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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Los tres templos

Infokrisis.- Enunciamos por primera vez en esta obra la llamada teoría de los tres santuario o de los tres templos que luego, más adelante, intentaremos completar. Se trata de una doctrina central de la tradición hermética que ha sido enunciada en formas muy diversas por distintas escuelas. Se da la circunstancia de que en Barcelona no ha existido una sola catedral, sino tres: la actual, la pre-románica y la romática, lo que permite aportar algunos datos históricos a efectos de información que apenas interferirán con nuestra exposición de los temas esotéricos de la Catedral.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo III
LOS TRES TEMPLOS
Corazón, Cabeza y Vientre



Antes hemos dicho que Barcelona es la ciudad de las tres Catedrales. Pero hay otros tres templos. No están en la ciudad. Están en tu interior. En ellos reside el Ego y, a partir de ellos, prospera y se proyecta.

En el siglo XII, el rabino Moisés de León compiló hacia 1280 el llamado "Zohar", comentario y desarrollo del "Sepher Yetzirah", el "Libro del Esplendor": pero la tradición khabalística atribuía dicho libro a una inspiración muy anterior. El "Zohar" es un comentario místico al Pentateuco y en él se alude a los tres templos utilizados por el Ego que el khabalismo sitúa en la cabeza, el corazón y el hígado. En el primero anida la mente dualista, en el corazón las emociones y los sentimientos egóticos, y en el hígado la instintividad. Estos tres santuarios precisan purificación; deben ser derribados para construir sobre sus cenizas tres nuevos templos. ¿Acaso no se refirió Cristo a que era capaz de destruir el Templo y reedificarlo en tres días? Desde tiempos muy antiguos, la Iglesia gustó de utilizar el simbolismo constructivo: Cristo es, al mismo tiempo, la piedra angular y la piedra maestra, y San Pablo dice a sus fieles "Sois el Templo de Dios vivo"... ejemplos todos de que la alegoría de la "construcción del Templo" no debe ser tomado solo en un sentido físico sino en su proyección interior.

Barcelona, por azares del destino tuvo, como cada uno de nosotros, tres Templos.

Se sabe que en el año 343 ya existía una pujante comunidad cristiana en Barcelona, capaz de enviar un obispo al Concilio de Sárdica, convocado para combatir al arrianismo. No se tienen documentos sobre el primer templo barcelonés. Se puede suponer que es aquel cuyos rastros han aparecido bajo el edificio de la Pía Almoina, pero es incluso posible que existieran dos templos: el cristiano romano y el arriano. Una tradición sitúa el templo arriano bajo la Pía Almoina y el cristiano en la actual iglesia de San Justo y Pastor. Sea como fuere, en el 589, Ugno, obispo arriano de Barcelona, se convierte al cristianismo romano, junto con otros prelados de la Península Ibérica y un año después tiene lugar un concilio regional en Barcelona, del que Juan de Biclaro dice que se celebró en la "Basílica consagrada a la Santa Cruz". Luego la advocación es antigua, anterior, en cualquier caso, a la presencia islámica. Esta fue corta, del 717 al 801.

En el 801, Luis el Piadoso entró en Barcelona al frente de la tropas francas y se dirigió a su Catedral Basílica en acción de gracias. Este dato, evidenciado por incontrovertibles documentos históricos, nos dice que durante los setenta años de ocupación musulmana, a pesar de los mitos y las leyendas, no debió interrumpirse el culto católico en la basílica paleocristiana. Ciertamente, otros historiadores -siguiendo a Ermold el Negro quien escribió la crónica solo 25 años después de los hechos- pretenden que la Catedral de Barcelona permaneció ochenta años en poder del Islam, convertida en Mezquita, a ejemplo de la de Narbona, que apenas soportó doce años la media luna. Probablemente sea cierta la tradición que quiere que los barceloneses se convirtieron pronto al Islam para evitar pagar tributo, pero que, aproximándose el ejército de Luis el Piadoso, retornaron a la fé de sus ancestros y, ellos mismos, se sublevaron y dieron muerte a la guarnición musulmana, encarcelando a su malhadado rey Gamir. No sería la primera vez que la leyenda y el mito encierran la verdad histórica. 

Sea como fuere, en el 852 la Seo sufrió serios destrozos y quienes detentaban el báculo obispal en la época, debieron acudir a Carlos el Calvo, mendigando ayuda para la restauración. Pero no sería sino durante el gobierno de Wilfredo el Belloso y el obispo Frodolí que el proyecto cobró forma. Frodolí había decidido combatir la liturgia mozárabe que no era sino una pervivencia de la visigoda. Las orientaciones eclesiales surgidas bajo el reinado carolingio se concretaban en una liturgia alejada de la visigoda. Se primaba el culto a las reliquias de los santos locales y se daba al ejemplo de los mártires una autoridad pedagógica incuestionable. Es Frodolí y el obispo de Narbona, Sigebod, quienes impulsaron el culto a Santa Eulalia. Las primeras menciones documentales sobre esta Santa barcelonesa proceden de mediados del siglo VII. Cuando el 23 de octubre del 877, se trasladan los restos de Eulalia al emplazamiento actual, ese y no otro, ese es el lugar sagrado por excelencia del culto barcelonés. La nueva catedral románica, irradiará a partir de la tumba de la santa barcelonesa.

El 6 de julio del 985, un nuevo ataque musulmán, dirigido esta vez por el piadoso Almansur, deterioró la basílica paleocristiana, hasta hacer imposible su reconstrucción. Ramón Berenguer el Viejo y su esposa, Almodis, fundaron una nueva catedral. El baptisterio octogonal quedó sepultado y hasta él llegaron los fundamentos de la fachada de la nueva catedral. Los sarcófagos de Ramón Berenguer y de Almodís, están hoy situados junto a la sacristía de la actual catedral. El ábside paleocristiano y una parte de la nave central quedaron enterrados por un sector del Palacio Condal y por el edificio de la Pía Almoina.
La primera piedra de la nueva catedral románica se colocó en el 1058. Hasta un tiempo muy reciente se ha dudado de la orientación de este templo. Persistentemente, historiadores del arte han sostenido que, si bien su eje era el mismo que el de la catedral gótica actual, su orientación era inversa y el ábside limitaría con la muralla, mientras que la fachada principal estaría a la altura del actual cimborrio. Nosotros nos alineamos, por el contrario, con aquellos que sostienen que la orientación de la catedral románica fue idéntica a la del actual templo, es más, que éste, surgió por ampliación progresiva del primero, sin mediar interrupción en el culto. La catedral románica se vio rodeada de edificios religiosos y, constantemente, creció; pero Barcino creció mucho más deprisa...

Doscientos cincuenta años después, en 1298, se juzgó que la catedral románica se había quedado pequeña para tan populosa urbe. Y se colocó la primera piedra del nuevo templo, el gótico.

Fue así como Barcelona, en el decurso de los siglos, tuvo tres catedrales-basílicas: la primera, paleocristiana, orientada en dirección NE, la segunda, románica, finalmente, la gótica, orientadas hacia el SE. Tres catedrales para una sola fe. Tres templos para una ciudad. Como en cada uno de nosotros.

La obra hermética se resuelve purificando los tres templos que, según viejas doctrinas sapienciales, se encuentran en nuestro interior, tarea que no puede hacerse sino por el Fuego. Nuestros tres santuarios -corazón, cabeza e hígado- precisan de una cuidadosa calcinación en el curso de la cual arderán cada una de las partes del Ego. El Ego no tiene lugar en la verdadera espiritualidad. Percibir este concepto es la piedra angular de nuestro trabajo espiritual. ¿Queremos verdaderamente morir para el mundo? Tenemos proyección social, "somos", en definitiva, gracias a nuestro Ego; pero también por culpa suya estamos separados de la verdadera espiritualidad y cortados de nuestro lugar originario. El Ego es, básicamente, una estructura inmaterial sobre un soporte físico, el cuerpo; éste, hecho de barro, cumple la ley básica de la naturaleza -lo semejante se une a lo semejante- y, en tanto hecho de materia, hace que el Ego se identifique con la materia. Pero esto implica que la esencia de lo humano se aleja de la Trascendencia. Atraído por lo más bajo, olvida el mundo de lo Alto, su patria originaria.

El Ego se va formando lentamente y de manera imperceptible a partir del momento mismo de nuestro nacimiento; un buen día adquirimos conciencia de nosotros mismos y advertimos que existe una barrera entre nosotros y el mundo. Cada día el Ego engorda más y más, como si se tratase de una superposición de capas opacas que van recubriendo nuestra alma y ahogan su luz. El proceso es simple.

La sensación de ser nosotros mismos es ilusoria; no en vano la palabra "personalidad", como ya hemos dicho, indica "máscara" en griego. La personalidad y el Ego se forman a costa de identificarnos con sensaciones, objetos y estímulos que no están dentro de nosotros mismos, sino fuera. Cuando vemos una película y nos identificamos con el héroe dejamos de ser nosotros mismos, nos alienamos, voluntaria y gustosamente, algo exterior nos invade; otro tanto ocurre cuando la ira o el miedo se apoderan de nosotros. Decimos "tengo miedo", para indicar que el miedo está en nosotros. Poco a poco, se va creando una película que aísla nuestro interior -el alma y nuestro espíritu- con todos aquellos agregados y elementos venidos de fuera, alógenos a nosotros, invasores; esta película va engordando a lo largo de la vida hasta convertirse en un grueso blindaje que nos hace incomprensible el mundo de la trascendencia y nos hurta su acceso, hasta el punto de ni siquiera entender de qué diablos estamos hablando. Imaginad un espeso muro de plomo que impide que la luz de una candela pueda verse desde el otro lado. Disolver esta capa -el plomo opaco- que impide que la luz de nuestro interior ilumine toda nuestra existencia y entre en contacto con la Luz del Mundo, es la tarea que propone el Noble Arte de la Alquimia.

Los moralistas y ocultistas, los exoterismos religiosos de todos los pelajes, difunden sin excepción la errónea idea de que el hombre tendrá acceso al Reino de los Cielos practicando las "buenas obras" y apelando a un código ético y moral justo. Pero esto no basta, ni tan siquiera nos sitúa en el atrio del Templo del Saber. Para entrar allí hace falta responder a una pregunta terrible: ¿Estoy dispuesto a que muera mi Ego?. Un hombre notable, en cierta ocasión nos preguntó porqué postulábamos la entrada en una hermandad iniciática de singular antigüedad; nosotros, en nuestra torpe ingenuidad, contestamos que lo hacíamos para "mejorar". Pero no se trataba de mejorar, sino de morir. El Ego no tiene acceso a la verdadera espiritualidad, y de la misma forma que una piedra no puede atravesar un fino tamiz, tampoco el Ego puede penetrar en la Trascendencia. El drama de lo humano y su gran paradoja consiste en que tenemos conciencia de que "somos" gracias al Ego, pero el Ego es "no-ser", perpetuo movimiento y mutación; así, nuestra percepción de la existencia es errónea y no la concebimos sino como devenir. Se dice que algo "es", cuando tiene estabilidad y realidad objetiva, pero esto no basta: un vaso es un vaso y siempre será un vaso, ni su forma cambiará, ni su esencia, ni su funcionalidad. Un ser humano es distinto: todo lo que constituye su Ego es mutable, su pensamiento, sus sentimientos, sus instintos, por no hablar de los aspectos físicos sometidos al eterno proceso de nacimiento, desarrollo, muerte. En términos absolutos, el Ego es "no-ser". Frente a él se alza la absoluta quietud y estabilidad del Ser. El Ego debe sufrir una transformación radical que los antiguos llamaban "metanoia" consistente en desplazar el eje de la personalidad a estratos más profundos y auténticos y hacer del Alma, nuevamente, el centro de la personalidad.

En la cercana fachada de la capilla de Santa Lucía hay una gárgola con la cabeza de un mono. Y en la puerta del claustro que va a dar a la calle de la Pietat, sobre una columnilla, ya en el capitel, casi imperceptibles, pueden verse a una pareja de monos abrazados, copulando. El mono es el "mico de Dios", el gran imitador. Es también la personificación más grotesca y exacta del Ego. [Foto 10.- CAPILLA DE SANTA LUCIA, GARGOLA DEL MONO, "EL MICO DE DIOS"]

La alquimia clásica nos habla de la triple constitución del ser humano e identifica cada una de sus partes -cuerpo, alma y espíritu- con alguno de los metales emblemáticos del Arte. El cuerpo físico, soporte del Ego y receptáculo de la personalidad es asimilado, en su materia grosera, al Plomo. El espíritu, en tanto que bagaje mental y volitivo, equivale al Mercurio, pues más que ningún otro metal, es cambiante, carece de forma, el suyo es el tono de la luna y su cualidad, la variación y la movilidad extrema. En cuanto al alma, presencia divina en estado de latencia en el interior del cuerpo, su carácter ígneo y su calidad abrasiva, lo asimilan al Azufre, pero también al Oro por la luminosidad que despide. La obra hermética y concretamente la llamada "Vía Húmeda", la más frecuente, consiste en operar sobre el Mercurio, transformándolo, estabilizándolo primero y fijándolo luego. Así la tendencia del Mercurio a identificarse con los elementos materiales y lunares de la naturaleza -esto es, mutables- se invierte; debilitado en su poder y neutralizado en su capacidad de seducción, muere. Lo que renace luego es otro Mercurio más próximo a la naturaleza del Azufre y con el que se puede combinar para restablecer, tras la ruptura inicial de las partes  -no en vano la alquimia fue llamada el "arte de la separatoria"-, una nueva unidad, pero así como la anterior estaba orientada hacia lo bajo, esta lo será a los mundos superiores.

Y este proceso se desarrolla en tres fases, pues tres son los templos.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto

El Misterio de la Catedral de Barcelona. La leyenda áurea en la Catedral

Infokrisis.- Aparece por primera vez en nuestro recorrido por la catedral la Leyenda Áurea -que volverá a surgir unos capítulos más adelante- está presente en varios capiteles extendidos del claustro y, en sí misma, tiene el valor de testimonio de una época, lo mejor del Medievo, y nos introduce en el universo legendario gibelino e imperial frente a la concepción puramente sacerdotal de la dimensión espiritual. Recordemos el final de la leyenda: el Árbol Seco reverdecerá cuando un emperador llegado de Occidente cante misa bajo sus ramas.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo III
ADAN Y LA CAIDA:
La Leyenda Aurea de la Catedral



En las impostas del claustro de la Catedral de Barcelona, sobre el tercer pilar de la crujía, paralelo a la calle del Obispo, se resume, en siete escenas, la Leyenda Aurea. Dichos capiteles fueron cincelados a mediados del siglo XV y, quinientos años después, la pertinaz erosión del tiempo no ha conseguido desfigurarlos.

La Leyenda Aurea surgió en el período de las Cruzadas y tiende a integrar y resumir los aspectos más importantes del Antiguo y del Nuevo Testamento. El tema central es la asimilación del Arbol del Edén con la Cruz de Cristo. La Leyenda se inicia con la expulsión de nuestros primeros padres del Paraíso. Este primer tema está representado en dos capiteles, contiguos uno al otro. En el primero, todo es estático, pero no se refleja una quietud surgida de la serenidad sino del terror experimentado por Adán y Eva ante el Creador. En el otro, la quietud se ha transformado en deslabazada fuga de la pareja originaria, perseguida por el ángel armado. Llama particularmente la atención en este segundo relieve, la salamandra que discurre bajo los pies de Adán; es la notación hermética del fuego. No es pues un significado devocional lo que debemos buscar en estos dos capiteles sino una enseñanza más profunda. Y, gracias a ella conoceremos lo que representó la Caída para la Humanidad. [Foto 11.- ADAN Y EVA ANTE EL PADRE, DUALIDAD Y UNIDAD A LA IZQUIERDA Y DERECHA DEL ARBOL DE LA CIENCIA][Foto 12.- ADAN Y EVA HUYENDO DEL PARAISO PERSEGUIDOS POR EL ANGEL. A LOS PIES DE ADAN, LA SALAMANDRA]

El mito bíblico nos habla de la Edad de Oro originaria, en donde los hombres vivían en comunión con la Unidad. La aparición de Eva, es decir, el tránsito de lo Unico a lo Dual, entrañó la verdadera Caída, que debía materializarse en el episodio de la tentación de la Mujer. Para comprender su sentido hay que aludir a los dos lados del Arbol. El lado derecho corresponde al Alma Divina, el izquierdo, al Alma Natural de los khabalistas o al Espíritu Mercurial de los "filósofos por el fuego". El Alma Divina está situada -como la imagen del Padre Eterno en el capitel- a la derecha del Arbol, substraído del dualismo, nada hay bajo sus pies. El Alma Natural, formando a la izquierda, está representada por la pareja, es la dualidad en sí; sus cuerpos desnudos, aparecen entre las piedras y una lujuriosa vegetación a sus espaldas les corta la huida. Probar los frutos del Arbol del Bien y del Mal, supone renunciar al lado Derecho e iniciar el engorde del Ego. Fue así como se patentizó la Caída; hasta ese momento, identificado con la espiritualidad pura, la quietud y la serenidad, el Ser pasó a la esfera Devenir, a lo que es mero tránsito y flujo constante. Pero no por ello desapareció completamente su calidad superior; ésta se retrajo hasta quedar reducida apenas a un átomo. Y esto enlaza con una hermosa leyenda gibelina representada a continuación.

Cubiertos con unas miserables hojas, Adán y Eva huyen perseguidos por el Angel; tal es el tema del siguiente capitel. Tras la Caída, la Expulsión. Quien porta dentro de sí el Caos de la dualidad, no tiene lugar en el espacio sagrado del Orden, en el Edén. Ni Adán ni Eva volverán jamás al Jardín, solo a un hijo suyo le será dado tal privilegio. [Foto 13.- EL ARBOL SECO EN UN CAPITEL DEL CLAUSTRO]

Cuando Adán se sintió viejo y sin fuerzas, envió a su hijo Set, al Jardín para buscar el Santo Oleo que la misericordia de Dios le había prometido. "Llegó a la puerta del Paraíso donde encontró un Querubín y quedó pasmado al ver la claridad que salía del Edén. Y el ángel dijo: "¿A qué vienes?" Y Set respondió: "Mi padre Adán que está cansado de vivir, me envía y te suplica que le mandes el Oleo de misericordia que Dios le prometió cuando le arrojó del Paraíso". Y el ángel le dijo: "Introduce la cabeza en la puerta y mira todo lo que verás dentro". Set así lo hizo y vio dentro muchas especies de árboles y pájaros y toda suerte de maravillas que no podría explicar la boca humana. Y en medio del Edén vio una fuente muy bella y clara y de aquella fuente salían cuatro ríos, uno de los cuales se llama Fisson, otro Guisson, otro Tigris y el último Eufrates; y éstos son los ríos que abastecen de aguas a todo el mundo; y sobre aquella fuente vio un gran árbol cargado de ramas, sin hojas y sin corteza". Por tres veces introdujo la cabeza en el Paraíso hasta que obtuvo del ángel tres esquejes del Arbol y con ellos regresó al lecho de su padre Adán. Pues bien, en uno de los capiteles del claustro de la Seo, puede verse la dramatización de este relato y la escena en la que el ángel custodio del Paraíso cierra el paso a Set. Tras él, las ramas sin hojas y descortezadas del Arbol de la Ciencia que ostentan entre ellas una cruz y la imagen de Cristo 

Set, en efecto, pudo regresar al Jardín Edénico y llevarse consigo una rama del Arbol de la Ciencia; plantada en Hebrón siguió frondosa y viva como el primer día de la Creación; pero cuando Cristo murió, el Arbol se secó "para reverdecer sólo cuando un Señor, Príncipe de Occidente, alcance la Tierra de Promisión con la ayuda de los cristianos y haga cantar misa bajo este árbol seco". La actitud de Set es la propia del Titán y con más propiedad, la del Héroe.

La "vía heroica" presupone un intento de restauración del estado edénico primordial, una reconquista del paraíso originario. En la mitología clásica, quien triunfa, se reintegra en el estado que conoció la humanidad durante la Edad de Oro, es el héroe; quien fracasa, el titán. Desde este punto de vista, la naturaleza titánica de Lucifer, Adán, o Prometeo es idéntica. Hércules, Set, Lohengrim, por el contrario, marcan la vía del Héroe.

La brusca sequedad del Arbol, coincidente con el último suspiro del Nazareno, no implica su muerte completa. Nosotros mismos hemos visto maravillosos grabados góticos del Arbol Seco, en el Colegio Pellegri de Cahors, a donde acudimos guiados por la lectura de Fulcanelli y también, a ese otro ejemplar, aun más bello, situado en la puerta del Palacio Baroncelli a pocos metros de la residencia de los papas en Avignon; en todas estas formas estilizadas, el artífice se ha preocupado de mostrar el Arbol Seco casi del todo desprovisto de hojas... pero no completamente. Unas pocas situadas siempre en sus ramas más bajas, nos indican, no solo que el Arbol es una higuera, sino que además no está muerto. Puede resucitar en cualquier momento; está presto para el despertar.

El estado de comunión con la Unidad propia de la Edad de Oro, esto es, la divinidad antes de la Caída, iluminaba toda nuestra naturaleza; pero al producirse la falta adámica, se retrajo en sí misma y redujo a un único punto situado a la altura del corazón, que los verdaderos rosacruces ubican en el extremo del ventrículo derecho, justo tras el esternón. Ese "átomo", último reducto de la divinidad perdida, equivale a las escasas hojas que muestra el Arbol Seco. Es el Azufre de los alquimistas y el Atomo Crístico de los rosacruces. Sepultado bajo la capa grosera del Ego, el hombre no puede percibir su luminosidad; hace falta desmontar, pieza a pieza, el Ego, para que, como el Arbol Seco, pueda reverdecer y su luz iluminar nuestra vida.

Como se sabe, el simbolismo alquímico está repleto de imágenes relacionadas con la agricultura y el reino vegetal. En ocasiones se ha comparado la Alquimia a un "cultivo celeste" y algunos autores han presentado todo el procedimiento alquímico comparándolo a las operaciones agrícolas: no en vano, dicen los alquimistas, el Azufre  símbolo del alma  es como una semilla muy pequeña,  el grano de mostaza  que es necesario plantar en las condiciones requeridas, para que genere un árbol recio.

Pero otras claves simbólicos  igualmente relacionadas por la agricultura  parten de presupuestos diferentes. Así, por ejemplo, Fulcanelli, repasando los artesonados del castillo de Dampierre llega a aquel que representa un árbol seco sobre el cual, una filacteria, muestra las notaciones alquímicas correspondientes al Azufre y al fuego. El Arbol Seco es  nos dice  el símbolo de los metales reducidos de sus minerales y fundidos; la temperatura del horno les ha hecho perder la vida que tenían en el yacimiento y son impropios para los alquimistas, deben ser "reincrudados", es decir, vivificados.

La "temperatura del horno"  las pasiones, los sentimientos, las voliciones, todo lo "mental", en definitiva  ha separado el metal de su mineral: en otras palabras, ha hecho caer sobre el binomio alma espíritu el principio de individuación: lo ha separado del Todo. Si Fulcanelli nos indica que "son impropios para el alquimista" ello hace alusión a la tarea de reintegración en el estado primordial que supone el trabajo del hermetista. Las distintas fases de la obra hermética son pues los distintos niveles de reintegración del hombre en el estado primordial, las distintas fases de realización espiritual y de perfeccionamiento de la Piedra.

