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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TRADUCCIONES

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA ILUSIÓN DE LA "POLÍTICA CIUDADANA"

Se imputa al urbanismo de las "cities" el mal-vivir de los inmigrantes que allí son relegados. Se imputa a la inseguridad y a los fallos de los ascensores. "Es necesario pintar los huecos de las escaleras, reparar los ascensores, y todo irá bien" repite Harlem Désir. La "política ciudadana" de la cual se había querido ocupar el impostor Bernard Tapie cuesta más de 20 mil millones al año a la colectividad y no aporta ningún resultado, incluso agrava más las cosas. Se parte del principio de que es necesario mejorar la calidad de vida para mejorar el comportamiento de las poblaciones. Esto se debe a un behaviorismo ingenuo.  

Es el urbanismo de las "cities" o "grandes espacios", como se les denominaba en los años 60 inspirándose en las teorías de Corbusier respecto de las "ciudades-jardín"; espacios verdes, ventilación, higiene, inmuebles-buque, etc. En los años 60, cuando las ciudades mismas estaban habitadas por poblaciones homogéneas y clases populares francesas, ningún problema de criminalidad y de mal-vivir se percibía. Al contrario, estos conjuntos de urbanizaciones parecían habitables comparadas a los agujeros de rata y cloacas de los cuadrantes noroeste de Paris, o de los barrios marginales que afectaban a los suburbios. Por otra parte, en los malolientes tugurios del oeste parisino, de 1950 a 1965, habitadas por poblaciones europeas, a pesar de las condiciones de vida espantables, ninguna subcriminalidad de la juventud era perceptible, a pesar de la pobreza y de la proporción importante de adolescentes.

Hoy, Parly II, cerca de Versalles, construida según un urbanismo rigurosamente parecida a aquella de Sarcelles al norte de Paris, es un remanso de paz ¿Por qué? Lo ha comprendido: la pregunta implica la respuesta.  

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Los arquitectos piensan que el reconstruir las ciudades según el orden tradicional (calles, plazas, casas bajas, rehumanización del espacio) hará bajar la criminalidad de las bandas étnicas y hacer retroceder las zonas de no-derecho. Ésta es la tesis de Castro y de Portzampare. O incluso más... Las "neo-aldeas" construidas según la brillante teoría -perceptible en el sur y en el oeste de la región de Ile-de-France, y que alberga a poblaciones inmigrantes- poseen exactamente los mismos problemas que las urbanizaciones HLM. La ciudad de Roubaix o los barrios del norte y nordeste de Paris, como el centro de Marsella, ofrecen una arquitectura tradicional y de "convivencia", según el vocabulario de moda, pero son mayoritariamente ocupados por los alógenos, y poseen exactamente las mismas dificultades que las urbanizaciones HLM: violencia endémica, economía criminal, marginación de los europeos. La convivencia urbana no depende del urbanismo y sí de los habitantes. Todo el mundo lo sabe, nadie se da por enterado. 

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La actual "política ciudadana" reposa también sobre el rechazo de los ghettos y la mezcolanza de clases. Pero aun así, se confunde "clases sociales" y "etnias". En el intento de dispersar a las poblaciones alógenas y la mezcla con los europeos, se hace partir a estos últimos y extenderlo a los ghettos." Estoy a favor a la ampliación de los ghettos étnicos", declaró el militante islamista Mourad Assoud en Le Figaro del 20/10/1999.  Las poblaciones inmigrantes manifiestan un rechazo de la cohabitación urbana.

Sin embargo, con fines pacíficos, la población china del distrito XIII de París reacciona del mismo modo; todo empezó, en silencio, para establecer una Chinatown en el barrio de Tolbiac, pero también en Belleville donde se esfuerza por cazar suavemente a la población árabe.

En el siglo XIX, los barrios de Londres, París, Marsella, Lyon donde las clases están mezcladas conocen la famosa "convivencia urbana" que los arquitectos se fatigan en recuperar. Olvidaron que en la época, los burgueses y proletarios eran de la misma cultura y de la misma etnia. Los razonadores olvidan siempre lo esencial.

La "política ciudadana" reposa también sobre el dogma contemporáneo de los "medios financieros". Si las cosas van mal en alguna parte, es porque no se inyecta suficiente dinero. Lo mismo con la educación nacional: sindicatos y estudiantes reivindican sistemáticamente "siempre más medios", para resolver sus problemas. Como si la llamada al contribuyente fuese la panacea, y como si no hubiera otras causas de los desórdenes que se constatan. Señalemos una de las deficiencias de la sociedad de mercado: creer que todo se resuelve con dinero. 

Conforme a esta doctrina errónea, se financia consecuentemente las "ciudades y barrios problemáticos", en las cuales el número se halla en progresión del 20% por año despues de 1995 y se estima por el Ministerio del Interior que hoy son ya 1500. Por habitantes, Villeurbanne (Lyon) Créteil (sureste de Paris), las ciudades vecinas Estrasburgo y Marsella, Mantes-la-Jolie (Vexin), Le Mirail (cerca de Toulouse), se benefician de tres veces más de inversiones públicas que en los distritos centrales de Lyon y de París, que Burdeos o Toulouse, etc. Por tanto los centros comerciales son saqueados o quemados, pos pequeños comercios huyen, el equipamiento público se degrada, los centros juveniles o de ocio son devastados, los transportes son atacados, los actos de sabotaje del entorno urbano son sistemáticos. Se pensaba que los equipamientos y que las actividades deportivas iban a "calmar a los jóvenes". Qué ingenuo. 

Lo que los sociólogos y los urbanistas se niegan a comprender -o más bien admitir- es que la degradación sistemática de la vida urbana no es una consecuencia de la desesperación social, pero que se trata de una revuelta étnica de carácter lúdico. Sé que sorprendo, vamos, y contrariamente a los intelectuales de salón o de biblioteca, conozco el terreno y los intereses. Muchos jóvenes beur-negros delincuentes están contentos con los daños que provocan en el contexto de la vida urbana. No les molesta. Les permite obtener una ayuda adicional. " Pagad, o si nos incomodaremos más todavía. Dadnos más y enviadnos de vacaciones para calmarnos".

En las ciudades dañadas por ellos, pueden así establecer zonas de no-derecho y una economía criminal. Su pereza, su aburrimiento, no es más que aparente. Recrean una sociedad paralela, agresiva, basada en el enfrentamiento. Como señaló el sociólogo Raul Walk, a propósito de los disturbios raciales de Los Ángeles, a través de una frase lapidaria: " Todo eso es entretenimiento y disturbio racial, pero no se preocupen, están felices"(Journal of UCLA Sociology Department, marzo 1996). 

Los incentivadores de la estúpida "política ciudadana" simplemente no conocen aquello que podría ayudarles a entrar en razón. Imaginan que los jóvenes afro-magrebís tienen la misma mentalidad que los jóvenes proletarios europeos desesperados del último siglo. Emplean Germinal y los viejos mitos marxistas universales.

Las ciudades y los barrios sensible y deliberadamente degradados son un ambiente ideal de vida respecto de aquello que hablamos. Allí se sienten muy bien. Juegan con nuestra conmiseración y persisten en hacer pasarse por víctimas que no son. La gran víctima es la población de origen europea. Vivir en el desorden social e imponerlo, tal es el objetivo de los cabecillas.

Lamentablemente los intelectuales, los altos funcionarios, y los políticos dirigen cosas que desconocen. Los ediles y los profesores saben muy bien la verdad ¿Esperan que una guerra civil deje las cosas claras?

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. Tabús y mentiras

"Es preciso derribar a los ídolos". Nietzsche

Las cuestiones vinculadas a la inmigración y al racismo constituyen, en Europa, la reserva más importante de tabúes, de mentiras y de sofismas de nuestra época; más aún que los dogmas económicos en Francia contemporánea, más todavía que los prejuicios sexuales del siglo XIX, más todavía que las elucubraciones médicas de Diafoirus del el siglo XVII, y por lo menos tanto como el tabú de la irreligiosidad en la misma época.

Los poderes, cualquiera que sea su naturaleza, siempre han querido dirigir las sociedades humanas mediante la propagación de ideas falsas, de rumores infundados, de doctrinas patituertas fundadas sobre hechos imaginarios, pero sobre todo sobre la prohibición de proferir las insoportables verdades-tabúes. Mentir, mentir, siempre quedará algo. Contra más gruesas son las mallas, mejor: esto marcha. Engañar el pueblo, tal es la vieja técnica para dominarlo.
Cuando una amenaza mortal cobra forma sobre una sociedad o una civilización, las élites procuran negarla, aniquilarla, tanto para desprenderse de su propia responsabilidad e impericia como para conjurar su propio miedo. Es, pues, natural que los tabúes y las verdades prefabricadas abunden a propósito de la mortal colonización que sufrimos. El avestruz entierra su cabeza en la arena cuando llega el león.

Los once clichés y ideas erróneas sobre la la inmigración y el islám

A raíz de haberse convertido la cuestión racial en Europa en una obsesión central, el temor a ser sospechoso de "racismo" convierte en totalmente ilegibles todos los discursos sobre la inmigración y ahoga toda objetividad en una lengua de palo, más exactamente una lengua de algodón, difícilmente descifrable. Las mentiras vertidas por la clase político-mediática se parecen, en versión soft mucho más sutil, a la propaganda stalinista de los más malos tiempos. Son la expresión directa de estos tabúes. Decir la verdad sobre la naturaleza, las causas y las consecuencias de la inmigración masiva de las poblaciones del Tercer Mundo en Europa, supone exponerse al ostracismo social, al destierro profesional y a la condena moral o penal.

Debería ser una mina para los humoristas, si todavía existieran. Muchos sketches de Coluche serían hoy impensables, en la medida en que la censura (social y penal) y la autocensura han progresado desde los años ochenta.


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He aquí pues, para servir de argumentación a todos los que combaten la colonización de población, los diez lugares comunes y las mentiras más corrientemente destiladas en la opinión y los más utilizadas por el partido inmigracionista y supuestamente antirracista. Todos estos lugares comunes giran alrededor de la idea que fue el título de un ensayo miserable de Bernard Stasi: La inmigración es una posibilidad para Francia. El enderezamiento de la verdad frente a las mentiras contenidas en el conjunto de este libro es imprescindible, pero es bueno efectuar un tipo de resumen.

Cliché nº 1: "Somos nosotros quienes hicimos venir a los inmigrados, porque económicamente eran indispensables fueron y son el motor del crecimiento".

Thierry Desjardin, en su ensayo Carta al Presidente a propósito de la inmigración, destruye este cliché que formula así: "Les hicimos venir, les necesitábamos". Efectivamente, del 1960 al 1973, el empresariado reclutaba en el Magreb una mano de obra dócil y poco onerosa, con la complicidad de los sindicatos. ¡Mientras que la mano de obra europea no faltaba! Nosotros no teníamos  "necesidad de ellos", el capitalismo explotador, sí. Fue un error económico, un cálculo miope; porque esta inmigración limitó la inversión; los países europeos que no acudieron a la mano de obra afromagrebí conocieron un crecimiento más fuerte que el de Francia. Desde el 1973, las llegadas de emigrantes se hacen por "presión", es decir, imponiéndose. El por interés por emigrar, no es nuestro, es suyo. Un extranjero parado o asistido aquí vive mucho mejor que trabajando en su casa. Con la llegada masiva de clandestinos, desde mediados de los años setanta, se percibe perfectamente que no es Europa quien llama los alógenos por necesidad económica, sino que ellos imponen su presencia. La presencia de los inmigrados (naturalizados o no) es un freno al crecimiento por su coste enorme, su débil competencia profesional a pesar de todas las formaciones que se les propone, pero también la causa de una degradación general de la calidad de Gie y de la cohesión social.

Contra eslogan: la inmensa mayoría de los alógenos está aquí voluntariamente y es un freno para el crecimiento, el empleo, el nivel y la calidad de la vida.

Cliché n°2: "Hacen los trabajos que los franceses no quieren hacer".

Tal como escribía Alain Griotteray, el trabajador emigrante ha sido reemplazado desde hace tiempo por el parado y el inmigrado subsidiado. Este mito del inmigrado-esclavo tiene siete vidas como los gatos. Además, el partido inmigracionista intenta ahora imponer cuotas la contratación para los alógenos, reservándoles empleos de los que los franceses europeos son excluidos. Muchos empleos, que a los autótonos les gustaría mucho ejercer, hoy son reservados para estos alógenos, desde los ayuntamientos a las grandes superficies, pasando por las administraciones se practica una política preferente de discriminación positiva oculta. No hablemos, evidentemente, de "empleos-jóvenes" y "contratos empleos-solidaridad "...

Contra eslogan: los inmigrantes restringen el volumen de empleo de los franceses autóctonos.

Cliché n°3: "los magrebíes y los africanos son los italianos y los polacos de ayer. Francia siempre fue un país de inmigración. Nada ha cambiado".

Esto significa una burla, ya que no son europeos y son de costumbres y de mentalidad extremadamente alejadas a las europeas. Comparar las inmigraciones intereuropeas, que jamás plantearon problemas de integración, con las llegadas masivas de poblaciones afroasiáticas, es ocultar la realidad étnica de las sociedades humanas. No hay que centrarse en la noción de "nacionalidad", tan querida por la ideología republicana. Un flamenco de nacionalidad belga, un toscano de nacionalidad italiana, un provenzal de nacionalidad francesa están mucho más próximos entre sí que, por ejemplo, un antillano y un saboyano. ¡Sin embargo los primeros son "franceses" desde hace mucho más tiempo que los segundos!

Contra eslogan: Francia jamás fue un país de inmigración extraeuropea. Se le obligó a serlo.

Cliché n°4: "los inmigrados son los excluidos, víctimas del racismo y del pauperismo económico".

Demuestro, por el contrario, en esta obra que los inmigrados gozan de muchas más ayudas y prestaciones sociales que los franceses de origen. Los jóvenes inmigrados son el objeto de medidas costosas de ayudas para el empleo, la formación, el ocio.

En las "ciudades", gracias a las prestaciones y gracias a la economía paralela, los alógenos tienen un nivel de vida muy correcto. Presentarlos como un lumpen-proletariado es una impostura. Los sin techo y los vagabundos de origen afroasiático son por otra parte raros, contrariamente a lo que pretende la leyenda. Muchos inmigrados no se sienten de ninguna manera excluidos, sino que voluntariamente se excluyen, por odio étnico hacia una sociedad que combaten. Su racismo antieuropeo (el famoso "odio") es más fuerte que cualquier forma del pretendido racismo de los autóctonos. Por otra parte, la xenofobia, que siempre fue un fenómeno minoritario en Francia (lo que para los alógenos es una suerte milogrosa), es provocado por los destrozos de los jóvenes inmigrados y no se emparenta con un acismo intrínseco hacia los árabes o los africanos

Contra eslogan: Los inmigrados son económica y socialmente favorecidos, a pesar de que muchos rechazan a la sociedad de acogida.

Cliché n°5: "La elevada criminalidad de los jóvenes Afromagrebíes procede de que son desarraigados o (variante) porque viven en guetos", tal es el eslogan que incita a los poderes públicos a querer diseminar a los alógenos sobre el territorio: lo que vuelve a ahuyentar a los autóctonos (no por racismo, sino porque la convivencia étnica es físicamente insoportable) y a reconstituir nuevos guetos. Vivir en guetos, o más bien, de su punto de vista, sobre territorios libertados de las leyes europeas, extendidos sin cesar, tal es su estrategia. Por otra parte, los interesados no se sienten de ninguna manera desarraigados: echan raíces a la vez en el Islam, el arabisme y en la cultura étnica black-americana. Los fenómens conjnto de las "culturas" rap y raï lo atestiguan.

Los intelectuales de salón que explican las desviaciones sociales de los jóvenes afromagrebíes a través de una "pérdida de identidad", una "americanización", un abandono aculturizador de las raíces árabes-africanas en provecho de una "subcultura americana" alucinógena, profieren mentiras lastimeras que se explican por su ignorancia sobre el asunto y su falta de conocimiento del terreno. Los jóvenes magrebíes afincados en Europa no están "americanizados" en el sentido en el que los jóvenes europeos lo están. Estos últimos si que están aculturalizados y desarraigados, pero no los primeros. Estos solamente retienen de la cultura americana la componente "rap - black", en su carácter de protesta antiblanca. Y, en cambio (fenómeno raï) se impregnan de arabisme afirmativo, con la mayor satisfacción de los imanes de las ciudades.

Contrariamente a los fantasmas de la derecha comunitarista que se imagina que el islamo-arabisme de los suburbios es un vector de lucha contra la americanización, hay que responder: los jóvenes inmigrados han creado una contracultura (que es al mismo tiempo una subcultura de baja cota) que asocia el black-americanismo con el árabo-islamismo.

Los jóvenes inmigrados están muy bien en su piel, no se preocupe usted por ellos; se piensan y se perciben como invasores. Son desculturizadores, no desculturizados. La prueba: la actitud de los jóvenes blancos que están en contacto con ellos y que, por mimetismo, adoptan su forma de hablar, sus modas, sus músicas, se someten totalmente a su influencia y sufren una inquietante regresión cultural.

Añadamos que, para tener la paz (relativa) y como forma de sujeción sobre todo, cierto número de jóvenes europeas se convierte al Islam y aceptan su inferiorización.

Contra eslogan: los jóvenes inmigrados echan raíces en una nueva cultura neoprimitivo y en guetos en expansión, lo que les satisface plenamente.


Cliché n°6: "La delincuencia de los jóvenes hijos de inmigrados, al igual que la violencia de los jóvenes es el resultado del paro, del neoliberalismo y del endurecimiento de las relaciones económicas".

Es una variante del cliché n°5. Este cliché pretende confundir lucha de clases y lucha étnica. La delincuencia actual no reconstruye la lucha de clases. Soy el primero en denunciar las malas prácticas del neoliberalismo, del librecambio desenfrenado, de la autonomía de la economía financiera y especulativa, en definitiva de la dictadura de la función mercantil que lamina las relaciones sociales, quebranta las solidaridades y atiza el pauperismo. Pero sin embargo, este cliché tampoco se tiene en pie. ¿Por qué?

1) Las solidaridades comunitarias (étnicas) de los inmigrados no han sido fracturadas de ninguna manera por el neoliberalismo. Al contrario. El desmantelamiento de las solidaridades afecta a los europeos y no a otros.

2) Durante la crisis de los años treinta, donde el paro y el pauperismo en Europa eran mucho más importantes que hoy, donde la proporción de las jóvenes generaciones era un 10% más elevada, donde la dureza del mundo del trabajo sobrepasaba con mucho la de hoy, ningún fenómeno de delincuencia masiva apareció. Los emigrantes italianos, españoles, portugueses y polacos del período 1890-1960, mucho más pobres y despojados que los jóvenes alógenos extraeuropeos de hoy, no planteaban problemas de seguridad pública.

3) La violencia y la delincuencia principalmente afectan a los jóvenes afromagrebíes y muy poco a los asiáticos (chinos, paquistaníes, etc.). El argumento económico pues no se mantiene.

Contra eslogan: la causa de la delincuencia y de la violencia de los jóvenes nacidos de la inmigración es endógena y étnica; deriva de un choque étnico casi mecánico, profundamente inevitable y por tanto no reducible a los análisis criminológico ordinarios.

Contre-slogan : Toute société multiraciale est multiraciste, aucune société pluriculturelle ou multiethnique n’est créatrice.

Cliché n°7: "la sociedad multirracial, multicultural y pluri-religiosa supone un enriquecimiento. La aportación de los inmigrados es considerable, tanto cultural como económicamente. Viva Europa multicolor y mestiza"

Conocemos el eslogan de SOS Racismo, adepto de "Negro-Blanco-Marrón": "Francia está como un ciclomotor, marcha con mezcla". A lo largo de toda la historia, todas las sociedades multiculturales y pluri-étnicas jamás fueron muy creadoras y siempre conflictivas. La excepción a la regla es Japón, sociedad monoétnica. El coste económico y social de la inmigración es enorme; es un factor de conflictos sociales y un ensayo general de falta de competencia y de impreparación. La aportación cultural y económica de los inmigrados es despreciable en número y en calidad. Ni en la investigación, creación de empresas, artes, medicina, etc., muestran sus capacidades. Su proporción entre las élites creadoras es ínfima en relación a su proporción en la población,  excepción hecha de los asiáticos de extremo-oriente. Y este hecho no es explicable por racismo o por exclusión.

