CULTURA
Nuevas incorporaciones a la Biblioteca Julius Evola

Infokrisis.- Hemos incorporado tres nuevos capítulos de la obra de Julius Evola Metafísica del Sexo en la Biblioteca Evoliana cuya lectura recomendamos. Se trata de los parágrafos finales de la Quinta Parte de la obra titulados: PROCESO DE EVOCACIÓN EN EL AMOR CABALLERESCO MEDIEVAL y SOBRE LAS EXPERIENCIAS INICIÁTICAS DE LOS FIELES DE AMOR, seguidos del primer anexo a esta parte:SOBRE EL SIGNIFICADO DEL SABBATH Y DE LAS MISAS NEGRAS
DALI, ENTRE DIOS Y EL DIABLO. GRATIS, EN FORMATO PDF
Infokrisis.- Publicado en 2001 por editorial PYRE, esta obra se agotó rápidamente y fue objeto de menciones en numerosos libros y obras publicadas posteriormente sobre el pintor de Cadaqués. La obra se titula: DALI, ENTRE DIOS Y EL DIABLO, subtitulada LO MÁGICO, ESOTÉRICO Y OCULTO EN SU VIDA Y EN SU OBRA. Los distintos capítulos de los que se compone la obra fueron publicados ya en infokrisis, sin embargo, ésta versión que ofrecemos ahora, incluye capítulos que ni se publicaron en formato digital, ni estaban incluidos en la obra tal como fue publicada en formato convencional (en especial, los anexos, uno de los cuales, el relativo a la carta astrológica de Salvador Dalí fue compuesto por una querida amiga.
La obra está presentada ahora en formato PDF y puede bajarse pulsando el siguiente enlace: DALI: ENTRE DIOS Y EL DIABLO
Hemos aprovecho para lanzar esta versión digital justo en el momento en que hemos inaugurado en nuestro FACEBOOK (en el que animamos a todos nuestros amigos a participar) un álbum de fotos sobre los CUADROS DE SALVADOR DALI.
ANILLO: EL SEÑOR DE LOS SIMBOLOS
Infokrisis.- [artículo publicado en el número 2 de Nuevos Horizontes]. No es por casualidad que J.R.R. Tolkien al escribir a mediados del siglo XX el relato mitológico más fantástico le diera el nombre de "El Señor de los Anillos". El anillo ha fascinado desde la más remota antigüedad; en otro tiempo se le atribuyó un poder mágico, en la actualidad es apenas un signo suntuario, pero cuando alguien quiere expresar un sentimiento profundo, lo hace regalando un anillo. Por eso, parafraseando a Tolkien se puede decir que el anillo es el "señor de los símbolos".
Desde tiempo inmemorial los judíos al contraer matrimonio se intercambian anillos. Es la entrega del anillo y no las bendiciones del rabino, lo que transforma a los novios en marido y esposa. El anillo es comparado con la Tora: así como en anillo es infinito, también el lazo de la Tora entre Dios e Israel es infinito; no en vano en el Antiguo Testamento está escrito: "Y te desposaré conmigo por siempre" (Oseas 2:21). Análogamente, cuando el novio entrega el anillo a la novia, simboliza que, como el lazo entre Dios e Israel es eterno, también lo es el vínculo de amor entre marido y esposa.
EL CIRCULO: ARQUETIPO DEL ANILLO
El primer símbolo que llamó la atención de los seres humanos debió ser el Sol. Intuían que la vida dependía de él y consideraron que el círculo que lo representaba era la forma más perfecta. Dieron a sus monumentos forma circular (los cromlechs) y colocaron el símbolo allí por donde pasaron. Este símbolo fue patrimonio de los pueblos que descendieron del Norte empujados por el frío y a los que la experiencia del Sol marcó profundamente.
A partir de aquí el círculo fue considerado como símbolo del dios dador de la vida. A medida que aumentaba la capacidad tecnológica de los pueblos del Norte, cuando los forjadores -considerados magos y brujos en contacto con un calor diferente al del Sol, con el calor de los abismos subterráneos- fueron capaces de dar volumen a los dibujos en la piedra y encontraron metales nobles cuyo brillo fuera reflejo del sol -el Oro-, forjaron armas y escudos, pero también anillos para los reyes y para los guerreros. Y tanto en su interior como en su exterior, estos anillos llevaban inscripciones sagradas y fórmulas de protección.
EL ANILLO QUE PROTEJE
En esos milenios oscuros las tribus descendientes del Norte vieron en el círculo, no solo la imagen del dios, sino, en tanto que tal, una protección. De la misma forma que el Sol hacía posible la vida, y su alejamiento en los inviernos coincidía con la muerte de la naturaleza, también había que atribuirle un carácter protector hacia los humanos. De ahí que el círculo y los anillos fueran utilizados como talismanes de protección y los recintos circulares considerados como lugares seguros contra cualquier ataque, incluso demoníaco.
Aun hoy, los pentáculos utilizados en Magia Ceremonial y los círculos de protección trazados en el suelo en el curso de ceremonias satánicas o de invocaciones al Maligno, crea un espacio "sagrado" -a diferencia del territorio situado fuera del círculo, que sigue siendo espacio "profano"- que defiende y protege. Lo que está dentro del círculo es inaccesible para las potencial del Mal, en tanto que espacio "ordenado", mientras que en el espacio exterior al círculo, sigue dominando el "caos" y, por eso mismo, es el territorio adecuado para el accionar de las potencias oscuras.
Fue así como el anillo llegó a los dedos, cargado de un sentido mágico y sagrado.
EL ANILLO QUE UNE
Fueron los romanos los primeros en utilizar unos sencillos aros de hierro para dar constancia de un compromiso matrimonial. La antigua tradición romana consistía en entregar un anillo, como símbolo del ciclo de la vida y de la eternidad (el círculo no tiene principio ni fin), que constituía una pública promesa de que el contrato matrimonial entre un hombre y una mujer debía ser respetado. El anillo era el símbolo de la eternidad del matrimonio.
Aunque los romanos conocían bien el oro, no fue sino hasta el siglo II cuando el hierro fue abandonado como metal propio de los anillos nupciales. Los primeros romanos, los constructores de la República y del Imperio, se pasearon victoriosos por todo Occidente llevando austeros anillos de hierro. Para el romano la austeridad era una virtud. No es raro que el tránsito de los anillos de hierro a los de oro, se produjera en el inicio de la decadencia romana.
El cristianismo consintió esta tradición y permitió que en el siglo XV se incorporaran diamantes considerados en la época como símbolo de la fidelidad conyugal. El diamante (cuyo nombre deriva del término griego "adamas", invencible) podía unirse al Oro por que resistía el arañazo de los metales más duros y soportaba la acción del fuego sin alterarse. Se creía que la estructura del diamante reflejaba el simbolismo de las pirámides egipcias e incluso se tenía por cierto que bajo la pirámide visible existía una parte inferior con las mismas proporciones y forma. El anillo de matrimonio de los Sforza, intercambiado en 1475 es muestra de la talla en forma de pirámide.
Las palabras sagradas y los signos de protección cambiaron por las llamadas "posíes", poemas breves inscritos en el interior de los anillos y mensajes secretos que los amantes se daban unos a otros. Frecuentemente, se acompañaba estos mensajes con el grabado de una rosa. Aun hoy esta tradición prosigue más viva que cualquier otra e incluso en las ceremonias civiles, se pide a los futuros cónyuges que intercambien sus anillos.
EL ANILLO MALDITO
El Oro y el Diamante siempre han ido asociados a la imagen del dios, pero también a la desgracia. Frecuentemente, los mitos y las sagas antiguas hablan de tesoros que aportaron desgracias a sus poseedores. El "Oro del Rin" acarrea muerte y desgracia a todos los que lo han disfrutado. No es raro que los herejes franciscanos, los "espirituales", del siglo XIII, condenaran el uso de joyas y anillos confeccionados con metales nobles; decían que el Oro excita la codicia de los humanos y que es vehículo del Maligno. El propio Tolkien en su obra "El Señor de los Anillos", se hace eco de esta maldición. Apoderarse de un anillo es conquistar un poder, adquirir una cualidad -frecuentemente los anillos míticos están asociados a la conquista de facultades paranormales- pero de ordinario, el mal uso de estas facultades adquiridas convierte el tesoro del anillo en una fuente de desgracia.
Lo cierto es que, nunca como en aquella época, los anillos y los círculos pasaron a ser utilizados en las artes mágicas y en la nigromancia. La bruja al volar hacia el aquelarre en la noche maldita del Sabbath, traza un círculo mágico en el suelo y se unta el sexo, las axilas y las plantas de las manos y los pies con una mixtura mágica hecha a base de beleño, belladona y estramonio, amalgamados con manteca, que le hará volar hacia el lugar del rito blasfemo. Fausto, el discípulo de Cornelio Agrippa, si sitúa dentro del círculo que su maestro le ha indicado para protegerse cada vez que invoca al Diablo. Los musulmanes cuentan que Salomón disponía de un anillo al que debía su sabiduría. Cuentan que Salomón marcó a los demonios con el sello de su anillo y los convirtió en esclavos. Pero Salomón perdió el anillo en el Jordán y de ahí procedió su desgracia.
Los antiguos romanos ya habían advertido un carácter maléfico en algunos anillos. Unían, pero también ataban y cualquier ligamen era considerado como una obturación que contenía a los poderes sobrenaturales del individuo y le impedían que se manifestase en el exterior. Por eso mismo los sacerdotes flaminios no tenían derecho "a llevar anillo, sino roto y desprovisto de piedra"
EL ANILLO DEL PODER
Precisamente es el papado una de las últimas instituciones que conceden a los anillos un poder sobrenatural. Ciertamente, a principios de siglo, Sigmund Freud entregaba un anillo de plata a los miembros del Círculo Psicoanalítico de Viena como distintivo de que habían sido aceptados en el "círculo interno" de la sociedad; pero se trataba de iniciativas profanas. De hecho, también las SS hitlerianas tenían anillos con el distintivo de la calavera que mostraba su fidelidad al Führer y su compromiso de dar y recibir la muerte. Pero es en la Iglesia donde se conservan todavía vivas las tradiciones mágicas del anillo.
Para la Iglesia el anillo confiere un "poder". Es el famoso "anillo del Pescador", sello pontifical que ostenta el escudo de cada Papa y que es destruido al morir. Mediante el anillo papal se transmite la idea de una alianza entre los humanos y Dios, alianza de la que el Papa es mediador o, si se quiere, "pontífice", es decir, el que "hace de puente". El anillo es recomendado a los cristianos desde los primeros tiempos de la Iglesia. Clemente de Alejandría aconsejaba que todos los miembros de la nueva comunidad llevaran un anillo con el símbolo de los Peces. La tradición ha proseguido hasta nuestro días. El Papa encierra en el anillo el poder de gobernar a la cristiandad; forjado por los hombres su anillo ha sido cargado con el poder de Dios.
* * *
¿Seremos capaces de ver el anillo con otros ojos cuando nos lo coloquemos o nos lo regalen? ¿será un anillo de unión, un anillo de fidelidad? ¿o un anillo que puede acarrearnos desgracia y poder? En ocasiones, elementos tan habituales como un anillo o un círculo pueden convertirse en fuentes de una inmensa sabiduría. El simbolismo del anillo y del círculo es posiblemente uno de los símbolos más ricos. Es quizás el único simbolismo originario que goza de buena salud en nuestros días...
[RECUADROS]
LOS ANILLOS DE TOLKIEN
J.R.R. Tolkien (1892-1973) , profesor de mitologías nórdicas, aprovechó sus extraordinarios conocimientos en este terreno para reconstruir toda una saga mitológica completa en sus dos obras más importantes: "El Señor de los Anillos" y "El Silmarillon". Al igual que la antigua saga nórdica sobre el "oro del Rin", Tolkien basó su obra en un tesoro formado por 22 anillos benéficos y maléficos disputados por las fuerzas del bien y del mal. Así se inicia esta historia que muestra como el anillo sigue ocupando un lugar en el corazón de los seres humanos:
Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo.
Siete para los Señores Enanos en casas de piedra.
Nueve para los Hombres condenados a morir.
Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro
En la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.
Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos.
Un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas
En la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras...
JÚPITER: NUEVOS ANILLOS EN EL FIRMAMENTO
Júpiter ocupa un lugar particular en el sistema solar: por su tamaño es el mayor y por su situación es un planeta intermedio al que los antiguos atribuyeron grandes virtudes benéficas. Hasta hace poco se ignoraba la existencia de anillos en torno a Júpiter y se pensaba que tenían una constitución similar a los anillo de Saturno. Solo desde el pasado mes de septiembre se tiene la seguridad de que están formados por partículas originadas en el choque de meteoritos contra los cuatro satélites más cercanos al planeta.
Los anillos de Júpiter son menos visibles que los de Saturno. La sonda espacial Galileo, enviada a los confines del Sistema Solar ha confirmado la existencia de tres anillos, todos ellos encajados entre sí. Los datos recogidos por la sonda muestran que están compuestos por partículas microscópicas de polvo producto de la colisión de asteroides contra los cuatro satélites más cercanos al planeta, en especial Amaltea y Thebe en el anillo más exterior y de Adrastea y Metis en el más interior.
Júpiter fue fotografiado por las sondas Voyager 1 y 2, pero solamente la Galileo ha dado datos sobre la composición química del mayor planeta del sistema solar. Júpiter tiene una masa 318 veces superior a la Tierra y su diámetro es 11 veces superior. Se sabe que en su superficie soplan vientos de 530 km/h.
(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen
Navidad: El eterno retorno del Sol Invencible
Infokrisis.- Algunas leyendas y tradiciones sobre el origen de los pueblos indo-europeos aluden a un "centro polar", situado en el Norte, "más allá de la más lejana medianoche", que era su lugar de residencia. Un día "cuando el cielo cambió", aquellas tierras vieron como progresaba el frío y los lugares, antaño paradisíacos, se convertían en inhabitables. Puede comprenderse que para estos pueblos "la experiencia del Sol" (que para ellos era calor y vida), les marcara profundamente. A lo largo del otoño el sol se ha ido alejándo, casi muriendo. El punto más bajo se sitúa justo en el solsticio de invierno. Pero a partir de ese instante el sol renovado, adquirirà nueva vida. Las fiestas invernales están marcadas por la tristeza inicial por la muerte del sol, pero por la seguridad inquebrantable de su renacimiento el 25: "Dies natalis solis invictus", el "día del nacimiento del Sol invencible".
EQUINOCCIOS Y SOLSTICIOS
Tradicionalmente los equinoccios están relacionados con el mundo terrestre y con sus variaciones; los solsticios, por el contrario, aluden al mundo sideral. De ahí que los pueblos antiguos representasen los solsticios mediante una línea vertical, que indicaría ascenso y descenso, y los equinoccios con un trazo horizontal, representación del mundo terrenal.
Esta dualidad se traduce en las concepciones religiosas de los pueblos. Los que hacen de los solsticios el eje de su identidad religiosa, adoptarán cultos de tipo solar; mientras que los otros se referirán a cultos telúricos y ginecocráticos, o si se quiere, a cultos lunares.
Con frecuencia, ambas concepciones se interfieren como producto de las migraciones de los pueblos, de sus mezclas y de los inevitables sincretismos. Así, por ejemplo, Apolo, concebido como el Sol en sí, inmóvil y soberano (traído a Grecia por Aqueos y Dorios, indo-arios), sufre la adulteración de los pueblos equinocciales de la Grecia Antigua (los pueblos pre-arios, minoicos y cretentes, adoradores de diosas femeninas), transformándose en Helios, representación del sol sometido a la ley de ascenso y descenso, que cada noche se refugia en la madre tierra donde cobra nuevos bríos para ascender al día siguiente.
Hay que incluir los cultos y temas equinocciales entre los de la Gran Madre, cultos relacionados con la floración de la tierra, con lo caótico y desordenado de los bosques, es decir, con todo lo relativo al reino vegetal. En el año corresponden a la Primavera. Los temas solsticiales marcan los grandes hitos del Sol: el punto más alejado y el más cercano a la Tierra, solsticio de Invierno y de Verano, respectivamente.
EL INVIERNO PARA EL MUNDO TRADICIONAL
Las viejas tradiciones indo-europeas aluden a una sede situada en el Norte -Hiperbórea- que era su lugar de origen y residencia durante una mítica Edad de Oro, en el principio de los tiempos. Una serie de catástrofes naturales forzaron migraciones hacia el sur, en el curso de las cuales estos pueblos conservaron la memoria de su pasado. Buscando el calor del sol y días más largos, descendieron hacia el sur.
En una segunda fase de descenso -Edad de Plata- se establecieron en una isla a la que llamaron Thule. En pos de esta sede partió Phiteas de Masalia y pretendió haber llegado allí, si bien es posible que confudiera Thule con las islas Casitérites, Islandia o probablemente Groenlandia.
Nuevas catástrofes y migraciones llevaron a estos pueblos más al sur y en un ciclo siguiente de descenso se establecieron en la Atlántida, en lugares hoy ocupados por las aguas oceánicas. El relato platónico es suficientemente conocido como para que nos extendamos.
Todo esto no precisa demostración científica o huellas arqueológicas "positivas", se trata de tradiciones; "tradición" implica transmisión, oral y directa, por tanto, un cierto contenido de verdad, que aunque deformado indicaría, como mínimo, la psicología profunda de los pueblos indo-europeos sobre los que se vehiculizó esta mitología.
La dureza del clima nórdico-polar, el dramatismo de unas migraciones realizadas en condiciones precarias, imprimió un carácter particular producto de la experiencia existencial de estos pueblos marcada, sin duda, por la búsqueda y persecución del Sol, desde el Norte originario hacia el Sur. No es de extrañar que para ellos el Sol se elevara a la categoría de divinidad y que sus líderes y soberanos adquirieran connotaciones solares: inmovilidad, serenidad, altitud, distanciamiento, quietud, poder, fuerza, vigor, centralidad, irradiación, teurgia (el sol tuvo un cierto poder terapeutico antes que la destrucción de la capa de ozono lo convirtiera en mortal), etc.
A la vista de todo esto, es lógico que las fiestas que colocan al sol en el centro de su temática, tengan gran arraigo y predicamento en los descendientes de estos pueblos originarios más que primitivos. Las festividades del invierno tienen por ello un carácter ambivalente: son, por un lado, fiestas en el que el recuerdo de los muertos tuvo gran importancia, sobre todo en sus primeras semanas; pero también son fiestas de resurrección y promesa de vida. De ahí la alegría generalizada con que se abordaban en un tiempo en el que los escaparates del consumo no existían y todo lo que se regalaba o con lo que se decoraba el hogar era fabricado por las propias manos de quien lo entregaba.
EL GRAN CICLO DE 12 DIAS
Del 25 de diciembre al 6 de enero, tiene lugar el ciclo festivo más atractivo de todo el año. La naturaleza que ha ido muriendo a lo largo del otoño, llega a un período de inflexión. El sol, dador de vida, detiene su alejamiento de la tierra y si antes parecía como si quisiera salirse de la elíptica y desaparecer, ahora, a partir del 25 de diciembre, inicia su lenta aproximación a la tierra. Esto hace del invierno una estación rigurosa en cuanto a las inclemencias climáticas, pero llena de alegría: es la promesa de una renovación.
Este ciclo festivo puede ser considerado como la fiesta del Eterno Retorno del Sol, de su renacimiento (navidad) y de la regeneración del tiempo (primero de año).
Fiesta familiar una (la Navidad/Solsticio), fiesta mundana otra (primero de año, fiesta de Jano), fiesta, finalmente, para los niños la última (Epifanía), cada carácter y cada edad encuentran su momento ideal en estas fechas.
El hecho de que se trase de un ciclo de doce días, indica su relación con las costumbres y los pueblos indo-europeos, para los cuales el número doce era sagrado y se repetía en distintos motivos simbólicos. Su relación con el Sol no puede ser solo considerada como una mera muestra de "naturalismo", es fundamentalmente, la evidencia de una concepción del mundo y de una tradición nórdico-polar. El hecho de que el ciclo festivo haya sido cristianizado no resta importancia a este simbolismo, tan solo lo cubre de connotaciones propias de la religión dominante. Pero llámese Cristo o Mitra, la celebración del día de su nacimiento coincide con la ruta en la que el sol se encuentra en el punto más bajo de la elíptica.
Durante miles de años, nuestros antepasados indo-europeos han celebrado esta fiesta y a lo largo de las culturas dominantes en cada ciclo, ha permanecido inamovible y nada ni nadie ha logrado desarraigarla de la memoria colectiva de nuestros pueblos. Como máximo se ha adaptado y en las últimas décadas adulterado.
Aquí radica la importancia de este ciclo de 12 días: pone en contacto el pasado con el presente y es una promesa de futuro. Lo que han hecho cientos de generaciones en el decurso de milenios, es una "tradición", un patrimonio ancestral, lo que une a los hombres del presente con su pasado más remoto; las fiestas y celebraciones de este ciclo muestran a los hombres de hoy, cuales eran los principios y la concepción del mundo de sus ancestros. Tal es uno de los sentidos, hoy perdido, que convendría recuperar.
Otro pueblo indo-europeo, los germanos, conservó para esas fechas unos contenidos análogos. Cuando se acercaban las fiestas solsticiales, los germanos enviaban mensajeros a lo alto de las montañas para que anunciaran el próximo retorno del sol. Este se producía en la noche del solsticio; entonces, grandes hogueras eran encendidas en homenaje y los clanes celebraban sus ágapes.
Para los germanos -y por extensión para los pueblos nórdicos- el "solsticio de invierno" y las fiestas que seguían eran un remedo del Raknarök, el "crepúsculo de los dioses". Liberado, el lobo Fenrir -símbolo de las fuerzas caóticas y tempestuosas- rompe sus cadenas y devora los cielos y la tierra; el sol mismo es tragado por la fiera. Pero en el final del relato del Edda, el sol es reemplazado por su hija, gracias a la gesta del dios Vidarr, llamado el "As silencioso". En el universo romano, Angerona, diosa del solsticio, representada en actitud de demandar silencio, y con la boca vendada, es el equivalente; la conclusión es simple, hubo un tiempo en el que el ciclo de Navidad de celebraba en recogimiento y silencio...
Los hindúes celebraban en esas fechas el "deva-yana", fiesta de la vía de los dioses, en oposición a la fiesta de "pitri-yana", vía de los antepasados, que tenía lugar en el solsticio de verano. En la celebración de esta última fiesta adquiría gran importancia el fuego. Era en el fuego en donde se creía que residía el espíritu de los antepasados, que una vez muertos, pasaban a ser dioses tutelares del hogar; este mismo culto se transmite a Roma en los altares domésticos destinados a los dioses lares.
En el transcurso de los siglos, con la dispersión de los pueblos indo-europeos y sus mezclas, se alteraron parte de estos significados: en la Europa del sur desaparecieron las hogueras del solsticio de invierno, que, sin embargo, se conservaron en el Norte; mientras, en el solsticio de verano, algunas publaciones del sur, siguen realizando hogueras análogas. Pero siempre, en todos ellos, es posible reconocer la importancia que el eje solsticial -es decir, solar- tuvo para ellos.
JANO: LA RENOVACION DEL TIEMPO
Uno de los dioses menos conocidos y más populares del panteón romano era Jano. Dios de las puertas y de los caminos, dios de la guerra y de la paz, del principio y del final, era un dios bifronte (en ocasiones cuatrifonte) uno de cuyos rostros miraba hacia una dirección y el otro hacia la opuesta. Su culto había sido instalado por Rómulo, fundador mítico de Roma, y tiene su paralelo en otros dioses indoeuropeos, Vâyn y Heimdal, por ejemplo. San Pedro, asociado, como Jano, a las llaves y "portero" de los Cielos, es su equivalente cristianizado. Las puertas del templo de Jano en Roma se abrían cada vez que había guerra y se cerraban con la paz.
Su importancia hizo que el primer mes del año tuviera su nombre: Janus, Januariis, mes de Jano, del que deriva Enero. Roma entera brindaba en honor del dios en la fiesta que le era consagrada: el agonium. Las libaciones y los pasteles (llamados "ianuales") querían representar el deseo de buenos augurios.
Su fiesta se celebraba el día 1 de enero, momento en el que el tiempo quedaba renovado con el nacimiento de un año nuevo. El templo de Jano era cuadrado y tenía su antítesis en el culto a Vesta, cuyo templo era redondo. El uno era el tiempo de los hombres, el otro el de los dioses, el uno, en su trazado cuadrado, indicaba que todo lo humano tiene un principio, un crecimiento, un declive y una muerte; el otro, el de Vesta, con su fuego sagrada ardiendo en el centro, aludía a un mundo de esencias eternas e intangibles, sin principio, ni final, el mundo de lo trascendente.
Jano preside el año: situado justo en el centro del ciclo de 12 días, entre Navidad y Epifanía, era un jalón intermedio entre una y otra fiesta.
Con el curso del Sol Invencible
Nuestros primeros antepasados observaron que a partir del Solsticio de Verano el Sol parecía alejarse de la elíptica, hasta que en la noche del 22 de diciembre llegaba a su punto más bajo y parecía cansado y sin fuerzas para volver a elevarse. Sin embargo, después de tres noches, al concluir la del 25 de diciembre, el Sol resucitaba y reemprendía su curso triunfante que le llevaría, de nuevo, hasta el punto más alto en el Solsticio de Verano.
Análogamente, podemos decir que nunca como ahora, nuestra Patria, pero también todos nuestros pueblos de origen indoeuropeo, jamás hemos vivido una crisis tan grave como la actual. Pero también para nosotros, como para el eterno Sol Invencible existe un futuro y un mañana que nos pertenece, tal como dice la antigua saga:
"Pronto se oirá un susurro que nos ordene: ¡despertad!
Patria, patria, muéstranos la señal
Que nuestros hijos esperan ver.
Llegará el mañana cuando el mundo sea nuevo
El mañana nos pertenece"
El curso del Sol Invencible y su enseñanza es esa señal que esperamos perciban nuestros compatriotas.
En la noche del 25 de diciembre, Sirius, la estrella de más brillante del firmamento, conocida como "la estrella de Oriente", se alinea con las tres estrellas que forman el Cinturón de Orion, llamados también "los tres reyes magos" que parecen seguirla. Esa alineación marca el lugar por donde saldrá al Sol Invencible en el siguiente amanecer.
No es raro que el Evangelio hable de una Estrella que "señala el camino de los magos" al lugar por donde nacerá el Sol. No es raro también que Bethlem quiera decir "la casa del trigo", pues no en vano todo esto tiene lugar cuando el Sol nace en la constelación de Virgo, cuyo símbolo tradicional es una mujer que lleva una gavilla de trigo. ¿Hay que recordar que el símbolo astrológico de Virgo es un M modificada y, la inicial de María, madre de Jesús, llamado también el "Sol del mundo"?
Cuando el Sol empieza a elevarse el 25 de diciembre, lo hace bajo la constelación de la Cruz del Sur; por eso los antiguos decían que después de estar tres días muerto en la Cruz, el Sol Invencible resucitaba y se alzaba nuevamente hacia el cielo. Un Dios muerto en la Cruz y resucitado al tercer día, la historia suena ¿verdad?, sólo que explicando el cursos de los astros del firmamento, se entiende mucho mejor. Sea como sea que se cuente, refleja al Dios más antiguo que conocieron los seres humanos: el Sol Invencible.
La historia de nuestros pueblos indica que han sido capaces de sobreponerse, como el Sol, a todas las crisis y a las situaciones en las que todo parecía perdido. La raza de Aquiles y del Cid, la raza de Arturo y de los caballeros cruzados, la raza de los hoplitas de Esparta y de los luchadores de Lepanto, no se extinguirá aquí, sólo porque una banda de buitres carroñeros atrincherados en sus bancos y de políticos corruptos hagan un frente común. Desde los albores de la Historia, nuestra raza no ha conocido otra tarea que el combate. Ese mismo combate es la prueba a superar, el desafío siempre presente que todas las generaciones han debido soportar para mostrar su valía.
Hoy, cuando la Patria se ve ensombrecida por nubarrones amenazantes, cuando ya ni siquiera parecen existir el puñado de soldados dispuestos a salvar la civilización que proclamaba Spengler, hoy precisamente, en la noche del Solsticio de Invierno, en la noche del renacimiento del Sol Invencible, algunos tenemos la firme convicción de que el espíritu de Europa jamás se extinguirá mientras la voluntad de permanecer siga existiendo en algunos de nosotros. Somos muchos en Europa los que esperamos oír el susurro que nos llame al combate.
Porque aunque el Sol renaciera en el horizonte millones de años, no serviría de nada si ese mismo Sol Invencible no estuviera también presente en nuestro corazón pues, no en vano, lo que es el centro del sistema solar es también el centro de nuestro ser.
Así pues, en esta noche oscura del Solsticio, os deseo una buena lucha y ¡que el Sol Invencible nazca en vuestros corazones y os alumbre!
© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – htpp//infokrisis.blogia.com
EL ISLAM MODERADO: ¿UNA LITERATURA DE FICCIÓN?. Serafín Fanjul
Infokrisis.- Las opiniones de los expertos siempre son como para tenerlas en cuenta, aparezcan donde aparezcan. Nadie duda que Serafín Fanjul, catedrático de Literatura Árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, es uno de los especialistas en la materia cuya opinión no puede tomarse a la ligera. En la revista de FAES, Cuadernos de Pensamiento Político nº 21, correspondiente al primer trimestre de 2009, hemos encontrado este artículo que introduce elementos irrebatibles sobre las posibilidades de convivencia con el tan cacareado "Islam moderado". Son pocas, nos sugiere Fanjul. Y lo explica abundantemente ofreciendo una panorámida de ese "Islam moderado"... justo en los días en los que nueve islamistas han sido detenidos en Reus después de juzgar, condenar a muerte y secuestrar a una mujer "adúltera"... justo como en el siglo XIII. El tiempo no pasa para el Islam. Animamos a leer las obras de Serafín Fanjul que en materia islámica es una autoridad universalmente reconocida.
EL ISLAM MODERADO: ¿UNA LITERATURA DE FICCIÓN?.
Serafín Fanjul
La propuesta de diálogo, aproximación, o al menos coexistencia, entre religiones es, quizás, tan vieja como la Humanidad. La precisión de armonizar unas y otras cosmogonías y sistemas de valores, también, aunque proceda de un interés concreto digno de aplauso -la superviven-cia en paz de las respectivas comunidades- una vez abandonado el intento, cuando lo hubo, de convertir y absorber al Otro. Los panteones de la Antigüedad se fueron ampliando a medida que surgían nuevos dioses, impulsados por nuevas ideas o necesidades, por contacto o choque con pueblos vencidos o recién llegados. En la América prehispánica sucedió algo similar.
Por lo que a nosotros respecta, en Europa occidental, debemos recor-dar que la irrupción del Islam provocó una conmoción de la que, muy lentamente, la sociedad europea neolatina se fue recuperando a lo largo de siglos, en paralelo al avance de la Reconquista hispana, el reequilibrio en el Mediterráneo, las Cruzadas y, finalmente, la penetración comercial en el norte de África de diversas potencias ibéricas o italianas, todavía en la Baja Edad Media.
Pero todo ese proceso de reasunción del poder económico, cultural e ideológico en el Mare Nostrum se vio truncado por la toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453. El Islam, frenado y en fuga desde el siglo XI, volvía a ser el peligro anterior. Fruto de aquel estado de ánimo de la excitación consiguiente, es la obra de Juan de Segovia (De mittendo gla dio Divini Spiritus in corda Sarracenorum) en la que propone seguir una vía de acercamiento pacífico -y hasta pacifista- a los musulmanes (aprendizaje del árabe, estudio del Corán, cotejo y discusión de pasajes bíblicos y coránicos, etc.) con el objetivo manifiesto de terminar convirtiéndolos al Cristianismo, pero sin renunciar al intercambio de ideas, el respeto mutuo y la profundización en el conocimiento recíproco, entiéndase el diálogo y el talante, que dirían hoy algunos. El ejemplo de fray Anselmo de Turmeda. converso en Túnez al Islam siglos antes y transmutado en furibundo anticristiano -o de otros semejantes- no pareció arredrar a Segovia.
El clamoroso fracaso de la evangelización pacífica emprendida por fray Hernando de Talavera en la Granada recién reconquistada, unas décadas más tarde, sólo vino a abonar y dejar dramáticamente al aire la endeblez de esta clase de embelecos. Aunque, todo hay que decirlo, no se buscaba la convivencia (objetivo exótico en el tiempo) sino la conversión final de los infieles.
Desde entonces -desde aquellas fallidas aproximaciones buenistas- se han sucedido diversos intentos de diálogo, sobre todo en países o ciuda-des cuya historia constituye un permanente lugar común de "cruce de culturas", "mestizaje de civilizaciones", o "convivencia (por supuesto, gozosa y fructífera) de religiones". Roma, Tierra Santa o algunas capitales provinciales de España han sido los escenarios de tales gestos retóricos, invariablemente sin resultado alguno. El último, del 4 al 6 de noviembre de 2008, patrocinado por el Papa Benedicto XVI, que cumple de tal guisa con su obligación de procurar la paz y el entendimiento en el seno de la Humanidad, aunque tampoco haya avanzado un milímetro. No obstante, nuestro propósito en estas páginas no es tanto analizar y discutir la utilidad de tales esfuerzos -especialmente desarrollados por la Iglesia Católica- como abordar la actitud de los interlocutores que se buscan en el otro lado, de quienes -desde luego- podremos dudar en cuanto a su sinceridad e intenciones, pero no en lo referente a su representatividad: ellos sí son un fiel exponente de la mentalidad e ideología de base que, sin ser violentas, por ahora, o participar en las acciones terroristas, las hacen posibles, como caldo de cultivo y punto de partida de los asesinos.
Debemos resaltar que la iniciativa del Papa -como sucedía a Juan de Segovia- es consecuencia de la perplejidad y marasmo de la democracia y las sociedades occidentales, que no saben cómo reaccionar ante los sucesivos mazazos terroristas islámicos desde 2001, y ni siquiera interpretarlos. Con todo el trasfondo de confrontación y odio que destapan, arrumbando por ilusorias cuantas cogitaciones surgieron en paralelo al fin de la Guerra Fría y de la consiguiente Pax Americana. Pero los poderes públicos de Occidente quieren recetas mágicas, pacíficas, bondadosas y sin coste alguno en la política interior de las naciones, algo que permita soslayar los únicos métodos conocidos hasta la fecha para defenderse de enemigos exteriores. Decir que esa mercancía no existe tiene mala prensa, porque los altos responsables huyen de compromisos y complicaciones y de asumir la crudeza de la situación en su totalidad. Hoy como ayer, el enfrentamiento induce a buscar un acuerdo pacífico para la mera coexistencia, abandonada ya la idea de cristianizar a los musulmanes, al menos por parte de la Iglesia Católica. Y mientras unos musulmanes acuden a Roma con su habitual repertorio de declaraciones grandiosas o victimistas bajo el brazo, en el último año hemos asistido a la campaña contra Robert Redeker, a raíz del artículo en que ponía en guardia contra el islamismo y su nula intención de integrarse; una oleada de intoxicación con amenazas de muerte para el perseguido, bien resumida y dirigida por L'Humanité. "Robert Redeker, ex profesor de una Francia propia de la época de Luis Felipe y sin duda nostálgico de un Tercer Estado antirrepublicano (...) como en los mejores, momentos del catecismo petainista, los perros de la reacción andan sueltos", condena insultante bien acompañada por una catarata de llamamientos a asesinarle en las páginas web islamistas, un camino ya conocido, por el que -a la fuerza- han hecho transitar a Magdi Ayaan Hirsi o, antaño, a Salman Rushdie.
La agresividad mostrada por los musulmanes en los últimos diez años es consecuencia directa de los amplísimos vacíos dejados por el fin de la expansión occidental, lo que Huntington, recientemente fallecido, sinte-tiza bien: "...el Islam, una civilización diferente cuya gente está conven-cida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder". Occidente creía en la universalidad de su cultura, pero el fortalecimiento de los otros les induce a pregonar cada vez más sus valores, instituciones y formas de vida, olvidados ya de los tiempos en que, por su propia debilidad, se acogían y servían de conceptos occidentales como liberalismo, democracia, autodeterminación... A medida que se fortalecen, los niegan y niegan la universalidad de los valores occidentales, bien auxiliados -eso sí- por europeos y norteamericanos gozosos en la autoflagelación, por complejos o por cálculo, que de todo hay.
En estos instantes, uno de los tópicos más repetidos entre periodistas, políticos, juristas e intelectuales en general bascula sobre las "grandes diferencias" existentes entre unos y otros musulmanes, ya sea en la simple proyección de la Geografía (Indonesia y Marruecos deben ser países muy distintos) o en la valoración de los diferentes grados de agresividad, proselitismo militante y hasta violencia de los activistas islámicos que operan en nuestros países. Suena lógico. No obstante -experiencia realizada por este autor en numerosas ocasiones-, muy pocas personas saben aclarar en qué consisten las diferencias entre unos y otros musulmanes, ni grosso modo. El señuelo de formas más suaves sirve eficazmente para descuidar la absoluta coincidencia de objetivos de unos y otros: la islamización total del Planeta y la venganza histórica por los agravios recibidos de nuestra parte, según ellos, mediante el arrasamiento de todas las culturas preexistentes, tal como han hecho en los países donde el Islam se convirtió en confesión hegemónica.
Con todo, es innegable la existencia en Europa y EE.UU. de musul-manes de origen que no han roto amarras con el Islam y que intentan ar-ticular unas normas prácticas de convivencia con las sociedades de acogida, teorizando en algunos casos y tratando siempre de armonizar el agua y el aceite. Es dificil medir cuál es el grado de compromiso y sincera creencia islámica que mantienen estas personas, o su lealtad para con sus nuevos países. También hay otros -escasísimos- abiertamente críticos con su religión y sociedad de origen y cuya efectividad es muy reducida, primero por vivir en el extranjero y, segundo, porque sus opiniones están condenadas de antemano al haberse salido, más por las malas que por las buenas, de la umma. Tal vez el tipo más frecuente es el del musulmán moderado -del cual hay nutrida nómina en toda Europa, pero de manera especial en Francia y el Reino Unido- que vivaquea a cuerpo de rey por universidades, Gobiernos locales, editoriales e instituciones varias recitando letanías victi-mistas entreveradas con llamadas retóricas a la paz, la hermandad y la to-lerancia.
Sin duda, Bassa Tibi es el mejor representante y teorizador de la línea integracionista de los inmigrantes, como él mismo la denomina, para dis-tinguirla de la asimilación total. Obviamente, rechaza tanto los intentos xenófobos de aislar a los recién venidos mediante la "acentuación de las diferencias para mantener a los extraños lejos de Europa", como el relati-vismo tragasables de los multiculturalistas, dispuestos a aceptar cualquier diferencia por mucho que rechinen el Estado de derecho, la igualdad bá-sica de los seres humanos y la imprescindible libertad de una sociedad ci-vilizada, facilitando en la práctica la constitución de guetos y la separación, bien que voluntaria, de los musulmanes. Por caminos opuestos se alcanza un mismo resultado. A Tibi no se le escapa que "aunque en absoluto multiculturalistas, los islamistas que viven entre los inmigrantes de Europa muestran una simpatía mayor por esas posiciones que por la integración democrática. La razón es bien sencilla, han comprendido perfectamente que pueden instrumentalizarlas para sus fines fundamentalistas. Así, confunden deliberadamente la asimilación y la integración política, con el objetivo de impedir esta última".
Es decir, el fundamentalismo islámico hará cuanto pueda para ahondar el abismo e impedir la integración, pues en ese aislamiento no tendrán rival en el control y manejo de las comunidades inmigradas, aunque esas actitudes generen un rechazo progresivamente más fuerte entre la población mayoritaria, en especial si los Gobiernos europeos conceden privilegios inadmisibles de cara a nuestros ordenamientos jurídicos y hábitos culturales, tal la autorización legal o encubierta de la poligamia, la permisividad con la ablación o diversas formas de discriminación positiva en terrenos económicos escabrosísimos para las capas bajas de la sociedad europea (bonificaciones, exenciones, adjudicaciones de viviendas, becas, atención sanitaria, etc.). Los islamistas buscan y aprovechan la acentuación de las contradicciones tratando de provocar el mayor desagrado posible en la población europea -aunque, por supuesto, aseguran querer lo contrario-, por ejemplo en la exhibición de símbolos y signos externos que choquen a los hábitos corrientes, a fin de agrandar el abismo entre unos y otros. Más abajo veremos algún caso notable.
Tibi, consciente del doble rasero que utilizan los musulmanes al enta-blar el famoso diálogo con los occidentales, recuerda cómo el imán de Jericó, en uno de tantos encuentros islamo-cristianos en Córdoba (1998) definía a la perfección el panorama: "Me hallo en conflicto conmigo mismo. Cuando ustedes hablan de diálogo quieren decir intercambio in-telectual; para mí hiwar (diálogo) es sinónimo de da `wa (exhorto a la is-lamización)". En definitiva, Tibi pretende un diálogo sincero en que se busquen los puntos comunes positivos para fundamentar una cultura cívica, pero sin pasar por alto los puntos de desacuerdo y sin incurrir en forma alguna de proselitismo al estilo del susodicho imán.
Muy otro es el caso de la también siria Wafá Sultán, refugiada en Estados Unidos. Psicóloga que ha denunciado por igual al régimen tiránico de la familia Asad y a los Hermanos Musulmanes, sus antagonistas. Para ella, el choque es entre civilización y barbarie, entre lo primitivo y la racionalidad: "El choque que contemplamos en todo el mundo, no es un choque de religiones, o de civilizaciones. Es un choque entre dos polos opuestos, entre dos eras, entre una mentalidad que pertenece a la Edad Media y otra que pertenece al siglo XXI. Es un choque entre la civilización y el retroceso, entre la barbarie y la racionalidad. Es un choque entre la libertad y la opresión, entre la democracia y la dictadura. Entre los derechos humanos y la violación de estos derechos, entre aquellos que tratan a las mujeres como a bestias y aquellos que las tratan como a seres humanos. (...) Los musulmanes fueron quienes empezaron el choque de civilizaciones. El Profeta del Islam dijo: 'Se me ha ordenado combatir contra las gentes hasta que crean en Alá y Su Mensajero'. Cuando los musulmanes dividieron a la gente entre musulmanes y no musulmanes y llamaron a luchar contra los demás hasta que éstos creyesen en lo que creían ellos, ellos empezaron este choque. Para detener este choque deben reexaminar su bibliografia islámica, que está repleta de alusiones al takfir y a combatir a los infieles".
Wafá Sultán aúna sinceridad, lucidez y valor de modo muy inusual entre árabes y se pronuncia por la aconfesionalidad, respeto para todas las creencias, defensa de los derechos individuales, sentido de reciproci-dad con los demás seres humanos y fuerte carga autocrítica, abandonando el victimismo y preguntándose por sus deberes -y los de su cultura y sociedad de origen- para con el resto de las gentes. Con árabes y musulmanes así es fácil entenderse y con ellos huelgan las actitudes defensivas. El problema, no baladí, es que ella, como Tibi, hubieron de expatriarse para continuar con vida, con lo cual su mensaje y capacidad de influencia menguan de modo dramático.
Y no otro es el caso de los escritores, musulmanes de origen pero no árabes, firmantes de un manifiesto, a raíz del incidente de las caricaturas de Mahoma, en protesta contra el entreguismo y cobardía de los Gobiernos europeos: "Rechazamos el relativismo cultural, que consiste en aceptar que los hombres y mujeres de cultura musulmana deben ser privados del derecho a la igualdad, la libertad y los valores seculares en el nombre del respeto por culturas y tradiciones. Rechazamos renunciar a nuestro espíritu crítico por miedo a ser acusados de `islamofobia', un concepto desafortunado que confunde la crítica del Islam como religión con la estigmatización de sus creyentes". Y firman Ayaan Hirsi Ali, somalí exiliada en EE.UU.; Chahlia Chafiq, escritora iraní exiliada en Francia; Irshad Manji, periodista refugiada en Canadá; Mehdí Mozaffari, profesor iraní exiliado en Dinamarca; Taslima Nasreen, de Bangladesh, perseguida por apostasía; Salmán Rushdie; Ibn Warraq, autor de Por qué no soy musulmán.
Un ejemplo intermedio, más moderado (sin comillas ni apostilla nin-guna) es el de la tunecina Kalthoum Meziou que en El Islam plural hace un análisis y crítica demoledora del derecho de familia islámico, resaltando sus arcaicos aspectos patriarcales, su carácter fosilizado y la desigualdad innegable que en detrimento de la mujer sacraliza. Con gran clarividencia describe la situación: "A finales del siglo IV de la Hégira, y a fin de proteger su fe, los ulemas decidieron 'cerrar las puertas del iytihad' , con lo que finaliza el esfuerzo creador. Ya no podrán dictar el derecho, crear la norma jurídica u ofrecer su propia interpretación del Corán y de la Sunna, sólo podrán aplicar, explicar o a lo sumo interpretar la doctrina tal como está establecida en cada rito. El conjunto de la obra, a pesar de todo esencialmente doctrinal y humana, se sacraliza y se convierte en algo intangible.
Esos conceptos se elevan entonces al rango de normas islámicas eternas, consideradas a partir de ese momento como un verdadero código del de-recho musulmán, como un artículo de fe. Se instala entonces una desvia-ción sobre un malentendido histórico: el derecho es intangible porque se percibe como algo religioso (...) Cuando al orden social patriarcal que afirma la supremacía masculina se le opone una ideología moderna de igualdad, el debate desemboca invariablemente en la lectura interpretativa del texto sagrado y de la Shari'a como fuente fundamental del derecho. Los enfrentamientos cristalizan en torno a la pluralidad de lecturas del Corán, sin que se eleve ninguna voz para invalidar la vocación del texto para gobernar lo temporal. Es cierto que hay que realizar reformas, pero deben hacerse en el seno del marco fijado por la ley religiosa". Así pues, continúan vigentes principios inadmisibles en el obligado plano de igualdad entre seres humanos: prohibición de matrimonio entre una mujer musulmana y un no musulmán; derecho del hombre a casarse con más de una mujer (excepto en Túnez); obligación sólo para la mujer de tener en cuenta que su futuro marido sea su igual en condición socioeconómica; deber de la esposa de obedecer y respetar a su cónyuge como jefe de la familia, lo cual implica plenos poderes para prohibirle salir, viajar, estudiar, trabajar, etc.
Esfuerzos como el de K. Meziou se ven complementados por los de ciertos reformistas cuyas intenciones, más angelicales que buenas, tienen poco o nada que ver con la realidad social de los países y gentes a quienes van dirigidas. Uno de ellos, el argelino Malek Chebel (ver MEMRI, Investigación y Análisis, n° 273) apunta 27 propuestas para reformar el Islam. La infame traducción a nuestra lengua del texto de MEMRI dificulta no poco su inteligibilidad en numerosos puntos y en otros induce directamente al error (por ejemplo al llamar "Iluminados Europeos del 18" a los Ilustrados del XVIII), pero a pesar de esta impresentable lacra podemos colegir la dirección del autor: una reinterpretación del Corán y superioridad de la razón por encima de la fe, si bien se contradice al descartar el ateísmo porque "nada muy importante es logrado fuera del esquema de trabajo de la religión" (sic). Su obra Maniféste pour un Islam des lumiéres (título traducido al español como Manifiesto para un Islam Iluminado), sugiere el uso de los términos munawwir (que ilumina) y munawwar (iluminado), tan utilizados por los integristas y por toda la tradición musulmana, con lo cual el autor está marcando claramente su designio de mantenerse bien anclado en el campo islámico pese a divagaciones mejor o peor digeridas en torno al ecologismo, la bioética, la promoción del sentido lúdico, los medios de comunicación, etc., o el exhorto a combatir conceptos y procedimientos salvajes -por suerte superados entre nosotros luengos años ha- que nos pueden parecer casi exóticos y que, sin embargo, en los países islámicos aún son el pan nuestro de cada día, por lo que las propuestas de Chebel podrían tenerse por novedosas (fetuas de condenas a muerte, yihad, castigos corporales, ablación, esclavitud, crímenes de honor, etc.).
Entre las observaciones de Chebel se cuentan algunas de importancia, tratándose de un musulmán, como: superioridad del individuo sobre la umma y de los seres humanos sobre la religión, defensa de los cambios culturales y de la libertad de pensamiento, exhorto a Europa para que no sea tan indulgente con los islamistas y a fin de que los medios de comunicación no les presten tanta cobertura, etc. Junto a estas ideas aparecen otras (combatir la corrupción o que los tribunales sean independientes), pero el mayor problema reside en que cae en los mismos enfoques obtusos de cualquier integrista, quizá inconscientemente -porque su formación ahí le lleva- o por saber demasiado bien que abordar esos temas le sitúa enfrente de la opinión de la inmensa mayoría de musulmanes, por ejemplo en el caso de las caricaturas danesas, que para él son "una provocación", con lo cual se comprueba que Chebel no se ha soltado mucho el pelo.
Mas éste es un caso puntual y anecdótico, lo verdaderamente grave, a nuestro juicio, es que incurre en idéntico espejismo que los integristas más extremos y barbados: hay que intentar la búsqueda de la regeneración en el Islam primitivo. Así nos encontramos de nuevo ante el mito del Islam perfecto luego degenerado por la acción política y por la maldad de los europeos y de algunos musulmanes que no supieron, o no quisieron, aplicar las enseñanzas de modernidad, libertad y tolerancia que el Islam aportaba. Pero la realidad es que el implacable control de la sociedad por el Islam impide el surgimiento, incluso en formas testimoniales, de grupos organizados que osen poner en discusión las creencias y la sumisión generales. La tendencia humana, tan corriente en todas las latitudes, a la aceptación de lo existente, aunque no más se corporeice en la inhibición, en las comunidades islámicas se acentúa debido al carácter fundamental de la misma fe y, por tanto, cualquier intento de innovación (bid a) sufre la condena no sólo de la oligarquía religiosa que impone las pautas y dictamina cuáles son los límites entre lícito (halal) e ilícito (haram), sino entre la masa de la población en proporciones abrumadoras. Los escandalosos ejemplos de Nasr Abu Zayd y Nawal as-Sa`dawi, en Egipto, por sostener obviedades en el plano filosófico y hasta histórico (v.g., que el Islam ha conservado pervivencias preislámicas en liturgia y creencias), se saldaron con el exilio del uno y la artificiosa protección de la otra por el Gobierno egipcio. Propuestas como las de Malek Chebel están condenadas al fracaso de antemano, por elaborarse y difundirse en Europa y por seguir moviéndose en el terreno de aceptación de la tradición musulmana a pies juntillas, es decir, con las reglas de juego impuestas por la ideología que pretenden combatir. Incluso es dudoso su éxito entre las comunidades trasplantadas a nuestro continente, dada la radicalización islamista cada vez más perceptible entre ellas.
Entrar en juicios de intenciones y condenar las grandilocuentes palabras de alguien, entendiendo, justamente, lo contrario de cuanto dice, puede ser tildado, a su vez, de mal intencionado, pero cuando se sigue su trayectoria y se le ve defendiendo, so color de diversidad cultural, el desprecio simple y llanamente de la igualdad y libertad de todos los seres humanos, tal como las consagran las constituciones occidentales, no parece que estemos pecando de suspicaces o malintencionados, máxime si los supuestos moderados eluden, de manera sistemática, la condena, hasta verbal, de crímenes masivos como los del 11-S, 11-M o el reciente asalto a Bombay. Ni siquiera se molestan en acudir a la taqiya (ocultación), admitida legal y moralmente en el Islam, de los verdaderos sentimientos religiosos, en situación de necesidad o inferioridad frente a la comunidad dominante no musulmana. La razón de esta desvergüenza es clara: necesitan mantener a su parroquia de integristas contenta para no perder su apoyo. Tal vez el lector ya haya comprendido que nos referimos a personajes como Tariq Ramadán, nieto del fundador de los Hermanos Musulmanes, Hasan al-Banna, quien hace años sostenía el derecho de los musulmanes a mantenerse al margen de la sociedad -confundiendo signos externos con creencia íntima, en la línea islámica habitual- mientras, al tiempo, exigía que se les tuviera por europeos perfectamente integrados, es decir, la cuadratura del círculo, o, dicho de otro modo, recibir sin dar nada a cambio. Reduciendo la confrontación a lo que denomina particularidades culturales (vestido, música, "gestión del espacio cuando se trata de hombres y mujeres": ¡qué modo de esquivar el concepto de desigualdad entre sexos!), elude los verdaderos problemas de fondo: derecho a la apostasía, libertad de la mujer para decidir sobre su propia vida, igualdad ante la ley, o respeto a todas las creencias religiosas en los países de hegemonía musulmana. Limita la cuestión a la mera caricatura folklórica, porque, en efecto, en sí mismo, es irrelevante que una mujer se cubra o no la cabeza, pero no lo es que no se la pueda reconocer por taparse la cara, o que, mediante la simple pañoleta, esté marcando un abismo insalvable con la sociedad que la rodea, en especial la masculina.
De manera incomprensible, este individuo -que, invitado a Madrid, se negó a condenar los asesinatos del 11-M- es tenido por prestigioso y mo-derado, cuando viene a representar el integrismo más brutal y descarnado, envolviéndolo en palabrería reiterativa y hueca y lanzando perogrulladas que, por su simpleza, sonrojan a cualquier ser pensante: "La confirmación abierta y positiva de la identidad musulmana es una realidad concreta, como hemos descubierto, como lo es la integración del ciudadano, de facto. Lejos de ser una mentalidad de gueto, la mayoría de musulmanes optan por una presencia serena y abierta y algunos llegarán hasta a proponer una 'cultura musulmana europea. Vemos los consiguientes redobles de una 'integración íntima en la sociedad europea, que debería ser objetiva y la finalidad de cualquier sociedad plural, que respete el concepto de identidad y diferencia'". La única explicación que hallamos para el éxito de este personaje es la necesidad de amplios sectores intelectuales y hasta gubernamentales europeos de que aparezca alguien a contarles lo que quieren oír, para poder evitar todavía por un tiempo el enfrentamiento con la realidad, incomodísima.
En un artículo reciente (Le Monde, 4-11-08) Ramadán preparaba su en-trevista con el Papa de dos días más tarde: "Nuestro diálogo constructivo sobre los valores y las finalidades comunes es más importante e imperativo que nuestras rivalidades sobre el número de fieles, el proselitismo y la rivalidad baldía en torno a la posesión de la Verdad. Los espíritus dogmáticos trabajan en ambas religiones contra sus propios intereses. Cualquiera que afirme que él es el único poseedor de la verdad y que 'los otros son la mentira' está ya equivocándose. Nuestro diálogo debe luchar contra las tentaciones dogmáticas apoyándose en un diálogo profundo, crítico y siempre respetuoso (...). Hay que empezar un diálogo sobre las civilizaciones. El miedo al presente a veces nos hace contemplar el pasado con un prisma deformado: sorprendentemente, el Papa aseveró que las raíces de Europa eran griegas y cristianas, como para conjurar la amenaza actual de la presencia musulmana en Europa. Su interpretación es reduccionista". Aparte de las inevitables llamadas al "respeto" y al "diálogo" (con la no menos ineludible condena del dogmatismo), Ramadán muestra su auténtica predisposición al calificar de sorprendente la afirmación de que las raíces europeas son griegas y cristianas. Pero claro que esos fundamentos religiosos y culturales -con las sociedades resultantes- son los nuestros. Y si añadimos otros habremos de hablar de elementos latinos y germánicos y, en el Este europeo, eslavos; y muy poco -en algún país del Sur, como España- de vagas reminiscencias árabo-musulmanas en proporciones menos que reducidas en alguna región: la Alhambra y la Mezquita de Córdoba despistan y vuelven estrábicos a quienes se quedan en la superficie de las cosas.
En lo referente a España -y perdónese la cita propia- remitimos a nuestras obras Al-Andalus contra España y La quimera de al-Andalus, cuyos argumentos y documentación no reiteraremos aquí. Y la relativa importancia de la transmisión árabe de conocimientos científicos y filosóficos griegos, queda muy atenuada al estudiar a fondo el papel desempeñado -como no podía ser de otro modo- por las Cruzadas y los bizantinos y por cuantos monjes, comerciantes o viajeros varios mantuvieron contactos con ellos (ver Sylvain Gouguenheim, Aristote au Mont Saint-Michel). Pero Ramadán -digámoslo educadamente- con el desparpajo característico de sus orígenes culturales, sugiere la negación de la evidencia -quiénes y cómo somos-, de la misma manera que asegura la existencia de "múltiples" asociaciones islámicas que, en Europa, trabajan por la integración en la sociedad europea, aunque él comienza por reclamar el derecho a las peculiaridades: ficciones y más ficciones de continuo desenmascaradas por los hechos.
Para terminar con Ramadán solo señalaremos una finta dialéctica nada baladí en el susodicho artículo dirigido al Papa: "Habrá que hablar también de la libertad de conciencia, de los lugares de oración y del argumento de la reciprocidad [sic]'. La mala fe es patente, porque suscita algo muy concreto en lo que los musulmanes sólo tienen que ganar y es uno de sus leitmotiv centrales (los lugares de oración, vale decir la Catedral de Córdoba, antigua mezquita, por ejemplo), mientras reduce la gravísima cuestión de la reciprocidad a un mero "argumento", cháchara para entretenerse y nunca tomar en serio.
Estos intelectuales musulmanes, muy relacionados con Europa, se mueven en un victimismo permanente y decepcionante, porque saben que de él extraen excelentes ventajas, personales o colectivas. Mohamed Talbi culpa al ambiente liberal occidental de beneficiar al integrismo y no al Islam moderno y liberal (se sobreentiende que se refiere a sí mismo), aunque nadie responda a la pregunta: ¿dónde está ese Islam liberal y moderno?; Fátima Mernissi (galardonada con el Premio Príncipe de Asturias) se despacha con gusto reduciendo Occidente a militarismo, imperialismo y terror colonial y rematando la condena con la frase "el individualismo, sello de la cultura occidental, es la fuente de toda aflicción"; Mohamed Arkoun, sin el más mínimo atisbo de autocrítica, denuncia "el inconmensurable desconocimiento que tanto en Europa como en Norteamérica impera sobre las causas de los conflictos del Tercer Mundo". El mismo Arkoun -como más arriba veíamos con Rama-dán- selecciona cuidadosamente la terminología al uso en la jerga política actual y las expresiones empleadas, según quiénes sean los aludidos, así habla de "ocupación romana" para referirse a los territorios norteafricanos del Imperio; o menciona la "brutal ruptura puesta en práctica por los Reyes Católicos en 1492 tras la caída de Granada", frente al papel [sic] desempeñado por los otomanos entre 1453 y 1924". El tratamiento lingüístico, nada inocente, no puede ser más desigual al mencionar los abusos de unos y otros.
En tanto Sami NaYr, argelino que vive en Francia, asegura con gran aplomo que el 98% de los inmigrantes musulmanes en Europa están per-fectamente integrados (ABC, 30-04-07), la retórica del chovinismo nacio-nalista árabe más crudo se exhibe sin tapujos en los escritos de Hala Mustafa, con su reiterativa enumeración de agravios, denuestos, amenazas y... pura ignorancia, sin adjetivos: "[Europa] no ha cambiado desde las Cruzadas [U], desde Andalucía [sic] y desde las guerras otomanas. Por eso, y a pesar de sus setenta años de laicismo y de sus fervientes esfuerzos por establecer vínculos económicos y políticos con Occidente, Turquía continúa fuera de la Unión Europea", escribía la autora en un alarde de superficialidad enciclopédica que le permite reducir la militancia islámica, con todas sus consecuencias definsivas, a forma de protesta social, o asimilar "Andalucía" (en realidad, se refiere a la pérdida de al-Andalus, lloriqueo monocorde y obligado en todo intelectual árabe) al conflicto de Palestina.
La enorme conflictividad, interna y externa, de los países islámicos -reflejada por Huntington con datos y números incontestables y que nadie le ha perdonado- pasa desapercibida para casi todos estos intelectuales y la achacan, de modo sistemático, a causas exógenas: los culpables siempre son los demás, de suerte que si, en los 90, de veinte conflictos etnopolíticos en quince estaban involucrados musulmanes con gentes de otras culturas, el escapismo (o lo que más arriba denominábamos piadosamente "aplomo" o "desparpajo") exige que Israel, o unos lejanos Reyes Católicos, deban responder de un derecho familiar medieval o unos castigos corporales que se remontan a las ciudades-Estado sumerias. Porque las preocupaciones de los islamistas moderados son otras: restablecer en toda su vigencia la Shari'a, un mayor uso del lenguaje y_ simbolismo religioso, copo de la educación, im-posición en los grados coercitivos que sean necesarios de conductas "islámicas" (alcohol, velo, etc.), mayor control-de los Gobiernos laicos (de laicidad muy discutible, en realidad), solidaridad entre Estados islámicos, rechazo de los Estados nacionales y de su inspirador -dicen- Occidente, retorno a los dorados tiempos del primer Islam, y, desde luego, variedad en las vías para alcanzar un mismo fin. Y en ello están.
Algunos de estos pensadores -como el tunecino Azzam Tamimi- feliz-mente paseados y remunerados en Europa por simposios, congresos y demás zarabandas, nos regalan con páginas exuberantes que, al menos, tienen la virtud de provocar la carcajada, algo muy de agradecer tratándose de textos sociopolíticos: para Tamimi, el sistema democrático occidental tiene su origen en el consejo de notables (shuni) que sucedió a Mahoma y eligió a los primeros califas, en tanto Rashid Gannushi estima que "los europeos se han beneficiado de la civilización islámica para crear ideas profundamente iluminadas de los valores sociales cuyo fruto era la emergencia de la democracia liberal". Pero el terrorífico integrista sudanés Hasan at-Turabi aún mejora la idea situando el arranque de la democracia moderna en el contrato de juramento y homenaje de besamano, en la ceremonia denominada baya. Hay donde elegir, aunque luego se ofendan porque no los tomamos en serio.
Sin embargo, siempre hay quien supere a todos los anteriores y nos deje bien claras las dificultades de entendimiento que padecemos -y padeceremos en el futuro- con quienes carecen de una mínima intención de acuerdo y aproximación. Rudolf el-Kareh ("Savants orientaliestes et crétins idéologiques", en Révue d'Études palestiniennes, n° 89, otoño 2003), en unas páginas cuyo título ya ilustra bien sobre el alcance del contenido, dirige un ataque enloquecido contra Huntington y, sobre todo, contra Bernard Lewis, arabista ante cuya obra hay que descubrirse, pero que presenta la tacha imperdonable de ser asesor de la Administración americana. La avalancha de exabruptos es tan desmesurada que resultaría irrelevante, de no representar bien a los "Estudios palestinos" y a una infinidad de orates que pululan por Internet y con los cuales, habitualmente, no perdemos un minuto de nuestro tiempo. Para El-Kareh, la obra de Lewis se reduce a odio, ignorancia, fantasía, injurias, estupidez, inepcia, obscenidad, panfleto, libelo, sinvergonzonería, propias de un "idiota" y un "memo". La acumulación de insultos, sustantivos, adjetivos y adverbios descalificadores es de tal magnitud que aquí no podemos reproducirla, y la idea central conduce -de manera expresa- a la conclusión de que el británico actúa por "un racismo extremo". No recuerdo nada semejante en ninguna de las siete obras de Lewis que he leído y que sólo me han suscitado admiración y agradecimiento por cuanto en ellas he aprendido, en un tono educado y medido, con excelente documentación y procedimientos argumentativos respetuosos con todo el mundo. Por ejemplo: al formular una crítica a una determinada sociedad musulmana, recuerda de inmediato, valora y compara lo que acaecía en el mismo momento entre los cristianos de Europa o los hinduistas de la India, que tampoco era glorioso. Se mueve en búsqueda continua de equilibrio y contrabalance, tratando de disculpar y comprender en su contexto los fenómenos sociales, en nuestra opinión con exceso. Pero con los improperios de El-Kareh se nos hace presente de nuevo el convencimiento de que esto es lo que hay como línea dominante y decisoria entre los musulmanes, no los ponderados razonamientos de Bassam Tibi; y comprendemos, por enésima vez, que el arabismo con razón puede considerarse un sacerdocio. Un sacerdocio en el que el perdón es mucho más necesario que el ministerio mismo.
(c) Serafín Fanjul
(c) Publicado en Cuadernos de Pensamento Politico nº 21- FAES - Enero Marzo 2009 - ISSN 1696-8441
LOS TEMPLOS DEL SABER. PEQUEÑA HISTORIA DE LAS BIBLIOTECAS
Infokrisis.- Consultar una biblioteca se ha convertido en algo habitual: las hay en los centros de estudio, en los barrios, a cargo de instituciones públicas o privadas; incluso en prisiones, balnearios y sanatorios, siempre existe una sala, un pequeño templo del saber que muestra en sus estanterías preciados tesoros de literatura y ciencia de todos los tiempos. Pero hasta llegar a hoy las bibliotecas han sufrido una larga -y en ocasiones, tortusoa- evolución. Su historia es la historia del saber universal. Su tesoro pertenece a toda la humanidad.
LA BIBLIOTECA DE BABEL
En Sumer, hace más de 4000 años, se empleó por primera ver la escritura para realizar anotaciones contables, luego para escribir mensajes y solo muy tardíamente para componer relatos épicos. Las primeras bibliotecas reunían, en realidad, archivos contables; más adelante, los reyes incluyeron sus crónicas y documenos administrativos. La literatura aún era oral.
Los primeros soportes de la escritura fueron tablillas de arcilla que, una vez cocidas, adquirían la consistencia que les ha permitido alcanzar 4500 años de historia gozando de buena salud. Otros soportes fueron tablillas de madera o marfil recubiertas de cera, utilizados solo para borradores o anotaciones. Los primeros libros se formaron uniendo varias tablillas con cintas o correas que atravesaban unos orificios laterales.
En 1975 se descubrió la biblioteca de Ebba, a 80 km de Alepo, en la actual Siria, incendiada en el siglo XXIII a. de JC. Se encontraron 17 fragmentos de tablillas en dos habitaciones. En aquella remota época la ciudad había tenido varios cientos de escribas que habían redactado incluso varios diccionarios sumerio-ebaitas. Hasta este descubrimiento se creía que la biblioteca más antigua era la de Ur, descubierta hacia 1894 donde se hallaron 70.000 tablillas.
En Ur, las tablillas se guardaban en cestos de mimbre recubiertos de asfalto para evitar la humedad. En la vecina ciudad de Mari, se emplearon rollos de piel para envolver las tablillas, habitualmente de registros administrativos; no fue sino con el descubrimiento de los 30.000 fragmentos contenidos en la biblioteca de Asurbanipal, entre las ruinas de su palacio real, donde aparecio el primer relato épico, el Poema de Gilgamesh, en el que incluso se hacía alusión al diluvio.
EGIPTO: LAS "CASAS DE LA VIDA"
Gracias a la Biblia sabemos que David y Salomón dispusieron de buena biblioteca que contaba con textos escritos sobre tablillas, pieles y, finalmente, en pergaminos; lamentablemente estas bibliotecas se perdieron en el curso de las visicitudes sufridas por Israel. Por el contrario, en 1947 se descubrió por pura casualidad en Qumram, desierto de Judá, un depósito de 200 documentos esenios escritos en rollos de piel cosida. El contenido de estos documentos era de carácter místico y religioso y, entre ellos, se encontraban algunos de los llamados "evangelios apócrifos" que se creían perdidos para siempre.
Los judíos, a su vez, habían tomado ejemplo de los egipcios. La leyenda atribuye al sabio arquitecto Imhotep la creación de la primera biblioteca en el siglo XXVIII a. de JC, pero se trata de mera ficción. Los egipcios llamaban poéticamente a sus bibliotecas "casas de vida". Solo los esccribas estaban en condiciones de leer y escribir, situación que les puso en disposición de ocupar puestos elevados e incluso el trono. Los egipcios trenzando fibras vegetales y luego machacándolas crearon el papiro que, luego, encolado, daba lugar a rollos formados por veinte hojas de pergamino. Los rollos se guardaban en arcones recubiertos de fundas de tela o cuero; las "casas de la vida" estaban frecuentemente en los templos.
CON LOS LIBROS, EN EL MUNDO CLASICO
También los griegos prefirieron la transmisión oral para sus poemas y solo en el siglo V a. de JC, con Pericles, se generalizó el libro y la lectura. Atenas exportó libros escritos en papiro. Fue en el depurado marco cultural ateniense donde aparecieron los primeros bibliófilos, literalmente "amigos de los libros". en el siglo IV a. de JC se abren las primeras bibliotecas si bien las leyendas las ubican el períodos anteriores.
Platón fundó en el 387 a. de JC una escuela para la enseñanza superior: la Academia, que pudo prolongar su vida durante nueve siglos hasta que el emperador Justiniano la clausuró en el 524. Platón consideraba a la tradición oral como más viva y efectiva que la escrita, pero pagó una fortuna a cambio de unos manuscritos pitagóricos. En cuanto a Aristóteles, fundador de otra escuela, dedicada al Apolo Licio (de ahí el nombre de "liceo"), reunió para sus alumnos una gran cantidad de libros.
Un gran centro cultural de la antigüedad clásica radicó en Pérgamo, cerca del templo de Atenea y del teatro. Allí, cuenta la leyenda, se inventó el pergamino al prohibir los egipcios la exportación de papiro.
LA MAS FAMOSA BIBLIOTECA DE LA HISTORIA
Cuando Roma conquistó Grecia se preocupó por requisar las bibliotecas que encontró a su paso, por ello las bibliotecas romanas contaron con dos secciones, la de manuscritos griegos y latinos. El préstamo de libros apareció en Roma. La biblioteca Ulpiana, próxima al Foro Trajano, fue una de las más importantes. En Pompeya se hallaron 1800 rollos carbonizados de la biblioteca local. Tras el Edicto de Constantino (313) aparecieron bibliotecas específicamente católicas reunidas por los "Padres de la Iglesia". En ese período algunos católicos extremistas liquidaron a sangre y fuego los restos del paganismo y esto tuvo consecuencias para la biblioteca más famosa de la antigüedad.
Dos hechos marcaron en el siglo IV el fin del paganismo egipcio: el asesinato de la filósofa y matemática Hipatia, muerta a manos de monjes dirigidos por San Cirilo y la destrucción del templo de Serapis y de la Biblioteca de Alejandría por fanáticos cristianos, en el año 390; tres siglos después la destrucción fue consumada por Adb al-Latif siguendo órdenes de Omar, descendiente directo de Mahoma que odiaba literalmente los libros; "el Libro de Dios nos basta" y "no hacen falta libros que no sean el Libro", repetía habitualmente, aludiendo al Corán. Se oponía incluso a que los propios musulmanes escribieran libros, aun inspirados en Mahoma.
La Biblioteca de Alejandría fue fundada por Tolomeo I o Tolomeo II en el 331 a. de JC. en la ciudad levantada por Alejandro Magno. Su primer bibliotecario fue Demetrio de Falera. Cuando Julio César conquistó la ciudad un incendio causó la pérdida de entre 40 y 70.000 volúmenes; las fuentes históricas no se han puesto de acuerdo sobre las causas del siniestro, pero es posible que se tratara de un accidente; es incluso probable que el incendio afectara solo a volúmenes que César había elegido para trasladarlos a Roma.
El 295 fue Diocleciano quien sitió Alejandría sacudida por una violenta rebelión que afectó a Egipto. Al entrar en la ciudad, Diocleciano calló del caballo lo cual interpretó en el sentido que los dioses le ordenaban no destruir la ciudad. Se limitó a purgar la Biblioteca de algunos libros en los que se explicaba la ténica de fabricación del oro. Se perdieron obras de alquimia atribuidas a Salomón, Pitágoras y Hermes.
Al producirse el incendio final ordenado por Omar no quedó rastro de la Biblioteca más famosa de la historia que llegó a albergar casi un millón de volúmenes recopilados pacientemente durante sus 1000 años de existencia. Cuando los europeos volvieron nuevamente a Egipto a finales del siglo XVII, Alejandría era solo un pequeño villorrio poblado por bandidos.
BIZANCIO Y EL ISLAM: DE ORIENTE VINO LA LUZ
El libro era excepcionalmente apreciado en Bizancio donde gran número de personas sabían leer y escribir. Focio, patriarca de Constantinopla escribió en el siglo IX la primera historia de la literatura, llamada "Bibliotheca". Cien años después, Aretas, jerarca de Cesarea era dueño de una gigantesca biblioteca privada con el atractivo de albergar gran número de obras paganas. El Colegio Imperial, albergue de la gran biblioteca de Constantinopla, resultó incendiada por León el Isaurico en el curso de las guerras civiles provocadas por los iconoclastas; ardieron 36.000 volúmenes. En 1204, cuando la ciudad había reconstruido su fondo bibliográfico cuando fue nuevamente saqueada por los cruzados de camino hacia Tierra Santa. Una vez más, Bizancio reunió una gigantesca biblioteca que causó la admiración del español Pedro Tafur que pudo vistarla en 1437 pocos años antes de que los turcos dieran el carpetazo final a la cultura bizantina.
La renovación cultural que vivió Europa a partir del siglo XII no se produjo, sin embargo, gracias al vínculo con Bizancio, sino al redescubrimiento de la cultura clásica, operado por los musulmanes y llegada al viejo continente a través de España. El primer libro escrito en árabe fue el Corán. En el curso de la "égira" se produjeron diversos altibajos culturales, si bien, desde el principio hubo fundamentalistas que no admitían más libro que el Corán, a partir de la dinastía abásida (750-1258) se aceleró el tránsito cultural de Oriente a Occidente. Los abásidas fundaron hospitales y mezquitas, dotadas cada una de su pequeña biblioteca.
LA ERA DE LOS COPISTAS
En Europa Occidental las bibliotecas fueron inicialmente monacales. Los abades nombraban a los bibliotecarios: "Se guardián de los libros y jefe de los copistas" decía la fórmula de nombramiento. A primera hora de la mañana el bibliotecario entregaba un libro a los monjes que lo requerían, y que estos debían devolver por la noche. Entre los monjes orientales se hizo de la caligrafía una arte de meditación; los errores de transcripción se castigaban con régimen a pan y agua en los casos leves y la expulsión del monasterio en los graves. La famosa comunidad del Monte Athos albergó 12.000 volúmenes de teología.
Los monjes de San Columbano, llegados de Irlanda y Bretaña, consideraban imprescindible la existencia de escritorio en sus monasterios, fueron ellos los que difundieron el arte de la caligrafía en toda la Europa monástica. Para los cartujos que habían hecho voto de silencio, el único medio de predicación era la palabra escrita. Hubo entre ellos grandes copistas e iluminadores, como también entre los agustinos.
A partir del siglo XII, empezaron a formarse bibliotecas a la sombra de las catedrales. Alcanzaron gran fama los fondos de la catedral de Verona, utilizados por Petrarca, y los de la Catedral de York en donde se formó Alcuino docto consejero de Carlomagno.
Luego, hacia el 1200, aparecieron los "studium generali", que por la cantidad de materias tratadas terminaron llamándose "universidades". Su enseñanza era fundamentalmente práctica e influyó en el tipo de libros requeridos: ya no hacían falta iluminaciones lujosas y costosísimas, sino libros austeros de divulgación del saber. Era frecuente en aquella época que los libros en universidades y catedrales estuvieran atados por una cadena para impedir la sustracción.
LA PASION POR LOS LIBROS EN LA ITALIA RENACENTISTA
Los Medici, amos y señores de la Florencia renacentista fueron grandes impulsores de las biliotecas. Cosme de Medici, llamado "el Viejo", constituyó un gran patrimonio cultural que fue donado por su hijo al Convento de San Marcos, ardiendo años después. Las bibliotecas de la familia Visconti, de los Reyes de Nápoles, de las casas ducales de Urbino y Ferrara, unida a la constituida por la familia Sforza en el castillo de Pavia, no eran grandes en número (entre 500 y 1000 piezas por término medio), pero si en incunables y libros raros.
También en Italia recibió un fuerte impulso la Biblioteca Vaticana. Se tiene noticia de una primitiva biblioteca papal en el 640, situada en el Palacio de Letrán, pero sus libros se perdieron. Juan XXII, papa exiliado en Avignon durante el siglo XIV, reunió 2.400 volúmenes que fueron restituidos al Vaticano en el siglo XIX. La actual Biblioteca Vaticana es relativamente moderna; fundada por Nicolás V en el siglo XV, reunía fondos pertenecientes a la familia Medici. Como anécdota cabe mencionar que el papa gastó los fondos obtenidos en el jubileo de 1450 en compra de libros escandalizando a la curia y a los sucesores. Sixto IV la abrió al público cuando su fondo ascendía a 3600 textos, constituyendo un modelo para las bibliotecas de su tiempo. El mismo Felipe II la tuvo muy en cuenta cuando decidió abrir la biblitoeca escorialense. Saqueada en el 1527, fue reconstruida, pero poco después Paulo V la cerró al público y solo fue reabierta en 1890. A lo largo de su trayectoria se benefició de importantes donaciones privadas. en la actualidad cuenta con 700.000 obras impresas, 6.000 incunables y 60.000 manuscritos.
LA LARGA MARCHA A LAS BIBLIOTECAS NACIONALES
A partir de este momento se produce un incremento creciente de los fondos de las bibliotecas debido al crecimiento de la enseñanza y a la difusión de la imprenta. Lutero aconsejó que en cada comuna se abriera una biblioteca y éstas tardaron poco en llegar al Nuevo Mundo; los "padres pelegrinos" del May Flower llevaron a Nueva Inglaterra la primera imprenta y el Arzobispo de Méjico, Juan de Zumárraga, la introdujo en las colonias españolas; unos y otros querían apoyar su tarea misional en la genial creación de Gutemberg.
Es también en ese período de consolidación de las monarquías nacionales cuando los reyes fundan bibliotecas que con el devenir del tiempo pasarán a ser las actuales bibliotecas nacionales. La Biblioteca Nacional francesa tendrá su origen en la Biblioteca Real creada por Francisco I e instalada en Fontainebleau. Con Luis XIV, alcanzaría la cifra -astronómica en la época- de 70.000 volúmenes. En el período de la revolución francesa la Asamblea Nacional incautó las bibliotecas del clero y de los nobles exiliados, incrementando exponencialmente su patrimonio. Sin embargo los libros, guardados en almacenes, fueron robados o destrozados por las malas condiciones de almacenamiento y jamás se clasificaron; el abate Gregoire estimó que se perdieron 8 millones de ejemplares; con todo la Biblioteca Nacional tuvo un incremento espectacular cuando la marejada revolucionaria pasó y fue posible abordar su ordenación.
El British Museum es, en la práctica, la biblioteca nacional inglesa; creada en el siglo XVIII a partir de la donación de 3500 manuscritos, 40.000 impresos y centenares de objetos curiosos, realizada por Sir Hans Sloan. A principios del siglo XIX el Parlamento habilitó un edificio para albergar los fondos bibliográficos que habían crecido desmesuradamente. Fue así como se construyó la famosa sala circular tapizada de volúmenes y con capacidad para 500 lectores. Allí se sentaron los más grandes pensadores del siglo XIX con Carlos Marx a la cabeza. El British Museum no admite obras de ficción, tiene un fondo excepcionalmente amplio de publicaciones en otras lenguas y suele comprar todo tipo de monografías, informes, conferencias, traducciones o incluso grabaciones musicales; se estima que está próxima a los 4.000.000 de volúmenes.
LAS BIBLIOTECAS EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL
Hacia finales del siglo XVIII aparecieron las "bibliotecas asociaciativas" en el mundo anglosajón. las bibliotecas asociativas. La primera fue fundada por Benjamín Franklin en 1721, la Library Company of Philadelphia. Mientras, en Inglaterra se hizo habitual grupos de personas crearan cooperativas de libros, compraran un fondo, lo leyeran y posteriormente lo liquidasen; esta costumbre iba unida a la de reunirse para comentar las obras, una práctica que se había extendido por Francia donde los salones privados habían pasado a ser, a lo largo del siglo XVIII, los centros de difusión cultural, algunos de ellos dotados de fondos bibliográficos notables.
En EE.UU., aun antes de la independencia, aparecieron las bibliotecas parroquiales de la mano de la Iglesia Anglicana que luego fueron copiadas por otras confesiones. Era evidente que, por el carácter mismo de estos centros, su influencia resultaba limitada a los fieles, por ello apareció otro tipo de estructura que ha funcionado hasta mediados del siglo XX. Las bibliotecas de préstamo, "circulating library". La adquisición de un bono mensual daba derecho a retirar un cierto número de libros a precios económicos. Más tarde la invención del automóvil dió lugar, ya en pleno siglo XX, a las bibliotecas ambulantes.
Tras la guerra civil americana se extendió la creencia que el ser humano podía alcanzar la perfección a través de la cultura y la enseñanza. Era evidente que, en este contexto, las bibliotecas eran vehículos de primer orden para alcanzar tan loable finalidad. Esta visión, unida a la aparición de una nueva generación de "filántropos" (del griego "philos", amigo y "anthropos" hombre, amigo del hombre), generó un notable impulso a las bibliotecas dependientes de fundaciones o instituciones privadas. Andrew Carnagie fue, sin duda, el mayor impulsor de este proceso. Industrial del acero, donó el 90% de su fortuna, valorada 56 millones de dólares, para la constitución de 2509 bibliotecas. Luego le siguieron los Morgan y los Rockefeller que habían amasado patrimonios igualmente espectaculares en la banca y la industria.
No menos importante es la Biblioteca del Congreso, fundada en 1802, inicialmente para uso de los parlamentarios. Incendiada en 1814, el presidente Jefferson donó su fondo privado de 50.000 volúmenes, buena parte de los cuales se perdieron en un nuevo incendio. El nombramiento posterior de un periodista, bibliófilo impenitente -Ainswortg Rand Spofford- y la promulgación de una ley de depósito legal, facilitaron la actual acumulación de fondos con 20 millones de libros y 60 más de documentos de todo tipo. La Biblioteca Lenin de Moscú, fundada en 1925 y convertida en Biblioteca Nacional, fue, durante casi 70 años, su competidora y, poco a poco, se habían ido reduciendo las distancias, si bien con sus 30 millones de piezas quedaban lejos de la "kolosal" biblioteca americana.
LA BIBLIOTECA ELECTRONICA
Diversos factores están en trance de modificar la actual estructura de comercialización de la cultura y las bibliotecas. Los altos costes en la producción de libros, la elevación continua del precio del papel y de la tecnología de impresión gráfica, el abultado número de personas que entran en juego en la confección de un libro, dan poca esperanza a que en el futuro las bibliotecas tengan la misma estructura que en la actualidad.
Por otra parte se une un fenómeno sorprendente: la mayor parte de los libros editados en la actualidad son perecederos y probablemente no puedan prolongan su vida -esto es su posibilidad de ser leidos- más allá de 75 años. En efecto, la baja calidad de los papeles de impresión y en las tintas, hace que al cabo de pocos años sufran un deterioro imparable. Libros publicados en 1980 están hoy completamente amarillentos, mientras que otros que cuentan con más de 150 años, conservan aun una calidad aceptable. Esto se debe a la reducción de las cantidades de lino en la composición de las pastas y a la inclusión de elementos químicos fácilmente oxidables.
Afortunadamente las nuevas tecnologías corren en ayuda del libro. De un lado la aparición de nuevos soportes como el CD-rom, el CD-i, el video-CD, etc. aseguran un progresivo abaratamiento de los "libros", presentados ahora en forma de discos pero con posibilidad de ser visualizados en monitores y, consiguientemente, impresos en los periféricos adecuados.
Por otro lado, en los próximos 5 años, las consultas a las bibliotecas se simplificarán extraordinariamente. Las grandes autopistas de la información permitirán que un ciudadano de cualquier lugar del mundo, pueda consultar los fondos bibliográficos de bibliotecas situadas no importa donde y seleccionar los títulos que le interesen, aun aquellos manuscritos o incunables, que por su antigüedad muy difícilmente eran accesibles al público y que a partir de ahora, "scaneados", podrán aparecer en la pantalla de su monitor, almacenados en soporte informático propio y ser impresos.
Ciertamente el libro dejará de ser ese objeto vivo y palpitante que conocemos hoy y probablemente nos costará adaptarnos a las nuevas realidades. Pero más vale que lo hagamos o de lo contrario quedaremos apeados del mundo de la cultura, un mundo que, hoy, necesariamente, pasa por las nuevas tecnologías. Y esos templos de la cultura, las bibliotecas, tienen que ser los primeros en adecuarse al mundo futuro.
[RECUADROS FUERA DE TEXTO]
LA BIBLIOTECA COMO PROTAGONISTA
Las bibliotecas han sido siempre fuente de inspiración literaria, ejerciendo un misterioso influjo sobre los narradores. Uno de los episodios más celebres de El Quijote es la purga que realizan el cura y el boticario en la biblioteca del Ingenioso Hidalgo, desde entonces la mejor literatura universal ha atendido al encanto de las bibliotecas.
Anthony Burges en La Naranja Mecánica sitúa al protagonista en una biblioteca pública de Londres donde busca la forma más placentera de suicidarse; reconocido por un lector a quien había agredido años antes es linchado sin que la bibliotecaria llame a la policía. La novela sería llevada al cine conociendo gran éxito. Igualmente fue llevado al cine el libro de Umberto Eco, El nombre de la rosa, cuya trama gira en torno a una siniestra biblioteca en donde monjes fanáticos custodian libros prohibidos y están dispuestos a matar para impedir su difusión. Eco realizó una mezcla de novela gótica, erudita y policiaca, siguiendo los pasos de Georges Simenon, en Maigret se equivoca, donde el famoso detective investiga el caso de una bibliotecaria municipal asesinada en su lugar de trabajo.
En ocasiones las bibliotecas aparecen como encarnación de un pasado que no volverá. H.G. Wells en La máquina del tiempo viaja a una época remota y visita las ruinas de una biblioteca cuyos volúmenes han sido calcinados. Luis Cernuda en Ocnos nos describe la biblioteca como cementerio del pensamiento, cuyos cadáveres son libros en otro tiempo vivos. Matías Pascal de Luigi Pirandello sitúa al joven protagonista como custodio de una pequeña y polvorienta biblioteca sin lectores; el joven aprovecha su soledad y los libros del lugar para consultar diversos tratados de filosofía que terminan por trastornar su cerebro. Por su parte, Tom Sharpe en ¡Qué familia!, describe la loca biblioteca de Cloune, universidad que formaba a las inteligencias más incompetentes del país y donde la insalubridad del recinto creaba el caldo de cultivo más adecuado para todo tipo de líquenes y bacterias.
También las bibliotecas han inspirado relatos legendarios o terrofíficos. El novelista H.P. Lovecraft, menciona en sus Mitos de Ctulhu la imaginaria biblioteca de la Universidad de Miscatonee, donde se hallarían libros terroríficos como el "Necronomicron" escrito por el árabe loco Abdul Alzareh, cuya lectura vuelve loco. Gerard de Nerval en Las hijas del fuego, busca en esta novela un "libro raro" por las bibliotecas de París; aprovechará la trama para describir algunas leyendas y relatos de bibliotecarios fantasmas que aparecen entre las estanterías. Anatole France, por su parte, en La hostería de la reina Pedauque relata la búsqueda de un aspirante a alquimista y su maestro, antiguo bibliotecario, a través de distintas bibliotecas. La peripecia terminará mal y la biblioteca arderá como una tea.
La demencia parece inspirar a algunos autores como Virginia Woolf en La Habitación de Jacob el British Museum para describir el ambiente de una gran biblioteca y la locura del personaje que quiere leer todos los libros allí contenidos. Una variante del tema será el alcoholismo, tratado por el escritor japonés Yukio Tsushima en Territorio de Luz la bibliotecaria es una mujer con problemas y mantiene largos diálogos con su jefe, también alcohólico, en los pupitres.
Algunos relatos son autobiográficos. Jack London, en Martin Eden, rememora las visitas que en su juventud hizo a la biblioteca de Oakland y sus relaciones con la bibliotecaria que constituirá, el amor frustrado del protagonista y le inducirá finalmente al suicidio.
Varios han sido quienes, situando la trama en las bibliotecas han saldado cuentas pendientes con los bibliotecarios. Robert Graves en Yo Claudio nos muestra a Tito Livio buscando inútilmente un título en la biblioteca de la capital imperial; culpando al pobre bibliotecario por no poder hallarlo. Satori en París de Jack Kerouac describe la frustraciòn del protagonista por el fracaso en la búsqueda de sus raíces genealógicas en distintas bibliotecas parisinas; como en el caso de Titlo-Livio, el protagonista acusa a los biblitoecarios de negligencia.
Todas las épocas, todos los géneros literarios, las más famosas plumas de la literatura universal, han tenido en cuenta el silencio y la magia culta de las bibliotecas.
SILENCIO, SE RUEDA... EN LA BIBLIOTECA
Al igual que en la literatura, la biblioteca ha dejado su huella en la centenaria historia del cine. En ocasiones, se ha tatado de grandes obras literarias adaptadas luego a la imagen. Tal es el caso, entre las más famosas, de Doctor Zhivago de David Lean, sobre novela de Boris Pasternak: en la biblioteca de un pueblo perdido en los Urales nace el flechazo amoroso entre los dos protagonistas. Aun más dramático es Love Story, basado en la novela del mismo título de Eric Segal, los protagonistas se conocen en la biblioteca de la Universidad de Harvard; ella morirá víctima de leucemia.
Particularmente dramático resulta Faherenheit 451, dirigida por François Truffaut, sobre novela de Ray Bradbury, cuya acción se sitúa en un mundo futuro en donde los libros son prohibidos; brigadas de bomberos recorren las ciudades quemando bibliotecas; para conservar la cultura cada miembro de la oposición, escondidos en el bosque, ha aprendido un libro de memoria. Otro film de anticipación es Roller Ball, dirigido por Norman Jewisson, cuya acción se sitúa en el 2018; todos los libros han desaparecido transcritos a un ordenador cuya memoria central es un cubo de cristal líquido que finalmente será destruido -y con él todo su bagaje cultural- por la bibliotecaria. En Zardoz, otro film de anticipación, el protagonista -Sean Connery- descubre una biblioteca olvidada en donde hallará el enigma: el gran dios "Zardoz" está inspirado en "El mago de Oz" (The Wizard of Oz).
El cine histórico ofrece albergue a las bibliotecas. En Cleopatra de Mankiewitz se alude al incendio de la biblioteca de Alejandría. César da la orden de incendiar la flota egipcia, pero el incendio alcanza a la ciudad y, con ella, a la biblioteca. Ambientado en la Italia de los años veinte, El Jardin de los Finzi-Contini, última película de Vittorio de Sica, muestra a un joven judío, trabajando en la biblioteca de Ferrera y teniendo que hacer frente al fascismo.
Tres géneros muy diferentes, pero bien definidos, espionage, terror y comedia, sitúan el centro de la trama entre los libros. En El espía que llegó del frío de John Le Carré, llevado al cine por Martin Ritt, un espía, conquista el amor de una bibliotecaria, espía a su vez. El director especializado en filmes de terror Dario Argento, reconstruye para su film Inferno una "Biblioteca filosófica" cuyos siniestros lectores recomiendan a la protagonista la lectura de un libro de brujería del cual intentará apropiarse. Más distendido es Pussycat, primer film de Woody Allen; éste y Romy Schneider frecuentan la biblioteca de la Escuela Berlitz de París dando lugar a escenas equívocas y desternillantes.
Y es que la biblioteca es un elemento polivalente en él proceso de creación artístico....
ESPAÑA: UN PATRIMONIO BIBLIOGRAFICO ACEPTABLE
No resulta posible establecer cual fue la primera biblioteca española; se puede intruir algún noble romano colonizador de Iberia fuera amante de los libros y dispusiera de biblioteca propia, pero no existe ninguna constancia histórica.
Se tiene referencia de bibliotecas dependientes de los obispados en la España Visigoda. San Isidoro de Sevilla recomendó que los eclesiásticos, especialmente monjes, leyeran en diversos momentos de la jornada, incluido durante la comida. Los documentos guardados en aquellas bibliotecas eran solo religiosos: biblias y comentarios de los Patriarcas de la Iglesia.
Los musulmanes -especialmente en el período del Califato de Córdoba, hacia la segunda mitad del siglo X- crearon bibliotecas que figuraron entre las primeras de su tiempo y atrajeron la atención de los eruditos de oriente y occidente. La reunida por Al Hakaam II en Córdoba constaba de 400.000 documentos; el catálogo ocupaba 40 volúmenes de 50 folios cada uno. Era regentada por un eunuco y se encontraba en el Alcazar. Almanzor quemó los libros que no le parecieron ortodoxos y los berberiscos terminaron por dispersarla.
Las grandes bibliotecas de la España Cristiana fueron las universitarias de Valladolidad (1260), Salamanca (1215) y Sevilla (1254), junto a las reales de Alfonso X y Sancho IV. La moderna historia de España se inició con el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragon, ambos con un nivel cultural alto. Isabel la Católica, hija de Juan II, recibió una esmerada educación y, sobre todo, pudo disponer de la notable biblioteca de su padre, amante de la lírica castellana y de los "decires rimados". Se trataba de una biblioteca que incluía "obras prohibidas" reunidas por Enrique de Villena, "maestro de encumbrado saber", alquimista y bibliotecario; el confesor de Juan II, a la muerte de éste, quemó los libros heréticos. Uno de los pajes de Isabel, Fernando Colón, astrólogo y matemático neo-pitagórico consiguió reunir a sus 20 años 300 obras, recogidas en sus viajes por toda Europa. La quema de 5.000 manuscritos y libros en Granada recuperada para la cristiandad constituyó el episodio negro de este período.
Más ortodoxa fue la biblioteca del Marqués de Santillana poseedor de la mejor colección de manuscritos del siglo XV, compuesta sobre todo por textos clásicos griegos y romanos. La gran biblioteca universitaria de Alcalá se trasladó a Madrid en el siglo XVI por iniciativa del cardenal Cisneros, otro notable bibliófilo que mandó imprimir la Biblia Políglota.
Cuando Felipe II aun no había elegido a Madrid como Capital del Imperio, Juan Pérez de Castro, en un memorial señaló la conveniencia de instalar una gran biblioteca real. Felipe II decidió que en "San Lorenzo el Real" se abriera una biblioteca importante, no tanto por el número de libros, como por la rareza de los mismos. El 23 de abril de 1563 se colocó la primera piedra y los libros fueron acomodados en las estanterías dos años después. La colección de textos alquímicos de Benito Arias Montano, notable "heterodoxo" y gran amigo del emperador, incrementó el patrimonio del Escorial. La biblioteca instalada en el emplazamiento definitivo tuvo como novedad la creación, por primera vez, de estanterías adosadas al muro, diseñadas por Juan de Herrera. Tras la invasión napoleónica y la incorporación de los fondos a la Biblioteca Real de José Bonaparte, todo volvió a la normalidad y hoy, custodiados por los padres Agustinos, se encuentran 4000 manuscritos latinos, hebreos, griegos y árabes, 600 incunables y 40.000 volúmenes.
La sustitución de la monarquía de los Austrias por la borbónica trajo como consecuencia la incorporación de los usos y costumbres francesas. Y esto afectó a las bibliotecas. La Real se convirtió en Nacional según decreto de 1716 y se instaló hasta 1809 en el corredor que unía el Alcázar Real con el convento de la Encarnación en la actual plaza de Oriente. Un cuerpo de reales guardias vigilaba las instalaciones. Poco a poco, fueron surgiendo bibliotecas especializadas en las distintas Academias e Institutos profesionales. Y ya en el siglo XX, florecieron las bibliotecas municipales y dependientes de las diputaciones provinciales; indudablemente, entre ellas, merece destacarse, por sus fondos y por la belleza de su emplazamiento, la Biblioteca de Catalunya situada en el antiguo Hospital de la ciudad, albergada bajo grandes arcadas góticas.
(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yhoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.
Canciones para un ideal (V de V): Dedicato all'Europa
Infokrisis.- Es curioso como, siempre, en momentos de desánimo, casi de desesperación, presión y soledad, una simple música nos da fuerzas para aguantar el peor de los golpes. Siempre, ante las crisis, una determinada música puede recordarnos quien somos, lo que somos, de donde venimos (de muy lejos) y a dónde vamos (más lejos todavía). Me di cuenta de todo esto de todo esto escuchando una canción de La Compagnia dell’Annello.
Teníamos un amigo común, Almerigo Grilz. A alguien le podrá resultar sorprendente la vida de Almerigo, muerto a los 34 años en Mozambique tras haber combatido como miembro de la resistencia afgana. La vida de Almerigo era la propia "de uno de los nuestros". Tenía un año menos que yo y desde muy joven había destacado como miembro del Fronte della Giuventù de Trieste, cuando esta organización era dirigido por Gianfranco Fini. Fue éste quien lo elevó al cargo, si no recuerdo mal, de vicesecretario del Fronte. Murió víctima de una bala perdida en Mozambique. Personalmente creó que llevaba mucho tiempo buscando esa bala. Me lo presentó un querido camarada padovano -Marcello Orpianesi- que un día, misteriosamente, desapareció sin dejar rastro y aún hoy sigue en la lista de "desaparecidos" de la democracia italiana. Ya se sabe que los amados de los dioses mueren jóvenes.
Almerigo había realizado tareas como free lancer de alto voltaje en Afganistán donde estuvo junto a la resistencia tocado con turbante, babuchas y bombachos propios de los pastunes y con el consiguiente lanzagranadas RPG, cuentan, que destruyó algunos T-72 soviéticos, aunque otros prefieren verlo sólo como corresponsal de guerra. Era concejal de Trieste, pero optó por dejar el cómodo butacón del Ayuntamiento y optó por acudir voluntariamente a los escenarios más cálidos del planeta. A diferencia de Roger Coudroy del que, realmente nadie sabe a ciencia cierta ni quien era, ni para quién trabajaba, ni cuál fue su verdadera historia y sus motivaciones, ni siquiera si es cierto que murió al frente de un comando de Al Assifa, o bien ajusticiado por ese mismo comando como espía de Israel, o falleció durante un entrenamiento, con Almerigo todo está claro y transparente.
Era un camarada de la cúpula del Fronte della Giuventù y del MSI que falleció en un país remoto. Dada su calidad humana, su amistad con Fini, lo exuberante de su carácter, su personalidad de líder nato, hoy seguramente sería ministro, subsecretario o, en cualquier caso, ocuparía un alto cargo en la administración italiana. O quizás no. Por que Almerigo era de los seres tocados con el dedo de Marte. La aventura era la razón de su vida. Una vieja leyenda drusa dice que todos tenemos en alguna parte del mundo una daga que lleva escrito nuestro nombre. Quien se topa con ella y muere, llega al paraíso de los justos. Almerigo la buscó por todo el mundo, incluso por la montaña libanesa donde los drusos tienen sus santuarios, por el valle de la Bekaa y por Zalhé, por los barrios cristianos de Beirut, buscó esa daga en Etiopía en lucha contra Mengistu Haile Marian, entre la guerrila camboyana y en el Mozambique. Finalmente la encontró.

Como periodista sus imágenes habían sido reproducidas por la CBS, la NBC y por las mejores cadenas de TV. A cuenta de la NBC, Almerigo estuvo con la guerrilla comunista filipina. Junto con otros dos amigos, uno de ellos viejo camarada, Fausto Biloslavo, fundó Albatros Press Agency, agencia especializada en zonas de conflicto. En Italia se vivían los últimos años del centro-izquierda y el MSI y todo aquel que hubiera militado en él, pasaba a ser un apestado. La APA debió vender sus reportajes a las televisiones del mundo anglosajón. Debió caer el centro-izquierda ya en estado putrefacto por sus corruptelas y sus miserias a mediados de los 90, para que el papel de Almerigo Grilz fuera reconocido en su propio país. Hasta entonces solamente el diario comunista L’Unitá se había hecho eco de su muerte: "Muerte de un mercenario", lo había titulado el infamante libelo stalinista, hoy un verdadero despojo. Almerigo tiene una calle dedicada a él en su ciudad natal y de cuya ciudadanía fue concejal.
La historia de Almerigo Grilz viene a cuento en una serie de artículos sobre canciones, porque en 1987, poco después de su muerte, la Compagnia dell’Annello le dedicó un homenaje fruto del cual surgió un long-play: Concerto per Almerigo, hoy agotado. Una de las canciones de aquel disco era precisamente Dedicato all’Europa.
En aquel tiempo -principios de los 80- existían en Italia dos grupos musicales "alternativos" que, de una forma u otra, habían entrado en competencia. De un lado Amici dal Vento, de otro, la Compagnia dell’Annelo. Era difícil decidirse por uno o por otro, pero por algún motivo yo siempre me sentí mucho más atraído por los segundos desde que oí la primera canción de su primer álbum Terra di Thule. No es que su música fuera técnicamente perfecta -que lo era- sino que el espíritu que destilaban las letras era el mismo del que yo me había nutrido en aquellos años: la Tradición tal como nos la había expuesto Julius Evola.
Se suele decir que Evola es un pensador árido y difícil. No es cierto. Evola nos recuerda simplemente lo que sabíamos, aquello que teníamos impreso en los genes de nuestra raza y que olvidamos. Nada más. Su lectura no exige más esfuerzo que el recuerdo de lo que éramos originariamente. A decir verdad, las canciones de la Compagnia dell’Annelo eran Evola musicado.
En 1983, regresé clandestinamente a España. Tuve que permanecer durante varias semanas en un apartamento sin más compañía que un casete con canciones que me habían grabado algunos camaradas. El más reciente, acababa de salir, era el Terra di Thule. A partir de entonces me hice asiduo de los longs-play de este grupo, el segundo de los cuales, aparecido en 1987, fue el Concerto per Almerigo.Dedicato all’Europa forma parte de esta segunda recopilación.
La Compagnia dell’Annello dominaba la técnica de la música medieval, pero sobre todo su letrista, conocía a la perfección la obra de Evola, especialmente el Revuelta contra el Mundo Moderno. Dedicato all’Europa es un viaje a nuestros orígenes: yo siempre me he sentido hijo de Roma hasta el punto de agradecerle que diera nombre a este rincón del planeta: Hispaniae. Creo que el estilo que nos corresponde es el de los legionarios de Roma. La canción nos habla de Europa: canta a la Pax Romana, "de arado y de espada", canta a la sangre ofrecida en su honor, canta a los duques guerreros y a sus trovadores, canta a los hermanos que han defendido las marcas de Europa: las marcas del Este ante los tártaros, las marcas del sur ante el Islam…
En el mismo disco se canta a otro camarada, Alain Escofier. Escofier militaba en el Groupe d’Action Jeunesse, un grupo "solidarista" surgido de la transformación del Mouvement Jeune Revolution. Era un viejo-joven camarada, de esos que habían pasado buena parte de su adolescencia y los primeros años de su juventud militando políticamente. Un buen día, debió ser a principios de 1977, se plantó delante de la oficina de Aeroflot en los Campos Elíseos, se roció con gasolina y se prendió fuego como acto de protesta por la entrega de media Europa a los soviéticos treinta años antes. Escofier militaba en aquel momento en el Parti des Forces Nouvelles. La Compagnia dell’Annello le dedicó otra canción de ese álbum al igual que a Jan Pallach quien a principios de 1969 tampoco pudo soportar la presencia de los T-62 y ardió en la tierra que fue suya, en Praga. Yo tenía en esa época 17 años, pero sería difícil explicar lo que sentí cuando conocí la noticia: luego entendí sus motivos cuando me sentí miembro de una raza que desde muy antiguo consideraba dulce morir por la patria.

Almerigo, Escoffier, Jan Pallach tenían varios elementos en común. Los tres habían visto de cerca los tanques soviéticos. Los tres decidieron que no podían permanecer quietos, Almerigo en su prometedora carrera política (¡qué militante digno de tal nombre aspira a tener una "carrera política"! El espíritu militante es el propio del aventurero, no del gestor político), Escofier llegó un momento que quiso hacer algo más que repartir revistas y panfletos o preparar los cafés a sus camaradas en el local de boulevard Sepastopol. Jan Pallach no tenía armas para protestar pero sentía que su deber era hacerlo. Son vidas muy diferentes, pero, en cierto sentido, paralelas y unidas por la música de La Compagnia dell’Annello.

La canción termina: "Me preguntan si conviene / cantar a esta Europa / Sé sólo que es justo / el resto no importa". En efecto, el resto no importa. Si importara Almerigo estaría criando barriga al frente de un ministerio o una subsecretaría, Escofier y Pallach hubieran concluido sus carreras y hoy serían profesionales reconocidos. Pero Evola nos enseñó a todos que por encima del "bonheur", más allá de la felicidad burguesa, existe el honor. Europa es la tierra del honor y de la lealtad: por eso podemos estar seguros de que Europa es un gigante dormido, un gigante que despierta y que no tendrá piedad con sus enemigos de fuera y de dentro. Los pueblos y los hombres se miden por las dificultades que aceptan afrontar. La vieja máxima de "más enemigos, más honor" sigue vigente para nuestra raza. Se equivocan quienes piensan que los herederos de 3000 años de historia de Europa se han vuelto bruscamente multiculturales o políticamente correctos. La última palabra todavía no ha sido dicha. Y probablemente no será una palabra, sino la acción, porque a fin de cuentas en la Biblia de Europa "primer fue la acción".
Agradezco a La Compagnia dell’Annello esta composición que me ayudó a recordar quien era y de dónde venía mi pueblo y mi raza.
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Dedicado a Europa
La dulzura del fruto maduro
y la aspereza del viento helado
y pan y sal
se ofrece al huesped sagrado
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste, en Europa
Canto a Europa, la paz romana
paz de arado y de espeda
canto de sangre ofrecida en su honor
de estirpes de hielo y de sol
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste, en Europa
Canto a la gloria de Roma
del Reno el cetro imperial
a los duques guerreros y a sus cantores
errar serenos en pos de su honor
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste, en Europa
Canto a los hermanos que siempre han defendido
del lobo cruel la frontera del Este
Canto a la Europa de los días que vienen
Canto a sus jóvenes caídos en las calles
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste, en Europa.
Me preguntan si conviene
cantar a esta Europa
sólo sé que es justo,
el resto no importa.
Canto a una Europa de sangre
a las cadenas que se están cerrando
Canto y mi canto está en el viento
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste,
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste,
en el norte, en el este, en el sur, en el Oeste, en Europa
Dedicado all’Europa
La dolcezza del frutto maturo
e l’asprezza del vento gelato
e pane, e sale
s’offre all’ospite sacro
a nord, ad est, a sud, ad ovest, in Europa
Canto l’Europa, la pace romana
pace di aratro e di spada
canto del sangue offerto in suo onore
da stirpi di ghiaccio e di sole
a nord, ad est, a sud, ad ovest, in Europa
Canto la gloria di Roma
del Reno lo scettro imperiale
i duchi guerrieri e i lori cantori
errare sereni in cerca d’onore
a nord, ad est, a sud, ad ovest, in Europa
Canto i fratelli che sempre han difeso
dal lupo crudele la frontiera dell’est
canto l’Europa dei giorni che vengono
canto i suoi giovani cader nelle strade
a nord, ad est, a sud, ad ovest, in Europa
Mi chiedono se conviene
cantare questa Europa
so solo che e’ giusto
il resto non importa
Canto un’Europa di sangue
le catene che ci stanno chiudendo
canto, e il mio canto e’ nel vento
a nord, ad est, a sud, ad ovest,
a nord, ad est, a sud, ad ovest,
a nord, ad est, a sud, ad ovest, in Europa.