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. El oro y la tierra negra

Infokrisis.- Una antigua leyenda de la catedral de Barcelona relativa al sistema que se utilizó para colocar las bóvedas, nos permite realizar una asimilación con el misterio central de la alquimia. La contraposición entre la "tierra negra" y el "oro". Dicha leyenda, por supuesto, es extremadamente imaginativa y carece por completo de verosimilitud, fue creada a efectos didácticos para explicar el principio de la tradición hermétia: la semilla del oro se esconde entre la tierra negra.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo IV
EL ORO Y LA TIERRA NEGRA



Cuando se observa la dificultad con la que se construyen nuestros actuales edificios a pesar de la gran proliferación de medios técnicos y auxiliares utilizados, no terminamos de hacernos una idea sobre el sistema empleado por los canteros medievales y los maestros de obras para trabajar en bóvedas de alturas impresionantes. La nave de Chartres es la más ancha de toda la cristiandad y la de Beauvais la más alta; ésta última se hundió dos veces mientras se construía. Y no es raro que así fuera. La audacia de los maestros de obras parecía no tener límite. El enlosado de Beauvais está separado 48 m. de las claves de bóveda; es, desde luego, la catedral de mayores ambiciones técnicas. Lamentablemente su construcción quedó interrumpida y solamente pudieron concluirse ábside y transepto, pero los dineros terminaron antes de completarse la construcción de la nave central; de haberse culminado el proyecto originario, Beauvais sería la mayor catedral de la cristiandad. Con todo, Beauvais pertenece a un tiempo en el que el gótico había pasado a ser mero virtuosismo y parecía haberse perdido buena parte de la intención originaria con la que nació.

Los estudios técnicos y la lectura de los memoriales de los maestros de obra, así como el famoso cuaderno de apuntes de Villard de Honnecourt, resuelven ampliamente el misterio de cómo unos pobres artesanos albañiles que disponían solo de muy primitivos medios mecánicos, pudieron alzar bóvedas tan impresionantes y colocar sobre ellas, unas maravillosas claves, primorosamente labradas, aun a pesar de resultar casi invisibles la mayor parte de sus detalles a tan descomunal altura. La nave mayor Catedral de Barcelona tiene seis claves. La suma de los seis primeros números nos da la totalidad de los aspectos de lo manifestado que es el número de los Arcanos Mayores del Tarot (1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 = 21) y al mismo tiempo, el número de rosas místicas que rodean el tambor de la clave de bóveda de la cripta de Santa Eulalia. Las seis claves de bóveda representan sucesivamente a 1) Cristo en la cruz rodeado de el Sol y la Luna, San Juan y la Virgen, 2) Santa Eulalia (la clave mayor de la cripta representa igualmente a la Santa coronada por el Niño y la Virgen), 3) la Virgen de la Misericordia, albergando bajo su manto a 10 figuras, 4) la Anunciación de María que nos la muestra junto a un Angel, contemplando un ánfora de la que surgen abundantes vegetales (verosímilmente, el Cuerno de la Abundancia de los alquimistas o el huevo filosofal del que surge toda generación), 5) el Obispo Pedro de Planella acompañado del báculo y el libro cerrado, y 6) el Padre Eterno con los cuatro ángeles del Apocalipsis. Cada una de las seis claves mide algo más de dos metros de diámetro y pesa cerca de cinco toneladas, colocarlas en su emplazamiento supuso una tarea titánica que quedó reflejada en una leyenda catedralicia, imbuida de significados herméticos.

La leyenda nos habla del ingenio del maestro de obras que alzó la nave central. Llegó un momento en que sus artesanos debían de operar a tal altura que les producía vértigo y no había bestia capaz de tirar de las poleas para alzar las piedras desbastadas en su justo lugar. Fue así como nuestro maestro de obras resolvió que, a medida que se construyeran las naves, el interior se iría rellenando de tierra, de tal manera que los artesanos siempre tuvieran que trabajar a ras de suelo, por falso que éste fuera. Sabedor de que, una vez concluidas las obras, el problema iba a consistir en vaciar aquel enorme volumen de tierra, el maestro había distribuido piezas de oro en su interior. Enterado el pueblo de esto, acudió en masa a vaciar la catedral en la esperanza de hacerse con el mayor número posible de estas monedas y, con tal ímpetu trabajaron, que la nave quedó expedita en pocos días. [Foto 14.- CUARTA CLAVE DE BOVEDA DE LA NAVE MAYOR, LA ANUNCIACION DE MARIA. QUINTA CLAVE: EL OBISPO PEDRO PLANELLA] [Foto 15.- SEGUNDA CLAVE DE BOVEDA DE LA NAVE MAYOR, SANTA EULALIA. TERCERA CLAVE: LA VIRGEN DE LA MISERICORDIA][Foto 16.- EL PADRE ETERNO Y LOS ANGELES DEL APOCALIPSIS. SEXTA CLAVE DE BOVEDA].

La leyenda nos dice, en síntesis, que ya en la materia primera de la obra hermética, está, latente, el germen del oro. De hecho el alquimista, como el pueblo de Barcelona en su Catedral, lo único que debe hacer es buscar en "su tierra" la semilla del oro. Pero tan bello símbolo es susceptible de ser redondeado en su interpretación. La tierra a la que alude la leyenda es lo que los viejos alquimistas llamaban tierra de los sabios de la que Artefius decía que era allí donde se encuentra el mineral bruto que contiene en sí mismo el espíritu escondido que es preciso activar a través de las operaciones de laboratorio. Otros alquimistas -el Agrícola, entre ellos- llaman a este elemento nuestra Tierra, que constituye la materia prima de la primera parte de la Obra. Tras sucesivas operaciones se transformará en la tierra de los sabios y más adelante en tierra filosofal, ya en la última etapa de la obra.

La leyenda barcelonesa nos habla de una obra ya concluida y de un templo edificado. Desde los misterios pitagóricos, los místicos de todos los tiempos, suelen utilizar la imagen de la "construcción del templo" para aludir al proceso de realización interior. Ya hemos dicho que la construcción de un templo implica crear un espacio sagrado allí donde antes había caos. El 1º de mayo de 1298, festividad de la Invención de la Santa Cruz, el Obispo Fray Bernardo Peregrí colocó la primera piedra de la Seo barcelonesa, trazando con su báculo el perímetro que debía limitar el nuevo templo. Por este rito, aquella ladera del Monte Táber, revalidó el carácter de lugar sagrado que ya tenía desde que hoyaron sus laderas las legiones de Augusto. La superficie contenida en el interior del perímetro fue igualmente sacralizada. Y a partir de ese momento hubo una diferenciación entre lo que esta dentro del límite y lo que estaba fuera, entre el Orden y el Caos. El Templo fue alzándose y para poder seguir la construcción -en el terreno de la leyenda- se rellenó inmediatamente de tierra, pero ya no era tierra de la misma cualidad que la situada en el Caos, sino la "tierra de los sabios", aquella que posee en sí misma la semilla del oro, representada en nuestra hermosa leyenda por las monedas dispersadas por el maestro de obras. Finalizado el templo, se trata ya de gozar de sus frutos, la materia prima ha dado forma y consistencia interior a la Catedral, entonces se puede prescindir de ella. Y es en ese momento cuando aparece el oro oculto. [Foto 17.- CRISTO EN LA CRUZ ENTRE EL SOL Y LA LUNA, SAN JUAN Y LA VIRGEN. CLAVE DE LA BOVEDA MAYOR DEL PRESBITERIO]

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. Los tres días de la pasión

Infokrisis.-La doctrina sobre los "tres santuarios" (de la cabeza, del corazón y del vientre) se expone en este capítulo, vinculándolo a determinados lugares y simbolismos de la catedral. Se alude así mismo a las dos potencias del "corazón espiritual", expresadas en el símbolos del cuadrado mágico de nueve casillas, análogo al símbolo del corazón irradiante que alternativamente desprende rayos rectos y ondulados.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo V
LOS TRES DIAS DE LA PASION



El templo se construye en tres días; o mejor aun: en tres ciclos. No en vano Cristo señalando el Templo de Salomón exclamó "destruirlo y yo lo reedificaré en tres días", son los mismos días que transcurren desde su muerte a la resurrección. En la clave de la bóveda mayor del presbiterio, colocado a casi 26 metros de altura, se encuentra grabado la muerte de Cristo en el Calvario. El Salvador figura en el centro de la escena a punto de expirar, a un lado, la Virgen, al otro San Juan y sobre todos ellos, el Sol y la Luna. El Mercurio mortificado en la cruz, la materia prima representada por la Virgen y, finalmente, el Aguila de Patmos indicando la presencia del elemento ígneo y sulfúreo. Sobre ellos, los principios activo y pasivo, colaborando en el desarrollo de la obra. La muerte crística es el preludio de la vida renovada. El San Juan que aquí aparece no es el Bautista -representación del "hombre viejo"- sino el Evangelista, el cantor del Verbo y del Logos.

Pues bien, el Adepto debe revivir en él el drama crístico y sentirlo no como un ejercicio intelectual o emotivo, sino con la realidad de la experiencia objetiva. San Juan anuncia en sus primeros versículos que "El Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios". Sostenemos -y antes que nosotros todos los verdaderos discípulos de la ciencia hermética- que este aspecto de la divinidad es el que corresponde al nombre de Emmanuel, con el que también se conoce al Cristo, "Dios con nosotros", que también puede ser traducido como "Dios en nosotros". Pero ¿y entonces? ¿dónde queda toda la doctrina católica de la unión de Cristo con el Padre? Este es llamado El Elión, literalmente, el "Altísimo". Realizando las transposiciones khabalísticas de las letras hebreas con su correspondiente valor numérico, el valor de ambas palabras es el mismo, 197. Así puede entenderse la duplicidad -desconcertante para quien desdeña la khábala como clave interpretativa del Evangelio juanista- de afirmaciones de Cristo que, en unas ocasiones dice "ser uno con el Padre" y en otras "ser distinto al Padre". El misterio no es menor que el de la esfera cuya superficie surge como proyección de un solo punto central que debería contener -como contiene, en verdad- en sí mismo, los infinitos puntos, que luego proyectados desde el centro a la periferia, forman la superficie del poliedro. El centro de la Esfera es el Uno, la superficie, lo Múltiple; a nivel racional, existe contradicción entre el punto generador y su proyección, y sin embargo, no por ello, la esfera es el cuerpo más perfecto, hasta el punto de que el mismo Orígenes de Alejandría ha sostenido que, "en el Día del Juicio Final, las puertas del Cielo se abrirán a los bienaventurados. Estos penetrarán rodando, ya que habrán resucitado en la más perfecta de las formas: la esférica".

San Juan, al poner, durante la Ultima Cena la cabeza en el regazo de Cristo anunció con este gesto que el primero a purificar es el que hemos definido como Santuario del Corazón, la sede de nuestra emotividad. ¿Por qué el corazón? En el corazón reside un doble poder. Existen varios retablos y representaciones del Corazón de Jesús en nuestra santa Catedral; una de las capillas laterales próximas al crucero, puede verse una imagen de Cristo, con un corazón llameante y dorado en su pecho. Es el fuego que quema y depura, calcina y luego, ya en un corazón transformado, sigue irradiando transformado en fuente luminosa que impregna al adepto. Todo esto equivale a conceder al corazón un doble poder: destructor y creador. Así se le puede ver en muchas representaciones de la iconografía medieval desprendiendo rayos alternativamente ondulados y rectilíneos. Es el símbolo de una acción bidireccional: destructora del hombre viejo, generadora del hombre nuevo. El corazón, como el Sol físico, puede dar vida mediante su calor o quemar por su fuego. El Corazón de Jesús está representado por el número 5 que es el valor numérico de Leb, corazón. Este número 5 se encuentra situado en el centro del cuadrado mágico de nueve cifras, rodeado alternativamente de números pares e impares, los números de la muerte y de la vida, del poder destructor y del poder creador, de la misma forma que el corazón de Jesús se representa en la iconografía católica rodeado por rayos irradiantes, alternativamente rectilíneos y ondulados. Estos rayos hacen referencia, igualmente, a la doble natualeza de la Luz, partícula material y al mismo tiempo vibración energética. De ahí que el Sagrado Corazón, el Corazón Espiritual y el Sol, sean asimilables y, de hecho, al aludir a uno de ellos, se está haciendo referencia, también, a los otros dos.


