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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

Carta a un nacionalista .cat

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Infokrisis.- Querido nacionalista: Te escribo cuando sin duda estás asistiendo a la peor crisis de la opción política que defendías desde tus tiempos de scout o desde que estudiabas en las Escuelas Virtelia o eras compañero mío en los Escolapios. El hecho de que hayamos pasado por algunos territorios comunes y que no te considere fundamentalmente una mala persona, sino como máximo, un pobre incauto, es lo que me anima a escribirte hoy.

Durante décadas, elección tras elección has votado a CiU, has hecho oídos sordos a las pocas noticias que se filtraban en Cataluña sobre la honestidad, moralidad y ética de quienes dirigían ese partido y has decidido que un catalán “de seny” solamente podía apoyar la opción que te parecía más razonable en tanto que defendía los intereses de Cataluña, su forma de ser y su tradición. Y, bruscamente te enteras de que la cúpula del partido al que entregabas tu confianza, te ha traicionado. Más aún, empiezas a entrever, que te han utilizado, que una banda de desaprensivos se ha envuelto en los colores de la bandera catalana y, nuevamente, ha utilizado “el patriotismo como trinchera de los bribones”.

Sí, han jugado con tus sentimientos y con tu instinto de arraigo en la tierra que te ha visto nacer. Pero han hecho algo peor, algo que todavía no entrevés: han falseado la tradición catalana, la han retorcido para mayor gloria de sus negocios y la han intentado separar del resto de la tradición española. Porque, aunque no te lo parezca todavía, el mayor delito del gang Pujol (¿por qué llamarlo “clan” cuando todos pertenecemos a algún clan familiar? Cuando todo el “clan” se pone de acuerdo para delinquir, lo que estamos es ante un gang mafioso, una banda de gánsters sin escrúpulos que ha saqueado a todo un pueblo; ¡empecemos a llamar a las cosas por su nombre¡) no es haberse lucrado; se roba a quienes se tiene cerca, a ti, a mí, a nuestros vecinos y nuestros conciudadanos en un período histórico; el gang Pujol es todavía más culpable por que ha traicionado a la Nación a la que pertenece Cataluña. Una “nación” es algo más que una generación que coincide en el tiempo, es el discurrir de generaciones, es pasado, presente y futuro, es el conjunto de esfuerzos de todos los que han contribuido a crear esa unidad histórica a lo largo de la línea del tiempo.

Ya sé que no puedes admitir eso. Se empezó definiendo a Cataluña como “nacionalidad”, lo cual es cierto a condición de ponemos antes de acuerdo en los contenidos de este concepto. Está claro que una tierra sobre la que se habla un determinado idioma, es una “nacionalidad”. Pero las cosas no son tan simples. El problema es doble: en primer lugar porque desde hace mucho en Cataluña se habla, catalán y castellano. Dicho de otra manera, existen dos identidades en Cataluña, generadas por la riada de migraciones que viene registrando esta región geográfica desde hace mucho tiempo, motivada por las necesidades y ambiciones económicas de la burguesía catalana que desde hace tiempo son muy superiores a su capacidad para procrear. Por eso han llegado millones de españoles procedentes de otras regiones a Cataluña, porque hace más de dos siglos empezó a demostrar una vitalidad industrial superior a otras zonas del Estado.

El hecho de que existan dos identidades coexistiendo en Cataluña no es algo negativo, ni bochornoso para nadie. Tampoco implica necesariamente la aparición de tensiones. Aparecen cuando aparecen los nacionalismos y especialmente, en la Cataluña actual, cuando una de las dos identidades intenta imponerse sobre la otra. Algo que no tiene porqué ocurrir necesariamente y que cuando ocurre es porqué una parte aspira a ser hegemónica y asfixiar a la otra.

BANCA CATALANA: LA MADRE DE TODAS LAS CORRUPTELAS

Si Franco, al llegar a Cataluña, hubiera aceptado una vertebración del Estado como la que proponía el carlismo (fuerte en Cataluña desde el siglo XIX) en base a los “fueros” y si la lengua catalana hubiera podido expresarse de manera natural en lugar de ser considerado como sospechoso de masonería, republicanismo y separatismo (¡cuántos catalanes que hablaban y pensaban en esa lengua –entre ellos mi padre– se vieron obligados a cruzar la frontera francesa clandestinamente, entrar en España de nuevo por Irún! ¡Cuántos catalanes murieron defendiendo la opción franquista!), es posible que nadie se hubiera acordado nunca más de revitalizar el nacionalismo catalán en la postguerra.

Pero hubo uno que vio en ese recurso emotivo y sentimental, una posibilidad para medrar a costa de tontos útiles como tú. Se llamaba Jordi Pujol y su propio padre le enseñó cuál era el camino: ya que no había redaños para emprender la vía de la clandestinidad, ya que construir células ilegales parecía muy arriesgado y era tarea de los que solamente tenían imaginación y valor para hacer eso en defensa de sus ideales, él intentaría eludir el camino de la política y limitarse a “hacer país”. Fue entonces cuando, para demostrarlo, constituyeron, padre e hijo, Banca Catalana.

Cuando acaba el período franquista, el nacionalismo en Cataluña no suponía socialmente nada. Desde 1964 había prensa catalana que se vendía en las calles. Es cierto que el semanario Tele|Estel, publicado por DOPESA, no estaba subvencionado y que se vendía bien, acaso por su amplitud de miras o porque el editor no estaba contaminado por la fiebre nacionalista. Otras publicaciones como Presencia, en cambio, que se querían portavoces públicos de las corrientes políticas de izquierdas y nacionalistas, encontraban más dificultades para salir adelante. En 1940 –repito, en 1940– la Caixa había editado el primer libro que se publicó en catalán en la postguerra, una recopilación de versos de Verdaguer, y a mí, en el curso 62–63 en el Colegio de los Escolapios de Balmes,  el “pare Pedemonte” nos daba una hora de catalán a la semana. Todo esto era poco pero te demuestra que la peor persecución que hizo el franquismo fue no subvencionar, ni promover la lengua catalana. Sin olvidar, por supuesto, que, un servidor que en su infancia se movía por el Penedés, oía hablar catalán en los años 50 y 60 en esas zonas mucho más que en la actualidad.

Acabado el franquismo, Banca Catalana ya tenía un respetable número de clientes y empresas que imponían allí sus depósitos y realizaban sus negocios utilizándola como operador. El problema era que, desde muy pronto, Banca Catalana desviaba cantidades descabelladas del dinero de sus impositores hacia determinadas asociaciones de carácter político–cultural que iban difundiendo un clima nacionalista en la sociedad. Pujol se estaba pagando la campaña electoral... Pujol no fue procesado por dos motivos: en primer lugar porque supo llegar a la primera de las sucesivas componendas que la arquitectura constitucional le permitía y que se reducía a esto: “manos libres en Cataluña a cambio de apoyar a quien gobernara en Madrid”. Así se hizo durante treinta años. En segundo lugar, porque gentes como tú, pobre y triste nacionalista, nunca llegasteis a creer que la descapitalización de Banca Catalana (la madre de todas las corruptelas del gang Pujol) fuera un delito, sino que os tragasteis con una ingenuidad pasmosa que las medidas judiciales contra Pujol eran un “ataque a Cataluña”. A partir de ahí, el gang Pujol perdió todo sentido de la medida y de la ponderación y llegó a exigir el 20% de los contratos de obra pública y de los contratos con la Generalitat.

No podías creer que aquel hombre cuyo único mérito había consistido en organizar una protesta en el Palau y haber pasado unos meses de cárcel, era un poca solta, un sinvergüenza educado para ser eso y nada más que eso y que además iba a educar a sus hijos para seguir la tradición... No podías creer que aquel hombre al que se le llenaba la boca hablando de Cataluña y predicando ética, buen sentido y patriotismo, fuera un simple vendedor de humo que vendía la “marca Cataluña” con la habilidad con la que un charlatán vende un crecepelo o con la insistencia utilizada en Teledienda para colocar el producto más absurdo.

He visto en algunos de vosotros discurrir lágrimas por vuestras mejillas cuando os han recordado que Companys se descalzó para pisar tierra catalán cuando fue fusilado. He visto la emoción en otros cuando os han repetido el “Catalans, Catalunya” o cuando han cantado la habanera llegaba al estribillo de “Visca Catalunya, vista el Catalá”… En el fondo, como todo nacionalista, eres emotivo y sentimental. Pujol te ha manipulado apelando a esta parte blanda y romántica de ti mismo. Tú crees que eres nacionalista, pero antes que nacionalista eres víctima de una serie de engaños encadena que han permitido al gang Pujol y a las cúpulas de CiU llegar a convertir a Cataluña en la zona más corrupta de todo el Estado.

UNA “NACIONALIDAD” NO ES UNA “NACIÓN”

La primera mentira fue semántica. Una “nacionalidad” (y Cataluña si es algo es una “nacionalidad”) no es lo mismo que una “nación”. Al término nacionalidad se le dan distintas acepciones. No es lo mismo “tener nacionalidad” que “pertenecer a una nacionalidad”. La “nacionalidad” que aparece en el pasaporte, no es lo mismo que el concepto histórico de nacionalidad. La “nacionalidad”, hablando con propiedad, es simplemente una parte de un conjunto mayor, habitualmente un Reino o un Imperio, en el que sus gentes son reconocibles por algún rasgo antropológico y cultural, básicamente el lenguaje común. Aun a pesar de que la observación de la realidad catalana actual indica que existen sobre ese territorio dos “identidades” y dos grupos lingüísticos, puede admitirse con alguna reserva mental, que Cataluña sea una “nacionalidad”. Lo que nunca ha sido, es una “nación” y ahí es donde te han engañado.

El concepto de “nación” aparece en la historia a finales del siglo XVIII y de la mano de la Revolución Francesa. Antes lo que existía era “el Reino”. La Nación nace con el chasquido de las guillotinas y con los disparos de los kentuckys de la Revolución Americana. ¿Vale la pena que te recuerde, pobre nacionalista, que el siglo XIX fue el siglo más español de Cataluña? Se inicia con la resistencia heroica de los menestrales de Barcelona a la ocupación napoleónica y el rechazo generalizado al emperador que había ofrecido a Cataluña un estatuto especial… en Francia. Rechazo reiterado en el Bruc, en los sitios de Gerona y en la sublevación de los menestrales. Sólo unos años antes, Cataluña se había movilizado masivamente contra los jacobinos. Después volvería a movilizarse para impedir la independencia cubana.

¿Fue Cataluña un reino? No, lo que te han hecho llamar “confederación catalano–aragonesa” nunca existió. Lo que existían eran lazos dinásticos y feudales de lealtad entre el Reino de Valencia, el Reino de Aragón, el Reino de Mallorca y los condados catalanes… Esos condados catalanes siempre (como todo condado) fueron feudatarios de alguien, nunca fueron independientes en el sentido que se atribuye hoy a la palabra independencia. Y, por supuesto, los distintos condados catalanes, nunca tuvieron ni la más remota idea de constituir una “nación”… concepto que aparece siglos después en la historia.

¿Y antes? Para algunos historiadores nacionalistas, el hecho de que en un momento dado, los romanos a efectos de administración del territorio constituyeran la división Tarraconense, o que en el período anterior a la “pérdida de España” con la invasión musulmana, se produjera en parte del actual territorio catalán y en la Septimania, la revuelta del “conde Paulus”, han sido utilizados como infantiles precedentes de la “nación catalana” y de su “deseo secular de independencia”. La Cataluña del abad Oliva es heredera del Reino Visigodo de Toledo y los primeros núcleos de la Reconquista en los Pirineos nacen con la misma intención que los núcleos astures: la recuperación de la unidad del Reino visigodo. En cuanto a la colonización romana, su sentido geopolítico les hizo llamar a todo el conjunto peninsular Hispaniae y las distintas divisiones territoriales en las que dividieron ese conjunto, nunca tuvieron nada que ver con algo parecido a unidades “nacionales”.

No vamos a entrar en la cuestión de fondo que supuso la entrada de los Borbones en la historia de España, pero sí recordarte que hubo catalanes que apoyaron a la dinastía francesa, como los hubo otros, mayoritarios, que apoyaron a los Habsburgo. Pero ni los primeros luchan “por España”, sino por la dinastía borbónica, ni los otros lo hacían por la “Catalunya Lliure”, sino por un imperio español con un Habsburgo al frente. Si te has creído esa historieta de que el pobre Rafael de Casanova era un nacionalista catalán, simplemente el que te lo ha contado te ha engañado.

Tú eres nacionalista. Exaltas a lo que consideras tu nación. Vale la pena que te preguntes cómo apareció esta doctrina en Cataluña. Te han dicho que fue con la Renaixença y que la Oda a Cataluña de Buenaventura Carlos Aribau supuso el pistoletazo de salida. Y, por supuesto, te han engañado. Aribau apenas escribió nada en catalán y el poema en cuestión fue un intrascendente encargo para el aniversario del financiero Gaspar de Remisá que, como él, vivía en Madrid… El nacionalismo catalán no fue un fenómeno de recuperación cultural sino de acumulación de capital por parte de un sector de la burguesía residente en una determinada zona del Estado.

Existió burguesía catalana pujante porque existió proteccionismo para los productos fabricados en Cataluña durante un largo período del XIX. Pero cuando la burguesía catalana se sintió lo suficientemente fuerte, simplemente creó el nacionalismo utilizando elementos dispersos en la antropología catalana, creando directamente otros, y todo ello para que el entramado emotivo y sentimental y el recurso a la “patria chica” les permitiera una mayor autonomía en la administración… de sus caudales y de su patrimonio.

DE LA MANIPULACIÓN HISTÓRICA A LA HISTORIA FREAKY DE CATALUÑA

Hacía falta buenas gentes como tú, con sentimientos a flor de piel, que experimentaran el arraigo en la “patria chica” como una fuerza de atracción que generara un patriotismo de tal manera que quien pronunciara la palabra “Cataluña” con el énfasis suficiente fuera inmediatamente reconocido como “salvador de la patria” y “redentor del pueblo”. Los dineros del Conde de Güell sirvieron para crear una cultura catalana a medida y para justificar la hegemonía político–económica de la burguesía catalana; en ocasiones esa “cultura” era incluso grotesca. Gentes como tú, querido y pobre nacionalista, estaban sentados en la platea mientras Eusebio Güell i Bacigalupi, explicaba con una seriedad pasmosa en el discurso inaugural de los Juegos Florales de 1905 que el catalán era más antiguo que el latín y derivaba del idioma que todavía se habla en los Alpes Rhéticos… Todos los presentes le aplaudieron a rabiar a pesar de la enormidad de la teoría. Todos (y entre ellos estaban los grandes nombres de la cultura catalana de la época cuyos nombres omitimos por pudor y para no avergonzarte un poco más) quisieron creer al conde que su entorno conocía como “patricio” y como “prócer renacentista”. Otros nacionalistas, más moderados ellos, sostenían que el catalán era una lengua galo–romance simplemente porque eso parecía dar más cuerpo a la teoría de una Cataluña que nunca había tenido nada que ver con España. Hoy, por cierto, no hay un solo lingüista que se atreva a defender este origen y se acepta unánimemente que el catalán es una lengua hispano–romance.

Sin olvidar a otro “prócer”, el archivero Próspero Bofarull, preocupado por falsear sistemáticamente el listado de colonizadores del Reino de Valencia y por destruir documentos históricos que contradecían las tesis nacionalistas. Bajo el rectorado de Bofarull al frente del Archivo de la Corona de Aragón desapareció, sin ir más lejos, el testamento del Buen Rey Jaume I, que mencionaba explícitamente a Barcelona como condado feudal, sin mencionar a Cataluña. Sin olvidar el Libro de Hechos de Armas de Cataluña datado en 1420, pero escrito en el siglo XVII en el que se han basado algunas de las falsificaciones históricas enseñadas hoy en las escuelas, falsificación que descubrió un historiador próximo al nacionalismo y no un españolista recalcitrante, Miquel Coll i Alentorn.

Desde entonces, los dirigentes del nacionalismo, han aprendido bien la lección y saben perfectamente que es posible crear una historia a medida con la que encandilar a un pueblo y lograr que te vote de corazón. Se empieza alterando la historia ligeramente para lograr un esquema que beneficie a las propias pretensiones y se termina en el reino de la anormalidad, lo chusco y la chabacanería, afirmado que Colón, Santa Teresa, Cervantes eran catalanes de soca i arrels y que Leonardo pinto la Mona Lisa al pie de Montserrat. Siempre hay algún freaky que está dispuesto a llegar hasta el final en el camino emprendido por otros, especialmente cuando la Generalitat subvenciona con cargo a tus bolsillos la búsqueda de las más inverosímiles y paletas afirmaciones históricas.

Eres una víctima de la gente en la que has creído hasta ahora. Sí, no solamente te han robado, sino que además te han tomado el pelo. Tus líderes, tus inspiradores, tus “molt honorables”, tus historiadores, buena parte de tus folkloristas simplemente te han contado historias que luego no se correspondían sino mínimamente con la realidad y a las que te aferrabas pensando que los españoles son como diablos, cuya única intención es robar, engañar y esquilmar a Cataluña. Y un buen día, pobre nacionalista de base, te levantas y te enteras de que, precisamente los que te han imbuido estas ideas, mira por donde, han estafado, robado, conspirado, engañado y extorsionado precisamente con dinero de los catalanes y han exigido más a España, no para repartirlo entre tú y yo y tantos otros catalanes de a pie, sino para mayor gloria de sus trapacerías.

LA PERCEPCIÓN SOBRE CATALUÑA HA CAMBIADO GRACIAS AL GANG PUJOL

Tú que has gritado contra el procesamiento de Pujol por el Caso Banca Catalana, tú que has mirado a otra parte cuando desde hace décadas se sabía que en Cataluña no existía el más mínimo recato en la práctica del nepotismo y de las corruptelas, tú que te has manifestado los últimos 11–S con el “Espanya ens roba” y que crees que si no votas el 9–N te están escatimando un derecho básico (como si las naciones se crearan y se destruyeran mediante una consulta en la que la pregunta es tan opaca como la intención de los convocantes), tú no eres más que un pobre diablo al que un grupo gansteril aureolado de “honorabilidad” y vendedor de “ética”, ha tomado el pelo persistentemente durante 30 años…

Todas las ideas merecen un respeto y todos los tontos el reconocimiento de su tontería. Por eso te escribo. Desde tiempo inmemorial tus jefes y los inspiradores originarios de tus jefes, los Güell, los Prat de la Riba, los Cambó, han sostenido que Cataluña era la “parte seria del España” y que, por tanto, reivindicaban el derecho a dirigir España. Y lo decían con cierto desprecio hacia el Sur de España. Pues bien, hoy, gracias a la gestión de esos dirigentes nacionalistas, la parte más parecida a Cataluña es precisamente Andalucía. Ambas, en efecto, son rivales en corrupción, la diferencia quizás estriba en que la presidente de la Junta de Andalucía no se aureola del título grotesco, pomposo y pretencioso de “molt honorable”. Ambas autonomías son rivales en persistencia de castas locales que han acaparado el poder durante décadas siendo, a la postre, inamovibles. Ambas tienen idénticas tasas de paro, especialmente de paro juvenil, su gran carta económica es el turismo, no la industria. Y ambas tienen a sus clases políticas entrando y saliendo de los juzgados… sin que esto afecte mucho a los resultados electorales. Nunca Cataluña ha sido tan parecida a Andalucía como durante los gobiernos del gang Pujol.

Lo triste –y de lo dice alguien con raíces catalanas– es que, a partir de ahora, un catalán no va a ser considerado como un ser especial, serio y trabajador: la caída del gang Pujol lo ha convertido en pura irrisión. Francesc Pujols, una de las personalidades las exuberantes del siglo XX catalán, decía aquello de que “llegará el día que los catalanes cuando viajen por el mundo lo tendrán todo pagado…”. Pues bien, hoy Cataluña es conocida en todo el mundo, como el jardín privado de un gang familiar, de una banda de salteadores de caminos, sin escrúpulos y con habilidades delincuenciales transmitidas de abuelos a nietos, que consiguieron tomar el pelo al electorado durante tres décadas y lograr, hacer que los catalanes, metafóricamente, además de hacer de putas, pagaran la cama. Te has convertido, querido amigo, en una broma siniestra. El hereu, els nebots, la tieta, las puvillas y els fadrins Pujols, el pare i la mare, tots plegats, era una colla de poca soltas. Tú que dominas el catalán sabes perfectamente lo que quiere decir todo esto, para tu bochorno y oprobio.

TRES ACTITUDES VITALES Y SÓLO UNA ACTITUD LÓGICA

A partir de ahora pueden ocurrir varias cosas. La primera que actúes como los nacionalistas vascos que decían en relación a ETA: “son unos hijoputas, pero son nuestros hijoputas”. El gang Pujol, en efecto, son todos unos chorizos… pero son “nuestro chorizos”. Puestos a que te roben, igual piensas, mejor que te robe uno de tu tierra. Así pues, el gang Pujol tiene una disculpa, porque todo lo que han hecho ha sido, sí, por sus bolsillos, pero han aportado un gran impulso al nacionalismo catalán que ha dominado la política catalana en los últimos treinta y tantos años y han abierto el camino hacia el independentismo. Sigue votando a CiU y olvídate del mundo vivo y cambiante de la realidad; no es para ti.

Lo segundo es que pienses, “si el nacionalismo y sus líderes nos han traicionado, nos han engañado y nos dejado en ridículo… pero “Espanya ens roba” y, por tanto, quiero llegar hasta el final en el camino a la independencia. Ya no votaré más a CiU, sino que, a partir de ahora lo haré a ERC”… Si eres de estos, medita sobre lo que voy a decirte: la honestidad y la defensa de la verdad están por encima de cualquier otro valor humano. Todos, absolutamente todos los cuadros dirigentes de ERC sabían perfectamente de las corruptelas del gang Pujol (y falta saber si en sus siete años de tripartito no llegaron a actuaciones similares, lo cual es más que probable). Las han ocultado como el hermano del violador que oculta las vergüenzas de su familiar porque podría perjudicarle. ERC ha evitado siempre torpedear a muerte al gang Pujol en la creencia –no desencaminada por otra parte– de que una mancha infamante sobre el nacionalismo repercutiría negativamente en el proceso independentista.

Para ERC la independencia se sitúa por encima de la honestidad, de la legalidad. Si opinas lo mismo y eres uno de estos Maquiavelos con barretina, pon el adhesivo con el burro catalán en tu vehículo, proclama que Cervantes era catalán y que se descubrió América gracias a un catalán… y ya puestos, vota a ERC. Ahora bien, si crees que de la corrupción absoluta no puede nacer nada bueno y eres consciente de que ERC es muy parecida a CiU y que sus ideales son idénticos, entonces vete con cuidado porque el hecho de que hasta ahora no se haya publicado nada sobre la gestión de los tripartitos catalanes con presencia de ERC, no quiere decir que estos sean unas almas cándidas. Nacionalismo, independentismo, no son muy diferentes en Cataluña, tienen personajes intercambiables (Ángel Colom, puede ser tanto secretario general de ERC como paniaguado de La Crida subsidiada por CiU, como jefe del Partit per l’Independencia, como el funcionario “diplomático” de la Generalitat en Rabat destinado a atraer a contingentes de inmigrantes marroquíes a Cataluña; “Sis Ales” está allí en donde está la VISA Oro. Por no hablar de la Rahola, aquella de “no sabe usted con quien está hablando”, la defensora más cerrada y patética de la “honorabilidad” que les ha salido a los Pujol hasta ahora…

Finalmente, si eres una persona que todavía sitúa la honestidad y la bonhomía por delante de la emotividad y el sentimentalismo nacionalista, es posible que, a la vista de todo lo que ha salido estos días a la superficie, tiendas a razonar a la manera socrática “si el gang Pujol son unos bribones, si han jugado con mis ideales y mis ilusiones, si me han engañado, siendo el peor tipo de estafadores, los estafadores a todo un pueblo, son por tanto son carne de presidio”. A partir de ahí tienes la posibilidad de desandar lo andado, repensar todo lo que has creído en las últimas décadas y saber si eres capaz de realizar un esfuerzo de honestidad intelectual que te llevará –no lo dudes– a posiciones radicalmente diferentes a las que hasta ahora tenías como ciertas.

Creo que solamente unos pocos –me alegraría que fueras tú, francamente– optarán por esta tercera opción. No tengo la menor duda de que CiU es ese tipo de “partidos cadáver”, próximos a que su tiempo concluya y que difícilmente llegarán a las próximas elecciones municipales y a las elecciones autonómicas que, sin duda, se adelantarán. Te escribo pocas horas después de que Artur Mas augurara que en los próximos días hará falta demostrar más “fortaleza psicológica” ante el aluvión de nuevos datos sobre corruptelas y desgobierno de la Generalitat que vendrán. CiU va a contar muy poco a partir de ahora, ni en la política catalana, ni para la gobernabilidad del Estado. Lo que hasta hace poco era su fuerza y la salvaguardia para que sus exacciones no salieran a la luz pública, se ha disipado. Si CiU ya no es nada, ni va a volver a ser nada ¿para qué evitar hacer públicas sus vergüenzas? Si ya no va a poder garantizar la gobernabilidad del Estado apoyando hoy al PP y mañana al PSOE, mejor descargar contra él las iras de la opinión pública y, hasta de paso, se puede torpedear el proceso soberanismo por ellos emprendido.

En cuanto a ERC hasta hace poco era la única “opción de protesta” en Cataluña, junto a Ciutadans… pero allí también ha aparecido Podemos y si bien ERC, de manera inmediata se va a convertir en clave para la gobernabilidad de Cataluña, su tiempo pasará pronto por incapacidad para pilotar un improbable proceso independentista que sería suicida para Cataluña y para la sociedad catalana. Pero esta es otra historia.

Quiero terminar con una última acusación. Te han tomado el pelo, pero la culpa no es íntegramente de CiU ni de su clase política dirigente, ni de unos medios de comunicación locales ultra–subvencionados sin los cuales no hubiera sido posible mantener la impunidad del gang Pujol durante tanto tiempo, hay otras responsabilidades que ni tú ni yo podemos perdonar ni olvidar. Como español me resulta bochornoso que todas las miserias de la Generalitat (y las que saldrán de aquí al 9–N) han emergido simplemente como cortafuego al proceso independentista. Si Artur Mas hubiera mantenido la prudencia y se hubiera dejado de maximalismos independentistas, es lícito pensar que Cataluña hubiera seguido siendo esquilmada ad infinitum por el mismo gang y sus secuaces. La tontería se paga y Artur Mas tiene toda la vida para preguntarse por qué no pasó a la historia de la independencia de Cataluña pero si fue el detonante para que el gobierno central abriera las espitas de la verdad jurídica sobre la corrupción en esa autonomía.

MADRID TAMBIEN TIENE SU PARTE DE RESPONSABILIDAD

Lo que me resulta más estremecedor de toda esta historia es que todo esto haya salido a la luz pública porque un tipo sin carisma, ni capacidad de gobierno, un individuo gris, mediocre e irrelevante, sin posibilidades de ofrecer a los ciudadanos éxitos político–administrativos, un inepto que se ha visto arrastrado por una banda de irresponsables (ICV), borrokas a la catalana (CUPs) y aventureros políticos primitivos y viscerales (ERC) a la vía independentista, HAYA SIDO EL DETONANTE PARA QUE EL GOBIERNO CENTRAL SE DECIDIERA A DESVELAR TODO EL ENTRAMADO DE CORRUPTELAS Y SINVERGONZONERÍAS EJECUTADOS POR UN GANG MAFIOSO. Sinceramente, creo que la causa de la “unidad del Estado” merece mejores argumentos. Éste de la corrupción de los Pujol (y de las cúpulas de CiU, o casi mejor lo que podemos llamar en rigor “CASO GENERALITAT DE CATALUNYA”) es un tema para juzgados, educadores de prisión, funcionarios penitenciarios, criminólogos y psiquiatras. Por tanto, no me alegra que haya salido ahora, sino que considero bochornoso que el Estado SOLAMENTE ahora se haya visto obligado a ponerlo en el candelero de la actualidad.

Pero pienso también que Rajoy no es consciente de lo que ha hecho. No solamente ha contribuido a desmantelar el eslogan soberanista “Espanya ens roba” y a sustituirlo por el infamante “Pujol roba a Catalunya”, sino que además ha herido de muerte a CiU partido que nunca logrará recuperar ni el prestigio, ni la influencia, ni el peso perdido. Te lo repito, tu partido, es hoy un cadáver que como los protagonistas de esas películas de fantasmas, todavía no se ha enterado de que ha muerto. Rajoy ha hecho mucho más. En un momento en el que el PSOE demuestra que la elección de un nuevo secretario general es incapaz de sacar al partido de una crisis que ya se muestra como estructural y no meramente coyuntural, el hundimiento de CiU, implica el que dos partes de la “banda de los cuatro” (el grupo de poder formado por PP, PSOE, PNV y CiU) se han repartido los equilibrios de poder en las últimas décadas, están hundidas y que, por tanto, en el futuro no podrán volver a repetirse tales equilibrios. Falta ahora saber cómo queda el PP después de las municipales y autonómicas de mayo de 2015 (en las que el centro–derecha perderá ayuntamientos y comunidades) y lo que queda del PNV cuando las urnas certifiquen el surpaso por parte de la izquierda abertzale. Un mundo, el del régimen nacido en 1978, se está hundiendo ante tus ojos y ante los míos. Tú lo lamentas, yo en cambio me limito a dar testimonio y a jalear esta época de “fin de régimen”. La única sombra que veo ante la vista es que, me da la sensación de que el régimen de 1978 no será sustituido por un nuevo modelo constitucional superior al anterior, sino que la inestabilidad se convertirá en la palabra clave de nuestro futuro. Algo que si te queda algo de seny rechazarás para Cataluña, como yo rechazo para España.

Tuyo afectísimo

© Ernesto Milà – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción sin indicar origen

 

 

 

¿Sólo pierde Pujol?

¿Sólo pierde Pujol?

Infokrisis.- En el momento de escribir estas líneas, distintos miembros del “gang Pujol” (incluidos tres hijos y sus padres) se encuentran reclamados por distintos juzgados… Ni siquiera ellos son conscientes de lo que ha ocurrido en apenas diez días. A partir de ahora pueden optar por utilizar sus caudales para impulsar el proceso independentistas o, simplemente, irse de España. Siempre les quedará el Rosellón y la Alta Cerdaña que en un tiempo fueron catalanes, pero lo que está claro es que a partir de ahora, si deciden andar sin escolta por las calles de Cataluña corren riesgo de que, sobre nacionalistas e independentistas, les escupan a la cara. El traumatisno que ha sufrido bruscamente el nacionalismo catalán hace imposible que las cosas sigan como hasta ahora en esa autonomía. Pero la cuestión es si este escándalo tendrá repercusiones fuera de Cataluña.

La estrategia Rajoy para desactivar el proceso soberanista

Lo que se les viene encima a los Pujol reviste caracteres apocalípticos. El odio soterrado y el miedo cerval que durante treinta y tantos años habían estado contenidos a la vista de la “intocabilidad” del clan, ha saltado por los aires. Cientos de empresarios extorsionados durante décadas se unen al coro de mujeres despechadas del clan (¿Cuándo “Patty”, la ex amante de Pujol, que ya debe ser una cincuentona retirada el oficio, tardará en decidir que Tele 5 puede aportarle más alegrías que su ex amante?), a los amigos traicionados y a los colaboradores de CDC que se sienten palanganeros pobremente recompensados… Parece difícil que, aun renunciando al proceso independentista, los Pujol logren salvar su prestigio e incluso lo esencial de su patrimonio. Nadie llorará por los Pujol en los meses que vendrán.

Sin duda, los más decepcionados no son sus adversarios políticos, sino los nacionalistas catalanes y los independentistas. Por fin se reconoce que ocupar el puesto de “president de la generalitat” no implica una santificación automática. Hasta ahora, Companys, mitificado por su fusilamiento, mucho más que por sus méritos, se había convertido en un “incuestionable”; tratar de encontrarle algún defecto equivalía a suscitar el odio, el encono y la histeria de los nacionalistas. A partir de ahora, no sólo ha caído el mito Pujol, sino que se ha abierto la veda al redimensionamiento de los Companys o de los Maciá…

Un proceso soberanista que pierde fuelle

Pero lo que, visiblemente, se ha visto deshinchado en estos días, ha sido el proceso independentista: del “Espanya ens roba”, al “Pujol ens roba” no hay tanta distancia y un escándalo en primera página de los medios digitales no puede capearse así como así. El independentismo ha perdido ya dos bazas…

En la “semana del fuego” de Sans, cuando los manifestantes musulmanes y okupas de Can Víes lograron vencer, no solamente a los Mossos d’Esquadra, sino al Ayuntamiento de Barcelona, se evidenció que una Cataluña independiente que solamente contara con sus propias fuerzas de seguridad, era incapaz de garantizar el orden público. Fue el primer toque de atención al proceso independentista: “si queréis andar solos, los musulmanes y los radicales de izquierda, se os comen”. Los incidentes de Can Vies y la derrota de las instituciones catalanas para resolver se hicieron patentes, constituyeron el primer gran obstáculo que encontró el proceso independentista en su tramo final.

Pero el segundo escándalo –el escándalo de los Pujol– se ha convertido en demoledor. Quienes predicaban “ética” eran no sólo tan corruptos como los altos cargos del gobierno andaluz y de la UGT implicados en el escándalo de los EREs y de los cursos para parados, sino que además sacaban todos sus caudales fuera de España (y, por tanto, de Cataluña) para invertirlos en cualquier paraíso fiscal. No es por casualidad que las investigaciones policiales se hayan centrado en Andorra y Suiza… cuando el grueso de los caudales “blanqueados” está ya en el Caribe. Nunca, como se sabe, hay que acorralar completamente a las ratas o estas se defenderán de manera excepcionalmente violentas… dejarles vías de salida para conservar parte de las exacciones realizadas estas décadas, es una táctica habitual en estos casos; es una forma de decir al implicado: “si sigues en tus posiciones soberanistas, perderás aún más”.

La cuestión es si Cataluña y, especialmente, el nacionalismo va a poder soportar por mucho tiempo la verdad que tiene ante la vista: ha estado gobernada durante más de treinta años por simples salteadores de caminos. Los argumentos históricos utilizados por nos regionalistas moderados (a lo Cambó, para el que Cataluña era “la parte seria del Estado” y, por tanto, podía reivindicar gobernar a España) o por los nacionalistas radicales (“Andalucía es una merienda de negros, tierra de vagos y corruptos, por tanto hay que separarse de todo esto”), han saltado por los aires. Sin duda, Cataluña y Andalucía son las zonas del Estado más parecidas en estos momentos: con idénticas tasas de paro juvenil, con idénticas tasas de inmigración masiva, con idénticas tasas de corrupción, con una administración autonómica excesivamente pesada, con tres décadas de gobiernos inmovibles, corruptos y corruptores.

Así pues, Rajoy puede darse por satisfecho. Controla los “tempos”: el escándalo saltó dos días antes de su encuentro con Artur Mas. Cuando llegó a Madrid, el presidente catalán, estaba completamente descolocado. Nunca pensó que el PP se decidiría a lanzar el argumento de las corruptelas. Pensaba en una simple negociación: “yo te doy tanto y tú me aparcas lo del referendo”, y se encontró con que Rajoy le había segado la hierba bajo los pies. Es incluso posible que el próximo en caer sea Artur Mas, porque desvelar el caso Pujol implica que también quedarán en evidencia los tres años de gestión de Mas, y los siete años de tripartito en los que ERC no saldrá precisamente bien librada. Esto, en realidad, sólo ha hecho que empezar. Y Mas lo sabe perfectamente. De ahora hasta el 9 de Noviembre, las noticias sobre la corrupción en Cataluña van a restar protagonismo a un referéndum que cada día que pasa pierde fuelle.

Desactivar el soberanismo a través de la corrupción ¿es la vía más adecuada?

¿Todos son ventajas para Rajoy? En absoluto. Es significativo que el presidente del gobierno haya tenido que recurrir a un espinoso tema como éste para cortar el proceso independentista. Porque, a fin de cuentas, Rajoy está echando piedras, no sobre su propio tejado sino sobre los techos de los cuatro “chalets” en los que viven los grandes beneficiarios del régimen de 1978. En efecto, destruir a CiU equivale a destruir los equilibrios de fuerzas que han estado vigentes en España durante 36 años.

Lo que Rajoy no recuerda es que el destino de las fueras políticas que crearon el régimen de 1978 es solidario: o sobreviven todos o se desintegran todos. Esto es, al menos, lo que ha ocurrido en las casi cuatro décadas que este régimen ha logrado sobrevivir: el centro–derecha ha sobrevivido mucho más por su oposición al centro–izquierda que por sus méritos propios, mientras, los nacionalistas catalanes y vascos han podido mantener una situación cómoda en sus autonomías simplemente porque ni PP ni PSOE se atrevían a poner coto a sus exigencias a sabiendas de que antes o después tendrían que recurrir a ellos para poder gobernar. Si cae uno, el sistema se desequilibra, el “bipartidismo imperfecto” se evapora y se produce una caída en cadena de todas las partes.

Los datos que han ido apareciendo estos últimos días son significativos: el PSOE no logra salir de su crisis, las encuestas le son cada vez más desfavorables, mientras que Podemos le está visiblemente arrebatando el protagonismo en la izquierda, superando ampliamente a los profesionales de la “memoria histórica” de IU y a otros grupos menores (Equo) completamente desbaratados. Los nacionalistas de CiU, por su parte, ya han perdido la hegemonía en Cataluña y están por detrás de ERC. En el País Vasco, el PNV se preparara para una situación similar ante los radicales abertzales. El ciudadano, bruscamente, parece haber entendido que hay más opciones que las que han formado parte durante tanto tiempo de la “banda de los cuatro”. El PP empezará a entender las dimensiones de la crisis de las fuerzas políticas que dieron lugar al régimen de 1978, en las próximas elecciones locales y autonómicas para las que apenas faltan diez meses. Perderá la mayoría absoluta en varias autonomías y a partir de ahí le será imposible encontrar socios para apuntalar gobiernos en minoría.

Un ciclo termina y otro pugna por comenzar. Pujol forma parte del “viejo orden” y su caída no será en solitario. El desplome de su prestigio y el fin de la impunidad para su gang son solamente una parte de la crisis del sistema político nacido en 1978. Pero a esta crisis se le avecina algo todavía peor: así como en 1976, tras la muerte de Franco, existían fuerzas políticas, económicas y mediáticas coherentes, que pugnaban por crear un marco político nuevo, nada de todo esto existe en la actualidad. Podemos sirve como –el Movimento Cinque Stelle en Italia– refugio del voto de protesta, pero no para construir un gobierno coherente y, por lo demás, durante un tiempo tendrá que gobernar en algunas autonomías junto a restos en putrefacción del PSOE, de IU y de grupos nacionalistas de izquierdas.

Por otra parte, la distribución de las fuerzas económicas y mediáticas es complemente diferente  a la de 1978: el carácter del capitalismo actual no se parece en nada al de hace treinta y seis años, vivimos en la época de la mundialización, el “capitalismo nacional” carece ya de fuerza. En cuanto a los grupos mediáticos, bastante tienen con preocuparse por sobrevivir en un sector en completa mutación. Por no haber, ni siquiera hay “poderes fácticos” (fuerzas armadas, magistratura, fuerzas de orden, funcionariado) que puedan aportar algo de sentido común en momentos extremos, ni se ve de qué grupos sociales podría partir una regeneración del sistema político español: desde los tiempos de Felipe González, la sociedad civil española está literalmente machada y en estado gaseoso. Las clases medias carecen de identidad y están a la defensiva ante el martillo de Hacienda que lleva décadas apuntando contra ellas.

Entonces ¿qué tenemos ante la vista? Inestabilidad, sólo inestabilidad y nada más que inestabilidad. Coaliciones que nunca terminarán la legislatura porque las tensiones entre sus miembros son, de partida, insuperables, opciones políticas en principio ilusionantes que pronto evidencian su impreparación para gobernar, incapacidad para resolver los grandes problemas del país (vertebración del Estado, abandonar el papel periférico al que la UE nos ha confinado, regeneración del Estado, poder fuerte, perjuicios generados por una economía globalizada, inmigración masiva y emigración no menos masiva de jóvenes al extranjero, quiebra del sistema educativo, ausencia completa de valores, agresividad creciente en las sociedades, etc, etc)...

El hundimiento del gang Pujol no ha sido para Rajoy más que una táctica para desmovilizar el proceso soberanista (bonita manera de defender la unidad de la Patria, denunciando como delincuente a alguien que debería haber estado en prisión desde el Caso Banca Catalana…). Pero, globalmente, él mismo Rajoy ha salido derrotado: con CiU podía negociar unos euracos de más o de menos y un lustro o dos más de impunidad, con ERC, en cambio, cualquier negociación es pérdida de tiempo. Una vez más, lejos de resolverse un problema, lo que se ha prolongado es su vigencia. 

 

 

 

 

 

 

Carruptelas punto Cat

Carruptelas punto Cat

Infokrisis.- Existen muchas formas para torpedear el proceso independentista abordado por Artur Mas. Uno de ellos es matar al “padre”: Jordi Pujol. La legitimidad de CiU deriva de los casi veinticinco años de gobierno de Jordi Pujol en Cataluña. Fueron esos años en los que, más que en ningún otro período de la historia, se forzó la situación para generar tensiones entre Cataluña y el resto de España. Dado que cualquier nacionalismo no tiene sentido sino concluye en la independencia a la que toda nación tiene derecho, nos encontramos ahora en la última fase de la farsa. Y justo en ese momento, nos informan de que todo el proceso previo ha sido pilotado por un corrupto rematado. Vale la pena meditar sobre lo que implica.

Quienes seguimos la vida y milagros de la familia Pujol desde las profundidades de la transición no nos hemos visto sorprendidos por las nuevas informaciones según las cuales, el patriarca habría mantenido oculto durante más de treinta años el patrimonio heredado sin cotizar a Hacienda… Si se ha conocido el dato era porque Pujol estaba informado de una investigación sobre esos fondos y se ha adelantado pidiendo perdón mediante una carta exculpatoria. Así pues, a fin de cuentas, se trata de un “hombre honesto” que no ha hecho nada más que arrepentirse de sus errores y pedir perdón a su pueblo, como el pecador que en el último instante antes de su muerte se arrepiente de una vida de vicio, maldad y perversión,  a efectos de ganar el perdón divino…

Pero la noticia de que quien ha ostentado el título de “muy honorable” durante veintitantos años de ejercicio del poder prácticamente absoluto en Cataluña, era solamente uno más en el abultado paquete de corruptos carpetovetónicos, distinguido más por la cantidad de lo defraudado que por la calidad del personaje, no nos ha sorprendido a muchos.

Cómo Pujol logró taponar durante 35 años cualquier información “no autorizada”

Ya a principios de los años ochenta, Pujol estuvo a punto de ser juzgado por el Caso Banco Catalana que, en la práctica consistió en la descapitalización completa de una entidad para “fer país”, esto es, “para hacer patria”, entendiendo por tal la concesión de subsidios ilimitados especialmente a Ómnium Cultural y a su propio partido. Cabe decir que, aún hoy, el Ómnium sigue siendo la entidad más ultra subvencionada del Estado Español. Solamente entre 2005 y 2012, la punta de lanza del soberanismo catalán recibió 14.000.000 de euros. Y, con posterioridad, la asignación ha subido, ya en pleno proceso independentista y ante una economía acosada por los recortes y la deuda de la Generalitat. Pujol no fue procesado por apenas un voto de diferencia entre los miembros del Tribunal Superior de Cataluña. Y ese voto fue por ausencia de uno de los magistrados…

En esa misma época, los años 80, existía una amplia literatura sobre los hijos de Pujol y sus constantes idas y venidas de los juzgados civiles. Denuncias por impagos, demandas de sus antiguos socios, y un largo etcétera de problemas en torno a negocios frustrados. Parece increíble que ahora sorprenda conocer la vida y milagros económicos de toda esta saga e incluso los medios de comunicación más “constitucionalistas” parezcan horrorizados al conocer una “verdad” que estaba desde hace treinta años al alcance de quien quería enterarse. Hay, sin embargo, explicaciones que sería bueno no olvidar.

Desde el mismo momento en el que se instaló Pujol en la Generalitat de Cataluña, la prensa catalana fue controlada férreamente (como la educación, como la sanidad, como los subsidios y subvenciones, como la política lingüística, como la concesión de oferta pública) mediante el doble sistema de subvenciones y propaganda oficial y, cuando esto fallaba, venía el palo y tentetieso. Luis del Olmo, por ejemplo, leonés, castellanoparlante afincado en Cataluña y el exótico director de Radio Tele-Taxi, Justo Molinero lo entendieron perfectamente: si querían tener un lugar bajo el sol de la comunicación en Cataluña, debína simplemente plegarse a las exigencias de Pujol. Mientras del Olmo estuvo al frente de su programa Protagonistas no permitió ni siquiera que algún oyente pusiera en duda la “honorabilidad” de Pujol, ejerciendo su poder de cortar en seco y en directo cualquier llamada que fuera en esa dirección; a cambio obtuvo licencias para emitir y crear su propia emisora. En cuanto a Justo Molinero, andaluz afincado en Cataluña, recibió las mismas prebendas a cambio de negar por activa y por pasiva que existiera un fuerte descontento por la política lingüística de la Generalitat. Mantener “tranquila” a la comunidad andaluza en Cataluña le sirvió, simplemente, para medrar en los años ochenta y noventa. Por el contrario, quienes sostenían posiciones contrarias al nacionalismo no veían sus licencias de emisión renovadas, no eran considerados “prensa catalana” y, por tanto, estaban al margen del jugoso régimen de subsidios y subvenciones de la Generalitat. Así se “hizo país”…

Páginas (bochornosas) en la historia del nacionalismo

En realidad, esto no era una novedad. Desde que en el siglo XIX irrumpió el nacionalismo, la cultura catalana ha sido una “cultura subvencionada”. Quienes buscan elogios que prodigar al Eusebio Güell i Bacigalupi, gran mecenas de la “cultura catalana”, no dudan en utilizar las palabras “prócer” y “patricio”. Gracias a él y a sus subsidios, floreció toda una corte de artistas, poetas, literatos, músicos, pintores, arquitectos, que iniciaron lo que todavía se sigue llamando “construcción nacional de Cataluña”.

Vale la pena recordar cómo debía de ser necesariamente esa “cultura catalana”, cuando recordamos la intervención del propio Güell en la ceremonia de apertura de los Juegos Florales de 1901 (que, por supuesto, financiaba con cargo a su patrimonio) en donde explicó con una seriedad pasmosa, que el catalán era anterior al latín y que no procedía de ésta lengua-madre sino del retio-romanche una lengua que todavía se habla en los Alpes Réticos… A fin de cuentas, podía permitirse elaborar esta peregrina teoría, dado que en Cataluña se dice que “qui paga, mana” (el que paga, manda). En la sala, la crema de la intelectualidad catalana de la época, incluidas sus grandes firmas, aplaudió a rabiar. A partir de esto, puede entenderse lo que supone culturalmente la “construcción nacional de Cataluña”. Pujol no hizo nada más que caminar por un camino ya trillado.

Fue así, como durante casi cuarenta años ha conseguido mantenerse casi en secreto una verdad de la que sólo de tanto en tanto emergía algún chispazo: Banca Catalana, el escándalo de las subvenciones a la formación de parados en los años 90, el Caso Palau… o la ya semi-velada alusión de Pascual Maragall a poco de empezar a presidir el Tripartito, cuando dijo aquella memorable frase de “el problema de ustedes –refiriéndose a CiU- es el 3%”, que suscitó una histérica reacción del entonces “jefe de la oposición”, Artur Mas, anunciando el apocalipsis en caso de que no se retirara la frase… Maragall –con el cerebro ya en fase de desorganización- había hablado, por primera vez públicamente de que cualquier contrato firmado con la Generalitat supone el desembolso del 3% de su importe total por parte de la empresa beneficiada a efectos de subvención.

Lo sabía todo el mundo. Cataluña era una de las zonas más corruptas de todo el Estado (en dura lucha y a corta distancia con Andalucía en donde el PSOE y la UGT se han especializado al alimón en otro tipo de corruptelas; y es que en la España de las Autonomías hay “factores diferenciales” incluso en las formas y nodos de corromperse). La cuestión no es sorprenderse por las informaciones sobre los negocios de la saga Pujol, sino preguntarse por qué han aparecido justo en este momento y no en otro. Las respuestas son tan obvias que parece ocioso emplear mucho tiempo en responderlas.

Pujol, ha sido uno de los miembros más conspicuos de la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) partidos que crearon una “democracia” a su hechura, para su uso y disfrute exclusivo. Durante casi cuarenta años el bipartidismo imperfecto ha garantizado que, o bien gobernaba por mayoría absoluta uno de los dos grandes partidos nacionales o compensaba su mayoría relativa con el apoyo de los nacionalistas. Centro-derecha y centro-izquierda se han aprovechado del apoyo de Pujol y le han cubierto sus vergüenzas durante décadas… hasta que la proximidad de la fecha-mito del 9 de Noviembre para celebrar el referendo soberanista, ha aconsejado, como uno de los métodos empleados para “hacer entrar en razón a Artur Mas”, el sacar las vergüenzas de los linajes nacionalistas. Eso es todo. Si la imprudencia de Mas no le hubiera llevado a dejarse empujar por los independentistas de ERC, nada hubiera pasado, todos hubieran respetado la “omertá” mafiosa y ni un medio catalán, ni uno nacional, hubieran publicado nada. Pujol seguiría siendo “molt honorable”.  

La “banda de los cuatro”: de duelo en duelo

Estos son los hechos y las explicaciones. Vale la pena extraer algunas conclusiones. La primera de todas es que Cataluña es la vanguardia de España en muchas cosas. Ciertamente ha quedado lejos la época en la que el nacionalismo regionalista gustaba presentar a Cataluña como la “parte seria” del Estado, llamado necesariamente a dirigirlo si el Estado Español quería sobrevivir. Lejos han quedado también los tiempos en los que Cataluña era la parte más industrializada de España (en 15 años Cataluña ha perdido el 50% de su capacidad industrial y el proceso independentista no ayudará a remontar). Ahora Cataluña es simplemente la avanzada de lo que va a ocurrir en menos de un año en el resto del Estado.

En efecto, lo que estamos asistiendo no es a la creación de una “nación catalana independiente”, que supondría el inicio de un nuevo ciclo histórico, sino el fin de un período: el del régimen nacido en 1978 y que ha supuesto para Cataluña un ciclo completo de gobierno nacionalista. En estos tiempos de “fin de ciclo”, las viejas fórmulas se hunden, nacen otras, las clases políticas que durante décadas han hecho fortuna bajo el paraguas protector de la Generalitat, ahora están cambiando. En breve no quedará nada de ellas. Ese proceso está mucho más avanzado en Cataluña que en el resto de España.

Mientras el centro-derecha estatal, el PP, todavía mantiene cierta iniciativa (si bien la pérdida de intención de voto demostrada en las pasadas elecciones europeas está a ahí como síntoma), el PSOE se encuentra completamente desarbolado, peor dirigido que con el equipo de Zapatero hace 14 años y demostrando que su crisis es estructural. El eje de la izquierda ya no está en manos del PSOE sino de Podemos y a Pedro Sánchez no le queda otra cosa más que copiar el estilo, la fraseología y las propuestas de Pablo Iglesias y prepararse para lo peor. De la “banda de los cuatro” ya solamente quedan tres…

Pero de estos tres, uno está definitivamente tocado y hundido, CiU. En primer lugar porque ya se empieza seriamente a dudar de que la coalición pueda mantenerse mucho más tiempo. Las diferencias en su interior entre CDC y UDC son grandes y también dentro de cada partido existen distintas fracciones enfrentadas. Y todo esto dentro de un ambiente de pesimismo dentro de la coalición a la vista de que la intención de voto mostrada por las encuestas juega ampliamente en su contra. El anuncio público y ante todo el país de que, no solamente los hijos, sino especialmente el patriarca de los Pujol, lejos de ser “molt honorable” era un simple corrupto, apuntilla a esta opción cuyo destino está íntimamente unido a ese apellido. De la “banda de los cuatro”, ya solamente quedan dos…

Intuimos que el PNV correrá el riesgo de quedar por detrás del nacionalismo radical abertzale en las próximas elecciones, lo que supondrá un terremoto en la política local y amenazará ruina a otro de los integrantes de la “banda de los cuatro”. ¿Y el PP? ¿Se mantendrá en la cresta de la ola durante otra legislatura? ¿Seguirá siendo el partido más votado? Imposible decirlo en estos momentos. Todo dependerá de cómo gestione Rajoy la crisis generada por el nacionalismo y como se desarrollen los próximos meses: más allá de las declaraciones triunfalistas de los ministros del gobierno, no parece claro que la economía se esté recuperando, al menos en las proporciones que indica el gobierno, o al menos esta percepción no es la misma que tiene la opinión pública. Todo dependerá de los resultados que obtenga el PP en las próximas elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015. Parece claro que perderá el control de la Generalitat Valenciana y veremos lo que ocurre en Madrid. No parece que vaya a ganar el control de muchos municipios, sino que más bien experimentará una pérdida del número de concejalías a su disposición en cientos de municipios. Será entonces cuando se evidencie la gravedad de la crisis en el centro-derecha y cuando se empiecen a percibir las forma que revestirá. Apenas queda un año.

En cualquier caso, el hundimiento del sistema de partidos derivado de la transición, es algo que ya se ha producido en Cataluña, en donde la derecha estatalista del PP se ha convertido en residual, mientras el PSC se encuentra en fase de gropuscularización que acelerará la debilidad endémica de su nuevo secretario general; con CiU dividida interiormente y cuyo prestigio está a la altura de los Pujol… ERC, Podemos, C’s, parecen ser los valores ascendentes de la política catalana y las siglas de sustitución. Y esperemos que Plataforma per Catalunya consiga despegar de una vez y figurar como una fuerza política representante de los intereses de un sector de la sociedad catalana.

El “Caso Pujol”, en última instancia, no es un “drama regional catalán” a lo Ángel Guimerá, es más bien un síntoma del “fin de ciclo” en el que ha entrado la política española. Porque de la misma forma que el caciquismo fue el rasgo característico del período de la Restauración (rasgo que en su época incluso algunos negaban), el propio de la “democracia del 78” no es otro que la corrupción. Y en esto también puede decirse que “Cataluña es España”… 

(c) E. Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen. 

Terremoto punto Cat

Terremoto punto Cat

Infokrisis.- Una reciente encuesta sobre intención de voto realizada por El País en Cataluña parece dar a Podemos el segundo lugar entre las fuerzas políticas de aquella autonomía. Para los que creen que el descalabro que sufrieron el PP y el PSOE, así como el ascenso  otras fuerzas políticas, son simplemente fenómenos coyunturales, en Cataluña, de momento, ya parece completamente consolidado el hundimiento de las fuerzas tradicionales que han dominado la política española en los últimos 36 años. Un elemento que no hay que perder de vista.

El PSC parece sorprendido de que ni el nombramiento de nuevo secretario general en la figura de Miguel Iceta –más conocido en los medios gays que en el propio PSOE– ni siquiera el estreno mediático de nuevo secretario general del PSOE, les haya servido para mejorar ni un solo punto su imagen ante el electorado. Mientras el “osito de peluche” (Iceta) y el “Pablo Iglesias mejorado” (Pedro Sánchez) seguían dando ruedas de prensa en Cataluña en la que se les llenaba la boca con la palabra “federalismo”, no se habían enterado de que según las encuestas, en esa autonomía, son sólo una fuerza política marginal.

“Federalismo”, la bandera del fracaso

La “tercera vía” de los socialistas según la encuesta de Metroscopia solamente ha servido para que más y más votantes del PSOE reconsideren otras posturas y se olviden de la eterna equidistancia del PSC entre “estatalismo” del PP y “nacionalismo” de CiU. En realidad, ese tema nunca interesó excesivamente al electorado y si en el período Maragall pudo disponer de algún crédito no era sino en tanto que Maragall siguió teniendo “tirón electoral” incluso después de que sus neuronas empezaran a apagarse. Hundidos en el aroma del fracaso los dos períodos del tripartito catalán (el errático encabezado por Maragall y luego el corrupto enfangado en la crisis, dirigido por Montilla), con ellos se hundió también el “federalismo”.

¿Valdría la pena reconsiderar la idea “federal”? El federalismo no está hecho para países como España que disponen de una buena base histórica para justificar su condición de “unidad”. El federalismo ha servido, históricamente, para crear Estados que antes no existían  y que, por distintas necesidades, se han visto obligados a aproximarse. El caso de los EEUU es paradigmático: una serie de colonias se emancipan de la metrópoli y deciden “federarse” y aumentar más adelante el número de socios hasta llegar a las 51 estrellas de su bandera. De las partes, nace el todo.

Nunca la historia ha conocido un  proceso de que se realizara a la inversa. Nunca un Estado unitario se ha dividido en partes que luego se hayan re–aproximado para reconvertir en “unidad federal” lo que ayer era “unitario”. Si del todo emanan las partes, es absurdo que esas partes, luego, reconstruyan el todo bajo forma federal…

El PSC podía seguir alardeando de su “tercera vía” mientras pudo mantener su iniciativa y mientras el debate político catalán se circunscribía a CiU y PSC. Pero esa situación terminó hace tiempo. Ahora, el PSC se ve arrastrado por el eslogan “federalista” para encubrir su debilidad –de la que el “osito de peluche” es su quintaesencia– y su falta de decisión a la hora de optar por las dos únicas alternativas posibles en este momento: nacionalismo y estatalismo, es decir, tendencia centrífuga o centrípeta en la concepción del Estado. Para defender el punto de equilibrio que para el PSC era la “tercera vía” federalista, hace falta tener una iniciativa y una fuerza que nunca volverá a tener. El hecho de que El País apoye la “vía federal”, implica ya muy poco en un momento en el que los diarios convencionales están en rápida pérdida de audiencia, tirada e influencia social.

Las cosas no van mejor en CiU

La encuesta de Metroscopia atribuye a CiU apenas un 10% de votos y el tercer puesto después de ERC (15%) y de Podemos (13%). Es algo más que una caída en picado, es el fracaso de un proyecto y el rechazo a una gestión. No es la primera encuesta que augura el “surpaso” en las elecciones autonómicas de ERC sobre CiU. Pero de los problemas que se acumulan ante CiU, éste no es el mayor.

El hecho de que Oriol Pujol haya abandonado todos sus cargos en CDC indica que las acusaciones que pesan contra él son difícilmente superables y que, políticamente, está desahuciado y sin salvación posible. Los casos de corrupción se acumulan en Cataluña repartidos mayoritariamente entre CiU y PSC, las dos columnas del sistema autonómico catalán en los últimos 34 años. Para colmo, lo negativo de las encuestas y el empantanamiento del proceso independentista, han aumentado las grietas en el interior de la coalición.

Se suele olvidar que “CiU” está formada por dos partidos, el nacionalismo centrista de Convergencia Democrática de Cataluña y el partido democristiano Unión Democrática de Cataluña. Ciertamente ninguna de estas dos fuerzas políticas ha estado exentas de casos de corrupción, distribuyéndolos al alimón, presentados siempre como formas de financiación ilícita de sus partidos. Pero ahora, en la desgracia y ante la alarma suscitada en la patronal catalana por las dramáticas consecuencias económicas que acarrearía el proceso independentista, UDC empieza a considerar seriamente las voces de sirena que desde ese sector y desde la derecha españolistas le vienen lanzando desde el principio de la transición para constituir una especie de “Lliga Regionalista”, la formación dirigida por Cambó y que proponía, resumiendo, una España unida con la pretensión catalana de dirigirla. Tal revival de la Lliga estaría formada por UDC y por la rama catalana del PP, abandonadas las esperanzas de que pudiera beneficiarse de los efectos del proceso independentista.

El domingo 20 de julio, Durán i Lleida hizo público que renunciaba al cargo de número 2 de la coalición CiU, y en días anteriores se daba por cierto que estaba preparando la ruptura con sus antiguos socios. El hombre que más veces ha sonado como ministro en un gobierno español, parece haberse cansado del lugar secundario que ha ocupado durante 30 años en CiU y aspira a ser “cabeza de ratón”, pues no en vano, la iniciativa de reconstruir la “Lliga” llega ya demasiado tarde y difícilmente podría ser considerada seriamente por un electorado cada vez más harto de políticos oportunistas y demasiado conocidos. Aunque la Sánchez Camacho y Durán i Lleida aparezcan juntos en algún cartel electoral, será difícil que atraigan a franjas consistentes de un electorado que, mayoritariamente,  ya ha dejado de creer en rostros que asocian a siglas de una época que va quedando atrás.

La mutación del nacionalismo

Cada vez está más claro que ERC va a ser el gran beneficiario del frenesí independentista desencadenado hace dos años y medio por Artur Mas. A fin de cuentas todo “nacionalismo” tiende al independentismo, pues no en vano, si alguien defiende la existencia de una “nación catalana”, lo normal es que esa “nación” busque, en última instancia, la independencia. Pero CiU ha sido incapaz hasta ahora de dar el paso del “nacionalismo” al “independentismo”, ¿por qué?

La explicación es bien sencilla: porque los intereses económicos de la alta burguesía catalana seguían unidos a los del Estado Español. En ese contexto, el nacionalismo no hacía otra cosa que asegurarse de que Cataluña iría aumentando el “factor diferencial” mediante la gestión nacionalista de la Generalitat, la falsificación de la historia y las ultrasubvenciones a cualquier cosa que tuviera un remoto aroma catalán. La alta burguesía catalana quería blindar Cataluña ante la penetración “española”, pero al mismo tiempo quería seguir beneficiándose del Estado Español.

Solamente cuando la globalización ha desplazado los intereses de la alta burguesía catalana de la producción industrial a los negocios inmobiliarios y a la inversión especulativa, el momento en el que su suerte ha dejado de estar ligada al Estado Español. De aquí la fractura entre la alta burguesía catalana especulativa y que ha dejado de invertir en Cataluña y la patronal catalana, todavía dedicada a la producción industrial ligada al territorio catalán y que ve, horrorizada, como pueden cortarse los puentes con su principal cliente (España) y con su principal área de expansión (la UE).

El independentismo  ha quedado, pues, en manos de fuerzas sociales marginales que nunca hasta ahora han tenido gran cosa que ver con el nacionalismo catalán: burócratas de la Generalitat ansiosos por manejar cada vez más presupuesto, políticos de poca imaginación que solamente pueden sobrevivir a los 10 años de inmovilización de la política catalana (desde el “nou Estatut” de Maragall, los años de Montilla y el trienio luctuoso de Mas) responsables del empeoramiento de las condiciones de vida en Cataluña (el aumento del paro, la desertización industrial, el aumento de la inmigración masiva procedente de países islámicos, etc) y para los que el único argumento en su defensa es “España nos roba” y “la culpa es de Madrid”, fuerzas marginales durante la transición y la democracia reforzados por la crisis económica iniciada en 2008 (como ERC), grupos de borrokas (CUP) y timoratos rojiverdes (ICV–EUA).

En la medida en la que la alta burguesía catalana (las 300 familias) ya no controla el nacionalismo catalán, otros están aprovechando los 34 años de catalanización forzada de aquella región.

Podemos en Cataluña

Una de las zonas del Estado en donde, aparentemente, Podemos debería tener menos influencia, en Cataluña, a la vista de que la “versión oficial” dada por los medios de comunicación locales sugiere que la población tiene como único interés el referéndum de autodeterminación y el derecho a decidir, es donde esta formación está ascendiendo con más velocidad.

El porqué de este ascenso es fácilmente de interpretar. Podemos alude al “derecho de autodeterminación”… pero no enfatiza la cuestión. Podemos es, ante todo, un partido de protesta que extrae su fuerza de los abusos de la globalización y del rastro de damnificados por ese modelo económico (jóvenes, clases medias, parados, profesionales hastiados). Si bien el “derecho a decidir” les interesa y lo asumen, no tienen el mismo interés en la “construcción nacional de Cataluña”, algo en lo que insisten particularmente nacionalistas e independentistas. Evitan pronunciarse sobre la cuestión, relegándola en su discurso a un plano completamente secundario. De ahí su crecimiento.

Ese planteamiento de Podemos ha ido erosionando las bases electorales del PSC hasta convertirlo en el despojo del que se ha hecho cago el “osito de peluche”, pero tiene la virtud de atraer también a un electorado joven que hasta hace poco dudaba si votar a C’s, a ICV, o, incluso a ERC, formaciones que además de sus rasgos característicos eran percibidas sobre todo como “formaciones de protesta”. Ahora, este título recae exclusivamente en Podemos.

De Cataluña a España

Tal es el esquema de lo que está ocurriendo en Cataluña. Allí se está poniendo de manifiesto la quiebra definitiva del bipartidismo: ni CiU, ni PSC conseguirán nunca más remontar la pérdida de intención de voto que están experimentando estos últimos meses. El “voto útil” ya no existe en Cataluña. Simplemente se ha evaporado. Los juicios por corrupción que vendrán y los cadáveres escondidos debajo de las alfombras harán el resto. Ambos son “formaciones a la desbandada”.

En Cataluña no está ocurriendo nada diferente a lo que está ocurriendo en el resto del Estado. Quizás el Cataluña el proceso de desmoronamiento de los dos partidos vertebrales del sistema sea más visible, pero no es diferente a lo que ocurre ni a lo que ocurrirá en el resto de España. Hará falta esperar solamente a las próximas elecciones municipales para percibir que, en el momento en el que el PP pierda la mayoría absoluta en algunas comunidades autónomas (en especial Madrid y Valencia) y se evaporen cientos de concejales perdiendo el control de ayuntamientos importantes, el PP también entrará en una crisis que no logrará disimular ni el descenso (coyuntural) de las cifras del paro, ni el triunfalismo (insensato) por políticas económicas que no resuelven nada, ni las clamorosos (e increíbles) anuncios de falsas rebajas fiscales, lograrán disimular. El verano de 2015 será esencial para percibir el declive del PP (que en Cataluña ha sido siempre una fuerza marginal, pero a partir de ahora ya es casi extraparlamentaria) y la forma en la que el partido se irá evaporando.

El PP es hoy víctima de la estrategia implantada por Fraga en la ponencia constitucional: “sin enemigos a mi derecha”. Mientras un PSOE empequeñecido puede auparse en otras fuerzas políticas de izquierdas para formar coaliciones que gobernarán en la Generalitat de Valencia y, probablemente, incluso, en la Comunidad de Madrid, el PP no tiene nadie con quien poder pactar, ni a su derecha (Vox sigue siendo minúsculo y su fuerza de atracción es muy pequeña y C’s, hoy por hoy, tampoco arrastra grandes intenciones de voto).

El enigma actual de la política española es cuál será la salud del PP cuando se convoquen las próximas elecciones generales. Intuimos que no será muy buena y que esas elecciones sancionarán el final el bipartidismo tal como se ha concebido en España desde 1978.

© Ernesto Milà – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Encuentros para una crisis

Encuentros para una crisis

Infokrisis.- Sánchez – Rajoy – Mas, encuentros para una crisis. El 28 tendrá lugar el encuentro de Mariano Rajoy con Pedro Sánchez y dos días después la reunión con Artur Mas para afrontar de una vez por todas la recta final del problema catalán”. A pesar lo banal e intrascendente que parece a primera vista el encuentro con Sánchez, este primer encuentro condicionará el tono de la conversión con Rajoy. Efectivamente, hará falta ver si el PSOE sigue en la misma línea de apoyo a la Constitución o insiste en su alocado proyecto federal. Todo induce a pensar, pues, que lo que suceda antes del verano será decisivo para lo que pueda acontecer en el último cuatrimestre del año.

Rajoy ha declarado que “hablará de todo” con Mas, incluso de aquello sobre lo que hasta ahora no ha querido hablar: el derecho de autodeterminación expresado en el referéndum para el que la Generalitat ya ha echado la cuenta atrás. Hasta hace diez días, la posición de Mas era extremadamente débil: más que impulsar el proceso independentista, el president de la Generalitat se ha visto arrastrado por él. Con unas encuestas que le son ampliamente desfavorables, refrendadas por el resultado de las elecciones europeas en Cataluña, aislado internacionalmente (o con unos apoyos que, en sí mismos, no permiten ir muy lejos), con unas cifras económicas modestas, infraestructuras educativas y sanitarias con mal funcionamiento y con el turismo como único ingreso apreciable, acosado por los casos de corrupción, Mas es, antes del encuentro, un cadáver político sin remisión. Su suerte depende del hasta ahora insignificante secretario general del PSOE.

Federalismo y “tercera vía”

En Cataluña, el nuevo secretario general, Miquel Iceta, ha reiterado su proyecto de “España federal” y “tercera vía catalana”. Providencialmente, una encuesta de poco interés, realizada entre apenas 50 miembros de la patronal catalana, ha sido considerada por el PSC como un refuerzo para su político… cuando la muestra era tan exigua que cabe preguntar si refleja siquiera la opinión de la patronal y, por lo demás, en ningún momento en la encuesta los encuestados afirmaban apoyar la posición del PSC. Sin embargo, en Cataluña, ya nadie se preocupa de cómo es la realidad, sino de adecuar la realidad a sus necesidades. Y el PSC es, quizás, el partido que en estos momentos está en situación más precaria.

Pedro Sánchez, el diputado mudito, mal conocedor de la política catalana, viajó a aquella autonomía a poco de resultar elegido Secretario General del PSOE. Allí se entrevistó con el recién nombrado para el cargo equivalente en el PSC y éste le informó de la posición. Pedro Sánchez identificó en la “tercera vía” su proyecto de “España federal” y volvió a Madrid con la idea de que el socialismo catalán le apoyaría… mientras se mantuviera en esa posición. La brevedad de su estancia y el hecho de que no sondeara otras opiniones latentes en el PSC, ni tomara contacto con la realidad social catalana, le impidió comprobar la pérdida en picado de influencia de este partido en esa autonomía… ocasionada, precisamente, por su ambigüedad en materia autonómica.

Federalismo ¿qué federalismo? ¿cómo llegar a él?

La cuestión es que en la entrevista entre Sánchez y Rajoy, falta saber si el nuevo secretario general del PSOE acudirá con el “chip” cambiado o bien este partido seguirá siendo defensor del orden constitucional tal como está definido en el Preámbulo y en el Título Primero de la Constitución. No está nada claro. Para cambiar el articulado de la Constitución hacen falta dos tercios de los votos del Congreso de los Diputados, un referéndum nacional, en caso de salir adelante, la disolución de las cámaras, la convocatoria de nuevas elecciones y… todo ello para satisfacer algo que nunca satisfará a los independentistas catalanes: una España federal…

Además existe otro problema: ¿Qué es un Estado federal? Porque, a primera vista, España ya parece un Estado federal. De hecho, en 1978 la proximidad del franquismo y de los “poderes fácticos”, impedía que se llamara a las cosas por su nombre, utilizándose el eufemismo de “Estado de las Autonomías” a lo que en, realidad, era una estructura federal.

Cuando Pascual Maragall aludía hace 20 años al “federalismo asimétrico” un concepto de este tipo era imposible de encajar en un marco constitucional moderno y hubiera sido lo más parecido a un Reino medieval que agrupara a regiones dotadas cada una de fueros distintos. Algo que no existe hoy en ningún lugar del mundo. Por lo demás, aquellos fueros eran el resultado de una Tradición, y se habían concedido a cambio de unas actuaciones o servicios destacados a la Corona. Las razones de una “asimetría” en la actualidad no serían más que privilegios debidos a condiciones económicas o bien a presiones políticas o, incluso, terroristas. Así pues, cuando los socialistas hablan de “Estado federal” es muy difícil saber qué es lo que tienen en mente, si es que tienen algo.

El PSOE ha olvidado quien es su “papá” y su “mamá”

Pedro Sánchez ha olvidado –la bisoñez en el cargo le excusa- que sería bueno que recordara: el PSOE no representa solamente la opinión de sus militantes, sino que representa, especialmente y, sobre todo, durante décadas, la expresión de determinados intereses económicos de oligarquías locales y europeas. A fuerza de ejercicios de democratismo ingenuo (primarias, elección por votación de secretario general) algunos socialistas han terminado por creer que su formación es independiente y soberana. Existen porque la banca española les ha permitido que existieran y ni siquiera les ha reclamado sus muchas deudas. Existen porque han recibido comisiones de las grandes empresas que han querido obtener obra pública e infraestructuras. Existen porque la socialdemocracia alemana y la internacional socialista, durante décadas “brazo armado” de lo que en EEUU se llamó en los años 80 “el dinero viejo”, las grandes multinacionales, los intereses industriales ligados al sector metalmecánico, construyeron un PSOE que había estado ausente de España por cuarenta años y se lo ofrecieron a Felipe González a cambio de su sumisión en materia económica e internacional.

Esta situación se ha prolongado desde el Congreso de Suresnes hasta ahora: 42 años, ni más ni menos. Personajes como Pedro Sánchez no lo recordarán, ni tampoco parece que ninguno de los dirigentes más antiguos del PSOE se lo hayan recordado, pero el hecho es que si el PSOE no asume su papel de ser la columna de centro-izquierda del régimen político español nacido en 1978 ¿qué es? ¿A quién le interesa? No desde luego al poder del dinero, fundamentalmente conservador y cobarde y que elude siempre cambios drásticos. El problema del PSOE es doble: de un lado su búsqueda de un espacio electoral que le permita remontar la crisis del post-zapaterismo; de otro contener a Podemos, que, literalmente, se está “merendando” la intención de voto del PSOE. Pedro Sánchez (e incluso algunos barones del PSOE) siguen creyendo que su crisis es meramente coyuntural y que la búsqueda de un rostro nuevo y juvenil, y un nuevo eslogan electoral, les harán tener la mayoría absoluta en las próximas elecciones. Pero el problema es mucho más complejo.

Sánchez – Rajoy – Mas mutuamente condicionados

Sánchez tendrá ocasión de exponer a Rajoy sus “genialidades” sobre el “Estado federal” y la reforma de la constitución y el presidente del gobierno deberá tener muy en cuenta la opinión del que hasta ahora es “líder de la oposición” en su encuentro con Artur Mas. Porque una cosa es que Sánchez le reafirme su compromiso con la unidad del Estado y su lealtad a la constitución y otra muy diferente que ponga el énfasis en la “reforma de la constitución” y en la “España federal”… lo que supone, objetivamente, un refuerzo al “derecho a decidir” y al referendo propuesto por Mas.

El tiempo juego en contra de Sánchez: ahora o nunca. Después de las próximas elecciones municipales, cuando se haya confirmado por segunda vez la merma electoral del PSOE, no sólo en unas elecciones municipales, sino también en las autonómicas, el peso específico del PSOE será menor que ahora. Y tras las próximas elecciones generales puede estar al nivel de UPyD o de C’s. El “gran partido socialista” pasaría a formar parte del pelotón de los “pequeños partidos”. O Sánchez hace valer todavía la inercia que tiene la sigla socialista después de cuatro mandatos de Felipe González y dos de Rodríguez Zapatero, o dentro de poco los bancos le empezarán a reclamar el pago de sus créditos e intereses pendientes, los teléfonos ya no traerán llamadas de los presidentes-directores generales de las multinacionales, ni siquiera los pequeños Alí-Babás locales se preocuparán por contactar con los concejales socialistas a efectos de recalificaciones y obtención de contratos.

Paradójicamente, la entrevista de Rajoy con el “diputado mudito”, condicionará de manera decisiva la que tenga por Artur Mas dos días después. Una promesa de mantener la posición contraria del PSOE al referendo postulado por Mas, reforzaría la posición de Rajoy. Por el contrario, si Sánchez no entiende que en política hace falta algo más que ser un panfleto parlante, Rajoy se encontraría debilitado y se vería obligado a ceder ante Artur Mas.

¿Y la unidad del Estado? ¿Y la peliaguda cuestión de arrojar por la ventana siglos de historia común? Todo esto parece interesar muy poco a políticos que solamente tienen como objetivo el sobrevivir en el candelero del poder.

© Ernesto Milà – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Monarquía, República,

Monarquía, República,

Infokrisis.- La ceremonia de entronización de Juan Carlos I por Felipe VI se ha realizado en medio de una indiferencia casi total que contrasta con la presión mediática a favor de la República o de la Monarquía. Y es que a este pueblo no le interesa nada mas que superar la crisis (y poco le importa como se haga), en cuanto a la forma de gobierno, al diablo con ella, si no trae pan, trabajo y prosperidad. Lejos de ser criticable, esta posición es la propia de un pueblo decepcionado y harto de otros especulen con su frustración y su miseria. Vale la pena recordar lo que supone el dilema “república – monarquía”.

Lo que queda de monarquismo en el PSOE

Habitualmente la derecha suele ser monárquica, en tanto que conservadora, y la izquierda progresista tiene tendencia a considerarse republicana. Al menos en líneas generales. Luego resulta que esto que parece tan claro, en la práctica, no lo es tanto: los socialistas siguen aún comprometidos con el pacto constitucional suscrito durante la transición con las fuerzas franquistas–evolucionistas, según el cual recibirían “democracia” (y especialmente “poder”) a cambio de aceptar la monarquía.

En realidad, no es que abunden los fervores monárquicos en el PSOE, pero este partido ha entendido a la perfección que su destino (e incluso su misma existencia) depende de que en el futuro se mantengan las mismas circunstancias políticas que se dieron en la transición. En el momento en que tales circunstancias queden modificadas, el PSOE se arriesga a evidenciar que la crisis en la que cayó inmediatamente iniciado el post–zapaterismo, no es ya una crisis coyuntural, sino estructural y que, difícil lo tiene para sobrevivir en un régimen en el que ya no sea una de las dos columnas esenciales, debido a su mala gestión (el nombre de Felipe González se asocia al GAL, pero el de Zapatero lo hace con la crisis económica y la debilidad), sus excepcionalmente altos niveles de corrupción, sus discrepancias internas incluso en cuestiones vitales (como la vertebración del Estado) o el fracaso de la socialdemocracia en promover un “capitalismo con rostro humano”...

La vista de la “estatura” política de los candidatos presentados hasta hoy para sustituir a Rubalcaba en la Secretaría General, indican el nivel de indigencia en el que ha caído el PSOE y confirman en su declive histórico y en que ha iniciado la misma senda que llevó al Partido Socialista Italiano, de partener inevitable en gobiernos de centro–izquierda al basurero de la historia, pasando por el banquillo de los acusados. En España, el destino del PSOE no va a ser muy diferente. De ahí que no sea extraño que este partido haya sostenido a la monarquía, sin excesiva convicción y con algunas defecciones.

La monarquía en las “diversas derechas”

En lo que se refiere a la opinión de las derechas, llama la atención que en algunas provincias el PP (y en menor medida Vox) intentaran convocar concentraciones en defensa de la constitución justo cuando se supo la abdicación de Juan Carlos I y para contrapesar las primeras movilizaciones republicanas. El resultado de estas concentraciones demostró que una cosa es aceptar la monarquía y otra manifestarse en su favor. Como ya dijo el fundador de la Falange en los años 30 en relación a Alfonso XIII, también ahora la monarquía parece no tener “ni un piquete de alabarderos” para salir en su defensa. De todas formas, la unanimidad del PP a la hora de votar la entronización de Fernando VI fue ejemplar: demostró que en la derecha parlamentaria nunca hay voces discordantes.

Otras derechas no se mostraron tan complacientes. Los “liberales” de derechas aprovecharon para criticar a la monarquía y en lo que se refiere a la extrema–derecha, Falange Española de las JONS se mostró a favor de la “república sindical”, mientras otros grupos menores lo hicieron “por una República Nacional” (sea lo que fuere). Cabe decir que, contrariamente a lo que suele repetirse en ámbitos falangistas, el fundador no solamente nunca fue antimonárquico, sino que su crítica a la gestión de Alfonso XIII fue extremadamente benévola (dijo aquello de que “la monarquía cayó como una cáscara sin vida”, añadiendo aquello otro de que podía darse a la institución como “gloriosamente fenecida”, cuando en realidad feneció sí, pero no precisamente de manera gloriosa) e incluso que, vicesecretario general de la Unión Monárquica en 1930, diez días antes de su fusilamiento en 1936 se negó a contestar al secretario judicial que lo interrogaba sobre “el Borbón”, exigiéndole “respeto” para aquel que había sido rey de España.

Sabemos que fueron los monárquicos de Renovación Española y los opusdeístas que formaron en torno al Consejo Privado de Don Juan durante el franquismo, los que arrinconaron la influencia falangista dentro de los gobiernos franquistas a partir de 1942 y que esto, unido al Decreto de Unificación de 1937, fueron los elementos que condicionaron la hostilidad falangista hacia la monarquía y su petición de una “República Sindical” de la que no encontramos rastro en las Obras Completas de José Antonio.

¿Borrón y cuanta nueva para la monarquía?

En el otro lado, después de las primeras manifestaciones republicanas al conocerse la abdicación de Juan Carlos I, parece como si el movimiento republicano tricolor perdiera fuelle y no pudiera ofrecer más que la imagen de Jorge Verstrynge detenido el día de la coronación. Hay que felicitar a los responsables de operaciones psicológicas del CESID: la operación recambio les salió que ni pintada, sin apenas abolladuras ni desgastes de origen.

A partir de ahora, la próxima imputación de la infanta Cristina en el Caso Nos, la previsible condena de Urdangarín, no irán con Felipe VI, sino que serán considerados como secuelas del reinado de Juan Carlos I, del que la historia dirá, benévolamente, que tuvo una primera fase de reinado en la que se impuso a las corrientes golpistas, las desactivó, asentó sobre esta actuación democrática su prestigio, para luego, dormirse en los laureles a causa de la edad y, finalmente, abdicar generosamente en su primogénito. E incluso es posible que alguien crea esta versión oficial.

La realidad es muy distinta: la corrupción que irrumpió en el entorno de la Casa Real no es algo reciente exteriorizada por el Caso Urdangarín. Se remonta a varias décadas. Los grandes amigos de la Casa Real, empezando por Ruiz–Mateos, siguiendo por Mario Conde, o el mismo Javier de la Rosa, por no hablar de Luis Prado y Colón de Carvajal, desde hace mucho tiempo (treinta años en realidad) han ocupado las páginas más suculentas sobre la corrupción en España. Urdangarín, por el momento, sólo ha demostrado ser el más tonto de toda patulea.

¿Hubiera sido diferente con una República? Lo dudamos. En España lo que falló en 1978 fue el método con que se hizo la transición: cuando la clase política hablaba en aquel momento de “consenso” lo que había que entender era “arreglo”, es decir, tratar de que la distribución del poder se hiciera de tal manera que se prolongara al máximo (de ahí el recurso a la ley d’Hondt y los porcentajes marcados para modificar en profundidad el régimen). La “transición” lo único que demostró era que la iniciativa correspondía a los “franquistas evolucionistas”, mientras que la “oposición democrática” no tenía fuerza social suficiente para imponer una República. Debió contentarse con circular por el camino elegido por los “franquistas evolucionistas” (y especialmente por el poder económico que estaba detrás de él). De haber tenido fuerza social suficiente, de partida se hubiera impuesto la república ya en 1978. Pero no fue así.

Decidirse por la monarquía o la república

¿Y hoy? ¿Republicano o monárquico? ¿Qué es, en definitiva, este país? Básicamente un país de apáticos e individualistas en crisis. Nada más. Con 6.000.000 de parados y un 25% de la población en torno al umbral de la pobreza, no puede aspirarse a mucho más. Las neuronas trabajan con el estómago lleno (y no siempre, en realidad: para que lo hagan hace falta un sistema educativo que haya transmitido a las nuevas generaciones la capacidad para pensar, juzgar, discernir, criticar… nada que haya hecho desde los años 70 el sistema educativo español).

El pueblo español solamente entiende que lleva seis años y medio de crisis y que no hay perspectivas de que quede atrás: los sueldos siguen bajando, las diferencias entre las rentas más altas y la media, aumentan; los pocos empleos que aparecen tienen remuneraciones mezquinas y ya ni siquiera permiten vivir ni siquiera sobrevivir. No hay perspectivas de que todo esto vaya a cambiar. Ni con República ni con Monarquía.

Las buenas palabras que leyó Felipe VI en el parlamento, eran tan previsibles como un reloj suizo. Un eventual presidente de la República hubiera dicho algo similar. Nada fascinante, ni nada nuevo. Tampoco nada que vaya a cambiar el hecho esencial: España –la misma Unión Europea– pierden competitividad en la escena económica internacional, han arruinado su identidad y su homogeneidad admitiendo bolsas de inmigrantes inasumibles por el mercado laboral, traídos solamente para tirar a la baja de los salarios; no hay lugar para Europa dentro de un mundo globalizado. Y, muy en especial, no hay lugar para el grueso de la población española en ese diseño mundial, salvo servir cafés y hacer camas de hoteles. Y veremos durante cuanto tiempo…

Así pues ¿cómo puede reprocharse a nuestro pueblo esa indiferencia total ante el dilema “monarquía – república”? En realidad, ya no hay ni siquiera monárquicos: si se supone que la derecha monárquica es conservadora y acepta que la monarquía ha sido siempre una institución ligada al catolicismo español ¿cómo hay que entender esa laicidad absoluta en las ceremonias? Sencillo: como una monarquía que se niega a sí misma. No es raro que los cortesanos que antes decían aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”, ahora cambien el mensaje pasando definirse como “felipistas”.

En cuanto a los republicanos la cosa no es mucho mejor. En su imaginario enfermizo no pueden hacer otra cosa que ondear banderas tricolores propias de aquella república que constituyó probablemente el fracaso histórico más rápido y rotundo del siglo XX español: duró menos que la dictadura y cayó víctima de sus propios errores. Y ahora, unos resentidos históricos enarbolan las mismas banderas presentándonos lo que no fue más que el atrio de la guerra civil como el mejor de los mundos. Como para echar cohetes…

Lo dicho, no me extraña que no hubiera ni apoyos entusiastas a la monarquía, ni movilizaciones de masas a favor de la república. A veces las reacciones de los pueblos son sabias. El pueblo español se ha inhibido completamente del dilema “república – monarquía”. Esa es la única realidad. 

Cataluña sin el PSC

Cataluña sin el PSC

Infokrisis.- El PSOE se está descomponiendo cada día un poco más. Como siempre, las ratas terminarán huyendo en cuanto perciban que el barco no les garantizará la poltrona. De hecho, las ratas siempre están allí donde está la poltrona. El caso del PSC es paradigmático: después de pérdidas por goteo de dirigentes a favor de ERC e incluso de CiU, el partido se prepara para el estallido final. En el próximo congreso extraordinario la crisis se dramatizará ante una Cataluña convulsa que tiene cada vez más cerca su “otoño más caliente” (del 11-S al 9-N). Cataluña todavía no se ha hecho a la idea de cómo será su mapa político sin el PSC. Vale la pena remontarse a la génesis de esta crisis y preguntarse cómo será el mapa político catalán tras el próximo velatorio al PSC. 

El Partido Socialista de Cataluña se equivoca cuando cree que la explicación a la pérdida de más del 50% de votos que ha sufrido en las pasadas elecciones europeas se debe a la actitud anti-referéndum que Pere Navarro pactó con el PSOE. De hecho, lo que ocurre es justo lo contrario, fue el nacionalismo socialista presente en el PSC desde mediados de los años 90, lo que ha ido preparando el declive definitivo de esta sigla.

Las causas remotas de la crisis del PSC

El PSC, con Maragall y su equipo al frente es el gran culpable de la actual crisis soberanista. Durante años, Maragall predicó –acaso por su mezcla de gin-tonics con un cerebro dañado por el alzhéimer- el “federalismo asimétrico” como alternativa al Estado de las Autonomías. Tal federalismo era “asimétrico” en la medida en que Cataluña debía ser “más” autónoma que cualquier otra comunidad autónoma (salvo, Euzkadi). Con eso creía contrarrestar la influencia del nacionalismo entre el electorado. Se equivocaba, claro.

Fue esta posición y la progresiva “catalanización” del PSC lo que fue alejándole, poco a poco, de sus electores tradicionales (las clases trabajadoras castellano-parlantes mayoritarias en Cataluña) como antes le había ocurrido al PSUC y a su prolongación Iniciativa per Catalunya. Eso mismo explica también el que el PP, a pesar de su carácter de partido de centro-derecha liberal, pudiera acomodarse en el cinturón industrial de Barcelona: a un sector del electorado le daba más miedo el catalanismo del que hacía gala CiU-ERC que el liberalismo estatalista del PP. A partir de los años 90, bolsas de electores castellano-parlantes variaron 180º su voto en beneficio del PP.

Esa actitud fue la que impidió que el PSC no pudiera gobernar en Cataluña hasta el 2003, después de casi un cuarto de siglo de gobierno monocolor de CiU. Cuando más “nacionalismo” insertaba el PSC en su programa, más votos perdía. Finalmente, cuando Maragall cometió el error histórico de gobernar con ERC, el PSC apretó el botón de su autodestrucción. Porque ERC no era partidaria del “federalismo asimétrico”, sino de la independencia pura y simple. El estado de salud de Maragall y sus altos niveles de confusión mental propios de su enfermedad, hicieron el resto: Carod Rovira imprimió siempre el ritmo del tripartito, bloqueó durante siete años la política catalana con el debate sobre el Nou Estatut, su aprobación, el tira y afloja con Madrid y la sentencia adversa del Tribunal Constitucional… y abrió el camino a la actual situación.

Radiografía del PSC

El PSC es una especie de monstruo del doctor Frankenstein que, desde su origen tiene distintas familias: socialdemócratas nacionalistas (procedentes del antiguo PSC-Reagrupament), socialistas federalistas (integrantes originariamente del PSC-Congrés), socialistas marxistas y estatalistas (procedentes de la antigua Federación Catalana del PSOE), y oportunistas de todos los pelajes (habitualmente llegados del PSUC y de la extrema-izquierda trotskistas, maoísta y libertaria) que adoptan una u otra postura según conveniencias personales.

Es cierto que el sector “nacionalista” (acrecentado por un pequeño grupo de nombres salidos de las 200 familias que han gobernado Cataluña en los dos últimos siglos, con la familia Maragall en primer lugar) es minoritario y que apenas representa un 20% del partido y es cierto también que este “nacionalismo” es muy diferente al de CiU, pero en la práctica y en las actuales circunstancias de aquella autonomía, aceptar el “derecho a decidir” es, simplemente, apoyar objetivamente las tesis nacionalistas.

Si Pere Navarro ha dimitido ha sido porque el “sector crítico nacionalista” ha difundido la fácil explicación de que el fracaso del 25-M se debe a la negativa de la dirección a defender al “derecho a decidir” (esto es, el referéndum del 9-N). Miquel Iceta, el único candidato presentado hasta ahora para cubrir el cargo de Secretario General, muy conocido en el mundo  gay que sintonizó perfectamente con el zapaterismo y que ocupó altos cargos durante el tripartito. Insistirá en el “derecho a decidir” y, el electorado del PSC, lejos de responder positivamente, seguirá menguando: hoy, en realidad, el gran problema de este partido es que carece de un sustrato social amplio que le proporcione fuerza social suficiente como para tener peso político. Ese sustrato solamente podía estar compuesto por las clases trabajadoras… mayoritariamente castellano-parlantes. Adiós PSC, adiós.

El futuro mapa político catalán

¿Y ahora qué? ¿Cómo será el mapa electoral catalán en el período post-PSC? Es muy simple: el PSC, seguramente terminará escindiéndose o, en cualquier caso, quedándose con una influencia residual. La existencia de un PSC catalanista y nacionalista, centrifugador a la postre, es otra amenaza que perjudica la estabilidad del PSOE en el resto del Estado. Si el PSOE no afrontara también en estos momentos una crisis de sucesión derivada también de los resultados del 25-M, ya habría forzado la escisión de los “estatalistas”. Nacionalista o socialdemócrata, el PSC a partir de ahora se va a convertir en cada vez más marginal. Una parte de sus votos, indudablemente, irán a parar a Ciutadans, otra menor a UPyD (cuya implantación en Cataluña es muy débil), pocos votos se integrarán en ICV que no es más que ecosocialismo nacionalista y menos aún para Podemos.

La posibilidad de que votantes del PSC se conviertan en adictos al PP es mínima. La crisis de este partido evidenciada con los resultados del 25-M impide tales tránsitos. De hecho, ya en 2003, el PP había perdido buena parte del terreno ganado en la década anterior entre las clases trabajadoras al producirse la innoble actitud de Aznar en la cuestión de la guerra de Iraq y de la superchería de las “armas de destrucción masiva”.  Hoy los problemas de las clases trabajadoras catalanas son muy diferentes y se reducen a pérdida de derechos sociales e inseguridad laboral impuestos por la globalización, de una lado, y de otro, el vivir en zonas fronterizas con la inmigración masiva de carácter islámico presente en Cataluña y competir por puestos de trabajo y ayudas sociales.

El papel de PxC en la futura política catalana

Es evidente quién puede ser el gran beneficiario del hundimiento electoral del PSC, PxC, a condición de asumir que una postura “españolista” que no quiso asumir la anterior dirección, y que junto con una nítida actitud antiglobalización y anti-inmigración debería de abrirle las puertas al parlamento autonómico (a condición de conseguir en el plazo más breve posible dar un nuevo rostro a su formación en sustitución de Anglada). PxC tiene un electorado natural en las clases trabajadoras catalanas y lo obtendrá abandonando la veleidad “catalanista” que ya le ha impedido entrar en el Parlament de Catalunya en dos ocasiones. Hay futuro para PxC en el próximo mapa político catalán.

El mapa político catalán ya no se configurará en función de derechas e izquierdas, sino de nacionalismo y antinacionalismo. A un lado estará una CiU descompuesta y disminuida con la pérdida de buena parte de UDC. ERC será durante un período el partido mayoritario en algunas zonas del Norte de Cataluña y casi ausente en el cinturón industrial de Barcelona y extremadamente débiles en el Sur de Cataluña a medida que se aproxima la frontera con la Comunidad Valenciana. Es difícil que las CUP logren mantener sus posiciones y todo induce a pensar que permanecerán como un grupo residual independentista, borrokas catalanes, balarrasas del independentismo. Lo que sobreviva del PSC dirigido por Iceta se situará en esta área acompañado del “voto cerril” que siempre ha votado a esta sigla y no está dispuesto a renunciar a ella pase lo que pase. En el otro lado, se encontrará el PP, UDC, UPyD y Ciutadans y aquel partido que recupere los votos perdidos por el PSC. Grupos como Podemos o ICV se manifestarán a favor del “derecho a decidir” pero en contra del independentismo; esa ambigüedad cristalizará en su incapacidad para crecer.

La actitud del PSC en estos últimos años consistente en adoptar una posición equidistante entre independentismo y españolismo se ha mostrado suicida. No hay término medio posible cuando el debate se da en los términos en los que se está dando en Cataluña: cara o cruz, independentismo o estatalismo, la moneda nunca cae de canto…

Todo esto generará una fractura vertical en la sociedad catalana: independentismo nacionalista frente a españolismo antiindependentista, sin olvidar a 1.250.000 inmigrantes subsidiados imposibles de acoplar en el mercado laboral catalán, cortejados por la izquierda independentista para que apoyen la secesión. Sería imposible encontrar un esquema mejor sobre el que relanzar a PxC con posibilidades de que se convirtiera a la vuelta de pocos años en una de las fuerzas imprescindibles de la política catalana, mucho más si tenemos en cuenta que tanto el PP como Ciutadans o UPyD se mueven en el reino de las ambigüedades y su moderación a nivel de propuestas, especialmente en materia de inmigración y globalización, deja un amplio espacio para el relanzamiento de PxC.

La crisis del PSC, como la de CiU, no son más que los episodios más de la crisis política generalizada que se está produciendo en todo el Estado (no en vano, Cataluña es España…). El principal rasgo de esta crisis es el fin del bipartidismo y la salida a la superficie de otras fuerzas políticas hasta ahora comprimidas, a nivel estatal por el PP y el PSOE y a escala catalana por CiU y el PSC. Pues bien, esa era ha concluido…

 

Razones del independentismo

Razones del independentismo

En Cataluña siempre ha existido nacionalismo, pero el independentismo era residual y desde 1977 había obtenido malos resultados electorales. Sin embargo a partir de 2011, el independentismo parece haberse reforzado y en la actualidad todo induce a pensar que ha adelantado en peso social al nacionalismo. ¿A qué se ha debido este “surpasso”? ¿Qué ha cambiado desde hace tres años para que el independentismo haya crecido tanto?

La trayectoria histórica del nacionalismo catalán

Históricamente, el movimiento catalanista ha estado siempre dividido en un sector moderado y un sector radical. El razonamiento del primero ha sido siempre que “Cataluña” es la “parte seria” del Estado y que, por tanto, le correspondía dirigirlo. Los segundos, por el contrario, han opinado desde 1898 que España “no tiene remedio” y que era mejor abandonarla y construir un Estado propio. Tales fueron las diferencias históricas entre la Lliga de Cambó y la ERC de Maciá y medio siglo después entre CiU y ERC.

Durante la guerra civil, los moderados optaron mayoritariamente por el bando franquista, mientras que los radicales independentistas, simplemente, se difuminaron. A lo largo del franquismo, el independentismo pasó completamente desapercibido si bien hacia finales de los 60, se revitalizaron algunos pequeños grupos: el Front Nacional de Catalunya y el grupo armado a imitación de ETA, Front d’Alliberament Catalá. Apareció también un maoísmo independentista representado por el PSAN (Partit Socialista d’Alliberament Nacional) que frecuentemente colaboró con ETA y el núcleo del que parten todas las intentonas independentistas en los años 80 y 90. Los intentos de crear una ETA “a la catalana” con Terra Lliure, fueron esperpénticos y borrados de un plumazo en 1992, un mes antes de que se inauguraran los fastos olímpicos.

A partir de 1977, los grupos independentistas no tuvieron ninguna restricción para organizarse y acudir a las elecciones, pero sus resultados fueron siempre limitados y, como máximo, ERC obtuvo “dientes de sierra” en las sucesivas elecciones que se celebraron alternando momentos de crecimiento (siempre a costa de CiU) y momentos de reflujo (cuando CiU pudo recuperar sus votos). Sin embargo, esta situación quedó trastocada a partir de 2011.

El origen del actual impulso independentista

Artur Mas, aspirante durante en dos elecciones a la presidencia de la Generalitat logró hacerse con el poder y siguió los consejos del que había sido su mentor político, Jordi Pujol: presionar permanentemente a Madrid para obtener más fondos para la Generalitat. Mas, a partir de ese momento, empezó a inyectar varios millones de euros a los, prácticamente indigentes, grupos independentistas, logrando una importante movilización de masas el 11-S de 2012 (muy lejos, sin embargo, del millón de manifestantes). Con ese as en la manga, Artur Mas viajó a Madrid para solicitar “dinero para Cataluña” y nuevas transferencias al gobierno del Estado. Rajoy, simplemente, le contestó que no había dinero.

Mas regresó a Cataluña con un problema: había suscitado un movimiento independentista para chantajear a “Madrid” y ahora volvía con los bolsillos vacíos y con un fantasma que caminaba solo, la ANC (Assamblea Nacional de Catalunya, vector principal del proceso independentista). A partir de ese momento, solamente podía hacer dos cosas: o tratar de desmovilizarlo, o ponerse al frente. En este segundo caso existían dos posibilidades: o llegar a las últimas consecuencias o bien, cuando mejorarán las posibilidades de financiación de la Generalitat, desactivarlo con cualquier excusa. Mas optó por esta opción. Pero había algo que no lo tenía previsto: la crisis económica.

La mutación histórica de nacionalismo catalán

La brutalidad de la crisis mundial iniciada en 2007 ha cambiado extraordinariamente a la sociedad catalana y al nacionalismo. Hasta ese momento y desde sus orígenes en el siglo XIX, el nacionalismo catalán estuvo siempre propulsado solamente por la alta burguesía regional que aspiraba a un marco más favorable para el desarrollo de sus negocios. Esta alta burguesía catalana (las “200 familias”) fue la que estuvo siempre dirigiendo el movimiento nacionalista… hasta la crisis. A partir de entonces, sus medios de vida ya no se orientaron hacia inversiones industriales en Cataluña, sino que irrumpieron en teatros especulativos mundiales. Simplemente la burguesía catalana dejó de invertir preferentemente en Cataluña.

La crisis golpeó a Cataluña con una brutalidad extrema que se sumaba a los efectos previos de la globalización que había dislocado parte de la producción industrial en esa región. Entre 1998 y 2008, Cataluña perdió el 30% de su capacidad industrial, se orientó preferentemente hacia el turismo, varió su estructura sociológica con la llegada de 1.500.000 de inmigrantes procedentes mayoritariamente de zonas islámicas, vio caer a mínimos su natalidad y solamente gracias al aporte de la inmigración, mientras que la Generalitat se convertía en un monstruo burocrática cada vez más preocupado solamente por su propia viabilidad, convertida en una reserva para los segundones de la alta burguesía catalana y para su clientelismo.

Todo esto explica el porqué el actual proceso independentista ya no está guiado por la alta burguesía catalana, sino por grupos marginales de la sociedad: borrokas de CUP, representantes de la Cataluña interior y fanáticos nacionalistas procedentes de las clases medias (ERC), ecosocialistas (ICV) y segundones de CiU, y tenga en la oposición a la patronal catalana, tradicionalmente aliada con el regionalismo moderado. El proceso independentista ya no está liderado por las fuerzas tradicionales que desde el siglo XI constituían el eje del nacionalismo, sino por grupos marginales de la sociedad catalana.

¿Por qué avanza el independentismo?

Pero esto no responde a la pregunta de ¿por qué avanzan? Es simple. Desde 2007 una crisis económica sacude a España. En su defensa, la Generalitat de Cataluña siempre ha señalado a “Madrid” como “culpable” de la crisis. En el imaginario colectivo catalán, “Madrid” está representado por los presidentes de gobierno del Estado: Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy… El independentismo los presenta como incapaces y a Cataluña como víctima de sus errores políticos. Así explican de un plumazo porqué la sociedad catalana está en crisis y exime a la Generalitat de cualquier responsabilidad en la misma.

Obviamente el argumento es falaz, torpe y mendaz, pero tiene la virtud de la claridad y de la simplicidad: sin “Madrid”, Cataluña seria “rica i plena”, como dice el himno regional. La realidad es que si Cataluña va mal, no es solamente por los errores cometidos por los sucesivos gobiernos del Estado, sino también por la rapacidad, el faraonismo, la obsesión lingüística y la corrupción que reina en Cataluña y que tiene que ver sólo con la Generalitat.

No hay ninguna duda de que Mas, sea cual sea el final de su aventura, saldrá mal parado. Las encuestas indican que ERC ya ha realizado el “surpasso” en intención de voto a CiU. Tanto si hay referéndum (improbable) como “elecciones plebiscitarias” (probable), la independencia es un “imposible metafísico” en una Unión Europea concebida como “unión de Estados Nacionales” y que en ningún caso admitiría un proceso de centrifugación de uno de los socios que pudiera afectar a otros.

Crisis independentista = crisis política del Estado

Queda un último punto. ¿Cómo encuadrar el fenómeno del independentismo catalán en la evolución de la situación política española?

Es preciso insertar el fenómeno independentista dentro precisamente de la crisis económica que vive España desde 2007 (y que solamente se reconoció tardíamente en 2008). En efecto, la recesión económica internacional repercutió en España con el estallido de la burbuja inmobiliaria y esta se transformó en una crisis bancaria y luego en una crisis de deuda pública, todo ello con altos niveles de destrucción de empleo. Con lo que, la crisis económica dio paso a una crisis social caracteriza por un 25% de paro, un tercio de la sociedad próxima al umbral de la pobreza y un 20% de la juventud ni-ni, junto a un 20% de inmigración. La persistencia de la crisis económica ha ido prolongando la crisis social y ampliándola, generando, al mismo tiempo, una desconfianza creciente en las instituciones y en la clase política y erosionando el sistema político español. Al proceso iniciado con la crisis económica se superpuso una crisis social que, al persistir ambas, ha generado una larga etapa de crisis social.

Lo que tenemos hoy en España es una gigantesca crisis política que marca la fase final del régimen nacido en 1978 hoy completamente erosionado, con una clase política desprestigiada y bajo sospecha de corrupción, con una estructura autonómica pesada y paquidérmica, ineficiente y costosa, con unas instituciones, que desde la monarquía hasta el aparato de justicia, son presas de la más profunda desconfianza y con las que el ciudadano no se siente identificado, con una “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) que tras haber protagonizado 34 años de bipartidismo imperfecto han entrado en crisis y, por supuesto, con un independentismo en Cataluña y en Euzkadi que ven en la debilidad del Estado la posibilidad de alcanzar sus objetivos históricos.

El independentismo catalán, pues, no es más que una parte de la inmensa crisis política que se abate sobre España, el enésimo fruto de la agonía del régimen político español nacido en 1978. No hay solución al problema independentista, sin enterrar aquel régimen, verdadero lastre para la España del siglo XXI.

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