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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Nebrera: la falta tema estrella

Infokrisis.- Hay dos resultados electorales en Cataluña que han llamado la atención al quedar muy por debajo de lo que se esperaba. Ciertamente, nadie esperaba ni que Montserrat Nebrera y su Alternativa de Govern, ni Rosa Díaz y su UpyD, obtuvieran representación parlamentaria, pero tampoco que quedaran tan sumidos en las profundidades del ranking electoral. El pobre resultado de UDyP es fácil de explicar: de un lado, la candidatura concurrente de Ciutadans ha conseguido mantener e incluso aumentar sus resultados y ha taponado el ascenso del partido de Rosa Díez que, por lo demás intentaba disputar un espacio político difuso en Cataluña: el de centro-izquierda. En realidad, lo único que interesa a ambos partidos en esa autonomía, es la cuestión lingüística; todo lo demás pasa para ellos a segundo plano. No hay absolutamente ningún motivo para que estos dos partidos presentaran candidaturas separadas. De hecho, Albert Rivera ya intentó una fusión entre ambas formaciones y solamente las ambiciones desmesuradas y el deseo de Rosa Díez de evitar que nadie absolutamente le dispute el liderazgo dentro de su partido, impidieron un acuerdo. Rosa Díez ha pagado caro su ambición obteniendo un resultado residual.

Cuando por encima de su programa

Mucho más interesante es el caso de Alternativa de Govern inspirada por Montserrat Nebrera. Nebrera es una política bien conocida en Cataluña que en los últimos años ha recorrido tertulias de distintos medios de comunicación; pero todo esto no ha evitado que consiguiera menos de  3.000 votos. Vale la pena preguntarse por los motivos de este magro resultado.

El programa de Nebrera, en primer lugar, era “flojo” y estaba muy por debajo de la personalidad de la candidata. En efecto, no había nada en él que destacara particularmente. Todo lo que contenía eran posiciones y actitudes muy razonables, pero también muy tibias y que no conseguían llamar la atención del electorado. Los elementos de reforma del sistema político estaban también contenidos en el programa de UPyD, otros elementos eran compartidos con el PP y otros con el PSOE, y también, por lo demás, los había que eran asumidos por todos los partidos políticos. La Alternativa de Govern no era tal, sino que se reducía a ser un programa de contenidos grises y poco definidos que difícilmente podía llamar la atención del electorado. La Alternativa de Govern no podía ser, pues, algo más que una de las cuarenta siglas que concurrían a estas elecciones.

Para llamar la atención del electorado no es preciso proponerle un programa de gobierno sino una serie de “temas estrella”, pocos, tres o cuatro a lo sumo, capaces de dar personalidad a esa candidatura. Y deben ser puntos que estén a flor de piel en las masas populares. Montserrat Nebrera debía haber leído a Gustav le Bon y su psicología de las muchedumbres para saber que la capacidad de retención de las masas es mínima, que su comprensión global está siempre por debajo de la de cada uno de sus miembros, que la masa es irracional y jamás podrá asumir posiciones complejas, incluso que su memoria es mínima.

La necesidad de un “tema estrella”

Esto es mucho más cierto para las pequeñas opciones que no cuentan ni con grandes medios, ni con una presencia mediática constante y que necesitan mucho más que los grandes partidos disponer de un perfil propio. Y este perfil solamente lo pueden conseguir mediante la adopción de lo que hemos llamado “temas estrella”.

Un “tema estrella” es aquel que puede caracterizar a una opción política. Debe ser un tema por el que, al menos un sector del electorado esté especialmente sensibilizado y para el que esta opción plantee unas soluciones muy concretas que lo diferencien de cualquier otra opción electoral.

Un “tema estrella” debe cubrir un hueco en el arco político y si hoy hay un sector que esté ya copado y sin posibilidades de hacerse un hueco, es el espacio de centro. Montserrat Nebrera ha lanzado un mensaje “transversal” pero sin el radicalismo suficiente como para obtener una carta de naturaleza y se ha quedado en una mera opción de “centro” sin mordiente y sin atractivo para el electorado. No ha existido “tema estrella” luego no ha existido impacto político.

Nebrera ha querido huir de las calificaciones de centro-derecha, de centro-izquierda, de derecha-derecha y mucho más de extrema-derecha. El resultado ha sido falta apoyos y de “tema”.

Esta experiencia ha demostrado también que una candidata que aporte imagen, bien dotada desde el punto de vista intelectual, sin manchas en su historial, no es necesariamente una buena estratega, ni siquiera alguien en el que el electorado deba necesariamente fijarse.

Demasiadas opciones, pocas fusiones

Por otra parte, las recientes elecciones catalanas han demostrado que existen demasiadas opciones y que lo necesario hubiera sido proceder en el período pre-electoral a procesos de entendimiento y fusión entre las más similares o entre aquellas que podían haberse compensado entre sí. Es evidente que la candidatura de UPyD y la de Ciutadans hubieran debido ser una sola y misma candidatura y que la existencia de UPyD en Cataluña solamente estaba justificada por las disensiones internas y luchas fraccionales en el interior de Ciutadans.

Y en cuando a Alternativa de Govern, Pilar Nebrera debería de haber valorado antes de concurrir cuáles eran sus propias fuerzas, cuál es el espacio político que estaba descubierto, qué problemas eran los que tenían impacto suficiente en la sociedad catalana para poder aportar una salida razonable y, finalmente, qué otras fuerzas políticas estaban más próximas a sus planteamientos y con quién podría entenderse políticamente. No lo hizo y no es que el electorado la haya abandonado… es que no la ha tenido en cuenta.

Y Cataluña tiene en estos momentos tres problemas básicos: inmigración masiva, corrupción generalizada, crisis económica producto de la globalización. Y era a estos problemas a los que había presentar respuestas, mucho más que una Alternativa de Govern demasiado difusa y que atribuía un perfil gris a Nebrera, muy por debajo de su perfil político.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la eproducción de este texto sin indicar origen.

GAL: lo que queda por investigar

Infokrisis.- Habla la “X”… pero aún no confiesa todos sus muertos. El 11 de noviembre de 2010 el ex presidente del gobierno Felipe González realizó unas declaraciones en las que reconocía que durante su mandato tuvo la oportunidad de liquidar a la cúpula de ETA y, un cuarto de siglo después, todavía medita sobre si se equivocó o no. Ciertamente, hay que poner en caución cualquier frase de Felipe González, sin duda el presidente del gobierno que mentía con más desparpajo y cinismo. Pero si esta declaración nos parece tan incuestionable como significativa es porque investigamos el episodio… en 1993. Sin embargo, hay algo que este mentiroso redomado no cuenta: en todo este episodio sí hubo una víctima que no fue precisamente del entorno etarra. Vamos a refrescar la memoria del ex presidente.

Depende de cómo soplen los vientos, Felipe González manipula la verdad en una u otra dirección. En el mes de noviembre de 2010, las siglas “PSOE” se precipitaban por los abismos y la intención de voto en su apoyo había caído a mínimos históricos. Felipe González Márquez (a partir de ahora FGM) se creyó en la obligación de echar un capote a su partido dando una imagen “dura” que contrastaba con la debilidad y el afeminamiento de las formas políticas del zapaterismo. Es en ese contexto en el que hay que enmarcar el reconocimiento de una relación entre FGM y los GAL y la sospecha de que todavía queda mucho por investigar en esa dirección.

Unas declaraciones “desafortunadas”… pero reales

Las declaraciones de FGM reconociendo que “meditó” sobre lo oportuno de no haber actuado contra la cúpula de ETA a través del terrorismo del GAL creó “incomodidad” entre los actuales dirigentes del PSOE. Patxi López, cabeza del ejecutivo vasco, las calificó simplemente como “desafortunadas”. Barreda el presidente castellano-manchego se limitó a decir que habían sido un “error”. Las declaraciones en cuestión habían sido dadas por FGM al escritor Juan José Millás en el curso de una larga y plúmbea entrevista publicada en El País: "Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA (...). Sólo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Dije no (...). Todavía no sé si hice lo correcto"...

Las declaraciones eran extremadamente arriesgadas porque suponían el reconocimiento implícito de que la “X” de los GAL era FGM. El ex fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena, dijo que "si González tuviera datos relevantes de un hecho criminal debería ir a un juzgado a decirlo". Mena aseguró que "procesalmente sería posible abrir la causa y recabar estos nuevos datos" si la Fiscalía lo estima pertinente… La Fiscalía, por supuesto, miró a otra parte.

Como muestra del “talante” de FGM, vale la pena recordar que el 27 de junio de 2008, FGM arremetió contra la derecha en el curso de un mitin en el teatro Egaleo de Leganés, negando cualquier implicación en los GAL… ¿Qué es la verdad para FGM? Respuesta: lo que conviene a sus intereses en cada instante.

Lo que FGM calla 

En 1993 realizamos una entrevista a un ciudadano centroeuropeo de origen español quien nos realizó algunas confidencias sobre la muerte de un ciudadano francés en Biarritz el 19 de marzo de 1984. La víctima, Jean Pierre Cherid, era el puntal de los GAL en ese momento y ostentaba la responsabilidad de realizar personalmente los atentados contra activistas de ETA en el sur de Francia.

Cherid había nacido en Marruecos y era uno de los cientos de miles de Pieds-Noires (franceses repatriados de Argelia cuando De Gaulle concedió la independencia a este país) que, después de haber participado en la resistencia por la Argelia francesa en las filas de la OAS (Organisation de l’Armée Secréte) recaló en España desde 1962. En 1976 tuvimos oportunidad de entrevistar a Cherid en Madrid en su domicilio próximo al Puente de los Franceses y nos comunicó algunos episodios de su vida. Tras la experiencia argelina y el terrorismo de la OAS, Cherid se había dedicado a realizar trabajos como mercenario por África e Iberoamérica. Nos explicó que jamás había vuelto a Francia y lo justificaba como nacionalista maurrasiano que era: “Francia es como una mujer a la que se ha amado mucho y que, en un momento dado te engaña. Entonces le das la patada y nunca más quieres saber nada de ella”… Sin embargo, Cherid había mantenido una red de colaboradores e informadores en los departamentos vasco-franceses que ya habían sido utilizados por los servicios de seguridad españoles desde la segunda mitad de los años 70.

Cuando ETA Político-Militar (VIII Asamblea) secuestró al capitán de farmacia Alberto Martín Barrios, miembro de una familia socialmente muy bien relacionada en medios civiles y militares, FGM dio la orden a su perro de presa en Interior, José Barrionuevo, un antiguo carlista y funcionario de la Secretaría General del Movimiento franquista desde los años 60, para que liberaran “como fuera” al secuestrado.

Barrionuevo envió a miembros del cuerpo nacional de policía en misión encubierta al territorio del sur de Francia. Estos miembros tuvieron innumerables percances (fueron localizados por la policía francesa y algunos resultaron detenidos, otros se perdieron simplemente en Bayona incapaces de hacerse entender al no dominar el francés, y otros secuestraron por error a Segundo Marey que no tenía absolutamente nada que ver con ETA…) y no consiguieron evitar que ETA, finalmente, asesinara a Martín Barrios después de que sus exigencias no fueran satisfechas (ETA pidió la liberación de los etarras y miembros del partido independentista catalán PSAN, detenidos desde 1980 por el intento de asalto al Cuartel de Cazadores de Montaña de Berga).

El episodio del secuestro y asesinato del capitán Martín Barrios supuso el pistoletazo de salida para la creación de los GAL que en una segunda etapa –después del fracaso y de lo comprometido que resultaba enviar a funcionarios españoles al sur de Francia donde se movían literalmente como un pulpo en un garaje- recurrieron a Jean Pierre Cherid como punta de lanza.

Cherid había realizado previamente algunos atentados contra etarras en el período de gobierno de UCD, pero se trataba de acciones sugeridas por guardias civiles amigos suyos mucho más que de operaciones planificadas por Interior. En realidad, Cherid era un militante anticomunista fanático que estaba dispuesto a operar por su cuenta sin necesidad de órdenes superiores e incluso sin remuneración. Cherid nunca firmó sus acciones y son absolutamente falsas las vinculaciones que se han establecido sobre su pertenencia a siglas difusas como “Antiterrorismo ETA”, “Batallón Vasco-Español” o “Alianza Apostólica Anticomunista”. También es rigurosamente falsa su participación en el asesinato de Beñarán Ordeñana (a) “Argala”, responsable del atentado contra el presidente del gobierno español Luis Carrero Blanco, asesinato que fue cometido por militares en activo del arma de Marina. Su participación en los ametrallamientos a Domingo Iturbe Abasolo (a) “Txomin”, entonces jefe de ETA, a Enrique Álvarez (a) “Korta” o a Martín Sagardía, parece probada. También es completamente falsa la información según la cual secuestró a Eduardo Moreno Bergareche (a) “Pertur” en 1977 y que tiene su origen en un “arrepentido” italiano que jamás ha tenido la más mínima relación con España y que lo ignora todo de aquella época.

Entre noviembre de 1983 y marzo de 1984, Jean Pierre Cherid se convirtió en el frío ejecutor de etarras al servicio de los GAL. Hombre impulso, aventurero, de reacciones imprevistas, fanático combatiente contra ETA mucho más allá de las órdenes recibidas, con Cherid se inaugura el período más demoledor en la historia de los GAL. Todo debió terminar el 19 de marzo de 1984 cuando Cherid falleció víctima de una bomba que intentaba colocar. Los medios de comunicación no fueron mucho más explícitos: no informaron de contra quién pretendía atentar, ni siquiera la peritación del explosivo reveló las particularidades del atentado ni porqué la bomba había estallado inopinadamente causando la muerte del terrorista.

Y sin embargo, quedaban dos testigos…

Un extraño atentado todavía no explicado

Cuando en 1993 entrevistamos a un ciudadano centroeuropeo de origen español que formaba parte del mismo comando del GAL supimos algunos de los extremos del episodio que costó la vida a Jean Pierre Cherid. El atentado en cuestión había sido planificado por el propio Cherid el cual pudo enterarse a través de sus colaboradores y de seguimientos realizados por él mismo, de que la cúpula de ETA se reunía en un piso situado en las afueras de Biarritz. En aquella época, todavía ETA se movía con relativa libertad en el Sur de Francia y apenas adoptaba medidas de seguridad. Cherid supo que tras las reuniones celebradas en un primer piso, los etarras descendían juntos por las escaleras, caminaban unas decenas de metros, pasaban por debajo de un pequeño túnel sobre el que discurría la vía del ferrocarril y se iban a sus domicilios o bien de txikiteo… Al cotejar las fotografías de los etarras considerados como dirigentes de la banda, Cherid supo que aquellas reuniones englobaban a la dirección de ETA y su espíritu implacable le sugirió la posibilidad de realizar un atentado que, de un solo plumazo, acabara con la dirección de la banda. El lugar adecuado era, por supuesto, el pequeño túnel bajo el puente en donde los efectos de la explosión serían devastadores e incompatibles con la vida.

Cherid comunicó a su contacto en el GAL la posibilidad de realizar ese atentado... Con toda seguridad ese es el episodio al que tardíamente alude FGM cuando explicaba en noviembre pasado que tuvo en su mano la ejecución de la cúpula de ETA. Sin embargo, el crimen hubiera tenido varias implicaciones: de un lado, no era lo mismo matar etarras a cuentagotas que liquidar de un plumazo a la cúpula de la banda lo que podía generar fricciones con el gobierno francés y, por otra parte, entre la cúpula de Interior se veía a los GAL como una posibilidad de saquear los fondos reservados y acabar con la cúpula de ETA (esto es, con ETA…) hubiera supuesto matar a la gallina de los huevos de oro que todavía debía de rendir beneficios durante tres años más… De ahí que FGM negara su autorización para el atentado. Pero quedaba un problema: Jean Pierre Cherid.

