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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

Entender el soberanismo

Entender el soberanismo

Info|krisis.- La “crisis catalana” ha llegado a su última fase. Artur Mas ha demostrado ser el típico político suicida capaz de llegar hasta el final de su insensata aventura por el mero interés en destruirse y destruir a su partido. En esta recta final del drama soberanista vale la pena apuntar algunos elementos que apenas han sido mencionados o que, simplemente, se han ignorado desde el inicio de la crisis. Así pues vamos a “analizar a martillazos” lo que está pasando en Cataluña, recordando algunos elementos puntuales pero no por ello menos importantes– difíciles de integrar en análisis orgánicos, que esperamos ayuden a comprender lo que ha pasado en Cataluña y lo que va a pasar. Creemos que estos apuntes de síntesis pueden servir para interpretar lo que está ocurriendo en Cataluña y determinar un poco mejor las responsabilidades.

1. Derecho de autodeterminación, derecho a decidir, no son aplicables al “proceso catalán”.  

Tales son las dos reivindicaciones centrales del nacionalismo soberanista: el derecho a decidir y el derecho de autodeterminación. Tienen razón los “estatalistas” cuando dicen que Cataluña ya ejerció su derecho de autodeterminación cuando votó la constitución de 1978 y tienen razón también cuando dicen que “la soberanía reside en el pueblo español”… Claro, pero esta argumentación parece excesivamente leguleya: no se puede defender la unidad de una nación y lo que implica (su destino, su misión histórica, su proyecto) con argumentos de este tipo: “España” está muy por encima, de la “constitución”; a fin de cuentas, España ha tenido todas las constituciones, leyes fundamentales y “ordeno y mando”, que se han ido sustituyendo una tras otra. Presentadas todas como “eternas e inalterables”, apenas han durado unas décadas o incluso unos meses. España como reino dura desde el período visigodo. Hispaniae, como unidad geopolítica es anterior incluso. Así pues, podría ocurrir que lo que se votó en 1978… hoy, fuera algo muerto, en estado de putrefacción o agónico en el mejor de los casos. Y este es el problema: que la constitución española, cerrada en falso en 1978, quedó pronto avejentada en los años 80, se mantuvo porque los dos pilares políticos en los que se sostenía (centro–derecha y centro–izquierda) gozaron de buena salud. Pero hoy, tanto PP como PSOE han iniciado una fase descendente que permite augurar que difícilmente sobrevivirá un sistema ideado para el bipartidismo imperfecto en una nueva situación de fragmentación de las opciones políticas y entrada de varias más en el parlamento. El “derecho a decidir” en tales condiciones habría que enunciar de otra manera: “derecho a decidir… de nuevo”. Y en esta reformulación se percibe tanto la debilidad de las posiciones constitucionalistas a ultranza (Rajoy e incluso la de los nuevos constitucionalistas al estilo de Ciutadans) como la de los soberanistas.

2. El nacionalismo no tiene más base que la que él mismo ha pre–fabricado

El “derecho de autodeterminación” hoy vinculado a aquellos pueblos que hace entre 50 y 70 años accedieron a la independencia después del período de colonización europea iniciado en el XIX y concluido a mediados del siglo XX…, no parece que sea el concepto que mejor encaja con una región como Cataluña que ha gozado de un alto grado de autonomía y de descentralización administrativa y que, por lo demás, nunca ha sido una zona colonizada, ni tampoco una entidad independiente. El territorio geográfico sobre el cual están hoy asentadas las cuatro provincias catalanes, fue el de la Hispania Citerior, a la Tarraconense, al Reino Visigodo de Toledo, a la Marca Hispánica, a condados catalanes feudatarios del Imperio Carolingio o de la Corona de Aragón, a la Corona de Aragón, a las Españas, a la España unitaria de los borbones, y así sucesivamente… Ni ha sido una “nación” (concepto que aparece en las postrimerías del siglo XVIII, sustituyendo al “reino”), ni ha formado parte de una “federación catalano aragonesa” (que solamente ha existido en la “historia imaginativa” de Cataluña ideada por la Generalitat y por las mentes calenturientas de los nacionalistas), ni ha sido independiente jamás (la autonomía de los condados catalanes era relativa en tanto que eran feudatarios de otras entidades y no puede ser equivalente a ningún concepto moderno), incluso tiene problemas de definición (los Països Catalans son otra ficción geopolítica en la que el “centro” catalán nunca ha preguntado a las “partes” lo que opinaban y la “nación” de Salses a Guardamar y de Fraga a Mahón, genera carcajadas de conmiseración). Lo catalán es, como máximo, una “nacionalidad”, solamente si atribuimos a esta palabra un contenido concreto: nacionalidades eran en el medievo las distintas partes de las que se componía un reino, dotadas de algunos rasgos característicos propios. En Cataluña el único “rasgo” diferencial es el idioma. El resto ha sido construido por el nacionalismo desde el último tercio del siglo XIX. Incluso, lingüísticamente, está unánimemente aceptado que el catalán es una lengua “hispano–romance”, en absoluto “galo–romance” como pretendían los primeros doctrinarios nacionalistas, con todo lo que ello implica. En cuanto a la “raza catalana”, nuevamente suscita sonrisas. En cuanto a los elementos de la cultura catalana, si excluimos a los que fueron creados ad hoc por los Maragall y los Verdaguer en el XIX, los encargos que el Conde de Güell pagó para que le construyeran una “cultureta” a medida, y algunas huellas residuales de carácter antropológico (la misma barretina no era sino el gorro de los marineros de toda la cuenca mediterránea, utilizada hoy incluso en Portugal), lo que queda no está muy diferenciado de la cultura castellana. La Cataluña de la Generalitat, con su historia, su folklore, incluso con su lengua, es una construcción nacionalista inexistente que se ha asentado sobre un “hecho diferencial” construido por los teóricos nacionalistas y elevado a dogma mediante 36 años de ejercicio del control sobre la educación, los medios de comunicación, la sociedad civil, realizada por el nacionalismo a través del entramado de la Generalitat.

3. Las naciones no se crean ni se destruyen mediante votaciones

Una nación no nace de una votación en la que una parte obtiene el 51% de los votos sobre la otra que se queda con el 49%. Si alguien ha creído que las naciones nacen como quien fabrica churros tiene un pobre concepto de lo que es una “nación”. Las naciones son el resultado de procesos históricos muy complejos y prolongados en el tiempo. Pensar que una generación, en un momento dado de la historia –como es el caso actual- a causa de una crisis económica, puede votar y “crear” una “nación”, es una concepción infantil e ingenua de la historia. Es evidente que los últimos gobiernos españoles han acometido políticas económicas y sociales desastrosas, que han sido receptáculos de corrupción y de mala gestión… y que la Generalitat de Catalunya no ha sido, durante este tiempo, nada más que la fotocopia reducida de lo que ocurría en España. Cataluña ha estado y está a la cabeza de la corrupción en el Estado Español, si bien es cierto, que en dura lucha con Andalucía. El nacionalismo catalán en 1978 contribuyó a crear un régimen de bipartidismo imperfecto en el que se aseguraba un papel decisivo para él mismo, al margen de su importancia numérica dentro del Estado. Tal sistema fue aceptado por el centro-derecha (ayer UCD, hoy PP) y por el centro-izquierda, que se aseguraba el poder gobernar a cambio de transacciones con los nacionalistas, en caso de no obtener mayorías absolutas. Pero la clase política catalana no es esencialmente diferente de la del resto del Estado, ni los niveles de ineficiencia política y corrupción, son inferiores en Cataluña al resto del Estado. Por otra parte, una nación no puede destruirse por una votación, esto es por un estado de opinión que comparte en mayor o menor medida una generación. Una nación, tanto para su construcción como para su destrucción, es superior al mero cálculo numérico de unos votos que responden solo a un estado de ánimo en un momento concreto. Nada importante en la historia se ha hecho votando. En realidad, puede decirse que las mayores locuras históricas se han hecho, precisamente, a través de los votos. En muchos casos el “derecho a decidir”, ha implicado la segura elección de la peor de las opciones posibles (no hay más que constatar que las auténticas catástrofes políticas de Cataluña –los Pujol, los Maragall, los Montilla- y de España –los Felipe, los Aznar, los Zapatero, los Rajoy- han sido elegidos en votaciones irreprochablemente democráticas… como para atribuir un “valor histórico” para el “derecho a decidir” mediante un voto.

4) La Generalitat de Cataluña ha monopolizado el poder durante 36 años con el visto bueno de UCD, del PP y del PSOE, corresponsables de la actual situación

Ha controlado y marcado a los medios de comunicación social, los ha comprado al peso con su particular régimen de subvenciones, ha controlado absolutamente toda la vida cultural en Cataluña utilizando el mismo sistema; ha condicionado absolutamente la educación instalando una estrafalaria “historia nacional” que abochorna a los amantes, profesionales y conocedores de la historia, llegando a crear ficciones históricas como la “federación catalano–aragonesa” para evitar aludir al Reino de Aragón o considerando que el 11 de septiembre de 1714 murió la “Catalunya independent”, cuando lo que se dirimió entonces fue un pleito dinástico en detrimento de los austriacistas y en beneficio de los borbónicos. Ha repartido subsidios, subvenciones y sobornos para mantener callados a unos y estimular a los otros… Y eso ¡durante 34 años! Estas condiciones son sólo comparables a las creadas por Marruecos en el antiguo Sáhara Español… condiciones que impiden que pueda celebrarse un referéndum en condiciones de igualdad. Si 40 años de trasvases de población han hecho imposible incluso la elaboración de un censo en el Sáhara para establecer quién es verdaderamente saharaui, en Cataluña, 34 años de imposiciones de todo tipo por parte de la Generalitat han falseado por completo el panorama político, social y cultural de Cataluña. Y en tales condiciones pensar en que puede plantearse un referéndum “equitativo” y “justo” parece aventurado. Para que pudiera convocarse un referéndum en tal situación sería preciso que, al menos durante una década, se restableciera la libertad de educación en Cataluña, se aboliera la inmersión lingüística, y la Generalitat y sus departamentos subsidiaran por igual a medios de comunicación al margen de la lengua en la que se elaboraran. Obviamente, la Generalitat nacionalista jamás aceptaría un referéndum en estas circunstancias.

5) Uno de los aspectos más hundidos en Cataluña es el sistema educativo. Gracias a ese sistema quebrado ha sido posible “fabricar” generaciones predispuestas a aceptar acríticamente al soberanismo.

Y esto a pesar de que la Generalitat ha tenido las manos libres para decidir el sistema que quería implantar en las escuelas catalanas, sin ningún tipo de cortapisa. La inmersión lingüística puesta en marcha a finales de los años 80 ha demostrado a las claras cuál es el límite de la catalanización: los jóvenes con menos de 23 años se han educado ya en ese sistema absolutamente discriminatorio, injustificable… pero que hace tiempo que ha llegado a su límite. En realidad, en los últimos 15 años, los niveles de utilización del catalán, lejos de aumentar, van disminuyendo. Los que hemos vivido una parte importante de nuestra vida en Cataluña sabemos que hoy se habla mucho menos catalán que hace 50 años. Incluso los niveles de utilización del catalán en la enseñanza universitaria van descendiendo paulatinamente. Apenas el 35% de los habitantes de Cataluña utilizan regularmente el catalán en sus comunicaciones cotidianas. Hoy el catalán es una lengua subvencionada y sobreprotegida por la Generalitat. El nacionalismo ha hecho del catalán la punta de lanza de su política de catalanización de la región, aspirando a un plano de igualdad con el castellano. Pero es difícil poder competir con una lengua hablada por más de 400 millones de personas y que en apenas 25 años hablará prácticamente todo el continente americano. De ahí que la Generalitat haya optado por eliminar y liquidar el uso del castellano en Cataluña.

6) En Cataluña existen dos identidades que no están necesariamente enfrentadas.

Quienes se identifican y comparten la identidad española y quienes se identifican y comparten sólo la identidad catalana. Lo normal hubiera sido, que a partir de los años 80, los ciudadanos pudieran elegir el tipo de identidad en el que querían que se educaran sus hijos. Esto es todavía más necesario en el momento en el que existe en la actualidad una gran movilidad laboral y es frecuente que alguien nacido en Cataluña deba por cuestiones laborales desplazarse a otra región española y viceversa. Pero la Generalitat se ha preocupado de instalar barreras lingüísticas que dificultan este tipo de prácticas. Para alguien abierto y tolerante, es evidente que las dos identidades que coexisten en Cataluña (y que en buena medida están fundidas) son contiguas y no tienen por qué entrar en conflicto. Pero esta concepción es la que el nacionalismo excluyente no puede aceptar: para él, Cataluña debe ser, no solamente presentada como antitética con “España”, sino serlo de manera maniquea. Si aceptara que las dos identidades pueden convivir, renunciaría por ello mismo al tan cacareado “factor diferencial” y a la aspiración de todo nacionalismo de aplastar a cualquier otra muestra de pervivencia de otra nación es su propio territorio…

7) La Generalitat ha generado el conflicto lingüístico intentando eliminar de la vida pública el castellano y negándose a considerar la realidad de la existencia de dos comunidades lingüísticas.

La doctrina de la Generalitat nacionalista implica afirmar que todo aquel que vive en Cataluña solamente PUEDE tener una identidad lingüística (y, por tanto una identidad nacional según el “principio de las nacionalidades” para el que todo grupo humano que tiene una lengua propia es una “nación” y, por tanto, tiene derecho a la independencia…), única y obligatoria, promovida desde la administración, la única que tiene cabida en los medios de comunicación autonómicos e incluso dotada de censores lingüísticos que velan por su pureza y por su hegemonía absoluta. Es curioso que mientras RTVE mantiene programación en catalán, RTVC no tenga ni un solo programa en castellano en los distintos canales de radio y de televisión (a menudo ultra deficitarios) y que incluso se negase a que la señal de la TV valenciana, mientras existió llegara a Cataluña en la medida en que, aun teniendo programación en valenciano no podía estar controlada políticamente por el nacionalismo catalán… Todo esto indica que el nacionalismo catalán excluye completamente la idea de coexistencia de las dos identidades y aspira, pura y simplemente, a que la catalana haga desaparecer a cualquier otra.

8) La inmigración masiva islamista contribuye todavía más a embrollar el “problema catalán” o, mejor dicho, el problema generado por el nacionalismo.

La idea de Pujol era que si llegaba a Cataluña inmigración andina no se esforzarían en hablar catalán porque podrían comunicarse perfectamente en castellano, pero, en cambio, si llegaba inmigración magrebí, aprenderían catalán para comunicarse… El resultado ha sido, no solamente la llegada masiva de magrebíes, sino también de paquistaníes y subsaharianos, haciendo de Cataluña la región de España en la que existe una comunidad islamista más densa. Un vistazo rápido por las calles de las ciudades catalanas indica que la optimista previsión de la Generalitat se ha demostrado  falsa: los recién llegados y sus miles de hijos que van naciendo en Cataluña, lejos de integrarse, refuerzan cada vez más sus lazos identitarios. Ni existe, ni se espera un “islam catalán” como creía Carod Rovira y los espíritus ingenuos del “tripartito”: no ha aparecido ni un solo islamista que abandonara el árabe en beneficio del catalán. El árabe es la lengua sagrada hablada por Dios en la que está escrito el Corán… el catalán es una lengua ocasional que se habla especialmente para decir un subsidio, una subvención, una beca de comedor, o para acudir a la seguridad o a la asistencia social. Fatalmente, quienes se erigían en defensores de la “identidad catalana”, desde el nacionalismo soberanista, han terminado siendo los que han deteriorado más gravemente tal identidad, en un acto criminal que no ha tenido parangón en lugar alguno de Europa: a diferencia de en Europa en donde los islamistas han llegado por iniciativa propia, en Cataluña ¡han sido invitados a instalarse masivamente! Para ello, Pujol envió a Ángel Colom i Colom, ex-ERC, como “embajador” de la Generalitat  a Rabat para canalizar tales flujos…

9) Hoy, existe un Islam en Cataluña (no un “Islam catalán”) que se configura como tercera “identidad” presente en aquella región

Pero esta identidad es completamente diferente a las otras dos: mientras la identidad catalana y la española son identidades “contiguas”, mientras son lenguas hispano–romances (como admiten todos los especialistas), y mientras no existen más tensiones entre Cataluña y el resto de España que las creadas por el nacionalismo… en cambio, la identidad catalana y la identidad islámica están separadas por una brecha antropológica, religiosa y cultural insalvable. En Cataluña, desengáñense nacionalistas y soberanistas, no se va a lograr lo que no se ha podido alcanzar en lugar alguno de Europa: la integración de la masa islámica en la sociedad regional, por mucho que se la alabe, que se la subsidie o que se ceda ante ella. Tales actitudes –las asumidas en Cataluña por la Generalitat– son la muestra para los islamistas de que se pueden presionar más. Ante el islamismo, ceder un poco es capitular mucho. Esta “tercera identidad”, amenaza a las otras dos: porque, no sólo la identidad catalana, sino también la castellana, están separadas por el mismo abismo insalvable de la islamista. El gran error de la Generalitat es considerar que los islamistas se van a integrar con la misma facilidad que se integraron en la sociedad regional andaluces, extremeños, gallegos, etc, procedentes de regiones del Estado Español. El gran error de la Generalitat nacionalista ha sido no distinguir entre “grupos sociales contiguos” y “grupos étnicos con los que existen abismos antropológicos y culturales”. El mismo énfasis puesto en que la inmigración islamista votara en el non nato referéndum del 9-N indica el error de perspectiva, la ignorancia de la realidad de lo que es la inmigración y de cuál es la integrable y la no integrable y la mano tendida hacia los que no tienen más interés que islamizar Cataluña y aplicar la sharia en el plazo más breve posible.

10) Por cada nacimiento de un autóctono en Cataluña, nacen algo más de tres hijos de inmigrantes.  

En las actuales circunstancias y no digamos dentro de 10 años, la independencia de Cataluña es completamente imposible porque la sociedad catalana (y muy específicamente, el grupo lingüístico específicamente catalano–parlante) tiene unas tasas de natalidad que apenas llegan a 1 (mientras la tasa mínima de reposición es 2,2). Desde 1999 cada 1 de enero, los medios reconocen que el “primer bautizado” en las cuatro provincias catalanas, es siempre, inevitablemente, hijo de inmigrantes. Para colmo, Cataluña, además, carece de defensa contra una revuelta de la inmigración islámica. El propio ayuntamiento de Barcelona no pudo hacer frente a disturbios organizados en el Barro de Sans por una santa alianza de okupas de Can Víes y magrebíes residentes en aquel barrio, cediendo bochornosamente a las presiones y violencias. Podemos imaginar lo que ocurriría en caso de revuelta generalizada de la comunidad islámica. Una Cataluña independiente tendría muchas más posibilidades de integrarse en la Liga Árabe que en la Unión Europea. La diferencial demográfica es la peor pesadilla de una Cataluña independiente y determina el futuro de esa comunidad autónoma, tanto si sigue vinculada al Estado Español, como si realiza el proyecto soberanista. La diferencia entre una y otra situación es que Cataluña independiente no contaría con nadie más que con los Mossos d’Esquadra para contener a un islamismo insurgente. Vinculada al Estado Español este riesgo quedaría conjurado de partida. A no olvidar que en 1909, durante la Semana Trágica, la alta burguesía catalana que espoleaba el independentismo, tuvo que dar marcha atrás cuando percibió que la clase obrera estaba en otras posiciones y su única defensa era el Ejército Español. Algo más de cien años después, la situación se repite: ya no hay “clase obrera española”… pero sí hay inmigración masiva. Cataluña está indefensa ante una intifada similar a la que ocurrió en Francia en noviembre de 2005.

11) La lengua catalana corre el riesgo de desaparecer.

De hecho, si hoy dejara de estar subsidiada, si el nacionalismo debiera abandonar un día el Palau de la Generalitat, si la legislación sobreprotectora del catalán quedaba desechada, el catalán correría el riesgo de desaparecer en apenas una generación. El catalán sobrevivió a cuarenta años de franquismo y en determinadas zonas se hablaba más catalán entonces que ahora: sobre vivió porque era una lengua propia de determinadas zonas y grupos de población. Y conste que nunca estuvo prohibido, sino simplemente que no fue lengua oficial. Se imprimieron libros en catalán desde 1940, hubo semanarios en catalán desde mediados de los años 60. Lo que no estaba era subvencionada. El nacionalismo lo que ha hecho ha sido, justo lo contrario: intentar liquidar la utilización del castellano, cuando lo normal hubiera sido ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de elegir entre dos líneas de enseñanza: en catalán y en castellano, que dependen mucho del proyecto de vida que se forje cada familia. Pero la lógica y el sentido común tienen poco que ver con el nacionalismo siempre excluyente. No se puede forzar a los pueblos a adoptar aquello que no desean, mediante simples estímulos económicos (subvencionar sólo lo hecho, publicado, escrito y difundido en catalán), prohibiciones (prohibición de rotular y etiquetar en castellano en Cataluña) o castigos (multas lingüísticas y censores lingüísticos en medios de comunicación). La lengua es una de aquellos elementos en los que la sociedad manifiesta sus preferencias y una administración ni puede, ni tiene el derecho, ni debería permitirse que falseara la “libre concurrencia” lingüística.

12) El concepto de co-oficialidad lingüística que mantienen nacionalistas y soberanistas es uno de los aspectos más grotescos del soberanismo.

Como se sabe la “co-oficialidad” lingüística solamente rige “más allá del Ebro”, no en Cataluña en donde la única lengua a utilizar por la administración autonómica es el catalán. Algunos portavoces del nacionalismo y del soberanismo han sorprendido diciendo que en Madrid es donde debe practicarse “co-oficialidad”; no en Cataluña. Se han quejado de que en Canarias o en Sabiñánigo no haya impresos a disposición del público para poder realizar quejas… en catalán. Este simple hecho demuestra que la “descentralización” y el “Estado de las Autonomías” han sido abordados de manera muy diferente por los nacionalistas catalanes y por los partidos estatalistas. Mientras que estos últimos, a finales de los 70 y principios de los 80, se hacían eco de una exigencia muy extendida de descentralización de la administración estatal en las regiones, los nacionalistas consideraban que tal descentralización suponía la posibilidad de abolir el peso, el poder y la presencia del Estado en Cataluña, creando una administración paralela. No existía de ninguna manera el concepto de “jerarquía” (el todo, el Estado, es superior a sus partes, las Autonomías) y ni PP, ni PSOE se preocuparon nunca de recordárselo al nacionalismo ni al soberanismo. Aquellas aguas, hechas de ambigüedad y medias tintas, han terminado trayendo los lodos soberanistas del presente.

14) El Estado de las Autonomías se come al Estado del Bienestar

Este problema no solamente existe en Cataluña sino en cualquiera de las partes del Estado de las Autonomías. Desde 1978 la carrera para crear barreras interiores entre 17 comunidades autónomas, ha ido pareja con la pérdida de prestigio y de poder del Estado central, cuya gobernación ha dejado en todo momento mucho, muchísimo que desear. La adhesión de España a la UE (firmada por Felipe González) que ocasionó el desmantelamiento de nuestra industria pesada y nos confirmó como país periférico y de servicios dentro de la UE, a cambio de unos “fondos de cohesión” que se agotaron pronto, seguido del modelo económico generado por José María Aznar basado en el desarrollo hipertrófico del turismo y de la construcción, con sus límites, sus riesgos y su escaso valor añadió, tuvo su colofón en un Zapatero que nunca entendió por qué crecía el PIB y por qué empezó a decrecer en 2008… Era fácil, desde esos centros alternativos de poder que eran las autonomías, atribuir la responsabilidad de todas las desgracias a la Moncloa y a quien ahí se sentara. En España a partir de 1980, dejó de haber un “centro de imputación” claro: la multiplicidad de centros de poder ha hecho que cada uno de ellos asumiera como propio cualquier éxito e inauguración y atribuyera a los otros sus propios fracasos. El resultado ha sido un “Estado de las Autonomías”, desmesurado, gigante, burocratizado, con unas clases políticas que siempre han querido tener a su disposición más y más recursos económicos, han gobernado faraónicamente… hasta que la llegada de la crisis económica y la afirmación de la globalización como “estado de crisis permanente”, ha vuelto incompatible el Estado del Bienestar con el Estado de las Autonomías. Hoy el drama de nuestro país es que tiene, de una vez y para siempre, que elegir entre uno y otro, a la vista de que nunca como hoy y nunca a partir de ahora, ha sido tan evidente que el Estado de las Autonomías, para mantenerse, se come, inevitablemente, al Estado del Bienestar. Hay, pues, que elegir entre uno y otro.

15) La clase política catana, ante la situación de crisis económica, atribuye toda la responsabilidad a “Madrid” e intenta hacerse con la totalidad de los recursos económicos generados por Cataluña, adoptando una deriva soberanista.

No hay que olvidar que quienes han estimulado en última instancia el proceso soberanista (CiU) ha sido la coalición que con más frecuencia ha ido apareciendo vinculada a escándalos de corrupción, haciendo una vez más patente aquello de que “el patriotismo es la última trinchera de los bribones”. Durante tres décadas se ha visto perfectamente que la característica de todo nacionalismo es “siempre más”, pedir “siempre más y más y mucho más”… hasta el límite extremo de ese “más”: la independencia. Porque no hay proyecto nacionalista que, en última instancia, no aspire a la independencia; no hay nacionalismo sin proyecto de construir una nación. Y no hay “nueva nación” en Europa sin que se destruya a una pre–existente. Olvidar esto es lo que ha dado alas al nacionalismo catalán.

16) Se equivocan quienes creen que el día 10 de noviembre dejará de hablarse del referéndum soberanista y que todo quedará olvidado.

El hecho de que Artur Mas camine a paso acelerado hacia el pudridero y que ya hoy sea un cadáver político irrecuperable, el hecho de que CiU ni siquiera se haya preocupado de crear un líder alternativo a Mas que presentar como mascarón y pasmarote ante las próximas elecciones, indica que ha terminado, entre el sainete y la astracanada, un ciclo político en Cataluña. CiU difícilmente llegará a las próximas elecciones generales, especialmente después del varapalo que le espera en las municipales de 2015 y en unas elecciones autonómicas anticipadas e inevitablemente (y otro tanto puede decirse del PSC). ERC es ya hoy la fuerza hegemónica del nacionalismo, con la tentación del Ómnium y de la ANC de convertirse en un “podemos” independentista. Rajoy se equivoca si cree que ha vencido simplemente porque el 9–N no haya habido ni rastro de referéndum, sino apenas una consulta de chichinabo, completamente impresentable y grotesca. Apelar a la “legislación” y al “cúmplase la constitución” sirve de poco y es poco realista, especialmente porque la constitución de 1978 está muerta y enterrada. Las heridas que dejará la actual crisis, tardarán generaciones en cicatrizar (si es que alguna vez lo hacen) y si tenemos en cuenta que el nacionalismo está especializado en recoger y asumir fracasos históricos y derrotas. Esta del 9–N será la guinda que coronará un pastel excepcionalmente abundante y sin parangón en región alguna de Europa.

17)  La crisis generada por el soberanismo catalán es, simplemente, un efecto secundario, un daño colateral entre otros muchos, de la crisis económica iniciada en 2007. Nada más.

Aquella crisis económica, se transformó pronto en crisis social, cuando el número de parados alcanzó los 6.000.000 millones (a lo largo de 2012). A partir de ese momento, era imposible disimular la ineficiencia del Estado constitucional para resolver los grandes problemas que había ido acumulando nuestro país desde los años 80 y que se habían agravado con las políticas de Felipe González, Aznar y Zapatero. La aparición del soberanismo se realiza sobre el trasfondo inquietante de un país paralizado por la crisis, aterrorizado por el futuro y al que cada vez se le van oscureciendo las expectativas y las esperanzas, a una población que ya ha dejado de creer en que tal o cual sigla habitual resuelva sus problemas y en las promesas de una clase política corrupta e ineficiente. Así está España. Así está Cataluña. Porque Cataluña, mal que le pese al soberanismo, es España. La crisis soberanista aparece en un momento en el que la monarquía evidencia también sus problemas y ha debido renovar su rostro; donde la corrupción se enseñorea de cualquier actividad pública en todos los niveles de la administración y cuando ya se ha convertido en el rasgo característico de este ciclo histórico (como el caciquismo lo fue de la restauración y el “morbus gothorum” del Reino Visigodo de Toledo)… El hecho de que entre el 55% y el 35% de los electores se abstengan sistemáticamente, voten nulo o en blanco en cualquier competición electoral; el hecho de que ninguna institución del Estado sobreviva a las críticas; el hecho de que los partidos mayoritarios (sin excepción) estén heridos de mayor o menor gravedad, pero todos desprestigiados ante las masas; el hecho de que los portavoces del régimen y de la oposición sean cada vez más contestados y carezcan de credibilidad; el hecho de que aparezcan nuevas opciones políticas, cuando todos los partidos enarbolan programas en los que ya nadie cree y que, incluso, aplicándose, no resolverían absolutamente ningún problema; el hecho de que los grupos mediáticos que apoyaron la transición en 1975–1980 estén hoy en vías de liquidación o simplemente hayan desaparecido… todo eso, junto, absolutamente todos estos elementos, son distintos aspectos de la crisis económica transformada en última instancia en crisis política.

18) El nacionalismo soberanista considera que se ha llegado al “ahora o nunca”.

Si en unas circunstancias como estas, extremadamente favorables para dar una explicación sencilla (“Cataluña está en crisis porque no es dueña de su autogobierno”) y establecer un nexo causal (“crisis en Cataluña = ineficacia del gobierno español”), el nacionalismo no daba el paso decisivo, jamás lo daría. De ahí el drama catalán y la aparición de personajillos, a cual más insolvente (la sonrisa forzada de Artur Mas, las comadres del Omnium y la ANC, las lágrimas de Junqueras, las chanclas de la CUP…) que tienen enfrente suyo a otras ilustres nulidades (Rajoy y su tancredismo, Pedro Sánchez y su vacuidad afectada…), dando como resultado el escenario actual de la crisis soberanista y de crisis generalizada del Estado. A no olvidar que los nacionalismos no son más que el resultado del interés de las altas burguesías locales en controlar los recursos económicos regionales para conseguir que sus negocios prosperasen más rápidamente. Para ello precisaron crear factores emotivos y sentimentales sobre los que asentar algo que era solamente una ambición económico que para satisfacerse precisaba obtener hegemonía política. Hoy las altas burguesías regionales han desaparecido como tales, ya no invierten en sus regiones, sino en los escenarios mundiales de la globalización, frecuentemente alejados de sus lugares de origen. Esto hace que el nacionalismo regionalista se vaya deshinchando  medida que la alta burguesía local lo ha abandonado. De hecho, en Cataluña, la alta burguesía hasta hace poco industrial, ha pasado al sector inmobiliario, luego al sector hostelero y de manera creciente orienta sus inversiones hacia el sector hostelero en el Caribe o en escenarios bursátiles. La novedad del “proceso soberanista” catalán en su actual fase es que Artur Mas y el nacionalismo moderado se han visto arrastrados, no por la alta burguesía catalana, sino por sectores sociales marginales (borrokas de CUP, eco-rositas de ICV, procedentes de la “Cataluña profunda”, ERC), generándose un desfase entre lo que es puramente emotivo y sentimental y lo que es frío y razonado, entre la “rauxa” y el “seny”, entre los intereses de grupos sociales periféricos y los intereses de la alta burguesía.

19) El órdago soberanista es difícilmente sostenible.

Cualquier especialista sabe perfectamente que la secesión catalán implicaría una caída en picado del PIB catalán, un situarse al margen de la zona euro con todo lo que ello implica especialmente en caída de las exportaciones, con una deuda insoportable y con un lastre de partida (el pago de la parte alícuota de la deuda española, el pago de las infraestructuras dejadas por el Estado en Cataluña), sin olvidar que el bono catalán, a un paso del bono–basura en este momento, caería aún más bajo, compitiendo en insolvencia con el de Kosovo… La independencia catalana, no es que no sea deseable… es que no es viable. Sin olvidar que muchos catalanes abandonarían Cataluña, que otros no aceptarían ni la doble nacionalidad que ofrece “generosamente” la Generalitat, y optarían, simplemente por irse, acelerando aún más el fenómeno de llegada de inmigrantes islamistas atraídos por un “nuevo Estado” que accede a sus exigencias, les mira con buenos ojos y les acoge calurosamente para cubrir los huecos dejados por la población española. También harían bien los nacionalistas y soberanistas en recordar que la secesión catalana excluiría, al menos de partida, la venta de productos catalanes en lo que quedara del Estado Español, que miles de firmas seguirían a las que ya hoy están abandonando Cataluña en un nuevo “cruce del Ebro” que solamente en los dos últimos años ha llevado a 6.000 empresas a desplazar a otras regiones su sede social. Cataluña nunca entraría en la UE, no solamente porque España se opondría sistemáticamente, sino porque ni Francia ni Alemania quieren que se generen en sus territorios fenómenos similares. Así pues, el drama del soberanismo es que siempre, adopte la vía que adopte, conduce a un callejón sin salida. Es una vía muerta.

20) Restaurar la autoridad y el prestigio del Estado. Descentralizar, pero no descoyuntar al Estado. España es algo más que un Estado-Nación.

El Estado es hoy la única barricada contra la globalización. Si no existieran las legislaciones nacionales, si no existieran los parlamentos y las fuerzas de seguridad de los Estados, sino existieran instituciones nacionales… la globalización ya habría impuesto en todo el mundo su rodillo. Así pues, quien está en contra de la globalización, no puede sino defender a los Estados Nacionales. Tanto más un Estado es fuerte, tanto mejor contiene a la globalización y le impide avanzar. Cuando más pequeño es un Estado, cuando más débil es, cuándo más lastres tiene, más vulnerable es a los “señores del dinero”. De ahí que la defensa del Estado Español sea una necesidad urgente que debe plantearse toda la sociedad, incluida la sociedad catalana. España es una cultura, es una tradición común, es un proceso histórico que arranca desde la más remota antigüedad y cuya legitimidad deriva a la vez de la geopolítica, de la historia, de los enemigos comunes, de una lengua vehicular y de unas lenguas como el catalán con el mismo origen que el castellano y que es, cualquier cosa, menos una tierra fracturada por identidades irreconciliables. Esto no es Canadá en donde existen dos lenguas de distinta raíz cuyas comunidades hasta hace 150 años se iban combatiendo entre sí, o Bélgica, Estado–tampón con el mismo problema lingüístico, esto no es Yugoslavia en donde distintos grupos étnicos y religiosos fueron aprovechados por Alemania, por el Vaticano y por los EEUU para hacer estallar un Estado, generar tres guerras balcánicas en los años 80–90 y dar lugar a media docena de Estados en donde antes sólo había uno, simplemente para inhabilitar a un aliado eslavo de Rusia. Esto es España, o si se quiere, “Las Españas” según la concepción de los Austrias a la que, debería volverse. Está claro que todos somos hijos de una tierra, la tierra natal, la patria carnal con la que nos identificamos. Somos hijos de una historia que no tenemos más remedio, nos guste o no, que asumir, pero que no podemos ni reinventar, ni falsear. Somos hijos de una cultura que tiene sus orígenes en Grecia y Roma. Somos europeos. Es inevitable que nos sintamos miembros de tres niveles de identidad: la tierra natal (la patria chica en la que hemos nacido), él Estado–Nación, España, construido por las generaciones que nos han precedido como producto de una voluntad y de un impulso histórico y, finalmente, esa Europa  a la que pertenece nuestra cultura y que, por sí misma, constituye un “gran espacio económico” que es preciso desenganchar lo antes posible de la globalización y convertir en una “zona libre de mundialismo”. Ante esto, me parece que el soberanismo catalán (que no es nada más que la hipertrofia del primer nivel de identidad y su absolutización) apenas hace otra cosa que explotar la emotividad y el sentimentalismo de un pueblo para crear falsos mitos en los que basar una aberración histórica.

Adenda

El problema de gentes como Oriol Junqueras han construido su opción política en base a unas pocas obsesiones de tipo emotivo y con fuerte carga emocional que no pueden soportar el choque con las realidades y que generan su incontenible llanto ante los micrófonos de Catalunya Radio: ese llanto no es solo el de Junqueras es el de todo un soberanismo que durante 10 años ha creído que Cataluña podía ser independiente y que ahora solamente empieza a entrever que no solamente no podía serlo, sino que ni siquiera convenía que lo fuese. Es triste saber que, cuando el nacionalismo choca con la realidad, se disipan sus posibilidades y mitos como una telaraña ante la luz del Sol. Es triste saber que cuando el suelo desaparece bajo los pies y se disipan sus mitos, solamente quedan los presupuestos de la Generalitat para justificar su lucha… Entendemos más que nunca que Junqueras llorara a moco tendido.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

9-N, recta final

9-N, recta final

Info|krisis.- Esto ya no da más de sí. Después de un año de que la Generalitat insistiera en que el 9–N habría un referéndum, algunos se lo habían terminado por creer. Pero eso no es lo más sorprendente. Lo verdaderamente absurdo de la situación es que, aun sin saber cuál hubiera sido el resultado de la consulta ¡ya estaba preparado un “consell de la transició” para preparar las estructuras del “nuevo Estado”! Y esta semana, quienes habían creído en todo esto, se dan cuenta de que alguien les había engañado, de que Zapatero, en toda su estupidez, no era el único “optimista antropológico” de este país. El drama –o sainete– “catalán” está entrando en su última fase. Todos sabemos cómo terminará aunque ninguna fuerza política catalana tiene el valor de admitirlo.

Una “revelación” personal

Albert Viladot era un buen amigo personal… además de ser director del diario Avui. De no haber fallecido prematuramente, hubiera escalado dentro de la jerarquía de la Generalitat y seguramente habría acabado como director de medios de la institución. No era nacionalista. Era, simplemente, periodista. Lo conocí cuando trabajaba para Sebastiá Auger y vendía como free–lancer algunos reportajes y entrevistas para el semanario El Mundo. No veíamos con cierta frecuencia en su despacho de Avui. Habitualmente se quejaba de los ataques que le prodigaban los independentistas desde el semanario El Triangle. Uno de nuestros temas de conversación era Terra Lliure y el MDT.

Viladot me hizo caer en la cuenta de algo que hasta ese momento no me había fijado: yo no terminaba de entender el terrorismo de Terra Lliure, ¿cómo era posible explicar que en una comunidad donde nunca había existido violencia política, apareciera una organización como esta que decía hablar en nombre del “poble catalá”? Y me lo explicó con nombres y apellidos: “Mira, todo ese entorno, los del MDT, de TLL, de la Crida, de Catalunya Lliure, del CIEMEN, de ERC, todos, se casan entre ellos, se quitan las novias entre ellos, hablan solo entre ellos, a las fiestas que van solamente asisten ellos, leen lo que escriben entre ellos… así pues creen que lo que ocurre entre ellos es lo que ocurre en toda la sociedad catalana”. Bingo.

Viladot me decía esto en 1990. Con el paso del tiempo, el dominio de CiU sobre los medios de comunicación catalanes y la mediatización de la sociedad catalana a través de un régimen de subsidios y subvenciones, mediante el control de la enseñanza, fue aumentando hasta convertirse en asfixiante. Hasta que finalmente, la Generalitat creyó que ya era “mayoría” y que todo lo existente sobre las cuatro provincias catalanas… estaba ya “catalanizado”.

“Derecho a opinar”, pero solo para decidir la independencia

Hace ahora justamente cinco años en la localidad de Arenys de Munt tuvo lugar el primer referéndum independentista. En aquella localidad en la que el gran problema no es el soberanismo, sino la presencia masiva de inmigrantes magrebíes y en donde es posible percibir, más que en cualquier otra, el aroma de la “nova Catalunya” (una región del Estado en vías de islamización), se inició la moda de los referéndums. En los dos años siguientes en varios cientos de municipios se procedieron a votaciones de este tipo en los que participó no más del 20% del electorado… el resultado final fue que un 19% del censo votó independentista… el 95% de los votantes se declaró en favor de la independencia. Meditando sobre ese porcentaje digno de los referéndums en Guinea Ecuatorial o en Zimbawe, los nacionalistas llegaron a la conclusión de que representaban a toda Cataluña. Por tanto, la convocatoria de un referéndum no solamente sería un ejercicio del “derecho de autodeterminación”, sino que, automáticamente llevaría a la independencia… A ningún soberanista le cabía en la cabeza el hecho de que un referéndum de estas características pudiera dar un resultado negativo a la pregunta: el ejercicio del derecho de autodeterminación, del “derecho a decidir”, para ellos, solamente podía abrir las puertas a la independencia. La posibilidad de seguir ligado al Estado Español ni la consideran. De ahí que prepararan un “consell assessor per a la transició” y encargaran a un juececillo un proyecto de constitución…

El nacionalismo siempre ha tenido una extraña forma de ver las cosas: por ejemplo, cuando aluden a co-oficialidad lingüística, no se refieren a que tal co-oficialidad se dé en Cataluña (en donde “el catalán es la lengua de todos los catalanes”)… sino en el resto del Estado Español que debe estar preparado para que un alumno de origen catalán pida enseñanza en catalán en Extremadura o que alguien nacido en el Maresme puede solicitar un impreso en catalán, digamos, en Fuerteventura… Hay un gen nacionalista que parece impedir el normal desarrollo de la lógica aristotélica en el cerebro de un nacionalista.

Los espíritus animosos, inquietos y subvencionados de la ANC, del Omnium, y demás, extrapolaron los resultados de los referéndums de chichinabo realizados a partir del de Arenys de Munt, y olvidaron lo esencial: que en Cataluña solamente un 35% de la población utiliza el catalán habitualmente y que los niveles de catalanización lingüística hace tiempo que tocaron techo, registrándose descensos en su uso; olvidaron que en Cataluña coexisten dos identidades, la catalana y la española; olvidaron que la Unión Europea, fue muy explícita (y en muchas ocasiones) respecto a la presencia de una Cataluña como “futuro Estado Europeo”; olvidaron que el mundo del dinero se mostró desde el principio en contra del soberanismo y que desde hace dos años existe una migración de sedes sociales de empresas de Barcelona al otro lado del Ebro; olvidaron que en el “año soberanista” (2013-2014) la inversión extranjera descendió un 64% en Cataluña; olvidaron que existe unos sectores “españolistas” que solamente por circunstancias políticas muy concretas no han ejercido como tales. Olvidaron, finalmente, que las naciones ni se crean ni se destruyen mediante referéndums.

Simplemente, el problema de Mas y de los que le han acompañado en esta aventura es –Viladot tenía razón– que, solamente hablaban entre ellos, se veían entre ellos, elucubraban en pequeños cenáculos entre ellos y, finalmente, se habían engañado sobre la realidad catalana.

El referéndum y su previsible resultado…

Soy de los que opina que un referéndum solamente puede realizarse en condiciones de igualdad, cuando todas las partes tienen las mismas posibilidades y existe igualdad en las condiciones de partida. Cuando hace 34 años que la Generalitat utiliza el sistema educativo para formar promociones nacionalistas, cuando desde su fundación controla con mano de hierro las llaves de la caja a la hora de repartir subvenciones y comisiones ¿del 3, del 5%? por obra pública y por cualquier contrato firmado con ella, cuando se reparten subvenciones solamente a los “amigos”… entonces no hay igualdad posible y, en cualquier caso, los resultados de un referéndum sobre de futuro de Cataluña estarían adulterados. Además, los referéndums no se pueden convocar en momentos de crisis en donde la opinión pública está asustada y desorientada. Y, a la vista de la situación del sistema educativo catalán, no parece siquiera que buena parte de los llamados a votar estén en condiciones de decidir sobre algo de lo que ignoran su alcance, repercusiones y viabilidad. Tampoco pueden convocarse cuando solamente una parte realiza publicidad unilateral y unidireccional de su causa, mientras la otra se ve excluida sistemáticamente de los medios de comunicación y de los repartos de subvenciones a sociedades y círculos…

Bueno, pues aun así, y con todo lo dicho en el párrafo anterior, soy de los que opinan que en caso de referéndum los NO a la independencia hubieran superado a los que se han dado recientemente en Escocia. ¿Motivo? Conozco a Cataluña y a los catalanes, yo mismo lo soy al 50% y toda mi infancia ha transcurrido con ese 50% de familia catalana que tengo. Los catalanes, carecen de decisión suficiente para saltar al vacío. Les gusta, es posible, como el resto de españoles, discutir en el casino o en la tertulia del bar, hacer y deshacer países, ejercer fantasía política… pero una vez situados ante el vacío, reculan. No creo, en ningún caso, que los partidarios de la independencia después de 15 días de campaña, con fair play, hubieran dado más de un 40% de votos a la independencia. En realidad, no creo siquiera que hubieran llegado a un 30%. Y con eso no se construye una nación…

Pero el error de Rajoy no ha sido negarse al referéndum… sino hacerlo solamente esgrimiendo motivos jurídicos y en especial la vigencia de una constitución que huele a muerto. Rajoy podría haber perfectamente negociado un referéndum dentro de un lustro, a cambio de 5 años de escuela bilingüe diferenciada, del 50% de la programación de la radio televisión catalana compartido entre la Generalitat y el Estado en ese tiempo, podría haber negociado que el 50% de la subvenciones distribuidas por la Generalitat en esos años, fueran a parar a asociaciones no catalanistas; referéndum, sí, cuando se hubiera procedido a una auditoría de las cuentas de la Generalitat desde su reimplantación y depurado responsabilidades por corrupción… y entonces, votación. La Generalitat, naturalmente, se hubiera negado. Su principio es que todo lo que se hace en Cataluña tiene que beneficiar solamente a lo que “es catalán”, entendiendo por ello todo lo que es nacionalista, es decir, a CiU y asociados. Así pues, tolerar algún tipo de publicidad contraria a este principio supone “traicionar a Cataluña”, de la misma forma que votar en contra de la independencia es para ellos, igualmente, ejercer esa traición…

El pueblo catalán no es de los que tienen tendencia a suicidarse. A muchos catalanes les hubiera bastado simplemente con recordarles el porcentaje de islamistas presentes en aquella región, como para suscitarles temblores y malos presagios. A otros les bastaría simplemente con que Planeta cambiaría su sede social en caso de independencia. O simplemente recordar el cálculo de la parte alícuota que correspondería a una Cataluña independiente del total de la deuda del Estado, o el coste de las infraestructuras que el Estado dejaba en Cataluña, para que cambiaran la orientación de su voto. A otros incluso pensar que la liga catalana tendría como derby máximo al Barça contra el Lleida, les induciría a invertir su voto.

Difícilmente hubiera prosperado el soberanismo en un referéndum, no ya en condiciones de igualdad, sino en las presentes condiciones, las más favorables que tendrá jamás el soberanismo (con una crisis económica que se prolonga siete años).

¿Y ahora qué? Ahora prepararnos para un largo período de inestabilidad

Ahora le toca a Artur Mas reconocer lo que todos sabíamos: que el día 9–N no pasará absolutamente nada y que las cajas de cartón compradas a modo de “urnas”, terminarán almacenando “paperassa” burocrática en los sótanos de la Generalitat. Poco más.

Artur Mas quiere unas elecciones plebiscitarias en las que poder disimular la caída en picado de votos de CiU. ERC, que se sabe partido mayoritario, sabe también que cada día que pasa el President está más perdido y hundido en un callejón sin salida creado por él y del que él será, a fin de cuentas, considerado como el único responsable. A medida que cae CiU, ERC sube. En un par de meses Artur Mas será ya reconocido como cadáver político por el electorado. CiU no tendrá reemplazo y ERC solamente tendrá que romper cualquier apoyo parlamentario a Mas para forzarlo a convocar unas elecciones que no tardarán en llegar más allá de la primavera. ERC sabe perfectamente que en las actuales circunstancias, la independencia es algo inviable… pero el desarrollo de la farsa del referéndum le ha servido para recuperar un papel protagonista en la política catalana. ERC sube, pero han sido los errores de Mas los que han propulsado ese ascenso.

El “frente soberanista” está oficialmente roto desde ayer. En realidad, lo estaba desde que Mas dejó de dirigir el proceso soberanista, para ser arrastrado por él.  Pero lo que está ocurriendo en Cataluña está íntimamente ligado a la quiebra del sistema constitucional en toda España. De hecho, la crisis soberanista es solamente una parte de la crisis política que vive el Estado Español, producto de la crisis social que ha sobrevenido después de siete años de crisis económica.

En el momento en el que las elecciones locales de mayo certifiquen la caída en picado de las cuatro grandes opciones que han protagonizado 36 años de vida democrática (centro–izquierda y centro–derecha estatales y nacionalismo moderado catalán y vasco), cuando los resultados electores certifiquen la fragmentación del sistema político español y hagan inviable el que PP y PSOE realicen una modificación constitucional pactada, lo que se instalará en la política española (y en la catalana, por supuesto), será la inestabilidad, permanente y por mucho tiempo.

La inviabilidad de un proceso independentista en Cataluña (y en Flandes en donde existe una comunidad con unos rasgos de identidad mucho más afirmados y diferenciados una lengua completamente distinta a la de la parte valona del país) no quiere decir que el problema termine cuando se dé por zanjada esta crisis soberanista con el entierro de Artur Mas. Ya hemos dicho que las heridas tardarán en restañarse y que el nacionalismo las unirá a su particular visión de la historia situando el episodio junto a la caída de Barcelona en 1714 (convertido en hito nacionalista cuando no era sino un episodio de la disputa entre dos casas reales para ver quien reinaba en España), al bombardeo de Espartero, al fracaso del independentismo a principios de siglo que concluyó con la Semana Trágica, a la derrota ipso facto del Estat Catalá a veinte horas de haberse proclamado, a la desaparición del nacionalismo durante la guerra civil y en los cuarenta años que siguieron y al fracaso en la gestión de la Generalitat convertida en cueva de Alí–Babá… La pirámide de fracasos históricos termina con este esperpento urdido por Mas y sus socios. Verdadera guinda del pastel.

Y todavía falta saber si los soberanistas colocarán el 9–N cajas de cartón y mesas plegables para atenuar su bochorno ante lo que no pudo ser y no fue, o bien ante lo que pudo ser, y seguramente hubiera sido otra derrota. Es lo que pasa cuando la endogamia nacionalista ignora que lo que está fuera de ella, no solamente existe, sino que también es mayoritario.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

 

 

 

 

 

Soluciónes dos por uno...

Soluciónes dos por uno...

Info|krisis.- La pasividad de Rajoy ante el referéndum soberanista catalán, hace que lo fíe todo en el recurso ante el Tribunal Constitucional. No hay más iniciativas, ni plan C (el A era desarmar la ofensiva nacionalista ofreciendo al big boss Pujol como carnaza ante la opinión pública y el B el citado recurso a presentar). Más allá de eso, todo será improvisación y negociación. Pero el problema no terminará ni con la sentencia al recurso ni con una negociación que generará malestar y crispación en las dos partes. Y es que la Cataluña autonómica no tiene solución… como tampoco la tiene, por otras razones, Andalucía. Posiblemente, la solución a ambos problemas consista en situarlos en el mismo plano y resolverlos, como habría que haberlos resuelto desde hace años, cuando se tuvo la conciencia clara de que en ambos casos, la corrupción se había hecho el elemento más característico de ambas autonomías.

Cataluña – Andalucía, amigos para siempre en la corrupción

En Cataluña, la madre de todas las corrupciones fue Banca Catalana. A partir del momento en el que Pujol entendió que podía utilizar el sentimentalismo y la emotividad en su defensa y suscitar manifestaciones populares de amplio seguimiento al grito de “No me atacan a mí, atacan a Cataluña”, adquirió la conciencia plena de ser el big boss de la política catalana al que le todo le sería permitido. Unido al hecho de que las simetrías electorales creadas por la Constitución hacían de los votos “catalanes” algo imprescindible cuando un partido estatalista quería gobernar sin mayoría absoluta.

En Andalucía las cosas ocurrieron de una manera similar a poco de subir Felipe González al poder. Al cabo de 100 días de estrenar poltrona en la Moncloa, González entendió que podía hacer y deshacer a su antojo. Supo que podía confiscar grupos empresariales y repartirlos entre los amigos, supo que si los hermanos de Alfonso Guerra habían salido indemnes de sus trapacerías, aquello mismo podía seguir haciéndose a gran escala. Y, sobre todo, desde antes de la llegada al poder, la Fundación Ebert, dependiente de la socialdemocracia alemana, la que inventó y financió al PSOE a partir del congreso de Sûresnes, le enseñó a González que, en democracia, todo son cálculos electoralistas, fácilmente previsibles.

Se trata, simplemente, de crear “clientelas electorales” que supongan verdaderas bolsas de “votos cautivos” en poder de una sigla. Pase lo que pase, esa bolsa electoral siempre estará agradecida a quien le ha arrojado alguna migaja (en este caso el PER) y le deberá, a cambio, fidelidad electoral pase lo que pase. Eso ha sido lo que le ha permitido al socialismo andaluz mantenerse en el poder desde los orígenes mismos de la Junta de Andalucía y, por mal que lo hayan hecho, por escándalos que se hayan acumulado, nunca jamás, el PP, ni partido alguno, ha podido constituir una alternativa real de sustitución.

En Cataluña las cosas se han hecho siguiendo una técnica más depurada. Desde que Pujol asumió la presidencia de la Generalitat se ha tratado de “catalanizar el país” partiendo de la base de que así se lograría que el electorado votaría solamente a opciones nacionalistas. La catalanización, seamos claros, ha hecho que en una comunidad en la que existían dos identidades (la que se expresaba en catalán y la que se expresaba en español), una de ellas haya impedido a la otra mostrar su personalidad. O dicho de otra manera: ha sido asfixiada.

La política es así: unos buscan clientelas electorales pervirtiendo el concepto de democracia electoral y de mayoría, y otros lo buscan adulterando y retorciendo los signos de identidad de una comunidad.

Parece que nada de esto es ilegal, amoral o inmoral sí, ilegal no. Sin embargo, lo que une en santa hermandad a Cataluña y Andalucía no es esto, sino el que en ambas comunidades se alcanzó las más altas cotas de corrupción que se hayan visto en gobierno alguno civilizado. Sí, porque Cataluña y Andalucía están hermanadas, no solamente en que sus “regímenes” inamovibles se prolongan durante más de treinta años, sino porque sus clases políticas regionales están compuestas por verdaderos cleptomaniacos.

Seamos claros: desde el punto de vista electoral, ya se ha demostrado que es inviable desplazar tanto a la cleptocracia andaluza como a la cleptocracia nacionalista catalana. La  adulteración de la historia, junto al clientelismo andaluz y al culturalismo de guante blanco catalán, han eternizado en el poder autonómico a unos partidos cuyo balance final es ampliamente negativo: tasas de paro y de paro juvenil más altas de toda España, tasas de inmigración, especialmente islamista, por encima de la media, fracaso escolar, desindustrialización, sectores cada vez más amplios de la población próximos al umbral de la pobreza o debajo del mismo, desaparición acelerada de la clase media y decisiones caciquiles de sus gobiernos autonómicos (que no por aparecer en toda la España de las autonomías son menos evidentes en estas dos comunidades).

La suspensión temporal de los Estatutos de Andalucía y Cataluña, única solución

Esa imposibilidad fáctica de que tales gobiernos sean desalojados mediante el recurso electoral (cuando en 2003 los socialistas vencieron en Cataluña, formaron un tripartido que intentó –y consiguió- desbordar al nacionalismo de CiU mediante la impulsión de un nacionalismo aún más ciego y fanatizado), hizo que en ambas comunidades arraigaran niveles de corrupción intolerables que, para colmo, estaban amparados por la sensación de impunidad que les daba el saberse inamovibles.

Y lo que es peor: en situaciones así, resulta imposible atajar esa corrupción porque es amparada, protegida y estimulada desde el poder autonómico. Así, por ejemplo, en Cataluña se llegó a crear una “Oficina Antifraude” para evitar que cualquier fraude procedente del nacionalismo fuera perseguido. Mientras, en Andalucía, el régimen de aforamientos impedía que las investigaciones policiales pudieran avanzar con soltura.

Así pues, lo que tenemos en Cataluña y en Andalucía son dos regímenes autonómicos, encarrilados por el vial de la corrupción y a los que resulta imposible detener por vías judiciales “normales”. Pero hay, por supuesto, vías de excepción.

Corresponde a los juristas constitucionalistas explicar en base a qué artículos de la constitución, un régimen autonómico que no alcanza a realizar sus fines puede ser suspendido temporalmente para facilitar una auditoría y una investigación en profundidad sobre su gestión. Incluso los grandes establecimientos comerciales cierran una vez al año “por inventario”, pues bien, más que inventario es de balance de lo que hay que hablar y, sobre todo, establecer en base al derecho, si ha existido una gestión responsable o fraudulenta de los recursos en manos de estas autonomías.

A fin de cuentas, democracia no es votar, sino instalar a gobiernos eficientes, honestos y responsables en el poder. Y los gobiernos autonómicos catalán y andaluz han sido cualquier cosa menos eficientes, honestos y responsables.

Una investigación en profundidad no puede ser realizada mientras estos mismos gobiernos sigan teniendo en sus manos los recursos del poder, pudiendo cerrar y obstruir las investigaciones, coaccionar o sobornar a testigos, destruir pruebas, mentir en los medios. Cataluña y Andalucía lo demuestran tan a las claras que no parece necesario insistir sobre ese punto. Si se quiere “limpiar” las corruptelas, hay que desarmar a los corruptos. Y en la medida en que los corruptos utilizan los estatutos de autonomía como  trinchera y excusa para justificar sus exacciones, existe una incompatibilidad entre la buena marcha de una investigación sobre los regímenes autonómicos y el ejercicio de los mismos. Una suspensión temporal sería lo único que rompería esta dinámica infernal. No hay otra.

La ausencia de Poder y Autoridad en la España de 2014

¿Quién pone el cascabel al gato? En España hay “gobierno”, lo que no hay es “poder”. Se ha llegado a esto gracias a los excesos identitarios traídos por las autonomías que han debilitado al Estado hasta dejarlo exangüe y sin funciones. A lo que se ha unido que la clase política (de derechas y de izquierdas) carece ya de “estadistas” dignos de tal nombre y en el mejor de los casos estamos ante gestores temporales de la cosa pública a los que ni siquiera se les exige eficiencia, ni capacitación.

Así pues no somos muy optimistas respecto a que ni PP ni PSOE pacten una mayoría para aprobar la suspensión de tales autonomías. En el caso del PSOE, porque en Cataluña fue algo y todavía no se ha dado cuenta de que hoy ya es un grupúsculo sin futuro, y en Andalucía porque el “régimen” está en sus manos y no están dispuestos a renunciar a la tarta.

En cuanto al PP, tampoco tiene mucho interés en llegar al fondo de la cuestión y resolver el problema de una vez por todas: después de Cataluña y Andalucía, sería lógico que en Galicia o en Castilla-León se produjeran suspensiones de este tipo para poner las cosas en orden (que distan mucho de estarlo). Y otro tanto ocurriría con el resto de autonomías. Sin olvidar que tanto el Estado como los Ayuntamientos se producen procesos similares. No olvidemos, y es importante, que el régimen nacido en 1978 pasará a la Historia con mayúscula, como caracterizado especialmente por la corrupción (como el caciquismo caracterizó a la Restauración…).

No podemos, pues, por menos que ser pesimistas. Resumimos:

1) La solución al problema soberanista no es el recurso de inconstitucionalidad.

2) El actual proceso soberanista se cerrará en falso, ocasionando malestar por ambas partes.

3) Ese malestar será permanente y volverá a reproducirse cuando cambie el gobierno de la nación.

4) La única solución al problema es hermanar Cataluña con Andalucía, suspendiendo ambos estatutos de Autonomía y realizando una depuración de responsabilidades penales por la gestión de los gobiernos autonómicos.

5) Esta suspensión haría que se resetearan las situaciones políticas en ambas comunidades generándose nuevos equilibrios de fuerzas y generando un marco adecuado para modificaciones de los regímenes autonómicos que evitaran situaciones similares en el futuro.

6) Si no se opera tal suspensión, los procesos centrífugos en Cataluña y la corrupción inamovible en Andalucía persistirán por tiempo indefinido, sumiendo a todo el país en una situación insostenible e inviable para el Estado y para la Sociedad.

7) Todo induce a pensar que la suspensión temporal de los Estatutos de Autonomía es una solución lógica… pero inaplicable. Con lo que quedaría sólo esperar que aparecieran nuevas fuerzas políticas que modifiquen profundamente el panorama político español.

8) Pero en el panorama político español no aparece ninguna fuerza política interesada en asumir la idea de Estado, reivindicar la soberanía, la fuerza y el poder del Estado contra la centrifugación y la corrupción.

De todo lo cual se deduce que… no hay salida. Así que se trata sólo de ser realistas reconocer y asumir que la situación actual tiene mala salida y que en el momento actual, cualquier salida que pueda aplicar el PP, es una salida en falso y el prolongar la larga agonía de los problemas. 

© Ernesto Milà - info|krisis - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

 

 

 

 

 

Cataluña: próximos pasos

Cataluña: próximos pasos

Info|krisis.- El resultado del referéndum escocés ha conmovido al nacionalismo catalán que ha visto como su posición se ha precarizado. El partido querido por la Generalitat de Cataluña contra el Estado Español registra en estos momentos un 1 a 2 como resultado provisional. La Ley de Consultas aprobada por el Parlament de Cataluña supondría un nuevo tanto para la Generalitat, pero el Tribunal Constitucional se encargará de anularlo. Por lo tanto, el marcador registra un “gol” a favor de la Generalitat (la manifestación del 11–S) y dos a favor del Estado (la salida a la superficie del Caso Pujol y la derrota de los independentistas escoceses). ¿Cuál es la situación del conflicto a 22 de septiembre?

Era evidente que si el referéndum escocés daba un sí a la independencia, en torno a 150 regiones europeas intentarían seguir el camino y encontrar jurisprudencia que avalara esa misma petición. Cataluña era la primera en la lista de espera, pero tras Cataluña vendrían Bretaña, Auvernia, Padania, Normandía, Gales, Baviera, y así sucesivamente. Si ya hoy la Unión Europea tiene dificultades en coordinar a 28 Estados, mucho más absurdo supone el que alguien esté interesado en fragmentar aún más al viejo continente en nombre de “identidades” que ignoran cuál es su lugar (el más bajo y limitado de todos los niveles de identidad) y pretenden absolutizar sus componentes antropológicas situándolas por encima de la conciencia nacional y de la conciencia europea.

Lo que sirve en Sudán del Sur, ¿sirve en Cataluña?

Muchos en Europa han respirado al conocer los resultados inapelables del referéndum escocés. No es la primera vez que, situados ante el abismo, incluso países como Canadá compuestos por identidades muy diferentes y que hasta hace 150 años se encontraban en estado de guerra, rechazan la independencia al tener la posibilidad de expresarse en las urnas. Es más, insistir desde hace casi 40 años en este tipo de consultas es lo que ha hundido literalmente al Partido Nacionalista de Quebec en las últimas elecciones.

En Escocia los resultados han sido relativamente apretados: el SI ha cosechado 1.617.989 votos y el NO un total de 2.001.925, es decir, un 44,7% frente a un 55,3%. Lo primero que subyace es que las fuerzas están bastante igualadas y, desde luego, con el apoyo de la mitad del electorado es imposible pensar en la creación de una nación nueva. Es precisamente en este resultado en donde se percibe el absurdo del referéndum para resolver una cuestión de este tipo: dista mucho de haber unanimidad y el nacionalismo solamente ha debido su ascenso a la crisis económica. Así, por tanto, el resultado del referéndum ha estado lastrado por la crisis, de no existir, los votos cosechados por el SI hubieran sido mucho menores. Lo que demuestra que el electorado está más pendiente de su bolsillo que de la creación de un nuevo Estado. Si apoya a los independentistas no es por “conciencia histórica”, sino por identificar al “gobierno central” con los errores a la hora de afrontar la crisis.

No es, desde luego, ningún desdoro para los independentismos europeos pensar que Sudán del Sur y Eritrea han sido las últimas naciones en acceder a la independencia a través de un referéndum, pero sí dice mucho sobre lo tercermundista del sistema. Un referéndum no resuelve gran cosa, especialmente cuando, como ocurre en Cataluña, detrás del “derecho a decidir” lo que se esconden es intenciones muy diferentes: independentismo de un lado, miedo a las medidas judiciales que el Estado pueda adoptar a partir del imparable proceso al gang Pujol y engañar pura y simplemente al electorado mediante una pregunta ambigua como la propuesta por Artur Mas.

Referéndums en tiempo de crisis

Solamente algunos ingenuos habitualmente miembros del PSC, entienden el referéndum propuesto por la Generalitat como un “derecho a decidir”. Se trata, en realidad, de un maquillaje adoptado por los independentistas para hacer más digerible su “proceso”. Tal maquillaje es más grotesco si atendemos a las preguntas propuestas por Mas: “¿Quiere que Cataluña se convierta en Estado?” SI o NO, seguida de “En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”… hubiera bastado con una sola: “¿Quiere que Cataluña se independice del Estado Español?” sin necesidad de introducir ese elemento de confusión que implica el recurrir a una tautología, porque todo “Estado”, por el hecho de serlo (o debería serlo), es soberano y, en tanto que tal, independiente. Lo que ocurre es que, inicialmente esa segunda pregunta había revestido otra forma: “¿Quiere una Cataluña independiente miembro de la Unión Europea?” que, tras las declaraciones de la propia UE, dejó pronto de tener sentido y que, desde el primer momento tuvo su punto grotesco.

En Cataluña, como en Escocia, la crisis económica es lo que ha precipitado a los nacionalistas por la vía del referéndum: “ahora o nunca”, pensaron. Si se tratara solamente de ejercer el “derecho a decidir” parece claro que en Cataluña la derrota independentista sería todavía más abultada que en Escocia. A fin de cuentas el Partido Nacionalista Escocés no se ha visto salpicado de escándalos como CiU y, por lo demás, la “mayoría silenciosa” en Cataluña es mucho más silenciosa que en Escocia.

Hace solamente tres años, el independentismo apenas alcanzada a un 19% del electorado. Si ha progresado ha sido por aportar una explicación simple a un problema complejo (“Madrid” tiene la culpa de los problemas de “Cataluña” y “solos saldríamos antes de la crisis”…), y sobre todo ha progresado porque apenas ha habido propaganda ni argumentos en contra. Los medios de comunicación catalanes, obviamente subvencionados por la Generalitat llevan haciendo campaña en favor del referéndum soberanista desde hace tres años, e incluso los dependientes directamente de la Generalitat de Cataluña constituyen un “ball de la patacada mediática” que no tiene nada que envidiar a la propaganda estalinista. Así pues, hay que pensar que sin campaña publicitaria contraria al referéndum, si las encuestas están igualadas, en caso de llevarse a cabo el referéndum los resultados del NO serían bastante más abultados.

Las próximas bazas hasta el 9-N

De hecho es probable que el escenario previsto por Mas fuera éste: contentar al electorado nacionalista con un referéndum, para quedar con un 40% de votos a favor del SI y un 60% a favor del NO y, a partir de ahí, arrancar algunas ventajas especialmente económicas (el concierto económico). Lo que está claro es que Mas (y por extensión el nacionalismo y el independentismo) no pueden prolongar mucho la situación: empieza a haber hastío en la calle por este soberanismo omnipresente y que, a fin de cuentas, tampoco gestiona bien la res publica, y para colmo aparece enfangado en casos de corrupción… esta situación de tensión no podrá prolongarse eternamente. Alguien, incluso entre las filas nacionalistas, pedirá eficacia en la gestión y depuración de corruptos.

Pero, como decían los latinos, tempus fugit… y sea lo que fuere lo que tenía en mente Artur Mas hace tres años, es evidente que hoy ha variado completamente. La partida va, como hemos dicho, 2 a 1 a favor del Estado. En esta semana y en la siguiente, el tanto que finge creer haber marcado la Generalitat (la Ley de Consultas) será anulado por el recurso ante el Tribunal Constitucional. Y en las próximas semanas vamos a asistir a un desfile de altos cargos de la Generalitat pasar a declarar por la Audiencia Nacional, de la misma forma que hay cola de empresarios extorsionados para ajustar cuentas con la institución que les obligó a pagar por trabajar en Cataluña.

Es muy posible que, especialmente en las últimas semanas, Artur Mas (“yo soy póker”…) no abandone su cara de monolito impasible, simplemente para evitar la prisión para él y para muchos de los suyos. De momento, los dos hermanos de Felip Puig, sin duda el conseller más prepotente, soberanista y desagradable, ya tiene a dos hermanos imputados, paso previo a imputarle a él mismo. Los propios consuegros de Pujol también han aparecido como implicados en otro pelotazo urbanístico. Y, como se sabe, la justicia –especialmente la española– es lenta, pero llega siempre al final del camino.

El camino hacia la mazmorra fría…

La trayectoria de la Generalitat de Cataluña en estos treinta y pico últimos años es un camino que conduce directamente a la prisión para los que desde la Plaza de Sant Jaume han saqueado el país y extorsionado a los empresarios. En estos momentos, especialmente Jordi Pujol tiene perfecta conciencia de lo que se le viene encima y de que solamente en una “Catalunya independent” puede evitar el celebrar su sesenta aniversario de matrimonio con su cómplice, fuera de prisión.

Si en otro tiempo estas situaciones se han evitado era porque CiU, era evidente, se mantendría durante mucho en el poder dispuesto a apuntalar al PP o al PSOE. Hoy CiU puede romperse en cualquier momento, ERC ya va por delante de la coalición nacionalista, y el PSC está en fase gropuscularización. La nueva correlación de fuerzas que nacerá en Cataluña después de las próximas elecciones autonómicas no tendrá nada que ver con la anterior y no será, desde luego, la más favorable para evitar que los Pujol y sus cómplices se sienten en el banquillo de los acusados.

A lo largo del mes de octubre vamos a ver como el soberanismo de CiU se modera extraordinariamente, como incluso ERC da marcha atrás e intenta jugar la carta del “seny” (la sensatez), junto a la de la firmeza (la “rauxa”) que, finalmente, quedará reducida a la ANC y a la pobre “senyoreta Forcadell” que quedará como la mala de la película (y mejor que nadie le realice una auditoría, so pena de preguntarse a dónde han ido a parar todos los fondos entregados por Mas y por los 50.000 ingenuos cotizantes que parecen haber olvidado aquella conocida frase del jurista Johnson según la cual el “patriotismo es la última trinchera de los bribones”).

9-N inviable, elecciones anticipadas, única solución

Sea cual sea el escenario, todo induce a pensar que Mas tirará la toalla y cambiará su rostro de póker por el rictus de la decepción, el miedo y el fracaso. Porque éste ha sido casi en exclusiva un fracaso de Mas y de CiU: no se pueden emprender aventuras cuando uno no tiene la intención de llegar hasta el final. De momento, Mas calcula que su simulacro de firmeza evitará el hundimiento electoral de CiU (se equivoca; cualquier cosa que no sea la independencia será considerada como un fracaso por ese mismo electorado). Y que, en cualquier caso, in extremis, puede negociar, no ya concierto económico a cambio de cesar la presión soberanista (como antes del verano), sino simplemente no llegar al final de las investigaciones por corrupción a cambio de desactivar la bomba independentista.

Es natural que Mas haya esperado a ver lo que ocurría en Escocia. El resultado, le deja muy pocas opciones. Las elecciones anticipadas seguramente son la salida menos gravosa desde el punto de vista personal… a condición de asegurarse que la Audiencia Nacional no irá más allá de unas cuántas declaraciones ante el juzgado y cesará en su pretensión de que desfilen por los Juzgados de Plaza de Castilla, la cohorte de consellers, además de toda la familia Pujol, consuegros incluidos.

La explicación que Pujol dará ante el Parlament de Cataluña será la escenificación del drama de un bucanero que apelará al patriotismo, a su inocencia, a su buen nombre y al de su familia, a la dignidad de su cargo de “President”, para negar todas las acusaciones. El hecho de que Artur Mas ya negase públicamente que el big–boss del gang no es un corrupto, indica a las claras por donde va a apuntar la defensa de Pujol. Parece difícil que a estas alturas, Pujol puede reeditar el “me atacan para atacar a Cataluña” y ser creídas por las masas e incluso que haya periodistas que se atrevan a reproducir sin sonrojarse este mensaje propio de una época que ya ha concluido.

En cuanto a Rajoy, el ejercicio de Don Tancredo le ha ido bien no por méritos propios, sino por el azar de las circunstancias internacionales. De haberse producido la victoria del SI en Escocia, el 2 a 1 a favor de la Generalitat pudiera ser un resultado definitivo, previa a la secesión o al envío de los tanques. Si esta es toda la resistencia que puede oponer el Estado a un proceso separatista es que el Estado Español es muy débil y apenas tiene capacidad de reacción. Y de toda esta crisis, esta es, sin duda, la enseñanza más preocupante.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto sin indicar origen.

 

Cuatrimestre de ruinas

Cuatrimestre de ruinas

Info|krisis.- Concluido el mes de agosto y retornados sin excusa a los puestos de trabajo, falta saber qué nos depara el último cuatrimestre del año. Los dos tercios de 2014 que hemos consumido han sido particularmente interesantes desde el punto de vista informativo, pero los próximos meses van a ser, simplemente, de infarto. Vale la pena, hoy primero de septiembre, dar un repaso a lo que tenemos ante la vista.

Repasando los dos tercios cubiertos de 2014

Hasta ahora, 2014 va en camino de ser un “año histórico”. Si ahora terminara el año y juzgáramos lo que ha representado 2014 para la historia de España, sin duda diríamos que el suceso más importante ha sido el relevo en la monarquía y lo que ha supuesto la ceremonia de entronización de Felipe VI. Pero, a la vista de cómo se han hecho las cosas (muerte de Adolfo Suárez, aparición del libro de Pilar Urbano, mal estado de salud de Juan Carlos I, campaña de promoción de Felipe-Leticia, abdicación, ceremonia laico-parlamentaria descafeinada de “entronización”, consabido viaje de la nueva pareja real a Marruecos) el episodio indica una banalización creciente de la monarquía y parece tener mucho más impacto en los lectores de la prensa del colorín que en la política real.

Desde el punto de vista económico, desde hace seis meses venimos oyendo al gobierno afirmando por activa y por pasiva que, finalmente, se ha revertido la situación económica y el país está generando empleo. Realmente los datos económicos positivos  empiezan todos los años en el mes de marzo o, como máximo, en abril (un poco antes de que se inicie el empleo estacional). El fin del invierno y el inicio de la campaña turística de Semana Santa son los únicos elementos que favorecen ese repunte anual del empleo. Eso ha generado en los últimos seis meses un aumento del consumo interior que puede explicarse precisamente porque este año han aumentado las visitas turísticas a nuestro país.

Las exportaciones, en cambio, no han ido bien a la vista del parón de las economías centroeuropeas y de que se empiezan a notar los problemas generados por la quiebra argentina y la recesión brasileña, preludio de lo que vendrá. Así como la primera oleada de la crisis económica tuvo como ejes a los EEUU y a los países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España), siendo primero crisis inmobiliaria, luego crisis bancaria, luego crisis de deuda soberana y en España y Grecia convirtiéndose en crisis social y desembocando en una crisis política), la segunda oleada de la crisis de la globalización está teniendo su eje en Iberoamérica, cuando ya se empieza a hablar de la futura crisis de la deuda china y del estallido de la burbuja inmobiliaria en el gigante asiático.

Al gobierno Rajoy no parece importarle mucho que el empleo que se genera sea “empleo-basura” con ciclos de tres-cuatro meses de permanencia, fin de contrato y vuelta al paro, y que esté íntimamente ligado al sector de la hostelería, esto es al aumento del “turismo-basura” que indica muy a las claras en el callejón sin salida en el que nos ha llevado el presente modelo económico de nuestro país. Éste nos conduce aceleradamente a convertirnos en un país de camareros, reponedores de supermercados y empleados en la limpieza de hoteles, capaz de convertirse en la meca del peor turismo que pueda concebirse y sin esperanzas de que la tendencia se vaya a invertir en beneficio de un turismo de calidad, menos masificado, con más pernoctaciones y más consumo per cápita.

El turismo declinará a finales de septiembre. Esto hará que las  cifras del empleo vuelvan a ser negativas en octubre y se prolongue esta tenencia hasta el mes de marzo abril, cuando, de no haber ocurrido aquí una catástrofe, el turismo de chancletas y botellón, balconing y porro, repuntará de nuevo y con él el empleo, en un ciclo infernal desde el punto de vista económico y deprimente desde una óptica patriótica.

Las elecciones europeas de mayo demostraron la crisis de la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) abocados a perder votos. Se evidenció que la crisis del PSOE era estructural (lo que ha confirmado, además, el hecho de que la elección de Pedro Sánchez como secretario general no haya impedido que el partido siga perdiendo intención de voto), que en Cataluña y el País Vasco, los independentistas radicales habían superado o estaban en trance de hacerlo a los nacionalistas moderados y que el PP perdía votos. Sin embargo, la gran convulsión se produjo con los resultados de Podemos que desde entonces no ha hecho más que mejorar en las encuestas y situarse a la cabeza de la izquierda.

Raro ha sido el día en que la corrupción no ha aparecido en los medios de comunicación ligada especialmente a las comunidades autónomas de Cataluña y Andalucía, hermanadas en esto y con graves sospechas hacia quienes las dirigieron (y las dirigen). En el caso catalán, evidentemente, se ha tratado de sacar a la superficie algo que los jueces de allá y la fraudulenta Oficina Antifraude de la Generalitat no han estado en condiciones de hacer. Y si esta salida a la superficie de algo que todos los analistas conocían desde hace décadas (el increíble nivel de corrupción enfeudado en la Generalitat) se ha producido por la proximidad del desenlace del “proceso soberanista”, lo cierto es que también se ha revelado que los sucesivos gobiernos que se han sentado en La Moncloa habían mirado a otra parte inducidos por la colaboración que recibían de la Generalitat, lo que no dice mucho hacia la honestidad y moralidad de nuestros gobernantes.

La inmigración ha repuntado en forma de asaltos masivos  dramáticos a las vallas de Ceuta y, especialmente, de Melilla y a la llegada de oleadas de pateras. Una vez más se ha percibido la actitud equívoca de Marruecos que ha permitido estos asaltos (incluso inmediatamente después de la entrevista entre Felipe VI y Mohamed VI) y la perplejidad de un gobierno que desde hace décadas se niega a ejercer la autoridad y actuar contundentemente para desarticular un fenómeno a cuya peligrosidad social y al lastre económico, también se une el riesgo sanitario que implica llegadas descontroladas de inmigrantes procedentes de zonas en las que se extienden enfermedades infecciosas y virus tropicales del que el Ébola es, sin duda, el último ejemplo, pero no el único.

El décimo aniversario del 11-M se celebró cuando empezaran a salir de las cárceles algunos de los marroquíes condenados. El gobierno prefirió no dar mucho relieve al aniversario y hacer oídos sordos a las voces que desde hace años recuerdan que ni la investigación ni la sentencia llegaron a demostrar nada esencial del crimen, limitándose a aceptar la versión oficial y dejando un gigantesco agujero negro que recuerda que el asesinato de 192 sigue impune.

En lo que se refiere al “proceso de paz”, las protestas de las asociaciones de víctimas del terrorismo no lograron detener la excarcelación gradual de presos, sin duda, pactas por el PP antes de ocupar el gobierno, cuando ETA exigió a Zapatero la aquiescencia de Rajoy para reiniciar las conversaciones.

La eliminación de la selección española de fútbol del mundial de Brasil supuso un trauma nacional para algunos superior a lo que pudiera suponer el fallecimiento de un ser querido. Solamente los hinchas del Atlético de Madrid tuvieron la satisfacción de ver a su equipo como campeó de la liga. Estas son, desde luego, las noticias más relevantes desde el punto de vista “cultural” y a la vista de que la cultura, como tal, se ha ausentado del país sin dejar señas.

Desde el punto de vista internacional cabe recordar la entrada del conflicto ucraniano en su última fase con el golpe de Estado de Kiev que situó a una camarilla pro-OTAN en el poder y el inicio de la secesión de las zonas mineras del Este del país. El aumento de la tensión en Palestina a raíz del asesinato de tres jóvenes judíos y de las represalias que siguieron, indica la imposibilidad de resolver el conflicto por vía de la negociación. En Irak se ha ido desvelando lo que ya era previsible desde la invasión norteamericana de 2003: que la caída del régimen laico de Saddan Hussein no supondría el establecimiento de una democracia digna de tal nombre, sino la liberación del potencial explosivo del fundamentalismo islámico en la zona. La guerra civil siria, por su parte, ha confirmado lo mismo: el yihadismo acude al olor a pólvora y se sitúa a la ofensiva al margen de que el conflicto haya sido iniciado por grupos más moderados… Hay que decir que ante estos conflictos internacionales, España ha demostrado tener muy poco que decir. Rajoy se ha limitado a ponerse a remolque de la OTAN, de la UE y de los EEUU sin aportar ningún matiz, ni ninguna propuesta propia.

A la vista de este resumen podría sentenciarse que los dos primeros tercios de 2014 no han sido particularmente positivos en ningún terreno (salvo la mirada de Rajoy hacia el “vaso medio lleno”), pero cabría añadir que lo peor está por llegar.

Lo que queda de 2014…

Cronológicamente, el primer problema que se va a plantear en el último tercio de 2014 es la “cuestión catalana”. El 11 de septiembre se cumplirá el tricentenario de la caída de Barcelona en manos de las fuerzas borbónicas. La Generalitat intenta transformar la fecha en una apoteosis independentista sin el más mínimo respeto por la verdad histórica, ni por las necesidades actuales de una Cataluña desertizada industrialmente, con una capital saqueada por el turismo, que por voluntad de Jordi Pujol agrupa al mayor contingente de inmigrantes islámicos de todo el Estado y, para colmo, con unos niveles de corrupción tan solo semejantes a los andaluces.

Todo induce a pensar que la salida a la superficie de la corrupción impulsada por el gang Pujol ha “hecho pupa” en el independentismo. A esto se une la firmeza con la que Rajoy afirma que se “cumplirá la ley”, firmeza simétrica a la que hacen gala Mas y Oriol Junqueras quienes insisten en que “habrá referéndum el día 9 de noviembre, sí o sí”… Todo induce a pensar que las dos partes se han tomado la cuestión como una partida de póker en la que se trata de jugar de farol hasta el límite del infarto. La correlación de fuerzas juega a favor del Estado: aparte de que las masas nacionalistas se han ido radicalizando en los últimos dos años, distan mucho de tener el consenso necesario para alcanzar la secesión incluso en el caso en que el Estado Español se despreocupara por la suerte de Cataluña. Incluso puede pensarse que si se celebrara el famoso referéndum, la hipotética respuesta de las urnas sería ampliamente contraria a la secesión.

En toda esta historia, el personaje más dramático es Artur Mas, que inicia este proceso a poco de llegar al poder y tras siete años de verse apeado por los dos tripartitos de izquierda. Simplemente, para poder negociar con Madrid teniendo ases en la manga, Mas inyectó fondos en los circuitos independentistas que pronto cobraron vida propia y superaron los límites que les había marcado Pujol tiempo atrás. Poco a poco, Más se ha ido viendo superado primero y arrastrado después por la marea que él mismo creó, disponiendo cada vez de menos margen de maniobra. Tres años después su situación es extremadamente difícil y, sea como fuere lo que ocurra luego, ha llegado al final de su carrera política. Las alternativas para él son pocas.

O bien Mas celebra, contra viento y marea el referéndum amparado en la ley catalana de consultas que se aprobará en los próximos días y que será recurrida (y su aplicación paralizada, por tanto) en el Tribunal Constitucional, o bien la retrasa. Si la celebra de manera ilegal, la consulta constituirá un fracaso de participación (no más del 35%) y se arriesga a que las presiones sobre Rajoy sean extremas y se vea obligado a suspender la autonomía catalana y a procesar a Mas por sedición, dando con sus huesos en la cárcel. Hipótesis remota, por lo demás. Si no celebra la consulta, ERC le resta su apoyo parlamentario, con lo que Mas se verá abocado a convocar unas elecciones anticipadas en las que ni siquiera se presentará y que CiU perderá por goleada, obteniendo ERC el rango de partido más votado. De ahí la firmeza de Oriol Junqueras que intuye perfectamente que la consulta jamás verá la luz y que aparentar dureza y aplomo le reportará más votos desencantados con la ambigüedad de Mas y con las corruptelas de CiU. Junqueras sabe que la alternativa al referéndum son las elecciones anticipadas… y que las ganará indiscutiblemente. El año terminará en Cataluña, previsiblemente, con la convocatoria de elecciones autonómicas para Enero.

A partir de Octubre la sonrisa de Rajoy se disipará: las cifras macroeconómicas dejarán de ser “favorables” y se demostrará la triste realidad de que dependemos completamente del turismo, es decir… de un negocio estacional. Las cifras del paro repuntarán de nuevo. Por otra parte, se percibirá sin sombra de dudas que el empleo que se ha creado a lo largo del año ha sido simplemente estacional con un altísimo nivel de rotación y que el 80% de los contratos apenas han supuesto trabajo durante cuatro meses antes de reingresar en las listas del paro. La estructura económica de nuestro país está configurada de tal manera que el paro es endémico y el empleo desde hace décadas se concentra mayoritariamente en sectores con poco valor añadido (hostelería, construcción y agricultura). La hostelería está sometida a los gustos del turismo, a la situación internacional (caída del turismo magrebí y turco favorecen la llegada a España de turistas de Europa Occidental) y a la posición modesta de otros competidores (Croacia, Eslovenia, Chequia) que no durará siempre. Sin olvidar que un pequeño incidente generado por independentistas o yihadistas podría simplemente cortar en seco la llegada de turistas y un desplome del PIB en apenas unos meses.

El repunte del paro provocado por el fin del trabajo estacional se unirá a la desaceleración de la economía europea (a la que va a parar una parte sustancial de nuestras exportaciones) y a la recesión de las economías argentino-brasileña que contribuirán a revitalizar la crisis de la globalización iniciada en 2007. Cuando se convoquen las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015, la campaña se iniciará con el mal sabor de boca de esta crisis y su repercusión en el empleo y la sensación de que la palabra de Rajoy vale tanto como la de Zapatero o de cualquier otro que le haya precedido, lo que permite entrever que los resultados para el PP serán limitados y que perderá algunas grandes ciudades y el control de algunas comunidades autónomas en las que hoy gobierna.

La acumulación de casos de corrupción producida en los últimos años no parece que vaya a desembocar en el último tercio de 2014 en juicios públicos. Tanto la trama Gürtel, como el caso de los EREs, si bien han superado la fase de instrucción, no se ha concretado todavía una fecha para su celebración y en cuanto al destino procesal del gang Pujol (y de otros casos que puedan aparecer hasta que se sustancie el conflicto soberanista en Cataluña) ni siquiera se han abierto las instrucciones. En cuanto al Caso Urdangarín, a medida que se dilate su instrucción, y vaya quedando atrás la abdicación de Juan Carlos I, la corrupción en el entorno de la Casa Real tenderá a identificarse con la imagen del nuevo monarca en lugar de estar ligada al precedente. De ahí que, de entre todos, éste posiblemente sea el caso que aparezca antes en los tribunales, pero difícilmente en el cuatrimestre que se inicia ahora.

Parece inevitable que se produzca una recomposición de la izquierda en torno a Podemos, a la vista de la tendencia iniciada a partir de las elecciones europeas y de la incapacidad del PSOE para superar su crisis estructural. La falta de talla política de Pedro Sánchez, evidenciada en sus dos meses de gestión, siembra las más serias dudas sobre el futuro de este partido. Con una Izquierda Unida en descomposición y un tránsito por goteo hacia Podemos, el silencio atemorizado de Equo ante el ascenso de su inmediato competidor, es inevitable que el partido de Pablo Iglesias, si consigue superar su dinámica asamblearia y pone orden en sus estructuras organizativas, se convertirá antes de las elecciones municipales en vector principal de la izquierda.

Todo esto induce a pensar que una vez resuelta la fecha mítica del 9-N en la que probablemente lo único que pase sea que Artur Mas se vea obligado a convocar elecciones anticipadas, el problema catalán quedará conjurado, como mínimo hasta que no se siente un gobierno de izquierdas en La Moncloa, gobierno que no podrá sino surgir de una coalición entre un PSOE declinante, un Podemos aun capaz de suscitar el entusiasmo propio de las utopías y una IU enfrentada al dilema “desaparición o tocar poder como socio secundario”. Solamente en esas circunstancias un gobierno español podría autorizar la convocatoria de un referéndum en Cataluña de efectos imprevistos.

El último cuatrimestre de 2014 demostrará en primer lugar el error de pensar que estamos ante un nuevo ciclo de “vacas gordas” y que el problema del paro dista mucho de estar resuelto incluso en una mínima parte. Demostrará, así mismo, la crisis de confianza del electorado ante las opciones tradicionales y aumentará la sensación de que se está acabando un ciclo político. La ausencia de juicios públicos contra la corrupción (y la posibilidad de que aparezcan más casos) aumentará el encono de la población contra la clase política, una población que quiere ver ya de una vez por todas sustanciados los innumerables procesos abiertos o en vías de incoarse y necesita, de una vez por todas, ver a políticos de primera fila, entrando en fila en la cárcel.

El nombramiento de algún español (¿De Guindos, Arias Cañete?) para ocupar puestos de relevancia en la administración de la UE sería para Rajoy un argumento más para “vender” su idea de “eficacia en la gestión, discreción en la actuación”. Pero, difícilmente esta idea podría llegar al grueso del electorado mucho más pendiente de lo que ocurre en el barrio que de las novedades llegadas de Bruselas por importantes que sean. Por otra parte, el nombramiento de un miembro del PP para un cargo de relevancia internacional, dará argumentos a la oposición para recordar el caso de Rodrigo Rato. Sin olvidar que los comisarios españoles de la UE, frecuentemente, han realizado una gestión completamente aséptica y alejada de cualquier forma de patriotismo.

La publicación del dato de que medio centenar de “españoles” figuran entre los yihadistas que combaten en Siria ha conseguido desplazar el eje del terrorismo al fundamentalismo islámico y exige medidas para frenar las generosas concesiones de nacionalidad en virtud del ius solis de las que la aparición repentina de yihadistas es solamente una de las muchas consecuencias del problema, siendo la primera en importancia, el desfiguramiento creciente de la identidad española. 

El problema de la inmigración, como la caída en picado de la calidad del turismo, deberían de obligar al gobierno a tomar medidas, especialmente por las repercusiones que tienen la llegada constante de oleadas de inmigrantes subsaharianos convertidos en verdaderos transmisores de enfermedades víricas. En cuanto al turismo, el gobierno debería plantearse con el verano aún caliente, si el turismo-basura es el modelo que deseamos y necesitamos. Ahora bien, si tenemos en cuenta la velocidad con la que el gobierno Rajoy suele procesar los datos cotidianos, la respuesta a todos estos problemas no se producirá desde luego en 2014 y suerte tendremos si el gobierno hace algo antes de las próximas elecciones generales.

Cuando oigamos el primer mensaje de Navidad de Felipe VI en el que nos hablará de estar unidos y tener un destino común, mantener una actitud optimista y constructiva a pesar de los nubarrones internacionales y las dudas sobre el futuro… la audiencia será indudablemente más baja que en años anteriores, indicativo que la desconfianza creciente que alberga la población ante la clase política. Y es que el sistema se va marchitando progresivamente como la naturaleza en otoño, su base social se ve cada vez más erosionada como los árboles que a partir de ahora empezarán perder hojas…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin citar origen.

 

 

 

 

Turismo: lasciate omnia spes

Turismo: lasciate omnia spes

Estamos en crisis, la economía mundial se ha ralentizado de nuevo… pero España, este año alcanzará un récord en pernoctaciones turísticas. Sesenta millones de extranjeros visitarán nuestro país. La oleada empezó con los años 60, pero ahora se ha convertido en una verdadera pandemia. No somos un “país turístico”: nos hemos convertido en una reserva turística frecuentada por turismo basura y que genera trabajo basura. Esa ha sido el “modelo económico” que prevale en España de manera indiscutible desde nuestra adhesión a las Comunidades Europeas (hoy Unión Europea). Un verdadero suicidio económico.

Los vecinos de Magaluf (Mallorca) se quejan del salvajismo reiterado de los visitantes. En Lloret de Mar las batallas con turistas borrachos y drogados durante días, son frecuentes a todas horas pero especialmente a partir de altas horas de la madrugada. Las playas de Benidorm, la segunda ciudad española que recibe más turismo, parecen un verdadero universo concentracionario. En Salou, los turistas adolescentes llegados de todo el mundo se tiran desde los balcones de los hoteles a las piscinas con más frecuencia que los banqueros de Nueva York lo hicieron durante la crisis del 29. No es posible pasear por ninguna calle de Barcelona sin chocar con miles de turistas que cámara en ristre fotografían los lugares más absurdos e intrascendentes; y si el barcelonés baja a las Ramblas, encontrará, sin duda, alguno de los 200 clubs del cannabis abiertos para atraer el turismo “fumeta”, especialmente alemán. España se ha convertido en un “parque temático” para turistas a los que puede aplicársele el calificativo que les dio Pérez Reverte en 2010: son, efectivamente, “turismo basura”.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

A principios del siglo XX, el pintor, poeta y bohemio, Santiago Rusiñol popularizó Sitges como destino turístico de la burguesía catalana. Era un lugar inigualable. Fue allí, tras la iglesia y sobre el acantilado que va dar al mar, donde construyó su casa, el Cau Ferrat que aún hoy puede visitarse convertida en museo. Los sitetanos (gentilicio de Sitges; por cierto, pronúnciese “Siches”, para no complicarse la vida, o ˈsidʒəs, si prefiere seguir los preciosismos de Wikipedia…) estaban orgullosos de que su pueblo de pescadores, fuera visitado por intelectuales, artistas, industriales y visitantes selectos. Hoy, Sitges es meca del turismo gay de ciertos vuelos, de ahí que haya conservado todavía un buen volumen de ingresos por visitante. No ocurre así en la mayoría de zonas turísticas de España.

Era normal que el turismo penetrara por Cataluña y por el País Vasco. A fin de cuentas, en ambas zonas eran fronterizas y la propia pujanza de las burguesías locales generaba los elementos desencadenantes del fenómeno en un tiempo en el que era difícil desplazarse más allá de 100 km del lugar de residencia. En una segunda fase, determinados exponentes de esa burguesía –especialmente, procedentes de su franja media– optaron, no solamente por visitar algunas zonas de España, sino por hacer de su afición un medio de vida. Optaron por destinar sus capitales a la promoción de tales zonas y así comenzaron los imperios turísticos que ya existieron durante el reinado de Alfonso XIII y en los años de la República. El Grupo Barceló, por ejemplo se fundó a principios de los años 30, aunque solo a partir de 1962 se convirtió en un imperio hotelero. El diplomático austríaco que creó la denominación “Costa del Sol”, Rudolf Lussnigg y el eslogan “Almería, la ciudad donde el sol pasa en invierno”, se dedicaba ya a la hostelería y a la promoción turística en España desde 1907 y a partir de 1934 fue factótum de Hoteles Unidos HUSA, hoy con participación mayoritaria de miembros de la alta burguesía catalana.

A partir de los años 50, cuando algunos exponentes del bando derrotado en la Segunda Guerra Mundial recalaron en España, se convirtieron pronto en promotores turísticos e inmobiliarios en el Levante Español, Baleares y Canarias. Algo que enlazó con las necesidades de las clases medias europeas una vez Europa empezó su reconstrucción. No es raro que uno de los países que se habían situado al margen del conflicto, Suecia, se convirtiera en uno de los principales exportadores de turismo en los años 50. Con media Europa destruida, y el envidiable clima español, el turismo sueco buscaba en el tipismo aún subdesarrollado de España, lo que ellos habían dejado atrás desde hacía mucho, o simplemente lo que no tuvieron nunca hasta que el clima empezó a cambiar en los años 70 (si hoy apenas vienen turistas suecos a España es porque el clima en el sur de Suecia se ha vuelto más benigno y se han abierto centros turísticos a orillas del Báltico…).

En 1959, el turismo era una de las posibilidades económicas que se abrían al franquismo, posibilidad doblemente interesante: de un lado, permitía demostrar a los países europeos que en España no existía una dictadura inmisericorde, ni el pueblo estaba oprimido o era infeliz; de otro, porque los turistas dejaban divisas y eso permitía, en la época de la autarquía, adquirir al contado bienes de equipo en el extranjero. Era frecuente en los años 60 que el Ministro de Información… y Turismo obsequiara a pie de escalerilla del avión con algún regalo al turista 1.000.000 o 2.000.000. Debió ser hacia 1964 cuando la canción del verano que hizo furor decía: “El turista 1.999.999 | cuando llegó | se lamentó | por bajar tan deprisa del avión | con su minipantalón | se ha perdido la ocasión | e tener las atenciones | que por suerte le brindaron | al turista 2.000.000”… macarrónicas rimas que acompañaban a la imagen de Manuel Fraga en el NO|DO entregando un ramo de flores a la turista que llegaba, al decir de la propaganda oficialista, a ese número récord de la época.

Desde entonces, ha llovido mucho. Andamos por el turista 60.000.000 (que ya no es una sueca despampanante y fotogénica, sino un adolescente rubicundo con cara abotargada, sobrepeso,  lata de cerveza de marca blanca y parado, llegado de los arrabales de Londres junto a otras decenas exactamente iguales). La diferencia estriba en que mientras que para el franquismo, el turismo era una posibilidad entre otras de explotar las condiciones climáticas del país en aras de obtener divisas, en la actualidad es la última esperanza para la economía española.

A lo largo de los años 60 el turismo fue creciendo y transformándose cada vez más en una industria que convivía con los altos hornos, el sector metalúrgico, la minería, los astilleros, la producción industrial, etc. Lo mismo ocurrió durante la transición especialmente en las zonas costeras del Mediterráneo. Sin embargo a partir de 1983 cuando los socialistas asumieron la dirección del gobierno y empezaron la recta final para negociar la entrada de nuestro país en las Comunidades Europeas, algo se torció. La negociación fue mal llevada desde el principio: “había que entrar en Europa y no importaba como”. Además, la socialdemocracia alemana –que, en realidad era quien había instalado a Felipe González en La Moncloa subsidiándole generosamente desde 1973 y creando de la nada el “PSOE” – exigía rapidez y que se le pagara lo adeudado. El resultado fue la reconversión industrial criminal y suicida y un tratado de adhesión que confirmaba a España como “país de servicios” y periferia de Europa. A partir de entonces, nos quedaría el turismo como premio de consolación. Felipe González firmó el acuerdo sin pestañear.

Los riesgos del turismo

Cualquier industria registra un alto grado de inseguridad sobre el futuro, pero el turismo, sin duda es una de las que más están expuestas a los cambiantes gustos de la clientela. Habitualmente, los primeros visitantes de un país son… los vecinos. Pero en el caso español, especialmente a partir de los años 80 ya no bastaba con que los franceses fueron los visitantes mayoritarios. Había que traer turismo de donde fuera: ingleses y alemanes, especialmente. Cuanto mayor fue la apertura en número, más se fue produciendo una caída en la calidad de los visitantes. Los italianos, por su parte, descubrieron España (concretamente Cataluña) a partir de los mundiales de 1983. Aún habría que esperar treinta años para que se iniciara la riada rusa y china hasta nuestro país. Pero había sombras.

En especial, a partir de la caída del Muro de Berlín (1989) Centroeuropa y el Adriático se convirtieron en zonas abiertas para el turismo. Todavía no disponían de infraestructuras en condiciones de atender riadas turísticas y, por lo demás, hasta principios del milenio, los países de la antigua Yugoslavia, se encontraban enzarzados en guerras destructivas. Por tanto, aún tardaría en convertirse en destinos para masas de visitantes. En cuanto a los países árabes y Turquía, habían desarrollado unas infraestructuras turísticas mínimamente aceptables lo que, junto al precio de los servicios, los hacía extremadamente competitivos… de no ser porque sus peculiaridades antropológicas y culturales (islam, prohibición de alcohol, misoginia, idioma) atraían solamente a determinadas capas turísticas que desaparecieron en cuanto aumentó la inestabilidad política y el terrorismo islámico. España siguió en la cresta de la ola del turismo en los últimos años, pero ya no como durante el franquismo –en donde el turismo era una pieza más de la economía– sino como forma de monocultivo económico.

El riesgo estriba en que los gustos del turismo pueden cambiar en cualquier momento. Hasta ahora, ningún episodio de terrorismo ha afectado a la clientela extranjera que visita nuestro país, a pesar de que ETA lo intentara en varias ocasiones como forma de presión económica sobre el régimen (maletas–bomba en consignas de aeropuertos, “campañas de verano” de ETA en zonas turísticas, etc). Ahora mismo, bastaría una bomba en una zona turística de Barcelona o de Cataluña, generada por el proceso soberanista y que afectara a un visitante, para que esta región perdiera lo que constituye hoy su único pulmón económico.

En cuanto a los gustos del turismo son completamente inestables. Si cualquier pequeño país balcánico modificara su modelo económico y lo adaptara al turismo de clase trabajadora, España vería mermados sus ingresos y se produciría una caída en picado de las visitas. Países como Malta o Chipre, zonas como Cerdeña, Sicilia, Creta, pueden asestar en el futuro dentelladas para nuestra industria turística. No hay que descartar tampoco que en diez años, el precio del transporte aéreo haya experimentado una variación al alza a raíz del encarecimiento del precio del carburante.

Las previsiones de la Organización Mundial del Turismo

A despecho de una realidad siempre cambiante y que impide predecir cómo será el futuro, la Organización Mundial del Turismo, desde antes de la crisis económica de 2008, preveía para España un aumento del 5% anual en el número de visitas turísticas que se mantendría constante hasta… el 2050. Después de la crisis, este organismo internacional ha modificado sus previsiones: el turismo, nos dice, seguirá creciendo un 5%... hasta 2020 cuando llegarán a España 75 millones de turista extranjeros, veinte más de los que se recibía en 2012 y casi el doble de los que llegaban aquí en el no tan lejano 1986.

La primera pregunta que subyace a estas triunfalistas cifras es: ¿cuándo estará completo el aforo de nuestro país? ¿Cuándo se pondrá el cartel de ya no hay plazas libres? Porque hay fenómenos que distan mucho de ser “sostenibles” y el turismo es uno de ellos. De la misma forma que hay un momento en el que una economía no puede basarse en el ladrillo (simplemente porque si lo hace habrá un momento en el que ya no habrá ni dónde construir ni quien compre lo construido), igualmente llega un momento en el que la capacidad turística de un país llega al límite y ya no pueden entrar más visitantes.

Barcelona es un ejemplo. Los intereses hosteleros de la alta burguesía catalana (el único sector en el que el capital catalán todavía se invierte en Cataluña, si bien una parte de ese capital –incluido el del gang Pujol, va a parar al Caribe) han transformado la ciudad en un parque temático para turistas desde que CiU ocupó la alcaldía de Barcelona. Hoy, la ciudad está completamente desfigurada por la avalancha turística y resulta extremadamente hostil para los ciudadanos barceloneses cuyo número va descendiendo año tras año. Por lo demás, el hecho de que el poder ejecutivo autonómico y municipal sean extremadamente débiles hace que ni siquiera sean capaces de ordenar los flujos turísticos, regularlos o eliminar los problemas que puedan aparecer. El ferrocarril metropolitano, las Ramblas, la zona de Sagrada Familia, las playas de Barcelona son el teatro de operaciones de miles de delincuentes llegados de todas partes del mundo ante la permisividad, la falta de autoridad y la relación policial de la ciudad. Los mismos delincuentes operan en las mismas zonas desde hace una década sin que hayan entrado en la cárcel ni una sola vez, detenidos una y otra vez, pero nunca expulsados, encarcelados o sancionados de alguna forma. Es evidente que, a la larga, estos robos y molestias continuas repercutirán negativamente en el turismo hacia Barcelona… lejos de pensar en solucionarlo por la vía radical, el Ayuntamiento busca sectores turísticos alternativos, el último de los cuales es el “turismo cannábico” en un intento de rivalizar con Amsterdam…

Así pues, las previsiones de la Organización Mundial del Turismo pueden cumplirse… o no. Si se cumple, la superación del “aforo” razonable hará de nuestro país algo inhabitable. Dejando aparte de que para lograr un aumento anual del 5% habrá que bajar cada año un poco más el listón y admitir cada vez más a “turismo basura”. Pero, en caso de que el turismo varíe sus gustos y aficiones y abandone a nuestro país por otros destinos más agradables y baratos, el monocultivo turístico arrojará al paro hará que ingresen en el paro un 30% más de ciudadanos: de los contratos firmados desde enero, de los que alardea el gobierno Rajoy como muestras de su increíble habilidad para crear empleo, el 80% tienen relación con el sector turístico y la inmensa mayoría forman parte de lo que se conoce como “trabajo basura”: estacional, mal pagado, sin valor añadido, sin cualificación. Cada vez somos más un “país de camareros” que ni siquiera han pasado por escuelas de hostelería…

Turismo basura: diez millones más

El Confidencial cuenta que en la actualidad están llegando a España diez millones de “turistas basura”, localizados especialmente en Cataluña y Baleares. Parecen pocos a tenor de lo que se ve en las calles, pero en cualquier caso tal es el tipo de turismo que se está atrayendo en la actualidad. Hoy ya es imposible pensar que, dadas las circunstancias, España pueda atraer a un “turismo de calidad”. Los servicios son mediocres, en ocasiones incluso infames. España es un paraíso para la delincuencia internacional. Atrae más turismo la posibilidad de comprar cervezas a 20 céntimos de euros en los supermercados DIA que la catedral de Cuenca o la iglesia de Sant Pere de Rodas. Además, este país no podría atraer a más de 5.000.000 de turistas de calidad, en el mejor de los casos.

En Francia, hasta en el más pequeño pueblo pirenaico, la iglesia románica más pequeña está abierta en horarios de visita y allí en la entrada encontraréis una mesa con los prospectos turísticos necesarios para conocer lo esencial de su historia y de sus méritos arquitectónicos. El “Sindicat d’Iniciative” (equivalente a nuestras oficinas de turismo) está presente por todas partes. Es evidente que en zonas como París existe masificación turística, pero aun así se mantiene un cierto nivel de turismo de calidad. Nada de eso es posible ya en España. Nuestra economía está presa de una trampa mortal: no podemos admitir a más turismo, pero tampoco podemos prescindir del turismo. No podemos atraer a turismo de calidad, así que solamente podemos ir rebajando el listón abriendo más y más las puertas al turismo de chancletas y botellón, de balconing y porro, de bakalao y trifulca etílica.

Hubo un tiempo en el que tener un bonito paisaje y un clima benévolo era una bendición. Hoy, esos lugares parecen cada vez más malditos. No es que, como se temía en los años 50, el turismo haya alterado “los valores y el estilo” de los españoles, es que los intereses de la industria hotelera española, los errores y debilidades en la negociación con la UE, han convertido a España en la meca del turismo de baratillo. Probablemente no son solamente 10.000.000 de turistas–basura los que llegan a nuestro país, sino más del 50% que generan más problemas de los que ayudan a resolver. Y no, el problema no tiene remedio. Aquí cabe decir aquello que Dante puso en la puerta de su Infierno particular: “abandonad toda esperanza”   o si lo preferís en la lengua del gibelino: lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

¿Otra transición?

¿Otra transición?

Info|krisis.- ¿Estamos en la segunda transición o ante otra cosa? El que esto escribe conoció en su juventud un cambio de régimen. Tal cambio estaba en el ambiente desde 1971 con Franco vivo y con Carrero Blanco como vicepresidente del gobierno. Los medios de comunicación insistían en que todo estaba “atado y bien atado”, aunque evitaban decir hacia dónde. En los últimos años del franquismo, el régimen había iniciado una descomposición interior que se negaba pertinazmente desde los medios. Bastó que faltara una persona, el anciano moribundo de El Pardo, para que el régimen se desmoronara en pocos meses. Los que vivimos aquellos últimos años del franquismo y la transición reconocemos hoy muchos elementos que nos sitúan ante un nuevo fin de ciclo. Al parecer es difícil que en España un régimen dure más de cuarenta años.

Fuera de la mitología creada por franquistas que sugiere que en 1975 todo en España iba bien y que el régimen podía haberse mantenido sin alteraciones por tiempo indefinido de no haber sido “por la puñalada por la espalda” que le asestaron los “evolucionistas”, y fuera de la mitología creada por la “oposición democrática” de la época, según la cual, la presión popular hizo tambalear al régimen y forzar la transición, la realidad fue muy diferente y sería cuestión de que un congreso de historiadores restableciera la verdad de lo que ocurrió.

El franquismo entre 1970 y 1975 seguía teniendo cierto consenso social (España es un país de inercias y de población mayoritariamente apática) y los “poderes fácticos” (magistratura, fuerzas armadas, fuerzas de seguridad del Estado, alto funcionariado) no estaban dispuestos a mover nada del entramado de las Leyes Fundamentales que constituía nuestro ordenamiento constitucional en la época. En ese tiempo existía una “oposición democrática” con peso en las zonas industriales, entre los intelectuales y especialmente en la universidad… pero distaba mucho de disponer de “fuerza social” suficiente como para forzar una transición.

La otra versión de la transición

Hoy, a medida que van apareciendo trabajos históricos rigurosos, se percibe que la versión oficial de una transición modélica pilotada mediante consenso entre los “sectores evolucionistas del régimen” y la “oposición democrática”, ante la mirada beatífica del rey y la decisión de Suárez, no es más que una piadosa versión que tiene muy poco que ver con lo que ocurrió verdaderamente. Más parece que la transición que nos llevó a una democracia formal fue una decisión que tomaron otros actores: el incipiente capitalismo español que había surgido al calor del desarrollismo económico de los años sesenta (la década en la que verdaderamente España abandonó el subdesarrollo y recuperó los 150 años de terreno perdido), multinacionales extranjeras deseosas de ampliar su penetración en una España que todavía planteaba límites a las inversiones extranjeras, los inversores internacionales que veían en España un prometedor terreno a la vista de que algunos aspectos de su estructura económica estaban todavía atrasados, nuevos grupos mediáticos, algunos de ellos vinculados a los intereses del capitalismo internacional, el Pentágono deseoso de ampliar la “profundidad” de la OTAN, la Internacional Socialista (que en aquello años tenía una fuerza componente “socialista Fabiana” y desde el Congreso del SPD en Bad Godesberg reconocía la posibilidad de coexistir con un “capitalismo con rostro humano”) y, por supuesto, individualidades políticas españolas, procedentes del mundo del dinero, conscientes de que solamente podrían grandes negocios a la sombra del poder si cambiaban los gestores del régimen. Este “pool” de intereses fue quien “diseñó” la transición, correspondiendo su aplicación práctica a los rostros que han quedado plasmados para la “historieta” como sus mentores: los Suárez, los Juan Carlos, los Carrillo, los Felipe González, los Fraga, meros ejecutores tácticos de un plan estratégico cuya paternidad no les correspondía.

Sabemos lo que siguió: partidocracia, Estado de las Autonomías, corrupción generalizada, formación de la “casta”, ingreso en la UE, pérdida de peso económico de España, papel periférico en la UE, globalización, hundimiento de la educación, de la moral pública, terrorismo, GAL, proceso de paz, nacionalismos periféricos, centrifugación nacional, crisis económicas cada vez más duras, pérdidas de derechos sociales, problemas de la monarquía… un panorama, en definitiva, de crisis del régimen nacido en 1978.

El sistema político franquista, concebido inicialmente como un régimen de partido único (FET y JONS, lo que se llamó “Movimiento–organización”) y luego, a partir de 1967 con la Ley Orgánica del Estado transformado en “comunión de todos los españoles con los ideales del 18 de julio” (lo que se llamó “Movimiento–comunión”), estaba sostenido sobre unos pilares políticos básicos: el corporativismo monárquico procedente de Renovación Española, el carlismo tradicionalista, Falange Española que aportaba la parte social y los llamados “propagandistas católicos”, cada uno de los cuales tuvo presencia en determinadas esferas del régimen. Lejos de ser un régimen lineal, unitario y estable, fue variando con el paso del tiempo: “falangista imperial” entre 1939 y 1942, “nacional–católico” entre 1943 y 1956, “tecnocrático–desarrollista” entre 1957 y 1970. Franco jugó, según la coyuntura política nacional e internacional con las distintas piezas que apoyaban al régimen y constituyó en base a ellas gobiernos en los que estaba más o menos representada cada parte. A partir de 1971 se inició la transición…

Esta afirmación puede sorprender a los que mantiene la “versión oficial” de que no fue sino hasta el 20–N de 1975 cuando la desaparición de un anciano entubado desde había dos meses, hubiera abierto todas las compuertas que impedían la irrupción de la democracia formal. De hecho, Carrero Blanco era perfectamente consciente de que el régimen tenía que evolucionar y lo que aspiraba era a una evolución controlada (democracia a la alemana, con partidos hasta el socialista, pero sin el PCE) algo que el jefe de sus servicios de inteligencia, el Coronel San Martín, dejó claro en sus memorias escritas en los años 80. Carrero tenía un “Plan B”: si la Comunidad Europea (hoy UE) no aceptaba tal transición, se trataba simplemente de buscar nuevos mercados… en el Este de Europa. De ahí que bajo su mandato, Carrero estimulara el comercio hacia el Este Europeo y la URSS recogiendo la hostilidad de Blas Piñar manifestada en un curioso discurso en las Cortes Españolas (hoy Congreso de los Diputados…). El conflicto del Sáhara demostró que la alianza con los EEUU no era tan sólida como se creía e incluso habían llegado sospechas de que desde ese país se intentaba desestabilizar al régimen español, justo en el momento en el que se estaban renegociando los acuerdos de cooperación militar.

El hecho de que los miembros del PSOE y de la UGT (muy escasos por lo demás) no fueran obstaculizados por la policía política, indica que, efectivamente, Carrero estaba trabajando para un híbrido entre democracia orgánica y parlamentarismo convencional que debía “abrirse” hasta los socialistas y socialdemócratas, pero no hasta los comunistas y la extrema–izquierda. Así mismo, el hecho de que diera luz verde para la reorganización política de la derecha y del centro, mediante el “asociacionismo” y que, incluso promoviera con cargo a los patrimonios generales del Estado, ayudas económicas para quienes querían organizarse como embriones de partidos políticos (Reforma Social Española de Cantarero sería el “ala socialdemócrata”, pero también existían engendros locales como el “Partido Proverista” especie de populismo exótico y, por supuesto, núcleos democristianos, liberales, amén de monárquicos, falangistas, carlistas). La idea que Carrero vendía era una “transición controlada” y por etapas. Pero el “pool” al que hemos aludido quería cambios más drásticos y veloces.

No hay que olvidar tampoco que la crisis económica mundial de 1973, después de la tercera guerra árabe–israelí a la que siguió el embargo mundial de petróleo decretada por los países de la OPEP, supuso para la economía española un primer descarrilamiento de la felicidad desarrollista de los sesenta. Una vez muerto Franco, el régimen tardó apenas tres años en adoptar su nuevo rostro en medio de oleadas de huelgas, doscientos asesinatos políticos, convulsiones sin fin y momentos dramáticos en los que la inflación se disparó (parece hoy imposible) hasta el 30%. Y es que la transición fue todo, menos modélica.  

Un régimen envejecido prematuramente

Pasaron treinta y cuatro años y el régimen, ya desde mediados de los años 80 parecía prematuramente envejecido: el Estado de las Autonomías auguraba excesos económicos faraónicos, descontrol, creación de castas regionales inamovibles; año y medio después de la llegada de los socialistas al poder se evidenciaba que la corrupción iba a ser su leit–motiv; el terrorismo golpeaba más duramente que nunca a pesar de que el eslogan oficialista de la transición indicaba que “contra terrorismo, democracia”; la ocupación y el saqueo por parte de los partidos políticos de todos los centros de poder, incluidas las cajas de ahorro, etc. Al régimen se le podía aplicar la letra de aquella canción de Bob Dylan dedicada a Pete Seeger sobre “un viejo y raro mundo que agoniza | y que apenas sí acaba de nacer”.

La “pasada por la izquierda” estaba resultando catastrófica: se había negociado mal el Tratado de Adhesión a la UE, estábamos en la OTAN como resultado de un fraude escandaloso, se sabía que en Cataluña y en Andalucía gobernaban bandas de salteadores de caminos… pero “ayudaban al a gobernabilidad del Estado”. Pronto el socialismo felipista se convirtió en un lastre del que, a lo largo de 13 largos años, parecía imposible liberarnos; no terminaba de morir y su agonía fue extremadamente larga. Pero quedaba la esperanza de que el centro–derecha, antes o después, lo solucionara todo.

En 1996, mientras el “pueblo del PP” coreaba el “Pujol enano, habla castellano” desde la calle Génova, en el balcón, un exultante Aznar había empezado ya a negociar el apoyo de CiU a su primer gobierno aun en minoría. No lo sabíamos entonces, pero Aznar a la vista de la situación del país y de la necesidad de un tirón económico tras la “reconversión industrial” socialista forzada y financiada por la UE, había ideado un modelo económico suicida cuyos éxitos futuros serían garantía de hambre para pasado mañana.

En efecto, lo peor del aznarismo ya no era su contemporización con quien todos sabíamos era un simple delincuente económico, Pujol, ni siquiera el haber recibido una riada de votos no tanto por identidad y conformidad con su programa, sino por simple rechazo a la agonía socialista, lo peor era, precisamente, su modelo económico. El electorado de derechas no suele mirar a la economía, cuyos mecanismos no termina de comprender, prefiere ver qué soluciones se aportan a problemas como el orden público, la lucha antiterrorista, el aborto, la lucha contra la delincuencia… y poco más. En este sentido, la gestión de Aznar fue mediocre, incluso en su cénit, durante su segunda legislatura, cuando ya disponía de mayoría absoluta; el desenlace del Caso Perejil –contrariamente a lo que se dijo a la opinión pública– fue una vergonzosa retirada del peñón. En efecto, la negociación llevada a través de Ana Palacio y de Collin Powell reafirmaba la soberanía española sobre Perejil… soberanía que no se podía demostrar mediante el establecimiento de una guarnición o de una simple bandera…

Lo esencial del gobierno Aznar fue el modelo económico y el bajar la cerviz ante la globalización, sin pronunciar ni una sola palabra en contra, ni una mera objeción, ni siquiera una súplica: porque España no tenía lugar bajo el sol de la globalización. Aznar quiso especializar al país en construcción inmobiliaria (sin pensar en lo insostenible del modelo durante mucho tiempo) y para que saliera rentable era preciso importar mano de obra. A partir de 1976–77 fue llegando inmigración masiva y progresivamente descontrolada con todo lo que ello implicaba, además de una bajada salarial global. Es cierto que la llegada de 600.000 inmigrantes anuales entre 1996 y 2006 contribuía también a que el PIB subiera unos puntos, pero era evidente que se habían convertido en una aspiradora de recursos sociales.

Por otra parte, el pueblo español no comprendió que sus salarios eran bajos o incluso bajísimos: Aznar desdibujó esta sensación poniendo al alcance de todos un crédito abierto de par en par. Bastaba con llamar a un teléfono para recibir inmediatamente un crédito de 6.000 euros pagaderos en cuotas de 100 euros al mes y sin avales ni garantías de ningún tipo. Trabajadores con salarios bajos podían ir de vacaciones al Caribe y pagar cómodos plazos durante el resto del año. No importa quién podía obtener una hipoteca por el 120% del valor de viviendas sobretasadas que no valían ni la cuarta parte de esa cantidad, pagadero, además en 30 años. El país enloqueció y siguió enloquecido más allá de que las extrañas bombas del 11–M desplazaran a Aznar al basurero de la historia. La inercia siguió con Zapatero en su primera legislatura, quien, además, concentró su esfuerzo en sus delirantes planes de “ingeniería social”, extraídos de los pánfilos boletines de la UNESCO.

El resultado fue que la nueva pasada por la izquierda dejó al país al borde del abismo: la crisis económica mundial, que en España empezó revistiendo las formas de estallido de la burbuja inmobiliaria, pasó a ser crisis de deuda. Pronto se vio que ZP no estaba en condiciones de resolver el problema sin hundirnos un poco más en problemas generados por su debilidad (entre otros, su “apertura” a un “nuevo estatuto” en Cataluña que conduce directamente a la crisis actual). Y volvió el centro–derecha…

De la “reforma necesaria” a la “reforma imposible”

Cuando escribimos estas líneas, el régimen ha cumplido su treinta y seis aniversario, intenta remozar su aspecto, pero solamente ha sido capaz de cambiar el rostro de un monarca al que todavía no hemos visto con corona y que no deja de ser una simbiosis de presidente de la república con cualquier personaje del colorín. Nada más. Ahora ya es tarde para acometer reformas que rectifiquen los aspectos más problemáticos del régimen nacido en 1978.

Thomas Molnar en La contrarrevolución (Unión Editorial, Madrid, 1976) nos cuenta que existen dos tipos de “reformas”: lo que llama la “reforma necesaria” es la que un régimen puede hacer cuando aún cuenta con apoyos sólidos y ha comprueba que es preciso rectificar algunos de sus aspectos que no terminan de funcionar. Pone como ejemplo a la monarquía de Luis XIV. Pero en esos momentos, el gobierno es fuerte, el régimen está sólidamente asentado, la red clientelar firmemente establecida, así que… ¿para qué reformar nada? Las cosas quedan igual. Pero luego viene el tiempo en que los desfases van ganando en intensidad y alcanzan su límite extremo, justo en el momento en el que el régimen está debilitado. El tiempo de Luis XVI. Pero entonces la “reforma necesaria” ya no puede hacerse, se ha convertido en “reforma imposible”: rectificar cualquier aspecto del sistema implica demostrar su debilidad y exponerse a generar desequilibrios todavía mayores. A ese tiempo sucede, inevitablemente, el de las guillotinas.

No es necesario ponerse dramático, pero si darse un baño de realismo. El franquismo murió por inadaptación del régimen a las exigencias de grupos de presión internos y externos. La transición fue, en realidad, la transmisión de las riendas del poder a una clase política más adaptada y dócil ante estos grupos de presión. Así, un régimen fue sustituido por otro. Hoy, en cambio, la situación es mucho más dramática.

Desde hace décadas la “reforma necesaria” no se ha llevado a cabo (debería de haberse llevado justo cuando se percibió que la corrupción tentacular se extendía por todos los estratos del régimen y el Estado de las Autonomía era una proliferación vermicular y cancerígena contra el Estado del Bienestar que desviaba hacia la casta política recursos ilimitados). Ahora ya es tarde. Nada puede reformarse sin que todo el castillo de naipes construido a lo largo de 36 años se desplome. Cualquier pequeña amenaza (las manifestaciones del 15–M, la irrupción de Podemos, la insignificancia de Urdangarín, el caso Pujol, el separatismo catalán) pueden dar al traste con todo el régimen. Ni siquiera lo que ha constituido su “núcleo duro” en estas últimas décadas, la “banda de los cuatro”, está en condiciones de pactar una reforma, consciente de que cualquier cosa que toque puede implicar el derrumbe de todo el conjunto.

Por lo mismo, el régimen ya no puede alardear de nada: ¿sigue siendo esto una monarquía o es más bien una “república hereditaria”? ¿España es una “nación”, una “nación de naciones”, una “federación”? ¿Existe en algún lugar justicia social? ¿La nacionalidad española supone algo más que la obligación de pagar impuestos en España? ¿Tenemos futuro más allá de “brotes verdad” que como la zanahoria puesta ante el hocico del burro éste nunca llega a alcanzar? Preguntas retóricas unas y preguntas sin respuesta otras.

La reforma del actual sistema es imposible porque vio la luz cuando la evolución del capitalismo internacional era muy diferente y cuando existía una correlación de fuerzas políticas radicalmente distinta a la actual. Los grupos mediáticos que apoyaron el advenimiento del régimen de 1978 están hoy deshechos o simplemente han desaparecidos; el capitalismo internacional tienen una configuración completamente diferente a la de hace 40 años. Los intereses de los EEUU son los mismos, pero su debilidad es muy superior a la que tenía en la última fase de la guerra fría. La globalización se muestra cada día como un sistema más insostenible y la distribución de fuerzas políticas en España no tiene ni punto de comparación con la que existía en 1970-75, con fuerte polarización en los extremos. Los consensos del período 1976-78 son inviables e imposibles de revalidad, porque las fuerzas políticas que han sobrevivido de aquella época, aun cuando ocupan lugares de poder, arecen de peso y de prestigio social.

Esperando el desplome interior del régimen

Vivimos tiempos de cambio de régimen, como los que se vivían en 1970. Pocos lo reconocen todavía, pero lo más probable es que en apenas cinco años quede poco de las siglas que han construido la triste cotidianeidad de los últimos treinta años, como quedó muy poco del antiguo régimen después de la Ley de Reforma Política de enero de 1977: hasta el día anterior, los “procuradores en cortes” eran “alguien”, cualquier cosa que decían era reproducido por los medios, estaban en el ojo del huracán; el día después de votar la disolución de las cortes franquistas, bruscamente, sus teléfonos dejaron de sonar, los periodistas cesaron su asistencia a las ruedas de prensa que convocaban y, simplemente, desaparecieron (o bien intentaron reacomodarse en UCD o en AP, lográndolo sólo una mínima parte).

Prepararos para que los Pedro Sánchez, las Sorayas Sáenz de Santamaría, los Artur Mas y las Susanas Díaz, desaparezcan de la noche a la mañana. Tan solo se requieren unas nuevas elecciones y la disipación de las noticias, más o menos, artificialmente generadas sobre la bondad del actual momento económico.

La última encuesta del CIS indica que el PSOE se encuentra en su peor momento histórico y que la distancia entre Podemos y los socialistas va disminuyendo. El PP perdía también dos puntos de apoyo en relación a la encuesta anterior. Y en Cataluña CiU ya ha sido reemplazado oficialmente por ERC como partido mayoritario. La esperanza del PSOE es que en los próximos meses el nuevo secretario general brille con luz radiante… algo improbable a tenor de lo hecho y dicho en su primer mes de gestión. CiU, casi, ya ni existía antes del escándalo Pujol, ahora y antes de que estalle el “escándalo Mas” y antes de la parada y marcha atrás del referéndum del 9–N, difícilmente sobrevivirá como coalición. En el País Vasco, la izquierda abertzale si no ha aventajado ya en intención de voto al PNV, poco le falta. En estas circunstancias, la encuesta publicada ayer por El País según la cual el PSOE estaba “a sólo seis décimas” del PP no deja de ser un mal chiste o un ejercicio de voluntarismo que poco o nada va a contribuir a realzar la figura de un Pedro Sánchez del que ahora solamente, incluso sus propios partidarios, empiezan a percibir su banalidad política.

Con CiU fuera de juego, el PSOE en crisis estructural, el PNV a punto del “surpaso” y el PP haciéndose a la idea de que perderá algunas comunidades autónomas y ayuntamientos en las elecciones de mayo de 2015, con Podemos como estrella emergente, ERC y la izquierda abertzale amenazando, lo menos que puede decirse es que la salud del régimen político español sea buena. ¿Alguién cree que todas estas fuerzas pueden consensuar algo? ¿Alguién cree que la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+PN+CiU) están en condiciones de impulsar alguna reforma que no acabe con ellos? ¿se entiende ahora mejor nuestro pesimismo en relación al futuro del régimen y porqué nos aproximamos, no a una “segunda transición” sino a un proceso de inestabilidad permanente? Porque lo grave no es que un régimen esté agonizando, lo realmente grave es que no existe, por el momento, ningún proyecto alternativo sólido para constituir el reemplazo.

© Ernesto Milá – info|crisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

.Cat 9.14-5.15 tiempos duros

.Cat 9.14-5.15 tiempos duros

Info|krisis.- Generalmente se olvida que desde hace más de 10 años, el año 2014 es mítico para el independentismo catalán y no solamente porque se cumple el tricentenario de la entrada de las tropas borbónicas en Barcelona, sino porque Carod-Rovira, en su momento, secretario general de ERC, decretó que ese sería el año de la independencia. Para ese 11 de septiembre faltan solamente 30 días. Y para el 9 de noviembre, otra fecha mitificada por el independentismo, en la que celebraría el referéndum independentista, apenas faltan 90 días. Así pues estamos entrando en la “Zona Cero” del “conflicto independentista”.

Tal como están las cosas puede elaborarse una previsión de cómo se irán sucediendo los acontecimientos en Cataluña desde ahora hasta el mes de mayo de 2015 fecha en la que tendrán lugar las elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades:

1) Crisis del proceso soberanista:

Hasta prácticamente hace quince días el Estado había permanecido casi completamente mudo y sin iniciativa ante el proceso independentista, sin duda, pensando que, finalmente imperaría el buen sentido y que Artur Mas sería consciente de lo mucho que podía perder y que, se estaba acabando el tiempo del “farol” del mal jugador de póker. Efectivamente, a alguien medianamente razonable, la aventura emprendida por Mas le resulta absolutamente incomprensible a menos que el "president" oculte un as en la manga desconocido por todos.

Sin base social suficiente, con las puertas de Europa completamente cerradas, con la patronal catalana literalmente de uñas, y sin un proyecto de viabilidad para “el día después”, a Rajoy le parecía increíble que el “president” pudiera optar por caminar por semejante berenjenal con el apoyo de ERC, ICV, CUP, con dudas en su propia coalición con la oposición de C’s, PP, el PSC debatiéndose en un mar de dudas desgarradoras y un altísimo porcentaje de indiferencia. ¡Cómo si con todo esto pudiera construirse una independencia!

Pero a mediados de julio, tras el varapalo en las Elecciones Europeas y lo problemático del proceso independentista, Artur Mas se ha convertido, simplemente, un cadáver político. Es en ese momento cuando el Estado ha acometido la tarea de atacar frontalmente el proceso independentista desprestigiándolo ante la sociedad catalana.

Hasta ahora, dos han sido los “hitos” de la contraofensiva. El primero fue el aprovechamiento de los sucesos de Can Víes en Barcelona, un local ocupado desde tiempo inmemorial para demostrar la debilidad del Ayuntamiento de Barcelona, gestionado por CiU, y la incapacidad de los mozos de escuadra para acabar con un problema menor que casi cuesta el incendio de todo un barrio y en el que la santa alianza de “okupas” e inmigrantes marroquíes, bastó para atemorizar al alcalde y al departamento de interior de la Generalitat. Aquel fue el primer aviso y ya se dijo entonces que “agitadores llegados de fuera” mantuvieron los más duros episodios de guerrilla urbana que se han visto en Barcelona desde tiempos de la República.

A la vista de que Mas siguió en actitud autista, era obvio por donde iba a desencadenarse la segunda ofensiva y por donde circularán las que vendrán. La Generalitat de Cataluña y el nacionalismo no tienen la conciencia tranquila desde hace más de treinta año. La opinión pública catalanoparlamente no ha tenido en ese período la conciencia clara de que aquella región era, sin duda, en dura competencia con Andalucía, la más corrupta de todo el Estado. Simplemente, Pujol precisaba de un régimen de subsidios, subvenciones, concesiones de licencias de emisión y sobornos puros y simples, para mantener callados a los medios de comunicación catalanes (por lo demás ampliamente deficitarios; baste recordar que en la historia del papel escrito no se ha registrado nunca el hecho de que un diario, deficitario desde su fundación como Avui, haya ido apareciendo regularmente durante casi 35 años gracias a las ayudas procedentes de la trastienda de la Generalitat). Cuando estalló el Caso Banca Catalana, verdadera estafa a los impositores y escándalo de gestión aventurera y en absoluto profesional, el lector de medios catalanoparlantes llegó a creer que se intentaba atacar a Cataluña, atacando al “molt honorable president” de la Generalitat.

Pujol salió impune, pero a partir de ahí entendió que su fortuna personal dependería de jugar “a la puta i la Ramoneta” con el gobierno que se sentara en Madrid. Y lo que a él le interesaba sobre todo era lo que podía obtenerse mediante el ejercicio del racket, el nepotismo y las corruptelas. Así pues, no solamente la cúpula dirigente de CiU (que ya había tenido varios encontronazos con la justicia) sino ayer los Pujol y hoy los Mas, tenían mucho que ocultar, ¡tanto que parece increíble que no previeran que la ofensiva del gobierno central contra ellos iba a empezar por ahí! (¿es que acaso pensaban que como el gobierno del Estado o como la monarquía tenían mucho que ocultar, nadie se atrevería a tirar de la manta?).

Parece difícil que el “proceso soberanista” vaya a salir indemne de lo que solamente ha hecho que empezar: cada día, de aquí hasta las elecciones de mayo, se irán recordando, machaconamente, las miserias de treinta y tantos años de gobiernos nacionalistas. Y ahora ya es imposible que los medios de comunicación catalanes silencien algo que está en la calle en toda la autonomía catalana: la estafa a todo un pueblo. Por mucho que ERC diga que esto no afecta a la “credibilidad” del proceso, sí afecta (y el hecho de que un dirigente de ERC –otro más, no es el primero- haya sido detenido, por delito de pedofilia, contribuye a empeorar más las cosas) ¡y de qué manera! El que una banda de ladrones proponga la independencia evidentemente tiene sólo un objetivo: poder realizar más cómodamente sus exacciones y sin miedo a que venga un policía de otra parte del Estado e investigue…

Es cierto que el problema lo tiene ahora CiU (literalmente, al borde de la implosión): ¿cómo desandar lo andado? ¿Cómo dar marcha atrás y pactar con el Estado parar el proceso independentista a cambio de que el Estado pare la fuga de información sobre las corruptelas del nacionalismo? Este es el principal problema con que se encuentra hoy la “vía independentista” y que, sin duda, acarreará el fin político de Artur Mas y muy probablemente de la coalición CiU.

2) Fracaso de la “vía legal” a la independencia

Resulta sorprendente la cándida ingenuidad con la que Artur Mas intenta presentar como “legal” el referéndum. El “nuevo estatuto” le permite establecer una ley de consultar catalana (fue uno de los artículos que no fueron “tumbados” por el tribunal constitucional a pesar de estar recurridos). En el mes de septiembre, Mas piensa, presentar un proyecto de ley para regular este tipo de consultas, proyecto que será aprobado con las votos de CiU, ICV y ERC (a los que probablemente se sumará algún voto del más que maltrecho PSC).

Inmediatamente se apruebe esta ley y acogiéndose a ella, Artur Mas convocará el referéndum por la autodeterminación… ¡asunto resuelto! ¡la consulta ya es legal!

Obviamente, Artur Mas ha creído hasta el último momento en la posibilidad de que el gobierno Rajoy se “achantara” y finalmente accediera a negociar… porque sin ese requisito, parece obvio que el gobierno interpondrá inmediatamente recurso de inconstitucionalidad y bloqueará la aplicación de la ley de referéndum… con lo que éste ni siquiera se podrá convocar. El ingenuo artificio utilizado para salvar la legalidad vigente, casi suscita una sonrisa de conmiseración por su estúpida simpleza.

Aquí muere la “vía legal”, mientras persistan las actuales circunstancias. Harina de otro costal es que en futuro no muy lejano, una coalición de izquierdas (ya que el PSOE, en las actuales circunstancias, con una rama catalana, prácticamente desintegrada, nunca más va a poder aportar los votos necesarios del socialismo catalán para una improbable futura mayoría absoluta y, por tanto, si retorna algún día al poder solamente podrá hacerlo en coalición) autorizara una ley para convocar consultas de este tipo. Pero ahora, esa posibilidad no es la que puede darse en 2014-2015.

3) Disolución del parlamento de Cataluña y convocatoria de nuevas elecciones

La crisis del proceso independentista y el fracaso de la “vía legal”, cierran los márgenes de maniobra del nacionalismo. Artur Mas, en el momento en que se presente el recurso de inconstitucionalidad de la ley catalana de referéndum solamente tiene una salida razonable: disolver el parlamento de Cataluña y convocar elecciones anticipadas. ¿Cuándo puede ocurrir esto? Aún es pronto para decirlo, pero sin duda después de la interposición del recurso de inconstitucionalidad, esto es, en un arco de tiempo que va de octubre de 2014 y enero de 2015, teniendo en cuanta que las elecciones municipales y autonómicas (en algunas autonomías) tendrán lugar en mayo.

CiU (o lo que quede de ella en ese momento) aspirará a que las elecciones sean “plebiscitarias”, aun a pesar de que ni en la legislación española ni en la catalana exista ninguna definición ni ningún espacio legal para esa consideración. Por otra parte, a medida que en Cataluña se va percibiendo la imposibilidad de asumir la defensa del gang Pujol desde ningún punto de vista, la actitud de ERC ha ido cambiando: de oponerse inicialmente a la formación de una comisión de investigación en el Parlamento de Cataluña, a aceptarla unos días después, cuando ya era perceptible que el descrédito de los dirigentes del nacionalismo eran irreversibles.

A medida que vaya pasando el tiempo y justo en el momento en que se disuelva el parlamento catalán, va a resultar muy difícil que CiU se recupere. Si antes del estallido del escándalo del gang Pujol, las elecciones europeas ya marcaron el punto de inflexión en el que CiU perdía la hegemonía política siendo superado por ERC, hay que pensar que en las próximas elecciones autonómicas el descrédito va a ser irreversible y CiU cada vez tendrá un menor valor político, siendo lícito preguntarse si ERC consideraría que “viajar con el nacionalismo” podría afectar negativamente a  sus expectativas (especialmente porque el ascenso de Podemos en Cataluña amenaza muy seriamente su consideración de “partido de la protesta”).

4) Profunda alteración del mapa político catalán

Se convoquen cuando se convoquen, en las actuales circunstancias de la política catalana, va a sobrevivir muy poco de los actuales equilibrios de fuerzas.

El PSC, lejos de superar sus contradicciones internas, tiene cada vez más polarizadas sus opiniones registrando abandonos hacia el independentismo, hacia el área de la protesta y hacia el españolismo de nuevo cuño (Ciutadans). De todo el Estado Español es, sin duda, en Cataluña en donde el socialismo ha alcanzado en estos momento, el mayor nivel de implosión: no solamente se desentiende por el destino del socialismo español (la “tercera vía” del socialismo catalán para muchos socialistas supone una falta de decisión del PSC a la hora defender la “unidad del Estado”), sino que sus integrantes están llegando al “sálvese quien pueda”.   

Podemos, será sin duda, la formación más beneficiada por la pérdida de vigor del PSC y a su lista irán a parar bolsas de votos hasta ahora propiedad del socialismo que ven con malos ojos su temporización y su complejo de inferioridad ante el nacionalismo. De hecho, un sector del PSC considera desde hace tiempo que el partido ha estado dirigido durante mucho tiempo por nombres procedentes de la alta burguesía catalana en su afán de controlar el nacionalismo de centro-derecha y el socialismo de centro-izquierda. Esta situación insostenible merma, elección tras elección las posibilidades de una recuperación electoral socialista, opción, por lo demás, muy mermada por las locuras cometidas durante el gobierno Maragall y la mediocridad decepcionante del gobierno Montilla.

Tampoco parece que el PP puede encontrar un hueco en el futuro político de Cataluña. No es, sin duda por casualidad, que el rostro asaeteado por el bótox de Alicia Sánchez-Camacho, sea uno de los más desagradables de la política catalana: durante más de un año, la dirigente del PP, retuvo las confidencias realizadas por la ex novia de Pujol Ferrusola, cuando su obligación hubiera sido depositarlas en la fiscalía. Si no lo hizo fue por la costumbre del PP de terminar negociando con CiU y llegando a un acuerdo (impunidad y euros a cambio de apoyo político). Esa posibilidad, usada durante veinte años, ha terminado siendo odiosa para todos y perjudicando electoralmente a las dos partes.

El PP lograría evitar un descalabro absoluto a costa de reconstruir una especie de Lliga Regionalista junto con los escindidos de CiU, UDC. Pero, resulta un misterio lo que supone electoralmente UDC, especialmente porque cuando se produzca la ruptura de CiU, las dos partes van a cruzarse puñaladas traperas y los democristianos han sido durante demasiado tiempo socios de CDC como para que no se conozcan las vergüenzas mutuas: UDC ha sido tan responsable de la corrupción en Cataluña, como la cúpula de CDC y tampoco va a salir indemne.

En cuanto a ICV, en la actualidad, su intención de voto es bastante menor a la de Podemos en Cataluña y el excesivo nacionalismo de la coalición, poco compatible con su vocación de izquierdas, y que ya le ha restado prácticamente toda su base obrera en el Bajo Llobregat y en las zonas industriales. No es posible augurar a esta coalición nada más que un entierro poco honorable, sin pena ni gloria, triste y desvaído, como corresponde a la mediocridad que quedó tras el deshinchamiento del viejo PSUC.

Solamente ERC obtendría un resultado notable y se convertiría en fuerza mayoritaria en Cataluña. Pero este partido, fuera de la tensión nacionalista e independentista que tradicionalmente ha generado, tiene poco que decir en cualquier otro terreno (y de ese “poco” la mayoría no es ni siquiera razonable). Quizás sea en ERC en donde se produce la contradicción más fragrante de la política española entre lo que la cúpula del partido aspira (la independencia de Cataluña, solamente la independencia y nada más que la independencia), y aquello a lo que aspira su electorado (un voto de protesta primero y de protesta catalana, después). El que gane las próximas elecciones no implica que pueda conservar por mucho tiempo sus votos. A fin de cuentas ERC ha sido desde el principio de la transición un “partido diente de sierra” con altibajos cíclicos, crisis interiores sin fin y una incapacidad congénita para estabilizar a sus votantes. No parece que la cosa vaya a cambiar en un futuro próximo. 

Las otras dos fuerzas que tienden a experimentar un crecimiento son, en estos momentos, especialmente Podemos (partido que recoge el voto de protesta no particularmente sensibilizado por el catalanismo) y Ciutadans cuyo único interés hasta ahora ha residido en plantear objeciones a la locura nacionalista con más decisión y menos compromisos que el PP. En cierto sentido Ciutadans es el “partido refugio” para la oposición a la catalanización forzada de la autonomía, pero se agota en la cuestión lingüística… ¡como si éste fuera el único problema existente en Cataluña! En todo lo demás, Ciutadans es un portento de eclecticismo y blandenguería de pocos vuelos.

5) Lo que puede dar de sí un gobierno dirigido por ERC

Puestas así las cosas y a la espera de ver las nuevas simetrías políticas que se generarían en Cataluña, no parece muy aventurado afirmar que le correspondería a ERC formar nuevo gobierno recabando apoyos de los grupos nacionalistas que hubieran podido sobrevivir al escándalo protagonizado por el gang Pujol y a la CUP, si esta logra mantenerse como partido parlamentario. Lo que ocurra a partir de entonces no va a ser sino la crónica de una inestabilidad permanente instalada en el corazón de las instituciones catalanas y de una agitación independentista absolutamente insoportable para los partidarios de que Cataluña siga unida al Estado y para la vida económica catalana dentro de un marco de creciente peso demográfico de minorías étnicas de origen islámico decididas a imponer su peso muerto.

En síntesis, puede decirse que si ERC llega a formar gobierno todo su programa empezará y terminará con la obsesión independentista. Todos sus esfuerzos irán orientados en esa dirección de manera absolutamente paranoica, lo que unido al aventurerismo y la irresponsabilidad de un sector de la dirección, puede dar lugar a situaciones desagradables o incluso esperpénticas como las que fueron habituales en la Cataluña de los años 30, regularmente protagonizadas por Companys.

La instalación de ERC en el poder contribuirá a perpetuar la inestabilidad política de aquella autonomía, la fuga de empresas hacia el otro lado del Ebro, la insistencia en el frágil y progresivamente más incómodo monocultivo turístico, el ensimismamiento nacionalista y las locuras independentistas que siempre han acompañado a la historia de esta sigla.

Pero todo ello se agravaría aún más con una situación económica internacional que dista mucho de haberse solucionado y que, en realidad, se va erosionando progresivamente al margen de lo que digan los telediarios interesados en reproducir el optimismo gubernamental sobre el auge de la economía español y el final del paro como problema capital.

Cuando la crisis de las subprimes (y equivalentes) queda ya lejos en el tiempo pero sus efectos sobre la deuda pública no se han resuelto todavía, la irrupción de una nueva crisis iniciada en Argentina (en quiebra declarada) que pronto se trasladará a Brasil (cuya economía tiene problemas propios parecidos a la España de 2007, empezando por la burbuja inmobiliaria y el alto nivel de riesgo de la banca), ralentizará la economía mundial de nuevo y disipará las esperanzas en aumentos espectaculares del PIB. Sin olvidar que las sanciones económicas practicadas por Rusia contra las importaciones procedentes de la UE, como respuesta al seguidismo de la UE hacia la política belicista y agresiva de los EEUU en el caso de Ucrania, agravará todavía más la integridad de nuestra economía, y especialmente la de las zonas agrícolas catalanas de Lérida y Tarragona.

6) Convocatoria de elecciones municipales en Mayo

Cuando se convoquen las elecciones municipales, todo esto ya habrá quedado claro y seguramente reproducirá el esquema que hemos descrito hasta ahora. Será en mayo cuando la recomposición de las fuerzas políticas catalanas adquirirá el aspecto que le va a acompañar en el ciclo de inestabilidad que se abrirá en el otoño de 2014. Seguramente no nos equivocaremos si describimos ese ciclo nuevo como radicalmente diferente al vivido hasta ahora.

Fuerzas políticas de nuevo cuño que hasta ahora no habían podido expresarse por la presión de los actores políticos tradicionales, estarán presentes en las instituciones y partidos que hasta hace poco “eran algo” quedarán minimizados o simplemente convertidos en grupúsculos. La época de los partidos que hasta ahora tenían el “voto cautivo” y clientelar, recibiendo un voto cerril elección tras elección al margen de sus méritos reales, está a punto de acabar.

Los partidos catalanes tradicionales perderán en enero concejales, peso político, medios económicos, recursos y protagonismo. Otras fuerzas hasta ahora secundarias o inexistentes se impondrán o despuntarán en el horizonte.

En realidad, a partir de las elecciones municipales de mayo de 2015, nada en Cataluña volverá a ser igual a lo que se ha dado en las más de tres décadas que nos preceden.

© Ernesto Milá – info|crisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.