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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TRADUCCIONES

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. HAY TEMOR, PERO SE NIEGA UNA EVENTUAL GUERRA ÉTNICA

" Todo va bien, no habrá guerra civil, el Estado lo tiene todo en sus manos". Tal es el discurso oficial implícito. Aquellos que lo sostienen no han sido evidentemente jamás atacados de noche o en un tren, jamás asistieron al saqueo de un supermercado, jamás vieron una horda étnica; son los periodistas-espectáculo o los políticos. El tabú se formula así: "sobre todo, no evocar la amenaza de una guerra civil étnica". Si no, a uno se lo asimila a un profeta de la desgracia, a un provocador de la violencia. Nadie debe contravenir el tabú del optimismo oficial respecto del pretendido control de la violencia étnica. 

Los medios tienen el orden de minimizar, o de no decir nada de los tumultos y de las incursiones. Jamás la televisión mostró los bosques de banderas algerianas y de eslóganes escritos en Árabe en las circunscripciones de los suburbios (como durante el "festival" del mundial de 1998). Tampoco nunca ninguna fotografía o film sobre los numerosos graffiti del tipo: " Los Árabes enculan a Francia ". Se trata de disimular todo signo de hostilidad. El fuego deja rescoldos, pero dormid en paz, bravos palurdos, no habrá incendio. Aquellos que piensan lo contrario desarrollarán fantasías vergonzosas, siendo una cuestión de la psiquiatría o de la provocación.     

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Por tanto, se llega a un punto en que la izquierda "antirracista" misma, que teme esta amenaza, comienza a entrar en pánico ante las consecuencias de su propia laxitud. El trotskista Julien Dray, al cargo de la política del consejo regional de Ile-de-France, afirmó en una entrevista: " Es urgente tener en cuenta hasta qué punto dos mundos están en camino de construirse paralelamente. Hay urgencia, hace falta actuar muy rápido, si no se puede pagar caro en los años venideros. Las armas de fuego saldrán". Y ya empiezan a salir. Cada vez más frecuentemente, las armas de fuego, de caza o de guerra, son empleadas en los actos delictivos. Lo cual prueba, en las ciudades, la existencia de arsenales. Recientemente, el Estado ha exigido que todos los poseedores de armas de caza las declararan. Se trata de disuadir a los Europeos de utilizar fusiles en caso de tumultos, de incursiones, de guerra en las calles o de agresiones. Por supuesto, los Beurs-Blancs de las ciudades de inmigrantes no declaran jamás sus armas. Todo sucede como si se quisiera desarmar a los Europeos, creyendo que esta medida chapucera impedirá la guerra civil. Simplemente se arriesga con ella a favorecer la victoria de los instigadores sobre el terreno.     

El Estado mismo no excluye la hipótesis de una guerra civil étnica mientras lo exorciza. Estas simulaciones de disturbios a gran escala, simultáneas a lo largo de todo el territorio, han sido emprendidos, con la implicación de la policía y de la gendarmería, e incluso del ejército. Comienza la preocupación respecto del éxodo de las poblaciones europeas (socialmente favorecidas) desde las zonas donde la proporción de inmigrantes y de sus perjuicios sobrepasan cierto nivel. Después de 1994, según el último censo del INSEE (Instituto nacional de las estadísticas y los estudios económicos) 500.000 personas dejaron Ile-de-France y el mismo fenómeno comienza a notarse en las conurbaciones de Marsella, Lyón y Lille (20000 Europeos abandonan cada año Marsella). El ministerio de interior sabe muy bien que la partición territorial ha comenzado. Pero que nadie a se le ocurra abrir la boca...

Los poderes públicos no ignoran que la delincuencia afro-magrebí representa en las grandes aglomeraciones entre el 50% y el 70% de la criminalidad general y se atribuye como causa del 90% de las agresiones violentas contra personas y bienes. Y uno se imagina que faltan hechos, que se atenúan o se hacer desaparecer. Vieja táctica del exorcismo social: creyendo que no nombrándolas, se van abolir las cosas. El Estado rehuye comunicar las estadísticas establecidas en términos de origen étnico; la prensa minimiza o obvia los disturbios (2 por semana en Francia en 1998 constatadas por la A.F.P., pero raramente con repercusión mediática) como las agresiones y crímenes racistas contra los Blancos. Se habla de "jóvenes" en un lenguaje almidonado, para no asustar a la población, como si se tratase de un problema socioeconómico o cultural de conflictos de generaciones. Se intenta hacer pasar un conflicto étnico-racial por un conflicto generacional. O, si procede, por un conflicto socio-económico.   


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Pierre Vial escribió: " Se asiste asimismo a los preliminares de una guerra étnica  " (en Guera étnica, la amenaza, articulo aparecido en Terra et Peuple en otoño de 1999). En este artículo, cita la conclusión alarmista del todavía muy políticamente correcto Progrés de Lyon, luego de una ocupación sangrienta cometida en Saint-Etienne: " Esta auténtica guerrilla urbana ha devenido hoy moneda en curso. " Incluso los medios bien-pensantes no pueden impedir levantar un poco el velo.

Muchos altos funcionarios, que son bastante más informadores, me señalaron que la principal preocupación del Ministerio de Interior después de 1995 es el de evitar que la delincuencia no se torne guerra civil, de reflexionar qué se puede hacer para enfrentar y sobre todo evitar que los franceses no crean en esta posibilidad para que no lo creen ellos mismos.

El Estado no tiene el coraje de afrontar una tal guerra civil étnica. Por medio de una política chapucera, intenta comprar la calma de las "poblaciones peligrosas"

Ellos saben que las ciudades incontrolables y las zonas de no-derecho sobrepasaron los 200 aproximadamente al comienzo del decenio hasta 1200 aproximadamente en 1999. Saben que, como al comienzo de la guerra de Algeria, el engranaje está colocado y comienza a rodar a toda velocidad. Pero esperan poder detener el curso del destino a través de las viejas recetas financieras o de políticas de "reorganización de las fuerzas del orden", como si fuera una cirugía sobre una pierna de madera.

En realidad, esta generación que nos gobierna, la mía, la del baby-boom y del Mayo del 68, sumida en una ideología incorregiblemente conciliadora rechaza la idea misma de conflicto. Las nociones de enfrentamiento y de urgencia les son insoportables. Pero saben, en el fondo de sí mismos, que no pueden escapar a ellos.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA LEYENDA "LOS INMIGRANTES, PRIMERAS VÍCTIMAS DE LA INMIGRACIÓN"

Como ya he explicado más arriba, la delincuencia caprichosa va acompañada de actos de agresión y de hostilidad de carácter racista. Se intenta dhacernos creer que, como en los Estados Unidos, la criminalidad importante de las "poblaciones de color" daña primeramente a estas poblaciones, y que ellos son las primeras víctimas. Y de nuevo, las proposiciones de los sociólogos de ideas huecas son desmentidos por las constataciones de los sociólogos sobre el terreno. Desde 1996 a 1998, las víctimas de la delincuencia de procedencia extranjera fueron un 80% más que de los "Franceses de origen", según una investigación respecto de la criminalidad en Europa del Board of Sociological Survey de Londres (Agosto 1999). En Gran Bretaña, la tasa es "solamente" del 50%.  

En la región de París, según las fuentes discretas de la prefectura de policía, el 50% de los autores de agresión violentos son los extranjeros clandestinos.

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La tarde del 3 de septiembre de 1999, en el A86, a la altura de Colombes, unos jóvenes afromagrebís se encontraron libres respecto de los siguientes actos: después de haber bloqueado el carril derecho mediante el empleo de bloques, se elevaron sobre un puente peatonal que sobresale sobre la autopista. Dejaron que se soltase, a la altura del parabrisas, una masa metálica suspendida por una cuerda, mientras lanzaban proyectiles mortíferas, entre ellos una lavadora, sobre los vehículos. Estos "incivismos" no eran otra cosa que intentos de matar. Por suerte, la masacre no tuvo lugar y sólo hubo que lamentar daños materiales en 14 vehículos. Es bastante evidente que esta criminalidad no está motivada por el lucro, sino por el deseo de hacer daño y de matar. Se trata única y exclusivamente de actos de guerrillas.

En las "ciudades de riesgo", después de los policías, los bomberos, los conductores de bus, en síntesis, todos los representantes de los servicios públicos franceses se llega ahora hasta las oficinas postales y a los carteros. Las oficinas postales son los últimos símbolos del Estado de Derecho que quedan aún, e incluso frecuentemente, los últimos lugares abiertos luego de que cierre el conjunto de los comercios. Sin embargo, después de 1998, se nota por todas parte un recrudecimiento en los ataques en las oficinas postales, del mismo modo que agresiones de carteros por las bandas étnicas. Ellos son incordiados de forma gratuita, se les desposee de su dinero y de todos los documentos bancarios que transportan. Durante el primer trimestre de 1999, el servicio de correos ha puesto de relieve la existencia de 170 agresiones únicamente en el departamento de Seine Saint-Denis, más de uno por día. La distribución del correo está cada vez menos asegurado. Lo que duele a los habitantes de las ciudades es que no se haya podido prevenir a los "jóvenes" de los cuales su nivel intelectual -es cierto- demasiado poco desarrollado.

Medida propuesta por el ministerio del interior: no proteger a los carteros o hacer reinar el orden (demasiado peligroso), pero " reclutar a los carteros "de procedencia ciudadana"" (Le Parisien, 15/09/1999). Dicho de otro modo, los beurs y los negros. El mismo razonamiento que para los "auxiliares de seguridad" artificialmente adjuntados a la policía nacional, casi todos descendientes de la inmigración, y de los que la eficacia queda aún por demostrar... El Estado republicano, transgrediendo sus propios principios, practica en consecuencia el reclutamiento étnico y reconoce que el problema es racial. Admite que un cartero magrebí o negro corre menos riesgo que uno Europeo.

Es en consecuencia reconocido implícitamente este hecho general. las familias magrebís o africanas no son en las ciudades y su entorno, víctimas de la violencia; solamente los europeos lo sufren.

Se replica que no hay todavía, entre las víctimas cotidianas, un cierto número de Africanos o de Magrebís. Si, pero en este caso, se trata casi siempre de reyertas entre traficantes o bandas étnicas por el control de un territorio. El enemigo común, contra el cual se reagrupa si es necesario es efectivamente el europeo.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. DOS PESOS, DOS MEDIDAS: LA IMPUNIDAD Y LOS PRIVILEGIOS DE LOS INMIGRANTES

Otra afirmación que conviene revisar: los inmigrantes serían víctimas de una inexorable represión escandalosa, por parte de la policía como de la justicia o de la administración.  Sin embargo, es lo contrario lo que destaca en todos los dominios.

Las bandas étnicas se benefician de la impunidad judicial y de la indulgencia de los medios. Mientras que los franceses de origen se tienen que someter rigurosamente a las leyes.

La impunidad de la cual se benefician muchos inmigrantes gamberros, bien porque la policía no penetra en las ciudades, bien a causa de la indulgencia de la justicia, no es una invención de los excitados de extrema-derecha, sino que es también anunciada por la prensa bien-pensante. M. Chevènement mismo lo ha reconocido. Después de las increíbles reyertas de Vauvert, en Gard luego de las cuales esta pequeña localidad del Camargue antes pacífica fue saqueada durante dos días duramente por las bandas étnicas, saqueos que se saldaron con seis heridos graves y un muerto, el Ministro de Interior se dirigió a esta ciudad, el 17 de Mayo de 1999 para encontrarse con el alcalde. Este último, un socialista, Guy Roca, con el acuerdo tácito del Ministro del Interior, acarreaba quejas contra el substituto del fiscal del distrito que había recientemente puesto en libertad al agresor de un policía municipal y a uno de los principales provocadores del municipio (un alcalde quejándose contra la oficina del fiscal, ¡el primero!)     
El incivil magrebí había sido condenado a prisión con remisión condicional por agresión -con tentativa de violación de una gendarme. Fue la cabecilla principal de la reyerta (la prensa habla de " incidentes "). Sin embargo, fue soltado cinco horas después sin ser encarcelado.

Inmediatamente después de esta prórroga él se hallaba en el origen de la reyerta que finalizó en la muerte de sus cómplices y correligionarios Oubajja. ¡Siempre queda en libertad! Un policía responsable de la investigación declaró: " Estoy cabreado, sin esta puesta en libertad, habría un muerto menos". El autor del tiro, un comerciante que actuó en legítima defensa, en presencia de una banda de beurs sobreexcitados fue encerrado inmediatamente en Nîmes por homicidio voluntario.

" Amparándose en el anonimato, policías y gendarmes se quejan de muchos informes similares" reconoce Le Monde (19/05/1999). M. Chevènement también reveló una de estas estadísticas de las cuales los medios no hablan jamás: en le Gard, en 1998, el número de personas encarceladas había bajado del 28%, mientras que ¡la delincuencia había progresado un 6%! El ministro no tuvo reparo en declararlo, provocando así una polémica con la ministra de Justicia, la pusilánime Sra Guigou: " Evidentemente estoy a favor de una diversificación de las actuaciones judiciales, pero esto no implica que existan tales negligencias. Esta negligencia hace falta corregirla. La independencia de la magistratura no significa que no tenga que rendir cuentas". Chevènement se muestra lúcido, pero estas bellas palabras de todos modos nunca entrañarán efectos.     

La Sra Guigou, por tanto, representante perfecta de esta alta burguesía sobreprotegida e inmigrófila, y que hizo cerrar los balbuceantes centros de educación forzada reservada a los jóvenes reincidentes (mientras que los laboristas ingleses los abrieron de nuevo), no tuvo reparo en mantener contra J.P. Chevènement la decisión judicial de poner en libertad al principal cabecilla de la incursión de Vauvert, incendiario, saqueador, agresor reincidente, del mismo modo que a la mayor parte de los otros instigadores capturados durante los acontecimientos. Ella declaró que " las decisiones de puesta en libertad han sido pensadas a conciencia". Efectivamente, "pensadas a conciencia", con respecto a las cuestiones étnicas, pero no respecto de consideraciones judiciales o de orden público. Luego añade esta enorme falacia : "Son los mismos los que protestan contra la encarcelación y la falta de encarcelamiento". Al final, la unión de los poderes judiciales aprobó afectuosamente un comunicado. Para la Sra Guigou, sólo merecen ser encarcelados aquellos que se atreven a defenderse. Se trata en efecto del buen sentido de un abuso de poder del Estado de derecho, que no cumple con el contrato social, que paraliza sus políticas y desvía su justicia. Que no se extrañe uno que un día de éstos, bajo estas condiciones, que se creen contrapoderes ciudadanas y milicias populares que harán poco caso de una policía paralizada y de una justicia errática. Y ante todo ¿A quién pertenece el poder? ¿Al gobierno, a la justicia, a la policía, al ejército? No. ¿Y a quien pertenece la legitimidad? ¿A los que llevan uniformes? ¿A aquellos que obedecen en los departamentos ministeriales? No ¿Y quién detenta la legitimidad? ¿El primer ministro, el presidente? No. Nuestros gobernantes deben saberlo. Éste es un enigma que fácilmente se puede convertir en rica en sorpresas. Es suficiente con leer la Constitución.     

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Los diversos hechos son siempre muy explicativos. Recientemente, en un municipio aislado del sur de Francia, un pensionista que vive en una planta baja, fue atacado en su propia casa por un par de jóvenes magrebíes que intentaron forzar la puerta de entrada. Se refugió en el primer piso, cogió su fusil de caza e hizo dos disparos al aire en busca de ayuda y para alertar a los gendarmes. Sus disparos no acabaron con nadie y tampoco hirieron a nadie. Una escena, entre paréntesis, digna de la guerra de Algeria... Llegan los gendarmes, detienen a los agresores y liberan al pensionista. Pero algunos días más tarde, la "justicia" pasa por allí. El pensionista es culpado y encarcelado provisionalmente por haber hecho los disparos al aire. Los agresores magrebís se desentienden de todo. Los gendarmes se asquean, pero mantienen su prohibición de comentar cualquier decisión "judicial". 

Algunos comentarios, luego de estos hechos: en primer lugar contra el espíritu mismo de la ley, la detención provisional no está justificada, cuando los beurs o negros reincidentes son capturados en el momento del delito, mientras que se aplica a los europeos sin ningún antecedente judicial. Los magistrados consideran que no hay "amenaza al orden público" en el hecho de dejar en libertad provisional a los peligrosos y delincuentes más conocidos. Pero encarcelan sin reparos al Prefecto Bonnet, o a todo comerciante, policía o ciudadano en legítima defensa.

En segundo lugar, se percibe en esta indulgencia hacia los delincuentes y los inmigrantes instigadores, una preocupación de constantemente "confiar en ellos" que se basa en el "antirracismo" y en sus complejos, del mismo modo que hacia el respecto de los "derechos del hombre". Pero las víctimas francesas y europeas respecto de los delincuentes afromagrebíes no se benefician de la misma atención por parte de los defensores de los derechos del hombre.

En el fondo, se benefician de los derechos del hombre, pero "descafeinados". Al etnomasoquismo de algunos magistrados, de numerosos medios y de muchos ministros, se añade el abierto racismo de las bandas étnicas.

Fijémonos aquí que los medios se apuran en poner de manifiesto el nombre de los autores de delitos cuando son europeos, pero que se silencia siempre que se trate de un árabe o un negro. Tan pronto como un asesino, un violador, un atacante se demuestre que ha sido un blanco, los medios aprovechan la oportunidad, revelan su nombre, publican su foto y su biografía y ordenan maldicirlo en tres columnas.

Paralelamente, las agresiones o los asesinatos de las cuales son víctimas los afromagrebís son hipermediatizados (crímenes "racistas") pero las numerosas agresiones y crímenes contra los europeos son ocultados.

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Regla 1: Un crimen cometido por un europeo es un auténtico crimen al cual se otorga una consecuente publicidad, un crimen cometido por un afromagrebí es un crimen falso, un patinazo, un error por supuesto debido a circunstancias atenuantes que hay que esforzarse por disculpar.

Regla 2: Una víctima africana o magrebí de un europeo agredido que reacciona es una auténtica víctima de un crimen racista; una víctima europea de un africano o de un magrebí es una víctima del destino o de una provocación por su parte, y en su caso poco mediatizado.

Destaquemos a este respecto el no-va-más del etnomasoquismo: cuando en Marsella y en Rennes, dos jóvenes europeos fueron mortalmente apuñalados por magrebís, sin causa aparente salvo el odio puro y duro, aquellos que denunciaron un crimen racista antieuropeo fueron acusados de  "demagogia y de apología del racismo ". Incluso las familias de las víctimas cayeron en la trampa. Se considera que en esencia un negro o un magrebí no puede metafísicamente ser racista, pecado sólo reservado a los blancos. Debido a la ideología dominante, el denunciar el racismo de los afromagrebís es racismo.

Cuando, durante el mundial de 1998, el gendarme Nivel fue salvajemente agredido por los hooligans alemanes en Lens, la cobertura mediática fue considerable, a escala europea. Los gamberros eran alemanes ¿Comprende? Sus biografías fueron difundidas en la prensa. Cuando, hace algunos años aquí, en la comisaría del XVIII distrito de París, un joven negro fue abatido, en el curso de un interrogatorio por un inspector que se había "acojonado", y se convirtió en un llamamiento mediático, una prueba evidente del racismo de la policía. Pero los policías heridos o muertos por los actos vandálicos de las bandas étnicas, las mujeres policía violadas, las personas ancianas atacadas y masacradas en su propio domicilio, todos estos hechos no fueron contemplados en ninguna de las líneas aburridas de los "sucesos", y menos aún en los telediarios.

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Los hechos siguientes son ineludibles: apenas el 10% de las agresiones, lesiones, muertes y actos de violación con violencia cometidos por los magrebíes y los negros son enunciados por los medios, y aún así fragmentariamente . El nombre y el origen de los agresores son siempre silenciados. La prensa contabiliza los "crímenes racistas", pero no alude a los centenares de policías que, cada año acaban en el cementerio o parapléjicos, luego de las agresiones de las bandas étnicas, incluso cuando no están de servicio.

En 1997, en un tren que partía de Saint-Lazare, una joven mujer policía que viajaba no estando de servicio (pero con su licencia) fue violada, golpeada, descuartizada con un cutter, robada por cuatro norafricanos. Los criminales fueron identificados y arrestados por los compañeros de la víctima. Pero la prensa bien-pensante se hizo eco de los sucedido, con la complicidad de una "justicia" voluntariamente escéptica. ¿No habría sido todo una confabulación? ¿Un trastorno mental? Y es que claro, ella era poli ¿Comprende? Le Monde incluso reveló que uno de los sospechosos -formalmente reconocida por la víctima- era un " joven, muy agradable, haciendo el servicio militar ". En pocas palabras, la polizucha era una histérica. Se había "imaginado" su agresión... La vida destrozada, la psique destruida de esta pobre mujer joven interesada mucho menos en sus compañeros periodistas que en el dolor de la familia de un joven matón magrebí, muerto de un tiroteo que él mismo provocó. Sin olvidar al prefecto, procónsul servil, que vino a visitar a la familia a desconsolar a la "víctima". Ningún prefecto, ningún ministro jamás se dignó a ponerse a la cabeza de esta muchacha martirizada, de quien el cuerpo y el honor habían sido estragadas.

Hoy, la vida de esta joven mujer está rota, sin arreglo, y sus agresores pasan los días pacíficamente, en libertad. Una tal situación abyecta se explica por esta regla: un pueblo que se deja colonizar comienza por dejarse culpabilizar, y luego por dejarse victimizar y justificar a sus propios agresores. 

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Pero esta regla del "dos pesos, dos medidas" también toca otros ámbitos donde se constata el privilegio y la impunidad de los inmigrantes.

Por ejemplo, la idea de homogeneidad étnica se halla criminalizada en el caso de Europa, pero es perfectamente admitida en las otras partes del mundo. El hombre europeo está afectado por el pecado original -por si mismo, por otra parte. Está sometido al imperativo del mestizaje, de la desnatalización; en el momento en que afirma un vigor biológico, es culpable. La idea subyacente es que la raza blanca es peligrosa, debe avergonzarse de sí misma. Otra vez una consecuencia del etnomasoquismo.

Por ejemplo, la natalidad es positiva cuando se trata de los alógenos, sospechosa cuando se trata de los autóctonos europeos. Hace unos años, las campañas Giraudy habían hecho una campaña a favor de la natalidad donde se veían bebés de raza blanca. Esta iniciativa ha sido juzgada de culpable, vista como racista por la prensa bienpensante. ¿Por qué no había bebés de raza negra? ¿Se imaginan una campaña natalicia en Japón ó en Benin con bebés de raza blanca?

Otro factor: parece natural que los países africanos o asiáticos no devengan sociedades multirraciales; pero por otro lado, los países europeos tienen el deber y el destino de devenir de este modo.

Uno queda cautivado ante una familia numerosa africana en Francia ("¡qué lindos son los pequeños negrecitos!"), pero la ideología dominante desvaloriza y pone en ridículo a una mujer europea de descendencia numerosa (Philippe de Villiers había sido ridiculizado en Libération porque tenía muchos hijos). La "ama de casa" europea que cría a sus hijos está considerada como una gallina ponedora estúpida y atrasada que no ha comprendido que el éxito profesional, que la emancipación vis-à-vis de la familia y del marido y ¿Por qué no? la pareja homosexual con otra mujer, son muy superiores al modelo de reproducción del linaje.  

Del mismo modo, el sistema incentiva cada vez más el comunitarismo y se alegra de el "arraigo" de las comunidades inmigrantes, según sus costumbres, sus religiones, etc. Pero se desconfía de la reafirmación de las tradiciones europeas, sobre todo cuando se trata de "desfolklorizarlas" y de reactualizarlas. Las músicas alternativas europeas arraigadas (como por ejemplo las obras del grupo milanés Camerata Mediolanense y otros) son voluntariamente ahogados por la industria del espectáculo (en el caso de que no sean demonizadas como apología fascista), al mismo tiempo que millones son dedicados a la difusión y a la promoción de grupos de rai y de rap de las cuales la calidad artística deja mucho que desear.

No se trata únicamente de interés comercial, pero de una estrategia ideológica que se impone al mundo del show-business, según su consigna: promover y privilegiar todo aquello que sea afromagrebí, incluso si es mediocre y desvalorizar toda identidad europea. Yo trabajé quince años en el corazón de la industria del espectáculo y puedo aportar un par de cientos de ejemplos a todo detractor de estas tesis.

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Abordemos la cuestión de las uniones mixtas. Hace unos años, la película Pierre et Djeinilah (del cual Michel Marmin fue guionista) cuenta la historia de una muchacha árabe musulmana y de un francés de origen que son amantes. Éste último fue asesinado por la familia de la muchacha. Ella cometió el pecado supremo queriéndose casar con un europeo no-musulmán.

Esta clase de cosas es corriente. Un psiquiatra del sur de Francia me contó recientemente el caso siguiente: un muchacho de origen europeo deprimido. ¿Por qué?: sale con una musulmana de origen algeriana. Recibe las amenazas de muerte diarias del entorno y de la familia árabe de la muchacha. Si no detiene este enlace, será masacrado. Presenta una denuncia por amenazas de muerte y de racismo. La oficina del fiscal rechaza la queja como inadmisible. El muchacho acaba por someterse y convirtiéndose al islam, para salvar su vida y para poder continuar su relación con la joven magrebí. Imaginémonos el escenario contrario: un joven magrebí quiere esposarse con una bretona católica. Recibe amenazas de muerte por parte de la familia. Con la obligación de convertirse, si quiere continuar con la relación. Los medios, la justicia, la policía caerían como buitres sobre esta abominación.

Por otra parte, en el caso de los jóvenes, el número de parejas "dominós" donde el hombre es africano o magrebí es aproximadamente diez veces mayor que al revés. Las muchachas blancas -mas allá del deseo de parecer guais y antirracistas- manifiestan una tendencia a la sumisión hacia el dominante (esta tendencia procede de un atavismo etológico humano; en África, es lo contrario: las muchachas buscan esposar a los europeos). Este comportamiento de las muchachas blancas es normal porque todo el sistema y la ideología del ambiente se emplean en desvirilizar al hombre europeo y a virilizar a los otros. El hecho es patente en la publicidad, el cine y la prensa de gran tirada. Regularmente, los grandes semanarios People consagran reportajes en los que las jóvenes actrices salen con negros, y erigen estas uniones mixtas en modélicas. 

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Hace unos años, un tal Michel Lajoye, por puro ideal político, con una tosquedad confusa -y desde luego que después de haber sido manipulado por varios servicios policiales - puso una bomba en un café del Petit-Quevilly frecuentado por magrebíes. La explosión causó estragos en el bar sin víctima alguna. Lajoya es castigado a perpetuidad luego de la detención criminal combinado con una pena incomprensible de 18 años. Es decir, tanto como los terroristas que hicieron estallar aviones y más que Florence Rey, el idealista izquierdista homicida de cuatro personas, y evidentemente que todos los afromagrebís de las prisiones de Francia asesinos y violadores reincidentes o que los pedófilos autores de actos de barbarie. Michel Lajoye recibió la pena más grande ya que, en una sociedad xenófila, incluso un jurado popular considera el crimen supremo el hecho de atentar contra extranjeros, incluso cuando éstos últimos no lamenten las víctimas en sus propias filas. Dos pesos, dos medidas.  

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Mientras que varias decenas de millares de extranjeros, de los cuales muchos tienen un antecedente policial, son naturalizados cada año, la Ministra de Justicia, Élisabeth Guigou anunció en septiembre de 1999 su rechazo de aceptar de pleno derecho la nacionalidad francesa a los legionarios extranjeros que vertieron su sangre por Francia ("Franceses de sangre").

Mientras que la revisión de la nacionalidad se ha demostrado más lento que antes para los inmigrantes ordinarios o los clandestinos regularizados, no es cuestión de hacer la menor condecoración, la menor concesión por los legionarios heridos en combate. Deben aceptar el derecho común: luego de tres años de servicio activo, pueden, mediante un certificado de buena conducta, obtener por decreto la nacionalidad francesa se la demandan, pero sin ninguna garantía de implementarla.  

Como había puesto de manifiesto el general Coullon, presidente de la FSALE (amigos de los antiguos legionarios): " las heridas de combate no son consideradas como la sanción carnal y dolorosa de un acto de patriotismo, pero como un simple accidente o trabajo".

Es mucho más difícil para un legionario herido por Francia obtener la nacionalidad francesa que un clandestino que deja encinta a una mujer que da a luz sobre el territorio nacional, y que se convierte en padre de un niño francés. Esta práctica del ministerio de Justicia desvaloriza de hecho todas las nociones de nacionalidad francesa y de patria francesa, que aparecen cada vez más como conceptos vacíos de sentido. 

Pero las circunstancias con también sórdidas: en 1993, François Léotard, entonces Ministro de Defensa, realiza una visita a los inválidos y al cabo Mariusz Novakowski. Éste último, herido gravemente en Sarajevo, venía de ser amputado de la pierna izquierda. El ministro le pregunta que cómo le gustaría que se expresase concretamente el reconocimiento de la nación. Respuesta de Novakowski : " Sr Ministro, no os pido nada, no os pido condecoraciones, no os pido dinero; la única cosa que me gustaría es ser Francés ". Seis años más tarde, Élisabeth Guigou decide: la amputación del pequeño cabo polaco no le otorga ningún derecho automático de ser francés.  

Un criminal extranjero, que sale de prisión y que es expulsado según la ley, atrae la conmiseración de los medios. Puede contar con asociaciones para reclamar la nacionalidad francesa. Pero el patriotismo ingenuo de Novakowski, probado ofreciendo su carne y sangre es despreciado. Luchar por Francia no otorga ningún derecho a reconocimiento en esta sociedad de valores erráticos.

La izquierda, que alaba con mucha repercusión mediática la noción de ciudadanía,  la vacía de hecho totalmente de significado.

La noción de "patria", también está completamente desvalorizada. Es necesario ver la consecuencia del viejo antimilitarismo de izquierda. Pero la izquierda no comprende que sus protegidos, los inmigrantes del tercer mundo, están animados por la pasión nacionalista, pero un nacionalismo que no tiene nada de francés ni de europeo... Como en la Esparta degenerada, los hilotes ebrios son preferidos a los guerreros de mérito.

El anterior primer ministro Pierre Messmer, presidente de honor de la FSALE, escribió respecto de estas circunstancias: " La oposición desdeña esta demanda legítima que manifiesta en todo momento el Ministro de Justicia y su gestión es incomprensible. Sus argumentos jurídicos son de una debilidad aplastante. Porque no quiero ni puedo suponerlos racistas y xenófobos, me pregunto si su subconsciente no está todavía atormentada por la ranciedad vergonzosa del antimilitarismo, porque, para ellos, la sangre vertida en el servicio de Francia no otorga el derecho de convertirse en Francés".

La verdad sigue siendo muy simple en términos de psicoanálisis político en el imaginario de la izquierda, un legionario europeo herido en combate es una figura despreciable; un clandestino del tercer mundo, un criminal expulsado, un traficante herido por la policía en una reyerta son figuras estimables, mártires, víctimas. Castiguemos a los primeros, recompensemos a los segundos. Nietzsche estaba en lo cierto mientras alababa el Umwertung es decir, la inversión y transvaloración de los valores. Había previsto que la civilización europea comenzaba a andar sobre sus manos.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. SON COSTOSOS

El plan contra la delincuencia anunciada por MM. Jospin y Chevènement en 1999 luego de numerosos tumultos de "jóvenes" sopesan un nuevo coste contraproductivo sobre la economía nacional, como lo reconoció el prefecto regional anteriormente citado: " Ello será en todo caso instructivo para que los electores contribuyentes se hagan una idea del balance y coste de la inseguridad: incremento de los efectivos de policía y de la gendarmería, ampliación de las prisiones y otros establecimientos diseñados para la detención o la reeducación, contratación de profesores y de educadores, creación de policías municipales, contratación de vigilantes, y medidas pasivas de prevención ". Sin contar con los numerosos desgastes de bienes, ataques hacia las personas, costes de las aseguradores por robos, etc. M. Vié añade:" No deberán ser aceptados más que los extranjeros que aportan un valor añadido incontestable a nuestro país. " Esto es lo contrario de lo que se está produciendo. Hemos dejado como herencia todos aquellos que no aportan valor añadido, sino al contrario, todos aquellos de las no-economías externas.

La región-provincia Alpes-Côtes d'Azur, en un de las operaciones denominadas "acceso a la música", destina cada año fondos para el rap, el raï y el hip-hop -músicas emblemáticas de los afromagrebís- con un coste que se eleva a los 8 millones de francos. Paralelamente la asociación de jóvenes musicales de Francia, que se consagra al patrimonio musical nacional, no recibió más que 300.000 F. Destinado tanto a la música como en prestaciones sociales, inversiones urbanas, ocio: las poblaciones de origen inmigrante son privilegiadas en detrimento del francés europeo por parte de los poderes públicos, que creen así comprar la paz social pero que no sembrará más que la guerra étnica. 

La inscripción de 25.000 "asistentes de seguridad", o dicho de otro modo, de hombres-armario sin calificación está previsto de aquí al 2002. Este es el tipo mismo de inversión improductivo producido por la inmigración. Se invierte en la paz social, para pacificar las poblaciones inadaptadas o incapacitadas. Esto es lo que se substrae de las inversiones productivas con valor añadido. Si uno reflexiona un poco, esto es alucinante, vamos a crear un infernal círculo vicioso: para limitar las coacciones y exigencias de los inmigrantes, se contrata y paga a otros inmigrantes.

Los costosos "empleos-juveniles" de Martine Aubry conciernen preferencialmente a los alógenos. Corresponden al tipo de empleos que serían perfectamente inútiles en una sociedad étnicamente homogénea. Éstos son por otra parte los empleos de baja calificación, empleos de servicios que son característicos de una economía poco evolucionada. En este sentido, la carga de la inmigración corresponde a un cierto tercer-mundización de la economía. Todo sucede como si las poblaciones exportasen aquí las estructuras económicas poco desarrolladas de sus países de origen.

Se comprende bien que los Estados Unidos se frotan las manos con esta tercer-mundización e islamización de Europa (recientemente Bill Clinton se pronunció, como si fuese al azar, por una adhesión de Turquía a la UE) Todo lo que puede debilitar al competidor comercial y tecnológico europeo y constituir carne de cañón para su economía es bien recibido.

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Un escándalo reciente ha sido sujeto de poca repercusión y no ha sido enjuiciado. En 1998, el Tribunal de Cuentas denunció el hecho de que, violando la ley, los fondos de acción social, fueron financiadas por la Caja nacional de subsidios familiares. Desde entonces, el Estado ha intervenido directamente en la financiación de dichos fondos de acción social (FAS) ¿Qué es esto de la FAS? Es únicamente un organismo de ayuda a los inmigrantes y, además, una fuente de financiación para las asociaciones y lobbies de la inmigración, de los cuales los dirigentes se conceden lujosos sueldos.  

Los inmigrantes que son de nacionalidad francesa o extranjeros, se benefician considerablemente más de ayudas públicas que los franceses de origen o los residentes de la UE viviendo en Francia. En total, los organismos públicos centrales o locales vierten anualmente 15 mil millones de subvenciones a las asociaciones y empresas de lo más diverso y que conciernen a los inmigrantes. Cada año, ¡El precio de un porta-aviones!

Un gran número de oficinas de asignación de viviendas de protección oficial privilegian la atribución de alojamientos a los inmigrantes; su alquiler es mínimo ya que se benefician de la ayuda personalizada al alojamiento. Lo mismo en los centros de cuidado. La RMI (revenu minimum d´insertion, ayuda estatal para la ayuda de las personas sin ingresos) (que ahora critica por otro lado SOS Racismo, ya que desresponsabiliza y desintegra en lugar de integrar) cuesta cada año 90 mil millones, de la cual la mitad se dirige a los extranjeros y las tres cuartas partes a los beneficiarios de los subsidios que son descendientes de la inmigración.

Una auténtica economía criminal paralela, en circuito cerrado, está progresivamente teniendo lugar en las grandes ciudades y se extiende cada año a nuevos territorios. Está basado en el tráfico de drogas, del mismo modo que el tráfico y la venta de objetos robados. Un policía desengañado de Vénissieux, cerca de Lyon, declaró anónimamente: " Se ve a los beurs conducir cabriolets BMW de 350000 F siendo beneficiarios de los RMI o del paro. Desde su punto de vista ¿De dónde puede proceder el dinero? Ellos jamás están preocupados, nunca son detenidos, nunca controlados, nunca multados. Su impunidad es total. Mientras, nosotros tenemos que acatar el orden de multar lo más duramente posible a los franceses. De hecho, ellos escapan a las leyes, con el acuerdo tácito con los poderes públicos de no querer conflicto" (AFP. 12/02/1999). A partir de 1995 aparecía incluso en las ciudades un sistema de ayudas sociales internas: para comprar el silencio de la población afro-magrebí, los negociantes y conciliadores ayudan a las familias con dificultades. Con la bendición de los imames y de las escuelas coránicas (financiadas por los países árabes) en las que, ellos también, participan de esta desenfrenada dinámica de seguridad social. Por supuesto, vienen a añadirse a las considerables prestaciones vertidas sin control por el Estado francés. Añadamos aún, por ejemplo, el lucro causado por las numerosas empresas que trabajan en negro y todos aquellos que, con total impunidad, no pagan ni las cotizaciones a la seguridad social ni el IVA.    

Así se instaura una contra-economía parasitaria en desarrollo rápido. Los intelectuales disienten, tanto de izquierda como de derecha, pero las cifras se apilan.

Repitámoslo, si se suman todas estos conceptos: subvenciones y ayudas directas, "empleos-juveniles" ficticios, coste de la delincuencia, ingresos mínimos de inserción, no-economías internas inducidas por el tráfico, se podría evaluar en 800 mil millones por año el coste de la inmigración para los poderes públicos, el presupuesto social y la sociedad civil. O en otras palabras: la mitad del presupuesto del Estado.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA SUPUESTA "SED DE INTEGRACIÓN" DE LOS "JÓVENES"

Los jóvenes inmigrantes serían las víctimas, no solamente de discriminaciones raciales, pero de un rechazo hacia sus "diferencias" por parte de una sociedad intolerante y, seguramente, de la crisis económica. Esta falsa afirmación, como las otras, no se resiste a un análisis.

Las jóvenes generaciones afro-magrebís son mucho más violentos que sus mayores, quieren llegar a las manos. Esto constituye el fracaso total de la integración. Le Monde (20/05/1999) remarca que los jóvenes de 16 a 25 años son incluso más violentos que aquellos de 30. El pretexto de los tumultos se hace referir siempre el arresto, a las lesiones o muerte de un delincuente, luego de sus propias agresiones. Se trata siempre del pretexto mínimo, o la ausencia de pretexto legítimo respecto de los actos de violencia, es decir, hechos de guerra civil étnica. Los agresores se posicionan como víctimas; camuflan sus ataques en defensa. Como lo destacó el General Leborgne, la guerra comporta una importante dimensión lúdica, aquello que Konrad Lorenz percibió también, luego de Sorel y de Proud´hon. Los acosos de las bandas de jóvenes inmigrantes no se corresponden nada a la criminalidad o a la desesperación o a una "llamada al socorro" hacia una sociedad discriminatoria, pero de un juego de guerra (¿Y qué es la guerra sino la forma suprema de juego?), de una provocación hacia un enemigo que tarda en confesarse como tal.

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La clase intelectual-mediática explica generalmente el incremento de la criminalidad de los inmigrantes y los problemas generales ligados a la inmigración por el racismo de los Franceses de origen. Las propuestas del etnólogo Frédéric Saumade son a este respecto piezas antológicas (fue entrevistado por Le Monde, el 20/05/1999). Intentaba con tesón explicar las explosiones de violencia étnica que devastan las ciudades de Camargue, después de 1995 como " la cohabitación de una burguesía local de pequeños comercios y de la pequeña propiedad básicamente, y un subproletariado de origen magrebí ".    

El "etnólogo" completa esta descripción marxistoide por medio de la consideración siguiente: " Frecuentemente estos pequeños burgueses son de origen español o italiano de segunda o tercera generación. Son los más virulentos cuando denuncian los "delitos menores de los Árabes" mientras ellos o sus padres han sido objeto de los mismos desprecios que los Árabes hoy en día ".

La confusión es total. Se destaca primero el desprecio hacia estos "pequeños-burgueses", resumiendo, de los "pequeños-blancos". Justo después, se les hace culpables e implícitamente racistas por "denunciar los delitos de los Árabes". ¿Y si estos delitos son reales, como atestiguan todos los reportajes de Le Monde? ¿Hace falta, por tanto, callarse porque de hecho sean "árabes"? Denunciar los susodichos delitos, ¿Es esto "Despreciar" a sus autores, según Saumade? Otra tontería: los inmigrantes españoles o italianos habrían, ellos también, sido "despreciados", excluidos como se dice. Entonces ¿Por qué han tenido éxito en la integración y los magrebís fracasaron? Esta mentira es machaconamente repetida en todo los medios.

Hace falta restaurar la verdad: los inmigrantes de otros países de Europa no han tenido jamás dificultades de integración porque no eligieron voluntariamente una actitud antisocial o de conflicto étnico, como hacen las nuevas generaciones de inmigrantes magrebís. Por otro lado, los Magrebís constituirían un desgraciado "subproletariado" según los numerosos análisis del diario Le Monde, este órgano de propaganda que tuvo éxito luego de cuarenta años de hacerse pasar por un órgano de información. Las cifras contradicen estas afirmaciones: el 90 % de la gente que vive en la calle, de los sin techo, son europeos según las estadísticas del Secours catholique y de l'Armée du Salut. Son éstos los que son víctimas de un verídico "racismo social" no los inmigrantes.

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La política consecuente ha sido siempre el de practicar una relativa impunidad hacia los descontrolados magrebís, de recompensarlos de alguna forma y practicando costosas políticas de inserción que terminan de hecho reconfortando a los jefes de banda locales, quienes se sienten más incentivados aún hacia la delincuencia.

Hace falta dar la vuelta a todas las afirmaciones: no solamente la integración a través de un contrato social "republicano" avalado por la legalidad del Estado de derecho es una contradicción en sí misma, por razones ideológicas, sino que incluso los diferentes intereses no son capaces de facilitar esta integración socio-económica, a pesar de las ayudas y los numerosos favores. Ellos se saben globalmente incapaces de una prosperidad social basado en el mérito, la competitividad o basado en el esfuerzo en la sociedad. Su sola escapatoria es entonces la de la delincuencia pensada como enfrentamiento étnico. La sed de integración de los jóvenes beurs según la fórmula de Le Monde es una leyenda.

Añadamos que se sienten perfectamente integrados en su contracultura y su contra-sociedad hostil en expansión. Éstos últimos son una mezcla de economía criminal, de acoso hacia todo representante o símbolo de la cosa pública, de rap violento, de raï y de una mezcla de referencias de emblemas afro-americanos de ghettos y de la cultura araboislámica expansiva.

Se encuentran dos actitudes: aquella de los negros beurs de los suburbios que, como en los Estados Unidos, vienen a beneficiarse del sistema económico sin participar en el sistema social, deseando el mantenimiento de sus ghettos y de sus zonas de no-derecho como bases de retaguardia en extensión continua, de manera que pueden recurrir a parcelas territoriales de tipo neofeudal; y la actitud de las élites musulmanas cínicas y lúcidas que, lejos de integrarse en la República, desean todos simplemente islamizar Francia y se felicitan por la criminalidad de los "jóvenes".  

Se alegran por dos razones: primero porque repiten el argumento (totalmente falaz) siguiente:" Dejen al islam instalarse y así la criminalidad de nuestros jóvenes cesará porque los tendremos en nuestras manos" La segunda razón que consiste un poco en jugar con el fuego y que se puede volver en su contra, es la de que las coacciones y exigencias de los inmigrantes asustan a los autóctonos y las autoridades, que ceden al miedo y rehuyen el enfrentamiento, entregando sin cesar nuevas facilidades a sus comunidades. En realidad, los intereses y las posiciones de los jóvenes afro-magrebís y de las élites musulmanas presentes sobre el territorio como "quinta colonia" se articulan muy bien entre si, sin necesidad de concertación.

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Respecto del mito del paro y de la miseria económica de los inmigrantes, se pronuncian lapsus de interés.

Jean-Émile Vié, antiguo prefecto regional, consejero principal honorario para el Tribunal de Cuentas, escribió en un artículo del Figaro (5/03/1999) titulado Una inseguridad insoportable: "Hoy, hace falta actuar con urgencia para evitar la constitución de milicias privadas y, al final, la guerra civil". Aunque audaz, se esfuerza en permanecer políticamente correcto. Él atribuye una de las principales causes de esta subcriminalidad al paro. No obstante, destruye su propio argumento añadiendo: " Nuestro país ha conocido, sin embargo, antes de la guerra una crisis económica grave, que no arrastró un incremento espectacular de la inseguridad, del mismo modo que durante esa época el paro carecía de indemnizaciones". Es cierto que yendo un poco más lejos, reconoce igualmente: "Pero otras causas son voluntariamente ignoradas o subestimadas. Este es el caso de la inmigración descontrolada. Esto no demuestra el racismo, sino que sirve para constatar que el paro y la delincuencia son más acentuados en el caso de los inmigrantes".  

En realidad el paro no es en absoluto la causa de la subdelincuencia de los inmigrantes, y mucho menos lo es su supuesta precariedad económica. Las causas étnicas son ocultadas por el sistema.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA RIDÍCULA "MOVILIZACIÓN CONTRA LA VIOLENCIA"

Los estudiantes de secundaria y los profesores se movilizan contra la violencia en los centros escolares, a golpe de manifestaciones y de demandas. Muy bien. Se manifiestan contra algo abstracto, la "violencia", pero ¿Por qué no concretamente contra los autores de la violencia? Porque sería contra los afro-magrebís y sería racista ¿Rompe los esquemas, no? Hace falta ante todo identificar las verdaderas causas de la explosión de la criminalidad escolar y de la degradación de los estudios. Suframos en silencio, y a pesar de ello, manifestémonos. La FIDL (Fédération indépendante et démocratique lycéenne) ha encontrado un buen eslogan: " La violencia está de moda. La moda se equivoca. " Encontrar uno más débil sería bastante difícil.

El encuentro nacional "La escuela contra la violencia" organizada por la FIDL en la Universidad de París V, en mayo de 1999, contando con la presencia de Claude Allegre, ministro de Educación nacional fue un ejemplo más de mucho ruido y pocas nueces. Los médicos de Moliere que intentaron curar la disentería a golpe de enemas y de sangrados no lo habrían hecho mejor. Los participantes en los debates eludieron el problema de la cohabitación pacífica, como aquel del rechazo de toda estrategia coercitiva y autoritaria por parte de la Educación nacional. Las palabras en las intervenciones, con mucha jerga, lenguaje bastante almidonado: " estemos pendiente de los jóvenes, despertémosles, persuadámosles". Siempre el angelismo idiota del Emilio de Rousseau basada sobre la nefasta doctrina de la "educación persuasiva". 

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Dominique Voynet, ministra de Medio Ambiente, fue atacada en el ayuntamiento de Dôle. Durante la emisión de TF1, (en directo por la tarde), declara que no se había quejado por sus agresores, y que " podría perfectamente reconocerlos en la calle ", y esto porque ellos " pertenecen a una franja de la población demasiado visible". Ella luego añade este increíble matiz " no quiero ser tachada de racismo".

Los agresores de la señora Voynet eran africanos y magrebíes. Este suceso es importante. Significa que un ministro que ejerce, un representante del Estado admite públicamente que:

1) Los autores de los actos violentos, si son afro-magrebís, son perdonables y no condenables.   

2) que los afromagrebís, son víctimas del racismo (lo cual es falso), beneficiándose de una suerte de derecho de reacción y de agresión.

3) que es racista quejarse contra un agresor que no es de raza blanca.

A través de la intermediación de la Sra Voynet, las más altas instancias del Estado enviaron el mensaje siguiente que no cayó en saco roto: los actos violentos de los afro-magrebís son legítimos. En su estupidez, la ministra lo confesó explícitamente. Con agradecimiento.  

En otra grabación, una campaña publicitaria de televisión propuesta en octubre de 1999 de organización de las "jornadas contra la violencia", con eslóganes preciosos; un logo ridículo (una flor con el tallo roto), apelaciones a los buenos sentimientos, respecto del tema: la violencia es mala, no es amable. Los autores de los actos violentos han debido partirse de risa ante esta estrategia de debiluchos implorantes... Disuadir a un gamberro de cometer actos en base a sermones morales, nada lo puede excitar aún más. No se lucha contra la violencia sino contra una contra-violencia aún más grande, es decir, por la fuerza. Todo esto hace pensar en la excelente película satírica Mars Attacks en la que los americanos tratan de persuadir a los agresores marcianos mientras les lanzan una paloma de la paz, creyendo que así los van a conmover. Los Marcianos reaccionan con láseres. Y la paloma retorna a pies de los manifestantes en la forma de un pollo asado. 

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. EL MITO DE LA CONTRIBUCIÓN Y DE LA INSERCIÓN SOCIO-ECONÓMICA DE LOS INMIGRANTES

La prensa de gran tirada repite todos los años los mismos temas: el dolor de espalda, el salario de las plantillas, las nuevas recetas para adelgazar, etc. Después de algún tiempo, se percibe otro tema recurrente : " los inmigrantes exitosos". Partiendo de casos individuales, se trata de demostrar al público que la idea según la cual los Africanos o los Magrebís de origen no prosperan económicamente, de que no aportan valor añadido a la economía nacional, de que no alcanzan un nivel profesional de creaciones de riqueza significativa, de que cuestan más a la economía nacional de lo que aportan, no es más que una falsedad evidente, un vil prejuicio popular, un contrasentido económico. Se trata de persuadirnos de que 1) que la inserción es un éxito; 2) que los inmigrantes en cuestión son un factor de riqueza, de prosperidad y de imaginación para la comunidad nacional, en la gran competencia de libre intercambio mundial a la cual se ha convertido la izquierda. En pocas palabras, que los inmigrantes -sobre todo africanos y magrebís participan plenamente en la economía nacional (y europea).

Los medios intentan por tanto hallar -laboriosamente- los ejemplos individuales de inserción económica exitosa, y luego, con un optimismo forzado y conmovedor, generalizarlos y declararlos posibles para todo el mundo.

Por tanto, los casos elegidos recurren a la indigencia- a pesar del ardor militante de los periodistas. Le Nouvel Observateur (29/04-5/05/1999) consagra un largo reportaje al caso de Belhadj Djahafi, repartidor de pliegues y paquetes enrollados en París, en una pequeña empresa creada por Samir Zemmouchi, el inventor del Tour de Francia en patines sobre ruedas. Por otro lado, uno queda impresionado ante los jóvenes descendientes de la inmigración que tienen éxito al convertirse en vendedores de coches, de ordenadores, siendo maquetistas, Dj´s de Rap en discotecas, aficionados al fútbol, gerentes de discotecas, hosteleros, etc.

Dicho de otro modo: que tengan éxito en las pequeñas profesiones, pues muy bien. ¿Pero donde se hallan en la investigación científica, en la industria punta, en la medicina, la aeronáutica, la informática? Se desconoce ¿Se debe esto al racismo o a la exclusión? Veamos...  

En realidad, haría falta preguntarse -pero que ninguna estadística se atreverá a plantear- cuál es la proporción respectiva de jóvenes afromagrebís que tienen éxito en la economía sumergida y criminal y aquellos que tienen éxito en la economía legal. 

Por otro lado, en su propio país de origen ¡se percibe el mismo fenómeno! En el Magreb y en la África negra, los raros sectores de la economía basada en tecnología avanzada son llevadas a cabo por plantillas europeas, americanas o asiáticas. Los autóctonos ejercen raramente de "profesionales punteros". Esto es una evidencia incontestable, que nadie se atreve a destacar ni aún menos explicar. 

La razón desde mi punto de vista es bastante simple. Las culturas árabes o africanas han sido expulsados contra sus deseos de la civilización tecno-industrial. Sólo una minoría de tales individuos llegan a ejercer allí algún rol dirigente, de élite o creativa. En los Estados Unidos, según el sociólogo chino-americano Lin Tan Lee: " la burguesía negra es de proporción restringida en su comunidad en relación a aquella de los otros grupos étnicos y los negros que ejercen profesiones de elevado valor añadido y de elevada tecnología es más factible por relación con otros grupos étnicos, sobre todo los asiáticos, y esto a pesar de las numerosas medidas de discriminación positiva en las universidades. No se puede tratar entonces de discriminación racial " (Communities and Work Achevement in the USA, in Journal of Social Sciences, Chicago, agosto 1996).

El autor del artículo hace la misma observación a propósito de Brésil. Enfatiza igualmente que en los USA, la mayoría de los negros que ostentan posiciones profesionales de élite (salvo en la industria del espectáculo y del ocio) son de hecho mulatos. La misma cosa se percibe siempre en África del Sur, a pesar de la "discriminación positiva" forzosa del gobierno negro, que se ha comprobado -y que nadie se atreve a decir- un fracaso completo.

* * *

Totalmente contradictorio consigo mismo, el sistema tiene un discurso doble: "¡Veis, los inmigrantes tienen éxito, se insertan bien!". Y luego, al mismo tiempo, reconocen el fracaso de esta inserción y de este "éxito", salvo en casos minoritarios, y constatan que los inmigrantes no ocupan más que poco, en la economía, los puestos punteros de gran valor añadido y se decantan profesionalmente hacia los sectores de la economía criminal, o de la economía sumergida, la ideología dominante alaba las medidas profesionales de discriminación positiva. 

Y de hecho, a pesar de las matriculaciones forzosas, los subsidios y las preferencias profesionales numerosas de las cuales se benefician, los inmigrantes consiguen malamente ascender a los puestos de la jerarquía profesional o acceder a las profesiones especializadas. La explicación-cliché del racismo y de la discriminación no se sostiene. ¿Y es que cómo explicar entonces que los asiáticos mismos tienen éxito y contribuyen al valor añadido de la economía avanzada? La explicación social no se sostiene, y es que ¿Por qué, durante todo el siglo XIX y XX, de numeroso auge de las clases pobres, los franceses, italianos, españoles portugueses, han podido acceder al éxito profesional o a los puestos más especializados? Respecto de los millones de afro-magrebís que cuentan hoy en Francia, apenas cien mil pueden acceder a las situaciones de "prescripción socio-económica". La inmensa mayoría se divide entre situaciones de requerible asistencia social, subsidios por paro y en la economía sumergida.

Aún así, en las empresas se percibe evidentemente una progresión de personal descendientes de la inmigración. Su único dominio laboral no es técnico ni dirigente, es comercial y concierne a las personas de origen magrebí, que se adaptan bien a las técnicas de sondeo, marketing y venta inmediata. Pero todo esto evidencia una integración muy parcial.

Sin ser satisfactorio para Calixta Beyala, ardiente militante por la integración económica y mediática de los alógenos, posible gracias a su imposición de cuotas (reivindicación de su Collectif Égalités) el racismo no es la causa. La lógica capitalista ordena contratar a los mejores para que ganen más. El origen étnico no tiene importancia alguna.

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Hace falta comprender por otra parte que, contrariamente a los inconsistentes análisis neogauchistas, la revuelta social de los jóvenes inmigrantes no tienen nada que ver con las revueltas proletarias de antaño. Los proletarios europeos, en sus luchas sociales, tomaron parte contra la explotación de clase y el individualismo burgués. Los jóvenes inmigrantes no se rebelan contra el sistema económico. Al contrario, ellos quieren beneficiarse de él sin esfuerzo. Su combate es étnico pero no social ni revolucionario. Su parasitismo es opuesto a la anterior conciencia de clase del proletario europeo.

* * *

Existe otra causa sociológica de esta situación: una gran proporción de los jóvenes inmigrantes rechazan simplemente la integración económica y los cauces "legales" de la ascensión social. Se sienten en ruptura y pretenden beneficiarse, por vías inmediatas y paralelas, de atajos, de corto-circuitos en todas las ventajas de la sociedad de consumo. La circulación de las élites sólo es posible en una sociedad étnicamente homogénea. Contrariamente a los sueños de los políticos y de los pensadores de izquierda, no tienen ninguna intención de presentar solicitudes al ENA (Escuela Nacional de Administración) o del HEC (Alta escuela de estudios empresariales), y ningún deseo de ajustarse a las largas formaciones profesionales. Su estrategia es la de imponerse "contra" y no "por", cualesquiera que sean sus capacidades intelectuales. Buscan un éxito exógeno y no endógeno. Esta ruptura cultural no es sostenible.   

La integración socioeconómica armoniosa de masas de magrebís y de africanos a la sociedad europea es imposible. Para persistir en querer realizarlo forzosamente, a pesar de todos los ejemplos históricos y geográficos, se hará evidente sólo por medio del odio, de las frustraciones y del desastre social. Errare humanum est ac perserverare diabolicum. ("El error es humano, pero perseverar en él es diabólico").

Los hechos son duros de asumir, pero son los hechos. La aportación objetiva de las "comunidades" magrebíes y africanas al valor añadido de la economía y de las actividades sociales es mucho más débil que su coste objetivo. ¿Cuál es la solución? No existe en el estado presente del sistema. En matemáticas, se sabe que existe ecuaciones sin solución. Hace falta cambiar de ecuación y pensar nuestro futuro como aquel de un conjunto fractal.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. EL FALSO PRETEXTO DE LA EXCLUSIÓN

La explicación oficial a la excesiva criminalidad de los inmigrantes es el pauperismo y la exclusión de las que serían víctimas. Durante el verano de 1998, una banda de siete niñas, de edades comprendidas entre los 11 y los 17 años, todas "Beurettes",  aterrorizaron el centro de Toulon: despojaron y golpearon a sus víctimas, en general mujeres aisladas, saqueando el pequeño comercio indefenso y chantajeando a jóvenes Touloneses de origen europeo. Un paso más, entre paréntesis, respecto de la delincuencia de esta población, que no incide sólo hasta ahora en los niños, sino que llega ahora a los adolescentes apenas en la pubertad, tras salir de la edad infantil. Solamente una de estas gamberras, Lalla, de 17 años, será castigada firmemente con cárcel (cuatro meses, por unas cincuenta agresiones y robos con agravante). Le Journal du Dimanche (1/08/ 1999) se vuelca hacia su suerte. ¿Había ella constituido esta banda delincuente por escapar a la miseria, o luego de los conflictos desagradables de una infancia desgraciada? Durante ésa época, para disculpar a Lalla, la prensa había contado que su padre la había abandonado. " Es falso, mi padre está en el hospital" confesó ella. Le Journal du Dimanche reconoce : " Cuando ella piensa en ello, sabe que no carecía de nada aún. Su madre le había pagado todo lo que le hacía falta". ¿Entonces por qué la beurette robaba, agredía y extorsionaba? Su respuesta: " Lo que se busca es joder a las otras niñas, aquellas que son diferentes de nosotras, las pijas, éste es nuestro delirio. " Y de hecho, las niñas saquearon el centro comercial Mayol, en el distrito "chic" de Mourillons. Su verdadera motivación no es el robo para sobrevivir, por necesidad económica, pero el resentimiento y el odio socio-racial se podría decir hacia las muchachas y mujeres francesas de clase media, a las cuales atacan en proporción de siete contra uno.

Por otro lado, el robo y la delincuencia violenta parecen bastante normales en la familia de Lalla, que, todavía, vive desahogadamente : " En la familia, la hermana mayor posee la reputación de una ladrona profesional y nadie está avergonzado de ello. Su madre cuenta que ella también, pasó por lo mismo. "Antes de tener a mis hijos, estaba en la calle. Yo robaba y mis hijos también. Pero la situación me enloquecía. La sociedad nos roba todos los días, así que no hay razón para sentirse incomodado" ".

Esta respuesta es típica del parasitismo, de la irresponsabilidad y del autovictimismo cínico de esta población. La sociedad francesa que les colma de ayudas, de subvenciones, de subsidios, de ingresos mínimos de inserción, sin ningún reconocimiento por su parte... ¿Les "roba"? ¿Entonces por qué no retornan a su paraíso en el Magreb, justo a sus "hermanos" que no les roban? 

Conforme a la ideología dominante, la enviada especial del Journal du Dimanche Elsa Vigoureux, concluye su reportaje sobre la pobre Lalla con las habituales conmiseraciones e indulgencias respecto de la delincuencia magrebí: después de cuatro meses de prisión, su desgraciada vida está descompuesta. Ella no se merecía esto. Tiene un antecedente judicial y los empleadores rechazan contratarla. " Ella quería hacerse enfermera, pero hay que hacerla comprender que ya no vale la pena...  ". Una ex-jefa pandillera enfermera... No, no. No está Ud. soñando. Retomemos las palabras de Lalla, la víctima: " He robado, como todo el mundo. Pero esto no merece cuatro meses de prisión". No, esto merece un programa de "reinserción" con, por ejemplo, vacaciones pagadas y un "empleo-juvenil" con los ayudantes de policía, por ejemplo. Esto es práctica corriente por los delincuentes afro-magrebíes que se dicen arrepentidos, con la esperanza de que no reincidirán. Y es que la delincuencia merece recompensa. 

Captemos el lapsus en las palabras de Lall, que confiesa haber robado " como todo el mundo". ¿Es esto por consiguiente un comportamiento normal, una segunda naturaleza arraigada en esta categoría de la población designada con este extraño "todo el mundo"?

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández