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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Una sociedad violenta para un tiempo de crisis

Una sociedad violenta para un tiempo de crisis

 

Infokrisis.- Una sociedad violenta es una sociedad inviable. Vamos a ver por qué nuestra sociedad es violenta. No costará mucho entenderlo, aunque si es posible que nos cueste un poco más saber cómo ha sido posible llegar hasta el punto en el que nos encontramos hoy. Se trata, en primer lugar de intentar reconocer la violencia y hacia dónde los dirigimos.

1.– ¿Por qué una sociedad es violenta?

Hay varios motivos para ello:

a. Las situaciones de violencia aparecen en sociedades que, o bien no están estabilizadas o bien están en proceso de cambio. En el tránsito entre el Imperio Romano y el Feudalismo la sociedad era extremadamente violenta, reinaba la ley de la fuerza bruta, de la misma forma que durante la Revolución Francesa el tránsito de la monarquía a la república se hizo bajo el chasquido de la guillotina. Hoy vivimos un momento de cambio acelerado.

b. Se han perdido los valores que hasta ese momento eran referencias. Lo anterior ya no tiene fuerza, ni vigencia, lo que viene, todavía no está suficientemente solidificado y extendido. Hay un momento en el que los valores del pasado ya no sirven, pero no se sabe, no se puede o no se quiere asumir valores nuevos.

c. La idea de “orden” queda anulada y subvertida y aparece una crisis de autoridad. Las jerarquías que hasta ese momento dirigían la sociedad, se han hundido, las emergentes carecen de prestigio. No se sabe exactamente sobre qué valores podría fundamentarse el principio de autoridad.

d. Aparecen rasgos de primitivismo y aculturalización. Se tiende a resolver los conflictos por la fuerza, la sociedad se diluye y la cultura deja de ser su cimiento. Nadie atiende a razones porque cada cual tiene “sus” razones incomprensibles e inasumibles para el resto. La racionalidad parece haber dejado de ser la norma de vida de muchos.

e. El individualismo se hace extremo. La sociedad deja de pensar como un conjunto orgánico dotado de intereses y objetivos comunes y pasa a ser una suma de “individuos” con intereses particulares, enfrentados a los demás que para hacer valer sus “derechos” recurren a la fuerza o a la coacción.

Todo esto hace que la agresividad desborde cualquier cauce, arrase todos los diques que la contienen y pase a ser, cada vez más omnipresente.

Nuestra sociedad hoy se encuentra, precisamente, en ese punto. Este proceso ha ocurrido en períodos anteriores de la historia y se repite en nuestro presente. Por eso algunos han afirmado que nos encontramos en el inicio de una “nueva edad media”. Vale la pena, ahora, ver cuáles son los rasgos específicos de la crisis a la que nuestra sociedad se encuentra, aquí y ahora.

2.– ¿Por qué nuestra sociedad es violenta?

Los rasgos específicos de la crisis que estamos viviendo son, fundamentalmente, los siguientes:

a. A partir de los años 60, nuestra civilización empezó a mutar de manera acelerada. Primero, el Concilio Vaticano II cambió 500 años de hábitos persistentes del catolicismo, luego apareció la píldora anticonceptiva que, junto con la minifalda y el movimiento hippy, constituyeron los puntos de arranque de la revolución sexual. En música irrumpieron ritmos nuevos y la microinformática, junto con las telecomunicaciones forjaron un mundo progresivamente más empequeñecido que nada se parecía al de la humanidad de mediados del siglo XX.

b. Este proceso culminó con la “globalización”. Tras la Guerra Fría (choque entre el Este y el Oeste), cuando cayó el Muro de Berlín (1989) una sola potencia alcanza la hegemonía mundial (los EEUU) y parece que un mundo “unipolar”, será un mundo pacífico. La economía se convierte en nuestro destino. Se crea un sistema económico mundial que pronto genera dos fenómenos: uno de Sur a Norte (la inmigración en busca de mejores medios de vida) y otro de Norte a Sur (la deslocalización de empresas hacia países en donde la producción es más barata). Este proceso ha causado fenómenos de desajuste en todo el mundo, que todavía duran y constituye uno de los principales focos de tensión actuales.

c. Se ha generado una inestabilidad socio–económica permanente. Inestabilidad en el trabajo, desigualdades extremas de renta, salarios que no garantizan una vida digna y plena, generan la aparición de dudas sobre el futuro, quien tiene trabajo hoy nunca estará seguro de si lo mantendrá mañana. La inflación y desvalorización del dinero hace inútil el ahorro.

d. Las preocupaciones se vuelven excesivas en nuestra vida cotidiana. Todo resulta problemático, todo está en proceso de cambio, es muy difícil mantenerse en la cresta de la ola y no quedar, antes o después, rebasado por los acontecimientos y las novedades tecnológicas.

e. Sectores enteros de la sociedad no se sienten competitivos en economía, trabajo, estudios. Esta sensación de falta de competitividad en estos terrenos hace que busquen ventajas en otros. Se generan tribus urbanas en los que individuos no competitivos se agrupan y exteriorizan sus frustraciones. Otros cristalizan en bandas de delincuentes o mafiosas, volcados sobre actividades ilícitas.

f. El sistema legislativo es garantista y permisivo. Este sistema surgió durante la “transición” política, cuando se adoptaron usos y formas lo más alejados del franquismo, pensando que ayudarían a alcanzar un sistema perfecto de justicia y libertad. Esto era cierto en una situación de estabilidad social, pero no en momentos de crisis: frecuentemente los derechos del delincuente están por encima de los derechos de la víctima; en lugar de castigar el delito se intenta reinsertar al delincuente. Todos estos principios han empezado a fracasar en el momento en que se ha evidenciado la naturaleza de la crisis y la inestabilidad actuales.

g. El sistema de enseñanza está en crisis. Las sucesivas reformas de la enseñanza no han conseguido invertir el aumento del fracaso escolar, ni han constituido una muralla contra la irrupción de la violencia en la escuela. Esta debe mucho a la aculturalización creciente a la que tampoco han sabido responder las sucesivas reformas educativas. También aquí, el sistema educativo se basa en principios que es preciso revisar. Hoy más que nunca urge restaurar el principio de autoridad en las aulas, el esfuerzo y la capacidad de sacrificio del alumno, desde la pre–escolar hasta la enseñanza superior.

h. Se han instalado antivalores entre nosotros: el “pelotazo” o la especulación, son las actividades lucrativas preferidas; el anonimato horroriza al individuo y éste busca saltar a la fama mediática como remedio a todas las incertidumbres. No importa si se hace el ridículo delante de todo el país, lo que importa es salir por TV. Más que “tener personalidad”, lo que cuenta es “tener imagen”. La “imagen” es un reflejo contrahecho de la personalidad, construida en función de la moda del momento.

Todos estos elementos interactúan generando frustraciones, miedos, traumas, reacciones patológicas y sentimientos contrapuestos de hostilidad y agresividad hacia todo y hacia todos. Incluido hacia uno mismo.

3.– ¿Dónde está la violencia?

A los elementos propios de los momentos de crisis de civilización, se unen los elementos específicos de crisis de nuestra civilización. Esto genera una violencia que aparece en distintos planos entre los jóvenes:

a. Violencia contra nosotros mismos. Constantemente hacemos cosas que nos perjudican y que suponen actos de violencia contra nosotros mismos. Sabemos, por ejemplo, que fumar perjudica seriamente a la salud. Y, sin embargo, fumamos. Sabemos que, más allá de determinadas dosis, el alcohol trastorna nuestro comportamiento, pero asumimos que el fin de semana “nos emborracharemos”. Sabemos que todas las drogas pueden producirnos alteraciones psíquicas y trastornos del carácter, pero queremos autoconvencernos de que son inocuas y de que podremos “controlarlas”. Una música oída más allá de determinados decibelios dañará nuestros tímpanos y, aún así, nos encajamos los cascos del walkman al máximo volumen. Nos alimentamos sin otro criterio que la comodidad, pero ignorando nuestras necesidades nutricionales. Y engordamos; para colmo, no hacemos ejercicio. Finalmente, pasamos horas muertas ante el ordenador machacando nuestra vista y reduciendo la realidad a la virtualidad. Si, ejercemos la violencia contra nosotros mismos.

b. Violencia contra nuestros iguales. Es la violencia que ejercen jóvenes contra otros jóvenes, compañeros de escuela contra otros compañeros de escuela. Es una violencia “horizontal”, ejercida contra gentes en “casi todo” iguales a nosotros. Es el famoso y controvertido “buylling”, el acoso escolar. En la segunda parte de esta obra trataremos de él ampliamente.

c. Violencia contra nuestros superiores. Es la violencia ejercida por jóvenes contra sus padres, profesores o contra cualquier otra autoridad. Se trata de una violencia “vertical”, contra los que están encima en la escala jerárquica. También dedicaremos un capítulo de la segunda parte a este tema.

d. Violencia contra el entorno. Ataques contra las instalaciones escolares o deportivas, ataques contra el mobiliario urbano, violencias en el medio urbano en cualquier circunstancia (con ocasión de una celebración deportiva, de una manifestación reivindicativa, de una fiesta popular, de un botellón, etc.).

e. Violencia gregaria. Es la violencia ejercida en grupo. Puede ocurrir que los miembros de un grupo, tomados individualmente, no tengan una particular predisposición a la violencia, pero actuando colectivamente cometan actos de vandalismo o de violencia intensa. La psicología de masas enseña que las reacciones de un grupo tienen poco que ver con las de cada uno de sus integrantes.

f. Violencia pasiva. Es la que se padece a manos de acosadores, delincuentes o como usuario de servicios sometidos a violencia. La persona que sufre cualquier nivel de violencia pasiva es la víctima. Para valorar cualquier acto de violencia, lo primero a considerar es el impacto negativo que ha tenido en la víctima. El derecho de la víctima debe situarse por encima de los derechos del delincuente, el resarcimiento a la víctima por encima de cualquier otro objetivo.

g. Violencia lúdica. En buena medida es la violencia virtual que ejercemos en nuestro tiempo de ocio. No supone dañar a nadie, pero si el habituarnos a la violencia y al papel de agresores. Son determinados juegos de ordenador o determinadas formas de ocio que tienen como resultado ejercer algún tipo de agresividad sobre otros o sobre nosotros mismos.

h. Violencia mediática. Es la que recibimos a través de los medios. Los medios nos informan de sucesos violentos, nos muestran aspectos descarnados de la violencia cotidiana, pero también nos ofrecen constantemente ejemplos de violencia en series, películas, espectáculos, “debates” en los que los invitados se agraden verbalmente unos a otros, etc. Este tipo de violencia carecería de interés en una sociedad estable, pero puede ofrecer “modelos” a individuos que sufren particularmente las crisis y la ansiedad de los tiempos modernos y tienen una singular agresividad.

4. ¿Qué puede hacer el Estado contra la violencia?

El Estado lo puede hacer todo. Pero no inmediatamente. Los tiempos para el Estado son lentos. Dependen de factores presupuestarios y, sobre todo, de oportunidad electoral y prioridad en el programa electoral. El Estado hace mucho menos de lo que los ciudadanos desearían. Y no siempre lo hace bien. Ni siquiera el diagnóstico a los problemas suele estar hecho en la dirección correcta. El que el Estado sea democrático no implica que el orden de prioridades elegido por sus gestores sea el correcto. Así pues, nosotros, los ciudadanos, debemos de confiar en el Estado. Pero no sólo en el Estado. O de lo contrario, nos llevaremos amargas decepciones.

En primer lugar hay que desconfiar de las estadísticas. Las mentiras estadísticas figuran entre las armas de una administración que pretende no decir toda la verdad por los costes electorales que ello acarrearía. Llama la atención, en este tema de la violencia escolar, por ejemplo, que cuando un partido está en la oposición, destaca la naturaleza creciente de esta forma de conflictividad, pero cuando ha llegado al poder, bruscamente, todo ha mejorado y no hay que crear “alarma social”… Desde tiempo inmemorial, todos los gobiernos repiten que la “delincuencia va decreciendo”. Y lo dicen con apoyos estadísticos. Sin embargo, lo que importa no es eso, sino la percepción que el ciudadano tiene del problema. Si el ciudadano percibe que la delincuencia aumenta, es que aumenta. A fin de cuentas, el ciudadano es quien la sufre. Y, por lo demás, una estadística se puede enmascarar muy fácilmente: basta con no poner los datos de delitos denunciados en las policías autonómicas, o considerar sólo los delitos, pero no las faltas, o los ingresos en prisión y no las puestas en libertad con cargos, o las incautaciones de droga, pero no los aumentos en el consumo. Trampas y maquillajes no faltan. Así pues, lo que cuenta es lo que se percibe directamente, no lo que nos cuentan. Qué le vamos a hacer: todos quieren repetir mandato, así pues están obligados a demostrar que las cosas van mejorando. Siga mi consejo: no crea a las estadísticas maquilladas ni a los gobiernos que las esgrimen: crea, mejor, en su sentido común

Pero en un Estado democrático los ciudadanos tienen derecho a realizar algunas exigencias. Por ejemplo:

a. El ciudadano debe exigir al Estado celeridad, seriedad, eficacia y prontitud. El Estado debe articular leyes, medidas, rectificar las que han demostrado ineficacia o las leyes que no han conseguido frenar a los delincuentes. Y el Estado lo puede hacer aquí y ahora, a la voz de ya. No necesita esperar al momento electoralmente más rentable. Si se puede hacer una reforma necesaria del marco legal, se puede hacer ya. Mañana es muy tarde.

b. El ciudadano debe serenarse y evitar tomarse la justicia por su mano, tendencia a la que franjas cada vez mayores de la ciudadanía se sienten tentados. Desde hace veinte años la formación de “patrullas ciudadanas” salpica periódicamente unas u otras localidades. Créame: la seguridad para los profesionales de la seguridad, si usted no lo es, no se meta en camisa de once varas.

c. Pero usted tiene el derecho a exigir eficacia a todos los escalones del Estado que intervienen en el proceso de la seguridad. Los organismos del Estado son duros de oído: no se enteran a la primera de que las cosas van mal, precisan que una y otra vez se lo recordemos. Solo entonces actúan: por acumulación de insatisfacciones. Eso es injusto pero es así.

d. El Estado tiene la obligación de poner el arsenal legislativo al servicio quien cumple la ley, no del delincuente: muchas leyes están muy mal hechas, en su espíritu, en su letra y en sus reglamentos aplicativos. Dígalo en voz alta. Insista: tiene muchos medios de protesta. Desde las cartas al director hasta los correos electrónicos. Que no haya ningún profesional de la política que no le quede constancia de que la población piensa unánime y mayoritariamente que hay que castigar al delito y encerrar al delincuente, no tratarlo con guante blanco y paños calientes. Proteste una y mil veces contra aquello que considera injusto. Hasta que el “legislador” no pueda ocultar el foco de protesta que usted representa.

e. No crea en la “privatización” de los servicios ni en que el Estado desplace su responsabilidad a usted: Zapatero a tus zapatos. Pagamos impuestos, exigimos seguridad a cambio. Si no los pagáramos no tendríamos derecho a exigirlo. Pero lo hacemos: así pues, a otros con el cuento de contratar seguridad privada. Y, por lo demás, yo, en tanto que ciudadano no dejo que me culpabilicen: intento vivir honestamente, no robo, no estafo, no ejerzo violencia sobre nadie. Así pues, no me hagan creer que soy culpable de los accidentes en las carreteras, de la violencia doméstica o del desmadre educativo. Si el Estado tiene todo el poder, al Estado le corresponde hacer transitables y seguras las carreteras, solucionar los problemas de la educación, de la violencia doméstica o de la seguridad ciudadana. Yo soy el pueblo: quien paga los servicios y quien exige rapidez, prontitud y eficacia a los gestores de mis impuestos (porque eso es, en el fondo, la clase política).

Como verá no creemos mucho en el Estado ni en sus gestores. La vida nos ha hecho así. Sigan mi consejo: pagan impuestos, exijan servicios. Lo contrario sería de tontos. El político es un servidor público, aunque tiene tendencia a intentar servirse del público. No se lo consienta.

El Estado lo puede hacer todo contra la violencia y si hace menos alguien tiene que rendir cuentas.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - 14.08.06

 

Rusia y el destino de Europa (II de III) El último tramo de la Era del Petróleo

Rusia y el destino de Europa (II de III) El último tramo de la Era del Petróleo

Infokrisis.- En esta segunda entrega insistimos en el fin de la era del petróleo barato y en la crisis energética que se inició hace dos años. A diferencia de las anteriores crisis, esta no es coyuntural, sino mucho más profunda. En este contexto, el eje eurosiberiano se presenta como una urgencia y una garantía para el destino de Europa.

 

I. Las cifras del consumo petrolero y las reservas

Hoy nos enfrentamos a un doble problema en materia energética: las cifras del consumo han subido mucho más de lo esperado, especialmente a partir de la incorporación de China el pelotón de países desarrollados y, por otra parte, desde hace décadas algunos estados productores de petróleo nos han ido mintiendo sobre la verdadera cuantía de sus reservas. Desde el año 2000 los precios del petróleo han experimentado un constante aumento.

Si hasta el año 2000 se tenía la seguridad de que por cada barril de petróleo consumido se encontraban nuevos yacimientos, a partir de esa fecha la desaparición del petróleo por el consumo ya no se ha repuesto a través de nuevas prospecciones. En los próximos 20 años, la demanda mundial de energía aumentará un 50%, 60% la de petróleo y 67% la de gas natural. No hay ninguna duda: en la actualidad, las necesidades energéticas del planeta están por encima del umbral de explotación de los recursos naturales.

Los países productores de petróleo, en buena medida, son “unidimensionales”: sus economías dependen, sobre todo, de la extracción de crudo. El crudo es un recurso finito: la prosperidad les durará tanto como puedan seguir bombeando petróleo. Así pues, el precio del crudo, hoy, no es tanto el producto del “mercado” sino del chantaje de los países productores.

El paradigma de estos países es Arabia Saudí y, por extensión, los países árabes. Gracias al petróleo, no ha sido tan evidente para los países árabes su fracaso absoluto al penetrar en la modernidad y su incapacidad para adaptarse a los nuevos ritmos culturales y sociales. El crudo ha hecho entrar en esos países riadas de petrodólares y les ha permitido actuar con un aire de suficiencia y superioridad ante el mundo. Pero, ni aún así, es posible negar el fracaso del mundo árabe. Arabia Saudí, como la mayoría de países árabes, tiene una media de edad de 25 años pero, en 1995, la renta per cápita era de 17.000 dólares… hoy es de 7.000. Es imposible olvidar el hecho, sociológicamente cierto, de que cuando existe una población mayoritariamente joven y sin recursos se está a las puertas de un levantamiento social. En los países árabes el motor ideológico de ese levantamiento es el fundamentalismo religioso.

Ni las reservas del Cáucaso (que durante un tiempo se creyeron superiores), ni las de Arabia Saudí (extremadamente exageradas), ni las de Alaska (que apenas satisfarán la demanda norteamericana), ni las de África Occidental (en buena medida situadas bajo plataformas petroleras y a gran profundidad), pueden paliar el choque con la realidad: nos enfrentamos a la escasez de petróleo, la era del petróleo barato ha concluido; a partir de ahora, el petróleo no estará al alcance de todos, sino solamente de los que tengan dinero suficiente para pagarlo.

II. El fin de la era del “petróleo barato”

En marzo de 2001, el presidente Bush anunció: “EEUU padece una crisis energética”. A partir de esa constatación, la política mundial pareció acelerarse: se produjeron los extraños ataques del 11-S, los no menos extraños atentados de Casablanca, la irrupción de Al Qaeda en Arabia Saudí, etc. Lo que está claro es que los EEUU han hecho en solitario lo que otros países no están dispuestos a hacer o se niegan a hacer: estar allí, presentes, donde haya un solo pozo de petróleo bombeando crudo.

Podemos establecer, sin lugar a dudas, que las grandes crisis políticas del momento presente son CRISIS DEL PETRÓLEO y están promovidas por la estrategia norteamericana de considerar el suministro energético como materia de seguridad nacional, tal como estableció la “doctrina Carter”. Las guerras actuales, incluidas la de Irak y Afganistán, son guerras del petróleo. Cualquiera que diga otra cosa miente y pretende engañar.

III. El petróleo y el gas ruso. ¿Joint-venture o alianza estratégica?

Europa es deficitaria en petróleo y en gas natural. Es precisamente en el ámbito europeo (junto al japonés), en el que más énfasis se ha puesto en la búsqueda de energías alternativas. Pero la energía solar y la energía eólica no pueden ser utilizadas en automoción, y las esperanzas puestas en que así fuera, están hoy completamente disipadas. La producción de etanol y de biodiesel, que tan buenos resultados ha dado en Brasil, está hoy muy retrasada en Europa y apenas alcanza el 1%. Los esfuerzos para que se sitúe en el 5% en los próximos años parecen débiles y, por lo demás, con esto ni siquiera bastaría para abastecer al mercado europeo, ni mucho menos haría que el precio del combustible descendiese, sino solamente tendería a asegurar el suministro, pero a alto coste.

Así pues, Europa no solamente no es autosuficiente en materia de energía, sino que el suministro en los próximos años parece problemático. El gas natural que se bombea de Argelia hacia la Europa Mediterránea es apenas un hilo débil y quebradizo que cualquier grupo terrorista puede interrumpir. El petróleo del mar del Norte está disminuyendo. Solamente la explotación de pizarras bituminosas en algunas zonas de Polonia puede compensar el descenso de reservas, a condición, naturalmente, de deshacerse de los prejuicios ecologistas y asumir que su obtención es altamente contaminante. Y si Europa logra liberarse de este prejuicio, por supuesto, no habrá obstáculo para resolver parte del problema mediante la energía nuclear.

El calentamiento global del planeta, asumido en las cumbres de Río (1992) y de Kyoto (1997), parece haber sido el resultado de 150 años de industrialización y desarrollo. Existen pocas dudas sobre la responsabilidad de las emisiones de dióxido de carbono en el cambio climático. Pero el drama actual de la Humanidad estriba en que, en las actuales circunstancias, desde todo punto de vista, no puede producirse un “parón energético” a riesgo de generar un caos mundial. Si los ecologistas tienen razón, las emisiones de CO2 a la atmósfera están generando un efecto invernadero del que derivará, casi inevitablemente, un calentamiento global del planeta que, finalmente, precipitará una nueva era glaciar en algunas zonas. Parece lógico “hacer alto”. Pero el problema radica en que, con el nivel de conocimientos actuales, las soluciones son pocas y limitadas: las energías no contaminantes no pueden aplicarse en todos los casos, y tienen tendencia a ser caras. Ciertamente, la energía solar es “gratis”, pero no su obtención. Y lo mismo cabe decir de la eólica. En cuanto a la de fisión, es relativamente peligrosa; y la de fusión todavía está lejos. Llamar a evitar el despilfarro energético es una posibilidad, pero no excesivamente segura. Y en cuanto al parón, puede suponer el fin de la Humanidad o poco menos. Así pues, hay pocas salidas.

La triste realidad es que la actual crisis energética es “la de verdad”. Comparada con las anteriores, éstas han sido un juego de niños. Es ahora cuando tiene verdadera importancia, en tanto que es irreversible.

Pero vale la pena plantearse algunas medidas de carácter político. La primera de todas tiene que ver con la toma de conciencia del problema: estamos hablando de crisis energética, no de una bagatela; y vale la pena que Europa Occidental se la tome en serio porque de ello depende el futuro de los europeos. Hasta ahora, este problema ha estado ausente como elemento central del programa de los grandes partidos políticos europeos, sin duda para no alarmar a la opinión pública, pero también porque la clase política europea cuida más su imagen que de su preparación intelectual y técnica.

Si hemos tomado conciencia del problema, la segunda medida es buscar alianzas. Las alianzas preferenciales son mucho más aconsejables que las guerras abiertas de conquista, algo que en Washington no han terminado de asumir, quizás por el infantilismo y el primitivismo de la sociedad norteamericana. Las alianzas internacionales no son gratuitas, son, inevitablemente, un “do ut des” (yo te doy, tú me das). No puede ser de otra forma. Las alianzas internacionales no pueden estar soportadas en el vacío o en principios “ideológicos”, sino en realidades operativas.

En este sentido, existe una complementariedad de intereses entre Rusia y la UE. Rusia tiene el petróleo que a la UE le falta y, por el contrario, la UE tiene el capital para modernizar las explotaciones. En la anterior entrega de este estudio aludíamos a conceptos geopolíticos, ahora estamos aludiendo a algo mucho más prosaico: una “joint-venture” entre Rusia y Europa.

Ahora bien, esa “joint-venture” puede basarse en un mero pragmatismo comercial, o bien en una línea estratégica de mucho mayor calado. Por eso iniciábamos este estudio definiendo el “espacio euroasiático” y la necesidad de un “eje eurosiberiano”. Si se tratara sólo de un mero pragmatismo comercial habría que reconocer que el gas natural argelino está más próximo que el siberiano y que, probablemente, las economías europeas estén a medio plazo en mejor disposición que los EEUU para pujar por el petróleo, incluso venezolano o africano. Pero ésta no es la cuestión: la cuestión es que dada la interrelación entre petróleo y política internacional, solamente el establecimiento de alianzas políticas duraderas y de gran calado puede evitar la esporádica aparición de fricciones y conflictos en amplias zonas del planeta.

El eje eurosiberiano puede ser autosuficiente en materia energética, tecnológica, cultural y militar. Es, por tanto, un centro de poder internacional de primera magnitud.

Próxima entrega: IV. De Europa a Rusia. El eje eurosiberiano.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - 14.08.06 

 

Maratón-film (III de XIV) Tiempos de Valientes: cine simbiótico argentino

Maratón-film (III de XIV) Tiempos de Valientes: cine simbiótico argentino

 

Infokrisis.- Cuando el cine argentino buscaba la "alta intelectualidad" y era un dechado de "cine de autor", lo pretencioso y pedante eran su denominador común. Habitualmente, ese cine -salvo honrosas excepciones- era incorporable. Afortunadamente, algunas pautas han cambiado. Hoy en Argentina se hace buen cine y ese cine nace del cambio de registro operado por algunos directores. "Tiempo de valientes" es una muestra brillante del nuevo cine argentino.

Infokrisis.- Cuando el cine argentino buscaba la "alta intelectualidad" y era un dechado de cine de autor, lo pretencioso y pedante era su denominador común. Habitualmente, ese cine -salvo honrosas excepciones- era insoportable. Afortunadamente, algunas pautas han cambiado. Hoy en Argentina se hace buen cine y ese cine surge del cambio de registro operado por algunos directores. "Tiempo de valientes" es una muestra brillante del nuevo cine argentino.

Las dos obsesiones de los argentinos: psicoanálisis y militares

Hace falta ser argentino o, al menos, estar familiarizado con la historia argentina reciente para poder apreciar esta brillante película. Desde finales de los años sesenta, en el imaginario colectivo de los argentinos han cobrado forma dos obsesiones: el psicoanálisis y los militares.

No tengan duda: los psicoanalistas proliferan desde entonces como hongos. En el caso de “Tiempo de Valientes”, uno de los dos protagonistas –Diego Peretti- es psicoanalista y, por más señas, judío. Casi un tópico nacional-argentino. En la primera media hora de la película, esta obsesión está siempre presente: el querer interpretar cualquier acontecimiento de la vida en función de los tópicos psicoanalíticos, su voluntad obsesiva de reducir cualquier problema a la sexualidad y los recuerdos de la infancia, su artificiosidad…

Pero a partir de la primera media hora, la película –que en principio parecía un remake argentino de “Una terapia peligrosa”- toma un sesgo diferente y en la cinta aflora la segunda obsesión nacional argentina: los militares y, más en concreto, los servicios de inteligencia.

Desde mediados de los años setenta, a causa de la participación del estamento militar en la guerra contra el terrorismo, los militares quedaron identificados como un grupo siniestro, capaz de cualquier depravación. Por supuesto no era así, los militares no habían hecho otra cosa que responder a la irresponsabilidad de unos dirigentes terroristas que se creían lo suficientemente fuertes –aunque en realidad eran excesivamente estúpidos- para sembrar el terror en todo el país, sin caer en la cuenta de que la respuesta sería contundente. Lo fue. Los militares respondieron al terrorismo de los montoneros y del ERP con otro terrorismo de efecto contrario… sólo que mucho más contundente.

Luego vinieron los gobiernos democráticos, pero el estamento militar no pudo recuperar el prestigio que tenía en los años 60 y 70. Frecuentemente quedaron identificados con la corrupción y con el saqueo del Estado. No era exactamente así. De hecho, el único colectivo que puede ser tildado de delicuescente es la clase política. Pero, a efectos de opinión pública, los servicios de inteligencia fueron considerados como algo siniestro, capaz de cualquier abuso de poder y corruptela. Esa sensación dura todavía hoy y esta película lo recoge en los 70 minutos que siguen a la primera media hora.

Un cine simbiótico

Si nos preguntan el género al que pertenece esta película, nos costará responder. De un lado, es una comedia. La sonrisa, e incluso la carcajada, afloran con frecuencia a lo largo del metraje. Y es un humor de calidad: no esperen ni sal gruesa, ni chistes fáciles o humor de contenido sexual o demagógico. Pero nos equivocaríamos si viéramos en “Tiempo de Valientes” una mera comedia. Es comedia, pero también es algo más.

A partir de la primera media hora se mantiene la comedia, pero aparece un nuevo género: la intriga policíaca. “Tiempo de Valientes” es una película policíaca. El fondo de trama es policíaco. Hay algo también de cine de acción e incuso de western. La música que acompaña a las escenas en la última media hora es de Ennio Morricone. También hay guiños al ciclo de Rocky y a la Jungla de Cristal o a James Bond.

En el fondo, el éxito de la película radica en ser una sucesión de referencias cinematográficas y géneros, que tiene como denominador común el humor. La simbiosis de estilos no hace que la trama decaiga en ningún momento ni que el director utilice recursos groseros para hacer sonreír, al estilo de las películas de Mel Brooks (“La loca historia de las galaxias”, “Sillas de montar calientes”, “El jovencito Frankenstein”, etc.) en las que apenas se busca otra cosa que la risa fácil, o mejor, la carcajada grosera e insolente. No es éste el caso de “Tiempo de Valientes”. Las referencias cinematográficas que aparecen no implican una copia servil con fines satíricos.

Guión brillante, entretenimiento asegurado

Un policía se deprime porque su mujer le engaña con otro, así que su jefe opta por asignarle un psiquiatra para que lo acompañe en su servicio. Se trata de un psiquiatra freudiano y judío que aborda el tratamiento según las normas clásicas del freudismo. A partir de ese momento, la pareja del policía y el psiquiatra se hace inseparable. El primero es enviado a investigar un doble asesinato. El policía, aún deprimido por la cornamenta, es invitado por el psiquiatra a cenar. En la conversación que sigue, el policía descubre que la mujer del psiquiatra también le engaña desde hace cuatro meses. Ahora ya no hay solamente un deprimido, sino dos. Así que, para olvidar sus penas, se concentran en la investigación. El psiquiatra abandona las pautas freudianas que hubiera debido aplicarse a sí mismo y el policía enfoca de manera profesional la investigación sobre los dos asesinatos.

Esta investigación les lleva al Ejército Argentino pues, no en vano, los dos asesinados son militares. A partir de pistas fragmentarias, logran reconstruir lo que ha ocurrido y entrevistarse con un individuo que resulta ser militar y miembro de los servicios de inteligencia. Es él quien ha comprado a un ladrón el coche en el interior del cual aparecieron los dos cadáveres. Pero, en lugar de detenerlo, este individuo, logra zafarse y el policía y el psiquiatra resultan arrestados y enviados a la sede del servicio de inteligencia.

El psiquiatra es inmediatamente puesto en libertad y, una vez en su casa, recibe la llamada de un militar al que le dejaron la tarjeta en el inicio de la investigación. Éste ha recordado que los dos asesinados estaban implicados en la compra fraudulenta de un contenedor de residuos radiactivos. El psiquiatra se siente vigilado, pero logra neutralizar al asesino enviado por los servicios de inteligencia para matarlo. A partir de ahí, y con ese as en la manga, decide liberar al policía, secuestrado en la sede de la inteligencia militar. Lo hace de tal manera que da la sensación de ser un experimentado agente secreto.

Tras la liberación, psiquiatra y policía consiguen neutralizar el robo de material radiactivo de una central nuclear. Tras esta brillante operación, ambos compañeros reciben la oferta de integrarse en los servicios de inteligencia… lo que da pie a segundas partes que esperamos superen en sentido del humor y originalidad a esta primera película de la pareja protagonista.

Cuando el humor es el último refugio de los tiempos de crisis

Solo un psiquiatra no freudiano podía prever que la gigantesca crisis sufrida por la República Argentina a partir de 2001 no iba a terminar desmigajando el ser argentino, sino que la clase media iba a reaccionar y, en un proceso psicológico –y, por supuesto, no freudiano-, estaría en condiciones de sublimar su tragedia nacional recurriendo al humor.

Desde 2001, Argentina ha exportado películas brillantes de distintos géneros, pero especialmente “películas simbióticas” en las que el humor se cruzaba con distintos géneros. “Las nueve reinas” es una de esas películas que, en el fondo, abrió el camino a “Tiempo de Valientes”. Y no son las únicas.

Existe cierto paralelismo –salvando distancias- entre este moderno cine argentino y una parte del cine español de los años 40 y 50. Edgar Neville practicó el mismo sincretismo de géneros que ahora vemos en el cine argentino. Humor, intriga policíaca, realismo fantástico, comedia costumbrista, son algunos de los géneros que Neville –falangista de pro y franquista de estricta observancia, por lo demás- entremezcló.

En la España de la época, lo gris y la desesperanza se daban frecuentemente la mano, y el cine era una de las pocas diversiones –además del baile de los domingos por la tarde- de aquella sociedad que tenía pocas expectativas. Como la sociedad argentina de hoy. El humor acompaña los tiempos de crisis.

El buen cine no precisa un presupuesto desmesurado

“Tiempo de Valientes” no es una película de alto presupuesto. Es más bien una película con evidentes limitaciones económicas. Apenas se nota. No hay ni efectos especiales ni grandes despliegues de medios ni persecuciones insensatas de coches ni aparatosas caídas. Lo que hay es una correcta dirección, una correcta interpretación y un eficiente trabajo de montaje y guión ¿Qué otra cosa más hace falta para que una película tenga éxito? Nada absolutamente.

En la misma tarde en que hemos visto esta película hemos asistido a la proyección de “X-men III”. Inenarrable. Sería difícil encontrar una película más vacía, con una interpretación más mediocre y un guión particularmente poco imaginativo; pero, eso sí, con unos efectos especiales omnipresentes y que suponen –junto a la nómina de lo actores- la parte del león del presupuesto. El cine norteamericano ha dominado el cine mundial, mientras en los otros centros de producción no se dominaba el lenguaje cinematográfico y los códigos de comunicación visual. Mientras, en Europa y en Iberoamérica se optaba por un cine “de autor” pretencioso, pedante e insoportablemente progresista, el cine americano tenía como único fin entretener al espectador.

Pero ahora esa voluntad ya ha aparecido tanto en Europa como en Iberoamérica. El próximo estreno de “Alatriste” o películas francesas a lo “Vidoq”, a lo “Cyrano” o a “Los ríos de color púrpura” (primera entrega, por supuesto), son un indicativo de que Europa ha superado las limitaciones que tuvo en otro tiempo y de que, de tanto en tanto, todavía reaparecen. Europa puede competir con EEUU en cine, a costa de que una legislación proteccionista obligue a las distribuidoras –mayoritariamente controladas por consorcios norteamericanos- a servir unos mínimos de productos europeos. Y a condición, por supuesto, de huir del cine pretenciosamente intelectual y del intimismo intrascendente, del “cine de autor” –casi siempre mediocre- que tanto atrae a los directores europeos más subvencionados.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 14.08.06

 

 

Marathon-film (II de XIV) “La huella del silencio” o la Khabala en el candelero

Marathon-film (II de XIV) “La huella del silencio” o la Khabala en el candelero

 

Infokrisis.-Ni Juliette Binoche, ni Richard Gere hacen un gran papel en esta película de lo que lo más suave que se ha dicho es que es "pretenciosa". De hecho es, "religiosamente pedante". Pero es algo más que eso: es un reflejo de las corrientes seudorreligiosas dominantes en esta época que podemos llamar post-New Age. Hollywood es, por lo demás, la meca de todos estos nuevos movimientos religiosos.

Una familia judeo-americana feliz

La sinopsis argumental es como sigue: una familia de clase media –la madre investigadora genética y el padre profesor de khábala- con dos hijos es, inicialmente, feliz. Pero la niña tiene la rara habilidad de ser muy competitiva en los concursos de deletreo de palabras. Cuando se presenta al concurso estatal y nacional, el hermano, hasta entonces en perfecto contacto con el padre, se siente dejado de lado y, en la medida en que estaba interesado por la espiritualidad y por aquello de la coherencia, se hace… Hare Krishna (como lo oyen). La madre, hasta entonces responsable y abnegada, resulta que está hasta los mismísimos por las teorías del padre. En el fondo ella ni siquiera es judía de raza, pero se ha convertido al contraer matrimonio. Cuando el padre concentra sus cuidados en la niña para prepararla para la fase final de concurso de deletreo de palabras, la madre enloquece y resulta detenida dentro de un hogar. En ese momento se descubre que tenía un almacén de pequeños objetos de escaso valor que había ido robando en los domicilios. Es una cleptómana. De resultas del espanto, la niña prefiere perder aposta la fase final del concurso, si ello contribuye a recuperar la normalidad familiar. Hay que decir que la niña tiene 10 años, pero ya es capaz de leer a Abulafia y comprender las abstracciones metafísicas de la Khábala…

Con un argumento de tal jaez, pasada la primera media hora la película se vuelve lenta, las situaciones empiezan a ser difíciles de creer y el prometedor inicio en el que Gere da algunas lecciones básicas de Khábala, se disipa. En el mejor de los casos, la película ha sido tildada de “pretenciosa”. En el peor, simplemente de producto de mediocre factura, protagonizada por dos actores que se encuentran en la cuesta abajo de su carrera.

No esperen maravillas del casting. Los años no pasan en balde, y el rostro de la Binoche, que ya había hecho pinitos en las famosas “masas eróticas” que tanto gustaban a Dalí, registra los estragos del tiempo. El papel de madre cleptómana alelada le va. En cuanto a Gere, está muy en su línea: poco expresivo, con el encanto de galán otoñal, le cuesta dar el perfil de profesor de metafísica hebrea, francamente. Por su parte, la niña es completamente inexpresiva e incluso cuando anda por la calle se la ve excesivamente envarada; y su hermano, digno hijo de su padre, es incluso más inexpresivo que éste.

El “contexto” de la película

La película resulta altamente infumable en España. Aquí los concursos de deletreo de palabras jamás se han celebrado, cuando en EEUU es una especie de atracción nacional e, incluso hoy, gozan de gran prestigio y se benefician de la parte del león de las audiencias. Además, aquí la khábala es solamente estudiada por exiguas minorías, e incluso dentro de estas minorías se dan grandes diferencias: no todo lo que llaman “khábala” es, verdaderamente, “khábala”. Los sucedáneos de escaso valor abundan en el supermercado espiritual. En EEUU, por el contrario, la khábala es uno de los movimientos pseudomísticos de moda en estos momentos.

Se sabe que Madonna participa de las actividades de esta secta, y ella misma introdujo a Britney Speers y a otras. En Hollywood la khábala está tan de moda como hace un lustro estuvo la Iglesia de la Cienciología. E incluso los neoconservadores norteamericanos son llamados habitualmente por la prensa tanto “logia straussiana” (de Leo Strauss), como la “khábala” en función de que la inmensa mayoría de ellos son de etnia judía. Además, la magia está también de moda y el tipo de magia que se difunde en estos momentos en EEUU es la “magia khabalística”. En España nada de todo esto tiene la más mínima repercusión, pero en EEUU es el pan de cada día, la última moda del mercadillo espiritual que ha sustituido a la alicaída New Age que se ausentó sin dejar señas desde principios del milenio. Castaneda ha muerto, la escuela de Esalem difunde la cuarta parte de cursos que en el 99. Las terapias regresivas han caída en un descrédito absoluto y, en cuanto a los sistemas terapéuticos alternativos, no han podido soportar el choque con la realidad: los placebos que deparaban curan solamente enfermedades de base psicosomática, pero en absoluto enfermedades destructivas de tejidos o degenerativas. La astrología sufre un bache, e incluso los movimientos luciferinos pasan por horas bajas. La Khábala –o el sucedáneo de tal- goza, sin embargo, de buena salud.

Esta película forma parte del momento cultural norteamericano y de la última moda de los salones de Hollywood, pero resulta incomprensible en Europa. Era evidente que una película de este tipo, con trasfondo pseudomístico, solamente podía ser interpretada por el campeón del budismo, el actor de deleznables -aunque taquilleras- películas, frecuente acompañante del Dalai Lama en su exilio y defensor de las causas tibetanas más o menos perdidas. El místico hollywoodiense por excelencia, a la sazón Richard Gere.

El poder de las letras

La khábala enseña que cada palabra posee una vibración característica y que una palabra, agrupación de letras, implica un determinado poder. No es algo que sea privativo del khabalismo hebreo. De hecho, a partir de Arnau de Vilanova apareció el khabalismo cristiano que tanto influyó en los humanistas del Renacimiento y que gozó de gran reputación hasta principios del siglo XVIII. También el hinduísmo reconoce este poder de las letras y de las palabras aunque, lógicamente, utiliza caracteres sánscritos en lugar del alfabeto hebreo. Por su parte, el lenguaje rúnico, lengua sagrada de los antiguos nórdico-germánicos, sostenía idénticos principios.

Lo importante de la khábala no es lo que todos sabemos (a saber que cada letra equivale a un número y que la suma de los valores de las letras de una palabra da otro número con un simbolismo determinado), sino el hecho de que incluso los Hare Krishna sostienen idénticas teorías. De hecho, la práctica khabalística consiste en meditar sobre las letras hebreas permutándolas en función de tres leyes (la gébura, la témura y el notarikon) hasta fijar la mente en un solo punto. Es entonces cuando tiene lugar la iluminación mística y aparece el Aleph (la primera letra del alfabeto hebreo), iluminando la naturaleza del sujeto y dándole una brusca comprensión de los misterios de la naturaleza. Jorge Luis Borges ya realizó una extraordinaria aproximación a este tema en su relato “El Aleph”. Así mismo, el hinduísmo –y su hijo bastardo, la secta de los Hare-Krishna- sostiene la misma doctrina. El hinduísmo conoce esta teoría con el nombre de “Shâmadi”, literalmente, la “concentración en un solo punto”. Se trata de detener el flujo de pensamientos conscientes mediante este tipo de concentración para permitir que salgan a la superficie estratos más profundos de la personalidad.

Ahora bien, en tanto que metafísica, la khábala hebrea realiza una interpretación del ser humano (microcosmos) y del mundo (macrocosmos). Las teorías a este respecto son múltiples. Explica la khábala que el mundo fue creado en un espacio vacío abierto por Dios al replegarse sobre sí mismo. Alude también a la correspondencia entre macrocosmos y microcosmos. Teorías como esta permiten, sin grandes dificultades, atribuir al khabalismo hebreo el rango de “doctrina tradicional”, al mismo nivel que el hinduísmo, el cristianismo, el islamismo, el confucianismo, el budismo, etc.

En la película se alude repetidamente a una de las teorías khabalísticas. Aquella que afirma que la verdad originaria estaba contenida en una vasija que se rompió. Desde entonces, la misión de la humanidad consiste en reagrupar los trozos de esa vasija y reconstruir la luz originaria. Esta idea recorre transversalmente “La Huella del silencio”.

La teoría y la práctica

Hoy, cuando se alude a metafísica se alude a un conjunto de teorías sobre la naturaleza humana y sus relaciones con el cosmos y con Dios. Se trata de un saber absolutamente “filosófico”, esto es, teórico. Hubo un tiempo en el que la metafísica era sinónimo de conquista de lo que está más allá de lo físico. Implicaba no sólo una teoría, sino también una práctica. Es más, implicaba, fundamentalmente, una práctica. La metafísica moderna de la que hablaron Nietzsche y Heidegger, entre otros muchos, era, como máximo, una actitud ante la vida, no un tipo de práctica espiritual.

En la película esta distinción es palpable. De hecho, la esposa de Gere, la Binoche, enloquece harta precisamente de que su marido le suelte, tanto a ella como a sus hijos, largas parrafadas sobre espiritualidad hebrea, pero toda su práctica apenas consista en realizar guisados, más o menos, elaborados. Porque, en la intimidad, nuestro sofisticado profesor de filosofía hebrea es un excelente cocinero, un consumado violinista… pero en absoluto un cabalista practicante, ni mucho menos un discípulo aventajado de Abulafia.

Desde luego, esto tampoco es como para volverse loca, pero la cleptomanía de la Binoche es una exigencia del guión que redondea la imagen con que se aureola la familia: unos hechos polvo de la vida, tanto el marido (profesor pelmazo de una doctrina abstrusa, confusa y difusa), la esposa (cleptómana neurótica que alterna períodos de frigidez con recalentones esporádicos), el adolescente díscolo (que pasa bruscamente de tocar el violonchelo junto al padre y discutir con él de khabalismo, a sentirse desgraciado y terminar en ese sumidero de hechos polvo que es la secta de los Hare Krishna) y la niña, finalmente, a causa de la cual y de su habilidad para deletrear palabras, estalla la crisis familiar. La típica familia americana, vamos.

Con un aprobado modestito…

Hay algo de falsa pretenciosidad en esta película. No es, sin embargo, una “mala película”, ni siquiera una cinta aburrida. Es una película más bien mediocre, con algunos fallos de guión y una estructura narrativa endeble, que es donde radica la pretenciosidad que otros le han atribuido.

La película tuvo una modestísima recaudación en EEUU –si bien su presupuesto tampoco fue excesivamente elevado- y pasó pronto al circuito de DVD. No podemos decir que ni la fotografía ni la banda sonora ni la interpretación ni el montaje ni la dirección, sean dignos de mención.

El mayor valor de la película es el de ser un indicativo de por dónde van las corrientes neoespiritualistas en este período post-New Age. Un aprobado modestito y casi de rasqui, es la puntuación que le corresponde. No es que sea gran cosa, pero ya es algo. En el fondo, este producto llegado de EEUU nos ha permitido realizar algunas alusiones a doctrinas tradicionales que están muy por encima de sectas que hoy las han usurpado. Si tenemos en cuenta que el 60% de las películas americanas que llegan a España son historias de chicos jóvenes de institutos y universidades, subproductos de sal gruesa, rubias tetonas y muchachotes cutres y vacuos, esta película está por encima de la media del cine americano. Pero no mucho.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.08.06

 

 

“El espejismo humanitario”, ¿sirven para algo las ONGs?

“El espejismo humanitario”, ¿sirven para algo las ONGs?

Infokrisis.- La lectura del libro de Jordi Raich, "El espejismo humanitario", subtitulado "La especie solidaria al descubierto", nos sitúa de forma "políticamente incorrecta" ante un tema de "moda", un tema sorprendente: las ONGs. No es habitual que un cooperante con 20 años de dedicación a la ayuda humanitaria se plentee en voz alta si ésta sirve para algo. La conclusión: señalar la casilla de ONG en las declaraciones de IRPF es tirar el dinero.

El libro y su autor

No es el primer libro de Jordi Raich. Este cooperante, habitualmente enrolado en Médicos Sin Fronteras, ha pasado los últimos veintitantos años recorriendo todos los escenarios de moda en materia humanitaria. Ha ido de decepción en decepción, hasta cuestionarse finalmente si la ayuda humanitaria tiene un mínimo de eficacia. Sus anteriores libros eran lo que se esperaba de un cooperante, es decir, destinado a promocionar su “producto”. Porque en esta sociedad del espectáculo y en pleno liberalismo extremo, la ayuda humanitaria es un “producto”.

Raich se ha movido por la antigua Yugoslavia en los peores momentos del cerco de Sarajevo. Ha pasado por los distintos escenarios de crisis del África occidental francesa. Vivió de cerca la “catástrofe humanitaria” de Ruanda y estuvo en Afganistán antes y después de la intervenció americana. En Uganda, Somalía y demás lugares olvidados de África, Raich estuvo allí organizando la ayuda humanitaria. Si hay algún español que conoce el tema es él, por eso su obra tiene mucho más valor que el que cualquier periodista crítico hubiera podido escribir.

Raich tiene “credibilidad”. Su pasado de cooperante y funcionario de distintas ONGs y su presencia en los principales teatros de operaciones humanitarias de los últimos 20 años, le atribuye una credibilidad superior a cualquier otro analista. Puede creerse a pie juntillas lo que nos cuenta.

Pero ¿Sirve para algo la ayuda humanitaria?

No es la primera vez que se plantea este tema. La London Economic School lo planteo hace años en un seminario. Raich cuenta que estaba presente en aquel evento y se estremeció cuando una muchacha ruandesa tomó la palabra en el turno de ruegos y preguntas:

“Divagamos en un laberinto sin salida. Si lo pienso con la cabeza les digo que su ayuda es inútil y que dejen de enviárnosla. Sus limosnas solo nos hacen más dependientes y no resuelven nuestros problemas. Si lo pienso con el corazón les pido que no nos abandones, que sin ustedes moriremos”.

Raich añade que a la frase siguió un silencio embarazoso. La muchacha había resumido el fondo de la cuestión. A decir verdad, Raich no piensa que la ayuda humanitaria sirva para gran cosa. Sirve para que las grandes empresas reduzcan su cuenta de beneficios y por tanto paguen menos impuesto; sirven también para que promocionen su marca y la unan a algo que está de moda en la sociedad: las campañas humanitarias. Sirve también para que unos cooperantes se sientan importantes y superiores a los receptores de la ayuda. Sirven para que los gobiernos ganen posiciones en los lugares en donde se concentra la ayuda. Salvan alguna vida, pero pocas en relación a la dimensión del problema. Y, lo que es peor, frecuentemente, crean más problemas de los que resuelven. Esto sin contar con que se han dado casos de tráfico de diamantes realizado por algunas ONGs, otras han visto como sus funcionarios utilizaban habitualmente a menores para cubrir su necesidades sexuales y, por supuesto, que mucha ayuda es completamente inútil.

Raich cuenta que una cofradía de pescadores del País Vasco le ofreció miles de latas de botino del norte para la población ruandesa famélica. Una buen propuesta y, sin duda, sincera, el problema era que las latas eran individuales y del tipo abrefácil; de aceptar esta ayuda, los campos de refugiados de habrían llenado de miles y miles de latas metálicas, menos peligrosas sin duda que las minas, pero, en cualquier caso desaconsejables para una población que no disponía de calzado. Y, por lo demás, el bonito del norte no figura entre los productos de la dieta ruandesa. En otras ocasiones, el propio Raich recibió a aviones Hércules C130 de la Fuerza Aérea Española cargados con toneladas de galletas Cuétara inapropiadas para una dieta tropical. También vió squís donados por el público norteamericano en el curso de campañas mediáticas, abandonados… en el Sahara. O biblias en Afganistán. Una propietaria de un manantial en el Pirineo ofrecía toda su producción para paliar la sed en África. El problema es que el agua envasada en botellas de plástico saciaría la sed –en caso de que fuera económicamente viable enviarla a África- sino fuera por que los millones de envases de plástico desechables generarían una catástrofe ecológica de similares proporciones. El donante suele ignorar que el hiposulfito cálcico utilizado para depurar el agua es la alternativa más realista y eficaz a las donaciones de agua mineral europea. Se ha llegado a enviar salami y morcón a Ávila a zonas musulmanas, helados Mico en aviones no frigoríficos a las zonas más calurosas del planeta y pescado a zonas que jamás lo han consumido y cuyo metabolismo no lo admite.

Y, en cuanto a las “apadrinamientos” de niños, suponen uno de los peores fraudes: el slogan hace creer que el donante “apadrina” a un niño concreto, cuando en realidad, su dinero, después de deducirse los gastos de la transferencia bancaria, los salarios de los funcionarios de la ONG y sus gastos en misión, lo poco que queda, se une a un fondo común con el que se construye alguna escuela o se financia alguna iniciativa en pro de la infancia. Alguno de los donantes, entusiasmado, pide mantener correspondencia con el niño apadrinado, y durante años recibe cartas… escritas por algún funcionario de la ONG. ¿Es posible un fraude mayor? Si, por supuesto… Las páginas de libro de Raich están recorridas por este tipo de fraudes realizados sin el menor recato y que, por lo demás, son del dominio público de los cooperantes veteranos.

Como una gota en el océano

Las zonas en crisis son muchas y la ayuda es siempre menor a la necesaria. Y además no dura siempre: dura solamente el tiempo en que la crisis humanitaria está en el candelero, luego disminuye y, finalmente, el cooperante desaparece y el programa se suspende. Dado que ese lugar no vuelve a aparecer en los noticiarios, nadie se entera de que la ayuda ha servido para poco. La persona salvada hoy gracias a un paquete de cereales, muere al cabo de poco tiempo cuando la ayuda cesa.

Además ni toda la ayuda llega a su destino, ni siquiera se distribuye adecuadamente. Raich cuenta decenas de trampas utilizadas por los receptores de la ayuda, para recibir más… parece lógico, en el fondo están hambrientos y necesitados. Pero se entiende mucho menos que en lugar de consumirla, simplemente, la vendan. En las inmediaciones de las zonas “target” de la ayuda humanitaria, pueden verse los productos con las etiquetas de las distintas ONGs en venta aun a pesar de la inscripción “producto no vendible”.

En toda África la existencia del Estado es una entelequia. Y otro tanto ocurre con las FFAA. La corrupción, el vacío de poder y las unidades militares que hace meses que no cobran su salario y solamente disponen del AK-47 para saquear y robar, son habituales de un extremo a otro de África. Soldados borrachos y drogados recorren las carreteras y se apostan en las fronteras siempre dispuestos a saquear al hombre blanco en primer lugar y luego a los ciudadanos desarmados. Inicialmente, los cooperantes jóvenes no entienden como es posible que si ellos van a ayudar a lo que genéricamente conocen como “africanos”, sean precisamente los mismos “africanos” los que les imposibilitan a diario el desarrollo de su trabajo.

Muchos de ellos esperan como el mejor día de su vida, aquel en el que concluirá su compromiso con la ONG. Otros desisten el primer día y regresan a su país de origen en el mismo avión que les llevó a África. Los hay que enloquecen, caen en el alcoholismo y se convierten en puteros empedernidos que no creen en nada ni en nadie y mucho menos en la misión que les ha llevado a allí. Raich cuenta que parafraseando al clásico “el cooperante es un loco para el cooperante”. Las casas en donde viven, disponen de un lujo que suele contrastar con la miseria circundante; pero en su interior, aprenden pronto la moraleja de la obra de teatro de Sarte: “el infierno son los otros”. Las peleas en el interior de las casas son habituales, las incomprensiones continuas, los tipos raros, intratables, aquejados de mil paranoias o neurosis abundan en estos hogares provisionales. Raich realiza una tipología de los cooperantes verdaderamente mordaz. Los ha conocido demasiado bien como para equivocarse.

En el mejor de los casos, el cooperante en lugar de ayudar, lo que busca es ayudarse a sí mismo, dar un sentido a su vida, participar en una misión humanitaria que, sin duda, será lo más importante que haya hecho en su existencia y que, a partir de ese momento, contará incluso a sus nietos. No, definitivamente, el cooperante no sale bien parado en el libro de Raich. Pero el beneficiario de la ayuda no sale mucho mejor.

No es Raich el único en pensar así. Personalmente he hablado con bomberos barceloneses que fueron a ayudar a ruandeses y volvieron traumatizados (en ocasiones, un europeo al salir de su oasis de relativa prosperidad, queda estupefacto de lo que ve) al ver que los padres robaban la comida a los hijos, una vez estos la recibían, sin importarles lo más mínimo que fueran a morir de hambre. Raich cuenta que en los campos de África es frecuente que las familias dejen de alimentar voluntariamente a uno o varios hijos para así entrar en programas para familias desnutridas. Simplemente los muestran para obtener las ayudas.

La ayuda humanitaria paraliza la iniciativa de quien la recibe. Éste tiende a pensar que durará siempre o al menos se aprovechará de ella mientras dure. El mañana no es algo que preocupe excesivamente en una África que vive al día. Frecuentemente, las zonas subsaharianas que han aportado más inmigrantes a Europa son las más empobrecidas. En efecto, cuando los inmigrantes envían algunos dólares a su familia, lo que están haciendo es desmotivarlos para trabajar y cultivar la tierra: si tienen lo que necesitan, ¿para que esforzarse?

Los cooperantes están permanentemente enfrentados a un dilema: si “enseñan a pescar” a los receptores de la ayuda, corren el riesgo de que mueran de hambre; pero si les dan de comer para paliar su situación, tienden a desentieresarse de cualquier otra cosa que les puedan dar.

Además en África la noción de “comunidad” no existe. Los cooperantes están permanentemente rodeados de una corte de los milagros que permanentemente “se curran la página de la pena” contando todas las desgracias inimaginables para concluir la conversación pidiéndoles dinero. La mayoría de estas historias son fraudulentas y lo único que se persigue es el resultado final: el sablazo humanitario. Raich cuenta un caso paradigmático: un negro se le acerca y le cuanta desgracias absolutamente ficticias, luego le pide el consabido sablazo. Él no se lo da, por supuesto (tiene experiencia) y el africano se enfada: “¿Pero no estáis aquí para ayudar? ¡No hacéis nada!”. Raich le explica que él ha venido a ayudar a una comunidad y le cuenta lo que hace por ella (vacunas contra la disentería, provisión de alimento, montar un generador diesel, etc.). Pero el africano no se da por satisfecho: a él qué le importa todo eso, lo que desea es que le dé lo que él quiere. Y se va refunfuñando: “decís que venís para ayudar y no hacéis nada por mí”. En África parece que el individualismo haya suplantado absolutamente a cualquier rastro de sentimiento comunitario.

El espectáculo humanitario ha comenzado

En España hay en torno a 10.000 ONGs, la mayoría de las cuales no sirve absolutamente para nada y sus programas o bien son un fraude o bien se limitan a enviar una parte de los fondos recaudados a ONGs de la zona aquejada de algún problema. Sólo unas pocas realizan una verdadera ayuda. Son las menos y ni siquiera en estos casos puede afirmarse taxativamente que la ayuda sirva para algo. Todas estas ONGs actúan en función de los noticiarios. Estos son los encargados de generar la información y describir las “catástrofes humanitarias”. A partir de ahí, las ONGs empiezan sus campañas de recogida de fondos. Estos son entregados por un pùblico extremadamente sensibilizado por las tragedias. Esas tragedias las ven en TV. Así pues, los mass-media están íntimamente relacionados con las campañas de las ONGs.

Al público le encantan las tragedias “fuertes”, “heavys”. Si la tragedia humanitaria no es extrema, el público no se moviliza. Y la ONG, consiguientemente, no recibe dinero… Los “parques temáticos” son extremadamente importantes para este fin: hace falta mostrar campos de refugiados, campos de antiguos niños soldados, campos de depauperados hambrientos, campos de afectados por malaria o SIDA, e incluso campos de minusválidos. Ls ONGs forman estos campos y cada ONG tiene el problema de encontrar población que los llene. Si dispone de ellos, la CNN o cualquier otra cadena filma esos campos, con los adhesivos de las ONG, ésta puede contar con recibir fondos. De lo contrario, estará a dos velas. No puede extrañar que alguno de estos campos sean completamente ficticios y existan solo en horas de oficina, luego los “refugiados” se van a sus casas, después de haber recibido el paquete de alimentos o cualquier otro premio. De entre todos, el campo temático más surrealista está en las inmediaciones de Freetown, los guerrilleros de la URM tenían la costumbre de cortar a la población civil algún miembro, un brazo, una pierna o más. Así pues, Gana es un país repleto de mutilados. A nadie se le había ocurrido reunirlos en un campo de refugiados solo para mutilados, pero alguna ONG se atrevió a ello con la perspectiva de que el impacto de las imágenes movilizase a los contribuyentes. Así ocurrió, en efecto.

Pero los medios de comunicación, frecuentemente, mienten, unas veces por desconocimiento y negligencia y otra por mala fe. El problema del “burka” en Afganistán es inexistente. Solamente lo utilizan las mujeres en las ciudades… y el 95% de la población afgana vive en el campo. Además, las propias mujeres afganas consideran que el burka es un signo de distinción y aspiran a tenerlo como en Europa las chicas aspiran al traje de novia. Sin embargo, una serie de medios de comunicación, ONGs y “líderes de opinión humanitarios” (Enma Bonino entre otros) empezaron a denunciar al régimen talibán y su ofensa a las mujeres afganas a las que obligaban a utilizar el burka so pena de graves castigos. Era falso. En Afganistán nadie obliga a utilizar el burka, ni antes de los talibanes, ni con los talibanes, ni con Hamid Karzai en el palacio presidencial de Kabul. Esas falsedades hicieron aceptable la versión de que Afganistán y el régimen talibán eran las criaturas predilectas del mullah Omar y de su régimen. Y esas falsedades hicieron más aceptable los bombardeos norteamericanos sobre Kabul… bombardeos en los que se alternaban misiles con ayuda humanitaria. ¿Estupidez? ¿cinismo?

¿Marcar la casilla de las ONG en la declaración de IRPF?

No, desde luego. Marcar la casilla de las ONGs en la declaración de renta es alimentar un fenómeno bienintenciado en algunos sectores, perverso en otros e inútil siempre. Al menos, marcar la casilla de la Iglesia es alimentar a algo que siempre ha estado en nuestro país. Por otra parte, hay que recordar que Cáritas Diocesana es una de las ONGs con más experiencia, prestigio, eficacia y tradición.

Las ONGs surgieron en los años 70, eclosionaron en los años 80 y se hicieron omnipresentes en los 90. Están formadas por gentes solidarias que quieren hacer algo por sus semejantes, especialmente por aquellos que se sitúan en los lugares más alejados y exóticos. Dado que en España también hay pobres y menesterosos, parecería lógico que concentraran su ayuda entre nuestros compatriotas más desfavorecidos, pero para eso ya está Cáritas Diocesana. Así pues, estas gentes humanitarias prefieren ir allí a donde los medios de comunicación han decidido que deben ir. Y van pensando que lo que esos mismos medios han proclamado, es siempre cierto. Lo cual no es en absoluto real. Además, casi por un reflejo involuntariamente racista, piensan que los receptores de la ayuda son una especie de seres inferiores y desvalidos.

Cuando concluyó la Guerra Fría se inició el período dorado de las ONGs. Podían llegar allí a donde los gobiernos no veían conveniente llegar. Además podían servir como informadores y espías. El Corps Peace está reputada de ser una antena “humanitaria” de la CIA y otras muchas sirven a sus respectivos gobiernos.

Es evidente que las dotaciones presupuestarias y las donaciones privadas que van a parar a las ONG, no resuelven ninguna de las graves crisis humanitarias desatadas periódicamente. Esta situación no se prolongará indefinidamente. Si bien los gobierno “progresistas” y de izquierdas, sienten una particular debilidad por las ONGs, especialmente por las dirigidas por sus amigos, es aventurado pensar que tanto despilfarro presupuestario proseguirá hasta el infinito. A casi 30 años de sus comienzos, las ONGs no han mostrado ser el canal más adecuado para dirigir fondos a las zonas en crisis. Así pues, en los próximos años va a ser cuestión de ir definiendo otros modelos de cooperación y desarrollo. El libro de Raich, interesante, bien escrito, ameno y, desde luego, muy claro, contribuirá sin duda a que este nuevo modelo sea definido.

Información sobre el autor y su obra: en http://www.jordi-raich.com/


© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 14.08.06

Marathon-film (I de XIV). “Un Franco, 14 pesetas” o nuestra inmigración

Marathon-film (I de XIV). “Un Franco, 14 pesetas” o nuestra inmigración

 

Infokrisis.- Dado el mes de vacaciones en que nos encontramos, hemos decidido publicar una serie de catorce artículos sobre el cine actual, nacional y extranjero. Las películas no han sido seleccionadas en función de ningún factor especial, salvo el estarse proyectando en estos momentos o haberse estrenado a lo largo de 2005. Empezamos con la opera prima de Carlos Iglesias, Un Franco, 14 Pesetas.


Opera Prima de un presunto impresentable

Si hubiera sido por su historia anterior, no hubiéramos ido a ver esta primera película dirigida por Carlos Iglesias. Para quienes no estén familiarizados con Iglesias, recordaremos que se labró una fama inmerecida a la sombra de Pepe Navarro y de su ominoso programa “La sonrisa del pelícano” de hace más de una década. Iglesias hacía un papel de mariquita inefable y cotilla que luego prosiguió Florentino Fernández con su nefando “Krispín Jander”… Acabada esta etapa, Iglesias volvió a TV travestido de pintor  junto a Ángel de Andrés jr., diciendo ser el introductor del gotelet en España. Aquella serie demostró que los guionistas son capaces de hacer productos absolutamente infumables y, sin embargo, el público puede aceptarlos. Me decía un profesor de marketing y publicidad que si se coloca una mierda bien aplanada en un escaparate, siempre habrá alguien que la compre. Aquella serie demostró que Iglesias tenía capacidades desconocidas como actor, pero la mediocre factura del guión hizo que su potencial interpretativo no se vislumbrara en aquella época en su dimensión real.

Así pues, ya saben de dónde procede Carlos Iglesias. Pues bien, Iglesias es, a partir de esta película, un buen actor, un muy buen director y un excelente guionista. Porque, en efecto, la película “Un Franco, 14 pesetas” es su opera prima en los tres niveles de dirección, guionista y representación. El resultado no es solamente bueno, es excelente.

Si hubiera que comparar a Iglesias con otros directores españoles, francamente, nos parece muy superior a Amenabar en su “Tesis” o al propio Trueba (Fernando) en “Soldados de Salamina”. El tiempo dirá cuál de estos tres directores logra consolidar su carrera. La “Tesis” de Amenabar tiene un mediocre casting, incoherencias de guión y fotografía mediocre. En cuanto a “Soldados de Salamina”, la película es superior a las que ha dirigido posteriormente. Veremos qué ocurre con Iglesias. Por el momento, cabe decir que esta primera película es superior a la de los otros dos directores que hemos mencionado al azar y que hoy están de moda en el panorama cinematográfico español. Así como Amenabar ha consolidado posteriormente su carrera, no ha ocurrido así con Fernando Trueba. Veremos si Iglesias logra mantenerse en el brillante camino emprendido en esta su primera obra.

Cuando el cine es “honesto”

El ambiente cinematográfico español está dominado por el progresismo de izquierdas, salvo honrosas excepciones. El cine progresista es un cine fundamentalmente demagógico y tópico, un cine hecho de odio, resentimiento y frecuentemente avinagrado. Siempre maniqueo y, por lo demás, pretencioso, torpe e ignorante. Especialmente cuando trata temas sociopolíticos.

La temática de “Un Franco, 14 pesetas” es, precisamente, sociopolítica. Trata de la emigración española de los años 50 y 60. Era fácil trazar un paralelismo demagógico y humanitarista entre aquella emigración y la inmigración masiva que llega a nuestro país. Como si una y otra migración tuviera algo que ver. No lo tiene. La totalidad de directores “progres” habría intentado recalcar estos paralelismos inexistentes. Iglesias no cae en la trampa y realiza una película fundamentalmente honesta (además de entretenida, descriptiva y realista).

Iglesias nos presenta a nuestra emigración de los años 50-60, tal como fue.

Hubiera sido demasiado fácil –e irresistible para un director “progre”- haber aprovechado que, cronológicamente, el argumento se situaba en los albores del desarrollismo franquista para realizar una crítica grosera al régimen de la época. Iglesias no cae en la tentación, pero hace algo mejor: pinta con unos pocos trazos la España de aquella época. Aquellos años en los que nosotros mismos éramos niños, no fueron ninguna ganga. Cuando cumplí los cinco años, todavía había restricciones de luz, cartilla de racionamiento y los empedrados de las calles estaban recorridos por carros tirados por caballos; los trenes seguían siendo de vapor y las calles estaban recorridas por un parque móvil en el que menudeaban los modelos de la preguerra. El color dominante en aquella época era el gris, gris oscuro, si se nos apura. Tiempos tristes, tiempos de miseria, tiempos de subdesarrollo y, paradójicamente, tiempos en los que la población española luchaba por la existencia con mucha más energía, humanidad y alegría que hoy.

Iglesias no carga las tintas, describe el tono gris que convenía a la España de la época. Está claro que el protagonista huye de la miseria, el subdesarrollo y la precariedad. Llega a Suiza y allí trabaja duro. Cuando regresa, aquella España le parece sucia, miserable, pobretona y nada en ella le recuerda la más mínima belleza ni calidad de vida. Eso mismo nos ocurrió a nosotros cuando empezamos a viajar por Europa de muy jóvenes y nos sorprendía la belleza y valor artístico de algunas ciudades y pueblos europeos, que no podíamos evitar comparar con aquella España en vías de desarrollo, urbanismo salvaje, mal gusto, casas baratas y ausencia de modelo urbanístico. Luego resultó que Auvervilliers o Bobigny eran tan infames como San Blas o Belvitge, pero entonces no lo sabíamos. Lo rigurosamente cierto es que, no ahora, sino desde hace dos siglos, la fealdad ha acompañado el crecimiento urbanístico, tanto en las grandes ciudades como en los pueblos olvidados de la piel de toro. Iglesias pinta este cuadro con singular habilidad, comparándolo con el entorno idílico de la Suiza germana.

La belleza intrínseca de los Alpes, con sus construcciones puntiagudas, la pulcritud de sus líneas y el nivel de educación de sus gentes, llamaba la atención de nuestros emigrantes. En aquella época apenas se conocía en España lo que era el rollo de papel de WC. En un momento dado, uno de los protagonistas de la película pregunta: “¿para qué sirven aquí los periódicos?”. En efecto, el uso del rollo de papel de WC se generalizó solamente en España a partir de los años 60. Antes, el papel de periódico servía tanto para envolver compras en el mercado o en una tienda de ultramarinos (el tradicional “cucurucho”) como para limpiarse el culo. Solamente a partir de los años 60 se instalaron papeleras en las calles. No puede extrañar que nuestros inmigrantes tiraran sus papeles al suelo ante el estupor y la mirada de censura de suizos, franceses, alemanes, belgas y holandeses. En aquel momento empezaban a sentirse los efectos de las “conquistas sociales” del régimen franquista: la Seguridad Social instituida por Girón de Velasco o la todavía limitada enseñanza pública gratuita. Cuando nuestros emigrantes cruzaban la frontera advertían que en Europa se vivía en pleno “Estado del Bienestar” mientras que en España era todavía un proyecto a décadas vista.

El sueldo de un año de un oficial primera en francos suizos permitía a un español comprar un piso en Madrid… El franco suizo, como indicaba el titulo de la película, se cotizaba entonces a 14 pesetas y un salario habitual en Suiza era diez veces el salario medio en España, en torno a 15.000 pesetas.

No hay exageración en ninguno de los planteamientos del guión, ni en las escenas filmadas por Iglesias. Si esta película es algo, es, fundamentalmente, una película realista y honesta con la verdad socioeconómica de aquellos años.

Nuestros emigrantes: una página honrosa de nuestra historia

Laboriosos, ingenuos, bienintencionados, esforzados y con capacidad de aprendizaje y adaptación. Tales pueden ser los adjetivos que definan a nuestra emigración de aquella época. Llegaron a Europa para reconstruir el continente asolado por las bombas de la Segunda Guerra Mundial o para contribuir al desarrollo económico de otros países como Suiza. Sus giros de fondos contribuyeron a que sus familias pudieran vivir algo mejor que la media en aquella España que vivía en la precariedad. Allí donde fueron, supieron ganarse el aprecio de los anfitriones. Como en toda migración, entre ellos hubieron vagos, vividores y estafadores, pero en número tan inapreciable que todo lo que se recuerda de ellos en Europa es positivo. En Suiza todavía quedan 90.000 de nuestros compatriotas, que se quedaron allí y allí se han ido jubilando.

Nada que ver aquella migración ordenada, escalonada y profesionalmente preparada, con la inmigración actual que estamos sufriendo: masiva, desordenada, anárquica, innecesaria y desestabilizadora en todos los sentidos. No creemos que Iglesias haya pretendido hacer una perífrasis simbólica entre las dos inmigraciones, pero la comparación es inevitable. Aquella emigración no tiene nada que ver con la actual inmigración que llega a nuestro país. Nuestros trabajadores contribuyeron a aumentar la productividad allí donde estuvieron. La inmigración que sufrimos está operando, por el contrario, una constante bajada en la productividad española. Los hijos de nuestros emigrantes estudiaron en escuelas de los países  donde sus padres radicaron y lograron buenos rendimientos escolares, muchos llegaron a la universidad y hoy ocupan puestos de responsabilidad en los países que los acogieron. No hay ni un solo caso de que los hijos de nuestros emigrantes causaran un perjuicio al sistema educativo del país que los acogió. Ni uno. Hoy, por el contrario, el sistema educativo español está pulverizado a causa de la inmigración masiva.

A pesar de que Iglesias no lo haya pretendido, la comparación entre las dos inmigraciones es inevitable. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas fueron apreciados por sus anfitriones. Muchos se casaron con chicas de aquellos países y llevaron su alegría y su capacidad de animación allí donde estuvieron. Nadie les acusó nunca de haber vulnerado las costumbres y tradiciones locales: se adaptaron pronto a las costumbres de los países más desarrollados que les acogieron y ningún gobierno invirtió un solo dólar en promover la “integración” de nuestra gente. Podemos estar orgullosos de ellos y podemos estar orgullosos de que Iglesias haya convertido su película en el paradigma de lo que fue aquel movimiento social hacia Europa.

Un casting brillante para una película de ambiciones modestas

La película contó con el apoyo de varias instituciones oficiales, autonómicas y de varias televisiones. Siempre hemos estado tentados de pensar que cuantas más referencias a este tipo de entidades aparecen en los créditos, más riesgo hay de que la película sea literalmente un bodrio. Da la sensación de que la industria del cine español se ha habituado el régimen de subvenciones indiscriminadas que cubren la tercera parte del presupuesto. Eso explica el porqué se filman películas absolutamente deleznables del género de “Pocholo y Borja Mari”, por citar sólo una de las dos docenas de este tipo de productos de dudoso gusto y mínima calidad que se lanzan cada año en nuestro país y que explican la situación de crisis permanente del cine español. Si, porque habitualmente los presupuestos iniciales se hinchan de tal manera que la subvención cubre el 100% del coste real de la película. La taquilla, por baja que sea, supone desde el principio beneficios adicionales. Así está la industria española del cine… y así se explica el por qué vive una crisis permanente.

“Un franco, 14 pesetas”, ha recibido también subvenciones públicas, pero la cuestión es que existe una evidente desproporción entre los fondos inyectados y el resultado obtenido. La película, inicialmente, no tenía grandes ambiciones; muy pocos creían, por lo demás, en que Iglesias, lograría una obra maestra en su primera incursión en la dirección. Pero lo que logra es un triple acierto como actor, director y guionista. Raro, pero alguna vez tenía que ocurrir.

Uno de los factores del éxito de esta película es su casting. En efecto, tanto la selección de los papeles protagonistas como de los actores de reparto es magistral: desde la patrona suiza hasta los padres de la pareja protagonista suponen una paciente búsqueda de perfiles. Vale la pena mencionar a un actor al que ya hemos visto en otras películas españolas de los tres últimos años y al que auguramos un brillante porvenir en la escena. Se trata de Javier Gutierrez, el otro emigrante que acompaña a Suiza a Iglesias. Gutierrez tiene los rasgos del español característico de aquellos años: pequeño, con bigotillo, aspecto de macho español calentorro y permanentemente sorprendido por la marcha de las mujeres suizas y, finalmente, hábil operario salido del PPO (Promoción Profesional Obrera, la antigua formación profesional). En cuanto al rol protagonista, la interpretación de Iglesias está a tono con su papel como guionista y director: sencillamente sobria y genial, en extremo alejada del que conocimos en los tiempos de Pepe Navarro y el gotelet.

Resulta muy difícil que esta película, especialmente para los que rondamos los 50 años y también hemos tenido experiencias en la emigración forzada (a causa de nuestra militancia política hemos permanecido casi cuatro años en el exilio en distintos países extranjeros y vivido situaciones muy parecidas a las que narra esta película),  no nos haya hecho recordar vivencias personales.

En realidad, el cine es espectáculo. No es raro que las superproducciones alcancen las más altas cotas de taquilla. El “Código Da Vinci” hace dos meses, y en el momento en que escribimos estas líneas “El cofre del hombre muerto”, la esperada secuela de “Piratas del Caribe”. Esta película no es una superproducción, de hecho podríamos clasificarla en el género intimista o incluso en la denuncia social. Para que una película así no sea un verdadero peñazo demagógico o una sarta de estupideces que inducen al sueño, hace falta que el espectador encuentre un eco en su interior mientras el proyector va desgranando la película. En nuestro caso así ha sido. Nosotros no fuimos emigrantes económicos, sino exiliados políticos; pero unos y otros vivimos experiencias muy parecidas. En nuestro caso, la sorpresa por todo lo que veíamos en el extranjero y desconocíamos todavía en España (vi el primer ordenador personal en el escaparate de una tienda de la parisina calle de Gay-Lussac, cerca de los jardines de Luxemburgo y en Caracas pude visitar el primer centro comercial americanizado, cuando aún en España todavía faltarían cinco años para que irrumpieran).

Películas como ésta nos reconcilian con el cine español: no todo lo que se filma en nuestro país es un bodrio o una retahíla de tópicos demagógicos de la progresía amanerada. También en nuestro suelo hay un cine brillante que merece ser visto.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.08.06

 

Rusia y el destino de Europa (III de III). Eurasia y Eurosiberia. Los retos del eje geopolítico

Rusia y el destino de Europa (III de III). Eurasia y Eurosiberia. Los retos del eje geopolítico

Infokrisis.- Publicamos la III entrega de la serie "Rusia y el destino de Europa". En esta tercera parte abordamos una proyección geopolítica para el futuro. Las relaciones entre los principales actores geopolíticos euroasiáticos, la emergencia de potencias regionales nuevas en el ámbito euroasiático, los factores de desestabilización y, finalmente, el destino de los EEUU. En breves días publicaremos la II Entrega.

 

I. Los factores de la estabilidad en Eurasia.

Si nuestro espacio geopolítico “ampliado” es Eurasia, es evidente que todas las políticas exteriores de nuestros gobiernos deben tender a asegurar la estabilidad en ese marco geográfico. Falta saber ahora en qué deben basarse esas políticas y de qué manera pueden interactuar. Tales son los objetivos de esta III Parte de nuestro estudio.

Los factores de estabilidad euroasiática deben basarse en las relaciones de amistad y cooperación entre los tres actores principales que operan en ese marco geopolítico, a saber: la Unión Europea, Rusia y China. Estos tres países disponen de tecnología, élites científicas, peso militar y recursos energéticos (desigualmente distribuidos, pero en su conjunto suficientes).

Si bien es cierto que el consumo de petróleo aumenta anualmente en China a razón de un 15%, ése es un aliciente más para planificar a corto plazo nuevas políticas energéticas que, por una parte, atenúen el impacto de la escasez de petróleo y por otra, abran el camino a energías de sustitución. En el primer punto, Eurasia debe tender a reorganizar su agricultura, repoblar las zonas abandonadas y dedicarse lo antes posible a cultivos reconvertibles en etanol y biodiesel capaces de asegurar una parte sustancial del suministro energético y alcanzar niveles de autosuficiencia en esta materia. En el segundo punto, China, Rusia y la UE deben realizar inversiones e investigaciones conjuntas en materia de nuevas tecnologías energéticas, redoblando especialmente los trabajos en el campo de la energía de fusión nuclear.

El objetivo central de las políticas económicas debe ser el reconocimiento del fracaso de la globalización, de la economía globalizada y la planificación económica en el ámbito euroasiático. Se trata, no solamente de garantizar el abastecimiento de los mercados, sino dignas condiciones de vida a la población. No se trata solamente de producir en los lugares más baratos, ni donde existan menos derechos y coberturas sociales, sino de extender los derechos del Estado del Bienestar a todo el espacio euroasiático. Los principios del liberalismo a ultranza ya no sirven en esta nueva fase de la economía mundial. Se trata de orientar inversiones, planificar zonas de producción, lograr un desarrollo sostenible que evite zonas y clases sociales depauperadas, que asegure políticas demográficas y educativas, calidad de vida para espacios cada vez mayores de nuestro ámbito geopolítico máximo (Eurasia) y, finalmente, logre los tres objetivos de todo buen gobierno: distribución de la riqueza, prosperidad y seguridad.

II. Los actores emergentes

En el escenario euroasiático han ido apareciendo actores nuevos. Hay dos fundamentalmente: India e Irán.

La amplitud de la península indostánica, su población y sus recursos hacen de esta zona una superpotencia regional en ciernes. A ello contribuye también la pervivencia de viejas tradiciones y sistemas de meditación que convierten a las élites intelectuales hindúes en particularmente aptas para asumir las nuevas tecnologías y, en especial, lo abstracto de los lenguajes de programación. Todo esto juega a favor de la India, pero también quedan tres lastres a considerar que retrasarán la incorporación de éste país al pelotón de potencias regionales. El primero es el contencioso con Pakistán siempre abierto y siempre susceptible de reavivarse. El segundo es el mantenimiento de amplias bolsas de miseria (con todo lo que ello implica: arcaísmos y tradiciones imposibles de incorporar a la modernidad, supersticiones, analfabetismo) en el interior del país que no pueden ser eliminadas sino después de décadas de paciente labor social. El tercero es la desconfianza hindú hacia la República Popular China que, periódicamente, reaparece de la mano de distintos argumentos (apoyo indio a la disidencia tibetana, apoyo chino al enemigo secular: Pakistán…).

En lo que a Irán se refiere, vale la pena realizar algunas consideraciones. Étnicamente, Irán es radicalmente diferente a otros países islámicos, e incluso el islam iraní incorpora algunos elementos de la antigua religiosidad persa. La destrucción de Irak a raíz de las tres guerras del Golfo, la incapacidad de Afganistán (su otro vecino) para salir de la eterna guerra civil y el subdesarrollo, y sus recursos humanos, energéticos y militares, hacen de Irán otra futura potencia regional. De hecho, ya en los años 70 la administración norteamericana contemplaba ese papel para el Irán del Sha. Sin embargo, algunos factores han jugado en su contra: en primer lugar, a pesar de que el elemento étnico y antropológico, los recursos energéticos y la existencia de una élite científica e intelectual, jueguen a favor de la conversión de Irán en gran potencia regional, la omnipresencia del Islam Chiita impide que esa modernización se realice a la velocidad que sería posible. Por otra parte, mientras los dirigentes iraníes estén condicionados por la perspectiva religiosa en lugar de por un punto de vista geopolítico, pragmático y realista, serán “peligrosos” y en buena medida imprevisibles.

Por otra parte, no es de descartar convulsiones regionales que retrasen el ascenso de estos países a la “primera división” euroasiática. El contencioso entre Pakistán e India tiene una doble vertiente de rivalidad regional y antítesis religiosa. En cuanto a Irán no hay que descartar, en los próximos años, el ascenso de un movimiento de resistencia contra la omnipresencia de los ayatolahs, o bien un desplome social en el interior del que en la actualidad ya se perciben los primeros signos (aumento espectacular de la presencia de heroinómanos, brecha creciente entre el “país oficial” y el “país real”…).

La conclusión a la que llegamos es que, si bien es cierto que existen actores nuevos en la perspectiva euroasiática, estos tardarán aún, como mínimo, entre una y dos décadas en hacer notar su peso y eso dando por supuesto que serán capaces de superar sus problemas interiores, evitar guerras de destrucción con sus vecinos y concentrar esfuerzos en la modernización de sus estructuras. Todo lo cual no parece evidente que vaya a ser así. De ahí que en un escenario futuro los actores euroasiáticos seguirán siendo, durante al menos los próximos 20 años, los tres actuales: Rusia, China y la UE.

III. La dorsal islámica.           

Mucho más preocupante es la existencia de una franja islámica que recorre Eurasia y sus proximidades desde Siria (y por extensión, desde Marruecos), hasta Filipinas. Esta franja es conocida como la “dorsal islámica”. Se trata de una franja, por lo demás, extraordinariamente dotada de reservas estratégicas de combustible para  30 o 40 años. Pero este aspecto positivo viene unido a un aspecto catastrófico inseparable: la presencia del islamismo hace que cualquier esfuerzo por incorporar estos países a la modernidad sea absolutamente inviable y haya fracasado sistemáticamente.

Cuando en los años 60 se creía que el panarabismo o el “socialismo árabe” tenían un futuro, podía pensarse que el papel del islam dejaría de ser político para pasar a ser exclusivamente religioso y personal. Pero la reciente realidad ha demostrado que esto es imposible: la estructura teológica del Islam tiene una proyección sociológica: la umma, comunidad de los creyentes organizada según determinados principios políticos emanados del Corán. Esto es, inamovibles desde el siglo VII.

En la práctica, la “dorsal islámica” oscila entre el fundamentalismo enloquecido y el alineamiento proamericano (esto es, anti-euroasiático) y, en ocasiones, entre ambos al mismo tiempo (Arabia Saudí). Y lo peor es que, históricamente, esta “dorsal” ha sido utilizada por el mundo anglosajón para contener a Rusia e impedirle una salida a los mares cálidos del Sur. Es más, esta estrategia parece haberse ampliado incluso al Magreb,  donde la presencia de EEUU es cada vez más asfixiante y el acceso al Mediterráneo ya no depende solo de potencias europeas (Francia y España), sino cada vez más de Marruecos y Argelia. En otras palabras: el “Mare Nostrum” es cada vez menos Europeo, tanto en el Oeste (Alborán-Gibraltar), como en el Este (República Turca de Chipre-Turquía).

El entendimiento con el mundo árabe es extremadamente difícil y, a pesar de que los servicios de inteligencia de estos países hayan trabajado estrechamente con los norteamericanos en la creación de un “terrorismo bajo control” (Al Qaeda), que atrae a todos los incautos descontentos con esos regímenes y dispuestos a hacer algo, no hay que descartar que, en los próximos años, aparezcan movimientos terroristas autónomos y, sobre todo, movimientos políticos capaces de desestabilizar a la mayoría de estos regímenes y, en buena medida, teñidos por el islamismo radical como ya ha ocurrido en Marruecos, Argelia y Turquía.

Por otra parte, no hay que perder de vista el aumento de la presencia islamista en la UE. En el año 2050, de mantenerse los ritmos de crecimiento de la población de origen islámico en Europa, el Islam será la religión con mayor nivel de seguimiento en el Viejo Continente. Esto implica, no solamente que Europa se alejará de sus raíces clásicas, sino también una regresión social, científica y cultural. Tal situación es intolerable, insostenible y explosiva a corto y medio plazo. Se ha llegado a ella gracias a la mezcla de desidia, improvisación e ingenuidad, unido al oportunismo, con que los gobiernos europeos han tratado la cuestión de la inmigración. Y prevemos un estallido traumático del conflicto étnico, social y religioso en suelo europeo antes de 10 años. Los primeros chispazos ya se han visto en la insurrección de noviembre de 2005 en los arrabales franceses y en las exigencias puestas por los islamistas radicados en España para conservar su especificidad.

La “dorsal islámica” es un riesgo para Eurasia. Los intereses geopolíticos de Eurasia no tienen nada que ver con los de la “dorsal islámica”. Es más, son un riesgo para Eurasia.

IV. El espacio turcófono

El espacio turcófono está formado por el territorio de la actual Turquía (la península Anatolia, la Tracia europea y el Kurdistán), las ex-repúblicas soviéticas de Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Kazajistán y Azerbaiján, y el oeste chino fronterizo con Mongolia, Kirguizistán y Kazajastán. Este formidable espacio sólo puede concretarse en base a los siguientes supuestos:

- Que el factor religioso sea determinante. Turquía nunca conseguirá realizar una política pan-turca si no es exportando el factor identitario que supone la religión. Eso le permitiría desplazar el eje del Islam del mundo árabe al mundo turcomano y disponer, como éste, de grandes riquezas petrolíferas. Si bien la pertenencia a una misma étnia y al uso de una misma lengua y de un pasado común suponen un cimiento necesario, no es suficiente: falta el factor emotivo, sentimental, galvanizador y fanatizante propio de una religión.

- Que la penetración cultural turca se adelante a la recuperación cultural rusa. Entre 1990 y 1999 Rusia vivió, posiblemente, la peor década de su historia. El período de Boris Eltsin supuso el mayor proceso de desvertebración acelerada que ha vivido un estado moderno. Sin embargo, con la llegada de Putin al Kremlin, la caída en picado se detiene y la recuperación permite considerar hoy a Rusia como la segunda superpotencia mundial; y no parece aventurado pensar en una futura reconstrucción de una entidad similar a la antigua Unión Soviética. Esta posibilidad bloquearía el ascenso de la pan-turquización de la zona.

- Que Turquía logre superar sus dificultades internas aún no resueltas: la estabilidad política interior, la cuestión kurda y asegurar su unidad nacional. Porque si la Unión Europea terminara considerando a Turquía como adversario geopolítico y se sintiera amenazada por la penetración turca en los Balcanes estaría tentada de favorecer el desmembramiento de Turquía en tres entidades completamente diferentes: la Tracia Europea que muy bien podría formar parte de la Unión, la Anatolia específicamente otomana, y la naciente república kurda, nacida de la crisis iraquí y que irradiaría a partir de ésta.

Si Turquía se decide por la exportación cultural a las repúblicas asiáticas (e incluso penetrar en el ámbito balcánico, forjando una alianza de intereses con el núcleo islámico de la Gran Albania con el cual ya está en relación, aunque solamente sea a nivel de las mafias que conducen heroína a través de la antigua ruta de la seda desde Afganistán hasta Turquía y, a partir de ahí, por el corredor de los Balcanes hasta Europa Occidental), el enfrentamiento histórico con Europa será un hecho irremediable y, así mismo, el choque con Rusia y China no se hará esperar.

Pero si Turquía decide actuar mediante un doble lenguaje y tener la tentación de beneficiarse de las mieles en forma de ayudas de la Unión Europea y de su mercado y, de otro lado, intentar colonizar culturalmente a las ex-repúblicas soviéticas y al oeste de China, esto supondría el riesgo de un enfrentamiento entre la Unión Europea y estos países, con la consiguiente desestabilización del espacio eurasiático. Una posibilidad que, por todos los medios, es preciso evitar: tanto la posibilidad de que aparezcan tensiones históricas entre la Unión Europea y la nueva Rusia o entre Rusia y China. No hay que perder de vista este axioma de la geopolítica del siglo XXI: cualquier desestabilización del espacio eurasiático es perjudicial para cualquiera de los tres principales actores: la Unión Europea, Rusia y China. Lo que implica que atenuar los riesgos de tensiones entre estas tres potencias euroasiáticas debe suponer el principal y fundamental empeño de cualquier gobierno. Y cualquier otra consideración pasa a segundo plano. Incluida la integración de Turquía en la UE, excesivamente peligrosa y comprometida, que puede enemistarnos con Rusia y con China y, al mismo tiempo, constituir un factor de desestabilización en Asia Central. E incluso si un eje panturco pudiera concretarse, a pesar de la común matriz religiosa este bloque terminaría por chocar con el mundo árabe en su búsqueda de una salida a los mares cálidos del Sur.

Desde el punto de vista geopolítico la Unión Europea debería realizar un análisis global de la situación. Turquía es importante geopolíticamente por tres factores:

- Con el Bósforo y los Dardanelos cierra el Mar Negro, que supone la salida del mundo ruso al mar Mediterráneo.

- La alianza con Turquía supone para cualquier potencia tener acceso a las fronteras con los países que disponen de las más importantes reservas petrolíferas: tanto con Irak como con la cuenca del Caspio.

- Turquía supone una cuña en el mundo árabe y permite, a través suyo, tutelar la situación en Oriente Medio, especialmente en los asuntos relativos al Estado de Israel y a su contencioso con Palestina.

Ahora bien, estos elementos son igualmente peligrosos: el primero porque se trata de abrir el Mediterráneo a Rusia; Rusia no debe tener la impresión de que la Unión Europea intentar obstaculizar su salida marítima por el sur, sino todo lo contrario. Puestos a elegir la amistad de Rusia o la de Turquía, es inevitable optar por la primera, especialmente por su vocación de convertirse en un factor de estabilidad mundial, una de las cuatro patas sobre las que deberá sostenerse el mundo multipolar del futuro.

V. ¿Y el mundo “Oceánico”?

Llamamos “mundo oceánico” a aquel cuyas costas están bañadas por las aguas de dos océanos. El “mundo atlántico” es, por excelencia, el continente americano. Este continente afronta dos contradicciones principales: por una parte, la contradicción a la que ya hemos aludido en la I Entrega de nuestro estudio, esto es, la antítesis entre Eurasia y América, entre “tierra” y “mar” y, por otra parte, la contradicción interior entre América del Norte y América del Sur. Esta segunda contradicción puede reducirse igualmente a términos antropológicos: América Anglosajona frente a América Hispana. En estas dos contradicciones se concentran todos los problemas que pueden aparecer en el continente americano.

El espacio es un elemento determinante de la geopolítica. Incluso en política internacional el espacio es una barrera insalvable. España e Inglaterra lo experimentaron cuando el Atlántico constituyó una barrera para el mantenimiento de sus imperios ultramarinos. El hecho de que ambas potencias europeas no pudieran mantener sus colonias más allá de 300 años (en realidad, la colonización solamente fue efectiva y tuvo importancia socio-económica en los últimos 200) se debió a una multiplicidad de causas, pero a ello contribuyeron también –y no en pequeña medida- causas geopolíticas.

Desde Alejandro Magno se sabe que un imperio es inviable cuando dilata excesivamente sus líneas de aprovisionamiento y sale de su “espacio geopolítico”. Entendemos por “espacio geopolítico” el marco territorial contiguo o del que depende. Las puertas de la India quedaban “demasiado alejadas” de los intereses de Macedonia y de las pequeñas ciudades griegas, no así Asia Menor o el Mediterráneo. Por tanto, las conquistas de Alejandro no podían ser sino efímeras. Otro tanto ocurrió con las conquistas españolas e inglesas en América.

El motor de la conquista fue, inicialmente, místico. Tanto en el norte como en el sur, ingleses y españoles buscaban nuevas “tierras de promisión” donde fuera posible reconstruir un “mundo nuevo”. Sobre este tema ya hemos aportado datos suficientes en nuestro estudio “Lo que está detrás de Bush” (en Zona de Descargas). En ese momento, ese impulso místico, especialmente compartido por disidentes religiosos (el Cardenal Cisneros encargó el grueso de la cristianización de las colonias a franciscanos disidentes en la misma línea que los “espirituales” y “fraticelli” medievales, y los navegantes del “May Flower” eran, asimismo, disidentes religiosos), se unió al afán de conquista de unos, al aventurerismo de otros y a la inadaptación de muchos a la vida en la Europa del siglo XVI y XVII. Todos estos elementos convergieron en el Norte en un pragmatismo extremo y en el Sur en una colonización mucho más humana en relación a los nativos y, por tanto, menos radical, enfatizando solamente el aspecto religioso e intentando que las colonias suplieran la pobreza de nuestro territorio en minerales estratégicos de la época.

Hacia mediados del siglo XVIII ya se había formado una burguesía local, es decir, el elemento sociológico que precipitó la “descolonización”. Era cuestión de tiempo que los condicionamientos geopolíticos (condición objetiva) se evidenciaran gracias a la acción de esa burguesía (condición subjetiva).

Después de la independencia destacó la multiplicidad del Sur frente a la unicidad del Norte. Era, asimismo, cuestión de tiempo que el Norte impusiera su poder sobre el Sur. Fue la “Doctrina Monroe”: “América para los americanos”, con su corolario “América para los americanos… del Norte”. Esta tosca doctrina, poco después, se sofisticó y ganó en esoterismo con la doctrina del “Destino Manifiesto” (América está llamada a “guiar” el mundo gracias a su sistema político superior a cualquier otro y bendecido por Dios). Estas dos doctrinas tienen elementos comunes y, en algún punto, contradictorios. En momentos de crisis de los EEUU, estas dos doctrinas siempre han reaparecido. Cuando EEUU tiene tendencia al aislacionismo acentúa su poder e influencia sobre el Sur del Río Grande y el Caribe. Es la “Doctrina Monroe” la que se impone. Por el contrario, en momentos de expansionismo, EEUU aspira a no limitarse solamente a intervenir en el Sur, sino en todo el mundo. En esos momentos, la clase dirigente norteamericana tiene en mente la doctrina del “Destino Manifiesto”.

Desde la Segunda Guerra del Golfo, ésta es la doctrina que fue asumida oficialmente por la administración norteamericana y que los “neocons” ilustraron, completaron y llevaron a la práctica en el primer mandato de George W. Bush. Pero las dificultades encontradas en Irak han hecho que esta corriente pierda terreno. Los EEUU han demostrado no estar en condiciones, ni de pacificar Afganistán, ni mucho menos de derrotar a la insurgencia iraquí. Eso ha restado credibilidad a los neocons cuando pedían más aventuras en Irán, Siria, Corea del Norte, etc., y ha hecho que los partidarios del realismo en política exterior ganaran puntos. Eso, en la práctica, implica una nueva oleada aislacionista para EEUU en los próximos años. O lo que va del “Destino Manifiesto” a la “Doctrina Monroe”.

América va a ser el teatro principal de operaciones de la política de EEUU a partir de 2008. Pero las circunstancias no van a ser las mismas que en el último tercio del siglo XIX. Hay circunstancias nuevas e inesperadas. De un lado, los EEUU son altamente tributarios del suministro de petróleo, especialmente del petróleo venezolano. De otro, los EEUU están dejando de ser una nación WASP (anglosajona, blanca y protestante) para incorporar a amplias comunidades hispanas.

Así como la comunidad afroamericana carecía de rasgos de identidad propios de valor, la comunidad hispana tiene lengua propia (el castellano), valores propios (opuestos a los anglosajones) y no se recluye en miserables guetos, sino que ha hecho suyas amplias zonas del sur de los EEUU. La diferencial demográfica hace que en las dos próximas décadas se reduzca la distancia entre ambas comunidades y la base de sustentación de los EEUU –la población y los valores WASP- quede a partir de entonces en entredicho.

En otras palabras: América del Sur mira hacia el Norte y se desplaza hacia el Norte. Por su parte, los EEUU dependen cada vez más del Sur en cuestión energética (en los años en los que Hugo Chávez ocupa el poder en Venezuela, las exportaciones de petróleo a EEUU se han multiplicado por cuatro). El escenario que va a generarse en los próximos años no puede ser contemplado sin tener en cuenta la situación económica de los EEUU y el aumento constante y asindótico de su deuda externa. El flujo de capitales exteriores a los EEUU (2.000 millones de dólares diarios) procedentes de la UE, Japón y mundo árabe, asegura el consumo interior norteamericano, pero ha provocado la mayor deuda exterior del planeta, sin ninguna posibilidad de disminuir. En otras palabras, a la debilidad neoeconómica, al debilitamiento del sustrato WASP, sigue la debilidad económica. Solamente en el terreno militar se sigue manteniendo una superioridad relativa que las dificultades en Afganistán e Irak están cuestionando en estos momentos.

Además existe otro factor a tener en cuenta. La lejanía geográfica hace que la UE no pueda aspirar a una situación hegemónica en el continente americano, ni siquiera que un eje eurosiberiano pueda asegurar una alianza estable y duradera con la América situada al Sur de Río Grande. Pero sí es cierto que los vínculos lingüísticos y antropológicos de España con ese bloque geográfico pueden hacer que nuestro país ocupe un papel de “puente” entre ambas orillas del océano, a partir de hoy. Y ese papel será tanto más importante en la medida en que vaya atenuándose progresivamente la influencia WASP en EEUU.

En otras palabras: la inevitable “hispanización” de los EEUU tendrá como consecuencia un cambio radical en los valores, las estrategias, los objetivos y las aspiraciones de este país. La lógica hace que el impulso hegemónico que los EEUU han vivido desde el final de la Guerra Fría quede liquidado, y los EEUU, inevitablemente, sean una “pata” -una “pata” más-, de un mundo multipolar que volverá a tener a Eurasia como eje central. Dependerá entonces de los actores euroasiáticos la posibilidad de imponer una coexistencia pacífica entre los pueblos y las naciones. Y, en ese contexto, el eje eurosiberiano será la garantía de un orden multipolar, estabilizado gracias al concurso del República China, por un lado, y de la América hispana por otro. Dentro de ese contexto, los EEUU, llevados por el realismo de su nueva situación interior, deberían reconocer que, como máximo, pueden aspirar a ser la cuarta “pata” del Nuevo Orden Multipolar (tras Rusia, la UE y China).

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 12.08.06

 

 


¿Cómo nos ven los inmigrantes?

¿Cómo nos ven los inmigrantes?

Infokrisis.- He tenido muchas relaciones con magrebíes y andinos, tanto en España, como inmigrantes, como en sus países de origen en donde el inmigrante era yo. Lo que sigue son los juicios recogidos de una muestra lo suficientemente amplia de testimonios como para pensar que es posible llegar a conclusiones empíricas razonables y significativas. Así nos ven los inmigrantes... Las opiniones de estas personas son siempre subjetivas, pero basadas en algunos datos reales y, en cualquier caso, suponen una línea de tendencia.

Nos ven como: 

“Débiles y atontados”

En la cárcel de la Santé conocí a un tunecino detenido por pequeño tráfico de drogas. Era joven y se había criado en Francia. Francia le había ofrecido lo que no existía en su país: educación, subsidios, posibilidades de formación. Era mucho más fácil comprarse un BMW último modelo a sus 20 años, traficando con cocaína. Además, despreciaba a los franceses. “Son débiles y atontados”, me decía. Me ponía como ejemplo que, cuando era tironero en Les Halles, sabía que si un ciudadano lograba detenerlo solamente tenía que gritar “racistes” histéricamente para que lo soltaran. La clase media francesa se asusta con sólo la posibilidad de que alguien pueda llamarles “racistas”. Todos los delincuentes magrebíes lo saben. En el Raval de Barcelona ya ha ocurrido el mismo episodio: al grito de “racistas”, una pareja de policías debió soltar al delincuente marroquí, intimidados por la reacción de los viandantes. Por eso los inmigrantes consideran a los europeos atontados.

No les cabe en la cabeza que los gobiernos europeos puedan dar subsidios y ayudas de todo tipo a gentes como ellos que tienen muy claro lo que buscan: “pillar”. Piden una mezquita y las autoridades se la dan, delinquen una y mil veces y nunca terminan encerrados cuando en su país les cortarían la mano, después, por supuesto, de la conveniente paliza en comisaría… Vulneran la ley de extranjería, violentan las fronteras y les obsequian con ropa nueva –además de marca-, alimentos gratuitos y les trasladan a la península en avión de lujo.

Todo esto les da la perspectiva a los inmigrantes de que los europeos somos DÉBILES y ATONTADOS. Débiles porque no sabemos defender lo nuestro, abrimos la puerta a delincuentes que vienen a robarnos y ni siquiera hay valor para encerrarlos en las cárceles; y atontados porque no nos damos cuenta de que ellos cada vez son más fuertes y los europeos menos, más sumergidos en la oleada migratoria, retirándonos de barrios enteros en los que la “limpieza étnica” es realizada con extrema eficacia y, todavía, subvencionando al invasor. ¿Cabrían más muestras de debilidad y tontería? Los inmigrantes tienen razón en percibirnos así.

“Depravados y afeminados”

El hijo de un gobernadorcillo local en Costa de Marfil nos intentaba explicar, mal que bien, que el SIDA era un invento europeo para acabar con los africanos. Textual. No añadimos ni una coma a la frase que nos soltó a la sombra del único tugurio de Pangamo donde se podía conseguir una cerveza fresca. Y además añadía: ¿por qué los europeos no se mueren del sida si se pasan la vida dándose por el culo? En francés, la frase sonaba sólo levemente mejor. En el fondo, el marfileño en cuestión estaba diciendo algo que todos sabemos: hay una evidente depravación de las conductas en Europa.

Jonas Savimbi, líder de la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA) nos dio en cierta ocasión una lección que recordamos bien: “Para mí Europa es la cuna de la civilización: Grecia, Roma, las catedrales, el Renacimiento, la ciencia… pero vuestra Europa de hoy está en otro sitio, no es la mía”. Es triste que un africano tenga que dar lecciones a unos europeos sobre como ser europeos. Lo grave era que compartíamos el punto de vista de Savimbi. En el fondo, él se había criado en Europa, había conocido Portugal, Francia, Suiza. Y era un hombre inteligente y valiente: en uno de sus viajes a Europa pudo percibir el derrumbe moral del continente. Pornografía a gogó, ausencia completa de valores éticos y morales, ridiculización de quien pretendiera tenerlos o defenderlos. Savimbi no era el único africano que tenía esta visión de Europa. Era cristiano, pero los islamistas no piensan diferente.

No me gusta el Islam, bebo moderadamente alcohol y los tacos de jamón me impiden tomarme en serio una religión que proscribe una y otra cosa. Pero reconozco que los niveles actuales de alcoholismo y drogadicción en Europa han rebasado límites alarmantes. Sin hablar de la ingesta de comida basura y el sobrepeso generado. Y, por supuesto, sin hacer referencia a la ruina ética del continente. Los inmigrantes tienen razón en vernos como depravados.

En todo el continente africano, cuando se logra entablar amistad con sus habitantes y se crea un mínimo lazo de confianza, la primera pregunta –inevitable- que te formulan es si en Europa todos somos “pedés” (homosexuales). La imagen del hombre y de la mujer europea que remiten los inmigrantes africanos a su país de origen es de que aquí los hombres se casan con hombres y las mujeres con mujeres, se besan en público (algo que los africanos te cuentan siempre entre carcajadas y muecas de asco). La homosexualidad es una infamia en el África negra e incluso en buena parte de la población magrebí. Lo cierto es que en estos horizontes la familia tiene todavía un gran peso en la sociedad y sigue siendo su “célula básica”.

A los africanos no les cabe en la cabeza que aquí la homosexualidad reciba los parabienes legales y sociales, mientras que el aborto y la eutanasia se consideran algo normal, pan de cada día en esta civilización decadente. Y lo que no entienden, sobre todo cuando perciben que tú, en el fondo, piensas lo mismo, es cómo permites esta situación y por qué no haces algo. Es difícil explicarles que tienen razón y que, en el fondo, la sociedad europea se ha relativizado primero y feminizado después y, lo que ha quedado, finalmente, es una mezcla de depravación y afeminamiento global.

Triste percibir que los inmigrantes no se han equivocado mucho en su percepción de Europa.

“Viven bien y comen mejor”

Según los estándares africanos y andinos, la vida del grueso de la población europea es una ganga. He conocido andinos para los que calzar abarcas era un lujo, y muchos más que no conocieron el calzado hasta que fueron llamados para su servicio militar. Y tiene gracia, porque en todos los países andinos los jóvenes están orgullosos de servir a su país en el Ejército. Allí reciben ropa digna, comida y educación. No pueden concebir por qué en Europa se abomina de las FFAA y se renuncia a servir a la Patria. Y, justo es reconocer que, una vez más, tienen razón.

Pero se equivocan en lo de la comida y el vivir bien. Aquí radica su error. Han llegado a lo que pensaban era una tierra de promisión y el problema es que, ni para los de aquí ni para los recién llegados, atan los perros con longaniza. Aquí viven bien los que viven bien, el resto viven a salto de mata. Ese es el futuro que les espera a la mayoría de inmigrantes. Un búlgaro que conocí en Madrid, de etnia turca, cobraba unos 600 euros al mes como peón no cualificado de la construcción. Se quedaba con 200 y enviaba los otros 400 a su familia. Dormía en un parque público en verano y en una caja de cartón en invierno. Con los 400 euros, su familia podía vivir seis meses (hace tres años) en Bulgaria. Vivir bien… No me negarán que hay algo de triste y primitivo pero, al mismo tiempo, de heroico en todo esto. No creo que muchos de nosotros nos sacrificáramos así por nuestras familias. En cierto sentido, tienen razón: vivimos bien; incluso los que viven mal, viven mejor que las clases medias de los países africanos y andinos.

¿Comer bien? Realmente, comemos mal. La dieta mediterránea es tan cara como nutritiva para quien quiere seguirla a rajatabla. Realmente, es mucho más caro el fast-food, pero también mucho más fácil y adictivo. Si el sobrepeso avanza a velocidad mayor que la inmigración es gracias a la comodidad que los europeos nos hemos forjado a la hora de comer: los consejos de Arguiñano, el “Canal Cocina”, o programas como “Todos contra el chef”, apenas logran que algunos desocupados y ociosos europeos, a menudo solteros, trabajen elaborados platos en sus cocinas de diseño. La mayoría prefieren llamar por teléfono a la pizzería, al distribuidor de hamburguesas o comida china más próxima y renunciar a elaborar platos de cocina tradicional.

El resultado no puede ser más catastrófico. Esta mañana he podido ver delante de mí a un tipo aquejado de obesidad mórbida castigando a una Vespino que desaparecía bajo su peso. La obesidad es una plaga en Europa. Así pues, ¿comemos bien? No, desde luego, pero sí, si tenemos en cuenta la cantidad y la proliferación de fast-food. De hecho, este tipo de establecimientos han recibido un refuerzo con los inmigrantes andinos que los han convertido en sus santuarios. El Kentucky de la calle de la Montera, donde estuve hace quince días, parecía una sucursal de Quito o La Paz.

Así pues, también aquí, en cierto sentido, los inmigrantes tienen razón: comemos “bien”, esto es, comemos “mucho”, y engordamos aún más. Un pueblo de gordos es un pueblo con colesterol en las venas y el cerebro pastoso. Ni deportes de riesgo, ni población sana y atlética, sino friki y constreñida a una vida sedentaria…

Esta consideración tiene un trasfondo: el inmigrante está convencido que ha llegado a la meca del consumo. Aquí en Europa hay oro y recursos infinitos. No ha venido –contrariamente a la versión políticamente correcta- a contribuir con su esfuerzo a pagar las pensiones de nuestros abuelos, sino a beneficiarse él mismo de una pensión por baja laboral, invalidez que arrastra de su país de origen, o simplemente para tratarse alguna enfermedad. Se percibe a Europa como la meca de la abundancia y el continente que puede pagar cualquier exigencia que se le formule.

“Sin nosotros no sabrían vivir”

A fuerza de la cantinela progre de que la inmigración es necesaria en Europa, los inmigrantes han terminado por creérsela. Para ellos, si los inmigrantes se fueran de Europa –que no se irán- el continente se hundiría –algo que no ocurriría- y este razonamiento, falso y mendaz, les crece en la sensación de que son protagonistas de algo. Ellos están salvando a Europa. Luego vendrá el tío Paco con las rebajas y pedirán una compensación que, desde luego, no merecen.

La inmigración está salvando, solamente, la cuenta de beneficios de las patronales de la construcción y de la hostelería. Su papel no es determinante en ningún otro sector económico, ni siquiera en el campo. Hablando de campo…

En estos momentos estamos en la recogida de la ciruela, como hace meses y medio estábamos en temporada de la cereza y dentro de un mes vendrá la vendimia, casi completamente mecanizada. Es tiempo de vacaciones. Hubo un tiempo en que los jóvenes estudiantes, de vacaciones, nos desplazábamos al campo y trabajábamos en alguna de estas campañas de recogida. Ganábamos lo suficiente para podernos comprar la Lambretta o viajar a Europa, o simplemente para no sangrar a nuestros padres con una permanente petición de fondos. Ahora todo eso se ha acabado: nuestros jóvenes, incluso los que quieren trabajar en verano, no encuentran trabajo porque está cubierto por la inmigración. Tampoco es un drama para ellos: “papá nos mantiene, tranquilos”. Así, las nuevas generaciones, en lugar de endurecerse, se van ablandando progresivamente.

De ahí que, también en este terreno, la opinión de los inmigrantes por subjetiva que pueda parecer, no es del todo falsa: hoy podemos vivir sin inmigrantes, dentro de unos pocos años, no. Nos habremos acostumbrado a que nuestros hijos-mascota no hagan nada más que vivir en un “dolce fare niente”, apático y alejado de cualquier esfuerzo y sacrificio, incluido el de buscarse la vida en los meses de verano. Y, entonces, sí que será cierto que la sociedad europea no sabrá vivir sin inmigrantes. El problema es que los inmigrantes no han venido aquí para sustituir a papá y mamá, sino para ganarse la vida. Llegará el día en que ocurra algo parecido a cuando Odoacro, Rey de los Hérulos, depuso a Rómulo Augústulo de una patada y asesinó a su papaíto que tanto quería y que lo colocó a la cabeza del Imperio Romano. Se dice que estamos al comienzo de una “nueva edad media”. En realidad no: estamos reviviendo la caída de Roma la Grande.

“Son racistas”

El inmigrante tiene un vago concepto de racismo. Racismo es toda prevención, hostilidad o reserva contra gentes de otras razas. Hasta no hace poco, España no era un país racista. Franco, incluso, tuvo una “guardia mora” y la especie de militares africanistas estaba muy extendida en el ejército. Si un país se vuelve racista, no es por una reflexión meditada, ni tras haber asumido las tesis del Conde de Gobineau, Chamberlain o el Ku-Klux-Klan, sino tras haber acumulado experiencias traumáticas. Un constructor muy próximo me decía: “contraté a una docena de ecuatorianos, todos iban a “oficiales primera”, en realidad nunca habían trabajado en una obra. Solamente podían trabajar llevando carros de escombros”. Un colombiano que contraté, también como oficial primera, se negó a cobrar el sueldo de un peón cuando a las tres horas de trabajar percibí que su cualificación máxima era la de peón aventajado. Así que abandonó la empresa. Dos semanas después, él había cambiado la orientación de “su” negocio. Me llamó por si me interesaba comprarle cocaína colombiana “que no está tocada”. Le colgué. Seguramente, para él, eso era ser racista.

También he contratado marroquíes –nunca argelinos, cuya “fama” les precede-; eran buenos chicos e, incluso, algunos muy simpáticos y amables. Sólo que con simpatía y amabilidad no se construye una casa. Su velocidad de trabajo era propia de una tortuga paralítica y, en cuanto a su habilidad profesional, era de otro tiempo. Sus técnicas de trabajo anticuadas y superadas. Su rendimiento profesional, ruinoso. Para colmo, vino el Ramadán. Sus encomiables deberes religiosos hicieron bajar aún más el rendimiento. Y luego estaba la mentalidad de zoco: el regateo constante de las condiciones salariales y la imposibilidad de establecer pactos innegociables a corto plazo.

Nunca he entendido por qué un marroquí, desde muy niño, si resulta detenido en España después de haber cometido un robo, termina considerando que todos –policías, jueces, víctimas, funcionarios de juzgados, el que pasaba por ahí…, todos- son “racistas”.

El inmigrante ha sido el niño mimado de la sociedad progre. Y como todo niño mimado, ha sido malcriado y ha recibido peor educación. Un maestro de escuela me comentaba que un niño argelino le llamó racista en plena clase cuando le increpó para que dejara de jugar con los juegos del teléfono móvil. Además del insulto, me decía la maestra, estaba la “mirada de odio”. Si, el niño malcriado termina odiando a papá y mamá porque ya no pueden acceder a sus nuevos caprichos. He visto ese mismo odio en muchos inmigrantes, y ese mismo odio es el que hizo estallar los sucesos de la “intifada” francesa de noviembre de 2005 y el que, finalmente, terminará haciendo estallar una guerra racial, étnica y social, en Europa. A la acusación de “racistas” le sigue el odio. Estamos en ese punto.

“Sus mujeres nos desean, sus hombres buscan a las nuestras”

El problema es que el comportamiento de algunos inmigrantes ha terminado generando un racismo galopante en la sociedad española. Si por azar, tras campañas y campañas de reeducación, la sociedad española desterrara ese racismo incipiente, nada cambiaría. El “otro” es mucho más racista y con mucha más intensidad. Recuerden la “mirada de odio” del niño argelino de la historia anterior.

La sexualidad y los estereotipos sexuales cabalgan muy frecuentemente con los tópicos racistas: “los negros la tienen grande”, “las orientales tienen un chumi estrecho”, “las negras huelen”, “a los magrebíes les gusta dar por culo” y así sucesivamente. De todo tiene que haber, claro está. Pero el problema es que estos tópicos tienen más arraigo en algunos grupos sociales y étnicos que en otros y están diferentemente arraigados.

Una amiga china me comentaba que entre ellas hablan sobre las dimensiones del pene de los europeos y les da miedo. No es para tanto. Luego, cuando experimentan, el miedo se va diluyendo. Por otra parte, es evidente que las andinas que trabajan en puticlubs se tienen por mujeres fatales deseadas por todos. Tampoco es eso. Determinados acentos arrugan. Pero el hecho es que una inmigración, buena parte de la cual está trabajando en puticlubs, tiende a creerse que es irresistible para los hombres. Y, por otra parte, el primitivismo de algunos inmigrantes, especialmente magrebíes, resulta insultante para la mujer española, además de suponer una total ignorancia de técnicas sexuales, cuando no un desprecio absoluto por el placer de la mujer.

Pero lo cierto es que, en la mentalidad del inmigrante, la sexualidad ocupa un papel muy destacado. Y no se termina de comprender. Realmente, ver a una mujer magrebí enfundada en esa especie de traje antiestético, antifemenino y antierótico hasta la saciedad, coronado con el velo, es uno de los espectáculos más antieróticos que pueden verse. Sin olvidar que, si bien la mujer andina tiene cierto éxito (especialmente por sus precios y porque hay por ahí mucha gente que precisa que lo arrullen con envolventes frases de cariño)… especialmente en puticlubs, lo tiene mucho menos en la sociedad.

En nuestros viajes “a lo largo y ancho del mundo” hemos podido constatar que, cuanto más primitivo es un país, el sexo ocupa un lugar más destacado. Existen países como Brasil donde resulta difícil no entablar una conversación en la que el sexo no aparezca en un momento u otro, o constantemente. Es, literalmente, agobiante y cansa el primer día que se experimenta. En Ghana, la conversación no gira solamente en torno a la sexualidad hombre-mujer, sino que incluso abarca a los monos, o a las monas… y recuerdo que en la reserva de
Silvertown de Costa de Marfil, el guía miraba con una lubricidad indisimulada a las monas que podían verse a uno y otro lado del recorrido.

Los estereotipos sexuales son, en definitiva, una marca de racismo. Pero el problema es que están mucho más arraigados entre la inmigración que entre nuestra gente. El magrebí se siente “deseado”; en realidad, para él, recibir la mirada de una mujer implica ya deseo, y ese presunto deseo abre las puertas a cualquier posibilidad. Incluida las relaciones sexuales no consentidas. Y dejando aparte lo atractivo de las mujeres llegadas del Este –verdadera reserva genética de Europa- lo cierto es que la mujer inmigrante magrebí y andina no goza de particular predicamento entre el macho hispánico. Las razas son lo que son y no son otra cosa. Por cierto, que una querida amiga italiana me decía en París que un argelino la llamó racista, y atacó por ahí cuando ella se negó a mantener relaciones sexuales con él.

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Hay otros muchos juicios, pero estos son, desde luego, los más habituales y los que hemos oído, en España y en el extranjero, en más ocasiones. Es bueno saber lo que piensan de ti. Aunque saberlo no contribuya a deshacer los prejuicios que unos y otros grupos étnicos tienen trabados entre sí. Este es el quid de la cuestión: ayer no había racismo porque no había inmigración; hoy hay racismo porque hay inmigración. El problema es que nos da la sensación de que el racismo importado es muy superior al de origen que, en el fondo, ha surgido de un mero empirismo realizado en pocos años.

Razón tenía aquel que sostenía que las etnias están hechas para vivir en su ethos, en su territorio y en su marco natural. La inmigración querida e instigada por la globalización es cualquier cosa menos un fenómeno natural. En el fondo, rechazar la inmigración masiva y el efecto llamada no es sino una de las caras del rechazo a la globalización

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 11.08.06