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El Corazón de Jesús que nos muestra la Catedral barcelonesa entra perfectamente dentro de esta descripción al tiempo que encierra una enseñanza hermética. Si hemos empezado por el Santuario del Corazón es porque solo en él existe esa doble potencia; allí donde radica el núcleo de espíritu divino, ahogado desde la Caída. A medida que disminuye el poder del corazón del hombre viejo, empiezan a percibirse las primeras luces del cambio. [Foto 18.- EL SAGRADO CORAZON DE JESUS, EN UNA CAPILLA LATERAL]

Luego le toca el turno al Santuario de la Cabeza, sede del pensamiento dual, de donde deriva la imagen que nos hacemos del mundo y de nosotros mismos. Una vieja leyenda barcelonesa alude a San Severo, titular de una capilla lateral situada junto a la de San Marcos está representado también en la clave de bóveda situada en la nave lateral izquierda, cerca del trascoro. Es ya de por sí significativo que en la parte superior de la capilla, pueda verse al Santo con los atributos del peregrino; allí también está representado su martirio. Su leyenda y su mito es lo suficientemente ilustrativo como para que merezca figurar en estas páginas; había sido elegido obispo de los primeros cristianos barceloneses en un momento en que estos estaban enfrentados y divididos. Hubo de entrar una paloma en la catacumba donde se celebraba el cónclave para que todos los presentes tuvieran al ave como un signo de predestinación, pues se posó en la cabeza de Severo... Al iniciarse la persecución, los cristianos marcharon con su obispo al frente al Castrum Octavianum -hoy lugar donde esta emplazada la iglesia y el claustro de San Cugat del Vallés- y después de encontrar a quien luego sería Sant Medir, aproximadamente en la zona hoy ocupada por el Parque de Güell, el grupo fugitivo resultó apresado. Severo fue muerto con un clavo que le atravesó el cráneo y que aun se conserva en un relicario en la Seo. Otra leyenda, atañe igualmente al Santo, cuya esposa se opuso por todos los medios a que fuera elevado a prelado. La mujer, acalorada, murió en el curso de la discusión y fue enterrada en la Seo -la ingenua leyenda no aclara en qué Seo era, pero deberá disculparse la ligereza de quien la ideó por que no son los datos contrastables los que nos pueden interesar-; unos años después murió, así mismo, la hija de Severo, pero cuando fueron a enterrarla junto a su madre, vieron que el cuerpo de ésta se había hinchado desmesuradamente y cabían, junto a ella, doce difuntos más. Severo entendió que su esposa aún seguía enfadada por la discusión habida el día de su muerte así que le susurró unas dulces palabras: "Severa, desinflati i deixa lloc per la Severeta", cosa que hizo al punto.

Si la primera leyenda -la de Sant Medir- nos habla con toda claridad sobre la purificación del Santuario de la Cabeza y la muerte del pensamiento dualista, habrá que recurrir al Evangelio de San Juan para entender la segunda. Después de haber derramado agua del Jordán sobre Cristo, el Bautista es preso y decapitado. Se le extirpa el Santuario donde reside el pensamiento egótico dualista y con él caen los doce pares de nervios craneanos, simbolizados, en la leyenda barcelonesa por el cuerpo de Severa, la esposa del obispo santo, hinchado hasta doce veces su volumen... Gracias a esos nervios y al órgano al que van conectados, el Ego crece siempre, más y más, como el cadáver de la esposa del Santo barcelonés...( )

Purificado el Santuario de la Cabeza, la fuerza irradiante nacida desde el corazón y que ha ayudado en el trabajo anterior, desciende hasta el vientre. Juan nos habla de ello en su Evangelio. Es el momento en que Cristo crucificado y agónico es atravesado por un lanzazo en el costado; así murió Cristo y así muere también nuestra instintividad. El Ego ha sido completamente derrotado, se produce una negrura absoluta -el "negro más negro que el negro" de los hermetistas, el "cuervo negro" de los alquimistas-, la muerte y putrefacción del compuesto. Otras iconografías presentan la purificación de este Santuario con la imagen sugestiva de la lucha contra el dragón ígneo y así figura en el templete del claustro con la estatua de San Jorge y su clave de bóveda referida al mismo tema, sobre el que volveremos más adelante.

Justo en ese preciso momento el adepto siente de manera objetiva, en la base de la columna vertebral, el desarrollo de una fuerza inconmensurable en poder transfigurador y percibe como se alza a lo largo de sus 33 vértebras, se desparrama por sus costillas y abrasa su corazón, para alcanzar luego su cabeza. Gracias a esta fuerza se engendra el "cuerpo de gloria" manifestado por Cristo en su triunfal resurrección. Al desconsuelo que hace gala la madre del Salvador en el tímpano del pórtico de la Piedad, seguirá la resurrección: el hombre nuevo está transfigurado.

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. La "carassa" y la cadena magica

Infokrisis.- Bajo el órgano situado en la puerta de Sant Iu, se encontraba hasta la restauración de finales de los sesenta, la llamada "carassa" que reproducía el rostro de un "moro". Durante la visitadel Embajador de Turquía, esa "carassa" fue retirada. Tenía la mandíbula articulada y por su boca, en algunas fiestas señaladas, salían caramelos para los niños. Esta tradición barcelonesa nos permite aludir a algunas ideas axiales de la ciencia hermética.

 


El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo VII
LA "CARASSA" Y LA CADENA MAGICA


Saliendo de la Catedral por el claustro se cruza una puerta que desdice el carácter gótico del resto del conjunto, pues, en efecto, se trata de una hermosa pieza románica. El arco delata la regularidad de este estilo traído a Cataluña por los canteros lombardos, herederos de los "magister comacini", último reducto iniciático de los secretos artesanales originarios de los míticos reyes romanos. Numa Pompilio instituyó las corporaciones -"colegiae fabrorum"- que desde la capital irradiaron luego a todo el mundo romano. Los canteros debieron llegar a Barcelona hacia el primer siglo de la era cristiana y gracias a ellos pudieron ser alzados los gigantescos muros que rodearon a la urbe y los orgullosos edificios del foro, construidos en los mismos lugares que hoy ocupa el palacio de la Generalitat, una parte de la Plaza de Sant Jaime y el ábside de la Catedral. De toda esta grandeza apenas quedan las pocas columnas del Templo de Augusto y escasos restos en el subsuelo que, en cualquier caso, denotan el alto grado de organización que conoció la ciudad. Pero existe la prueba de una misma tradición artesanal que se transmitió ininterrumpidamente. Cuando a finales de los años 60 se realizaron catas en el terrado de la Catedral a fin de comprender la técnica de construcción de las bóvedas góticas, se comprobó que el espacio comprendido entre la bóveda interior y el terrado exterior estaba relleno en parte por ollas de barro cocido. La intención era aligerar el conjunto, pero esto es lo de menos. Esta misma técnica, no excesivamente frecuente en las construcciones medievales, tiene unos antecedentes bien concretos. La cúpula del Capitolio romano registra idéntico artificio constructivo que por insondables caminos llegó a Barcino y pudo prolongarse hasta mediados del siglo XV.

Con el correr de la historia, se superpusieron pueblos y culturas, aunque siempre el legado romano se conservó, en mayor o menor medida, hasta mediados del siglo XIX; la ocupación musulmana constituyó, a lo largo de todas esas centurias, la alteración más importante en la vida ciudadana. Se trató de una presencia breve, muy superficial, que debió aportar una élite administrativa y una fuerza militar acorde con el perímetro de las murallas que debían defender. De la presencia musulmana en estos setenta años han quedado algunos rastros en la toponimia ciudadana -el nombre de Ramblas, de "ramla", arenal en árabe- unas pocas leyendas urbanas y apenas un solo resto arqueológico. En Barcelona y en toda la península, permaneció indeleble el recuerdo de otra religión, rival del cristianismo, cuyos hombres, los "moros", practicaban extraños ritos cultuales e invocaciones a un dios desconocido. No es raro que, en la península, e incluso en el Sur de Francia y en algunas zonas de Italia, la palabra "moro" o "mauro", se convirtiera en sinónimo de "mago". Así pues, en los lugares en los que se adivina una toponimia derivada de este término (Cuelgamuros = cuelga mauros, Maragatería = mauros captos, Maury = morería) existe una superposición de temas relacionados con artes mágicas, misterio y, naturalmente, alquimia. Tal es el caso de la Catedral de Barcelona en donde queda constancia de dos leyendas, una específicamente hermética y otra ligada al arte de los constructores, que bajo el velo de las alusiones al "moro", describen temas de alto contenido iniciático.  [Foto 19.- EL PORTICO MISTERICO Y EL NUMERO DE ORO]

Dice una tradición que, cuando las tropas de Ludovico Pío entraron en Barcelona, encontraron que en el interior de las murallas se había producido una revuelta y los barceloneses mismos habían asaltado el palacio del último rey moro (probablemente situado en el antiguo fuerte romano de la calle Regomir). Este era particularmente odiado en la villa por haber intentado transformar la Catedral cristiana en mezquita. Los sublevados le cortaron la cabeza y la integraron en el muro colocándola en un lugar próximo al pórtico de San Ivo. Esa misma tradición explica que los días de San Esteban y San Silvestre, el rostro, integrado ya en el conjunto Catedralicio, abre los ojos y mira la grandeza del lugar y se añade que, viendo el esplendor del templo, grita de rabia. Siempre se tuvo esta versión por fantasiosa ya que no aparecía rostro alguno sobre los muros. Habitualmente se identificaba esta cabeza con la que se encontraba bajo el órgano, situado en el coro de San Pedro sobre la puerta de San Ivo. De cartón, con pendientes y un gran turbante, las barbas estaban confeccionadas con cola de caballo; la "carassa" tenía los ojos y la boca articulados que se movían con un hilo. El Día de los Inocentes escupía caramelos por la boca sobre la chiquillería ( ). Por algún motivo que quizás alguna vez tengamos ocasión de aclarar, bajo el órgano de Santa María del Mar se encontraba igualmente otra "carassa", también desaparecida.

¿Tendrían algo que ver estos rostros horribles y amenazadores con el "baphomet" templario que no era sino otro rostro que inspiraba temor a quien lo veía pero que enmascaraba y presidía una ceremonia iniciática, la del "bapho-metheos", literalmente "bautismo por el fuego"? Tenemos la legítima sospecha que así fue efectivamente, demostrarlo nos llevaría a unos desarrollos que no tienen cabida en estas páginas

Evidentemente la leyenda a la que hemos aludido tiene un marcado tinte artesanal. Debió tener su origen en los gremios de constructores, los cuales, antes de aprestarse a la edificación del edificio, querían dominar a los genios de la naturaleza y para ello les ofrecían un sacrificio expiatorio. Testimonio de este sacrificio es todavía hoy la ceremonia de colocación de la primera piedra al iniciarse las obras. El "rey moro", sería la fuerza elemental, dominada, neutralizada y absorbida, pero no eliminada, sino integrada y aprovechada en el conjunto, transformada en clave de bóveda, piedra central, "regia", que sostiene y neutraliza las fuerzas contradictorias que entran en toda construcción. Y estaba claro que, según la óptica medieval, el "rey" debía de ser "moro", es decir, que el arte de la construcción contenía un elemento mágico; no en vano los maestros de obras, con su arte ejecutado con unos pocos y simples instrumentos de medida, era tenido también como mágico por sus contemporáneos. [Foto 20.-LA CARASSA DE LA CATEDRAL, SITUADA BAJO EL ORGANO]

También los alquimistas eran tenidos por magos. Otra tradición nos habla de la puerta románica del claustro; dice que fue construida por "moros presos" que dejaron testimonio de su estado en una cadena que circunda todo el arco de la puerta. Joan Amadés, que nos narra esta tradición, añade que puede verse la cadena con algo de generosidad; más parece una greca, pero en cualquier caso, el sentido del símbolo es meridiano y dice mucho sobre los contenidos herméticos de la Catedral. A decir verdad, lo que la leyenda barcelonesa tiene por cadena es, en realidad, un "zig-zag", adorno utilizado por los canteros francos al que llamaban "batons rompus"; aparecen por vez primera en Normandía hacia el siglo XI y se extienden en toda Francia durante el XII, para desaparecer por completo en torno al año 1200. Es posible que algún maestros de obras o canteros francos participara en la construcción de la Catedral románica de Barcelona, cuyas obras se iniciaron en 1058, es decir, cuando la moda normanda había tenido ya cincuenta años para extenderse por Europa. Lo importante, a nuestros efectos, insistimos, no es la verdad histórica, sino la realidad mítica y ésta dice que el "zig-zag" fue una cadena...

El "moro preso" alude al hombre que está ligado a su naturaleza material y que no puede prescindir de ella. Una vieja leyenda arcaica itálica habla del "Rey de los Bosques de Nemi" que monta guardia bajo un árbol hasta que un "esclavo fugitivo" lo mata y ocupa su lugar. "Esclavo fugitivo" es aquel que logra emanciparse de la tiranía de su naturaleza material e invertir la tendencia de sus relaciones: de estar ligado a este mundo material en perpetuo devenir, pasa a liberarse de su condición y aspira a elevarse y adoptar la calidad regia de custodio del Arbol de la Vida. Pues bien, la cadena en cuestión no es otra que la "Catena Aurea Homerii", que es también el título de un notable tratado de alquimia escrito en 1723 por Anton J. Kirchweger. El sentido del símbolo es múltiple. De un lado indica la existencia de un "colegio iniciático" que se ha ido transmitiendo las enseñanzas de generación en generación, de un eslabón a otro, evoca continuidad y nos hace pensar, si desde el siglo XI-XII hasta la construcción de la fachada actual, a finales del XIX, no existió una cadena de maestros de obras que respetaran los proyectos de sus antecesores y cuyo trabajo estuviera movido por la única intención de completar lo ya hecho e, inexorablemente, construir lo que desde el principio se proyectó: un templo para el espíritu. De otra forma, no puede explicarse satisfactoriamente el que un edificio construido en tiempos muy diversos, tenga una unidad estructural e interpretativa. La cadena ha unido a los maestros de obras que alzaron las Catedrales y a los iniciados de todos los tiempos. Y también ha unido mundos.

La alquimia es el arte de la separatoria, pero también la ciencia mediante la cual se establece la relación entre los principios superiores y los inferiores; la "Tabla Esmeraldina" anuncia en su primer verso que "lo que está arriba es como lo que está abajo", pues bien, de la habilidad y perspicacia del alquimista dependerá que éste sepa asociar y sintonizar el mundo trascendente al contingente y la manera de injertar en éste la energía y la fuerza de aquel, sin la cual ninguna transmutación sería posible. La sabiduría en la realización de esta operación es lo que otorga la Maestría en el Arte y sitúa en una posición superior a los dioses y a los hombres. De aquí procede la leyenda relatada por Homero. Zeus, que aquí prefigura al alquimista, dice a los dioses del Olimpo: "Suspended del cielo una áurea cadena, asíos todos, dioses y diosas, de la misma y no os será posible arrastrar del cielo a la tierra a Zeus (...) Yo ataría un cabo de la cadena en la cumbre del Olimpo y todo quedaría en el aire. !Verdaderamente supero a los dioses y a los hombres!".

Así queda dicho que el dios es incompleto en tanto carece del cuerpo físico para manifestar su poder, mientras que el hombre es igualmente incompleto al faltarle las facultades del dios. Solamente el Adepto está más allá del uno y del otro, tiene cuerpo y también ha avivado su alma situándose en la esfera del Todo. Es un dios con cuerpo humano. Plotino de Alejandría escandalizó a sus contemporáneos divulgando una moral altiva y heroica que coincide perfectamente con estas apreciaciones. Plotino concebía los "dioses" como fuerzas de la naturaleza, la obligación del Hombre no era rendirles culto, sino dominarlas y manipularlas, no arrodillarse ante ellas, sino observarlas primero y asumirlas después. Cualquier impulso o tendencia de lo humano era concebido en estos términos. Desde el miedo hasta la ira, todo podía ser vencido o podía derrotar al hombre. No se decía, "tengo ira", sino "la ira está en mí" y dependía de la fortaleza interior del sujeto que pasara a ser un esclavo de la ira o que estuviera en condiciones de dominar, aislar y encerrar la invasión de este elemento alógeno y exterior a él. Si lo conseguía se situaba más cerca del ideal de Libertad, concebida esta como la capacidad de dominio sobre los instintos, las pulsiones y las tendencias más primarias. El ser Libre es aquel que no está sometido a nadie, y mucho menos a lo que mora dentro de él. El ideal de Libertad, así entendido, es lo que otorga a Zeus su sitial preferente en el Olimpo y lo que da al alquimista la crisopeya, hasta que ésta también puede proclamar, como Zeus, su superioridad en relación a hombres y a dioses.

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. El lavamiento de pies.

Infokrisis.- Hoy puede visitarse, entrando por el Museo de Historia de la Ciudad, los sótanos de la antigua Catedral románica e incluso los restos del baptisterio pre-románico, sin duda el primer monumento cristiano de la ciudad de Barcelona. Todo esto nos permite reflexionar sobre un episodio evangélico al que habitualmente no se le presta excesiva atención: el lavamiento de pies y su significado hermético.


El Misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capitulo VIII
EL LAVAMIENTO DE PIES:
La pila bautismal y el vitral de San Juan

 

En la basílica paleocristiana, el baptisterio estaba situado en una sala contigua pero separada del recinto sagrado. Se entraba en el baptisterio para purificarse. En tiempos muy remotos, las Iglesias florecieron en lugares donde manaban fuentes sagradas. Es posible que la abundancia de agua bajo las laderas del Táber fuera uno de los elementos que aconsejó el emplazamiento de la Basílica en aquel lugar. Posteriormente, la fuente sagrada se transformó en la pila de agua bendita que todavía puede verse en nuestras iglesias. Ese agua con la que nos persignamos está reputada de purificarnos y regenerar nuestro espíritu. Solo cuando hemos hecho el signo de la cruz con el agua bendita estamos en condiciones de penetrar en el Templo; por eso las pilas se sitúan cerca de las entradas del recinto. Pero estamos lejos de apurar el simbolismo de las aguas y de su poder regenerador.

En una de las salas del claustro, antiguamente llamada de "cabrevación", que fuera  refectorio de los pobres mantenidos por la Pía Almoina, la bóveda está cerrada por una clave en la que puede verse a Jesús lavando los pies de sus discípulos. Lejos de ser un tema exclusivamente devoto, evoca contenidos herméticos de singular interés.

Llama la atención las múltiples ocasiones en que el pie es mencionado en los textos evangélicos. La estatua de Nabucodonosor tiene los pies de barro y es por ello inestable. Jacob, en el momento de su nacimiento, agarra el talón de su hermano Esaú, y él, a su vez, resultará derrotado por el ángel que le producirá una cojera tras la noche de combate. Esto sin contar con que en otras mitologías se repite el tema con la misma y misteriosa insistencia. Aquiles resulta herido y muerto en el talón, Buda, al nacer, mide el universo dando siete pasos hacia cada dirección del espacio, mientras a Visnhú le bastan solo tres, uno por cada mundo. Edipo tiene el pie hinchado; Berta, la madre de Carlomagno -cuya efigie gigantesca es paseada por las calles de Barcelona cada Corpus Christi- es llamada la "de los grandes pies"; Hefaisto es cojo. Cristo resulta herido en los pies y en dos ocasiones el tema del lavamiento de pies aparece en el Nuevo Testamento. En el Génesis, Dios condena a la serpiente a ser odiada perpetuamente por la mujer, "esta te aplastará la cabeza y tu le acecharás el calcañar". Esta última referencia establece muy claramente una relación entre la cabeza y los pies; ambos son, en efecto, las partes extremas del cuerpo humano. Cabeza y pie, como Dios y el Mico, el rey y su juglar, están relacionados dialécticamente, uno es la inversión del otro, el reflejo especular del contrario. Los obispos cubren su cabeza con mitras voluntariamente diseñadas con forma de cabeza de pez, siendo que el signo astrológico de Piscis gobierna los pies y, análogamente, en la India se rinde culto al gurú como aquel que "tiene los pies en el loto de mil pétalos", pero ese loto corresponde al Sahasrara chakra, el loto de la cabeza, séptimo y último. Y, finalmente, la doceava clave del tarot, corresponde a El Colgado; en ella aparece una figura humana invertida, la cabeza ocupa el lugar del pie.

Quizás sea el momento de recordar una vieja tradición de nuestra Seo que se remonta a los aciagos días en que la ciudad fue sitiada y vencida por el ejército borbónico. Hasta entonces era de ley que aquellos condenados a la horca, se salvaran de la ejecución en dos situaciones excepcionales: si en el momento de ser sacados del presidio y llevados al patíbulo se cruzaban en su camino una procesión presidida por la Sagrada Forma, bastaba con que el sacerdote colocara ésta sobre la cabeza del reo para que "acogiéndose a lo sagrado", salvase la vida. Pocos días después de la ocupación de Barcelona en 1714, un pelotón de ejecución se cruzó con una procesión, pero de nada valió que el sacerdote realizara el rito de remisión del reo -un militar-, éste fue ejecutado. A raíz del incidente, la impopularidad de Felipe V aumentó vertiginosamente en la villa. La Sagrada Forma se colocaba sobre la cabeza, en el lugar más alejado de los pies y por tanto en el más alejado de la tierra.

También se salvaban de la muerte aquellos reos cuya cuerda se rompía en el momento de ser pendidos. La cuerda rota, que estaba reputada de ser sagrada al haber sido vehículo de una acción milagrosa, era depositada en una argolla colocada en la capilla del claustro situada en la confluencia de las calles del Obispo y de la Piedad. En cualquier caso, los reos salvaban la vida, pero no recuperaban la libertad; hasta su muerte deberían vivir en el interior de la Seo y colaborar en los trabajos de mantenimiento. Solían ser encerrados en una pequeña habitación situada en el claustro encima del portal de San Severo al que se sube por una estrecha escalera situada tras la hoja izquierda de la puerta; en esa estancia existía una cocina y dos habitaciones. Abajo se encontraba la bóveda cuya clave muestra a Cristo lavando los pies de sus discípulos.

En hebreo <<>>, requel (cabeza), contiene <<>>, "manantial", "fuente", "olla". Por esta herida en el pié, Eva "está atraída hacia el desierto de la dualidad". El Génesis sigue con estas palabras del Padre a Eva: "buscarás con ardor a tu marido, y este te dominará". El marido es Adán, derivado del término hebreo "adamah", barro, en definitiva, el mundo corporal. La esclavitud de Eva -y por extensión de todo el género humano- terminará en el momento en que logre aplastar la cabeza de la serpiente, la gran tentadora.

Los pies nos ponen en contacto con la tierra, de ahí deriva su importancia simbólica. Los condenados por ahorcamiento eran colgados del cuello, no tanto para lograr su estrangulación, como por evitar que en el momento de la muerte, su espíritu pasara a los genios de la tierra y regresara al mundo. En nuestras viejas Catedrales los fieles paseaban descalzos por la nave central; en Chartres danzaban tras el obispo siguiendo los contorneos marcados por las líneas del laberinto esculpido en sus losas. Era una forma de lograr que ascendieran a través de los pies, las fuerzas telúricas, consideradas positivas, que emanaban del suelo sagrado de las Catedrales; en Francia se conocía como "wouivre" y en Barcelona, era el "riu de sota" al cual ya hemos aludido. Todo induce a pensar que así como en Chartres la cabeza de la "wouivre", el punto en donde las fuerzas telúricas alcanzaban su máxima intensidad, era justo en el centro del laberinto, en Barcelona, la insistencia de las Catedrales románica y gótica en tener la cripta de Santa Eulalia en el mismo emplazamiento, indica que es allí donde se registró la máxima intensidad de la corriente salvífica. Sobre la vertical del féretro de Santa Eualia se encuentra sucesivamente su clave de bóveda, el altar mayor, la clave de la bóveda mayor y, sobre ésta, en el terrado, la Santa Cruz que da nombre a la catedral. Pero existe el misterio del baptisterio paleo cristiano. [Foto 22.- EL BAPTISTERIO DE LA CATEDRAL, ANTE LA PILA EL BAUTISMO EN EL JORDAN Y EN EL VITRAL -FUERA DE LA FOTO- EL LAVAMIENTO DE PIES]

En la vida de Cristo, el lavamiento de pies se produce en dos situaciones perfectamente diferenciadas y con un simbolismo diverso .  El primer episodio compete a María de Magdala, la pecadora, en el episodio más poético y evocador del Evangelio de Lucas. En la capilla de Santa María Magdalena, situada en la nave izquierda, próxima al crucero, puede verse una efigie de la santa con un recipiente de perfume en su regazo y un ánfora a sus pies. "Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual sabiendo que estaba Jesús a la mesa en casa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento se puso detrás de El, junto a sus pies, llorando y comenzó a bañar con lágrimas sus pies y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el ungüento". María de Magdala es la humanidad misma que busca "metanoia", conversión, ningún amante de carne la ha podido consolar de su sensación de privación de lo divino, como prostituta se ha ofrecido a todos, pero no ha encontrado a su Esposo, el Cristo. María de Magdala se arroja a los pies del Maestro, arrepentida e intentando obrar una inversión de sus energías. De ahí que seque y enjugue los pies del Salvador con sus propios cabellos. Una vez más, la relación cabeza-pies se pone de manifiesto. Esta misma enseñanza está presente en la Catedral de Barcelona. En el baptisterio actual -situado a menos de tres metros del paleocristiano que puede visitarse siguiendo corredores subterráneos que parten del Palacio Real- situado a la izquierda del pórtico principal, está representada la escena del bautismo de Cristo en el Jordán en un retablo y, sobre él, en el vitral, la aparición de Jesús a María Magdalena. Gracias a ellos se opera la metanoia.

Pero ¿qué es exactamente la "metanoia"? Erróneamente se la ha querido traducir como "conversión" y ciertamente tiene algo de esto, si bien está muy lejos del concepto moralista y culpabilizador que generalmente se le da. La "metanoia", la verdadera conversión, implica un cambio radical de conciencia. Y esto supone un llamamiento a la práctica espiritual: la "metanoia" no es una actitud moral, ni una decisión de la conciencia, es la desembocadura de una práctica interior y también de un proceso de laboratorio, a través del cual se obtiene una percepción diferente del Mundo, del Yo y de la Naturaleza y se alcanza la Verdad Hermética. "Cuando Pilato pregunta a Jesús "¿Qué es la Verdad?" la respuesta es un largo silencio". La verdad no puede expresarse con palabras; o se experimenta por sí mismo o jamás se puede conocer; y si se experimenta, ¿cómo unas pobres palabras humanas pueden definir la experiencia de lo Divino?. Esto y no otra cosa es la "metanoia".

El segundo lavamiento de pies tiene un sentido diferente. Se produce en la ceremonia de la Ultima Cena. Ahora es el angélico Juan quien escribe: "...se levantó de la mesa, se quitó los vestidos, y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en la jofaina y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugárselos con la toalla". Quitarse los vestidos tiene el sentido de despojarse del "hombre viejo"; ceñirse la toalla y echar agua en la jofaina implica activar el Santuario del Vientre y llenarlo de flujo crístico; finalmente, el acto de lavar a los discípulos, supone la multiplicación de la fuerza en cuestión que, del santuario del vientre, se propaga a través de la médula espinal. De ahí que el episodio bíblico termine con la rectificación de Simón Pedro, quien después de haberse negado al lavamiento exclama "Señor, entonces no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza". Estas palabras aluden a las cinco heridas de Cristo -clavos en pies y manos, corona de espinas- que son vivificadas por la sexta, la herida del costado. Es entonces cuando se produce la muerte y la subsiguiente resurrección del compuesto filosofal; cuando Cristo resucita lo hace con un nuevo cuerpo; el "vestido de piel de camello" que ostentara el Bautista en el Jordán, es sustituido por el "Vestido de Gloria", luminoso y resplandeciente, imagen misma de la Naturaleza Renovada y vivificada; así se ha cumplido la palabra bíblica del Bautista cuando exclamó "Es preciso que él -Cristo- crezca y yo mengüe", pues, en efecto, el "hombre viejo" se ha extinguido y en su lugar ha cobrado forma un "hombre nuevo". Es entonces cuando aparece en la superficie del compuesto metálico tantas veces fundido y otras tantas coagulado, la "stella matutina". En ese momento, súbitamente, el adepto entiende, como si él mismo hubiera sido el actor, por qué Cristo o San Raimundo de Peñafort caminaron sobre las Aguas. 

Un viejo refrán barcelonés, hoy olvidado y que hemos rescatado de una recopilación ochocentista de dichos populares, recomienda sabiamente: "A la Seu, si no pots posar la cama, posa-hi el peu". Pero no es una tarea fácil  -"Costa més que de pintar la Seu", dice otro refrán- sino larga y extenuante -"Eixó dura mes que les obres de la Seu"-, el Adepto debe entregarlo todo de sí mismo y quedar desprovisto de cualquier aditamento superfluo y de toda excrecencia del Ego -"La Seu no necessita adorns", sentencia el refranero Catedralicio- es entonces cuando conquistará el Paraíso de la Unidad y podrá decir a sus iguales que él ha coronado la construcción del Templo Interior, sabrá entonces que "Anar a Seu és anar al cel"...   

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. El Arbol de la Vida y el Arbol Seco

Infokrisis.- En los capiteles de la Catedral de Barcelona se encuentra plasmada la leyenda del Árbol Seco, una de las más hermosas y elocuentes leyendas gibelinas que dice mucho sobre el espíritu con el que se constuyó la Catedral y que, por sí misma, autorizan a un hombre sin fe, a visitarla y sentirse como en su propia morada. En esta parte hemos utilizado como material algunas leyendas tradicionales barcelonesas cuyo origen se remonta al Renacimiento.


El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
Capítulo VIII
El Árbol de la Vida y el Árbol Seco

 

En otro tiempo existió la sorprendente costumbre de plantar un pino ante el presbiterio de la Seo el día 1º de mayo. Debió ser hacia mediados del siglo XVIII cuando la práctica se extinguió en las convulsiones político-sociales que sacudieron a la ciudad y ante el evidente aroma de paganismo que destilaba. El encaje con el tema católico se realizaba apelando a la leyenda de Santiago y a su primera prédica. Pero no era una cruz de pino lo que se rememoraba, sino, más bien, al símbolo del Arbol.

Otra tradición de la vecina Iglesia del Pino tiene mucha relación con todo esto. Existía en la plaza del Pino un extraño personaje que apenas lograba hablar; sus entrecortadas frases no eran comprendidas por nadie y cuando alguien lograba entender algo, se trataba solo de incongruencias. Cuando murió lo enterraron ante la iglesia. A los pocos días surgió incontenible un árbol frondosísimo que daría nombre al lugar situado frente al templo gótico de Nuestra Señora, la plaza del Pino. En sus ramas podían leerse las mismas frases incoherentes que pronunciaba el fallecido. Los ciudadanos, intrigados, cavaron hasta dar con las raíces del árbol: éstas salía de la boca del extraño personaje allí enterrado, "en el principio era el Verbo". Cuenta otra leyenda que un soldado francés clavó su bayoneta en las raíces de este pino y el árbol se secó...

La primera parte de esta leyenda es la continuación, apenas alterada, de la leyenda del Arbol Seco y de la peripecia de Set que no es sino una versión gibelina de la Leyenda Aurea que ya hemos referido. Set, al regresar a su hogar, encontró muerto a su padre y colocó, tal como le indicara el ángel custodio del Paraíso, los tres esquejes del Arbol Seco en la boca del cadáver, bajo la lengua. Luego lo enterró. Estas ramas reverdecieron y se mantuvieron en vigor hasta que con ellas se construyó la cruz en la que sufrió pasión y muerte Nuestro Señor. De ellas nació un cedro (de copa triangular, elevación, esquema de la notación hermética del fuego), un ciprés (verticalidad pura, resurrección, puente entre lo humano que pugna por elevarse a lo divino) y una palmera (multiplicación, lo divino se proyecta sobre lo contingente, su color, una vez seca, remite al Oro).

Algo parecido se cuenta en la leyenda de San Cristóbal, representada en la clave de bóveda de la capilla de San Raimundo de Peñafort, el cual clavó su bastón en tierra y éste floreció. Los romanos lo ataron a una columna y le clavaron 400 flechas, una de las cuales se desvió, dejando ciego al Rey. El Santo le dijo: "Si mañana cuando haya muerto, untas tus ojos con polvo de la tierra, verás". La rama seca que florece es fuente de virtudes. Y esto mismo puede verse en otra imposta del claustro catedralicio. El cadáver de Adán aparece descarnado con las tres ramas del árbol bendito surgiendo de sus mandíbulas. Evidentemente la leyenda de la Iglesia del Pino y el capitel del claustro aluden al mismo tema y entroncan, de nuevo, con el hermetismo medieval, con el tema Imperial de trasfondo. [Foto 23.- ADAN MUERTO, SOSTIENE ENTRE SUS LABIOS LAS TRES RAMAS DEL ARBOL SECO]

Deberemos de tratar las tres variantes del tema de manera unitaria, pues cada una supone la parte disgregada del todo originario. El extraño hombre de hablares incomprensibles de la Iglesia del Pino, alude al lenguaje de los hermetistas, cerrado para todo aquel que no comparte sus claves. Nuestro alquimista habla el lenguaje de la Naturaleza. Cuando muere su Ego, despierta algo más profundo en él, algo que asciende desde la tierra negra hasta los cielos; busca elevación, trascendencia; los lemas incomprensibles que aparecen en sus hojas son los símbolos herméticos, indicando que la vigorización del árbol no es sino una consecuencia del Arte y, el hecho de que clave sus raíces en la boca, hace de él un resultado de la intervención del Verbo, el Logos, un principio trascendente, en definitiva.

Pero el Arbol de la vida vuelve a secarse cuando Cristo muere en la cruz, símbolo hermético de los cuatro elementos; la fijación al instrumento de tormento, mediante cada uno de los clavos, indica estagnación, castigo y mortificación de quien ha sido atrapado por el mundo del devenir concebido como alternancia y combinación del Fuego, la Tierra, el Agua y el Aire. Ante esto, la espiritualidad se retrae y el árbol vuelve a secarse. Pero se trata solo de un percance temporal; el Arbol sigue sin extinguirse; seco, más no muerto. Entonces la leyenda adopta un giro inesperado: no es la resurrección de Cristo la que entrañará la resurrección del Arbol, sino la llegada del Emperador de Occidente para celebrar la misa bajo sus ramas. Tal es el tema gibelino del Imperio. En el siglo XIV, Belibaste y los cátaros supervivientes, estaban convencidos que ese Rey era el de Aragón que, finalmente, entraría a caballo en la Basílica de San Pedro y derribaría su altar; se trataba, evidentemente, de una adulteración del tema imperial gibelino.

El término Occidente, deriva de Occidio-occidionis, muerte, matanza, carnicería. El Emperador que llega de allí, procede del país de los muertos; él es un "re-nacido", aquel que ha pasado por el proceso iniciático -muerte del "hombre viejo", "nacimiento del hombre nuevo"-, la calidad regia lo asimila al Sol y al Oro. No es el Sacerdote -aquel que oficia de mediador entre el cielo y la tierra- quien está llamado a cantar la misa bajo las ramas del Arbol Seco, sino el Rey, no mediador, sino reflejo de la divinidad misma. La investigación histórica debería analizar las relaciones de la Corona de Aragón con el Sacro Imperio y, en particular, con los Hohenstaufen, para quienes se elaboró esta leyenda y otras similares, especialmente referidas a Federico Barbarroja. La dinastía Hohenstaufen y los grandes gibelinos sostenían la unidad del poder espiritual y del temporal en la persona del Emperador, mientras, el Papado defendía la división de poderes y, consiguientemente, la primacía del poder espiritual, representado por el Vaticano y el clero, sobre el poder imperial encarnado en la figura de los emperadores. Los primeros apelaban a Abraham, los segundos a una tradición más antigua y próxima a los orígenes, la de Melkisedek, príncipe de Salem, Rey de Paz y Señor de Justicia, a la vez Rey, Sacerdote y Profeta y del que el culto a los Reyes Magos supondría una división del personaje en tres figuras, igualmente regias. Nosotros sostenemos que el gibelinismo contó con fuertes alianzas en la Cataluña Medieval, tal como puede destilarse de algunas leyendas de nuestra Seo que evidencian sin ningún género de dudas, que el Imperio contaba con apoyos en amplios sectores de la población barcelonesa  -fundamentalmente entre las hermandades gremiales y, acaso, entre algunos miembros de la aristocracia guerrera-, formando una resistencia activa y persistente.

La primera capilla situada después del baptisterio de la Seo se encuentra bajo la advocación de San Marcos, patrón del gremio de zapateros que en 1683 donó los retablos que allí se encuentran. Bajo esta capilla se encuentra el baptisterio paleo-cristiano, inicialmente con forma de cruz griega (símbolo de los cuatro elementos) que luego fue transformado en octogonal (símbolo de perfección por su proximidad formal al círculo). En los laterales de la Capilla de San Marcos, a la altura de la nave se muestra la figura del misterioso Melkisedek, símbolo gibelino por excelencia de la iniciación real. En el otro extremo puede verse a Abraham, símbolo de la iniciación sacerdotal. En el tema bíblico, Melkisedek, rey de Salem, Señor de Paz y de Justicia, a la vez Rey, Sacerdote y Profeta, consagra a Abraham. Luego, la iniciación según Melkisedek es superior y anterior a la iniciación de Abraham. La consagración Real es, pues, superior, a la Sacerdotal. La institución Imperial, superior al Papado. [Foto 24.- SOBRE LAS ESCALERAS DE ACCESO AL PALAU REIAL, LA PEQUEÑA VENTANA ROMÁNICA POR LA QUE HUYÓ EL CONSELLER EN CAP]

Buena parte de la historia europea medieval está protagonizada por una dramática lucha entre Imperio y Papado, entre nobleza y sacerdocio. Y en Barcelona no podía ser de otra manera ¿Cómo interpretar sino la leyenda de aquel obispo que se empeñó en que su escudo figurase en la Catedral ante la resuelta negativa de los Consellers? Tal oposición llevó al Consell de Cent a retirar su apoyo a las obras y detenerlas hasta que el obispo en cuestión murió. Solo entonces, tras rascarse el escudo, prosiguió la construcción. ¿O cómo interpretar aquella otra leyenda que opone el Consell de Cent a las ingerencias inquisitoriales a través de un gracioso episodio? En efecto, el Consell y sus prohombres, tenían un banco en el coro de la Seo que nadie más podía ocupar; en el curso de una celebración, los inquisidores -máximos guardianes de la fe y custodios de la ortodoxia papal- usurparon dichos bancos y no consintieron abandonarlos. Los prohombres esperaron hasta que las campanas llamaran a la consagración para que los inquisidores se arrodillaran y entonces los prohombres ocuparon sus sitiales. Enfurecidos, pidieron la cabeza del Conseller en Cap que dió con sus huesos en las mazmorras del Palau Reial; se le facilitó la fuga, a través de una ventana que va a dar a la Plaza del Rei, encima de la puerta situada junto a la capilla de Santa Agueda. Esta ventana aun existe; se trata de una ventana románica construida en la remodelación que sufrió el lugar en el siglo XI, cegada con posterioridad y que no hace muchos años ha sido restaurada tal como puede verse hoy.

Pero esta lucha no fue solo legendaria, sino que, demasiado frecuentemente pasó a los hechos. En el 1044, el obispo Guislabert y de su sobrino, Udalard, se enfrentaron al Conde de Barcelona por una cuestión de competencias. Los partidarios del obispo apedrearon el palacio condal desde el campanario de la Seo. La lucha terminó con la victoria del Conde tras la intervención del enérgico obispo Oliba. Los historiadores sostienen que si Oliba dió la razón al Conde Ramón Berenguer fue, arrancando de éste, la promesa de apoyo para la construcción de una nueva catedral. Se tiene a Oliba -monje constructor- por padre de la Seo Románica. Por nuestra parte vemos en el episodio, uno de los muchos altercados entre dos concepciones del poder. Un siglo después, en todo Occidente, este enfrentamiento se reproduciría constantemente: Imperio contra Papado.

Los enemigos del Imperio también generaron distintos ciclos legendarios de los que aun hay constancia. Una leyenda anti-gibelina nos habla del te deum que se ofreció en la Basílica tras la tercera invasión musulmana. Un obispo, de nombre Federico, estaba junto al Rey del cual no consta dato anexo alguno. La nobleza, amparada en la Reina -y por tanto, en la óptica medieval, carente de virilidad y de legitimidad para su autoridad; no olvidemos que la leyenda glosa el papel sacerdotal y denigra a la casta guerrera y al rey- conspiraba contra el monarca. La gran fiesta que siguió tuvo lugar en el interior de la Seo; llevaron a la nave un gran pez pero ningún caballero era capaz de trocearlo. El obispo Federico pidió la espada al rey y cortó la cabeza del pez, despiezándolo luego sin dificultad: "Si queréis cortar algo, partirle la cabeza", proclamó. Los nobles levantiscos mataron en ese momento a Federico. Aquí es el Rey quien, por el acto de entregar la espada a un clérigo, cede con ella la esencia de su poder y se coloca bajo su protección . Los demás aspectos tienden a subrayar las virtudes y habilidades del clero en contraposición a la nobleza feudal. Una leyenda relativamente similar y conteniendo un evidente mensaje iniciático desfigurado que circulaba por la ciudad de Barcelona, es la del "caballero del pez", avatar del "Rey Pescador". La leyenda dice que a la llegada del rey a Barcelona, unos pescadores le ofrecieron el producto de su trabajo. Un caballero invitado al banquete comió tantos peces que el rey enfadado le dijo que para mantener su nobleza debía matar tantos moros como peces había comido. Así lo hizo el caballero que cumplió con creces, mato muchos más moros de los peces que había comido: siete viejos, siete jóvenes y siete maduros, 21 en total, número arcano. Por eso el rey concedió al caballero el derecho a ostentar siete peces en su escudo.

La calidad trascendente y suprahumana del monarca queda patente en otra leyenda Catedralicia que aprovecha la figura del Príncipe de Viana. Este era descendiente, por línea materna, de la realeza francesa, reputada de tener el don divino de curar ciertas enfermedades por imposición de manos. Henry Bloch en su libro "Les Rois Thaumaturgues" explica detalladamente esta costumbre que se dió también en otras casas reales europeas y entre los faraones y que en Francia subsistió incluso hasta Luis XVI, limitada a sanar de migrañas. Tal era el resto del poder divino implícito en la sangre de los reyes y que mostraba hasta qué punto la ceremonia de consagración, según la orden de Melkisedek, no era solo un ritual vacío y simbólico, sino una operación mágica. Por esta razón el Príncipe de Viana era considerado santo por el pueblo de Barcelona que lo llamó "el bienaventurado Carlos" y cuya imagen instaló en la segunda capilla del claustro de la Seu, saliendo de Santa Lucía, para ser objeto de culto, como abogado contra todas las enfermedades. Esa capilla, por cierto, es contigua a la que recibía el nombre, hasta primeros del siglo presente, de "Casa dels Gats", por que allí se albergaban los gatos vagabundos que llegaban a la Seo. El inicio de esta tradición es la fortuna que una dama donó a su gato y que debía administrar la canonjía.

Juan II, padre del príncipe, fue coronado a los sesenta años, cuando sus facultades estaban muy disminuidas. Su primera esposa, madre del Príncipe Carlos, Blanca de Navarra, tenía sangre francesa y falleció pronto. Casado en segundas nupcias con Juana Enríquez, de este matrimonio nacería Fernando el Católico, llamado a casarse con Isabel de Castilla el 10 de marzo de 1452 y obrar la unidad de los territorios peninsulares. Juan II despreciaba a su hijo, su estilo de vida, sus amores y enfermedades -había adquirido "fiebres malignas" durante su estancia en la Corte de Nápoles- y no dudó en encarcelarlo en dos ocasiones,  instigado por Juana Enríquez.

Se dice que cuando su malhadada madrastra fue a la Seo tras entrar en Barcelona al frente de sus tropas, las cuerdas de las campanas se rompieron cinco veces para impedir que anunciaran la ocasión y en el curso de la ceremonia cayó una de las dos columnas sobre las que se sostenía el velo que cubría al oficiante. Alusiones herméticas excesivamente tenues como para que podamos integrarlas en la exégesis simbólica de nuestra Seo y de las que nos limitamos a dar cumplida constancia.

Los cronistas de la época, haciéndose eco de la voz pública, llamaban a Juan II "ipse Nerone neronios", "más malvado que Nerón" y el refranero lo apodó "Joan doneta" que ha quedado como ominoso calificativo para aquellos maridos poco enérgicos que frecuentemente se dejan dominar por su mujer. La presión del pueblo barcelonés en favor del príncipe de Viana forzó a liberarlo, sin que nadie pudiera evitar que muriera prematuramente. Y es, a partir de ese momento, aprovechando sus demostradas dotes taumatúrgicos, que se empezó a tejer la leyenda del Príncipe Santo. Su nombre se incluyó en la relación de Santos que se recitaba al hacer un pregón público, junto a San Jorge y Santa María. El Conde de Pallars, comandante en jefe de las fuerzas catalanas que luchaban contra Juana Enriquez, en carta dirigida a los consellers barceloneses, explicaba que su ejército cobraba renovados bríos cuando desde lo alto de las nubes, el bienaventurado Carlos, les animaba al combate. Se dice que Juan II, de cacería con otros cortesanos, se separó de ellos y encontrose en un lugar para él desconocido. Un pastor le indicó como salir del arenal; pero fue así como siguiendo sus instrucciones, el rey se introdujo, más y más, en un terreno inhóspito e insalubre, agotando sus últimas fuerzas; medio muerto, fue encontrado por sus tropas, días después, falleciendo al punto. El pueblo de Barcelona no tuvo la menor duda que aquel pastor era el espíritu del Príncipe de Viana, que había regresado para vengarse. El lugar donde ocurrieron estos hechos, próximo a la desembocadura del Llobregat, fue llamado hasta hace poco, la Olla del Rey.

Carlos, el amado Príncipe de Viana, fue enterrado en Poblet y las monjas de Valldoncella obtuvieron autorización para quedarse con un brazo como reliquia. Colocado en un relicario, sobresalía solo la mano reputada de curar las enfermedades de la visión. Hay que decir que Juan II, ascendió al trono medio ciego, su ceguera encontraba contrapartida en la capacidad sanadora de su hijo, antítesis de él hasta ese punto.

Con este episodio termina prácticamente la historia del Reino de Aragón y de la sociedad medieval; lo que habrá a partir de ese momento es un nuevo período caracterizado por la nivelación general de la sociedad, la centralización del poder y la reducción de los fueros y de los privilegios de los cuerpos sociales intermedios, de los que el gremialismo será, sin duda, quien sufrirá más atroces consecuencias. Lo que estaba en juego en la antítesis entre Carlos, Príncipe de Viana, y su padre "Juan donetas", era una concepción orgánica, descentralizadora, piramidal y foral del poder, en cuya cúspide se encontraba un hombre amado por los dioses y de cualidades paranormales, superior a los hombres, y que, por este hecho, merecía detentar la más alta autoridad, y aquel otro poder, de carácter jurídico-administrativo, nivelador y, progresivamente absolutista, que solo extraía legitimación del prelado que lo consagraba, es decir, de la autoridad sacerdotal. En ocasiones el mito se vuelve historia y la historia se transforma en símbolo. "Joan donetes" no es solo el rey tiranizado por su esposa, sino también el monarca al servicio del principio lunar y sacerdotal, asimilado a lo femenino.

Frente a la posibilidad de un poder así concebido, se alzó la idea Imperial.

El Imperio era la traslación de la idea de Orden al dominio geo-político y a la organización social; al hombre trascendente que ha logrado realizar el tránsito entre el mundo del Devenir y el del Ser, corresponde la estructura Imperial que ha llevado el Orden donde antes solo había Caos. Los trovadores, los Fieles de Amor, las corrientes místicas y rosacrucianas, las hermandades gremiales, las órdenes militares, algunas órdenes ascéticas, se sentían co-partícipes de una realidad más alta, identificada con la catolicidad, asimilada a la idea Imperial. Y con todas sus fuerzas proclamaron su fe en las leyendas y en las piedras, tanto como en sus opciones políticas. Todas ellas, sin excepción sufrieron los rigores de una Iglesia -es decir, de un poder sacerdotal- que carecía de luz propia y que, como el resplandor de la luna, tenía su origen fuera de sí; la iglesia contó con la complicidad de los poderes que se oponían al status feudal, en especial, las monarquías nacionales, entonces emergentes. Fueron estas monarquías las que abolieron las órdenes militares, persiguieron a los gremios, quemaron a los disidentes, condenaron el Noble Arte de la Alquimia y derogaron los privilegios a las instituciones feudales. El trabajo de nivelación de las monarquías nacionales, culminó con el absolutismo y éste generó, necesariamente, una reacción en sentido opuesto a finales del siglo XVIII. Pero cuando esto ocurría, el gibelinismo y lo que cabalgaba con él, hacía tres centurias que había sido derrotado.

Así murió el mundo tradicional aquel en el que la Alquimia encontraba su lugar natural. Hoy subsiste como corriente subterránea, opuesta en su espíritu a la modernidad. Y aún hoy, muchos son los Artistas que han encendido sus hornos y molido el mineral; "están" en el mundo moderno, pero no "sin" del mundo moderno, su lugar es el mundo de la Tradición.

El lector, al haber llegado a esté parágrafo, puede pensar que hemos escamoteado la razón de ser fundamental de este estudio; no es así, desde luego. Los acontecimientos políticos e históricos adquieren muy frecuentemente el nivel de símbolos esclarecedores de contenidos más profundos. La historia trágica del príncipe de Viana, prefigura ya los no menos trágicos episodios de 1714 y el derrumbe que se presentía desde principios del siglo XIV -desde la caída del templarismo, en concreto- de la humanidad medieval y de todo un sistema orgánico de concebir la vida, el Estado y las relaciones sociales. La "gran política" de la que hablara Nietzsche, tiene, en cierta forma, mucho que ver con la alquimia, pues a ella le compete, en nuestro desgraciado tiempo, transformar las relaciones de poder e invertir las tendencias cinéticas de las masas abocadas siempre hacia una más y más profunda degradación, paralelo a la desintegración progresiva del sistema nacido al morir la humanidad medieval. En los muros de la Seo late todavía el espíritu del Príncipe de Viana, el espíritu de una época noble, el último intento histórico de reconstruir en plena Edad Media, un nuevo período áureo. Honor a quienes alzaron las Catedrales, honor a la nobleza que los protegió, honor a los gremios barceloneses que nunca dudaron en tomar las armas para defender sus fueros con la misma decisión que empuñaban sus instrumentos de trabajo para construir sus Templos. Honor, en definitiva, a la idea Imperial. Vergüenza y abominación para quienes, haciendo la obra del diablo, zaparon el último gran despertar de Occidente.

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El Misterio de la Catedral de Barcelona. La sombra del colegio iniciático

Infokrisis.- Abordamos en este capítulo El misterio del trazado que irá desarrollando a lo largo de los cuatro capítulos siguientes. En este primero examinamos la sombre del colegio iniciático que se oculta tras la mención a "Jaume Fabra", mítica figura del maestro de obras al que se le atribuye la planificación de la Catedral. Dudamos de que se tratara de un personaje físico realmente existente y estamos persuadidos de que este nombre oculta un "colegio iniciático", probablemente autor así mismo, de otras catedrales catalanas de ambos lados de los Pirineos.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Primera Parte
EL MISTERIO DEL TRAZADO
Capítulo X
LA SOMBRA DEL COLEGIO INICIATICO


Jamás se llegará a saber el nombre del Magister Principalis Operis Ecclesia -tratamiento deparado al maestro de obras- que trazó los planos de la Catedral. El primer maestro de obras cuyo nombre nos consta fue "Jaume Fabre", quien asumió los trabajos casi veinte años después de colocarse la primera piedra. Pero se trata también de una ilusión: la personalidad de Jaume Fabre es lo suficientemente tenue como para pensar, verosímilmente, que se trata de un nombre iniciático. Jaume es Santiago y Fabre, deriva del latín faver-fabri, obrero, artesano... Un maestro de obras con nombre similar trabajó en la Catedral de Gerona hasta el 1330 y otro, con nombre parecido, diseñó lo esencial de la Catedral de Narbona antes de pasar a ocuparse de la de Perpignan. Los nombres de todos estos maestros de obras en ocasiones son Jaume, Jaime, Jacobus, Jacques y los apellidos varían manteniendo siempre la misma raíz: Fauran, Faveran, Favarini, Favran, Fabré, Fabra... ¿Se trató de una misma persona? Tenemos la íntima convicción que no, que tras estos nombres y apellidos hubo un colegio esotérico, una logia operativa de maestros de obras, con su estilo propio y sus iniciados que probablemente trabajaran en Clermond Ferrand en 1248, luego en Limoges en 1273, antes de pasar a Barcelona el 1289. Esto explicaría las similitudes existentes entre las cabeceras de todas estas Catedrales. Explicaría también el parecido de la Seo barcelonesa con las de Narbona y Gerona que no se ha escapado a los ojos de los historiadores del arte, los cuales no han dudado en considerarlas hijas de una misma inspiración. Jaume Fabre es el "Santiago Obrador", probablemente el nombre bajo el que se conocía a toda la logia inspirada. El anonimato era importante y se respetó en los primeros años de construcción de nuestra Seo.

Los tres principales apóstoles de Cristo, Juan, Pedro y Santiago, representan, respectivamente, la Iglesia Esotérica, la Iglesia Exotérica y las Artes Operativas -entre ellas la Alquimia- que requieren un entendimiento entre la materia y el espíritu; Santiago, mediador entre lo divino y lo humano, representaba la figura del maestro de obras que en algunas ceremonias llevaba incluso "máscara", para evidenciar su distanciamiento de lo humano. Un hermoso libro nos lo pinta así: ".. acostumbrado a no detenerse durante mucho tiempo en un mismo lugar, el maestro de obras coge su ligero equipaje y se traslada a la ciudad que lo ha llamado. (...) Después, tomando posesión de su bastón y de sus guantes, encasquetándose el bonete simbólico, vistiendo el largo traje tradicional, pone a los operarios a la obra e inaugura la cantera en presencia del obispo y, en algunas ocasiones, del rey".

En Barcelona el maestro de obras debió inaugurar al tiempo dos tajos, uno allí donde se extraían las piedras y se las desbastaba, en las faldas del Mont Iovis, el monte que los romanos dedicaron al padre de los dioses y que estaba identificado por ello mismo, con el Olimpo, la montaña de Montjuic. Las claves de bóveda se labraban allí y, a falta de algunos retoques finales, eran conducidas en solemne procesión hasta el segundo tajo, el escenario de la Catedral en construcción. La arena para el mortero se sacaba del mar y la cal se extrajo de las canteras de Montgat las más antiguas de la región.

"Una vez más comienza la aventura (...) En ningún momento el maestro de obras separa el trabajo material del espiritual. Pasa por la materia para alcanzar el espíritu porque todas las demás vías le parecen utópicas y falaces. El hombre que no siente en su carne la verdad de los símbolos no es digno de su consideración. Toda su atención se concentra sobre la manera de hacer: si un gremial demasiado hábil logra su talla sin vivir su trabajo le amonesta sin contemplaciones. Por el contrario, alienta con la mirada al aprendiz que acaba de estropearlo todo avanzando un paso. Se desencadena su cólera cuando un obrero alardea de su valor en una taberna de la ciudad y advierte que si quebranta por segunda vez la sagrada regla del anonimato lo expulsará de la cantera: "¿Cómo puedes creer que el arte sirva para expresar sentimientos personales? -le dice-. ¿No sabes que lo único que tiene importancia es la idea que ha de transmitirse y no quien la transmite?". En ocasiones ha de responder a las críticas de los escultores. "-¿Acaso no somos simples copistas? -le preguntan. -El copista ejecuta sin conciencia -contesta el maestro-. En cuanto a vosotros identificados con los símbolos sagrados y descubrid el auténtico significado de vuestro trabajo". Así era la vida de los constructores de las Catedrales y tal era su moral y valores. Con su trabajo no perseguían sino vencer el Ego; este objetivo imponía el anonimato, incomprensible en estos tiempos en los que cualquier obra de dudoso valor debe necesariamente llevar el cuño de quien operó el disparate.

Pues bien, ese hombre sabio, ese magister a quien le encargaron trazara los planos, tenía como única ayuda un bastón y una cuerda, una escuadra y un compás. El bastón le dió una medida y la cuerda un ángulo, con esos sencillos instrumentos creó una Catedral dotada de ritmo, belleza y armonía. Primero encontró una medida y un centro; luego lo desarrolló en superficie y volumen. Lo que sigue es una hipótesis sobre el procedimiento utilizado para trazar el plano de la Catedral.

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