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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Del "frente político nacional" al "frente político social" (II de III)

4. ¿Existe un riesgo de ruptura de España?

Vale la pena preguntarse si estas acusaciones pueden tener visos de verosimilitud. La pregunta a la que hay que contestar es ¿se rompe España? “Se rompe España” es la frase que se reprodujo con frecuencia obsesiva en El Alcázar y en Fuerza Nueva durante la transición. Bien, han pasado 30 años, España no parece haberse roto. Si esto es incuestionable, habrá que ver ahora si España puede romperse en los próximos años.

La respuesta es no. Esto debería de satisfacernos a todos, pero sin embargo, la extrema-derecha reacciona ante una afirmación así, acusando a quien lo hace de “tibieza”, sino de traición. El problema es que puede demostrarse que los hechos, no solamente van en contra del “España se rompe”, sino que la unidad nacional está garantizada por décadas. Vamos a intentar demostrarlo:

1)  El verdadero riesgo para la unidad de España fue el Zapatero de la primera legislatura: un imbécil que llegaba con ideas nuevas y que no tenía ni experiencia de gobierno, ni siquiera ideas claras. Sus criterios humanistas universalistas hacían que la idea de “nación” se la trajera al fresco. Y el pueblo español reaccionó: manifestaciones inmensas en Madrid con banderas nacionales, caída en picado de intención de votos durante la tramitación del Nou Estatut de Catalunya, hicieron que ZP repensara su alianza con ERC y los dejara literalmente en la estacada. No es que hoy ZP haya devenido un “patriota” (lo suyo no es incurable). Es que ha sido la intención de voto y los sondeos de opinión lo que ha evidenciado que la mayoría de este país no está para aventuras independentistas. Y ZP dio marcha atrás, no por convicción -de hecho detrás de su actitud no había convicción alguna en nada- sino por sentido de la supervivencia política..

2) En los últimos meses UPyD se ha afirmado como fuerza política presente en el Parlamento del Estado, en el Parlamento Europeo y en el Parlamento Vasco. Es una fuerza ascendente en torno a la cual se recompondrá buena parte del panorama político español. Sus perspectivas de crecimiento son buenas y de confirmarse su expansión en las próximas municipales, habrá que suponer que en 2012 o cuando se convoquen nuevas elecciones generales Rosa Díez logrará disponer de un grupo parlamentario propio. Si bien en las anteriores generales, los votos de UPyD parecían haber llegado sobre todo del PP, en las últimas europeas, especialmente en Madrid, no hay duda de que han recogido buena parte del voto de la decepción socialista. Esta tendencia, en nuestra opinión, irá aumentando en los próximos años, especialmente porque en 2012 los “decepcionados del socialismo” serán legión. Así pues, en el marco de un gobierno el PP o del PSOE “en minoría”, los apoyos parlamentarios ya no se obtendrían necesariamente de los partidos nacionalistas, sino especialmente de UPyD, lo que aleja a los nacionalistas periféricos de la situación envidiable de la que han disfrutado en los últimos 30 años.

3) La tendencia general de la opinión pública, indica que el nacionalismo periférico cada vez encuentra mayores resistencias: sin ánimo de ser exhaustivos recordamos, entre otras la victoria del PP en las elecciones gallegas desplazando a una coalición de socialistas y nacionalistas gallegos, con toda la marcha atrás que va a implicar en el tema de la “construcción nacional de Galiza”; la victoria del PSV en las elecciones vascas que, con el apoyo del PP, han sido capaces de desplazar al PNV, con la consiguiente desnacionalización de la sociedad vasca; la manifestación en Baleares contra la política lingüística del gobierno autonómico; la pérdida de vigor electoral, casi hasta el desplome, de las dos opciones nacionalistas-independentistas catalanas, ERC e ICV… todo esto indica una “línea de tendencia”: nosotros hemos afirmado desde hace años que los partidos nacionalistas se iban “ruralizando”, iban desapareciendo cada vez más de las grandes conurbaciones para mantenerse en sus feudos, en la “periferia de la periferia”; el caso, por ejemplo de Girona, es muy claro: allí ERC sigue teniendo cierta fuerza social, pero en Barcelona y su cinturón industrial es un cero a la izquierda.

4) La Unión Europea es una “unión de Estados Nacionales”, no una unión de regiones o de nacionalidades. Si ya la “Europa de los 27 Estados” es ingobernable, una “Europa de las 150 regiones” sería impensable. No es raro que en la UE no exista ni una sola componente favorable a la “regionalización” de Europa. Todo lo contrario: si Catalunya o Euskalherria se escindieran, la UE sería la primera interesada en asfixiar esta intentona, pues ningún país de la Unión está interesado en que existan precedentes que conseguirían desmembrar a todos los Estados de la Unión y, especialmente a las dos “locomotoras europeas”, Francia y Alemania. En este sentido la políza de garantía de la “unidad nacional” es, precisamente, y sin paliativos, la Unión Europea.

Todos estos elementos son indicativos de tres hechos:

- Si bien no puede hablarse de una eclosión del “nacionalismo español”, lo que sí resulta innegable es que, pasada la fiebre de la primera legislatura de ZP y su pasotismo ante el Nou Estatut, lo cierto es que la presión de la opinión pública ha obligado a ZP a rectificar y hoy no existe auge independentistas en ninguna autonomía del Estado.

- El papel político de los nacionalistas irá en disminución mientras el papel político de UPyD vaya en aumento: la “bisagra” ya no lo serán CiU, ni PNV. Y si no lo son, su papel político, incluso en sus autonomías, irá descendiendo poco a poco.

- La escena internacional en Europa es contraria a la aparición de aventuras secesionistas. Éstas no tendrían apoyos suficientes.


Con todo lo cual creemos haber demostrado suficientemente que la unidad del Estado dista mucho de estar en peligro. El “España se rompe”, sigue siendo un grito de alarma, pero no una amenaza real.

Frente a esto, los que sostienen todavía el “España se rompe” alegarán que las políticas educativas nacionalistas ya han hecho daño (a estos les decimo que son muy optimistas sobre la eficacia del sistema educativo: si no es capaz de enseñar matemáticas, tampoco es capaz de enseñar catalán, historia catalana, ni nacionalismo… el destrozo educativo hace que los contenidos nacionalistas insertados por PNV y CiU/ERC tengan efectos mínimos) pero estas políticas son reversibles; nos dirán que el himno nacional fue pitado en tal o cual partido de fútbol (y nosotros les diremos que los fenómenos de masas que implican como un estadio, contagio, son fáciles de controlar, pero no reflejan ni siquiera la opinión de los que silban, que frecuentemente ignoran por qué silban como no sea para llamar hijoputa al árbitro); nos dirán que el “nou estatut” tiene contenidos independentistas… (El Estatut, efectivamente, es un texto en buena medida insalvable que veremos cómo llega del Constitucional, pero, sea como fuere, su aplicación deriva de quien tenga las riendas en Catalunya: el problema no es de “contenidos” sino de “lealtades”. Hoy la clase política catalana no tiene más lealtad que el cultivo de su bolsillo y Epaña es todavía el mejor marco para sus negocios).

A esto añadiremos que la marcha de las grandes líneas culturales de la modernidad van en contra del nacionalismo regionalista: solamente sobrevivirán las “grandes culturas”, la inglesa, la hispana, la rusa, la china, la árabe… y al resto le quedarán algunos espacios de expresión, pero en escenarios culturales secundarios. La tendencia actual es a que el uso social del catalán está estabilizado, con cierta tendencia a la disminución, incluso en universidades. El gobierno de la Generalitat contesta con “órdenes”, “decretos” y normas de imposición lingüística, generando que los maestros de catalán, con su rigor y preciosismo, sean odiados por buena parte del alumnado. Nunca como hoy se ha hablado tanto castellano en el cinturón industrial de Barcelona, por mucho que la política lingüística de la Generalitat presione. Toda presión contra la tendencia de la sociedad tiene como contrapartida el “rechazo”. Por otra parte, los niños y jóvenes catalanes juegan con video-juegos, bajan música y películas de sistemas P2P casi unánimemente en lengua no-catalana. Los esfuerzos de la Generalitat en materia lingüística para imponer software en catalán se han coronado con los mayores fracasos a pesar de las subvenciones. Como ocurre con toda burocracia, los burócratas de la Generalitat creen que pueden reformar a la sociedad por la vía del decreto y la imposición. Pero, antes o después, aparece la evidencia de que la sociedad va a su ritmo.

En lo que a nosotros se refiere somos de los que opinamos que la “cultura catalana” está en reflujo y que una cultura que ha crecido a golpe de subvención puede desaparecer de un día para otro en cuando esos subsidios desaparezcan. Por otra parte, en Catalunya no existe problema lingüístico: el problema está en las instituciones catalanas gobernadas por nacionalistas y que creen que obtendrán más votos excitando el nacionalismo. Pero en Catalunya, a nivel de convivencia, el hecho lingüístico está completamente asumido por la sociedad: hay dos lenguas que se hablan indistintamente.

Definitivamente, no hay riesgo de ruptura del Estado. España, afortunadamente, no se rompe.

5. Y llegó la crisis económica. El “patriotismo” hoy

En junio de 2007 empieza el desplome del sistema financiero. Este desplome afecta a España a partir de septiembre de ese año, pero la existencia de esa crisis no se reconoce hasta abril de 2008. Desde entonces y, probablemente en los próximos 4-6 años, iremos hundiéndonos cada vez más en una crisis que es económica y que no tiene nada que ver con el problema de la vertebración del Estado. De hecho, el problema de los nacionalistas periféricos y el hecho por el que desde que se inició la crisis cada vez van perdiendo más influencia es porque la intensidad y profundidad creciente de la crisis económica, aleja a las masas de las reivindicaciones nacionalistas. El hecho de que nacionalistas catalanes y vascos siguieran como si nada, con sus imposiciones lingüísticas y las aperturas de “embajadas” en los lugares más absurdos (la última de la Generalitat se inauguró en México DF…), es la mejor propaganda para ahuyentar el voto de esas opciones en tiempos de crisis. El nacionalismo regionalista solamente puede prosperar en períodos de bonanza económica cuando gentes con el estómago lleno y tiempo para el ocio pueden dedicarse a “inventar naciones”, pero es abandonado por las masas en cuanto la crisis hace que los problemas regionales se trasplanten a conjuntos más amplios (el Estado, Europa).

Los nacionalistas periféricos no se caracterizan por tener técnicos y economistas, por la sencilla razón de que estos problemas jamás podrán ser resueltos en los marcos autonómicos, sino que precisan el concurso de unidades más amplias. Hoy, además de todo lo dicho anteriormente, sobre la falta de perspectivas de los nacionalismos regionales, se añade una crisis económica que siega la hierba bajo sus pies. Basados en el despilfarro y en las inversiones tendentes a reforzar “la construcción nacional de Catalunya” o de Euskalherria, en períodos de crisis, estas actividades –que los nacionalistas consideran irrenunciables en su programa- tienden a convertirse en despilfarros intolerables a ojos de la opinión pública. Esto no hace sino oscurecer las perspectivas de estos partidos en el momento actual e incluso nos atrevemos a pronosticar que el futuro de ERC es problemático en los próximos años.

Ahora bien, en la extrema-derecha las contradicciones no son menores. Habitualmente todos los partidos de extrema-derecha, con pocas variaciones, hace de la “unidad nacional” el eje de su actividad, hasta el punto de que ante cualquier intento de elaboración de un programa, el primer punto es “la defensa de la unidad nacional”… como si esta no estuviera suficientemente garantizada. La extrema-derecha no ha advertido todavía que la política es algo cambiante, fluido: el riesgo de ayer –el de desmembración nacional que existía en 2005-6 cuando el pobre imbécil de ZP multiplicaba sus declaraciones a favor del “nou estatut”- ya no existe hoy.

Y este es el problema, porque:

- hoy no existe riesgo de desmembración nacional (y creemos haberlo demostrado),

- hoy existen más patriotas, fuera de los grupos de extrema-derecha y la opinión pública lo percibe en partidos tan distintos como UPyD (socialistas jacobinos, único tema en el que reside su fuerza y que van a explotar electoralmente), por no hablar del PP dado a sacar a bandera nacional en determinadas coyunturas.

Por tanto las conclusiones a las que estamos llegando son DEMOLEDORAS:

- Un espacio político que centra buena parte de su actividad para responder ante una perspectiva que jamás se producirá (el “España se rompe”) muestra un nivel de desenfoque que es en donde reside su incapacidad para despegar electoralmente. El electorado se moviliza ante problemas reales, no ante problemas que no son contemplados como tales.

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La endeblez estructural de la extrema-derecha (multifraccionada en 12-14 siglas y tres familias) hace que su patriotismo sea poco creíble (si no es suficiente como para asegurar su unión estructural habrá que pensar que el “patriotismo” se sitúa muy por detrás de las ambiciones de camarilla y de grupo y está subordinado a ellas… lo que, otra parte, es rigurosamente cierto) y que puestos a defender un patriotismo eficiente y posibilista, el electorado medio prefiera votar al PP caracterizado por ser un “partido españolista” en Catalunya y Euskalherria y capaz de realizar movilizaciones masivas a favor de la unidad nacional en Madrid.

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Ante la actual situación de crisis económica, e incluso ante situaciones de supervivencia personal que aparecerán en los próximos meses, la sociedad no va a atender a propuestas de “unidad nacional” o de “patriotismo” porque el frente principal de crisis no es el “nacional”, sino el “económico-social”. ¿Qué se le va a recomendar al parado? ¿Qué se manifieste a favor de la “unidad nacional”? El desenfoque es evidente.

En  conclusión, mientras la extrema-derecha tenga como único elemento de referencia el nacionalismo o el patriotismo, se situará por decisión propia fuera del cauce esencial por el que HOY POR HOY  Y EN LOS PRÓXIMOS AÑOS va a discurrir todo el debate político. Y éste no va a discurrir por la vertiente NACIONAL, sino por la vertiente SOCIAL.

6. El “patriotismo social”

En los sectores más lúcidos de la extrema-derecha el proceso que hemos descrito unas líneas arriba (el que la crisis económica precipitara una crisis social) se intuía oscuramente desde hacía años. Entre 1999 y no hace mucho, algunos nos preguntábamos porqué la capacidad de penetración de la extrema-derecha española en el electorado era mínima, a diferencia de otros partidos europeos que han superado incluso el 30% de los sufragios. Nos dábamos distintas respuestas y la primera de todas era la vinculación con formas del pasado reciente que comprometían nuestra acción. De ahí emergió la doctrina de la “autonomía histórica” para resaltar el hecho de que una acción política en el presente no tenía necesariamente por qué tener como referencias a movimientos, ideas o planteamientos del pasado. Era, una especie de revuelta edípica en la que se creía que bastaba con “matar al padre”. En realidad, esa doctrina se aplicó solamente en la primera etapa de DN, desde su fundación hasta 2001, años en los que el partido tuvo una influencia limitada, pero, al menos, estuvo cohesionado interiormente e identificado con la doctrina sobre la que se justificaba su creación. En aquel momento, la militancia de DN, heredada en parte de JJEE, no estuvo en condiciones –en nuestra opinión- de traducir la doctrina de la “autonomía histórica” en una práctica política agresiva. Por otra parte, DN se funda justo cuando empieza el período de crecimiento económico (1996) y cuando llega la crisis (2007) ya ha sufrido crisis que dentro del partido solamente han dejado a uno de sus fundadores… el único que no compartía las tesis de “autonomía histórica”, por lo demás.

En el primer período de DN se creía que la mejor definición de los contenidos era el “nacional-populismo”, sin embargo, como digo, la conferencia de Martín Beaumont en la Universidad de Verano de 2001 fue una verdadera vacuna para muchos. Luego, en un medio que no consigo definir con exactitud (y solicito ayuda a los que suelen tomar acta de estos episodios. Quizás debió ser en 1999 o 2001 cuando empezamos a oír hablar de “socialpatriotas” en algunos foros, p.e. Disidencias) apareció la idea del “patriotismo social” que, poco a poco se fue imponiendo y que nosotros mismos asumimos. Frente al patriotismo constitucional del PP, frente al patriotismo de fortuna del PSOE, nosotros levantábamos la bandera del “patriotismo social” que era una forma de formular la doctrina de la “preferencia nacional” y ligar el problema “patriótico” al tema de la lucha contra la inmigración masiva y la pérdida de identidad nacional.

Oscuramente, algunos presentían que se estaban desplazando los frentes: el patriotismo, por sí mismo, ya no era suficiente, ni bastaba como soporte de una lucha política. Además, los nuevos militantes que iban llegando tenían como característica común el pertenecer a grupos sociales de la pequeña y baja burguesía y de la clase media, muchos de ellos conocían el problema del paro, de los contratos en precario y dificultades económicas y los que eran estudiantes no tenían claro su futuro al acabar las carreras. Así pues, para ellos, el “patriotismo” a secas era poco. Había que añadirle la partícula “social”. Y eso fue lo que hicimos: intentar dar un nuevo basamento al “patriotismo” y a eso le llamamos “patriotismo social”.

Este “patriotismo social” consistía en afirmar que no existe patriotismo de tal nombre más que cuando todos los hijos de una nación han alcanzado un nivel económico social que les garantice dignidad. Cualquier otra forma de patriotismo era considerada como “tibia” e insuficiente. A partir de ese momento, una parte de la agitación y propaganda de estos grupos tuvo como eje el “patriotismo social” y, de hecho, al menos por lo que se refiere a España 2000, dio relativos buenos resultados.

El problema era que estas ideas de “síntesis” en España nunca han dado resultados definitivos: así, por ejemplo, el nacional-sindicalismo ha sido una síntesis inestable de “patriotismo” y “sindicalismo” que ha generado una “derecha falangista” que atribuía más importancia a “lo nacional” que a lo social y una “izquierda falangista” que hacía justamente lo contrario. En lo que se refiere al “patriotismo social”, frecuentemente reaparecía el “patriotismo” puro y simple y salvo grupos de militantes con cierta formación política, se tendía a confundir el “patriotismo social” con el “patriotismo” a secas y éste con un planteamiento muy similar al que podía defender el PP solo que algo más exaltado y radicalizado

Esta “exaltación” era lo que hacía que la percepción que la sociedad seguía teniendo de estos grupos fuera la que correspondía a grupos de extrema-derecha clásicos, herencia terminal del franquismo. Y esto llevaba directamente a la marginalidad política más absoluta. Además, como para colmo, frecuentemente reaparecían en foros y en webs frecuentes referencias al pasado franquista, celebraciones del 1º de abril de 1929 y del 18 de julio de 1936, y como era imposible establecer una línea nítida de separación entre el “sector histórico” y el “sector de la autonomía histórica”, la credibilidad quedaba anulada por completo y el “patriotismo social”, en lugar de ser una práctica política de un sector que quería emerger porque tenía soluciones a problemas de hoy, pasaba a ser a los ojos de la opinión pública, un grupo de nostálgicos exaltados en los que políticamente no se podía confiar.

Una bandera nacional es patrimonio de todos los ciudadanos. Si hace de ella una bandera política, se corre el riesgo de hacer que el efecto generado sea contraproducente para la idea que se intenta defender. Si hoy algunos sectores del socialismo o del PP son “tibios” en cuestión patriótica es precisamente porque, por una pura política de marketing rechazan identificarse con los sectores patrióticos de extrema-derecha y tienen necesidad de atemperar sus posiciones. Sin olvidar que el franquismo generó una oposición democrática que, al rechazar al régimen de Franco y a sus contenidos, rechazaba también el nacionalismo del que hacía gala.

Sobre este terreno cabe decir que la política de Franco en materia regional fue inexistente. Todo consistió en confundir “regionalismo”, con “independentismo” hasta extremos que denotaban una forma obtusa de percibir la realidad. Lo que resulta más sorprendente todavía es que la concepción franquista del Estado fue ¡jacobina! Y que este jacobinismo ni siquiera tenía que ver con dos de las tres componentes del régimen: los partidos regionalistas integrados en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) distaban de ser jacobinos, los carlistas, por su parte, no solo no eran jacobinos sino que se consideraban visceralmente antijacobinos, partidarios de la legislación foral, esto es de los fueros regionales. Solamente la Falange podía defender un nacionalismo exaltado… e incluso en algunos textos de José Antonio –su ensayo sobre “La Gaita y la Lira”- están alejados de ese espíritu.

La única explicación es la que hemos dado en otras ocasiones sobre el significado del franquismo en la historia de España: éste no fue sino un intento de recuperar el tiempo perdido en el siglo XIX y en el primer tercio del XX en materia económica y asumir la industrialización del país mediante un proceso de planificación centralizado que, por lo demás, tuvo éxito y sentó las bases del bienestar a partir de mediados de los años 60. En esa perspectiva, rehabilitar las “autonomías” o el “café para todos” hubiera supuesto una carga para el Estado, una dificultad para la planificación y una complicación innecesaria.

El problema es que el franquismo quedó identificado con el jacobinismo (la nivelación de las distintas comunidades regionales y nacionalidades que forman el Estado Español o en el Estado-Nación-Español), mientras que éste lo estaba con los ideales de la revolución francesa, siendo como era el franquismo y la revolución francesa conceptos incompatibles. Cuando se ocupa el poder y se gestiona, estas contradicciones son superadas sin dificultades… cuando murió Franco, todo esto saltó por los aires y se produjo la paradoja de que la oposición democrática (liberal, por tanto próxima al jacobinismo, como había estado históricamente el PSOE) adoptó, a partir de entonces unas posiciones antijacobinas; por su parte, las burguesías locales que hasta 1936 habían dado vida a “derechas autónomas” o a partir “regionalistas”, se enmascaró en nacionalismo reivindicativo (CiU). En cuanto a la extrema-derecha que, por definición debía ser antijacobina, mantuvo el jacobinismo heredado del franquismo, mientras que la derecha liberal lo compatibilizó en el marco constitucional.

A partir de entonces, cualquier tendencia a reivindicar el “patriotismo social” quedaba como patrimonio de grupos que no daban la sensación de tener las ideas suficientemente claras. De un lado, porque habían asumido la tradición jacobina franquista, de otro porque habían renunciado la tradición foralista mas adaptada a su crítica a las formas políticas liberales. Además, había otro fenómeno de consecuencias importantes. Así como antes de la guerra civil existía extrema-derecha en todo el Estado –había carlismo en Catalunya, Andalucía, zonas del Levante, Navarra y Euskalherria- y derechas regionalistas casi en todas las autonomías, al concluir la transición solamente quedaron núcleos importantes de la extrema-derecha en Madrid y existió un desequilibrio entre la mayor parte de direcciones de extrema-derecha, radicadas en Madrid, y la periferia.

José Cela decía que Madrid era una mezcla de Navalcarnero y Kansas City poblada por subsecretarios. La boutade se entiende más si tenemos en cuenta que el jacobinismo franquista hizo que el paso administrativo de Madrid en el Estado fuera absoluto. En Madrid cristalizó una burocracia que fue franquista (era quien los amamantaba) y que asumió esta tradición jacobina. Por lo demás, mientras que en la periferia, existen tradiciones locales, Madrid es una ciudad artificial, de fundación relativamente moderna, carente casi por completo de tradiciones locales. Cuando aparecen son decimonónicas y se afirman entonces, mientras que la periferia dispone de tradiciones seculares milenarias. Esto hace que, todo aquel fenómeno que nace en Madrid no tenga la perspectiva suficiente para entender la existencia de lenguas regionales, culturas regionales y tradiciones regionales. Madrid desconfía de cualquier otra bandera que no sea la de la propia autonomía y la española.

El peso de Madrid en la extrema derecha durante la transición (surgido en buena medida de funcionarios franquistas que recordaban los “buenos tiempos”) hizo que transmitiera esa incomprensión sobre los hechos regionales a sus “delegaciones locales”. Entonces ocurrieron fenómenos curioso: la extrema-derecha consiguió arraigar en Madrid (hasta que el final de la transición hizo que el franquismo sociológico sin excepciones se orientara a la derecha liberal) y en Valencia. ¿Por qué en Valencia? Simplemente porque el valencianismo estaba claro que tenía contenidos anticatalanistas que la hacían poco sospechosa. Otro tanto había ocurrido en Navarra. Pero en el resto del Estado, se albergó una desconfianza, casi patológica, hacia todo lo que fueran signos de identidad regional.

En estas circunstancias el “patriotismo social” proporcionó algunos réditos a determinadas formaciones de extrema-derecha que lo incorporaron (lo incorporaron pero no lo desarrollaron teóricamente), pero insuficientes para recuperar el tiempo perdido y los lastres heredados por los errores cometidos por las direcciones ultras durante la transición (especialmente por Fuerza Nueva que, no en vano, era hegemónica y mucho más porque Blas Pilar conocía el pensamiento tradicionalista español, esto es, antijacobino).

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

Del "frente político nacional" al "frente político social" (III de III)


7. La perspectiva actual

Este breve repaso al estado de la cuestión no puede concluir sin una enumeración de las perspectivas que se abren hasta ahora. Tal es el sentido de los puntos que vamos a añadir como colofón. Se trata de ideas a desarrollar, metralla, munición ideológica para reflexiones comunes, en absoluto puntos programáticos. Tales son:

1) El “nacionalismo español” para ser eficaz y poder jugar algún papel, necesita ser redefinido. Lo hemos dicho en muchas ocasiones pero lo repetimos ahora: el nacionalismo es “misión” y “destino”. Hace falta definir pues cuál es la “misión y el destino” de España en el siglo XXI.

2) Sin esta tarea previa, el nacionalismo español, ni el patriotismo social, están en condiciones de jugar un papel político e ideológico en el futuro y cualquier intento de defenderlo en su estado actual, por cualquier fracción ultra, está condenada al fracaso.

3) Es una situación de crisis económica, es difícil, sino imposible, que una nueva teoría sobre la misión y el destino de España pueda ser estructurada. Hay otras prioridades. Lo que traducido implica que los grupos ultras van a seguir defendiendo una forma de patriotismo y de nacionalismo inadaptados para el momento actual.

4) La coletilla “patriotismo social”, siendo un avance es insuficiente (y la prueba es que los grupos que la han incorporado, crecen pero mínimamente). La síntesis de “patriotismo” y “políticas sociales” es inestable especialmente porque el primer término no está suficientemente definido.

5) El patriotismo, en sí mismo, no puede ser bandera de una fracción política. Hacerlo es contradictorio con el contenido “comunitario” que debería tener siempre. Por lo demás, la “sigla del patriotismo” es el PP (con razón o sin ella) y nadie está en condiciones de disputar al PP esa bandera. Lo comprobó Blas Piñar en 1975-1982: le aplaudían a él, pero votaban al PP, que tenía más posibilidades de aplicar una “línea política patriótica”. Esto no ha cambiado.

6) Lo que ha cambiado es que el PP abrió las puertas a la inmigración y esto supuso una debacle para las clases trabajadores: se introdujo el trabajo a precio de dumping laboral, se contrajeron los salarios, se crearon guetos en los que se practicó la “limpieza étnica” y la inmigración se convirtió en la bomba aspiradora de recursos sociales que estaban destinados a las capas trabajadoras autóctonas. Por tanto, la única manera de reivindicar el “patriotismo” era adaptarlo a esta situación: políticas sociales para los trabajadores españoles y preferencia nacional a la hora de optar a puestos de trabajo y recursos sociales.

7) Dado que no siempre el “patriotismo social” se expresó de esta manera, sino que frecuentemente se trató solamente de una práctica propia de tifosis de “España – España”, y muy frecuentemente con referencias al franquismo, la extrema-derecha –que necesariamente debía haber evolucionado como lo hizo toda la extrema derecha europea- siguió siendo la extrema-derecha con peor imagen y objetivos más limitados de toda Europa, cortada de su electorado natural (las clases trabajadores a las que en lugar de una “práctica social” (a definir) se le “obsequiaba” con más y más banderas españolas, declaraciones de patriotismo exaltado y poco más.

8) Con el paso del tiempo, la extrema-derecha ha ido desapareciendo en Madrid, subsumida en el magma del PP. Ya no existe un franquismo sociológico, sus restos están en el PP. Hoy, en Madrid existe una docena larga de grupos ultras de todo tipo que, en buena medida son simplemente direcciones y unos pocos militantes y menos simpatizantes aún… pero el hecho de que sean residentes en Madrid, les hace absolutamente refractarios a los “hechos regionales” y siguen viendo con desconfianza que aparezcan en los actos de estos grupos banderas regionales. Esto solamente se ha desdramatizado en Valencia y por la circunstancia que hemos dicho: “lo valenciano” se considera el mejor valladar contra “lo catalán”, dado que los “enemigos de mis enemigos son mis amigos”. Otro tanto ocurre en Navarra donde el regionalismo navarro es tenido como garantía contra el nacionalismo vasco. Fuera de esto: incomprensión y reticencias que hacen que la extrema-derecha siga siendo considerada solamente como una fuerza residual franquista y, por tanto, sometida a un cerco de marginación… aun cuando la mayor parte de la ultraderecha actual es a-franquista.

9) El hecho de que –como hemos demostrado hasta la saciedad- haya que excluir en el futuro procesos independentistas y que la “unidad nacional” esté garantizada, aleja completamente el “España se rompe”… y si no se rompe, no hay lugar para exaltaciones anti-independentistas, so pena de ser considerados como energúmenos que consideran a enemigos mortales a partidillos descerebrados que, como ERC, se encaminan hacia la marginalidad más absoluta (ver los últimos resultados electorales de ERC para comprobarlo). No es la extrema-derecha la que ha vencido al nacionalismo vasco, ni el PSV-PPV, no es la extrema-derecha la que ha derrotado al PSG-BNG, sino el PPG, no es la extrema-derecha la que hará innecesario el recurso a los nacionalistas como “bisagra”, sino UPyD, no es la extrema-derecha la que ha dado la batalla en Baleares al expansionismo catalán, sino grupos culturales políticamente moderados. Y si esto es así… y lo es para todo aquel que tenga ojos y vea, lea la prensa y entienda, entonces ¿qué se gana defendiendo un patriotismo exaltado y alertando contra unos riesgos que hoy por hoy no existen?

10) El patriotismo no puede ser bandera de parte (de hecho no lo es en la medida en que hay ““patriotas” y gente que se siente española en todos los partidos. Si el patriotismo fuera únicamente un elemento presente en los pocos votantes de extrema-derecha, la unidad del Estado haría años que habría saltado por los aires. El añadido de “patriotismo social” ha sido hasta ahora el único intento de dar un contenido social al patriotismo, pero no ha encontrado canales adecuados para traducirse en práctica política con suficiente impacto.

11) Ahora ha llegado la crisis: el pueblo español, incluido el catalán, el vasco y el gallego, no van a hablar de “nacionalismo” ni de nacionalidades y si sus clases políticas regionales se obstinan en hacerlo, van a ir perdiendo fuerza e influencia social. Si en esta época que se inauguró en septiembre de 2007 alguien no ha percibido que la “problemática social” va a desplazar completamente a la “cuestión nacional”, lo tiene claro. Los nacionalistas periféricos no van a poder realizar este desplazamiento porque en su alma no hay espacio para algo más que para la reivindicación nacional.

12) En un momento en el que la crisis económica se está transformando en crisis social, el único frente en el que puede realizarse tareas de agitación y propaganda con garantías de obtener rendimientos y teniendo en cuenta todo lo dicho hasta aquí, es en el “frente social”.  La izquierda ha desertado de ese frente. Lo ha hecho por distintos caminos: unos porque se han interesado más por los “movimientos de reivindicación sexual” (homosexuales, travestidos, feministas), otros han convertido reivindicaciones como el aborto y la píldora del día después, la violencia doméstica o el divorcio, en el eje de sus tarea reivindicativa. Otros lo han hecho en la ecología. Otros en la antiglobalización… defendiendo el “papeles para todos” primera consecuencia de la globalización que era como intentar apagar un fuego con petróleo.  Para colmo, la izquierda sindical se ha convertido en una burocracia amamantada por las ubres del poder, formada solamente por burócratas y por trabajadores de edades intermedias, con contratos fijos y ocupando puestos de capataces y mandos intermedios, que solo aspiran a las horas sindicales y a ser contratados como fijos por el sindicato. Ya no hay sindicalismo reivindicativo y el “sindicalismo de gestión” presentado como alternativa jamás ha existido. La realidad del sindicalismo actual es tan pobre que en las últimas elecciones UGT y CCOO llamaron a votar al “señor de los parados”, 4.250.000 carnés de paro le avalan. En cuanto al PP está completamente ausente de los movimientos sociales y sindicales y otro tanto les ocurre a los nacionalismos regionalistas presentes solo en redes culturales y poco más. En cuanto a la extrema-izquierda de otro tiempo, simplemente se ausentó sin dejar señas o se interesó por los movimientos sociales como paso previo a su desaparición del mundo político.

13) Este esquema sobre la correlación de fuerzas y la realidad, al menos de la militancia política de extrema-derecha con la que tengo relación, lleva directamente a la última conclusión: es preciso que este sector político intervenga en el mundo sindical y que los entre 1.500 y 2.000 militantes activos que debe tener en este momento, desembarquen en el mundo sindical. ¿Cómo? No, desde luego formando un sindicato nuevo, sino ingresando en sindicatos ya existentes (no faltan sindicatos independientes fuera de los subsidios y las traiciones a los trabajadores de las burocracias de UGT y CCOO). No disponemos de experiencia sindical suficiente como para fundar sindicatos propios, así que estamos obligados a adquirirla allí donde existe: en sindicatos independientes. Y contra antes, mejor.

14) En nuestra perspectiva es preciso no olvidar que:

- la crisis económica se transformará en crisis social entre septiembre 2009 y mayo 2010.

- cuando se produzca este proceso la única estructura que estará en condiciones de responder con movilizaciones y protestas será la sindical. Si no estamos presentes en el mundo sindical, no tendremos posibilidades de hacer oír nuestra voz. La pasividad de los sindicatos mayoritarios generará lo que ya se produjo con la huelga de los transportes en junio de 2008: que los sindicatos mayoritarios que rechazaban la huelga, fueron literalmente expulsados del mundo del transporte.

- dado que la crisis económica se está transformando en depresión y que una depresión es un proceso largo que se prolonga entre 6 y 12 años, hay que prever que la crisis social generada se transformará antes o después en crisis política. Ni PP ni PSOE podrán contener la fuga de votos que generará su paso por el poder sin haber resuelto la crisis económica.

- cuando aparezca la crisis política será el momento de extraer los beneficios del trabajo realizado en el mundo sindical, cristalizarlo en una potente organización política con un programa que contemple también una “perspectiva nacional” a contemplar con posterioridad a la superación de la crisis.

15) Finalmente, no hay que olvidar que el Estado de las Autonomías ha fracasado en la medida en que el “café para todos” suarista y el papel “bisagra” de los nacionalismo periféricos, lo han convertido en económicamente inviable. Pero los hechos regionales existen y existen las lenguas y las culturas regionales: hay que habilitar una fórmula para que coexistan con la necesaria e irrenunciable existencia de España (que, no lo olvidemos debe definir “misión y destino”) y con la irrupción y la necesidad de una Europa desde Finisterre a Vladivostok (nuestro “espacio de economía integrada”).

16) Será la crisis social devenida finalmente en crisis política la que facilitará la reforma de la constitución. En este sentido parece necesario aportar una propuesta: la necesaria disminución en el número de autonomías. Un país de las dimensiones y los recursos de España no puede alimentar a castas funcionariales de escribas autonómicos. Las 17 autonomías se deben reducir a la mitad como mínimo.
 
17) Es preciso llevar la lucha en defensa de la “preferencia nacional”, del plano “patriótico” en donde está muy forzada, al plano “social” que es su lugar natural. Eso, o de lo contrario, todos los esfuerzos empleados en promocionar el “patriotismo” serán reciclados por el PP o bien chocarán con la incomprensión.
 
18) Si no somos capaces de concentrar esfuerzos en los próximos meses (no digo ya años), perderemos la ocasión de tener protagonismo en la crisis social que se avecina y que no tendrá precedentes. Y esa falta de penetración en los medios social, impedirá el que podamos desarrollar un papel cuando se produzca la crisis política (que irremediablemente se producirá a causa de la persistencia de la depresión).

19) Dicho de otra manera: “Ahora o nunca”. Y si es “ahora”, es la hora del desembarco en el “frente social”. Las experiencias realizadas en Valencia en este terreno han sido ampliamente prometedoras: las ocupaciones de sedes del INEM y las marchas cívicas dentro de la ciudad ante las sedes de los sindicatos han suscitado aplausos y adhesiones cuantificables. Las únicas protestas e insultos han partido de los búnkeres sindicales de UGT y CCOO, que han reaccionado mal a los que osaban denunciarlos ante los trabajadores. Estas experiencias, realizadas en un momento en el que se estaba produciendo una campaña electoral, merecen ser examinadas con detenimiento, interpretadas, afinadas y multiplicadas. La única forma de influir en el mundo social es estar presente ahí. Dada la debilidad estructural de nuestras organizaciones y dadas las prioridades (a causa de la inexistencia de riesgo de desintegración del Estado, especialmente) es preciso cambiar el trabajo del “frente político-nacional” al “frente político-social”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

24 de abril: fecha del genocidio armenio. Homenaje a un pueblo. Vergüenza a sus verdugos

En 1915 y 1916, un pueblo europeo y cristiano fue masacrado sistemáticamente por otro pueblo asiático e islámico. Cada 24 de abril se conmemora el aniversario de aquella masacre. En 2005, el gobierno turco declaraba que el genocidio jamás existió y se limitó a aludir a “trágicos acontecimientos”. “Trágico” era, efectivamente, el aniquilamiento de un pueblo, con la muerte de millón y medio de sus miembros y la diáspora del resto. Hoy, en la Turquía que se encuentra en las puertas de la UE avalada ayer por Aznar y hoy por Zapatero, recordar el genocidio armenio es un delito castigado con fuertes penas.

Armenia, un pueblo europeo

Los armenios son un pueblo indoeuropeo; ellos mismos consideran que su pueblo fue fundado por el patriarca Haík y llaman a su país Hayastán. En el siglo VII a. JC, poblaban las regiones del monte Ararat y del lago Van. Conquistada la zona por los romanos, en el siglo III se convirtieron al cristianismo. Los primeros en convertirse fueron Gregorio “Illuminator” y el Rey Tiridates, que recibieron las aguas bautismales en Capadocia; tras ellos, siguió el resto de su pueblo. Había nacido la Iglesia armenio-gregoriana cuando aún faltaban cincuenta años para la conversión de Constantino. Así pues, le cabe a la Nación Armenia haber sido la primera del mundo en asumir el cristianismo. En el siglo V, los prelados armenios no pudieron acudir al concilio de Calcedonia a causa de la ofensiva que contra su pueblo habían desatado los persas. Este conflicto prefiguraba el drama histórico de Armenia.

Situado en el cruce entre Oriente y Occidente, la tierra armenia es una de esas zonas de interés geopolítico vital para cualquiera que intentara aproximarse a Europa o contener a Asia. Las luchas entre romanos y partos, entre persas y bizantinos, las invasiones árabes del siglo VII y de los turcos en el X, marcaron a fuego a este pueblo y lo trataron con una dureza inusitada. Y, sin embargo, a pesar de todos estos avatares, la cultura armenia, lejos de desaparecer, floreció como ninguna otra en la zona. Sus catedrales e iglesias, aún hoy, son buena muestra de ello.

A lo largo de la Edad Media, Armenia se encontraba presionada entre turcos y bizantinos. En el 885, Rubén Bragatida federó unos cuantos principados menores situados en el Sudeste de Asia Menor fundando el reino de Cilicia. Al tratarse de un reino cristiano, cuando los cruzados iniciaron sus campañas en Tierra Santa, Cilicia supuso una posición avanzada. En 1198, León II, fue consagrado Rey y reconocido por el papa y por el Emperador Enrique II del Sacro Imperio. León II se había comprometido volver a establecer la supremacía del Papa sobre la Iglesia armenia. Los dominicos se establecieron y permanecieron allí hasta el siglo XVIII. Hetún II, uno de los reyes armenios, llegó a hacerse franciscano.

El apogeo de este reino logró mantenerse y prosperar gracias al comercio y a la habilidad de sus gobernantes, pero cuando se hundió el Reino Latino de Jerusalén, Cilicia volvió a encontrarse en una difícil situación. Los mamelucos egipcios terminaron invadiendo el reino y expulsando a los armenios de Cilicia. Por entonces ya se produjo una primera diáspora armenia que llevó a los más brillantes de sus mentes a los Balcanes. Armenia languideció durante tres siglos, hasta que a finales del XVII, David el Sunio, consiguió batir en retirada a los invasores. A su muerte, en 1728, Armenia volvió a afrontar su sino, atacada por turcos, persas y rusos. La mayoría de la población cayó sobre la férula turca, pero también, bolsas de población fueron administradas por el Imperio Ruso. Los turcos, particularmente, sometieron duramente a los armenios y no es raro que en las revueltas terminales que sacudieron al Imperio Turco en 1908, los armenios tomaran partido por los revolucionarios. Pero la resistencia armenia no había caído en la cuenta, de que la nueva élite gobernante –los Jóvenes Turcos- tenían un carácter nacionalista que encajaba mal con el respeto a las minorías nacionales como la armenia. Como todo movimiento nacionalista, los Jóvenes Turcos aspiraban a “homogeneizar” el país y transformar al Imperio en Nación. Este nacionalismo llevó a las masacres de 1915-16.

El tratado de Sevres, en 1920, previó la constitución de un Estado Armenio. Pero turcos y rusos boicotearon este proyecto. El Ejército Soviético, constituido tres años antes, jamás se retiró de la parte conquistada a Turquía en donde se constituyó la República Soviética de Armenia. Algunos voluntarios armenios se unieron a las tropas alemanas en la II Guerra Mundial, no sólo por anticomunismo, sino con la esperanza de que un eventual triunfo alemán permitiría la independencia armenia. Pero la derrota de las armas alemanas hizo que debieran de pasar cincuenta años mas hasta que Armenia fuera independiente, agrupando solamente una parte de su territorio y de su población.

Las dimensiones del genocidio armenio

Se conoce como “genocidio armenio” a la masacre de millón y medio de turcos realizada entre 1915 y 1917 durante el gobierno de los llamados “Jóvenes Turcos”. Ningún gobierno turco en los últimos noventa años, ha admitido que se tratara de un genocidio planificado y llevado a cabo sistemáticamente, sino que, para ellos, se trató “solamente” de un conflicto interétnico localizado, al que se añadieron las epidemias y la hambruna causada por la Primera Guerra Mundial. Desde el punto de vista formal, las cifras son elocuentes y el resultado final fue un genocidio, porque, sobre los dos millones de armenios censados por el Imperio Otomano en 1914, solamente sobrevivieron medio millón.

En esa turbulenta época, el grueso de la población armenia estaba situada en el Este de la Península Anatolia, con una importante comunidad de algo menos de cien mil miembros en la antigua Constantinopla (Estambul). Jamás habían tenido problemas con otras etnias, incluso los otomanos los conocían con el sobrenombre de "Nación Leal" y esto, a pesar de que, jurídicamente, al pertenecer a otra confesión religiosa, se veían lesionados por la ley coránica que les confería un estatuto de inferioridad social y política.

Las reiteradas ofensas a las que fueron sometidos los armenios en la gran crisis del Imperio Otomano durante el siglo XIX, generó la aparición de un movimiento de liberación nacional. Pero si Turquía había concedido la independencia a las provincias balcánicas de su Imperio, no estaba dispuesta a ceder ante los armenios y mucho menos al existir la posibilidad de que un Estado Armenio, inmediatamente, se configurara como aliado de Rusia.

Hamid II, entre 1849 y 1897 realizó las primeras masacres sistemáticas entre los armenios. Se calcula que en ese período fueron asesinados doscientos mil miembros de esa etnia, a la que siguieron otros treinta mil asesinados en 1909. Ya en esa época, nadie lloró por los armenios. Lo peor estaba todavía por llegar.

Un genocidio premeditado

Del 23 al 24 de Abril de 1915 fueron detenidos y asesinados 650 notables de la comunidad armenia en Constantinopla. El perfil era siempre el mismo: personalidades influyentes, mayores de 15 años y susceptibles de configurar la clase dirigente de un futuro Estado Armenio independiente. Quienes no correspondían a este perfil (mujeres, ancianos, niños) fueron deportados al desierto sirio y mesopotámico. El mismo esquema de arresto y asesinato de los líderes y de los hombres mayores de 15 años, así como la deportación del resto de la población -mujeres, ancianos y niños-, hacia los desiertos de Siria, se repitió en todos las localidades armenias.

Por su parte, el gobernador turco de Van, Cevdet bey, azuzó a los nacionalistas turcos para que multiplicaran sus exacciones sobre la población armenia; se trataba, de un plan más ambicioso que el de satisfacer meramente los deseos de venganza de los extremistas; con estos ataques se pretendía provocar a la población armenia para justificar una represión indiscriminada. Entre las tropas turcas servía un curioso personaje con el grado de oficial e instructor. Se trataba de Rafael de Nogales Méndez, mercenario de nacionalidad venezolana, que, al acabar el conflicto, escribió un testimonio titulado “Cuatro años bajo la Media Luna”, en el cual se aportaban datos sobre estas provocaciones y la represión que siguió.

Cuando el ejército ruso penetró en territorio turco en enero de 1915, tras la batalla de Sarikamis, numerosos armenios se integraron en el ejército del general Vorontsov para vengar estas masacres. La mayoría de estos voluntarios pertenecían a formaciones nacionalistas que había acogido favorablemente la promesa del Zar Alejandro II sobre la formación de un Estado Armenio independiente al concluir el conflicto. No es raro que en abril estallara una revuelta pro-rusa en la ciudad de Van y que se cometieran excesos contra los musulmanes. La situación se agravó por que en el curso de 1915, la ciudad fue ocupada sucesivamente por los rusos (mayo), luego por la contraofensiva turca (agosto) y, más tarde, la reconquistaran los rusos (septiembre). Este baile de avances y retiradas prosiguió a lo largo de 1916, pero en 1917, el frente ruso se desmoronó a causa del estallido de la revolución bolchevique. Los turcos se sintieron con fuerzas de contraatacar en la zona del Caspio y llegaron a conquistar Bakú, entonces en poder de los británicos. Sin embargo, la derrota turca en la guerra fue total y solamente en el frente anotolio consiguieron mantener posiciones e incluso avanzar.

Paralelamente a estos vaivenes militares, la situación política se agravó mucho más. Enver Pasha atribuyó la derrota de Sarikamis a la revuelta armenia y ordenó que los reclutas de esa nacionalidad que servían en el ejército turco fueran desarmados e internados en campos de concentración. Al desplomarse el Imperio Otomano, la inmensa mayoría de estos reclutas habían muerto, unos a causa de la guerra, otros debido a la dureza del internamiento, la élite había sido fusilada y los más afortunados fueron incorporados como trabajadores esclavos. Por otra parte, nada más se inició la revuelta de 1915, el gobierno de los “Jóvenes Turcos” deportó a la población que estaba en el territorio por él controlado, al actual desierto Sirio, deteniendo primero y fusilando después a prácticamente toda la clase dirigente e intelectual. En los meses siguientes se alcanzaría la pavorosa cifra de un millón de deportados. Pero lo importante no era la deportación en sí –en el fondo se había producido una revuelta nacional- sino los excesos de los soldados turcos en el traslado y la falta de recursos y condiciones de la zona que debía albergar a los deportados, un verdadera desierto. Pues bien, fue allí donde se instalararon los veinticinco campos de concentración que albergaron a la población armenia.

En Anatolia Oriental y Antioquía, los armenios no se dejaron detener, sino que ofrecieron resistencia. En Musa Daga, la resistencia fue feroz, durante cuarenta días, hasta que los supervivientes fueron rescatados por la marina francesa.

Según las cifras dadas por el Patriarcado Armenio de Constantinopla, de los 2.000.000 de armenios que vivían en el interior del Imperio Otomano en 1912, se pasó a 77.435, en 1927, concentradas especialmente en Estambul y aproximadamente 50.00 en 1993.

El “negacionismo” pro-turco

Existían responsables ideológicos del genocidio; eran los “Jóvenes Turcos” que habían pasado de ser un movimiento liberal partidario de la modernización del país, a un movimiento nacionalista, progresivamente radicalizado y excluyente. El nacionalismo turco, para realizar su proyecto, precisaba liquidar al nacionalismo armenio y eliminar de una y por todas, la posibilidad de secesión.

Aún hoy, no solamente el genocidio armenio es ignorado sino que, además, se intenta borrar todo rastro cultural de este pueblo. Cualquier resto arqueológico es atribuido por el Estado Turco a cualquier otro pueblo, todo, con tal de evitar cualquier dato que pudiera confirmar lo evidente: que hubo un tiempo en el que el pueblo armenio se extendía por Anatolia (mucho antes que los otomanos), el Cáucaso y la Meseta de Armenia.

Resulta curioso que sean tres países los que se niegan a utilizar el término “genocidio” para calificar la masacre sistemática de armenios: uno de ellos es Israel que, al parecer, no quiere competencia en este tema; ellos se consideran las únicas víctimas de los genocidios del siglo XX; ellos y nadie más. Los otros dos países son los que históricamente han formado el eje atlántico o anglosajón, EEUU e Inglaterra, los principales valedores del ingreso de Turquía en la UE. Por el contrario, Alemania, Grecia, Italia, Holanda, Bélgica, Austria, Portugal, Eslovaquia, Suiza, Suecia y Ciudad del Vaticano, han reconocido oficialmente la tragedia. ¿Qué espera el aprendiz de brujo, hacedor de diálogos de civilizaciones y demás lindezas, para unirse a Europa también en este terreno? ¿están los armenios excluidos de tal “diálogo”? ¿Es que no sabe Moratinos que en Erivan el gobierno legítimo del Estado Armenio ha levantado un monumento a este genocidio?

A todo esto, Turquía el “paciente candidato a ser Europa”, ¿que dice sobre este episodio de la historia reciente? La “versión oficial” turca sostiene que no se trató de un plan organizado, sino que se trató de la lucha contra una sublevación ilegal estimulada por un país extranjero, que si no fueron tantos los muertos, que si los armenios asesinaron más (¿?)… en el colmo del absurdo, las cifras del actual gobierno turco, sitúan este macabro regateo de cifras, en 500.000 turcos asesinados por los armenios por 10.000 armenios asesinados por los turcos. O como el gato aplastó al elefante… El caso es que, todavía hoy la mera mención del genocidio armenio acarrea una queja formal de los embajadores turcos, y de tratarse de un turco, corre el riesgo de ser condenado a prisión.

En 2005, el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ante las protestas internacionales, propuso la formación de una comisión internacional para establecer qué fue lo que realmente ocurrió. La oferta iba dirigida especialmente al gobierno armenio y a historiadores de todos los países. Armenia solamente ha puesto una condición previa: el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y regularizar el tráfico fronterizo sin limitaciones de ningún tipo. Pero Turquía se negó alegando que estas medidas implicarían aceptar la ocupación de Nagorno-Karabagh.

Una estela de 44 metros simboliza el renacimiento nacional de los armenios y doce losas colocadas en un círculo (representando a las 12 provincias armenias todavía en poder de territorio turco) en el centro del cual se encuentra la llama eterna. En el centro del círculo, a una profundidad de 1,5 metros, se halla una llama eterna. Cada año, el 24 de abril, dentro del Estado Armenio y de las comunidades armenias de todo el mundo, se celebra el “Día de la Conmemoración del Genocidio Armenio”. El monumento fue elevado por las autoridades soviéticas en 1965, cuando se cumplió el cincuentenario de la masacre. En Erivan, caminan hasta el monumento donde arde la llama de los antepasados muertos y depositan claveles rojos.

Hoy, esta conmemoración está más viva que nunca.

Amigos del Pueblo Armenio – Armenios residentes en España
24 de abril de 2009


(c) Ernest Milà - infokriksis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

¿Vale la pena presentarse a las elecciones europeas?

Infokrisis.- Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones europeas. Las primeras que se van a celebrar en un ambiente de crisis generalizada en Europa. Son también las primeras celebradas después de aquel malhadado referéndum convocado por ZP sobre la constitución europea y que no sirvió absolutamente para nada. Las anteriores elecciones europeas se celebraron con la innovación del euro, éstas de ahora, en cambio, no registran ninguna innovación seria en el proceso de construcción europea. En estos años, los EEUU han ido acentuando su presencia en Europa: bajo Bush en la Europa del Este (especialmente en Polonia y Chequia) y con Obama en Europa Occidental. Europa, sigue siendo un enano político que sigue con fidelidad perruna a EEUU en su aventura colonial en Afganistán y permanece silencioso ante esa falacia del “terrorismo internacional” que lo mismo sirve a los EEUU para un roto que para un descosido. 

Unión Europea: situación real


Desde el punto de vista económico, las instituciones europeas no han abordado la lucha contra esos agujeros negros que son los “paraísos fiscales”, no han hecho nada para detener la contaminación europea procedente de las finanzas anglosajonas y sus “fondos de alto riesgo”. No ha evitado que las bolsas fueran pasto de los mercados especulativos detrayendo billones de euros de la economía productiva. En la última cumbre del G-20, Sarkozy, después de un inicio en el que amenazó con irse si no se pactaban medidas concretas, regresó a París conformándose con una breve declaración sobre los “paraísos fiscales” y una más vaga referencia al control de los hedge founds… nada, en definitiva. Por lo que se refiere a la política monetaria del Banco Central Europeo, basada en el control de la inflación, no hay que exagerar su importancia: las políticas económicas no se controlan sólo regulando los tipos de interés sino habilitando baterías de medidas complementarias… estas baterías de medidas no están unificadas a nivel europeo, por lo que, las política deflacionistas pueden tener éxito en un país y fracasar estrepitosamente en otro o generar –como ha sido el caso español- fenómenos perversos como el aumento desmesurado del sector inmobiliario en la economía.

La Unión Europea, sin política exterior común (¿cómo van a tenerla si “mister PESC”, Luis Solana, más que “europeo” es un perro de presa de los EEUU tan como demostró durante los bombardeos de Yugoslavia cuando era secretario general de la OTAN?), sin política económica unificada, sin una constitución común, sin tener conciencia de su misión ni de su destino, sin estar en condiciones siquiera de establecer una política de inmigración efectiva, sin tener una idea clara de sus límites, de sus aliados y de sus enemigos, sin una política de defensa (colocando su defensa bajo el paraguas protector de la OTAN, esto es, de los EEUU), absolutamente paralizada en su proceso de construcción, huérfana de estadistas y repleta de enanos políticos de baratillo, dirigida por verdaderos bufones mediáticos a la derecha (Sarzoky), a la izquierda (Zapatero), con unos sistemas educativos cada vez más degradados… ¿Vale la pena pensar en esta Europa?

La necesidad de Europa y la impotencia de ésta Europa

Quien esto escribe es europeísta hasta la médula. No reconozco más que a la antigua civilización europea, hija de los sustratos étnicos originarios indoeuropeos, hija de la cultura clásica greco-latina e hija de la catolicidad medieval. Reconozco que la dimensión nacional de los actuales Estados europeos ya no responde a la realidad de un mundo globalizado que solamente deja espacio a los grandes bloques continentales y que si una nación se caracteriza y define por una “misión y un destino” la única forma de redefinir estos parámetros es dentro de una dimensión europea (y llevamos años desafiando sin éxito a los “nacionalistas españoles” para que nos indiquen cuál es la misión y el destino de España en el siglo XXI).

Llevamos más de 50 años de “construcción europea” y parece que el proyecto ha llegado al límite. Lo que los regímenes democristianos y socialdemócratas podían hacer “por Europa”, ya lo han hecho: han sido capaces de crear un espacio económico común, repartir fondos estructurales, ampliarse a oleadas, ganar en cantidad, en definitiva, en calidad, pero no en profundidad. La crisis económica corre el riesgo de estancar durante una década la construcción europea… ¿será el tiempo suficiente para que el lobby norteamericano en Europa favorezca la entrada de Turquía? Hoy, da la impresión de que si Sarkozy y la Merkel son contrarios a el ingreso turco en la UE se debe no tanto a sus convicciones íntimas como al riesgo de sufrir una caída de votos en caso de dar el visto bueno a la entrada de 30 millones de inmigrantes islamistas turcos en Europa Occidental.

Las opciones ideológicas que construyeron inicialmente Europa, ya no son preeminentes en el actual momento histórico: la democracia cristiana solamente resiste en Alemania, la socialdemocracia está en crisis en toda Europa. La nueva izquierda, al estilo de ZP, no logra encontrar su acomodo, ni sus sectores sociales preferenciales, ni siquiera unas pautas ideológicas que vayan más allá de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Pero hoy, el mapa político europeo está en plena recomposición. La crisis favorecerá y acelerará esa recomposición política y resulta difícil prever hacia dónde se orientarán las masas a la búsqueda de nuevas opciones.

Con estas sombrías perspectivas, se convocan nuevas elecciones europeas. ¿Para qué? ¿para qué alimentar una institución irrelevante que existe desde hace tres décadas pero que no logra encontrar acomodo ni generar interés en la opinión pública. En las elecciones europeas vota en torno al 50% del electorado. Así pues, los diputados electos tienen el 50% de legitimidad para representar a alguien. Hasta ahora la influencias del parlamento europeo en la sociedad europea ha sido nulo. Habrá que esperar que una reforma política, surgida no tanto de una proceso de rectificación como de una convulsión política, modificara las funciones de esta institución. Mientras esto no ocurra ¿para qué participar en unas elecciones europeas?

Elecciones europeas ¿para qué?

La sorprendente elección de tres parlamentarios europeos en 1987 por la lista encabezada por Ruiz Mateos, hizo pensar a algunos que el “distrito único” propio de nuestro sistema electoral en esa convocatoria, era la opción más favorable para que los pequeños partidos destacaran. Era, evidentemente, un error. La cristalización del voto en torno a Ruiz Mateos era solamente una manifestación del “voto loco” que tan pronto apoya a ecologistas, como a fumadores de porros, a Fuerza Nueva o a cualquier nombre que “suene” en aquel momento.

Paradójicamente, las elecciones europeas son el peor escenario en España para obtener un diputado a la vista de la escasa participación electoral. y de los muchos medios necesarios para poder dejarse oir en una "circunscripción única". El paso del tiempo no ha servido para convencer a los distintos grupos minoritarios de que esta convocatoria es solamente para “los grandes”. Así, por ejemplo, partidos como AES o FN, apuestan por esta convocatoria cada una realizando la “cuenta de la vieja”. Esta sería la tercera vez que DN aspira a “tener suerte” y la primera que E2000 se presentaría. En cuanto al MSR, me cuentan que ya ha convocado su mitin de campaña, anunciando la presencia de Luca Romagnoli y añadiendo en letra pequeña que, se ignora si obtendrán los avales para presentarse.

En realidad, existen serias dudas sobre si alguno de estos grupos políticos minoritarios obtendrán los avales suficientes. A diferencia de en ocasiones anterior, en ésta, hace falta que los concejales que se comprometen a avalar a las candidaturas, certifiquen ese aval a través del Secretario del Ayuntamiento… lo que implica que no el aval no quedará como algo desconocido para el resto del consistorio, sino que será público y notorio. Es fácil prever lo que ocurrirá: los que en otro tiempo, por amistad, por desconocimiento, por desinterés o por respeto a la libertad de expresión, apoyaban a no importa qué candidatura, ahora se lo pensarán más. A diferencia de otras ocasiones en las que los nombres de los concejales permanecían en el anonimato y todo quedaba entre el concejal avalista y la persona a que le firmaba el aval, ahora esto no va a ser posible, como tampoco lo será el falsificar –porque se ha hecho- avales salvo que se quiera ser procesado por falsificación documental…

Por otra parte, estos grupos minoritarios tampoco tienen estructura suficiente como para visitar sistemáticamente a concejales hasta lograr los 50 avales. Pero, aun en el caso de que algún grupo lograra obtener los avales, a nadie se le escapa que los resultados van a ser exiguos, difícilmente superiores a 10.000 votos. ¿Vale la pena todo el esfuerzo que supone obtener los avales, elaborar la lista y el programa, realizar la campaña solamente para obtener 10.000 votos en el mejor de los casos? La respuesta es ampliamente negativa.

Lo que indica la lógica más elemental

Si la lógica más elemental rigiera entre los pequeños partidos, haría meses que se habría intentado promover una coalición única, sumando medios, voluntades, brazos y… avales. Pero hace mucho tiempo que la previsión dejó de regir en el ambiente de los pequeños partidos.

De todas formas, para estas formaciones, esta prueba va a ser necesaria: tanto si ninguna candidatura logra presentarse, como si logra presentarse alguna y obtiene resultados escandalosamente bajos (en torno o por debajo de 10.000 votos), valdrá la pena que todos estos grupos se detengan y se pongan a pensar (hace demasiado tiempo que algo no funciona) y que intenten desbrozar el panorama de siglas e individuos más o menos estrafalarios y/o iluminados.

La "carrera de caracoles" empieza a ser una carrera de caracoles paralíticos. Y aquí no pasa nada. Cada cual sigue "en su rollo" amparado en esperanzas que jamás cristalizarán: DN, como suela Canduela, tampoco ahora ocupará primeras portadas por algo que no sea conflictivo, Frente Nacional evidenciara sus auténticas dimensiones y comprobará que las cosas no son como uno quiere que sean, sino como son y una siglo que pudo tener éxito en Francia, en España puede pasar desapercibida,. En cuanto aAES percibirá definitivamente que el tema del aborto suscita simpatías para su sigla y votos para el PP (máxime en estas elecciones en las que el PP movilizará más que nunca el voto útil al ser la primera vez que puede batir en cinco años al PSOE) y E2000 advertirá que, a pesar de su crecimiento, precisa adoptar una vía más ambiciosa, lo que implica cambios estructurales y de imagen, en definitiva. De todos estos grupos, E2000 es, sin duda, quien apuesta más por las elecciones municipales y menos por las europeas. Su estructura actual, por lo demás, es más efectiva en el ámbito municipal que en cualquier otro, quizás por que es el único que tiene arraigo real en municipios de cierta importancia, fuera de la PxC.

Con estas elecciones europeas se cierra un ciclo político completo (municipales, autonómicas, generales y europeas). Todas estas formaciones políticas minoritarias habrán tenido ocasión de cubrir todo un ciclo electoral y de plantearse si los resultados obtenidos son acordes con las esperanzas depositadas, cuando se trata de tirar la toalla o de imprimir rectificaciones necesarias. Si a esto unimos el que con el paso del tiempo y a la vista de la falta de resultados de estas formaciones, se han ido creando al margen de ellas, redes a través de Internet, a través de círculos y revistas, se percibirá que sumados son bastante más de lo que parecen, pero que dispersos se convierten en una constelación de estrellas lejanas.

Pero el recurso a la unidad no es necesario en tanto que tal (la mayor parte de las piezas son demasiado pequeñas como para que la “unidad” tenga algún impacto positivo como suma de partes), sino más bien como estrategia para despejar el panorama de siglas. La “unidad” no es la condición suficiente para “arrancar”, pero si necesaria para clarificar el ambiente y simplificar la sopa de letras en que se ha convertido.

En los últimos años los “intentos unitarios” se han reducido a blogs y webs que se limitaban a expresar su afán unitario publicando noticias de todas estas pequeñas formaciones, hasta el punto que de algunas se sabe solamente de su existencia por algunos comunicados que publican y poco más. Estos intentos son, no sólo inútiles, sino contraproducentes, porque tienden a dar alas a cadáveres políticos y a eternizar su presencia, complicando la percepción que se tiene desde fuera del ambiente y eternizando la presencia de verdaderas “chabolas políticas”. ¿Unidad? Sí, pero sólo a efectos de despejar ese bosque de siglas existente hoy. Para otra cosa no servirá.

Todo esto nos confirma en nuestros puntos de vista expresados hace cuatro años: el modelo “partido” no es el más adecuado para el momento actual. ¿Existe otro modelo? Sí, claro: el modelo “red” que sería el que mejor respondería a la situación actual. En este mismo blog hemos expuesto lo que supone la adopción de ese modelo. Ante todo y sobre todo, un cambio mental: trabajar en la sociedad civil en áreas en base a los temas que estemos predispuestos para trabajar, generar estructuras de todo tipo (y no solamente políticas, sino culturales, asistenciales, profesionales, corporativas) capaces de realizar tareas de expansión en sus áreas respectivas y de cristalizar en momentos electorales en forma de candidaturas unitarias o plataformas cívicas. No es hora de repetir lo que ya escribimos hace unos años (ver nota al final), pero sí de recordar que si se quiere “estar” en política, hace falta adecuar el pensamiento a la realidad socio-política de una época, y no esperar que con concepciones y modelos de hace veinte, cuarenta o sesenta años, puedan rendir beneficios.

Esperamos y deseamos que, aun cuando las elecciones europeas, no sean un escenario particularmente interesante, ni necesario para las opciones minoritarias, es, al menos, una ocasión para reflexionar y tomar medidas. No es que tengamos mucha esperanza en que sirva para eso, pero creemos que teníamos la obligación de recordarlo.

© Ernesto Milá – Infokrisis - Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción sin indicar procedencia.

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2 de Feb 2006

 

 

Falange contra el Opus: la gran contradicción bajo el franquismo

Infokrisis.-Dentro de nuestra iniciativa de recopilar escritos elaborados hace años, hemos encontrado éste, inacabado, que debería haber formado parte de un estudio más amplio sobre la historia de España en el que intentábamos realizar una aproximación a nuestro pasado desde el punto de vista de la doctrina evoliana. Para esta doctrina el elemento central es el reconocimiento de la antítesis de dos fuerzas a las que Evola llama "Luz del Norte" de tipo viril,  guerrero, masculino, solar y de otra la "Luz del Sur" de carácter femenino, telúrico, sacerdotal y lunar. Nos pareció que en el siglo XX, la antítesis desarrollada bajo el franquismo entre la Falange y el Opus Dei respondía con una precisión asombrosa a este esquema interpretativo. Ahora recuperamos el artículo escrito hace 15 años.

 

Estabilizada la España de la postguerra, resuelto el contencioso entre el nazismo y las democracias y aislados del resto del mundo, la vida siguió en nuestro numantino país. Aquella manifestación en la Plaza de Oriente que contestó el aislamiento internacional fue el desfío que lanzó la España vencedora en la guerra civil. "Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos". El humor de "La Codorniz", conducido por antiguos voluntarios de la "División Azul", humoristas próximos a la Falange y cínicas gentes de derecha, junto al surrealismo cultural, hizo posible aguantar las precariedades de la postguerra.

La España vencida desapareció en el exilio, las cárceles, los silencios y las sentencias de muerte, ejecutadas o no. El maquís representó poco, numérica y efectivamente. La "invasión" del Valle de Arán, fue una gesta apreciada solo para sus protagonistas. España permaneció indiferente. A principios de los sesenta los últimos maquisards fueron cazados como conejos sin que sus muertes merecieran algo más que escuetas notas de prensa en las que inevitablemente se hablaba de "bandoleros" y atracadores. La España republicana estuvo ausente durante 40 años ("Cien años de honradez y 40 de vacaciones", fue la irónica adaptacion del lema del PSOE en la transición) y solo los comunistas, con sus rígidos criterios organizativos, su esquematismo mental y utilizando la estrategia de la hormiga laboriosa consiguieron salir del franquismo con un activo político que, luego, Carrillo se encargó de dilapidar.

Estábamos en 1946. El régimen había sufrido una evolución desde que los militares se alzaran diez años antes apoyados por grupos activistas de derecha y extrema-derecha y con la adquiescencia de un sector de la sociedad y el apoyo de los fascismos internacionales. Mientras la victoria sonrió a las tropas del Eje, Franco, gallego él, apostó sin fanatismo por la alianza germano-italiana. Colocó en el tablero a los 18.000 voluntarios de la División Azul. Y subrayo lo de voluntarios; los he conocido bien y doy fe de que fueron los que quisieron, incluso los que lo hicieron no por idealismo sino para redimir su apellido de pasadas colaboraciones republicanas. Pero Franco se reservó alguna que otra carta. No entró en la guerra. La victoria de las armas aliadas, iniciada a partir del desembarco en el Norte de Africa, hubiera resultado imposible de estar las dos orillas de Gibraltar en manos de un Eje ampliado con España asociada. A partir de ahí todo fue coser y cantar y, por lo demás, los contingentes judíos asilados por España, justificaban el que, en caso de victoria de los aliados, Franco pudiera presentar algún as en la manga.

Venció el bando aliado. Hasta ese momento, Franco había utilizado la retórica imperial de la Falange para dar empaque y tono al régimen. Probablemente él mismo se sintiera atraído por este discurso ampuloso que hundía sus raíces en una parte de nuestra historia. Nadie cuestionaba -solo algunos falangistas- que el partido fundado por José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo, era el "fascismo español". Si vencía el Eje, la carta de Franco era tener un partido único de características similares al fascismo y al nazismo. Al resultar derrotado, hubo que buscar una ideología de sustitución. Esa fue el nacional-catolicismo; con él la "Luz del Sur" prendió de nuevo en nuestro país.

Las críticas e ironías a las que se ha hecho acredor el franquismo proceden en buena medida de este giro ideológico. "El florido Pensil", el catecismo de Ripalda y los rosarios del Padre Peyton, la censura en manos eclesiales y la mojigatería, eran propias del nacional-catolicismo, no de la Falange. Un somero estudio sobre la Sección Femenina o sobre el carácter de los intelectuales falangistas, los hace muy distantes del espíritu sacerdotal y pacato de sus colegas nacional-católicos. Estos, surgidos del adaptacionismo de la derecha liberal (la CEDA) que, con los años, tras percibir que lo del franquismo iba para largo, se convirtieron en la cuarta fuerza del régimen (tras al falange, el carlismo y el ejército), con pretensiones hegemónicas. Los falangistas fueron recluidos en algunos ministerios arquetípicos y en consonancia con sus ideales sociales. Girón de Velasco instituyó la Seguridad Social y el grueso de la legislación laboral franquista; por más que antiliberales, tales leyes podrían ser hoy reivindicadas por las organizaciones obreras situadas más a la izquierda, en caso de que supieran algo de la historia social de éste país. En cuanto al carlismo, se le encasilló en el Ministerio de Justicia y poco más, a la espera de que se fuera desleyendo como un azucarillo, como así ocurrió. El ejército ya había tenido una guerra (la civil), algunos militares tuvieron dos (la civil y el frente del Este junto con la Wermatch) y los más veteranos, incluso tres (la civil, la División Azul y las anteriores campañas de Africa). Los hubo con cuatro (a las anteriores hubo que añadir la miniguerra del Ifni). Todos ellos querían tranquilidad y disfrutar los galones y condecoraciones ganadas. Los "propagandistas" católicos subieron enteros en el gobierno.

Y así llegamos a los años cincuenta cuando aparecen elementos nuevos. España tenía que salir, no solo del subdesarrollo, sino del hambre secular. Había restricciones eléctricas, racionamiento y carestía, estraperlo; miseria, en definitiva.

Cuando Franco e Eisenhower firman los acuerdos de cooperación, España entra en la recta del desarrollismo y, oh maravilla de maravillas, ni los carlistas, ni la falange, ni los propagandistas, ni mucho menos el ejército, estaban en condiciones de liderar la nueva etapa y facilitar una clase política tecnocrática. Un oscuro grupo, en cambio, sí: el Opus Dei. A partir de ese momento se instaló una contradiccion fundamental en el interior del régimen, entre los sectores de la Falange (no específicamente conservadores, sino dotados de ideales patrióticos y sociales) y el Opus Dei (no necesariamente progresista, sino simplemente tecnócratico). Todos ellos, como los carlistas, propagandistas y militares, eran "franquistas" en el sentido de que el adaptacionismo de Franco, permitió que en unos momentos del régimen se jugara con una alineación y en otros con otra; o incluso que en el mismo tiempo unos peones fueran puestos a trabajar en unas posiciones y otros en otras. Y la cosa duró hasta el último aliento del eufemísticamente llamado "anterior jefe del Estado".

Pero todas estas vivas muestras de pragmatismo, oportunismo de escasos principios, realpolitik y adaptacionismo, no pueden eludir el hecho fundamental, a saber, que entre la Falange y el Opus Dei existió una contradicción metafísica que hacía de ambos, quintaesencias de dos principios opuestos desde la fundación de nuestro país: el elemento guerrero y el sacerdotal, lo solar y lo lunar, lo guerrero y lo sacerdotal, lo viril y lo telúrico, la "Luz del Norte" y la "Luz del Sur", se manifestaron nuevamente e imprimieron carácter a esos años.

Influyente, primero, en la Corte del "anterior jefe de Estado", residual en el decenio de la rosa, el Opus Dei, en el momento de escribir estas líneas, cabalga de nuevo a lomos del centro-derecha [recordar que este artículo se escribió durante la primera legislatura del "aznarato"]. Por lo demás, Juan Pablo I, al buscar apoyos sobre los que reconstruir la Iglesia, tras la desbandada postconciliar, buscó y obtuvo sostén en "Comunión y Liberación" y el "Opus Dei". Agradecido, el polaco, tuvo a bien hacer aquello que iba mucho más allá del surrealismo religioso: intentar llevar a Escribá de Balaguer a los altares. Y uno se pregunta, si los santos de hoy son como son -y en el caso de Escribá, sabemos cómo son- ¿qué podremos pensar de los santos de ayer que, a lo peor, les concedieron tal título por cualquier componenda de baja estofa?.

No vemos gran cosa de santo en el Opus, como no sea la candidez de sus más abnegados miembros. Lo que vemos en el Opus es la quintaesencia acrisolada del Espíritu del Sur, oscuro, sufriente y lunar, telúrico y ginecocrático (a pesar de su misoginia), en la que se entremezclan lo peor del modus operandi masónico, la piedad más beata y, finalmente, los trucos de ilusionismo propios de cualquier espectáculo de "music hall".

Se diría que, con el Opus Dei estamos ante un tipo de espiritualidad femenina químicamente puro, enemigo jurado e irreconciliable de cualquier otra posición y que, a la postre, explica la conflictualidad con la Falange, e incluso con los jesuitas (los "soldados del papa") y otras órdenes religiosas de distinta inspiración. Difícilmente el Opus Dei podría entenderse con los Jesuitas. El hijo de comerciantes que era Escribá estaba espiritual y anímicamente alejado del espíritu militar de los hijos de Ignacio de Loyola y en cuanto a las órdenes mendicantes, Escribá no podía sino despreciarlas. Dios debía ser adorado con pompa, boato y ostentación.

Casi a modo de caricatura, el Opus Dei remite a los aspectos más problemáticos de la "Luz del Sur". Luz lunar, el Opus prefiere el secreto y la clandestinidad a los espacios abiertos y a las claridades solares. Para justificar tal opción gusta hablar de discrección y silencio. La máxima 970 del "Camino" dice: "Es verdad que he llamado a tu apostolado discreto "silenciosa y operativa misión" y no tengo nada que rectificar" y "que pase inadvertida vuestra condición como pasó la de Jesús durante treinta años". Hay otras muchas referencias más en el librito caótico, y en ocasiones delirante, escrito por Escribá; el mismo tema del secreto vuelve a repetirse en las Constituciones de la Obra: "Con el objeto de alcanzar su fin con eficacia, el Instituto como tal quiere vivir oculto"; más adelante especifican "Los miembros numerarios y supernumerarios deben estar convencidos de la necesidad de guardar un prudente silencio acerca del nombre de otros miembros y no revelar a nadie su propia filiación a la obra". En cuanto a las propias Constituciones "no han de divulgarse, ni siquiera han de traducirse a lenguas vulgares".

Junto al secreto, el desprecio por la naturaleza humana que se considera fuente de pecado en sí misma, remite igualmente a la temática propia de la "Luz del Sur", del ser caído, incapaz de superar por sí solo su miseria existencia y al que sólo la Gracia de Dios puede redimir. La Gracia es administrada por el sacerdote que opera en el Opus en forma de director espiritual y al que se le debe sumisión total. Las desafortunadas comparaciones entre el hombre y el borrico (una canción cantada a menudo en centros del Opus dice así "Vas a ser burro de noria, borrico siempre serás") que ya hiciera Lutero cuatro siglos antes ("El alma del hombre es como un asno que puede ser cabalgado por Dios o por el diablo"), el cerco de censuras y prohibiciones al que está sometido el miembro de la Obra (las revistas de información general están prohibidas), la falta de autonomía personal de los miembros que deben consultar cualquier pequeña decisión de sus vidas a su director espiritual al que le deben, no fidelidad, sino sumisión absoluta ("Ocultar algo personal a los directores era tener un pacto con el diablo" decía una ex-miembro del Opus), su consideración enfermiza de la sexualidad en la que los llamamientos a la castidad son todavía más desagradables que en lo más desagradable de la concepción evangélica, y, finalmente, la consideración mesiánica de que solo hay salvación posible en el interior de la institución y, fuera de ella, aguarda una irremisible condenación eterna ("El que se va de la Obra traiciona y vende a Jesús", "Nadie que se ha ido de la Obra ha sido feliz"), y finalmente, el papel atribuido a la Virgen en la fundación de la Obra (las biografías "oficiales" sostienen que la Virgen se apareció a Escribá con una rosa en la mano pidiéndole la fundación del Opus), todo ello definen un tipo de espiritualidad enfermiza idéntica a la que ha dado origen a otras manifestaciones de la "Luz del Sur".

En cuanto a la vida y a la personalidad del fundador, existe en él una apetencia de lujo y ampulosidad propias de una espiritualidad telúrica y lunar. No se recató de utilizar estrategias subrepticias y ladinas, callar, esconder, permanecer en la sombra, ocultos, estudiar cómo alcanzar más influencia y peso (tema titánico de la búsqueda de poder). Escribá dijo en cierta ocasión a un colaborador, "cuando tengamos las cátedras, todos tendrán sus carreras, sus doctorados, muchos títulos, porque eso atrae mucho a la gente (...) Nuestro fin es acaparar todas las carreras para que así podamos dar a los nuestros sus carreras hasta sin examinarse, muchos títulos y condecoraciones". Nosotros mismos nos hemos sorprendido de leer estas líneas y confirmar, por nuestros conocimientos directos, que efectivamente algunos miembros del Opus Dei están modelados en esta óptica. Hemos conocido incluso a uno que ha llegado a falsificar burdamente el título de periodista y a llenar las paredes de su despacho con decenas de títulos de dudosa catadura. Seguramente eso es lo que Escribá alababa en su "Camino" llamándolo "santa desvergüenza".

Junto a todo este cúmulo de despropósitos, la personalidad de Escribá se muestra pobre, justo en aquel punto en donde debería de aquilatar más riqueza el fundador de una Orden religiosa: en su espíritu. Ególatra despiadado, orgulloso y engreído, caprichoso, altivo, despreciativo incluso para con la figura del Papa y de la jerarquía ("He conocido siete papas, cientos de cardenales, miles de obispos. Pero fundadores del Opus solo hay uno"), altamente inmaduro (en una discusión intrascendente durante una comida, al verse sin argumentos contra su oponente, Escribá fue acalorándose y en un momento dado sacó la lengua a su oponente), esclavo de la gula (en una ocasión pidió la séptima tortilla porque las seis anteriores no estaban a su gusto) y de la avaricia (ya desde pequeño confiesa que le gustaba tocar las monedas que entraban en el comercio paterno), proclive a los accesos de ira (bastaba con que alguien no lo tratara como creía que merecía ser tratado o que ocurriera un error de protocolo para que se enfureciera. Ruiz Jiménez, entonces Ministro de Educación, al encontrárselo en Roma se dirigió a él diciéndole "¿Qué tal padre Escribá?". Escribá se volvió enfurecido y sin recoger la mano que Ruiz Jiménez le tendía. En efecto, quería que se le llamara Padre o Monseñor, pero no "Padre Escribá" como a cualquier otro sacerdote. Otros han dicho de él que sus maneras eran "bruscas y violentas", a la más mínima contrariedad perdía los estribos y empezaba a gritar), en cuanto a la envidia no podía evitar sentirla hacia los jesuitas (el padre Arrupe, General de la Compañía de Jesús hubo de llamarlo tres veces y por tres veces recibió la respuesta de que "el Padre no se encontraba en casa". Escribá jamás devolvió la llamada)... Escribá no ahorraba en demasía ninguno de los siete pecados capitales.

Desgraciadamente para el Opus Dei, la figura de Escribá de Balaguer está demasiado próxima a nuestro presente como para que podamos mitificarla y hacer de él un santo. Falta materia prima y sobran medios de comunicación. La característica de nuestro tiempo es la inmediatez en la transmisión de la información y esto va en detrimento de que nos podamos tomar en serio el proceso de beatificación y su presumible resultado final.

Las biografías oficialistas cuentan que la Virgen se apareció al joven Escribá de Balaguer, cuando aún no se llamaba así, y le pidió la fundación del Opus Dei, organización que, ya desde el principio, se sitúa bajo el signo de la Madre. Para colmo, en cierta correspondencia Escribá firma como "Mariano" detalle, ya de por sí, suficientemente significativo de su fe en la "Mediadora".

Es suficientemente conocido que nuestro hombre nació en Barbastro, pero mucho menos que fue bautizado con el nombre de José María Escriba Albás. Y decimos bien, Escriba y no Escribá. La sutileza del acento o no acento en la "a", marca la diferencia. Por algún motivo que se nos escapa, el "Padre", tal como gustan referirse al fundador del Opus sus miembros, desfiguró hasta tal punto su nombre que, con el paso de los años, este inicial se transformó en Josemaría Escribá de Balaguer. El segundo apellido, Albás, fue relegado al olvido; un "de Balaguer" que parecía otorgarle prosapia y patente de nobleza, vino de Dios sabe dónde y el José María se hizo uno, transformándose en Josemaría sin que se sepan los motivos exactos que justificaron la transformación.

Su juventud no fue ni edificante edificante ni aplicado. Estudiante más que irrelevante, vocación tardía, Jesús Ynfante llega a decir de él que fue "oscuro, introvertido, y con notable falta de agudeza, un hombre -concluye- de pocas luces". Hubo en 1920 una expulsión del seminario de Logroño por motivos no suficientemente aclarados. Algunos se imaginan lo peor que, por respeto a los muertos, preferimos silenciar. En el seminario de Zaragoza destacó, no por arriba, sino por abajo; Salvador Bernal lo califica de "inconstante y altivo".

La mitología del Opus explica que el 2 de octubre de 1928, en el momento de la consagración de la Hostia y el Cáliz, el curita tiene una visión: ve lo que Dios espera de él. Es el pistoletazo de salida del Opus Dei. Pero nadie se entera, ni siquiera sus amigos más íntimos de la época, para los que el único proyecto fundacional era una asociación universitaria que debería de haberse llamado "Caballeros Blancos". Ninguna crónica registra nada mas de tales caballeros. El nombre, en cualquier caso, sugiera que el gusto por los títulos y los nombres altisonantes le venía ya de lejos.

Pocos años después se sabe que Escribá utilizaba un látigo de nueve colas y cadena con púas para flagelarse. Las paredes del cuarto de baño estaban frecuentemente bañadas con su propia sangre que salpicaba las paredes. Cuando uno se azota es, fundamentalmente, por tres motivos: por perversión, porque le provoca placer o por trastorno psíquico. Los místicos pertenecen al segundo grupo; sinceramente, no sabemos en cuál de los tres situar a Escribá. Esta y otras costumbres y rumores que circulaban en aquellos años sobre su persona, nos dan de él un cuadro particularmente sombrío. Y desde luego, poco sano. A esto hay que añadir la misoginia. Escribá y su Opus opinan que el estado natural de la mujer de la Obra debe ser el embarazo y el padre Urteaga, uno de los mejores comunicadores de la Obra allá por los años sesenta, sostenía que "las mujeres se salvan teniendo hijos".

Esta misoginia, demasiado evidente, por lo demás, parece en contradicción el espíritu telúrico del Opus al cual ya hemos aludido. No es así. El telurismo está presente en toda la obra a y en todo el espíritu de Escribá. La "Luz del Sur" no exige fidelidad sino sumisión (Escribá aborrecía que le besaran solo el anillo pastoral, exigía que le besaran la mano de rodillas). La "Luz del Sur" se caracteriza en su arte por una frondosidad exuberante y desenfrenada, bien presente en los oratorios de la Obra y el de Escribá en particular, "opulento e inaccesible". Nada que ver con la austeridad olímpica de la "Luz del Norte". Escribá viajó siempre, a partir de sus años de gloria, acompañado de un séquito encargado de servirle. Una ex-miembro del Opus declaró que había tenido que dar por inservivle un colchón recién comprado por que no alcanzaba por 3 cm. las dimensiones establecidas. Cuando se desplazaba a América se hacía enviar los melones por avión. Comía siempre con platos de la mejor porcelana, cubiertos de plata. En Roma, durante el Concilio, un obispo invitado por Escribá se sintió sumamente incómodo comiendo con cubiertos chapados en oro. Todo eso que hoy se llama "imagen", que no es realidad sino reflejo de la realidad, pertenece a la concepción sudista del mundo, hoy en marcha triunfal hacia el precipicio. Escribá, para eso de la imagen, era único. Amaba los títulos universitarios y de nobleza, convencido de que podían atraer dinero e influencia. Tras la "Luz del Sur" y tras el Opus, en definitiva, lo que se percibe es un amor al dinero, no en tanto que tal, sino como vehículo de poder. Es el dominio de la naturaleza, una vez más, lo que interesa, incluso con un cierto desprecio sobre sí mismo. Escribá, por cierto, decía que "para fundador bueno, el que viene embotellado", refiriéndose a la conocida marca de coñac. A partir de 1968, cultivando su imagen, recibe -mejor, compra- el título de Marqués de Peralta. Ese gusto por la imagen alcanzó más allá de la muerte. Su proceso de beatificación hay que considerarlo como el maquillaje final de su imagen.

¿Dónde radica la fuerza del Opus Dei? ¿por qué sus afiliados están tan comprometidos con la asociación y tienen tanta fe en la obra del "Padre"? No basta con decir que se trata de un grupo de presión y que, por tanto, sus miembros extraen beneficios e influencia social. Esto equivaldría a dar la razón a quienes han comparado al Opus con una "masonería blanca". No es así, conozco bien a ambos bandos y puedo decir que mientras el compromiso masónico es extremadamente débil (un ágape, una tenida a la semana y poco más), el miembro del Opus Dei lo es desde que ingresa en la Obra hasta que muere, lo que se le exige es de tal calibre que nadie que no haya sufrido un lavado previo de cerebro, puede aceptar. Si a un masón se le pidiera que utilizara el cilicio y el flagelo veríamos donde quedaba su "compromiso con la humanidad". La masonería y el Opus, fuera de alguna coincidencia formal, son estructuras radicalmente diferentes y que, en absoluto, responden a una misma mentalidad. La fuerza del Opus radica en algo muy distinto que la convicción de que en sus filas se va a obtener promoción social. En cuanto a las similitudes formales, es cierto que los miembros del Opus se reconocen entre sí mediante palabras secretas ("Pax" dice uno para reconocer si hay algún miembro de la Obra; "in aeternum", se le responde), como también es cierto que en las reuniones de cúpula se llamen por un número y no por su nombre. En un momento dado hubo incluso un código secreto para la correspondencia en el que cada numeral o combinación de numeral con vocales tenía un significado. "El código se guardaba en un libro llamado de San Girolano", recuerda una ex-miembro de la Obra.

La lectura de algunas obras de místicos y sus biografías dan la sensación de que les ha sonado la flauta por casualidad. En el Siglo de Oro, ya hemos visto, hubo muchos de estos casos. Se trató de místicos autodidactas que sufrieron una experiencia paranormal trescientos años antes de que Aldoux Huxley escribiera "Las puertas de la percepción". En la historia y en las vivencias de algunos miembros del Opus se divisan los mismos elementos tratados por Huxley. ¿Espiritualidad? Más bien habría que hablar de trucos, meros trucos generados a partir de una alteración en la química de la sangre que producen visiones beatíficas. El sujeto interpreta tales visiones y las dramatiza en forma de experiencias místicas, pero en realidad se trata de fenómenos suficientemente conocidos y explicados, sobre los que no hay duda. Caso diferente de las auténticas experiencias místicas de, por ejemplo, San Juan de la Cruz o en nuestro siglo de Teresa Neumann que, efectivamente, se sitúan en un terreno más próximo a la experiencia trascendente.

Javier Ropero en su libro "Hijos del Opus Dei" profundiza brillantemente en este terreno y a él remito. Con todo, hay otros testimonios y rumores que corren por la "Obra" que abundan en la dirección interpretativa de Ropero.

España en los años 20 y 30 es un hervidero de espiritismo, mesmerismo, teosofía y doctrinas ocultistas. Incluso los medios anarquistas fueron un receptáculo de estas corrientes. Al leer "Camino", da la sensación de que Escribá de Balaguer estaba familiarizado con esta temática y, por lo demás, no hay que olvidar que las 999 sentencias de su libro han sido colocadas deliberadamente. El era consciente e ironizaba al respecto que 999 es el número de la Bestia, 666, invertido. Se decía, igualmente, que en el primer oratorio del Opus, Escribá, mediante un hábil juego de luces y espejos, daba la sensación de que levitaba. Más elementos, confirman que Escribá conocía algunos "trucos" que facilitaban el acceso a engañosas experiencias seudo-místicas. 

Cito a Huxley: "Una mezcla -completamente no tóxica- se siete partes de oxígeno y tres de anhídriho carbónico produce en quienes la inhalan ciertos cambios físicos y psicológicos que han sido descritos minuciosamente. Entre estos cambio el más impotante, es un notable incremento en nuestra capacidad para "ver cosas" cuando los ojos están cerrados (...) Estas largas suspensiones de respiración llevan a una alta concentración de anhidrido carbónico en los pulmones y en la sangre y este aumento de la concentración de CO2 disminuye la eficiencia del cerebro como válvula reductora y permite la entrada a la conciencia de experiencias visionarias o místicas del más allá". Ropero, recuerda que los oratorios del Opus Dei son reducidos, cerrados, con escasa ventilación, hay en ellos velas, flores y se consume incienso, suelen utilizarse para sesiones de oración comunitaria, se entonan cánticos religiosos y oraciones decenas de veces repetidas. Es fácil intuir lo que sucede: la atmósfera del lugar se empobrece de oxígeno, mientras la proporción de CO2 crece. De manera monocorde se recitan jaculatorias que inhiben la consciencia. Tras un cuarto de hora de recitar una jaculatoria (frase breve), permaneciendo en silencio y con los ojos cerrados, con la química de la sangre alterada, se accede a un estadio diferente al de la conciencia ordinaria y, por tanto, se tiene tendencia a creer que se ha vivido una experiencia mística. Tal experiencia está además facilitada por las mortificaciones (el cilicio, las flagelaciones, el dormir poco cambiando incluso la almohada por una guía telefónica y el colchón por una tabla). Huxley escribe: "si se analizan los efectos de la autoflagelación resulta muy claro que provocaban experiencias visionarias. Para empezar, liberaban gran cantidad de adrenalina y gran cantidad de histamina, y ambas tienen efectos muy extraños sobre la mente. En el Medievo, cuando no se conocía el jabón ni los antisépticos, cualquier herida que pudiese infectarse lo hacía y los productos proteínicos de emergencia entraban en la sangre. También sabemos que estas cosas tienen efectos psicológicos muy interesantes y extraños. El cura de Ars, a quien un obispo prohibió las flagelaciones escribió nostálgicamente: "Cuando se me permitía hacer lo que quería con mi cuerpo, Dios no me negaba nada"".

La falta de alimento, los ayunos prolongados, unido a todo lo anterior, contribuyen a aumentar la facilidad para tener experiencias seudo-místicas que no son sino respuestas fisiológicas del cuerpo ante situaciones distintas de las habituales pero que nada tienen que ver con la verdadera espiritualidad. La "Luz del Sur" está plagada de estos casos en los que los coribantes, los sacerdotes de Atis, los flagelantes medievales, se azotaban hasta la saciedad o se castraban simplemente para alabar a la Diosa y obtener de ella visiones beatíficas. Stanley Krippner recuerda que "... algunas sectas judías también utilizaban los vapuleos rituales para obtener experiencias de éxtasis; tal era una de las grandes ceremonias del Día del Perdón. La flagelación voluntaria tuvo lugar como devoción extática o exaltada en casi todas las religiones. Los egipcios se azotaban a sí mismos durante los festivales anuales en honor de su diosa Isis; en Esparta, los niños eran flagelados ante el altar de Artemisa Ortia hasta hacerlos sangrar. En Alea, en el Peloponeso, se azotaba a las mujeres en el templo de Dionisos; y en el festival romano de las lupercalias se azotaba a las mujeres en una ceremonia purificadora"... Cultos femeninos (Artemisa, Isis) o telúricos (Dionisos, las lupercalias, el hebraismo), henos aquí en las antípodas de la serenidad olímpica que busca la experiencia trascendente en la serenidad y en la quietud, no por la vía del martirio del cuerpo, sino por el distanciamiento consciente y voluntario del mundo de los sentidos. La misma iglesia católica -y más en concreto la Regla de San Benito y el propio San Francisco- condenó la búsqueda de la experiencia mística si era, a la postre, una búsqueda del placer.

Habría que añadir que la abundancia de oro o de irisaciones doradas en las salas del Opus reservadas al culto, con sus reflejos, facilita el engaño de los sentidos. A partir de todo esto puede entenderse que los crucifijos -ricamente labrados en oro y piedras- vistos por gentes que han pasado por las pruebas descritas antes (cilicio, látigo, ayunos, jaculatorias, respirando atmósfera rica en CO2), crean ver que Cristo se mueve en su cruz, les habla o flota en el aire... Se trata de un simple "truco" del que Escribá no fue el único en beneficiarse. Hoy, buena parte de las sectas destructivas -entre las que el Opus figura para muchos- obtienen el control de sus miembros generando visiones de esta forma. Tal es la fuerza de atracción del Opus. En un mundo en el que la verdadera espiritualidad está ausente, cualquier "emoción fuerte" neoespiritualista, puede cautivar al más escéptico.

Junto a esto, hay algo en el Opus que no está complementamente clarificado. No me voy a referir a sus inextricables orígenes, a la imposibilidad histórica de confirmar la historia ideal del Opus dictada por Escribá, sino a las influencias que sufrió. No creo que tomara un modelo en la masonería, más bien creo que lo encontró en "El Abetal" (La Sapiniere, organización clandestina y secreta católica de finales del sgilo pasado y principios de este) de Monseñor Benigni y en los jesuitas. ¿Eso es todo?

Hay algo más que se escapa al analista pero que planea en los primeros años de la Obra. Hay algunos elementos tomados de la mística masónica ("sobre este aparente desorden cada uno tiene que construir su propio orden" escribía el opusdeista Salvador Bernal parafraseando el "Ordo ab Chao" masónico). Miguel Fisac, uno de los primeros afiliados al Opus, cuenta que cuando fue por primera vez al primer oratorio de calle Ferraz, 50, se alarmó. El confesor de Escribá, el padre Valentín Sánchez, vislumbró también aroma de herejía en el Opus y rompió con Escribá. Algún testimonio remite a la residencia de la calle Jenner de Madrid, donde existía un oratorio "adornado con signos cabalísticos y masónicos". Un profesor de Derecho Internacional afirmó que la palabra "SOCOIN" (Sociedad de Cooperación Intelectual, sigla con la que el Opus dió sus primeros pasos) corresponde a una secta hebraica. En 1941, tras crearse el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, Escribá debió compadecer al sospecharse que "bajo el nombre de Opus Dei se escondía una rama judaíca de la masonería"... Exajeraciones, quizás, pero todas van en la misma dirección y, por lo demás, me parece excepcionalmente sólida la opinión de quienes hacen de Escribá de Balaguer un judío converso, cuya psicología responde a la del "marrano" tal como ha sido acotada y definida por Julio Caro Baroja.

Ya hemos visto la portentosa historia de los criptojudíos españoles, veamos ahora las pistas que nos da la biografía de Escribá. Su propio nombre, aquel con el que fue bautizado, Escriba, delata su origen. Un escriba es un "doctor e intérprete de la ley judía". Caro Baroja, bromeando, decía que este apellido no era el mejor para pasar camuflado. El acento cambia poco, apenas transforma un apellido grave en agudo. Su padre, comerciante en paños, tenía la misma profesión que los judíos altoaragoneses. Barbastro, por lo demás, fue en el siglo XV una de las más prósperas juderías del reino. En el siglo XI, durante el reinado de Pedro I, ya se registraron falsas conversiones de Judíos en Huesca. El propio Escribá parecía querer delatar este origen: "somos el resto del pueblo de Israel" decía frecuentemente. Las sucesivas modificaciones del nombre de Escriba corresponde a la traducción judía. Mendizábal, el factotum de al desarmotización, era un judío converso de apellidos Alvárez Méndez. La costumbre judía de evitar que los muertos judíos o "marranos" reposaran en cementerios consagrados, fue seguida por Escribá al enterrar a sus progenitores en la cripta de la casa del Opus en la madrileña calle de Diego de León.

También es posible establecer vínculos con una especie de neo-templarismo adulterado del que existieron pequeños núcleos en España desde 1820 como ya hemos visto. Durante mucho tiempo los supernumerarios, para acentuar su carácter de pobreza, dormían en parejas en los pisos del Opus, lo que dió lugar a que la falange les acusara repetidamente de prácticas homosexuales. Quizás fuera en imitación de la leyenda templaria que mostraba a dos caballeros sobre una sola montura. El Opus y los templarios tienen como característica común utilizar cruces sin que aparezca el cuerpo de Cristo, ni la notación INRI. Y también la extraña tendencia a utilizar patas de oca. Se sabe que monseñor Escribá solía dibujar patos, e incluso en el Molino Viejo, en la provincia de Segovia, se conserva pintado un pato dibujado por él. Los templarios y las hermandades de constructores que de ellos dependieron utilizaban el grafiti de la pata de oca como símbolo de reconocimiento y firma. Otros han querido ver en la insistencia de la cruz sin la imagen de Cristo y la reiteración de rosas en toda la iconografía del Opus, una alusión a la secta de los rosacruces. ¿Dónde empieza la exageración y dónde termina la realidad?

En los primeros tiempos, Escribá acarició la la idea de forjar una orden católica y caballeresca, los "Caballeros Blancos", y siempre tuvo presente el deseo de entroncar con la nobleza. Caro Baroja recordaba que una característica de los conversos fue "buscar entronque con linajes aristocráticos". Dado el voto de castidad y su alejamiento de la nobleza tradicional, su único camino, como hemos visto, fue la adquisición del título nobiliario a buen precio.

Lo que más llama la atención en los encontronazos entre la Falange y el Opus es que los primeros, que contaban entre sus fundadores con una buena cantidad de títulos nobiliarios (como también existieron en el Partido Fascista y el en Partido Nazi, especialmente en las SS), quisieron proletarizarse, mientras que los miembros del Opus (y, muy en especial, su fundador) buscaron recubrirse del manto de nobleza. Ya hemos expuesto las razones de la ubicación del Opus Dei en las cotas iluminadas por la "Luz del Sur". Vayamos a por su oponente.

En la Falange distinguimos dos elementos perfectamente diferenciados; de un lado aquellos que le confieren un carácter excepcionalmente vitalista y aristocrático, frecuentemente enunciados a nivel simbólico y existencial, y de otro, un grado de confusionismo ideológico que, lejos de desaparecer, fue creciendo a medida que avanzaba en su andadura política. Estos dos elementos se contrarrestaron frecuentemente; ninguno de sus miembros estuvo en condiciones de superar la contradicción y las influencias opuestas, ni siquiera el mismo Primo de Ribera y mucho menos Manuel Hedilla. Así pues, oscilando entre las altas cimas de la metafísica y las más bajas cotas de la demagogia social, entre lo más vertical y lo horizontal por definición, la Falange supuso el último intento de encarnar la "Luz del Norte", de la que lo único que nos queda es un compendio de libros y escritos, buscados por los bibliófilos y coleccionistas y que, nadie hasta ahora, ha sabido "aggiornar".

Hemos hablado de símbolos. Mal que les pese a los falangistas, su organización jamás tuvo una ideología digna de tal nombre; como máximo una concepción del mundo y en absoluto cerrada. No, la Falange fue entre 1933 y 1936, entre su fundación y el desencadenamiento de la guerra civil, un estado de espíritu, en absoluto una ideología. Antes de esa fecha no existía y después estuvo combatiendo en los frentes. Entre ambas, las necesidades de la lucha política hicieron que no pudiera elaborarse ninguna doctrina coherente. Pero existieron símbolos, allí donde las teorías callan, que nos hablan de un impulso vital en el cual se reconocen, si bien que atenuados, confusos y de forma inconsciente, los rasgos de la "Luz del Norte".

El yugo y las flechas (la Y de Ysabel y la F de Fernando, blasón de los Reyes Católicos que herederá Carlos V), el hecho de que sean cinco las flechas (número de perfección y límite de las posibilidades humanas), el cisne (emblema del Frente de Juventudes y del Sindicato Español Universitario, ave solar por excelencia junto al aguila y el león, identificada con Helias, el caballero del Sol), el rojo y el negro de la bandera (símbolos de la dualidad, de la muerte y de la vida, de la tradición y la revolución), la garra irradiante (la garra del león, otro animal solar, de la que irradia el sol), el "Cara al Sol" (título suficientemente explícito del espíritu solar que animaba a la primera Falange), el recuerdo a los muertos, "presentes" (al igual que los antiguos pueblos nórdicos germánicos que se sentían acompañados por sus ancestros), las alusiones a la "guardia de los luceros" (entendida como la compuesta por aquellos camaradas que han muerto en circunstancias heroicas), las continuas referencias a un estilo austero y duro, desprovisto de lujo y oropeles, castellano, en definitiva, la valoración de la Edad Media como quintaesencia de lo español, los llamamientos a una vocación heroica, las asimilaciones del militante como "mitad monje mitad soldado", o de la sociedad ideal con "ángeles armados en las jambas de las puertas", todo esto, si bien no conforma una ideología en el sentido estricto de la palabra, si en cambio conforma una concepción del mundo emanada directamente de la "Luz del Norte".

No queremos entrar en las polémicas sobre las implicaciones reales o supuestas de la Falange en episodios indignos y rechazables; los años en los que dió a luz fueron turbulentos y precedieron la gran catástrofe de nuestro país en el siglo XX, la guerra civil. El fusilamiento de García Lorca (refugiado en casa de falangistas sevillanos), la represión contra los militantes republicanos, las "patrullas del amanecer", son solamente episodios aislados en la historia de la Falange y, más bien, forman parte de la historia de la guerra civil. Es suficientemente conocido que los entendimientos entre anarquistas y falangistas, incluso hasta los años sesenta, habían empezado con el trasvase de militantes de la CNT y del pestañismo a filas falangistas en los años de la preguerra. A efectos del presente estudio, lo que hace que podamos valorar un movimiento histórico como Falange Española, no es su participación en tal o cual episodio concreto, afortunado o desgraciado, sino lo que puede deducirse de su espíritu. A este respecto, incluso los más acérrimos detractores reconocerán que una élite falangista  -en la que podemos situar a Dionisio Ridruejo- no solamente proclamaron unos valores y principios generales, sino que estuvieron dispuestos a vivir y a morir, inspirados en ellos. Eso les llevó a muchos de ellos a las estepas rusas enrolados como voluntarios en la División Azul y que solo recibieron una cruz de palo como recompensa; otros, prefirieron desligarse del régimen que nació de la sublevación de julio de 1936, y que, en su criterio, no se adaptaba a la imagen que se hacían de su estado ideal; muy pocos formaron organizaciones disidentes, inspiradas en Miguel Hedilla, segundo Jefe Nacional de Falange. Estos fueron los menos y, en una condiciones políticas muy favorables, no estuvieron en condiciones de completar los principios apenas enunciados por Primo de Rivera, Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. Falange se fue extinguiendo poco a poco.

Respecto a los tres fundadores hay en ellos diferencias no desdeñables. Están, bien es cierto, unidos por lo que podríamos llamar "sentimiento imperial", la sensación de que el mejor momento de la hispanidad fue el período iniciado con los Reyes Católicos y concluido con los últimos austrias. Las ideas de centralidad, de ímpetu político-religioso, el carácter antiburgués, el culto a la juventud, el sentido de disciplina y sacrificio, esto es, el espíritu de milicia heroica, el gusto por la aventura y, finalmente, la síntesis entre la Tradición española y la Revolución, hacen de Falange Española, lo que algunos han llamado "Vía Solar". Pero, al margen de esto, Primo de Ribera, Ledesma y Redondo, sostenían orientaciones sensiblemente diferentes. Redondo era un castellano viejo; católico, antisemita, su austeridad y entereza fueron siempre proverbiales; cuando uno se aproxima a su biografía cree estar ante aquellos castellanos que combatieron a la morisma y tiene la sensación de que las gentes de Fernán González debieron estar, más o menos, cortadas con el mismo patrón. Onésimo es el católico militante de viejo estilo que tiene muy pocos puntos en común con Ramiro Ledesma, ateo impenitente, vitriólico, activista, intelectual frío que unos días colocaba un petardo y al día siguiente publicaba un ensayo en "La Revista de Occidente". Partidario de "nacionalizar a las masas anarcosindicalistas", hubo en él rasgos de populismo y demagogia que compartió con Primo de Rivera. Este, por su parte, hijo del General del mismo nombre, pertenecía a los círculos aristocráticos madrileños y estaba relacionado con una pléyade de intelectuales y artistas de vanguardia que constituyeron el núcleo fundacional de la Falange. Formado por Rafael Sanchez Mazas, Agustín de Foxá, Alvaro Cunqueiro, Eugenio Montes, Rafael García Serrano, Luys Santa Marina, Felipe Ximenez de Sandoval, Gonzalo Torrente Ballester, Dionisio Ridruejo, Ernesto Giménez Caballero, Mourlane Michelena, Víctor de la Serna, pintores como Alfonso Ponce de León o Cossío, Samuel Ros, José María Alfaro, con el patronazgo espiritual de Eugenio d’Ors, Maeztu y Ortega, estamos ante un grupo de intelectuales, más que ante el grupo activista que hoy recordamos.

Pero Falange Español no representaba la "Luz del Norte" en estado puro sino adulterado y con la tensión metafísica rebajada. Su "vocación imperial" no tuvo posibilidad de manifestarse en una opción política concreta, simplemente se tradujo en un nacionalismo extremo, al igual que la oposición a la burguesía y al capitalismo no llevó a fórmulas de superación, sino a una admiración indecorosa y acrítica hacia los movimientos sociales de izquierda, por igualitarios y uniformizadores que fueran. Ramiro Ledesma, desde su revista "La Conquista del Estado" pudo gritar "Viva la Alemania de Hitler, viva la Italia de Musolini, viva la Rusia de Stalin", y escribir luego que más le lucía la camisa roja de Garibaldi que la negra de Mussolini, expresiones desgarradas de un deseo de revancha social e igualitarismo uniformizador, en contradicción con los ideales jerárquicos que exhibía en otros escritos.

Especialmente, en Ramiro Ledesma se percibe la falta de sensibilidad hacia lo sagrado. Viendo en la Edad Media, una edad oscura, percibe en las formas renacentistas su estilo ideal.  Alguién pudo decir con justicia que mientras Marx practicaba un materialismo económico, Ledesma profesaba un materialismo guerrero. La "idea imperial" no es tomada sino en función del poder que le atribuye para relanzar un nacionalismo español, un nacionalismo laico y de masas. Ledesma, pero también José Antonio y Onésimo Redondo, no dudan a la hora de utilizar y predicar la violencia para alcanzar los objetivos políticos. Se trata de un pragmatismo exajerado y de un activismo a ultranza derivados de su particular visión del mundo. Hubo en Falange una desviación titánica y prometeica, en ocasiones incluso fálica, única vía en la que supieron hacer desembocar la visión militar y heroica de la vida. Por lo demás, cuando José Antonio aludía a la "dialéctica de los puños y las pistolas" no hacía otra cosa más que abrir o insertarse en una espiral de violencia que terminó por anegarle a él y al propio movimiento.

Pero allí donde el espíritu de la Falange es más distante de la "Luz del Norte" es en la concepción del Estado. Ni Ramiro Ledesma, ni Primo de Rivera, consiguieron consolidar una teoría del Estado, pero las pocas frases, esparcidas aquí y allí, en sus escritos, dan pie a pensar que junto a la idealización del papel de las masas (la "nacionalización de las masas sindicales" que pedía Ramiro Ledesma), ambos perciben el Estado como un "instrumento totalitario". En sus escritos no se encuentran alusiones a la sociedad trifuncional, mucho menos a los cuerpos intermedios, tan solo vagas y preocupantes alusiones al papel de los sindicatos. Fueron los teóricos del franquismo quienes se encargaron de completar estos enunciados y dar forma a la "democracia orgánica" como alternativa a la "democracia liberal".

El elemento que permite situar a José Antonio Primo de Rivera por encima de los otros dos fundadores y ver en él al receptáculo de la "Luz del Norte" es su vocación poética. Solo José Antonio como figura central del grupo de intelectuales falangistas, supo apreciar el valor de la poesía en la formación de una visión del mundo.

Cuando faltaron los fundadores de la Falange y los elementos más representativos, poco dados a tareas de gobierno, prefirieron optar por enrolarse en la División Azul, nadie se preocupó de completar la doctrina falangista. El franquismo utilizó a la Falange como levadura de las masas; sus ideales sociales, su consigna mil veces repetida de "Patria, Pan, Justicia", podían constituir un reclamo, como de hecho así ocurrió durante veinticinco años, entre 1939 y 1964. Al cerrarse este ciclo, el Opus Dei ya despuntaba como la fuerza hegemónica en los gobiernos de Franco.

La lucha entre la Falange y el Opus Dei fue larvando durante los años 60 y estalló con el "affaire" MATESA. Por esas fechas la Falange ya estaba excepcionalmente debilitada y reducida a una mera cáscara sin vida. Los locales del Movimiento Nacional estaban vacíos, el Frente de Juventudes, la Sección Femenina, los Sindicatos, la Guardia de Franco, no eran sino estructuras burocráticas esclerotizadas que apenas podían hacer nada frente al Partido Comunista y a la extrema-izquierda.

El Opus Dei, sus bancos y ministerios, sus industriales, sus tecnócratas, no preveyeron que al trabajar por la construcción de un capitalismo tardío, estaban generando una estructura económica de tipo liberal-capitalista que entraba flagrantemente en contradicción con la estructura política del Estado, autoritaria y paternalista. Cuando, para sobrevivir, esa estructura económica precisó impulsar un cambio para promover un mayor crecimiento, sacrificó a la estructura política. Eso ocurrió a mediados de los años 70.

En el momento que Franco muere, la derecha carece de organización política, está en el poder, es el poder, pero no tiene estructura de partido y, por tanto, no estará en condiciones de afrontar una etapa democrática formal. Es el período de las Asociaciones Políticas, el "espíritu del 12 de febrero" y la Ley de Reforma Política. La derecha intenta ganar tiempo, liderar el proceso de cambio. Ahí está el Opus Dei intentando no perder el tren. Sin embargo, a partir de 1977, los mayores éxitos los consigue en el extranjero y, a partir de la entronización de Juan Pablo II, en la propia Roma.

En cuanto a la Falange, llegó a la transición en un estado de total descomposición y con un alto grado de confusionismo político. Multifraccionada, perdidos los líderes e intelectuales que le dieron vida, habiendo dado la espalda incluso a los propios orígenes, sufrió un proceso continuado de empequeñecimiento y gropuscularización en el que todavía se encuentra hoy.

Lo que tuvo de "Luz del Norte" hace sesenta años, hace ya mucho que se extinguió.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Se prohíbe la reproducción de este artículo sin indicar procedencia

Por un juicio crítico al franquismo (+ un ejercicio de cinismo)

Infokrisis.- En el 33 aniversario de la muerte de Franco, vale la pena traer a colacion algunos apuntes dispersos. No se trata de un tema que interese particularente al autor, pero a raíz de unos post  aparecidos en un conocido foro nos hemos vito obligados a fijar nuestra posición. La sociedad spañola parece tener siempre a flor de piel, el tema del franquismo, especialmente dos tipos de personas: los defensores de la “memoria histórica”, esto es una izquierda huérfana de proyecto que ya no puede defenderse en los valores por los que luchó en su juventud (el marxismo)  y que solamente puede mantener el recuerdo siempre presente de su enemigo, el franquismo; y , por otra parte, una extrema derecha que ni siquiera conoció al franquismo y, por tanto solamente puede asumir un franquismo imaginario surgido de su imaginación. Vale la pena intentar sintetizar en algunas páginas lo que nos ha sugerido esa discusión. Debemos de reconocer que, en lo personal, este tema no nos interesa ni poco ni mucho. Es más, incluso nos aburre el que una sociedad no acabe de atreverse a situar históricamente un período de 40 años en nuestra historia.

El franquismo como fenómeno polimorfo

“El franquismo” nunca existió. Lo que existieron fueron “los franquismos”. ¿Qué fueron “los franquismos”? Fueron las distintas etapas en el régimen de Franco en las que se adoptaron líneas políticas muy diferentes.  ¿Cuáles fueron esas etapas? Fundamentalmente cuatro:

1)     La etapa nacional-sindicalista-imperial: abarca desde 1936 hasta 1943. En 1936, existía un movimiento que apenas agrupaba a 10.000 personas, la mayoría menores de edad, que bruscamente se encontró en el centro de un movimiento cívico-militar: la Falange. Si la Falange jugó algún papel no fue tanto por sus propios efectivos (mínimos), como porque era el movimiento que más se asemejaba a los que gobernaban Italia y Alemania. Si la guerra civil podía desembocar en una victoria franquista era solamente fracias al apoyo germano-italiano en armas. Esta etapa dura hasta el cerco de Stalingrado y la batalla de El Alamein, cuando, desde el punto de vista militar, la guerra parece que ha dado un vuelco y la potencia alemana empieza a conocer la derrota. En esas circunstancias vale la pena hacerse olvidar y perdonar por los aliados que indefectiblemente ganarán la guerra. Esto coincide con un escándalo palaciego protagonizado por Serrano Suñer (una experiencia, digamos, extramatrimonial, más grava aún cuando su esposa estaba emparentada con Franco) que le vale su relevo al frente de Asuntos Exteriores. En la medida en que Serrano Suñer era el elemento del aparato de poder más identificado por la línea de apoyo al eje germano-italiano, es toda una línea política la que se altera.

2)     Etapa nacional-católica: se prolonga desde 1943 a 1956. En este período, la ideología falangista –a partir de ese momento impresentable a nivel internacional y reducida a un mecanismo de contención de las masas en donde algunos falangistas agotaron su “política social” creando sindicatos, seguridad social y mecanismo asistenciales- es sustituida por el único recurso al alcance del franquismo: el nacional-catolicismo que compartía buena parte de su jerarquía y, sin excepción, la jerarquía católica. Éste es el período con el que algunos franquistas de la transición se identificaron, extrapolando lo que era una parte del franquismo, acotada en el tiempo, a la totalidad del franquismo desde 1936 a 1975. Además, a partir de 1945, los partidos democristianos tienen éxito en toda Europa (especialmente en… Alemania e Italia, los vencidos). De existir en España una democracia formal, Franco seguramente hubiera apoyado a un partido democristiano.

3)     Etapa desarrollista: dura entre 1956 y 1969. En 1956 se impone la realidad. El nacional-catolicismo se ha convertido  en una ideología de consumo interior, con su censura, con su cultura pacata, con su moral rígida, su oscurantismo y su carácter beato. Europa se había beneficiado del Plan Marshall, pero en España en esa época todavía corrían carros de caballos en Madrid y Barcelona y se vivía en un atraso secular, incluso en las grnades ciudades, con cartillas de racionamiento y restricciones eléctricas. Franco entiende en ese momento que es preciso dar un golpe de timón a su régimen. La subida al poder en EEUU del general Eisenhower y su anticomunismo visceral, así como el carácter anticomunista de Franco, hizo que Franco entrara por la puerta trasera en el dispositivo de defensa norteamericano, sin ingresar en la OTAN (por su sistema político) pero adquiriendo todos los compromisos de ese ingreso… a cambio de ayuda al desarrollo. En esa circunstancia, ni los censores nacionalcatólicos, ni los falangistas valerosos, eran útiles para la nueva etapa. A una etapa desarrollista corresponden técnicos y exportos y el único grupo organizado que disponía de ellos era el Opus Dei. Así pues, el período desarrollista del franquismo registra el aumento creciente del peso del Opus Dei que alcanza su paroxismo en 1968-69 con el escándalo MATESA. A lo largo de este período, Franco ha entrado de la madurez en la ancianidad. Es el período del Plan de Estabilización y del I y II Plan de Desarrollo: economía de estructura capitalista con el mercado controlado por el Estado y planificado.

4)     Etapa evolucionista: desde 1969 a 1975. La caída del gobierno de los “lópez” (López Bravo, López Rodó, miembros del Opus) es seguida por el aumento del poder del almirante Carrero Blanco, tras una breve etapa dominada por el general Muñoz Grandes. Pero en 1968 ya está claro que Franco envejece y que su régimen no se prolongará durante mucho tiempo más. Ya en 1968 se empieza a hablar de “asociacionismo” y la Ley Orgánica del Estado había abierto la puerta a la democracia… “orgánica”. Juan Carlos había sido nombrado “sucesor a título de Rey”. El primer impulso “evolucionista” no tiene apenas eco y solamente arrastra a “familias” del régimen (falangistas en sus distintas variedades, incluidos socialdemocratas de origen falangista, monárquicos de todas las tendencias y poco más). Pero cuando Carrero Blanco es nombrado presidente del gobierno tiene un plan “evolucionista” más viable: democracia de partidos hasta los socialistas incluidos, excluyendo a los comunistas y a la extrema-izquierda. Y empieza a dar pasos en esa dirección con un relanzamiento del “proyecto de ley de asociaciones del Movimiento”, que no es más que un intento de organizar a la derecha ante una democracia que se presiente próxima y ante la cual la izquierda ya está muy organizada. En economía, Carrero inicia el comercio con los países del Este para contrapesar las restricciones del Mercado Común a los productos españoles. La idea de una “transición” está en el mente de Carrero: transición controlada. Cuando es asesinado, la única posibilidad es una transición descontrolada que, finalmente, es la que se producirá.

Estos cuatro períodos se superponen a la evolución de las sociedades occidentales, especialmente en los años 50 (inicio del consumismo), años 60 (liberación sexual e inicio de la crisis del catolicismo), etc. Así pues, el franquismo tuvo matices: en 1958 los paneles que anunciaban sujeradores eran tachados por católicos fundamentalistas con pez, en la naciente televisión, hasta finales de los 60, las sopranos salían en los conciertos con un echarpe sobre los hombros para ocultar sus brazos desnudos, pero los barrios chinos de Madrid y Barcelona gozaban de buena salud; mientras, las turistas traían el bikini. Desde los medios oficiales se proponia una sexualidad extremadamente restringida dictada por la moral católica (nada de relaciones sexuales prematrimoniales, copular para tener hijos, negación absoluta del principio del placer reduciéndolo a satisfacciones ingenuas… algo que no podía durar) que, después del Vaticano II empezó a resquebrajarse.

Las contradicciones del franquismo crepuscular

Entre 1956 y 1969 se afianzó en España un sistema capitalista tradicional, con instituciones de finanzas como en cualquier otro país europeo, con iniciativa privada que solamente debía adaptarse a la planificación. Ésta, por su parte, tan solo afectaba a los “sectores estratégicos”, energía, industria pesada, sector metalmecánico. El modelo español se basaba en el desarrollo de una industria pesada propia que tenía que ver con nuestro carácter marítimo (astilleros) y con nuestras necesidades de consumo interior, al mismo tiempo que, a partir de los años 60 el turismo empezó a desarrollarse como pieza clave de nuestra economía. En definitiva, nada que no se pudiera asimilar a un sistema económico de tipo capitalista al que solamente la intervención del Estado en algunas áreas y la planificación consiguiente, impedían llamar “liberal”.

Este sistema fue aceptado por las partes económicas en juego: España en 1936 era una país atrasado, en 1939 se había convertido en un país destruido y en 1956 no había salido del subdesarrollo. Así pues, en esas circunstancias, las libertades políticas importaban poco: la clase media era muy reducida todavía, y la mayor parte de la población aceptó concentrar esfuerzos en salir de la miseria. Aunque el Plan Marshall se hubiera aplicado en España, aquí partíamos en situación de inferioridad radical en relación a otros países europeos y solamente existían similitudes con el Sur de Italia. Por tanto precisábamos un “modelo español de desarrollo”. Y ese modelo consistió en limitar libertades políticas, concentrando todos los esfuerzos en el desarrollo económico.

Pero la acumulación de fuerzas productivas y las necesidades del sector industrial hicieron que, a partir de finales de los años 60 apareciera una contradicción entre las necesidades del naciente capitalismo español (ya asentado al iniciarse el III Plan de Desarrollo) y el sistema político: para crecer, para poderse abrir camino en nuevos mercados exteriores, nuestro capitalismo precisaba de una nueva forma política. Solamente así lograría entrar en “Europa” (en aquel momento en la Comunidad Económica Europea). Así pues, el régimen que había amamantado al capitalismo español, bruscamente –en 1969, tras el escándalo MATESA- entendió que precisaba cambiar el régimen para ampliar su horizonte.

De ahí que fuera ese capitalismo –y sus vinculaciones internacionales- el que se constituyera en principal impulsor de la evolución de España hacia formas democráticas homologables con otros países europeos. Y lo que hizo, finalmente, que esta evolución fuera liderada por… lo esencial de la clase política franquista: los Adolfo Suárez, los Fernández Miranda, los Fraga, etc, etc.

Desde este punto de vita se entiende que la ensoñación de la izquierda española jamás pudiera llevarse a cabo. En efecto, los partidarios de la “ruptura democrática” ni tuvieron jamás fuerza social suficiente, ni siquiera peso político para enterrar al franquismo. Fueron los sectores “evolucionistas” del propio franquismo los que pactaron la transición. Y ese pacto, ni siquiera lo negociaron con los socialistas del PSOE (un gropúsculo extremista en 1973 y que siguió siéndolo hasta 1976), sino con las fuerzas políticas internacionales que llevaban en andador al PSOE (concretamente, con la socialdemocracia alemana que “creó” el PSOE renovado a través de la Fundación Ebert). La promesa a cambio, fue que en un plazo prudencial, la izquierda gobernaría: ese plazo se cumplió en 1983 y duró los trece años del felipismo.

¿Qué fue en realidad el franquismo?

Nuestra tesis inicial es que el franquismo fue el vehículo para salir del subdesarrollo. Solamente eso y nada más que eso. El franquismo no fue una ideología. El propio franco decía a Salgado-Araujo: “Hágame como yo, no se dedique a la política”, frase suficientemente elocuente de un mandatario que en lo personal era un católico de la época (ni más ni menos religioso que la media de la población española de aquellos años preconciliares y que luego era ya demasiado mayor para aceptar los nuevos tiempos implantados tras el Vaticano II). Franco jugó con las distintas fuerzas políticas que tenía a su alcance, para que el régimen pudiera dar los mejores resultados en cada momento. Por eso hemos empezado diciendo: “No existe el franquismo, existen los franquismos”.

Lo único que dio coherencia a todas estas etapas era la persistente presencia de su fundador.

A la hora de valorar lo que fue el franquismo debemos abstraernos en aquellos años. Si comparamos lo incomparable (el franquismo con la actual situación política) podemos llegar a conclusiones poco realistas. En el franquismo los casos de corrupción existieron, pero no se generalizaron. La clase política no exteriorizaba su poder, ni su influencia; era bastante discreta. Carrero Blanco, por ejemplo, iba a misa sin apenas escolta. La última nómina de Franco, recientemente publicada, demuestra que su “salario” no era exajerada. Es cierto que, como en todo régimen, existió una cohorte de aduladores, pelotas y pedigüeños… pero nada que no exista ahora centuplicado. Se hablaba de burocracia… pero el número de funcionarios era la décima parte de los existentes hoy. Ciertamente, las culturas regionales fueron reducidas a los “Coros y Danzas” de la Sección Femenina. En 1941 ya se editaban las obras de Verdaguer en catalán y en 1964 apareció el primer semanario publicado íntegramente en catalán (Tele|Estel). Pero no se subvencionaban las culturas regionales y el castellano era la única lengua oficial. Eso puede ser colocado entre lo más negativo del franquismo en la medida en que las burguesías catalanas y vascas, apoyaron al franquismo y aportaron buena parte de sus cuadros y se hubieran sentido más cómodas con ciertas concesiones en este terreno que, por lo demás, habrían conjurado los espectros separatistas que aparecieron posteriormente.

Existió un “partido único”, pero a finales de los años 50 ya era una cáscara con poca vida interior. Diez años más tarde, era un cadáver. El Frente de Juventudes ya en 1966 hacía gala de estar “despolitizado”. La Guardia de Franco en algunas provincias era una entelquia inexistente y el movimiento unas pocas decenas de funcionarios distribuidos por toda España. Cuando se pasó del “Movimiento organización” (FET y JONS) al “Movimiento comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”, en la práctica lo que se estaba haciendo era enterrar al aparato político-militante del régimen. Bruscamente, en 1968, se dieron cuenta de que a una izquierda progresivamente organizada, había un vacío organizativo a la derecha. De ahí los proyectos de “asociaciones del Movimiento”. Organismos como la Sección Femenina hicieron mucho por la mujer en aquellos años.

El régimen tuvo el apoyo de las clases medias especialmente. La alta burguesía conteporizó con el franquismo y con la oposición democrática. La clase trabajadora en su mayoría permaneció silenciosa y como máximo un 30% apoyó hacia el tardofranquismo las movilizaciones populares, cuando ya había pagado el 600 y había adquirido pisos de 1.000.000 de pesetas. La juventud, poco a poco, s había ido deslizando –especialmente en la Universidad- hacia la izquierda. En 1969-76, las universidades eran literalmente controladas por la izquierda y la extrema-izquierda que actuaba a su antojo y paralizaba constantemente las aulas.

En esa época, los locales del Movimiento estaban vacíos. Los hogares de la OJE funcionaban a una cuarta parte de su gas. La Guardia de Franco era una estructura de vacía en la mayoría de provincias. Existía una burocracia del Movimiento formada por unos pocos cientos de funcionarios en toda España, muy mal retribuidos. En 1975 un “secretario político de Distrito” en Barcelona, cobraba 4.000 pesetas al mes. De hecho, cuando se disolvieron todas estas estructuras y se asimiló sus funcionarios al ministerio de Cultura, se empezó a percibir su escaso número.

Algunos recordamos aquella época como mediocre… a menos que la consideremos en relación a la época actual. Los programas y las series de TV que se hicieron en aquel momento (en infokrisis hemos aludido a Edgar Nevilla o a Ibáñez Serrador) eran muy superiores a cualquier programa actual. Programas que se mantuvieron durante años como Estudio 1 no tienen parangón con la programación ni de las televisiones públicas  ni de las privadas. Parte de este material está a disposicón de las nuevas generaciones en emule y en bitTorrent. Si bien era un material elaborado con los pocos medios técnicos existentes en la época, la imaginación de sus creadores suplía amplia estas limitaciones. Pero la censura y el nacional-pacatismo eran un lastre insoportable, ñoño y descorazonador. Así mismo, llama la atención que el panorama editoria español fuera muy limitado y que no se publicaran textos ni siquiera que hubieran podido constituir apoyos ideológicos al régimen. Se ignoró el pensamiento de la Nueva Derecha, los grandes autores –Drieu, Jünger, Celine, etc.- se empezaron a editar en la transición y en los años 80, mientras las librerías a partir de 1967 proliferaban en libros de cultura marxista y freudiana sin oponentes ideológicos.

El balance cultural del régimen es pobre… pero indudablemente mucho más rico que el que puede esgrimir la cultura en la democracia. De hecho, la enseñanza franquista y su bachillerato dieron a generaciones unas bases culturales muy superiores a las que tienen hoy gentes educadas a partir de 1974 (con la nueva Ley General de Educación cuando se inició la pendiente autodestructiva de la enseñanza en España).

En cuanto a los derechos sociales, existieron muchos más durante el franquismo que en la actualidad. La precariedad del empleo era inexistente. Tres días en una empresa equivalían a un contrato fijo. Hoy se dice que estas “conquistas sociales” fueron otorgadas para tranquilizar a la clase obrera… lo mismo se decía de los partidos de fútbol emitidos el 1º de mayo (que eran para dar opio a las masas trabajadoras y evitar que se manifestaran… cuando hoy la media de partidos retransmitidos por TV es de tres o cuatro a la semana…).

El franquismo fue un signo de los tiempos. Fue poco si lo valoramos en aquella época. Y solo mejora examinado en relación a ésta. No había libertades políticas y algunos las exigían. Hoy, hay libertades políticas, pero no sirven para nada y quienes las utilizan es, en su mayoría en beneficio propio. Pfff… No existía libre sindicación. Hoy sí existe, pero solamente un 15% de las masa laboral está afiliada a algún sindicato y su cúpula diriente vive de subsidios Estatales… con lo que el sindicato no es más que la correa de transmisión de quien se sienta en la Moncloa…

Todo tiempo tiene sus pros y sus contras y las comparaciones son ociosas. Aquel tiempo y aquel régimen no fueron ninguna ganga inolvidable como para hoy irlo mitificando. Fue otra cosa, incomparable con lo que hay ahora. O mejor dich, difícil de establecer comparaciones.

Fusilados los ha tenido el franquismo y la democracia (¿o cómo hay que llamar al GAL y varios crímenes de Estado poco o nada aclarados?). Existieron malos tratos y torturas durante el franquismo… pero resulta mucho más lacerante que en plena democracia desapareciera el Nani, se creara una mafia policial y el que esto escribe, con los socialistas en el poder fue detenido en Barcelona y torturado durante una semana por un grupo policial que pocos años después, al desarticular el Comando Barcelona intentó repartirse el dinero incautado a los etarras, valiéndole al jefe de grupo el ser enviado a una comisería en Navarra obstruyéndosele para siempre el ascenso a inspector… Eso ocurría entre 1983 y 1987. sin olvidar que todo el 11-M es un gigantesco agujero negro imposible de realizar sin el concurso de algunos organismos de seguridad. Por no aludir a Juan Ignacio González, asesinato ¿por quién?. O los grandes escándalos de la democracia: la estatizacion de RUMASA, el síndrome tóxico o el 23-F que dicen muy poco sobre la calidad de la democracia española y de las libertades públicas y el derecho a la información.

El franquismo fue poco. El zapaterismo es nada. No vale la pena establecer comparaciones.

Franco y Stalin, almas casi gemelas...

En un post comentaba que Franco y Stalin habían hecho lo mismo: concentrar el esfuerzo nacional en el desarrollo de las fuerzas productivas y dar la espalda a las libertades políticas. Franco logró dar a los españoles el 600. Stalin a su país, la bomba H. Tal era la única comparación que quería establecer y que creo que se puede mantener con argumentos históricos y económicos. Me ha llamado la atención la reacción de algún admirador del régimen de Franco que ha reaccionado muy mal a la comparación entre Franco y Stalin –a pesar de que la había reducido solamente a esto: ambos se concentraron en el desarrollo y dieron la espalda a las libertades políticas- así que me he preguntado si el paralelismo terminaba aquí.

Lo que sigue es un ejercicio de cinismo, dedicado a quienes no son capaces de  digerir lo escrito en un post de 40 líneas y siguen considerando al franquismo como algo especialmente digno de encomio.

A decir verdad, a poco que nos esforcemos, las comparaciones entre Franco y Stalin podrían llevarse hasta el infinito.

Stalin fue seminarista, Franco fue un católico con un alto sentido religioso. Stalin conideró el comunismo como una religión y la disidencia como heregía merecedora de la hoguera. El franquismo quiso impregnar a la sociedad española con una concepción religiosa.

Los medicos se ensañaron con Stalin en sus últimas horas. Los médicos se ensañaron con Franco en sus últimas horas.

Ambos eran generales victoriosos: Franco venció a la República, Stalin a Alemania.

Ambos recibieron para sus victorias una gran ayuda exterior que fue determinante para el desarrollo del conflicto: Franco de Hitler y Mussolini, Stalin de EEUU. Ambos eran incapaces de reconocer los hechos regionales.

Ambos lograron el poder después de afirmarse con maniobras entre bambalinas, sobre sus adversarios y rivales. Algunos de estos adversarios murieron en extrañas circunstancias: Mola, Sanjurjo, Trotsky.

Ambos fueron alabados y llorados por las masas populares tanto en vida como a su muerte. Los dos sufrieron análogos exorcismos posteriores: la desestalinización tuvo su equivalente en la transición democracía española.

Debieron afrontar igualmente problemas y revueltas interiores que trataron con dureza: Franco en la huelga de tranvías de Barcelona, en la Universidad, Stalin en Hungría y Berlín.

Tuvieron que ceder en ocasiones: reconociendo la derrota en Corea o en el bloqueo de Berlín, mientras Franco tuvo que ceder Ifni, dar la independencia la protectorado de Marruecos y a Guinea Ecuatorial.

Los disidentes interiores del franquismo o del stalinismo fueron borrados de la vida pública. Ambos optaron por una economía planificada.

Las celebraciones del 1º de mayo, tanto en la España franquista como en la URSS de Stalin fueron faraónicas. En los “desfiles de la victoria” se mostraban preferentemente las armas más contundentes de que disponían en la época, sin embargo, los militares eran meros servidores del régimen.

Existió un culto al excombatiente en ambos regímenes.

Ambos fueron regímenes “patrióticos” y que exaltaron los valores patrióticos antes que cualquier otro.

En ambos regímenes aparecieron pulsiones antisemitas, aunque ambos régimen tenían bien situados a colaboradores de etnia hebrea (Juan March – 9 ministros de Stalin eran de origen judío).

¿Seguimos?

Evidentemente, ambos regímenes no tenía nada que ver y solamente pueden ser percibidos como “similares” en materia económica: economía planificada y concentración de esfuerzos en el desarrollo y la industrialización.

Hoy, la derecha española cuando mira a Rusia (en estos días en el caso de la compra de REPSOL YPF por alguna empresa rusa) creen que la Rusia actual es la URSS stalismo. Y más a la derecha, los últimos mohicanos del franquismo siguen idealizando un régimen que solamente una ciencia histórica liberada de las servidumbres de lo políticamente correcto, debería juzgar. Como si movimienos políticos del siglo XXI pudieran inspirarse en lo que fue el franquismo en su época. Espero que sea la última vez que me veo inducido a escribir algo sobre un tema tan, remotamente aburrido como fue el franquismo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

Reflexiones sobre la crisis (I de IV). 4. Hacia una nueva política mundial: el eje accidental China-EEUU

Infokrisis.- Estamos asistiendo, casi sin darnos cuenta, a un nuevo reajuste de la geopolítica mundial. De la geopolítica y de la geoeconomía. Cada vez más, el eje de la economía mundial se desplaza del Atlántico hacia el Pacífico. Hoy, pocos politólogos dudan de que en los próximos 20 años el comercio en el Pacífico va a crecer como lo hizo en los años 20 y, luego del 45 al 70 el comercio en el Atlántico Norte. California a un lado en el Norte, Brasil (a través de Chile) en el Sur, la República Popular China, Japón y Australia, se configuran como los principales “muelles” de este gigantesco movimiento de mercancías y de capitales.

El Atlántico, lógicamente, seguirá manteniendo un nivel de comercio entre sus dos orillas, y si los norteamericanos siguen surcando este Océano mientras puedan es solamente para resguardar “su” ruta del petróleo desde el Golfo Pérsico y desde el Golfo de Guinea hasta la costa Este de los EEUU. Fuera de esta finalidad, la realidad es que el tránsito de manufacturas entre Europa e Iberoamérica y entre Europa y EEUU, ha alcanzado ya su tope máximo y se estancará, sino disminuirá en los próximos años, en beneficio del comercio entre los actores del Pacífico.

En esta perspectiva residen las gran incógnitas geopolíticas del siglo XI. En primer lugar. Hasta ahora, la tensión geopolítica, especialmente durante la Guerra Fría se había producido entre un Estado Continental (URSS) y un Estado Oceánico (EEUU), pero a partir de ahora, China tiene que redefinir su orientación geopolítica. Algunos datos nos ayudarán a entender cuál será a fin de cuentas su opción.

Es cierto que China  está anclada en “eurasia” o, con mucha más precisión, en la “isla mundial” formada por Europa-Asia-África. China jamás ha tenido una marina poderosa y su historia carece de vocación oceánica. Así pues, a primera vista, costaría poco definir a China como una potencia “continental”. A ello ayudaría también la tradicional burocracia china que parece corresponder al sentido del Estado propia de toda potencia continental (desde Esparta hasta Roma y desde la URSS hasta Alemania del II y III Reich). Sin embargo, China hoy es una planta de ensamblado de manufacturas y esto exige un cambio en su orientación geopolítica. Solamente es capaz de comerciar quien está presente en los mares. No en vano, el sector militar chino que en estos momentos recibe un mayor impulso es… la marina. Ya se han visto barcos de la flota china surcando el Ïndico, el Pacífico e incluso bordeando las costas atlánticas de África. Es sólo el principio: si los chinos quieren comerciar con todo el mundo, están obligados a estar presentes en todos los mares; eso, o de lo contrario deberán pagar peajes.

Y el problema es justamente éste: que, por primera vez en la historia, van a ser dos potencias oceánicas y comerciales las que entren en conflicto en el escenario del océano Pacífico. El proceso histórico es siempre el mismo: dos potencias de similar orientación, primero son competidoras, luego rivales y, finalmente, enemigas. En esta perspectiva quizás sea mucho más fácil entender lo que decíamos antes sobre las consideraciones del Estado Mayor del ejército chino en torno a los EEUU como “enemigo”. China hoy no esá preparada para ningún conflicto de envergadura, pero se está preparando para él.

El gobierno Chino contempla tres etapas: una primera en la que el excedente de capital chino es invertido en EEUU, creándose una situación de interdependencia entre la economía norteamericana y las inversiones chinas. Este etapa ha durado los ocho primeros años del milenio… pero la crisis financiera mundial la ha llevado al traste. Para los chinos ahora se trata, de ir reduciendo progresivamente sus inversiones en EEUU y deshacerse progresivamente de los dos billones de dólares que tienen almacenados en previsión de un colapso de esa moneda. Pero China nunca jamás, seguirá invirtiendo masivamente en los EEUU como ha hecho hasta ahora.

Es significativo que los economistas chinos consideren –y en Internet hay una amplia fuente de información al respecto con sólo colocar en Google “China EEUU situación comercio mútuo”- que sus inversiones en EEUU ya están “al rojo”. A partir de ahora son peligrosas para su propia estabilidad. Nunca más volverán a ha producirse inversiones como las que tuvieron lugar entre 2001 y 2007 cuando China inyectó en Morgan Stanley 5.000 millones de dólares y en Blackstone otros 3.000. Ese dinero está hoy fuertemente desvalorizado y parece difícil que vuelva a representar algún día el mismo valor que cuando se realizaron. Cuando Lehman Brothers empezó a dar síntomas de desplome, sus directivos se desplazaron a China y ofrecieron accionariado en aquel país. En vano. El gobierno chino había entendido lo que eran “activos tóxicos”, en su jerga particular “activos dudosos”.

Quizás sea por los residuos de lógica confuciana o acaso por un simple y elemental sentido de la prudencia, los chinos han invertido poco en los nuevos productos financieros (ver a este respecto el artículo de Martine Bulard en Le monde Diplomatique de noviembre 2008) puestos en circulación en EEUU desde 2001. Bulard cita una frase propiamente confuciana que ha sido utilizada por los dirigentes chinos ante estos productos: “No se juega con lo que no se comprende” y han evitado repetir algunos errores que ya cometieron en sus primeras inversiones en Fanny Mae y Freddie Mac. Bulard cita como fuente de su información al Industrial and Comercial Bank of China.

Pero si China, decide ralentizar sus inversiones en EEUU y, por decirlo así, el que en los últimos ocho años ha sido “el banquero de los EEUU”, exige más garantías y avales para invertir allí (de hecho, en el fondo, esta ha sido la gran exigencia de China en la pasada reunión del G-20: “más mercado, sí, pero más vigilado por organismos internacionales de control de calidad financiera” y no como ha dicho el bobo de Pepinho Blanco “menos mercado y más Estado”). De hecho, en la reunión del G-20, el gran triunfador ha sido China pues no en vano quien más invierte es quien más puede exigir garantías y, todos los actores coinciden en que la actual crisis se ha originado precisamente por falta de garantías. Cuando Zapatero habla de la “solvencia de nuestro sistema bancario” hay que echarse a reír: nuestro sistema bancario está exactamente en las mismas condiciones que el norteamericano, de lo contrario no hubiera hecho falta habilitar 50.000 millones para sacarlo del agujero en el que él mismo se ha metido y, por lo demás, la burbuja inmobiliaria es, posiblemente, más notable en España que en EEUU con lo cual la caída en picado de los precios de la vivienda es posible –recalcamos, “es posible- que sea superior a la de EEUU. En China, el sistema bancario y financiero está bajo control directo del Estado: claro que pueden aparecer desajustes (y de hecho toda China es un puro desajuste entre nuevos ricos y sempiternos pobres; en China hay 40.000.000 de sin techo, tantos como habitantes tiene España, las diferencias entre el campo y la ciudad son abismales y entre las ciudades y las excolonias –Shangai, Honk-Kong- simplemente brutales. Miles de años de mandarinato permitieron que el comunismo chino fuera modélico en su búsqueda de destrucción de la personalidad y aún hoy China dista mucho de ser algo parecido a un Estado Occidental.

La duda que surge es: si China se coloca en segundo plano en las inversiones en EEUU ¿quién salvará la economía norteamericana que precisa cada vez más mayores aportaciones exteriores para evitar el desplome del dólar? Es un misterio: ¿la city londinense seguirá mirando al otro lado del océano? Siempre les quedará Japón y los petrodólares, pero ¿por cuánto tiempo?

Así hay que pensar que a la fase de “China = banquero de los EEUU” seguirá otra de desacoplado de China de las finanzas norteamericanas. Esta fase ya ha comenzado. ¿Los síntomas? Su presencia creciente en África mediante inversiones y ayudas muy tentadoras para los gobiernos de aquellos países en la medida en que son ayudas, créditos y préstamos obtenidos fuera del FMI y del Banco Mundial. Otra muestra: la red de acuerdos trenzada por China con los países del Grupo de Shangai y los acuerdos suscritos con países “disidentes”: Venezuela, Irán, incluso Rusia e Iraq). Más aún: sus esfuerzos por mejorar las relaciones y borrar las suspicacias con Japón y con India, seculares enemigos de China y países en donde el comercio de éste país intenta penetrar con redoblados bríos. Finalmente –y es Martine Bulard quien lo señala- la inyección de 80.000 millones de dólares puesto sobre la mesa por China para crear un Fondo Monetario Asiático que asegure los recursos financieros para los diez países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Sin olvidar el “BRIC” (Brasil, Rusia, India y China) que tienen como objetivo preparar la segunda fase del salto de China a primera potencia mundial: no favorecer, pero sí estar preparada para un eventual derrumbe del dólar, esto, es de la potencia estadounidense. Si tenemos en cuenta que el FMI y el Banco Mundial fueron instituciones creadas por los EEUU (fundamentalmente) para convertir al dólar en divisa mundial como resultado de su sólida situación durante la II Guerra Mundial, se entenderá perfectamente el alcance de todas estas maniobras chinas: emanciparse del dólar en beneficio de… ¿de una idea euroasiática? En absoluto, China ha entendido que con Rusia a un lado solamente puede cultivar su amistad mientras que su área de expansión es… el Pacífico. El mismo terreno en el cual los EEUU desde principios del siglo XX se consideran hegemónicos.

En este momento, China no puede aspirar a ser primera potencia mundial. Y lo sabe. Tiene todavía muchas asignaturas pendientes. Se dedica a ganar experiencia internacional (nadie nace enseñado tampoco en este terreno), va consolidando su presencia en algunas zonas geográficas. Cultiva la amistad con Rusia, país que teme y con el que no está dispuesta a enzarzarse en un conflicto a la vista de la rusticidad y resistencia del soldado ruso. Gana tiempo. Construye una inmensa flota de altura que estará presente en todos los mares antes de 10 años. Disminuye discretamente sus inversiones en EEUU, deriva esos excedentes hacia mercados financieros más seguros y hacia la ayuda exterior que es, a fin de cuentas, una inversión de futuro.

China hoy no está en condiciones de disputar la hegemonía mundial a los EEUU (y es posible incluso que sus estrategas ni siquiera aspiren a eso, pues no en vano carecen del mesianismo iluminado de los dirigentes norteamericanos y han perdido el impulso inicial del comunismo como forma de internacionalismo). Su burguesía es todavía débil y vacilante. Sus campesinos forman una legión de descontentos que viven en el siglo XIX sin apenas gozar de la modernidad. Sus sistemas de previsión, ayuda y protección social son mucho más débiles que los que dejarían presagiar sus 40 años de comunismo a la vieja usanza. Es deficitario en carburantes y energía. Y, para colmo, su masa demográfica hace que toda mejora de sus condiciones de vida deba hacerse con cierta prudencia, o de lo contrario, el planeta entero puede salir perjudicado y, con ello, los propios chinos. Dejando, aparte, por supuesto, que la gran masa de la población china, carece de educación sanitaria y cultura ecológica, no va a ser raro que de aquel país partan de nuevo epidemias y nuevas enfermedades. Luego están los condicionantes económicos. La moneda China debería reevaluarse en relación a las principales divisas, pero hacerlo implica disminuir las ventas, así que éste país se encuentra en una situación contraria a los EEUU: su moneda vale más, pero no accede a reevaluarla, mientras que el dólar norteamericano vale mucho menos de su valor nominal… pero devaluarlo implicaría nuevos desequilibrios interiores. El yuan dista mucho todavía de ser una divisa consolidada y que genere confianza.

Todos estos obstáculos impiden que China sea hoy una potencia de alcance mundial en condiciones de disputar a los EEUU su hegemonía. Por eso, China hoy, contemporiza con los EEUU, gana tiempo, mejora su situación, resuelve sus problemas interiores, se inhibe de los de EEUU, labra la paz en su retaguardia (URSS), y entra en la segunda fase, la actual: el equilibrio de fuerzas que sigue a la inferioridad estratégica que ha tenido hasta ahora. La siguiente fase es la de superioridad estratégica china. ¿Cuánto empezará esta fase? No antes de 10 años. El tiempo justo en el que se tardará en resolver la actual crisis financiera mundial y, cuando los EEUU hayan entrado en un repliegue inevitable.

Así pues, el eje China-EEUU es un eje coyuntural que no se podrá prolongar durante mucho tiempo. Si bien el centro del comercio mundial se desplazará al Pacífico, también en esa región aparecerán las mayores tensiones que vayamos a vivir en el siglo XXI. Parece difícil que en las dos próximas décadas los EEUU puedan competir con China en el Pacífico… ¿Qué pueden exportar los norteamericanos? ¿qué tienen que pueda interesar en esa área? Realmente poco. ¿Tecnología? Sólo durante un tiempo. Alimentos, seguramente, pero no a los precios que pueden interesar a China. ¿Inversiones…? Es difícil que el dinero chino siga llegando a EEUU para que EEUU lo recicle en forma de “inversiones” de sus multinacionales…

El tiempo se agota para EEUU. El día que sus tropas entraron en Bagdad se encontró en  el cenit oficial de su potencia. Desde ese momento, sólo le quedaba declinar. Y es, en el fondo, lo que está ocurriendo. La crisis financiera ha acelerado este declive. Las cosas nunca serán como antes. EEUU es una estrella declinante. China una estrella ascendente. Quieran o no, el destino de ambos países está interrelacionado. Como el de Rusia y Europa.

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Reflexiones sobre la crisis (III de IV). 3. China: el banquero de los EEUU

Infokrisis.- Se ha filtrado una historia que, si no es real, al menos retrata exactamente la situación exacta de las relaciones entre los EEUU y la República Popular China. La historia es muy conocida en las redacciones de los principales diarios, así que no vamos a contar nada que sea completamente desconocido. Verán: el día antes de que el gobierno federal norteamericano salvara de la quiebra más espantosa a Fanny Mae y Freddie Mac, el presidente Bush había recibido una llamada de su homólogo chino, Hu Jintao. Las autoridades chinas estaban alarmadas por la situación de los dos colosos inmobiliarios y amenazaban con no volver a comprar más deuda pública norteamericana en caso de que el gobierno de ese país las dejara caer. Al día siguiente de esta conversación, tras sopesar los pros y los contras, Bush ordenó la salvacion in extremis de ambos colosos hipotecarios.

Poco importa si la historia es falso o no: lo cierto es que China tiene invertidos en Fanny Mae y Freddie Mac la friolera de 595.000 millones de dólares y es el principal comprador de bonos del Estado norteamericanos. Por un “cliente” así se hace cualquier cosa.

Si una nueva etapa en la economía mundial ha empezado, no es la que se pinta tan alegremente ese berzotas de Pepinho Blanco (“más Estado, menos mercado”), sino una nueva ordenación en la economía mundial. En realidad, lo salido de la cumbre del G-20 podía resumirse así: “más mercado, pero más transparente”… A decir verdad, la cumbre del G.20 parece haber servido para muy poco en la reforma del capitalismo y, a tenor de la reacción de los mercados, ni siquiera ha servido para estimular la economía real. Pero en este período está ocurriendo algo esencial que hará que la economía mundial ya no vuelva a ser nunca más la misma: por una parte, el eje del capitalismo se está desplazando del Atlántico al Pacífico y, por otra, los EEUU ya no pueden hacer lo que quieran en los mercados internacionales… al menos si quieren seguir recibir miles de millones de dólares diarios para asegurar su consumo interior.

El primer toque de atención no se produjo en el G-20 sino dos meses antes en la Asamblea General de Naciones Unidas cuando varias naciones representativas (India, China, Brasil) reprocharon a los EEUU, y a Bush en concreto, que no ha jugado limpio: mientras que por una parte ensalzaba la libertad del mercado y el libre comercio internacional, por otra, mantenía defensas proteccionistas para penetrar en su mercado interior y por otra no tenía el más mínimo inconveniente en hacer que el Estado interviniera para salvar a las financieras en crisis. Las críticas fueron muchas y significativas. Para colmo, los chinos –por la cuenta que les trae dado que figuran después de Japón como los primeros compradores de deuda pública norteamericana- habían analizado la marcha de las finanzas norteamericanas detenidamente desde principios del milenio y habían observado el mecanismo de las suprime (descender los niveles de aportación personal para los créditos hipotecarios a cero, eliminar completamente cualquier tipo de garantía, sobretasar el valor de los inmuebles y, para colmo, empaquetar la hipoteca, unirla a otros productos financieros igualmente dudosos y lanzarla a la venta en los mercados financieros internacionales) y no se acababan de creer que el gobierno de los EEUU hubiera tolerado un mecanismo que, antes o después, inevitablemente, debía desplomarse. Pensaron que los EEUU estaban muy seguros de su crecimiento y que la estabilidad de las hipotecarias norteamericanas era sólida y a toda prueba. Poco a poco fueron aprendiendo que, a pesar de ser los EEUU la Meca del capitalismo mundial… no todas sus decisiones eran acertadas. Luego entendieron que era precisamente la Reserva Federal la que había impulsado al pueblo norteamericano a un consumo desenfrenado, una permanente fuga hacia delante que, tarde o temprado debería detenerse. Esto ocurrió en junio de 2007 con la aparición de los primeros activos tóxicos y hoy dista mucho de haber alcanzado su culminación.

Vale la pena decir algo sobre los niveles socioeconómicos de los EEUU. El 1% de la población acumula el 20% de los ingresos. Nunca antes había ocurrido algo así. Efectivamente… hay crecimiento económico para unos pocos, pero miseria para la mayoría. Por que mientras que desde 2000 ese 1% ha pasado del 15& al 20%, el resto de la población ha visto como sus salarios crecían a un nivel menor al de la inflación… perdiendo constantemente poder adquisitivo. Esto es, empobreciéndose. En efecto, entre 2000 y 2007, los salarios han aumentado a un ritmo de un 0‘7% anual, mientras que la inflación lo ha hecho a una media del 3%... Así pues, hoy la inmensa mayoría del pueblo norteamericano, salvo ese bendito 1%, ha visto como sus salarios veían reducida su capacidad adquisitiva en una quinta parte. Ningún país del mundo –salvo por supuesto España que se configura como el espejo de los EEUU a este lado del Atlántico- ofrece resultados tan aplastantemente negativos para la marcha de una sociedad. No estamos hablando de un crecimiento, más o menos homogéneo, sino de una acumulación creciente de capital cada vez en menos manos, que, al igual que un agujero negro, cada vez atrae a más materia, esto es, mas dinero, mientras que el resto de la población vive en una precariedad creciente.

Dado que el 1% de la población norteamericana se enriquece de manera “ostentorea” que diría aquella, y que los salarios pierden cada vez más capacidad adquisitiva, el resultado no ha podido ser otro más que impulsar estos grupos sociales a refugiarse en el crédito, es decir, a endeudarse cada vez más. Ya no se trata de trabajar para vivir, sino de vivir para pagar el crédito. Pero ¿de dónde ha ido llegando el dinero que ha asegurado el consumo de las clases medias para abajo en la sociedad norteamericana? Este es el hecho verdaderamente nuevo.

Hasta el final del milenio, el vector de los capitales seguía una línea que iba desde el Norte hasta el Sur. Sin embargo, a partir del milenio, esta dirección se ha ido invirtiendo. Algunos hemos cometido el error de considerar que la globalización era una autopista de dos direcciones: una de ella era la deslocalización empresarial (la línea Norte-Sur) y otra era la inmigración (del Sur hacia el Norte). Ambas líneas, creíamos nosotros que eran las únicas y que entre ambas aumentaban la rentabilidad del capital: mediante la fuga de las plantas productoras hacia los lugares donde la mano de obra era más barata y la llegada masiva de inmigrantes al Norte que abarataba la mano de la obra en Europa. Siendo este análisis cierto, era, sin embargo, incompleto: faltaba otro vector que iba del Sur hacia el Norte. O mejor todavía: de los países en vías de desarrollo a las bolsas norteamericanas: los capitales. Desde principios del milenio, tras unos turbulentos inicios de la presidencia de Bush en las que “pulsó” al Estado chino mediante la presión de aviones espía en el interior de su territorio (alguno de los cuales fue derribado), de generar problemas en el interior del país (estimulando la disidencia del Falung-Kong y paseando al Dalai Lama acompañado por notables de Hollywood por todo el mundo), a la vista de la precariedad de la economía americana, toda medida de presión desapareció siendo sustituida por una política de zoco: en efecto, a partir de ese momento, los EEUU iniciaron la venta de bonos del tesoro a China.

En este momento, la República Popular China se configura como el principal aportador de fondos al Estado Norteamericano después de Japón y a corta distancia de éste. Las cifras no mienten y el ranking de inversores en los EEUU es el siguiente: Japón con más de 1.200.000.000, es decir, 1,2 billones de dólares, luego Pekín con 992.000.000 millones (cerca del billón), luego el Reino Unido con 850.000.000 millones, Bélgica y Luxemburgo con la misma cantidad y los países del Golfo Pérsico con 300.000.000 y así sucesivamente…

Sí, por que, otra sorpresa de la economía mundial es que los EEUU no invierten en su propio país. Mucha retórica patriótica, mucha bandera con barras y estrellas, desplegada al viento, mucho “bios bendiga a América” y mucha mano en el pecho y lágrima a flor de piel cuando se iza la bandera y suenan los acordes o se repite el discurso de Gettyburg o se leen los parágrafos de la declaración de la independencia… pero solamente el 10% de los bonos del Estado puestos a la venta es comprado por norteamericanos. El resto hasta el 90% se vende en el extranjero.

Son pues países emergentes, especialmente, los que apuntalan la economía norteamericana. Y China el primero de todos ellos. También hay inversiones de Hong-Kong, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Brasil y, por supuesto de todos los paraísos fiscales que encubren, especialmente, dinero, literalmente robado en el llamado Tercer Mundo. Las Islas Caimán, por ejemplo, “compran” tanta deuda pública norteamericana como los ingleses… sólo que ese dinero procede de cualquier sitio menos de las Islas Caimán. Las Bermudas, a mayor abundamiento, invierten en EEUU lo mismo… que Francia, en torno a 250.000.000 millones. Y otro tanto desde las Islas Vírgenes, países todos ellos “muy solventes”. No es raro que los EEUU se opongan a eliminar los “paraísos fiscales”, hoy fuera de todo control, donde se almacenan las grandes acumulaciones de capitales procedentes del narcotráfico y de los comercios ilícitos, y, especialmente del saqueo de África y de buena parte de Iberoamérica y Asia. Ese dinero no se queda en esos paraísos fiscales sino que esa es sólo ¡una mera etapa intermedia para que la nación formada por disidentes religiosos de la peor especie, piratas y delincuentes y por las prostitutas fuera de uso en Europa que configuraron la “alta sociedad” de Pensylvania, puedan seguir consumiendo!

Digámoslo ya: hasta el año 2000, los “dragones asiáticos” eran apenas otra cosa que los polígonos industriales de los EEUU. Hoy son algo más: son su banquero.

Con China ocurre algo muy articular. El Estado es el principal inversor en los EEUU. A diferencia de Rusia que también absorbe algo de deuda pública norteamericana (en torno a 120.000.000 millones) procediendo ese dinero, especialmente de la “oligarquía cosmopolita”, en China el Estado es el principal inversor. No olvidemos que en China la economía sigue siendo en buena medida dirigida y que el Estado es una potencia económica. Incluso el ejército chino –aunque parezca increíble- opera como una empresa privada y vende tecnología y armamento al exterior, contabilizándose sus ingresos como si de una empresa privada se tratara, y no como un ingreso del Estado.

¿Qué está ocurriendo, pues, con China? ¿Cómo es que no deja caer al “tigre de papel” norteamericano? A veces los datos son tan claros y evidentes que tendemos a no tenerlos en cuenta. En 1973, la política del “ping-pong” iniciado por Henry Kissinger, Secretario de Estado con Nixon, llevó a una alianza anti-rusa entre los EEUU y China. En aquella época constituyó un mazazo en política internacional, casi similar –decimos, casi- a la caída del Muro de Berlín para el que habría que esperar todavía 15 años. Las consecuencias de aquella “joint venture” todavía se sienten hoy cuando China presto dinero a EEUU para que compre tostadoras fabricadas en China…

Los estrategas de la defensa china desde los años 70 trabajan con una hipótesis: su enfrentamiento con los EEUU es inevitable. Por razones económicas fundamentalmente, antes o después se producirá una disputa por los mercados y, especialmente, por las fuentes de energía. Si China quiere crecer al ritmo que lo ha hecho en los últimos 10 años, deberá conquistar las fuentes de energía. China es deficitaria en este terreno y en la actualidad tiende a disputar a los EEUU su preeminencia en los yacimientos del Golfo de Guinea y de la costa occidental de África. Pero, los chinos son los primeros que saben que, antes o después, no habrá petróleo para todos. Son, así mismo, conscientes de que ningún país, nunca, ha logrado combatir en dos frentes al mismo tiempo y sobrevivir. Así pues cultivan la amistad con el coloso ruso: Rusia está cerca, tiene petróleo, pero también el soldado ruso ha demostrado ser más combativo y duro que el norteamericano y, por lo demás, Rusia está demasiado cerca como para una parte de un eventual conflicto no se desarrollase en territorio ruso… despoblado, y otra en territorio chino superpoblado… Así pues, las pérdidas serían insoportables para China. Por otra parte, Rusia está en fase de reconstrucción. Y una nación cuando está en fase de construcción es peligrosa: su tecnología militar es nueva (tras 15 años de “pudrimiento” de las FFAA rusas) y la voluntad política de su clase dirigente inequívoca. Rusia es un mal enemigo. Por lo demás, el Grupo de Shangai –que ha pasado prácticamente desaparecido en Europa- ha creado un marco de cooperación político-económico entre Rusia y China. Así pues, los tiempos en los que China reivindicaba los territorios al Oeste del Usuri a Rusia han quedado lejos.

Desde este punto de vista, China ve a los EEUU como un enemigo progresivamente más debilitado: la guerra de Irak y de Afganistán ha demostrado, como ya lo hizo la guerra del Vientnam y antes, en la II Guerra mundial, la batalla del paso Kaserina, que el soldado americano no es efectivo en un teatro de operaciones y solamente puede basar su éxito en la tecnología, pero con el Estado actual de las finanzas, los EEUU deberán –en el período presidido por Barack Obama- reducir su presupuesto de defensa… esto es, quedar antiguado en poco menos de 10 años. A lo que hay que añadir los cambios sociológicos y demográficos en la población norteamericana (cada vez menos norteamericana y más hispana, con otros valores y otro estilo completamente diferente, además de con otra lengua y con otra sangre).

Además, el haberse configurado como banco de los EEUU, ofrece algunas ventajas para China: en el momento en que detenga el flujo de yuanes a los EEUU, la economía americana peligra. A la inversa (esto es, si la administración norteamericana deja caer a las empresas con inversiones chinas y si el dólar se desplomara reduciendo a papel al peso los 2 billones de dólares en reservas almacenados en el Banco Central de la República Popular China) los chinos perderían… pero esa pérdida supondría solamente el equivalente a dos tercios de la producción china en un año. Grave, pero soportable.

La situación global es pues la siguiente: en ese momento un nexo económico une a China y a EEUU. Ambos están vinculados por la economía: aquí se repite la dialéctica del amo y del esclavo. El esclavo está vinculado al amo… pero éste también no puede prescindir del esclavo, so pena de morir de inanición. China no puede ver como el dólar se desploma porque perdería y EEUU no puede prescindir de flujo de capitales chinos a sus mercados bursátiles. Por si alguien quisiera algún testimonio concluyente, el Primer Ministro chino decía no hace mucho a Neewsweek: “Tenemos que unirnos. En estos tiempos tan difíciles, China se une a EEUU”.

Y esto tiene gracia para algunos “euroasiáticos” que creían firmemente que una alianza entre Europa y Rusia extensible a China lograría que la “isla mundial” se emancipara de los EEUU. Hoy, esa teoría es difícilmente defendible y más valdría abandonarla en aras de un realismo político que viera en China algo completamente ajeno a un eventual bloque euro-ruso y que figuraría como otra pata más de un sistema mundial multipolar, en un mundo que ya nunca será unipolar.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com