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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TERRORISMO

"Zona de Descargas": Teoría sobre la Organización

"Zona de Descargas":  Teoría sobre la Organización Redacción.- Se ha incluido en la “Zona de Descargas”, el folleto en PDF titulado “La Forja del Acero”, que agrupa distintos artículos sobre materia organizativa y otros inéditos, que se han ido publicando en las últimas semanas en infoKrisis y en la revista “Tierra y Pueblo”. En su conjunto, dichos artículos configuran lo que en un futuro, tras el pertinente debate, podrá ser considerado como una teoría sobre la organización. El texto consta de cinco partes, parte de las cuales ya han sido publicadas.

Descargar gratuitamente en "La Forja del Acero"

O bien en Zona de Descargas.

Sumario

La búsqueda de un modelo organizativo
Las distintas formas de organización desde 1945 hasta nuestros días


PRIMERA PARTE

El nacimiento de una teoría sobre la organización

I. La teoría leninista de la organización
II. La postguerra: Jeune Nation y el MSI
III. Las experiencias de Jeune Europe y del MJR
IV. El activismo organizado: Francia e Italia. Extraparlamentarios
V. La “lucha armada”: la experiencia de los NAR
VI. Anarco-fascismo recurrente
VII. El fracaso del modelo histórico
VIII. De la derecha nacional a la autonomía histórica
IX. La idea de la “Orden” y la “metapolítica”
X. El modelo organizativo del futuro

SEGUNDA PARTE

Hacia una teoría sobre la organización

Cuestiones previas
Introducción
I. Las líneas de rotura
II. La esencia de la lucha política en un marco democrático.
III. Más allá del liderismo. La organización democrática
IV. El militantismo ha pasado… pero ¿volverá?
V. El modelo Front Nacional y sus traslaciones en Europa
VI. E
El modelo Pym Fortune
VIII. El modelo más adaptado para España. Consideraciones previas.
El debate está abierto

ANEXO I:

La salida inmediata: estructurar el ambiente “en red”
Los cuatro elementos del modelo en red.
¿Quién dirige la red?

ANEXO II

El verdadero liderazgo político.
La tarea del liderazgo
Cómo emerge el líder
El líder y sus cualidades
El liderazgo en el siglo XXI

Una necesidad: la revisión sobre el 11-M (III de IV)

Una necesidad: la revisión sobre el 11-M (III de IV) Redacción.- El 22 de agosto, “El Mundo” ampliaba las informaciones que ya había apuntado un par de meses antes. Utilizando precavidamente los interrogantes se preguntaban: “¿Un policía preparó las bombas?”. Una pregunta tan provocadora solamente podía estar avalada por un documento definitivo… emitido por la propia policía. El 23 de agosto, “El Mundo” reprodujo completo el documento en cuestión.

[temporalmente hemos eliminado los comentarios a los artículos a causa de los excesos de algunos lectores. Si alguien tiene algún comentario que realizar, puede enviarlo a nuestro email y será incorporado inmediatamente]

La extraña trayectoria de Ayman Kalaji

Ayman Maussili Kalaji, a pesar de la procedencia que indica su nombre, es un policía español. Casi diríamos, un notable policía español. Su portentosa biografía es resumida por la Unidad Central de Información, en un informe elaborado tras los primeros datos que filtró “El Mundo” en el pasado mes de mayo. El informe fue remitido al juez Del Olmo… el cual, a pesar de la gravedad de los datos contenidos, no hizo absolutamente nada. Todo induce a pensar, en este momento de la investigación que Ayman Maussili Kalaji es una pieza clave en toda la trama que llevó a los atentados del 11-M. Esta es su vida.

El informe de la UCI, se preguntaba en negrilla: “¿Quién realizó la soldadura de los cables en el vibrador de los teléfonos móviles para que enlazaran con los detonadores?”. Luego afirman que los registros domiciliarios realizados en los domicilios de los terroristas, no han llevado a encontrar el material necesario para esa operación. Y, bruscamente, el informe se refiere a Kalaji: “Esta persona tiene los conocimientos suficientes”. ¿Qué lleva a la UCI a sospechar de quien, en el fondo, es otro funcionario policial? Muy sencillo: una mezcla de datos objetivos, la revisión del historial pasado de Kalaji y algunas de sus relaciones presentes. ¡Por que Kalaji había militado en un grupo terrorista islámico en los años 70, había reconocido ser la persona que liberó los móviles utilizados en los atentados y, para colmo, tenía relación con Moutah Almallah Dabs miembro de la célula terrorista sospechosa de colocar las bombas el 11-M…! Nada más y nada menos, tenemos a un policía colocado justo en el centro de la trama. ¿Conspiranoia? Difícilmente, porque las relaciones de Kalaji con la trama son todavía más estrechas.

Un pasado sospechoso…

Kalaji se encuentra hoy de “baja psicológica”… que estamos pagando los contribuyentes. Una extraña enfermedad para un tipo duro con vida aventurera. Su último destino, a sus 46 años, era el Grupo de Menores de la Jefatura de Policía de Madrid, pero sus primeros trabajos fueron a cuenta del Frente Democrático de Liberación de Palestina en los años 70, cuando Kalaji era Nadim Dib Salem, sirio, dirigente de este grupo marxista-leninista especializado en atentados contra intereses “imperialistas” en Oriente Medio. Él mismo afirmó haber cometido atentados en Líbano y Siria y contra los intereses israelitas. También atentó contra las Falanges Libanesas. Realizó varios cursos de instrucción “política y militar” (esto es, terrorista) y fue uno de los “instructores imprescindibles” de los comandos del FDLP en el Sur de Beirut. Fue miembro del Partido Comunista Sirio. Cuando se inició la guerra del Líbano en 1976, Kalaji fue enviado por el FDLP a Beirut promoviendo manifestaciones y acciones de protesta contra la invasión siria, alcanzando notoriedad en la zona. En 1978, a raíz de los acuerdos firmados entre las partes implicadas, Kalaji se incorpora al ejército sirio siendo nombrado en 1979, segundo jefe de la Base de Mísiles Tierra-Aire Wahdet El Sawarii, al sur de Beirut. Una de sus funciones en esa época era la instrucción de terroristas del FDLP…

¿Cómo “El Mundo” ha podido reconstruir el historial remoto de Kalaji? Muy sencillo: gracias a un informe elaborado por la UCI que llegó a la redacción del diario. Y ¿cómo pudo conocer la UCI el historial de Kalaji? Más sencillo todavía: el propio interesado lo había contado cuando pidió asilo político en nuestro país en 1980. En 1983 le fue concedida la condición de “refugiado político” y en 1990 ingresó en la Policía Nacional. Entre 1983 y 1900 realizó trabajos de traducción para la propia policía. Así pues, en apenas tres años, el terrorista se convierte en funcionario.

La familia que investiga unidad permanece unida

Kalaji se casó en España… con una policía, y así mismo, su hermana, cuando llegó a nuestro país, desempeñó también tareas de traducción para la policía. Una familia, amamantada con cargo a las ubres del Estado. No es, desde luego, la única, pero en el caso de los Kalaji hay ciertos elementos anómalos.

Desde el principio, Kalaji participó en investigaciones de envergadura, como, por ejemplo, la traducción de las intervenciones telefónicas que se realizaron en la investigación sobre el ciudadano sirio Monzer Al Kassar. Destinado a Mallorca, estuvo luego en Tarrasa y fue, finalmente, requerido por Baltasar Garzón en 1995. Buenos destinos para un policía que empezó a ser conflictivo, como mínimo, a partir de 2001. Ese año estuvo inculpado en un procedimiento penal por estafa. Había utilizado fraudulentamente tarjetas de crédito. El juez lo absolvió indicando en la sentencia que pudo haber actuado ignorando el origen robado de las tarjetas. Extraño para un policía brillante cuyos destinos causaban envidia a los compañeros.
Durante ese tiempo, había contraído matrimonio con Soledad Ruiz Sánchez, otra policía que, cuando ocurrió el 11-M estaba destinada, mira por donde, en la comisaría de Alcalá de Henares. “El Mundo” afirmó que Soledad había participado en el operativo de retirada de la furgoneta Renault Kangoo, vehículo en el cual se habían retirado las mochilas bombas antes de introducirlas en los trenes. La UCI negó ese extremo. En cuanto a la hermana, Lina Muslo Kalaji, no es policía… pero es traductora de la UCIE desde 1989, presentada por su hermano. La propia UCI reconoce que Lina ha participado en la traducción de diferentes operaciones policiales, especialmente en las operaciones Datil y Primavera, que llevaron a las desarticulaciones de presuntas células terroristas islámicas. Lina participó en las traducciones de diversas conversaciones grabadas a “El Tunecino” de cuya peligrosidad “advirtió a sus superiores”.

Por cierto, hay que recordar que Al Kassar, sirio como Kalaji, que durante un tiempo fue seguido por orden de la Audiencia Nacional por sus actividades en relación con el tráfico de armas, terminó siendo amigo del alma y protegido de Rafael Vera, hoy en la cárcel, pero en régimen de semilibertad, aquejado por una increíble “depresión”.

Resulta absolutamente increíble que tres personas vinculadas a la misma familia tengan que ver con diversos aspectos de la investigación: a pesar de que la mujer de Kalaji no estuviera directamente implicada en la retirada de la furgoneta –como dice la UCI- sí es cierto que está destinada en la comisaría de Alcalá y tiene acceso a la información dada por quienes sí participaron en la operación destinados en la misma comisaría, de paso, amigos y compañeros suyos. En cuanto a la hermana, dispone de una atalaya que le permite conocer a los islamistas más radicales (o más bocazas). Y en cuanto a Kalaji, el informe de la UCI reconoce que tiene el perfil de un fundamentalista religioso, liberó los teléfonos móviles utilizados en el atentado y, para colmo, el informe de la propia UCI reconoce que es muy probable que realizara las soldaduras de los cables al vibrador de los móviles para conectarlos con el detonador… Lo ha publicado “El Mundo”, si, pero lo ha dicho la UCI en su informe. Quien no ha dicho absolutamente nada después de recibir el informe es el juez del Olmo.

Una segunda carta del director: reabrir la comisión

El 28 de agosto de 2005, domingo, Pedro J., aprovechó para lanzar una segunda carta al director titulada “¿Y si lo hizo un policía?”, subtitulada “Segunda exposición razonada a favor de la reapertura de la Comisión del 11-M”. En dicha carta, que ocupaba página y media del diario, Pedro J. aprovechaba para extraer conclusiones de los documentos publicadas en los días anteriores y realizar amenazas no muy veladas, por cierto.

Decía, por ejemplo, Pedro J.: “Pero si [el gobierno] no es capaz de diseñar algún tipo de cortafuegos convincente, la sombra de la masacre va a estar apareciéndosele en cada esquina del nuevo curso político que comienza. Y, al margen de que el que avisa no es traidor, no lo digo tanto por el renovado empeño con que tras las vacaciones nuestro periódico va a redoblar sus pesquisas, como por el caudal de motivos que el levantamiento del secreto del sumario sigue proporcionando a la oleada de escepticismo, estupor y sospecha que con una mayor intensidad de lo que yo nunca imaginé está impregnando la base de la sociedad española”.

Pedro J. ha percibido que estamos ante un nuevo “Caso GAL”, solo que si éste tuvo como “víctimas” a una treintena larga de terroristas y colaboradores, es decir, asesinos que son, a su vez, asesinados (el que juega con fuego termina quemándose y el mejor lugar de un terrorista es la cárcel o el ataúd), el “Caso 11-M” tiene 192 víctimas, todas absolutamente inocentes. Tras el “Caso GAL” lo que había era el saqueo de los fondos de Interior por parte de todos los escalones que participaban en la trama. En el “Caso 11-M” lo que cobra cuerpo cada vez con mayor nitidez, es un golpe de Estado para alterar el normal desarrollo de las elecciones. Gracias al 11-M tenemos de presidente a un cretino –sin más, a un perfecto deficiente mental- que está convencido de que el terrorismo se combate con el “diálogo de civilizaciones”…

Por cierto, al portavoz oficial del gobierno, “El País” (y muy frecuentemente, quien marca la línea del gobierno) le cupo el dudoso honor de salir en defensa del buen nombre de los implicados. Según “El País”, todo lo relativo a las sospechas de “El Mundo” sobre que fuera Kalaji quien soldó los cables a los móviles, era una falacia. “El País” sostenía que la propia UCI atribuía dicha responsabilidad a “El Chino”. Y, efectivamente, era cierto, existía un informe interior de la UCI en el que se transmitía esa idea… sólo que –y esto lo olvidaba mencionar “El País”- el informe era 24 horas anterior al que insinuaba la responsabilidad de Kalaji. Y, por lo demás, el primer informe sobre “El Chino” (un delincuente común sin ninguna preparación como terrorista), solamente se basaba en que las huellas de este delincuente marroquí se encontraban en la carcasa de una de las tarjetas. “El Chino” no tenía condiciones para hacer otra cosa que trapicheos de poca monta con hachís o con todo lo que fuera traficable. Ni se le encontró material para soldar (soldador de estaño, rollo de estaño, como mínimo) a él ni a ningún otro de los implicados. No, las bombas no las ensambló “El Chino”, entonces ¿quién lo hizo? Nadie, a estas alturas puede acusar a nadie, pero si exponer los hechos. Las acusaciones le corresponden al juez Del Olmo, pero este permanece mudo. No es raro que “El País” se limite a preguntar: “¿Y si lo hizo un policía?”.

Realmente no sería tan anómalo que un policía participara en primera línea en las actividades del “terrorismo internacional”. Cuando se produjo el primer atentado contra las Torres Gemelas (ver nuestra obra “La Gran Mentira” ed. PYRE, 2ª Edición), se supo que la CIA había dado el permiso de entrada en el país al responsable intelectual del crimen y que la propia célula terrorista tenía a un confidente del FBI infiltrado. A este confidente le correspondió comprar los explosivos (con dinero entregado por el propio FBI) y armar la bomba… Como puede verse, no hay nada nuevo bajo el sol).

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[Para completar la lectura de este artículo se sugiere la lectura de “11-M: los perros del infierno” de Ernesto Milá, que puede ser pedido a Editorial PYRE, adb@pyrelibros.com, al precio de 20 euros más gastos de envío. Así contribuirás al desarrollo y mantenimiento de esta web].

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Una necesidad: la revisión sobre el 11-M (II de IV)

Una necesidad: la revisión sobre el 11-M (II de IV) Redacción.- A partir del 14 de agosto, las informaciones publicadas por “El Mundo”, evidenciaban tener una única procedencia: la Unidad Central de Información Exterior. Era evidente que “alguien”, dentro de la policía, estaba “liberando” información, seguramente para proceder a ajustes de cuentas en el interior del cuerpo… lo cual ha demostrado ser positivo para el esclarecimiento de los hechos.

[Para completar la lectura de este artículo se sugiere la lectura de “11-M: los perros del infierno” de Ernesto Milá, que puede ser pedido a Editorial PYRE, adb@pyrelibros.com, al precio de 20 euros más gastos de envío. Así contribuirás al desarrollo y mantenimiento de esta web].

Haddad, preso para la policía española, libre en Marruecos

Entre las revelaciones de “El Mundo”, el 14 de agosto, se realizó una nueva entrega en la que afloraba tangencialmente la responsabilidad de Marruecos en la trama. En efecto, Mohammet Haddad, uno de los implicados en el 11-M, tras recibir una orden de busca y captura en España, huyó a Marruecos donde fue detenido por la policía durante unos días y puesto finalmente en libertad sin cargos… y sin avisar a la policía española.

Haddad, para ser liberado, presentó como coartada el haber estado el 10-M viendo en Tetuán un partido de fútbol por televisión. Esto bastó para convencer a los marroquíes. Poco, realmente, ante un crimen con 192 víctimas. Lo sorprendente es que varios testigos lo reconocieron como una de las personas que manipularon las mochilas y las introdujeron en los trenes de la muerte. ¡Haddad es considerado como ejecutor material en España y se encuentra en libertad en Marruecos!

No hay que olvidar que el Estado de Derecho es una noción inexistente en Marruecos. En ese país, está en la calle, aquel que la policía “quiere” que esté en la calle, al margen de sus responsabilidades y crímenes, y está en prisión aquel que la policía –y su majestad- deciden que debe estar entre rejas. Haddad está en la calle, luego es por voluntad del Estado marroquí que siga en la calle. Nadie le ha preguntado qué hizo el 11-M, ni dónde estaba en el momento de los atentados, con lo que el Estado marroquí demuestra su desinterés –sino su complicidad- en la masacre. Las únicas limitaciones impuestas por la policía a Haddad son permanecer en el país (no sea que resultara detenido en alguno de sus desplazamientos en el exterior) y, sobre todo, que no hable con la prensa (no sea que fuera tentado para que dijera la verdad)…

La conexión búlgara

Otro de los personajes equívocos que aparecen en la trama del 11-M es el súbdito búlgaro Tony Radev, cuyo nombre afloró en los primeros momentos de la investigación, pero que, igual que en el caso de Haddad, las autoridades de su país lo pusieron inmediatamente en libertad. La policía española lo vincula a “El Tunecino”. Hay que recordar que Serhane Fakhet (a) “El Tunecino” es considerado como uno de los líderes de la célula islamista que preparó los atentados. De hecho, “El Chino” es el único personaje de toda la célula, del que nadie puede ignorar su fanatismo islámico. Se diría que está ahí para recordar que, efectivamente, el atentado tiene un origen fundamentalista. El resto de los implicados, no pasan de ser meros fieles de mezquita, pero sin ninguna fe religiosa particularmente evidente, siendo la mayoría meros delincuentes comunes, accidentalizados, de los que incluso puede dudarse que les interesara ningún aspecto –ni moderado ni fundamentalista- del Islam.

Pues bien, sería “El Tunecino” el que –según la versión oficial- enseñaría a Radev la fabricación de explosivos. Así lo deduce la policía española a partir de unos apuntes encontrados en el domicilio de “El Tunecino” en los que se muestran esquemas de bombas y explosivos. Sólo queda preguntar dónde pudo aprender “El Tunecino” estas técnicas y de quién recibió adiestramiento terrorista… algo que dista mucho de ser evidente. “El Tunecino”, a diferencia de otros miembros de la célula, no era un delincuente común, sino un estudiante becado con cargo a los presupuestos generales del Estado Español, que trabajaba como oficinista en una empresa hasta poco antes de los atentados. No da el perfil de un terrorista, ni la reconstrucción sistemática de sus pasos, en el período previo al 11-M, permite pensar que recibió algún tipo de preparación terrorista. Y, por lo demás, Radev, ciertamente, residió en Madrid, en un piso del Parque de las Avenidas, en donde estaban censados otros 16 inmigrantes -¿para cuándo una ley que impida censar hasta el infinito a inmigrantes en un mismo domicilio?- entre ellos “El Tunecino”.

Las autoridades búlgaras detuvieron a Radev a petición de la policía española. En el registro domiciliario le encontraron extraños documentos: un plano del canal de Lozoya y esquemas de explosivos… lo suficiente como para que, como mínimo, fuera extraditado a España o bien fuera interrogado en relación al 11-M. Sin embargo, Radev fue puesto en libertad sin avisar a las autoridades españolas.

¿Qué hace Radev en medio de esta trama? Resulta difícil explicarlo incluso para la policía española. Da la sensación de que su presencia otorga una sensación de “internacionalismo islamista” a la trama del 11-M. En ningún sitio se afirma que Radev sea, siquiera, de confesión islámica. De hecho, en Bulgaria existe una minoría turca de confesión islámica… pero, ni el nombre, ni dato alguno, permite suponer que Tony Radev perteneciera a esta minoría.

¿Entonces? La presencia de Radev en la trama es extremadamente confusa. “El Mundo” añade: “La policía aún mantiene muchas dudas sobre la posible implicación de este ciudadano de nacionalidad búlgara”. Pero lo cierto es que tenía los planos del canal de Lozoya y esquemas de realización de explosivos: ¿para qué cruzar toda Europa con este material que, cualquier terrorista, sabe perfectamente que puede acarrearle problemas en caso de ser descubierto?

Existe sólo una explicación razonable: Radev y sus “papeles” son uno de los pocos datos que tienden a demostrar que “El Tunecino” tenía nociones de manejo de explosivos y que, además de ser un fanático religioso, era también un tipo con “preparación” suficiente para cometer los atentados. En efecto, si eliminamos a Radev de la trama, resulta muy difícil explicar lo que ya dijimos en nuestro libro “11-M: los perros del infierno”: ningún delincuente común (como la mayoría de la célula) o ningún fanático religioso (como “El Tunecino”) se convierten en terroristas sin preparación previa. Los papeles de Radev permiten pensar que “El Tunecino” tenía esa preparación (sin embargo, un informe de la UCI, reconoce que ninguno de los islamistas detenidos tenía material ni conocimientos para fabricar bombas). Y es por eso –solo por eso- por lo que Radev debía ser detenido en Sofía con el inquietante dossier sobre el canal de Lozoya y los esquemas para fabricar artefactos explosivos. Lo suficiente como para demostrar la “preparación” de “El Tunecino”, pero no lo suficientemente intensa como para que las autoridades búlgaras lo mantuvieran en la cárcel.

Abdelmajid Boucher: 45 días en prisión en Belgrado…

Esta galería de extraños personajes culmina con Abdelmajid Boucher, “presunto autor” de la masacre de Madrid. Boucher es el increíble personaje que “huyó” del cerco policial al piso de Leganés y desapareció sin dejar huellas. Hay que decir que la peripecia de Boucher resulta absolutamente increíble. Al parecer, fue a tirar la basura aquella tarde en Leganés, cuando observó como la policía tenía rodeado el inmueble. Entonces, llamó a uno de los que se encontraban en el piso y salió huyendo. Absolutamente increíble e inaceptable.

¿Cómo podemos pensar que la policía –después de varios días de búsqueda- consigue ubicar el piso de Leganés –sin que sus inquilinos lo adviertan, a pesar de que la policía preguntaba por todo el barrio y que los inquilinos eran suficientemente conocidos en el barrio y ya se había publicado su implicación, y fotos, en la masacre del 11-M- y, en esta operación, uno de los implicados logra escapar? Este tipo de cosas no ocurren nunca en el mundo real. Habitualmente un cerco a delincuentes de esa naturaleza, resulta inexpugnable y nadie, absolutamente nadie, logra romperlo. No hay que olvidar que esta operación no era la persecución de un chorizo que había robado un coche, o de un pequeño narcotraficante, era, sin duda, la más importante movilización que realizaba la policía española tras un grupo de terroristas con tantas víctimas a sus espaldas. Y, sin embargo, uno de los “sitiados” logra romper el cerco a la carrera… Increíble, incomprensible, inaceptable.

Para colmo, ese sospechoso prosigue su vida como cualquier otro inmigrante ilegal de los millones que circulan por Europa, en los meses siguientes a su portentosa huida y a saberse buscado por todas las policías del mundo. Finalmente, su aventura termina en la vía férrea de Subotica a Belgrado, cuando es detenido sin papeles y pasa 45 días esperando la expulsión, sin que a la policía yugoslava le conste que se trataba de un “peligroso terrorista”. Para colmo, en el momento de ser detenido, Bouchar, lejos de intentar pasar desapercibido, hace todo lo posible para hacerse notar: da dos filiaciones conflictivas y manifiestamente falsas –una siria y otra iraquí… podía haber dado una tunecina, absolutamente tranquilizadora, o la de algún amigo de su propio país, Marruecos, pero el caso era vincularse a un país en situación de guerra abierta y terrorismo cotidiano, Irak, o bien de otro país, Siria, sobre el que recaen sospechas de apoyar a la resistencia iraquí- y para colmo muestra una actitud en todo momento provocadora y desafiante en relación a la policía yugoslava. A partir de esta actitud, los yugoslavos piensan si Bouchar es algo más que un inmigrante ilegal y notifican su detención a INTERPOL. Es así como la noticia de su detención llega a España.

Todo lo que rodea la “epopeya” de Bouchar es manifiestamente increíble: desde su fuga de Leganés, hasta su detención en Yugoslavia. Ni se entiende como logró huir del cerco de Leganés, ni mucho menos, como siguió moviéndose durante un año y medio por todo el mundo, sin papeles, ni, especialmente, por qué al ser detenido, no intentó pasar desapercibido y ser expulsado sin más averiguaciones. Demasiados interrogantes como para que podamos pasarlos desapercibidos.

Por cierto, la Comisión de Investigación sobre el 11-M no insistió mucho en cómo fue posible que Bouchar consiguiera huir del cerco de Leganés (al PP el tema le interesaba poco un morito que escapaba a no ser que no tuviera el teléfono de Josu Ternera en la agenda, y al PSOE, evidentemente, prefería no insistir mucho en una de las partes más opacas de la trama.

Tres personajes en busca de una trama

Haddad, Radev y Bouchar, son tres personajes equívocos de los que casi nos habíamos olvidado y cuyo recuerdo hemos recuperado gracias a las informaciones de “El Mundo” publicadas en la primera mitad de agosto de 2005. Lo más importante, estaba todavía por llegar (un policía español de origen sirio, antiguo terrorista, habría liberado los teléfonos utilizados en la masacre e incluso se sospecha que pudo haber soldado los cables en los teléfonos de las mochilas, de lo que hablaremos en la próxima entrega), pero en la primera quincena de agosto, “El Mundo” ya había recuperado el recuerdo de estos tres “terroristas”, o presuntos tales, de los que muy pocos se acordaban.

Haddad, buscado en España, reconocido como autor material del crimen por testigos, se mueve con entera libertad en Marruecos, gozando de una extraña protección a cambio de… no hablar con la prensa. Su papel es, sin duda, un cabo suelto que conduce a la seguridad marroquí.

Radev, el búlgaro no islamista, que viajó por toda Europa con los planos del canal de Lozoya y con apuntes comprometidos sobre explosivos. Su papel no es otro que demostrar que “El Tunecino” tenía conocimientos sobre explosivos.

Bouchar, el marroquí extremadamente escurridizo en Leganés, y radicalmente patoso en Belgrado, que elude un cerco de cientos de policías en lo que constituye uno de los episodios más increíbles del terrorismo mundial (el suicidio de siete implicados en la masacre: “el muerto se come siempre el marrón”), pero que provoca la intervención de INTERPOL en Belgrado y su localización por la policía español.

Estos tres personajes extraños, con unos rasgos político-religiosos mal definidos, con una participación en los atentados que tiende, son, desde luego, personajes secundarios de la trama, pero su papel no es menor, porque refuerza la responsabilidad de los presuntos terroristas muertos en Leganés.

No ha estado de más repasar las últimas revelaciones sobre su paradero, como aperitivo para lo que va a seguir, la que sin duda constituye la revelación más dramática salida a la superficie al margen de la investigación oficial: la figura de Ayman Kalaji, terrorista en los años 70, ex miembro del Frente Democrático de Liberación de Palestina, de origen sirio, llegado a España y colaborador de la policía y luego policía a su vez… la persona que liberó los teléfonos móviles utilizados en los atentados y al que la Comisaría de Información atribuye la soldadura de los cables que llevaban al detonante de, al menos, una de las mochillas-bomba. En la próxima entrega, analizaremos el papel de Kalaji, según los documentos de la UCI.

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[Para completar la lectura de este artículo se sugiere la lectura de “11-M: los perros del infierno” de Ernesto Milá, que puede ser pedido a Editorial PYRE, adb@pyrelibros.com, al precio de 20 euros más gastos de envío. Así contribuirás al desarrollo y mantenimiento de esta web].

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Tras los atentados de Londres: ¿libertad o seguridad?

Tras los atentados de Londres: ¿libertad o seguridad? Redacción.- Como suele ocurrir tras cualquier atentado terrorista, la sociedad europea se plantea medidas para que no vuelva a repetirse el episodio. Y una vez más se ha reproducido el debate sobre “libertad o seguridad”. Falso debate: el debate real es: “¿tiene una doctrina susceptible de deslizarse sistemáticamente al terrorismo derecho a utilizar la libertad de expresión para extender su baba ponzoñosa en Europa?”. No. Esa doctrina es el islamismo radical.

La responsabilidad del Islam en el terrorismo

Nuestra tesis, desde el 11-S del 2001, es: el islamismo radical es un espantajo al que le compete reivindicar y ejecutar atentados, pero no planificarlos. No está claro quien los planifica, cuál es su “autor intelectual”, o mejor dicho, la mente criminal que los programa, pero sí está suficientemente claro, quien los ejecuta y de dónde procede la carga de odio hacia Europa. Procede del islam y si queremos afinar un poco más, del islamismo radical, asumiendo –lo que no está tan claro- que hoy solo una parte del islam está instalado en el radicalismo.

Exceptuando el terrorismo residual de ETA, no hay más terrorismo en el territorio de la UE que el terrorismo islamista. Los analistas no han conseguido todavía establecer un “modelo” de este terrorismo. No deriva de la pobreza como se insinuó cuando se produjeron los atentados de Casablanca. Tampoco llega a Europa en patera. Tanto Mohamed Atta, como los responsables de los atentados de Londres, pertenecían a la burguesía ilustrada y formada en universidades europeas. En el caso de los criminales de Londres, “eran europeos”, asumiendo que “ser europeo” consiste en recibir un pasaporte de cualquier país de la UE, aun no teniendo de “europeo” más que ese documento.

El terrorismo islámico no es tampoco la resultante de una lucha “de civilizaciones” y, por tanto, tampoco puede resolverse mediante el ingenuo “diálogo de civilizaciones” zapaterista. El terrorismo islámico es la resultante de una locura que no puede ser calificada como religiosa, sino, más bien, supersticiosa. “Creer en dios” puede no ser siempre una “religión”. Cuando se examinan algunos de los preceptos y de los temas del terrorismo islámico se percibe fácilmente que se está más próximo de una superstición que de un sistema religioso. Ciertamente, el Islam, con mayúsculas es una religión tradicional, lo que algunos han definido como la “última revelación”, esto es, como una ola que trae “verdades”. Pero este “Islam ideal”, que, incluso engloba doctrinas de alta talla iniciática, como el sufismo, dista mucho del “islam real”, que, tanto en su lugar natural de expansión –el mundo árabe y el desierto- como allí donde ha sido transplantado por la inmigración –el territorio de Europa- se ha radicalizado, defendiendo la “guerra santa” (considerada solamente como la puerta de acceso brutal a un paraíso sensualista situado en un hipotético más allá. No se suicidad por “el ideal” (islámico), se suicidan por para conquistar un paraíso sensual, definido hasta el extremo, en el que el “mártir” renacerá en un mundo donde le serán concedidos siete palacios de jade, con siete harenes cada uno, compuestos por setenta y siete huríes y dispondrá de un estado de erección permanente, manteniendo siempre la edad ideal de treinta y tres años… Este es el concepto islámico del “paraíso de Alᔅ ¿religión o superstición?

Pues bien, este islamismo, provisto de concepciones como esta, atiza el odio hacia Europa. No importa que merluzos de la talla de Zapatero, eleven trabajos de COU a la categoría de estrategia de política exterior, y sostengan con una seriedad pasmosa la importancia del “diálogo de civilizaciones”, se trata de que solo existe diálogo cuando dos partes quieren dialogar. Y no está claro que un islam que defiende lindezas como el “paraíso de Alá que reciben los mártires caídos en la guerra santa” quiera dialogar.

De la misma forma que existe terrorismo etarra porque existe nacionalismo vasco, así mismo existe terrorismo islámico porque existe islamismo radical. Y –aquí volvemos a nuestra tesis- contra más radical –esto es acrítica, fanática, descerebrada- es una idea, más susceptible es de ser manipulada por cualquiera.

¿Seguridad o libertad?

Zarkozy ha anunciado que Francia revisará los acuerdos de Schöengen. Blair ha establecido medidas para el control de los servidores de Internet, como hace tres años ya hubo hecho Bush a raíz del 11-S. Todas las medidas que está proponiendo la clase política dirigente europea se basan en una limitación de las libertades públicas a cambio de garantizar una mayor seguridad. Falso debate. El razonamiento es otro.

Si aceptamos que el único terrorismo que existe en Europa es hoy el terrorismo islámico (aparte del foco tan residual como miserable de ETA), se trata de extirpar ese forúnculo purulento que ha nacido en el corazón de la Unión Europea. Si se trata de liquidar el terrorismo… hay que apuntar contra el terrorismo islámico, no contra la totalidad de la sociedad europea. No es mi correspondencia, ni mis llamadas telefónicas, ni mis correos electrónicos, lo que el Estado debe controlar… sino el de los islamistas radicales. No es mi domicilio el que deben estar autorizados a vigilar y controlar, sino las sedes de las mezquitas desde las que se expande odio sin límites a la civilización europea y a los mismos europeos considerados como personalidades aisladas. No es a la Iglesia Católica o a la Anglicana a la que hay que limitar el derecho a la libertad de expresión y controlar que desde los púlpitos se difundan ideas de odio y terrorismo… sino la predicación de los imanes radicales desde las mezquitas.

Lo que la clase política europea pretende es a confundir la parte con el todo, el terrorismo islámico con toda la sociedad europea.

Está claro que quienes tenemos la conciencia tranquila, no tenemos nada que ocultar y, por tanto, podríamos aceptar el control sobre nuestras comunicaciones, seguros de que no nos va a afectar negativamente, pero… La cuestión es otra. La cuestión es de libertades y derechos fundamentales. El derecho a la intimidad forma parte de esos derechos fundamentales, incuestionables. Si se les cuestiona, lo que se está cuestionando es la misma existencia del Estado democrático… de ahí que desde el 2001, venimos advirtiendo sobre el riesgo de involución del régimen de derechos y libertades en el seno de la UE.

No es contra la totalidad de la población europea contra la que deben apuntar las medidas antiterroristas, sino contra el sector que constituye un vivero de terroristas. Y ese vivero tiene un nombre: Islam. ¿Islám radical? Islam a secas. Una somera lectura de “El Corán” indica claramente que es imposible establecer las fronteras entre un “islam radical” y un “islam moderado”; si, en cambio puede establecerse una frontera entre islam y no islam. Basta con mirar el prepucio… sin necesidad de hacer un discurso étnico. Es a ese sector y no a la totalidad de europeos, sino a los islamistas (con o sin pasaporte europeo, nacidos dentro o fuera de Europa), a los que hay que controlar, empezando por las predicaciones en las mezquitas.

Si el islam permite que desde su seno emerjan sectores terroristas, debe de colaborar, así mismo, en la represión de estos ambientes radicales. Hasta ahora no lo hace y ha optado por “los terroristas islámicos son unos hijos de puta… pero son nuestros hijos de puta”. En este sentido, son cómplices por encubrimiento.

La seguridad es el primer derecho humano. Sin seguridad es imposible ejercer cualquier otro derecho. Para que exista seguridad hay que aplastar sin piedad, completamente sin piedad, a los que la ponen en peligro. Y no es la libertad de la sociedad europea la que hay que sacrificar, limitar o poner bajo vigilancia, sino la libertad de los sectores fronterizos con el terrorismo. Mientras el Islam no sea el primer colaborador en la desarticulación de las fracciones más radicales y extremistas, ese islam –moderado o radical- debe ser considerado como el vivero de terroristas y, por tanto, sometido a férreas leyes de control y excluido de los beneficios de la ley de libertad religiosa. No se trata de engordar a la madre de todos los terroristas, sino de esterilizarla.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El retorno del terror: otra vez el fantasma de Al Qaeda

El retorno del terror: otra vez el fantasma de Al Qaeda Redacción.- Hacía más de un año que no se hablaba de Al Qaeda, sino era relacionado con Al Zarqawi y la resistencia iraquí. Estaba cantado que, antes o después, Al Qaeda iba a actuar y ha elegido Londres el día después de la nominación olímpica. Sabemos lo que seguirá: reivindicaciones de los grupos más extraños e inexistentes, una serie de detenciones que se vincularán directamente a otros atentados (Madrid, Casablanca, Balí, Torres Gemelas, etc.)… pero nunca sabremos quién ideó el atentado y, como máximo, habrá algunas detenciones de “presuntos” terroristas. Una historia que empieza a ser demasiado repetitiva.


El fantasma de Al Qaeda emerge de nuevo

Bin Laden cumple este año el 10 de “clandestinidad”. Desde hace meses, nadie habla de localizarlo. Ya no se dice ni que está escondido en las cuevas de Tora Bora, ni en la zona fronteriza afgano-pakistaní, ni nadie se aventura a hipotetizar dónde podría encontrarse. Como mínimo, resulta sorprendente que el terrorista más buscado del mundo, físicamente inconfundible, no haya sido visto por nadie en los últimos 5 años… Más que sorprendente es completamente imposible.

Algunos responsables de servicios secretos europeos empiezan a dudar (algunos lo han dudado siempre y han reconocido las ideas y venidas de Al Qaeda como una típica operación de servicios secretos) de la existencia real de Al Qaeda y de que una persona llamada Bin Laden siga con vida, dirigiendo los tentáculos de una organización terrorista de la que todo lo que se sabe son datos fragmentarios, parciales y, en su inmensa mayoría, hipotéticos.

Se ha dicho que Al Qaeda es una “red terrorista”, que existen células por todo le mundo, solo en Londres se encontrarían 200 miembros de la organización y en España se han detenido en torno a 200 supuestos terroristas islámicos. Cifras parecidas se pueden encontrar en Francia, Italia o Alemania. Mucho ruido y pocas nueces: porque, esto nos da unos 1000 terroristas a nivel europeo, demasiados como para cometer tan pocos atentados. La razón de ser de una organización terrorista es cometer atentados. En la actualidad ETA no debe tener más de docena y media de terroristas activos, organizados en comandos operativos, sin ninguna experiencia en fuego real. Y que, de tanto en tanto, cometen atentados con facilidad. Piénsese lo que podría hacer un millar de terroristas de los que, además se dice que son excombatientes de la resistencia antisoviética en Afganistán, de las guerras del Cáucaso o de los Balcanes, es decir, con experiencia de fuego real. Y, sin embargo, este contingente, fiero, fanático, dotado de fondos inagotables, sin necesidad de recurrir al “impuesto revolucionario”, apenas es capaz de cometer un atentado al año… Imposible, impensable, inadmisible.

Londres, refugio del islam radical mundial

En un informe elaborado por el Comodoro Riciardelli, del “Cóndor Nacional”, reproducido en infokrisis, se resalta un hecho, aparentemente sorprendente: Londres es la tierra de promisión de los radicales islámicos de todo el mundo. Los vínculos entre los nombres conocidos que participaron en los atentados del 11-M, son, aparentemente, numerosos. Allí se encuentran refugiados los dirigentes del FIS argelino, entre otros.

Londres ha sido hasta ahora, el “santuario” del terrorismo internacional, es decir, el lugar en donde el terrorista se siente seguro. El principio de todo terrorista es no cometer atentados en el “santuario” que pudieran hacer peligrar su seguridad. ETA, por ejemplo, en sus años dorados, jamás cometió atentados en Francia. Los neofascistas exiliados en España durante los años 70, pactaron con el gobierno de Carrero Blanco, no abordar actividades políticas o terroristas en España, a cambio de poder permanecer en nuestro país. El “santuario” es “sagrado”. Solamente un loco, un irresponsable podría cometer atentados en el “santuario”. O bien, un provocador.

A diferencia de los servicios de seguridad del Estado español, los servicios de seguridad ingleses, curtidos en la lucha contra el IRA y liberados hoy de la presión del independentismo irlandés, vigilaban de cerca de todos estos núcleos fundamentalistas islámicos y los ha penetrado capilarmente. Resulta difícil pensar que un multiatentado de las dimensiones del que ha tenido lugar en Londres, puede pasar completamente desapercibido para unos servicios de seguridad extremadamente eficaces y que cuentan con un buen número de pakistaníes que ya cuando llegaron hace más de 30 años al Est End londinense, tenían una amplia experiencia en tareas de información e inteligencia. Por otra parte, el hecho de que en Londres exista la mayor concentración de islamistas radicales de todo el mundo, no quiere decir que la seguridad del Estado no los siga de cerca.

Si la paternidad intelectual de los atentados del 11-M se desconoce todavía, y otro tanto cabe decir de los atentados del 11-S, dudamos mucho de que pueda saberse de dónde partió la idea de cometer los atentados de Londres. Como máximo saldrán a la superficie los nombres de los peones de brega. Siempre hay imbéciles dispuestos a reconocer que ellos han participado en un atentado por el hecho de que han dejado un sobre con la reivindicación. Así pues, digámoslo claramente, pasa el tiempo, pasan los años y todavía no se sabe ni quien es, ni para quien trabaja Bin Laden, ni donde está. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, ni los atentados de Casablanca, ni los de Madrid, ni Washington, se tiene la seguridad de cómo se desarrolló el proceso de preparación y comisión de los crímenes. Hará falta saber el resultado del juicio contra Abú Dadah y la improbable “célula española” de Al Qaeda, para saber si un tribunal admite las débiles pruebas que lo responsabilizan de las dos mil y pico víctimas del WTC o si, como parece, con esas pruebas, ni Abú Dadáh, ni cualquier otro, podrían ser condenados por un tribunal regular.

No se sabe nada de Al Qaeda; al menos, no se sabe nada de esencial. Todas las informaciones, analizadas de cerca, adquieren un tinte surrealista difícilmente defendible. Veremos si los atentados de Londres siguen el mismo patrón. Apostaríamos a que sí…


El islamismo radical entra en la quiniela…

Desde el 11-S de 2001, comparando la naturaleza de estos atentados, a otros cometidos anteriormente, siempre hemos estado persuadidos de que hay que reformular todas las teorías sobre el terrorismo internacional y a ello dedicamos la 2ª Edición de nuestro libro La Gran Mentira. Resulta innegable que:

1) Existe un islam radical y fundamentalista que admite el terrorismo y lo considera una estrategia de la “guerra santa” predicada por Mahoma.
2) Existen formas de conflicto y guerra “caliente” en países árabes en donde el suicidio ritual (la “inmolación”) en el curso de un atentado terrorista, es una práctica común (Palestina e Irak).
3) Existen otras tácticas terroristas que no requieren la “inmolación” de los terroristas (por ejemplo, en Europa Occidental o en Marruecos, donde existen posibilidades de causar destrozos… sin necesidad de perder vidas de los propios terroristas.
4) Lo que se sabe de los terroristas detenidos, impide establecer una sociología del terrorismo islámico: aparecen tanto técnicos y profesionales liberales, como lumpen y delincuentes comunes… la mayoría no tienen una militancia previa en organizaciones islamistas y muchos ni siquiera muestran un interés por el islam.
5) Ni un solo tiene preparación política necesaria para establecer un plan de acción terrorista. Son políticamente ignorantes, frecuentemente no superan el nivel de fanáticos de pocas luces.
6) A la vista de todo esto, da la sensación de que existen dos niveles: uno conocido, que tiene como actores reconocidos a islamistas radicales o presuntos tales; y otro nivel de ideación de los atentados y programador político de los mismos, del que no se sabe absolutamente nada seguro.

Por qué un atentado ahora. Por qué en Londres

Los atentados de Londres eran esperados, pero sorprende que se hayan producido justamente en estos días. Si se atentó en España, con más razón debía de atentarse en Londres. Pero, claro, todo esto si aceptamos que ambos atentados están relacionados con Irak y con la cumbre de las Azores. Y afirmar esto resulta muy aventurado.

“El Egipcio”, detenido en Roma y extraditado fugazmente a España para responder sobre el 11-M, afirmaba que había estado trabajando en la preparación de los atentados, desde 2001… esta declaración es grave, por que desvincula el crimen del 11-M de la guerra de Irak. En 2001, España no había dado absolutamente ningún paso en dirección de aproximarse a EEUU en su campaña de agresión a Irak. Así pues, si “el Egipcio” tiene algo que ver con los atentados, su preparación es previa a Irak.

Por otra parte, entre el Islam marroquí –al que pertenecen la inmensa mayoría de los detenidos e “inmolados” en Leganés- sostiene que Al-Andalus es tierra del Islam ocupada por infieles y paganos. Su aspiración –crecida con la inmigración marroquí en España- no es otra que recuperar Al-Andalus para el islam. Y esto tiene también muy poco que ver con Irak.

¿Tiene algo que ver con Irak el atentado de Londres? ¡Quien puede saberlo! Todo lo que es hablar sobre los atentados firmados con la rúbrica Al Qaeda, es trabajar sobre hipótesis de difícil confirmación. No sabemos, exactamente, quien fue el autor intelectual de los atentados de Madrid, Washington, Londres, París, Casablanca o Balí… sólo sabemos que la versión oficial tiene excesivos agujeros negros como para dudar razonablemente de ella. Ni siquiera sabemos si existe un único centro de ideación de los atentados, o si existen varios centros que programan los mismos y utilizan a distintas bandas de islamistas o delincuentes magrebíes o árabes.

Se ha interpretado el atentado de Londres como una respuesta de la galaxia Al Qaeda a la cumbre del G-8. Erróneo. El G-8 se ha reunido durante más de diez años en países, igual o más comprometidos con la política exterior norteamericana y, con defensas antiterroristas mucho menores, que además, no era “santuario” del islamismo radical. Canadá, por ejemplo. Se ha interpretado que era una respuesta a la euforia londinense por la adjudicación de las olimpiadas del 2012. Erróneo. Un atentado de estas características no puede improvisarse en el plazo de 18 horas, hacen falta, como mínimo, unas semanas de preparación. Y, por otra parte, Londres, distaba mucho de ser la favorita en la competición por los juegos. Así mismo, se ha interpretado que el atentado era una respuesta a la presencia de tropas inglesas en Irak. Error. Era mucho más fácil golpear a otros países europeos de segunda fila (Polonia o Italia), o del Tercer Mundo que apoyaron la intervención norteamericana y mantienen tropas en Irak o Afganistán. Londres, en el fondo, era un objetivo difícil: el MI-5 y el MI-6, trabajan juntos y sin fisuras, junto a Scotland Yard, en la lucha antiterrorista, desde las ofensivas del IRA en los 70-90. Por lo demás, ya hemos aludido a la infiltración que la seguridad británica ha realizado en los grupos integristas islámicos que se cobijan en el santuario londinense.

El atentado ha sido en Londres por que Londres estaba, por muchos motivos, en la cabecera de los diarios y a grandes titulares: el inicio de la presidencia de Blair en la UE y su papel de liderazgo mundial asumido por el líder laborista, ha sido el principal detonante… ¿es éste el verdadero motivo? Sinceramente, lo dudamos. Hay otro mucho más esencial.

El 7 de julio en Londres, ha reavivado el 11-S para los norteamericanos y el 11-M para los españoles o el 8 de mayo para los habitantes de Casablanca. Se trata de atentados que se capitalizan y refuerzan unos a otros. En este contexto es mejor aludir a un “terrorismo globalizado” que a un terrorismo de Al Qaeda. Si eliminamos del análisis todos los datos facilitados por la CIA y los Departamentos de Estado y de Justicia norteamericanos, sobre la existencia de Al Qaeda, nos quedan unos crímenes desnudos que han servido para generar iniciativas políticas que, de otra manera, serían difícilmente presentables ante la opinión pública: la invasión de Irak, la invasión de Afganistán, el Acta Patriótica, en EEUU; la criminalización de Islam moderado y la persecución indiscriminada contra islamistas radicales (pero no terroristas); la subida al poder de ZP y la consiguiente retirada de tropas españolas de Irak con el inicio del desmigajamiento de la “coalición internacional”, etc.

Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, el terrorismo no es siempre un factor de inestabilidad, sino que muy frecuentemente, desde el siglo XIX, contribuye a reforzar la estabilidad del Estado. La transición española, por ejemplo, hubiera sido impensable sin que ocurrieran fenómenos terroristas de envergadura desconocida hasta entonces en nuestro país. La “semana trágica”, el secuestro de Oriol y Villaescusa, el asesinato de cientos de guardias civiles, policías y ciudadanos por parte de ETA y el GRAPO, o de una extrema-derecha manipulada hasta la saciedad, una larga serie de episodios terroristas de origen desconocido, permitieron que unos demagogos establecieran el axioma de “contra terrorismo, democracia”. De no haberse producido la semana trágica de diciembre de 1976, sin duda el PCE hubiera tardado más en ser legalizado, los últimos mohicanos del franquismo hubieran presentado una resistencia mayor y, finalmente, el proceso se hubiera alargado. En realidad, la transición no fue un período modélico y exportable, sino un caos constante en el cual la democratización avanzó, no tanto por la presión de fuerzas sociales, como por episodios traumáticos de terrorismo. “Cuando llueve es preciso situarse bajo el paraguas”… Cuando arrecia el terrorismo insensato, criminal y asesino, realizado por no importa quien, la población y las distintas fuerzas sociales tienden a ponerse bajo la protección del Estado protector de toda violencia y defensor del orden constitucional.

Este fenómeno no es nuevo. Desde finales del siglo XIX, era evidente que el terrorismo anarquista no debilitaba al Estado, sino que enajenaba simpatías a quienes lo ejecutaban y, consiguientemente, tendía a reforzar los vínculos de confianza entre la población y el Estado. Este proceso ha sido analizado hasta la saciedad desde la misma época en la que se desencadenó. Al Qaeda parece no haberse enterado.

Ahora bien, si unos cuantos extremistas islámicos, con el cerebro carcomido por una interpretación sectaria, zafia y rigorista de El Corán, sin capacidad, ni inteligencia, ni preparación técnica, ni medios, simples delincuentes comunes o locos con el cerebro recalentado por una locura seudoreligiosa, están dispuestos a cometer unos cuantos atentados, basta con que una central de inteligencia diseñe y marque las situaciones puntuales en las que el activar atentados criminales, para lograr nuevas correlaciones de fuerzas que beneficien a los intereses de su promotor intelectual.

A partir de ahora y en las próximas semanas…

Una vez promovido el atentado, la película de los hechos va a ser, más o menos, como sigue:

1) Se producirá una retahíla de “alarmas” (siempre infundadas) que anunciarán nuevos atentados; así se multiplicará el efecto del atentado inicial. No hace falta colocar más bombas, ni matar más gente, basta, simplemente, difundir informaciones falsas sobre colocaciones de explosivos.

2) Se detendrá a unos cuantos activistas de base, o delincuentes vinculados a medios fundamentalistas islámicos cuyos perfiles ya figuran en las bases de datos de la seguridad inglesa.

3) Se unirán los nombres de estos detenidos a otros nombres que ya han aparecido en atentados precedentes. Así se logra revitalizar el impacto que cada uno de estos atentados previos, genera en la opinión pública.

4) Estos vínculos nunca terminarán de estar del todo claros. Se basarán en listados de llamadas telefónicas y en pruebas absolutamente circunstanciales, buena parte de las cuales se referirán a individuos en paradero desconocido o, simplemente, muertos.

5) Se preferirá pensar que los atentados han sido cometidos materialmente por islamistas llegados de fuera del Reino Unido, antes que ejecutados por islamistas nacidos en las islas británicas. Así se evitará la aparición de una oleada de racismo y xenofobia anteislámica.

6) Los juicios sobre este atentado jamás se verán, ni se trabajará desde bases nuevas y sólidas para aislar el foco ideador del terrorismo islamista; se preferirán titulares que atribuyan el hecho, sin muchas pruebas, a una célula islamista improbable que aparecerá en el imaginario colectivo de la sociedad británica como único responsable. Y carpetazo al tema, hasta el próximo atentado, seguramente en Italia o Alemania.

A medida que se vayan sucediendo estos episodios, que, inevitablemente siguen a todo atentado con “el sello Al Qaeda”, la opinión pública se irá sobresaltando y situando bajo el paraguas protector del Estado. Un nuevo dejà vû, en definitiva.

El instante del atentado: fundamental

En este tipo de atentados de origen desconocido –los que llevan el “sello Al Qaeda”- es importante fijarse en la fecha en qué ocurren. El 11-S siguió en pocas semanas a la ruptura de conversaciones entre el gobierno norteamericano y los talibanes por el oleoducto que debía conducir el petróleo del Cáucaso hacia los puertos del Indico. El 8 de mayo en Casablanca, precedió a las elecciones generales en las que los islamistas del Partido de la Justicia y el Progreso (islamistas moderados) debería haber reeditado el éxito obtenido pocos meses antes en las elecciones locales. El 11-M venía justo antes de las elecciones con la verosímil intención de provocar un vuelco electoral. Los atentados de San Fermín en Londres, se producen, así mismo, en un momento clave para la sociedad británica.

Es sólo unos días antes del crimen cuando el nacionalismo británico se revitaliza recordando los doscientos años de la victoria de Trafalgar, con una celebración desusada y excesiva. Luego siguen los episodios a los que ya hemos aludido y que refuerzan el liderazgo mundial de Blair (reunión G-8, presidencia de la UE, concesión de los JJOO, todo ello tras la victoria electoral laborista de marzo). Y, finalmente, el 10 de julio se conmemoraba –así mismo, de manera desmesurada- el final de la II Guerra Mundial. Todo esto genera un cuadro particularmente deseable para cualquier especialista en operaciones psicológicas: este atentado, llegado en el momento en que todos estos episodios mencionados se cruzan, contribuirá a reforzar la unidad británica, la identidad del pueblo inglés, considerada como radicalmente diferente a cualquier otra. Reforzará, en definitiva, el nacionalismo británico y operará un efecto multiplicador sobre los episodios mencionados.

El pueblo y el gobierno británico, no se han desmoronado con el atentado (a diferencia de lo que ocurrió el 11-M, cuyo efecto fue capaz de operar un cambio de gobierno y una retirada apresurada de tropas… para que no volvieran a ocurrir atentados similares), sino que se ha reforzado con alusiones esperadas sobre los bombardeos de Londres en 1940-41.
Este atentado ha contribuido, como pocas iniciativas, a reforzar la identidad inglesa. Un amigo londinense me decía por teléfono, pocos minutos después de que los teletipos dieran las primeras noticias del atentado: “Hoy creo que no podré volver a casa, deberé quedarme en el Withehorse Hotel” (un conocido burdel londinense). Y tras esta muestra de humor británico me manifestaba su orgullo de ser inglés.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es