La no autorización para cometer el atentado no hubiera sido comprendida ni por Cherid ni por sus amigos guardias civiles. Por otra parte, Cherid era lo suficientemente impulsivo y osado como para realizar el atentado por sí mismo sin necesidad de órdenes superiores o contraviniendo las órdenes recibidas. Existía, pues, la posibilidad de que actuara por su cuenta.

En lugar de transmitirle la negativa para que cometiera el atentado, se le entregó a Cherid un artefacto explosivo ya preparado del que le dijeron que era de mayor potencia y más efectividad para liquidar a la cúpula de ETA. Solamente había que colocar la batería en el último momento.

Cherid acudió aquella noche a su cita con la muerte acompañado por dos activistas de los GAL, el ciudadano centro-europeo en cuestión y otro colaborador argentino que vigilaron las inmediaciones separados cada uno unos 75 metros. En el momento en que Cherid colocó la batería se produjo la explosión que acabó con su vida. El ciudadano argentino fue el primero en darse cuenta de lo que había sucedido retirándose hacia donde estaba situado el centro-europeo que permanecía incrédulo ante la muerte de su compañero. En los meses siguientes, este ciudadano argentino visitó varios medios de comunicación intentando vender estas informaciones que, sin embargo, no se publicaron jamás.

La muerte de Cherid no pudo ser eludida por los medios de comunicación que, sin embargo, se limitaron a dar unas cuantas informaciones no siempre auténticas sobre su vida y su pasado y que nada dijeron sobre contra quien intentaba atentar. Meses después se supo que la Guardia Civil había concedido una pensión a la viuda de Cherid como “miembro del cuerpo”, lo que suscitó el encono de los diputados de Izquierda Unida.

En 2009, cuando escribimos en infokrisis (http://infokrisis.blogia.com) nuestras “Ultramemorias” ya mencionamos este episodio, anterior en año y medio a las declaraciones de FGM. Al expresidente, permanente desmemoriado que se enteraba por la prensa de cualquier cosa sobre los GAL, le faltó decir que en su “meditación” sobre si valía la pena asesinar a toda la cúpula de ETA, su decisión acarreó un muerto: Jean Pierre Cherid.

El GAL: otra madre de las corruptelas

Este país no hubiera llorado a ninguno de los etarras asesinados por el GAL a los que, por primera vez se habló en un lenguaje que eran capaces de entender. Quien desencadena un proceso de violencia y crímenes, frecuentemente se ve arrastrado por él y lo que el pueblo español reprochó a FGM no fue tanto que decidiera acabar con ETA poniendo la “directa”, como que los GAL se convirtieran en un pozo de corruptelas y en la excusa para el saqueo de los fondos reservados de Interior por parte de las sucesivas cúpulas que dirigieron el ministerio entre 1983 y 1996.

En muy pocas ocasiones (que nos conste, en ninguna) los 40.000.000 de pesetas habilitados en la Operación GAL por etarra muerto llegaron a los mercenarios que ejecutaron los crímenes. Esas cantidades se fueron perdiendo en los distintos escalones de interior y en el nivel más bajo, el protagonizado por Amedo, se dilapidaron en puticlubs, casinos y bingos… Amedo llegó a cometer un atentado por sí mismo, posterior a la orden de Barrionuevo de liquidar a los GAL (tras el asesinato por parte de un improvisado comando del “Gal Barcelona” de Robert Kaplan, ciudadano francés que no tenía nada que ver con ETA) y antes, incluso, había prometido a los pequeños hampones que sustituyeron a Cherid en la comisión de los atentados, que cuando vinieran con la esquela del Egin del etarra muerto les pagaría los 40.000.000 de rigor… pero antes de que abandonaran territorio galo se limitaba a avisar a su amigo del alma, un policía francés, para que detuviera a los autores, recibiendo por ella los correspondientes emolumentos.

Los GAL no fueron más que un saqueo sistemático de los fondos reservados amasados con los impuestos de todos los españoles, un caso sin precedentes en donde la vulneración de los principios del Estado de Derecho en materia de lucha antiterrorista, quedan superados por la corrupción que durante el felipismo se enseñoreó de la vida política de nuestro país.

FMG no es solamente un fantasmón, pedante, ególatra y mentiroso, residuo de otros tiempos. Él mismo ha reconocido ser la “X” de los GAL sin que ni la fiscalía general del Estado, ni la fiscalía de la Audiencia Nacional le requirieran para que ampliara datos. A esto se le llama “división de poderes”. Tenía razón el amigo del alma de FGM, Alfonso Guerra, cuando decía aquello de que “Montesquieu ha muerto”. Lo que vive y goza de buena salud es la corrupción…

(c) Ernesto Milà - infokrisis - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen - infokrisis@yahoo.es

El 14.01.2011 a Santander!

La Reconquista en 1609

Fernando Cantalapiedra, madrileño licenciado en Derecho y Económicas. Comienza su actividad política en la gestión pública como representante universitario en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido Presidente Nacional de la Confederación de Asociaciones de Representación Universitaria y del Sindicato Español Universitario. En la actualidad ocupa la presidencia del Frente Nacional. Atraído por la historia de España vino a Valencia a dar una conferencia en la sede de E2000 sobre el IV Centenario de la Expulsión de los Moriscos. Con él mantuvimos una conversación sobre este tema que ha pasado desapercibida para los medios de comunicación.

EM.- Los centenarios suelen celebrarse ¿por qué este no ha gozado del favor mediático?

Fernando Cantalapiedra.- Porque chocan con la doctrina oficial compuesta por palabras fetiche: multiculturalismo, alianza de civilizaciones, cultura mestiza, integración. Todos esos fetiches fracasaron en nuestra tierra entre 1492 y 1609. Los Reyes Católicos y los Grandes Austrias intentaron generosamente integrar a los moriscos y el resultado después de un siglo de mano tendida fue cero. El IV Centenario de su expulsión ha sido la patata caliente que nadie sabía ni quería abordar. Es inevitable realizar paralelismos con lo que está ocurriendo aquí y ahora.

EM.- Moriscos de ayer y moriscos de hoy ¿Cuáles son esos paralelismos?

FC.- A finales del siglo XVI existían en España 500.000 musulmanes sobre una población de 7.500.000 de españoles, lo que representaba en torno al 6-7% de la población. En la actualidad, existe una proporción superior de inmigrantes residentes en España y los islamistas son en torno a 2.000.000… más o menos la misma proporción que hace 400 años. Hoy, al igual que en el siglo XVI la minoría islámica se autoexcluye en sus guetos, se organiza en sus propios partidos, practica costumbres brutales (es inevitable aludir a la ablación del clítoris), viste de manera diferenciada, etc. La tolerancia ni ayer ni hoy ha dado resultado para integrar a esta minoría.

EM.- Sin embargo la expulsión de los moriscos fue muy criticada…

FC.- Nunca hasta ahora en nuestro país se había cuestionado la legitimidad y necesidad de la expulsión. Es una visión moderna. Historiadores e intelectuales consideraron justa la expulsión de los moriscos. Un liberal como Jovellanos la elogió. Meléndez Valdés, Manuel Quintana, el historiador y Presidente de la II República en el exilio Sánchez Albornoz la calificó de “gran acierto”. Falta encontrar en la historia de España, hasta los años 80, un solo autor que la condene.

EM.- ¿La historia de España hubiera evolucionado de otra manera?

FC.- Todos los grandes nombres de nuestra cultura coinciden en que si no se les hubiera expulsado en 1609, 30 años después España hubiera dejado de existir, se habrían perdido las posesiones europeas, los piratas argelinos –aliados de los moriscos- hubieran multiplicado sus saqueos en España y el mismo reino hubiera podido dividirse en tres. La expulsión fue necesaria para que España fuera como es hoy. De lo contrario, España se hubiera configurado como un mosaico multiétnico parecido a lo que fue Yugoslavia y a las guerras internas que acompañaron su descomposición.

EM.- ¿Cómo se desarrolla el proceso histórico que lleva a la expulsión?

FC.- En 1492, tras la expulsión del penúltimo reino moro de la península se produce el fracaso absoluto de la integración. Fernando de Talavera y sus misioneros no logran mover un ápice de sus posiciones a los moriscos…

EM.- …Disculpa que te interrumpa, ¿por qué hablas del “penúltimo reino moro”?

FC.- El último reino moro fue el de las Alpujarras. Dicho de otra forma: la reconquista no terminó en 1492 sino en 1609.

EM.- ¿Realmente puede hablarse de un “reino moro” tras 1492?

FC.- Sin duda, los moriscos después de esa fecha viven en Granada y las alpujarras sin respetar la legalidad de la nueva situación creada por los Reyes Católicos, maltratan a los cristianos, se producen continuos delitos de sangre; a cada medida de integración siguen más y más delitos, los bautismos que se producen son falsos, sacrílegos y masivos. Poco a poco en la población va cobrando forma la idea de que la expulsión es la única solución. También entonces, la aristocracia terrateniente se oponía porque juzgaba que esa medida perjudicaría a sus intereses. Pero la población no tenía dudas. Frecuentemente la clase política española ha ido por detrás de nuestro pueblo.

EM.- ¿En qué contexto histórico se produce la expulsión?

FC.- España está en ese momento sola frente a una doble pinza. De un lado la lucha contra los protestantes. Francisco I de Francia pacta con Solimán un acercamiento para aislar a España. Los hugonotes franceses atizan la beligerancia contra España. Felipe II en 1567 exige desarmar a los moriscos, prohíbe el vestido y los cantos islámicos. La dureza de las medidas es de tal magnitud que los moriscos que en ese momento preparaban la revuelta junto a los piratas berberiscos, dan marcha atrás. En ese momento los turcos sitiaban Chipre y España fomenta la Santa Alianza junto al papado y a Venecia. En ese momento (1571) tiene lugar la victoria de Lepanto en donde 3 de cada 4 soldados eran españoles.

EM.- ¿Cómo eran los moriscos?

FC.- Sus barrios eran completamente inhabitables para un cristiano: con leyes, lengua, justicia, vestimenta propia… e incluso en Extremadura con moneda propia. Abundaban las crueldades contra los cristianos. Cientos de misioneros llegados con la intención de evangelizar esas zonas fueron mutilados, castrados y asesinados. Marcos Criado, trinitario de Andújar resultó lapidado, le abrieron el pecho y le sacaron el corazón. Hubo casos de canibalismo. Todo esto está documentado   con nombres y apellidos

EM.- ¿Cómo se decide la expulsión?

FC.- El hartazgo de la población era generalizado, pero las circunstancias internacionales del Reino hicieron que solamente al producirse la llamada tregua de los 12 años con Holanda, existiera un respiro para asumir la tarea cuando las esperanzas de integración se habían diluido desde principios del siglo XVI. La expulsión era una medida problemática porque el 30% de la población del Reino de Valencia, por ejemplo, era morisca

EM.- Así pues, el balance final fue “globalmente positivo”…

FC.- Es innegable que la España de la época entendió que existían razones metapolíticas para la medida. Era imposible integrar a un grupo social que tenía una concepción de la vida completamente diferente. Fue una medida necesaria para lograr la cohesión nacional. Se resolvió también un contencioso histórico: los moriscos eran los últimos integrantes de la invasión islámica.

EM.- Pero han vuelto…

FC.- En efecto, llegados con la inmigración siguen considerando a Al-Ándalus –nuestra patria- como tierra islámica, vuelven a autoexcluirse en guetos, forman organizaciones y partidos como el PRUNE que simbólicamente han abierto dos sedes: en Asturias, arranque de la Reconquista, y en Granada. Hay miles de casos de ablación del clítoris, el tema del velo islámico está a la orden del día, imponen su costumbre, sus zonas de limpieza étnica y sus símbolos religiosos. Santiago ya no puede ser llamado “matamoros”. En La Rioja aparece un calendario que incorpora las festividades islámicas. En las cárceles se cambias los menús para satisfacer a los presos islamistas. Incluso intentan imponer una doble legislación: una para islamistas y otra para no-islamistas…

EM.- ¿Mismos parámetros, mismos resultados?

FC.- La integración, hoy como ayer, está llamada al fracaso. No sólo España, Europa es estúpida en su tolerancia sin reciprocidad. Los musulmanes residentes en nuestra tierra deben adaptarse… o irse. Cuando hayan pasado (en virtud de las migraciones masivas procedentes de África y de Oriente y de sus tasas de reproducción disparadas) del 5% al 20% intentarán islamizar a toda la sociedad. De momento, hoy, ya hay 200 mezquitas. Los alcaldes dan suelo público y licencias para la construcción de mezquitas.

EM.- Y una conclusión…

FC.- Hoy vivimos la misma situación. Podemos y debemos aprender de nuestra historia pasada tanto como del día a día actual. Se expulsó a los moriscos para que pudiéramos conservar nuestra cultura y para proteger nuestra forma de vida. Y hoy va siendo cuestión de empezar a pensar en repatriaciones masivas: intégrate o vete, creo que es el mensaje a transmitir.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Sindicalismo y fascismo

Infokrisis.- A partir de 1902 y hasta 1905, Mussolini evoluciona “en la estela del sindicalismo revolucionario” (1). Se encuentra exiliado en Suiza y permanece allí entre julio de 1902 y noviembre de 1904 colaborando asiduamente con la publicación L’Avenire del lavoratore, semanario del Partido Socialista Italiano en ese país y luego con Il Proletario, igualmente socialista y publicado en Nueva York. Zeev Sternhell cree posible que durante la permanencia de Mussolini en Lausana asistiera a las clases de Vilfredo Pareto (2). En esa época también se nutría de Marx (“el más grande de los teóricos socialistas” como había escrito) y el profesor Sternhell ve también influencias de Rosa Luxemburgo, Guesde y Jean Jaurès, pero también de Georges Sorel y Antonio Labriola… Seguramente Sternhell tiene razón cuando dice que en esa época Mussolini era “un militante socialista intelectualmente a la deriva”.

Labriola había militado desde 1895 en las filas del socialismo napolitano y en 1898 debió exiliarse a Suiza a causa de su participación en los motines que tuvieron lugar ese año en Italia. En el exilio tomó contacto con Vilredo Pareto y luego, ya en Francia, conoció las ideas de Georges Sorel que incorporó a su revista. En 1900 volvió a Italia y dos años después fundó en Mlán Avanguardia Socialista con la que Mussolini colaboraría prácticamente desde su fundación. Esta publicación se convirtió en el portavoz de la corriente “revolucionaria”, también llamada “sindicalista revolucionaria”, dentro del PSI (3).

En aquellos años, a pesar de militar en el socialismo, las ideas de Mussolini rebasaban con mucho los altos muros de esta formación y se sentía próximo al anarquismo (4) aunque después adoptara las tesis del sindicalismo revolucionario tal como en aquel momento las estaba exponiendo Georges Sorel en Francia. Por si había alguna duda, apoya la huelga general (5) de septiembre de 1904 en la más pura tradición sindicalista-revolucionaria. Uno de los temas en los que insistía Sorel era en la importancia de la violencia como arma del proletariado. Había llegado a escribir: “nos vemos conducidos a preguntarnos si ciertos actos criminales podrían tornarse heroicos, o por lo menos meritorios, por razón de las consecuencias que sus autores esperaban de ellos en pro de la felicidad de sus conciudadanos” (6). Y por si esto no quedara suficientemente clara, añadía: “todo puede salvarse si mediante la violencia logra el proletariado consolidar de nuevo la división de clases, y devolver a la burguesía algo de energía” (7). Así mismo, cuando Sorel recordaba la gesta de las Termópilas, era inevitable que sus palabras tuvieran un eco en el joven Mussolini: “Saludemos a los revolucionarios igual que los héroes espartanos que defendieron las Termópilas y contribuyeron a mantener la luz en el mundo antiguo” (8). Este continuado “piropeo” y esta incorporación de la violencia al proyecto político sindicalista revolucionario fue heredado posteriormente por el fascismo mussoliniano. La revolución rusa de 1905 terminaría situando el tema de la violencia en el centro del debate radical en Europa. Y con mucha más razón en Italia donde el año anterior de habían producido insurrecciones obreras en varias zonas y una gran huelga general en el verano de 1904 como represalia por uno de estos estallidos de violencia y la represión subsiguiente en Castelluzzo. Las acciones de protesta habían sino iniciadas por Labriola y su Avanguardia Socialista.

Esta corriente considera que la acción sindical debe ser independiente de la actividad y de los objetivos de los partidos polítidos. La marcha hacia la formación de esta corriente había sido larga desde sus primeros despuntes con Fernand Pelloutier hasta su concreción final con Georsel Sorel. En Italia, la corriente nació en el seno del partido socialista de la mano de Arturo Labriola y Alceste De Ambris.

En 1898, Labriola se entrevistó con Sorel en París. En Italia habían aparecido capas de trabajadores extremadamente combativas especialmente en las ciudades industriales del norte, carecían de tradición sindical (9). De estos núcleos derivaría en 1907 la formación de la Unión Sindical Italiana.

La influencia de Sorel y de Pelloutier desembocó en la creación de una forma de sindicalismo revolucionario en Italia muy parecido al de la CNT en España.  El sindicato debía de ser para sus impulsores el “nuevo principio directivo de una sociedad”, solamente así se evitaría que el sindicalismo fuera “la extensión de la sociedad burguesa” (10). Al frente de la nueva formación se encontraba Alceste de Ambris que ya había destacado desde 1906 en el ala radical de la CGL (11) que cristalizó en un grupo minoritario  que actuó con el muy soreliano nombre de Acción Directa compuesto por varias decenas de miles de trabajadores. Tras acusan a la CGL de no apoyar las huelgas de los ferroviarios y marineros crearon un Comité de Resistencia. Al año siguiente se produjo otra oleada de huelgas y al concluir se reunión Acción Directa en su segundo congreso cuando contaba con 150.000 afiliados (la CGL tenía en la misma época 300.000 y los sindicatos cristianos 100.000). En medio de un clima de agitación contraria a la guerra de Libia, el Congreso de Módena (1912) proclamó la constitución de la Unión Sindical Italiana dirigida por Alceste de Ambris. Su primera declaración era tan soreliana como nietzscheana (“el proletariado debe confiar únicamente en sus propias fueras…”) (12). Mientras los sucesos de la llamada “semana roja” de Ancona (13) aumentaron el prestigio combativo de la USI, la política intervencionista creó disensiones internas dentro de la USI. De un lado la mayoría permaneció contraria a la guerra, obligando a De Ambris y a otros miembros de la dirección a dimitir el 14 de septiembre de 1914 y constituir la Unióne Italiana del Laboro.

La actividad de la nueva organización fue nula durante 1914-17, pero en la última falta consiguió popularizar sus tesis defendidas a través de la publicación L’Italia Nostra en cuyo primer número podía leerse: “nuestro objetivo es la guerra contra el sistema capitalista y contra todas las instituciones que le sostienen”. El lema de la revista estaba dirigido a los nacionalistas: “La Patria no se niega, se conquista” (14).

En 1918, tras el fracaso de la huelga general de Parma, empezó a aparecer la revista La Lupa dirigida por Paolo Orano que intenta sintetizar en un único esfuerzo a los nacionalistas de Corradini y a los sindicalistas revolucionarios de Labriola. Eran los tiempos en los que los nacionalistas hablaban continuamente de “naciones proletarias” con un lenguaje que encontraba eco en el sindicalismo revolucionario que terminó por aceptar las tesis de Orano (15), cuando ya los sindicalistas revolucionarios se habían aproximado a las tesis nacionalistas y habían participado activamente en las actividades  intervencionistas.

Mussolini acogió con elogios desde Il Popolo d’Italia la fundación de la UIL e incorporó varios elementos de su programa al de los Fasci di Combattimento e incluso en la tardía época de la República Social Italiana se pueden encontrar en su programa de “socialización” algunos elementos que aparecieron por primera vez en el Segundo congreso de la UIL (5 y 6 de enero de 1919). Mussolini desde su periódico apoyó todas y cada una de las propuestas e iniciativas de Edmondo Rossoni, secretario general del sindicato. Poco después, en 1921, Rossoni pasará a dirigir la Camera del Laboro de Ferrara constituida por los fascistas y un año después se afilia oficialmente al Partido Nacional Fascista siendo el padre de la Carta del Trabajo después de promover la fusión en un organismo único de los sindicatos obreros y de los paronales, que dará origen al Estado Corporativo del Ventennio.

Conclusión

La formación doctrinal del “primer Mussolini” era la propia de un militante de la izquierda radical compuesta por dosis de marxismo extraídas directamente de los textos clásicos escritos por Marx y Engels, interpretaciones y aportaciones del marxismo extremista alemán con Rosa Luxemburgo y sindicalistas revolucionarios franceses e italianos. No es sólo un periodista que se enardece ante la máquina de escribir, sino que es también y sobre todo un agitador de masas, sin duda el más prestigioso a partir de 1912.

El intervencionismo hará que algunos sindicalistas revolucionarios terminen confluyendo con los agitadores nacionalistas de la ANI y con los futuristas exaltados de Marinetti. El fascismo, a partir de la reunión de la plaza de San Sepolcro se configura pues como una síntesis de estas corrientes de la que surgirán las tres tendencias del fascismo: el ala izquierda, indudablemnte, está representada por el sindicalismo revolucionario de la UIL y por los seguidores de Mussolini llegados del socialismo.

Hubo pues, algo de izquierdismo en el fascismo de los orígenes y esta corriente jamás se terminó de eclipsar del todo durante el Ventennio, luego volvería a emerger de nuevo en el programa de socialización de la República Social a partir de 1943. En el Congreso de Roma en el curso del cual los Fasci di Combatimento se transforma en Partido Nacional Fascista (noviembre de 1921), Dino Grandi resumió el programa del fascismo como representante de una tendencia “de izquierdas”: “Libertad, nación, sindicalismo: el Estado debe resumirse en una grande y potente jerarquía de sindicatos”. Dos meses después, Rossoni organizó la Confederación Nacional de las Corporaciones Sindicales que en agosto de 1922 contaba con 458.000 afiliados (16). En ese mismo congreso de transformación, Mussolini, en cambio, abandonó completamente sus posiciones “de izquierdas” y “acentuó su giro a la derecha” (17) negando la lucha de clases, evitó pronunciarse sobre la monarquía, e hizo todo lo posible por presentar su aspecto más moderado y “centrista”. Pasarían todavía unos meses antes de que Mussolini aceptara la monarquía: “La Corona no está en juego, con tal de que la Corona no quiera entrar en el juego. ¿Está claro?” había dicho en Udine el 20 de septiembre de 1922 (18).

Tras haber visto las distintas componentes del fascismo (el socialismo mussolinisno, el sindicalismo revolucionario, el nacionalismo y el futurismo) puede concluirse que en la medida en que se trató de una síntesis, ésta fue imperfecta: en algunos elementos (Farinacci, Orani) la “izquierda fascista” estuvo siempre encarnada; en ellos el sindicalismo (primero “revolucionario” y luego “nacional”) mantuvo siempre su personalidad y sus perspectivas de un “fascismo social”. Como en todo equilibrio inestable entre “lo nacional” y “lo social” o se mantiene el equilibrio o se tiende hacia un lado o hacia otro. En los nacionalistas, ocurrió otro tanto: desde el principio se interesaron más por lo nacional, por la expansión del Imperio y por el irredentismo a despecho del aspecto “social” del fascismo.

El “adaptacionismo” mussoliniana se prolongó hasta la Marcha sobre Roma. En su concepción de la política, lo importante era aproximarse de manera implacable a los objetivos propuestos, sea como fuere. No es que Mussolini fuera un “maquiavelista”, sino que en su óptima, un fin (la “revolución fascista”) justificaba los medios. Porque Mussolini aprendió pronto –probablemente a través de su lectura de Sorel y de sus observaciones empíricas- que “sin poder no hay revolución posible”. Se trataba por tanto de ir agregando fuerzas para alcanzar una masa crítica suficientemente compacta y con base social como para poder lanzarse a la conquista del poder con garantía de éxito.

El 25 de octubre, durante el congreso del PNF de Nápoles, alguien lanzó un llamamiento a la insurreccion: “Fascistas: en Nápoles llueve ¿qué es lo que esperamos?”. Fue el pistoletazo de salida de la Marcha sobre Roma. El fascismo “uno y trino” se abalanzaba sobre el poder…

Notas:

(1)          Z. Sternhell, op. cit., pág. 298.

(2)          Ibídem., pág. 298. “¿Os acordáis de la teoría de las elites de Vilfredo Pareto? Es probable que se trata de la concepción sociológica más genial de los tiempos modernos, una concepción que nos enseña que la historia no es más que una sucesión de elites dominantes” había escrito Mussolini en el artículo titulado Intermezzo polémico, en La Lima, 25 de abril de 1908.

(3)          Labriola era uno de esos exponentes del sindicalismo revolucionario socialista que compartía tesis con los anarquistas y que no tená empacho en reconocer su pernencia a la masonería de la que fue Gran Maestre del Gran Oriente de Italia entre 1930 y 1931. En 1906 fue co-director de la revista sindicalista-revolucionaria Pagine Libere que se publicó en Lugano hasta 1911 que fue favorable a la intervención italiana en Libia pero que luego terminó criticando a los mandos militares por la forma de conducir la guerra. Solamente en 1913 se separó definitivamente del sindicalismo revolucionario para ser elegido diputado socialista. Fue un destacado intervencionista de izquierdas y cumplió varias misiones internacionales para el gobierno una vez Italia entró en guerra. En 1920-21 fue ministro de trabajo en el último gobierno de Giolitti. Exiliado en Francia a causa de la llegada del fascismo, en diciembre de 1935 retornó al país sin ser molestado, mostrándose favorable a la intervención en Etiopía. De 1936 a 1943 fue colaborador de Nicola Bombacci en la revista mensual La Verità que propugnana un “socialismo nacional” y se situaba “a la izquierda” del régimen fascista. Tras la guerra fue elegido diputado en la Asamblea Constituyente y luego senador en 1948.

(4)          Z. Sterhnell, op.cit., pág. 298. Dice textualmente: “Simpatiza con el anarquismo, pero al final opta por las tesis del sindicalismo revolucionario”.

(5)          La “huelga general” es el mito recurren del sindicalismo revolucionario. Hasta finales del siglo XIX, la huelga había sido utilizada con fines de presión sobre los gobiernos y las patronales, pero Georges Sorel introdujo en sus Reflexiones sobre la violencia, aprovechando las experiencias sobre la huelga general consideró que la huelga general era el mito a través del cual se iniciaría la revolución social. No solamente se trataba de paralizar la actividad del Estado y, por tanto, colapsarlo, sino que además se trataba de impulsar el control obrero sobre la producción. El mismo desarrollo de la “huelga general” reforzaría los lazos de solidaridad, el espíritu revolucionario y la conciencia de clase de los trabajadores. El propio Sorel la calificó como “mito”, es decir, el relato de un hecho extraordinario. Cfr. Georges Sorel: apóstol de la violencia (Daniel Kersffeld, Colección Razón Política, Ediciones del Signo, buenos Aires 2004), en donde se define a la “huelga general” como una “creencia destinada al combate que se encargará de retomar la inteligibilidad de los principios fundamentales del marxismo”, (pág. 80).

(6)          Citado en Los monstruos políticos de la modernidad: de la revolución francesa a la revolución nazi. María Teresa González Cortés, Ediciones de la torre, Madrid 2007, pág. 289

(7)          Idem, pág. 289

(8)          Reflexiones sobre la violencia, George Sorel, Alianza Editorial, Madrid 1976, cap. II, apartado III.

(9)          R. Paris, op. cit., pág. 40-41.

(10)     R. París. op. cit., pág. 41-42

(11)     CGL: Confederazione Generale del Laboro, sindicato italiano fundado en 1906 que llegó a agrupar a 250.000 trabajadores antes de la guerra con una orientación moderada. Tras autodisolverse durante el Ventennio fascista, se reconstruyó al acabar la guerra con el nombre de Confederazione Generale Italiana del Lavoro (CGIL).

(12)     R. Paris, op. cit., pág. 44.

(13)     Junio de 1914. Ver Nota 13 de la primera parte de este estudio.

(14)     Citado por Z. Sternhell, op. cit., pág 211.

(15)     R. Paris, op. cit., pág. 42, quien añade: “bajo su forma soreliana, el sindicalismo revolucionario no era entonces mucho más que un nacionalismo de izquierda, anunciando con ello el intervencionismo de izquierdas de 1914”. Z. Sternhell en El nacimiento…, op. cit., pág. 209, plantea idénticas tesis.

(16)     R. Paris, op. cit., pág. 96-97.

(17)     Ibidem, pág. 96

(18)     A. Tasca, op. cit., pág. 279.

(19)     I. Bolinaga, op. cit., pág. 49

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Futurismo y Fascismo

Infokrisis.- Existe una total unanimidad en reconocer al futurismo un carácter “revolucionario” aunque no esté claro exactamente que se quiere afirmar con ello. Para unos, el futurismo sería “revolucionario” en la medida en que rompería con los esquemas de expresión artísticas vigentes hasta ese momento y, en este sentido sería una de las vanguardias aparecidas en las primeras décadas del siglo XX. El futurismo fue, en efecto, una corriente artística pero, como posteriormente ocurrió con el surrealismo, sus miembros participaron políticamente y a diferencia de esta corriente mayoritariamente ganada por el marxismo, los futuristas –especialmente sus máximos exponentes– se identificaron con el fascismo.

El camino hacia el futurismo

Para otros, “lo revolucionario” en el futurismo serían todas aquellas connotaciones destructivas y provocativas que se incluyeron en sus manifiestos. Así pues, el futurismo sería “revolucionario” porque exaltaría la violencia, la máquina, el desenfreno tecnológico y la guerra. Hay en el futurismo un evidente “signo de los tiempos” que remite a tres influencias perfectamente identificadas: de un lado la filosofía de Nietzsche en interpretación libre, de otro una reacción neorromántica que en lugar de tender hacia el medievalismo como fue usual en esta corriente decimonónica se orientó hacia una especie de culto al progreso, el maquinismo y la velocidad; y, finalmente, un estilo de vida exaltado, libre y aventurero que conducía directamente a excesos.

El movimiento arranca oficialmente con la publicación del Manifiesto Futurista de 1909 y se transforma en partido político en las últimas semanas de la I Guerra Mundial. El propio fundador del movimiento, Filippo Tommaso Marinetti será uno de los “sansepolcristas” que participaron en la reunión de la plaza del San Sepolcro el 23 de marzo de 1919 en donde se fundaron los Fasci di Combattimento (1). Cuando eso ocurría, el movimiento futurista hacía seis meses que había cristalizado en la formación del efímero Partido Político Futurista (2). Sin embargo, cuando los Fasci resultan derrotados en las elecciones de 1919, Marinetti pareció desinteresarse de la vida partidaria y retornó a sus experiencias artísticas denotando cierto desencanto por la política. A pesar de la brevedad en el tiempo de la existencia del Partido Futurista, lo incuestionable es que lo esencial de sus representantes confluyó con el fascismo (3) constituyendo otra de sus componentes originarias.

El caldo de cultivo futurista

En el clima cultural italiano de principios de siglo apareció lo que se ha llamado una “reacción antipositivista” de la mano de Benedetto Croce (4) que fue asumida por los redactores del periódico de Giovanni Papini y Prezzolini, La Voce (5), de orientación nacionalista. A través de esta revista fueron conocidos en Italia algunos pensadores franceses de carácter revolucionario que lograron interesar a intelectuales italianos. Uno de ellos fue Alfredo Oriani.

Oriani, novelista de poco éxito fallecido en 1907, escribió algunos ensayos políticos en los que tocó temas propios de los nacionalistas hasta el punto de ser considerado como uno de sus precursores. Mussolini lo premió prorrogando su obra completa durante el Ventennio. Oriani consideraba que el Risorgimento había sido una “revolución inacabada” y lo consideraba como una excrecencia de la burguesía italiana de la que la mayoría de la población había estado completamente ausente. Apelaba a que “el pueblo” continuara la tarea iniciada por Mazzini y Garibaldi. Mussolini quien recogió el guante. Oriani concebía esta continuación del Risorgimento como una tarea heroica, violenta, liberadora y radical que prefigura algunos de los elementos que veinte años después serán habituales en la literatura futurista.

Otros poetas como Gabriele D’Annunzio y Giovanni Pascoli transitaron por la misma senda. Pascoli, aun sosteniendo un “socialismo nacional”, se adhirió al nacionalismo italiano mientras que D’Annunzio asumió pronto en su poesía las ideas las ideas de quienes añoraban una “Italia Imperial”. Fue él quien rescató el viejo lema de las ciudades hanseáticas que luego inspiraría un famoso artículo de Mussolini (6): “Navigare necesse est, Vivere non est necesse”.

D’Annunzio se había ubicado a finales del XIX en el nacionalismo y en el imperialismo que alternaba con poesías inflamadas (especialmente durante la guerra de Libia en 1910-12), lances de amor más o menos escandalosos y gestas militares heroicas (7). La experiencia bélica radicalizó sus convicciones nacionalistas y la cesión de Fiume a Yugoslavia pactada en la Conferencia de París de 1919, fue mucho más de lo que estaba dispuesto a soportar pasando a la acción y ocupando la ciudad. D’Annunzio no fue futurista, pero su comportamiento si influyó decididamente en el movimiento fundado por Marinetti (8) y especialmente sus “gestos” fueron recogidos por los futuristas que los revalidaron e incorporaron a su poesía y a sus manifiestos.

Algunos autores han destacado que D’Annunzio prodigaba gestos escénicos, dramáticos y espectaculares de los que luego Mussolini usó y abusó: “El culto a D’Annunzio fue el anunciador innegable del culto de que Mussolini intentaría rodearse” (9).

Sobre estas bases, a las que debe unirse por supuesto la eclosión de las vanguardias de principios del siglo XX (10) nacería el futurismo que, en honor a la verdad sería la “primera vanguardia italiana del novecento”.

Filippo Tommaso Marinetti

La biografía literaria de Marinetti no fue en absoluto brillante, sino más bien discreta, hasta la aparición de los llamados manifiestos futuristas a partir de 1908. Tales documentos, siempre exaltados, paradójicos, sorprendentes y extremadamente radicales y violentos le valdrán el ser llamado “la cafeína de Europa” (11). El primer manifiesto futurista fue publicado en el diario francés Le Figaro el 20 de febrero de 1909 firmado por Giovanni Papini, Aldo Palazzeschi, Corrado Govoni, “Luciano Folgore” (Omero Vecchi) y el propio Marinetti. El manifiesto incluía algunas intuiciones geniales:

“(…) Un inmenso orgullo henchía nuestros pechos, pues nos sentíamos los únicos, en esa hora, que estaban despiertos y erguidos como faros soberbios y como centinelas avanzados, frente al ejército de las estrellas enemigas que nos observaban desde sus celestes campamentos. Solos con los fogoneros que se agitan ante los hornos infernales de los grandes barcos, solos con los negros fantasmas que hurgan en las panzas candentes de las locomotoras lanzadas en loca carrera, solos con los borrachos trastabilleantes con un inseguro batir de alas a lo largo de los muros.

De repente, nos sobresaltamos al oír el ruido formidable de los enormes tranvías de dos pisos, que pasaban brincando, resplandecientes de luces multicolores, como los pueblos en fiesta que el Po desbordado sacude y desarraiga de repente para arrastrarlos hasta el mar sobre las cascadas y a través de los remolinos de un diluvio. (…)

«¡Vamos! -dije yo-. ¡Vamos, amigos! Finalmente, la mitología y el ideal místico han sido superados. Estamos a punto de asistir al nacimiento del Centauro y pronto veremos volar a los primeros Ángeles!.. ¡Habrá que sacudir las puertas de la vida para probar sus goznes y sus cerrojos!... ¡Partamos! ¡He aquí, sobre la tierra, la primerísima aurora! ¡No hay nada que iguale el esplendor de la roja espada del sol que brilla por primera vez en nuestras tinieblas milenarias!».

Nos acercamos a las tres fieras resoplantes para palpar amorosamente sus tórridos pechos. Yo me recosté en mi automóvil como un cadáver en el ataúd, pero en seguida resucité bajo el volante, hoja de guillotina que amenazaba mi estómago.

La furibunda escoba de la locura nos arrancó de nosotros mismos y nos lanzó a través de las calles, escarpadas y profundas como lechos de torrentes. Aquí y allá, una lámpara enferma tras los cristales de una ventana nos enseñaba a despreciar la falaz matemática de nuestros ojos perecederos.

(…) Y nosotros, como jóvenes leones, seguíamos a la Muerte de pelaje negro y manchado de pálidas cruces que corría por el vasto cielo violáceo, vivo y palpitante.

Y, sin embargo, no teníamos una Amante ideal que irguiera hasta las nubes su sublime figura, ni una Reina cruel a la que ofrendar nuestros despojos, retorcidos a guisa de anillos bizantinos. Nada para querer morir, sino el deseo de liberarnos finalmente de nuestro valor demasiado pesado. (…)

Entonces, con el rostro cubierto del buen fango de los talleres empaste de escorias metálicas, de sudores inútiles, de hollines celestes-, nosotros, contusos y con los brazos vendados, dictamos nuestras primeras voluntades a todos los hombres hijos de la tierra:

1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El valor, la audacia, la rebelión serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo..., un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5. Nosotros queremos cantar al hombre que sujeta el volante, cuya asta ideal atraviesa la Tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, con lujo y con magnificencia para aumentar el entusiástico ferv9r de los elementos primordiales.

7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe concebirse como un violento asalto contra las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.

8. Nos hallamos sobre el último promontorio de los siglos!... ¿Por qué deberíamos mirar a nuestras espaldas, si queremos echar abajo las misteriosas puertas de lo Imposible? E1 Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Nosotros queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.

10. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista o utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, por el placer o la revuelta; cantaremos a -las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; las estaciones glotonas, devoradoras de serpientes humeantes; las fábricas colgadas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos, relampagueantes al sol con un brillo de cuchillos; los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.

Pero nosotros no queremos saber nada del pasado. ¡Nosotros, los jóvenes fuertes y futuristas! ¡Vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están! ¡Vamos! ¡Prended fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos!... ¡Oh, qué alegría ver flotar a la deriva, desgarradas y desteñidas en esas aguas, las viejas telas gloriosas!... ¡Empuñad los picos, las hachas, los martillos, y destruid destruid sin piedad las ciudades veneradas!

(…) Los más viejos de nosotros tienen treinta años; sin embargo, nosotros ya hemos despilfarrado tesoros, mil tesoros de fuerza, de amor, de audacia, de astucia y de ruda voluntad; los hemos desperdiciado con impaciencia, con furia, sin contar, sin vacilar jamás, sin jamás descansar, hasta el último aliento... ¡Mi rad nos! ¡Todavía no estamos exhaustos! ¡Nuestros corazones no sienten ninguna fatiga porque se alimentan de fuego, de odio y de velocidad!... ¿Os asombráis?... ¡Es lógico, porque vosotros ni siquiera os acordáis de haber vivido! ¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más, nuestro reto a las estrellas!

(…) ¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más, nuestro reto a las estrellas!” (12)

Esto es el futurismo: pasión desatada, desafío, esteticismo dramático, ansia de destrucción, zambullido en la piscina de la modernidad, arrebato de furia y deseo implícito de quemarse en cualquier aventura. La “personalidad fascista” debe mucho a estas líneas exaltadas. Drieu la Rochelle y también André Malraux estuvieron cerca de este estilo de vida y ambos afirmaron que el fascismo era una forma de “pesimismo activo” (13).

Cuando en 1912 Marinetti y sus amigos ya habían lanzado el Manifiesto de la Pintura Futurista, el Manifiesto de la Mujer Futurista, el Manifiesto de la Escultura Futurista y otros documentos similares, empezó a calibrar la posibilidad de dedicarse a la política. Sus primeros contactos fueron en dirección de los sindicalistas revolucionarios (14) en un momento  en el que este sector (como veremos en el próximo capítulo) y los nacionalistas de la ANI vivían en plena efervescencia. Marinetti en este período hace guiños a unos y a otros y alude frecuentemente a “nuestros enemigos comunes” (15). En ese momento ya está convencido de que “el sindicalismo revolucionario y el nacionalismo son las dos únicas fuerzas realmente subversivas de la Europa Latina” (16)

Es poco después, cuando tiene lugar la guerra de Libia a la que es enviado como corresponsal, Marinetti vive su mejor momento: publica su novela más famosa –Mafarka (17) de “inspiración africana”– y vive de cerca por primera vez la experiencia de la guerra que en él, como en Ernst Jünger unos años después, tendrá una virtud transfiguradora. A partir de ese momento, para Marinetti, la guerra pasa a ser “la única higiene del mundo” (18).

Futuristas y política

Poco antes del inicio de la Primer Guerra Mundial, los futuristas publicaron su primer Manifiesto Político que insistirá en los temas propios que habían dado vida al movimiento artístico: antisocial y anticlerical, imperialista (proponía una “política exterior agresiva, astuta, cínica”, exigía la “Restauración de la Roma Imperial”. Intervencionista como Mussolini, D’Annunzio o los nacionalistas, el propio Marinetti en septiembre de 1914 organizó en Milán las primeras manifestaciones contra Austria (19).

Sus dos escritos políticos más relevantes serán Democracia Futurista publicado en 1919 y Más allá del comunismo aparecido el año siguiente. Su lectura permite advertir con facilidad lo que le uniría y le separaría del fascismo: el “posibilismo” (20). Lo que para Mussolini era “estrategia” móvil, cambiante, según soplaran los vientos y le aproximara en las más diversas circunstancias al gobierno de la nación, no dejaba de repugnar a Marinetti, poco pragmático y de escasa visión política, refugiado en el “purismo” y, por tanto, en buena medida en la esterilidad política. El Marinetti republicano y anticatólico difícilmente podría entenderse durante mucho tiempo con el Mussolini convertido en aliado de la monarquía y firmante del Concordato con la Santa Sede. Ambos, apasionados de la italianeidad, terminaron siendo antisocialistas y anticomunistas y rechazaban cualquier forma de cosmopolitismo. Ambos soñaban con una revolución, pero la de Mussolini era de “masas” y la de Marinetti de “élites intelectuales”. Esto explica que tanto antes como después de la Marcha sobre Roma, menudearan las rupturas y las reconciliaciones. Solamente cuando Mussolini rompió –forzosamente, hay que decirlo– con la monarquía en 1943 y fundó la República de Saló, Marinetti apreció el reverdecimiento del Mussolini revolucionario y se adhirió sin fisuras.

Durante la Primera Guerra Mundial, los futuristas se presentaron voluntarios a las unidades de élite, los llamados “Exploradores de la Muerte” que fue la médula de los famosos Arditi (21). Algunos mueren en combate como el arquitecto futurista Sant’Elia y el pinto Boccioni, otros muchos fueron condecorados por acciones de guerra demostrando que los principios futuristas no eran una simple pose o un mero gesto, sino que afectaba al núcleo de su personalidad. Marinetti, por supuesto, se alistó también y otro tanto hizo Mario Carli el futuro director de L’Impero y, especialmente, de Roma Futurista.

El 20 de septiembre de 1918 aparece el primer número de Roma Futurista subtitulada Periódico del Partido Futurista que llamaba a “todos los italianos” que terminaría constituyendo el núcleo del Partido Político Futurista. En esta publicación aparecen algunos de los temas que el fascismo incorporaría (la estructura corporativa del Estado) y otros que encontraron el rechazo del “posibilista” Mussolini (el anticlericalismo, la socialización de la tierra y otros temas propios de la izquierda como el sufragio femenino).

En la postguerra, los Arditi, una vez desmovilizados, se reagruparon en la Associazione Nazionale d’Arditi d’Italia fundada por Mario Carli. Este había sido inicialmente relegado a trabajos administrativos a causa de su miopía, pero insistiendo logró enrolarse en la 18ª Compañía de Asalto de los Arditi alcanzando pronto el grado de capitán por méritos de guerra y varias condecoraciones al valor. Próximo a la paz, junto con Marinetti fundó la revista Roma Futurista, que sería la tribuna de los Arditi futuristas. Su símbolo era la llama negra propia de estas tropas de asalto. Carli había escrito: “El Ardito y el futurista de guerra, la vanguardia despeinada y dispuesta a todo, la fuerza y la agilidad de los años veinte, el joven que lanza bombas silbando recuerdos de la variedad” (22). El 10 de diciembre de 1918 se constituyó la ANAI cuando en varias ciudades italianas se constituían “fasci futuristi”. Muchos Arditi seguían en activo en el ejército que veía con cierta hostilidad su creciente compromiso político y en especial la difusión en los cuarteles de la revista L’Ardito. A la prohibición y a las sanciones que se lanzaron para que los futuristas cesaran de hacer política en los cuarteles, Carli contestó con un famoso artículo titulado: “Arditis, no gendarmes”, indicando que no serían ellos quienes salvaran al régimen. Luego siguió la aventura de D’Annunzio en Fiume protagonizada mayoritariamente por Arditi.

Futurismo y fascismo

Ya, por entonces, los futuristas se habían aproximado al proyecto mussoliniano de convocar una Constituyente del intervencionismo que aproximó a Marinetti y a Mussolini y los unió en un acto convocado en la Scala de Milán donde boicotearon a los intervencionistas de izquierda.

Un año después, Marinetti participó en la reunión de los “sansepolcristas” reunidos en la plaza del mismo nombre. El primer programa de los Fasci di Combatimento incluye algunas de las propuestas futuristas: en lo relativo al Estado (“El Estado es soberano, y esta soberanía no puede ni debe ser limitada o disminuida por la Iglesia”), a las Corporaciones (“Las corporaciones deben ser promovidas según dos direcciones fundamentales: como expresión de la solidaridad nacional y como medio de desarrollo de la producción”), a los Principios de política exterior (“Italia debe reafirmar su derecho a realizar su plena unidad histórica y geográfica, incluso allí donde aún no la ha realizado”), etc. Esto ocurría el 23 de marzo de 1919. Pocos días después, Mussolini y Marinetti lanzan a los Arditi contra el diario socialista Avante! cuya redacción resulta completamente saqueada. A pesar de que Mussolini asumiera la responsabilidad del asalto, la mayoría de participantes eran Arditi y buena parte de estos eran futuristas (23).

A partir de ese momento, las relaciones entre el fascismo y los futuristas se van estrechando especialmente en Milán en donde Marinetti era miembro del Fasci de esa ciudad. Sin embargo, cuanto tuvo lugar el segundo congreso de los Fasci se produce la primera tensión notable: Marinetti percibe una atenuación de la tensión ideal del fascismo y una aproximación al Vaticano cuya “soberanía espiritual” se reconoce. A pesar de que Marinetti dimitiera del movimiento, en ese momento, el futurismo ya estaba roto como unidad política: Carli había pasado a publicar un semanario ultramonárquico (Il Principe) que no dudaba en proponer para horror de Marinetti que “la monarquía absoluta es el régimen más perfecto”. Después de sucesivas transformaciones, la revista pasó a llamarse primero L’Impero y luego L’Impero Fascista.

En cuanto a la ANAI fue disuelta por Mussolini al considerarla “poco fiable para el fascismo”. La mayoría de Arditi se adhirieron al fascismo y solamente un grupo de Arditi romanos –los llamados Arditi del Popolo, esencialmente romanos– rechazaron esta aproximación. Para sustituir a la ANAI se fundó la Federazione Nazionale Arditi D’Italia el 22 de octubre de 1922. Los Arditi del Popolo desde el principio se configuraron como una fuerza activista antifascista que contó entre sus militantes con anarquistas, socialistas y comunistas (que pronto fueron mayoritarios).

Las esperanzas de Marinetti de que después de la Primera Guerra Mundial estallara una “revolución” se vieron pronto decepcionadas y él mismo fue el primero en hablar de la “vitoria mutilada”. La aventura de Fiume le dio solamente una breve esperanza. Pronto rompió con D’Annunzio y fue de los primeros en invitarle a abandonar la ciudad. La existencia del Partido Político Futurista fue breve (apenas dos años, desde la creación de los primeros Fasci Futuristi en 1917 hasta la reunión de la plaza del San Sepolcro en 1919) y tenue. Con la fusión entre fascistas y futuristas los Arditi se convierten en un sector de los camisas negras mussolinianos de los que constituyen su tropa de asalto tal como demuestra el saqueo de la redacción del Avanti!. Con la publicación Al di là del Comunismo (1920), Marinetti da por concluida su aventura política y retorna a la literatura. Pero su hora ha pasado: ya no es considerado ni en Roma ni en París, “la cafeína de Europa”. Han surgido otras vanguardias, el dadaísmo durante la guerra y el surrealismo cuando esta última periclitó.

Su decadencia artística le vuelve a aproximar al fascismo. Es entonces cuando recibe honores del régimen y cuando corresponde sumando su nombre al Manifiesto de los Intelectuales Fascistas publicado en 1925. Luego viajó como representante del régimen fascista a varios países, entre ellos España (24). En 1929, Marinetti entrará, por deseo expreso de Mussolini en la Academia de Italia recién fundada. En esos años vuelve a reverdecer en su espíritu la fascinación por la guerra: cantará la guerra de Etiopía y a los 66 años se enrolará en la Armata Italiana in Russia, el cuerpo expedicionario italiano que apoyó a la Werthmach en la Operación Barbarroja. Volvió con la salud quebrantada y murió el 2 de diciembre de 1944, después de adherirse incondicionalmente a la República Social Italiana en la que identificó la pureza del fascismo de los orígenes. 

Conclusión

El futurismo fue, inequívocamente, otra de las tendencias que dieron vida al fascismo, pero a su vez, era un conjunto de tendencias cuyo comportamiento político no era siempre homogéneo. Las relaciones entre futurismo y fascismo fueron oscilantes, pero lo esencial es reconocer que el proyecto político de Marinetti terminó convergiendo mayoritariamente con el de Mussolini, tal como demuestra inequívocamente su presencia entre los “sansepolcristas”. No todo el futurismo fue fascista, pero sí que lo esencial del futurismo y de los Arditis, se decantó hacia el futurismo.

Desde el punto de vista doctrinal la personalidad fascista, tanto en Italia como en otros países en los que se manifestó, debe mucho al futurismo y, en lo esencial, supone una modulación de las posiciones radicales de Marinetti en la década de 1909-1919. De ahí surge la transformación del pesimismo en acción, de ahí también la consideración de la guerra como “única higiene”, el canto a la juventud (los futuristas sostenían que todo lo que no se hiciera antes de la edad de 40 años ya no tenía importancia), la vida aventurera, casi de lansquenete, los golpes de audacia, la violencia como arma política, el gusto por el enfrentamiento directo, que estuvieron presentes en el futurismo, reaparecieron incluso en modelos de fascismo en otros países que ni siquiera habían oído hablar del futurismo.

¿Dónde situar geométricamente a la componente futurista dentro del fascismo? ¿A la derecha, en el centro, a la izquierda? No era, desde luego, un movimiento conservador… si bien Carli y muchos más entre los Arditi futuristas se orientaron a la derecha, incluso mucho más a la derecha que Mussolini y asumieron la defensa de la monarquía. Su polémica anticlerical y sus contactos iniciales son los sindicalistas revolucionarios podía asimilarlos a la izquierda, sin olvidar que llamaron al enfrentamiento con anarquistas socialistas y comunistas. Y si bien es cierto que compartieron algunos de los puntos de vista de Mussolini (intervencionismo, necesidad del imperio, corporativismo) también es cierto que Marinetti denostó algunas de las orientaciones del futuro Duce (especialmente el “posibilismo” y su aproximación posterior al Vaticano).

De hecho, el futurismo tuvo también tres componentes, a modo de fotocopia reducida de lo que luego sería el fascismo y estas tres componentes luego se superpusieron a las que aparecieron en el Partido Nacional Fascista.

Notas:

(1)    R. Paris, explica que Marinetti “fue la única personalidad de cierta importancia que participó en la reunión de la plaza San Sepolcro del 23 de marzo de 1919. La elaboración del programa de los Fasci debía mucho, entre otros, a los futuristas. Marinetti fue elegido, pues, miembro del Comité Central y, a continuación, de la comisión de propaganda y prensa” (op. cit., pág. 57).

(2)      El partido también fue ocasionalmente conocido como “Partido Futurista Italiano”, así se le cita, por ejemplo, en Marinetti Futurista   (obra colectiva, Guida Editori, Nápoles 1977, pág. 98) probablemente la exposición más completa del pensamiento estético-político de Marinetti. En cuanto a la intervención política de los futuristas es tratada de manera exhaustiva en La nostra sfida alle stelle: futuristi in política, Emilio Gentile, Laterza 2009. En esta obra también se alude al “Partido Futurista Italiano” (pág. 53).

(3)      “Cuando el Estado fascista de Mussolini se alzó con el poder tras la “Marcha sobre Roma” de 1922, aunque pareció encarnar todas estas expresiones anteriores de renovación cultural y política, también heredó todas las incertidumbres y contradicciones propias de la esfera artística y cultural que, como siempre, quedaron sin resorber. El futurismo y el fascismo estuvieron indisolublemente unidos pero mantuvieron una relación sutilmente tensa, confusa e incluso cómica. Mussolini promovió ciertos aspectos del futurismo, mientras que actuó con extrema precaución e incluso hostilidad, frente a otros”, Richard Humpheys, Futurismo, Movimientos en el Arte Moderno, Serie Tate Gallery, Encuentro Ediciones, 2000, pág. 15.

(4)      El positivismo afirma que el único conocimiento auténtico es el científico y solamente puede afirmarse a través del método científico. En sus interpretaciones más extremistas terminó desembocando en una especie de religiosidad laica. En cuanto a Benedetto Croce, reprochaba a Compté, máximo representante francés de esta corriente, el que “dejaba insatisfecha la necesidad religiosa del hombre” que era justamente lo mismo que le reprochaba Bergson. 

(5)      R. Paris, op. cit., pág. 48.

(6)      El artículo en cuestión llevaba este mismo título y fue publicado en Il Popolo d’Italia en 1º de enero de 1920: “… contra los demás, contra nosotros mismos… Nosotros hemos destrozado todas las verdades reveladas, hemos escupido sobre todos los dogmas, hemos rechazado todos los paraísos, hemos ridiculizado a todos los charlatanes –blancos, negros y rojos- que ponen en venta las drogas milagrosas para proporcionar la “felicidad” al género humano. No creemos en los programas, en los esquemas, en los santos, en los apóstoles; sobre todo, no creemos en la felicidad, en la salvación, en la tierra prometida… Volvamos al individuo. Nosotros apoyamos todo lo que exalta y engrandece al individuo, todo lo que le da mayor bienestar, libertad y una mayor independencia; combatimos todo lo que deprime y mortifica al individuo. En las actualidad hay dos religiones que se disputan el dominio sobre el individuo y sobre el mundo: la negra y la roja; las encíclicas provienen, hoy, de dos Vaticanos, el de Roma y el de Moscú. Nosotros somos los herejes de estas dos religiones” (Citado por A. Tasca, op. cit., págs. 48-49), puede observarse la retórica danunziana que destila el artículo –se diría que es el propio poeta el que habla en algunas frases– y que define perfectamente la personalidad apasionada, vitalista y rebelde del Mussolini de 1920

(7)    Al estallar la Primera guerra Mundial, D’Annunzio, que se encontraba en esos momentos en Francia, regresó a Italia, realiza una campaña a favor del intervencionismo italiano a favor de Francia e Inglaterra y fue piloto de guerra voluntario. El 9 de agosto de 1918 protagonizó una de sus habituales “acciones heroicas” sobrevolando Viena con el Escuadrón 87 “La Serenísima” del que era comandante, lanzando panfletos, un trayecto extremadamente difícil para la aviación de la época. Esta acción y la ocupación de Fiume le valieron el ser considerado como el mayor héroe italiano de la época.

(8)    El entones secretario general del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci escribió el 8 de septiembre de 1922 una Carta sobre el futurismo fechada en Moscú, en donde dice: D'Annunzio nunca ha tomado posición pública respecto al futurismo. Hay que señalar que el futurismo, en su nacimiento, surgió expresamente contra D'Annunzio. Uno de los primeros libros de Marinetti tenía por título Les Dieux s'en vont, d'Annunzio reste. Aunque durante la guerra los programas políticos de Marinetti y de D'Annunzio hayan coincidido en todos los puntos, los futuristas han permanecido antid'annunzianos. Prácticamente no han demostrado interés alguno por el movimiento de Fiume, aunque luego hayan participado en las manifestaciones. (el texto completo puede leerse en http://www.ddooss.org/articulos/textos/Gramsci.htm). A pesar de que Gramsci exagera algo, lo cierto es que D’Annunzio y Marinetti nunca se llevaron bien: “D’Annunzio dirá a sus amigos que Marinetti es "una nulidad atronadora" o "un necio fosforescente" o también parece"un necio con algunos rayos de imbecilidad"; y Marinetti le contestará definiéndolo confidencialmente como un tradicionalista, un "Montecarlo de todas las literaturas", "aburrido y anacrónico". Pero en público, a regañadientes, se alabarán recíprocamente y en sus pocos encuentros se intercambiarán hasta flores, regalos y abrazos; sin menoscabo de la admiración que siente Marinetti por la "vida futurista" de d’Annunzio; o, durante los años siguientes, la aprobación sufrida y limitada de d’Annunzio por las novedades introducidas por el Futurismo en las letras, las artes figurativas, la música e incluso en las expresiones más corrientes del gusto, como el periodismo, la publicidad y la moda. (http://www.internetculturale.it/genera.jsp?id=893&l=es).

(9)    R. Paris, op.cit., pág. 52.

(10)    Sobre las relaciones entre futurismo y fascismo y sobre otros movimientos artísticos de vanguardia del novecento puede leerse la Historia de las literaturas de vanguardia, Guillermo de Torre, Ediciones Guadarrama, Madrid, especialmente el capítulo La esquina peligrosa: futurismo y fascismo, págs. 149-152.

(11)    Nos ha sido imposible establecer el origen de este apelativo que suele acompañar a nombre de Marinetti. Mientras que para unos se trata de un mote puesto por algún crítico avisado, para otros el propio Marinetti se lo dio a sí mismo y se autoproclamó como tal (Cfr. http://desdemendoza.com.ar/index.php/revistasdmza/revista-artedmza/957-a-100-anos-de-qla-cafeina-del-mundoq.html).

(12)    Para el texto completo del manifiesto cfr.:  http://elcraneo.8m.com/manifiestosfuturistas.htm

(13)    La frase se ha atribuido habitualmente a Drieu la Rochelle, el cual, a su vez se consideraba como tal y decía que un “pesimista activo” será siempre un fascista. Sea esta atribución cierta o no, André Malraux pudo decir, a su vez, que “el pesimismo activo era la antesala fatal del fascismo” (Citado en La diversidad asediada, Escritos sobre culturas y mundialización, Pedro Susz K.,  Plural Editores, La Paz 2005, pág. 385).

(14)    “En ese momento en el que empieza a esbozarse en el seno del sindicalismo revolucionario la tendencia “nacionalista revolucionaria” [1910], Marinetti decide dar una conferencia sobre “la belleza y la necesidad de la violencia”, además de mover todos los hilos a su alcance para obtener un mandato parlamentario en la circunscripción del Piamonte. Ahora bien, en esta circunscripción ha surgido una corriente política en torno del periódico Il Tricolore, que preconiza una alianza del nacionalismo y del sindicalismo revolucionario. Marinetti pronuncia su conferencia en Nápoles, en Milán y en Parma, donde Alceste de Ambris publica la revista L’Internazionale, órgano del sindicalismo revolucionario. Al imprimir el texto casi íntegro de la conferencia de Marinetti, De Ambris rinde homenaje a este “magnífico y soberbio himno a la violencia”, a esta hermosa incitación a la vida “en pleno cementerio de la vida italiana”. En esencia esta conferencia hace apología de la guerra, entona un himno a la Patria, estigmatiza el utilitarismo estrecho y mezquino de la democracia reformista y magnifica, en suma, el “gesto destructor de los anarquistas”, la huelga general y la revolución”, Z. Sternhell, El nacimiento… op. cit., pág. 361. Tal es el origen del período en el que Marinetti estuvo próximo al sindicalismo revolucionario.

(15)    Z. Sternhell, op. cit., pág 360. Marinetti dedicó uno de sus famosos manifiestos a este tema y unas semanas después en mayo de 1910, junto con la revista La demolizione (revista anarquista de matriz sindicalista-revolucionaria dirigida por Ottavio Dinale) realiza una encuesta sobre “la fundación de un partido revolucionario”.

(16)    Z. Sternhell, op. cit., pág. 361.

(17)    Existe una reciente edición española de esta obra: Mafarka, F. T. Marinetti, Editorial Renacimiento, Colección Pompadour, Madrid 2007.

(18)    Tal es el título de una obra publicada por Marinetti en 1915 y editada por las Edizioni Futuriste de Poesia en Milán: Guerra sola igiene del mondo.

(19)    R. Paris, op. cit., pág. 55.

(20)    Cfr. Vintila Horia, Introducción a la Literatura del Siglo XX, Universidad Gabriela Mistral, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1989, págs. 27 y sigs, dedicadas a Marinetti.

(21)    Cfr. Z. Sternhell, op. cit., pág. 362. La historia más accesible actualmente sobre este cuerpo de élite es Italian Arditi, Elite Assault Troops 1917-20 de Angelo L. Pirocchi, Osprey Publishing, Oxford 2004. Un resumen puede encontrarse en Wikipedia edición inglesa http://en.wikipedia.org/wiki/Arditi o bien en la edición italiana http://it.wikipedia.org/wiki/Arditi

(22)    Escrito en Roma Futurista, año 1, nº 1, 20 de septiembre de 1918. Reproducido en Wikipedia edición italiana http://it.wikipedia.org/wiki/Mario_Carli

(23)    R. Paris, op. cit., pág. 57.

(24)    Cfr. Vanguardias Artísticas en España, Jaime Brihuega, Ediciones Itsmo, Madrid 1981, pág. 296-8 y en Italia-España en la época contemporánea, Assumpta Camps, Peeter Lang AG, Berna 2009, págs. 89-92, se mencionan ampliamente los desplazamientos de Marinetti por España.

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Nacionalismo y fascismo

Infokrisis.- Robert Paris (1) cita una frase extraída de las Lecciones de Harvard de Gaetano Salvemini (2): “Si el fascismo presentaba una doctrina coherente, lo debe al hecho de que los fascistas han adoptado otra vez el conjunto de la doctrina nacionalista”. La frase es ilustrativa de la importancia que se le da a la doctrina nacionalista que fue recogida por Mussolini y es, de hecho, una de las componentes de cualquier forma de fascismo y, en nuestro juicio, la componente, como veremos, más importante. A fin de cuentas, el fascismo es una forma de exaltación nacional con la novedad de que a esto le viene añadida un ansia de justicia social.

La frase de Salvemini es admisible especialmente a partir del 23 de febrero de 1923 cuando los “camisas azules” nacionalistas y los “camisas negras” fascistas se fusionaron formándose el Partido Nacional Fascista. Pero cuando se produce esta fusión, el nacionalismo italiano ya es muy diferente del que había nacido a mediados del siglo XIX, por lo que sería mucho más justo decir que los “nuevos nacionalistas” que aparecieron en el período del intervencionismo y durante el ascenso del fascismo fueron progresivamente convergiendo con Mussolini entre 1919 y 1923 que había adoptado la mayoría de sus tesis. La fusión final reconocía la identidad entre ambas formaciones.

La formación y tendencias del nacionalismo

El nacionalismo italiano (3) había nacido en el primer tercio del siglo XIX y reconocía que la “nación” era una comunidad homogénea y depositaria de valores tradicionales y propios que constituían el patrimonio cultural y religioso del pueblo. A pesar de que arraigó en la Italia del Risorgimento, la inspiración del nacionalismo venía de otros países y sus primeros representantes nacionalistas italianos se limitaron a adaptar las ideas que habían sido expuestas inicialmente por Adam Weishaupt, fundador de los Iluminados de Baviera y paradójicamente también por el que quizás fuera su principal detractor, el abate Augustin Barruel (4), si bien a modo de denuncia.

Con la aparición del nacionalismo durante la Revolución Francesa, el “patriotismo monárquico” se transforma en “nacionalismo republicano”. A pesar de su relativamente corta vida, el nacionalismo (entendido como exaltación del Estado-Nación y, por tanto, que apenas cuenta con dos siglos de existencia) ha atravesado por varios ciclos. Entre finales del período napoleónico y las revoluciones de 1848, el nacionalismo fue la expresión de la burguesía progresista y liberal utilizada como ariete contra las monarquías y la aristocracia. Posteriormente (entre 1848 y 1871), la llamada “edad del librecambismo” acentuó el liberalismo del nacionalismo, convirtiéndose en Italia en motor del Risorgimento; es entonces cuando se consolida la hegemonía burguesa y cuando aparece el binomio liberalismo-Estado Nacional. La etapa siguiente se desarrolla entre 1871 y 1914, período en el cual el nacionalismo se transforma en imperialismo en los distintos países europeos y propone un proteccionismo económico. Todo esto hace que aparezcan continuas rivalidades entre los Estados Nación europeos que reivindican unos a otros parcelas de sus territorios respectivos, claman contra las políticas arancelarias que dificultan las exportaciones entre los distintos países y compiten por conquistas territorios extraeuropeos para incorporarlos a sus imperios, procesos que, sumados, llevan al desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial.

Así pues, los rasgos de los distintos nacionalismos históricos son, por una parte, lo que se ha llamado “la nacionalización de las masas” (5) (es decir el intento de transmitir a las masas una “cultura nacional”) y, de otro lado, el impulso colonialista. Se ha calificado al siglo XIX como el “siglo de los nacionalismos” y, por tanto, no es raro que terminara siendo el siglo de los conflictos entre naciones europeas que se prolongaron hasta mediados del siglo XX.

Existen distintas formas de nacionalismo atendiendo a su origen: el “nacionalismo humanitario” de Rousseau y Herder de carácter setecentista, el “nacionalismo jacobino” nacido con la revolución francesa, habitualmente intolerante, misionero y fanáticamente unitario, el liberal de Burke y Cavour y el “nacionalismo económico” que dio nacimiento a distintas formas de proteccionismo. Otros como Louis Snyder (6) han identificado cuatro formas de nacionalismo (“integrador” que tiende a la unificación de Estados Nacionales, “desmembrador” que tiende a la ruptura de grandes imperios –como el otomano– y a la formación de Estados-Nación con sus fragmentos, “agresivo” o imperialista, vinculado a las dos guerras mundiales del siglo XX y “contemporáneo” que tendría dos aspectos contradictorios, el impulso descolonizador y la expansión imperialista). Por su parte, Hobsbawn (7) establece tres fases de desarrollo del nacionalismo: el redescubrimiento de las tradiciones culturales y antropológicas vernáculas, la agitación política militante y la nacionalización de las masas final.

La irrupción del nacionalismo en Italia

El nacionalismo italiano aparece en el Risorgimento y, a través de sucesivas transformaciones, cristalizará en el irredentismo del que ya hemos hablado.  Hay que distinguir este nacionalismo irredentista aparecido en torno a 1880 del nacionalismo mazziniano que constituyó el motor del proceso de unificación italiano. Mientras que éste es liberal, masónico, republicano, laico y propone la paz entre las naciones, el irredentismo es agresivo, frecuentemente antiliberal, no necesariamente republicano y, en cualquier caso, imperialista (8).

En 1896, el imperialismo italiano sufrió la derrota en Adua (9) que, como veremos, tuvo como consecuencia directa la fundación de la Associazione Nazionalista Italiana por Enrico Corradini y Luigi Federzoni. Adua supuso el punto de inflexión entre el viejo nacionalismo mazziniano que había quedado reducido a pequeños círculos intelectuales y el nuevo nacionalismo imperialista que terminará realizando su aporte doctrinal al fascismo.

Corradini había fundado en 1903 la revista Il Regno (10) muy influida por el nacionalismo francés de la época, especialmente por el conde de Gobineau y por Charles Maurras. Corradini era uno de los más fervientes defensores del imperialismo italiano y en sus obras literarias así como en sus ensayos políticos no dejaba de clamar para que Italia tuviera “un lugar bajo el sol”. Partidario de la intervención de Italia en la Guerra Mundial, a través de distintos medios de prensa, Corradini calificará como bestia negra a los neutralistas.

Corradini sostenía la curiosa teoría de que el nacionalismo era la transposición internacional del socialismo y distingue entre “naciones proletarias” y “naciones plutocráticas” (un tema en el que insistirá el Mussolini del Ventennio con cierta frecuencia) que  están obligadas a mantener una especie de “lucha de clases” a dimensión internacional. Para él, Italia y Alemania serían esas “naciones proletarias” e Inglaterra la “nación plutocrática” rival. Las naciones “proletarias” para Corradini no pueden estar permanentemente subordinadas a las “plutocráticas”, tienen derecho a su “lugar bajo el sol”. El pacifismo tiende a mantener el statu-quo, por tanto no es admisible y trabaja en beneficio de las “naciones plutocráticas”. La respuesta debe ser, pues, la “lucha de clases internacional” (11).

En Corradini se encuentran también otras ideas que serán incorporadas al fascismo: por ejemplo, aquella según la cual la nación está por encima de los individuos que la componen y, por ello, puede exigir a sus ciudadanos cualquier sacrificio en su nombre. Habla de “doctrina espiritualmente aristocrática” que desemboca en una aspiración de que Italia sea gobernaba “por los mejores” que, para él, nunca emergerán como producto de una votación popular. Se puede observar perfectamente el origen del elitismo fascista y su antidemocratismo. En sus escritos, Corradini atacará el igualitarismo democrático, otra idea que será heredada por el fascismo. Así mismo, negará que el ser humano esté predispuesto a hacer el bien, sino que, por el contrario, concibe la vida como lucha y enfrentamiento con otros hombres y naciones. Para él la idea de “fraternidad” es imposible de cristalizar salvo en el marco de una “comunidad nacional” coherente (12).

Corradini fue el primero en introducir en el discurso político los mitos históricos de la península itálica: la fundación de Roma y el imperio romano, los condottieri renacentistas, pero también sus artistas y demás glorias de Italia, algo que Mussolini recuperaría e integrará en su fascismo.

La andadura de Il Regno se prolongó hasta 1905 siendo sustituida por La Voce promovida por Giuseppe Prezzolini y Giovanni Papini, ambos antiguos colaboradores de Il Regno. Sin embargo, había algunos cambios de orientación notables entre ambas publicaciones. La nueva revista era el reflejo de todas las contradicciones de un nacionalismo que se buscaba a sí mismo pero que todavía no terminaba de encontrar una línea propia y definitiva. En las columnas de la nueva revista, en efecto, colaboraron personajes neo-hegelianos como Giovanni Gentile y Benedetto Croce, junto a nacionalistas ortodoxos, exsocialistas como Salvemini y nacionalistas discípulos de Corradini. La revista aspiraba a estar por encima de los partidos y a situar la causa de Italia más allá de las luchas entre partidos. En relación a la experiencia de Il Regno, la línea de La Voce fue mucho más oscilante y abierta inicialmente a corrientes liberales y mazzinianas. Concebían a la nación como “unidad y totalidad” y, por tanto, lo que aspiraba a ser el “todo” (el nacionalismo) no podía adquirir la forma de “parte” (esto es, de partido) por lo que se limitaron a constituirse como “asociación” el 3 de diciembre de 1910. Así nació la Associazione Nazionaliste Italiana.

Poco después de la fundación de la ANI se produjo el marasmo de la Primera Guerra Mundial y la aparición del intervencionismo italiano que encontró en la asociación a uno de sus más decididos impulsores. Sin embargo, el intervencionismo de la ANI estaba muy alejado del de otros sectores e incluso del sostenido por Mussolini desde las columnas de Il Popolo d’Italia. Mientras un sector del intervencionismo aludía a la necesidad de luchar contra regímenes “feudales” como los imperios alemán y austro-húngaro, los nacionalistas creían que era necesario entrar en guerra para generar una “reforma interior”. Para Corradini la política exterior era una forma de sacudir y regenerar a la opinión pública italiana (13). Lo que Corradini pretendía era transformar las doctrinas sociales de la época –a las que aludía directamente cuando se refería a “naciones proletarias” y “naciones plutocráticas”– en nacionalismo. A esto le llamo “socialismo nacional”. Y en esto también prefiguró al fascismo. En la pequeña publicación de apenas cuatro páginas L’Idea Nazionale, la ANI empezó a difundir estas tesis que, posteriormente aparecerían como marcas distintivas del fascismo a lo largo del Ventennio:

-         Estado fuerte como objetivo a alcanzar

-         Mitos de la antigüedad romana como referencia

-         Imperialismo como “política de prestigio”

-         Autarquía como “nacionalismo económico”.

-         Exaltación de la milicia como “estilo de vida”

-         Corporativismo como forma de organización del Estado.

Sería difícil resumir en tan pocas líneas los rasgos distintivos del fascismo.

La evolución del nacionalismo versus el fascismo

Cuando tiene lugar el congreso de Florencia todavía hay zonas grises entre las distintas corrientes nacionalistas (liberales, mazzinianos, republicanos, monárquicos) que distan mucho de estar unificadas. Con el paso del tiempo, los editoriales de L’Idea Nazionale irían completando la definición del nacionalismo defendido por la ANI, creando un corpus doctrinal que prefigura la doctrina fascista.

No es raro que en la corta marcha hacia la concreción doctrinal la vida de la ANI estuviera jalonada de purgas: en el Segundo Congreso (Roma, 20-22 de diciembre de 1912) la ANI se deshace de su sector democrático y se establece la incompatibilidad entre nacionalismo y masonería. En el siguiente Congreso (16-18 de mayo de 914) son purgados los liberales. A partir de ese momento solamente quedaron los nacionalistas que, en rigor, pueden ser calificados como proto-fascistas.

En 1913, los nacionalistas obtuvieron el 0’6% de los votos y cinco escaños que demostraron ser los intervencionistas más radicales. En 1919, los miembros de la ANI vuelven a presentarse a las elecciones, esta vez apoyando los colores del Partito dei Combattenti obteniendo 20 diputados, pero en las siguientes en 1921 estarán incluidos en los Blocchi Nazionali que incluían a nacionalistas, futuristas y fascistas, logrando 105 diputados solamente superados por el Partito Popolare Italiano (108 diputados) y por los socialistas (123 diputados). Poco después se producía la Marcha sobre Roma (29 de octubre de 1922) (14).

Por entonces el nacionalismo ya había confluido con los Fasci di Combatimento de Mussolini; la nueva formación se llamaría Partito Nazionale Fascista en 1921. Tras la Marcha sobre Roma, varios entre los principales dirigentes de la ANI ocuparon altos cargos en el nuevo régimen: Federzoni, uno de los fundadores de la ANI y redactor de L’Idea Nazionale y diputado nacionalista desde 1913 fue Ministro de Colonias y luego del Interior, siendo senador desde 1928 y presidente del Senado entre 1929 y 1939 tras haber sido uno de los nacionalistas que negociaron con Mussolini la fusión. Eso no fue óbice para que en 1943 apoyase la destitución de Mussolini siendo por ello condenado a muerte en contumacia por el tribunal de Verona.  Otro nacionalista, Constanzo Ciano, fue Ministro de Correos y Comunicaciones y Presidente de la Cámara de los Diputados y de la Cámara de las Corporaciones hasta su fallecimiento en 1939. Fue padre de Galeazzo Ciano di Cortelazzo, yerno de Mussolini. Finalmente, Alfredo Rocco, el compilador del llamado Codice Rocco (código penal italiano), jurista de prestigio y representante del ala derecha del fascismo, procedía así mismo de la ANI. En cuanto a Enrico Corradini ingresó también en el Partido Fascista Republicano a pesar de que no participó inicialmente en la vida política del nuevo régimen. Fue senador y ministro a partir de 1928 falleciendo poco después.

Conclusión

El nacionalismo italiano de la ANI puede ser considerado como proto-fascista y como una componente “centrista” del fascismo. Su doctrina sobre “naciones proletarias” y “burguesas” evidencia una inspiración de izquierdas, pero el conservadurismo creciente del que hace gala la ANI (y especialmente algunos de sus exponentes como Rocco), lo sitúan en la derecha.

Así pues, ¿dónde ubicar al nacionalismo de la ANI dentro del fascismo “uno y trino” al que hemos aludido en el inicio de este estudio? Es simple, en la medida en que sus aportaciones doctrinales encarnan lo esencial del fascismo, hay que situar al nacionalismo de la ANI como uno de los elementos esenciales del “centro” fascista que logró equilibrar las corrientes “sociales” procedentes de la izquierda y las corrientes “conservadoras” procedentes de la derecha.

En este sentido, la ANI “es” el fascismo, antes incluso de que Mussolini hubiera pensado en fundar los Fasci di Combattimento. Es la ANI la que encarna el “centrismo” fascismo en la medida en que encarna también la ortodoxia mussoliniana en el período más prolongado del régimen: el Ventennio. En la ANI están como hemos visto presentes todos los elementos de la doctrina fascista (nacionalismo, corporativismo, imperialismo, referencias históricas al Imperio Romano, etc.). Mussolini, procedente de la “izquierda revolucionaria” terminará cohabitando con la monarquía de los Saboya por los azares de la política, pero entre su postura inicial de izquierdas (que tendrá también encarnaciones en el Ventennio, pero no en Mussolini) y la postura conservadora posterior, la doctrina fascista encarnada por el Duce será altamente tributaria y completamente identificada con la doctrina nacionalista difundida por la ANI.

Notas

(1)        Robert Paris, op. cit., pág. 29

(2)        Gaetano Salvemini, historiador y político antifascista italiano. Antinacionalista había llegado a describir Italia de esta manera: “Los moderados del Norte tienen necesidad de los camorristas del Sur para oprimir a los partidos democráticos del Norte, mientras que los ­­camorristas del Sur tienen necesidad de los moderados del Norte para oprimir a la plebe del Sur” (Prefacio a Mussolini diplomático, Laterza, Bari 1952). Militante del Partido Socialista desde 1897 como representante de su tendencia “meridionalista” (proponía una forma de federalismo para Italia). Abandonó el PSI en 1911 por discrepancias sobre la postura de la formación ante la guerra de Libia y fundó el periódico L’Unità que siguió publicando hasta 1920 como portavoz de la Lega Democrática, se consideraba liberal y socialista. Defendió la entrada de Italia en guerra al lado de Francia e Inglaterra en 1914 como máximo representante de lo que se llamó “intervencionismo democrático” (belicistas de izquierda). Diputado en 1919 se declaró antifascista desde el principio y en 1925 fundó la primera publicación clandestina que se opuso al régimen de Mussolini: Non Mollare (literalmente, No ceder). Pocos meses después fue detenido en Roma y tras ser procesado resultó amnistiado autoexiliándose en Francia desde donde fundó el movimiento Giustizia e Libertà. Establecido en Gran Bretaña siguió desde allí sus campañas antifascistas polemizando con George Bernard Shaw, socialista fabiano y gradualista, admirador de Mussolini. Después de ejercer como profesor en varias universidades anglosajonas fundó en 1939 la Mazzini Society formada por republicanos antifascistas. Tras la guerra volvió a Italia y dio clases en la Universidad de Florencia y siguió jugando a la contra oponiéndose tanto a la Democracia Cristiana como a los partidos de izquierda.

(3)        Cfr. En la obra Diccionario de política: L-Z de Norberto Bobbio (Siglo XXI Editores, México 1981-82, págs. 1026-1035), puede encontrarse un ensayo de síntesis sobre los contenidos globales del nacionalismo y, en particular, del nacionalismo italiano.

(4)        Abate Augustin Barruel, procedente de la nobleza francesa se ordenó jesuita en 1756, viajó por toda Europa y dominó distintas lenguas. A partir de 1781 publicó panfletos contra los Enciclopedistas y la Filosofía de las Luces, responsabilizándoles de la expulsión y prohibición de los jesuitas. Inicialmente era favorable a las ideas democráticas (su nombre auténtico era Augustin de Barruel, pero renunció a la partícula “de” que delataba su título de nobleza) terminó por enfrentarse a la Revolución Francesa exiliándose en Londres en 1972, siendo albergado por Edmund Burke, franc-masón, el cual, sin embargo, le felicitará por su famosa obra antimasónica Memorias para servir a la historia de los jacobinos aparecida en 1797 (de esta obra que puede encontrarse fácilmente en Internet en versión francesa, pero que jamás ha sido traducida al castellano existe, sin embargo, una versión en catalán: Memorias per a servir á la historia del jacobinisme, trad. de Fr. Raymundo Strauch y Vidal, Perpiñán, J. Alzine, 1827). Barruel sostiene que fueron los Iluminados de Baviera de Adam Weishaupt quienes se infiltraron en la masonería para derribar a la monarquía y que fueron ellos quienes difundieron por vez primera el nacionalismo. La Revolución no sería más que un complot contra la Iglesia y contra su defensora la monarquía francesa. El mismo Barruel había sido iniciado en Logia (Encyclopédie de la franc-maçonnerie, Le libre de Poche, artículo "Barruel", pág. 66).

(5)        Cfr. George L. Mosse, La nacionalización de las masas, Marcial Pons – Ediciones de Historia, Madrid 2005. Ramiro Ledesma Ramos también alude en el Discurso a las Juventudes de España a la “nacionalización de las masas” y para ello dirigió la estrategia de las JONS y de FE a captar a las masas obreras que militaban en la CNT. Véase a este respecto La crisis del antifascismo, Ferrán Gallego, Random House Mondadori, Barcelona 2008, pág. 32. Los hay que han visto en la II República ese mismo intento de “nacionalizar a las masas”, Cfr. Hispania, Revista Española de Historia, pág. 162, Vol. 61, 2001, pág. 162. La idea de “nacionalización de las masas” que habitualmente se suele ligar a la interpretación del fascismo que da Mosse, como vemos, no le pertenece en propiedad.

(6)        Louis Snyder, The New Nationalism, Transaction Publishers, New Brunswick, New Jersey 2003, especialmente el capítulo IV, págs. 47-48.

(7)        E. J. Hobsbawm, Nations and Nationalism since 1780 – Programme, Myth, Reality, The Press Sindicate of the University of Cambridge, 1990, especialmente el capitulo The transformation of nationalism, págs. 101-130.

(8)        “Dentro de veinte años toda Italia será imperialista” había escrito uno de los fundadores del nuevo nacionalismo italiano, Enrico Corradini (citado por R. Paris, op. cit., pág. 29. Y el propio Paris añade este comentario: “El fascismo realizaría este sueño”).

(9)        Se conoce como “derrota de Adua” al momento decisivo de la primera guerra de Abisinia (1895-96) que tuvo lugar a causa de un conflicto de límites entre la Abisinia de Menelik II y la colonia italiana de Eritrea. El punto culminante del conflicto fue la batalla de Adua el 1º de marzo de 1896. Las tropas italianas del general Baratieri fueron derrotadas  sufriendo 6.000 muertos, 1.500 heridos y 3.000 prisioneros, sobre un total de 16.000 hombres. Los supervivientes se replegaron a Eritrea, mientras que en Italia, el gobierno de Francesco Crispi dimitió y el general Baratieri debió afrontar un consejo de guerra del que resultó absuelto pero que destruyó su carrera militar.

(10)   La andadura nacionalista de Corradini puede ser seguida con cierto detenimiento en Zeev Sternhell, El nacimiento de la ideología fascista, op. cit., págs. 13-14 y en R. Paris, Los orígenes del fascismo, op. cit., págs. 30-31.

(11)   Los datos sobre Corradini han sido extraídos de Wikipedia-Italia. Para una ampliación puede leerse la obra escrita por el propio Corradini Scritti e discorsi 1901-1914, Ed. Lucia Strappini, Turín 1980. R. Paris, extrae una frase de Corradini: “Del mismo modo que dentro de los límites de cada Estado se ha formado un conjunto de clases dominantes y un conjunto de clases dominadas, así mismo, en las relaciones internacionales, existen Estados más fuertes y Estados más débiles: Estados Burgueses y Estados Proletarios” (op. cit., pág. 33).

(12)   Una interpretación típicamente marxista –incluso en lo plúmbeo y opaco de la exposición– de las ideas de la Asociación Nacionalista Italiana y del pensamiento de Enrico Corradini, puede leerse en Fascismo y Dictadura, Nikos Poulantzas, Editorial Siglo XXI, México, 1971, págs. 143-147.

(13)   Corradini había escrito que “La política exterior constituye para el nacionalismo un medio de reforma interior revolucionaria. Es un medio para renovar el personal del gobierno” (citado por R. Paris, op. cit., pág. 33).

(14)   Pueden consultarse los resultados electorales de la época en Mussolini y el ascenso del fascismo, Donald Sasson, Crítica S.L., Barcelona 2008, especialmente el capítulo El avance del fascismo, págs. 99 y sigs.

Salida identitaria a la crisis

Infokrisis.- La historia es dinámica y suele circular a más velocidad de lo que percibimos. Estamos entrando en un nuevo momento histórico: la crisis económica se superpone a la crisis étnica y al descredito de los partidos hasta ahora mayoritarios. Esto abre las puertas de par en par a las nuevas opciones identitarias que día tras día se afirman en todos los países europeos. ¿Y en España? Los que hemos llegado tarde a la democracia también llegamos tarde a la cita identitaria, pero no por mucho tiempo.

Todo el país está preocupado por Belén Esteban y por los nuevos rostros que aflorarán con la enésima edición del Gran Hermano. El fútbol se ha convertido en algo diario y raro es el día que algún canal de TV no retransmite un encuentro deportivo irrelevante. Los fines de semana resulta difícil encontrar una radio que no retransmita un partido, incluso de categoría regional. Y las fiestas mayores del verano y del principio del otoño promovidas por los ayuntamientos son cada vez más ostentosas y se diría que para ellas la crisis no ha pasado: hay bajadas presupuestarias para todo menos para el panen et circensis. Los pequeños parlamentos regionales, a falta de temas de mayor calado, legislan sobre la rotulación de los comercios, sobre los correbous o sobre la utilización de caminos vecinales, pero medidas contra la crisis, ninguna; acaso porque no existen. Incluso cuando se produce una noticia de calado como el inicio del juicio por el Caso Malaya, todo tiende a frivolizarse y parece como si estuviéramos ante un nuevo episodio del colorín en lugar de ante un caso ejemplar y que podría ser ejemplarizante de corrupción en el cual unos “listos” deberán responder de sus exacciones. España está así: entre adormecida e idiotizada, mientras todo un país bosteza, se pierde el ritmo de la modernidad. 

Las noticias de la crisis ya no son puramente económicas. La persistencia de la crisis económica, la ha terminado transformando en crisis social: era previsible que 5.000.000 de parados a los que, poco a poco, se les van acabando los subsidios terminaran siendo un problema social; era previsible que los 4.000.000 de jóvenes que habían abandonado sus estudios para trabajar en los distintos oficios de la construcción intentaran reintegrarse de nuevo en centros de formación, mientras que otras promociones de jóvenes que tienen necesidad de trabajar y no tienen capacidad o interés para el estudio, se suman al paro hasta elevarlo entre los jóvenes menos de 30 años  al 60% (47% hace un año); era previsible que apareciera una generación ni–ni, desorientada por la crisis y por un sistema de enseñanza que había fracasado mucho antes de empezar el desplome económico; era previsible que reaflorase el trabajo negro cuando incluso durante el período de máxima expansión económica el trabajo en precario se había adueñado de la contratación, mientras que hoy apenas el 8% de los contratos sean indefinidos, generando una situación de angustia en el 92% restante sobre si al acabar el contrato será posible encontrar un nuevo empleo… ¿Cómo no hablar de crisis social? Lo que se está produciendo es algo mucho mayor: es una mutación de nuestra sociedad.

Dos crisis superpuestas: la social y la étnica

Los cambios que la crisis económica genera en la sociedad española están siendo de gran calado y caminan al paso con otro gran cambio introducido deliberadamente por nuestros gobernantes desde 1997: la inmigración masiva que altera el sustrato étnico y cultural de nuestro pueblo, modifica los “paisajes” de todo el país, agrava el problema del paro y lastra los presupuestos generales del Estado al cotizar a la Seguridad Social solamente un 25% de la inmigración realmente existente en España.

No es raro que exista un pacto tácito de silencio entre los dos grandes partidos para ocultar el tema de la inmigración en las elecciones generales, pues no en vano, ambos, PP y PSOE, son responsables solidarios de la llegada de 6.000.000 de inmigrantes que constituyeron la mano de obra barata en período de crecimiento económico y que se transformaron en el principal agujero de las cuentas públicas desde 2008. Alguien olvidó que los períodos de crecimiento económico y formación de burbujas son limitados en el tiempo y que la inmigración que llegaría en ese plazo (y que ni siquiera entonces era necesaria a la vista de que, incluso en momentos de gran crecimiento del PIB estábamos en torno a un 9% de paro… salvo para abaratar el precio de la mano de obra) no se iría cuando las “burbujas” estallaran.

Bruscamente, en 2009 nos empezamos a dar cuenta de que teníamos dos problemas: una crisis social propia generada por el impacto brutal de la crisis económica sobre nuestra sociedad (agravada, además, por el fracaso del sistema educativo español y por la mala administración del Estado de los caudales públicos) a la que se unía una crisis étnica que, por todos los medios se oculta, pero que está ahí, latente. 

Para ver el alcance y la gravedad de la crisis étnica basta con mirar las páginas de sucesos de los diarios y pasearse por algún gueto de inmigración de los muchos que proliferan en la costa mediterránea, en Canarias, en Andalucía, en Madrid y empieza a salpicar incluso a las zonas con menos densidad de inmigración: Galicia y la cornisa cantábrica. Lo que veremos es descorazonador: gentes llegadas de 123 países del mundo (especialmente magrebíes, andinos y subsaharianos), desocupados, que viven de no se sabe bien qué, sin posibilidades de encontrar empleo en el próximo lustro como mínimo, sin intención de retornar a su país y preocupados sólo por acogerse a la reagrupación familiar, desinteresados por cualquier cosa que signifique “integración” y en movimiento del INEM a Asistencia Social, de ahí a Cáritas, para hacer luego algún trabajo no regulado los más responsables y para integrar las redes de delincuencia cada vez más tupidas los mas desaprensivos. Eso es hoy la inmigración y ha eso nos ha llevado el PP y el PSOE. 

Hace más de 10 años, Guillaume Faye ya advirtió que las bandas étnicas que entonces empezaban a asolar Francia desembocarían en redes mafiosas armadas que supondrían un riesgo para el Estado. Así ha ocurrido, efectivamente, detrás de la expulsión de los gitanos rumanos en Francia, lo que se encuentra es un tiroteo en las inmediaciones de Orleans y el saqueo de una comisaría de policía: sí, el asalto, saqueo de una comisaría en la que varios policías resultaron apaleados. Los ataques armados contra policías, bomberos que acuden a apagar los vehículos incendiados por inmigrantes en las noches francesas, se han generalizado. Así está Francia… y ese es el espejo en el que debemos mirarnos. 

Por el momento, inmigrantes magrebíes ya respondieron agresivamente a los Mossos de Esquadra en El Vendrell, prácticamente cada kilo de cobre que se roba en España es sustraído por inmigrantes generando problemas en las infraestructuras de comunicaciones; algunos bares de Barcelona y Madrid son “bares étnicos” cerrados a otras comunidades. La mafia colombiana realiza impunemente en España sus ajustes de cuentas y en los patios de muchos colegios y en las inmediaciones de los centros de estudio, desde hace tiempo, se suelen producir situaciones de tensión por la actividad de las bandas latinas que ni trabajan, ni estudian, pero aprovechan el tiempo libre –24 horas– para delinquir… La formación de guetos étnicos prosigue cada vez más acelerada y ya hoy zonas enteras de nuestro país son enclaves de países extranjeros en donde al autóctono se le mira mal, y se le induce a abandonar el barrio en el que ha vivido siempre. A eso se le llama “limpieza étnica” y eso está ocurriendo ante nuestros ojos.

El desplome de la socialdemocracia

La superposición de estas dos crisis (la social y la étnica) puede dar lugar a efectos insospechados. En toda Europa ha generado una desconfianza hacia el poder que ha permitido que esta situación fermentara sin hacer nada y ha alimentado el crecimiento de los llamados partidos de “extrema–derecha” (falsa denominación atribuida por los adversarios a los “partidos identitarios” en la medida en que, sobre todo, defienden la identidad nacional de sus países). Es previsible que en los próximos años esta decantación se agrave. De hecho, en la actualidad, en toda Europa, la socialdemocracia ha entrado en crisis y entre sus menguados votantes, cada vez figuran más inmigrantes “integrados”. La crisis y las erróneas políticas de inmigración acometidas especialmente por la socialdemocracia en los últimos 30 años en toda Europa, los mitos “integracionistas” que han promovido, están pasando factura a la izquierda europea y desintegrándola con mucha más efectividad que cualquier otro factor.

La crisis de la socialdemocracia europea tiene mucho que ver con el hecho de que su electorado natural –las clases trabajadoras– sean el que más han padecido el problema de la inmigración, las que se han visto más afectadas por la competencia desleal de los inmigrantes en materia salarial y que han tenido que sufrir en sus barrios las operaciones de “limpieza étnica”. Eso explica suficientemente que una buena parte de la clientela de los partidos identitarios europeos proceda de sectores sociales que anteriormente entregaban su voto a la socialdemocracia. Y es ahí por donde los partidos identitarios crecen tal como ha demostrado el último éxito de los Demócratas Suecos, hoy fulcro de la balanza política de aquel país.

Si tenemos en cuenta que su defensa de la identidad nacional y de las tradiciones autóctonas tiene cierto impacto sobre el voto tradicional de las derechas europeas, se percibirá claramente que la tendencia aún incipiente es hacia una transformación del mapa político europeo en dos fuerzas principales y en un sin fin de opciones secundarias. 

Identitarios ante el futuro

En efecto, el crecimiento económico producido en Europa durante los “30 años gloriosos” (1945–1973) generaron en los años 70 y 80, un progresivo aburguesamiento de las clases trabajadoras europeas que aún siguieron votando a la izquierda socialdemócrata (y en Francia e Italia a los Partidos Comunistas). Pero en los años 80 y 90 se empezó a producir el tránsito del voto de izquierdas al voto identitario a medida que aumentaba la inmigración masiva.

Mientras la izquierda mantenga el dogma de la multiculturalidad y del mestizaje, esa izquierda está condenada a convertirse en una fuerza que terminará recogiendo solamente el voto de antiguos socialistas de períodos líticos, jubilados en plena ancianidad, inmigrantes integrados y yuppies de ambiciones humanitarias. La izquierda había apostado por el neoliberalismo desde el Congreso del SPD alemán en Bad Godesberg y no le fue mal mientras el neoliberalismo gozó de buena salud, pero en el momento en que estalló la gran crisis económica de julio de 2007, la socialdemocracia estaba demasiado comprometida con el capital para poder aportar respuestas que satisficieran a las clases trabajadoras que, desde hacía tiempo, veían con desconfianza las tendencias multiculturales e inmigracionistas que ellos, en sus puestos de trabajo y en sus barrios, debían sufrir más que nadie. De ahí al desplome no había más que un paso.

Pero votar a la derecha era excesivo para estos sectores que, a fin de cuentas, pedían “justicia social” y desconfiaban también de ese neoliberalismo que era el jardín privilegiado y la única forma económica concebida por la derecha. Era normal que esos sectores desencantados de la socialdemocracia o se refugiaran en la abstención (como ocurre en España) o votaran a partidos identitarios, allí en donde estos partidos habían demostrado una mínima claridad de juicio y estaban ajenos a los esquemas de la vieja extrema–derecha. En este sentido los Demócratas Suecos son paradigmáticos: desde su origen hasta su eclosión han realizado este tránsito inevitable.

En las próximas décadas, hay que prever que aunque la crisis económica remonte leve y puntualmente, lo que no remontará es la crisis étnica: las tasas de natalidad de la inmigración y su afluencia son lo suficientemente espectaculares como para pensar que la tendencia al vuelco demográfico del Viejo Continente es cada vez más acusada. Si la socialdemocracia intenta cambiar su posición favorable a la inmigración y al multiculturalismo, no solamente se traicionará a sí misma y toda su gestión en los últimos 30 años, sino que además perderá su único eslogan que le queda en propiedad, siendo todo lo demás una mera corrección y atenuamiento de las posiciones de derechas sobre el neoliberalismo.

De ahí que cualquier análisis lleve a certificar en breve la muerte de la socialdemocracia y su progresiva sustitución por partidos identitarios que unan un fuerte sentido social a sus propuestas de repatriación de la inmigración. 

En cuanto a la derecha, sobrevivirá y gozará de buena salud, mientras que el neoliberalismo siga siendo indiscutible. Si el dogmatismo de la izquierda es ideológico y situado en el terreno de los valores finalistas, el dogmatismo de la derecha es económico e instrumental. Existe derecha porque existe liberalismo. Si la derecha no fuera liberal, sería una derecha tradicional y daría respuestas corporativas y monárquicas, aludiría a la “justicia social” enarbolando la Rerum Novarum y hablaría de valores a defender en lugar de oportunidades para progresar electoralmente renunciando a cualquier valor.

El llamamiento de los partidos identitarios al foralismo, al respeto y a la defensa de las tradiciones locales y a los valores éticos y morales, tiene también un extraordinario poder de atracción para esa derecha tradicional que en muchos países europeos (incluida España), para sobrevivir ha debido travestirse y enmarcarse dentro de la derecha liberal, desde mediados del siglo XIX.

Crisis sistémica e inestabilidad 

No olvidemos, por otra parte, que esta crisis económica no es coyuntural (como la de 1973, o la del período 1976–1981 en España, o la de 1989, o la de las punto.com a finales del milenio). Esta es una crisis estructural y sistémica que no depende de la mejor o peor gestión del poder político (aunque la mala gestión puede agravar y extenderla, obviamente, tal como está ocurriendo en España), sino de la estructura misma de la organización económica mundial (la globalización). Esto implica que la crisis actual no terminará, como máximo se producirá un crecimiento económico puntual y limitado incapaz de prolongarse en el tiempo; el sistema ha alcanzado un punto en el que vivirá en constante inestabilidad hasta que se aborde su profunda y definitiva reforma. 

Pero quien podría reformar el sistema (el poder político), está condicionado por el poder económico (la alta finanza internacional). Y este poder económico –del que las clases políticas dirigentes actuales no son más que “validos” o simples “delegados”– no experimenta la sensación de que precise ninguna reforma porque hoy, con la estructura actual, obtiene más rendimiento del capital que nunca antes en la historia.

La buena noticia es que las formaciones tradicionales de centro–derecha y de centro–izquierda que han sido en las últimas décadas la “voz de su amo” (el poder económico) están vivienda los últimos momentos de su hegemonía en solitario. Hay que prever que la derecha liberal se mantenga como fuerza hegemónica todo el tiempo que dure la actual fase del capitalismo, mientras que la izquierda se desploma y se genera con buena parte de ésta y con una parte sustancial de la otra, una potente fuerza identitaria en toda Europa. Esta situación de crisis de las opciones que han dirigido Europa en los últimos 65 años, generará también la aparición de un sin fin de opciones políticos de menor calado que respondan a problemas concretos de la sociedad (problemas regionales, problemas ecológicos, problemas de grupos sociales concretos: jubilados, jóvenes, inmigrantes, etc.) que fragmentarán extraordinariamente el panorama político y obligarán, antes o después, a reformas en profundidad del sistema político en toda Europa y, por lo mismo, de la misma Unión Europea que, a estas alturas, puede considerarse un proyecto embarrancado y paralizado. 

Son precisamente las fuerzas identitarias quienes presentan en sus programas –algo que los medios de comunicación suelen olvidar con demasiada frecuencia– un punto fundamental para salir de la crisis económica: romper con la globalización, considerar a Europa y Rusia como un espacio económico homogéneo que tiene todos los elementos como para prescindir de la alta finanza internacional e incluso de las fuentes energéticas exteriores. Porque la salida definitiva a la crisis pasa por la destrucción del sistema mundial globalizado que ha generado una inestabilidad permanente en la economía internacional.

El futuro de Europa

El siglo XXI será un siglo de grandes cambios tecnológicos (ingeniería genética, criogenia, energía de fusión, nanotecnología), pero también de grandes cambios políticos. Las fuerzas que fueron hegemónicas en Europa desde 1945 (y en España desde 1977), periclitarán (están periclitando) y se verá el emerger en la gobernabilidad de las naciones a opciones identitarias (se está viendo) que responden mejor a las nuevas exigencias generadas por la inmigración masiva, la crisis económica y la corrupción generalizada de las viejas élites políticas. Al final de todos estos cambios y mutaciones no estaremos ya ante un sistema sino ante otro completamente diferente. El sistema político, el sistema económico y el sistema social que hayan surgido de una serie de reformas en cadena serán completamente diferentes al que hemos visto a principios del milenio.

Como en el alumbramiento de cualquier opción nueva, el momento del parto será inevitablemente doloroso: para volver a la normalidad será preciso atravesar una situación de shock, un fuerte traumatismo que impulse a las grandes decisiones y que vendrá forzado por las circunstancias. Ese traumatismo derivará, por sí mismo, de los límites actuales del sistema: un sistema que no puede crecer indefinidamente, una inmigración que crece más que la población autóctona y que es completamente diferente en ideales, aspiraciones y voluntades, y superar el límite de sufrimiento y privación de la población que no podrá ser olvidado ni por los subsidios ni por el entertaintment mediático. 

La agresividad de que está haciendo gala la inmigración en Europa, la coagulación de grandes redes de delincuentes llegados del extranjero, los tiroteos y destrucciones contra edificios oficiales e infraestructuras que están teniendo lugar en Francia, la imposibilidad por ir más allá de donde se ha llegado en materia de integración, el acaparamiento del narcotráfico en todas sus variedades por redes extraeuropeas (magrebíes, colombianos, nigerianos), todo eso apunta en dirección a que el shock al que nos referimos tendrá lugar cuando todos estos grupos generen tensiones insoportables con los Estados europeos similares a las que se produjeron en Francia en noviembre de 2005 y se reproducen con cierta frecuencia. Y a esa presión corresponderá una reacción de las fuerzas sanas de Europa, liberadas de la sumisión a lo políticamente correcto.

Si añadimos a la crisis económica y al vuelco étnico, la expansión del fanatismo islámico de los países del sur del Mediterráneo tenemos tan cerca, nos daremos cuenta de que la situación es más que grave. La población magrebí crece a más velocidad que su economía y genera unas tasas de paro insoportables que tienen como resultado el que los menesterosos se vuelven hacia el Islam (verdadera esperanza para desesperados) y/o emprendan el camino de la inmigración. Y lo que traen en sus maletas no es deseo de integración, sino islamismo y desesperación. A nadie se le escapa que los países del Magreb son una bomba de tiempo y que, la presencia norteamericana en Marruecos solamente logrará retrasar unos años a la subversión islámica. Nadie sabe quién puede gobernar mañana en el Magreb y qué postura adoptará en relación a Europa, pero de lo que no cabe la menor duda es que mañana el Magreb será más islámico que hoy y, el carácter belicista de la expansión islámica, hace que estemos ante un problema añadido que colocar en el complejo tablero de la Europa del futuro. 

La esperanza es que los partidos identitarios tengan la fuerza, la claridad de ideas y la pureza de ánimos suficientes como para, en la intensificación de la crisis que se avecina, estén en condiciones de tomar las riendas. 

¿Demain l’Espagne?

Parafraseando el título del famoso libro de Santiago Carrillo publicado a principios de los 70, cabe preguntarse ahora sobre la perspectiva de crecimiento de los partidos identitarios en España y si va a cumplir las mismas pautas que se han dado en otros países europeos o nuestro país en esto también va a ser diferente.

La democracia llegó tarde a España y por tanto el proceso de normalización con Europa también se ha retrasado. Desde 1945 hasta 1985, prácticamente los partidos identitarios estuvieron ausentes de la escena europea, salvo en Italia y por circunstancias muy determinadas. Ha sido en los últimos 25 años cuando han ido apareciendo chispazos aquí y allí y ha sido posible hablar de “fenómeno identitario europeo” como de una realidad que se acerca al gobierno en Austria, Italia, Suiza, Flandes, que tiene notables representaciones en el Reino Unido, Alemania, en los países nórdicos, en el Este Europeo, sin aludir a la “excentricidad holandesa” polarizada en torno a Wilders. Si en 1985 se produjo esa eclosión fue porque en ese momento los dos partidos de centro–derecha y de centro–izquierda que habían gobernado alternativamente en Europa desde 1945, empezaron a “pinchar”. En España la democracia llega en 1978 y diez años después ya empieza a dar los primeros síntomas de agotamiento con la corrupción felipista; sin embargo quedaba experimentar las soluciones de derecha. 

Cuando el paro ya había superado los 3.000.000 de parados, cuando la corrupción carcomía el felipismo, España se entregó a la derecha que logró un crecimiento económico innegable… a costa de entronizar un modelo que tal como se podía prever suponía “pan para hoy y hambre para mañana”. Cuando los errores de Aznar y las bombas del 11–M lo apearon del poder, la socialdemocracia española ya no era tal, sino un amasijo de ideas humanistas, universalistas, mal estructuradas, más propias de una ONG buenista que del gobierno de un Estado Europeo: y eso es lo que nos ha gobernado y nos ha situado ante el abismo. Buena parte del electorado votará a Rajoy en 2012 con la nariz tapada y sin confianza en que tenga claridad y valor para aplicar medidas que atenuaran la crisis a medio plazo.

Salvo en Catalunya, donde la PxC afronta la última etapa antes de su primera prueba electoral importante, en el resto del Estado, los partidos identitarios distan mucho de haber irrumpido en el panorama político. Hay grupúsculos que aluden a la necesaria lucha contra la inmigración, pero que carecen de estatura política, generalmente mal dirigidos y con mezclas de temas que remiten a la vieja extrema–derecha y, por tanto, a la esterilidad política completa. No importa, esto no es relevante: las opciones políticas aparecen solamente allí en donde las condiciones sociales las exigen y la inmigración todavía es un problema nuevo en España (apenas 15 años). 

Si en Catalunya se han producido movilizaciones es precisamente porque es allí en donde 1.250.000 inmigrantes suponen la mayor concentración de todo el Estado. En la Comunitat Valenciana y en la Comunidad de Madrid existen concentraciones similares que generan el caldo de cultivo para una “respuesta”. De dónde salga esa respuesta tiene poca importancia. Lo importante es que la eclosión identitaria se producirá, antes o después, por simple agotamiento de cualquier otra opción. Si no son las pequeñas formaciones actuales que intentan ocupar ese espacio, será mediante líderes improvisados, escindidos de los grandes partidos o mediante la transformación de movimientos cívicos en partidos anti–inmigración, surgidos de las masas y con voluntad poder, o incluso por el efecto arrastre que pudiera general la PxC fuera de Catalunya.

Tal es la perspectiva para los próximos años. Construyendo partidos identitarios, construimos el futuro de nuestro pueblo y pensamos en un futuro para nuestro pueblo más allá de la crisis económica, social, política y étnica que tenemos encima.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen