Silencio bajo la nieve...
Infokrisis.- Silencio en la nieve Película anómala dentro de la filmografía española (no es frecuente que en España se rueden películas ambientadas durante la Segunda Guerra Mundial) esta película estrenada el 20 de enero de 2012 tiene algo de decepcionante y, al mismo tiempo, de atractivo. De hecho, en España el cine que se realiza con más habilidad desde los años de la postguerra es el género policíaco y esta película no es más que una muestra de género negro ubicada en el marco de la División Azul. Lo cual hay que considerarlo como una experiencia audaz y original.
El guión no está suficientemente trabajado y faltan los golpes de efecto propios de una cinta de este tipo, hasta el punto de que da la sensación hacia mediados de la cinta de que la ambientación “divisionaria” es completamente gratuita y podría haberse desarrollado la trama en cualquier otro marco histórico en el que habría dado el mismo juego y donde habría demostrado las mismas carencias. No es, desde luego, una gran película, ni una película que pasará a la historia del cine español salvo por haber servido para recordar la gesta divisionaria a los 70 años de la partida de la División Española de Voluntarios al frente.
En cuanto a la novela que da origen al guión fue escrita por Ignacio del Valle y lleva un título completamente diferente: El tiempo de los emperadores extraños (Alfaguara, 2006) que pasó por los anaqueles de las librerías sin pena ni gloria, de hecho, cuando la película se estrenaba, la edición del libro se saldaba. La novela forma parte de una triología de la que están escritas las dos primeras partes y que arranca en los últimos días de la guerra civil y debería terminar en el Berlín destruido por las bombas en mayo de 1945. Esta trilogía tiene como protagonista central a “Antonio Andrade” un policía que ha cometido un asesinato pasional y está condenado a ser fusilado pero resulta amnistiado y recibe un pasaporte para integrarse en la División Española de Voluntarios.
El rodaje de la película empezó el 14 de febrero en Lituania y el material bélico fue traído desde Polonia. El rodaje se realizó a una media de 20º bajo cero, recreando un escenario que en rigor fue el mismo que conocieron los combatientes de la División Azul.
Los papeles principales están encarnados por Juan Diego Botto (“Arturo Andrade”) y por Carmelo Gómez (“sargento Espinosa”). No es una buena elección. Ambos protagonistas parecen no creer en sus personajes (los taconazos e inclinaciones de cabeza que da Juan Diego ante sus superiores son teatrales y poco realistas, por ejemplo), y las expresiones de “hombre duro” de Carmelo Gómez, parecen frecuentemente muecas de un rostro poco expresivo. Es evidente que la productora impuso a estos dos actores en cuyo trabajo cifraban buena parte del éxito buscado por la película. Paradójicamente, el casting de los actores secundarios es francamente brillante y en sus papeles respectivos son, sin duda, lo mejor de la película, en algunos casos, incluso geniales.
En la película la fiabilidad histórica de los datos que aparecen es mínima. Se dice, por ejemplo, en los titulares que preceden al inicio de a trama que en diciembre de 1943 la División seguía en línea, cuando en realidad había sido repatriada a partir del 10 de octubre. Esta pequeña omisión se debe a la necesidad de situar la trama “entre la nieve”, resultando un misterio el porque no se ha elegido el invierno de 1942 como escenario. En la novela, los hechos ocurren entre los combates del II del 269 y finaliza el día de la batalla de Krasny Bor. Resulta, así mismo, misterioso el porqué durante unas escenas se considera que el asesinato de tres soldados es considerado un “ritual masónico”... cuando, en realidad, no aparecen signos masónicos ni nada por el estilo en ninguna imagen.
La película, dirigida por Gerardo Herrero, no ha sido excesivamente trabajada a nivel de guionización y en lo que se refiere a la ambientación es aceptable para un público poco exigente (si bien, a partir de la filmación de Salvad al soldado Ryan, cualquier película de guerra no puede caer en los anacronismos o errores que esta cae, explosiones sin metralla, escenas de combates casi napoleónicos –véase la última escena- con desconocimiento total de las tácticas de ambos bancos, deficiencias en la uniformidad, etc.).
El autor se prodigó en declaraciones poco antes del estreno de la película en elogios hacia el director aun reconociendo que había variado algunos términos de la novela (“La historia demuestra que una buena película no puede ser literal, sino una interpretación del texto original, y en ese sentido el director ha hecho su lectura particular de la novela, igual que cada lector monta una película diferente en su mente durante la lectura”). El autor rechaza los clichés dados en torno a la guerra civil y a la División Azul (“Había demasiados clichés sobre republicanos angelicales y falangistas de bigotito malos malísimos, y la División Azul en Rusia era una hazaña oculta que incomodaba tanto a un bando como al otro, fue una proeza al margen de ideologías que aquellos hombres aguantasen en aquellas temperaturas inhumanas y ante un enemigo tan desproporcionado”).
La ideología no es precisamente lo que más interesa a Ignacio del Valle, sin embargo, desde su posición de apoliticismo distante, sus juicios no carecen de conocimiento sobre lo que se dirimía en la aventura divisionaria (escribe, por ejemplo: “En la División Azul hubo un 60% de falangistas, que era la columna vertebral y un montón de intelectuales; y después un montón de elementos heterogéneos: gente de izquierdas que iban a lavar culpas tras la guerra civil, aventureros, despistados, es decir gente de toda laya y condición”) y el autor realmente “trabajo” el contexto histórico de la noveda (“fue una aventura militar en la que 5.000 españoles se enfrentaron a 44.000 rusos y cedieron 3 kilómetros de terreno nada más. Eso es una hazaña, al margen de que la protagonizasen gente de derechas o de izquierdas. Y eso a mí, me interesa contarlo”).
Es posible que el autor contactara con algún miembro de la izquierda falangista o de la falange actual para redondear un poco más sus conocimientos sobre la materia (responde a una entrevista sobre este tema, con cierta exageración: “Me documenté y la Falange no tiene nada que ver con el franquismo, de hecho quería la cabeza de Franco y si hubieran ganado en Leningrado, hubieran dado un golpe de estado y seguramente lo hubieran fusilado. Y todas esas luchas intestinas que hubo dentro del régimen se trasladan a la División Azul. Las fricciones entre falangistas y militares se ven en la novela y en la película”). Del Valle siempre ha eludido responder a preguntas de contenido remotamente político, incluso sobre la memoria histórica (preguntado por un medio asturiano sobre el Valle de los Caídos explicaba: “Desde luego no se puede volar como querían algunos. Eso hay que mantenerlo como está; contextualizándolo, explicando lo que pasó y lo que representó durante cuarenta años. A los muertos hay que dejarlos donde están. Los restos están todos mezclados y es imposible sacarlos de allí. Respecto a lo de Franco, habrá que verlo”). Finalmente, el autor vería con buenos ojos una segunda parte de la película titulada Los demonios de Berlín publicada por Alfaguara en 2009 (en esta novela el autor recrea el ambiente del Berlín de los últimos días de la Segunda Guerra Mundial cuando los soviéticos avanzaban, imparables entre calles llenas de escombros y en medio de un ambiente infernal donde aparece de nuevo Arturo Andrade con la misión de hallar a Ewald von Kleist, un científico alemán, a quien encuentra muerto en la cancillería del Reich con un misterioso diagrama en los bolsillos).
En la película la investigación sobre la muerte de tres soldados que tienen en su pecho inscrita una oración infantil (Mira que te mira Dios, mira que de está mirando, mira que que te has de morir. Mira que no sabes cuando) lleva a un variopinto ambiente de oficiales y soldados alemanes, españoles y de otras nacionalidades que practican “la violeta” un juego similar a la ruleta rusa en la que los jugadores se dan disparos de revolver en la sien, añadiéndose a cada ronda una bala más en el tambor. Inicialmente la trama parece centrada en torno a un crimen masónico, pero luego se descubre que antes de partir de España, un oficial de la División Azul ordenó a cuatro de sus hombres que allanaran el domicilio de un republicano, acción en el curso de la cual resultó violada su esposa. El marido se incorpora a la División para ejecutar su venganza. Tal es el sentido global de la trama.
La película está completamente amputada de cualquier carga política (como se sabe el dominio “progresista” en la industria del cine supondría que cualquier director que no presentara a los divisionarios como mercenarios asesinos sería censurado por las “vacas sagradas” de la Academia del Cine) pero tiene algunos guiños que han resistido el tránsito de la novela al guión de la película (la distinción entre falangistas y militares).
Tanto la película como la novela son, en este sentido “honestas”, pero se echa en falta el nervio narrativo que tienen otras recientes producciones de género negro (No hay paz para los malvados, por ejemplo). Vale la pena ver esta película, quizás no para reconciliarnos completamente con el cine español, pero sí para aproximarnos a la aventura divisionaria.
Esperamos que otras producciones posteriores que mantengan más tensión narrativa y reflejen el contexto político y las historias personales de los divisionarios. Dicho de otra manera, a la División Azul todavía le falta su gran película.
(c) Ernesto Milà - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen
¿Por qué me amargan?
Infokrisis.- ¿Por qué los inmigrantes se obstinan en amargarme la vida? El viernes me subo en un tren que me conduce a Valencia a Barcelona. Es un viaje corto, apenas tres horas, pero siempre pródigo en acontecimientos. Por algún motivo, el tren, cuando parte de Lorca (mucho antes incluso del terremoto) suele llegar con retraso. Aquella zona, además, es pródiga en inmigración, así que es frecuente que haya un cierto número de marroquíes en el tren. Todavía recuerdo dos días después del 11-M cuando se me sentó, justo delante, un moro de aspecto intranquilizador con una bolsa que dejó en el portamaletas. Aun cuando yo no creía en la “versión oficial” de los atentados, reconozco que sentí cierta intranquilidad con el moro de marras que me costó superar. En este último viaje, por el contrario, todo era más familiar: una madre magrebí vestida a la usanza de su país y con algo así como 150 kilos intentaba sentarse delante de mí acomodando a sus hijos un poco por todo el vagón. Por si el volumen de la mujer fuera poco, durante todo el viaje estuvo lamiendo chupa-chups. Uno de sus hijos pequeños –apenas dos años- también estaba armado de chupa-chups que, de tanto en tanto, pringaban la tapicería de los asientos, el pantalón del pobre diablo que tenía enfrente o las cortinas del vagón. Además, aquella familia feliz tenía la mala costumbre de hablar en su guirigay particular a voz en grito. Yo tenía endosados en los oídos los auriculares del tablet con las gomas aislantes del sonido ambiental y me era imposible inhibirme de aquella mezcla de chillidos y alaridos que algún lingüista se obstina en llamar idioma. Todos los pasajeros estaban en situación de shock desde la salida de la estación de Pintor Sorolla en Valencia hasta el desembarco en Barcelona Sans. Cuando terminó aquel viaje y dejamos atrás a aquella familia feliz llegada del sur, creo que todos los pasajeros respiramos.
Por aquello de que si las cosas pueden ir a peor, siempre, inevitablemente, empeoran. Nada más descender del mediadistancia que me llevó a Barcelona, todavía precisaba un cercarías que me acercara a mi tranquila morada en un pueblo de pescadores del Maresme. Una hora de cercanías puede ser casi como una tortura china. Es curioso, he hecho esa ruta a distintas horas y hay una en la que apenas he encontrado inmigrantes: a primera hora de la mañana cuando el tren va bien cargado de ciudadanos que van a trabajar. Sin embargo, pasada la hora de incorporación al trabajo o a la escuela, el número de inmigrantes aumenta asindóticamente entre las 10:00 y las 17:00 horas. Puedo intuir por qué será: porque la inmensa mayoría de inmigrantes que viven en el Maresme y que van o vienen de Barcelona están en paro, o mejor dicho, no trabajan.
Hoy he vuelto a coger el “cercanías” para ir a Barcelona. Me han sorprendido muchas cosas. En primer lugar, que habiendo salido a las 8:15, una vez más no había inmigrantes que fueran a trabajar (y si han venido a trabajar a España y no trabajan ¿por qué se obstinan en quedarse aquí viviendo de qué…?). Me ha llamado la atención que en la estación de Arenys una mano inocente haya arrojado, justo antes de que se cerraran las puertas, algo así como una treintena de ejemplares de La Vanguardia, edición en catalán. Al llegar a Barcelona-Plaza de Catalunya aún quedaba la mitad en el suelo, pisoteados y descuajeringados. Por mi parte, lector empedernido de la prensa en otro tiempo, no he podido por menos de hacerme con un ejemplar justo cuando los han depositado en el vagón. La edición catalana de La Vanguardia tiene un año escaso. No funciona. No es raro: el diario Avui, decano de la prensa catalana y acaso el único diario en el mundo que siempre ha sido deficitario, ha tenido que fusionar su cabeza con la del Punt Diari, al estar ambos en concurso de acreedores. El diario Ara, lanzado recientemente en una aventura periodística suicida y difícilmente explicable se vende menos que un cartón de Winston en una guardería y en cuanto a El Periódico estos días se ha hablado de su cierre. La prensa catalana, lamentándolo mucho, no funciona. Y La Vanguardia no iba a ser menos. Habitualmente todos estos diarios subsisten gracias a las suscripciones que realiza La Caixa para todas sus oficinas, gracias a los subsidios de la Generalitat y gracias a las ayudas de todo tipo. Pero esta que veo hoy me ha sorprendido. En efecto, La Vanguardia se reparte (en realidad, se arroja) gratuitamente en los trenes de cercanías –“rodalíes”- gracias a que… está adquirida por la red catalana de “rodalíes” recientemente transferida de ADIF a la Generalitat. ¿Qué cómo lo sé? Sencillo, por que una banda de La Vanguardia lo dice explícitamente: “Cortesia de Rodalies de Catalunya”. De hecho en todas las estaciones catalanas hay un cartel en donde dice que se está en una estación de “rodalíes”, añadiéndose “operat per RENFE”… Y esto tiene todavía mucha más gracia si tenemos en cuenta que desde hace diez días existen quejas en Catalunya por los retrasos de la red de cercanías (“rodalíes”), sin ir más lejos la semana pasada un tren de “rodalíes” se estampó contra uno de largo recorrido en la estación de Sans y en los horarios de los trenes que deberían de estar anunciados en las pantallas funcionan mal (en la de Calella, por ejemplo, hace tiempo que no funcionan…). Dicho de otra manera: “Rodalíes de Catalunya” parece no tener medios para poner en orden todo esto, pero si tiene medios para regalar la edición catalana de La Vanguardia a lo pasajeros… regalo que, en realidad, es una forma de subvención indirecta a la vista de que la Generalitat en sí misma ya carece de fondos para subsidiar a esta prensa invendible.
Durante el viaje leo la edición catalana de La Vanguardia. Me llama la atención que, al igual que la edición catalana de El Periódico, solamente los anuncios de sexo estén en castellano. Claro está que el catalán es una lengua poco dada al sexo. Si una mujer te dice en catalán “bésame los pezones” te dirá exactamente “petoneigam els mugrons”… que no es lo que se dice una llamada al sexo salvaje ni siquiera suena a grito en época de celo, sino que casi parece una incitación a la castidad y a la contención sexual. Por otra parte, parece como si a la burguesía catalana le escandalizara el que se publicaran anuncios de sexo en catalán, de la misma forma que la estatua de La Colometa (la protagonista de Plaça del Diamant de Mercé Rodoreda) tiene el culo cubierto con una antiestética falda que le da al bronce una forma en absoluto femenina sino lo más parecida a una cucaracha. Cierro el tema aquí, porque la Generalitat y el nacionalismo catalanista no son más ridículos porque no se entrenan. Volvamos con los inmigrantes.
En efecto, tomo el cercanías en un horario que no es el propio de los trabajadores. Así pues, está lleno de inmigrantes. Tres chinos (o vietnamitas, o qué se yo) de la que al menos la mujer tiene pinta de ser una de las que anuncian en La Vanguardia sus servicios como “china cachonda”, hablan a voz en grito. Un poco más allá unas negras aparentemente caribeñas de apenas 15-16 años con pinta de creerse irresistibles, vestidas de manera estrafalaria, para qué negarlo, de putón desorejado (y son evidentemente estudiantes de primaria) hablan a gritos e interminablemente de si les gusta este chico o aquel. Conversaciones frívolas de chicas de su edad. ¿En qué se diferencian de otras chicas? En su mala educación, en su absoluto desprecio por cualquier otro viajero a los que, sin duda, sus tonterías no nos interesan. Pero, al parecer, hay gente que está empeñada en demostrarnos que son más cutres que poner una lista de bodas en un Todo a 100. Lo que más molesta es el ritmo de la conversación. No paran. Las únicas que se atreven a llamarles la atención son unas turistas inglesas hartas del griterío. Por supuesto, las caribeñas ni les hacen caso.
El negro que tengo al lado recibe constantemente llamadas en el móvil. Debe ser swahili o cualquier otra jerga africana con la que se despacha también a gritos. Y para colmo, una venezolana (o quizás colombiana de Bucaramanga) que tengo detrás le cuenta a alguien que acaba de conocer, su vida sentimental en España (bastante triste, por cierto). ¿Por qué la vida de los andinos es lo más parecida a un culebrón?
Pero estos son los pasajeros. Luego están los “artistas”… Los dos primeros son un par de andinos que logran aterrorizar a todo el vagón en cuanto aparecen con una descomunal guitarra más grande que ellos. Yo estoy con mis auriculares escuchando La Pastoral de Beethoven. Empiezan a aporrear la guitarra y a cantar canción protesta de los 70. Y luego incluso aspiran a que se les pague por algo que nadie ha pedido. Bajan en Mataró, pero en la misma estación sube un gitano rumano con un carrito de la compra adaptado para transportar una batería de coche, un transformador y unos altavoces. Toca en el acordeón “Anocheceres de Moscú”, o algo que se le parece. En realidad, todos estos “artistas” parecen sacados de un concurso televisivo: “A ver quien desafina mejor”, o algo similar. No parece claro que tengan autorización para molestar –porque aquello no es música, es ruido desacompasado- a los pasajeros, pero nadie les interrumpe. En realidad ya no van revisores en aquella línea. Los últimos que fueron hace dos años resultaron agredidos por, imaginen, por inmigrantes sin billete. El inmigrante, por algún motivo, cree que Europa es el paraíso de las libertades y ellos, listos, se reservan la libertad de viajar sin billete. Si alguien les dice algo, es inmediatamente clasificado como “xenófobo y racista”. Hace unos meses los revisores iban acompañados de dos seguratas con perro. Ahora ni eso. ¿Para qué? Cuesta mas mantener equipos de revisores acompañados por seguratas y perros que dejar que se cuelen sin billete.
Llego a mi destino y descanso. Hoy he tenido que volver a Barcelona. Por supuesto, al desplazarme antes de las 9:00, esto es, antes de que se inicie la jornada laboral, había pocos inmigrantes en el tren. Un viaje tranquilo y casi apacible. Nadie ha hecho mucho caso de los ejemplares de La Vanguardia edición catalana, arrojados al suelo del vagón. El tiempo de la prensa escrita está pasando y después de la invención del tuperware muchos diarios ni siquiera sirven para envolver el bocata. Por muy subvencionada que esté.
Quedo en el Bar Zurich (plaza de Catalunya, el centro del centro de Barcelona), miles de turistas deambulan intentando conocer la ciudad. Estoy sentado en la terraza menos de media hora tiempo en el cual tres equipos de gitanas rumanas se obstinan en molestar a los que estamos sentados en la terraza, pidiendo limosna con una voz voluntariamente penosa. Van en grupos de tres. La mendicidad está prohibida pero he visto crecer a estas mismas gitanas rumanas en los últimos 12 años ejerciendo el mismo oficio: la mendicidad. Y de paso, si pueden robar algún teléfono móvil o algo que esté encima de la mesa, no suelen desaprovechar la ocasión. Nadie hace nada para evitar esto, como han tenido que pasar cuatro años para que se reforzara la seguridad en el metro de Barcelona a la vista de que había casi tantos turistas como carteristas. Y es raro porque Barcelona hoy vive en una medida creciente del turismo y la dejadez de las autoridades (por llamarlas de alguna forma) está matando a la única gallina de los huevos de oro que le queda a la Ciudad Condal.
La cosa tiene todavía más gracia a la vista de que por la tarde a las 3:15 vuelvo a ir al Zurich para otra cita y… otros equipos de gitanas rumanas seguían mendigando. Incluso los propios camareros del Zurich hacen pocos esfuerzos por ahuyentarlas. Barcelona no tiene remedio. Viaje de regreso al Edén, dejo Barcelona atrás. Dos chavales, aparentemente dominicanos no tienen nada mejor que hacer que jugar con el teléfono móvil: tan pronto oyen la peor música hip-hop que haya oído jamás como se obstinan en colocar algún vídeo-juego del que podemos oír todos los pasajeros su música machacona y las consabidas explosiones y ruidos. Verdaderamente insoportable. Hay que viajar en el “rodalíes” con tapones en los oídos.
De toda mi jornada barcelonesa el detalle más gracioso es que estando en la tradicional Plaza del Pino me viene un negro con aspecto de sambo norteamericano y me pregunta por el “bebubeba”… el tipo que recuerda al co-protagonista de “Forrest Gump”, sí, aquel negro que se llamaba “Buba” y por el que Forrest crea la empresa “Buba Gump”. Le tengo que hacer repetir dos veces más qué es lo que quiere para que a la tercera vez me parezca entender que el “bebubeba” es el BBVA. Se lo indico no sin sonreír. Hasta cuando uno está dispuesto a hacer un favor a un inmigrante tiene que hacer un esfuerzo de comprensión.
* * *
Todo esto es una banalidad, lo reconozco. Se trata de decenas de pequeñas molestias que se van sucediendo constantemente a lo largo del día y que te obligan a formularte la cuestión de “¿Por qué tengo yo que aguantar esto?” o aquello otro de “Hoy sería feliz sino fuera por el payaso éste” o “Cómo me apetece esta cerveza con patatas sino fuera por las gitanas rumanas que me obligan a estar pendiente de todo lo que tengo sobre la mesa y de quitármelas de encima. Son como lapas. Lo que decía, se trata de continuas pequeñas molestias que muy habitualmente tienen como generadores a inmigrantes llegados de horizontes en los que la educación es mínima, las costumbres son diferentes y el esfuerzo de integración nulo. Y eso fastidia a la sociedad de residencia.
A veces el problema de la inmigración no se puede valorar a través de grandes cifras, ni de grandes teorías: es cierto que estamos ante un problema de sustitución de población, es cierto que la llegada en oleadas de 7.000.000 de inmigrantes ha alterado el sustrato étnico, cultural, religioso y antropológico de nuestro país, han creado tensiones sociológicas, es cierto que hace falta realizar estudios sobre demografía para advertir el impacto de la inmigración y es cierto que hoy es –junto con el Estado de las Autonomías- una de las principales fuentes de gasto del Estado. También es cierto que la inmigración ha descuajeringado nuestro mercado de trabajo, que ha generado perjuicios sociales, laborales y salariales contra nuestros trabajadores autónomos y es cierto que es la sociología, la demografía, la antropología y la polemología a través de las que hay que valorar el problema de la inmigración para huir de los arquetipos xenófobos y racistas… sí, todo eso está muy claro, son los grandes temas. A estos temas, el grueso de la población está completamente ausente, es ajeno: simplemente sectores crecientes de la población se limitan a intuir que algo no va bien con la inmigración y reaccionan, en toda Europa. Buena parte de esta reacción se debe precisamente a millones de pequeñas impresiones negativas generadas por la presencia de los inmigrantes en Europa. Impresiones como las que he descrito en este breve artículo casi costumbrista, fresco de la Barcelona de 2012…
Y no hay que minusvalorar estas impresiones. Si hay antiinmigracionismo es porque hay gente visceral que, sin entender bien lo que supone la inmigración, rechazan todos estos pequeños picotazos y aguijonazos a su sensibilidad (como el vecino andino que celebra fiestas con griterío constantemente, como el otro que coloca música andina a todo volumen durante horas y horas, como aquellos otros que se emborrachan un día sí y otro también con cargo a los 426 euros recibidos del Estado, como los que andinos que se pelean constantemente tras haber “tomado un traguito”, como la que nos da mal sistemáticamente el cambio en la panadería, como el Todo a 100 chino que todo lo que nos vende es defectuoso sin excepción, como el africano que se obstina en tocar percusión como si eso fuera “música”, como las gitanas rumanas que pasan el día mirando a ver que pueden llevarse al descuido, como los magrebíes que miran a las chicas de manera ofensiva, como las prostitutas llegadas de medio mundo verdaderas transmisoras de ladillas multilingües, etc, etc, etc). Todo esto –que es irreductible a términos sociológicos, antropológicos o polemológicos… por su banalidad- contribuye a generar un caldo de cultivo antiinmigración por su reiteración y su proliferación.
De lo cual dejo constancia justo ahora que me han interrumpido en el fijo y en el móvil por tres veces en menos de una hora, llamadas con acento de otra tierra en la que a través del telemarketing maldito me intentaban vender el oro y el moro. Lo dijo ahí a la consideración de todos.
¿Tiene todo esto algún remedio? Los pueblos educados no gritan, los pueblos educados no molestan, los pueblos educados se preocupan por sus vecinos y sus próximos… Sí, ya sé que también en España estamos viviendo un aumento asindótico de la malaeducación, pero no me negarán que buena parte de los inmigrantes que llegan están completamente asilvestrados. Y nuestra obligación es pedir que llegue gente educada, competente y asimilada a la población en el seno de la cual van a vivir. Ese es el verdadero problema. Mientras las cosas sigan así, no lo olvide, si tiene que trasladarse en tren (o en “rodalíes”) llévese tapones en los oídos.
© Ernesto Milá – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.
Lo que nos traerá 2012...
Infokrisis.- Habitualmente, en los primeros días del año realizábamos un artículo previendo lo que iban a ser los 12 meses que seguirían. Este año no lo hemos hecho, acaso porque lo que se nos venía encima era demasiado evidente y no valía la pena elaborar un catálogo de obviedades. Sin embargo, ahora, en pleno febrero rectificamos esta opinión. A veces, en efecto, no se trata de enumerar sino de denunciar. Estamos en un momento en el que resulta obvio para el observador que tiene ojos y ve y entendimiento y entiende (es decir, no para políticos ni para empresas periodísticas que no tienen ni entendimiento, sino intereses) que nos estamos precipitando hacia una guerra localizada en Oriente Medio que costará millones de muertos, dolor sin fin y destrozos generalizados. Esa será la guerra para salvar al capitalismo. No está claro, como algunos hubiéramos deseado (puestos a reconducir lo inevitable), que esos vayan a ser dolores del parto de un mundo nuevo. Difícilmente porque esas mismas clases políticas y esos mismos holdings periodísticos que permanecen de espaldas a lo que se está preparando, previamente han realizado una labor narcotizante sobre las poblaciones europeas. Es precisamente de ese letargo del que tenemos la obligación de ayudar a salir a nuestros compatriotas y a todos los europeos. Tal es la intención de este artículo.
1939, 3 de agosto
En 1929 estalló la gran crisis del capitalismo. Contrariamente a lo que han propagado periodistas poco exigentes, el “new deal” de Roosevelt (que, fundamentalmente, consistió en inyectar dinero público en la creación de infraestructuras y programas sociales, unidos a algo de proteccionismo). Sin embargo, en 1937, se volvió a producir una recesión. Hay que decir que la crisis del 29 afectó a todos los países desarrollados… salvo a la URSS que estaba regida por otro sistema económico. Y, por supuesto, Alemania que había llevado a cabo una política muy agresiva a partir de 1933 de lucha contra la economía liberal. Hjalmar Schacht, ministro de economía de Hitler, negoció con los acreedores de Alemania el cobrar inmediatamente las cantidades adeudadas a condición de invertir ese mismo dinero en la reconstrucción del Reich. Aceptaron. En pocos meses, el régimen empezó a absorber el paro. No así en EEUU en donde el “new deal” no pudo evitar la irrupción de un 25% de parados…
Pronto, el capitalismo llegó a la conclusión de que sin una guerra que volviera a poner en marcha los mecanismos de producción y de consumo, no quedaría atrás la crisis. Alemania marcaba el camino: se estaba impulsando la industria armamentística y esta “tiraba” del resto de sectores económicos. Pero el problema en EEUU y en el Reino Unido es que –a diferencia de Alemania- el ejército ya existía. En Alemania, como se sabe, había sido prácticamente disuelto después del tratado de Versalles y reducido a su mínima expresión hasta el punto de que oficiales alemanes debían entrenarse en la URSS para eludir las condiciones impuestas.
Era preciso que estallara una guerra lo más lejos del territorio metropolitano de los EEUU. En Europa, por ejemplo. Para eso, EEUU contaba con un aliado preferencial, cerca del teatro de operaciones europeo: el Reino Unido. De hecho, ya en aquella época Londres era la primera plaza bursátil mundial y el nexo entre las finanzas anglosajonas de uno y otro lado del Atlántico estaba sellado desde principios del siglo XIX cuando ya se habían disipado los efectos de la guerra de independencia de las colonias. Fue a través de este aliado providencial que Francia se vio envuelta en una guerra que se saldaría con la peor humillación de su historia y que el Reich tuvo una guerra que Hitler no deseaba. La excusa fue banal: el corredor de Danzig.
El territorio nacional alemán había quedado partido a raíz de las condiciones del Tratado de Versalles. Prusia oriental estaba completamente descolgada del resto del territorio a raíz de la formación del Estado Polaco. Una parte de Pomerania, que siempre había sido alemana, bruscamente se convertía en territorio polaco. El 24 de octubre de 1938, el gobierno alemán solicitó a Varsovia la devolución de la “ciudad libre” de Danzig, unida aduaneramente a Polonia y permiso para tender una línea férrea y una carrera a través del corredor, con estatuto de extraterritorialidad. Varsovia apoyada, por supuesto, por el Reino Unido, rechazó la propuesta que no atentaba ni contra su integridad territorial, ni contra su seguridad. En lugar de eso, firmó un tratado de ayuda mutua con Londres. El camino para la guerra estaba preparado.
Se puede reprochar a Hitler que, desde la anexión de Austria, había jugado a la ruleta rusa y que, era inevitable que antes o después, estallase la guerra. Pero la excusa de Danzig era excesivamente banal y, por lo demás, a nadie se le escapa que era de justicia que un territorio que había sido colonizado por la Orden de los Caballeros Teutónicos desde el siglo XII, y que siempre había sido germano, no era de recibo que por una decisión puntual internacional pasara a ser… polaca. No era raro que en París, el 3 de septiembre de 1939, cuando Londres declaró la guerra a Alemania seguida por Francia, muchos periodistas se preguntaran “¿Morir por Danzig?”… en efecto, nadie hasta ahora, ha logrado convencer a ningún analista serio, ni a ningún observador imparcial, de que Danzig valía los 51 millones de muertos (12 por el Eje y 49 por los “aliados”)… Es más, si se produjeron 51 millones de muertos fue solamente y nada más que para salvar al capitalismo y terminar con la crisis iniciada en 1929.
Aquella guerra sirvió solamente para destruir Europa, generar un duopolio internacional USA-URSS que duró 45 años, en el curso del cual, no solamente Alemania, sino especialmente Francia e incluso el Reino Unido resultaron anuladas como grandes potencias. Y, eso sí, el capitalismo resultó salvado y respiró profundamente desde los rascacielos de Manhattan.
Vale la pena no olvidar que aquella guerra no fue ni el blitzkrieg, ni el holocausto, ni la guerra en el Mediterráneo o en Asia: fue sólo y únicamente, pro encima de todo, la guerra para salvar al capitalismo. No lo olvidemos, porque ahora tenemos encima una nueva guerra de consecuencias imprevisibles de la que nuestro país y toda Europa debe de mantenerse por encima de todo al margen.
Cuando Ormuz es Danzig
Casi tres cuartos de siglos después del gran error de Danzig, las piezas del ajedrez vuelven a estar como entonces. El escenario ha cambiado. El Islam y no el Reich es el “enemigo”. El teatro no es Europa sino Oriente Medio. Pero el instigador es el mismo: la alta finanza internacional, los grandes consorcios financieros y mediáticos. Y el objetivo, por supuesto, es el mismo: salvar al capitalismo, preservar los beneficios, rentabilizar el rendimiento del capital y devolver la alegría del crecimiento a los poseedores del capital.
Es relativamente fácil establecer dónde tomó cuerpo la decisión de desatar un conflicto de dimensiones internacionales: en la reunión del Club Bildelberg en Sitges en el año 2010 en el Hotel Dolce del 3 al 6 de junio. Allí se constató especialmente que el capital financiero norteamericano, mayoritariamente judío, se desentendía del destino del Estado de Israel. El mantenimiento de ese Estado es caro, especialmente cuando Alemania ya ha agotado las indemnizaciones de guerra y cuando la demografía interior del Estado judío ha ido variando (disminuyen los askenazíes y aumentan los judíos etíopes, rusos y sudamericanos). Por otra parte, es bueno recordar, que el judaísmo norteamericano no es, ni ha sido nunca, mayoritariamente sionista y, por tanto, la creación de un “hogar nacional judío” le trae, literalmente, al fresco. A partir de ese momento, otros escenarios que podían haber sido tomados como ubicaciones para un conflicto generalizado quedaron descartadas (especialmente Beluchistán, ver artículo: http://infokrisis.blogia.com/2010/040602-la-guerra-para-salir-de-la-crisis-se-va-concretando.-morir-por-beluchistan-.php)
Llevamos más de un año asistiendo al movimiento de las piezas. Las “revoluciones árabes” distan mucho de ser movimientos providenciales. Si lo hubieran sido, ni la OTAN, ni EEUU hubieran puesto tanto cuidado en derribar al régimen de Gadaffi, ni en haber permanecido ajenos a las peticiones de apoyo que formularon los dictadores tunecino y egipcio que tantas veces habían apoyado las políticas norteamericanas en la zona. Era evidente y hasta un ciego podía intuirlo que cualquier movimiento en el mundo árabe generaría desequilibrios interiores que facilitarían el ascenso de fuerzas políticas islámicas radicalizadas. Pero era necesario que desaparecieran dictaduras laicas para abrir el paso a dictaduras religiosas fanatizadas y que estas hicieran causa común con el gobierno iraní para lograr que una vez iniciado el conflicto entre Irán e Israel, el teatro de operaciones se extendiera desde el Atlas hasta Filipinas.
Sí, porque ese será el escenario y la excusa el ataque que en estos mismos momentos está preparando Israel contra las instalaciones nucleares iraníes. Los halcones de Tel Aviv piensan que el tiempo juega contra ellos y que contra antes ataquen antes se verán libres del peligro de que Teherán cuente con ingenios nucleares. El hecho de que Irán tenga armas atómicas es importante, simplemente, porque rompe los equilibrios que se han dado hasta ahora en la zona (Israel tiene ese tipo de armas, no firmó el Tratado de no Proliferación Nuclear y dispone de un número de megatones no cuantificado pero superior a los que posee cualquier otro país árabe… hasta ahora). En un escenario en el que los árabes tengan bombas nucleares, Israel deberá negociar la paz a la baja. Y los cultivos del desierto del Negev (pulmón alimentario de Israel) estarían siempre bajo amenaza de que los árabes condescendieran a que las aguas de los acuíferos de Gaza y de las fuentes del Jordán llegaran a los kibutz.
En este escenario se entiende perfectamente lo que en estos mismos momentos está ocurriendo en Siria. Se está fomentando artificialmente un conflicto (ver artículo de Thierry Meysan en http://www.voltairenet.org/Se-termina-la-partida-en-el-Medio) en ese país y se está engañando a la opinión pública europea mediante un bombardeo diario de reportajes, filmaciones, noticias y declaraciones construidas por los laboratorios de operaciones psicológicas de los EEUU hasta el punto de que ya resulta imposible saber qué informaciones tienen un poso de verdad y cuáles son completamente falsas en un esquema similar al que hizo que la opinión pública europea permaneciera callada ante la intervención de nuestros ejércitos en Libia.
Si hoy Siria está en el ojo del huracán se debe especial y únicamente a que es el aliado preferencial de Irán en Oriente Medio y que es a través de este país como los tanques y los aviones iraníes pueden llegar hasta la vertical de Haifa y de Tel-Aviv e incluso colocar sus baterías convencionales y hacer llegar en pocos años ingenios nucleares lanzados desde los altos del Golán. Mientras, los agentes del Mosad están realizando operaciones secretas en Irán y en Siria. Científicos iraníes han sido asesinados (cinco en apenas dos años).
EEUU es el primer interesado en el estallido de este conflicto. No solamente porque ahí es donde está situado el nudo del capitalismo mundial sino porque quiere también sacarse el mal sabor de boca del fracaso de sus últimas intervenciones en la zona: Afganistán en donde no han podido vencer a unos miles de cabreros armados toscamente, en Irak en donde lo único que han logrado ha sido derribar un régimen laico y sustituirlo por un régimen chiíta próximo a Irán (con un país que previsiblemente se partirá en dos: parte chiita y parte sunnita, optando la primera por aliarse con Irán). Washington sabe que en esta guerra sus tropas estarán en casa (salvo que la amenaza de liquidación del Estado de Israel y la subida al poder de los neoconservadores en las elecciones de noviembre de este año animaran a la opinión pública de aquel país a intervenir en defensa del aliado hebreo… cosa harto improbable a la vista del tradicional aislacionismo de la población norteamericana que, sin embargo, a veces se ve basculado por extraños episodios, desde Pearl Harbour hasta el 11-S y desde el Maine hasta el hundimiento del Lusitania) pero que servirá armas y municiones a los contendientes, directa o indirectamente.
El escenario, repetimos, será éste: ataque preventivo de Israel a las instalaciones nucleares iraníes y respuesta de este país que, por mínima que sea, desencadenará el conflicto. Aunque Irán no se creyera en condiciones militares de atacar, es evidente que tomaría algún tipo de represalia (hoy mismo, en el momento en que escribimos estas líneas, Irán ha suspendido el suministro de petróleo al Reino Unido y a Francia como represalia por haber instigado las sanciones económicas). Y esa represalia solamente puede ser el cierre del estrecho de Ormuz que constituye el verdadero cerrojo del Golfo Pérsico e impediría que ni una sola gota de petróleo saliera de la zona con destino a los mercados mundiales. Cada día 17 millones de barriles de petróleo, un tercio del crudo mundial, pasa por Ormuz así que podemos intuir lo que significaría el cierre del estrecho. Recientemente Ignacio Ramonet recordaba que el Estado Mayor Iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese Estrecho”. Y Washington ya ha recordado que el cierre de Ormuz sería considerado como “casus belli”. Ormuz es Danzig.
Pero hay otro contendiente inevitable en el conflicto: Turquía. Este país está demasiado cerca del conflicto como para que pudiera salir indemne. Tiene fronteras con Irak, Irán y Siria y su territorio es imprescindible para hacer llegar suministros a las distintas partes en conflicto. Ankara será presionado por todos los contendientes para que se sume a sus filas: los EEUU le recordarán su condición de miembro de la OTAN y los países árabes de su carácter religioso mayoritario. Y, para colmo, Turquía, a causa de la cuestión del Kurdistán no se puede permitir adoptar una posición contraria a Siria, Irak e Irán. Tiene que contar con ellos o a ellos les costará poco crear un conflicto interior en el territorio turco. Sin olvidar que los islamistas moderados gobiernan en Ankara.
¿Es el tiempo de la diplomacia?
Ramonet en el editorial del número de Febrero de Le Monde Diplomatique afirma con una ingenuidad que dice muy poco de la experiencia que ha aquilatado a lo largo de los años, que “la hora de la diplomacia todavía no ha pasado” ¿sirvió algo la diplomacia para resolver el contencioso de Danzig? ¿Sirvió algo la diplomacia para evitar el miserable ataque a Irak con las miserables excusas que se dieron? ¿Sirvió la diplomacia para que Sarkozy no se lanzara como un buitre sobre Libia? No, bueno pues aquí tampoco servirá de nada. Y no servirá por la sencilla razón de que los dados hace tiempo que están tirados y el futuro está marcado: en Sitges en 2010, por un grupo de oligarcas, financieros y políticos que comen de la mano de ellos, de todo el mundo. En Bildelberg. Después de entonces ya no hay lugar para la diplomacia porque la diplomacia es solamente un auxiliar de la política y esta hoy no es más que algo subordinado a la alta finanza y a los intereses del capitalismo mundial.
Ahora bien, si la suerte de los contendientes (Israel y los países árabes) ya está decidida, lo único que a nosotros debe preocuparnos es preservar nuestra seguridad y nuestra extrañeidad al conflicto. No podemos, la Unión Europea, no puede tomar partido una vez más por los vencedores de 1945: el capitalismo anglosajón. Ni por los agresores de 2003 que nos juraron y perjuraron que había armas de destrucción masiva. Esta no es, ni será nuestra guerra. Esta no debe ser la “Tercera Guerra Mundial” sino la “Cuarta Guerra Árabe Israelí” y quedar así, no nos puede afectar. Debemos necesariamente permanecer al margen de una guerra que puede revestir caracteres de destrucción masiva como pocas antes.
Por tanto, la única opción admisible en Europa y desde Europa es el neutralismo. No es que Europa sea un “enano político” (que lo es), es que en las actuales circunstancias la única garantía de supervivencia de la Unión Europea es permanecer de espaldas al conflicto, ofreciendo ayuda humanitaria como máximo, pero nunca armas, ni municiones, ni apoyo diplomático a ninguna de las dos partes. EN ESTA GUERRA QUE SE AVECINA, PARTICIPAR ES PERDER. Solamente el capitalismo cree que saldrá beneficiado…
Hay que permanecer, pues, vigilantes ante las mentiras con las que nos van a obsequiar nuestros ministros de exteriores y nuestros políticos, incluso los que parece que saben algo de política internacional y apenas saben otra cosa que leer los dossiers de agitación belicista que les llegan de la CIA. Por no hablar de los halcones de la prensa que hace menos de 10 años pontificaban sobre las “armas de destrucción masiva” con un cinismo tan solo equiparable al belicismo más odioso que ha visto este país. Están a la derecha, claro, pero no solamente en la derecha. Y hoy están en el gobierno como lo estuvieron en 2003 cuando la agresión innoble a Irak o como lo estaban en 2001 cuando se produjo la invasión de Afganistán.
¿Salvará al capitalismo esta guerra?
La diferencia entre la crisis del 29 y la iniciada en 2007 es que en la primera el capitalismo tenía entonces áreas por las que expandirse. Hoy, sin embargo, el capitalismo ya está extendido a todo el mundo. Ha generado la madre de todas las desgracias: la globalización. Lo hemos dicho en otras ocasiones: la globalización que se inició como un libre tránsito de capitales (que era, en el fondo lo que interesaba únicamente al capitalismo financiero internacional) ha terminado siendo una globalización de la producción industrial y de las exportaciones e importaciones. Y el mundo es demasiado desigual como para que esto se impusiera impunemente. Es cierto que un trabajador chino cobra 133 euros/mes, pero es que uno vietnamita cobra 75 euros/mes y uno africano 33 euros/mes… así pues, ya sabemos a donde van a ir migrando las industrias. O bien aceptamos la desertización industrial de tres cuartas partes del mundo o bien rompemos con la globalización.
Los ciclos económicos se agotan. Y el ciclo del capitalismo está agotado: el capitalismo muere por la rapacidad incontenible e irrefrenable de los propios capitalistas así como por la propia ley interior del capitalismo, mayor beneficio en menos tiempo. Un sistema así es insoportable a medio plazo. Y ese plazo ya se está agotando. Lo que ha producido riqueza en un período histórico, no tiene porqué seguir produciéndola a medida que va llegando a sus consecuencias últimas: cada vez más dinero está en menos manos y, por tanto, la “libertad de mercado” es sustituida automáticamente por el monopolio y el oligopolio.
Así pues, a diferencia de la crisis de los tulipanes en la Holanda del XVIII o de la crisis del 29, ésta es una crisis sistemática que ha aparecido de la mano de la globalización y de la mano de la concentración del capital. Y no hay remedio. En las actuales circunstancias el capitalismo ya no toleraría nada parecido al “new deal” rooseveltiano o el que los economistas keynesianos tomaran la iniciativa. Todos estos aspectos del capitalismo han quedado atrás. Dicho de otra manera: tras la globalización no hay una fase siguiente de evolución del capitalismo, sólo queda su desintegración.
Lo hemos dicho varias veces: Europa debe aislarse y convertirse en una fortaleza. Europa tiene la dimensión adecuada para desarrollar un modelo económico autónomo y mucho más si en lugar de cultivar la amistad con el mundo anglosajón, lo hace con el mundo ruso. Europa tiene tecnología y, a pesar del proceso iniciado desde los años 70 por los maestros del “entertaintment”, Europa posee todavía cultura y sentido común. Europa tiene territorio, tiene campos enormes de cultivo, tiene científicos y técnicos y, sobre todo, Europa tiene alma que se desprende de su pasado y de su tradición. Europa debe tener pues el valor de romper con la globalización.
Es una magna tarea histórica que no se hará hasta que Europa no se sacuda de encima a la casta de politicastros mediocres o simplemente nulos, carentes de escrúpulos y de ideas, huérfanos de proyectos y milmillonarios en intereses. Son los que persisten en recordarnos que la partidocracia es democracia, que la libertad consiste en elegir cada día entre dos o tres partidos de fútbol en decenas de TVs que compiten en mediocridad, son los que nos dicen que mañana todo irá bien y que para tener un futuro esplendoroso tenemos que apretarnos en cinturón, acceder al desmantelamiento del Estado del Bienestar y seguir confiando en ellos. ¡A la picota con ellos! Europa debe vivir y lo hará si aprovecha este conflicto para mantenerse al margen y renovar su clase política.
© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen
Ultramemorias II en venta
Infokrisis.- Esta obra que se ha subtitulado “Historia pintoresca de 40 años de extrema-derecha” adquiere en este segundo volumen ahora aparecido una completa justificación. De un lado el autor analiza en el Capítulo IV a la organización a la que perteneció: “El Frente de la Juventud y el atajo golpista”, para pasar, acto seguido, a analizar lo que fue y supuso el 23-F “el golpe para acabar con todos los golpes”. A partir de ese momento, es poco lo que puede decirse sobre la historia ulterior de la extrema-derecha, de ahí que el capítulo en el que se trata todo lo acontecido en la ultra con posterioridad al 23-F se resuma con este título: “Lo que quedó de la ultraderecha”. Solo en las últimas páginas de este capítulo se abre un camino a la esperanza: La derecha radical o como queramos llamarla conseguirá salir del gueto en el que se encuentra y de la inanidad política que le ha caracterizado en las últimas décadas a condición de dejar de ser extrema-derecha con la configuración que tuvo durante la transición. De ahí que el autor celebre la aparición de formación identitarias que han alcanzado sus primeros éxitos en los dos últimos años.
Tras acabar lo que puede ser considerada como la intrahistoria de la extrema-derecha, Ernesto Milà pasa a analizar las tipologías de este sector, al menos las tipologías más curiosas de militantes que han pasado pro sus filas: los “odiadores”, el “camarada alcoholizado”, el “camarada chivato”, el “camarada maricón”, el “camarada delincuente”… seguido de un sorprendente capítulo sobre “La vida sexual de la ultra” que sin duda levantará polémicas y causará ataques de urticaria como el anexo incluido y titulado “Psicopatología de la extrema-derecha” en la que se intenta esbozar un perfil psicológico de lo que ha sido este sector y porqué ha fracasado políticamente durante los años de la transición hasta su actual situación: renovación o liquidación.
El autor describe, no solamente su responsabilidad en todos los hechos narrados, sino las vicisitudes de este ambiente político en cuyas filas ha militado durante tanto tiempo y del que es uno de sus mejores conocedores. Nadie mejor que él para valorar porqué durante la transición la extrema-derecha desapareció políticamente después de ser el chivo expiatorio. Los errores propios, las infiltraciones por parte de los servicios policiales y de inteligencia, el aislamiento al que fue sometido por instigación de Manuel Fraga y con la aprobación del resto de fuerzas políticas, nada de todo esto bastan para explicar lo que fue la ultraderecha y el por qué de su fracaso. Para entenderlo, Milà acude a los entresijos sociológicos y psicológicos de este sector.
A ratos desternillante, siempre amena, frecuentemente revelando situaciones y episodios que hasta ahora han permanecido entre brumas o completamente desconocidos, esta obra que en su conjunto abarca 700 páginas, es sin duda la más completa y recomendable para entender lo que fue este sector político que hoy ha evolucionado hacia posiciones mucho más actuales, razonables y adaptadas a las realidades del siglo XXI.
Al igual que la primera parte de esta obra, el Volumen II, está impreso en formato 15x23, consta de 340 páginas y se vende al precio de 22,00 euros + gastos de envío. Puede realizarse el pedido a eminves@gmail.com, enviando la dirección postal, a vuelta de correo se indicará la forma de pago. Descuentos del 50% para pedidos de más de 9 ejemplares.
Nuevo rostro de De la Vega...
Infokrisis.- Durante el tiempo que fue vicepresidenta y portavoz del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega tenía cara como de ciruela pasa revenía. Era el rostro típico que se asocia a la malhadada “señorita Rothenmeyer” o la secretaria judicial que era, con cara de palo y trato inamistoso. Y, sin embargo, a menos de 100 días de la pérdida del poder por parte del PSOE, la misma individua ha reaparecido con un rostro marcado por los latigazos del bótox y la cirugía estética a destajo de los escultores de la Clínica Buchinger.
Durante los años en los que fue alguien jamás ningún comentarista serio realizó observación alguna sobre el rostro plagado de arrugas y suficientemente elocuente sobre el estado de ánimo de la vicepresidenta y portavoz. A fin de cuentas todos sabíamos aquello de “mens sana in corpore sano” que también y por lo mismo asociaba belleza al arte del saber vivir y fealdad a la amargura interior, la desesperanza y la hosquedad. Como máximo, la vox populi, la asoció a una conocida comentarista deportiva de Televisión Española e hizo gracia en función de supuestos amores lésbicos inimaginables. Preferimos no mencionar, en su momento, aquel rumor que estaba en boca de muchos.
A decir verdad, Fernández de la Vega no era la típica ministra de cuota, sino que tenía un historial profesional relativamente brillante, desde luego mucho más brillante de otras petardas con las que compartió el banco azul (la Aído, la Pajín, la misma Chacón) y que hicieron de la política socialista de cuotas un verdadero insulto a las mujeres capaces que debían sentarse junto a los floreros.
La portavoz era mentirosilla, eso sí. Recordamos, por ejemplo que acudió a Bolivia hacia 2005 cuando este país era uno de los principales focos de emisión de inmigración masiva hacia España. Era un martes y la prensa local le preguntó agresivamente sobre por qué España iba a exigir el visado de entrada para inmigrantes bolivianos. Ni corta, no perezosa, Fernández de la Vega se quitó el muerto de encima diciendo que eso no dependía del gobierno español, que por el gobierno español podían venir todos los inmigrantes que quisieran, y que, a fin de cuentas el problema era que la Unión Europea había dispuesto una nueva legislación que el gobierno español no podía hacer sino acatar, pero que ella la quitaría. Luego, el sábado siguiente hubo reunión de ministros de la UE sobre el tema de la inmigración, en Helsinky si no recuerdo mal. Allí, mira por donde, Fernández de la Vega, pidió ayuda de la UE para “frenar la inmigración en España”…
Ya por entonces empezamos a sospechas que Fernández de la Vega tenía dos rostros. Ahora nos lo ha confirmado ella misma luciendo un esplendoroso rostro que eleva la tensión de la lívido y algo más que la tensión. Sí, tenía dos rostros. O mucho rostro, como se quiera.
Hoy, a hacerse un nuevo rostro se le llama “look”, “imagen”. Una “imagen” es una proyección más o menos falseada de nuestra verdadera personalidad. Los políticos suelen ser “imagen”, sólo “imagen” y nada más que “imagen”, tras la cual lo que se esconde es una personalidad enfermiza, egocéntrica, ambiciosa, carente de escrúpulos o simplemente, una ausencia completa de ideas y de personalidad. Por eso es necesario que los políticos desde Aznar a Rajoy, pasando por ZP, se pinten las canas, disimulen las arrugas, e incluso, como en el caso de Aznar, se implanten “tableta” en los abdominales, se tiñan el pelo (nunca el bigote…) y sirvan su mejor “look” a un electorado tan anestesiado como poco exigente. El poder, en democracia, esto es, en la ley de las mayorías, pasa por la buena administración del “look”. Y en eso está la De la Vega que posiblemente intente un retorno a la política en los próximos años (a fin de cuentas es joven todavía…).
Mientras, la cosmética no solamente alcanza al pelotazo de bótox y a la estadía en la Buchinger, sino que también afecta a la estética de las ideas. No es por casualidad que la exvice haya presentado su nuevo rostro en un acto de una fundación humanitaria que aspira a ayudar a las mujeres africanas. Desde los años 80 hemos asistido al incremento de lo que algunos han llamado “la estafa humanitaria”: si uno no da algo para los desgraciados del tercer mundo, no puede ser considerado como “buena persona”. Y lo que se da, dramáticamente, nunca llega, o apenas llega en mínima parte a su destino. El dinero se pierde por el camino (siempre se pierde) en mayor o menor grado. Lo sabe todo el mundo y lo saben todas las administraciones pero ninguna se arriesga a ejercer un control estricto sobre las ONGs en la medida en que son un buen camino para canalizar dinero público para los partidos políticos. Apelar a la conciencia de unos y a la desgracia de otros, es sin duda la forma más repugnante de corrupción que vivimos en este régimen nacido en 1978.
La Fernández de la Vega está en ello. Sin duda debió ser gracias a su gestión que el gobierno Zapatero dio subsidios a los homosexuales angoleños, a las feministas de Zimbawe o a los gays de Rwanda. Por citar unos ejemplos. Dinero que la ciudadanía española -que paga el disparate- y no tiene, al parecer, derecho a enterarse de en qué ha sido utilizado. De hecho, cuanto más dinero se destina a “ayuda humanitaria” más sufre la “humanidad”… Tiene gracia y es irónico.
El zapaterismo fue más que nada una forma de “humanismo universalista” generado al dictado de los boletines de la UNESCO, una ideología “soft” que aspiraba a rellenar el vacío ideológico del PSOE tras su renuncia al marxismo en 1978, su desconocimiento de lo que era el socialismo clásico y de lo que fue luego la socialdemocracia tras el congreso de Bad Godesberg. Fracasado el zapaterismo, sus últimos mohicanos, a falta de ideas más recurrentes, siguen en sus trece: la Chacón perdiendo el congreso del PSOE y la De la Vega con sus gorgoritos humanitario-africanistas y su sobredosis de bótox, intentando prolongar la “estafa humanitaria” algo más.
Tenemos una clase política, no solamente frívola sino esperpénticamente frívola para la que no existe término medio: unos roban lo que no está escrito y otras se rejuvenecen más allá de lo que el decoro y el sentido común recomendarían.
Esta clase política es como el rostro de De la Vega: detrás el bótox y del bisturí permanece la “señorita Rothenmeyer”, que es como decir, la corrupción, la ineficacia, el nepotismo, la mala gestión de los recursos públicos, el fracaso en la tarea del gobierno. Ese es el perfil del régimen surgido en 1978. Es su régimen, no el nuestro.
© Ernesto Milá – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen
¿Reforma de la contratación?
Infokrisis.- Es un misterio el porqué desde la Unión Europea se insiste tanto en la “reforma de la contratación”. Y esto por dos motivos: por los argumentos que se acompañan y porque en el orden de prioridades hay otras que parecen mucho más prioritarias. Cualquier reforma de la contratación o bien es a favor de la patronal o a favor de los trabajadores o a favor del sentido común. Nunca se ha hecho ninguna reforma en contra de los trabajadores y del sentido común. Esta que se aproxima (que no es más que una ampliación de la reforma que realizó el gobierno Zapatero y que le valió la acusación de haber adoptado las tesis neoliberales imperantes en la UE) es una reforma contra el sentido común y esto por tres motivos.
¿Ganaremos competitividad?
En efecto, el gobierno español, presionado por el gobierno de la UE, sostiene que es necesaria una “reforma laboral” para “ganar competitividad”. Seamos realistas: por muchos derechos sociales que se acorten, por mucho que se compriman los salarios, nunca, absolutamente nunca, se podrá llegar a los 133 euros al mes que cobran los trabajadores chinos o los 75 euros al mes que cobran los trabajadores vietnamitas. Sin contar, por supuesto, los 33 euros al mes de media que se suele cobrar en África allí donde hay trabajo y por quien quiere trabajar. La competitividad es, pues, una ficción: jamás seremos tan competitivos como China y es bueno que lo tengan presente tanto los trabajadores como el gobierno.
En segundo lugar cabría decir que en períodos de auge económico cualquier contrato de trabajo se asume como válido y nadie discute lo leonino de sus cláusulas, ni lo limitado de las indemnizaciones a que diera lugar el despido. Y si, para colmo, los sindicatos están distraídos repartiéndose las subvenciones recibidas, nadie se preocupa en períodos de bonanza de la contratación. Ni siquiera los trabajadores porque, en definitiva, si alguien es despedido de una empresa o ésta cierra, no le costará mucho –incluso en un escenario laboral español que siempre sostiene un paro residual superior al 8%- encontrar un nuevo empleo. Es en esos momentos en los que hay, sin embargo, que reformar la contratación porque cuando se avecinan las horas bajas y la recesión se implanta, jamás se creará empleo porque se reforme la contratación. Es más, los trabajadores pueden competir por un “mal” puesto de trabajo, mientras que las empresas dudarán incluso de crear un nuevo puesto, aunque sea mal pagado y con despido libre, si no tienen asegurada su viabilidad futura.
Esto es lo que pasa hoy: ni las empresas tienen seguridad de que podrán seguir realizando actividad económica y negocio en el futuro, ni por tanto generan nuevos puestos de trabajo que, aunque les salga gratis su liquidación, conllevará, mientras, el pago de salarios y de cargas sociales. Las empresas prefieren, por una parte, explotar más a sus trabajadores, exigirles más, y por otra recurrir al régimen de becarios para cubrir cualquier vacante a coste prácticamente cero.
La regulación de nuevas normas de contratación no va a traer una revitalización del mercado de trabajo. Es más, si de lo que se trata es de regular el despido, que no quepa ninguna duda de que esas nuevas normas no crearán ni un solo puesto de trabajo (la marcha de la economía no es mala, es pésima, y en estas condiciones por muy “apetitosa” que se presente la contratación, ningún empresario tiene interés en crear puestos de trabajo por mucho que el despido sea libre, entre otras cosas, porque lo que verdaderamente encarece la contratación ¡no es el despido! ¡son los gastos sociales percibidos por el Estado!), sino que más bien facilitarán más y más despidos.
¿Hacia otra huelga general?
Rajoy es consciente de que los sindicatos nuevamente van a ser arrastrados por la opinión pública a la convocatoria de una huelga general contra los planes de contratación del PP. Estos planes, hay que decirlo, eran previsibles aunque durante la campaña electoral, Rajoy no hiciera alusiones a ella. Y no es raro que tema una huelga general. En España, los sindicatos cada vez tienen menos peso social y cada vez más la opinión de la calle y de los trabajadores está más radicalizada. Lanzar a la calle a los trabajadores por parte de unos sindicatos que ya no pueden encuadrarlos a causa de su desprestigio puede ser peligroso: una vez están las masas en la calle, es imposible prever cómo se van a comportar y es cuestión de tiempo que desborden a los sindicatos que desde hace dos décadas actúan solamente como un corsé para contener la agresividad de los trabajadores cada vez más airados por la pérdida del valor real de los salarios.
Pero, a pesar de ser consciente del riesgo de huelga general, Rajoy piensa que la reforma laboral es mejor hacerla hoy, en los inicios de la legislatura, que al final, a poco de las nuevas elecciones. En efecto, cree hoy, como ZP creía hace cuatro años, que la crisis iba a ser cosa de unos años y que cuando lleguen las próximas elecciones la propia recuperación del capitalismo mundial ya habrá tirado del carro de la economía española. A eso se le llama “optimismo voluntarista”. Es cierto que el capitalismo está preparando una guerra en Oriente Medio para salir de la crisis y para que las fábricas de armamento pongan nuevamente en marcha el mecanismo de producción y consumo mundial, así como que la reconstrucción posterior al conflicto genere buenos y nuevos negocios.
Israel y los Países Árabes son suficientemente irresponsables como para autodestruirse en la pira para salvar al capitalismo. Eso es incuestionable y los pasos para llegar a ese conflicto pueden percibirse día a día. Así pues, la guerra es inevitable y en esa hoguera que es la historia del capitalismo están destinados a morir en los próximos meses o años unos cuantos millones de personas. Pero ¿bastará eso para que la crisis del sistema mundial pase de la fase en rojo a un período de crecimiento económico inmediato y duradero como los “30 años gloriosos” que siguieron al final de la II Guerra Mundial? En absoluto.
Y aquí llegamos a las otras razones por los que la “reforma laboral” será inútil.
Las necesidades urgentes en cinco puntos
Se crea empleo allí en donde existe un modelo económico que lo avale. Si no hay modelo económico no hay creación de empleo al menos de manera sensible. Y ni el PSOE fue capaz de establecer un modelo económico nuevo que sustituyera al de Aznar (basado en ladrillo, inmigración, salarios bajos y crédito fácil), ni el PP dispone hoy de nada que se parezca a un modelo económico. ¿Por qué? Simplemente porque es imposible...
En efecto, lo que impide crear un modelo económico es la globalización: es decir, la precipitación de todas las factorías de producción de bienes allí a donde resulta más barato el proceso de producción. Es decir, allí en donde se cobran salarios más baratos y existen menos prestaciones sociales.
Por lo tanto, de lo que se trata no es de reformar la contratación, al menos no inmediatamente y desde luego no en la manera en la que se está proponiendo. De lo que se trata es 1) de relocalizar la industria nuevamente, que lo que se consuma en Europa (no solamente en España) se produzca en Europa, 2) de un rearme arancelario en todo el marco de la UE que estimule la venta de productos europeos y desestimule las importaciones, 3) de la creación de un “Espacio Económico Euro-Ruso” emancipado de la globalización, 4) de generar una economía productiva en lugar de una economía especulativa para lo cual será necesario implantar políticas fiscales que graven las rentas procedentes del capital y disminuyan la presión fiscal sobre las rentas del trabajo y 5) Restablecimiento de la normalidad en el mercado de trabajo español, sobresaturado por la llegada de 7.000.000 de inmigrantes en estos últimos 15 años de los que, como mínimo, 5.000.000 son excesivos e imposibles de integrar en nuestro mercado de trabajo.
Estas soluciones suponen coger el toro por los cuernos y van más allá de los parches técnicos que hasta ahora proponen el PP y el PSOE. Solamente medidas de este tipo contribuirán a generar un marco adecuado para la creación de empleo. Será en ese momento en el que valdrá la pena plantearse reformas a la contratación: no ahora.
© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen
PSOE 38 Congreso. Reflexión
Infokrisis.- El canal 24 horas tuvo el acierto de emitir los discursos de Rubalcaba y la Chacón completos y en directo, así que quien quiso pudo ver en qué consistían las dos opciones. Fue un dejà vû, algo que en otras muchas ocasiones en estos últimos quince días habíamos visto hasta la saciedad. La Chacón intentando pasar por lo que no es, porque ni es niña mona, ni simpática, ni pasionaria, y Rubalcaba reafirmándose en la visión que ha proyectado de sí mismo en los últimos 10 años: científico, deportista, hombre pausado, sereno y mesurado. Pero si el segundo se ha impuesto sobre la primera no ha sido por ninguno de estos “valores” de imagen, sino porque a Rubalcaba le apoyó Felipe González y, muy especial, Alfonso Guerra y a la Chacón le apoyaba Zapatero. ZP ha sido la gran decepción para el PSOE y la gran catástrofe para la sociedad española.
No ha sido un gran congreso, ni siquiera el “congreso de la unidad” como ambos candidatos se obstinaban en repetir. De hecho, el partido ha quedado roto en dos mitades casi iguales y costará tiempo restañar las heridas generadas por los zarpazos realizados por unos y otros. Ha sido más bien el congreso de la falta de ideas agravada por la falta de poder. Se puede tener el poder sin tener ideas (al menos el zapaterismo lo ha ejercido durante siete años), pero no al revés: la ausencia del poder es el verdadero drama por el que pasa actualmente el PSOE y, por extensión, la socialdemocracia europea.
En el último año el PSOE ha perdido todas las comunidades autónomas en las que gobernaba (salvo Euzkadi que perderá después del verano y Andalucía que perderá en menos de 60 días), ha perdido el gobierno de la nación (que tardará en recuperar porque será difícil olvidar la catastrófica gestión de Zapatero en décadas) y el nuevo y flamante secretario general no podrá cosechar ni un solo éxito electoral en los próximos tres años. Tras cada elección volverá a aparecer una y otra vez cabizbajo, con los hombros arqueados hacia delante, la frente plagada de arrugas y mirada de infeliz agradeciendo a los militantes el esfuerzo realizado y encontrando excusas de fortuna para justificar los malos resultados.
Estos se deben a tres factores, uno de ellos lejano (el abandono del marxismo en 1978 que dejó un vacío que no fue cubierto por nada, salvo por una tenue patina socialdemócrata que disimulaba el hecho de que en el interior del PSOE a partir de principios de los 80 lo único que importaba era “tocar poder”, pillar comisiones y vivir de las ubres del Estado) y los otros dos más inmediatos: el desastre ideológico que ha supuesto el zapaterismo para el socialismo español y la gran crisis económica que ha supuesto la sepultura para las doctrinas que habían apostado por la globalización.
El zapaterismo es un factor alógeno al socialismo español. Por primera vez en el corpus doctrinal del PSOE se filtró una doctrina que no tenía nada que ver con el patrimonio tradicional de esa formación: ni tenía nada que con el marxismo, ni nada que ver con el socialismo tal como fue enunciado por Berstein y Kautsky en los últimos años del XIX, ni siquiera con la socialdemocracia tal como se le conoció en Europa desde el congreso de Bad Godesberg... Lo de Zapatero era otra cosa que no tenía absolutamente nada que ver con nada de todo lo que habían visto los manuales de formación del PSOE.
La doctrina que trajo ZP era una mezcla de progresismo de ONG, universalismo new age y doctrina extraída directamente de los boletines de la UNESCO. Nada más. Esto y dosis de estupidez sin límites. Nadie creía en 2000, cuando ZP alcanzó la secretaría general que aquella iba a ser una gestión decisiva. Todos los barones del PSOE dejaron a aquel tipo raro llegado de León el poder para que se quemara en un período que se adivinaba de transición. Luego vino el 11-M con sus bombas y, sin que nadie, ni siquiera en su propio partido, se lo esperara, el mediocre pasó a ser presidente del gobierno, iluminado, y el peor tipo de tonto que puede aparecer en política: el tonto con ideas. Cuando estas ideas se pusieron en práctica, la centrifugación del Estado dio un paso al frente, el modelo económico de Aznar persistió y no pudo ser sustituido por nada más racional y razonable y la burbuja que lo acompañaba fue aumentando, la sociedad perdió consistencia, los tres millones de inmigrantes pasaron a ser siete y se creía mucho más importante defender los “nuevos modelos familiares” que atar y garantizar el Estado del Bienestar. Todos los estatutos de segunda generación constituyeron un estrepitoso fracaso y, para colmo, reafloraron los casos de corrupción protagonizados por todos los partidos políticos que indicaron el grado de putrefacción del régimen nacido en 1978.
La crisis económica vino a gravar todo esto. Las primeras medidas de ZP fueron erróneas, se dilapidó el superavit del Estado en apenas seis meses con subvenciones y planes absurdos (VIVE, Plan E y Plan E2010), 150.000 millones entregados a la banca y, sobre todo, con una mala lectura de lo que suponía esta crisis: no era una mera crisis económica, sino una crisis del sistema surgido con la globalización. El zapaterismo no supo afrontarla, rectificó 180º su orientación y de un día para otro adoptó soluciones neoliberales. Era cuestión de tiempo que los 5.000.000 de parados llamaran a la puerta y desalojaran del poder a un individuo tan nefasto como incapaz.
El PSOE ha quedado así contaminado con el zapaterismo. De hecho, durante siete años la sigla ZP sustituyó a la sigla PSOE, la tapó y la eclipsó. Cuando el “espectro” ZP se difuminó, la sigla PSOE estaba esquelética, sumida en el desprestigio y vinculada al peor presidente de la historia de España. Era insalvable.
Interiormente se había producido una especie de selección a la inversa en la militancia: quedaban los más tontorrones, los que no podían hacer carrera fuera de las ubres del Estado, los más desaprensivos, los más chorizos, los más despistados y los más cerriles. La mayoría de cuadros fogueados, con currículo profesional, con preparación y capacidad de gestión, se fueron en dos oleadas. La primera en las postrimerías del felipismo, la segunda durante la etapa de ascenso de ZP al poder, cuando ya se preludiaba que aquel tipo iba a ser un fracaso absoluto.
El último congreso ha demostrado ante toda la opinión pública lo que quedaba del PSOE: una neurótica chillona que se esforzaba por sonreír y a la que de tanto en tanto las cámaras le traicionaban extrayendo de ella un rostro de ambiciosa sin escrúpulos, huérfana de ideas completamente, la típica “chica twitter” cuyas ideas podían expresarse como máximo en 140 caracteres y aun sobraban, y de otro lado a un veterano que quería seguir haciendo lo que había hecho en los últimos meses: culpando a la derechona de todo y olvidando que durante los últimos siete años él ha formado parte del gobierno ZP. Miserias ambas de un congreso de transición que será el preludio de fracturas interiores mucho más graves. Éstas se iniciarán en cuanto prosiga la retahíla de fracasos en las siguientes elecciones.
En cuanto a la elección de Griñán como presidente del partido, tiene gracia a la vista de que la Andalucía de los EREs es, sin duda, a corta distancia de Catalunya, el territorio más corrupto del Estado y posiblemente incluso el propio Griñán deba sentarse en el banquillo de los acusados antes o después.
Este ha sido el congreso de un partido que ya ni es socialista, ni es obrero, ni por supuesto, es español, sino más bien una mixtura extraña de ambiciosos sin escrúpulos y desorientados sin doctrina que oscilan entre el nacionalismo autonomista (esto es, el interés en apropiarse de los recursos de cada autonomía) y el universalismo ingenuo-felizote a lo Zapatero que tan bien ha encarnado la Chacón para evitar pronunciarse en la discusión autonomías-Estado, Catalunya-Andalucía.
No ha habido más. Es la crónica de una crisis anunciada. Mejor dicho, el arranque de la crisis destructora del PSOE que difícilmente va a soportar los 4 años de travesía del desierto que le quedan y la pérdida absoluta de poder autonómico que tiene ante sí, unido al descrédito de los últimos siete años –años inolvidables- de zapaterismo. El PSOE, la columna de centroderecha sobre la que se ha mantenido el régimen nacido en 1978, no solamente amenaza ruina, está literalmente en la ruina. Y ahora queda asistir a la erosión de la otra columna, la de centroderecha que no saldrá indemne de promesas electorales engañosas y que no estaban dispuestos a cumplir y de falta de ideas para salir de la crisis. En apenas tres años ninguna de las fuerzas que dieron vida al régimen tendrá la iniciativa respecto a su momento histórico. De hecho hoy ya es el tiempo de preparar el relevo.
© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen