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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

El fin del juancarlismo

El fin del juancarlismo

 

Info-krisis.- Durante la transición, los franquistas, a cambio de aceptar la democracia de los partidos, recibieron el que España siguiera siendo monárquica. Todos contentos: la oposición democrática tenía legalizados a sus partidos y los franquistas creían que con el Rey seguía proyectándose la voluntad del aquel que reinstauró la monarquía en España, Franco. Sin embargo, hasta el 23-F, la monarquía no fue aceptada ni tomada en serio. Desde entonces ha llovido mucho. Hoy, la crisis política del régimen y la corrupción en el entorno de la Familia Real nos han situado en puertas de la sucesión.

Desde hace semanas se vienen produciendo algunos “movimientos” en torno a la imagen del rey que parecen indicar que nos encontramos al final de un ciclo y al principio de otro. La erosión física del monarca parece irreversible a pesar de sus 76 años, pero hay algo todavía más deteriorado: la imagen de la institución monárquica.

Corrupción en la cúspide del Estado

Hasta ahora, Juan Carlos había salido indemne de los muchos casos de corrupción que se habían producido en su entorno de amistades. Los nombres de Javier de la Rosa, Prado y Colón de Carvajal, Ruiz Mateos o Mario Conde, que en su momento mantuvieron una estrecha relación de amistad con el monarca, pasaron ante los juzgados, protagonizando sonados episodios de corrupción y/o mala gestión. Todos ellos confiaban en que la amistad con el monarca les crearía un entorno de invulnerabilidad, pero, a la hora de la verdad, se encontraron solos ante la justicia. La Casa Real tuvo la habilidad de minimizar la envergadura de estas amistades y el prestigio del Rey no se vio erosionado. Pero en el caso Urdangarín ha resultado mucho más difícil establecer un círculo defensivo.

La falta de prudencia, las ambiciones desmesuradas y la rapacidad en obtener rentabilidad a su situación matrimonial, así como una sensación de invulnerabilidad, hizo que Urdangarín se comprometiera en operaciones difícilmente justificables que entran de lleno, no solamente en la defraudación fiscal sino también en la corrupción pura y dura y el tráfico de influencias. Pero en este viaje no estuvo solo: la firma de la infanta aparece en demasiadas ocasiones como para que todo pueda atribuirse al “amor” conyugal, tal como ha alegado su defensa. Por primera vez desde el inicio de la democracia, el entorno próximo –demasiado próximo– al Rey quedaba salpicado por un caso de corrupción.

Anteriormente, distintos deslices en materia sexual cometidos desde su juventud, habían ocasionado problemas a los asesores de imagen de la Casa Real, pero en esta ocasión no se trataba de las cartas enviadas por el entonces príncipe a un amor de juventud, por los papeles guardados por una estrella del destape, o por la tocata y fuga del rey con una periodista suiza mientras las leyes que debía revisar eran firmadas por unplotter, ni siquiera de una malhadada cacería ni de una princesa aventurera en el mundo de los negocios, era mucho peor: un verdadero caso de corrupción en el que alguien que no tenía necesidad de realizar estas prácticas –pues su futuro estaba aseguro por la fortuna familiar y por la parte de la herencia que le correspondería de su suegro– llegaba incluso a utilizar a asociaciones de niños minusválidos para desviar fondos públicos, defraudar a Hacienda, justo en el momento en el que la crisis económica alcanzaba su nivel máximo y el paro superaba los cinco millones.

Solamente un rápido divorcio, la devolución de las cantidades sustraídas, un pago a Hacienda de las multas y las cantidades adeudadas y un reconocimiento público de las culpas, seguida de la aceptación de la sentencia y de la subsiguiente petición de indulto, hubieran resuelto la situación. Pero la Casa Real no se sintió con valor de realizar todo este recorrido, ni la infanta estuvo en ningún momento de acuerdo con el planteamiento.

Para colmo, Urdangarín adoptó la peor defensa posible: culpar a su socio, el cual vio procesada a su esposa, respondiendo violentamente: si caía su esposa, también caería la infanta. A partir de aquí se inició la filtración de emails privados que hacían inevitable la imputación de Doña Cristina de Borbón. La cacería real en África y la irrupción de la princesa Corina, junto con las noticias sobre la salud real y las sucesivas operaciones, terminaron por disolver todas las esperanzas de que Juan Carlos pudiera concluir airoso su reinado. La bochornosa disculpa pública (el “lo siendo, no se volverá a repetir”) contribuyó a hacer más patética aún la imagen de la monarquía.

Fue en este contexto en el que se inició la “operación abdicación” apoyada especialmente por Leticia Ortiz y por la reina Sofía, voluntariamente alejada en Londres. La parte más amable de la operación era preparar a Don Felipe para asumir la corona. Eso implicaba pasearlo por todo tipo de eventos por el territorio nacional, convertirlo en una figura conocida, habitual en los telediarios y familiarizarlo –al menos en teoría– con los problemas de los españoles. En el momento de escribir estas líneas, la pareja Felipe-Leticia prosiguen esa actividad a ritmo acelerado que incluyen desde reuniones con empresarios, visitas a Cataluña, hasta un cuidado extremo en cuestiones de imagen (operaciones de mandíbula de Leticia).

Pero todo esto no ha bastado: la operación fallaba precisamente por el eslabón más débil: Juan Carlos I, fiel a la tradición de su padre, no parece dispuesto a abdicar. En ese contexto, la publicación del libro de Pilar Urbano, El precio del trono, lanzado pocas horas después del fallecimiento de Adolfo Suárez, puede ser considerado como otra fase de la operación. Cabe recordar que la Urbano, miembro del Opus Dei, es también autora de varios libros de pura intoxicación (Mohamed Atta, sobre los atentados del 11-S, Con la venia, yo indagué el 23-F, Yo entré en el CESID…) diestros en el arte de sembrar pistas falsas, desviar las sospechas hacia callejones sin salida, crear confusión y sembrar pistas falsas.

Desde siempre habían corrido rumores sobre la implicación de Juan Carlos I en los episodios del 23-F. Si existió tal implicación, debió reducirse al comentario que realizó la reina Sofía al general Armada (“Alfonso, sólo tú puede salvarnos…”) y poco más. De la misma forma que la transición, contrariamente a lo que se suele difundir, no fue diseñada ni por Adolfo Suárez, ni mucho menos por el monarca, sino por las fuerzas económicas nacionales e internacionales que precisaban la integración de España en Europa y en el marco de la OTAN, el 23-F, en tanto que culminación de la transición, debió tener como autores intelectuales a los mismos promotores de la transición.

Hizo falta que muriera Adolfo Suárez para que el libro se pudiera publicar. Los funerales de Estado del antiguo presidente de UCD revitalizaron el recuerdo de la transición y de sus misterios y “alguien” aprovechó para lanzar una nueva andanada sobre Juan Carlos y sobre su trayectoria pasada. La andanada, no partía de sectores antimonárquicos, sino más bien, se ambientes conservadores en absoluto hostiles a la monarquía: el Opus Dei, el editor Lara, el entorno de la Reina…

La Casa Real recomendó al rey asumir la figura de Don Tancredo, un “no te muevas que es peor”, renunciando a realizar cualquier comentario sobre el libro y actuando como si no pasara nada. Y entonces vino un nuevo “aviso”: el jet real, inexplicablemente se averió por quinta vez en seis meses al tener que trasladar a Juan Carlos de su periplo por el Golfo Pérsico a la final de la Copa del Rey de fútbol. ¿Avería o advertencia? Cada cual es dueño de pensar lo que quiera a la vista de la delicada situación de la monarquía juancarlista.

Situando la crisis de la monarquía

Los pactos de la transición establecieron que el sistema político español sería una monarquía constitucional. Hasta ahora, dichos pactos se han respetado, pero en la actualidad la crisis económica ha terminado generando una crisis política una de cuyos frentes abiertos es precisamente el futuro de la institución monárquica. Por primera vez, incluso algunos monárquicos son conscientes de que la persistencia de Juan Carlos en seguir en el trono puede aumentar el desprestigio de la institución monárquica e incluso generar el fin de la monarquía. Tales sectores –incluso una parte de la Casa Real– opinan que solamente la sucesión y los fastos que generará pueden suscitar un nuevo impulso de popularidad y un baño de masas para la institución que deje atrás la erosión que está sufriendo en estos últimos cuatro años.

Así pues, la crisis de la monarquía es una parte de la crisis política que vive España. La monarquía juancarlista se encuentra en estos momentos más que amortizada y parecería razonable que antes que se desencadene la “tormenta catalana” (que alcanzará su máxima virulencia en el último trimestre de 2014), se produjera la sucesión monárquica sin más tensiones. Pero la lógica y el sentido común no siempre dirigen la actividad del monarca y en este  caso, al igual que su padre, Don Juan de Borbón, Juan Carlos se niega a abdicar en beneficio de su hijo.

Hay que recordar que estos dos distintos entornos monárquicos están rodeados de una red de asesores, especialistas en imagen, analistas políticos, que sugerirán a cada parte, las mejores técnicas e iniciativas para imponerse a la otra. Los enfrentamientos entre Borbones no son una novedad en la historia de España desde que Fernando VII traicionara a su padre. Pero lo que se dirime aquí es no solamente el momento en el que tendrá lugar la sucesión, sino la existencia misma de la monarquía.

Parece difícil que el tiempo consiga mejorar la caída en picado de la imagen de Juan Carlos I que se ha producido en los últimos años. El escenario más peligroso es el instante de crisis centrifugadora combinado con la reivindicación de la República, con un rey incapaz de tomar la iniciativa y mermado físicamente. Escenario que tenemos a la vuelta de la esquina. Si se retrasa excesivamente la sucesión, lo que peligra es la misma institución monárquica.

Termine como termine el sainete catalán, parece evidente que en un plazo no mayor a cinco años va a ser necesaria una reforma constitucional. Tal reforma puede hacerse “a mínimos” (apenas unos retoques para reforzar el sistema basado en los dos partidos hasta ahora mayoritarios) o una reforma “a máximos” que puede acabar con la institución monárquica para siempre. Todo va a depender del tiempo que Juan Carlos siga manteniéndose en el trono. 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Strasburgo fallo - España falla

Strasburgo fallo - España falla

La Unión Europea falla a favor de una terrorista. Strasburgo condena a España por no aplicar reducir la condena a una terrorista. Decir que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dado prohibido que el Estado Español aplique la “doctrina Parrot” no es decir gran cosa. Decir, sin embargo, que un tribunal europeo pondrá en libertad entre 60 y 300 terroristas, asesinos múltiples y delincuentes particularmente odiosos, ayuda a que la noticia se entienda mejor.La noticia ha causado un extraordinario impacto en una España cansada y abatida por seis años de crisis y sin perspectivas de remontar.

¿Quién es “Parot”?

Vale la pena recordar la personalidad de Hanri Parot. Nacido en Argelia en 1958 cuando tenía 15 años sus padres se instalaron en el País Vasco Francés. En 1978 ingresó en ETA  constituyendo un “comando itinerante”. Su nacionalidad francesa le facilitó la impunidad. El 2 de noviembre de ese año asesinó a José Legasa, que se había negado a pagar el “racket” exigido por ETA.

En los doce años siguientes cometió veintidós atentados en los que resultaron muertas 82 personas y más de 200 heridas. Detenido en Sevilla en un control casual, fue juzgado por 82 asesinatos siendo condenado por su participación directa en 26 sumando 4.800 años de prisión.

¿Qué es la “Doctrina Parot”?

Se conoce como “doctrina Parot” la jurisprudencia establecida a partir de una sentencia del Tribunal Supremo de España el 28 de febrero de 2006 en respuesta a un recurso presentado por Henri Parot cuando llevaba 16 años de prisión. Parot pretendía que le correspondía salir en libertad al haber redimido condena mediante estudios. Si el máximo de prisión que podía estar un preso en España era de 30 años, Parot juzgaba que se había beneficiado de varias redenciones por trabajo y estudios, con lo cual debía ser puesto en libertad.

La Constitución Española establece que el eje del sistema penitenciario español es la “reinserción” del delincuente y prohíbe la cadena perpetua. En 2006, el Tribunal Supremo estableció que Parot tenía derecho a esas redenciones, pero no sobre el total de 4.800 años, sino descontando cada una de las condenas que tenía.

Hay que decir que en las cárceles españolas los condenados en virtud de la reforma del código penal de 1995 descontaban un día de estancia en prisión por uno trabajo… pero al no existir trabajo penitenciario suficiente para todos los presos, esa reducción se realizaba automáticamente, se trabajara o no. Y todo ese tiempo era descontado de los 30 años, tiempo máximo de estancia en prisión, fuera cual fuera la condena. Esto favorecía el que asesinos en serie pasaran no más de 16 años en prisión…

¿Qué dice la sentencia del Tribunal de Strasburgo?

La sentencia emitida el lunes 21 de octubre, da la razón a la demanda interpuesta por otra etarra condenada, Inés del Río. En efecto, la sentencia de Strasbugo afirma que España ha violado los artículos 7 y 5.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y reconoce el “derecho a la libertad y a la seguridad” de la miembro de ETA. Una larga argumentación jurídica de 50 folios recuerda que el artículo 7 del Convenio de Roma alude a que “nadie podrá ser condenado por una acción o una omisión que, en el momento en que haya sido cometida, no constituya una infracción según el derecho nacional o internacional. Igualmente no podrá ser impuesta una pena más grave que la aplicable en el momento en que la infracción haya sido cometida”, entendiendo que el Tribunal Supremo español modificó la normativa después de la comisión de los delitos.  El Strasburgo ha fallado la sentencia por 15 votos contra 2. Así pues, la detención es “no regular” y el Estado Español es “culpable”. Se insta, por tanto, al Ministerio de Justicia español a que ponga inmediatamente en libertad a la activista de ETA  y la indemnice con 30.000 euros y 1.500 más en concepto de costas judiciales.

Ahora le queda a la Audiencia Nacional establecer qué hará con esta sentencia y si pone en libertad a Inés del Río.

¿Qué hay que pensar de esta sentencia?

El abogado del Estado que defendió la causa del Estado Español en Strasburgo sostuvo que no era lo mismo cometer 1 asesinato que 82 y que era manifiestamente injusto que un asesino en serie permaneciera el mismo tiempo que el autor de un asesinato fortuito. Pero la sentencia de Strasburgo está bien estructurada y será difícil que el gobierno español pueda hacer otra cosa que cumplirla… ¿a regañadientes? En realidad no.

El “proceso de paz” con ETA se encuentra encallado. No hay atentados, pero ETA no se ha autodisuelto. La cuestión de los presos impide los avances. ETA exige que sus presos sean puestos en libertad para desarmarse. El gobierno del PP sabe perfectamente que poner en la calle a 500 presos, de los que medio centenar están condenados por haber asesinado cada uno a 20 personas o más, sería mal visto por la opinión pública, especialmente por sus propios electores. Esta sentencia le da la excusa para ponerlos en libertad “por orden de Strasburgo”.

La madre de todos los problemas

El fondo de la cuestión ya no es el rechazo al terrorismo o la discusión a favor o en contra de la “doctrina Parot”, la verdadera discusión de fondo es si la Constitución Española aprobada en 1978, que proclama que el eje del sistema penal es la “reinserción del preso” y niega la cadena perpetua), debe ser modificada… Es evidente que sí: que debería haber sido modificada desde hacía mucho tiempo y que el acuerdo entre los dos grandes partidos lo hubiera hecho automático.

Pero ni PP ni PSOE tienen interés en modificar una constitución que les beneficia particularmente y que, de alterarse, pondría en riesgo el equilibrio de fuerzas sostenido en una ley electoral que favorece un bipartidismo imperfecto al que ninguno de los dos quiere renunciar. Así pues, si a alguien le extraña que se pongan en libertad a asesinos en serie, no debe culpar a Strasburgo… sino a la constitución española y a los partidos que gobiernan ininterrumpidamente desde hace 38 años.

© Ernesto Milà – eminves@gmail.com

 

12-O. Balance..

12-O. Balance..

Después de que el pasado 11-S la “vía independentista” formara una cadena humana desde la frontera francesa hasta Vinaroz, existía expectación por ver cómo sería la respuesta “estatalista”. Lo ocurrido ayer 12-O en Barcelona es lo que esperábamos y confirma nuestro análisis.

El pasado 11-S demostró demasiado claramente que los independentistas carecían de “fuerza social” suficiente como para arrastrar una escisión de Cataluña del resto de España. Cuando decimos “fuerza social” queremos decir, seguimiento y apoyo por parte de la población. El nacionalismo, por su naturaleza, solamente puede progresar en sectores de la población catalanoparlantes; un 35% de la población catalana utiliza habitualmente esta lengua como vehículo de expresión, así pues, digan lo que digan las encuestas más o menos maquilladas por la Generalitat o pagadas con cargo a sus presupuestos, la “fuerza social” del independentismo catalán deben ser, como mínimo, inferior al 30% (si tenemos en cuenta que hay un cierto número de catalanes que se expresan en esta lengua que, por unos u otros motivos, están desvinculados del independentismo). Con un tercio de la población no se puede alcanzar una meta que solamente sería realizable mediante un amplio consenso. Y, aún en ese 30% habría que aludir a fanáticos independentistas, independentistas moderados, nacionalistas, catalanistas y federalistas…

La manifestación del 11-S se realizó en forma de “cadena” por dos rezones: por el elemento emotivo que implica el darse la mano y que sirvió para galvanizar a los que creen que el independentismo es la solución para Cataluña y porque el año anterior, imprudentemente, los medios de comunicación pagados por la Generalitat dieron como cifra de asistentes a la manifestación en la misma fecha ¡hasta 1.500.000 de personas! Era evidente que si este año se daba una cifra menor, parecería un fracaso y una cifra mayor aumentaría la sensación de bluf.

En nuestra opinión, el independentismo catalán está “echando los restos”. Tocó techo y ahora sólo le queda remitir. El momento histórico de ese “techo” fue el 11-S de 2012. Desde entonces, el panorama, lejos de aclararse, se va oscureciendo para el indepentismo. En 2012 se podía hablar de “Cataluña, nuevo Estado europeo”, hoy ya no. En 2012 se podía pensar en la integridad y honorabilidad de las propuestas nacionalistas, luego vinieron los procesamientos e imputaciones en el entorno de la familia Pujol, los casos de corrupción y la sensación, que incluso alberga ERC, de que sus parteners independentistas de CiU son carne de presidio y corruptos vocacionales. Las organizaciones independentistas subsidiadas pisaron el acelerador y exigieron a sus bases militantes una tarea mucho mayor de la que están en condiciones de realizar y que, sin duda, no habría logrado movilizaciones apreciables, de no ser por los “almogávares mediáticos” al servicio de la Generalitat y por la constante inyección de fondos.

Artur Mas se encuentra indeciso entre pasar a la historia como el “segundo Companys” (con tránsito por un penal, incluido) o bien seguir su vocación de ser un “Pujol con cara de póker” especializado en extorsionar al gobierno central, llevándose, por supuesto, su comisión correspondiente. Todo induce a pensar que el realismo impuesto en la Plaza de San Jaime lleva a la segunda opción. El gasto de 5 millones de euros en plena crisis para comprar urnas electorales y diseñar un sistema de recuento electrónico parece el último “farol” de un jugador angustiado por la calidad de sus cartas. Porque lo que Artur Mas desea y ha deseado siempre, no es la independencia, sino una situación en la que la Generalitat tenga las llaves de la caja y todas las ventajas de un Estado económicamente independiente (que nadie fiscalice sus gastos, que nadie le exija solidaridad inter-territorial y que pague solamente un “alquiler” por las infraestructuras creadas por el Estado en Cataluña) y ninguno de los inconvenientes que implica la independencia (negociar con la UE, negociación imposible mientras España mantuviera el veto, mantenimiento de fuerzas armadas, presencia en organismos internacionales con el pago de cuotas subsiguiente, etc.).

Por otra parte, la imposibilidad de fijar una fecha para el referendo hace que las tensiones entre CiU y ERC aumenten e incluso en el interior de CiU la crispación entre las dos siglas que componen esta coalición es cada vez más notable. UDC está más con la “tercera vía” del PSC (organización que está acelerando su auto extinción) que con las tesis de CDC y, por otra parte, el “federalismo” del PSC no convence a los nacionalistas que abominan de un “Estado Federal” en el que todas las partes tendrían los mismos derechos. Sin olvidar, que el tránsito del PSC a las tesis independentistas, implicaría el corte de vínculos con el PSOE. Así pues, el panorama del nacionalismo, del independentismo y de la “tercera vía”, no puede ser más complejo.

Entre las fuerzas estatalistas las cosas tampoco van mucho mejor. La última carta de Alicia Sánchez-Camacho para evidenciar que “trabaja por Cataluña”, pidiendo más dotación fiscal, ha sido rechazada bruscamente por Génova 5. Su partido no avanza y da la sensación de estancamiento e incluso de confusión interior. Ciutadans, por su parte, crece y atrae simpatías, especialmente porque carece de vínculos con el gobierno de Madrid (a diferencia del PPC) y de responsabilidad en la mala gestión de la crisis económica. Por otra parte, C’s está evidentemente royendo la base electoral del PSC y, de seguir así este partido, en las próximas convocatorias electoral ya no se podrá hablar de que siga “royendo”, sino de asestar “zarpazos” al desmantelado PSC, especialmente en el cinturón industrial de Barcelona.

Con todo, la manifestación de Plaza de Cataluña evidenció que, sin haber grandes masas, la asistencia, fue superior a la del año anterior, lo que evidencia que el pueblo castellanoparlante de Cataluña, quienes se quieren “catalanes y españoles”, van perdiendo el miedo a salir a la calle y cada vez se muestra más hostil y militante ante las salidas de tono independentistas. Las mismas cifras de asistentes a la manifestación son significativas: oscilan entre 30.000 y 160.000. Lo sorprendente es que las fuentes de la Guardia Urbana que el año anterior indicaron 6.000 asistentes, este año aluden a 30.000. Por lo demás, las cifras de asistentes a este tipo de eventos, no son decisivas, indican solamente tendencias y “correlaciones de fuerzas” sociales y las dadas entre el 11-S y el 12-O indican:

1) que el independentismo remite por advertir cada vez sectores más amplios de la sociedad catalana que la independencia vale solamente como salida utópica, pero que no hay en ella ni pizca de realismo.

2) que el “españolismo” crece a pesar de que dista mucho de haber conseguido movilizar al grueso de sus efectivos, sin duda por la excesiva presencia de partidos en la convocatoria.

3) que el grueso de la sociedad catalana permanece al margen de las luchas nacionalismo-estatalismo y que aspira solamente –como, por lo demás, el resto de la sociedad española- a salir adelante.

Ahora, con este análisis, quizás se comprenda mejor lo que decíamos al principio de que el independentismo carece de “fuerza social” para poner España en la centrifugadora.

El hecho mismo de que en los días previos al 12-O la Generalitat intentara a través de sus medios de comunicación (y especialmente de Cadena Z) confundir a la opinión pública lanzando datos equívocos sobre la “concentración ultra” el 12-O y la manifestación de las entidades cívicas en Plaza de Cataluña, indica el miedo que genera en Plaza de San Jaime una reacción “españolista”. En cuanto a la marcha ultra, tal como se podía prever, registró cifras de asistencia parecidas a otros años, ligeramente engordadas por la afluencia de no más de 150 activistas llegados de otras provincias. Nada, en definitiva, que pueda influir en la situación, salvo para que la Generalitat siga “vendiendo” la identificación de ultras = estatalistas. Los empujones de la librería Blanquerna en Madrid, la soledad marcha ultra de ayer y algún artículo de prensa el próximo 20-N, es todo lo que tendrá esta nueva experiencia de unos grupos ultras cada vez más pequeños, más aislados y más replegados en sí mismos.

¿Alguna conclusión? Cataluña va mal. Ni el independentismo puede triunfar, ni el “estatalismo” podrá borrar de un 20% de la población el anhelo independentista, al menos mientras subsista la actual crisis económica. La actual tensión independentista no podrá durar mucho más allá de 2015, pero aunque ya está remitiendo, dejará secuelas.

Hay que realizar un aparte. La inmigración en Cataluña sigue sin disminuir. Si bien disminuye el número de inmigrantes, no es tanto porque se estén yendo, como por el hecho de que están adquiriendo la nacionalidad española y siguen residiendo en Cataluña. Y están subvencionados en función de los habituales sistemas de “discriminación positiva”. Es curioso saber que si una familia valenciana o andaluza se traslada a Cataluña dejará de cobrar la ayuda familiar en caso de tener a algún miembro minusválido o anciano a su cargo. Pero esa misma norma no se cumple si se trata de una familia inmigrante. Esto, sin olvidar, que olvidando que en toda Europa, las bolsas de inmigración permanecen completamente al margen de la política local y se inhiben en convocatorias electorales evidenciando así su desinterés y su falta de sintonía con el país de acogida, la Generalitat pretende que los inmigrantes voten en el referéndum “por el derecho a decidir”, como una forma de ganar “fuerza social” y a la vista de que las bolsas castellanoparlantes se han hecho absolutamente impermeables a su propaganda.

Detrás de esta actitud hay algo más que oportunismo: es la sensación de miedo que tiene la Generalitat cuando percibe que en Cataluña ya hay zonas con mayoría inmigrante en las que los Mossos d’Esquadra difícilmente se atreven a entrar y no lo hacen sino es como “operación militar”. ¿Qué ocurrirá el día en que disminuyan las ayudas a la inmigración y estas bolsas estallen? No van a ser los Mossos d’Esquadra, ciertamente, quienes podrán detener las revueltas.

En 1909, la “revuelta de quintas” protagonizada por la clase obrera catalana, demostró a la alta burguesía local, que sus intereses solamente podrían ser salvaguardados por el ejército español. Fue así como cambiaron su actitud y archivaron su independentismo. Cien años después, nada ha cambiado solamente que la “nueva clase obrera”, la inmigración, se encargará de recordar a la Generalitat que las realidades son tozudas.

Nada en Cataluña va bien y el hecho de que el proyecto independentista sea irrealizable no quita dramatismo a la situación.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

Cat: ni p’alante ni p’atrás

Cat: ni p’alante ni p’atrás

Infokrisis.- Por casualidad he pasado el 11–S en Cataluña y, francamente, no ha sido para tanto, algunas banderas independentistas colgadas de las ventanas que no superarán el otoño (no es vano son de “calidad china”, fabricadas en la República Popular China y vendidas por establecimientos chinos, así que ya me contarán…), unos tipos de amarillo dándose de la mano en las carreteras, y poco más. Si este es el do mayor del independentismo hay que pensar que el tenor es estrecho de pecho. No, con esos mimbres cogidos con alfileres, ni se crea una nueva nación, ni se rompe otra. Era realmente enternecedor ver a niños con la camiseta amarilla regalada vaya usted a saber con cargo a qué presupuesto de no se saben bien qué oficina autonómica, sin saber bien de qué iba la fiesta y era patético ver los tenderetes de venta de gadgets independentistas lanzar sus nuevos productos para mayor gloria del consumismo. Pero todavía más enternecedor y casi generaba una irremediable tristeza ver a la gente de ERC creer que la independencia es posible porque Artur Mas convocará un referéndum por el derecho a decidir…

Sigue la yenka nacionalista

En realidad, Artur Mas ha desarrollado mal que bien una habilidad para bailar la yenka (ya se sabe el baile aquel de finales de los sesenta que consistía en “derecha–derecha, izquierda–izquierda, un, dos tres, adelante, atrás…” y vuelta a empezar. En eso consiste su “gestión de gobierno”. Sólo en eso que al menos le sirve para seguir percibiendo el racket del 3% (una deferencia si tenemos en cuenta que Bárcenas cobraba POR ANTICIPADO las adjudicaciones de obra pública), mientras Cataluña sigue paralizada con la ensoñación independentista que siguió a la ensoñación socialista–nacional de los años de Montilla y Maragall. Aquel fue el gran momento perdido para Cataluña: cuando en 2003 hubo posibilidades de romper con el ciclo nacionalista y resultó que el electorado socialista que había votado por esa vía se encontró con un arteriosclerótico Maragall con ideas propias (no disfruto precisamente recordando que la enfermedad de Maragall no es POSTERIOR a su dimisión, sino ANTERIOR a su nombramiento como candidato del PSC como sabe todo aquel que lo había oído hablar en público antes de hacerse cargo de la Generalitat, entre 1998 y 2003, mucho más errático y divagante que habitualmente).

Maragall optó por ser más nacionalista que los nacionalistas, aliándose con Carod–Rovira quien profetizó el horizonte independentista para 2014, después de pactar con ETA que no habría atentados en Cataluña demostrando lo que le importaba la vida en el resto de España y descubriendo la presunta existencia de un “Islam Catalá” (criatura…). Perdida esa ocasión se creó la ficción de que toda Cataluña quería un mayor techo autonómico a lo que contribuyó la fatalidad de que las bombas del 11–M sentaron a un tonto de baba en la Moncloa.

En realidad, lo que ocurría es que durante el ciclo pujolista los medios de comunicación catalanes bien engrasados por la Generalitat repetían por activa y por pasiva que todos los problemas de Cataluña procedían del otro lado del Ebro y que en Cataluña todo iba bien. Los catalanes seguían siendo –y este era el núcleo del discurso nacionalista desde fines del XIX– la “parte seria” del Estado, siendo el Sur un cachondeo y Madrid la síntesis de todos los arribismos, las corruptelas y las impotencias. La Generalitat era “pura i neta”. Ese control mediático y el hecho de que tanto el PP como el PSOE dejaran a Pujol iniciativa total en la enseñanza difundiendo las más despiporrantes tesis sobre Cataluña y los catalanes, es lo que treinta años después, ayudado por camisetas regaladas, transportes y peajes pagados y convenientemente subvencionados las organizaciones independentistas, dé la sensación de que el 52% de los catalanes son independentistas (el porcentaje es de la SER) o de que toda la sociedad civil lo es…

Agit–Prop de la Generalitat, éxitos y derrotas

Agit–prop es lo que ha hecho La Vanguardia en los últimos 15 días. Cada día, sin faltar uno, en la edición digital de La Vanguardia o del Avui–Punt Diari (¿quién paga por leer eso? ¡Dios mío!) se mencionaba a algún catalán famosillo que optaba por la independencia: Susana Griso, Juanjo Puigcorbé, Risto Mejide, Buenafuente… nombres para recordar. El día de la “cadena” los Mossos d’Esquadra echaron el todo por el todo, decenas de helicópteros de alquiler han sobrevolado la “cadena” que ha movilizado a 300.000 catalanes y que seguirán movilizándolos mientras la Generalitat siga pagando la broma.

Como hemos dicho, lo más patético es el papel de ERC: sabe que sola, sin el concurso de CiU, la propuesta independentista es inviable y evita atacarla de frente, a pesar de que la sensación que se tiene es que en ERC se está perdiendo la paciencia ante la ambigüedad de Mas. De momento UDC (la U de CiU) ya se ha descolgado de la euforia independentista. Y es que los democristianos tienen relaciones preferenciales con la patronal catalana y esta hace ya tiempo que está alarmada por lo lejos que están yendo las cosas.

En cuanto a Mas, depende del día, baila un paso u otro de la yenka: dos días antes del 11–S se descolgaba con la propuesta de “elecciones plebiscitarias” y el día antes volvía a insistir en que habría referendo y “derecho a decidir” en el 2014. En realidad, lo único que aspira es a sobrevivir hasta 2016 a la espera de que dentro de dos años la situación económica haya mejorado y que haya podido parar los juicios a la cúpula de CiU para no hundirse del todo.

En donde la Generalitat sí se ha adelantado al gobierno de Rajoy (en las nubes, como siempre) es en la internacionalización del conflicto. Nuestros representantes en el exterior no han sabido hacer frente a los engrases a la prensa realizados por los funcionarios volantes de la Generalitat.

¿Cuánto tiempo pasará antes de que se contabilice un muerto?

Hay algo mucho más grave y delicado. A la cadena independentista le ha faltado un muerto. Pero es cuestión de tiempo. Quien quiere un muerto, antes o después lo encuentra. ¿Cuánto tardara en celebrarse un match de alto riesgo Madrid–Barcelona en el que los hinchas de uno y otro bando se líen a estacazos y alguien quede reventado? Ese es el punto de no retorno en el que los independentistas se sentirían más cómodos ejercitando ese victimismo que desde la batalla de Muret viene siendo la característica consuetudinaria del catalanismo.

El muerto podría haber sobrevenido en la misma cadena del 11–S, si algún coche ignoto hubiera atropellado a algún “encadenado”. Al nacionalismo catalán le faltan muertos, los únicos que tiene en su haber son los cuatro terroristas de Terra Lliure que murieron víctimas de su impericia al manejar explosivos. En tanto que terroristas, más vale mantener sus cadáveres en la morgue del independentismo, no sea que las buenas gentes que reciben las camisetas regaladas o a las que se les pagan los peajes, se terminen inquietando por el hecho de que algunos independentistas de hoy eran los capitanes araña del terrorismo de Terra Lliure.

Hace falta un muerto caliente, aquí y ahora, y es cuestión de tiempo que lo tengan. Ese es el gran riesgo del momento actual: que las pasiones irracionales desencadenadas por la Generalitat de Mas se exasperen con cualquier desafortunado y lamentable incidente y quien las ha suscitado ya no las pueda controlar nunca jamás.

Algunas verdades a recordar

Reitero mi opinión: el independentismo catalán es flojucho, acojonado, interesado y cobardón. Ha podido avanzar solamente desde que ha contado con el apoyo de los presupuestos oficiales de la Generalitat. No es que sea un tigre de papel, sino más bien es un étnico cagané de resina fabricado en China. Pero no es peligroso especialmente cuando tiene delante un muro, el muro de la verdad, que le recuerde que la historia de ficción que ha creado para justificar sus aspiraciones nacionalistas es risible, mezquina y manifiestamente falsa; un muro que le recuerde que no estamos en la era de los micronacionalismos ni de las naciones de calderilla y que no hay vientos en Europa que soplen a favor ni de la Europa de las Regiones, ni de la Europa de las Etnias.

Y sobre todo que le recuerde que en Cataluña, sobre el territorio catalán, COEXISTEN DOS IDENTIDADES, la española y la catalana y que esto no es algo nuevo, sino que siempre ha sido así. Hay merluzos en Cataluña que insisten (os lo juro) en que Cervantes escribió el Quijote en catalán, que Santa Teresa de Jesús era priora del monasterio de Pedralbes y que el mismo Colón, lejos de ser Genovés, era, mira por donde, catalán (mirar lo que dice un tal Jordi Bilveny por si no os lo creéis). Merluzos subvencionados por la Generalitat, por supuesto.

Hoy se sabe que en la conquista del Reino de Valencia participaron apellidos catalanes en menor medida que vascos y castellanos, se sabe que Cervantes conocía perfectamente Cataluña y la pinta con singular maestría en El Quijote y se sabe que Rafael de Casanova y los defensores de Barcelona combatieron para que triunfara la causa austriacista en las Españas… se sabe que nunca hubo una “confederación catalano–aragonesa” más que en las calenturientas mentes nacionalistas e independentistas y que Próspero de Bofarull deliberada, sistemática y conscientemente destruyó documentos históricos que no encajaban con la tesis nacionalista…

Hace falta recordar, finalmente –y acaso esto es lo más importante– que el “derecho a decidir” es bueno que exista, pero que las naciones ni se crean ni se destruyen porque una generación dada en un momento dado haya decidido depositar su voto en una urna, sino que las naciones dignas de tal nombre, no las naciones de chichinabo de las que África es un buen ejemplo– son el resultado de procesos históricos y que tales procesos han sentenciado que Cataluña es una parte de España.

Y hace falta recordar todo esto con FUERZA Y VIGOR, sin medias tintas y sin conversaciones secretas (como las de Rajoy y Mas en donde la negociación será apenas por unos euracos de más o de menos): no ha habido en Cataluña gobierno tan corrupto como los que ha protagonizado CiU, quien se sienta a negociar con la corrupción es que él también es corrupto (la sombra con forma de bombona de butano y con gabán mafioso de Bárcenas, está ahí para calificar lo que es Rajoy).

¿De quién es la culpa de que estemos como estamos? No albergo ni la menor duda de que esa culpa reside en las ambigüedades de 1978 y en la redacción vaga de la constitución sobre ese punto. Con posterioridad, la arquitectura constitucional otorgaba al nacionalismo catalán una importancia desmesurada en relación a sus fuerzas reales a la hora de hacer gobernable España. Pujol rentabilizó este error y Mas, con mucha menos habilidad, pretende hacer otro tanto. La culpa de que hayamos llegado hasta aquí es, fundamentalmente, del PP y del PSOE que se han partido el pecho por obtener el apoyo de CiU. Hace falta ser claro en este punto.

La Generalitat cansa, aburre...

¿Qué va a ocurrir a partir de ahora? De momento, la fecha de 2014 como fecha de independencia se va alejando cada vez más. Ayer hubo gente en las concentraciones, pero no excesivas masas, ni desde luego más que el año anterior. Al independentismo le falta fuerza social para desencadenar un proceso secesionista que, hoy por hoy, solamente avanza por la debilidad del gobierno español y la crisis económica.

Ocurrirá en primer lugar que todo el debate en Cataluña estará centrado en la cuestión independentista y en el referendo, quedando inmovilizada la tarea de gobierno otros dos años más.

Ocurrirá en segundo lugar que el nacionalismo independentista buscará “su” muerto, el rostro o el cuerpo reventado en una manifestación, en un choque entre hinchas o entre hinchas y policías, que poder mostrar en sus estandartes para aumentar la tensión emotiva y sentimental.

Ocurrirá que CiU y ERC terminarán como el rosario de la aurora, denunciando unos que los otros son aventureristas y los otros tachándoles de traidores y botiflers.

Ocurrirá que dentro de un año volveremos a la misma campaña de agit–prop, los chinos volverán a vender sus banderas de temporada que apenas duran 15  días con los colores vivos y los geniales productores de gadgets nacionalistas crearán otros muchos que vayan alimentando su negocio, un negocio que se llama independentismo.

Ocurrirá que entre 5.000 y 10.000 pequeños negocios familiares habrán echado el cierre (3.000, de momento lo han hecho desde que se ha iniciado el año) y que entre 1.500 y 2.000 empresas habrán trasladado su sede social de Barcelona a Madrid (1.200 en los últimos 15 meses).

Ocurrirá que cada vez habrá una opinión más anticatalana en España y que dentro de diez años, los sucesores de Mas y los sucesores de Junqueras seguirán a la greña, tratando de demostrar quien es más traidorzuelo, más botifler y más aventurero. Y Cataluña, por entonces ya tendrá un tercio de su población de origen inmigrantes y quizás el Islam sea ya la primera religión practicada en Cataluña (si no lo es ya, poco le falta, creedme).

Ocurrirá que Cataluña habrá perdido población, que la que se siente “española” se irá (se está yendo) en cuanto tenga ocasión y que los jóvenes estudiantes, empezarán a rechazar la enseñanza en catalán a la vista de que sus hermanos mayores que se han ido a universidades extranjeras o a buscar trabajo allí, les dicen lo poco que les ha servido la lengua de Pompeu…

La realidad es que el nacionalismo, a la vista de la movilización del 11-S de 2013 en donde la Generalitat ha echado los restos, ha demostrado para quien quiera ver y entender que el nacionalismo, aún siendo la primera fuerza política de Cataluña, carece de la fuerza social suficiente como para alcanzar la independencia. Hoy, la sociedad catalana está fracturada en tres: los independentistas, los españolistas y una amplia mayoría que no tiene más preocupación que el salir adelante día a día.

Está claro que el independentismo ha crecido gracias a dos factores: los subsidios entregados por una Generalitat prácticamente en quiebra y los errores cometidos por los distintos gobiernos que se han sentado en Madrid, del PP hoy y del PSOE ayer. La debilidad y la torpeza del PPSOE, ese escuálido partido único del actual régimen, es la verdadera fortaleza del independentismo.

Si ara algo me ha servido este 11–S es para realizar estas reflexiones que me indican que en Cataluña la vida se ha detenido, todo está estancado, nada avanza, ni nada retrocede. Mientras el mundo gira, Cataluña da vueltas sobre sí misma. Siempre así. Eternamente así. Cataluña pierde, está perdiendo…

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com–

 

 

 

 

 

 

 

Carta a un afiliado al PP

Carta a un afiliado al PP

La becaria de Rajoy salió después del consejo de ministros de ayer sólo para decir que el gobierno español espera para pronunciarse sobre la agresión contra Siria, el informe de la misión enviada por la ONU a aquel país. A nadie se le escapa que el problema de la becaria y del propio gobierno es que no saben cómo trasladar a la opinión pública el compromiso de España a ese ataque INNOBLE, CRIMINAL Y ASESINO que demuestra nuestro estado de dependencia del pasmarote títere de la alta finanza que se siente en el despacho oval de la Casa Blanca.

Es evidente que EL GOBIERNO RAJOY APROVECHARÁ CUALQUIER FRASE AMBIGUA DEL INFORME PARA ESCUDARSE EN ELLA Y JUSTIFICAR LA AGRESIÓN. A fin de cuentas, Rajoy ya tiene el master en el tema obtenido durante los días previos a la invasión de Irak. 

Falta saber cómo reaccionará la sociedad española: es cierto que el fracaso del PP en su tarea de gobierno, a estas alturas es espectacular. Después de dos años se supone que debemos alegrarnos por la promesa de que subirá el PIN ¡un 0,1%! el próximo año y por el hecho de que el paro seguirá creciendo "menos" que en años anteriores. O por las noticias de sube el empleo (porque todos los veranos sube...). O porque el gobierno se ha acordado de Gibraltar. O porque Madrid será (o no) capital olímpica en el 2020...

En realidad, ni los rescates bancarios, ni los escándalos económicos, ni las reformas del mercado laboral, ni de la contratación, nada, absolutamente nada pueden hacer olvidar el caso Bárcenas-Gurtel, el fracaso de la política económica, la situación de tensión extrema en Cataluña y el País Vasco, ni la sensación de que el gobierno ni tiene soluciones, ni fórmulas, ni proyectos y que solamente aspira a una solución del problema que venga de fuera. Exactamente igual que ZP en su última legislatura.

Es evidente que Rajoy apoyará el ataque y que incluso enviará a una brigada o una fragata al teatro de operaciones. Puro símbolo y, por tanto, más bochornoso aún. 

LA CUESTIÓN ES CÓMO REACCIONARÁN LOS AFILIADOS AL PP, CÓMO REACCIONARÁS TÚ, AFILIADO AL PARTIDO POPULAR: sabemos que los diputados, concejales, alcaldes, senadores, diputados europeos, asesores, enchufados, parásitos varios y demás barrigas agradecidas, denunciarán dramáticamente que se les acosa y hostiga si alguien se digna escupirles a la cara. 

¿Y TÚ, SIMPLE AFILIADO DEL PP? ¿TE CONTENTARÁS CON SEGUIR PAGANDO LA CUOTA POR BANCO (ESA CUOTA CON EL QUE SE PAGA LA INDEMNIZACIÓN DE BÁRCENAS), BAJAR LA MIRADA, CONTENER TU RABIA Y PENSAR QUE EL PSOE HABRÍA HECHO LO MISMO? ¿DONDE TIENES LA DIGNIDAD? Tú, que apoyaste a Aznar en su locura en Irak, que te creíste que era una obligación desplazar tropas a Afganistán, ¿vas a ignorar que aquellos países tranquilos antes del conflicto, están hoy destrozados y en guerra civil Y QUE TODO LO QUE TE CONTARON LOS AZNAR Y DEMÁS, ERA PURA MENTIRA? 

Afiliado del PP: estás de nuevo ante la misma situación. Ahora ya no puedes dudar de que tus dirigentes, ni son eficaces, ni son honestos, ni son sinceros, ni siquiera en el tema del ataque a Siria en donde incluso el "aliado inglés" ha dado esquinazo a los EEUU, son nada más que personajes rastreros y serviles hacia el presidente norteamericano de turno. 

¿Qué te queda? ¿protestar? Si no lo has hecho hasta ahora, ¿crees que hoy te hará caso alguno de tus dirigentes? NO TIENES MÁS SALIDA QUE ROMPER EL CARNÉ DEL PARTIDO, abandonar esa cueva de víboras, dirigidas por perros sedientos de sangre que comen de la mano del títere que se sienta en la Casa Blanca, niños-bien dedicados a robar derechos sociales para caer bien en los medios neo-liberales, banda de aprovechados, individuos e individuas con una sensibilidad social tal sutil como la piel del rinoceronte, interesados solamente por "España" cuando soplan los vientos de Bárcenas-Gürtel o el aroma del neo-frente popular que se intuye en el horizonte, petard@s que reparten subvenciones a la banca y la escatiman a quienes las necesitan, que miran a otro lado cuando se les dice que siguen llegando inmigrantes, que no reconocen que el Estado de las Autonomías está matando al Estado del Bienestar, que niegan que la globalización sea la matriz de la actual crisis económica, que no son más, en definitiva, QUE LA OTRA CARA DE LA MONEDA DEL RÉGIMEN NACIDO EN 1978, LA RÉPLICA AL PSOE, y que ya va siendo hora de que ambos partidos entren en la CLOACA DE LA HISTORIA

Hasta ahora, tú, afiliado al PP, has sido cómplice pasivo de todo esto. Pero aprobar o callar ante el ataque a Siria en donde va a morir (está muriendo) mucha gente, es una villanía más que no puedes permitirte si quieres evitar que tus hijos y nieto te maldigan. Rompe el carné del Partido Popular y reconoce que esa sigla no es digna de nadie que tenga un mínimo de honestidad y de honor. 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com

Cat: ¿ruptura necesaria?

Cat: ¿ruptura necesaria?

Infokrisis.- Vaya por anticipado que abomino de la independencia de Cataluña y que, desde muy joven he albergado el más profundo desprecio hacia todos aquellos que la han propuesto. Añadamos, a continuación, que no albergo dudas –como demostraré más adelante– sobre la imposibilidad de que se produzca tal secesión.

Dicho lo cual, hace falta reflexionar lo que supondría tal ruptura. Justo es reconocer que tendría repercusiones  no totalmente negativas tanto para Cataluña como para lo que quedase de España. Este es el tema que voy a tratar de analizar en las líneas que siguen.

1. La teoría de la gangrena y el padrastro

Un padrastro es apenas un pequeño pellejo próximo a la cutícula que con cierta frecuencia tiende a desprenderse. No es ni siquiera una dolencia leve: al cabo de unos días el padrastro desaparece aun cuando nadie se haya fijado en él.

Diferentes es cuando uno se hace una pequeña herida que sangra: si esa herida no se cuida, puede tener efectos negativos sobre el organismo. Imaginemos un desaprensivo que, ni se ha curado la herida en uno de sus dedos, cuyo organismo tiene el sistema inmunológico disminuido, y que, para colmo, se le ocurre revolcarse en heces fecales. Lo más probable es que esa herida se gangrene y que en un plano más o menos breve haya que amputar el dedo, la mano, el antebrazo o el brazo entero para evitar que la gangrena invada todo el cuerpo.

Análogamente, en lo relativo al “problema catalán”, el padrastro eran los pequeños grupos independentistas que surgieron a finales de los años 60 (el PSAN, el Front Nacional de Catalunya, el Front d’Alliberament Català, etc.), grupos sin mucha historia, sin apenas seguidores y cuyos miembros cabían en un microbús. Grupos ridículos compuestos por gentes en su mayoría ridículos que dieron lugar a iniciativas de mera copia de ETA, no menos ridículos, entre los que figuran el FAC y Terra Lliure… Meros padrastros en un organismo completamente inmune a sus soflamas.

Pero luego, con la constitución de 1978 y el nuevo régimen todo esto cambió: a pesar de que el papel de los nacionalistas catalanes en la lucha por la democracia había sido poco menos que intrascendente (unas cuantas banderas catalanas colocadas en los 20 años posteriores al final de la guerra civil, habitualmente en lugares inaccesibles y poco visibles para la ciudadanía y la detención de Pujol), los nacionalistas catalanes jugaron fuerte su baza acaso porque contaban con un negociador extremadamente hábil –Miquel Roca–; en aquella ocasión los “padres de la constitución”, Fraga el primero de todos, aceptó un sistema electoral que permitía a los nacionalistas estar sobre-representados y  actuar como tercera fuerza cuando ni el centro-derecha ni el centro-izquierda carecieran de mayoría absoluta. El padrastro se transformó el pústula purulenta: a partir de entonces, CiU empezó a jugar la carta del chantaje (“más autonomía a cambio de apoyo a no importa qué gobierno en Madrid”). No fue Cataluña quien se benefició, sino la clase política dirigente de CiU, la alta burguesía catalana, que obtuvo una acumulación de capital suficiente como para dejar de invertir en su propia tierra y hacerla en los lugares más alejados del planeta a medida que la globalización avanzaba. La Generalitat no fue más que el segundo frente de acción, especialmente, a partir del nuevo milenio y con años del “tripartito”, en el que la alta burguesía catalana dejó de utilizar a la estructura burocrático-administrativa de la Generalitat  para realizar buenos negocios, dejando a los segundones (Artur Mas entre ellos) que fueran muñendo la vaca burocrática: la cuota de beneficios de estos iba en razón directa el nivel de autonomía.

En 2010, cuando llega Mas al poder, la situación de Cataluña es completamente diferente a la que se daba cuando se hizo cargo de la Generalitat Jordi Pujol, treinta años antes. Y la pústula, convertida en gangrena, corrompía el cuerpo del Estado Español a velocidad creciente agravada por la crisis económica estallada en 2007. Mas dio al pueblo catalán una respuesta extremadamente simple a un problema extremadamente complejo: “España nos roba” (los medios de comunicación catalanes y los comunicadores locales, comprados al peso, no se preocuparon siquiera por afirmar que la autonomía catalana llegaba incluso a la corrupción y que ésta en Cataluña era un producto exclusivamente local). Cuando a lo largo de 2012 la situación económica se fue oscureciendo más y se evidenció que Artur Mas carecía del prestigio social, de la habilidad maniobrera y de la prudencia de Pujol, y cada vez más necesitaba de más y más fondos para aliviar la precaria situación económica  de la Generalitat, tuvo la “brillante” idea de estimular artificialmente el independentismo (hasta ese momento residual) inyectando fondos (concretamente 11 millones de euros) con el fin de generar un fantasma que exhibir ante Madrid: “Si no me dais dinero, vendrán estos que son los peligrosos…”. Se produjo la demostración del 11 de septiembre del 2012 (que hasta entonces y desde 1978, no había visto masas movilizadas) y el posterior viaje de Mas a Madrid. Pero el problema era que en esta ocasión algo había cambiado: ni él tenía prestigio político y el alardear de “1.500.000 de catalanes independentistas” (en realidad, no más de 200.000) no bastaban para contrarrestar el hecho objetivo de que el Estado Español carecía de dinero, la troika de Bruselas seguía de cerca sus inversiones y ya no había apenas dinero extra para que los altos funcionarios de la Generalitat y los amigos de CiU se lo pudieran repartir… Cuando Artur Mas retornó comprobó horrorizado que había creado un monstruo (el independentismo) que corría el riesgo de comérselo a él.

Si no prosiguió al mismo ritmo con la deriva independentista fue precisamente porque el gobierno Rajoy respondió insinuando lo que podía ocurrir: los ingentes casos de corrupción que hasta ese momento se habían ocultado y que abarcaban a toda la cúpula de CiU, podían salir a la superficie. El que la cosa iba en serio CiU lo entendió cuando el primogénito de los Pujol y el líder político de la familia, Oriol, pasaron a ser carne de juzgados con todas las posibilidades de oler a presidio en pocos meses. La familia Pujol utilizó a El País para contrarrestar  esta campaña con otra parecida, la que situó desde hace seis meses a Luis Bárcenas en el centro de la actualidad. El resultado general ha sido perjudicial para las dos partes: la sensación de que toda la clase política esta corrupta es igual en Barcelona como en Madrid y el desinterés de cada vez más ciudadanos por la política va en aumento.

Pero Artur Mas se encontró con que un partido que carece (y ha carecido desde los años 30) de personajes sensatos y dotados de “seny”, Esquerra Republicana, creciera como nunca antes lo había hecho recurriendo aprovechando la crisis de la corrupción que se abatía sobre CiU y las dudas sobre la verdadera posición de CiU en relación a la independencia. ERC se hizo fácilmente con la bandera enarbolada por CiU hasta entonces: “España nos roba”. Hoy, ERC apoya al gobierno de CiU pero le exige que dé una fecha para el referendo independentista. Cuando se dé y el gobierno español se vea obligado por ley a impedirlo, puede ocurrir cualquier cosa.

En definitiva: en 2013 el padrastro, devenido luego pústula purulenta, más tarde herida sin cicatrizar y finalmente gangrena creciente, abarca entre un 20 y un 25% de la población catalana. Una cantidad similar, los hispanoparlantes y los catalanoparlantes “españolistas”, supone un porcentaje similar y el resto de población, entre un 50 y un 60% son indiferentes y apáticos ante cualquier cosa que suponga tomar una posición política.

2. Prospectiva de los próximos tres años

Tal es la situación y así como lo hemos resumido, se ha llegado a ella. Falta intuir como puede evolucionar en los próximos meses. Es evidente que hay dos fechas claves: 11-S de 2013 (pasado mañana) y 11-S de 2014 (400 aniversario de la caída de Barcelona en manos borbónicas). En estas dos fechas, los independentistas radicales van a intentar quemar sus naves, especialmente ERC (las CUP pintan poco al ser un batiburrillo de grupos locales) y en el interior de CiU hay cualquier tipo de posición y su contraria, al igual que en el interior del PSC.

¿Qué puede ocurrir en un plano como máximo de dos años y medio? Hay varias posibilidades:

1) Se rompe el frente nacionalista compuesto por el gobierno Mas apoyado exteriormente por CiU: Mas no da una fecha para el referendo y ERC pierde la paciencia y cree que su hora ha llegado (no hay que olvidar que Lluís Companys era dirigente de ERC y que cada vez que se asomaba a un balcón tenía la mala ocurrencia de proclamar la independencia de Cataluña…). En esa hipótesis pueden ocurrir dos cosas: o Mas se asusta y dar marcha atrás (con lo que ERC puede realizar el “surpaso” en las próximas elecciones autonómicas) o bien Mas se “lanza al monte” y obliga al Estado Español a convertirlo en mártir. Y en esta última posibilidad hay otras dos posibilidades: o bien el Estado Español negocia con Mas o bien actúa fulminantemente (suspensión de la autonomía de Cataluña y detención de Mas).

2)  A la vista de movilizaciones más o menos masivas en los dos 11-S, el frente nacionalista se consolida y opta por la ruptura con el resto del Estado, creando una situación de hecho. En Madrid, mientras, el gobierno Rajoy debilitado por los casos de corrupción, por su incapacidad para sacar a España de la crisis económica, dentro de una situación internacional extremadamente tensa (futura IV Guerra del Golfo con el consiguiente aumento del carburante y las repercusiones de éste en los precios de los productos, que será mucho mayor que en cualquier otra época en la medida en que la economía mundial globalizada es dependiente como nunca de los transportes de mercancías), desprestigiado por su falta de iniciativa para encarar los problemas y en un momento en el que las encuestas auguran una caída en picado del PP y del PSOE… pero un aumento de IU, lo que abre la posibilidad a un remedo de “frente popular” como futuro gobierno, en esas circunstancias pueden darse dos hipótesis: o bien el Estado no reacciona ante la secesión catalana, o bien algunos sectores reaccionan, las fuerzas armadas se cansan de ser el convidado de piedra y advierten a Rajoy (o a su sustituto) de lo que está en juego y el gobierno “de Madrid”, se ve obligado a actuar en consecuencia, optando por la vía disuasiva (suspensión de la autonomía catalana, detención de Mas, etc.)

Este cuadro de posibilidades es, sin duda, el más probable que se produzca en un plazo de entre 1 y 3 años.

3. La hipótesis de la amputación necesaria

Queda la opción radical. La amputación unilateral del miembro gangrenado. La Generalitat alardea que Cataluña quiere tener “derecho a decidir”… pues bien, que lo tenga. Es evidente que una consulta de ese tipo no va a ser libre por la sencilla razón de que la Generalitat lleva 30 años amamantando a los medios de comunicación catalanes y, si bien es cierto que la prensa catalana cada vez tiene menos influencia y que hoy resulta milagroso y digno de fotografiarse a un ciudadano leyendo en la calle, no ya el Avui (fusionado por falta de lectores al Punt Diari, también huérfano de compradores), sino las ediciones catalanas de La Vanguardia (que se regala en los trenes de cercanías) y de El Periódico (con Z al borde del espasmo final), si bien es cierto que la obsesiva TV pública de la Generalitat ha perdido audiencia en los últimos años, no es menos cierto que el régimen de clientelismo y el lavado de cerebro de treinta años de educación nacionalista, daría como resultado un resultado falso y crecido en relación al nacionalismo… Así pues, ¿para qué un referéndum falseado por treinta años de preparación previa y por un engorde artificial de los medios de comunicación catalanes a favor del nacionalismo?

Es más, en caso de no celebrarse el referendo lo que se haría es dar la razón a ERC, con lo que en los años siguientes, ad infinitum, se prolongaría la agonía: unos seguirían echando la culpa a “Madrid” de los males de Cataluña y el “españolismo” seguiría sin obtener un espacio ni en los medios de comunicación catalanes. Dicho de otra forma: si en 2014, Cataluña no es independiente, la agonía proseguiría permanentemente. Nacionalistas e independentistas seguirían victimizándose y seguirían transmitiendo en sus medios y en su sistema de enseñanza una versión de la historia de Cataluña digna de los hermanos Marx… hasta que en el futuro, vieran de nuevo la posibilidad de otro referendo en el que el resultado le fuera más benévolo para su causa. Y si no, el siguiente…

Pero hay otra hipótesis: La Generalitat quiere independizarse, pues bien, que se independice y, de hecho, ya está tardando. Cualquier retraso en proclamar la independencia es proseguir la agonía y esta debe terminar en cualquier caso porque aburre a muchos. El diálogo de sordos al que se ha llegado en Cataluña es hoy increíble: por mucho que la Unión Europea diga que no admitirá a Cataluña como “nuevo Estado”, los independentistas persisten en proclamar “Cataluña, nuevo Estado de la UE”… Por mucho que en 2012-13 se hayan ido de Cataluña MIL EMPRESA que prefieren horizontes más tranquilos al otro lado del Ebro y ni una sola de esa parte haya desplazado su sede social y fiscal a Cataluña, muchos siguen creyendo que la independencia catalana sigue siendo completamente viable. Ignorando que el “día después”, vender un producto catalán en España (hoy principal mercado de Cataluña) será una tarea poco menos que imposible y que el boicot al cava catalán que tuvo lugar hace unos años será un juego de niños comparado con el rechazo visceral a cualquier marca y producto fabricado en Cataluña, a pesar de advertirles a los nacionalistas e independentistas que los Mossos d’Esquadra (que nosotros mismos hemos visto retroceder en las jornadas del 11-M ante críos escuálidos y porreros desnutridos) no van a estar en condiciones de contener a las legiones de inmigrantes asentadas en Cataluña sin el concurso de la Guardia Civil y de los antidisturbios de la Policía Nacional, a pesar de que entre 500.000 y 1.000.000 de ciudadanos catalanes llegados con la inmigración interior de los años 50-80, optarán simplemente por irse de Cataluña y que otros muchos optarán por exigir la nacionalidad española, a pesar de que la tasa de natalidad específicamente catalana está bajo mínimos, mientras que la de africanos, paquistaníes y marroquíes se sitúa en torno a 4 hijos pro familia lo que en apenas 20 años situaría a una Cataluña desalojada progresivamente por los castellanoparlantes y por los “españolistas”, más cerca de la Liga Árabe que de la Unión Europea, a pesar incluso de que el Barça debería limitarse a una liguilla desprovista del más mínimo interés y que aburriría hasta a las piedras y de que, finalmente, para sobrevivir la Generalitat independiente debería de vender cada vez más patrimonio para abrirse a tiburones extranjeros, a pesar de todo esto, decimos, hay catalanes que quieren ser independientes y que ningún argumento lógico ni racional convencerá de lo contrario… ¡que lo sean! ¡Que vivan la experiencia de lo que es ser independiente y experimenten que, no solamente, no mejora la situación del ciudadano medio, sino que empeora, que si Kosovo es un Estado dirigido por bandidos, en una Cataluña en la que los casos de corrupción son extraordinariamente altos, la independencia tendría mucho más que ver con Kosovo que con los Estados Bálticos!

Lo que estamos diciendo es que una Cataluña independiente es inviable, pero que no hay argumentos racionales que puedan ser admitidos por los nacionalistas e independentistas para que abandonen esa quimera: la práctica, la vía de la independencia y sus resultados deletéreos para Cataluña serían la mejor escuela y el mejor ejemplo para someter al independentismo a la prueba de la realidad y demostrar por la vía del holocausto catalán, su inviabilidad. A fin de cuentas la historia de Cataluña es la historia de una derrota permanente desde la Batalla de Muret (asumiendo el hecho de que el protagonista de aquel episodio no fue “catalán”, sino el Rey de la Corona de Aragón y que “Cataluña” en aquella época no existía sino que en el actual territorio de la autonomía catalana existían una serie de condados, sin la más mínima “vocación nacional” que aparece solamente en el último tercio del siglo XIX). Una derrota más, la de la Cataluña independiente, coronaría el pastel de la historia de Cataluña (que por cierto tuvo en el siglo XIX al siglo más español de toda su historia, un siglo que no gusta a los historiadores nacionalistas a la vista de que fueron muy pocos los catalanes que apoyaron a Napoleón, sino que desde el Bruch hasta la sublevación de los menestrales en la Barcelona ocupada, y más tarde con el esfuerzo catalán para mantener Cuba y Maracaibo y antes con el compromiso catalán en defender a España del contagio de la Revolución Francesa, episodios frente a los cuales la Oda a la Patria de Aribau era completamente intrascendente en el supuesto de que tuviera algo que ver con el nacionalismo).

¿España debe amputarse el cáncer catalán lo antes posible? Como toda decisión drástica, tendría sus repercusiones positivas y negativas. La hemos visto lo que ocurriría en la Cataluña independiente: experimentaría el vacío bajo sus pies y la independencia ya operaría a modo de vacuna, generaría anticuerpos y sobre todo espabilaría conciencias hoy adormecidas o simplemente engañadas por el nacionalismo. Lo cual no es poco. El nacionalismo y el independentismo quedarían completamente desprestigiados y ya no habría argumentos que presentar contra ellos que el sentimentalismo y la irracionalidad invalidarían: la realidad se impondría y la inviabilidad de la independencia quedaría evidenciada por la vía de la práctica. En ningún caso –y esto es importante- la independencia de Cataluña es viable ni podría afirmarse, ni triunfar, ni siquiera servir para mejorar el nivel de vida de los catalanes…

4. La necesidad de un “traumatismo nacional”

Ahora bien, ¿qué ocurriría en el resto del Estado? Los efectos de la independencia serían extremadamente interesantes de examinar e intuir.

A veces hacen falta cataclismos para que los pueblos reaccionen. La generación del 98 es hija de la pérdida de Cuba y Filipinas, el formidable impulso de la Reconquista fue la respuesta a la presencia islámica en la Península que se prolongó hasta Lepanto. Los pueblos solamente reaccionan ante las crisis profundas que los sitúan sobre el abismo.

En la actualidad nuestro pueblo vive la prolongación de una situación histórica de apatía (que se prolonga, por supuesto, en Cataluña demostrando así la españolidad de aquel territorio) y lo que es peor: desde 1986-87 se puso en evidencia que la constitución de 1978 no era una panacea universal, sino una norma envejecida prematuramente que había instaurado la corrupción como característica principal del sistema (como fue el caciquismo durante la Restauración) y que la democracia instaurada por los “padres de la constitución” no era tal, sino más bien una partidocracia, el “Estado de las Autonomías” un monstruoso engranaje burocrático administrativo especializado en la volatilización de miles de millones de recursos públicos, la entrada en la OTAN y en la UE nos produjo pérdida de soberanía y generó (y genera) más problemas que ventajas, la ausencia de “centros imputación” ha hecho que la ineficacia en la gestión pública no tenga culpables con cara y ojos que deban responder ante la opinión pública, etc, etc. No es el momento de realizar la crítica a la constitución de 1978 que, para cualquiera que examine el desastre que ha generado, no dudará ni un momento en certificarla absolutamente muerta y en estado de putrefacción avanzado.

Si ese estado de la constitución del 78 no ser reconoce, ni nadie hace nada por aliviarlo es precisamente porque LA TOTALIDAD DE LA CLASE POLÍTICA, TANTO DEL PODER COMO DE LA OPOSICIÓN, DE TODOS LOS NIVELES ADMINISTRATIVOS, SE BENEFICIA… y, desde La República de Platón se sabe que ningún político adopta ninguna decisión que perjudique a sus intereses. Así pues, despidámonos de la posibilidad de que las fuerzas que componen la “centralidad” del sistema político actual puedan traer reformas y correcciones por avanzado que esté la putrefacción en el interior del sistema. Un sistema político como el español ha sido diseñado no para otorgarle estabilidad a él SINO A LA CLASE POLÍTICA QUE LO ADMINISTRA POR ELEVADO QUE SEA SU NIVEL DE INEFICIENCIA Y SU FRACASO HISTÓRICO.

Un sistema político como el español solamente puede reformarse mediante un electroshock similar al que supondría la amputación de una parte del Estado: tal posibilidad evidenciaría el fracaso del régimen de 1978 de manera inapelable: el fracaso de la “instauración monárquica” convertida en otra más de las instituciones corruptas del Estado, el fracaso del parlamento partidocrático pozo de ineptitudes y refugio de incapaces, el fracaso del Estado de las Autonomías que, poco a poco, ha ido asesinando al Estado del Bienestar, el fracaso de las Diputaciones reducido a ente de utilidad misteriosa refugio de los segundones de los partidos mayoritarios, el fracaso de los municipios que reproducen a escala local los males de la partidocracia… fracaso de las políticas de centro-derecha y de centro-izquierda que comen de la mano, ambas, de la globalización. Seamos claros: NO VEMOS ABSOLUTAMENTE NI UN SOLO EFECTO SALUDABLE EN 30 AÑOS DE PARTIDOCRACIA, SINO TODO LO CONTRARIO.

Lamentablemente de esta situación no puede salirse, a la vista de la arquitectura constitucional, mediante una reforma: hace falta un ELECTROSHOCK y la amputación de una parte del Estado puede tener ese efecto revivificador, el efecto de un traumatismo que, por una parte, hunda a los partidos políticos que desde hace 35 años constituyen la columna vertebral del sistema, por otra sacuda de su apatía a un sector de la población, especialmente a las clases medias, que perciban claramente el fracaso de la constitución de 1978 y el agotamiento de ese ciclo histórico, que movilicen a sectores del pueblo español más allá de los partidos tradicionales y contra ellos y que impongan UNA NUEVA LEGALIDAD QUE DERIVE DE LA LEGITIMIDAD DE SUS OPCIONES.

Lo que el pueblo español debe entender es que en estos momentos el Estado se enfrenta a una doble posibilidad: o bien a la posibilidad de su REFORMA RADICAL, o bien a la posibilidad de su LARGA AGONÍA. Para lo primero hace falta modificar la relación de las fuerzas políticas actuales y para ello es preciso que se evidencie sin paliativos el fracaso del centro-derecha y del centro-izquierda. La pérdida de una parte del Estado evidenciaría dramáticamente este fracaso. La otra posibilidad es la de “larga agonía”: sin “traumatismo nacional”, el sistema se mostrará irreformable y, lo que es peor, si se produce alguna corrección, será simplemente para garantizar que el centro-derecha y el centro-izquierda mejoren y eternicen aun más su privilegiada posición (en Francia y en Italia, las modificaciones legislativas han tendido precisamente a esa finalidad, no a aumentar la representatividad, sino a garantizar que solamente los partidos mayoritarios seguirán siéndolo y que ningún otro conseguirá hacerse con espacios políticos de importancia).

La amputación de Cataluña sería ese “traumatismo nacional” necesario para movilizar voluntades en el resto del Estado, para lanzar a las masas a la calle exigiendo un nuevo modelo constitucional a la vista de que el anterior se ha saldado con una crisis nacional. Solamente en momentos de crisis los pueblos se preguntan cuál es su misión y su destino y están en condiciones de elaborar proyectos ambiciosos, adoptar rumbos hasta entonces cerrados, prohibidos o inéditos, y hacer de un fracaso, la plataforma sobre la que asentar futuras ofensivas históricas.

La inviabilidad de la independencia de Cataluña, haría que a corto plazo, comprobado de manera inapelable el fracaso de la ensoñación nacionalista de una vez para siempre. Lo traumático de una amputación de este tipo estaría en condiciones de cortar, sino la apatía histórica de nuestro pueblo (véase los artículos sobre “el macizo de la raza” en infokrisis), si al menos, impulsaría a elites patrióticas a formular la reconstrucción de España sobre bases nuevas y, especialmente, sobre un nuevo modelo político, edificado sobre las cenizas de la constitución de 1978. Por todo ello, lejos de ser un hecho negativo, la independencia de Cataluña supondría una oportunidad histórica sin precedentes para movilizar a los sectores más conscientes del país en torno a una política patriótica de reconstrucción nacional que hoy nos está vedada a causa de la imposibilidad de alterar los fundamentos del régimen fracasado.

5. Los elementos de incertidumbre

Obviamente estamos realizando lo que se conoce como un “jeu d’esprit”, la mera posibilidad de independencia de Cataluña nos produce la suficiente náusea como para que nos neguemos a aceptarla. Sin embargo, es preciso ir hasta el final de la “hipótesis de la amputación necesaria” que hemos enunciado.

En efecto, toda esa teoría falla por varios elementos:

- La imposibilidad de una Cataluña independiente, certificada por la UE e incluso por la propia realidad sociológica catalana, hace que el proyecto independentista tanto hoy como dentro de tres años, siga siendo una locura sin fundamento. Lo más probable es que Artur Mas, situado ante el abismo y sin ganas de convertirse en mártir, siendo el primero –además- en asumir la imposibilidad de la independencia (de hecho, él lo que dice solamente es que reivindica el “derecho a decidir”, calculada ambigüedad, para evitar males mayores).

- ERC es el típico partido cuyos resultados electorales son un “diente de sierra”, constantes subidas y bajadas, imposibilidad para fijar resultados, mediocridad de su clase política, antecedentes históricos que lo definen como partido aventurerista representante de la “rauxa” catalana, carente por completo de “seny” y, por tanto, con capacidad para pasar de 100 a 10 en breve espacio.

- La hipótesis de la amputación parte de la necesidad de superar el régimen de 1978… pero parece excesivamente optimista sobre la consideración de que un traumatismo como la secesión de una parte del Estado consiguiera ser un revulsivo para que una parte del pueblo español reaccionara. La primera sensación que une tiene, a la que observa objetivamente esta hipótesis, es que la falta de educación política, cultural e incluso humana, el nivel de apatía, desinterés y abulia de nuestro pueblo hacia todo aquello que no sea satisfacción de lo más inmediato, queda fuera de su alcance. Falta una elite nacional y no parece que haya presagio alguno en el horizonte que puede intuir su proximidad.

- Lo más probable es que a la vista de esta falta de energía, nervio y músculo de la nación española, al proceso independentista catalán siguiera el vasco y por esa misma vía se llegara a l balcanización total del país…

Lo dramático es hoy reconocer que la actual situación no tiene salida, ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo, salida favorable para ninguna de las dos partes. Pero es todavía más dramático pensar que la mayoría de la población, tanto en España como en esa parte de España que es Cataluña, la mayor parte de la población sigue ajena a todo y despreocupada con esa mezcla de apatía entre irresponsable e infantil (o infantil por irresponsable) que se ha apoderado de nuestro pueblo.

6. El riesgo real.

Artur Mas, en su infinita incapacidad para gobernar Cataluña ha abonado un fantasma, el independentismo. Este fantasma, como todos, tiene una existencia virtual mucho más que real.  Pero la sensación que uno tiene es que Mas está jugando a la ruleta rusa y no con su sien sino con la del pueblo catalán: ¿cuánto tiempo tardará en haber un muerto? Es evidente que cada partido de fútbol de “máxima rivalidad” es una ocasión para que se desaten los odios alimentados por una y otra parte. Cualquiera que deseara que estallase una chispa en España podría excitar los ánimos provocando un enfrentamiento y el muerto providencial que haría que las posiciones por una y por otra parte se radicalizaran hasta el punto de no retorno. Así empezaron las guerras Balcánicas… y es que con esto de los nacionalismos y del independentismo no se juega y CiU lleva demasiado jugando a lo que en Cataluña se llama “la puta i la ramoneta”… que se entiende en todas las lenguas del Estado.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

 

 

Cat: perspectiva étnica

Cat: perspectiva étnica

Info-krisis.- Lo peor que le podría pasar a Cataluña es acceder a la independencia. Lo saben los empresarios, lo saben perfectamente los funcionarios de CiU y seguramente lo intuyen algunos miembros de ERC lo suficientemente inteligentes como para que la locura independentista no les ciegue completamente: una Cataluña independiente sería una Cataluña inviable. Hay motivos de todo tipo, pero algunos que se suelen eludir son de carácter étnico y antropológico:

1) El grupo étnico específicamente catalán es el que tiene una natalidad más baja DE TODO EL MUNDO. No es éste el lugar para investigar los motivos, simplemente para constatar que en pocas décadas apenas existirá nadie con los cuatro apellidos catalanes y pocos con solamente dos.

2) El grupo étnico que más crece en Cataluña desde 1999 es el árabe. Desde finales de los 80, la Generalitat canalizó desde Marruecos una riada de inmigración previendo que los moros ocuparían el lugar de los hispanos y que aquellos se esforzarían más en hablar catalán. Hoy se encuentran en Cataluña en torno a 750.000 personas de origen árabe, negro y asiático de confesión islámica.

3) La inmigración del resto del Estado que llegó a Cataluña entre 1950 y 1980 lo hizo creyendo que iba a otro lugar de España. La perspectiva de una Cataluña independiente les induciría a retornar a su origen o mantener su nacionalidad española.

Si fue posible la integración de los miembros de este tercer grupo en Cataluña es porque existía una CONTIGÜIDAD ÉTNICA Y ANTROPOLÓGICA con el grupo específicamente catalán: misma raza, lengua de la misma familia hispano-romance, misma religión, misma cultura. Algo que no existe, obviamente, con el grupo árabe: diferente raza, diferente lengua, diferente religión, diferente cultura... 

La Generalitat y el nacionalismo creen que el grupo árabe-islámico que puede "integrar" con la misma o con mayor facilidad que el grupo de inmigración procedente del resto del Estado. Obviamente se equivocan o lo que es peor, se engañan. 

No hace falta ser un titulado superior en estadística y prospectiva para percibir fácilmente que con el grupo étnico específicamente catalán completamente en regresión numérica, con el grupo étnico procedente del resto de España o castellanoparlante estancado y con un crecimiento demográfico que se debe solamente al sector MENOS ASIMILABLE, el árabe-islámico, la declaración de independencia (o incluso el hacerse obsesiva con en la actualidad), va a terminar convenciendo al sector castellano parlante de acelerar su salida de Cataluña (de momento en el último año ya han abandonado Cataluña ¡1.000 empresas! para establecerse en el resto del Estado), AUMENTANDO LA DEBILIDAD DEL GRUPO ÉTNICO ESPECÍFICAMENTE CATALÁN.

El error histórico de los nacionalistas es aplicar el principio de las nacionalidades creyendo que es, verdaderamente cierto: "una comunidad que tienen lengua propia es, por este mismo hecho, una nación...". De lo que se deduce que para "ser catalán" basta con hablar catalán. Pero la lengua catalana es algo que se aprende por pragmatismo, mientras que los valores de una comunidad no se transmiten a través de las sílabas, sino de las creencias más profundas: la religión, por ejemplo, que es el eje de la identidad islámica. El que algunos moros que salen por TV3 hablen catalán no quiere decir que hayan dejado de considerar LA LENGUA ÁRABE COMO PREFERENTE Y SAGRADA EN TANTO QUE EN ELLA SE REDACTÓ EL CORÁN. 

ERC, Carod, Sis Ales, etc, pueden hablar de un ISLAM CATALÁN, creyendo que los fieles islámicos que viven en Cataluña pueden aislarse del resto de la UMMA, la comunidad islámica universal. Ignoran que un hecho que para ellos es AXIAL (la lengua catalana, en tanto que único FACTOR DIFERENCIAL del "hecho catalán"),carece por completo de importancia para la comunidad islámica que aprende catalán por puro pragmatismo sin asimilar absolutamente ni un rasgo de la comunidad ni de la identidad catalana.

En síntesis: en Cataluña conviven actualmente tres identidades, la catalana, la española y la islámica. La primera está en regresión y apenas tendría peso político de no ser porque la alta burguesía catalana insistió en controlar el paquidermo burocrático administrativo de la Generalitat. La política lingüística de la Generalitat practicada obsesivamente desde hace 35 años (el franquismo duró 38...) ha llegado a sus límites y desde hace 15 ya no progresa. La catalanización del grupo castellanoparlante no avanzará jamás más hallá de donde lo ha hecho. En una hipótesis independentista, buena parte de este grupo optará, o bien por irse de Cataluña o bien por mantener su nacionalidad española, desolidarizándose completamente de la administración del territorio que habitan. Así pues, el 20-30 años, la presencia islámica en Cataluña será tan abigarrada como omnipresente. Además se une el hecho de que para mantener la confianza de este grupo, la Generalitat deberá de ultrasubvencionarlo, con lo cual, al aumento demográfico se añadirá la llegada de nuevos elementos.

Si la Generalitat hubiera reconocido la existencia de DOS IDENTIDADES EN CATALUÑA A PARTIR DE 1980, todo hubiera rodado de otra manera y seguramente no existiría "problema catalán". Pero tanto CiU como el PSC y el PSUC-ICV, quisieron presentar a la IDENTIDAD CATALANA como la única legítima en la autonomía. El resultado fue 25 años de gobierno de CiU y 7 del "tripartito"... lo que hubiera debido recordar a la izquierda que una parte importante de su electorado era castellanoparlante. Ahora ya es tarde para lamentos: el PSC es una ruina en estado de putrefacción y ICV un partido a la deriva.

La Unión Europea no puede admitir a una Cataluña independiente que sería la antesala de la independencia de Auvernia, Normandía, Bretaña, Baviera, Flandes, etc. Cerrado el camino de la UE, al "Estado Catalán" tiene muchas más posibilidades de pedir su adhesión a la Liga Árabe si de lo que se trata es de sobrevivir.

Por eso decimos a los de CiU y ERC, que Alá tenga piedad de vosotros.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

Todo sobre Gibraltar

Todo sobre Gibraltar

Info-krisis.- Hacía falta que llegara el verano de 2013 para que el gobierno tratara de hacerse perdonar su malhadada política económica y desplazar de las primeas páginas la corrupción manifestada dentro de la formación gubernamental generada por el caso Bárcenas, recurriendo a la sempiterna reivindicación sobre la españolidad de Gibraltar. La habitual pobreza de noticias que se instala en los medios durante el mes de agosto parecía que iba a eternizar el caso Bárcenas (con la consiguiente erosión para el PP) en la primera página de los medios. La caída de la intención de voto del PP (y la del PSOE, y la de CiU…) indicaban que la crisis, la convicción de que la clase política es parasitaria y medra solamente para sí misma y que, además, la corrupción está instalada en todos los niveles de la administración, no iba bien para ninguno de los partidos surgidos de la constitución de 1978. Las mezquindades cometidas por los ingleses en Gibraltar han sido recibidas como agua de mayo por el gobierno Rajoy y nos hacen reflexionar.

¿Cuál es el fondo de la cuestión?

Si no se respeta la Ley Sálica, ¿por qué habría que respetar el Tratado de Utrecht? Es, al menos, lo que parecen decir los ingleses, dotados secularmente de una diplomacia hábil en interpretar en beneficio propio cualquier tratado firmado en un tiempo remoto. Pero las cosas son muchos más simples: sea como fuere el origen histórico de la presencia británica en Gibraltar, el hecho incontrovertible hoy es que aquella colonia es un forúnculo purulento en el sur-oeste de Europa, carece completamente de valor militar y el Reino Unido ni siquiera dispone de recursos militares para cerrar el Mare Nostrum.

Cueva de contrabandistas, refugio de miles y miles de empresas no declaradas, paraíso fiscal, pozo sin fondo al que acude el dinero obtenido por tráficos ilícitos en medio mundo, retaguardia de mafias y defraudadores… eso es Gibraltar hoy. La bandera inglesa debería avergonzarse de ondear sobre un peñón a cuya sombra se refugia tanta inmundicia.

El fondo de la cuestión no es que Gibraltar siga siendo la “vergüenza con la que España limita al sur”; el fondo de la cuestión no es que Gibraltar sea una colonia usurpada por la fuerza de las armas; ni siquiera que se trate de un territorio específicamente español. La cuestión es que hoy en el territorio de la Unión Europea no puede existir una zona de exclusión en la que sea posible realizar cualquier tropelía económica amparándose en el Tratado de Utrecht.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Dos han sido los episodios históricos que han permitido al gobierno inglés llegar hasta la situación actual:

- En primer lugar el desinterés del gobierno de Felipe González en plantear la cuestión de Gibraltar justo en el momento en que se estaba negociando nuestra integración en lo que hoy es la Unión Europea. En aquel momento, España hubiera contado con el apoyo de los demás gobiernos europeos para negociar con el Reino Unido la retrocesión de Gibraltar a su legítima soberanía. Entonces no se hizo a pesar del interés que tenía el gobierno alemán en que España se integrara en el proyecto europeo… renunciando a su industria pesada y  a su minería.

- En segundo lugar la desidia del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por todo lo que tuviera que ver con cuestiones de soberanía. Humanista-universalista, mucho más que socialista o socialdemócrata,  idealista hasta la estupidez, ZP estuvo siempre desinteresado por lo que ocurría en Gibraltar. Los ingleses aprovecharon para prolongar su plataforma territorial a sabiendas de que ZP callaría y si han seguido ampliando espacio territorial ha sido precisamente porque pensaban que en la situación actual de debilidad de España (sexto año consecutivo de crisis económica, niveles insoportables de paro y de corrupción, desprestigio absoluto de la clase política, el gobierno Rajoy mantendría la línea política del anterior gobierno.

En realidad, se equivocaron lamentablemente porque Rajoy tenía un problema mayor: desde hace dos meses las portadas de los diarios están ocupadas por un nombre: “Bárcenas” y la única forma que ha encontrado el PP de huir a la recurrente “canción del verano 2013” ha sido reabrir el debate sobre Gibraltar.

No es algo nuevo en el PP sino algo que ha aprendido observando los quehaceres de la diplomacia marroquí: “cuando te encuentras con un problema interior insoluble, inicia una aventura exterior”… Tal es la enseñanza que recorre transversalmente la política marroquí desde Hassan II. Aznar ya lo hizo: Perejil surgió cuando el gobierno del PP miraba a otro lado ante la riada de inmigración que se estaba precipitando por el estrecho, por Barajas y por los Pirineos. También fue una serpiente veraniega, cuando ya empezaba a cobrar forma la alianza de Aznar con el “primo de Zumosol” en la aventura iraquí iniciada por Bush y que recogió la oposición unánime de todo el país, salvo de la clac mediática a sueldo del PP.

La “energía” con la que ha actuado el gobierno Rajoy parece digna de mejor causa. Su voluntad deliberada de generar un conflicto internacional que aliviase la atención mediática sobre Bárcenas parece la única razón de esta crisis que hubiera podido estallar en cualquier momento, pero que al hacerlo ahora demuestra estar íntimamente vinculada al mayor escándalo que debe afrontar el PP en 35 años de partidocracia.

¿Qué es el Reino Unido, aquí y ahora?

Un viejo imperio que no se ha dado cuenta de que, a pesar de que su bandera figurase entre las vencedoras en 1945, había, en realidad, perdido la guerra y que, apenas cinco años después de su “victoria” debió renunciar al 50% de sus colonias y en los siguientes 15 años al otro 50%. Ante victorias como esta, en ocasiones, son preferibles las derrotas…

Hoy, el Reino Unido no es la sombra del imperio que fe en el último tercio del siglo XIX. A decir verdad, y aunque buena parte de los británicos no lo hayan advertido, no solamente no poseen colonias como para poder considerarse “potencia imperial”, sino que los, en otro tiempo, colonizados, ahora disponen de amplios espacios de poder en el propio Reino Unido. Es el resultado de la creación de la Commonwealth y de la admisión indiscriminada de inmigración procedente de la misma en las islas.

En cuanto a su poder militar, ya hemos visto su eficacia cuestionable en la ocupación de Basora y del sur del Irak, como la vimos durante la guerra de las Malvinas: con tropas mercenarias gurkas en vanguardia, el ejército inglés está allí para hacerse la foto y para derrotar solamente a fuerzas mucho menos dotadas en tecnologías bélicas modernas.

Para colmo, el “imperio británico”, las propias islas Británicas no son más que una prolongación “anglo-sajona” del territorio norteamericano. Si bien la “city” londinense sigue albergando a la mayor bolsa mundial por niveles de negocio, no es menos cierto que eso se debe a razones históricas y a las buenas relaciones entre el capital judío a ambos lados del Atlántico.

El “envío” de un portaviones y de algunos barcos menores a la rada de Gibraltar, en otro tiempo, maniobra previa al desencadenamiento de un conflicto (recuérdese la presencia del US Maine en el malecón de La Habana justo antes de estallar la guerra hispano-americana en 1998), es hoy apenas una irrisión que genera como máximo una tristeza inconmensurable: el Reino Unido, anquilosado en su pasado imperial que jamás volverá, cree que las mismas estrategias amedrentadoras de otro tiempo mantienen todavía su eficacia.

En la guerra de las Malvinas fue diferente porque la Tatcher necesitaba vencer en un conflicto lo que había perdido con un año de huelga de mineros británicos. Y, por lo demás, la Tatcher jugaba con las cartas marcada que le había facilitado su amigo Ronald Reagan, el cual había convencido a los militares argentinos para que se decidieran a dar el paso adelante, contra la promesa de que EEUU mediarían en el conflicto internacional a cambio de una base en las Georgias del Sur… Pero ahora esos tiempos, también quedan lejos.

El Reino Unido es hoy una potencia de segunda división, apenas una irrisión que en los últimos treinta años se ha limitado a ir a remolque de las intervenciones norteamericanas más enloquecidas. Carece de política exterior propia y la que aplica se fragua en los despachos de los estrategas anglosajones del otro lado del atlántico. Y, por lo demás, vive de un pasado imperial que ya ha quedado irremediablemente atrás y con un presente más bien inquietante en el que el Islam es ya la segunda religión del país, con unas tasas de alcoholismo que harían estremecer a quienes conocen las implicaciones de la enfermedad; con más inmigración agrupada en guetos que en cualquier otro país europeo y, finalmente, con unas operaciones de “prestigio” (como el envío de portaviones a Gibraltar) que causan más hilaridad que respeto.

¿Qué debería conseguir hoy España?

Es muy simple: en primer lugar plantar cara a la Unión Europea. Que ya va siendo hora. Denunciando la situación colonial de Gibraltar y su carácter de forúnculo en el ano de Europa. La Unión Europea tiene la obligación de mediar en las disputas entre sus miembros y esta es una disputa de gran calado. De lo contrario, España podría amenazar con suspender temporalmente su adhesión al tratado de la Unión o bien renegociar a partir de cero el tratado de adhesión. La solución al problema de Gibraltar (y la clarificación del papel del Reino Unido en el actual momento histórico de Europa: o bien el Reino Unido “es Europa” a todos los efectos, o bien el Reino Unido está contra Europa y a favor de un eje anglosajón del cual sería el garante en Europa. Y no se trata de una cuestión menor. Por supuesto, nadie en el PP tiene intención de plantear la cuestión en estos términos pues, no en vano, este partido es una sucursal de la política de la Casa Blanca en Europa.

No estaría de más, de todas formas, que algún gobierno, español o europeo, exigiera del Reino Unido una definición completa de su política exterior y de sus prioridades. Si ésta fuera sincera demostraría que este país, desde su ingreso en “Europa” no ha sido más que la quinta columna de los EEUU destinada a ralentizar y hacer fracasar el proyecto europeo en tanto que en su origen pareció estar destinado a minimizar el impacto de la presencia norteamericana en Europa.

Sin embargo, la solución más razonable al problema de Gibraltar es que España fuerce a la Unión Europea a tomar una posición y actúe como mediador en una disputa generada entre dos de sus miembros. Ese papel, por supuesto, le hubiera correspondido al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, pero, a la vista de que la actividad de ese comité es hoy virtual y de que, en su momento, ya se pronunció precisamente contra la tesis de España, e incluso a la vista de que el Reino Unido sigue teniendo el derecho de veto en la ONU, la actividad de un organismo más neutral podría ser la salida más razonable.

¿Qué se trata de conseguir?

Cualquier negociación sobre Gibraltar no puede tener otra finalidad, y vale la pena plantearlo desde el inicio, el final de la situación colonial del Peñón y el retorno a la soberanía española. Por tanto, lo que conviene es una negociación BILATERAL entre España y el Reino Unido, en absoluto “trilateral” (España-Reino Unido-Gobierno gibraltareño) y mucho menos aún “a cuatro bandas” (España – Reino Unido – Gobierno Gibraltareño… Junta de Andalucía). Lo que se trata es que un territorio usurpado retorne a la soberanía nacional, en absoluto se está tratando un problema autonómico (sin olvidar que los proverbiales niveles de corrupción de la Junta de Andalucía, le inhabilitan –e incuso le harían sospechosa- para desarrollar un papel en el que está demasiado en juego).

Ahora bien, que la retrocesión de Gibraltar a la soberanía española, se realizara, íntegra e inmediatamente o que fuera después de una serie de etapas escalonadas en el curso de las cuales, el Reino Unido va cediendo soberanía en beneficio de España, o bien, tras un período en el que la administración del Peñón corre a cargo de un departamento de la Unión Europea, etc, todo ello es aceptable y entra dentro de los contenidos del término “negociación”.

El objetivo final es lo que cuenta: arriar la bandera británica de Gibraltar.

¿Cuál es la condición mínima para negociar?

El problema es que en España ni siquiera se da lo que podría ser considerada como condición mínima para que un gobierno nacional abordara la negociación: en efecto, no existe un GRAN ACUERDO NACIONAL entre los distintos partidos de centro-derecha y centro-izquierda para acudir a la negociación con una actitud común pactada. No digamos, pues, el interés que tiene el tema para los partidos nacionalistas y olvidemos la presencia de inconscientes de ERC en Londres en el inicio de la crisis.

Esta alta de un acuerdo nacional sobre Gibraltar tiene sus raíces en la desconfianza con la que el centro-izquierda ha visto esta reivindicación que vincula directamente con el “franquismo” o con la extrema-derecha. En cuanto al PP, aliado sistemático de las posiciones norteamericanas en Europa, no se trata de ofender al partener del “amigo americano” en Europa, el Reino Unido.

Así pues, es comprensible que ni un partido, ni otro hayan tenido en lo que va de democracia, el más mínimo interés en resolver el contencioso de Gibraltar. ¿Puede cambiar esto de alguna manera? Seamos realistas: mientras el sistema de fuerzas nacido en 1978 permanezca inalterable, absolutamente nada va a cambiar. El PP seguirá situándose en la retaguardia del americanismo y cada vez que pueda revalidará la “foto de las Azores” que lo situará como aliado seguro pero secundario de los EEUU en Europa. Y en cuanto al PSOE, manifestará siempre su más absoluto desinterés por algo que nunca ha interesado a la izquierda española, probablemente la menos patriótica de todas las izquierdas europeas.

En cuanto a los nacionalistas periféricos el problema es que precisan apoyos exteriores para hacer efectivos sus proyectos secesionistas. ¿Los encontrarán en Londres? Difícilmente, pues no en vano el Reino Unido tiene el problema escocés relativamente parecido al catalán o al vasco. Ahora bien, tienen razón los independentistas en pensar que el enemigo histórico de España, esto es el Reino Unido, en un momento dado podría adoptar una posición de apoyo a los independentistas, no tanto para debilitar a España como para generar un problema más en el interior de la Unión Europea.

¿Alguna conclusión?

Parece evidente que la “energía” con la que el gobierno Rajoy ha abordado la actual crisis gibraltareño no es más que una cortina de humo para desplazar el tema Bárcenas a un lugar secundario de la actualidad. Acabado el verano, acabará la crisis y Gibraltar seguirá siendo el refugio de piratas y el paraíso fiscal al que va a parar el dinero procedente de tráficos ilícitos.

Seamos claros: no hay solución dentro del actual estado de cosas. No hay solución mientras la Unión Europea siga siendo un apéndice de la política económica del Bundesbank. No hay solución mientras en España, un sistema fracasado, carcomido por la partidocracia, la crisis económica, la corrupción, la inmigración masiva y el paro, siga inamovible. No hay solución mientras algunas élites dirigentes del Reino Unido sigan pensando en términos de “imperio” y de colonialismo cuando ellos mismos son una colonia de sus ex colonias. No hay solución mientras entre la opinión pública española, la apatía y el desinterés por todos los problemas sean la tónica dominante de un pueblo transformado en masa amorfa e invertebrada. No hay solución ante la ausencia de organismo internacionales competentes en un mundo en el que la única regla unánimemente aceptada es la globalización económica.

Gibraltar no será en décadas, acaso en siglos, una parte del territorio nacional y muchas cosas deberán haber cambiado para que un día se arríe la Unión Jack del Peñón. Lo esencial es hoy relativizar la crisis de estos últimos días y no ver en ella nada más que el producto de un verano sin más noticia que la corrupción nuestra de cada día.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com