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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TRADUCCIONES

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo IX. EL ESCENARIO DE LA RECONQUISTA

Helmut Kohl había trazado una línea utópica en sus diez puntos por la unidad de Alemania en 1989. Se consiguió. Las utopías no son fantasías. Se alojan en las cabezas.

1º) Medidas conformes al derecho constitucional actual, a la Carta de la ONU y a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Algunas de estas medidas, tocan notablemente la preferencia nacional y europea, habiendo sido instituidas por el municipio de Vitrolles. Habían sido invalidadas por la Prefectura (y por consiguiente el Estado) por razones estrictamente ideológicas y al amparo del derecho público. Sobre todo la bonificación de 5000 F al nacimiento de un bebé de nacionalidad europea. 

Las disposiciones siguientes estarían en acuerdo jurídico total con el derecho público, y en consecuencia no susceptibles de recurso ante ningún tribunal.

*Supresión del jus soli en beneficio del refuerzo del derecho de sangre. La nacionalidad no se puede adquirir salvo si el padre y la madre poseen dicha nacionalidad. Excepción hecha de los niños de residentes en otros países de la Unión Europea.  
* Ningún permiso de trabajo puede ser otorgado a quien no es ciudadano de un país de la UE, excepción hecha -con cupos- de plantillas de empresas extra-europeas. Ninguna empresa puede emplear a un extranjero. 
* Los extranjeros extra-europeos legalmente instalados no solamente no pueden trabajar, sino que tampoco pueden beneficiarse de ninguna prestación social o médica. Esto no se aplica evidentemente a los residentes de la UE.
* El permiso de residencia está limitado a un año, no renovable automáticamente.
* La condena mínima entraña la expulsión inmediata y una prohibición de residencia definitiva. Sobre todo en el caso de las condenas.
* Todo extranjero en clandestinidad es inmediatamente expulsado, como todo extranjero habiendo cumplido una condena penal, al finalizar su pena. La demora de detención administrativa antes de la expulsión está limitada y la decisión de expulsión es administrativa y no susceptible de recurso.
* Supresión de todos los privilegios públicos actuales (alojamientos, subsidios, empleos, ayudas diversas, subvenciones) basados en criterios étnicos o de nacionalidad.
* Restricción drástica de la atribución de visados de residencia a los países afro-asiáticos, excepción hecha de Japón, de Taiwán y de Corea del Sur.

Estas medidas provocarían evidentemente una detención de los flujos migratorios ya que la bomba aspiradora ya no funcionaría. Permitirían reducir alrededor de un tercio el número de alógenos presentes en Francia. Pero ello sería evidentemente insuficiente ya que la mayoría de los extranjeros son ahora de nacionalidad francesa.

2º) Medidas que infringen los derechos internacionales y la Declaración universal de los derechos del hombre.

Al pasar la historia, los marcos judiciales se desploman. Esto es debido a que el derecho no es una divinidad que sobrevuela los eventos humanos, sino el producto mismo de esos eventos humanos y de las causas poderosas que las engendran. A la fórmula bárbara "La fuerza prima sobre el derecho" -que corresponde por otra parte a la práctica del islam- , preferimos aquella de Carl Schmitt (que Charles de Gaulle debió compartir): La legitimidad prima sobre la legalidad.

La tesis que subyace en este ensayo, y que intento aquí repetir con la mínima pasión y máxima moderación posible, es que para detener e invertir la empresa de colonización de Europa, las auténticas y eficaces medidas no pueden ser tomadas salvo con urgencia, en caliente, entre la espada y la pared, a la conclusión de una crisis grave respecto de la cual los marcos jurídicos y los prejuicios morales pierden su importancia de forma brutal. 

Como pensó Proud'hon, la guerra es la matrona de la historia. Un pueblo invadido tiene el derecho respecto de su legitimidad histórica de defenderse por todos los medios. "El fin justifica los medios": los islamistas y los comunistas han utilizado estos preceptos para su expansión. ¿Se les prohíbe a los Europeos su simple defensa? 
¿Cuáles podrán ser por consiguiente las medidas tomadas por un imaginario gobierno revolucionario, a la conclusión de una guerra civil étnica? Se puede imaginar que serían las siguientes:

* Abrogación retroactiva de la nacionalidad por algunas categorías de la población previamente definidas.
* Política global de retorno obligatorio y forzado a los países de origen de las personas implicadas, asimismo desprovistas de su nacionalidad de país europeo, y recuperando de pleno derecho su nacionalidad ancestral, según un plan quinquenal. Este plan de retorno obligatorio sería complementado por ayudas financieras muy importantes a los países concernientes. Estas ayudas a la reinserción local no serían mayores que los 4000 mil millones de Francos que cuesta la reunificación Alemana o los 800 mil millones que cuesta cada año la estancia en Francia de los extranjeros.
* Aplicación al islam en Europa de las mismas reglas que aquellas que los Estados musulmanes imponen a los cultos exógenos en su territorio. (ver el anexo del libro). Según el principio de la reciprocidad.
* Nuevas legislaciones sistematizando la preferencia europea en cuestiones matrimoniales, maritales, de testamentos, sociales, etc. Lo cual implica considerar la discriminación negativa como sucesora de la discriminación positiva actualmente practicada con respecto a los invasores.

* * *

Se puede -ustedes pueden- imaginar otras medidas del mismo tipo, yo iba a decir el tercer tipo... Serían de hecho, a la medida de Europa, y que los países árabo-musulmanes practican desde hoy sin que la "comunidad internacional" y los derechos del hombre encuentran nada allí que decir. Dos pesos, dos medidas.   

Deberemos imitar al islam para liberarnos, y contravenir las propias leyes que hemos creado. Hay a menudo algunas lecciones que se pueden tomar del enemigo, sobre todo las lecciones de audacia.

Los escenarios propuestos más arriba transforman evidentemente la actual noción moderna de nacionalidad, totalmente inadaptada a nuestra época arqueofuturista. Debido a que esta noción de la "nacionalidad" no corresponde más a la idea (a la vez nueva y ancestral, "que resurge" digamos) de homogeneidad étnica, pero basado sobre las categorías antiguas del derecho "moderno" abstracto y universalista, deberá ser trastocado de arriba abajo. Convendrá innovar y aportar el concepto de nacionalidad como aquel del derecho público europeo respecto de los criterios étnico-culturales rigurosos y no más sobre los viejos criterios del contrato social universalista y individualista desencarnado, que reniega de las dimensiones biológicas, religiosas, culturales y de nuestra especie.    

Todo esto se corresponde a la vez a los desafíos del presente y del futuro, pero responde también a las más antiguas tradiciones jurídicas europeas, helénicas, aqueo-romanas o germánicas. Esto sería la fundación de un renacimiento de un auténtico humanismo europeo, como las concepciones actuales de los Árabes, de los Chinos, de los Hindúes, etc, respecto del doble imperativo de homogeneidad étnica y de derecho territorial exclusivo y discriminante (ver a este respecto la interesante categoría de "Tierra del Islam" que podrá encontrar su recíproco en la noción de "Tierra europea exclusiva") 

Bien entendido, estas proposiciones no son más que pistas. Puedo estar equivocado y todo puede suceder de otro modo, los bosquejos que propongo pueden acabar siendo imposibles. Creo en todo caso que la mundialización (consecuencia de un planeta saturado) apela de nuevo a un aislamiento étnico. Ambos son paradójicamente conciliables. 

Creo también que Europa, entendido en última instancia como Eurosiberia, no podrá desarrollar estos principios incorrectos -más concretamente intempestivos en el sentido nietzscheano- estos principios de liberación y de reconquista salvo al final de una prueba muy grave. Denominémosla nuestra esperanza más elevada. Ella sola puede despertar a la juventud y llevar la imaginación al poder. 

Los sueños son como los virus y las ideas preparan las armas. La pesadilla de unos es el ideal de otros. Tengamos confianza en la historia, en sus comportamientos impenetrables, en sus meandros lentos y en sus sorpresas brutales. Tengamos confianza también en la Providencia -el fatum romano, la moira griega que laurea a los vencedores que esperan que lo imaginable sea posible. ¡Levántese, tormenta deseada!

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo IX. LOS ESCENARIOS POSIBLES

He aquí tres escenarios que se arriesgan a ser el resultado de la situación actual; el escenario americano, el escenario republicano y el escenario catástrofe:

1º) El deterioro de la situación, una guerra civil endémica con particiones territoriales y creación de poderes políticos islámicos cada vez más fuertes. Ésta es la hipótesis de un retroceso civilizacional mundial, que está en el fondo de la colonización efectiva de Europa.

Retornamos a una especie de nueva Edad Media. Se instaura un mosaico territorial, una "piel de leopardo". Europa se hunde como civilización y deviene una suerte de calidoscopio étnico, con una Unión Europea sin poder y tirado por los hilos americanos e islámicos. Cosmopolis se acuesta en una luz tenue. La sociedad se comunitariza, se ghettiza, deviene multiconfesional, multirracial, multicultural y sobrelleva la dirección de sus propias tensiones, para absorber una criminalidad endémica. Este es el escenario americano. Y finalmente, a pesar de las tensiones, todo ocurre más o menos bien.

Pero ojo: la sociedad americana es una sociedad policial en la cual el número de prisioneros es proporcionalmente casi diez veces superior que en Francia, donde reina de hecho el apartheid racial, donde el sistema penal es muy duro. Sin embargo, una sociedad multirracial, para subsistir, está siempre basado en una represión penal severa. La cultura americana, pionera y pragmática, sin almas ideologizadas, está allí perfectamente preparada. ¿Es éste el caso aquí? Por otra parte, lo que se olvida siempre, sobre todo en Francia donde a los intelectuales no les entra la geografía, se trata éste de un país continental, caracterizada por distancias enormes. En la villa donde vivo -exclusivamente habitada por blancos- las comunidades de otras etnias se hallan distanciadas 500 km, sin ninguna línea de transporte colectiva. Imaginemos que el centro de Lyon estuviese distanciada 500 km de las ciudades de Villeurbanne... Y bien, esto es lo que ocurre. Una política comunitarista allí es posible sin fricciones. Un habitante de Palm Springs tiene allí más o menos como mucho la probabilidad de encontrarse a un negro como un Nantais de cruzar un Checheno en la calle. ¿Es la solución americana realmente exportable a Francia o a Europa?

2º) El crisol multicultural funciona. La sociedad se mezcla, las tensiones étnicas se calman, los jóvenes descendientes de la inmigración se calman, la demografía inmigrante se reabsorbe, un islam a la europea, tolerante y liberal, se basa en las instituciones laicas. Este es el escenario republicano, la posición oficial actual del Estado, que intenta conciliar asimilación y comunitarismo. Esta solución está relacionada con la creencia en los milagros. ¿Por qué un modelo que funciona cada vez peor tendría que dar milagrosamente buenos resultados? Este modelo reposa también sobre una ignorancia profunda de la naturaleza del islam y sobre la creencia de que un día una sociedad multirracial armoniosa será posible. Cítese un sólo ejemplo histórico.     

3º) Sucede lo peor. Degenera una dura guerra civil. Todo se derrumba. El futuro está abierto. La brecha en el dique deja al fin pasar las aguas furiosas. Éste es el escenario-catástrofe, o dicho de otro modo el escenario histórico, el único interesante ya que únicamente lo trágico es capaz de suscitar una reconquista y un renacimiento.  

Una solución no podrá ser encontrada salvo después de muy graves enfrentamientos; y si, hablando claramente, una guerra étnica desestabiliza Francia (y eventualmente algunos países europeos) al punto de convertirse la situación en insoportable.

Siempre he practicado las matemáticas. Para resolver una ecuación irresoluble, hace falta introducir en él una variable X elevada a la potencia. Las matemáticas son bastante próximas a las ciencias sociales y de la política, salvo cuando excluyen el elemento afectivo como error o indeterminación (-X). En pocas palabras, una catástrofe es siempre positiva porque permite eliminar el subconjunto indeterminado. En historia como en las matemáticas, el elemento afectivo debe se considerado como residual. 

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo IX. LA NECESIDAD DE UNA CRISIS MUY IMPORTANTE

Resumamos: el comunitarismo y el asimilacionismo son callejones sin salida. Las expulsiones efectivas de los clandestinos, la preferencia nacional (o europea), el restablecimiento del derecho de sangre son impensables en el ambiente ideológico actual, porque es demográficamente demasiado tarde, y debido al ritmo de los nacimientos de inmigrantes.

En el marco del sistema actual, es imposible resolver el problema. Incluso limitando la inmigración por reformas de base estrictamente republicanas y constitucionales, como aquellas que proponen el FN y el MNR, adoptando el derecho de sangre plenario, se enfrentaría con insuperables resistencias y no resolvería los problemas de las masas extranjeras de nacionalidad francesa, nacidas en Francia o naturalizados. Todas las soluciones propuestas fallaron en el sistema actual. Hace falta, en consecuencia, cambiar de sistema. Los matemáticos bien lo saben: existen ecuaciones sin solución, salvo si se cambia de referencia. Afrontar el problema supone una crisis grave que cambiará las mentalidades y permitirá transgredir los dogmas ideológicos y los tabúes actuales.

Es solamente si estalla una guerra civil étnica que la solución podrá ser encontrada. En efecto, hace falta que las mentalidades se precipiten bajo la presión de las circunstancias de tal modo que son admitidos remedios drásticos que son impensables en frío. Si pero... ¿Es previsible una crisis muy importante? ¿Acaso el sistema no se acomodaría a una sociedad multirracial incluso conflictiva, adaptándose a la presión del islam, dirigiendo la criminalidad afro-magrebí y la invasión territorial? ¿Son sus capacidades de absorción, de digestión, de maniobrabilidad ilimitadas? No lo creo. Hemos alcanzado los límites y los umbrales de adaptación, y la ruptura es probable. He aquí por qué.

El Estado francés, habida cuenta de la debilidad de sus medios, va rápidamente ver la situación escapársele de sus manos, y preferentemente desde dos frentes.

1º) La delincuencia crónica y las guerrillas territoriales manejadas por las bandas étnicas no hacen más que amplificarse; por otra parte, nadie, ningún gobierno, ha podido detener el derrumbe progresivo de la escuela pública y de la escolarización de los inmigrantes. No se ve qué podría invertir la tendencia. Al contrario: los flujos migratorios constantes e incontrolados debido a su diferencial demográfico, la masa de jóvenes Afro-magrebís -y ahora asiáticos- rompiendo con nuestro tipo de sociedad no dejará de aumentar. La integración no funciona y no funcionará, en primer lugar por el hecho del barbarismo crónico de sus protagonistas, luego porque las perspectivas económicas de empleo y de prosperidad son muy sombrías para el siglo XXI: los efectos conjuntos de la globalización librecambista y el peso creciente de las jubilaciones y las prestaciones socio-sanitarias impiden toda "fiebre inmigratoria" hacia una oleada de creación de empleo masiva. Se asistirá al contrario a una intensificación del "comunitarismo", es decir, a la extensión constante de campiñas socio-culturales y de enclaves territoriales de comunidades extranjeras cada vez más reivindicativas, tanto como exija el avance de su empresa de colonización violenta.    

2º) El carácter cada vez más urgente de la conquista territorial y étnica manejada en el caos por los jóvenes inmigrantes (venganza y resentimiento) tuvo ya su eco en una voluntad de implantación organizada del islam en Europa, activamente sostenido por bastantes países extranjeros. Con el crecimiento constante de las poblaciones afro-magrebíes, de los partidos islámicos y de otros representantes, los afro-magrebíes vienen con el objetivo de participar en el poder. Y para formular exigencias. Lo que nuestra clase política, cegada por su pusilanimidad y su ignorancia de la historia, aún no percibe.


* * *

La ruptura (es decir, el derrumbe del sistema en el caos, de donde saldrá un nuevo sistema) se producirá cuando las tres condiciones siguientes sean completadas.

1º) Cuando las fuerzas del orden, lo cual no hará esperarse, no sean ya físicamente capaces de contener seriamente las exacciones de las bandas étnicas cada vez más numerosas y de ahogar las bolsas de criminalidad que nacen cada un año un poco por todas partes. Mientras será necesario que se alcance un umbral de exacciones tal que la población no se perciba a sí misma más desamparada en un estado de "inseguridad" como hoy, pero totalmente de guerra civil. Como los Pieds-Noirs, antes, en Algeria.

2º) Cuando el islam, con cada vez más peso, formule exigencias de poder y de privilegios, según el imperativo que hemos visto más arriba debido al Dar al Islam que se basa en: exigir, primero, en las zonas en las cuales controlan los municipios, la aplicación de la lei coránica como reemplazo del del Estado laico. Vamos por buen camino.

3º) Para que la chispa se produzca, es necesario una crisis económica complementada por una crisis socio-étnica. De un modo más simple, se trata de que la precariedad económica que toca actualmente a las clases medias se acentúe y que el paro progrese aún más. En efecto, una sociedad que vive en el optimismo de la abundancia material encaja todos los golpes; pero no si se halla desestabilizado por la amenaza de la pobreza. Esto se vio bien claro en los tiempos de las revoluciones italianas y alemanas. No es lugar de dispensar aquí un curso de economía, pero esta situación tiene muchas probabilidades de producirse en los diez primeros años del siglo XXI.

* * *

Es necesario añadir un punto fundamental y en el fondo muy positivo: la fragilidad de esta sociedad disminuye todos los umbrales de percepción de las crisis. Dicho de otro modo, para que una reacción se produzca, para que un derrumbe de las mentalidades tenga lugar, no se necesita demasiado. Las personas se ponen a prueba en la guerra civil, evalúan las graves amenazas, toman partido por salir de un nivel no muy elevado de desorden. Este fenómeno ha sido bien puesto de relieve por el etólogo Konrad Lorenz en su teoría de "los umbrales del placer y displacer" en su ensayo La Otra Cara del Espejo. En una sociedad muy mediatizada y al mismo tiempo fragilizada por el hábito del confort y de lo omnipresencia de la técnica, un nivel bastante débil de desórdenes puede provocar el derrumbe de las mentalidades.   

A aquellos que afirman que esta sociedad puede dirigirlo todo, absorberlo todo, hace falta contrastarles que las crisis más pequeñas pueden ser psicológicamente multiplicadas (sobre todo debido al hecho de la amplificación mediática) y crear los miedos colectivos. Y en consecuencia provocar una situación revolucionaria, a partir de la cual lo imposible hoy se convierte en posible mañana.

Cien muertos en un tumulto urbano durante el siglo XVII o hoy en la India, no es nada. Cien muertos en un tumulto en Francia, Bélgica, o en la Italia contemporáneas son un seísmo.

En pocas palabras un agravamiento incluso moderado de la situación actual (respecto del plano económico y étnico) puede provocar una situación políticamente insurreccional. Las fuerzas internas de resistencia y de rebelión de los Europeos, llegados al límite, pueden despertar; no seamos demasiado pesimistas. En todo caso, mi idea, que no impongo como un dogma pero que lanzo al debate, es la siguiente: ¿No es la situación insurreccional más prometedora que la constitucional?

No existe ningún medio serio de encauzar estos fenómenos en el marco de la social-democracia europea actual. Todos aquellos que piensan, tanto a la derecha como a la izquierda, que los "problemas de la inmigración" pueden ser resueltas de manera suave, racional y guay por algunos, por una integración forzada a la americana por los otros, se equivocan gravemente. Todo ello simplemente porque la inmigración no es un "problema" que se ha impuesto con calma, pero una guerra que se nos hace. Sin embargo, una guerra sólo concluye a través de una derrota o de una victoria.    

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo IX. LAS SOLUCIONES IMPRACTICABLES Y TARDÍAS

Mi posición surge del pesimismo activo del cual habló Nietzsche. Pero, antes de expresarlo, examinemos las diversas soluciones propuestas por los políticos a los problemas cada vez más grandes planteados por esta colonización de la población.

1) La solución de la contención
2) La solución comunitarista
3) La solución asimilacionista
4) La solución del retorno al país
5) La solución de la expulsión masiva de clandestinos y de la restricción de las estancias

Los Estados europeos actuales tratan de aplicar alternativamente -o conjuntamente- cada una de estas soluciones. Examinémoslos en detalle.

1º) La solución de la contención.

Se trata (con cierta mala conciencia) de "dominar los flujos migratorios", al apercibir, por laxitud y fatalismo que "la inmigración cero es imposible". Michel Rocard, en su tiempo, había declarado: " nosotros no podemos acoger toda la miseria del mundo". El se había pronunciado por la inmigración-cero, pero este período ha terminado. Se utiliza la fórmula hueca de "dominar los flujos"

El presidente español de la derecha política, José María Aznar, definió muy bien esta doctrina en una entrevista en Figaro (5/10/1999) : " Es necesario definir una estrategia europea común vis-à-vis con la inmigración. [...] No se trata de elevar muros que acaban siempre cayendo, como el de Berlín, hace diez años. Pero una inmigración sin freno provoca una explosión. España, hace tiempo, un país de emigración, acoge hoy a un millón de inmigrantes. Para nosotros el control de las fronteras de Europa es una cuestión vital, a causa de nuestra situación geográfica (en frente de Marruecos. El estrecho de Gibraltar es, como en la Edad Media, una ruta mayor de invasión). Soy partidario de acordar los mismos derechos a los inmigrantes legales que a los ciudadanos europeos (es decir derecho de voto, etc. La derecha española va aún más lejos que la izquierda francesa) todos luchando contra la inmigración ilegal firmando acuerdos con los países de origen para la creación de empleos y el retorno de los clandestinos".    

Este discurso es totalmente contradictorio y de un enfoque blando pronunciado. Es un revoltijo de naturaleza puramente electoralista: hace creer al electorado que se lucha contra la inmigración, mientras que no se hace nada o más bien poco. Esto es absurdo porque él ve bien que en la realidad cotidiana el mal se agrava. Este lenguaje almidonado ve la cuadratura del círculo y la alianza de la carpa y del conejo: ralentizar los flujos de entrada mientras se niega a erigir un "muro de Berlín"; y luego la siguiente perla: acordar a los regularizados una cuasi-ciudadanía europea, mientras se lo niega a los clandestinos. Lo cual constituye un increíble efecto llamada, una bomba aspirante de clandestinos que esperan siempre conseguir regularizarse en cualquier parte (lo que al final siempre sucede) y obtener así los derechos de los Europeos.

La estupidez de este razonamiento demuestra bien que no es sincero y que es solamente demagógico. Por otro lado, estas políticas de control y de direccionamiento de los flujos no han sido aplicados en ninguna parte de Europa, a falta de medios y de voluntad. Ningún cuerpo de guarda-fronteras existe, por ejemplo. Cuando Europa cree uno, será demasiado tarde. La invasión se habrá llevada a cabo. La política de contención no será solamente insuficiente si es rigurosamente puesta en práctica (a causa de la invasión demográfica), pero ninguna voluntad existe de ponerla seriamente en aplicación, y las clases políticas europeas están obstruidas por la ideología humanitarista dominante. Se queda siempre al nivel de los discursos. Y aún peor, cada vez más los políticos y los intelectuales dicen que la detención de los flujos migratorios es imposible -lo cual es falso- justificando como siempre su dogmatismo ideológico y su impotencia a través de razonamientos técnicos. Se repliegan entonces sobre tres otras soluciones, todas ellas abstractas y sin efecto.   

2º) La solución comunitarista

Hemos hablado suficientemente alto por mucho tiempo. Esta solución, ella también, en lugar de atornillar el tornillo, la destornilla, ya que constituye para la inmigración una gran incitación a venir a instalarse en Europa en "su" comunidad. El comunitarismo es, como ha sido demostrado, practicado silenciosamente por el Estado francés, con gran coste, y luego del comienzo de los años 90 un fracaso completo. No ha tenido jamás éxito en hacer bajar la delincuencia inmigrante, por ejemplo, sino al contrario. Su principal resultado es el apartheid étnico-religioso, la extensión en forma de manchas de aceite de las zonas territoriales alógenas, el incentivo de las zonas de no-derecho y de economía criminal y la implantación creciente del islam. 

Al comienzo, lo hemos visto, el comunitarismo de derecha o de izquierda parte del principio de que, ya que no se pueden dirigir los flujos ni expulsar en masa, hace falta la integración. Que para apaciguar las tensiones, se tiene que dirigir una especie de "reconocimiento de las diferencias" en la unidad republicana y del "ciudadano". Mientras que esto sólo se puede tener con una ciudadanía mono-étnica, como lo había sentenciado Aristóteles en su concepto de philia.

El comunitarismo de izquierda quiere conciliar los valores ciudadanos republicanos y la gestión pacífica de las diferencias étnico-religiosas, en una atmósfera de "niños dóciles" y "laico". Esta es una utopía y una contradicción política de envergadura. De hecho, trata de realizar el apartheid sin apartheid. O, en el caso del Collectif Égalités de Calixte Beyala y Hamadou Dia, que demandan cuotas para los negros y otras comunidades étnicas, para construir un racialismo sin racismo.  

El comunitarismo de derecha reposa sobre argumentos también todos ellos triviales, lo hemos visto en los párrafos relacionados con este tema. Su naturaleza es puramente intelectualista y, diré incluso, escolástica. Se imagina que, contra el Estado jacobino, se va a construir una Ciudad ideal etnopluralista, policéntrica, construida sobre un difuso "modelo imperial" (que no tiene de imperial más que el nombre, ya que un Imperio perdurable, éste no lo es desde luego) y se inspira en las teorías del "politeísmo social", reposan sobre el dogma de la "tolerancia del Otro", esta vez, pseudo-pagana y no basado más en los derechos del hombre. Este angelismo armonicista de una visión onírica y política, desconectada de la realidad, y basado en la idea históricamente absurda de que el paganismo sería tolerante. La razón última no declarada del comunitarismo de derecha es evitar el melting-pot. Pero su resultado práctico sería el agravamiento de este último, primando la existencia de "comunidades étnicas", como Estados en el Estado cada vez más indirigibles. El ejemplo de África del Sur no ha sido recordado.

Pero los comunitaristas son soñadores. Se reclutan en los entornos intelectuales que absolutamente desconocen el terreno, que confunden sociología y especulación; al estilo de Emmanuel Kant, que no salió de su casa para ir a ver como es el mundo real, y que no leyó libros de historia, construyendo sobre la arena y a rebufo de los proyectos políticos impracticables de una vacuidad impresionante.

3º) La solución de la integración y de la asimilación.

Como contrapartida, los integracionistas-asimilacionistas son mayormente personas de acción, de derecha o de izquierda. Conocen el terreno. Sus tesis son teóricamente coherentes y en línea con la ideología de la República francesa, ideología puramente política y anti-étnica. Dicen: la única solución es hacer autóctonos a los alógenos, de afrancesar por la fuerza, de transformar los Africanos y los Magrebís en franceses europeos. Pero esta teoría es aún totalmente abstracta (Esto es: es el Estado que crea la nación y no a la inversa; jus soli; ser francés es algo mental y no étnico, etc). Ignora todas las leyes de la antropología y de la etnología; no tiene en cuenta ningún factor religioso; desconsidera la noción de pueblo. Fue formulada en el siglo XIX, de manera gratuita y romántica, hecha sobre el vacío, posible cuando los contingentes extranjeros eran débiles. O en las colonias africanas del siglo pasado que reagrupaban sociedades primitivas, de tribus atrasadas hacia poblaciones escasas. Inconscientemente, los asimilacionistas-integracionistas quieren aplicar hoy en Francia las recetas de la asimilación colonial del último siglo. Este es el síndrome de "nuestros ancestros los Galos".          

Esta solución ya no funciona. Restaurar la escuela republicana, por ejemplo, con su disciplina y cohesión, no resulta con los jóvenes afro-magrebís. Tanto por razones de distancia etnocultural como por una laxitud educativa profundamente anclada en las costumbres después de los años 60 y que nada puede abolir, salvo una crisis grave.

La integración, intentada luego del comienzo de los años 80 es hoy cada vez más decepcionante y discretamente abandonada. Los alcaldes y las oficinas que gestionan las viviendas de protección oficial llevan a la práctica por ejemplo el reagrupamiento étnico. La nacionalidad francesa no tiene ningún sentido para los negros, salvo la de beneficiarse de ventajas materiales. El romanticismo republicano no tiene efecto sobre estas poblaciones, que piensan ellos mismos en términos raciales.

La noción de asimilación está viciada desde la base. André Lama ha magistralmente demostrado (Des Dieux et des Empereurs, mélanges romains, EDE, op. cit.) que fue aplicada durante el Imperio romano, sobre todo después de los edictos de Caracalla y que fue una de las causas de la caída de esta civilización debido al hecho de la "vertido de los clanes del Tíber en Oronte".

* * *

La solución asimilacionista es también bien defendida por los teóricos de derecha (Jean-Pierre Chevènement) que de derecha (Alain Griotteray). Precisamente este último fue siempre muy lúcido respecto de las consecuencias dramáticas de la inmigración (" La inmigración puede destruir Francia" escribió). Es partidario de una inmigración-cero, de un referéndum popular sobre la cuestión en la cual él lamenta que la clase política anti-democrática la había siempre rechazado, describe el balance catastrófico de la presencia masiva y creciente de alógenos, de los cuales sabe muy bien que se desarrolla todavía más por el crecimiento de la natalidad como por las entradas clandestinas -los falsos turistas con visado- y la reagrupación familiar; es consciente del daño que representa la implantación cada vez más potente del islam; admite que el fenómeno es una colonización de la población que se quiere definitiva; en su libro Les Immigrés Le Choc, afirma que desde 1983," es de temer el nacimiento de una Francia multirracial y multicultural". Y por tanto, en contradicción con sus diagnósticos y temores, propone la solución siguiente: " Contrariamente a lo que pueden imaginar algunos votantes del Front National, nunca enviaremos a los inmigrantes en situación irregular a sus países de origen. Pero, según las palabras utilizadas en Israel, los absorberemos. Les haremos hablar francés. Los haremos volver a la escuela de Jules Ferry, "Prohibido insultar a su profesor o hablar africano o árabe" (alusión a la "prohibición de hablar bretón" de las escuelas de la III República...) No los mantendremos en una situación de asistencia. El trabajo es un elemento de inserción. " (Le Figaro Magazine, 13/12/1997).         

Las soluciones de Alain Griotteray están distorsionadas por la utopía jacobina. Son próximas a las perspectivas de Malek Boutih, presidente de SOS Racismo. Carecen de realismo étnico y se parecen a las esperanzas americanas o brasileñas del melting-pot, que han fallado. Cree aún en las virtudes de la asimilación republicana desde el momento en que serían impuestas desde arriba por un Estado fuerte. Evocando a Israel, olvida que la religión judía es un elemento por otro lado muy federalizador, muy potente -a la par que espiritual- y muy arraigada en la memoria, al contrario de los "valores republicanos", y que disgustan al Marx racionalista. Y olvida también que en Israel, incluso esta religión federalista, al mismo tiempo fe y afirmación de un pueblo, jamás ha logrado abolir la hostilidad étnica entre sefardíes y asquenazíes, ni las fricciones raciales (entre los ciudadanos Árabes israelís o los Falashas, judíos etíopes). En síntesis, mientras incluso admite los desórdenes endémicos de toda "sociedad multirracial", se liga al mito cosmopolita de la República francesa, mito kantiano, basado en la razón pura, sobre la negación de la personalidad popular y sobre el voluntarismo de un Estado asimilador. Un Moloch, que, según su expresión, debe " absorber " en una misma civilización racional las diferentes etnias, borrando la amenaza de sus incompatibilidades naturales de coexistencia. Imagina que la "autoridad del Estado republicano restituido" ¡aglutinará a las etnias inmigradas! ¿Basado en qué tipo de milagro se suprimirán las hostilidades naturales, antropobiológicas y culturales entre los Magrebís musulmanes y los Europeos? Diez siglos no han llegado para ello.   

Alain Griotteray olvida, en fin, como todos los fervientes republicanos, que el fracaso de la asimilación no es debido al derrumbe de los valores republicanos, pero que precisamente el derrumbe de los valores republicanos es debido a la sociedad multirracial.

¿Rechazan los asimilacionistas la voluntad expansionista del islam? En el fondo, los asimilacionistas son los antiguos colonizadores colonizados. Creen siempre en la poción mágica de la colonización, antes exterior, ahora interior. Desconsideran demasiado a los inmigrantes colonizadores a los que creen incapaces de tener una voluntad de conquista. 

Y luego, está lo más divertido. A la izquierda, y sobre todo en la prensa, se encuentran a los más optimistas integracionistas asimilacionistas. Recientemente (de hecho todos los meses) una revista se hace eco de los beneficios de la Francia multicolor y multirracial sobre la cual entra en estado de éxtasis. ¿Hace falta mostrar el comodín de lo políticamente correcto, no? En 1999, Paris-Match, Marianne y Quo salieron con grandes dossiers respecto de este tema. Con fotos de modelos de todas las razas, sonriendo, niños y niñas, abrazados. La Francia y la Europa de mañana, damas y caballeros. Junto con la portada, realizada por ordenador, de los "Franceses del futuro" -muy bonito naturalmente-, una mezcla de todas las razas humanas actuales. Y con grandes prosopopeyas sobre los valores de la ciudadanía y de la república. En pocas palabras, un sueño sin ningún argumento sociológico. Este es el discurso del todo irá bien, todo el mundo se mezcla, todo el mundo se asimila. Este discurso del asimilacionismo de izquierda se parece al para-marxismo americano del melting-pot de los años 60, como a las estupideces del esteta de izquierda Guy Hocquenghem La beauté du métis aparecido en 1973. El hombre nuevo no será más el proletario pero el ciudadano medio. Corean los nuevos días de la sociedad multirracial e integracionista. Tal es la letanía vertida por el pensamiento neo-burgués en los medios bien-pensantes.

Todo esto fracasa ya bajo nuestra mirada. Todo esto se parece mucho a los discursos del viejo Brejnev, quien, en plena descomposición del comunismo soviético, continuó balbuceando las esperanzas leninistas de la sociedad sin clases.

Las soluciones comunitaristas o asimilacionistas rechazan en consecuencia, por dogmatismo, el tener en cuenta la naturaleza étnica y no política del problema. No temo repetir incansablemente las mismas evidencias, con el fin de hacerlos entender como clavos de carpintero en los cerebros de la juventud que me leerán : los comunitaristas creen en el apartheid en el seno de un mismo Estado. Creen en la cohabitación política posible de las etnias, lo cual siempre fracasa. Los asimilacionistas creen en la absorción forzada de las etnias por el Estado, lo cual fracasa siempre también. Las dos doctrinas niegan la naturaleza humana como la ciencia política. Ignoran que: una República, un Imperio, un Reino no pueden federar pueblos salvo si estos últimos son étnicamente emparentados. La diferencia no es federable salvo si es débil. Lo que sería posible en el seno de una Gran Europa abarcando pueblos próximos, por su genética, cultura y religión. Pero nuestros intelectuales no son historiadores. No se interesan por las causas de la caída del Imperio Romano, ni las del perdurar de los Imperios chino y japonés, siempre ferozmente monoétnicos. No reflexionan incluso acerca de los tiempos presentes: ¿Por qué la guerra de los Balcanes? ¿Por qué la guerra del Líbano? ¿Por qué el drama de los Tibetanos? ¿Por qué los ghettos americanos? ¿Por qué el fracaso de la nueva África del Sur? ¿Por qué el racismo brasileño? Un misterio. Tienen la cabeza en las nubes y en los sondeos. Pero serán deglutidos por la corriente de agua de la historia, con el riesgo de deglutir -lo cual es un crimen- un pueblo entero con ellos.            

Comunitaristas y asimilacionistas, hermanos hostiles, quieren imponer a Europa dos soluciones antagonistas, pero en el fondo están animados por el mismo principio, que han siempre fracasado en la historia: aquel de la cohabitación política posible, por asimilación o separación bien dirigida, de las etnias, de las razas o de las religiones diferentes bajo la autoridad del mismo Príncipe en el seno de un mismo dominio político. Esto es antropológicamente imposible. Hace falta afirmar el principio rigurosamente inverso: el hombre es un animal político, étnico y territorial. La armonía no puede nacer salvo de la conjunción de estas tres realidades. El dios Internet no podrá hacer nada de ello, menos aún la globalización de los mercados. Hace falta salir de esta creencia racionalista nacida en los cerebros paradójicamente románticos de los filósofos de las luces y de los científicos soñadores del siglo XIX, según la cual el hombre sería un ser de razón, moldeable por una educación universal o gobernable por la sabiduría, apto a devenir un "ciudadano" modélico. No. Solamente una élite es capaz de ello, y aún en las condiciones totalmente artificiales de la pretensión burguesa. Pero el pensamiento burgués, como lo sabía Nietzsche, es un veneno que mata de forma lenta pero segura.   

4º) La solución de asistencia al retorno.

Una cuarta solución, imaginada por los republicanos humanistas que se asustan de las expulsiones (legales, pero ilegítimas a sus ojos) fue la ayuda al retorno. La "inversión de los flujos" ha sido intentado por Raymond Barre dando un peculio a los emigrantes para reinstalarse en sus lugares de origen. Esto no funciona, ya que quedarse y "vivir en su pueblo" no les interesa. Y, como mucho, aquellos que parten vuelven, después de haber recibido la suma que se les ofrece. Utopía de economistas y de hombres de gabinete.

Ayudar a los países exportadores de poblaciones no es eficaz y es demasiado costoso. ¡Haría falta repensar toda la economía mundial para que esta solución intelectualista funcionase! Defendí esta solución antes, pero ya no la creo más. Es demasiado tarde, muy demasiado tarde. El cálculo es el siguiente: vamos a ayudar a los países exportadores de inmigrantes para crear empleos allí, a desarrollar su economía y, al mismo tiempo, vamos a ofrecer una bonificación para los inmigrantes que volverán al país. En ello encontrarán en consecuencia más interés económico que en el caso de quedarse en Francia. Ésta es una visión típicamente abstracta, una de estas falsas buenas ideas, brillantes pero vacías, de la tradición intelectual francesa. Se le llama a esto el "codesarrollo", todavía uno de esos conceptos sin significación. La ayuda al retorno como la ayuda a la creación de empleos en el país exportador de inmigrantes es un fiasco porque es más interesante económicamente quedarse en Francia para un inmigrante teniendo en cuenta los subsidios y ayudas que percibe, pero igualmente porque es prestigioso para él instalarse en Europa.  

La circular del 19 de enero de 1998 preveía una prima de 4500 F por adulto, de 900 F por hijo y una ayuda por los proyectos de reinserción financiados por la OMI, el organismo de migraciones internacionales. El dinero público fue, evidentemente, solicitada una vez más para ayudar a estos inmigrantes desafortunados. El resultado era de esperar: ¡solamente 600 personas, todas clandestinas sin papeles, aceptaron esta solución! Y es fácil apostar a que después de haberles tocado la lotería, volvieran. Se han previsto ya 10.000 demandantes...  

Pero Martine Aubry, esta auténtica caja de ideas tecnocrática, había encontrado otra solución en noviembre de 1998: el retorno al país de origen se vería sustituida por una "ayuda a la reinserción profesional" allí y... una visa de circulación temporal en Francia. El coste sería inferior a aquel de un traslado a la frontera, que es de 35000 F por expulsado. La medida fue dirigida a los malienses, senegaleses y marroquíes. Nadie se presentó.  

5º) La solución de la expulsión masiva de clandestinos, de la restricción de estancias y de la "preferencia nacional"

Incluso si son aplicadas con rigor, las expulsiones de clandestinos o de extranjeros condenados por lo penal, con respecto a la ley democrática, no resolverían el problema, lo hemos vista más arriba. Permitirían como mucho ralentizar el crecimiento de la población alógena.

¿Pero quienes de todos aquellos que son nacidos o que nacieron en Francia y son por tanto inexpulsablemente franceses? ¿Quiénes de los extranjeros legalmente presentes, incluso parados, y de los beneficiarios de la reagrupación familiar? Incluso una política masiva de expulsión de clandestinos no ralentizaría el crecimiento de la población alógena colonizadora. En la situación actual, las expulsiones masivas de clandestinos -por tanto perfectamente legales- no son contemplables por la clase política, la administración prefectoral y la magistratura, totalmente paralizadas por la culpabilidad y por el juicio de los medios.

Del mismo modo, traer el permiso de residencia a un año no renovable automáticamente, suprimir el reagrupamiento familiar, endurecer todas las condiciones de entrada, etc. aunque conformes a la Constitución, serían en el estado actual de las cosas rechazado por le Consejo constitucional. Jamás una mayoría, incluso de derecha, osaría llegar tan lejos. En Francia, no se retrocede sobre las ventajas adquiridas, aunque éstas sean excesivas. 

Se piensa también suprimir los privilegios sociales a los inmigrantes y aplicar el principio de la "preferencia nacional". Los extranjeros no se beneficiarían más de los subsidios familiares, del paro y de todas las prestaciones destinadas a los autóctonos. Tendrían sus propios circuitos internos de financiación. El permiso de residencia no sería concedido más a un extranjero sin empleo: deberá retornar a casa. Así, la "bomba aspirante" que succiona a los emigrantes del Tercer mundo en Europa cesaría de funcionar.

Esta política, adoptada en el conjunto del Tercer mundo respecto de los extranjeros, que se emplea igualmente en Japón y en los Estados Unidos, es juzgado por tanto de "fascista" y de discriminadora en Europa Occidental. El "privilegio de la nacionalidad y de la reciprocidad", fundado en el derecho público internacional, inscrito en la Carta de la ONU, es en consecuencia, en Europa Occidental, juzgado contrario a los derechos del hombre. Es curioso pero es así. Un francés desempleado en Marruecos es inmediatamente expulsado. Un marroquí desempleado en Francia se halla amparado.

Es rigurosamente imposible para un belga adquirir la nacionalidad india o china. Pero no importa que el hindú o chino pueda adquirir la nacionalidad belga. Por tanto, la preferencia nacional (o europea), desgraciadamente inaplicable en el marco de la ideología actual, no será suficiente para absorber el crecimiento endógeno en Europa de las poblaciones afro-asiáticas. Hace falta por tanto encontrar otra cosa. 

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo IX. ¿CUÁLES SON LAS SOLUCIONES? EL PRINCIPIO DE LA RECONQUISTA

El punto de vista de partida es que la tercermundización de Europa es a largo plazo inaceptable, como fue inaceptable por aquellos pueblos que sufrieron la colonización europea. La diferencia es que la colonización del Tercer Mundo por Europa fue provisional y no tomó la forma de una colonización de la población. La otra diferencia es que el colonialismo europeo fue civilizador, y evidentemente destructor de las sociedades tradicionales (pero no de sus culturas y religiones), y que su resultado fue la explosión demográfica del Sur y de Oriente y su incremento de poder. A la inversa, la colonización de Europa por sus antiguas colonias no comporta ningún efecto civilizador, tiende a ruinar nuestro equilibrio demográfico, sobrecarga nuestras economías y destruye nuestras identidades culturales.

En pocas palabras, la colonización europea fue globalmente negativa, sobre todo para Europa, mientras que la colonización de Europa por el Tercer Mundo es positivo para este último y aún más dañino para nosotros. Se puede decir que el colonialismo europeo y la colonización de Europa son en el fondo un mismo movimiento de flujo y de reflujo, y que el segundo es la consecuencia del primero.

Los bien-pensantes han combatido el colonialismo (y el neocolonialismo) en nombre del principio de caridad, de conmiseración y de amor hacia el Otro, ya que los Europeos eran considerados culpables de destruir y de explotar todos los pueblos de ultramar. Pero rechazan admitir que la inmigración y la colonización de Europa por el Sur y Oriente destruyen todavía más la civilización europea. Y aún más, se despreocupan de ello. Son xenófilos y etnomasoquistas, los "porta-maletas" amigos del FLN durante la guerra de Algeria hasta los lobbies inmigracionistas de hoy.

El destino de las civilizaciones extranjeras les es mucho más preciado que el de la suya propia. Es necesario hoy invertir las preferencias: solamente debe contar el destino de la civilización europea y de sus pueblos autóctonos. ¿Qué nos importan las civilizaciones, pueblos o las culturas extranjeras? Es por nosotros mismos que debemos combatir, y no por la humanidad. Seamos al fin etnocéntricos.

Esta posición no significa que los Europeos deban desinteresarse por la suerte global del planeta. En el "mundo llano", donde todos los pueblos son interdependientes, hace falta resolver conjuntamente aquellos que son los conflictos de interés y de poder, las cuestiones centrales tales como la protección del entorno natural y del ecosistema o la prevención de las guerras nucleares. Pero nuestro cuidado respecto del destino de la humanidad está subordinado al nuestro propio.

Este es el principio de la subsidiariedad aplicada a la medida de la humanidad en la que cada uno está en su sitio, cada uno es responsable de su sociedad, de sus costumbres, del estado de su cultura; pero cada uno es corresponsable del planeta, de Gaia, de esta bola azul y minúscula que rueda en el universo. Estamos todos embarcados en la misma nave, a la vez solidarios y adversarios.

Debido al hecho de la naturaleza humana, la cooperación de las civilizaciones, y los grandes bloques étnicos deben parecerse a una paz armada. El expansionismo irresponsable del islam o de los Estados Unidos, universalismos proselitistas poco cuidadosos de la diversidad humana, monoteísmos fanáticos, no saben admitir más que la ley de la fuerza. Esto es porque la civilización europea debe restaurar su poder, y primero su identidad, es decir, proceder a una reconquista de su propio espacio. Reconquista cultural y reconquista física. Purga del alma, y purga del cuerpo.

Creer que se podrá limitar la colonización, dirigirla, creer que las minorías no devendrán mayorías; creer que no nos arriesgamos a ser sumergidos en dos generaciones si el sistema actual perdura, todo esto surge de los sueños despiertos.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. EL ERROR ETNOPLURALISTA, DEFENSA DEL ETNOCENTRISMO

" No necesito a nadie en una Harley-Davidson "
Canción de Serge Gainsbourg interpretada por Brigitte Bardot

Otro gran prejuicio, que proporciona también un florilegio de tabúes, concierne a lo que se podría llamar el "igualitarismo planetario"

Es necesario acabar con esta opinión falsa, que por demagogia y preocupación hacia la corrección política afirma la equivalencia de todas las civilizaciones y la igualdad respecto de las creaciones de todos los pueblos. Este argumento es defendido por los etnólogos como colofón a la leyenda del buen salvaje de los románticos. Se trata de una impostura intelectual y de un sentido común retorcido. Liberándose de este intelectualismo irrealista, es necesario reconocer esta evidencia histórica: la civilización europea es superior a todas las demás. Es la más alta, la más brillante y la más completa forma de civilización jamás aparecida en la historia, como reconocieron Raymond Abellio (en La estructura absoluta), Oswald Spengler (en La decadencia de Occidente, obra premonitoria) y su discípulo Parker Yockey en Imperium. No siempre fue así: en su período de ascensión, la civilización europea fue igualada, o incluso superada, por algunas civilizaciones orientales. Pero, a partir del siglo XVI, se desmarca del pelotón. En todos los dominios, se afirmará como la más prolífica, la más creativa en las artes, las ciencias, la técnica y los descubrimientos. Si se hiciera, desde un mundo extraterrestre, el balance cultural y civilizacional de la humanidad en los campos tan diversos como la arquitectura, la poesía, la literatura, las artes plásticas, la música, la astronomía, la física, las ciencias naturales, las matemáticas, la filosofía, la espiritualidad, la medicina, las técnicas aplicadas, etc; en síntesis, todas las disciplinas cerebrales, sensitivas, tecnocientíficas, organizacionales, se reconocería fácilmente que la civilización europea es responsable de aproximadamente el 80% de las destrezas de la humanidad, desde la Antigüedad hasta el siglo XX.

* * *

Sin embargo, en esta época de decadencia, los intelectuales de todas las clases y condiciones, atrofiados por el espíritu falso, por este "espíritu que todo lo niega" según Goethe, desarrollaron la tesis escolástica de la incomparabilidad entre civilizaciones. Según esta teoría puramente abstracta, todas las civilizaciones, incluso las más minúsculas y las más lejanas, serían diferentes pero iguales. Es totalmente contradictorio, así me lo hizo saber Giorgio Locchi, que aquellos que dicen pertenecer a la derecha inigualitaria defiendan esta posición de la igualdad y de la incomparabilidad de las civilizaciones en nombre del difuso "etnopluralismo"

Dicha postura asume que no hay criterios objetivos de comparación entre las civilizaciones, lo cual es una ofensa simple y llana al sentido común. Se considera que las esculturas de Miguel Ángel equivalen, ni más ni menos, a las estatuas africanas o precolombinas, o que la invención de la sociedad industrial y de la tecnociencia no es el sello de los espíritus superiores (cualesquiera que sean por otro lado, y que retomo en otros fragmentos los trágicos problemas que plantean), o que una ópera de Mozart no supera una música ritual de Asia o de Oceanía, etc. En pocas palabras, que todos los pueblos serían iguales en su genio. Esta es la doctrina indefendible del tout vaut tout, de la idolatría de la Diferencia. Se han visto incluso intelectuales, dominados por una abducción cerebral, sostener la tesis de que la civilización europea es inferior a las otras. Sin comentarios.

Hay criterios objetivos y universales de comparación entre las civilizaciones (aunque entre los sistemas morales y étnicos, estos criterios deban ser atenuadas). Hay religiones objetivamente superiores a las demás ya que sus obras espirituales son más elevadas y no dan lugar a masacres. Se podría multiplicar los ejemplos en todos los dominios. Por otro lado, los otros pueblos lo reconocen ellos mismos implícita o explícitamente. En Japón, por ejemplo, la música europea es reconocida como más evolucionada que su música nacional.

Es bien evidente que los chinos, los egipcios, los hindúes, los árabes y tantos otros, han aportado tesoros incomparables en el cesto de la humanidad. Pero ninguno de estos pueblos aportó tanto como la civilización europea. Ésta es una evidencia tan clara, tan sólida, tan reconocida por la humanidad entera que es evidentemente (y psicoanalíticamente) aprisionada, negada, reducida a la nada,  -y sobre todo por los complejos de los propios Europeos. La verdad duele pero cura. La aplastante superioridad de la civilización europea -en todos los dominios del espíritu humano- fruto del cruce interétnico de los Celtas, de los Germanos, de los Mediterráneos y de los Eslavos, es de una tal claridad que es demasiado simple, demasiado luminosa para ser admitida por los "bellos espíritus", siempre ávidos de razonamientos tortuosos. Pero en el inconsciente colectivo de todos los pueblos del mundo, se impone al fin, y todas las disertaciones eruditas no pueden hacer nada respecto de ello.

* * *

Se podría plantear una objeción, que circula en los entornos de la derecha tradicionalista o evoliana sumida en el mito de la Edad de Oro y de la decadencia de la Edad de Hierro actual, como en aquellos de la izquierda o del ecologismo: las civilizaciones tradicionales fueron (o son aún) más armónicas y respetuosas entre el hombre y la naturaleza que la selva tecnoindustrial desarraigada y brutal creada por la civilización europea y su culto de la mercancía y del materialismo. 

En primer lugar, es un poco apresurado y angelical idolatrar las sociedades tradicionales y las civilizaciones tribales o de clanes primitivas de los demás continentes. La pretendida "armonía" no es más que el producto de una visión exterior, la nuestra. Pero es cierto, y lo retomo, que la extraordinaria prolijidad de la civilización europea ha acabado por dar lugar a un sistema mundial, que se dice "occidental", del dominio tecnocientífico y económico de la Tierra, y que ha igualmente proyectado sobre la civilización -que es hijo americano respecto del cual no demostraré aquí los enormes inconvenientes, ya que no es ahora cuestión.

* * *

Por tanto, la civilización europea es prometeica y en consecuencia está sellada por la tragedia de su propia expansión. Extendiéndose al mundo entero, se ha despojado de ella misma ya que su identidad ha devenido mundial. Esto es lo que yo había explicado, hace tiempo, en el ensayo L'Occident comme Déclin. Deviniendo "civilización occidental", influyendo en el mundo entero, la civilización europea ha acabado desarraigándose, por olvidar su identidad y la savia que alimentó su joven potencia. Su hijo pródigo y hostil, los Estados Unidos de América, de algún modo la secó. La civilización europea ha sido víctima de su propia expansión victoriosa, exactamente como el Imperio Romano, que constituyó los preliminares. El apogeo de la civilización europea se sitúa entre el fin de la Edad Media y el comienzo del siglo XX. Pero la roca de Tarpella se encuentra cerca del Capitolio, la rosa marchita tras su florecimiento. Durante el siglo XX, la civilización europea que influyó en la tierra entera es víctima de su victoria, pero también de sus divisiones y de sus guerras intestinas, de las cuales los dos últimos conflictos mundiales son el ejemplo trágico. La declinación se produce extremadamente rápido, en términos de demografía, de soberanía, como de influencia. En 1900 Europa dominaba el mundo (pero el gusano ya era invisible en la fruta); solamente tres generaciones más tarde, el paisaje ha cambiado radicalmente. Veinte generaciones de crecimiento, tres generaciones de caída.   

Hoy, Europa está colonizada por aquellos a quienes civilizó -los pueblos del Sur- y está dominada por su retoño, su engendro: el Occidente americanomorfo. Éste se ha desarrollado y ha avanzado demasiado lejos los valores -incluso a veces las mismas cualidades- que habían favorecido su expansión y que acabaron por revolverse contra ella, como el individualismo y el materialismo, el espíritu de apertura y el universalismo.

* * *

Nada está perdido tal vez. El núcleo de genio europeo existe siempre, pero ¿Por cuanto tiempo aún? Históricamente la civilización europea pasa de una fase ofensiva y expansiva a una fase defensiva. Pero la defensa no es más que el preludio del contraataque. Y mientras tanto, defensa para la reconquista del Territorio y reconquista de la Sangre.

Bien entendido, una reconquista interior, es decir, espiritual y cultural, se exige igualmente. La civilización europea debe hacer autocrítica: acabar con el universalismo, esta ideología proselitista, de la conversión de los otros a sus propios valores -que el Occidente americano, en su línea del cristianismo ha empujado demasiado lejos. Pero sobre todo hace falta romper esta enfermedad europea, que nace de una curiosidad demasiado grande hacia las otras culturas, hacia los otros pueblos (sí es un buen sentimiento, pero que deviene mortal si es exagerada) que se puede calificar de xenofilia, de valorización del otro, de interés excesivo por sus pretendidas creaciones. Conviene desconfiar de este interés por el otro, mientras que sus civilizaciones (incluso si tienen perfecto derecho a vivir) nos aportarán pocas cosas y nos podrán dañar mucho. Que los demás desarrollen sus pretendidas culturas geniales y que den pruebas de ello. Imitémosles, practiquemos el egoísmo cultural. Esto sería un buen antídoto a esta fragilidad intrínseca de la civilización europea, contrapartida de su excesivo espíritu de apertura. 

No es suficiente decir: "¿Qué nos puede aportar el americanismo cultural, este monstruoso retoño de nuestra propia civilización europea? Nada". Hace falta igualmente atreverse a decir: "¿Qué nos puede aportar el budismo o el islam? Nada. ¿Qué nos aportan los ritmos africanos? Nada". Desde este punto de vista hace falta realizar una revolución interior como una suerte de autocentrismo cultural que se podría resumir en este slogan: que los otros hagan en sus casas lo que quieran, pero nosotros no necesitamos a nadie. Hace falta en consecuencia romper a la vez estas dos tendencias contradictorias de Occidente: el proselitismo universalista (los "derechos del hombre", el "desarrollo", la "democracia", etc) y la atención exagerada hacia las otras culturas, la voluntad ingenua de exportar su modelo ideológico y económico vinculada a la fascinación por los otros pueblos. Aquí de nuevo, asumiendo el riesgo de sorprender o de impactar, creo que es necesario responder: sí. Uno de los prejuicios centrales de la época se puede formular así: "Es en la apertura hacia las otras culturas como la civilización europea se enriquece". Y los defensores de esta tesis mencionan los pretendidos beneficios de las aportaciones chinas, árabes o africanas. Sin embargo, un estudio serio y honesto de la historia sería suficiente para demostrar que estas aportaciones han sido insignificantes, nulas, negativas. Por otro lado, la aportación de la civilización europea ha sido decisiva para la expansión, o incluso la supervivencia de las civilizaciones mencionadas anteriormente.

* * *

Del mismo modo, la aportación de los Estados Unidos a la cultura europea ha sido también negativa, porque el americanismo ha sido sinónimo de debilitamiento y de desculturalización. En realidad, Europa ha dado mucho y recibido poco y ello que ha recibido de los otros lo desposeyó de sí misma.

Los defensores de la tesis de la apertura nos representan como una fantasmagoría dramática la idea de que la civilización europea puede "cerrarse sobre sí-misma", declinar, como una fortaleza desprovista de recursos. Sin embargo la historia enseña que en todos los dominios Europa no debe más que a sí misma los mayores avances de la civilización, tanto en los campos intelectuales como técnicos. La civilización europea es auto-construida. Se podría sostener que la civilización europea se edificó sin la aportación de ninguna otra civilización. Y esto, a pesar de la leyenda de las aportaciones árabes, como el álgebra o el redescubrimiento de la Antigüedad. 

La civilización europea es la única capaz de su propia metamorfosis interior -cosa que ninguna otra sabe hacer- de transformarse por ella misma, de evolucionar, de innovar sin la ayuda de ningún estimulante exógeno. Esto se explica por su diversidad interior, por los intercambios en el seno de pueblos diferentes pero emparentadas en el interior de la familia indoeuropea. Nuestra civilización fue en la historia una suerte de humanidad por sí misma; fue un macrocosmos allí donde las otras no fueron más que microcosmos.       

A lo largo de los siglos XIX y XX, todas las aportaciones exteriores, sobre todo en las artes, han sido negativas y regresivas (todo lo que vino de África), son insignificantes y superfluas (todo lo que vino de Asia). Por otro lado, sin la aportación de las ideas europeas, las grandes civilizaciones chinas, árabe e indias, o incluso japonesa, no serían lo que son actualmente. Se estancarían.

Evidentemente, hubo una aportación exterior, y fue de envergadura: el cristianismo. Pero aún así, es necesario reconocer que todo lo que fue civilizador en el cristianismo fue europeo, y no oriental. Las catedrales góticas y el culto a los santos, la teología, la espiritualidad no tienen nada de oriental. El cristianismo, sincretismo entre un monoteísmo próximo a lo oriental y las mentalidades paleo-arias, fueron en realidad una religión enteramente compuesta del espíritu europeo precristiano.

Como fue dicho más arriba, esta "modernidad", esta esfera occidental creada por la civilización europea ha acabado por tornarse trágica. El modelo europeo, devenido mundial, acabó por amenazar a la misma Europa y a la humanidad entera, por universalismo y un culto desenfrenado del desarrollo. Y es que, como toda civilización superior, nuestra civilización oculta un vicio importante, y por consiguiente un enorme riesgo. 

Este vicio, es a la vez el universalismo y el interés demasiado grande concedido a los demás pueblos, ésta es la parte inversa y la parte negativa del espíritu de conquista (y de apertura), el exceso de curiosidad, la fragilidad interior, la duda de uno mismo, que acaba por completarse en el etnomasoquismo y en la xenofilia.

Debido a esto hace falta realizar una tenaz revisión, una metamorfosis de los principios. Se trata de abandonar el universalismo, de renunciar a la vez al dar a los otros y al recibir de ellos, se deberá realizar un nuevo trabajo de concentración sobre las propias fuerzas, que será evidentemente una ruptura histórica.

* * *

La segunda cuestión posee una objeción -fácil- que formulan a menudo aquellos espíritus perturbados por la doctrina superficial del etnopluralismo: ¿Acaso el modelo occidental, prolongación de la civilización europea no pretenderá ser hoy superior a todos los otros? ¿No es esto descender al dogma francés y americano de la "misión civilizadora" hacia los "pueblos inferiores" en lugar de defender el etno-centrismo europeo? No, y es que:

1º) En realidad, la "civilización occidental" no es, o no es ya más una civilización, pero exclusivamente un sistema y una ideología que pretende englobar a todas las civilizaciones y trascenderlas. No importa qué nación puede apropiársela, comenzando por Japón, Corea, Singapur o Jordania, Que este sistema (que ahora por otro lado es tan mundial como "occidental") se dice superior, en estrecha superposición con el modelo americano, no tiene nada que ver con la afirmación de la superioridad étnica e intrínseca de la civilización nacida sobre el espacio europeo. 

2º) La reforma interior a realizar por la civilización europea reposa sobre dos principios. Creer en su superioridad no significa ya más querer convertir a las otras, ni influenciarlas. Se rompe aquí con el optimismo universal y civilizador, el delirio de grandeza vulgar, de Jefferson o de Jules Ferry.  Entonces los principios de indiferencia y de respeto hacia los otros pueblos y civilizaciones se imponen. No busquemos influenciarlas, ni dominarlas, ni incluso ayudarlas (a pesar de las demandas urgentes que se dirigen a nosotros, a pesar de su altivez, sus complejos, su impotencia); seamos indiferentes a su suerte; rechacemos toda contribución de su parte, y es que nos son inútiles, incluso a menudo perjudiciales. 

Y luego incitémosles, si son tan dotados como pretenden, a trazar su ruta por ellos mismos, a no presentarse a la vez como genios y como víctimas. ¿Los hemos explotado? Son ellos quienes ayer y hoy han explotado los recursos de a civilización europea. Dejarlos solos frente a sí mismos, esto quizá les recompense, y así conseguir una liberación mutua. A veces hay divorcios útiles. La nueva Europa debe divorciarse del resto del mundo.

Como opuesto a la vez al universalismo y al etnopluralismo, una tercera vía se impone en consecuencia: el del etnocentrismo: Respecto del plano económico, el espacio natural de los pueblos originarios europeos, posee prácticamente todos los recursos, del mismo modo que nuestra cultura global no necesita de la aportación de ninguna otra, en el conjunto de los dominios que abarcan al espíritu humano. 

Se deberá efectuar una revolución mental, que un chino hijo del cielo y del Imperio milenario comprendería muy bien, una revolución interior indispensable para el destino de todos los pueblos de gran perennidad: pensar la civilización europea como intrínsicamente superior, pero también autónoma.

A saber: para dejar huella en la historia, no basta con querer ser diferente, es necesario creerse superior. Muchos pueblos han creído que no lo fueron y que nosotros lo fuimos ¡Y nosotros ya no creemos más en ello! Como un jugador de póquer que tiene todos los ases en la manga y que no se atreve a jugarlas. Los pueblos duraderos,  las civilizaciones vivaces se han creído siempre centrales y superiores, como el ejemplo de China enseña ("Imperio milenario" y también -a una escala menor- aquel del pueblo hebreo ("pueblo elegido, sal de la tierra").

Es solamente si se recupera este orgullo, en declararlo legítimo, reconciliándose con esta buena conciencia de la autoafirmación y del etno-centrismo, persuadiéndose de la superioridad de su herencia histórica como los Europeos del siglo XXI pueden sobrevivir históricamente. Bien entendido, esta revolución copernicana en las mentalidades no podrá ser adquirida salvo luego de conmociones violentas.

Los intelectuales de derecha, como de izquierda o de centro moderado, juzgaran estas posturas como simplistas. Tanto mejor. La verdad es siempre simple, límpida, juvenil. Los amos del pensamiento de la Europa de hoy manejan un pensamiento moribundo y complicado, se diría que senil, una escolástica de fin de reino, sin eje, sin estilo, construido sobre el estuco de ideas falsas y cromáticas. Afirman la igualdad de todas las civilizaciones mientras menosprecian la suya. Pero en el fondo de su espíritu, no creen una palabra de lo que dicen; su habla es balbuceante, hablan por cobardía.

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La civilización europea tiene múltiples raíces en el conjunto del mundo llamado "indo-europeo". Fue el fruto del equilibrio de aportaciones propias y de influencias exteriores digeridas con moderación. Se caracteriza por lo que Robert Steuckers denominó la désinstallation (lo cual es a la vez una ventaja y un peligro); una llamada al movimiento, a la conquista, a la metamorfosis, apertura y curiosidad, autocrítica permanente, gusto por los nuevos sabores contra los dogmas fijados, apetito por la tecnociencia, etc. El problema central de esta civilización es por consiguiente conciliar esta désinstallation y un necesario arraigo, de conciliar el movimiento y la identidad, las raíces y el crecimiento de las hojas. Y es que, como sugiere La Fontaine (en El Roble y la Rosa), si el follaje está demasiado elevada y crece en proporciones más considerables respecto de la penetración de las raíces, el roble será desarraigado por la tempestad. Ésta es la tragedia por otro lado de toda civilización imperial : en determinado momento, la expansión puede dañar la identidad, el follaje arborescente fragilizar las raíces del árbol.

Las dos tendencias deben ser equilibradas y, como expresé en otra parte (en El Arqueofuturismo), Europa debe repensar totalmente la estrategia de su voluntad de poder acompañado de un cierto recogimiento, de un retorno a sí mismo. Es difícil ser prometeico, es decir, de querer desafiar a los dioses y de superarlos.

La civilización europea pasó globalmente por tres fases de importancia: un período de desarrollo que engloba la Antigüedad céltico-grecorromana y la Edad Media; un período de expansión mundial y de formación (ver Tierra y Mar de Carl Schmitt) que va desde la mitad del siglo XV al comienzo del siglo XX, cuando la civilización europea, la primera en toda la historia humana, consiguió lo que se podría llamar el "Reino de la Tierra"; y al final un período de rápido declinar, a partir de la Primera Guerra Mundial, donde la civilización de vio absorbida por el Occidente americamorfo que ella misma generó y que, hoy, está amenazada de ser colonizada por los pueblos del Sur, que ella misma colonizó.

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La cuarta fase histórica de la civilización europea se abre hoy. Esta será la más trágica y la más arriesgada de todas. Ésta será la caótica, de reagrupamiento y de defensa alrededor de su espacio natural, el espacio eurosiberiano. Está será la de la reconquista interior, de la liberación. O bien de la desaparición. Todos los conceptos de civilización deberán ser repensados. La nueva civilización europea deberá admitir, sin renunciar a una política mundial, las nociones de aislacionismo, de autarquía, de etnocentrismo y de coherencia étnica global. Esto no significa para nada, más bien al contrario, una renuncia al poder. Todavía hoy, se puede recuperarse, la civilización europea es aún bastante fuerte para ignorar a las demás y demasiado fuerte para que sea ignorada por los demás.    

Las catástrofes de mayor importancia que amenazan el sistema occidental al comienzo del siglo XXI serán quizá quienes hagan parir este renacimiento, esta metamorfosis de la civilización europea, esta reconquista tanto interior como específica. Y es que las reconquistas espirituales, culturales, étnicas y políticas están íntimamente ligadas.

En el fondo, es el orgullo de sí mismos lo que los europeos deben reencontrar, orgullo que quizá sólo ellos pueden poseer. Como escribió Pierre Vial hablando de las personalidades creativas excepcionales que, mil veces más que en otras partes, florecieron sobre tierra europea (Terre et Peuple, n°8, mayo 1999): "Todos han hablado, a su manera, de la grandeza única de una civilización de la cual nosotros somos los hijos y los guardianes. Desde Helgoland a Delfos, desde Chartres a Toledo, desde Brocéliande à Verden, de Stonehenge a San Petersburgo, el sueño europeo está presente. Podemos vivirlo. Basta quererlo ". Si no, viviremos el crepúsculo y no tendremos más descendientes. Habremos sido el "último hombre" de Nietzsche, aquellos esclavos felices que ríen saltando.    

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA IMPOSTURA HUMANITARIA CONTRA EL HUMANISMO CLÁSICO. ELOGIO DEL ETNOCENTRISMO

Uno de los prejuicios más corrientemente aceptados es que la indulgencia hacia los inmigrantes, que el antirracismo militante, la discriminación positiva, etc., serían conformes a la " tradición humanista europea  ". Por ello, los "derechos del hombre", abusivamente imputados a esta tradición humanista, se opondrían a los riesgos de tiranía y de fascismo inducidos por las doctrinas de la preferencia nacional o de la preferencia étnica. Se trata, otra vez, de un desvío de la tradición. Los "derechos del hombre" son un simulacro desfigurado del humanismo clásico.

Hace falta sostener al contrario que el humanismo clásico y sobre todo helénico defiende la Ciudad como conjunto étnico homogéneo. De forma errónea, el humanitarismo multiétnico se opone frontalmente a la tradición democrática helénico-europea y sólo podría desembocar en la desarmonía social y el despotismo.

Esto es mérito de los trabajos de Círculo Nación y Humanismo de Yvan Blot, sobre todo respecto de los estudios que este último ha consagrado a Aristóteles, por haber demostrado que las raíces de la democracia y de la convivencia conjunta de la filosofía política griega están fundadas sobre las nociones de homogeneidad de origen de la Ciudad, y de separación rigurosa entre los ciudadanos y los metoilcoï, los extranjeros.


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En su Política, Aristóteles aborda antes que nada la noción de apátrida, de "ciudadano del mundo", que se encuentra de moda en la ideología cosmopolita moderna; en síntesis, del individuo abstracto y desarraigado que tiene el derecho de instalarse donde le plazca. 

" La Ciudad es parte de las cosas naturales y el hombre es por naturaleza un animal político. Aquellos que no tienen patria, o son seres degradados, o están por encima de las normas humanas. Es como aquellos que afrenta Homero, sin linaje, sin ley, sin hogar ", sentencia el filósofo griego.   

En la democracia ateniense clásica, donde el impuesto directo no existía ya que era considerado como tiránico, sólo los "extranjeros" (metoïkoï, extranjeros residentes, la expresión no es peyorativa) pagaban una contribución, el precio de su aceptación en la Ciudad. Enfoque totalmente inversa de la nuestra y que atrae a los extranjeros por las prestaciones sociales y las facilidades negadas a los ciudadanos.

El respeto de los Griegos hacia las Leyes (oï nomoï) de la Ciudad habría sido incompatible con una declaración universal de los derechos del hombre abstracta y desarraigada, como con la infracción permanente de las leyes de la República que constituye las regularizaciones administrativas de los clandestinos o la negativa a la expulsión de los delincuentes, por humanitarismo; lo cual constituye un acto tiránico hacia los ciudadanos y al legislador democrático.

Pericles, a quien no se puede hacer sospechoso de pre-fascista, refuerza en Atenas la noción hoy considerada diabólica de la preferencia nacional -o, más exacto, de preferencia étnica. Rechazando toda noción de jus soli (es Ateniense quien nace en Atenas), refuerza al contrario el derecho de sangre. El hizo votar que, para convertirse en Ateniense, el hijo debía tener sus dos parientes, y no sólo uno, de ciudadanía ateniense. En esa época, los tiranos, como en Siracusa, eran reputados de utilizar el derecho del suelo, es decir, de naturalizar en masa a los extranjeros, para inundar al pueblo autóctono y para abolir toda democracia. Esto es los que pasa hoy en día. Así que, en un diálogo imaginario, si Pericles conociera a los dirigentes inmigracionistas actuales de Francia, los trataría probablemente de aprendices de tiranos.   

Los Griegos han inventado la noción de philia, tan pertinentemente definido por Jean-Marie Le Pen durante un simposio : " Es la fraternidad, la generosidad jerarquizada, un tipo de amistad que une a los ciudadanos entre ellos, conforme al orden natural. [...] Ella se ejerce prioritariamente en el seno familiar, luego con respecto a los amigos, luego a los compatriotas. Según Aristóteles: "es evidente que vale más pasar el día con los amigos y personas excelentes, que con los extranjeros y recién llegados" "

Esta philia helénica se opone evidentemente a los preceptos evangélicos impracticables del "todos los hombres son mis hermanos". La philia helénica es humanista, porque es inegualitaria, jerarquizada, conforme a la naturaleza. Prefiero mi hermano de sangre al extranjero, pero jamás desearé hacer mal al extranjero pacífico. Y él actuará del mismo modo que yo, en su propia comunidad, en su país. El humanismo inegualitario respeta el orden natural; no miente. El humanitarismo igualitario y utópico miente. Desemboca en la tiranía, en este infierno pavimentado de buenas intenciones.


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Esta tiranía que nos arriesgamos a conocer pronto, luego de la posible explosión de una guerra étnica... Aristóteles lo evoca también, esta guerra civil, y descubre las mismas causas; al mismo tiempo, propone una definición étnica, es decir, humanista, clásica de la Ciudad: " Es también factor de guerra civil la ausencia de comunidad étnica en tanto que los ciudadanos no respiran ya igual. Y es que por esto mismo, una ciudad no se forma a partir de una masa de individuos tomadas al azar. Esto es porque, entre aquellos que han, hasta el presente, aceptado a los extranjeros para fundar una ciudad con ellos o para integrarlos en las ciudades, la mayor parte han conocido las guerras civiles ". Buena descripción de las cuestiones actuales, a 2400 años de ello... Una ciudad armónica no puede ser fundada, salvo por proximidad étnica y cultural. En su obra histórica y filosófica, Aristóteles describe al igual que Tucídides, todos los desastres a los que aboca la acogida excesiva de extranjeros y el derecho de asilo sistemático en el seno de las ciudades griegas: Los Samienses acogieron a los de Zancle y a quienes los expulsaron, las gentes de Amfipolis expulsados por los colonos de Chalcis a quienes habían aceptado imprudentemente. Los Siracusos fueron presos de una guerra civil con los mercenarios extranjeros que habían enrolado; lo mismo en Bizancio; lo mismo en Antissa donde los refugiados de Chios, devenidos sediciosos, debieron ser expulsados militarmente. Etc. Notemos que un pueblo demasiado acogedor puede ser expulsado en su propia casa. Se ha visto en el Kósovo serbio. Se verá posiblemente, para comenzar en algunas provincias de Francia.      

Todo el humanismo, histórico o filosófico de la Antigüedad clásica no cesa de repetir esta evidencia que el humanitarismo moderno ha olvidado: mezclar los pueblos es contrario a la armonía humana y divina. Aristóteles explica: " al igual que sucede en la guerra, cuando el cruce de efectivos incluso insignificantes disloca a las falanges, del mismo modo, toda heterogeneidad en una ciudad provoca conflictos internos ". Jean-Marie Le Pen, expone, comentando a Aristóteles, durante el simposio anteriormente citado: : "Una ciudad debe por consiguiente, ser homogénea en el momento en que se basa sobre la libertad de los ciudadanos. Sólo las tiranías, como los Imperios de Oriente o de Egipto pueden permitirse tener pueblos heterogéneos bajo su autoridad ".


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Es verdad que la heterogeneización actual de la población francesa socava totalmente las bases de la libertad (y de la "república" en el sentido romano), haciendo retroceder la democracia introduciendo privilegios sociales indebidos y destruyendo la universalidad de la ley introduciendo reglamentos comunitarios particulares.   

Para el humanismo clásico -que olvidará el Imperio Romano tardío en beneficio del universalismo cristiano cosmopolita -, el fundamento de la libertad de los ciudadanos es la homogeneidad de la Ciudad. La tiranía de tipo oriental del Imperio Romano unificado está vinculado en gran parte, como ha demostrado André Lama (en Des Dieux et des Empereurs, EDE) a su excesivo mosaico étnico. Querer conciliar, como se cree hoy, una Francia multirracial y una Francia democrática, es una ilusión, es intentar casar la carpa y el conejo. Como lo vio Aristóteles, una ciudad multiétnica desemboca o hacia la tiranía o hacia la anarquía. 

Del mismo modo, no olvidemos que la palabra griega polis -la Ciudad- como lo denomina Yvan Blot  " quiere decir fortaleza, en oposición a "asty", la ciudad no fortificada". Y añade: " No solamente la homogeneidad del pueblo es necesaria para que allí pueda haber "philia", y consecuentemente ciudad, pero incluso esta homogeneidad es aún más necesaria cuando se trata de una ciudad democrática" (L'Héritage d'Athéna, Éditions Les Presses Bretonnes). Dicho de otro modo, para el humanismo griego, el fundamento de la democracia es la mono-etnicidad.

Asimismo, la philia, la solidaridad entre ciudadanos incluso socialmente diferentes sólo es posible entre nativos del mismo pueblo. Una sociedad caleidoscópica no puede conocer la solidaridad. Luego de los Iluministas, los utopistas occidentales han siempre despreciado la sabiduría, es decir, la lección de la historia. Hacer "tabula rasa", según el infantil precepto marxista que ha sido tomado por toda la modernidad, esto es privarse estúpidamente de la experiencia.

La historia nos recuerda que la decadencia de las ciudades griegas, en la época helénica, como la de Roma, fue sellada cuando prefirieron una proporción demasiado importante de extranjeros en sus diferentes estamentos sociales.

Marie-Françoise Baslez, en su estudio El Extranjero en la Ciudad Griega (Las Bellas Letras), describe la actitud de la democracia griega, etnocéntrica pero no racista, en el sentido actual: "Orgulloso de sus congéneres y consciente de su particularismo, el Griego no es por tanto sistemáticamente hostil hacia los extranjeros. Su concepción del mundo helenocéntrico y policéntrico no alimenta una xenofobia análoga a la del otro imperio milenario, La China imperial.[...] La idea de que la nación como corolario es inseparable de la idea de los Iluministas, pero es inconcebible en la Grecia de las ciudades, considerando muy viva la conciencia que tienen los miembros de la comunidad de ser todos similares.[...] La época clásica se produce cuando incluso el rechazo de la diferencia se expresa con el incremento del poderío. Por todas partes, la conmoción sentimental de la amenaza persa y de la victoria de los Griegos hace ver al Bárbaro como la diferencia absoluta. La diferencia entre "habitante" y "ciudadano" deviene irreducible, a pesar de las solidaridades locales y familiares. En fin, las diferencias de nacimiento tienen una extensión discriminatoria definitiva cuando el cuerpo social excluye los de sangre mezclada. Uno es nacido Griego, uno es nacido ciudadano. Tal es la afirmación de la ciudad clásica que no actuará jamás como una estructura de integración ".

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Es evidente de todo esto que la visión etnopluralista del mundo no pertenece a la tradición helénico-europea. Menos aún la concepción comunitarista de la Ciudad (varios pueblos en una misma unidad política), ni el cosmopolitismo (mezcla mundial de los pueblos), ni incluso el integracionismo (denegar al extranjero su especificidad forzándolo a devenir ciudadano). La "diferencia" no es admisible salvo entre grupos geográficamente separados.

La tradición a la vez humanista y democrática europea es fundamentalmente etnocéntrica. Podría haber citado a Cicerón, Montaigne, La Fontaine, Rabelais e incluso De Gaulle. el etnocentrismo no significa para nada el desprecio o el odio hacia el extranjero. Es lo opuesto incluso de la barbarie. Debemos atrevernos a afirmar que pertenecemos a una civilización superior, pero a una civilización trágica, ya que nos hemos devorado a nosotros mismos. Occidente, descendiente de Europa, se revuelve contra ella.

El etnopluralismo asume que todos los pueblos son equivalentes, lo cual es falso. El etnopluralismo es una forma desvergonzada y disimulada de igualitarismo. El coraje ideológico consiste hoy en defender el etnocentrismo. 

Antes, contribuí a defender el etnopluralismo y a ilustrar este concepto, durante el tiempo que pertenecí a la Nueva Derecha. Pero hoy, esto se ha acabado. Una posición que no evoluciona es como una nave que no navega. Analicemos ahora en más detalle este último punto.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

La colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo VIII. LA VALORIZACIÓN FORZOSA DE LAS "CULTURAS" ALÓGENAS

En una sociedad sacudida de etnomasoquismo debido al hecho de la colonización de la población que ahora le acontece, resulta normal que el mestizaje deviene referencia suprema y que se asista por tanto a una sobrevalorización de las culturas africanas y magrebí-musulmanes.

El tabú se define así: ¡no tiene usted el derecho a criticar estas culturas!

Durante la celebración de los 2600 años de la fundación de Marsella, en junio de 1999, organizada con un coste elevado por el municipio de política derechista, las festejos y la animación no querían solamente mostrar que Marsella era una ciudad "mestiza" sino que la mezcla de culturas y sobre todo de las razas es una "enriquecedora apertura hacia el otro", según la jerga habitual, pero sobre todo, de manera muy perversa, mostrar que Marsella es ante todo una gran ciudad africana. Se tenía derecho por ejemplo a una versión rap del Coupo Santo, el célebre himno provenzal, cantado por 700 coristas. Ninguna manifestación fue prevista evocando la cultura provenzal original. Por otro lado, las animaciones exaltando las culturales originarias de la África subsahariana y del Magreb fueron legión, del mismo modo que las aportaciones efectuadas por grupos tradicionales folklóricos asiáticos y comorenses.    

Se olvidó adrede -y censurando- el hecho de que la fundación de la ciudad marsellesa por los helenos, en el año 601 A.C, fue simbolizada por las nupcias del Griego Protis con Ségobrige Gyptis, en otras palabras, por la unión de dos pueblos hermanos europeos, de cosmogonía y de etnias vecinas. Se mantiene el mito de que Marsella fue "siempre" una ciudad de encuentros entre todos los pueblos de la cuenca mediterránea, o incluso del mundo. Indudablemente, como todo gran puerto, los extranjeros han sido estado siempre presentes (como en Burdeos, Nantes, Rótterdam, etc). Pero no olvidemos que hasta una fecha muy reciente, y la obra de Pagnol lo testifica, Marsella no fue en absoluto, por tradición, una villa cosmopolita, pero una ciudad provenzal por su población. ¿Acaso recordar las raíces provenzales es una provocación? ¿Es racista y reaccionario, incluso fascista, el reivindicar un arraigo europeo? Cuando el municipio de Megret de Vitrolles quiso llamar a esta villa "Vitrolles-enProvence" todos los medios habían calificado esta iniciativa de provocación racista y fascista. Ver para creer. Evocar una identidad europea ha devenido sospechoso, políticamente incorrecto. Sobre todo si esta identidad es regional, y es que la ideología jacobina y republicana conoce bien la dimensión étnica arraigada en la pertenencia regional. Identificarse como "republicano" está autorizado, y es que este término abstracto no entraña consecuencias.

Por otro lado, celebrar las tradiciones africanas y arabo-musulmanes ha devenido un pasaporte para los bien-pensantes. Es suficiente escuchar los programas de la emisora oficial xenófila Radio France Internationale. Es cierto que al ritmo demográfico actual, Marsella, la Seine-Saint-Denis, una parte de la aglomeración de Lille y los suburbios de todas las ciudades de más de 100.000 habitantes serán presumiblemente en menos de 15 años porciones de territorio de mayoría afro-magrebí. 

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Las "Fiestas musicales", organizadas por Jack Lang el día del solsticio de verano, y que terminan siempre en coacciones por parte de las bandas étnicas, y agresiones contra los Europeos, ofrecen el mismo espectáculo: sobrevaloración de las músicas alógenas, en las cuales la riqueza artística no es siempre evidente.

En junio de 1999, no se encontró nada mejor que organizar en el parque del castillo de Chambord tres "días africanos", de gran ostentación de medios siendo costeados por una villa africana con conciertos de tam-tam en las escalinatas, en la corte de honor del castillo de François I, y en el parque también. Se trataban de unas "jornadas de caza y pesca" iniciadas por el Ministerio de Agricultura y de Cultura, supuestamente para la puesta en valor del patrimonio francés. Habría sido indecente e incorrecto soplar trompetas de caza o reconstituir una villa del Touraine del siglo XVI.

En los libros escolares, la enseñanza de la historia de Francia y de la de los pueblos europeos se reducen a cada nueva reforma en beneficio de las "disciplinas" de concienciación, en las que por ejemplo aparece la enseñanza de los dogmas de la doctrina multirracista oficial. Ha sido necesaria toda la furiosa determinación de Éric Tabarly y de bastantes otros para detener el calamitoso proyecto de Jacques Chirac de trasladar el excepcional Trocadero al Museo de la Marina a costa de un "Museo de las artes primeras" (no se dice "primitivas") consagradas esencialmente a las artes de la sábana africana, de las cuales ya se sabe la aportación que constituyeron para la humanidad. El "museo de las artes primeras", deseada por un Presidente que quiere dejar su cagada en la historia, para ser capaz de dejar su sello en ella, será a pesar de todo construido con elevados costes en algún lugar de París. No se le ocurrió a nadie la idea de que el dinero que se comió esta operación de la administración tentacular de la ciudad de París habría sido quizá mejor empleada en -por ejemplo- restaurar los castillos en peligro, en dar un alivio a l'Institut francés d'Athènes, o de ayudar a la supervivencia del lugar arqueológico de Pompeya, etc.         

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Los medios no escapan menos a esta sobrevalorización de todo aquello que es "negro" y africano. En la música, se silencia (y no se subvenciona) las obras de los jóvenes europeos hiper-creativos, a la vez arraigadas y futuristas, pero la más mínima obra "negra" suscita lágrimas y resoplidos fervorosos de admiración. Recientemente, la ciudad de París organizó costosamente sobre el Pont des Arts, de cara al Institut, una exposición de esculturas en barro seco de un artista africano, de realismo torpe y mediocre. Pero desgraciado de aquel que se atreva a criticar a este genio. Las esculturas francesas de la escuela de Rodin y de Maillot están limitadas a su exposición y venta en California y Japón.   

Si usted quiere obtener una subvención de Bruselas, cree una asociación de promoción de la cultura y del arte africano. Obtendrá más fácilmente un cheque que declarando una asociación de promoción de tradiciones de la Flandre, de la Provenza o de la Borgoña. Con motivo del Festival de Avignon de 1999, el grupo teátrico-musical Royal de Luxe organizó un espectáculo escrito y escenificado por una compañía teatral africana. La emisora Radio France Internationale, la "voz de Francia en el mundo", la describió el 17 de julio de 1999 a las 19h, acompañada de críticas especializadas. Luego un concierto de cantos ditirámbicos. Y repentinamente, uno de los invitados, olvidando la ley de lo políticamente correcto, un hombre de izquierda por tanto, dejó hablar a su profesionalismo y sinceridad. Declaró que el espectáculo era "ingenuamente mediocre, plagado de clichés, sin creatividad" y que una "publicidad engañosa" rodeó al espectáculo, además de ser excesivamente caro (500 F la localidad). Fue insultado en antena y el animador no le concedió más la palabra. Había cometido el crimen supremo de herir a la africanidad.

¿Qué se concluye? La ideología hegemónica, igualitaria y sobre todo cosmopolita, sólo tiene de igualitaria su nombre. No se trata más de afirmar la igualdad en el genio de todas las culturas del mundo (tesis etnopluralista aun así muy discutible), pero de pretender que se diga y repita que toda cultura, africana, "negra", o incluso arabo-musulman es superior. El rap y el raï  serían en el fondo no sólo interesantes sino.. ¿Más que Vivaldi? ¿Serían las contorsiones del hip-hop más esenciales que el inmenso espectro de las danzas europeas, orquestrales y populares? ¿No serán MC Solaar y NTM más creativos que Brel? ¿Y los graffiti? Chapucerías gracias a las cuales las bandas étnicas marcan su territorio, como perros meando, ¿No son, como se ha podido leer en las páginas "culturales" de Libération (30/07/99) " la expresión de una creatividad herida que ponen en cuestión lo cánones congelados de cierta estética europea" ? 

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Este discurso implícito se debe descifrar como un proyecto a largo plazo de desvalorización y de olvido de la personalidad y del patrimonio cultural y histórico europeo. Hacer del Europeo un islote en su tierra, un apátrida sin raíces. Sustituir la memoria del colonizador para su auto-exterminio. Aturdirlo a través de un magma de subcultura a base de videojuegos, de inmediatez pseudo-lúdica, de presentismo audiovisual y virtual, de beatitud analfabeta, de ignorancia respecto de su linaje, de admiración por los tam-tam y los cantos monótonos de baja intensidad: tal es el proyecto de los neotrotskistas que pilotan la ideología hegemónica, situados en los puestos claves en los ministerios de Cultura y de la Educación nacional, como en los principales medios.     

Esto es el retorno de las llamas. Francia y otros países europeos habían intentado antes, en una estúpida lógica universalista, abolir la memoria y la cultura de los pueblos colonizados ("nuestros ancestros los Galos" enseñado a los Senegaleses) y de desvalorizar ingenuamente sus raíces. A quien a hierro mata a hierro muere. Estamos desculturizados por aquellos mismos que nos han deculturizado por el colonialismo. La historia, antes de ser una trama de las confrontaciones militares y económicas está tejida de competiciones demográficas y de una guerra global de concepciones del mundo.

Quien gane la guerra cultural y la guerra de la natalidad será el vencedor y eliminará a su enemigo. Se trata de castrarnos (ver la valorización de la homosexualidad y del feminismo obtuso) y de descerebrarnos más que matarnos. La reconquista de la tierra europea, antes colonizadora, hoy colonizada, pasa también evidentemente por la reapropiación y la afirmación soberana de nuestra propia memoria. El mundo futuro no será dominado por pueblos sin cultura, inmersos en el presentismo electrónico o la adulación del mestizaje caótico, pero por aquellos que cultivaron el orgullo de su linaje ancestral y de sus realizaciones históricas. Un amnésico, un alienado, luego un suicida; he aquí lo que se pretende hacer del pueblo europeo.

En materia de regularización y de negativa a la expulsión de los clandestinos, a veces se llega a casos inverosímiles. En septiembre de 1999, el tribunal administrativo de Paris anuló el decreto de traslado a la frontera de Annihal D, un colombiano homosexual y sin papeles, presente ilegalmente en Francia desde hacía 10 años. ¿El motivo? El individuo " lleva una vida normal de familia y una relación estable" ¿Con quién lleva una vida familiar normal? Con otro inmigrante, homosexual clandestino, que se benefició de las regularizaciones masivas de 1991.

Esta interpretación extremadamente laxista de la ley Chevénement del 11 de mayo de 1998 desgraciadamente sentará jurisprudencia. La ley anteriormente citada establece un permiso de residencia temporal a todo clandestino que viva en Francia después de 10 años (no habiendo conseguido localizarlo durante 10 años, por tanto) sobre todo si vive en familia. Se trataría así de evitar los casos de expulsiones de clandestinos extranjeros con hijos franceses. Respecto de esto, uno cree estar soñando: la noción de "familia" se extiende a las parejas homosexuales, como me explicó, satisfecho, el abogado del clandestino, Dupont de Sercey : " Esto demuestra bien que el legislador francés va tomar en consideración la familia que abarque a las parejas homosexuales". Otra vez prevalece la regla de los "dos pesos, dos medidas": un inmigrante clandestino homosexual tiene derecho a todos las implicaciones de la ley; tres características que lejos de marginarlo, lo integran al contrario plenamente en una sociedad descontrolada, que ha invertido todas sus referencias.  

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández