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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

¿Por qué Lambda?

¿Por qué Lambda?

Infokrisis.- Philipe Vardón-Raybauld en su obra Eléments pour une Contre-Culture identitaire explica lo siguiente a propósito de la letra Lambda: “Pintada sobre un escudo, designa a Esparta, ciudad de Lacedemonia. Incluida en un cartel o en una bandera que flota en una manifestación, es el símbolo con el que las juventudes identitarias han elegido identificarse desde 2007, en referencia, precisamente, a la mítica Esparta y a sus héroes”. Así pues, ya se sabe, por qué los identitarios europeos adoptan el símbolo de la letra griega Lambda mayúscula (Λ) de la que su forma minúscula es ligeramente diferente (λ): es simplemente para actualizar en el teatro europeo del siglo XXI a la vieja Esparta y a su ejemplo del siglo VI antes de JC. Pero podemos apurar el simbolismo de la Lambda y explicar el por qué también nosotros lo consideramos como un símbolo, añadiendo algunas explicaciones sobre su simbolismo que servirán, no solamente para identificarnos un poco más sobre este símbolo, sino para justificar el por qué lo asumimos como propio.

I. El espíritu de Lacedemonia

Lacedemonia, también conocida como Laconia, era la región griega que ocupaba el Peloponeso y cuya capital era Esparta. Del nombre de Laconia ha derivado el término “lacónico”, que implica expresarse con frases breves, cortantes, extraordinariamente precisas y, a la vez, ingeniosas. Así se hablaba en Esparta. Era natural: una orden –y Esparta era una sociedad guerrera marcada por las órdenes que se daban y se cumplían sin pestañear- debe ser clara, concisa, rotunda, como un disparo, que no admite discusión, carece, para ser eficaz, de sombra de dudas sobre lo que se requiere, no es posible aplicar una doble lectura. Si así se hablaba en Esparta era porque hacerlo de otra manera hubiera sido peligroso para la supervivencia misma de la sociedad lacedemonia. De hecho, transmitir el “lenguaje lacónico” era uno de los aspectos de la “agogé” (el sistema espartano de educación de los jóvenes).

Se ha dicho que el nombre de Laconia (en griego Λακωνία) derivaba del héroe epónimo de la ciudad, Lacón o Lacedemón; era el nombre de un hijo de Zeus y Taigeto, casado con Esparta, hija de Eurotras, con quien tuvo tres hijos. Dio a la capital de su reino el nombre de su esposa, Esparta. Y otras más positivistas han argumentado que el nombre deriva del término griego λάκος que significa “lago”, aludiendo a que aquella región del Peloponeso era similar a un lago entre montañas.

El escudo era importante en una sociedad guerrera. Y mucho más en la sociedad espartana en la que las madres de los guerreros se despedían de ellos exhortándoles a luchar heroicamente y morir en la batalla con esta frase: “¡Con tu escudo o sobre él, espartano!”. En combate sólo existen tres posibilidades: victoria, muerte o huida. La victoria implicaba retornar al hogar blandiendo el escudo; en caso de morir, el cadáver del guerrero era transportado sobre su propio escudo por sus compañeros; y en el caso de huida, lo primero que se arrojaba al suelo para poder correr mejor era el escudo… Las madres espartanas solamente deseaban a sus hijos las dos primeras opciones, nunca la segunda, ni siquiera para salvar la vida. No había vida sin honor.

El escudo espartano recibía el nombre de “aspis” y toda la táctica militar giraba en torno suyo. Se trataba de que las filas de hoplitas estuvieran lo suficientemente cerradas y fueron tan compactas como hoy puede serlo una unidad blindada. Avanzando en orden cerrado esas filas eran literalmente invulnerables. Solamente soldados bien entrenados que hubieran evolucionado en los entrenamientos con la precisión de un ballet y que estuvieran ligados entre sí por una confianza a toda prueba, podían aplicar esta táctica. Su avance era el adelantarse de un muro de bronce erizado de lanzas. Hacía falta músculo para soportar la acometida del enemigo y, al mismo tiempo, serenidad y templanza para que la sangre no se helara en las venas. Por eso era importante la preparación física y el disponer de un cuerpo atlético, fuerte y sin taras.

El escudo era circular, con un diámetro que osciló entre los 90 y los 110 centímetros, construido en láminas de madera curvadas y encoladas en varias capas con un recubrimiento exterior de bronce e interiormente borrado de cuero. El peso del escudo debía rondar los 8 kilos. Sobre este escudo se pintó el símbolo de la Lambda mayúscula para que el enemigo no tuviera dudas de con quién estaban combatiendo. Pero no siempre fue ese el símbolo que lucieron los escudos espartanos. Antes, los guerreros lacedemonios dibujaban un avispa de tamaño natural (no mayor, pues, de centímetro y medio). Se debía que había que combatir a tal distancia que el enemigo pudiera ver la avispa. Tal como lo expresó dos mil quinientos años después Pierre Drieu La Rochelle interpretando con precisión el espíritu de la época: “la espada es el camino más corto de uno a otro corazón”.

II. El símbolo de la perfección: el compás

La hermenéutica de la Lambda es también interesante y aun cuando no ha hecho correr precisamente “ríos de tinta” quizás sea bueno apuntar algunas indicaciones, por que esta letra es algo más que el símbolo de un Estado guerrero. Es el mundo clásico, nuestros ancestros en definitiva, quien nos habla a través de su simbolismo.

A nadie se le escapa que la lambda mayúscula tiene forma de un ángulo con el vértice hacia arriba y la lambda minúscula es similar a un compás estilizado. Los antiguos consideraban que el compás era un instrumento sagrado en la medida en que era capaz de reproducir la forma más perfecta de la geometría: el círculo, única figura cuyos puntos están separados la misma distancia del centro y que para ellos era la representación del dios. Era una reminiscencia de los cultos solares: los antiguos sabían que la salud de las cosechas y de los mismos hombres dependía del Sol. Aqueos y dorios, pueblos arios llegados del norte y que desplazaron a cretenses y micénicos, conocían la “experiencia solar” y sabían que en los fríos del norte solamente el Sol daba luz y calor, la luz era para ellos también el símbolo de la “iluminación”, como el calor lo era de los valores de la familia, la camaradería, el hogar y la comunidad.

Habitualmente la lambda mayúscula que estaba representada en los escudos espartanos tenía sus lados abiertos con un ángulo de 45º, la mitad de un ángulo recto. Se consideraba que el ángulo recto era el que conducía a los dioses, mientras que el ángulo de 45º es el que simbolizaba la comunidad, la patria, la sociedad de los hombres libres.

III. De la Lambda a la Gamma. La svástica

El símbolo de la Lambda fue recuperado por los gremios medievales, en especial por los artesanos talladores de piedra que construyeron nuestras mejores catedrales góticas. En su trabajo les era necesario apoyarse en una serie de instrumentos que era utilizados en los trabajos y, al mismo tiempo, representaban valores éticos y morales: el escoplo representaba el poder de penetración y el mazo la fuerza y la voluntad; el nivel representaba la ecuanimidad mientras que la plomada era el símbolo de la rectitud; la lambda era, por eso mismo, el símbolo de la perfección. Y así los maestros talladores de piedra lo enseñaron de padres a hijos, de maestros a discípulos a lo largo de los siglos. Un remoto eco de todo esto, desfigurado y degradado fue incorporado a partir de 1717 en el patrimonio simbólico de la masonería. Pero no es esto lo que nos interesa, sino el simbolismo que tuvo en sus orígenes.

Existe otro símbolo sagrado en la antigüedad indo-europea que se repite con una insistencia sorprendente en el simbolismo de todos los pueblos que se remontan a ese tronco civilizador común. Es la svástica. La svástica es un símbolo solar pero también cosmogónico. En tanto que símbolo solar está emparentado con la cruz céltica, pero también define una cosmogonía: los antiguos concebían que el cosmos estaba formado por cuatro elementos (fuego, tierra, agua y aire) representados por los cuatro brazos de la cruz griega (de brazos iguales). Estos elementos se combinan entre sí definiendo todos los aspectos del devenir del cosmos y giran en torno a un centro fijo y estable, casi apolíneo en el sentido clásico, giro que queda representado por el círculo exterior propio de la svástica.

Pero al mismo tiempo la lengua griega da el perfil de un ángulo recto a la letra Gamma mayúscula (Г), no en vano en lenguas germánicas “Dios” se escribe con G: “Gott” en alemán, Good en inglés, Gut en danés y sueco, God en holandés y noruego, etc. En el catecismo de los “compañeros” de las antiguas corporaciones de canteros se preguntaba al postulante: “¿Qué simboliza la letra G?” a lo que debe responderse: “La Geometría es la quinta ciencia”, aludiendo al papel que ocupa dentro de las “siete artes liberales” tradicionales. Así pues “dios” (Good, etc.) y la “geometría” tienen la misma inicial, por eso, en las antiguas corporaciones se aludía al “Gran Geómetra del Universo” que la masonería escocesa tradujo como el “Gran Arquitecto”. Sin embargo, la G latina no tiene el mismo significado ni la misma forma que la Gamma griega (Г) pero, lo más sorprendente es que la lambda griega (Λ) es el equivalente a nuestra letra L, cuando la gamma griega lo es de nuestra G… Algo ha fallado en la evolución lingüística…

En realidad, no. Hay que recurrir a otro catecismo de las hermandades artesanales para responder a lo que parece un enigma: “Las cuatro letras y la quinta ciencia, ¿forman parte del arte de la proporción?”. Como se sabe, el inglés es ambiguo en algunas traducciones. La alusión a las cuatro letras no alude a la cuarta letra del alfabeto griego (porque es evidente que se está aludiendo en el contexto en el que se formula el enigma que se alude a este alfabeto) es la Delta (Δ) que no tiene absolutamente ninguna relación con la G (aunque su simbolismo sea muy rico). Así pues, de lo que se trata no es de la “cuarta letra”, sino de “cuatro letras” (y así lo hemos traducido).

El enigma se entiende mucho mejor si recurrimos a un antiguo texto de los canteros: el famoso cuaderno de notas de Villard d’Honnecourt en el cual se encuentra esta imagen. Las cuatro letras son las cuatro Gammas (Г) colocadas en ángulos rectos, que remiten al viejo símbolo de la svástica. En cuanto a la “quinta ciencia”, obviamente es la Geometría (cuya inicial es la G), ciencia de la “proporción”.


Toda esta temática estaba incorporada en el acervo simbólico de las hermandades de constructores medievales y fue, literalmente, usurpado por la masonería moderna. Las hermandades eran “operativas” mientras que la masonería moderna es “especulativa”. Hoy, los masones “hablan”, antes los constructores “actuaban” sobre la materia. Esto ayuda a comprender porqué algunos antiguos símbolos de las hermandades de constructores han pasado a la masonería moderna: el grado más alto, por ejemplo, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (uno de los rituales masónicos actuales) es el grado 33 que se acompaña con la letra G, pues no en vano el valor numérico de la Lambda es el 30 y de la Gamma el 3…

IV. El retorno de los Heráclidas

Una vieja leyenda clásica nos habla del “retorno de los Heráclidas”. Eran estos los hijos de Hércules y sus descendientes. La historia nos dice que esta leyenda alude a los dorios que conquistaron el Peloponeso y reclamaron su derecho a gobernar sobre las nuevas tierras. La legitimidad de Hércules (y, por tanto, de sus descendientes) era incuestionable: Zeus le había concedido el reinado sobre Argos y Laconia. Sin embargo, Hera –esposa de Zeus- mediante un ardid consiguió que estas tierras fueran a parar a mano del rey de Micenas. Sus hijos se vieron arrojados de las tierras del Peloponeso y alojados en la corte de Teseo en Atenas. Euristeo rey de Micenas les atacó siendo derrotado y muerto. Los lacedemonios volvieron a gobernar sobre la región. Nuevos episodios a medio camino entre la mitología y la historia consolidaron el dominio de los heraclidas sobre el Peloponeso, “sesenta años después de la Guerra de Troya”. Los heraclidas de la leyenda han pasado a ser los dorios de la historia, esto es los pueblos arios llegados del norte, hijos del sol que lucharon contra los micénicos, pueblos de naturaleza telúrica y ginecocrática.

Los Heráclidas habían luchado por reconquistar lo que había sido suyo, herencia de su padre Hércules. Y habían vencido. Una vez asentados en el Peloponeso, los dorios dieron vida, entre otras, a la ciudad de Esparta que aprendió pronto que la “guerra es nuestra madre”.

Este episodio de la mitología griega debe hacernos reflexionar sobre quiénes somos y qué somos. Somos los hijos de un pueblo antiguo, somos europeos desde este rincón del continente que es España y somos hijos de una antigua tradición. No en vano, cuando los romanos llegaron a esta tierra ya la llamaron Hispaniae nombre que generalmente se da como derivado de Hespérides, el jardín mítico situado en el extremo occidente. Siempre que nuestros antepasados han sido derrotados, no han cesado hasta recuperarse y vencer. Lo vimos durante un ciclo de 800 años al que se le atribuye gráficamente el nombre de Reconquista. Aquella fue la “primera Reconquista” que aspiraba a recuperar el antiguo reino “perdido” visigodo.

Más de quinientos años después de 1492 hoy vuelve a ser necesaria otra Reconquista. Nuestra tierra no es libre, ni independientes: es una tierra colonizada política, militar y culturalmente, mediatizada como el resto de Europa, por el poder de los EEUU, invadida por millones de inmigrantes que quieren tener aquí lo que no han sido capaces de construir en sus propias tierras, es una tierra la nuestra sometida al poder de la alta finanza y del capital multinacional que nos ha arrojado en el pozo de la globalización. Es una tierra sin esperanza, yerma y en cuyo suelo ninguna semilla podría hoy fructificar porque sus hijos parecen pre programados por quienes les han arrojado a un destino miserable.

Pero España es Europa y Europa es la revuelta contra el destino lo escriba quien lo escriba. Nuestra historia ha sido un permanente “retorno de los Heráclidas” que se ha ido realizando en distintos jalones de nuestro pasado en las luchas que han marcado los momentos estelares del continente: cuando Leónicas contuvo a los persas, cuando se venció en Platea y en las Termópilas, cuando Roma derrotó el poder de Cartago, cuando se venció al Islam en los montes astures y en los Pirineos y se le cerró el paso en Poitiers, cuando se entró en Granada y se venció en las Navas, cuando se llevó el combate a Tierra Santa y cuando se volvió a vencer en Lepanto y se levantó el cerco de Viena y, por qué no, cuando se decretó que ningún hombre digno ejercería la usura y el préstamo con interés…

Si alguien cree que los Heráclidas no volverán que mire el símbolo de la Lambda que nuevamente ondea sobre la sagrada tierra de Europa y, como no podía ser de otra manera, sobre nuestro terruño. Miradlo bien, porque se aproximan los tiempos en los que de nuevo nuestra tierra nos va a pedir el esfuerzo y el sacrificio y la voz de la sangre nos llamará, una vez más, al combate.

© Ernesto Milà – ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Spanair como ejemplo:

Spanair como ejemplo:

Infokrisis.- El 28 de enero de 2012, sin previo aviso, sin que la Generalitat dijera ni mu, sin que las ventanillas expendedoras dejaran de vender billetes para vuelos que la dirección sabía que nunca iban a despegar, Spanair dejó de operar. 4.000 personas se quedarán en el paro y 20.000 viajeros deberán espabilarse para encontrar una alternativa a sus vuelos frustrados. El hecho de que sea la quinta compañía aérea que quiebra en territorio español no hace que este escándalo –porque de escándalo se trata al fin y al cabo al haberse llevado la quiebra de manera clandestina hasta el último momento- sea igual a los otros. ¿Por qué? Por que a pesar de haber sido creada inicialmente en 1986 por Gonzalo Pascual (copropietario del Grupo Marsans, en quiebra desde diciembre de 2010), por Gerardo Díaz Ferrán (expresidente de la CEOE y también copropietario de Marsans y por la compañía escandinava SAS (que en 2007 se deshizo de las acciones de Spanair), la compañía en cuestión era incuestionablemente propiedad de la Generalitat de Catalunya en un 80%. Así pues, si hay un responsable en todo este embrollo éste es el Palau de la Generalitat por mucho que Artur Mas se salga ahora por la tangente diciendo, bien que todo esto se produjo cuando gobernaba el tripartito, o que -of curse- “la culpa es de Madrid”.

Hasta el momento de la quiebra, nadie dudaba de la “familiaridad” de Spanair con la Generalitat. Desde 2009 su accionariado estaba compuesto en un 80,01% por la SA “Iniciatives Empresaroials Aeromàutiques”  (IEASA) y solamente en un 19,9% por SAS (la parte que no consiguió vender. El presidente de la compañía era Ferrán Soriano quien no hace mucho (17.11.2010) reconoció que “La Generalitat invierte en Spanair para ganar dinero”… Soriano es uno de esos empresarios que siempre se ha movido en los círculos de poder nacionalistas, uno de sus cargos más relevantes en la sociedad catalán fue la vicepresidencia económica del Barça con Joan Laporta, club del que es socio desde los 13 años…

El 17 de noviembre de 2010, El País publicaba un largo artículo sobre las subvenciones y subsidios que la Generalitat dio a Spanair que entonces no se calificaron así sino como “inversiones” cuando el comisario europeo de la Competencia, Joaquín Almunia alertó sobre la posible ilegalidad de estas aportaciones. En efecto, las autoridades de la Unión Europea habían pedido que se investigaran esas inyecciones de dinero por ser manifiestamente ilegales. En aquella ocasión Soriano redujo la “aportación” de la Generalitat al 25% de la compañía, lo que suponía un total de 20 millones de euros. Pero el Ayuntamiento de Barcelona era, por otra parte, propietario del 26,8%. Hoy se ha sabido que en total las ayudas de la Generalitat ascendieron a 130 millones de euros. Casi nada… Otra denuncia fue interpuesta por la Asociación Europea de Aerolíneas LowCost (donde participan Vueling y Ryanair) por haber recibido subvenciones públicas.

¿Por qué este régimen preferencial de ayudas otorgada a Spanair? Por delirio nacionalista. El nacionalismo es un veneno que corroe el espíritu, incluso el espíritu negociante, y le hace ver posibilidades de buenos negocios allí en donde aguarda la ruina más absoluta e incluso sobre el papel es fácil percibir lo aventurado de las expectativas. Era evidente que en un momento de crisis económica internacional el turismo se iba a retraer y que, aun afluyendo, sería un turismo de pocos recursos, de “low cost”, en una palabra, de baratillo. Y así iba a ser muy aventurado, al menos mientras no se disipase la crisis, invertir en una compañía destinada a fracasar en la medida en que no soplaban vientos favorables para este sector (y además, otras compañías del mismo tipo estaban sufriendo dificultades insuperables que les llevaron a su disolución).

Para colmo, el 20 de agosto de 2008, un avión de la compañía se había estrellado en barajas, lo cual redundó en la pérdida de prestigio de la compañía. A pesar de que todavía hoy no está claro qué llevó a este vuelo a estrellarse a poco de atrerrizar, se supo que el avión tenía 15 años de vuelo y anteriormente había pertenecido a una compañía coreana.

¿Cómo fue posible que la Generalitat se fijara precisamente en un sector económico en dificultades y en una compañía que acababa de tener un grave accidente para “invertir”? Repetimos: por la locura nacionalista que consiste básicamente en que Catalunya debe tener exactamente lo mismo que tiene (o tuvo) el Estado Español solo que a una dimensión mas pequeña. Si el Estado español tiene embajadas en el extranjero, policía, ferrocarriles, educación, sanidad, la Generalitat quiere todo eso y en los últimos años ha insistido extraordinariamente en asumir la gestión de los aeropuertos. En los últimos años el aeropuerto de Barcelona se ha convertido en un gigante que tiene dificultades para rivalizar (por obvias razones) con el aeropuerto de Barajas en vuelos internacionales. Con Spanair la Generalitat aspiraba a disponer de una compañía propia, especializada en vuelos internacionales y que atrajera por sí misma un flujo creciente de tráfico hacia el aeropuerto del Prat.

