Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TRADUCCIONES

Un estudio sobre la "cuestión judía" (X de X). EEUU: Estado Judío. Conclusión

La cuestión de los judíos en la URSS, como se sabe, constituye recientemente uno de los graves motivos de desacuerdo en el interior del condominio ruso americano y está en el origen del chantaje comercial a la URSS  y, tras la URSS, a otros países socialistas  que ha debido sufrir por parte de los EE.UU.

Preferimos considerar estos últimos  con sus seis millones de judíos  como el verdadero y más sólido Estado de Israel, el Estado sionista de Palestina no representa nada más que un enclave criminal del sionismo en el Mediterráneo, una simple "base" de agresión y genocidio. El Estado judío surgido sobre el territorio árabe palestino, en suma, es más el punto visible de un iceberg que el iceberg mismo (109). La parte más considerable del poder judío, la que domina por medio de la Alta Finanza y las multinacionales, tiene su punto de referencia política en los Estados Unidos de América, en Washington y en Jew York (110).

El 10 de octubre de 1974, el general George Brown, jefe del Estado Mayor americano, declaraba: "América está dominada por el lobby judío, que dispone de la prensa, la televisión y tiene el Senado en el bolsilo". En el senado, de hecho, los sionistas disponen del 70% de los votos; los grandes diarios ("New York Times", "New York Post", "Washington Post", "Los Angeles Times", etc...) pertenecen a sionistas y son dirigidos por sionistas; la televisión es, efectivamente, en su gran mayoría, propiedad de sionistas.

Figuraban tres ministros judíos en el gabinete Ford (el secretario de Estado Kissinger, el ministro de defensa Schlesinger  al principio del mandato de Ford , el ministro de Justicia Levi); el presidennte del Consjeo Económico, Greenspan,. y el presidente de la Reserva Federal, es decir de los Bancos del Estado, Burns, eran judíos; un porcentaje muy elevado de judíos se encontraba entre los funcionarios de los ministerios... y así sucesivamente.

Con la llegada al poder de Carter, el lobby judío no hizo más que reforzar su impronta sobre la clase política americana. Elegido solamente con el 27% de los votos del electorado potencial (se registraron un 46,7% de abstenciones), Carter, según los términos mismos de un diario tan poco sospechoso de hostilidad hacia las plutocracias como Le Monde Diplomatique (noviembre de 1976), escribía: "debe tenerse en cuenta las potencias económicas que lo han sostenido y que, por su parte, no se han expuesto jamás al juicio de los electores. Sería el caso de hablar de un "poder oculto" muy ostensible... Y hasta tal punto conocido que desanima de acudir a las urnas a millones de ciudadanos". De hecho, si Roosevelt, tal como hemos dicho antes, era un judíos rodeado de judíos, Carter, por su parte, el el tipo mismo de goi al que se coloca entre bastidores para tirar más tranquilamente de los hilos. El director adjunto de su campaña electoral fue el judío E. Sander, presidente del American Israël Public Affairs Comittee, y sus discursos fueron escritos por el abogado judíos Stuart Eizenstat. Su experto económico fue Lawerence Klein y Alvin Winger, director del Instituto de Análisis de la Energía, formó también parte de su "brain trust". Llegado a la Casa Blanca, Carter nombró al judío Michel Blumenthal ("un humanista de los negocios", "Le Monde", 16 de noviembre de 1976) secretario del Tesoro; el judío Harold Brown secretario de Defensa; el judío Robert Lipshutz consejero jurídico; mientras que Schlesinger, mencionado precedentemente, entró en el gobierno como Consejero para Asuntos Energéticos y Greenspan y Burns, miembros del Gabinete Ford, conservaban por el momento, sus funciones. Los únicos miembros del Gabinete Carter que no eran judíos eran Cyrus Vance, encargado de relaciones internacionales, Zbigniew Brzezinski, doctirnario del muy poderoso Council of Foreing Relations (111) (emanación de la Chase Manhattan Bank de Rockefeller, que fue nombrado presidente del Comité de Asuntos para la Seguridad Nacional; y Sorensen, colocado a la cabeza de la tristemente célebre CIA.) Además, en el seno de su propio partido, Carter debió contar con incondicionales de Israel como Moynihan, elegido senador del Estado de Nueva York, y Humphrey, antiguo candidato a la presidencia.

Que los Estados Unidos sean el verdadero Estado de Israel bajo todos los aspectos queda demostrado además por el hecho de el número de judíos que abandonan USA para ir al "hogar judío" en Palestina es despreciable, mientras que es enorma la cifra de judíos de Palestina que eminan a los Estados Unidos.

CONCLUSION

Tal como hemos visto anteriormente, la judaidad ha formado a su modo no solo las fases de la historia judía despues de la crisis universal de civilización, sino que también modelaron la mentalidad del hombre moderno, llevándola hasta concebir la vida en términos materiales, a medir la grandeza sobre al base de principios técnicos, mecanicistas y pragmáticos.

A esta gran conquista de las armas, llevada a su término por la judaidad sobre el plano de la ética, han correspondido, sobre el plano más material, las conquistas territoriales y económicas efectuadas por el sionismo mundial por mediación de sus diferentes ramas: el imperialismo americano, la alta finanza, las multinacilnales, el Estado judío de Palestina. Es así que el sionismo ha sometido a su dominación y a su explotación a estas partes de la tierra contra las cuales se han dirigido, desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días, las agresiones militares norteamericanas: de Europa a América Latina, de Palestina al Sud Este asiático. Y, paralelamente a la sumisión política, se ha desarrollado la obra de judaización ética, es decir de imposición del American way of life.

Pero si Europa parece haberse resignado a su destino de manera democráticamente bovina, las luchas del liberación llevadas por los pueblos no dispuestos a conocer el fin de Europa demuestran que el sionismo no ha vencido todavía.

Según algunas versiones acreditadas, Ernesto "Ché" Guevara, tras haber sido herido y capturado, fue abatido de un disparo por el judío Andrés Selnich (112). Esto asumió, a nuestro entender, un significado emblemático

El "Ché" está muerto, pero los correligionarios de Selnich han sido expulsados del Vietnam y de Camboya. La suerte del conflicto entre guerreros y mercaderes no está decidido todavía.

Notas a pie de página:
 
(108) Sobre este grupo de presión y su ideología mundialista, ver las obras muy documentadas de J. BORDIOT: Une main cachée dirige y L'Occident démantelé, ambas editadas por La Librairie Française (NdT).

(109) Antes de las elecciones presidenciales de noviembre de 1976m A,. Scemama, corresponsal de "Le Monde" en Israel, no dudó en escribir: "Las elecciones americanas son una verdadera ganga para Israel, y el voto judío parecía deber jugar un papel considerable" (15 de octubre de 1976). Que Israel tenga casi exclusivamente para la ayuda masiva y permanente del "pulmón" americano es reconocido por los más altos dirigentes del judaismo mundial. Así Arthur Hertzberg, presidente del Congreso judío americano y vice presidente del Congreso Mundial Judío: "Era concebible ser antisionista en la comunidad judía americana hace cuarenta años. Hoy esto es imposible. De hecho, lo que nos interesa es la cantidad de ayuda militar y económica que los Estados Unidos pueden aportar a Israel. Es a Washington y no en el Golán, donde Israel podría perder la batalla decisiva" (citado en Virage á droite et lobby israélien, "Le Monde", 20 de octubre de 1976) (NdT).

(110) "El Estado de Israel forma parte del Medio Oriente en sentido geográfico, y esto, generalmente, es un elemento estático. Desde el punto de vista determinante del dinamismo, de la creación y el desarrollo, Israel es una parte del judaismo mundial. De este judaismo recibirá la fuerza y los medios para la creación de una nación en Israel; mediante la fuerza del judaismo mundial será construida y reconstruida" (David Ben Gurion).
Pero aunque simple punta del iceberg, Israel no juega menos un papel importante en el plano general del sionismo mundial: "La creación de Israel no fue un error, fue un cálculo; no fue decidida con la intención de poner fin a la desgracia de la comunidad judía (muchas otras soluciones pacíficas se le podían ofrecer...) sino con el fin de poner en tierra en un momento crucial del mundo un germen de discordia desgarradora a partir del cual se expandieran en las mejores condiciones pasionales los designios estratégicos del Nuevo Mundo" (P. ROSSI, Op. cit., pág. 48) (NdT).

(111) Reproducimos el texto de la declaración de Gomulka (casado con una judía), secretario general del partido, que incitó a los sionistas acontra atacar: "La agresión israelí contra los países árabes ha sido aplaudida por judíos sionistas que son ciudadanos polacos y que han vaciado botellas en esta ocasión. Quisiera decir esto: nosotros no hemos planteado dificultades a los ciudadanos polacos de origen judío que quieran emigrar a Israel. Estamos siempre de acuerdo en que los ciudadanos polacos no deben tener más que una sola patria: la Polonia popular... No queremos una quinta columna en nuestro país" (discurso al VI Congreso de los sindicatos polacos el 19 de junio de 1867. Reproducido por "Le Monde" del 21 de junio de 19767) (NdT).

(112) El coronel Selnich era comandante del "Grupo Táctico nº 3", instituido por los judeo americanos en el Centro antiguerrilla de Fort Gluck, junto al canal de Panamá.



(c) Por el texto: el autor [desconocido]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (IX de X). Stalinismo y judaismo

Stalin, tal como hemos  señalado anteriormente, ha había enfrentado al sionismo; su reorganización conservadora del Estado, su concepción nacionalista y autoritaria, su recuperación del gran pasado ruso no podían sino suscitar contra él la oposición de los judíos que habían marcado con su espíritu la revolución de 1917. El hecho notable es que Kamenev Apfelbaum y Zinoniev Radomlisky fueron fusilados en agosto de 1936, pocos meses antes de que fuera promulgada la nueva constitución (5 de diciembre de 1936), en la cual la "restauración" stalinista encontraba su expresión jurídica. En febrero de 1937 son fusilados Radek y Sokolnikov, en marzo de 1938 es organizado el proceso contra Bujarin, Rakovsky, Jagoda, Rikov y otros "opositores de izquierda", ligados al trotskysmo y a la plutocracia judía cosmopolita (103). Incontestablemente la alianza guerrera al lado de las democracias burgueses constituyó, justo despues de la guerra, un alto de la lucha de Stalin contra los sionistas de la URSS. Esta lucha se reactivo, sin embargo, en diciembre de 1948, con el arresto de "centenas o miles de intelectuales y artistas" (104) y continuó con campañas de prensa contra el internacionalismo en la cultura. Fuera de las fronteras de la URSS, los episodios más notables de la nueva batalla del stalinismo contra los sionistas fueron el arresto de los jefes sionistas de Checoslovaquia y Rumanía (1949) y el proceso Rajk en Hundría (1949). A estas medidas siguieron, en Checoslovaquia, la primera batida contra los partisaron de Slansky, de los que "la gran mayoría, por no decir la totalidad, eran judíos" (105).

La celebración del proceso Slansky (abierto el 20 de noviembre de 1952), la precedente destitución de Anna Rabinson Paulker de todos los cargos que había asumido en el partido y en el gobierno rumanos (julio de 1952) y el arresto de los médicos judíos del Kremlim (enero de 1953) fueron los primeros episodios de la batalla antisionista de Stalin. "La muerte del dictador  escribió el judío François Fejtö  fue pues providencial para los judíos soviéticos y para los de las democracias populares"  (106). Los sucesores de Stalin, de hecho, liberaron a miles de judíos internados y rehabilitaron a muchas "víctimas del terror neo zarista". De esta época hasta hoy [1977, fecha en que fue escrito este texto. NDT], la historia de Europa oriental es en gran parte una historia de las relaciones entre círculos sionistas y regímenes comunista: así  la revolución húngara de 1956 fue, bajo algunos aspectos, una insurrección judía contra el stalinismo (107) , la llamada "primavera de Praga" fue en realidad una primavera sionista, la caida de Gomulka fue debida en buena parte a estos mismos círculos sionistas que habían organizado las manifestaciones "estudiantiles" de marzo de 1968 , la "disidencia de los intelectuales soviéticos" de la que se habla en Occidente coincide más o menos, con la "disidencia judía".

notas fuera de texto:

(103) Sobre el proceso Rakovsky, ver el ya citado "quaderno del Veltro" titulado Stalin, Torckij y e l'alta finanza.

(104) L. POLIAKOV, Dell'antisionismo all'antisemitismo, Florencia, 1971, pág. 35. Cfr. también SCHWARZ, Les juifs en Union sovietique, New York, 1966, pág., 214.

(105) F. FETJO, Gli Ebrei e l'antisemitismo nei paesi comunisti, Milán 1962. Pág. 68. De los catorce acusados, todos reconocidos culpables de alta traición y de otros crímenes, tres solamente no eran judíos: Frank, Clementis y Svab. En el Acta del proceso contra los dirigentes del centro de conspiración contra el Estado llevado por Rudolf Slansky, publicado en los primeros días de enero de 1953 por el ministerio de justicia, la actividad sionista del grupo Slansky estaba muy bien documentada. En la página 326, por ejemplo, Eugen Löbl declara: "Durante las negociaciones comerciales con los países capitalistas, he concluido acuerdos favorables a los capitalistas y a los comerciantes judíos en particular, en detrimento de la República Checoslovaca". Y más adelante: "Con el fin de reforzar el imperialismo americano en el Estado de Israel, he buscado sostener el plan Uererall (el embajador israelita en Praga, NdT) y obtener con la ayuda de las organizaciones sionistas internacionales un préstamo en dólares para los judíos americanos. Quería destinar el préstamo al aumento de la producción de artículos de la industria ligera y exportarlos a Occidente, de forma que los frutos del trabajo de la industria checoslovaca pasaran a los capitalistas israelitas". Por su parte, Slansky confiera: "Para desarrollar mi actividad al servicio del enemigo junto con los otros del centro de conspiración contra el Estado, me he servido del apoyo de diferentes grupos y organizaciones enemigas: trotskystas, sionistas, nacionalistas burgueses, francmasones, seudo partisanos y demás" (E. LOBL, Testimonanza sul processo Slansky, Florencia 1969). Y Geminder: "Las organizaciones sionistas formaban la base avanzada del imperialismo americano en su lucha contra los países de democracia popular y la URSS" (op. cit., pág. 161).
Fue, por lo demás en Praga, centro oculto del sionismo internacional, desde el principio del siglo, que fue organizada una ayuda militar masiva y determinante a Israel durante el conflicto de 1948 49: "¿Se sabe qué la capital de la organización terrorista sionista Haganah fue y sigue siendo Praga? ¿qué fue con armas checoslovacas, es decir, comunistas, como los palestinos no comunistas fueron masacrados en 1948?" (P. ROSSI, Les Clefs de la guerre, Ed. Jerome Martineau, París, 1970, pág., 112). Pocos saben que la famosa metralleta israelita UZI no es otra cosa que la metralleta checoslovaca M 23 25, ligeramente modificada.
Durante el mes de diciembre de 1976, diecisiete millones de telespectadores franceses pudieron asistir, en el marco de la emisión "Les dossiers de l'ecran", a la proyección del film "La confesión" de Costa Gravas, según el libro de Arthur _London, antiguo vice ministro de asuntos exteriores en la época de Slansky. En buena lógica, los papeles de Arthur London y de su mujer Lisa estaban interpretados por Yves montand (nacido Ivo Levi) y por Simone Signoret, igualmente de origen judío. En cuando al debate que siguió, su "objetividad de sentido único" estaba garantizada por anticipado, ya que todos los participantes a excepción del "animador", que estaba allí como el goi de servicio, eran judíos: Arthur y Lisa London, Jiri Pelikan, antiguo director de la radio checoslovaca durante la "primavera sionista de Praga", Jean Kanapoa, miembro del Buró Político del PC, ayer stalinista puro y duro, "eurocomunista" hoy, lacayo servil de los mandarines de cada momento, y el matemático Laurent Schwartz, troskysta de siempre. No se le ocurrió a ninguno de los participantes interrogarse sobre el porcentaje de judíos entre los inculpados del proceso Slansky, y mucho menos sospechar que pudiera tratarse de una conspiración... (NdT).
    
(106) F. FETJO, op. cit., pág. 36.

(107) "No es por casualidad si esta revuelta fue organizada por los servicios secretos americanos, no es una casualidad si las componentes nacionales y populares fueron neutralidas, no es un azar si la dirección de la revuelta permaneció entre las manos del grupo reformista y liberal de Imre Nagy. Y no es una casualidad tampoco, si entre los principales animadores de la revuelta del 56, encontramos judíos como Tibor Dery, Gyula Hay, Tibor Tardos, György Lukacs, Zoltan Zelk, Joszef Gali, Miklos Gimes y muchos otros" (Kitartás, op. cit., pág. 72) (NdA).Se puede por lo demás pensar que en Hungría los círculos sionistas son todavía poderosos, ya que Arpad Pullai, que ocupaba el puesto muy importante de secretario de la organización y de la política de cuatros, ha sido variado al ministerio de transportes y correos porque "en algunas ocasiones  nos dice discretamente Le Monde del 30 de octubre de 1976  no habíadudado en hacerse portavoz de los sentimientos hostiles a la fuerte presencia de judíos en los aparatos del partido" (NdT).

(c) Por el texto: el autor [desconocido. Se agradecerán datos]

(c) Por la traducción: Ernesto Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (VIII de X). La preparación de la II Guerra Mundial

En su libro de 1946, el americano Burnham ha escrito algunas observaciones esclarecedoras: "(Inglaterra y los Estados Unidos) han desencadenado sus mayores guerras teniendo por objetivo político impedir la unificación de Europa (...). La mayor parte del poder mundial estaba situado sobre el continente europeo; si este poder hubiera sido unificado, habría dominado toda la tierra comprendidos los Estados Unidos e Inglaterra. Estas dos naciones debían pues mantener el poder europeo dividido, equilibrado, a fin de conservar su propia independencia" (100). La necesidad anglo americana de agredir a Europa, constatada retrospectivamente por el lúcido historiador americano, había sido proclamada, en su tiempo, por los corifeos del sionismo. Lundwig, por ejemplo, había anunciado en junio de 1934: "Hitler no quiere la guerra, pero será obligado, no este año sino pronto... La última palabra, como en 1914, la tiene Inglaterra". Y un órgano del judaismo inglés, el "Jewish Chronicle", declaraba el 3 de marzo de 1939: "No daremos paz al mundo (...) la cabeza de la famosa hidra aparecerá en todos los medios diplomáticos y cerrará el paso a todo intento de distensión internacional (...). Nosotros judíos, no dejaremos el mundo en paz, quialquiera que sea el celo que puedan desplegar los hombres de Estado y los ángeles de la paz para obtenerla".

El judaismo tenía buenas razones para expresarse  con tal arrogancia; en Inglaterra, podía contar con un gobierno tan favorable que había dado a un judío, Hore Belisha  (101) el Ministerio de la Guerra. Pero, sobre todo, contaba con la mayor potencia judía del mundo, los Estados Unidos, a la cabeza de los cuales se encontraba un judío rodeado de judíos. Ya en octubre de 1937, en Chicago, Roosevelt (102) había afirmado que Alemania constituía un peligro para el imperialismo americano; su clan había decidido impedir que un gran Estado europeo se formara en torno a Alemania y, al mismo tiempo, a asegurar los mercados del Pacífico. Todo el mundo sabe como terminó esto. La guerra querida por las democracias inglesa y americana, que consiguieron "capturar" para su causa a la Unión Soviética igualmente, engendró una situación política que pareció hecha a imagen y semejanza del sionismo mundial. Las tropas de ocupación americanas y el plan Marshal, aseguraron al sionismo la dominación política, militar y económica sobre el "mundo libre", mientras que el judaismo de Europa oriental colaboró con la URSS para mantener en estado de subordinación a los pueblos del Este Europeo. Pero, mientras que en Occidente imperialismo americano y poder sionista se entendían perfectamente entre ellos y se identificaban cada vez más, las relaciones entre judíos y regímenes comunistas no fueron tan fáciles en la URSS y en los países satélites.

Notas a pie de página:

(100) Hore Belisha había nacido en Marruecos, en Mogador. Su verdadero nombre era Isaac Horeb Elisha.

(101) J. BURNHAM, The strugle for the World.

(102) Giovanni Preziosi publicó en la "Vita Italiana" del 15 de noviembre de 1937 el pedigree de Roosevelt. Las fuentes citadas por Preziosi eran el "Revealer" (Wichita, 15 de octubre de 1937) y las investigaciones del célebre Institut Carnegie de Washington. Perú fue el mismo Roosevelt quien declaró su origen judío, en un discurso referido por el "New York Times" del 14 de marzo de 1935. El verdadero nombre del presidente era, según estas afirmaciones, Rosenvelt.

(c) Por el texto: el autor [se agradecerán datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (VII de X). La judaidad ante el fascismo

Y en Italia, ¿qué papel tuvo el judaismo en los años comprendidos entre el fin de la primera guerra mundial y el último conflicto? Con su Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo (Turín, 1961 y 1972), el historiador Renzo De Felice ha dado a este problema una respuesta exhaustiva. En lo que respecta a los orígenes del movimiento político que, en 1922, tomó el poder en Italia, referiremos un fragmento del libro de De Felice que tenderá a ilustrar las relaciones entre el Duce del fascismo y los judíos: "Ya hemos visto como Mussolini tuvo desde 1919 a diversos judíos en su entorno inmediatto: la adhesión y el apoyo de judíos al fascismo va sin embargo mmás allá de estos casos aislados. Algunos judíos tuvieron, tanto como pueda saberse de una materia tan delicada, una parte notable en la financiación de los primeros grupos fasxcistass. En las todavía poco claras  visicitudes económicas iniciales de "Il Popolo d'Italia", el comendador Elio Jona tuvo una parte importante según algunos rumores y, como hemos tenido ocasión de ver en su momento, según acusaciones explícditas formuladas por los judíos antifascistas de Túnez con ocasión de las medidas raciales, entre los principales financieron del fascismo habría figurado el tan maltratado Giuseppe Toeplitz. Y esto tanto en el centro como en la periferia, en particular en las zonas donde la presencia de los "rojos" era más masiva, en Livorno, Ancona, Romaña. En la región de Ferrera no hubo duda que fueron judíos quienes sostuvieron activamente al fascismo y a los escuadristas de Italo Balbo; algunos latifundistas judíos tuvieron en este sentido un papel no desdeñable. Por lo demás, algunas cifras son, en su aridez, ya significativas por sí mismas, entre los participantes en la fundación de los fascios de combate en Milán, el 23 de marzo de 1919, los famosos "sansepulcristas", figuraron ciertamente al menos cinco judíos (de los cuales uno, Cesare Goldman, fue también quien facilitó la sala); igualmente, tres judíos (Duilio Sinigaglia, Gino Bolaffri, Bruno Mondolfo) figuran en el martirologio oficial de la "revolución fascista" (...) en la Marcha sobre Roma participaron (o, al menos, recibieron el carnet que atestiguaba su aprticipación) doscientos treinta judíos (...) en esta fecha estaban inscritos en el Partido Nacional Fascista o en el Partido Nacionalista (y fusionados con éste último en el Partido Fascista en marzo de 1923) en torno a setecientos cincuenta" (95).

Tras la conquista del poder por el fascismo siguió el nombramiento de Aldo Finzi como sub secretario en Interior y de Dante Almensi como jefe adjunto de la policia; siguió luego el apoyo de la Italia fascista al sionismo, con diferentes encuentrosentre Mussolini, "astro del sionismo"  (96) y los principales representantes sionistas; hmás tarde se produjeron nuevas incorporaciones de judíos al PNF.

Luego se publicó la nueva ley sobre la ordenación de las Comunidades Judías, a propósito de la cual el gobierno fascista "aceptó casi en todo el punto de vista judío" (97); Guido Jung fue nombrado ministro de finanzas; se realizaron ofertas de asilo para los judíos que procedían de Alemania y del Este Europeo; se dieron campañas de prensa contra las medidas profilácticas adoptadas por el régimen nacional socialista y la acción del "Duce" en favor del éxodo de los judíos del Sarre "con todos sus bienes" (98); finalmente se creó una escuela marítima en Civitavecchia, destinada a entrenar militarmente a los sionistas de Jabotinsky en el marco del apoyo facilitado para la invasión judía de Palestina. La legislación racial misma  introducida por simples razones de oportunidad política, en relación a la alianza con Alemania  encontró oposición en algunos jerarcas, en primer lugar Italo Balbo (99).

Notas a pie de página:

(95) R. de FELICE, op. cit., pág. 105.

(96) "Tres cientos hombres que se conocen entre ellos, guían los destinos económicos del continente y eligen a sus sucesores entre sus discípulos", Rathenau había escrito, evidentemente con conocimiento de causa, estas líneas en un artículo publicado el día de Navidad de 1919 en la "Neue Freie Presse". Estaba aun convencido de ellos cuando en 1922 publicó el artículo en cuestión en su libro Zur Kritik der Zeit, aparecido ese mismo año.

(97) Op. cit., pág. 140.

(98) A principios de abril de 1973 fué publicado en el "Corriere della Sera" la carta de un judío de Ferrara, un tal Gualterio Finzi, en el cual reivindicaba la posición filosemita de Balbo: "Quisiera saber si vuestro redactor, en pleno régimen fascista y en un período de persecución, hubiera tenido el valor de intervenir de forma tan decidida en favor de los judíos italianos y si se cree verdaderamente hoy, perseverando en su actitud, empañar la figura de Italo Balbo, quien, solo entre todos, nos ayudó en aquellas jordanas trágicas".

(99) En Les Annales. Emile Ludwig no era otro que Abraham Cohn; el padre obtuvo, por decreto real, el poder de cambiar el nombre de Cohn por el de Ludwig, para él y para todos sus descendientes (NdA). El mismo judío alemán, "tras haberse prudentemente refugiado en Suiza, se hizo portavoz del judaismo publicando un pequeño libro titulado La Nouvelle Sainte Alliance (Partís, 1938), en el cual proponía "una nueva Santa Alianza concebida entre las tres grandes democracias del mundo". Dejemos la palabra a Ludwig: "... La Alianza está dirigida contra Alemania e Italia y contra cualquier otro Estado que en el día de mañana pudiera reclamarse de los mismos principios. Superará en agresividad el lenguaje de desafío de los dictadores". (Cit. enm L. DE PONCINS, Top Secret. Secrets d'Etat anglo americains. Diffusion de la Pensée Françcaise, Chiré en Montreuil, 1972; pág. 44 45). En cuanto a J. MONTIGNY, refiere, en su libro Le complot contre la paix (París 1966), estas propuestas del escritor judío Emmanuel Berl: "Todos los judíos políticamente organizados desean la guerra y la impulsan. En los corredores de la Cámara se libra la batalla cotidiana; el ejemplo de Blum y Mandel lo muestra con creces: la comunidad judía políticamente organizada ha sido, es aun, el alma ardiente de la coalición belicista" (NdT).

(c) Por el texto:el autor [desconocido, se agradecerán datos para identificarlo]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

 

Un estudio sobre la "cuestión judía" (VI de X). La I Guerra Mundial

A este programa el judaismo no podía ser ajeno. Salió a la descubierta en la acción llevada por las sectas en favor de la guerra (82), pero no es difícil tampoco percibir la parte que tuvo en la intervención americana. "Nadie  se lee en la obra ya citada de Malinsky y De Poncins  jamás comprendió porqué los Estados Unidos declararon la guerra a Alemania. El imperio germánico no constituía para ellos ningún peligro ni en el presente ni en el futuro. En su derrota  por adelantado, invirtieron sin embargo millones y enviaron a cerca de dos millones de combatientes, improvisados precipitadamente, al otro lado del Atlántico. en los anales de esta república pacífica entre todas, semejante cosa jamás se había visto".

El motivo de la intervención fue vengar un barco inglés a bordo del cual se encontraban americanos que realizaban una travesía turística y a los que la embajada alemana había tenido la precaución de dar una advertencia para que no hicieran la travesía bajo pabellón de una de las potencias beligerantes (83). La desproporción entre la causa y el efecto era de tal manera enorme que todas las frases sentimentales que se pronunciaron en la ocasión no podían bastar más que para convencer a adolescentes desprovistos de toda experiencia en la vida (...). No se explica tampoco por qué el presidente Wilson, que era la criatura del capitalismo judío, dudó hasta mediados de abril de 1917, tolerando el aprovisionamiento de las dos partes beligerantes por la industria americana, no porque a partir de esta fecha solo todo el aparato de la publicidad trasanlántica se volcó con todas sus energías contra Alemania.

Vemos en el presente que es muy simple: hasta mediados de abril de 1917, bastaba que la monarquía de derecho divino alemana fuera ayudada en su tarea de aplastar a la monarquía de derecho divino rusa. En esta fecha, el fin estaba ya alcanzado, era algo hecho y entonces era preciso ayudar exclusivamente a las grandes democracias occidentales, a fin de que a su vez ellas aplastaran a la monarquía de derecho divino alemana. En estas condiciones, Rusia era ventajosamente reemplazada  por América y podía ser abandonada a su destino, que era superar el socialismo, sin que resultara un peligro eventual para este mundo futuro "donde la democracia debía ser su centro" (Wilson)" (84).

Fue el judaismo quien llevó a América a la guerra, a fin de que colaborara en eliminar lo que quedaba de la Europa tradicional y construir el mundo democrático anunciado por Wilson. Bernard M. Baruch, el "Disraeli americano", el hombre que declaró haber reunido en él "una suma de poder más grande que cualquier otro político americano", era un judío de la Bolsa de Nueva York, un judío que controlaba 35 ramas de la industria americana. Cuando entró en guerra, América se encontraba bajo la dictadura de Baruch y de otros judíos del Comité de Defensa Nacional, un organismo constituido en 1915, del que dependía el todopoderoso Grupo Industrial de Guerra  formado a su vez en 1915 . Sobre el alucinante poder acumulado por el "proconsul de Judea en América", Henry Ford facilita numerosas informaciones, que no podemos reproducir aquí en su totalidad (85).

Una de las razones por las cuales los judeo americanos intervinieron en la guerra contra los Imperios Centrales debe ser buscada en el apoyo prometido por Inglaterra al movimiento sionista; es así que a la declaración de guerra americana (6 de abril de 1917) siguió, a corta distancia (2 de noviembre de 1917), la Declaración Balfour, mediante la cual el ministro inglés de Asuntos exteriores manifestaba a Lord Rothschild  uno de los principales representantes del sionismo  el compromiso de Londres de apoyar la invasión judía de Palestina.

Al término de la primera guerra mundial, en consecuencia, el poder mundial del judaismo se había ulteriormente consolidado. Además de haber lanzado las bases para la creación de una colonia en el Mediterráneo, disponía de dos puntos de apoyo de dimensiones continentales: Los Estados Unidos (86) y la Unión Soviética. Pero ya que el stalinismo, aunque a través de varias contradicciones y dificultades, frena el asalto judaico iniciado con la revolución de 1917, la Unión Soviética fue sustraida a la hegemonía judía; mientras, los Estados Unidos, pasaban a ser, hasta nuestros días, el "lugar" geográfico y político del judaismo mundial.

En cuanto a Europa, los cambios políticos que el fin de la guerra aportó coincidieron con los planes del judaismo. Un judío, Ludwig, escribió "El hundimiento de estas tres grandes potencias (Rusia, Alemania y Austria, n.d.t.) en su antigua forma significa una facilidad esencial para las directivas de la política judía. La guerra conducida a fin de imponer a Europa central formas políticas modernas como las que estaban ya en vigor en torno a ella (...). Los defensores de una paz por separado (con Rusia, n.d.t.) habrían podido salvar tanto al Zar como al Kaiser conservando una Europa insoportable" (87). Se hubo pues, favorecido un desencadenamiento judíos bajo forma "revolucionaria": la zarabanda espartakista  con los diversos Karl Liebknecht (88), Rosa Luxemburgo, etc...  y el carnaval judaico de Budapest  (89) Zsigmond Kunfi, luego los Pogany, los Vago, los Szaamueli, los Weltner, los Schewimmer y, en suma, todo el zsidosag húngaro  entraron en esta primera fase. Luego fue el momento en que Rathenau ocupó varios ministerios en la República de Weimar  (90) y donde el banquero Imredy se convirtió en primer ministro de Hundría; mientras que en las nuevas democracias checoslovaca y yugoslava, el judaismo estaba ampliamente representado.

En Francia, fortaleza experimentada del judaismo, el "armazón de la República"  (91) estaba constituida por la Liga de los Derechos del Hombre, fundada en 1898 por los judíos Sceurer Kestner y Joseph Reinach y convertida en el principal instrumento de al intervención judía en la vida política. Francia pues, ya habituada a los Cremieux y a los Gambetta, tuvo de nuevo sus ministros judíos, hasta que en junio de 1936, tras la victoria del Frente Popular, la presidencia misma del Consejo  fue ocupoada Leon Blum. Este judío había estado entre los fundadores de "L’Humanité" (92) y fue diputado y jefe del Partido Socialista; tras el hundimiento de su gobierno, Blum, volvió a la presidencia del Consejo en marzo de 1938 para caer de nuevo cuatro semanas despues. Con razón, en consecuencia, Henry Roberg Petit, tituló su libro sobre la política francesa Le Regne des Juifs (93).

Pero el reino de los judíos a partir de ese momento iba a adquirir dimensiones internacionales: la Sociedad de Naciones, la prefiguración de la ONU salida de la conferencia parisina de las potencias victoriosas, constituyó el intento democrático de imponer un supergobierno mundial. Estamos solo en los prolegómenos, y la Sociedad de Naciones se redujo a ser un instrumento, incluso no demasiado eficaz, de Inglaterra y Francia; lo que importa, se mostrar como las plutocracias comprendieron la necesidad de una organización política que, como sus tráficos, no tuviera fronteras. No fue por error que el judío Klee pudo escribir: "La Sociedad de Naciones ha sido no tanto el trabajo de Wilson como una obra maestra judaica de la que podemos estar orgullosos. La idea de una Sociedad de Naciones se refiere a los grandes profetas de Israel, a su visión del mundo" (94).

Notas fuera de texto:

(82) La "Rivista Massonica", órgano mensual del Gran Oriente de Irtalia, publica, en el nº 4 6  de Abril Junio de 1966, el discurso pronunciado con ocasión del cincuentenario de la intervención italiana, en el Templo Masónico de Trieste,  "lleno de Hermanos, entre los cuales se encontraban supervivientes condecorados de la guerra que borró del mapa del mundo a la monarquía de los Habsburg". El orador era el Gran Maestre Roberto Ascarelli, judío, el cual terminó así su discurso: "Y podemos también, orgullosos, acordarnos que fue la voz del inolvidable Gran Maestre Italiano quien sin embargo quiso la guerra, Ernesto Nathan (judío,. NdA), quien, a petición de las masonerías de la Entente, durante la primera guerra mundial, se alzó para proponer  antes que cualquier otra cosa  la unión de los pueblos del mundo en una Sociedad de Naciones" (pág. 96).
Que el judaismo italiano haya hecho todo para llevar a Italia a la guerra contra Austria, está confirmado también por el judío Piperno: "Ya hemos visto el paralelismo entre la liberación judía y la liberación nacional y la contribución judía al risorgimento; bastante amplia fue también la participación judía en el irredentismo y en la última gran batalla nacional y popular, es decir, en la Resistencia" (R. PIPERNO, L’antisemitismo moderno, Bolonia, 1964, pág. 67.); mientras que otro judío, Marcus Eli Ravage, reivindica para su raza el haber causado, exactamente, el desencadenamiento de la primera guerra mundial: "Nosotros hemos sido la causa principal, no solo de la última guerra, sino de casi todas vuestras guerras" (M.E. RAVAGE, Artículo publicado en "Century Magazine", nº 3, 1928). La misma reivindicación aparece en el órgano judío "The Jewish World" del 16 de enero de 1919: "El judaismo internacional ha obligado a Europa a esta guerra no solo para apropiarse de una gran cantidad de oro, sino también para preparar, por medio de ella, una nueva guerra mundial judío". Y esto sería pues puntualmente realizado.

(83) Cuando en 1965 el Departamento de Estado americano permitió el acceso a sus archivos, resultó claro que el naufragio del Lusitania fue deliberadamente provocado para justificar la intervención americana. Una fuente no sospechosa ("Storia illustrata", nº 182, enero de 1973) informa que: 1) se hizo transitar expresamente al Lusitania a una zona donde se había señalado la presencia de un submarino alemán que hizo naufragar a varios barcos aliados; 2) el crucero inglés Juno, que debía escoltar al Lusitania, recibió la extraña orden de volver al puerto de Queenstown, 3) las unidades inglesas que llevaban socorros al Lusitania fueron bloqueadas por el Primer Lord del Almirantazgo inglés; 4) los principales diarios americanos publicaron con retraso, bajo presión del Departamento de Estado, una inserción de la embajada alemana que advertía a los pasajeros del Lusitania el riesgo que corrían embarcándose en un buque cargado de explosivos; etc... Esta táctica de la provocación tuvo éxito si bien los judeo americanos la aplicaron también, en la segunda guerra mundial, en Pearl Harbour, para obligar al Japón a "agredirlos".  Sobre la trampa de Pearl Harbour, citaremos otra fuente no sospechosa: "Historia", nº 168 (Hace 30 años Pearl Harbour... pero Roosevelt lo sabía), diciembre de 1971.

(84) La guerra oculta, cit.; pág. 218 219.

(85) Remitimos al lector deseoso de conocerlos al libro de H. FORD L’Ebreo internazionale, Ed. di Ar, Padua, 1971.

(86) He aquí lo que escribe el correspondan judeo americano de una revista italiana de derechas, que no puede ser ciertamente sospechosa de antisemitismo, ya que está dirigida por el judío Mario Tedeschi, animador en el seno del Movimiento Social Italiano "neo fascista" (???) de la tendencia "Democracia Nacional", favorable a una alianza con los demo cristianos: "Sería un grave error evaluar el lobby judío, tal como lo hacen los árabes y, en general, las gentes superficiales o los antisemitas, como un elemento artificial, externo, no americano de la política americana.
Los judíos son parte integrante de América. Son América.Han hecho de este país lo que es hoy. Si su porcentaje en relación a la población entera es mínimo, su parte en el desarrollo cultural, políticdo, económico, en la concepción misma de la entidad americana, ha sido enorme" (N.E. GUN, Golia in America, "Il Borghese", 20 de abril de 1975).
No es una casualidad que el símbolo de los EEUU, la llamada Estatua de la Libertad, lleva una inscripción dictada por la judía Emma Lazarus; y otro tanto puede decirse si, en otro emblema de los EEUU, el dolar, encontramos dibujos inspirados en la simbología judaica, dibujos que fueron realizados por el judío S. Makronmowsky, más conocido bajo el nombre de nicola C. Koerich, íntimo del vicepresidente americano bajo Roosevelt.
No es extraño, en consecuencia, que los judíos reivindiquen para su raza a Cristobal Colon, descubridor del continente al cual algunos dieron el nombre de Judenland; por otra parte, está probado que varios judíos se encontraban en los barcos de Colón y que el primer en tocar, en 1492, suelo americano, fue un judío, Luis de Torres ("Cristobal Colón  ¿no era con toda probabilidad, uno de los suyos, así como varios marinos de su equipo?" y más adelante: "... un grupo de veintitrés judíos, procedentes de Brasil, ¿no ha desembargado, un día de septiembre de 1654, en lo que se llamaba entonces Nueva Amsterdam, en la isla de Manhattan?", artículo de D. DHOMBRES, Une nouvelle terre promise, "Le Monde", 19 de octubre de 1976, NdT). La relación entre la colonización de América y la expulsión de los judíos de España y Portugal ha sido puesta de refieve en diferentes obras. Ciotemos: M. KAYSELRING, Christophe Columbus und der Anteil der Juden, 1891, F. RIVAS PUIGCERVER, Los judíos y el nuevo mundo, 1891, L. MODONO, Gli Ebrei e la scoperta dell’America, 1893; C.M. PETERS, The Jews in America, 1906, etc... La conclusión es que América "es de un extremo al otro un país judío", tal como sostuvo Sombart, el cual ha mostrado en qué medida los Estados Unidos debían su existencia a los judíos. "Es a la impronta judía a la que los EEUU deben lo que son, es decir su americanismo; pues lo que nosotros llamamos americanismo no es más que el espíritu judío que ha encontrado su expresión definitiva" (W. SOMBART, Les juifs et la vie economique, París 1923).

(87) Citado en J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit.; pág. 56.

(88) Karl Liebknecht era hijo de Wilhem Liebknecht, el fundador del "Vorwärts" junto con Bebel. Este tenía razón en atacar al antisemitismo (lo definía como el "socialismo de los imbéciles") porque porque la mayoría de los jefesd el socialismo alemán eran judío: de Lassalle a Singer, pasando por Berstein, Kohn Nordhausen, Davidson, Frank, Herzfeld, Simon, Stadhagen...
Fue el judío Kurt Eisner quien dirigió, con Lewien, Toller, Landauer y otros correligionarios, la "revolución" en Baviera; fue el judío Hirsch quien la dirigió en Prusia, el judío Gradnauer en Saxo, el judío Fulda en Hesse.

(89) Quien, no equivocadamente, había rebautizado Judapest a principio de siglo ; la capital húngara contaba entonces con 300.000 judíos sobre 900.000 habitantes... Por lo demás, el judío Ferenc Heltai había conseguido convertirse en burgomaestre de la ciudad. Sobre la cuestión judía en Hungría, ver Kitartas, Ed. di Ar., Padua 1974, pág. 69 72.

(90) La expresión es del americano M.A. LEDEEN, L’internazionale fascista, Bari, 1973, pág. 180. En su libro titulado Mussolini e gli Ebrei (Milán 1967), el senador del MSI Giorgio Pisano ha documentado abundantemente la acción llevada a cabo por el "Duce" en favor de los sionistas, confirmando así el fundamento del epíteto  forjado por Ledeen. "A pesar de la posición oficial hostil a la raza judía adoptada poco antes de la segunda guerra mundial por Mussolini  escribe Pisano  este último, en realidad, fue el único hombre de Estado europeo que, en este período dramático, hubo maniobrado para la salvación de los judíos en toda Europa" (pág. 5).

(91) Entre los suscriptores de "L’Humanité", es difícil encontrar uno que no sea judío. Figuraban los esposos Rosnoblet, pero estos no eran otros que los testaferros de los Rothschild. Ver documentación publicada en H. COSTON, La haute finance et les revolutions, op. cit.; pág. 68 71 (NdA).
Es preciso creer que la situación no ha variado mucho desde esta época lejana ya que René Andrieu, redactor en jefe de "L’Humanité", acusado de antisemitismo durante un debate, se aprestó a ir a presentar sus excusas a la revista judía "L’Arché" (nº 227, pág. 16 20) precisando que: "...en L’Humanité Dimanche el redactor jefe es de origen judío, Henri Alleg es de origen judío, la mujer de Coubard, especialista en problemas de Oriente Medio es de origen judío... En el Comité Central, los principales colaboradores de Marchais son de origen judío". Citado en "Lectures Françaises" nº 233, septiembre de 1976.
Véase una lista no exhaustiva, de judíos que ocupan cargos de importancia en el aparato del Partido Comunista Francés: Fiterman, Kanapa y Gremetz: miembros del Buró Político; Fiszbin, secretario de la Federación de París, miembro del Comité Central; Malberg, director adjunto de "France Npouvelle" (semanario del Partido), miembro del C.C.; Zaidner, secretario de la sección de cuadros, miembro del C.C.; Ellenstein, director adjunto del Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas, miembro del C.C.; Cohen, director de "La Nouvelle Critique" (NdT).

(92) Se notará que el judaismo, en Francia, salió de tal manera a la superficie  que el mismo Blum, un año antes de ser presidente, acudió al XVI congreso sionista, en Zürich, en calidad de miembro de la Jewish Agency; "y las primeras palabras que pronunció han tendido a disipar la sorpresa que la aparición de un hombre como él, volcado a la causa del socialismo internación, podía hacer nacer en un medio que lazos de una inalterable gratitud unen a poderes financieros (...) Con fuerza, declaró no haber renegado, ni de su raza ni de su religión, sino, por el contrario, estar orgulloso en todas circunstancias" ("L’Ordre", Zürich, mayo de 1935).

(93) Citado en J. EVOLA, Tre aspetti, cit., pág. 54.

(94) R. DE FELICE, Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo, Turín, 1972, págs. 73 74
.

(c) Por la obra: el autor [desconocido, se agradecen datos sobre la obra]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

 

Un estudio sobre la "cuestión judía" (V de X). Judaidad y socialismo

Pero, si en estos episodios de la "guerra oculta", el judaismo permanece más o menos en la sombra, con la Internacional y la Comuna  (71) salió al descubierto sin ningún pudor. Dejemos la palabra a un judío: "Es Marx quien da el impulso a la Internacional con el manifiesto de 1847, elaborado por él y Engels; no puede decirse que "funda" la Internacional, tal como han afirmado los que consideran siempre a la Internacional como una sociedad secreta dirigida por judíos, pues fueron muchas las causas que llevaron a la constitución de la Internacional, pero Marx fue el inspirador del mitin obrero celebrado en Londres en 1864, y en el consejo general solo se encuentra a Karl Marx, secretario para Alemania y Rusia y a James Cogen, secretario para Dinamarca. Muchos judíos afiliados a la Internacional jugaron más tarde un papel durante la Comuna, donde encontraron a otros correligionarios [(en la nota): Neumayer, Fribpourg, Loeb, Haltmayer, Armand Levi, Frankel, otro Cohen, Ph. Coenen].

En cuanto a la organización del partido socialista, los judíos contribuyeron directamente. Marx y Lassalle en Alemania, Aarón Liberman y Adler en Austria, Dobrojanu Gherea en Rumania, Gompers, Kahn y Lion en EE.UU. fueron los directores o iniciadores. Los judíos rusos deben ocupar un lugar aparte en este breve resumen. Los jóvenes estudiantes, apenas evadidos del ghetto, participaron en la agitación nihilista; algunos  entre ellos varias mujeres  sacrificaron su vida a la causa emancipadora, y junto a estos médicos y abogados israelitas, es preciso situar a la masa considerable de refugiados artesanos que fundaron en Londres y Nueva York importantes aglomeraciones obreras, centro de propaganda socialista e incluso comunista, anarquista (...). En general, los judíos, incluso revolucionarios, han mantenido el espíritu judíos y si bien han abandonado toda religión y toda fe, no han sufrido menos, atávica y educativamente, la influencia moral judía (...). Marx, era descendiente de un linaje de rabinos y doctores, heredó toda la fuerza lógica de sus antepasados; fue un talmudista lúcido y claro, que no se veía bloqueado por las minucias simples de la práctica, un talmudista que hizo sociología; y aplicó sus cualidades nativas de exégeta a la crítica de la economía política. Estuvo animado de este viejo materialismo hebraico que sueña perpetuamente con un paraiso realizado sobre la tierra y lleva siempre la lejana y problemática esperanza de un edén tras la muerte; pero no fue solo un lógico, fue también un revolucionario, un agitador, un agrio polemista y tomó su don del sarcasmo y de la invectiva, allí donde Heine lo había tomado: en las fuentes judías" (72) .

Las ideas de Marx, unidas al oro de los banqueros judíos americanos (73), fueron las armas con las que la democracia usurera internacional abatió la autocracia zarista. Parece que Lenin, "el asceta incorruptible de la idea pura" (74), se "dió cuenta solo en los últimos días de su existencia de haber trabajado para Israel  (75) y de haber contribuido a realizar un programa que, probablemente, no era el suyo" (76). De hecho, más que la obra de Lenin y de los mujiks rusos, la revoluciòn bolchevique fue "en gran parte una obra del pensamiento judío, del descontento judío, de los planes judíos cuyo fin era crear un nuevo orden en el mundo. Lo que, en medio del pensamiento judío, del descontento judío, de los planes judíos fue así extraordinariamente realizado en Rusia deberá, por la fuerza del alma judía, convertirse en realidad en otros países". Así escribía el 1 de septiembre de 1920 "The American Hebrew", el más importante órgano judíos de los Estados Unidos. Y el "Times" de Londres declaraba, el 29 de marzo de 1919, que "veinte o treinta comisarios que dirigen el aparato central del partido bolchevique, no menos del 75% son judíos; entre los oficiales subalternos el número de judíos es inmenso". Y el judío M. Cohen confirmaba incluso en el "Kommuinist" de Khadrkov (12 de abril de 1919): "Sin exajeración, se puede decir que la gran revolución socialista rusa ha sido hecha por judíos (...) que no solo han guiado sino que guían aun ahora la causa de los Soviets que han conservadpo en sus manos" (77). Y el judío A.S. Rappaport: "Los judíos en Rusia, unánimememnte,  son los responsables de la revolución bolchevique". La lista de reivindicaciones judaicas a propósito de la revolución bolchevique podría continuar; por nuestra parte, observaremos que los más ilustres revolucionarios de 1917, a parte de Lenin, eran casi todos judíos (78). Judíos eran Trotsky (verdadero nombre: Bronstein), Kamenec (Rosenfeld), Litvinov (Filkenstein), Radex (Sobelson), Steklov (Nachamkes), Martov (Zederbaum), Goussiev (Drappkine), Soukhanov (Ghimmer) y decenas más (79). Porcentajes muy elevados de judíos caracterizaron los principales organismos revolucionarios: 77,2% del Consejo de Comisarios del pueblo eran judíos, 76,7% del Comisariado de Guerra, 81,2% del Comisariado de Asuntos Exteriores. Encontramos porcentajes análogos en los Ministerios de Finanzas y de Enseñanza, mientras que en otras partes se llega incluso al 100% (80). Pero la primera guerra mundial no significó solo la eliminación del zarismo y la instalación de un régimen judío en Rusia; correspondió también a la demolición de los Imperio Centrales. En suma, "la causa de la guerra fue el deseo de cambiar la estructura interna de la sociedad en general y de hacer avanzar con un gran salto el probreso de la subversión mundial" (81) .

Notas fuera de texto:

(71) Es interesante señalar que la "revolución proletaria" comunera respetó escrupulosamente las propiedades judías; ni una sola de las 450 casas de los Rothschild fueron incendiadas.

(72) B. LAZARE, L’Antisemitisme, reedición "Documentos y Testimonios", La Librairie Française, París 1969.

(73) Sobre las financiaciones judeo mericanas a los bolcheviques, ver el artículo de P. Saint Charles, Banquiers et Bolcheviks, publicado en H. COSTON, La haute finance et les revolutions. La Librairie Française, París 1963. Ver además los documentos publicados como apéndice de esta obra. Por nuestra parte, recordaremos que Trotsky se casa con la hija de Giovotovsky, un socio de los banqueros Warburg.

(74) MALINSKY y DE PONCINS, Op. cit., pág. 243.

(75) De haber trabajado para el Rey de Prusia se habría, evidentemente, dado cuenta... Pero Alemania pagó cara su miopía, aunque en definitiva se debería decir de fue el Rey de Prusia quien trabajó para Lenin.

(76) Un escritor francés, Henri Guilbeaux, que fue amigo de Lenin y compartió sus ideas, escribió en un libro titulado, nada menos, Lenin no era comunista (Lénine n’etait pas communiste) que la revolución de 1917 dirigó en su realización de la forma como había sido concebida por Lenin. Guillbeaux afirma que Lenin admitía haber sido un instrumento involuntario del judaismo internacional; "los judíos  escribe Guilbeaux  han podido explotar la obra y la inteligencia de Lenin contra su verdadera voluntad y su verdadero pensamiento" (cit. en G. DE ROSSI DELL’ARNO, L’Ebraismo contro l’Europa, Roma 1940, pág. 28). Esta conciencia tardía explicaría el atentado que el judío Kaplan cometió contra Lenin; y explicaría también su muerte, que parece haber sido preparada por el judaismo soviético, quizás por el mismo Trotsky. Sobre esto, ver las actas del proceso Rakovsky (Rakovsky organizó la "oposición de izquierda", es decir, la oposición judeo trotskysta contra Stalin), parcialmente publicados en Stalin, Trotsky y la alta finanza, "Quaderni del Veltro", Ferrara, 1974.
    Sobre el "candor en relación a las fuerzas ocultas" manifestado por Lenin, ver, además, La guerre occulte, cit.; cáp. XVII

(77) A.S. RAPPAPORT, The pioneers of the russian revolution, Londres 1918; pág. 250.

(78) "Yo no creo que se exagere cuando se afirma que el comunismo y la revolución soviética han sido la obra de una mayoría judía. Con excepción de Lenin, los principales jefes revolucionarios han sido judíos. Se señala que Cicerine, uno, un puro ruso, fue reemplazado por su subordinado Litvinov y que la influencia de rusos como Bujarin (quien, sin embargo, fue definido como judío por el "Jeweish Chronicle" del 9 de octubre de 1953, NdA) o Launatchiarsky no puede ser comparada al poder de Trotsky o Zinoviev, el dictador de la ciudadela roja (Petersburgo, NdA) o al poder de Krassine o de Radek, estos últimos ambos judíos. En las instituciones soviéticas, la preponderancia de judíos es siempre sorprendente. Los procesos extraordinarios contra los combatientes contra revolucionarios han sido hechos solo por judíos y, en numerosos casos, por judías. Un caso similar se repite en Hungría durante el breve período del terror de Bela Kun. Lo mismo ocurrió en Alemania, especialmente en Baviera..." (WINSTON CHURCHILL, Zionism towards communism, "Illistred Sunday Herald", Londres, 8 de noviembre de 1920).

(79) Una lista de altos comisarios del pueblo ha sido publicada en el libro de monseñor Jouin, Le peril judéo maçonique. De esta lista, resulta que sobre los 48 altos comisarios en 1919, 41 eran judíos...

(80) Cfr. la obra citada de Jouin, Tomo II, pág. 19 y La guerre occulte.

(81) La guerre oculte, cit. pág. 123.

(c) Por el texto: el autor [desconocido, se agradecerían datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (IV de X). Judaidad y Revolución Liberal-

Esta declara su programa proclamando, por boca de uno de sus profetas, el abate Gregoire: "La Francia del mañana querra ver sus ideales unidos a los que tienen porigen en el espíritu de justicia judaico" (61). Y Mirabeau, que se había inspirado por el iluminismo de Moises Mendelssohn, afirmó que "todo hombre clarividente debe alegrarse de que los judìos puedan convertirse en buenos ciudadanos" (62). El 27 de septiembre de 17912, los cincuenta mil judíos franceses recibieron el reconocimiento del derecho de ciudadanía.

¿Entre qué límites podemos hablar de una participación física de los judíos en la revolución del 89? El nombre más ilustra parece ser el de Marat, un sefarad cuya familia había alcanzado Francia a través de Cerdeña y Suiza; el cómplice inseparable de Marat, además, era el judío Pereyra. En conjunto, sin embargo, la intervención directa de judíos en los acontecimientos de la revolución no es muy manifiesta; es sobre todo el carácter de esta revolución lo que hace pensar en su participación. Los muros de los ghettos fueron abatidos en todos los países donde los "inmortales principios" fueron impuestos por los ejércitos de Napoleón Bonaparte; el cual, entonces primer cónsul, había firmado un concordato con el Sanhedrin judío (63).

El Mesías de la Revolución fue derrotado y relegado a Santa Elena, pero esto no impidió al judaismo europeo proseguir su obra silenciosa. Los Rothschild, propietarios de bancos en las grandes capitales europeas, estaban en condiciones de chantajear a los gobiernos, negándoles y concediéndoles préstamos, según la actitud que estos adoptasen en relación al problema judío (64).

La guerra entre la Banca y las Monarquías europeas estalla en 1830, con una revolución que confirma el fracaso histórico de la Santa Alianza (65). Rotschild fue el verdadero primer ministro de un soberano que había renunciado a la fórmula "por la gracia de Dios", en un reino que sustituyó la bandera con el lis de oro por el estandarte tricolor. Una de las primeras medidas del nuevo reino fue poner a cargo del Estado los gastos del culto judío y durante dieciocho años los judíos fueron verdaderamente los reyes de la época, por citar el título del libro de Toussenel sobre el régimen orleanista. La revolución de 1848 barre la monarquía, pero los judíos permanecieron la frase de Proudhom es suficientemente conocida: "Francia no ha hecho sino cambiar de judíos", análoga a la afirmación de Drumont según quien "al igual que los griegos que no se sientan jamás a la mesa de ajedrez sin uno o dos reyes de recambio en el bolsillo de su chaleco, los Rothschild no juegan si no es con dos o tres hombres de Estado judíos en la manga" (66). Los nuevos ases en la manga del banquero se llamaban Cremieux y Goudchaux: el primero  se convirtió en miembro del gobierno provisional y ministro de justicia, el segundo tuvo a su cargo el ministerio de finanzas.
Después de Francia el incendio se extendió a Austria, Italia (67) y Prusia; esta vez, los judíos entraron directamente en la arena política y muy pronto asumieron un papel dominante, en particular en los movimientos liberales (...). La revolución de 1848 terminó por identificarse con la emancipación judía" (68).

Durante todo el resto del siglo XIX  o más bien, hasta la primera guerra mundial  el judaismo se empleó en destruir lo que quedaba de la Europa aristocrática y monárquica, y hacer avanzar el nuevo orden burgués, laico y democrático, este nuevo orden que se había impuesto con la Revolución Francesa y había proseguido su camino a través de las etapas de 1830 y 1848. Es por esto que se vislumbró la presencia de judíos tras los acontecimientos de 1853 que marcaron la liquidación definitiva de la Santa Alianza (69); fue por esto que el judaismo sostuvo la guerra de 1859, una guerra que tuvo el sentido de un ataque contra el supervivencia residual del Sacro Imperio, localizada en Austria; por esto mismo encontramos judíos en el entorno de Cavour y entre los compañeros de Garibaldi; por esto Napoleón III mismo tuvo por aliados a los judíos (70).

Notas a pie de página:

(61) Cit. en: A. EBAN, op. cit., pág. 230.

(62) "Napoleón ¿era de origen semita? Disraeli lo ha dicho, el autor de "Judaismo en Francia" lo sostiene. Ciertamente en las islas Baleares y Córcega se refugiaron muchos judíos expulsados de España e Italia que terminaron por convertirse al cristianismo y, como ocurrió en España, tomar el nombre de grandes señores que les habían servido de padrinos, Orsinio, Doria, Colonna, Bonaparte" (E. DRUMONT, La France Juive, París, tomo I, pág. 330.
Parece, sin embargo, que Napoleón, personalmente no alimentaba una excesiva simpatía por los judíos. Tras la celebración del Consejo de Estado del 30 de abril de 1806, por ejemplo, habría dicho: "Los judíos son los cuervos de la humanidad. Los he visto durante la batalla de Ulm correr a Strasburgo para realizar un innoble pillage". Y el 17 de mayo de 1806, también tras un Consejo: "Todos se quejan de los judíos. Esto se debe al mal aportado al mundo por los judíos que no deriva de individuos, sino de la constitución espiritual de este pueblo. Los judíos son los potros que destrozan Francia".

(63) "Estos tráficos, en apariencia exclusivamente financieron, tenían la ventaja además de servir poderosamente a la idea judía. Los judíos diseminados en toda Europa (...) sabían que existía en Francia uno de los suyos que trataba asuntos de Estado directamente con los ministros (...). Los judíos de la otraorilla del Rihn que intentaban tímidamente aun, ciertamente, asentarse en París, se habituaron a mirar a la casa Rothschild como la casa madre del judaismo francés. Con el espíritu de solidaridad que anima la raza, los Rothschgild ayudaban a los recién llegados, les facilitaban fondos para hacer pequeña usura, al mismo tiempo que recibían de ellos preciosas informaciones y organizaban esta policía que no tiene igual en el mundo entero" (E. DRUMONT, op. cit., pág. 335.

(64) Se ha observado que "si la autoridad de los reyes (...) había sido semejante a la solidaridad de los judíos, esta no habría acabado con aquella" (MALINSKY y DE PONCINS, La guerre oculte, París, 1936, pág 24). De hecho, la revolución de 1830 era uno de los casos para los que los acuerdos de Viena preveían el derecho, o mejor, el deber de intervención.

(65) E. DRUMONT, Op. cit., pág. 363.

(66) Isaac Adolphe Crémieux, fundador de la Alianza Israelita Universal, será nuevo miembro del gobierno en 1870; se convertirá sucesivamente en ministro de justicia, del interior y de la guerra (NdA). Interesa recordar aquí al lector el papel particularmente nefasto desempeñado por Cremieux en Algeria. Fue él quien firmó en Tours, el 24 de octubre de 1870, junto a su correligionario Gambetta, un decreto que concede la naturalización francesa a los judíos de Argelia, rechazándola para las poblaciones musulmanas. Por este acto, de pesadas consecuencias, Francia se "vió privada de la afección y la estima de los musulmanes que, solos, entre los indígenas, han vertido su sangre por nosotros", por citar el telegrama enviado en la época por el comisario civil Lambert al ministro dle interior. El 15 de noviembre de 1870, el diario Akhbar escribía: "¿Sabe qué es lo que ha conseguido con este decreto?... Habéis subalternizado, aniquilado las poblaciones francesas. Habéis puesto entre las manos de los israelitas los Consejos Municipales, los Consejos Generales y la representación general. Por la fuerza de su número, harán elecciones, poseerán la riqueza, tendrán el poder" (cit. en G. OLLIVIER, L’Alliance Israelite Universelle, "Documents et Temoignages", La Librairie Française, París, 1959. (NdT).

(67) Bajo la presión de los acontecimientos de 1848, Pío IX hizo abatir los muros del ghetto de Roma. Casi en el mismo momento, el judío Daniele Manin se colocaba a la cabeza de los disturbios de Venecia, donde gobernó con su correlegionario Isacco Pesaro Maurogonato quien, a continuación, se convirtió en diputado del Reino de Italia, vice presidente de la Cámara y presidente de la comisión presupuestaria. "La participación ferviente de los judíos en la empresa de la independencia italiana y de la unidad nacional, sin que disminuyera la pureza del entusiasmo civil, se explica también por el fin ideal al cual un grupo tradicionalmente humillado sabía poder llegar ayudando al programa y a la acción que nos conducían a Roma. La Austria confesional y la temporalidad del Papado eran dos obstáculos a derribar (...)(. Se explica como consecuencia del genérico ideal laico de srael en el terreno del fermento político por la independencia y la unidad, la predilección por Mazzini estaba íntimamente ligada  al medio judío; la casa Nathan Roselli era por así decir, su familia (...). Este se debe quizás esencialmente a la acción de los israelitas si la masonería italiana ha hecho de Mazzini su autoridad y si, con los años, no solo la familia masónica, sino también la ciudad de Roma, han sido gobernadas por el heredero oficial de la casa refugio de Mazzini, Ernesto Nathan...". (P. ORANO, Gli Ebrei in Italia, Roma, 1937 XV; pág. 123 14). Respecto al trasfondo del llamado "risorgimento", ver los documentos reproducidos en CRETINEAU JOLY, L’Eglise romaine et la révolution, París, 1859.

(68) A. EBAN, Op. cit., pág. 238 239.

(69) La guerra de Crimea, escriben Malinsky y de Poncins, "fue la primera guerra franca y verdaderamente democrática de la historia. Como sabemos ahora, no ha sido la última. Por vez primera, en aquella ocasión, los hijos de una misma familia se han matado unos a otros, no por su patrias, ni por sus príncipes, o por un sentimiento que les fuera congénito, sino por que, en ambos bandos, la hez, trabajada por el fermento judáico, pudiera pisotearles el rostro" (Op. cit., pág. 56).

(70) Según algunos, Napoleón III  que formó parte de la masonería en su juventud y mantuvo luego contactos con la secta  habría sido "simplemente un agente de los medios ocultos que dominaban entonces la sociedad. Los que lo habrían hecho subir al trono y lo habrían manejado con ayuda de hilos invisibles que no conocemos, pero que habrían constituido una verdadera servidumbre de la que no pudo liberarse. Es quizás ir un poco lejos; pero si emitimos un juicio temerario, es muy excusable" (Op. cit., pág. 51). Es un hecho, sin embargo, que desde el principio del Imperio, Rothschlid convocó a la judería del mediodía: los Pereire, los Millaud, los Solar, los Mirès.

(c) Por el texto: el autor [desconocido, se agradecerían datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (III de X). La edad media: judaismo y usura

Hemos tratado ya sumariamente la ética mercantil y la usura como manifestaciones de la judaidad; ahora, en lo que concierne al plano más propiamente histórico, mostraremos como, durante la Edad Media, los judíos,  aprovechando un hábito multisecular del comercio (51) se insinuaron en los poros de la sociedad feudal, en los intersticios de esta donde "ni el oro en general, ni la moneda de oro misma (...) habían cesado jamás de circular" (52). en estos intersticios, los judíos cultivaron estas formas prehistóricas de capitalismo  capitalismo comercial y usurero  que produjeron a la larga, efectos mortales sobre la estructura económica feudal. Véase como Marx ilustra la destrucción de al economía feudal operada por el judaismo: "El capital usurero, bajo la forma en que se apropia en realidad de la plusvalía de los productores directos sin cambiar el modo de producción (...) empobreció este modo de producción, paralizó las formas productivas en lugar de desarrollarlas y perpetuó al mismo tiempo esta situación lamentable (...). De un lado la usura minó y convulsionó de esta forma la riqueza y la propiedad de la antigüedad feudal, de otra destruyó lentamente y arruinó la propiedad de los pequeños campesinos y de los pequeños burgueses, es decir, todas las formas donde el productor aparecía aun como propietario de los medios de producción (...). La usura centraliza los patrimonios monetarios, allí donde los medios de producción son fraccionados. No modifica el modo de producción, pero se engancha a él como un parásito y lo vuelve miserable. Lo sangra, lo debilita y obliga a la reproducción, a proseguir en condiciones cada vez más miserables. De ahí el odio popular contra el usurero" (53). El antisemitismo es visto  según la interpretación marxista de un judío, sin embargo no privado de una relación, incluso parcial, con la realidad  como la expresión de una "primordial y nebulosa oposición de clase al capitalismo, bajo la forma tangible de la circulación,l contra la que se enfrenta inmediatamente el antiguo trabajador libre desposeído y el pequeño burgués que desciende, con angustia y furor, por los círculos infernales de la proletarización" (54).

Es de justicia, en consecuencia, que los explotadores hayan sido, de tanto en tanto, duramente golpeados, aun cuando no fueran jamás definitivamente aplastados. "Es lógico  sostiene Jacob Tritemius  que pequeños y grandes, doctos y personas simples, príncipes y campesinos, hayan estado todos llenos de rencor contra los judíos usureros, y yo apruebo todas las medidas legales tomadas para proteger al pueblo de esta explotación. ¿Es justo que un pueblo extranjero que se ha establecido entre nosotros haga la ley y domina, no porque tiene mas valor y virtud, sino solo por el miserable dinero, acumulado de todas partes y por todos los medios, hasta parecer que la posesión sea para este pueblo el bien supremo? Es justo que deba engordar impunemente gracias al trabajo del campesino y del artesano?" (55).

Mientras que Europa se aprestaba a hacer su entrada en la época mercantil, descubría que los judíos podían ser útilmente empleados en las actividades capitalistas; eran de hecho "aventajados" por su condición de desarraigados, disponían de una amplia red de contactos en los centros urbanos de toda Europa, y poseían una experiencia consumada en materia financiera (56). Schutzjuden, "judíos protegidos", fueron llamados en Alemania estos judíos que, en virtud de su actividad de precursores, entraron, con derechos diversamente garantizados, al servicio de reyes, príncipes y duques. Así, en tiempo de Cromwell (57) y de Carlos II, los judíos pudieron volver a Inglaterra, de donde habían sido expulsados en 1290; así, en la época de Luis XIV regresaron a Francia. La lista de los aristócratas que pasaron de los ghettos de Ratisbona, Munich y Praga y de la yeshivah a los salones de las cortes es larga y sorprendente. Ex vendedores ambulantes se convirtieron en mercaderes en la escena internacional y proveedores de artículos de lujo, como lo habían sido, en la Edad Media, sus antepasados. Traficaban con sedas y encajes, armas y municiones. Aprovisionaban las fábricas de oro y de plata y manejaban mercados con cifras enormes  (58). Es evidente que estos "judíos de corte" no se limitaron, en numerosos caso, a ser consejeros financiaron, haciéndose, de hecho, con el poder político. La carrera de Joseph Süss Oppenheimer es ejemplar (59). Europa Occidental, que contaba en torno a cuatrocientos mil judíos (60) en la segunda mitad del siglo diecisiete, estaba madura para la Revolución Francesa.

Notas fuera de texto:

(51) M. BLOCH, Lavoro e tecnica nel medievo, Bari 1959, pág. 104.

(52) K. MARX, El Capital, trad. it., Roma, 1956, III 2, pág. 302.

(53) R. FINZI, Op. cit., pág. XXIII.

(54) J. JANSSEN, Die allgemeinen Zustände des deutschen Volkes beim Ausgang des Mittelalters, Friburgo, 1887, vol. I, pág. 404 405.

(55) "En mi libro sobre los judíos (Die Juden und das Wirtschaftsleben, 1911), creo haber demostrado que su importancia particular en la historia económica debe ser buscada en el impulso dado por ellos a esta forma de desarrollo económico que he llamado comercialización de la vida económica, y de haber por esto contribuido a acelerar el tránsito de la época del capitalismo inicial ("Frünhkapitalismus") con la del gran capitalismo ("Hochkapitalismus")... La creencia de que entre los judíos existe una inclinación particular hacia el capitalismo fue provocado, además de las condiciones que tienen en común con los herejes y los extranjeros, su gran dispersión en el mundo entero, la riqueza y las aptitudes técnicas que poseen ya cuando comienza el primer desarrollo capitalista y que habían amplificado mediante el ejercicio de la usura" (W. SOMBART, Il capitalismo moderno, trad. it., Florencia, 1925, pág. 219 220).

(56) Cromwell ¿era de origen judío? Este rumor fue referido también por la Histoire d'Oliver Cromwell del abate Raguenet (París, pág. 322).

(57) A. EBAN, Op. cit., pág. 223; W. SOMBART, Op. cit., pág. 219 220.

(58) Süss el judío (1698 1738) se convirtió en primer ministro del gran ducado de Würtemberg en tiempo de Carlos Alejandro. Ahogó al pueblo bajo el peso aplastante de la imposición fiscal y privó de todo contenido político real a los organismo representativos. Su brillante carrera terminó en el patíbulo.

(59) España estaba entonces tranquila: la expulsión de 1492 fue seguida, durante dos siglos, de un éxodo lento y continuo de marranos (NdA). Pero los tiempos cambian también en España, si se juzga por lo que refiere Lectures Françaises, nº 230, junio de 1976: "La reina de España ha asistido el viernes 28 de mayo al oficio del Shabat de la sinagoga de Madrid, después de la comida ritual: desde 1492, ningún soberano español había puesto los pies en una sinagoga". De hecho, desde 1969, el gobierno franquista había reconocido la existencia de la comunidad judía de España y autorizado la construcción en Madrid de la primera sinagoga desde el siglo XV. A lo que hay que añadir que es en la capital española donde se reunió del 4 al 7 de diciembre de 1976, la rama europea del Congreso
Mundial Judío (NdT).

(60) Cit. en: BENTWICH, op. cit., pág. 47.

(c) Por el texto: el autor [desconocido, se agradecerían datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà