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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El Grial. Capítulo 23 de Le Mystère du Vin, de Louis Charpentier

Infokrisis.- Estamos traduciendo una pequeña obra de Louis Charpentier -autor de libros publicados en los años 70 y 80 con títulos como El Misterio de la Catedral De Chartres, Los Gigantes y el Misterio de los Orígenes, El misterio Vasco, El Misterio del camino de Santiago y Los misterios Templarios- titulado El Misterio del Vino cuyo nombre ya es de por sí elocuente. La obra es singularísima porque explica todos los tradiciones que giran en torno al vino. El último capítulo sintetiza, en buena medida, lo que el vino ha constituido para la tradición occidental y que se resume en el tema del Graal. Y es justamente en estos momentos cuando la ola de confusión que cierta literatura novelesca de muy mala calidad ha difundido en torno al Graal, es de agradecer el retorno de quien como el fallecido Charpentier nos remite al "verdadero camino". Por eso reproducimos el capítulo que constituye el último de esta obra.

23

El Grial

El hada o diosa gala Kerridwen era la personificación de la naturaleza e inspiradora de la poesía: preparaba en un caldero sagrado el brebaje de la sabiduría. Era una mixtura (gréal), compuesto, al parecer, por seis plantas mágicas que era preciso dejar hervir durante todo un año.

Un día, mientras que iba a recoger hierbas, dejaba el caldero a cargo de su enano Gwion. Pero, desgraciadamente, el enano removiendo el precioso brebaje, hizo caer tres gotas sobre sus dedos. Instintivamente, se llevó los dedos a la boca y, por ello, adquirió el Conocimiento.

Luego huyó. Perseguido por Kerridwen, una lucha con metamorfosis incluidas, se entabló entre ellos. Finalmente, Gwion, a fin de escapar a la magia, se transformó en grano de mijo que, ella convertida en gallina, comió; nueve meses después, tuvo un hijo. Taiesin, que más tarde sería el gran maestro de la sabiduría, un druida sabio entre todos.

Este caldero de Kerridwen, es igualmente el caldero de Lug; el caldero de la abundancia, el constructor, el mago. Es el Lug del largo brazo, el operativo. Hay un caldero en el cual hierven estas pociones que curan enfermos y heridos, que resucita a los muertos, el primero de los griales… Es médico y alquimista” (1).

Con los cristianos, el caldero donde se prepara el brebaje divino se convierte en el vaso sagrado que Cristo había designado a sus apóstoles invitándolos a beber, “li vaissiaus u Jesús sacrifioit”, aquel donde se ofrecía a sí mismo.

La leyenda cristiana de la Edad Media quiere que José de Arimatea haya recogido, en este mismo vaso, la sangre de Cristo que manaba del corazón traspasado por la lanza de Longinos: “Et la sanc qui en dégoutait mist en son vaisiel”.

El Grial es pues el instrumento de una comunión con el mundo sobrenatural; hubo conservado, por otra parte, los caracteres esenciales del caldero sagrado de las antiguas religiones célticas: da la sabiduría y, sobre el plano material, posee el poder de curar y apacigua la sed y el hambre. Así, cuando José de Arimatea sea encarcelado durante cuarenta y dos años sin que ningún alimento le sea dado, bastará contemplar el Grial que había guardado, para no tener necesidad ni de alimento ni de bebida.

“La historia de las cruzadas revela que, tras la toma de Ascalón, un vaso sagrado correspondió a los genoveses, un vaso de forma octogonal, de oro, y de este vaso nació la leyenda del Grial… (2).

Por otra parte el tesoro de la catedral de Valencia, en España, dice poseer el verdadero Graal, que es igualmente un muy bello caliz de oro adornado con piedras preciosas, que me ha sido dado admirar.

Este vaso maravilloso, lo volvemos a encontrar a finales del siglo XII, en los relatos de Chretien de Troyes:

Perceval, que cabalga solo en busca de aventuras, llega, una tarde, a la orilla de un amplio río que no puede atravesar. Ve una barca sobre la que se encuentran dos hombres. Uno de ellos le ofrece hospitalidad: es el que se llamará el “rey pescador” o rey méhaigné (herido).

Cuando el joven caballero llega al castillo de su huésped, le acogen servidores, despojándolo de su armadura y revistiéndolo de un manto escarlata. Luego, es conducido en la gran sala del castillo, donde, nos dice Chrétien, había lugar para cuatrocientos caballeros. El señor que le ha invitado, anciano y casi enfermo, esta recostado sobre un lecho, ante una chimenea donde arde el fuego. Ruega a Perceval sentarse a su lado. Y allí ocurre una escena extraordinaria:

Un valet (3) entra, manteniendo por medio de un mango una lanza escarlata. En la punta de esta, una gota de sangre discurre lentamente a lo largo de la lanza, hasta la mano del valet.

Le siguen dos hermosos jóvenes llevando cada uno de ellos, candelabros de oro donde arde un gran numero de velas. Una joven les sigue detrás de ellos:

Un graal antre ses deux mains

Une damoiselle tenoit,

Que avuec les valsez venoit,

Bele et jante et bien acesmée (4).

Quant elle fut leanz antrée

Atot le graal qu’elle tint,

Une si granz clartez i vint

Qu’aussi perdirent les chandoiles

Lor charté come les estoiles

Quant li solauz lieve ou la lune (5).

Según Chétien de Troyes, el Graal era de oro puro. La joven que lo lleva es seguida de otra que sostiene una pequeña bandeja plana.

Se sirve una comida suntuosa… Y al día siguiente Perceval se pone en camino hacia la corte del Rey Arturo donde le esperan numerosas aventuras.

La muerte prematura impidió a Chrétien de Troyes terminar su relato.

Inmediatamente después suyo, a principios de siglo XIII, Wolfram von Eschenbach recuperó el mismo tema y concluyó el relato. Según la antigua leyenda germánica, Titurel habría levantado un templo al Santo Grial, en Montsalvat, y lo habría confiado a la guardia de doce caballeros templarios. Pero una tradición quiere que von Eschenbach diera como marco a su canción de gesta, el monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca, en España, morada de los templarios, guardianes del Grial, y donde aún pueden verse, esculpidos en el monasterio, sus enseñas

Para el poeta, el Grial es una piedra maravillosa “que en su esencia es toda pureza”, que sana e impide morir.

En su relato, el cortejo que recorre el castillo es mucho más fastuoso que en el de Chértien; la reina, Repanse de Joie, está precedida por jóvenes magníficamente vestidas y “sobre un pañuelo verde esmeralda, lleva un objeto tan augusto que el paraíso no sería más hermoso. Este objeto, se llamaba el Grial”. Lo coloca sobre la mesa tallada en jacinto.

“Tres tablas han llevado al Grial. Una es redonda, la otra es cuadrada y la tercera es rectangular, y las tres tienen la misma superficie…”

“Y estas tres mesas están presentes en el plano de Chartres, siendo el medio de construcción más extraordinario y, por así decirlo, más extravagante que me he atrevido a describir” (6).

Existe igualmente una “leyenda según la cual el Grial habría sido tallado en una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer (Lux, lucis y fero: el que lleva la luz), al caer junto a los ángeles rebeldes a las esferas de la luz increada…” (7)

“De textura hialina, esta gema preciosa entre todas debe su color verde al spiritus mundo, al espíritu del mundo que se introdujo como en un vaso de elección” (8).

Y esto plantea una cuestión: ¿qué era pues el Grial, este vaso misterioso del que se busca siempre su exacto significado? ¿Era el caldero sagrado donde los celtas preparaban sus “medicinas universales”? ¿O más bien era la copa que, tras haber contenido el vino de la Cena, hubo recogido la preciosa sangre de Cristo? ¿O la esmeralda, esta piedra preciosa como no hubo jamás, caía de la frente de Lucifer? ¿O según Wolfram von Eschenbach, la piedra maravillosa?

¿Continente o contenido?

Es evidente que “la leyenda cristiana del Grial no es más que una adaptación de una leyenda celta muy anterior. Y la palabra Graal es, en sí misma, un vocablo celta.

“Su origen no es, sin embargo, ciertamente céltico. Puede ser muy bien anterior. En mi opinión esta palabra deriva de la raíz “Car” o “Gar”, que significa “piedra”. El Gar-Al, o Gar-El, podría haber sido el vaso que contuvo la piedra, o el vaso de piedra (Gar-Al), o la piedra de Dios (Gar-El)” (9).

Sea como fuere, es indudable que el símbolo es alquímico, tal como nos permiten pensar todos los poemas y leyendas que giran en torno a la preciosísima copa.

En el relato de Chrétien de Troyes, en la procesión que atraviesa la gran sala, una joven lleva el Grial de oro puro, otra sigue llevando una bandeja de plata; el sol y la luna, los dos padres herméticos de la piedra filosofal. Y la lanza, indispensable para la obra alquímica, aún manchada con la sangre del dragón.

Y más adelante en el poema, Perceval, apoyado sobre su lanza, contempla –sin entender exactamente lo que está viendo- la sangre que ha extendido sobre la nieve blanca, una oca herida. El caballero está fascinado por estos dos colores, rotundos bajo el sol de invierno: el blanco y el rojo.

En la novela gala de Peredur, un pato había resultado muerto; sobre la nieve manchada con su sangre, se abatió un cuervo. Como Perceval, Peredur se detuvo a fin de mirar el cuervo negro, la nieve blanca y la sangre roja.

Es fácil reconocer en todo esto los tres colores alquímicos; en Chrétien, solamente aparecen dos: la obra al blanco y la obra al negro.

Para Wolfram von Eschenbach, es, como hemos visto, la piedra de “toda pureza, que cura e impide morir”, virtudes características de la piedra filosofal.

Y para nosotros cristianos, es el vaso sagrado que ha contenido el vino precioso de la Cena: la sangre de Cristo. Vino que cura el alma y le da la vida eterna.

En realidad, la solución del enigma nos es dada en el portal norte de la catedral de Chartres, el portal de los iniciados: Melquisedech lleva el Grial, el “santísimo vaso”, de donde emerge, perfectamente visible, la piedra filosofal. “Es el Santo Grial, es la gracia del Espíritu Santo”, tal como había dicho San Bernardo.

(1) Los Gigantes y el misterio de los orígenes. Ed. Plaza & Janés.

(2) El Misterio de la Catedral de Chartres, Ed. Plaza & Janés.

(3) En esta época, valen tiene el sentid de joven gentilhombre,

(4) Acesmée: adorno y de noble porte.

(5) Chrétien de troyes, Perceval le Gallois.

(6) Los gigantes y el misterio de los orígenes, Ed. Plaza & Janés.

(7) E. Canseliet, Alchimie, Ed. J.J. Pauvert.

(c) Por la traducción: Ernesto Mi,à - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

Edgar Neville (II de V). Biografía personal y cinematográfica, (Mi Calle)

Infokrisis.- Escribimos esta segunda parte de nuestro comentario sobre la obra de Neville justo después de haber visionado toda su filmografía accesible desde emule y sus dos últimas películas: El Baile y Mi Calle, a efectos de elaborar este comentario. Y si hay algo que nos haya llamado la atención puede resumirse en dos palabras: humanidad y ternura. Estas dos palabras –junto al casticismo al que nos referimos en el artículo anterior- forman la trilogía de valores que componen el ánima de la obra y de la vida de Neville. Esta es su vida.

Edgar Neville, los pasos y los días

¿Quién era Egar Neville y por qué un personaje tan castizo tenía un nombre que sugería el del policía de Scotland Yard que persigue impenitentemente a Fu Manchú? Responder a esto es viajar a los orígenes de este sorprenden intelectual que, por serlo, lo era hasta en el nombre.

Era Edgar por acuerdo unánime de sus padres. Neville por el verenable Edward Neville, ingeniero inglés que los azares de la vida llevaron a Madrid para supervisar una industria. Romrée, su segundo apellido, a causa, naturalmente de su madre, María de Romré de quien heredó el condado de Berlanga de Duero. Berlanga parece cuadrar a los cineastas españoles. Su educación esmerada se realizó en el colegio del Pilar, verdadera planta de montaje de intelectuales de la primera mitad del siglo XX español. Había nacido con la crisis finisecular, en 1899.

Si fue algo fue un tipo con un elevado sentido del humor. En 1917 conocerá a Tono, que con el tiempo se convertirá en alma de todas las publicaciones humorísticas españoles, empezando por La Ametralladora y terminando por La Codorniz. Neville colaborará con él en todas estas empresas. Pero si había algo que le interesaba en vida a Neville era el carnaval. Esta afición le llevará incluso a reproducir el cuadro de Goya El Entierro de la Sardina en una de las escenas de Mi Calle. Hay algo en Nevlle que remite al dionisismo desmesurado, a la carcajada incluso en las situaciones más trágicas y en las situaciones más desesperadas, donde cualquier rictus de sonrisa se agradece. En 1917, con apenas 18 años, estrenó La Vía Láctea con La Chelito, un vodeville en medio acto que ya entonces llamó la atención.

Sus padres casi le obligan a estudiar Derecho, de todas las carreras, sin duda la que por su formalismo se adaptaba menos a la ecuación personal de Neville. Acabó derecho aburrido de leyes, códigos y articulados soporíferos. Niño bien, podía haberse librado del servicio militar con que solamente papá y mamá realizara un pago en efectivo al Estado. Sin embargo, su primer desengaño amoroso le impulsó a alistarse en el ejército y no lo hizo en cualquier cuerpo con la esperanza de mantenerse “en palanca”, sino que se alistó en los húsares destinados a combatir en Marruecos. No fue, a decir verdad, un héroe, se comportó como los buenos en los pocos combates en los que participó y fue repatriado al sufrir una grave enfermedad. Repatriado y licenciado. A partir de entonces se convertiría en un asiduo a las tertulias literarias madrileñas.

Sus padres lo enviaron a Granada para terminar Derecho y lo hizo, pero allí se relacionó con Lorca y con Falla. Ambos le transmitieron la pasión que había aflorado en él en la guerra de Marruecos: el flamenco, que se unión a su gran pasión, las letras. Los años veinte fueron un buen momento para él. Lorca le presenta a Salvador Dalí y en las tertulias madrileñas conoce a Manolo Altoaguirre y demás exponentes del 27. Su error fue casarse con una malagueña de complejos apellidos y nobleza acrisolada. El matrimonio, como veremos, se juró amor eterno, pero no soportó el paso del tiempo.

Se licenció finalmente, pero juró que jamás ejercería el derecho, así que, por consejo paterno, ingresó en el cuerpo diplomático. Fue lo mejor que podía hacer. Exteriores le envió primero a Washington. Pero entonces ocurrió lo inesperado. En sus vacaciones se fue a Los Ángeles con su mujer e hijo. Es que le apasionaba el cine. Ese viaje determinaría su vida futura. Por allí estaba también Blasco Ibáñez. Chaplin le presentará a los grandes actores del Hollywood de la época: Mary Pickford, Douglas Fairbanks, Bebe Daniels, Loretta Young, Adolphe Menjou, Joan Crawford,... De todos ellos aprendió algo. Almacenaba conocimientos y técnicas, sabedor de que un día sería él quien haría grandes películas. Los Ángeles ya era en la época la Meca de la incipiente industria del cine. Seguramente fue el único diplomático que trabajó en una película de Chaplin con quien le unión una estrecha amistad a pesar de que solamente pudiera ofrecerle un papel secundario (sino cuaternario) en Luces de la Ciudad. Neville se aproximaba a lo que más le satisfacía: el mundo de la farándula. Lanza por los aires la carrera diplomática y se embarca como guionista en la Metro.

Fue contratado como guionista y adaptador de los filmes de la productora destinados al mundo hispano. Pero Neville se sentía solo en Hollywood. En concepto de ocio y diversión que practicaban aquellas máquinas de ganar dinero, no era el suyo. Así que empezó a llamar a sus amigos. Buñuel, a quien había conocido a través de Lorca y de Dalí, Tono, su amigo de siempre, Jardiel Poncela y otros acudieron a su cita en Hollywood. Seguramente este es el período más feliz de Neville y de tantos otros españoles inconscientes de que nuestro país se precipitaba a lo que fue el conflicto más sangriento del siglo XX.

A su regreso a España encuentra a la industria del cine española escuálida, esquelética y desnutrida. Nadie creía en ella ni existían medios suficientes para filmar algo de interés. No sería sino hasta el 35 cuando consiguiera filmar El malvado Carabel, con un juvenil y desgarbado Fernando Fernán Gómez como protagonista. Es una buena película basada en una novela de Fernández Flores. Carabel es un buen hombre al que la vida trata mal, así que un buen día decide vengarse de la sociedad y convertirse en un “gran malvado”. Fracasa, por supuesto. Nadie se convierte en un criminal sino lleva el crimen en el tuétano. La película es, a ratos brillante y esperpéntica, pero nos demuestra que en la preguerra el sector inmobiliario ya estaba formado por caraduras sin escrúpulos y a su calor se gestaban las fortunas más insultantes de la época. El éxito le acompañó. Primera película, primer éxito. Luego vino, La señorita de Trévelez, adaptación de una obra teatral de Arniches, tragicomedia casi costumbrista que años después Estudio 1 repuso para TV con grandes actores como intérpretes (José Bódalo, José María Cafarell, y tantos otros). La película de Neville es buena –y de hecho volvió a tener éxito– pero a nuestro juicio es inferior a la obra de teatro que, en el libreto de Arniches transcurre solamente en dos escenarios que se prestan poco al lucimiento cinematográfico.

Inaugura los treinta separándose de su mujer y conociendo a una mujer excepcional, Conchita Montes. Nosotros la conocemos por sus papeles cinematográficos que destilan una personalidad arrolladora. Afortunado él que la conoció en carne y hueso. Conchita Montes era aristócrata como él, intelectual como él y artista, como él, bien relacionada. No solo fue el amor de su vida, sino la mujer que le salvó la vida en los primeros momentos de la malhadada Guerra Civil. Pudo huir, primero a Londres y luego aproximarse a la patria, estableciéndose unas semanas en San Juan de Luz. A mediados de 1937 cruza el puente de Hendaya y se une como voluntario a las tropas de Franco. Su experiencia en Hollywood le servirá para filmar los mejores filmes propagandísticos del bando nacional: Ciudad Universitaria, donde describe el asedio de Madrid y la irrupción de las Brigadas Internacionales, Juventudes de España que muestra que hubo mucho de ideológico en nuestra Guerra Civil, Vivan los hombres libres, Carmen fra i rossi (en español Frente de Madrid) con arriesgadas tomas de la batalla de Brunete y de la toma de Bilbao, y finalmente La muchacha de Moscú. Ha asumido, entre tanto, las ideas falangistas, si, pero sobre todo no puede evitar la más absoluta náusea hacia la guerra y quienes la hicieron posible. Esta náusea, tamizada por su proverbial sentido del humor, se evidencia sobre todo en su testamento cinematográfico, Mi Calle.

De este cine bélico y de propaganda, la mejor pieza es, sin duda, Frente de Madrid, en buena medida película autobiográfica cuyo contenido enlaza perfectamente con las ideas estéticas y la vitalidad que dieron origen al primer fascismo. El narrador explica: "por un día de batalla hay muchos en que la guerra es una gigantesca excursión campestre, en la que todos son jóvenes y alegres. Hay el barro y las ratas, pero ¡qué elevación en el sentido de la camaradería! ¡Qué de situaciones pintorescas y cómicas! ¡Qué tipos...!". La camaradería de las trincheras fue para los movimientos fascista, la forja de un nuevo estilo fundamentalmente antiburgués que fue también el propio de Neville.

En efecto, Neville era un dando, a ratos encantador y a ratos canalla, humano y tierno siempre. En 1944 señala que "se acaba de triturar una civilización burguesa y falsa, que traía renqueando un siglo de cursilería y de convenciones, atado a los faldones del último chaqué" (El Español, nº 91, 22-VII-1944). Odiaba las visitas “de cumplido”, el convencionalismo burgués, y todo lo que era "cursi y contagioso". Todas sus películas tienen estos rasgos antiburgueses desde la primera hasta la última como si se tratara de una constante. Parece increíble que las temáticas de algunas cintas pasaran por la estricta censura franquista: en El Baile la trama gira en torno a un triángulo amoroso, si llevó al cine Nada de Carmen Laforet fue por que denuncia las taras de una familia burguesa; y en El Malvado Carabel es todo el modelo ético de sociedad burguesa la que cuestiona.

Maria de la Concepción Carro Alcaraz, que pasaría a la historia del cine con el nombre artístico de “Conchita Montes” colaboró con Neville en Frente de Madrid y como no podía ser de otra manera, ambos, de gran personalidad, inician su relación sentimental que se prolongará hasta que Neville muera prematuramente en 1967. La Montes colaborará en muchas de sus películas. Personalmente, aprecio su interpretación en Nada, basada en el primer premio Nadal, ganado por Carmen Laforet, pero destaca también en Domingo de Carnaval, El Último Caballo, Café de París o Correo de Indias, películas que un día se rescatarán y demostrarán que el cine español de posguerra fue mucho más que el producto acrítico y sumiso, anodino y ñoño de los vencedores. No tenemos la menor duda en afirmar que si hubo un alba radiante del cine español, su mejor época, esa fue la posguerra, Neville su portaestandarte y la Montes su musa. Su rostro podía alcanzar niveles de extraordinario dramatismo –en Nada, por ejemplo– pero también destacar por su comicidad –en Mi Calle–, no en vano era una de las colaboradoras femeninas de La Codorniz que, por sí misma, desdecía la patraña de que la mujer española solamente se liberó hace dos días. En el semanario, estaba a cargo de la sección: El damero maldito. ¡Qué mujer!

La guerra le había estimulado el apetito. A veces pasa en situaciones de máxima ansiedad. El problema con Neville es que el comer se convirtió para él en un verdadero vicio y las fotos nos lo muestran después de la guerra, progresivamente creciendo en volumen y peso. A cada tratamiento de adelgazamiento seguía un período de “recuperación”. Su salud se resintió, pero, aun así, la inmediata postguerra es teatro de sus mejores composiciones y obras.

Neville es, por fechas, miembro de la generación del 27, pero compuesta ésta por poetas gran medida republicanos, nunca se le ha incluido en ella, como tampoco a Tono, Jardiel Poncela, Mihura y al ex divisionario Álvaro de la Iglesia cuya engolada voz y sutil sentido del humor (evidenciado sobre todo en los títulos de sus novelas, Los hijos de Pu…, por ejemplo, era una delicada novela de humor en la que se aludía a los hijos de Pu-Yi, el último emperador del Japón) le llevaron a la dirección de La Codorniz y a distintos programas de humor de la proto Televisión Española.

Y era curioso porque todos estos humoristas, o mejor dicho, intelectuales y humoristas –porque eran ante todo la creme de la creme de las letras españolas de la época- aun a pesar de haber optado por el bando nacional, el de los vencedores, no quieren sino olvidar y superar la Guerra Civil ya en los años 40. Y si se nos apura, tienden a criticar especialmente las lacras y los vicios de la burguesía y, en especial, de los hijos de papá. Nada que ver con la consigna que lució los muros de la Sorbonne en mayo del 68: “Somos burgueses que quieren dejar de ser burgueses y no saben como hacerlo”. Ellos si sabían hacerlo: denunciando con humor y sutileza, estilo y nivel, las costumbres y los vicios de la burguesía bienpensante de la época. Todos ellos fundan, con ese fin –y no para apoyar acríticamente al régimen como algunos progres de hoy han supuesto– el semanario La Codorniz (“la revisa más audaz para el lector más inteligente”) sucesora de la revista de Mihura , La Ametralladora en la que ya había colaborado. Escribió una novela que gozó de gran éxito: Clorato de Potasa.

En la postguerra empieza a filmar sus primeras películas. La Vida en un hilo, será la primera. Primera película, primer éxito. Tema: alegato contra la burguesía detentadora de lo cursi y lo obtuso. Le sigue, El Baile –mañana nos referiremos a ella con más calma–. Otro éxito. Siete años en cartel. Mas tarde se dedicará al cine policíaco y a su afición, el flamenco (en Duende y misterio del flamenco, en 1952).

El listado de sus películas, tal como aparece en Wikipedia, es completo y nos limitamos a cortar y pegar sin más comentario:

  • El presidio (1930)
  • Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931)
  • Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, o La vida privada de un tenor (1934)
  • El malvado Carabel (1935)
  • La señorita de Trévelez (1936)
  • Juventudes de España (1938)
  • La Ciudad Universitaria (1938)
  • Vivan los hombres libres (1939)
  • Carmen fra i rossi (1939)
  • Santa Rogelia (1939)
  • Verbena (1941)
  • Sancta Maria (1942)
  • La parrala (1942)
  • Correo de Indias (1942)
  • Café de París (1943)
  • La torre de los siete jorobados (1944)
  • Domingo de carnaval (1945)
  • La vida en un hilo (1945)
  • El crimen de la calle Bordadores (1946)
  • El traje de luces (1946)
  • Nada (1947)
  • El marqués de Salamanca (1948)
  • El señor Esteve (1948)
  • El último caballo (1950)
  • Cuento de Hadas (1951)
  • El cerco del diablo (1951)
  • Duende y misterio del flamenco (1952)
  • La ironía del dinero (1955)
  • El baile (1959)
  • Mi calle (1960)

Mi calle, o 50 años en la historia de España

Mi Calle (1960) es el testamento cinematográfico de Neville. Nunca más hará cine y si hay alguna obra que resuma los ideales estéticos y políticos de Neville es, precisamente, esta película delicada y encantadora que resume cincuenta años de vida madrileña en menos de dos horas de proyección.

El Madrid que nos pinta Neville en esta película es el que recodaba en sus años de juventud e infancia. La trama se desarrolla en la calle Trujillos en donde pasó su infancia. La película rezuma la melancolía propia del hombre maduro que sabe que los mejores años de su vida han quedado atrás y los mira con simpatía y humanidad. En la película están comprendidos todos tipos posibles que se hubiera podido encontrar en el Madrid de finales del siglo XIX y el primer tercio del XX: el menestral conservador fabricante de acordeones y, en frente suyo, el menestral progresista y republicano fabricante de paraguas, los nobles llanos, alegres y confiados de los que Neville formaba parte, los entrañables mendigos, el anciano que conoció a Prim, la chacha amante del organillero, el carnicero, los vástagos de todos ellos que acabarán asumiendo ideas diversas antes de la guerra civil y que generará la gran tragedia española en la que quienes jugaron juntos en su infancia se mataron en su juventud. Y todos estos personajes, hábilmente movidos por Neville, desfilan sobre el trasfondo de la historia de España de esos años en un Madrid gris que, poco a poco, va ganando color.

Los toques humanos se alternan con los humorísticos, pero el regusto que deja la película es amargo y triste, mezcla de melancolía y dramatismo. Y, en efecto, en el fondo del cine de Neville, hombre vitalista y desmesurado, alegre y dado al humor, frecuentemente desmadrado, existe un fondo trágico propio de quien confía más en los seres humanos que en la propia vida que, a fin de cuentas, sabe que carece de sentido. Tal es el mensaje de El Baile o de Mi Calle y, por extensión de casi todas sus obras.

En cuenta a la historia de Madrid cuyas últimas etapas se dibujan en Mi Calle, parece evidente que los seres humanos son, para Neville, más importantes que los sucesos históricos y si estos son importantes es precisamente por las alteraciones que generan en la vida de las personas.

Las películas de Neville son, hasta cierto punto optimistas y, a partir de ese punto, moderadamente pesimistas. La botella está medio llena y medio vacía al mismo tiempo. Neville, se me antoja en este momento como un pesimista activo, un humanista que encubre su percepción de lo endeble de la concepción humana mediante el recurso al humor y al cinismo. En La Calle, esta impresión queda acentuada. Los hombres valen más que las ideas que defienden. La película, filmada en 1960, no podía ser sino un canto a la reconciliación nacional.

Pocos años después de hacer esta película, en 1967, fallecía de un ataque al corazón. Fue enterrado al día siguiente en la sacramental de San Isidro.

© Ernesto Milá – Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

Aznar y su puñetera guerra, cinco años después

Infokrisis.- Quinto aniversario de la guerra de Irak y de la cumbre de las Azores. Aznar al ataque en su inglés más académico. Unas declaraciones que realizadas solamente hace diez días hubieran dado la mayoría absoluta al PSOE. He dudado sobre si vale la pena escribir unas notas sobre estas declaraciones que demuestran la estupidez del que fuera líder de la derecha y que aún hoy es icono para este ambiente político. Si lo hago es por puro desahogo y para extraer algunas consecuencias.

¿Vive Irak mejor que hace cinco años?

Así lo ha dicho Aznar. Es mentira. Irak era hasta 2003 un país laico dirigido por laicos y con una tolerancia total para todas las comunidades religiosas, gobernada por un partido laico y que hubiera asegurado el suministro petrolero a Occidente, sin ninguna restricción, a condición de que Occidente no torpedeara a los palestinos.

¿Qué es hoy Irak? Un país completamente roto, sumido en una guerra civil que se superpone a la ocupación y en la que el fanatismo religioso se ha impuesto. Desde 2003 han muerto muchos más iraquíes que durante todo el período de Saddam Husein (en Internet hay varios webs que cuantifican los muertos).

Claro está que Saddam era un sátrapa… sí, tanto como Mohamed VI, como la dinastía de los Saud en Arabía Saudí o como cualquier otro tirano ególatra. De todas formas, tampoco podemos olvidar que la “imagen” la imponen los vencedores y que si en algo se han especializado los EEUU es en atribuir imágenes de alto voltaje negativo al adversario. Así que ¿por qué creer a pie juntillas la imagen que los EEUU han dado de Saddam? Probablemente no era tan malo como nos lo han presentado, entre otras cosas, porque aún hay gente en Irak dispuesta a dar y recibir la muerte en nombre del “rais”.

¿Democracia en Irak? Así lo ha dicho Aznar en un alarde de estupidez que califica a todos los que le han hecho el caldo gordo en estos últimos cinco años. La locura es transmisible y Aznar nos ha demostrado que la estupidez también lo es. El punto de inflexión de la carrera de Aznar se inicia cuando conoce a bush en el rancho de este último y ambos ponen las botas sobre la mesa y alardean de sus prodigios atléticos. Es el flechazo. Ambos se aman tiernamente y como todo amante ninguno piensa que el otro le va a traicionar y a engañar. Y especialmente Aznar que empieza a recibir dossier firmados por la “Presidencia de los EEUU”, en donde se les dice: hay armas de destrucción masiva, son una amenaza, juegan al parchís con Al-Qaeda, están fabricando armas químicas para jodernos a todos, pasado mañana lanzarán mísiles con gas tóxico sobre Israel, al otro enviarán terroristas a Madrid, y además son intrínsecamente perversos, el eje del mal tiene en un extremo a bin Laden y en el otro a Saddam Hussein. Y Aznar, contra todo pronóstico, contra la opinión de los “conocedores”, contra el criterio de los medios, contra toda lógica y, lo que es peor, contra el sentido común, por la afirmación de la ignorancia y la mentecatez, Aznar se lo cree, coge el portante y se va a las Azores contra la opinión de muchos de sus “barones”, aquellos que, como Rato, tienen más personalidad, o que como Pimentel, ya dudan del mensaje aznarista. Y Aznar firma el comunicado de las Azores, hundiéndose políticamente y hundiendo a su partido en los siguientes ocho años.

Hasta hace poco era un misterio el interés de los EEUU en embarcarse en una guerra que ha multiplicado el precio del petróleo, ha sumido a los EEUU en una de las crisis económicas más profundas al haberse desviado al esfuerzo bélico casi dos billones, repito dos billones de dólares. Era evidente, como bien saben los estrategas del Pentágono que no basta con machacar a un Estado para vencerlo, sino que hace falta ocuparlo y para ocuparlo hace falta la presencia de infantería y esta es siempre vulnerable cuando el enemigo utiliza la estrategia de guerra de guerrillas, que era la previsible desde el primer momento. Hoy los EEUU siguen empantanados en Irak y el PP seguirá otros cuatro años en la oposición y si por Aznar fuera seguiría ahí por toda la eternidad. Todo antes que reconocer la más fabulosa metida de pata en política internacional de un gobernante español desde que Numancia optó por enfrentarse a Roma.

Y, a todo esto, ¿por qué hay guerra en Irak?

Al principio resultaba incomprensible: si el problema de Irak era el petróleo, los EEUU hubieras podido pactar con Saddam la supervivencia del régimen a cambio del suministro ad infinitum de petróleo como y hicieron con la malhadada dinastía de los Saud. Pero la clave de la cuestión no era el petróleo, o al menos no como se lo explicaron a Aznar.

Desde 2003 se ha multiplicado por tres el precio del petróleo y quienes ganan no son solamente los países exportadores, sino las compañías explotadoras. Dígame en manos de quien están y les diré quien tuvo arte y parte en la preparación de la guerra. Pero hay más.

La guerra ha enriquecido a una industria de armamentos que languidecía en los EEUU y no solamente de armamentos. Como se sabe, las mieles de la globalización han hecho que los EEUU externalizaran cualquier servicio. El gran negocio de esta guerra lo ha hecho el vicepresidente Dick Cheney y sus socios de la docena y media de compañías que ofrecen servicios de avituallamiento a los soldados norteamericanos. Las raciones de comida no las prepara la intendencia militar, sino compañías privadas. El suministro de mantas, de bebidas, la telefonía móvil, todo ha sido privatizado. Incluso la propia guerra. Antes se llamaba “mercenarios” a quienes combatían por dinero bajo una bandera. Hoy se utiliza el eufemismo de servicios privados de seguridad. Y ellos son los que están aportando más muertos, muertos que no figuran en las estadísticas del Pentágono –pues no son soldados-, muertos que ni siquiera son norteamericanos, porque las compañías norteamericanas también han “externalizado” el reclutamiento y allí vale todo: antiguos ghurkas, españoles, mejicanos, asiáticos, etc. La globalización es la globalización…

Todos estos “servicios” contribuyen a realizar el gran negocio de las “democracias modernas”: desviar el dinero público a bolsillos privados. En España se hace también y ZP ha hecho de esta práctica algo habitual como Aznar lo hizo ayer: que vengan inmigrantes, cuantos más mejor, contribuirán al “desarrollo de la economía nacional”… Se identifica la “economía nacional”, con los intereses de las patronales de construcción, hostelería y agraria y, efectivamente, ellos son los beneficiados de la presencia de 6.000.000 de inmigrantes. Pero la factura social la pagamos todos los españoles con nuestros impuestos. No es algo nuevo: es la infamia de las “democracias modernas”.

Quizás, si Aznar se siente tan próximo a Bush, incluso cuando el propio presiente de los EEUU reconoce, en ocasiones, que las cosas no van muy bien por allí, es precisamente porqué él mismo intuye la dimensión de la infamia y conoce la técnica del desvío de lo público hacia bolsillos privados.

La herencia de Aznar

Estas declaraciones de Aznar a la BBC van a desencadenar una crisis en el interior del partido. Una crisis soterrada que ya se prolonga muchos años, en la que quienes forman la guardia blanca de Aznar sostienen que Rajoy su “la herencia” y aquellos otros que piensan –y con razón- que la herencia de Aznar es un fiasco estúpido del que hay que huir como de la peste. Y los hay que saben que, en el PP, como en cualquier otro grupo social, disentir supone el ostracismo.

Pero estas declaraciones siguen a una derrota que, por dulce no es menos derrota. Y agravarán la polémica interior. Si Rajoy quiere sobrevivir va a tener que decir públicamente y en voz alta, lo que el PP ha callado en estos últimos cinco años: que la guerra de Irak fue una infamia en la que España no debía haber participado jamás y que selló la caída de Aznar y el alejamiento del PP –de momento- por ocho años. Esa herencia es lo que en 2008 le ha impedido batir al peor presidente de la historia de España.

Ahora está más que claro que si el PP quiere aproximarse de nuevo al poder en unas elecciones generales debe decir adiós al aznarismo, pública y explícitamente y reconocer el error de Irak. Y el problema estriba justamente en que Aznar era la forma más depurada de derecha española que haya existido en el último tercio del siglo XX. Insistimos, del siglo XX. Así planteado el problema, adopta otra forma: ¿cuál es la imagen y los contenidos que debe adoptar una derecha para insertarse en el siglo XXI?

Y eso compete a los miembros del PP, no a nosotros, que, en el fondo hacemos nuestra la consigna emitida en Francia por los no conformistas de los años 30: “Estamos a medio camino entre la extrema-derecha y la extrema-izquierda, por detrás del presidente y dando la espalda a la asamblea”. Tal es la única forma de considerar a un parlamento bipartidista.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es http://infokrisis.blogia.com

Edgar Neville, el maldito (I de V): La Torre de los Siete Jorobados

Infokrisis.- Casi en la cuna oí hablar por primera vez de Edgar Neville. Es un nombre pegadizo que tiene poco de castellano, seguramente por eso me llamó la atención. Luego, en mi juventud, el nombre desapareció y no hubiera vuelto seguramente a recordarlo, de no ser porqué hace quince años TV2 repuso La Torre de los Siete Jorobados, una extraña película dirigida, precisamente, por Neville. En los últimos días he logrado encontrar en emule la mayor parte de filmes de Neville, verlos ha supuesto sintonizar con algo que existe dentro de mí. Quizás en eso radica la maestría de los grandes directores que consiguen que cada espectador interiorice sus filmes y los haga suyos. Este es mi pequeño homenaje a Neville.

La afirmación madrileña de Neville

Creo saber que es lo que interesó a Neville de la novela de Emilio Carrere, La Torre de los Siete Jorobados, para llevarla al cine: el Madrid extraño que fue y ya no es, el Madrid del pasado, de un tiempo indefinido entre mediados del XIX y el advenimiento de la República, un Madrid en blanco y negro con escala de grises.

Cuando he visto recientemente las películas de Neville he experimentado la misma sensación que cuando escuché por primera vez la rapsodia para un concierto de Emmanuel Chabrier titulada España. Chabrier había recorrido España en 1882 anotando en su cuaderno las impresiones sorprendentes que la había causado la alegría de vivir de nuestro pueblo. Su Auvernia natal era tan diferente de nuestra España decimonónica que no dejó de sorprenderle. Al año siguiente, el edulcorado público parisino pudo oír esta rapsodia que, en junto a la Verbena de la Paloma, pintan el alma española de la época con singular maestría. Las composiciones posteriores de Chabrier ganarían en sofisticación técnica, pero perderían en espontaneidad y rotundidad. Siempre, cuando he estado lejos de mi país y sentido la morriña propia del emigrante, la España de Chabrier y la Verbena de la Ploma de Bretón me han ayudado a no perder el alma de mi pueblo.

Las películas de Neville nos ponen en contacto con un Madrid tradicional, premoderno, un Madrid mágico, soterrado, pobre, casi miserable, pero digno, alegre y confiado. Una de sus últimas películas, Mi Calle, exaspera esta tendencia que ya se adivinaba en La Torre de los Siete Jorobados. Entre ambas películas median quince años y ambas me confirman en la casticidad de Neville, paradójica todavía más a tenor de su nombre y apellidos. De hecho cuando en 1947, filma Nada, basado en la estremecedora y torturada novela Carmen Laforet (primer Premio Nadal en 1944), la acción transcurre en Barcelona, pero apenas hay nada que recuerde a la Ciudad Condal. Salvo el claustro de la Universidad de Barcelona, fácilmente reconocible, el resto de escenarios –incluido el Barrio Chino- remite al mismo Madrid que pintó en tantas películas. Y es que Neville fue madrileño y, no por haber ejercido como diplomático y viajado de Hollywood abandonó ese casticismo madrileñista que siempre le adornó.

Vale la pena insertar un comentario, justo aquí. Neville ha sido considerado falangista y franquista. Lo era –más falangista que franquista, a decir verdad- y resulta absurdo negar la evidencia, aunque sea precisamente esa evidencia y el culto a lo políticamente correcto practicado hoy, que la obra de Neville es desconsiderada y haya pasado al olvido. Más adelante insistiremos en las opiniones políticas de Neville y en sus ideas estéticas, baste decir ahora que su cine, y sus gustos, son los propios del régimen: madrileños en esencia. Esto no es condenable sino que explica algunos rasgos del franquismo, un régimen forjado esencialmente en Madrid y que muy frecuentemente estuvo de espaldas a la especificidad de su periferia. No es que fuera una conspiración anticatalana o antivasca, es que Neville era castizo y fue en la áspera meseta y en su centro, Madrid, en donde surgieron los grandes intelectuales y artistas del régimen, con las excepciones que pueden aparecer ahora en nuestra mente y que son eso, precisamente, excepciones.

Era en Madrid en donde el régimen tuvo su mayor acumulación de intelectuales y artistas. Y ellos estaban bien arraigados en el casticismo, ¿podía exigírseles otra cosa? ¿alguien tiene derecho a demandarlo? De la misma forma que el arte de Gaudí es inseparable de la luz del Empordà, la estética de Neville lo es del Madrid situado entre dos siglos. Y, a fin de cuentas, es mucho más madrileña que española, de la misma forma que la alegría de la España de Chabrier o de La Verbena de Bretón, son más madrileñas que españolas.

La Torre de los Siete Jorobados, una película extraña

Estrenada en 1947, La Torre de los Siete Jorobados es, en cierto sentido, arcaica en relación a su tiempo. Remite al expresionismo alemán que había hecho fortuna veinte años antes. De hecho, algunos diseñadores de los decorados procedían del cine alemán y ya habían trabajado para el expresionismo. Hay algo gótico en aquella película que haba el mismo lenguaje del Doctor Mabusse o del Gabinet del Doctor Caligari: espectros, acción subterránea, seres deformes, lo onírico y lo criminal mezclado con la inocencia y lo objetivo, hacen de ésta una de las mejores películas de cine fantástico español

La idea partió de la lectura del libro del mismo nombre publicado por Emilio Carrere. Precisamente, la película se estrena el año de la muerte de Carrere. Éste, por su parte, había recibido influencia de los poetas simbolistas franceses, también le atrajo la obra de Heine y del polifacético Henri Murger. A principio de siglo Rubén Darío constituía su norte estético.

A partir de 1907 a colaborar con la colección El Cuento Semanal de Eduardo Zamacois de la que mi abuelo había legado a mi madre varias decenas de ejemplares. A partir de ese momento Carrere se especializa en personajes surgidos de los bajos fondos madrileños, marginales de todos los pelajes, subproletarios torturados por la vida delincuentes y artistas hermanados en tabernas y problemas. En definitiva todo el submundo madrileño de la época.

Y todo esto, naturalmente, le lleva a interesarse por las supersticiones populares. Era cuestión de tiempo que contactara con los medios teosóficos y con el espiritismo más conspicuo. Trabo una buena amistad con Mario Roso de Luna, el más brillante y exuberante de los teósofos españoles, aunque también uno de los más desmadrados. En casa del compositor Ricardo Corral realizó también prácticas espiritistas.

Por supuesto, con estos antecedentes no podía asumir sino un socialismo mítico, más utópico que científico y más ácrata que partidista. Si no se adhirió al anarquismo fue por la mala costumbre de esta corriente de recurrir al pistolón y a la bomba. Sus andanzas por los barrios bajos le llevan a convertirse en jugador impenitente.

La inesperada herencia de su padre –que jamás vivió con él, ni nunca lo reconoció- le llevó como el burlanga que era a quemar más fondos, comprarse un piso y un automóvil y, de paso, hacerse monárquico. Evidentemente, evolucionaba, pero no se detuvo aquí. En 1935, no sólo era anti-republicano sino también redactor del Informaciones, en la que defendió entusiásticamente a Mussolini. Después de la guerra colaborará con los carlistas de Evaristo Casariego y coqueteará con el régimen franquista que se dejó querer por él.

La obra de Carrere ha sufrido por esto dos olvidos: el primero del propio franquismo que no hizo nada para salvar su obra, especialmente porque esta contenía “elementos mágicos” (procedentes de su etapa teosófica y espiritista) y un segundo olvido a partir e 1975 cuando todos los que habían sido “autores del régimen anterior” pasaron al índice.

La Torre de los Siete Jorobados, publicada en 1924, es pura literatura gótica, casi diríamos “mágica”. Tanto es así que cuando Neville la adaptó, eliminó personajes, pero sobre todo desterró el papel que la magia y el ocultismo tenían en la edición original de la novela y si lo hizo no fue porque no considerase que éste era uno de los elementos más atractivos del relato, sino porque la censura de la época, ya controlada por el nacional-catolisimo (el Eje estaba perdiendo la guerra, Serraño Suñer había sido destituido y los nacional-católicos habían sustituido a los nacional-sindicalistas por conveniencias del guión franquista) jamás hubiera permitido una alusión teosófica o espiritista. Hay en La Torre de los Siete Jorobados, algo de terror, mucho de ficción, bastante de cine policiaco, pinceladas de leyenda urbana y todo ello bajo el común denominador del casticismo.

La película es hoy objeto de culto para todos aquellos cinéfilos españoles que aprecian el cine elaborado en nuestra tierra. En el curso 2002-2003, Ana Rosa García Cabezón elaboró una tesis doctoral sobre esta película en su curso de doctorado sobre Modernidad y Tradición en los umbrales del cine sonoro. Hemos conocido la existencia de esta tesis después de visualizar la obra de Neville y nos llama la atención el que su autora coincide plenamente con nuestros puntos de vista.

¿Por qué eligió Neville la obra de Carrere para realizar una película? Es simple, ambos son almas gemelas: nocturnidad, casticismo, arraigo en el Madrid antiguo, bohemia… Neville, por lo demás, había vivido su infancia y juventud en Madrid

¿De qué va la película? Basilio Beltrán (Antonio Casal) es un jugador supersticioso de escasa fortuna, fundamentalmente una buena persona –en la novela es un perfecto imbécil- que tiene la costumbre de acariciar la chepa de los jorobados para obtener una buena suerte que jamás llega. En una de las partidas de ruleta un misterioso y siniestro personaje que solamente puede ver él le indica los números a los que tiene que apostar, ganando siempre. Es Robinsón de Mantua, un espectro, que convence a Basilio para que descubra a su asesino en la novela y en la película preocupado por la vida de su sobrina Inés (que no aparece en la novela). El muerto ha vuelto para que Basilio, presentado como “sensitivo”, pueda proteger a su sobrina. La temática espiritista es evidente. Los jorobados constituyen una peligrosa organización criminal dirigida por el “doctor Sabatino” (encarnado por Guillermo Marín uno de los mejores actores de la postguerra). Sabatino es un personaje culto y educado, marcado por su deformidad física y que ha decidido crear una organización criminal compuesta por los que son como él y escondida en cuevas y pasadizos situados bajo Madrid, cuya salida a la superficie es la torre que la nombre a la película.

Cuando la trama se traslada a los subterráneos y a la torre siniestra se diría que estamos viendo un filme expresionista. El propio Sabatino evoca en sus gestos y en su mirada al Nosteratu de Mornau o al Doctor Caligari de Robert Wiene. Sabatino, en la novela es un brujo y nigromante, factores de su personalidad que han desaparecido en la película, pasando a ser un jorobado resentido con la sociedad que le despreia y que, impulsado por eso se dedica a la falsificación. Sólo muy discretamente conserva el rasgo otorgado por Carrere de hipnotizador.

Es, así mismo, una de las primeras y mejores películas del cine negro español que tanto atraía a Neville, no en vano construyó otras dos –Domingo de Carnaval y, particularmente, El crimen de la calle Bordadores- que inauguran este genero en nuestro país. Es posible que Neville, amante y seguidor del expresionismo alemán siguiera el ejemplo de Fritz Lang (ver los artículos sobre Lang y el expresionismo alemán en Infokrisis) y realizase excursiones en el género negro que el director alemán inicia con M. el Vampiro y con muchos filmes de su etapa americana.

Hay cierto simbolismo en la película. Mientras que en la novela, los subterráneos apenas aparecen y la “torre” se eleva hacia el cielo, Neville se ha visto influido, no sólo por el expresionismo alemán, o por novelas de género como Misterios de París de Eugene Sué, sino también por los descubrimientos arqueológicos que tienen lugar en los años inmediatos de la postguerra, cuando Madrid empieza a reconstruir las heridas que ha pasado en la guerra civil y al removerse tierras, aparecen rastros arqueológicos nuevos que contribuyen a reemprender los estudios históricos sobre el origen de Mantua Carpetana, la actual Madrid.

Al mismo tiempo, el subterráneo sugiere tinieblas, mal, angustia y esa desesperación que habían vivido los madrileños durante tres años de guerra en los que el frente de combate estaba prácticamente a la puerta de sus casas. Neville figuró entre los vencedores, pero llama la atención que, aun a pesar de haber realizado filmes de propaganda política por encargo de Franco, nunca encontramos ni un reproche, ni un gesto de revancha, ni siquiera una sombra de odio hacia los vencidos. Él, que fue falangista, presenta en una de sus películas la estremecedora escena del falangista muerto en una refriega abrazado al anarquista y en su última película, no tiene inconveniente en presentar al republicano como amigo del marqués a cuya ayuda acude cuando vienen a buscarle los milicianos, desapareciendo ambos en la vorágine de las sacas y los fusilamientos. Parece absolutamente increíble que Neville, algunos de cuyos amigos habían muerto en la contienda y que apoyó sin fisuras a Franco, nunca quisiera realizar ajustes de cuenta históricos, ni mucho menos evocar pretendidas “memorias históricas”, sino que tuvo claro la necesidad de superar el conflicto.

Está claro que en aquella época existía angustia y pobreza, y esa miseria moral y espiritual que Neville logra transmitirnos en La Torre de los Siete Jorobados. Hay que decir que la película apenas estuvo siete días en cartel y pasó desapercibida para una crítica que empezaba a mirar a Hollywood y había adoptado como norma desconsiderar la producción española. Los críticos consideraban que solamente podían ser benévolos –y más que benévolos, entusiastas- de los filmes de carácter histórico que entonces proliferaban y gozaban del favor del régimen (Alba de América, Jeromín, Los Últimos de Filipinas, Agustina de Aragón, etc.), filmes con los que el régimen intentaba popularizar sus temas favoritos (el Imperio y la independencia nacional, los valores de heroísmo y patriotismo, etc.). Neville era hostil a este cine y, o bien su película no fue entendida en la época, o bien los críticos no se atrevieron a aludir a la obra de un escritor maldito y de un cineasta que iba camino de serlo.

Cincuenta años después…

¿Por qué hemos empezado nuestro estudio sobre Neville a partir de una película que en su tiempo no gozó del favor del público? Hay una explicación. La primera es que cuando la vimos nos llamó profundamente la atención, hay en todo artículo un elemento subjetivo que no podemos evitar. Ahora bien, una parte del cine español conoce perfectamente la obra de Edgar Neville; no lo confiesa porque en la industria del cine española reconocer los méritos de alguien que hubiera tomado partido por el bando nacional, es, simplemente, una herejía de consecuencias incalculables para su carrera profesional.

Ahora bien, la influencia de Neville y de esta película en concreto, es fácilmente visible en una obra como El Día de la Bestia de Alex de la Iglesia en la que el tipismo cañí encarnado por Santiago Segura y el ambiente surrealista que le rodea, la sordidez de los espacios nocturnos en donde ha de nacer el anticristo, y, sobre todo esa escena final en la que los protagonistas se encuentran bajo la estatua del Ángel Caído en el Parque del Retiro madrileño.

Me resultó inevitable establecer los paralelismos entre ambas películas, así que volví a ver La Torre de los Siete Jorobados hace poco, 15 años después de descubrirla por primera vez. Ya entonces me sorprendió que la película, arcaica en su elaboración y limitada en su presupuesto, conservaba toda su frescura y su ritmo seguía estimulando al espectador a llegar hasta el final. Es una película que no ha quedado superada por el tiempo. Hace poco volví a ver Tacones Lejanos de Almodóvar. Lo lamento, pero me aburrió. Y es que la diferencia entre el buen cine y el cine intrascendente radica en que el interés que despierta el primero no pasa jamás, mientras que el otro no resiste un segundo visionado. El cine de Neville pertenece a la primera categoría y más de medio siglo después de realizado a conservado su aroma y su frescura.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http//Infokrisis.blogia.com

Ha aparecido el número 6 de IdentidaD

Ha aparecido el número 6 de IdentidaD

Infokrisis.- Ha aparecido el número 6 de IdentidaD, puedes solicitarlo en tu kiosco habitual o bien pedirlo directamente a idpress7@gmail.com. Con este número 6 completamos un ciclo de actividad de seis meses en el que hemos tomado el pulso, principalmente, al mayo problema que España tiene planteado en este momento: la cuestión de la inmigración. Desde este punto de vista, el primer número tiene tanta actualidad como el último. Web de IdentidaD , Portada número 6 .

 

Contenidos del nº 6 :

40 páginas intensas con datos, análisis y entrevistas para entender lo que está pasando

S U M A R I O nº 6

Editoriales:

- ZP gestionará los años de miseria...

- Son delincuentes llegados con la inmigración, no terroristas
- De los matrimonios gays a la poligamia islámica
- Cuando se saben los resultados electorales desde el principio

La crisis mandará entre 2008 y 2012
Ha ganado ZP, de haber ganado Rajoy tampoco habría cambios sustanciales

Los rasgos esenciales del resultado electoral

Despiece:

- ¿Cómo va ser la legislatura 2008 - 2012? ¿qué problemas causarán sobresaltos?

por Ernest Milà

 

Apologia la ambigüedad
La inmigración, eje de la campaña electoral

Despiece:

- La opinión de los partidos
- Relación no exhaustiva de medidas necesarias que nadie propone

por Redacción IdentidaD

¿Votar en marzo? Consejos para no tirar el voto.

por Luis Anza

 

Mirada retrospectiva sobre la inmigración
Un fenómeno sin precedentes

por Carlos Sanjuan

 

Noticias breves:

- El 98% de la hostelería catalana recurre a inmigrantes

- La inmigración principal problema de los catalanes

- Catalunya: la inmigración dispara la natalidad

 

Debate:
Una España Federal ¿problema o solución?

Redacción de Identidad

 

- La Alianza de Civilización en versión islamista
- El gobierno marroquí y sus inmigrantes
- Ceuta y Melilla... para dentro de unos días

por Redacción de Identidad


EuroCaos

- Putin IN, demografía Out. La natalidad rusa se desploma
- EEUU 2050: algo habrá cambiado. Las minorías serán mayorías
- Los apoyos de Hillay. Nada está claro en torno a Al-Qaeda
- Sarkozy: donde dije digo, digo Diego

por Alberto Torresano


Conspiración para asesinar al caricaturista de Mahoma
La religión de la ira

Despieces:

- Las caricaturas falseadas. No todo está claro en torno a las caricaturas de Mahoma
- Irreal-Politik: El error de perspectiva de Zapatero

por Claudio Peñas

Italia a las urnas en abril: otras elecciones decisivas

Despieces:

- Daniela Santanché: una mujer para la destra italiana
- ¿Qué fue de la derecha radical?

por Enrique Ravello

Kosovo: la capitulacion de la UE ante los EEUU

Despiece:

- El primer Estado mafioso de Europa

por Eduardo Núñez

- Independencia de Kosovo con K de Krimen
- Entrevista a un conocedor del conflicto

Despieces:

- La inquietante biografía de Hashim Thaçi: un presidente criminal para un Estado mafioso

por Enrique Ravello

 

Opinión:
Patrik Brinkmann, presidente de la Fundación Europa Kontinent

Manifiesto de Estocolmo de la FEK

por Redacción IdentidaD

 

D O S S I E R

La poligamia ha llegado a Europa
¿un continente, dos derechos?

I Parte
La poligamia ya es nuestro problema


II Parte:
Francia: la poligamia en el país de la razón


III Parte:
España: el asalto de la poligamia llegada en cayucos


Despieces:

Condiciones coránicas para la poligamia

La poligamia fuera del ámbito islámico

La concepción tribal, origen del problema

Una concepción particular de la mujer

Los harenes y su concepción

La poligamia despunta un poco por todas partes

Complementos

Colaboraciones:

De Catalunya a España
por F.S.B.


Cómic:

- Un cómic que es mejor que un libro de historia: "Persépolis" de Marjane Satrapi

por Ernesto Milà

Drogas:

- Spannabis 2008: ¿por qué el cultivo del cannabis es prácticamente legal en España?

por Redacción de IdentidaD


Un texto esrito hace 22 años: "Por un futuro alternativo". Revista Totalité

Infokrisis.- Jamás he sido coleccionista de lo que escribo ni siquiera guardo ejemplares de los medios convencionales que han publicado artículos míos. Sin embargo, me ha producido una cierta satisfacción haber encontrado, precisamente en Internet, un texto escrito hace 22 años en una situación personal y anímica muy diferente y en medio de una situación política absolutamente diferenciada. El texto había sido elaborado en la prisión Modelo de Barcelona en la que permanecí 12 meses porque un juez poco equilibrado y con fama de excéntrico me había enviado por delito de "manifestación ilícita". Fue en ese tiempo en el que Vázquez Montalbán decía que yo experimentaba una permanente sensaciónde exilio interior. Pues bien, ese exilio interior se trasluce en este texto que hoy no sería capaz de redactar, pero en cuyas respuestas creía sinceramente hace 22 años. El texto fue inicialmente solicitado por la revista francesa Totalité, publicada por el embrión de lo que luego sería la Editorial Pardes. En aquel momento, Totalité estaba considerada como la revista "de referencia" para los que, como yo, seguíamos los enfoques ideológicos de Julius Evola. De hecho, el texto estaba inspirado por la lectura de Cavalgar el Tigre que, poco después empecé a traducir para Editorial Thor junto a un querido amigo.

En aquel momento, la polémica en el interior de los medios "evolianos" era en torno a las "desembocaduras" de la obra de aquel que fue nuestro maestro pero que nunca aspiró a ser otra cosa más que un "hombre diferenciado". La obra de Evola en efecto es polimorfa, no solo por el tratamiento de los temas sino por su enfoque. Después de la II Guerra Mundial, Evola escribe sus dos grandes obras "políticas": Los hombres y las ruinas y El Fascismo visto desde la derecha. En la primera anima a los "hombres diferenciados" a descender al terreno de lo políticoy "mojarse" en la acción. De esas orientaciones surgirá Ordine Nuovo y Avanguardia Nazionale, junto a sectores del MSI dirigidos por Adriano Romualdi que harán suyo el pensamiento evoliano. Sin embargo, poco antes de irrumpir la contestación de los años 60, Evola lanza su última gran ora, Cabalgar el tigre, en la que niega las posibilidades de éxito de una "acción exterior", es decir de la acción política. ¿Cuál es la orientación "buena"?, ¿el Evola militante o el Evola escéptico?
En lo personal, había sostenido entre 1973 y 1982 las bondades del activismo político. Los cambios habidos en la sociedad española, la imposibilidad de realizar un trabajo militante, me impulsaron a abrazar al "último Evola", el escépticol. Y el texto que una desconocida página web ha recuperado y traducido del francés, fue mi aportación al debate de la época del que la revista Totalité se había erigido como portavoz de la corriente antipolítica.
¿Y ahora que pienso de todo aquello? No fue una polémica absurda, sino un intento de buscar salidas al planteamiento doctrinal propio del "pensamiento tradicional". Hoy creo que la polémica está superada: son dos vías para dos tipos de carácteres distintos. La vía de la acción política es aquella que se adapta particularmente a un tipo de carácter activista; la vía del "cabalgar el tigre", es la vía de quienes tienen una vida interior particularmente rica e intensa y, por las razones que sean, no se sienten particularmente proclives a la acción politica. No son, en definitiva, más que dos enfoques de un mismo tipo de pensamiento.
Sigo siendo "tradicionalista" en el sentido que fue definido como por Julius Evola y René Guènon. Por eso no me interesan las discusiones doctrinales. Probablemente, la mejor forma de seguir siendo "tradicionalista" es mantenerse al margen de los medios evolianos y guenonianos. En definitiva, aquí está este texto añejo y que alguien, desconocido para mí, se ha tomado la molestia de rescatar y traducir. Gracias a quien haya sido.

Un proyecto alternativo

Ernesto Milá

El “pensamiento tradicional” posee una serie de ventajas subjetivas: por una parte, es un pensamiento que no puede asumirse de manera doctrinaria, sino que es necesario vivir y practicar; es un pensamiento que se ve privado de límites: es una síntesis que afecta todas las ramas del saber y del conocimiento; facilita la elaboración de un modelo interpretativo que permite analizar todas las tendencias de la civilización (sexualidad, ecología, política, estética, ética, ciencias, etc.); es un pensamiento operativo (a través de la acción, a través de la meditación, a través de la investigación in situ de las ciencias tradicionales, etc.); es un pensamiento perfectamente definido que ayuda establecer barreras diferenciadoras, sin equivoco posible, entre el pensamiento moderno y ella misma; por último, es un pensamiento que ayuda establecer el significado de la crisis actual, su inclusión en una visión cosmogónica del mundo y del papel del hombre que quiere escapar del mundo del devenir para descubrir el del ser en la crisis actual de civilización. Aunque, en este caso, es necesario vivirla intensamente, se podrá también añadir que el pensamiento tradicional, por su radicalismo, permite al hombre que lo asume y lo experimenta, poder, más que cualquier otro, enfrentar y sobrevivir a las desintegraciones que se acercan: hoy día es quizá ya imposible salvar la humanidad que avanza hacia las últimas consecuencias de su "huida hacia adelante", pero es aún tiempo de salvar nuestro ser.

OBJETIVOS, ESTRATEGIA Y TÁCTICA

Lo hemos dicho: para nuestra generación, luchar por un simple cambio de Gobierno es un objetivo tan tenue que no merece la pena de ser tenido en cuenta; un cambio de sistema que sería problemático y complicado no es tampoco un objetivo válido. ¿Se puede imaginar que el poder de las multinacionales, el poder de los imperialismos va a dejar el campo libre una nueva sociedad? Al contrario, va a precipitar la crisis destructiva, que abrirá únicamente las puertas al único objetivo por el que valga la pena luchar: el advenimiento de una nueva Edad de Oro, la Revolución del siglo XXI.

La Edad de Oro es el objetivo de una larga marcha de vuelta a los orígenes, el resultado de un triunfo del reino de la calidad sobre el de la cantidad, de lo Absoluto sobre lo relativo, de lo espiritual sobre lo material, de lo eterno sobre lo temporal, del ser sobre el devenir, de lo trascendente sobre lo contingente, en definitiva del Orden sobre el Caos.

Hoy día, en la noche obscura de Occidente, como antes del Solsticio de invierno, el Sol parece no recalentar más la tierra y perderse en el espacio infinito, hundiendo el planeta en el frío y la noche. Es preciso, incluso si solo se trata de un pequeño puñado de hombres, ser capaz de permanecer de pie, en vigilia, en el curso de la noche caótica del tiempo moderno, ya que el día del Solsticio de invierno es, finalmente, el anuncio de la nueva primavera que vendrá y de la victoria del Sol sobre las potencias telúricas de la noche y la oscuridad. Este pequeño puñado de hombres en vigilia debe hoy ya, y desde ahora, organizarse, ser el espejo de la nueva edad de Oro, ser un punto de referencia para el que busca una orientación, una pista, una guía; debe constituir una roca en el océano, ante las desintegraciones que anuncian las señales del tiempo; debe ser comparable a los alquimistas de la disolución moderna que, utilizando el elixir de la Tradición, coagulan este Edad de Oro.

En lo que los concierne, hoy, su reino no es de este mundo; es posible que estén físicamente aquí pero sienten sus cuerpos exiliados sobre de este planeta que ya no nos destila más que la miseria espiritual y la tragedia material. Se sienten extranjeros esta tierra y sus estructuras, sus leyes, sus instituciones y sus fronteras; participan en otra realidad, más elevada, demasiado elevada para permitir al hombre participar en la civilización moderna y de integrarse y darse cuenta. Pero al igual que una colonia de exploradores aislados sobre otro mundo, se ven obligados a construir, allí donde se encuentran, esta nueva sociedad que llevan en ellos; no se resignan solamente a vivir el "pensamiento tradicional", no quieren solamente constituir una referencia abstracta: quieren llevar a la práctica lo que llevan en ellos a fin, para emplear una vez más las palabras de Hofmansthal, que "los que velan en la noche obscura, dan la mano a los que nacen en la nueva alba". Y de allí surge una estrategia precisa: la contrasociedad.

Los "hombres de la Tradición" viven en el "mundo moderno" que experimentan y consideran como su lugar de exilio. Pero esta sensación causa en ellos un deseo de libertad. Deben pues aprovecharse de las características, de los mecanismos, de las posibilidades de la sociedad moderna para crear la nueva sociedad de la Edad de Oro: tienen que vivir de su trabajo, por eso estos hombres pueden agruparse en cooperativas de producción y consumo, pueden construir cooperativas de artes gráficas, cooperativas artesanales o agrícolas; con este fin, pueden pedir créditos a los bancos, a las instituciones de ayuda; pueden pedir exenciones de impuestos; pueden recurrir a las instituciones sociales; no deberán enajenarse trabajando en las obras y las grandes fábricas, en los inmensos cadenas de producción; serán los propietarios de su propio trabajo; no trabajarán para acumular grandes fortunas, sino para adquirir el mínimo indispensable la supervivencia. Esta red de hombres que desean del otro modelo de sociedad podrá, gracias a sus iniciativas personales, estar en condiciones de constituir redes que cubrirán todas sus necesidades vitales.

Entre ellos, los que son médicos responderán a las necesidades sanitarias, redescubrirán la medicina natural; otros, que sientan la llamada la tierra, experimentarán los viejos sistemas de cultivo, producirán alimentos sin agentes, sin aditivos y sin carroña; los que se sienten atraídos por la comunicación y la información, utilizarán sus propias imprentas, sus radios libres y crearán pequeños boletines periódicos, revistas donde analizarán la información, los acontecimientos de la "otra humanidad", no se limitarán informar de los hechos con objetividad sino, además, guardarán sus distancias." Los que son atraídos por las artes manuales constituirán el equipo que elaborará todo lo que es necesario el hábitat (muebles, vestidos, objetos de consumo, etc.) de estos nuevos civilizadores. Se sentirán tan alejados de la sociedad que un simple combate electoral, un cambio de Gobierno o una crisis económica no los afectará; serán "apolíticos" al sentido griego del término: no por desinterés por la política, sino por menosprecio y por deseo de tomar sus distancias con respeto a los hombres políticos, sus esquemas y sus instituciones.

Los deseos culturales estarán cubiertos por profesionales de la cultura; los profesores se agruparán en escuelas libres, no sometidos al control del Estado. Aparecerán escuelas diferenciadas para los que se sienten sobre todo atraídos por la vocación ascética, así como escuelas guerreras para los que llevan en ellos el fuego del combate y la acción, escuelas profesionales para los que se sienten atraídos por el trabajo de las materiales y las formas, las escuelas campesinas destinadas los que quieren identificarse con una tierra y con su llamada - en definitiva, una enseñanza para que los hombres sean verdaderamente hombres, íntegros en su virilidad, y para que las mujeres sean mujeres en su femineidad; de esta manera finalizará la promiscuidad temática de la enseñanza moderna; se tenderá diferenciar los caracteres, a observar las tendencias innatas de los jóvenes. Se organizarán en grupos, según sus afinidades, estando dirigido cada uno de ellos no por el que ha recibido más votos en su favor sino por el que halla llegado lo más lejos posible en las etapas de realización del ser: así resurgirá el viejo sentido de la autoridad y, de nuevo, el Orden triunfará del Caos. Estas comunidades diferentes, dispersas, estarán en interrelación. Las unas y los otros intentarán responder la totalidad de sus necesidades con el fin de reducir al mínimo su dependencia frente al mundo exterior.

Considerarán la ecología y las energías alternativas con simpatía y tratarán de aplicarlos. Buscarán practicar una vida comunitaria; por su ejemplo, intentarán en primer lugar suscitar una convicción teórica y, a continuación, intentarán pasar a la realidad práctica con vecinos y amigos; el proselitismo no constituirá una obsesión y no hipotecará su tiempo: "los que quieren entender, que entiendan". Sus comunidades se distinguirán de las experiencias contraculturales, las palabras autoridad, orden y jerarquía serán sus normas internas. Todas estas redes constituirán los embriones de una contrasociedad ejercitada conjuntamente en la sociedad moderna, pero que no participa más en ella. Se ingeniarán en no tomar parte ninguna de las absurdidades de la sociedad moderna. Si las trompetas de guerra suenan, no será la patria de los banqueros y oligarcas, ni la patria de los políticos corrompidos, ni la de los hombres-masa a quienes servirán, defenderán solamente a su comunidad , procurarán que en tiempos de crisis agudas y destrucción espectacular, su comunidad se repliegue en ella misma. No esperarán que los tanques soviéticos o las bombas de neutrones los destruyan en las trincheras de la Europa social-democrática, de los burgueses conservadores o comunistas tan alienados como los que los combaten. Su patria estará allí donde se encuentra a su comunidad. Pero no serán pacifistas: si deben combatir para defender su comunidad, combatirán, pero no sacrificarán el más grande tesoro del que disponen - su vida - para defender ideales cuyo pobreza no merece incluso el sacrificio de un perro: la democracia liberal, la sociedad del bienestar y del consumo, el proyecto socialista, el "Occidente libre", etc.

Con el tiempo, el debilitamiento y la desintegración de la sociedad moderna se volverán más palpable." Irán acentuándose. Paralelamente, estos hombres que se cuelgan al polo inmóvil de la Tradición irán aumentando. Este embrión de contrasociedad se volverá un germen de contrapoder y este poder tenderá superponerse al poder oficial. No se tratan de crear "jerarquías paralelas", como lo hace la subversión en el curso del proceso de la guerra subversiva: "las jerarquías paralelas nacen para sustituir a las de un régimen considerado como caduco, el contrapoder nace para sustituir a la Edad de Hierro por el Edad de Oro. El contrapoder no debe instalarse por la fuerza, de la misma manera que el luchador de aikido sabe que no es su fuerza la que le dará la victoria o como el practicante de kendo sabe que es su calma y su estabilidad impasible que le hace experimentar la debilidad del adversario. Se trata precisamente de eso: de ser impasible, impasible cara la posibilidad de asistir al advenimiento de un nuevo mundo, impasible ante la crisis, las desintegraciones y los fuegos fatuos, y de seguir, inflexible, su propio camino, colocando ante todo el ejemplo de la fidelidad y el rigor frente al pensamiento tradicional, sin compromiso, sin expedientes, oportunismos y vacilaciones. La impasibilidad de los brahmanes, mucho más que su número - reducido -, les permitió imponerse millones de habitantes de la India y de ser reconocidos y amados como los jefes de las comunidades; no es la cantidad que importaba, sino su calidad interior, su temple y su espíritu de decisión: eran el "motor inmóvil".

Un Project alternative pour les forces nationales ,Ernesto Milá ,Totalité nº 25 , Puisaux 1986

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com


Los micropartidos ultras ven decepcionadas sus maxi-ilusiones

Infokrisis.- Estas elecciones han constituido un holocausto para las ilusiones de los pequeños partidos de los que solamente Rosa Díez ha conseguido colocar su propio escaño. Se ha demostrado que “en democracia” –o a menos en esta pobretona democracia española- los pequeños son cada vez más pequeños y los grandes cada vez más grandes, correlación que se corresponde con la realidad económica que acompaña a la democracia liberal, el liberalismo salvaje, la práctica económica que permite que los más ricos lo sean siempre cada vez más y con los más pobres ocurra que son cada vez más en número y cada vez más pobres en capacidad adquisitiva. A la justicia social que ya conocemos impartida por ese engranaje que algunos se empeñar en llamar “el sistema” corresponde la simétrica “justicia política”. Ni hay lugar para los micropartidos ni lo hay para los pobres en “el sistema”.

Un vistazo a la extrema-derecha

La extrema-derecha no tuvo lugar en nuestro sistema político desde la transición. Ni la extrema-derecha ni la extrema-izquierda. Uno de los pactos de la transición consistió en aislar a los extremismos. Esos pactos hace tiempo fenecieron por el olvido, pero quedó la dinámica impresa en la constitución y en la ley d’Hont que hacen del sistema político español el menos representativo de todos los sistemas europeos.

Aún así la extrema-derecha sigue presentándose invariablemente a las elecciones por aquello de jugar y perder. Desde que Blas Piñar salió elegido diputado en 1979 hasta el 9-M, la extrema-derecha ha vivido un permanente “holocausto electoral” del que nunca termina de reponerse y nunca le incita a la reflexión. En las tres últimas elecciones, la extrema-derecha, sea cual sea, el número de candidaturas que se presentan –cada vez más- obtiene un número estable de votos que oscila entorno a los 30-40.000. En cada convocatoria se “depura” un poco más el sector, pero las siglas olvidadas son reemplazadas por otras nuevas que fenecen al cabo de poco tiempo y así eternamente seguirá sucediendo hasta el fin de los tiempos. Porque a este ambiente no lo salva ni Dios. Repito: ni Dios ni todos los santos de la corte celestial.

En esta ocasión se han extraviado varias siglas: inútil recordar al MSR que se jactó en 2004 de presentar “por primera vez” candidaturas “nacional-revolucionarias” (sea lo que sea eso de lo NR, pues siempre existe un misterio al respecto) en toda España. Alguien se ofendió cuando le dijimos: “oye, lo importante no es presentarse sino obtener resultados apreciables”. Para el MSR no los hubo y hoy es un desvencijado aparejo de “comités centrales”, “federaciones” y qué se yo, que se resiste –por no imagino qué- a disolverse, como decía aquel, como lágrimas bajo la lluvia.

Se ha extraviado el PADE dirigido por el ínclito Cutillas, que pretendió hacer lo que ya existía: un PP bis y que hasta última hora creyó que la “derecha del PP” se iba a apuntar el masa al PADE para luego renegociar su reingreso en el PP. Si hubo surrealismo en política, el PADE la acaparó y Cutillas la encarnó.

Otro extraviado –hay que decirlo- es La Falange, escisión de una escisión (o al revés) que no se presentó porque ya no se llama La Falange, a pesar de que siga funcionando como La Falange, pero estructuró el Frente Nacional sin que La Falange dejara de existir y después de que la otra fracción se escindiera pero no pudiera presentarse a las elecciones con el nombre de La Falange –que utiliza habitualmente- sino con el de Frente Español… ¿ustedes entienden algo? Yo nada. Pero es así.

Junto a estas desapariciones ha habido reapariciones. Diego Márquez, cadáver político desahuciado hace unos años, mira por donde, ha acaparado los restos del voto falangista (quien tiene la sigla FE-JONS tiene el voto azul), reducido a la mínima expresión y, posiblemente, con un 25-30% de “error técnico” y un 200% de autocomplacencia.

Reaparición por reaparición, también han reaparecido los émulos de Blas Piñas a los que ya se les advirtió de partida que su planteamiento difícilmente podía funcionar sobre el papel. De todos los fracasos históricos de la extrema-derecha este es el más llamativo porque ahí nadie puede alegar que no se utilizaron ingentes medios económicos. Tiene gracia que Familia y Vida haya bajado tantos votos como ha obtenido AES. No podía ser de otra manera.

Lo que podemos llamar “candidaturas díscolas”, las de NyR al Senado y de A.u.N. al congreso no se han saldado con nada nuevo ni significativo. Demasiado amateurismo, buena voluntad, pocas ideas, ninguna preparación política y muchos aires de suficiencia para cosechar poco más que el error técnico.

Sobre los carlistas, cabe decir que podemos tranquilizar a la opinión pública anunciando que por la dimensión de sus votos no parecen en condiciones de abordar la cuarta o quinta guerra carlista y da, incluso, la sensación de que les ha caído algún voto que podría haber ido a Ciutadans por la similitud de sigla. En cuanto al Partit per Catalunya, escisión de la Plataforma per Catalunya, la cosa tampoco se ha saldado positivamente.

Y en cuanto a los dos partidos anti inmigración, DN y E2000, hace falta realizar un análisis más pormenorizado. E2000 fue, desde luego, más realista y no anticipó el resultado que iba a obtener. DN, en cambio, se jactó de que alcanzarían 30.000 votos con facilidad. Al final perdieron sólo 3.000 en relación a las anteriores elecciones y se quedaron en 12.000. Podía haber sido peor a tenor de que el partido y su dirección tienen menos luces que una lancha de contrabando.

Por lo que se refiere a E2000 –nuestro partido-, no basta con decir que “hemos ganado votos” respecto a 2004. Los votos obtenidos han sido pocos, sólo que en este partido nadie se hacía ilusiones. El partido fue consciente y reconoció pocas horas después que los resultados obtenidos no se correspondían con las esperanzas depositadas ni con los esfuerzos realizados.

De toda esta campaña, seguramente, el aspecto más odioso ha sido la iniciativa sistemática de DN en Madrid y Valencia de tapar los carteles de E2000. Es difícil intuir lo que pasa por la mentalidad del zumbado que ordenó esta “táctica”, pero sí es fácil presumir el efecto buscado: era cuestión de tiempo que un grupo de militantes de E2000 hicieran papilla a los críos de DN que les tapaban los carteles. El jefe de esa secta en lo que se ha convertido DN, calculaba que un enfrentamiento de este tipo le permitiría aparecer en los medios –aunque fuera en la página de sucesos. Canduela ya probó la “doctrina Ynestrillas”, según la cual cualquier episodio mangantón y/o violento posibilitan estar en el candelero y llamar la atención de los medios de comunicación. Y ¡qué importa si tres o cuatro críos salen descalabrados! Las sectas son así.

Y esto es todo. Nada más. Es decir, poco a casi nada.

En todas partes cuecen habas, pero…

La extrema-derecha puede estar orgullosa en la desgracia. No solamente les ha ido mal a ellos, sino que grupos ecologistas, pequeños grupos antisistema que presentaban listas, grupos estrafalarios de fumadores de cannabis, amigos del motor, y extrema-izquierda, han obtenido todavía menos votos. Claro está que el dudoso honor de ser el farolillo de estas elecciones es el Movimiento Falangista de España con 60 escuálidos votos, pero en su conjunto, a los pequeños les ha ido mal o muy mal.

El problema no es este, sino que el problema consiste en demostrar que queda un mínimo de responsabilidad política. Y esto es algo que, en este momento, no existe, por lo general, en la extrema-derecha. Si las formaciones políticas tuvieran algo de entidad, lo más lógico es que se reaproximaran de cara a las elecciones europeas. Pero hoy, toda reagrupación es imposible. Nadie cree en la extrema-derecha –tan solo algún pelmazo que se obstina en insistir una y otra vez en foros- que uniéndose al de al lado puedan obtener mejores resultados, ni que el problema sea que su línea política tienen menos audiencia que un rasta en una asamblea del Ku-Kux-Klan.

Ya hemos insistido en que DN es una secta mesiánica en manos de un ilumineta que ha llegado al tope de sus posibilidades, ni creemos que AES pueda entender que el tema del aborto no da mucho más de sí planteándolo como lo han planteado, ni por supuesto le digas a un falangista que lo suyo es de otro tiempo. O a uno del MSR le niegues que la santísima trinosofía “federalismo – socialismo – república” tenga menos futuro que Torrebruno contra los Lakers.

El problema de la extrema-derecha es que sus temas son los propios de la derecha (unidad nacional, antiterrorismo) en los que solamente está en condiciones de ofrecer una solución algo más radical que la derecha: en unidad nacional ni hablar con los nacionalistas e incluso liquidar los estatutos de autonomía; en antiterrorismo insistir en la cadena perpetua. En cuanto al “patriotismo social” podría llegar a las masas a condición de que se enunciara con simplicidad y corrección en lugar de emplear retruécanos con sabor a extraño: una cosa es proclamar un “patriotismo social” y otra incomprensible ser “socialpatriota”. Lo primero es una propuesta, lo segundo una autodefinición indefinida.

Sobre la inmigración cabe decir algunas cosas. Es, efectivamente, un gran caballo de batalla, pero eso no quiere decir que todo aquel que levante la bandera de la lucha contra la inmigración masiva va a ser seguido por las masas. Y ello por varios motivos.

El primero de todos es que hay que conocer la temática y no basta con un vago pronunciamiento anti-inmigración. La mayor parte de las cúpulas políticas de la extrema-derecha desconocen la naturaleza del fenómeno y sus implicaciones. Simplemente, van de oídas y desde 2000 su “teorización” sobre este tema no ha progresado al ritmo que lo hacía la inmigración en la sociedad.

Pero es que además, la inmigración en sí y en España puede ser un revulsivo y generar, a partir de la protesta popular que provoca, un formidable impulso político para quien lo utilice y lo sepa manejar diestramente.

El problema estriba en que la inmigración mezclada con otros temas es increíble.

Por ejemplo, va y dice: “los trabajadores estamos contra los inmigrantes… Viva la unidad de España”. Error. Mezclar la velocidad con el tocino no es el mejor camino para llegar a ningún sitio. Lo hemos explicado muchas veces y lo explicaremos por última:

- Los destinatarios de la primera parte del mensaje son los trabajadores que viven en los barrios más castigados por la inmigración.

- Esos trabajadores experimentan una necesidad de liberarse de la presión que supone la inmigración, pero no están dispuestos a seguir una opción “facha”.

- El que se trata de una opción “facha” lo indica la segunda parte del mensaje: “Viva la unidad de España”, mensaje propio de un estilo que remite directamente al franquismo.

- Dado que esos trabajadores están dispuestos a luchar contra la inmigración masiva, pero no a favor del franquismo, el mensaje se neutraliza y se pierde, llegándose al cero patatero y a la vulnerabilidad absoluta: se es vulnerable, porque, en el fondo, se muestran los signos latentes de franquismo.

Sobre este planteamiento no vale la pena discutir: gusta o no gusta, pero es así y así lo han reconocido desde periodistas e historiadores especializados en la extrema-derecha hasta el Instituto Elcano.

La extrema-derecha a fuerza de querer defender la unidad nacional pura y dura, neutraliza el efecto que pudiera tener sobre las masas un proyecto anti-inmigración. Y de este círculo vicioso no se podrá salir nunca en unas elecciones generales, ni siquiera en unas europeas.

Gritar “No a la inmigración masiva” con una camisa azul de a 20 euros vendida por infonacional puede parecer muy patriótico, especialmente si se hace brazo en alto, prietas las filas y con las banderas al viento… pero luego no te quejes si te quedas más solo que la una.

Y, entonces la extrema-derecha dice: “La unidad nacional es irrenunciable”. Fíjate si es irrenunciable que está suscrita por la constitución. Y fíjate si está en peligro que el PP la defiende sin fisuras. Por tanto, competir con el PP a ver quien está más a favor de la unidad nacional es absurdo.

Por lo demás, éste tema de la unidad nacional plantea algunos problemas teóricos: ¿de qué estamos hablando? ¿sirve el mismo concepto de unidad nacional surgido de la crisis finisecular del XIX? ¿si una nación es una unidad de destino, cuando es el destino actual de la nación española? ¿cómo se vertebra la unidad del Estado con las realidades autonómicas? Y ya puestos a entrar en vereda, ¿cómo diablos se vertebra España en Europa? Si es que se vertebra porque las posiciones antieuropeístas tienen su pedigrí en cierta extrema-derecha. Incluso hay preguntas básicas que la extrema-derecha no está en condiciones de responder: ¿Qué diferencia existe entre Nación y Patria? ¿es lo mismo nacionalismo que patriotismo? ¿por qué habría que estar contra el primero y a favor del segundo concepto? Y así sucesivamente. La palabra “España”, por sacrosanta que sea, no cierra el camino a cualquier discusión sobre todo si lo que se pretende es arraigar en los estratos populares. Insiste mucho en “España” y terminarán confundiéndote con el franquismo y así te enajenarás las simpatías de los sectores sociales que están más a favor de la inmigración… las clases trabajadoras que, por cierto, durante el franquismo, en gran medida fueron… antifranquistas y hoy tienden a votar socialista.

Hasta que la extrema-derecha no comprenda que en la frase: “En España, los españoles primeros” ya existe una profesión de fe patriótica sin que sea necesario insistir mucho más en ello y hasta que no comprendan que “España” es un concepto que debe ser, por este orden: ACTUALIZADO, REVISADO y REDEFINIDO, aquí, señores, no hay nada que hacer.

La negación de una negación, es una afirmación

Lo resumimos en una sola frase: no hay futuro en la extrema-derecha, ni siquiera posibilidad de obtener un 3-5% de votos. Se ha demostrado en seis elecciones sucesivas en donde la bolsa de votos de la ultra ha ido reduciéndose hasta estabilizarse a partir del 2.000 en 30-40.000 votos. Nada más. Ese es su techo, error técnico en los recuentos incluido.

Así que las posibilidades son dos: o se insiste en esa misma línea o se cambia de línea. Insistir en la misma línea supone revalidar la fórmula física que dice que a iguales condiciones de presión y temperatura se obtienen los mismos resultados en un experimento. Sigue como hasta ahora y tendrás lo que has tenido hasta ahora: o avances lentos e inseguros o fracasos asegurados.

¿Cambiar de línea? Eso quiere decir abandonar todos los usos y costumbres de la extrema-derecha sin ahorrar ni uno. Y ese latiguillo permanente de “unidad nacional – unidad nacional – bip, bip, bip” que no llega a ningún sitio, justamente porque ya hay un PP que agita en condiciones mucho mejores, o se supera o es el lastre absoluto que incapacita, inmoviliza y retrata. Por ahí no hay camino.

El problema radica en que la extrema-derecha ha agitado el problema de la inmigración, pero no ha aprendido a manejar el tema como caballo de batalla político. Y el problema es mucho más complejo que decir “hay demasiados inmigrantes”… coño, si es que eso hasta lo dicen los partidarios del “papeles para todos”. El problema no es ese, sino hacer trabajo político sobre los sectores sociales que están de acuerdo en que “hay demasiados inmigrantes” y que hay que hacer algo.

Si rompes ese frente añadiendo que “y además de que hay demasiados inmigrantes, es que la unidad de España está en peligro” (lo cual es cuestionable), empiezas a complicar el tema y tu interlocutor empieza a pensar si no serás un facha redomado que le intenta estafar políticamente. ¿Para qué seguir? Está tan claro que quien no lo vea es más ciego que un murciélago con Ray-Ban.

Bien, vamos a lo positivo.

Dos ejes a desarrollar

Es evidente que la lucha contra la inmigración masiva es un aspecto de un tema más amplio que es, efectivamente, el patriotismo social. Tal es uno de los ejes necesarios de trabajo. El otro es la regeneración del Estado. Nuestro sistema representativo, tal como lo demuestra la irremisible tendencia al bipartidismo, unido a la Ley d’Hont y a las listas cerradas y bloqueadas, a la brecha entre gobernantes y gobernados, ha hecho que nuestra democracia haya degenerado en partitocracia y nuestro sistema representativo sea de escasa calidad democrática.

Estos dos ejes permiten un discurso sencillo, en cuyo desarrollo no hay riesgo de interferencia con los resabios del franquismo y los estímulos negativos que suscita en las capas trabajadoras.

No es que adoptando estos dos ejes esté garantizado un éxito, es, simplemente, que, a partir de ahí, el camino está desbrozado. Hacen falta nombres de edades intermedias, no quemados, que puedan liderar el proceso; hacen falta medios económicos; hace falta un esfuerzo militante; y hace falta, finalmente, una paralela reflexión intelectual.

Y no nos extendemos más. La cosa tampoco es que sea excesivamente compleja. Es que quien quiera verlo lo ve y quien esté predispuesto a negar todo esto, no habrá forma humana de convencerle de lo contrario, así que no vale la pena discutir en ninguno de los dos casos.

© Ernesto Milà – Infokrisis – iInfokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com

Hacia la reforma del Estado (I) - ¿Monarquía o República?

Infokrisis.-Llevamos demasiadas legislaturas aplazando el necesario encuentro con la reforma de la constitución. Esta nueva legislatura que se inicia ahora ¿abrirá las puertas a esa reforma o la Constitución actual sobrevivirá otros cuatro años? No hay nada que permita pensar en reformas y si estas se producen nos tememos que serán sobre aspectos secundarios y parciales de nuestro sistema político. Muy pocos tienen intención de suscitar una discusión sobre la forma del Estado. Nosotros entre ellos. Éste es nuestro análisis.

La alternativa: dejar las cosas como están o cambiar la forma del Estado

El Partido Popular se declara tibiamente monárquico y afirma serlo solamente porque es la forma de gobierno descrito en la Constitución. El PSOE, por su parte, es tibiamente republicano. De tanto en tanto, alguno de sus dirigentes protagonizan algún exabrupto republicano, pero a quienes les corresponde un republicanismo militante es a los últimos mohicanos de Izquierda Unida. Aparte, naturalmente, de ERC que lleva la “república” implícita en su sigla. A nacionalistas catalanes y vascos el tema ni les va ni les viene, lo consideran “cosa de españoles”. Y en cierto sentido tienen razón. Sólo que si miraran su DNI verían que ellos también son españoles. De todas formas, los resultados obtenidos por ambas formaciones en las pasadas elecciones son un índice del interés de los españoles por la república.

El origen de la monarquía actual

Los Borbones no han constituido jamás una dinastía excesivamente popular, ni mucho menos brillante en España. La cosa empezó mal con Felipe V y su proceso de nivelación, y siguió mucho peor con algunos de sus sucesores: Carlos IV cedió simplemente España al Imperio Napoleónico y a Fernando VII a lo largo de su vida no le quedó nadie a quien traicionar. Isabel II tenía fama, solamente, de ser ligera de cascos. De Alfonso XII se recuerda especialmente su melancolía. Alfonso XIII, por su parte, en cuanto oteó problemas se fue a Roma dejando aquí un proceso caótico que culminó en la guerra civil. De Don Juan, Conde de Barcelona y Almirante de Castilla, sus exegetas se las vieron y se las desearon para demostrar que en algún momento, durante los 40 años de franquismo, se preocupó algo por su país.

Y es así como llegamos a 1967 con la aprobación de la Ley Orgánica del Estado. Franco lo dijo en las Cortes cuando el príncipe Juan Carlos fue nombrado sucesor: “Esto no es una restauración, es una instauración”. No era para menos. Históricamente, los Borbones habían dejado el peor de los recuerdos.

La supervivencia de la monarquía

En noviembre de 1975, la mayoría de españoles no dábamos un duro por la continuidad de la monarquía. Y son embargo 33 años después la monarquía sigue gozando de buena salud. Esto se ha debido a las circunstancias particulares en las que se operaron los consensos de la transición.

En noviembre de 1975 la oposición democrática carecía de fuerza social suficiente como para desencadenar un proceso de lo que entonces se llamaba “ruptura”. Por su parte, el franquismo político aislado internacionalmente y necesitado del balón de oxígeno europeo, precisaba un cambio en las formas. Era evidente que, antes o después, ambas “Españas” iban a tener que entenderse.

De esta situación surgió el “consenso” que permitió la transición democrática. La derecha franquista cedería en el punto esencial (legalización de todos los partidos y convocatoria de elecciones libres) y la izquierda daría su brazo a torcer en el tema de la monarquía para que el cambio tuviera la forma de una evolución más que de una ruptura.

La monarquía quedó salvada aunque fuera lo único que quedó del antiguo régimen.

La monarquía en la transición

A pesar de presentarse como un “anhelo popular” (ciertamente había algo de eso, pero no era, en modo alguno lo esencial) la transición no fue más que un acuerdo entre las cúpulas de estos dos sectores. A partir de las elecciones de 1977 se trataba de ver cómo podía hacerse digerir el proyecto a la población.

En aquella época, tanto la extrema-derecha como la extrema-izquierda tenían un peso político muy real. Así pues, otro de los acuerdos de la Transición fue desmantelar a ambos sectores políticos. Se hizo de muchas maneras y, habitualmente, mediante la vía de la provocación. Ahí las alcantarillas del Estado se esmeraron. Después del incendio del local barcelonés Scala, el anarcosindicalismo entró definitivamente en la historia de España y tras los distintos episodios de violencia en los que se vio envuelta la extrema-derecha, tanto por sus errores como por las provocaciones de que fue objeto, ubicarse en ese ambiente suponía un suicidio político que muchos ultraderechistas de pro evitaron optando por salidas más aceptables.

Quedaban, claro está, las Fuerzas Armadas como expresión del continuismo franquista que tenían como única referencia política a la monarquía (ese fue otro buen motivo para conservar la institución). Aún queda por escribir la historia exacta de lo que ocurrió en la conspiración del 23-F, pero básicamente puede decirse que fue un señuelo: los militares comprometidos con el sector ultra salieron a la superficie en la tarde en que Tejero ejecutó su fantasmal y absurda entrada en el Congreso de los Diputados y fueron liquidados para siempre. Gracias Tejero, porque alejaste el golpismo por siempre jamás.

Entre la madrugada del 20-N de 1975 (muerte de Franco) y las 24:00 del 23-F de 1981 (intentona golpista), la monarquía no vivió un momento particularmente brillante. Parecía difícil que pudiera perpetuarse. La intervención del Rey –aunque fuera tardíamente- ante las cámaras de TV en la noche del 23-F constituyó un punto de inflexión que salvó la monarquía.

Con su acción Tejero, Milans y demás, lograron muchas cosas, aunque ninguna fuera la que se habían propuesto: lograron que el golpismo desapareciera de las FFAA, lograron que una vez desaparecido el golpismo nada impidiera el acceso al poder de la izquierda, lograron, así mismo, que en aquella España dividida anterior al 23-F, sumida en la crisis política y en el caos económico, terminaran desfilando Carrillo, Fraga, González y los sindicalistas, codo a codo por la Castellana, restituyendo la confianza de la población en la clase política. Lograron, en definitiva, asentar el sistema democrático y, con él la monarquía “instaurada” por Franco pasó a ser la monarquía democrática.

¿Ha funcionado la monarquía?

Si la mejor forma de demostrar la eficacia de un monarca es que pasara completamente desapercibido, hay que decir que Juan Carlos I ha sido un gran monarca: no ha intervenido absolutamente nada en la vida política del país, limitándose estrictamente a su papel constitucional. Es decir a muy poco. Mejor dicho: a nada.

En el fondo alguien tenía que representar a España en los foros internacionales y alguien también tenía que estar por encima de los partidos y de sus luchas, aunque fuera para dar mensajes de Navidad tan bienintencionados como asépticos.

La monarquía ha funcionado, sencillamente porque su margen de actuación era tan escaso, limitado y sin poder real, que no había lugar a que fracasara. Bastaba con que un ploter estampara la firma del monarca cada mañana en las leyes que aparecerían al día siguiente publicadas en el BOE para que cumpliera con su trabajo.

La popularidad de la monarquía se ha mantenido especialmente gracias a una prensa del corazón que durante años ha ocultado las vergüenzas de la institución a cambio de obtener exclusivas y posados preferenciales.

Solamente en raros momentos, el monarca ha asumido su papel de tal y ha hecho que los españoles se sintieran “orgullosos” de tenerlo como máximo representante del Estado.

La corrupción galopante de la clase política ha hecho olvidar que el entorno de la familia real y los “cuñados” se habían convertido en una clase parasitaria habituada a los buenos negocios con el mínimo esfuerzo. Algunos personajes surgidos al calor de la Casa Real han revestido rasgos particularmente siniestros y un olor a corrupción similar a cualquier otra institución del Estado.

Es difícil realizar un balance objetivo de la monarquía en estos años. Lo que generalmente se pone en su haber es, sin duda, el resultado de haberse abstenido de descender al ruego de la política, haber evitado polémicas políticas e incluso haberse callado cuando la situación de corrupción de la clase política clamaba al cielo.

Tampoco las culpas de la monarquía juancarlista han sido excesivas: se ha limitado a sobrevivir, tal como aprendió en sus seis primeros años de corona. Sobrevivir implica plegarse a las reglas del juego. Y Juan Carlos I ha desarrollado un sexto sentido para realizar esos equilibrios.

A fin de cuentas, ese también ha sido el problema de la monarquía: a fuerza de pretender estar por encima de la política y de sus vaivenes, Juan Carlos I se ha situado lejos de la sociedad. La prensa del corazón era el único vínculo que mantiene un relativo interés de la sociedad por la familia real. Más divorcios más interés; más bodas más interés. Sólo eso

Una polémica fuera de la sociedad

¿Valdría la pena elegir cada cinco años un Jefe del Estado republicano cuyas atribuciones fueran las mismas que las de un monarca constitucional? ¿Otro circo electoral a añadir a los ya existentes? ¿llevar la lucha de partidos a la primera institución del Estado? No parecen desde luego las ofertas más tentadoras por muy republicanas que sean. Ciertamente sería elegido en las urnas… pero eso supondría trasladar la lucha de partidos a un nuevo terreno. Y este país, precisamente, lo que precisa es una desintoxicación de luchas entre partidos políticos, no de la apertura de nuevos frentes de conflicto.

Ni monarquía ni república son objeto de una demanda social evidente, ni suscitan un clamor popular extendido ni a favor ni en contra. Así pues, si bien es necesario reformar al Estado, lo es en aspectos muchos más próximos a los ciudadanos y que tienen muchos más que ver con la representatividad, la separación de poderes, la legislación electoral o la vertebración del Estado.

Salvo que se aprobara una futura constitución presidencialista como la francesa, el problema de monarquía o república no tendría ni interés, ni vigencia. Hoy la monarquía es una institución gris e irrelevante. No es la única: el senado, los parlamentos autonómicos o las diputaciones provinciales existen, pero, como la monarquía o no tienen unas funciones particularmente brillantes y bien definidas, o simplemente apenas tienen funciones aun cuando tengan sueldos no precisamente mínimos.

En el modelo francés, el presidente de la república tiene atribuciones que envidiaría un monarca absoluto, mientras que en Alemania e Italia es completamente irrelevante. La vida de los italianos o de los alemanes no cambiaría mucho si en lugar de un presidente de la república tuvieran a un Saboya o a un Hohenzollern al frente del Estado.

¿Debemos preocuparnos por la monarquía? ¿vale la pena luchar por una república? Ninguna de estas dos cuestiones suscita el más mínimo entusiasmo en la sociedad; son, por tanto, irrelevantes. Cuestión irrelevante, cuestión liquidada.

El problema de la monarquía o república no es la primera cuestión que debe abordarse a la hora de reformar al Estado. En el contexto de una reforma sería la monarquía quien debiera presentar su proyecto y sus ideas -alguna debería tener- y, en función de eso, plantearse su continuidad o su sustitución por otra forma de gobierno. Mientras esas ideas no estén claras y la monarquía se esfuerce en pasar desapercibida, es inútil pronunciarse sobre ella. Es como si no existiera.

Anexo

¿Monarquía o república?

Salvo para la redacción de ABC y para los últimos afiliados a Izquierda Unida y a ERC, nadie en España es “excesivamente” monárquico o republicano. Existe el consenso tácito de no cuestionar la monarquía, simplemente por lo desapercibido que pasa. Si no fuera por la prensa del corazón, apenas sabríamos de su existencia.

El problema no es elegir entre monarquía o república, sino entre qué tipo de monarquía y qué tipo de república.

Históricamente, las razones para inclinar la balanza a favor de la monarquía son históricas: España ha sido a lo largo de su historia y salvo breves paréntesis, una monarquía. Sin embargo, resulta imposible pronunciarse sobre la monarquía en función de sus actuales representantes.

Por otra parte, la monarquía de los Austrias y la de los Borbones fueron extremadamente distintas: es lo que va de “las Españas” (lo que hoy sería la “España plural”, a la que debería unirse el calificativo de “imperial”) a la “monarquía absoluta” (precedente del jacobinismo uniformizador). Juan Carlos I, siendo Borbón, es la cabeza de una monarquía liberal a la que Zapatero ha podido tildar “parajódicamente” de “monarquía republicana”…

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com