La crisis económica y las dificultades de financiación de la Generalitat hicieron el resto: el monstruo burocrático instalado en el Palau de la Generalitat no pudo realizar nuevas aportaciones económicas para prolongar la agonía de Spanair y el 27 de enero la compañía, bruscamente, cerró puertas… sin previo aviso, vendiendo billetes hasta última hora, sin preocuparse lo más mínimo por recolocar a los pasajeros que se quedaron en tierra y sin haber advertido siquiera a su propio personal. En realidad comunicó a AENA la suspensión de actividades pocas horas antes de hacerla efectiva.

Las excusas de Artur Mas para justificar la muerte de Spanair se han basado en las habituales mentiras en las que suele escudarse la clase política: “la culpa no es mía, es de los anteriores gestores de la Generalitat, en concreto del tripartito”. Lamentablemente para Mas, las fechas no le dan la razón. Cuando se produjeron las grandes aportaciones de capital público a la compañía, era Artur Mas quien gobernaba. En efecto, el tripartido perdió el poder en noviembre de 2009, y si bien es cierto que parte de las ayudas recibidas se fraguaron en el tiempo en el que Carod-Rovira insistía en que el aeropuerto de El Prat pasara a ser gestionado por la Generalitat, lo cierto es que con posterioridad a esa fecha, esto es, en el período de gobierno de CiU, estar aportaciones de dinero público siguieron. Y, a decir verdad, fue en los últimos tiempos del tripartido (el 31 de marzo de 2009) cuando Soriano llegó al consejo de administración y con él los nombres señeros de la burguesía catalana (Joan Gaspar, Rafael Suñol, Carles tusquets, Maria Reig, etc, etc. Y el 17 de junio de 2009 se inició el último tramo de la compañía con el estreno de nuevo logo y se traslada la sede social a L’Hospitalet. Pero no fue sino hasta el 16 de noviembre de 2010 -¡cuando ya gobernaba Artur Mas el faraónico edificio de la Generalitat- cuando las aerolíneas denunciaron las ayudas que estaba recibiendo Spanair. Fueron esas ayudas las que permitieron a la “compañía catalana” (como le gustaba decir a Soriano) realizar una “guerra de precios predatoria” en rutas en las que competía con otras compañías españoles y realizar unas agresivas campañas de marketing y publicidad… todo lo cual aceleró la inviabilidad económica de la empresa en el momento en el que cesaran las ayudas.

La Generalitat no puede ahora mirar a otro lado, ni echar la culpa a Madrid, ni mucho menos desentenderse de la jugarreta de haber llevado la quiebra de la empresa de manera clandestina y haber comercializado billetes hasta incluso mucho tiempo después de que sus directivos ya hubieran decidido cerrar la compañía. Cuando se realizó la penúltima inversión de 10 millones de euros de dinero público, la Generalitat pasó a controlar el 26,7% de la aerolinea ¡y a estar presente en el consejo de administración! Después, la empresa intentó que la Turkish Airlines comprara la parte de la que SAS quería deshacerse. Y luego, a la vista de que Soriano, procedía del Barça y que este club había realizado pactos con empresas del emirato de Qatar, intentaron que la Qatar Airways adquiriera un paquete de acciones…

Estos intentos no son “ingenuos”: en Catalunya hay un millón de inmigrantes procedentes de países islámicos (un millón, se dice pronto), por lo tanto, los “genios” que siempre se han sentado en los puestos clave de la Generalitat, votados por el pueblo catalán y avalados por la prensa catalana (igualmente subvencionada y para la que en Catalunya nunca pasa nada) opinaban que introducir capital procedente de países islámicos, aumentaría el flujo de turistas de estos países hacia Barcelona (que, a fin de cuentas, lo más que puede hacer actualmente es rivalizar con Marsellla en el dudoso honor de ser la ciudad más islamizada del norte del Mediterráneo).

Lo sorprendente es cómo diablos ningún economista más o menos novato pudo prever la inviabilidad de la compañía. Ya desde el 11-S de 2001 las compañías aéreas están en crisis. Además, intentar competir con el AVE Barcelona-Madrid era, literalmente, suicida. Y, finalmente, el pensar en una expansión en tiempos de crisis económica era tan absurdo como criminal. Esto sin contar con que los aviones de Spanrair estaban obsoletos, se habían vuelto peligrosos y en 2012 iban a ser necesariamente sustituidos (en concreto cinco Mc Donnell Douglas de distintos tipos), precisándose una inversión multimillonaria para sustituirlas.

En la actualidad, la Generalitat de Catalunya es propietaria del 52,60% de las acciones (así pues, es mayoritaria), un grupo de empresarios catalanes vinculados a los negocios del nacionalismo, Volcat, acapara el 20,80% y el Consorcio de Turismo de Barcelona (dependiente del Ayuntamiento) y Catalana d’Iniciatives (dependiente de la Generalitat y empresa que canaliza dinero público para empresas privadas), con un 15 y un 11% respectivamente. Y, finalmente SAS con lo que no pudo vender, el 11% del total.

Hacía tiempo que la compañía no iba bien –y de hecho no existía el más mínimo motivo para el optimismo- y en 2008 había tenido lugar un ERE que redujo plantilla y cerró bases excepto Madrid y Barcelona. Desde 2007 existía sospecha de gestión fraudulenta e incluso el Instituto Nacional del Consumo (INC) denunció a varias compañías aéreas por publicidad engañosa en su página web, como no incluir el precio final del billete en los anuncios, Spanair entre ellas.

¿Qué es lo más sorprendente en toda esta historia? Que el dinero público sirve para financiar empresas privadas. Y especialmente empresas privadas que ya sobre el papel se perciben como inviables se gestionen como se gestionen. Es fácil suponer porqué se hace todo esto. Cuando alguien llama a la puerta del Palau de la Generalitat de lo que se trata es de que traiga proyectos que tengan que ver con lo que el nacionalismo llama “la construcción nacional de Catalunya”, esto es la transformación de la autonomía catalana en una “nación” (a la vista de que se define como tal pero que, en realidad, solamente resulta muy forzado considerarla así y el hecho de que exista una burguesía catalana con intereses propios lo único que hace es definirla como “nacionalista”. Por lo demás, Catalunya nunca ha sido considerada una nación sino muy recientemente y aplicar el “principio de las nacionalidades”  (según el cual una comunidad que tiene lengua propia por ese mismo hecho es una nación…) a Catalunya equivaldría, como máximo a decir que estamos ante “un tercio de nación” pues no en vano solamente un tercio de la población que vive en Catalunya se expresa en catalán…

No, de hecho, cuando se presentan estos grandes negocios a la Generalitat, muchos de los que llaman a la puerta, que no son sino grandes apellidos vinculados desde generaciones al nacionalismo y frecuentemente intervinculados con otros apellidos por lazos familiares, lo único que pretenden es sobrevivir recibiendo sueldos extraordinarios el tiempo que se pueda aun a pesar de que estén al frente de negocios inviables. Las ubres de la Generalitat son grandes y dispuestas siempre a alimentar generosamente a sus hijos más significativos… pero no son tan grandes como para poder alimentar por tiempo indefinido el sueño loco de querer rivalizar en vuelos internacionales con Barajas.

Artur Mas dice que la compañía se ha hundido a causa de “Madrid”. No, en realidad, a la Generalitat, aunque dispusiera de efectivo, le hubiera sido muy difícil desviar más y más ayudas a Spanair. Las autoridades europeas de la competencia estaban sobreaviso y ya habían cursado anteriormente denunciar contra esta compañía. Y, por otra parte, tanto Vueling como Ryanair se le tenían jurada. Spanair estaba por todo esto condenada al fracaso y, a fin de cuentas, solamente ha servido para que unos gestores incapaces prolongaran durante un cuarto de siglo la vida de una empresa que a partir de 2001 empezó a albergar las más serias dudas sobre su viabilidad.

Nuestra clase política es “liberal”, Nuestra clase empresarial lo es igualmente. Pero todos los liberales del mundo, partidarios de la no intervención del Estado en los negocios, finalmente terminan implorando dinero público, esto es, ayudas del Estado, si de lo que se trata es de defender sus intereses.

Ahora resulta que no son solamente las cajas de ahorro las que han visto su gestión viciada por las autonomías y los nacionalismos, ahora resulta que son empresas, aparentemente privadas, aunque son participadas mayoritariamente por dinero público, las que con su mala gestión están arrojando al paro a miles de trabajadores. Y todavía quedan miles (se habla de 12.000 empresas) de empresas públicas vinculadas a los ayuntamientos, a las diputaciones, a las comunidades autónomas y al Estado, cuya situación, en general, es ruinosa y cuyo déficit no queda reflejado en las cuentas del Estado, lo que hace que el agujero negro económico de nuestro país en su conjunto sea mucho mayor de lo que reflejan las cifras.

Lo hemos dicho en otras ocasiones: el Estado de las Autonomías es inviable. En tiempos de bonanza económica absorbe recursos que, aun existiendo, son desmesurados. En tiempos de recesión y crisis, el esfuerzo es absolutamente inasumible y se traduce en una mayor presión fiscal sobre los ciudadanos y en un déficit insoportable. Spanair es una de esas compañías-trampa que estaban destinadas a caer y cuya caída va a costar 4.000 puestos de trabajo de una sola tacada.

Lo dicho, o Estado de las Autonomías o Estado del Bienestar, los dos no son posibles. Hagan ustedes su opción, yo ya la he hecho. Las autonomías sobran y todo el problema consiste en la forma en la que el Estado recupere lo antes posibles las transferencias de Sanidad y Educación y en cómo se disuelven 17 comunidades y un millón de funcionarios. Y el problema es grave y es uno de esos problemas que ni tienen solución hoy, ni lo tendrán mañana, pero que, o se resuelve o resultará insoportable para nuestro futuro.

Vayan pensándolo ahora que Spanair ha caído víctima del faraonismo de la Generaliat.

© Ernesto Milá – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Fracturas en el gobierno Rajoy

Fracturas en el gobierno Rajoy

Infokrisis.- Poco a poco van trascendiendo a la opinión pública las fisuras que han existido en el interior del gobierno Rajoy y que afectan a su equipo económico. La contradicción que apuntamos en estas mismas columnas hace solo dos semanas entre la línea seguida por Cristóbal Montoro (Ministro de Hacienda) y Luis de Guindos (Ministro de Economía). Ya era, dicho sea de paso, significativo que un ministerio que siempre había estado unificado se desdoblara en dos y si esto era así se debía a la doble necesidad de Rajoy de “quedar bien” con la patronal y con el capital nacional (y para ello estaba Montoro), de un lado, y de responder a las presiones internacionales de los “señores del dinero”, de otro, que exigían que en el puesto clave de la economía se colocara a uno de sus funcionarios (De Guindos que ocupaba un papel análogo al de Lucas Papademos en Grecia o a Mariano Monti en Italia, o incluso a Mario Draghi (actual presidente del Banco Central Europeo) todos los cuales fueron funcionarios de Goldman Sachs. De Guindos, lo fue de Lehman Brothers, el gigante caído de la banca especulativa y de la ingeniería financiera de alto voltaje.

Dos intereses contradictorios e irreconciliables

Si admitimos que Montoro está en el gobierno para tranquilizar a la patronal y a la banca española, garantizar que todo lo que se ve a hacer va a ser será en defensa de sus intereses, habrá que admitir que De Guindos está en la bancada azul para tranquilizar al capital internacional y asegurar, no solamente que España pagará sus deudas sino que los estos del patrimonio del Estado se venderán a bajo precio para ser adquiridos por los “señores del dinero” a los que De Guindos sirve con fidelidad perruna. El problema es que los intereses del “capital nacional” y del “capital financiero internacional” son, hoy en día, contradictorios.

Hasta no hace mucho se percibía –especialmente a la izquierda– que el “capitalismo” era un todo homogéneo. Se estaba contra el capitalismo al que se consideraba como patrimonio de la burguesía y punto… Hoy esa visión es insostenible, no solamente porque una cosa es la burguesía y otra muy distinta –contrariamente a lo que opinaba Marx– la casta poseedora del capital (y cuando hablamos de capital nos referimos a grandes acumulaciones de dinero real o virtual), sino porque existe una contradicción entre los intereses del capitalismo español, de la patronal e incluso de la banca española, y los intereses del capitalismo financiero multinacional y de la banca y las instituciones de crédito internacionales.

Esa contradicción es insalvable: ambos son dos estadios de desarrollo del capitalismo. Montoro, ahora mismo, representa a los intereses del capital español que aspiran a poco más que a un país en el que exista una legislación que les permita contratar a bajo precio y despedir gratuitamente y poco más. Por su parte, De Guindos, quiero otra cosa: que el Estado venda su patrimonio a bajo precio. Los aeropuertos, las loterías, las últimas empresas públicas rentables, incluso los edificios públicos en los que están instalados los ministerios, todo ello sacado a subasta para mayor beneficio del capital financiero internacional. Ese proceso se desarrolla paralelamente al desmantelamiento de la banca nacional fuertemente tocada por la crisis del ladrillo. En pocos años la mayoría de bancos españoles habrán sido víctimas de OPAs hostiles lanzadas por los “señores del dinero”.

Capitalismo internacional contra capitalismo nacional

Rajoy ha colocado a De Guindos y a Montoro para tratar de equilibrar dos tipos de intereses que son contrapuestos: el capitalismo nacional no sobrevivirá a los envites del capitalismo financiero internacional. Está demasiado debilitado por el proceso de globalización y por los errores cometidos (especialmente por la banca española) durante los años del ladrillazo. La tensión se ha desatado a partir de que el gobierno diera –por indicación de Montoro– marcha atrás en la privatización de las loterías y de los aeropuertos (Madrid y Barcelona, al parecer los de Castellón o Ciudad Real no les interesa al capitalismo financiero…). La reacción de De Guindos ha sido rápida y se han filtrado las tensiones en el interior del equipo económico del gobierno.

Y no disminuirán. El capitalismo es siempre depredador. Siempre tiende a devorar a los más pequeños. La banca española es grande en relación a las PYMES, pero de modestas dimensiones en relación a los grandes consorcios bancarios y financieros internacionales. El principio para ellos es que “bienvenidos sean los tiempos de crisis porque así compraremos barato”. Pero Rajoy ha detenido el proceso de privatizaciones: las ofertas eran escasas y mezquinas, de haber seguido adelante en la liquidación del patrimonio del Estado debería de haber explicado el por qué se deshizo de verdaderas joyas económicas a precio de saldo. Le lloverían ataques por todas partes y Rajoy precisa llegar a su primer año de gobierno con la menor erosión posible. Pero el tiempo es inexorable y lo destroza todo: nada evitará que en dos o tres meses no se hayan notado los efectos benéficos de las primeras reformas interpuestas por Rajoy, pero la población si haya notado la presión insoportable del pero, de la mezquindad salarial y de los recortes especialmente sociales.

Rajoy no ha empezado bien y la situación irá de mal en peor

No han empezado bien el gobierno Rajoy. A menos de un mes de su toma de posesión ya se adivinan nubarrones en el  horizonte y tensiones en el interior del equipo ministerios. Además, las medidas adoptadas no lograrán detener la pérdida de capacidad adquisitiva y, en este mismo contexto, hay que situar el acuerdo alcanzado ente los sindicatos y la patronal según el cual se autorizan subidas salariales de… un 0’5%, es decir que una vez más los salarios pierden capacidad adquisitiva y los propios aumentos son de una mezquindad inconmensurable (alguien que gane 800 euros al mes –y hay que recordar que más de la mitad de los españoles tienen salarios inferiores a 1.000 euros- percibirá un aumento de 4 euros… que, por lo demás, se los llevará la inevitable siguiente subida de impuestos en marzo-mayo.

Ahora lo único que resta saber es que estallará antes: si la revuelta social (o es que alguien duda de la actual crisis social va a desembocar en un estallido que convertirá en un juego de niños las fases anteriores de la crisis vividas hasta hoy, o el estallido del propio gobierno Rajoy. Desgraciadamente hemos visto una vez más que la ambición por gobernar está muy por encima de la capacidad para hacerlo.

Rajoy se perfila como la “gran decepción”, no como el anti-ZP que necesitaba la coyuntura. Era difícil hacerlo tan mal como ZP, pero ahora sabemos que era también muy difícil salir de la crisis: para ello era preciso tener el valor suficiente como para señalar que el origen de esta crisis es la globalización y la transformación de la economía de productiva en financiera. Rajoy ni siquiera tiene interés en señalar el enemigo, le basta tan solo poner parches aquí y allí y elegir un gobierno de contemporización con la crisis, plagado de contradicciones internas.

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

 

Racionamiento en EEUU

Racionamiento en EEUU

Infokrisis.- Hoy ha aparecido una noticia que algunos les puede parecer sorprendente pero que no es más que un síntoma de cómo está el “imperio”. Publicada en la edición digital de ABC, se titula: “Cupones de comida en la principal potencia”. En realidad, nada nos podía extrañar menos.

Desde que en 2005 en huracán Katrina llevó la destrucción a Nueva Orleans era evidente que los EEUU tenían un problema de infraestructuras y de movilización ante catástrofes naturales. Debió de pasar una semana sin que el poder estatal de Luisiana reaccionara y, finalmente, cuando los afectados llevaban ya una semana sin que nadie se acordara de ellos, llegaron las primeras ayudas. Esta fue la señal de alarma que confirmaba lo que algunos observadores de la sociedad norteamericana ya habían detectado casi una década antes.

Analfabetismo en EEUU

Hacia 1995 se supo que el número de analfabetos en los EEUU era desmesurado. Los analfabetos totales alcanzaban eran superiores a los de cualquier otro país del Primer Mundo. Los analfabetos estructurales (personas que han aprendido a leer y a escribir pero que no utilizan prácticamente esa habilidad y tienen dificultades para hacerlo) abarcaban a casi un 20% de la población norteamericana e incluso habían aparecido problemas en las fuerzas armadas dado que estas utilizan recursos tecnológicos de manera creciente cuyo dominio no está al alcance de muchos reclutas.

Con el tiempo, los datos han ido empeorando. En la actualidad obtienen títulos universitarios un número superior de norteamericanos que hace diez años pero la capacidad para leer y analizar datos entre los más educados bajó significativamente. Se realizó un “experimento social”: se pidió a un grupo de adultos con diplomas de educación terciaria que compararan los puntos de vista de dos editoriales de diario, o interpretaran una tabla sobre presión arterial. Sorprendió el que menos de la mitad pudo hacerlo bien. El Secretario Norteamericano de Estadísticas de Educación, Mark Scheneider, comentó: “Creo que estos resultados son realmente inesperados”.

Este informe llegó a la conclusión de que 1 de cada 20 norteamericanos es analfabeto y que el 29% de la población cuenta con una capacidad básica para la lectura y la informática. "Once millones de personas analfabetas en inglés es una cantidad espantosamente elevada, que no tiene acceso, por ende, a lo que ofrece EE.UU." dijo a Associated Press, Russ Whitehurst, director del Instituto de Ciencias de la Educación. Entre los hallazgos más significativos se vio que entre los adultos que habían seguido estudios terciarios o contaban con títulos universitarios, el 41% demostró ser competente, en contraste con un 51% hace una década. La competencia se mide por la habilidad para leer textos abstractos largos y complejos y para analizar información en documentos. Los hispanos mostraron una marcada baja en sus niveles, lo que puede explicarse por el aumento en la cantidad de inmigrantes de más edad que están entrando en el país. En 2003, el 44% de los hispanos fueron considerados analfabetos, en comparación con un 35% en 1992. Los hombres parecen estar perdiendo terreno frente a las mujeres. La habilidad promedio de las mujeres, en matemáticas e informática, aumentó 10 puntos en una década. La de los hombres se mantuvo igual.

Racionamiento entre la abundancia

Hoy se ha publicado que 46 millones de personas (algo más de la población española) comen en EEUU gracias a las cartillas de racionamiento, en total el 14% de la población. Estas cifras se han sabido porque en el curso de la campaña electoral recién inaugurada que culminará en noviembre con las elecciones presidenciales, los republicanos se han opuesto a esta política denostada como “sistema de bienestar socialista europeo”…

En efecto, el candidato Newt Gingrich echa la culpa a Barack Obama de la extensión del Programa de Asistencia para Nutrición Suplementaria (SNAP)… cuando en realidad a lo que debería aludir es a cómo es posible que en la primera potencia mundial la pobreza y el analfabetismo estén tan extendidos hasta el punto de que sea necesario regular un sistema de subsidios alimentarios idéntico al existente en los peores momentos de la postguerra. Gingrich es consciente de que los negros votan poco y de que un arquetipo que está presente en la sociedad norteamericana es que los negros son holgazanes y viven de las ayudas públicas.

En octubre de 2008 un total de 30,8 millones de estadounidenses requirieron el auxilio del SNAP; la cifra subió a 37,7 millones en 2009, pasó a 43,2 millones en 2010 y a finales de 2011 llegó al máximo de 46,3 millones. En cuatro años, se ha pasado del 10,5% al 14% de la población, y se ha doblado la financiación, alcanzando los 71.800 millones de dólares. Sorprendentemente los más necesitados en números absolutos son los blancos no hispanos (34% de los que se benefician del SNAP), seguidos de los negros (22%) e hispanos (17%). El programa creció con George Bush, quien rebajó las condiciones para poder acogerse a él, pero se ha disparado con la crisis económica.

Algunas conclusiones

EEUU es un gigante con pies de barro. La situación del “imperio” es económicamente insostenible (12 billones de euros de déficit), militarmente un fracaso (retiradas de Irak y Afganistán sin haber conseguido derrotar a las insurgencias locales, socialmente explosiva (las clases desfavorecidas están ya concienciadas de que jamás alcanzarán la capacidad adquisitiva de la minoría WASP y el conflicto social que se avecina será también un conflicto étnico). Para colmo, los valores hasta ahora dominantes en la sociedad norteamericana (los calvinistas: Dios gratifica a los justos con la riqueza) empiezan a perder hegemonía gracias a la influencia creciente de la minoría hispana (para el que Cristo es el profeta de los desesperados y de los humildes). Esa minoría encuentra en la familia su lugar tradicional de apoyo, mientras que los WASP sitúan a la célula familiar en un lugar muy secundario.

Estamos delante de un cambio histórico, social y político en los EEUU. El hecho de que el analfabetismo y las cartillas de racionamiento se hayan hecho habituales en el país indica solamente una mínima parte de las dimensiones de la crisis que es también y sobre todo, una crisis de valores y de modelos.

No, es difícil que el modelo norteamericano y el propio “imperio” sobrevivan mucho más allá de diez años. Se diría que los WASP han permitido que un mulato ocupara la Casa Blanca casi porque es mejor que a un miembro de otra raza  las generaciones futuras achaquen la responsabilidad de la crisis que están padeciendo hoy los EEUU. Crisis que amenaza con liquidar completamente al “imperio”. No seremos nosotros los que lloraremos porque Washington y sus valores dejen de ser el centro del mundo.

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Fraga: balance (negativo)

Fraga: balance (negativo)

Infokrisis.- Vaya por delante que la muerte de cualquier ser humano es una pérdida lamentable que nos recuerda lo fugaz de la vida, lo destructor del tiempo y el inevitable destino de lo humano. De ahí que lo escrito en este artículo sobre Manuel Fraga aluda a su papel como político y no a su dimensión personal.

Manuel Fraga durante el franquismo

De sus cualidades personales como opositor nato es imposible dudar. Es una característica propia de los líderes de la derecha el haber obtenido puestos funcionariales por oposición. Fraga, además se encaramó en ellas para asumir sus primeras responsabilidades políticas durante el franquismo. Fue, inicialmente, hombre de Ruiz Jiménez quien lo nombró para una cargo de segunda fila en el ministerio poco antes de dimitir y convertirse en “sor intrépida” (tal como se le llamó en la época) y pasar a dirigir lo que luego sería el “Equipo Democratacristiano del Estado Español” (sí, porque con Ruiz Jiménez empezó esa carrera por no “ofender” a nacionalistas catalanes y vascos).

Ocupó otros cargos en la Secretaría General del Movimiento (“Delegado de Asociaciones”). Quienes lo conocían decían que ya en esa época era prepotente, autoritario y alternaba momentos de gran tolerancia con otros de maltrato psicológico sobre sus subordinados. Era un tipo contradictorio, no solamente en carácter sino en orientaciones políticas. Y lo siguió siendo, porque la contradicción fue el leit-motiv de su vida.

Su cargo más famoso durante el franquismo fue, indudablemente, al frente del Ministerio de Información y Turismo cargo que ocupó desde 1962 a 1969. Fue uno de los ministros-estrella del período desarrollista que abarcó desde 1960 hasta el final del régimen y que estuvo marcado por la preponderancia del Opus Dei sobre otras fuerzas políticas. Su rival político fue el Secretario General del Movimiento, José Solís Ruiz (conocido como “la sonrisa del régimen”). Ambos cesaron al frente de sus cargos en 1969 cuando estalló el “affaire Matesa”, caso de corrupción en el que se vieron implicados miembros del Opus Dei. Solís apoyó al sector falangista, mientras Fraga hacía otro tanto con el sector opusdeísta. Y de ahí, al frente de la embajada en Londres.

El destino londinense le sirvió para contactar con los conservadores europeos y, según la leyenda que él mismo urdió en torno a su “conversión”, fue allí en donde se volvió “demócrata”. Antes no lo era. De hecho, con Fraga el régimen franquista aprende lo eficacia de la intoxicación informativa (en 1965 llegó a editarse en el ministerio una edición falsa de Mundo Obrero, el semanario de Partido Comunista. Cuando el estudiante Enrique Ruano falleció en un lamentable accidente, Fraga ordenó a Torcuato Luca de Tena el publicar fragmentos manipulados del diario íntimo de Ruano en el ABC en lo que constituyó una de las acciones más sucias realizadas durante el franquismo. También se bañó en Palomares tras perderse unas bombas atómicas norteamericanas y ordenó decir que no había contaminación radiactiva… cuando sí la había y la sigue habiendo incluso hoy cuarenta y cinco años después.

Pero sin duda la “medida estrella” de Fraga fue la Ley de Prensa e Imprenta, gracias a la cual pudieron aparecer diarios y revistas “aperturistas”: Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, y demás publicaciones que pronto fueron copadas por miembros de la oposición democrática. Luego hizo aprobar la Ley de Libertad Religiosa muy criticada en su época al romper el monopolio religioso del catolicismo. A partir de esa ley el Islam se pudo expresar libremente en nuestro país. Ahora ya sabemos a quien reclamar daños y perjuicios…

Fraga fue, en realidad, un “aperturista” durante los años 60, pero también uno de los personajes más siniestros del régimen como hemos visto. Su estancia en Londres le sirvió para hacer olvidar sus manejos en las “alcantarillas” del Ministerio de Información y Turismo. A él se le debe también la conversión de España en “paraíso turístico” (bajo el lema “Spain is diferent”) que ha consagrado a nuestro país como triste “zona de servicios” y “periferia” de Europa.

Manuel Fraga en la transición

El carácter siniestro de Fraga volvió a reverdecer durante el tiempo en el que fue Ministro del Interior y, por extensión, en todo el período que abarca desde 1976 hasta 1981, desde la muerte de Franco hasta el 23-F. Todavía no se ha hecho una valoración objetiva de la actuación de las “alcantarillas” en ese período pero es lícito recordar que a partir del Montejurra-76 (cuando Fraga deja que dos grupos carlistas rivales se enfrenten a tiros), Fraga ya tenía claro el “sin enemigos a la derecha” que todavía hoy mantiene el PP y que establece que el mapa político español “debe” terminar con el Partido Popular y que nada, absolutamente nada a su derecha, debe tener derecho a la existencia.

Fraga consiguió que en los acuerdos secretos de la transición entre los “franquistas evolucionistas” y la “oposición democrática”, estos aceptaran su exigencia de que el futuro mapa político de España no contemplaría ni opciones más allá del PSOE, ni más acá del PP. Y no sólo eso, sino que, a la vista de que esas opciones existían (y tenían una existencia mucho más real que las pequeñas capillas de los evolucionistas y de los minúsculos “partidos demócratas) había, simplemente, que destruirlas. Y así se hizo recurriendo de nuevo a las “alcantarillas”.

Pero Fraga hizo algo más: engañar y mentir a las entonces llamadas “fuerzas nacionales”. El corre-ve-y-dile de la operación fue el exministro de educación franquista, Cruz Martínez Esteruelas, a través del cual Fraga hizo creer a Blas Piñar que Alianza Popular (el precedente del actual PP) estaría dispuesta a una coalición con falangistas y fuerzanuevistas en las elecciones de 1979. La ficción fue mantenida por el diario El Alcázar y, por supuesto, resultó ser completamente falsa. Pocas horas antes de cerrarse el plazo de admisión de candidaturas, Martínez Esteruelas comunicó que Fraga no había aceptado el pacto. Se trataba solamente de un señuelo para distraer a las “fuerzas nacionales”, señuelo puesto en marcha por Fraga con toda la rapacería de la que era capaz.

Hubo, por supuesto, muchas más gestiones de Fraga al frente de interior en aquellos años. Recuérdese lo de “la calle es mía” que costó el que la policía disparó indiscriminadamente en Vitoria causando la muerte de cinco obreros, siendo el episodio más luctuoso de un período extremadamente duro de nuestra historia. Para colmo, Fraga fue partidario desde el principio de legalizar al Partido Comunista de España tal como declaró el 19 de junio de 1976 (el PCE sería legalizado 10 meses después) a Cyrus Sulzberger del New York Times… sólo que Fraga era partidario de legalizarlo después de las primeras elecciones democráticas (cuando daba por supuesto que los socialistas acapararían todo el voto de la izquierda a pesar de haber estado ausentes por completo de España durante el franquismo… era uno de los pactos secretos de la transición).

Fraga hizo algo más en favor del PCE, dirigido por el asesino de Paracuellos: presentó a Carrillo en la sociedad española, introduciéndole en el Club Siglo XXI, avalándolo y arropándolo en la conferencia que dio en aquel foro. A partir de esa conferencia, Carrillo pasó de ser el “verdugo de Paracuellos” (título que el propio Fraga había utilizado durante su período al frente del ministerio) a ser “un político respetado y responsable”…

La transición terminó el 26 de febrero de 1980 cuando Carrillo, del brazo de Suárez, con Felipe González a su vera y Manuel Fraga en el centro, encabezaron la manifestación de protesta contra el golpe del 23-F. Esa manifestación selló el fin de la transición y el principio de la democracia propiamente dicha. Fraga estaba allí para celebrarlo en primera fila. Esa era su obra.

Manuel Fraga en democracia

Fraga albergaba un sueño: ser presidente del gobierno. No advertía que su pasado polémico como funcionario franquista le vedaba para ese cargo. Los resultados de las primeras elecciones fueron malos o muy malos. Alianza Popular nunca despegó completamente y siempre se vio superada tanto por UCD como por el PSOE. Fraga no inspiraba confianza. Por otra parte, él se quería demócrata pero su carácter era autoritario y prepotente y no estaba dispuesto ni a dimitir de su cargo al frente de la derecha liberal ni mucho menos a dirigir su partido democráticamente.

Jorge Verstrynge fue quizás el primero en advertir que el techo de AP con Fraga al frente era bajo o bajísimo y encabezó una maniobra para desplazarlo a la autonomía gallega que, por entonces se acababa de constituir. Y Fraga montó en cólera. Relevó al secretario general, le hizo la vida imposible dentro del partido y Verstrynge terminó dimitiendo. Lo que no fue óbice para que luego, quienes lo sucedieron, primero Hernández Mancha y luego Aznar, lo enviaran primero al parlamento europeo y luego a… Galicia.

Y entonces Fraga se travistió de galleguista de estricta observancia. Allí estuvo 15 años; no fue sin duda lo que él hubiera deseado para su jubilación, pero fue al menos el premio de consolación. Su gestión no fue una buena  gestión. Empezó proclamando la necesidad de una “administración única” (que afortunadamente su partido no asumió). Consistía en liquidar la administración del Estado y considerar a las “autonomías” como la “administración” por excelencia. De haber triunfado esta tesis, es difícil que España hubiera soportado las tensiones autonómicas y presumiblemente ya estaría rota. En cierto sentido la administración estatal es lo que garantiza la existencia de una superestructura unitaria, algo que la “administración única” de Fraga liquidaba en beneficio de 17 autonomías que, en su conjunto… formarían la administración del Estado.

Además de esta enormidad conceptual, el período de Fraga evidenció que todavía quedaba mucho caciquismo en Galicia. La política faraónica de las administraciones autonómicas no fue menor en la Galicia de Manuel Fraga: intentó controlar a los medios siguiendo la técnica utilizada por CiU en Catalunya, financiando y subvencionando a los medios de comunicación, impulsó el monocultivo del eucalipto, estableció canteras en lugares de importancia paisajística y, para colmo, fundió cientos de millones en la llamada Cidade da Cultura. Mucho fue el dinero que movió la Xunta en su gobierno y mucho, por tanto, fueron las comisiones y la corrupción.

Se tiene tendencia a pensar que las embajadas autonómicas en otros países es cosa de la Generalitat de Catalunya. Fraga se les adelantó siendo el primer presidente autonómico que intentó tener una presencia activa en el exterior… cultivando la amistad, mire usted por dónde, con Fidel Castro. Para Fraga era más importante que los antepasados de Castro hubieran sido gallegos que el que hubiera transformado a la isla de Cuba en una macrocárcel.

Conclusión: éste es Fraga y esto es el PP

Este es Manuel Fraga Iribarne, fallecido esta semana. Desató polémicas allí donde fue. Sus partidarios, todos ellos miembros de la derecha liberal, conservadora y democrática, le tienen como a un mito. El resto de la sociedad no es de la misma opinión. Habituado al trabajo de las alcantarillas, al “donde dije digo, digo Diego” y a tomar una postura y poco después la contraria con la misma facilidad, se suele decir de él que era un “hombre honesto”.

Honesto, pero no hizo nada para erradicar la corrupción ni siquiera de su Galicia natal. Tampoco hizo nada para que existiera una ley de partidos, ni alejó de AP a quienes ya por entonces empezaban a hacer de las corruptelas su actividad particular. Si primero hubo el Caso Naseiro y luego el Caso Gürtel, es seguramente porque Fraga se negó a que la lucha contra la corrupción fuera prioritaria. El resultado lo tenemos a la vista: la democracia española tiene como factor identificador a la corrupción. Sólo que en Galicia, algo más atrás en la evolución de la sociedad española por su particular configuración en pequeños núcleos rurales, el caciquismo (extendido a toda España durante la restauración) sigue teniendo arraigo.

Fraga es uno de los grandes responsables de la situación político-económica actual. Ya hemos visto que fue uno de los que promovieron el turismo como elemento esencial del modelo económico español. Fue uno de los “padres de la constitución” (o mejor dicho, de ese disparate llamado “constitución española”). Si bien criticó el Título VIII de la Constitución ni hizo nada por reformarlo, ni siquiera para que su partido lo propusiese, simplemente se fue a Galicia a gobernar allí con la grandeza y el boato con que hubiera querido gobernar en La Moncloa.

Dicen de él que fue un “estadista”. No lo fue, fue un político oportunista: franquista durante el franquista, aperturista durante la transición y demócrata bajo la democracia. Dicen que fue un hombre de grandes principios éticos y morales y de una honestidad a toda prueba. Lo será para unos, pero si la medida de los hombres la dan sus construcciones, Fraga fue como cualquier otro presidente autonómico: demagogo, dramatizando su papel como arraigado populista en la tierra en la que le vio nacer… y, por supuesto, no hizo nada para erradicar la corrupción, ni para prever que el modelo turístico español, unido al ladrillo, nos situaría ante la crisis económica más brutal de nuestra historia, se limitó a promocionar la lengua gallega por encima de la lengua vehicular de todos los españoles. Tal como hizo CiU en Catalunya y el PNV en Euzkadi…

Este era Manuel Fraga, ninguna ganga como se puede ver…

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

O ellos o nosotros...

O ellos o nosotros...

Info-krisis.- En un artículo estamos siempre obligados a esquematizar. En el fondo una esquematización no es más que una simplificación que no se aparta de la realidad, a diferencia de una “idealización” que es una esquematización desmesuradamente favorable que persigue algún fin,  o de una “demonización” que es justo lo mismo pero en sentido denigratorio. Lo que cuenta siempre es la realidad objetiva antes que cualquier tipo de idealización o de demonización.

Y la realidad objetiva dice que hay dos elementos que son dominantes en el panorama político español: de un lado, los cuatro partidos mayoritarios han sentenciado indubitablemente la muerte del “estado del bienestar” y de otro llevan casi cuatro décadas glorificando al llamado “estado de las autonomías”. No lo dicen explícitamente pero su intención es liquidar el “estado del bienestar” y “completar”, “perfeccionar” o “profundizar” en el “estado de las autonomías”.

Se tiene tendencia a decir que el “estado del bienestar” es caro de mantener, que genera injusticias sociales y parasitismo, que es inviable a la vista de que la pirámide demográfica juega en su contra y que nos tenemos que hacer a la idea de que tenderá a desaparecer. Nunca volverán sistemas de seguridad social que impliquen medicamentos gratuitos, que garanticen la revalorización de las pensiones por encima del aumento del coste de la vida y que deberemos habituarnos a ver reducidas progresivamente las prestaciones y los servicios sociales: si alguien quiere algún servicio más allá de los mínimos y si lo quiere de calidad, que se lo pague, tal es el mensaje de los apóstoles del liberalismo extremo que han encontrado en los socialdemócratas a sus cómplices ideales en su tarea de liquidar el modelo de Estado surgido desde la primera mitad del siglo XX –hay que decirlo- desde que entre Henry Ford creó el Ford T y Hitler impulsó el Volkswagen… Luego, en la segunda mitad del siglo, con la aplicación de las políticas keynesianas el “estado del bienestar” creció y, aunque lo hizo de manera desigual, en toda Europa se instauró un modelo de Estado que anteponía la seguridad y el bienestar de los ciudadanos a cualquier otro principio. En España, fueron los años 60 en los que la seguridad social, la jubilación y la educación tomaron cuerpo junto a otros elementos propios del desarrollo de la época (la industrialización y la creación de infraestructuras).

Pero luego, a partir de que se afirmara el neo-liberalismo (primero a partir del ensayo chileno con la Escuela de Chicago instalada allí, luego a partir del binomio Tatcher-Reagan en los 80 y, finalmente a partir de la globalización en los 90), la progresiva disminución del estado del bienestar se hizo al ritmo que lo permitían los intereses electorales de los partidos de gobierno. Hoy, la ideología dominante da por finiquitada la época en la que el “estado del bienestar” e incluso en las tertulias y los debates nadie se atreve ni siquiera a cuestionarlo a pesar de que la inmensa mayoría de la población es quien debería desear su mantenimiento. De todas formas el impacto de los medios de comunicación social a merced de los grupos mediáticos y de los consorcios financieros es tal que el elector ya no le importa siquiera votar a quienes les han asegurado que van a restarle derechos y beneficios sociales…

La cuestión es si es cierto que el “estado del bienestar” es inviable. En realidad, si se ha mantenido durante unos años, no debería de serlo. Además se da otra circunstancias, el Estado dilapida recursos y medio progresivamente que no benefician al ciudadano sino a la clase política dirigentes. Así pues, la alternativa sería: si en las actuales circunstancias es inviable el “estado de las autonomías” esto ocurre porque una clase política depredadora quiere un enriquecimiento rápido y lo obtiene solamente en la medida en que sus intereses coinciden con los de la alta finanza internacional de la que, a fin de cuentas y en última instancia la clase política son sus perros de presa.

Estamos en tiempos de crisis y el presupuesto del Estado no da para todo: sería, desde que Platón escribiera la República, la primera vez que una clase política renuncia a un privilegio o a un ventaja, así que no podemos pensar que van a renunciar a nada de lo que tienen (fundamentalmente a las llaves de la caja y a repartirse el presupuesto y las comisiones como quieren y por tiempo indefinido) para practicar “políticas sociales”. Así que es imposible desvincular el “rescate” del “estado del bienestar” de una reforma general del aparato del Estado y de la moral de la clase política.

¿Por qué la clase política dice que el “estado del bienestar” es caro y no se puede mantener? Porque antepone sus intereses de casta a los intereses populares. ¿Cómo logra desviar ingentes cantidades de dinero hacia sus bolsillos, fondos que podrían ser utilizados en servicios sociales y en reforzar el bienestar de la población? Respuesta: muy sencillo, multiplicando las estructuras parasitarias del Estado y los niveles administrativos y creando al frente de los miles y miles de pequeñas oficinitas y centros minúsculos de decisión a miembros de la clase política (o a cuñados, sobrinos, hijos, testaferros, etc.). Así pues, una reforma general del Estado implica, sobre todo, una reforma de la administración y una eliminación drástica de los niveles administrativos. Uno de ellos particularmente…

Desde 1979 no hay absolutamente nada que sea más gravoso para el Estado que las Autonomías. En aquella época vivíamos todavía la resaca del jacobinismo franquista (extraño jacobinismo puesto que esta doctrina fue fruto de la revolución francesa de 1789 cuyos valores el franquismo no compartía y mucho más exótico aún si tenemos en cuenta que una de las fuerzas políticas que apoyaron al franquismo fue el carlismo cuyo foralismo iba en contra de la homogeneización jacobina… pero esta es otra historia) y se consideraba que cualquier cosa que acercara la administración al ciudadano era positiva y había que aceptarla. Además en Catalunya, Euzkadi y Galicia existían partidos nacionalistas y estatutos de autonomía históricos que se reimplantaron (también en buena medida como revanchismo y también para enlazar con la “legitimidad” republicana anterior). El problema vino cuando UCD implantó el “café para todos” y extendió a todas las regiones el modelo autonómico. Eso fue el origen del “Estado de las Autonomías” cuyas excelencias no han ido cantando durante todas las décadas en las que iba aumentando el gasto público, pero ¡no en dirección al bienestar social sino en la creación de ese nuevo escalón autonómico que se unía a las Diputaciones Provinciales residuo decimonónico desprovisto prácticamente de funciones pero con excedentes funcionariales interminables!

Ahora estamos en un momento en que al déficit del Estado se le une el déficit de los ayuntamientos, el de las comunidades autonómicas, el déficit de las diputaciones y el déficit de las empresas y de las familias… demasiado déficit para una sociedad cada vez más triturada por los impuestos y cada vez más abocada al paro y a la precariedad. Así pues, es necesario ELIMINAR ESCALONES ADMINISTRATIVOS.

A nadie se le escapa que las Diputaciones Provinciales carecen de funciones precisas y las que poseen en la actualidad podrían ser perfectamente asumidas por las Delegaciones del Gobierno. Sobran. Es cierto que su liquidación entrañaría no menos de 100.000 funcionarios en la calle entre contratados, fijos y, sobre todo, asesores y titulares. Es conocido que los segundas y terceras filas de los partidos políticos, sin muchas luces y con exceso de ambiciones son destinados a estas canonjías en donde tienen hueso que roer y presupuesto que esquilmar durante años. Sobran y nadie llorará –salvo la clase política- cuando se disuelvan.

Pero eso no bastaría para simplificar la administración. Hay otro escalón que hoy ya es lícito cuestionar sin que nadie sospeche de tentaciones jacobinas. Las autonomías. Diecisiete autonomías son muchas autonomías, y cada una de ellas se configura como un pequeño Estado dentro del Estado. Demasiado para 40 millones de personas y demasiado para nuestro momento histórico marcado a fuego por la crisis económica y la corrupción. La lógica, hace unos años, cuando se podía, se hubieran reducido el número de autonomías: ¿qué sentido tienen autonomías uniprovinciales como Murcia, Madrid o Cantabria? ¿O qué puede justificar el que Ceuta y Melilla estén separadas de la autonomía Valenciana? Hubiera sido traumático quizás para algunas taifas autonómicas, pero hubiera agilizado y aligerado mucho el aparato autonómico del Estado si en lugar de 17 se hubieran reducido, por ejemplo, a 10. Hoy, ni siquiera esto es posible.

Hoy el nivel de la deuda autonómica es tal que supone más de la mitad de la deuda total del país. Los “recortes” que las autonomías realizan apenas son mera cosmética: se despiden a los contratados prescindibles (se sustituyen por becarios) y se mantiene al aparato central de nepotismo, enchufismo y amiguismo… Ya se ha visto y no funciona. Cuando las curas paliativas de una úlcera no funcionan, es preciso sajar y amputar el miembro. Tal es la única alternativa viable en la actualidad: liquidar por la vía de apremio el Estado de las Autonomías, que el Estado recupere de nuevo las competencias que descentralizó, que las siga manteniendo descentralizadas, pero sin la existencia de 17 pequeños parlamentitos que “legislan” minucias y fruslerías sin interés, 17 pequeños gobiernos autonómicos, 17 aparatos mediáticos de comunicación pagados por los ciudadanos, todos ellos pequeñitos, redonditos y deficitarios, y 17 fotocopias reducidas del Estado. Ya hemos visto su utilidad y su techo: generan más problemas que otra cosa. Complican la tramitación de expedientes porque han sustituido (y Catalunya en esto es paradigmática, el “centralismo madrileño” por el centralismo de la capital autonómica elevado a la enésima potencia). Y son caros: nunca tanta falla dio tan poco chispa.

De hecho, lo único que le debería de interesar mantener al ciudadano es el “estado del bienestar” porque él es el beneficiario. Y si hay que prescindir de algo, es bueno que el ciudadano, anestesiado por el “Sálvame”, narcotizado por el bombardeo de información, desmovilizado por su propio aluvión de problemas, tome la palabra y defienda “lo suyo”, antes que lo “de otros”: y lo de otros es el “Estado de la Autonomías”, son las Diputaciones Provinciales, es el entramado parasitario creado desde 1978 por los gestores del régimen y que hace necesario arrinconar poco a poco el “estado del bienestar” porque, como “los inmortales”, al final solamente puede sobrevivir uno. Y de lo que se trata es que ese “uno” sea la sociedad, no la clase política.

Por eso, recomendaríamos a todos nuestros amigos y a todos aquellos ciudadanos a los que les quede algo de sentido común como para no actuar contra sí mismos (quien lo hace, semánticamente, es un “gilipollas” en su sentido pristino y originario) les animamos a denunciar el carácter deletéreo y despilfarrador de las autonomías y de todo lo que viaja con ellas, incluido ese bagaje emotivo y sentimental propagado por los nacionalismos, y exigir de una vez por todas que la necesario REGENERACIÓN DEL ESTADO incluya especialmente LA DISOLUCIÓN DEL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS, al grito de ¡ELLOS O NOSOTROS! ¡O ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS O ESTADO DEL BIENESTAR!

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

 

 

Segunda edición

Segunda edición

Se acaba de reimprimir el volumen Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI, Manual de Doctrina Identitaria, un volumen de 156 páginas con el que EMInves inicia la publicación de un serie de Cuadernos Básicos para la formación política y doctrinal. Esta colección está especialmente orientada para ampliar los argumentos de los militantes y servir como instrumento de reflexión. El siglo XXI será el siglo del choque de identidades. De ahí la importancia de dominar este concepto, conocer sus implicaciones y su alcance y diferenciarlo, todo ello para ser capaces de definir nuestra identidad. Un volumen imprescindible para quien se dice identitario y está dispuesto a defender su identidad.

Sumario


Capítulo I
Conceptos básicos. Nacionalismo – patriotismo – Nación – Patria – Nacionalidad – Imperio   
           

- Diferencia entre “imperio” e “imperialismo”               
- Diferencia entre “patria” y “nación”            
- Diferencia entre “patria” y “Estado”             
- Diferencia entre “nación” y “nacionalidad”             
- Diferencia entre “nacionalismo” y “patriotismo”             
Coda          

Capítulo II
10 Tesis sobre el patriotismo
         


I Parte: la teoría
1ª Tesis: El patriotismo es una virtud del espíritu    
2ª Tesis: El patriotismo es la modulación humana del instinto territorial presente en las especies superiores
3ª Tesis: El patriotismo es completamente diferente al nacionalismo    
4ª Tesis. El patriotismo está situado más allá del  racionalismo y del irracionalismo     

II Parte: La práctica
5ª Tesis: El patriotismo es cosa de todos         
6ª Tesis: El patriotismo no es ni puede ser un rasgo de identificación política  
7ª Tesis: La falta de patriotismo deriva del racionalismo extremo, extrema negación de lo humano      
8ª Tesis: Las desviaciones, exageraciones y sobreactuaciones dañan al patriotismo     
9ª Tesis: Politizar el patriotismo es matarlo         
10ª Tesis: No es el patriotismo el que define una opción política sino la idea de “identidad”        

Capítulo III
Arraigo y doctrina del arraigo
   

- Irracionalidad y naturaleza humana  
- Arraigo y partidos nacionalistas     
- El imposible arraigo en las grandes ciudades         
- La relocalización de los campos de cultivo  
- Arraigo e identidad: pesos y contrapesos      
- Arraigo y globalización       
- La lucha contra la globalización          
- La respuesta a las cuatro vertientes de la globalización   
- El Estado Nacional        
- Nacionalismo y patriotismo      
- Imperium
- La teoría de los tres círculos         
- Las tres componentes de Europa        
- El espíritu de Europa, nuestro espíritu       
- Tres círculos de proximidad.
- El papel de las patrias carnales  
- Hispaniae, el origen histórico de España    
- Las “nacionalidades”       
- Autonomías y “fides”    
- La tarea identitaria en los tiempos modernos     
- Lo necesario de la trinidad identitaria  
- Los 3 círculos identitarios en la lucha política       
- Por un pensamiento “arqueofuturista”       

Capítulo IV
La familia en Europa. Célula identitaria básica


Capítulo V
La inmigración en 10 puntos
  


Capítulo VI
El Islam contra Europa   


Características del volumen:

- 156 páginas
- formato: 13x20 cm
- portada cuatricomía peliculada

Precio y pedidos:

- p.v.p. unitario: 14,00 euros (+ 3,00 euros de gastos de envío)
- para pedidos de librerías y grupos iguales o superiores a 10 ejemplares: 7,00 euros
- pedidos: eminves@gmail.com
- en el momento de realizar el pedido se indica la forma de pago (ingreso en cta.cte. o mediante pay-pal)

De Guindos el quintacolumnista

De Guindos el quintacolumnista

Infokrisis.- Vamos a plantear el estado de la cuestión: la banca española entre 2002 y 2007 falseó las tasaciones de los inmuebles que hipotecaba. Se procedió primero a una sobretasación de los mismos que oscilaba entre un 30 y un 50%. Para colmo, a partir de 2002 en lugar de dar solamente el 80% del valor de la tasación, se pasó a dar incluso hasta el 120%. La cosa, como era de prever fue bien… hasta que los inmuebles dejaron de revalorizarse un 15%, se estancaron y empezaron a perder valor. Los bancos, a partir de ese momento, empezaron a ejecutar hipotecas y a quedarse con los inmuebles previamente hipotecados. Reflejaron la operación en los apuntes contables anotando el precio de la tasación inicial… Absurdo, pero no por ello menos real. Esta operación genera en que el mundo real vaya por un lado y el contable por otro…

En efecto, los bancos españoles hoy son las primeras inmobiliarias de éste país. No hay ninguna empresa especializada en venta de inmuebles que pueda competir con ellos. Para colmo, claro está, los bancos conceden especialmente hipotecas a quienes comprar pisos de su propia cartera. Y, a pesar de que una ejecución de hipoteca indica un “fracaso” en la concesión de una hipoteca, el hecho de que se anote la ejecución con el valor del momento en el que se vendió y no en el momento actual (en el que los inmuebles han perdido por término medio un 30% del valor que tenían en 2007 y probablemente pierdan otro 30% en los tres años que vienen), hace que el resultado contable dé beneficios por todo lo alto… beneficios contables, no beneficios reales.

Por ora parte, esto mismo tiene como resultado el que los bancos se niegan a bajar drásticamente el precio de los inmuebles de sus propias carteras. Así pues, los pisos no se venden porque los bancos estaban tranquilos al poder utilizar los procedentes de ejecuciones hipotecarias como “activos sobrevalorados”. Y nadie les decía nada: el gobierno de turno estaba contento porque “nuestro sistema bancario goza de una salud excepcional”, y los directivos de los propios bancos presentaban cada año más y más beneficios improbables. Hasta que el caso de la banca española se ha conocido en los mentideros económicos internacionales. Las primeras víctimas han sido las cajas de ahorro a causa de su pésima gestión, de su implicación en las inversiones absurdas e inútiles de los gobiernos autonómicos y de las vinculaciones entre gestores y clases políticas locales. Las fusiones no han saneado del todo el sector y a ellas seguirán los procesos de compra por parte de entidades mayores e incluso la desaparición de algunas de ellas.

Pero el “sistema bancario” sigue sin sanearse porque los grandes bancos tienen hoy beneficios justificados no por inversiones lucrativas, sino por la posesión de activos espectaculares que no son el producto de un volumen de negocio real sino de ingeniería contable muy elemental por lo demás. Digamos que nuestros bancos tienen ganancias porque el gobierno les ha permitido practicar esa ingeniería contable, de lo contrario haría tiempo que hubieran entrado en pérdidas.

La semana pasada Rajoy lanzó la propuesta de rebajar el valor de los activos inmobiliarios “a niveles realistas”. Y, en principio, parecía una e las medidas más juiciosas del gobierno… si de lo que se trata es que la “economía virtual” pase a ser “economía real”. Pero, una media así, aislada, no solamente es peligrosa sino que también puede ser contraproducente.

En efecto, en el momento actual y en la economía globalizada “el pez grande se come al chico”, lo que traducido quiere decir, que una muestra de debilidad en la banca española equivaldría a su devaluación en los mercados y a su compra a bajo precio en Bolsa después de OPAs hostiles. Se suele decir que la “banca no tiene patria” y, efectivamente, lo que tiene la “banca española” de “español” es poco menos que cero, ahora bien, no es menos cierto que para dar impulso a la economía de un país, dentro de un modelo liberal, la banca privada tiene la función de dar crédito a los “clientes” que tiene más próximos, es decir, a los ciudadanos de una nación dada. Harina de otro costal sería si la entrada en pérdida de la Banca española sirviera para que fuera comprada por el Estado y convertida en Banca pública, pero no debemos de creer que eso puede ocurrir, sino todo lo contario…

En realidad, hay que pensar que si esta propuesta ha sido lanzada por el gobierno Rajoy, es De Guindos quien la ha completado y avalado hoy martes. Y De Guindos es –no hace falta recordarlo- el funcionario de la alta finanza y del capital internacional. Cualquier movimiento que hace De Guindos lo hace para satisfacer a sus patrones, no para beneficiar ni al gobierno Rajoy, ni mucho menos –por supuesto, ¡hasta ahí podíamos llegar!- al pueblo español.

El hecho de poder hacerse con el control completo de la banca “española” es un plato de gusto para la alta finanza internacional. Pero, ya se sabe, que primero hace falta devaluarla, bajar su precio y su cotización en los mercados. La intención de la alta finanza no consiste en estimular la economía productiva en lugar de la especulativa, sino todo lo contrario, en convertir la economía en un instrumento exclusivamente especulativo cada vez concentrado en menos manos.

Y es por todo ello que una medida que, en medio de un paquete de medidas destinadas a eliminar el peso de la economía especulativa como es ésta de reflejar el valor real de los activos bancarios, corre el riesgo de convertirse en una fuente más de problemas.

Las fases que se van a suceder en los próximos dos años son:

- Decreto para reflejar los activos de los bancos a tasación realista.

- Entrada en pérdida de los bancos y dificultades para proveer las reservas.

- Ayuda del Estado para sanear los bancos con dinero de todos (en lugar de fiscalización del negocio bancario y transformación de los bancos no rentables en banca pública)

- Pérdida de valor de los bancos españoles.

- OPAs hostiles por parte de la alta finanza internacional o bien compras de paquetes de acciones a bajo precio.

- Nuevo modelo bancario orientado hacia la especulación y desentendido de la economía real y del papel históricamente asignado a la banca: dar crédito a ciudadanos y empresas.

- Agonía de las pequeñas y medianas empresas, recesión del consumo a crédito y mayores tasas de paro y de desertización industrial

Dicho con otras palabras: es necesario que los bancos (y cualquier entidad) reflejen en su contabilidad el valor real de sus activos… pero es todavía más necesario que ese objetivo no vaya en detrimento del ciudadano y de las pymes y, por tanto, no puede ser una medida aislada, sino que debe formar parte de un paquete de medidas destinadas a reactivar la economía, reindustrializar el país, reconvertir la economía de “especulativa” en “productiva” y, naturalmente, no poner una alfombra roja para que la apisonadora de la alta finanza internacional machaque a todo el país.

Y, hasta ahora, Rajoy sigue sin gobernar. El presidente del gobierno elegido en las urnas el 20-N sigue sin ofrecer expectativas a la sociedad española fuera del consabido “sangre, sudor y lágrimas” y ni siquiera se ha atrevido a realizar una previsión racional de cuándo mejorará la situación. Su ministro Montoro se ha estrenado en el parlamento con un cursi discurso dirigido a “los miembros y miembras del Parlamento”… y no iba en broma. La estupidez en la clase política es contagiosa y la falta de perspectivas del discurso de Montoro quedarán ocultas tras el relumbrón de esta frase idiota que demuestra que, incluso en lo accesorio y en las horteradas, PP y PSOE, lejos de utilizar el “masculino genérico” aprobado por la Real Academia, tienen la mano al signo de los tiempos: la tontería. No es Montoro quien gobierna, sino De Guindos. Y De Guindos lo hace por cuenta de la alta finanza a la que ha servido durante toda su vida como probo funcionario. Ahora se ha sabido que Rajoy ni siquiera fue consultado para colocar en la cúpula del ministerio de economía a Carmen Vela que hasta la noche del 20-N había hecho campaña por el PSOE y por ZP como eximia miembro del gremio de la zeja. Rajoy deja hacer a De Guindos, e incluso hay que plantearse si Rajoy es consciente de que De Guindos le generará a corto plazo el mayor de los descréditos y ni siquiera resolverá la situación económica del país… porque hasta ahora, todo lo que hemos visto han sido MEDIDAS PARA PAGAR LA DEUDA CONTRAIDA CON INSTITUCIONES FINANCIERAS INTERNACIONALES y ni una sola medida, ni una sola para ALIVIAR LA PRESIÓN DE LAS CLASES MEDIAS Y DE LAS CLASES TRABAJADORAS.

Y así, con una previsión del 30% de paro y 6.000.000 de parados para diciembre de 2012 y con 7.000.000 de inmigrantes (más de un millón naturalizados españoles), Rajoy caminará por la senda de la catástrofe económica cada vez más agudizada que empezó a cavar Felipe González (con la mala negociación para la entrada de España en las Comunidades Europeas), que amplió Aznar (con la creación de un modelo económico suicida basado en crédito fácil, salarios bajos, ladrillo e inmigración) y que ZP no supo ni reconducir ni manejar (dilapidando el superávit en pocos meses). Rajoy no será el único responsable de lo que ocurra en los dos próximos años –como no lo era ZP en exclusiva, el cual se encontró con que le estalló entre las manos el modelo de Aznar que él no hizo nada para rectificar y como Aznar se encontró con una situación de facto ante la UE labrada por FG- pero todos los presidentes que han gobernado en las últimas décadas son co-responsables de una locura colectiva: la financiarización creciente de la economía, la globalización y sus dos lacras, la deslocalización industrial y la inmigración masiva). Resumiendo: de la misma forma que una sola medida no nos salvará de la crisis, un solo presidente no ha sido el culpable de la crisis: lo han sido todos, esto es, lo ha sido el régimen creado en 1978 y ya va siendo hora de pensar en sustituirlo.

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen