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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

CULTURA

Sobre la prueba de la montaña (Artículo para un camarada muerto en la montaña)

Infokrisis.- El 30 de enero tendrá lugar en Logroño un homenaje a un camarada muerto durante una escalada, casi diría "en acto de servicio". Sus amigos y camaradas van a elaborar un cuaderno con distintos textos sobre la montaña y resultó un honor que nos pidieran un artículo para incluir en esa obra, a tenor de nuestra común atracción por las cumbres. Reproducimos a continuación este artículo. Sirva este artículo para estimular la afición por la escalada y la práctica de los deportes que implican un cultivo del carácter y de la voluntad...

 

Sobre la prueba de la montaña


Hay deportes que son completamente opuestos en su naturaleza profunda. Indican, a la postre, dos orientaciones del espíritu que hablan por sí mismas y que pertenecen a dos tipos humanos, en principio, antitéticos.

Espacio y tiempo

No nos referimos a la contradicción aparente que pueda existir por ejemplo entre las carreras de velocidad y las de fondo cada una de las cuales requiere cualidades físicas completamente diferentes. El velocista lucha contra el tiempo, el fondista devora el espacio. Ambos tienen que ver con dos concepciones que representan dos momentos históricos: la diferencia entre civilizaciones “tradicionales” (las que luchan contra el espacio) y las civilizaciones “modernas” que lo hacen contra el tiempo.

No es raro, por ejemplo, que el velocista sea un atleta moderno que aparece con la restauración (sui generis) de las Olimpiadas por el barón Pierre de Coubertin. En la antigüedad clásica el deporte rey era la marathón que rememoraba la carrera del atleta guerrero que trajo a Atenas la noticia de la victoria griega sobre Asia en la llanura del mismo nombre.

Carreras de velocidad y de fondo, son todavía hoy las pruebas reinas de las Olimpiadas, como si esas pruebas generaran un eco incognoscible pero extremadamente atractivo en el seno mismo de la modernidad. Son, a la postre, dos formas de tratar el espacio y el tiempo. Diferente es la antítesis entre sky y montañismo.

Subir y bajar

El practicante del sky se limita a descender, sin hacer esfuerzo, casi abandonándose a sí mismo, intentando evitar los obstáculos y mantener el equilibrio. No debe realizar más esfuerzo que el de optimizar sus performances para hacer un mejor crono. El montañero, por el contrario, asciende. Su preocupación no es el cronómetro, sino lo lejano de su conquista. Tiende hacia lo alto, casi como si se tratara de una perífrasis simbólica del hombre que intenta superar su estado y ascender a mundos superiores trascendentes.

Si el esquiador no precisa realizar esfuerzo, sino tan solo un ejercicio de habilidad, en la escalada es preciso unir un físico, una voluntad y una serenidad a prueba de bomba, una preparación física excepcional y una estabilidad de la mente, a una voluntad inquebrantable de llegar a la cima a conquistar y, por supuesto, a una técnica depurada. La escalada es pues un deporte “integral”. El sky es una diversión…

La técnica se ha ido perfeccionando a lo largo de los últimos 60 años. Ha llovido mucho desde que Edmund Hillary y el sherpa Tensig alcanzaron la cima del Himalaya en los cincuenta. Han aparecido instrumentos que hacen “segura” la escalada. Hay textos de generaciones de montañeros que describen lo que va a encontrar quien pretende conquistar cada pico y recomiendan la ruta más segura. El exceso de técnica ha tendido a minimizar el riesgo y la espontaneidad. El escalador de hoy casi sigue una ruta “segura”, utiliza GPS, tiene a su disposición partes metereológicos que le previenen de lo que puede encontrar. El riesgo ha disminuido en la medida en que la aventura ha dejado de ser tal y se ha convertido en mera técnica.

Vida y muerte en la escalada

De todas formas, para quienes conocemos la montaña, sabemos que nunca hay nada seguro en una escalada y que las modernas tecnologías no han podido arrebatar el prurito de aventura que tiene cada ascensión y la incertidumbre de su desenlace. La prueba son los muertos en la montaña y el que todos los que en alguna ocasión hemos clavado escarpias y enganchado mosquetones hayamos conocido de cerca la experiencia de la muerte.

La técnica en el alpinismo no ha logrado arrebatar la espontaneidad de la aventura en la montaña. Se escala para conquistar. Se asciende para demostrar algo tan simple como que se tiene el valor para llegar hasta donde muy pocos llegan. Y, aunque la técnica obligue casi a dotarse de aparatos electrónicos, lo cierto es que, a fin de cuentas, el escalador está solo en una pared y solo tiene como apoyo a sus compañeros de cordada. Si ellos fallan, él muere. Si el falla otros pueden morir. Blanco o negro. Vida o muerte. Victoria o derrota. Tal es el dilema.

Morir, por lo demás, en la montaña es la mejor forma de abandonar el mundo para un alpinista. He conocido a escaladores obsesionados por el problema de la muerte, convencidos de que iban a morir en la montaña y que se han arriesgado a las escaladas más inverosímiles hasta que finalmente lo han logrado: morir en las cumbres. En todos ellos había algo de estoicismo y de rechazo a la vida cotidiana para conquistar lo que Evola ha llamado el “más que vida”.

La libertad  y los miedos

En la antigua Esparta se decía que “sólo el desprecio a la muerte, da la libertad”. Un hombre no es libre hasta que no acepta el hecho de que puede morir en cualquier momento. Si esa certidumbre, en lugar de generarle miedo y angustia, lo acepta y lo asume como la realidad última de la vida, estamos ante un hombre libre: nada puede encadenarlo.

En el mundo tradicional se dice que la libertad es “la capacidad de dominio sobre los instintos”. Y así es : todo puede encadenar al hombre y todo puede hacerlo un esclavo. Robinsón Crusoe no tiene ataduras en su isla desierta, no hay leyes que lo sometan, ¿es, pues, libre? No exactamente si no logra dominarse a sí mismo, sino libra controlar su mente y vencer sus miedos. Si Robinson en su isla no lo lograra –y la novela no nos explica si lo hizo- sería esclavo del peor amo: uno mismo.

Esta es la noción tradicional y metafísica de Libertad. Cuando la libertad se proyecta sobre el mundo físico, sobre lo contingente, ya no podemos hablar de “Libertad”, sino de “las libertades”. Y en este sentido, existen “libertades” positivas (la libertad de expresión) y “libertades” negativas (la de matar a otra persona). Cualquier sociedad que quiera “funcionar” mínimamente deberá restringir estas libertades contingentes y someterlas al imperio de la ley.

Quien ha estado en las cumbres sabe que el mayor riesgo que puede aparecer en una escalada, es el miedo. Miedo a no regresar, miedo a caer, miedo a experimentar la sensación de vértigo. Miedo a mirar abajo y sentir la voracidad insuperable del vacío que te va a tragar. Miedo. Quien tiene miedo no es libre. De ahí que el escalador incluso “informatizado” termine enfrentándose a sus propios miedos. Puedes tener un GPS y sabrás cuál es la dirección a seguir. Puedes tener un móvil y pedir auxilio a través suyo. Pero nada de todas las modernas tecnologías te ayudará a superar el miedo al vacío, el vértigo que te puede dominar y te acecha como un ladrón en la noche.

Transmutación en las cumbres

Quien asciende a una cumbre, como quien se arroja en paracaídas desde una avioneta en caída libre, se está probando a sí mismo. Quien desciende de una montaña sobre dos skyes, busca sólo diversión y ausencia de esfuerzo, desea imperiosamente satisfacer un deseo estético de belleza de los paisajes, o un dejarse llevar por la pendiente. No tiene que realizar esfuerzo alguno, ni superar miedos o situaciones insuperables. Sabe que, cuando llegue al final, el telesilla le volverá a llevar al principio, sin esfuerzo, sin conquista, sin prueba, sin valor.

¿Qué se experimenta en lo alto de las montañas? Una sensación indeleble de impersonalidad. Se ven paisajes que nunca antes de ha soñado que podrían existir. Es curioso, pero a medida que aumenta la altitud que se alcanza, el paisaje cambia. Lo que se veía de una manera a ras de suelo, alcanza una perspectiva diferente a los 100 metros de altura. La línea del horizonte se va alejando y el paisaje se transforma. Es el mismo paisaje, pero cambia, vemos más matices, lo vemos desde una perspectiva diferente.

Al final, cuando alcanzamos la cima y nos volvemos, siempre, inevitablemente adquirimos la conciencia de que la realidad es diferente en la altura que a ras de suelo. Contra más alto se asciende, aumenta esa sensación de “unidad”, mientras que al descender se toma conciencia de la idea de “fragmentación” y “limitación”. Lo trascendente es el dominio de la “Unidad”, lo contingente el de la “multiplicidad”.

En lo alto de las cumbres se experimenta la naturaleza de una forma diferente. Adquirimos conciencia de su impasibilidad y belleza, de que no necesita de nosotros para tener una belleza incuestionable. Es autónoma de todo y de todos, ni precisa de nadie. Y entonces entendemos que un ser libre tampoco precisa de otros para ser como es.

Sólo ante uno mismo: la unidad y la cordada

Las cumbres son también el terreno en el que frecuentemente las nubes envuelven al escalador. No ve nada, salvo lo gris y plomizo de la niebla o de las nubes. Entonces experimenta esa sensación de soledad que no le causa terror, sino que goza de ella, una sensación de distanciamiento del mundo y casi una inducción a la introspección. Es frecuente que en la montaña, el escalador practique una “impersonalidad activa”, esa sensación lúcida de no moverse guiado por una voluntad consciente sino por un instinto superior a cualquier cualidad física.

Es curioso como la montaña transforma a los hombres. Un agregado de montañeros que no tienen nada en común salvo su afición por la conquista de las cumbres, sabe que desde el momento en que se ciñen las cuerdas de seguridad, ya no son fulanito o menganito, éste, aquel o aquel otro. Lo individual no tiene lugar en la cordada. La vida de cada uno depende de todos, ya no son individuos, son unidades, como los cuerpos de élite cuyos miembros dejan a la puerta del cuartel todo lo que es individualidad. El “ego” no existe en la cordada. Si existiera, al primer problema, cada escalador echaría mano a su navaja y cortaría la cuerda para salvarse a sí mismo a despecho de la muerte de los demás compañeros. Nunca se hace. En las cumbres no cabe la conciencia de la individualidad, sino de la “unidad”.

El ejemplo y los “ejemplares” políticos

Por todo esto creo que quien muere en la montaña merece algo más que lamentos y lloros. Los héroes no precisan agradecimiento, sino transmitir su ejemplo a otros. Nuestro amigo y camarada muerto en las cumbres no hace sino recordarnos cuál es el camino y el ideal humano que debe presidir la reconstrucción de nuestra civilización.

No serán los humanistas y universalistas, los amigos de lo políticamente correcto los que enderezarán a una civilización que muere de facilidades y comodidades. Serán aquellos en cuyo pecho late el alma de un guerrero, aquellos hombres libres que exigen la prueba que les dará la medida de su valor, quienes harán que el genio de Europa jamás se extinga.
Es significativo que Aznar practicara el sky y que Juan Carlos I pase sus vacaciones en Vaqueira o en cualquier otra estación de sky. Así mismo es significativo el que cuando Zapatero, en plena crisis, decidió acompañar a un reconocido montañero mediático –Jesús Calleja- a una ascenso intrascendente en los montes de León, sus palabras –retransmitidas en prime time- en la montaña sonaran a un guión bien aprendido y fueran más falsas que un euro de jabón. No se puede mentir en la montaña, ni se pueden hacer “escaladas” de chichinabo para mejorar la propia imagen como en cualquier campaña de marketing.

La montaña es incompatible con la clase política y no se la puede incorporar a la mejora de la imagen. Después de aquella escalada, siempre ha considerado a Zapatero más cretino de lo que a primera vista parece. En cuanto al Rey y a Aznar, bajando, bajando, evidencian sus cualidades: pocas y siempre en dirección de la pendiente… ¿Qué le vamos a hacer si nuestra clase política no da más de sí…?

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

En defensa de nuestra identidad: corridas de toros (I de II)

Infokrisis.- No es, sin duda por casualidad que el símbolo de “lo español” sea la silueta del toro de Osborne. Y sin embargo la abusivamente llamada “fiesta nacional”, está presente también en otros países. En Portugal, por ejemplo. Y en todo el Mediodía francés. ¿Cómo podría extrañarnos? Hubo un tiempo en que en toda Europa se realizaban rituales similares.
 
Lo que vamos a defender en este artículo es que la fiesta de los toros es una parte esencial de nuestra identidad. Que la fiesta nacional es un rito de origen religioso. Que la fiesta nacional deriva de prácticas rituales de la casta guerrera. Y, finalmente (en un próximo artículo), que en la historia de España, se tiene constancia del toreo desde el siglo XII y que siempre han sido los personajes más conflictivos de nuestra historia –ayer el conde de Aranda, creador de una masonería independiente en España y hoy ZP, ayer Fernando VII y casi todos los borbones y hoy Carod-Rovira- quienes se han opuesto a las corridas de toros.

Sirva este artículo, pues, como voz en defensa de la “fiesta”.

Estar en el “mundo moderno” y ser del “mundo moderno”

Practicado el exorcismo ritual, añado: “soy español –mire usted por donde- y me gustan las corridas de toros”. Lo gracioso del caso es que las mejores “faenas” en el sentido alegórico, se las he visto a hacer a camaradas y las faenas taurinas, por paradójico que pueda parecer, las he visto en Nimes de Provenza y una de las más memorables en el festival taurino de mayo del 99 a un torero francés, Stephan Fernández Meca. Y aunque el “Olé” en francés, en toda la Camargue y en Las Landes, suena con otro acento, hay en el Mediodía francés tanta afición como en España, lo que demuestra que, lejos de ser “español” o “andaluz”, es europeo.

De ahí que mi razonamiento sea: en la medida en que un sistema de identidades se basa en tres niveles (la patria, la tierra natal o “patria chica” y Europa), tiene narices que en las tres el noble arte del toreo esté presente. Por que el toreo está presente en Catalunya, en el País Vasco y en cualquier otro lugar de la Península. Su radio de acción abarca hasta el mediodía francés pero hay algo en los toros que fascina en Europa. No lo tenía muy claro hasta que un día, Alain de Benoist en un restaurante taurino en Barcelona, me dio la clave mientras se zampaba una tabla de fiambres: “Las corridas de toros están en el mundo moderno, pero no son del mundo moderno”. Y siguió con su morcón de Ávila… Los intelectuales son así, incluso en comiendo y bebiendo, te aclaran problemas. A partir de aquí era fácil elaborar una línea de comprensión sobre el fenómeno taurino.

Para los que tenemos cierta tendencia a valorar la Tradición por encima de cualquier otra cosa, la cuestión está muy clara. Lo que es “tradicional” ha existido siempre, lo que es “moderno” ha aparecido solamente en un período reciente, ¿hemos de pensar que toda la humanidad ha estado antes equivocada? Si algo es tradicional, es esencial –necesario para la vida-; si algo es “moderno”, es accidental –la vida puede desarrollarse sin eso 1y es posible prescindir de ello. Las sociedades han prescindido en la mayor parte de su historia del bidé, sin ir más lejos, pero siempre han tenido ritos. Los ritos unen a las comunidades, las afianzan, les dan un sentido y forman la expresión más auténtica de los pueblos, a través de los cuales cristaliza su identidad. Los toros son un rito. Solamente es espectáculo muy en segundo plano.

Los toros como ritual y sus huevos…

Un rito es una “operación mágica”, a través del cual se hace posible aquello que desafía a las leyes de la física. La transubstanciación generada  durante la misa, por ejemplo. Una liturgia es la forma en la que se desarrolla un rito. Rito y liturgia suelen referirse hoy al cristianismo pero, en realidad, todo movimiento religioso o con una base religiosa (del latín “religare”, volver a unir, ¿el qué? Lo físico con lo metafísico, tal es la esencia del fenómeno religioso) dispone de un ritual y de una liturgia propia.

Digámoslo ya: el origen del toreo es el viejo paganismo europeo. Su origen no es, pues, crueldad, ni violencia gratuita contra un animal indefenso, ganas de putearlo y hacerlo sufrir… sino la traslación de una visión del mundo de origen muy remoto, muy anterior al nacimiento de “lo español” y, esto es lo importante, que estuvo presente en todo nuestro ámbito étnico, antropológico y cultural. El rito de enfrentarse a un toro se encuentra a partir de la Edad del Bronce presente en muchos lugares de Europa, distantes de nuestra tierra.

¿Qué tiene el toro para que sea el centro de un ritual? Los testículos y la cornamenta ¿qué va a ser, sino? Mirad los huevos de un toro colgando y ya me diréis sino es el símbolo de la virilidad. Mirad su cuello y no os extrañará que sea el símbolo de la fuerza. Mirad sus cuernos y veréis en ellos el símbolo de la agresividad y del ataque. Ved como carga un toro contra un caballo y veréis fuerza y potencia.

En la antigua Roma, los iniciados en los misterios de Mitra, habitualmente legionarios romanos, en el momento de su iniciación en la cofradía, se situaba en una cámara oscura sobre la cual en otra sala era degollado un toro cuya sangre caía sobre el aspirante a recibir la iniciación. Era un rito de transferencia a través de la sangre por el cual la agresividad y el valor del toro pasaban al guerrero. Decía la leyenda de Mitra que éste dios venció a un toro cabalgando sobre él, cuando Mitra apuñaló al toro, su sangre cayó sobre la tierra y la fructificó (nuevo símbolo sexual, la sangre del toro, a modo de semen, fecunda a la madre tierra) de ahí que en sus representaciones iconográficas la escena de la muerte del toro mitraico en el lugar donde cae su sangre, aparecen espigas.

Hay que recordar que el mitraismo fue la religión mistérica rival del cristianismo que, en cierta medida incorporó sus temas. Uno de los grandes estudiosos del mitraismo fue Julius Evola y a sus artículos y estudios remitimos a ellos para mayores aclaraciones. Quede constancia de que la religión que ejecutaba a un toro fue la de las legiones romanas y que, antes de que el mitraismo irrumpiera en Roma, ya en el Circo, no sólo los gladiadores, sino los hijos de las familias patricias romanas (la casta guerrera) luchaban contra los uros (el toro que en otro tiempo pobló toda Europa) y lo consideraban el mayor honor en tiempos de paz.

Antes, en el mundo griego, los pueblos mediterráneos cretenses y minoicos ya “jugaban” con toros y se arriesgaban a cogerlos por los cuernos o saltar sobre ellos. Esa tradición, casi sin alteraciones ha llegado hasta nuestros días en el rito portugués de “Os forçados”, en el cual, un grupo de jóvenes se sitúa delante del toro; van provistos de un gorro frigio –el gorro de los iniciados con el que se representa a Mitra- y se sitúan ante el toro, aguantando su ataque frontar a manos descubiertas e inmovilizándolo. La tradición nos habla en el presente con ecos del ayer.

Luego, cuando irrumpieron los pueblos indo-arios, dorios y aqueos, estas tradiciones prosiguieron. La muerte del toro en el laberinto de Dédalo es otro episodio que recuerda la perennidad del mito de la muerte del toro. Estamos hablando, pues, de algo que “nos pertenece”, que pertenece a nuestro patrimonio antropológico y cultural, a nuestra identidad y que, de paso, mira por donde, es una tradición europea.
Pequeña historia del toreo

La esencia del rito taurino

Todo rito tiene un significado deliberado. En los ritos de tránsito, se amputa al adolescente de una parte de su anatomía (normalmente el prepucio o se le realiza una escarificación o un tatuaje), se le lanza a una “aventura iniciática” y, cuando ha regresado, ya se le considera “hombre”, se integra en la hermandad de los hombres y se aleja del mundo de la madre. Ayer lo hacían en las civilizaciones tradicionales: al niño africano ve como le cortan el prepucio y debe adentrarse luego en la selva para cazar a algún animal totémico. Hoy lo hacen los skins (el rapado del pelo es su “mutilación” y con la “aventura iniciática” en el estadio de fútbol contra la hinchada rival). Ya lo decía Julio Caro Baroja: “cuando se cierran las puertas a lo iniciático, lo iniciático entra por la ventana”.

¿Cuál es la función del rito taurino? Inicialmente, en las civilizaciones antiguas, el mitraismo nos ha dado la clave: muerte del toro y renacimiento del guerrero convertido en miembro de la cofradía mitraica. En el toreo actual la clave iniciática se ha perdido. El toro sigue muriendo pero el torero ignora explícitamente el por qué. Aunque no todo el sentido del rito se ha perdido.
 
En los ritos muerte-resurrección, siempre se produce una transmutación: la cualidad de la víctima propiciatoria se traslada al oficiante, esto es, al torero. Al igual que en la muerte de Cristo hay unas etapas detalladas en los misterios del rosario, también en la muerte sacrificial del toro existe el mismo proceso: tres tercios, banderillas, varas y espada. El tres es el número de la fiesta de los toros: tres tercios, tres miembros de la cuadrilla, tres pares de banderillas, y un largo etcétera. Quien esté tentado por investigar en esa dirección, le recomiendo la lectura de la primera obra de Fernando Sánchez-Dragó, “Gárgoris y Habidis” en donde se detalla todo  esto.

Algunos toreros –en realidad muchos- han sido extremadamente religiosos. Siempre, antes de ir a la plaza, en el hotel, han rezado sus oraciones. Las han vuelto a repetir en la plaza antes del paseíllo. Lo sagrado no se ha retirado completamente de las plazas de toros, simplemente se ha alterado como el Dies Natalis Solis Invictus, la fiesta de Mitra, se transformó en la Fiesta de Navidad, natalicio de Jesús.

Un rito no apto para almas sensibles


¿Qué es un símbolo? Un símbolo es la expresión sensible de una idea. La idea de la agresividad y de la virilidad, por ejemplo, se expresó a través del símbolo del toro en todas las civilizaciones tradicionales (del toro o de sus avatares: el uro, el búfalo, etc.). En las civilizaciones tradicionales, la ética del guerrero sintetizaba: “Más enemigos, más honor”, esto es, matar a una hormiga tras “dura lucha” no aporta honor, matar al más fiero de los guerreros, en cambio, sí. Matar a un toro que es, a la postre el símbolo de la virilidad guerrera, es el límite al que puede otro guerrero puede aspirar.

Las civilizaciones tradicionales indo-europeas son “estamentales” y “trifuncionales” (Dumezil lo demostró hasta la saciedad). Están organizadas en función de un principio psicológico: hay caracteres distintos y no se puede pedir a todos las mismas aptitudes y esfuerzos; existen fundamentalmente tres tipos psicológicos de caracteres. Existe gente más dotada para la meditación y la contemplación (en las sociedades tradicionales hay constancia de “órdenes religiosas” desde el segundo milenio antes de Cristo en Egipto y antes en Sumer). Existe, así mismo, gente más dotada para la acción (las “órdenes militares” que en mi opinión fueron las primeras en constituirse porque desde que el primer homínido bajó del árbol fue preciso dotarse de armas para defenderse) y, finalmente, gente más dotada para manufacturas (“gremios” cuyos miembros trabajaban con sus manos). Los ritos de cada estamento son distintos y quienes pueden “entender” la liturgia de cada rito son aquellos a quienes su psicología le hace tender hacia una de las tres formas de psicología: función productiva, función sacerdotal y función guerrera. Meditación, acción y creación son las tres vías de acceso a la realización personal de los hombres en las civilizaciones tradicionales.

El arte del toreo hasta las puertas de la modernidad siempre ha sido patrimonio de la casta guerrera. No es por casualidad que la “religión” de las legiones romanas fuera el mithraismo que situaba la muerte de un toro en su centro, ni que hasta principios del siglo XVIII se toreara solamente a caballo –hoy rejoneo-. El uso del caballo y el hacer la guerra sobre el corcel era patrimonio de la casta guerrera y, por tanto, de la aristocracia.

¿Os imagináis a un legionario del Tercio o a cualquiera de los que se han alistado voluntarios en las COE rechazar el toreo porque el “toro sufre”? Quien lleva en su sangre el combate, el enfrentamiento, la prueba de fuego, el choque de voluntades, la exaltación de la acción, no puede sino amar el toreo; es normal. Por lo mismo, quienes pertenezcan a otros grupos psicológicos o estamentos (de hecho, la gran pregunta que plantea las doctrinas tradicionales es ¿quién soy yo? ¿qué llevo dentro? ¿para qué sirvo?) tengan reacciones diferentes ante el toreo. Por eso hay taurinos y anti-taurinos y por eso los argumentos de unos y otros tienen poco que ver con la racionalidad, sino más bien con su espíritu profundo y con su ser más íntimo.

El juego del amor y de la muerte

Quizás la mejor película de Almodóvar (y en mi opinión la única que no merece ser tirada al basurero) es “Matador”, una verdadera reflexión sobre el amor sexual y la muerte, con un fondo argumental mucho más profundo e interesante que cualquier otra de sus fatuas películas posteriores. El tema de “Matador” es la fascinación que el torero experimenta por la muerte (que no es muy diferente de la que se deja traslucir  en el Tercio con aquello del “novio de la muerte”) y la mujer asesina –una encantadora Assumpta Serna- que relaciona orgasmo sexual con muerte. Algo de todo esto está presente en el toreo.

Aunque los antitaurinos lo cuestionen, son constantes las declaraciones de toreros, novilleros y rejoneadores que afirman “amar al toro”. Son muchos también quienes han expresado que durante la faena experimentan un placer similar al orgasmo. Los códigos sexuales aparecen en múltiples facetas del toreo. Se diría que el diseño de los pantalones del torero (la taleguilla) está ideado para que a cada pase, el lomo del astado friccione el pene del torero, así que no es rara esa sensación de excitación que han reconocido muchos toreros, ¿pura física? Hay algo más.

Otros toreros han resaltado que, de la misma forma, que algunos ritos religiosos implican un período de ayuno y abstinencia, ellos se abstienen de tener prácticas sexuales, incluso de masturbarse. Uno de ellos –posiblemente fuera Paco Camino, disculpad si me equivoco- decía que “el toro lo sabe” (como la mujer cuyo marido se ha ido con una amante y sin pruebas objetivas, sino por puro instinto “sabe” que ha sido engañada). El toro es el partener simbólico del torero, sin el toro, como sin la mujer, no habría posibilidades de amar y morir en el orgasmo.

Otros toreros como Manolete estuvieron fascinados literalmente por la muerte. Mataban al toro pero intuían que ellos estaban vivos y regenerados por la muerte del morlaco. Es sorprendente también que otros toreros (Dominguín) tuvieran relaciones sexuales compulsivas – no fue el único- como si hubieran desatado mediante el rito, una fuerza profunda que eran incapaces de controlar.

A partir de todo esto, extraña menos el amor con el que el torero habla del toro, y la relación con la muerte que casi resulta de la misma intensidad como la pareja que yaciendo en el acto sexual grita palabras en pleno éxtasis amoroso: “mátame”, “Me muero”, “Me matas”… Por eso, podemos afirmar que en el acto del amor está presente esa dualidad “vida – muerte”. Finalmente, la crisis del orgasmo es esa sensación de que el suelo falta bajo los pies, de abandono total, a lo que sigue la quietud, el reposo… como el de la muerte.

Esas mismas sensaciones son las que “poseen” al torero en la plaza: también él quiere vencer al toro, como el amante quiere dejar rendida a su compañera; en las grandes faenas en el ruedo, siempre se tiene la sensación indeleble de que no es el consciente ni la racionalidad lo que guía la muleta del torero, sino que éste se encuentra en un estado de éxtasis profundo. El rito termina, como  en el acto del amor carnal, con la muerte del toro (o del torero).

Las razones de los antitaurinos

Nunca he entendido la obsesión de los antitaurinos, ni mucho menos la forma de expresarse, pero no me cabe la menor duda de que tiene mucho que ver con todo esto. ¿Cómo interpretar el que Alaska no hace mucho, posara con toda su humanidad celulítica desparramada y retocada con sobredosis de Photoshop, con unas banderillas en la espalda en un posado antitaurino? ¿Qué pensar de los PETA norteamericanos protestando contra las corridas de toros desnudos? ¿O de otros antitaurinos apareciendo en el ruedo durante una corrida en el lugar más adecuado para que nadie les haga caso exponiéndose a las iras de gente que ha pagado para ver un espectáculo y que unos intemperantes importunan?

Todas estas actitudes tienen una impronta psicológica y a la vez sexual: son formas de protesta que solamente pueden ser ejercidas por masoquistas. El masoquista, en general, tiene un complejo de culpabilidad que, una vez sublimado, le hace amar su autodestrucción. No es mi problema analizar a los antitaurinos, pero me da la sensación de que muchos de ellos están como las maracas de Machín. Por eso los “taurinos” tienden a reírse y despreciar estas protestas, ante lo evidente del desorden mental de quienes gritan al público: “Asesinos, asesinos”…

Por otra parte, los toros pueden gustar o no, incluso puede ser comprensible que alguien haga de lo antitaurino una “cruzada”… pero, a partir de determinados límites y formas de expresarla, la protesta se convierte en algo extremadamente ilustrativo sobre la psicología profunda de quien la ejerce: masoquismo, exhibicionismo, animalismo, carencias afectivas, frustraciones personales, traumas, depresiones, desengaños…

Por tanto, no me pidan que me tome muy en serio los argumentos antitaurinos: ¿qué el toro sufre? Igual es verdad, serán los veterinarios quienes se pronuncien, pero su sufrimiento no será en ningún caso como el de un ser humano, por algo tan simple como que el toro carece de principio de la personalidad, mientras que el ser humano tiene sentido de su propia existencia (de hecho la “humanidad” empieza a partir de que un homínido tomara conciencia de sí mismo) y de su presencia. Me resulta incomprensible que alguien iguale el sufrimiento de un ser humano al de un animal.

Y por lo demás hay una noción que está por encima de la extensión del humanismo a los animales: la noción de jerarquía. Lo metafísico es superior a lo físico. El sufrimiento del toro, en caso de poder definirse así, sería algo físico. El arte del toreo posee, en cambio, como todo lo que es iniciático, identitario y tradicional, una metafísica que está por encima.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

COMENTARIOS

      Tras la lectura de este excelente artículo creo que no estaría de más recordar algo que en su día escribimos:

      "En los mitos y leyendas de las diferentes tradiciones de los pueblos indoeuropeos siempre fue un tema recurrente el de la lucha de dioses o héroes contra titanes, gigantes, ciertos animales y todo tipo de monstruos.  Lucha que simbolizaba el enfrentamiento cósmico del Espíritu contra la Materia o la disputa que en el interior del hombre acaecía entre las fuerzas que tienden a llevarlo hacia lo alto y las que pretenden arrastrarlo hacia lo bajo.

      En Persia, un pueblo indoeuropeo como el iranio representó esta lid metafísica enfrentando al dios-héroe solar Mitra y al toro. El toro adquiría el papel de las  pasiones, de los bajos instintos, de la sensualidad y de la animalidad que impiden el triunfo y el imperio de la esencia divina que anida en el interior del ser humano. De este duelo mitológico salió victorioso el dios que, al matar al toro, hizo que la Luz se impusiera sobre las Tinieblas."

      Asimismo, en relación a la afirmación de Milà sobre lo enraizado de las corridas de toros en tierras como Vasconia y Cataluña, también hace un tiempo decíamos que:

     "Las fiestas taurinas están tan vetustamente arraigadas en Cataluña como en el resto de España. No olvidemos la multitud de municipios catalanes donde se celebran, en sus fiestas mayores, ´correbous´ (encierros) o tradiciones como la del toro ´embolat´ (con fuego en la punta de los cuernos gracias a una resina que se les coloca allí y que es encendida). Asimismo, anteriormente a la inmigración que llegó a Cataluña masivamente durante los años ´50 y ´60 de la pasada centuria nos encontramos con el hecho de que durante el primer tercio de dicho siglo XX Barcelona era la capital mundial del toreo, con tres plazas de toros, simultáneamente, a pleno funcionamieno y registrando llenos de asistencia: la de la Monumental, la de las Arenas y otra situada en la C/ Industria. Se toreaba, en ellas, en sesiones de mañana y tarde los domingos, jueves y, en determinadas épocas del año, se añadían (si la memoria no me falla) los lunes y, en ciertas festividades, el resto de días de la semana. Hablo de una época en que los únicos inmigrantes que había en nuestra Cataluña eran los murcianos que habían llegado a principios del citado siglo. Y, más todavía, si nos remontamos más allá en el tiempo a épocas en que absolutamente toda la población de Cataluña era, desde tiempos más que remotos, autóctona podríamos recordar que alguna revuelta popular de aquéllas conocidas como ´bullangues´ (o bullangas) arrancaron desde la plaza de toros que se hallaba situada, más o menos, donde hoy se encuentra el Passeig de Colom (Paseo de Colón), cerca del barrio de la Barceloneta. Estoy hablando del año 1.835 y estoy hablando de que tras acabar una corrida de toros en una plaza atestada de público éste salió enfierecido y empezó a incendiar conventos (el de Sta. Catalina entre otros) e iglesias a mansalva. Estas bullangas solían mezclar indignación por los precios del pan con un anticlericalismo azuzado por las logias masónicas y carbonarias que tantos seguidores tenían en la Barcelona de entonces. En el caso de ésta de 1.830 se hizo correr la voz de que unas monjas habían envenenado a unos niños con caramelos…

     Si me ha bailado algún dato se puede subsanar y obtener toda esta información consultando (para lo comentado de Barcelona como capital mundial del toreo) el libro “Los catalanes en la guerra de España”, de José María Jordana y editado por Acervo y (para lo de las bullangas) el libro “Misterios de Barcelona”, de Ernesto Milà y editado por PYRE."

Eduard Alcántara

 

 

DUALIDADES II - LA CAVERNA Y LA MONTANA

Infokrisis.- Cuentos infantiles y leyendas heroicas, han elevado a caverna y montaña al rango de símbolos arquetípicos. René Guenon ha sido de los primeros en subrayar la oposición entre estos dos símbolos geográficos y a escribir sobre ellos algunas de sus más inspiradas páginas. No en vano los primeros templos fueron cavernas y la indiscutible morada de los dioses se presintió en las altas cumbres.

Lo que llamó inicialmente la atención de Guenon fue que la esquematización gráfica de la montaña fuera un triángulo con el vértice hacia arriba () y el de la caverna justamente su contrario (). Guenon conocía todas las relaciones que podían establecerse a partir de aquí. Por de pronto el triángulo invertido estaba asociado al símbolo sexual femenino; no se nos escapa, al respecto, que algunas cavernas que sirvieron de lugar de culto al hombre antiguo tenían su entrada pintada de rojo: así pues el lugar de culto quería emular una vagina que daba entrada a un útero materno. La montaña y su símbolo quisieron representar, por su parte, el órgano genital masculino, asociado al fuego, a lo ascendente, a lo que busca la verticalidad.

Así pues las transposiciones simbólicas de la montaña y la caverna nos han llevado de nuevo a la antítesis básica, masculino-femenino, pero sería absurdo detenemos aquí. No se trata de elementos que hayamos asociado gratuitamente o que el azar los haya convertido en contradictorios; antes bien, de ellos derivan importantes contenidos rituales, esto es, mágicos.
"Caverna iniciática" y "montaña mágica", todas las grandes tradiciones han conocido lo uno y lo otro. La primera frecuentemente ha sido asociada a los preliminares de la iniciación; aun hoy las logias masónicas intentan reproducir este elemento en su gabinete de reflexión, de la misma forma que ayer los templarios, tras su reniego de la cruz y el rito del "bautismo por el fuego" (baphos-metheos = Bafomet) debían retirarse a un lugar aislado y oscuro, igualmente remedo de la caverna. Los sectarios de Mithra reproducían la muerte del toro en sus rituales de acceso al primer grado -"corax"- de su cofradía y el recipiendario esperaba recogido en estrecho antro que del techo enrejado colara la sangre del animal sacrificado sobre su cabeza y con la que debía bañarse.

El mundo clásico conoció el mito de la caverna de Platón y el de Empédocles, el oráculo de Trofonio, como conceptos y experiencias que se desarrollaban a partir de una caverna. El espíritu clásico, ansioso de la luz olímpica, veía necesariamente en la caverna la imagen más evocadora de la prisión que sufría el alma. El iniciado en Eleusis debía meditar encadenado en el interior de una gruta lo que iba a representar para él el tránsito de la oscuridad a la luz. Para él la caverna era la dramatización plástica del estado de su alma previa a la iniciación: aislada, oscura, ignorante, presa, carente de vida, reducida a mero estado de latencia. El sacerdote le preguntaba si fuera de la caverna su alma sería más libre y él respondía que no mientras fuera prisionera de su espíritu hecho de pasiones e intereses. El sacerdote le conminaba luego a romper las cadenas con la sola fuerza de su voluntad, los dioses, le decía, solo ayudan a quien se ayuda a sí mismo. Y el adepto se quedaba solo meditando. Puede suponerse el impacto del choque de sus sentidos cuando tres días después era sacado de la gruta y llevado hasta la luz; era entonces cuando muchos decían sentir como Apolo los arrastraba hacia sí y se veían invadidos por su luz soberana.