Este cliché muestra romanticismo social. Los que lo destilan dan el ejemplo de los EEUU: ¡vea, dicen, como esta sociedad multirracial y multicultural! ¡es perfecta! El problema de los americanólatras como el de los americanófobos, es que no conocen USA en dónde jamás han vivido. La situación americana no es comparable a la de Europa.

Contra eslogan: toda sociedad multirracial es multirracista, ninguna sociedad pluriculturelle o multiétnica es creadora.

Cliché n°8: "Hoy no hay más extranjeros en Francia que en 1936".

Tal es uno de los sofismas más bellos que se repiten hoy desde los medios regularmente copados por la izquierda, con la intención de calmar. Descansa en fundamentos estadísticos más o menos verdaderos. Simplemente, la noción de "francés", a causa de las naturalizaciones masivas (200.000 al año aproximadamente) y del derecho del suelo (automatismo de la nacionalidad en caso de nacimiento sobre el territorio) pierde poco a poco todo su sentido. Antaño, la República, rechazando el criterio racial, se enorgullecía que se convirtieran en franses los que, cultural y lingüísticamente, adoptaban con sumisión la "integración" en la "comunidad francesa". Pero hoy no es más el caso. Los nuevos franceses no se sienten franceses y no se reconocen en la cultura europea. Se sienten siempre solidarios de su pertenencia originaria. La noción de "nacionalidad francesa", privada de sus fundamentos etno-culturales a causa del cosmopolitismo republicano, ya no quiere decir gran cosa. Hay cada vez más emigrantes alógenos y jurídicamente franceses, que apenas saben utilizar la lengua famosa y nacional, mucho peor que los extranjeros francófonos de África negra o de Quebec. La misma noción de "francés" pierde poco a poco de su sentido. Toda definición de nacionalidad que no descanse sobre una base étnica pero estrictamente jurídica conduce al suicidio, tal como comprobó el Imperio Romano. Esta noción de "nacionalidad jurídica ", heredada de las guerras europeas del siglo XIX, no debería tener lugar en Europa. La noción de "extranjero" debe pues ser revisada de nuevo.

Contra eslogan: hay diez veces más alógenos no europeos en Francia que en 1936, esto es extranjeros en sentido étnico.

Cliché n°9: "Existe un Islam pacífico laico moderado perfectamente capaz de integrarse en los valores de la República".

El desconocimiento profundo del Islam y del Corán, como la incultura histórica están en el fundamento de este prejuicio, y ya hemos demostrado su inanidad en un capítulo precedente. El Islam es un bloque. Todo musulmán "moderado" puede hacerse, mañana, un mujahidin o amigo de guerreros islámicos, tal como se vió claramente durante la guerra de Argelia.

Contra eslogan: el Islam es una religión conquistadora, intolerante, teocrática, por esencia incompatible con todos los valores políticos europeos.

Cliché n°10: "La violencia en la escuela se debe a un mal entorno urbano, a una falta de medios y a un pauperismo".

La escuela de la III y de la IV República disponían del 80 % de medios menos que la escuela de la V República, era perfectamente integradora y aseguraba el ascenso social de los más desprovistos de riqueza, además de haber erradicado el analfabetismo y la ignorancia, desde el fin de la primaria. Hoy, con medios considerables, la Educación nacional vacila sobre sus bases. La transmisión de los conocimientos y de las reglas sociales no queda asegurada más que en el 50 % de los establecimientos, el otro 50 es presa de la anarquía y de la violencia. Este punto es tratado detalladamente en un capítulo precedente.

Contra eslogan: La violencia en la escuela se explica por el dogma pedagogista y antiautoritario, pero sobre todo por una presencia masiva de afromagrebíes mayoritariamente inasimilables.

Cliché n°11: "Para un Negro o un Magrebí es mucho más difícil de encontrar una vivienda o un empleo que para un francés autóctono".

Este cliché denuncia la legendaria "discriminación" de la que serían víctimas los afromagrebíes. Es verdad en primer lugar que ciertos propietarios rechazan alquilar a inmigrados. La razón no es racial sino que valora los problemas de vecindad que generan estas poblaciones, y las dificultades a menudo encontradas a la hora del pago. La negativa a la contratación de afromagrebíes valora en la mayoría de las veces la ausencia de competencia de los candidatos. Calixte Beyala y su Collectif Égalités (que no tiene nada igualitario ya que pretende imponer por la fuerza de las cuotas raciales en las contrataciones, particularmente en los medios de comunicación audiovisuales) jamás se ha preguntado por qué "hay tan pocos Negros en la televisión". ¿Discriminación por parte de las cadenas? Ciertamente no. Simplemente, los candidatos -es demasiado simple pues demasiado complicado de comprender para un intelectual- no están a la altura. La asociación Droit au Logement (DAL) para-trotskiste pretende que la mayoría de los ocupantes ilegales de una vivienda y los expulsados de viviendas ocupadas ilegalmente son familias africanas y magrebíes. Olvida precisar que estas personas son clandestinos ilegales que imponen su presencia, que raramente son expulsados como la ley prevé y que en general son realojados en otras casas, que gozan de la conmiseración oficial y acaban raramente con los sin techo franceses autóctonos en la miseria de la que los políticos y los medios de comunicación se burlan.

En realidad, las poblaciones alógenas gozan de facilidad de acceso a las viviendas sociales, privilegios de contratación (particularmente para los "empleos-jóvenes"), privilegios de ayudas y de subsidios múltiples, beneficios de los que los franceses autóctonos y los extranjeros de origen europeo son excluidos.

Contra eslogan: para un Negro o un Magrebí, es más fácil acceder a los empleos, a las viviendas, a los subsidios(asignaciones) que para un proletario de origen europeo.

Vamos ahora a examinar un cierto número de estos clichés y demostrar concretamente su absurdo.

(c) Por el texto Guillaume Faye

(c) Por la edición francesa: Editions de l’Aencre

(c) Por la traduccion castellana: Ernesto Milà

Alain de Benoist. Entrevista sobre el decrecimiento. Elements 2007/08

Infokrisis.- El verano de 2008 aprovechamos para traducir la obra de Alain de Benoist, "Mañana, el decrecimiento" que está en estos momentos entrega a la imprenta para publicarse en lengua castellana. Nos permitimos remarcar el interés que tiene esta obra para comprender las distintas escuelas ecologistas y particularmente la tendencia "decrecentista". Aprovechamos ahora para traducir esta entrevista publicada en el número 8 de la revista Elements que alude a los contenidos de esa obra.

Elements:  Contra el desarrollo sostenible y el conjunto de las visiones "progresistas" de la ecología y el hombre, una teoría del “decrecimiento" ha empezado a desarrollarse en los años 1970. ¿Puedes definirla y puedes describir sus principales desarrollos?

Alain de Benoist:  Estamos confrontados hoy a dos fenómenos que cada uno conoce bien: poluciones de todo tipo transforman progresivamente la Tierra en cubo del basura y arrastran serias irregularidades climáticas y un agotamiento acelerado de las reservas naturales que nuestro planeta tardó millones de años a constituir.  La causa mayor de esta situación es la civilización industrial que se ha lanzado durante dos siglos a una loca carrera sin preocuparse por entorno natural e imaginándose que los recursos naturales eran, al mismo tiempo, inagotables y gratuitos; pero no lo eran. La teoría del decrecimiento ha nacido tras una reflexión sobre la noción de “límites”, y más precisamente por la constatación de que no puede existir crecimiento económico (o demográfico) infinito en un espacio limitado y con las reservas naturales limitadas. Por decirlo de otra manera, nadie puede vivir indefinidamente a crédito sobre una capital no reproducible. El economista Nicholas Georgescu-Roegen ha sido uno de los primeros a presentar el decrecimiento como una consecuencia inevitable de los límites impuesta por la naturaleza. La idea ha sido luego recuperada, particularmente en los medios ecologistas, por un cierto número de economistas y teóricos.

Afirmando que hace falta hacer decrecer "huella ecológico" de las sociedades industriales, los “decrecentistas” constatan que vamos contra un muro, que vamos hacia allí muy rápidamente y que hace falta cambiar de ruta. Pero la temática del decrecimiento también tiene naturalmente un alcance antropológico y un aspecto moral. Tiene por eje el rechazo de la desmesura, el rechazo de una evolución que hace predominar el interés por las cosas inanimadas sobre las cosas vivientes, que redoblan la noción de valor sobre las nociones de cálculo y renta, y que acaba por transformar los seres humanos  mismos en objetos. La escuela propone, no una limitación de la libertad, sino al revés, una vuelta a la “vida buena" de la que habló a Aristóteles, por oposición a la “vida" ordinaria considerada solo en relación a las necesidades elementales. Es un rechazo a la mercantilización del mundo, un rechazo a esta fuga hacia adelante en el “cada vez más", que durante mucho tiempo ha consistido en internalizar los beneficios y externalizar las pérdidas, sin preocuparse por el marco natural de vida ni por las consecuencias futuras de nuestras acciones. Es una teoría que contradice a la mentalidad dominante actual según la cual vale más tener más que tratar pues de ser más(e incluso que el ser se reduce al tener).

Elements:
  El objetivo del que se habla hoy, sin embargo, es el de alcanzar un “desarrollo sostenible", algo que criticas duramente en tu libro. ¿Cuáles son las grandes líneas de esta crítica?

A. B. : El desarrollo sostenible consiste en reducir los costes, intentar utilizar menos materias primas,  generalizar el reciclaje, construir productos menos golosos en energía, recurrir a las fuentes de energía alternativas, etcétera. Todo eso es bonito y bueno… pero tales medidas no hacen evidentemente más que retroceder el fina. Sabiendo que el barco irá a chocar contra las rocas, el capitán se limita a reducir la velocidad, pero mantiene la ruta…

Tal como dice Patrick Viveret, el tiempo ecológico, la medida de los equilibrios naturales y el calendario climático, no concuerdan con el tiempo económico (la aproximación puramente cuantitativa y monetaria de las contabilidades públicas). El rechazo a considerar esta discordancia de las temporalidades muestra que la doctrina del “desarrollo sostenible" no cuestiona seriamente los principios de base de la sociedad actual. Se trata siempre de extraer un beneficio de los recursos naturales y humanos, y de reducir la deuda del hombre hacia la naturaleza mediante dispositivos técnicos que permiten transformar el entorno natural casi en una mercancía. Ahora bien, no puede coexistir de forma duradera la protección del entorno natural con la búsqueda obsesiva de un rendimiento cada vez mayor y de un beneficio cada vez más elevado. Estas dos lógicas son contradictorias.

Uno de los aspectos más absurdos del crecimiento medido por el PIB, producido interior bruto, es que éste contabiliza positivamente cada actividad económica a pesar de que resulte de la destrucción de un valor, por ejemplo, una catástrofe natural, un huracán o una marea negra." Señalo en mi libro que la consideración, en el establecimiento del PIB, de estas destrucciones de valor, de una parte, y de otra parte del coste real de la actividad económica, referida a sus efectos no comerciantes (impacto negativo sobre el biodiversidad) destrucción de los paisajes, polución del aire, etcétera), conduciría a evaluar muy diferentemente nuestros índices de crecimiento.

Como hoy todo el mundo se considera más o menos favorables a la ecología, sus adversarios no quieren quedarse al margen. Se dicen “ecologistas” a su manera. Su discurso es, aproximadamente, el de todos los políticos: reducirse a intentar conciliar lo inconciliable. La “buena" ecología, según ellos, es la que no amenaza la primacía de la economía, su idea es que no es preciso sobre todo oponer los que quieren proteger el planeta a los que quieren seguir engrosando sus beneficios. A este respecto es revelador la declaración de Luca Ferry que declara recientemente:  “Soy resueltamente favorable a la ecología dado que se integra dulcemente en a la economía de mercado." ¡Todo radica evidentemente en el “dado que!" Olivier Dassault, por su parte, va más lejos:  es a través del mercado que los problemas tienen solución, la prueba es que los derechos de contaminación se venden en Bolsa”. Conclusión:  “Finalmente, la ecología no puede ser más que liberal". Casi un sueño…

El desarrollo sostenible busca de poner al servicio de la lógica del capital una disciplina, la ecología, que por naturaleza contesta a sus fundamentos. Es la razón por la que Serge Latouche no titubea en calificarlo de "oxymorón." Símbolo de esta contradicción:  Nicolás Sarkozy firmando, como toda la clase política, el “Pacto Ecológico" de Nicolás Hulot, luego organizando “el Grenelle del medio ambiente" en el mismo momento que se declaraba dispuesto para “relanzar el crecimiento”. Bossuet dijo divertidamente que Dios se ríe de las criaturas que deploran los efectos pero que siguen aferrados a las causas." Querer al mismo tiempo “desarrollo" y “respeto por marco natural de vida”, es inventar la cuadratura del círculo.

Elements:  En tu libro, pones en aprietos, precisamente, algunas ideas recicladas regularmente por los medios de comunicación, particularmente el principio de que quien contamina, paga. En lugar de disuadir de contaminar o de “moralizar" la emisión de contaminantes, tendemos efectivamente a la constitución de un vasto y lucrativo “mercado de la polución": a los que contamina de más, y que también soy más ricos, se les atribuyen verdaderos derechos para contaminar" mediante un coste añadido que se apresuran a repercutirr sobre sus precios. ¿Qué piensas del principio de precaución?

A. B. : El principio de precaución es la respuesta dada por los juristas al  "indeterminismo metafísico" (Karl Popper) que, poco a poco, se ha impuesto en las ciencias. Desde Ludwig Boltzmann y Henri Poincaré hasta Werner Heisenberg e Ilya Prigogine, el desarrollo científico nos ha conducido a abandonar el paradigma clásico de algo real accesible en su totalidad al espíritu humano, pues la imposibilidad de conocer los valores iniciales de un sistema rompe cualquier esperanza previsibilidad. El sueño de Laplace, participando de una esperanza ontológica se basada en el determinismo metafísico y todavía seguido por Einstein, Rosen y Podolski, todos hostiles a las consecuencias epistemológicas de la revolución de los quanta, ha cedido el sitio a una representación del mundo incompatible con la idea liberal de una “mano invisible" dando a luz una sociedad armoniosa por la simple oblicuidad del mercado.

En Francia, como lo se sabe, el principio de precaución fue incorporado en el 2005 al texto de la Constitución que estipula que, “cuando la realización de un daño, aunque incierto en el estado de los conocimientos científicos, podría afectar de modo grave e irreversible el entorno natural, las autoridades públicas velan por la puesta en marcha de procedimientos de valoración de los riesgos y adoptarán medidas provisionales y proporcionadas para detener la realización de un daño". Formulación bastante moderada y que ha dado lugar a las polémicas muy inútiles. Pero Jacques Attali no sale de su lógica cuando denuncia el principio de precaución como una amenaza para el crecimiento, mientras Claude Bébéar, hablando de "obscurantismo", asegura que no tenemos otra elección más que el hundimiento, dado que “ya estamos embarcados", del navío.

Todo depende naturalmente de las modalidades de aplicación. Admito la objeción de Jean-Pierre Dupuy según la cual “hay casos dónde la incertidumbre es tal que la incertidumbre es, en sí misma, incierta”, de modo que “no puede saberse si las condiciones de aplicación del principio de precaución son satisfechas o no”. Pero se trata de caso-límite. El principio de precaución no es un principio que hace del “miedo" el motor de las políticas públicas, incapaz de estimular la investigación y la innovación y acabar en la parálisis. No es, en absoluto, un principio de abstención que conduciría a no hacer nada, ni el fruto de una ideología de la “tercera edad" aspirando al riesgo cero. Es un principio de acción que, esforzándose por debatir sobre lo probable (que, como observó Bergson, no nos parece retrospectivamente “posible" más que cuando ha ocurrido) y teniendo en cuenta la incertidumbre del conocimiento, hace intervenir simplemente en las decisiones del momento presente la preocupación por el futuro. En otras palabras, es un principio que afirma que las medidas pueden ser también tomadas en la ausencia de certeza absoluta y sin esperar imposibles “pericias definitivas", para que el riesgo haya sido percibido correctamente y haya sido valorado.

Elements:  ¿En tu opinión, es el decrecimiento la prolongación natural de la ecología, su traducción práctica? ¿Te parece la única respuesta económico-política a la crisis ecológica que están en vías de manifestarse?

A. B. : El subtítulo de mi libro es:  “Pensar la ecología hasta al final", lo que ya contesta a la pregunta. Está claro que a una preocupación ecológica rigurosa carrearía una teoría de la disminución. Algo lógico. Pero está claro que esta convicción no está compartida por todos. Ciertos ecologistas aceptan con más facilidad la idea del “desarrollo sostenible", otros incluso están dispuestos a ceder a los cantos sirenas de cierto capitalismo verde". Todo esto puede explicarse por la reticencia a romper claramente con la ideología del progreso.

El “desarrollo" prolonga, en efecto, la ideología del progreso que se encuentra expuesta en Bosquejo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano de Condorcet, pero también en formulaciones religiosas anteriores. La idea de que la humanidad es fundamentalmente una y que está destinada a pasar universalmente por los mismos estadios se encuentra en la economía de la salvación propuesta por san Agustín (se ha pasado de la economía de la salvación a la salvación por la economía). La visión de un desarrollo unilineal del devenir histórico, en oposición a la concepción cíclica heredada de los Antiguos, está en el origen mismo del monoteísmo y ha inspirado en todos los historiadores modernos la idea profana del “sentido de la historia" como substituto a la idea teológica de la Providencia.

Los partidarios del decrecimiento, no hay que ocultarlo, llaman a un cambio de civilización. Saben que lo que quieren conservar implica una verdadera Revolución (en estos son verdaderos “conservadores revolucionarios"). El tema de la disminución choca de lleno frente, no sólo con una tradición occidental fundada, al menos desde el Renacimiento, en la idea del dominio de la Tierra, sino también en un sistema económico, el capitalismo, para el cual la actividad económica implica un crecimiento sin fin, en los dos sentidos del término. Se comprenden entonces las dificultades con las que se choca y las resistencias que tienen que vencer. Cada tendencia llevada hasta lo exponencial implica lo que en matemáticas se llama un “paso al límite”. Los partidarios del decrecimiento si sitúan más allá de este paso al límite.

Elements:  Los “decrecentistas" experimentan las mayores dificultades para elaborar un programa político. ¿En qué podría consistir una política del decrecimiento? Evidentemente, semejante sociedad no está a la orden del día. ¿No podrá manifestarse más que en un contexto de crisis generalizada, sino de catástrofe?

A. B. : Serge Latouche cree mucho en la “pedagogía de las catástrofes". Por mi parte soy algo más reservado que él. ¡Temo que las catástrofes no tengan sobre todo efectos catastróficos! Lo que está seguro, éste es que si se continúa en la dirección actual, de las catástrofes son muy conocido. Eso dice, hace falta subrayar, a pesar de los piaillements de las críticas al Claude Vivaracho, que los trabajos del Grupo intergubernamental de peritos sobre la evolución del clima, GIEC que reúne hoy acerca de 200 científicos, no han manifestado para nada al primer golpe una inspiración catastrophiste", lo que incita a aún más cogerlos en serio. Sobre la calefacción climática, la primera relación del GIEC, en el 1990, se afirmó encoré agnóstico. Sólo está en el segundo, publicado más tarde cinco años, que esta calefacción ha sido declarada verificado con una fuerte presunción de la acción del hombre para explicar el aumento de los gases a efecto cierra que paran el destello infrarrojo emití de la Tierra. La tercera relación, parecida en 2001, afirmó por fin con limpieza que lo esencial de la calefacción de las últimas décadas ha sido debido al aumento de los gases a efecto cierra imputable al empleo de las energías fósiles.

Pero la cuestión del calentamiento climático sólo es un aspecto del problema de la evolución de los ecosistemas confrontado con las desestabilizaciones entrópicas. Recientemente se ha revelado que la subida del nivel del mar debido al calentamiento climático podría, no sólo arrastrar la inundación de numerosas tierras costeras, con todas las consecuencias económicas y sociales que eso implica, sino también contaminar con el agua salada de un 30 a un 40% del agua potable subterránea que existe en la plataforma continental. Ahora, sólo el 2% del agua presente en Tierra es potable, y se sabe que las capas freáticas ya están en vías de disminución.

El barril de petróleo que cotizó 20 dólares en el 2002, ha alcanzado prácticamente hoy los 100 dólares. El coste del petróleo sólo puede seguir aumentando por dos razones simples. El primero es que el “pico de Hubert” está a punto de ser alcanzando, más allá del cual, la mitad de las reservas originarias de petróleo habrán sido consumidas y el petróleo no podrá ser extraído más que a rendimiento menguante. El segundo es que por eso mismo el petróleo está llamado a convertirse en una mercancía rara, cuya demanda será cada vez más superior a la oferta. En cuanto a la producción masiva de biocarburantes como el etanol, tendrá como resultado disminuir las superficies agrícolas dedicadas a los cultivos de alimentos. Esta situación es intrínsecamente polemógena: tras las guerras del petróleo, seguirán las guerras del agua.

Se puede ciertamente creen que el mercado y la inventiva humana solucionarán todos los problemas, que se descubrirán reservas de petróleo desconocidas, que los progresos tecnológicos harán aumentar la tasa de explotación de los yacimientos petrolíferos, que se pondrán a punto energías de sustitución mucho rentable, etcétera… es posible creer en todo eso, pero no es nada más que un acto de fe. Convocándonos a este acto de fe, los teólogos del crecimiento se revelan como los últimos creyentes de la ideología del progreso. Nada más…

En cuanto al programa político del decrecimiento, contra el que se levantan muchas objeciones (aumento del paro, efectos sociales devastadores, etcétera), queda por precisar algunos puntos. Pero numerosas propuestas prácticas han sido realizadas: relocalización de la producción, nueva orientación hacia la autosuficiencia, revaluación de los costes en función de sus incidencias no comerciantes, supresión de los productos desechables y penalización de los gastos publicitarios, reducción drástica del derroche y control de la obsolescencia programada de los productos, limitación del crédito, desarrollo de la economía directa y el sector terciario, reciclajes intensivos, limitación de los consumos “intermediario”, restauración del sector agrícola, relanzamiento de la democracia participativa en la esfera pública local, recurso a todos los niveles al principio de subsidiareidad, recronstrucción de los lazos sociales (entre los individuos, las comunidades y las familias), y de un tejido orgánico de cuerpos intermedios, etcétera. Sobre todos estos puntos, remiro al último libro de Serge Latouche, Pequeño tratado del decrecimiento sereno, (Ed. Mil y un noches) que subraya con mucha precisión la importancia que los “decrecentistas" conceden a la noción de autonomía (y, por tanto, de subsidiareidad), bajo todas sus formas económicas, políticas y sociales.

El error sería concebir el decrecimiento convivencial como una detención de la historia, un simple crecimiento negativo. El decrecimiento no propone de llegar a un estado estable, terminal, comparable a la sociedad sin clases de Marx, al equilibrio global de los liberales o al “fin de los tiempos" de la escatologia clásica.

Elements:  ¿Qué piensas de la fórmula, defendida por algunos “decrecentistas", de una renta universal, incondicional, generalizado para el conjunto de la población?

A. B. : Antes que de una “renta universal", prefiero hablar de renta de ciudadanía. Es una idea que encuentro extremadamente interesante, y que hará falta estudiar en serio un día o el otro. Es en todo caso revelador, es que esta propuesta, que se encuentra ya de Víctor Hugo y que ha recibido un principio de aplicación práctica en Norteamérica, ha encontrado defensores en los medios más diferentes:  en Francia, por ejemplo, ha sido sustentada por ecologistas como Yves Cochet o Christine Boutin (una “renta social garantizada desde la cuna a la tumba"), y para algunos liberales que ven en ello un remedio para luchar contra el “asistencialismo”. No tiene ciertamente como objetivo animar a las personas a "no hacer nada" (tanto más en la medida en sólo la percepción por ciudadanía no garantizaría un nivel de vida muy envidiable), sino que tiende a organizar toda la vida social sobre bases diferentes. También supone un cuestionamiento claro a la hipertrofia del salario. Al no tener espacio, porque el dossier es complejo, no me extenderé sobre el tema. Tendremos oportunidad de regresar a él. Por lo que se refiere a una aproximación teórica y a las modalidades de aplicación, me remitiré a los trabajos de economistas como Yoland Bresson, André Gorz, Laurent Geffroy, Philippe van Parijs, etcétera..

Elements:  La preocupación por la "ecología profunda" (deep ecology), es una constante de muchos movimientos que cuestionan la sociedad liberal, en especial de algunos comunitaristas americanos como Edward Goldsmith, Robert Hainard o Arne Næss, movimiento que se ha acentuado con la aparición relativamente reciente del "ecoterrorismo" ¿Qué piensas de esto?

A. B. : ¡Dejemos de parte el ecoterrorismo sobre qué no hay gran cosa a decir, si no que la más razonable de las doctrinas siempre puede inspirar el extremismo… En cuanto a la "ecología profunda" ha tenido el gran mérito de intentar dar a la ecología bases realmente filosóficas.  En mi libro, por ejemplo, hablo de los debates sobre el “valor intrínseco” de la naturaleza al que ha contribuido abundantemente. Le reprocho, por el contrario, caer en el exceso inverso al que denuncia: el “biocentrismo" igualitario defendido por algunos de sus partidarios no vale más que el antropocentrismo alimentado desde la época de Descartes o Galileo. Lo que está en juego entre los hombres y la naturaleza no es un juego de suma nula en el que todo lo que sería concedido a uno sería automáticamente perdido por él otro. Para decirlo más claramente, estoy convencido que se puede reconocer el lugar excepcional que ocupa al hombre entre los seres vivos sin conceder nada a la ideología del dominio desencadenado y del todo poder de la técnica.

Elements:  “Del hombre y de la naturaleza, escribes en tu libro, la pregunta crucial no es saber quién tiene que dominar al otro, sino saber cómo puede reinstaurarse y mantenerse la relación de co-pertenencia que ellos une" Pero, esta relación, esta suerte de pertenencia mutua entre la naturaleza y los hombres ¿quién ha sido responsable de que cediera y se derrumbara? ¿Y quién podría hacerla reaparecer?

A. B. : Amplia pregunta. Hablando en términos históricos, lo que lo ha hecho ceder y derrumbarse, es la cancelación de una representación hermenéutica del cosmos como un todo armonioso pudiendo servir de modelo a la conducta de los asuntos humanos. Este “desencanto del mundo", vaciando la naturaleza de todo lo que le se atribuyó antes como sagrada, ha sido incontestablemente cuestión del monoteísmo. Ha desembocado, a causa de la desviación cartesiana, en la transformación del mundo en un objeto inerte en el que el hombre fue invitado a erigirse como él “dueño soberano". Dualismo agudo, por consiguiente, entre el mundo-objeto y los hombre-sujeto que no han dejado de legitimar todas las formas de destrucción del entorno natural. Al mismo tiempo, la sustitución de una visión lineal y monovectorial de la historia humana a la concepción cíclica de los Antiguos le ha desembocado en el progresismo" moderno. En este sentido, la ecología aparece incontestablemente como una reapropriacion de otra relación  con la naturaleza diferente de la que ha dominación en los últimos siglos. Es preciso no equivocarse, lo que se cuestiona en este disciplina, es una cuestión a la vez filosófica y moral relativa a la relación del hombre con la naturaleza: relación de dominio o de co-pertenencia, de predación o de convivencia amistosa.

Elements:  ¿Para aplicar un día un decrecimiento probatorio, ¿no sería posible redoblar la diguración en la derecha de “Cómo no ser progresista sin convertirse en reaccionario" de Jean-Paul Besset por un “Cómo no ser reaccionario sin convertirse en progresista" de Alain de Benoist? ¿Es posible reunir a anti productivistas y anti-utilitaristas de derecha e izquierda?

A. B. : Siendo la Tierra nuestro patrimonio común y atravesando la preocupación ecológica potencialmente todos los terrenos heredados de la modernidad, es evidente que los hombres de derecha tanto como los hombres de izquierda, pueden tener buenas razones para proteger el entorno natural. Ha existido por lo demás siempre un anti-productivismo y un anti-utilitarismo de derecha cuyas raíces históricas son al menos tan viejas como las del anti-productivisme y del anti-utilitarismo de izquierda que fueron durante mucho tiempo ocultados por los espejismos del progreso. Serge Latouche llega incluso a reconocer que “la crítico más radical de la modernidad ha sido planteada más a la derecha que a la izquierda", algo que el compromiso reciente de la mayor parte de la derecha bajo la bandera liberal tiende a hacer olvidar. En contraposición, parece claramente hoy que el socialismo productivista siempre ha presentado puntos de convergencia mayor con la lógica de la expansión continua del capital, lo que da retrospectivamente razón a los partidarios de una “tercera vía".

La conjunción transversal a la que aludes y por la que yo también hago votos, se enfrenta sin embargo a lastres persistentes de un lado y del otro. A la izquierda, cierto número de “decrecentistas" han heredado un sectarismo del que no logran deshacerse. ¡Contrariamente, se consta hoy una indiferencia, hasta una hostilidad señalada hacia el ecologismo en los medios de derecha que alardean de no creer en el “calentamiento climático" (“¡que no se nos cuenten historias! ") o de tener otras prioridades, etc.

Las causas de esta actitud son variadas. Cuando no resultan de una adhesión pura y simple a las ideas liberales, pueden provenir de un no conformismo mal situado, de un deseo de realizar sistemáticamente lo contrario de lo que se dice o se escribe un poco por todas partes (es mucho más original afirmar que 2 + 2 son 5), o también de un deseo de voluntad de poder que llega a aceptar no importa qué forma de desmesura. En los medios de derecha, algunos definen ingenuamente la civilización europea a través del “espíritu prometeico”, sin preguntarse porque, en la mitología griega, Prometeo es condenado por los dioses (representa el espíritu titánico portador del hybris anunciadora del caos. Otros ven en los ecologistas a izquierdistas mal arrepentidos o en el amor de la Tierra una forma de “mundialismo", sin advertir que la misma teoría del decrecimineto plantea detener la mundialización enfatizando el localismo. Bruscamente, estos medios son inducidos naturalmente a aceptar la lógica del depredación y el reino sin límite de la voluntad de poder. Uno queda sorprendido cual los adversarios de la ideología del progreso no perciben que la ecología representa hoy la forma más vigorosa de contestación de esta ideología, que personas para las que el hombre es primeramente un heredero no comprenden que el entorno natural carácter forma parte de la herencia y que los adeptos de los valores propios de las sociedades tradicionales derivan de allí, por pura estupidez o pereza intelectual, para hacerse ardientes defensores de una modernidad que ha laminado todo lo que habrían querido conservar.

(entrevista realizada por Michel de Urance y François Bousquet)

Diciembre de 2007

(c) Revista Elements

(c) Alain de Benoist, Michel de Urance y François Bousquet

(c) por la traducción: Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de éste texto sin indicar procedencia.

Alain de Benoist: El eje París - Berlín - Moscú

Infokrisis.- Hemos traducido esta conferencia de Alain de Benoist pronunciada dentro del ciclo "Encuentros del pensamiento rebelde", en 2004, poco después del inicio de la agresión norteamericana contra Irak. Parte de las esperanzas que nacieron en aquellos días, cuando el eje franco-alemán plantó cara a los EEUU, se han disipado, pero la necesidad de un eje París - Berlín - Moscú permanece. De ahí que hayamos considerado oportuno rescatar este texto todavía no traducido al español y presentarlo a llos lectores de infoKrisis.

 

Encuentros del pensamiento rebelde
París, el 18 de enero de 2004
EL EJE PARIS-BERLIN-MOSCOU


Señoras, Señores, Queridos amigos,

Durante los años, si no de las décadas, Europa ha representado una gran esperanza. Hoy, inspira sobre todo la inquietud. Se ve también en ocasiones como una amenaza. En verdad, desde la adopción del tratado de Maastricht en el 1992, Europa funciona de cabeza. Víctima de las lentitudes de la burocracia de Bruselas, de la ausencia de unidad de puntos de vista de los países miembros y de las sutiles matizaciones sobre sus finalidades, exclusivamente preocupada por la competencia comercial y la ortodoxia financiera, se ha embarcado además en un apresurado proceso de ampliación que la condena a corto plazo a la impotencia y a la parálisis. La Europa política, hoy, aparece totalmente atascada.

El fracaso de la conferencia intergubernamental que se desarrolló el 12 y 13 de diciembre de 2003 en Bruselas ha constituido una demostración clara de la amplitud de la crisis. A causa de este fracaso, el sistema adoptado en la cumbre de Niza regulará, a partir del 1 de mayo de 2004, el funcionamiento de la Europa de los 25. Una Europa condenada por esto mismo al inmovilismo y, por tanto, privada de la posibilidad de desempeñar un papel político en la escena internacional. Esta situación, como se sabe, conviene perfectamente a los nuevos Estados miembros de Europa central y oriental que no ven en la unión europea más que un espacio económico y un manantial de subsidios, y que buscan prioritariamente, mediante su adhesión a Europa, integrarse completamente en la economía y en el mundo liberal. Estos países no están absolutamente interesados en una integración comunitaria suplementaria, y desde luego no van a preocuparse de construir un poder político europeo. No tienen otra ambición qué volverse países satélite de los Estados Unidos, como y lo fueron una vez Unión Soviética.

El proyecto de Constitución europea presentado el 20 de junio de 2003 en la cumbre de Tesalónica también es de los más significativos. Ciertamente, en relación a Europa, se tiene el derecho de pensar que una mala Constitución vale más que una Constitución digna de tal nombre. Todavía hace falta saber en qué consiste exactamente este texto.

Ahora, lo primero que es preciso subrayar a propósito de este proyecto es que no es en absoluto un proyecto de Constitución. Lo propio de una constitución es crear una comunidad política, fundar la identidad colectiva que presupone esta comunidad, lo que no es en absoluto aquí el caso. Una Constitución implica, además, un poder constituyente, es decir que exige ser redactada, adoptad y ratificada por el pueblo o, en su defecto, por una asamblea electa especialmente por los ciudadanos a tal efecto. En este caso, habría hecho falta pues que fuera elegida una asamblea constituyes o, por lo menos, que el Parlamento europeo se hubiera transformado en Asamblea Constituyente. En lugar de eso, el proyecto ha sido confiado a un conglomerado heteróclito de representantes de los gobiernos y de los Estados, de los Parlamentos nacionales, del Parlamento europeo y de la Comisión Europea de los que nadie ha recibido mandato alguno para debatir un proyecto de Constitución. En cuanto a los ciudadanos, tampoco serán consultados, ya que según las últimas noticias, la posibilidad de pronunciarse por referéndum sobre este texto tampoco les será concedida.

No se trata pues de una Constitución sino de una especie de tratado con valor constitucional, adoptado como una ley o un reglamento por los Estados firmantes, lo que es algo completamente diferente. La expresión de “tratado constitucional", en efecto, es contradictorio en sus términos: una Constitución es una ley de un tipo particular que, como tal, se impone a todos y a cada uno, mientras que un tratado es un simple contrato entre Estados que se interpreta a través de un método que privilegia el análisis de la voluntad de las partes. En el mejor de los casos, la Constitución será adoptada por los Estados conforme al procedimiento habitual empleado para los tratados y no podrá ser revisada más que según la regla de la unanimidad que no forma parte de los procedimientos constituyentes, sino más bien de los procedimientos diplomáticos. El proyecto tiene a gala subrayar que la Unión está “inspirada por la voluntad de los ciudadanos y de los Estados", en la práctica solo prevalecerá la voluntad de los Estados.

Una Constitución, finalmente, se limita en general a establecer un sistema institucional y definir algunos principios generales. Tiene que ser redactada de tal forma que todos los ciudadanos puedan reconocerse en ella, sean cuales sean sus opiniones políticas,  que, en un marco democrático, necesariamente son múltiples y divergentes. Sin embargo, el actual proyecto de Constitución, lejos de acoger todas las opciones políticas, excluye de partida a un cierto número proponiéndose adoptar orientaciones exclusivamente liberales.  Orientación decisiva, especialmente en la perspectiva de las nuevas adhesiones, ya que el artículo 1º del proyecto declara abrir la Unión “a todos los Estados europeos que respetan sus valores".

En su artículo 3º, el texto del proyecto hace de un “mercado único donde la competencia sea libre y no falseada” el objetivo central y el valor supremo de la unión. Por otra parte, el papel esencial atribuido al Banco Central Europeo es la estabilidad de los precios, pero no se concede ningún derecho de control sobre la política monetaria ni a los ciudadanos ni a los Estados. El objetivo de la libertad absoluta de los intercambios es situado como superior a cualquier otra finalidad. Eso significa, no sólo que nada estorbará los movimientos de capitales, especulativos y demás, sino que cada política pública en materia social o fiscal, en materia de control de la inmigración o preservación del entorno natural puede ser rechazado bajo la acusación de “falsear la libre competencia”. Estipular que ninguna política es ya posible, a partir de ahora, si atenta contra esta competencia, equivale a decir que ésta constituye un fin en sí misma y no un medio al servicio del empleo, del crecimiento, del equilibrio ecológico o de la justicia social.

El proyecto, en otros términos, acaba grabando en mármol y convirtiéndola en la única conforme a la Constitución una política rigurosamente liberal hoy fracasada a la vista de sus resultados. Una vez “constitucionalizadas", tales orientaciones serán impuestas a las instituciones y a los Estados. Tal como ha escrito Dominique Rousseau, profesor de la universidad de Montpellier, el proyecto de “solamente al liberal la calidad de principio de derecho mayor sobre el cual fundar la legitimidad de las políticas públicas e impone a los ciudadanos europeos y a sus representantes inscribir sus leyes en la lógica de la economía de mercado".

Añadamos que el artículo 40º dispone que "para poner en marcha una cooperación más estrecha en materia de defensa recíproca, los Estados miembros trabajarán en estrecha cooperación con el OTAN" y que estipula que cada política de seguridad y de defensa común deberá “ser compatible" con la política adoptada en el marco de la OTAN. Esta disposición limita con antelación la autonomía de la política exterior de Europa y aliena sin discusión su independencia. Declarar como compatible la pertenencia a la OTAN y la realización de una “política común de seguridad y defensa" no puede ser en efecto que una petición de principio.

También hay otros argumentos tabú que el proyecto de Constitución se guarda mucho de abordar: el problema de la lengua de Europa, el problema de su capital, el problema de sus fronteras externas, el problema de las modalidades de aplicación del derecho comunitario, el problema del modo de financiación del presupuesto de la unión europea, etcétera

Frente a esta situación, dónde la lógica de los intereses particulares reemplaza la dinámica de la comunidad de pertenencia, sólo existe una solución: actuar de forma que los que no piensan en Europa más que en términos de mercado no impidan a los demás avanzar. La única alternativa es la formación de un “núcleo duro", asociando los países decididos a ir adelante en la construcción de un verdadero poder político. Esta idea fue explorada el año pasado, de modo premonitorio, por Henri de Grossouvre en su libro titulado París-Berlín-Moscú (1).

Significativamente, las señales precursoras de este eje París-Berlín-Moscú se manifestaron en la víspera de la guerra americana en Irak, cuando Francia Alemania y Rusia, en una declaración conjunta publicada el 5 de marzo de 2003, manifestaron claramente su rechazo a asociarse unilateralmente con esta agresión militar decidida por los Estados Unidos (2).

Este “núcleo duro" no puede descansar naturalmente más que sobre el tándem franco-alemán, cuyo papel en el seno de la unión europea no se ha desmentido nunca, por las razones históricas que Henri de Grossouvre, precisamente, supo recordar muy claramente cuando escribe que "desde la Edad Media, la calidad de las relaciones franco-alemanas decide de la paz o de la guerra en el continente". "Francia –prosigue- es el centro de la Europa del Oeste [...] es al mismo tiempo el único país europeo que participa tanto de la Europa del Norte y la Europa mediterránea, incluso con una fachada atlántica. Alemania es el gozne dinámico de Europa, la vía de paso obligado para introducirse en el Norte, en el este y en el oeste. Francia tiene al mismo tiempo una vocación mediterránea y una vocación renana. Los franceses y los alemanes tienen una parte de su historia común, el imperio de los Francos. Los herederos del imperio carolingio siempre han estado, económica y culturalmente, por delante del resto de Europa. Juntos, franceses y alemanes son el paso obligado, económico y política, de la Unión Europea" (3).

No es menos cierto que, durante mucho tiempo, Francia y Alemania han adoptado en relación a los Estados Unidos de la América actitudes diferentes. Por razones históricas muy conocidas, Alemania se ha reconstruido fundamentalmente a partir de 1945 bajo forma de un no-poder. Durante la época de la guerra fría, la República Federal se sintió dependiente de los Estados Unidos que la consideró, a su vez, como su aliado más seguro en el centro de Europa. Retomando una fórmula célebre pudo decirse que Alemania fue entonces al mismo tiempo un gigante económico y un enano político, lo que la llevó a no jugar sobre la escena internacional más que un papel de reparto.

Ahora, es precisamente es precisamente esta ecuación la que tiende a desaparecer. Muchos signos muestran que Alemania pretende, a partir de ahora, emplear su unidad recobrada para desempeñar un papel político más en consonancia con su importancia real (4). Como siempre más allá de-Rin, la evolución es lenta, pero parece innegable que un nuevo rumbo se ha adoptado: el rechazo sin equívoco planteado por Alemania a la petición de apoyo formulada por los americanos en el asunto iraquí, es significativo. En Francia, este importante acontecimiento no ha sido valorado probablemente en su justa medida. Sin embargo, tal como Stephan Martens ha señalado, nunca tras la creación de la RFA, las relaciones germano-americanas fueron sacudidas por una crisis tan profunda" (5). Desde el 29 de noviembre de 1999, durante una de sus estancias en Francia, Gerhard Schröder hizo suya la formulo de "Europa poder". El 5 de agosto de 2002, en Hannover, declaró adherirse a una “vía alemana", (deutscher Weg), distinta de la seguida por la política americana, lo que debió facilitarle la reelección no hace mucho. Más recientemente todavía, en febrero de 2003, el semanario Der Spiegel pudo titular en portada: Revuelta contra América. David Schröder contra Goliat Bush" (6).

En cuanto a la opinión pública alemana, también ha evolucionado. Según un sondeo publicado hace algunos meses, el 76% de los alemanes estiman que los americanos siguen solamente sus intereses cuando intervienen en el extranjero, contra el 58% que opinaba lo mismo en 1993, y apenas son poco más del 31% quienes estiman que los Estados Unidos son hoy los garantes de la paz y la seguridad en el mundo, contra el 62% en el 1993.

Se trata pues de una evolución notable. Alemania abandona progresivamente su posición de mejor alumno de la clase atlántica. Se embarca con Francia en una empresa que se cree el núcleo de una verdadera defensa europea, lo que le permite a Henri de Grossouvre escribir que el fin del tabú transatlántico es el acontecimiento mayor de la política extranjera alemana desde el fin de la Segunda Guerra mundial" (7).

No es pues una casualidad que el fracaso de la cumbre de Bruselas haya relanzado enseguida la idea de una iniciativa franco-alemana para superar la crisis, iniciativa que se manifestaría en la formación en el seno de la unión europea de un “núcleo duro" cuyas formas queda todavía por determinar. Algunos también hablan ya de la creación de una verdadera confederación a franco-alemana que, si viera la luz algún día, reuniría probablemente también a los países de Benelux. Así se realizaría un proyecto que el General de Gaulle planteó hace ya mucho tiempo: revisar el tratado de Verdun que dividió en el año 842 el imperio de Carlomagno para reunificar a los Francos del Oeste y los Francos del Este.

Al mismo tiempo, aparece como vital establecer con Rusia una asociación estratégica que permita vincular este país con la unión europea en todo lo que concierne a la política extranjera, y reforzar con la cooperación con este país, particularmente en materia aeronáutica y energética. Es de nuevo el eje franco-alemán a quien le correspondería tomar la iniciativa de este acuerdo de asociación y espacio de cooperación al que podrían sumarse también países como Ucrania y el Bielorrusia. La incorporación de Rusia a este proyecto tendría mucho más calado que la asociación de un cierto número de países europeos que manifiestan sin ambigüedades su voluntad de no seguir jamás una política distinta de la trazada por Washington.

Francia, Alemania y Rusia no tienen sólo numerosos intereses políticos, económicos, estratégicos y culturales conjuntos. También son países notablemente complementarios. No tomaré aquí que dos ejemplos, uno concerniente a los problemas de defensa y el otro relativo a los recursos energéticos.

Se sabe que los Estados Unidos dedican anualmente el 3,4% de su PNB a gastos militares, mientras que Francia solamente le dedica el 2,6%. La ventaja de los americanos en este campo es, pues, la consecuencia lógica. Sin embargo, Francia, Alemania y Rusia dedican, entre las tres, más dinero a la defensa de lo que lo hace los Estados Unidos cada año. La coordinación de algunas inversiones podría permitir a Europa recuperar una parte de su retraso.

Pero Rusia, sobre todo, dispone de materias primas que no poseen ni franceses ni alemanes. El peso de los hidrocarburos y de las materias primas en general, es considerable en la economía rusa, y ha aportado en el 2003 el 35% del presupuesto nacional y el 13% del producto interior bruto (PIB). Rusia se es, a partir del año 2000, el tercer productor y el segundo exportador mundial de petróleo, pero también el primer productor y el primer exportador mundial de gas natural. Es decir, sus grupos petrolíferos y gasistas no son sólo actores económicos de primer plano, sino que también pueden desempeñar un papel eminentemente político, ofreciendo en parte a la Europa occidental un manantial de abastecimiento de energía alternativa a la obtenible en el Medio Oriente, hoy bajo control americano. Además, el cierre por parte de Alemania de la mayor parte de sus centrales nucleares va a hacer a este país más dependiente en lo que respecta a su producción de electricidad y de gas natural que viene principalmente de Rusia.
Alemania es, por lo demás, ya hoy el principal inversionista y el principal socio comercial de Rusia.

A este respecto es muy importante la construcción de la red ferroviaria denominada “Viento del Este" que conectará China con Europa occidental, pasando por Rusia, Bielorrusia y Alemania, o también la puesta en marcha  en abril de 2003 de un corredor ferroviario a través de Polonia que une a dos veces más velocidad que por vía marítima, Extremo Oriente con Europa occidental.

Naturalmente, sobre todo esto planean incertidumbres. Pesan principalmente sobre Rusia, cuya recuperación económico-política es un elemento vital para el futuro, pero que contiene cierto grado de imprevisibilidad. La reciente detención del "oligarca" Mikhaïl Khodorkovski, el hombre más rico de Rusia y uno de los principales símbolos de todas las malversaciones de los años 90 que había claramente adoptado posiciones pro-americanas ante la guerra de Irak, evidencias la voluntad de Vladimir Putin de restaurar el Estado y de sancionar un cierto número de mafiosos hasta ahora intocables. También hay los datos demográficos que son particularmente inquietantes tanto para Alemania como para Rusia, como también para la mayoría de los países de la Unión Europea, ya que se prevé que en 2050 la media de edad en Europa será de 57 años, por 37 en los Estados Unidos. Finalmente, hace falta contar evidentemente con los vaivenes electorales que, en cada país, pueden implicar modificaciones de la orientación política.

Más allá de estos datos coyunturales, existen tendencias de fondo y realidades permanentes, la principal de las cuales fue recordada por Henri de Grossouvre cuando escribió que “el adversario exacto de los Estados Unidos en el hemisferio Norte, es la Europa más grande, de Brest a Vladivostok, flanqueado en cada extremo por los archipiélagos británicos y japonés", añadiendo que “este gigantesco conjunto eurasiático reúne lo esencial de la población y de las riquezas mundiales" (8).

La idea de un eje París-Berlín-Moscú abre paso en los espíritus. Y lo que es más interesante, transciende todos los laminados habituales, y encuentra defensores en los medios más variados.

Jacques Julliard, por ejemplo, considera que ha llegado la hora de reforzar la pareja a franco-alemana. "E incluso –escribe- de la fusión orgánica de las dos naciones en los campos diplomáticos y militar, [porque] no hay otro remedio de salvar la idea europea amenazada por el neo-imperialismo americano" (9). "No existen actualmente, añade, más que dos países que, a pesar de sus dificultades coyunturales, reflejan la idea de una Europa-poder:  Francia y Alemania. Se puede añadir Bélgica. Propongo que se rehaga lo que Schumann hizo en el 1951 con el carbón y el acero: poner en común nuestro ejército, nuestra diplomacia y nuestra política económica. Todos los países que quieran asociarse con esta iniciativa serán bienvenidos [...] Estoy persuadido de que algunos países se sumarían. Italia, por ejemplo, después de que se haya desembarazado de Silvio Berlusconi" (10). Y añade: “Bastaría que Francia y Alemania pusieran en común sus recursos en materia de diplomacia y defensa para que la situación europea y mundial
se modificaran radicalmente”  (11).

Tal es también la opinión del diputado europeo Jean-Louis Bourlanges que considera que “tendría sentido formar dentro de la unión, y en terrenos en los que las competencias de la Unión son inciertas o no son exclusivas -la defensa, la política extranjera o la política presupuestaria-, un pacto federal entre algunos Estados decididos a poner en común sus medios institucionales, administrativos, de balance y militar, en vista de realizar una política común" (12).

"Más que nunca, París y Moscú tienen que acercarse, escribe por su parte el geopolítico Aymeric Chauprade (13), mientras el socialista Alain Joxe declara:  “Me parece que la elección de Alemania, de Francia y de Bélgica considerarse juntas como el núcleo fuerte de la defensa europea […] es un paso importante" (14). "Estoy persuadido, afirma Daniel Cohn-Bendit, que la idea de una federación limitada a algunos países y organizada a partir de un núcleo federal franco-alemán puede tener viabilidad. Sería de esperar que antes del 2009, se viera una federación europea nacer dentro de la Unión que acelerara la convergencia fiscal, social y económica. Tal núcleo puede ser atractivo para otros Estados miembros" (15). Y no habría dificultad en multiplicar los ejemplos.

En este contexto, en octubre de 2003, el Instituto Real de las Relaciones Internacionales (IRRI) de Bruselas publicó un documento titulado Un concepto de seguridad europeo para el siglo XXI no carente de interés ya que tiene el mérito de considerar la seguridad europea a partir de la misma Europa y de sus intereses y concluir que Europa sólo puede existir a condición de ser un poder. Se lee, por ejemplo:  “Independientemente del peso económico, político, demográfico y militar, no hay ningún poder sin voluntad [...] El poder necesita la voluntad de imponer su impronta sobre el curso de los acontecimientos. La unión europea sólo será potente si sus Estados-miembros ponen en común, voluntaria y colectivamente, su voluntad de constituir uno de los polos de un mundo multipolar y actúan en consecuencia”. En el mismo documento se subraya que “la única la autonomía de decisión permite la toma de conciencia de su identidad y su soberanía, y ofrece la responsabilidad de la decisión, sin inhibición causada por la costumbre de ser dependiente, sometida o agradecida".

Qué el eje París-Berlín-Moscú no sea una simple y cándida visión del espíritu todavía queda demostrado por la lectura de la prensa americana que considera que tal perspectiva es tomada muy en serio y percibida como un peligro real". “Todos los factores combinados -escribe el neoconservador John C. Hulsman en el periódico de la Foundation Heritage- Francia, Alemania y Rusia tienen potencialmente todos los atributos de un gran poder capaz a nivel global de hacer de contrapeso a los Estados Unidos, Francia facilita las orientaciones políticas e ideológicas, Alemania el poder económico y Rusia las capacidades militares". La conclusión del autor es que, para enfrentar esta amenaza, los Estados Unidos tienen que jugar golpe a golpe buscando por todos los medios fragmentar este núcleo anti-americano" (16).

*     *     *

Señores, Señoras, Queridos amigos,

Durante estos últimos años las tensiones entre Europa y los Estados Unidos no han cesado de agravarse. No afectan sólo al comercio, la carne, la aeronáutica, el proyecto Galileo, el sistema de posicionamiento y navegación por satélite competidor del sistema americano GPS. Se extienden a todos los campos y adoptan formas nuevas. Los políticos, por razones diplomáticas evidentes, a menudo tratan de disfrazarlas, como Jacques Chirac que afirma todavía hace algunos meses, en un coloquio organizado por el Financial Time que “Europa y los Estados Unidos comparten los mismos valores" (17). Pero, lo cierto es justamente lo contrario. Tal como Sylvie Kauffmann señaló recientemente “la evolución de las sociedades americanas y europeas durante las últimas décadas revela en realidad un foso creciente de naturaleza moral, cultural o político, sobre temas muy importantes como la guerra, la paz, la solidaridad social, la justicia, la inmigración o la religión" (18).

No puede dudarse que la globalización va a agriar estas divergencias de visión y de intereses entre Europa y los Estados Unidos, que, a fin de cuentas, derivan del punto de vista geopolítico, según el cual la Europa continental está más que nunca señalada como un poder terrestre y los Estados Unidos son un poder marítimo. "Los Estados Unidos son un pueblo del mar, recuerda Henri de Grossouvre, mientras Europa continental está marcada por su relación con la tierra. Los Estados Unidos, a causa de las guerras civiles europeas del siglo XX, han tomado el relevo del poder marítimo por excelencia, Inglaterra. La preponderancia del comercio y la subordinación de las otras actividades humanas a las relaciones comerciales les caracteriza" (19). Hay pues entre ambos una diferencia fundamental de concepciones del mundo y valores.

Ahora, lo que resulta interesante, es que esta diferencia es puesta de relieve hoy por los americanos para justificar su política. En un libro publicado el año pasado, y que ha causado mucho interés, el neo conservador Robert Kagan afirmaba por ejemplo que el foso que se ha cavado entre las dos riberas del Atlántico ya tiene demasiada profundidad para que se pueda esperar en superarse en un futuro previsible (20). Esta opinión es compartida también por otros comentaristas (21).

Simultáneamente, la posición americana en relación a Europa se ha aclarado netamente. En  junio de 2003, el semanal americano The New Republic anunciaba con titulares en primera página: “Europa superpotencia. Por qué América debe temer la construcción europea". El redactor jefe del periódico, Andrew Sullivan, escribió: “El principal poder que se beneficiará éxito de la construcción europea será Francia. Y las intenciones de Francia son esencialmente hostiles hacia los Estados Unidos, cultural, económica y diplomáticamente. El desafío actual a la política exterior americana es cómo impedir a la nueva Constitución europea convertirse en realidad". Tres meses más tarde, en el mes de septiembre, el semanario de William Kristol, The Weekly Standar, publicó un artículo titulado a “Contra Europa unida."

Los europeos son presentados en otro lugar, como sibaritas y cobardes, como fascistas o antisemitas incorregibles, como los traidores o simplemente como deficientes mentales. En el Washington Times, William R. Hawkins ha llegado a explicar que el enemigo número 1 de los Estados Unidos, no es Osama Bin Laden sino los europeos: “El mayor peligro para la independencia, la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos no vendrá quizás, en el alba del siglo XXI, de nuestros enemigos declarados, dotados de armas de destrucción masiva, sino de nuestros sedicentes amigos que sueñan con controlar nuestra economía y encadenar al gigante americano" (22).

Pierre Hassner lo reconoce: “hoy, el gobierno americano juega abiertamente a la división de Europa" (23). “ Por la primera vez del principio de la guerra fría -añade Timothy Garton Ash- se encuentran personas muy influyentes en Washington que afirman que está en el interés de los Estados Unidos tener una Europa débil y dividida" (24).

Esta hostilidad hacia Europa se duplica por la hostilidad hacia el euro que no tiene evidentemente nada de sorprendente. Durante la posguerra, los americanos pudieron beneficiarse de la guerra fría que los situaba en una posición de fuerza en relación a sus aliados europeos, y garantizaba la omnipotencia del dólar, utilizado como moneda de reserva por los bancos centrales de todos los países del mundo. Pero la guerra fría ha concluido y la llegada del euro amenaza el monopolio americano en los mercados de cambios monetarios mundiales. En un país que no cesa de consumir más de lo que produce, cuyo nivel de endeudamiento representa el 31% del producto interior bruto mundial y el 40% de la renta individual americana, cuya balanza de pagos no cesa de deteriorarse, cuyos déficits de cuenta corriente han alcanzado niveles históricos, y cuya tasa nacional de ahorro ha caído en 2002 a su nivel más bajo de todos los tiempos, el mantenimiento del monopolio del dólar es una necesidad vital.

Ciertamente, todavía hará falta tiempo para que el euro pueda convertirse en una moneda de reserva realmente concurrente con el dólar, pero cuando ocurra, Europa se estará poniendo en plano de igualdad con los Estados Unidos en este campo. Sería necesario para esto que el euro fuera mirado como un activo utilizable en todos los países, y que los Estados tengan el deseo de acumular en esta moneda sus reservas. Sería necesario también que pudiera garantizar continuamente una liquidez planetaria y desempeñar el papel clásico de “prestador de última instancia". No ha llegado todavía ese momento. El euro puede servir sin embargo, de ahora en adelante como moneda de reserva en un cierto número de mercados. Una etapa esencial además sería superada si la Unión Europea lograra convencer a los países exportadores de petróleo, empezando precisamente por Rusia, de aceptar euros en lugar de los dólares. El monopolio americano se encontraría entonces seriamente dañado, algo de lo que Washington es muy consciente.

Frente a la perspectiva de un eje París-Berlín-Moscú, los Estados Unidos no pueden pues más que reaccionar  y reaccionar con la violencia y la brutalidad que les caracteriza. La decisión americana, anunciada al principio del mes pasado, de excluir a Francia, Alemania y Rusia de los contratos para la reconstrucción de Irak, es a este respeto muy significativo.

Pero es probable que los Estados Unidos se vieran obligados a adoptar, ante los tres miembros de este eje virtual, una estrategia distinta. Condoleeza Rice, consejera a la seguridad nacional, dio una idea enunciando la consigna: Castigar a los franceses, ignorar a los alemanes y perdonar a los rusos" (25). Lo que quiere decir que Rusia es capaz de enmendarse, que Francia es irrecuperable y que, por lo que respecta a Alemania, basta con esperar.

En los años sucesivos, la política americana en relación a -como por lo demás en las relaciones con China-  va principalmente a consistir en un intento de cerco, tal como evidenció el asentamiento de las tropas americanas en las repúblicas musulmanas y la región del Caspio gracias a la guerra del Afganistán.

En relación a Alemania, los americanos harán inicialmente todo lo que esté en su mano para hacer estallar el idilio franco-alemán. El 3 de noviembre último, hemos visto al neo conservador Richard Perle, durante un foro organizado sobre el tema “Bundeswehr y sociedad", coger aparte violentamente al ministro alemán de la Defensa, Peter Struck, regañándole por la "profundización de las relaciones franco alemanas" y estigmatizando la fuerte tendencia de Francia y Alemania a expresar su solidaridad a la menor oportunidad", lo que ha provocado una protesta pública del antiguo jefe de Estado Mayor francés, el almirante Giacomo Lanxade. Al mismo momento, Michael Ledeen, uno de los “halcones” republicanos más cercanos que la Casa Blanca, declaró abiertamente que Francia y Alemania deberían de ser considerados ya como “enemigos estratégicos" de los Estados Unidos.

Es probable que los Estados Unidos también harán todo lo que esté en su mano poder para conseguir la salida de los social-demócratas alemanes del gobierno que, en razón misma de su antifascismo evidente, han podido expresar, sin ser sospechosos, ciertos sentimientos “nacionales", y para inducir la llegada al poder de los democristianos, tradicionalmente más atlantistas. Sin embargo, aunque esta eventualidad tuvo lugar, no es seguro que Washington pueda alcanzar sus fines. En el interior mismo de la CDU-CSU, existe toda una corriente que no es, en efecto, muy favorable a un retorno puro y simple a una alineación con los Estados Unidos. Henri de Grossouvre, a menudo, ha recordado que en el 2002 un acercamiento franco-alemán hubiera podido llegar hasta la creación de una confederación que ya había sido incluso estudiado por las autoridades francesas y el candidato Edmund Stoiber, estimando incluso como “casi nulos” los riesgos de tal circunstancia y de una evolución mayor de la política extranjera alemana.

Queda el caso de Francia, que los americanos, como acabo de decir, los Estados Unidos juzgan como aparentemente irrecuperable. Puede verse la prueba de una oleada de francofobia de violencia extraordinaria y de una amplitud sin precedentes que ha provocado el rechazo del gobierno francés de asociarse con la agresión contra Irak. Durante meses, los franceses han sido tratados en la prensa de “monos capitulacionistas y comedores de queso" (cheese eating surrender monkeys), e incluso se vieron autoadhesivos que proclamaban: “¡Primero Irak, luego Francia! ".  El error consistiría en creer que este francofobia se ha limitado a las capas marginales de la población, cuando en realidad, ha sido relanzada, con una virulencia asombrosamente fina, en los periódicos más serios. Sólo citaré algunos ejemplos de ese estilo. En el Weekly Estándar, considerado como uno de los periódicos más influyentes de los Estados Unidos, Larry Miller escribe:  “Hace mucho tiempo que los franceses me hartan;  ¡la próxima vez que los alemanes invadan vuestro pequeño país de mierda y necesitéis alguien para salvar vuestros traseros de colabos, os liberaréis solos!"  (26). En el Nueva York Post, Ralph Peters añade que Francia, dirigida por un pigmeo moral desprovisto de todo escrúpulo", y cuya única ambición es de defender el derecho a los dictadores a morir de vejez en la Riviera" es uno de los enemigos más repugnantes de América. Concluye: Francia tiene que sufrir, pecuniariamente y estratégicamente. Los franceses nos han golpeado por la espalda. En respuesta, deberíamos desollarlos vivos" (27).

El 28 de agosto de 2003, Thomas Friedman, probablemente el cronista de política extranjera más influyente de la prensa americana, quien recibió el Premio Pulitzer en el 2002, escribió en el Nueva York Time que entre los Estados Unidos y Francia, a partir de ahora, sólo existe “el estado de guerra", "Es tiempo para los americanos de darse cuenta de esto –afirmó- Francia no es sólo un aliado incómodo. No es sólo nuestro rival celoso. Francia se ha convertido en nuestro enemigo" (28).
"Francia deberá pagar", declaró no hace mucho Paul Wolfowitz, opinión de que un sondeo efectuado por el Instituto Harris mostró que es compartida hoy por el 43% de los americanos. A despecho de los propósitos agresivos sostenidos aquí y allí, no es exagerado decir pues que en el momento, para los Estados Unidos", París se hace valor como chivo expiatorio, víctima expiatoria, cabeza de turco y oveja negra" (29). Y que mostrarse agresivo con Francia es evidentemente una forma de dar ejemplo y disuadir a los tentados por imitarla: su castigo tendrá el valor de advertencia.

Los Estados Unidos que han intentado siempre instrumentalizar las rivalidades regionales, quieren proceder con la unión europea como han procedido en otros tiempos con el Imperio Austro-Húngaro. El objetivo, como siempre, es dividir para reinar. Con Samuel Huntington, ya intentaron oponer el mundo eslavo y ortodoxo a los países de Europa occidental, política que tuvo en el aplastamiento de Serbia, de algún modo, una aplicación práctica. Con Donald Rumsfeld, quieren jugar la carta de la “nueva Europa" –esto es la de los países de Europa Central que, en el seno mismo de la Unión Europea, están listos para aceptar el dominio de Washington-  para poner en dificultad a la vieja Europa", juzgada menos dócil. Calculo que vuelve a apoyarse en lo que Tony Judt ha llamado una “muleta de goma" (30), por la simple razón de que estos países son, en su mayor parte, países débiles, dependientes de Europa del punto de vista económico, y de Rusia por su aprovisionamiento energético, y que además pertenecen a la periferia, la cual no puede pasar sin el centro, mientras que, a la inversa, el centro si puede muy bien en el límite, prescindir de la periferia.

Los americanos, por fin, seguirán instalando bases militares en todas las regiones estratégicas por dónde pasan oleoductos y gasoductos, de Asia central a los Balcanes. Continuarán tratando a la OTAN como lo que siempre ha sido, desde la época de la Guerra Fría: un medio para impedir que Europa se reconstruyera como fuerza autónoma (31). Y, naturalmente, seguirá pesando sobre las opiniones públicas europeas por la ubicuidad de las redes de influencia de que disponen: políticos comprados al peso, medios de comunicación que comen de la mano, grandes fundaciones cuya financiación aseguran, asociaciones especializadas en el formateo de los espíritus, etcétera (32).

*     *     *

Señoras, Señores, Queridos amigos,

En materia de relaciones internacionales, como en muchos otros campos, se ha adoptado un giro radical en estos últimos años. Desde 1993-94, las viejas reglas del juego internacional han sido abandonadas, y hemos entrado entre lo que pudiera definirse como “era postatlántica”. Asistimos a la disolución de hecho de todo un sistema en el que la Alianza Atlántica fue el corazón, en efecto, disolución de la que los mismos Estados Unidos tienen la responsabilidad al exigir a sus aliados que se comportaran de vasallos.

Esta crisis del vínculo trasatlántico es en sí mismo indisociable de la llegada de un mundo nuevo. En este nuevo mundo, las líneas de batalla son menos internacionales que trasnacionales. La geografía de las iniciativas no es definida fundamentalmente por las fronteras nacionales, aunque la división de la política de seguridad entre interior y exterior tienda a desaparecer. Los choques decisivos no se producen entre civilizaciones (que no son realidades de poder, sino más bien crisoles de idea-fuerza), pero al mismo tiempo en su seno y a escala global. Se asiste por todas partes a la subida al poder de formas de poder transestatales o no estatales, en el seno de un espacio que ya no es arborescente, es decir compuesto por organizaciones tradicionales, sino rizómico, es decir, hecho por redes descentralizadas (33). A la guerra fría ha sucedido la paz caliente;  al mundo bipolar, una globalización en la que los Estados Unidos representan la fuerza principal, pero cuya lógica profunda es de esencia tecno-económica y financiera, ya que se distingue ante todo por el dominio planetario del Forma-Capital.

Los americanos siempre han pensado que sus valores y su estilo de vida son superiores a los demás y que poseen una validez universal. Desde sus orígenes, siempre han pensado que tuvieron por misión de esparcir estos valores y de imponer este estilo de vida a la superficie de la tierra. Desde siempre han creído en la división moral binaria del mundo. Desde siempre, estiman que encarnan el Bien y se imaginan, por expresarlo en los términos del presidente Wilson que les ha sido reservado el  "infinito privilegio" de “salvar el mundo" (34).

El movimiento hacia el unilateralismo y el hegemonismo vienen pues de muy lejos. Tal como ha dicho Hubert Védrine: “no es George Bush quien ha inventado el combate del bien contra el mal. Es tan viejo como América" (35). Pero en fechas recientes, este movimiento se ha acelerado, como resultado que “los mitos fundadores de la nación americana se han convertido en las políticas americanas operativas " (36).

El equipo que llegó al poder con George W. Bush asoció efectivamente dos corrientes diferentes. La primera es la de los fundamentalistas protestantes, hiper reaccionarios y populistas, pertenecientes a un movimiento “jacksonienne" cuyo jefe de filas es Billy Graham y que es representada hoy por Pat Robertson, Franklin Graham, Paul Weyrich o Ralph Reed. Gracias a ellos George W. Bush ha podido ser elegido.  La segunda corriente es ala de los “neoconservadores", a menudo antiguos izquierdistas, muy vinculados a la extrema derecha israelí que les ha provisto su parrilla de lectura sobre la situación en el Cercano-Oriente y hoy situada a la derecha del partido republicano. Los primeros están representados en la Casa Blanca por el secretario de Justicia, John Ashcroft, el consejero privado del presidente, Karl Rove o el secretario del interior, Gale Norton, moderados puritanos que piensan que los Estados Unidos son un pueblo elegido por la Providencia, provisto de un “destino manifiesto” y de una vocación misionera (37). Los segundos (Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Richard Perle, Douglas Feith, Elliot Abrams, etcétera), por su parte, han desarrollado la idea de unilateralismo, de guerra preventiva, de policía mundial que triunfa hoy. Ambos sectores se unen en la idea de que el mundo entero tiene que ser construido a imagen de América, expresando una misma hostilidad hacia cualquier país que expresase su desacuerdo, es decir, con una aventurerismo agresivo e iluminado.

Los americanos han asumido a la vez una lectura hollywoodense" y mesiánica de las relaciones internacionales. La visión del mundo a la que se adhieren es una visión no interactiva de  relación con otros, en la que cada poder independiente es percibido como un potencial adversario hostil. Esto significa que el pensamiento americano no tiene más referencia sí mismo y que los americanos ya no ven el resto del mundo más que a través de sí mismos. El resultado es un nuevo régimen de guerra, al mismo tiempo una nueva percepción de la política extranjera, basado en las armas. Toda idea de poder ha sido reconducida a una dimensión militar, la noción de “rival” se convierte inmediatamente en sinónimo de “enemigo”. Se comprende que, a partir de ahora, en estas condiciones, toda la doctrina estratégica americana tienda a impedir al resto del mundo de alcanzar la paridad militar y tecnológica con los Estados Unidos. Y que cualquiera que ose emitir críticas sobre la política extranjera de Washington sea presentado enseguida como un psicópata y un cómplice del “eje del mal” (38).

En la era “postatlántica", los Estados Unidos ya no disimulan su intención de afirmar su hegemonía. “Estiman tener solamente ellos el derecho de decidir, sin limitación externa de ningún tipo, sobre lo que tiene que ser hecho preventivamente por su seguridad, comprendido el impedir emerger a cualquier rival" (39). "Washington decide -escribe Justin Vaÿsse- y los aliados europeos tienen que conformarse con estas decisiones, sin tener verdaderamente voz, sin ni siquiera haber sido consultados en muchas ocasiones o informados de manera adecuada. Solicitan un apoyo casi automático, y el castigo de los disidentes ha reemplazado a la costumbre que consistió en minimizar los desacuerdos y evitar que no estallaran públicamente". En efecto, prosigue, “en el sistema postatlántico promovido por la administración  Bush, la importancia de un país no deriva de sus recursos propios, de su poder o del papel que asume en las tareas comunes, sino de su distancia con respecto del centro.  Como en Versalles, los aristócratas "domesticados" tuvieron que acostumbrarse a un nuevo sistema de poder, en función del sitio de cada uno en los círculos concéntricos alrededor de la persona del rey, y no de su poder propio. A su vez, el posicionamiento en los círculos concéntricos alrededor del rey o de Washington,  depende de la aquiescencia a la voluntad del centro, se ha convertido en la instancia legítima de clasificación  de los cortesanos o de los países" (40).

"Los americanos, observa por su parte Thierry de Montbrial, rechazan categóricamente la noción de un mundo multipolar, cuyas dos componentes son inaceptables a sus ojos. De una parte, quien dice mundo multipolar sobre entiende un equilibrio de los superpotencias, y por tanto, la necesidad de un contrapeso para los Estados Unidos […] No se acepta, por otra parte, que un equilibrio cualquiera pueda ser garantizado por la organización de las Naciones Unidas, es decir, en la práctica por el Consejo de Seguridad y más precisamente por sus cinco miembros permanentes. A los ojos de los americanos, esto equivaldría a reconocer a Francia, a Rusia y a China el derecho a formar con los Estados Unidos y Gran Bretaña una especie de directorio planetario" (41).

Todo eso, una vez más, no es realmente nuevo. Pero hasta aquí, la guerra conducida por América contra Europa y él “resto del mundo" ("the rest of the world"), toma esencialmente formas económicas y comerciales, manifestándose particularmente en el condicionamiento de las opiniones públicas, la manipulación de los espíritus, el descrédito sobre todo lo que pueda suponer la competencia (42). Lo nuevo, es que el primado estratégico se ha vuelto abiertamente militar, y que tiende a regular la extensión del mercado a través de acciones de violencia brutal.

En el libro que han publicado en 2003, Lawrence F. Kaplan y William Kristol describen así, sin prejuicios que “América tiene que ser no sólo el guardia civil o el alguacil del mundo, sino también su faro y su guía" (43). La globalización, explica otro neoconservador, Michael Novak, constituye una forma de reconstitución del mundo, y el centro de esta reconstitución son los Estados Unidos. "El interés americano, añade Richard Perle, es de tener [...] un mundo al que podemos exportar e importar y en donde no seamos amenazados" (44).

El objetivo final, es de establecer eso que el incondicional pro-americano Guy Millière ha propuesto sin complejos llamar el “América-mundo" (45). El objetivo de este neo-imperialismo alimentado por el espíritu de cruzada, el objetivo de esta auténtico teoestrategia" autista, es la imposición unilateral de los valores comerciales a la totalidad del planeta, la transformación de la tierra en un inmenso mercado homogéneo dónde reinaría sin división ni límite sólo la ley del beneficio, en resumen, la instauración de un modelo de sociedad en el que habrán de mucho más consumidores en cuanto haya menos ciudadanos.

Nunca, desde la época de Théodore Roosevelt (1912), los Estados Unidos hubieron investigado tan visiblemente como hoy el dominio por la fuerza militar, ni aspirado tan abiertamente a establecer de modo unilateral su supremacía sobre el planeta. Nunca como hoy manifestaron con la fuerza su rechazo radical a la noción de reciprocidad o arbitraje, en la medida en que ésta podría restringir su libertad de acción. Por ello no es excesivo decir que los Estados Unidos constituyen actualmente el principal factor de inestabilidad en el mundo, el principal factor de brutalización de las relaciones internacionales. Y este unilateralismo tiene las probabilidades de revelarse como duradero, incluso cuando George W. Bush deje la Casa Blanca, en la medida en que deriva desde hace años de una tradición histórica y de una evolución de las mentalidades a través de los años.

Pero, naturalmente, el sueño americano choca contra la realidad. Se en estos momentos en Irak: los Estados Unidos han ganado la guerra, pero ya han perdido la paz. Pretendieron instalar una democracia de mercado, pero han establecido el caos. Afirmaron luchar contra el terrorismo islámico, pero han dado al fundamentalismo musulmán razón de ser y fuerza para actuar. Quisieron aprovechar la ocasión para regular definitivamente el problema palestino pero su “hoja de ruta" ya no es más que un recuerdo. Y él muy revelador que, en ésta aventura, no hayan sido más capaces de conseguir el apoyo de México o Canadá que no hayan alcanzado alinear a los alemanes, o incluso que hayan chocado con el rechazo de Turquía, su aliado tradicional al Cercano-oriente, para autorizarlos a atacar Irak a partir de su suelo.
*
Señor, Distinguidos Sres., Queridos amigos,

Hace ahora más que diez años que los europeos eluden sistemáticamente la cuestión de saber si quieren o no construir un poder político y cuál sería la naturaleza de las relaciones que tal poder tendría con los Estados Unidos. Sin embargo, en el asunto iraquí, “la resistencia franco-alemana a las posiciones americanas ha tenido el mérito de localizar el factor capital en el futuro: hacer de la Unión Europea un actor capaz, sobre el plano internacional, de influenciar en el curso de las cosas, de imprimir su marca y de definir objetivos, de concebir la Europa de los 25 como un conjunto geopolítico" (46).

Formado a partir de la pareja franco-alemana, un eje París-Berlín-Moscú permitiría constituir, en un mundo transformado en multipolar, un formidable polo de seguridad y de prosperidad, en el mismo momento en que permitiría a Europa encontrar su autonomía y su capacidad de acción. Permitiría crear un poder político regional que no tiene por ambición de administrar los asuntos del mundo, sino contribuir a la regulación de la globalización. En lo inmediato, permitiría diferenciar aquéllos que, sobre nuestro continente, quieren avanzar y los que se contentan con constituir una simple zona de librecambio, sabiendo que, como ha dicho Giacomo Delors, “falto de tal diferenciación, Europa es condenada al estancamiento o a la dilución" (47).

“La alternativa es simple, nos dice Henri de Grossouvre. O los franceses y los europeos asumen la responsabilidad de su seguridad, de su política extranjera y de la evolución de su demografía y vuelven a ser actores de la política internacional, o bien salen historia, y desaparecen físicamente y de forma progresiva en el seno de una amplia zona de librecambio bajo protectorado estratégico americano".

En su rueda de prensa del 23 de julio de 1964, el General de Gaulle declaró: “Siguiéndonos, franceses, se trata de que Europa se haga europea. Una Europa europea significa que existe por sí misma y para sí misma, dicho de otra manera que en medio del mundo, tenga su propia política".

Siempre está allá. Ha comenzado una carrera de velocidad.

Alain de BENOIST

Referencias

1. Paris-Berlin-Moscou. La voie de l’indépendance et de la paix, L’Age d’Homme, Lausanne 2002.

2. Francia y Alemania habían ya manifestado su interior el 22 de enero de 2003, fecha que marcaba el 40 aniversario de la firma del tratado franco-alemán entre el general De Gaulle y el canciller Konrad Adenauer.

3. «Le temps de la fusion franco-allemande est venu», texto que se puede consultar en la web http://www.paris-berlin-moscou.org/, septiembre 2003.

4. Cf. especialmente Wolf Dieter Eberwein y Karl Kaiser (ed.), Germany’s New Foreign Policy. Decision-Making in an Interdependent World, Macmillan Palgrave, London 2001.

5. «L’Allemagne n’est plus américaine», en Outre-Terre, 5 de junio de 2003, pp. 175-190, p. 175.

6. «Aufstand gegen Amerika. David Schröder gegen Goliath Bush», en Der Spiegel, 20 febrero 2003.

7. «Nous et les Américains», en Outre-Terre, 5, junio 2003, p. 273.

8. Ibid., p. 263.

9. «Europe : vive le père Ubu!», en Le Nouvel Observateur, 12 de junio 2003, p. 68.

10. «Le crépuscule des dictateurs», en Politique internationale, verano 2003, p. 214.

11. «Marions-nous!», en Le Nouvel Observateur, 27 de noviembre 2003.

12. «La grande illusion», en Le Nouvel Observateur, 26 de junio 2003, p. 93.

13. L’Action française 2000, 18 septembre 2003, p. 9.

14. «Apogée ou déclin de l’empire?», en Mouvements, noviembre-diciembre 2003, p. 36.

15. «Faut-il sauver la Constitution européenne?», en Libération, 5 de octobre 2003, p. 5.

16. «Cherry-Picking: Preventing the Emergence of a Permanent Franco-German-Russian Alliance», en The Heritage Foundation. Policy Research and Analysis, 28 agosto 2003.

17. The Financial Times, 26 mayo 2003.

18. «Valeurs transatlantiques, pas si communes», en Le Monde, 6 de junio 2003, p. 1.

19. «Nous et les Américains», art. cit., p. 264.

20. Robert Kagan, Of Paradise and Power. America and Europe in the New World Order, Alfred A. Knopf, New York 2003 (trad. fr. : La puissance et la faiblesse. Les Etats-Unis et l’Europe dans le nouvel ordre mondial, Plon, Paris 2003). Por una crítica de este punto de vista, cf. David P. Calleo, «Power, Wealth and Wisdom. The United States and Europe after Iraq», en The National Interest, verano de 2003, pp. 5-15.

21. Cf. por ejemplo Nicholas Fraser, «Le Divorce: Do Europe and America Have Irreconciliable Difference?», en Harper’s Magazine, septiembre 2002, pp. 58-60.

22. «EU’s Angry Chorus», en Washington Times, 24 de mayo 2002. Cf. aussi David Brooks, «Among the Bourgeoisophobes. Why the Europeans and the Arabs, Each in their Own Way, Hate American  and Israel», en The Weekly Standard, 15 de abril 2002, que desarrolla la idea según la cual los europeos compartirían con los árabes una misma hostilidad “buguesófoba” con el materialismo americano.

23. «Europe/Etats-Unis : la tentation du divorce», en Politique internationale, verano de 2003, p. 171.

24. «Du rideau de fer à la faille transatlantique», en Esprit, octubre 2003, p. 79.

25. Citado por Jim Hoagland, «Three Miscreants», en The Washington Post, 13 de abril 2003.

26. «Le jour de gloire n’est pas arrivé!», en The Weekly Standard, 3 de junio 2002.

27. The New York Post, septiembre 2003. Cf. también Thomas L. Friedman, «Vote France off the Island», en The New York Times, 9 de febrero 2003; Steve Dunleavy, «How Dare the French Forget», en The New York Post, 10 de febrero 2003; John Laughland, «L’Amérique contre l’Europe, mais surtout contre la France», en Outre-Terre, 3, 2003, pp. 245-252.

28. «Our War with France», en The New York Times, 28 de agosto 2003. El artículo ha sido íntegramente traducido algunas semanas después por el semanario alemán Der Spiegel.

29. Justin Vaÿsse, «Le nouvel âge postatlantique», en Commentaire, 103, otoño de 2003, p. 544.

30. Tony Judt, «La voie américaine», en Le Débat, mayo-agosto de 2003, p. 44.

31. Cf. Christopher Layne, «America as European Hegemon», en The National Interest, verano de 2003, pp. 17-29.

32. Entre otros ejemplos, citemos el del Comité por la Liberación de Irak, cuyo presidente, Bruce P. Jackson, antiguo vice-presidente de la firma Lockeed-Martin, es a la vez el hombre que ha convencido al gobierno polaco para comprar aviones americanos antes que aparatos rusos o franceses y que está en el origen de la carta de los diez jefes de gobierno denunciando a principios de 2003 la posición franco-alemana sobre Irak.

33. Cf. Percy Kemp, «Chaos et cosmos de l’après-guerre froide», en Esprit, octubre de 2003, pp. 10-38.

34. Sobre las fuentes (y las manifestaciones) del mesianismo americano, cf. especialmente Ernst Lee Tuveson, Redeemer Nation. The Idea of America’s Millenial Role, University of Chicago Press, Chicago 1978 ; Walter Russell Mead, Special Providence. American Foreign Policy and How it Changed the World, Free Press, New York 2001 ; Clifford Longley, Chosen People. The Big Idea that Shapes England and America, Hodder & Stoughton, London 2002.

35. «Que faire avec l’hyperpuissance?», en Le Débat, mayo-julio de 2003, p. 8.

36. Ibid.

37. Sobre la componente religiosa del actual gobierno norteamericano, cf. El estudio muy detallado de Bernadette Rigal-Cellard, «Les origines de la rhétorique de l’axe du mal : droite chrétienne, millénarisme et messianisme américain», del que una versión resumida ha sido publicada en julio de 2003 en la revista Etudes (el texto íntegro disponible en red: <http://www.religioscope.info/article_189.shtml>).

38. Sobre la genesis de esta expresión “eje del mal”, cf. David Frumm, The Right Man, Random House, New York 2003, que relata en que cinsuntancias la fórmula fue puesta a punto por uno de los consejeros presidenciales de George W. Bush, Michael Gerson.

39. Hubert Védrine, Face à l’hyperpuissance, Fayard, Paris 2003.

40. Justin Vaÿsse, art. cit., pp. 542-543. Cf. tambien Pierre Hassner y Justin Vaÿsse, Washington et el mundo. Dilemmes d’une superpuissance, Autrement, Paris 2003.

41. «Les Etats-Unis contre l’“Europe puissance”», en Le Monde, 1 de agosto 2003.

42. Cf. Especialmente Rémi Kauffer, L’arme de la désinformation. Les multinationales américaines contre l’Europe, Grasset, Paris 1999. Sobre la permanencia del anti-europeisme americano, cf. También Romolo Gobbi, America contro Europa. L’antieuropeismo degli Americani dalle origini ai giorni nostri, M&B Publishing, Milano 2002.

43. Lawrence F. Kaplan y William Kristol, The War over Iraq. Saddam’s Tyranny and America Mission, Encounter, San Francisco 2003.

44. «Les relations entre l’Europe et les Etats-Unis», en Commentaire, 101, primavera 2003, p. 11.

45. Guy Millière, L’Amérique-monde, François-Xavier de Guibert, Paris 2000.

46. Stephan Martens, «L’Allemagne n’est plus américaine», art. cit., p. 189.

47. «Pourquoi l’Europe fait peur», en Le Nouvel Observateur, 2 octobre 2003, p. 62.

 

(c) Alain de Benoist

(c) Por la traducción: Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de esta traducción sin indicar origen.

 

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo II. Romper el termómetro para no conocer el problema. Un trabajo de desinformación

En estos momentos le resulta imposible al gobierno conocer exactamente el número de no europeos presentes en Francia ya que ha roto el termómetro: los servicios estadísticos no tienen el derecho de formular preguntas sobre los orígenes de los habitantes. La característica de una época de declive es enmascarar precisamente ese declive, censurar a los que anuncian la catástrofe. O bien negar las cifras -lo que ya no es posible-, o bien, de manera cada vez más frecuente, se pretende que este maelström étnico y demográfico no es peligroso, que provoca miedos injustificados, "fantasmas". Por dejadez intelectualista, se niega la realidad, o más bien sus consecuencias.

"Los psiquiatras coinciden en estimar que se tiene miedo de aquello que no se conoce" escribe Véziane de Vézin (La Figaró, 01/04/1999). Lo que, en realidad, hacen esos psiquiatras es exorcizar la realidad; hasta el momento en que lo real atrape a todo el mundo. La misma Véziane de Vézin deplora las "imposibilidades fijadas por el INSEE para conocer exactamente el origen de las personas en el curso de los censos".

La doctrina oficial es pues que el gobierno y sobre todo el pueblo no deben conocer las cifras reales de la inmigración ni la amplitud de la colonización étnica. Desgraciadamente para ellos, el espectáculo de la calle, de la salida de las escuelas, de las tasas de criminalidad entre los inmigrantes informa al pueblo mucho de manera mucho más certera que las intenciones tranquilizadoras de la clase político-mediática. Esta susurra: "Controlamos la situación. La policía vigila. La integración se produce, por las buenas o por las malas, pero se produce. Todo va bien. Los flujos están controlados". Desgraciadamente, todo esto es falso. Una colonización salvaje está en curso. Estamos en Roma en el siglo III y no lo sabemos aún. En el curso del censo de población de 1999, el INSEE ha optado por excluir a los inmigrantes.Fue excluido del formulario de preguntas la relativa al origen étnico y a la religión. Se contentaron con una "encuesta asociada", sobre el origen de los padres sondeando solamente a una persona sobre cien y por departamento. Max Clos escribía en Le Figaro (05/03/1999): "Un sociólogo ha explicado que atraer la atención sobre los caracteres étnicos o religiosos de una ciudad corre el riesgo de provocar reacciones racistas. La población podría están tentada de relacionar la población de origen magrebí o africano con la inseguridad". Como si "la población" no se diera cuenta por sí misma de la realidad que corre en las calles… Otro bonito ejemplo del desprecio hacia el pueblo y del desprecio a la famosa transparencia democrática por el poder.

Para que el enfermo no conozca si está con fiebre se opta por romper el termómetro. Ya que el poder niega que la inmigración sea un cataclismo social y sea en realidad una colonización de población, hace como si la inmigración no existiera. Esta maquinación sería incomprensible en los países anglosajones, donde no existe tal tabú étnico y donde todos los censos precisan cuidadosamente el origen nacional y racial y la pertenencia religiosa de los individuos.

Michèle Tribalat, director de investigaciones del Instituto Nacional de Estudios Demográficos, que protestaba contra esta censura, se ha visto acusado de "deriva extremista" porque pensaba que era necesario conocer el número aproximado de magrebís y africanos que viven en Francia. Explicaba ingenuamente, a pesar de no tener nada de cripto-fascista, que "sin embargo, es el único medio de poder aprehender los guetos en algunos barrios, poder estudiar las eventuales discriminaciones en el empleo o en cualquier otra actividad". Bueno… esta alma cándida anti-racista termina siendo considerado como racista simplemente porque quiere "saber".

Hervé Le Bras, demógrafo próximo a Claude Allègre ha acusado al FINED de "deriva derechista", mientras que el Instituto está formado notoriamente por investigadores de izquierda. Ha denunciado "un riesgo de discriminación en el censo si se tienen en cuenta los orígenes étnicos". La falsa moral se superpone siempre a la realidad.

Una colonización "por lo bajo", muy diferente del antiguo colonialismo europeo

No soy yo quien ha inventado el término "colonización", diciendo que no se trata de una inmigración en el sentido clásico sino de una ocupación definitiva de nuestro suelo por masas que se desplazan por razones económicas pero también por motivos políticos y étnicos de conquista. Existen analistas lúcidos que perciben el problema. Jean-Claude Barreau, por ejemplo (en De l'islam et du monde moderne y La France va-t-elle disparaître?) recuerda que todos estos inmigrantes, legales o clandestinos, que llegan a Europa y se reproducen conservan sus costumbres, su religión, su lengua y la memoria histórica, "no son inmigrantes sino colonos". Christian Jelen en Les casseurs de la République mantiene el mismo planteamiento. Ninguno, desgraciadamente aborda el problema absolutamente central del "caos étnico", mucho más importante que el del "consenso republicano", del que hablaré en uno de los capítulos de este ensayo. Pero, finalmente, algunos tienen el valor de dar la voz de alarma: nos están colonizando. Thierry Desjardin, amigo de Chirac, poco sospechoso de racismo, escribía en su Lettre au Président à propos de l'immigration, que fue cuidadosamente ocultada por los medios de comunicación de masas bienpensantes: "Este "jodido" problema va a ser el problema esencial de los próximos años, no hay que hacerse muchas ilusiones: hay decenas de millones de pobres gentes en el Tercer Mundo que van a preferir correr el riesgo de venir a nuestra casa antes que morirse de hambre en la suya".

Frente a este problema, los partidos mayoritarios han propuesto "ayudar" a los países exportadores de inmigrantes para que estén en condiciones de retenerlos en su territorio. ¡Aquí está la contradicción!: para regular los flujos migratorios, algunos bienpensantes proponen utilizar el arma económica del neocoloniamo, que ellos denostaban hace algunos años.

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Retorno del garrote: Europa está en estos momentos colonizada por aquellos que ella había colonizado antes. Pero las dos colonizaciones son de una naturaleza diametralmente opuesta. El colonialismo europeo era una "colonización por lo alto"; nuestra colonización por el Tercer Mundo es una "colonización por lo bajo". El colonialismo europeo había sido una empresa de civilización, la colonización de Europa es una empresa de descivilización.

Es preciso inicialmente acabar con el sacrosanto cliché según el cual el colonialismo europeo habría sido un "pillaje", un pecado histórico, una empresa de destrucción de "culturas eminentes", etc. En realidad, el colonialismo europeo ha sido beneficioso para el Tercer Mundo y su balance ha sido negativo para Europa.

Con esa ligereza y ese angelismo propio de la mentalidad europea, acentuados por la mística del Progreso y de la Misión Civilizadora, como Prometeo hemos dado el fuego a pueblos que no lo poseían. No hemos destruido en absoluto culturas tal como pretenden los defensores, en el fondo rousseaunianos y adeptos al mito del buen salvaje y del etnopluralismo, sean de izquierdas o de derechas. Tras el paso de los europeos, las culturas árabes, indias, chinas, africanas, etc. ¿han sido arrasadas? En absoluto. Siguen siendo vivaces y mucho menos occidentalizadas y americanizadas que las desgraciadas culturas europeas.

El colonialismo europeo no nos ha reportado ningún beneficio económico en relación a sus costes. Se ha hablado de "pillaje", de explotación de sus materias primas: pero estos pueblos eran incapaces técnicamente de explotarlas ellos mismos. Hoy, por ejemplo, las royalties giradas a todos los países petroleros del Tercer Mundo descansan completamente sobre la capacidad, el trabajo, las inversiones de europeos y americanos. Lo que les ofrecemos es una renta.

De forma general, la pauperización de los países del Sur no es una consecuencia del colonialismo o del neocolonialismo sino de su inmensa incapacidad para asumir su destino, incluso cuando poseen inmensas fuentes de recursos naturales. En otro tiempo llegué a pensar que el colonialismo europeo era cínicamente responsable, a causa de una tendencia al beneficio y a la explotación, de la depauperación del Tercer Mundo. Era una visión intelectualista que he abandonado.

El colonialismo ha girado contra nosotros como un boomerang. Hemos fallado, no por afán de lucro, sino por ingenuidad, universalismo, por exceso de generosidad más planteada, queriendo exporta por todas partes nuestra civilización hacia pueblos que no podían adoptarla. Ofreciendo nuestras técnicas sanitaria, hemos logrado que descendiera la tasa de mortalidad y hemos conseguido que la demografía de esos países estallara. Hemos aportado nuestras tecnologías, les hemos construido sus infraestructuras. Fue un grave error que hoy estamos pagando. Volveré más adelante sobre este punto: el error del europeo es ese gusto por las donaciones que se explica a la vez mediante la ideología caritativa cristiana y por su naturaleza propio del ingenuo que no alberga desconfianza. Los antiguos pueblos colonizados, con raras excepciones, nunca han realizado ningún reconocimiento a las aportaciones del colonialismo europeo.

El interés puesto por los franceses en Argelia, por ejemplo, no estaba motivada por un deseo de explotación ("hacer sudar al burnous"), sino por la ingenua voluntad de "exportar la civilización". El Bachaga Boualem lo ha reconocido. Escuelas, dispensarios, maternidades, cultivos de amplios territorios agrícolas que los indígenas eran incapaces de explotar, infraestructuras: todas estas difíciles empresas no sólo no han destruido la cultura de estos pueblos, sino que les han puesto el pie en el estribo, han dinamizado su demografía y les han dado acceso a la técnica europea. Hoy, los graves desórdenes que agitan Argelia se deben únicamente a su propia responsabilidad. Este país, como tantos otros, es constantemente asistido financieramente por Europa, de la misma forma que alegremente asistimos económicamente a la comunidad argelina instalada en Francia. De todos estos países afro-magrebíes que hemos tenido la desgracia de colonizar "por lo alto", aquellos a los que hemos aportado más beneficios, no hemos recogido más que resentimiento y odio. Funcionan según la mentalidad de la muerte del padre.

Y ahora nos colonizan "por lo bajo". Su llegada masiva  es para nosotros un factor global de debilitamiento y servidumbre, mientras que nosotros hemos sido para ellos un factor de reforzamiento a largo plazo. Para nosotros la mala conciencia y la culpabilización, para ellos la buena conciencia y la des-responsabilización.

Pero los europeos son responsables de los que les sucede. Nos hemos equivocado al creer en una civilización universal y querer convertirlos masivamente a nuestras visiones del mundo. Los romanos cometieron el mismo error. Terminaron por ser sumergidos por aquellos a los que quisieron romanizar. Es la tragedia de todo universalismo. Hoy, pagamos nuestros propios errores: les dejamos invadirnos, creyendo que nos aportarán sus dones, mientras que no nos traen más que sus propios desórdenes. La ligereza prometeica aliada con la caridad cristiana, tal es la tragedia del espíritu europeo. Médicos sin Fronteras, el "derecho de ingerencia", Amnesty International son ilustraciones de esta continuación del catastrófico colonialismo europeo. Se interesan antes por la suerte de los otros que por la suya propia. Se ha olvidado aquel proverbio medieval: "golpea al villano y te ungirá; unge al villano y te golpeará".

El inmigracionismo de los politicastros

Más aún que los gobiernos de derechas que, siendo Giscard presidente y Chirac primer ministro, inventaron el catastrófico concepto de "reagrupación familiar", los gobiernos de izquierda dan muestras de un verdadero frenesí inmigracionista. Sin que ningún motivo serio pueda ser invocado, el ministro de Interior, Jean-Pierre Chevènement deseó, en 1999, ¡elevar de 50.000 a 200.000 el número de visados concedidos anualmente para los argelinos¡ Se sabe que en su inmensa mayoría jamás vuelven a residir en su país de origen. Así se organiza a sabiendas el hecho de que Francia se haya convertido en el vertedero de África del Norte.

El 8 de julio de 1999, el mismo Chevènement, en un decreto discreto, ha facilitado y extendido la reagrupación familias, es decir la llegada a Francia de familias extranjeras para residir.  Incluso Claude Coasguen, una de las figuras de pro de la Democracia Liberal, ha calificado a esta medida de "irresponsable y que suscitará numerosos fraudes", mientras se faciliten las condiciones para obtener una tarjeta de residente. Este diputado parisino prosigue: "Ya han aparecido problemas con los ilegales, nosotros vamos ahora a generar problemas con los extranjeros con papeles" (Le Figaro, 11/07/1999). Además, adoleciendo de falta de medios y de efectivos suplementarios, la Oficina de Migraciones Internacionales se muestra incapaz de controlar seriamente las entradas. Jean-Pierre Chevènement, violando el artículo 45 de la ley que lleva su nombre, rechazó publicar el número de cartas de residencia entregadas a extranjeros en los años 1997 y 1998… empleando una vez más la conocida técnica de romper el termómetro antes que reconocer la existencia de la enfermedad.

Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Sociales ha publicado una cifra: de junio a diciembre de 1997, se ha constatado un alza del 37% de las cartas de residencia entregadas. A los inmigrantes clandestinos, casi inexpulsables se añade el flujo de verdaderas y falsas reagrupaciones familiares, los seudo-refugiados políticos y los flujos de estudiantes. Así, por efecto acumulado de las entradas clandestinas, de las entradas legales y de los nacimientos, la masa de población afro-magrebí (de los que todos los jóvenes resultarán un día naturalizados) crece a considerable velocidad.

¿Cuál es la motivación de los socialistas para animar y acelerar esta política suicida? Primeramente el dogma cosmopolita y universalista de la República Francesa, inspirado en el eslogan: "Todo hombre tiene dos patrias, la suya y Francia". Señalemos la ingenua creencia del PS de que los inmigrados serán sus electores y que les permitirán permanecer eternamente en el poder. Mientras que el día en que los inmigrantes voten en masa, lo harán por sus propios partidos y a sus propios líderes, probablemente islamistas.

Es preciso hablar también de esta especie de vértigo moral que embarga al político de izquierdas: para obtener el marchamo de antirracista y humanista (ya que no quiere ser tildado de social u obrerista y aún menos de "populista"), debe imperativamente favorecer la inmigración. Se aferra al dogma de "la inmigración, una oportunidad para Francia"… ¿Lo sigue creyendo?

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Hasta los años 70, parecía creer que los inmigrantes no eran más que una mano de obra de apoyo que no permanecería mucho tiempo y "volvería a su país" una vez hubiera hecho algo de fortuna. Raymond Barre inventó la angélica y tecnocrática idea de la "ayuda al retorno". Se les paga para que regresen. Luego, se encuentra interesante la idea de "co-desarrollo": gracias a nuestras ayudas masivas y a nuestros préstamos, creamos empleo en los países exportadores de inmigrantes, a fin de anclarlos allí. Durante el tiempo en el que pertenecí a la Nouvelle Droite sucumbí a esta ilusión. Lamentablemente, la idea del retorno, tanto como la del co-desarrollo, sin impracticables económica y psicológicamente. Primeramente, porque no se puede "ayudar" eternamente, asistir a un país mediante préstamos (jamás reembolsados= para que artificialmente cree empleos; luego porque los inmigrantes no quieren en ningún caso retornos a su país. Piensan como colonizadores en establecer definitivamente a sus familias. La mayoría de los que han percibido las ayudas al retorno han regresado de nuevo a Francia.

Aprovechan la extraordinaria debilidad de los gobiernos europeos, culpabilizados y acomplejados, para instalarse con toda impunidad. La reagrupación familiar de Giscard es el ejemplo incluso de una medida humanitaria poco reflexiva; y, sin embargo, éste último denunciaba algunos años después en Le Figaro Magazine una "invasión" ¡que él mismo había programado! Ante el revuelo provocado por sus manifestaciones, el antiguo presidente se perdió en confusas justificaciones. Al igual que más tarde Chirac -que, por su parte, había defendido la reagrupación familiar mientras fue Primer ministro- con su famosa frasecita sobre "los ruidos y los olores" de los inmigrantes. Tal pusilanimidad deja perplejos.

"El gobierno, de hecho, ha abandonado toda pretensión de regular los flujos migratorios, en beneficios de la mera gestión de los recién llegados, aparecidos fuera de cualquier voluntad política", escribe Ivan Rioufol (Le Figaro, 01/04/1999). Sin embargo, en la mayor parte de los países del mundo, las medidas de control de la inmigración son por todas partes mucho más duras que las medidas pretendidamente "fascistas" preconizadas por el Front National. Los inmigrantes no son considerados como colonos definitivos, ni como huéspedes refugiados acogidos en nombre de la religión de los derechos humanos, sino como visitantes provisionales. La mayor parte de los países del mundo consideran que su homogeneidad étnica es su bien más preciado; sus leyes sobre la inmigración no contravienen en nada al derecho internacional público y nadie les acusaría de practicar la "preferencia nacional" y las expulsiones de los clandestinos. Mientras que si un país europeo practicara claramente estas medidas, sería, por una especie de discriminación moral, situado al margen de la humanidad. 

La derecha, por su parte, copada por el fatalismo y la demagogia, admite las cosas como hechos consumados, algo que para ella resulta una tradición, maquillando las dimisiones como si se tratara de victorias. Charles Pasqua, devolviendo su banda de ministro del interior, se decía partidario en mayo de 1999 de la regularización masiva de clandestinos. François Bayrou, en agosto de 1999 defendía un "nuevo humanismo integral" según la expresión temerosa de la peor de las lenguas de algodón, mientras que Nicolás Sarzoky, recuperando una fórmula de los trotskistas de SOS Racismo, tras hacerse heraldo de una "derecha moderada y generosa", lanzaba la idea de "una Francia multicolor, la de los franceses diversos, múltiples, diferentes". Europa tiene el deber de ser una "tierra de acogida", deber que escapa a los demás pueblos. Armados de mucho más buen sentido que los europeos, los demás países del mundo saben perfectamente que las sociedades multi-etnicas y multi-raciales poseen problemas insuperables. Ante un aumento inquietante de la inmigración asiática, el gobierno de Arabia Saudí "ha reforzado la política de "saudización" de los empleos, que consiste en despedir al 90% de los extranjeros […] y reemplazarlos por saudíes. El sector privado, por su parte, ha sido obligado a seguir esta tendencia. El personal de cada empresa debe comprender más del 80% de suadíes" (Al Quds Al-Arabi, 14/01/1999). Amnesty International no ha tenido nada que decir, como tampoco este editorial del Soleil, diario de Dakar, bajo la pluma de Ousmane Sembé (05/06/1998): "las es expulsiones de clandestinos que viven sobre la carne del país no tienen nada que ver con ningún debate moral, sino sólo con la aplicación de las leyes ". En toda África, negra o magrebí, la inmigración masiva y definitiva es impensable. En la inmensa mayoría de los países musulmanes, la unión de una mahometana con un europeo -incluso sin casamiento- es prácticamente imposible. Ninguna alma cándida, política o intelectual, en Occidente, lo lamenta. En Irán, los matrimonios mixtos están prohibidos: la situación de colonización étnica masiva que sufre hoy Europa parecería impensable en cualquier otra parte del mundo. Europa aparece así, en el mundo entero, como una tierra abierta, cuya clase política admite casi unánimemente que las reglas de preservación territorial no se apliquen a su continente.

El círculo vicioso de las regularizaciones

Las oleadas de regularizaciones de clandestinos a las que ceden los países europeos, bajo presión de los lobis inmigracionistas y para evitar las acusaciones de "racismo", ni siquiera permiten "blanquear" -y no se trata de un nuevo de palabras- las cifras de alógenos. Son una señal para los innumerables candidatos a la inmigración en Europa y son también una bomba aspiradora suplementaria. Las regularizaciones, como un círculo vicioso, animan y aumentan aún la llegada de nuevos clandestinos que, a su vez, pedirán ser regularizados. Georges Tapinos, profesor en la IEP de París señala: "La inmigración irregular es un fenómeno continuo y dinámico, que no se detendrá bajo pretexto de que las regularizaciones. En los EEUU, tres millones de ilegales han sido regularizados en 1986 y hoy (1999) se estima que el número de ilegales vuelve a ser de tres millones".

Las "regularizaciones" son una terrible regalo a los inmigrantes alógenos. En noviembre de 1998, picado por el mosquito del humanitarismo, el gobierno italiano decidió regularizar a 38.000 clandestinos. Se produjo entonces un flujo increíble de clandestinos que vivían en Francia hacia Italia beneficiados por la posibilidad de circular libremente por el espacio Shengen europeo. Pero fue también un estímulo, por el efecto de boca a oreja o del "teléfono árabe", para todos los que vienen de Pakistán, de Marruecos y de África negra… Las "regularizaciones" lanzan un mensaje al mundo entero: "Europa es Eldorado, Podéis venir, no hay problemas".

Dicho de otra manera, las regularizaciones, contrariamente al objetivo buscado, no hacen descender el número de ilegales, sino que, simplemente, lo aumental. Según dos mecanismo: nuevos ilegales son incitados a la partida a causa de la mansedumbre de los países de acogida; y las regularizaciones forman "comunidades de acogida seguras" para sus compatriotas.

En 1997, según una estimación del Ministerio del Interior, 100.000 extranjeros en situación irregular vivían en Francia. Habida cuenta de la minimización de los datos estadísticos conflictivos, esta cifra puede multiplicarse fácilmente por dos. En el momento en que se aplicaron las medidas Jospin-Chevènement que supusieron la regularización masiva de finales de 1998, 143.000 ilegales decidieron "salir del armario". Se notará que los 43.000 cuya legalización fue rechazada continuaron viviendo en Francia tranquilamente sin ningún riesgo de expulsión. Circulares administrativas (ilegales) prohibían en efecto la detención de los rechazados. Ya, en 1982, 132.000 habían sido realizadas sobre las 145.000 presentadas. Fue la primera y la última vez..

Las regularizaciones de la última ola Jospin vienen en su mayor parte de África y del Magreb. Se experimentó un crecimiento de los asiáticos (8.000 chinos, 1.700 procedentes de Sri Lanka, 1.900 filipinos, 1.500 paquistaníes) que no procedían de antiguas colonias francesas. Los flujos de entrada se mundializan. Los únicos regularizados de origen europeo eran 190 rusos.

Uno de los criterios del 75% de las regularizaciones de clandestinos ha sido la "presencia de lazos familiares en Francia", lo que ha favorecido a los magrebís y a los negros africanos: así los miembros (verdaderos o presuntos) de familias de inmigrantes legales que residentes en Francia tienen todo el interés en venir e instalarse clandestinamente. Esta noción de "lazo familiar" es, por otra parte, muy elástico. En torno a 20.000 ilegales han sido regularizados porque eran padres de hijos nacidos en Francia y, por tanto, franceses; 10.000 por que se habían casado con una persona en situación regular (sin que el matrimonio fuera rechazado), etc. 16.500 eran "solteros" y han sido regularizados por que "tenían un trabajo regular". Dicho de otra manera: un "trabajo negro regular"… La ley, bonita muchacha, es cada vez violada con más frecuencia.

Un ciudadano musulmán de Malí que llega clandestinamente a Francia con dos concubinas y seis hijos y "esposa" a una tercera mujer (regularizada o francesa), teniendo con ella varios hijos, será beneficiario de importantes ayudas familiares y será finalmente regularizado ya que su "esposa" está legalizada y que sus hijos tenidos con ella son franceses en virtud del derecho de suelo.

Una pareja procedente de Sri-Lanka o marroquí que llega clandestinamente a Francia con tres hijos y que tiene otro más (ya francés) recibirá un subsidio familiar, cobrará la "renta de inserción", escolarizará gratuitamente a sus hijos y tendrá todas las posibilidades de ser finalmente regularizada.

La bomba aspiradora funciona a pleno rendimiento. Resulta inútil precisas que estas regularizaciones, operadas por circulares administrativas, son ilegales y antidemocráticas, ya que constituyen medidas arbitrarias que derogan la ley querida por el "pueblo francés". Al igual que son resulta ilegal y antidemocrático el rechazo a la expulsión de los clandestinos, con mas razón cuando se ha producido la comisión de un delito que concluye en una condena penal. La voluntad general es abiertamente vulnerada y befada en nombre de los habituales y fofos criterios humanitaristas. Pero ¿durante cuánto tiempo seguirá siendo esa la famosa "voluntad general"? Simple: hasta que las minorías se conviertan en mayoría.

(c) Guillaume Faye

(c) Editions de L'Aencre

(c) Por la traducción Ernest Milà

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo II. Los mecanismos de la colonización y de la inversión demográfica. La implacable lógica de las cifras

Cuando los franceses colonizaron Argelia, la población europea fue siempre minoritaria en relación a los árabes. Más aún: la tasa de reproducción de las poblaciones indígenas se convirtió rápidamente en más fuerte que la de los europeos, ya que estos, con su habituales ligerezas filantrópicas, crearon hospitales y dispensarios que hicieron caer las cifras de mortalidad infantil entre los indígenas. Vivimos en Europa una situación rigurosamente inversa y, paradójicamente, similar: inversa porque el colonizador extranjero tiene un dinamismo demográfico superior al de los autóctonos europeos (amplificada por las constantes nuevas llegadas); y similar porque el crecimiento numérico de las poblaciones no europeas es rápido mientras que los europeos no renuevas sus generaciones.

Se trata de una inmersión demográfica. La consecuencia es clara, y es ahora visible para todos sin tener necesidad de consultar sabias estadísticas: desfiguración antropológica y la modificación en profundidad del sustrato étnico de Francia y seguramente de Europa. Más adelante veremos los riesgos de este fenómeno histórico rápido e inaudito, en progresión geométrica: decadencia de la civilización y de las culturas europeas, pérdida de independencia para el continente, posibilidad de una guerra civil étnica, etc. Al mismo tiempo, la presión del islam agrava la nocividad y los peligros de esta invasión demográfica.

Los defensores de las Luces, los medios progresistas y democráticos, los lobbis antirracistas, todos los inmigracionistas, ignoran que han abierto la caja de Pandora, la jaula del Tigre. Su hermosa concepción de una "sociedad de tolerancia" corre el riesgo de ser barrida por el cambio del sustrato étnico y cultural de Europa que han permitido sino impulsado. Más generalmente, la historia considerará que los europeos fueron víctimas de la misma ceguera que los indios de América del Sur. Abrir la puerta a los colonos, creyendo que les van a traer beneficios, y despertarse cuando ya es demasiado tarde.

Iban Rioufol escribe (Le Figaro, 01/04/1999): "La llegada de inmigrantes está en camino de cambiar la fisonomía del Viejo Continente […] Francia se hace mestiza. Según los datos oficiales, sobre 102.500 extranjeros que se establecieron regularmente en 1997, el 59%  procedían de África, el 22% de Asia y un 8% de Europa, sin contar los de la Unión Europea. La reagrupación familiar está en el origen del 70% de estas entradas. El actual gobierno ha relajado las normas. La Dirección de Población  de Migraciones del Ministerio de la Solidaridad acaba de registrar un alza del 35% de la inmigración legal, desde 1997. Es estas llegadas se añaden las más imprecisas pero importantes, de los clandestinos. Los sin-papeles -mala conciencia de la izquierda- habiendo obtenido la seguridad de que no serán jamás expulsados por la fuerza […], Francia no ha sabido proveerse de los medios de una política de inmigración disuasiva. Por el contrario, sus protecciones sociales y jurídicas siguen siendo extremadamente atractivas".

Menos que cualquier otro país de Europa, Francia no controla a la inmigración. Peor aún, como veremos más adelante, una ideología cosmopolita se emplea con todas sus fuerzas en abrir el grifo de entrada de extra-europeos con objetivos étnicos y políticos muy precisos. El suicidio étnico no se sufre solamente, es deseado por algunos.

La cifra aproximada de inmigrantes extranjeros en Francia en el año 2000 oscila de 5 a 8 millones, sin contar a los clandestinos y a todos los no-europeos presentes declarados "franceses" por aplicación del derecho del suelo.

Desde hace cuarenta años, 4,5 millones de alógenos se han instalado en el Hexágono francés y se han reproducido vertiginosamente. Nunca, en toda su historia, Francia ha conocido tal flujo de población. Es imposible que un choque étnico de estas características no tenga finalmente consecuencias históricas de envergadura. Por otra parte, el fenómeno no se detiene, ni siquiera se ralentiza.

El presidente del INED (Instituto Nacional de Estudios Demográficos), Jean Claude Barreau, un hombre de izquierdas poco sospechoso de agitar el "riesgo migratorio", declaraba tranquilamente: "Por término medio, en un año normal, se cuenta más o menos un flujo de 100.000 inmigrantes por año. La distorsión estadística de 1997 en relación a 1996 procede casi completamente de las regularizaciones inmigrantes ilegales y de las reagrupaciones familiares".

En diez años, sin tener en cuenta el número de nacimientos generados en el seno de familias inmigrantes y clandestinas, son pues ¡mucho más de un millón de alógenos no europeos, jóvenes y deseosos de reproducirse, los que han llegado a Francia! En la demografía las cosas van muy rápidas: sumando la tasa demográfica de los etno-alógenos ya presentes, mas fuerte que la de los autóctonos, los nuevos inmigrantes y la progenie de estos últimos, así como los mestizajes, en el horizonte del 2010, si nada lo impide, la población de Francia corre el riesgo de contar con mas de 15 millones de personas de origen extra europeo, de los que la mayoría será más joven que la población de cepas autóctonas.

El INED evaluaba en 1007 en 12 millones el número de personas con ascendencia "extranjera". El espectáculo de la calle está confirmado por los demógrafos. Contra más jóvenes son las generaciones, mayor es la población de alógenos: el efecto bola de nieve está llegando.

Por su parte, el experto demógrafo Jean Paul Gourevitch estima que en 2000 había 4,5 millones de inmigrantes, esto es el 8% de la población francesa, el flujo de entrada de los que quieren instalarse definitivamente en Francia; para 7 millones (12%) la población debería ser reconocida como parte integrante de la comunidad nacional, y a 7,8 millones (13,5%) el conjunto de la población de origen extranjero viviendo sobre Francia (en Immigration, la fracture legale, Le Pré aux Clercs, 1998). En realidad, estas cifras son ampliamente subestimadas.

Señalemos también que el número anual de naturalizaciones, en alza constante, (45.000 en 1987 y 73.000 en 1993) es enorme. Adicionados a los hijos de extranjeros que nacieron jurídicamente franceses en virtud del "derecho del suelo", estos "nuevos franceses" permiten a los sofistas afirmar que el número de "extranjeros" en el sentido jurídico es casi estable. Estas cifras (los 1 millones de "extranjeros en sentido amplio" del INED y los 7,5 millones de "extranjeros en el sentido estricto y reciente" de Gourevitch), ¿no tienen en cuenta los residentes en los DON-TOM y de las antiguas colonias, que son franceses de pleno derecho? Una reciente nota de coyuntura de la Embajada de Argelia en París (07/4/1999) no comunicada a los periodistas, pero que pude procurarme mediante trampas y hacer traducir del árabe, señalaba con júbilo de Argel, que el número de árabo-musulamnes presentes en Francia era muy superior en proporción a la de los europeos en África del Norte antes de la independencia.

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El mestizaje, por su parte, así mismo, avanza -lo que no es el caso en los EEUU, país de impermeabilidad racial-, dejando aparte el hecho de que la mayoría de uniones mixtas termina mal a causa de la distancia etno-cultural. Se estima que el 30% de los niños que nacen en Francia hoy tienen un ascendente extranjero de primera o segunda generación, la mayor parte de origen afro-asiático. El 11,25% de los casamientos oficiales son mixtos, sin contar las uniones de concubinato que pasan a través de las estadísticas. La gran mayoría de los mestizajes (a causa de la "desvirilización" del hombre europeo de la que hablaré más adelante) afecta a parejas en las que la mujer es europea. Y los mestizos, en su mayoría, no se sienten psicológicamente europeos, sobre todo los varones. Los otros países de Europa conocen la misma situación que Francia, pero con un retraso de en torno a diez años. Globalmente, Europa vive una tragedia demográfica y etno-cultural, enmascarada por el frágil parabrisas de las ilusiones económicas.
Todo esto terminará mal. Pero, en el fondo, para salir de esta situación, será preciso desear este final. Todo renacimiento, como todo nacimiento, se realiza en la sangre y en el dolor.

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En 1998, la llegada de inmigrantes regulares aumentó un 35% en relación a 1997 según las cifras del Ministerio del Interior, prueba que el gobierno francés ha renunciado a toda limitación seria de las entradas. La Oficina Estadística de la OCDE estima que el número acumulado, solo para Francia, de llegadas de inmigrantes regulares (refugiados, reagrupación familiar, etc.) y de clandestinos es de 150.000 por año. Sin contar los visados concedidos cada vez más generosamente para las "estancias turísticas", que se prolongan indefinidamente. El número de retornos o de expulsiones es cada vez mas débil, el saldo de las entradas está en torno a 200.000, el doble de las cifras oficiales citadas anteriormente. En diez años, a causa de este flujo serán dos millones de personas más los que tendrán sus hijos en nuestro suelo, sobre todo si son clandestinos a fin de impedir cualquier medida de expulsión.

Pero hay algo mucho peor. Un hecho capital del que no se habla jamás y que los medios de comunicación ocultan cuidadosamente, pero que el personal hospitalario conoce bien. Sobre 780.000 nacimientos anuales en Francia, una de las cifras más bajas de nuestra historia, 250.000 son nacimientos de madre magrebí, africanos o asiáticos, o bien de parejas mixtas. Se puede hablar pues de catástrofe étnica con una dimensión que jamás hemos afrontado en nuestra historia. Un tercio de los nacimientos son protagonizados por alógenos extra europeos según una encuesta del INSEE de 1994. La mitad de estos hijos ya es francesa porque son padres están naturalizados, la otra mitad adquirirá automáticamente la nacionalidad a su mayoría de edad, según el derecho del suelo. Es la "inmigración interior". Las maternidades son una vía de invasión más eficaz que las fronteras.

Hoy, el 8% de los adultos residentes en Francia son de origen extra-europeo, pero el 20% de los colegiales, mayoritariamente afro-magrebíes, y ¡el 34% de niños menores de cinco años! A este rimo, un tercio -seguramente más- de los adultos será afro-magrebí o asiático en una generación y ¡cerca de la mitad entre los "jóvenes"! Pero las cifras podrán ser aún más graves por la llegada constante de nuevos inmigrantes, jóvenes y prolijos, que vendrán a añadir su capacidad de procreación a la de los extranjeros ya instalados. Las minorías de hoy corren el riesgo de convertirse en mayorías mañana.

La realidad estadística está maquillada por las autoridades y los medios de comunicación "bienpensantes", pero se hace imposible camuflar lo que se instala en la calle. Se induce hipócritamente a creer que el número de extranjeros en Francia es estable -en torno a 4,5 millones- mientras que la proporción de inmigrados y de alógenos no cesa de crecer. Pero el derecho del suelo y las naturalizaciones masivas camuflan las verdaderas proporciones. El calificativo de "francés", en las actuales circunstancias, ya no tiene ningún significado: las naturalizaciones se realizan aceleradamente -¡desde 1996 a 2000 se han producido 100.000 naturalizaciones anuales que han "salido de las estadísticas" de inmigración- y los hijos de extranjeros nacen franceses. Estos "nuevos franceses" no están, sin embargo, integrados en la sociedad francesa.

De forma que, por un simple cálculo demográfico, es posible pronosticar que, si nada lo interrumpe, este proceso rápido y masivo, al igual que los EEUU (pero con consecuencias mucho más graves), Francia en el curso del siglo XXI corre el riesgo de no ser ya mayoritariamente un país de raza blanca ni de cultura europea. 

Ya hoy partes enteras del territorio nacional, como la comuna de Marsella, la villa de Rouvaix, el conjunto del departamento de Seine-Saint-Denis, los distritos XII, XIX y XX de París son zonas donde los europeos ya son una exigua minoría cuando no han desaparecido completamente. La cuestión que plantearé sin temor a lo largo de esta obra será saber si esta colonización de población masiva y brutal no atenta contra nuestros fundamentos biológicos, no corre el riesgo de arruinar nuestra civilización -incluso nuestro sacrosanto crecimiento económico- y hacer progresar nuestra cultura.

Un desastre demográfico

La situación de Europa es demográficamente desastrosa, tanto o más grave que durante la gran peste del siglo XIV y, desde luego mucho más que tras las dos guerras mundiales. Europa envejece, ya no renueva sus generaciones al mismo tiempo que acoge a masas afro-asiáticas que cada tienen un mayor protagonismo en la natalidad interior.

El informe de 1998 sobre las migraciones internacionales publicado por la OCDE anuncia resultados más que alarmantes: "Las migraciones juegan un papel no desdeñable en el crecimiento de la población de numerosos países. Así, desde 1988, el crecimiento demográfico de Europa deriva principalmente de la inmigración más que de los nacimientos, mientras que en los Estados Unidos los nacimientos juegan siempre un papel dominante".

Y a pesar de la aportación migratoria y de los nacimientos de alógenos, la población europea continúa envejeciendo y en algunas zonas de Italia y Alemania las cifras absolutas son impresionantes. Es decir, la increíble debilidad demográfica de los europeos de origen, puede compararse al etno-suicidio, del que hablaré más adelante. El informe explica: "Francia, el Reino Unido, los Países Bajos y Noruega deben su débil crecimiento demográfico a los nacimientos, mientras que en otras, como España, Grecia, Portugal, Austria y Dinamarca, es la aportación migratoria la que domina".

Y aún, hay que precisar que en los países donde los nacimientos aseguran aún un minúsculo crecimiento demográfico (debido igualmente a la disminución de la mortalidad esto es a la "multiplicación de los ancianos") una gran parte de los nacimientos y de la renovación por fecundidad natural no es debida a los europeos sino a los inmigrados.

Es un signo que, simbólicamente, no engaña: que incluso países como Portugal, Italia, Grecia o España, hasta no hace mucho generadores de inmigración y dotados de una alta natalidad, y cuyo nivel de vida económico no es el de Francia o Alemania, sufran hoy una profunda depresión demográfica y proyecten flujos migratorios llegados de África, participando en la enfermedad de Europa.

El informe observa continuación: "En Alemania y en Italia una muy fuerte inmigración no logra compensar una demografía natural negativa. Es pues difícil contar en la aportación de las migraciones para reducir o frenar el declive demográfico fuertemente marcado en algunos países".

Así nos encontramos frente a una situación dramática en Europa o no solo la población global disminuye pero donde la proporción de europeos no cesa de decrecer y la de los alógenos de aumentar. La relación de la OCDE precisa: "La aportación demográfica de la inmigración no se limita a las entradas de extranjeros. Se añaden sus hijos, en número más elevado que el de los hogares autóctonos. Así los nacimientos extranjeros o de origen extranjero representan una parte importante del total de los nacimientos en algunos países: 10'1% en 1996 en Francia (mientras que los extranjeros constituyen el 6,4% de la población), 13,3% en Alemania e incluso 22'8% en Suiza". Estas cifras no tienen en cuenta, para Francia, los nacimientos de padres naturalizados o convertidos en franceses por derecho de suelo… Ya que entre los "padres franceses" que hacen hijos, existe una fuerte proporción de magrebís o de africanos que tienen ya la nacionalidad francesa. Los Beurs de la "tercera generación" por ejemplo, los que protagonizan la crónica por sus razias incesantes, no solo son buenos jóvenes franceses sino que ¡también sin jurídicamente hijos de padres franceses! Sin embargo no entran en las estadísticas de nacimiento de extranjeros. En realidad, tal como he dicho antes, los "nacimientos de extranjeros reales" en Francia, es decir, los nacimientos étnicamente no europeos (y esto es lo más importante), son en torno al 30% o incluso más. Y la cifra corre el riesgo de progresar…

Y de todas formas para agravar el conjunto, todos los que nazcan se convertirán automáticamente franceses… Gracias al derecho del suelo, habrá siempre estadística y jurídicamente muchos franceses en Francia, una mayoría de hecho. Si, pero no serán europeos. Como tampoco los colonos europeos en América no eran indios… Para Europa, finalmente, y no tan lejos en el tiempo, tendrá lugar una explosión o una implosión, la crisis liberadora o el hundimiento. Volveremos a este tema en el capítulo final.

(c) Guillaume Faye

(c) Editions de L'Aencre

(c) Por la traducción: Ernest Milà

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo I. Una sinfonía española

Infokrisis.- Hemos abordado la traducción del libro de Guillaume Faye La Colonización de Europa publicado en el año 2000 por Editions de L'Aencre. Cinco años después de la publicación de esta obra estallaba la intifada en Francia... que había sido prevista en todos los detalles por Faye. Ocho años después las zonas de "non droit" habían pasado a ser más de 2.000 y se reproducían los incidentes de la intifada en la región de Saint Etienne. Cualquier excusa es buena. A pesar de que esta obra se refiere casi completamente a Francia, en el curso de la traducción vamos a realizar un esfuerzo de adaptación aprovechando para introducir los datos relativos a España en los lugares oportunos. Las 250 páginas de esta obra pueden calificarse de proféticas e inducen a una actitud que puede ser resumida en una palabra: Reconquista.

 

La Colonización de Europa
Guillaume Faye

 

Dedicado a la juventud europea


Introducción
Una sinfonía española


¿Inmigración mal controlada? ¿Exceso de trabajadores extranjeros? ¿Nacimiento tumultuoso y "simpático" de una sociedad multirracial en la "ciudad global" planetaria, cosmopolita y pacificada por Internet? No. Todo esto son ensoñaciones angelicales de intelectuales sin cultura histórica, sin memoria, sin realismo, sin presciencia. Colonización mediante el desplazamiento de poblaciones y estrategia de ocupación definitiva de Europa del Oeste por las masas del Sur y de Oriente en su mayoría musulmanes: esto es lo que vivimos. Y no lo viviremos pacíficamente.

Las cifras son alucinantes. Citemos tres solamente: el 25% de los jóvenes de 5 a 20 años nacidos en Francia son de origen extra-europeo. En 2010, el islam será la primera religión practicada en el Hexágono francés. El 75% de los actos de delincuencia violenta en 1998 han sido cometidos por magrebíes o africanos. Fuentes discretas: INSEE y ministerio del Interior. Los medios os están ocultando estas informaciones. Lo cierto es que las estadísticas rompen los termómetros. Pero el espectáculo de la calle informa al pueblo sobre aquello que se pretende disimular.

La invasión se realiza tanto mediante las maternidades como por la política de fronteras abiertas. La derecha blanda y la izquierda enloquecida hablan -cada vez menos, eso sí- de "fantasnas" cuando se evoca la realidad. Minimizan, reinterpretan y se tranquilizan, como aquel pésimo médico que contaba a un enfermo canceroso que solamente sufría de un enfriamiento pasajero. El número de necios es infinito.

Los expertos y los ideólogos, integracionistas o comunitaristas, de derechas o de izquierdas, buscan tranquilizar, racionalizar "todo pasará cuando nos hayamos sumergido en la multiculturalidad, viva la sociedad pluriétnica relajada y tranquila". La ceguera es total. La implacable lógica demográfica ejecuta rápidamente su obra matemática. Como la voluntad de conquistarnos,  a menudo reconocida por sus autores pero ignorada por la opinión pública.

Muchos líderes árabes y musulmanes, instalados en Europa o en el extranjero, desean y planifican estratégicamente la colonización irremediable y la ocupación definitiva de nuestras naciones. Algunos hablan incluso de "guerra santa" (djihad) en Europa. Es una venganza y una respuesta a las Cruzadas y al colonialismo europeo. Pero se adivina igualmente la expresión de la nueva voluntad de poder del islam, asociada a un resentimiento étnico implícito. Los otros pueblos del Sur y de Oriente se precipitan por la brecha. Consigna mundial: ¡Hay que conquistar Europa!

De hecho, Europa se desviriliza, festeja el Gay Pride, asunción de la homofilia triunfante; celebra las bajas tasas de natalidad, el individualismo desbocado, el mestizaje de sus mujeres y el etnomasoquismo. Les ofrece morada, cubre de subsidios y cuidados a ejércitos de falsos refugiados, pero deja morir de hambre a sus "sin techo" autóctonos. Define como inhumana la expulsión de los clandestinos, invasores. Practica la preferencia extranjera. Sus clases políticas, su burguesía xenófila, han querido que se pareciera a mujeres de edad que pagan a gigolós para que se instalen en su casa. Toda ocupación tiene colaboradores: los politicastros y la clase mediático-intelectual forman la armadura del partido inmigracionista, es decir colaboradores de nuestra colonización; están bien respaldados por las jerarquías religiosas católica, hebraica y protestante que no advierten que salsa corren el riesgo de comer. Los pueblos europeos, por su parte, no han sido nunca consultados, sobre todo los medios populares que sufren de lleno el azote y el choque con la inmigración colonizadora. Pronto será muy tarde y se alcanzará un punto sin retorno. Las urnas ya no podrán hablar. No quedarán más que dos hipótesis: la desaparición histórica o la reconquista. Volveremos a este tema.

La inmigración masiva de los pueblos del Sur y de los musulmanes es el mayor desafío que afronta Europa desde el fin del Imperio Romano. El tronco antropológico europeo está amenazado y, por tanto, toda nuestra civilización: una Tierra ocupada y un Pueblo que ya no renueva a sus generaciones y se hace reemplazar, en su propio suelo, por injertos de otros pueblos, tal es la banal dramaturgia histórica que arrasó el imperio faraónico, a los amerindios y tantos pueblos. La americanización cultural es detestable. Pero uno puede liberarse mucho más tranquilamente de un MacDonald que de una mezquita, de unos jeans antes que de un chador…

Las tragedias raramente son pacíficas. Y las colonizaciones no se hacen nunca sin enfrentamientos. Vivimos en Francia el inicio de una guerra civil étnica. La inmigración masiva no es sólo económicamente desastrosa (cuesta a Francia en torno a 800.000 millones al año), no ha arruinado solamente a la escuela pública, sino que ha generado el boom de lo que se llama impropiamente "delincuencia". Los barrios arrasados, los disturbios, las razias cada vez más frecuentes de las bandas afro-magrebís, las zonas en las que el Estado Republicano ha desaparecido se multiplican, los saqueos que se extienden al centro de las ciudades y ahora incluso a los campos, a las autopistas, a los trenes, las expulsiones de los europeos de las "ciudades", obedecen a iniciativas, no solamente de criminalidad, sino especialmente de conquista territorial. Esta última es el complemento de la inmersión demográfica. Naturalmente, el islam está activamente detrás de todo esto.  En cuanto a la alta criminalidad de los "Beurs-Blacks" ["beurs": descendientes de los árabes y bereberes inmigrantes en Francia; procede de la inversión del orden de las sílabas de la palabra "árabe": a-ra-beu que daría beu-ra-a y, por contracción beur], no es en absoluto consecuencia de una desesperanza económica o de la pobreza, ni de una pretendida "exclusión social" racista, ni siquiera de una revuelta realizada a imagen y semejanza de las del proletariado de otros tiempo, sino de un deseo de conquista y de humillación de los europeos fundada sobre el resentimiento.

A la delincuencia de robo y de pillaje, al crecimiento de una economía criminal paralela y parásita, se añade una voluntad de provocación belicosa… Hay que oír las palabras de las bandas de rap IAM, NTM o African Affirmation... Créame: todavía no hemos visto nada. La designación de los símbolos del Estado como objetivos (bomberos, policías, empleados de correos, inspectores de trenes, etc.) así lo atestigua, al igual que la progresión rápida de las instituciones islámicas controladas por los países árabes en todas las ciudades de Francia. Sustraer a Europa de su soberanía, primero interior, luego exterior, es un proceso que ha comenzado. Relean la historia...

En cuanto a los que nos señalan el "modelo multirracial americano", simplemente no conocen la naturaleza profunda de los Estados Unidos, faltos, sin duda, de haber vivido allí, como yo he podido hacerlo. Los Estados Unidos, son una sociedad financiera y policiaca, multiétnica y multirracial, una "no tierra sin pueblo", un calidoscopio gigantesco y humano repartido sobre un espacio inmenso, capaz de administrar muy bien las migraciones de poblaciones heterogéneas. Pero Europa, que es un Pueblo, sobre una red territorial muy reducida, no puede soportar el caos étnico sin guerra civil.

Los sueños de los futurólogos se convertirán en humo. El futuro está en el regreso y en el desarrollo de los comportamientos ancestrales, particularmente de las civilizaciones consideradas como los bloques étnicos. El paradigma del mestizaje universal, del "ciudadano del mundo" jamás se impondrá. Y, a despecho o a causa de la tecnociencia, el futuro será más arcaico -es decir, en el fondo, más etológicamente humano- que el pasado reciente. Estará dominado, a causa de la densidad humana creciente del planeta, por conflictos de pueblos, por el control de las tierras, los mares y las fuentes energéticas. Europa peninsular es la primera en ser ansiada. No por Rusia, sino por los Estados Unidos, económica y estratégicamente, y por el Sur bajo la bandera del islam.

La guerra étnica a cuyos primeros brotes estamos asistiendo, no es materia ni de la sociología ni de la criminología. Es geopolítica y geoétnica. Al término de una guerra, la historia proclama siempre a un vencedor y a un vencido. El vencido es, en general, aquel que rechaza el enfrentamiento, que niega la agresión, que toma al enemigo por su amigo. Mañana, si cien ciudades ardieran al mismo tiempo, ninguna fuerza de orden público estaría en condiciones de hacer nada tal como demuestra el cálculo numérico… Mañana, los jóvenes inmigrantes, contrariamente a los cálculos estúpidos del Partido Socialista o de los Verdes, no votarán por estos partidos, sino que aspirarán a tener representantes de su campo, musulmanes, que exigirán privilegios ante el poder. Es la lógica de la colonización por lo bajo.

Es posible que les vaya a sorprender, al igual que el médico que prescribe al enfermo la operación como última posibilidad, pienso que el estallido neto de una guerra civil étnica puede ser incluso necesario. Cuando una situación se vuelve insoportable, inextricable, solo la catástrofe -según la teoría matemática del mismo nombre- puede haber caer un sistema en el caos para que otro orden nazca. La juventud europea ¿va a tomar conciencia y a defenderse, animada por la memoria y la voluntad? Quizás no. Quizás…

No será desde luego el Estado de Derecho y sus policías impotentes quienes podrán combatir el caos étnico, sino el pueblo mismo: nuestro pueblo. No se tratará entonces de una "guerra civil" en el sentido fratricida clásico, sino mucho más de una guerra de liberación. La historia es irónica: Francia viviría entonces la situación de Argelia en 1960…

Pero es preciso no negar al enemigo su nobleza ni la humana justeza de su causa: ocupa el territorio que tú abandonas. Preserva su suelo y su sangre, extiende su suelo haciéndose con el tuyo y reemplaza tu sangre por la suya. El enemigo juega su papel y es estimable. Solo el colaboracionista, es decir el traidor, no lo es en absoluto.

Todo pueblo invadido en su tierra ha tenido siempre una consigna: de la Resistencia a la Reconquista. La "ayuda de regreso", brillante invención del economista de cámara Raymond Barre, en la historia, jamás ha funcionado verdaderamente… Reconquista, ¿una sinfonía española?

(c) Autor: Guillaume Faye
(c) Edición francesa: L'Aencre
(c) Traducción: Ernest Milà

La Jacksonmanía. Un artículo de Alain de Benoist

La Jacksonmanía. Un artículo de Alain de Benoist

¿Sobrevivirá el mundo a la muerte de Michael Jackson? Tal es la cuestión que es lícito plantear tras haber visto como se desarrollaba a escala planetaria una ola de "jacksonmasía" en comparación a la cual la "obamanía" de los últimos meses apenas era una broma.

Desde el anuncio de la muerte del cantante, todas las cadenas de televisión del mundo, o poco menos, se han transformado en "Jackson channels", "breking news" obliga. Desde el día de su muerte algunas cadenas no difunden más que los video-clips del inventor de Moonwalk. En Europa, las grandes cadenas generalistas cambiaron inmediatamente su programación haciendo desaparecer durante varios días toda información que no emanara de Neverland. Ni una palabra sobre la situación en Irán, sobre la guerra de Afganistán, sobre los atentados en Irak ¡Prioridad absoluta para Michel Jackson!

Luego, reportajes y homenajes se sucedieron vertiginosamente mientras que desde Los Ángeles a Tokyo pasando por París, Buenos Aires o Nairobi, reuniones espontáneas lograban agrupar a cientos de miles de alucinados inevitablemente provistos de su teléfono portátil y de sus reproductores mp3. La vida de  Jackson no tendrá secretos para nadie, sus orígenes, su carrera, sus cambios de pies, sus éxitos (750 millones de discos vendidos), sus últimas actuaciones, sus momentos finales, sus hijos, sus finanzas, su herencia. Se sabrá todo porque es preciso saberlo todo, ese todo ahogado en un diluvio de ditirambos e hipérboles: "El mayor cantante de la historia", "los mayores super-ventas", "el más genial", "el más creador", el más, el más…

Esta emoción planetaria permite soñar. No cuestionamos el talento, real o supuesto, de Michael Jackson, como tampoco sus capacidades como cantantes (y menos aún como bailarín). Lo que cuestionamos, es el tratamiento de la información dado por los medios de comunicación. El hecho es que ningún acontecimiento mundial ha recibido tal "cobertura" mediática desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ninguno. Si mañana produjeran la muerte de Obama, la de Putin o la del Papa, sin duda harían diez veces menos ruido. Muchos periodistas profesionales convienen en reconocer: ¿cómo podría darse técnicamente más relevancia a cualquier otro acontecimiento? De aquí la pregunta: la muerte de Michael Jackson es verdaderamente lo más importante que ha ocurrido en los últimos diez años?

Los comentarios de los "fans" más histéricos dan lugar también a reflexiones. Desde California, las televisiones los han hecho desfilar ante las cámaras para rivalizar en el vertido de afirmaciones delirantes: "El mayor cantante de todos los tiempos", "El hombre más importante desde Jesucristo", "Es la muerte de un genio", "Serán necesarios años para superar el duelo", etc. Para los funerales de "Bambi", más de medio millón de solicitudes de entradas se han solicitado a lo largo de todo el mundo. Las subastas en e-Bay han ascendido a 100.000 dólares por ticket. En los EEUU, donde la histeria parece ser una componente de la vida social, se cuenta ya con varias decenas de suicidas en nombre de Michael Jackson. El planeta vacila. Estamos asistiendo casi al nacimiento de una nueva religión.

Ciertamente no es de ayer el que masas inmensas estén dispuestas a atravesar el mundo para asistir a un gran acontecimiento deportivo o musical, mientras que los partidos políticos, los sindicatos y las Iglesias apenas están en condiciones de movilizar masas, lo que también resulta extremadamente significativo de nuestra tiempo. Pero aquí, en materia de desmesura, todas las fronteras han sido franqueadas. La distracción es esto precisamente. La distracción en el sentido expuesto por Pascal: lo que distrae desviando la atención del resto. Lo que hace que todo desaparezca bajo la agitación del espectáculo, los ruidos, las luces multicolores y los videoclips. El "diversity management" que sólo perversos blasfemos aspiran a enturbiar.

En septiembre de 1995, 500 políticos y dirigentes económicos de primer plano, se reunieron en San Francisco bajo la égida de la Fundación Gorbatchev para confrontar sus puntos de vista sobre el mundo futuro. La mayor parte estuvieron de acuerdo en afirmar que las sociedades occidentales habían pasado a convertirse en ingobernables y que era preciso encontrar un medio para mantener mediante procedimientos nuevos su sujeción a la dominación del Capital. La solución adoptada fue la propuesta por Zbigniew Brzezinski bajo el nombre de "tittytainment",[literalmente: "entetanimiento" NdT]. término amable por el que hay que entender un "cocktail de diversiones enbrutecedoras y de alimentación suficiente que permitan mantener con buen humor a la población frustrada del planeta". "We are the world!" ["somos el mundo"], cantaba Michael Jackson. ¡Vaya mundo! El mundo, sin duda, del tittytainment. Un mundo sin salida de emergencia. Seamos francos: uno no puede sentirse particularmente feliz por vivir en un mundo en el que nada, estrictamente nada, cuenta más que la muerte de un rey de la música pop.


Alain de Benoist
(6 de julio 2009)

© Alain de Benoist - http://www.alaindebenoist.com/
© Por la traducción - Ernest Milà - http://infokrisis.blogia.com

Nota para la versión española: para completar la comprensión del conepto de tittytainment consultar dos webs:

- Entetanimiento

- Wikipedia: Entetanimiento

- Entetanimiento: la propaganda del siglo XXI