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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

INMIGRACION

Para el 2010 un 25% de la población española será extranjera

Para el 2010 un 25% de la población española será extranjera

Infokrisis.- En los tres primeros meses del año, el gobierno regularizó a 100.000 inmigrantes, la mayoría por vía de la "reagrupación familiar" o por "arraigo" (más de tres años en España). Estamos en condiciones de demostrar que en el año 2010 la inmigración ascenderá a 10.000.000 de extranjeros residentes en nuestro país, un 25% del total de la población española. Esta situación insostenible tiene culpables con nombres y apellidos.

 

Parece increíble que todavía, de tanto en tanto, algún suicida (ayer mismo “Gomaespuma” en Onda Cero, hoy el diario La Vanguardia, cada día el gobierno ZP), tenga a bien recordar los beneficios de la inmigración. Ayer tuvimos que oír a “Gomaespuma” afirmar con una seriedad pasmosa que la inmigración que viene es “sana y fuerte”, dispuesta para trabajar… cuando todos los policías de fronteras, los miembros de la Cruz Roja y las ONGs, saben PERFECTAMENTE que el 30% de los subsaharianos llegan en condiciones de salud muy precarias, frecuentemente cargando con enfermedades tropicales y SIDA. Otro tanto puede decirse de los pakistaníes, entre los que las tasas de tuberculosis son similares a las de España a principios del siglo XX. Muchos de estos vienen a Europa motivados, no por un trabajo inexistente, sino especialmente para acogerse a los planes sanitarios. Desbordados para españoles y, frecuentemente, orientados para satisfacer a minorías (el voto de la asamblea de Madrid a favor de las operaciones gratuitas de cambio de sexo es ominoso, irresponsable, y enajenará votos a la derecha, sin la contrapartida de reorientar el voto gay y transexual), la Seguridad Social se encuentra desbordada y los españoles YA ESTAMOS EMPEZANDO A PAGAR la imprevisión y la falta de redaños de los últimos gobiernos en materia de inmigración.

No es por casualidad que el lunes se anunciara la firma del acuerdo de reforma de las pensiones firmado por el gobierno, por la patronal y por los sindicatos. ¿A quién defienden esos “sindicatillos” vacíos de afiliados y que han terminado siendo solamente un entramado burocrático para “lidercillos” escaqueados de su jornada laboral gracias a las “horas sindicales”? El plazo de cotización se eleva de 12 a 15 años, se rebajan las prestaciones y se dilatan los plazos: la estafa piramidal de la SS se aproxima a su quiebra definitiva. La inmigración va a contribuir a acelerar esa quiebra.

Tras Marruecos y Mauritania, ahora Senegal aspira también a la sopa boba.

Hace menos de un mes, cuando empezó la “crisis de los cayucos”, lo decíamos: Mauritania ha abierto la mano para que salgan de sus costas en dirección a Canarias miles de inmigrantes cada día, sólo porque busca las mismas ayudas que Marruecos obtuvo con el chantaje de la “crisis de las vallas”. Ahora, también Senegal aspira a la sopa boba. Parece increíble que España, y por extensión, la Unión Europea, tengan que rebajarse por enésima vez ante un gobierno como el senegalés. Incluso este proyecto de Estado o, más bien, ese “Estado frustrado” caído en manos de mafias corruptas, se ha permitido reprochar al gobierno español que la repatriación de 80 senegaleses no fue hecha en condiciones “aceptables”. Cuando hasta Senegal se permite darnos lecciones de “derechos humanos” es que no existe en España un gobierno capaz de inspirar respeto en política exterior y se deja tomar el pelo. Enviado el “negociador” oficial de exteriores a Senegal, ha venido con “buenas noticias”: el gobierno senegalés acepta las “excusas” sobre los repatriados… pero no va a admitir a más hasta que se “negocie”, esto es, hasta que se entregue la correspondiente “mordida”. Y los informativos de RTVE han presentado este bochornoso espectáculo de chantaje del último tiranuelo miserable africano, como un “éxito” de nuestra diplomacia.

Leyre Pajín, la responsable de cooperación con el tercer mundo, ha explicado que “Senegal es un objetivo prioritario para la política española”. ¿Senegal? Estamos seguros de que la Patín, ni siquiera es capaz de señalar dónde está Senegal en el mapa, sin embargo, sabe que es una “prioridad”. Hoy, hemos tenido que saber por ella que España ha abordado programas de cooperación agrícola y cultural con ese país. ¿Cultural? Cualquiera –menos el equipo de ignorantes que dirige nuestra política exterior y la inversión española en desarrollo- sabe que Senegal forma parte del África Occidental Francesa y que está dentro de la zona de influencia francesa que se preocupa, especialmente, de inversiones culturales. Allí en Senegal no tenemos nada que hacer, ni el dinero de los contribuyentes españoles va a servir para algo más que para alimentar a la corrupta clase dirigente senegalesa.

El desacuerdo en las cifras, la baza de Zapatero y del lobby inmigracionista

Ayer “Gomaespuma” hablaba de que en España se encuentran “algo menos de 3.000.000 de inmigrantes”. Hoy, “La Vanguardia” ha dado como cifras oficiales 2.000.000 de inmigrantes legales, más 800.000 miembros de la Unión Europea. No hay forma de ponerse de acuerdo en una cifra. Y sin embargo, esa cifra existe. No la dará el PSOE, responsable del disparate actual, ni el PP, responsable por omisión durante ocho años, sino la Unión Europea. Hoy mismo, el ministro del interior alemán ha dicho literalmente que la “política de inmigración del gobierno español es un regalo para las mafias”. Pues bien, en su informe sobre migraciones de 2003, se registraba la presencia de 3.000.000 de inmigrantes entre legales e ilegales, de la UE y extracomunitarios. En ese momento, apenas se encontraban legalizados 1.400.000. Pero, desde entonces, ha pasado mucho tiempo.

En 2004, el mismo informe sobre migraciones puso de relieve que el año anterior habían entrado en España 600.000 extracomunitarios, la inmensa mayoría ilegales. Así pues, ya estamos aludiendo a 3.000.000 más 600.000. Pero es que entre el mes de agosto de 2004 y el mes de febrero de 2005, cuando se anunció insistentemente la campaña de regularización masiva, con una irresponsable anticipación que dejó tiempo a las mafias para situar a miles de inmigrantes en territorio nacional, llegaron a España en torno a 500.000-600.000 inmigrantes. Lo que nos da, en el momento de abrirse la regularización masiva, un total de 4.200.000 inmigrantes, como mínimo. Entre febrero y mayo de 2005, solamente 700.000 inmigrantes lograron regularizarse. Y es curioso, porque en ese tiempo, las altas de la Seguridad Social no se igualaron a esa cifra, sino que ascendieron a 400.000. En otras palabras, 300.000 inmigrantes habían incumplido las condiciones de regularización. Sería interesante saber, en este momento, cuantos de aquellos 700.000 regularizados siguen cotizando a la Seguridad Social. No creemos que superen los 200.000 en la mejor de las hipótesis y siempre tratándose de cotizaciones mínimas, tanto si están acogidos al régimen general, como si lo están al de autónomos.

Es problema fue que, en el momento en el que concluyó la regularización masiva, habían entrado ya un número similar de ilegales a los que habían obtenido papeles. Si esto es cierto, en mayo de 2005, había que sumar 700.000 inmigrantes ilegales más. Y esto nos sitúa en torno a los 4.900.000 inmigrantes. Se calcula que de mayo de 2005 a mayo de 2006 han entrado 500.000 inmigrantes ilegales más, en torno a 1.600 por día. Así pues, las cifras reales nos sitúan por encima de los 5.000.000 de inmigrantes. Algo más del 10% de la población.

El gobierno irresponsable e incapaz contesta con mutismo o cifras deliberadamente falseadas ante la cuestión –jamás planteada por el PP en ninguna interpelación parlamentaria- del número de inmigrantes que se encuentran en este momento. El gobierno del PSOE, como ayer el del PP, intenta jugar con el equívoco: ¿número de inmigrantes? Y da el número de inmigrantes legales, excluyendo a los comunitarios. ¿Número de inmigrantes ilegales? No sabe, no contesta, o bien contesta diciendo que apenas hay 300.000… ¿Dónde están, por cierto, las enérgicas amenazas de Caldera y de la vicepresidenta del gobierno sobre las sanciones a empresas que contraten a ilegales o sobre las amenazas de repatriación realizadas tras la regularización masiva de 2005? Se las ha llevado el viento como la presunta honestidad y talante de Zapatero.

400.000 regularizaciones ordinarias al año. Efecto llamada permanente

La cifra de 100.000 regularizados publicada hoy por La Vanguardia resulta absolutamente espectacular porque no se trata de ilegales, sino de reagrupaciones familiares de los regularizados en 2005, o de regularizaciones por arraigo entre quienes han logrado “demostrar” que llevan más de tres años. Y estas cifras llegan en plena crisis de los cayucos y con el desplante de Senegal. Como es habitual, el gobierno dice que aquí no pasa nada, que no hay presión migratoria y que todo se está solucionando por la vía de la “negociación”. El gobierno miente, y el hecho de que haya cretinos que le crean no disminuye su responsabilidad en la catástrofe que se avecina.

Catástrofe para las clases populares que han confiado su jubilación a la seguridad social y que, permanentemente, ven reducidas sus expectativas de obtener una pensión digna. Catástrofe para los jóvenes que se ven inermes ante el dumping laboral de los trabajadores extranjeros. Catástrofe para la enseñanza pública que ha saltado por los aires en los barrios con grandes concentraciones de inmigrantes. Catástrofe para el sistema judicial paralizado por miles y miles de juicios por delitos menores; para la seguridad ciudadana que ha dejado de existir en buena parte de España e incluso ha inducido a dirigentes de ERC a reclamar la llegada acelerada de 2000 Guardias Civiles a Catalunya; catástrofe para el sistema penitenciario, desbordado por una delincuencia de nuevo cuño; catástrofe para las fuerzas de seguridad permanentemente con las manos atadas por una legislación permisiva que el gobierno se NIEGA A REFORMAR.

Cuando son los intereses de La Caixa los que peligran, es capaz de redactar un decreto ley de trascendencia económica desconocida para garantizar la OPA de Gas Natural a Endesa. Pero si son los intereses del grueso de la población, aquí no hay urgencia que valga. Alguna mala pécora del gobierno ha recomendado que los españoles “contraten seguridad privada”. Bien, pero entonces, ¿habrá que declararse objetores fiscales en seguridad? ¿Desgravará el comprar un arma para defender el patrimonio y la familia? Claro que no. ¿Los que maten en defensa de su propiedad, de su patrimonio y de su familia, según eximidos de responsabilidades? En absoluto. Si no hay problema, ¿para qué se van a poner en marcha medidas excepcionales? Y el presidente-soft ha declarado que hay menos delincuencia ahora que hace un año y mucho menos que hace dos… así pues ¿dónde está el problema?

El problema es la Moncloa

Hay cuatro ministerios que entran de una forma u otra en materia de inmigración: trabajo, exteriores, interior y justicia. Los gobernantes surgidos de las bombas del 11-M han implantado la ley del silencio entre los técnicos y profesionales de estos ministerios. Dar a conocer las cifras reales y la situación a la que nos aproximamos es constitutivo de marginación. Quien quiera seguir en activo en estos ministerios debe callar. Nadie se llama a engaño en Interior: todo el mundo sabe que la delincuencia está creciendo y que nuestras fuerzas de seguridad están desbordadas. Y en cuanto a Justicia, los funcionarios de los juzgados de guardia saben perfectamente que entre el 70 y el 80% de “clientes” que son llevados, pertenecen a nacionalidades extranjeras. Los técnicos de la Seguridad Social saben que la inmigración RECIBE mucho más de lo que ENTREGA a la caja común. Y en cuanto al cuerpo diplomático destacado en el Tercer Mundo, conocen todos perfectamente la máxima: “si tiendes la mano, te la comen”. Los únicos que parecen no haber entendido nada son los ministros y las políticas que encarrilan.

Ni en Moncloa, ni en el Palacio de Santa Cruz se tiene idea de la mentalidad de los dirigentes del Tercer Mundo (desde Evo Morales hasta Obiang) y las alocadas decisiones que día a día se están tomando, no hacen otra cosa más que empeorar las cosas. El problema no es el “hambre en África”, sino la rapacidad de los dirigentes africanos. La solución no consiste en aumentar la ayuda al desarrollo, sino en exigir un control total sobre esa ayuda por parte del emisor de la misma. La solución no está en apaciguar a los sátrapas senegaleses, mauritanos o marroquíes, sino en hablarles con el único lenguaje que conocen: el ultimátum y la energía. En África, la palabra “diálogo” quiere decir “debilidad” y “negociación” se entiende por “concesión”. Lo sabe cualquiera que se haya aproximado a África. Cualquiera menos el gobierno-soft de ZP y sus humanistas de ONG.

Una cuarta parte de la población española será inmigrante en el 2010

Hoy cinco millones. En 1999 se creía que íbamos a llegar a esa cifra en el 2015. Pues bien, si la inmigración en los próximos cuatro años va subiendo a un ritmo decreciente (lo que no es seguro) y aumenta “solamente” a razón de 300.000 ilegales por año, en el 2010 habrá ascendido a 1.200.000 ilegales más.

A esto habrá que sumar una demografía desbordante –“Gomaespuma” decía ayer que “gracias a la inmigración nuestra demografía ha remontado”, confirmando que un graciosillo, frecuentemente, tiene tendencia a ser un gilipollas- que aumenta el “parque” de inmigrantes a 60-75.000 anuales. En cuatro años, esto implicará un aumento de 300.000 inmigrantes más.

Hace diez días, sabíamos que en breve se harían sentir las reagrupaciones familiares de los 700.000 regularizados en 2005, pero ignorábamos que, desde entonces se han ido regularizando en torno a 100.000 más por trimestre. Creemos prudente una estimación de 3.200.000 inmigrantes más por esta vía, contando a cuatro “agrupados” por inmigrante regularizado, lo que tampoco parece una estimación excesivamente alta.

Pues bien, si sumamos todas estas cifras a la de inmigrantes actualmente residentes en España, estamos por encima de los 10.000.000, esto es, aproximadamente un 25% de la población total de España.

Ni siquiera cuando se produjo la invasión islámica en el 711, llegó una avalancha de características similares. Es la primera vez en la historia de Europa Occidental en la que un país ha permitido GRACIOSAMENTE que su territorio haya sido invadido por oleadas de inmigrantes, aun a sabiendas de que trastocarían todo el sistema asistencial y productivo.

Si alguien cree que nuestro país va a salir indemne de este proceso de invasión étnica, se está equivocando. Las consecuencias van a ser demoledoras y nos van a situar, sin la menor duda, ante la mayor crisis de nuestra historia. En ésta no van a poder evitarse los momentos de tensión y las crestas de una crisis –que como en Francia- van a alcanzar altas cotas de violencia, destrucción y enfrentamiento armado.

Los dos grandes problemas de la España de ZP

Vamos a ser claros: la inmigración es un problema, pero no el único problema. El otro es la ausencia total de un modelo de Estado y el desmantelamiento del Estado a causa de estatutos de autonomía que “blindan”, a su entero gusto, recursos naturales y posibilidades (Aragón blinda el Ebro, Andalucía el Guadalquivir, Catalunya sus “derechos históricos” concebidos a medida de la capacidad de falsificación de la historia del nacionalismo). Y aún hay un tercero: el terrorismo. Y no nos referimos al “proceso de paz” en el que ZP conseguirá desmovilizar a una parte de ETA, mientras otra parte recupera fortalecida y renovada las actividades, sino al terrorismo difuso, confuso y sospechoso del 11-M. Porque aún hoy no se sabe nada importante sobre quién ideó y cometió los atentados, y quién realizó la mayor falsificación en la historia de Europa en las últimas décadas. El paro, la especulación inmobiliaria, el desmantelamiento del Estado del bienestar, en mayor o menor medida están ligados a la inmigración masiva y, en algún caso, al proceso de globalización y a sus secuelas, la primera de las cuales es la transformación de las economías productivas de Europa, en especulativas.

NI UNA SOLA DE ESTAS CUESTIONES puede ser abordada con éxito por un gobierno débil y timorato, cobarde e irresponsable. La falsa mesura y la insoportable levedad del bagaje cultural y político de ZP y de sus ministros, les inhabilitan para presentar proyectos de envergadura, capaces de hacer frente a las trágicas horas que se avecinan.

Pero hay algo absolutamente lamentable en toda esta historia: el hecho de que el gobierno ZP siga teniendo cierta cuota electoral en los sondeos. Esto evidencia que una parte de la población española está, literalmente, ciega por los informativos de PRISA, de la SER y de Sogecable. Y, lo que es peor, que la derecha no goza de mucha mejor vista, a tenor de la decisión por unanimidad de la Asamblea de Madrid de financiar las operaciones de cambio de sexo, de su silencio total ante la cuestión de la inmigración o de la timidez del partido en el poder a la hora de denunciar que no sabemos nada sobre quien mató a 192 personas el 11-M. El PSOE es la ruina de este país, pero el PP, cada vez está más claro, tampoco es la solución.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 04.06.06.

Las únicas fórmulas para contener a la inmigración masiva

Las únicas fórmulas para contener a la inmigración masiva

Infokrisis.- Cíclicamente éste país recuerda que tiene un problema llamado "inmigración ilegal y masiva". Desde la llamada "crisis de las vallas" en el otoño de 2005, el gobierno había logrado que el tema quedara relegado a segundo plano de la actualidad. Lamentablemente, los asaltos con agresión a domicilios privados y los muertos en cayucos llegados desde Mauritania, han puesto nuevamente de relieve la cuestión. Veamos algunas fórmulas drásticas para resolver el problema.

Desarmar los argumentos de los países africanos

Inevitablemente, ya sea con Marruecos o con Mauritania, siempre cuando se procede a la repatriación de inmigrantes ilegales, se produce la misma situación: “no son nuestros, no hay pruebas de que hayan salido de nuestro país, por tanto, el derecho internacional nos ampara a la hora de rechazarlos”. Y contra este argumento hay poco que hacer, aparte, naturalmente, de amenazar con cortar la ayuda al desarrollo, romper relaciones económicas y comerciales, amenazar con no renovar visados ni permisos de residencia a ningún ciudadano de esa nacionalidad y demás, lo que ya es algo. Ahora bien, contra ese argumento también pueden oponerse medidas que lo inhabilitarían.

En estos momentos existe una red de vigilancia a través de satélites de comunicaciones, con suficiente precisión como para vigilar permanentemente las costas africanas desde Ghana hasta Libia y filmar cualquier patera o cayuko que pudiera partir en dirección a Canarias, España o Italia. Con filmaciones de este tipo, técnicamente posibles, se evitaría que los gobiernos africanos dieran argumentos desaprensivos para evitar la repatriación de quienes han salido de sus costas.

Por otra parte, la UE debe MULTAR a aquellos países sobre los que existan datos suficientes para pensar que permiten o estimulan la inmigración masiva. Casos de este tipo deberían ser llevados al Tribunal Internacional de Justicia.

El argumento final de los países africanos es: la inmigración está causada por el hambre… No. La inmigración masiva está causada por la acción de las mafias que actúan sobre el terreno abonado por el caos en el que se ha visto sumida África tras la independencia, a causa del desgobierno y la corrupción extrema de su clase dirigente, incluidos los grandes nombres de la “liberación nacional” africana.

“Efecto patada” frente a “efecto llamada”

Los distintos gobiernos españoles y sus malhadadas leyes de inmigración son culpables de lo que ha ocurrido. Más de cinco millones de inmigrantes, millón y medio de ilegales, ochocientos mil regularizados de febrero a mayo de 2005, son el resultado de esta política. Ha fallado el PP por no haber dado importancia al problema. Pero, sobre todo, el PSOE ha traicionado a este país con leyes de inmigración permisivas, blandura ignorante, humanismo zafio y progresismo agilipollado. La acción de unos y de otros ha llevado, finalmente, a un “efecto llamada” sostenido e incontenible que solamente puede ser desactivado mediante un efecto de signo opuesto y de la misma intensidad. A eso le hemos dado en llamar el “efecto patada”. Ambos efectos obedecen a leyes físicas: cuanto mayor es uno, tanto mayor debe ser el otro, cuanto menor es uno, tanto menor deberá ser el contrario.

¿Para qué un “efecto patada”? : Para que una política de CONTENCION muestre su eficacia. Esto implica adoptar algunas medidas drásticas:

1. La introducción en el código penal de la figura del “inmigrante ilegal” que vulnera la ley de inmigración y, por tanto, se hace acreedor de una pena por el mero hecho de intentar forzar la legalidad de nuestro país, con el agravante de que hacerlo en grupo –patera, cayuko, autobús- sea considerado vulneración colectiva de nuestra integridad territorial.

2. Eliminar la red de “centros de acogida” y sustituirlos, mientras dure la “cresta” de la invasión, por “campos de acogida”, centralizados en el sur de la Península, reduciendo el tiempo de permanencia en España al mínimo imprescindible para organizar los retornos al país de origen.

3. Excluir absolutamente la posibilidad de que un inmigrante pueda ser puesto en libertad dentro del territorio nacional con un papel en el que indique que está expulsado. Al ciudadano extranjero que entra ilegalmente se le interna en “campo de acogida” a la espera, solamente, de que el barco que lo repatriará esté completo. No es el certificado de expulsión, sino la seguridad con que el ilegal ha sido expulsado, lo que garantizará que una expulsión se ha cumplido.

4. Desplazar las peticiones de asilo político a los consulados españoles más próximos a los países de los que, presuntamente, se intenta escapar. Es inadmisible que un “refugiado” de Liberia pida “asilo político” cuando intenta entrar ilegalmente en España, en lugar de haberlo solicitado en la media docena de países previos. Si realmente es refugiado político, es el consulado español más próximo a Liberia el que debe determinar si lo es o no.

Pero hace falta que las medidas de este tipo vayan acompañadas de otras no menos drásticas. En primer lugar, la inmigración africana procede de determinadas zonas, pueblos o aldeas, en los que los primeros llegados a Europa hacen que lleguen otros muchos más. Se conocen los nombres de estas zonas y su ubicación. Se trata, simplemente, de que los consulados españoles en estos países publiquen anuncios y realicen campañas de propaganda en estas zonas explicando: “Todos los que llegan ilegalmente a España, y no mueren por el camino, regresan a su lugar de origen”. Se trata, en definitiva, de desactivar la actividad de las mafias.

En el momento en que la actual crisis remita, será posible rebajar la tensión y la dureza del cerrojazo de fronteras. Ahora no, desde luego.

¿Un Plan Marshall para África?

El “Plan África” solamente puede ser eficaz en la medida en que las medidas policiales y la vigilancia de fronteras en nuestro país contribuyan a desalentar la inmigración masiva. Ayudar económicamente a África pensando que un eventual desarrollo económico servirá para hacer desaparecer la necesidad de la inmigración supone no conocer nada de los mecanismos psicológicos de este continente. España, por ejemplo, se benefició en reservas de divisas de la inmigración que en los años 60 y 70 trabajó legalmente en Francia, Benelux y Alemania. África, por el contrario, se ha empobrecido a causa de los millones de trabajadores que han acudido a Europa.

Cualquier ONG y cualquier diplomático europeo que vive allí conoce perfectamente los motivos. Un inmigrante subsahariano que envíe a su familia 300 euros al mes, lo que está haciendo es garantizar a su familia que puede sobrevivir durante un año con esa cantidad. Y si vive con el dinero recibido desde el exterior ¿para qué va a trabajar? Allí en las zonas donde se ha producido una mayor inmigración, los campos están más abandonados, prefigurando futuras hambrunas.

Por otra parte, los “Planes Marshall” para África olvidan dos elementos: la falta de honestidad de las clases políticas africanas cuyos niveles de corrupción son desconocidos en Europa y que implica que cualquier ayuda al desarrollo termine en bancos suizos y en segundo lugar porque África desde la independencia ha tragado miles de millones en ayudas que no han conseguido ni estabilizar la miseria africana, ni mucho menos hacer que retroceda. Lo lamentamos, pero la “ayuda” ya ha demostrado su ineficacia. Hay que ser realista. África solamente ha vivido ajena de epidemias, guerras tribales, dictaduras caníbales y hambrunas, cuando allí estuvieron colonizadores europeos. La descolonización sumió a África en el caos y hoy se calcula que solamente hacia el 2500 –repetimos, en el 2500- los países subsaharianos estarán en condiciones de vivir en condiciones parecidas a las que se vive hoy en el Primer Mundo.

Si ha fracasado la política de ayudas, si ha fracasado la política de independencia, si ha fracasado la política de multinacionales que compran al peso zonas de África, solamente queda una vía aceptable: que los países africanos renuncien a algunas de las prerrogativas que implica la independencia, elijan a “naciones parteners” con las que se configuren como Estados Asociados y confíen en ellas a la hora de garantizar su desarrollo. El país africano X, solicita a un país europeo o a la propia UE, ser considerado como “Estado Asociado”, inmediatamente ese país europeo crea una administración económica y de desarrollo en ese país y empieza a administrar DIRECTAMENTE las ayudas, y a organizar económicamente el país.

Alguien podrá llamar a este sistema “recolonización”. Bien… ¿y? Si preguntan a los africanos que mueren de hambre, por guerras civiles, hambrunas o desgobierno, si prefieren que europeos cuiden por su desarrollo o seguir como han estado en los últimos cuarenta años, veremos cuántos son los que eligen cada opción.

Violencia urbana y “doble pena”

La inmigración es una carga muy pesada para España y, desde luego, mucho más de lo que puede soportar en los próximos años. Hoy ya tenemos la seguridad de que la inmigración es un mal negocio para el país de acogida. Los gastos generados para el Estado son mucho mayores a los beneficios que percibe. La inmigración beneficia solamente a determinados sectores empresariales (hostelería, construcción y agrario), pero perjudica al conjunto de la nación y al erario público. Pero sobre todo, en los últimos tiempos, la inmigración lo que ha hecho saltar es cualquier concepto de “seguridad ciudadana”.

Los asaltos a domicilios privados con máxima violencia se han recrudecido desde principios de año, alcanzando unos niveles de agresividad inusitados. Los protagonistas son inevitablemente ¿”ciudadanos del este”? No, en la mayoría de los casos son albano-kosovares. Repetimos: albano-kosovares. A partir de finales de los años 90, argumentando la existencia de una “agresión serbia”, llegaron a Europa Occidental miles y miles de kosovares, buena parte de los cuales estaban ligados a las bandas de delincuentes que constituyeron la UCK. Ya en aquellas fechas cometían robos y exacciones en Europa Occidental, enviando parte de los beneficios para el mantenimiento de las bandas armadas que fueron saqueando y asesinando las aldeas serbias de Kosovo. Esa banda de asesinos, repartida por Europa, terminó confluyendo masivamente sobre España. Para ello se beneficiaron del “Espacio Schengen” y, especialmente, de la relajación y laxitud de las penas por robo con violencia y violación de la propiedad privada. A esto se unía la blandura fofa del sistema penal español, lo cómodo de las cárceles españolas y la facilidad con que una condena de 6 años se transformaba en apenas una estancia en prisión de apenas dos años seguida de un papel de “expulsión” que jamás se llevaba a efecto. En 1998, el 75% de los ciudadanos de la antigua Yugoslavia residentes en cárceles españolas eran kosovares. Hoy prácticamente son el 95%, siendo bosnios el resto.

Aparte de este tipo de delito existen otros no menos odiosos. Bandas de estafadores nigerianos, ladrones y descuideros marroquíes, asaltantes de automóviles andinos en las autopistas, navajeros argelinos, traficantes de drogas de todos los países del mundo, están convirtiendo nuestro país en un lugar inhabitable y peligroso. El gobierno de turno tiene dificultades extremas en maquillar cada vez más las estadísticas sobre la delincuencia para demostrar la “eficacia” de las políticas de seguridad ciudadana. La realidad es que, desde el primer semestre de 2002, la delincuencia está fuera de control y la población penitenciaria sigue ascendiendo, a pesar de que solo un 10% de los delincuentes detenidos terminan ingresando en prisión. Esto explica la discontinuidad entre ciudadanos extranjeros detenidos (en torno al 85%) y los ciudadanos extranjeros en prisión (en torno al 55%).

Construyendo nuevas cárceles no se va a lograr gran cosa. Hace falta introducir alguna corrección en el código penal y, al mismo tiempo, modificaciones en el reglamento penitenciario. ¿Con qué objetivo? Simple: disuadir a inmigrantes de que elijan nuestro país para cometer delitos. Eso implica dureza. Aquí las políticas humanistas de reinserción deben necesariamente ser olvidadas en beneficio del objetivo: dureza para evitar que España siga siendo el paraíso de la delincuencia.

Estas medidas son fundamentalmente tres:

1. “Doble pena”: cualquier ciudadano extranjero detenido y condenado por un tribunal español, debe cumplir íntegramente su pena en España y luego ser expulsado al país de origen por la Guardia Civil.

2. Introducción en el código penal de la consideración de ser extranjero como “agravante” a la hora de establecer las penas. Nadie puede venir impunemente a nuestro país a delinquir. Otra medida necesaria es la inclusión de “agravante” en los delitos cometidos por extranjeros en situación ilegal.

3. La apertura de cárceles especiales para extranjeros con obligación de trabajar para cubrir las indemnizaciones civiles a las que haya dado lugar el acto delictivo por el que hayan sido condenados y los gastos de retorno a su país. Cumplimiento completo de la pena mientras no se hayan satisfecho ambos importes.

Al gobierno no le importa Canarias. A España si

El movimiento nacionalista y secesionista canario está consiguiendo argumentos para reforzar sus tesis. El gobierno no está haciendo nada para contener la inmigración masiva a Canarias, ni para resolver el problema que supone para unas islas un flujo masivo de población. Las Canarias parecen estar demasiado lejos. Ni ayer ni hoy, Canarias parece interesar y algún día todos los gobiernos que han pasado por este país deberán explicar por qué no negociaron con más fuerzas los acuerdos pesqueros con Marruecos, por qué permitieron que Canarias fuera sólo y nada más que un paraíso turístico y por qué, a partir de cierto momento, están dejando incluso que este paraíso quede desmantelado por una invasión de menesterosos. Esa invasión no es nueva: desde 1998 se vienen registrando llegadas masivas de pateras a Lanzarote y Fuerteventura y solamente en los últimos tiempos han aparecido los “cayukos” llegados de Mauritania.

El gobierno canario está pidiendo algo que, en principio, parece extremadamente justo: competencias en materias de inmigración y medios para contener la invasión. El gobierno ZP solamente ha accedido a enviar a la península a los inmigrantes ilegales capturados en las playas. Muy poco. Nada en realidad. Lo que se está haciendo es facilitar la inmigración a España, destino final de la misma. Ningún inmigrante llega a Canarias salvo con dos objetivos: permanecer el tiempo suficiente para legalizarse, o bien ser enviado a la Península y evitarse el tramo más duro del viaje que pasa a través de Marruecos. El gobierno de ZP les facilita y sufraga esta parte del viaje. Cuanto más se realice esta dinámica, más inmigrantes llegarán en cayukos.

Por otra parte, la opinión pública ignora los posibles acuerdos a los que ZP haya llegado con Marruecos sobre el destino de Canarias. Gentes como ZP, progresistas inconscientes e ignorantes por completo de nuestra historia y de la realidad de las islas, están convencidas de que los argumentos del adversario son ciertos y ante ellos no se sienten con fuerza para contestarlos. ZP tiene “la sensación” de que Ceuta y Melilla “son” de Marruecos y que España está actuando allí como potencia colonialista. No sabemos lo que opina de las Canarias, reivindicadas también por Marruecos y sometidas desde hace diez años a una verdadera colonización, lenta pero implacable. Parece una enormidad pero, gentes como ZP, simples y con un bagaje intelectual mínimo, al ver a las Canarias en el mapa concluyen que están “más cerca de África que de Europa” y “por tanto, son África” y España, en alguna medida, es potencia colonizadora…

Ahora bien, el hecho de que un atentado criminal llevara al poder a un gobierno de inconscientes no quiere decir que a España no le importe Canarias. Canarias precisa, ante todo, de una ley de residencia que debe, necesariamente, encajar con una nueva y definitiva ley de inmigración. Canarias precisa industria que genere puestos de trabajo para las jóvenes generaciones golpeadas por el paro. Canarias precisa ser literalmente “limpiada” de todo aquello que pueda menoscabar la industria turística y que en estos momentos ya está haciendo que ciudadanos de origen europeo que habían decidido instalarse allí emigren, o bien hacia Levante o hacia Baleares. Canarias precisa seriedad que no es, desde luego, la que ZP le da en intervenciones parlamentarias como las de hoy 24 de mayo cuando, en un rasgo de cinismo calculado o de ignorancia supina, o de ambos, ha dicho que “la situación en Canarias está controlada”. Pues no: la situación de Canarias está en este terreno como en el resto del territorio nacional -porque estamos hablando de nuestro “territorio nacional”, de España-, fuera de control. Y, desde luego, no albergamos la menor duda que el gobierno ZP no va a controlar nada más que el pago de prestaciones no contributivas a la inmigración masiva e ilegal.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 24.05.06


El Islam contra Europa (III) Argelinos en Francia (2ª Parte) Intifada en Eurabia

El Islam contra Europa (III) Argelinos en Francia (2ª Parte) Intifada en Eurabia
Infokrisis.- Vale la pena recordar la cónica cercana del salvalismo. Los incidentes que tuvieron lugar en el "otoño francés" han constituido, sin duda, la revuelta urbana más graves que ha tenido lugar en Europa Occidental desde la posguerra. A su lado, el "mayo del 68" fue un juego de niños y el "otoño cálido" italiano una revuelta de guardería. Pero sobre todo fueel anticipo de la guerra civi, racial y social, que vendrá.

 

Las tres semanas de revuelta en los suburbios, puso a Francia ante el escenario de una guerra civil, étnica y social a la vez. Vale la pena pues seguir la cronología de los hechos para advertir que este tipo de violencia tiene la capacidad de extenderse como una mancha de aceita, no solamente sobre el hexágono francés, sino sobre toda Europa Occidental. De hecho, en aquellas tres semanas de odio, ya existió contagio a los países limítrofes.

A mediados de los años ochenta tuvieron lugar en Villeurban, una ciudad-dormitorio francesa, varias noches de incidentes que parecían el ensayo a pequeña escala de lo que veinte años después se extendería a nivel nacional. Solamente variaba la “táctica”. Los coches robados en otros barrios por las bandas de delincuentes, eran trasladados a su arrabal de residencia donde, ante la presencia de sus vecinos y amigos, los hacían derrapar en las plazas y, finalmente, los incendiaban cuando la policía llegaba. Solamente el Front National prestó atención a este primer estallido de violencia urbana. Diez años después nacían los primeros grupos de rap. Progresivamente, la sociedad francesa se fue habituando a que cada noche un centenar de automóviles fueran incendiados en los suburbios. Villeurban demostró que era “mejor” que la policía y los Compañías Republicanas de Seguridad no entraran en los barrios marginales poblados por inmigrantes o, de lo contrario, los incidentes exteriorizaban la existencia de un problema (con la consiguiente merma de réditos electorales) y la presencia policial parecía ser considerada como una provocación. Otro tanto empezó a ocurrir con representantes de otras instituciones republicanas. Era frecuente que en las carnicerías “halal”, trabajaran niños de 14 años, hijos de sus propietarios. La legislación republicana prohibía el trabajo de la infancia, pero detener o multar a uno de estos carniceros por explotar laboralmente a su hijo, vulneraba los hábitos antropológicos de la comunidad argelina, y, por tanto, provocar un nuevo foco de incidentes. Y ¿qué decir de la recaudación de impuestos? ¿Cómo iba a atreverse un inspector fiscal a penetrar en un barrio de mayoría argelina para solicitar los libros de contabilidad y extender una multa por impago de impuestos? Era otra provocación. Así que mejor no enviar a los inspectores fiscales a barrios conflictivos o se corría el riesgo de generar un nuevo foco de disturbios. La enseñanza, en cambio, funcionó bien en las escuelas republicanas de los suburbios. Pero, cuando el porcentaje de magrebíes se convirtió en asfixiante, la calidad de la enseñanza se resintió. La sociedad magrebí, tiene tendencia a minusvalorar la formación profesional y, no digamos, la universitaria. Para esta sociedad, lo esencial es convertir lo antes posible a los hijos en “fuerza productiva” y, para ello, no hacía falta estudiar literatura, historia, ciencias o filosofía. Entonces ¿para qué estudiar? ¿qué derecho podían tener los enseñantes a exigir un esfuerzo a los hijos de la inmigración magrebí? Al cabo de unos años de repetirse todos estos procesos, los distintos funcionarios comprendieron que los barrios con mayoría magrebí eran radicalmente diferentes al resto de la Francia republicana. Lo normal hubiera sido poner a la inmigración ante una disyuntiva sin fisuras: integración o repatriación, pero se optó por la más fácil, la política del avestruz y mirar hacia otra parte. Desde mediados de los años 80 los distintos gobiernos de izquierdas y derechas estaban persuadidos de lo importante era “no provocar incidentes”; el problema se solucionaría a medio plazo mediante inyecciones de fondos y subsidios, en el marco de ambiciosos planes de integración y promoción de las bolsas magrebíes. Pues bien, todos los fondos invertidos en la integración de los inmigrantes se han dilapidado y los proyectos de integración han fracasado. Pero entre el momento en que se percibió el problema (1985) y el instante en el que salió a la superficie (2005), el Estado Republicano se había evaporado de los suburbios con mayoría magrebí. Esos territorios, estaban en Francia… pero ya no eran Francia, ni sus habitantes se sentían franceses. En ese contexto se inicia la intifada de otoño.

El jueves 27 de octubre de 2005 dos jóvenes musulmanes de origen africano, Ziad Benna (17 años) y Baou Traeré (15 años), mueren electrocutados cuando huían de la policía en Cliché-sous-Bois, al noreste de París. Otro joven que los acompañaba Muhttin Altun (17 años) resultó herido. Los tres adolescentes huían de la policía y tras trepar a una subestación eléctrica se electrocutaron. La policía sostuvo que estaba persiguiendo a otros sujetos que habían eludido un control policial y los tres adolescentes creyeron que la movilización policial se dirigía contra ellos. A pesar de que no resultan claro los motivos de la huida de los jóvenes (¿por qué huían si no habían cometido ningún delito? ¿qué sentido puede tener huir de la policía para quien no tiene nada que ocultar?), por la noche, al extenderse la noticia, se desencadenaban los primeros incidentes que en las tres noches siguientes se limitarían al término de Clichy-sous-Bois. Ese mismo día, un varón blanco de 56 años fue golpeado hasta la muerte en Epinay por un grupo de magrebíes delante de su mujer e hija. Nadie, solamente una pequeña nota en Le Figaro, recordó este crimen.

Por la noche, decenas de jóvenes de origen magrebí y subsahariano atacan edificios públicos de la ciudad e incendian 23 vehículos. La policía y los bomberos que acudieron para sofocar los incidentes fueron recibidos con piedras y cócteles molotov. La “intifada de otoño” ha comenzado. El saldo de aquella primera noche de incidentes ascendió a 27 detenidos, 23 policías heridos.

El viernes 28 de octubre los incidentes continuaron con redoblado ímpetu. La noticia ya se había filtrado a los medios a causa de las dos muertes y de la violencia inusitada de los incidentes. El sábado 29, resultaron detenidos en Clichy, otros 14 alborotadores y 29 coches fueron incendiados. En torno a 500 personas habían participado ese día en una marcha de silencio en Clichy-sous-Bois, en memoria de los adolescentes muertos, con pancartas en las que se leía "muertos por nada". Los líderes religiosos de la comunidad musulmana llamaron a la calma. Pero, al día siguiente, el domingo 30, ellos mismos serían los primeros en excitar a la revuelta. En efecto, una granada lacrimógena cayó en las inmediaciones de una de las mezquitas de Cliché. La policía negó su responsabilidad, pero el hecho es que la granada era del mismo tipo a las utilizadas por los antidisturbios.  Ese día, otros 20 coches ardieron y 30 jóvenes fueron detenidos. Hasta ese momento no se habían disparado las alarmas; de hecho, incidentes como estos no eran una novedad en la sociedad francesa y cientos de episodios similares se habían reproducido desde los incidentes de Villeurban en 1985. Pero, al día siguiente, la novedad es que los incidentes habían dejado de ser un problema local de Cliché y se extendían al suburbio de Montfermeil, en Seine-Saint-Dennis. Las bandas magrebíes atacaron el cuartelillo de la policía municipal e incendiaron el garaje con una violencia inusitada y sin precedentes en los días anteriores. Parecía que se había llegado al límite de lo tolerable. Un miembro de “Action Police”, organización miembro de la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos, sindicato conservador, describió, por primera vez, los incidentes como “guerra civil” y pidió la intervención de las fuerzas armadas. Pero, en realidad, todavía quedaba mucho para alcanzar la cúspide de la violencia.

El 1 de noviembre los incidentes se habían extendido a otros nueve suburbios, especialmente en la región de Seine-Saint-Denis. En total esa noche 70 coches fueron incendiados. En Sevran una escuela fue incendiada por sus propios alumnos. En Aulnay se arrojaron cócteles molotov contra el cuartel de bomberos. Haciendo un esfuerzo, podría comprenderse que los adolescentes cuya vida era fronteriza con la delincuencia, albergasen resentimientos hacia la policía, pero ¿y hacia los bomberos? Por primera vez, empezaba a ser evidente que los incidentes se estaban transformando en una revuelta contra la sociedad y el Estado francés. La alcaldía también fue atacada y de nada sirvió que ese mismo día el primer ministro Villepinm se reuniera con los familiares de los tres adolescentes electrocutados en su huida de la policía. El llamamiento a la calma no hizo más que excitar los ánimos porque al día siguiente 177 vehículos fueron incendiados y en Hauts-de-Seine los revoltosos intentaron asaltar dos comisarías de policía. Otras dos escuelas, el edificio de correos, un centro comercial y varios establecimientos, resultaron así mismo incendiados y la policía y los bomberos hostigados. Mientras el presidente Chirac efectuaba otro llamamiento a la calma, Villepin convocaba al gobierno en reunión de urgencia. Todos intentaban serenar los ánimos y evitar la hostilidad del resto de la población hacia los magrebíes y subsaharianos de los suburbios, y no tanto por que desearan evitar una oleada de xenofobia y racismo, sino para no desdorar el porcentaje de respaldo popular. La opinión pública francesa pedía medidas enérgicas y el gobierno solamente acertaba a pedir calma. Además había que añadir la carrera iniciada entre Villepin y su ministro del Interior, Nicolás Sarkozy para lograr la nominación de su partido como candidato a las presidenciales del 2007. Así que si, Villepin pedía calma, Sarkozy –también para mejorar su imagen en las encuestas- lanzó una durísima alocución tratando a los alborotadores de “basura despreciable” y “escoria”, al tiempo que anunciaba “tolerancia cero” con la delincuencia. A partir de ese momento, los revoltosos ya tenían una excusa para sentirse “discriminados” y los disturbios se extendieron como una mancha de aceite el miércoles 2 de noviembre, cuando se cumplía una semana del inicio del conflicto.

El día 3 se demostró la capacidad de los revoltosos para interrumpir la red ferroviaria del país. En la mañana consiguieron cortar la vía férrea que conduce al aeropuerto Charles de Caulle, por la tarde atacaron dos convoyes en la estación Le Blanc-Mesnil. Un pasajero resultó herido a causa de un vidrio estallado. Un total de 27 autobuses fueron incendiados en las zonas en revuelta. También el tejido industrial francés empezó a resentirse: una fábrica de alfombras fue incendiada. En ese momento, las revueltas ya se habían extendido fuera de los suburbios situados en torno al Gran París. En Dijon, Ruán, Bouches-du-Rhone, se habían reproducido disturbios con los mismos protagonistas y la misma carga de violencia. Esa noche ardían 500 vehículos, nada realmente comparado con lo que se aproximaba. El día 4 los suburbios de los departamentos de Val d’Oise, Seine-et-Marne y nuevamente Seine-Saint-Denis registraban nuevos incidentes. En el entorno parisino volvieron a reproducirse las escenas de incendios, pillajes y saqueos. Pero habían ardido menos coches que en días anteriores –apenas medio centenar- así que las autoridades lanzaron un mensaje optimista. A pesar de que los incidentes habían alcanzado a Lille y Toulouse, se habían producido 150 incendios de coches menos que en la noche anterior, así que ¿por qué no ser optimistas? ¿Qué importaba si una sinagoga había sido atacada con cócteles molotov o si la pasajera de un bus incendiado había resultado con graves quemaduras? Y en cuanto a los apedreamientos de bomberos, ¿acaso no se habían visto ya en días anteriores? Las autoridades republicanas habían decidido transmitir optimismo: la situación estaba bajo control y entre las detenciones y el cansancio de los alborotadores, la crisis debía periclitar en breve. En realidad, todavía no había alcanzado su límite máximo.

En ese momento, la seguridad del Estado y la fiscalía de París ya tenían conocimiento de que los agitadores se coordinaban a través de Internet. El 28 de octubre ya se había creado el primer blog específico en solidaridad con los dos adolescentes muertos en el inicio de los distubios –Skyblog 93 Bouna- en el que los Internautas dejaban sus mensajes. Algunos eran condolencias, pero otros llamaban simplemente a profundizar la revuelta. Otro blog, Banlieue93.skyblog.com, recogía mensajes en los que se amenazaba a la sociedad francesa; pero también aparecían mensajes en los que aparecían actitudes hostiles contra los revoltosos. Uno de estos mensajes amenazaba con "coger el fusil y disparar a la cabeza contra quien pretenda quemar mi coche”. Si esto no era una pre-guerra civil, se parecía mucho. Algunos con pretensiones historicistas, se obstinaban en convocar para el día 12 de noviembre a una gigantesca manifestación insurgente en los Campos Elíseos para desescadenar "el mayor motín de la historia de Francia". Internet y los teléfonos móviles con sus mensajes SMS, se habían convertido en el elemento movilizador y coordinador de la guerrilla urbana. Había nacido la “organización espontánea”, el “swarming”. No existía un centro responsable de los incidentes, sino redes de “copains”, colegas, que se incitaban mutuamente a mantener la revuelta, se daban consejos sobre como hostigar más y mejor a los cuerpos de seguridad del Estado (y los “odiados” bomberos, por supuesto) e intentaban arrastrar a los jóvenes de otros suburbios a la violencia callejera. Pero el fiscal Yves Bot, terminó estropeando estas revelaciones, negando que existiera un trasfondo étnico en los incidentes. Total, el hecho de que estuvieran inevitablemente protagonizados por jóvenes de aspecto magrebí y subsahariano no quería decir nada, en opinión de las autoridades. Se trataba de defender, por todos los medios, el “modelo francés” de integración. Pero los fuegos de los suburbios habían evidenciado que ese modelo era una cáscara sin vida desde mediados de los años ochenta.

En la noche del 4 de noviembre se alcanzaron niveles de violencia inusitados hasta entonces. Era la noche del sábado al domingo, el punto álgido de los disturbios. Era noche fueron incendiados 1.295 vehículos y 312 personas resultaron arrestadas. Lo más espectacular de esa noche de los incendios fue que los revoltosos la emprendieron precisamente contra aquellas instituciones que habían sido creadas especialmente para ellos: en Grigny ardieron dos escuelas, otra en Vigneux, una guardería fue incendiada en Acheres, mientras que los puestos de policía de zonas tan distantes como Soissons, Nantes, Avignon, Montauban, Lille, Torcy y media docena de ciudades más, resultaron atacados con cócteles molotov y apedreados. Era toda Francia la que se estaba viendo afectada por los revoltosos. Pero lo sorprendente fue que estos incidentes se reprodujeran incluso en zonas, como Normandía, en los que la población inmigrante era menor e incluso gozaba de mejores condiciones de vida. En Evreux, por ejemplo, ardieron dos escuelas, un centro comercial, una oficina de correos y medio centenal de automóviles. Y en la noche, los incidentes se trasladaron de la banlieu al centro de París. Los disturbios afectaron también al centro de París. Solamente en las inmediaciones de la Plaza de la República fueron incendiados 32 vehículos. Seis helicópteros provistos de equipos de visión nocturna empezaron a sobrevolar los suburbios conflictivos tratando de controlar a la insurgencia. Esa noche los incidentes alcanzaron el histórico Distrito III sin que los 2300 policías movilizados fueran capaces de detener la oleada de fuego. A lo largo del día diversos corresponsales de prensa resultaron agredidos sin que pudiera interpretarse muy bien porqué. A partir de entonces, los periodistas se convirtieron en objetivo de los revoltosos. No en vano, los corresponsales se mueven con preciosos objetos (cámaras de fotos, ordenadores portátiles, teléfonos móviles de gama alta, cámaras de víde, etc) que constituyeron uno de los botines más suculentos de la revuelta. Hasta ese momento, los corresponsales de guerra habían sido enviados a las guerras balcánicas, a Irak, Afganistán y a otros frentes de combate, pero no desde luego al centro de París. París se había convertido en “territorio comanche”. Habitualmente, la tendencia mayoritaria de los medios de comunicación franceses era hacia el progresismo. Los inmigrantes se veían como “víctimas” de un sistema injusto y de unos gobiernos que no realizaban esfuerzos suficientes por integrarlos en las mieles de la sociedad europea. Podemos imaginar el trauma sufrido por estos mismos medios, cuando la ira de los revoltosos apuntó contra ellos. El choque con la realidad, siempre es duro, y mucho más cuando un grupo de salvajes te persiguen por las calles intentando robarte la cámara y, de paso, darte una paliza. En las redacciones de los principales medios de comunicación, los reporteros de a pie, que habían visto el salvajismo de los revoltosos, confeccionaban artículos describiendo lo que habían visto y cómo se habían sentido presas de fieras completamente irracionales. Pero sus directores, sentados en los cómodos sillones de la redacción, consecuentes con su progresismo propio de la “izquierda divina” o de la “izquierda caviar”, se negaban a aceptar la realidad. En este sentido, los artículos que Le Monde publicó en aquella época son antológicos. Y en lo que se refiere a los medios visuales el drama era todavía mayor. La carga emocional de un artículo se puede reducir amputando unas cuantas frases y adjetivos, pero las imágenes no precisan comentario alguno y las imágenes que llegaban a las redacciones de los informativos de TV eran demasiado elocuentes. Además, sobre todo y por encima de todo, de lo que se trataba era de no dar la razón a lo que el Front National había estado augurando en los últimos 20 años, so pena de que en las siguientes elecciones los partidos tradicionales pudieran tambalearse. Bastante le está costando al Estado francés el que el Front, con un 18% de apoyo en las pasadas elecciones presidenciales, no tenga ni un solo diputado nacional. Un sistema electoral que beneficie solamente a los grandes partidos y que ha costado tanto de adaptar a los vaivenes electorales para que siempre los grandes sigan siendo grandes y nos “nuevos grandes” no puedan estar representados, no se puede poner en peligro por unos miles de coches ardiendo, unas cuantas decenas de colegios, comisarías, guarderías y librerías incendiadas y unos miles de bomberos apedrados… Paul Nahon, director de “France 3” lo expresó hiperbólicamente: "El problema es saber cuántos minutos de imágenes podemos emitir para no ser instrumentalizados", lo que traducido quería decir que el problema era cómo dar la información para que los partidos mayoritarios no se resintieran del fracaso de su política de inmigración e integración. "Mostramos lo mínimo indispensable ", añadió. Y era raro, por que cualquier incidente xenófobo hasta entonces había sido analizado minuciosamente y durante días por esa misma cadena. Pero también aquí existe lo “mínimo indispensable” ante unos problemas y lo “máximo posible” antes otros. La directora de “France 2” exhortaba a sus informativos a “no pisar demasiado el acelerador” con objeto de “no publicitar acciones evidentemente condenables”. Y el director de informativos de la cadena privada TF1 afirmaba que su cadena ponía especial énfasis en no enardecer a la opinión pública ante "unas situaciones que ya conllevan muchas dificultades y peligrosidad". Para Arlette Chabot, directora de información de la cadena pública France 2, es preciso "no pisar demasiado el acelerador para no publicitar acciones que son evidentemente condenables". Todo esto evidenciaba que los intereses de los medios coincidían con los de los partidos mayoritarios: no reconocer la verdadera naturaleza del problema. En Corbeil-Essones, en la periferia sur de París, decenas de jóvenes magrebíes lanzaron desde un paso elevado un coche contra un autobús de antidisturbios. Ellos si sabían perfectamente cuál era el problema: odio y rechazo.

En la noche del domingo, se oyeron disparos de pistola y de escopetas de caza que alcanzaron a 34 policías en Grigny. Según ha declarado un portavoz de la policía parisina, unos 200 jóvenes habían disparado con escopetas de caza contra los antidisturbios, dos de ellos graves por impacto de perdigones. Ambos han sido hospitalizados, uno con heridas en la garganta y otro en la rodilla. "Buscaban claramente hacernos daño", dijo uno de los agentes heridos. La utilización de armas de fuego era una innovación que trajo ese nefasto fin de semana. Pero no sería la única. Por primera vez, y de forma coordinada, se produjeron los primeros ataques contra iglesias católicas. Solo en París ardieron casi 500 vehículos y un millar más en la periferia. Otra novedad registrada fue la extensión de los disturbios a Bruselas, Berlín y Bremen. No es raro que los vecinos de los barrios atacados llamaran a la intervención de las Fuerzas Armadas y a la formación de Comités Cívicos de Autodefensa. El gobierno, visiblemente desbordado y desorientado, incapaz de afrontar el fracaso de las políticas de integración, volvió a pedir calma. La respuesta, como podía esperarse, vino al día siguiente.

Un vecino de Stains, resultó linchado cuando intentó apagar el fuego que había prendido en un contenedor de basura próximo a su domicilio. En efecto, Jean Jacques Le Chenadec, trabajador jubilado, fue golpeado hasta la agonía, por los mismos incendiarios, cuyo “trabajo” intenba sofocar. Los medios registraron la declaración de Mousssa Diallo, transitorio portavoz de los insurgentes: “esto es sólo el principio. No vamos a parar hasta que hayan dos policías muertos”. Al menos las intenciones estaban claras y era evidente que los mensajes pacificadores del gobierno habían caído en saco roto. Fue entonces cuando “TV France 3”, optó por autocensurar las informaciones sobre los incidentes. A partir de ahora no ofrecería cifras de los daños ocasionados por los insurgentes. Se creía que estos datos contribuirían a excitar la ira de los franceses de origen y daría alas al ascenso de la xenofobia y el racismo. Encomiable intento que, como cualquier medida bienpensante, llegaba con veinte años de retraso: toda Francia ya sabía lo que estaba ocurriendo. La cuestión no era saber si se habían incendiado tantos o cuantos automóviles, la cuestión era que para muchos franceses la guerra étnica había comenzado y Jean Jacques Le Chenadec era el primer caído. Es, en cualquier caso, significativo que “France 3” optara por autocensurar sus informaciones el día en que fue asesinado un trabajador francés. Pero el gobierno había optado por la política del avestruz. Ese mismo día se supo que la comunidad judía de Francia había sido contactada discretamente por el gobierno para que evitara realizar declaraciones alarmistas o condenas públicas a los actos antisemitas. El gobierno optaba por minimizar el problema y mostrar ante la opinión pública una fortaleza que no tenía. El despliegue de 20.000 policías más era, tan sólo un teatral gesto de fuerza de un Estado que durante veinte años había evidenciado debilidad y cobardía para encarar el problema de las bolsas magrebíes y subsaharianas. Había signos de desesperación en las filas gubernamentales. Sarkozy pidió –y obtuvo- de la Unión de Organizaciones Francesas Islámicas una fattwa condenando la violencia. En realidad, esta unión había sido el hijo predilecto del ministro del interior, no sólo contribuyó a impulsarla, sino que la subvencionó con una generosidad dadivosa. A esas alturas, una parte importante de la sociedad francesa, empezaba a pensar que no existían organizaciones “francesas islámicas”, y que los incidentes demostraban la contradicción esencial entre Francia y el Islam. Uno de los que primero lo comprendieron fue el alcalde de Raincy, una de las ciudades en donde los disturbios habían alcanzado los más altos límites de violencia. Fue la primera ciudad en la que su alcalde decretó el toque de queda para menores de 15 años. En los días siguientes, otros muchos municipios adoptaron la misma medida, autorizados por el primer ministro a la vista de la situación.

En la noche del 7 de noviembre, 50 manifestantes detuvieron e incendiaron un autobús público en Toulouse. El conductor se salvó por los pelos de convertirse en una tea. Dos escuelas fueron incendiadas en Lille Sud y Bruay-su-Escaut, un gimnasio quemado en Villepinte. Incluso en Alsacia y Lorena, con bajas tasas de inmigración, estallaron violentos incidentes, lo que demuestra que no son las condiciones sociológicas de hacinamiento en el suburbio las que generan violencia, sino que los factores hay que buscarlos en el causas mucho más concretas. Hay agitación porque hay agitadores y hay agitadores porque existe odio y resentimiento contra Francia, la República y el pueblo francés. A lo largo del día los incidentes habían sido tan violentos que por la noche el primer ministro anunció que "los alcaldes podrán decretar el toque de queda donde sea necesario". Su voz no fue tan enérgica cuando descartó la intervención de las FFAA. En las primeras horas del 8 de noviembre, el presidente Chirac declaró el estado de emergencia y la legislación que permitía a las autoridades locales el estado de emergencia durante 12 días. Desde los peores momentos de la guerra de Argelia la República no había conocido esta situación, ni siquiera en los días de mayo del 68 –ese juego de niños- y cuando los peores momentos de la actividad terrorista de la OAS. Orleáns y Amiens decretaron el toque de queda esa misma noche. La novedad de la jornada fue que, por primera vez una iglesia protestante había sido atacada en Maulan. La segunda novedad fue comprobar la fragilidad de los sistemas de transporte públicos. Un simple cóctel molotov bastó para colapsar el nudo ferroviario de Lyon. La parte positiva de la jornada fue que “solamente” se incendiaron 617 vehículos y apenas habían estallado disturbios en 116 puntos… más o menos, la mitad que la noche anterior. Sin embargo, los incidentes se prolongarían por espacio de 10 días más.

El anuncio de los toques de queda y las medidas draconianas que los acompañaban, disuadió a muchos adolescentes de continuar con la revuelta. A fin de cuentas, a esas alturas ya se habían divertido lo suyo y estaban convencidos de haber hecho temblar a la República. Más o menos, era así. Pero cuando la República verdaderamente tembló fue cuando se pusieron de manifiesto las consecuencias económicas de la crisis. El euro había alcanzado en estos trece días de disturbios –desde la muerte de los dos adolescentes hasta el 9 de noviembre- su cotización más baja en los dos últimos años, en relación al dólar. Las empresas que estaban dispuestas a invertir en las zonas afectadas por los disturbios, pospusieron la decisión. Los comerciantes estuvieron a punto de perder las ventas de la temporada de invierno. Y, finalmente, se había producido una quiebra en la confianza que los inversores experimentaban hacia la capacidad de mantener el orden por parte de los gobernantes. Como se sabe, “el dinero” es cobarde y emigra a donde los riesgos son menores. Francia –y más en concreto, algunas zonas del país- se habían convertido en “zonas de riesgo” como podía serlo Haití, Colombia o la isla de Krakatoa horas antes de la explosión del volcán que la hizo célebre. Sarkozy, a todo esto, en plena campaña de promoción, jugando, una vez más, la carta de la pretendida dureza, comunicando que 120 extranjeros relacionados con los incidentes y en situación ilegal, iban a ser deportados. Y la campaña no le iba mal. Tras su alocución amenazando con “mano dura”, "Le Parisien", publicó una encuesta según la cual el 57% de los franceses apoyaban esta actitud.

Cuando el 9 de noviembre, se había decretado el toque de queda en 38 zonas (incluyendo Marsella, Niza, Cannes, Estrasburgo, Lyon, Toulouse y París), los actos de violencia disminuyeron hasta límites “razonables” lo que permitió decir al gobierno que “el problema se iba solucionando”. Efectivamente, esa noche solamente se produjeron 897 incendios de vehículos y 253 detenciones. Al mejorar la situación, Chirac adoptó aires de “padre de todos los franceses” y, magnánimo, reconoció los problemas de los suburbios y prometió “trabajar para solucionarlos”. "Sin importar nuestro origen –especificó- , somos todos hijos de la República y todos tenemos los mismo derechos". Y como para reforzar estas ideas e intentar tranquilizar a los suburbios, ocho policías fueron suspendidos por golpear a un joven magrebí. La decisión se acató, pero no gustó en los medios policiales galos. Además la situación distaba mucho de estar resuelta. Esa noche se quemaron 463 vehículos y el jefe de policía de París prohibió la venta de gasolina en latas. En Cannes y en otras siete poblaciones de los Alpes-Marítimos se decretó el toque de queda. La medida resultó, a la postre, de una eficacia radical. En todo el territorio francés, la vulneración de esta medida había sido mínima, casi anecdótica.

El 10 y 11 de noviembre tuvo lugar la XVIII Cumbre Hispano-Francesa, que reunió en la capital gala a Zapatero y Chirac. Inevitablemente, el comunicado final debía mencionar los incidentes étnicos. En la rueda de prensa, ambos manifestaron su voluntad de que no debía haber tregua a la delincuencia; "se ha de tener tolerancia cero", dijo expresamente Zapatero. Hacía solo cinco meses que el presidente español se había hecho acreedor de las peores críticas por parte de sus colegas europeos a causa de la irresponsable regularización masiva de inmigrantes iniciada en febrero y concluida en mayo, así que optó por justificar su postura. Explicó que la inmigración "no se trata de un fenómeno local", si no de "alcance europeo". Chirac añadió: "incluso mundial".

Las cifras indicaban una mejora, pero no la resolución del problema. El 12 de noviembre todavía, se quemaron 502 vehículos y resultaron detenidas 206 personas, al día siguiente las cifras se redujeron a 374 y 212 respectivamente. Lyon, Toulouse, Carpentras, Amiens y Grenoble, se veían todavía afectadas por los incidentes. Ese día disturbios de la misma naturaleza estallaron en Bélgica, Holanda y Grecia. En Bruselas ardieron 27 vehículos y en Liega uno de los alborotadores sufrió graves quemaduras graves al lanzar un cóctel molotov. Los incidentes de Atenas se concentraron en negocios de origen francés. El día 14 los disturbios seguían en Grenoble y Toulouse y se habían reproducido en Faches-Thumesnil y Halluin. En total ardieron esa noche 284 coches y 115 alborotadores fueron detenidos. Finalmente, el día 15, los incidentes remitieron sensiblemente. Se descendió a 215 vehículos quemados y 71 detenidos… casi las cifras habituales. En esta ocasión, los incidentes importantes se habían localizado en Bourges y Saint Chamond. Oficialmente la crisis había terminado. El balance final de los 19 días de crisis, había sido de 3.000 detenidos, de los cuales solamente 700 pasaron a la cárcel, casi 200 expulsados y 8700 vehículos carbonizados. Las autoridades esperaban que la aparición de los primeros fríos y las tormentas de nieve, disuadieran a los jóvenes de salir a la calle para promover nuevos incidentes.

La crisis se dio por concluida a mediados de noviembre, pero cuarenta y cinco días después se temió un nuevo repunte de los disturbios aprovechando la noche de fin de año. Desde hacía años, se había convertido en una odiosa tradición el que los jóvenes levantiscos de los suburbios incendiasen automóviles. Antes no se había dado excesiva importancia a estos acontecimientos, pero a mes y medio de la intifada, se temía que no fueran solo unos cientos, sino algunos miles de coches incendiados. Previendo lo que podía ocurrir en fin de año, el gobierno había decretado el “estado de emergencia” por tres meses, así pues esta situación debía concluir el 21 de febrero.

En realidad, la noche de fin de año era un indicativo para el gobierno de si los ánimos se habían calmado o no. Los puntos de referencia eran bastante claros: habitualmente, por increíble que parezca, las bandas de los suburbios queman una media de cien coches. Tal era el primer punto de referencia. El segundo lo constituían las cifras de coches quemados en las anteriores fiestas de Nochevieja. Por ejemplo, en la Nochevieja del 2004, ardieron 330, en las del 2003, 324 y en las del 2002, 379. Estas cifras no diferían mucho. Así pues, en Nochevieja resultaban incendiados entre 200 y 300 coches más que lo habitual cualquier otro día del año.

El gobierno francés se preparó para lo peor. Seis mil agentes suplementarios fueron movilizados esa noche. Se sometió a seguimiento los blogs conflictivos y los foros de discusión donde solían cruzarse mensajes los violentos. Finalmente las cifras de coches incendiados fueron superiores a otros años -425 calcinados totalmente- pero el aumento no fue espectacular y, desde luego, quedaba muy lejos de la media de 1000 siniestros que se había alcanzado en los incidentes de noviembre. Sin embargo, estos incidentes se habían producido en 267 municipios, mientras que el año anterior solamente habían estallado en la mitad. Así pues, las cifras podían interpretarse viendo la botella medio llena o medio vacía. Sea como fuere lo más dramático es que cuando amaneció el 1 de enero de 2006, Francia había concluido el año anterior con 40.000 vehículos calcinados a causa de la violencia de las bandas magrebíes y subsaharianas.

(c) Ernesto Milá Rodríguez - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 11.05.06

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El Islam contra Europa (I) Turcos en Alemania (1ª Parte)

Infokrisis.- Iniciamos una serie de diez artículos sobre las relaciones entre el Islam y Europa. Hemos elegido como primera entrega, la situacion de los inmigrantes turcos en Alemania, como puente entre nuestra anterior serie aún no concluida, sobre Turquia en la Unión Europea. El balance sobre la presencia islámica en los distintos países europeos nos ayudará a extraer unas conclusiones de carácter universal.

Desde finales del siglo XIX, existen estrechas relaciones entre Alemania y Turquía. El kaiser Guillermo II logró que Turquía orientara su política hacia el Sur y hacia el Sur-Este y fue recibido triunfalmente en la inauguración del ferrocarril Berlín-Ankara. Durante la I Guerra Mundial, Turquía y Alemania combatieron en el mismo bando y en la Segunda, los turcos solamente entraron en guerra en los últimos meses del conflicto. En la posguerra los gobiernos turcos apoyaron a Alemania Federal en todas las instancias internacionales. Pero, a medida que la posguerra quedó atrás y la inmigración turca hacia Alemania se convirtió en masiva, la situación entre ambos gobiernos se fue deteriorando. Cuando la “generación del 68” impuso su voz, aparecieron en la propia Alemania voces críticas hacia el genocidio kurdo y el armenio y ante las reiteradas violaciones de los derechos humanos y la falta de democracia de Turquía. Así mismo, el gobierno alemán ha expresado su insatisfacción por el hecho de que los turcos nacionalizados alemanes conserven su pasaporte. Con todo Turquía tiene a Alemania como principal mercado a donde dirigen un 20% de las exportaciones y un 15% de las importaciones. Salvo el gobierno Schröder, anteriores gobiernos alemanes han evitado pronunciarse a favor del ingreso de Turquía en la UE. Las relaciones entre ambos países llegaron a su punto mínimo cuando, Turquía solicitó la creación de una comisión de investigación sobre los derechos humanos en Alemania en respuesta a las reiteradas peticiones de éste país para que se reconociera el genocidio armenio, se restablecieran las libertades políticas en Turquía y se concediera la autodeterminación al Kurdistán. Hoy, en Ankara se tiene la sensación de que es Alemania el principal obstáculo para su ingreso en la UE, a pesar de que les corresponda a Grecia y Austria el honor de ser los portavoces oficiales de la resistencia antiturca en Europa. La Alemania moderna conoce bien a Turquía por que, desde hace cuarenta y cinco años, casi cuatro millones de inmigrantes turcos permanecen sobre su suelo.

A pesar de que la disciplina germánica es proverbial, en la actualidad se ignora el número de turcos residentes en Alemania. Hubo un tiempo en el que el modelo alemán regulaba la inmigración de manera inflexible. Hoy no. Ni siquiera existen estadísticas fiables sobre residentes turcos. Se sabe los que se encuentran en situación legal en el país con nacionalidad turca, pero se ignora el número de turcos nacionalizados alemanes y el número de turcos que han entrado ilegalmente en el país. Dado que en Alemania están prohibidas las encuestas que aludan a la naturaleza étnica de la población, se ignora si los turcos nacionalizados alemanes (que en 2001 ascendían a medio millón) han tenido hijos y cómo los educan y si se han casado con mujeres de su nacionalidad o de otras. Las cifras más realistas indican que en la actualidad se encontrarían en territorio alemán en torno a cuatro millones de turcos. En alguna escuela pública todos los alumnos son ya de origen turco. Han aparecido las inevitables tensiones étnicas y las políticas de inmigración han ido alternando en los últimos veinte años rigorismo y manga ancha. El resultado ha sido un descontrol creciente al que se ha sumado la tendencia de las nuevas generaciones a alistarse en las filas del islamismo radical. Una situación que, en general, no permite ser nada optimista.

La reconstrucción de Alemania

La historia de Alemania, desde su fundación hasta la reunificación de 1989, ha sido difícil y repetidamente traumática. Cuando concluyó la Primera Guerra Mundial, Alemania estaba arruinada, pero no destruida. Toda la guerra perdida había tenido lugar fuera de las fronteras nacionales de Alemania, así que había poco que reconstruir. Para colmo, la República de Weimar vivió en la precariedad más absoluta, con graves alteraciones político económicas desde su fundación hasta su liquidación por Hitler en 1933. Durante el régimen nazi y, especialmente, a partir del inicio de la Segunda Guerra Mundial, fueron incorporados a la mano de obra alemana, grandes contingentes de trabajadores extranjeros, voluntarios unos y “mano de obra esclava” otros. Los que sobrevivieron al conflicto fueron repatriados al concluir el conflicto. En mayo de 1945, cuando el Almirante Döenitz rindió los últimos núcleos de resistencia alemanes, el país estaba casi completamente destruido. Las grandes ciudades habían debido soportar tres años de bombardeos de terror (ingleses en las noches y norteamericanos durante el día). Ambos conflictos, por lo demás, habían producido una merma de entre 12 y 14.000.000 de personas, cuya falta, tras la Segunda Guerra Mundial, no se percibió inmediatamente, sino a partir de 1960, cuando la oferta de trabajo empezó a ser superior a la demanda de empleos. Las muertes por los bombardeos o en el frente se habían contrapesado por el trasvase de grandes contingentes de población alemana que residía en provincias del Este que, como Prusia Oriental, fueron incorporadas a Polonia o Rusia, y también por la huida de ciudadanos de la República Democrática Alemana hacia el Oeste.

En 1961, en la República Federal Alemana se encontraban en torno a 700.000 extranjeros, la mayoría de origen latino. En cuarenta y cinco años esta cifras se ha multiplicado por doce y ha pasado a 9.000.000, lo que supone un 10% de la población. Vale la pena atender a estas cifras. Se ha pasado del 1 al 10% en 45 años. En España ese tramo lo hemos recorrido en apenas 6. Ahora bien, a lo largo de esos 45 años, el flujo de inmigrantes no ha sido constante, sino que ha alternado verdaderas oleadas con reflujos relativos. La estadística registra unos “dientes de sierra” ascendentes. Hoy, cuando ya no hay una Alemania a reconstruir, cuando el tejido industrial y agrario está en recesión, la inmigración, tal como se podía prever, está siendo percibida como conflicto por buena parte de la población.

La primera oleada se había producido entre 1961 y 1973. Luego se detuvo, para recuperarse nuevamente a partir de 1978 al aplicarse la ley de reagrupación familiar y a la llegada de asilados políticos. En 1983 se facilitó el retorno a sus países de origen a quienes lo desearan y en los dos años siguientes, el saldo migratorio resultó negativo. Pero, a partir de 1985, volvió a aumentar a causa de la llegada masiva de refugiados de las guerras Balcánicas. El punto álgido de esta tercera oleada migratoria se alcanzó entre 1988 y 1990 llegando al 8’4% el porcentaje de población extranjera. Pero en 1991 se produjo la reunificación de las dos Alemanias y, bruscamente, se pasó a un Estado con 80 millones de habitantes. Dado que en Alemania Oriental apenas residían inmigrantes, el porcentaje global descendió momentáneamente. Pero en 1993 ya se había disparado de nuevo y volvía al 8’5%. En la actualidad se ha llegado al límite del 10%, con una notable desaceleración compensada por el nacimiento de hijos de inmigrantes, cuya tasa de natalidad, como es habitual, supera con mucho a la de los alemanes. En las dos primeras oleadas migratorias, los turcos constituyeron el grupo nacional mayoritario. Hoy, su número es tres veces superior al de inmigrantes procedentes de la antigua Yugoslavia, que constituyen el grupo inmediamente siguiente en número. En 2001, de los 7.500.000 de inmigrantes legales, dos eran turcos y de estos, un tercio habían nacido en Alemania. Los turcos menores de 20 años residentes en Alemania en el año 2000, eran un 1.250.000 y se aproximaban a dos a principios de 2006.

La reconstrucción de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial se prolongó hasta finales de los años 60. Fue entonces cuando se percibieron las consecuencias de las pérdidas en vidas humanas ocasionadas por el conflicto. Sin embargo, la expansión económica alemana había empezado antes. A principios de la década de los sesenta, ya era evidente que Alemania, renunciando a aventuras bélicas y reduciendo al mínimo el presupuesto de defensa, estaba invirtiendo solamente en su propio desarrollo. La combinación del esfuerzo por la reconstrucción de Alemania, unido al “boom” económico y a la merma de población activa a causa de las bajas en el conflicto, hizo inevitable la llegada de contingentes de trabajadores al país. En 1961, el número de ofertas de trabajo no cubiertas ascendía a 500.000, mientras que solamente 180.000 alemanes se encontraban en las listas del paro. Se había alcanzado el pleno empleo. Por entonces la demanda de puestos de trabajo se iba cubriendo con alemanes del Este que huían de la carestía y de la represión política, pero cuando se construyó el Muro de Berlín y se reforzó la vigilancia en la frontera entre las dos Alemanias este flujo se interrumpió y entonces fue preciso recurrir a la inmigración.

La intención de la inmigración turca

De todas formas, inicialmente, la inmigración se reguló milimétricamente. A partir de 1955 el gobierno alemán firmó acuerdos con distintos países para facilitar el acceso al mercado de trabajo alemán (con Italia en 1955, con España en 1960, con Grecia en 1961, y, posteriormente con Portugal, Yugoslavia, Marruecos… Con Turquía el acuerdo se había firmado el 31 de octubre de 1961 cuando el gobierno de ese país liberalizó la salida de sus ciudadanos al extranjero. A partir de ese momento empezó a llegar una riada migratoria procedente de las zonas más deprimidas de Turquía. Ciertamente no iban a ocupar empleos cualificados, pero, en tanto procedían de regiones rurales del oriente de la Península Anatólica, estaban habituados a trabajos agrarios. En las grandes ciudades turcas se establecieron 500 “oficinas de intermediación” que facilitaban el camino hacia Alemania. El acuerdo turco-alemán, preveía que los inmigrantes fueran sometidos a un examen médico riguroso y a un certificado de penales. Quien estuviera aquejado de infecciones o enfermedades graves, o quien hubiera estado condenado a prisión en los últimos cinco años, era formalmente rechazado[1].

La intención de los turcos que emigraban a Alemania era, inicialmente, la misma que la de los españoles e italianos que, en la misma época (años sesenta), hacían otro tanto. Se trataba de permanecer unos cuantos años en Alemania trabajando duramente para emprender luego el viaje de retorno con algunos ahorros que permitieran montar algún pequeño negocio o comercio. Durante el tiempo que permanecían en el país iban girando a sus familiares pequeñas cantidades de marcos que les permitían vivir dignamente en su país. Este esquema permitía era extremadamente ventajoso para ambas partes, al menos sobre el papel. Por una parte, los trabajadores turcos regresaban a su país con medios suficientes como para ascender unos cuantos peldaños en la escala social. Además, durante su estancia en Alemania, aprendían técnicas de trabajo y de organización para ellos desconocidas que les permitiría, o bien ser contratados como trabajadores especializados al regreso a su país, o bien aplicar estos conocimientos a sus propios negocios. Para Alemania, por su parte, existía la posibilidad de una “rotación laboral”. Se preveía que siempre existiera un contingente de trabajadores en permanente flujo –unos regresaban a su país, otros nuevos llegaban a Alemana- lo que garantizaba que solamente permanecían en suelo alemán trabajadores en activo que el propio mercado de trabajo se encargaba de regular. Ni la seguridad social se sobrecargaría con familiares a cargo de los trabajadores en activo, ni se formarían guetos, ni se resentiría el sistema educativo o la seguridad ciudadana: quien no tenía contrato de trabajo o quien era despedido del empleo y en un plazo concreto no encontraba otro, debía volver a su país. Tal era el concepto de “trabajadores invitados”.

Pero lo que en teoría era un panorama excepcionalmente ventajoso para ambas partes, pronto se comprobó que no satisfacía a ninguna. Los primeros disconformes con este planteamiento fueron los empresarios que veían como los trabajadores que tanto les había costado formar, regresaban a su país, justo cuando empezaban a ser productivos. El sistema de la “rotación” les obligaba a una formación profesional sin descanso y sin esperanza. La parte turca no estaba menos descontenta. Los primeros inmigrantes que regresaron a su país, no habían podido amasar el dinero suficiente como para poder montar negocios rentables. Esto disuadió a otros contingentes de intentar el retorno. Bruscamente, el gobierno alemán, entendió que la rotación se había detenido. Llegaban más, pero regresaban muy pocos. Además las circunstancias políticas y económicas de Turquía no animaban al retorno. La inflación galopante hacía que los marcos ganados tras años de ímprobos esfuerzos, nada más ingresados en bancos turcos empezaban un rápido proceso de devaluación que impedía cualquier inversión.

Para colmo en 1973 el ejército egipcio cruzó el Canal de Suez y abrió el paso a la Tercera Guerra Árabe-Israelí. El fatal desenlace de este conflicto para los ejércitos árabes hizo que, en represalia, se redujera la producción de petróleo y se aumentara su precio. Esto provocó una recesión económica internacional. Unas empresas cerraron y otras abandonaron sus programas de expansión. La contratación de turcos se paró en seco. Y en 1974, el millón de turcos que se encontraban en el país empezaban a ser un problema. Sobraban. El gobierno de Willy Brandt, cesó la contratación de extranjeros y de primar el retorno con aportaciones económicas. El remedio fue peor que la enfermedad: los que estaban en el país decidieron permanecer aunque fuera en el paro; en el fondo, para ellos, era mejor eso que volver a la miseria de la que habían salido. Para colmo la ley de “reagrupación familiar”, aprobada en 1974, hizo aumentar la cifra de residentes turcos. Este fenómeno se prolongó durante todos los años 70 y 80. Y, a esto se añadía otro fenómeno. Si hasta principios de los 70, el 80% de los turcos llegados a Alemania eran varones, a partir de entonces, empezó a formarse una incipiente comunidad femenina de origen turco, que dio lugar a nuevos matrimonios. Pero, mientras que los matrimonios mixtos fueron escasos, proliferaron los matrimonios entre miembros de la misma comunidad y eso dio lugar a una numerosa descendencia. A partir de ese momento, las ciudades dormitorio en donde residían los turcos empezaron a transformarse en verdaderos guetos. Finalmente, la situación política turca expidió al exilio a disidentes políticos que pidieron asilo en Alemania. Solo en 1980, cuando se produjo el golpe de Estado en Turquía, entraron por este canal 200.000 nuevos inmigrantes. En 1981 rondaban en torno al millón y medio.

El gobierno de Helmul Kohl se decidió a estimular el retorno de inmigrantes. En 1983 se estableció que todos aquellos inmigrantes que desearan retornar al país de origen entre el noviembre de 1983 y octubre de 1984, recibirían una prima de 10.500 marcos, más 1.500 por cada hijo, además de las restituciones de las prestaciones por jubilación entregadas a la Seguridad Social. Pero los turcos respondieron escasamente a esta oferta. Del 1.600.000 turcos que se encontraban regularizados en ese momento, solamente 250.000 regresaron a su país. Las compensaciones económicas no compensaban el abandono del paraíso alemán y la inmersión en la estabilidad turca. En 1993, cuatro de cada cinco inmigrantes turcos no quería regresar a su país.

Desde los años 60 muchas cosas habían cambiado en Turquía. El país, lentamente y, frecuentemente a empellones, iba desarrollándose paulatinamente. La población rural estaba migrando a las ciudades y el trabajo empezaba a proliferar. El país incluso se había convertido en receptor de inmigrantes. Cuando Jhomeini subió al poder, trescientos mil ciudadanos iraníes prefirieron exiliarse, por motivos políticos en Turquía. Así mismo, el país recibió a decenas de miles de turcos que residían en Bulgaria en una situación de discriminación. Pero, en lo que se refería a Alemania, si bien, anualmente entre 30 y 40.000 turcos regresan a su país, una cantidad mayor decide emprender el camino de la inmigración. Y ya no se trata de trabajadores, sino de familiares de inmigrantes o bien mujeres que viajan a Alemania llamadas por los que serán sus maridos.

Hoy, entre cuatro y cinco millones de turcos viven en el extranjero, el 80% de los cuales está radicado en Alemania. Los que llegaron como “gastarbeiter” (trabajadores invitados), con carácter de provisionalidad y con intención de retorno, se han convertido con el paso del tiempo en habitantes de guetos instalados sobre territorio alemán sin la más mínima intención de regresar a su país, pero tampoco de integrase en la sociedad alemana, más allá del disfrute de sus ayudas sociales.

Sociología de la emigración turca en Alemania

La población turca es joven mientras la edad media de la población alemana sigue creciendo. Los mayores de 65 años de origen alemán son cuatro veces mayores que la población turca de la misma edad. Pero empieza a haber una fracción importante de la población turca que se aproximarse a la edad de jubilación, lo que va a suponer un esfuerzo suplementario a la Seguridad Social alemana. Pero, desde luego, la parte sustancial y preocupante de la emigración turca son los menores de 20 años que…

Renania del Norte-Westfalia es la región en la que concentra mayor inmigración turca, con un 34% del total de originarios de ese país. En este lander y en Baden-Wurtemberg, Baviera y Hesse vivían en 2002 tres de cada cuatro inmigrantes turcos, concentrados en las grandes ciudades. Esto indica que los turcos que, inicialmente, se integraron en tareas agrícolas, poco a poco, han ido abandonándolas e instalándose en las ciudades; precisamente por eso los guetos turcos han podido cuajar con facilidad a partir de los años 80. Sin embargo en los landers pertenecientes a la antigua República Democrática Alemana el porcentaje era imperceptible.

Otro problema que se contempla en Alemania (y, por extensión, en toda Europa) es que la inmigración, que, inicialmente, había llegado para cubrir los empleos que la mano de obra nacional no podía absorber, finalmente han terminado teniendo una tasa de paro muy similar a la de esta mano de obra. Parece normal que solamente la mitad de la población alemana esté integrada en los circuitos laborales, lo que no parece tan normal es que entre la población inmigrante ocurra justamente lo mismo. En 2005, el 10% de los que buscan trabajo en Alemania son de origen extranjero, cifra que corresponde exactamente al porcentaje de extranjeros residentes en el país. Desde los años 80 la tasa de paro de la población turca fue creciendo hasta igualar en el momento actual a la alemana, pero en el momento actual, la tasa de mujeres inmigrantes en paro ya dobla a la de mujeres alemanas en la misma situación. Pero, en el futuro este estado de cosas va a agravarse. Dado que la tasa de natalidad de los alemanes es cuatro veces inferior a la de los turcos, dentro de diez años empezarán a entrar, proporcionalmente, más turcos que alemanes en el mercado de trabajo.

En los últimos 25 años, la tasa de ocupación de los extranjeros se ha ido reducido significativamente. Mientras que en 1975, el 53% de éstos tenía ocupación, en 1999 el porcentaje se situaba en el 39,5%, en la actualidad, la tasa de empleo de los extranjeros es inferior a la de los alemanes y la de los turcos aún más. En 1975, del millón de turcos residentes en Alemania, la mitad tenían empleo; pero en 1999, sobre dos millones oficiales (algo más, en realidad) apenas trabajaban 780.000, es decir, el porcentaje había descendido del 53% al 38%.

La mayoría de turcos trabajan en la industria, en la minería, en el textil y en el sector limpieza, pero apenas se encuentran casi completamente ausentes en el sector servicios y en trabajos cualificados. El sector que más ha crecido en los últimos años es el de autónomos que entre 1985 y 2000 se había multiplicado por tres, mientras que la población turca en Alemania solamente se había duplicado. La mayoría de autónomos tiene que ver con comercio minorista y gastronomía. Se trata en su mayoría de inmigrantes de segunda generación

En estos momentos residen en Alemania en torno a cuatro millones de inmigrantes, de los cuales casi la mitad son turcos. Junto con Luxemburgo, Austria y Bélgica, Alemania es uno de los países con mayor tasa de población extranjera. A partir de la regularización masiva de 2005, España se ha integrado en este pelotón. Estas cifras impusieron diferentes reformas de la legislación de extranjería. Al igual que en la España de Zapatero, también en Alemania la coalición de socialdemócratas y ecologistas, promovió una legislación extremadamente generosa con los inmigrantes, a partir de la cual se disparó la «xenofobia» y los episodios de racismo. Inicialmente, esta ley preveía dar la nacionalidad alemana a todos los que hubieran nacido sobre territorio alemán. La oposición de los democristianos y socialcristianos bávaros y, la inquietud evidente con la que respondió la calle, hicieron ue el gobierno Schröder atenuara algunas de las medidas más “progresistas” de dicho proyecto. La ley entró en vigor en enero del 2000 y reconoce automáticamente la nacionalidad alemana a aquellos hijos recién nacidos cuyo padre o madre hayan residido durante un mínimo de ocho años en el país y a los menores de diez años en la fecha de entrada en vigor de la ley, nacidos en Alemania o inmigrados con sus padres. Se concedía igualmente la nacionalidad alemana a los extranjeros que residieran más de ocho años en Alemania.

En 1976 se registraron 10.000 solicitudes de asilo y cuatro años después, esta cifra se había multiplicado por diez, a cauda del golpe de Estado. Entre 1986 y 1989, esta cifra volvió a elevarse. El Estado alemán se vio obligado a introducir el visado obligatorio para ciudadanos procedentes de Turquía y endurecer las condiciones de asilo. Era evidente que muchos de los que habían solicitado asilo encubrían una inmigración económica. En 1992, se alcanzó la escalofriante cifra de 438.000 solicitudes de asilo. La petición de asilo era el “coladero” para burlar la ley de inmigración. El gobierno alemán tardó en reaccionar. Cualquier medida tendente a limitarlo era utilizado por la izquierda y la extrema-izquierda para tronar contra lo que llamaban “aparición de tendencias xenófobas y totalitarias”. Lo cierto es que los propios socialdemócratas debieron limitar las subvenciones concedidas a los reales o supuestos exiliados políticos, les prohibieron ejercer cualquier trabajo mientras duraba la tramitación de la solicitud y anularon algunas de las prestaciones económicas, sustituyéndolas por entregas en especie.

En realidad, los socialdemócratas y verdes tenían otros intereses mucho menos confesables. La fractura entre derecha e izquierda era notable en la sociedad alemana. La izquierda veía como la clase obrera, la tradicional cantera de votos de la socialdemocracia, se iba diluyendo como un azucarillo. Así pues, era preciso buscar un electorado de reemplazo. Facilitando el acceso de los inmigrantes a la nacionalidad alemana, se les convertía, como por arte de magia, en nuevos electores, aparentemente predispuestos a entregar el voto a sus beneficiarios. Por otra parte, calculaban los socialdemócratas, era difícil que la derecha cristiana decidiera hacer de la inmigración una bandera a causa de la facilidad con que podía recibir calificaciones de xenofobia y racismo. Y, en cuanto a las pequeñas formaciones de extrema-derecha, si iban a erosionar a alguien en su crecimiento, seguramente era a la derecha. Además, la CDU creía sinceramente que era preciso mejorar las garantías jurídicas de los extranjeros residentes en Alemania y tenía fe en que era preciso realizar un esfuerzo de integración.

El pueblo alemán considera a los inmigrantes, especialmente a los de los países árabes, como “diferentes”, por eso la sociedad alemana no se ha tomado con excesiva pasión el debate sobre los signos externos islámicos. Estos signos aumentan la sensación de “diferencia”. Llama la atención que la posición más hostil hacia la inmigración proceda de los länders de la antigua República Democrática Alemana, donde hay menos inmigración, y que las resistencias en el Este y en el Oeste aumenten desmesuradamente cuando se habla de inmigrantes de origen musulmán. La cosa no es nueva. Ya en 1966 los inmigrantes eran percibidos como problema. En aquella lejana fecha, dos tercios de la población expresaban la preferencia de «librarse» de los inmigrantes. Diez años después, seis de cada diez alemanes pensaban que los extranjeros debían retornar a sus países en períodos de crisis económica. A partir de principios de los años 80, el 82% de los alemanes declaraba que había demasiados extranjeros. En el año 2000, no se valoraba favorablemente la competencia laboral de los inmigrantes, los intentos de integrarlos en la política y en las instituciones eran contemplados con desconfianza; y mayoritariamente opinaban que la integración de los inmigrantes dependía de los inmigrantes mismos y de sus propios esfuerzos.

La cuestión religiosa entre los turcos

El Islam, es, en la tierra de Lutero y de Meister Eckhardt, la segunda religión por número de seguidores. A los emigrantes turcos se unen los marroquíes y los bosnio-musulmanes. En total, en torno a cinco millones de islamistas de los que un 7% no tienen el más mínimo reparo en declarar a los encuestadores que son «muy religiosos», dicho en términos “políticamente correctos”, lo cual, en un lenguaje más coloquial equivale a hablar de fundamentalistas religiosas.

En esa misma encuesta el 93% de los encuestados se declararon musulmanes, practicar el Ramadán, respetar las prescripciones sobre alimentación y dar limosna. Este factor religioso explica suficientemente el porqué apenas existen matrimonios de turcos con mujeres alemanas. Es más, encuestados sobre este tema, al 60% le producía “malestar” cualquier forma de matrimonio mixto. Incluso los más jóvenes –alemanci- mantienen estas reservas y participan en las fiestas comunitarias.

Existe una gran preocupación en los servicios de seguridad del Estado por la influencia cada vez mayor de las organizaciones fundamentalistas entre los jóvenes. Los datos publicados hasta la fecha no son concluyentes, pero demuestran muy a las claras que los jóvenes de origen turco, en ocasiones nietos de inmigrantes de primera generación, dan muestras de canalizar sus ímpetus de rebeldía hacia el fundamentalismo.

El sistema educativo alemán registra unos porcentajes extremadamente altos de fracaso escolar en el caso de estudiantes de origen turco. En este sentido el fenómeno es extremadamente parecido al que generó en Francia la “intifada” de otoño del 2005, los adolescentes de origen turco abominan los ritmos de trabajo de sus padres, quieren tener acceso a los escaparates de consumo sin agotarse en interminables jornadas laborales. Ni se sienten alemanes en Alemania, ni turcos en Turquía. A diferencia de los inmigrantes de primera generación para los que sus raíces estaban claras –eran turcos que habían ido a trabajar al extranjero- para los hijos y nietos de esa generación, las cosas son bastante más complejas: tienen un problema de identidad. No son ni turcos ni alemanes. Experimentan una carencia de puntos de referencia y perciben el rechazo en el entorno, saben que no son como los alemanes, pero tampoco tienen muy claro qué son exactamente. Y es en medio de esta confusión, falta de raíces y de arraigo, cuando aparecen las organizaciones islamistas y su tarea de captación.

Los “Lobos Grises”, asociación de jóvenes vinculados al Partido de Acción Nacional de Alparslan Türkes, les ofrece todos los servicios a los que un joven puede aspirar en Alemania. Se irá de vacaciones en colonias y campamentos de los “Lobos Grises”, seguirá cursos de informática o asistirá a fiestas de fin de semana, con los “Lobos Grises”, participará en la liga de fútbol o en las clases de religión islámica… junto a los “Lobos Grises”. Un estudio confirma que una cuarta parte de los menores de 25 años tienen relaciones continuada con esta asociación y otras similares y un 43% mantiene un contacto ocasional. Allí, lejos de aprender tolerancia y recibir un impulso para su integración en la sociedad que acogió a sus padres y les vio nacer a ellos, les imbuyen un sentimiento de superiores que florece en un terreno abonado por el resentimiento y el fracaso escolar. Pertenecen al Islam, la “única religión verdadera”. Y, no sólo eso, sino que aprenden lo que es la “guerra santa”, y conceptos como “el infiel”, la “umma”, el “dar-al-Islam”, etc. Así, en poco tiempo, pasan del escepticismo, y la falta de identificación positiva con la comunidad de acogida, a una hostilidad manifiesta canalizada por el espíritu religioso. Nada podría favorecer menos la integración que este tipo de planteamiento. Cuando se produce este fenómeno, la condescendencia de medidas tales como introducir en las escuelas clases optativas de religión islámica, es percibida como un signo de debilidad. Alemania, en este terreno, ha seguido la misma trayectoria que Francia, Bélgica, Holanda o Gran Bretaña.

En la actualidad existen unos 650.000 alumnos musulmanes en primaria. La ley de educación alemana permite que se impartan clases de religión y cultura isámica en la clase de lengua materna. Estas clases, aunque son voluntarias, corren a cargo de las mezquitas. El 89% de los niños procedentes de familias de religión islámica, asisten voluntariamente a estas clases… aunque sus padres se autodefinan como “poco o nada religiosos”.

La comunidad turca en Alemania está en proceso de islamización. De hecho siempre ha sido una comunidad confesionalmente islámica, la novedad estriba en que esto ocurre ahora, justo cuando es evidente que estamos ante un conflicto de civilizaciones. Y, por otra parte, esta islamización, especialmente entre los jóvenes no se está haciendo por líderes religiosos que crean en la tolerancia y la integración, sino por formaciones fundamentalistas.

Asociacionismo islámico emanado de las mezquitas

Tras el golpe militar de septiembre de 1980 aparecen asociaciones turcas que empiezan a plantear constantemente derechos y reivindicaciones. La inmensa mayoría de estas tres mil asociaciones han emanado de las mezquitas. Sus actividades habituales consisten en organizar peregrinaciones a la Meca, cursos de filosofía coránica, ceremonias y actividades de ocio. Los incentivos para este asociacionismo radican en las subvenciones recibidas por los distintos entes del Estado. Sobre todo, han contribuido a fortalecerla identidad turca en Alemania. Estas asociaciones están agrupadas en tres federaciones: la Unión Turco-Islámica (DITIB), dependiente del gobierno turco y es de carácter moderado, cuenta con 150.000 afiliados; la Comunidad Islámica Milli Görus (IGMG), con una línea antikemalista su principal reivindicación es obtener el reconocimiento oficial de los islamistas como minoría religiosa en Alemania, con 30.000 afiliados está vinculado al Partido de la Prosperidad y cuenta con más de 500 mezquitas; la Unión de Centros de Cultura Turcos (VIKZ), conservadora y laicista, cuenta con unos 20.000 afiliados y se declara independiente de cualquiera de los partidos políticos que actúan en Turquía. Existen otras pequeñas organizaciones más radicales de orientación islámica no incorporadas a estas tres grandes federaciones y, por tanto, de difícil control. El 36% de los asistentes a las mezquitas están incorporados a alguna asociación. Hay que tener en cuenta que los kurdos, turcos de pasaporte que no de identidad, no se contabilizan como asistentes a las mezquitas. En Alemania residen en torno a medio millón de kurdos de los cuales un 2% está afiliado al Partido Obrero del Kurdistán, considerado como extremista por las autoridades alemanas.

El Ministerio del Interior alemán ha calculado que, en torno a 30.000 personas están vinculadas a asociaciones islamistas radicales. Estas asociaciones radicales pasaron desapercibidas para la población hasta que se produjeron los atentados del 11-S y emergió la figura –o el mito- de Bin Laden. La inquietud aumenta cuando se intuye que no todos los extremistas están afiliados a asociaciones y la sensación de que, sin duda, los más radicales y más dispuestos para la acción, han trenzado redes clandestinas. No hay que olvidar que el “Comando Meliani”, al que la seguridad norteamericana y alemana, atribuyó cierto nivel de responsabilidades en los atentados del 11-S, estaba radicado en Hamburgo.

Cuando el número de turcos nacionalizados alemanes empezó a ser notable y tener cierta presencia electoral, todos los partidos políticos (salvo la extrema-derecha, naturalmente) constituyeron correas de transmisión entre esta comunidad. La Federación de Asociaciones Socialdemócratas Turcas (HDF) colabora con el SPD, mientras que la Amistad Turco-Alemana y la Unión Turco Alemana, lo hacen con la CDU y la Unión Liberal Turco-Alemana (LTD) se vincula con el Partido Liberal. Finalmente, los verdes terminaron constituyendo también el InmiGrün, para promover la interculturalidad y la lucha contra la xenofobia y el racismo. En general, la militancia de todas estas asociaciones es escasa y su composición incluye, sobre todo, a turcos que se forjan esperanzas de realizar una pequeña carrera política como asesores de inmigración de los partidos o de los grupos municipales. La realidad es que la inmensa mayoría de la comunidad turca está de espaldas a la política alemana. Sólo un 11% de encuestados muestra algún interés por la cosa pública alemana. De este porcentaje las preferencias se orientan hacia el SPD (64%), siguiendo luego el Partido Verde (9%), lo que nos confirma en nuestra tesis de que la pérdida del electorado tradicional –es decir, la conveniente electoral y no la ideología- impulsó al SPD a adoptar medidas que popularizaran su imagen entre la inmigración turca. Es significativo que de los 900.000 militantes del SPD, 25.000 sean de origen turco.

En los ayuntamientos alemanes existen los llamados “consejos de extranjeros”, el medio para establecer la participación de los inmigrantes en la política local, tramitar sus reivindicaciones y lograr mayores niveles de integración. Pero también aquí existe un desinterés absoluto por este canal participativo. Tan solo el 10% de los inmigrantes –frecuentemente procedentes de países de la UE- participan en la actividad de estos consejos.

Los turcos no pueden quejarse sobre las ayudas que reciben de la administración. Por ley están equiparados a los alemanes de origen. Las encuestas indican que estas ayudas benefician más a los turcos que a los alemanes. En 2002, por ejemplo 2.760.000 beneficiarios de subsidios, el 22% eran extranjeros (9% de la población en aquel momento). El términos globales, un 2,9% de los alemanes recibía prestaciones, por un 8,4% de extranjeros. La idea era que extender los derechos sociales a los inmigrantes contribuiría a su integración. En realidad ha contribuido a su relajación. Si hay subsidios ¿para qué esforzarse excesivamente en trabajar? No es, naturalmente, un caso que se dé solamente en Alemania, en toda Europa, incluida España, contra más derechos, subsidios y ayudas se dan, más disminuye la población activa inmigrante y más se sumerge en el trabajo negro.

La catástrofe educativa turco-alemana

El paro ha afectado especialmente a la población turca. Si ésta representaba en 2000 al 30% de los inmigrantes residentes en Alemania, su porcentaje de parados subía hasta el 40%. Con casi 200.000 parados, por cada cuatro trabajadores turcos en activo había uno en paro. Y, en principio, resulta incomprensible en que otras comunidades como la yugoslava por cada once trabajadores haya uno en paro. La cifra turca es superior a cualquier otra. Esto se suele interpretar a causa de la “xenofobia” y el “racismo” de los empleadores alemanes, pero existe otra posibilidad mucho más: los empleadores valoran la capacitación, el interés y la preparación profesional de los aspirantes al puesto de trabajo. Y en el terreno de la formación profesional, los turcos son ampliamente deficitarios.

Entre el 70 y el 75% de los trabajadores turcos en activo en Alemania, tenían solamente estudios primarios. El 70% de jóvenes alemanes entre 15 y 18 años se forman profesionalmente. Esta cifra desciende nuevamente a la mitad entre los turcos. Entre la población alemana este porcentaje se reduce a la mitad. En ese grupo de edades el 40% de turcos que iniciaban un curso de formación profesional, no lograban concluir los estudios; el porcentaje descendía al 15% entre los alemanes. A igualdad de posibilidades de formación, los turcos tienen la mitad de interés en seguir cursos de capacitación que los alemanes.

Una encuesta demostró que el 15% de las mujeres turcas jóvenes no tienen ningún título, ni siquiera el de estudios primarios, pero este porcentaje se reduce al 3% entre los varones. Esto explica las elevadas tasas de paro entre los jóvenes turcos, pero también la responsabilidad de las familias en esta situación. Los padres turcos parecen no saber atribuir la importancia correcta a la formación profesional.

Si a la carencia de titulación y de formación adecuada, unimos el escaso dominio de la lengua alemana, entenderemos la falta de competitividad de buena parte de los jóvenes turcos hijos o nietos de inmigrantes de primera generación. El hecho de que estos primeros inmigrantes lograran insertarse en el mecanismo productivo alemán, en las mismas condiciones de falta de titulación y escasa capacidad para manejar la lengua de Goethe, no implica que treinta o cuarenta años después, pueda repetirse el mismo proceso.

La sociedad actual es mucho más competitiva que la de entonces, y los puestos de trabajo escasean mucho más. Precisamente por eso la comunidad turca tiene unas tasas de paro entre sus jóvenes muy superiores a los de cualquier otra comunidad inmigrante. Los jóvenes españoles hijos de inmigrantes tienen unas tasas de éxito en la formación profesional espectaculares sin recibir ayudas. Sin embargo, los turcos se benefician de ayudas que no reciben los inmigrantes comunitarios entre ellos los españoles. Entonces ¿qué está ocurriendo con los turcos?

El mismo problema ocurre con los argelinos en Francia y con los marroquíes en España. Así pues, estamos ante un problema que se reproduce en toda Europa: el rendimiento de los estudiantes procedentes de Turquía, Marruecos o Argelia, es extremadamente inferior al de otras comunidades de inmigrantes y al de los jóvenes de los países de acogida. Así pues, no es en el sistema educativo de los países de acogida en donde radica el problema, sino en las comunidades inmigrantes. Y estas comunidades tienen un rasgo común: son islámicas. Por algún motivo, el Islam encaja mal en el estilo de vida occidental. Al menos en lo que se refiere al estudio, porque en lo que se refiere al consumo, los turcos están por delante de cualquier otra comunidad inmigrante, e incluso de los propios alemanes. Veamos algunas cifras.

Mientras que el 53% de los hogares alemanes dispone de automóvil, esta cifra se eleva hasta el 67% entre los turcos. La posesión de sofisticados equipos de alta fidelidad asciende al 48% entre los hogares alemanes, pero sube hasta el 62% en los turcos. A esto se une la creciente tendencia de los turcos –que ya no tienen intención de regresar a su país- a comprar un piso de propiedad. Esto ha hecho que algunos barrios de las grandes ciudades (Berlín-Kreuzberg, Duisburg-Hüttenheim y Hamburgo-Wilhelmsburg) se hayan convertido en lugares preferentes de residencia para los turcos. En la actualidad un 22% de turcos poseen pisos de propiedad. Esos pisos están situados en zonas de alta concentración de pisos de alquiler habitados por turcos y han generado en torno suyo una innegable “economía étnica” formada por todo tipo de pequeños comercios cuyos clientes son casi exclusivamente miembros de la propia comunidad turca. Quienes trabajan en estos circuitos, prácticamente no necesitan perfeccionar su alemán; incluso su ocio se consuma en la lengua originaria.

Estas cifras son indicativas de tres fenómenos: 1) que buena parte de la población turca inmigrante no tiene intención de regresar a su país, 2) que la reagrupación familiar ha hecho disminuir sustancialmente las remesas de dinero enviadas a Turquía y el excedente económico se orienta hacia un consumo desenfrenado y 3) que la comunidad turca está escindida interiormente entre la fidelidad a sus orígenes étnicos y culturales de un lado y las formas más degradadas del estilo de vida occidental. El consumismo es, de hecho, el único terreno en el que la comunidad turca ha intentado imitar a la alemana.

Lo más sorprendente de algunos intelectuales alemanes es que todos sus desvelos intelectuales parecen consagrados en exclusiva a la inmigración y, más en concreto, a la inmigración turca. Para estos intelectuales solamente existirá una verdadera democratización en Alemania, cuando todos los inmigrantes gocen de los mismos derechos que los alemanes. Esto implica una completa integración de los turcos en la sociedad alemana. Naturalmente, estos intelectuales no se han planteado cuál es la voluntad de la comunidad turca. Simplemente han decidido unilateralmente que los turcos deben tener los mismos derechos que los alemanes de origen. Todo lo que no sea eso es racismo, xenofobia y totalitarismo fascista. Suelen equiparar el antisemitismo a la más mínima reserva que pudiera expresarse ante la comunidad turca e ignoran deliberadamente que un 3% de la comunidad turca se niega –una encuesta así lo establece- a tener amistad con alemanes, un 20%, por voluntad propia, tiene la menor relación posible con alemanes…

Ahora bien, parece evidente que, a pesar del trabajo “educativo” de estos intelectuales, existen ciertas reservas entre la población alemana a firmar contratos de inquilinato, dar trabajo o trabar amistad con turcos. Y esto es lo más significativo: no es el rechazo al extranjero, sino el rechazo al turco y al islamista, el que se pone de manifiesto en la sociedad alemana. Ni los españoles ayer, ni los yugoslavos, griegos o italianos hoy, experimentar así esta discriminación. Y, en realidad, hablan lenguas diferentes, tienen peculiaridades étnicas y antropológicas distintas e incluso su religión no coincide necesariamente con la de los alemanes de origen. ¿Por qué los turcos y los islamistas son discriminados y en cambio otros grupos de inmigrantes no? La pregunta puede formularse también de otra manera: ¿Por qué los inmigrantes islamistas en Alemania son de difícil integración, mientras que otras comunidades se integran con facilidad? ¿No será que el problema no está en la sociedad alemana sino en la comunidad turca? O lo que es peor, ¿por qué estas mismas situaciones se repiten en toda la Europa receptora de inmigración?

Las respuestas son muchas e incluso contradictorios y, se tiene tendencia a pensar que dependen de la orientación política de quien responda. Para un progresista, el turco es víctima de las discriminaciones sin fin de una sociedad racista y que le resulta extremadamente hostil; para un xenófobo y racista, el turco es un delincuente que ha llegado para chupar la sangre y los recursos generados por el pueblo alemán. Las cosas, evidentemente, son mucho más complejas. El hecho incontrovertible es que el gobierno alemán y los demás gobiernos europeos han hecho lo divino y lo humano por intentar integrar a las comunidades inmigrantes de origen islámico, sin lograr el más mínimo resultado. Otras comunidades, tal como hemos visto –españoles y portugueses entre ellos- se han adaptado espontánea y perfectamente en Alemania y Suiza, en Francia y Holanda, sin que se hayan invertido esfuerzos ni fondos en procurarlo. Ese es el dato objetivo ligado, fundamentalmente, a comunidades musulmanas.

Tal como analizaremos en otro punto, el problema de la sociología “políticamente correcta” es que parte de una base científicamente incorrecta: excluir de partida la responsabilidad de las comunidades musulmanas en la segregación que experimentan y que afectan de manera infinitamente menor a otros colectivos inmigrantes. Así pues estamos obligados a una conclusión: la brecha antropológica que existe entre el Islam y Europa es de tal magnitud que cualquier intento de reducirla es vano e infructuoso. Las cosas se agravan con la pretensión del Islam de ser la única religión verdadera y la revelación divina más completa y perfecta. La existencia de la brecha antropológica objetiva lleva a una inadaptación radical a la modernidad y a todo lo que representa: tolerancia, igualdad de la mujer, democracia, libertad de expresión, competitividad, etc., provoca la inevitable marginación de la inmigración islamista. El único punto de apoyo para evitar el complejo de inferioridad permanente, lo da la religión islámica: marginados, si; poco competitivos, también; ocupando puestos de trabajo subalternos y sin cualificación… todo lo que se quiera, pero “Alá es grande y recompensa a sus fieles”. Siempre queda superar el complejo de inferioridad real o supuesto, con la contrapartida de poseer la única religión verdadera. Así pues, el ciclo de la marginación se cierra con una especie de revancha espiritual, inseparable, por lo demás, del rechazo y la desconfianza hacia el no islamista. Situación endiablada y sin posibilidades de ser reconducida.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 10.05.06



[1] Hace falta meditar sobre este acuerdo, especialmente si tenemos en cuenta que, a partir de mediados de 2005, los contingentes de inmigración ilegal que están llegando a España procedentes del África Subsahariana tienen un notable porcentaje de enfermedades infecciosas e, incluso, por lo que se refiere a los afectados por el SIDA, el reclamo no es otro que el de acogerse a los tratamientos gratuitos contra esta enfermedad. Si tenemos en cuenta que se calcula que el número de africanos contagiados por el SIDA oscila entre 30 y 50 millones, nos daremos cuenta de que el “efecto llamada” no deriva solo de la posibilidad de ganarse la vida trabajando, sino también de acceder a unas condiciones sanitarias infinitamente mejores que en el país de origen. Pero el derecho de toda persona a recibir un tratamiento médico, no puede de ninguna manera hacer olvidar que la Seguridad Social española está actualmente excesivamente sobrecargada por tratamientos de este tipo. Las sucesivas reformas de la Ley de Inmigración deberían haber tomado como modelo la legislación alemana de los años sesenta sobre esta materia en lugar de aceptar el hecho consumado y violento de las regularizaciones masivas de ilegales. El ilegal ha forzado una ley y, por tanto, como cualquier infractor debe ser castigado. No hacerlo, simplemente, y plegarse al hecho consumado de su presencia en España, constituye el “efecto llamada” más radical, tal como ha demostrado l hecho de que un año después de la regularización masiva de febrero-mayo de 2005, en un año haya llegado otro millón de inmigrantes ilegales que, sin duda, serán regularizados tras las elecciones de 2008….

DOSSIER: La inmigración magrebí fuera de control

DOSSIER: La inmigración magrebí fuera de control

Redacción.- Para los sociólogos, los «bidonvilles»  (barrios de chabolas) que rodean a las grandes ciudades marroquíes, han superado el llamado «umbral de sostenibilidad social», es decir, el límite de deterioro de las condiciones de vida que un grupo social está dispuesto a soportar sin rebelarse. Existen dos formas de rebelión: el islamismo y la inmigración. O ambas, tal como demuestran los reiterados casos de terroristas islámicos que actúan en Europa camuflados entre los contingentes de inmigrantes. Las políticas erráticas en materia de inmigración se han traducido en una llegada de casi cinco millones de inmigrantes en menos de una década. La inmigración y su integración –fracasada en toda Europa- se ha convertido, bruscamente, en el primer problema social de nuestro país

La inmigración está fuera de control en España. Entre la dejadez del PP mientras tuvo el poder y el aventurerismo torpe del PSOE, de la reforma de la Ley de Extranjería en 1999 hasta la regularización masiva de 2005, la inmigración se ha transformado en un problema que, cada vez más, genera alarma social. El episodio del asalto a las vallas de Ceuta y Melilla y la revuelta generalizada en Francia en noviembre de 2005, unido al goteo continuo de inmigrantes, especialmente procedentes del Magreb, han causado un profundo impacto en la opinión pública española.
 

Dos orillas del Mediterráneo, dos realidades

Las dos orillas del Mediterráneo viven realidades diferentes e, incluso, se podría decir, tiempos diferentes. El Norte industrial y el Sur subdesarrollado. El Norte democrático y el sur autocrático. El Norte económica y políticamente estable, el Sur, dominado por la inestabilidad. El Norte laico y de cultura cristiana y el Sur teniendo al islamismo como principal fuerza político–social. El Norte estancado demográficamente y el Sur viviendo un permanente baby–boom. Y todo esto separado por los apenas 12 kilómetros que median entre Tarifa y Gibraltar. Entre dos mundos tan diferentes como el Norte y el Sur del Mediterráneo, tan cerca geográficamente y tan lejos en todo lo demás, no pueden sino surgir contradicciones y conflictos.

España tiene seis veces mayor capacidad adquisitiva que Marruecos. La esperanza de vida a este lado del estrecho es diez años superior a la marroquí. No es raro que las mujeres marroquíes que viven próximas a Ceuta y Melilla prefieran cruzar la frontera para dar a luz en hospitales españoles; 25.000 recién nacidos mueren cada año en Marruecos y 1.500 mujeres perecen en el curso del parto. La tasa de mortalidad infantil, del 4 por mil en España, se dispara hasta el 40 por mil en Marruecos. El analfabetismo, residual en España, llega al 50% en Marruecos. La escolarización en nuestro país alcanza al 92% de los jóvenes, en Marruecos es apenas del 51%.

España está instalada en el Primer Mundo y en el siglo XXI, mientras Marruecos sigue en el Tercer Mundo, rigiéndose por principios medievales. La inmigración aparece como un fenómeno, lógico y masivo. Mucho más si es estimulado por las mafias próximas al majzén y consideradas como un instrumento de presión para obtener subvenciones de la UE o, simplemente, como arma política. El problema es que esta diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo está presente también en el interior de la sociedad marroquí. Junto a los barrios más miserables de Casablanca, cruzando la calle, se entra en la opulencia y el lujo más insultante. Chabolismo frente a centros comerciales de acero, vidrio y cemento. Este contraste explica por qué Marruecos es un país con ingresos medios aceptables, pero la miseria se percibe fácilmente en las calles: en efecto, la renta está muy mal distribuida. Una pequeña minoría lo tiene todo, pero un 65% de la población vive en el umbral de la pobreza o sumergido en la miseria más absoluta y la clase media –el gran colchón atenuador de cualquier tensión–, en lugar de crecer, se proletariza.

Cuando se produce una sequía, los sociólogos, a la vista de las encuestas de población, calculan que un cuarto de millón de personas, emigran bruscamente del campo a la ciudad. El año 2005 ha sido el de la gran sequía, por tanto se augura que estas cifras se habrán superado en el momento de escribir estas líneas. Esto implica que, a partir del 2006, se acelerará el ciclo infernal que une emigración hacia las ciudades, aumento de los cinturones de miseria, y, finalmente, crecimiento de la frustración social que encuentra su desembocadura en la inmigración a Europa o en el islamismo.

El campo marroquí ha visto frenadas sus exportaciones desde que en 1986, la CEE se amplió dando entrada a productos agrícolas españoles. Desde entonces, la exportación de productos agrícolas españoles a Europa se ha multiplicado por cinco, mientras que los productos marroquíes venden lo mismo. El analfabetismo y la desestructuración propios de los ambientes de pobreza, generan otro fenómeno preocupante: la explosión demográfica. En Europa, la gran explosión demográfica de mediados del siglo XVIII, generó la industrialización y las revoluciones burguesas que fueron estallando por toda Europa a partir de 1789. Pero en Marruecos un fenómeno de este tipo no se ha producido todavía y, cuando lo haga, revestirá otras características, especialmente a la vista del crecimiento del islamismo político. El desprecio que las autoridades marroquíes experimentan por su propio pueblo (la lucha contra la pobreza solamente supone el 10% del presupuesto del Estado, cuando en los países limítrofes se duplica) hace que las islas de pobreza estén cada vez más extendidas (en realidad, cabría hablar de islotes de lujo rodeados de miseria) y que las políticas sociales de creación de infraestructuras, viviendas sociales, alfabetización, etc., no sean suficientes como para paliar el problema. La demografía supera las posibilidades que tiene el Estado de absorber el descontento, paliar la miseria y modernizar la sociedad.
 

Marruecos tiene también su modelo de descentralización, basado en los municipios. Algunas ciudades, en efecto, se han tomado un interés particular en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Pero este modelo entraña también problemas. Agadir, por ejemplo, donde los planes de viviendas sociales y de construcción de infraestructuras, son superiores a otras ciudades, se ha visto sumergida por el «efecto llamada»  protagonizado por miles de marroquíes desarraigados que han abandonado el campo y otras ciudades para establecerse en una ciudad en la que parece que se vive mejor. Algunos ayuntamientos, prefieren renunciar a estas políticas sociales, ante el riesgo de generar un flujo de emigrantes interiores que empeorara todavía más la situación. El «modelo marroquí de descentralización»  no contribuye a reducir las desigualdades locales, sino a la aparición de diferentes iniciativas, en ocasiones contrapuestas, en los distintos municipios.
 

¿Inmigración? ¡Cómo no va a haber inmigración en Marruecos!

El 70% de los marroquíes es menor de 35 años, en torno a 20,5 millones de personas. El régimen de Mohamed VI no ha logrado integrar a la juventud marroquí que, en su inmensa mayoría, se siente ajena al régimen, desvinculada de cualquier tarea que tenga que ver con el Estado y que no ve perspectivas de futuro en su país. Los jóvenes que militan políticamente, lo hacen desde formaciones islamistas o, los menos (y los más ambiciosos) en el socialismo de la USFP. Estos últimos son los que aspiran a ser los futuros cuadros del régimen y, por supuesto, no contemplan la perspectiva de la inmigración. El resto de jóvenes, militen o no políticamente, miran al otro lado del Estrecho.
Marruecos no es lo que se dice un paraíso de la cultura. La tasa de analfabetismo total se sitúa en un 50% de la población, pero es particularmente dramática entre las mujeres de zonas rurales, elevándose a un 83%. Seis de cada diez campesinas optan por trasladarse a las ciudades. Las zonas rurales –salvo el Rif, gracias al cultivo de hachís– están empobrecidas y generan una emigración interior hacia las ciudades. Los cinturones de miseria que rodean a Rabat, Casablanca, Tánger, Fez, etc., están formados por antiguos campesinos desarraigados que viven en condiciones infrahumanas. 

El medio rural ofrece algunos puestos de trabajo, cuando no hay sequía. A pesar de que el campo marroquí vive una pobreza endémica, la estructura tradicional de la sociedad agraria marroquí ha resistido mejor la crisis socio–económica. Al menos, en las zonas rurales se ha mantenido la estructura familiar y cada persona tiene el apoyo de su comunidad. El apoyo mutuo que se deparan los miembros de las familias marroquíes, compensa, en cierta medida, la pobreza de esas zonas. Por el contrario, en los arrabales de las grandes ciudades, la desintegración de las estructuras tradicionales y el desarraigo, están abriendo el camino a la desesperación que cristaliza en dos formas: o bien aumentando el impacto del fundamentalismo islámico, o bien, impulsando a la inmigración. O a ambas cosas.
 

El 19% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza) y el paro afecta a un 22% de la población urbana. No es raro que la juventud vea el camino de la inmigración como la única posibilidad de mejorar su situación. En cuanto a los «bidonvilles», verdaderos cinturones de miseria, suponen el caldo de cultivo más favorable para la expansión del fundamentalismo islámico. Quienes no tienen nada, ni pueden aspirar a nada, están en su derecho de creer que Alá les reserva un paraíso si mueren en la guerra santa. En Palestina e Irak, el reclutamiento de terroristas suicidas se ha realizado sobre una base sociológica similar: seres desesperados y sin perspectivas de mejora.
Inmediatamente fue entronizado, Mohamed VI, el majzén quiso presentar al nuevo rey como «el monarca de los pobres», sugiriendo que su gestión iría en la dirección de mejorar las condiciones de vida de la población. Desde entonces, han pasado seis años y, efectivamente, ha demostrado honrar ese título, pero no en el sentido que pretendía dar el majzén; en efecto, nunca como ahora han existido tantos pobres en Marruecos y nunca el balance de la acción del gobierno ha sido tan cicatera en relación a las clases más desfavorecidas. Cuando muere Hassán II, la renta per capita en Marruecos era de 1.260 dólares, pero en 2002 ya había bajado a 1.218.

Decir chabolismo es decir miseria y desestabilización. Hubo un tiempo en el que los marroquíes se forjaban esperanzas. Entre 1984 y 1992, el país había conseguido disminuir (del 21% al 13%) la tasa de población que vivía con menos de dos dólares al día. Pero se trataba de una mejora puntual que se vino abajo en el 2000 cuando se volvió a elevar alcanzando el 19%. En ese período la población había crecido y, con ella el número de pobres: 3,4 millones en 1994, frente a 5,3 en el año 2000.
 

Hoy, una cuarta parte de la población rural y una octava parte de la población urbana es pobre. Estos últimos, además de la pobreza, deben soportar el vivir en chabolas inmundas y carecer completamente de infraestructuras y servicios públicos. El Estado ha renunciado a estar presente en esos barrios que registran altas tasas de inseguridad ciudadana y depauperación. La miseria no genera beneficios para el Estado, por tanto, se abandona a los miserables a su suerte.

Pero ni siquiera los jóvenes que disponen de alguna preparación cultural tienen perspectivas de mejora dentro de la sociedad marroquí, si no pertenecen a las esferas del poder o del funcionariado. Un titulado universitario es un aspirante a futuro parado. El 62% de los jóvenes en paro tiene título universitario o de grado medio y el 70% de los jóvenes estudiantes desea emigrar al extranjero. En su país carecen completamente de centros de ocio y deporte. Solamente tienen televisor (verdaderos bosques de parabólicas incluso en los barrios modestos) desde el que pueden ver el modo de vida occidental, constituyendo, cada teleserie, cada reportaje sobre las playas y los centros de turismo y ocio europeos, un reclamo para la inmigración.
 

En 2000, los medios de comunicación occidentales proclamaron la aparición de lo que llamaban «Generación MVI»  (Generación Mohamed VI). Se les presentaba como jóvenes «suficientemente preparados», de clase media–alta y con aspiraciones hacia una evolución democrática de la sociedad. Pero, un año después, las esperanzas en que esta generación ocupara los resortes del poder, quedaron decepcionados, especialmente tras la manifestación de mujeres islamistas en Casablanca, contra la reforma del «Estatuto Personal». Esa manifestación evidenció la realidad. Y la realidad es sólo una: el Islam avanza imparable entre los jóvenes. Este impulso disuadió al gobierno de aplazar la reducción de la mayoría de edad electoral de los 21 a los 18 años hasta después de las elecciones legislativas de 2002, al existir la convicción de que la inmensa mayoría del voto juvenil iría a parar al PJD. Incluso el sindicato estudiantil, habitualmente dominado por socialistas y comunistas desde la independencia, en estos momentos está en manos de los islamistas radicales de Justicia y Caridad.
 

Los jóvenes marroquíes cada vez se casan mas tarde a causa de las dificultades económicas. Esto no es una novedad, ocurre también en Europa, sólo que en Marruecos es un fenómeno reciente que choca con la tradición antropológica, inherente a la cultura local, de formar una familia, cuanto más grande mejor. Quien no tiene familia, quien no ha sido capaz de formar una familia, es un fracasado y, en algunos ambientes rurales, se duda si considerarlo suficientemente «hombre». Hoy la edad media para contraer matrimonio en Marruecos es de 27 años. A la pobreza, se une cierto menosprecio para el hombre que, a esa edad, no ha conseguido ser cabeza de una familia.

La liberación de la mujer constituye otro aliciente para una población que sólo considera honesta a la mujer cubierta con el velo y luciendo chilaba hasta los pies. ¿Cómo no sentirse atraídos por las mujeres europeas que no dudan en ir a las playas en top less o caminar por las calles con minifalda y tacones? Desde el punto de vista de la cultura marroquí, las mujeres que osan ir así no son honestas... pero son atractivas. Y, además, está la perspectiva de poder trabajar, lo cual no es poco.

Si no hay trabajo, siempre está la vía del trapicheo y los circuitos de la delincuencia. De hecho, algunos estratos juveniles marginales llegan a nuestro país atraídos por lo «barato»  que sale delinquir. En Marruecos, es frecuente que por un pequeño robo, la policía apalee en comisaría al ladronzuelo, le espere una larga condena de prisión en un entorno penitenciario miserable, cruel y proclive a las humillaciones y abusos; aparte, naturalmente, del descrédito que cae para la familia el tener un hijo delincuente y en la cárcel. Todo esto en España apenas ocurre: las leyes son extraordinariamente permisivas comparadas con las marroquíes, el régimen penitenciario es humano e, incluso, cómodo. Solamente entran en cárcel quienes han sido sorprendidos en la comisión de delitos de cierta gravedad: los pequeños hurtos, los robos sin violencia, los trapicheos de todo tipo, ni siquiera justifican entrar en prisión, ni mucho menos la expulsión. Incluso es frecuente que un narcotraficante detenido hoy, sea puesto en libertad al cabo de unos días y quede a la espera de un juicio al que lo más probable es que jamás acuda. De hecho, en el lejano 1986, un joven marroquí me decía: «Estoy mejor en la cárcel en España, que en la calle en mi país». Y lo debía de saber por que, efectivamente, decía esas palabras desde la Cárcel Modelo de Barcelona. No es raro que los sueños de la juventud marroquí pasen por Europa.

*     *     *

A principios de enero de 2005, Madrid recibía una media diaria de 280 inmigrantes. El dato no parecía inquietar ni a la Delegación del Gobierno, ni al Ayuntamiento, ni a la Comunidad, y menos que a nadie, a las autoridades del PSOE.


Pedro Zerolo, además de «líder gay», es secretario de Movimientos Sociales del PSOE y, en tanto que tal, en octubre de 2005, realizó diferentes propuestas para mejorar la situación de la inmigración en los perímetros fronterizos de Ceuta y Melilla. En esta tarea le secundaron distintas ONGs especializadas en el apoyo a la inmigración (Amnistía Internacional, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, SOS Racismo, Andalucía Acoge y Melilla Acoge) y responsables de la Administración (la directora general de Integración de los Inmigrantes, Estrella Rodríguez). La gran preocupación de Zerolo eran los posibles estallidos de racismo e intolerancia… justo en los momentos en que toda España pudo experimentar angustia ante el asalto masivo de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla por miles de inmigrantes y la sensación, cada vez más acusada –aún no se había producido el «noviembre francés»  con sus incendios y saqueos– de que España no tenía posibilidades de integrar a más inmigrantes.
 

Paga y calla, paisa…

El 4 de octubre de 2005, el problema de los asaltos de inmigrantes a la valla que separa Marruecos de Ceuta y Melilla había llegado a la UE. En las instancias europeas se albergaba la más absoluta desconfianza en relación a la política de inmigración del gobierno ZP, así que decidieron enviar una comisión a la zona. 

El comisario europeo de Justicia, Libertad y Seguridad, Franco Frattini, comunicó a Moratinos que los sucesos de Ceuta y Melilla «nos refuerzan en la necesidad de acelerar la puesta en práctica de las distintas medidas y políticas que tiene la UE con Marruecos en materia de inmigración». ¿Cuáles eran las medidas? En principio regalar a Marruecos 40 millones de euros para «proteger las fronteras y mejorar las condiciones en el terreno». El chantaje marroquí, una vez más, había tenido éxito: se crea el problema, y no se cierra hasta que se ha abierto la espita del dinero. Decididamente, resulta difícil saber cuál es la decisión más timorata, si enviar dinero a Marruecos para que siga sin hacer nada en materia de inmigración (salvo matar a siete inmigrantes durante la crisis de las vallas), o bien la decisión adoptada por el gobierno español de ampliar a seis metros la valla fronteriza.
Frattini reconoció que 30.000 inmigrantes estaban preparados en Argelia y Marruecos para dirigirse hacia las fronteras de Ceuta y Melilla. Las cifras procedían del informe preliminar que preparó la misión técnica de la UE que debía viajar a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, y en base a datos de los servicios de inteligencia españoles. En Argelia se encontrarían esperando 20.000 inmigrantes para entrar en Ceuta y Melilla, mientras que otros 10.000 ya estaban en territorio marroquí. Lo más terrible era el reconocimiento de que «no hay pruebas de que la actual alta presión migratoria hacia las fronteras externas vaya a disminuir a corto plazo» e incluso aumentará en los próximos años, según declaró Frattini.
 

Marruecos no permitió a la misión técnica de la UE, enviada para analizar la situación de los inmigrantes en la frontera con Ceuta y Melilla, acceder a su territorio en esta zona. Y Franco Frattini, a pesar de haber sido desairado por esta decisión, comentó benévolamente: «fue una lástima»… Sorprendentemente, a pesar del desaire de Marruecos, Frattini, contra toda lógica y sentido común, continuó proponiendo la entrega de fondos: «Ahora es el momento de ayudar a Marruecos, no el tiempo de reprochar. Habrá una investigación. Habrá, claro está, la oportunidad de volver sobre esto, pero cuando Marruecos nos pide que le ayudemos, la respuesta no puede ser sólo reprocharle».

Por otra parte, el comisario informó que había pedido convocar en Bruselas, a nivel técnico, una reunión con representantes de Argelia y Marruecos para ayudar a las patrullas a prevenir el tráfico de seres humanos. Asimismo, esta reunión abordaría la situación de las 30.000 personas que se encontraban en ambos países a la espera de acceder al territorio europeo. Ese mismo día, el ministro de Comunicación de Marruecos, Nabil Benabdallah, denunciaba que la ayuda económica de la UE, 40 millones de euros, era insuficiente… ¡Cómo no iban a querer más! Para Marruecos, Europa es la quintaesencia de la debilidad y de la falta de redaños. Y, en realidad, nuestra clase política les confirma en esta percepción, día a día.
 

La crisis de las vallas

En realidad, ante una situación así, la única posibilidad de contener a 30.000 personas, era demostrando fuerza y determinación. La orden de José Bono de enviar a la Legión, con las armas descargadas era suficientemente absurda como para empeorar las cosas. En realidad, la solución era demasiado simple como para que Zerolo, ZP, Bono, Caldera, Rumi y demás «enterados»  en materia de inmigración se decidieran a tomarla en consideración: bastaba con dejar la puerta abierta de la valla fronteriza para que cuantos inmigrantes quisieran entrar en España pudieran hacerlo sin necesidad de rasgarse la piel en la alambrada fronteriza; y, acto seguido, una vez censados, bastaría con que se les volviera a abrir la puerta de la valla para que regresaran por donde habían venido, en calidad de expulsados. Esto, en pocos días, bastaría para desactivar el efecto llamada y descorazonar a quienes intentaban forzar la legalidad española, cruzando la frontera de forma irregular. ¿Sencillo, verdad? Bueno, pues hasta muy avanzada la crisis de las vallas, cuando ya se habían producido siete muertos a tiros en la zona marroquí, el gobierno español no se decidió a expulsar a un centenar de subsaharianos. 

El 7 de octubre de 2005, el Consejo de Ministros, aprobó una subvención de 4.500.000 de euros a las ciudades de Ceuta y Melilla, destinada a programas de integración social de los inmigrantes. Esa decisión tiene un nombre: debilidad. Los gobiernos débiles intentan acallar cualquier foco de tensión, inyectando fondos. Y duran, lo que duran los fondos. No es que Ceuta y Melilla no merezcan la llegada de fondos, es que el problema de la inmigración no se soluciona subvencionando la llegada de ilegales, sino repatriándolos con la misma velocidad con la que van llegando. Este es el único realismo con el que puede tratarse el tema de la inmigración masiva. Para el año 2006, el presupuesto de Inmigración y Emigración ascenderá a 320.996.000 euros, un 14´38% de aumento en 2006 con respecto al año anterior. Desde que ZP llegó al poder, en apenas dos ejercicios presupuestarios, se han incrementado los recursos para inmigración en 182.984 millones de euros.

Para evitar avalanchas, la Delegación del Gobierno en Melilla anunció la instalación de una tercera valla en el perímetro fronterizo de la ciudad. En Ceuta se mejoraron los elementos de control con cámaras térmicas, la reposición de equipos de vídeo y la limpieza de los matorrales entre las dos verjas existentes.

El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, y el de Ceuta, Juan Jesús Vivas, se reunieron con la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, tras haber acusado al gobierno de estar «incapacitado» para resolver el problema de las avalanchas de inmigrantes. Ambos presidentes tenían claro lo que estaba ocurriendo y lo resumieron: «está pasando porque están gobernando unos señores que no protegen suficientemente las fronteras españolas». ¿Es tan difícil entenderlo?
 

Las vallas no son cosa de hoy

El asunto de las vallas no era nuevo. El 6 de enero de 1998, tres policías habían resultado heridos y seis inmigrantes subsaharianos detenidos en un enfrentamiento en Melilla. Los centroafricanos protestaban por el criterio restrictivo de entrada a la Península. Fue el primer signo de lo que se avecinaba. Al día siguiente, el jefe militar manifestó que «el Ejército debe vigilar la frontera al no haber solución a la inmigración».

Ese día 117 inmigrantes de Melilla lograron pasar a centros de la Península. Quedaban otros 700 subsaharianos, más 600 en Ceuta. El gobierno del PP había resuelto el problema de la superpoblación de los centros para extranjeros en las plazas africanas, enviando a sus residentes a la península. Cinco días después –la debilidad se paga siempre– 150 argelinos se concentraron ante la sede del Gobierno en Melilla para pedir su traslado a la Península.

A final de ese mes, la situación era tan tensa en la frontera que el Gobierno Aznar anunció el «cierre inmediato»  de la frontera de Melilla y la construcción de los muros que se harían famosos siete años después. Una pequeña inversión de mil millones de pesetas. El 24 de enero de 1998, el gobierno dio la vía libre hacia la Península a 1.340 inmigrantes de Ceuta y Melilla. Las ONG se comprometieron a integrarlos y formarlos profesionalmente. Otros 500 inmigrantes argelinos se quedaron en esa ocasión en Ceuta y Melilla porque no pudieron entrar dentro de este programa. Ese mismo día, y a la vista de la situación, distintos colectivos vecinales pidieron que se aplicara un toque de queda a los inmigrantes para que no salieran de noche, dado que «la presencia de estos extranjeros crea inseguridad entre la ciudadanía».

IU, instalada en la inopia más absoluta, consideró que la prensa estaba magnificando el problema de las vallas y condenaba «las medidas intolerables que se están llevando a cabo, parezcan justificadas» y, en particular, «la necesidad urgente de suspender de forma inmediata el acuerdo de deportación». Como puede verse, no hay nada nuevo bajo el sol. Siete años después el problema estalló con toda su virulencia.

El 6 de octubre de 2005, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, explicó que esa misma mañana se habían producido devoluciones en frontera a Marruecos de inmigrantes que intentaron atravesar la valla con Melilla, después de tres intentos de avalancha esa misma madrugada. Pero ni siquiera fue capaz de informar sobre cuantos inmigrantes fueron expulsados. ONGs subvencionadas con cargo al erario público, como Prodein, Pro Derechos Humanos y SOS Melilla, protestaron por estas expulsiones y, de paso, manifestaron su rechazo a la presencia del Ejército a lo largo del perímetro fronterizo. Lamentablemente, no explicaron cómo sugerían que podía resolverse el problema de la inmigración ilegal y masiva. Mientras lo piensan, sería bueno que esas ONGs hicieran público lo que cobran en materia de subvenciones y en qué lo utilizan.

En septiembre de 2005, Marruecos acusó al gobierno argelino de la crisis de las vallas. Es cierto que Argelia no era absolutamente inocente en esta cuestión y que manifestaba una irreprimible tendencia a crear problemas a Marruecos (y viceversa) y la inmigración era un arma arrojadiza a su disposición. El Frente POLISARIO había recogido a 92 inmigrantes subsaharianos abandonados por Marruecos en diversos puntos del muro defensivo construido por las fuerzas marroquíes en el Sahara Occidental. Por su parte, el primer ministro marroquí Driss Jetu afirmó que Argelia estaba reuniendo en la región de Tinduf a «candidatos a la inmigración clandestina con el fin de hacer de ello un instrumento propagandístico en el conflicto del Sahara».
 

ZP: especialista en sembrar desconfianza

En mayo de 2005, se evidenció que los gobiernos de Francia y Alemania estaban particularmente descontentos con la política de inmigración del gobierno español. Nicolás Sarkozy, ministro del Interior francés, acusó al Gobierno español de ser un «aprendiz de brujo» con su política de inmigración (fisura notable en el cacareado eje «hispano–franco–alemán que solamente existió en el calenturiento cerebro de Zapatero). Entretanto, el ministro alemán de Interior, Otto Schily, afirmó que «las regularizaciones masivas tienen el efecto secundario de que atraen a nuevos ilegales». La UE estaba comprobando, alarmada, que España, gracias a una irresponsable política de inmigración, se había convertido en lanzadera de subsaharianos clandestinos que cruzan los Pirineos hacia zonas de influencia francófona, como Bélgica, Holanda o la propia Francia.
En torno a  25.000 ilegales subsaharianos habían cruzado los Pirineos en los últimos meses y otros tantos permanecían en nuestro país después de haber quedado fuera del proceso de normalización de trabajadores extranjeros impulsado por el Gobierno Zapatero. Cuando esa regularización masiva se produjo, la inmigración masiva, hacía tiempo que estaba fuera de control.
 

El 1 de enero de 2005, según cifras del Instituto Nacional de Estadística, 705.944 ciudadanos de origen africano estaban empadronados en España, de ellos, al menos, 140.000 son subsaharianos. Pero hay que introducir una corrección a estas cifras, añadiendo la estimación de los no empadronados y los que habían cruzado la frontera a lo largo de todo el año 2005. Las cifras, entonces, pasan a ser de 1.250.000 africanos, de los que un millón serían magrebíes y el resto subsaharianos.

Marruecos incumple los acuerdos firmados

Las devoluciones de inmigrantes irregulares subsaharianos a Marruecos se han realizado con cuentagotas desde que España y el reino alauí firmaran en 1992 el convenio de readmisión de extranjeros. En trece años, el país vecino aceptó a menos de 200 extranjeros en virtud de la aplicación de ese convenio; cifra absolutamente ridícula.

Según el acuerdo, el Gobierno marroquí debía readmitir a los inmigrantes irregulares encontrados en España si se demostraba que habían llegado desde Marruecos, pero su aplicación estuvo rodeada de dificultades desde un principio a causa de las reticencias del reino alauí. Firmar un acuerdo con Marruecos es algo endiabladamente inútil. Todo aquello que no le beneficia directamente, ni lo aplica, ni tiene intención de aplicarlo, aunque suponga una vulneración del pacto firmado y rubricado por sus diplomáticos.
En 1995, una delegación del Departamento de Justicia e Interior, que entonces dirigía Juan Alberto Belloch, viajó a Marruecos para intentar resolver la interpretación del acuerdo. Las autoridades marroquíes exigían que la entrada del inmigrante irregular en España desde Marruecos pudiera ser acreditada documentalmente… ¿cómo?, era absolutamente imposible aportar prueba alguna, salvo la lógica: es evidente que el corredor de tránsito entre África y Europa pasa por Marruecos. Pero la lógica no es una virtud que adorne a las decisiones del gobierno marroquí. 


Cuando fue ministro de interior Jaime Mayor Oreja, intentó reactivar el acuerdo en 1996; desde 1992 a 1996 Marruecos sólo había aceptado ¡cinco! de las más de 600 solicitudes de readmisión que había presentado España. La presión de Mayor Oreja operó el milagro y consiguió que, solamente en 1996, Rabat aceptara el reingreso en su territorio de 65 inmigrantes subsaharianos. Cifra récord.

El 2001, tras ímprobos esfuerzos, Marruecos admitió a unos cuarenta subsaharianos que habían llegado a España en pateras procedentes de Marruecos. La cosa seguía yendo mal, por que, para esas fechas, ya era probablemente en torno a un millón de ilegales los que habían llegado a España procedentes de Marruecos y éste país apenas había admitido la devolución de 120.


España optó por negociar una nueva modificación en 2003: Marruecos aceptaría a los subsaharianos que hubieran viajado en una embarcación con patrón marroquí, lo que serviría como prueba de que salían de su territorio. Marruecos firmó la modificación, pero, como es habitual, no la respetó. El entonces delegado del Gobierno para la Inmigración, Ignacio González, admitió que Marruecos estaba dificultando y retrasando la aplicación del acuerdo. Ese año, todas las peticiones de readmisión –1.600 en total– habían sido rechazadas. Estábamos en pleno «desencuentro».
¿Quién tiene el valor de explicar a Marruecos que los acuerdos se firman para respetarlos? Cualquier acuerdo firmado con Marruecos que no implique envío inmediato de fondos, da la sensación que es completamente desconsiderado. Y en cuanto a los que implican ayuda económica, duran el tiempo que tarda en dispersarse el dinero.
 

La inmigración en cifras

Londres tiene un 40% de población inmigrante y París un 25%. Aparentemente, estas cifras distan mucho de igualarse con las que se darían en España. A fin de cuentas, España carece de tradición en esta materia y ha sido, más bien, un país que ha dado inmigrantes, mucho más que los ha admitido. Pero esta tendencia se iba, finalmente, a invertir.
En julio de 2004, Madrid tenía 3.228.914 habitantes censados, y ya el 16% eran de otro país. Dos puntos más que el año anterior. El barrio de San Cristóbal, en el distrito de Villaverde, es el que más inmigrantes empadronados tiene, un 40%; el distrito de Centro tiene un 30% de extranjeros; le siguen Tetuán, Carabanchel, Usera y Villaverde. Los ecuatorianos son la colonia más numerosa, luego aparecen los colombianos. En el 2004, los rumanos superaron a los marroquíes que en el 2000 eran la colonia mayoritaria en la capital. La inmigración es un fenómeno muy dinámico.

En cambio, en Catalunya los marroquíes siguen siendo ampliamente hegemónicos. En los años 90, el gobierno autónomo catalán, tuvo la genialidad de orientar la inmigración marroquí hacia su comunidad, pensando que, a diferencia de los iberoamericanos que hablaban castellano y no juzgarían necesario aprender catalán, los magrebíes, al desconocer el idioma, se catalanizarían más fácilmente. Razonamiento erróneo. Hoy, el 45% de los marroquíes residentes en España se ubican en Catalunya, mientras la comunidad ecuatoriana va creciendo aceleradamente. La Generalitat no quería caldo, pero ahora se encuentra obligado a beber dos tazas: los marroquíes siguen apegados a sus tradiciones de origen y se integran menos que el aceite en el agua; en cuanto a los ecuatorianos han llegado en cantidades similares a otras regiones de España.
También hay amplias comunidades marroquíes en Levante y Andalucía. Es evidente que a los magrebíes les atrae el Mediterráneo, tanto que en algunos barrios de Barcelona (el Raval y la Ribera) se alcanza la astronómica cifra de 65% de población extranjera.

En el año 2002, se habían incorporado al padrón municipal 694.651 nuevos extranjeros. Dos años después, se volvía a alcanzar una cifra similar. En efecto en el año 2004, se empadronaron en los municipios españoles 650.000 extranjeros; realmente poco si tenemos en cuenta lo que iba a ocurrir el año siguiente. En 2005, el «efecto llamada»  generado por la regularización masiva, seguramente hará que esa cifra sea ampliamente superada. El 1 de enero de 2005, oficialmente residían en España 3.600.000 de extranjeros que, seguramente, ascendían a 4.000.000 si contamos los que no habían juzgado necesario empadronarse. A finales de año, se contabilizarán 700.000 nuevos empadronados, como mínimo, con lo que nos aproximaremos a la cifra de 5.000.000, en torno a un 13% de la población, cifra muy superior a la de Francia (8%), a la de Alemania (9%) o de Austria (9,2%).
 

Hijos de la inmigración

Estas cifras son hoy excesivamente altas, pero en apenas seis años es posible que se haya duplicado. De un lado, la reagrupación familiar hará que afluyan a nuestro país un número no inferior a 2.000.000 en los próximos años. Luego están los hijos nacidos de inmigrantes. Muchos. Muchísimos.

Entre 2000 y 2005, el número de niños nacidos de madres extranjeras en España casi se triplicó, lo que supone un ritmo de crecimiento unas doce veces mayor que el de la media de nacimientos a nivel nacional. Los nacimientos de madre extranjera pasaron, de menos de un 5% del total en el año 1999, al 12% en 2003.

En 1999, nacieron en España 380.130 bebés de los que sólo 18.503 (el 4,87%) eran de familias inmigrantes. Sólo en 2003 nacieron en España 439.863 niños, de los que 53.306 (un 12,12%) eran hijos de inmigrantes. Mientras que el número total de nacimientos en España aumentó en ese periodo un 15,7%, el de hijos de inmigrantes creció un 188,1%. Tomen nota por que este vuelco demográfico no tiene precedentes en la historia y no va a realizarse sin que se produzcan tensiones extremas en los próximos años.
Melilla experimentó en 2003 un mayor porcentaje de niños nacidos de madre inmigrante (el ¡50%!), mientras que Ceuta tenía un porcentaje menor (con el 27,45%). Baleares, Madrid, Murcia, La Rioja y Catalunya, superan la barrera del 15% de nacimientos de extranjeros.

En marzo de 2005, se supo que la población de la capital de España crecía debido sólo a los inmigrantes. Mientras que el año 2004, 25.139 españoles abandonaron la capital, la merma fue compensada ampliamente con la llegada a la ciudad de 48.692 extranjeros.

Mientras que en enero de 2000, solamente un 3’5% de la población madrileña era de origen extranjero, cinco años después, ese porcentaje había pasado al 15%, esto es 481.162 personas. El distrito de Centro de la capital es el que más porcentaje de inmigrantes tiene: 29 de cada 100 vecinos han nacido fuera de España y de ellos 2.987 son marroquíes. En toda la comunidad había a principios de 2005, 765.884 extranjeros empadronados (un 12,7% de la población), pero es posible que, en el momento de escribir estas líneas, entre los recién llegados y los no empadronados se esté rondando el millón de extranjeros. Parla y Alcalá de Henares tenían, respectivamente, el 18% y el 16% de presencia inmigrante. Con cifras así, la integración es prácticamente imposible. ¿Para qué integrarse si la propia comunidad ofrece todos los servicios y cubre cualquier necesidad? El propio ministro Caldera dijo: «Creo que lo razonable es tener inmigrantes por un 8 a 10% de la población total (…) Esta cifra tiene en cuenta las posibilidades de integración y de funcionamiento de nuestro sistema». En realidad, estudios sociológicos de principios de los años 90 establecen que una población alógena de más de un 5% corre el peligro de generar focos de conflicto y aislarse en guetos. 

El 18 de mayo de 2004, nacía en el Hospital General de Alicante, un bebé hijo de padres marroquíes. Nada más nacer, su padre, Mohamed, le recitó la oración completa: «Que Dios es grande, único, que Mahoma es su profeta...», cumpliendo la tradición coránica que prescribe que esas son las primeras palabras que debe escuchar todo musulmán al nacer. A lo largo de 2004, el número de niños hijos de extranjeros inscritos en el Registro Civil de Alicante ha superado al de los hijos de españoles. Era la primera vez que ocurría en nuestro país desde los tiempos de la Reconquista. No se trataba de una sorpresa, los funcionarios del Registro Civil de Alicante advirtieron el fenómeno en agosto de 2003: «Las colas para apuntar a los niños parecían más las de la oficina de Extranjería que las del Registro Civil», explicó el secretario del registro.

En los hospitales de Alicante se han debido asumir las tradiciones de parto propias de las distintas latitudes. Las magrebíes paren con la cabeza cubierta con un velo o un pañuelo. Tal como explicó Mohamed, el afortunado padre, «una mujer sólo puede descubrirse delante de su familia».
 

Cuando las proyecciones demográficas son erróneas

La demografía no es una ciencia exacta. En 2002 se calculaba, con todo rigor y seriedad, que hasta el 2025 no se alcanzaría la cifra de 2.250.000 inmigrantes. De hecho, en aquella época, el gobierno de turno, falseaba las cifras, o al menos, las rebajaba para evitar la aparición de tensiones sociales. En aquella época, los inmigrantes ya superaban esa cifra. A lo largo de 2006, se habrá llegado a la cifra de 5.000.000, que los demógrafos veían imposible de superar…

Lo más sorprendente es que, incluso en 2003, cuando se daba la cifra de un 6% de inmigrantes (estimación falseada, por cierto) los cotizantes extranjeros a la Seguridad Social eran mucho menos y los nacidos en España suponían mucho más de ese porcentaje. Por entonces se decía que, gracias a los inmigrantes el Estado iba a poder pagar las pensiones de «nuestros abuelos». Pero hoy, con la experiencia acumulada en el último lustro, sabemos que la inmigración cuesta más al país receptor y solamente es un negocio para las patronales de algunos sectores. La inmigración absorbe más gastos (en educación, en seguridad social, en prisiones, en justicia, en recursos sociales, etc.), de los beneficios que depara. En abril de 2004 había 16.998.997 de afiliados a la seguridad social, y sólo 822.118 eran inmigrantes, apenas el 4,83%. En la Comunidad de Madrid el 60% de los detenidos por agresiones sexuales son extranjeros y el 40% de las victimas también son extranjeras. El noviembre de 2004, 59 mujeres habían sido asesinadas ese año. Sin embargo, los españoles podemos sentirnos orgullosos: España figuraba como uno de los países con menor violencia doméstica de toda la UE. Lamentablemente, el 30% de esa cifra, está protagonizado por inmigrantes. Es decir, tres veces superior a la que sería normal entre españoles.

Otra proyección demográfica que se demostrará no menos falsa en los próximos años, indica que en el 2015, el 27% de la población de España será extranjera. Dada la velocidad de crecimiento de la inmigración y las correcciones que se han debido introducir en las proyecciones estadísticas, lo más probable es que hacia el 2011, un tercio de la población española ya sea inmigrante. Dadas las dificultades de integración evidenciadas a lo largo de 2005 en países considerados modélicos en políticas de integración (Francia y Holanda), es inevitable que en España estemos ante la antesala de grandes tensiones sociales. Y a la clase política –que ha generado este problema– no a nosotros, corresponde explicar como piensa resolver el conflicto.


Matrimonios de conveniencia

Las uniones entre extranjeros y españoles han aumentado casi un 30 % en apenas un año. Qué bonito es el amor. Lamentablemente una parte importante de este porcentaje corresponde a matrimonios de conveniencia.

Con todo, las uniones mixtas, entre nacionales y extranjeros, es una realidad en auge en España. En 2001 fueron 14.094 y al año siguiente habían llegado a 17.841. Los marroquíes pagan entre 3.000 y 6.000 euros por los matrimonios de conveniencia. En Ceuta es una práctica frecuente ya que una parte de la población de origen musulmán tiene la nacionalidad española y realiza matrimonios de conveniencia con sus familiares y amigos marroquíes.

En 1997 la UE instó a los países miembros a que persiguieran la escalada de matrimonios de conveniencia. En España, las medidas adoptadas se redujeron al envío de una circular al personal de los registros civiles para que en los expedientes que tienen que formular los futuros cónyuges traten de ver alguna señal de ficción; en ese caso, deben informar para abrirse el proceso de anulación consiguiente. En 2003, un total de 226 casos fueron llevados a juicio, el 1,2% de las cerca de 20.000 bodas mixtas que se celebraron en nuestro país. Hoy se estima que la cifra de matrimonios de conveniencia debe estar en torno al 10% de los formalizados en España con un cónyuge extranjero. Pero había otras cifras que habían crecido desmesuradamente e indicaban la aparición de patologías sociales llegadas con la inmigración.
 

El paisaje de las cárceles ha cambiado

En noviembre de 2004, seis de cada diez reclusos de las cárceles españolas son ya extranjeros. Las cárceles españolas albergaban en ese momento a más de 59.000 presos, un 5,5% más que el año anterior. En cuatro años, los encarcelados extranjeros se incrementaron un 110%.

Pero hay que realizar una precisión en torno a estas cifras. Si en lugar de hacer referencia al número de presos encarcelados, aludimos al número de delitos cometidos, se verá que las cifras aumentan espectacularmente. Si existen estadísticas, están bien escondidas. Sin embargo, no hay nada más que visitar cualquier juzgado de guardia a la hora del traslado de presos. No todos los detenidos son enviados a la cárcel. En particular, los pequeños delitos, hurtos, robos sin violencia, peleas tumultuarias, son protagonizados por inmigrantes, pero no tienen como consecuencia el ingreso en prisión. Un funcionario del juzgado de guardia de Valencia nos indicó en diciembre de 2003, que algunos días el número de inmigrantes trasladados de las distintas comisarías, ante ese juzgado, podía llegar hasta el 85% del total, pero sólo una mínima parte, pasaban a la cárcel. Así pues, aunque, de por sí, las cifras de inmigrantes presos, son inusualmente altas (especialmente las de algunas comunidades, magrebíes, por ejemplo), distan mucho de reflejar el problema real, esto es, el aumento de la delincuencia y de la inseguridad ciudadana. Hace falta realizar una precisión: la inmensa mayoría de inmigrantes que residen en España han venido aquí para trabajar y mejorar su vida y son respetuosos con la ley; lo cual no es óbice para recordar también que la inmensa mayoría de delincuentes que llegan a los juzgados de guardia, son inmigrantes.

Los marroquíes, 4.625, representan el 30 % de la población penal extranjera. Los argelinos, por su parte, aportaban en 2004, 1.182 presos. La cifra de incremento de estos internos se ha disparado al 110% en cuatro años.

Desde 1999, la población reclusa extranjera en las prisiones españolas ha pasado de 7.900 internos a 16.626. En ese mismo tiempo, mientras los reclusos nacionales sólo se han incrementado un 17,91% (de 36.297 a 42.799), los de fuera de España se han disparado al 110,45%.

Los magrebíes suponen un 38% de los extranjeros que vienen a España y los subsaharianos el 25%. Uno de cada tres inmigrantes residentes en España son magrebíes o ecuatorianos, sin embargo, mientras estos últimos no tienen una tasa de delincuencia anómala, los magrebies eran la comunidad con más población carcelaria con un total de 5.399, el 10% de la población penitenciaria. 

El aumento de la inmigración ha modificado la opinión que tienen de ella de los españoles. Si en 1996, apenas un 18% consideraba excesivo el número de inmigrantes, en 2003 esta cifra había aumentado hasta el 54%; tal era una de las cifras más significativas contenidas en un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro.

En dicho estudio se destacaba también que en el año 2003, un 85% consideraba que sólo se debería permitir la entrada a los inmigrantes con un contrato de trabajo. Otro dato del informe indicaba que el 74% de españoles se manifestaba dispuesto a que sus hijos compartieran aulas y compitieran por sus plazas con los inmigrantes.

El 58% de los encuestados consideraba la inmigración como un factor que influye en el aumento de la inseguridad ciudadana: en Madrid y Barcelona, un 43% de los encuestados manifestaron tener sensación de inseguridad. El 58% de la población no puede estar ciega a la realidad social. Los últimos gobiernos, en cambio, si han dado la espalda a la realidad. Como cuando en julio de 2002, Aznar negaba que hubiera aumentado la inseguridad ciudadana y en septiembre de ese año, se vio obligado a tomar medidas para reforzar la lucha contra la delincuencia. O cuando Zapatero aprobaba la ley contra la violencia doméstica, ignorando que uno de cada tres casos (el 33%) estaba protagonizado por inmigrantes. Si el gobierno hubiera querido reducir la violencia doméstica un 33%, habría bastado con incluir un pequeño artículo que estableciera la expulsión inmediata de nuestro país a cualquier inmigrante que golpeara a su pareja. Esto, unido a las denuncias falsas contra el cónyuge para mejorar la posición ante las sentencias de divorcio, hace que esta lacra tenga unos índices similares en España, en relación a otros países europeos. No, similares no, inferiores. La ley contra la violencia doméstica, ha igualado a los españoles a otras culturas cuya tradición antropológica no ahorra desprecio, violencia y agresividad contra la mujer. El índice de violencia doméstica entre españoles es inevitable y no descenderá por ley alguna: es el que corresponde a la tasa de psicópatas, sádicos, ancianos con enfermedades degenerativas, etc., inevitable en toda sociedad. Una ley demagógica, no es nunca una ley eficaz. Sobre todo si su articulado da la espalda a la realidad social y a los focos de origen de esa violencia.
 

Marruecos depende de la inmigración

Marruecos es un país absolutamente dependiente de los envíos económicos realizados por sus inmigrantes en el extranjero. Marruecos pasó de recibir en 1990, 16.573 millones de dirhams en distintas divisas procedentes de sus inmigrantes en la UE, a 36.858 millones de dirhams en 2001. En la actualidad está en torno a 40.000 millones. El Estado marroquí sería inviable sin estos envíos procedentes de sus tres millones de ciudadanos que han debido emprender el camino de la inmigración.

Los marroquíes residentes en España, enviaron a su país una cantidad no inferior a 300 millones de euros a lo largo del año 2003. Esta cantidad supone la primera fuente de divisas del reino alauíta y supera a las inversiones extranjeras y a los ingresos por turismo. De no existir estas remesas la tasa de pobreza en Marruecos aumentaría cuatro puntos.

En 1985 estas remesas suponían el 3,81% del PIB marroquí, pero cinco años después habían aumentado hasta el 4,24% y alcanzado la cifra de 1.336 millones de dólares; realmente poco, porque en 2001 alcanzaron el 9%. En esos seis años, el PIB marroquí se había multiplicado por tres. Aparentemente, eso debería de haber limitado las salidas de marroquíes hacia el extranjero. Sin embargo, lo que ocurría era todo lo contrario y los envíos de la inmigración marroquí en Europa se habían multiplicado por siete. A medida que crece la economía marroquí, crece también, a mucha más velocidad, la inmigración (y, consiguientemente, las remesas de euros remitidas a Marruecos). Para entender este fenómeno es preciso tener en cuenta las características de la sociedad marroquí en donde las desigualdades de renta son extremas. Cada vez existe una mayor acumulación de riqueza en menos manos (lo que explica el aumento del PIB; aumenta, peno no se distribuye) y quienes no tienen perspectivas de mejora en su tierra, se ven forzados a emprender el camino de la inmigración.

*     *     *

En 2002 se calculaba que existían cuatrocientos mil musulmanes en España. Si tenemos en cuenta que, además de magrebíes, las comunidades subsaharianas procedentes de países islámicos y los pakistaníes, han experimentado un gran crecimiento, en estos momentos, el Islam español contará en torno al millón de fieles. Después del catolicismo, es la segunda comunidad religiosa de nuestro país; la mayor parte de sus fieles son inmigrantes. «España no es un país cualquiera para el Islam, ocho siglos de presencia musulmana fueron muy importantes, no sólo para nuestra civilización sino para la historia de la humanidad. Filósofos como Averroes o científicos como los de la escuela de Toledo contribuyeron al avance de la humanidad. La convivencia de las tres religiones durante años es algo que se recuerda», explicó Mohamed Elafifi, portavoz de la mezquita madrileña. Cerca de allí se encontró el vídeo de reivindicación de los atentados del 11–M.

Crevillente saqueado por magrebíes. Análisis de una crisis local

Crevillente saqueado por magrebíes. Análisis de una crisis local

Redacción.- En 2003-2004 vivimos en Crevillente, justo delante del cuartel de la Guardia Civil. Elegimos esa vivienda para evitar ser víctimas de la inseguridad ciudadana generada por el colectivo marroquí allí residente. Para un observador avisado, era evidente en 2002 que los magrebíes de Crevillente estaban creando problemas insoportables a la población. Ni el ayuntamiento de la localidad, ni la delegación del gobierno (cuando gobernaba el PP y hoy cuando gobierna el PSOE) hicieron absolutamente nada para cortar esta oleada de delincuencia. Crevillente es, sin duda, una de las zonas más conflictivas de nuestro país. Lo que está ocurriendo en Francia no tardará el ocurrir en esta ciudad del Vinalopó. Esta es la situación.
 
Algunos datos sobre la ciudad
 
Crevillente es una ciudad de casi 25.000 habitantes situada en el interior de la provincia de Alicante, a 32 kilómetros de la capital y perteneciente a la comarde del Baix Vinalopò. La mayor parte de la población habla valenciano, si bien no existe ningún tipo de conflictividad lingüística a causa de la tolerancia y liberalidad de sus habitantes.
 
La villa de Crevillente se halla emplazada al pie de la sierra del mismo nombre, la cual separa los Hondones y el Valle Medio del Vinalopó al Norte, de la Cuenca del Segura y la llanura litoral al Sur. El casco urbano presenta unas características muy singulares, como son la compleja y desordenada trama urbana de tipo islámico de su núcleo antiguo y sus barrios de cuevas vivienda, el tipo de vivienda más original de estas comarcas, excavadas en las laderas de los cerros colindantes a la sierra. La principal actividad, base de su economía, es la industria de la alfombra, cuyo antecedente se remonta a la Edad Media y está en la tradición de la manufactura del esparto y del junco. En el terreno cultural destacan las manifestaciones musicales, principalmente los cantos corales, y sus museos, así como su Semana Santa declarada de Interés Turístico Nacional y sus Fiestas de Moros y Cristianos.
 
Crevillent tiene una característica que hace que la conflictividad generada por la inmigración sea más acusada. En efecto, se trata de una población extremadamente dispersa en urbanizaciones y casas construidas sin ningún control, en las zonas rurales que rodean a la ciudad. Casi la mitad de los habitantes de Crevillente viven fuera del perímetro urbano (en torno a 10.000). Esas zonas suelen ser objeto de exacciones, robos y saqueos por parte de grupos de delincuentes, especialmente magrebíes, que viven en el núcleo urbano de la ciudad. Es en este núcleo, concretamente en el barrio de San Vicente Ferrer, en donde un 25% de la población es de origen magrebí. No se disponen de cifras exactas, pero la inmigración magrebí en Crevillent, puede oscilar entre 5 y 7.000 individuos. Es este colectivo el que se ha convertido en una fuente de conflictos y tensiones insalvables.
 
La Asociación Unificada de Guardias Civiles de Alicante (AUGC) ha denunciado las carencias de personal de la Institución Armada en Crevillent, concretando que se ha llegado al extremo de que algunas veces no se han podido montar patrullas de prevención de la delincuencia. La AUGC exige más plantilla y lamenta que para una población de más de 26.000 habitantes haya sólo 22 agentes. Además, asegura que Crevillent sufre una tasa de 54,23 delitos por cada mil habitantes y un incremento delictivo durante 2003 del cien por cien con respecto a 2000, aumentando los delitos contra el patrimonio más de un cien por cien, contra las personas más de un 80% y las falsedades documentales más de 133%. Además, la AUGC advierte que «esta población tiene una peculiar problemática surgida a raíz del incremento paulatino de una población flotante, no censada y de origen magrebí, que pudiera oscilar en torno a 5.000 personas, directamente relacionadas con la mayor parte de las actuaciones policiales».
 
La llegada masiva de inmigrantes ilegales
 
En 1990 llegaron los primeros marroquíes a Crevillente. Eran comerciantes, casi todos marroquíes e instalaron los primeros comercios regentados por ellos. Esta llegada se vió beneficiada por la crisis del sector textil y de la alfombra. Los magrebíes, ubicaron los comercios en la avenida principal de la ciudad, la de San Vicente Ferrer, gracias a que muchos crevillentinos deseaban alquilar locales y apartamentos para salir de la crisis. En pocos meses, los comercios y establecimientos regentados por inmigrantes se convirtieron en el gran almacén de la comunidad norteafricana de la provincia, cuyos componentes acuden a abastecerse. El establecimiento de muchos inmigrantes salvó de la crisis a muchos.
 
Los vecinos de Crevillent critican la falta de integración de esta comunidad. El hacinamiento de personas en apartamentos, la falta de respeto a las formas de vida españolas y ataques verbales a las chicas de la ciudad son las principales quejas. Son muchos los crevillentinos que aseguran que vendieron sus viviendas y se trasladaron a otros barrios por "ruidos, molestias y problemas con vecinos moros".
 
Los primeros magrebíes llegados abrieron la puerta a otros y, hacia 1999-2000, cuando se aprobó la nueva Ley de Inmigración patrocinada por el PSOE y todos los grupos políticos, salvo el PP, se produjo un espectacular “efecto llamada”. Poco después, en la misma avenida de San Vicente Ferrer, se instalaba la mezquita de la ciudad y, junto a ella, una curiosa tienda de moda islámica en donde, tanto varones como mujeres magrebíes pueden comprar chilabas de fantasía, moda 1001 noches… A decir verdad, el colectivo magrebí de Crevillente no ha sido una excepción a los demás colectivos presentes en toda Europa: en efecto, no ha hecho ni un solo esfuerzo por integrarse. Todo lo contrario.
 
Por eso llama la atención la ceguera –sino el etnomasoquismo- del concejal de Esquerra Unida (EU), Ignacio Candela, portavoz de su grupo y del PSPV en asuntos de inmigración, quien aseguró que todo el problema radica en que el ayuntamiento no ha impulsado suficientemente integrar a los magrebíes "sin medidas represivas, para permitir a los colectivos interesados implicarse en la vida social de Crevillent e integrarse en la sociedad". EU y PSPV rechazan el binomio que el PP establece de "inmigración igual a delincuencia". Pero el problema radica en que ni el PP ha hecho nada por cortar esa situación en Crevillente, donde gobierna, ni a EU-PSPV le ha importado otra cosa que no fueran los derechos de los magrebíes, por encima de la seguridad ciudadana. A decir verdad, la situación de la corporación crevillentina es vergonzosa y el silencio de todos los partidos, hasta que la población ha estallado, ha sido cómplice. En Crevillente, como en otros ciudades de la zona, los ayuntamientos parecen estar mucho más interesados en la recalificación del suelo que en cualquier otra tarea. Bochornoso.
 
Pero el terreno que los partidos han abandonado y del que han desertado, ha sido ocupado por un amplio movimiento ciudadano de masas.
 
Cuando la delincuencia es dueña de Crevillente
 
El 4 de noviembre de 2005, fueron detenidos 20 magrebíes por el robo y desguace de decenas de coches de lujo.  04 noviembre. Eran los mismos que un año antes ya habían resultado detenidos por su presunta implicación en el robo, desguace y posterior venta de un sinfín de coches de lujo. Después de quedar en libertad por orden judicial, unas pocas semanas les bastaron para reorganizarse y retomar su actividad en Crevillent, según se desprende de las actuales investigaciones. El Cuerpo Nacional de Los detenidos habían formado una gran red de contrabando de vehículos de alta gama sustraídos en la provincia. La intervención se produjo en el mismo desguace que a finales de noviembre del 2003 se apresó a una decena de sospechosos. La red delictiva marroquí sacaba del país la mercancía oculta en contenedores que, por vía marítima, eran enviados al Magreb. Mecánicos pertenecientes a la organización se ocupaban de volver a montar los modelos para su venta en el mercado negro. Los ladrones buscaban, sobre todo, coches de la marca Mercedes, junto con Audi y BMW.
 
Esta reiteración en la delincuencia no era única en el Crevillente invadido por la delincuencia. El 27 de septiembre de 2005, fue puesto en libertad el único detenido por un alijo de hachís que había resultado detenido… el día anterior. La decisión de los jueces de dejar en libertad al único detenido por la Policía Municipal y la Guardia Civil, en relación con la incautación de un alijo de hachís de casi 3.000 kilos en un chalet de la partida del Boch de Crevillent, ha causado sorpresa y desmoralización en el Ayuntamiento de la localidad. Hay magrebíes que han sido detenidos en 17 ocasiones y ni se les ha enviado a su país de origen ni se les ha encerrado entre rejas.
 
En julio de 2005, había resultado detenido un magrebí acusado del incendio de 18 coches. Ese mismo magrebí, había sido detenido un año antes y puesto en libertad tras destrozar otros 30 vehículos. Como vemos, también en España la quema del vehículo es una práctica habitual de magrebíes inadaptados.
 
Pero, además de la delincuencia propiamente dicha, Crevillente es objeto de todo tipo de molestias causadas por la apertura salvaje de locales de diversión –habitualmente propiedad de magrebíes- sin ningún tipo de licencia. El 22 de junio de 2005, el ayuntamiento se atrevió a reaccionar tímidamente precintando algunos de estos establecimientos (bares y locutorios, fundamentalmente) hasta que se tenga la preceptiva licencia de apertura. Esta actuación formaba parte de los compromisos adquiridos en la Junta Local de Seguridad de Crevillent en la que se propusieron más medidas para paliar la problemática de inseguridad en la zona de San Vicente de Ferrer.
 
Desde 2002 había algunos barrios de Crevillente en donde no era recomendable entrar, salvo que uno quisiera correr el riesgo de ser robado, saqueado o amenazado. Eran los barrios magrebíes. Pero no ha sido sino hasta 2005 cuando se ha sabido que un vecino ha estado grabando sistemáticamente a los delincuentes magrebíes, realizando sus trapicheos.
 
La sorprendente historia de Pedro Miñano
 
Un vecino de la calle Castellón de Crevillente, Pedro Miñano, estuvo grabando con su cámara doméstica imágenes de peleas, tráfico de drogas y otros delitos, durante 18 meses. Siempre los protagonistas de estas grabaciones eran magrebíes y siempre, Miñano consignó estas grabaciones en el Juzgado y en la Guardia Civil para avalar las denuncias que presentó. Pronto los magrebíes advirtieron que estaban siendo grabados, así que optaron por reiterar sus amenazas contra Pedro Miñano. El agosto de 2005, la prensa se enteró de las grabaciones de Miñano. Éste había optado por enciar las cintas certificadas y con acuse de recibo a la Delegación del Gobierno, principal responsable de la dejadez con la que es tomada la situación en Crevillente. Al aparecer en los medios, Miñano volvió a recibir amenazas de muerte por parte de los mismos inmigrantes magrebíes, que viven en la calle Castellón, que ya lo habían amenazado en anteriores ocasiones.
Los hechos sucedieron pasadas las cinco y media de la tarde. Pedro Miñano se encontraba grabando unas imágenes de la calle cuando los magrebíes comenzaron a amenazarlo de muerte una vez más. Miñano indicó que «había registrado las imágenes de unas personas que pasaban género de un coche de color blanco a otro vehículo», aunque fuentes de la investigación reconocieron que «en el vídeo no se reconocía la mercancía que estaban pasando». Eran, naturalmente, magrebíes. Agentes de la Policía Local de Crevillent se desplazaron hasta el lugar de los hechos, donde visionaron las imágenes tomadas por Pedro Miñano e identificaron la matrícula del vehículo que aparecía en el vídeo.

Entrevistado por un periodista, Miñano indicó: “Todos los días me amenazan, han tirado piedras a mi balcón, pero me da igual. Yo no puedo estar con los brazos cruzados viendo como las autoridades permiten que este pueblo se esté convirtiendo en lugar de paso de delincuentes”. Y a la pregunta de su se sentí desamparado por el gobierno municipal, contestó: “Sí, sin duda. Otros vecinos y yo hemos mantenido numerosas reuniones con el primer teniente de Alcalde, ya que el señor Asencio, nunca hasta el domingo ha querido hablar con nosotros. Siempre nos hemos ido con las manos vacías de estos encuentros. Nos han prometido muchas cosas pero casi nunca cumplen nada y, cuando lo hacen, resulta insuficiente. Nos parece bien que haya una patrulla de policía que pasea por la avenida San Vicente Ferrer, pero necesitamos más. La situación de inseguridad es casi insostenible. Necesitamos soluciones, y las necesitamos ya”. Algunos “bienpensantes” le han acusado de racismo, Miñano dice al respecto: “Muchos inmigrantes le empiezan a acusar de ser racista y de englobar a todo el sector magrebí dentro de la delincuencia, ¿teme que estos comentarios puedan restar credibilidad a su trabajo?
No, porque no es cierto. Yo no estoy en contra de los inmigrantes, sino de la delincuencia que se está concentrando en Crevillent. el domingo, tras la agresión que sufrí pude ver como parte de Crevillent me seguía a la Guardia Civil para poner la denuncia número 71. Me sentí en una nube, por fin la gente perdía el miedo a manifestarse”.
 
En poco tiempo, Miñano se convirtió en el exponente  más conocido de un fuerte movimiento vecinal que se sontió con fuera para convocar una asamblea de vecinos el 20 de octubre de 2005 en la Cooperativa Eléctrica. El propio Miñano explicó: “Queremos invitar a todos los vecinos a que acudan, ya que, es necesario estar juntos y ejercer presión. Hace unos meses recogimos firmas, en total conseguimos más de 10.000. Pedimos, en su momento, que la gente las enviara a un apartado de correos para reunirlas todas y presentar una denuncia conjunta en el Ayuntamiento. Extrañamente Correos perdió todas las firmas y no pudimos llevar a cabo la denuncia”.

La protesta vecinal en Crevillente
 
El 17 de octubre, la indignación y la rabia contenida fue el detonante que originó el domingo por la noche una situación que, según los vecinos, viene anunciándose desde hace mucho tiempo. Crevillent mostró su cara más amarga, el rostro unánime de más de dos mil personas que, a una sola voz, exigieron a las autoridades simple y llanamente «seguridad». Sobre las ocho y de forma totalmente espontánea cerca de 200 crevillentinos decidieron acompañar a Pedro Miñano que acababa de recibir amenazas por parte de un grupo de magrebíes en la puerta de su casa. A paso firme llegaron hasta el cuartel, donde la víctima, acompañada por presidentes de comunidades de vecinos, denunció. Mientras tanto, en la calle seguían concentrandose decenas de crevillentinos que incansablemente lanzaban gritos como «más seguridad», «todos a casa del alcalde». Algunos de los asistentes llegaron convocados a través de mensajes por teléfono móvil, como éste al que tuvo acceso La Verdad: «Tod2 a Kasa del alkalde stamos artos ya d los moro7».
 
La Guardia Civil intentó retrasar la salida de Miñano con la esperanza de que se calmaran los ánimos en la calle. La gente decidió no esperar y trasladar de inmediato la protesta a la casa del alcalde, César Augusto Asencio. Los manifestantes atravesaron la Avenida de Madrid y la Calle Santo Tomás hasta llegar al Parque Nuevo, donde se encuentra la vivienda del alcalde.

En el transcurso de la marcha, los congregados no dejaron de gritar sus improvisadas consignas para exigir «más seguridad». La gente animaba a todos los vecinos, que se asomaban a la calle, a sumarse a la protesta, invitación que aceptaron muchos, porque, tal y como decían algunos, «esto no es nuevo, este problema viene de atrás y los vecinos nos vemos impotentes». Los manifestantes preguntados coincidían en decir que «no somos racistas, sólo que vemos que los inmigrantes vienen a España porque no les gusta lo que hay en su país y luego nos lo quieren implantar a nosotros».

Una vez llegados a la casa del alcalde, los concentrados le exigieron a gritos que saliera «a dar la cara», algunos incluso pedían su dimisión. Pero lo más singular fue la reacción de los crevillentinos al ver el espectacular despliegue policial que defendía el domicilio del alcalde. «Exigimos que esa misma Policía esté en la Avenida San Vicente Ferrer, que es donde está la delincuencia, y no en la casa del alcalde donde no pasa nada».
 
El alcalde bajó a la calle y fue recibido con fuertes pitadas. Varios crevillentinos le increparon verbalmente. Una vez calmados los ánimos, Asencio pudo hablar con algunas de las personas que se dieron cita allí. Ya de madrugada, un grupo de manifestantes decidió abandonar las inmediaciones de la casa del alcalde para dirigirse de forma pacífica y silenciosa a una de las calles que es considerada como el despacho de la droga en Crevillent. Según fuentes vecinales, acabaron por sumarse más de dos mil personas a la improvisada protesta.
 
La respuesta de los vecinos de Crevillente había sido masiva. Tras la manifestación, los vecinos se habían organizado creando una plataforma para buscar soluciones a la inseguridad y rechazaron la propuesta del alcalde, el popular César Augusto Asencio, de instalar cámaras de vigilancia en algunas de las calles más conflictivas del municipio. Las cámaras era la única propuesta del ayuntamiento dirigido por el PP. Cámaras ¿para qué? Bastantes filmaciones tenía a su disposición el ayuntamiento, entregadas por Pedro Miñano. El problema no son las cámaras, sino la decisión de luchar contra la delincuencia sin perdón: no con “tolerancia cero”, sino con INTOLERANCIA ABSOLUTA.
 
Más de 1.500 vecinos de Crevillent acudieron a la convocatoria de cuatro colectivos vecinales (Asociación de Comerciantes de Crevillent, la Asociación Vecinos del Pont, Penyeta Reona y Asociación de Vecinos del Barrio Sur) dispuestos a exigir soluciones al problema de delincuencia que, todos reconocían, está asociado a la inmigración magrebí. La Casa de Cultura de Crevillent se quedó pequeña para acoger a tantos crevillentinos que quisieron sumarse a una plataforma constituida anoche para "conseguir un municipio seguro". No se registraron incidentes. Los organizadores realizaron varios llamamientos a la serenidad. Efectivos de la Guardia Civil se situaron a las entradas y salidas de la localidad y agentes de la policía local cortaron el acceso de vehículos a las inmediaciones de la Casa de Cultura. Los ánimos están caldeados en la población, aunque las reiteradas llamadas a la calma hicieron mella en los ciudadanos.
 
La Plataforma empezó a recoger firmas para exigir que se cumplan las promesas que en los últimos años han lanzado la Subdelegación del Gobierno, la Alcaldía y la Generalitat. Los vecinos piden un mayor control de la residencia de inmigrantes sin los papeles en regla y de las personas censadas en un mismo domicilio. Piden que se controle y erradique la venta de drogas al menudeo, y se solicita la colaboración de los vecinos para que denuncien formalmente cualquier hecho delictivo que conozcan. En la reunión se mostraron pancartas en las que se leía "Drogas no, seguridad sí". José Manuel Alfons, presidente de los comerciantes, manifestó. "No estamos desorganizados, ni somos cuatro gatos". Alfons aseguró que van a hacer un seguimiento de las promesas que se han hecho desde todas las administraciones. "El pueblo ha hablado y deben escucharnos". Luego se abrió un turno de intervenciones ciudadanas, con profusa participación. Algunos vecinos incluyeron alusiones al alcalde con frases como "Pago mis impuestos y quiero tener la misma seguridad que ellos".
 
La guerra política que se está llevando a cabo entre los diferentes partidos fue otro de los temas objeto de denuncia. De hecho, los asistentes solicitaron «más soluciones y menos enfrentamientos». De este modo hacían referencia a un debate que se celebró hace unos días en Telecrevillent en torno a la manifestación espontánea que tuvo lugar el pasado 9 de octubre y que desembocó en una agria discusión entre los representantes del PSOE y el PP. El portavoz de la reunión, José Manuel Alfonso, señaló, en referencia a los últimos sucesos acontecidos en la localidad, que los crevillentinos se sienten «avergonzados de salir en la Prensa siempre por este tipo de cosas, cuando los avergonzados deberían de ser los políticos». Los propietarios de establecimientos están indignados porque muchos locales de inmigrantes no cuentan con los permisos que exige la ley: «A nosotros nos obligan a tenerlo todo en regla mientras que ellos no tienen ningún permiso y abren cada día su negocio».

Pero ¿hay otros problemas en Crevillente?
 
Los primeros marroquíes que llegaron a Crevillente tienen miedo de que la llegada masiva de indeseables magrebíes termine por indisponer a la población contra ellos. No es raro, pues, que sean las asociaciones que representan a los magrebíes llegados hace 15 años los más interesados en que la situación no se desmadre.

Incluso los comerciantes de la comunidad marroquí de la ciudad de Crevillent muestran cerca de 200 denuncias por robos y desperfectos en sus establecimientos en los últimos meses, para demostrar que la situación de inseguridad que sufre la ciudad no sólo afecta a la comunidad autóctona. El alcalde de la localidad, César Augusto Asencio, del PP, de delincuencia protagonizada por inmigrantes norteafricanos afecta por igual a todos los vecinos de Crevillent, según los comerciantes magrebíes.
 
Uno de ellos, que reside en la localidad desde hace 14 años y asegura que se encuentra amenazado de muerte por varios compatriotas, confirma en parte las manifestaciones del alcalde. "Los causantes de todos estos destrozos, robos y despefectos son 14 o 15 que no hacen nada, que no vienen a ganarse la vida y que nos roban a nosotros, a nuestros trabajadores y a todo el mundo", afirma. Los comerciantes magrebíes "estamos cansados de padecer el alto grado de inseguridad que se vive en la zona y que, progresivamente, se extiende a otros barrios de la ciudad", indica la carta. La misiva describe la "ausencia absoluta de agentes de la autoridad y los delincuentes campando en total impunidad". Esta situación, "no nos impide reconocer que muchos de los culpables de la inseguridad ciudadana que denunciamos son de origen magrebí", prosigue la carta. "Nosotros queremos que se aplique la ley contra el delincuente, sea quien sea, y que se cumpla la legislación, y el que roba que no esté a los dos días causando problemas en la ciudad ni en mi local", señala un marroquí.
 
Así mismo, la asociación magrebí Dos Mares convocó en pleno Ramadán una reunión de todos los magrebíes que viven en Crevillent y que tendrá como escenario la mezquita, situada en la avenida San Vicente Ferrer, justo en el epicentro del problema. Según ha declarado el portavoz de esta asociación crevillentina, Hocein Flifla, «esta asamblea tiene como objetivo calmar y orientar a todos los magrebíes de Crevillent».  La concentración en la mezquita era una alternativa a la manifestación que se quería realizar en los próximos días. Flifla ha asegurado que la imagen del colectivo musulmán en Crevillent se está viendo muy perjudicada por toda la delincuencia que ha prosperado en el municipio en los últimos años. «Nosotros no sabemos quiénes son. Vienen y van, distribuyen la droga, delinquen y luego se marchan de la localidad. Pero los que realmente salen perjudicados de aquí son los comerciantes árabes de la zona», afirma el portavoz de la asociación magrebí Dos Mares. Si eso es así y no hay la menor duda de que, efectivamente, así es, lo normal sería que los comerciantes magrebíes colaboraran con la policía local y la Guardia Civil en la desarticulación de las bandas que viven en sus barrios. Resulta muy difícil pensar que la comunidad magrebí ignora quienes son y donde viven los delincuentes. Si, los dicen que hay 200 denuncias de robos presentadas por comerciantes magrebíes… Alguno tenía, forzosamente, que dar algún dato sobre quienes son los delincuentes, o algún rumor sobre quienes son y donde viven los culpables. Pero nada. Se trata de meras denuncias, especialmente motivadas para… cobrar las indemnizaciones del seguro. Denuncias sí, ayudas a desvelar los nombres de los delincuentes, no y, sobre todo, cobro del seguro.

Teniendo esto en cuenta, la afirmación de Hocein Flifla explicando el temor por la posibilidad de que los vecinos no sepan discernir entre los magrebíes que trabajan en sus comercios y aquellos que son traficantes, «puede que los crevillentinos nos estén metiendo a todos los magrebíes en el mismo saco y no debe ser así», no es más que un brindis al sol.  

A la vista de cómo estaban las cosas la asociación Dos Mares decidió suspender su concentración en la mezquita de Crevillent tras la oración multitudinaria, en la que tanto el imán como los oradores de la asociación Dos Mares se dirigieron a la comunidad magrebí de la localidad para pedirles tranquilidad y expresarles su más absoluto rechazo a la delincuencia. Según informó a este diario el portavoz de la asociación Dos Mares, los inmigrantes no consideraban preciso realizar la concentración después de comprobar que la oración del viernes por la tarde fue muy seguida por la comunidad magrebí, que acudió en masa a la mezquita. Esta oración del viernes es una de las más importantes en la época del Ramadán.


Hemos entresacado estos testimonios por que resulta altamente significativo que sean los propios musulmanes los que reconozcan que algunos sectores de la población magrebí están directamente implicados en la delincuencia que sufre la zona.  
 
Magrebíes: los que deberían pagar la pensión de nuestros abuelos, generan inversión en seguridad
 
En estos momentos la plantilla es de 47 agentes, aunque en realidad hay 36 policías. En el año 2003 de 35 policías se amplió a 41 y durante 2005 otras 6 plazas más, sumando 47, 12 agentes más, plazas estas que van a ser cubiertas en un futuro próximo puesto que se van a hincar los tribunales de oposición y también de modo interino se van a cubrir algunas bajas por traslados de la plantilla y gente. César Augusto Asencio, alcalde de Crevillent, afirmó que a principios de noviembre se aprobará en pleno el habilitar la cantidad económica necesaria para crear otras 6 agentes más de policías, que tendrán que ser convocadas y realizadas las oposiciones a finales del año próximo, con lo que la plantilla a medio plazo constará de 53 policías, colocando a Crevillent por encima de todas las poblaciones del interior de la provincia de Alicante de más de 20.000 habitantes.. Además hasta que se mejore el clima de inseguridad, se seguirá con la contratación de servicios extraordinarios de la policía, mientras no se cubran las plazas convocadas. El Alcalde pidió ayuda a la Subdelegada del Gobierno para que se pueda acelerar en lo posible la publicación de las plazas en el BOE.

El consistorio tomó la decisión de instalar unas vallas puntiagudas y molestas en la Avenida San Vicente Ferrer que impidan las concentraciones de magrebíes que hasta ahora venían sentándose en las barras de las actuales vallas y que impedían el tránsito de los peatones y con corros generaban molestias hasta altas horas de la madrugada y también se colocarán en los parterres de jardinería el mismo tipo de vallas donde antes no existían para impedir la descarga de vehículos o el paso masivo de personas desde los comercios a la calle, o viceversa, que destrozaban el césped .

Estas medidas eran absolutamente intrascendentes, porque el problema de fondo era desarticular a las bandas de delincuentes, ingresarlos en prisión y expulsarlos del país lo antes posible. Peor era la actitud de la delegación del gobierno que, en un alarde de mentecatez e irrealismo explicó que en Crevillent desde el año 2003 está habiendo un descenso real de delitos y por está aumentando el número de delitos resueltos. En lo que respecta a este año 2005 desde enero a septiembre se han cometido 975 delitos. El problema no es el descenso de los delitos, sino la gravedad de los mismos: toneladas de hachís incautados, robos masivos de coches y envíos al Magreb de las piezas, una vez desguazados, amenazas de muerte a los vecinos, no son “pequeños delitos”, sino de gravedad inusitada.

Y, por cierto, la delegación del gobierno, anunció que hasta el 2007 iba a ser imposible enviar más efectivos de la Guardia Civil a Crevillente… esto es, dentro de dos años. Para esas fechas, buena parte de la población autóctona de la ciudad, habrá abandonado la tierra que les vió nacer, dejando el campo libre a las bandas de delincuentes llegadas del Mageb.
 
Conclusiones
 
El caso de Crevillente no es único en España. La timoratez con la que el PP abordó la cuestión, en sus ocho años de poder, generó el que arribaran a España tres millones y medio de inmigrantes ilegales. Nada ocurrió por que los patrones del PP, hosteleros catalanes y canarios, terratenientes y constructores, precisaban mano de obra barata y, preferentemente, ilegal, esto es sin cargas sociales, para la buena marcha de sus negocios. Luego, en apenas 18 meses, el gobierno socialista de ZP consiguió en poco tiempo que entre un millón y un millón trescientos mil inmigrantes más llegaran en el más fenomenal “efecto llamada”  generado jamás en Europa.
 
A los poderes municipales, el tema de la inmigración no les ha importado excesivamente. Ellos, lo hemos dicho, están mucho más preocupados por “lo que da dinero”: la recaudación municipal, las multas de aparcamiento, la recalificación del suelo, las mordidas por negocios surgidos al calor del poder municipal, etc, que por la cuestión de la inmigración. Ni en un solo ayuntamiento de España se han tomado medidas efectivas para limitar la presencia de inmigrantes, Y mucho menos el gobierno socialista, propietario de las grandes ideas humanistas de “tolerancia”, “diálogo de civilizaciones”, “integración” y demás chorradas que ya han fracasado en toda Europa.
 
La delincuencia –en número de delitos y en importancia de los mismos- ha aumentado extraordinariamente en Crevillente y en toda España. Los que tenían que contribuir con su esfuerzo al pago de las pensiones de nuestros abuelos, se han convertido en una fuente de gastos, cada vez más insoportable. Cinco millones de inmigrantes, llegados en apenas ocho años, han desequilibrado todos los rubros de los presupuestos del Estado: sanidad, educación, prisiones, policía, magistratura, etc. Y ni el Estado central (preocupado en “grandes temas” y reformas absurdas), ni las comunidades autònomas (preocupadas todas por obtener más altas cotas de poder), ni mucho menos los ayuntamientos (aquejados de voracidad recaudadora y de afán recalificador) , han querido hacer absolutamente nada.
 
De repente, en Francia la revuelta de los magrebíes y el incendio de casi 10.000 vehículos, ha demostrado que aquellas aguas (similares en todo a lo que estamos viviendo hoy en España), han traído, más que lodos, torrentes de llamaradas.
 
A partir de ahora sabemos lo que tenemos ante la vista. El París en llamas de noviembre de 2005, es la España en llamas de ¿2007? Tenemos la guerra étnica a las puertas y todavía algunos siguen tendiendo la mano al que les degollará.
 
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es
 
 
 
 
 
 



QUE SE VAYAN DE EUROPA ¡QUE SE VAYAN DE UNA PUÑETERA VEZ!

QUE SE VAYAN DE EUROPA ¡QUE SE VAYAN DE UNA PUÑETERA VEZ!

Redacción.- Los incidentes de Francia provocados por negros y magrebíes, no son más que los primeros despuntes de la guerra civil racial y social que estallará, como máximo, en torno al final de esta década. Lo peor, no ha llegado. Toda Europa ha visto los grupos étnicos a los que pertenecen los criminales que enturbian la vida de la sociedad francesa. Ahora ya nadie puede llamarse a engaño: con la inmigración ha llegado a guerra étnica. La guerra étnica sólo puede concluir con la repatriación de unos, la expulsión de otros y el castigo drástico de los responsables. Lo que se avecina va a ser la primera guerra étnica continental: por que sus llamas van a alcanzar a toda Europa: de Lisbos a Moscú, de Suecia a Italia. Las únicas consignas que debemos transmitir a todos los europeos son: contención de la inmigración, defensa de la comunidad y castigo a quienes han facilitado la guerra étnica.

El castigo a los responsables

Mientras en Francia estalla la guerra étnica, el cretino que preside el gobierno español ve con “comprensión” los saltos masivos de inmigrantes por Ceuta y Melilla, acaba de legalizar a 700.000 inmigrantes que en pocos años se transformarán, por la reagrupación familiar en 2.800.000 inmigrantes, y ha conseguido que en un tiempo record afluyeran otros 700.000 inmigrantes gracias al efecto llamada.
 
El ciudadano José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro de trabajo, Rafael Caldera, deben ser juzgados por traición. Su política criminal de abrir las puertas a la inmigración solamente ha sido superada por José bono, ministro de la defensa, fundador de “soldados sin fronteras”, que ordenó a las tropas españolas patrullear en las vallas de Ceuta y Melilla con las armas descargadas. No puede extrañar que la palabra con la que en África francófona se conoce al gobierno español sea el de gobierno de “pedés”, esto, es gobierno de maricones. Opinión que no carece de lógica si tenemos en cuenta las medidas proteccionistas a las parejas gays que se ha empeñado el gobierno socialista español. Que Zapatero, Caldera, Bono y sus secuaces son unos miserables traidores, de eso no hay ninguna duda y que deberán pasar caras sus responsabilidades tampoco.
 
Hay que recordar a la sociedad que, a partir de los años 80, cuando estuvo claro que el proletariado europeo se aburguesaba y que estaba dando la vuelta a los partidos de izquierda, la Internacional Socialista difundió entre sus afiliados en Europa, la política de puertas abiertas a la inmigración. Con ello pretendían generar un electorado de reemplazo. Es importante señalar que la riada migratoria no ha sido casual. Ha sido estimulada por las fuerzas de la izquierda europea.
 
Una vez más, la izquierda había confundido sus sueños con realidades. Olvidaba que estos inmigrantes no procedían de países democráticos y que votar para ellos, era tan poco importante como integrarse en las tradiciones culturales europeas. Así pues, en un primer momento, la inmigración se abstuvo de otra cosa que no fuera trabajar. Pero la segunda generación fue completamente diferente: querían el éxito y sobre todo querían tenerlo sin trabajar, pues, no en vano habían visto a sus padres trabajar como bestias por salarios de miseria… los mismos que recibían los trabajadores europeos.
 
La irrupción de la inmigración confirmó a la izquierda en su teoría polvorienta de la “lucha de clases como motor de la historia”, al tiempo que negaban la realidad de la lucha étnica que ha presidido la historia desde sus albores.
 
Para colmo, los intelectuales socialistas olvidaban que una inmensa mayoría de estas riadas migratorias eran de religión islámica y desconocían la innata capacidad del islam a deslizarse hacia sus interpretaciones más extremistas.
 
Era pues, cosa de tiempo que, de un lado de constituyeran partidos islámicos (los primeros irrumpieron en 2002 en Francia y corren el riesgo de alcanzar la mayoría absoluta en 2000 ciudades del vecino país) y de otro fuera completamente imposible integrarlos.
 
En los últimos 20 años, en Europa, la guerra étnica ha sido evitada gracias a la inyección constante de fondos “para la integración” de los inmigrantes. Y, lejos de haberse avanzado un paso, cada vez los inmigrantes se encuentran más fortalecidos en su identidad. Zarkosy ocupó el ministerio del interior, con la intención de integrar al islamismo francés, Facilitó y financió la fusión de las tres grandes coordinadoras de asociaciones islámicas en una sola estructura… que inmediatamente fue controlada por los islamistas radicales. Los chispazos de guerra étnica que sufre Francia son el primer resultado de esa nueva política.
 
Ahora Zarkosy llama a la “tolerancia cero” y la “mano dura”: es tarde. No se puede jugar con dos barajas, de un lado la integración, del otro la mano dura. O cañones o mantequilla, las dos cosas son incompatibles.
 
España, en los últimos seis años, ha recorrido el camino que Francia ha tardado 40 años en recorrer. Los guetos islámicos creados en pocos años en España, la tupida red de mezquitas legales y clandestinas, los imanes iracundos y los ulemas analfabetos, están fanatizando en un tiempo record a la población islámica de España: 1.000.000 de magrebíes. Sin olvidar que las  bandas latinas llegan ya tres años realizando sus exacciones y crímenes en nuestro país.
 
Quien ha permitido, por torpeza o cálculo deliberado, toda esta tragedia, debe ser juzgado por un tribunal especial y castigado en función de las responsabilidades de sus actos. Eso o elegir embarcarse en las pateras que devolverán –inevitablemente- a quienes llegaron sin que nadie les hubiera llamado. Que se vayan los traidores con los criminales. Si a Zapatero y a sus secuaces, les gusta tanto el “diálogo de civilizaciones” que se vayan con ellos a dialogar a sus países de origen.

La defensa de la comunidad

Contra una insurrección armada, la única posibilidad de sobrevivir es empuñando las armas. En primer lugar a la policía, pero la policía ya no puede controlar a los africanos en revuelta en toda Francia. Luego a las fuerzas armadas… pero en España ya no quedan fuerzas armadas y el 10% de éstas están formadas por inmigrantes con la promesa de recibir la ciudadanía española. Además de ser una ONG, “soldados sin fronteras” incapaz de asegurar la defensa nacional.
 
Nuestro razonamiento es el siguiente: en España alcanzaremos en un par de años, máximo tres, la misma situación de violencia que se ha generado en Francia. Ni la policía ni las FFAA conseguirán asegurar la defensa de nuestro ciudadanos en determinas zonas, así pues, hay que asegurar la autodefensa de nuestras comunidades y esto implica estar preparados para cuando se produzcan los primeros chispazos de insurrección étnica, disponer de defensas ciudadanas preparadas y dotadas de medios suficientes como para asegurar la integridad de los barrios y las ciudades.
 
Seamos claros: hay que empezar a pensar en montar comités de defensa ciudadana, inicialmente orientados hacia la acción electoral (aquí en España no hay absolutamente ningún partido con la más mínima entidad como para liderar un movimiento antiinmigración) y, cuando las circunstancias lo exijan, capaz de movilizar milicias que aseguren la integridad de los barrios y la defensa de nuestros ciudadanos. No hay otra salida. Tenemos la guerra étnica a las puertas. Hoy se trata de ganar influencia política que utilizar para despertar a nuestra población. Mañana se tratará de movilizar voluntarios para responder al desafío lanzado por las comunidades alógenas, para responder a la guerra étnica que otros han desatado.

La contención de la inmigración

En Francia ya no basta con hablar de contención por que los revoltosos son hijos de inmigrantes y por tanto han nacido en Francia y, al menos, de pasaporte, son franceses. Pero, en España el fenómeno es demasiado reciente: no existe este problema. De ahí que cuando hablamos de “contención de la inmigración”, estemos aludiendo a medidas precisas:
 
-          Admitir solo a inmigrantes procedentes de “cupos”.
-          Repatriar a los inmigrantes llegados ilegalmente en España.
-          Repatriar a los inmigrantes que se encuentren en paro.
-          Eliminar la posibilidad de la “reagrupación familiar”.
-          Introducir en el código penal, el agravante de extranjería, en la comisión de delitos.
 
O esto o la guerra étnica antes de tres años. O esto o la formación de milicias de autodefensa de nuestras comunidades.
 
Contener a la inmigración es hoy posible en España. Mañana, si esta política de fuerza no se realiza (y resulta imposible que el PSOE la realice, de la misma forma que es altamente improbable que el PP tenga decisión suficiente para practicarla, no hay que olvidar que el problema de la inmigración se gestó en los ocho años de gobierno de Aznar aunque ha eclosionado en los años del socialismo) se abre el camino, también en España para la guerra étnica.
 
Albergamos las mayores esperanzas en la vitalidad de nuestra comunidad. Los europeos nos crecemos ante las dificultades. No albergamos la menor duda de que Europa resultará vencedora en esta guerra étnica que ya despunta en Francia y que se hace inevitable en España. Lo único que deseamos es que en las pateras de retorno, suban, no solo quienes han llegado sin ser invitados y han perturbado nuestra convivencia, sino quienes han instigado la inmigración, han mentido a nuestro pueblo y nos han situado ante el abismo.
 
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es
 
 
 

Una situación límite: el gobierno desbordado

Una situación límite: el gobierno desbordado Redacción.- La hora de la verdad ha llegado para ZP, es decir, la hora en la que este país reconozca que carece de gobierno desde hace año y medio. En el fondo ZP es la quintaesencia de la “progresía” de los años 60-80, un producto político demodé, superado y fuera de lugar, para el que “to’ er mundo e güeno”… La reacción de ZP ante las avalanchas fronterizas ha sido tardía y "progresista"… esto es, ridícula.c Unos crean los problemas... los otros los soportamos.


“Zapatero al borde del abismo”, periodistadigital.com dixit.

Vale la pena leer el editorial de “El periodista digital” de hoy viernes 30 de septiembre. Entresacamos algunos párrafos: El presidente Zapatero parece superado por las circunstancias. Mientras las cosas rodaron de forma apacible, las frases huecas, la sonrisa eterna y el talante suave funcionaron, pero la llegada en tromba de los problemas serios ha puesto en evidencia la debilidad de un estilo de gobernar que se limita a las formas. En lugar de liderar, el jefe del Ejecutivo está contribuyendo a agravar la crisis con decisiones y tácticas carentes de realismo y sentido nacional”.

Sería difícil explicar con menos palabras, la situación real de ZP, un hombre desbordado por las circunstancias que, de un momento a otro, se derrumbará, quizás ante Driss Jetou, primer ministro marroquí, o quizás ante Pascual “Drink” Maragall, cuando le presente el “nuevo estatuto” catalán, receptáculo de todas las inconstitucionales posibles.

Y lo que es peor, tal como subraya el editorial de ABC: “Nadie debería extrañarse de que todos aquellos que, dentro y fuera del país, esperan pacientemente a que decaiga la fuerza del Estado español hayan olfateado, con instinto partidista, que se está viviendo una ocasión histórica para ajustar sus cuentas y obtener réditos a costa de la debilidad de un Gobierno en sus horas más bajas”.

Hace unos meses, en el peor momento de la regularización masiva, cuando se veía que no se iban a alcanzar las cifras anunciadas en múltiples ocasiones siempre a la baja, ZP lanzó la brillante idea de regularizar a aquellos inmigrantes que carecían de inscripción en el padrón municipal. A eso le llamó “empadronamiento por omisión” que no era sino una fórmula del viejo e irresponsable “papeles para todos”. Nosotros, desde este blog, respondimos que, por lo mismo, Zapatonto, era “asesino por omisión”, pues no en vano la presencia masiva de inmigración en nuestro país ha hecho aumentar:

- La conflictividad en la frontera de Ceuta y Melilla, con 8 muertos en menos de un mes.

- El aumento de la siniestralidad laboral que no puede ser explicada más que por esta causa y por la llegada de trabajadores extranjeros sin cualificación laboral, con otros hábitos culturales.

- El aumento de la siniestralidad en carreteras con accidentes mortales diarios en los que, inevitablemente, aparecen inmigrantes andinos con tasas de alcoholemia que hacen saltar los alcoholímetros.

- El aumento de la delincuencia juvenil, con la aparición de todo tipo de bandas étnicas auspiciadas por casi todos los conjuntos nacionales de inmigrantes.

- El aumento de la inseguridad ciudadana, que ha convertido desde las grandes ciudades a los pequeños pueblos en escenario de los ajustes de cuentas entre bandas rivales.

- El aumento del tráfico de drogas que ha convertido a España en el primer consumidor mundial de hachish y cocaina y donde la heroica turca se vende libremente como caramelos.

- El aumento de la violencia doméstica a causa de la entrada masiva de contingentes llegados de países que desconsideran a la mujer y tienen el hábito cultural de tratarla como una propiedad.

- El aumento del fracaso escolar y la caída en picado de la calidad de la enseñanza pública en España a causa del increíble aumento de la presencia de alumnos inmigrantes, poco integrados, sin dominar la lengua y sin interés en los estudio. Todo ello ha hecho que España esté a la cola del mundo desarrollado en España.

- El gigantesco déficit de la seguridad social, acumulado en los últimos años a causa de la llegada masiva de inmigrantes en precarias condiciones físicas, al aumento asindótico de los partos entre mujeres inmigrantes y los malos hábitos de vida de algunas comunidades inmigrantes.

- El aumento del precio de la vivienda que se ha mantenido, contra toda lógica, al haber entrado en los últimos 6 años, cinco millones de nuevos posibles compradores de viviendas.

- La bajada de la productividad a causa de la impreparación, falta de conocimientos y preparación laboral de la mayor parte de inmigrantes, que llegan a España como peones para aprender el oficio. Recordemos que la productividad es uno de los parámetros estudiados para recomendar o no inversiones.

- La formación de guetos de miseria e islotes culturales, cada vez más amplios, que van desplazando a la población española y constituyen verdaderas islas de no-Estado en donde ni la cultura, ni la hacienda, ni la lengua, ni la legislación vigente en España, están verdaderamente presentes.

Pues bien, nada de todo esto, que empieza a ser evidente incluso para los observadores políticos más remisos y hasta no hace mucho, partidarios del “papeles para todos”, todo esto no es perceptible ni para Zapatonto, ni para miembro alguno de esto ¿gobierno?

Lo grave es que, detrás de todo esto hay muertos. Resulta extremadamente lamentable, especialmente, la muerte de ocho inmigrantes en la verja fronteriza en el último mes. Es triste constatar que la regularización masiva de inmigrantes y la permisividad en esta materia, han ocasionado lo que podemos llamar un “efecto llamada permanente y ascendente”. Zapatonto, haciendo honor a su nombre, no lo percibe, por eso decimos ZP es “asesino por omisión” y si se nos apura “ZP es asesino por omisión de neuronas”.

Con Driss Jettu: “Aquí no pasa nada”

A estas alturas, no tener testículos suficientes para espetar al primer ministro marroquí, la verdad de la situación, es definitorio del carácter y de las posibilidades de ZP. En esta última cumbre hispano-marroquí, convocada cuando la sangre de los muertos en la frontera de Ceuta y Melilla, todavía no se ha enfriado y cuando la perplejidad de toda España ante las sucesivas oleadas masivas de asalto a la frontera, aun no se ha calmado, este momento, decimos, era bueno para que ZP apelada a los redaños y recordara:

- Que, contrariamente a lo pactado, cada vez pasan más inmigrantes ilegales desde Marruecos.

- Que, contrariamente a lo pactado y subvencionado, cada vez pasan más alijos de haschish y cocaína por la frontera sur.

- Que, contrariamente a lo pactado, Marruecos ni readmite a las legiones de menores de su nacionalidad, ni mucho menos a los subsaharianos detenidos en territorio español como ilegales.

- Que, contrariamente a lo pactado, Marruecos incumple sistemáticamente cualquier acuerdo que no le beneficie y, en especial, los convenios de extradición y cooperación antiterrorista, pues no en vano, no ha hecho nada por ampliar la investigación sobre los criminales atentados del 11-M.

En lugar de resaltar todos estos aspectos –lo único que un gobierno digno de tal nombre, hablaría en estas circunstancias- ZP se limita a repetir, cada vez con la sonrisa más congelada ¡que Marruecos está cooperando en materia de inmigración y que, gracias a esa cooperación, la entrada de ilegales ha disminuido! . Increíble pero cierto: estas palabras fueron pronunciadas ayer al término de la reunión con Driss Jettu.

Jettu, por lo demás, ha presentado una situación en la que es Marruecos quien sufre la presión migratoria. Esto es, hasta cierto punto cierto, pero hay algo que el lameculos de Mohamed VI ha olvidado: que las mafias marroquíes, singularmente vinculadas, al palacio real o bien al entorno de la familia real marroquí, se lucran hasta la saciedad de estas legiones de menesterosos. Para quien sabe cómo actúa la policía marroquí, sabe que la acumulación de menesterosos en la frontera podría evitarse.

El ejercicio surrealista en la frontera de Ceuta y Melilla

Lo que ocurre en la frontera de Ceuta y Melilla pertenece al mejor guión de una película surrealista:

- las ONGs, subvencionadas por el gobierno español, entregan guantes de jardinería a los inmigrantes situados en la parte marroquí para que no se hieran en el salto de la frontera;

- basta con poner un pie en territorio español para ser, de facto, inexpulsable, cuando lo lógico sería que, al vulnerar la integridad territorial español, la ley de extranjería y agredir a miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, bastara para colocarlos al otro lado de la frontera, después de un prudencial período de prisión. El drama del pobre diablo que se quedó colgado en la alambrada, no era tanto el dolor como la imposibilidad de poner un pie en España...

- Basta con simular un arañazo en la zona intermedia y dar unos cuantos gritos de dolor más o menos simulados, para que la Guardia Civil se vea obligada a introducir al inmigrante en territorio español, llevarlo al hospital… y convertirlo en inexpulsable.

- Dado que los inmigrantes se niegan a decir su nacionalidad verdadera, se convierten en inexpulsables por que según la ley de inmigración habría que devolverlos al país de origen… el gobierno ZP (y a la oposición, ya que estamos en eso) no se le ha ocurrido consensuar una pequeña reforma de la ley de inmigración que borrara esa absurda cláusula (no se hace para evitar la ruptura del apoyo de IU al gobierno Zapatonto).

- Dada la permisividad de la ley de extranjería, esos mismos que se niegan a explicar su nacionalidad (vaya usted a una comisaría o a Hacienda y niéguese a dar su DNI, verá en donde termina la jornada y con qué multas) son los primeros en solicitar “asilo político” lo que basta, en sí mismo, para bloquear el proceso de expulsión.

- Dados los dos tipos de “expulsiones” que los brillantes redactores de la ley de inmigración –expulsión normal y de urgencia- quienes no son expulsados de urgencia, no son, de hecho, verdaderamente expulsados, sino que cuentan con un papel que les garantizará haber estado en España en la próxima repesca.

- Dada la escasa superficie de Ceuta y Melilla, los inmigrantes son sistemáticamente trasladados en vuelos a territorio nacional y ubicados, principalmente en comunidades gobernadas por el PP (nada nuevo, por que en la anterior etapa era el PP quien los orientaba hacia comunidades gobernadas por el PSOE) con lo que, de hecho, ya están en territorio peninsular, siendo todavía más inexpulsables.

Pero lo más surrealista de toda la situación es que se diga que el problema no tiene solución: si la tiene, lo que no existe es voluntad política ni redaños en la entrepierna de ZP. Lo más surrealista es que se diga que la “situación mejora”, cuando la situación ha empeorado desde que a finales de agosto de 2004, Consuelo Rumi, habló por primera vez de la reforma de la Ley de Extranjería. Y la situación empeora. ZP, el hombre colocado por Polanco y por Maragall, el individuo gris, sin personalidad y sin ningún valor reconocible, sin fundamentos ideológicos ni culturales, fuera de un indefinido progresismo, hecho de eterna sonrisa, talante en sobredosis y poco más, no es capaz de reconocer lo que él mismo ha provocado: el caos.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es