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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

La Catástrofe de la Enseñanza (VII de VII) Violencia sexual en la escuela

La Catástrofe de la Enseñanza (VII de VII) Violencia sexual en la escuela

Infokrisis.- Terminamos esta breve serie de artículos con un tema que, en las semanas que vienen, nos dará la oportunidad de enlazar con otra serie sobre el tema de la sexualidad en la escuela. Y más en concreto sobre un nuevo modelo educativo que desdice las experiencias progresistas de los últimos 30 años. La "coeducación" ha sido una mala experiencia: las niñas de han asilvestrado y los niños no han disminuido su rendimiento escolar. La "educación diferenciada" se impone cada vez más... y es urgente que así sea porque la escuela pública es el primer campo de violencia sexual...

 

Violencia sexual en la escuela

En la Comunicación presentada por Emilia Caballero Alvarez, Adjunta al Síndic de Greuges de la Comunidad Valenciana, en las XVI Jornadas de Coordinación entre Defensores del Pueblo, del año 2001, se daban los siguientes datos recogidos en una muestra de 365 varones , entre 16 y 18 años:

-        El 53,4% considera a la mujer como débil e inferior.

-        El 23% tienen la convicción de que la debilidad de las mujeres legitima al varón para ejercer la autoridad dentro de la pareja.

-        El 35,4% está de acuerdo o muy de acuerdo con actitudes que justifican, niegan o minimizan la violencia contra la mujer.

-        El 72% tiende a justificar dicha violencia achacándola a la locura, al paro o a las drogodependencias, frente al 72% de las chicas que la achacan a causas sociales.

Se puede añadir el dato recabado por el Centro Reina Sofía a partir de una encuesta realizada entre escolares, según el cual siete de cada diez víctimas de acoso escolar son chicas de entre los 12 y los 16 años..

La conclusión es bastante evidente: existen posiciones sexistas entre los más jóvenes, aquellos que se han educado en una sociedad libre y sin represiones en materia sexual.

¿Cómo se manifiesta la violencia sexual en la escuela?

De momento nadie está dando la importancia que merece este tema y que supone un torpedo a la línea de flotación de la coeducación y da nuevos y sólidos argumentos a los partidarios de la “educación diferenciada”, cada vez más activos y beligerantes. Hoy, parece como si en España no hubiera violencia sexual en la escuela, como ayer parecía que no había violencia contra los profesores, bullying o bandas étnicas. La mejor forma de encarar un problema no es, desde luego, negando su existencia. Pues bien, esto es lo que hoy se está haciendo. Cualquier cosa para no dar argumentos suplementarios a quienes cuestionan la coeducación.

Lo habitual cuando un director de centro comunica a los padres de un alumno que su hijo practica violencia de fondo sexual en la escuela es negar la mayor: “Cosas de niños, chiquilladas, no exageren” o este otro argumento tan repetido de “Son ustedes unos carcas”, por no hablar de aquel otro: “Son cosas de niños, no hay que darle tanta importancia”. Es normal que los padres se obstinen en no reconocer que su hijito del alma, al que han educado como el rey de la casa, tiene madera de maltratador. Pero que nadie se engañe: fuera de los juegos inocentes de conocimiento sexual que todos los niños y todas las niñas han practicado siempre, ha aparecido una agresividad y una violencia que no deja presagiar nada bueno.

¿Cuándo se produce agresividad sexual en la escuela?

El problema inicial que plantea este tema es cuándo podemos estar seguros de que un juego inocente deja de ser tal y se convierte en un acto de agresividad sexual protagonizado por menores de edad. Hay algunos indicativos:

-        Cuando aparece falta de respeto por el cuerpo de la otra persona.

-        Cuando se le intenta imponer un tipo de relación que excede el grado que la otra persona quiere.

-        Cuando se utiliza un lengua despectivo, sexista, cargado de epítetos despreciativos e insultos de contenido sexual.

-        Cuando se accede al cuerpo de otra persona sin su consentimiento.

-        Cuando un juego de seducción es interpretado como una llamada a una relación sexual al que la otra persona no está dispuesta a llegar.

-        Cuando se sigue una conducta abusiva destinada a obtener placer sexual o a sublimar traumas, problemas o frustraciones, sin el consentimiento de la otra persona.

La cuestión más preocupante es saber por qué hoy se dan muchos más casos de este tipo de violencia que ayer, si, en realidad, se tiende a pensar que era antes cuando los jóvenes estaban sometidos a todo tipo de represiones sexuales; en cambio hoy, con la libertad y la información sexual de que se dispone desde la escuela, estos problemas deberían de haber remitido. Paradójicamente, es todo lo contrario lo que ha ocurrido. Por nuestra parte, pensamos que no hay aquí nada nuevo: la violencia sexual en la escuela se explica por los mismos motivos que hay violencia en general en la escuela, solamente que algunos alumnos la canalizan a través de la sexualidad dada su particular ecuación personal.

¿Qué hacer ante una agresión sexual en la escuela?

Ahora bien: interpretar el porqué existen agresiones sexuales en la escuela, no quiere decir, desde luego, justificarlo o excusarlo, sino solamente atestiguar una situación que, hasta ahora, merece muy poca atención por parte de las autoridades educativas. En cuanto a las autoridades de los centros:

-        No deben olvidar que las agresiones sexuales son un delito e, inmediatamente se produzcan, a partir de determinado nivel de gravedad, generan responsabilidades, incluso entre menores.

-        Las direcciones de los centros docentes, tienen la obligación inexcusable de responder inmediatamente a las agresiones sexuales que se den en el ámbito escolar, pero también, si perciben que estas agresiones se producen en el ámbito familiar.

-        Los profesores deben de estimular la confianza entre los alumnos que facilite el comunicar cualquier caso de agresión sexual que se produzca en las aulas.

-        La víctima de una agresión sexual debe de sentirse arropada por los profesores y también por los alumnos, los primeros deben ofrecer apoyo psicológico, los segundos amistad y solidaridad. Deben mostrar afecto al agredido y ayudarle a reconstruir su autoestima.

-        El centro debe de reunir toda la información sobre el tipo de agresión, cómo se ha producido, si ha habido antecedentes, quienes la han protagonizado, cuál ha sido el desencadenante, en definitiva, deben disponer de todos los elementos de dossier para resolver la cuestión.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (VI de VII) El maltrato escolar. Bullying

La Catástrofe de la Enseñanza (VI de VII) El maltrato escolar. Bullying

Infokrisis.- El bullying -la agresión horizontal contra otros compañeros de escuela- es, sin duda, una de las formas más odiosas de agresividad infantil y juvenil. De hecho ha costado ya varias víctimas en nuestro país y resulta muy difícil saber si muchos suicidios de adolescentes no se han debido a esto. Repasamos las características del bullying, su definición, las actitudes de unos y de otros y la forma en que se puederesponder a esta forma odiosa de agresividad.

 

La catástrofe de la enseñanza (V de VII)

El maltrato escolar. Bullying.

No hay que confundir los problemas de convivencia y los altibajos en las relaciones personales, particularmente duros en la adolescencia, o incluso las malas relaciones entre compañeros que se repelen mutuamente, con el “bullying”. Para que haya “bullying” se deben dar dos factores:

-        una reiteración en los acosos y agresiones y

-        la presencia de un agresor psicológicamente inestable.

En 1960 el psiquiatra sueco, Heinnemam describió por primera vez el “bullying”, pero nadie dio excesiva importancia a sus palabras. Luego, cuando la violencia empezó a generalizarse en las escuelas norteamericanas, se consideró un mero rasgo distintivo de la particular cultura local, pero se creía que el contagio jamás se produciría en Europa. Sin embargo, desde los años 70 el fenómeno ha ido creciendo paulatinamente en el viejo continente hasta que finalmente, desde comienzos del milenio ha golpeado también en las escuelas españolas.

En el 2000, una primera encuesta sobre el tema realizada en colegios españoles estableció que:

– Los mayores porcentajes de acoso escolar se dan entre los 7 y los 11 años.

– Luego disminuye, y vuelve a aumentar en los últimos cursos de ESO con especial dureza y gravedad.

– Los niños acosan más que las niñas.

– Las niñas de primaria se sienten más desprotegidas y con más miedo, y acusan más los efectos del acoso.

– El acoso masculino se caracteriza más por la violencia directa y física, mientras que el femenino es un acoso más relacional y verbal.

Pero en ese momento el fenómeno distaba mucho de tener el impacto que alcanza en la actualidad.

Frente a la creencia de que el acoso escolar o bullying se manifiesta en la adolescencia y que es propio de chicos, lo cierto es que los primeros casos se presentan a los siete años y las más violentas son las chicas. Las niñas tienden a utilizar mayor violencia contra sus compañeras cuando están en aulas mixtas para adaptarse a un modelo masculino que identifican con la fortaleza. Cuando están solas el acoso se basa en el aislamiento social de la víctima. Las niñas de primaria se sienten más desprotegidas y con más miedo, y acusan más los efectos del acoso.

Se tiene constancia de que los niños de entre 7 y 9 años realizan maltratos a sus compañeros, pero se trata de acciones torpes y difusas, inmaduras, muy diferentes del maltrato “criminal” y sistemático que se inicia a partir de los 9 años. En general el “bullying” afecta a escolares de entre 11 y 16 años.

Desde los años 80 se han ido publicando distintos estudios, en ocasiones contradictorios o realizados con distintas metodologías y que no resistían la comparación. La conclusión a la que ha podido llegarse es que la violencia y el acoso escolar son fenómenos en paulatino aumento. Contra más reciente es la encuesta, más exactas parecen sus conclusiones.

Así, por ejemplo, una encuesta realizada en 2005, en la Comunidad Balear señalaba que 65% de los agresores escolares consume cocaína, el 60% pastillas y el 42% fuma porros. En cuanto al alcohol, sustancia a la que también se muestran proclives, el 38.2% de los agresores escolares bebe cerveza y el 31.6% otras bebidas. En este mismo estudio se indica que los adolescentes que reconocen faltar a clase, sea de modo esporádico (25.4%) o de forma habitual (1.5%), «mantienen una tendencia de agresión creciente, así como un incremento progresivo de consumo de sustancias nocivas». El absentismo también se asocia a las víctimas, el 23% de las cuales faltan a clase por temor a ser agredidas. La encuesta también reveló que el 54% de los agresores admitían tener unas relaciones muy malas con la madre.

La última encuesta de que disponemos data de junio de 2006, y afirmaba que entre el 3 y el 5 por ciento de los jóvenes sufren situaciones graves de violencia escolar, que se producen generalmente entre niños de 10 a 14 años. Estas cifras coinciden, más o menos, con las emitidas por el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, dos años antes. En la Comunidad de Madrid, 12.000 niños madrileños sufrieron acoso escolar durante el curso 2004–2005, el 3’3% del total de los matriculados. El 1% de estudiantes de secundaria de esa región –más de 3.000– sufren agresiones físicas durante el acoso escolar. Estas de agresiones tienen unas características comunes que lo diferencian de una vulgar pelea de patio.

En una encuesta realizada en el 2005 en centros escolares españoles, el 7’6% de los entrevistas se reconocieron agresores de sus compañeros. Desde luego, no todos ellos eran agresores patológicos. Para un tercio de ellos, la sanción a la que dio lugar su acción les disuadió de futuros hostigamientos. La sanción más grave es un mes de expulsión del centro escolar. Un número significativo de alumnos agresores ya ha sido expulsado en varias ocasiones por faltas anteriores y demuestra su absoluta indiferencia por la sanción. En esta misma encuesta el 14’5% de los entrevistas declararon ser víctima de agresiones en el centro de estudios y el 75% de los escolares entrevistados ha sido testigo de agresiones en su centro escolar.

Pero no hay unanimidad, otra encuesta realizada un año anterior aseguraba que el 27% de los escolares de Primaria había sufrido violencia en el colegio. En Secundaria, el 33,8% de los alumnos ha sido insultado y el 4,1%, agredido físicamente. Por lo que respecta a los estudiantes que se reconocen como agresores, un 40,9% ha insultado; un 6,6% ha agredido físicamente; y un 0,3% ha amenazado con armas. La buena noticia era que la mayoría (80,5%) de alumnos encuestados no tiene problemas significativos de violencia en la escuela ni en su tiempo de ocio. La mala que el 16,1%, excluyen y agreden a los demás en los dos ámbitos.

El 48% de los escolares de nuestro país de entre nueve y catorce años ha padecido o padece violencia por parte de un compañero. De ellos, más de la mitad sufre acoso psicológico, y el 18% lo sufre también físico, incluidas heridas de arma blanca (2%) y agresiones sexuales (2,5%).

A partir de finales de 2005, se empieza a poner de moda entre los agresores, realizar actos de violencia y filmarlos con el teléfono móvil. En el patio del recreo del IES Ilipa Magna de Alcalá del Río, un niño de catorce años se dedicaba a dar «collejas» a otros en la cabeza, mientras otro grupo con un teléfono móvil grababa la escena. No es el único caso.

Así pues, no estamos ante un episodio “leve” de violencia en la escuela, sino ante un hecho nuevo extremadamente grave.

¿Eres un agresor? Si lo eres, escucha:

Si eres tú quien tiene tendencia a ejercer la violencia sobre tus compañeros, escucha bien esta advertencia:

1.          Ejercer la violencia sobre los débiles es una de las formas más miserables de comportarse que puede adoptar el ser humano. Si todas las formas de violencia son odiosas y, salvo la legítima defensa, condenables, la violencia individual o colectiva sobre los que no pueden defenderse es particularmente repugnante.

2.          Debes recordar que no tendrás nadie que se solidarice contigo ni que sea capaz de defenderse. Es posible que algunos compañeros hayan ejercido la violencia junto a ti, incluso que te hayan impulsado a ejercerla, pero a la hora de la verdad, cuando os toque dar cuenta de vuestros actos, no esperes que sean ellos los que salgan en tu defensa.

3.          Toda acción injusta encuentra su castigo en esta vida; el acoso escolar es un delito. El maltratador, antes o después, debe dar cuenta de sus actos. Y no hay argumento alguno que logre justificarlo.

Así pues, si tienes la tentación de ejercer la violencia contra algún compañero, más vale que antes medites lo que vas a hacer: ni tienes justificación, ni nadie te defenderá luego, vas a cometer un delito y deberás afrontar un juicio justo. La impunidad total no existe.

Pero hay algo más:

1.          Quizás ignoras lo que es el “bullying”. Es posible que no seas completamente consciente de lo que es la violencia contra tus compañeros, ni cuando empiezas a ejercerla. “Bullying” es cualquier forma de acoso o maltrato.

2.          Quizás ignores lo que siente el compañero acosado y no caigas en la cuenta de lo que representa para la vida de un compañero el sentirse y maltratado por gente como tú. Esos actos pueden pesar como una losa en su vida futura.

3.          Quizás no sepas que si tienes propensión a ejercer la violencia y el maltrato es que estás enfermo. Tienes un problema y debes de afrontarlo antes de que el problema acabe por comprometer tu vida para siempre.

4.          Quizás ignores que hay silencios culpables; no se trata solamente de participar en actos de violencia contra compañeros, sino de estar al corriente de que se producen y callar. No puedes permanecer callado cuando se está maltratando a un compañero.

En las páginas que siguen encontrarás algunas respuestas tanto si eres un espectador de actos de acoso, como si eres un alumno acosado por otros o si tú eres el acosador.

La realidad del acoso escolar

Según el Servicio Secreto de Estados Unidos, el 71% de los asesinatos cometidos en los institutos de bachillerato entre 1974 y 2000 fueron protagonizados por jóvenes que habían sufrido bullying en los seis meses previos. En EEUU, alrededor del 30% de los estudiantes de entre 7 y 17 años afirma haber observado bullying durante el año escolar, y el 23% confiesa haber participado personalmente. Sin embargo, sólo un 13% de profesores dice haberlo presenciado. En abril de 1999, dos adolescentes de la escuela Colombine, de Colorado, armados hasta los dientes, mataron a 12 alumnos y un profesor antes de suicidarse. Tres años después un estudiante del Instituto Gutenberg de Erfurt, asesinaba a tiros a 13 profesores, dos compañeros, una secretaria, un policía y, a continuación, se quitaba la vida. Mas tarde, en Red Lake, Minnesota, Jeff Weise, de 16 años, asesinó a sus abuelos en casa y después se fue al colegio, donde acribilló a balazos a cinco compañeros, una profesora y un guarda; luego se suicidó. Entonces, todos pensábamos que estas cosas solamente ocurrían en EEUU.

Pero el problema ya está entre nosotros. Algunas cifras parecen sorprendentes y la situación solamente es comprensible recurriendo a la frialdad de las cifras:

-         En 2002 la violencia estaba controlada en las aulas, había optimismo en las autoridades educativas. Una macroencuesta anunciaba que en los últimos cinco años no se había deteriorado la convivencia en las aulas. La investigación, llevada a cabo entre 11.034 alumnos de 12 a 16 años y 7.226 familias, mostró que si bien existía cierta violencia en las aulas, ésta era controlada y limitada. Un 12,4% de los estudiantes aseguran haber conocido casos de agresión física entre alumnos y un escaso 2% ha presenciado agresiones a profesores e intimidaciones con amenazas de los docentes a alumnos. Así pues, no había porque preocuparse. Dos años después, todo había cambiado. Hoy, la violencia en las aulas empieza a ser un gran problema y nada impide pensar que, de no hacerse algo radical, en menos de cinco años, paralizará completamente el sistema de enseñanza pública, tal como ha ocurrido en Francia.

-         Hoy, un tercio de los alumnos están implicados de alguna manera en actos de violencia. Algo más de dos millones de españoles pisan cada día las aulas de un instituto. Tienen entre 12 y 16 años. Un tercio de estos alumnos insultan o son insultados, sufren humillaciones y vejaciones o las imponen a sus compañeros, ignoran a los demás o son ignorados. Un 14% echa a faltar sus pertenencias algunas veces o las esconde (12%), casi un 9% es amenazado, un 6,4% ha sido víctima de alguna agresión física. Una encuesta realizada por la Asociación Familiar de Baleares aseguró que el 36% de los adolescentes de esa autonomía afirma haber sufrido acoso en el centro escolar o bullying, un 27 % dice haberlo padecido alguna vez y 8,5% en varias ocasiones o constantemente. La agresión física es la menos habitual (14%), mientras que la más frecuente son los insultos (52%).

-         El acoso en la escuela tiene repercusiones en la vida de agresores y agredidos. Un informe elaborado por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia indica que, en la mayoría de los casos, estas agresiones tienen consecuencias psicológicas en el futuro, especialmente en las niñas (el 60% de las víctimas).

-         Entre 2000 y 2005, los casos de violencia en las aulas han aumentado un 128%, según dijo el secretario de la Fundación "la Caixa", Luis Reverter, durante el acto de inauguración en Málaga de una exposición multimedia para sensibilizar a la población ante los casos de malos tratos en el ámbito escolar o familiar. El 12,4% de los estudiantes asegura haber conocido casos de agresión física entre alumnos, un 2,3% ha presenciado agresiones a profesores, y un 2,1%, intimidaciones de docentes a alumnos.

En un Instituto de Agramunt (Catalunya), un niño de 12 años casi resultó muerto por un corte en la garganta. Dos alumnas del mismo centro, de 14 y 16 años animaron al menor a seguirlas, luego, no se sabe lo que ocurrió. Los padres del alumno lo explican: “Cuando no los veía nadie, una de las chicas enseñó una pulsera a Ricard para entretenerlo, mientras la otra se colocó detrás de él, sacó un cuchillo y le cortó el cuello". El niño contó que después de este ataque, que casi lo deja inconsciente, las dos jóvenes le dijeron que iban a tirarlo al canal.

Ejemplos como estos hay muchos. La violencia en las escuelas ya no es algo que solamente afecta en otros horizontes: está aquí, entre nosotros, asediando nuestras escuelas públicas.

¿Qué es el Bulliyng?

Alguien se ha preguntado ¿por qué llamarlo bullyng (o Bulliyng) cuando en realidad es acoso escolar? Respuesta: por que el bullyng es la forma mediática del acoso escolar. En otras palabras, si dos alumnos agreden a un tercero no hay noticia en tanto que “solamente” se trata de acoso escolar, pero si dos alumnos agraden a un tercero y alguien lo califica de bullyng, entonces sí es noticia. Vivimos en lo que alguien definió como la “sociedad del espectáculo” y nada que no sea espectáculo tiene lugar en los informativos. Sin embargo, a ti te sonará más “acoso escolar”. Del bullyng se habla solamente desde que aquel pobre chico vasco, Jokin de Hondarribia, se suicidó tras ser objeto de repetidos actos de hostilidad por parte de sus compañeros.

¿Qué quiere decir “bullying”? La palabra inglesa indica “matonismo”, pero también “burrada” o “gamberrada”. Pero hay que hacer algunas precisiones.

Para que exista “bullying” deben existir las “3I”:

-         Insistencia. No basta con un solo episodio de agresión o mal trato.

-         Intimidación. No es preciso que sea violenta, puede ser también psicológica.

-         Indefensión. El agredido no está en condiciones de defenderse como en una riña entre compañeros.

No todo episodio de violencia en la escuela puede ser considerado “bullying”. Entre los adolescentes, suelen aparecer cambios hormonales que precipitan situaciones esporádicas de violencia física. Esto es, relativamente, normal y siempre ha estado presente en la escuela. El bullying es otra cosa: no es esporádico, sino reiterado; no precisa violencia física sino que también puede ser psicológica; y no es una lucha entre iguales, sino una forma de abuso del fuerte sobre el débil.

¿Qué formas adopta el “bullying”?

Existen varios tipos de “bullying”. El acoso puede ser:

-          Físico: es el más habitual entre los jóvenes de primaria. Se expresa el acoso mediante patadas, golpes, puñetazos, etc.

-          Verbal: es el que se produce con más frecuencia a todas las edades. Consiste en insultar, burlarse de defectos reales o imaginarios, poner moles y humillar públicamente.

-          Psicológica: se produce de alguna manera en cualquier forma de maltrato escolar. Todo tipo de “bullying” implica consecuencias psicológicas y acarrea efectos psicológicos a corto, medio y largo plazo.

-          Social: se intenta aislar a la víctima y cubrirla con falsedades e infamias. Se intenta los vínculos sociales del agredido para acentuar su aislamiento e indefensión.

En el año 2000, una encuesta realizada por la oficina del Defensor del Pueblo sobre 3000 alumnos de 300 colegios públicos, concertados y privados, establecía las formas de “bullying” que se daban en la escuela española:

Conducta abusiva

Porcentaje

Me insultan

33,8%

Hablan mal de mí

31,2%

Me ponen motes

30,1%

Me esconden cosas

20,0%

Me ignoran

14,0%

No me dejan participar

8,9%

Me amenazan para meterme miedo

8,5%

Me roban cosas

6,4%

Me rompen cosas

4,1%

Me pegan

4,1%

Me acosan sexualmente

1,7%

Me obligan a hacer cosas

0,7%

Me amenazan con armas

0,6%

 

Es posible que tú también, aunque inconscientemente, hayas practicado alguna vez el odioso “bullying”. Así pues debes observar más tus reacciones y reprimir las tendencias a la agresión y a la burla hacia tus compañeros. Es “bullying”.

Agrupando estas modalidades de agresión se tienen las tres formas básicas de “bullying”:

-         Maltrato emocional         : 78% (un 29% reiterado)

-         Maltrato físico                : 59% (un 4’9% con arma blanca)

-         Vandalismo                    : 3,3%

En el maltrato emocional se producen ataques psicológicos al sujeto mediante diversas “técnicas”, fundamentalmente, alguna forma de insulto y de exclusión. En el maltrato físico se cuentan agresiones que implican violencia real o amenazas con o sin armas, individuales o colectivas. El vandalismo supone la destrucción o el daño a objetos y propiedades de la víctima.

Existen otras clasificaciones que también pueden ayudarnos a comprender el tema. Algunos pedagogos indican que hay dos tipos de malos tratos en la escuela (directo e indirecto) y que ambos pueden ser físicos o psicológicos. Así pues, podemos realizar el siguiente cuadro:

Maltrato

Físico

Psicológico

Directo

Golpes, palizas, amenazas

Insultos, motes, vejaciones, burlas

Indirecto

Exclusión social, marginación

Rumores, calumnias, sabotaje, luz de gas

Pero todas estas clasificaciones son relativas y sirven solo para que comprendas mejor el alcance del fenómeno. Es evidente que el compañero que ha sido agredido colectivamente por una banda de matones, seguramente se sentirá excluido del grupo, insultado y, probablemente, calumniado.

En sus formas más extremas, el “bullying” termina con el suicidio de la víctima. Acuérdate de Jokin: finalmente, no pudo soportar la presión –seguramente porque era insoportable– y se arrojó por un precipicio. No ha sido el único caso. En estos casos extremos, están presentes varios elementos, inevitablemente:

-         Que la agresión sea colectiva: no se trata solamente de dos alumnos que chocan o de uno que tiene manía a otro por las razones que sean, sino de una fracción de compañeros la emprenda contra una víctima. La víctima nota la voluntad que el grupo tiene de dañarle y siente que no tiene posibilidades de defenderse. Todo esto contribuye a que ésta sienta sensación de impotencia y aumente su angustia.

-         Que los observadores permanezcan pasivos: estas agresiones colectivas se realizan ante otros, habitualmente compañeros de la víctima. Estas prefieren permanecer pasivas, no quieren buscarse problemas ni enfrentarse a los matones. El silencio es su opción. La víctima entiende que ese silencio supone una aprobación tácita de la conducta adoptada por sus agresores. Su angustia aumenta además de su sensación de aislamiento, exclusión y diferencia.

-         Que los adultos permanezcan pasivos: no siempre los adultos (profesores, padres, compañeros mayores) actúan en estos casos como se esperaría de ellos. En ocasiones porque no dan importancia a los episodios, en otras porque no los ven o prefieren no verlos. También puede ocurrir que, viéndolo, no sepan que hacer. No importa: el resultado es el mismo, la víctima se siente desprotegida por completo, obligada a vivir día a día una situación angustiosa y a la que no ve salida. En esas ocasiones, algunos, empiezan a ver el suicidio como la única vía de escape.

El acosador: quien hace un cesto hace ciento

Cada vez se sabe más sobre el acoso escolar y sobre la personalidad del acosador. Hoy, la violencia doméstica es una lacra. Maridos que golpean a sus esposas, jóvenes que realizan actos de violencia contra sus padres o  abuelos: más que nunca. No es que ahora se hable más de la cuestión, es que parece como si nuestras sociedades se volvieran cada vez más violentas.

Las encuestas son el barómetro de una sociedad. Recientemente una de estas encuestas ha demostrado que individuos que han protagonizado casos de violencia doméstica contra sus esposas o contra sus padres, previamente ya habían sido acosadores en la escuela. Estas encuestas no dejan lugar a dudas: acosador en el colegio, acosador toda la vida.

El Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia invitó a la IX Reunión Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia al investigador David Farrigton, autor de un estudio sobre las tendencias violentas de un grupo de 400 personas de 8 a 48 años. Las conclusiones a las que llegó Farrigton no dejan lugar a dudas:

-         El acosador es multirreincidente: los acosadores de 14 años, siguen siéndolo a los 32, varían sus víctimas, pero el fondo de la cuestión es el mismo: siguen ejerciendo violencia contra otras personas de su entorno.

-         No se descarta una transmisión genética de padres a hijos de este comportamiento. De padres agresivos y maltratadotes derivan hijos con las mismas tendencias. Los acosadores tienen hijos que, también lo son.

-         Existe una componente sexista en el bullying: seis de cada diez víctimas de acoso son mujeres. Esto facilita el que, años después, los mismos acosadores practiquen actos de violencia contra sus compañeras.

¿Que ha podido pasar en la infancia de un chaval para que se convierta en un monstruo odioso?

Existen algunas características que se suelen repetir en la infancia de los abusadores:

-         Han pasado poco tiempo en familia, quizás porque sus padres no han hecho vida familiar o porque su estilo de vida ha favorecido largas ausencias.

-         No ha sabido comunicarse con la familia, le han faltado palabras o quizás ocasiones. En ocasiones se ha sentido aislado dentro del núcleo familiar.

-         Ha sufrido maltratos por parte de sus padres o de sus hermanos, así que conoce lo que es la violencia y quiere hacerla experimentar a otros.

-         Su familia no es “normal”, entendiendo por “normalidad” la presencia de dos cónyuges. Abundan los divorcios, las separaciones, las familias monoparentales.

-         Ha sido educado deficientemente, en ocasiones por padres excesivamente autoritarios, en otras por padres que apenas se preocupaban por él.

Existen algunas características que tienen una mayor incidencia y prefiguran en cierta medida al matón. Estos rasgos comunes son:

-         Falta de empatía con los amigos. No pueden mantener buenas relaciones con sus amigos durante mucho tiempo, antes o después chocan con ellos.

-         Tienen tendencia a mentir y a robar desde muy jóvenes. Esto hace que se genere en torno a ellos un área de desconfianza, miedo y reservas que tiende a aumentar su agresividad.

-         Su promedio de notas es muy deficiente. De hecho la mayoría abandonan los estudios al acabar el ciclo obligatorio, de ahí que en el bachillerato disminuya la violencia y el acoso escolar.

-         Tienen una acusada tendencia a consumir drogas para resolver sus problemas: es habitual que fumen mariguana y cigarrillos y consuman alcohol.

-         Han sido víctimas. Es muy habitual el que ellos mismos hayan sido objeto de malos tratos o abusos físicos o psicológicos.

-         El porcentaje de padres divorciados es notoriamente superior. No todo divorcio termina en hijos con problemas de agresividad, pero si que la mayor parte de hijos conflictivos y propensos a practicar “bullying” son hijos de divorciados.

-         No tienen un buen nivel de autoestima. Habitualmente se trata de chicos y chicas inseguros que pretenden afirmarse ejerciendo la violencia sobre quienes consideran más débiles.

-         Es un egocéntrico: él está por encima de todos y aspira a ser el centro de atención de todos.

-         Es un fracasado escolar: sus notas son malas, su rendimiento escolar mínimo, suele hacer “campana” y termina abandonando los estudios.

-         Es un descontrolado: no tiene capacidad de dominar sus impulsos ni sus instintos. Suele decir y hacer cosas sin pensar.

-         Su autoestima está por los suelos: es consciente de que hay otros mucho mejores que él, mucho más competitivos. Tiene una visión negativa de sí mismo.

Además de estas características sufre distintos trastornos psicopatológicos que pueden agruparse en distintos bloques:

-         Trastornos de conducta: déficit de atención, hiperactividad, actitud negativa y desafiante, falta de adaptación a las dinámicas sociales.

-         Trastornos de adaptación: su adaptación a los demás, sus relaciones sociales y su comportamiento, se alteran con frecuencia.

-         Trastornos del control de impulsos: su carácter es explosivo de manera intermitente. Inesperadamente y sin motivo “salta” y se transforma.

Es probable que después de leer estas características, la imagen del maltratador te parezca de otra manera: no es exactamente como lo imaginabas, un chulo prepotente y “fuerte”, sino un “pringao”, un pobre desgraciado al que la vida le ha destinado a uno de los peores papeles que puede asumir un ser humano: el de acosador y maltratador.

Además de estas características podemos añadir otras de carácter general que nos van a servir para definir la personalidad del acosador, y a las que nosotros añadiremos algunas observaciones personales:

-         El acosador se siente provocado: El acosador no tiene sensación de que está haciendo daño, sino que siempre dice que se defiende de las “provocaciones” de la víctima. No es sólo cinismo, es que el acosador sufre un trastorno psicológico llamado “distorsión cognitiva”, propio de las personalidades psicópatas. El acosador se ve actuando en “legítima defensa”. Si ha acosado a un compañero obeso, dirá que éste le provocaba continuamente incitándole a comer con su mera presencia. El psicópata y el acosador siempre tienen una percepción alterada de la realidad.

-         El acosador no se corrige mediante sanciones: si fuera una personalidad normal bastaría con una sanción para que el acosador rectificara su comportamiento. Pero no lo es. Al creer que le provocan, no basta con que el profesor le llame la atención. Precisa atención psicológica. Lo repetimos: el acosador no es un “matón”, ni un “chulo”, aunque pretenda serlo. Es algo más patético: es un pobre enfermo mental.

-         No hay excusas económicas para el acoso: los problemas económicos de una familia no son determinantes para que en su interior surja alguien que practique algún tipo de acoso o violencia. Hay acosadores entre “hijos de papá”, mimados por la fortuna y por sus padres, y entre gentes de procedencia humilde.

-         Existe una situación similar entre la escuela pública, la privada y la concertada, pero…: si, hay los mismos niveles de acoso en los distintos tipos de escuela, pero sólo en términos absolutos. Si descendemos al tipo de acoso, en la escuela privada, es “más sutil” (psicológico), aunque las cifras de acoso sexual son ligeramente superiores, a la enseñanza pública. En ésta, sin embargo, los episodios de acoso contienen más elementos violentos.

-         ¿Ley del silencio?: Seis de cada diez víctimas cuentan los acosos de que son objeto a los profesores. También es frecuente que los testigos no permanezcan mudos y hablen con sus profesores o familias sobre los casos de acoso que han presenciado. La “ley del silencio” es un mito. El silencio es cómplice. No todos aceptan serlo, ni siquiera una mayoría. El silencio no es aceptable. Contarlo no es “chivarse”, es respetar los derechos humanos de los compañeros que son víctimas.

-         Cuando los padres son cómplices: algunos padres no pueden admitir que sus hijos son verdaderos monstruos. Lo repetimos: el acosador no tiene ninguna justificación y hasta hace poco, hasta que estalló el “caso Jokin”, no existían medios legales para castigarle. Los padres tienen responsabilidades, no pueden delegar toda la educación de los hijos en el colegio. Los padres deben establecer normas y modelos de comportamiento para los hijos. Los padres no son “amigos” o “colegas” de los hijos: son, eso, padres y eso implica la capacidad de fijar normas y supervisar su cumplimiento. Y, sobre todo, si un hijo ha protagonizado un caso de acoso escolar contra un compañero, antes de solidarizarse con él, debe de recabar toda la información posible. Quizás su hijo no es tan bueno ni tan santo como él cree. Quizás su hijo es un maltratador y necesita tratamiento psicológico.

-         Cuando los profesores están obligados a actuar: en el congreso sobre Sociología de la Violencia al que hemos aludido se destacó que la mayoría de profesores no están preparados para resolver este tipo de conflictos. Ni son “gamberradas”, ni “pasarán”, ni son “habituales” entre jóvenes. El “bullying” hay que tratarlo como tal, en absoluto minimizar su importancia. Es más, hay que prevenirlo: los profesores deben reforzar su vigilancia (algunos prefieren la palabra “supervisión”, pero, no nos engañemos: se trata de VIGILAR) en los momentos críticos (durante el patio, al salir de clase) y en las zonas de riesgo (lavabos, pasillos, proximidades del centro). Antes, los profesores no tenían un arsenal de medidas punitivas contra los acosadores; la gran contribución de los pobres chicos que se han suicidado en estos últimos años a causa del “bullying”, ha consistido en sensibilizar a la opinión pública sobre el problema e inducir a las autoridades a adoptar medidas punitivas contra los acosadores. Estas medidas deben ser aplicadas sin dilación por los profesores. Esa es su responsabilidad.

-         Cuando las normas deben ser claras: No hay término medio. A principios de cada curso, los alumnos deben conocer (o recordar) las normas que rigen en el centro y las sanciones para quienes rompan la buena convivencia en el centro. El Ministerio de Educación, en este tema, debe pedir de los profesores un esfuerzo suplementario… pero también, facilitarles el camino. Los que pagamos impuestos tenemos algunos derechos que exigir: normas claras, por ejemplo, sanciones inmediatas para los maltratadores y garantías de que van a recibir tratamiento psicológico obligatorio. Si la sociedad no necesita de los maltratadotes, los poderes públicos están obligados a arbitrar medidas contundentes y enérgicas al respecto.

La víctima: no volverás a estar solo, compañero

Eso es lo que debes proponerte a ti mismo: nunca más permanecerás pasivo ante una agresión. Más adelante te explicaremos algunos métodos de ayuda. Ten en cuenta, desde ahora, que ni tú, ni nadie, puede permanecer pasivo ante la violencia contra los débiles. Si entiendes lo que es la “justicia” sabrás que la “persona justa”, protege a los débiles de cualquier abuso. Por eso, antes de que te digamos algo sobre las víctimas debes proponerte firmemente que la próxima vez que presencies cualquier forma de acoso, harás algo.

En las próximas líneas te vamos a hablar en primera persona. Imagínate que eres tú el acosado, ¡qué desagradable! ¿verdad? Es posible que si piensas como víctima te sensibilices más sobre la cuestión.

1.        ¿Por qué me agreden?: la víctima siempre intenta encontrar una explicación a la actitud hostil de los “matones”, en ocasiones llega incluso a sentirse culpable: “quizás es que hago algo que a ellos no les gusta”. La autoestima cae por los suelos: “será por culpa mía, estoy muy gordo”. La víctima nunca tiene la culpa. Eso es incuestionable. Nunca hay justificación para un acoso, porque nunca la víctima es culpable. Lo sorprendente es que la víctima busca explicaciones. Una encuesta realizada en 2005 –cuando el “Caso Jokin” ya había sensibilizado a la opinión pública– daba tres respuestas habituales: “Me agraden porque la han tomado conmigo” (37’1%), “Es que son agresivos” (27’6%) y “Porque son situaciones normales” (18’1%). Ninguna es válida aunque todas tengan algo de razón: desgraciadamente las agresiones son relativamente normales, implican una hostilidad hacia un individuo y las protagonizan individuos particularmente agresivos. Pero el problema es mucho más complejo. Y, por lo demás, no se trata de explicar por qué te agreden sino de impedir que vuelvan a hacerlo.

2.        ¿Cuál es mi perfil como víctima?: hay unos cuantos rasgos genéricos, algunos son sorprendentes.

o        Un 2’5% de los estudiantes sufre acoso y violencia.

o        Hay más chicas acosadas que chicos: 65% frente a 35%

o        La edad con más riesgo son los 13 años: 40%.

o        La inmensa mayoría son españoles: 95%.

En una encuesta realizada en el 2005 se distingue entre “acoso” (bullying) y “violencia escolar”. Ya sabemos lo que es lo primero, en cuanto a lo segundo se entienden los actos de violencia y peleas en el interior o en las proximidades del recinto escolar. Según esta encuesta las características de los estudiantes agredidos son:

 

 

Características

 

Víctimas de acoso

Víctimas de violencia escolar

Alegre

 

80%

83,6%

Sociable

 

70%

80,2%

Con muchos amigos

 

70%

79,3%

Físicamente fuerte

 

50%

54,3%

Segura de sí misma

 

45%

62,1%

Insegura

 

40%

26,7%

Depresiva

 

35%

16,4%

Con pocos amigos

 

35%

15,5%

Solitaria

 

30%

12,9%

Físicamente débil

 

25%

17,2%

Tranquila

0%

0,9%

3.        ¿Cómo reacciono ante la agresión?

En cuanto a las reacciones:

-         El 50% aguanta y espera que la situación mejore.

-         El 36% responde con insultos a la agresión.

-         El 20% responde con violencia a la violencia.

-         El 20% intenta dar una respuesta igual a la agresión.

En cuanto a la actitud posterior:

– El 82% de las víctimas lo cuanta a alguien (a un amigo 50%, a un profesor 42%, a los padres 32%).

– el 11% habla con el agresor.

– el 18% mantiene la ley del silencio (el 5% piensa que no es importante, el 3’4% tiene miedo, el 2’6% cree que será peor, el 1’7% cree que esto es ser chivato, el 1’7% prefiere arreglárselas solo).

4.        ¿Qué consecuencias tiene la agresión?

El acoso no concluye cuando se llega a casa o se terminan los ciclos formativos. El acoso suele ocasionar trastornos que se prolongan durante muchos años en la vida adulta. En episodios muy graves pueden desembocar en suicidios y en tendencias autodestructivas; en episodios graves pueden llegar a cuadros depresivos clásicos y en la mayoría de los casos generan algunos rasgos propios de la depresión:

Consecuencias

 

Víctimas de acoso

Víctimas de violencia escolar

Nerviosismo

 

55%

35,3%

Tristeza

 

50%

26,7%

Soledad

 

45%

18,1%

Reducción del rendimiento escolar

 

35%

13,8%

Alteraciones del sueño

 

20%

9,5%

Ninguna

 

5%

32,8%

 

Existe un 32’8% de alumnos que afirman que los episodios de agresión y “bullying” no les han afectado de ninguna manera. Pero no se sabe si son sinceros o pretenden minimizar y olvidar el impacto de los malos tratos.

Actitudes equivocadas de los centros

Algunos centros han optado por la política del “aquí no pasa nada” utilizando argumentos del género:

-         “La violencia escolar siempre ha existido”… si, pero no en los niveles actuales, ni el hecho de que haya existido implica que sea “normal” o asumible. El canibalismo también estuvo extendido en la antigüedad, pero no es excusa para que no sea combatido en la actualidad.

-         “Lo mejor es ocultar la violencia para no dañar la imagen del centro”… sí, pero ¿quién piensa en lo que sienten las víctimas de la violencia? Y, por lo demás, ¿en dónde queda la imagen del centro si el estudiante opta por el suicidio como vía de salida?

-         “Los alumnos deben aprender a soportar las dificultades”… si, pero las dificultades reales de la vida, no la diversión gratuita de unos vándalos; como si todos estuviéramos obligados a soportar el delito como “escuela de vida”, si así fuera ¿para que existe la justicia?

-         “Era una broma; no pasa nada, los adolescentes son así”… si, pero los efectos de la “broma” quedan grabados a fuego en algunas víctimas. Y, por otra parte, los adolescentes no son así, prueba de ello es que solamente una minoría es acosadora.

-         “Los empollones nunca han gustado”… falso, las víctimas no son siempre empollones y, además, aunque lo fueran, ¿acaso no deberían ser un modelo para sus compañeros? Es posible que los empollones susciten reservas en sus compañeros, pero una reserva no puede convertirse en hostilidad y menos en agresión.

¿Qué hacer si se es víctima de una situación de “bullying”?

Las fórmulas que te proponemos si te ves sometido a una situación de acoso vienen por orden de prioridad:

1.        Acudir al profesor y plantear lo ocurrido para que tome las medidas académicas oportunas para que no vuelva a repetirse la situación.

2.        Acudir a los padres en caso de que prosigan los acosos y el resultado de las medidas tomadas por los profesores no tengan repercusiones positivas.

3.        Evitar la “ley del silencio” por todos los medios, esperando que pase la crisis y los acosadores se olviden de la víctima. Eso nunca ocurre.

4.        Buscar testigos entre los compañeros que avalen la existencia de malos tratos. En estos casos, el papel del profesor es fundamental para dar confianza a los alumnos que deploran las situaciones de acoso.

5.        Buscar la ayuda institucional. En cada comunidad autónoma existe el Defensor del Menor una de cuyas tareas es tomar cartas en situaciones de “bullying”.

¿Qué hacer si se es hermano o amigo de una víctima?

Habitualmente, los amigos y los hermanos suelen saber antes que los profesores o los padres que existen situaciones de acoso. En estos casos es aconsejable:

1.         Convencer a la víctima de que denuncie el acoso y ponga en conocimiento de la dirección del centro escolar los hostigamientos de que es objeto.

2.         Informar a la familia. Es importante que la familia de la víctima esté al corriente de la situación.

3.         Demostrar que los matones no te intimidan. Respecto a los agresores, hazles saber que no te sientes intimidado ni estás dispuesto a dejar solo a tu amigo o a tu hermano.

4.         Llevar el asunto al Consejo Escolar del centro y obliga a que las autoridades académicas tomen cartas en el asunto.

5.         Buscar apoyos entre los alumnos o entre el profesorado. Contra más avaléis una denuncia por acoso escolar, más posibilidades tiene de progresar.

Lo que jamás debes hacer:

En todos los casos es importante que no olvides las cosas que jamás deben hacerse en estas situaciones:

1.         No uses la violencia. Recuerda que ellos se presentan a sí mismos como víctimas de las provocaciones de los acosados. Si tú respondes violentamente les darás la razón y, además, te harás acreedor de una denuncia por agresión.

2.         No intentas ocuparte solo del problema. Aunque tengas aplomo y seguridad en ti mismo, no olvides que la importancia de una situación de acoso excede tus posibilidades: es un asunto que compete a la comunidad académica. El acosador no precisa sólo castigo, sino tratamiento psicológico; tú no se lo vas a dar.

3.         No responsabilices a la víctima: las víctimas son víctimas y, por el mero hecho de serlo, siempre tienen razón. Ellas no son culpables de la agresividad de otros. Además, las víctimas no pueden solucionar sus propios problemas. Si pudieran no te pedirían ayuda.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (V de VII) "A por ellos..." Violencia contra los profesores

La Catástrofe de la Enseñanza (V de VII) "A por ellos..." Violencia contra los profesores

Infokrisis.- No hace tanto tiempo que nosotros mismos y nuestros hijos frecuentabamos escuelas en las que los profesores podían caernos mejor o peor, pero, en cualquier caso, merecían un respeto y tenía "autoridad". Hoy, para las nuevas generaciones de estudiantes, el profesor es un don nadie al que se le hace la vida imposible. Las autoridades académias y las nuevas tendencias educativas que inspiran las "escuelas normales", tienen mucho que ver en esta pérdida del prestigio del profesor. Hoy estamos convencidos de que es tarde para emprender una tarea de reversión del problema. Esa tarea solamente podría proceder de la restauración del principio de autoridad en las aulas. Buena parte de los mismos profesores, ni siquiera creen ya en este principio...

 

“A por ellos…”  Violencia contra los profesores

En 1995, Phillip Lawrence, director de un colegio de secundaria de Londres, fue asesinado cuando intentó intervenir en una pelea entre alumnos de su escuela y una banda de menores. Por su parte, en abril de 1996, el gobierno francés adoptó un nuevo plan contra la violencia escolar, presionado por los padres de los alumnos. En esa época, 2500 centros de secundaria, sobre 7000, estaban expuestos a la violencia. En septiembre se produjeron tres muertos en la enseñanza secundaria. En esa misma época se supo que el 30% de los alumnos y el 17% de las chicas del Reino Unido llevaban armas para protegerse. En enero de 1998 un escolar japonés de 13 años mató a puñaladas a una profesora, al ser reprendido por haber llegado tarde. El mismo mes en el que el Grupo de Menores de la Policía de Barcelona constataba el aumento de la delincuencia en las escuelas, en el colegio Westside de Jonesboro (Arkansas) dos niños de 11 y 13 años mataban a cuatro compañeros y una profesora. Era marzo de 1998. En abril de ese año, el gobierno inglés, autorizaba la creación de cinco “prisiones de lujo” para niños y niñas de 12 a 14 años, cada una de cuyas plazas tenía el coste de una matrícula anual en la selecta escuela de Eton. Entre esa fecha y 1999, la violencia juvenil se dispara en EEUU hasta el punto de que el presidente Clinton, propone una “guía de alerta” sobre la violencia escolar. Habrá que esperar a que dos alumnos de 17 y 18 años del instituto Littleton de Denver Colorado maten a tiros a 12 compañeros y un profesor, antes de suicidarse, para creer que, efectivamente, algo está pasando. En septiembre de 1999 se proclama en Washington el toque de queda para menores. ¿Todo muy alejado de nosotros? El mismo mes en que ocurría ese incidente en EEUU, dos jóvenes del Instituto Abyla de Ceuta fueron expulsados por llevar una pistola al centro. En esa época la violencia ya empezaba a asediar los centros de estudio en España. Hoy, el 80% de los profesores afirma que los problemas de convivencia son la principal fuente de preocupación en su quehacer diario. El 26 de enero de 2003, el 50% de nuestro profesorado admitía en una encuesta haber vivido alguna situación violenta en su puesto de trabajo, y entre los alumnos, 4 de cada 10, confiesa haber sido objeto de la conducta violenta de sus compañeros. Un años después el sindicato ANPE realizó un estudio entre el profesorado de la Comunidad de Madrid que aportaba los siguientes datos:

-        casi nueve de cada diez docentes (un 87 por ciento) no se sienten protegidos por la administración

-        ocho de cada diez (80 por ciento) han sido insultados o han sufrido la indisciplina de los alumnos,

-        ocho de cada diez alumnos (81 por ciento) le falta al respeto al profesor.

El año siguiente, 2005, el mismo sindicato elaboró un estudio que acentuaba más las tendencias alarmistas que se desprendían de la encuesta anterior:

-        tres de cada cuatro profesores de la Comunidad de Madrid (73 por ciento) se encuentran en riesgo de padecer enfermedades psíquicas como ansiedad o depresión.

-        siete de cada diez profesores que consultan al servicio de asesoramiento presentan síntomas de depresión

-        un tercio de ellos recibe tratamiento psicológico

-        tres de cada cuatro casos corresponden a profesores a los que les resulta imposible dar clase

-        una cuarta parte sufre amenazas verbales de los alumnos

-        uno de cada diez recibe presiones dentro del centro,

-        la mitad de éstos recibe también amenazas de los padres, en una proporción similar a la de los que han sufrido alguna agresión física.

Así que la situación en la Comunidad de Madrid (y, por extensión en todo el Estado) no es como para echar cohetes. Esto –el sistema de enseñanza– se va al garete a velocidad de vértigo… Por aquello de que mal de muchos, consuelo de tontos, en otros lugares de Europa la situación está sensiblemente peor.

En Francia, por ejemplo, la enseñanza pública está pulverizada. La escuela pública francesa que durante casi dos siglos fue un modelo para toda Europa, atraviesa hoy una crisis que la inhabilita para cumplir su función. Hubo un tiempo en el que la escuela pública francesa era envidiada por los pedagogos españoles. Hoy, vamos camino de seguir los mismos pasos que los colegios públicos franceses emprendieron hace 20 años. Y además, estamos recorriendo ese camino aceleradamente. Pero quizás, de entre todas las muestras de crisis de la enseñanza pública francesa que se repiten más frecuentemente en España, la agresión contra los profesores sea la más similar en ambos países.

¿Es necesario exponer porque no se puede agredir a los profesores?

Hemos estados dudando antes de escribir estas líneas: si hace falta que te expliquemos el porque los alumnos no pueden agredir a los profesores, es que algo está yendo muy mal. Hay cosas lógicas que no es preciso explicar: y esta es una de ellas. Lo más probable es que no precises esta explicación. Es más, creemos que si precisas que te demos argumentos para que no la emprenderla a tortazos, navajazos o perdigonadas contra el profesor, aprender te importa un pito y desprecias a la escuela como centro de transmisión de saber, por tanto, no estarías leyendo esta obra.

Ahora bien, si finalmente hemos optado por resumir unos cuantos argumentos es porque consideramos que puede ayudarte –a ti que tienes interés por todo lo que te rodea y que eres consciente de que si estás en la escuela es para algo más que calentar al asiento– a comprender el proceso de transmisión del saber. Éste proceso se basa en:

-          Los protagonistas de la enseñanza: para que exista enseñanza debe de existir, una materia a transmitir, un alumno y un profesor. Todo lo demás –libros de texto, espacio físico, leyes de educación– son complementarios. Lo único esencial es que exista profesor, alumno y contenido.

-          El “sujeto activo” y el “sujeto receptivo”: para que pueda existir transmisión del saber es preciso que el profesor disponga de un conocimiento y de la capacidad de transmitirlo. Su actitud es “activa”. El alumno debe estar motivado para recibir este conocimiento. Su actitud debe ser, pues, “receptiva”.

-          La existencia de una relación jerárquica reconocida por ambos: en la enseñanza no existe igualdad. En este terreno rige la ley de la jerarquía que deriva de la especialización. Uno “entrega saber”, otro “recibe saber”. Ambos tienden, finalmente, a la nivelación, pero hasta llegar a ella, uno está situado por encima del otro: ocupa un rango jerárquico superior con deberes y obligaciones diferentes en ambos casos.

-          Amor a la sabiduría y respeto mutuo, imprescindibles: pero hay elementos comunes entre profesor y alumno. Ambos deben amar el saber, la cultura, la educación, la transmisión de conocimientos. Si una de las dos partes es un completo pasota, no hay nada que hacer, el proceso de la enseñanza fracasará. Y ambos deben tenerse respeto mutuo. No importa si el profesor está por encima, jerárquicamente, del alumno, ni tampoco que sus derechos y obligaciones sean diferentes: lo que importa es que exista un respeto recíproco entre ambos.

¿Razonable, verdad? Podemos ampliarlo algo más. Hemos hablado de derechos y obligaciones propias de alumnos y profesores. Veamos algunos:

-          Deberes de los profesores:

o        Conocer la materia a transmitir y los mecanismos pedagógicos de la transmisión.

o        Tener una motivación vocacional que vaya más allá de la motivación económica. Aportar entusiasmo en lugar de rutina.

-          Deberes de los alumnos:

o        Ir a clase con la intención de aprender cosas nuevas, evitar la presencia desganada, sin motivación u hostil.

o        Esforzarse en atender a las explicaciones de los profesores y en intentar asimilarlas.

-          Derechos de los profesores:

o        Derecho al respeto por parte de los alumnos.

o        Derecho a disponer de un ambiente sereno y favorable para el desarrollo de su trabajo.

o        Derecho a castigar a los alumnos que obstaculicen el proceso de la enseñanza.

-          Derechos de los alumnos:

o        Derecho al respeto por parte de los profesores.

o        Derecho a que sus dudas sean aclaradas.

o        Derecho a que los ritmos de estudios sean razonables.

Falta enunciar algunos derechos y obligaciones, pero no te cansaremos: eres perfectamente consciente de que por cada derecho de uno, existe una contrapartida en obligación por parte del otro. No vale la pena decir que si el profesor tiene la obligación de conocer la materia, el alumno tiene derecho a que el profesor se la enseñe de forma adecuada y comprensible.

Todo hasta aquí parece razonable y no hay nada en ello que suponga forzar su sentido común. ¿De acuerdo?

Y sin embargo, en las clases, diariamente, buena parte de lo anterior no se aplica como debería. Este libro lo escribimos para ti, alumno, por tanto es de tus obligaciones de lo que vamos a hablar. El profesor sigue varios años de preparación para la enseñanza, así que –en general– sabe lo que está haciendo. A ti, en cambio, parece que nadie te enseña para qué acudes a clase. No hay unanimidad al respecto.

Unos van a clase mientras es obligatorio, todo aquello no les interesa nada. Van porque están obligados a ir y cuando la enseñanza deja de ser obligatoria, la abandonan.

Otros consideran la escuela como una especie de almacén, no es preciso aprender nada, tan solo que el alumno esté a buen recaudo mientras sus padres trabajan.

También te han dicho que vas a clase para “socializarte” o “divertirte”. Te han engañado: te socializas antes de ir a la escuela y para divertirte tienes muchas opciones, no, desde luego, la escuela (aparte, claro está, de que con tus compañeros te diviertas en los recreos o el profesor tenga la habilidad de hacerte entretenida la enseñanza).

Si acudes a clase por estos motivos, vamos mal. Entérate de porqué cada mañana debes levantarte pronto y estar en la escuela: es para aprender conocimientos que te serán imprescindibles en la vida.

Si, claro, un futbolista de Primera división se forra sin haber estudiado gran cosa. Pero lo más probable es que tú no estés destinado a ser un gran futbolista. No hay más de 500 jugadores de Primera División y solamente una minoría podrá vivir del deporte. El resto –tú y yo, incluidos– deberemos de prepararnos para ejercer una profesión. Y esto sólo lo conseguiremos preparándonos, esto es estudiando.

Visto esto ¿me quieres explicar qué sentido tienen las agresiones contra los profesores? Son una salvajada que rompe las posibilidades de normal desarrollo del proceso de la enseñanza. Y sin embargo, eso ocurre.

Algunos datos sobre la violencia en las aulas. Francia.

A partir de 2000 se han sucedido en Francia huelgas de profesores que se sentían “desprotegidos” ante las constantes amenazas de los alumnos. Y es raro, porque dinero no ha faltado: el Estado invirtió en educación, creó más puestos docentes y el número de alumnos disminuyó. Ni aún así se logró mejorar la enseñanza: tener un título expedido por una escuela pública francesa es no tener nada, además ha aparecido una violencia contra profesores y entre alumnos.

Escucha bien esto:

-          El 30 de enero de 2006 se publicaba en La Razón que para ser profesor en Francia era imprescindible poseer conocimientos de autodefensa…

-          La semana anterior un alumno de 11 años se lanzó al cuello de una profesora embarazada y empezó a estrangularla, mientras otros compañeros aplaudían...

-          Otro alumno sacó una pistola de fogueo y disparó.

-          En pleno curso las escuelas empezaron a ser frecuentadas por policías de paisano.

-          El 16 de diciembre de 2005. Karen Montet–Toutain, 27 años, profesora de artes plásticas en el instituto Louis Blériot, en la periferia sur de París, recibió tres puñaladas de Kevani Wansale, alumno suyo de 18 años de origen extranjero. El agresor quiso vengarse de los comentarios negativos de la maestra sobre su comportamiento.

-          Meses antes, esta misma maestra había vivido escenas poco propias de un centro docente. «Profesora, tengo ganas de hacérmela encima de la mesa de clase», le espetó un alumno, pronto apoyado por uno de sus compañeros: «Vale, cuando acabe te la paso».

-          Días más tarde, concretamente el 5 de diciembre, un grupo de chavales le comentaron, entre risas, que iban a robar en su casa y que tenían su dirección. «¿Y qué haréis si estoy en casa?», respondió la enseñante. «Te meteremos una bala en la cabeza», fue la respuesta. Sin risas. Ambos sucesos acabaron plasmados en dos informes enviados por la víctima a la inspección de estudios. Sin respuesta. El hecho de que la mayoría de alumnos de ese centro sean de origen extranjero, pareció condicionar la falta de respuesta de las autoridades: y, aún hoy, en Francia, se prefiere la política del avestruz (esconder la cabeza ante la realidad y mirar para otro sitio).

¿De dónde surge toda esta violencia? Vamos a ver como podríamos decirlo para que comprendieras la naturaleza del problema… En noviembre de 2005 se produjo en Francia un estallido social en las barriadas pobladas por inmigrantes no europeos. Habitualmente se trata de zonas desfavorecidas, pobladas por grupos étnicos y culturales que tienen poco que ver con la cultura y con la psicología francesa. Durante un mes, Francia estuvo colapsada por esta revuelta de los arrabales. Pues bien, existe un lazo muy directo entre la degradación de la enseñanza en las escuelas, la aparición de la violencia y los episodios de violencia protagonizados por inmigrantes e hijos de inmigrantes. Pero hay que hacer una advertencia necesaria.

La inmensa mayoría de inmigrantes que vienen a Europa, lo hacen para trabajar, ¿entendido? Ni vienen a delinquir, ni vienen a poner en peligro nuestro modelo de vida. Ahora bien, de la misma forma que esto es cierto, también es cierto que la mayoría de delitos y de situaciones conflictivas –incluso en las escuelas, o quizás, preferentemente en las escuelas– es protagonizada por inmigrantes e hijos de inmigrantes.

Una minoría crea muchos problemas. ¿Por qué? Los motivos son muchos, todos comprensibles, aunque no justificables:

-          Están lejos de su medio ambiente originario. Es muy duro vivir fuera del propio país y haber tenido que abandonarlo para sobrevivir. La vía de la inmigración es muy dura y no todos la soportan.

-          Tienen otra cultura, otra educación, otra visión del mundo y no están dispuesta a sacrificarla por la europea. No es que sea ni superior ni inferior, cada cultura y cada pueblo tiene sus tradiciones, sus costumbres y su dinámica. Ahora bien, el “donde fueres haz lo que vieres”, no siempre se adopta como regla y, a partir de ahí, surgen problemas de xenofobia, racismo, hostilidad mutua entre dos comunidades, incomprensiones, etc.

-          Muchos no se sienten competitivos en Europa y se refugian en sus valores originarios: el fundamentalismo religioso, la “tribu” compuesta por gentes de su mismo origen, o incluso, la banda étnica que actúa violentamente contra todo lo que no es ella misma.

-          No están dispuestos a trabajar como sus padres, a cambio de salarios bajos y de ver en los escaparates de las tiendas objetos que no podrán ser suyos quizás nunca o bien a cambio de agotadoras jornadas laborales.

¿Es posible detener este proceso?

Si, claro, pero para ello es preciso diagnosticarlo. Y aquí es donde se falla por prejuicios de todo tipo. En los años 50–70, los inmigrantes españoles y portugueses estaban presentes en toda Europa. Los estados europeos no invirtieron ni una sola moneda en su integración y, sin embargo, ésta se produjo espontáneamente. Nunca la inmigración española o portuguesa, creó problemas en las comunidades de origen.

Lamentablemente, existen bolsas de inmigrantes de otros países a las que en toda Europa se ha ayudado a integrarse, se les ha subvencionado, se les ha ayudado en todo lo posible, pero, da la sensación, de que su integración no  avanza mínimamente. Es más, las ayudas tienen como efecto el contrario al esperado: “si me das esto, es que puedes darme más y si me das más sólo me tengo que esforzar en exigirlo, no en ganarlo mediante el trabajo”.

El problema es que los Estados modernos tienen muchas preocupaciones y frentes a los que atender y que la sociedad europea no puede asimilar a la inmigración en el número desmesurado en que está llegando; ni hay trabajo suficiente para todos, ni hay posibilidades de subvencionarles permanentemente en número siempre creciente.

Reconocer este problema y en estos términos, no es “políticamente correcto”. Y por tanto, se prefiere la política de la subvención, pensando que tarde o temprano, terminarán integrándose en la sociedad europea. Pero esto no ocurre, sino que es todo lo contrario a lo que estamos asistiendo: los sucesos de noviembre de 2005 en Francia, y antes en mayo en Perpignan, fueron sintomáticos.

Y, lo peor, es que el problema ya lo tenemos en España. Tu y tus profesores y todos los que, de alguna manera, participamos en la comunidad educativa, tenemos la obligación de que la situación francesa no se contagie en nuestro país.

Así está la situación

En esta España hay dos verdades:

-          La de la España “oficial”: es la verdad de las autoridades educativas para las cuales, en todas las comunidades autónomas no hay problema de violencia contra los profesores.

-          Y la de la España “real”: la de los profesores que están directamente relacionados con el problema para los que la violencia empieza a ser alarmante.

¿Quién tiene razón? Ha hecho falta de Jokin se suicidara para que en España se empezara a hablar de violencia en las aulas y de “bullying”. ¿Se tendrá que suicidar algún profesor para que se reconozca la naturaleza del problema? Por el momento, las cifras de bajas laborales por depresión que registra el cuerpo de profesores, resultan absolutamente insoportables y es el mejor síntoma de que algo no funciona. Así pues, nosotros tenemos tendencia a tomar por zafia y mentirosa la “verdad oficial” y por ajustada a los hechos, la versión dada por buena parte del profesorado.

Unos cuantos ejemplos, tomados al azar, servirán para entender la naturaleza del problema e intuir su alcance (no hay que olvidar que no existen estadísticas sobre violencia contra el profesorado, como si el ministerio y las consejerías autonómicas se negaran a tener datos para reconocer el problema). Así empezó todo:

-          Enero 1996: Se reconoce que la disciplina es una grave problema escolar para el 72% de los profesores españoles.

-          Marzo 1996: Un profesor de Formación Profesional de Barcelona es hospitalizado por la agresión de un grupo de sus alumnos.

-          Febrero 1997: profesores de 10 institutos del Vallés (BCN) piden normativa para proteger su integridad física. La Consellería descalifica a estos docentes.

-          Mayo 1997: En el IES Torre Roja (Viladecans) una chica de 15 años da una paliza a una profesora que había suspendido a su hermano y apuñala a un alumno.

-          Mayo 1997: El claustro del IES Ramón Casas (Palau de Plegamans) denuncia las amenazas de que son objeto por parte de familiares de alumnos.

-          Junio 1997: Profesores andaluces denuncian agresiones por parte de alumnos. En Catalunya se reconocen 27 casos de agresiones a profesores en ese curso.

-          Agosto 1997: El Ministerio de Educación reconoce que uno de cada cinco profesores sufre angustia y estrés como causa de baja laboral. El 54% de encuestados afirmó haber vivido situaciones de violencia.

Todos estos episodios ocurrieron hace 10 años. Era evidente que estaba surgiendo un problema nuevo que fue advertido inmediatamente por los profesores. Nadie actuó en consecuencia. Hoy, el problema está enquistado y ha alcanzado una dimensión que imposibilita el funcionamiento del sistema educativo en algunas zonas.

En esa época, muchos lo pensaban, pero nadie se atrevía a decir en voz alta cuál era la solución:

-          La reimplantación de la disciplina en las aulas y

-          El aislamiento de los alumnos conflictivos en centros especiales.

Aún hoy, existe unanimidad en torno a la primera solución, pero no así en relación a la segunda. El problema es que, hoy la disciplina está tan absolutamente deteriorada que resulta muy difícil reimplantarla. Por otra parte, hay que tener en cuenta que parte de los padres que envían a sus hijos a escuela, ya creció entre 1980 y 1990 en pleno desmoronamiento de la disciplina en las aulas. De ahí que sean los primeros en reaccionar violentamente cuando algún profesor les cuenta que su hijito bienamado es una mala bestia mucho más digna de ser enjaulada que de participar de la comunidad escolar. Estamos ante un mal acumulativo.

La historia de Jaimito

El “legislador” ha establecido leyes extremadamente proteccionistas para los escolares. En cierto sentido estás de suerte. Ningún profesor podrá darte una colleja –a mi me las dieron profesores a los que aprecié mucho y por los que guardo un recuerdo imborrable; una colleja, a veces, espabila– y estas protegido completamente en tu integridad física. Ningún profesor podrá tomar medidas disciplinarias contra ti si no es tras un “proceso” abierto por la comunidad escolar en el que participarán padres, alumnos, profesores y autoridades departamentales. Pero hay algo que falla en este sistema proteccionista: la eficacia.

Vamos a ver un caso habitual:

Jaimito es un alumno insoportable. No se está quieto e impide el normal desarrollo de las clases. Molesta y distrae a todos. Para colmo, sus notas son una catástrofe y el chaval anda colocado buena parte del día. Snifa goma, fuma porros a destajo, sin olvidar que se pone ciego de cerveza. Dentro de clase es una pesadilla. La solución más simple es: si dentro de clase hace imposible las explicaciones del profesor, lo más sensato es expulsarlo. Luego, se trata de llamar a sus padres y exponer la situación, exigiendo de ellos un compromiso firme para que Jaimito deje de ser un personaje insoportable.

Puede ocurrir que sus padres no vean el problema. Jaimito es “libre”, por tanto, “hace lo que quiere y aquí no hay nadie con pelotillas suficientes para decirle a mi hijo lo que debe o no debe hacer…”. O puede ocurrir que los padres de Jaimito comprendan la situación pero, por diversos motivos, no estén en condiciones de hacer nada. En ese caso, la solución es también simple: Jaimito debería de ser llevado de un colegio “normal” a uno “especializado” en tratamiento de niños conflictivos. Si, eso es segregarle, pero solamente hay dos opciones:

-          O Jaimito sigue haciendo la vida imposible a sus compañeros y su ejemplo se extiende,

-          O la comunidad escolar debe protegerse de individuos como Jaimito, proporcionándole una atención personalizada a sus rasgos y a su carácter.

La primera solución parece rechazable. Quizás a Jaimito no le guste ser segregado… pero si no quiere serlo –y se le pueden dar cierto número de ocasiones de rectificar– debe dejar de ser un estudiante conflictivo. Es la segunda opción la lógica, razonable y correcta… pues bien, esta es la solución excluida de nuestro ordenamiento educativo.

Expulsar a alguien de clase está prohibido. Si el profesor lo envía al pasillo, el estudiante puede demandarlo por incumplimiento de la legislación educativa. Y, para colmo, si estando en el pasillo, se torciera un tobillo, el profesor sería procesado y condenado.

Así pues, el caso de Jaimito debería ser remitido al jefe de estudios y sus padres recibirían por correo la comunicación de que su hijo había sido amonestado por cometer una “falta leve”. Aquí, en principio, todas las faltas son “leves”. Así que esta amonestación no disuade a Jaimito y al cabo de pocos días hace una gamberrada mucho mayor. Quizás destruya bienes del colegio, o insulte a su profesor o intente agredirlo físicamente. Si hace cinco gamberradas de estas, la falta “leve” pasa a ser “grave”. El director puede expulsarle de 3 a 5 días. Mal asunto. La expulsión no le servirá para nada, sino para confirmarle en su afán de protagonismo. Total, un mal estudiante como él, no ve el más mínimo problema en ser expulsado. En el fondo, le gusta. Así que, de regreso, arremete contra un alumno. Pero, cuando cree que lo van a volver a expulsar, resulta que ahora le abren “expediente disciplinario”. Deberá compadecer ante el “Consejo Escolar” (dirección, más representantes de profesores, alumnos y padres). Pasarán meses antes de que tenga lugar la “vista”, se nombre al “juez instructor”, éste hable con todos los implicados y decida la sanción. Lo más probable es que, para entonces, el curso haya acabado…

Cuando esto ocurría, Jaimito tenía 15 años. Nunca supo que la escuela le podía servir para algo. Completó el ciclo obligatorio y nunca más se le volvió a ver en una escuela. Año y medio después, Jaimito, empezó a ser detenido regularmente por la policía. Fumaba porros en familia y uno de sus cuñados le introdujo en la heroína. Hay dos finales para esta historia. El primero es el que se daría hoy: Jaimito se mata de sobredosis o aparece muerto en una reyerta por cuestiones de impagos de droga. El segundo es el que hubiera podido darse si el sistema educativo estuviera configurado de otra manera.

El primer día que Jaimito mostró su voluntad de impedir el normal desarrollo de las clases y se configuró como problema, la dirección del centro habló con sus padres: se le dio otra oportunidad, si fallaba, a la próxima vez que continuara creando conflictos, se pedía a los padres autorización para llevarlo a un centro para “jóvenes problemáticos”. Si los padres aceptaban, Jaimito podría recibir una educación destinada a su personalidad conflictiva. En caso de que no aceptasen, se les advertiría que al tercer fallo, sería expulsado del centro, recordándoles la obligación de que se preocuparan por darle una educación obligatoria. Más no puede hacerse. Todos debemos poner algo de nuestra parte: sabemos cuál es el papel de los profesores, pero los padres también tienen que colaborar en la educación de sus hijos y estos deben de esforzarse en evitar ser fuente de conflictos.

¿Cuál es el perfil del estudiante que arremete a sus profesores?

En España tenemos diez años a la espalda, de violencia contra el profesorado y todavía no se ha realizado un estudio concluyente sobre agredidos y agresores.

En principio las características de los agresores no son coincidentes.

-          No está claro que sean mayoritariamente varones, se han dado muchos casos en los que chicas han reaccionado ante la observación de un profesor con una violencia inusitada.

-          Tampoco está claro si son profesores o profesoras los objetos de la agresión, si bien parece que en el caso de profesoras existe cierta tendencia a la agresión psicológica o física de naturaleza sexual.

-          No siempre los agresores son hijos de familias desestructuradas y con una baja o bajísima cualificación cultural. Son mayoría, pero también existen casos de hijos de familias acomodadas cuyos padres no les han prestado demasiada atención.

-          El número de inmigrantes implicados en este tipo de agresiones es muy superior a su porcentaje en la sociedad.

-          Los agresores ignoran el sentido de valores como “disciplina”, “autocontrol”, “responsabilidad” o “comprensión”. Se trata de individuos egocéntricos, con una fuerte componente agresiva.  

¿Tienes solución el problema de la violencia contra los profesores?

No estamos muy seguros. Todo depende de dos factores muy importantes:

-          La “voluntad política” que el gobierno de turno debe manifestar mediante la aplicación de reformas legislativas y

-          La posición de la comunidad escolar (dirección, profesores, alumnos, familiares).

Si no hay voluntad política, la comunidad escolar debe reaccionar. Su reacción será insuficiente, pero es posible, que, al menos sirva para evitar la parálisis del poder político y le induzca a tomar medidas.

Medidas, ¿qué medidas?

Hay una serie de medidas sin las cuales es absolutamente imposible pensar que el problema se sosegará primero y se resolverá después. Estas medidas imprescindibles son:

-          Restablecimiento de la disciplina en las aulas: cuando algunos elementos no aceptan libremente la disciplina y optan por la vía del gamberrismo, el sistema educativo no debe ser tímido a la hora de buscar drásticamente el bienestar general aplicando la disciplina obligatoria para restablecer la normalidad.

-          Restablecimiento del principio de autoridad: el principio de autoridad en las aulas se basa en la posición del profesor como transmisor del conocimiento y del saber y, en tanto que tal dispone de la capacidad para juzgar y aplicar las mejores condiciones posibles para el normal desarrollo de las clases.

-          Restablecimiento del principio de jerarquía: el profesor tiene prioridad sobre el alumno a la hora de establecer normas para asistir a las clases. El alumno, en tanto que receptor de los conocimientos del profesor se sitúa en un grado jerárquico inferior a éste.

-          Reconocer el principio de preparación, confianza y eficacia al profesorado: el profesorado ha sido preparado para afrontar crisis en el proceso educativo. Cuando los padres confían la educación de sus hijos al colegio, aceptan la competencia de los profesores. La educación se basa en la confianza:

o        Confianza de los padres en que los profesores son competentes para educar a sus hijos.

o        Confianza de los padres en que las iniciativas de los profesores son adecuadas para la educación de los hijos.

o        Confianza de los padres en la capacidad de los profesores para responder adecuadamente a los desafíos de la enseñanza.

-          Posibilidad de que el profesor aplique sanciones y castigos inmediatos: esta confianza hace que a pesar de que la “comunidad educativa” esté formada por padres, alumnos, profesorado y dirección, la parte fundamental del proceso corresponda al profesorado y, por tanto, sea a él a quien corresponde decidir las sanciones necesarias para el mantenimiento de la disciplina y la eficacia educativa.

-          Creación de centros de estudios adaptados para alumnos problemáticos: No se puede premiar la indisciplina, la falta de educación y la irresponsabilidad, ni todo esto puede afectar al reto de alumnos. Se debe procurar corregir y atenuar. Pero ese proceso no puede convertirse en un castigo para los alumnos más predispuestos a aceptar el sistema educativo. El modelo educativo para alumnos predispuestos no puede ser el mismo que el destinado a los alumnos hostiles.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (IV de VII) Agesividad infantil

La Catástrofe de la Enseñanza (IV de VII) Agesividad infantil

Infokrisis.- Las cifras sobre agresividad infantil y juvenil en toda Europa son realmente estremecedoras. Se ha operado el temido contagio de la escuela europea por las pautas que han gobernado la escuela americana en los últimos veinte años. La moda de los "happy slappers", (el "tortazo feliz") que se impuso el año pasado entre nuestros escolares (grabar agresiones con el móvil) es solamente una muestra de lo que con una velocidad pasmosa se ha instalado en nuestras escuelas.

 


Agresividad infantil

Una encuesta realizada en 2000 sobre medio centenar de niños condenados en firme por asesinato en nuestro país daba unos datos aterradores:

– La escuela es el lugar preferido por los delincuentes menores para cometer sus crímenes. Allí tienen lugar el 36% de los delitos realizados por adolescentes. Luego viene la calle (30%), y los lugares abandonados (28%). Un 5% de los crímenes tuvieron lugar en el hogar.

– El 50% de los homicidios cometidos por niños se producen a los 14 y 15 años, causados por juegos peligrosos, muertes involuntarias y asesinatos con premeditación.

– Sólo el 4% de los asesinatos son producto de un brote psicótico. El 54% tienen una patología no detectada por padres ni escuela, el 42% eran chicos aparentemente sanos que vivían en un clima familiar tranquilo.

– El 54% mató por un impulso incontrolado y el 12% por crueldad, afán de notoriedad el 8%, inducción el 8%, vandalismo el 6%, celos 4% y xenofobia otro 4%.

– Las víctimas fueron amigos y compañeros (33%), profesores (17%), desconocidos (28%), sus madres (11%), padres (6%) y hermanos (5%).

– El 30% mató con armas de fuego, el 26% con arma blanca, el 22% por estrangulamiento, golpes el 18%, y en el 4% hubo agresión sexual.

Pero lo más sorprendente de este estudio es que la edad en la que empezaban a cometer los asesinatos había bajado de de 18 a 15 años en el período 1995–2000.

La moda del happy slappers

En junio de 2006, se supo que una nueva moda había llegado del mundo anglosajón. Por tres euros, un mendigo se bebe media litrona de su propia orina. Por otros tres, se deja quemar el pelo con un mechero. Por apenas un euro, otro indigente acepta mirar al objetivo de la cámara de un teléfono móvil. Le habrán dicho que es para que enseñe los dientes que le faltan, pero cuando está haciéndolo, otro niño le golpea en la nuca. Es el happy slappers, el “guantazo feliz” o el “tortazo divertido”. Hay que grabarlo en la cámara del móvil y al parecer les causa mucha risa a quientes lo practican.

Todo esto se difunde inmediatamente mediante la tecnología bluetooth y muchos adolescentes los conservan en la memoria de su móvil como en otro tiempo se conservaba la foto de los padres o de la novia en la cartera. En la actualidad, el 89’2% de la población dispone de teléfono móvil y de estos, el 50% son jóvenes. Son ellos los que utilizan aparatos más sofisticados y de última generación. Pueden hablar, grabar fotos, vídeos, música, e intercambiar los archivos mediante el bluetooh. Sin duda son ellos quienes más lo utilizan. De esta tecnología ha partido la moda estúpida del “tortazo divertido”.

En la actualidad ya han sido detenidos decenas de jóvenes que practicaban actos de violencia contra mendigos y otros compañeros. A principios de 2006, dos adolescentes barceloneses fueron detenidos tras haber quemado a una mendiga en un cajero automático y grabado la “broma”.

¿Qué es la agresividad infantil? ¿cómo reconocerla?

El año 2001, 23 jóvenes de entre 14 y 18 años fueron denunciados por sus padres ante la fiscalía de menores, por haber protagonizado actos de violencia en el hogar. El año 2004, en apenas tres años, esta cifra se había multiplicado casi por 10…

Es una cifra baja, pero significativa: supone apenas el 3% de los delitos que han tenido como protagonistas a un menor. Entre el 2004 y el 2005, esta cifra se había duplicado. Es un indicativo del aumento de la agresividad infantil.

La palabra agresividad viene del término latíno "agredí", "atacar", e implica que alguien intenta imponer a otros su voluntad. En general, la agresividad es cualquier forma de conducta que pretende dañar física o psicológicamente a otra persona, a un animal o a algún objeto.

La agresividad es una pulsión vital que todos llevamos dentro, necesaria para la vida. Es bueno tener cierto grado de agresividad y saber expresarla de forma adecuada. El problema aparece cuando el sujeto sufre un exceso de impulsos agresivos descontrolados. En los niños pequeños los celos, la envidia, el enfado, la cólera, etc. son formas de expresar esa agresividad. A través de estas conductas aspiran a obtener algo, liberar tensiones o llamar la atención. El niño aprende estas conductas mediante:

– La imitación de modelos observando la violencia en otros: en sus compañeros, en cualquier adulto, en la televisión.

– Determinadas estrategias educativas de los padres: hay padres que emplean métodos agresivos para en la educación, así aprenden esa técnica para lograr lo que quieren. Los niños maltratados y que han crecido en ambientes conflictivos suelen tener altos grados de agresividad.

– Imitación de modelos familiares: en matrimonios en los que ambos cónyuges se muestran agresivos entre sí y propensos a la utilización de la violencia y la agresividad para solventar sus diferencias.

– Algunos rasgos del entorno: especialmente las carencias afectivas, la falta de atenciones por parte de los padres o las incoherencias a la hora de educar, así como los métodos extremos: excesivamente permisivos o excesivamente autoritarios.

– Ignorancia de otras vías para resolver conflictos: los niños agresivos ignoran que suele existir otros comportamientos no agresivos para afrontar los problemas de la vida. Se trata de un déficit educativo.

La agresividad es una forma de causar daño o perjuicio, físico (patadas, puñetazos, empujones), psíquico (insultos, burlas, palabrotas) o material (destrucción o sustracción de objetos que no le pertenecen) a una persona. También existe la agresividad “contenida” en la que el niño se limita a gritar, gesticular y expresar su rabia y frustración. Estos comportamientos son propios de la infancia, pero en algunas ocasiones persisten en edades posteriores.

¿Qué causas tiene el comportamiento agresivo?

Hay distintas teorías para explicarlo. Veamos algunas:

-        Teorías “Activas”: ven el origen de la agresión en impulsos internos innatos.

-        Teorías “Reactivas”: consideran que el medio ambiente que rodea al individuo impulsa su agresividad.

Estas últimas se dividen en:

-        Teoría del impulso: considera que la frustración facilita la agresión, pero no es una condición necesaria para ella, 

-        Teoría del aprendizaje social: afirma que las conductas agresivas se aprenden por imitación u observación.

¿Cómo reeducar la agresividad en los adolescentes?

La agresividad infantil puede remitir y atenuarse. No debe desaparecer. Todos los seres humanos precisamos para desarrollar nuestra vida un cierto grado de agresividad. El problema es aprender a canalizarla y controlarla. Para ello es aconsejable:

– Enseñar a los niños a expresar emociones y sentimientos de manera adecuada. En ocasiones, los niños precisan descargar la energía que llevan dentro. No se les puede prohibir moverse, saltar o gritar, lo que hay que enseñarles es en qué momentos y en qué lugares pueden adoptar esas actitudes.

– Observar a los niños e identificar las situaciones en los que su agresividad se dispara. Hay que enseñarles a que afronten esas situaciones con calma, sin perder el control. Elogiarles cuando adoptan comportamientos adecuados. Llamarles la atención en caso contrario.

– Los padres deben pactar estrategias educativas, decisiones importantes que afectan a la educación de los hijos y evitar que existan contradicciones entre dos formas diferentes e incluso opuestas de educar a los hijos.

– Transmitir a los hijos hábitos de conducta adecuados, hasta que los interioricen y asuman como los suyos propios. Es un proceso largo y difícil, pero necesario.

– Practicar la empatía con el niño, escuchar atentamente lo que nos quiera decir, cuando tome la iniciativa de hablar con nosotros. En ocasiones el niño precisa desahogarse y con sólo hacerlo desaparecen los rasgos negativos de agresividad. Hay que analizar con el niño sus porqués y los motivos que ellos atribuyen a sus comportamientos agresivos, así estaremos en mejores condiciones para mostrarle las reacciones correctas ante casos concretos.

¿Cómo tratar las conductas agresivas?

Los padres, inmediatamente sospechen que la conducta de su hijo tiene rasgos agresivos deben actuar según el siguiente patrón:

1.         Definir exactamente en qué consiste esa conducta: cómo se manifiesta, a qué comportamientos críticos lleva, en qué situaciones se da.

2.         Establecer la frecuencia en que aparece: es preciso confeccionar una tabla diaria en la que anotar las horas en los ue aparece esa conducta. Bastan dos semanas.

3.         Establecer los motivos: anotar exactamente cuál es el desencadenante de la crisis, donde se da con más frecuencia, que consecuencias tiene.

4.         Modificar la conducta agresiva:

o        Vigile los momentos en los que usted sabe que tiene más posibilidades de actuar agresivamente y actúe ante cualquier exteriorización de su cólera.

o        Reducir los modelos agresivos a los que tiene acceso el niño. Evite que utilice videojuegos violentos o vea series de TV o cómics agresivos.

o        Aporte modelos no agresivos, que estimulen la tendencia al diálogo y la racionalidad para solventar los conflictos.

o        Enseñe al niño autocontrol. Eso hará que no pierda la calma ante provocaciones.

o        Recompense al niño cuando perciba que está modificando su comportamiento y adopta actitudes racionales y dialogantes.

o        Comprometa al niño en el proceso de modificación de su carácter. Establezca de común acuerdo con él, pactos en los que quede clara la sanción en caso de que rompa su palabra.

5.         Evaluar resultados: como todo plan, ponerlo en práctica, le costará un esfuerzo y deberá medir los resultados obtenidos. Estos deberían ser perceptibles al cabo de tres semanas. La conducta agresiva no se reduce de un día para otro, es un largo proceso de adiestramiento y modificación del carácter. No espere una solución radical del problema antes de seis meses. Piense que deberá producirse una disminución progresiva de la conducta agresiva. Registre los resultados.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenir la violencia?

La violencia en los seres humanos es un cáncer que va creciendo desde la infancia. De ahí que los padres deban de observar el carácter de sus hijos a partir de los tres años. En esos años es importante observar si el niño cae frecuentemente en las llamadas rabietas. Si lo hace, es un indicativo de que estamos ante un posible niño agresivo, violento y problemático en el futuro. Para corregir esta tendencia habrá que aplicar correctivos. Así pues, puede hacerse mucho para prevenir la violencia: lo primero observar, lo segundo corregir.

I. Las Rabietas

Preguntábamos en el encabezamiento de este parágrafo: ¿Qué pueden hacer los padres para prevenir la violencia en los hijos? Respuesta: Todo; y lo pueden hacer desde el nacimiento del niño. Cada vez hay más niños –siempre los ha habido, pero ahora más– que, cíclicamente, estallan en “rabietas”. Estas rabietas, son decisivas para el desarrollo de la personalidad futura. Si el niño percibe que obtiene un beneficio a través de las rabietas, nunca renunciará a ellas, las transformará, las elaborará, pero siempre estarán presentes en su vida. Y, a partir de entonces, ya no habrá nada que hacer: el carácter del hijo habrá sufrido una deformación tal que será imposible enderezarlo. Un buen día, los padres sabrán que su hijo se ha convertido en un maltratador o en un niño conflictivo, o que se ha unido a una banda, o que en el colegio es insoportable tanto para profesores como para alumnos. Así pues, atención con las rebietas. Empecemos estudiándolas un poco:

-        ¿Qué es una rabieta? Es un estallido momentáneo de cólera, con llanto, gritos y agitación física.

-        ¿Cuándo aparecen? Entre los dos y los tres años, cuando el niño ya ha desarrollado su motricidad.

-        ¿Por qué aparecen? El niño quiere ser independiente e imponer su voluntad, así mismo pretende llamar la atención y conseguir algo.

-        ¿Dónde aparecen? En cualquier lugar y momento, pero con cierta tendencia preferentemente a darse en lugares públicos y el hogar en momentos rutinarios (comida).

-        ¿Cómo reaccionar ante una rabieta?

1.        No se deje impresionar por los gritos ni los llantos: cada niño es un actorazo. Lloran sin que en realidad les pase nada grave. Mientras no saben hablar, el llanto indica muchas cosas: hambre, miedo, algún dolor físico, necesidad de cambiarle pañales, etc. Pero cuando saben hablar, el llanto pasa a ser un medio para alcanzar un fin.

2.        Evitar responder con gritos y bofetadas. Somos modelo para nuestros hijos, evitemos responder con la misma actitud que ellos están utilizando. Así que háblele sin levantar la voz, especialmente en lugares públicos.

3.        Responsa con indiferencia (especialmente en el hogar), eso le enseñará que las rabietas no son buenas ni siquiera para llamar la atención.

4.        Rompa el contacto visual. No mire al niño cuando está en plena rebieta. Si está en casa, llévelo a otra habitación y, sobre todo, no le mire a los ojos.

5.        No razone con él. En medio de una rabieta no se puede razonar con el niño, así que olvídese de darle “argumentos” para que se calme.

6.        Nunca ceda. Si cede y termina dándole el helado que había pedido, su hijo comprenderá que la rabieta es el camino más directo para obtener lo que se proponga.

7.        Cuando el niño termina la rabieta hay que actuar como si no hubiese pasado nada. Evitemos cualquier referencia al episodio.

II. Los castigos

Todo proceso de adiestramiento debe enseñar que hay premios y castigos relacionados con la orientación de la conducta. Es muy agradable dar un premio a un niño, mucho más conflictivo es administrarle un castigo. No hay que abusar ni de premios ni de castigos y, sobre todo, hay que modular la intensidad de unos y otros. Si regalamos una bicicleta a nuestro hijo por el hecho de que ha accedido a ir a casa de los abuelos, vamos mal, le estaremos enseñando que los comportamientos normales se realizan por la búsqueda de beneficio que reportan. Educaremos a niños interesados y que ignorarán siempre lo que es el “deber” y la “obligación”. Si castigamos al niño con prohibión de usar tal o cual juguete, solo porque ha roto un plato involuntariamente, la medida será, así mismo, desproporcionada.

-        ¿Castigos violentos? No, ni violencia física ni verbal. Si los padres los practican generarán modelos agresivos. Ahora bien, todos de pequeños hemos recibido algún cachete de nuestros padres… y los hemos querido muchísimo y no hemos sufrido traumas. Hay que distinguir el cachete ocasional de los malos tratos. Para evitar confusiones, es mejor proscribir cualquier tipo de forma de violencia, incluida el cachete.

-        ¿Castigos que impliquen miedos? No es adecuado imponer castigos que causen terrores al niño: encerrarlo en un sótano, en una habitación oscura, o en un desván polvoriento y sofocante. Se trata de castigar, no de aterrorizar. Este tipo de castigos es mucho más duro que el cachete ocasional y se sabe, sin el menor género de dudas, que provocan daños psicológicos, en ocasiones, profundos y permanentes.

-        ¿Cómo castigar al chico? De manera racional. El objetivo debe ser mejorar su conducta, evitando que repita pautas agresivas o conflictivas. Deberemos evitar alzar la voz o dejar que nuestro malhumor nos arrastre a conductas impulsivas que crearían mala imagen en el niño. Gritando no se resuelven los problemas. Un castigo con rasgos vengativos es negativo para su educación. Hay que oír al niño y dejar que explique su comportamiento, pero también recordarle que las excusas no sirven para nada.

-        ¿Cómo seleccionar el castigo apropiado? Es difícil, desde luego. Se trata de recordar que el castigo debe servir como terapia educativa y no debe de provocar respuestas emocionales del niño. Se trata de demostrarle que a toda acción sigue una reacción y que debe evitar acciones que ocasiones prejuicios para él o para alguien. Sea cual sea el castigo elegido los padres deben aprovechar la ocasión para hacerle madurar un poco más: se trata de enseñarle lo que está bien y lo que está mal y a ejercer el autocontrol.

-        ¿Qué tipo de castigos son adecuados? Existe un amplio elenco; los podemos agrupar en

o        “prohibiciones de uso” (impedir que use un objeto, vea la TV, juegue con la videoconsola, etc.),

o        “prohibición de relaciones sociales” (no podrá ver a tal o cual amigo durante x días, por ejemplo),

o        “obligaciones compensatorias” (tal destrozo o mala conducta se compensa con algún tipo de servicio en el hogar).

Lo importante es que exista compensación entre la falta y el castigo, que la política de castigos sea homogénea (evitar castigar hoy la misma conducta ante la cual se permanece indiferente mañana), que cada castigo tenga una intención formativa y no vengativa y que los castigos se impongan en una situación de total autocontrol y no surjan como reacción visceral a una falta.

-        ¿Cómo advertirle de la posibilidad del castigo? Nuestro hijo coge un tarro de galletas, se le cae y lo rompe. Nunca le habíamos advertido que no lo hiciera. Nunca va bien comer a deshoras, pero él no lo sabe. No podemos, entonces, castigarlo por haberlo roto. Se trata, en cualquier caso, de que el niño esté advertido claramente de las infracciones que le llevarán a ser acreedores de un castigo.

¿Qué hacer si tu hermano menor o tu hijo son “peleones”?

Después de los niños que continuamente son objeto de rabietas, cuando el niño va creciendo, aparece una nueva figura, la del “niño peleón”. Vale la pena saber algo sobre ellos:

¿Qué es un niño peleón?

-        Aquel que tiene tendencia a terminar enfrentándose con compañeros de parvulario o de juegos entre los 2 y los 6 años.

-        Aquel al que le resulta imposible mantener una actitud de cordialidad y normalidad con la gente de su edad.

-        Aquel que antes hacía de la rabieta su forma más habitual de expresarse.

-        Aquel que ha transformado aquella exteriorización de agresividad en violencia.

-        Aquel que se configura como futuro niño conflictivo.

¿Qué puede hacerse con un niño peleón?

-        Si su hijo empieza a mostrar agresividad violenta hacia sus compañeros de juegos, vigílelo lo más de cerca posible para confirmar que su comportamiento es particularmente agresivo.

-        Si ve como su hijo empieza a agredir a otro, separémosle y luego consuele y cuide al niño que ha sufrido la agresión.

-        No espere a que se produzca el comportamiento violento, intervenga y sepárelos en cuanto perciba que el niño agresivo se empieza a mostrar alterado.

-        Evite dar un cachete a su hijo, especialmente si hay otros niños delante. Eso podría enseñar a los niños a utilizar los comportamientos agresivos.

-        Las peleas entre hermanos son “normales”, si, pero no tanto… observe si alguno de sus hijos se muestra excesivamente violento o agresivo con sus hermanos, eso puede ser un indicativo de un carácter violento incipiente o de problemas emocionales agudos.

-        Cuando los separe, enseñe al niño agresivo que la violencia no es la forma adecuada de solucionar los problemas y que todo acto de violencia genera algún tipo de dolor. Convénzale de que si es violento, otros sentirán la necesidad de ser también violentos con él y ese dolor lo sentirá él mismo.

¿Padres agresivos, hijos agresivos?

Hay una edad “barrera”: los 3 años.

-        Antes de los 3 años, los comportamientos agresivos de los hijos no son preocupantes y en la inmensa mayoría de los casos no tienen relación con comportamientos agresivos posteriores.

-        Después de los 3 años que el niño haya impreso la actitud agresiva entre sus pautas de comportamiento y la reproduzca en su adolescencia y juventud.

En todas las especies biológicas existen factores constitucionales que predisponen a la violencia:

-        Los machos tienen conductas agresivas más marcadas que las hembras: juegos más duros, respuestas violentas a actitudes agresivas, mayor tendencia al ejercicio de la violencia física, etc.

-        Los niños manifiestan cuatro veces más conductas conflictivas que las niñas, incluyendo, en casos extremos, una mayor tendencia al suicidio y a los comportamientos delictivos en la adolescencia.

-        Existe la sospecha de que el predominio de la conducta agresiva en los machos, radicaba en el cromosoma Y. De hecho los individuos con cromosoma XYY derivaban habitualmente en tipos psicópatas. Algunos estudios muestran que los sujetos conflictivos tienen una mayor longitud del cromosoma Y.

-        Las hormonas sexuales masculinas son uno de los factores de la mayor agresividad animal y están también presentes en los humanos. Los delincuentes violentos muestran más niveles de testosterona que los no violentos.

-        Las frustraciones tienden a generar respuestas agresivas en determinados varones con que han aprendido a imitar modelos violentos,

-        Los niños agresivos suelen ser hijos de padres que se han preocupado poco por ellos, han estado poco presentes en su educación y en pocas ocasiones han realizado actividades junto a ellos, o bien niños que han crecido en un ambiente de conflictividad y violencia doméstica.

-        Los niños agresivos, en general, se han criado en ambientes socialmente desfavorables.

¿Cómo actúan los niños agresivos en la escuela?

El niño agresivo tiende a trasladar sus patrones de comportamiento hostiles a otros, a la escuela en cuanto se inicia su período de aprendizaje. Esto ocurre desde las guarderías pero alcanza sus más altas cotas entre los 11 y los 16 años.

La agresividad en la escuela tiene múltiples manifestaciones. Cada una de las cuales, por sí misma, obstaculiza el desarrollo de la función formativa. Todas ellas juntas, constituyen una verdadera plaga sociológica de nuestro tiempo. Podemos distinguir seis:

1.        Interrupción del normal desarrollo de las clases.

2.        Conflictos entre profesor y alumno.

3.        Conflictos entre alumnos (“Bullying”)

4.        Vandalismo contra bienes y equipos de la escuela.

5.        Episodios de violencia, agresiones o extorsiones realizadas mediante “bandas”

6.        Acoso sexual

A lo largo de las páginas que siguen intentaremos pasar revista a cada una de estas modalidades de comportamiento violento.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (III de VII) La violencia en la escuela y los padres

La Catástrofe de la Enseñanza (III de VII) La violencia en la escuela y los padres

Infokrisis.- A padres violentos corresponden hijos violentos. No todos los estudiantes violentos son hijos de padres maltratadores, pero si la mayor parte. Reproducen en la escuela los comportamientos de descontrol y agresividad que ven en el hogar. La permisividad de los padres es otro de los elementos que más ha contribuido a la irrupción de la violencia en la escuela. Porque, además, la actual situación de ocnflictividad en la escuela deriva también de la crisis de la institución familiar, crisis agravada en España por la irrupción de un gobierno que prima la disolución de la familia mucho más que su integración.

 

La violencia en la escuela y los padres

Vamos a centrar el tema: nuestro objeto de estudio es la violencia en las escuelas. Es decir, vamos a hablar de violencia juvenil. Los americanos saben mucho de la violencia porque, acaso, pertenecen a uno de los pueblos con mayores índices de violencia del planeta. En el tema de la violencia juvenil, los norteamericanos han realizado los estudios más concienzudos, sin duda porque, aparentemente tienen el plantel más amplio de jóvenes violentos. Se entiende que la “violencia juvenil” abarca de los 10 años 29 años. Dentro de la violencia juvenil, nosotros vamos a centrarnos en el tema de la violencia en la escuela, período que abarca de los 11 a los 18 años.

El tema no es como para tomárselo a broma. Hay cifras que te sorprenderán: en año 2000, la violencia juvenil causó la muerte de 199.000 jóvenes en todo el mundo. Pero eso no es lo más grave: en realidad por cada joven muerto hay entre 20 y 40 heridos. África y América Latina son las zonas donde se registra más violencia juvenil. Tienes suerte de vivir en España.

En esos países ultraviolentos, tres de cada cuatro víctimas son hombres. En EEUU se estima que la tasa de homicidios realizados por jóvenes de entre 15 y 29 años es de 19,4%: casi uno de cada cinco. Otra estadística nos dice que la tasa de homicidios se dispara entre los jóvenes de entre 15 y 18 años: el 10,1% del total.

Hoy no se alberga ninguna duda que el consumo de alcohol y drogas aumenta el riesgo de comportamiento agresivo: si te han dicho que el porro y la cerveza “no son drogas”, o que son “sustancias inofensivas”, te han mentido. Y si te dan “argumentos” para avalar lo “inofensivo” del porro, o son idiotas, o te siguen intentando engañar: un estudio de 1989 señalaba que el 94% de los jóvenes violentos ingerían alcohol y que el 85% fumaban porros. El dato dice muy poco de la “inocuidad” de estas dos falsas “drogas blandas”.

Signos de alarma de hoy, violencia de mañana

La importancia del estudio de la violencia juvenil y, más especialmente, de la violencia en las escuelas, en donde puede ser estudiada con más detalle, reside en que los comportamientos agresivos y y violentos de esas edades, prefiguran y anuncian los comportamientos violentos en el futuro.

De acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Violencia Juvenil de los EEUU, existen unas señales de alarma que pueden indicar que un niño o un adolescente tendrá comportamientos violentos en etapas ulteriores de su vida. Contra más de estas señales aparezcan en una personalidad, más posibilidades tendrá de verse implicado en episodios de violencia en el futuro. Estas señales son:

  • Crisis de rabia incontroladas
  • Poca relación con los padres
  • Dificultad general para controlar la ira
  • Acceso a armas blancas o de fuego y llevarlas al colegio
  • Uso de sustancias psicoactivas desde el alcohol y los porros a drogas duras
  • Intentos o amenazas de suicidio
  • Antecedentes familiares de comportamiento violento, alcoholismo, toxicomanías o suicidio
  • Culpar a otros o no aceptar la responsabilidad de sus propias acciones
  • Experiencias recientes de humillación, vergüenza, pérdida o rechazo
  • Tendencia a amenazar a otros, especialmente a compañeros de escuela
  • Ser o haber sido víctima de abuso o negligencia (físico, emocional o sexual)
  • Crecer en un marco de violencia doméstica
  • Obsesión por el tema de la muerte en las conversaciones, expresiones escritas, selección de lecturas o trabajo de arte
  • Búsqueda activa de temas y actos de violencia en televisión, cine, revistas, música, comics, libros, juegos de video e Internet
  • Trastornos psicológicos: depresión, manía, trastorno bipolar
  • Incapacidad para adaptarse a las normas de convivencia de la escuela
  • Destrucción de la propiedad o vandalismo
  • Crueldad con los animales
  • Comportamiento pirómano
  • Falta de comunicación con el entorno y aislamiento social
  • Participación en bandas urbanas con realización de actos de delincuencia

La dificultad de ser padres

Antes la paternidad era un impulso biológico destinado a perpetuar la especie, casi idéntico al que se da en cualquier otra especie biológica. Entre los humanos, la paternidad estaba modulada por el cariño de los padres, la voluntad de formar una familia y el amor de los hijos. Pero en gran medida, esto ya no es así, o, por lo menos, no es sólo así.

Tener un hijo cuesta dinero y da la sensación de que entre los gastos y los intereses de una pareja, la paternidad no figura entre las primeras preocupaciones:

-        En primer lugar se trata de pagar una vivienda digna. Con los actuales precios de la vivienda y los salarios percibidos, una familia trabajadora y de clase media, lo tiene difícil para alquilar o comprar una vivienda en la que haya espacio para más de un hijo.

-        El esfuerzo económico de una pareja joven es tal que la perspectiva de tener hijos se va retrasando hasta que “mejore la situación económica”. Pero la espiral inflacionista, siempre supera a los aumentos salariales.

-        Además, sigue aumentando la edad en que los hijos abandonan el hogar paterno para formar un hogar propio. Antes se situaba en torno a los 23 años, hoy rebasa los 30. Y, por lo demás, abandonar el hogar paterno, no implica ni formar una pareja estable, ni si lo implica, incluye la posibilidad de tener hijos inmediatamente.

-        Además la pareja, inmediatamente se forma, aspira a vivir una “vida propia”. Empezará a hacer lo que hasta entonces no ha podido hacer. Y tiene muchos intereses y distracciones: viajar, divertirse, trabajar nuevas relaciones sociales, buscar una promoción económico–social… en estas nuevas actividades, la paternidad es un engorro, una preocupación que, por el momento, no se puede asumir. “¿Hijos? Para más adelante”.

-        El culto a la perfección física pesa más en algunas mujeres (y en sus maridos) que el instinto de la maternidad. Éste tiende a alterar el físico femenino, para muchos se trata de que eso no ocurra.

-        Los “nuevos modelos familiares” tan cacareados (uniones informales y temporales, familias monoparentales, situaciones posteriores al divorcio, etc.) no constituyen el mejor marco para tener descendencia y educarla. No es dogmatismo si decimos que una educación estable se da preferentemente en el seno de una familia estable, con buena armonía interior. Recordamos que el 50% de los matrimonios formalizados fracasan antes de 10 años de convivencia.

-        Finalmente, se une un último factor, es posible que cuando la pareja decida tener hijos… no pueda tenerlos. Las tasas de fertilidad van descendiendo alarmantemente en los países occidentales, sin que nadie se preocupe de ello lo más mínimo. Antes, la infertilidad era una excepción, o poco menos, ahora abundan los tratamientos in vitro, la adopción de niños, no pueden evitar tapar el hecho fundamental: los varones cada vez tienen menos espermatozoides activos.

Todo esto contribuye a hacer difícil –o muy difícil– el tener hijos y explica el hecho de que las tasas demográficas en Europa sean inferiores a la tasa de reposición. Mal asunto cuando hay gente que se preocupa por la desaparición del tigre de Borneo o del ocelote, y en cambio permanece ajeno al hundimiento demográfico de países enteros… el nuestro entre otros.

Así pues, tenemos dos dramas superpuestos:

-        las tasas de natalidad van descendiendo por causas socio–económicas y culturales y

-        no todos los modelos de familia que deciden tener hijos, saben como educarlos.

La combinación de estos dos elementos, hace que nuestro futuro sea altamente problemático: hay pocos nacimientos y, de estos, hay muchos que recibirán una educación inapropiada.

Además se añade un tercer elemento. Algún “lumbreras” ha lanzado la idea de que las tasas de natalidad que los países europeos no logran alcanzar serán compensadas por las de la inmigración. Y así ocurre en este momento: pero se olvida que estas familias proceden de horizontes culturales, religiosos y antropológicos muy distintos, con otros fines y proyectos en la vida que, en buena medida, no coinciden con los de estas latitudes. El problema no es superar las exiguas tasas de natalidad de nuestra población, mediante la inserción de población arrancada de sus países por necesidades económicas, sino hacer que nuestra población recupere tasas de natalidad que aseguren su subsistencia futura.

La combinación de estos elementos crea una situación escolar extremadamente conflictiva en donde se unen:

-        Hijos educados de manera “permisiva” que se enfrentan por primeva vez a ideas como esfuerzo, orden, disciplina.

-        Inmigrantes con otro bagaje cultural, idiomático y mental, otras aspiraciones y otros proyectos personales distintos.

Estos dos elementos han destruido a la enseñanza pública en Francia y están provocando una fuga imparable en España de la enseñanza pública a la privada. Con frecuencia los ministros de los distintos gobiernos glosan la calidad de la enseñanza pública en España… pero no sabemos de ningún ministro de la democracia, socialista o popular, que haya llevado a sus hijos a colegios públicos… Cada vez son más los padres, incluso ateos, que llevan a sus hijos a colegios religiosos privados o concertados.

En hecho de que la enseñanza sea obligatoria hasta el Bachillerato, hace que se encuentren en las aulas niños excesivamente diferentes entre sí y con intereses y bagajes culturales demasiado alejados, incluso antropológicamente, como para que pueda aplicarse un mismo modelo educativo.

Explicar esto, es “políticamente incorrecto”, pero no por ello es menos real.  Los motivos del fracaso de la escuela pública francesa están demasiado cerca como para que pueda evitarse el reconocerlos.

¿Es la violencia hija de la permisividad? No, pero…

Los padres “permisivos” son, para los hijos, “más cómodos” que los padres “autoritarios”. El problema es que, a la larga, los primeros no enseñan a los hijos:

-        ni lo que es la disciplina,

-        ni la necesidad del esfuerzo,

-        ni la importancia de la obra bien hecha.

El padre “permisivo” deja hacer a su hijo “lo que quiera”. ¿Por qué los padres actuales son permisivos? No está claro, pero:

-        La versión oficial dice que por reacción a la educación autoritaria que recibieron. No parece claro, ni es evidente, la inmensa mayoría agradece aquel tipo de educación paterna que les ayudó a prepararse para la vida y, cuando se les pregunta, manifiestan el mayor de los respetos y admiración por sus padres.

-        La versión oficiosa, en cambio, cuenta que hay cuatro razones presentes en distinta medida, que generan una educación permisiva:

1)        La actitud de los padres: los hay desinteresados por la educación de sus hijos, otros confían en que en el colegio los eduquen, los hay sin constancia e incapaces de aplicar un plan de educación de forma constante.

2)        La educación recibida por los padres: mayoría de padres actuales, no han surgido de una educación autoritaria, sino que se formaron en un sistema educativo que, a partir de la transición ya era anti–autoritario.

3)        El cambio de civilización: vivimos momentos de crisis y de inestabilidad de todos los valores, los padres no tienen claro qué tipo de valores deben enseñar a los hijos. Tienden a pensar que la educación que recibieron ya no es válida y prefieren la vía fácil que aparentemente hace más feliz al hijo: “haz lo que quieras”.

4)        Falta de preparación para ser padres: Se aprende a ser peluquero en un centro de formación profesional y se es arquitecto después de haber superado seis cursos de carrera. ¿Y dónde se enseña a ser padres? Hasta no hace mucho se reproducía el modelo adquirido, pero con las mutaciones de los años 60 y 70, eso resulta imposible. Se ha perdido el modelo. Y, en cuanto al instinto natural que hace que los padres amen a los hijos, crea un vínculo afectivo pero no un modelo educativo.

Cuando los padres no saben que hacer con los hijos

Fijémonos en el grueso de familias que han decidido tener hijos. Felicitaciones para ellos. ¿Felicitaciones? No se trata sólo de tenerlos, diantre: hay que educarlos. Ahora viene el momento decisivo en donde se evidencia la necesidad de una “escuela de padres”. Los problemas a partir de ese momento son:

-        Muchos padres no han meditado lo suficiente lo que supone tener hijos. Algunos se han decidido a tenerlos después de ver un culebrón televisivo en el que la protagonista redime su vida mediante la paternidad. Al cabo de unos meses de tener al hijo, se han cansado de él, como se cansaron del todoterreno, del apartamento para fines de semana en Torrevieja o de cocinar con microondas. El hecho de ser padres no implica que estén presentes las capacidades para serlo. Para ser padres hace falta ser maduro.

-        Al cansarse de los hijos, delegan su educación en “canguros”, abuelos, guardería, etc. Inicialmente esto no es malo: el niño debe habituarse a estar con otros además de con sus padres; el problema es cuando está más con estos otros que con ellos. En las guarderías los niños aprenden a socializarse y en los abuelos encuentran el ambiente de cariño que precisan. Pero ¿y los padres?

-        Finalmente, los hijos terminan por ser unos completos desconocidos para los padres. Y viceversa. La existencia de educación obligatoria hace que los colegios se hayan convertido en almacenes de jóvenes (un ex ministro de educación francés así lo reconocía), mucho más que en centros educativos.

Este tipo de padres, no particularmente malévolos, pero sí desinteresados por la educación de sus hijos, tiene reacciones curiosas:

-        Son extremadamente permisivos,

-        Tienden a satisfacer todos los caprichos del hijo

-        No les dan norma alguna de comportamiento

-        Los elevan al rango de mascotas intocables

-        Carecen de fuerza e interés para oponerse a cualquier capricho.

Los efectos colaterales de este tipo de [mala]educación son previsibles:

-        Estos elementos se dan en la etapa de maduración, más adelante, cuando esta etapa ha concluido, el chaval evidencia falta de maduración o de un retraso en su maduración.

-        Es normal que los hijos amen a sus padres, pero también que se opongan a ellos… pero ¿qué ocurre cuando el padre no es percibido como tal por el hijo? Simple: entonces, los hijos buscan un padre de sustitución al que oponerse: a veces son los abuelos y en otras los profesores.

-        En este último caso el joven tiende a cuestionar las decisiones de los profesores y a interferir en el desarrollo de las clases e incluso, en casos extremos, a agredirlo.

-        Desarrollan cuadros patológicos (hiperactividad) o déficits (de atención, de interés, de socialización, etc.).

Y todo esto explica suficientemente el porque existe una mayor agresividad en la escuela y porqué la tarea educativa se vuelve cada día más difícil.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (II de VII) La sociedad y la violencia

La Catástrofe de la Enseñanza (II de VII) La sociedad y la violencia

Infokrisis.- En este segundo capítulo seguimos intentando encuadrar el tema de la violencia en la escuela dentro de una perspectiva mayor: la violencia en la sociedad, de la que la escuela forma parte. Respondemos a los siguientes puntos: ¿por qué nuestra sociedad es violenta? ¿donde está la violencia en la sociedad? ¿qué puede hacer el Estado contra la violencia? Sería difícil encontrar un tema más actual que el de la violencia en la escuela, pero, justo es reconocer que esta no aparece sola.

La sociedad y la violencia

Hemos empezado diciendo: una sociedad violenta es inviable. Ahora vamos a ver porqué nuestra sociedad es violenta. No costará mucho entenderlo, aunque si es posible que nos cueste un poco más saber cómo ha sido posible llegar hasta el punto en el que nos encontramos. Se trata, ahora, de intentar reconocer la violencia y hacia dónde nos dirigimos.

1.– ¿Por qué una sociedad es violenta?

Hay varios motivos para ello:

a. Las situaciones de violencia aparecen en sociedades que, o bien no están estabilizadas o bien están en proceso de cambio. En el tránsito entre el Imperio Romano y el Feudalismo la sociedad era extremadamente violenta, reinaba la ley de la fuerza bruta, de la misma forma que durante la Revolución Francesa el tránsito de la monarquía a la república se hizo bajo el chasquido de la guillotina. Hoy vivimos un momento de cambio acelerado.

b. Se han perdido los valores que hasta ese momento eran referencias. Lo anterior ya no tiene fuerza, ni vigencia, lo que viene, todavía no está suficientemente solidificado y extendido. Hay un momento en el que los valores del pasado ya no sirven, pero no se sabe, no se puede o no se quiere asumir valores nuevos.

c. La idea de “orden” queda anulada y subvertida y aparece una crisis de autoridad. Las jerarquías que hasta ese momento dirigían la sociedad, se han hundido, las emergentes carecen de prestigio. No se sabe exactamente sobre qué valores podría fundamentarse el principio de autoridad.

d. Aparecen rasgos de primitivismo y aculturalización. Se tiende a resolver los conflictos por la fuerza, la sociedad se diluye y la cultura deja de ser su cimiento. Nadie atiende a razones porque cada cual tiene “sus” razones incomprensibles e inasumibles para el resto. La racionalidad parece haber dejado de ser la norma de vida de muchos.

e. El individualismo se hace extremo. La sociedad deja de pensar como un conjunto orgánico dotado de intereses y objetivos comunes y pasa a ser una suma de “individuos” con intereses particulares, enfrentados a los demás que para hacer valer sus “derechos” recurren a la fuerza o a la coacción.

Todo esto hace que la agresividad desborde cualquier cauce, arrase todos los diques que la contienen y pase a ser, cada vez más omnipresente.

Nuestra sociedad hoy se encuentra, precisamente, en ese punto. Este proceso ha ocurrido en períodos anteriores de la historia y se repite en nuestro presente. Por eso algunos han afirmado que nos encontramos en el inicio de una “nueva edad media”. Vale la pena, ahora, ver cuáles son los rasgos específicos de la crisis a la que nuestra sociedad se encuentra, aquí y ahora.

2.– ¿Por qué nuestra sociedad es violenta?

Los rasgos específicos de la crisis que estamos viviendo son, fundamentalmente, los siguientes:

a. A partir de los años 60, nuestra civilización empezó a mutar de manera acelerada. Primero, el Concilio Vaticano II cambió 500 años de hábitos persistentes del catolicismo, luego apareció la píldora anticonceptiva que, junto con la minifalda y el movimiento hippy, constituyeron los puntos de arranque de la revolución sexual. En música irrumpieron ritmos nuevos y la microinformática, junto con las telecomunicaciones forjaron un mundo progresivamente más empequeñecido que nada se parecía al de la humanidad de mediados del siglo XX.

b. Este proceso culminó con la “globalización”. Tras la Guerra Fría (choque entre el Este y el Oeste), cuando cayó el Muro de Berlín (1989) una sola potencia alcanza la hegemonía mundial (los EEUU) y parece que un mundo “unipolar”, será un mundo pacífico. La economía se convierte en nuestro destino. Se crea un sistema económico mundial que pronto genera dos fenómenos: uno de Sur a Norte (la inmigración en busca de mejores medios de vida) y otro de Norte a Sur (la deslocalización de empresas hacia países en donde la producción es más barata). Este proceso ha causado fenómenos de desajuste en todo el mundo, que todavía duran y constituye uno de los principales focos de tensión actuales.

c. Se ha generado una inestabilidad socio–económica permanente. Inestabilidad en el trabajo, desigualdades extremas de renta, salarios que no garantizan una vida digna y plena, generan la aparición de dudas sobre el futuro, quien tiene trabajo hoy nunca estará seguro de si lo mantendrá mañana. La inflación y desvalorización del dinero hace inútil el ahorro.

d. Las preocupaciones se vuelven excesivas en nuestra vida cotidiana. Todo resulta problemático, todo está en proceso de cambio, es muy difícil mantenerse en la cresta de la ola y no quedar, antes o después, rebasado por los acontecimientos y las novedades tecnológicas.

e. Sectores enteros de la sociedad no se sienten competitivos en economía, trabajo, estudios. Esta sensación de falta de competitividad en estos terrenos hace que busquen ventajas en otros. Se generan tribus urbanas en los que individuos no competitivos se agrupan y exteriorizan sus frustraciones. Otros cristalizan en bandas de delincuentes o mafiosas, volcados sobre actividades ilícitas.

f. El sistema legislativo es garantista y permisivo. Este sistema surgió durante la “transición” política, cuando se adoptaron usos y formas lo más alejados del franquismo, pensando que ayudarían a alcanzar un sistema perfecto de justicia y libertad. Esto era cierto en una situación de estabilidad social, pero no en momentos de crisis: frecuentemente los derechos del delincuente están por encima de los derechos de la víctima; en lugar de castigar el delito se intenta reinsertar al delincuente. Todos estos principios han empezado a fracasar en el momento en que se ha evidenciado la naturaleza de la crisis y la inestabilidad actuales.

g. El sistema de enseñanza está en crisis. Las sucesivas reformas de la enseñanza no han conseguido invertir el aumento del fracaso escolar, ni han constituido una muralla contra la irrupción de la violencia en la escuela. Esta debe mucho a la aculturalización creciente a la que tampoco han sabido responder las sucesivas reformas educativas. También aquí, el sistema educativo se basa en principios que es preciso revisar. Hoy más que nunca urge restaurar el principio de autoridad en las aulas, el esfuerzo y la capacidad de sacrificio del alumno, desde la pre–escolar hasta la enseñanza superior.

h. Se han instalado antivalores entre nosotros: el “pelotazo” o la especulación, son las actividades lucrativas preferidas; el anonimato horroriza al individuo y éste busca saltar a la fama mediática como remedio a todas las incertidumbres. No importa si se hace el ridículo delante de todo el país, lo que importa es salir por TV. Más que “tener personalidad”, lo que cuenta es “tener imagen”. La “imagen” es un reflejo contrahecho de la personalidad, construida en función de la moda del momento.

Todos estos elementos interactúan generando frustraciones, miedos, traumas, reacciones patológicas y sentimientos contrapuestos de hostilidad y agresividad hacia todo y hacia todos. Incluido hacia uno mismo.

3.– ¿Dónde está la violencia?

A los elementos propios de los momentos de crisis de civilización, se unen los elementos específicos de crisis de nuestra civilización. Esto genera una violencia que aparece en distintos planos entre los jóvenes:

a. Violencia contra nosotros mismos. Constantemente hacemos cosas que nos perjudican y que suponen actos de violencia contra nosotros mismos. Sabemos, por ejemplo, que fumar perjudica seriamente a la salud. Y, sin embargo, fumamos. Sabemos que, más allá de determinadas dosis, el alcohol trastorna nuestro comportamiento, pero asumimos que el fin de semana “nos emborracharemos”. Sabemos que todas las drogas pueden producirnos alteraciones psíquicas y trastornos del carácter, pero queremos autoconvencernos de que son inocuas y de que podremos “controlarlas”. Una música oída más allá de determinados decibelios dañará nuestros tímpanos y, aún así, nos encajamos los cascos del walkman al máximo volumen. Nos alimentamos sin otro criterio que la comodidad, pero ignorando nuestras necesidades nutricionales. Y engordamos; para colmo, no hacemos ejercicio. Finalmente, pasamos horas muertas ante el ordenador machacando nuestra vista y reduciendo la realidad a la virtualidad. Si, ejercemos la violencia contra nosotros mismos.

b. Violencia contra nuestros iguales. Es la violencia que ejercen jóvenes contra otros jóvenes, compañeros de escuela contra otros compañeros de escuela. Es una violencia “horizontal”, ejercida contra gentes en “casi todo” iguales a nosotros. Es el famoso y controvertido “buylling”, el acoso escolar. En la segunda parte de esta obra trataremos de él ampliamente.

c. Violencia contra nuestros superiores. Es la violencia ejercida por jóvenes contra sus padres, profesores o contra cualquier otra autoridad. Se trata de una violencia “vertical”, contra los que están encima en la escala jerárquica. También dedicaremos un capítulo de la segunda parte a este tema.

d. Violencia contra el entorno. Ataques contra las instalaciones escolares o deportivas, ataques contra el mobiliario urbano, violencias en el medio urbano en cualquier circunstancia (con ocasión de una celebración deportiva, de una manifestación reivindicativa, de una fiesta popular, de un botellón, etc.).

e. Violencia gregaria. Es la violencia ejercida en grupo. Puede ocurrir que los miembros de un grupo, tomados individualmente, no tengan una particular predisposición a la violencia, pero actuando colectivamente cometan actos de vandalismo o de violencia intensa. La psicología de masas enseña que las reacciones de un grupo tienen poco que ver con las de cada uno de sus integrantes.

f. Violencia pasiva. Es la que se padece a manos de acosadores, delincuentes o como usuario de servicios sometidos a violencia. La persona que sufre cualquier nivel de violencia pasiva es la víctima. Para valorar cualquier acto de violencia, lo primero a considerar es el impacto negativo que ha tenido en la víctima. El derecho de la víctima debe situarse por encima de los derechos del delincuente, el resarcimiento a la víctima por encima de cualquier otro objetivo.

g. Violencia lúdica. En buena medida es la violencia virtual que ejercemos en nuestro tiempo de ocio. No supone dañar a nadie, pero si el habituarnos a la violencia y al papel de agresores. Son determinados juegos de ordenador o determinadas formas de ocio que tienen como resultado ejercer algún tipo de agresividad sobre otros o sobre nosotros mismos.

h. Violencia mediática. Es la que recibimos a través de los medios. Los medios nos informan de sucesos violentos, nos muestran aspectos descarnados de la violencia cotidiana, pero también nos ofrecen constantemente ejemplos de violencia en series, películas, espectáculos, “debates” en los que los invitados se agraden verbalmente unos a otros, etc. Este tipo de violencia carecería de interés en una sociedad estable, pero puede ofrecer “modelos” a individuos que sufren particularmente las crisis y la ansiedad de los tiempos modernos y tienen una singular agresividad.

4. ¿Qué puede hacer el Estado contra la violencia?

El Estado lo puede hacer todo. Pero no inmediatamente. Los tiempos para el Estado son lentos. Dependen de factores presupuestarios y, sobre todo, de oportunidad electoral y prioridad en el programa electoral. El Estado hace mucho menos de lo que los ciudadanos desearían. Y no siempre lo hace bien. Ni siquiera el diagnóstico a los problemas suele estar hecho en la dirección correcta. El que el Estado sea democrático no implica que el orden de prioridades elegido por sus gestores sea el correcto. Así pues, nosotros, los ciudadanos, debemos de confiar en el Estado. Pero no sólo en el Estado. O de lo contrario, nos llevaremos amargas decepciones.

En primer lugar hay que desconfiar de las estadísticas. Las mentiras estadísticas figuran entre las armas de una administración que pretende no decir toda la verdad por los costes electorales que ello acarrearía. Llama la atención, en este tema de la violencia escolar, por ejemplo, que cuando un partido está en la oposición, destaca la naturaleza creciente de esta forma de conflictividad, pero cuando ha llegado al poder, bruscamente, todo ha mejorado y no hay que crear “alarma social”… Desde tiempo inmemorial, todos los gobiernos repiten que la “delincuencia va decreciendo”. Y lo dicen con apoyos estadísticos. Sin embargo, lo que importa no es eso, sino la percepción que el ciudadano tiene del problema. Si el ciudadano percibe que la delincuencia aumenta, es que aumenta. A fin de cuentas, el ciudadano es quien la sufre. Y, por lo demás, una estadística se puede enmascarar muy fácilmente: basta con no poner los datos de delitos denunciados en las policías autonómicas, o considerar sólo los delitos, pero no las faltas, o los ingresos en prisión y no las puestas en libertad con cargos, o las incautaciones de droga, pero no los aumentos en el consumo. Trampas y maquillajes no faltan. Así pues, lo que cuenta es lo que se percibe directamente, no lo que nos cuentan. Qué le vamos a hacer: todos quieren repetir mandato, así pues están obligados a demostrar que las cosas van mejorando. Siga mi consejo: no crea a las estadísticas maquilladas ni a los gobiernos que las esgrimen: crea, mejor, en su sentido común

Pero en un Estado democrático los ciudadanos tienen derecho a realizar algunas exigencias. Por ejemplo:

a. El ciudadano debe exigir al Estado celeridad, seriedad, eficacia y prontitud. El Estado debe articular leyes, medidas, rectificar las que han demostrado ineficacia o las leyes que no han conseguido frenar a los delincuentes. Y el Estado lo puede hacer aquí y ahora, a la voz de ya. No necesita esperar al momento electoralmente más rentable. Si se puede hacer una reforma necesaria del marco legal, se puede hacer ya. Mañana es muy tarde.

b. El ciudadano debe serenarse y evitar tomarse la justicia por su mano, tendencia a la que franjas cada vez mayores de la ciudadanía se sienten tentados. Desde hace veinte años la formación de “patrullas ciudadanas” salpica periódicamente unas u otras localidades. Créame: la seguridad para los profesionales de la seguridad, si usted no lo es, no se meta en camisa de once varas.

c. Pero usted tiene el derecho a exigir eficacia a todos los escalones del Estado que intervienen en el proceso de la seguridad. Los organismos del Estado son duros de oído: no se enteran a la primera de que las cosas van mal, precisan que una y otra vez se lo recordemos. Solo entonces actúan: por acumulación de insatisfacciones. Eso es injusto pero es así.

d. El Estado tiene la obligación de poner el arsenal legislativo al servicio quien cumple la ley, no del delincuente: muchas leyes están muy mal hechas, en su espíritu, en su letra y en sus reglamentos aplicativos. Dígalo en voz alta. Insista: tiene muchos medios de protesta. Desde las cartas al director hasta los correos electrónicos. Que no haya ningún profesional de la política que no le quede constancia de que la población piensa unánime y mayoritariamente que hay que castigar al delito y encerrar al delincuente, no tratarlo con guante blanco y paños calientes. Proteste una y mil veces contra aquello que considera injusto. Hasta que el “legislador” no pueda ocultar el foco de protesta que usted representa.

e. No crea en la “privatización” de los servicios ni en que el Estado desplace su responsabilidad a usted: Zapatero a tus zapatos. Pagamos impuestos, exigimos seguridad a cambio. Si no los pagáramos no tendríamos derecho a exigirlo. Pero lo hacemos: así pues, a otros con el cuento de contratar seguridad privada. Y, por lo demás, yo, en tanto que ciudadano no dejo que me culpabilicen: intento vivir honestamente, no robo, no estafo, no ejerzo violencia sobre nadie. Así pues, no me hagan creer que soy culpable de los accidentes en las carreteras, de la violencia doméstica o del desmadre educativo. Si el Estado tiene todo el poder, al Estado le corresponde hacer transitables y seguras las carreteras, solucionar los problemas de la educación, de la violencia doméstica o de la seguridad ciudadana. Yo soy el pueblo: quien paga los servicios y quien exige rapidez, prontitud y eficacia a los gestores de mis impuestos (porque eso es, en el fondo, la clase política).

Como verá no creemos mucho en el Estado ni en sus gestores. La vida nos ha hecho así. Sigan mi consejo: pagan impuestos, exijan servicios. Lo contrario sería de tontos. El político es un servidor público, aunque tiene tendencia a intentar servirse del público. No se lo consienta.

El Estado lo puede hacer todo contra la violencia y si hace menos alguien tiene que rendir cuentas.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La Catástrofe de la Enseñanza (I de VII) Sociedad Violenta – Sociedad Insostenible

La Catástrofe de la Enseñanza (I de VII) Sociedad Violenta – Sociedad Insostenible

Infokrisis.- Iniciamos una serie que irá apareciendo esporádicamente en Infokrisis sobre los problemas de la enseñanza. Valga desde el principio nuestra posición de salida: la enseñanza pública está en quiebra absoluta y, en general, el sistema de enseñanza está empezando a caer por el precipicio. La violencia en las escuelas y el hecho de que España esté a la cola del rendimineto escolar de toda la Unión Europea, muestra a las claras que estamos ante un problema real, tal real como la inmigración, la inseguridad ciudadana, el paro y el coste de la vivienda. Empezaremos analizando la violencia en la escuela como reflejo del clima de violencia en la sociedad.

 

 

 

Nuestra sociedad tiene un problema y todavía no nos hemos dado cuenta de hasta qué punto es importante. Ese problema es la violencia. La violencia está tan cerca de nosotros que, incluso, parece que nos hayamos acostumbrado a su compañía. Tendemos a banalizarla. Pero, no os quepa la menor duda:

Una sociedad en la que la violencia sea cada vez más incontenible y esté progresivamente presente en todas las actividades es una sociedad inviable.

No vamos a pasar revista a los frentes desde los que la violencia se manifiesta. Los conoces perfectamente, a poco que pienses en ellos. Lo que sí podemos hacer es recordarte las direcciones desde las que la violencia te acecha. Vale la pena tener en cuenta alguna noción de geometría. Tú estás en el centro y el espacio se abre en torno tuyo siguiendo seis direcciones. Pues bien, desde cada una de estas direcciones te llega algo de violencia.

[Figura 1]

 

Por arriba: es la violencia sobre la que tú no puedes hacer apenas nada. Es la que transmiten los medios de comunicación y que te muestra una sociedad violenta a través de los noticiarios o, incluso, de la incapacidad del Estado para controlar la violencia. Todos esperamos que el Estado haga algo por nosotros. El problema es que no siempre está en condiciones, ni sus gestores saben hacerlo. Entonces tú y yo, y todos nosotros, tenemos un problema: nos asalta una sensación de indefensión. Pagamos impuestos directos; cuando compramos cualquier cosa pagamos impuestos indirectos. Se supone que deberíamos recibir “seguridad” a cambio. Pero no siempre es así. Y lo que es peor: ni tú ni yo podemos hacer nada para evitarlo.

Por abajo: existe una presión surgida de las cloacas más profundas de la humanidad que genera una violencia capaz de incidir muy duramente sobre tu vida. Si todos perciben al Estado y su aparato legislativo, resulta mucho más difícil percibir la acción de los grupos mafiosos y terroristas surgidos en las profundidades y en los bajos fondos de la sociedad. Estos grupos de delincuentes planifican estrategias para amasar beneficios a costa tuya. Es el tráfico de drogas en gran escala, incluso son los creadores de “modas” o hábitos sociales que fuerzan el normal discurrir de una sociedad. Son, en definitiva, todos aquellos que intentan beneficiarse de los bajos instintos que, en mayor o menor grado, todos tenemos, para obtener grandes beneficios.

Por la derecha: Es la violencia susceptible de llegar de nuestros “próximos”. No estamos solos en la sociedad. Pertenecemos a una familia, tenemos unos compañeros de estudios, frecuentamos un círculo de amistades. Son lugares agradables, parece increíble que con nuestros padres, con nuestros amigos y compañeros puedan existir problemas. Y sin embargo, así es. Existe violencia doméstica: la del padre contra la madre o viceversa, la de uno u otro progenitor contra el hijo, la de los hijos contra los padres o contra los abuelos. La de los compañeros contra otros compañeros. La del amigo que, de repente, deja de serlo y se convierte en nuestro peor enemigo. Es una suerte cuando todos estos flancos están asegurados y cubiertos: amigos leales, padres abnegados, hermanos fieles, compañeros alegres y solidarios. Pero no siempre ocurre así. Con demasiada frecuencia ese flanco se puede convertir en una tortura.

Por la izquierda: Es la violencia que puede llegar de nuestros “lejanos”, es decir, de la sociedad. Preguntas la dirección a seguir a un ciudadano y te aparta con un gesto despreciativo; un cajero desconocido te devuelve un cambio voluntariamente amañado; un anuncio de televisión te ofrece un producto engañoso. Y luego está la violencia de las mayorías sobre las minorías. La violencia contra los que son diferentes y, en algunos, la posibilidad de que esos diferentes se recreen en su diferencia y la exalten contra otras comunidades. Hay minorías que pasan a ser mayorías en un parque público, considerado como “su territorio”. Existen distintas “identidades” y en la sociedad los equilibrios y las crisis tienen mucho que ver con las relaciones entre identidades diversas. Quizás el ciudadano al que le has preguntado la calle se identifica con las personas ancianas –porque es un anciano– y recela de los jóvenes. Quizás has ido a beber a una fuente pública, “controlada” por un grupo étnico que se cree suficientemente fuerte como para “controlar” y “alquilar” los espacios públicos.

Por delante: es aquel tipo de violencia que asumimos libremente. Después de un partido de fútbol aceptamos el hecho de acompañar a un grupo de hinchas destrozando voluntariamente mobiliario urbano. Aceptamos libremente algún tipo de sustancia que altere nuestra personalidad aun sabiendo que tendremos una reacción agresiva. Es el tener conciencia de que pisar el acelerador del coche nos va a llevar a una velocidad tan extrema como peligrosa. Es, en definitiva, todo aquello que aceptamos libremente, pensando que nos beneficiará y nos gustará, pero eludiendo todos los riesgos que implica.

Por detrás: es la violencia que te llega a traición y por la espalda; es la violencia del ladrón que fuerza tu intimidad y te roba, te sorprende cuando menos te lo esperas. Pero es también la llegada de un imprevisto con el que no habían pensado y que, bruscamente, cambia tu planteamiento y te lleva a situaciones indeseables. Es, por ejemplo, cuando tu padre se queda en el paro o cuando tu hijo cree que ha aprobado una asignatura y resulta que no. Es todo lo que deriva de situaciones imprevistas. No olvides que vivimos en un mundo cada vez más desprovisto de la noción de “seguridad”. Cada vez podemos estar “seguros” de menos cosas. Lo imprevisto nos acecha y casi siempre violenta los hábitos que hemos adquirido.

Y, además, existe una séptima “dimensión”, quizás la más importante de todas: tú mismo. Tú estás en el centro. Tú soportas la presión de esas seis dimensiones. Es muy posible –casi seguro– que la violencia habrá penetrado dentro de ti. Y es muy importante que tomes conciencia de esta violencia que está dentro de ti.

No es cierto que existan seres carentes por completo de agresividad. Todos tenemos mayores o menores dosis de agresividad y, además, la tenemos a más o menos flor de piel. Los hay que responden de manera extremadamente violenta al menor estímulo y otros que se contienen durante más tiempo. La agresividad está desigualmente repartida y la capacidad de control sobre ella también.

Es normal, por ejemplo, que si a la salida de la escuela te asalta un navajero y te roba el reloj, reacciones con ira. Te gustaría atrapar al delincuente y lograr que te devolviera el reloj, e incluso machacarle, de la misma forma que él ha violentado tu vida y te ha amenazado; e incluso es posible que seas capaz de perseguirlo, hacerle frente y darle un par de guantazos. O quizás, después del robo, seas consciente de que un tipo con una navaja es alguien peligroso, te cueste quitarte el susto de encima y durante unos días vayas con miedo por las calles.

Todas estas son reacciones normales: todos somos diferentes y tenemos distintas respuestas ante los mismos estímulos. Eso no es lo importante. Hay otras dos cosas que son más importantes:

- Lo primero es saber qué es lo que llevas dentro. Tienes que tener conciencia de cuál es tu carácter: agresivo, tímido, incluso, violento. Y debes ser extremadamente realista en la valoración.

- Lo verdaderamente importante –y esto es lo segundo que no debes olvidar– es que, sea tu carácter como sea, debes tener la capacidad de autocontrol.

Autocontrol quiere decir tener capacidad de dominio sobre uno mismo, sobre las propias reacciones y actitudes. Desde el miedo a la cólera, todo puede ser dominado por ti… o bien dominarte. El héroe no es el que desconoce lo que es el miedo –ese es el insensato–; el héroe es aquel que es capaz de dominar su miedo.

Y ahí estás tú, en el centro, sometido a presiones violentas por todos los costados, y, además, teniendo que soportar las presiones interiores. Porque nadie es inmune e impermeable al ambiente que le rodea. Las presiones que recibimos se filtran en nuestra personalidad y pueden deformar nuestro carácter.

* * *

Esta pequeña obra te va a introducir en un mundo del que, sin duda, ya te habrás apercibido: el de la violencia. Cada uno, desde nuestro rol social, vivimos y sufrimos alguna forma de violencia. En la primera parte, vamos a intentar mostrarte qué es la violencia y dónde está y, en una segunda parte, te enseñaremos cómo hacerla frente. Esta segunda parte está dedicada a los jóvenes, porque tiene que ver directamente con la temática de esta obra: la violencia en la escuela.

Evidentemente, estudiar todos los aspectos de la violencia en la sociedad excede el marco de esta obra. Nos vamos a centrar especialmente en la violencia en las aulas y, por extensión, en la violencia juvenil.

Una cosa debes de tener en cuenta antes de que sigas: estás penetrando en el aspecto más oscuro y sombrío del siglo XXI. Esta época que acaba de comenzar promete ser extremadamente violenta. De hecho, ya lo está siendo. Más que ninguna otra. Tú estás implicado, te guste o no, en todo esto. No puedes permanecer de espaldas al gran problema de tu tiempo. Tienes que conocer el problema, tienes que actuar sobre el problema. Posiblemente, ni tu ni yo lograremos erradicar la violencia de la sociedad. Pero, al menos, debemos intentar que la violencia no pueda nada contra nosotros y no contribuir a agravar el problema.

¿Violencia? ¡No por mi culpa! ¡No por mi ignorancia!

 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

 

Doce años que cambiaron la geopolítica. (VI de VII). 5. Las doce aristas del mundo cúbico (b)

Doce años que cambiaron la geopolítica. (VI de VII). 5. Las doce aristas del mundo cúbico (b)

Infokrisis.- Proseguimos nuestro análisis sobre las "aristas de un mundo cúbico" que nos ayudarán a entender la realidad del tiempo nuevo y a establecer un modelo geométrico tridimensional sobre la naturaleza y alcance de la crisis iniciada con la caída del Muro de Berlín. En los dos capítulos siguientes, solamente nos quedará analizar en profundidad los puntos de crisis extrema (los vértices del cubo) y recapitular lo andado extrayendo algunas conclusiones.

 

7) La neodelincuencia con los actores tradicionales.

Uno de los elementos más sorprendentes del actual proceso de “solidificación” del mundo, o de tránsito del mundo esférico al cúbico, es la irrupción de la corrupción generalizada entre las clases políticas del Primer Mundo. Siempre ha existido corrupción en las democracias, pero ésta se hallaba limitada a la aparición de algunos “bribones” (el affaire del “estraperlo” durante la II República, por ejemplo), así mismo, siempre había existido el regalo interesado a la autoridad de turno, pero nunca como hasta ahora se había operado el proceso de generalización de la corrupción hasta no quedar absolutamente ningún flanco del espectro político fuera de este proceso degenerativo.

El hecho nuevo es que los grandes negocios solamente se hacen a la sombra del poder y la paradoja de que nunca un “estado liberal” (y por tanto abstencionista en cuestiones económicas) ha generado una situación en la que SOLAMENTE sea posible realizar grandes negocios contando con el apoyo de los distintos niveles del poder. Quien no está integrado en esos mecanismos, como máximo puede montar una charcutería o una mercería, pero jamás un negocio rentable con un peso decisivo. Se vende al Estado, se comercia con el Estado o construye quien goza de los parabienes del Estado o de alguno de sus escalones administrativos. Obtener ese apoyo implica: tener una buena red de contactos más allá de los partidos políticos y de los mecanismos representativos y realizar contraprestaciones a los que abren la puerta a ese tipo de negocios. Es el do ut des llevado a su límite más desagradable.

Ningún mecanismo del Estado está en condiciones de realizar una tarea de “limpieza”. A menudo la política de “manos limpias” no es más que un slogan para intentar desbancar a unos políticos corruptos por otros que llegan con hambre atrasada. Casos como la “Operación Malaya” parecen ser apenas una cobertura destinada a ocultar el hecho decisivo e importante: que toda España es una gran y gigantesca Marbella, o dicho de otra manera, que el motor de la economía nacional es, o bien la especulación inmobiliaria, o bien el sector de la construcción surgido al calor de recalificaciones masivas y drásticas. Tras esto se oculta el hecho fundamental: el campo se muere, la agricultura, lejos de ser un negocio, es un sector sometido a presiones contradictorias (la del Estado, las de las Comunidades Autónomas, la de la UE, la de la globalización) que lo hacen altamente inviable; Europa sufre un proceso de regresión industrial que la  está convirtiendo a marchas forzadas en una zona de servicios; la economía especulativa no crea riqueza sino que aumenta las desigualdades de renta y, finalmente, la espiral “recalificación-construcción-especulación” no puede prolongarse indefinidamente.

Para colmo, es en el Primer Mundo donde, también, las grandes mafias de la droga realizan sus grandes negocios. El Primer Mundo es el principal consumidor de droga o, al menos, es allí donde la droga alcanza sus precios más elevados. A pesar de que el dinero de la droga supone acumulaciones de capital iguales o ligeramente superiores a las que mueve la industria de armamento, esos capitales jamás salen a la superficie. Ningún país, ni mucho menos NN.UU., realiza esfuerzos reales para que los paraísos fiscales, las zonas de refugio de capitales negros, sean tratados, como mínimo, como lo fue la Isla de Granada o Panamá, o incluso Irak, a pesar de que crean riesgos de desestabilización mucho mayores que esos países identificados como enemigos e invadidos sin dudar. Esa falta de interés se debe a un hecho sin precedentes en la historia: la arista entre la neodelincuencia y los actores tradicionales está formada por clases políticas, buena parte de cuyas decisiones tienen como finalidad facilitar el trabajo de las mafias de la droga, cobrando su parte alícuota en el negocio. Hace 25 años, en países como Colombia, Perú o Bolivia, las mafias de la droga eran un “poder fáctico” más; era imposible gobernar contra ellos: sus presupuestos rivalizaban con los de esos Estados. A partir de principios de los años 80, cuando se generalizó la llegada de cocaína al Primer Mundo, cuando Marruecos sistematizó sus cultivos de haschís en el Rif, cuando se reavivó la “ruta de la seda” como vía de acceso de la heroína a Europa, la acumulación de capital generada ha sido tal que incluso el precio de la droga ha bajado y, aún así, los beneficios de las mafias se han multiplicado extraordinariamente. Es inútil pensar que esa acumulación de capital no tiene influencia en el Primer Mundo. La tiene. Y de qué manera. No son solamente los “paraísos fiscales”, sino también las instituciones bancarias las que se benefician de esos fondos ilícitos, las “Torres de la Cocaina” (los rascacielos panameños construidos a mediados de los 80 con el beneficio de esa droga) no son una excepción, e incluso habría que ver si la permisividad que inevitablemente ha acompañado a los gobiernos socialistas en materia de drogas (especialmente haschís cuyo consumo se ha banalizado, a pesar del riesgo de idiotización casi inevitable que sufren sus consumidores) no tiene que ver con su “política marroquí”.

Esta arista está generando una dependencia creciente de los Estados del Primer Mundo en relación a los distintos tipos de corrupción y, especialmente, en esa arista se sitúa lo esencial de las clases políticas dirigentes occidentales cuya primera aspiración es utilizar los fondos públicos en beneficio propio (Leo Strauss afirmaba que ningún gobernante adopta medidas que puedan perjudicarle a él personalmente, lo que implica que cualquier gestión que implique recortar los propios beneficios, vengan de donde vengan, de la clase política, es ignorada. El político “democrático” ignora el tiempo que va a permanecer en el poder, por lo tanto, la ley de la optimización del beneficio implica extraer el máximo en el menor tiempo posible. Y cada vez sectores más amplios de la clase política no dudan en caer en la neodelincuencia directamente o en establecer puentes con el narcotráfico.

8) La neodelincuencia con los actores emergentes.

El cáncer de la corrupción ha llegado hasta tal punto en los actores geopolíticos emergentes, que incluso su marcha hacia el pelotón de cabeza de los países “que cuentan” está comprometido. La corrupción está presente en todos los escalones de la administración hindú, incluso en los niveles más pedestres; otro tanto puede decirse de China que, periódicamente, se ve obligada a realizar campañas anticorrupción a la vista de la proliferación vermicular del fenómeno. Esto sin recordar que la mayor crisis sufrida por Rusia durante la década de los noventa, se debió, precisamente, a que amplios sectores de la economía habían caído en manos de bandas mafiosas, al producirse la privatización salvaje del sector industrial. Sin embargo, el proceso que están siguiendo los actores emergentes es diferente al de Rusia, e incluso al de China, donde, en ambos casos, ha existido un fuerte partido comunista que, al ir perdiendo conciencia de sí mismo y de la propia doctrina a defender, ha generado en su mismo interior fenómenos de corrupción y centrifugación del Estado (los Estados débiles son más sensibles a la corrupción que los Estados fuertes). En “democracias” como Brasil o México, las clases políticas se han habituado a vivir de las suculentas “mordidas”, pero es que una parte sustancial de la población, a su nivel, también vive de los circuitos de la delincuencia o, simplemente, está integrada en los mismos. No se termina de ver la legitimidad que políticos corruptos pueden reclamar a la hora de perseguir a la delincuencia de a pie. Incluso en países islámicos como Irán la corrupción no se mira particularmente mal, en la medida en que el individuo no la realiza para sí mismo, sino para su familia, su tribu, su clan. Uno se corrompe, muchos se benefician: luego no existe una condena social a la corrupción, sino una sed de integrarse en sus circuitos, sea como sea.

Por otra parte, países como China tienen una gran tradición mafiosa. Las famosas tríadas entran en este juego todavía hoy. De hecho, el maoísmo no solamente no liquidó estos residuos de otros tiempos sino que, incluso, Mao-Tse-Tung contó con las “sociedades bandidos” para organizar su partido comunista en algunas zonas. Aquellas aguas trajeron estos lodos, y hoy China es un caldo de cultivo extremadamente favorable para la corrupción interrelacionada con el aparato del Estado.

Sabemos que en el Primer Mundo las bandas mafiosas jamás podrán acceder al poder, pero sí que se limitarán a amamantar y pactar con los gestores del mismo. No estamos, en cambio, seguros de lo que ocurrirá en los países en desarrollo acelerado. En Colombia ya existieron casos de narcotraficantes que quisieron –hartos de pagar la mordida a la clase política- constituirse ellos mismos como clase política de reemplazo. El gran cambio político que se produjo en Italia en la segunda mitad de los años 90 no fue motivado por la asfixia del país, sino porque los clanes de la neodelincuencia estaban hartos de pagar “tangentes” a la clase política que, muy frecuentemente, superaban el precio mismo de los servicios. Así que decidieron borrar de un plumazo a la vieja clase política degenerada, desgastada y avejentada del centro-izquierda y gestionar ellos mismos el poder. Era la forma de ahorrarse el pago de las “tangentes”.

Existe el riesgo de que, en los próximos años, las mafias del narcotráfico generen en estos países una acumulación de capital tal, que controlen amplios sectores de la economía. La juventud de estos países en desarrollo acelerado, y la inexistencia de “dinastías económicas”, ha favorecido que las élites corruptas hayan surgido al calor del poder y conozcan bien sus mecanismos. Por otra parte, en estos países no existe un marco democrático formal digno de tal nombre. No se sabe el tiempo que el PC seguirá manteniendo la hegemonía en China, ni lo que ocurrirá cuando se imponga la democratización política, inevitable e inseparable de la democratización económica. En ese momento, es indudable que se producirá una “crisis” y serán precisos reajustes de asentamiento; lo que hoy no puede predecirse es la dimensión de esa crisis y las consecuencias políticas que tendrá. Lo que sí parece muy probable es que, en ese momento, distintos grupos económicos –y no importa si su acumulación de capital se ha logrado por medios lícitos e ilícitos- “pujarán” y lucharán para controlar el Estado o, al menos, algunos de sus sectores clave.

Existe otro escalón de menor importancia, pero fundamental para entender la naturaleza de esta “arista”. En África ya nadie discute que TODOS los gobiernos africanos son corruptos y que África es un gigantesco semillero de todas las corruptelas, no realizadas por mafias, sino por los mismos funcionarios del Estado. Estas mafias, a menudo tribales, hoy son el Estado. Las petroleras han tenido que entenderse con ellas para realizar sus prospecciones. De la misma forma que la inmigración masiva y salvaje ha hecho que barrios enteros de los países del Primer Mundo hayan sido colonizados primero por gentes venidas del Tercer Mundo, luego han practicado la limpieza étnica contra autóctonos y, finalmente, se niegan a reconocer cualquier norma (son las zonas de “non droit”); eso mismo ocurre en toda África: toda África es una gigantesca zona de “non droit” donde solamente rige la corruptela, el racket y el crimen mafioso, sobre unas poblaciones agonizantes y en estado de depauperación creciente. En extensas zonas de Asia, en Asia Central, en Iberoamérica, existen similares procesos. Cada vez más países caen en manos de grupos mafiosos (se llamen como se llamen) y el drama producido es éste: lejos de ver cómo se amplían los “islotes democráticos”, estamos asistiendo a la extensión de la corrupción en el Tercer Mundo como si se tratase de una mancha de aceite.

No hay que perder de vista, finalmente, que la retórica que alimentó a los “países no alineados” en los años 60-80 sigue vigente, en parte, todavía hoy. La diferencia es que hoy, muchos de esos países ya han caído en poder de las mafias de la neodelincuencia.

9) Los beneficiarios de la globalización con los actores tradicionales.

En los actores tradicionales, las fortunas proceden de dos tipos de negocios fundamentalmente: el negocio especulativo y financiero, de un lado; y de otro, el negocio surgido al calor de las nuevas tecnologías y de su aplicación. En ambos casos, la globalización ha supuesto un nuevo impulso, tanto por lo que se refiere a la libre circulación de capitales y mercancías, lo que favorece a los primeros; como a la globalización en sí misma, que beneficia a los segundos.

A finales de los años 90 se creía que las “puntocom” iban a ser las inversiones más rentables en el futuro. Pero la “burbuja” estalló y, a finales del milenio, las “puntocom” evaporaban los fondos de los inversores. Sin embargo, toda aquella masa de capital dejó algunos rastros: miles de kilómetros instalados de fibra óptica,  gracias a los cuales se operó el crecimiento casi asindótico de Internet y fueron posibles fenómenos como la “subcontratación” de servicios en los países emergentes y la creación de “cadenas de suministro” que hacían que la venta de un ordenador en Bobadilla fuera registrada inmediatamente por la central de Hewlett Packard en EEUU, la cual, inmediatamente, comunicaba a su fabricante de Taiwán que era preciso fabricar un ordenador igual al vendido y trasladar a la agencia de transportes el mensaje de que un ordenador de esas características debía de llegar a Bobadilla procedente de Taiwán. Esa “cadena de suministros” funcionando diariamente con millones de pedidos, solamente era viable a partir de unas redes de fibra óptica que cruzaran el mundo. Y eso solamente estaba al alcance de empresas de nuevo cuño.

Estas empresas no estaban solamente ubicadas en el Primer Mundo. De hecho, algunas de las empresas que han obtenido más beneficios en este sector que depende sólo de las nuevas tecnologías tiene su sede social en países emergentes: desde compañías aéreas a compañías de paquetería, desde empresas receptoras de la subcontratación de servicios (especialmente en India) pasando por empresas especializadas en desarrollar software. Lo que demuestra que los beneficiarios de la globalización no se encuentran solamente en el Primer Mundo o en los actores geopolíticos tradicionales, sino que también están presentes entre las élites tecnológicas de los actores emergentes.

La dinámica de estas empresas es radicalmente diferente a las formas clásicas de los beneficiarios de los actores geopolíticos tradicionales, especialmente de sus “dinastías económicas”. Estas funcionan manejando diestramente los mecanismos de la especulación y la alta finanza. A pesar de que están presentes ocasionalmente en las empresas que aprovechan las nuevas tecnologías, lo cierto es que se trata de un grupo extremadamente conservador que se siente más cómodo con los medios clásicos de especulación: el préstamo con interés, la participación en negocios promovidos por terceros, o la especulación bursátil. Si las hemos llamado “dinastías económicas” es porque se trata de linajes de la aristocracia del dinero, que llevan varias generaciones acumulando capital y dedicándose a las mismas actividades. La era de la globalización lo que ha generado es una “internacionalización” de sus negocios. El hecho de que bancos como el Bilbao o el Santander puedan estar presentes en Iberoamérica, o que puedan jugar los capitales de sus depósitos en cualquier bolsa del globo, no ha hecho otra cosa que aumentar las posibilidades de más acumulación de capital. Lo que están haciendo es insistir en la actividad que han desarrollado al cabo de generaciones, aprovechando los instrumentos facilitados por el tiempo nuevo.

Las empresas vinculadas a nuevas tecnologías, en cambio, tienen tendencia a ampliar su radio de acción con cierta lógica y coherencia; o bien a coligarse con empresas de alcance regional para el mejor cumplimiento de los fines de su “cadena de suministros”. Mientras que las “dinastías económicas” utilizan la informática para reforzar sus tácticas de trabajo, estas empresas basan su actividad precisamente en las nuevas tecnologías y en todo lo asociado a ellas. Es lo que podríamos llamar el “dinero viejo” frente al “dinero nuevo”, lo que caracteriza a estos dos tipos de actividades es que, a pesar de extender sus actividades a todo el mundo, tienen su centro habitualmente en los actores tradicionales. Pero existe también lo que podríamos llamar el “dinero oportunista”.

El “dinero oportunista” es un dinero obtenido de las distintas prácticas tendentes a esquilmar el dinero propiedad del contribuyente y destinado a ser utilizado por el Estado para el cumplimiento de sus fines. Este dinero se ha visto beneficiado por la globalización. Su principal beneficiario es el entorno de la clase política y su eslogan es “ayuda humanitaria”. La “ayuda humanitaria” recorre el mundo en busca de tragedias y catástrofes, le importa muy poco si se trata de catástrofes naturales o creadas por el ser humano; lo importante es crear partidas presupuestarias destinadas a “aliviarlas”. Tales partidas son utilizadas en “acciones humanitarias”, extremadamente cuestionables desde el punto de vista de su eficacia e incluso de su honestidad, pero que terminan desviando partes del presupuesto (el mítico límite del 0’7%) a áreas muy difíciles de controlar. Por otra parte, las ONG's beneficiarias de dichos apoyos están íntimamente ligadas a la clase política dirigente. El “dinero oportunista” es, en buena medida, “ayuda humanitaria”. En ocasiones, el cinismo y la mala fe de algunas iniciativas son lacerantes: los americanos, al iniciar los bombardeos contra Afganistán, arrojaron toneladas de “ayuda humanitaria” para compensar el corte de los suministros humanitarios que llegaban desde Pakistán. Las ONG's que proponen a ciudadanos del Primer Mundo que apadrinen a niños del Tercer Mundo les advierten –en la letra pequeña- que no podrán contactar por carta ni personalmente con el niño al que ayudan. Tampoco les dicen que la mayor parte de la ayuda mensual que envían no llegará al niño en cuestión, sino que se perderá en burocracia, publicidad, salarios de la ONG, etc. Valdría más llamar a todo esto “fraude humanitario” o chantaje a la sensibilidad de las buenas gentes.

Pero hay otras muchas formas más de “dinero oportunista”. En realidad, en el Primer Mundo se da la paradoja de que entidades de derecho privado son subvencionadas con fondos públicos en virtud de una legislación que ellos mismos han creado. Los partidos políticos, mayoritarios por supuesto, son los primeros beneficiarios de inyecciones de fondos públicos que, sin embargo, no logran enjugar sus cuantiosos déficit y las deudas contraídas con entidades de crédito. Sorprendentemente, éstas parecen no dramatizar sobre los miles de millones de deuda que los partidos políticos mantienen, y ni siquiera se les ocurre reclamarlas por vía judicial. Simplemente, saben que lo prestado vuelve en forma de prebendas, contratos preferenciales para empresas vinculadas a estas entidades de crédito, o permisividad del aparato del Estado ante el dinero negro, los negocios opacos o el préstamo usurero.

No es el dinero del Estado, sino el dinero del contribuyente anónimo y privado el que alimenta este sector que hemos dado en llamar “dinero oportunista”. Solamente en lo que hemos dado en llamar “actores tradicionales” existe una fiscalidad rigurosa y omnívora que permite mantener una, dos, tres y hasta cuatro niveles paralelos de administración (en el caso de España esto entra ya en el terreno de lo sainetesco con unos Estatutos de autonomía que deberían haber “simplificado” la administración pública, cuando en realidad la han densificado) y una burocracia progresivamente asfixiante. El saqueo que el Estado realiza de los bolsillos particulares, allí donde puede saquear (en los actores tradicionales) termina yendo a parar a las distintas capas beneficiarias de la globalización, constituyendo una arista que es progresivamente lacerante para los ciudadanos honestos del Primer Mundo.

10) Los beneficiarios de la globalización con los actores emergentes.

Los únicos beneficiarios de la deslocalización empresarial son, desde luego, y por mucho que los analistas al servicio de la globalización pretendan lo contrario, los grupos económicos con capacidad suficiente para desplazar sus manufacturas a los actores emergentes, mientras mantienen en el Primer Mundo una red de ventas. Ha ocurrido con la industria del juguete en la provincia de Alicante, cada vez más convertida en una red compuesta por unas docenas de vendedores de unos juguetes fabricados en China. Por muchos argumentos económicos (o pseudoeconómicos) que se nos presenten, el hecho de fondo permanece inalterable: en diez años se han perdido en torno a 150.000 puestos de trabajo en esa industria, y otro tanto en la industria del calzado. Pensar que, a través de cursillos de reciclaje en no se sabe bien qué sectores, se va a lograr absorber a estas legiones de parados, es absolutamente absurdo.

Así pues, los beneficiarios de la globalización son especialmente los jefes de empresa e inversores de aquellos sectores empresariales que, por su configuración, permiten la deslocalización empresarial; esto es, la aplicación de la regla de oro del capitalismo salvaje: obtener mayores beneficios reduciendo costes al máximo. En los países en los que se distribuyen estas mercancías, el misterio consiste en saber si dentro de quince años seguirá habiendo consumidores, o si tendrán la configuración de un gigantesco campo de parados, un verdadero páramo laboral, en el que solamente el sector servicios mantendrá una mínima actividad, junto al especulativo y todo lo relacionado con ello. Pero en los países-factoría la cosa no será mucho mejor. Legiones de trabajadores realizarán su actividad, no para llevar una vida digna, presidida por la “seguridad” en el empleo, en las coberturas sociales, en poder satisfacer su ocio, sino simplemente para sobrevivir. Si un día los costes de la deslocalización se revelan inviables, no será por las alzas salariales, ni por las reivindicaciones sindicales o la instalación de coberturas sociales en aquellos países, sino, simplemente, por el alza del precio de la gasolina. El trabajador en esas zonas es una fuerza mecánica, completamente deshumanizada, sin esperanzas de abandonar un día su estado de postración, a la que se engrasa mediante un salario, lo justo para que pueda seguir funcionando y para que genere una actividad económica tal que sus magros ingresos terminen, finalmente, en los beneficiarios de la globalización mediante los caminos más variados. Unos pasarán el Estado en forma de impuestos, otros irán a parar a las entidades de crédito, otros, finalmente, serán embolsadas por multinacionales de alimentación (las únicas que pueden abastecer a un mercado tan masivo como el de los actores emergentes).

Nos equivocaríamos si pensáramos que la deslocalización iba a favorecer a las poblaciones de los países emergentes. De hecho, sólo favorece a pequeñas minorías. En Bangalore (India) reside hoy la mayor concentración de programadores informáticos de todo el orbe, muy superior incluso a la que existió en los ochenta y noventa en Silicon Valley. Varios cientos de miles de hindúes con un alto nivel de inglés están vinculados también a iniciativas de subcontratación que han migrado del Primer Mundo a la India a causa del ahorro en salarios y de que los miles de kilómetros de fibra óptica trazados por las “puntocom” antes de reventar han facilitado la comunicación a alta velocidad con cualquier punto del globo. Pero la fibra óptica se detiene a un kilómetro de las chabolas de la India. No toda la India es Bangalore, de la misma forma que no toda China es Hong-Kong. Hoy se calcula que, en estos países, los beneficiarios de la globalización (incluidos empleados que se limitan a contestar al teléfono en correcto inglés a clientes que llaman desde Montana o Texas, con alguna reclamación o consulta, que no reciben altos salarios pero si tienen estabilidad en el empleo y aspiran un día a migrar a los EEUU o Europa) son apenas un 0’2% de la globalización. Va a ser muy difícil que en los próximos años esa cifra se eleve hasta el 1%. La globalización en lo que se refiere a beneficiarios apenas alcanza a minorías ínfimas.

A nadie se le escapa lo socialmente peligroso que supone situar la miseria a un lado de la calle y los escaparates del consumo al otro. Por muy elevados que sean los crecimientos económicos de China e India, eso no implica que los beneficiarios vayan a ser los sectores mayoritarios de la población sino, simplemente, que los beneficios de la élite de beneficiarios de la globalización en los actores emergentes van a seguir multiplicándose. En países como China e India que, juntos, suponen algo bastante más que un tercio de la población mundial, todo es masivo. Para que exista una burguesía media con presencia significativa, la única clase sobre la que podrían asentarse unas formas democráticas dignas de tal nombre, va a hacer falta que, como mínimo, ésta cuente con un 10-15% del total de la población. Algo que, hoy por hoy, parece muy alejado.

Más bien parece que lo más probable va a ser que, antes de que cristalice la formación de esa burguesía media, los actuales desajustes sociales generarán sacudidas extremadamente violentas que pueden llegar a comprometer, incluso, la estabilidad misma de estos países. Esa sería la catástrofe para la globalización, no desde luego tan grave como la elevación constante del precio de los hidrocarburos, pero sí lo suficientemente aguda como para que algunos sectores económicos y países europeos volvieran sobre sus pasos y dudaran de la eficacia del “sistema global”.

El gran problema consiste en que los beneficiarios de la globalización en el Primer Mundo y los beneficiarios de la globalización en los actores emergentes hablan el mismo lenguaje y lo seguirán haciendo… mientras sigan siendo beneficiarios. Pero en el momento en que los actores emergentes vean detenido su crecimiento por factores sociales internos (revueltas y reivindicaciones socio-políticas) o a causa de factores externos (aumento imparable del precio de los hidrocarburos), todo el sistema se conmoverá y correrá el riesgo de derrumbarse, pues no en vano el “dinero” es cobarde y se invierte allí donde hay mayores seguridades. La inestabilidad del sistema mundial surgido tras la Caída del Muro de Berlín implica que las “zonas seguras” van trasladándose de un lugar a otro. La libre circulación de capitales facilita estas migraciones pero, frecuentemente, deja atrás regueros de miseria y depauperación. De ahí que esta arista sea extremadamente quebradiza y corra el riesgo de desintegrarse –al menos en su configuración actual- a la primera crisis.

No hay que olvidar que en el momento de escribir estas líneas el gobierno indio ha acusado a los servicios secretos pakistaníes de estar tras los atentados de julio en aquel país, lo cual es, probablemente, cierto (de hecho si otros países utilizan el terrorismo para realizar o justificar reajustes interiores, sería difícil enarbolar alguna coartada moral para impedir que los actores emergentes hicieran otro tanto), con lo que la tensión indo-pakistaní por la zona de Cachemira se ha reavivado bruscamente. Un conflicto de este tipo sería muy diferente a la guerra de Bangla-Desh de 1969-70. No se trataría sólo de una catástrofe humanitaria, sino que muchas empresas de vanguardia en el Primer Mundo deberían reorientar bruscamente sus “cadenas de suministro” y revisar sus programas de subcontratación de servicios. Dejando aparte que los efectos de un conflicto localizado de este tipo serían perceptibles a escala global. El hecho de que se trate de una hipótesis terrorífica no quiere decir que no sea la que tenga más posibilidades de producirse en los próximos años.

11) Los beneficiarios de la globalización con los actores energéticos.

Quizás sea éste el momento adecuado para recordar que los beneficiarios de la globalización no pueden identificarse con actores nacionales. No son “naciones” las que son favorecidas por las mieles de la globalización, en tanto que no son sus burguesías nacionales, sino sus aristocracias económicas unidas a sectores muy pequeños y subordinados a éstas (sectores ligados a las nuevas tecnologías, sectores de cúspide de las clases políticas dirigentes), quienes pilotan el proceso. Precisamente –y esta es la característica nueva del período surgido a partir del 9 de noviembre de 1989- el actual momento histórico registra la destrucción acelerada de las burguesías nacionales en unas partes del planeta, mientras que en otras se constituyen lentamente pequeñas burguesías siempre subordinadas a las aristocracias económicas de nuevo cuño o a la transformación de aristocracias tribales en económicas. En estas condiciones parece muy difícil que en los países emergentes puedan cristalizar verdaderas democracias formales. La presencia de una fuerte burguesía nacional, arraigada, con iniciativa y difusora de ideas democráticas, es la única garantía de que este proceso vaya a producirse e incluso de que pueda producirse. Insistimos: no podemos hablar hoy de Estados, o naciones, sino de aristocracias, o mejor oligarquías, económicas.

Esto puede hacer creer que la nueva situación “supera” a la geopolítica en tanto que el espacio territorial tiene poco que ver con el ámbito de actividad económica de estas oligarquías. No es así. De la misma forma que, a pesar de la aparición de nuevas tecnologías bélicas, la forma efectiva de ocupar un territorio no ha variado desde el mundo antiguo: en efecto, solamente una buena infantería garantiza esa posibilidad; análogamente, para que una oligarquía económica pueda desarrollar su actividad precisa de una base territorial. La globalización nunca podrá ser “total”. Ya hoy se percibe que uno de los fundamentos de la misma es la “contigüidad”. No todas las mercancías son “globalizables”, ni todas las “cadenas de suministro” pueden extenderse de un lugar a las antípodas. Precisamente, la hegemonía relativa actual de los EEUU se basa en que la sede social de las compañías multinacionales más poderosas sigue estando –y tributando- sobre el territorio de los EEUU.

Por ello, esta situación precipita el segundo hecho nuevo a nivel geopolítico: es cierto que naciones enteras “desaparecerán” de la escena en la medida en que la inexistencia de oligarquías económicas que puedan operar, al menos, a nivel regional y el agotamiento de sus recursos energéticos (allí donde existan), unido a bajos niveles demográficos o a situaciones sanitarias degradadas, hará que, virtualmente, esos países dejen de existir. Buena parte de África, especialmente en el interior, sufrirá (está sufriendo ya) este proceso en los próximos años. Algunos países del mundo árabe seguirán análogo proceso cuando las reservas petroleras terminen agotándose y si en el curso de las dos próximas décadas, esos países (y sus “príncipes” de las Mil y una Noches) no son capaces de crear industria o modos de riqueza alternativos.

Esto por lo que se refiere a los beneficiarios de la globalización (oligarquías, no pueblos). En cuanto a los actores energéticos su problema tiene mucho que ver con la problemática espacio-tiempo que hemos tratado antes. Esos actores tampoco son “nacionales”, si bien dependen de “espacios nacionales”. Las compañías explotadoras del petróleo actúan en horizontes muy diferentes, frecuentemente en los cinco continentes. Los elevados costos de explotación absorben buena parte de los beneficios que obtiene. Esto ha terminado por desaconsejar la existencia de un sector petrolero nacionalizado: las inversiones son tales que terminan desequilibrando a las naciones que lo intentan. Por otra parte, la explotación y comercialización de estos productos precisa un mecanismo de gestión eficaz y ágil y no puede estar en manos de sectores públicos que, especialmente en el tercer mundo, están sometidos a la corrupción, a los cambios políticos constantes y a una falta absoluta de estrategias a medio y largo plazo. El período en el que las “Siete Hermanas” se repartían el comercio mundial del petróleo terminó hace ya tres lustros, más o menos con el final de la Guerra Fría. Pero también en este terreno existe un hecho nuevo: han aparecido nuevas compañías petroleras que tienden a nacer, desarrollarse, fusionarse con otras, para ver cómo en otro lugar se repite el fenómeno. El hecho nuevo es que no se trata de compañías explotadores de hidrocarburos “químicamente puras”, sino que en su inmensa mayoría dependen del capital financiero, han sido creados por él o están ligados a consorcios empresariales que nada tienen que ver con el sector petrolero, sino que incluso proceden de otros sectores muy diferentes como el de la alimentación.

El hecho es que en las bolsas de valores cualquier particular puede comprar y vender acciones de cualquier compañía. En realidad, estas operaciones son insignificantes y sin apenas repercusión global –salvo en períodos de “avalanchas” hacia determinados productos del mercado bolsista (las “puntocom” en su momento)-. No es el pequeño inversor el que decide el destino de la bolsa, sino los grandes inversores (los únicos cuyas operaciones son registradas por las pantallas de las bolsas en tanto se consideran demostrativas y decisivas para la subida y bajada de tales o cuales acciones). La historia del “juego de la bolsa” es siempre el mismo desde que se fundaron: la dinámica infernal y repetitiva consiste en recoger el dinero de pequeños inversores que venden en momentos de crisis a los grandes inversores (los únicos que tienen fondos de resistencia para aguantar en esos tiempos). Así, las pérdidas no las pagan los grandes consorcios… sino los pequeños inversores.

En el momento actual, las acciones de las petroleras están ligadas a consorcios industriales y bancarios siguiendo el proceso de acumulación de capital que ya adivinaba Marx desde su mesa de la biblioteca de Londres cuando veía como se fusionaban industrias creando nuevas sociedades anónimas, o bien casando a sus vástagos…

La cuestión es que los beneficiarios de la globalización y los actores energéticos… son, básicamente, los mismos. No todos los beneficiarios tienen directamente relación con los actores energéticos, pero sí que la mayoría de beneficiarios están íntimamente ligados, directa o indirectamente, a estos sectores. Así pues, más que hablar de una “arista”, estamos aludiendo a un ángulo romo.

La importancia y el peso de este ángulo irá creciendo en el futuro próximos. Tal y como está configurado nuestro mundo tenderá a crecer en los próximos años. La sustitución del petróleo por energía de fusión no puede sino retrasarse entre 25 y 35 años. Parece problemático que, dados los actuales consumos energéticos, las reservas actuales de petróleo puedan prolongarse durante tanto tiempo. Así pues habrá que recurrir a soluciones derivadas del cultivo de oleaginosas (para la fabricación de biodiesel) o bien a estimular la producción de alcoholes (etanol), o bien al tratamiento de pizarras y arenas bituminosas (gasolinas sintéticas).

A decir verdad, la crisis energética demuestra una cosa, como mínimo, sorprendente. Si tenemos en cuenta que los hidrocarburos han tardado millones de años en formarse a partir de masas orgánicas sumergidas, lo cierto es que en los últimos 150 años hemos agotado este “pasado”. Simplemente han bastado 150 años para consumir, y por tanto destruir, un patrimonio acumulado durante millones de años. Puede entenderse que hayamos dicho al principio de este ensayo “provisional” que existen civilizaciones del espacio y civilizaciones del tiempo: la civilización moderna se ha “comido” –literalmente- millones de años de paciente acción de la naturaleza.

12) Los beneficiarios de la globalización con la neodelincuencia.

Existe un sector de beneficiarios de la globalización completamente delincuencial. Determinadas formas de delitos serían imposibles sin la libre circulación de delincuentes en determinadas áreas del planeta, especialmente en el Primer Mundo y, más en concreto, en la Unión Europea. Un kilo de heroína puesto en el interior del espacio Schengen puede llegar a cualquier punto de Europa sin ningún obstáculo; una banda de delincuentes puede dar golpes en un país concreto y, cuando ya está demasiado “machacado”, pasar a otro sin dejar rastros hasta que nuevamente se produzca la saturación. Una reforma en el código penal de un país, que atenúe las penas para determinados delitos, puede operar como “efecto llamada” para delincuentes de todas las latitudes. La globalización ha allanado el camino de la delincuencia. Nunca como ahora las bandas actúan con tanta libertad y, paradójicamente, a pesar de los mecanismos de seguridad del Estado, cada vez más reforzados, nunca han operado con tanta tranquilidad y seguridad.

Para colmo, los Estados europeos viven todavía el frenesí progresista que ha supuesto desde hace treinta años una verdadera parálisis de los mecanismos penales. La idea dominante –hoy en vías de desaparecer- es que el delincuente es víctima de circunstancias sociales, en lugar de –como suele ocurrir- culpable de vivir fuera y al margen de la ley. Así pues, la tendencia general es a priorizar la “reinserción” del delincuente en lugar del resarcimiento a la víctima. Este sistema ha fracasado estrepitosamente en el momento que se han producido las oleadas de inmigración masiva que han operado un verdadero “efecto llamada” sobre la delincuencia. Como siempre, mientras que los afectados –la ciudadanía- perciben el problema desde hace años, la clase política reacciona con una lentitud exasperante y una falta de decisión insultante para los electores.

En realidad, este problema resulta extremadamente preocupante. Los beneficiarios de la globalización viven de espaldas a la delincuencia en la medida en que la delincuencia no está en condiciones de llegar hasta los “fortines” donde viven. Entre la delincuencia rige la ley del mínimo esfuerzo: el blanco a expoliar no es aquel al que se le pueden sustraer más botín, sino aquel otro que resulta más fácil de saquear.

No es que los beneficiarios de la globalización cooperen con la neodelincuencia; de hecho, como máximo, solamente se han dado este tipo de relaciones entre los medios de la finanza y las capas altas de la delincuencia y el narcotráfico. Lo que supone esta arista es algo muy diferente: es una zona neutra en la que los beneficiarios de la globalización en el Primer Mundo, cínicamente, dejan que la neodelincuencia actúe a sus anchas, en la medida en que las víctimas “son otros”. Sin embargo, en el Tercer Mundo la delincuencia amenaza más directamente a los beneficiarios de la globalización (en Colombia este sector aporta el mayor contingente de secuestrados) y todavía sería peor, probablemente, si el cáncer progresista hubiera calado más hondo en el terreno de códigos penales permisivos y un sistema penitenciario basado en la rehabilitación.

Pero hay algo mucho más grave que todo esto. Lo cierto es que determinadas prácticas económicas realizadas por los beneficiarios de la globalización son propiamente delincuenciales. Los últimos años de liberalismo salvaje han hecho olvidar la existencia de “delitos sociales”. Existen delitos ecológicos en boca de todos, pero apenas nadie recuerda los delitos sociales. Lo obvio es que la destrucción de puestos de trabajo en Europa y la contratación de trabajadores-esclavos en zonas en expansión, no es un delito social, sino dos… Por otra parte, es rigurosamente cierto que existen delitos ecológicos, pero, no tanto en Europa donde el nivel de conciencia ecológica es muy alto, como entre los actores emergentes que tienen prisa por incorporarse al pelotón de cabeza de los países industrializados sin importarles en absoluto los daños medioambientales. Y eso también puede ser considerado como mera delincuencia. Como delincuencia es, igualmente, la destrucción del tejido industrial en Europa y su traslado allí  donde la permisividad y la lasitud de las autoridades permiten producir de manera más salvaje y a menor coste. Eso también es delincuencia.

Así pues, lo que en última instancia tenemos es el lento, pero constante, deslizamiento de franjas cada vez más amplias de los sectores beneficiados por la globalización hacia la neodelincuencia; no, desde luego, la delincuencia de antifaz y ganzúa, sino un tipo de delincuencia caracterizado por su falta de escrúpulos a la hora de planificar la estrategia de sus negocios.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisi@yahoo.es