo que tienen mucho que ver con este tema. [Foto 35.- EL ALQUIMISTA CUBIERTO CON LOS VELOS DE LA CIENCIA Y EL PRINCIPIO ANGELICO, SU COMPLEMENTO]

La puerta de San Ivo abre la Catedral al ala Norte del crucero. La opuesta, limita con el claustro. Ambos extremos son el Alfa y el Omega de la Catedral. Antiguamente, las cruces católicas iban acompañas de las dos letras extremas del alfabeto griego, indicando que Cristo es "el Principio y el Fin de todas las cosas". Pero estas dos letras conforman otra idea que penetra de lleno en el terreno del hermetismo. Paracelso, el gran médico rosacruz alemán, se acompañaba de una espada en la que tenía escrita la palabra "AZOTH", compuesta por la primera y la ultima letra de los alfabetos griego, latino y hebreo. Y es que el Azoth es el principio y el fin de la Gran Obra el símbolo de la propia piedra de transmutación.

Da la sensación de que faltan estatuas bajo las arquivoltas, pero esta primera impresión se ve compensada por los relieves en forma de frisos situados a uno y otro lado de la puerta. Su trazado, como el pórtico opuesto -el del claustro- responde a la divina proporción. Se ha sugerido que los frisos procedían de la Catedral románica o bien que llegaron de Pisa en 1327 junto con otras piezas (las columnillas que sostienen el sarcófago de Santa Eulalia, los elementos decorativos situados en la puerta que abre la Catedral al claustro y que precederían al sarcófago de Santa Eulalia, situado en la cripta y que llegaría cinco años después). Nadie duda que estos frisos no son propios del gótico, ni tampoco del románico; en ellos se perciben trazas de una transición entre ambos estilos.

Estos frisos nos muestran seis escenas, aparentemente sin ninguna ligazón y, desde luego, sin el más mínimo contenido devoto. Si están en la Catedral es, sin duda, por la enseñanza hermética que contienen. En la parte izquierda, próximo al antiguo puente ya desaparecido que unía la Catedral con el Palau del Lloctinent, se muestra un glifo que mata a un león y en la esquina, un guerrero peludo provisto de escudo y lanza; más a la derecha, en la parte frontal, otro guerrero combate contra un glifo rampante, cubierto con casco y dotado de escudo. En la parte derecha, un guerrero introduce una espada en la boca de un león a cuyos lomos permanece montado. Finalmente, un ciervo y una leona, protegiendo ésta a sus cachorros, mientras desde un árbol, un asno y una lechuza observan las escenas. [Foto 36.- RELIEVES DE LA PUERTA DE SAN IVO.]

Se ha sugerido que la secuencia de los relieves está desordenada y ningún autor se ha atrevido a dar una interpretación de las escenas que, repetimos, no tienen ni un solo punto de contacto con el dogma católico. Nosotros, por el contrario, sostenemos que los relieves fueron colocados en el orden que correspondía y con una intención precisa que remite a la tradición hermética. En el "Pequeño tratado de la Piedra Filosofal" de Lambsprinck y en sus 17 grabados se comprueba que todos los temas y símbolos de la Puerta de San Ivo están presentes, sin excepción, en los textos herméticos. Vanamente buscaríamos en las páginas de la Biblia símbolos siguiera aproximados. [Foto 37.- GRABADOS 5, 10, 2, 6, 3, 7 Y 4 DEL LIBRO DE LAMBSPRINCK]

La primera imagen de la izquierda nos muestra un glifo que mata a un león. La izquierda es la mano siniestra (en italiano ha conservado incluso este sentido maligno, "sinistra"). La escena es el paradigma de la condición existencial del hombre que no ha experimentado la renovación de su naturaleza que nos propone la Ciencia Hermética. La enseñanza de este primer relieve es paladina: el Mercurio (Glifo), asfixia al Azufre (León). El espíritu ahoga y envuelve al alma y le priva de la posibilidad de manifestarse.

El Glifo es el guardián del oro hermético. Animal mitológico, presente en todos los bestiarios medievales, se decía que olfateaba el oro y cuando lo poseía, nada humano ni divino conseguía separarlo de él. Aparece, en ocasiones, con aspecto de león dotado de garras, alas y cabeza de águila. Volatilidad, fiereza y movilidad son las ideas que nos sugiere el Glifo, es decir, las cualidades propias de un espíritu aún indómito. Nos ha sido dado ver distintas encomiendas templarias -como la de Cahors, restaurada recientemente por los "compagnons"- que ostentaban glifos a ambos lados de la puerta. ¿Custodiaba el mítico animal los haberes de la Pobre Milicia de Cristo? ¿Acaso no tenían los templarios armas y defensas suficientes para asumir una tarea cuya delegación hubiera constituido vergüenza y deshonor para una heroica orden guerrera?

El oro que custodiaba el Glifo era muy otro, diferente del oro físico salido de la mina; aquel alude al oro que se obtendrá por destilación y sucesivas sublimaciones que llevarán a la materia prima, desde la rugosidad y aspereza originaria, a la sutilización y refinamiento progresivo e irreversible y, finalmente, a mostrar su naturaleza de Oro y Fuego. Es la naturaleza Real representada por los símbolos solares del León y el Aguila; unidos ambos animales en el mítico Glifo, representan lo fijo y lo volatil, indiferenciados, amalgama que será preciso separar y destilar sucesivamente hasta que  se transforme en  . Esta "rectificación" del Mercurio implica situarlo cerca de las calidades del Oro. Por eso se dice que el glifo huele el oro -"lo semejante se une a lo semejante" recuerda el axioma hermético- y que una vez obtenido, ya nunca más se separa de él.

III. EL GUERRERO PELUDO

Vale la pena detenerse en la imagen del guerrero peludo que puede verse a continuación. Entre el siglo V y el VIII, en toda Europa aparecieron monarquías de las que se sabe muy poco, situadas a medio camino entre la historia y la leyenda, unidas, todas ellas, por su común referencia al oso, como animal totémico; las leyendas tejidas en torno a estos monarcas hacen de ellos seres míticos que incorporan a su personalidad las cualidades de los osos. ¿Cuál es la razón de ser de un tema tan peregrino?

Todo el período que se abre desde la retirada romana de Bretaña y la aparición de la dinastía artúrica, hasta los primeros focos de la reconquista española, hacia el último tercio del siglo VIII, constituye un período de poco más de trescientos años, de los que la historia apenas nos sabe decir gran cosa. El recurso a la leyenda es entonces obligado para conocer como era la Europa de aquellas centurias oscuras.

Este ciclo legendario se inicia con la retirada romana de las actuales islas británicas, inaugurando un período de luchas tribales. La leyenda refiere que un tal Ambrosio, ciudadano romano, logró restablecer la paz. Algunas crónicas sitúan en Ambrosio el origen de la dinastía artúrica. Uther y Uther Pendragon (cabeza de dragón) serían sus descendientes y, de ellos, la corona pasaría al Rey Arturo protagonista de los ciclos heroicos medievales. No hay discusión posible sobre la etimología del nombre "Arturo"; se acepta unánimemente que procede de la palabra "arkthos", oso, y se atribuye este nombre a la fuerza sobrehumana que poseería el nuevo rey. Esto, como veremos, no es del todo cierto. En realidad, el mundo medieval (y el clásico) veían en la fuerza de un rey, no un atributo totémico, sino la muestra evidente de que era justo, amado por los dioses y que, por tanto, obtenía de estos -no de ningún totem- su vigor y su fuerza.

Posterior en solo unas décadas al origen de la dinastía astur, en el territorio de la actual Francia y tras un lago proceso de federación de tribus, fue coronado rey -y reconocido como sucesor de los Césares  Romanos por el Emperador de Constantinopla- Meroveo, inaugurador de la dinastía que lleva su nombre. Clovis fue el gran monarca de esta familia. De los reyes y de la sociedad merovingia se sabe muy poco y, desde luego, mucho menos si pretendemos movernos solo en el terreno de los datos objetivos facilitados por la historia. Se decía de ellos que tenían una fuerza hercúlea que procedía de su extrema pilosidad relacionada con los osos.

Entre los antiguos íberos el culto al oso queda atestiguado por distintas inscripciones en las que figura la palabra "arconi" o "arko" (idéntica en su raíz a "arkthos" y a la mítica y paradisíaca Arcadia) referidas a una diosa de la tierra y de la naturaleza. Los germanos adoraron al oso y los godos trajeron hasta España este culto que quedó ligado a la nobleza visigoda superviviente después de la invasión árabe. El primer conde de Barcelona se llamó Bera (= el oso, de Ber-), y varios de sus sucesores Berenguer (= el que es como un oso).

Al producirse la invasión musulmana, España sufrió una sacudida social mucho más grave que la que representó las invasiones germánicas. Las estructuras de la sociedad hispano-visigoda se derrumbaron y con ellas el Estado. El ciclo legendario de la historia de España encuentra su momento áureo entre el desembarco musulmán y la culminación de la dinastía astur. Nada se sabe sobre el destino de Don Rodrigo, el último rey visigodo. Permanece incierto si sobrevivió tras la batalla del Guadalete o de la Janda. Solo los cronistas musulmanes afirmaron que murió en el curso del combate, probablemente para desalentar cualquier resistencia. Sin embargo se tiene presunción de que se retiró a Mérida y allí libró otra batalla contra los invasores. En realidad, en los siguientes cien años, los núcleos resistentes astures combatieron a los musulmanes en nombre de la reconstrucción del reino visigodo y de la dinastía legítima encarnada por el rey desaparecido. De hecho, Don Pelayo fue elegido rey, no tanto por haber encabezado al pequeño grupo de resistentes, como por ser último vástago y portaespada de la dinastía visigoda.

Del hijo de Pelayo, Favila, solamente se sabe que murió "abrazado por un oso". Pero a la luz de la óptica legendaria y de las estructuras míticas tradicionales -para las cuales un acto solo tiene interés y valor si reproduce un arquetipo- este dato no hay que tomarlo -como hace frecuentemente la historiografía oficial- como un desgraciado accidente, sino como la asunción por parte de Favila y de sus descendientes, de las características propias del oso: vigor, vitalidad, fortaleza, valor, energía, etc. que, mediante el acto del abrazo, quedarían incorporadas al rey. Este moriría como hombre para renacer en sus descendientes con fuerzas renovadas. Tal esquema, muerte/renacimiento es frecuente en las mitologías y en las dramatizaciones con fines iniciáticos. Otro tanto puede decirse de Wilfredo el Velloso, figura capital en la historia legendaria de Cataluña, cuya proverbial pilosidad lo relaciona con el vigor y la naturaleza del Oso.

¿Por qué esta insistencia de la humanidad medieval en la figura de los osos y en su vinculación con las monarquías legítimas? La respuesta está en el cielo; las constelaciones llamadas Osas tienen una estrella de singular importancia, la Polar, es decir, aquella en torno a la cual gira todo el firmamento e indica el Norte. La ideología medieval consideraba que el rey estaba dotado de una función polar: marcaba el camino a seguir, era inmóvil e inaccesible, frecuentemente su castillo se encontraba en una montaña elevada, o su trono se alzaba sobre el nivel del suelo en las salas palaciegas. Todos estos eran símbolos o alegorías "polares". La teoría del origen divino de las monarquías se presenta así bajo una óptica más rigurosa y originaria: el rey era rey en tanto evidenciaba, a través de sus obras (de su valor, de sus victorias, de la prosperidad de su reino), cualidades supranormales que indicaban que estaba en contacto con potencias trascendentes.

Estas tradiciones eran propias de los pueblos indo-arios desde los orígenes: las mitologías de todos estos linajes proclamaban que su origen común estaba en el Norte, en el Polo y que distintas catástrofes naturales los habían arrojado de allí. Esta pérdida del contacto con la tierra de los antepasados les habría hecho caer en la indigencia y las cualidades que en principio eran comunes a toda la población, se habrían restringido con la migración a unos pocos, a los reyes legítimos, que seguirían teniendo un contacto con los orígenes: con el Polo, con el Norte, con la Estrella situada en la Constelación del Oso. Con el Oro Filosofal.

Una vieja tradición montserratina alude a "Fra Garí" el ermitaño de Montserrat. Cerca de la calle Condal en Barcelona, hay un edificio singular que fue, en otro tiempo, el palacio del conde Guifré (precisamente, Wilfredo el Belloso al que aludíamos), donde fue encerrado Fra Garí, el ermitaño que tentado por el diablo. Garí sedujo a Riquilda, la hija del conde Guifré, pero, horrorizado por su pecado y para borrar rastros, la mata en un momento de locura. Luego decide ir a Roma a implorar perdón al Papa. El Pontífice le indicó que si la tierra se abría bajo sus pies, él no podría darle la absolución; afirtunadamente no se abrió y el Santo Padre le impuso como penitencia el andar a cuatro patas, sin comer otra cosa que hierbas y raíces, ni lavarse, ni cortarse el pelo, hasta que el Niño Jesús lo perdonara. Durante años, Fra Garí, vivió como un animal en las montañas de Montserrat. En el curso de una cacería, el Conde Guifré lo capturó, cuando ya estaba cubierto de pelo hasta los pies; todos ignoraban qué o quién era, convencidos que se trataba de un animal desconocido. Cuando el Conde celebraba un bautizo en palacio, ordenó que trajeran a presencia de los invitados al desconocido animal por si alguién podía decir de qué especie se trataba. Al llegar a la sala Fra Garí bailó y se contorsionó hasta que el recién nacido exclamó: "Fra Garí, levántate, que Dios te ha perdonado". Riquilda, la hija del conde, apareció entonces viva y rodeada de rosas frescas.

La leyenda que no es específicamente catalana, recoje elementos graélicos bien identificados. Fra Garí es Amfortas, el rey del Grial que gobierna la montaña sagrada de Montsalvat en el relato de Wolfram von Eschembach. Un pecado coloca a Amfortas en situación de postración (como Fra Garí por la penitencia impuesta por el Papa). En alguna versión de la leyenda se dice que sufrió una herida en los genitales (el pecado de Fra Garí es, precisamente, un pecado de la carne). Será, en ambos casos, un niño quien los redima de su culpa y los sitúe nuevamente en pié, en posición vertical.

La leyenda nos habla de un pecado (la caída de Fra Garí, que lo postra en actitud horizontal, - ), una muerte (Riquilda o el espíritu puro asfixiado y perdido), una expiación (pérdida de la naturaleza trascendente y caido en la animalidad), una resurrección (recuperación de la posición vertical, ¦ ) y un elemento redentor (el Niño que representa el Alma). La leyenda repite el viejo arquetipo iniciático muerte-renacimiento, caída-resurrección. El tema del ermitaño peludo se repite en la leyenda francesa del "Hombre de los Bosques" de Thiers que comentó ampliamente Fulcanelli y se reproduce también en los frisos de la puerta de San Ivo.

Allí, la figura extremadamente belluda, armada y en lucha contra el dragón, situada en el friso izquierdo, representa al hermetista decidido a abordar el combate y conquistar la naturaleza del Oro. Su pilosidad y actitud agresiva indican la voluntad de combatir y vencer al dragón ígneo que quema y consume. Bajo sus pies, el maestro de obras colocó la pequeña figura de un dragón con alas de murciélago, indicando la voluntad del combatiente de vencer al poder del Mercurio. De la misma forma que algunos hermetistas utilizaron el símbolo de la peregrinación para simbolizar su búsqueda de la Piedra Filosofal, otros -y en particular la escuela italiana; ¿será cierto, a la postre, que los relieves de Sant Ivo procedían de talleres pisanos?- empleaban el símbolo del combate: Cesare della Riviera llama a su tratado hermético "El Mundo Mágico de los Héroes" y Lambsprinck, como Michel Maier, se presenta a sí mismo como caballero revestido de yelmo y armadura similares a los que encontramos en el relieve siguiente de la puerta de Sant Ivo.

El caballero que muestra en su escudo la cruz de los cuatro elementos, combate contra el glifo. Ya no es la pilosidad lo que indica una voluntad de combate salvaje y primitiva, sino una reluciente armadura y unos eficaces pertrechos (escudo y espada) que utiliza el guerrero hermético para domar al Mercurio-Glifo. Existe en la escena una idea de orden, implícita en la presencia de la cruz trebolada de los cuatro elementos en el escudo. Esos cuatro elementos (Fuego, Tierra, Agua y Aire), identificados, aislados y vividos, están en el cuerpo del alquimista (sangre, huesos, humores nerviosos y pulmones, respectivamente) y será a través de cada uno de ellos que, una vez obtenida la Piedra Filosofal, se provoque su regeneración física. [Foto 39.- UN CABALLERO COMBATE CONTRA UN GLIFO][Foto 40.- EL CABALLERO CABALGA SOBRE UN LEON]

En el friso siguiente, a la derecha del pórtico, puede verse como el León recibe una espada en su boca. El guerrero utiliza al León como montura. Simbólicamente, montar algo es dominarlo. La espada es el símbolo del Logos creador, del Verbo y de su Palabra. El caballero aparece cubierto por el manto purpúreo que indica nobleza y dignidad. Matar al león y cabalgarlo, supone integrar su poder. Caballero (cuerpo), León (espíritu), Espada (alma), forman un circuito cerrado, ordenado e interpenetrado, similar al Ouróboros enroscado sobre sí mismo. La  naturaleza del Caballero ha pasado a ser leonina e ígnea; ha conectado con el Logos y entendido su Verbo. No está matando al León, está obteniendo de él su fuerza y vigor, su cualidad renovada de hombre más allá y por encima de lo humano. Y lo está obteniendo a través de la espada: a través del combate heróico.

Cerca, observan la escena, entre perplejos y sorprendidos, un asno y un buho en un bosque. Símbolo de lo que mora en la noche, entre tinieblas; quieto por impotente, el búho no soporta la luz del día, de la misma forma que el asno rechaza la inteligencia. Ambos están inmersos en la floración desordenada del bosque (naturaleza caótica), el símbolo opuesto al jardín (naturaleza ordenada).

IV. LA DOMA DEL DRAGON IGNEO

Y ahora volvamos a nuestro dragón. Hay casi tantos en nuestra Catedral como en la historia de la ciencia hermética y a ellos volveremos una y otra vez. Una vieja leyenda de la que existen varias versiones nos habla de un caballero tan noble del que diríase que por sus venas corría oro líquido; su nombre era Soler de Vilardell y vivía cerca de la Catedral. Un mendigo le pidió limosna cuando el caballero se disponía a partir, pero no llevaba bien alguno; así que descendió de la montura y entró en su casa en busca del óbolo; más al salir, el mendigo había desaparecido y en su lugar se encontraba, clavada en tierra una filosa espada. Soler de Vilardell atribuyó el milagro a San Martín  y supuso que el mendigo era el mismísimo Santo; tomó la espada y se creyó poseído por la santa misión de liberar a las tierras de Cataluña del terror causado por un dragón liberado por los moros en su retirada. Soler de Vilardell localizó la bestia en su cubil, próximo a Sant Llorenç de Munt, la combatió y venció tras hacer el signo de la cruz con su espada y una rama. Derrotado el monstruo, lanzó su espada al cielo gritando de júbilo, pero una gota de la sangre del dragón le salpicó en un brazo y la gangrena le mató.

El Arte enseña que hay que domar al dragón; en absoluto matarlo.     En una capilla lateral se encuentra la clave de bóveda que representa a Santa Marta, hermana de Lázaro. Marta y su familia, huyendo de sus perseguidores, se establecieron en la Francia mediterránea a donde llegaron fatalmente, en un navío sin timón. La región era devastada por un dragón que devoraba personas. Cuando Marta se encontró ante la bestia le bastó hacer la señal de la cruz para vencerla y transformarla en su dócil servidor. La cruz -el orden de los cuatro elementos- no puede sino imponerse al dragón -el caos indiferenciado-. La historia tiene el mismo protagonista que la de Soler de Vilardell, pero en esta versión del mito, Marta no mata al dragón, lo doma.

En el templete del claustro se encuentra una fuente que nos muestra a San Jorge dominando al dragón y su clave de bóveda reproduce el mismo tema. La figura de San Jorge se reitera en otros muchos lugares de la geografía barcelonesa y el santo ha quedado ligado a la ciudad hasta el punto de que, la "Fiesta de la Rosa", celebrada en su onomástica, es una de las más relevantes del calendario local.

El dragón no es más que una serpiente alada y con patas; en ocasiones escupe fuego por la boca y su aliento es ardiente. Se trata de una imagen simbólica ambivalente. A veces el dragón es fiero y acarrea todo tipo de desgracias, en otras, beneficioso; también se le puede ver en estado de completa libertad o encerrado en cualquier antro; en solitario y devorándose a sí mismo o bien mutuamente. Hay dragones de todos los colores, pero fundamentalmente, verdes, bancos y rojos; nunca negros. Su sangre siempre está dotada de cualidades especiales y poderes particulares: sana o mata. Hay unos días en los que el dragón se muestra más peligroso que en otros...

Esta multiplicidad simbólica viene acompañada de gran número de fiestas y tradiciones que conmemoran a héroes sauróctonos, matadores de dragones. San Miguel y San Jorge, patrones de la caballería medieval, figuran, sin duda, entre los más famosos de la iconografía cristiana. Las cualidades heroicas y polares son, sin embargo, más visibles en San Miguel, cuya leyenda se urdiera, probablemente, en las inmediaciones del siglo X, sobre la base de antiguos mitos celtas; su parecido con el dios galo Bel o Belenos es innegable y la fiesta de ambos se aproxima mucho a la del San Jorge cristianizado: el 1º de mayo. Antiguamente San Jorge se celebraba el 4 de mayo y solo se transfirió al 23 de abril con la reforma gregoriana del calendario. Bel es el hermano de Bran, el detentador del caldero mágico, fuente de prosperidad, inmortalidad y felicidad, virtudes que detentará el Grial.

La versión más antigua de la leyenda de San Jorge habla de un dragón que saqueaba periódicamente la ciudad de Selene en Libia, exigiendo tributo a sus habitantes. En un momento dado, debían sacrificar a la hija del rey para satisfacer al monstruo; fue entonces cuando intervino San Jorge, matándolo. La primera referencia a San Jorge se tiene en las Islas Británicas hacia el siglo VI, coincidiendo, a pocas décadas de distancia, con el período en que vivió el Rey Arturo.

Algunos autores ven en el tema de San Jorge y su peripecia con el dragón, un rito de floración. El esfuerzo del caballero, acabando con el dragón, hace que la sangre de éste riegue la tierra y dé sus frutos. En toda Europa Occidental las fiestas relativas a héroes sauróctonos, tienen lugar con una diferencia de doce días, entre finales de abril y los primeros días de mayo; un momento en el que, muchos pueblos primitivos, celebraban sus cultos a la naturaleza victoriosa y emergente sobre las tinieblas y la esterilidad de los meses de invierno. Aun sin excluir completamente esta interpretación, fundamentalmente de corte naturalista y, por tanto, alejada de la práctica alquímica, se pueden añadir otras relacionadas más directamente con la Tradición Hermética.

La multiplicidad simbólica del dragón llega, en ocasiones, a resultar contradictoria. El dragón, como el mercurio, parece ser emblema de algo, para después serlo de su contrario. Ciertamente se trata de atender a las características con las que es descrita la bestia para poder juzgar que papel simbólico se le concede. Y también es cierto que en la versión más antigua de la leyenda existen unos cuantos detalles suficientemente elocuentes. Por lo pronto, el pueblo con el que se relaciona al dragón en la leyenda originaria es "Selene", pobre ocultación del nombre de la diosa lunar; esto nos indica que los hermetistas, constantes tejedores de mitos y leyendas, otorgaron al dragón, múltiples características, sin importarles siquiera si eran contradictorias, por que percibieron en él la naturaleza de la Luna, el astro de la noche, frío, metálico, cambiante, carente de luz propia, que identificaron con el espíritu mercurial. Por que el dragón es, en buena parte, el símbolo de este Mercurio, próximo al caos primordial, especialmente cuando se le representa sin alas, ligado, pues, a la tierra. Nicolás Flamel comentando su libro de las Figuras Jeroglíficas hablaba, no de uno, sino de dos dragones, uno de ellos cercano a la naturaleza del Azufre, al que llama "Azufre Seco" y del que dice es próximo al Sol. El otro, "alado, con hocico de liebre, volátil y hembra" alude al Mercurio. Lambsprink representa los dos dragones devorándose uno al otro; otros autores clásicos sintetizan la imagen en un solo dragón enroscado sobre sí mismo y mordiéndose la cola y dicen de él que es el "Ouróboros", aquello que lo contiene todo.

La unión de ambos dragones supone el encuentro entre el Azufre y el Mercurio, el principio solar y el lunar, por excelencia. En ocasiones y a efectos de dramatización del relato, la lucha del caballero con el dragón se zanja con la muerte de éste, en otras ocasiones se llega incluso al descuartizamiento. En ciertas versiones de la leyenda, el dragón resulta simplemente dominado y puesto al servicio del caballero que lo ha vencido. Tras la purificación de los tres santuarios -corazón, cabeza y vientre- la energía contenida en la base de la columna vertebral, asciende con el empuje de un dragón desbocado; la experiencia del despertar de esta fuerza basal es tal que el sujeto parece sentirse arrastrado e invadido por una fuerte luminosidad interior de tonalidad roja; acaece entonces la sensación de calor, muy sentida, que llega a desprender gruesos goterones de sudor; hasta que corona la cúspide de la cabeza y solo entonces parece remitir y estabilizarse. La materia prima se está purgando. El dragón, dormido en su caverna -la base de la columna- se ha desatado, pero la purificación previa de los tres santuarios, ha dotado al arrojado caballero de las armas adecuadas para contener la potencia de la bestia, encauzarla y dominarla.

La "hija del rey" a la que alude la leyenda de San Jorge es una referencia al mundo de la dualidad, emanada del Padre Todopoderoso, rey de los tres mundos. Se trata de contener la potencia del dragón que amenaza con irrumpir en lo contingente. Es entonces cuando aparece el caballero heroico. Gracias a él, la potencia del dragón es reconducida y sirve, no a una causa contingente, sino trascendente, convirtiéndose en el inmenso poder transmutatorio que impregna a la piedra filosofal. Si no hubiera sido así, si el Santo Caballero no le hubiera cerrado al paso a la altura del santuario del corazón, la potencia se habría desviado hacia objetivos menos nobles y ambiciosos, aquellos que vienen implícitos en todas las llamadas "vías siniestras", en las que no se trata sino de obtener resultados en vistas a lograr, no la superación del Ego y de la condición humana, sino el más alto desarrollo de la personalidad física mediante la manipulación de ciertas fuerzas de la Naturaleza inferior. Tal es la realidad, dramática y siniestra, de los magos negros, mucho más frecuentes de lo que generalmente se cree y que nos acechan desde los tejados de las Catedrales. Son sus gárgolas.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Las gárgolas de la Catedral.

Infokrisis.- Con este capítulo termina la primera parte de esta obra, una reflexión sobre las gárgolas de la Catedral y, por extensión sobre las gárgolas de la ciudad de Barcelona. A pesar de su aparente utilitarismo, la gárgola no responde solamente a una necesidad arquitectónica, sino que tambien tiene su simbolismo hermético y su significado simbólico. Vale a pena recalcar que los datos técnicos históricos sobre las gárgolas fueron extraidas de la edición originaria en francés del Diccionario Razonado de Arquitectura Francesa y los datos sobre las gárgolas de Barcelona, de la olvidada obra de Norberto Sagués de ese mismo título.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo XXIV
LAS GARGOLAS DE LA CATEDRAL

Doscientas cincuenta gárgolas miran a los barceloneses desde las cornisas de los distintos monumentos góticos. Se suele aceptar que no son otra cosa que representaciones del demonio o de los vicios personificados en distintos animales simbólicos. Derivado del latín gurges-gurgitis, torbellino, masa de agua, el término se transformó en la raíz garg- por corrupción fonética. Algunos hacen derivar la palabra "gárgola" del nombre de los dos auxiliares del anticristo, Gog y Magog; el primero es el "príncipe del Aire", y en hebreo indica lo que es aéreo o procede del aire, lo cual coincidiría con el elevado emplazamiento de las gárgolas. Gargagliare, en italiano, tiene el mismo sentido que gargarizar en español -gargarizar- y una cierta correlación con la función de estas obras de arte situadas en lo más alto de las Catedrales: hacer de canal.

No hay gárgolas anteriores al siglo XIII; la sencillez de las primeras construcciones románicas obvió situar desagües en los tejados; luego, cuando estas se fueron sofisticando, aparecieron algunos canalillos que evacuaban el agua de lluvia, sin que tuvieran el más mínimo mérito artístico, ni su elaboración requiriera algo más que el concurso de aprendices. Hacia el 1220 aparecieron las primeras gárgolas en la Catedral de Laon. Sencillas, tenían formas animales excepcionalmente simples y constaban de dos piezas, la superior no era más que el recubrimiento de la inferior por donde discurría el canal de desagüe. A lo largo de ese mismo siglo se fueron generalizando, depuraron sus formas y se estilizaron; ya no eran labradas por novatos, sino encargadas a los más hábiles artesanos. Hay miles de gárgolas en todas nuestras Catedrales, pero no existe una pareja idéntica, cada una de ellas es original y única; cada una tiene una personalidad propia y un estilo que denota una vitalidad específica y unos rasgos concretos del carácter, un momento de inspiración, en definitiva, distinto de cualquier otro. Los artistas que construyeron Notre Dame de París las emplearon sistemáticamente a partir de 1240 en la coronación de las cornisas superiores. Eran todavía compactas y robustas, no excesivamente separadas del edificio. Luego aparecen otras, mucho más esbeltas y largas, sobre los contrafuertes. La mayoría reproduce monstruos mitológicos, animales fantásticos salidos de los ingenuos bestiarios medievales, cada vez más detallistas. Los que ornan la Saint Chapele, al otro lado del Sena, representan animales enteros, con sus más pequeños detalles, en absoluto hieráticos, da la sensación que están a punto de saltar sobre la población a la que miran amenazadoramente. Están en los ángulos de los contrafuertes y en las cornisas. Hay gárgolas que muestran diablos aullando, secuestrando infantes, algunas son representaciones humanas, pero solo aparecen hacia finales del siglo XIII, cuando la técnica de la gárgola se ha depurado.

Un cortejo de horrores nos mira desde las alturas...

Todavía no existían en la Catedral de Barcelona, cuando una procesión presidida por un obispo desconocido, se vio acosada por una cohorte de magos, brujos y archidiablos que intentaban hacerse con la hostia, para Dios sabe que rito abominable. El más osado de los brujos, arrojó una piedra sobre el sacerdote que llevaba la custodia; pero ésta rebotó y mató al que la había lanzado. Los brujos jamás volvieron a hostigar la Sagrada Forma y en recuerdo de tan infausto episodio se colocaron las gárgolas de nuestra Catedral. [Foto 42.- GARGOLAS GÓTICAS DIBUJADAS POR VIOLLET LE DUC EN SU DICCIONARIO DE ARQUITECTURA]

Algunas son, en efecto, animales monstruosos, pero otras son nobles caballeros, hay algunas que incitan al pánico y difunden el terror, pero también existen amables y benéficas. ¿Cómo calificar el unicornio que mira al viandante y apunta hacia la Plaza del Rey? ¿o al elefante que ha sufrido la merma de sus cuernos y la sustitución de su trompa por una tubería de uralita? ¿Hay que tener a estos animales por fieras vencidas y por el principio del mal, petrificadas por su impotencia ante la falange de los justos? Se suele afirmar que las gárgolas están ahí, en lo alto de las Catedrales, prisioneras de un principio superior, subordinadas a las entidades angélicas.

Debemos a Norbert Font i Sagué el haber inventariado todas las gárgolas góticas de la Ciudad de Barcelona. Encontró ochenta y cinco que representaban a diversos tipos de dragones alados, de ellos, sesenta y tres con alas de águila y el resto de murciélago; algunos de estos dragones incluían formas de perro en la mitad inferior y algunas más de macho cabrío. Siguen los leones en número de veinticuatro y luego catorce perros, todos ellos extremadamente delgados hasta el punto de poderse contar sus costillas. Existen algunos animales domésticos como el puerco de la Capilla de Santa Agueda y otros salvajes, en ellos varios jabalíes, hasta un total de ocho. En el ábside de la Catedral, hay tres gárgolas que representan un puerco con el pelo muy largo que cobija a dos lechones, otro puerco, en la siguiente, con la boca muy abierta y el morro plano, también con dos lechones y finalmente, en la tercera un perro de extrañas formas, junto a dos cachorros. La imagen del sátiro aparece en distintas ocasiones y debió llamar poderosamente la atención del gremio de zapateros -al tener pezuñas de buco- que lo colocaron en una gárgola de su sede, cuando se encontraba frente a la Catedral en la desaparecida calle de la Corribia. Hoy puede verse el mismo edificio, despiezado y reconstruido de nuevo, en la Plaza de San Felipe Neri, frente al antiguo cementerio de la Catedral. Las menos, son antropomórficas. Pero una llama poderosamente la atención, la situada en la fachada de Sant Ivo que representa a un hombre con el gorro frigio propio de los iniciados, la boca bien abierta y en posición de defecar... ¡Santo e inagotable humor el de los maestros talladores! o ¿desprecio a lo que solamente es mero exoterismo y culto exterior...? [Foto 43.- GARGOLAS DE LA CATEDRAL DE BARCELONA]

¿Qué conclusión hay que sacar de todo esto? ¿Acaso un capricho estético? ¿o una simple enseñanza moral? Clemente de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia, escribió que Moisés al haber sido príncipe de los egipcios e instruido por ellos en la sabiduría, explicaba los preceptos de la ley moral por medio de jeroglíficos, es decir, bajo símbolos misteriosos de animales. Si aceptáramos esto, reduciríamos todo el simbolismo de las Catedrales al rango de la moralidad más banal. Es bien cierto que una de las intenciones con las que el artífice colocó las gárgolas en las cornisas de las Catedrales fue el recordar la eterna lucha del bien contra el mal. Pero este mal tenía múltiples rostros. Y por lo demás, no todas las gárgolas tienen el mismo carácter; basta observar las diferencias morfológicas entre unos y otros motivos. Las alas de águila estarán más en relación con la luz luminosa que las del murciélago, animal nocturno por excelencia. Y en cuando a los cerdos representados, su carácter variará si son salvajes -jabalíes- o bestias de corral. ¿Y qué decir del unicornio situado en un contrafuerte que nos indica, con precisión milimétrica, el Este, el lugar por donde sale el Sol?

Mientras unas orientan, otras acechan desde las alturas pero nada pueden contra aquellos que han penetrado en el interior del Templo. Se diría que su fuerza y poder solamente se cierne sobre quienes están desprotegidos fuera de los muros y las bóvedas; quienes aun no han iniciado la construcción de su Templo Interior, pueden sentir el terror que inspiran esas formas blasfemas y monstruosas. Unas gárgolas son anuncio de la función de la Catedral (el Unicornio), invitan a penetrar en ella. Otras recuerdan los peligros de los que protege el Templo.    

Pero, finalmente, su función delimita perfectamente su simbolismo, mucho más que sus formas. Y su función es la misma cualquiera que sea lo que representan. Las gárgolas no son más que desagües concebidos para alejar el flujo de las aguas de las paredes y de los fundamentos de la Catedral. Por su "alma" no pasa nada que no sea agua y son completamente inútiles para cualquier otra tarea. Todas ellas están vacías en su interior; las primeras que se labraron en Francia, no eran sino algo parecido a una cáscara exterior, hueca, muchas de ellas sin recubrimiento superior, salvo por la cabeza. En el Palau del Llochtinent y en el Reial, en la Capilla de Santa Agueda y en la Torre del Rei Martí, a pocos metros de la Catedral de Barcelona, pueden verse algunas gárgolas antropomórfias en la que el canal de desagüe ocupa, precisamente, el lugar de la columna vertebral. De su boca mana el agua de lluvia. La intención del maestro de obras que allí las colocó, era demostrar lo monstruoso y absurdo de una vida por la que solo fluye el devenir. Tras la tempestad, nada queda en la gárgola sino la esperanza de que la siguiente sea más amable, al igual que nosotros, rendidos y agotados cada noche, caímos sobre la cama, sin percibir que nuestro interior está igualmente vacío y que nuestra cotidianeidad se construye de un flujo de situaciones que se suceden en infernal cadencia. Pero a la quietud de cada noche, sigue la tempestad del nuevo amanecer y así, día tras día, nos vamos, nosotros mismos, convirtiendo en devenir, flujo incontenible, que llega incluso a desgastar la piedra más dura. Es así como envejecemos. Hemos visto gárgolas en Notre Dame de París, pero también en Barcelona, desleídas como un azucarillo, romos los ángulos, desgastadas las facciones y enferma la piedra... tal es el destino de quien no sabe zafarse de la corriente del devenir.

El secreto de la Tradición Hermética es alcanzar un estado interior incondicionado del que la serenidad y la quietud calmada sean su reflejo en el comportamiento cotidiano. Esa serenidad indica el tránsito operado del mundo del devenir al del Ser. Un viejo refrán nacido a la sombra de nuestra Seo, denuncia la insensatez de verse arrastrado por el flujo enloquecido de lo cotidiano: "Ballas més que el gegant de la Ciutat" [Bailas más que el gigante de la Ciudad]... Y otra muestra de la sabiduría popular dice a ritmo marcial "Tram-pes, tram-pes, tot son tram-pes" [trampas, trampas, todo son trampas].  Hemos elegido ambos refranes por que están ligados a la que, para nosotros, constituye la más entrañable de las festividades barcelonesas, el Corpus Christi; es entonces cuando los gigantes ocupan las calles de la ciudad antigua. La Ciudad Condal, a poco de tenerse conocimiento que el Papa había instituido dicha festividad, puso todo su empeño en que el segundo gran jueves del año -siguiente al Jueves Santo, pero precediendo al de la Ascensión- alcanzara relieve y vistosidad. Aun hoy, en la explanada de la Catedral, puede verse a los últimos menestrales de Barcelona, hombres de edad madura, casi todos jubilados, siempre pulcros, modestos pero aseados, con un estilo muy personal y el gesto de serenidad en el rostro, visten, junto a sus esposas, las mejores galas de día festivo y se reúnen para asistir a la misa concelebrada y luego seguir al Águila y al León de la Ciudad, así como al Gigante, en la procesión. El Águila y el León, reyes, respectivamente del Aire y de la Tierra, tienen ambos un carácter solar e imperial, como igualmente Imperial es el gigante gótico de la ciudad; tras sus rasgos de cartón piedra hemos de ver la personificación idealizada de Carlomagno, el emperador de Occidente que tanto empeño puso en avanzar las marcas de sus fronteras; a él y a sus herederos se debe, más que a nadie, la liberación de Barcelona y la repoblación de la comarca con sus provenzales que dejaron recuerdo en la toponimia de algún barrio periférico (Sant Martí de Provençals). Pues bien, en el curso de esa procesión, el tambor bate a un ritmo descrito de forma admirable por el refrán, "Tram-pes, tram-pes, tot son tram-pes", que al mismo tiempo nos define -junto con el movimiento perpetuo del gigante de la ciudad en el curso de su desfile- el acecho que sufre la naturaleza humana arrastrada por el devenir continuo: una verdadera trampa para quien se considera algo más que carne mortal.

No es raro que en la leyenda de las gárgolas de nuestra Catedral sea la Sagrada Forma quien ahuyenta las amenazas de los brujos y diablos. Situada en el centro de la custodia, irradia destellos de oro, levantada entre los fieles por las manos de un hombre santo. Nada hay más alejado de la estabilidad crística ubicada en el centro de la custodia, como el Sol en el centro mismo del Universo, que la canalización de las gárgolas que no tiene otra posibilidad que aceptar pasivamente el líquido que por ella fluye. En lo alto de la Catedral estarán siempre las gárgolas mostrando a quien quiera verlo el drama de lo humano antes de acometer los trabajos de construcción del puente de oro que le permitirán pasar de la física a la metafísica, del devenir al ser, del flujo a la estabilidad, de lo contingente a lo trascendente.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto