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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

A cuarenta años de mayo del 68 (V de XVI): El papel de los maoistas

Infokrisis.- Empezamos una serie de tres artículos sobre el maoísmo y su participación en las revueltas de mayo del 68. Va a ser un capítulo amplio y extraño. La primera de estas entregas está dedicada a la irrupción del marxismo en Francia y, en concreto, a la formación de la Unión de Juventudes Comunistas Marxistas Leninistas. La segunda estará dedicada a la manipulación del maoismo europeo por parte de determinados servicios secretos. La tercera hará una aproximación al caso español.

El maoísmo y la revolución. Entre la CIA y Pekín

La biografía de Louis Althusser indica que nunca fue un hombre particularmente “centrado”. En 1947 le fue diagnosticado una “psicosis maníacos-depresiva” que le acompañía durante el resto de su vida. Internado en psiquiátricos durante una veintena de ocasiones, ningún tratamiento evitó que en 1980, presa de un ataque de locura, asesinara a su esposa. Pues bien, este pobre hombre, fue en los años de la contestación estudiantil yde la nueva izquierda uno de sus puntales teóricos con mucho más seguimiento en Europa que Marcusse. Toda una generación de izquierdistas se alimentó de su Lire Le Capital publicado en 1965 y de Pour Marx, impreso ese mismo año.

1. Año decisivo para el maoísmo francés

1965… el año decisivo para la irrupción del maoísmo en Europa. Había en él mucha interpretación personal de la obra de Marx que otros teóricos de la época no aceptaron. Aun aceptando que la lucha de clases era el motor de historia, Althusser sostenía que la economía solamente se convirtió en factor preponderante a partir de la Revolución Industrial (lo que parece lógico), mientras que en otros períodos de la historia, la religión o la experiencia guerrera lo fueron. Sostenía la necesidad de regresar a Marx dado que las interpretaciones que “los marxistas” habían realizado de las obras del maestro estaban tergiversadas por uno u otro motivo. Veía en Marx una obra científica de altura, especialmente a partir de 1845 y consideraba peligroso falsear la opinión del autor de El Manifiesto Comunista mezclando sus escritos de juventud con sus obras científicas de madurez o con los escritos de Engels. Althusser aspiraba a restablecer la pureza de la teoría de Marx sobre el conocimiento de la sociedad y con este análisis reorientar el sendeto del movimiento comunista.

En enero de 1964, Althuser, entre crisis mental y crisis mental, enseñaba filosofía en la Ecole Normale Superieur. Algunos de sus alumnos habían constituido el Círculo de Ulm (la calle donde se encontraba la escuela) de la Unión de Estudiantes Comunistas para estudiar el sendero marcado por su profesor. No se trataba de un círculo homogéneo, sino que en él estaban representadas todas las tendencias de la extrema-izquierda de la época, todavía en gestacion.

Entre sus miembros estaban presentes gentes atraídas por el trotskymo que siempre tuvo en Francia cierto predicamento y que terminarían en las filas de la Jeunesse Communiste Revolutionaire que tendría un papel destacado en los sucesos de mayo; los más moderados pertenecían al Parti Socialista Unifié; pero la mayor parte miraban con admiración a la Revolución China. Pero ni siquiera esta corriente estaba unificada; no todos estaban dispuestos a la militancia politica, frecuentemente su admiración no era más que una pose o una mera adhesión a una doctrina que empezaba a exitar la curiosidad en Europa. Althuser, a todo esto, seguía siendo miembro del PCF.

2. Camino de la escisión

En el otoño de 1964 se iniciaron la publicación de Les Cahiers Marxistas-Léninistes, de los que apenas aparecieron cinco números ciclostilados, el último de los cuales en mayo de 1965. en este último número se habían publicado algunos artículos de orientación castrista introducidor por un grupo de seguidores franceses agrupados en torno a la figura de Regis Debray entonces en pena efervescencia castroguevarista. Ese año tuvo lugar el 8º Congreso de la Unión de Estudiantes Comunistas, rama estudiantil del Partido Comunista de Francia, que se veía azotada por fuertes conflictos internos. Los trotskystas de distintas fracciones habían realizado entrismo en el interior de la UEC y también existían células clandestinas maoístas en su interior. Estas células se expandieron en secreto a lo largo de ese año en el interior de la UEC por distinas facultades y universidades, tanto de París como de Provincias. En junio de 1966 se celebró una reunión secreta de estas células de la que salió la decisión de escindirse de la UEC. En otoño tuvo lugar la ruptura de los pro-chinos que consiguieron arrastrar a la mayor parte de militantes de la UEC.

Una vez fuera de la organización contactaron el Mouvement communiste français (MCF), fundado el 25 de junio de 1966 a partir de la Fédération des Cercles Marxistes-Leninistes de France que el diciembre de 1967 se transformación en Parti Communiste marxista Léniniste de France. Tenían la intención de unificar a los grupos pro-chinos. El MCF-ML no había conseguido prosperar en el medio estudiantil, se trataba de un partido con una mínima base obrera de viejos comunistas que sintonizaba mal con los jóvenes estudiantes, nominalmente marxistas-leninistas pero poco dispuestos a aceptar una disciplina férrea. En diciembre de 1966 se rompieron las conversaciones y poco después se fundaría la UJC-ML que sería recibida con duros ataques por parte de la revista L’Humanité Nouvelle, órgano del MCF-ML.

3. Un grupo anómalo

En el nº 4 de Servir le Peuple aparecido en agosto de 1967 portavoz de la UJC-ML se daban algunas claves de la formación de este grupo, era una especie de historia oficial en la que se reconocía el papel de Althusser y del Cercle d’Ulm. Se mencionaba que en ese ambiente se había realizado una “paciente acumulación de fuerzas financieras necesaria ara la lucha interna y la escisión de la UEC”… la clave es el concepto de “acumulación de fuerzas financieras”. Nadie supo jamás de dónde procedía el dinero. Ni nadie lo preguntó jamás en el interior de la organización. Todos supusieron que los fondos habían sido entregados por la central pro-china de ayuda a los partidos marxistas-leninistas que apoyaban su causa y que estaba localizada en Suiza (posteriormente se transferiría a Bélgica). Luego volveremos sobre esta “central suiza”

Durante ese primer año de vida, la UJC-ML volvió a restablecer contactos con los castristas de Regis Debray con intención de integrarlos. Debray era amigo del editor François Maspero el cual sirvió de puente para este intento de aproximación de las dos corrientes de la nueva izquierda francesa. La aproximación llegó a tal punto que la librería de Maspero de rue Saint-Séverin figuró como primera dirección de la UJC-ML en los pancfletos que se distribuyeron en esa época. Sin embargo, algo debíó ver Maspero para romper bruscamente con la UJC-MLy negarse a cualquier otro contacto posterior. A partir de ese momento define a la UCJ-ML como “provocadores”.

Volvamos a los fondos. Debieron ser muchos para que a lo largo de 1967 y hasta mayo de 1968 se multiplicaran las publicaciones. En junio de 1967 publicaron el primer número de la revista quincenal Servir le Peuple (7.000 ejemplares, 3.000 vendidos), luego, poco antes del estallido de mayo del 68 publicaron La Cause du Peuple (10.000 ejemplares, gratuitos, portavoz de la ama obrera los Groupes de Travail Communistes), Garde Rouge (3.500 ejemplares, 800 vendidos, dedicado a los bachilleres), Cahiers Marxistes-Léninistes (2.000 ejemplares, 1.200 vendidos, teniendo como centro estudios teóricos, ideológicos y políticos) y Cahiers d’Epistemologie (2.000 ejemplares, 1.200 vendidos, dedicados a difundir el pensamiento de Althusser), lo que no es poco. Más bien desmesurado, teniendo en cuenta que algunas de estas publicaciones eran quincenales y el resto mensuales, algunos de gran volumen. En enero de 1968 las arcas de la UJC-ML se vieron bruscamente reforzadas con fondos de procedencia ignorada. Es cierto que parte de las publicaciones así como los panfletos, eran impresos por la propia organización que había adquirido en ese momento una máquina de offset y varias maquinas de escribir IBM para confeccionar los originales. Demasiado dinero para tan poca militancia,

4. La UJC-ML en la resulta de mayo

Detrás de todo este esfuerzo al iniciarse los sucesos de mayo, la UJC-ML esaba compuesta por apenas 480 militantes en París y un millar en provincia, con ligera tendencia a baja. Podría añadirse que la UJC-ML fue el primer grupo de izquierdas que, a raíz de la segunda guerra árabe-israelí (la llamada Guerra de los Seis Días) inició el reclutamiento de inmigrantes norteafricanos, utilizando la Association Amis de la Révolution Arabe.

Al desencadenarse los sucesos de mayo, el papel de la UJC-ML es menor. Siempre encuentra excusas para no participar en las manifestaciones y huir de los enfrentamientos directos con la policía. Es extraño para un partido que propone la “guerra popular prolongada” y la “insurrección armada de masas”. En las primera semanas ataca especialmente a los trotkystas y solamente algunos de sus militantes están presentes en la “noche de las barricadas” (del 11 al 12 de mayo, en la calle Gay-Lussac). Constantemente sostienen que “hay que ir hacia el pueblo” y piden lo que parece imposible: unir las luchas estudiantiles a las luchas obras. Sin embargo, cuando el 14 de mayo, empieza la agitación obrera y la CGT desencadena la huelga general, parece como si la hora de la UJC-ML hubiera llegado. En los días siguientes, sin embargo, los maoístas boicotean las manifestaciones unitarias y llegan a boicotear las convocatorias de la CGT. El 29 de mayo, cuando el sindicato comunista convoca una gran manifestación, la UJC-ML está presente, pero diferenciándose del resto de la manifestación. Sólo al día siguiente la UJC-ML pone toda la carne en el asador: el grueso del partido se instala en Flins donde sigue la huelga general y estimula los graves enfrentamientos entre los obreros y la policía. Allí muere Pilles Tautín, bachiller de apenas 18 años, miembro de la UJC-ML. El “primer mártir” hace que se multipliquen las manifestaciones, pero la UJC-ML siguen con su batalla en Flins. En eso estarán cuando el Ministerio del Interior decrete su prohibición.

La otra formación maoísta que había nacido el 30 de diciembre de 1967, el PCMLF proclamó desde el inicio de los acontecimientos su solidaridad con los estudiantes y lo hizo a través de su semanario L’Humanité nouvelle, editado con grandes medios económicos. El argumento empleado es que las luchas estudiantiles sirven como ejemplo para la clase obrera. En realidad, la pobreza teórica del PCMLF es notoria y su militancia nollegará en esos momentos a los 500 militantes que apenas tendrán un papel en la revuelta de mayo… lo cual no les evitará ser prohibidos el mismo día que sus hermanos separados de la UJC-ML.

Hasta aquí el papel del maoísmo en la revuelta de mayo. Mínimo, exiguo y contradictorio, ¿por inmadurez? Es posible. A decir verdad, su papel solamente fue destacado en los primeros momentos de la revuelta y en los últimos.

La pregunta inquietan que subyace en la corta vida de la UJC-ML y del PCMLF es ¿de dónde obtenían sus cuantiosos fondos? Algunos medios de comunicación habían indicado que “del gobierno chino”; no en vano, ambos grupos distribuían “Pekín informa”, una revista semanal de propaganda de la China comunista. Así pues, estaba claro: los maoístas eran financiados por China. Asunto resuelto. Sólo que no era así. A partir de ahora la aventura adquiere un carácter siniestro.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

A cuarenta años de mayo del 68 (IV de XVI). Así empezaron los disturbios

Infokrisis.- Dentro de la serie de apuntes que estamos abordando para el 40º aniversario de los incidentes de mayo de 1968, hemos querido alternar el análisis sobre las ideas que irrumpieron en aquel momento y lo que hemos dado en llamar "Batallas, batallitas y engañifas" urdidas en torno a aquel episodio. Al terminar esta serie de apuntes estaremos en condiciones de reordenarlos y darles una forma más orgánica que todavía no tienen. En esta entrega nos remontamos a los orígenes del Movimiento Occident cuyo papel en el desencadenamiento de los incidentes de mayo fue decisivo. Si hubo un detonante, ese fue Occident-

   

I. Así empezaron los disturbios

Si les han contado que la revuelta de mayo se inició con un cóctel molotov arrojado por los maoístas contra un vehículo policial, les han mentido. El primer cóctel que estalló en la tarde del 3 de mayo en el barrio Latino fue lanzado por un militante de la organización de extrema-derecha Occident sobre la policía. Si hubo un detonador de los disturbios éste fue el movimiento Occident y la Unión de Juventud Comunista – Marxista Leninista. En este capítulo el lector podrá intuir a quien servían los unos y los otros. Y es posible que se sorprenda y empiece a pensar que el título de esta obra “Mayo del 68 no fue como nos lo han contado”, no es gratuito.

Todo lo que estaba presente en mayo del 68 se había gestado en un período que abarcaba los cinco años anteriores, a partir del final de la guerra de Argelia.

1. La herida argelina

En febrero de 1963 se produce el secuestro en Munich del coronel Argoud, en ese momento, jefe máximo de la OAS, la Organisation de l’Armé Secrete que había luchado contra el abandono de Argelia. De Gaulle había retornado al poder en 1958 con un programa que dejaba claro que Francia no iba a conceder la independencia a Argelia, ni siquiera bajo la presión del terrorismo del Front de Liberation National. Sin embargo, a los pocos años, el grito gaullista de “Argelia Francesa” es sustituido por la firma de los acuerdo de Evian que dan paso a la independencia argelina, con la consiguiente expulsión de 1.500.000 de colonos franceses y la prudente huida de 150.000 harkis (argelinos de origen que habían colaborado con la colonización francesa).

Una parte mayoritaria del ejército se negó a aceptar la firma de los acuerdos de Evian. La mayoría decidió adoptar una posición crítica pero silenciosa y acatar disciplinadamente las órdenes de De Gaulle de abandono de Argelia, pero una parte minoritaria del ejército optó por la vía copista y cuado esta fracasó, por la resistencia armada y el terrorismo junto a grupos de activistas civiles.

Los golpistas y los miembros de la OAS debieron de cumplir penas de prisión y exilio. Sus camaradas que habían permanecido fieles a De Gaulle, no tanto por convicción como por disciplina, no olvidaron completamente a sus camaradas que habían hecho lo que ellos no se atrevieron a hacer. En 1968, esos militares ocupaban los cargos más altos del Ejército francés y dirigían las unidades más eficaces acantonadas en Alemania.

Gracias a estas unidades, De Gaulle pudo mantenerse en el poder, pero no fue a cambio de nada, sino de la amnistía para los miembros de la OAS y para los militares encarcelados por haber encabezado el golpe de Estado de Argel. Si mayo del 68 sirvió para algo fue, paradójicamente, para restañar las heridas entre ambas fracciones militares. Pero había algo más.

2. De la OAS al Front Uni de Soutien au Sud-Vietnam

Tras el fin del terrorismo de la OAS y la detención de sus últimos núcleos militantes. La extrema-derecha francesa intenta recomponerse rápidamente sin poder evitar polarizarse en dos ramas: de un lado Europa-Action fundada por Dominique Venner –hoy director de la Revue d’Histoire de France- que en su período de cárcel había desarrollado una teoría del trabajo político plasmada en el folleto “Por una crítica positiva”. En enero de 1963 aparece el primer número de la revista Europa-Action con una tirada de 10.000 ejemplares, realizado íntegramente por jóvenes que habían participado en la OAS unos, en la guerra de Argelia otros o en grupos activistas. La revista será el órgano de la Federation d’Etudiants Nationalistes. Este grupo apoyará la candidatura de Tixier Vignancourt a la presidencia de la República en 1965 y se transformará en junio de 1968 –apenas 15 días después del fin oficial de los disturbios de mayo- en la revista Nouvelle Ecole núcleo difusor de las ideas de la “nouvelle droite”, cuya actividad dura hasta nuestros días.

Dentro de la FEN y precisamente como protesta para la candidatura de Tixier-Vignancourt, se producen algunas escisiones que se ponen en contacto con el belga Jean Thiriart, director del movimiento Jeune Europe, con quien no logran ponerse de acuerdo y luego con Pierre Sidos, el fundador de Jeune Nation que había sido uno de los puntales de la resistencia contra la entrega de Argelia y que había sido disuelta tras el golpe de los generales contra De Gaulle. Sidos propone la fundación de un nuevo movimiento para el que propone el nombre de Occident, que había ostentado la antigua revista de apoyo al bando franquista durante la guerra civil española. A finales de abril de 1964 se funda oficialmente el Mouvement Occident que desde el principio dejó clara su vocación de ser un movimiento activista decidido a combatir a los izquierdistas en la calle. Y a fe que lo harán. A poco de ser fundado, Sidos ya manifiesta su voluntad de impedir con sus apenas 70 militantes, el mitin anticolonialista que iban a celebrar los estudiantes africanos residentes el París el 1º de mayo de ese mismo año. Dicho y hecho. Los 400 asistentes al mitin fueron dispersados brutalmente y el local de la Mutualité donde iba a tener lugar la reunion sufrió importantes destrozos. A lo largo del mes de mayo y junio, proliferarían los choques con estudiantes comunistas, casi sin interrupción. En 12 de junio, 60 militantes de Occidente asaltan el cine Le Savoir donde la CGT (sindicato comunista) y la UNEF (sindicato de estudiantes comunistas), celebraban un espectáculo pacifista. En esta ocasión, los 2.000 espectadores deben dispersarse ante la virulencia del asalto.

Todos estos incidentes generan algunas detenciones y Sidos recomienda a sus huestes calmarse. Luego, ya en 1965 vendrán las elecciones presidenciales en las que Occidente no participa y que eclipsan cualquier otra actividad política. A poco de terminar, los militantes más activistas se deshacen de Sidos en febrero de 1966 cuando éste intentaba pactar con Venner una fusión con la consiguiente reconciliación de las dos ramas de la extrema-derecha francesa. La operación fracasa y, a partir de ese momento, algo ocurre en el interior de Occident que, sin ningún tipo de freno ni medida, participa en todas las operaciones provocadoras y en todos las operaciones violentas que le permiten sus escasas huestes. El fracaso de la candidatura de Tixier Vignancourt que había sido apoyada por la FEN y Europe Action hace que éste grupo se reconvierta en lo que luego será Nouvelle Ecole y la nouvelle droite. El campo queda libre para Occident.

3. “Vietnam vencerá, vietcongs asesinos”

De no se sabe donde, uno de los dirigentes de Occidente, Philipe Asselin consiguió algo de dinero con el que alquilaron un local fortificado y editaron una revista para universitarios. En ese momento se integra en el grupo François Duprat, que ha regresado del Congo. Desdiciendo su fama de activista, precisamente Duprat y otro militante de Occidente, publican el primer comentario sobre la obra de Herbert Marcase que se difundió en lengua francesa en marzo de 1965. Un año después, sin embargo, el movimiento se embarca en el activismo más frenético.

El 15 de marzo, un raid de militantes de Occident realiza una operación de represalia en la Sorbonne, donde cinco militantes de otro grupo de extrema-derecha habían sido agredidos unos días antes. En ese momento Occident arroja octavillas cuyo texto se limitaba a reproducir una frase del indonesio general Suharto, famosa en aquellos días: “Matad a todos los comunistas donde quiera que se encuentren”. Si esto no era pura provocación, que nos expliquen que era. A partir de ese momento toda la opinión pública francesa y especialmente los estudiantes de izquierdas, ya saben quien es Occident. El 26 de marzo siguiente se enfrentan a la policía cuando intentaban impedir en el Barrio Latino un mitin de los trotskyas de la Juventud Comunista Revolucionaria. Casi sin solución de continuidad, en plena borrachera activista, boicotean una obra de teatro de Jean Gente, Les Paravent, en donde al parecer se insultaba al ejército francés. En octubre del 66 abren un local en el corazón del Barrio Latino, en la rue Serpente. Luego seguirá en el último trimestre de ese año las protestas por el décimo aniversario de la invasión de Hungría por el ejército soviético y las reiteradas luchas por expulsar a los izquierdistas de su feudo en la Universidad de Nanterre. A la Facultad de Filosofía y Letras han ido a parar algunos militantes de Occident que consiguen una buena implantación y representación en el consejo universitario. Tienen como compañeros de clase a Daniel Cohn Bendit, los hermanos Castro, a Brumberg y a Caruso, como líderes de una extrema-izquierda todavía mal definida, pero excepcionalmente activa y violenta. Nos aproximamos aceleradamente a mayo del 68.

El 17 de octubre de 1966, siete militantes de Occidente asaltan la cafetería de la universiad de Nanterre y desalojan a 70 izquierdistas que tienen que recurrir a los estudiantes del PCF para rehacerse. Al día siguiente, los incidentes se reproducen, pero no son solo 7 sino una 30 y enfrente tienen a 150 izquierdistas. Hay una treintena de heridos. El clima de violencia se hace continuo a partir de ese momento. A principios de diciembre de 1967, Paris Match publica fotos de los incidentes que han tenido lugar unos días antes en Nanterre. Las imágenes impresionan por su violencia a la opinión pública. El fotógrafo, Auerbach, trabajaba de común acuerdo con Occident y morirá en diciembre de 1967 asesinado por los nigerianos durante la guerra de Biafra.

El año siguiente es todavía más duro. Han aparecido los grupos pro-chinos y trotskystas que trabajan sobre todo en la universidad y difunden las consignas contra la guerra del Vietnam y en apoyo al Vietcong. Esto inspira a Occident a la creación de una réplica: el Front Uni de Sutien au Sud Vietnam. El 7 de febrero de 1868, el Front intenta celebrar su primera reunion en la gran ala de la Mutualité de París. La extrema-izquierda llama a la movilización general: “El nazismo no pasará”. El mitin asediado por 3.000 maoistas termina entre grandes incidentes. Occidente se manifiesta luego en el Boulevard Saint Michel al grito de “Vietcongs asesinos” y “Occidente Vencerá”. El saldo es favorable y el Front envía 4.000 francos recogidos en la ocasión para la construcción de un hospital en Vietnam del Sur. Y dado que se juzga que la jornada ha sido un éxito, se convocan otras dos para el 30 y 31 de marzo de 1968. El día 30, 2.000 manifestantes desfilan tras las banderas de Vietnam del sur en la Av. Wagram. El gobierno vietnamita difundirá exhaustivamente las fotos tomadas en esa ocasión. En pocas semanas el Front ha encuadrado 1.500 simpatizantes. La columna vertebral del Front es, por supuesto, Occident.

En esos días, Cohn Bendit hacía lo mismo que Occident, solo que su objetivo no era obstaculizar las actividades izquierdistas, sino hostigar a la Federación Nacional de Estudiantes de Francia, asociación de derecha universitaria. Un miembro de Occident está a punto de ser linchado. Y en ese contexto, Cohn Bendit replica públicamente al ministro de educación Missoffe ocupando grandes espacios mediáticos. Occident ordena a sus militantes una “marcha sobre Nanterre”. Pero los maoístas se adelantan y realizan un ataque fulminante el 29 de abril contra la exposición del Front en la rue de Rennes. Doscientos cincuenta maoístas de la UJC-ML con su “dirección militar” al frente asaltan la exposición en un momento en el que apenas está defendida por 10 militantes que son, literalmente, masacrados. A raíz de este ataque, los dirigentes de Occidente solicitan realizar un mitin… en la universidad Nanterre para el 2 de mayo.

La UJC-ML cede protagonismo a su “dirección militar” y junto con los miembros del Movimiento del 22 de Marzo de Cohn Bendit se atrincheran en la facultad almacenando cócteles molotov, barras de hierro, palos y mangos de madera. Una asamblea de extrema-izquierda entrega la dirección de la defensa de Nanterre a Xavier Langlade, jefe del servicio de orden de la JCR. En la entrada de la facultad colocan una pancarta: “Fascistas que escapasteis de Dien Bien Fu, no escaparéis de Nanterre”… Sin embargo, los atrincherados no son tan optimistas como sus pancartas quieren presentarlos. Temen de un momento a otro el asalto de 250 militantes de Occidente capaces de desarrollar unos niveles de violencia inauditos y que la propia izquierda ha conocido perfectamente en su piel. Finalmente, el ministerio de Educación ordena el cierre de la facultad. Así pues, lo que no ha podido tener lugar en Nanterre, alejado del centro de París, tendrá lugar en el Barrio Latino, en la facultad de Sorbonne, en pleno París.

4. Las sorpresas de mayo

Y entonces se produce un extraño atentado que nadie reivindica y que cuarenta años después nadie ha conseguido aclarar. El 3 de mayo de 1968, por la mañana estalla una bomba en la Sorbonna que está a punto de destruir completamente la Facultad. Se ha atentado contra las tuberías de gas. Todos los gropusculos de extrema-derecha y de extrema-izquierda se atacan unos a otros. El atentado hace que los izquierdistas se atrincheren en la Sorbonne y los militantes de Occident en “su” facultad de derecho en la rue d’Assas; a las 14:00, 200 de ellos intentarán manifestarse ante la Sorbonna. Observan que, a pesar de la tensión, el cordón policial ha desaparecido. En esa ocasión no llevan los instrumentos de combate encima, sino en tres furgonetas que siguen de cerca de los manifestantes. Sobre la marcha deciden retirarse. Hay algo que no entienden y que se les escapa: ¿quién ha dado la orden de retirada de la policía? Así pues deciden manifestarse en el Boulevard Saint Michel, justo donde los izquierdistas de la Federación de Estudiantes Revolucionarios (otro grupo trotzkysta) y los maoístas de la UJC-ML intentan reagruparse. En ese punto, las tres camionetas que seguían a los miembros de Occidente, distribuyen su carga. Entre los objetos contundentes figurará el primer cóctel molotov que un estudiante de Occidente arrojará contra los flancos de uno de los vehículos policiales. La “revolución de mayo” acaba de estallar.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com 

 

 

A cuarenta años de mayo del 68 (III de XVI). El situacionismo y la revuelta

Infokrisis.- Lo poco que ha quedado del mayo francés son unas pocas consignas, más o menos espectaculares e impactantes que fueron difundidas a través de serigrafías manuales o pintadas. Tales consignas -"imaginación al poder", por ejemlo- han terminado caracterizando a mayo del 68. Sin embargo, estas consignas eran patrimonio de un pequeño movimiento internacional de intelectuales europeos, la Internacional situacionista, considerad como última vanguardia artística del siglo XX. Algunos miembros del Movimiento de 22 de Marzo estaban influidos por el situacionismo.

 

El situacionismo europeo

Es un mito más que una presencia. En la revolución de Mayo situacionistas los hubo, pero pocos y no precisamente destacando por su activismo. Se ha querido ver en el Mouvement 22 de Mars de Cohn Bendit y Alain Geissmar, una inspiración situacionista. No es así. O al menos, no exactamente.

A cuarenta años vista, lo que queda del mayo francés son apenas unas cuantas consignas («A medida que la necesidad resulta socialmente soñada, el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que, en última instancia, no expresa sino su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño».). Esas consignas fueran elaboradas por los situacionistas o extraídas de las obras de Raoul Vaneigen o de Guy Debord, jefes de fila del situacionismo.

El Movimiento del 22 de marzo, situacionista pero menos

Lo que sí es cierto es que el M22M era un grupúsculo entre los grupúsculos, acaso mucho más pequeño que otros, mucho más manipulable que otros en tanto que su ideología oficial era el anarquismo y ya se sabe que los anarquistas, por su ausencia de estructuras de organización “autoritarias” (es decir, por su ausencia completa de estructura organizativa) han sido siempre los preferidos de los servicios de Inteligencia para ser penetrados por sus agentes, manipulados en sus actividades y sacrificados en sus resultados. Un informe de los servicios secretos de a OTAN daba a la Internacional Situacionista con sede en Copenhague como teledirigida por la H.V.A., los servicios de seguridad y de inteligencia de Alemania del Este.

El informe en cuestión estaba datado en 1965 cuando los situacionistas iniciaron una campaña contra la presencia de tropas alemanas en territorio danés para unas maniobras conjuntas. La campaña terminó siendo una campaña contra la OTAN y no es raro que la inteligencia de la Alianza Atlántica se fijara en los situacionistas daneses.

Pero ¿realmente podemos creer ese informe? Difícilmente. A primera vista los “situacionistas” eran solamente un pequeño grupo de intelectuales de varios países, que utilizaban un lenguaje retorcido, frecuentemente críptico, para exponer ideas contracorriente que solamente merecían comentarios en muy escasos y reducidos medios intelectuales. Me hubiera gustado conocer de dónde extrajo François Duprat la información sobre la relación entre los situacionistas y la H.V.A. que incluyó en su obra La Comédie de la Revolutión (nº 73 especial de la revista Defense de l’Occident, junio 1968, pag. 45 y sigs, París 1968). El problema es que en mayo de 1977 François Duprat saltó por los aires en una carretera olvidada cuando viajaba de París a Normandía. El crimen, todavía hoy sigue impune. Duprat volverá a salir en estas páginas en varias ocasiones. Sea o no sea cierta la información, lo indudable es que la lectura de las obras de Duprat indica que disponía de información privilegiada aunque en algunos casos se tratara de evidentes intoxicaciones.

Los situacionistas confesos jamás han aceptado una vinculación entre el M22M y su Internacional. El movimiento que tenía a Cohn Bendit y a Geissmar como cabezas visibles, apenas tenía a 40 afiliados al iniciarse los sucesos de mayo, en su mayoría extranjeros. Hoy, ni siquiera merece un hueco en Wikipedia-Francia, como si sus antiguos militantes prefirieran hacerse olvidar. Al iniciarse los incidentes, los periodistas, ávidos de catalogar los grupúsculos que protagonizaban la revuelta se fijaron en el pequeño pero gesticulante M22M y publicaron sus relaciones con la Internacional Situacionista. No eran del todo evidentes, pero es cierto que algunos miembros del M22M conocían los textos situacionistas y habían hecho con ellos una mixtura de anarquismo, marxismo heterodoxo y ribetes situacionistas. Los situacionistas “de verdad” callaron por aquello de que todo lo que la prensa hablara de ellos pertenecía a lo que ellos llamaban “espectáculo” y daba a conocer su grupo hasta entonces enfeudado en los altos muros de la intelectualidad más sofisticada de la época. Pero el asesinado Duprat utiliza para evocar la actitud de los situacionistas la palabre “rechignant” (rechinando).

Y ¿por qué es importante para valorar los sucesos de mayo? Es simple: nuestra tesis es que lo que más ha llamado la atención de la Revolución de Mayo son sus consignas espectaculares (“No morirse de hambre a cambio de morirse de aburrimiento”, “imaginación al poder”, etc.) son de origen situacionista, sin embargo el papel efectivo de los situacionistas fue, poco menos que nulo. Hoy parece que hablar del papel del maoísmo y de trostkysmo en la Revolución de Mayo condene a la banalidad a los hechos de mayo. En 1968, estas dos corrientes del marxismo, a decir verdad, diferían muy poco del marxismo y, por lo demás, éste ya está en el basurero de la historia, mientras lo “libertario” goza aún de cierto aire de romanticismo y da la sensación de una mayor creatividad. Toda la importancia que se ha dado a Mayo del 68, no deriva de ser una sucesión de incidentes protagonizados por grupúsculos marxistas marginales… sino por un formidable movimiento creativo e imaginativo que supuso la “revuelta de la juventud contra el orden establecido”. No hay tal. Esa tesis solamente se apoya en unas cuentas serigrafías y carteles realizados en el taller de Nanterre por los estudiantes del M22M cuya única actividad en esas jornadas, fueron los discursos ampulosos y arrebatados y la difusión de consignas más o menos sonoras y rotundas. Esas consignas fueron la aportación del situacionismo y, de hecho, si es cierto que lograron proyectarse en la historia y es, a fin de cuentas, lo único que resta de mayo del 68, cuarenta años después.

La cuestión siguiente a plantear es ¿qué es el situacionismo?

Una internacional de intelectuales

Hay dos libros y un archivo en Internet en lengua española que vale la pena consultar para entender aquel situacionismo que existió tenuemente y que ya no es. Los dos libros son el Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Raoul Vaneigen y, especialmente, La sociedad del espectáculo de Guy Debord.

El 1 de junio de 1959 se publicó el número 1 de la revista Internationale Situationniste” que incluía una especie de manifiesto en el que se explicaba el por qué del nombre: situacionista es todo aquello que contribuye a construir situaciones, y añadían: Situación construida: Momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos.

El movimiento había surgido a mediados de los años 50 a partir de círculos intelectuales agrupados en la Internacional Letrista, grupo que fue una de tantas rupturas de intelectuales con el comunismo al producirse la invasión soviética de Hungría en 1956. Teniendo como clímax los sucesos de mayo que dieron a conocer universalmente el situacionismo, el grupo se disolvió en 1972. Debord la había abandonado en 1970. Jamás debió tener más de 200 adheridos.

Debord (el polemista político rotundo) y Vaneigen (el poeta del situacionismo más sugerente cuyas consignas son los paradigmas del mayo francés), sobre todo, eran intelectuales brillantes que habían bebido en las fuentes del marxismo, pero no de la ortodoxia soviética ni de los dogmatismo trotskystas o maoístas que en los 60 tenían cierto predicamento en los medios de la izquierda, sino de las corrientes “marxistas revolucionarias” que tenían a Rosa Luxemburgo, al consejismo de Pannekoek, a las doctrinas de Amadeo Bordigha y a la Escuela de Frankfurt, especialmente a Georg Lucács.

La utopía situacionista aspiraba a una sociedad sin clases que surgiría de la derrota, no del capitalismo, sino de la dominación capitalista. Buena parte de los escritos situacionistas son críticas al capitalismo e intentos de analizar sus mecanismos de dominación.

La Internacional se junta en Cosio d’Arroscia el 28 de julio de 1957 con la fusión de media docena de grupos de intelectuales: la Internacional Letrista en primer lugar, el Movimiento Internacional por un Bauhaus Imaginista (MIBI), el grupo COBrA (disuelto en 1951 cuyo nombre deriva del acrónimo Copenhague, Bruselas ámsterdam donde radicaban los miembros del movimiento) y el Psychogeographic Comité de Londres. El origen de casi todos ellos era el mismo: intelectuales de izquierda que habían roto con el stalinismo entre finales de los años 40 y mediados de los 50, con una pasada militancia artística en las filas del surrealismo.

Vaneigen se preguntaba en La Revolución de todos los días como afectada el capitalismo y el sistema autoritario que según él generaba, en nuestra vida cotidiana, intelectual y colectivamente. De ahí infiere un tema interesante que trasladará a la “ideología mayo”: que la revolución es fundamentalmente el arte de cambiar la vida.

Tácticas situacionistas

Los situacionistas no se contentaron con realizar una crítica al capitalismo y a sus consecuencias sino que aspiraron a participar en actos de agitación anticapitalista. Para ello establecieron una serie de tácticas. La primera de todas ellas era la “desviación” (detournement) que era posible hacer con “objetos” creados por el capitalismo distorsionando su significado original y convirtiéndolo en un elemento crítico contra el “creador”. Estaba en el espíritu de la época y es fácil suponer que debió ser Warhol quien inspiró esta táctica a partir de su creación de serigrafía reiterativas y obsesivas sobre “objetos” creados por el capitalismo en los EEUU: las imágenes de Elvis Presley, de la sopa Campbell’s, de Marilyn Monroe, etc. Al igual que una palabra mil veces repetida pierde su sentido, todas estas imágenes multiplicadas sin apenas variaciones contribuían a que el objeto representado pierda su sentido originario y se convierta en símbolo de la banalidad capitalista.

El situacionismo aspiraba a integrar distintos elementos revolucionarios en su propia teoría por medio de lo que llamaban “comodificación”, la exposición de las ideas que bastaba por sí misma para ilustrar el objetivo crítico. Tal es la táctica que hizo que los escasos situacionistas presentes en los sucesos de mayo sintetizaran sus ideas en forma de consignas tan escueta como rotundas.

En cierto sentido los situacionistas fueron los precursores del ecologismo (o más bien de una forma ecológica de urbanismo) cuando establecían la noción de “psicogeografía”, que aspiraba a interpretar los efectos del horizonte geográfico en el comportamiento y en el estado anímico de las personas. El marco geográfico generaba una forma de comportamiento y unas rutinas. Frente a las rutinas, los situacionistas planteaban seguir las emociones.

La creación de situaciones

Pero la práctica situacionista tenía como eje central la “creación de situaciones”. La idea partía de la comprobación, casi conspiranoica, de que los acontecimientos son fruto de construcciones minuciosamente preparadas por poderes fácticos. Debord había advertido que algunas de estas construcciones no recibían la bendición de los medios de comunicación por distintos motivos. Estas construcciones, pues, podían ser utilizadas para denunciar al capitalismo. El caso más claro era, sin duda, la guerra del Vietnam y las protesta que podía generar a partir de la actitud adoptada por los medios de comunicación.

La idea de “situación construida” era fundamental en la perspectiva situacionista. El ser humano tiene la posibilidad de construir situaciones -“dado que él es el fruto de su historia”- y, por tanto e asumir su propio destino y ser “responsable del devenir de su existencia”.

También la técnica es denunciada como instrumento del capitalismo. En el nº 1 de Internationale Situationniste (01.06.58) se denunciaba que “La técnica se ha convertido en una terapéutica contra el virus revolucionario”. Las formas de aprendizaje que en aquel momento llamaban la atención –la utilización de magnetófonos mientras se dormía, para aprender determinadas materias- o las técnicas de gestión de grupos –el brainstorming, la “tempestad de ideas”- se consideraban como inventos del capitalismo para rentabilizar al máximo los tiempos muertos (el sueño) o la producción de ideas.

Debord y la sociedad del espectáculo

Sin duda, La Sociedad del Espectáculo, de GuDebord es la obra más imaginativa del situacionismo. Debord de joven se había curtido en las actividades de Socialismo o Barbarie de Castoriadis, disidente de la IV Internacional cuya idea era que las burocracias socialistas reproducían el sistema de dominación del capitalismo. Cuando se separó de Castoriadis, participó en la creación de la Internacional Letrista y de ahí al situacionismo. No era un organizador, sino un teórico y su falta de eficacia en la gestión de un grupo determinó las críticas de Veneigen y su escisión que fue la puntilla que determinó la muerte de la Internacional Situacionista. Debord reconoció en el consumismo el principal elemento de alienación capitalista: consumir es hermoso y seductor, por tanto, alienante en cuando que se deja de ser lo que se es para identificarse en el objeto consumido.

Para Guy Debord el espectáculo es el producto básico de la sociedad moderna. La política se ha convertido en un espectáculo y el ciudadano, en espectador de la teatralización o de la escenificación que inevitablemente han generado los poseedores del capital. El espectáculo es el instrumento del capital para imponer hasta el tuétano modelos culturales. La vida entendida como espectáculo es el eje central de la modernidad. De hecho, el propio mayo francés, si fue algo, fue puro espectáculo. En la sociedad del espectáculo, la política ha desaparecido. Todos somos espectadores que albergamos solamente el deseo de una vida tranquila y pacífica. Y en esto no hay diferencia: tanto los poderosos como los miserables vivimos una vida rutinaria en la que la novedad –o al menos novedades trascendentes- quedan completamente excluidas de nuestra perspectiva de vida. La novedad implica el riesgo y el riesgo es algo que el espectador no busca. El espectáculo termina siendo el “opio del pueblo”. De la misma forma que el espectador de un filme no tiene capacidad de operar sobre ese producto cultural sino que apenas puede aceptarlo o rechazarlo, la sociedad del espectáculo implica una actitud pasiva ante los acontecimientos. Todo escapa de nuestras manos y todo está fuera de nuestro control.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

A cuarenta años de mayo del 68 (II de XVI). En las fuentes de la contestación

Infokrisis.- En la segunda entrega de esta serie abordamos las fuentes intelectuales lejanas de la contestación. Nuestro análisis nos lleva, primeramente, a los "poetas malditos" franceses del siglo XIX, a las vanguardias artísticas de principios del siglo XX (dadaistas y surrealistas) y, finalmente, a la beat generation norteamericana de la postguerra. Esta excursión intelectual nos llevará por derroteros insospechados: por ls filosofías del nihilismo, por la irrupción de un nuevo modelo de sociedad, por el redescubrimiento de oriente, etc.

1. Los poetas malditos franceses, precedentes de la contestación

No hubiera existido contestación política de no haberla precedido una fuerte contestación cultural. La alternativa cultural hunde sus raíces desde el instante mismo en que la sociedad burguesa se estabiliza a mediados del siglo pasado. La personalidad del contestatario ya está implícita en algunos de las más grandes intelectuales del siglo XIX como Baudelaire (“El Dante del siglo XIX” según Barbey d’Aurevilly e hijo intelectual de Josep de Maestre del que diría: “Me enseñó a pensar”; toxicómano y libertino, admirador de la síntesis artística de Wagner y que tomó conciencia en nombre de los poetas modernos de ser apestados y rechazados por la sociedad moderna a cuyos valores se opone) o Thomas de Quincey (admirado por Baudelaire, con el que le unía su tendencia a compartir su vida con prostitutas y sus toxicomanías, no en vano el primer tomo de su autobiografía se titula significativamente Memorias de un Comedor de Opio, su demonio personal), sin olvidar a Verlaine (cuyos poemas malditos escritos tras una estancia en prisión le dan fama literaria como precursor de los decadentistas) o, finalmente, y a Rimbaud (genio del mal según sus profesores de bachillerato, gustaba escandalizar con blasfemias a los feligreses católicos, amante de Verlaine –de quien recibió un tiro- habitual del hachís, viajero impenitente y traficante de armas)…

Todos ellos fueron hombres de letras y artistas no ortodoxos, hombres que negaron la sociedad que llegó al poder con la revolución de 1789 y que entronizó como modelo a la burguesía; hombres que se situaron en los límites de las experiencias místicas o introducidos en ellas de cabeza a través de la droga. Poetas "malditos" todos ellos, de los que Julius Evola en Cabalcare la Tigre dijo:

"Vivían a la desbandada, frecuentemente eran alcohólicos y mezclaban el genio con un clima de disolución existencial y con una revuelta contra los valores establecidos".( )

En 1884, cuando estalla la revuelta de la Comuna de París, Rimbaud grita: "Hemos vencido al orden" y escribe: "El artista debe ser el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito y el sabio supremo". Él y los que como él vivían su arte como exaltación e ímpetu aventurero, eran espíritus turbulentos, frecuentemente asociales, ansiosos de libertad y buscadores impenitentes de experiencias interiores.

Les siguieron Lautréamont primero, el dadaísmo más tarde y, finalmente los surrealistas. De Lautréamont se dijo que murió de sobredosis de droga, pero de lo que no cabe la menor duda es de que sus Cantos de Maldoror (= Mal d’aurore = Mal de la Aurora) ensalza todo aquello que aborrecía la sociedad burguesa, incluyendo la blasfemia, el crimen, la obscenidad y lo desagradable. Fue el primer surrealista in pectore, el Bosco de la poesía que apostó por la victoria de lo irracional sobre cualquier forma de orden Los surrealistas lo rescataron del olvido y, antes, Tristán Tzara y los dadaístas lo veneraron. Aún hoy su relectura suscita adhesiones desgarradas. Muchos de los que creyeron en Mayo del 68 lo habían leído. Él precedió su espíritu narcisista cuando escribió cien años antes: “Soy hijo del hombre y de la mujer según me han dicho, y eso me extraña, porque creía ser mucho más…”.

A lo largo de todo el primer tercio del siglo, las vanguardias artísticas se sucedieron vertiginosamente. Todas ellas -aparte del exhibicionismo propio a los movimientos de este tipo- pueden ser consideradas como contestaciones más o menos profundas a la sociedad de su tiempo, contestaciones sucesivamente devoradas e integradas por ella, pero cuyo rastro puede seguir aquel que esté interesado en sondear las huellas de la protesta a través de los siglos.

2. Beats: los “golpeados”

La generación surrealista peinaba canas cuando, a principios de los años 50 en la Playa Norte de San Francisco, acampó una nueva comunidad bohemia. Se había marginado voluntariamente de la sociedad y llevaban una vida desenfadada y turbulenta. Coincidieron escritores, filósofos y artistas, junto a desaprensivos. Jack Kerouac, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, Philipe Lamantia, William Burroughs, entre los mejores, vivieron más o menos de cerca el experimento. Todos ellos debían convertirse luego en las referencias culturales obligadas de los contestarios. En realidad, fueron sus mentores intelectuales especialmente de su rama americana. Deseaban vivir al margen de la sociedad. Inconformistas y consecuentes, habían creado una nueva forma de vivir y la seguían... fueron llamados la generation beat.

beat por que se consideraban "golpeados", porque decían haber logrado descubrir y denunciar todas las coberturas del nihilismo, advertían la inexorabilidad de la muerte y el drama de una humanidad que no tiene nada donde agarrarse para cubrir su vacío existencial... Se consideraban beat porque su música era el jazz. También porque, en palabras de uno de sus miembros -Jack Kerouac- se trataba de alcanzar la "beatitud"... Antimaterialistas, eran también antiautoritarios y anticapitalistas. Se definían por la negación antes que por propuestas en positivo.

Era una generación, en parte dramática, compuesta por desesperados que advertían el sinsentido de la vida, la inquietud angustiosa de la guerra fría y la subsiguiente posibilidad de desaparecer en cualquier momento; percibían el progreso como una ilusión y sentían la vida como una aventura solitaria: "Dentro de mi no hay nadie" se decían, y también "Fuera de mí no tengo nada"... para ellos el problema radicaba en seguir viviendo con ese convencimiento. No todos lo lograban y aunque no fuera específicamente beat ahí está Ernest Heminway que no resistió esta tensión: el suicidio selló el punto final de su negación.

Walt Whitman, poeta místico y disidente temprano, fue uno de los mentores de la generación "beat". Inspiró directamente el Aullido de Ginsberg, leído en público en 1955 que será, poco más o menos, el manifiesto del grupo. En esa época Ferlingheti publica sus mejores obras y su editorial se convierte en el foco difusor de lo que pasará a llamarse "cultura beat".

3. En el camino del arte y de la poesía Beat

En 1957 Jack Kerouac publica En el camino y por boca de sus protagonistas define su propia concepción del mundo: no hay que detenerse, no hay que parar el flujo de la vida, no hay que dormirse, hay que gozar, seguir adelante, marchar, estar siempre en movimiento; estar "en el camino", tal es la consigna.

Se percibe en ello un espíritu eminentemente moderno: un espíritu activista y frenético de aquellos que -por emplear una terminología oriental- voluntariamente se han situado en el perímetro exterior de la rueda que gira, donde la velocidad es más elevadas; intuyen, con impotencia, la quietud del centro de la rueda, allí donde radica la serena estabilidad de quienes han pasado del Devenir al Ser. Algo que la mayoría de beats no terminan de comprender. Hacerlo hubiera supuesto desengancharse de la modernidad, algo que no entraba en los planes de ninguno de ellos.

La poesía beat es específicamente americana, no debe nada a Europa y busca su inspiración en la realidad de los EEUU en contraposición a otros disidentes de la civilización yankee. T.S. Elliot y, sobre todo, Ezra Pound, que tienen los ojos puestos en el viejo continente y en la cultura clásica. Aunque ambas tendencias sean antitéticas, Ginsberg y Pound, denuncian el espíritu burgués y su afán insaciable de lucro y usura; ambos intentan abrir nuevos horizontes para el espíritu.

Queda por analizar otro escritor marginal que puede situarse entre los mentores directos de la contestación: Herman Hesse, aunque no era americano de nacimiento, el Nuevo Mundo supuso para él una tierra de promisión. En realidad Hesse ha influido en todas las contestaciones de este siglo ¿puede ser considerado como un post-romántico? Desde luego es algo más que eso, sus novelas son seguimientos de la vida de sus protagonistas en la búsqueda de sí mismos. Demian es una nueva forma de novela llena de simbolismo, mística y lirismo. Con Sidharta, Hesse abre las puertas del budismo: gracias a el muchos occidentales irán a encontrar en Oriente aquello que ya se extinguió en Occidente hace siglos: la técnica del conocimiento del yo. Las obras de Hesse gozaron de una gran difusión en los EEUU durante los años cincuenta y sesenta, constituyendo uno de los basamentos de la contracultura.

La literatura de la contestación tiene múltiples formas y estilos, pero una temática común: la necesidad de vivir la vida, de no arrodillarse ante el fatum, porque arrodillarse es aceptar lo que existe, la convicción de que hay estados de conciencia más profundos a los que se puede acceder mediante tres vías: el sexo en el orgasmo, los estados de meditación profunda, o la droga, en la medida en que estas tres experiencias suspenden la conciencia ordinaria. Otro disidente europeo, Julius Evola añadirá otras vías: el riesgo en sus múltiples variantes, desde el combate hasta la aventura de la escalada... pero unos y otros buscarán estados de conciencia en que la intuición y el acto no pensado, intuitivo y directo, inmediato, priven sobre la razón discursiva...

Los beat tuvieron conciencia de marginación, pero no se recrearon en ella, se limitaron a constatarla simplemente como una forma de no-estar, de no ser cómplices del sinsentido de los tiempos modernos, de vivir consecuentemente con lo que se piensa.

Clellon Holmes en la revista Esquire definió a esta generación diciendo que "en el fondo de su personalidad están mirando hacia arriba". Kerouac ya dijo a mediados de los años 50 que el impulso de esta generación es religioso: pretendían "hallarse a sí mismo y hallar a Dios". Kearouac ya había incorporado temas orientales a la temática de sus novelas Vagabundos del dharma o En camino. En la introducción a Protesta pueden leerse estas lúcidas palabras: "Y si Dios es demasiado remiso a mostrar su faz, y la generación abatida es una generación de huérfanos, sin pasado y sin padres terrenos, endurecida para todo sentimiento, el corazón de Satanás guardará al Padre como una reliquia" (...) "De este modo la generación abatida puede sugerir muy bien una generación de buscadores de basura que esperan hallar el Misterio y la Magia encerrados en una botella, una aguja o un cuerno abandonados".

Fue el desencanto por la civilización y el estilo de vida americano, lo que impulsó a la beat generation; estos hombres, para los que "Dios ha muerto", tuvieron una necesidad desesperada de encontrar algo más allá del square; buscadores de lo absoluto, fueron lo suficientemente lúcidos como para no seguir por los caminos del calvinismo, el anabaptismo y sus derivados, rechazando, incluso explícitamente, el ocultismo y el espiritismo, su búsqueda necesariamente iba a orientarse hacia otros horizontes. La situación geopolítica de la beat generation -agrupados en la Costa Oeste sobre el Pacífico- iba a facilitar los intercambios con el exótico Oriente. La beat generation anuncia en el horizonte la llegada de los gurús y de las doctrinas orientales. Y estos llegaron a caballo con la contracultura.

4. La orgía contracultural

En 1952, Bill Haley, inspirado en la música afro-americana crea con su guitarra de cuerda un nuevo sonido que hace del ritmo el tema central. Pero no sería sino hasta 1954 cuando Haley logró grabar su "Rock Around the Clock": Había nacido el Rock’n roll. Tras Haley saltaron a la fama Elvis Presley, Chuck Berry, Paul Anka... Unos pocos años más tarde el disc-jockey Alan Freed bautizaría a esta corriente musical con el nombre que lo conocemos hoy: rock and roll.

Ritmo trepidante, sincopado, extático, agresivo, siempre se ha atribuido al rock un gran poder destructivo. Y todo induce a pensar que ciertamente es así. Ningún otro movimiento musical ha pagado tan cara su dinámica interior como el rock. Víctimas de la droga, el alcohol, los accidentes y la violencia, tres generaciones de rockeros han visto como sus más conocidos líderes morían unos tras otros, presas de lo que se ha dado en llamar "la maldición del rock".

Alan Fredd, la personalidad más influyente en la música americana de finales de los años 50, sería el primero en inaugurar la lista de víctimas del rock. Luego le seguirían docenas de líderes rockeros: Budy Holly, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Brian Jones, Jhon Lenon, Sid Vicious, entre los más conocidos; pero entre los segundones las víctimas pueden contarse por docenas...

Al compás de la música rock y paralelamente a ella, fueron apareciendo tribus urbanas cada vez más agresivas. En un principio se preocuparon por establecer una "filosofía de la vida" y justificar sus comportamientos en novelas y relatos autobiográficos. El rock nació paralelamente a la "beat generation". Ya hemos visto como gracias a estos escritores, vieron la luz las mejores páginas de la literatura americana de este siglo. Cuando se perdió el impulso intelectual de los "beatniks", la agresividad, el comportamiento violento y desesperado pasó a ser una actitud vital, no un razonamiento ideológico.

Así se llegó a los "teddy boys" norteamericanos, los "halbstarken" alemanes, los "holigans", que convirtieron alcohol, rock y violencia, en su nueva trinidad. Lo que había tras esta actitud no era sino un intento desesperado de cubrir el nihilismo mediante un "furor de vivir" y una actividad situada siempre en espacios límite. Con el cerebro oscurecido por el alcohol y después de horas de escuchar música sincopada, la agresividad contra el "enemigo tribal" (otros grupos de jóvenes, la familia, las instituciones, contra sí mismos) les ayudaba a olvidar lo vacío de sus vidas y lo desesperado de su situación ante una sociedad en la que no encontraban lugar. Se revelaban contra Todo por que no tenían cabida en ese Todo.

5. El “diablo” del Rock

El movimiento rock, desde los orígenes, no fue unitario. Se dividió pronto en torno al tratamiento de los temas y al instrumento central: guitarra de cuerda o guitarra eléctrica, canción protesta y comprometida o canción de tintes dionisíacos. A finales de los años cincuenta algunos cantantes quieren resucitar la canción popular americana y darle un nuevo contenido de denuncia contra la opulencia y la guerra: ahí estarán Bob Dylan y Joan Baez.

En el festival de Newport, Dylan actuará por primera vez con guitarra eléctrica dando a luz el “folk-rock”; la fama de los Beatles había saltado el perímetro de Liverpool, seguidos a corta distancia por los Rolling y más tarde por Janis Joplin y Jimmy Hendrix, que terminarían mal su experiencia en el mundo de la drogas. A este conjunto se le llamará genéricamente "música pop". De la experiencia hippie nacerá el "acid rock", mientras que el "folk rock" se prolongará hasta una época relativamente tardía y post-contestataria con Paul Simon y Art Garfunkel... Preferimos no entrar en la evolución del rock durante los años 70: queda, en cualquier caso constancia de su diversidad y globalidad temática.

Vale más detenerse en el punto álgido del movimiento pop a finales de los sesenta. Habíamos hablado antes del vitalismo de la generación "beat", ese mismo vitalismo es el que reencontramos en las canciones de un Presley y en su mismo estilo o en un Gene Vincent con "Be-Bob a lula".

Y es que el pop fue el revulsivo contra la anterior música melódica para la cual solo existían los temas edulcorados y románticos, una música que se musitaba y se bailaba plácidamente al susurro de promesas de amor burgués. El rock rompió toda esa placidez con su insolencia y sus estridentes notas al servicio de un ritmo frenético y salvaje. Era el "furor de vivir" frente al "seguidismo de la vida".

Algunos cantantes rock y especialmente folk-rock, si bien no eran intelectuales en el sentido estricto de la palabra, eran artistas de su tiempo y finos poetas: cantaban a la juventud que empezaba a revolverse y le daban buenos motivos para la revuelta; las canciones se convirtieron en himnos de las barricadas y de los tiempos nuevos, sentenciaban el fin del "sueño americano" y exaltaban el amor, la protesta contra la guerra de Viet-Nam y contra la prepotencia de las instituciones...

Dylan en su oda a Woody Guthie habla de aquella nación, los EE.UU., "muerta y que apenas si acaba de nacer". A esta seguirá su "Blowin in the Wind", canto de un poeta pesimista que no ve horizontes claros en el futuro: "Eso, amigo mío, sólo lo sabe el viento, escucha la respuesta en el viento". Pero en 1964, cuando aparece su maravilloso album "The times they are a-changin" (Los tiempos están cambiando) las primeras revueltas han estallado en las universidades americanas y las europeas calientan motores.

Todos los cantantes "pop" casi sin excepción, reconocen haber compuesto buena parte de su obra bajo el efecto de las drogas. Los Beatles, desde 1967, habían experimentado con drogas psicodélicas; ellos colaboraron, tanto como Thymoty Leary, en la difusión del LSD entre la juventud. La confusión entre el efecto psicodélico de la droga y las experiencias espirituales, determinó que los Beatles se orientaran hacia el seudomisticismo hindú, integrándose temporalmente en la comunidad del gurú Maharishi....

Los Beatles simplemente hicieron el ridículo y Lenon pudo dedicar al gurú Maharishi una canción "Sexi Sadie": "Maharishi, hemos hecho el idiota por tu culpa". Pero la imagen de los Beatles cubiertos con túnicas hindúes y con beatífico aspecto, siguiendo al curioso santonzuelo, impactó a muchos jóvenes que se sintieron atraidos por el misticismo oriental; otra docena de gurús del mismo estilo, así como los escritos de Allan Wats y Norman Brown, difusores del Zen entre la contracultura y el mismo Hesse, parecían confirmar que "de oriente viene la luz". Este impulso sirvió para que otros se volvieran hacia Krisnhamurti, Aurobindo, pero la mayor parte siguió a las sectas más desaprensivas.

La contestación y la revuelta de la juventud fueron un ritmo antes que un programa político y poesía antes que ideología. El rock confirmó en la contestación ese aire de gozo erótico, de búsqueda mística y de desesperación reciclada en voluntad de vivir intensamente... No hay autoridad, los viejos mitos de la democracia -de la revolución burguesa, se entiende- se desmontan al paso de los nuevos estilos: beat, pop,. op, rock, folk... Se trata del estilo de una raza aparte, la juventud.

En 1969, el festival de Woodsktock fue la cima de todo aquel movimiento: 500.000 jóvenes durante tres días escucharon a los ídolos del pop. Un año después se estrenaba la ópera rock "Hair" y Stanley Kubripck estrenada "2001, Odisea Espacial", dos producciones que anunciaban respectivamente la "Era de Acuario", la primera y el nacimiento del hombre cósmico la segunda. Un año antes el albúm de los Beatles, "Sargento Peper’s", había abierto las puertas al "verano del amor". Las costumbres sexuales de la burguesía americana se habían conmovido.

6. El papel de las drogas

Sería incomprensible la contestación sin examinar el papel que jugaron en ella las drogas, dos especialmente, el cannabis y el LSD. Su empleo no fue solo por motivos exclusivamente hedonistas: gracias a ellas los contestarios experimentaban una apertura de conciencia que permitió a Allen Ginsberg escribir: "Lo primero es darse cuenta de que estamos en un estado de conciencia disminuida. Esta es la base de la conducta de los jóvenes: se dan cuenta de que se les está timando el paraíso". El LSD o ácido lisérgico es un producto químico sintetizado a partir del cornezuelo de centeno, hongo parasitario, cuya ingestión provoca alteraciones en la percepción, una distorsión de la realidad con aparición de visiones alucinógenas, aumento de la sensibilidad y, por tanto, de la capacidad creativa, discontinuidad de los sentidos y, al igual que el cannabis, una sensación de paz interior y armonía con todo lo que rodea, con el universo entero.

No es por casualidad que a este tipo de drogas se les haya llamado "psicodélicas" y a todo el movimiento que giraba en torno suyo -en su mayor parte contracultura- "psicodelia" de los términos griegos "psico" y "delum", "alma" y "mostrar", drogas que ayudan a buscar el alma, es decir, los estratos más profundos de la personalidad.

En la práctica ambas drogas provocan una ruptura de la conciencia ordinaria y la apertura a nuevas capacidades y percepciones. Una experiencia con LSD es, ante todo, una experiencia que muestra el "rostro oculto" del mundo y aumenta la percepción interior. Gracias a estas drogas aumenta -articialmente, pero aumenta- la sensación de Existir. Otro tanto ocurre con el cannabis que introduce en el universo de la armonía, del cese de las contradicciones y de la vacuidad... y como corolario de todo ello dos palabras que resumen las aspiraciones de la contracultura: amor y libertad. La droga, en este sentido, es un vehículo de liberación (vehículo transitorio y puntual). no puede extrañar el éxito inmediato y fuera de medida de los libros de Carlos Castaneda que decía haber sido instruido por un brujo yaqui que le administró distintas drogas psicodélicas. Castaneda y toda la temática que le rodea está ya a caballo entre la Contracultura y la Nueva Era.

Precisamente la experiencia de la droga y la sensación interior de la paz y del amor, era lo que daba fuerza y convicción a los movimientos contraculturales en su lucha contra el sistema: "los jóvenes se dan cuenta de que se les está escatimando el paraiso", repetía Ginsberg una y otra vez.

Durante los primeros años de la contestación, entre 1964 y 1968, Thimoty Leary y Richard Alpert fueron ese apostol misionero que precisaba el LSD para su difusión. Solían iniciar sus alocuciones aconsejando: "Relájate, colócate y sintoniza"... era el ritual de su técnica del consumo de LSD... Esto, dicho a adolescentes inmaduros tuvo efectos absolutamente demenciales.

En las primeras ocasiones que el contestatario fumaba o ingería ácidos, el no tener conciencia exacta de la experiencia por la que iba a pasar, le inducía a adoptar una actitud mental de espera, es decir, aproximadamente de neutralidad mental. Pero a medida que se habituaba al LSD o al cannabis esa actitud variaba: ya no se trataba de "esperar", sino de "revivir" la experiencia, de "perseguirla", recordarla y ansiarla, pasar por ella otra vez: el deseo de obtener la apertura mental y la búsqueda consciente del éxtasis, bloqueaba la experiencia. No es raro que en las experiencias místicas de las distintas escuelas se repitan frases como esta: "La búsqueda del Nirvana hace huir al Nirvana"... Don Juan, el brujo yaqui de Carlos Castaneda, le advierte del riesgo: "Quien conoce de verdad la hierba del diablo se siente devorado por el deseo".

Tal fue lo que les ocurrió a buena parte de los "contraculturales": la fuerza del movimiento, especialmente en EE.UU. era en buena medida la fuerza de las drogas que lo motivaban. El hábito en su consumo, la persecución desesperada y el deseo irrefrenable de repetir las primeras experiencias, bloquearon el tránsito a esos estados de conciencia diferenciada, el movimiento perdió empuje y se disolvió. En 1969 quedaba poco del movimiento hippi y la contracultura estaba en fase de transformación.

Sin embargo, un cierto número de antiguos contestatarios fueron conscientes de lo que había sucedido: esos "paraísos" que la sociedad del consumo "escatimaba", seguían existiendo más allá de la conciencia ordinaria y se podía llegar a ellos a través de otras técnicas. No es raro, pues, que ya desde aquellos años las técnicas de meditación y de realización del Ser, perdidas en Occidente durante centurias vivieran un nuevo amanecer siendo reinjertadas desde el lejano oriente.

Fue el amanecer del Tantra, el florecer del Zen, incluso la aurora del sufismo... y con ellos, también de las sectas que los deformaron y caricaturizaron...

Las drogas que vinieron luego no eran ya psicodélicas, es decir, ya no buscaban el alma interior del individuo, sino su expansión exterior: anfetaminas, "éxtasis", "venus", metanfetaminas y, sobre todo, cocaína... los tiempos seguían cambiando, como en la canción de Dylan, solo que ahora el viento soplaba en dirección opuesta.

7. La liberación sexual

Otros factores modificaron la escena. A principios de los años 60, el Concilio Vaticano II opera una profunda transformación en la Iglesia: desde el ritual a la teología, pasando por la tarea pastoral, se abre a los jóvenes, a los obreros, al tercer mundo, al pueblo en general, en todos los aspectos "avanza" sus posiciones al ritmo de los tiempos nuevos. Solo en un terreno permanece en las mismas posiciones que en Trento: el sexo. Y fue precisamente eso, lo que hizo que todos los demás "aggiornamentos" no sirvieran absolutamente para nada, porque mientras los prelados debatían en los altos muros del Vaticano la forma de que su mensaje no se extinguiera, fuera, habían sucedido tres fenómenos aparentemente sin relación con la teología, pero que cambiaron los hábitos de conducta de occidente: las enfermedades venéreas retrocedían, los sexólogos hablaban del orgasmo clitórico y se popularizaba el Enovid, la famosa "píldora"...

Efectivamente, hasta el Vaticano II la sociedad occidental, mayoritariamente impregnada de catolicismo aceptaba, mal que bien, pero aceptaba, el hecho de que la sexualidad solamente sirviese para la procreación. A parte de la amenaza teológica, existía el riesgo de contraer peligrosas enfermedades venéreas que limitaban también la práctica de la sexualidad. Y, por lo demás, el riesgo del embarazo y la marginación de las madres solteras, constituían un peligro adicional.

Pero todo esto iba a cambiar en poco menos de cinco años: aparece la píldora anticonceptiva, experimentada desde 1956, eliminando el riesgo de embarazo. Comercializada a partir de mediados de los 60, todavía no se tenía conciencia clara de los efectos secundarios que podía producir, simplemente eliminaba el riesgo de procreación no querida.

Entre 1950 y 1960 las enfermedades venéreas retroceden y quedan casi eliminadas por una década: la sífilis, azote de la sexualidad occidental se bate en retirada ante los diversos antibióticos cada vez más fuertes.

Una modista londinense tiene la brillante idea de acortar las faldas femeninas un palmo y medio: nace la minifalda y la mujer pasa a enseñar partes cada vez más amplias de su anatomía. En las playas se populariza el bikini. Y en el cine películas como la serie 007 en sus primeros títulos y "Barbarella", entre otros, crean una nueva ola de erotismo no a nivel de élites, sino para consumo popular. "Barbarella" llegaría a España en 1975 cuando el cadáver de Franco estaba aun caliente.

Finalmente grupos de sexólogos norteamericanos e ingleses empiezan a analizar el orgasmo femenino: advierten que éste no se genera en la vagina, donde las terminales nerviosas son escasas, sino en el clitoris en donde existe una verdadera acumulación de centros sensibles... la consecuencia es inmediata, por una parte, la mujer no necesita de la penetración del hombre para gozar. De esta observación partiría toda la teorización y legitimidad "científica" del Women’s Lib". Los estudios sobre el orgasmo evidenciaron que el cuerpo de la mujer no está esculpido solo para parir, sino también para gozar; la función reproductora coincide solamente con el gozo por pura casualidad. Todo esto llevó, no solamente a la ideología de la liberación de la mujer, sino también a unas relaciones entre los sexos mucho más directas. Es en esa época cuando se extienden -incluso en la católica España- las relaciones prematrimoniales.

Tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia se "aggiorna" dentro de un marco asexuado... pero el sexo estaba presente en todas partes. La iglesia se vio de repente, en cuestión de pocos años, abandonada por los jóvenes que no podían limitar su sexualidad a cuantos apareamientos en aras de la procreación. Se vio abandonada por aquellas familias que por sus cargas económicas tuvieron que aceptar la píldora, anatemizada por la Iglesia. Se vio abandonada por otra parte, por aquellos que concebían la Iglesia en términos de ritual tradicional y peremnidad y no se reconocían en las nuevas formas... La Iglesia empezó a perder influencia en Occidente. La principal barrera moral que impedía la liberación sexual se desleyó en apenas una década.

El psicoanálisis y sus derivados aportaron elementos teóricos para la revolución sexual. Se releyó a Eric Fromm y Wilhem Reich. Herbert Marcusse revisó el marxismo y lo apareó con el freudismo. Reich fue leído en los años de la contestación abundantemente, incluso por cristianos progresistas, no en vano afirmaba que Cristo era un "ser orgónico", en la medida en que reconocía en Cristo un "ser de amor". Reich y Fromm aportaron el soporte teórico para la revolución sexual.

Una de las piezas de la ópera "Hair" se titulaba precisamente "Orgasmo" y su letra está prácticamente compuesta por las palabras tabúes rotas por entonces: "felación", "coito", "cunilingus"... Estas palabras penetraron en occidente a través de textos orientales muy antiguos: Kama-sutra, Ananga-Ranga, etc. Se supo que había un arte de amar y una técnica para gozar. Se aceptó que el sexo, además, de ser un medio de procreación y de gozo, también era un método para acceder a estados de conciencia diferenciados a través del orgasmo...

8. La contestación en el arte: Andy Warhol

Paralela a la contestación política, precediéndola estalló la contestación artística. Hemos visto como influyó en literatura y música. En las artes plásticas se tradujo en el pop-art y en el op-art luego. América fué el paraiso de todas estas tendencias.

Este tipo de arte, en sus inicios supuso una ruptura con respecto a lo anodino del arte de la postguerra. Superó en audacia incluso a las vanguardias artísticas de principios de siglo. En primer lugar se trató de un arte anónimo. Desde el Renacimiento el arte había ido íntimamente ligado a la firma del artista, se trataba de un arte personalizado que pretendía ser, no la expresión de una determinada idea o fuerza de la naturaleza, sino de la visión que el artista tenía de esa idea. Se trataba, en definitiva, de un arte subjetivo.

La fuerza del pop-art radicó en que reflejaba exactamente lo que era la civilización moderna, un arte tan anónimo como todo lo que lo rodeaba. Y los artistas que participaron de la primera ola pop tenían conciencia exacta de que había que superar el consumismo, se negaban a transformar sus creaciones en piezas de museo o en objetos decorativos Andy Warhol decía que se trataba de "obtener un cuadro tan despreciable que nadie se atreviera a colgarlo en la pared".

El mismo Warhol utilizaba distintas técnicas para denunciar la vacuidad y la masificación e una civilización mecanicista: Warhol durante años había estado alimentándose de una sopa preparada, la sopa "Campbell’s", con un embase caraterístico. a partir del diseño de la lata de sopa, realizó serigrafías, repitiendo un mismo tema, sin variaciones, hasta lo obsesivo.

Utilizando los retratos de los monstruos sagrados del cine, a Marilyn Monroe o a Elvis Presley, Warhol realizó collages serigráficos variando solamente el color de las tintas y repitiendo el rostro de la actriz hasta lo infinito: así representaba el rostro de lo anónimo, de lo masificado, la faz terrible de una sociedad en la que el principio de individuación ha sido abolido.

Warhol, como Oldemburg y el resto de artistas op eran nihilistas puros. Usaban técnicas de reproducción serigráfica con una zafiedad deliberada, tomaban las viñetas de los comics americanos de Dick Tracy, acentuando lo grosero de sus tramas de colores. El pop art y el op art -arte óptico, en el que el volumen pesaba más que en el pop- fueron estilos de denuncia y como tales contribuyeron a matizar la importancia cultural de la contestación. Quizás, sin ese arte horrorizante y provocador, sin esas reiteraciones pegadas toscamente a un lienzo gigantesco, sin esas simplificaciones de lo banal, sin todo eso que era impactante, festivo como el hapening -la fiesta en la calle, expontánea, basada sobre lo cotidiano- que vino luego, seguramente no hubieran bastado las denuncias de los ensayistas e intelectuales contra el consumismo y la sociedad burguesa que lo había hecho posible.

9. El origen del “Tercer Gran Despertar” americano

Esto fue la contracultura. Nada más. Cabalgando sobre ella se renovó el fenómeno sectario. Se había iniciado el "tercer gran despertar" del neo-espiritualismo americano; las circunstancias eran propicias para que hicieran su irrupción gurús y mesías llegados de Oriente y Occidente, incluso emergido del mismísimo infierno.

La colusión de todos estos factores, junto con los elementos coyunturales de carácter político -fundamentalmente la guerra del Vietnam y la lucha por los derechos civiles y la integración racial- fueron los elementos catalizadores de la contracultura y de la contestación. En EE.UU., más que en ningún otro lugar, alcanzaron un carácter de masas. Especialmente en California. Cuando el movimiento entró en reflujo, un pequeño grupo de irreductibles prosiguieron su acción y nuevas ideas surgidas de la evolución de lo que había aparecido en el marco contracultural, dieron como resultado el movimiento "New Age".

Cuando Nixon ordenó la retirada de las tropas americanas de Viet-Nam, todo el movimiento pacifista quedó privado de su motivación principal. Esto se unía al desgaste de la contracultura y al reciclado de muchos de sus miembros que, andando el tiempo se convertirían incluso en líderes consevadores. La mayoría, una vez acabados sus estudios, debieron enfrentarse a los problemas de supervivencia y algunos se dieron cuenta que solo dominaban unas pocas habilidades: tirar las cartas, levantar horóscopos, dar conferencias, liderar movimientos sociales alternativos, animar reuniones o, simplemente, hacer yoga. Estos, abandonaron los aspectos más radicales y problemáticos de la contracultura, y procuraron rentabilizar sus conocimientos y convertirlos en un medio digno de vida. Fue así como nació el Movimiento de la Nueva Era.

Lo que va de la contracultura a esta nueva etapa es lo que va de lo artesanal a lo industrial; en efecto, se trata de dos estadios de evolución de un mismo paquete temático. El paralelismo con el desarrollo de las fuerzas productivas tal como lo enunció Carlos Marx, resulta evidente. Incluso en el momento actual, los grupos de Nueva Era que se muestran más activos y dinámicos, son aquellos que tienen una dimensión multinacional (tercera fase de crecimiento acumulativo del capital en la jerga marxista). Ya ha pasado el tiempo de los grupos independientes de carácter local agrupados en torno a un pequeño núcleo de individualidades inquietas o brillantes; ahora es el momento de las grandes redes capaces de realizar ciclos de conferencias de sus gurús o dirigentes por todo el mundo, que tienen sedes centrales en las que se forman cuadros, se expiden títulaciones y se extienden patentes o se publican libros. El mundo se ha quedado pequeño para el radio de acción de todos estos grupos: su actividad es frenética, su líder puede estar hoy dando un cursillo en un país, mientras que en otro situado en las antípodas se están realizando conferencias y campañas de lanzamiento para conseguir clientela para ese mismo cursillo que el mismo personaje desarrollará en el otro extremo del mundo solo dos días después. Y todo este mecanismo funciona. Los fondos fluyen de secciones implantadas en los más recónditos lugares, y alimentan el aparato central del movimiento. En ocasiones el conjunto adquiere una dimensión verdaderamente monstruosa en todo similar a una gran corporación industrial. Pero lo que se está vendiendo es "Nueva Era".

Enrique de Vicente, hoy director de la revista "Año Cero" y antes redactor de "Muy Interesante" publicó en esta revista en 1988 uno de los primeros artículos aparecidos en prensa española donde se exponían las líneas maestras del movimiento de la Nueva Era. El artículo se subtitulaba "¿Renacimiento espiritual o montaje comercial?" que ya de por sí desvela una de las pautas por las que discurre la exposición. Escribe de Vicente: "… abruma la cantidad de anuncios que denotan la amplitud del mercado Nueva Era: alimentos y cosméticos naturistas, vitaminas y minerales, toda clase de equipamiento para ejercicio físico y psicofísiológico; cursos por correspondencia, cassettes y vídeos para todos los gustos; congresos, seminarios y conferencias; estancias o vacaciones saludables en centros nueva Era multiuso; cursos de sanación en Brasil o obre el "camino del guerrero" en Perú; viajes metafísicos a "lugares sagrados" de todo el mundo; artefactos de cuarzo y otros talismanes o acumuladores energéticos; miles de libros al año que incluyen unos cuantos "best-sellers" permanentes, como Shirley McLaine o Carlos Castaneda" (...) "La moda ha llegado al punto de que "New Age" es una mágica etiqueta que todos los fabricantes quisieran colocar en sus productos en la seguridad de que se venderán, siempre que puedan encajarlos en la nueva tendencia. ¿Nos enfrentamos a un nuevo engañababos del que la sociedad de consumo se vale para mantener atrapados a insatisfechos, revolucionarios y buscadores espirituales? La pregunta adquiere un preocupante sentido cuando hablamos de lo que desde hace más de una década se conoce como psychic business o negocio de la conciencia, un mercado en constante crecimiento desde los años 70, que abarca una amplísima gama de enseñanzas y prácticas psíquicas o espirituales".

No es raro que hayamos empezado por considerar la "Nueva Era" como una etiqueta comercial; para los más activos, para quienes tienen una mayor influencia y penetración en todo este movimiento así es efectivamente: la Nueva Era es un zoco en el que cada cual puede poner a la venta su producto, con la seguridad de que tendrá éxito a costa de que sepa imprimirle una buena dosis de originalidad y plantear una política de marketing adecuada al producto. No estamos hablando de vender alfombras o abanicos, estamos hablando de productos que son escuelas espirituales, terapias alternativas, sistemas de auyo-ayuda, cursos de esoterismo, aparatos para relajar la tensión, iniciaciones miríficas, etc.

Bien, dejando establecido que los antiguos contestatarios intentaron rentabilizar sus conocimientos, falta ahora saber en función de qué lo hicieron y cómo se produjo la transformación. El batacazo había sido muy fuerte. Los sectores más radicales y gesticulantes de la contestación fueron constantemente procesados y muchos de ellos visitaron las cárceles, ante la hostilidad creciente de un pueblo fundamentalmente conservador como el americano. El "proceso a los ocho de Chicago" considerados como responsables de los altercados producidos durante la Convención Republicana, fue el canto de cisne de la contracultura, el underground y la protesta. Aquello supuso un shock para toda una generación de contestatarios. Algunos buscaron razones para justificar su abandono de la militancia de manera elegante, presentándolo, no como una opción personal comprensible, un huir de allí donde hay riesgo, sino como una reflexión ideológica "en profundidad". Merilyn Fergusson, expuso lo esencial de esta rectificación: "El activismo social de los años sesenta y la "revolución de la conciencia" de los primeros años setenta parecían converger en una síntesis histórica: el advenimiento de una transformación social como consecuencia de la transformación personal, cambio de dentro afuera". Ya que era imposible conquistar el mundo exterior y transformarlo, porque el agente de la transformación no estaba aún transformado, había que partir de éste, convertirlo en un "hombre nuevo" que a su vez cambiara al mundo. La consigna era "el mundo cambiará cuando nosotros cambiemos". Pero ¿cuándo tenemos nosotros plena conciencia de qué hemos cambiado efectivamente? Y por lo demás ¿quien nos asegura que en el momento en que cambienos no cambiará también nuestra percepción sobre las necesidades del mundo?

La frase era una excusa brillante para luchadores desmovilizados y militantes cansados, pero solo era eso. En realidad esta tendencia estaba ya implícita en el movimiento de las comunas que sacudió Estados Unidos a lo largo de los sesenta. Las gentes de las comunas se veían incapaces de cambiar el mundo así que decidieron vivir conforme a sus principios, como si se tratara de refugiarse en un islote batido por los vientos y rodeado de hostilidad. Era la "moral de resistencia" de aquellas buenas gentes para las cuales la experiencia duró poco. Sin embargo, la idea de vivir según los propios principios y partiendo casi de cero, quedó en el ambiente como un bello proyecto. Solo sobrevivieron unas pocas comunas, fundamentalmente porque supieron ser viables económicamente y por tener a su frente a gurús reputados de estar en contacto con entidades sobrehumanas de las que recibían "canalizaciones"; desde la más remota antigüedad el poder nunca se discute si emana de una entidad superior a lo humano. Gracias a las "inspiraciones" y mensajes "canalizados" a través de Eileen Caidy, la Comunidad de Findhorn pudo transitar del período contracultural a la Nueva Era sin traumas y pasando a ser uno de los referentes del movimiento.

La moderación que fue adquiriendo el sector ex-contestario, fue a confluir con otras componentes que habían tenido pocas relaciones con ellos en tiempos anteriores. Por una parte existía toda una tendencia mística y teosófica, muy vinculada a los organismos internacionales fundados a partir de 1945. Una parte de la teosofía había intentado mantener relaciones con organizaciones mundialistas nacidas en el período de las entreguerras y luego asistieron entusiasmadas a laa fundación de las Naciones Unidas. Estos sectores pasaron completamente desapercibidos durante el período contracultural, pero no dejaron de estar en actividad y experimentar un relativo crecimiento. Derivados del pensamiento de Alice Ann Bailey, su moderantismo político no casaba bien con el radicalismo contracultural, pero luego, cuando entró en reflujo los moderados pudieron imponer sus criterios. Por otra parte, algunos admiradores del hinduismo, estaban situados en la misma línea. "Auroville", la utópica ciudad inspirada en el pensamiento de Sri Aurobindo, empezó a edificarse en 1968 con las subvenciones y el apoyo de distintos organismos de cooperación internacional.

Estos grupos no exigían militancia frenética y, en realidad, aun cuando tenían opinión política, eran más bien "grupos de meditación". Estaban convencidos de que reuniéndose a determinado momento, a una hora convenida, en todo el mundo, su meditación cóordinada contribuiría al establecimiento de la paz mundial y al advenimiento del tiempo nuevo. En 1987 tuvo lugar el primer Festival Mundial de Convergencia Armónica, pero los grupos inspirados en Alice Ann Bailey ya recitaban su "Gran Invocación Mundial", desde finales de los años cuarenta. Este festival fue llamado el "Woodstock de los 80" y sumando los participantes que acudieron a los 350 puntos de encuentro de los EE.UU. participaron probablemente doscientas mil personas, más de las 144.000 que su promotor José Argüelles consideraba necesario para obtener resultados apreciables... Diez años después los grupos de este tipo habían proliferado extraordinariamente, se habían extendido a todo el mundo y por todas partes surgían redes diferentes de meditadores. Lo cual no implicaba que las guerras y las catástrofes no proliferaran igual que antes.

La contracultura presenció una inflación de gurús llegados de oriente. Fue Maharishi quien comprendió que su clientela norteamericana no quería vivir el Nirvana después de un largo e intensísimo camino, sino que buscaba relajación y optimización de sus posibilidades humanas. Esto coincidió con nuevos rumbos de la psicología norteamericana, el planteamiento de una psicología transpersonal y fue a unirse con algo todavía más sencillo: la fiebre por la "auto-ayuda". Gurús orientales que vendían técnicas de relajación combinando la psicoterapia con la mística oriental, fueron a reunirse con psiquiatras disidentes del freudismo que vendían justo lo contrario, terapias psicológicas adobadas con un toque místico-ocultista y finalmente convergieron con autores de libros sobre "auto-ayuda" y "crecimiento interior". Esta tendencia es, con mucho, la que suscita un mayor favor entre las masas y la que está experimentando un crecimiento más sostenido. La idea de todo este sector era tan antigua como el pensamiento humano: conocerse a sí mismo.

Tampoco se había inventado nada nuevo en el terreno de la salud, todo se había limitado a rescatar corrientes terapéuticas que ya habían aparecido a mediados del siglo pasado y que tuvieron su mejor momento hacia finales del XIX. El desarrollo de la medicina oficial y sus éxitos arrinconaron a todo esta corriente que no terminó por desaparecer del todo. En los años sesenta se exportaron a Occidente algunas técnicas terapéuticas orientales que lograron cuajar, particularmente la acupuntura. Pero a principios de los años setenta la medicina oficial empezó a ser cuestionada desde todos los frentes, especialmente por lo que tiene de mecánico e inhumano su administración, fue entonces cuando algunos volvieron la mirada hacia esas técnicas antiguas y vieron en ellas una alternativa. Los inspiradores del movimiento de la Nueva Era agruparon todas estas técnicas en un mismo saco y lo etiquetaron como "medicina holística". "Lo holístico" se fue abriendo paso en la Nueva Era.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com

A cuarenta años de Mayo del 68 (I de XVI): Introducción

Infokriris.- En mayo del 68 ni siquiera había cumplido los 16 años y vivía en España al calor de mis padres disfrutando de mi condición de hijo único. No viví las barricas parisinas, pero recuerdo que entre mis amigos hablamos mucho de ellas. El tiempo hizo que pudiera conocer a algunos de sus protagonistas. Unos son suficientemente conocidos, los otros no. Ninguno militaba en la izquierda… y sin embargo estuvieron en las barricadas de mayo. En esta serie pretendemos exponer los motivos que tenía cada uno.

   

Hay demasiada gente que cuenta que estuvo en el Odeón y en la Sorbonne, que sostiene que se manifestó en la calle Gay Lussac en la llamada “noche de las barricadas”. Muchos mienten o bien han reconstruido sus recuerdos y los han adaptado a su necesidad de quererse protagonistas de la historia.

Cuando se cumplen aniversarios redondos de los hechos mayo del 68, inevitablemente aparecen nuevas obras firmadas por excombatientes que aspiran a defender su estatus y a arrogarse de más medallas de las que en justicia les corresponde. Y en este tema se cumple de nuevo el axioma hermético: “los que hablan no saben y los que saben no hablan”. Afortunadamente, nosotros hemos podido conocer a algunos que “saben”. Lo que vamos a contar no gustará a los excombatientes del mayo parisino; es como decirles: después de cuarenta años de contarnos milongas, ahora va a resultar que fuisteis unos pobres diablos manipulados la inmensa mayoría y unos infames traidorzuelos otros. Menuda peña.

En este cuarenta aniversario de los hechos de mayo, algunos vamos a contar una historia que va a chocar a muchos. No es la habitual hecha de heroísmo apasionado, romanticismo militante y combate contra molinos de viento. En lector verá junto a retórica épica, la ingenuidad de la mayoría de protagonistas.

Una historia de mayo políticamente incorrecta

Aquello fue un juego de niños porque, en buena medida, muchos de sus protagonistas eran mentalmente, al margen de su edad biológica, niños perdidos en sus delirios antisistema, mera sublimación de la revuelta edípica contra papá-sistema.

Contrariamente a lo que han ido contando algunos de sus protagonistas (especialmente en el 10º aniversario de mayo 68), aquella sucesión de disturbios –ni fue una revuelta, ni mucho menos una revolución- más o menos concatenados que ocuparon el mes de mayo hasta las vacaciones estudiantiles, no puso en peligro a nadie. La mayoría de sus protagonistas fueron, simplemente, marionetas de poderes que desconocían y que los utilizaron como carne de cañón. Sólo unos pocos eran más o menos conscientes de quien movía los hilos, otros creían firmemente en el “espontaneísmo de la acción revolucionaria desde la base” y en “la capacidad de autoorganización de la clase obrera y de los estudiantes para abatir el sistema”… Pobres diablos todos ellos. A nuestros 16 años, ya intuíamos desde nuestro hogar barcelonés del Eixample, que la clase obrera no tenía otro anhelo que alcanzar un estatus burgués.

Hubo en aquellas jornadas mucho de marxismo extraño, dogmático, más rígido que un cuello almidonado, mal digerido, con pretensiones “científicas” y gesticulaciones ultra revolucionarias y mucho menos de aportaciones y análisis ideológicos nuevos.

Algunos textos divulgados en mayo del 68 destilaban ya entonces la increíble tristeza del marxismo de manual, más o menos extremista, más o menos sofisticado, más o menos bien envuelto en la estética contestataria; un marxismo que fue a partir de mediados de los años 60, indiscutible en las universidades. Y era indiscutible porque los distintos dialectos marxistas tenían como denominador común la intolerancia. Era la parte del extremismo que tanto gustaba a los contestatarios.

¿Imaginación al poder?

A los 10 años de la revolución de mayo, Alain de Benoist explicaba en Nouvelle Ecole que si algo faltó en mayo del 68 fue precisamente la tan cacareada imaginación que los contestatarios aspiraban a entronizar en el poder. Fíjense ustedes en la “novedad” del programa contestatario que no era otro que el tan ajado eslogan de “libertad, igualdad y fraternidad” puesto en el frontispicio de la revolución francesa dos siglos ha y que la revolución de octubre de 1917 ya había intentado actualizar cincuenta años antes de los sucesos de mayo y que redescubrieron los activistas de mayo 68. Créanme si había algo que faltaba en todo esto, era imaginación. Y sobraba irracionalidad infantiloide y superficial.

Pero no todo en nuestro análisis va a resultar negativo. El que toda la “revolución” fuera apenas un juego de niños díscolos no implica que el estallido constituyera el primer chispazo del “tiempo nuevo”. En toda Europa, la posguerra termina en mayo del 68. En ese momento irrumpen como veinteañeros jóvenes que no han conocido la II Guerra Mundial y que se han criado al calor de una serie innovaciones culturales: el rock, la minifalda, la píldora, el LSD… Crecidos en el ambiente protector de sus padres y en un momento de bienestar económico casi continuo (que se truncaría con la primera crisis del petróleo en 1973), pudieron permitirse el lujo de ser diletantes.

No hubo una contestación, hubieron dos. La primera era cultural y tenía mucho que ver con el underground que venía de los EEUU y cuyas raíces en buena medida estaban en intelectuales y artistas del siglo XIX europeo. Esta componente era, sin duda, la culturalmente más interesante. Pero había otra casi siniestra. Era la componente marxista.

El marxismo fue en la contestación una especie de forúnculo situado en el lugar más doloroso de la anatomía humana. Generó una fiebre extremista que se contagió entre buena parte de los contestatarios y los llevó por el camino de la acción política revolucionaria de la mano de aventureros políticos, manipuladores al servicio de todos los servicios de inteligencia que los compraron a bajo precio,  embarcados en las más rocambolescas aventuras políticas: desde la Banda Baader Meinhoff hasta el maoísmo pasando por el revival anarquista hasta la recuperación del más espeso y dogmático trotskysmo. El marxismo era tan inactual en 1968 como lo fue luego cuando empezó a desmoronarse en toda Europa diez años después, estaba tan demodé entonces como cuando se echó la piqueta al Muro de Berlín. En gran secreto de los diez años que median entre 1968 y 1978 es cómo el marxismo logró enmascarar un fracaso que entonces ya era demasiado evidente. No es que en 1989, cuando cayó el muro de Berlín, hubiera surgido una crítica nueva al marxismo o que, en ese momento, se hubiera demostrado un desfase entre la realidad y la interpretación que el marxismo se había de esa misma realidad. De hecho, los críticos del marxismo no individualizaron nuevos argumentos en contra de esta doctrina. Desde la aparición de Sociología del Marxismo de Jules Monerot en plena postguerra o de la obra del neo-socialista belga, Henri de Man ¡en los años 30!, es imposible encontrar más argumentos contra el marxismo… Era como esos cadáveres a los que les seguían creciendo el pelo y las uñas días después de haberse producido la muerte.

Diez años después de mayo del 68, ya no quedaba nada del underground norteamericano, buena parte del cual se había reconvertido en New Age y otra parte estaba en camino de la reconversión que haría de ellos a los famosos neo-con norteamericanos y llevaría a algunos europeos a las cancillerías de la mano de los muy moderados y neocapitalistas partidos socialdemócratas.

¿Qué hacían neofascistas en las filas de la contestación? ¿Por qué cada estallido revolucionario servía únicamente para reforzar la posición de aquellos a los que se trataba de derrotar?

Mayo del 68 no dejó ninguna huella apreciable porque fue un fenómeno tan absolutamente superficial que por definición estaba impedido para proyectarse en el futuro como no fuera en la imaginación de sus protagonistas. Se ha escrito demasiado lirismo sobre mayo del 68; se le ha comparado a una tormenta veraniega que en pocos minutos lo destroza todo a su paso y, a los pocos minutos, un sol radiante y un cielo limpio, hacen olvidar las tensiones precedentes. No es nada de eso. Mayo del 68 ni fue una tormenta tropical, ni siquiera un sirimiri. Como máximo puede ser comparado a un riego por aspersión que solamente se inicia cuando una mano abre la llave de paso y termina cuando la misma mano la cierra.

Mayo del 68 no fue apenas nada, sólo un mito que ya va siendo hora de descuartizar. Tal es el objetivo que nos hemos propuesto.

La verdadera revolución francesa no tuvo lugar en mayo del 68 en la Sorbonne y en Nanterre, en el Latino y en el Odeón. Eso fue –lo hemos dicho- cosa de un grupo de niños díscolos y malcriados en la opulencia. La verdadera revolución tuvo lugar treinta y siete años después en los suburbios de Francia protagonizada por la inmigración. A fuerza de mirar hacia atrás, los contestatarios de mayo del 68, canosos, panzudos y barrigones, ya ni siquiera son capaces de percibir los verdaderos problemas del presente. Es una pena, andar durante cuarenta años permanentemente desenfocado.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com

Edgar Neville: El crimen de la calle Bordadores (IV de V)

Infokrisis.- Es con inmenso placer que hemos visionado –a efectos de completar estas serie de artículos sobre la obra de Edgar Neville– El crimen de la calle Bordadores que nos inicia en un período muy interesante de nuestro cine de postguerra: el cine policíaco. Para hacer buen cine policíaco solamente hacen falta un guión que mantenga el interés y la coherencia, un director que, como mínimo sea un “buen artesano” y unos actores creíbles. Todo lo demás sobra. A esta producción de posguerra le sobran cada uno de estos elementos.

El crimen de la calle Fuencarral

En 2 de julio de 1888 se produjo en Madrid un crimen que, en realidad, no era muy diferente a otros que se produjeron en la misma época. A las 2:30 de la madrugada, una mujer presa de un ataque de nervios gritaba desgarradoramente en las ventanas del 2º piso de la calle Fuencarral número 109. Por la ventana salía también un denso humo negro. Cuando llegó el auxilio, solamente estuvieron en condiciones de comprobar que una mujer de unos cincuenta años estaba tendida en el suelo, cerca de su propia cama, semi carbonizada y con indicios de haber sido apuñalada previamente. Otra mujer, en una habitación no muy lejana fue encontrada desmayada descalza y con el camisón remangado hasta las nalgas.

La muerta era Luciana Porcino, viuda rica, irascible y antipática. La mujer desmayada era Higinia, la sirvienta. Cuando vio el carácter de su señora rompió en un llanto histérico. Inmediatamente se la consideró culpable del asesinato siendo detenida junto a los que fueron identificados como sus cómplices. Sin embargo, la opinión pública consideró al hijo de la viuda, José Vázquez Varela, alias “el pollo Varela” como el verdadero autor del crimen. Éste, mantenía relaciones con una mujer hermosa del barrio, Lola “la Billetera” y ambos gastaban mucho dinero que era pagado por la difunta. Cuando ésta se negaba a dar dinero a su hijo, él la amenazaba de muerte y… con quemarla. Pero su coartada era buena: estaba preso en la cárcel Modelo de Madrid (situada en donde décadas después se construiría el Ministerio del Aire en La Moncloa. Pero la opinión pública decía que “el pollo Varela” entraba y salía de la cárcel como Pedro por su casa.

Para colmo de misterios, el marido de la criada, Higinia, tenía un bar justo delante de la Modelo. Y para que conste entre los amantes del anecdotario, en el momento del crimen, el director de la Modelo no era otro que José Millán Astray, padre del que luego sería el fundador del Tercio de Extranjeros. Millán Astray, había estado antes al frente de la prisión de Valencia en donde se le había incoado expediente por irregularidades. Además, Higinia servía solamente desde una semana antes de cometerse el crimen y su anterior destino había sido, precisamente, la casa madrileña de Millán Astray.

Con estos antecedentes, era evidente que la prensa sensacionalista, que no faltaba entonces, tenía amplia carnaza para elucubrar teorías a cual más disparata.

Desde el momento de su detención hasta que fue condenada –porque lo fue, finalmente– Higinia realizó ¡20 declaraciones diferentes a cual más contradictoria con la anterior!, eso parecía no importarle. Llegó a declarar que en casa de Millán Astray éste le había contado que el hijo de la difunta quería robarle y que ella solamente tenía que abrirle la puerta. Éste llegaría a ser encausado en el proceso, dándole si cabe una mayor relevancia. La prensa sensacionalista lo consideró “inductor” del crimen y al hijo de la difunda, como el ejecutor material.

Higinia fue condenada a muerte y su amiga y, al parecer cómplice a quien había entregado los 92.000 reales desaparecidos, a 18 años de prisión. El hijo de la difunta y Millán Astray fueron absueltos. Eugenio Montero Ríos, presidente del Tribunal Supremo, protector en esa época de Millán debió dimitir. Millán había comunicado a un periodista que si él caía, se preocuparía de “bajar al presidente del Supremo de su silla”. El último episodio del drama fue la ejecución a garrote vil de Higinia, la sirvienta, el 29 de julio de 1890. Se cuenta que fue la última ejecución pública que se realizó en Madrid. Emilia Pardo Bazán y Pío Baroja estuvieron presentes. Éste último contó que en el momento de estrangularla el tornillo grito un aterrador: “!Dolores! ¡catorce mil duros!” y no pudo decir más. Dolores era su amiga y cómplice. En cuanto al “pollo Varela”, dos años después volvió a estar implicado en el asesinato de una prostituta a la que arrojó desde un terrado de la calle de la Montera. Y fue condenado por ello.

Cuando la calle Fuencarral pasa a ser la calle Bordadores

Hasta aquí la historia real de un suceso que durante dos años ocupó regularmente la primera plana de la crónica de sucesos de la Villa y Corte. Más de cincuenta años después, Edgar Neville, en 1946, realizó una película basada en el suceso. En los créditos se preocupó por afirmar el ritual exordio de que “los hechos narrados no tienen nada que ver con ninguna historia real”. Era verdad, hasta cierto punto.

En realidad, hay tantos elementos que remiten al crimen de la calle Fuencarral que es inevitable establecer el paralelismo. La co-protagonista, precisamente, es Lola “la Billetera”, presentada aquí como hermosa joven que vende lotería en un coolmao de cante jondo, al que persigue el innoble amante (no el hijo) de la mujer cincuentona que, como en Fuencarral resulta asesinada. Sólo que la sirvienta no es un instrumento del “pollo Varela” o de Millán Astray (para colmo en 1946, el hijo del encausado, fundador de la Legión era toda una eminencia en el régimen, a pesar de que tras haberse separado de su mujer, Franco lo hubiera enviado a Lisboa) sino… la madre de “la Billetera” que perdió a su hija de muy niña y que la reconoce por los datos que ésta le aporta. Lo policial se une a lo dramático y, por supuesto, a lo costumbrista y castizo que tanto amaba Neville.

El crimen de la calle Fuencarral, a pesar de todas estas alteraciones (realizadas para generar una trama susceptible de interesar a más espectadores y, quizás, para eludir la reacción que podría haber tenido Millán Astray) es, pues, reconvertido en el crimen de la calle Bordadores por obra y gracia de la imaginación de Neville.

Dado que Neville aprendió durante su estancia en Hollywood y del propio Chaplin, con el que le unión una buena y franca amistad, que las películas nunca deben terminar mal, la sirvienta es finalmente amnistiada por Isabel II y se reúne con su hija, finalmente, casada por un novio que, como el Julián de La Verbena de la Paloma, es “un honrado cajista”. Seguramente, la época en la que discurre la trama, le lleva a Neville a tomar algunos elementos –siquiera subconscientemente– tomados de la zarzuela de Bretón. De hecho, Lola “la Billetera” es arquetipo de las “manolas” pintadas por Bretón (“la Casta” y “la Susana”) y el malvado con chaquetilla y bombín, la imagen más pristina de “culapo” o “chispero” cañí.

“Madrid me mata”, firmado Edgar Neville

Y es que Madrid, incluso el Madrid siniestro pintado en esta película, tiraba mucho a Neville. En un momento en el que la viuda asesinada pasea por el Retiro con una amiga, lo hace frente a la estatua de El Ángel Caído en una toma que ya aparecía en otra de sus películas (si no recordamos mal en Mi Calle). De ahí se ha inferido una vinculación de Alex de la Iglesia a la obra de Neville. En efecto, la última escena de El día de la Bestia, tiene lugar precisamente a la sombra de la estatua de El Ángel Caído. No es esta la única influencia de Neville sobre de la Iglesia. En esa misma película, el carácter castizo del personaje interpretado por Santiago Segura (“satánico y de Carabanchel”) y el costumbrismo mangantón de los marginales que han sido apeados de la modernidad, así como los escenarios del Madrid del siglo XX (el edificio de la Gran Vía esquina Jacometrezo donde quedan colgados los protagonistas de los neones luminosos de Schweppes), o el hecho de que Satán nazca en los aledaños de las torres Kio emblema del Madrid posmoderno, refuerzan en esta opinión. Si Alex de la Iglesia ha querido sintonizar con el casticismo del siglo XX, Neville lo hizo con el Madrid antiguo de finales del XIX.

Pincelada sobre la prensa

En el episodio real y en su versión cinematográfica, destacó un hecho sintomático: por primera vez la prensa sensacionalista impuso su opinión sobre toda lógica, sin basarse ni en datos comprobados, ni en trabajos de investigación, sino apenas en la difusión de rumores, maledicencias, chascarrillos y, especialmente, en sus necesidades de ventas. En una de las primeras escenas de la película, el director de un diario, dicta el contenido de la noticia con tintes deliberadamente cargados y la rectifica sobre la marcha hasta que queda “aceptable” para su público. La verdad no tuvo nada que ver con lo publicado en los dos años que duró el proceso.

Parece incluso que la superabundancia de declaraciones contradictorias de la asesina real se debió a que cada artículo que leía sobre su caso, le inspiraba una nueva rectificación… que le llevó, por supuesto, al patíbulo.

La prensa, ya antes de que Ranpolh Hearst hubiera aspirado a saltar del “cuarto poder” al “segundo”, arrojándole el aliento en el cogote al “primer poder”, aspiraba a seducir e influir sobre las masas sin el más mínimo recato, moralidad ni prudencia. Y eso ocurría en el Madrid más castizo donde no todo eran las disputas amorosas y los ataques inofensivos de celos por los que discurren los compases de La Verbena de la Paloma.

Dos notas complementarias sobre la película

Manuel Luna es el actor que representa “al pollo Varela”. Realmente hubiera sido difícil encontrar a un actor que durante toda la película fuera capaz de interpretar unos pocos años antes el papel de comandante legionario con una sobriedad que remite al propio… Millán Astray en ¡A mí la Legion! de Juan de Orduña, o bien participar en una producción histórica como Alba de América o Fuenteovejuna, manteniendo siempre la credibilidad de su papel. En el caso de la película que nos ocupa, los ojos de Luna hablan por sí mismos y construyen una personalidad psicopática que de hecho tenía el personaje auténtico que protagonizó los hechos.

Y sin embargo, Manuel Luna es un gran olvidado del cine español cuya “memoria histórica” valdría la pena recuperar.

También vale la pena señalar las importantes innovaciones narrativas que Edgar Neville aporta al lenguaje cinematográfico, al menos en España. En efecto, hasta ese momento las películas presuponían una contigüidad temporal de las secuencias: los hechos eran filmados según la sucesión temporal habitual marcada por el calendario, sin embargo, Neville utiliza aquí el flash-back como técnica narrativa. Esto hoy puede parecer algo de lo que suelen usar –y abusar– algunos directores (Tarantino, por ejemplo, en Reservoir Dogs y mucho más en Pulp Fiction), pero en 1947 sorprendió a muchos. El género policiaco se presta extraordinariamente al empleo de los flash-backs y Neville no lo ignoró, se atrevió a utilizarlo, aun a pesar de que corría el riesgo de que el público no estuviera preparado para ello. Lo estaba. Aquella España del subdesarrollo, deteriorada y maltrecha que acababa de salir de una terrible Guerra Civil era, acaso, sino más culto, si más despierto culturalmente que el público actual. El resultado fue bueno y Neville volvió a recurrir a esta técnica de distorsión de la secuencia espacio-temporal, en otras películas, pero especialmente en La vida en un hilo que en el fondo es una variante del flash-back.

También en esto, Neville resultó ser un genial innovador.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

El Espíritu de la Legión en sus canciones (II de II)




Infokrisis.- Concluimos este breve repaso al cancionero de la Legión Española con los comentarios iniciados en la entrega anterior. Vale la pena recordar que nos hemos limitado a comentar las piezas más conocidas del cancionero de la Legión. Recomendamos a nuestros lectores que aprovechen los recursos de Internet para bajar a través de Emule (para algo pagamos el puto racket digital pagado por ZP a la bandel Mirlitón de la SGAE) las canciones originales y las películas que mencionamos en este artículo, así como el visionado de Youtube.es de clips sobre la Legión Española.

   

Dionisos en el Tercio de Extranjeros

Decía Aleister Crowley que la droga era el alimento de los fuertes. Y los fuertes son los que, usando de cualquier sustancia estimulante, no sucumben a sus efectos más terribles: a la adicción. Porque, finalmente, la adicción es la prueba del nueve de que quien ha consumido una droga, no es lo suficientemente fuerte como para controlar sus efectos, sino que su debilidad radica en el hecho de que termina siendo arrastrado por ella. Existe un cierto tipo humano, sin embargo, que soporta la droga como otros soportan un cafelito a media mañana. Para ellos, la droga es una puerta de acceso a la trascendencia.

Pero la droga tiene sus límites. La droga enseña lo que hay detrás del espejo de Alicia, pero no ayuda a penetrar en ese otro mundo. Simplemente, sirve para recordarnos que ese mundo existe y que es posible acceder a él. La experiencia de la droga es solamente útil unas pocas veces en la vida (en sus 50 secretos mágicos para pintar, Salvador Dalí recomendaba al artista fumar dos o tres veces haschís en su vida; no más). Y una vez se ha conocido la existencia de “otra realidad” intentar acceder a ella de manera autónoma, por medios propios, utilizando la propia fuerza interior, la voluntad, la constancia y la audacia. Eso implica una educación del espíritu. Es lo que se llama la “vía húmeda” en hermetismo o la “vía de la mano derecha” en las tradiciones orientales: intentar depurando progresivamente la personalidad, viajando al fondo de nuestro propio mundo interior, domando la voluntad, deshaciéndonos de residuos que en nuestro ser son como la ganga de los minerales.

Pero también existe la otra vía, la “vía seca” o “vía de la mano izquierda” en la que se trata de “tomar el cielo por asalto”. Es la vía del exceso, del riesgo, la vía difícil en la que el “veneno” se convierte en “remedio”, y lo que puede destruirnos pasa a ser el vehículo de salvación. Es la vía, a fin de cuentas, del legionario, la vía del exceso: demasiado arrojo, demasiado valor, demasiado heroísmo, demasiado alcohol, demasiado haschís… Si hay una bebida legionaria por excelencia, es el carajillo; el alcohol forma parte de la vida legionaria. Un legionario abstemio es, en sí mismo, una contradicción.

Pero lo que en la vida civil es inútil, reprobable e incluso idiota, tiene otra carácter muy diferente cuando se permanece en el Tercio. El alcohol –y especialmente, el vino bueno, esto es, fundamentalmente, tinto- aumenta en ingenio y la chispa, nos abre hacia los demás, nos imbuye alegría y, finalmente, en la pelea, nos hace ver las cosas mucho más claras. En una palabra, nos ayuda a deshacer las categorías del pensamiento lógico, de todo lo que es “razonable”, pequeño-burgués y que, a la postre, sirve para que nuestra personalidad, encuentre argumentos para no cumplir con nuestro deber, para eludir las responsabilidades o simplemente para ser cobardes vivos y coleando.

El alcohol ayuda a que emerja el espíritu de cuerpo propio de las unidades de élite y en especial de la Legión. ¿Un legionario abstemio? Mejor que se apunte al cuerpo de enfermeros de retaguardia. Jamás tomará el cielo por asalto si se lo ordenan. Siempre encontrará una palabra: “imposible”, “demoledor”, “insensato”. Y no solamente hay que tener tropa que ame el alcohol, sino jefes que lo conozcan bien y que hayan experimentado sus efectos, porque será a ellos a los que les corresponderá dar las órdenes “imposibles”, “demoledoras” o “insensatas” con la misma facilidad con que se ordena el “rompan filas”.

Porque el oficial legionario no es algo distintos a la tropa: está entre la tropa, vive con la tropa bajo el fuego enemigo. Para el oficial legionario solamente hay algo más estimado que la vida de cualquiera de sus hombres: la misión encomendada. Sólo los que bene juntos pueden valorar en su justa medida la vida de cada uno de los hombres. Un “compañero” es, etimológicamente, el que come pan contigo. El único alimento de Napoleón en plena batalla era una sopa de pan… con vino. Juana de Arco solamente iba al combate después de haber bebido buen vino de Borgoña y en una de sus acciones de guerra, cuando su convoy es atacado, lo primero que llama es a salvar las barricas de vino. Sin olvidar, por supuesto, que en !A mí la Legión! (ya que hablamos de la Legión), el centro de la película es, precisamente una velada alcohólica de los tres protagonistas con la cantinera.

El vino está presente en algunos cantos de la legión. En una conocida canción Pobrecitos maridos infelices, que todavía hoy cantan en las unidades del Tercio, se alude a los pobres diablos que se han casado con una mujer que termina aburriéndoles; la vida legionaria es la alternativa para esos cabestros. Las primeras estrofas cantan las excelencias de la vida legionaria y una de ellas alude al régimen alimentario, digno de encomio:

Comida sana y abundante,
la que dan en el Tercio de Extranjeros,
cocinada por cuatro o seis mangantes,
a los cuales llamamos los rancheros.
Una sopita, un cocidito
y la cabeza de un besuguito
y un vasito de vino peleón,
este es el menú de la Legión.

Se ironiza, naturalmente. A fin de cuentas si la copita de vino peleón ocupa el último lugar es porque se trata, no solamente de lo único real –olvídate de cociditos y calditos de mamá y, no digamos de besugos en el Tercio-, sino de lo que más vale la pena en la vida legionaria. Es el canto a Dionisos, el díos del amor, del exceso y, claro está, del alcohol. El dios que desciende a los infiernos y que conoce la muerte para resucitar luego.

Sería difícil encontrar una fe más particular que la del Caballero Legionario capaz de blasfemar en todas las lenguas del mundo, pero también de portar al Cristo Legionario en alto, no en vano Dionisos como Cristo ha nacido de una mujer, y ambos murieron para resucitar. Lo que Jesús hizo en las bodas de Canaán, los mitólogos griegos ya se jactaban de que Dionisos lo había hecho antes. Cristo como Dionisos, ofrecen a sus fieles su sangre, en forma de vino. No es raro pues que el Caballero Legionario identifique el culto pagano al vino con su fe especial a Cristo que desde el milagro de las Bodas de Canaán a la transubstanciación de la Última Cena, conoce el secreto del vino.

Y luego está el haschís. No es lo mismo que un Caballero Legionario fume haschís que lo haga el nene de la esquina o el intelectual de sobremesa cuyo conocimiento del mundo se realiza a través de la pantalla del ordenador. Estamos hablando de hombres que saben lo que es el mundo, no de simulacros. Por eso, donde unos quedan derrotados, los otros -los fuertes- sobreviven y demuestran su fortaleza interior. Como el “inglés que vino de London”. Esta vieja canción legionaria, así titulada, cuenta la historia de un inglés que aparece en los banderines de enganche con intención de alistarse, la segunda estrofa cuenta:

Un inglés que vino de London
para ver si en este gran país
podía coger un colocón
y al fin lo pudo conseguir.
Empezó en los grandes cafetines.
Cuál sería su ilusión, vacilón
que el inglés cuando estaba colocado
cantaba y decía esta canción:
"Goodbye, allright,
yo quererme enganchar
en tercio de Millán Astray
que vicio y grifa hay"

La canción tiene también su parte de advertencia: ¿grifa? Sólo si eres lo suficientemente fuerte. El inglés, al parecer, no lo era, porque la canción termina:

Terminó vendiendo la camisa
camisola y pantalón, vacilón
y el inglés cuando estaba picando
cantaba y decía esta canción:
"Goodbye, allright,
yo quererme licenciar
en tercio de Millán Astray
mucho pico y pala hay"

A decir verdad, no hay mayor fracaso de quien se ha sentido suficientemente fuerte como afrontar una droga –el haschís lo es, igual que el vino, el café o el té, no lo olvidemos- y ha caído derrotado. La droga no hace más que ser el reconocimiento de un fracaso. Allí donde hay un alcohólico tirado en una esquina, un yonki pinchándose o fumeta sin poder levantarse si no es con ayuda del “humito”, allí hay un fracasado. Los fuertes están en otro lugar…

El sexo de la Legión…

El lugar de la virilidad es la Legión. No el único, pero si el más excesivo. Seguramente, Pedro Cerolo (o Zerolo), no hubiera sido nunca un buen Caballero Legionario. Cuando un hombre pierde tanto tiempo en su permanente y puede lucir unos ricitos acharolados tan cuidados, o él no vale o sus rizos no valen nada.

En la Legión, como en cualquier otro lugar del mundo, debe haber homosexuales, lo que no hay –y podéis poner la mano al fuego- son mariquitas saltarines. Ciertamente, las canciones legionarias hacen afirmación de virilidad y no pueden evitar una carga contra el mariquita saltarín y, si nos apura, contra el “mariconazo”, entendiendo por tal al individuo, tirando a innoble, absolutamente amoral y que hace de la explotación, la estafa, el oportunismo y la usura, los ejes de una vida más cercana a la del puerco de corral que al del catre. Se canta en Pobrecitos maridos infelices:

Acabo de recibir, chis, pun (bis)

Noticias frescas de mi país.

Se está poniendo España
en tan malas condiciones
que se está incrementando
el gremio de maricones.
Como sigan así las cosas
con tan poco disimulo
va a faltar el sitio
para ir a tomar por culo.

La Legión percibe que hay algo que no acaba de funcionar bien en la sociedad. Está claro que los valores que defiende son muy contrarios a los valores habitualmente en uso en la sociedad. Estas estrofas nos hablan de “noticias frescas”, y de un país –España- que se está poniendo en “malas condiciones”, esto es, nos está hablando de información política. Y luego nos habla del “gremio de maricones”. Sería una ligereza querer ver solamente en esta afirmación un ataque contra los “nefandos” de ayer, “gays” de hoy. Y luego, finalmente, se alude al “poco disimulo”, lo que equivaldría a decir que, efectivamente, el problema no es ser gay, sino hacer alarde de ello. Decididamente Cerolo (Zerolo), jamás hubiera sido un buen legionario ni son rizos azabacheados habrían quedado bien bajo el gorrillo legionario.

En una sociedad viril como la Legión, lo normal es la relación hombre-mujer en lo personal y honestidad-denhonestidad en lo político. Cuando se alude al “gremio de maricones” se esta aludiendo tanto a los que sodomizan al compañero como a la sociedad.

Pero, a decir verdad, aunque la heterosexualidad es norma y es lo mínimo que se puede ser en la Legión, así, a secas, tampoco basta para como modelo de comportamiento sexual. Hace falta algo más. El pobre marido que debe aguantar silencioso la tiranía de su mujer y el llegar cada tarde puntualmente del trabajo, no es el modelo que más ansían los Caballeros Legionarios. Así se dice en la canción que toma el título de su primer verso:

Pobrecitos maridos infelices,
que tenéis la testuz como un carnero,
viviréis contentos y felices,
alistandoos al Tercio de Extranjeros.

Y que es la virilidad sometida a lo femenino, ni es virilidad ni es nada. Se duda de la hombría del marido sumiso y se le ofrece una vía de escape a su postración: el Tercio de Extranjeros. Hay que suponer, por lo que se deduce de esta canción, que si bien muchos futuros legionarios acudieron al banderín de enganche por una desengaño amoroso o por la pérdida de la persona amada, otros, simplemente se alistaron para huir de matronas de pelo en pecho, insoportables y tiránicas. De to’ tié que haber, que decía aquel.

Valores, sólo valor y sólo valores

Se sabe que “el inglés que vino de London” buscaba un petardo de grifa y lo perdió todo. ¿Buscaba sólo eso? Realmente no. La intención inicial del inglés de la canción era otra, anterior y superior al “colocón”. Vale la pena recordar que la canción empieza:

Un inglés que vino de London
para ver si en este gran país
podía alistarse a la Legión
y al fin lo pudo conseguir.
Visitó todos los banderines.
Cuál sería su ilusión, vacilón
que el inglés cuando estaba firmando
cantaba y decía esta canción:
"Goodbye, allright,
yo quererme enganchar
en tercio de Millán Astray
honor y gloria hay"

Así pues, a fin de cuentas, lo que buscaba en primer lugar era Honor y Gloria. Había ido al lugar adecuado. Toda la vida en la Legión Española es un canto al Honor y a la Gloria, difícilmente cabría otro valor, ni introducido con calzador, a condición de admitir que el camino hacia la realización de esos dos valores es, precisamente, la que podemos calificar como “Vía Heroica”.

También aquí estaríamos hablando de una escala de valores incomprensible para la sociedad civil (esos a los que, como decía la canción Como somos Caballeros Legionarios, no les “camelan”) y con la cual no puede existir acuerdo posible. La “sociedad civil”, a través de sus mecanismo de poder –poder que está en manos de pequeños burgueses, solo de pequeños burgueses y nada más que de pequeño-burgueses, miradles las caras y lo comprobaréis- “encarga” a la Legión Española las más ingratas tareas, pero no quiere “mezclarse” ni con ella, ni con valores, como si contraminaran su sacrosanta partitocracia. La disciplina parece romper el dogma de la libertad, la jerarquía desdice la igualdad absoluta, el honor da la espalda a la buena vida, el heroísmo al espíritu conejil y asustadizo del pequeño-burgués. No hay acuerdo posible, no hay punto medio. Suerte tiene el poder civil de que la Legión haya sido educada en la disciplina y sepa cual es su terreno. Quizás hiciera falta dar una patina de valores legionarios a una clase política para la que el afán de lucro, la mentira institucionalizada, el doble lenguaje y el oportunismo sin escrúpulos son los únicos valores de los que se alimenta. La Legión Española, la milicia digna de tal nombre, colegas, es otra cosa. La vía heroica es a las promesas electorales, lo que un solomillo es al resultado de pasar por el tubo digestivo.

El Caballero Legionario acepta la muerte con la naturalidad que acepta un pitillo. Exageramos, claro está. A nadie le hace gracia morir, pero puede aceptarlo, simplemente porque es su deber. Acepta otras cosas menos lesivas para su vida que el cumplir una orden de la que sabe que no regresará. Y los cantos legionarios lo expresan muy claramente: cavar se hace, porque órdenes son órdenes y cumpliéndolas se demuestra la disciplina, pero dista mucho de ser lo esencial en el “oficio de las armas”. La canción Pobrecitos maridos infelices, explica este estado de ánimo:

Yo no sé qué se han creído
en el Tercio de Extranjeros,
que nos tienen comparados
con peones camineros.
Desde que se inventó
el pico y la pala,
con el pico y la pala
nos están dando la lata.
Este que está presente
tres picos rompió
y al día siguiente
pasó al pelotón,

Fuera de la protesta festiva de esta canción. Cuando se ordena coger el pico y la pala, nadie chista, aun cuando oficiales y tropas saben que no es ese el menester para el que ha sido creada la Legión. El Novio de la Muerte dramatiza muy bien la estampa ideal de la vida legionaria:

Cuando más rudo era el fuego
y la pelea más fiera
defendiendo su Bandera
el legionario avanzó.
Y sin temer al empuje
del enemigo exaltado,
supo morir como un bravo
y la enseña rescató.

Y el Himno Legionario no dice nada que sea diferente:

Legionario, legionario,
que te entregas a luchar
y al azar dejas tu suerte,
pues tu vida es un azar.
Legionario, legionario
de bravura sin igual,
si en la guerra hallas la muerte,
tendrás siempre por sudario,
Legionario, la Bandera nacional.

Incluso la canción Pobrecitos maridos infelices, que, como ya hemos visto, es una especie de banderín de enganche y verdadero anuncio descarnado de la vida legionaria concluye explicando que el mandante del que hablaba solamente una estrofas…

…Se ha portado bien
en las operaciones,
todas las medallas
y todos los galones
los lleva colgado
de los cojones.

¿Hay que entender esta frase como una intolerable muestra de machismo? Difícilmente. ¿Cuántos actos heroicos realizados por legionarios han quedado sin “recompensa”, esto es, sin condecoración? Muchos, incluso hoy en día en lejanas tierras donde políticos de poca solvencia han querido ganar puntos en la escena internacional utilizando a la Legión para sus manejos de opereta. En realidad, el legionario pide poco –ya lo hemos visto en la canción “un vasito de vino peleón”-, por eso, a nadie le extraña que la satisfacción del Caballero Legionario (en You Tube hay decenas de vídeos vistos por millones de personas que han podido constatar en el último legionario el mismo orgullo presente en el gastador que lleva la famosa cabra de la Legión. Y este orgullo es el propio del que se sabe miembro de una élite guerrera y se expresa perfectamente en la última estrofa de la canción Como somos caballeros legionarios:

Y aunque a nadie le importa el sufrimiento

que un Legionario lleva en el corazón

demostramos que estamos satisfechos,

que llevamos en el pecho

el Emblema de La Legión.

Se puede decir más alto –frecuentemente, los legionarios pugnan por ver quien canta con voz más recia-, pero no más claro. O quizás, sí. Se puede decir en los Doce Espíritus del Credo de la Legión. En realidad, todo este largo y farragoso artículo sobraba. Bastaba solamente, con cortar y pegar el lacónico Credo de la Legión.

 

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Reflexiones sobre tres filmes de Edgar Neville (III de V)

Infokrisis.- La Vida en un hilo, El último caballo y La Ironía del dinero, tienen en común, pertenecer a la amplia filmografía de Neville y el que las hayamos visualizados en nuestra soledad de la Semana Santa de 2008. Además de haber sido filmadas en blanco y negro y remitir al ambiente castizo por el que Neville siente una profunda nostalgia en la posguerra consciente de que la Villa y Corte va perdiendo tal carácter. Dentro de la reivindicación y revalorización que vive hoy la obra de Edgar Neville –reivindicación a la que nos sumamos- no sobrarán unos comentarios sobre estas tres cintas.

Las tres películas se pueden bajar cómodamente de de eDonkey a través de cualquier programa de P2P, como la mayor parte del cine de Neville. Tiene gracia que hoy Neville sea más buscado en estas redes que el cine de la inefable Coixet, o del aburrido León de Aranoa. El buen cine, como el vino, gana con el tiempo.

I. La vida en un hilo

La vida en un hilo es, sin duda una de las películas más geniales que ha dado la comedia española, pero nos plantea una pregunta inquietante sobre la libertad de opción: ¿qué ocurre si nos hemos equivocado? La respuesta de Neville es hasta cierto punto pesimista. Ocurre que es imposible desandar lo andado, salvo por la vía de la fantasía. Una mujer –Conchita Montes, inseparable de la aventura cinematográfica de Neville- se despide en la estación de sus cuñadas. Su marido ha muerto prematuramente y ella toma el tren para ir a la capital. Comparte cabina con una artista de circo, que hoy llamaríamos “mentalista” que le explica en qué consiste su espectáculo: no en adivinar el futuro, sino en adivinar el pasado… el pasado que realmente no ha sucedido pero que hubiera podido suceder.

Todo empieza cuando va a comprar una rosas a una floristería. Hay dos hombres: uno (Rafael Durán, en una de sus mejores interpretaciones) es un artista exuberante, con un sentido endiablado del humor y una alegría de vivir que lo delata como una verdadera fuerza de la naturaleza; el otro (Guillermo Marín) es su antítesis: serio, trabajador, vetusto en medio de un ambiente provinciano no menos vetusto. Ambos están comprando flores. Fuera llueve. Ella sale primera y luego el primero le ofrece acompañarla en taxis. Ella lo rechaza. Dado que la lluvia arrecia, cuando sale el segundo acepta ser acompañado por ella hasta su domicilio. Allí una relación que terminará en matrimonio, en vida burguesa y rutinaria y en tristeza, al fin y al cabo. Una mala elección. Pero ¿qué habría ocurrido si hubiera elegido acompañar al otro caballero? La mentalista le va explicando lo que hubiera ocurrido: con él la felicidad. Felicidad y rutina son antagónicos en el mundo de Neville. Siempre que aparece un personaje burgués en sus obras, siempre, lo que hay es una vida rutinaria que conduce a la frustración de los que están próximos a él. Entre bohemia y burguesía, el húsar voluntario a la guerra de África que fue Neville, elige siempre la bohemia.

Hay que decir que la película tuvo un desgraciado remake y vale la pena ver ambas películas para compararlas. En 1991 alguien convenció a las glorias del cine del momento para recuperar el guión de Neville y filmarlo en color, con infinitos más medios y con actores de moda. La película se llamó Una mujer bajo la lluvia. Pasó casi desapercibida. Ángela Molina no es, ni de lejos, Conchita Montes, como Antonio Banderas ni Imanol Arias son Rafel Durán o Guillermo Marín. La distancia es abismal y el efecto también. La espontaneidad de Durán , la introspección de Marín hacen palidecer a los pobres y abochornados Arias y Banderas que jamás debieron aceptar el reto de la comparación que podría hacerse. Y en cuanto a Ángela Molina, nunca nos ha parecido una actriz especial, compararla con Conchita Montes es absolutamente imposible. Así anda el cine español…

La película, unida a La Torre de los siete Jorobados, indica que hay algo en Neville que se siente apasionado por la magia y el ocultismo, aunque sólo por el carácter prohibido que le otorga. La magia es para Neville, digámoslo ya, una posibilidad de huir de la banalidad burguesa.

La opción que plantea para la mujer de la época es: ¿serenidad burguesa o furor de vivir? En el horizonte mental de Neville y de todas sus películas se encuentra arraigada la pareja unidad por el amor. ¿Convencional? No, simplemente el reconocimiento de la vieja idea platónica de que hombre y mujer forman una unidad. El problema no es ese, eso debería estar fuera de toda duda en estos tiempos en los que las “nuevas formas de convivencia” y los “hogares monoparentales” hacen furor. El problema es elegir bien y conscientemente. Y en toda elección, esta película nos lo demuestra, existe un momento para el azar.

II. El último caballo

La primera colaboración de Fernando Fernán Gómez con Neville fue anterior a la guerra, en El Malvado Carabel cuyo guión estaba basado en una novela de Wenceslao Fernández Flores. La novedad es que en esta película aparece por primera vez en el cine de Neville, el prematuramente malogrado José Luís Ozores.

Ambos, Fernán y Ozores son reclutas recién licenciados de una unidad de caballería que justo en ese momento, se convierte en una unidad motorista. Aman a sus caballos y temen que el ejército los venda a un contratista que los adquiera como monturas para picadores en corridas de toros. Así que Fernán se lleva su caballo a un Madrid de postguerra que ha cambiado demasiado. Ya no hay caballerías para guardar a los caballos. La imagen de Fernán Gómez pasando por la Cava Baja con el Arco de Cuchilleros al fondo, montado a caballo constituye un insufrible arcaísmo.

En buena parte de las imágenes se recrea al Madrid antiguo que va desapareciendo, poco a poco, que cambia irremisiblemente, que el ambiente de la postguerra está barriendo como el polvo con la escoba. Y ante el que todos somos unos inadaptados.

Tiene gracia que Ruiz Zafón en algunas de sus novelas exprese un lamento similar en relación a la Barcelona de los años 70, de la que se complace en decir que “es la Barcelona que fue y ya no es”, experimentando una sensación de nostalgia de irreprimible tristeza. A fin de cuentas, lo que ocurre es que “los tiempos van cambiando” y, el cambio se inició en la postguerra; la aceleración del cambio, parece tan inexorable como un ley física, sólo que aquí la velocidad de caída no es constante, sino siempre creciente.

La velocidad creciente del cambio ya fue presentida por Neville –que conocía California y Washington y sabía que en el límite de nuestro modelo de civilización estaban los EEUU- quien sentía, como Ruiz Zafón, la nostalgia de los valores y los paisajes perdidos.

La película, como todas las de Neville vuelve a destilar una ternura difícilmente igualable en cine del que la comicidad de Fernán Gómez es el mejor exponente. A fin de cuentas, lo que los tres protagonistas de la película buscan es la piedra filosofal de todos los que vivimos en la modernidad pero nos sentimos apegados a los valores tradicionales: de qué manera se puede mantener una estilo de vida tradicional en la modernidad. Los protagonistas lo intentan y lo consiguen: el caballo, ese arcaísmo de la milicia, se convierte en la justificación de la búsqueda. ¿Cómo poder mantener un caballo en el Madrid de postguerra que ha iniciado la vertiginosa carrera hacia la modernidad.

Lo consiguen, finalmente. Y tiene gracia que el caballo se llame Bucéfalo, no se sabe si por lo atrabiliario del nombre o por ser el caballo de Alejandro Magno, o quizás por ambas cosas. También aquí, Conchita Montes se convierte en la novia del protagonista al que le une un mismo corazón y un idéntico amor por el “último caballo”.

Una película para los amantes del Madrid antiguo.

III. La ironía del dinero

También aquí Neville se recrea en el Madrid al que ama profundamente. Se trata de una película que engloba a cuatro historias diferentes que reflejan una misma actitud ante el dinero hallado casualmente. Los protagonistas, gente honesta y, por tanto, desgraciada… se ven recompensados con el hallazgo de carteras perdidas. Su primer impulso es devolverlas, en el fondo, son honestos, pero siempre hay algo que se lo impide o que finalmente, constituye una sorpresa irónica.

La crítica a la burguesía y a su permanente preocupación por lo económico, se trasluce en esta película quizás con más intensidad que en otras. De hecho, es a este tema al que le dedica las 80 minutos de producción. Nuevamente Fernando Fernán Gómez protagoniza una de las historias, bordando el papel de un limpiabotas absolutamente apático, andaluz, que ha nacido cansado y para el que trabajar es verdaderamente una maldición. Esa primera historia transcurre en Sevilla como excusa para que Neville pudiera llevar a la pantalla algunos cuadros flamencos de singular belleza.

La ironía del dinero es una de sus últimas películas. Se realiza en 1955. Después solamente hará El Baile y Mi calle. Ha pasado el tiempo de la postguerra y Neville acepta que “su” Madrid ha cambiado. El narrador, inicia su historia en la terraza del Edificio España de la plaza del mismo nombre. A lo lejos todavía se divisan campos de cultivo a título póstumo. Neville lo sabe y quizás por eso ha filmado desde esas alturas, entonces insuperadas para nuestra arquitectura.

Otra de las historias tiene lugar en la estación de Austerlitz en París. Las otras, claro, en Madrid.

En las cuatro historias, gente sin escrúpulos tiraniza a gente honesta. También aparece al figura del “falso culpable” (Guillermo Marín en otra de las historias) que remite a un tema muy habitual en el cine de Fritz Lang (véase artículo sobre el cine de Lang en Infokrisis). Pero, que nosotros sepamos, Neville y Lang no se conocieron. Es posible que el nexo entre ambos fueran los directores artísticos y decoradores alemanes que conocieron el expresionismo alemán y que o bien antes de la guerra mundial o después de ella, llegaron a España.

Sigfrido Burman y el expresionismo alemán

Uno de ellos fue Sigfrido Burman del que resulta difícil obtener datos biográficos. Se sabe que había nacido en las inmediaciones Hannover y que llegó por primera vez a España en 1910. Diez años después, hablando perfectamente castellano, junto con el productor teatral Martínez Sierra, que será uno de los pioneros en la introducción del pictorismo en la cinematografía. Imbuido de una estética expresionista realizó los decorados para muchas obras de Neville y especialmente se dedicó al teatro hasta bien entrados los años 70.

La influencia de Burman en las películas de Neville es muy palpable, especialmente en la Torre de los Siete Jorobados, que puede ser considerada, verdaderamente, como la gran película del “expresionismo español”.

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