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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

A la venta el número 8 de IdentidaD

A la venta el número 8 de IdentidaD

Infokrisis.- Está a la venta el número 8 de IdentidaD, correspondiente al 15 de mayo-15 de junio de 2008, un nuevo número en el que se abordan temas de actualidad política y social. Con un dossier dedicado a la vienda, en este número se da particular importancia al impacto y repercusiones de la actual crisis económica. Recordamos que IdentidaD está en venta en kioscos de las principales ciudades y en los kioscos de El Corte Inglés. En caso de no encontrar IdentidaD en su kiosco habitual puede solicitarlo a idpress7@gmail.com.

Contenidos del nº 8:

40 páginas intensas con datos, análisis y entrevistas para entender lo que está pasando

 

Editoriales

- El fracaso de la globalización aquí y ahora

- El significativo caso del Playa Bakio

- Santa Alianza incluso en la crisis

- Julio Anguita: Sísifo redivivo

 

National Show

En puertas de la gran crisis social

Inmigrantes: no se van, viene más

Nos dirigimos a una situación endiablada de consecuencias imprevisibles: cuanto más se afianza la crisis, en lugar de disminuir aumenta el número de inmigrantes. Nos encaminamos hacia un estallido que no será sólo social sino también étnico.

Despiece:

- Sólo la repatriación es la solución

Las políticas de contención ya no bastan solas para resolver el conflicto y la Directiva de Retorno de la UE es ambigua

-¿Se irán a su país?

En los planes de la inmensa mayoría de inmigrantes no figura regresar a su país y revivir lo que han dejado atrás.

 

Ministra de cuota... ignorancia total sobre el departamento

I. Civil o militar, hombre o mujer, pero que cace ratones

II. Hay ministra de cuota, lo que no hay es Defensa Nacional

III. Las cuestiones clave para la Defensa Nacional

 

Noticias Breves:

- ¿Corbacho hubiera salido elegido con votos inmigrantes?

- IdentidaD por la coordinación de las fuerzas políticas identitarias europeas

- Los pediatras piden más tiempo para atender a los hijos de inmigrantes

 

Problemas

La escasez alimentaria marca un nuevo hito

La crisis pasa del ámbar al rojo

Las subidas en el precio de los alimentos son el resultado del creciente desvío de vegetales de los circuitos de la alimentación a la fabricación de biocarburantes. La globalización depende de que el precio del carburante no se dispare

Despiece:

El peligro amarillo aquí y ahora

La globalización no hubiera sido posible sin China, pero China es el gran riesgo para la globalización

 

Denuncia

Tras el engaño, la burla reiterada

ZP: el “errorista”

Zapatero ha hecho del error una forma de hacer política, pero nadie pedirá responsabilidades a Zapatero sobre sus grandes errores, ni sobre sus mentiras mil veces repetidas.

 

También en Tráfico...

Impacto negativo de la inmigración en la seguridad vial

 

Critica

Una muestra de la crisis de la partitocracia

¿Es lícito vender el voto?

El voto es una mercancía electoral sometida a la oferta y la demanda

Despiece:

- Decálogo del vendedor de votos

 

 

Problemas

Prisiones: Con “Zero” de Zapatero

Entre 2004 y 2007 la población penal aumento un 20%, pero la presencia de inmigrantes lo hizo en un 70%... Aun así, el Movimiento Contra la Intolerancia sigue sosteniendo que no existe ninguna relación entre delincuencia e inmigración

Despieces:

- Los Ibarra y su empresa familiar

Si pueden obtenerse dos subvenciones ¿por qué conformarse con una?

- Esteban Ibarra ¿qué haces con los dineros públicos?

El “rey del ordeño a las ubres del Estado”, el “ayatolah de las subvenciones”, el “Gran Timonel de la lucha contra la xenofobia y el racismo”, recurre a los balones fuera para evitar responder a la pregunta: “Ibarra ¿qué has hecho con el dinero de todos españoles?”.

 

Noticias breves

- Sami Nair: ¿Gran hipocresía de Europa?

- Un modelo de “comercio justo”: muebles por hachís

- Discriminación positiva con subsaharianos...

- A buenas horas mangas verdes (I) París: regularización por goteo

- A buenas horas mangas verdes (II) Control de fronteras... con 30 años de retraso

 

Europa

Italia: El ¡Basta a la inmigración! vence en las urnas

Vienen tiempos calientes

Basta de inmigrantes, basta de inseguridad, basta de mezquitas... Berlusconi apuesta por un acercamiento a Rusia. La “refundación” neofascista más airosa que la neocomunista

Despieces:

- Se anuncian nuevas coaliciones

Alleanza Nazionale ha salido perjudica en el número de ministerios, podría replantearse su disolución en el Popolo delle Libertà. El símbolo del MSI aún juegan un papel emocional con impacto electoral

- E imparable ascenso de la Lega Nord

 

Aniversario

A 40 años de Mayo del 68: Lo inconfesable

Mayo del 68 no fue como nos lo contaron, ni como nos lo cuentan hoy sus protagonistas ya canosos Unos tomaron la palabra con tanta facilidad como otros movieron los hilos...

 

Historia

El héroe olvidado de la Catalunya medieval

Arnau de Mir: La portentosa historia del Cid catalán

Despiece:

- ¿Los fundadores del Temple fueron catalanes?

 

Problemas:

Galicia y Asturias en el límite. Crisis demográfica extrema

Galicia y Asturias han perdido su “paisaje”: la ganadería reducidaa la mínima expresion, la minería cerrada, pérdida de población. ¿Cuándo se colocará el cartel de “gallegos y asturianos especies en vías de extinción”?

Despiece:

- Galiza-Asturies: Identidades Hermanas

La epopeya de la emigración gallega y asturiana

 

Europa: Noticias breves

- La exquisita neutralidad del ejército

- Reino Unido: el BNP confirma su ascenso electoral

- El escaño en Estrasburgo al alcance de la mano

 

Cine

La crisis del cine francés sólo superada por el español

Cine con complejos

Un universo progre que quiere hacerse perdonar

 

 

Opinión

Udo Pastörs: No todos los europeos aceptan la subordinación eterna a los EEUU

Una arquitectura de seguridad en el siglo XXI, por Udo Pastörs

 

 

DOSSIER:

La vivienda es cada vez más una historia de terror

 

Parte I

El planteamiento del problema

 

 

Parte II

Las subprime y España

 

Complementos

- Las 10 claves del problema de la vivienda

- Vivienda y Construcción:

- Todos estafaron a la inmigración

- La noche oscura de la Construcción

 

Miniaturas

Carlos Dufour

Aquì no hay quien sobreviva

S. Bas

Reflexiones sobre la crisis de la idea de España (I)

Infokrisis.- Los problemas internos del PP han resucitado la sensación de que el PP quiere relativizar su patriotismo y dejar de enfatizar la “unidad nacional” abriéndose a los nacionalismos. Así pues, está claro, la “unidad nacional” peligra y ha llegado el momento de abandonar cualquier otro tema de agitación para concentrarse en la defensa de “España”. Pero ¿realmente es así? ¿O se trata más bien de un error en la evaluación de la situación?

 

1. Tranquilizarse, que la “unidad de España” no corre más peligro del que ha corrido hasta ahora

Efectivamente, parece que María San Gil alberga las mayores dudas sobre la futura línea política del PP que saldrá aprobada en el próximo congreso. Eso se la hecho perder toda la confianza en Rajoy. Está en su derecho, pero lo que ha ocurrido ahora no es algo que no haya ocurrido antes en el PP.

Baste recordar que cuando Aznar venció las elecciones de 1996, mientras los alegres muchachos de las Nuevas Generaciones coreaban aquella consigna de “Pujol enano, habla en castellano”, Aznar, sonriente en la tribuna de Génova los miraba y pensaba ya en cómo pactar con esos mismos nacionalistas denostados por las bases. Y lo hizo.

En aquella legislatura, Aznar se atrevió a decir la cursilada increíble de que “en familia hablaba catalán” sólo para agradar a los nacionalistas y aún hizo más: accedió a desplazar de la dirección del PP catalán a Aleix Vidal-Quadras a petición de Pujol. En efecto, con Vidal-Quadras en la dirección del PP se corría el riesgo de que creciera demasiado y fuera lamiendo, elección tras elección, al electorado del cinturón industrial de Barcelona defraudado por la política de catalanización llevada a cabo por CiU y decepcionada por la política aun más catalanista del PSC y la todavía más de IU.

Accediendo a las exigencias de Pujol, Aznar pudo mantenerse durante cuatro años en el poder y obtener luego una mayoría absoluta que le permitió desembarazarse de tan molesta compañía.

Así pues, si Rajoy opta como línea política por pactar con nacionalistas no habrá hecho nada que no hubiera hecho antes Aznar, ni nada que Fraga –el inefable “padre de la constitución”- no hubiera previsto antes. Porque, en efecto, la constitución pactada en 1978, estaba diseñada de tal manera que los dos partidos mayoritarios bendecidos por la Ley d’Hont deberían necesariamente recurrir al concurso de los partidos nacionalistas periféricos para poder gobernar en caso de que no tuvieran mayoría absoluta.

¿Qué novedad hay pues en la nueva situación creada en el interior del PP? Absolutamente ninguna. Es la vieja historia de siempre. Centro-derecha y centro-izquierda están OBLIGADOS a contar siempre con los nacionalistas periféricos si quieren gobernar de manera estable cuando no tiene mayoría absoluta.

2. El “debate ideológico” en la derecha

Ni Rajoy renuncia a la defensa de la unidad de España, como no lo hizo ayer Aznar y como no entraba en las previsiones de Manuel Fraga en 1978. A un partido como el PP lo que realmente le interesa por encima de cualquier otra cosa es el ejercicio del poder. ¿O es que vamos a pensar que los miles de concejales y cargos electos del PP están ahí por una “convicción doctrinal” y para “servir al pueblo”? Están ocupando cargos públicos como los de cualquier otro partido mayoritario, sabedores de que los buenos negocios se realizan a la sombra del poder. Nada más.

Resulta absolutamente grotesco que Esperanza Aguirre aludiera a que su interés era suscitar un “debate ideológico” en el seno del PP… ¿Debate ideológico? ¿de qué? En el PP no existen corrientes ideológicas –como tampoco en el PSOE- lo que existen son familias de intereses. Estas familias, a efectos de encontrar justificantes presentables para dar carta de naturaleza a su existencia, aluden a “ideologías”. Mala cosa sería si aludieran sólo a “Yo estoy con Espe por que con ella trinco y, en cambio, no soy del círculo de amigos de Gallardín…”. En lugar de eso, parece más “elegante” plantearlo como una lucha de “liberales” contra “centristas”...

En los partidos democráticos españoles el debate ideológico no interesa a nadie. Lo único que interesa es que los ponentes de línea política en cada congreso sean capaces de establecer un programa capaz de hacerles tocar poder. Nada más. Unas veces aciertan y otras se equivocan, pero se trata solamente de eso: de establecer unas líneas que atraigan al mayor número de votantes. ¿Y la ideología? Bien gracias… en el baúl de los recuerdos de otro tiempo.

La diferencia entre la anterior etapa de Rajoy (2004-2008) y la actual es muy simple: en este cuatrienio, Rajoy siguió exactamente las indicaciones llegadas desde grupos mediáticos que marcaban la línea de su partido. Creyó que insistiendo en la participación de ETA el 11-M durante dos años, creyó que movilizándose un fin de semana sí y otro también contra la política antiterrorista del gobierno y que centrándose en los destrozos ocasionados por la ausencia total de convicciones de ZP en materia de vertebración del Estado, iba a llegar al poder. No ha sido así. Todo esto no fue suficiente como para olvidar la pesada herencia del aznarismo (ver artículo en Infokrisis: “Aznar y su puta guerra de Irak”).

Con todos estos temas a la espalda, Rajoy llegó con el pie cambiado al 9-M. En ese momento, ya nada de todo esto interesaba. ZP había dejado atrás todas sus “cagadas” políticas –repetimos conscientemente lo zafio de esta expresión: “cagadas políticas” porque llamar “ingeniería social” a todos los proyectos que ZP puso en marcha en sus dos primeros años de legislatura es demasiado cursi para almas nietzscheanas como la nuestra- y bastó un muerto socialista cuatro días antes de las  elecciones para que el electorado olvidase que durante casi tres años, la política antiterrorista de ZP fue un auténtico desastre nacional. Bastó que en el último año, los anuncios estatales de TV fueran firmados por “Gobierno de España” para que el destrozo organizado por ZP en materia de vertebración del Estado, quedara olvidado para el electorado y relegado a un oscuro recuerdo muy secundario.

Cuando llega el 9-M, el PP no ha previsto que ZP se presentaría con otro programa electoral que sería la negación de todo lo que había hecho hasta entonces y que el gran problema de la campaña sería la situación económica… para la que el PP no estaba en condiciones de insistir mucho en la medida en que hasta ese momento ¡el PP había elogiado reiteradamente la política Solbes como “continuista” en relación a la practicada durante ocho años por el PP!

El PSOE no lo pudo hacer peor, pero lo realmente sorprendente es que en esas condiciones, en ningún momento de la legislatura, ni siquiera en los momentos más duros del debate sobre el “estatut de Catalunya” y del atentado a la T4, el PP pudiera adelantar en intención de voto al PSOE. El PSOE lo hizo mal. Pero el PP no pudo hacer peor su tarea de oposición.

Para un partido como el PP, en el que la ideología es una mera coreografía a efectos de aproximarse al poder, y en donde no hay gran cosa de profundo, el único problema lo acaba de plantear Gallardón en ABC: el PP perdió porque no se supo presentar como un partido centrista. Y tiene toda la razón. El centro es la ambigüedad: gana quien es lo suficientemente ambiguo para que todos quieran ver en una sigla aquello a lo que aspiran.

En el momento en el que el PP recupere el “centro político” y credibilidad como partido centrista, volverá al poder. Así pues, el debate ideológico en la derecha –como en la izquierda- no es más que una discusión sobre lo que puede dar más o menos votos. Nada más.

3. El PP y los nacionalismos periféricos

Aznar pactó con el PNV y con CiU. Negoció con ellos los presupuestos de 1997-1999. Y el PP lo volverá a hacer todas las veces que haga falta. Esto no gusta especialmente a los militantes del PP que viven en las autonomías más conflictivas, especialmente en Catalunya y Euskalherria. Especialmente a los que más se han comprometido en sus opiniones políticas antinacionalistas o bien que han sido puestos en el índice por los nacionalistas, como le ocurrió a Vidal-Quadras.

En nacionalismo catalán y vasco no van a pactar con nadie que les impida proseguir el proceso de “construcción nacional” que han iniciado desde hace treinta años. El nacionalismo no es algo radicalmente diferente al resto de los partidos mayoritarios. De hecho, algunos solemos aludir a la “banda de los cuatro”: dos partidos nacionalistas y dos partidos estatalistas.

Salvo algunos fanáticos del PNV que estarían dispuestos a una Euskalherria deshecha pero independiente, la inmensa mayoría de nacionalistas son pragmáticos: les importa mucho más trincar que enzarzarse en “construcciones nacionales” que son apenas una simple excusa para el saqueo de los fondos públicos. Hoy mismo, en Catalunya se sigue subvencionando la edición de libros en catalán… ¿todos? No, solamente los libros editados por los amigos del poder, no por cualquiera. Ser nacionalista no es más que una forma de velar por los propios intereses individuales poniendo la idea de “construcción nacional” al servicio del propio bolsillo.

Los partidos nacionalistas intentan proseguir una política de “construcción nacional”, no tanto por fidelidad a sus raíces ideológicas como por pensar que en un marco “nacional” creado ad hoc, pueden crecer más y mejor.

Seríamos ingenuos si pensáramos que los partidos nacionalistas son diferentes a los dos partidos estatalistas: la misma es la naturaleza de su clase dirigente, los mismos son sus intereses, la misma es su mentalidad pequeño-burguesa consistente en reducir la política a un mecanismo para obtener mayores beneficios con el mínimo esfuerzo, etc.

Las luchas entre los distintos partidos de la “banda de los cuatro” no son en absoluto por convicciones políticas sino por intereses personales. Quien gana lo obtiene todo ¿o acaso sabéis de algún político que haya tenido que trabajar después de abandonar el cargo?

4. ¿Estamos asistiendo a la desintegración de España?

Desde las elecciones no hemos vuelto a ver los anuncios signados como “Gobierno de España”. Y ahora sólo faltaba que el PP abandonara la “trinchera patriótica” justo en los momentos en los que CDC intenta “refundar el nacionalismo catalán” convirtiéndolo en independentismo atenuado puro y simple e Ibarreche se apresta a convocar elecciones anticipadas si fracasa su plan soberanista. Todo esto son malas señales para el patriotismo español que percibe estos movimientos como un nuevo impulso centrífugo.

Y, efectivamente, es un impulso centrífugo… atenuado. Todos los planetas giran en torno al sol con un movimiento centrífugo… que es atenuado por la atracción gravitacional del sol. La mayoría de nacionalistas periféricos cultivan las declaraciones de independentismo altisonante como tributos de cara a su electorado. Su cálculo consiste en alcanzar techos autonómicos suficientemente avanzados como para depender lo menos posible del Estado –controlando, lo más importante, los recursos económicos de la autonomía- pero sin llegar a escindirse completamente en cuyo caso deberían asumir costes adicionales (en defensa y exteriores, fundamentalmente) que reportarían más gastos que beneficios.

Si realmente algún partido político tuviera intención de llevar al límite sus reivindicaciones nacionalistas extremas (la independencia), ya lo habría hecho. Pero falla el marco jurídico europeo. La UE es una “unión de Estados nacionales”, no de regiones libres y autónomas y difícilmente los países de la UE darían el visto bueno a secesiones en uno de sus países miembros para que el proceso se repitiera luego en el interior de cada uno de ellos.

La “unidad de España” no está en peligro, porque nadie está interesado en asumir unos costes tan excesivamente altos como los que implicaría las secesiones autonómicas en cadena que se producirían. Hay muy poca gente tan estúpida como Carod-Rovira, perfectamente conscientes de que un proceso secesionista, literalmente, hundiría económicamente a Catalunya… y aún así, anteponer su fanatismo independentista propio de conversos al bienestar de los catalanes: entre una Catalunya rota y una Catalunya vinculada al Estado Español, Carod prefiere lo primero sin inmutarse... Hay en ello algo enfermizo. El independentismo catalán y vasco es propio de adolescentes o de neuróticos afectados por un complejo de culpabilidad personal (por cualquier motivo) que les lleva a redimirse considerando que siempre hay alguien “más culpable” que ellos: España. El independentismo no es un fenómeno político, sino psiquiátrico. No evidencia una voluntad de “construcción nacional”, sino un déficit de conocimientos políticos y de cultura general. El verdadero problema es otro.

Hoy no es la “unidad de España” lo que está en peligro. El verdadero peligro es la unidad del régimen surgido de la Constitución de 1978. Y no es lo mismo.

La crisis es la de la Constitución de 1978 que en su misma redacción encerraba los mecanismos de su propia disolución y de su crisis. En el momento en que una ley fundamental crea un marco jurídico en el que lo importante no es ser representativo de las distintas corrientes de opinión, sino garantizar que permanentemente el poder va a seguir en las manos de la “banda de los cuatro”, y en lugar de garantizar mecanismos de honestidad y transparencia política, de lo que se preocupa es de un sistema de pesos y contrapesos, de equilibrios tendentes a crear un marco mucho más PLUTOCRATICO y PARTITOCRATICO que democrático, es evidente que un sistema así concebido, antes o después entrará en crisis por que las ambiciones de los gestores de la periferia sentirán que pueden obtener más beneficios aumentando la burocracia autonómica y reduciendo al mínimo imprescindible la burocracia estatal.

¿Es posible que la crisis de la Constitución haya arrastrado la crisis de la idea de España? No, ambas son dos crisis de naturaleza diferente. Un Nación es anterior y superior a su marco jurídico que es, por definición, temporal y modificable. La crisis del Estado de las Autonomías y, por tanto, de la Constitución, va por un lado, pero la crisis de la idea de España discurre en otro plano y es anterior a la propia Constitución.

5. Pero ¿está en crisis la idea de España?

Claro que está en crisis. ¿Cómo no iba a estarlo? La crisis de la idea de España es una crisis de inadecuación al tiempo nuevo. El nacionalismo español actual es idéntico al que se respiraba tras el desastre del 98… ¡pero la sociedad ya no es la misma! Desde el 1898 el nacionalismo español no ha sido reactualizado. Salvo la “generación del 98” nadie ha vuelto a reflexionar sobre

         - el papel de España en la modernidad

         - la identidad española

         - sobre la historia de España

         - sobre el modelo de Estado

El nacionalismo español hace gala cada vez más de una profunda inadecuación al tiempo nuevo, un tiempo que no dará marcha atrás, sino que cada vez más se alejará de la situación de 1898 y del primer tercio del siglo XX. En esas condiciones ¿qué atractivo tiene la idea de España para las nuevas generaciones?

Hay que reconocer que en los años 70 existieron algunas reflexiones bienintencionadas sobre la vertebración de España en el futuro. De estas reflexiones surgió la idea del “Estado de las Autonomías” que no debía ser inevitablemente negativa. Pero tras 20 años de Estado de las Autonomías hemos visto como éste se saldaba con un fracaso absoluto. El Estado de las Autonomías nunca ha sido una realidad estable: siempre se ha visto sometido a tensiones crecientes (generadas por los intereses de las clases políticas autonómicas y por su rapacidad sin límite ni mesura) y hoy puede considerarse como un fracaso histórico sin precedentes.

Pero el reconocimiento de este fracaso no implica volver a unos modelos anteriores completamente superados e inadecuados en el siglo XXI. Hoy sabemos que muchos conceptos sobre el origen étnico y cultural de España que han dominado en el siglo XX son completamente falsos. Hoy los avances de las ciencias humanas, del análisis genético de las poblaciones, de la historia, nos permiten establecer un marco mucho más preciso sobre la Identidad Española que el que podíamos tener hace 15 ó 20 años. Hoy, más que nunca, es posible iniciar sobre la base de elementos nuevos, una revisión de la historia de España, de nuestro origen y de nuestras necesidades de la sociedad española que nos servirá para establecer un nuevo marco del patriotismo español en el siglo XXI, insertado en otras realidades imprescindibles: la realidad europea, especialmente.

© Ernesto Milà – Infokrisis infokrisis@yahoo.es -  http://infokrisis.blogia.com

 

 

A 40 años de mayo del 68 (XVI de XVI) Epílogo: ni fue como nos lo contaron, ni fue una revolución

Infokrisis.- Llegamos al final de nuestro recorrido y al capítulo de las conclusiones. Hemos podido establecer, como resumen de todo lo dicho, quince puntos a los que nos han llevado las catorce entregas anteriores. Después de 250 folios de análisis, búsqueda de información y revisión de archivos personales, podemos concluir que el título de éste epílogo es correcto: "Mayo del 68 no fue como nos lo contaron, ni fue una revolución". Harina de otro costal es si la proverbial vagancia de muchos analistas e informadores les ha hecho repetir los tópicos que desde hace 40 años vienen repitiéndose sobre mayo 68 o si se limitan a difundir mercancía averiada que ya en su momento fue pura intoxicación. Las conclusiones a las que por nuestra parte hemos llegado, difieren extraordinariamente de las apreciaciones que generamente se han difundido en el cuarenta aniversario de aquellos sucesos. Estas son:

 

 

Epílogo

Mayo 68 ni fue como nos lo contaron, ni fue una revolución

15 puntos para una conclusión

1) El movimiento de mayo del 68 fue casi completamente un episodio banal en la historia de los movimientos sociales y en la historia de las ideas políticas. Su impronta “revolucionaria” fue de muy escasa entidad. Ni siquiera puede ser calificado como “motín”; como máximo constituyó una serie de algaradas que tuvieron como denominador común la ocupación de algunas facultades. Si mayo del 68 fue algo desde el punto de vista social, fue un movimiento lúdico con aspecto de aventura iniciática. En una Europa en la que no existían fronteras que indicasen el momento en el que el joven dejaba atrás la adolescencia y entraba en la madurez. En ese momento toda una generación reconstruyó un rito de tránsito que, como cualquier otro rito de este estilo implica: un signo físico (en el caso de los adolescentes africanos, la circuncisión y en el caso de los jóvenes europeos del 68 el dejarse el pelo largo y la barba) y una aventura iniciática (la ocupación de facultades, la toma de la palabra, la manifestación en la calle, el enfrentamiento con la policía o contra otros grupos de jóvenes, la barricada). Como todo rito iniciático, éste también fue breve en el tiempo: duró menos de 40 días, tras los cuales, la inmensa mayoría de contestatarios dio por terminaba su “aventura iniciática” y, simplemente, se fue en junio de vacaciones. A partir de ese momento tendría toda la vida para recordar que habían vivido mayo del 68.

2) No podemos hablar con propiedad de una “ideología de mayo del 68”. Simplemente, no existió. Lo mejor de mayo del 68 (y del período inmediatamente anterior e inmediatamente posterior) fue la reflexión sobre la condición estudiantil que realizaron algunos grupos de estudiantes. No todas las conclusiones a las que llegaron pueden soportar hoy un análisis en profundidad. Una parte sustancial del análisis está lastrado por las consideraciones propias del marxismo. Pero, especialmente, en el inicio del curso 67-68 se produce –no solamente en Francia, sino especialmente en Italia y el año anterior en Alemania- una reflexión sobre la Universidad, sobre su necesaria reforma y sobre los problemas que el estudiante iba a tener al concluir sus estudios. Pero esta reflexión afectó a un porcentaje reducido de estudiantes. En el momento en el que se inician los incidentes, los grupúsculos tienen, en toda Francia, en torno a 1.500 militantes y al terminar no sumaban más de 3.500 jóvenes. Así pues, se trató de un movimiento de minorías que arrastró temporalmente a un porcentaje de estudiantes difícil de evaluar. Como es habitual en procesos de este tipo, la mayoría siguió siendo silenciosa y ni siquiera estuvo identificada con el análisis realizado sobre la condición estudiantil y el papel de la universidad.

3) La “revolución de mayo” es incomprensible sin el gran cambio social que se produjo en el curso de aquella década (Concilio Vaticano II, aparición de la píldora anticonceptiva y de la minifalda que facilitaron la revolución sexual, irrupción de la música pop, aparición de nuevas vanguardias artísticas, irreversibilidad de la sociedad del consumo, guerra del Vietnam, contracultura, etc.). De hecho, lo importante de aquellas fechas, no fueron los incidentes del mayo francés, sino que la verdadera revolución fue el gran cambio social y cultural que se produjo.

4) Cuando se vuelven a visionar las filmaciones de 1968 en las que toman la palabra los líderes de la contestación estudiantil (Rudi Dutschke, Daniel Cohn Bendit, Jacques Sauvageot, Alain Geissmar, Kravetz, etc.) se percibe inmediatamente el tono de autosuficiencia y petulancia que utilizaban propia de adolescentes díscolos y maximalistas que ejercen poses revolucionarias para afirmar su ego, afirmarse como adultos y revelarse contra la “autoridad”, no solamente contra la autoridad paterna, sino contra toda forma de autoridad considerada como una derivación de ésta. Tras esa autosuficiencia lo que se percibe son las consecuencias de una lucha generacional: el mundo ha cambiado demasiado rápidamente y los padres no pueden seguir el mundo de los hijos que no comprenden, en el que no se reconocen y que consideran pernicioso para sus hijos. Éstos, a su vez, han sido creados en la abundancia, super-protegidos y no han vivido los traumatismos de la generación de sus padres (guerra mundial, guerras coloniales, miserias de la posguerra, etc.). Hasta ese momento, todas las revoluciones se habían generado en momentos de crisis y pauperización de las masas, las situaciones de carestía y la incapacidad de los gobiernos para resolverlas habían prendido las mechas de las grandes revolucionarios del siglo XVIII-XX. Sin embargo, en mayo del 68, estamos ante un movimiento encabezado por gente que jamás ha conocido las privaciones ni las situaciones de miseria. No es raro que la búsqueda de los contestatarios se orientase en dos direcciones: una a criticar el mundo de la abundancia construido por el capitalismo avanzado, la otra a buscar desesperadamente a grupos sociales en los que identificasen las situaciones de miseria descritos en los clásicos del marxismo. Pero los obreros, ni eran tan ignorantes, ni estaban tan depauperados como en los tiempos en los que Marx escribió el Manifiesto Comunista, ni existía en la mayor parte de los trabajadores un “espíritu de clase” que supusiera una toma de conciencia anticapitalista y revolucionaria. Observando las entrevistas realizadas a aquellos pos-adolescentes se percibe que para ellos la revolución era una “pose” ejercida simplemente para poder afirmar su personalidad en el mundo de los adultos.

5) Si hubo algo de lo que adoleció la revolución de mayo del 68 fue precisamente, y contra todos sus problemas, de falta de imaginación: los contestatarios no se sentían burgueses, pero tampoco eran proletarios en la medida en que no era ese su papel en el proceso de producción. Eran consumidores, como máximo. Y, además, consumidores integrados, mucho más que obreros alienados. No querían ser burgueses –aunque llevaban una vida inequívocamente de burgueses- y, desde luego, no eran proletarios, porque ni siquiera esta era su voluntad (salvo la de los maoístas que llamaban a sus militantes a proletarizarse ejerciendo 4 horas de trabajo y cuatro horas de estudio). Eran burgueses que no querían serlo y que no sabían como dejar de serlo porque ni siquiera estaban dispuestos a renunciar a sus comodidades. No hubo imaginación, ni agudeza intelectual para crear un arquetipo nuevo que superara al burgués o al proletario. Había modelos intelectuales pero estos estaban implícitos en un tipo de literatura que ya no era la de esa época y que los contestatarios ni siquiera tuvieron la ocasión de conocer. Ernst Jünger o Julius Evola hubiera podido aportar esos modelos pos-burgueses… pero aquella generación fue la primera que vivió de modas: el marxismo fue una moda, los escritos de Marcuse fueron una moda pasajera, manifestarse contra la guerra del Vietnam estuvo tan de moda como los discos de los Rolling o de los Beatles. Incluso el maoísmo estuvo de moda…. Ir más allá de la moda, suponía situarse fuera de los focos de atención oficiales. Por tanto no proporcionaba notoriedad. La mayoría de “líderes” contestatarios de mayo 68 precisaban la notoriedad –y la autoafirmación con la misma ansiedad que se percibe hoy en los castings de El Gran Hermano u Operación Triunfo.

6) Mayo del 68 no aportó nada a la historia de las ideas políticas. De hecho, la generación de mayo fue de una pobreza intelectual mayor que cualquier otra generación anterior hasta ese momento. La prueba es que, una vez pasada el episodio iniciático y su resaca (más o menos larga para unos y más o menos breve para otros), todos los contestatarios que siguieron en política se reciclaron en opciones de izquierda parlamentaria moderada a las que tanto habían criticado y en cuya crítica encontraron su razón de ser. Lo hubo ideología, sino histrionismo en mayo del 68. Si bien no aportaron nada a la historia de las ideas políticas (las vanguardias artísticas estaban aportando eslóganes mucho más brillantes y planteamientos infinitamente más originales desde principios del siglo XX que la docena y media de consignas y carteles que han quedado como iconos de mayo 68) aportan mucho al universo del espectáculo. Sí, porque, a pesar de que Veneigen y Debord habían hecho de la crítica a la “sociedad del espectáculo” el eje de su pensamiento, no es menos cierto que la contestación fue el primer movimiento íntegramente reducido a su mera dimensión de espectáculo que se vio en el siglo XX. Todo en mayo del 68 fue un espectáculo: los eslóganes (completamente irracionales y que al analizarlos evidenciaban su vacuidad absoluta), las barricadas (que no podían tener ninguna eficacia defensiva, pero sí constituían mero espectáculo desde el momento mismo en el que eran levantadas), las asambleas (en donde cualquier actor secundario podía tomar la palabra y vivir sus cinco minutos de fama), las manifestaciones (donde el gregarismo y la agresividad ofrecieron las mejores instantáneas a los fotógrafos), etc. Cada cual pareció jugar un rol en esta gigantesca representación teatral , cada cual pudo tener su pequeño papel que le hizo (y le hace aún hoy, 40 años después), sentirse “grande” e “importante” (¿cuando millones de occidentales siguen viviendo la fantasía de que estuvieron en París en mayo 68 y cuántos cuentan su presunta o real participación en los sucesos taladrando los oídos de sus nietecillos con las historias, siempre mejoradas, del abuelo Cebolleta en las barricadas de mayo?).

7) Mayo del 68 fue una gigantesca representación, a ratos dramática, frecuentemente lúdico-festiva y, muy frecuentemente, banal. Pero el libreto no había sido escrito por los contestatarios. La complejidad de las sociedades modernas excluye por completo el que un movimiento surgido espontáneamente tenga algo de eco. Para que un movimiento tenga eco, precisa, no solamente beneficiarse de un clima socio-cultural y político-económico, sino del concurso e interés de los medios de comunicación, de medios económicos y técnicos, de profesionales de la información que “orientan” a la audiencia según sus intereses (mucho más que según sus preferencias personales). Para que un “espectáculo” tenga éxito en una sociedad compleja como ya lo era la sociedad europea occidental de los años 60 era preciso el concurso de instituciones y centros muy diversos que no estaban ni al alcance de los contestatarios, ni mucho menos tenían el control sobre ellos. A muchos contestatarios les sorprendió su propio éxito que excedía con mucho sus posibilidades reales. Vale la pena recordar que “el sistema” no es un conjunto homogéneo sino que está formado por distintas facciones y grupos que mantienen una posición ventajosa y que buscan afianzar sus ventajas sobre otras facciones. Si mayo del 68 tuvo repercusiones fue sobre todo porque una de las facciones lanzó a los contestatarios contra la otra facción y puso a disposición de estos todo el amplio arsenal mediático del que disponía. Y, no sólo eso, sino que la operación fue planificada desde la privilegiada atalaya de los servicios de inteligencia norteamericanos. Una parte sustancial del libreto fue escrito por ellos. En el momento en que la representación se puso en marcha, otras facciones del sistema intentaron extraer ventajas del espectáculo a pesar de que el copyright no era de su propiedad.

8) Mayo del 68 tuvo beneficiarios que no fueron desde luego los contestatarios. Estos, bastante tuvieron con lamerse las heridas y los golpes de la policía. Básicamente, los efectos directos de mayo del 68 fueron tres: de un lado el debilitamiento de la figura del general De Gaulle (que había retirado a Francia del mando militar de la OTAN y que se había atrevido a pedir un “Québec Libre” frente a un Canadá alineado perennemente a los EEUU). De otro el pasar página definitivamente de la Guerra de Argelia y del episodio de la OAS; De Gaulle pudo asegurarse el apoyo de las unidades francesas acantonadas en Alemania a cambio de la amnistía general para los presos y exiliados de la OAS y de “Argelia Francesa” (y era evidente que los servicios de inteligencia franceses habían exagerado la importancia del movimiento de mayo del 68 hasta el punto de que De Gaulle creyó estar ante un proceso subversivo generalizado y buscar el apoyo de las unidades militares con más capacidad ofensiva). Finalmente, la CIA logro –no solamente en Francia, sino en Italia- hurtar a los Partidos Comunistas pro-soviéticos a sus elementos más jóvenes. Tras los hechos de mayo del 68 y tras los episodios similares que tuvieron lugar en Italia, los partidos comunistas fueron rebasados y superador en las universidades por los grupos ultraizquierdistas. Es evidente que para la CIA el “enemigo principal” en Europa, no eran las formaciones juveniles trotskystas y maoístas (escuálidas por lo demás), sino los partidos comunistas prosoviéticos. Todo esto explica el porqué un movimiento banal que no tuvo apenas importancia fuera de la universidad hasta que la CGT, por motivos muy distintos, declaró la “huelga general”, llegó a alcanzar una desmesurada fama y una atención desproporcionada por parte de los medios de comunicación.

9) Mayo del 68 y la contestación fueron el producto de los operaciones de la CIA organizadas en la primera mitad de los años 60 y que cristalizaron en esa época: la operación MK-Ultra sobre control mental y utilización de drogas psicodélicas con fines de condicionamiento de las poblaciones y la Operación CHAOS programada para debilitar a los partidos comunistas prosoviéticos. En esta operación, el elemento de base era la creación de formaciones comunistas de carácter “marxista-leninistas”, afectas al maoísmo chino, pero también se utilizaron residuos de anteriores operaciones: grupos trotskyas que habían merecido la atención del OSS y del FBI desde los años 30 a causa de su anti-stalinismo. También puede añadirse –como intuición- que los servicios de información nacionales de los países europeos, en el momento en el que se desencadenaron las revueltas universitarias, iniciaron una infiltración en esos medios, especialmente en los que más rápida y fácilmente podían penetrar: los medios anarquistas que facilitaban la infiltración a causa de su rusticidad doctrinal reducida a unos pocos principios tópicos fácilmente asimilables y a la ausencia total de estructuras organizativas y a lo abierto de su encuadramiento.

10) A pesar de que el situacionismo ha sido a menudo considerado como una variante del anarquismo, con interpolaciones marxistas-revolucionarias, lo cierto es que los escasos situacionistas que participaron en mayo del 68 lo hicieron desde las filas del Movimiento 22 de Marzo y en su entorno se encuentra, probablemente, lo más válido y creativo de la contestación. Es en los medios inspirados por la Internacional Situacionista en donde aparece un modelo de análisis que no es reductible a la tradición marxista, en donde se inicia la reflexión sobre “la miseria en el medio estudiantil” y en donde se rechaza tanto el papel de la izquierda institucional como de los sindicatos que se empiezan a considerar como amaestrados. Fuera del situacionismo no es precisamente “imaginación” lo que rebosa el movimiento de mayo. El situacionismo es la única componente verdaderamente creativa de la contestación y la que aporta lo poco que de original hay en ella. El resto de la potencia de revuelta que manifestaron los estudiantes en los primeros momentos de la revuelta, fue pronto absorbido por los grupúsculos maoístas, trotskystas o anarquistas. Estas capillas “revolucionaristas” se inspiraban en las revoluciones de 1789 (revolución francesa), de 1918 (revolución bolchevique) o de 1947 (revolución maoista) que no eran sino la reedición del “libertad, igualdad, fraternidad”, siempre reivindicado y nunca alcanzado en la realidad.

11) Tanto en Italia como en Francia, una parte de la extrema-derecha jugó un papel importante en los sucesos revolucionarios que frecuentemente ha sido eludida por los analistas. De un lado, en Italia, algunos elementos de extrema-derecha contribuyeron a la operación de formación de los partidos comunistas de orientación pro-china y participaron en las ocupaciones y en la agitación universitaria del primer semestre de 1968 en Roma; de otro, los sucesos de mayo tuvieron como desencadenante los choques entre maoístas y miembros del movimiento de extrema-derecha Occident. Así mismo, en algunos episodios de mayor violencia en las barricadas, algunos miembros de la extrema-derecha participaron al lado de los contestatarios. Así mismo, algunos sectores nebulosos de la extrema-derecha internacional –el grupo Aginter-Press- participaron en la creación de opciones maoístas en Europa. En todos estos casos, hay que ver tales actitudes no como provocaciones o actos de entrismo al servicio de la CIA, sino que estaban motivados por la consideración de que China podía ser el factor desencadenante de un proceso de desestabilización en Europa que contribuyera a superar la situación creada a partir de 1945, cuando el continente pasó a estar “tutelado” por los EEUU y la URSS.

12) La contracultura americana, al acabar Vietnam, se profesionalizó y se reorganizó en el movimiento de la New Age al que fueron a parar antiguas feministas, líderes estudiantiles, etc, abandonando cualquier actividad o veleidad política. En Francia, mayo del 68 generó una proliferación de grupos trotskystas que siguieron jugando hasta 1974 un papel extremadamente violento y provocador y, a partir de esa fecha hasta hoy, se reconvirtió en un área que intentó dejar de ser extraparlamentaria con diversa fortuna. Solamente unos pocos anarquistas alucinados intentaron la vía del enfrentamiento directo con el Estado (los GARI) siendo completamente liquidados en 1975. En Italia, en cambio, el estallido de marzo de 1968 generó en los 15 años siguientes una proliferación de grupos terroristas cuya impronta se prolongó hasta 1983, viviendo una nueva situación de estallido juvenil en el “movimiento autónomo” de 1977. En Alemania, tras el sarampión de la Fracción del Ejército Rojo (RAF) que pudo prolongar su existencia hasta 1977-8, el movimiento contestatario que ya se había deshinchado desde 1973, dio origen al movimiento ecologista. En general, los “líderes” de la revuelta estudiantil de 68, tras una paso por la extrema-izquierda, buscaron acomodo en formaciones socialistas de las que en Alemania con Schröeder, llegaron a dirigir, o bien en grupos eco-pacifistas. Este “adaptacionismo” solamente fue posible gracias a la endeblez doctrinal del movimiento de mayo del 68, que, una vez pasado el sarampión revolucionario facilitó cuadros de reemplazo a la izquierda tradicional que tan frecuentemente había sido acusada de “oporutnista” por los contestatarios.

13) En España, mayo del 68 como tal jamás existió, si bien hasta aquí llegó la Operación CHAOS por medio del PCE(m-l) y, posteriormente, del FRAP (cuyo embrión nació en 1965 y que fue “quemado” en 1975,cuando se empezaban a negociar la renovación de los acuerdos bilaterales de España con los EEUU). La universidad española vivió a mediados de los años 60 el desmantelamiento del sindicalismo estudiantil oficial (el SEU) y no conoció erupciones que fueran más allá de la reivindicación de libertades políticas. En aquel momento, la organización más fuerte era el Frente de Liberación Popular que, como es habitual, aportó luego, tanto a la derecha como a la izquierda cuadros, ministros y secretarios de Estado… en España, el curso 1966-67 fue más violento que el 67-68. Se produjeron también mítines de apoyo al Vietcong, choques entre fracciones estudiantiles (extrema izquierda de un lado y Defensas Universitarias de otro). Aquí no estaban los tiempos para “imaginaciones al poder”, ni “prohibido prohibir”. Simplemente, los estudiantes que se movilizaron en aquella época, reivindicaban solamente libertades políticas… si bien es cierto que lo esencial del movimiento de mayo que hemos definido en los primeros puntos (histrionismo, superficialidad, ludismo, ortodoxia marxista, ritos de tránsito, etc.) estaban igualmente presentes.

14) En el año 68 una generación llegó a la mayoría de edad. Eran los que habían nacido en la posguerra europea. No habían conocido ni los bombardeos, ni el miedo, ni los frentes de batalla, ni siquiera las privaciones de la posguerra. Cuando tuvieron uso de razón, Europa estaba en fase de reconstrucción y su adolescencia tuvo lugar en los primeros años de abundancia. Fue una generación hiper-protegida por sus padres que no querían que sus hijos vivieran lo que a ellos les había sido dado vivir. Quienes habían nacido antes de 1940, especialmente en Alemania e Italia, había sido educados en las escuelas del fascismo y del nazismo y los valores que les insertaron en esa época, habían sobrevivido en su cerebro en buena medida. De hecho, Alemania se consideró vencida, pero no “culpable” hasta que la generación del 68 fue ganando protagonismo. A partir del 68 la generación que irrumpe es la de los hijos de la abundancia y de la superprotección. Se afirman mediante la gesticulación revolucionaria. Luego, la propia simplicidad de su ideología les permitirá justificar todas sus piruetas políticas hasta acabar en los partidos más intrascendentes y faltos de imaginación de la izquierda europea, los partidos socialistas y socialdemócratas. La generación de mayo del 68, ni fue la más imaginativa, ni la más activista, ni la más entregada, ni siquiera la más revolucionaria… fue, simplemente, la primera generación resguardada y mimada por sus mayores y la primera que vivió sin guerra y en plena abundancia. El fruto de todo eso fue la mayor simplicidad ideológica y la mayor falta de imaginación de la que hizo gala. La revolución solamente fermenta en la dureza y en las dificultades, en la privación y entre las devastaciones, no entre sedas y viandas abundantes, ni en las playas veraniegas o entre las estaciones de sky.

15) Por todo ello, podemos concluir: Mayo del 68 no fue como nos lo contaron, no fue como nos lo cuentan hoy, ni fue la última vez en la que los jóvenes tomaron la palabra, ni mucho menos, el último acto de rebeldía juvenil. Mayo del 68 fue apenas nada.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

A 40 años de mayo 68 (XV de XVI): Italia, la revolucion fue en marzo

 

Documentales: filmación sobre los incidentes de Valle Giulia el 1 de marzo de 1968 - El asalto del MSI a la facultad de Filosofía-

Infokrisis.- Cuando esta serie de artículos sobre mayo del 68 se aproxima a su final, hemos decido darle un título genérico: Mayo 68 no fue como nos lo contaron. En esta serie hemos publicado algunas informaciones que nunca antes se habían publicado en lengua castellana. Ahora vamos a seguir en las dos próximas entregas refiriéndonos al movimientos estudiantil en Italia y esto por dos motivos: porque también ahí hay muchas informaciones que han pasado desapercibidas o que se han ocultado y porque, en cierto sentido, el movimiento estudiantil italiano fue mucho más interesante que el francés, en la medida en que estuvieron ausentes algunos de los elementos más problemáticos (en Italia no existieron trotskystas, la participación del neofascismo en la primera fase de la revuelta estudiantil fue muy importante e intensa, se produjeron pactos de no agresión entre maoistas y neofascistas y, finalmente, los documentos que surgieron tenían ausente la vena histriónica que aparece en mayo del 68 en París y que convirtió a la revuelta en un a pasarela de eslóganes más o menos ocurrentes ("imaginación al poder", "prohibido prohibir" y demás).

 

 

1. Una universidad controlada por la extrema-derecha

Hasta el curso 1965-66 los grupos de extrema-derecha habían dominado en las universidades italianas. El 25 de abril de 1964 estudiantes de Avanguardia Nazionale habían atacado a estudiantes de izquierda cuando estos conmemoraban el nacimiento de la República italiana. Esa misma noche asaltan la Casa del Estudiante en busca de tres líderes de izquierda que se han destacado en su odio hacia el fascismo. Logran herir a dos. Los jóvenes de extrema-derecha realizan estos asaltos cantando “All’armi”, una vieja canción fascista italiana que generaba en la izquierda un reflejo pauloviano de pánico. En esta ocasión añaden otro estribillo: “El 25 de abril una puta ha nacido y le han dado el nombre de República Italiana”. La idea de que la república había sido instalada por los vencedores de la guerra y por los italianos que llegaron en los furgones de los vencedores era compartida por muchos que ni siquiera militaban en el MSI o en las formaciones de la extrema-derecha activista. Ese año el grupo universitario Caravella obtiene la mayoría absoluta en las elecciones universitarias.

Pero el año siguiente todo esto va a cambiar. Varios factores contribuirán a este cambio.

La extrema-derecha estudiantil es desviada de su trabajo político en las aulas por Giorgio Almirante quien plantea una ofensiva contra la dirección “moderada del MSI", disputando la presidencia a Arturo Michelini en el congreso de Pescara. Almirante es apoyado por los radicales… pero pacta a espaldas de todos: Michelini conservará la secretaría general del partido y Almirante la presidencia del grupo parlamentario. La decepción entre las bases es general y repercute entre las bases estudiantiles cada vez más alejadas de la dirección del partido.

En ese momento se produce la primera gran fisura entre los jóvenes del MSI (especialmente los jóvenes estudiantes) y la dirección. Esta fisura tendrá una excepcional importancia en los sucesos que tendrán lugar tres años después en la facultad de Arquitectura de Valle Giulia.

Ese año, 1965, se produce el episodio de la colocación de los carteles stalinistas en el marco de la Operación CHAOS. En esos mismos momentos, la prensa de derechas –Il Tempo e Il Messaggero- hablan por primera vez de los “capelloni”, los melenudos que han aparecido en número cada vez mayor por piazza Spagna. Son los primeros hippies. Algo está cambiando en Italia.

En el curso de unos nuevos incidentes, el 27 de abril de 1966, un estudiante de izquierdas, Paolo Rossi ha caído por las escaleras y ha muerto. Los incidentes han sido desencadenados por un extraño grupo dirigido por Randolfo Pacciardi, la Union Democrática por la Nueva República, autotitulado como “partido gaullista italiano”. En efecto, su programa se reduce a dos puntos: anticomunismo y república presidencialista. Su presidente, Pacciardi no procede del fascismo, sino del antifascismo. Ha luchado en España en la Brigada Garibaldi y conoció la cárcel durante el régimen de Mussolini. En 1940 se establece en EEUU dirigiendo la Manzini Society, grupo de carácter masónico y republicano. Es de los que llegan en los furgones de los vencedores. De 1948 a 1953 fue ministro de defensa y uno de los grandes partidarios del ingreso de Italia en la OTAN. Se había vuelto un antiizquierdista integral que en 1960 rechaza que el Partido Republicano forme parte del primer gobierno de centro-izquierda junto a los socialistas. En el 63 es expulsado del partido y funda la UDNR. Sus ideas gaullistas y presidencialistas permiten acusarlo de “golpista”… especialmente porque parece que existió alguna vinculación entre Pacciardi y el Plan Solo, proyecto de golpe de Estado promovido por el general Giovanni De Lorenzo. Era la respuesta militar al centro-izquierda formado por Amintore Fanfani. Se le dio el nombre de Plan Solo, porque “sólo” los carabinieri hubieran debido movilizarse deteniendo a los políticos de izquierdas. Es posible que existieran apoyos de la inteligencia norteamericana que pusiera la red Gladio a disposición, y, sin duda de la masonería italiana. El golpe debía haberse producido en junio de 1964. Durante al celebración de la parada militar del 2 de junio que registró una anómala concentración de tropas en Roma que, al acabar la parada no regresaron a sus acuartelamientos habituales. Al parecer, el plan fue descubierto gracias a elementos de izquierdas que se beneficiaban de informaciones recibidas del KGB que permanecía vigilante sobre los intentos de desestabilización de Italia. El plan fracasó y solamente salió a la luz pública unos años después. De Lorenzo terminó siendo elegido en 1968 diputado del MSI. Pacciardi era uno de los más fervorosos puntales civiles de este golpe.

En la universidad romana, los estudiantes adictos a Pacciardi habían constituido la asociación “Primula Goliardica” que, a falta de dirigentes, fue infiltrada por la extrema derecha hasta convertirse en una de sus siglas más habituales que frecuentemente haría causa común con Caravella y con el FUAN (Frente Universitario de Acción Nacional) vinculado al MSI.

Es precisamente el grupo Primula Goliardica el responsable de los incidentes del 27 de abril de 1966 que causan la muerte de estudiante Paolo Rossi al caer por unas escaleras. Los incidentes durarán hasta principios de mayo. El 2 de mayo los escuadristas del MSI (llamados los “Gorilas de Caradonna”, nombre del jefe del servicio de orden del partido) asaltan la facultad de derecho. Y en este punto ya se percibe que las tornas han cambiado. La extrema-derecha ha dejado de ser la fuerza hegemónica en las universidades romanas y ha aparecido un movimiento estudiantil que, por sí mismo, se enfrente a los 200 activistas movilizados por Caradonna.

Lo que sucederá en los dos años siguientes es extraordinario: muestra la facilidad con la que una generación asume la contestación (incluidos los sectores más activos de la extrema derecha) y luego es ganada por el marxismo.

2. Italia y su complejidad política

Francia ha pasado por ser la cuna del movimiento estudiantil gracias al impacto de las jornadas de mayo, pero fue en Italia en donde las consecuencias fueron más prolongadas e incluso los episodios más duros. Fuera de las barricadas de la calle Gay Lussac en la noche del 10 al 11 de mayo, los incidentes violentos de aquellas jornadas se redujeron a unos cuantos enfrentamientos con la policía y poco más. Habitualmente, la mayor parte de filmaciones sobre episodios de violencia pertenecen a la noche del 10 al 11 de mayo. En Italia los episodios de violencia fueron anteriores a mayo del 68, mucho más violentas y prolongaron sus efectos hasta los primeros años 80. No solamente, el llamado “movimiento del 77” recuperó algunos temas que fueron propios de la primera contestación estudiantil, sino que las Brigadas Rojas prolongaron su vida hasta principios de los años 80, siendo durante mucho tiempo, la guerrila urbana que disputo a ETA el dudoso honor de tener más capacidad para la violencia. Y todo esto es comprensible.

A mediados de los años 60 la Universidad italiana era mucho más arcaica y atrasada que la francesa. Si hasta 1965 los neofascistas tuvieron la mayoría absoluta en la universidad fue precisamente porque realizaban un trabajo sobre todo corporativo que tenía poco que ver con las organizaciones juveniles del MSI. Además, los estudios eran más prolongados en Italia que en Francia. En Italia era frecuente que los estudiantes siguieran a los 30 años en las aulas, mientras que en Francia la media se situaba en torno a los 25. Si en Francia las cátedras estaban en manos de profesores que habían perdido el hilo de la modernidad y los contenidos de las materias que enseñaban iban retrasadas respecto a las innovaciones científicas de su tiempo, en Italia este problema estaba centuplicado. Las cátedras vitalicias estaban frecuentemente en manos de docentes cuyo único mérito era estar próximos al poder político o haberla merecido como recompensa por servicios prestados anteriormente. Habían perdido –si es que alguna vez lo tuvieron- el contacto con la realidad. La educación estaba en manos de Luigi Gui que permaneció seis años en el cargo –entre 1962 y 1968- sin haber abordaro las necesarias reformas. Gui era el típico político sin capacidad de gestión, pero con amistades en las “altas esferas” del centro-izquierda que le valieron permanecer casi sin interrupción en distintos ministerios hasta 1976. Cuando era Ministro del Interior le estalló entre las manos el “escándalo Lockheed” por corrupción y sobornos de esta multinacional norteamericana.

Finalmente, en 1967 se llegó a un intento de acuerdo en el que el ministerio propuso la creación de un título (“laurea”) al cabo de cinco o seis años de estudio, y la creación de un diploma universitario para carreras de tres años. Se mantuvo el sistema de cátedras vitalicias sin embargo los profesores vieron reducidos algunos de sus privilegios. La reforma –una reforma tímida- no satisfizo las expectativas de los estudiantes que iniciaron las ocupaciones de los centros docentes y elaboraron documentos alternativos. La agitación estudiantil, por motivos corporativos, estalla en ese curso en la Universidad Católica de Milán, luego, en noviembre de 1967, se producen los primeros incidentes en Turín. Se forman Comités de Acción propuestos por las organizaciones de izquierda y extrema izquierda. Pero en algunas facultades los neofascistas tienen buena implantación y participan de las protestas.

3. Neo-fascistas en Valle Giulia, con los contestatarios

El 2 de febrero de 1968 los estudiantes ocupan las facultades de Letras, Arquitectura y Estadística de Roma. En ese momento los dirigentes del Grupo Universitario FUAN Caravella se habían desplazado a Sicilia para ayudar a las víctimas del terremoto que había azotado a la región de Belice. Cuando la noticia de la ocupación de la facultad llega a los voluntarios desplazados a Sicilia, un solo miembro de Caravella propone regresar y “liberar la facultad de los rojos”. Sin embargo, el sector mayoritario se oponen a esta tesis. Entre estos se encuentran Adriano Tilgher, Franco Vitrani, Marco Marchetti y Luciano. Por azares de la vida el único activista partidario de una acción anticomunista pasó luego como militante del grupo ultraizquierdista Potere Operaio antes de ser periodista de la RAI3…

Sergio Coltelacci, secretario de Caravella se desplazó a Palermo para valorar la situación y se decidió regresar a Roma después de haber resuelto el problema de las víctimas del terremoto. Los 50 militantes desplazados a Sicilia no regresaron antes de cumplir los trabajos de desescombro que les habían sido asignados. En Roma, el retorno era deseado sobre todo por la autoridad académica que tenía la esperanza de que los neofascistas desalojaran la facultad en cuando vieran alguna bandera roja o algún grito antifascista. Pero entonces vino la sorpresa…

Los estudiantes neofascistas no solamente no desalojaron a los ocupantes, sino que se pusieron de su lado. Participaron en las asambleas, aseguraron la defensa de la facultad de Valle Giulia y de aquellas jornadas salió el documento que contestaba a la reforma universitaria y que se tituló La crisis de la Universidad es la crisis del sistema.

Estos jóvenes habían sido el resultado de la decepción de la juventud misina después del congreso de Pescara. La ocupación de Valle Giulia cristalizó la protesta de aquellos jóvenes decepcionados con la que hasta Pescara había sido su dirección “histórica”. Durante unos años estuvieron divididos en distintas organizaciones (la Constituente Nazionale de Giacomo de Sario, Corrispondenze Repubblicane di Ernesto Roli, Iniciativa di Base de los hermanos Strippoli, Europa Civilta de Loris Facchinetti) pero todos sin excepción apoyaron la participación de Caravella en la ocupación de Arquitectura en la que participaron dirigentes neofascistas muy conocidos en la época: Delle Chiaie, Mario Merlino, Guido Paglia, los hermanos Di Luia, Sergio Coltelacci ,etc.

Cuando el rector Agostino D’Avack convocó al secretario de Caravella para expresarle su sorpresa por la actuación de sus militantes y amenazando con la intervención de la policía la respuesta fue rotunda: “Este vez las castañas del fuego la sacan ustedes solos. No vamos a ser la guardia blanca del régimen”. D’Avanck esperaba evitar que la policía entrara en el recinto universitario y que fueron los estudiantes anticomunistas quienes realizaban la expulsión de los ocupantes.

En los días siguientes, a partir del 24 de febrero de 1968, el propio rector D’Avack permitió que durante tres días los estudiantes elaboraran una contrapropuesta a la ley de reforma universitaria del ministro Gui, en la facultad de Economía. Caravella participó en primera línea y logró que todas sus mociones fueran aprobadas por la mayoría de los estudiantes. En la asamblea que tuvo lugar el 26 de febrero, los estudiantes vinculados a la extrema-izquierda intentaron evitar que las propuestas de Caravella fueran asumidas por la asamblea. Pero los dirigentes de extrema-izquierda fueron finalmente expulsados por los estudiantes y Caravella declaró ocupada la facultad. Tres meses antes de la ocupación de la Sorbona y de los incidentes en Nenterre, los estudiantes de Caravella ya hacían diagnosticado que “no es posible superar la crisis de la Universidad sin antes resolver la crisis del sistema”.

Sorprendentemente, al día siguiente, la prensa no volvió a hablar de la participación de la extrema-derecha en las ocupaciones universitarias. ¿Por qué se produjo esta conspiración del silencio? Los motivos fueron varios. El primero de todos es la simplicidad de las informaciones periodísticas. Desde hacia un año se aludía constantemente en los medios a la presencia izquierdista en la universidad y se había reducido “contestación” a “izquierda”. Explicar que, a partir del congreso de Pescara, los estudiantes neo-fascistas habían entrado en ruptura con su dirección histórica era excesivamente complicado y, por otra parte, a nadie le interesaba: el centroizquierda había atribuido a los neofascistas solamente una función anticomunista. Mientras la realizaban, no había problemas, se tendía a identificar neofascismo con violencia y asunto resuelto. Los partidos “del sistema” quedaban a salvo. Pero ¿qué ocurría si se realizaba una identificación entre “neofascismo” y “contestación”? Podía ser peligroso. A fin de cuenta, el neofascismo había demostrado una increíble capacidad para la violencia y el activismo callejero, existían fuertes bases militantes neofascistas en el sur de Italia que habían rechazado entrar en el juego de los partidos y que no estaban dispuestos a malvivir políticamente como el MSI, permanentemente marginado oscilando entre un 6 y un 8% en cada elección.

El 27 de febrero de 1968 no era la extrema-izquierda, sino Caravella quien convoca manifestación en plaza de los Santos Apóstoles. La plaza está repleta y las alocuciones todas van en la línea de la “lucha contra el sistema” y rechazan asaltar las facultades ocupadas por la izquierda. Luego ocupan la facultad de Farmacia en pleno campus universitario. En esos mismos días pactan con los pro-chinos una entente para impedir a los comunistas del PCI hacerse con el control del movimiento estudiantil. En algunas facultades aparecen carteles firmados por el PCI(m-l), el grupo pro-chino, en los que puede leer: “Prohibida la entrada a los periodista de L’Unità” (órgano del PCI prosoviético), en otras aparecen pancartas con el lema “Basta con el fascismo y el antifascismo”.

En ese preciso momento se estaba aceptando el hecho de que el movimiento estudiantil no podía estar dividido en capillas ideológicas identificadas por banderas rojas a un lado y negras a otro. En aquellas jornadas, en la mente de algunos jóvenes, el odio y el rechazo contra el sistema, ocupaba un lugar mucho más amplio que las querellas entre fracciones de estudiantes.

Finalmente el 29 de febrero de 1968, el rector autorizó a la policía a entrar en la Universidad. No hubo resistencia. Hay manifestaciones estudiantiles en protesta y Caravella logra reunir a más de mil personas. Andan cantando canciones revolucionarias. Por increíble que hoy pueda parecer, no hubo ni un solo choque entre neofascistas y extrema-izquierda. Y no sólo eso: al día siguiente cuando tiene lugar una manifestación unitaria en Piazza Spagna ¡han pactado los eslóganes!. La extrema izquierda gritará “Castro, Mao, Ho-Cchi-Min”, mientras los neofascistas gritarán “Fascismo, Europa, Revolución”. Cada servicio de orden impide que se corren otras consignas y que se den gritos antifascistas o antiizquierdistas. Cuando un joven teniente de paracaidistas que luego será diputado por el MSI, Sandro Saccucci grita “Muerte a los rojos”, le hacen callar. Los miembros del PCI tampoco tendrán mucha fortuna. De los 4.000 asistentes a la manifestación, muy pocos les siguen cuando intentan dirigirla. Poco después la Federación de Jóvenes Comunistas se disolverá.

Finalmente llega la manifestación a Valle Giulia en donde la policía carga contra ellos. Habitualmente, sin servicio de orden sólido, las manifestaciones eran fácilmente disueltas. Pero en esta ocasión es diferente. Los estudiantes no huyen. Caravella dispone de un servicio de orden experimentado y dotado de un motor ideológico que exalta el valor, la aventura, la fuerza, la audacia y la prueba del enfrentamiento físico. Ahí se inicia la llamada “Batalla de Valle Giulia”.

Las fotos de la época no mienten y las filmaciones tampoco. Puede reconocerse sin dificultad a Guido Paglia, Maurizio Giorfg, a Tilgher y Della Chiaie, a Tonino Fiore, a Roberto Palloto y a tantos otros. La extremai-zquerda maoista (el trotskysmo italiano fue siempre residual y no estuvo presente en los grandes enfrentamientos del 68) reacciona de manera diversa. Son sus mujeres las que se lanzan contra la policía e incitan a los suyos a no permanecer atrás. De ahí, por cierto, surgieron amores juveniles entre los neofascistas y las maoístas…

En un posters que publicó la revista Quindice y que adornó las habitaciones de miles de jóvenes marxistas de la época, podía verse una escena de los enfrentamientos en Valle Giulia en la que la mayoría de los que atacaban a los furgones policiales eran conocidísimos militantes neofascistas.

Los jóvenes comunistas del PCI evitaron acercarse a la batalla. Desde las escalinatas, muy a lo lejos, se limitaban a gritar “Policía, fascista”. Los prochinos la emprendieron con ellos. Si la Batalla de Valle Giulia tuvo un perdedor claro, fueron los jóvenes comunistas. Su exclusión fue el producto del pacto revalidado en distintos encuentros posteriores entre maoístas y neofascistas.

El 11 de marzo, Caravella, en un clima de excitación revolucionaria ocupa la facultad de Derecho y los maoistas Filosofía y Letras. El clima entre prochinos y neofascistas se define como “distendido” y “se convive sin problemas”. La policía se sitúa en el campos a distancia. Por la tarde hay un partido de fútbol: maoistas contra neofascitas. La bandera roja y los retratos de Mao ondean en Filosofía. El fascio Vittorio en Derecho. En ambas facultades hay comisiones de estudio que perfilan documentos, dan conferencias. En una facultad se distribuye el Libro Rojo de Mao, en la otra los textos de Julius Evola. En una se sigue gritando a Castro, a Mao y a Ho-Chi-Min, en la otra suena la rotundidad del “Fascismo, Europa, Revolución”.

¿Qué ha ocurrido? Es fácil de explicarlo: los jóvenes de Caravella y tras ellos la juventud neofascista, ha decidido posponer la lucha anticomunista para situar en primer plano la lucha contra el sistema. Es evidente que las cosas no quedarían así y que esta primavera revolucionaria iba a durar poco. Uno de los protagonistas de aquellos sucesos nos explica: “Preveíamos y temíamos una reacción violenta por parte del régimen”. Esta reacción tendría lugar en la semana siguiente.

3. La tragedia de una generación

La reacción tendría lugar en los dos extremos del centro-izquierda: en el PCI por un lado y en el MSI por otro.

El PCI estaba dispuesto a recuperar la hegemonía en la universidad con sus viejos temas de posguerra: los partisanos, el antifascismo… Para el 16 de marzo convocó una manifestación nacional de apoyo a los “estudiantes”. El rector D’Avack autorizó a que la manifestación se desarrollara en el campus universitario. Era una provocación que intentaba romper la unidad de acción del movimiento estudiantil.

Casi al mismo tiempo, el MSI manifiesta también su voluntad de intervenir en la crisis desplazando a activistas para “liberar” a la universidad de Roma. El MSI no puede entender que está delante de un movimiento nuevo que considera superado el antifascismo y que tiene a los comunistas prosoviéticos como verdaderos enemigos. Por la tarde del 15 de marzo está claro que el MSI está movilizando activistas para asaltar la universidad. Esa misma tarde responsables de Caravella y de los prochinos se entrevistan y acuerdan bloquear la intromisión del PCI y del MSI en la universidad.

El 16 de marzo de 1968 ocurre la tragedia para el neofascismo estudiantil. Si desde la muerte de Paolo Rossi habían perdido la hegemonía en la universidad, seguían estando presentes en el movimiento estudiantil. Sin embargo, esa fecha marca la ruptura definitiva de los jóvenes neofascistas con la masa estudiantil. A las 7:00 de la mañana aparecen en Derecho, Césare Mantovani dirigente de los jóvenes del MSI con trescientos activistas llegados de toda Italia. El MSI ha mentido. Ha llamado a sus militantes con la excusa de “ayudar a los camarada de Caravella rodeados por los rojos”… Así pues era preciso un esfuerzo más en nombre del anticomunismo. ¡En Letras, ocupada por los maoístas, el PCI está realizando el mismo discurso en nombre del antifascismo!

Durante una hora los responsables de Caravella intentan evitar que los activistas del MSI asalten la facultad de Letras. Pero es inevitable: han ido allí con ese encargo, no con otro. Entre ellos hay búlgaros reclutados en los campos de refugiados. Mientras duran las conservaciones en la cúpula entre Mantovani y Caravella, varios de los activistas que han llegado con el primero se suman a la ocupación de la facultan: han entendido que por un día “los rojos” no son el enemigo, sino que el enemigo es “el sistema”. La idea de Mantovani es atacar Filosofia y Letras con un pequeño número de activistas, luego replegarse hacia Derecho a esperar la reacción de los izquierdistas para así poder presentar el episodio como una “agresión”.

En junio hay elecciones y la dirección del MSI espera así captar a más voto anticomunista… El episodio nos fue descrito como “suicidio político programado” del MSI en relación a la juventud. A partir de ese momento, ningún joven volverá a entrar en este partido más que por vocación anticomunista.

El plan de Mantovani tiene éxito a medias. Si bien un grupo de misinos intenta el asalto a Filosofía y luego ejerce la retirada, los comunistas se presentan como salvadores de los estudiantes ante la “salvaje agresión”. Los pactos que han posibilitado la coexistencia pacífica entre maoístas y neofascistas durante dos meses, saltan por los aires. Cuando los comunistas del PCI agreden a algunos militantes del MSI en las escaleras del rectorado, los neofascistas de Derecho no pueden evitar intervenir. La solidaridad va más allá de la evaluación política. Y nuevamente allí están los mismo hombres que días antes han rechazado a la policía: Tilgher, Della Chiaie, Aldo Stripoli, Marurizio, Mario, ect.

La contestación fue para los neofascistas un breve sueño de primavera. El sistema restableció la situación. La policía intervino para separar a las fracciones opuestas que combatían hasta primeras horas de la tarde en el campus. Un protagonista del episodio nos cuenta: “El espíritu de Valle Giulia murió allí, la contestación juvenil perdió: la mayor ocasión para una unidad generacional contra la lógica de Yalta y por la conquista de una conciencia nacional. Los partidos se volvieron los amos del terreno. Para muchos allí se sentaron las bases de lo que será la lucha armada: un largo túnel del que muchos jóvenes no saldrán”.

Vale la pena recordar el artículo de fondo del Orologio del 31 de marzo de 1968: “Finalmente la bandera roja se convirtió en dueña de la Universidad de Roma; falta solo que el agua de la fuente de Minerva se tiña también de rojo con anilina, pero los comunistas ahora pueden darse también esta satisfacción.

“Así se demuestra como, haciendo el juego del régimen contra los comunistas, se puede hacer también el juego a los mismos comunistas. El día después “Il Messaggero” podía titular victoriosamente: “sangrientos encuentros en la Universidad de Roma entre elementos extremistas de derecha y de izquierda”, los estudiantes de Caravella desesperados. “Seis meses de trabajo perdido”, este es el comentario más frecuente entre ellos. Pero esto ahora ya no importa. No importa ya que los universitarios fascistas hayan rechazado prestarse a las bajas maniobras del sistema. Este era el significado de los inscripciones en los blancos edificios del Ateneo romano: “Dresde, hiroshima, Hué: el enemigo es siempre el mismo”, “Europa para los Europeos”, “América no, Fascismo si”, estas frases indican el ideal político que nos tiene nada que compartir con nadie y tanto menos con las fortunas electorales de todos los viejos topos del régimen en función de cómodos opositores”.

En el curso siguiente del movimiento estudiantil quedaría poco (si bien en Italia la sigla “Movimiento Estudiantil” fue patentada por Francesco Capanna, un radical cuya única actividad política fue… atacar manifestaciones del MSI). El choque que produjo el asalto del MSI a la universidad hizo que muchos estudiantes de Caravalle evolucionaran en direcciones opuestas. Bruneto di Luia, Enzo Maria Dantini y alguno más constituyeron el embrión de lo que luego sería Lotta di Popolo, a partir del Movimento Studentesco di Giurisprudenza. Tilgher, Giorgi, Fiore, Della Chiaie lanzarían un año después Avanguardia Nazionale. Otros se convirtieron en caricaturas de sí mismos y dieron mucho que hablar: eran los “nazi-maoístas”. La idea de una lucha contra el sistema terminó siendo una dolorosa irrisión.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

A 40 años de mayo 68 (XIV de XVI): La ideología de los estudiantes revolucionarios

Infokrisis.- Terminamos estos apuntes sobre la ideología revolucionaria de los estudiantes con el análisis de sus posiciones en materia de estrategia, táctica y criterio organizativo. Probablemente es en estos extremos en donde se evidencia más la endeblez del movimiento de mayo del 68.

[Documental sobre el movimiento Ordre Nouveau y sobre el mitin del Palacio de los Deportes de París que registró incidentes de extraordinaria violencia entre los trotskystas y el servicio de orden de éste movimiento de extrema-derecha. Se trata probablemente del único documentalsobre estos incidentes. En el texto se alude al análisis de la Ligue Comuniste que les llevaba a considerar el período 1968-73 como un período pre-revolucionario y el hostigamiento a Ordre Nouveau como "gimnasia revolucionaria" que debería capacitar y dar experiencia "insurreccional"...]

9. Propuestas en positivo: la “enseñanza crítica”

Sabemos lo que criticaban, ahora queda saber lo que proponían. Si era posible cuestionar la crítica desde muchos puntos de vista, las propuestas, a cuarenta años de distancia, constituían –especialmente las más extremistas- una broma.

Los estudiantes, como hemos visto, “iban de ilustrados”. Consideraban que era intolerable que el poder cayera en manos de la tecnocracia, pero, especialmente, a partir de sus primeros contactos con el medio obrero, les resultó evidente a muchos de ellos que no era menos claro que la clase obrera no podía hacerse cargo del poder tal como proponía la estricta ortodoxia marxista. Así pues, estos sectores del movimiento estudiantil se vieron a sí mismos como “ilustradores” de las masas. Se consideraban llamados a una alta tarea. Y efectivamente lo estaban: muchos de ellos terminaron siendo gestores de los partidos socialistas en los cuarenta años que siguieron. De aquel espíritu “ilustrador”, ni estuvo presente, ni se le esperaba. Personjes que se comían crudos a la derecha de la época como Regis Debray y que incluso albergaban la quimérica esperanza de que el castrismo y el castro-guevarismo arraigaran en Europa y los focos guerrilleros crearan ellos mismos “condiciones objetivas”, pasaron, sin pena ni gloria a ser asesores de Mitterand después, eso sí, de haber realizado su “crítica de las armas” (título de un libro de Debray que ni siquiera era original en el título y parafraseaba a Marx y sus “armas de la crítica”) y tras haber traicionado –sí, traicionado, vendido, denunciado, cantado, en una palabra- al Ché Guevara cuando Debray fue detenido en el Altiplano andino. No sólo eso, sino que este espécimen de la izquierda-caviar mayosesentaichosco tuvo el cinismo de traicionar incluso a Ciro Bustos, su compañero de aventura y achacarle a él la responsabilidad en la caída del Ché. Como decía aquel: “al suelo, que vienen los nuestros…”.

Sin desviarnos. Para que haya “ilustrador” hace falta que tenga algo sobre lo que “ilustrar”. Demasiado jóvenes para tener experiencia de la vida, no podían ilustrar a la clase obrera que desconfiaba de ellos. Demasiado petulantes para admitir la ciencia que sus profesores intentaban transmitirles, apenas tenían patrimonio intelectual a transmitir. Dando cursos de marxismo a obreros, resultaban francamente patéticos: suscitaban bostezos, aburrimiento y en cada sesión menguaban sus “alumnos”, pobres obreros con problemas de cansancio y de limitaciones salariales. La mayoría ha preferido hacer olvidar aquellos años locos en los que su locura consistió en insuflar una ciencia infusa de la que no estaban particularmente sobrados.

Ellos mismos eran conscientes de que no estaban formados, pero rechazaban los contenidos de sus profesores. Así que sacaron de la chistera un nuevo concepto: la “formación crítica”. No se trataba simplemente de conocer los contenidos de las asignaturas sino de observar “críticamente” cómo se emplea. Y, en consecuencia, ellos sólo admitirían que la ciencia –neutral, en principio- alimentara solo “fines humanos”. Nieto indica que, no quieren ser ni matemáticos, ni químicos, solo quieren volver a ser hombres. Y la frase tiene el riesgo de que si se analiza no es más que una estupidez: como si el matemático o el químico no fueran “humanos”. Tal es la “formación crítica” que pedían los estudiantes. Cualquier cosa menos una formación tecnocrática. No es que la formación tecnocrática sea más compleja y difícil sino que los estudiantes revolucionarios a lo que verdaderamente aspiraban era a bloquear el sistema educativo. Para ellos –especialmente en su segunda fase, cuando el primer movimiento estudiantil que empieza a reflexionar con la intención de aportar mejoras en el sistema educativo, es sustituido por la segunda ola más vinculada a capillas y grupúsculos marxistas- de lo que se trata es de impedir que la universidad siga reproduciendo las élites tecnocráticas del sistema. Nieto explica: “Una formación crítica supone terminar los años de estudio sin ningún beneficio para la eficacia de los procesos de producción, disminuyendo la rentabilidad de la inversión de enseñanza”… Lo que traducido quiere decir que una “universidad crítica” será, a fin de cuentas poco eficiente respecto a la transmisión de conocimientos, pero, eso sí… acabará el hambre en el mundo porque los técnicos formados con criterios “humanos” preferirán no invertir fondos en programas espaciales… pero sí, en programas asistenciales para acabar con el hambre en el mundo. Y si citamos este ejemplo es porque lo dio el propio movimiento estudiantil. De aquellas estupideces surgieron luego ONGs, movimientos ecologistas e inteligencias preclaras capaces de diseñar asignaturas como la “educación para la ciudadanía”.

El movimiento estudiantil aludía constantemente en aquella época al “complejo militar-industrial” como elemento cristalizador de la guerra del Vietnam, y así era, pero el problema es que preveían que la industria iba a ¡militarizarse progresivamente!. La reflexión sobre la irrupción de la técnica les llevaba a considerar que liberaría espacio cada vez mayores para el pensamiento y, por tanto, a la aparición de tendencias contrarias a los intereses del complejo militar-industrial… por tanto, la única posibilidad de éste para sobrevivir era “militarizar” el proceso productivo.

A cuarenta años de distancia es fácilmente perceptible que todo ha seguido un curso, exactamente opuesto. No solamente la industria no se ha militarizado… sino que la milicia se ha democratizado adquiriendo, no las formas, pero sí el fondo de cualquier cuerpo funcionarial.

10. El “hombre nuevo” o los viejos tópicos

También aquí hubo distintas etapas en la teorización. Demasiado fermento para tan poca sustancia. La teoría de Marcusse sobre los estudiantes como nueva clase revolucionaria, expuesta en El Hombre Unidimensional, tuvo mucho éxito, pero fue desmentida por el propio autor en su obra tardía El Final de la Utopía. La teoría era tan atractiva como insostenible. Partía de la base de que la clase obrera ya no era la que conoció Marx, en la que residía cierto espíritu revolucionario, sino que –era evidente- se había aburguesado. Así pues, los estudiantes pasaban a ser una clase “objetivamente revolucionaria”. Errores:

1) Los estudiantes constituían una clase extremadamente minoritaria y poco dispuesta a asumir un esfuerzo revolucionario.

2) Los estudiantes no forman un conjunto homogéneo más que por asistir a las mismas aulas. Cada carrera tiene una psicología y unos intereses propios, dentro de cada facultad existen opiniones completamente diferentes.

3) Los estudiantes no tienen ningún interés revolucionario particular, muchos de ellos todavía ven en el título universitario una forma de acceder a una élite social, hay estudiantes conservadores, ultraconservadores, revolucionarios, moderados, apolíticos e indiferentes.

Conscientes de que el movimiento estudiantil carece de fuerza revolucionaria, se conforma simplemente con aspirar a ser “detonador” de situaciones revolucionarias. A medida que avanzaba el mes de mayo de 1868, algunos se planteaban qué estaban haciendo allí en realidad. Para los más exaltados se trataba simplemente de desencadenar un proceso revolucionario del que estaban viviendo los primeros chispazos, otros, más mesurados aludían simplemente a que estaban viviendo un proceso pre-revolucionario, como la revolución de 1905 que preludió en doce años después la revolución de octubre. En esa situación pre-revolucionaria de lo que se trataba era, simplemente, de ilustrar a las masas mediante la acción.

Ahora bien, haría falta precisar lo que el movimiento estudiantil entendía por “revolución”. Tampoco aquí existía unanimidad entre los estudiantes. Los mitos manejados fueron muchos y muy diferentes y todos ellos excesivamente endebles como para pudiera pasarse de la pre-revolución a la revolución. Uno de estos mitos, sin duda el que gozó en la época de más capacidad atractiva era el de la “revolución cultural”. La Carta de la Sorbona decía: “La revolución burguesa fue jurídica, la revolución proletaria fue económica, la nuestra es una revolución cultural”.

Pero también aquí la endeblez de los conceptos era excesiva: ¿revolución cultural? ¿de qué cultura estamos hablando? Además el concepto remitía a la revolución cultural China… esa que había destrozado el pasado y la tradición china antes de causar unos cuentos miles de muertos, encierros de millones de profesionales de todos los sectores sociales en campos de reeducación y que tendría su expresión más extremista en la Camboya de Pol-Pot. Sí, claro está, que no era esto lo que entendían por “revolución cultural” los estudiantes de mayo del 68, pero, entonces ¿qué era?

Y aquí también las alusiones son de una pobreza intelectual que suscita una irremediable tristeza. El Ché Guevara aludió al “hombre nuevo”, al “hombre del Siglo XXI”, bonita frase que nada, absolutamente nada en el decurso de vida ayuda a entender a qué se refería. El “hombre nuevo”, acaso era el “revolucionario incansable” que recorre el mundo en busca de causas a las que entregarse en cuerpo y alma y que, finalmente, tras pasar por el Congo, por Vietnam, por China, por Moscú, termina marcado en el Altiplano Boliviano sin ser capaz de incorporar a un solo campesino a su loca aventura? El “hombre nuevo”… ¿qué diablos es ese concepto tan manido en aquella época y que nunca nadie estuvo en condiciones de definirlo con precisión? Y el Ché aún menos.

Y ya que estamos en plena ambigüedad, la crítica que la contestación realiza al sistema político es correcta; atacan a la partitocracia y a la democracia burguesa y no se consideran en condiciones de obtener éxitos electorales. Saben que sus dimensiones son grupusculares y surge la idea de que qué ocurriría si hubieran crecido lo suficiente como para obtener algunos resultados electorales apreciables. De hecho, el PSU francés y el PSIUP italiano se presentaban a las elecciones como respuesta “socialista de izquierdas”, más a la izquierda que los partidos prosoviéticos y obteniendo una mínima cuota representativa.

No era el caso de los grupúsculos. A estos les gustaba mucho más el calificativo de “extraparlamentarios”. Fue en Alemania en donde esta calificación se estrenó. El término tuvo fortuna y saltó pronto a Francia e Italia. Los extraparlamentarios no eran sólo los partidos que no tenían representación institucional sino también los que rechazaban tener representación en las instituciones representativas calificadas como burguesas. Los dirigentes del Mouvement 22 Mars, Daniel Bensaïd y Henry Weber le llamaron a esto “nueva oposición”. En realidad se trataba de hacer de la necesidad virtud: ya que no era posible adquirir fuerza social suficiente como para entrar en las instituciones esa imposibilidad se transformaba en una crítica a la “democracia burguesa”.

No era nada que los anarquistas no hubieran hecho antes, incluso con muchas mayores dosis de sinceridad. Uno de los famosos carteles publicados en las jornadas de mayo mostrada a un individuo que metía un dedo en un engranaje. En la viñeta siguiente, el engranaje se había tragado todo su brazo. La leyenda decía: “Ceder un poco, es capitular mucho”, esto es, participar en alguno de los mecanismos representativos del sistema implicaba ser absorbido por el propio sistema. Era una idea absolutamente infantil que iban en contra de todas las enseñanzas facilitadas por los movimientos revolucionarios en las décadas anteriores. Participar en las instituciones no implica rechazar cualquier voluntad reformadora o revolucionaria. El mismo que habla en la tribuna parlamentaria, puede al día siguiente empuñar la piqueta de demolición. Los contestatarios no lo veían así. Para ellos el “hombre nuevo” precisaba instrumentos políticos nuevos para hacer oposición y estos no podían dimanar del mismo sistema que se criticaba.

11. Los problemas estratégicos

A 40 años de mayo del 68 se percibe que difícilmente podemos hablar de estrategias. Lo más parecido a una estrategia fue un auténtico desmadre. En mayo del 68 no hubo estrategias, o al menos nada que pueda ser definido en el lenguaje político como tal. En ocasiones –y el lector lo comprenderá tras la lectura de algunos artículos que hemos publicado sobre el maoísmo y el trotskysmo en mayo del 68- surge la idea de si quienes elaboraron la “estrategia” del movimiento contestatario no fueron quizás sus propios enemigos.

En los días antes a las jornadas de mayo se creó la JCR de carácter trotskysta que luego sería el embrión que daría lugar a la Liga Comunista. En aquella época, finales de los años 60 y principios de los 70, la LC francesa dirigida por Krivinne, Bensaïd y Weber, era capaz de sostener la increíblemente absurda teoría de que Francia y Europa Occidental vivía una “situación pre-revolucionaria”. La “revolución proletaria” iba a estallar –sí, a estallar- de un momento a otro y de lo que se trataba era de “forjar el partido” y de “realizar gimnasia revolucionaria”. Y eso no lo decían imberbes chiquilicuatres recién salidos del liceo, sino “eminencias grises” del Secretariado Internacional de la IV Inernacional, profesores de economía, licenciados en historia y analistas políticos. O eran rematadamente obtusos o bien estaban trabajando para unos intereses que no eran los mismos que defendían los militantes de a pie.

Estas consignas se tradujeron, por ejemplo, después de mayo, en el constante hostigamiento que el Servicio de Orden de la Liga Comunista realizó contra los vendedores de revistas del grupo de extrema-derecha Ordre Nouveau y que alcanzó sus más altas cotas en los enfrentamientos que tuvieron lugar en torno al Palacio de los Deportes de París en 1971 o bien en los ataques a las manifestaciones realizadas por este grupo, reconvertido luego en Front National ya con Jean Marie Le Pen al frente… que concluyeron, finalmente, en la disolución de ambas organización: de un lado la Ligue Communiste y de otro Ordre Nouveau. Quedará la duda para la historia de si los mentores de la “gimnasia revolucionaria” que debía culminar en un proceso insurreccional, surgió espontáneamente por unos analistas absolutamente desenfocados… o bien fue inducida con otros fines. No es raro que, en los que la opinión pública practica una desconfianza creciente hacia las instituciones políticas, aparezcan oleadas de violencia que resitúan instintivamente a la población bajo el paraguas protector del Estado.

Dicho esto, vale la pena examinar las “estrategias” que se enunciaron durante las jornadas de mayo del 68 y que debían ser los planes generales de trabajo en vistas de conseguir unos objetivos políticos que ni siquiera estaban enunciados. De hecho, lo que sorprende cuando se leen los textos de aquella época era la dificultad que tenían los “teóricos” en distinguir entre objetivos políticos y estrategias. Y, finalmente, su incapacidad para adoptar estrategias viables, reduciéndose siempre toda su práctica al mero activismo. Para el activismo solamente existen tácticas. Mayo del 68 tuvo brillantes tácticos pero nulos estrategas. Y lo que s peor: ni siquiera hubo líderes en condiciones de saber definir en qué consistía una estrategia.

En mayo del 68, De Gaulle para apaciguar la situación llamó a la “participación” de la ciudadanía en la gestión de los asuntos públicos. Era un eslogan, por supuesto, pero sirvió para que los contestatarios, lanzaran el eslogan alternativo: la “socialización”. La socialización era un objetivo. Sin embargo, en los textos analíticos sobre la ideología estudiantil, se le considera una “estrategia”. Fundamentalmente, la “socialización” en aquella época consistía en abrir la universidad a los hijos de los trabajadores. Era evidente que los hijos de la burguesía no tendrían dificultades por ingresar en la universidad por descuidado que hubiera sido su historial académico, pero ¿y los hijos de los trabajadores? El “sistema” respondía: para ellos tenemos las becas. Pero los contestatarios respondían: “no son suficientes”. Desde entonces el sistema de becas ha ido mejorando y hoy, cualquier estudiante que tiene una capacidad media para el estudio y una constancia puede optar por una beca en la seguridad de que la obtendrá sin excesivo papeleo. Así pues, todo podía resolverse con una simple “reforma”, sin embargo, a partir de la “socialización” el movimiento contestatario elaboró toda una teoría sobre sus repercusiones: la socialización de la enseñanza daría lugar a una entrada masiva de los hijos de los trabajadores en la universidad, por tanto, la enseñanza y la utilidad para la que se orientara dejarían de ser propiedad del sistema capitalista y no sería posible su monopolización.

Esta socialización debía ir pareja a una “democratización” en la gestión universitaria y en la gestión de las fábricas. A esto se le llamó también “autogestión”. La autogestión” hizo furor en la época. Cualquier sindicato situado a la izquierda de la izquierda “reformista” echaba mano de la autogestión como panacea universal para corregir los excesos del capitalismo y luchar contra el “sistema”. La fiebre llegó también a España y llegó a alcanzar a carlistas y a falangistas. Se trataba simplemente de participar en la gestión de la universidad, en la elaboración de los programas de estudio y en introducir los elementos derivados de la “enseñanza crítica” a los que ya hemos aludido. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, los estudiantes están presentes en los claustros universitarios y se han abandonado las tendencias más extremistas de este planteamiento por inviables.

De todas formas, tampoco aquí existía unanimidad. El movimiento estudiantil fue una crítica permanente, no sólo hacia el “sistema”, sino a las propias orientaciones del mismo movimiento. La “autogestión” fue saludada como un hallazgo… salvo por los que la criticaron desde el primer momento. Durante la ocupación de la Facultad de Arquitectura de Valle Giuliua en febrero de 1968 (hechos a los que nos referiremos ampliamente en el próximo capítulo) el documento aprobado rechazaba la posibilidad de participar en la gestión de la universidad “considerando como superada y negativa la llamada participación democrática en el gobierno de la Universidad”. Para esta franja de la contestación, no se trataba de “autogestionar”, con el fin de hacer más gobernable y agradable la universidad, sino de destruirla, en tanto que institución parte de la sociedad burguesa. De hecho, lo que algunos confundían era “autogestión” con “cogestión”. La autogestión iba algo más allá de la cogestión, pero era incomprensible sin otro concepto “estratégico” introducido por el movimiento estudiantil: la autonomía.

Este nuevo concepto implicaba cualquier cosa menos imaginación. La autonomía era a la universidad tradicional lo que la gravedad es a la Tierra. En efecto, desde que aparecieron las primeras universidades en el Medievo Europeo, la enseñanza universitaria era un universo completamente autónomo de cualquier otro cuerpo social. La universidad burguesa supuso un estrechamiento de los vínculos entre enseñanza y sociedad, no tanto por “maldad” como por la complejidad creciente de la universidad. En efecto, la universidad no podía ir por un lado y la sociedad por otro.

Lo que los contestatarios de mayo querían no era reconstruir la universidad tradicional basada en la relación jerárquica entre profesores y alumnos, sino otra cosa muy distinta: aspiraban a que los fondos públicos invertidos en la universidad fueran utilizados por los estudiantes en aquello que más les interesaba… Alejandro Nieto lo resume con una brutalidad de la que ni siquiera parece consciente: “La novedad radica en mantener la independencia total de la universidad, con posibilidad de que la use tanto a favor como en contra del sistema que la mantiene”…

Podemos pensar lo que hubiera ocurrido. Para los contestatarios, era más importante resolver el problema del hambre en el mundo que llegar a la Luna. Bien, pero llegar a la Luna implicaba desarrollar tecnologías de todo tipo que han resuelto muchos problemas planteados luego por la creciente complejidad social. El ordenador que ayudó a guiar a las naves Apolo a la Luna fue el precedente de los actuales ordenadores, los sistemas de telecomunicación actuales no son más que el desarrollo de los que se utilizaron en la carrera espacial… si todos los fondos de este proyecto se hubieran invertido en paliar el hambre en el mundo, hoy seguiría existiendo hambre en el mundo (porque desde entonces se han invertido muchos más fondos en resolver el problema), pero seguiríamos en el neolítico de las nuevas tecnologías.

12. Los aspectos tácticos

Si la contestación fue algo, fue puro tacticismo. Lo que ha pasado a la historia de la contestación han sido las imágenes de barricadas, adoquines volando por los aires, cócteles molotovs, happenings, asambleas, ocupaciones, sentadas y poco más. Realmente poco. El tacticismo no es más que lo propio del activismo y el activismo no es más que la reducción de cualquier práctica política a los problemas de su manifestación callejera o mediática. Las tácticas no son más que los distintos episodios de aplicación de un plan estratégico previamente establecido. La estrategia es lo que permite que el “activismo” pueda capitalizar sus acciones. La estrategia indica la dirección y las tácticas son los pequeños vectores que hay que poner en parcha para cubrir cada una de las pequeñas etapas que llevan por esa dirección. Sin estrategia, el tacticismo es una mera dilapidación de medios, esfuerzos y energías.

Resulta curioso que los contestatarios que se negaban a participar de los engranajes institucionales utilizaran a espuertas el más poderoso de todos ellos: el espectáculo. Debían de haber leído a Debord y a su definición de todos los procesos de la modernidad como puro espectáculo. Rudi Dutschke, líderes del SDS alemán y Cohn Bendit supieron saltar a la fama mediante una sola y única provocación, formulando preguntas “inconvenientes” a responsables ministeriales. Eran las provocaciones “hacia arriba”, pero luego existían provocaciones “hacia dentro” (hacia los estudiantes moderados) y provocaciones “hacia fuera” (hacia el ciudadano en general). Algunas de estas lograban su objetivo, aparecen en primera página de los informativos, si bien no dejaban de ser desagradables: un grupo de estudiantes de Berkeley capturó a un perro, lo roció con gasolina y lo quemó. Cuando los viandantes intervinieron, los contestatarios les reprocharon que se preocuparan por la suerte de un perro y permanecieran impasibles ante la guerra del Vietnam. André Stephan vio en esta actitud una pulsión “sádico-anal” propia de adolescentes inmaduros y con complejos edípicos.

El resto de las tácticas aportaban poco o muy poco. Quizás el sit-in, la sentada, era lo más original en la época, pero no era algo nuevo, sólo que en los años de la contesación se generalizó y adquirió variantes: ocupación de cátedras, ocupación de universidades, etc. En su versión más amable, la “sentada” era ajena completamente ajena a la violencia. Era la policía la que debía restablecer la circulación mediante el desalojo “enérgico” de quienes permanecían sentados ocupando la calle. La versión violenta implicaba la ocupación de la calle y el levantamiento de barricadas. La barricada era emblemática en Francia de un proceso revolucionario. Solo que en los años de la Comuna tenían un sentido en la medida en que era posible defenderlas y en el año 68, eran solamente un símbolo espectacular pero indefendible. Llama la atención que algunos grupúsculos estudiantiles intentaran crear en el Barrio Latino de París una “zona liberada”, en el interior de un circuito amurallado por barricadas.

A pesar de que fuera en París en donde las ocupaciones universitarias se generalizaron como táctica del movimiento estudiantil, no había sido allí en donde se habían iniciado sino en Italia. En febrero-marzo de 1968, las ocupaciones de facultades se generalizaron en toda Italia y proseguirían en los años siguientes hasta prácticamente paralizar cursos enteros de enseñanza universitaria.

Las ocupaciones, habitualmente, se utilizaban para realizar asambleas permanentes y para impartir cursos paralelos. Habitualmente se trataba de conferencias dadas por algunos estudiantes o por profesores que gozaban de su confianza. La asistencia era libre, no existía evaluación y, por supuesto, se trataba de cursos asamblearios en los que cualquiera podía intervenir. De hecho, las asambleas universitarias constituyeron inicialmente la gran fuerza del movimiento y, a la postre, determinaron su fracaso más absoluto.

En las asambleas era frecuente la “logomaquia”, es decir, la toma de la palabra por mero lucimiento personal, alocuciones largas, vacuas, reiterativas, aburridas, en las que los representantes de los grupúsculos tomaban la palabra para exponer las ideas de sus formaciones. A la que se oía un par de veces a estos devotos militantes ya era posible intuir qué es lo que iban a decir. Además, tenían hábito de intervenir en estas asambleas abiertas gente de todo tipo incluidos enfermos mentales. Al acabar mayo del 68, la asamblea abierta se había convertido en sinónimo de pérdida de tiempo, vacuidad e ineficacia.

El movimiento estudiantil, salvo los aspectos apuntados, era mucho menos original en los aspectos tácticos de lo que generalmente se piensa. La mesa informativa, el reparto de la revista, la pintada, el cartel, la distribución de panfletos, el mitin, se conocían ya desde finales del siglo XIX. Los estudiantes de Action Française que dominaron el Barrio Latino hasta la preguerra habían empleado estas tácticas hasta la saciedad.

Todas estas tácticas se emplearon en el enunciado de principio revolucionarios: “Imagnación al poder”, “Prohibido prohibir”, “Bajo los adoquines la playa”, etc. Pero la revolución es otra cosa: es el dominio de lo concreto, la forma en la que los principios revolucionarios se concretan en formas de gestionar el poder. Y de esto no hubo, ni en mayo del 68, ni en todo el ciclo de la contestación, nada que se aproximara remotamente.

13. El modelo organizativo

Los modelos organizativos surgidos de la contestación tampoco son dechados de originalidad. El leninismo servía solamente para los grupúsculos, cuya entidad numérica mínima los  hubiera hecho despreciables sino fuera porque dispusieron de fondos y recursos a los que ya hemos aludido. Quedaba solamente el modelo anarquista, la organización de la no-organización.

Lo que los anarquistas parecían aportar era un modelo organizativo “no autoritario” basado en los comités elegidos en Asamblea y revocables en cualquier momento. La burocracia no existía, todos hacían todo y en cualquier momento podían dejar de hacer lo que hacían para hacer otra cosa.

Durante las jornadas de mayo el binomio Asamblea-Comité de Acción consiguió algunos éxitos puntuales, seguramente no tanto por su propia acción como por el clima general que se creó especialmente entre el 8 y el 20 de mayo. Para que una organización de este tipo hubiera “funcionado” habría sido preciso que todos sus integrantes tuvieran un parecido nivel de conciencia política y de capacidad de trabajo. Pero esto no era así. El modelo organizativo anarquista siempre ha fallado porque ha partido de un supuesto falso: la igualdad, cuando en realidad lo que rige los destinos humanos es precisamente la ley de la desingualdad. Ni todos sirven para los mismos trabajos, ni todos tienen la misma capacidad, ni el mismo interés, ni las mismas motivaciones, ni son capaces de desarrollar el mismo voluntarismo.

Frecuentemente las organizaciones anarquistas están sometidas a una contradicción entre sus fundamentos doctrinales antiautoritarios y la psicología de quienes asumen el control de la gestión en algún momento dotados de cierta tendencia para el autoritarismo y para considerar “autoritario” todo aquello que menoscaba su “autoridad”. Algunos analistas del modelo organizativo anarquista han deducido que el problema de cualquier estructura anarquista es que sus miembros están permanentemente alerta y tienen miedo de utilizar ellos mismos pulsiones autoritarias. En realidad, ocurre todo lo contrario. La autoridad es una disposición natural presente en determinados seres humanos en el ejercicio de algunas funciones. No se “ejerce” la autoridad. Se “tiene”. Al ser negada esta disposición natural, el modelo anarquista suele encubrir las peores desviaciones psicológicas. Es muy fácil arrancar el aplauso en una asamblea anarquista, basta con criticar a la autoridad. Es muy fácil mantener la preponderancia en un grupo anarquista: basta con acusar a otros de “autoritarismo”.

Una organización revolucionaria basada en estos principios es absolutamente inútil para una lucha de larga duración. No hay que olvidar que los anarquistas, históricamente, desde el siglo XIX, han sido siempre objetivos privilegiados de infiltraciones de todo tipo. Los que aspiraban a ser “provocadores”, frecuentemente han sido “provocados”. Pasó en el anarquismo español del siglo XIX, volvió a pasar en el Congreso de la Federación Anarquista de Carrara y no tendríamos problema en multiplicar los ejemplos.

El modelo organizativo anarquista –recuperado para mayor gloria de la ineficacia revolucionaria sesentaiochesca- es el caos en movimiento. Mil centros de decisión en mil momentos diferentes, contradictorios todos unos con otros, con imposibilidad de desarrollar estrategias de larga duración, anclados en el mero tacticismo y en el verbalismo revolucionario. Todo tan romántico como inepto.

Mayo del 68 no dio más de sí. Ni el “partido revolucionario”, ni los comités de acción sobrevivieron al discurso de De Gaulle del 28 de mayo.

Aquello no fue una revolución, sino el preludio de las vacaciones de junio.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

A 40 años de mayo del 68 (XIII de XVI): La ideologia revolucionaria de los estudiantes

Infokrisis.- En esa entrega, encaminándonos por la recta final de nuestro estudio sobre mayo del 68, prolongamos las reflexiones que ya habíamos iniciado en la entrega anterior sobre el análisis de la condición estudiantil realizada por los contestatarios. La reflexión sobre la alienación ocupó un lugar importante, a pesar de lo superficial e incluso banal que llegaba a ser ser en algunos puntos. Igualmente, en 1968 cuando el capitalismo se encontraba en plena evolución -en una evolución que le llevó finalmente de la etapa multinacional a la que acababa de llegar a la etapa de la globalización en la que se encuentra hoy- los estudiantes dedicaron algunas observaciones a este fenómenos realizadas con el prisma deformante de Marx. En la próxima entrega, la última dedicada a la ideología revolucionaria de los estudiantes, entraremos en las consideraciones sobre la organización y sobre la acción.

    

Documentales:
Marcusse: el totalitarismo de la sociedad avanzada (en italiano)

Marcusse con sus estudiantes de Berkeley (en italiano)

La democracia totalitaria del consumo (en italiano)

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7. El estudiante y la alienación

El Movimiento Estudiantil hizo de la necesidad virtud. Adquirió la conciencia de que en lugar de “liberarlos”, el título universitario contribuía a afianzar un proceso de alienación en el que el estudiante pasaba a estar sometido a la misma relación laboral –y, por tanto alienada- que cualquier otro trabajador. El estudiante, para éste análisis, es, en principio un trabajador… que al entrar en la universidad tiene un valor y al salir un valor superior, pero su relación en el mercado laboral es el mismo que el que pueda tener cualquier obrero descrito por Marx un siglo antes. El profesional salido de la universidad también ha terminado siendo víctima de la deshumanización del trabajo. La única compensación a su actividad es el dinero, en absoluto la satisfacción de identificarse con su obra. A diferencia del trabajo concebido en la pre-modernidad, el trabajo alienado que tiene el estudiante como perspectiva al acabar sus estudios, es anónimo, masificado, imposible de identificarse con él, y cuya única compensación es el dinero.

El individuo ha terminado convirtiéndose en productor alienado y en consumidor integrado. Y no importa si es un trabajador manual o un profesional salido de la universidad: en ambos casos su papel en el proceso de producción es el mismo, depende de un salario y esto le convierte en proletario. Para diseñar el submarino español más avanzado, los astilleros han contratado a 60 ingenieros, ninguno de los cuales podrá identificarse finalmente con el producto que surja de su trabajo. Al igual que un obrero manual, el ingeniero habrá participado en partes aisladas del proyecto, carecerá de una visión de conjunto y no podrá identificarse con el resultado de su trabajo. Y, finalmente, todos cobrarán un salario mayor o menor, pero, a fin de cuentas, entregado por un patrón o una corporación-patrón.

La complejidad de las sociedades modernas ha operado este fenómeno. Para un artesano pre-moderno la simplicidad de los procesos productivos favorecía el que tuviera un pleno control sobre su trabajo. A medida que la sociedad y los procesos de producción van ganando en complejidad, todas las partes que participan en él, van teniendo un control cada vez menos sobre el resultado final de su trabajo y, finalmente, se limitan a realizar lo mejor posible partes aisladas que en nada indican como será el conjunto. No solo la sociedad se ha masificado, sino que al trabajo le ha ocurrido otro tanto. Por eso, el movimiento estudiantil concluye que el trabajo de los profesionales titulados es una forma de trabajo alienado. Todos las manufacturas que se producen son, a fin de cuentas, el resultado de una organización científica del trabajo, no del esfuerzo de tal o cual artesano.

Esta perspectiva no gusta a los contestatarios. Habían creído que la universidad les daría acceso a una condición diferente y, bruscamente perciben que no van a terminar siendo nada más que proletarios: empleados que dependen de un salario… como cualquier otro obrero. Y, además, como a éstos, su condición inevitable en la producción, es la alienación, dejar, a fin de cuentas, de ser ellos mismos, para ser solamente un engranaje más en el mecanismo productivo. El título universitario no les garantiza pertenecer a ninguna élite, ni, por tanto, les asegura detentar el poder. Ha aparecido una nueva forma de “clase obrera”. Son proletarios porque su función en el proceso productivo es de pura subordinación a una entidad cada vez más difusa: los “capitalistas”, los “consejos de administración”, el “Estado”, las corporaciones multinacionales, de los que reciben un salario. En esto reside la miseria del medio estudiantil tal como la concebían algunos estudiantes cuando se precipitaron las jornadas de mayo.

A partir de aquí, todo se vuelve pura locura. Olvidando el hecho esencial de que la complejidad de la producción moderna impide una identificación personal con los objetos producidos, olvidando que las diferencias salariales son en ocasiones abismales entre trabajadores y cuadros intermedios profesionales, olvidando que el análisis marxista es una de las formas de plantear el problema pero ni siquiera la que corresponde mejor a la realidad del tiempo nuevo (de hecho, podría definirse a los “capitalistas” y a la “alta burguesía” como proletarizados o, con más precisión, como masificados, en la medida en que tienden a los mismos hábitos de consumo que cualquier otra clase social o que se nutren de los mismos productos culturales comunes a todas las clases y que han sido impregnados por las mismas necesidades modernas), el movimiento estudiantil, a partir de la constatación de su proceso de proletarización, sigue una deriva lógica propia a toda forma de marxismo.

Los estudiantes japoneses de aquella época lo expresaron con una lógica tan estricta como estéril: “Debemos de dejar de ser movimiento estudiantil para convertirnos en movimiento proletario” y en la llamada Carta de la Sorbona redactada durante los sucesos se decía “no queremos ser otra cosa que jóvenes trabajadores”.

Pero detrás de estas palabras subsiste todavía una mentalidad de élite. Los estudiantes revolucionarios consideran que están mejor formados que los trabajadores y conocen mejor los “procesos productivos” que quienes están inmersos en ellos desde siempre, así pues la misión de los estudiantes es “ilustrar” a los trabajadores… Era evidente que este planteamiento ni puede convencer a los trabajadores ni es beneficioso para los estudiantes ansiosos de proletarizarse que terminan por inercia considerándose la élite “que sabe” frente a la masa ignorante de su condición. Era inevitable que cuando los maoístas acudían a la factoría Renault de Flins a “servir al pueblo” fueran recibidos con hostilidad por los trabajadores y por esto mismo cuando los bobalicones activistas de extrema-izquierda llevaban a líderes sindicales a los anfiteatros de las facultades terminaran generalmente decepcionados por las intervenciones de aquellos a los que habían mitificado solo horas antes. En el fondo, los estudiantes solían vivir de papá y mamá, tenían pocas preocupaciones materiales y su condición, por mucho que los análisis económico-sociales realizados a la luz de los clásicos del marxismo, les llevaran a “proletarizarse”, la realidad social y cultural de la condición obrera era completamente diferente.

Cuando la FER, la JCR o la UJC-ML intentaron justificar este “ir al pueblo”, manejaron con preferencia textos leninistas. ¿Qué hacer? Vivió un inesperado revival cincuenta años después de haber sido escrito. Lenin en esta obra ya aludía a que resultaba imposible que los proletarios adquirieran conciencia política por sí mismos y que ésta debía ser injertada desde fuera de la clase obrera, por parte de la vanguardia revolucionaria. Lenin sostenía que los trabajadores no irían jamás solos más allá del sindicalismo.

Cuando los estudiantes repasaron estos textos clásicos vieron la luz: donde decía “vanguardia revolucionaria” que para Lenin significaba el “Partido Comunista”, los estudiantes entendieron “movimiento estudiantil”. Pero Lenin concebía la “vanguardia” como una estructura férrea, rígida, disciplinada y sometida a una estructura prácticamente militar, mientras que los modelos de organización estudiantil eran más propios del anarquismo. Lo asambleario era para el movimiento estudiantil lo que el centralismo democrático era para el leninismo. Era evidente que la cosa no podía funcionar y que, el elitismo afloraría de nuevo. No era menos evidente, al mismo tiempo, que a la clase obrera le haría muy poca gracia que estudiantes pretenciosos les indicaran lo que tenían que hacer. Sin olvidar que mientras los estudiantes intentaban “proletarizarse” a través de un populismo frecuentemente grotesco… los trabajadores intentaban “aburguesarse” y alcanzar el estándar de vida de la clase media.

Unos y otros quedaron decepcionados con el contacto: los maoístas resistieron poco su “ida hacia el pueblo”. Los obreros bostezaban con las clases de marxismo, en las asambleas sus intervenciones eran “poco revolucionarias”. Los estudiantes consideraban vulgares sus gustos, pequeño-burgueses e incluso degenerados. Los obreros tenían a los estudiantes por intelectuales marisabidillos que lo desconocían todo de la vida, que se las daban de revolucionarios porque tenían una vida regalada y podían permitirse el lujo de “agitar” sabiendo que papá y mamá siempre les cubrirían las espaldas.

El movimiento estudiantil embarrancó a poco de iniciar la ruta que conducía al pequeño callejón sin salida del marxismo, en la medida en que el marxismo había constituido un error y una perversión de la cultura occidental al reducir todas las relaciones sociales y todas las jerarquías a un análisis meramente economicista. El movimiento estudiantil olvidada las enseñanzas de la psicología: alguien es lo que se siente, no lo que dice que es. El estudiante se “sentía” proletarizado, pero no era un proletario, y en la mayoría de los casos, tras conocerlos en las asambleas o en las manifestaciones, incluso idealizando a los obreros, se negaba a ser como ellos.

Hoy cuando se cumplen 40 años de las jornadas de mayo del 68, algunos hemos recordado siglas que estuvieron presentes en la España de la época: el Frente de Liberación Popular de Julio Cerón que en Catalunya se llamó Front Obrer Catalá… y que, en cierta medida, fue uno de los productos más típicos de aquella época, mantuvo presente este tipo de planteamientos ideológicos y compartió todo este análisis sobre la proletarización… para convertirse 30 años después en semillero de ministros y directores generales del gobierno socialista y centristas del gobierno de la Generalitat.

8. El capitalismo avanzado en la ideología estudiantil

Alain Touraine fue uno de los mentores del movimiento estudiantil y ya en 1967 argumentaba sobre la importancia creciente del consumo como hecho definitorio de la modernidad. Las tesis situacionistas iban en la misma dirección: el “sistema” nos ha convertido a todos en productores y consumidores y ha instalado la fiebre consumista por delante del énfasis productivo. Otros, como Jürgen Habermas ya aludían a factores psicológicos. Lo que le importaba realmente a la población no es ser o no ser alienada… sino poder alcanzar o no estatus aceptables de consumo que el sistema siempre colocaba delante de ellos como la zanahoria se colocaba ante las narices del asno. Lo que crea descontento es precisamente la insatisfacción generada cuando no se alcanzaban los niveles de consumo a los que se aspiraba. Esto generaba una frustración que se instalaba en el interior del sistema y que éste solamente conseguía superar mediante la introducción de nuevos objetos de consumo presentados como imprescindibles. Ciertamente, esta carrera dura todavía hoy y parece difícil que se detenga algún día.

El consumo es lo que ha roto la “sociedad de clases” en la medida en que todas las clases, incluidas la alta burguesía y el subproletariado, aspiran a unos mismos estándares consumistas. La diferencia estriba en que unos pueden realizarlos con facilidad y los otros no. Contra más elevado es la capacidad adquisitiva las frustraciones son diferentes. Para un gran capitalista no tener el yate más grande de España puede constituir una vergüenza, para el subproletario tener un teléfono móvil sin cámara de vídeo o sin MP3, puede ser la frustración equivalente. La imposibilidad de acceder a todas las ofertas de consumo es lo que genera una misma sensación: la frustración y, por tanto, el descontento.

Es evidente que este análisis tiene muy poco de marxista y mucho más que ver con la psicología que con la economía. Las implicaciones son obvias: el viejo equilibrio de clases se ha roto. No existe ya una burguesía con sus ideales, propios y específicos, y un proletariado que aspira a crear un idílico mundo feliz en el que los bienes sean distribuidos equitativamente según las necesidades. Pero, la función de los marxistas no es otra que la de encajar la realidad con su esquema ideológico a martillazos. Es lo que hizo Gorz enunciando las tres contradicciones que percibía en el capitalismo avanzado:

- contradicción entre el coste de la fuerza de trabajo y la tendencia a que la sociedad asuma este coste. Para Gorz la formación de los trabajadores es cada día más cara y más costosa, en la medida en que los procesos de producción son más complejos. Para Gorz, la universidad es uno de los centros de “formación profesional”, nada más. Sin embargo, la sociedad no está dispuesta a aumentar estos “costes de formación” y, por tanto, la enseñanza va siempre retrasada en relación a las necesidades de la sociedad.

- contradicción entre la naturaleza y el nivel de formación exigido por el desarrollo de las fuerzas productivas y el nivel de formación exigido por la patronal para el mantenimiento de las relaciones jerárquicas en la empresa. Mientras que a una producción cada vez más compleja corresponde un nivel técnico cada vez mayor, el “patrón” corre el riesgo de verse superado por técnicos que cada vez “saben más” y controlan mejor los procesos productivos.

- contradicción entre la autonomía creciente del trabajo productivo y su estatuto subordinado en el seno de la empresa y de la sociedad capitalista. Para Gorz, la tecnificación debería de dar más autonomía a los trabajadores, sin embargo, éstos están cada vez más dependientes y subordinados a sus empresas hasta el punto de que la producción solamente es posible con el respaldo de éstas.

Las tres contradicciones enunciadas por Groz y tal como las presenta Alejandro Nieto, demuestra que en aquel momento el capitalismo empezaba una larga mutación (de artesanal a industrial, de industrial a multinacional y de multinacional a globalizado) de la que en 1968 se distaba mucho de alcanzar sus últimas consecuencias. Los marxistas opinaban que la evolución del capitalismo, finalmente, acarrearía su autodestrucción, sin embargo, hoy goza de una aparente buena salud. Y han pasado 40 años. No es raro, pues, que la teorización anticapitalista de aquella época fuera algo tosca y que no se estuviera en condiciones de apreciar los caminos más probables de la evolución del capitalismo. Y mucho menos si se partía de premisas marxistas clásicas.

Entonces empezaba a ser evidente que el hecho de la “propiedad” que para el marxismo había sido fundamental, empezaba a tener cada vez menos importancia. Ya no importaba de quien eran los medios de producción, sino cómo se organizaban. Las primeras multinacionales demostraron que la economía y el poder estaban en manos de quien mejor los organiza. Nieto explica con razón: “si en los los grandes oligopolios capitalistas desapareciera súbitamente la propiedad, el proceso productivo no se vería trastornado, y, en cambio, si se paralizase la organización, la producción se interrumpiría. Dicho con otras palabras: en el período en el que Marx enunció sus principio, el poder derivaba de la propiedad privada, quien más propiedad privada tenía, más poder detentaba… ahora no ocurre así. Hoy existe una diferencia entre el uso y el disfrute de la propiedad. El miembro del consejo de administración de una corporación multinacional ¿es dueño de esa corporación? ¿O, más bien disfruta de las ventajas de su posición?

Las grandes dinastías capitalistas perciben las rentas de su capital, pero difícilmente dominan toda la estructura del poder. Las dinastías son dueñas de la titularidad de sus acciones, pero no pueden operar a su capricho sin tener en cuenta una montaña de condiciones e interrelaciones con otras dinastías, con los superdirectotes y los consejos de administración de las propias empresas en las que tienen capital, con las administraciones o con las economías de terceros países. De ahí que algunos hayamos advertido ya desde finales de los años 60 que el capitalismo es un sistema que camina cada vez más solo y que, con demasiada frecuencia tiene vida propia al margen de los intereses de los propios capitalistas que parecen –Evola ya los definió así en los años 30- más bien engranajes del mecanismo inhumano de la economía mucho más que sus rectores. En los años 60 se inició el proceso de “despersonalización del capital” que desde entonces se ha ido afianzando y extendiendo cada vez más. El eje del sistema ya no son “los capitalistas”, sino “el capital”. El vacío ha sido cubierto por la organización. En aquellos años, decir “organización” implicaba decir “tecnocracia”. La tecnocracia es aquella nueva clase social que detentaba los secretos de la “organización”.

Y éste era el problema para algunos como Marcuse que lo difinieron con el título de una de sus obras: El final de la Utopía. Para Marcusse, en la actualidad existe una concentración de recursos y de avances científicos suficientes como para asegurar el bienestar y la seguridad a toda la raza humana. Para Marcusse, por primera vez en la historia, la Utopía dejaba de ser un mito para estar al alcance de la mano. Si, en cambio, vivíamos situaciones de injusticia social y de privaciones para muchos millones de habitantes del globo, se debía a la mala organización de la sociedad y de los recursos. Así pues “la organización es el motor y, el mismo tiempo, el freno de la sociedad moderna”.

Ahora bien, los “organizadores” salen de la universidad y, a pesar de la altura ocupada por sus responsabilidades, no ocupan más que un papel subordinado en el mecanismo. Si bien es cierto que la única modificación que tuvo lugar en los años 50 en la universidad fue para adaptarla al máximo y dentro de sus posibilidades, se tendió hacia una universidad “tecnocrática” que formara a profesionales de la organización silenciosos y acríticos en todo aquello que no afectara a sus funciones directas, había terminado entrando en contradicción con la sociedad burguesa y con la mentalidad del estudiante que empezaba a reflexionar sobre su condición.

El profesional que es dueño y responsable de los aspectos técnicos y de la organización de la producción, antes o después termina experimentando la necesidad de participar también en el dominio de los aspectos económicos y en los niveles de decisión. Tiene formación para ello. Sin embargo, algo le impide ir más allá de decidir como será una tuerca, con qué material se fabricará y que lugar ocupará en el mecanismo. Pero ir más allá le está vedado. No es él quien va a decidir, sino otro nivel superior del que dependen los aspectos económicos y administrativos, los cuales, a su vez, al conocer completamente su esfera de trabajo, también experimentan la necesidad de querer ir más allá. Pero tampoco puede introducirse en esa esfera que no es la suya. Por encima está el superdirector que ejerce una especie de bonapartismo en nombre de los “capitalistas”. Y él tampoco es completamente libre de decidir, depende de éstos. Y estos, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, tienen su libertad limitada por los muchos factores que antes hemos reseñado.

Si el sistema sigue funcionando a pesar de todas las contradicciones y conflictos que se generan entre todos estos niveles, es por que existen mecanismos de compensación. Estas compensaciones son fundamentalmente económicas. El salario –y las fantasías paralelas generadas por el consumo- contribuyen a dar estabilidad y coherencia a toda esta estructura.

Lo importante es que cada nivel no utilice su tiempo libre para pensar sobre su condición… sino para consumir. Lo mejor de la ideología del movimiento estudiantil es su crítica al consumismo que entonces se empezaba a hacer omnipresente. En el momento en que los estudiantes entraron en contacto con los proletarios se horrorizaron de lo que el “sistema” había hecho con ellos: seres cansados que regresaban al hogar tras ocho horas de trabajo agotador y no tenían más interés que no crearse problemas, se sentaban ante el televisor y veían cualquier cosa que les pusieran en pantalla, sin el más mínimo espíritu crítico. El fin de semana se rompía la rutina con un almuerzo dominguero y poco más. El trabajo alienado se compensaba y neutralizaba con el ocio dirigido. Era lo que Vaneigem y Debord habían denunciado como “sociedad del espectáculo”.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com

 

 

  

 

A 40 años de mayo del 68 (XII de XVI): La ideología revolucionaria de los estudiantes

Infokrisis.- Proseguimos en esta entrega el redondeo del análisis de la doctrina del movimiento estudiantil europeo de finales de los 60. Las reflexiones de aquel período –que no fue más allá de finales de 1967 al final del curso 1970-71- fueron muchas y muy ricas y, desde luego supusieron un soplo de aire fresco en la historia de las ideas políticas del siglo XX. Lamentablemente, la filtración desde el primer momento, de pinceladas marxistas y anarquistas contribuyó a la disolución de la ideología estudiantil y a su recuperación por formaciones marxistas clásicas. [se acompañan tres vídeos sobre la revolución y el ambiente de mayo 68]

Documentales:

Manifiestaciones en el barrio latino y declaraciones de líderes revuelta (francés con títulos en castellano)
La noche de las barricadas (con la voz en off en francés)
Animación en flash con las fotos más significativas de la revuelta
[pulsar los fotogramas]
 

5. Los tres principios de la ideología estudiantil

El movimiento estudiantil al reflexionar sobre su propia condición y sobre el papel de la universidad en la sociedad enunció tres principios indiscutibles que difícilmente admiten la crítica en su enunciado, aunque sí en su aplicación:

- La neutralidad de la ciencia: tradicionalmente se venía afirmando que la ciencia es neutral y que, por ejemplo, la teoría de gravitación universal de Newton no implicaba necesariamente aceptar tal o cual sistema ideológico. Y en realidad, ocurría justo lo contrario: ni la ciencia es neutral (la física newtoniana constituye la base del paradigma mecanicista que sustituye al paradigma tradicional hasta ese momento y precede al paradigma holísitco al que tiende la ciencia actual), ni lo es su aplicación. El ejemplo clásico es la investigación sobre microorganismos y virus. Aparentemente es neutral y carece de coloración política, pero en la medida en que ese hallazgo puede ser empleado por tal o cual país en armas de guerra biológicas, deja de ser neutral. Es, a fin de cuentas, la clase política, incluso en las democracias más avanzadas –que no es más que los “bonapartes” del poder económico- quien decide las prioridades, lo que hay que investigar y lo que pasa a segundo plano y, por supuesto, en qué se utilizan los hallazgos anticipados por la ciencia. Alejandro Nieto alude a “la aplicación irracional de los productos de la más exquisita racionalidad”. El investigador e inhibe de la utilización completamente irracional que pueda hacerse de su trabajo.

- La neutralidad de la enseñanza: huelga afirmar en estos momentos en los que la Educación por la Ciudadanía se ha convertido en el centro de la polémica sobre el sistema educativo que la enseñanza encierra siempre contenidos políticos. El mero hecho de sustituir la Formación del Espíritu Nacional franquista por la Educación para la Ciudadanía zapaterista implica ya la oscilación del péndulo ideológico de un extremo al otro. Decidir lo que debe o no debe enseñarse es ya, de por sí, una decisión política. Y no digamos la forma de transmitir esa enseñanza: enseñar jugando como hoy, o enseñar mediante sistemas memorísticos suponen dos formas contrapuestas de transmitir el saber desde la infancia en los que o se educa el ludismo o se educa la voluntad. En la práctica, la universidad tradicional defendía y afirmaba la libertad de cátedra y la plena libertad de los profesores para transmitir el tipo de enseñanza que creen oportuno. Sin embargo, en el movimiento de mayo la “libertad de cátedra” queda relegada a un principio que, poco a poco, fue ganando preeminencia: no hay libertad de cátedra para los catedráticos que son definidos como “siervos del capitalismo”, “cómplices de los crímenes cometidos en Vietnam” y “fascistas sin escrúpulos”. Para la óptica del movimiento estudiantil el catedrático intenta modelas la mentalidad del estudiante en función de unos presupuestos ideológicos que pueden ser o no aceptables para éste.

- La neutralidad del estudiante: en la universidad tradicional el estudiante debía limitarse a estudiar. Contrariamente a lo que ha sostuvo el movimiento estudiantil, éste modelo de universidad requería del estudiante un estado relativamente pasivo que facilitara la asimilación de los conocimientos transmitidos por el profesor, sí, pero también fomentaba un máximo de capacidad crítica. Fue la degradación de la universidad tradicional y su conversión en universidad burguesa la que trajo el conformismo y la relación en todos los niveles de la vida universitaria. Fue entonces cuando los profesores precisaban que sus alumnos fueran meras esponjas que aceptaran acríticamente cualquier filtración ideológica que les quisieran transmitir. El estudiante debía estudiar, pero ya no estaba en condiciones de juzgar lo que estudiaba, se debía limitar a aceptarlo. El movimiento estudiantil, muy influido por las corrientes hiperdemocratistas de la época fue mucho más lejos: “El estudiante debe estudiar, el obrero trabajas, el cura decir mira y el policía velar por el orden. Pero ¿Quién debe decidir lo que el estudiante debe estudiar, dónde debe trabajar el obrero, qué clase de misa ha de rezar el cura y qué clase de orden debe proteger el policía?”, comentaba Nieto. La respuesta era clara para algunos. Durante la ocupación de la facultad de arquitectura de Valle Giulia en Roma, los estudiantes de la organización estudiantil Caravella (de extrema-derecha, entonces muy implicada en las ocupaciones universitarias) sostenían que la única autoridad que debía regir en la universidad era la “autoridad científica”. Sin embargo, esta no era la opinión de la izquierda estudiantil que, precisamente cuestionaba el derecho de autoridad. En 1968 se llegó al absurdo de que los estudiantes recién llegados del bachillerato deliberaban y votaban lo que debía ser enseñado o no. Yo mismo, he visto a profesores preguntar a sus alumnos lo que querían o no querían aprender… Era “democrático”, lo que no implica que fuera absurdo: en el docente debe de existir “experiencia profesional”, además de cualificación científica; ambos elementos hacen que el docente vea a mayor distancia que el recién llegado a la universidad.

El principio del fin del movimiento estudiantil consistió en ejercer una crítica drástica al principio de autoridad, negando no solamente autoridad a los profesores mediocres o desenfocados por edad o incapacidad profesional, sino negando en sí misma TODA autoridad.

El razonamiento era el siguiente: la universidad está creada por un sistema político que no aspira a otra cosa más que a subsistir y sobrevivirse a sí mismo. Por tanto, la universidad reproduce los valores y modelos de la sociedad. Estos modelos y valores son transmitidos a través de un sistema autoritario en el que se exige obediencia pasiva a los alumnos. El principio enunciado por el movimiento de mayo era que toda forma de enseñanza que impida “la autorrealización personal o de grupo, presente o futura” en nombre de principios que el estudiante no asume como propios, debe ser rechazada como forma de opresión.

En cierta medida la ideología de mayo ha triunfado durante 40 años. Solamente hoy se percibe el efecto deletéreo de la negación de todo principio de autoridad. Una sociedad así concebida es una sociedad inorgánica en la que todo puede ser cuestionado por cualquiera. El 40 aniversario de mayo de 1968 se produce cuando el péndulo empieza a alejarse del extremo límite de ausencia de autoridad que empezó en 1968 y que alcanzó –al menos en España- sus más altas cotas durante la primera legislatura de Zapatero.

6. La interrelación entre universidad y sociedad

Cuando el movimiento estudiantil empieza a reflexionar sobre el papel de la universidad advierte que existen vasos comunicantes entre universidad y sociedad. La reflexión sobre la neutralidad de la ciencia, de la enseñanza y del estudiante les llevó a superar el concepto propio de la universidad tradicional que la consideraba como algo diferente de la sociedad. Estaba dentro de la sociedad pero era algo radicalmente diferente y aislado de ésta. Es más, desde la Edad Media, la universidad supo rodearse de altos muros que hacían de ella algo autónomo. Tal como definieron los estudiantes italianos este modelo, la universidad era un gueto de oro en un mundo de mierda.

Pero el movimiento estudiantil tiene algo de mesiánico. No se contenta con que la universidad funcione, esté adecuada al tiempo nuevo y cumpla su función de transmisión del saber, quiere, como Jesús el Galileo, redimir a toda la humanidad. Por tanto la reforma de la universidad que exigían los estudiantes contestatario, no era sino el primer paso para una reforma de la sociedad.

En sus sectores marxistas y en el pensamiento del “primer Marcusse”, la universidad constituía uno de los eslabones débiles de la sociedad capitalista. Allí había más energía, más juventud, más fuerza y más conciencia que en otros sectores de la sociedad, por tanto, el estudiantado pasaba a ser definido como “grupo objetivamente revolucionario”.

Hasta aquí no existirían grandes objeciones al razonamiento: la misión de los estudiantes no es reformar sólo la universidad, sino reformar a la sociedad en la medida en que ésta impone un modelo de enseñanza que contribuye a perpetuar las élites capitalistas. Dejando aparte lo cuestionable del razonamiento, está encadenado de manera sugerente. La reforma de la universidad sería un pilot plan para la reforma de la sociedad.

Pues bien, esta cadena de silogismos se convirtió en los años 60 en una polémica permanente entre los “revolucionarios estudiantiles químicamente puros” y los “revolucionarios marxistas presentes en la universidad”. Para los primeros la reforma de la universidad era prevalerte sobre la reforma de la sociedad, mientras que para los segundos, había que reformar la sociedad para reformar la universidad, o de lo contrario la reforma sería siempre limitada y superficial.

A medida que transcurrieron los cursos, la primera tendencia terminó desapareciendo por completo. En algunos textos de mayo de 1968, ya se  destilaba una completa sintonía con los clásicos del marxismo: la tarea de los estudiantes era ponerse del lado de los obreros considerados como la única clase capaz de cambiar a la sociedad. Los maoístas de la UJC-ML asumían en su vida personal la consigna de “media jornada de trabajo y media jornada de estudios”. Buscaban, por todos los medios, proletarizarse porque sería de allí de donde partiría la revolución.

A fuerza de analizar el medio estudiantil, habían olvidado hacer otro tanto con la condición obrera. Si lo hubiera hecho, o si en las mismas jornadas de mayo hubieran escuchado a los oradores de la CGT o de FO, hubieran sabido que en 1968 la clase obrera solamente tenía un anhelo: vivir como burgueses y que la conciencia de clase de los trabajadores no era sino la común aspiración a vivir como burgueses y aquí empezaba y terminaban todas sus posibilidades como clase “revolucionaria”. Todo lo que no fuera un alza salarial, una mejora en las condiciones de trabajo interesaba muy poco a los trabajadores. Ni siquiera habían reflexionado sobre el hecho de que esas mismas reivindicaciones limitaban los beneficios del capital y, por tanto, distanciaban las crisis de superproducción y, a la postre, contribuían a ser un contrapeso a la voracidad capitalista que, inevitablemente, generaba ciclos de crisis.

En este terreno, el movimiento estudiantil no tuvo margen de actuación: al afrontar la transformación de la sociedad lo hizo desde unos parámetros marxistas. Eso hubiera debido llevar a asumir un modelo de organización revolucionaria de matiz leninista… pero esta aspiración solamente estuvo presente en una ínfima minoría. La deriva antiautoritaria que había fomentado su análisis hizo que el modelo de organización que prevaleció en los momentos de crisis, durante las jornadas de mayo del 68 o en el otoño cálido italiano o en las jornadas de febrero-abril en Valle Giulia en Roma, el modelo adoptado fue el anarquista…

El resultado final fue pobre. En 1970 ya no quedaba nada del movimiento estudiantil. Quedaban grupúsculos y como tales permanecieron.

 

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

El espíritu de la Legión en sus canciones (I de II)



Infokrisis.- Las canciones expresan el estado de ánimo de un pueblo y, análogamente, la combatividad y la moral de una tropa. La tropa suele cantar dos tipos de canciones; por una parte, las ceremoniales y de circunstancias, habitualmente encargadas a un compositor de prestigio y que enseñadas oficialmente durante el período de instrucción; éstas se convierten en algo así como el distintivo de un cuerpo. Luego están las que nacen de esa misma tropa en los momentos de asueto; se componen en las guardias o en las tardes cuarteleras, en plena cantina o incluso en los descansos en el combate, habitualmente la música es tomada en préstamo de canciones populares de ese momento. Estas últimas expresan sobre todo el estado de ánimo y las preocupaciones de los soldados con toda la sinceridad con la que el vino y el coñac hacen decir siempre la verdad.

En este sentido, si hay un cuerpo cuyas canciones hablen por sí mismas y en las que lo “oficial” surgido de las alturas y lo “oficioso” nacido de la misma tropa hablen un mismo lenguaje, ese es el Legión Española, el antiguo Tercio de Extranjeros. No hay lenguaje más claro, casi diríamos, lacónico –en su sentido más originario, espartano- que el lenguaje de la Legión.

Existen tres himnos oficiales de la Legión: La Canción del Legionario, El Novio de la Muerte, Tercios Heroicos y la Oración del Legionario. Más que “oficiales” habría que decir “tradicionales”. Y, por supuesto, existen decenas de canciones legionarias, elaboradas por la tropa, que siguen enseñándose unos legionarios a otros, sin excluir que muchas hayan desaparecido al caer en desuso, al verse diezmadas las unidades en momentos de guerra o, simplemente, por puro aburrimiento. Las primeras se deben a compositores y músicos reputados y en cuanto a las segundas, en buena medida se trata de canciones populares de una época a la que los legionarios adaptaron su propia letra.

El tema del Amor y de la Guerra

Dado que en la legión van a parar gentes de muy diversa extracción, también parece que reputados poetas han vestido la camisa legionaria. Uno de los temas más habituales de toda esta música es la referencia al amor y a la mujer y, entre todas, quizás la más impactante y que demuestra una inusitada sensibilidad es aquella desenfadada que cantan los legionarios de marcha en las primeras escenas de ¡A mí la Legión! y cuyo estribillo dice:

“A la Legión, a la Legión,

a la Legión vine a luchar.

Adelante la Legión,

porque en ella está el amor

y en el amor la eternidad”.

El guerrero –y el legionario es un guerrero, no un repartidor de bocatas a domicilio como algún político cretino ha querido reconvertirlo- es excesivo en todo. En el combate se convierte en una verdadera máquina de matar y en un verdadero candidato a la muerte (en la misma película de de Juan de Orduña, ¡A mí la Legión!, en el despacho de alistamiento, un legionario toma la filiación a los recién llegados:

- ¿Nombre?

- Rodrígo Díaz de Vivar…

- ¿El Cid Campeador?

- Puede…

Y luego pasa otro:

- Edad (es un crío)

- Veintiún años…

- Muchachos, ¿sabes a lo que has venido?

- A morir por la Legión…

.. y es imposible no sentir un escalofrío, especialmente porque no se trataba de mera retórica. La acción heroica, la aceptación del hecho de la muerte y su búsqueda intuida como el sentido de lo humano, y experimentada como convicción y no por la lectura de las espesas obras de los filósofos existencialistas, el encontrar, finalmente, un sentido a la vida, aunque ese sentido fuera la muerte, todo ello ejerció una influencia notable en cierta juventud de la pre-guerra y, casi nos atreveríamos a decir en un sector minoritario, pero existente, de la juventud actual.

Hubo un tiempo en el que alistarse en la Legión suponía aceptar el hecho muy probable de morir en la Legión, esto es, por la Legión. Y se cumplía la misma ley que han experimentado todos los guerreros en todas las épocas y que el propio Millán Astray conocía bien, pues no en vano, una parte del Código de la Legión había salido de las páginas de El Bushido de Inazo Nitobe, el samurai cuya obra tradujo al español el fundador de la Legión. Esa ley era: vive con intensidad y toda la conciencia de existir como te sea posible, porque este puede ser el último día de tu vida. La certidumbre de la muerte, su aceptación y, por tanto, su búsqueda, hace que el guerrero viva con una intensidad desmesurada todas las pasiones. El amor la primera.

De hecho, siempre el desengaño amoroso ha constituido una de las causas más habituales para alistarse en la Legión. Pero también en las filas de la Legión, los amores del Caballero Legionario con la cantinera o con cualquier otra mujer, alcanzan una intensidad inusitada como en el estribillo que hemos citado. Y no es raro que así sea. La trilogía amor – muerte – eternidad, ha sido presentida por el poeta e intuida por los Caballeros Legionarios que han hecho de ella una verdadera obsesión. Esta obsesión es el leit-motiv central de El Novio de la Muerte.

La segunda estrofa de este conocido himno legionario dice así:

Soy un hombre a quien la suerte
hirió con zarpa de fiera;
soy un novio de la muerte
que va a unirse en lazo fuerte
con tal leal compañera.

Pero la asunción de la muerte como novia y compañera ha sido inducida por la muerte de la mujer amada. No es un desengaño amoroso, sino una tragedia personal, la pérdida de la compañera que hace que la unidad hombre-mujer, soldada por el amor y concebida como un todo, rompa la unidad esférica (esto es, perfecta) con la que había sido percibida desde Platón, y la vida de la parte superviviente carezca ya de sentido. La canción es ilustrativa al respecto. El legionario ha hecho gala de su valor y ha muere heroicamente:

Cuando, al fin le recogieron,
entre su pecho encontraron
una carta y un retrato
de una divina mujer.
Y aquella carta decía:
”…si algún día Dios te llama
para mi un puesto reclama
que buscarte pronto iré”.

Esa misma carta termina con una recapitulación de los motivos de su compromiso con la Legión:

Por ir a tu lado a verte
mi más leal compañera,
me hice novio de la muerte,
la estreché con lazo fuerte
y su amor fue mi ¡Bandera!

También hay en todo ello un deseo de exceso y de intensidad. Es frecuente en todos los cantos de guerra de los cuerpos de élite las alusiones a lo que podríamos llamar el “erotismo de la muerte”. Las tropas de asalto alemanas de la I Guerra Mundial cantaban: “… y si la muerte llega y nos acaricia”, que parece hablar otro lenguaje diferente al no-guerrero para el que la llegada de la muerte supone un mazazo insoportable y no una caricia.

A fuerza de considerar la posibilidad de morir en cualquier choque, el miembro de cualquier cuerpo de élite –y, por supuesto, de la Legión-, el guerrero tiende a establecer un nexo de proximidad con la muerte y considerarla una compañera inseparable que, en cualquier momento, podrá manifestarse y, cuando lo haga, hará, solamente, que tener en cuenta el Credo de la Legión y, en concreto el punto 10º o “Espíritu de la muerte”:

El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

Caminar al paso con la muerte

La muerte es el hecho esencial de la milicia y, mucho más, de los cuerpos de élite. Se dice que una buena muerte redime toda una vida. Pero no es cierto, más bien habría que decir que un comportamiento heroico exalta las mejores virtudes de lo humano. El deseo de libertad es una de ellas. En un sentido metafísico la libertad es la capacidad de dominio sobre los instintos, los miedos, los deseos y todo aquello que nos puede dominar. Desde este punto de vista, si el mayor riesgo de una vida humana, es la muerte, será cierto que sólo el desprecio a la muerte da la libertad. Por eso, sin duda, al cantar El Novio de la muerte, el legionario recuerda la clave de toda esta filosofía:

Mi divisa no conoce el miedo,
mi destino tan sólo es sufrir;
mi bandera luchar con denuedo
hasta conseguir vencer o morir.

Y, en cuanto al estribillo de Tercios Heroicos, que en realidad fue el primer himno oficioso de la Legión Española a poco de constituirse, se repite dos veces

Legionarios a luchar,
legionarios a morir,
legionarios a luchar,
legionarios a morir.

Este himno, en nuestra modesta opinión, es de todas las canciones de la Legión, probablemente la más poética y, si se nos apura, la más almibarada, como si a poco de ser fundado, el Tercio de Extranjeros todavía no hubiera conseguido traducir a canto espontáneo su espíritu. Excesivamente retórica, esta canción se redime precisamente por su estribillo que resume el ideario de su fundador: luchar y morir. Cuando los legionarios, pocos años después tienen ya un himno oficial asumido por todos, las ideas están mucho más claras. Es el Espíritu de Acudir al Fuego, el 7º del Credo Legionario:

La Legión desde el hombre solo hasta La Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.

¿Por qué esa insistencia en conocer el fuego del enemigo? En la notable película alemana de postguerra, El Puente, el general de la Volkstrum de ese distrito, encarga al Sargento Heimdal que cuide de los muchachos de las Hitler Jugend que se han incorporado ese día a la defensa de la Patria; el general pregunta: -¿Qué ha aprendido usted a lo largo de toda esta guerra?, y el sargento Heimdal contesta: -A esconderme. Es el tradicional e hispánico escaqueo. En la Legión el escaqueo del fuego enemigo está proscrito. Lo que el código ordena es, justamente, lo contrario: acudir al fuego. Y en el Himno de la Legión, en su primera estrofa se indica el por qué:

Soy valiente y leal legionario
soy soldado de brava legión;
pesa en mi alma doliente calvario
que en el fuego busca redención.

La palabra clave es “redención”. El diccionario de la Real Academia de la Lengua, nos aporta el sentido de la palabra “redención”. Acto de redimir, claro. Y redimir: “Poner término a algún vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia”. Parece que en este término alguno de los redactores del Diccionario hubiera pasado por el Tercio. Para hombres a los que la vida, por algún motivo, se ha hecho insoportable, la Legión ofrecía la posibilidad de redención por una doble vía. La primera dejar su yo a la puerta del cuartel –ese yo es el que sufre penuria, dolor, adversidad o molestia-, la segunda es ir al paso con la muerte, como si se tratara de una compañera más de la formación. Si el mayor riesgo para la vida es la muerte, ¿cómo habría que calificar a alguien que dejara de tener miedo a la muerte? Es simple, ese sería un hombre libre.

El Pobrecitos maridos infelices, que ha empezado casi como una canción de reclutamiento exhibiendo las bondades de la vida legionaria, para luego ciscarse en la intendencia, más tarde en el rechazo a la filosofía del pico y de la pala, vuelve en sus últimos cuatro versos a los lemas propios de un cartel de reclutamiento:

Son diez pesetas,
bien comido y bien servido,
tendrás fama de león,
aunque seas un cabrón en la Legión.

Y es que el Caballero Legionario es el campo de batalla lo que el león es en la selva.

Una sociedad sin clases, una casta guerrera

En la canción Pobrecitos maridos infelices, se cuenta la historia de uno que luego la propia canción calificará de mandante:

Y ese otro que en su pueblo,
se las daba de sereno,
con el hambre que pasaba
se alistó al Tercio de Extranjeros,

¿Qué ocurre, pues, con la Legión Española? ¿Está formada por desheredados de la fortuna? ¿acaso por gentes que han perdido toda esperanza de prosperar en la escala social? Planteamiento erróneo. Eso vale para las categorías burguesas y para la forma pequeño burguesa de ver la vida. En la Legión Española se respira otro aroma.

Hay un mito que ha soportado el paso del tiempo: el que a la legión van a parar hombres de todas las condiciones sociales. Eso pudo ser cierto en algún momento y hoy, digamos, que no lo es tanto. En 1967, se alista en el Tercio de Extranjeros, un personaje extraño que parecía sacado de la película ¡A mí la Legión!. Modales refinados, educación exquisita, aspecto extremadamente agradable, un hombre de mundo, acompañado por alguien que parecía ser su amigo inseparable, o al menos una especie de machaca. Solamente había dado un nombre al alistase: “Juan de Austria” (y seguramente el escribiente debió bromear: “el de Lepando ¡no?”), como el “Mauro, solamente Mauro” que se alista en la película de Juan de Orduña. Al cabo de unos meses, “Juan de Austria” debe abandonar la legión. Se trataba del SAR el Príncipe Sixto Enrique de Borbón Parma (al que nunca agradeceremos suficiente los desvelos que tuvo por nosotros durante nuestra estancia en París). Como el “Mauro, solo Mauro” de la película que también resulta ser el príncipe de un país balcánico… En cuanto al machaca de “Juan de Austria” que se había alistado en la Legión para acompañar al Príncipe, naturalmente, no fue expulsado y debió cumplir con su compromiso militar hasta el final, como los buenos…

Hoy, es posible que el nivel medio de los Caballeros Legionarios sea diferente al de los años 20 e incluso diferente a la situación de Sixto Enrique de Borbón en los 60. España ha cambiado y su estructura de clases también ha cambiado. Sin embargo, la Legión Española sigue siendo una estructura de combate que está al margen de las clases y por encima de las clases sociales. De hecho, pertenecer a la Legión Española es algo más que pertenecer a una “clase social”, supone, sobre todo pertenecer a una casta: la casta guerrera.

Si hay una canción que resuma lo que un marxista contrito consideraría como la “concepción de clase” de la Legión Española es la que lleva por título el de su primer verso: Como somos caballeros legionarios. Empieza la canción reconociendo que el “estilo legionario” puede disgustar a muchos (la casta guerrera, solamente es comprendida por la casta guerrera, frecuentemente despreciada por la burguesía, casta hegemónica en la modernidad):

Como somos caballeros legionarios

hay mucha gente que no nos camela

como si fuera un delito

ser de La Legión Extranjera

Las dos estrofas siguientes suponen una afirmación explícita de que para el Caballero Legionario no existen clases sociales:

Nosotros no nos preocupamos

ni del más grande ni el más chico

ni tampoco olvidamos

ni a los pobres ni a los ricos

Cuando vamos por la carretera

y nuestras carnes se tuestan al sol

la sangre de nuestras venas

es igual que la mejor.

La siguiente estrofa es también antológica. Reconoce que el legionario ha tenido, con frecuencia, mala vida o una vida hecha de miseria y hambre. Lo que a otros les causaría bochorno reconocer, para el legionario es fácil asumirlo:

Si asaltamos los corrales

y robamos las gallinas

es para matar el hambre

que pasamos en la vida.

La última estrofa parece extraída de la película de Juan de Orduña o de la La Bandera protagonizada por Jean Gabin en 1935, en la que, desde Francia, se veía igualmente a nuestros Caballeros Legionarios. Un cuerpo en el que la alegría intensa y concentrada de quien sabe que cada día puede ser su último día

Si cantamos soleares

o bailamos bulerías

es para olvidar las penas

que pasamos en la vida.

Por encima de las clases, sin clases sociales, contra la consideración de los hombres en función de su origen, pero conscientes de que se pertenece a una entidad superior a la clase y, contraria a ella: una casta, la casta guerra.

El anonimato legionario

Se une a una deliberada y voluntaria destrucción de la personalidad anterior. Entrar en el Tercio equivale a un proceso iniciático: alistarse es morir como hombre viejo, como lo que se ha sido antes, para nacer como hombre nuevo. Ese “hombre nuevo” es una especie de sacerdocio templario, mitad monje, mitad soldado, cuyo hábito es la camisa y el gorrillo legionario. Desde este punto de vista, ser investido Caballero Legionario es similar a revestir una nueva “piel”, ya no será el polo y los jeans del joven discotequero, o la camisa y corbata del representante de comercio, sino el hábito de un verdadero sacerdocio ideado para dar y recibir la muerte.

Sería difícil encontrar una construcción tan hermosa como la Catedral de Chartres o la de Burgos. Hasta el artesano que cinceló su última piedra debería sentirse orgulloso y, sin embargo, no conocemos a ciencia cierta el nombre ni de los canteros, ni los maestros de obras. El anonimato es la garantía del verdadero arte porque aspira a representar no una forma personal concebida por un individuo concreto en un momento dado de la historia, sino a representa la belleza por sí misma.

En el Tercio de Extranjeros se busca, en esencia, lo mismo: no héroes individuales, sino una forma heroica de comportamiento colectivo y, para ello, hay que superar las barreras que las distintas personalidades imponen entre los voluntarios, “Yo Juan”, “Yo Pedro”, “Yo Macario Wilson”… No, el “Yo” no existe en la Legión. No puede existir. Donde está el “Yo”, no está el “espíritu legionario”. La Legión es una unidad, responde como un solo hombre. Por eso es importante dejar a la puerta del cuartel todo lo que nos hace ser “tú” o “yo”. Por eso es importante el corte de pelo, el uniforme, el marchar al paso, el cantar las mismas canciones, el comer en la misma mesa un mismo rancho, el beber, el ir de putas juntos, y el compartir las alegrías y las tristezas, que, a fin de cuentas, por ser de uno son de toda la unidad. Si un hombre está deprimido, esa debilidad, en combate, puede dañar a toda la unidad. Unidad, viene de Uno; hay tantos “yoes” como ranitos de arena en una playa. El yo no tiene lugar en la Legión Española, ni en cualquier otro cuerpo guerrero.

De ahí que no sea solamente por desengaños amorosos o frustraciones, ni siquiera para huir de un fracaso cualquiera por lo que se exalta el anonimato en las canciones legionarias, sino también y, sobre todo, para que el espíritu de cuerpo se imponga sobre el “tú” o sobre el “yo”. Ni siquiera es el “nosotros”. Es simplemente: Uno, la Legión.

El Novio de la Muerte, arranca con esta temática:

Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.

Y aunque el legionario protagonista de la canción, a fin de cuentas, ha sufrido la pérdida de su amada, a nadie se le escapa el valor educativo de la canción que opera a modo de cincel del escultor sobre el espíritu de cuerpo de todos los Tercios y Banderas de la Legión.

Y en el propio Himno de la Legión, esta idea, que fue el gran hallazgo de Millán Astray, se recoge explícitamente:

Somos héroes incógnitos todos,
nadie aspira a saber quien soy yo;
mil tragedias, de diversos modos,
que el correr de la vida formó.
Cada uno será lo que quiera,
nada importa su vida anterior,
pero juntos formamos Bandera,
que da a la Legión
el más alto honor

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com