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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TERRORISMO

El "proceso de paz" y los riesgos de atrincherarse en la "versión oficial" del 11-M

El "proceso de paz" y los riesgos de atrincherarse en la "versión oficial" del 11-M

Infokrisis.- Nuevamente la AVT demostró su capacidad de movilización y el rechazo con que una parte de este país ha recibido la política de "paz" de ZP. Pero, no olvidemos que la manifestación del sábado ha tenido un segundo leit-motiv: "11-M, queremos la verdad". Las reflexiones que siguen establecen una teoría sobre el alcance del proceso de paz, sus límites y sobre las relaciones entre el 11-M y el terrorismo vasco.

 

11-M: Queremos la verdad

Hasta hace relativamente poco tiempo, sostener que el terrorismo islámico no tenía gran cosa que ver con el atentado del 11-M suponía inmediatamente ser puesto en el montón amorfo y desordenado de los “conspiranoicos” que, por sí mismos, se desprestigiaban. Ayer sábado, 750.000 personas (o una impresionante manifestación) dijeron en voz bien alta lo que algunos ya habíamos dicho desde el principio: QUE LA VERSIÓN OFICIAL SOBRE LOS ATENTADOS ES PURA BASURA y que DOS AÑOS DESPUÉS, SEGUIMOS SIN SABER QUÉ OCURRIÓ.

La histeria con que los dirigentes del PSOE recogen cualquier crítica a la versión oficial y la ausencia de pruebas que aportan, son suficientemente elocuentes de que tienen la conciencia sucia. Cualquiera que haya estudiado con relativo detenimiento la versión oficial, quien haya guardado todo lo que se publicó en los días siguientes al atentado, quien tenga un mínimo de espíritu crítico, sabe que la versión dada desde la tarde del 11-M es falsa. En nuestra obra “11-M, los perros del infierno” lo afirmamos con rotundidad, apenas tres meses después de los atentados: la furgoneta Kangoo, la casette, la bolsa que no explotó, Jamal Zougan, etc., todo esto no eran más que las piedrecitas del cuento Pulgarcito, colocadas a propósito por el verdadero instigador del crimen. Ya entonces dijimos que el principio de toda investigación criminal era “¿A quién beneficia el crimen?” y las 192 víctimas del 11-M beneficiaron a muchos…

Pues bien, los agujeros negros y el olor a podrido que destila la versión oficial del 11-M, hoy han sido reconocidos por buena parte de la población. No es un pequeño grupo de conspiranoicos ni de analistas avisados en materia anti-terrorista: simplemente es una parte del país que está conociendo la naturaleza de estos agujeros negros y que comparte la sensación de mentira, engaño, indefensión e impunidad en que se refugian los verdaderos autores del crimen.

El 11-M proyectado sobre el futuro

Es evidente que durante el tiempo en que ZP y gentes como Rubalcaba se sienten en las poltronas del poder, el gobierno va a hacer todo lo posible por apuntalar la versión oficial y mantener al Juez del Olmo al frente de la investigación. Pero no lo estarán siempre. Esa es la gran amenaza que pesa sobre el PSOE y sobre los ZP y su banda de oportunistas sin escrúpulos.

En la preparación del 11-M debieron participar no menos de un centenar de personas, acaso un 50% funcionarios del Estado en distintos cuerpos de seguridad. Solamente así pudo elaborarse la "versión oficial"; contando con la colaboración y complicidad de un equipo amplio, la mayoría de los cuales solamente tendrían una visión limitada de su trabajo. En su conjunto podría elaborarse una gigantesca patraña macabra y sangrienta cuya astracanada final fue el turbio y mal montado episodio de Leganés, donde mueren todos los "culpables". Una versión como la oficial solamente puede sostenerse a corto y medio plazo si se cuenta con un gobierno que bloquee la investigación y desaliente cualquier tipo de esfuerzo por proseguirla. Pero esta situación, recuérdenlo los que han organizado el 11-M, no se prolongará eternamente.

Para un gobierno que, EN EL FUTURO, se proponga investigar qué ocurrió el 11-M, no será difícil investigar las cuentas de estos funcionarios a partir de sus distintos niveles de responsabilidad y silencio, las de sus allegados, sus bienes y en qué momento los adquirieron; y extraer las conclusiones oportunas. El 11-M y la explosión de Leganés precisan la complicidad de varios funcionarios de distintos cuerpos. Complicidad previa al crimen, cuando los instigadores estaban empezando a colocar las "piedrecitas" de Pulgarcito, complicidad en el momento del crimen, complicidad en la investigación y silencio eterno. El silencio se compra con dinero. El caso GAL ya lo demostró. Pero los funcionarios –que luego se jubilan y perciben pensiones- precisan, hasta el día en que mueren, dinero, dinero y dinero, especialmente si están habituados a pateárselo con putas, queridas, coca y buena vida. A quien encargó el 11-M –sea quien sea, o mejor, sean quienes sean- le va tocar pagar y seguir pagando durante décadas. Como en el caso GAL, siempre habrá alguna filtración, algún descontento, una querida envidiosa y despechada, alguna fuente que crea que resultará más beneficiada si llama a la puerta de “El Mundo” o de cualquier otro medio, que a donde ya le conocen y ya le han pagado.

Y luego está la posibilidad de que el PP vuelva al poder. Cuando lo haga, es presumible que algunos de los que han colaborado en la trama piensen si no sería mejor cubrirse las espaldas y denunciar a sus cómplices. Es posible que sea un funcionario jubilado, que esté percibiendo una pensión y tema perderla si se le procesa por conspiración, ocultamiento y demás…

Es por todo esto que entiendo perfectamente que todos los hombres del PSOE, los Blanco, los Rubalcaba, los De la Vega, los Alonso y tantos otros, reaccionen histéricamente cada vez que les recuerdan que EL 11-M NO ESTA CERRADO, QUE NO SABEMOS LA VERDAD, Y QUE HOY YA UNA PARTE Y MAÑANA TODA LA SOCIEDAD ESPAÑOLA, QUERRAN CONOCER LA VERDAD.

Vale la pena dirigir unas palabras al presidente del gobierno y a los Rubalcaba y demás: EL 11-M OS PERSEGUIRÁ SIEMPRE, AQUELLOS ATENTADOS OS DIERON EL ACCESO AL PODER, PERO TAMBIÉN EN ESE MOMENTO, EMPEZÁSTEIS A CAVAR VUESTRA TUMBA. Es posible que algunos de vosotros no tengáis nada que ver con la trama, pero sabéis lo suficiente -por que no sois idiotas del todo- como para percibir que en la "versión oficial", desde que la SER dio la noticia una hora después del crimen, de que era un "atentado islámico", planea el aroma del misterio, la conspiración y el fraude... y calláis. Por eso sois tan culpables como las mentes asesinas que idearon el crimen y lo ejecutaron. Sois cómplices por encubrimiento. No lo olvidéis, porque muchos españoles tampoco lo vamos a olvidar mientras vivamos.

Otro aspecto importante de la manifestación de la AVT es que, finalmente, con la presencia del PP en la misma quedó clara la desvinculación del partido de la primera posición que mantuvo: “ha sido ETA”. En dos años, el nombre de ETA recorre tangencialmente la trama, pero no hay nada que indique una participación del terrorismo vasco en la trama. Como máximo puede hablarse de “manipulación” del terrorismo vasco. Si, porque da la sensación de que quien ideó el 11-M tuvo muy presente que el PP vincularía los atentados a ETA (de ahí el éxito inicial de la operación que culminaría en el vuelco de unos cuantos cientos de miles de votos del PP al PSOE y en el innoble "queremos la verdad"... solamente de 11 a 14 de marzo de 2003) y decidió que era bueno sembrar también algunas pistas indirectas que se refirieran también al terrorismo vasco. Esto garantizaba la existencia de una “línea de repliegue” por parte de los mentores del 11-M: si, a la larga, se cuestionaba la pista islámica, quedaba la pista etarra a la que el PP se aferraría desesperadamente y con la que quedaría satisfecha su ansia de investigar el 11-M. A fin de cuentas, hasta hace sólo unas semanas el PP seguía defendiendo la autoría de ETA.

Ahora bien, si esto es así, y es muy posible que fuera así, es evidente que alguien dentro de ETA debía de facilitar la elaboración de pistas falsas: por ejemplo, el hecho de que la organización robara un coche JUSTO EN EL MISMO CALLEJÓN EN EL QUE VIVÍA TRASHORRAS, o que la “caravana de la muerte”, que condujo parte de los explosivos de Asturias a Madrid en Enero, siguiera un recorrido paralelo a la “caravana de la muerte” de ETA en itinerario y en fecha. Y esto nos lleva directamente al “proceso de paz", piedra angular de la política de ZP y máxima esperanza para su reelección.

El “topo” de ETA con nombre y alias

El 12 de julio de 2002, “Josu Ternera”, de verdadero nombre José Antonio Urriticoechea, abandonaba su escaño en el parlamento vasco y pasaba a la clandestinidad con la excusa de haber sido requerido por la Audiencia Nacional para declarar sobre el atentado a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza en 1987. Desde entonces, solamente Carod-Rovira le ha visto oficialmente la cara en la repugnante reunión de Perpignan.

Vale la pena repasar un poco la historia de los últimos años de ETA. La “tregua trampa” fue decretada, solamente, a causa del lamentable estado de la organización, literalmente convertida en un gruyere, acosada por los topos y bajo una presión insoportable por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. ETA aprovechó aquella “tregua trampa” para duplicar su infraestructura y crear una organización paralela a salvo del acoso policial.

Esto dio buenos resultados en un primer momento. En el año 2000-2002 no ocurre nada anormal. La organización comete atentados y van cayendo algunos comandos, con la misma frecuencia que en el período anterior. Sin embargo, a partir de 2002, las caídas se convierten en más frecuentes. Basta que un etarra salga de su madriguera con una bomba o con un cartucho de dinamita, para que inmediatamente sea detenido por la policía. Y esas caídas se producen no solamente a nivel de base, sino también entre la cúpula dirigente, particularmente en Francia. Caen todos. El propio Mikel Antxa, que acompaño a Carod en la reunión de Perpignan, resultó detenido en octubre de 2004 en Francia… Ya no hay duda: ETA tenía un topo, un topo eficaz y silencioso. Los medios lo han silenciado para no hacer peligrar su misión. Pero las cosas están cambiando. Y el topo está situado en la clave de una trama político-conspirativa de singular maquiavelismo y complejidad.

Ese topo no era un topo como los anteriores. No era un militante de base que en unos años logra escalar una posición de privilegio y consigue desarticular unos cuantos comandos antes de tener que poner tierra por medio. En esta ocasión el topo era diferente: estaba en la cúpula. ¿Por qué lo afirmamos? Porque durante tres años (de 2002 a 2005) logró seguir incrustado en la estructura etarra sin despertar sospechas. No era un topo en la base, era un topo en la cúpula, con prestigio dentro de la organización, consciente de que ETA se estaba acabando y que aspiraba solamente a una salida personal airosa en la que se incluía quedarse con la parte del león del “tesoro de ETA”: el producto de cuarenta años de rackett, secuestros y exacciones. Si hubiera sido un topo "de base" pronto habría sido descubierto, identificado y perseguido o asesinado. Su tarea delatora habría concluido pronto. Pero no ocurrió así: entre 2002 y 2004, los golpes que recibió ETA fueron constantes, sin que la organización consiguiera explicar por qué sus militantes no estaban en condiciones de realizar ningún atentado. El topo debía tener una visión más amplia de la organización, debía de ser un "intocable" de la misma, a salvo de cualquier crítica y con prestigio entre la militancia.

Hace dos años y medio, advertimos por primera vez lo sorprendente de las operaciones policiales continuadas que se reiteraban una y otra vez contra ETA y que evidenciaban a todas luces la existencia de un topo. Entonces, en Krisis.info formulamos nuestra teoría: no sabíamos entonces quién era el topo que estaba desmantelando la organización etarra, solamente intuíamos que se trataba de un topo situado en la cúpula de la organización. Y entonces decíamos: “hará falta ver con el tiempo qué dirigente etarra queda a salvo de las detenciones. Entonces no habrá dudas: ese es el topo”. Hoy lo sabemos: ese "superviviente" es “Josu Ternera”, de verdadero nombre José Antonio Urriticoechea… Él es el único dirigente que ha resultado incólume de las brillantes operaciones policiales desarrolladas contra ETA.

“José Ternera”, hombre clave en el “proceso de paz”

Todo lo anterior es, naturalmente, una hipótesis de trabajo… avalada por datos objetivos. Hoy, más que nunca, esa hipótesis de trabajo se ve sostenida por más y más datos. En principio, por el “proceso de paz”. El miércoles se publicaba la noticia de que “Josu Ternera” ha sido visto en libertad y sin ser molestado en las calles de San Sebastián y que él era el personaje clave del proceso de paz. ¡Pues claro que lo es!

En los dos últimos años, desde que ZP se sienta en la Moncloa, algo ha cambiado en la relación del gobierno con ETA. Si el PP llegó a la conclusión de que era posible acabar con la organización por la vía policial, ZP cree que la vía del pacto es mucho más prometedora. En el fondo, la discusión sobre la estrategia a seguir en la lucha antiterrorista podría ser admisible en el seno de una sociedad democrática, siempre y cuando, entre los dos partidos mayoritarios exista un consenso. ZP rompió el consenso antiterrorista y emprendió el camino que ya había elegido antes de ser presidente del gobierno. El PP tiene todo el derecho en llamar a ZP DESLEAL, por los contactos del PSE con HB y por el giro unilateral de la política antiterrorista, rompiendo de facto el “Pacto Antiterrorista”. Hoy se sabe que no era sólo ZP quien mantenía contactos con HB, sino muchos estamentos del PSE, incluidas las “mujeres” del partido, que los mantenían con las “mujeres” de HB. Dado que el PSOE y el PSE habían firmado el Pacto Antiterrorista, que impedía mantener contactos con grupos ilegales, la acusación de DESLEALTAD es perfectamente razonable.

Para ETA era evidente que si bien el PP jamás volvería a ser seducido por una “tregua trampa”, al menos con ZP se podía obtener algún beneficio… por pequeño que fuera. Y, en lo que se refiere a ZP, sabía que quien lograra la “pacificación” del País Vasco tenía asegurada la reelección. Así pues, la “paz” era un “joint-venture” entre ZP y ETA. ¿Y el topo? El "topo-Ternera" apenas podía aspirar a huir con el botín de ETA, hasta el 11-M del 2003. Con ZP, puede aspirar incluso a tener un brillante futuro político en el futuro País Vasco...

En los dos últimos años, la policía ha realizado “desarticulaciones selectivas” que han mermado a ETA. Los detenidos han sido los contrarios a iniciar el “proceso de paz”, los sectores más radicales de la organización. No es algo nuevo. Habitualmente, las policías de todo el mundo, cuando acosan a una organización terrorista, tienen no solo en cuenta la pertenencia de tal o cual miembro a la misma, sino el efecto que va a generar en el interior de la organización ésa o la otra detención. Detenciones selectivas se han producido en organizaciones terroristas españolas desde el siglo XIX. En los dos últimos años, esas “detenciones selectivas” han reforzado la posición de “Josu Ternera” en el interior de la banda, y desmantelado cualquier sector crítico que pudiera tener. Los partidarios del terrorismo a ultranza están, en su mayor parte, en prisión. Ternera tiene las manos libres para hablar en nombre de la organización. Pero el hecho de que, hoy mismo, se haya conocido la carta de De Juana Chaos a "Gara" advirtiendo las condiciones que los presos etarras imponen a los negociadores, es significativo de que no todos están en la misma posición.

En los próximos 15 días, los enviados de Rubalcaba y ZP se sentarán con “Josu Ternera” para negociar. No con otros dirigentes, sino con él. Con el hombre al que la lógica apunta que es el topo en ETA desde 2002. El terrorista que se encontró con Carod en Perpignan (aún en ambientes de ERC se siguen preguntando cómo fue que el CNI llegó a saber que se había producido la reunión…), el hombre que presumiblemente traicionó a su camarada “Mikel Antxa”, y a tantos otros, por sus propias ambiciones personales.

“Ternera” hombre clave de un futuro gobierno PSE-HB

El llamado “proceso de paz” puede resumirse en esto: la consumación de una traición a cambio de unas cuantas concesiones (libertad escalonada de los presos, reagrupación en cárceles vascas con medidas de gracia excepcionales, relegalización de HB y poco más), especialmente realizadas sobre la memoria de las víctimas del terrorismo, a cambio de no cometer más atentados y, sobre todo, de la promesa del apoyo de HB a un gobierno de coalición con el PSE de cara a marginalizar definitivamente al PP de la política vasca y arrancar el poder de manos del PNV.

Tal es la política del actual secretario general del PSE, Patxi López. El PSE tiene en su haber que su anterior negociación con ETA(p-m) supuso un éxito parcial. Gracias a la negociación se desmovilizó a una parte de la organización, mientras que su “frente político”, Euzkadiko Ezkerra, terminó fusionándose con la entonces esquelética Federación Vasca del PSOE, dando lugar al actual PSE. ZP cree que ahora este proceso, en cierta manera, puede repetirse. Un sector del PSE vasco cree, verdaderamente, que en HB pesará más el ser un “partido de izquierdas” que un “partido nacionalista” y que, por tanto, al igual que ERC, preferirá pactar antes con el socialismo que con el nacionalismo… No es del todo claro, pero tal es el diseño estratégico de ZP y de Patxi López.

En ese marco, la figura de “Josu Ternera” es clave: el antiguo dirigente de la banda, el diputado aberzale miembro de seis comisiones (Economía Hacienda y Presupuestos, de Ordenación Territorial, Transportes y Medio Ambiente, de Urgencia Legislativa, Reglamento y Gobierno, de Incompatibilidades, de Agricultura y Pesca y de la Comisión Especial de Autogobierno), es el que “garantiza” el cumplimiento del pacto pues, no en vano, ni Otegui, ni Permach, ni Landa, tienen talla ni prestigio suficiente como para asumir el liderazgo político que implica un giro copernicano en HB.

Los “talones de Aquiles” del “proceso de paz”

ZP se la juega y su proverbial buena suerte puede terminar traicionándole. Hoy está en manos de una banda de desaprensivos con menos escrúpulos que él. Entre traidores anda el juego y quien ha traicionado a sus propios camaradas no va a dudar en traicionar a un alfeñique político como ZP. De hecho, desde hoy hasta el final del “proceso de paz”, ZP tiene cogidos los testículos por “Josu Ternera”. Es así de simple.

Por lo demás, hace falta realizar una precisión semántica. Llamar a este “proceso” “proceso de paz” es un puro sinsentido. ¿Va a disminuir este proceso la presión del nacionalismo contra los no nacionalistas? ¿Va a hacer que disminuyan las agresiones psicológicas o físicas, las humillaciones y las provocaciones contra el sector de la población considerado como “españolista”? No, EL TECHO DE ESTE PROCESO CONSISTE EN DESMOVILIZAR A UNA PARTE DE ETA Y SENTAR A PATXI LOPEZ EN LA LENDAKARITZA. Nada más.

Si se trata de examinar referencias históricas anteriores, se percibe con claridad que la historia de ETA es la historia de sus escisiones. Entre “políticos” y “militares”, en varias ocasiones en el pasado, o entre “oportunistas” y “fanáticos”. Antes o después, el mundo abertzale meditará sobre lo ocurrido en los últimos seis años y comprobará que nada de lo que ha ocurrido es casual. Tendrá la convicción de que ha sido traicionado e intentará indagar sobre quién lo traicionó. Otros –acaso los más inteligentes- serán capaces de revisar lo que han hecho a lo largo de su vida y se harán olvidar en el anonimato: bastante sangre han vertido y bastantes asesinatos han cometido como para que el olvido no sea su mejor recompensa. Los habrá que colaborarán en el “proceso de paz” por ambición e incluso por miedo. Pero de lo que podemos estar completamente seguros es de que NI ETA, NI EL MUNDO ABERTZALE REACCIONARAN DE LA MISMA MANERA ANTE LA CONCLUSIÓN DEL PROCESO DE PAZ. Los habrá que se plegarán a un acuerdo con ZP, los habrá que se retirarán a sus hogares o esperarán salir de prisión o del exilio, y los habrá que considerarán el proceso como una traición y seguirán en la “lucha armada” y en el abertzalismo de extrema-izquierda irreductible.

Parece difícil incluso que el PSE y los restos de una relegalizada HB logren formar un gobierno con mayoría suficiente para dirigir el País Vasco. Ni siquiera está clara la posición de Aralar en este engendro. Tampoco el margen de maniobra de ZP es muy grande: las concesiones que puede hacer son suficientemente claras en este momento y no satisfacen ni a los más radicales, ni siquiera a los militantes abertzales más convencidos de su causa.

Pero este “proceso de paz” tiene un aspecto particularmente siniestro: el castigo a los crímenes realizados por ETA en los últimos años puede quedar en suspenso. ZP va a especular con el dolor de las víctimas. Estas, si primero sufrieron el dolor de ver la muerte de sus seres queridos o de resultar ellos mismos heridos en atentados, ahora la “gracia” de ZP les provoca un “segundo dolor”: el de ver cómo los criminales pueden ser puestos en libertad. EN LA ESPAÑA DE ZP, EL CRIMEN SALE BARATO.

Pero que no juegue ZP con el dolor de las víctimas. La manifestación de ayer indica hasta qué punto existe una fractura vertical en este país entre ZP y quienes opinan que el criminal debe ser castigado con todo el peso de la ley. Y estos últimos no son precisamente pocos. Que ZP no juegue con el dolor de las víctimas. Bastante debería agradecerles que hayan tenido el temple de no utilizar las cuotas y las escasas subvenciones que recibe la AVT para pagar a mafiosos que persigan a los pistoleros allá donde se encuentren. Cualquier mafioso búlgaro cobra hoy 3000 euros por cabeza cortada y les aseguro que apenas les importa su Rh. Y son muchas las cabezas de criminales que van a salir en los próximos meses en virtud de la negociación.

Todo induce a pensar que el alcance del “proceso de paz” será limitado, que solamente logrará desmovilizar a una parte de la organización terrorista y no logrará la unanimidad en el mundo abertzale. Por otra parte, que no canten victoria los “negociadores”: ETA frecuentemente, tras romper una tregua, ha apuntado sus pistolas contra los negociadores. Estos tampoco saldrán indemnes. Los etarras que se nieguen a entregar las armas apuntarán contra ellos. Que lo sepan, porque los oportunistas de hoy pueden ser los cadáveres del mañana.

Y todo para que Patxi López tenga la oportunidad algún día de ser “lendakari” y para que la baba coriácea de ZP sea reelegida en el 2008… ¡Qué miseria de política! ¡Qué “proceso de mierda”!

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 11.06.06.

 

 

La influencia del nazismo en el nacimiento de ETA

La influencia del nazismo en el nacimiento de ETA

Infokrisis.- Sabemos como va a acabar ETA -trapicheando con ZP-, pero vale la pena recordar algunos episodios de los primeros tiempos de la fundación de la banda. Existio, inicialmente una corriente del nacionalismo vasco, formada en torno a Jon Miranda y Federico Krutwig que tiene demasiados puntos de contacto con el nacional-socialismo. En este artículo exploramos en esa dirección.

“Le Devenir Europeenne” y el “etnicismo-socialista” de matriz neo-nazi

En 1969, cuando empezábamos a tener contacto con las distintas corrientes alternativas que florecían en Europa, conocimos a Yves Jeanne, un antiguo combatiente de las SS francesas, en aquel momento residente en Nantes y director de una publicación subtitulada “etnicista-socialista”, llamada “Le Devenir Européenne”. Se trataba de una revista ciclostilada, de aparición trimestral de la que fueron publicados dos docenas de ejemplares entre 1967 y 1973. De tanto en tanto publicaba números especiales de los que recordamos dos: el llamado “Manifiesto Casandra”, en 1969, que supuso para nosotros el primer contacto con el ecologismo y, tardíamente, en 1972, otro número especial –editado en offset– sobre un personaje del que no habíamos oído hablar hasta entonces: Jon Miranda (o Jean Mirande, su nombre francés). Mirande, había fallecido y, para Yves Jeanne era uno de los más eminentes representantes del pensamiento “etnicista-socialista” de postguerra. Lo curioso es que ese número especial tenía la ikurriña en primera página, a todo color y, en el interior, reproducía algunos dibujos de Jon Miranda, sobre estelas vascas y lauburus (esvásticas vascas).

No hay que engañarse, “Le Devenir Europeenne”, era una revista neofascista de la época. Y tampoco su referencia ideológica “etnitista-socialista”, debe de sorprendernos. En aquel momento se estaban publicando en Francia otras revistas de la misma corriente (“Socialisme Europeenne”, desde Lyon, “Por une Jeune Europe”, en París, que también hacía referencia al “socialismo europeo” y que, originariamente, intentó competir con “Ordre Nouveau” en el intento de polarizar a los “nacionalistas-revolucionarios” franceses de la época.

En el fondo, estas corrientes eran coberturas del neo-fascismo francés. Existía algo de elaboración ideológica al margen de las corrientes históricas anteriores, pero también existía cierto grado de confusión. Aquella situación era impensable sin el estallido previo del Mayo del 68 que impulsó a todos los grupúsculos juveniles a actitudes radicales, como mínimo, desde el punto de vista verbal. Todos estos grupos eran hijos del Mayo francés, aunque se hubieran gestado en las filas anticomunistas.

Pero, “Le Devenir Europeenne” era diferente a otros de estos grupúsculos. Entre sus líneas de referencia de encontraba un intento de definir un neo-paganismo e incorporar elementos regionalistas. Los miembros de “Le Devenir Europeenne” habían tenido contacto con “Breiz Atao” de Goulven Pennoad, el primer partido nacionalista bretón, acusado en la posguerra de colaborar con los nazis o con el “Movimiento Normando”, que recogió el favor de la “nouvelle droite” a partir de su fundación en septiembre de 1968. En esos ambientes, Yves Jeanne contactó con Jon Miranda Ayfasoro y la amistad surgida entre ambos, así como la comunidad de ideas, fue tan intensa que, al morir éste, “Le Devenir Europeenne”, le dedicó, sin dilación, un número especial de su revista. En esos días, la revista de Alain de Benoist, “Nouvelle Ecole”, lanzaba un número especial dedicado al “enracinement”, el “arraigo”, en el que se defendía la idea de una “Europa de las regiones”.

Todo este ambiente estaba muy interesado en la emergencia de los movimientos regionalistas que parecía intentar romper los Estados jacobinos europeos, especialmente Francia. Era una tendencia del ambiente neo-fascista europeo de la época. De hecho, las SS ya habían elaborado un mapa de Europa en función de las distintas regiones del continente que, muy frecuentemente, rompían la unidad de los Estados Nacionales Europeos, entre ellos de España. Ese mapa tuvo mucha más importancia y se reprodujo mucho más entre el neofascismo de la postguerra que en las propias SS anteriores a 1945. En España, este mapa y esos planteamientos “regionalistas” tardíos del nazismo, tuvieron mucha importancia en grupos neo-nazis de los años 60 y 70, como CEDADE. El “factor diferencial” que podía esgrimir CEDADE en relación al resto de grupos neo-fascistas y falangistas españoles era, precisamente, el “factor regionalista”.

Jon Miranda, un neo-nazi regionalista

No cabe la menor duda de que Jon Miranda mantuvo contactos con este ambiente y que conocía, no solamente las tesis “etnicistas-socialistas”, sino que las compartía y que trabajo con ellos. Pues bien, Jon Miranda tuvo –y tiene– un papel importante en la cristalización del nacionalismo abertzale de la postguerra y en la formación del entorno etarra.

Jon Miranda era, hace falta dejarlo bien establecido, un agitador ideológico, no un criminal. Cuestionaba el Holocausto y defendía la figura de Hitler: “Había más libertad en la Alemania de Hitler que entre nosotros”. Arkotxa Scarcia, autor de un artículo sobre las ideas de Jon Miranda, dice de él: “Mirande, defensor de las minorías bascas y de otras, no puede comprenderse más que en el interior de los límites discriminatorios estrictos directamente relacionados con el nacional-socialismo: minorías blancas de Europa y más bien de una Europa del Norte antes que del Sur”. Miranda afirma: “Contentémonos con admitir que los bascos son lo mismo que los demás pueblos europeos, miembros de la gran familia de las razas blancas: tal es el más seguro índica de nuestra europeidad fundamental”. Para Scarcia, está claro que se trata de un autor racista y no humanista.

El tema de la “muerte heróica” que Miranda toca en dos de sus poemas (“Eresi” o “Elegía” y “Godu Abestia” o “Canto Guerrero”) están inspirados por un nietzscheanismo tamizado por el nacional-socialismo. Por ello, Scarcia afirma: “Naturalmente, es imposible comprender algunos rasgos estéticos de la obra de Miranda si no se tiene en cuenta el nacional-socialismo que utiliza, deformándolos y sirviéndose como material de propaganda”.

La aportación de Miranda al nacionalismo vasco

En la obra de Jon Juaristi, “El Buble Melancólico”, definitiva para conocer los mitos enloquecidos del nacionalismo vasco, se sitúa a Jon Miranda dentro del contexto de la cultura radical abertzale. Juaristi da algunos datos biográficos sobre Miranda: nos dice que nació en 1925 de una pobre familia suletina y que creció en un ambiente de arrabal en medio de las mayores dificultades económicas. Pero estaba excepcionalmente dotado para las lenguas y, prosigue Juaristi, había aprendido por su cuenta bretón y eusquera antes de los 20 años: “Fue, con Gabriel Aresti y José Luis Alvárez Emparanza [fundador de ETA] uno de los fundadores de la literatura eusquérica moderna”. Se interesó por las lenguas célticas –lo que explica la afinidad que tuvo con el grupo de “Le Devenir Europeenne”– y, en 1947 participó en el Congreso de la Cultura Vasca, organizado en Biarritz, por José Miguel de Barandiarán. De esa época datan sus primeros contactos con los literatos vascos. Luego, empezó a colaborar con la revista nacionalista “Gernika” y conoció a algunos exiliados vascos en París y luego lo hizo con “Euzko Gogoa” publicado desde Guatemala.

Seguramente, el odio que cita Juaristi, de Miranda hacia el PNV se debe al papel aliadófilo de este partido y a sus compromisos, especialmente, con los norteamericanos. Hay que recordar que todo el ambiente de “Le Devenir Europeenne” y los sectores afines “etnitistas y socialistas”, practicaba un antiamericanismo, como mínimo tan duro como el de la extrema-izquierda. Juaristi cita un texto de Miranda que desconocíamos, en el que afirma que su patria es “Euzkadi” (“la patria de todos los vascos”). Ya en ese texto fechado en 1948, sostiene que, ante la imposibilidad de que Francia dé la independencia a “Euzkadi”, habra “que conseguir la libertad con la fuerza”. Parece que, en esa época, Mirande se consideraba “demócrata y cristiano”, sin embargo, menos de diez años después, resulta innegable su acercamiento al nazismo. Siempre estuvo interesado por la problemática “social”, en tanto que miembro de una familia desposeída por la fortuna, se interesó por las “regiones pobres” de la periferia francesa y se interesó sobre todo por Bretaña. Allí conoció a Goulven Pennoad y al “Breiz Atao”. Fue así como aquel funcionario del Ministerio de Finanzas, emigrado a París con su familia –esto es, desarraigado de su tierra natal– pudo familiarizarse con los militantes bretones. En esa época llega a la conclusión –como recuerda Juaristi– “que la condición de vasco es racial, hereditaria”. Y aquí llegamos a una de las concepciones extraídos del nacional-socialismo: la importancia del factor racial. Da la sensación de que en ese período, el cerebro de Jon Miranda está en plena ebullición.

Llega a la conclusión de que los problemas que afectan a las “regiones del hexágono” francés han aparecido en el período de la Revolución Francesa y de la formación del Estado Jacobino. Esto le lleva, necesariamente, a rechazar las ideas democrático-burguesas y, en especial, el paradigma “libertad-igualdad-fraternidad”. Esto ya lo ubica en el mismo campo que las fuerzas que aún hoy rechazan los efectos y la legitimidad de la Revolución Francesa: legitimistas monárquicos, neofascistas, doriotistas, revolucionarios de extrema-derecha, regionalistas y colaboracionistas.

A principios de los años cincuenta, Jon Miranda abandona el catolicismo de su familia y se alinea, tras asumir los textos de Nietzsche, con los grupos neo-paganos. Se interesa, sobre todo, por la mitología céltica y, por este camino, se convierte en antisemita. Juaristi cita un texto de un biógrafo de Miranda, Diminique Peilhen en el que dice: “lo que odiaba eran las ideologías debilitadoras; esto es, las que los judíos han difundido en el mundo para los demás y que en Israel están prohibidas: el pacifismo, el marxismo genuino, que es tan cristiano, y el cristianismo, que es tan judío”. Hacia 1953, Miranda ya había asumido un antisemitismo que no tenía nada que envidiar al el de los nazis; decía en una carta dirigida a otro nacionalista vasco: “Odio a los judíos, por lo menos mil veces más de lo que Krutwig y tu detestáis a los irlandeses (…) Tengo mis planes y mis ideas, y no los abandonaré ahora, siguiendo otras opiniones, cuando los he sostenido durante casi los últimos diez años. El odio a los demócratas, judíos y francmasones es el más válido de todos”.

En 1952, Miranda trabaja junto al “Breiz Atao” en la redacción de un “Manifiesto de los Neo-Paganos de Europa” cuyo contenido será aprovechado quince años después en la redacción del “Manifiesto Casandre”, publicado por “Le Devenir Europeénne”. La idea de los redactores del manifiesto neo-pago era revitalizar a las antiguas religiones ancestrales como uno de los pasos para recuperar las identidades regionales. Pero de la mitología vasca se sabe muy poco en comparación con el celtismo, y, además, todo lo que se sabe es vago y vidrioso, así que Mirande recurre a lo poco que puede y el resultado es pobre y decepcionante: una especie de ocultismo sincretista en el que los huecos que le faltan en el puzzle religioso vasco es rellenado con interpolaciones de otras religiones paganas europeas. Para Miranda, Ortzi, el padre de los dioses vascos, es Thor, el padre de los dioses germánicos. Es evidente que, Miranda ha dejado de ser católico y que piensa que el nacionalismo regionalista en toda Europa puede sostenerse en el redescubrimiento del neopaganismo.

Otra de las aportaciones de Jon Miranda a la teoría general del independentismo etarra es su definición de la “Gran Euzkadi” que incluye la “Gran Vizcaya” más los elementos vascos de Castilla la Vieja, Calahorra, Logroño, Burgos, Navarra, el Soule francés, los elementos vascos de Aragón, el Verán francñes, más el Ribagorza, la Gascuña, etc.

Además, Miranda explora la cuestión racial. No cree en la existencia de una raza vasca, pero considera que ésta es una rama de las cazas europeas tal como las clasificó el Conde de Gobineau. Dice al respecto: “hoy un pueblo vasco formado por individuos que pertenecen según una cierta proporción a las diversas razas de la gran raza blanca o europoide y solamente a ésta”, y añade, más adelante: “Seguramente, un mestizo de vasco y de india, por ejemplo, podrá ser muy simpático e incluso haber aprendido a hablar vasco tan bien como Axular; ello no impide que por el solo hecho de su sangre mezclada, no pueda ser un vasco auténtico ni ser aceptado, con este título, por nuestra comunidad étnica si por casualidad manifestase la pretensión”. Mirande considera que en España hay mucha sangre “africana mecanizada” y que, por tanto, es un riesgo el cruce entre vascos y españoles. La temática racial la sigue defendiendo en 1956, cuando comenta: “pienso que es la raza y no la lengua lo más importante, no concibo que existan vascos sin eusquera, por supuesto, porque el abandono del eusquera pone a los vascos en vías de desracialización (…) Aunque los maquetos o gascones aprendieran vasco, nos serían siempre extraños por la sangre y por el espíritu y, si alguna vez somos libres, espero que el futuro gobierno de Euzkadi expulse a esos semita-camitas españoles y demás negros que se han asentado en nuestra patria o los reduzca a un estrato de humanidad inferior”.

Con razón Juaristi, define el proyecto político-cultural de Miranda como “utopía nacionalsocialista vasca” y su proyecto apunta a una “caballería de labradores”. Subraya que en la vieja Vasconia hubo grupos étnicos segregados (agotes, gitanos y judíos) y leyes que contribuyeron a salvaguardar la pureza racial de la población. La industrialización marcó el final de la “caballería campesina”, la aparición de un burguesía urbana y, con ello, el principio de la degeneración de la población vasca.

En 1960, Miranda evidencia todavía más su tendencia hacia el nazismo, cuando publica un artículo, en la revista Egan, en defensa de Ventila Horia, escritor e intelectual rumano, con un pasado militante en la Guardia de Hierro, al que en esos momentos se le ha negado el premio Goncourt, acusado de antisemita. La cosa no quedó así. Un nacionalista le acusó a él de antisemita y Miranda, lejos de rechazar la acusación, la argumentó: “La cuestión antisemita no es otra cosa ue esta: que los judíos son una minoría nacional extranjera en Francia –y en todos los países de Europa-, no por raza, sino por su cultura: son una etnia oriental que ha querido vivir en Occidente y así han seguido a través de los tiempos, considerando a Israel como su verdadera Nación (…) siendo una minoría nacional, no se conforman con los derechos limitados de una minoría nacional, sino que, por el contrario, toman un papel de dirección, que nadie les ha dado, en los asuntos de los franceses”. Ese año, la política de Pierre Mendes France, judío francés, ha hecho peligrar la posición de Francia en Argelia. La OAS ha empezado a colocar sus bombas y el ejército francés ha golpeado contra De Gaulle.

Defiende la inexistencia del “Holocausto”: “La cantinela de siempre, cuando alguien se atreve a rozarles un mínimo a los desgraciados judíos…, enseguida empiezan a rugir los pro semitas a su servicio diciendo que si uno está con los SS que liquidaron a 6 (o a 4 ó a 8…) millones de judíos, o que uno mismo es de las SS. No defiendo a los antisemitas del Tercer Reich; me defiendo a mí mismo. Dejemos por tanto ese cuenta de los campos KZ, pues yo no los he construido”.

“Vasconia” de Federico Krutig de Arteaga

La irrupción de ETA gustó a Miranda, pero rechazó su orientación posterior hacia el marxismo-leninismo. De hecho, desde 1961 había cortado sus relaciones con los “nacionalistas vascos peninsulares”. Hizo pública su ruptura en la revista de “Enbata”, el movimiento nacionalista vasco-francés, próximo a ETA. Rechazó, particularmente, la aproximación de Krutwig al marxismo e incluso dejó caer sobre él el rumor de que era judío: “No me sorprende que a Krutwig le haya seducido este último fruto del feminismo (el marxismo) porque él e también, al menos en parte, de la raza elegida”. Y en otro texto insiste en esta idea: “Krutwig se ha extranjerizado: se ha entregado por completo al marxismo (arrastrado por su sangre judía) y anda revolviendo el mundo con otros malhechores (vascos, bretones y frisios)”. Jon Juaristi cita una tercera frase en la que Miranda insiste en el judaísmo de Krutwig: “Desde entonces, Kr. Ha seguido por el camino de los marxistas, con varios jóvenes vascos y bretones por compañeros y, sobre todo, con un barón frisio, que conozco, y que es, como Kr., medio judío (a decir verdad, creo que Kr es enteramente judío, por parte del padre y de la madre)”.

En 1970 apareció su única nivela, “La ahijada”. Poco después, por algún motivo, anunció que abandonaba la literatura en lengua vasca. Da la sensación de que por motivos que ignoramos, había caído en una profunda depresión. En 1972, se suicidó. Juaristi dice: “Le habría sorprendido saber ue, veinticinco años después, él, que publicó un libro en vida, iba a ser el autor eusquérico más leído de su generación y que proliferarían los estudios, monografías y tesis doctorales sobre su obra. Se han hecho al menos tres ediciones de su poesía completa, tres de su novela, dos de sus cuentos, una de sus traducciones, dos de sus ensayos, con abundantes reimpresiones”. Pero si esta es la influencia de Jon Miranda en la actualidad, sus ideas influyeron en los primeros pasos de ETA, no directamente –dado lo siniestro y odioso de ETA es preciso dejar claro que, por lo que sabemos, Miranda no tuvo ninguna relación directa con ETA, aunque es posible que conociera a algunos de sus primeros militantes- sino a través del primer ideólogo de la organización terrorista: Federico Krutwig Sagredo.

Krutwig era hijo de alemanes (judíos si hemos de creer a Miranda), su padre importaba maquinaria. Su abuela materna era veneciana. Eran miembros de la oligarquía bilbaína y Federico fue educado en el Colegio Alemán de Bilbao. Él mismo reconoce que sus padres “eran gentes de derecha”. Y añadía: “la educación recibida en el colegio… seguía, sin duda, pautas culturales alemanas, pero creo exagerado calificarlas de nacionalsocialistas, al menos en aquel tiempo… Se hablaba, eso sí, de la gran cultura alemana, de Wagner, pero no se mencionaba al nazismo. Se guardaba una gran discreción (…) Los alemanes han tenido siempre en gran estima el concepto de pueblo, el concepto de nacionalidad… La moderna teoría de las nacionalidades es sin duda alguna de origen alemán, y me atrevería a decir que esa distinción me ayudó a suscitar en mí el interés por el tema vasco”.

Antes de la guerra, había traducido algunos poemas de Goethe al vascuence. Pronto se aficiona por la lingüística y es uno de los revitalizadores de la Academia de la Lengua Vasca en 1946. En aquella época no se siente ni nacionalista ni franquista. En 1952, después de un discurso, realmente intrascendente, temiendo consecuencias para él, se va de vacaciones a San Juan de Luz y, a los pocos días, su nombre aparece en el BOE como requerido por la justicia. Sólo a partir de ese momento empezará a relacionarse con el nacionalismo político vasco. Luego viaja a París y es allí donde conoce a Andima Ibinagabeitia y a un amigo de éste, Jon Miranda, el cual le presentó a sus amigos, a los que describe como “fascistas bretones”. No parece que guarde un buen recuerdo de Miranda al que describe así: “Tuve gran relación con Miranda, hombre que representaba lo contrario a la raza de superhombres que decía defender. Pequeño y cegato, perecía un pequeño judío. De trato agradable pienso que me cogió simpatía por poseer yo cultura alemana. Excesivamente provocador, para cuando te dabas cuenta te podías ver metido en un buen lío. Recuerdo que un día quedamos citados al anochecer, con la intención de dar un paseo. En un momento determinado me dijo que deseaba ir al barrio judío, al mismo tiempo que comenzaba a gritar “Judíos al crematorio”… Vivía muy solo”.

Ambos mantienen una buena y estrecha relación hasta 1964 cuando, según recuerda Juaristi, Miranda y sus amigos, rechazaron el “Manifiesto por la Etnocracia” redactado por Krutwig y publicado en Amberes con el apoyo de algunos nacionalistas frisones. En esa época ya había publicado su obra “Vasconia”, subtitulado “Estudio dialéctico de una nacionalidad”. La obra estaba firmada por “Fernando Sarrailh de Ihartza, de más de 600 páginas. Se ha dicho constantemente que esta obra fue una especie de banderín de enganche de ETA. Juaristi lo niega. La obra era demasiado densa y pesada para que pudiera se asumida por los jóvenes radicales que empezaban a interesarse por ingresar en ETA.

Algunas de las páginas de “Vasconia” parecen inspiradas en los escritos y conversaciones con Jon Miranda. Krutwig es lingüista, por lo tanto atribuye un papel decisivo al eusquera en la formación de la identidad vasca, pero también él alude al factor étnico. Dice, por ejemplo: “El derecho del pueblo vasco a su independencia se basa exclusivamente en la existencia de una etnia vasca, con conciencia propia y voluntad de ser libre”. Krutwig opina que no existe una unidad racial vasca, pero, aún así, los vascos pertenecen a la “misma raza que puebla Europa, el Norte de África y gran parte de Asia”. Pero hay “vascos traidores”, aquellos que perteneciendo a la “raza vasca”, no se expresan en eusquera. A diferencia de Sabino Arana, para Krutwig el hecho de disponer de los cuatro apellidos vascos, no implica ser un “vasco verdadero”. Además de la raza, está el factor lingüístico. Pero la raza sigue siendo importante para Krutwig, seguramente a partir de las conversaciones con Miranda: “sería falso, así mismo, llevar el anti-racismo al extremo límite y afirmar que ninguna importancia tiene la raza. Una mezcla de vascos con elementos negríticos desvirtuaría la raza vasca y difícilmente se podría tratar de un vasco o un negro”. Miranda no habría dicho otra cosa, lo que implica decir que este hijo de alemanes, debía mucho al que fuera su amigo y confidente hasta 1965. Pero hay otro elemento de coincidencia entre ambos, sólo que Miranda lo ha predicado antes que Krutwig: la “Gran Vasconia”.

En efecto, aunque ligeramente más limitado, la concepción de la totalidad de Vasconia coincide con la de Miranda. Juaristi la cita: “abarcará los dos grandes Estados vascos: el reino de Navarra y el mítico Ducado de Vasconia. Por el norte incorporará toda Aquitania, hasta el Garona; por el sur llegará hasta Garray, a las puertas de Soria; por el Este absorbe Aragón, y por el por el Peste se conforma con algo menos: Castro Urdiales, Reinosa y las Cuatro Villas, total, sólo hasta Santander. La Gran Vasconia”.

Y, aún hay otro factor en el que Miranda y Krutwig coinciden: el papel de la religión. A diferencia del resto de nacionalistas vascos de su tiempo, ambos minusvaloran el papel del cristianismo en la formación de la identidad vasca y realizan fugas románticas hacia el neopaganismo y el misticismo. A Krutwig le sabe mal que la religión no sea un “factor diferencial” de la identidad vasca en relación a sus vecinos. Ambos están de acuerdo en que la religión propiamente vasca es una religión natural: una forma de paganismo autóctono. La diferencia estriba en que Krutwig no tiene inconveniente en realizar fugas hacia el ocultismo teosofista. Considera que si los cátaros que llegaron hasta Pau y los protestantes que cuajaron en la Navarra del siglo XVI, hubieran triunfado en el País Vasco, esto habría contribuido a descatolicizar a la raza y a aproximarse a la religión natural originaria. Además, Krutwig acaba de leer el libro del esoterista francés Louis Charpentier, “El misterio vasco” en donde se defiende el origen atlante de los vascos. Así mismo, en “Vasconia”, cita un párrafo de Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, que desarrolló una teoría sobre el origen de lo que llamaba “razas matrices”; dice: “La tendencia hacia las ciencias secretas y el ocultismo son uno de los rasgos resaltantes del carácter vasco que lo acercan en mucho a un sentimiento parecido que existe entre los pueblos germánicos. Por otra parte, no sólo en los libros ocultistas sino también en la literatura teosófica, los vascos juegan un papel importante como descendientes de la raza “atlántica” que precedió a la llamada “arya”, entendiéndose por estas palabras algo muy diferente a lo que la ciencia enseña”. La Blavatsky sostenía la llamada “teoría de las razas matrices”, que se irían superponiendo y "guiarían" la evolución mítica de la humanidad; una de ellas era la “atlántica” a la que sucedió la “arya”, que daba como hegemónica en el momento actual. Para la Blavatsky, la raza vasca es un residuo del “ciclo atlante”. Y tal es la tesis que recoge Krutwig.

Finalmente, la obra de Krutwig tiene un aspecto práctico y también aquí parece que Miranda tuvo algo que ver en su formación. Al iniciar su exiliol, Krutwig pasó dos años en Alemania trabajando para la Krupp. Allí afirmó haber conocido a un coronel alemán, antiguo miembro del Estado Mayor de la Wertmacht, que le orientó en materias militares. De regreso a París, leyó las obras de Clauseitz y Sun-Tzu y los escritos militares de Mao. Estudió el proceso revolucionario argelino… y también el de la OAS (por el que se había interesado Miranda en tanto luchaba contra De Gaulle, su bestia negra).

Krutwig pertenecería a ETA durante un corto período (si no recordamos mal, de 1965 a 1968) y, jamás cometió delitos de sangre. Era un teórico, por brutal que fuera su teoría. Y lo era. Pero no sería él quien la llevara a la práctica, sino cuatro generaciones de etarras inmisericordes, la mayoría de los cuales ni siquiera había leído su obra. Falleció en 1998 poco después del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

A estas alturas creemos suficientemente demostrado que en la primera generación etarra existió cierta influencia de las ideas neo-nazis, muy perceptible en Jon Miranda –no sólo por sus contactos con los medios neonazis europeos- y en Federico Krutwig que une a su cultura germánica, su interés por el ocultismo teosofista. Ambos tuvieron arte y parte en la formación de la cultura abertzale. Miranda es hoy un autor valoradísimo en esos medios culturales y Krutwig todavía publica artículos que muy bien podrían ser considerados “xenófobos” y que, en cualquier caso denotan desconfianza hacia árabes y “melanodermos” (negros).

En este sentido –y solamente en éste- ETA tiene, en su origen, ciertas connotaciones nazis.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

11-M-2006: ALCALÁ TAMPOCO EXISTE

11-M-2006: ALCALÁ TAMPOCO EXISTE

Infokrisis.- Reproducimos el artículo elaborado por Jesús Domínguez, de Alcalá de Henares, sobre cómo se percibe desde la ciudad que fue epicentro de los atentados, el segundo aniversario del crimen. Agradecemos a nuestro querido amigo, este trabajo y supone un honor publicarlo en Infokrisis. Hoy, precisamente, una encuesta ha publicado que el 60% de los españoles creen que no se sabe todavía nada importante sobre quien diseñó y ejecutó el 11-M. Por eso, hoy más que nunca, el mejor recuerdo que merecen nuestros muertos es repetir bien alto que, hoy, como el 11-M del 2004, ¡¡QUEREMOS LA VERDAD!!

Desde hace dos años no hay día en que al llegar a la estación de tren no me venga a la memoria algún tipo de recuerdo del 11-M. Nunca podré dejar de reprocharme el no haber llamado a la policía para comentarles que una semana antes vi una furgoneta en una actitud muy sospechosa, o que el día de antes estuve entre las siete y las ocho de la mañana en la puerta de la estación viendo a todo el mundo que entraba mientras repartía propaganda electoral, y saludando a muchos...a algunas de las personas que les di los buenos días no las volvería a ver con vida jamás.
Sin duda alguna, Alcalá fue una de las ciudades más castigadas y más olvidadas en los recordatorios y conmemoraciones de las víctimas. Además, desde ese mismo día empezó la avalancha informativa y desinformativa. Desde un punto de vista alcalaíno, uno se queda perplejo con afirmaciones aparecidas en los medios de comunicación como las siguientes: "...un pueblo de la Comunidad de Madrid, Alcalá de Henares, no había visto nunca una manifestación tan grande...", "...en el tren iban los obreros a trabajar...", "...Santa Eugenia, la ciudad que nunca podrá volver a despertarse igual tras la tragedia de hoy...", "...la tragedia ha golpeado Santa Eugenia, en el corazón del cinturón industrial de Madrid...", "...los trenes iban llenos de inmigrantes y de obreros que utilizan el transporte público porque no se pueden permitir ir en coche..."
Un observador neutral, que no conozca el terreno y que haya estado atento a las noticias acontecidas con la tragedia y que se han sucedido desde hace dos años se habrá hecho una idea de los acontecimientos:
Que los alrededores de Madrid está rodeada de un cinturón de industria pesada (tipo altos hornos de Bilbao).
Que a estas industrias van todas las mañanas masas de trabajadores con el casco puesto y todo, como si se tratase de una estampa minera asturiana típica.
Que Santa Eugenia es una ciudad tipo alrededores de Londres siglo XVIII en plena revolución industrial.
Que solo murieron personas de Santa Eugenia, y que esta ciudad lleva de luto desde aquel fatídico día. Que hay un pueblecito en Madrid que se llama Alcalá,
Que en este pueblo hay un apeadero de tren y que es desde el que salieron las bombas.
En el plano político tampoco se ha hilado muy fino, y han quedado para la posteridad toda una serie de "perlas" dichas por unos y otros, desde el negar per se la implicación de islamistas en los atentados por el ex-ministro Acebes, hasta el respaldo del PSOE a los que afirmaron que se habían descubierto los restos de suicidas inmolados en los trenes.
Lo cierto es que aparentemente nadie de los que ha hablado parece haber estado muy bien informado:
Los trenes iban llenos de todo tipo de personas, inmigrantes y españoles, ya que el tren es un medio elegido por muchos no solo por que sea más barato que otros medios de transporte, si no por que es rápido y mediante su utilización uno se evita el atasco de entrada a Madrid; y de todo tipo de categoría laboral, pues lo cierto es que si algún enterado de estos coge el tren alguna vez a estas horas verá que se ven tantas chaquetas y corbatas como monos de trabajo; la desgracia se cebó por igual en todas las ciudades del corredor del Henares, sobre todo en las más grandes Santa Eugenia, Coslada, San Fernando, Torrejón, Azuqueca...y Alcalá de Henares, que por cierto no es ningún pueblo, si no que es la tercera ciudad con más habitantes de la Comunidad de Madrid y la única con una universidad que lleve su nombre. Alcalá fue una de las ciudades más afectadas y raro es el barrio o círculo de amigos en el que no "tocó" ningún muerto o herido, y la verdad, es que no ha vuelto a ser la misma desde esa fecha, pese a que desde el Gobierno central y desde el Ayuntamiento se trata de que se olvide todo para no crispar los ánimos a la gente.
Sin duda alguna las bombas fueron puestas por marroquíes fanáticos, no por Aznar, quien no fue ningún "asesino", al contrario que Mohamed VI, íntimo de Zapatero. Sin embargo a Aznar, y por extensiva al Partido Popular si podemos culparles de que se embarcasen en una guerra contra un país de mayoría musulmana...sin darse cuenta (o no queriendo darse cuenta) que nuestra puesta de abajo da a un país musulmán, y que esta puerta se abrió durante su mandato de par en par y sin ningún control sobre quien entraba. Esta argumentación de mayor control de las fronteras que ahora incluso sostiene el PSOE era tachada por aquellos entonces de ultraderechista y xenófoba, luego este argumento utilizado por la izquierda se me antoja hipócrita y falaz.
Mientras los políticos siguen enzarzados en sus catilinarias, los ciudadanos de a pié seguiremos esperando a que se haga justicia y a que todo el peso de la ley caiga sobre los responsables últimos de esta tragedia que cambió para siempre el ánimo de las ciudades del Corredor del Henares, y en especial la de Alcalá. Jesús Domínguez Alcalá de Henares

Lo que debería hacer Pilar Manjón

Lo que debería hacer Pilar Manjón
Infokrisis.- La infame política antiterrorista del gobierno ZP va a ser contestada el 25-F por las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo. Estarán todos -sin duda, también asistirán muchos votantes del PSOE- los ciudadanos encolerizados por la rastrera mentecatez de ZP y sus cartitas sobre el abuelo Cebolleta, así como las ominosas declaraciones de la vicepresidenta mancillando la memoria de los asesinados. Quien no estará es Pilar Manjón y vale la pena preguntarse el motivo. 
 

Cuando hace algo más de un año, Pilar Manjón saltó a la primera plana de los informativos, mereció el respeto de todos: habló claro ante la Comisión Parlamentaria de Investigación del 11-M. Pidió respeto para los muertos, afeó a los parlamentarios su conducta, sus risas y sus bromas en la comisión… y habló como madre que ha perdido un hijo. Al día siguiente, todo cambió.

Pilar Manjón se convirtió casi en una funcionaria bien retribuida del PSOE, cuya misión ha sido, por una parte, sacar las castañas del fuego a ZP, rompiendo la unidad de las víctimas del terrorismo y constituyendo la asociación de los “asesinados buenos” (los del 11-M sobre cuyos cadáveres se asentó el gobierno ZP) y las asociaciones de los “asesinaditos” (las víctimas de ETA que en este momento, ahora frustrado, de negociación, pacto y componenda con ETA, ya no tenían nada que hacer.

Por otra parte, Pilar Manjón si ha eludido hablar de algo es, precisamente de la investigación sobre los atentados del 11-M. Repitamos como está la situación: las fuerzas de seguridad del Estado, no tienen datos fiables sobre la autoría del crimen y el ministerio del interior y mucho menos el de justicia, evidencian el más mínimo interés en abrir nuevas vías de investigación. En el fondo, a los socialistas les resulta muy tranquilizados cargas las culpas del crimen a cuatro moros desarrapados que, por lo demás, murieron en el apartamento de Leganés. Y en cuanto a los detenidos, es presumible que sin tener equipos jurídicos competentes –la inmensa mayoría son insolventes- serán condenados por anticipado aunque la condena caiga en la casación. Repetimos, por si alguien tiene alguna duda: LOS ATENTADOS DEL 11-M DISTAN MUCHO DE ESTAR ACLARADOS. De hecho, lo que hoy está claro, lo único que está claro, es que no está nada claro y persistir en las líneas de investigación abiertas en la tarde misma de los atentados (las piedras de Pulgarcito que condujeron a las detenciones y a la masacre de Leganés) es intentar hurtar la verdad al pueblo español.

Reconocemos que, quienes no tenemos familiares entre las víctimas, tenemos poco que decir e incluso debemos callar en señal de respeto ante los que si tuvieron seres queridos entre los muertos… Si, pero hasta cierto punto. La verdad por encima de todo, la verdad siempre. La verdad el 12-M, el 13-M, el 14-M e, incluso, la verdad aquí y ahora. Y desde los atentados, las versiones oficiales han tenido muy poco que ver con la verdad. El 11-M se produjo un verdadero golpe de Estado en España, un golpe electoral que alteró el normal curso de las elecciones. Eso y no otra cosa, fue lo que ocurrió: 192 muertos dieron la victoria al PSOE. Algunos no queremos que vuelva a producirse jamás una situación de este tipo. Si se deja impune el 11-M, si la versión oficial, contra toda lógica y contra el sentido común, contra cualquier espíritu realista y crítico, se impone, cualquier otro volverá a querer influir en unas próximas elecciones recurriendo al terror. Por eso, quienes no tenemos familiares entre las víctimas y nos negamos a que nuestros hijos puedan ser un día víctimas, tenemos también algo que decir. Tanto como Pilar Manjón.

Por que lo sorprendente de Pilar Manjón es que calle sobre el 11-M, cuando debería de estar desesperada y ofuscada por la falta de datos fiables sobre la investigación, o, mejor dicho, por el punto muerto en el que se encuentra la investigación. Y Pilar Manjón, calla. Pilar Manjón debería de recordar a su hijo muerto, porque un estratega político entrevió la posibilidad de alterar el curso electoral asesinando a 192 personas, entre ellas a su hijo. Pero es mucho más fácil vivir al calor de las subvenciones oficiales, optar por callar, de tanto en tanto, por sacar las castañas del fuego a ZP y, tragarse su amargura de madre que ha perdido a su hijo. Alguien lo puede comprender: en el fondo, nadie le va a devolver a su hijo. Los muertos no vuelven jamás. Alguien puede comprenderlo: NOSOTROS NO.

Una madre de víctima tiene el derecho de clamar bien alto para que la investigación se reanude y llegue hasta el final. Para que quede claro por qué murió su hijo y quien fue la mente criminal que ideó el atentado. Probablemente será la única satisfacción moral que le podría resarcir de la pérdida de un ser querido. Porque, antes o después, este país le va a preguntar a Pilar Manjón, porque no hizo valer su autoridad moral para espolear una investigación paticoja y que no ha llevado a ningún punto verosímil. Sólo hay una razón: las subvenciones generosas y por encima de cualquier lógica de las que se ha beneficiado la asociación de víctimas del 11-M. Al parecer, basta con unos pocos milloncejos para callar el dolor. El refranero español recuerda aquello de que “los duelos con pan son menos”, si, pero ¿y el honor de los asesinados? ¿y la posibilidad de que nuevos atentados cometidos al calor de la impunidad del 11-M, reiteren el drama? No, señora Manjón: usted hoy vive al calor del PSOE, del principal beneficiario de la muerte de su hijo. Lo lamento, pero me parece repugnante su actitud.

Para colmo, además de víctima, usted es instrumento de la peor de todas las políticas antiterroristas. Ustedes, las víctimas del 11-M, son las “víctimas de 1ª”. ¿Y el resto? A ustedes, el PSOE echa mano cuando se trata de mostrar que no todas las víctimas se niegan a alinearse con la vileza de ZP en todo el peripatético tema de la negociación con ETA. Ustedes han sido un elemento más que ha permitido a ZP realizar la peor de todas las políticas antiterroristas, rompiendo el consenso unilateralmente en la materia. Usted, señora, estará ausente en la manifestación del 25-F, pero nadie la recordará como la víctima que es. Víctima doble: víctima de la mente criminal no identificada que ideó el 11-M y víctima de ZP, una damnificada más de un presidente sin honor, ni principios, un oportunista sin escrúpulos y, para más señas, un tonto con ideas. El 25-F a usted la recordarán como la que rompió el frente de las víctimas, la que se llevó la subvención más jugosa, superior a cualquier otra asociación de víctimas (aunque no es, desde luego, la que tiene más dolor detrás, si hay que utilizar términos aritméticos) y la que no hizo ABSOLUTAMENTE NADA para que se sepa la verdad sobre el 11-M.

Antes o después, usted, en su propia asociación, tendrá problemas. No todos los familiares de las víctimas son como usted. No lo dude, antes o después, sus propios compañeros de la asociación, le pedirán cuentas sobre su gestión. El PSOE no se mantendrá siempre en el poder, ni siquiera en lo que le queda de legislatura, podrá mantener la misma política antiterrorista que ha mantenido de forma insensata y torpe hasta ahora. ¿Qué será de usted en los próximos meses? No lo dude: pasará a la historia como la madre que calló y que renunció a saber quien asesinó a su hijo.

Usted, aquí y ahora, solamente tiene una salida honorable. Revisar su actuación en el último año, renunciar a ser la coartada del gobierno cuando su política antiterrorista genera una náusea en toda la sociedad española, decir bien alto que no sabemos lo que ocurrió el 11-M y que exigimos la verdad, hacer causa común con las demás asociaciones de víctimas, exigir el cumplimiento completo de las penas, abolir las absurdos beneficios penitenciarios, negarse a pagar un precio político por la paz, y negarse a cualquier estrategia que no sea la de vencer al terrorismo mediante la presión policial.

Está claro que Pilar Manjón, hará lo que ZP quiera que haga. El 25-F, no se notará su presencia a las 17:30 en la Plaza de la República Argentina, ni por la calle Serrano, ni en la Plaza de Colón. Ella no estará con las asociaciones de víctimas del terrorismo (¿entonces, de qué es víctima?), ella está con ZP, es decir, con los que se empeñan en ofrecer una “salida honorable” a los asesinos. Ella no recuerda a las víctimas de ETA o del GRAPO. Afortunadamente, las asociaciones de víctimas del terrorismo, no son como ella: ELLOS SI RECUERDAN AL HIJO ASESINADO DE PILAR MANJÓN Y A LAS OTRAS 191 VICTIMAS. Esta es la diferencia. ¡Qué vergüenza para una madre que ha perdido a su hijo, mirar a otro lado cuando se manifiestan las víctimas! ¡qué vergüenza para una madre que ha perdido a su hijo, permanecer silenciosa cuando LA INVESTIGACIÓN SOBRE EL 11-M NO ES MÁS QUE UN GIGANTESCO E INMENSO AGUJERO NEGRO! ¡qué vergüenza para una madre que ha perdido a su hijo, verse reducida a sacar lustre a ZP, primer y principal beneficiario del crimen! ¡qué vergüenza para una madre que ha visto a su hijo asesinado, dar la espalda al Congreso Internacional de Valencia de Víctimas del Terrorismo por orden de ZP, esto es, por orden del subvencionador!

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Se percibe el inequívoco aroma de un próximo atentado

Se percibe el inequívoco aroma de un próximo atentado

Infokrisis.- Nos gustaría equivocarnos. Es más, deseamos equivocarnos. Pero hay en el clima, algo que da la sensación de que, de un momento a otro, va a perpetrarse un macro atentado en cualquier lugar de Europa. Los signos son alarmantes. Que el atentado va a ser de "marca" islámica no hay duda. Que los autores intelectuales del crimen van a permanecer en el anonimato, tampoco. Que el atentado será el "casus belli" para desencadenar una nueva guerra del petróleo en Irán, es una seguridad.

La presente crisis se ha desencadenado por unas caricaturas publicadas hace unos meses en un diario danés en las que se representaba a Mahoma. Una completa estupidez propia de estúpidos. Dios ha sido representado desde la transición en El Jueves y ni los integristas católicos le han dado más importancia que la que tiene: la exteriorización de la falta de inspiración de un dibujante, bastante malo, por cierto. Lo sorprendente de las caricaturas danesas es que ¡hace meses que fueron publicadas!, pero, solamente ahora, han hecho estallar la crisis.

¿Por qué ahora? Es fácil interpretarlo. Aquellas caricaturas se olvidaron a poco de ser publicadas. Pero, desde entonces, han pasado muchas cosas: Hamas ha vencido las elecciones en Palestina. Angela Merkel, más favorable a EEUU, preside el gobierno alemán. El presidente iraní ha multiplicado sus declaraciones provocativas y ha manifestado, finalmente, su voluntad de proseguir el programa nuclear. La crisis del petróleo no ha retrocedido ni un ápice. El conflicto iraquí está enquistado y el afgano se ha convertido en una guerra oculta. Si EEUU quiere vencer a la resistencia iraquí va a tener que utilizar la misma estrategia que ya intentó -y fracasó- en Vietnam: atacar las rutas de aprovisionamiento. Y estas pasan por Siria e Irán. Falta el "casus belli".

Las manifestaciones, quemas de embajadas y actos hostiles a Europa, forman parte -sin la menor duda- de una campaña de operaciones psicológicas, que suele preceder a un gran movimiento estratégico. Gracias a la cuestión de las caricaturas, han aparecido en todos los medios de comunicación occidentales, la visión de un Islam radicalizado, criminal y fanatizado del que puede esperarse cualquier cosa. Hacer algo contra ese Islam, parece cada vez más necesario.

Es cierto que el mundo islámico vive en la edad media y que el atraso congénito de todos los países islámicos es la resultante de su sistema religioso. Si, pero también ese sistema religioso, ha hecho que, incluso, desde el punto de vista militar, todos los países islámicos no supongan una amenaza. Perro ladrador, poco mordedor, recuerda el sabio refranero castellano.

Está claro que la "alianza de civilizaciones" es inviable cuando existe un desfase de tal magnitud entre dos conjuntos como Europa y el mundo islámico. Es evidente que esto imposibilita una coexistencia pacífica... en el interior de Europa y que las masas islámicas que han llegado por la inmigración, deberán irse, antes o después, ante la absoluta imposibilidad de integrarlas y de asumir los valores europeos, los únicos asumibles por tradición y pragmatismo sobre el suelo de Europa. Ahora bien, una cosa es reconocer esto y otra muy distintas, asumir el permanente intervencionismo norteamericano en los asuntos de Oriente Medio.

EEUU solamente tiene una ambición en la zona: el petróleo. No vale la pena insistir en esta idea. Y las cosas no le están yendo muy bien. De ahí que, ante la imposibilidad de derribar a Chávez, ante el forúnculo que le ha salido en la Bolivia de Evo Morales, ante la imposibilidad de bombear petróleo en Irak en condiciones normales, tras haber retrocedido en los últimos meses, en las exrepúblicas soviéticas del Cáucaso... EEUU se vea forzado a dar nuevos movimientos estratégicos, nuevamente en el mundo islámico. Atacando a Irán o Siria, por lo demás, la resistencia iraquí puede verse afectada. Se amplía el conflicto, pero también se está más cerca de tener una posibilidad de vencer a la insurgencia.

Las protestas de las masas islámicas encolerizadas son una dramática proyección psicológica de lo que vendrá. Pero, por sí mismas, no bastan para justificar una intervención en Irán o Siria. Para ello es preciso que corra la sangre. Por que, no lo olvidemos: desde el 11-S, todos los movimientos estratégicos de los EEUU se han generado tras un atentado criminal realizado por esa nebulosa llamada "Al Qaeda". Esta vez no va a ser diferente: mientras ningún país con peso real, o ningún consorcio mediático, tenga el valor de decir a la opinión pública, lo que en las redacciones o en las sedes de los servicios de inteligencia se sabe ya desde el mismo 11-S, a saber, que Al Qaeda es una ficción, que TODOS los atentados atribuidos al terrorismo islámico tienen un trasfondo oscuro y un origen incierto (incluido, y en primer lugar el 11-M) y que Al Qaeda es el espantajo creado para justificar la intervención de los EEUU en cualquier parte del mundo... hasta que eso no ocurra, el terrorismo autoinducido seguirá operando efectos estratégicos.

Estamos preparando un largo estudio sobre el petróleo. Nuestra conclusión es: se ha llegado al punto de inflexión en donde las necesidades son mayores que la oferta petrolera. Durante 25 años, los productores han inflado sus reservas petroleras, el optimismo tecnológico ha injertado la idea de que los nuevos sistemas de extracción prolongarían la "era del petróleo barato" durante décadas. Pero toda esta burbuja, promovida, especialmente, desde los EEUU, ha estallado. Es, precisamente, desde EEUU, desde donde se multiplican cada día las declaraciones "tranquilizadoras", pero, junto a esas declaraciones, EEUU practica una estrategia de control directo de los pozos, lo cual, junto a otras informaciones objetivas, induce a pensar que el petróleo empieza a escasear.

Los movimientos estratégicos que se aproximan en Oriente Medio y Asia Central, van a demostrar, una vez más, que la lucha actual es solamente, una lucha por el control sobre las fuentes energéticas y nada más que eso. El día en que Europa entienda esto y se deshaga de bobos bienintencionados a lo Zapatero o de ambiciosos sin escrúpulos a lo Merkel o Chiracq, probablemente Europa tenga una posibilidad de reaccionar a tiempo.

Esto, y no otra cosa, es lo que está tras el desgraciado asunto de las caricaturas: la primera fase de operaciones psicológicas para justificar nuevos blancos en Oriente Medio, se ha abierto. No será la última. Ahora queda, el atentado dramático ¿dónde? ¿en Dinamarca? ¿en Alemania? ¿en Francia? ¿en Italia? Ah, si, el atentado lo firmará "Al Qaeda", se detendrá luego a cuatro andrajosos y se hablará de media docena de nuevas "células durmientes" desarticuladas en todo el mundo... todas ellas estarán conectadas con Irán, o al menos, así se dirá. Es la "Operación Mentira Duradera" que se prolonga ya durante tres lustros. Bastardos...

© Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

De la A a la Z: 28 razones para solicitar la constitución de una un Comisión Independiente de Investigación sobre el 11-M

De la A a la Z: 28 razones para solicitar la constitución de una un Comisión Independiente de Investigación sobre el 11-M

INTRODUCCION
La comisión parlamentaria sobre el 11-M hace casi un año que concluyó sus trabajos. No consiguió aclarar ni un solo punto de los atentados. Pero esto, por esperado, no era lo peor sobre el atentado. A tenor de los datos que se van filtrando de la investigación puede concluirse que, en el momento actual, apenas se sabe nada de cómo se depositaron las bombas en los trenes, absolutamente nada de quienes fueron los autores intelectual, muy poco sobre los explosivos, se ignora absolutamente todo sobre lo que ocurrió en la vivienda de Leganés e, incluso, y hay un amplio margen de inseguridad que impide confirmar quién –e incluso cuántos- estaban en su interior, se tienen pruebas muy poco fiables sobre la casa de Morata de Tajuña y, sobre lo único que existe una certidumbre absoluta es sobre las dos consecuencias traumáticas que tuvo para la sociedad española:
1) 192 víctimas, 192 familias rotas y
2) un cambio de gobierno inesperado.
No se trata de cuestionar que el PSOE ganó las elecciones del 14-M, sino solamente afirmar que el ÚNICO ELEMENTO que hizo desequilibrar las previsiones electorales previas realizadas mediante sondeos exhaustivos, en los días anteriores, fue el espantoso atentado.
Creemos que si el pueblo español soberano, no es capaz de presionar a los poderes públicos e institucionales para que aclaren hasta los últimos resquicios del 11-M (quien planificó el crimen, quién lo cometió y cómo lo cometió), atentados de esta envergadura pueden repetirse. Si el crimen del 11-M queda impune, queda abierta la vía para que cualquier desaprensivo sin escrúpulos recurra al terrorismo para crear situaciones que alteren el normal curso de un proceso electoral.
Es por eso que los firmantes de esta carta abierta, pasamos a recordar a la opinión pública, algunos elementos que le han sido escamoteados desde el 11-M
Nosotros, los abajo firmantes, QUEREMOS LA VERDAD, no solamente el 12 o 13-M, sino aquí y ahora, hoy y siempre, por dolorosa, horrible, sorprendente y contradictoria con la versión oficial que se nos ha dado.
Nosotros, los firmantes de esta carta abierta a la opinión pública,
EXPONEMOS:
a) Que el mayor atentado cometido en la historia de España no puede permanecer impune, pero que, la naturaleza de lo que se ha dado en llamar “agujeros negros” de la investigación, es tan profunda, que estamos en el derecho de suponer que se corre el riesgo de que así ocurra.
b) Que en el estado actual de las investigaciones se sabe muy poco o nada sobre los aspectos verdaderamente importantes del crimen e incluso existe la posibilidad de que el que fue presentado como principal detenido, Jamal Amihdan, no tuviera absolutamente ninguna implicación en el crimen.
c) Que la Comisión Parlamentaria que concluyó sus trabajos en 2005, no aclaró absolutamente ningún aspecto del crimen y cayó en el más espantoso de los bochornos y en una miserable falta de respeto a las víctimas y a sus familias, haciendo que el interés de partido prevaleciera sobre el objetivo de la investigación.
ch) Que los portavoces del gobierno y su propio presidente encubren su desinterés sobre el tema remitiendo a la opinión pública al juicio que, antes o después, tendrá lugar en la Audiencia Nacional, negando, contra toda lógica y sentido común, que existan “agujeros negros”; estos existen y son de tal naturaleza que invalidan las conclusiones oficiales de la investigación.
d) Que el sumario estancado en la Audiencia Nacional no parece que vaya a resolver los elementos esenciales del crimen, ni que los abogados de las defensas –buena parte de oficio- estén en condiciones de tener un conocimiento exacto y profundo de la totalidad del sumario.
e) Que sería deseable que los familiares de las víctimas del 11-M, a parte de la compensación económica por la pérdida de sus seres queridos, recibieran además la satisfacción de conocer por qué murieron y quien ordenó su asesinato; en este sentido son las asociaciones de víctimas del 11-M las primeras que deberían de utilizar su peso moral para estimular la apertura de nuevas investigaciones y el establecimiento de responsabilidades sobre el crimen, tal es y no otro, el fin que deberían perseguir.
f) Que medios de comunicación privados de suficiente solvencia, así como cierto número de autores independientes, han publicado en los últimos 20 meses, datos objetivos y análisis suficientes como para cuestionar con fundamento sólido, la versión oficial y demostrar ampliamente la existencia de “agujeros negros”.
g) Que ni una sola de esas informaciones, en su mayoría, extremadamente lógicas y coherentes, ha inducido al Ministerio del Interior a abrir nuevos canales de investigación, sea por negligencia, desprecio a las investigaciones particulares, o simplemente por desinterés o apatía, dando por cierto aquello que no es más que un amasijo de cabos sueltos, mentiras flagrantes, medias verdades y repetidas maniobras de intoxicación informativa.
h) Que José Luís Rodríguez Zapatero, vencedor en las elecciones del 14-M, sólo gracias a la campaña desencadenada tras los atentados, perdió, en el momento mismo de vencer, todo interés por el 11-M y se ha ido aferrando, contra viento y marea, a la versión oficial: “atentado 11-M = atentado de Al Qaeda motivado por el papel de Aznar en Irak”; hoy existen datos suficientes para desmontar con extrema facilidad esta afirmación.
i) Que, desde el primer momento, se ha presentado a la opinión pública rostros de individuos y personas como vinculados a los atentados, con pruebas y datos falseados y, siempre, absolutamente insuficientes; el “gran atentado” del 11-M no ha tenido una “gran investigación”, ni ha llegado a señalar a los “grandes culpables” con pruebas definitivas; todo lo contrario.
j) Que la mayoría de marroquíes presentados como autores materiales de los atentados, eran en realidad pequeños delincuentes comunes que merecían ser juzgados y condenados por tráfico de drogas, clonación de tarjetas de móviles, reciclado de teléfonos robados y otros delitos, pero no por haber asesinado a 192 personas.
k) Que el PSOE ha atacado y descalificado, sistemática y regularmente, a todos aquellos que han intentado establecer la verdad sobre lo que ocurrió el 11-M y quién ideó el crimen, pero, en ningún momento han hecho nada por esclarecer lo que verdaderamente ocurrió; hay que calificar de bochornoso el cierre de los trabajos de la comisión y la negativa realizada por el PSOE y sus aliados (ERC e IU) a aprobar comparecencias absolutamente necesarias para la investigación.
l) Que 192 víctimas y sus familias piden a gritos que se aclare quien y en función de qué y por qué, se causó tanto dolor; cuando se van a cumplir dos años de aquellos atentados, parece como si las indemnizaciones cubrieran todo el dolor y la tragedia de las víctimas y como si el Estado no tuviera ya la obligación de investigar, con mano de hierro y en todas direcciones, qué fue lo que ocurrió realmente el 11-M.
m) Que el hecho de que el terrorismo islámico exista en otros países, no implica que los atentados del 11-M hayan sido, necesariamente, cometidos por formaciones de este tipo.
n) Que nunca ha existido absolutamente ni un solo indicio que tendiera a demostrar una vinculación entre el 11-M y los atentados firmados por Al-Qaeda y, por tanto, con lo que se ha dado en llamar “terrorismo internacional”.
ñ) Que el terrorismo islamismo, como cualquier otra forma de terrorismo es condenable y rechazable, aquí y en Palestina, en EEUU o en Casablanca, y que pedir la verdad sobre el 11-M y dudar de la versión oficial dada, no implica en ningún sentido intentar absolver al terrorismo islámico del dolor que ha podido causar en cualquier parte del mundo.
o) Que todavía no se ha aclarado fehacientemente quienes, ni siquiera cuántos, murieron en el piso de Leganés, como murieron, porqué murieron, ni que les indujo a concentrarse allí, ni cómo fueron descubiertos, ni como fue posible que uno de los miembros del grupo huyera a la carrera, ni, en definitiva, ningún aspecto que pudiera aclarar lo que sucedió allí; resulta demasiado fácil, simple y sospechoso, afirmar que “allí murieron todos los terroristas” y dar por zanjada la investigación.
p) Que varios presuntos implicados el 11-M –y casi la mitad de los muertos ne Leganés- estaban siendo vigilados por la policía en los meses anteriores al crimen y hasta pocos días antes del atentado, lo que excluye la posibilidad de que la policía, en caso de existir, pudiera pasar por alto sus vinculaciones con una trama terrorista.
q) Que en toda la trama de los explosivos y de los teléfonos, aparecen demasiados individuos ambiguos que son, a la vez, pequeños delincuentes, confidentes de los servicios policiales españoles o magrebíes o, simplemente, funcionarios policiales en activo, como es el caso de Maussili Kalaji, funcionario del Cuerpo General de Policía.
r) Que el gobierno marroquí no ha colaborado en absoluto en la investigación, sino que, más bien ha hecho todo lo contrario, ha ocultado datos y los ha falseado, ha dificultado la tarea de comisiones rogatorias sobre su territorio e, incluso, ha dado datos erróneos sobre la militancia política de los sospechosos de haber tenido algo que ver con el 11-M.
s) Que parece increíble que, a estas alturas, ni siquiera se sepa con exactitud y certidumbre incuestionable de donde salió la totalidad de explosivos que explotaron en los trenes, los que se hallaron en la vía férrea Madrid-Zaragoza, los que estallaron el piso de Leganés o los que se encontraron entre los restos, y que, incluso, existan informes contradictorios, desde el primer momento hasta hoy, sobre el tipo mismo del explosivo.
t) Que, desde el primer momento, la facilidad con que la policía encontró pistas providenciales que incriminaron a Jamal Zougan y a los primeros detenidos o a los muertos en Leganés, era extremadamente sospechosa y merecía una investigación pormenorizada, ante la evidencia de que se trataba de una nueva edición del cuento de Pulgarcito y su rastro de piedrecitas, pues existen fundamentos para sospechar que la mayoría de pistas que siguió inicialmente la policía española habían sido prefabricadas y sembradas artificialmente para encarrilar la investigación.
u) Que hasta ahora se han presentado a no menos de media docena de individuos como “responsables intelectuales” o “coordinadores” de los atentados, a cuál más inverosímil, individuos que, en buena medida son mitómanos, chivos expiatorios o, simplemente no disponen de la más mínima preparación para idear un atentado de la precisión técnica y política del 11-M.
v) Que el único juicio realizado hasta ahora contra terroristas islámicos en España –la presunta “Célula durmiente de Al-Qaeda”- procesados por su presunta participación en los atentados del 11-S, ha concluido con una sentencia absolutorio en los cargos más graves y con un recurso de apelación al Supremo, lo que supone un desfase entre las enormes responsabilidades atribuidas por la policía a éste grupo y lo que luego se ha logrado demostrar en el juicio; peligroso precedente que induce a dudar sobre si este país podrá soportar que, una vez visto el juicio del 11-M, se proceda a una absolución similar de los acusados y a enfrentarse brutalmente a la realidad de ignorar quienes cometieron el mayor crimen en la historia de España. Desde aquí afirmamos que la absolución de alguno de los principales acusados por el crimen es inevitable a tenor de la endeblez de las pruebas reunidas, hasta el punto de que sorprende la cruel frialdad que supone el que, con tales “pruebas”, hayan podido ser presentados ante la opinión pública como culpables de haber causado 192 víctimas.
w) Que ni puede afirmarse ni excluirse que ETA tuviera algo que ver con los atentados, pero si puede afirmarse que ETA preparaba atentados similares, pero que, en cualquier caso, la enormidad y frialdad de otros crímenes de ETA, merece que la hipótesis ETA no sea descartada, especialmente en un momento en el que se sabe que delincuentes islamistas tuvieron en las cárceles contactos con presos de ETA.
x) Que, resulta absolutamente innegable que los principales beneficiarios de los atentados fueron los interesados en desvincular a España de la guerra de Irak. El hecho de que el PSOE fuera un beneficiario involuntario, le fuerza necesariamente a ser el primer interesado en aclarar, hasta los últimos flecos, el crimen. El principio de toda investigación criminal (“¿a quién beneficia el crimen?”) debía haber obligado al PSOE a salir de su silencio y aferramiento a la versión oficial, más allá de toda lógica y razón.
y) Que la legalidad del gobierno socialista deriva de su victoria electoral el 14-M, pero que aquella votación se realizó bajo la presión de los atentados y que la legitimidad auténtica del gobierno Zapatero sólo puede derivar de un esclarecimiento absoluto de lo que ocurrió en los atentados, quien los planificó y quien los ejecutó.
z) Que cuando, los poderes públicos muestran un desinterés absoluto en abrir nuevos canales a la investigación y llegar al esclarecimiento total sobre los atentados, la iniciativa ciudadana debe imponerse allí donde no llega la iniciativa de los políticos profesionales.
Y es por todo esto por lo que los abajo firmantes,
PEDIMOS
La movilización de la opinión pública y de los medios de comunicación para la constitución de una Comisión Independiente de Investigación sobre los atentados del 11-M formada por periodistas, familias y asociaciones de víctimas, expertos en terrorismo, personas de relevancia y prestigio social y cultural, con peso social y moral suficiente como para llegar allí donde se impidió llegar a la Comisión Parlamentaria.
LLAMAMOS
A lo que se conoce como “líderes de opinión” para que hagan ejercer su autoridad moral para impulsar y asumir la dirección de una Comisión Independiente de Investigación, lo antes posible y, en cualquier caso, antes de que sea el proceso en la Audiencia Nacional.
¡Queremos la verdad ayer, hoy y siempre y no sólo el 12 o 13-M!
¡Pásalo!

Se ruega enviar nombre, DNI (obligatorios), y correo electrónico (opcional para recibir informaciones sobre el 11-M y los avances en la investigación sobre el 11-M).

En breve habilitaremos un blog sobre 

Juan Ignacio: hace ya XXV años. Ni olvidamos ni perdonamos.

Juan Ignacio: hace ya XXV años. Ni olvidamos ni perdonamos.

Redacción.- El 14 de diciembre de 2005 tendrá lugar el XXVº Aniversario del asesinato de nuestro amigo y camarada Juan Ignacio Rodríguez González. Los que fuimos sus compañeros de lucha y los que lo tuvimos como jefe político, no podemos pasar por alto esta fecha que permanece, a un cuarto de siglo vista, presente de manera indeleble en nuestros corazones.
 
Aquellos años en los que teníamos un ideal para vivir…
 
Juan Ignacio emergió como militante político en los últimos años del franquismo y principios de la transición. No procedía de nuestro ambiente, sino que militó durante un tiempo en la izquierda comunista. El proceso de transformación de sus ideas políticas tuvo lugar durante la transición, tras la muerte de Franco. Juan Ignacio ingresó en Fuerza Nueva en donde pronto se convirtió en uno de los líderes de la organización. Fundó la “Sección C”, verdadero servicio de orden del partido, cuyos distintivos eran diferentes a los del resto de la organización: camisa gris y boina negra.
 
En aquel período se curtió en numerosas luchas callejeras contra la extrema-izquierda, permanentemente adicta al ideal estalinista y a la intolerancia que siempre ha practicado contra sus adversarios políticos. Mal asunto para la extrema-izquierda, porque permanentemente fue batida sobre el terreno y puesta en fuga, incluso en situaciones de superioridad absoluta. En todas estas acciones de autodefensa, Juan Ignacio nunca dio un paso atrás y su personalidad y empuje hicieron que siempre, incluso los “primerizos” y menos lanzados, le siguieran hasta en las circunstancias más desfavorables.
 
En los años 77-80, buena parte de la juventud española optó por militar en formaciones patrióticas y antiestalinistas. Para todos los que, en aquel momento, optaron por esta opción, Juan Ignacio se convirtió pronto en un referente político. Especialmente, a partir del despegue de Fuerza Nueva, durante el verano de 1977. Lamentablemente, el partido cometió suficientes errores políticos y de conducción, que todo el formidable potencial de energías patrióticas que logró movilizar Blas Piñar, quedó dilapidado a la vuelta de pocos años.
 
En 1977, cuando nosotros mismos militábamos en la Delegación catalana de Fuerza Nueva, percibimos el problema interior del partido: un excesivo escoramiento hacia el nacional-catolicismo que no iba a ser entendido por el pueblo español, además de unas formas paramilitares (inadecuadas en una democracia formal como la que se inauguraba en aquellos momentos en España) y unas referencias constantes al franquismo, entonces en pleno desmantelamiento, que hacían mirar atrás más que hacia el futuro. Tras nuestra expulsión del partido, Fuerza Joven de Catalunya se desvinculó del mismo, creándose el Frente Nacional de la Juventud. En Madrid, ocurrió un proceso similar, quizás sólo diferente en los elementos detonantes de la crisis y apenas un año después.
 
En 1978, 300 militantes de Fuerza Joven de Madrid y de la Sección C, se dan de baja de Fuerza Nueva y fundan el Frente de la Juventud. La dirección del partido, mal aconsejada, había juzgado conveniente comprar un palacete como sede central. El edificio era desproporcionado para un partido como Fuerza Nueva que, en aquel momento, tenía solamente un diputado. Juan Ignacio y el Secretario General de Fuerza Nueva, José de las Heras Hurtado, habían aconsejado que, en lugar de esa faraónica sede, el partido comprara locales en los barrios en donde tenía más implantación, a fin de reforzar las secciones locales. Así mismo, existía un proyecto de editar un diario del partido. Todas estas iniciativas quedaron desactivadas en cuanto se compró el palacete en cuestión. La polémica no estaba exento de un trasfondo estratégico: se trataba de potenciar una “dirección fuerte” o bien unas “delegaciones fuertes”. Para Juan Ignacio y para Pepe de las Heras, esta segunda opción respondía mucho mejor a la situación del partido y aseguraba su crecimiento en las bases. Para el entorno de Blas Piñar, era mucho más importante priorizar una sede central para reforzar el peso de esa misma dirección. A 28 años vista de aquella polémica, no tenemos más remedio que recordar la lucidez de Juan Ignacio y de Pepe de las Heras. Sin embargo, la discusión (que, en el fondo, era estratégica) generó una primera fisura interior en el partido, especialmente en la Delegación de Madrid que, finalmente, seis meses después, desembocó en la ruptura de 300 militantes madrileños y la Delegación vallisoletana. Así nació el Frente de la Juventud.
 
Era evidente que entre el FNJ barcelonés (que había logrado extenderse a Gerona, Zaragoza, Navarra, Asturias, etc.) y el FJ, necesariamente debía de operarse una aproximación. Ésta fue imposible mientras el FNJ estuvo dirigido por Ramón Graells Bofill que no estaba dispuesto a integrarse en una dirección en la que, sin duda, ocuparía un lugar secundario. Tras la ruptura del FNJ, el sector mayoritario (y todas las delegaciones) esta organización se integró en el FJ a principio de 1979 y, como tal, participamos en el Primer Congreso del Partido ese mismo año. De ese congreso, surgió una nueva dirección en la que Juan Ignacio Rodríguez ocupaba el cargo de Secretario General, José de las Heras fue elegido presidente del partido y nosotros mismos ocupamos el cargo de Secretario Político.
 
En aquel momento, el Frente de la Juventud era el grupo patriótico extraparlamentario más potente. Con buenas relaciones de amistad y camaradería con la Primera Línea de Falange y dotado de una dirección con amplia experiencia política y militante. De hecho, la riqueza del FJ eran sus militantes, siempre dispuestos a cualquier sacrificio y a la aventura más arriesgada para tirar adelante la organización. La edad media no superaba los 25 años y buena parte de la militancia estaba formada por chicas.
 
No vamos a mitificar aquella época: se cometieron errores, tanto de dirección como de táctica; en nuestro descargo podemos decir que todos, incluidos los dirigentes del FJ éramos excesivamente jóvenes, carecíamos de suficiente experiencia política y, por lo demás, procedíamos de una organización en la que no existía ni formación política, ni técnica de la militancia. Así pues, debíamos de partir casi necesariamente de cero.
 
Eran los tiempos en los que la “euroderecha” concentraba al MSI, al PFN francés y a FN. A medida que el FJ fue avanzando en su trayectoria resultaba evidente que la organización tenía un techo limitado en tanto que “organización juvenil”. Fue entonces (hacia finales de 1980) cuando concebimos la posibilidad de transformar al FJ en un partido. A partir de entonces, hubiera sido posible converger en un “Frente Nacional” con la organización de la que habíamos salido y con los falangistas de la Primera Línea.
 
El asesinato de Juan Ignacio y su contexto histórico
 
Desgraciadamente, ya no hubo tiempo para nada más. La primera delegación del FJ desarticulada fue la barcelonesa. Resultaron detenidos una veintena de militantes y nosotros mismos tuvimos que partir para un largo y azaroso exilio. De todas formas, dado que los delitos de los que se nos acusaba –manifestación ilegal- no eran objeto de persecución en otros países y, por tanto, no había riesgo de extradición, seguimos viajando por todo el mundo, teniendo como base París, con nuestro propio pasaporte. Sin embargo, el 17 de noviembre de 1980, determinado servicio de seguridad español hizo llegar unos informes intoxicadores a la policía francesa en la que nos acusaba de haber cometido atentados criminales en Francia. Dichos informes, completamente falsos, no fueron tomados en serio por los servicios de seguridad franceses, pero si llegaron al Partido Comunista de Francia, el cual, a través de su ominoso diario “L’Humanité”, compendio de falsedades, infamias y mentira, aireó que nos encontrábamos viviendo en París y que habíamos cometido atentados en Francia.
 
A raíz de este episodio, vimos nuestra libertad reducida en el vecino país, debimos entrar en la clandestinidad más rigurosa y abandonar Francia durante una temporada, alejándonos del teatro español. Menos de un mes después, ya fuera de Francia, nos llegaba la noticia del asesinato de Juan Ignacio y poco después la detención de José de las Heras y de una treintena de militantes del Frente de la Juventud. Esa operación liquidó completamente en pocas semanas, a lo esencial de la organización, que afrontó los graves sucesos del 23-F con la totalidad de sus cuadros en la cárcel o en el exilio.
 
Quedan, por supuesto, muchas cosas por decir y buena parte de ellas, no nos corresponde a nosotros, sino a quien las vivió más de cerca. Está claro que, han pasado 25 años, un cuarto de siglo y que no todos los protagonistas de aquellos sucesos, están dispuestos hoy a hablar públicamente, ni siquiera, en algunos casos, a reconocer que militaron en su juventud en una organización “políticamente incorrecta”. Mensaje enviado para el que lo tiene que recoger.
 
El asesinato de Juan Ignacio no fue un incidente aislado o una casualidad: sino que hay que inscribirlo dentro de la oleada represiva que sufrió el FJ en apenas unas semanas. Para los que estábamos militando en aquella época, era evidente que el FJ era vulnerable y que podía haber sido desarticulado un año y medio o dos antes, sin embargo lo fue en un momento muy concreto de la historia de España. Algunos fuimos afortunados: pudimos regresar del exilio y ser exonerados de todas las acusaciones que pesaban sobre nosotros; otros debieron prolongar durante más años su exilio o los años de cárcel y, finalmente, Juan Ignacio, resultó asesinado.
 
En estos párrafos, hemos sintetizado el marco histórico-político en el que tuvo lugar el asesinato de Juan Ignacio. Insistimos: no nos corresponde a nosotros, decir lo que queda por decir. A quien le resta hablar, apelaremos a dos valores: el honor y la lealtad. El honor consiste en hacer aquello que estamos obligados a hacer por nuestra condición o situación; la lealtad es el mantenimiento de lo que se ha asumido. Sinceramente, creo que Juan Ignacio se merece algo más que el silencio vergonzante.
 
Mi visión personal de Juan Ignacio
 
La primera vez que conocí a Juan Ignacio fue durante un mitin de Blas Piñar en el Palacio de los Deportes de Barcelona. Coincidió con el “Día de Andalucía” y los grupos de la izquierda radical intentaron aproximarse al lugar del mitin. Nosotros respondimos abriendo los maleteros de los coches y distribuyendo los cócteles molotov y las barras de hierro; por su parte, Juan Ignacio y la Sección C, respondió de la misma manera. Miré a ver quien dirigía el grupo y entonces me lo presentaron. Inmediatamente nos pusimos de acuerdo: unos defenderían el acceso al Palacio de los Deportes por la calle Lérida y otros se adelantarían hasta percibir el riesgo de la manifestación izquierdista. En aquellos momentos de tensión (en el interior del local unas 5000 personas escuchaban a los oradores) todos respondimos como se esperaba de militantes políticos. La exaltación del combate, la seguridad en nuestra propia gente, el saber que no íbamos a dar un paso atrás, la sonrisa en los labios, crearon en nosotros una sensación de hermandad. En los años siguientes, tuvimos ocasión de reforzar ese criterio.
 
De hecho, solamente he considerado dos jefes políticos dignos de tal nombre, en mi vida de militante político. Uno de ellos era Juan Ignacio. Tenía una intuición extrema, sabía mantener la discreción de aquello que debía permanecer al abrigo de curiosos, era un líder con energía suficiente como para sacar lo mejor de sus camaradas, su carácter era amable, fraterno, entrañable para sus camaradas; se advertían estos valores desde que se estrechaba su mano: la extendía siempre y la apretaba transmitiendo su vigor, acompañaba ese gesto adelantando la otra mano y chocándola con el otro brazo del interlocutor, aumentando la sensación de camaradería. Era un militante valiente en la acción, consciente de los riesgos y de hasta donde podía llegarse, nunca sometió a la militancia a situaciones en las que no estuviera seguro de que íbamos a salir airosos. Era un buen táctico y su perspicacia política le hacía intuir por donde podían venir los riesgos y cómo protegerse de ellos.
 
En una organización militante como el FJ, lo más importante eran las relaciones humanas. Juan Ignacio, en esto era el perfecto militante, animaba las veladas en los bares hasta altas horas de la noche, después de largas pegadas de carteles; todos siempre encontrábamos en sus palabras algún motivo para animarnos; las carcajadas, francas y rotundas, en torno a interminables jarras de cerveza, hicieron que la amistad y la camaradería fueran en el FJ el cimiento que garantizara la cohesión vincular de la organización.
 
Lamenté mucho el asesinato de Juan Ignacio. Sobre todo lamenté no poder estar cerca de mis camaradas, cuando me llegó la noticia de su asesinato, encontrándome alejado a 6.000 km de la patria. Desde no importa dónde, llamé a la sede de Madrid, me contestó Beatriz, confirmándome la tragedia. No era la primera vez que me habían comunicado el asesinato de un amigo y camarada, pero puedo juraros que experimenté una sensación de rabia como nunca antes había sentido.
 
En el XXVº Aniversario del asesinato de Juan Ignacio
 
Una de las pocas alegrías políticas que he recibido estos últimos años, ha sido la noticia de la constitución de la Comisión de Homenaje en el XXV Aniversario del Asesinato de Juan Ignacio. Algunos no nos avergonzamos de lo que dejamos atrás. Hemos, indudablemente, evolucionado políticamente. Muchos, lamentamos algunos de los episodios que vivimos en el pasado y, simplemente, lo único que podemos decir como justificación es: “éramos jóvenes, demasiado jóvenes”. Pero lo hecho, hecho está y ni vamos a silenciarlo, ni vamos a ocultarlo, ni vamos a negarlo. Fuimos militantes del Frente de la Juventud hace 25 años. Algunos evolucionamos hacia otras posiciones. Evolucionamos, no traicionamos.
 
Creo que en este XXVº Aniversario sería preciso no perder la perspectiva de lo que se pretende: en lo personal, yo recuerdo a Juan Ignacio con mucha frecuencia. Creo que con él presente, la evolución de nuestro ambiente político hubiera sido distinta y creo que pertenecía a una raza de líderes y militantes, desgraciadamente hoy ausente. No sé si hubiera evolucionado hacia las posiciones de “autonomía histórica” que hoy sostenemos algunos exmilitantes del FJ. Lo que sí sé es que Juan Ignacio hubiera seguido siendo nuestro entrañable amigo y camarada.
 
Y esto es lo que no podemos olvidar: que su asesinato sigue impune. Veinticinco años son muchos años para la impunidad. Este aniversario debería de servir para que los que fuimos sus camaradas entregáramos al Ministerio de Justicia y al Ministerio del Interior, dos peticiones para la reapertura de las investigaciones y, sobre todo, una explicación de por qué éste sigue siendo EL ÚNICO CRIMEN POLÍTICO IMPUNE DE TODA LA TRANSICIÓN.
 
Yo quiero saber quién asesinó a Juan Ignacio Rodríguez González. Quiero saber por qué fue asesinado. Y no me importa en absoluto tener que dar el paso al frente. Así que pido a otros camaradas que deberían darlo también, seguramente antes que yo, para que recuerden los valores de honor y lealtad que un día hicimos nuestros y que todavía hoy, probablemente, nos mantienen en pie en un mundo que no es como el que ni nosotros ni Juan Ignacio quisiéramos.
 
Insisto, creo que Juan Ignacio se lo merecía y que los aniversarios deben servir, además de para reunir a sus antiguos camaradas, para EXIGIR la reapertura de la investigación hasta dar con quienes ordenaron el asesinato.
 
Este crimen no puede permanecer impune por más tiempo. 

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Recordamos la URL de la Comisión de Homenaje a Juan Ignacio Rodríguez González y animamos a todos nuestros lectores a participar en los actos que tendrán lugar en la fecha del XXV Aniversario de su asesinato:

http://www.juanignacio-justicia.tk/ 


© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es
 
 

Pobreza, islamismo y terrorismo: santa alianza

Pobreza, islamismo y terrorismo: santa alianza

Redacción.- Resulta difícil evaluar el terrorismo marroquí y mucho más difícil establecer su origen. Marruecos ha difundido demasiadas inexactitudes sobre el terrorismo islamista que opera sobre su territorio, como para que puedan aceptarse sin más sus versiones oficiales. Lo significativo es que el terrorismo marroquí ha actuado en Europa y, particularmente, en España, mucho más que en Marruecos. A esto se une el hecho de que, desde 1970, el majzén ha intentado mediatizar el movimiento islámico moderado. Hoy, ese movimiento es la principal fuerza político–social en Marruecos. Aún tratándose de un movimiento moderado en las formas, es extremadamente antieuropeo en su fondo.

 

Los informes de la inteligencia militar marroquí indicaban a principios de 2005, que las tropas destacadas en el Sáhara Occidental y los exmilitares radicados en ese territorio se iban decantando progresivamente por el fundamentalismo islámico. Decir militares y exmilitares quiere decir disponer de armas, municiones y hombres entrenados para la guerra. Los fundamentalistas no aspiran a otra cosa: la guerra santa, dicho en términos europeos, el terrorismo. Y no son pocos.

Una encuesta elaborada en junio de 2004 por el Pew Research Center (un grupo independiente de sondeos) establecía que el 11% de los turcos, el 45% de los marroquíes y el 65% de los pakistaníes tienen una opinión favorable de Bin Laden. La encuesta se había realizado sobre una muestra de 8.000 personas, de los que 1.000 eran marroquíes de entre 18 y 59 años. Entre otros datos, la encuesta demostraba la creciente intolerancia religiosa y un amplio apoyo a los ataques terroristas. El 45% de los marroquíes encuestados tenían una opinión favorable de Bin Laden. Para el 60% de los encuestados, los ataques suicidas con bombas contra objetivos americanos perpetrados en Irak son justificables. El 73% de los marroquíes es desfavorable para los cristianos y el 92% se declara antisemita. En Pakistán, los porcentajes desfavorables a los cristianos y los judíos son del 62% y del 80%, respectivamente, y en la Turquía que aspira a entrar en la UE, son del 52% y el 49%. La intolerancia religiosa en Marruecos es más alta que en cualquier otro lugar del mundo musulmán…


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Hasta el 15 de mayo de 2003, Marruecos se había intentado presentar ante Occidente como un país inmune ante la marejada del terrorismo islámico. Frente a la vecina Argelia, Marruecos había permanecido ajeno a las actividades terroristas del salafismo–wahabita y si bien existía un incipiente movimiento Islamista, el observador exterior percibía que, al menos, era moderado en sus formas. Con los atentados de Casablanca, todo cambió. De hecho, en realidad, nada de lo anterior era cierto, y los atentados evidenciaron la existencia de un extendido movimiento islamista. En las elecciones de 2002, el Partido para la Justicia y el Desarrollo que integra a los islamistas moderados, experimentaba un crecimiento inaudito y empezaba a constituir una amenaza idéntica a la que el FIS había sido en Argelia a partir de 1990. Bruscamente, cuando parecía que los islamistas moderados marroquíes iban a experimentar un crecimiento electoral notable en las elecciones municipales del 2003, explotaron las bombas del 15 de mayo en Casablanca.
 

Contrariamente a lo que sostienen los pacifistas, las bombas no son absurdas; cada uno de ellos tiene una lógica propia que la hace posible y la rentabiliza políticamente en uno u otro sentido. Absurdas en sus objetivos, las bombas de Casablanca encerraban, en el propio absurdo, una lógica implacable.
 

Bombas en la noche de Casablanca

El 16 de mayo era un día agradable en Casablanca. Había finalizado la fiesta del Mulud, especie de navidad musulmana, que celebra el aniversario del nacimiento del Profeta. Ese día se conmemoraba también la creación de las fuerzas de seguridad de Marruecos y muchos agentes de policía se encontraban de vacaciones. Por su parte, la comunidad judía celebraba el «sabbath».
 

A las 22:00 horas, dos personas provistas de mochila aparecen en el vestíbulo de la Casa de España y degüellan al portero que intentaba impedirles el paso. Atraviesan el bar y en la terraza, hacen explotar las bombas que llevan en el interior de las mochilas. Los supervivientes experimentaron la sensación indeleble de un temblor de tierra; luego el horror de las llamas y fragmentos de cuerpos humanos dispersos por todas partes, incluso hasta el séptimo piso de un inmueble colindante. Treinta personas mueren en un momento, entre ellos los terroristas.

Pronto se oyen otras explosiones por la ciudad. Tres estallidos proceden del Club Israelita. Allí, los terroristas suicidas han asesinado a un policía de guardia y luego han hecho estallar una primera bomba en la puerta de entrada y las otras dos en las salas vacías.
 

No muy lejos, otros tres jóvenes aparecen en el restaurante Positano, propiedad de un judío marroquí. Van mal vestidos y no les dejan penetrar en el local. Hacen estallar sus bombas matando al portero y a un policía de guardia en el Centro Cultural Belga que se encuentra en el otro lado de la calle, de tal manera que las primeras informaciones destacarán que el objetivo era este último lugar y no el restaurante.

No será la última explosión esa fatídica noche. El hotel Farrah, propiedad de una empresa kuwaití, es asaltado por dos jóvenes, también provistos con mochilas, que, siguiendo el ejemplo de los asaltantes de la Casa de España, asesinan al portero y hacen estallar luego sus cargas en el hall. Morirá otra persona de vigilancia en el hotel.
Habrá un último atentado, acaso el más extraño de todos. Una bomba estalla en uno de los barrios más pobres de la ciudad, la Vieja Medina. Mata a dos jóvenes y a un niño. El cementerio judío se encuentra cerca y, habitualmente, la versión oficial atribuye este último atentado a un error propio de terroristas despistados que se han inmolado a cien pasos de su objetivo. Afortunadamente la mayor parte del barrio está en sus casas; es la hora en la que va a comenzar en la TV un culebrón egipcio de mucha audiencia.
En total, 41 víctimas, entre los que se contaron 13 «mártires»  de entre 20 y 30 años. Al día siguiente, los cadáveres de ocho de ellos serán identificados. Otro fue detenido, herido, en las inmediaciones del hotel Farrah. Casi todos vivían en Sidi Moumen, un barrio de chabolas. Allí, los salafistas tienen un caldo de cultivo particularmente favorable.
Al día siguiente a los atentados, nadie en Casablanca quería creer que un grupo de jóvenes se había suicidado matando a veintiocho personas más. Sin embargo, las pruebas que recaían sobre los islamistas eran abrumadoras. A decir verdad, los explosivos y la sofisticación de su mecanismo de detonación eran impropios de la falta de medios económicos y del «amateurismo»  de los suicidas. El primer informe de la policía marroquí tras los atentados indicaba que el grupo terrorista estaba preparándose para atentar contra el Twin Center, diseñado por Ricardo Bofill, principal centro económico de Marruecos. Hay algo en todo esto que no encaja, para entenderlo hay que remontarse a las raíces del islamismo local.
 

La aparición del islamismo político

El islamismo no es nuevo en Marruecos; está imbricado en su historia hasta el tuétano. Tanto es así que en las escuelas del vecino país no se estudia la historia local antes de la llegada del Islam. Irradiando desde La Meca, la religión de Mahoma llegó tardíamente al Magreb. Cuando en 1956, alcanzó la independencia, el Islam se convirtió en religión oficial y la figura del rey quedó sacralizada en las distintas constituciones que ha tenido el país, incluida en la última, aprobada en 1996.
 

Desde principios de los años ochenta, Marruecos ha sido presentado por sus autoridades como la excepción al contagio Islamista. Se decía que la inmensa mayoría de la población tenía una acrisolada fe monárquica y, por tanto, en razón de que la dinastía alauí era descendiente de la familia del profeta, la fidelidad política se unía a la religiosa. Por otra parte, el partido nacionalista Istiqlal se gestó en el exilio egipcio de su fundador Allal el Fassi donde estuvo en contacto con los Hermanos Musulmanes. El Istiqlal, siempre ha unido tres factores: nacionalismo, Islamismo moderado y, como derivado de éste, fe monárquica. La posición preponderante del Istiqlal desde el origen de la independencia marroquí y la institución monárquica, se daban como explicaciones para justificar la presunta impermeabilidad del país a la marejada Islamista.

El régimen marroquí encontró su base social en las zonas rurales y entre los imanes y ulemas conservadores. Estos clérigos realizan una interpretación moderada del Islam. En 1964 se creó un centro de estudios para la formación de ulemas y en 1979 la universidad fue autorizada para crear la licenciatura en estudios islámicos, dos canales a través de los cuales se intentaba controlar y mantener el apoyo de esta influyente categoría social. Pero, a partir de mediados de la década de los ochenta, buena parte de los licenciados en estos centros no pudo acomodarse dentro de las instituciones oficiales y quedaron en paro. Esto coincidió con la llegada masiva de fondos de los wahabitas saudíes con los que pudieron levantarse miles de nuevas mezquitas desde las que difundieron su doctrina y crearon cientos de nuevas mezquitas fuera de la disciplina del Islam oficial adicto a la monarquía alauí. En estas mezquitas encontraron trabajo los clérigos en paro, resabiados contra la administración, a la que consideraban corrupta y degenerada. Fueron los primeros predicadores de la disidencia político–religiosa.


Hassán II había permitido que los wahabitas saudíes financiaran la construcción de un 70% de las 35.000 mezquitas de Marruecos en Tánger, Casablanca, Fez, Salé, Marrakech y Tetuán. El 70% de las mezquitas de Casablanca, por ejemplo, han sido construidas con dinero saudí. En torno a cada mezquita se empezaron a formar redes de misioneros dirigidos por emires, incitando a unirse a la yihad en Afganistán, Bosnia o Chechenia. En 2004, sobre un total de 35.000 mezquitas, sólo 8.659 dependían ya de la Administración. Era el fracaso de la política religiosa de la casa real.

El islamismo político moderado: Justicia y Desarrollo
 

Desde los años 70, Hassán II había intentado integrar a las asociaciones islámicas dentro del sistema, impulsando un pequeño partido político, el Movimiento Popular Democrático Constitucional. Otros, constituyeron el partido «Unidad y Reforma», más radical, del que se decía que estaba teledirigido por Driss Basri, ministro del interior. Este partido, terminará integrándose en el MPDC en 1996 que, así reforzado, pudo obtener doce escaños en las elecciones generales de 1997, formando grupo parlamentario propio. Cuando muere Hassán II (1999), este partido se transformó en el Partido de la Justicia y el Desarrollo.

En marzo de 2000, los islamistas convocaron una primera gran manifestación contra la reforma del Estatuto de la Mujer fue el primer signo exterior de actividad Islamista de masas. Es significativo que la manifestación se convocara en Casablanca, donde las mezquitas disidentes agrupan al 70% de islamistas. El episodio siguiente que evidenció el ascenso del Islamismo fueron las elecciones del 27 de septiembre de 2002, cuando el PJD se convirtió en la tercera fuerza política del país, pasando bruscamente de 14 a 42 escaños. Pero hay que matizar este resultado.
 

La dirección «oficialista»  del PJD, llegó a un pacto (confesado públicamente) para presentar candidaturas solamente en la mitad de los distritos únicamente. Bajo presión del majzén, el PJD había decidido presentar candidatos solamente en 56 de las 91 circunscripciones a fin de no generar alarma por los buenos resultados que le auguraban las encuestas. El majzén pretendía evitar un efecto similar a la brusca victoria del FIS en Argelia. Tal como expresó uno de los dirigentes del PJD, Benkirán «[… una victoria] sería imposible de soportar políticamente tanto en el interior como en el exterior del país […] el escenario argelino produce fobia en Marruecos». Todos los analistas consideraban seguro el triunfo de los islamistas moderados, por mayoría absoluta, si se presentaban en todas las circunscripciones. Los resultados desbordaron todas las previsiones hasta el punto de que se produjo un «apagón»  durante el recuento electoral. La convicción de que hubo fraude electoral, no fue óbice para que el PJD se convirtiera en el tercer partido, a pesar de presentarse en la mitad de las circunscripciones.

No hay que perder de vista que el PJD surgió de la cooperación electoral entre el movimiento islamista Reforma y Unidad y el antiguo partido oficialista Movimiento Popular Democrático y Constitucional del Dr. Abdelkrim Jatib, médico de Hassán II. Los islamistas radicales conocen al PJD como «islamistas del Rey». En realidad, en el interior del PJD siempre ha existido cierta ambigüedad coexistiendo dos tendencias, una moderada, encabezada por Abdelillah Benkirán (procedente de Reforma y Unidad, grupo nacido en 1981 cuando se separó del ala moderada del movimiento clandestino Juventud Islámica) y un ala radical que tiene como jefes de fila a Abib Tajakani y Mustafá  Ramid. Así no pudo extrañar que en las elecciones de 2002, mientras Benkiran explicaba que el PJD solamente pretendía mantener de la sharia aquello que hoy está en vigor en la constitución marroquí, sus otros dos compañeros de partido, sostenían que su intención era la aplicación íntegra de la ley coránica. Mientras los moderados del PDJ aspiraban a un acercamiento estratégico al Istiqlal, los radicales habían hecho guiños constantes al jeque Yassin y a su organización Justicia y Caridad, el cual, por lo demás, se felicitó del éxito del PJD en las elecciones del 2002.
 

Pero todo esto no debe hacer olvidar que el PJD, a pesar de ser un partido que acepta la constitución marroquí y mantiene una práctica política moderada, alberga en su interior innegables contenidos islamistas y un ala más radical, hoy postergada, pero no por ello desaparecida. Sus diputados siempre han defendido la islamización de la sociedad y la identidad islámica del país con medidas tales como la prohibición del alcohol, el rechazo a la integración de la mujer, la ruptura de relaciones con Israel y un código de prensa basado en el Islamismo. Primer partido de Marruecos por su influencia social, aspiraba a confirmar sus inmejorables perspectivas de crecimiento cuando ocurrieron los atentados de Casablanca.

Hoy, el sector radical del PJD está representado por Mustafá Ramid, líder del grupo parlamentario, y Ahmed Raisuni, procedentes del antiguo movimiento Reforma y Unidad. A partir de 2004, éste sector se opone frontalmente al sector moderado encabezado por Abdelkrim Jatib. Los radicales han procurado forzar la presión política del PJD. Raisuni, tras los atentados de Casablanca, llegó a negar que Mohamed VI fuera el «príncipe de los creyentes»; ciertamente se retractó pocos días después y dimitió de sus cargos, pero no era el único en pensar así dentro del PJD, lo que ocurría es que el sector moderado, mayoritario en esos momentos, estaba tratando de permanecer al margen de la ofensiva contra el Islamismo radical desencadenada por el majzén. Pero los radicales prosiguieron con su presión: solicitaron el endurecimiento de la ley contra el consumo de alcohol, exigieron el cierre de los centros de enseñanza que mantienen países no islámicos en Marruecos, encabezaron las manifestaciones contra actores y directores de cine que, a decir de los islamistas, no respetaban la religión islámica. Una película de Nabyl Ayuch que mostraba un pequeño desnudo, por ejemplo, fue el blanco de las iras de Mustafá Ramid, dirigente del PJD quien explicó que «atentaba contra los valores del Islam y forma parte de la quinta columna francófona y sionista».
 

El PJD no se llamó a engaño. Era perfectamente consciente de que los atentados de Casablanca iban a tener consecuencias nefastas sobre su formación. Raisuni, dirigente del sector radical del PJD, condenó los atentados afirmando que «estos actos suponen un grave atentado contra el Islam y justifican la intervención extranjera en los asuntos de los países islámicos». En el parlamento se vieron obligados a aprobar la legislación antiterrorista o, de lo contrario, hubieran sido presentados como «cómplices de los terroristas». Pero esto no impidió que muchos miembros del PJD hayan sido detenidos e investigados en virtud de la ley antiterrorista.

La reforma del código de familia (mudawana) fue otra de las resultantes de los atentados de Casablanca. Tras el largo bloqueo de los sectores más conservadores –que estimaban que este código iba en contra de las tradiciones marroquíes– el nuevo texto presentado por Mohamed VI fue aprobado por unanimidad. La edad mínima legal de matrimonio para las mujeres se elevó de 15 a 18 años, se establece el derecho al divorcio por mutuo acuerdo, somete la poligamia y el repudio al control judicial, termina con el deber de la mujer de obedecer a su marido y elimina el requisito de que la mujer tenga un tutor para poder casarse. Se le ha definido como uno de los códigos de familia más «progresistas»  en el mundo árabe. Los islamistas del PJD renunciaron a bloquearlo después de que las bombas de Casablanca, los situaran en posición defensiva. El gobierno tuvo consiguió que si se oponían a esta ley fueran considerados por la opinión pública como cómplices de los atentados. Eran los efetos colaterales –¿colaterales?– del crimen.
En el congreso del PJD celebrado en abril de 2004, moderados y radicales llegaron a un acuerdo en virtud del cual el partido rebajaría su perfil opositor para evitar ser identificados con los radicales. Un moderado, Saad Eddine el–Othmani, ocupó la secretaría general del partido.
 

En noviembre de 2004 se anunció la reforma de la ley de partidos para prohibir las formaciones de matriz religiosa. Anticipándose, el PJD ha dicho que su partido «no es ni religioso ni islamista, sino un partido de referente islámico». Pero lo es, claro que lo es, y no es el único en Marruecos.
 

Justicia y Caridad: otra forma de política islamista

Lo que hasta ahora era uno de los factores de estabilidad de la monarquía alauí (su doble carácter político y religioso) se ha convertido en un factor de riesgo. En la figura del rey se unen los tres poderes constitucionales y, además, la sacralización de su figura, tal como establece la Constitución de 1996 (aprobada por la increíble cifra del 99’56% de votos). «Tocando»  a la figura del monarca, todo el sistema se desploma. Y tal es la función asumida por JyC y por sectores amplios del PJD. Por otra parte, la propia definición constitucional de «monarca sagrado»  hace que los partidos laicos, en una situación de libertades democráticas reales, también terminaran torpedeando a la figura del rey. En España, por ejemplo, la monarquía puede arrogarse el estar «por encima» de los partidos, pero no en Marruecos.

La Mudawana, o Estatuto Personal, vigente en la actualidad, está basado en la Sharia; su versión anterior a la reforma de 2003, era una especie de ley coránica descafeinada, pero extremadamente despectiva con respecto a las mujeres. La Mudawana regula la poligamia y el repudio, la tutela matrimonial de la mujer o su inferioridad en los derechos de herencia (la mujer percibe la mitad de la herencia que el hombre). El Gobierno Yusufi se estrenó con un ambicioso –e irrealista– Plan de Integración de la Mujer, ante el cual los islamistas se movilizaron en masa, logrando bloquear el proyecto.

Fueron las mujeres marroquíes, las que, manifestándose, tiraron atrás el innovador proyecto de Yusufi. JyC movilizó a las mujeres para protestar contra una reforma de la que ellas eran las principales beneficiarias. Finalmente, la reforma propuesta por Yusufi fue bloqueada por el ministerio de Asuntos Religiosos… uno los llamados «ministerios de soberanía»  (nombrados directamente por el rey). Hasta los atentados de Casablanca…

Tras las elecciones legislativas de 2002, los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), por primera vez, estuvieron en condiciones de formar grupo parlamentario propio en la Cámara de Representantes. Junto a este grupo coexistía el movimiento Islamista moderado más importante del país, Justicia y Caridad (JyC) liderado por Abdesalam Yassín, que no realizaba directamente actividad política, sino que se dedicaba a la asistencia social. Además, existían los grupos takfires. A pesar de que se ha dicho con mucha ligereza que los takfires están vinculados a Al–Qaeda, no es evidente que así sea. Tras las primeras detenciones de los presuntos terroristas que cometieron los atentados del 11-M, se publicó que pertenecían al movimiento de origen egipcio «Takfir wal Hijra» (literalmente, Anatema y Exilio), la secta salafista de los «takfires». Se trataba de una información falsa. El propio Abú Dahdah (tenido como responsable de la «célula española” de Al-Qaeda), tras los atentados y especialmente tras la profanación de la tumba del subinspector de los GEO muerto en la operación antiterrorista de Leganés, atribuyó a los takfires tanto este odioso episodio como los propios atentados del 11-M. La violación de la tumba del GEO sería una venganza planificada por los takfires, como respuesta a la inmolación de los siete islamistas, entre los que podría estar el responsable ideológico y líder religioso de la secta en España. La exhumación del cuerpo del GEO, su destrozo y mutilación con un pico y una pala y su calcinación correspondería a un ritual seguido por los miembros de esta secta, por el hecho de que los cuerpos de sus «mártires» no han sido sepultados aún, según marca la «suna» (tradición) coránica. No se trataría de la primera profanación. Previamente se habían producido otras, en el Cementerio Sur, en el madrileño barrio de Carabanchel y en Marruecos contra tumbas judías. Esto movimiento habría llegado a España de la mano de salafistas magrebíes y su principal base se encontraría en estos momentos en Londres, dirigido por un emir. La secta fue fundada en el Egipto de los años 40, bajo el nombre de Takfir Oual y se la considera una herejía («aljvarij») dentro del Islam. El grupo procede de una facción radical escindida de los Hermanos Musulmanes de Egipto fundado por Shukri Mustafa, juzgado y ejecutado por el asesinato del presidente Annuar el Sadat en 1981. Luego se propagaron a Argelia y Marruecos de la mano de los salafistas y una década más tarde se establecieron en Líbano y Sudán. Fue en este último país en donde, según la versión oficial, entraron en contacto con Bin Laden que se encontraba en esos momentos ahí después de la Segunda Guerra del Golfo (1989). Tampoco parece evidente. A España llegaron de la mano de magrebíes inmigrados en los años 90. En Marruecos, se dieron a conocer después de profanar tumbas judías. Se trata de una versión extrema del Islam que permite a sus adeptos, incluso asesinar a musulmanes, incluidos niños y mujeres, si no cumplan los preceptos más rígidos del Islam. Para ello es menos grave que mueran que el hecho de convertirse en infieles («kafires»). Son apenas unos cientos, parte de los cuales se encuentran en España, procedentes de Marruecos; poco que ver con los cientos de miles de partidarios del jeque Yassín.
 

«Justicia y Caridad»  (Al Adl ua al Ihsan) jamás ha ocultado su integrismo y en su interior, a diferencia del PJD, no tiene tendencias; es una organización monolítica fundada en 1983 y liderada por el jeque Abdesalam Yassín. En 1974 Yassín se hizo famoso al dirigir una carta abierta a Hassán II en la que denunciaba la occidentalización del país, la corrupción del majzén y definía a Hassán II como «pecador». En lugar de encarcelarlo, Hassán II recurrió, como los soviéticos, a encerrarlo en un frenopático. En 1989 no reconoció la sacralizad del monarca, así que fue puesto bajo arresto domiciliario, situación que duró hasta el 2000 cuando, tras la muerte de su padre, Mohamed VI levantó la sanción, a pesar de que le había recordado que las riquezas que heredó de su padre habían sido obtenidas ilegítimamente y, por tanto, su uso y disfrute eran, así mismo, ilegítimas. A partir de ese momento, con Yassín en libertad, el movimiento alcanzó un auge formidable.

JyC es un movimiento radical en sus postulados, pero pacífico en su actividad cotidiana. Sus principios no son diferentes de los contenidos en la carta que su fundador dirigió a Hassán II: la corrupción del majzén ilegitimaba el carácter sagrado de la monarquía y perjudicaba a todo el país que, progresivamente, se occidentalizaba en detrimento de las clases desfavorecidas que sufren injusticias sociales intolerables. Este discurso, ha calado extraordinariamente en las clases ilustradas de la sociedad marroquí, especialmente entre los maestros, universitarios y profesionales. Su actividad consiste en realizar obras de caridad en los barrios pobres, cada vez más numerosos que, de esta forma, se han convertido en un vivero de fundamentalismo.
 

Resulta difícil valorar numéricamente el peso de JyC. En 2003, habían sustraído la dirección de los sindicatos a la Unión de Fuerzas Socialistas, en una evidente muestra de vitalidad y arraigo en la sociedad. También ha convocado distintas manifestaciones de masas contra la reforma del estatuto de la mujer y sus miembros han realizado campañas contra el turismo (frecuentemente acosando a los visitantes de las playas) que demuestran inequívocamente que se trata de un movimiento de masas. Por otra parte, en las elecciones proponen la abstención (que llega al 65%).

Hassán II se equivocó cuando intentó debilitar a JyC estimulando la constitución del PJD que, inicialmente, debía ser una organización «controlada»  por el ministerio de Asuntos Religiosos. Además, dejó que Arabia Saudí creara y financiara la corriente wahabita que, históricamente, arraigaba en las mismas capas sociales que JyC. Hassán II creía que estas dos orientaciones bastarían para minimizar la importancia político–social de esta organización. Esta estrategia se basaba en que el contagio islamista se produciría, inevitablemente, en Marruecos, por tanto era preciso adelantarse e integrar a los grupos islamistas, lo cual debía hacerse a través del ministerio de Asuntos Religiosos y generosas subvenciones, favoreciendo, paralelamente, la fragmentación del islamismo radical y colocando a algunos hombres fieles al frente de las distintas fracciones. Pero las cosas discurrieron por otros derroteros imposibles de prever por Driss Basri, verdadero inspirador de esta estrategia y por M’Dagri Alaui, quien la aplicó al frente de su ministerio.
Los salafistas habían alcanzado cierta relevancia en la sociedad marroquí a partir de los años 80, dirigidos por Mohamed Magraui, a sueldo del wahabismo saudí (cuerpo doctrinal de los seguidores de Muhammad Ibn Abdel Wahab que vivió a mediados del siglo XVIII) y organizado como asociación cultural. Magraui fundará un centenar de centros coránicos disidentes del islamismo malekita oficial.
 

La ideología wahabita, en realidad, al no reconocer el carácter político y religioso de la figura real, apunta contra la línea de flotación de la monarquía; los wahabitas admiten que el «príncipe de los creyentes»  es un título que puede ser ostentado por cualquier clérigo (como el líder de los talibanes, el mulah Omar que tenía ese mismo título). Seguramente, Mohamed VI, conocía esta característica del wahabismo, pero pensaba que, en el caso de que esta corriente empezara a obtener una influencia real en la sociedad, los cercenaría como había hecho sin piedad con otros movimientos y políticos mucho más arraigados. El crecimiento de las formaciones wahabitas, finalmente, terminó desbordando a su hijo y convirtiéndose en un riesgo real para la existencia misma de la monarquía.

El PJD había desbordado pronto las intenciones iniciales de Hassán II y se desembarazó pronto de la tutela del ministerio de Asuntos Religiosos, mientras que JyC, paradójicamente, fue uno de los principales beneficiarios de esta política que le ha permitido celebrar reuniones públicas y mantener una estructura, «ilegal», pero «tolerada». Hassán II pretendía que el PJD contrapesara la creciente influencia de JyC. La diferencia esencial entre ambos partidos era que mientras el jeque Yassín no admitía la autoridad espiritual del monarca, el PJD si la reconoce, al menos hoy oficialmente. Una de las corrientes del PJD, «Vigilancia y Virtud»  acepta sin reservas la naturaleza sagrada del monarca, pero la otra, «Unidad y Reforma», en cambio, comparte en este terreno las posiciones de Yassín. A diferencia del PJD, la organización de Yassín ha elegido no participar en los procesos electorales. Y ha ido creciendo al margen de las instituciones.
 

Para contrarrestar a esta organización, la estrategia consistió en fragmentar el área fundamentalista favoreciendo la creación de pequeños grupos extremistas que, además de dividir, eran rechazados por la opinión pública, arrastrando en tal rechazo a todo el sector político del que formaba parte JyC. Ya hemos mencionado a estos grupos: «Separación y excomunión»  (Al Hijra Ua Takfir), de Yusef Fikri, que fue conocido en Europa, antes de que llegaran noticias de la organización de Yassín; a pesar de su endeblez numérica y de que, en la actualidad, se encuentra casi completamente desarticulado, los «takfires»  asesinaron a una persona que consumía alcohol. Por su parte, «Camino recto»  (Assirat Al Mustakim), de Zakaria Miludi, aparece como escisión del anterior y también ha cometido algún asesinato. Finalmente, los seguidores de Bin Laden están agrupados en la Salafiyia Yihadihia, de Mohamed Fizazi, relativamente conocido por haber acusado de debilidad a Yassín en una carta abierta. Todos estos grupos se consideran wahabitas y los dos últimos son conocidos como «los afganos»  por la aprobación pública que realizan de las ideas (y las acciones) de Al–Qaeda. La propaganda wahabita hacía sido autorizada en Marruecos  por Hassán II para dividir al Islamismo radical, de un lado, y para pagar el apoyo que Arabia Saudí (foco de financiación del wahabismo) prestó a Marruecos en la discusión sobre la independencia del Sáhara en la Liga Árabe.

El islamismo radical en Marruecos
 

En 1999, los islamistas marroquíes estaban divididos en dos sectores, los radicales que habían adoptado los temas favoritos de Bin Laden (guerra santa contra los países occidentales, especialmente contra EEUU, considerados herederos de los cruzados y focos de indescriptible corrupción y vicio), mientras que los grupos moderados se limitaban a reimplantar en la sociedad marroquí tradiciones religiosas del pasado. Estos últimos aspiraban a combatir la dejadez que percibían en la sociedad marroquí; se oponían a la elección de mises y a otros concursos que «degradaban a la mujer» , consiguieron imponer en los barrios marginales la utilización del velo islámico y rechazaban la coeducación aduciendo que favorecía la promiscuidad; mediante la fuerza, en ocasiones, o a través del adoctrinamiento, consiguieron que los hombres de las barriadas pobres acudieran a las mezquitas en las oraciones de los viernes; se manifestaron contra el consumo de alcohol y propusieron medidas para endurecer su venta. Numéricamente, los moderados eran infinitamente mayores a los grupos radicales y, por supuesto, tenían muchas más posibilidades de poner en práctica su política reformista desde las instituciones; eran, por tanto, más peligrosos. Por otra parte, los grupos radicales, desde siempre eran objeto de vigilancia por parte de la seguridad marroquí y, es natural que estuvieran infiltrados por sus agentes.

En 1969 nace en Marruecos la primera organización islámica radical, la Shabiba Islamiya (Juventudes Islámicas), creada por Abdelkrim Mutí y Abdelaziz Nuamani. Veintidós años después, Muti se escindió de este grupo y creó la Facción del Combate, mientras, Nuamani fundaba la Organización de los Combatientes Marroquíes. En 1984, ambas organizaciones, que jamás tuvieron excesiva importancia, desaparecían, pero uno de sus militantes, Abdelilah Ziyad, fundaba en 1993, el Movimiento Islamista Combatiente, un grupo del que se sabe muy poco sobre su alcance y ni siquiera existe unanimidad en lo relativo a su nombre: Grupo Islámico Combatiente, Grupo Marroquí Armado, Grupo Islámico Armado, Grupo Combatiente Marroquí...
 

Se suele atribuir la fundación de este grupo a excombatientes marroquíes en la guerra de Afganistán con los soviéticos (1979–89), pero, en realidad, apenas aparecen unos pocos el último año del conflicto y siempre se trata de personas vinculadas a ONGs que actúan en tareas humanitarias. Cuando, al vacío dejado por los soviéticos, sigue la guerra civil afgana (1989–96), la presencia y actitud de los marroquíes no se altera, aunque algunos, como Ali Allam, regresan a su país. En 1996, los talibanes ascienden al poder y, a partir de ese momento, afluyen algunas decenas de marroquíes, que generalmente vivían ya en el extranjero, y que, habitualmente, estaban casados con mujeres nacidas en Arabia Saudí o en los Emiratos Árabes. Ninguno de estos marroquíes tuvo el más mínimo protagonismo ni en Al Qaeda, ni en el gobierno talibán.

Sin embargo, se suele explicar que, a su regreso a Marruecos, a finales de la década de los noventa, formaron el Grupo Islámico Combatiente que se considera la «pata»  de Al–Qaeda en ese país… algo que, como mínimo resulta discutible y no está en absoluto demostrado.
 

De existir, el papel del GIC parece ser muy secundario en la estructura de Al–Qaeda. Algunos dossiers de la CIA indican que apenas hizo otra cosa que facilitar cobertura a los terroristas de Bin Laden de paso por Marruecos. En lugar de cometer atentados, robaban y falsificaban documentos para el «terrorismo internacional». No está nada claro y faltan pruebas para demostrarlo; se trata de la versión oficial y por eso la hemos traído a colación, si bien somos escépticos sobre su veracidad.

Otros informes de la CIA, daban el año 2002 y la ciudad de Londres como escenario para la creación del Grupo islámico Combatiente Marroquí por Mohamed Guerbouzi. Esos mismos informes apuntan a que, un año más tarde, Guerbouzi reunido con gente de Al–Qaeda en Estambul, habrían planeado atentados terroristas en Casablanca, Essauira, Fez, Tánger y Marrakech; pero sólo tuvieron lugar los de Casablanca.
 

Por su parte, la seguridad marroquí, manejando los informes de la CIA, sostuvo que, tras los atentados del 11–S, el GIC decidió realizar acciones en el interior de Marruecos. Pero nada ocurre. Apenas la detención de los ilusos que pretendían atentar contra la VI Flota y de distintos grupos salafistas, más o menos incoherentes. La versión oficial marroquí sostiene que al fracasar deciden cometer acciones suicidas que se inician en Casablanca el 16 de mayo de 2003. Tampoco parece muy verosímil. No hay que olvidar que los 13 terroristas de Casablanca, se inmolaron innecesariamente en la acción; pensemos lo que supone para una organización incipiente el que 13 de sus activistas mueran… para matar a 32 víctimas irrelevantes. ¿Con quién pensaban continuar la serie de atentados si sus filas se veían mermadas por los suicidios de sus militantes? La versión oficial sobre los atentados de Casablanca, no despeja en absoluto estas incógnitas y permite pensar que hay algo que se escapa a la versión oficial. Por ejemplo, la sofisticación de los explosivos que nada tenía que ver con la tosquedad de sus autores y su falta de preparación para armas bombas como las que estallaron.

La seguridad marroquí da como responsable de estos atentados es Mohamed El Guerbuzi (a) «Abu Aisa», considerado jefe de Al–Qaeda en Marruecos según unos y simple portavoz del grupo para otros; junto a Guerbuzi, figuraban en el esquema elaborado por la policía marroquí, las células de Yusef Fikri, Abdeluahhab Rebbai (a) «Errabba»  y Karim El Mejjati (a la que pertenecían los interrogados por los atentados de Casablanca). Resulta difícil saber cuál es la estructura de este grupo e incluso saber si se trata de un grupo organizado. Da la sensación de que es, más bien, un amasijo de células completamente independientes y, probablemente, sin relación entre sí, pero que utilizan el mismo nombre para firmar sus acciones terroristas. Las fuentes oficiales marroquíes explican que los cuadros dirigentes de estos grupos proceden del Movimiento Islamista Combatiente de Abdelilah Ziyad y del grupo formado por Abdelaziz Nuamani, Ali Buseghiri y Mohamed Nekkaui (detenido tras los atentados de Casablanca).
 

Hasta las bombas del 16 de mayo de 2003, solamente se había producido una acción terrorista de envergadura en Marruecos. En agosto de 1994, tres terroristas armados habían penetrado en hotel Atlas de Marrakech, disparando contra los clientes que se hallaban en el establecimiento. Murieron dos turistas españoles, Salvador Torrás y Antonia García. Hassán II acusó de este episodio a los servicios secretos de Argelia, aun a sabiendas de que se trataba de una falsedad y de que los terroristas habían salido del propio Marruecos. El incidente se saldó con el cierre de las fronteras terrestres entre los dos países y con la exigencia de visado a los ciudadanos argelinos para entrar en Marruecos. Pocos días después, la policía marroquí culpó a Abdelilah Ziyad de estos atentados. Tras el atentado, Hassán II intentó negociar la entrega a Argelia Abdelak Layada, uno de los terroristas argelinos más buscados, detenido en Marruecos, a cambio del cese del apoyo político al Frente POLISARIO.

En los años 1994 y 1995, Argelia trató de introducir el tema del terrorismo en la agenda de la conferencia de ministros del Interior de la Unión del Magreb Árabe, pero Marruecos se opuso. Era la forma de debilitar a Argelia que en esos momentos sufría la gran ofensiva del GIA y del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. Para Hassán II, el terrorismo era sólo un instrumento para negociar, una excusa para adoptar decisiones drásticas y un sector a manipular. En el atentado de Marrakech todo esto se encuentra presente sin el más mínimo pudor.
 

Algunos de los imanes que ejercen en las mezquitas oficialistas llegaron a defender la legitimidad moral del 11–S y la figura de Bin Laden, con la consiguiente apología del terrorismo que ello significaba. Otros imanes, titulados por el ministerio de Asuntos Religiosos, no dudaron en criticar la ceremonia ecuménica de homenaje a las víctimas, realizada en la Catedral de Rabat cinco días después de los atentados y con que el rey aspiraba a congraciarse con los EEUU. El fundamentalismo islámico ha crecido, incluso entre el clero amamantado por las instancias oficiales. Hoy se calcula que algo más de la mitad del Islam marroquí aprueba la actividad de Bin Laden y de Al–Qaeda.

Rasgos sociológicos del islamismo radical marroquí
 

Uno de los principales factores de inestabilidad en el Magreb es la demografía y, más en concreto, lo que se conoce como la «hipertrofia juvenil» que aparece cuando los jóvenes de entre 15 y 29 años se convierten en el grupo social mayoritario. En ese caso, la probabilidad de que estallen guerras civiles y movimientos terroristas de amplia base es tres veces mayor que en las poblaciones en las que el grupo social mayoritario son los adultos. La esperanza de que disminuya la natalidad en el Magreb en los próximos 25 años no es ninguna esperanza… por que no es evidente que esa disminución vaya a producirse.

En Marruecos y Argelia este proceso es muy acusado y la inestabilidad aumenta cuando los jóvenes se encuentran en paro y sin otra esperanza que la inmigración para mejorar sus aspiraciones.
 

Marruecos no puede prescindir de la inmigración, aunque la inmigración sea uno de los caldos de cultivo del fundamentalismo islámico. Las remesas de los emigrantes suponen hoy el primer ingreso neto en divisas del país. Hasta marzo de 1998, estos flujos se incrementaron el 15% hasta alcanzar los 8.564 millones de dirhams. Entre 1999 y 2001 se doblaron, llegando a los 36.162 millones de dirhams (3.500 millones de euros).

Buena parte de los marroquíes que protagonizan los atentados atribuidos al islamismo radical son jóvenes que residen en Occidente. A diferencia de los viveros de radicalismo islámico que aparecen en los barrios pobres de las ciudades marroquíes, los terroristas marroquíes que se han trasladado a los países europeos, ni son pobres, ni se encuentran en situación irregular.
 

Un estudio sobre 212 presuntos terroristas magrebíes que han sido detenidos en Europa Occidental y Norteamérica entre 1993 y 2003, muestra que apenas el 16% eran inmigrantes ilegales, el 8% eran inmigrantes de segunda generación. Terroristas marroquíes han estado implicados en cinco extraños episodios de terrorismo internacional entre 1999 y 2001, todos ellos –también extrañamente– frustrados, además del atentado contra la sinagoga de Djerba en Túnez (abril de 2002), los atentados de Casablanca (mayo de 2003) y los atentados de Madrid (marzo de 2004).

Las bombas de Casablanca y su papel provocador
 

Hay que encuadrar los atentados de Casablanca en aquel dramático instante de la historia reciente: sólo unas horas antes de los atentados, George Bush había anunciado inminentes ataques de Al–Qaeda y una mayor periodicidad en las acciones terroristas; apenas cuatro días antes habían tenido lugar atentados similares en Riad, tierra natal de Bin Laden, en los que murieron 30 personas. Era inevitable vincular, inmediatamente, los atentados de Casablanca a Al–Qaeda.  Sólo unas semanas antes, ocho de los condenados en 2004 por el intento de atentado contra la embajada de EEUU en Roma, habían resultado a ser marroquíes. En agosto de 2002, la seguridad marroquí desarticuló también a un grupo autóctono, deteniendo a un centenar de sus integrantes, al que se acusó de estar detrás de cinco asesinatos y numerosas agresiones contra personas no islámicas. Meses atrás habían resultado detenidos cientos de jóvenes miembros de una corriente islamista que simpatizaban con Bin Laden. Este movimiento había surgido en el interior de mezquitas wahabitas. Luego se produjeron los atentados de Casablanca y la detención de los miembros del grupo islamista Assirat Al Mustaqim («el buen camino»).

En enero de 2002, la seguridad marroquí dice haber detectado el retorno de ciudadanos de ese país que habían permanecido en Afganistán hasta la invasión americana. En ese momento se crea la leyenda de los grupos terroristas marroquíes fundados por «los excombatientes afganos». El 11 de mayo de 2002 se desarticulaba la improbable célula durmiente de Al–Qaida que debía atentar contra la VI Flota de EEUU; en julio se producía un ataque contra los asistentes a una boda en Ulid Tunal cerca de Meknes; en agosto, resultaban detenidos treinta miembros de varios grupos radicales en Casablanca y Fez, etc. A finales de mayo de ese año se publicaba la noticia de que Al–Qaida, pretendía actuar en Marruecos y, tres meses después, un comunicado atribuido a Al–Qaeda llamaba a los islamistas marroquíes a responder firmemente a las detenciones de activistas salafistas. 
 

Los «afganos» –siempre según la seguridad marroquí– habían fundado tres grupos terroristas, de los que el más importante sería la Hichra wa Takfir, que sería la «sección marroquí»  de la Salafía al–Ŷihadía, al que pertenecerían también el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate de Argelia  y la Yihad Islámica en Egipto. El grupo resultó desarticulado tras los atentados de Casablanca, siendo detenidos sus fundadores (Yussef Fikri y Mohamed Damir) y otros 28 activistas. Otro grupo eran los Emires de Gang, al que la prensa marroquí atribuyó, bastante frívolamente, unos 500 miembros en Fez y entre 800 y 1000 en Casablanca. El tercer grupo, muy pequeño y también desarticulado tras las bombas de Casablanca, se dice que tiene vínculos entre la inmigración marroquí en España; de hecho, su líder, fue detenido cuando pretendía viajar con destino a nuestro país.

Todos estos grupos, en definitiva, no suponen nada, su actividad en los momentos de escribir estas líneas es nula e, incluso, en el 2002, sus fuerzas debían ser extremadamente débiles a tenor de la facilidad con la que fueron completamente desarticulados. En la prensa marroquí existía en aquel momento una evidente tensión. Se creía ver terroristas por todas partes, cualquier cosa para crear la sensación de que existía un «peligro islamista», lo que llevaba, necesariamente, a enajenar el voto para el PJD. En realidad, los comunicados atribuidos a Al Qaeda y todas las informaciones sobre la irrupción del salafismo terrorista se concentran ANTES de las elecciones de 2002. Pero, todas estas informaciones alarmistas no logran contener al islamismo moderado; entonces tienen lugar los atentados de Casablanca que también se producen ANTES de las elecciones municipales de 2003; deberían de haber servido para frenar el ascenso del PJD, pero, la maniobra orquestada por el majzén de amalgamar a islamistas radicales, islamistas moderados e islamistas terroristas, se salda con el fracaso.


Tras los atentados de Casablanca, diversos medios publicaron informaciones espectaculares en las que se decía que Bin Laden aspiraba a convertir Marruecos en un santuario de Al Qaeda. Eran, evidentemente, falsas. En realidad, desde febrero de 2002, no se han producido nuevas declaraciones de Bin Laden (e, incluso, se duda seriamente de la autenticidad del comunicado aparecido en esa época) y existe la duda sobre su paradero y, mucho más, sobre sus proyectos. Alguien pretendía que en Occidente se creyera que existía una amenaza de Al–Qaeda sobre Marruecos y que éste país estaba dispuesto a afrontar el desafío. Pero no era así: en Marruecos se han producido atentados terroristas y, como los del 11–M, no hay absolutamente ninguna pista que conduzca a Bin Laden o a Al–Qaeda. Ahora bien, es indudable que la seguridad marroquí, utilizaba el espantajo de Bin Laden y Al–Qaeda para alertar sobre un peligro terrorista que, al menos, en el interior de Marruecos era inexistente.

Los atentados de Casablanca sucedieron poco después de que las tropas norteamericanas escenificaran su entrada en Bagdad y el derribo de la estatua de Saddam Hussein. Poco antes, en las mezquitas situadas fuera de la influencia de la casa real, se protestaba contra el ataque norteamericano y se pedía, literalmente, «resucitar el espíritu de Yihad» y «boicotear los productos americanos, británicos y sionistas y los de todos los países que formaron parte de la coalición». El mismo PJD pidió cerrar «las embajadas de los países agresores» y añadía que «sólo la guerra santa y el martirio de la comunidad musulmana permitiría recuperar la dignidad». En aquellos días, todos los grupos islamistas, moderados y radicales, llamaron a la movilización contra «herejes y cruzados». No había matices: en esta definición se englobaban tanto a los países occidentales que se habían opuestos a la guerra, como a EEUU y sus aliados. Existía un clima de violencia verbal que pareció cristalizar con los atentados.


Unos días antes de las bombas de Casablanca, se habían producido atentados terroristas en Riad que causaron 25 muertes, entre ellas ocho norteamericanos. También en esa ocasión se utilizaron comandos suicidas, nueve de cuyos cuerpos pudieron encontrarse despanzurrados en el área de las explosiones. Con éste precedente, era inevitable pensar que la paternidad de los atentados de Casablanca correspondiera a Al–Qaeda. Desde el primer momento, el ministro marroquí de Interior, Mustafá Sahel, apuntó que ataques «fueron perpetrados por gente afiliada a grupos terroristas internacionales»… lamentablemente, no aportó prueba alguna.
Los ataques de Casablanca habían sido cuidadosamente premeditados para causar un impacto rotundo. Ya en aquella ocasión, el gobierno español defendió vehementemente que el atentado contra la Casa de España no estaba relacionado con la intervención de nuestro país en apoyo de la ocupación norteamericana de Irak. Era discutible: Marruecos también había apoyado dicha intervención y, por lo demás, el punto que resultó más dañado y con más saña fue la «Casa de España». Existía un aroma «antiespañol»  inequívoco. Incluso el Club Israelí había sido golpeado cuando se encontraba vacío y otro tanto ocurría con el atentado en el cementerio israelita, no así la «Casa de España».
Tras los atentados, la reacción de las autoridades consistió en encarcelar, no sólo a los presuntos responsables del crimen, sino a militantes de la totalidad de los grupos islamistas considerados como radicales. Por otra parte, se realizó una ofensiva política sobre el PJD. El régimen aprovechó los atentados, para criminalizar al islamismo moderado y meterlo en cintura. Se le exigió, que reconocieran el carácter sagrado de la monarquía y el rito malekita; negarse a hacerlo equivalía a hacer causa común con los terroristas; en esa democracia tan particular como la marroquí el majzén se reservaba el derecho de imponer candidatos a los partidos islamistas y, desdiciendo la necesaria libertad de información y la igualdad de oportunidades de todos los partidos, las autoridades impusieron restricciones a la información sobre los partidos islamistas, tanto en las elecciones legislativas del 2002 como en las municipales del 2003. Así mismo, una nueva ley electoral impide la autodefinición religiosa de los partidos. A pesar de todo, en las municipales del 2003, el PJD logró ser la fuerza mayoritaria en Mequinez, Kenitra y otras treinta ciudades. Solamente había sido autorizado a presentar candidatos en el 3’48% de los distritos electorales. Atentaban los presuntos islamistas radicales, pero el perjuicio mayor lo sufrían los islamistas moderados… esta es la única realidad y, ante ella, es lícito pensar en cualquier posibilidad sobre el origen de los atentados.

La manipulación del terror 

Cuando en 1999, subió al poder Mohamed VI, se abrió un nuevo período en la política marroquí presidido por los buenos deseos y las promesas de democratización del país. Pero, dos años después, todo esto se había diluido. Ni el islamismo en ascenso, ni las clases más conservadoras veían con buenos ojos estas reformas y presionaban, cada uno en sentido opuesto, para que se abandonaran. La reforma del Código de Familia (que legitimaba la poligamia y el repudio), una de las propuestas centrales del período 1999–2001, fue, postergada primero y olvidada después hasta los atentados de Casablanca, cuando, bajo la presión del traumatismo, los islamistas cedieron. Las promesas de instauración efectiva de los derechos humanos y las libertades públicas, era mirado con desconfianza por el Ministerio del Interior y por la inteligencia militar. Los atentados de Casablanca, fueron utilizados también para desprestigiar a la primera institución (que no habría tenido habilidad suficiente para impedir la comisión del crimen) e hicieron que Mohamed VI se arrojara en brazos de la inteligencia militar. Su padre había hecho otro tanto.

Hassán II utilizó al islamismo como contrapeso al movimiento democrático, pero no dudó en golpearlo con dureza en 1973 (proceso de Kenitra) y 1979 (proceso de Casablanca). El islamismo era tolerado mientras servía a los intereses de la casa real, pero si intentaba seguir un camino propio, pasaba a ser combatido sin piedad. A partir de 1975, el Islam marroquí se vio sometido, primero a la influencia de los Hermanos Musulmanes egipcios (movimiento fundado en los años 30 y reactivado en los 70), luego del wahabismo saudí (que arraigó pronto mediante subvenciones a instituciones culturales islamistas) y finalmente del chiísmo iraní (que rompía la unidad del rito malekita marroquí), las tres tendencias radicales del mundo islámico en el último tercio del siglo XX. Todos estos grupos, aprovechando la pobreza, el clima de corrupción, los abusos de poder y la falta de libertad, pudieron levantar cientos de mezquitas que surgían, especialmente, en los barrios deprimidos de las grandes ciudades. Uno de los puntales de la predicación de este islamismo era la condena a Occidente «degenerado e impío».

En los años 70, Hassán II, hombre educado en la cultura francesa, percibió el formidable poder del integrismo islámico que resultó evidente cuando Jhomeini dejó de ser un oscuro imán exiliado en París para convertirse en el inspirador del formidable movimiento que apeó al Sha del poder. Para evitar que se produjera un fenómeno similar en Marruecos, Hassán II aplicó una vieja táctica: crear, mediatizar y manipular al incipiente movimiento islamista marroquí, para evitar que surgiera un movimiento de este signo, autónomo e impermeable a las estrategias emanadas desde el palacio real. Hassán II autorizó en 1972 la actividad de la Shabiba Al–Islamiya (Juventud islámica), vinculado a los «Hermanos Musulmanes». El grupo se había fundado en 1969 pero, a partir del asesinado del dirigente izquierdista Omar Benjelún (1975) experimentó un rápido ascenso, esto es, se convirtió en un riesgo, que precedió a su prohibición.
Además del PJD y de la organización del jeque Yassin, existen otras dos grupos islamistas minoritarias, Alternativa Civilizadora y el Movimiento por la Comunidad, y una infinidad de grupúsculos de orientación salafista, una verdadera galaxia radical de reacciones imprevisibles. Algunos de estos grupos pueden estar manipulados por la seguridad marroquí, algo que no sería la primera vez que ocurre.
De entre todas las maniobras de intoxicación realizadas por los servicios de información marroquíes, destaca, sin duda, la presunta célula de Al–Qaeda que debería de haber atentado contra la VI Flota de EEUU. Quien planificó la operación de intoxicación cometió el error de cargar las tintas contra España. Se afirmó que los atentados se estaban planificando desde Ceuta y Melilla y que, por ambas ciudades debían de pasar los explosivos, hasta llegar a Gibraltar, lo que motivó e escepticismo de los servicios de información españoles y europeos en torno a la veracidad de estos datos. Es innegable que instancias de la seguridad marroquí, literalmente, han «inventado»  atentados, como ayer intentaron manipular movimientos islámicos o laicos.
En efecto, sectores inspirados en los servicios de inteligencia han impulsado la creación de grupos políticos de carácter nacionalista que hacen el «trabajo sucio»  y llegan a donde no llega la diplomacia o el ejército marroquí. Así por ejemplo, el minúsculo Partido Liberal Reformador, creó el Frente para la liberación de la Argelia Marroquí, de carácter terrorista. Treinta años antes, una formación fantasma similar, teledirigida desde el palacio real de Rabat, ya había atentado contra nuestras tropas destacadas en Ifni. Decididamente, no hay nada nuevo bajo el sol.
Al–Qaeda y Marruecos ¿realidad o ficción?
La «prueba» que se argumenta para justificar el que Marruecos aparezca como uno de los objetivos privilegiados de Al Qaeda, es el mensaje grabado por Bin Laden en febrero de 2002 (esto es, cuando el gobierno talibán había sido desintegrado y de cuyo contenido se albergan serias dudas) en el que citó a ese país entre los países musulmanes que había que «liberar de la apostasía». Fue su último mensaje. Poco después, como para indicar que la amenaza se cumplía, fue «desarticulada»  la famosa «célula durmiente de Al–Qaeda» de la que se dijo que estaba «dispuesta a atentar contra la VI Flota», acción desmesurada para un grupo que carecía completamente de con la sofisticación suficiente como para abordar actos de esa magnitud.

En 2002, el Ministerio del Interior y la Dirección de Seguridad Territorial, decidieron promulgar una ley antiterrorista que suponía un evidente recorte a las escasas libertades democráticas alcanzadas en los meses siguientes a la muerte de Hassán II.  Los islamistas del PJD se opusieron con firmeza. La situación parecía estancada hasta que se produjeron los atentados de Casablanca. También aquí, la ley fue aprobada una semana después de los atentados sin que el PJD opusiera resistencia; si lo hacía, aparecería ante la sociedad marroquí como cómplice de los terroristas.


La Ley Antiterrorista era sólo el primer hito de una ofensiva legislativa contra los sectores islamistas de oposición, especialmente, contra los que representaban algún riesgo real, los islamistas moderados.

Esta ley es deliberadamente ambigua a la hora de definir lo que es el «terrorismo» y, mucho más, la «apología del terrorismo». Tal ambigüedad permite encarcelar a sectores políticos disidentes, especialmente islamistas. Los sectores democráticos marroquíes condenaron la Ley 03/03 que limitaba los derechos fundamentales, afirmando que suponía sepultar las reformas emprendidas en el período 1999 (muerte de Hassán II) y 2001 (promulgación del Código de Prensa). La nueva Ley Antiterrorista fue aplicada por primera vez en el juicio a los presuntos responsables de los atentados de Casablanca. Diez fueron condenados a muerte. Gracias a este arsenal legislativo, pudieron ser detenidas en torno a 8.000 personas de las que apenas 838 fueron procesadas y sólo 390 fueron condenados.


Las asociaciones pro–derechos humanos marroquíes denunciaron que muchos de estos detenidos fueron torturados. Por otra parte, no es menos cierto que el Derecho Penal marroquí exonera a funcionarios que han realizado torturas siguiendo órdenes. El informe del 24 de junio de 2004, de Amnistía Internacional denunció la práctica de torturas físicas y psicológicas en el curso de las investigaciones de los atentados de Casablanca, en el centro de detención de la DST, cerca de Rabat.

Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Federación Internacional de Derechos Humanos, tras los atentados de Casablanca, han podido hablar de «un deterioro notable de los derechos civiles y políticos», especialmente, tras las bombas de Casablanca. Han aumentado las detenciones ilegales, las torturas, la manipulación de testimonios y los procedimientos arbitrarios en los que los acusados resultan condenados sin existir testigos ni pruebas inculpatorias. Ahí están los informes anuales de estas ONGs que pueden ser consultados fácilmente a través de Internet.


Tras los atentados, en el mensaje a la nación de 30 de julio de 2003 (Fiesta del Trono), Mohamed VI subrayó «la relación entre el Estado y la religión ya ha sido zanjada en nuestro país al establecer la Constitución que el Reino de Marruecos es un Estado islámico, y que el rey es el comendador de los creyentes»; en otras palabras, al rey le corresponde el monopolio de lo religioso. En ese mismo discurso, el rey lanzó una advertencia a los diputados del PJD que se habían opuesto a la ley 03/03: «consciente de los peligros de la amenaza terrorista, el Estado ha luchado por evitar este riesgo por medio de la fuerza de la ley y el envío de un proyecto al Parlamento hace algunos meses [ley antiterrorista]. Sin embargo, algunos círculos han obstaculizado sistemáticamente, coartando los planes del Gobierno».

En abril de 2004, se anunció la creación de dos nuevas direcciones generales, una dedicada a la enseñanza religiosa y otra al control de las mezquitas. Para colmo se creó el «Consejo Supremo de los Ulemas», presidido por el rey, que regularía la emisión de fatwas «para evitar la intrusión en la religión de individuos ajenos a la ley». Otras medidas promovieron el Islam tradicional sufí frente a la marejada wahabita y salafista. El ministro de Asuntos Religiosos, Abdelkader M’dagri (permisivo con los wahabitas), fue sustituido por Ahmed Taufiq (próximo a la corriente sufí tradicional). En octubre de 2004, se creó la Radio Coránica Mohamed VI, emisora vinculada al majzén, que deberá «velar por la unidad doctrinal de la fe y del rito marroquí»
Conclusiones provisionales 
Tal como hemos visto en este capítulo, hay que considerar cuatro factores diferenciados (la monarquía, el islamismo moderado, el Islamismo radical y el terrorismo) que, en realidad, tienen espacios comunes, gracias a un último factor a tener en cuenta: determinados servicios de seguridad del Estado.
Hoy se acepta que los primeros movimientos islamistas marroquíes surgieron al calor del palacio real y qué éste los utilizó para que combatieran a los movimientos laicos, democráticos y de izquierda. Cuando superaron cierto límite de seguridad, fueron duramente reprimidos. Desde principios de los años 70, Hassán II permitió que se formaran grupos subvencionados por el wahabismo saudí para así tener apoyos dentro de la Liga Árabe. De estas subvenciones surgió una tupida red de mezquitas en donde encontraron empleo los imanes y ulemas en paro surgidos de las titulaciones oficiales creadas por la administración de Hassán II. En 1990, se constituyó el núcleo inicial de lo que luego sería el PJD, estimulados desde el ministerio de Asuntos Religiosos. Cuando este partido alcanzó cierto nivel de desarrollo, Hassán II autorizó las actividades de la organización asistencial del jeque Yassín, JyC que debería servir de contrapeso al PJD. El problema fue que, el PJD vió como crecía extraordinariamente su ala radical, con la misma fuerza con la que creía el peso político del partido; y otro tanto ocurrió con JyC.
El proyecto de Hassán II de crear un sistema estable mediante un juego de pesos y contrapesos manipulados desde el majzén y los servicios de inteligencia, se evidenció, finalmente, como un fracaso absoluto: los wahabitas crecieron más allá de los límites previstos, otro tanto ocurrió con el islamismo moderado del PJD y con el radical anidado en su seno e inspirando a JyC. Para colmo, más de la mitad de la población marroquí terminó mirando con buenos ojos a la figura de Bin Laden y los atentados suicidas.
Si todo esto es indiscutible, la existencia de un terrorismo autónomo ya es más problemática. Resulta evidente que el gobierno marroquí ha exagerado el papel de los excombatientes que regresaron de Afganistán, el ministerio del Interior ha creado la ficción de que Marruecos era un objetivo preferencial de Al–Qaeda, sin duda, para congraciarse con los EEUU. Pero no está suficientemente documentado que las simpatías que arrastra Bin Laden en Marruecos, se hayan traducido en la cristalización de una organización terrorista estable capaz de elaborar una estrategia propia. De hecho, ni siquiera está demostrado que los atentados de Casablanca fueran instigados por Al–Qaeda. Y, en cuanto a la organización a la que se responsabilizó de los atentados de Casablanca, se sabe demasiado poco. Atendiendo a los datos precedentes sobre las manipulaciones del islamismo realizadas por los servicios especiales marroquíes, es lícito pensar que también los grupos terroristas han sido objeto de manipulación… especialmente cuando se valoran los efectos que estos atentados tuvieron sobre la política local y a la vista de cómo fueron tratados, política e informativamente, desde los órganos sumisos al majzén: los atentados los cometieron terroristas, pero se criminalizó tanto al PJD como a JyC.
Los grupos terroristas no suponen nunca un riesgo verdadero, los islamistas radicales y moderados si constituyen un peligro para la estabilidad interior de Marruecos en la medida en que, basados en la pureza del Islam, no dudan en recriminar al majzén prácticas corruptas.
Paradójicamente, la monarquía que estimuló el juego de pesos y contrapesos que se neutralizaban entre sí, en aras de la propia supervivencia de la institución, ha terminado siendo víctima de esta estrategia. Es lícito suponer que la siguiente trinchera defensiva de la monarquía consiste en crear una sensación de miedo que aísle los movimientos islamistas y el terror es, sin duda, la mejor estrategia para llegar a este objetivo.

No seria la primera vez que el terrorismo ha sido generado y manipulado por fuerzas de seguridad del Estado para provocar efectos de rechazo sobre la opinión pública. En Marruecos este proceder se ha repetido hasta la saciedad desde los tiempos de la independencia. Cada atentado indiscriminado sobre la población genera una sensación indeleble de terror que incita a la gran mayoría a buscar la protección del Estado. Como en Casablanca.

Ahora bien, cuando alguien crea un monstruo, se arriesga a que escape a su control. Es el mito de Frankenstein redivivo. Tras los atentados de Casablanca, los atentados del 11–M. Siempre con marroquíes como ejecutores. No hay dudas de que en la quiniela sobre los atentados del 11–M aparecen marroquíes en todas las casillas. La cuestión de fondo, también aquí, es si actuaron autónomamente, como grupo terrorista con estrategia propia, o si las bombas obedecían a otra estrategia que no tenía nada que ver con la voluntad de quienes las colocaron. A veces hay gente que cree que ha cometido un atentado por que llevó la nota reivindicativa…

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es