Jesús, el hombre nuevo, nace, nació necesariamente, en una gruta y su presencia fue anunciada por la estrella. Cámbiese aquí aspirante a la iniciación por Jesús; caverna iniciática por Portal de Belén y estrella de los amigos, por luz apolínea y tendremos los mismos elementos que en el rito de la iniciación eleusina. El texto bíblico nos señala también la importancia del monte en la trayectoria espiritual del Salvador del Mundo. Fue en el Monte de la Transfiguración donde Cristo luchó durante 40 días contra las tentaciones del Maligno hasta vencerlo finalmente. Era también en la montaña donde el mundo clásico situaba el Olimpo de los Dioses y la humanidad medieval situaba en una montaña mágica el emplazamiento del Castillo del Grial.

A la inmersión en la caverna iniciática, a la experiencia que supone penetrar en la madre tierra, realizar un viaje hasta el fin del subconsciente, sigue una etapa posterior de perfeccionamiento: pasar de las profundidades de la tierra a las alturas más próximas al cielo supone evidentemente asumir una naturaleza próxima a la de los dioses.

Cada tradición ha considerado a alguna montaña como el centro del mundo. Su altitud implica un alejamiento del seno materno, es decir, del estado de ignorancia primordial. Salir de la caverna, dejar tras de sí el útero y cruzar el umbral de la vagina, ver la luz y encaramarse por los peldaños que conducen a la fuente de toda luz, implica adquirir conocimiento y saber, esto es, liberación: del estado de ignorancia primordial a la vida regida por la supra-conciencia, tal concepto es lo que supone el tránsito de la caverna a la montaña. Dante coloca su Paraíso en la cima de una montaña en cuyas laderas ubica el Purgatorio. Más abajo los réprobos sufrían en las cavernas infernales.

Hasta tal punto es importante la montaña que la imagen que algunas tradiciones se forjan del fin del mundo aluden a que éste comenzará cuando la voluntad divina derrumbe a las montañas. Una vieja tradición barcelonesa nos dice que el diablo, envidioso de la devoción que los ciudadanos profesaban a la Santa Madrona (una santa derivada de la Magna Mater latina) decidió allanar la montaña de Montjuïc ayudado por los "espiadimonis" (libélulas). Advertida la Santa logró poner en fuga al diablo. Todavía se conserva en Montjuic el llamado "Forat del Diable" (agujero del diablo) muestra del inicio de su tarea destructora.

Pero también hay otra lectura de estos mitos. Si antes hemos aludido al tránsito de la caverna a la montaña como muestra de iniciación, también la dirección opuesta es utilizada por algunas tradiciones. En las fases terminales y decadentes de un ciclo, lo que hasta entonces ha constituido la "verdad tradicional", parece ocultarse. No muere, sino solo pasa a un estado de latencia. Aparecen entonces los mitos de las ciudades subterráneas de las que Shambala constituye su más afinada representación, Allí los hombres justos, los iniciados, van a rodear a Guesar de Ling el héroe tibetano que les llamará al combate cuando suene la hora de la lucha final contra las potencias del caos y la oscuridad. El mismo mito sin apenas alteraciones se conservó en la mitología nórdica con el Ragna-rök, Odín y sus guerreros muertos que llevados por las walkirias hasta su morada, constituyen la orda que cabalgará contra el enemigo en el combate decisivo. Federico 1, el Buen Barbarroja, está también oculto en el interior de una caverna y espera el momento fatídico en que los signos de los tiempos indiquen que debe cabalgar de nuevo al frente de sus huestes.

(c) Ernest Milà - Infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

ARCHIVO DEL CRIMEN: MATRIMONIO ASESINADO POR UN PSICOPATA - EL CRIMEN DE PEDRALBES EL CRIMEN QUE CONMOCIONO A LA ALTA SOCIEDAD

Infokrisis.- Buscando otros artículos hemos encontrado este que apareció publicado en una revista de crímenes y misterio publicada por una editorial mangantona de Málaga. El artículo se publicó en 2001 era una reinterpretación del llamado "crimen de Pedralbes"  que tuvo lugar en 1974 y alarmó a la alta sociedad barcelonesa. Aprovechamos, con la excusa del crimen, hablar de otros sucesos macabros que tuvieron lugar en aquella época y, especialmente, de la situación social de la Barcelona (que fue y no volverá a ser) de aquellos años.

ARCHIVO DEL CRIMEN
MATRIMONIO ASESINADO POR UN PSICOPATA
EL CRIMEN DE PEDRALBES

EL CRIMEN QUE CONMOCIONO A LA ALTA SOCIEDAD

Pocos crímenes causaron tan honda impresión en todo el país como el que tuvo lugar el 4 de mayo de 1974 en un chalet de Pedralbes, barrio adinerado de Barcelona. La frialdad y la falta de motivos del asesino se unieron a su carácter de psicópata. El hecho de que Gonzalo Herralde hiciera una película-reportaje, estrenada con gran éxito de público y de la crítica, “El asesino de Pedralbes”, contribuyó a aumentar la fama de este crimen que figura entre los más sangrientos de la crónica negra del tardo-franquismo.

“El Caso” titulaba así su crónica: “Marido y mujer fueron acribillados a puñaladas en el lecho conyugal”. En el estilo ampuloso pero elegante de la época se describía lo sucedido: “Un doble asesinato sanguinario y brutal que parece haber sido concebido minuciosamente y llevado a cabo por un criminal cegado por el odio, ha sido descubierto a primera hora de la mañana del sábado día 6 en Barcelona”. Así era, en efecto. En el número 5 de la calle Juan de Alós, un lujoso chalet unifamiliar, cuyas paredes estaban casi completamente cubiertas por la hiedra la asistenta había encontrado a primera hora de la mañana los cuerpos sin vida de sus propietarios.

Se trataba de Juan Roig Hospital y su esposa, María Rosa Recolons Morer, de 50 y 44 años respectivamente. El primero era químico y tenía una productiva industria de jabones y abonos nitrogenados. Ambos eran titulares de jugosas cuentas corrientes muy bien saneadas. Quienes los conocieron en la época y sus vecinos que aun los recuerdan, los describen como personas amables, en absoluto dotadas de esa prepotencia que suelen tener los afortunados. Ni siquiera en el curso de sus negocios profesionales, se habían creado enemigos. Ambos eran profundamente religiosos y a pesar de no tener hijos, llevaban una vida familiar estable y sin puntos oscuros. La esposa, Rosa Recolons financiaba parte de los gastos de la guardería infantil Can Caralleu y otras obras de caridad.

¿Quién podía querer asesinarles? ¿Era posible que aquella pareja tuviera algún enemigo? Lo absurdo e inexplicable del crimen generó una situación de tensión y ansiedad especialmente en la parte alta y adinerada de Barcelona. En efecto: si habían asesinado al matrimonio Roig, a ellos cuya bondad era suficientemente conocida, ¿qué podían temer aquellos de sus vecinos implicados en operaciones especulativas, negocios agresivos y que se han pasado media vida generando enemistades y enemigos? A partir del doble crimen de los Roig empezaron a generalizarse los guardias privados y los sistemas de seguridad en las fincas más lujosas de la ciudad.

EL DESCUBRIMIENTO DEL CRIMEN

El impresionante dogo que guardaba la casa, no ladró aquella noche del viernes al sábado. El matrimonio Roig había invitado a unos viejos amigos a cenar a su casa y habían prolongado la veladas hasta las 12:30. A la mañana siguiente, la doncella Angeles Vaquero, de apenas 21 años, entró como era su costumbre en la alcoba del matrimonio con el desayuno.

El espectáculo que se abrió ante ella era dantesco: el lecho estaba cubierto con grandes manchas de sangre. El matrimonio estaba cubierto con la manta hasta el cuello, pero ésta se encontraba completamente impregnada de sangre; con su elegante estilo “El Caso” explicaba: “Marido y mujer permanecían con la inmovilidad de la muerte, cubiertos hasta el cuello con los edredones blancos, ahora maculados de rojo”.

ASESINADOS CON ENSAÑAMIENTO


El matrimonio mostraba grandes heridas en el rostro y el médico no pudo hacer más que certificar la defunción, cuando la policía ya había llegado al lugar de los hechos. Luego llegó el titular del Juzgado de Instrucción nº 7 y el forense. En la parte derecha de la cama matrimonial, Don Juan Roig, descansaba sobre el costado izquierdo, con el brazo derecho extendido. Su esposa, estaba tendida en el lado izquierdo, boca arriba, con los brazos plegados y las manos cruzadas sobre el pecho.

Desde el principio no hubo ninguna duda de que habían sido atacados mientras dormían. Ni una cerradura estaba forzada. Las puertas que fueron abiertas para perpetrar el crimen, se cerraron una vez cometido. Era evidente que el asesino era alguien conocido de la familia con acceso a las llaves. No faltaba dinero, ni joyas, ni se veía nada removido y registrado. Pero la ferocidad del crimen llamó la atención a los investigadores. Solo un psicópata podría haber ocasionado aquella carnicería.

El asesino sorprendió a los Roig cuando dormían, les arrancó la colcha y las sábanas y los apuñaló a ambos  en el cuello, pecho y abdomen. Debió ser tan rápido que ni siquiera pudieron incorporarse a pedir auxilio. Al parecer el marido había intentado detener los golpes cogiendo el cuchillo con la mano derecha que presentaba en la palma profundos cortes.

Pero la cosa no acabó ahí: una vez en estado agónico, el asesino se ensañó destrozándoles el rostro practicando profundos cortes con el mismo cuchillo. Eran las “marcas del odio” propias de los crímenes cometidos por psicópatas.

EL CHOFER JOSE LUIS CERVATO

La investigación policial fue fácil: el asesino había dejado sus huellas por todas partes. Si estaba fichado era solo cuestión de horas identificarlo. Y los funcionarios del Grupo Quinto de la Brigada de Investigación Criminal no tardaron en hacerlo. Aun antes de tener los resultados de las huellas dactilares, tenían claro que había que buscar en el entorno de las víctimas. Los pocos sospechosos, pronto se redujeron a uno solo: José Luis Cervato Goig, de entonces 34 años, soltero, natural de Alicante, sin domicilio fijo y, por lo que se sabía, en una pensión de la travesera de Gracia 301 en Barcelona, donde solo iba a dormir.

En enero de 1974 una agencia de colocación le proporcionó trabajo como chofer en casa del matrimonio Roig. Según la declaración del propio Cervato, a poco de entrar en el hogar de los Roig, empezó a sentir un odio creciente e irreprimible hacia la esposa. “El Caso” lo explica de forma particularmente ilutrativa: “La pobre doña María Rosa, rica, querida por todos, alta, bien formada, guapa, llena de salud y de bondad que resplandecía en su rostro. Todo ello creó un fondo insoportable de envidia en el homosexual feo, semicalvo, malvado y desprovisto de bienes de fortuna”...

Al parecer fue precisamente la esposa la que percibió esta hostilidad, aun a pesar de que empezó de chofer y terminó de mayordomo. El propio Sr. Roig lo despidió a los pocos meses cuando comprobó el carácter problemático de Cervato. El 17 de abril, recibió su última paga, la liquidación y se marchó con su rencor y... una copia del juego de llaves que hizo subrepticiamente. La premeditación era evidente.

Lo que hizo Cervato entre el 17 de abril y el 4 de mayo es un misterio. Paseaba por el Barrio Chino e iba obsesionándose cada vez más con la posibilidad de asesinar a Rosa Recolons. Luego se supo que Cervató sufría una paDía tras día este impulso homicida fue creciendo hasta que, finalmente, el 3 de mayo compró en los Encantes un impresionante machete de 18 cm, que afiló cuidadosamente durante horas. Compró igualmente ropa negra y alquiló en SEAT 850 diciendo que tenía que desplazarse a Tarragona. Recorrió con el coche la distancia equivalente por las calles de la ciudad y, tras ver en un cine del Paseo de Gracia, una película sobre Jack “el Destripador”, luego merodeó por las inmediaciones de la finca hasta que todas las luces se apagaron. Saludó al perro que le conocía bien y se deslizó por las habitaciones hasta llegar al dormitorio. Lo que sucedió después ya lo sabemos.

LA BIOGRAFÍA DE UN PSICOPATA

Decididamente la biografía de Cervato era triste. Pero, afortunadamente, no todos los que han sufrido privaciones y problemas en su infancia, derivan hacia el crimen.
 
Su padre había fallecido de larga y terrible enfermedad cuando apenas tenía tres años; fue recluido en un orfanato y sus primeros años fueron extremadamente tristes y penosos. Sobrevivió como pudo y empezó a robar. Luego trabajó en un circo –acaso el momento más feliz de su vida- y marchó a desempeñar el servicio militar plagado de arrestos y problemas.

Aun tuvo que pasar por un reformatorio antes de rengancharse en la Brigada Paracaidista. En la película de Herralde cuenta que realizó más de setenta saltos y presenció varios accidentes mortales que le impresionaron profundamente.
 
Tras extinguirse su compromiso con el ejército se fue a Barcelona, trabajó en la construcción y vivió los primeros meses de manera miserable. Pero no era un tipo incapaz, tenía energía, fuerza, iniciativa y creatividad. De no haber adquirido los rasgos de un psicópata o de no haber tenido una infancia tan triste, probablemente hubiera destacado en algún campo. Sea como fuere, el caso es que logró salir de la miseria y estabilizar sus ingresos. Unos años después ingresó en el servicio de los Roig.

LA DETENCION

Tras cometer el crimen, Cervato se alejó en el SEAT 850, poco a poco se despojó de la ropa negra, encharcada en sangre y arrojó a una alcantarilla el machete. Depositó el botón que se había llevado para despistar a la policía en una consigna de la estación de Francia. Luego se fue hacia Tarragona deteniéndose en una cafetería y guardando el ticket de la consumición que le serviría de coartada. Se detuvo en Comarruga y durmió dentro del coche. Al día siguiente retornó a Barcelona.

En su pensión encontró a la policía esperándolo. Durante las primeras horas de interrogatorio, mantuvo su coartada y la policía prefirió no presionarlo. Como en el relato de Poe “El corazón delator”, Cervato se fue poniendo progresivamente nervioso hasta que, bruscamente, fuera de sus casillas pidió a un sacerdote. Cuando los policías le preguntaron que para qué necesitaba un clérigo, estalló: en pocos minutos dio todos los detalles sobre como había urdido el crimen e incluso dio la localización de las joyas robadas cuya sustracción aun no había sido advertida por la policía. En un par de horas firmó la confesión. El “crimen de Pedralbes” estaba resuelto.

CERVATO, PROTAGONISTA DE UN FILM

El 1978 se estrenó con gran éxito de público y crítica la película de Gonzalo Herralde, “El asesino de Pedralbes”. ¿El protagonista estelar? El propio José Luis Cervato... En realidad la película era un verdadero documental sobre el “asesino de Pedralbes”.

La película, filmada en uno de los momentos más intensos de la transición política constituye un extraño documento de indudable valor testimonial. Cervato, por primera vez, explica todas las circunstancias que le llevaron a un crimen tan incomprensible. En realidad, la película precedió con casi veinte años de adelanto los famosos “juicios paralelos” de finales de los años 90, que tanto impacto causaron a través del programa de Pepe Navarro, “El misisipi” y “La sonrisa del pelícano”.

El año antes, Herralde había rodado “Raza: el espíritu de Franco”, con la misma intención documental. Se trata de dos documentales que alcanzaron gran éxito en las pantallas dada la peculiar situación de la sociedad española. “El asesino de Pedralbes” ganó ese mismo año el premio “Perla del Cantábrico” del Festival de San Sebastián, al mejor largometraje de habla hispana.

La película sobre Cervetó precedió en casi 10 años al film sobre Eleuterio Sánchez (a) “El Lute”, antiguo quinqui, reinsertado durante la democracia. Las crudas afirmaciones de Cervetó sobre los motivos que le impulsaron al crimen, lograron que, por segunda vez, lograra conmover a todo un país.

EL JUICIO Y LA PRISIÓN

Paradójicamente, “El Caso”, revista especializada en la crónica negra de la época, no prestó mucha atención al juicio que se celebró en octubre de 1977, tres años después de que ocurrieran los hechos.

Fue acusado de dos delitos de robo con homicidio, con las agravantes específicas de uso de armas y casa habitada y las genéricas de alevosía, premeditación y reincidencia. Se le condenó a dos penas de muerte por cada crimen que, en virtud del indulto de 1975 a raíz de la muerte de Franco, se conmutó por 30 años de reclusión por cada robo con homicidio.

Cervato recurrió la sentencia alegando que no apreciaba la eximente de trastorno mental transitorio por lo que según su defensa, debía ser absuelto. No lo fue, por supuesto...

... Pero tampoco pasó una gran temporada en la cárcel. Recluido entre otras en la prisión de Huesca, pasó 13 años de encarcelamiento. A finales de 1986 ya estaba en la calle con la presunción de haberse reinsertado.

Ni el juzgado ni las autoridades de la época tuvieron en cuenta su petición de ser ejecutado. Afirmó en varias ocasiones que si le dejaban en libertad, volvería a matar. Por el momento, Cervató no ha vuelto a reincidir en asesinatos. Se ignora su paradero.

Se sabe solo que en 1988 fue procesado por abusos a menores.


[recuadros fuera de texto]

[recuadro I]

EL CASO DE LA DESCUARTIZADORA. CRIMEN POR CELOS PROFESIONALES...

El mismo día en que Cervato se sentaba ante el banquillo de los acusados, en la Audiencia Provincial de Santander se veía el sumario de otro horrible asesinato que causó vivo impacto en la sociedad española de la época.
Josefa González García de 34 años, había asesinado y descuartizado a su prima, la joven Crisanta Gómez Gutierrez de apenas 16 años.

El crimen fue motivado por la envidia que Josefa profesaba a su prima por regentar esta una tienda de ultramarinos y un bar “con mayor volumen de negocio que el suyo”, según declaró en el juicio. Un día, bruscamente, la atacó por la espalda con un hacha cuando se hallaba en cuclillas.

Procesada como autora de asesinato con alevosía y premeditación, Josefa fue recluida a 30 años de prisión mayor y millón y medio de indemnización a los familiares de la víctima. La defensa de la acusada impugnó el fallo solicitando que se rebajara la condena.

El Tribunal Supremo confirmó la sentencia. Josefa Gómez, de todas formas, se benefició como Cervato del indulto del 75 y sería puesta en libertad a principios de los años 80.

Su rastro se ha perdido. El recuerdo de su horrible crimen, también.


[recuadro II]

DOS HERMANAS DE 6 Y 10 AÑOS DESAPARECIDAS. UN MISTERIO AUN SIN RESOLVER...

En los mismos días en los que Cervato era juzgado y condenado, se producía un extraño suceso en Barcelona, jamás aclarado. En septiembre de 1977, tras regresar de las vacaciones, dos hermanas de 6 y 10 años, desaparecieron sin dejar rastro.

El 9 de septiembre, su madre las había enviado al Mercado de la Boquería a buscar una sandía. Llevaban encima la modesta cantidad de 200 pesetas. Al cabo de una hora no regresaron y la madre, alarmada, salió a la calle a buscarlas. Al día siguiente realizó la denuncia ante la policía. Isabel y Teresa jamás volverían a aparecer.

La madre declaró a la prensa: “Lo que más temo es que la mayor, Isabel, a sus diez años, está muy desarrollada. Es ya una mujercita. ¡Sabe Dios en qué manos están mis dos hijas, lo que habrán hecho con ellas!”. En aquel momento, los casos de pederastía eran infrecuentes.

Existía una rumorología popular y circulaban leyendas urbanas que aseguraban que en una corsetería de la calle Pelayo se habían producido desapariciones y secuestros de jóvenes en los probadores (evidentemente falsos, pero que obligaron a cerrar en pocos meses al establecimiento ante el rumor que corrió por la Ciudad Condal como un reguero de pólvora). Unos años antes había circulado el rumor de que los hijos de una conocida familia de industriales vascos realizaban “snuf movies”, es decir, películas en las que un o una joven secuestrados son torturados y finalmente asesinados, no como ficción, sino realmente. Por supuesto se trataba también de una leyenda urbana. Pero cuando ocurrió el caso Alcasser se alcanzaron cotas de maldad nunca antes esperadas en la sociedad española.

El caso de las dos hermanas desaparecidas en Barcelona, deja un regusto amargo y una inquietud flotando en el ambiente: nunca más llegaron a encontrarse ¿qué sucedió con ellas? ¿cayeron en manos de una banda de paidófilos? ¿fueron secuestradas y vendidas a alguna familia sin hijos, tal como ocurrió en otros casos en la época? Se ignora.

Pareció como si se las hubiera tragado la tierra. ¿Cuántos niños más han sufrido esta tragedia en los últimos 25 años? No hay estadísticas, pero raro es el me que no ocurre un caso similar. Salvo aquellos en los que se trata de desapariciones voluntarias, raros son los casos en los que se logra detener a los secuestradores. La duda es angustiosa: ¿dónde van a parar esos niños desaparecidos?


[recuadro III]

LA ESPAÑA DEL 74. INFLACIÓN, MIGRACIONES, ATENTADOS Y PLATAJUNTAS

Cuando los cuerpos de Juan Roig y Maria Rosa Recolons ya se habían enfriado, el ministerio de Economía estaba dando las cifras de previsión de inflación para el año 1974: ¡un 20%!. Pensemos que eso significaba que los salarios se desvalorizaban 1/5 anual, aun a pesar de que el país vivía una situación de bonanza económica aparente.

En los años de la transición los índices de inflación alcanzaron cifras todavía más espectaculares, en comparación con las actuales, cuando un 3’1% ya implica el que suenen las alarmas. El culpable de esta situación era la última guerra árabe-israelí que había desencadenado la primera “crisis del petróleo”. Los países árabes, con Libia a la cabeza, habían cerrado el grifo del combustible y el gobierno recomendaba apretarse el cinturón.

Fue el primer año que se adelantó una hora el reloj en primavera a fin de aprovechar más la luz del sol y reducir el consumo energético.

Más o menos por esas fechas, el Partido Comunista lanzó la Junta Democrática en París. Unos días después, con Franco enfermo de flebitis, el minúsculo PSOE creaba la Plataforma Democrática. Ambas iniciativas tenían como fin la “ruptura democrática” que debía de abolir el régimen franquista. Finalmente en el 75 se fusionaron. Jamás hubo ruptura. En efecto, ambas iniciativas no tenían fuerza social suficiente como para remover al franquismo de sus sillones. La transición fue posible solo cuando la lideró Adolfo Suárez con el beneplácito de la Unión Europea y EE.UU.

El PSOE, que iba a cumplir cien años, hubo de esperar aún siete más para tomar las riendas del poder y debió de soportar irónicas críticas comunistas por su ausencia casi total durante el franquismo (“cien años de honradez... y cuarenta de vacaciones”).
El anarquista Puig Antich había sido agarrotado tras un confuso tiroteo en un portal en el que murió el inspector Anguas Barragán. Ni siquiera los partidos clandestinos se interesaron mucho por la ejecución.

SOFICO –el equivalente a GESCARTERA en la actualidad- presentó expediente de crisis y, para colmo, ETA atentaba indiscriminadamente en la calle del Correo causando 11 muertos y 70 heridos. Por primera vez sonaron en la calle gritos de “Ejército al poder” protagonizados por los seguidores de Blas Piñar. Durante diez años estos gritos iban a seguir oyéndose en España. Una semana antes del asesinato del matrimonio Roig, se había inaugurado el puente aéreo Madrid-Barcelona.

Pero el dato sociológico más significativo era la migración masiva de españoles a Portugal y Francia durante los fines de semana para ver cine porno y visitar los sex-shops de la frontera. Perpiñán se convierte así en la meca de la calentura mental de un país que pretendió ser la reserva espiritual de Occidente.

(c) Ernest Milà - Infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

LA COSTUMBRE ISLÁMICA MÁS BRUTAL: ABLACIÓN DEL CLITORIS

Infokrisis.- La ablación del clítoris ha llegado a Europa con las riadas migratorias procedentes del Tercer Mundo. Bruscamente, un problema de otras tierras comparte cotidianeidad con nosotros. Desde el punto de vista antropológico, la ablación es una práctica tradicional de zonas islámicas del Africa Negra en las que, no solo no está prohibido, sino que además es una práctica integrada en la sociedad. ¿Debe permitirse a las comunidades originarias de esas zonas, continuar con esta práctica criminal en nuestro país? o por el contrario, la ablación ¿debe ser un delito penado en Europa?

La “ablación” es, según el diccionario, la separación o extirpación de cualquier parte del cuerpo y la “ablación genital femenina”, la mutilación genital o ablación del clítoris. Una práctica que jamás se ha conocido en el viejo continente, ni siquiera períodos prehistóricos.

Europa ha permanecido ajeno al conflicto durante siglos. Hasta no hace mucho se creía que era una rareza antropológica de pueblos primitivos. La llegada de riadas masivas de inmigración a nuestro continente que llevaban con ellos sus tradiciones y costumbres, ha hecho que, bruscamente, hayamos tomado conciencia del drama por el que atraviesan millones de mujeres del Tercer Mundo.

140 MILLONES DE NIÑAS MUTILADAS EN AFRICA

En la actualidad resulta difícil establecer el número de mujeres que han sufrido ablación.
Las cifras más optimistas hablan de más de cien millones, pero, frecuentemente, a partir de datos de la ONU y la UNICEF, se considera que entre 130 y 150 millones de mujeres han sido martirizadas con esta mutilación que les dejará secuelas durante toda su vida.
Los países con mayor número de ablaciones son Nigeria (33 millones), Etiopía y Egipto (24 millones cada uno), Sudán (10 millones), Kenia (7 millones) y Somalia (4’5 millones). Con cifras menores, pero con unos porcentajes extremadamente altos, figuran los países del África Occidental: en especial Malí, Camerún, Costa de Marfil, etc. En países como Djibuti o Egipto entre el 80 y el 90% de las niñas sufren ablación. Según un dosier informativo de INFOMUNDI, se calcula que dos millones de niñas son sometidas anualmente a mutilación genital. Hay aproximadamente seis mil nuevos casos por día, o sea, cinco ablaciones por minuto...

Las mutilaciones se realizan sin ningún tipo de medidas sanitarias. Básicamente la operación consiste en inmovilizar a la niña por sus familiares o atándola a la cama en el momento en que cumple los 7 o 10 años, colocarle unas tablillas sobre cuyas aristas sobresalga el clítoris, y arrastrar un vidrio o un cuchillo sobre las tablillas hasta que arranquen de cuajo el delicado órgano femenino. Existen diversas formas de ablación (ver recuadro), según la parte mutilada sea mayor o menor.

Tal es el destino de las mujeres de buena parte de Africa. No todas sobreviven a la mutilación. Frecuentemente las infecciones acaban con la vida de la niña. Las que sobreviven, además del trauma, padecen secuelas durante toda su vida. Frecuentemente sufren infecciones vaginales, tumores y dolor durante la penetración y el parto. Por supuesto, ignoran durante toda su vida lo que es el orgasmo y el placer sexual intenso.

¿POR QUE MUTILAR A LAS NIÑAS?

Una costumbre tan absurda para los occidentales, debe tener algún arraigo entre las poblaciones que lo practican. En realidad, la ablación femenina tiene un sentido similar a la circuncisión practicada por musulmanes, judíos y buena parte de las poblaciones del Africa Negra. El tránsito de la niñez a la juventud entre los varones viene dado por la amputación ritual del prepucio y, en el caso de las etnias africanas, por la “aventura iniciativa”, frecuentemente la caza de un animal salvaje. La ablación es el equivalente en las niñas. Tanto la circuncisión como la ablación se consideran “ritos de tránsito”. Cuando el joven cumple determinada edad atraviesa esta “iniciación” y pasa a ser considerado “hombre” o “mujer”.

No es raro que en Africa, las niñas esperen la ablación como un tránsito necesario para ser consideradas mujeres. La amputación del clítoris implica “limpieza” y “pureza”. Ese fragmento de carne, extremadamente rico en terminaciones nerviosas y vasos sanguíneos, es considerada “carne impura” y, por tanto, debe ser amputado. Para acentuar este sentido, las niñas, en algunos países como Somalia, tras ser mutiladas, son lavadas de forma ritual y su cráneo es afeitado.

En la práctica, es evidente que este sistema tiene como único fin el control de la sexualidad femenina. Desde un período ancestral, estas poblaciones han temido que la mujer aprenda los mecanismos del placer sexual y se entregue a ellos, causando la consiguiente “pérdida de honra” del varón. La ablación impide, no solo todo tipo de gozo sexual, sino incluso un dolor, en ocasiones extremo, en el momento de la penetración. Los valores culturales de las sociedades que practican la mutilación genital femenina, transmiten a sus mujeres que cualquier mujer que no haya pasado por esta “purificación”, no es útil para el matrimonio, huirá pronto del hogar y se convertirá en una prostituta.

EL PROBLEMA LLEGA A EUROPA

Evidentemente, en Europa las cosas se ven de otra forma. Si la igualdad sexual todavía no se ha alcanzado, si al menos se percibe un cambio en las costumbres. Nadie discute la tendencia a considerar a la mujer como igualmente digna que el varón. Las religiones europeas, desde la más remota antigüedad -el paganismo celta, o la religiosidad greco-latina- confirieron a la mujer un papel elevado, como esposa, madre y amante, frecuentemente elevadas al papel de diosas.

Esta herencia cultural se ha ido desarrollando hasta nuestros días y generando un progresivo marco de igualdad.

Por eso ha sorprendido todavía más el que, desde hace año y medio, empiecen a llegar a las consultas pediátricas españolas casos de niñas que han sido mutiladas en nuestro país. Hace quince años ya se detectó el primer caso en el Reino Unido y hace sólo cinco en Italia y Francia. Frecuentemente, las familias aprovechan períodos vacacionales en sus países para someter a la niña a mutilación sin los problemas legales que esto podría acarrear en Europa.
Posteriormente, cuando regresan y llevan a la niña a la consulta pediátrica, se evidencia la mutilación. La obligación de los médicos es comunicar el caso a las autoridades. Esto ha hecho que las fiscalías de Barcelona, Madrid, Baleares, Zaragoza y Valencia, tomaran cartas en el asunto ante estos casos.

También se han producido insólitas situaciones en las que los familiares de la niña han solicitado al pediatra que procediera a la mutilación ritual, con cargo a la “seguridad social”. El argumento es simple: si las niñas regresan a Africa sin haber sido mutiladas serán, irremediablemente, repudiadas...

Distintas ONG’s y servicios de Asistencia Social de los Ayuntamientos están intentando llevar campañas de sensibilización e información sobre los peligros que acarrea la ablación y su prohibición en nuestro país. Sin embargo, hasta ahora y según reconoce una asistenta social del Raval, los resultados son mínimos: “La ablación está tan arraigada en aquellas culturas africanas que la niña que esta “entera” es considerada con un rango similar a las prostitutas” y no tiene ninguna posibilidad de inserción normal en su sociedad de origen.

LA ABLACIÓN Y EL ISLAM    

En Egipto cada día se mutila a tres mil niñas. El gobierno, haciéndose eco de los llamamientos de la Asociación Egipcia Pro Derechos Humanos, ha multado con 80 millones de pesetas al líder de los teólogos musulmanes por haberse manifestado a favor de la mutilación femenina. Pero éste ha respondido con una fatwa (decreto religioso) contra quienes se opongan a ella, afirmando que merecen la muerte y refiriéndose a la operación como una “práctica loable que honra a la mujer”.

En realidad, la posición del Islam no es uniforme respecto a la ablación. Driss El-Majouni, a cargo de uno de los puntos de oración musulmanes en el barrio de la Ribera en Barcelona, afirma que “El misterio reside en saber de dónde procede la autoridad con la que este teólogo se ha atrevido a realizar esta declaración, habida cuenta que el Corán no menciona la circuncisión femenina”. Y añade: “El Islam es un camino para encontrar la paz, la libertad y el recogimiento espiritual, tanto para el hombre como para la mujer”.
 
Sin embargo, es evidente que allí donde se practica la ablación, se realiza con fines religiosos y que la religión oficial es el Islam. El-Majouni, afirma que la desinformación que existe en Occidente sobre el Islam es espectacular. “La mujer islámica –nos dice- no es un ser enclaustrado, sumiso y privado de libertad, de movimiento y de pensamiento. De entre todas las religiones tradicionales, desde luego, es la que con más cuidado trata la figura de la mujer”.

Cuando le recordamos el caso de las mujeres afganas o la ablación del clítoris, reacciona inmediatamente con una agresividad poco disimulada: “Vosotros creéis saber que la ablación del clítoris es una costumbre islámica; en realidad no sabéis nada. La ablación es una tradición de ciertas regiones africanas preexistentes al Islam. Se confunde al Islam con las tradiciones machistas, pero no es así. En cuanto a las mujeres afganas, en cada país hay un velo que está mas adaptado a la tradición de siempre. Las mujeres afganas e islámicas no consideran el “chador” [velo] una prenda humillante, sino la que corresponde a su rango de mujeres; ninguna mujer islámica, sin embargo, se pondría una minifalda o un bikini”. Así pues ¿a otras latitudes otras tradiciones? Al-Majouni asiente.

Otras autoridades religiosas islámicas opinan de manera diferente. El pasado día 21 de mayo, La Vanguardia publicaba un artículo titulado: “Un imán de Lérida justifica la ablación si se hace en zonas muy calurosas”. Abdelwahab Houze matizó que en los textos sagrados queda muy claro que esta práctica sólo es defendible en países muy calurosos. Estas declaraciones venían a remolque de otras realizadas por el imán de la otra mezquita local, Morro Jaitch que permanecía ambiguo ante las ablaciones: “Ni hacerla ni no hacerlo son pecado”. Ninguno de los dos mostró su rechazo y, por su parte Jaicht consideró exagerado perseguir en España a los musulmanes que sometan a sus hijas a una escisión del clítoris. La fiscalía de Lérida no encontró indicios de delito en las manifestaciones de los dos imanes que podían haber sido constitutivas de apología de lesiones.

Resulta difícil entender como la ley coránica, efectivamente respetuosa para la mujer –sin tener en cuenta la institución muy coránica de la poligamia y las imposiciones de prendas agobiantes, cuya supuesta aceptación es discutible- desaconseja los tatuajes indelebles y, sin embargo, permanezca impasible ante las horrendas mutilaciones que se cometen en territorios islamizados.

UN PROBLEMA IMPORTADO

Cuando esta atrocidad se comete en los países africanos, no queda más remedio que protestar y presionar a la comunidad internacional para que prohíba esta práctica detestable. El problema es diferente cuando la ablación se comete aquí y ahora.

El escándalo saltó el año pasado cuando el Tribunal de lo Criminal de Seine-Saint Denis (a las afueras de París), juzgó a cinco malienses, acusados de complicidad en la mutilación genital de sus hijas. Los acusados -una pareja y un hombre y sus dos esposas, residentes en Francia- fueron responsables de la ablación de sus siete hijas entre 1985 y 1989. La jueza autorizó la proyección como prueba de un documental que mostraba una operación de ablación. Los abogados de las partes civiles -Liga del Derecho Internacional de las Mujeres, Grupo por la Abolición de las Mutilaciones Sexuales y SOS Mujeres Alternativas- consiguieron que se difundiera el citado vídeo filmado en 1986 y que contiene pasajes gráficos sobre la mutilación genital. La mujer que practicó la ablación del clítoris a las siete pequeñas nunca pudo ser localizada por la policía.

Esto ocurría en marzo de 2000. Un año después, en España empezaban a preocupar los casos de ablación. En junio, una jueza de Mataró prohibió que unas niñas de Malí volvieran a su país dado el riesgo que tenían de sufrir ablación.

Unos días después, la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) abrió diligencias para investigar seis casos de ablación sufridos por niñas de origen africano que fueron detectados por pediatras de dos centros de salud de Zaragoza.
 
El fiscal jefe del TSJA, Alfonso Arroyo de las Heras, dicidió investigar los casos de mutilación de clítoris denunciados por el portavoz del grupo socialista del Ayuntamiento de Zaragoza. Según declaró el edil del PSOE, este rito “es un delito, una forma extrema de violencia y marginación de la mujer”, que hay que castigar e investigar, especialmente en hospitales y centros de salud. Igualmente en Banyolas (Gerona), la policía autonómica catalana abrió una investigación por las sospechas que recaían sobre la comunidad gambiana de realización de ablaciones por 15.000 pesetas. La Generalitat advirtió a los médicos de Gerona que extremaran la vigilancia para impedir este tipo de prácticas y comuniquen cualquier tipo de mutilaciones de este tipo.

MUJERES ANTI-ABLACIÓN: PROHIBICIÓN SIN REPRESIÓN

La posición de algunos grupos anti-ablación resulta cuanto menos polémica. Mientras que la Asociación de Mujeres Anti-Ablación de España exige la prohibición de esta práctica en nuestro país, sin embargo, rechazan las medidas penales propuestas por CiU. Prohibición sí... pero si alguien la incumple ¿hay que hacer la vista gorda? Mama Samateh, presidenta de la Asociación desvía la atención: "No veo que la expulsión sea una solución –afirma-; una vez la niña ha sufrido la ablación, tanto si la separan de sus padres como si obligan a toda la familia a regresar a su país de origen, la pequeña va a sufrir más todavía".

Entonces ¿cuál es la alternativa? Mama Samateh nos lo explica así: "nacionalización de los niños nacidos aquí para que tengan los derechos que tiene un niño europeo, es decir, los derechos de unos niños nacidos en países donde la ablación es ilegal; así, si las niñas viajaran a Africa lo harían como niñas españolas y el Gobierno español podría ir a buscarlas o bien avisar a los Gobiernos de esos países para que no permitan que se realice la ablación a niñas españolas en su territorio". Pero, una y otra vez vuelve a negar la posibilidad de medidas represivas contra las padres. Desde el punto de vista occidental resulta difícil pensar en una ley que no tenga, como contrapartida, una sanción penal, cuando se incumple.

LA SOCIEDAD ESPAÑOLA ACTIVA CONTRA LA ABLACION

La polémica posición de esta asociación no impidió que el Parlamento Autonómico de Cataluña aprobara en junio por unanimidad, una proposición no de ley en la que reclama la creación de una comisión interdisciplinar de expertos, para que diseñe un plan de acción contra la ablación de clítoris a que se somete a algunas niñas de origen africano.
La proposición no de ley, que había sido presentada por todos los grupos parlamentarios (CiU, PSC, PP, ERC e IC-V), reclama al gobierno catalán que impulse varias medidas para incrementar la información sobre esta práctica entre las familias africanas residentes en Cataluña.

Pocos días después de la presentación de esta propuesta, los expertos de la Sociedad Española de Neumología, advirtieron en Coruña de que el paulatino incremento de casos de tuberculosis relacionados con la población inmigrante podría condicionar el control de la enfermedad. No se descarta que, dado el aumento de ciudadanos de países subdesarrollados que llegan tuberculosos a nuestro país, se pueda avivar una enfermedad que se creía casi completamente erradicada. En estos momentos, la proporción de tuberculosis entre los inmigrantes "no es demasiado elevada” —un 10% del total—, según el doctor Caminero Luna a la agencia EFE.

En España hay en la actualidad 240.000 enfermos, lo que supone 61 casos por cada 100.000 habitantes. Entre los inmigrantes encerrados, a principios de año, en la Iglesia del Pino en Barcelona, se contaron seis casos de requirieron hospitalización por tuberculosis avanzada.
Los médicos reunidos en Coruña alertaron sobre la necesidad de establecer estrategias sanitarias sobre el colectivo de inmigrantes, ofreciéndoles accesibilidad al sistema sanitario y efectuándoles al llegar pruebas diagnósticas. Aprovecharon para extender esta advertir sobre los casos de ablación que se estaban detectando especialmente en niñas de Malí, Sudán, Somalia y Sierra Leona residentes en España.

En mayo el Partido Socialista se mostró particularmente beligerante contra la ablación, proponiendo medidas legales concretas. El senador socialista Juan Alberto Belloch aseguró que "no tenemos datos pero sí la convicción de que ya se está practicando también en España” la mutilación genital de las mujeres.

Belloch presentó esta iniciativa junto al portavoz del grupo socialista en el Senado, Juan José Laborda. Laborda asegura que esta propuesta del PSOE "no es oportunista", sino que responde al deseo de su grupo de que los inmigrantes vengan a España y se integren, pero siempre respetando la integridad física y psíquica de sus hijas.
 
Los socialistas proponen la modificación del artículo 149 del Código Penal, para penar de forma especifica la mutilación genital femenina, la Modificación del artículo 23 de la ley Orgánica del poder Judicial para permitir el enjuiciamiento de aquellos inmigrantes que han practicado la mutilación fuera de España pero se encuentran dentro del territorio nacional.
El senador socialista recordó, además, que a menudo esta mutilación se lleva a cabo con un trozo de cristal, una lata, una cuchilla o una piedra afilada y que cuando no se produce la muerte por hemorragia o cualquier tipo de infección, las secuelas habituales son frigidez, lesiones renales, quistes, depresión, ansiedad o psicosis, entre otras.

Casi inmediatamente se aprobó la proposición no de ley por la que se insta al Gobierno a advertir a los inmigrantes de que la mutilación o ablación genital femenina es un delito castigado en España con penas de entre 3 y 12 años.

Resulta evidente que, para la sociedad española, la ablación del clítoris supone una de las prácticas más horribles que pueda realizar una sociedad contra sus niñas.
 
Repugna, no sólo la posibilidad de pensar que aquí y ahora, en nuestra tierra, se estén cometiendo estas atrocidades, sino que 130 millones de mujeres hayan sido víctimas de esta mutilación brutal que se practica de forma legal en 25 países y se tolera en otros 40...


[recuadro fuera de texto]

[recuadro I]

UN TESTIMONIO ESCALOFRIANTE

 “SI, ME HICIERON ABLACIÓN DEL CLÍTORIS A LOS 8 AÑOS”

UNA MUJER DE MALI NOS RELATA SU CALVARIO

"Sí, me hicieron la ablación del clítoris cuando tenía ocho años, y cada día y noche grito de dolor y de miedo y tengo que mirarme esas cicatrices para poder seguir manteniendo en mi ese poder de lucha que me ha mantenido sin quitarme la vida. Porque yo estoy muerta desde aquel día que mataron mi dignidad y mis derechos como persona. Las cicatrices duelen cada minuto, cada segundo; no tienes un momento en que el dolor no te atenace. Los médicos dicen que ya no puede dolerme, pero yo lo siento igual que aquel día, más intenso aún cuando sé todo lo que aún tengo que seguir sufriendo.

Me lavaron y peinaron con trenzas, las que hacían cuando era una fiesta. Me regalaron una muñeca de paja y mis ojos se abrían risueños y no paraba de saltar y de hablar, de jugar y enseñar mi muñeca a todas las personas. Creí que los días siguientes serían todos así, que siempre tendría una muñeca, unas trenzas recién peinadas, pero pronto esos sueños quedaron rotos, como desde entonces quedó roto mi cuerpo y mi vida.

He repetido muchas veces como me hicieron la ablación del clítoris, pero quiero decírtelo a ti, escribírtelo para que, además, de todo lo que has leído, sepas que lo ha sufrido una persona a la que le puedes poner un rostro, pensamientos y sentimientos. A veces las palabras no son suficientes para expresar todo el dolor, para expresar como son las cicatrices de tu espíritu y de tu cuerpo. Las del cuerpo puedes verlas, te las mando, pero las del espíritu, esas aún nadie ha creado una palabra que pueda definir como me siento. Por ello quiero que cuando leas lo siguiente, te pongas en mi lugar, en esa edad y en la de ahora, en aquellos momentos y en los de ahora.

Me ataron a la cama, tenía ocho años y aunque habían explicado que iban a hacer, y las razones de todo ello, mi mente de niña no alcanzaba a comprender nada, sólo que lo realizaban para que fuera una persona respetada y querida en la comunidad. Cuando me ataron grité llamando a mi madre, pero mi madre era una de las personas que me estaba atando, y mi abuela también. Gritaba y gritaba, escuchaba rezos sin sentido, que no comprendía, y sentí lo que era el dolor, lo que era el dolor, nadie puede expresarlo, nadie puede describir que es, porque es imposible describir como es. Lo hicieron con una cuchilla, sin aplicar ningún tipo de anestesia, sólo agua y esa cuchilla. Me extirparon el clítoris, los labios menores, mayores y cosieron la vulva, dejando un diminuto orificio por el que expulso la orina y la menstruación. Después, aplicaron un poco de yodo y me vendaron. Lo hicieron en mi cama, donde después, cada noche, intentaba dormir y no podía, y cuando años después pude volver a dormir, despertaba con pesadillas atroces en las que volvía a revivir aquellos momentos, con el mismo dolor con los que lo viví en la realidad.

He parido dos niños, y han tenido que abrirme y cerrarme cada vez que tenía que parir uno de ellos. No tengo órganos sexuales; son sólo cicatrices que me recuerdan que he sido madre; he engendrado con dolor y sin goce; he parido con dolor, más allá del propio de cada parto, y no he podido mantener una relación sexual con la persona amada porque no podía soportar ver su rostro cada vez que me poseía, porque su sufrimiento, unido al mío, hizo imposible que pudiéramos seguir caminando juntos".

[recuadro II]

LAS CUATRO FORMAS DE ABLACIÓN

LOS DISTINTOS FORMATOS DEL TERROR

La circuncisión femenina o ablación, adopta diversas formas:

1.    La forma menos severa, es conocida como "Sunna" y consiste en arrancar el prepucio del clítoris o de la punta del mismo.

2.    Arrancar el clítoris en su totalidad, seguida por la aplicación de huevo u otra substancia adhesiva para favorecer la cicatrización.

3.    Arrancar el clítoris y el labio menor.

4.    Infibulación o mutilación genital igual a la anterior, más la amputación de la parte interna del labio mayor. Luego la herida es suturada -infibulación- dejándose sólo un pequeño orificio para orinar y, posteriormente, permitir la salida del flujo menstrual. La infibulación produce un gran daño en los genitales externos de la mujer, ricos en vasos sanguíneos, inhibiendo completamente sus sensaciones sexuales.


[recuadro III]

EFECTOS SECUNDARIOS DE LA ABLACION

LOS “DAÑOS COLATERALES”

La ablación se realiza sin los más mínimos cuidados sanitarios. El carácter mismo de la operación y algunos de los tipos de ablación implican necesariamente la aparición de “daños colaterales” que acompañarán a la futura mujer, durante toda su vida:

-    La hemorragia que se produce después de la mutilación o  dos o tres días después; se debe a que no se ha realizado correctamente la sutura de los vasos sanguíneos.

-    Los casos de muerte por hemorragia son numerosos.

-    Algunas niñas que han sufrido ablación necesitan transfusiones de sangre.

-    El trauma operatorio produce asimismo retención de orina, debido al temor a experimentar dolor y una sensación de ardor al orinar. En algunos casos se producen coágulos que bloquean las vías urinarias.

-    Infección a la herida, y en caso más extremo, el tétano, que se transmite a través de los “instrumentos quirúrgicos” no esterilizados.

-    Complicaciones de orden ginecológico tales como infecciones crónicas del tracto urinario.

-    Dolores durante el período menstrual debido a que la pequeña apertura dejada por la infibulación dificulta el flujo de las secreciones vaginales y de la menstruación.

-    Infecciones pélvicas y vaginales a causa del mal drenaje.

-    Quistes en la zona donde se ha realizado la ablación del clítoris, etc.

-    Las relaciones sexuales son dolorosas y la difícil penetración se acompaña de temor de las niñas al casamiento.

-    Parto prolongado y extremadamente doloroso, sobre todo en la segunda fase, cuando se produce la dilatación cervical y la cabeza del bebé tiene que salir.

-    Fístulas rectovaginales y de otro tipo; el prolapso de la vagina debido a la prolongada retención del feto.
 
(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Textos sobre satanismo (III) - Introducción: el diablo en la modernidad

Infokrisis.- Las líneas que siguen pretendían ser la introducción al libro que finalmente renuncié a escribir y publicar sobre el diablo y el satanismo contemporáneo. Es fácilmente perceptible que estas páginas, facilonas y poco trabajadas literariamente, constituyen un texto que podía -y debía- limarse en muchos aspectos. Quede constancia de él solamente a modo de curiosidad: frecuentemente el tiempo nos devora literalmente y no disponemos de las horas que hubiéramos deseado para dar forma a estas notas que reconocemos, deslabazadas.

 

EL DIABLO EN LA MODERNIDAD

Introducción


Déjemne que les cuente algo sobre el título. Nada más infame que el Diablo y nada más rotundo que mentar a la puta madre del susodicho. Servidor, educado en los Escolapios y con esmero por sus padres, dista mucho de ser un chusco malhablado y macarrilla. Habituado a utilizar las palabras justas en el momento justo, la alusión a la puta madre del Diablo es lo que conviene a la hora de iniciar un trabajo sobre el Gran Tentador. Por que lo importante y terrible del Diablo no es él mismo, sino su obra. El Príncipe de Este Mundo, tiene aquí, precisamente en este mundo, su manifestación más depurada. No tiene rostro, pero al Diablo se le reconoce por sus obras: veo la obra del Diablo en el mundo que me rodea. Eso es lo verdaderamente terrible en la cuestión del satanismo, eso y no el poseso de turno que suele ser una particular categoría de ezquizofrénicos. De hecho, más que de posesiones, cabría hablar de reflejos extremos de crisis ezquizofrénicas. Miren un espectáculo moderno de masas y verán lo que es un caso de posesión.

Aparentemente Dios y el Diablo son equivalentes. Jodidamente opuestos, pero equivalentes. Los maniqueos de todos los tiempos no concibieron a uno sin el otro, habían superado lo que Ortega y Gaset llamó “hemiplegia mental”. Pero la modernidad parece haber superado los delirios más ingenuofelizotes de los maniqueos de ayer. Por que resulta paradójico constatar que Dios goza de menos favor entre los modernos, postmodernos y preapocalípticos, que el Diablo. Muchos no creen en ningún dios, pero muchos más creen en la existencia del Diablo. Y los dos iconos resultan la negación misma del diseño: uno con el triángulo en la cabeza, el otro con cuernos y leotardos rojos, así que ya me dirán. Pero justo es constatar que mientras Dios parece haberse replegado a sus alturas, esto de aquí abajo se va convirtiendo en el espacio privilegiado del Diablo. No es raro que Stanás goce de gran prestigio y mayor credibilidad entre los coetáneos que cualquier dios. Se ignora a Dios, se teme al Diablo. Existe un deslizamiento hacia lo siniestro, incluso en el diseño y la imagen, porque, da la sensación que existe una demanda social. Abran la TV y vean como media docena de spots incluyen  referencias explícitas a lo diabólico. Incluso cuando uno muestra un ángel en la primera toma, en la última se recoje la cola diabólica recién incorporada, mientras lleva sus alas bajo el brazo. Al parecer hubiera sido imposible vender el mismo producto con un argumento opuesto: el diablillo opta por el buen camino y regresa a su hogar con los cuernos y el rabo a la funerala.

En el fondo, el Diablo es más accesible que Dios. Aquí me tienen, por ejemplo, sin tener ni idea de teología y escribiendo sobre el Diablo. Reconozco que no podría hacerlo sobre Dios. Dios está en las alturas por mucho que los teólogos progres quieran convertir a su Hijo en un coleguilla jipiosillo. Dios está lejos, nos lo imaginamos lejos. Nadie duda, por el contrario, que el Diablo camina entre nosotros. Tal es el oscuro presentimiento que cobra forma en los bajos fondos de la modernidad. Los místicos enseñan lo difícil que es vivir la experiencia de la trascendencia. Alcanzar a vivir la trascendencia es como un imposible encerrado en un improbable y todo ello envuelto en un inalcanzable que, además, no se sabe donde alguien desconocido lo ha escondido. La modernidad ha cerrado las puertas a lo divino, pero se ha arrojado en brazos de lo diabólico.

Si la fealdad, lo grotesco, lo siniestro son los reflejos del Diablo, nuestro atribulado mundo está, como quien dice, en su regazo, mamando de su teta. Me esfuerzo por tocar los caracteres de mi tiempo y no percibo otra cosa sino fealdad, brutalidad, tinieblas incluso en los lugares bañados por el tibio sol, ese que deshace con dulzura la nieve de primavera. Esa percepción explica por qué, desde Nietzsche, Dios ha muerto y por qué a partir de Nietzsche el “último hombre” camina codo a codo con el tipo ese de los leotardos rojos y la cornamenta incorporada.

En nuestra sociedad proliferan los tipos ampliamente desagradables. Usted y yo los encontramos cada día. Estadísticamente, de cada 100 personas que usted se cruza, dos son psicópatas integrados: hacen una vida normal, no delinquen en el sentido jurídico de la palabra, no han pasado por la cárcel ni hay artículo del código penal que se les pueda aplicar y, sin embargo, hacen daño a quienes están en su entorno: a sus amigos, a sus cónyuges, a sus compañeros de trabajo, a sus subordinados, a sus hijos. Si usted conoce a 100 personas, dos, no le quepa la menor duda, dos son psicópatas integrados. Yo he conocido a varios a lo largo de mi vida y si he extraído alguna consecuencia de mi breve presencia en el mundo sublunar, es que hay que guardarse de los psicópatas como de las ladillas culeras. Afortunadamente, la mayoría de ellos son gilipollas estructurales, es decir, que no es cerebro lo que les sobra, precisamente. De otra manera, aviados estaríamos. Sin embargo hay algunos que si, que tienen la inteligencia suficiente como para traducir los oscuros corredores de su cebrero enfermo en una voluntad de poder proyectada sobre el mundo. Algunos de los grandes dictadores responden a este perfil, pero, no crean, también es aplicable a algunos de los grandes líderes elegidos, democrática e irreprochablemente; habría que pedir un certificado de salud mental para poder acceder a un cargo público por elección.

Además, se sabe que los psicópatas son, ante todo, grandes seductores. El Diablo es un gran seductor; de hecho, ha logrado seducir a nuestro mundo. Insensibles ante el dolor de los demás, con una ausencia total de empatía, mentirosos por naturaleza, provistos de un ego que hace palidecer al Sol y de una ambición desmedida, generalmente muy por encima de sus capacidades y posibilidades reales, mamá de pequeños pesó mucho en su educación, demasiado, mientras papá estaba ausente o empequeñecido, grandes seductores, en definitiva, para quien quiere ser seducido… así son los psicopatones y a poco que usted repase las biografías de los grandes líderes de la modernidad, verá que entre ellos no faltan candidatos con este perfil.

Si usted conoce a algún psicopatón, no albergará la menor duda de que es la emanación misma del mal. No se ha inventado la pastilla que los cure y, lamentablemente, los escrúpulos morales emanados de lo políticamente correcto, impiden lobotomizarlos convenientemente o simplemente incorporar a su anatomía una luz-piloto que nos advierta de que por ahí anda un peligro ambulante. Incluso en la forma de mirar –la famosa “mirada contenida”- el psicópata exterioriza su familiaridad con lo diabólico. Un 2% de nuestros vecinos, son así y nada en el mundo los va a curar, lo oyen, nada. Piense en la gente que le ha hecho daño en alguna ocasión y compárelo con la descripción somera que hemos dado del psicópata: se sorprenderá de las afinidades. Seguramente, a usted le habrá hecho daño un psicópata en alguna ocasión: son un peligro público; entre ellos están los maltratadores, los que practican el moving laboral, los violadores y abusadores, los grandes asesinos y algún que otro jefe de Estado. Son, por así decir, la traslación del Diablo en la sociedad, los funcionarios avanzados de su reino. Esos si son preocupantes y no aquellos otros que asisten a misas negras de pastel en las que una improbable “virgen” se expone a miradas lascivas de ese pobre cenáculo a la búsqueda de un polvo épico-morboso-retorcido.

La mala noticia es que el Diablo camina al paso con nuestra época. La buena noticia es que, probablemente, según el esquema maniqueo que proyecta cierta simetría entre lo malvado y lo divino, debería de existir también en la sociedad un 2% de personas que encarnaran los valores de la bondad. Creo que, efectivamente, existen, sólo que cada vez su presencia se nota menos en la medida en que la sensación de caos, desorden, corrupción, maldad e hijoputez, aumentan. Los “buenos”, quizás sean tantos como los “malvados”, sólo que la modernidad ha creado un eco-sistema (la “sociedad del espectáculo” de la que hablara Veneigen) en el que a estos últimos les es más fácil actuar. Mientras que los primeros resultan progresivamente cada más incomprendidos.

El lenguaje popular es rico en giros suficientemente ilustrativos de tal estado de espíritu: frecuentemente, una “buena persona”, es un “pringao”; y un malvado psicópata sin escrúpulos, un “hijoputa”, hasta graciosillo y envidiado en sus travesuras y triunfos arrancados al dolos de otros. Incluso en el cine, el protagonista que encarna la figura del anti-héroe debe incluir algunos rasgos de su malvado oponente. Los actores más cotizados, tras asumir interminablemente el papel de “chico bueno”, llegado a un punto deben protagonizar el papel de malvado. Y las masas, a partir de ese momento, aplauden al malvado, se identifican con él y muchos darían lo que se les pidiera para ser como él. Y es que, en definitiva, el explotador genera más envidia y admiración que el explotado, en tanto goza de una privilegiada situación. El “listillo” diestro en atropellos, marrullerías y abusos, es respetado mucho más que el “pringao” en su inocencia y desgracia. Cuando tiene un resbalón en plena calle, suscita la sonrisa general; pero nadie piensa en aplaudir y vitorear a quien le ayuda a levantarse. Y así nos van las cosas, con Satán paseándose por la modernidad y la sensación de que se encuentra en su tierra natal, patria originaria de lo siniestro. Sartre en “A puerta cerrada” expresó la idea de que el infierno son los otros. Decididamente, es difícil percibir quien está más muerto, si Sartre o su obra. No es que el infierno seamos nosotros, es que el infierno se ha instalado entre nosotros.

Las 120 páginas que siguen son una invitación a la reflexión sobre el tema del Diablo en la modernidad. Les vamos a contar muchas historias, grotescas unas, siniestras otras, sorprendentes casi todas. Les vamos a invitar a acompañarnos en esta excursión por el vecindario. Y al terminar, usted convendrá con nosotros que Satanás está vivo y activo en nuestro planeta. Lo cual tiene un punto preocupante y delata una situación poco agradable y sombría. El que suscribe no es cocinero, simplemente un observador de su tiempo y un coleccionista de historias y situaciones; no tengo la receta para erradicar el mal del mundo. Y bien que lo siento. Lo único que puedo ofrecer son estas reflexiones sobre el Diablo.

Barcelona, 1 de noviembre de 2004

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Textos sobre satanismo (II) - La puta madre del Diablo

Infokrisis.-Las líneas que siguen constituían la conclusión de esta obra non nata y lo que debía de dar sentido al título malsonante. Es una especie de recopilación y explosición de las líneas básicas de los ocho capítulos anteriores. En realidad, la mayoría de tales capítulos ya han sido incluidos en infokrisis y huelga repetirlos, basta para leerlos colocar la palabra "satanismo" en el buscador interior. Desde entonces (2004) no hemos vuelto a escribir absolutamente nada sobre el tema del satanismo contemporáneo.

La puta madre del Diablo


La tesis final de este libro no es de los conspicuos antisatanistas que afirman que el Diablo anda suelto en la modernidad, sino justo la contraria. El Diablo, el “pobre Diablo” era un tipo casi olvidado en siglos anteriores, recluido al enfermizo culto satánico y a la imaginería religiosa. Muy pocos se acordaban de él. Casi nadie, en realidad, durante la Edad Media, muy pocos en el Renacimiento. El índice de popularidad de Dios estaba muy por encima del Diablo, éste, a decir verdad, era residual. Hoy ocurre lo contrario. Entre los primeros espadas, Satanás ocupa el primer puesto del escalafón. Pero la inversión es mucho más preocupante. Por que si las civilizaciones antiguas habían sido modeladas en torno a la idea de Dios (fuera “hombre” o “mujer”, el Sol o la Gran Diosa), la nuestra es precisamente la que ha modelado la idea del Diablo y no el revés.

De ahí que el título de este libro sea “El Diablo y su puta madre…”. La “puta madre”, por así decirlo, es la modernidad enfermiza y crepuscular. Son las madres las que paren hijos, no los hijos quienes regurgitan a sus madres. Del seno de la modernidad ha emanado un Diablo particular que no tiene nada que ver con el que se conoció hasta anteayer.

Recuerda Borges que para los niños negros de Louisiana, esclavos recién importados, el Diablo era blanco, montaba a caballo y hablaba inglés. Es lógico que para los antiguos romanos, adoradores de Apolo y Zeus, practicantes de una religión olímpica, uránica y solar, el Diablo fuera Cartago y sus ídolos, todas reproducciones de la Gran Madre, femenina, telúrica, lunar y abisal. Cuando el campesino medieval acudía a misa, le decían con una seriedad pasmosa que la concupiscencia era un signo diabólico, así que al mirar al correr, le era difícil concebir otra forma diabólica que la del macho cabrío, follador impenitente. Habitualmente, la imagen del Diablo se ha formado en todas las civilizaciones como la cristalización de sus obsesiones y temores. La multiplicidad de formas diabólicas evidencia una diversidad de terrores atávicos.

Pero en la modernidad el proceso ha sido inverso. La modernidad es “titánica”. El Titán mítico es la antítesis del Héroe igualmente mítico. Prometeo y Hércules. Prometeo, el Titán; Hércules, el Héroe. El Héroe, a través de una serie de pruebas, más o menos dificillas, pasa airoso y conquista la inmortalidad. Pertenece a una raza aparte: la de los Héroes, nacidos hombres y devenidos gracias a su esfuerzo victorioso, dioses. El Titán es el Héroe fracasado: ha asumido una empresa que no está en condiciones de superar; en el curso de la misma, se derrumba como si le hubiera pasado un calambrazo que fundiera sus plomos. Ese mismo calambrazo, es el que ha dado la inmortalidad al Héroe.

Nuestra civilización es titánica: al menos desde Nietzsche quedó claro los peligros de creerse el rey del mambo, matar a dios y predicar el superhombre cuando no uno no levanta ni dos metros del suelo. Nietzsche, en nombre del realismo, certificó la muerte de dios; a partir de ese momento, el ser humano debería de caminar solo y la religión ya no sería un clavo ardiendo, esperanza para desesperados, refugio para místicos y contemplativos y medio de vida para hijosdalgos segundores. Se sabe lo que siguió: si dios ha muerto, todo está permitido. La moral ya no tiene una sanción superior impuesta por lo divino. Nada tiene su centro en lo indiscutible –la trascendencia, el ser supremo, Dios- por que todo puede discutirse al negarse el principio de lo indiscutible. La primera generación de nietzscheanos, gente seria y responsable, a la que le gustaba llegar hasta las últimas consecuencias de sus teorías, tuvo la mala ocurrencia de suicidarse por goteo. Después de constatar que todo está permitido, constataron que nada de lo permitido valía la pena. El suelo les faltó bajo los pies; el batacazo de toda una generación fue brutal. Mejor le fue a Nietzsche que solamente acabó loco si bien algo podridillo por la sífilis.

Pero cuando Nietzsche caminaba con grandes zancadas hacia el desmadejamiento de sus neuronas, ya se habían dado en el conjunto de la sociedad otros pasos en la misma dirección. Hubo un hombre llamado Darwin. Su teoría, que todos ustedes conocen, sigue siendo una hipótesis de trabajo, aceptada por casi todos. No es la parte científica la que vamos a cuestionar, sino el espíritu que se traslucía a partir del darwinismo. Tenía un nombre: el progreso. Las especies progresaban, así había sido a lo largo de toda la historia del mundo. Luego el progreso era la médula y el motor de la Humanidad.
Hubo otro hombre, de melena aleonada, ventripotente, barbiflorido y perpetuamente sentado en la misma plaza de la Biblioteca de Londres. Se llamaba Marx. Era dirigente político, creó la Internacional, pero se movía mejor en el terreno teórico. Venía a decir que, por una especie de fatalismo económico, la Humanidad progresaba a trompicones y conflictos. El les llamaba “contradicciones”. Dos pares opuestos generaban una contradicción de la que, finalmente, daba lugar a un nuevo término el cual entraba en contradicción con otro y de ahí surgía una nueva síntesis. Y tiro por que me toca… El progreso viajaba a golpe de contradicciones hasta una síntesis final que no era sino la Utopía de los poetas. Una delicia exenta de contradicción. El marxismo fue la traslación de la idea de “progreso” al campo de la filosofía, la economía y la política.

Sin embargo, ni Darwin ni Marx, eran del todo originales, sino que en el núcleo de su pensamiento estaban influenciados por la idea del progreso indefinido, una sensación que impregnaba la sociedad de su tiempo. Se había pasado en pocos años de la iluminación con candelas a la luz de gas, de la tartana a la locomotora, la dinamita empezaba a sustituir a la pólvora, se ensayaban nuevos materiales de propiedades desconocidas hasta entonces (cauchos), los telares proliferaban por media Europa movidos a vapor, no pasaba un día sin que un nuevo avance técnico o científico se incorporase a la sociedad y ojos como platos lo tuvieran como un signo de los tiempos: era el progreso, en ese contexto “progresista”, cobraron forma el darwinismo y el marxismo. Algunos incluso aplicaron el darwinismo a la sociedad: progresan más (ya en el plano económico) los mejores. La idea encontraba un eco en el calvinismo así que tenía sólidas y profundas raíces. Triunfo.

Desde entonces, la idea del progreso indefinido ha seguido estando presente en la sociedad. Se terminó inventando la máquina más pesada que el aire que volaba, luego se le incorporó una hélice accionada por un motor de explosión, mas tarde se trabajó en motores de reacción y luego en cohetes; finalmente se alcanzó la velocidad y la potencia que permitían vencer la gravedad. Y un buen día un tipo mascando chicle debajo de su casco, pisó la Luna. Realmente poco por que veinte años después, una sonda espacial llegó a los confines del sistema solar. Todo ello en menos de cien años. ¿Cómo la civilización podía ignorar la idea del “progreso”? Además, ese progreso, debía ser, necesariamente, indefinido.
Hay que decir que, efectivamente, la idea de progreso tiene una fuerza inconmensurable. Un semiólogo me comentaba hace unos meses: “Hitler tuvo la habilidad de utilizar la idea de “nuevo orden”y me explicaba en qué consistía la genialidad del Führer: “Nuevo es mejor que viejo y orden mejor que desorden, así las masas reciben estímulos positivos”. Sea semiólogo para dar explicaciones mangatonas como está. No hace falta una tesis doctoral para saber que “progreso” es mejor que “decadencia”. En política la notación “progresista” es frecuentemente utilizada, pero díganme alguien que haga otro tanto asumiendo la calificación de “inmovilista”. Una publicación de extrema-derecha durante la transición se editaba con el lema de “No es cierto que seamos inmovilistas, nos encanta la marcha atrás”. Aquí lo que hacían era contrarrestar el efecto negativo del concepto “inmovilista”, con la llamada a la ambigüedad y al cachondeito de la alusión a la “marcha atrás”. La cuestión es que en nuestra civilización, la idea de “progreso” es indiscutible.

En este sentido suele decirse también que Dios es conservador, pero el Diablo es progresista. Si Dios es perfecto y ha creado el mundo, solo necesita conservarlo tal como es. Pero el Diablo no lo ha creado, para él, “progresar” implica, necesariamente, alterar la obra de Dios y cualquier alteración de lo perfecto es necesariamente introducir un elemento problemático que tiende a desembocar en la aparición de conflicto y crisis en el interior de lo perfecto.

A partir del último tercio del siglo XVIII se produjeron en todo el mundo una serie de alteraciones. La revolución americana primero, la revolución francesa después y todas las que siguieron, implicaron el hundimiento del antiguo régimen –frecuentemente “monarquías de derecho divino” para instaurar repúblicas laicas. Este proceso de sustitución caminó al paso con la instauración de la sociedad burguesa, del capitalismo industrial y, finalmente del progreso científico. Y es en ese punto, en medio de la oleada de progreso y racionalismo, positivismo y laicismo… y no en una sociedad ultraconservadora, carca, devota y religiosa, en donde el Diablo realiza sus primeros escarceos, gana fuerza y a finales del siglo XIX, en toda Europa, oíganlo bien, en toda Europa se produce una primera epidemia de satanismo que afecta incluso al clero. Algo que antes solamente había aparecido en la historia (el caso de Urban Grandier y poco más) como resultado de mentes tan calenturientas como aisladas.

Spengler, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial analizó el fenómeno en su “Decadencia de Occidente”. Concluyó tras las mil densas páginas, que cuando una civilización pierde la religiosidad tradicional (Nietzsche hacia veinticinco años que acababa de asesinar a Dios), no cae en la racionalidad, sino en formas extremas de superstición: proliferan cultos exóticos, videntes, magos, astrólogos y todo lo que constituye el entorno de lo supersticioso. Esa es nuestra época. Y en ella el Diablo se mueve a sus anchas.

Pero decíamos que es la sociedad la que ha creado al Diablo y no al reves. La modernidad es la madre de todas las diabluras. Hasta hace poco, la religiosidad tradicional protegía a la sociedad con una especie de muralla defensiva formada en base al concepto de “pecado”: “no hagas esto o aquello… es pecado”. Bueno ¿y qué? “Si pecas tu alma eterna e inmortal se perderá para siempre”. Bien, creyentes y no creyentes deberán estar de acuerdo en que la religión es un factor de orden, estabilidad y cohesión social. La sanción superior del dios era superior a la de cualquier poder humano. Era la “noble mentirijilla” de la que hablaran los filósofos antiguos. Una mentira tenía, a la postre, una consecuencia positiva que era, precisamente lo que se buscaba. Justificando el poder en Dios se conseguía hacerlo incuestionable, esto es, estable e incluso aceptable por otros sujetos iguales al líder máximo, gran timonel y ayatolla de la tribu, luego de la horda, más tarde de la nación. Pero “nación” rima con “revolución” y a partir de la francesa, la idea de nación va unida a otros conceptos: burguesía como clase hegemónica, economía capitalista y libremercado, democracia política, ejército de leva… triunfa la idea de la igualdad y la ley del número. Si todos somos iguales, 51 ganan sobre 49 y deben gobernar, el gobernante es uno los entre los iguales, no hay “sanción superior”, solo ley del número. Bueno, el sistema no ha dado malos resultados, pero ha tenido efectos colaterales.

Desaparecido Dios queda la Humanidad, ese conjunto de seres libres e iguales. Y ahí está que de iguales nada. Ni en derechos ni en deberes, ni en cuenta corriente, ni en guapura y donosía, ni en genes ni en neuronas. Usted y no, no nos parecemos en nada. Ni usted y sus vecinos, ni sus hijos entre sí… somos producto de la diversidad: diversidad de capacidades, diversidad de actitudes, diversidad de físicos, diversidad de intereses, diversidad de voluntades, diversidad de estilos y portes, diversidad de saberes, diversidad de procederes, somos hijos de la diversidad tanto como de papá y mamá. La “igualdad” es otra de esas “nobles mentiras” que, a la postre, sirve sólo para depositar una papeleta en una urna y sea contabilizada en igualdad con las demás. Por lo demás, la igualdad es pura ficción.

Pero la igualdad tiene otra virtud: satisface el ego. Cuando a un atontao se le dice que su voto vale lo mismo que el del último Premio Nobel de Física, recibe una inyección de autoestima. La crítica más demoledora a la democracia numérica –que no a toda la democracia- es que 51 border line tendrían siempre la mayoría sobre 49 Premios Nobel. La desgracia radica en que la crítica que hace Leo Strauss a la democracia es justa… pero sólo Leo Strauss en este nuestro tiempo y en esta nuestra comunidad democrática, ha osado proclamar que, dado que esto es así, hay que aprovecharse de la situación y gobernar en beneficio de los “filósofos” y de los “gentiles”, teniendo como material desechable a las masas.

Nuestro tiempo es el tiempo de las masas. Y las masas son a la élite lo que el cero al infinito. Basta leer la “Psicología de las Masas” de Gustav Le Bon para advertir hasta qué punto tiene razón el autor cuando dice que la inteligencia media de una masa no se sitúa en la media aritmética de sus integrantes… sino en el nivel más bajo de los presentes. Vean un espectáculo de masas, un linchamiento colectivo o simplemente un talk-show televisivo y ya me explicarán si Le Bon tenía o no razón.

Solo los demagogos adulan a las masas, al considerarles la madre de todas las confirmaciones: puedes tener personalidad, ideas y dinero, pero si no lo utilizas para seducir a las masas, como la vaca seduce al toro, el poder te quedará siempre lejos. Y a las masas se las seduce engañándolas o adulándolas, que es la forma más redomada y cínica de engaño. Eso –no otra cosa- es lo que da poder.

En un libro encantador de esta misma colección, concretamente en “¿Aún votas, merluzo?”, Pol Ubach se encargó de viviseccionar los problemas de las democracias modernas. El primero de todos es que más que democracias, había que llamarlas “plutocracias”, pues el único poder que lleva al poder, es el poder del dinero, de tal forma que el objetivo de todo poder y a lo que aspira es al dinero del poder. Sabido es que los grandes negocios se hacen a la sombra del poder.

Un sistema así fundado basa su estabilidad en cuatro elementos:

1)    El doble lenguaje: lo que se dice y lo que se piensa no tienen nada que ver con lo que se hace. Públicamente se adula a las masas, justo para aprovecharse de las masas. Se dice que se sirve al pueblo, cuando en realidad, se sirve del pueblo.

2)    La idea de irreversibilidad: todos los procesos más deletéreos y negativos que vive nuestra civilización (liberalismo salvaje, globalización, inmensas concentraciones de capital, precariedad) son considerados irreversibles y muestras de progreso.

3)    Colada cerebral permanente: asómese a la pequeña pantalla, asómese al mundo de la literatura, al espectáculo y al deporte, asómese a las costumbres sociales, a la música, etc, verá que todas estas planos se alimentan de banalidades y terminan no siendo otra cosa más que estupefacientes sociales. Se achacaba a los césares el distraer voluntades con el “pan y circo” y lo hacían, ciertamente, la plebe entraba gratis en el Coliseo. Hoy ocurre eso mismo centuplicado, solo que el consumidos consumido abona la entrada, como la Ramoneta que hacía de puta y pagaba la cama. Toda la banalidad convertida en espectáculo tiene como resultado un embotamiento del cerebro y el permanecer de espaldas del verdadero rostro de la modernidad

4)    Régimen de distracciones: lo que unifica a una masa es la sensación de que tiene un enemigo común. En un tiempo fue el “fascismo”, luego el “comunismo” y ahora es el “terrorismo internacional”. Siempre hay gente que da verosimilitud al fenómeno que, una vez lanzado, tiene vida propia. A la vista de un atentado como el del WTC, el “efecto contagio” hace el resto. Ha habido gente a la que se le ha sodomizado sin vaselina mientras estana en guardia para no ser sorprendido por el enemigo común. La retaguardia siempre es el punto más sensible.

La combinación de estos cuatro elementos es diabólica. No es el Diablo en persona, pero si genera un clima en el que el Diablo se mueve con comodidad. Piensen, por ejemplo, en las drogas. Siempre han existido drogas, solo que en la antigüedad se administraban bajo el control del brujo de la tribu o del curandero que, por lo demás, solían ser lo mismo, y en la actualidad son un fenómeno de masas. En tanto que consumo ritual propio de tribus y organizaciones sociales antiguas, el consumo de droga era una rareza antropológica. Hoy es una patología social creciente. El Diablo anda por ahí.

Yo no sé, por ejemplo, si entre los organizadores de los grandes conciertos de rock hay satanistas convictos y confesos, ni sé si detrás de algunas grandes estrellas y bandas del rock más heavy, hay individuos que pretenden hacer gala de un satanismo auténtico. Lo que sí se, es que en un after hours se vive un clima de posesión extática. Y, por supuesto, que determinados grupos rock se autopromocionan a base de blasfemias a tutiplé, guiños a Satán y afirmaciones explícitas de loa, gloria y alabanza al Diablo. Me maquino que todos estos deben ser unos giliflautas de mucho cuidado, pero no olviden que dicen aquello que creen mejor para promocionar su música construida por chirridos, desafinos y desafinos a partes iguales. Lo importante no es eso sino constatar que en ellos queda confirmada nuestra tesis: no es el Diablo el que crea la modernidad, sino la modernidad la que crea lo diabólico.

En Internet hay cientos de páginas sobre música rock y satanismo. Pero ni una sola, ni siquiera la más sofisticada, permite pensar que detrás de los líderes del rock satánico alguno ha leído algo más que la inofensiva Biblia Satánica de Sandor LaVey. No se pacta con el Diablo matando a un gato negro, ni mezclando un tripi con una hostia consagrada. Así lo único que se evidencia es el aspecto grotesco de las sectas diabólicas y la mentecatez de los pobres Diablos que las integran.

En la edad media tardía y en el renacimiento sobre todo se daba la fórmula de “Satán es Dios invertido”. Dejando al margen los aspectos de confort, los avances tecnológicos y científicos y ciertos aspectos de civilización, lo cierto es que, en otros aspectos, nuestra humanidad del siglo XXI es la inversión pura y simple de una sociedad normal. Vivimos un período neodiabólico en el que a un conservador mundano como el que suscribe le es muy fácil descubrir las inversiones de la normalidad: hasta ahora un “matrimonio” era el enlace entre personas de dos sexos. Ahora, mientras que los matrimonios así considerados disminuyen, se reivindican los matrimonios homosexuales. Bien, será un avance progre. Mientras que la música tenía ritmo, medida, armonía, hoy contiene ruido, estruendo, chirrido y atonalidad. Cuando en otro tiempo la primera norma educativa era “sé tu mismo”, hoy se ha creado un nuevo tipo humano, productor alienado y consumidos integrado, en el que la personalidad se mide por el número de logos de marcas que luce cubriendo su desnudez. Si el sexo debía de dar gustirrinín, placer, morbo y éxtasis, hoy es un vehículo de patologías, anormalidades, chaladuras y coto privado para sicopatones de todos los pelages. Contra más extendida es un hábito social, contra más éxito tiene un producto cultural, adolece de una mayor banalidad; y es lógico que así sea: para poder satisfacer a los más, debe rebajar sus exigencias de calidad y hacerse asequible a todos; y lo logra diseñándose para uso y disfrute de los más simples. Si educas a un hijo se te presenta la disyuntiva de, o bien darle una personalidad propia o hacerlo similar a sus compañeros; en el fondo –terminas preguntándote- yo quiero que mi hijo sea como todos; si le doy una educación exquisita y un “estilo”, a lo peor hago de él a un inadaptado. Porque hoy, los tipos cultivados, son rarezas que viven una especie de exilio interior. Vean en qué canales y a qué horas se emiten programas culturalmente exigentes y compárenlo con el contenido de los prime-time. Cuando hay más masa ante la pantalla, puede establecerse una relación matemática infalible: la cutrez y casposidad de un programa está en razón directa al share de audiencia, contra mayor es, mayor tiene que ser la zafiedad del programa y aun mayor la zafiedad de quienes aceptan salir en pantalla. Lo normal debería ser lo contrario: que los programadores, por sí mismos, por su propio interés, intentaran elevar el nivel cultural de las masas y operar la transformación alquímica orteguiana, vertebrándola y dándole el aspecto de “pueblo”. Para todos, incluso para los programadores de TV, parece lógico que sea más interesante vivir en una sociedad culta que en una sociedad cutre. Pero no, es justo lo contrario lo que se persigue.
Una sociedad así concebida ha hecho el boca a boca al Diablo y lo ha colocado en el centro de su panteón, como nuevo icono.

Es preciso que el Diablo exista para que la sociedad tenga una referencia de su modelo: egoísta, aprovechado, triunfador al margen de los métodos empleados, encantador en su “imagen”, psicópata en su “realidad”, obsesionado por la sexualidad como el cabroncete del Diablo, gran follador y burlador conspicuo, ansioso del poder por el poder, de la fama por la fama, sin aportar nada propio al ejercicio del poder, ni nada bueno que proyectar con su fama, sin otras ideas que las del “progresismo”, madre de todas las catástrofes, estas características, propias de las del Diablo, son asumidas cada vez por más elementos de una sociedad que ha hecho suyos los valores diabólicos.

En este sentido, la madre del Diablo es la sociedad postmoderna. El Diablo moderno es su emanación y su iconoco. De ahí que este libro que ahora concluye, se haya titulado “El Diablo y su puta madre…”.

Barcelona, Día de Difuntos de 2004 (hoy Hallowyn para mayor vergüenza y tragedia).

(c) ERnesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Textos sobre satanismo (I) - El Hollywood que adora y busca al Diablo

Infokrisis.- Los textos que presentamos a continuación debían de haber configuado un libro titulado Satanás y su puta madre... El libro se escribió, incluso se concluyó, pero nuestra amada esposa amenazo con separarse si me atrevía a editarlo o enviarlo a alguna editoria. El texto, compuesto en un 50% por artículos publicados en revistas, quedó olvidado hasta esta noche a las 4:00 de la madrugada, cuando intentaremos rescatar algunos capítulos de la obra...

El Hollywood que adora y busca al Diablo

Satanás el impuro, Satanás el gran tentador, Satanás el malvado químicamente puro, Satanás la antítesis de lo sagrado… era evidente que en Satanás, Hollywood iba a encontrar al perfecto malvado. Sin embargo, el respeto y la circunspección de la que hizo gala la meca del cine en sus primeras décadas, alejó al Diablo de las pantallas; su aparición fue tardía. Tardía, pero podidamente gloriosa.

A partir de los años setenta, oscuro e irracional, el Diablo saldría frecuentemente victorioso en su confrontación con el bien y, con él, la maldad, el pecado, la corrupción más absoluta y los instintos más pervertidos y animales. En tanto que gran seductor, al Diablo le quieren las cámaras. Suele ser fotogénico y además, resulta atractivo para la mayoría, pues no en vano, lo que propone es un canto al hedonismo y al “todo está permitido” al que aludiera Crowley. La inmensa mayoría de nosotros firmaríamos el pacto diabólico con la tinta verde que dicen que utiliza el Diablo, renunciando a la posesión de nuestra alma inmortal y a la contemplación de Dios Padre durante toda la eternidad, por alcanzar algún bien material, desde el cuerpo que nos vuelve locos hasta el dinero sin fin que obviará cualquier dificultad nuestra y de nuestros descendentes por los siglos de los siglos. Eludimos pensar en el sufrimiento futuro y preferimos un aquí y ahora hecho de placer calentón u opulento. El “valle de lágrimas” no es para nosotros, lo nuestro es buscar el gustirrinín y huir del dolor y, por lo demás, el placer es mejor que el remordimiento, así que Satanás siempre tiene las de ganar.

A Hollywood le gusta lo que gusta al público. Si alguien conoce los bajos fondos del espíritu humano son los guionistas de Hollywood. Por eso, hay algo en Hollywood enfermizo a insano: lo percibió Kenneth Anger en su “Hollywood-Babilonia” y lo corroboran muchas de las biografías de los grandes del cine, ídolos de masas, depravados en la intimidad, grandes seductores ante su público, malas bestias con los suyos, mujeres de sonrisa divina y dulzura angelical ante la cámara y hetaira pervertida y viciosa cuando se apagan los focos. Eso es Hollywood. Un Hollywood que llega marcado a fuego el sello indeleble de lo demoníaco. Eso, y algún tipo majo. La historia del cine es la de una gigantesca pirámide de rarezas más próximas al Diablo que al buen Dios. Esto por lo que se refiere al carburante que mueve Hollywood, los actores, mero material humano, consumible de lujo, excepcionalmente bien pagado, que se va agotando de película en película.

Y qué decir de los argumentos… Si unimos las películas que tocan directamente la figura del Diablo a las que aluden a variaciones sobre el mismo tema (licantropía, brujería, vampirismo, posesión, mundo siniestro, anticristo, serial-killers, etc.), el número de filmes que podríamos incluir aquí tiende directamente hacia lo infinito o poco menos.

De todos ellos, hemos decidido seleccionar cuatro de reconocidos valores artísticos que han marcado cuatro épocas en la historia del Diablo en la pantalla. Las cintas sobre el Diablo son tan frecuentes casi como las comedias intrascendentes chico-busca-chica. Pero cuatro de todas ellas alcanzan los rasgos de la obra maestra. Vamos a ver si coincidimos.

La Semilla del Diablo. Satanistas libres de toda sospecha

Se ha dicho que la película más terrorífica de toda la historia del cine es “El Exorcista”. Primera parte, por supuesto. El padre Karras es un encanto de jesuita torturado por sus dudas y la niña, Regan por más señas, de acarameladas, melosas y empalagosas facciones, casi gana al transformarse en encarnación misma del Diablo. Falla el vómito verde, pero en aquella época, los efectos digitales todavía no se habían afianzado. Mejor por que cuando el exorcista propiamente dicho, Max von Sydow, se quita la plasta de la cara, la expresión jamás hubiera podido simularla actor alguno de no ser completamente verídica.

Pero si “El Exorcista” (el montaje del director estrenada en el 2000, es decir, 25 años después del montaje primigenio, mejora el original) merece la primera mención, no es menos cierto que siguió a otra película que abrió las pantallas del gran cine al Maligno. En efecto, la fama adquirida por “La Semilla del Diablo”, unos años antes, la situó en el arranque del cine de Terror, subgénero de Satanismo. Polansky coqueteaba en aquella época con lo diabólico. Finalmente, su esposa resultó despanzurrada por un grupo de alienados satanistas. La película de Polanski es, sin duda, la primera gran película sobre el Diablo.

El argumento se basó en la novela de Ira Levin, “El bebé de Rosemary” y puede ser considerada como un verdadero descenso a los infiernos de la protagonista, la enfermiza Mia Farrow. Poco a poco, se da cuenta de que sus afables vecinos son conspicuos satanistas y que el hijo que lleva en sus entrañas ha sido concebido con el concurso de Satanás. Todo un poema.

Llama la atención que, en el filme de Polansky no hay ni una sola escena en donde aparezca el Diablo o alguna forma terrorífica. Y sin embargo, la película causa angustia y desasosiego en el espectador. Lo más angustioso, sin duda, es la normalidad banal y pequeño-burguesa de los devotos de Satán. Nada que ver con los heavys convertidos en los noventa en comparsas del Diablo. El mensaje es claro: lo demoníaco está en el núcleo mismo de la sociedad más tranquila y conservadora, una tesis que compartimos al ciento por ciento y que hoy es incluso mucho más actual que cuando Polansky dirigió el film.

Para colmo Polansky se documentó hasta la saciedad para realizar la película. Ya hemos vito que LaVey fue su “asesor satánico”. A lo largo de toda la cinta hay guiños hacia el satanismo organizado, el primero de los cuales es, sin duda, la ubicación del escenario en el Edificio Dakota, donde vivió en su periplo neoyorkino Aleister Crowley. Un inmueble que parece incorporar el mal dentro de sus muros.

El protagonista John Cassavetes se sintió incómodo a lo largo de todo el film. Cineasta independiente, entonces era una estrella ascendente, pero aquel guión le superaba y le resultaba extremadamente desagradable. Pero lo más desagradable estaba por llegar: a los pocos meses de proyectarse el film con gran éxito, los anónimos que Polansky había ido recibiendo, se materializaron y su esposa, Sharon Tate y cuatro de sus amigos, resultaron horriblemente asesinados por “discípulos del Diablo” propiamente dichos. Manson y las chicas de su tribu eran algo más que hippis desarrapados: adoraban a Satanás y en anteriores encarcelamientos, el siniestro personaje pudo conocer el mundo del ocultismo, la magia y el satanismo. Cuando fue puesto en libertad, su cerebro, completamente desorganizado, le llevó a inducir el horripilante crimen… sin duda un daño colateral de “La Semilla del Diablo”.

El Exorcista. El Diablo y la inocencia

En 1973 ya se habían disipado los ecos del film de Polansky, si bien el horror de los asesinatos de Manson, seguía vivo. Fue entonces cuando William Friedkin rodó “El Exorcista”. Y si, en efecto, puede ser considerada en rigor como la película más terrorífica de la historia del cine.

Lo de menos son los efectos especiales, lo verdaderamente terrorífico es que Friedkin logra enraizar con terrores atávicos que figuran en nuestro subconsciente. ¿De dónde procede el mal? Y responde: de la más remota antigüedad. El Diablo ya estaba presente en un tiempo en el que todavía la humanidad estaba balbuciente. Se conoció primero al Diablo que a Dios. En Babilonia. Allí el exorcista von Sydow tiene su primer encuentro con el Maligno. Allí lo conoce y se enfrenta a él. Allí lo vence por vez primera.

El segundo gran hallazgo de la película es que el Mal es mucho más lacerante cuando se proyecta sobre el ser más ingenuo e inocente (a la sazón Lynda Blair con sus apenas quince años). Un zombi cincuentón más parece un patán caminando sobre huevos, incita a la carcajada más que al escalofrío; la Blair y su progresiva transformación desde la memorable meada ante el público que tanto le quiere y al que tanto debe, hasta el combate final con lanzamiento sin paracaídas del padre Karras por la ventana, nos induce progresivamente a identificar lo malvado encarnado en el rostro de una niña.

Se suele olvidar que la película está basada en la novela original de William Meter Blatty, inspirada en un caso real de posesión demoníaca sobre un adolescente. En torno al film, ocurrieron tal cantidad de anécdotas que ha pasado a la crónica del séptimo arte como uno de los “films más malditos de la historia”. Es bien conocido que Lynda Blair, a la que por su edad no se dejó ver el resultado de su trabajo, cayó inmediatamente después en crisis de alcoholismo y toxicomanía que estuvieron a punto de destruirla completamente. Abundaron los fallecimientos entre los allegados a los actores y la filmación prosiguió en medio de indecibles incidentes.
Finalmente Friedkin se decidió a llamar a un sacerdote y exorcizar a todos los participantes en la película. Tras el estreno se produjo una verdadera epidemia de posesiones demoníacas, hubieron ataques de nervios entre los espectadores y para colmo una embaraza abortó. El éxito estaba asegurado: la película se vendía como si verdaderamente hubiera en torno a ella algo maligno. El público había aprendido a amar lo maligno y acudió masivamente a las salas de proyección. Olvidables las dos secuelas del filme que inducían a la carcajada o, en su defecto, a la conmiseración.

“La Profecía”. El Anticristo apuntaba para Presidente de EEUU

Tres años después llegó la primera entrega de “La Profecía” (los otras dos fueron, tan olvidables como las secuelas de “El Exorcista”). Aquí se jugaba con todos los trucos del cine de terror: cabezas cortadas, efectos especiales escalofriantes, perros ladrando en la oscuridad, cementerios, y nuevamente el Diablo tenía facciones de un criajo que causaba más estragos que Atila en una fábrica de porcelana. Richard Donner hizo bien su trabajo y los guionistas también estuvieron sembrados.

Gregory Peck, al adoptar un niño, va y adopta al hijo del Diablo. Niñeras suicidadas, accidentes inexplicables, la misma madre que palma… Peck, ante tanta desgracia, concluye que la criatura es la encarnación del Anticristo. Hay algo en el film de Donner que remite a “La Semilla del Diablo”, acaso por que a medida que avanza el metraje se desmadeja el cerebro de la madre de la criatura.

Otra película maldita en la que el propio Gregory Peck se salvó por los pelos de un accidente de aviación, un atentado del IRA en el hotel donde se encontraba Donner y decenas de pequeños incidentes que rompieron los nervios a todos los presentes.
Y ¿qué decir de la banda sonora? Tanto en ésta como en las otras tres películas precedentes, la música creaba un clima de ansiedad difícilmente alcanzable, solo que en “La profecía”, la letra que acompañaba el tema central era espeluznante, recréense en ella: "sangre bebemos / carne comemos / elevad el cuerpo de Satanás / saludad al Anticristo / Saludad a Satanás". Goldsmith salió oscarizado del trance.

“El Corazón del Ángel”. El Diablo cobra cualquier servicio

La última cinta que vale la pena mencionar en el pelotón de cabeza es, sin duda, “El corazón del Ángel”. Alan Parker se lució y mereció vuelta al ruedo, oreja y rabo. Y otro tanto, el cuadro de actores del que destaa un Mickey Rourke que borda el mejor papel de su alcohólica filmografía (“Nueve semanas y media” con la Bassinger de réplica era demasiado fácil como para no interiorizar el papel). Robert De Niro es uno de los Diablos más convincentes y  originales de la historia del cine. Y las actrices –Lisa Bonet y Charlote Rampling- cumplen gloriosamente con su papel de víctimas.

El ambiente de los años 40 y 50 es recreado con un detallismo obsesivo. Harry Angel, el detective-protagonista sufre la peor de las experiencias humanas: el desconocimiento de la propia identidad. Un pacto diabólico le dio el triunfo como cantante –como Johnny Favorite-, pero la guerra se lo hurtó. Así que hubo que robar un alma. Mediante un rito satánico, el clásico millonario depravado y su hija, transfirieron el alma del soldado machacado por la guerra a un cuerpo nuevo secuestrado y asesinado el día de la victoria sobre el nazismo. Ese fue el origen de “Harry Angel”. Pero Satanás-De Niro-Cyphe no ha cobrado su precio: quiere el alma del signatario del pacto, de “Johnny Favorite”. Harry Angel termina reconociendo que él es Jhony Favorite, el cantante que alcanzó el éxito vendiendo su alma al Diablo.

Por la película desfilan médicos toxicómanos, policías corruptos, casposos y grasosos, músicos de jazz pasotas, adivinas torturadas por su pasado, adolescentes mulatas calientes como y tostadas como el más cargado de los cafés, ocultistas luciferinos que no dudaron en sacrificar a los propios miembros de su familia, servidores del Maligno devorados finalmente por el Maligno, predicadores negros en su salsa. Y, sobre todo, mucho, colgados, muchos colgados en aquella América de la postguerra, gris, ramplona, sórdida, casi en blanco y negro. Todo un plantel de freakis que crean un ambiente hiperrealista con la turbadora imagen obsesiva del ascensor descendiendo seguramente al infierno más torturador. Ahí va “Jhonny Farovite”, esto es, “Harry Angel”. Así le fue luego a Mickel Rourke que bordó el que probablemente sería su único gran papel, solo por el cual merece figurar en la Historia del Cine.

La novela original escrita por William Hjortsberg fue magistralmente llevada al cine por Alan Parker. La Nueva Orleáns que recrea es la ciudad decadente que debió ser a principios de los cincuenta. La confusión entre sueño y realidad, los instantes perdidos en los que Harry Angel pierde la conciencia de sí mismo, construyen una trama que desde el primer momento se va complicando y ganando en intriga.

“El Corazón del Ángel” es una historia de búsqueda de redención, pero esa redención, ese bien preciado, no llega nunca. No hay redención posible para quien estrecha la mano al Diablo. Pactar con el Maligno tiene un precio, y ese precio es la condenación eterna del alma. Y por mucho que intentemos ocultarnos o darle esquiva, el Diablo siempre acabará encontrándonos, porque, qué duda cabe, siempre será el más astuto. ¿Saben ustedes que es lo más trágico en esta película? Que no hay perdón, la deuda se cobra siempre; quien vende su alma al Diablo, la paga y poco importa si ha perdido la memoria o si se ha reivindicado como hombres honesto: no hay redención posible, solo angustia trágica, drama sanguinolento con abono final de la deuda.

Algunas conclusiones

“Los Diez Mandamientos” o “La Túnica Sagrada”, no popularizaron la imagen de Dios. Estas cuatro películas, han convertido al Diablo en un ser omnipresente en la modernidad. Vean la publicidad: ningún anuncio utiliza el icono divino o angélico, son muchos, por el contrario, quienes venden sus productos utilizando el olor a azufre y el aroma luciferino como reclamos.

Estas cuatro películas tuvieron un efecto deletéreo sobre el público: popularizaron al Diablo. Las secuelas y las imitaciones o derivaciones han sido abundantes. Recuerdo ahora, “La Bendición” de Chuck Russell, protagonizada por la Basinger, o “Poseídos” del polaco Kaminski que nos resitúa en medio de un exorcismo. O “La Novena Puerta”, sobre un relato de Pérez Reverte, un “producto Polanski” de 1999, en el que Johnny Deep, persigue un libro maldito del siglo XVIII, escrito por el mismísimo Diablo. O “Pactar con el Diablo” en el que un satánico Al Pacino apadrina a Keanu Rives, a cambio, claro está de la liquidación de su alma a bajo precio. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero, en mi opinión, las cuatro primeras cintas que he enumerado contribuyeron, más que cualquier otra iniciativa, en acercar el Diablo al público. A partir de estas cuatro películas la sociedad empezó a tener la sensación de que el Diablo se paseaba por el mundo y que no se trataba solo de una patraña urdida por clérigos troglodíticos o predicadores iracundos. Ya hemos dicho que tras “El Exorcista”, los casos de posesión aumentaron, de la misma forma que “La semilla del Diablo” sirvió tanto para propulsar a la fama a Sandor LaVey y su Iglesia Satánica, y ocmo inducción intelectual para los crímenes de Charles Manson. “La Profecía”, por su parte, nos sitúa en un contexto inédito hasta entonces: el Anticristo se dispone a tomar posesión del mundo. Y además, el sentido de la anticipación de la película es notable: el mejor empleo al que puede aspirar el Anticristo en este mundo es al de Presidente de los EEUU. Demian se quedará en las puertas en la tercera entrega de la serie, pero no siempre ganan los buenos, y si no, miren quien se sienta en el despacho oval.

Esta muestra autolimitada a cuatro películas y no más, nos indica que el satanismo funciona bien en Hollywood. Así mismo, en el primer capítulo de esta obra, hemos visto como los primeros pasos de la Iglesia de Satán hubieran sido inconcebibles sin el concurso de glorias de Hollywood que durante unos años (hasta la masacre de Sharon Tate y de sus amigos) consideraron lo más snobs subir los tres peldaños del Templo Satánico de Sandor LaVey para casarse por el rito demoníaco. Si el satanismo funciona bien en Hollywood, no es menos cierto que muchos actores, si pudieran, venderían su alma al Diablo a cambio de no envejecer y de mantener una carrera triunfal de Oscar en Oscar.

La Nueva Religión de Hollywood y el satanismo

Pero algunos rostros de Hollywood son iconos populares de una nueva confesión religiosa. Algunos no han dudado en acusar a esa confesión de satánica. Nosotros no diremos tanto, simplemente nos limitaremos a contarles una curiosa historia.

John Travolta es un actor excelente y Tom Cruise, sin estar tan próximo a la excelencia, goza de un reconocido prestigio en Hollywood. Pues bien, como se sabe, ambos forman parte de la Iglesia de Cientología. A partir de ellos, pasaremos revista a las excelentes relaciones entre Hollyood y satanás.
Un famoso libro de Kenneth Anger, si no recuerdo mal, lleva por título “Hollywood Babilonia”. Y Babilonia es una de las sedes bíblicas del mal más absoluto. La “Gran Prostituta de Babilonia” no era la mujer de Saddam Hussein, sino el icono apocalíptico del Mal descrita por San Juan. Resulta significativa la extraña fascinación que siempre ha experimentado Hollywood por el Mal. Si hay la sensación de que Satán actúa en la modernidad, eso se debe fundamentalmente a las películas del Hollywood más siniestro.

Se diría que en Hollywood se está más cerca del infierno que en ningún otro lugar. O que Satán está más próximo de Hollywood que de los pagus del infierno. Por eso, ahí donde hay un actor de Hollywood hay algo que remite a las proximidades del infierno. Y es entonces en donde queda justificada esta pequeña digresión sobre el origen de Cientología y sus presuntas relaciones con una rama del satanismo contemporáneo.

Cuando conocimos a los dirigentes de Cientología, estaban muy alejados de la idea que uno se forja del grupo debido a las acusaciones de secta destructiva que les han acompañado. En efecto, se trata de jóvenes normales, preocupados por los problemas de la sociedad (toxicomanías, problemas de stress, alteraciones psicológicas del individuo) y capaces, en cualquier caso, de dialogar sin evidenciar en ningún momento actitudes agresivas o sectarias. Cuando Cientología ha ayudado a amigos nuestros a salir de baches y crisis personales muy agudas... una está predispuesto a conceder a Cientología el beneficio de la duda y plantear la cuestión en otros términos. Lo cual no quita que Cientología tenga un agujero negro: las relaciones entre Jack Parsons y Ron Hubbard

El origen de la Iglesia del Thelema en EEUU

En 1912 Theodor Reuss fundó una pequeña orden ocultista, la Ordo Templis Orientis que presidió hasta su muerte. Al ocurrir ésta, en 1923, el famoso mago inglés Aleister Crowley, asumió la dirección del grupo que sólo contaba miembros en Europa. A partir de 1932, el centro de gravedad de la Orden se desplazó de Europa a los EE.UU.
La orden fue implantada en Canadá por Charles Stansfeld Jones que había emigrado desde Inglaterra y fijó finalmente su residencia en Vancouver. Durante su estancia en EEUU, Crowley realizó algunas iniciaciones y conoció a Spencer Lewis, fundador de AMORC, que ingresó –al menos nominalmente- en la OTO.
A pesar de todo, en 1930 solo existía una logia en el nuevo continente, la de Vancouver que se disolvió cuando su animador, Wilfred Smith, emigró a los EEUU. Establecido en California, Smith trabajó para reunir a los discípulos de Crowley dispersos. En 1934, crea una Iglesia del Thelema, y en 1936 funda la Logia Agape en Pasadena que pronto contó rápidamente con ochenta miembros. La prensa habló abundantemente de escandalosas misas gnósticas abiertas al público. En 1940, pudo alquilar en el mejor barrio de Pasadena un inmueble de tres pisos y veintiocho habitaciones donde estableció la nueva Abadía del Thelema. Smith fue pronto reemplazado a la cabeza de esta logia por John Whiteside (“Jack”) Parsons (1914-1952).

Parsons, experto en explosivos era investigador del Instituto de Tecnología de California. Fue uno de los científicos que organizaron el Jet Propulsión Laboratory de Arroyo Seco, una de las primeras iniciativas de la industria aeroespacial americana. En 1974, 20 años después de su muerte, la International Astronominal Union, en reconocimiento de su tarea en los primeros tiempos de la astronáutica, dio su nombre a un cráter lunar.

Parsons era miembro de la OTO desde 1941 y, junto a su mujer, se fue a vivir con Wilfred Smith. En 1943, abandonó a su mujer y se fue a vivir con la hermana de ésta, Sara (“Betty”) Northrup, si bien siguió alternando a la escultora Marjorie Cameron con quien realizó varios “trabajos” de magia sexual.

Parsons soñaba con crear un homunculus, es decir, un hombre artificial que sería el vehículo del anticristo. Crowley había establecido el ritual en su novela más famosa, The Moonchil, literalmente, “el niño de la Luna”.

En 1948, Parsons fue despedido del colegio donde enseñaba por haber hecho circular los textos de Crowley entre sus alumnos; a partir de entonces inició una serie de trabajos mágicos conocidos bajo el nombre de Babalon Working que terminaron enfrentándolo a Crowley. En esa época se declaró "anticristo" con el nombre de “Belarion Armilus Al Dajjal”. Cuando, según sus propias declaraciones se preparaba bajo asumir la dirección de la lucha contra el cristianismo, murió al explotar su laboratorio químico. La Logia Agape no sobrevivió a la muerte de su animador y sus miembros se dispersaron.

Las amistades peligrosas

En los Trabajos de Babalon, junto a Marjorie Cameron y Jack Parsons, participó una tercera persona que en el relato aparece con el nombre de “el escriba”. Esta tercera persona era Lafayette Ronald Hubbard. Jon Atack, uno de los más enconados adversarios de cientología, sostiene que esta relación muestra evidentemente que el grupo formado por Hubbard es, en realidad, una secta satánica. No parece evidente. Atack, al parecer ignora que Hubbard, en aquella época, trabajaba para la policía de Los Angeles, dato que la Iglesia de Cientología ha confirmado. Era preocupante que un científico cmo Parsons, implicado en proyectos de investigación estratégica, mantuviera relaciones con grupos satanistas.

Parsons encontró por vez primera a Hubbard en agosto de 1945. Se sintió entusiasmado con él e incluso escribió a Crowley comentándole el encuentro y diciendo que “había descrito su ángel como una maravillosa mujer alada de rojos cabellos, que él llamaba “la Emperatriz” y que le había guiado a través de su vida y salvado en varias ocasiones”. Cuando Hubbard se licenció de la marina el 6 de diciembre de 1945, fue a visitar a Parsons en Pasadena y se quedó a vivir en un remolque en el jardín.

En enero de 1946, realizaron un ritual llamado por Crowley “bodas secretas de los dioses con los hombres”. La función de este ritual es facilitar la búsqueda de una partener sexual femenina para los trabajos mágicos; lo que Crowley llamaba “una mujer escarlata”. Marjorie Cameron se unió a estos ritos de carácter sexual en marzo de 1946. Parsons y la Marjorie se tomaban muy en serio todo esto. Déjemne que dude de que Hubbard hiciera otro tanto. El tipo tenía un gran sentido del humor.

Parsons registró en cinta magnetofónico el ritual y se lo envió a Crowley. A pesar de que, básicamente, este “trabajo mágico” suponía reproducir el ritual del IX Grado de la OTO, Crowley no pareció dispuesto a dar su aprobación. A partir de aquí Parsons fue distanciándose de Crowley que creía que los tiempos aún no estaban maduros para realizar una operación mágica cuyo fin fuera el nacimiento del anticristo.

Finalmente se produjo la ruptura, no sólo con Crowley, sino también con Marjorie y Hubbard que huyeron juntos a la costa Oeste, siendo demandados por Parsons en julio de 1946. Jon Atack sostiene que si bien el ritual protagonizado por Marjorie, Parsons y Hubbard no dio como resultado el nacimiento del Moonchil, sino que Dianética primero y Cientología después son los hijos de la relación entre Hubbard y el entorno crowleyano de California.

¿Qué hay que pensar de todo esto?

¿Creía Ron Hubbard en la magia? ¿fue, o se consideró, discípulo de Crowley durante su juventud?, o ¿se trató sólo de una tarea de infiltración a cuenta de la Inteligencia Naval? De todas formas, no sólo el episodio protagonizado junto a Jack Parsons, sino otros varios muestran su interés por el ocultismo. Ya hemos dicho que estuvo afiliado a AMORC y completó la formación en sus dos primeros grados. También mantuvo relación con Gerald Brosseau Gardner (1884-1964) fundador de la WICCA, una sociedad de origen anglosajón especializada en brujería práctica. Así mismo, distintos elementos que luego incorporó a cientología (ver recuadro), inducen a pensar que efectivamente, en su juventud y quizás hasta principios de los años 50, la influencia de estas corrientes fue determinante en el pensamiento de Hubbard.

A partir de entonces, se sintió más atraído por tendencias psicológicas y psiquiátricas. Esto unido al interés de Hubbard por la ciencia de vanguardia y la ciencia ficción literaria, generaron las bases del movimiento conocido hoy como “Iglesia de Cientología”.

Hoy existen en torno a 100 obras publicadas por Hubbard que, además pronunció unas 2500 conferencias. Lo esencial es determinar el hecho de si estas enseñanzas pueden ayudar a determinadas personas a superar sus crisis. De hecho el principal problema que se percibe cuando se leen las opiniones críticas en torno a cientología es su frecuente exageración. En efecto, hemos detectado intentos de vincular Hubbard al nazismo, a los cultos de brujería (se ha llegado a decir que “Cientología es la brujería del siglo XX”) y a rituales siniestros a la diosa Kali... cuando, en realidad, la única posibilidad de vincular a Hubbard con el mundo mágico pasa por Crowley a través de Parsons.
Crowley y Hubbard ¿mismo combate?

Un pensamiento tan complejo como el de Hubbard, no sale de la nada. En algunos temas, es fácil encontrar la influencia freudiana: la “mente reactiva” de Hubbard es un concepto similar al inconsciente freudiano; la teoría de los “engramas” es muy similar a la de los traumas de Otto Rank; también se han detectado posibles influencias del psiquiatra inglés William Sargant, autor de “Battle for the Mind” y de los americanos Grinker y Spiegel (“Men Under Stress”).

Sin embargo, lo que nos interesan ahora son las influencias ocultistas. Se ha hablado mucho del papel de “La Emperatriz” en la vida de Hubbard. Arthur J. Burks fue amigo de Crowley en los años 30. En su libro “Monitors” explica que “el Pelirrojo [Hubbard] había estado volando en un planeador y fue salvado por una “mujer sonriente” que apareció sobre el ala del aparato”. Se trataría del “ángel guardián” de Hubbard. Esta visión se produce en un momento en el que, Hubbard mantenía relaciones con AMORC. Hubbard permaneció en este grupo, como mínimo, desde 1940. Cuando ya había fundado Cientología en 1952, en el curso de una conferencia, Hubbard se refirió a “Aleister Crowley, mi buen amigo” (Hubbard, Philadelphia Doctorate Course, conferencia 18 “Conditions of Space-Time-Energy”). Ese mismo año, en el curso de otra conferencia, aludió al Tarot como una “máquina filosófica” y, al referirse a la carta de El Loco dijo textualmente “El Loco que baja por el camino con los cocodrilos y los perros ladrando a sus pies, sabe que todo está ahí para ser conocido”. Pero sólo el tarot diseñado por Crowley tiene un cocodrilo en esa carta…

También aludió a la carta de La Emperatriz (su ángel guardián) cómo la Gran Madre cuya fuerza se trata de dominar y encarnar (a diferencia de Crowley que era partidario de someterse a su fuerza). La Gran Madre es también Diana, demasiado próxima al nombre de “Dianética” como para que no lo tengamos en cuenta. Los cientólogos desean crear lo que llaman un “Thetan Operativo”, según Hubbard, “un thetan exterior que puede tener un cuerpo aunque no lo necesite para controlar y operar a través de la vida, la materia, la energía, el espacio y el tiempo”. Esto remite a la idea del “homunculus” ya sostenida por Parsons. Cientología enseña a controlar la propia vida que es exactamente lo que proponía Crowley: “haz lo que quieras”.

Mientras Cientología enseña que “la realidad es básicamente conformidad” (Hubbard, “Phoenix Lectures”, pág. 175), Crowley explicaba que “el universo es una proyección de nosotros mismos”.

Hubbard explicó el símbolo de Cientología lo había visto en una iglesia española de Arizona; resulta muy similar al símbolo rosacruciano y a la cruz de la OTO. Medios católicos integristas han querido ver en ella una cruz cristiana tachada con una X. Estos mismos medios afirman que otro de los símbolos más habitualmente utilizados por Cientología son los dos triángulos unidos por una “S”, lo que ellos interpretarían como la prueba del carácter satánico del grupo al enlazar la primera letra de Satán con los dos triángulos propios del sello de Salomón o estrella de los magos... Pero cientología da otra versión no particularmente forzada. Los dos triángulos, en efecto, serían símbolos de “Afinidad-Realidad-Comunicación” y “Conocimiento-Responsabilidad-Control”. La S sería la primera letra de la palabra inglesa... Scientology.

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