Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

En venta el nº 18 de IdentidaD - Suscríbete o pídelo en tu kiosco

En venta el nº 18 de IdentidaD - Suscríbete o pídelo en tu kiosco

Infokrisis.- El número 18 de IdentidaD llega en un momento en el que incluso los partidarios más acendrados del gobierno socialista perciben en fracaso de las políticas habilitadas por Zapatero quien parece haber entrado en caída libre. En este número dedicamos el Dossier y la crónica política a exponer la esencia del zapaterismo, sus fuentes originarias y a disipar algunos equívocos sobre su naturaleza. Dedicamos unas páginas a la presentación de IdentidaD en el Instituto de la Prensa de Moscú en donde nuestro director junto con representantes de la cultura rusa pudo exponer la necesidad de un Eje Madrid - París - Berlín - Moscú como alternativa al eje anglosajón cristalizado en la OTAN y al mundialismo. Quienes deseen conocer los contenidos de este número 18 pueden hacerlo aquí: IdentidaD 18, quienes deseen suscribirse cliqueen en Suscripciones y, finalmente, para entrar en contacto: e-mail.

Ultramemorias (VIII de X) Visicitudes políticas en la transición (3ª parte). Un jueves negro en las Ramblas

En 1976 tenía 24 años, a pesar de rondar el entorno de Fuerza Nueva, por aquello de las contradicciones, me sentía más revolucionario que Bakunin en los mejores momentos de su exilio romántico o como Lenin en Suiza me atraía la ciencia insurreccional entre una visita a la Hermandad de Alféreces y un paseíllo por el local de Falange; pura contradicción y delirio, sin embargo, me nutría de Jünger leído en italiano y devoraba Las Olímpicas de Montherland la Nieve de Primavera del recién suicidado Mishima así como los textos de la nueva derecha francesa que caían en mis manos. Releía a Thiriart, que sustituyó ventajosamente a las obras completas de José Antonio que hacía tiempo habían dejado de ser un libro de cabecera. Nietsche me atraía, pero era incompatible con Evola y Guénon que, ya por entonces se habían convertido en mis autores de culto. la revista Elements  y Nouvelle Ecole publicadas en París por Benoist y su círculo nos abrían perspectivas doctrinales extraordinariamente amplias: Paretto, Mosca, Burnharm, Weber, Ruyer, Lupasco, Rougier...  que alternaba con una novelita de Drieu, un delicado poema de Brasillach y el mecagoentodo de Celine. Empezaba a escribir Había acabado ha principios de 1976 un trabajo de síntesis realizado a partir de un cursillo de formación de cuadros que nos organizó Delle Chiaie y cuyo título era Minimanual de la Luha Política. Ese sería mi primer “libro” con una tirada de 7 ejemplares…

En realidad no tenía siquiera intención de editarlo, pero Ángel Ricote, por aquel tiempo co-propietario de una imprenta, realizó y encuadernó una pequeña tirada. para los íntimos El libro estaba dedicado a “Alfredo y a sus camaradas de Avanguardia Nazionale que, aún en el exilio siguen estando en pie”. El texto, incluía dos anexos sobre la guerrilla urbana y la guerrilla rural que no estaban incluidos en el curso dado por Delle Chiaie, pero que desarrollé por mi cuenta. Eso me llevó a familiarizarme con las doctrinas marxistas. Leí a Carlos Magihuela, a Abraham Guillén y a todo lo que pude reunir sobre los tupamaros uruguayos. Hice otro tanto con lo que pude coger de La Tacuara argentina, de la experiencia de la OAS y, cómo no, del fascismo revolucionario. Estudié el desarrollo de la revolución de octubre de 1917 y de la larga marcha de Mao, me leí sus escritos militares y los del general Giap; el Ché me decepcionó a pesar de que aprendí toda su trayectoria (quién me iba a decir que años después yo mismo escribiría una biografía del Ché y recorrería los lugares en los que se había desarrollado su última y estrafalaria aventura); me procuré el muy escaso material que en aquel momento utilizaban las fuerzas armadas como textos ilustrativos de operaciones psicológicas. Y, claro está, acabé estudiando a Fanon y al FLN argelino, eso me llevó directamente a ETA. Era como regresar a casa. En febrero de 1976 me tenía por un especialista en estas materias y no creo que fuera una exageración considerarme así por mucho que mi formación en este terreno hubiera sido la de un autodidacta. Los conocimientos adquiridos en esa época me sirvieron de mucho en los años de exilio.

Debió ser más o menos en esos meses cuando me llamó Juan Bosch, a quien había conocido justo el día que el módulo espacial despegó de la luna. Estábamos en Lleida en un bar hablando con Bosh y con un tal Alaiz, ambos de la Guardia de Franco, cuando se dio la cuenta atrás para el despegue. El desfase de la señal de radio hizo que el minúsculo módulo diera la sensación de que no despegada durante un largo y eterno segundo. Bosch en aquel momento llevaba el pelo largo lo que le daba un extraño aspecto de indio cherokee, eso sí, sin plumas. Hicimos buenas migas e ingresó en el PENS cuando vino a Barcelona a estudiar. La disolución del PENS hizo que cada cual se fuera por su lado, pero durante un tiempo mantuvimos algún vínculo. En ese momento me invitó a dar un curso sobre “guerrilla urbana” a un grupo de chicos jóvenes que había reunido en torno suyo y que funcionaban con el peregrino nombre de Juventud Española en Pie, JEP por más siglas. Yo  en la época iba en plan misional dispuesto a enseñar el camino, la verdad, la luz y la vida política, así que accedí. La charla tuvo lugar en un local propiedad de Alberto Royuela que ya en aquel momento destacaba como subastero. Uno de los hijos de Royuela formaba parte de JEP. Había otros “figuras” de la época: Castillón que luego va por la vida firmando como “Valentín de Armas” en un intento de decir “que no soy yo, que es Valentín” y que, tras este breve paréntesis haría durante los siguientes cuatro años un recorrido paralelo al mío, Carlitos Oriente, el menor de la saga, y unos seis u ocho más, algunos de los cuales eran pintorescos en el sentido más desmadrado y atrabiliario de la palabra. Alguno estaba inmerso en la más profunda de las confusiones mentales y daba la sensación de ser una bomba de tiempo. En las semanas siguientes, efectivamente, se demostraría que esa intuición era correcta.

En un momento dado de mi charla sobre la “guerra de guerrillas” les expliqué que una de las tácticas era la llamada “interdicción” que consistía en hostigar reiteradamente al enemigo en una zona determinada para obligarle a huir de ella e impedirle toda implantación posterior. Y eso lo dije a cuento de la guerra del Vietnam y de la metodología utilizada por el Vietcong, sólo a título ilustrativo. No le di mucha importancia a esta parte de la conferencia que, sin embargo, se quedó grabado a fuego en la mente de Bosch. Unos días después uno de los asistentes a la charla vino a verme: “Deberías de ver a Bosch, está preparando una “interdicción” en las Ramblas y me temo que vaya a acabar mal”. En efecto, podía acabar mal. Bosch tenía en la época la mala costumbre de integrar a gente joven ofreciéndoles una sobredosis de activismo frenético en la que las acciones ilegales -que piadosamente podríamos llamar terrorismo de baja cota-, tenían una parte importante. Habían incendiado a cócteles molotov una barraca de mendigos, uno de ellos lanzó artefactos explosivos contra la librería PPC que estuvieron a punto de convertir en una tea a toda la manzana de casas con vigas de madera situada entre las calles Canuda y Santa Ana, dado que a pocos metros del incendio se encontraba un depósito de carburante de una panadería. Ese mismo individuo, que actuaba por su cuenta y para el que el JEP era sólo el grupo en el que contaba sus “hazañas” de psicópata clínico, lanzó otro artefacto explosivo contra la Sala Villarroel. La cosa iba in crescendo y, sorprendentemente, aunque toda la extrema-derecha barcelonesa sabía quien protagonizaba esos episodios, la policía no actuaba fulminantemente. Ni siquiera lo hizo cuando Bosch irrumpió en el local de los jóvenes del PSC-Reagrupament en calle Canuda apenas a 100 metros del local utilizado por Fuerza Nueva en esa época (el del SEU) en un episodio singular que vale la pena recordar porque pudo acabar aún peor de cómo lo hizo.

Esa tarde día había quedado en la zona con Augusto Cauchi, un exiliado italiano al que  introduje en España unos meses antes. Se trataba de hacerle un pasaporte y era necesaria una foto, así que quedé en llevarle al estudio de fotografía de un amigo que nos hacía trabajos de este tipo. Justo cuando estábamos a la altura de Canuda-Ramblas nos cruzamos a Bosch que iba acompañado de otros dos (o quizás tres) chavales muy jóvenes. “¿Cómo tú por aquí?” y me contestó, muy sonriente, algo que no terminé de entender: “Es que voy a ver a los del PSC para que me devuelvan unas fotos que tienen nuestras”. Ambos íbamos con prisa en direcciones opuestas así que no me paré, pero subsistió durante unos segundos la duda: “¿Qué coño me habrá querido decir? Creo que no lo he entendido bien”. Cauchi y yo seguimos con no nuestro, hicimos las fotos, esperamos que nos las revelaran, destruimos los negativos y regresamos Rambla arriba. Me despedí de él en Plaza de Catlaunya y regresé al local de Fuerza Nueva. Era de noche y algo parecía haber ocurrido unos metros más allá, frente a lo que podría ser el local del PSC. Y la cosa debía ser grave porque allí estaban bomberos, policía, ambulancias, en fin, y sobre todo mucha gente alarmada y buena parte con cara de susto y ese aspecto ausente que se le queda a la gente que ha sufrido un bombardeo o que ha sobrevivido de rasqui a una explosión nuclear. Me acerqué. Del portal del edificio hasta la ambulancia el suelo estaba tachonado por gruesas gotas de sangre. “Pobre noi, li han clavat un tir a boca de canó” lo que venía a ser algo así como que a un chaval le habían pegado un tiro enlos morros. Y entonces recordé a Bosch y la existencia de una pistola Astra del 9 mm, la tradicional "sindicalista", con cañón de puro, que él afirmaba con una seriedad pasmosa que había pertenecido a Durruti.

Volví al local de Fuerza Nueva y me encontré a uno de los chavales que habían acompañado a Bosch en la primera parte de su aventura. En síntesis, resultó que uno de los clásicos “enteraos” que frecuentaban la extrema-derecha de Barcelona en la época, un tal Blanco, individuo de copiosa humanidad y aspecto tan orondo como marmóreo era su rostro (por lo de la dureza), les había explicado a los chicos del JEP que los jóvenes del PSC-Reagrupament habían elaborado un fichero sobre la extrema-derecha barcelonesa. Entonces entendí porqué Bosch me había explicado en nuestro breve encuentro que “iba a buscar unas fotos”. Visiblemente azorado, el “superviviente” me comentó que el tal Blanco les comentó que habitualmente apenas había nadie en el local, así que se pusieron los pasamontañas, llamaron al local y alguien les abrió. El efecto de los pasamontañas, en lugar de acongojar, suscitó bromas y adivinanzas: “Home, tu ets el Papitu, oi?”, a lo que Bosh argumentó aquello tan clásico de “Manos arriba, gilipollas”. Y el otro que nada, que se creía que todo era una broma.  Es lo malo que tiene ir a esos saraos encapuchado que luego no hay quien te tome en serio. “Vinga, collons, Papitu no fotis mes…”. A la tercera comprobó que no era Papitu y que de broma nada. Entraron en el despacho en el que, efectivamente, tal como Blanco les había explicado, apenas se encontraban presentes cuatro jóvenes del PSC. El problema es que, interiormente el local conectaba a través de una escalera con un piso superior en el que se estaba celebrando una asamblea casi de masas. Como ir a comprar un huevo y salir con doce docenas. Al oír los ruidos y las voces anómalas en el piso inferior empezaron a descender todos los asistentes. Bruscamente, los 4 se transformaron en 40. Los chavales jóvenes que acompañaban a Bosch se lo pensaron mejor y, sobre la marcha, dejaron correr el asunto. En cuanto a Bosch y a su pistola sindicalista, los encañonó a todos, pero, claro, cuarenta son muchos para amedrentar, así que cuando uno de ellos intentó abalanzarse sobre él, Bosch apretó el gatillo. Milagro del buen Dios porque, una bellota de 9 mm largo es suficiente como para volar una cabeza reventar un cráneo y dejar un surtidor de sangre. Afortunadamente el tiro tocó al cuello del joven socialista con una trayectoria que dejó la yugular a su derecha por no más de dos milímetros. Con todo, las heridas en cuello y cabeza son espectaculares y dejaron el reguero de sangre que había visto en el portal.

Al día siguiente la prensa unánimemente clamó contra la “violencia fascista” y no hubo departamento e prensa de la oposición democrática que no exhibiera su más violento comunicado contra la agresión. Y la policía como si nada. Bosch ni siquiera fue interrogado por el asunto, a pesar de que era imposible, repito, literalmente imposible, que la policía no se hubiera enterado de quien había protagonizado el episodio. Cabe decir que sobre Blanco y sobre alguno más que componía el JEP corrían serias sospechas de que no eran trigo limpio. Algunos creíamos en la época que se debía a que eran pequeños delincuentes, estafadorcillos del tres al cuatro o simplemente chivatillos a cuenta de vaya usted a saber quien.

No recuerdo si antes o quizás después de ese episodio, hablé con Bosch sobre lo de la “interdicción” en las Ramblas. En esa conocida vía barcelonesa, entre la fuente de Canaletas y la calle Canuda, solían situarse hacia eso de las 19:00 horas decenas de militantes de partidos de izquierdas que, si bien aun no estaban legalizados, tampoco les obstaculizaba nadie la difusión de su propaganda. Colocaban sus mesas, repartían sus revistas y hostigaban a todo fascista que apareciera por allí. En el primer cuatrimestre de 1976, Canaletas fue “zona roja”. Bosch lo que planteaba era colocar un cancarrazo de goma-2 en la zona para que la zona quedara “interdicta” para la izquierda. Lo que implicaba unos cuantos muertos o acaso varias docenas… Y no era el caso. Aunque yo no tuviera nada que ver con el JEP, ni mucho menos con plantear el atentado, era evidente que, una vez cometido el crimen les preguntarían quién les había enseñado eso de la “interdicción” y ya estaríamos otra vez con situaciones policiales incómodas. Cuando hablé con él, ya se le había pasado lo de la “interdicción” y su cerebro ya estaba maquinando otras orgías activistas.

Bosch era un tipo valiente que jamás no daba marcha atrás aunque se le cayera el mundo encima; eso, el ir “con dos cojones”, el “tenerlos cuadrados”, o “dos cojones como dos melones”, se valora mucho en el universo ultra; con todo, algunos de sus razonamientos eran completamente excéntricos. Yo lo tenía por un exaltado, imprevisible e incontrolable. Durante la época del PENS, habíamos colocado en varias ocasiones carteles en el patio de Ciencias del edificio de la Universidad en la plaza del mismo nombre. Bosch, en cierta ocasión, él solo asumió la tarea sentándose ante el cartel con una bolsa de El Corte Inglés entre las pierdas en la que era visible un contundente morgenster, una de esas armas medievales compuestas de mango de madera, cadena y bola de hierro con pinchos. A pesar de que en alguna ocasión había manifestado mis más serias dudas de que en caso de pifostio aquel artefacto sirviera para algo, lo cierto es que su mera imagen con los pinchos sobresaliendo entre los pliegues de una bolsa de plástico, era demoledor. En esto de la violencia, como en el erotismo, a veces es más efectivo amagar que en enseñar, insinuar mucho más que exhibir. Para algunos emotivos izquierdistas de Ciencias (Bosch estaba en Exactas) aquella bolsa contenía una ametralladora y para otros un pistolón. La intención de Bosch, con todo, no era ofensiva: quien osara arrancar el cartel se iba a encontrar con la bola empotrada en su frente. Por supuesto nadie se movió aquella tarde.

He de decir sobre esto que la izquierda universitaria adolecía de poco democrática: colocar un cartel que no fuera marxista o anarquista en un recinto universitario, implicaba en esa época y desde 1967 un inevitable reparto de hostias. Ellos actuaban amparados en su número y achacaban nuestro valor a que teníamos el apoyo de la policía. No era así. A mi me habían detenido demasiadas veces como para algún gilipollas pudiera verme como “apoyado por la policía” y en cuanto a Bosch si no lo habían detenido es porque lo estaban preparando para presentarlo como chivo expiatorio en lo que luego fue el Caso Papus.

En abril de 1976, la izquierda tomó la mala costumbre de intentar asaltar un día sí y otro también el local de Fuerza Nueva en la calle Canuda. Y la policía, como era habitual, no hacía nada para impedirlo. Entonces ocurrió el “jueves negro”, la mayor paliza colectiva que haya recibido la extrema-izquierda en Barcelona, a partir de la cual, para siempre y durante dos  generaciones renunciaron a hostigar el local y cualquier otro en el que se mudara Fuerza Nueva. Aquella represalia tuvo un efecto psicológico duradero, algo así como un trauma psicológico que desencadenaba una reacción de pánico. Más que trauma, para muchos de ellos, aquella noche, lo que sufrieron fue un traumatismo.

En ese momento, la dirección de la rama juvenil de Fuerza Nueva en Barcelona estaba a cargo de Juan Masana, un veterano de CEDADE. Ramón Graells, después de su paso fugaz por el Círculo José Antonio había recalado también allí. Y, por mi parte, empezaba a frecuentar el partido. Entonces empezaron los intentos de asaltos a la sede. La extrema izquierda que había acampado en Canaletas, cada tarde se manifestaba delante del local de Fuerza Nueva, lanzaba bolsas de pintura, piedras e intentaba linchar a simpatizantes del partido. Ocurrió un lunes y también al martes siguiente, el miércoles volvió a ocurrir y para el jueves decidimos que había que dar un escarmiento a la vista de que ni siquiera el Gobierno Civil, requerido por la dirección del partido y para evitar males mayores, se había dignado colocar un coche patrulla delante de la puerta del local. Los asaltos al local se estaban convirtiendo en tradición. Era evidente que, ya en ese momento, se estaba aplicando la política de dejar que los extremismos opuestos se matasen entre sí, algo que unos pocos entre nosotros empezábamos a percibir claramente. No era la mejor forma, desde luego, de que la democracia diera sus primeros pasos en nuestro país. Si no se garantiza la libertad de expresión de todos es que no todos tenían lugar bajo la democracia. En aquel momento ignorábamos que los pactos de la transición preveía el aislamiento de los extremistas y que la prensa y las fuerzas democráticas harían la vista gorda ante el evidente y reiterado intento de lanzarnos unos contra otros.

En el mismo local de Fuerza Nueva nos reunimos Masana, Bosch, Graells y yo. Había que disuadir de una vez y para siempre a la extrema izquierda de seguir con sus ataques al local: lo que terciaba era un escarmiento de los “tirando a inolvidables”. Cada uno reunió a sus propios efectivos en apenas una hora; recuerdo perfectamente lo que planteé: no más armas que palos, nunchakus y barras de hierro, de objetos arrojadizos solamente tornillos de ferrocarril unidos por una tuerca y en el espacio entre ambos un poco de pólvora, mejor ir con casco de motorista y refuerzos en pecho, espalda y hombros. Sobre todo que no apareciera ni una sola pistola -e hice especial mención a la pistola sindicalista de Bosch porque a esas alturas ya me lo conocía-, ni se disparase contra nadie, represalia, sí, pero moderada, lo justo para disuadir de futuras agresiones.

Elegimos el jueves porque esa tarde estaba convocada una manifestación ilegal de grupos de ultraizquierda a lo largo de las Ramblas. Suponía que la policía cargaría contra la manifestación en las mismas Ramblas, y esta se dispersaría hacia las calles adyacentes. Así pues, estaríamos apostados en esas pequeñas calles, en grupos de 6 u 8 y sería allí en donde enseñaríamos las uñas, los dientes y la mala hostia. Otro grupo se quedaría en el local defendiéndolo de posibles ataques. Las cosas se sucedieron más o menos como estaba previsto. Estaba por Petrixol y la Plaça del Pí, con un grupo, cuando empezaron a oírse las sirenas de la policía. Casi al mismo tiempo empezamos a percibir que había comenzado la dispersión del grueso de manifestantes. Apenas unos segundos después empezaron los choques que se generalizaron en toda la parte izquierda de las Ramblas. En la plaza del Pi lanzamos los primeros tornillos que explotaron. Era evidente que la extrema-izquierda no había visto jamás nada parecido. Al golpearse contra el suelo, la pólvora que estaba comprimida entre los tornillos opuestos y la tuerca, explotaba y cada uno salía disparado. No mataban, pero al que le tocaban podía darse por satisfecho si no se le rompía un brazo, una pierna o una costilla. Luego estaba el sonido seco, como un disparo, el chispazo de la pólvora que no se diferenciaban mucho de los de un  revolver.

La estrechez de Petrixol, por algún motivo, me recordó la batalla del Puente de Stanford, donde murió Harald Hardrada el vikingo que hubo conquistado diez pies de tierra inglesa. Pero aquí no había ningún heroico vikingo que cerrara el paso del puente con su hacha a todo el ejército de Harold en Sajón. La estrechez de la calle hacía que con tener a cuatro militantes  a cada lado, dieran fuerte y flojo a todos los ultras de izquierda que pasaban corriendo. Ninguno de ellos volvería a asaltar el local. Ahí ya ocurrió algo que no me gustó. Era la época en que la oposición democrática solía lucir un adhesivo con el escudo de la Generalitat. Bosch se encaró con uno que portaba este adhesivo: “Quítatelo, mamón”, le gritó. Y el pobre chaval era evidente que hacía esfuerzos por quitárselo pero que se le había quedado agarrado al chaquetón de piel. Para colmo cometió el error de sonreír  nerviosamente como diciendo: “Je...Que putada, el jodido no se quiere desprender”. Bosch le atizó un estacazo en plena frente y luego otro y otro más cuando el hombre ya estaba visiblemente fuera de combate cayéndose sobre su propia sangre. No fue agradable, e iba mucho más allá de lo que procedía: una simple represalia. Con golpes como esos podíamos enviar a alguien al tanatorio y era perfectamente consciente de las consecuencias que aquello podía tener. Le advertí que no se pasara. Lo que le había ocurrido a Bosch es lo que cuentan las sagas nórdicas de los antiguos guerreros germánicos, los Wildesheer, que en combate parecían enloquecer, su tótem era el lobo y se comportaban como tales, con un furor que nada ni nadie eran capaces de contener, era como un estado de posesión: como si una fuerza de la naturaleza, la ira, se hubiera apropiado del guerrero. Recibían el nombre de "la orda salvaje de Odín". Bosch parecia su más acrisolada encarnación. Pero, claro, explícale esto de los Wildesheer y del “furor sagrado y salvaje” a un juez de guardia o al interesado mientras un energúmeno le está partiendo la cara.

Debía ser a esos de las 8:30 cuando todos los que estábamos entre Puertaferrisa y la Plaza del Pi nos reagrupamos. Envié un mensaje a la sede: subiríamos por las Ramblas, intentando barrer a toda la gente de extrema izquierda hacia la parte superior y era cuestión que en cuanto estuvieran ya comprimidos entre Canaletas y Canuda, la gente que estaba en el local cargara a lo salvaje para dar la puntilla final. Era una forma de enseñar las uñas y de decir: “Nos habéis asaltado el local durante tres días seguidos. Ahora nosotros somos martillo y vosotros yunque. La próxima vez que os acerquéis ya sabéis lo que ocurrirá”. Así lo hicimos.
 
Lo sorprendente no fue que lográramos dejar prácticamente vacía las Ramblas a nuestra espalda, desde el Pla de l’Os, sino que apenas logramos reunir a una fila de una decena de militantes. El problema es que cada vez que nos aproximábamos más a la Plaza de Catalunya, la perspectiva se complicaba. Existe un desnivel en las Ramblas y cierta suave pendiente que hace que a medida que dejas atrás el mar, subas unos pocos metros de altitud. Desde nuestra perspectiva –íbamos ascendiendo por las Ramblas- era visible que en la parte superior de las avenida empezaban a estar apretujadas varios miles de personas. Nosotros les estábamos barriendo hacia arriba y en la Plaza de Catalunya, los furgones policiales les impedían el acceso al Eixample. Puede parecer extraño que apenas una decenas de ultras consiguiera arrinconar a una masa tan considerable, pero quizás se entienda mejor si añado que la minoría numérica se compensaba con un grito estremecedor que íbamos coreando: “Nosotros fascistas, somos terroristas”, ante lo cual nadie se llamaba a engaño. Nos habían gritado tantas veces esa frasecita en segunda del plural, que cuando la pronunciamos en primera, desencadenó un efecto de shock en la competencia: “hostias, que estos son fascistas de verdad y terroristas y además vienen a por nosotros… si lo dicen ellos mismos será verdad”. Y, a todo esto, los que estaban dentro del local al mando de Graells, ni cargaban ni lo harían nunca. Logramos repescar a algunos descolgados, pero nunca fuimos más de 15 los activistas decididos a rematar la faena.

En un momento dado, la policía lanzó en la parte superior de las Ramblas un bote de humo y como si se tratara del detonante que implosiona y hace estallar la masa crítica de una bomba nuclear, todo ese gentío compacto de extremistas de izquierdas estalló y bruscamente vimos como una marea humana se venía hacia nosotros, pero no en actitud agresiva, sino simplemente huyendo de un puto y miserable bote de humo. Nos pasaban por los lados y no teníamos nada más que agitar el nunchaku a un lado y a otro para saber que en cada golpe alguno se llevaba su ración. Ni siquiera teníamos que correr, nos bastaba estar parados repartiendo a diestro y siniestro. Identificamos a algunos de los que habían participado el asalto y corrimos tras ellos por la calle Elisabets. Había uno de los que más se habían caracterizado en su agresividad antifascista que me pasó por el lado, salí corriendo tras él, pero el jodido parecía que se lo llevara el diablo. Para colmo, entre el casco de motorista, la cazadora y las protecciones que llevaba bajo la cazadora (alfombras de goma de los coches para proteger los hombros), no podía correr con soltura suficiente y el tipo se me escapaba. Intentaba darle con el nunchaku pero el palo silbaba a centímetros de su espalda, y lo peor era que en unas zancadas más y me faltaría el aire. Así que no se me ocurrió nada mejor que gritarle con voz tranquilizadora: “¡Déjalo que ya no nos siguen!”. Cuando jugaba al futbol solía susurrar a los delanteros contrarios: “Taconazo, tacozano” y, casi siempre daban el taconazo pensando que les requería la pelota uno del mismo equipo. En esta ocasión, el tipo se paró en seco cuando oyó que alguien le decía que el peligro estuviera conjurado. Al tercer golpe, el palo del nunchako saltó por los aires. En mi fervor pedagógico he de decir que mientras le daba fuerte y flojo le explicaba los motivos: “Como volváis a acercaros por el local de Fuerza Nueva os vais a llevar más”. Y el tipo me decía contorsionándose de dolor: “Vale, vale, pero que ya vale, joder”. A otro de nuestros camaradas, también en aquella escaramuza, le ocurrió algo inexplicable que demuestra el daño irreversible que hacen los porros en el cerebro. En medio de la trifulca reconoció al que el día anterior había visto arrojando una piedra contra el local. Se fue tras el y lo enganchó y el otro provocándole mientras recibía una lluvia de golpes: “Faixista, que ets un faixista” que dicho un acento cerrado de las comarcas de Girona sonaba todavía más antifascista; la frasecita, escupida en forma de ofensa no hacía nada más que aumentar la furia de nuestro camarada cuyo estado de cabreo iba in crescendo. Otro reaccionó mejor con gritos de “no me mates, por favor, no me mates” desarmando al agresor que no se le ocurrió nada mejor que arrojarle una bolsa de basura con cabezas de marisco absolutamente pútridas de la cervezería Baviera Muchos de nosotros experimentábamos un sentimiento de piedad al ver a unos tipejos, el día anterior, agresivos y ululantes, convertidos en corderillos asustados.

Lo raro era que aquella fiesta duraba ya hora y media y la policía no salía de la Plaza de Catalunya. Los ultras de izquierda volvieron a reagruparse poco después en torno a Canaletas, pero ya estaban muy mermados y muchos de ellos lucían completamente descalabrados; apenas quedaban unos 200. Estábamos unos a un lado de las Ramblas y los otros a otro, ya era tarde y aquello tenía que terminar.

Unos minutos antes había enviado a unos camaradas a “montar” unos cócteles molotov (colocar la bolsa de potasa con adhesivo para que al arrojarse reaccionara con el sulfúrico y prendiera, utilizábamos este sistema de ignición que nos evitaba los consabidos accidentes por ignición de la gasolina a base de mechero que solía crear problemas a la extrema-izquierda) frente a la Iglesia de Santa Ana a la que se llegaba a través de un callejón. Lamentablemente, a esas horas -ya eran las 22:00- la salida del callejón estaba cerrada con candado y solamente podía accederse por la plaza de Catalunya. La situación era tensa con los dos grupos frente a frente. No sabíamos en realidad qué hacer, cuando el irresponsable de turno volvió a gritar aquello de “¡Fascistas asesinos!”, lo más inoportuno para un momento así. Ni ahora ni entonces, me considero particularmente violento, soy –y era también en la época– un tipo tranquilo de los que cuesta mucho sacar de sus casillas. Y de los que estábamos en el mismo bando, pongo la mano en el fuego por la mayoría, salvo algún “venao” o algún otro psicopatón (que de todo hay), la inmensa mayoría gustábamos de la vida tranquila, y algunos, incluso, bucólica. Pero en la literatura clásica el pastor de rebaños, el poeta de los claros de luna y el joven rústico que guía su yunta de bueyes pueden convertirse en guerreros cuando se trata del deber y el deber, entonces, era que no hubiera más ataques contra la sede. Por lo tanto, de no haber salido aquella voz emboscada e insultante, seguramente nada más hubiera ocurrido, salvo la tensión de dos grupos que se contemplan y se odian. Al oírla, creo que fue Masana el primero en salir como una exhalación al grito de “A la carga”, los demás cargamos intentando ser los primeros en alcanzar el contacto físico. Esa era la actitud a adoptar en los cuerpo a cuerpo. Apenas diez minutos después, la acera derecha de las Ramblas estaba llena de ambulancias recogiendo a los heridos.

Tuvo lugar uno de esos episodios que se recuerdan como grotescos y que dan la medida del personal con el que se movía la extrema-izquierda. Un grupo de rojillos había salido corriendo por la acera del Banco Central en Plaza de Catalunya. Les perseguimos y, mira por donde, vimos que se habían metido por el callejón de Santa Ana del que sabíamos que la salida estaba cerrada con candado. Dejamos de correr y nos limitamos a avanzar inexorablemente con paso calmo, gritándoles alguna frase ilustrativa para generar el clima psicológico apropia: “Os vamos a hacer migas”, tampoco había que esforzarse mucho. Se habían escondido entre los setos del callejón. Primero salió una parejita encantadora a la que dejamos pasar. Eran demasiado encantadores para ser peligrosos. Pero había un tipo que teníamos identificado como asaltante del local y que no aparecía. De repente, en la ventana de un primer piso, lo vimos colgando y aporreando los vidrios hasta romperlos. Era él. Se había encaramado sobre un kiosco de flores y de ahí, en un salto simiesco alcanzó la reja de la ventana desde donde se zarandeaba en el vacío a unos cuatro metros del suelo. La visión de aquella especie de mico nos causó cierto alborozo. Sabía que “el Suizo”, uno de los nuestros, llevaba una pistola de fogueo, así que le grité: “Suizo, mátalo”. Y “el Suizo” le empezó a disparar balas de fogueo que el otro tenía por balas de tomo y lomo Me dirigí al sujeto: “Tíranos el DNI, la próxima vez que alguien intente asaltar el local de Fuerza Nueva iremos directamente a por ti”. El tipo lo entendió perfectamente, tanto que lanzó toda la cartera para evitar tener que buscar el documento y arriesgarse a caer. Y allí que lo dejamos.

Lo curioso fue que este individuo se quedó allí no fuera a ser que la fiera fascista, taimada y traidora como pocas, volviera cuando hubiera descendido de su pobre asidero. Ni siquiera nos planteamos volver la vista atrás, aquel asustado tipo valía menos que una prenda apolillada el día de las rebajas en Humana,. Quien si apareció por allí fue la policía, llamada por los propietarios del balcón alarmados porque alguien les estaba destrozando los vidrios. Y allí lo encontraron ejerciendo lo que la policía tomó por la vieja técnica del encalomo, habitual en los choros viejos. Subir por una pared a pelo o a lomos del socio y entrar a robar en una vivienda. Tras tranquilizarlo y lograr que bajara, la policía le pidieron la documentación y el tipo, claro, no le tenía encima. Se lo llevaron a comisaria y resultó ser un delincuente habitual de esos que tan frecuentes eran en la extrema izquierda de la transición. El remate de la historia es que esa última parte la sabemos gracias a Masana que, esa misma noche resultó detenido y encerrado en la misma celda que el tipoe en cuestión: “Esos fascistas, son pero que muy jodidos –le decía a Masana- al próximo que vea lo mato”. Luego le explicó como en los días anteriores él mismo había arrojado piedras sobre el local de Fuerza Nueva. El individuo se merecía todo lo que había pasado, el situarse al borde de partirse la crisma, el pasar tres días en los calabozos, el estar al borde de la ambolia cuando "el Suizo" le disparó y, suerte tuvo que lo ridiculo de sus peripecia nos excitara más la carcajada que el "furor de la orda sagrada de Odín". Los hay que ni siquiera se han enterado de que han vuelto a nacer.

Esto ocurría entre 22:15 y 22:30. Los incidentes que habían empezado hacia las 8:30 se prolongaron hasta las 11:00 en la calle Pelayo, y sólo en ese momento la policía empezó a disolver a los grupos fueran del bando que fueran. Bosch resultó detenido en la propia calle Pelayo y si no recuerdo mal le ocuparon la famosa pistola sindicalista de Durruti, esa que me había jurado y perjurado que no le acompañaría en el trance. El espectáculo que se daba en la parte superior de las Ramblas en la acera derecha era, literalmente, dantesco. Un reguero de gente apoyada contra los edificios, sentados en el suelo, sanguinolentos, esperando las ambulancias. Nos deshicimos del casco y pasamos con la moto por delante. Uno de ellos se aguantaba la oreja que apenas seguía adherida a su cabeza gracias a un hilillo de carne, mirando el infinito y diciendo: “Están locos, están locos, uno de ellos me atacó con un hacha”. Efectivamente, no era Harald Hardrada el del Puente de Stanford, pero sí era uno de los muchachos de Bosch que, exagerados ellos, decidió entrar en liza blandiendo un hacha de aizkolari.

Con la moto bajamos al hospital de Can Ruti cerca de las Drassanes, para ver si alguno de los nuestros había resultado herido. Por increíble que parezca, ni uno solo se llevó siquiera magulladuras. Uno de los bedeles del hospital, veterano de la División Azul, cuando nos vio aparecer sonriendo nos dio el parte de bajas: “¿Qué coño habéis hecho? En dos horas han ingresado a 80 personas descalabradas”. El saldo final era pues de 80 personas en el hospital (seguramente la cifra se debió incrementar con los que aún estaban tirados en Canaletas) y dos detenidos entre nuestra gente. El local de Fuerza Nueva nunca más volvió a ser atacado.

Masana tras su detención abandonó la actividad política en Fuerza Nueva y poco después se casaría con una militante del partido, siendo sustituido al frente de Fuerza Joven por Ramón Graells. Bosch siguió como siempre y su militancia acabaría mal apenas unos meses después como veremos en otro lugar. Así fue el “jueves negro” de abril de 1976, poco antes de la Semana Santa. No hubo en ello gran cosa de heroico; hoy estos incidentes no pasarían de ser considerados como una “lucha de bandas”. Para la mayoría de los que participaron fue casi un rito de iniciación en el que unos jóvenes a los que la política solo llamaba accidentalmente, realizaron su aventura iniciática en las Ramblas de Barcelona, como los jóvenes africanos van a cazar un león para saber que han dejado atrás la infancia y han entrado en la juventud. en uno de esos "ritos de tránsito" que con tanto detalle describe la antropología étnica. Para saber, en definitiva, que son hombres. En Occidente estos ritos de paso ya están olvidados, pero como decía Caro Baroja, cuando a lo iniciático se le cierra la puerta, entra por la ventana. Hoy, generaciones de jóvenes como aquellas van a gritar a los estadios y a armar bronca, forman parte de tribus urbanas. Nosotros, también tuvimos nuestras “tribus urbanas”, les llamábamos “Fuerza Joven”, “Joven Guardia Roja”, “Juventudes Falangistas”, “Juventud Comunista Revolucionaria”… A fin de cuentas, todos, nosotros y los de enfrente, lo único que queríamos era demostrarnos a nosotros mismos que habíamos abandonado los cuidados de papá y mamá y podíamos ser considerados hombres. La política era sólo accesorio, un pegote de la época. Para algunos, el episodio nos sirvió para demostrar que teníamos valor, o que otros, aunque valientes eran unos “venaos” y otros, francamente cobardones, incluso tirando a caguetas, que de todo tiene que haber.

En la transición ocurrieron decenas de episodios como éste. Cada remesa de militantes quería vivir, al menos una vez en su vida, la prueba del choque con el adversario, el enfrentamiento en el que deberían mostrar obligatoriamente su valor o simular que lo tenía. Si lo he traído a colación es porque fue el más violento de todos ellos. A veces he pensado que este episodio tenía su paralelismo en las narraciones de trifulcas entre comunistas y nazis que jalonaron  Alemania desde noviembre de 1918 hasta el 30 de enero del 33, del día de la rendición del Reich en la Primera Guerra Mundial al momento del desquite en la que Hitler llegó al poder. Pero, apenas hay comparación posible. En aquellos momentos se luchaba por Alemania; eran dos formas de concebir el futuro para el mismo país las que se enfrentaban en las calles de Berlín o de Munich y las dos estaban defendidas por gente que había surgido de las mismas trincheras de la guerra. De regreso a sus ciudades, en la paz, ni unos ni otros supieron, pudieron o quisieron integrarse en la vida civil. Habían conocido la camaradería del frente, la exaltación de las cargas a la bayoneta y la lotería inmisericorde de los obuses. Bolcheviques y nazis, cada uno aportó de manera muy diferente soluciones para llevar aquella camaradería del frente a la vida civil: o la "lucha de clases", o la "comunidad del pueblo", conceptos ambos que, a fin de cuentas, no eran sino antiburgueses. No había pues, ninguna similitud entre las peleas de cervecería entre bolcheviques y hitlerianos y nuestras peleas de adolescentes. Era fácil percibir que ni entre los militantes de ultraizquierda, ni la gente que estaba a nuestro lado existía nada profundo, como máximo, la búsqueda de una "prueba" que indicara al adolescente que se estaba haciendo un hombrecito. No puedo ver nada “heroico” en todo aquello.

Pero hay otra diferencia y quizás sea la más importante. En el curso de sus riñas de cervecería, hitlerianos y bolcheviques estaban haciendo la historia. A nosotros, en cambio, los titiriteros de la transición, jugaron con nuestra juventud, con nuestras esperanzas e ilusiones: no hicimos historia, nos metieron en una "historia" que no era la nuestra. Aquella noche, hacia las 21:00 empecé a preguntarme porqué diablos la policía no estaba interviniendo. De un momento a otro alguien podía matar a alguien. No era tan simplón como aquellos a los que llevábamos media hora calentando y que pensaban en su esquematismo simplón que “la extrema-derecha y la policía eran cómplices”. Luego supimos porqué la policía no había intervenido: se trataba, una vez más, de dejar que la extrema-derecha y la extrema-izquierda se deshicieran mutuamente. Era la estrategia de los “extremismos opuestos” que incitan a las buenas gentes, moderadas, timoratas, sin ganas de complicación, ansiando el orden y la estabilidad, a situarse bajo el paraguas protector del Estado.

Nos dejaron solos para que nos matáramos entre nosotros, y cimentar con cada gota de sangre las etapas de la transición: “Lo veis: son extremistas, se matan entre sí; para huir de ellos, deberéis echarnos en brazos nuestros, vendernos vuestras almas y aceptar entusiásticamente el sistema que os proponemos, de un partido único a un bipartidismo, de una ausencia de libertades a una libertad que tendréis aunque apenas la utilicéis, mientras ellos se matan, nosotros os damos destape, pan y música ¿qué más queréis? ¿qué otra cosa creéis que merecéis. No lo dudéis: tendréis libertad, amnistía, estatut d'autonomia y carné del paro”. Y España entera aceptó este programa.

Murió mucha gente en aquellos años, algunos eran de los nuestros y a otros muchos los mataron los nuestros y los asesinos pagaron casi todos con largas penas de cárcel,. La transicion destruyó muchas vidas y a la vista de lo que hay no estoy muy seguro de que tanta sangre derrmada haya valido la pena, especialmente porque la inmensa mayoría, sino todos, murieron sin saber por que.

Esa extrema-izquierda que había corrido aquella noche como conejillos asustados, de un lado a otro de las Ramblas, que fueron incapaces de articular una defensa contra un pequeño grupo decidido a pararles los pies a pesar de que el día ante se sintieran crecidos hasta llegar al hall del local de Fuerza Nueva, no era habitualmente inofensiva. En Euzkadi estaban asesinando a nuestros militantes, en la universidad habían expulsado y agredido a tal o cual estudiante tenido como “fascista”. Cuando estalló la bomba de la Cafetería California 47 y sólo media hora antes, la policía encañonaba a los militantes del Frente de la Juventud y los cacheaba apoyados frente a la misma cristalera que saltaría poco después con todo lo que había dentro, entendimos que había en ciertas franjas de la extrema-izquierda un ansia homicida dirigida contra nosotros y que era sólo un poco más desagradable que ese oportunismo sin escrúpulos del que hacían gala sectores amplísimos de la izquierda democrática que cinco años después daría lugar a unos de los períodos más corruptos en la historia de España: el felipismo. No en vano, entre 1979 y 1981, el PSOE fue integrando al Partido del Trabajo, a la Organización Revolucionaria de Trabajadores, a amplios sectores del ex FRAP, a la gente de la Organización de la Izquierda Comunista, a los de Bandera Roja. A muchos de ellos los habíamos conocido en la universidad y sabíamos de lo que podían ser capaces en el gobierno. Hace unos años, justo cuando estalló el Caso BOE, enésima muestra de la corrupción socialista, me encontré a un antiguo camarada de aquella época. No sé por qué salió a relucir el “jueves negro”. Le comenté que seguramente aquel día habían pagado algunos justos por pecadores y él me respondió: “es posible, pero no te olvides que a muchos corruptos de hoy, al menos nosotros les dimos unas cuantas hostias por anticipado, las que merecen y que ni el Estado ni nadie les va a dar jamás. Impartimos justicia por anticipado”. Me quedé pensando que quizás mi antiguo camarada tenía razón.

A 33 años de aquellos incidentes no veo en ellos nada profundo, muy poco de política, demasiado entusiasmo juvenil manipulado por los hacedores de la transición. Lo dicho, no hubo en todo aquello nada heroico. 

Tras el “jueves negro” vino la Semana Santa y luego mi vinculación a Fuerza Nueva aumentaría en los meses siguientes.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia.

René Guénon y la cuestión del satanismo

Infokrisis.- Este artículo rescatado de la carpeta de ficheros olvidados, fue escrito hacia 2004, cuando pretendíamos publicar una obra titulada "Satanás y su puta madre..." de la que debería de ser una especie de anexo. La radical oposición de nuestra amada esposa que amenazó simplemente con dejarnos tirado si persistíamos en obras con títulos tan provocadores, nos hizo renunciar a este proyecto del que quedaron algunos artículos dispersos que iremos publicando poco a poco. Este es uno de ellos y se centra en el análisis del papel que la figura del diablo tiene en la obra de René Guénon.

Hacia principios del siglo XX una figura de primer orden emergió en el magma del ocultismo francés. Con pasos vacilantes e inseguros, René Guenon no cortó completamente con el ocultismo sino hasta 1909, cuando sus disputas con estos ambientes se agriaron definitivamente. Veinte años después Guenon ya había completado lo esencial de su obra, ofreciendo a Occidente un cuerpo doctrinal sólido e imprescindible para comprender qué fue y qué es la Tradición. En la senda abierta por Guenon discurrieron otros autores que han configurado la "escuela tradicional" (1) . Antes o después era inevitable que Guenon abordara el tema del Diablo y lo hizo de manera concreta en "L’Erreur Spirite" (2) y más globalmente en "El reino de la cantidad y los signos de los tiempos"(3). La perspectiva que plantea Guenon, no solo es lúcida, sino que al mismo tiempo tiene la virtud de responder a la mayor parte de interrogantes sobre susceptibles de plantearse sobre el Diablo y el satanismo contemporáneo. Al mismo tiempo Guenon sitúa perfectamente estas cuestiones dentro de una perspectiva mayor a la que da el nombre de "contra-iniciación". El satanismo es pues, para Guenon, una forma, la más absoluta y degradada de negación del orden normal representado por la iniciación. El análisis es lo suficientemente lúcido como para que lo repitamos en cada uno de sus fases.
   
Guenon considera que el satanismo es un desorden contemporáneo que hay que incluir en un orden mayor. Nos encontramos en una fase de decadencia que hay que insertar en el extremo terminal de un ciclo. Guenon repite a lo largo de su obra que el aparente desorden actual tiene una lógica que hay que insertar en la doctrina tradicional de los ciclos cósmicos. El discurrir del Cosmos -y de cada una de su partes, la Tierra, el Hombre- está sometida a una ley invariable: a una Edad de Oro, de máxima expansión, siguen tres períodos sucesivos de progresiva decadencia, tras los cuales se produce la consiguiente crisis terminal de la que nacerá un nuevo período áureo. Este instante final tendrá un carácter depurador. Así pues, el desorden aparente que representa nuestro actual momento histórico, encuentra su razón de ser y su normalidad dentro de este ciclo mayor; en otras palabras, la decadencia es inevitable, en la medida en que, partiendo de un estado edénico, insuperable, el devenir y la cotidianeidad no pueden sino generar procesos de disolución, primero apenas imperceptibles, que, progresivamente, van ganando en intensidad y dramatismo. Es necesario que lo anterior muera para que pueda manifestarse un nuevo período áureo, tal es el mensaje final de Guenon. Este desorden parcial inscrito dentro de un orden más amplio, no puede tomarse, al menos desde el punto de vista humano como un mero fatalismo irresistible y al que no vale la pena oponer ningún esfuerzo sino apenas dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos. Guenon recuerda la palabra bíblica: "Es necesario que haya el escándalo, pero hay de aquel por quien se produce el escándalo". Y la advertencia va dirigida contra las formaciones contra-iniciáticas.
   
Para Guenon las condiciones cíclicas objetivas generan los procesos de decadencia, pero estos, al proyectarse sobre el mundo contingente precisan de factores subjetivos y voluntaristas. No hay decadencia sin hombres capaces de convertirse en vehículos de la misma. Hay que buscar en las filas del satanismo a los promotores inmediatos de la decadencia contemporánea. Esta posición puede parecer similar a la sostenida por los sectores más integristas de la Iglesia Católica para la que Satanás se manifiesta e identifica con cualquier plano de actividad. Pero esto choca con la realidad: los adoradores de Satanás siempre han sido numéricamente pocos a lo largo de la historia y muy frecuentemente de personalidad irrelevante. No es gracias a ellos que el satanismo ha podido progresar e instarse en el mundo moderno. Hoy mismo, no existen dudas sobre lo exiguo de las "iglesias satánicas" y lo reducido y enfermizo de los conventículos diabólicos, sin embargo, ninguna época como la nuestra ha tenido rasgos satánicos tan acusados. Guenon salva esta aparente contradicción distinguiendo entre "satanismo consciente" y un "satanismo inconsciente".
   
Después de reconocer que los "satanistas conscientes" no han sido nunca muy numerosos (4), y, frecuentemente, es reconocible en ellos lo "grotesco" del Diablo (5). No es por casualidad que, en nuestras catedrales góticas, las imágenes labradas hace casi setecientos años, nos muestren unos diablos cornudos, frecuentemente caricaturizados e, incluso, en ocasiones, tomando los rasgos prestados de micos. El Diablo, decían los antiguos, "es el mico de Dios", el gran imitador. Y si nos fijamos en las sectas actuales que se reclaman específicamente satánicas, hay en ellas una componente grotesca no desdeñable e imposible de pasar desapercibida. La misma "Iglesia de Satán" y los conventículos que de ella se han desprendido, no hacen sino confirmar este detalle: Sandor LaVey no ha dudado en aparecer en público cubierto con leotardos rojos, capa negra, cuernos y tridente de guardarropía y quizás el elemento más hábilmente manejado por Alex de la Iglesia para su "Día de la Bestia" sea esa característica grotesca que tan frecuentemente enlaza con lo diabólico y en donde radica el gran hallazgo de la película. Pero no es a este satanismo grotesco -"consciente"- al que vamos a referirnos ahora.
   
Guenon encuentra cuatro rasgos definitorios del "satanismo inconsciente". En primer lugar, nos dice, es algo teórico y mental; sus valedores, generalmente, no manifiestan interés por entablar una relación directa con entidades maléficas. Este rasgo se da en distintos grados, desde el extremo fronterizo con el "satanismo consciente" de aquellos que sienten una atracción enfermiza por el diablo y el mal, como sería la figura del Marqués de Sade que llega a teorizar que el Mundo ha sido hecho por un dios malvado y que, por tanto, seguir la ley de ese dios, implica, necesariamente, realizar el mal constantemente, hasta un satanismo teórico disminuido que ni siquiera hace referencias a lo diabólico, sino que se limita a erosionar la figura de Dios. Y también aquí existen grados: no es lo mismo el indiferentismo religioso que el ateísmo agresivo y militante de los librepensadores decimonónicos, no es lo mismo la infantil doctrina mormona que sugiere que Dios es un ser corporal que habita en un planeta imaginario, Colob (6), que las ideas de William James, popularizadas por H.G.Wells, sobre la experiencia religiosa como un producto del subconsciente, el único canal a través del cual el hombre puede ponerse en contacto con lo divino. Guenon, a este respecto, comenta que "Entre los diversos elementos del "subconsciente", indudablemente, se contienen todo lo que, en la individualidad humana, constituyen huellas o vestigios de los estados inferiores del ser, y lo más seguro es que aquello con lo que el hombre se pone en comunicación, es lo que, en nuestro mundo, representa estos mismos estadios inferiores. Así, pretender que es aquí donde es posible comunición con lo Divino, es verdaderamente situar a Dios en los estados inferiores del ser, in inferis en sentido literal" (7).
   
Pero el "satanismo inconsciente" se descubre por alguna otra característica demasiado evidente que Guenon define como la inversión del orden normal de las cosas. "Lo Satánico -escribe Guenon-, puede aplicarse en rigor a todo cuanto supone negación e inversión del orden y no cabe la menor duda que ésto es lo que podemos ver a nuestro alrededor: ¿es acaso el mundo moderno en definitiva diferente de la negación pura y simple de toda verdad tradicional?. Mas al mismo tiempo, tal espíritu de negación es también, por necesidad, el espíritu de la mentira; adopta todos los disfraces, incluso los más inesperados, para no ser reconocido e incluso para hacerse pasar por todo lo contrario, con lo que resulta plenamente manifiesta la falsificación; no hay mejor ocasión que ésta para recordar que "Satán imita a Dios" y también que se transfigura en el ángel de luz" (8).
   
Algún ejemplo, tan reciente como polémico, ayudará a perfilar el pensamiento guenoniano. Lo esencial de la predicación de Cristo que ha llegado hasta nosotros en los textos evangélicos, discurre por canales religiosos; los aspectos sociales y las referencias que van más allá del núcleo evangélico, son irrelevantes o, en cualquier caso, muy secundarios en relación al contexto global que es, incontestablemente, de tipo religioso. Las innovaciones aportadas por la "teología de la liberación" suponen algo más que una caída de nivel (lo teológico, es decir, el estudio de lo superior, lo trascendente, no puede ser nunca inferior a lo sociológico, el estudio de la construcción humana), es la sustitución de la idea de "salvación del alma" por la de "salvación político-social". En este sentido -y solo en este- la "teología de la liberación" es una doctrina de corte, fundamentalmente, satánico. Guenon en este terreno es preciso: es satánico todo lo contrario al orden normal; la pregunta subyace inmediatamente ¿cuál es el "orden normal"? Aquel que deriva directamente de la idea de trascendencia, que tiene esta idea por centro, objetivo y fin supremo. 
   
La devaluación de la idea de trascendencia que realiza el "satanismo inconsciente" va pareja a la degradación e inversión de los símbolos. Los "vintrasianos" del siglo pasado oponían el "Cristo Doloroso" al "Cristo Glorioso", mientras que los modernos teólogos de la liberación oponen el "Cristo Obrero" al "Cristo Rey". Vintrás y sus seguidores solían utilizar la cruz invertida, no como un símbolo conscientemente satánico, sino explicando que era la cruz que descendía de Dios a los hombres. El hippismo popularizó, en la misma dirección, el símbolo de la paz en el interior de un círculo, que no era más que la runa de la muerte para unos y para otros una cruz invertida con los brazos transversales rotos. En el conocido "affaire" de Rennes-le-Château, los elementos satánicos son ampliamente visibles, pero muy pocos de los que lo han seguido han reparado que el pilar visigótico sobre el que se sitúa la imagen de la Virgen de la Salette (muy ligada a los vintrasianos franceses, por lo demás) muestra una cruz invertida  (9). La hoz, símbolo de los druidas y el martillo, arma de Thor, se convirtieron en el símbolo de las revoluciones comunistas, junto con la estrella de cinco puntas, el antiguo "duath" egipcio; la svástika, plurimilenaria y universal, pasó a ser símbolo de un partido ultranacionalista... Un símbolo reconducido de su significado originario a una inversión pura y simple, es para Guenon, uno de los rasgos característicos del "satanismo inconsciente".
   
Tampoco esta modalidad de satanismo se ve libre de los aspectos grotescos que acompañan siempre al Diablo. Es significativo que Guenon dedicara veinte páginas al Maligno en su libro sobre el Espiritismo, doctrina que consideraba lo suficientemente grotesca como para ver en ella un fondo de "satanismo inconsciente". Un médium, Jules Berel, se decía "secretario de Dios", otro, Paul Auvard, decía "escribir bajo el dictado de dios". Hoy las cosas no han cambiado mucho. En cada gran ciudad legiones de "contactados" afirman recibir mensajes de extra-terrestres como ayer los espiritistas decían recibirlos de los muertos; no importa el tiempo que ha pasado, todos los mensajes hacen gala de una banalidad exasperante o de un seudo-profetismo patológico. La pequeña historia de la ufología está plagada de individuos en los cuales actuaciones histriónicas y rasgos grotescos se dan cita para producir movimientos mesiánicos que, no por risibles, menos peligrosos. La Orden del Templo Solar o la Puerta del Cielo, defendían doctrinas que harían sonreír de conmiseración sino fuera por la oleada de suicidios que les siguieron. Algunas de las interpretaciones de Freud y, no digamos de Wilhem Reich, reflejan algo más que sus obsesiones personales, sus carencias y sus traumas afectivos: desprovistas del aura seudo-científico quedan reducidas al nivel de bromas de pésimo gusto. La "New Age", finalmente, ha traído toda una secuela de videntes que no ven, sanadores que no sanan y tarotistas cuyo índice de previsiones está muy por debajo del cálculo normal de posibilidades, chamanes improvisados, "canalizadores" cuyo destino no sería otra que el psiquiátrico, sino fuera por que el movimiento en su conjunto es tomado en serio por gentes de los más diversos horizontes. La trascendencia se caracteriza por la serenidad que imprime en sus representantes y en quienes siguen sus vías; lo satánico, como no podía ser de otra forma, es una irrisión inestable, chocarrero y burlesco. Entre Dios y el Diablo hay la misma distancia que la establecida por la jerarquía de las cortes medievales, entre el Rey y el Bufón. "Lo grotesco -termina Guenon- es la marca inequívoca de algo de orden inferior, incluso cuando la fuente está en el ser humano, procede seguramente de las mas bajas regiones del subconsciente" (10).
   
Finalmente, otra característica sorprendente del "satanismo inconsciente" es la abolición de toda perspectiva metafísica en beneficio de lo que es exclusivamente moralista, por estricto que sea. Guenon apunta sobre esta característica: "Las cosas "consolantes" y "moralizantes" son precisamente a nuestros ojos de orden mas inferior y es preciso estar cegado por algunos prejuicios para encontrarlas "elevadas" y "sublimes". Colocar la moral por encima de todo como hacen los protestantes y espiritistas es invertir el orden normal de las cosas; esto mismo es pues diabólico, pero no quiere decir que todos los que piensan así estén en comunicación directa con el diablo" (11). ¿Por qué esta inquina contra el moralismo? Guenon lo sufrió en los círculos ocultistas, forjados a imagen y semejanza de la mentalidad victoriana, la cual, a su vez, no era sino un reflejo tardío del moralismo protestante. Allí donde la metafísica ha caído en la incomprensión aparece la teología excluyente y cuando esta es combatida lo es en nombre del moralismo. Toda verdadera teología puede ser expresada en términos metafísicos, pero no a la inversa. En cuanto al moralismo supone una alteración del "orden normal" en cuanto que sustituye el ascesis interior y la iniciación por las "buenas obras". Este fenómeno apareció brutalmente con los movimientos neo-espiritualistas del siglo pasado (teosofismo, seudo-rosacrucianismo, ocultismo en general) y, cien años después, ha irrumpido, si cabe con más fuerza, en el movimiento de la "New Age". Es sorprendente como estos círculos insisten en temas completamente banales que deberían abrir el camino hacia la "liberación" y hacia "otros estados de conciencia"; es condición sine-qua-non ser vegetariano, sin que importe el hecho de que en las biografías de la mayoría de santos y místicos se encuentren indicaciones de que hubieran renunciado a una dieta basada en proteínas animales. La desviación aparece con el protestantismo que sitúa el moralismo como un sustituto de los ritos y sacramentos, pero, en cualquier caso carente de valor iniciático y religioso. El vacío iniciático de la Sociedad Teosófica hizo que la Blavatsky imprimiera a su doctrina un contenido moralizante en el que el antialcoholismo, la lucha contra la vivisección, el vegetarianismo y el pacifismo, ayudaban a "evolucionar" al ser humano, adquiriendo una dimensión ocultista (12) . En la misma dirección, distintas secta ocultistas anglosajonas, llegan a atribuir importancia iniciática a la abstención del vino, olvidando, sin embargo, que ha sido utilizado por muchos rituales a lo largo de los siglos. Así por ejemplo, los miembros de las Logias de Temperancia se comprometían a abstenerse de toda bebida alcohólica y otra orden para-masónica norteamericana, la los Buenos Templarios, olvidando que seiscientos años después de la desaparición de los monjes guerreros, en Europa ha quedado el dicho "Beber como un templario" atribuido a aquellos alcohólicos impenitentes, se comprometía a loables intenciones antietílicas. A otros "ocultistas" les ha dado por la lucha contra la vacuna y la inoculación, opiniones perfectamente legítimas en sí mismas pero que no tienen nada que ver con la espiritualidad.
   
Humanitarismo, sentimentalismo, moralismo, en definitiva, son los sustitutivos de la iniciación ofrecidos por el "satanismo inconsciente" del que habla Guenon. Pero aun quedan otras características.
   
Queda hablar del odio y la falsificación que tiende a realizar el "satanismo inconsciente" de cualquier forma religiosa tradicional, en su esoterismo y en su exoterismo. Guenon, avalando esta tesis, cita la figura extremadamente problemática del Clement de Saint Marcq, presidente de la Federación Espiritista Belga y de la Oficina Espiritista Internacional en 1912 (13). Saint Marcq publicó un folleto titulado "La Eucaristía" que ha influido en determinadas concepciones de otros ocultistas, más próximos al satanismo, como Theodor Reuss y Aleister Crowley. Massimo Introvigne (14) ha dicho lo que Guenon juzgó prudente callar en su libro sobre el  Espiritismo. Saint Marcq aludía en su folleto a la "magia sexual" y, más en concreto, a la "espermatofagia" (ingerir el propio semen en el curso de una ceremonia mágica), una práctica que llegaba a atribuir a Cristo (Guenon, púdicamente, aludía a "prácticas problemáticas"). Por otra parte no hay más que recordar la bajeza a la que llegaron los librepensadores del siglo pasado en su polémica anticristiana, o las falsificaciones continuadas del hinduismo realizado por la Blavatsky, o del budismo acometida por sus discípulos (con Annie Besant y Sinnet a la cabeza), concluyendo las infames descripciones realizadas por un fontanero inglés sobre el tantrismo tibetano y firmadas por Lobsang Rampa, o la parodia de religiosidad laica, puesta en marcha por Auguste Compté y su positivismo, para percibir una inequívoca tendencia hacia la falsificación deliberada de las formas esotéricas tradicionales. Y, por supuesto, en este mismo contexto podemos situar los intentos de formaciones nacidas en la India (Aryan Samaj y Bhrama Samaj) por dar un contenido "occidental" a la doctrina vedantina, reduciéndola casi exclusivamente a un moralismo descafeinado. 
   
Para quienes conozcan la temática de todas estas escuelas resulta evidente como recuerda Guenon que se trata de algo más que una discusión informal e inofensiva. No se trata de oponerse al esoterismo tradicional y a sus formas, sino que revistan algo que va mucho más allá de una negación pura y simple. Son su inversión (15). No se trata de anti-tradición, sino de contra-tradición. Mientras que la primera suele traducirse en un materialismo práctico y cotidiano, la contra-tradición pretende, en cambio, falsificar las doctrinas tradicionales. La mera idea de anti-tradición ya implica que no existe posibilidad de rito iniciático, esto es de la transmisión de una influencia espiritual. En el momento en que aparece la anti-tradición en una formación o una escuela concreta, el espíritu se retira y por tanto no es posible que exista una iniciación. La contra-tradición, solo está en condiciones de generar una parodia: la contra-iniciación. Guenon dice al respecto: "Al no poder conducir a los seres hasta los estados "supra-humanos", como la iniciación, ni limitarse al mero ámbito de lo humano, la "contra-iniciación" les arrastra indefectiblemente hacia lo "infra-humano" siendo aquí precisamente donde se localiza lo que le resta de poder efectivo; no es difícil comprender que esto es algo completamente diferente a la comedia de la "seudo-iniciación". El en esoterismo islámico, se dice que aquel que acude a una "puerta" determinada sin haber llegado a ella por una vía normal y legítima, ve cómo esta puerta s cierra ante sus ojos viéndose obligado a volver atrás, si bien no como simple profano, pues ello resulta ya imposible, sino como sâher (brujo o mago que opera en el ámbito de las posibilidades sutiles de orden inferior)" (16). Tal es, en síntesis, la vía infernal que se opone a la vía celeste. La vía contra-iniciática aboca a la total desintegración del ser consciente y en su disolución irreversible.
   
Nuestro autor marca distintas fases o etapas de decadencia. Primero se produce una tenue desviación que luego, progresivamente, se va agudizando. Alcanzado un punto puede empezarse a hablar ya de "subversión" y, finalmente, de "inversión" siendo éste el estado diametralmente opuesto al normal (17). Resume Guenon: "La primera de las dos fases que hemos distinguido en la acción anti-tradicional representa sencillamente una obra de desviación cuya meta legítima no es más que el más completo y burdo materialismo; en cuanto a la segunda fase, ésta podría caracterizarse más especialmente como una obra de subversión que debe lógicamente abocar en el establecimiento de lo que ya hemos llamado una "espiritualidad al revés" (18).
   
Guenon sostiene que la acción anti-tradicional tiende por todos los medios a arrastrar a los hombres hacia lo "infra-humano" (19). El motor subjetivo de este proceso es la contra-iniciación, que designa a aquellos agentes a través de los cuales se opera la acción antitradicional. El seguimiento del proceso de decadencia en la actual fase del ciclo ha sido abundantemente tratada por René Guenon y Julius Evola (29) en varios de sus trabajos; el primero lo resume en su última fase diciendo que el cambio que tuvo lugar el los siglos XVII y XVIII respecto a la Edad Media, fue tan completo y tan brusco que en modo alguno ha podido realizarse de una forma natural y espontánea: "Era preciso, en primer lugar, reducir al individuo a sí mismo (...),  obra fundamental del racionalismo (...); por lo demás, es obvio que el racionalismo entró en acción antes incluso de recibir el nombre (...) Aparece ya en el protestantismo; además el "humanismo" del Renacimiento no era en sí más que el precursor directo del racionalismo propiamente dicho, ya que al decir "humanismo" se afirma la pretensión de reducirlo todo a unos elementos puramente humanos y por lo tanto la exclusión de todo cuanto pertenece al orden supra-individual. Posteriormente, era necesario desviar la atención del individuo hacia las cosas exteriores y sensibles, con el fin de encerrarle, digámoslo así, no sólo en el ámbito humano, sino mediante una limitación mucho más angosta, únicamente en el ámbito corpóreo; éste es el punto de partida de toda la ciencia moderna (...). La ciencia decayó también.  El mecanicismo preparó directamente el camino del materialismo que se iba a encargar de señalar la completa reducción del horizonte mental al mero ámbito corpóreo, considerado en lo sucesivo como la única "realidad", quedando, así mismo despojado de todo cuanto no podía ser considerado como puramente "material". La ciencia profana que siempre había sido mecanicista a partir de Descartes y que, desde la segunda mitad del siglo XVIII iba a hacerse más específicamente materialista, convirtiéndose, a lo largo de sus sucesivas teorías, en un cuerpo cada vez más exclusivamente cuantitativo, al tiempo que, al ir penetrando el materialismo en la mentalidad general, llegaba a determinar en ella esa actitud, independiente de toda afirmación teórica, pero tanto más difusa y reducida a la calidad de una especie de "instinto" que hemos denominado el "materialismo práctico" (...)El hombre "mecanizaba" odas las cosas y finalmente se "mecanizaba" a sí mismo, cayendo gradualmente en el estado de las falsas "unidades" numéricas extraviadas en el seno de la uniformidad y la indistinción de la "masa", es decir, en definitiva, en la multiplicidad" (21). Tal es, globalmente considerado, el camino que lleva de la anti-tradición a la contra-tradición, pasando por la subversión. Guenon sostiene que la acción de la contra-tradición es efímera y fundamentalmente inestable (22), para entender su implacable razonamiento hay que pasar a otro terreno.
   
Guenon, utilizando la clasificación tradicional propia del mundo clásico, nos habla de Pequeños Misterios y de Gran Misterios, que, lejos de ser dos géneros diferentes de iniciación, son dos fases o grados de una misma iniciación (23). Los Pequeños Misterios, no son más que una preparación para los Grandes. Guenon recuerda que cada ser no puede ir más allá de donde se detienen sus posibilidades individuales, por tanto algunos solo podrán estar cualificados para los Pequeños Misterios (24). Los Pequeños Misterios comprenden todo lo que se relaciona con el desarrollo de las posibilidades del estado humano encarado en toda su integralidad: culminan en lo que podemos llamar la perfección de este estado, a la que Guenon alude como "restauración del estado primordial". Los Grandes Misterios, en cambio, conciernen a la realización de los estados suprahumanos; tomando al ser en el punto en que lo han dejado los Pequeños Misterios, centro del dominio de la individualidad humana, los otros aspiran a situar al iniciado en el camino de la "liberación final" o la "identidad suprema". Guenon, haciendo un símil geométrico habla de "realización horizontal" y de "realización vertical", sirviendo la primera de base a la segunda, encarnan respectivamente los Pequeños y los Grandes Misterios. Aquellos son representados simbólicamente por la Tierra, que corresponde al dominio humano, mientras que la realización suprahumana es descrita como una ascensión a través de los cielos, que corresponden a los estados superiores (25). Para emplear el lenguaje de Dante, el Paraíso terrestre es una etapa del camino que conduce al Paraíso celeste (26). Los Grandes Misterios están en relación directa con la iniciación sacerdotal y los Pequeños con la iniciación real. El primero de estos dominios es de orden "sobrenatural" o "metafísico", mientras que el segundo es solo de orden natural o físico (27). Los Pequeños Misterios comportan el conocimiento de la naturaleza, los Grandes el conocimiento de lo que está más allá de la naturaleza. Los Pequeños Misterios dependen de los Grandes y ahí tienen su principio, lo mismo que el poder temporal para ser legítimo, depende de la autoridad espiritual y en ella tiene su principio (28). Los Pequeños Misterios sirven para preparar a los Grandes, es decir preparar la toma de posesión de los estados superiores del ser, es por ello que éstos tienen por objeto el conocimiento metafísico puro, esencialmente uno e inmutable. Aquí no hay error posible, ni desviación susceptible de aparecer, esto solo puede aparecer en la zona de los Pequeños Misterios. Cuando aparece una pequeña ruptura entre ambas escuelas de Misterios, los "pequeños misterios" terminan siendo tomados como un fin en sí mismo (29).
   
La contra-iniciación y las distintas formas de satanismo solo pueden actuar en el terreno de los "pequeños misterios". Se dice que, cuando quiere, el diablo es un buen teólogo, pero hay un dominio que le está prohibido, el de la metafísica que es el propio de los Grandes Misterios. La posibilidad de extravío subsiste en los Pequeños Misterios en tanto que el ser no está aún integrado en el "estado primordial" pero que cesa de existir desde que él ha alcanzado el centro de la individualidad humana; y es por eso que puede decirse que quien ha alcanzado ese punto, es decir el acabamiento de los "pequeños misterios", ya está virtualmente liberado, aunque solo lo pueda ser efectivamente, cuando haya recorrido la vía de los "grandes misterios" y finalmente realizado la "identidad suprema" (39).   
   
Para la corriente tradicionales representada por Guenon ¿qué es exactamente el Diablo? ¿tiene entidad propia? ¿es un ser personalizado? Distintos textos del propio Guenon y de varios de sus discípulos parecen conformes en este punto: el diablo, no es para ellos, un ser personal, como tampoco Dios lo es; uno y otro, a efectos didácticos y sobre el plano exotérico, adquieren una forma personalizada, pero en realidad, tanto desde el punto de vista del esoterismo como de la metafísica que es anexo, el Diablo es una fuerza maléfica. Es característico de la corriente tradicional concebir el mundo como un escenario de colusion de fuerzas que vehiculizan los distintos temperamentos y estados de ánimo. Así por ejemplo, un tradicionalista jamás dirá: "estoy colérico", sino más bien "la cólera ha entrado en mí". Otro tanto ocurre con la noción de Mal.

Esto choca frontalmente con los criterios del ambiente ocultistas. Allan Kardek, por ejemplo, enseña que los "malos espíritus" mejoran progresivas y, casi, inevitablemente. Guenon recuerda que para Kardek, ángeles y demonios son igualmente seres humanos situados en los dos extremos de la "escala espirita" (31).  "Diversos ocultistas pretenden que lo que aparece como fuerzas, son en realidad seres individuales, más o menos comparables a los seres humanos; esta concepción antropomórfica es lo contrario de la verdad" (32).
   
En Guenon todo esto no se quedó en teorías. De hecho, la obra de Guenon es una incitación a realizar una práctica de ascesis dentro de una formación tradicional, exotérica o esotérica. Guenon no tardó en enfrentarse abiertamente a algunos notorios ocultistas de su tiempo en los que veía reflejadas formas contra-iniciáticas y "satanismo inconsciente". Sus ataques a los teósofos más notorios, pero más especialmente a los ocultistas Charles Detré ("Teder") (33), Thedore Reuss, Aleister Crowley, Gurdjief, Joanny Bricaud (34) y René Schwaller de Lubicz (35), le valieron el ser objeto de "ataques psíquicos". Un amigo y colaborador de Guenon define su situación en la época: "Había sido víctima de ataques "materializados" bajo la forma de animales negros y especialmente de un oso negro del cual le quedaba el rastro de una mordedura en el cuello. Por mi parte, volviendo con él a su casa (había salido a la calle para "desviar" el ataque del que estaba prevenido) hemos encontrado uno de los vidrios de su oficina estallado como si se le hubiera lanzado un objeto pesado. Tamos (36) llegó poco después y Guenon le pidió intentar ver de donde venía el ataque. Tamos se concentró y, durante un momento, describió dos personajes -un hombre y una mujer- que no conocía pero que Guenon identificó como algunos de sus enemigos habituales" . Guenon sostenía que estos ataques procedían de los medios contra-iniciáticos y aprovechaba las cualidades paranormales de Tamos -más incluso que su identidad doctrinal con él- para protegerse de estos ataques. Enfrentarse al Maligno y denunciar sus tretas, siempre ha entrañado un cierto peligro...

Notas a pie de página:

1. Tras Guenon, es Julius Evola, indudablemente, el representante más cualificado de esta corriente; a pesar de sus discrepancias en algunos extremos, Evola manifestó siempre un tributo de agradecimiento a Guenon a quien consideró en rigor su maestro. Fritjof Schuon, Ananda K. Coomaraswami, Michel Valsan y otros muchos, en ocasiones grandes medievalistas, constituyen lo esencial de esta corriente de pensamiento que jamás ha constituido una organización iniciática unitaria, pero que si ha influido en muchas individualidades europeas.

2. L’Erreur Spirite, René Guenon, Editions Traditionelles, especialmente el Capítulo X, "La Question du satanisme", págs. 302-328.

3. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, René Guenon, Editorial Ayuso, Madrid, 1976, especialmente los Capítulos XXXVIII-XXXIX, págs. 265-277.

4. Se cita a la secta de los Yezidis como un caso excepcional. Entre los ocultistas se tiene en consideración a Lucifer más que al Diablo, y como "portador de luz", no como "espíritu del mal". "L’Erreur Spirite", op. cit., pág. 302.

5. "El diablo no es solamente terrible, es a menudo grotesco", Guenon, op. cit., pág. 305.

6. Guenon, op. cit., pág. 307.

7. Guenon, op. cit., pág. 307.

8. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág. 205

9. Nosotros mismos hemos visto como el pilar y la imagen de la Virgen eran limpiados y el pilar volvía a colocarse con su cruz invertida, por unos operarios que, desde luego nada tenían de satánicos y probablemente lo ignoraban todo, incluso del "affaire" de Rennes-le-Château. Para los que deseen conocer este tema les recomendamos el apéndice de nuestraobra "Guía del Catarismo", Ed. Martínez Roca, Barcelona 1998, págs. 267-301.

10. Guenon, op. cit., pág. 311.

11. Guenon, op. cit., pág. 316

12. La Blavatsky hacía escrito: "El alcohol es un enemigo peor que la carne para el progreso espiritual y moral, pues, cualquiera que sea la forma en que se sirva, la condición psíquica del hombre experimenta una influencia directa marcada y muy perjudicial" y también "El hombre que se alimenta de la carne de los animales absorbe algunas de las propiedades del animal del que proviene esa carne. La ciencia oculta enseña que el efecto embrutecedor y animal producido en el hombre por ese alimento, tiene tantas más fuerza cuando se trata de la carne de los animales grandes, menor cuando se trata de las aves, menor aun si es de los peces y otros animales de sangre fría, pero que el alimento que tiene influencia inferior de esta índole, es el que procede de los vegetales". Ambas frases son citadas por Guenon en "El Teosofismo", Ed. Obelisco, Barcelona 1989, págs. 272 y 273.

13. Sobre Clement de Saint Marcq, véase Guenon, op. cit., pág. 321-325.

14. Massimo Introvigne, Enquête sur l’espiritisme, Dervy Livres, París 1997, pág. 223-224 y para una referencia más explícita sobre Clement de Saint Marcq, Il ritorno dello gnosticismo, págs. 155-160.

15. Véase a este respecto el Capítulo XXXVIII de "El reino de la Cantidad...", Guenon, op. cit., págs.

16. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., cap. XXXVIII, pág.

17. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág. 202.

18. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 206.

19. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 198.

20. Ver René Guenon, "La Crisis del Mundo Moderno", Ediciones Obelisco, Barcelona 1983 y Julius Evola, "Los Hombres y las Ruinas", Herakles, Buenos Aires 1996, "La crisis del mundo moderno" (especialmente su segunda parte), Herakles, Buenos Aires, 1995, "Cabalgar el Tigre", Ediciones Thor, Barcelona 1986 y en distintos ensayos recopilados bajo el título de "L’Arco e la clava", Vanni Scheiwiller, Milán, 1969.

21. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 200-209.

22. "La confusión en la que se sumen todos estos grupos es una consecuencia derivada de la ausencia de influencia superior. Aquí aparece lo que podemos llamar "la estupidez del diablo"". Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 210.

23. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 377.

24. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 380.

25. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 380.

26. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 381.

27. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 382.

28. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 382.

29. "Aperçus...", Guenon, op. cit., pág 385.

30. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 396.

31. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 304.

32. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., nota en la pág 311.

33. Sucesor de Papus al frente de la Orden Martinista. Gran Maestre de la Orden Martinista, sucesor de Teder, patriarca de una Iglesia Gnóstica, sucesor del abate Boullan al frente de un cisma de la vintrasiana Iglesia del Carmelo).

34. Fundador del grupo "Les Veilleurs", egiptólogo heterodoxo, nombre iniciático AOR. Algunos autores lo dan como el verdadero autor de "El Misterio de las Catedrales". Fue colaborador de Julien de Champagne, ilustrador de las obras de Fulcanelli, de quien, se ha sostenido que robó el manuscrito sobre las Catedrales a Schwaller con quien realizó, por lo demás, experimentos alquímicos. Perteneció durante un tiempo a la Sociedad Teosófica.

35. Colaborador de Guenon y Redactor Jefe de su revista "Etudes Traditionelles", dotado de capacidades paranormales de videncia.

36. Quelques souvenirs sur René Guénon et les "Etúdes Traditionelles" (Dossier confidentiel inédit). Documento sin firma publicado en Internet: http://www.geocities./c...hens/7524/doconfid. El documento en cuestión aborda las relaciones del autor -un prominente miembro de la redaccion de "Etúdes Traditionelles"- con Guenon. Es fácil identificar la personalidad del autor del documento y la veracidad de sus informaciones; preferimos respetar su voluntad y no desvelar el nombre.

© Ernesto Milà – Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

En torno a los iconos y el arte de las Iglesias de Oriente






Infokrisis.- Revisando archivos, hemos encontrado este artículo sobre el arte de los iconos, perdido en la Iglesia Católica desde el período románico y aún vivo en las Iglesias Orientales. El artículo nación de las conversaciones con un matrimonio de amigos. Ella es considerada hoy como una de las primeras iconógrafas de nuestro país; frecuentemente delegaciones catalanas que van a visitar Roma le requieren para que realice un icono de regalo para el Papa. Nuestra amiga se ha preocupado de rescatar y aplicar los mismos métodos de tratamiento de las maderas, de preparación de la misma y de ideación del icono que las utilizadas por los iconógrafos cristianos hace mil años.  El resultado  son iconos que realmente iluminan el templo ortodoxo. De estas conversaciones sobre el canon de las proporciones, sobre el origen de los iconos y sobre su teología, surgió este artículo que luego fue reproducido en una obra publicada con seudónimo por la Editorial Robin Books que escribí junto a Pedro Palao.


Ontológicamente existen dos tipos de civilizaciones: las tradicionales y las modernas. Las civilizaciones tradicionales son aquellas en las que cualquier actividad está orientada hacia la trascendencia; por el contrario, las civilizaciones modernas están volcadas hacia lo contingente. Unas son las civilizaciones del Ser, las otras las del Devenir. Las primeras son las Dios, las segundas las de los hombres. No se trata de una división geográfica o temporal, sino de dos conceptos situados por encima del espacio y del tiempo. Cada cual, incluso en nuestra maltrecha época, tiene el derecho -y la obligación existencial- de elegir una u otra escala de valores. Y no solo eso: sino ser consecuente con su elección.

Quienes están imbuidos del espíritu tradicional y buscan vivir y mantener viva la tradición cristiana, no pueden eludir pronunciarse y asumir valores en todos los campos. Y el Arte es uno de ellos: frente al arte laico, moderno, personalizado, contingente, banal, nuestra tradición conoció otro, sagrado, trascendente, anónimo y funcional.

Nuestro tránsito sobre este pobre mundo es breve: cada segundo que pasa, nos aleja de nuestro nacimiento y nos acerca al momento de nuestra muerte. Olvidarlo implica sumergirse en la "vanidad de vanidades" de la que nos hablaba el Eclesiastés; recordarlo supone asumir la exigencia de estar preparado y de convertir cualquier aspecto de la vida humana en vehículo de salvación: precisamente éste es el lugar que tuvo el icono en la antigua tradición cristiana y que se ha conservado, con relativa pureza, entre las Iglesias de Oriente.

Estos modestos apuntes sobre la iconografía son, en realidad, un homenaje a estas Iglesias que han llegado a las puertas del tercer milenio conservando el depósito de su arte sagrado.

El lugar propio del icono es el iconostasio. Está a la vista de todos, frente a los fieles, en una posición elevada para que esté presente en cualquier momento del culto. Los templos ortodoxos apenas tienen aberturas al exterior, los iconos situados en el iconostasio son los ojos y la luz de sus templos.

TEOLOGIA DE LA PRESENCIA

Se ha repetido hasta la saciedad que el icono no es solo un objeto de arte, sino teología de la imagen que encierra el misterio de un aspecto de la revelación divina y de la comunicación del ser humano con Dios. El icono solo podía haber progresado en el marco de la iglesia ortodoxa. De las tres ramas en las que se dividió el cristianismo, el protestantismo coloca el énfasis en la ética de la honestidad y el moralismo, el catolicismo en la organización y la autoridad de los prelados y la ortodoxia en la espiritualidad y la belleza del mundo inmaterial. La palabra "filocalia", amor a la belleza, solo se entiende en el seno de la ortodoxia. La belleza del icono refleja la de Dios y del mundo espiritual. Dado que el iconógrafo se coloca en una situación espiritual receptiva a la intervención de la divinidad, cada uno de sus producciones está cargado con la energía del espíritu y traduce el lenguaje de la belleza trascendente, inexpresable con palabras. En un icono se percibe algo más que unos colores y unas proporciones, es la confusa percepción del mundo de la trascendencia lo que subyace en sus formas.

El arte iconográfico tiene un fundamento en las Sagradas Escrituras. Si Dios hizo al hombre a su imagen y se semajanza, el hombre, reflejando las formas humanas, puede llegar a aproximarse al arquetipo divino. Por lo demás, el propio Dios del antiguo testamento, colocó dos querubines en la parte superior del Arca de la Alianza. Se trató de una excepción, pues se consideraba que la representación de imágenes divinas, atentaba contra el culto a Yavhé. Luego, los teólogos católicos, manejando los textos bíblicos y especialmente el Génesis, justificaron la  utilización de imágenes divinas. El VII Concilio Ecuménico dió rienda suelta a la utilización de iconos: "Cuanto más contempla el fiel los iconos, tanto más se acuerda del que está representado en él y se esfuerza por imitarle". Se procuró desde entonces que el fiel manifestara hacia la imagen representada en el icono "respeto y veneración" (prokynesis), en lugar de adoración (latría). Desde el principio se quiso distinguir el icono del ídolo: el primero es la expresión de la realidad trascendente que existe verdaderamente, mientras que el ídolo es una ficción o un simulacro sin existencia real.

La temática del a iglesia católica gravita en torno al fenómeno de la pasión de Cristo, mientras que la ortodoxa elije como temática central el misterio de la Encarnación, de la muerte y la resurrección de Cristo. Esto lleva a la ortodoxia a manifestar y apreciar por todos los medios la Gloria de Dios. Una de las muestras más evidentes es el pantocrator: Cristo glorioso reinando sobre el mundo. Hasta el arte románico, los patrones del arte sagrado de Oriente y Occidente, a pesar del cisma, no diferían en exceso; la verdadera ruptura se produjo al irrumpir el arte gótico y posteriormente, el renacentista. Occidente perdió el canon de las proporciones y de los colores; dió libertad al artista para que expresara sus sentimientos particulares y así se llegó a representaciones como el Cristo de Grünewald, que logra conmover pero en la que está ausente el sentimiento de la presencia trascendente. La consecuencia lógica de esa tendencia del arte sagrado occidental era su progresiva desvalorización que llegó con el protestantismo: para Lutero y Calvino el arte carecía de significado real, lo que representaba no tenía relación con el arquetipo, se toleraba apenas como una muestra de la fe popular y limitado a escenas históricas colectivas o a ilustraciones de episodios sagrados, nunca como manifestación de los aspectos de la divinidad. Mientras, en Occidente, al aparecer la perspectiva, el humanismo y distintas técnicas del color, el arte se separa del canon sagrado y, en aras del realismo, representa solo lo humano, deja de ser sagrado para convertirse en "arte religioso". En Oriente, no se produce esta fatal evolución; el icono sigue siendo un poema visual, que canaliza la Gracia y la actualiza para uso y disfrute del fiel que lo contempla con simplicidad y apertura de corazón.

El icono, al ser consagrado, alcanza un valor muy superior a su realidad material: es objeto de culto en tanto que participa de la realidad de la trascendencia.

PEQUEÑA HISTORIA DE LA ICONOGRAFIA


Al abandonar los judíos las tierras de Egipto tras cuatro siglos de convivencia con el pueblo de los faraones, ya se plantearon la elaboración de la representación de la divinidad. Tras el episodio iconoclasta de la destrucción del Becerro de Oro, la colocación de dos querubines sobre el Arca de la Alianza pareció romper esa tendencia. Sin embargo, se mantuvo la prohibición de representar otras imágenes. Poco a poco fueron apareciendo escenas históricas o símbolos sagrados, nunca se representó imágenes de Jehová, sino que se le evocaba a través del "tetragramaton", las cuatro letras que representanban el innombrable nombre de Dios.

Tras la formación de los primeros núcleos cristianos, hacia finales del siglo I, la nuevo comunidad precisó signos de reconocimiento e identificación: aparece la cruz, el ancla, la paloma, el cordero y el pez. No se pudo evitar que algunos símbolos fueran cogidos de los paganos: el olivo, el laurel y la palmera, pasaron a ser símbolo de los mártires y el pavo real, que en Roma era símbolo de eternidad, pasó a serlo de la divinidad.

Hacia el siglo II aparecen las primeras pinturas en las catacumbas. Muchas de las construcciones cristianas de Roma, Egipto, Siria y Palestina, están adornados con símbolos judíos y cristianos, ornamentos florales y, posteriormente, en un período más tardío, escenas bíblicas, vidas de los santos y episodios evangélicos. La rápida progresión de este arte, hizo que se manifiestaran los primeros síntomas iconoclastas en las comunidades cristianas.

Entre el siglo V y la caída de Constantinopla a mediados del siglo XV, icono es una forma del arte sagrado especificamente bizantina. Fue precisamente la presión otomana la que facilitó la expansión del icono en el área de expansión de la iglesia oriental. Fue en los primeros años del siglo V cuando llegó a Constantinopla un retrato de la Virgen y el Niño que se creía había sido pintado por San Lucas, pues es en su Evangelio en el que se aportan más datos sobre la Madre de Dios. El clima cultural en la Bizancio del siglo V era de síntesis de ideas helenísticas (luego también egipcias y griegas), judías, romanas y cristianas. En este caldo de cultivo se forjó el concepto de arte cristiano.

Las primeras muestras iconográficas cristianas aparecen en las catacumbas, cementerios subterráneos donde se veneraba a los mártires1 muertos en olor de santidad. En los dos primeros siglos de nuestra Era estuvieron cubiertos de símbolos paganos y solamente a partir del siglo II apareció una simbología específicamente ligada a la nueva religión: el pez, la cruz con forma de ancla, el monograma de Cristo, etc.

Un precendente de estas primeras muestras de arte cristiano son los encaústicos egipcios. Estas pinturas funerarias, realizadas con colores fundidos a la cera, fueron realizados según los mismos sistemas y técnicas que, por insondables caminos, que los iconos del siglo VI y VII encontrados en las inmediaciones del Sinaí.

Leyenda del rey leproso que deseaba ver a Jesús predicando en Palestina. Jesús no pudo acudir, pero imprimió su faz en un lienzo que recibió el Rey. Este fue el primer icono. Se trataba de un acheiropoiete, literalmente, "rostro sagrado no realizado por mano humana". Otra tradición cuenta que los cristianos de Alejandría adoptaron el estilo local para su arte sagrado... Lo cierto es que en el Concilio Quinisecto (691-692) encontramos la primera mención al icono. Los prelados asistentes solicitan a los iconógrafos que dejen de representar a Cristo como un carnero sin rostro y lo hagan con aspecto humano. En el siglo VIII los iconos habían alcanzado un gran prestigio entre las iglesias orientales: un icono, por ejemplo, podía apadrinar a un recién nacido y bastaba poner el pan eucarístico sobre el icono para santificarlo.

EL PROCESO DE ELABORACION DEL ICONO

El soporte del icono es una tabla de madera cuya superficie se ha tratado con yeso, dándole un aspecto blanco. A partir de esta superficie, perfectamente alisada, se traza el esquema geométrico que dará forma al icono. Los iconógrafos suelen trazar primero sobre el papel el diseño del icono para trasladarlo por diferentes métodos sobre la superficie de yeso. Solo unos pocos, entre los más hábiles artesanos, se atreven a dibujarlo directamente. El enyesado y tratado de la madera se llama leukosis, del término griego leukas, blanco. La fase siguiente, el trazado del dibujo es la sinopia; el término procede de la tierra que se utilizaba para dibujar, procedente de Sinope, en el Mar Negro. Algunas escuelas han preferido dibujar las figuras con un punzón sobre el yeso, en una técnica parecida al esgrafiado, lo que contribuye a dar una sensación de relieve.

El coloreado del icono es sin duda la operación más importante para reflejar la pura luz divina. Se utilizan tierras de color emulsionadas con huevo. Se va coloreando por capas, empezando por las más oscuras que constituyen los colores de base, hasta las más claras. En cuanto a las inscripciones, muy frecuentes en la iconografía oriental, se suelen realizar en lengua sagrada latina o en cirílico, utilizándose a menudo iniciales o anagramas.

Es frecuente que en algunas zonas del icono se recubran con pan de oro sobre una capa de rojo inglés que hace de cama. Una vez concluido, la superficie del icono se protege con gomalaca o un barniz transparente; éste, filtrado a través de los poros del color, del yeso y de la madera contribuye a amalgamar estos tres componentes y asegurarle una gran solidez y duración.

A partir del siglo X, en Bizancio los iconos se revestían con metales nobles, oro y plata, aleatoriamente en ocasioes cobre,  e incluso se llegó a incrustar pedrería. El icono quedaba así encerrado y protegido por un marco sólido y resistente e, incluso en ocasiones, con una fina puerta.

Tratándose de una obra de arte religioso, al icono, para ser considerado tal, le faltaba todavía la bendición realizada en un recinto sagrado.
 
EL CANON DE LAS PROPORCIONES

El segundo concilio de Nicea aprobó los cánones artísticos del naciente arte sagrado cristiano. Los documentos que han llegado hasta nosotros dicen mucho sobre el dominio que los padres de la Iglesia tenían sobre los conocimientos de su tiempo. Nos equivocaríamos si viéramos en los iconos unas imágenes ingenuas que responden solo a la inspiración expontánea del artista. Observadas con detenimiento, se percibe pronto que los auténticos iconos responden a un canón de proporciones y a una técnica extremadamente segura. Este canon es inseparable del clima cultural que vivía Constatinopla entre los siglos IX y XI caracterizado por un saber sintético procedente de aportaciones diferentes, la más importante de las cuales era la segunda ola de helenismo, la reorganización de la universidad y concepciones artísticas venidas de Egipto; de hecho, el hieratismo del arte sagrado egipcio tiene su equivalente en el de la iconografía bizantina. El hecho de que al frente de cada taller iconográfico estuviera un "geómetra", ya indica la necesaria influencia del pitagorismo.

Como en la geometría pitagórica, los iconos se basan en unas pocas estructuras geométricas básicas: el círculo, el triángulo isósceles y, finalmente, el cuadrado y en las proporciones entre unas y otras. Entre el siglo XI, cuando este canon puede considerarse concluido, hasta el siglo XVII, cuando algunos talleres de iconografía empezaron a imitar modelos occidentales perdiendo la pureza originaria, el canon de las proporciones permaneció inalterable.

Nada en un icono está colocado al azar, todo tiene un lugar, un significado y una función. No existe en el arte sagrado nada que puede ser superfluo o un simple ornamento desprovisto de contenido y razón de ser. Así pues, se trata de un arte austero y, sin embargo, en pocas escuelas las composiciones alcanzarían tal luminosidad y emanarían una sensación tan vivida de trascendencia. Las figuras se pintan a través de la cabeza y a partir de la nariz. La medida de la nariz es el radio del círculo que marca los límites de la cabeza. El cuerpo está siempre trazado a partir de un triángulo isósceles.

En las figuras completas cada cuerpo está dividido en tres cuadrado. El superior abarca la cabeza, los hombros y termina en los codos. El medio llega hasta las rodillas y el inferior contiene al resto del cuerpo. Existe otra proporción utilizada en la iconografía clásica, definida por Dionisio de Furma, en la que el cuerpo tiene nueve cabezas de alto, la cabeza está dividida en tres partes (frente, nariz y mentón), la guía es la medida de la nariz. Del mentón a la mitad del cuerpo se cuentan tres medidas más y de la rodilla al astrágalo otras. Finalmente, una última medida abarca del astrágalo al talón.

Si el icono es el ojo del templo, los ojos de las figuras representadas en el icono le imprimen carácter. Estos deben ser iguales y la separación entre ambos será la medida de uno de ellos. Si la figura se representa de perfil, la oreja tendrá la medida de la nariz. El centro de la cabeza se encuentra situado entre los dos ojos. Estos forman, con la base de la nariz, un triángulo equilátero invertido. Para trazar la cabeza se utilizan tres círculos: el primer comprende los ojos y la nariz, el segundo da la medida de total de la cabeza y incluye la barbilla y el pelo; el tercero se identifica con la aureola de santidad. Si la cabeza está inclinada -cosa relativamente frecuente en el caso de la Madre de Dios y de los Angeles- el centro está en el final de la ceja. El diámetro del primer círculo son dos dimensiones de la nariz y el segundo círculo, cuyo radio es la mitad del anterior, limita al centro de los ojos.
 
El Segundo Concilio de Nicea dió unas primeras indicaciones sobre estos cánones. El artista tenía entera libertad para elegir los temas de sus composiciones a partir de los Textos Sagrados y del martirologio. Los prelados que aprobaron las actas de Nicea solo insistieron en la necesidad de que el canon de las proporciones no se alterara. ¿Por qué? Por la virtud del símbolo.

En tanto que expresión sensible de una idea, el símbolo es la traslación de esa idea a la medida de nuestra alma. El símbolo para ser tal, debe provocar un eco en nuestro interior para que se cumpla la palabra del Paternoster "Venga a nosotros tu reino" y "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". El símbolo no es nada sino puede ser el tambor de nuestro despertar interior. Sería vano intentar explicar por qué una línea horizontal representa el mundo de la dualidad, por que una línea vertical expresa unión entre lo trascendente y lo contingente, por qué un triangulo expresa creación y reintegración, por qué un cuadrado evoca estagnación, materialidad, por que un círculo expresa perfección: pero a poco que serenemos y abramos nuestra alta, a poco que nos olvidemos de nosotros mismos y contemplemos la sagrada imagen de un icono, el símbolo que subyace en sus formas geométricas, actúa en lo más profundo de nuestra alma y abole las barreras que nos impiden ver el misterio de la Luz Divina.

EL SIMBOLISMO DE LOS COLORES

La Luz Divina es una y quien se siente tocado por ella queda cegado para los negocios humanos. La luz de los hombres es múltiple y deriva de la primera, cuando a través de la materia, se difunde en la gama cromática. Así pues, los colores lejos de ser banalidades estéticas son reflejos de la luz originaria que nos pueden ayudar a percibirla. De ahí que cada color esté asociado a una potencia del alma que se respeta escrupulosamente en la iconografía ortodoxa.

El simbolismo de los colores está asociado a los textos sagrados. El blanco, por ejemplo, es el color de la túnica que Cristo ostentaba en el episodio de la transfiguración. Dado que se le considera, cromáticamente, el más próximo a la luz originaria, evoca al Paraíso y se asocia frecuentemente a la inmaterialidad de la condición angélica. Antes que el cristianismo, los pitagóricos consideraban que el blanco era el color que convenía a los oficiantes de sus ritos. Los elegidos visten de blanco o incluso buena parte de las apariciones marianas del siglo XIX y principios del XX evidenciaron que el blanco es el color de la Madre del Salvador. En el arte iconográfico, el blanco evoca iluminación interior, sugiere serenidad, quietud, ausencia de superfluidades.

El oro tiene un simbolismo próximo. Inalterable como es también inalterable la Gloria, es el color de la aureola de los santos y los mártires, los más próximos al trono de Dios. El azul  marino evoca la posibilidad para los humanos de participar en la infinitud de lo divino. Si su tonalidad es celeste, remite por analogía al color del cielo y del misterio. En las apariciones marianas, el blanco suele combinarse con el azul para formar la imagen de la Madre de Dios. Su aspecto, es de serenidad y magestad, pero también de proximidad a lo humano. En el antiguo Egipto, el lapislázuli decía "eternidad".

El simbolismo del rojo varía según su tonalidad. Brillante, anaranjado o dorado, destila el valor de lo espiritual. Vivo y centelleante, sangre y fuego, sacrificio y poder, pero también, oscurecido, las tinieblas infernales o las pasiones y vanganzas, en su acepción negativa. Simbolismo aun más extremo ostenta el negro, reflejo del mal y ausencia de toda luz. El negro absorve cualquier radiación luminosa es, por tanto, el color de los condenados a las penas del infierno y el símbolo, como se ha dicho, de la "creación que ignora al Creador", que le ha vuelto la espalda y le es imposible percibir su luz. En su acepción positiva es el color de la penitencia y de la humildad, del dolor por la Caída y la exteriorización del deseo de perdón.

La púrpura es una mezcla de azul y rojo. En la Edad Media púrpura era el color del manto de los Emperadores, en un significado simbólico heredado de la más alta antigüedad. Cristo fue escarnecido con la "purpura burlesca", que, antes bien, realzaba su magestad. La Iglesia lo hizo distintivo de la dignidad cardenalicia.

Verde y ocre simbolizan la naturaleza, vegetal y mineral, respectivamente. Los iconógrafos fieles a la tradición suelen pintar los rostros de ocre, como símbolo de aquello que ha sido hecho del barro primordial y a él debe volver. El ocre en su composición contiene esa misma tierra que expresa humildad, huida del lujo y la ostentación y vida reducida a su simple dimensión esencial. El verde, asociado a la vida vegetal, surge cromáticamente de la mezcla del azul y del amarillo, colores asociados a lo divino. De la misma forma que las plantas germinan y florecen por la acción del sol, también nuestro espíritu debe regenerarse y florecer gracias al reconocimiento del Sol Espiritual. Dionisio el Aeropagita ya había comparado el alma a una flor por su eterna juventud y serenidad.

EL ANONIMATO NECESARIO

Los iconos nunca se firman; hacerlo sería lo más parecido a un sacrilegio. Y es que el verdadero arte tradicional es anónimo. Quizás sea este aspecto el que más evidencia la diferencia y hasta la antítesis entre el arte profano moderno y el arte sagrado de la Tradición. La humanidad pocas veces ha alzado maravillas tan complejas como nuestras viejas catedrales, pero de la mayoría no se conoce ni el nombre del Maestro de Obras que la diseñó, ni el del más brillante de las canteros y artífices.

Christian Jacq dramatiza la importancia de un anonimato cuando describe el trabajo en una cantera : "La cólera del maestro de obras se desencadena cuando un obrero alardea de su valor en una taberna de la ciudad y le advierte que si quebranta por segunda vez la sagrada regla del anonimato lo expulsará de la cantera: -¿Cómo puedes creer que el arte sirva para expresar tus sentimientos personales? -le dice- ¿No sabes que lo único que tiene importancia es la idea que ha de transmitirse y no quien la transmite?". Se ignora, el nombre del Maestro de Obras que construyó la Catedral de Barcelona e incluso se sospecha que el primer nombre conocido, Jaume Fabre, sea un seudónimo que aluda a una hermandad de constructores que alzó, justamente ahora, hace 700 años, otros grandes templos del gótico mediterráneo.

En las artes tradicionales cuenta solo el concepto teológico o metafísico que se expone, no quien lo expone. El arte moderno, por el contrario, suele estar ligado a personalidades concretas; al no verse libre de la tiranía del mercado, y para situarse en posiciones óptimas, precisa promocionar al artista como si de una marca comercial se tratara. En la práctica, el artista profano hincha su ego a través de la admiración que puede generar su arte en el cliente y que se traduce en una cotización económica; la admiración, la adulación, la promoción, la comercialización y la venta exigen que el arte profano tenga nombre, apellidos e historia propia. El artista sagrado, por el contrario, pretende otra cosa, ocultar su ser para que resplandezca la grandeza de lo único que cuenta verdaderamente, Dios; no busca engordar su ego, ni generar admiración, ni mucho menos beneficiarse en el plano material, solo pretende reflejar la grandeza de lo divino y ayudar a otros a que experimenten la trascendencia. El maestro Eckhart dijo en uno de sus sermones: "El Arte es bien soberano y delicia inmutable cuando dirige nuestra percepción sensible hacia el conocimiento de Dios". Eso es lo único que cuenta. Ibn Arabí, el gran místico del Islam, nacido en nuestro suelo, hacía escrito: "Lo serás todo cuando hagas de tí nada".

Existen dos dimensiones en el anonimato, una superior, la que precisa el Arte Sagrado y todo lo que deriva de la necesaria humildad del hombre hacia Dios: remitiéndonos a la esencia más íntima de nuestro ser, nuestro pobre personalidad humana debe necesariamente replegarse ante la grandeza de Dios. Es una forma superior de anonimato, elegido voluntariamente para hacer de la trascendencia el eje de nuestra vida. Pero existe otro anonimato, impuesto por la masificación y el individualismo que ha hecho de la humanidad moderna un agregado inorgánico de seres sin rostro propio, sin alma y sin pesonalidad. Este anonimato inferior, verdaderamente demoníaco, es la antítesis del primero pero nos muestra que la condición humana puede ser superada hacia lo alto o hacia lo bajo. Ciertamente, tras algunas muestras del arte moderno profano, se percibe esta tendencia a la masificación anónima que tiene su punto culminante en Andy Warhol y el op-art. Para Warhol el arte debe ser anónimo, ciertamente, pero debe reflejar solo la naturaleza de la sociedad moderna, impersonal en el peor sentido y ser fabricado en serie (por eso utilizaba la serigrafía que permite multiplicar la producción y su estudio se llamaba "the factory", la factoría, queriendo evidenciar la idea de producción en cadena para su arte. La experiencia trascendente era sustituida por la experiencia psicodélica: aquí volvemos a encontrar el mismo problema; la vía de la Tradición Cristiana puede conducir a experimentar -como en el caso de los místicos- estados alterados de conciencia, es decir, saltos "hacia lo alto", por encima de la conciencia ordinaria; la psicodelia, por el contrario, generaba experiencia derivadas de alteraciones en la química del cerebro que llevaba a inframundos, haciendo aflorar los fantasmas interiores del sujeto.

El arte sagrado es el único arte que puede concebir quien siente "sed de Dios". No en vano el análisis etimológico de la palabra "arte", nos dice mucho al respecto. La sílaba básica de Arte es RT, que encontramos en sánscrito en la palabra rita de la que deriva rito: "rito equivale a orden. Lo que implica un acto o gesto de ordenar, de poner orden en el caos. Si este gesto imita el gesto ejemplar del Verbo, el Logos creados, imita entonces el modo en que opera la naturaleza, que es su obra, y será entonces ritual, es decir, conforme al orden". De eso se trata justamente, de que el Arte lleve orden a nuestras conciencias. De lo contrario no es nada.

LA QUERELLA DE LOS ICONOCLASTAS


Los iconoclastas son, literalmente, los "rompedores de iconos". En el año 300, el famoso concilio de Elvira, sentenció la lucha por desterrar las imágenes sagradas de los templos cristianos. Estaba muy próximo el paganismo para que, considerándose la naciente Iglesia, antítesis de aquel, no terminara por rechazar todo ídolo. El concilio de Elvira quiso erradicar la idolatría pagana y lo hizo de manera radical: "no debe de haber ninguna imagen en la Iglesia". Posteriormente, Epifanio de Salamina, amigo y colaborador próximo de San Jerónimo, redactó un discurso contra la imaginería sagrada, que fue tomado como base de las especulaciones teológicas de los iconoclastas posteriores.

Su tesis ignora el método de creación del Arte Sagrado y construye un discurso sobre bases falsas. El de Salamina considera que cualquier obra que salga de las manos humanas, es simplemente humana y las imágenes son obras humanas; ignora que el artista, al abordar su obra, se sitúa en una disposición de ánimo abierta a la intervención divina. El mundo clásico llamó a esto "inspiración". Luego, contrariamente a la opinión de Epifanio de Salamina, la verdadera Obra de Arte no es "simplemente humana", sino "más que humana". Añade que la obra es engañosa por que no muestra la imagen de lo que representa; pero esto implica aceptar que la única forma de representar una imagen sagrada es de manera naturalista y lo que pretende el Arte Sagrado es generar símbolos, colores y proporciones, a través de los cuales se pueda expresar ideas y contenidos superiores de manera sensible. Epifanio reduce toda expresión artística al naturalismo; la escena de San Jorge de Capadocio venciendo al dragón es, ciertamente, alegórica y simbólica, capaz de inspirar nuestras meditaciones, que es justamente lo que pretende, en absoluto una reproducción fotográfica del rostro del Santo y de sus atributos guerreros. Finalmente, sostiene el argumento de que difícilmente el Arte podría representar aquello que, como un ángel, es inmaterial. El error, como antes, consiste en olvidar que el símbolo y la alegoría pueden ser utilizados como expresiones sensibles de ideas metafísicas o teológicas. ¿De qué manera podría expresarme mejor la idea de un ser angélico que otorgándole los rasgos de un niño o un joven alado cubierto con túnica blanca y aspecto etéreo e inmaterial? ¿cómo expresar mejor la idea de pureza y presencia que con la representación tradición de un ángel?

Los iconoclastas irradiaron durante dos siglos a partir del siglo VIII, desde Constantinopla e impusieron sus tesis en los Balcanes, Turquía y entre las comunidades del Oriente Medio. Verdaderamente hicieron honor a su nombre; su furor destruyó buena parte de la riqueza artística de los primeros tiempos del cristianismo. El fuego consumió muchos "acheropoietes", iconos considerados como no hechos por mano humana y que representaban habitualmente a la Virgen con el Niño. También eran célebres iconos que sangraban o derramaban lágrimas, sus emplazamientos se habían convertido en lugares de culto.

Hacia mediados del siglo VII estaba viva la discusión sobre la utilidad de estas imágenes, pero la crisis no debía estallar hasta el año 725, cuando el Emperador León III Isaurico depuso al Patriarca de Constantinopla y se enfrentó a las comunidades monásticas que lo apoyaban. En estas comunidades había un gran número de monjes que eran iconógrafos que se agruparon en torno a Juan Damasceno, gran polemista, que organizó la defensa teológica del Arte Sagrado desde el convento de San Salas, en las inmediaciones de Belén. La persecución contra los iconógrafos se fue agudizando en los meses siguientes; los monasterios donde radicaban iconógrafos fueron saqueados e incendiados y sus monjes encarcelados, torturados y, finalmente, asesinados. Miles de obras de Arte fueron entregadas al fuego y las llamas, lejos de apagarse, encendieron odios y venganzas que habrían de prolongarse durante casi doscientos años.

El Emperador fracasó en su empeño de que el Papa Gregorio II le apoyara, antes bien, Roma llamó a Concilio en el 731 del que emanó una firme condena contra los iconoclastas y su excomunión. El Emperador Constantino II caminó tras las huellas de su predecesor y consiguió reunir en Hieria 338 obispos que condenaor a su vez el culto, la fabricación, la posesión y la mera existencia de imágenes y representaciones sagradas en función de dos argumentos que ya había sostenido Epifanio de Salamina: la relación inexistente entre lo que el icono representa y lo que dice representar y la incapacidad de una imagen para destilar espiritualidad. Juan Damasceno sostenía que la consecuencia de tal declaración era que la personalidad divina de Cristo había terminado por absorver y anular su personalidad humana y que por tanto las actas de Hieria eran rechazables. Así, el eje de la discusión pasaba a ser el Misterio de la Encarnación. Era el año 754.

Aun debió de durar un cuarto de siglo la persecución de los iconoclastas y no será sino en el 775 cuando el Emperador León IV la detuvo. En el 787 tuvo lugar un nuevo Concilio en Nicea -el VII de la Cristiandad- con una nueva condena de los iconoclastas. Pero la violencia debía prolongarse hasta el 843 y ni siquiera la victoria final de la ortodoxia logró hacer olvidar que durante dos siglos se destruyeron artistas e iconos con una furia homicida difícilmente concebible en nuestros días. La cuestión de la Encarnación del Hijo seguiría siendo un tema de discusión que llevaría, finalmente, al doloroso cisma de 1054.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

El caos tiene un nombre en el Vaticano: Milingo, obispo, cantante, exorcista, brujo...

Infokrisis.- Dentro del mismo proyecto de una revista de género negro, en la segunda prueba publicamos este artículo sobre un tipo extremadamente curioso del catolicismo africano: Monseñor Milingo. El catolicismo africano en el verano de 2001 tuvo un nombre señero: el de Milingo. La desmadrada actividad de este exponente de la iglesia africana da mucho que pensar si se tiene en cuenta que el continente negro concentra hoy los esfuerzos misioneros del Vaticano. Milingo era el exponente de la "nueva iglesia africana", el caos personificado. Al acabar el verano de 2001 se secó también la fuente de noticias sobre Milingo. Ignoramos lo que fue de él a continuación y cuál es hoy el estado de la cuestión. Realmente lo que ocurrió después tiene poco interés y seguramente los hechos acaecidos hasta el verano de 2001 no dejan suponer nada nuevo (ni nada bueno)...

El número 63 de la Avenida Puerta Angelica de Roma era la residencia oficial de Monseñor Milingo, antiguo arzobispo de Lusaka. En este lugar Jesús se apareció en 1987 a una mujer kenyana, Anna Ali, hoy hermana de la “Unión Piadosa de Hermanas del Buen Pastor”, orden fundada por el propio obispo Milingo. En el curso de estas apariciones, Jesús permitió a Anna tomar fotografías... Las apariciones, por supuesto, nunca fueron tomadas en serio por la Iglesia, pero pusieron en la pista de este curioso personaje, seguramente el más controvertido de la cristiandad en estos momentos: Monseñor Emmanuel Milingo. En agosto, Milingo se casó por el rito de la secta Moon en Nueva York, regresó al Vaticano, se entrevistó con el Papa, renunció a su mujer y a Moon... todo ello en una semana.

Los portavoces de la secta Moon estaban exultantes de júbilo cuando comunicaron el matrimonio del Obispo Milingo con María Sung, una de sus adeptas. “Después de la luna de miel –explicaron- el nuevo matrimonio regresará a Africa”. Los responsables de la Iglesia de Unificación –nombre real de lo que se conoce como “secta Moon”- comuniucaron el 26 de mayo que el obispo católico no es miembro oficial de la misma, pero que trabajará conjuntamente en varios proyectos en Africa. “El se dedica más a la curandería y el exorcismo, algo que no existe en nuestra Iglesia”, señalaron. En la ota parte del océano, en el Vaticano, la conmoción debió mover los huesos de San Pedro...

Ni siquiera los partidarios más próximos de Milingo permanecieron a su lado al conocer que su líder espiritual iba, no sólo a casarse, él obispo de la Iglesia, sino que además iba a hacerlo por el rito de Moon. En la web oficial de Milingo, que puede consultarse en internet, podía leerse este titular: “No nos reconocemos en el Monseñor Milingo de los últimos acontecimientos”. ¿Qué había ocurrido?

MILINGO: UNA EXTRAÑA TRAYECTORIA

El obispo era conocido en España desde hace casi veinte años, pero no fue ni la jerarquía católica, ni ninguna tarea partoral quien lo trajo a nuestro país, sino el jesuita Padre José María Pilón, experto en exorcismos y fenómenos paranormales. Por que Milingo, además de Obispo, es brujo, sanador y exorcista. Y en un terreno más mundano cantante.

En 1995, Milingo irrumpió en el mundo de la música con un disco de canciones sobre su tierra, titulado “Gubudu Gubudu” (literalmente, “el borrachín”), con canciones compuestas por él mismo en lenguas cicewa et cinsenga, inspiradas en la cultura zulú a la que pertenece. El mismo explicó cómo había llegado al mundo del espectáculo: “En 1993 volví a Italia después de doce años de ausencia; me sorprendió la pérdida de originalidad de los estilos musicales; para recuperar esta originalidad empecé a trabajar y a producir música”. El mismo definió su estilo como “música de baile, de pasiones y entretenimiento”. El disco está cantado en lengua materna y no parece haber tenido mucho éxito en Italia donde se editó.

Con estos antecedentes resulta evidente que Milingo no iba a adaptarse a la rigidez de la curia romana a dónde fue llamado tras informes desfavorables que llegaban de misioneros destacados en su diócesis. La Santa Sede, creyó neutralizarlo dándole el cargo de vicepresidente de un organismo encargado de la pastoral del turismo, en el propio Vaticano... No conocía a Milingo. Pocos días después ocurrió el episodio de las apariciones de Jesús en su domicilio, fotografías incluidas. Pero ni siquiera en Roma dejó de ejercer como curandero. Por otra parte, su cargo eclesiástico, le permitió viajar por todo el mundo. En 1993 se rumoreaba en los corredores vaticanos que se había vuelto loco. Fue desposeído de su cargo y dedicó prácticamente todo su tiempo a realizar exorcismos y ejercer el curanderismo con mucho éxito. "Los que tenemos poderes místicos somos unos incomprendidos", dijo. "Yo recibí estos poderes cuando estaba en Roma en 1973. Una sombra cayó sobre mí y una voz me dijo que fuera predicando la palabra de Dios. Cientos de miles de personas acudieron a mí y eso empezó a molestar a la Iglesia",

Ya en su sede episcopal, Milingo parecía un obispo algo peculiar pero muy próximo a los problemas de su pueblo. En 1971, a poco de ser nombrado Obispo de Lusaka, denunció la “ineficacia, la falta de patriotismo, la irresponsabilidad y la no productividad” de la administración zambiana que se había burocratizada. Sus declaraciones contra el despilfarro y el nepotismo generaron verdaderas convulsiones políticas en el país. Fue así como, poco a poco, Milingo, alcanzó fama en todo el país y en el ámbito de la cristiandad dadas las grandes cantidades de conversos que lograba arrastrar con su pasión oratoria y sus cualidades reales o supuestas como curandero y exorcista.

Sus partidarios opinan que la Santa Sede toleraba mal su creciente popularidad. Los ánimos se crisparon realmente cuando realizó un exorcismo ante las camaradas de la televisión. El 25 de junio de 1982, el Papa le obligó a abandonar Lusaka, acusado de “haber perdido su equilibrio psíquico a causa de sus presuntas facultades como curandero”. Milingo dio posteriormente otra versión de los hechos: “Pensaron que yo quería ser el Mesías de África. Me mandaron al Vaticano con el pretexto de que el Papa quería verme, aunque eso tardó un año y dos meses, y me prohibieron volver a mi diócesis”. El echaba más leña al fuego afirmando en entrevistas y homilías que desde hacía 25 años era objeto de ataques por parte de espíritus malignos...

MILINGO, DE PROFESIÓN EXORCISTA

El Vaticano presta particular atención al diablo y al exorcismo. Incluso otras confesiones recurren a exorcistas católicos cuando se encuentran ante casos auténticos de posesión demoníaca. Sin embargo, el Vaticano es reticente a banalizar esta cuestión; solo acepta que alguien está poseído por el Diablo cuando ha descartado cualquier otra posibilidad de alteración psicológica. Milingo, en cambio, pertenecía a ese tipo de exorcistas de marca protestante que ve tras cualquier enfermedad o problema neurológico, la presencia diabólica.

En Lusaka multiplicó los exorcismos, procurando, inicialmente, ceñirse a las directrices de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Estas instrucciones van dirigidas para obispos y diáconos, los cuales tienen que solicitar autorización a su obispo para practicar el exorcismo.
Pero el caso de Milingo era sensiblemente diferente. Él mismo había dicho: “Como sacerdote solo cumplo con el ejemplo de Jesucristo quien también hacía exorcismos”.

En 1982 los misioneros europeos destacados en Zambia informaron a sus congregaciones sobre los ritos irregulares de Milingo al que acusaron de “prácticas tradicionales africanas de brujería medicinal”. Luego se añadió la de practicar exorcismos de manera indiscriminada. Resultó desposeído de su Sede Obispal y llegó a Roma donde vivió en un apartamento vecino al Palacio Apostólico que le asignaron.

En poco tiempo, Milingo pasó de ser un humilde y desconocido obispo tercermundista, a una curiosidad irresistible para los medios de comunicación italianos. En estos últimos años nada pudo impedir que Milingo oficiara misas en Roma y Milán cargadas de sensacionalismo, con exorcismos y ceremonias de sanación, incluidas. Milingo ha sido un regalo para los medios de comunicación sensacionalistas en los últimos años. Pero la consagración definitiva de Millingo como “obispo-espectáculo” estaba aun por llegar. Y llegó de la mano de Moon.

DONDE MILINGO ENCUENTRA A MOON

Los últimos años no han sido fáciles para la “secta Moon”. Creada en 1954, su propio fundador, el Reverendo Sun Myung Moon ya afirmó que el ciclo de su iglesia era de 40 años. El 1 de mayo de 1994 se cumplió esa fecha y los moonis, llamados oficialmente hasta entonces “Iglesia de la Unificación” pasaron a ser “Movimiento para la Unificación” cuya columna vertebral era la “Federación de Familias para la Paz Mundial”. Moon estaba persuadido de que Dios vendría a la humanidad a través de la familia. A partir de entonces promovió la santificación y la purificación de la institución familiae.

Dado que la caída del comunismo le había restado un caballo de batalla (Moon era, ante todo, un impenitente anticomunista), el eje de actividades del movimiento se desplazó de Estados Unidos, al Tercer Mundo.

Massimo Introvigne, investigador italiano sobre sectas explica: “Otro importante desarrollo ha sido el “Movimiento de Arrepentimiento” en el Centro de Seminarios Espirituales de Chung Pyung en Corea del Sur. Chung Pyung había sido durante largo tiempo un lugar sagrado para la Iglesia de la Unificación. A partir de 1995 los Seminarios comenzaron a liberar a los Unificacionistas de los malos espíritus. De la madre fallecida de la Sra. Moon, llamada Dae Mo Nim (Abuela) por los Unificacionistas, se dice que coopera desde el Mundo Espiritual mediante una médium, la Sra. Hyo Nam Kim, quien dirige las sesiones. Con la asistencia de ángeles, se dice que muchos espíritus han sido alentados para abandonar los cuerpos Unificacionistas y asistir en el Mundo Espiritual a un Seminario sobre el Principio Divino dirigido por Heung Jin Moon, hijo del matrimonio Moon que falleció en un accidente automovilístico en 1984. A comienzos de 1999, más de 300 seminarios de tres días y 30 seminarios de cuarenta días, se habían realizado, con la participación de más de 250.000 miembros. Hay numerosos testimonios de curaciones físicas milagrosas así como personas que sostienen haber visto ángeles o presenciado como espíritus hostiles liberaban los cuerpos físicos afectados”.

Este testimonio evidencia el cambio de patrones de los “moonistas” en los últimos diez años. Este cambio se ha debido a los buenos dividendos que las prácticas de exorcismo, sanación y purificación, han dado a los grupos evangélicos y a los telepredicadores que en Estados Unidos han usado y abusado de estas técnicas. Por otra parte, los ángeles estuvieron de moda en Estados Unidos entre 1990 y 1996 y en cuanto al espiritismo y a las comunicaciones con muertos atavés de médiums, son algo habitual en aquel país desde hace 150 años. Moon aprovechó todo esto para relanzar su movimiento.

En 1998 empezaron los problemas reales para la secta. Varias empresas vinculadas al grupo Tong Il de Corea, y relacionados con el ambiente moonista, quebraron. Para colmo, Nansook Hong, exesposa del hijo de moon escribió el libro titulado “A la sombra de los Moon”. Allí revela que el hijo del reverendo era toxicómano. A pesar de promover los valores familiares, la verdadera familia de Moon estaba destruida. Moon no negó estos hechos, sino que los atribuyó a su dedicación pastoral. Pero el libro sigue afirmando que Moon tuvo deslices sexuales y una paternidad ilegítima. El libro recuerda que Cung Hwa Park, el hombre de confianza de Moon en el sector de comunicaciones y uno de sus primeros discípulos, realizó acusaciones muy graves sobre prácticas sexuales secretas en los primeros tiempos del movimiento. En esa época, Moon practicó relaciones sexuales son seis discípulas casadas a las que llamaba “las seis Marías”... Estas relaciones deberían servir para preparar la llegada de la “Madre Verdadera” que se casaría con él. Ciertamente, más tarde, Park retiró las acusaciones y volvió al redil.

Todos estos amagos de crisis y escándalos más o menos públicos han hecho que en los últimos años el movimiento moonista variara algunas de sus componentes doctrinales. El papel de la numerología ha ido creciendo poco a poco. A algunas fechas y números (el nueve por ejemplo) les atribuyen un valor místico. La bendición colectiva de parejas y los matrimonios masivos entre personas que han sido elegidas al azar por el propio Moon, se ha convertido en uno de esos espectáculos anuales que hacen salir a la secta en las primerasp áginas de los diarios.
En la ceremonia de Bencición que tuvo lugar en Seúl el 7 de febrero de 1999, Moon presentó siete co-oficiantes incluyendo al Rabino Ortodoxo Virgil Kranz (Presidente de la Asamblea Judía de los EE.UU.), al Rev. T. L. Barrett, Superintendente General de la Iglesia de Dios en Cristo (una importante denominación Pentecostal Afro-Americana) y al controvertido Arzobispo Católico Emmanuel Milingo. Fue la primera vez que Milingo aparecía públicamente ligado a Moon.
 
MILINGO: FUERTE EN LA FE... ¿DE MOON?

Pasada la primera sorpresa y el estupor, Milingo afirmó que el hecho de participal en el ritual de Moon, no implicaba que hubiera dejado la Iglesia Católica. Milingo se defendía diciendo que Moon ya no era cabeza visible de una Iglesia (en efecto, había disuelto su organización en 1994). Se había adherido en cambio a la “Federación de Familias para la Paz y la Unificación Mundial”, una organización de personas que no necesariamente ligadas a Moon.

Milingo señaló su intención de luchar contra el Sida en Africa y anunció que en breve presentaría un «plan para su erradicación». Al igual que el catolicismo, la organización de Moon promueve en Africa el recurso a la abstinencia y la formación de unidades familiares sólidas como mejor arma contra la devastadora enfermedad.

Tras el acto de Nueva York, Milingo fue llamado a Roma. Pocos meses después volvió a Estados Unidos para seguir un tratamiento con un médico chino, miembro de la secta Moon. Casi sin darse cuenta, Milingo dependía cada vez más de Moon.

La realidad era que en los últimos años la secta Moon había sufrido una merma de efectivos, pérdida de capacidad mediática, crisis y escándalos en torno suyo y se encontraba en declive. Necesitaba el concurso de un personaje famoso para compensar esa crisis. Y lo encontró en Milingo.

El proyecto de Moon era, sin duda, mucho más ambicioso: no se trataba solo de utilizar la imagen pública del obispo de Lusaka, sino de hacer de él la cabeza visible de su organización en Africa, uno de los lugares donde el moonismo sigue avanzando. Por lo demás, acaso Milingo ¿no había manifestaod en varias ocasiones su intención de crear una iglesia independiente? Moon le servía en bandeja los medios para hacerlo.

El profesor Introvigne, especialista en movimientos sectarios y nuevas religiones, nos explica cómo fue posible el encuentro: “Quien ha seguido a Milingo en estos últimos años ha notado una derivación hacia posiciones típicas de aquella corriente del mundo protestante estadounidense llamada pre-milenarismo que prevé el rapto de los elegidos al cielo tras los acontecimientos apocalípticos, la manifestación del anticristo, y luego un reino de mil años de los fieles con Jesús sobre la tierra. Una teología que lleva consigo la devaluación del celibato y que tiene por telón de fondo, aunque con diferencias, el ámbito «evangelico», muy difundido en Estados Unidos, y el movimiento de Moon”.

El 8 de mayo de 2001, Milingo partió nuevamente hacia EE.UU. No comentó nada de lo que iba a hacer a su brazo derecho con quien había celebrado los ritos de Pascua. Se fue inopinadamente. Sus amigos romanos advirtieron su ausencia al faltar a una cita en Brescia el 20 de mayo. Sus amigos romanos localizaron su residencia en Nueva York, supiron que era el primero de la lista de bodas que iba a celebrar el reverendo Moon. Notificaron al Vaticano lo que iba a ocurrir. El 28, la prensa publicaba que se había casado el día anterior.
Su brazo derecho intenta justificar el proceder del obispo: “Milingo es un hombre bueno, en ocasiones anteriores ya había dado crédito a santones y sectarios. Es un hombrebueno que cree en quien le habla. Quien sabe las promesas que le habrá hecho Moon. Pero sobre todo, Milingo es víctima de la frustración que le ha producido su marginación por la autoridad de la Iglesia”.

MATRIMONIO BREVE, PROBLEMAS MUCHOS

El evangelista coreano Choi Suk. Bong, recorre el mundo predicando la fe de Cristo. Para él, Moon es un enemigo y no duda en denunciarlo constantemente. Suk, ha realizado estadísticas en las que muestra que la mayoría de matrimonios unidos al azar en estas ceremonias colectivas terminan en fracaso. Suk afirmó que en el caso de Milingo no iba a ser diferente. Y así ocurrió...

El 28 de mayo la noticia de la boda de Milingo llegó a Roma. Las sesudas mentes que dirigen la Santa Sede no se ponían de acuerdo sobre el alcance de la decisión de Milingo. Para todos, la sombra del obispo Lefebvre y de su rebelión que estuvo a punto de costar un cisma a la Iglesia se proyectó sobre las estancias pontificias. Con Milingo era aún peor por que podía su rebelión podía costar la escisión del amplio, pero inestable catolicismo africano. En los últimos años, el nombre de Milingo en el Vaticano siempre ha implicado la posibilidad de una disidencia. Incluso los jesuitas a través de su revista “Civilta Católica”, pidieron a Milingo que renunciara a su proyecto de crear una Iglesia paralela en Africa.
Milingo, sin embargo, negaba su voluntad escisionista, pero su postura no era clara. Si por un lado se seguía considerando hijo de la Iglesia –“Dios no me ha abandonado”, había dicho- por otro. atacaba con furia a la Santa Sede y daba una visión particular de su trayectoria: “Me han ridiculizado, me han tratado como un brujo”. En distintas ocasiones afirmó que algunos sectores de la Iglesia habían dado muestras de racismo e intolerancia.

Tras la boda, en larueda de prensa celebrada en el hotel Hilton de Nueva York, las declaraciones de Milingo eran acogidas con aplausos por parte de los sacerdotes presentes, pertenecientes a distintas religiones. En esa ocasión, Milingo atribuyó sus difíciles relaciones con el Vaticano a su popularidad: “Era demasiado popular, temían que me convirtiera en un Mesías africano (...) Me hicieron volver a Roma diciéndome que el Papa me quería cerca, pero solo he logrado verlo de lejos (...) Nadie se ha interesado suficientemente en mi capacidad de curación. Siempre me han boicoteado a distancia sin escucharme”.

Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano, acusó al obispo de favorecer la escisión:.«Es él quien ha participado en un rito y con sus acciones se ha colocado fuera de la Iglesia», explicó: «Monseñor Milingo ha infligido una grave herida a la comunión que los obispos, en primer lugar, deben manifestar con la Iglesia». Navarro Valls afirmó que la noticia de la boda y la actitud de Milingo había sido acogida «con dolor, por el comportamiento de una persona que en el otoño de su vida toma una decisión brutalmente en contraste con la vocación que había vivido hasta ahora». El portavoz vaticano subrayó que Milingo «ya no podrá ser considerado un obispo de la Iglesia católica» y que sus acciones «constituyen el presupuesto para las sanciones canónicas previstas que le serán comunicadas y después hechas públicas». Estas sanciones implicaban la pérdida de su capacidad para administrar sacramentos. La excomunión, además, implicaría la pérdide de la posibilidad de recibirlos. Moon podía sentirse satisfecho con la fe de su nuevo miembro. Tras la espectacular boda, y ante los periodistas, Milingo dejó claro que le trae sin cuidado la excomunión... pese a hacer profesión de fe católica y asegurar una y mil veces que no pensaba abandonar la Iglesia.

Pero cuando Milingo dejó atrás los fastos de la boda y reconsideró la situación vio que se había equivocado en sus cálculos. Esperaba una reacción más dialogante y moderada de la Santa Sede. Quince días después de contraer matrimonio ya empezaba a cuestionarse lo oportuno de tal decisión. El 11 de agosto, pareció que el obispo zambiano moderaba tímidamente su posición. En una carta abierta al Papa explicó: "Dedico, una vez más, en este momento, mi vida a la Iglesia Católica, con todo mi corazón, renuncia a mi vida en común con María Sung y a mis relaciones con el Reverendo Moon”. Era la primera muestra de que su fé en Moon no era exclusiva. Y fue entones cuando el coreano intentó tomar la iniciativa.

El reverendo Moon, a poco de conocer la decisión de Milingo de renunciar a su esposa, corrió en ayuda de esta. Philip Schanker, portavoz del grupo y, así mismo “reverendo”, afirmó haber hablado personalmente con Moon el cual le transmitió su apoyo y solidaridad para con Maria Sung, tras la desaparición de su marido y el inicio de la huelga de hambre. Sung Ryae, de 43 años, miembro de la secta Moon, ejerce en Nueva York de médico acupuntor. En esos momentos estaba sinceramente convencida de que su esposo había sido hecho prisionero en el Vaticano. El motivo de su huelga de hambre era poder verlo y hablar con él. De lo contrario proseguiría hasta la muerte. El portavoz anunció que la señora Sung, debería realizarse un test de embarazo. Un grupo de moonistas se unió a ella en su huelga de hambre. Si bien anunció que se presentaría una denuncia por secuestro, finalmente, la evidencia de que Milingo se había presentado en el Vaticano voluntariamente, evitó que se llevara a cabo esta acción..

El 3 de junio de 2001, Milingo envío una carta abierta a los Obispos de Zambia desde su residencia provisional en Seattle. El documento era una respuesta al que inicialmente habían publicado los obispos de su país el 29 de mayo. En esta declaración los obispos afirmaban estar “Profundamente doloridos y sorprendidos” por la actitud de Milingo. Recordaban que “personas de la Iglesia, comprendido en Santo Padre, han intentado hacerse escuchar por él, pero ha tomado estos consejos como una forma de persecución. A pesar de los esfuerzos hechos, ha decidido llevar adelante su protecto de casarse, dando la espalda al a Iglesia (...)Ha acusado a todos de no comprender sus acciones”. La carta concluía afirmando que “Esta defección no debe acogerse con sorpresa. También entre los apóstoles, uno se perdió”. Milingo encajó mal el golpe y respondió utilizando argumentos parecidos a los que habían lanzado contra él: acusó a la Conferencia Episcopal de adulterar la realidad y recordaba las palabras que el Papa le dirigió: “No debes sorprenderte como te tratán. Es normal para la Iglesia practicar investigaciones para aclarar situaciones que atenten contra la fe. Lo Iglesia lo ha hecho incluso con el padre Pío. Pero debemos hacer todo lo posible para salvaguardar su carisma”. Recordó como San Pablo había evitado ser juzgado por los judíos al recordar su calidad de ciudadano romano, así mismo Milingo afirmaba que desde 1983 no formaba parte de la Conferencia Espiscopal Zambiana y por tanto nadie allí tenía derecho a juzgarlo.
En el momento de escribir estas líneas el “Caso Milingo” está en suspenso: retirado en unos ejercicios espirituales desde el 18 de agosto, su mujer persiste en su actitud en Roma. Cuando se han apagado los cruces de declaraciones y los episodios más sorprendentes de esta crisis, queda el sabor amargo de la crisis que atraviesa la Iglesia Católica, encayada en el problema del celibato sacerdotal –la cuestión de fondo en el “caso Milingo”- y la inestabilidad de la Iglesia Africana de la que el mismo Papa ha reconocido en sus visitas pastorales que, tanto el clero como los fieles practican la poligamia y sus convicciones religiosas son muy superficiales. Si el “Caso Milingo” ha servido para alertar ante estas situaciones, habrá sido algo más que una serpiente de verano.

[recuadro fuera de texto]

[recuadro I]
EL ETERNO PROBLEMA DEL CELIBATO

El que Milingo grabara un disco, realizara exorcismos a destajo y ceremonias de sanación, no le acarreó otra censura más que el traslado de diócesis. Pero cuando se casó por el rito moonista ya fue otra cosa...

Desde hace décadas, Milingo –como, por lo demás, casi toda la Iglesia Africana- ha sido muy crítica en relación al celibato. “El celibato –dijo con ocasión de la rueda de prensa posterior a su matrimonio- se ha convertido en un estándar inalcanzable para muchos y se están cometiendo toda clase de profanaciones como lujuria, hijos ilegítimos y otros secretos horrorosos que pesan en la vida de los que buscan servir al Señor. El incremento de la homosexualidad y los embarazos entre sacerdotes y monjas es algo de dominio público. Esta es una forma de entrada de la sangre de Satán en la Iglesia de Dios».

El celibato se ha convertido en el eje central del comportamiento de los sacerdotes para el Vaticano. Uno de los grandes triunfos del pontificado de Juan Pablo II fue la integración de 200 sacerdotes episcopalianos norteamericanos en 1981, cuando ésta confesión, versión USA del anglicanismo, aceptó mujeres-sacerdote.

La teología católica reconoce que el celibato no es solamente un problema disciplinario, sino sobre todo una opción libremente aceptada para alcanzar una mayor eficacia en el apostolado. A nadie se le escapa que el problema volverá a suscitarse cuando el sucesor de Juan Pablo II sea entronizado.

Sin embargo, los sectores contrarios al celibato, organizados en el colectivo “Iglesia del Futuro” (Future Church), publicaron un manifiesto diez puntos en el que sostienen sus argumentos contra el celibato. El Padre Celrá, sacerdote casado, nos resumió estos puntos: “En principio, la regla del celibato obligatorio fue decretada por un Papa y puede ser anulada por un Papa. Para nosotros, el celibato no es un requisito para ser un buen sacerdote. La Iglesia no puede vivir sin sacerdotes; en la actualidad la falta de vocaciones está alcanzando proporciones catastróficas. El celibato impide la incorporación de nuevas vocaciones. Nosotros, sacerdotes casados, podemos aportar experiencia y sensibilidad a los temas contemporáneos”.

Durante tres décadas estos sacerdotes han intentado dialogar con la Santa Sede. Pero la actitud vaticana no se ha ablandado: “La discusión acerca –nos cuenta Celrá- de la ordenación de hombres casados previamente ordenados, así como de mujeres ha sido prohibida por el Vaticano”. Poco a poco, el clamor para abolir el celibato ha ido ganando incluso a miembros de la jerarquía. Resulta difícil pensar que, dada la falta de vocaciones y el clamor cada vez más extendido, el próximo Papa se oponga a la presencia de sacerdotes casados. Por lo demás, si se trata de tradición, la Iglesia Ortodoxa, permite a sus sacerdotes contraer matrimonio o llegar casados a su ministerio.

Por su parte, los “moonies” aseguran que la jerarquía católica debe darse cuenta de que el celibato ya ha cumplido su papel en los dos milenios pasados y que es hora de cambiar. En este sentido Milingo puede ser considerado un adelantado de cómo será el futuro.

[recuadro II]
SATANISMO EN EL VATICANO

El libro publicado por el sacerdote jubilado, Luigi Marinelli, ha causado un gran impacto en Italia. El repertorio de obispos ávidos, dinero, anécdotas picantes y abusos sexuales, ha calado hondo en la opinión pública. El libro recuerda que en 1996 se publicaron las primeras informaciones que ligaban un arzobispo de la jerarquía católica con cultos satánicos regulares.
 
Milingo aludió a estos hechos durante el “Congreso Internacional por la Paz en el Mundo” que tuvo lugar en noviembre de 1996 en Roma. El obispo africano habló en aquella ocasión, sobre el crecimiento de mal en el mundo y la necesidad de disponer de más exorcistas para que contribuyeran a liberar a la humanidad de la presión demoníaca.

Milingo agregó unas palabras que entonces parecieron enigmáticas: “Ahora, la tercera dimensión de mal es el más peligroso. Es sutil y más terrible... Cuando la descubrí no podía creer en esta dimensión de lo maligno: está formada por personas que siguen instrucciones en sectas satánicas...”. Finalmente terminó equiparando esta “tercera dimensión” a la Iglesia: “Muchos en nuestra Iglesia pertenecen al maligno. También Judas, discípulo de Cristo figuraba entre sus filas y, sin embargo, ya pertenecía a esta tercera dimensión del mal”.

En dos de sus obras, Milingo aborda el problema del mal y de los exorcismos. En efecto, en “Cara a cara con el Diablo” y “Viaje alrededor del mundo predicando y sanando”, acusó a clérigos católicos de ser discípulos de Satanás. Milingo amplió las informaciones contenidas en su libro: “Hoy, el diablo está protegido realmente dentro de la Iglesia a través de ciertas autoridades que impiden que los cazadores de diablos, los exorcistas, se aproximen a él e incluso se les impide su trabajo”.

Tres días después de pronunciar estas palabras, Milingo dio una conferencia de la prensa para clarificar aquellos comentarios; a la pregunta, “¿Hay miembros de la Curia que sean los seguidores de Satanás?”, Milingo contestó, sin vacilar, afirmativamente. Hasta donde sabía, especificó, al nivel de obispos y arzobispos, existen clérigos comprometidos con Satán. Sin embargo, eludió pronunciarse sobre estos compromisos diabólicos en jerarquías superiores (Cardenales y el propio Papa).

En apoyo de sus afirmaciones, Milingo recordó la frase de Paulo VI, pronunciada en 1972: “El humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios”. El obispo zambiano bromeó incluso con los periodistas: “al menos yo, no le ha visto salir”.

Uno de los pocos sacerdotes que ha manifestado su “comprensión” hacia Monseñor Milingo es Gabriele Amorth, el exorcista romano más conocido. Amorth, afirmó que el ex obispo africano ha caído en poder de Moon. El exorcista más reconocido de la Santa Sede fue una de las primeras personas en enterarse del matrimonio. Setenta y dos horas antes de la ceremonia, unos amigos norteamericanos de Milingo llamaron a Amorth para pedir que lo exorcisara a distancia. Amorth les explicó que Milingo no era un poseso, sino alguien capturado por la secta.

Por otra parte, en la revista “El Cruzado de Fatima”, Malachi Martin, escritor católico y fuente bien informada de los entresijos vaticanos, dijo, “La afirmación de Milingo según la cual hay satanistas en Roma es correcta. Cualquiera que tiene un conocimiento exacto de lo que está pasando en el Vaticano es consciente de que en los últimos 35 años el “príncipe de oscuridad” ha tenido y todavía tiene fieles en la curia”.

[RECUADRO III]

LA ESPADA CANONICA SOBRE LA CABEZA DE MILINGO. ¿EXCOMUNIÓN O SUSPENSIÓN A DIVINIS?


El derecho canónico contempla la posibilidad de excomunión para los delitos de apostasía, herejía o cisma, sin duda la sanción más radical para los delitos más graves. El Canon 1364 es claro: “no se impondrá la excomunión inmediata, latae sensentiae, en ningún otro supuesto”. Desde el punto de vista canónico, la conducta de Milingo constituye una acumulación de faltas graves, pero no entra en ninguno de los tipos delictivos previstos. Por el momento, tan solo se intuye que en el futuro podría llevar adelante planes cismáticos. Está claro para todas las partes que no se ha adherido a la secta Moon y, finalmente, no ha atacado ningún dogma si bien permanece crítico ante el celibato...
La única sanción posible contra él es la suspensión a divinis, que incluye la imposibilidad de celebrar la eucaristía ni impartir los sacramentos en nombre de la Iglesia.

El contraer matrimonio, le hace objeto de aplicación del Canon 1394 que se aplica automáticamente. Prescribe que si “después de haber sido amonestado no cambia de conducta y continúa dando escándalo, puede ser castigado también gradualmente con privaciones o también con la expulsión del estado clerical”.

Pero en ningún caso, Roma podrá quitarle el sacramento de la consagración episcopal que “imprime carácter”. Este rango se adquiere por el rito de la consagración y es indeleble, no desaparece jamás. Lo que equivale a decir que Milingo será siempre sacerdote y obispo. Y lo que es más sorprendente: él mismo podría ordenar a obispos. De hecho, el origen de la “jerarquía” del Palmar de Troya, con sus cientos de obispos, tiene una base canónica legítima. En efecto, el obispo que consagró a Clemente Domínguez, el anti-Papa palmariano, era el obispo vietnamita, Ngo-Dinh-Thuc, consagrado regularmente y, por tanto, sus ordenaciones eran legales... aunque “ilegítimas”.
[recuadro IV]

CRONOLOGÍA DEL CULEBRON

7 de febrero de 1999.- Milingo aparece relacionado por primera vez a la secta moon.
8 de mayo 2001.- Milingo abandona Roma y viaja a Nueva York sin avisar a nadie.
20 de mayo.- Inquietud entre los amigos italianos de Milingo por su desaparición.
24 de mayo.- Unos amigos de Milingo contactan con el exordista de la Santa Sede, padre Amorth para que exorcise a distancia al obispo zambiano.
27 de mayo.- Milingo contrae Matrimonio con María Sung.
29 de mayo.- Carta abierto de la Conferencia Episcopal Zambiana condenando a Milingo.
3 de junio.- Carta abierta de Milingo a la Conferencia Episcopal Zambiana, rechazando su censura.
7 de agosto.- Milingo declara en Roma que desea presentar a su mujer María Sung a Juan Pablo II.
8 de agosto.- Ultimo día en que la pareja Milingo-Sung, se ven personalmente.
9 de agosto.- Milingo intenta reunirse con el Papa en Castelgandolfo y logra hablar con su secretario, Stanislaw Dziwisz.
10 de agosto.- María Sung da la primera rueda de prensa en Roma.
11 de agosto.- Milingo redacta la carta de arrepentimiento y se la entrega a la autoridad eclesial.
13 de agosto.- María Sung anuncia huelga de hambre y ora públicamente en Plaza San Pedro.
14 de agosto.- Milingo decide renunciar a su esposa. María Sug declara que el obispo ha sido drogado y secuestrado. Inicia una huelga de hambre.
15 de agosto.- El Vaticano difunde la carta de Milingo en la que este pide excusas al Papa y busca su perdón. María Sung ora en la Plaza de San Pedro.
17 de agosto.- El test de embarazo revela que María Sung no está en cinta.
18 de agosto.- El Vaticano anuncia que Milingo ha iniciado un período de reflexión y de retiro espiritual.
20 de agosto.- Límite del plazo dado para que Milingo renuncie a su matrimonio y se arrepienta.

© Ernesto Milà – Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

Artilugio maldito:verdad y leyenda sobre el cinturón de castidad

Infokrisis.- Artículo escrito y publicado en 2000 en la revista Nuevos Horizontes y reproducido de nuevo dos años después en las pruebas que realizamos para una editorial malagueña que intentaba lanzar una revista de crónica negra parecida a El Caso, o a las extranjeras Ici pólice o la italiana Giallo. El encargo que recibimos fue combinar en la misma revista erotismo y género negro. El siguiente artículo es una muestra del trabajo de aquella época, un artículo cuya elaboración presupone cierto nivel de desenfado y una "investigación" desengrasante que no tiene más ambición que entretener a los lectores.

En una revista erótica española salía hace dos meses el anuncio de un fabricante de cinturones de castidad que los vendía por correo. El caso era absolutamente sorprendente y revelaba que para algunas mentes retorcidas, el cinturón de castidad todavía ejerce una fascinación particular. Ofrecer a nuestros lectores una perspectiva de lo que ha sido este instrumento les deparará, sin duda, sorpresas inesperadas. Pásmense.

En el céntrico Museo de Cluny en París se exhibe una colección completa de cinturones de castidad que corre el riesgo de alterar la serenidad de las almas sensibles. En algunos casos se trata de verdaderos instrumentos de tortura ante los cuales resulta inimaginable pensar que los órganos sexuales de sus usuarias, salían indemnes. Pero, a poco que nos detengamos en la letra pequeña del folleto que se sirve al entrar, advertiremos que se trata de una colección ficticia. En efecto, todo el material que se exhibe el Museo de Cluny es relativamente reciente. Fue fabricado en el siglo XIX... Decepcionante ¿no?

LA IDEA PRECONCEBIDA: DAMA MEDIEVAL, CABALLERO CRUZADO

Todos tenemos tendencia a pensar que el cinturón de castidad tuvo su origen en la Edad Media. Se nos ha repetido que los caballeros que iban a las cruzadas, celosos de su honra, y desconfiando de la virtud de sus mujeres, les colocaban esta molesta prenda que garantizaba que nadie sino el poseedor de la llave, iba a poder “folgar” con ellas, tal como se decía en el castellano viejo.

Se cuentan miles de anécdotas de avispados trovadores que encontraron el método para abrir el candado y dar rienda suelta a su lujuria. También se cuentan bromas y leyendas jocosas de cómo caballeros que creían haber puesto a salvo su honra, terminaron como miserables cornudos.
Sin embargo, toda esta literatura resulta ser falsa. Nunca hubo cinturones de castidad en la Edad Media, y mucho menos en el período de las cruzadas. Los primeros cinturones que se conocen se remontan al siglo XV, cuando ya hacía 150 años que los cruzados se habían retirado de Tierra Santa. Llama la atención que en la literatura popular anterior, no exista una sola alusión al cinturón de castidad. Las referencias que han llegado hasta nosotros son tardías, como mínimo del Renacimiento.

El hecho de que los museos conserven otros objetos eróticos de la Edad Media e incluso de la romanidad o del Antiguo Egipto (piezas para masturbación femenina, dioses “itifálicos” (con el pene erecto y descomunal), indican que, de haber existido, estos cinturones de castidad se habrían conservado.
 
La leyenda que une la Edad Media a los cinturones de castidad se genera en el siglo XIX. Buena parte de la literatura de la primera mitad del siglo XIX, albergaba un odio ilimitado hacia la Edad Media. Se le había apodado la “era del oscurantismo” e incluso los más hermosos monumentos góticos habían estado a puntos de ser destruidos (tras la Revolución Francesa, todo el gótico del vecino país fue dañado, en ocasiones de manera irreparable). Las revistas pornográficas difundidas en el siglo XIX se hacían eco de este odio, cargando a espaldas de la Edad Media, algo que correspondía precisamente al período posterior, el Renacimiento.

Hoy sabemos que la Edad Media (especialmente los siglos XII y XII) fueron de gran libertad de costumbres. En los relatos del Rey Arturo y del Grial, frecuentemente el caballero llega a un castillo, es invitado por la dama a bañarse con ella y luego hacen el amor sin que medie ningún tipo de inhibición. En un terreno menos literario, los cruzados que llegaron a Jerusalén llevaron consigo 1500 prostitutas a las que no les faltó trabajo. Por lo demás, en algunas iglesias románicas, pueden verse imágenes de parejas unidad, falos erectos y monstruos copulando. Pero cinturones de castidad, ni uno.

A principios de los años 80, se puso de manifiesto que buena parte del material expuesto en las vitrinas de Cluny era falso. Algunas piezas fueron retiradas de su exhibición, pero otras, sobre las que consta igualmente su falsedad siguen ahí.

LA REALIDAD: UN OBJETO PRODUCTO DE LA PERVERSIDAD MODERNA

A finales del siglo XV aparece la primera referencia al cinturón de castidad en la literatura popular. En un cuento pícaro atribuido al italiano Guido Mercanti, el cerrajero que ha confeccionado un cinturón de castidad para la dama de un caballero que ha ido a las cruzadas, logra introducirse en su cama y abrir el candado con la copia de la llave que ha conservado. Cuando el caballero vuelve tras varios años de campaña en Palestina, encuentra que su familia ha crecido y lo atribuye a una recompensa por la sangre derramada en Tierra Santa. Se trata de un cuento burlesco, cantado por rapsodas y titiriteros en los pueblos de la Italia renacentista.

El origen real del cinturón de castidad es muy diferente. En el siglo XVIII (y hasta finales del XIX) se consideraba que el peor pecado era la masturnación. Quien lo practicaba, no solamente se hacía acreedor de las penas del infierno, sino que además, atentaba grandemente contra su salud. Se creía que la masturbación llevaba a la tisis y a una muerte segura. Un tal Karl Müller, publicó en 1781 en Munich un libro dirigido a los jóvenes y a las damas piadosas, en el que se enumeraban las desgracias a las que se hacían acreedores quienes se masturbaban frenéticamente. Y de paso proponía un remedio: el cinturón de castidad.

El cinturón de K. Müller es descrito en el catálogo de Cluny de forma muy elocuente: “Consiste en una banda de acero más fina que un muelle de reloj, recubierta de cuero blando, provista de un minúsculo candado que se sujetaba en la juntura del aro, pasaba entre las piernas, se dividía a la altura del ano y cerraba la vulva mediante una delgada lámina convexa de latón en la que se había practicado una abertura”.
Un médico escocés, alarmado por las crisis de masturbación de algunas pacientes que no dudaban en pasar horas y horas frotándose con una falo artificial (el “olisbos”), modificó ligeramente el cinturón de Müller colocando ante la vulva una rejilla confeccionada con una rejilla de marfil. No parece que su uso se extendiera excesivamente, a pesar de sus nobles intenciones.

EL CINTURÓN EN LOS CONVENTOS

En esa época –siglo XVIII- era evidente que la función del cinturón de castidad, sobre todo era sobre todo preventiva. Pero no ante las relaciones sexuales, sino ante la masturbación. Un viejo refrán que circulaba en los conventos de religiosas decía: “Para ahuyentar del pecado el maleficio / ponte este cinturón, cual cilicio”. En esa época, el uso del cinturón de castidad se había generalizado entre las comunidades religiosas. Las monjas solían llevar el aparato y, al fallecer, lo donaban a otra monja. Así evitaban la tentación de masturbarse o la posibilidad de mantener contactos carnales.

Llegó a haber confesores que ellos mismos fabricaban cinturones de castidad para las monjas y se negaban a dar la absolución a aquellas que lo rechazaban. En algunos conventos portugueses del siglo XIX, el cinturón de castidad se utilizaba como penitencia. La moda prosiguió hasta bien entrado el siglo XX.

En 1907 se publicó la noticia de que los dominicos de Kaschau, pequeña localidad austriaca, habían fundado la “Sociedad del Cinturón de Santo Tomás”. Los miembros de esta sociedad eran todas mujeres jóvenes que debían ponerse el cinturón de castidad. ¿Y Santo Tomás? Su conocida frase “si no toco, no creo”, inspiró a los religiosos que se reservaban el derecho exclusivo de poner y quitar el cinturón a las socias a fin de constatar su integridad. La prensa católica desmintió esta información y acusó a los socialistas de haber maquinado la difusión de estas falacias.

CINTURONES DE CASTIDAD PARA EL VARON

Se engaña quien piensa que el cinturón de castidad es un objeto exclusivamente femenino. De hecho, algunos cinturones de castidad fueron ideados para evitar la masturbación de los varones. A lo largo de décadas mostraron su eficacia entre los adolescentes de internados ingleses.
Mediante un extraño túnel del tiempo, este tipo de prendas masculinas han sido recuperados en los sex-shops modernos, en la sección de prendas de carácter sado-masoquistas. Generalmente estos objetos consisten en un ceñidor de cuero o de algún material que recubre completamente el pene, en algunos casos, incluso el glande e impide cualquier frotación o caricia que pudiera excitarlo y llegar a la eyaculación.
Este tipo de objetos son utilizados habitualmente por hombres masoquistas que necesitan experimentar la sensación de privación y humillación por parte de mujeres o de homosexuales dominantes.

Mientras que habitualmente los cinturones de castidad son meras muestras de un machismo exasperado tendente a convertir a la mujer en esclava, en el caso del cinturón de castidad masculino, se convierte simplemente en instrumento de tortura y humillación cuya excitación estriba en impedir un placer que se desea cada vez más.

Uno de los cinturones más singulares del siglo XVIII que se conservó en el Museo de Historia de Florencia, hasta que en 1966 desapareció en el curso de una riada, era precisamente masculino. Lo más sorprendente es que en la parte posterior tenía una inscripción grabada en caracteres góticos que decía: “Te he pillado in fraganti y serás castigado con este instrumento”. En la cara posterior de la entrepierna a la altura del agujero que rodeaba el ano, podía leerse: “Dios mío: así me ví cruelmente humillado con este cinturón”. Seguramente el usuario lo “disfrutó” durante años...

EL EROTISMO DE LA CASTIDAD

El cinturón de castidad, como hemos visto, ha estado ligada a la prohibición de la masturbación, al menos en sus orígenes. Hacia finales del siglo XVIII empezó a estar ligado también a formas anómalas de placer sexual. En efecto, en tiempos del Marqués de Sade, el cinturón de castidad se convirtió en ejemplo del placer contenido que va creciendo y no puede realizarse y, precisamente por eso, hace que aumente el deseo...

Incluso esa posibilidad era aceptable para el hombre. Determinados varones experimentan una sensación de posesión al colocar un cinturón de castidad a su mujer. El saberse dueños de la llave que da acceso al “santo de los santos” de su partener, les confirma en que la sensación de dominio y propiedad. El varón, es dueño de la sexualidad de su hembra y manifiesta este control absoluto a través de la llave del cinturón: él decide cuando debe gozar la mujer, él decide cuando darle placer...

No es raro que en algunos sex-shop, en anuncios por palabras en revistas eróticas, la venta del cinturón de castidad experimente un nuevo revival. En internet, hay, incluso, un mercadillo en el que se ofertan estos objetos. Inevitablemente se indica siempre que han sido “realizados artesanalmente”. Determinados artistas eróticos como Marijcke van der Maden han expuesto en su galería de arte de Roma cinturones de castidad realizados por ella misma, alguno de los cuales dispone de un vibrador que se introduce en la vagina de la usuaria. Vibrador que puede ser activado mediante un mando a distancia en posesión del partener erótico.

ENTRE EL CASTIGO Y EL EXTASIS

Este viaje a través del cinturón de castidad nos ha permitido deshacer algunos mitos –su antigüedad-, situarlo históricamente –hacia los inicios del Renacimiento- y precisas sus funciones: como castigo erótico en algunos casos, afirmación del machismo en otros, aceptación del papel servil y sumiso, o simplemente como instrumento de placer, simplemente por el otro partener quiere experimentar una sensación de posesión y dominio.

Sea como fuere, el hecho de que el cinturón de castidad esté presente en los actuales sex-shops y en los catálogos de objetos eróticos de venta por correo, es altamente significativo de su actualidad y del interés morboso que despierta en las jóvenes generaciones.

[recuadro fuera de texto]

LA VIRTUD DESGRACIADA. INVENTOR DE MODERNO CINTURON DE CASTIDAD INTENTO SUICIDARSE

El inventor de una versión moderna y "unisex" del cinturón de castidad medieval, se recupera de un intento de suicidio en un hospital, tras el fracaso de su diseño, informó hoy, martes, la prensa local. En medio de una gran atención por parte de los medios de comunicación, Zhao Xin, agente de policía chino, presentó el año pasado su "Ropa Interior de Seguridad", pero se ha convertido en el hazmerreír del sector textil y protagonista de todo tipo de chistes, además de haber sido abandonado por su horrorizada novia, tras cinco años de relación. "Desde que inventé la ropa interior de castidad, no he tenido un día tranquilo ni una buena noche de sueño", declaró Zhao al "Diario Matutino de Pekín".
"Los cinturones de castidad medievales eran colocados a la fuerza en las mujeres, pero mi invención se viste voluntariamente y sirve tanto para hombres como mujeres", explicó Zhao, en defensa a las continuas acusaciones de machismo que ha recibido. Según su inventor, la "Ropa Interior de Seguridad", que permite usar el baño normalmente pero no tener relaciones sexuales, fue diseñada no sólo como un método para asegurar la fidelidad de la pareja, sino también como protección para jóvenes "de cascos ligeros" y sistema anti-violación.

El "cinturón de castidad" que incorporan estas prendas, aparentemente bastante sofisticado, sólo puede ser abierto con una llave especial. Zhao intentó suicidarse recientemente, tras enterarse de que la invitación que había recibido de un presunto comité estatal de seguridad para presentar su invento, fue únicamente una broma más a su costa. (20.03.2001)

ESPECIAL PARA LIBERTINOS. ALGUNAS OPCIONES PARA LA PAREJA...


A poco de concluir el artículo, hemos localizado en una página web, la descripcion de algunos pintorescos juegos recomandados para amantes del cinturón del castidad. Decididamente nos es muy difícil encontrar el erotismo de estas propuestas, pero dejamos a nuestros lectores la consideración de sí "conectan" con sus propias prácticas sexuales...

"Estos juegos que a continuación se describen han sido pensados y puestos en práctica por mí para dar una solución a aquellos que se preguntan
¿Para qué sirve un cinturón de castidad?.

A parte de las ideas particulares que puede sugerir el ingenio y que cada uno es libre de interpretar como quiera, estos juegos bien pudieran suponer un acicate dentro de la pareja y otra forma distinta de concebir el cinturón de castidad:

Hay que partir de que el cinturón de castidad como artículo es bastante llamativo, lo que permite dejarlo en lugar bien visible de la casa como decoración.

Otra cosa ya distinta es como se puede jugar con este ingenio que ha suscitado tantos comentarios a lo largo de la historia.

- Puede ponérselo la mujer para dar una sorpresa a su pareja, haciéndole descubrir lo que lleva bajo su ropa.

- Una vez descubierto el cinturón le hará buscar la llave por la casa o la habitación, indicándole mediante las palabras: "caliente" ó "frío", lo cerca que está de la llave.

- Intentar seducir a la mujer llevando puesto el cinturón de castidad, imaginando que no se posee la llave.

- Simular que el hombre acaba de volver de las Cruzadas y encuentra a su fiel esposa con el cinturón de castidad. (Esto se puede mejorar si se alquilan unos trajes de la época medieval).

- Sustituir el candado que se incluye con el cinturón de castidad, por uno de combinación, (como el que se incluye en la pagina de la colección de cinturones). La pareja deberá abrirlo en un tiempo determinado y con ello obtendrá como premio lo que hay detrás del cinturón.

- Se puede manipular una de las llaves que se incluyen con el cinturón (obturando con un trozo de madera el orificio delantero de la llave de forma que la llave no entre en el candado) cuando se lo ponga una persona cambiar la llave por la que previamente se ha manipulado. Cuando intente abrirlo simular que se ha averiado el candado y que no se puede abrir".

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

Ultramemorias (VIII de X) Visicitudes políticas en la transición (2ª parte)

Tras la muerte de Franco, el grupo informal de camaradas que estábamos en situación de “disponibles forzosos”, éramos bastante críticos con Blas Piñar. Nosotros habíamos conocido los últimos años del régimen franquista y, ciertamente, no era como para echar cohetes. El régimen, por lo demás, había tenido distintas etapas de evolución (el falangismo imperial de los primeros momentos, el nacional-catolicismo a partir de Stalingrado cuando se ve que el Eje va a perder la guerra y Franco evita identificarse con los que intuye futuros perdedores, luego el período desarrollista a partir del abrazo efusivo con Eisenhower, etc.), el “franquismo” era un perpetuo adaptacionismo político. Nosotros pensábamos en aquella época que no había habido “franquismo” sino “los franquismos”. El error de Blas había consistido en identificarse con una etapa histórica del régimen y con un aspecto del mismo (el que abarcó desde 1943 hasta 1956 (de la eyección de Serrano Suñer a la firma de los acuerdos con los EEUU) y extrapolar ese período a la totalidad del franquismo en una generalización abusiva.

El propio Blas había tenido sus más y sus menos con el régimen y el hecho de que el único cargo político que ostentara fuera el de Presidente del Círculo de Cultura Hispánica, indica muy a las claras que Franco, incluso compartiendo sinceramente los mismos ideales religiosos de Blas, huyera de todo tipo de exaltación. Y Blas Piñar solía aparecer en los medios, frecuentemente, como un exaltado nacional-católico. ¿Lo era? Era rigurosamente cierto que a Blas le interesaba mucho más la religión que la política y su visión del catolicismo era integrista y ultramontana: entre Trento y el Vaticano II, Blas se quedaba con Trento a pesar de que el “aggiornamento” de Roma marcara otra vía.

El catolicismo integrista de Blas enajenaría simpatías y haría que Fuerza Nueva jamás pasara de ser un grupo anecdótica y nostálgico del “franquismo”. En 1975 el núcleo de camaradas que solíamos vernos y comentar todo esto no utilizábamos etiqueta alguna, tampoco realizábamos ningún tipo de actividad militante. Simplemente, “buscábamos”. Pero hacia marzo de 1976 había una cosa que estaba clara: el régimen empezaba a entrar en fase de autodemolición. La oposición democrática, aun sin tener la fuerza social suficiente como imponer la ruptura democrática, había impuesto su legitimidad y actuaba prácticamente como si los partidos estuvieran legalizados. Nadie, ni siquiera quienes se consideraban sus más leales servidores solo un semestre antes, estaban dispuestos a jugarse su futuro político por una frase en defensa del antiguo régimen del que ellos, por otra parte, seguían alimentándose.

Algunos entendíamos que se abría un período nuevo. Debíamos de habituarnos a trabajar como un partido político democrático. Una más entre otros muchos. A fin de cuentas no era nada raro: en Italia estaba el MSI que, para nosotros, era el modelo y en Francia Le Pen daba sus primeros pasos. Teníamos, pues, muy claro, cuál debía ser el modelo organizativo y nos preguntábamos, no sin cierta dosis de angustia, si Blas Piñar era el hombre que requería la situación. El MSI había alcanzado un 14% de votos y se mantenía habitualmente por encima del 10%. Era una buena cuota electoral, de hecho envidiable. Pero ese objetivo chocaba con la realidad de Fuerza Nueva cuyo elemento central era el nacional-catolicismo, el recuerdo del franquismo y poco más. Y si eso era así era solamente porque Blas Pilar tenía justamente esos mismos ideales.
 
Para nosotros era evidente que con Franco, había muerto el franquismo y que el régimen jamás hubiera podido prolongarse más allá de la muerte de su fundador. La mente más preclara de la última década del régimen había sido Carrero Blanco que ya a finales de los 60 previó un futuro democrático para España. Democracia, sí, pero limitada, hasta los socialistas, nada con los comunistas. Ese mismo esquema se había aplicado en Alemania sin problemas. Carrero intentó, mediante el “asociacionismo político”, organizar a la derecha ante una izquierda que se había organizado en la clandestinidad. Pero Carrero había saltado por los aires y todo el problema era intuir cuánto tiempo iba a tardar el régimen en desmantelarse completamente: yo opinaba que en dos o tres años del franquismo sería un recuerdo. Della Chiaie, por el contrario, creía que los plazos de desmantelamiento del régimen serían más dilatados. Otros pensaban incluso que el ejército no dejaría que se consumara una transición hacia la democracia. Alfredo Alemany, por ejemplo, era de los que cada vez que íbamos a Madrid, nos contaba alguna supuesta y/o real conspiración militar con todo lujo de detalles, profusión de nombres y detalles chuscos. Entre 1976 y 1981, el “golpismo” estuvo a la orden del día especialmente en Madrid.

¿Qué tiene que ver esto con Montejurra 76? Mucho. Della Chiaie era un buen amigo de Sixto Enrique de Borbón. Se conocían desde hacía tiempo y habían hecho buenas migas. Nosotros no lo conocíamos, pero Della Chiaie garantizaba que era un tipo valiente, amigo de sus amigos, con un alto sentido del honor y de la lealtad y que, era una pena, que teniendo cualidades personales innegables incluido un evidente atractivo personal, redujera su ámbito de influencia a los altos muros del carlismo (que por lo demás estaba multifraccionado). Se trataba de promover la imagen de Sixto Enrique al rango de “hombre de la situación”. Católico, no hacía de la religión el eje de su discurso, sino que vivía la religión en sí mismo con intensidad pero sin estridencias; su educación era “europea” (habla todas las lenguas europeas y, al mismo tiempo, ha realizado estancias más o menos prolongadas en casi todos los países de Europa Occidental), y esto era importante porque ya entonces algunos solamente considerábamos como “dimensión nacional”, la europea.

Estábamos muy influidos por los escritos de Jean Thiriart, el fundador de Joven Europa y buena parte de los camaradas de la generación anterior a la mía habían pasado por las filas de esa organización que llegó a tener sección española y sede en Madrid a los pasos de la Puerta del Sol. Hasta 1969 (ó quizás 70), el grupo español de Joven Europa siguió funcionando dirigido por Pedro Vallés, un cántabro amigo de Thiriart. Durante el corto período del PENS nos habíamos puesto en contacto con él. Seguía utilizando el membrete de Joven Europa en el papel de carta. En realidad, el grupo de Thiriart se disolvió hacia 1966, pero le sucedió una revista La Nation Europeenne (y su edición italiana dirigida por Claudio Mutti, La Nazione Europea) en la que Thiriart había agrupado como corresponsales a los cuadros mejor preparados de la antigua Joven Europa. Vallés era uno de ellos. Thiriart, como digo, hacía que nos sintiéramos muy poco “nacionalistas españoles” y que entendiéramos desde 1973 que ante la política de los bloques que caracterizó la “guerra fría” y ante el boom de las comunicaciones que tuvo lugar tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se había empequeñecido y los Estados-Nación no respondían ya a las necesidades del nuevo momento histórico. Pero, en general, la extrema-derecha española era –y sigue siendo– furibundamente nacionalista, salvo en las franjas marginales de CEDADE, del PENS o de Joven Europa. El que Sixto fuera un hombre de educación europea, pero que, al mismo tiempo vástago de la familia real carlista, lo hacía muy receptivo a lo que nosotros llamábamos “dimensión europea”.

Así pues, jugar la carta de Sixto Enrique de Borbón para intentar ubicar en torno suyo a la extrema-derecha del post-franquismo era una opción, desde luego para algunos de nosotros más atractiva que la de Blas Piñar. Por eso se organizó el Montejurra-76. En el carlismo, Sixto tenía “partidarios” que lo trataban –y lo tratan– de Alteza Real. Para nosotros era, ante todo, un “camarada”, alguien que estaba junto a nosotros, que estaba con nosotros y que, cuando hacía falta se ponía al frente nuestro. En torno a Blas, percibíamos que se estaba formando (ya desde 1970) una especie de círculo de acólitos que lo consideraban como su líder, que habitualmente no le aportaban nada más que admiración y respeto, pero que en su gran mayoría eran incapaces de tener iniciativa propia y mucho de menos de expresar alguna idea contraria a la del gran timonel y líder máximo. Ese pequeño círculo de admiradores incondicionales fue fraguando con el tiempo y Blas solamente tenía contacto con la realidad política de su propio partido a través de ellos. Sí, era lo que por entonces se empezaba a llamar “el imperio de la braga” formado por una docena de mujeres, con varios títulos nobiliarios entre ellas, dentro del cual la propia esposa de Blas, Doña Carmen, tenía un peso decisivo.

Yo estaba en Barcelona y había oído hablar muchas veces y en forma despectiva del “imperio de la braga”. Estos comentarios solían venir de gente de Madrid que, por un motivo u otro, se la tenía jurada a Blas. Así que en aquella época y en los cinco años siguientes no estuve predispuesto a conceder el más mínimo crédito a todas estas habladurías. Hasta que en la cárcel de Alcalá-Meco compartí durante dos meses y medio módulo con un alto cargo de Fuerza Nueva implicado en el llamado “Caso Yolanda”, el más que desgraciado, trágico y triste episodio que marcó el punto de inflexión del partido piñarista. Este alto cargo, había estado durante tres años “en el ajo” y me confirmó estas habladurías en torno al “imperio de la braga”, utilizando él mismo el nombre y poniendo nombre, apellidos y, en su caso, título nobiliario a sus componentes. Con Sixto, en cambio, esto jamás hubiera ocurrido. Era un hombre de mundo que conocía lo que era la adulación y sabía distinguirla de la camaradería. El adulador suele ser un incapaz, arribista y oportunista de la peor especie que luego, una vez ha alcanzado la promoción a la que aspira, da el peor de los resultados. En Fuerza Nueva había demasiados de estos “yesman”, incapaces de plantear alguna objeción a Blas quien jamás tuvo “asesores” o “consejeros”, sino –por lo que pude ver y por lo que otros que estuvieron más tiempo y más cerca de la cúspide me confirmaron– aduladores o, en el mejor de los casos, admiradores incondicionales con el cerebro nublado por tanta adhesión incondicional.

Luego estaba el factor religioso. En aquella época era de la opinión de que, fuera cual fuera la orientación política de un militante, de lo que se trataba, a fin de cuentas, era que fuera una buena persona, alguien estable, con una ética y una moral, más que con una religión. A lo largo de los siglos, el fiel cristiano ha aprendido que puede cometer las mayores tropelías en la convicción de que basta arrepentirse poco después y recibir una absolución en vigor hasta la siguiente retahíla de putadas encadenadas. En lo personal podía entender que se me excluyera del partido por mi matrimonio civil, lo que ya me era mucho más difícil de entender era que quienes tanto celo católico ponían en la defensa de su fe fueran incapaces de toserme a la cara, utilizaran la sonrisa cuando me tenían de frente y la alternaran con la puñalaíca por la espalda en cuanto les daba el lomo, enviaran cartas a Blas poniéndome de vuelta y media  considerándome un peligro para las buenas costumbres de las gentes del partido. Y había algo más. Sigo casado con la mujer con la que contraje matrimonio civil en 1977. Han pasado 32 años y mi matrimonio goza de buena salud. Lamentablemente buena parte de los que subieron al altar en aquella época e incluso muchos de los que el propio Blas apadrinó, no pueden decir lo mismo. No puedo evitar situar la estabilidad familiar por encima de la forma contractual de mantenerla: pareja de hecho, matrimonio civil, matrimonio religioso, lo importante es su persistencia en el tiempo. La persistencia –por encima de las crisis inevitables en cualquier manifestación de lo humano- es lo que da la medida de la legitimidad del vínculo, mucho más que si es unión de hecho, cualquier otra forma contractual, o incluso sacramento.

Y si vamos a esto, vale la pena recordar cómo se resolvía la cuestión sexual en el partido. Los desplazamientos semanales de Blas para dar mítines en toda la geografía nacional arrastraban un séquito de militantes de Madrid y de provincias tras el líder máximo y gran timonel del partido. Se practicaba el turismo político que nos llevó de Asturias a Huelva y de ahí a Girona y más allá a Pamplona para ir a la semana siguiente a Madrid y a la siguiente tener un fregado de impresión en San Sebastián. Se solían desplazar los “jerarcas” del partido y parte del servicio de orden. En principio, católicos y no como yo, infames descreídos. Luego resultaba que, cuando los Piñar se iban a dormir, en el mismo hotel se sucedía algo parecido a una comedia de enredo. Las puertas de las habitaciones se abrían y cerraban, los chicos dejaban de estar con los chicos y las chicas no te cuento; el trasiego de una habitación a otra era impresionante. Allí se formaron parejas estables, inestables y mediopensionistas. La pareja formada en el mitin de Huelva dejó de serlo en el de Asturias y aquella chica tan maja que se lo montó con un jefe de “línea” de Fuerza Joven, luego se entregó a un delegado comarcal que abandonó armas y bagajes, esto es esposa e hijos, por aquel cuerpo serrano embutido en falda de tuvo, con tacón de aguja, medias de malla con costura trasera, camisa azul, preferentemente entallada y boina roja ladeada bajo la cual la chati alternaba sonrisa ingenua y/o picarona. Y todo ello sin solución de continuidad. A pesar de la moral católica, de los cantos a la castidad marital o a la contención que propagaban los paters del partido, en Fuerza Nueva se follaba tanto y tan bien como en cualquier otro partido en la época, o quizás más porque cuando el PSOE todavía no pensaba en cuotas, ni en listas paritarias, en Fuerza Nueva había en torno a un 30% de mujeres (que en el FNJ llegó a un 40%).

En muchas ocasiones todo este tejemaneje sicalíptico y voluptuoso tocó muy alto y muy cerca de la propia cúspide, así que era imposible que no esta no advirtiera que se fornicaba a base de bien, arruinando el principio de catolicidad del partido. Si uno se define como católico debe dar ejemplo, sino es lo más parecido a una mierda bien aplanada. O quizás era que se daba por supuesto que quien se lo montaba por la noche se arrepentía antes de misa de 8:00. A mí todo eso me pareció siempre de una hipocresía hipertrófica: o somos o no somos y somos –si eran– debían demostrar su fe católica siendo consecuentes con sus principios. Y si no lo eran –que buena parte no lo eran– el problema venía porque el partido misional y católico que Blas tenía en mente, en la base era algo muy diferente. Cuando aparecen contradicciones de este tipo, es como si en una peña madridista, la mayoría de afiliados fueran del Atletic, algo inviable, vaya.

Sixto Enrique, en cambio, no tenía fijaciones de este tipo. Era más accesible, menos complicado, más directo, especialmente para los que lo tratábamos como un camarada, más que como Alteza Real. Por eso lo veíamos en el primer trimestre de 1976 como una alternativa a Blas. El otro sector de las que entonces llamábamos “fuerzas nacionales”, el falangista, estaba acometiendo un complicado e irresoluble proceso de recomposición, pero las diferencias eran demasiadas como para que pudiera llegar a buen puerto. Raimundo Fernández Cuesta, seguía con su falangismo franquista en el Frente Nacional Español que no tardaría en obtener las siglas polémicas FE-JONS, cuando esas siglas representaban ya muy poco para la mayoría de los españoles. Diego Márquez y sus Círculos José Antonio, a fuerza dar y dar vueltas –no en vano eran “círculos”– en torno al problema de la unidad se estaban deshilachando hacia los hedillistas unos y hacia Raimundo por el otro lado. En cuanto a Sigfredo Hillers y su FE(i), torturado por los problemas de “ortodoxia falangista”, y escéptico respecto a cualquier maniobra unitaria, apenas levantaba cabeza. Tal era la situación del “sector azul”, por resumir, ante la cual era lógico que ninguno de nosotros se hiciera muchas esperanzas sobre su futuro: estarían así por tiempo indefinido despedazándose unos a otros, mientras España cambiaba de fisonomía política. Contar con alguno de estos grupos para intentos unitarios o explicarles que en el futuro no habría espacio para cualquiera de las falanges y un partido al estilo del MSI, era tiempo perdido. Ni veían, ni querían ver, ni aspiraban a ver nada más allá de un futuro azul mahón y de convertirse en propietarios de la sigla-fetiche FE-JONS que estuvo apunto de agotar el muestrario de vocales de la lengua española: “A” de Auténtica para los hedillistas, “I” de Independiente para los comilitones de Hillers. Si se hubiera podido contar con alguna de estas siglas, nada aseguraba que una vez en marcha, bruscamente sin aviso previo, te dejaran tirado y desembarcaran en un nuevo proyecto de unidad falangista. Lo dicho, por ahí había una vía muerta.

Luego estaban los franquistas moderados de extracción no falangista. Habían constituido media docena de asociaciones políticas que, increíblemente en aquella época, tenían, todas, su parroquia. Estaba el ex ministro de Obras Públicas, Fernández de la Mora, ex ministro de trabajo que había formado Unión Nacional Española, y luego Licinio de la Fuente que había creado otra asociación similar. Y Cruz Martínez Esteruelas. Habían sido “figuras” en el antiguo régimen y tenían su corte de partidarios. Además tenían una talla cultural bastante superior a la de la clase política actual y no ocultaban su intención de seguir activos en política. Blas movía a bastante más gente de base que ellos y solía aparecer mucho más en medios de comunicación, pero la excesiva carga que depositaba en el hecho religioso parecía a los otros –santos varones por lo demás y fervientes católicos todos ellos– como impropia para alumbrar un partido político con perspectiva de eficacia en la nueva etapa político que se adivinaba. Eran franquistas, sí, pero moderados y les gustaba poco que les compararan con los franquistas radicales al estilo de Blas que, además, tenía la mala costumbre de permitir que sus chicos jóvenes lucieran ostentosamente uniformes paramilitares, gorras carlistas, camisas azules, yugos y flechas, correajes, cantos, formaciones, desfiles de Pancho Villa y todo ese tipo de rituales propios de otro tiempo y que, era evidente que no encontrarían acomodo en el futuro. Para colmo de males, era un ejército sin disciplina ni cuadros, sólo con uniformes. Los chicos con demasiada frecuencia salían calientes de los discursos de Blas: “España se hunde”, “el enemigo asalta la fortaleza de la catolicidad”, “hay que hacer algo”, pero, en general, no quedaba claro que era lo que había que hacer. Y esa parte, siempre permaneció inédita y con poca fuerza dentro del discurso general de Blas: votar a las candidaturas del partido y confiar en la providencia era desalentador para todos a la vista de los riesgos apocalípticos anunciados en los párrafos más encendidos del anterior del discurso. Al acabar y bien entrados los años 80, la mayor parte de la militancia, incluso los cuadros superiores del partido (o de lo que quedó de él tras la disolución) seguían pensando que los socialistas eran “lobos con piel de corderos” e incluso tuve que soportar que Valero Bermejo, uno de los prohombres de la Confederación de Combatientes me afeara públicamente el hecho de haber aludido al gobierno “socialdemócrata” de Felipe González en lugar de a “marxistas y comunistas”. Lo achacó a “mi juventud”. Yo achaqué lo suyo a que en lugar de leer la prensa, leía El Alcázar que era la garantía de andar desenfocado por la vida. Y era 1984. El PSOE había renunciado al marxismo seis años antes, Ruiz Mateos ya había sido expoliado en beneficio de “los amigos”, algunos de los cuales –como el venezolano Gustavo Cisneros– tenían tanto de “marxistas” como San Juan de Capistrano o el Padre Damían, apóstol de los leprosos, de puteros y vividores. No era raro que los Licinios, los Fernández de la Mora y demás, experimentaran cierta aprensión a este tipo de análisis y no se vieran bajo el rótulo “Fuerza Nueva”.

De ahí el riesgo de que Blas y sus prácticas siguieran como eje de la derecha nacional. Podía intentarse la carta de Sixto Enrique en Montejurra 76. Durante el franquismo, los carlistas se habían fracturado casi tanto como los falangistas. A finales de los sesenta aparecieron los GAC, Grupos de Acción Carlista, una especie de ETA con boina roja que cometió algunos atentados antes de ser medio desarticulados. Los vientos del 68 francés trajeron la moda de la autogestión y el federalismo y una parte del carlismo, organizada en Partido Carlista empezó a adoptar una línea similar a la que los hedillistas habían seguido en el medio falangista. Desarrollaron una extraña teoría en la que foralismo se confundía con federalismo, la autogestión suponía que la mano de Dios había tocado a la empresa, la patria era la España plural cuando Zapatero todavía iba con pantaloncito corto y vestido de marinerito en su primera comunión, ¿y el rey? Los carlistas de izquierda terminaban defendiendo la aspiración de Carlos Hugo de Borbón (hermano mayor de Sixto Enrique) a ser coronado rey de España, por aquel único argumento de la “legitimidad”. Desde 1973, los carlistas de Carlos Hugo participaron en todos los saraos de la “oposición democrática” (en tanto que movimiento que todavía tenía cotas de popularidad en el Norte a diferencia de los falangistas que siempre, incluso los más a la izquierda, inspiraron desconfianza del PCE a causa de que nunca estuvieron en condiciones de renunciar a su simbología fascista y aquellos que lo hicieron, como el FSR, eran demasiado broncos, demasiado obsesionados con el sindicalismo como para que pudieran plegarse a un programa exclusivamente político como el de la Junta Democrática de España).
 
La situación en abril de 1976 era la siguiente: el franquismo se desmantelaba a marchas forzadas, la oposición democrática –en la que el PCE era, con mucho, el grupo mayoritario, más homogéneo y más coherente– avanzaba cada día un trecho, las “fuerzas nacionales” no lograban salir de su estado de postración, desmoralización e incredulidad sobre lo que estaba pasando. Era preciso dar un aldabonazo: demostrar que podía resistirse a la ofensiva de la izquierda y, por primera vez, desde noviembre de 1975, cerrar el paso a la izquierda ¿dónde?: En Montejurra a donde en los últimos años, más que carlistas, lo que acudían a aquel tradicional acto, eran grupos de toda la oposición democrática. Acudir a Montejurra era la mejor muestra de que se estaba dispuesto a recuperar el terreno perdido. Y eso prestigiaría la figura de Sixto Enrique como alternativa a Blas. Por eso se organizó la Operación Reconquista. Si esa era la intención, luego todo se torció. Y no está claro ni el por qué, ni el cómo.

Lo que se trataba era de realizar una concentración de masas en Montejurra, no de matar a nadie. Es innegable de dónde partieron los disparos que en la campa de  Estella acabaron con la vida de Aniano Jiménez, pero no está tan claro lo que ocurrió entre la niebla en las faldas del Montejurra donde murió Ricardo García Pelejero. No estuve en Montejurra (nadie me avisó, o mejor dicho, la persona encargada de hacerlo, prefirió no hacerlo para evitar, a su vez, que yo le obligara a ir a un episodio que se preveía duro), pero años después comentando con Sixto Enrique el episodio me reconoció que ignoraba por completo lo que había ocurrido entre la niebla y de dónde vinieron los disparos. A mí no hubiera tenido por qué ocultármelo. Y no es que me estuviera insinuando que los partidarios de Carlos Hugo o los miembros de la oposición democrática también iban armados, sino que muy posiblemente se produjo una intervención completamente ajena a los dos grupos. Hay otro elemento que refuerza esta hipótesis.

Se habló de “mercenarios internacionales” que participaron en la concentración al lado de Sixto. No es cierto. La palabra “mercenarios” implica remuneración interesada, los extranjeros que estuvieron allí lo estuvieron por convicción. Y aquí viene la cuestión clave. En las fotos publicadas el lunes siguiente al incidente en la campa de Estella pude distinguir con claridad a Augusto Cauchi (un italiano exiliado al que yo mismo había introducido en España) detrás del carlista que fríamente había disparado a quemarropa contra Aniano Jiménez. Algo más atrás podía verse con claridad a otro camarada francés, ex miembro de la OAS, Jean Pierre Cherid que luego participaría en la peripecia de los GAL, muriendo en la aventura. Sin embargo, en aquel momento, ni la prensa, ni el ministerio de gobernación, ni los servicios de inteligencia nacionales o extranjeros, filtraron noticia alguna sobre la presencia de todos ellos. Tampoco se produjeron órdenes de busca y captura. Alguien puede pensar que en aquel momento, los resortes de la información y la seguridad en España estaban controlados por algún amigo de los implicados. En absoluto: quienes controlaban la seguridad del Estado en aquel momento eran los mismos que en el mes de diciembre de ese mismo año, sin embargo, a poco de iniciarse el mes, Cuadernos para el Diálogo publicó esas mismas fotos con los nombres de los asistentes e hizo algo más, publicó otra fotos, inéditas hasta ese momento, tomadas con teleobjetivos de gran potencia en las que se veía, prácticamente en primer plano a Della Chiaie. ¿Por qué entonces no se publicaron y siete meses después sí?

La respuesta es muy simple: por que entre diciembre de 1976 y enero de 1977 se estaban calentando motores para dar el gran vuelco a la transición. Algún organismo de inteligencia estaba filtrando las fotos según las conveniencias políticas. En poco menos de 50 días aparecieron estas fotos inéditas en varios medios de prensa tomadas por las mismas cámaras siete meses antes (las más claras, solamente aparecieron en ese momento), se produjeron los secuestros de Oriol y Villaescusa, la llamada “semana trágica”, la liberación de los secuestrados y sólo unos días después, la detención de los implicados en la muerte de los abogados laboralistas de Atocha que salpicaba el entorno de Blas Piñar.

Contrariamente a la tesis aceptada generalmente, los distintos episodios de terrorismo que estallaron durante la transición no la ralentizaron sino que la aceleraron. A cada atentado producido, las fuerzas democráticas manifestaban su voluntad de cortar los brotes de violencia evidenciando “responsabilidad” y las fuerzas políticas herederas del franquismo aprovechaban estos episodios para desvincularse responsabilizando a la extrema-derecha y acelerando los tiempos de transformación del Estado franquista en democracia formal. La democracia llegó antes gracias a la ofensiva del terror desencadenada en 1976 y los primeros meses de 1977 e incluso, en el período que va entre las elecciones de junio de ese año y el golpe del 23-F de 1981 (cuando la democracia se asienta definitivamente con la desarticulación de las redes golpistas) el terror siempre –y digo siempre– contribuyó no tanto a desestabilizar como a estabilizar definitivamente.
Cuando estalla el terror sistemático y el riesgo a que te estalle una bomba en cualquier momento o te asesinen sin motivo aparente se convierte en el pan de cada día, la población tiende siempre a situarse bajo el paraguas protector del Estado y entregarse a él aceptando los designios de sus gestores. Ni fue la primera vez que alguien utilizó la estrategia del terror para acelerar los tiempos, ni sería la última.

En Montejurra, fallaron muchas cosas. Y no todas fallaron ingenuamente o por negligencia. El encargado de invitar a Blas Piñar y a sus huestes al acto de Montejurra (ya fallecido y al que prefiero no mencionar), no lo hizo sino hasta última hora, cuando ya estaba comprometido en asistir a un mitin (si no recuerdo mal, a Molina de Segura). El servicio de orden del partido de Valencia (controlado en aquel momento por gente de nuestra tendencia), no pudo desplazarse a Navarra sino estar presente en esta población en donde el FRAP (otra formación equívoca e infiltrada por distintos servicios desde su fundación hasta bien entrada la transición) había convocado una “movilización antifascista”. Y sobre todo, hubo unos disparos absurdos entre la niebla que nadie asumió como propios y que iniciaron la cadena de “extraños atentados” que caminaron al paso con toda la transición.

Cuando se extinguió el último eco de los disparos en el Montejurra, Sixto Enrique era un personaje políticamente quemado. La prensa lo responsabilizó de contratar mercenarios extranjeros, de acudir al acto con voluntad homicida, de ser un desestabilizador en potencia. No había ya nada que hacer: el eje de la extrema-derecha, ya que no de la derecha nacional, giraría en torno a Blas Piñar. Martínez Esteruelas seguiría oficiando de intermediario entre la derecha liberal de Alianza Popular y Fuerza Nueva, hasta 1979. Fernández de la Mora, integrado primero en AP, se retiraría luego de toda actividad política dedicándose solamente a sus escritos. Otro tanto hizo Licinio de la Fuente cuya asociación se disolvería en el seno de AP. Se abría otra etapa en la que Fuerza Nueva sería el partido hegemónico.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia.

Ultramemorias (VIII de X) Visicitudes políticas en la transición (1ª parte)

Tenía decidido quedarme una temporada en España, intentar resolver el problemilla legal de la manifestación ilícita de junio de 1980 y esperar órdenes. Pasar una frontera tras otra con media docena de pasaportes arreglados era incómodo y peligroso. En cierta ocasión en aeropuerto de El Prat de Llobregat varios policías se pasaron uno a otro mi pasaporte. Me veía detenido, sin embargo, todo el problema estribaba en que ese mismo día vencía el visado. Afortunadamente no repararon en que la falsificación y era torpe y el sello de caucho impreso sobre la foto tenía forma apepinada en lugar de formar un círculo perfecto. En otra ocasión, atravesé la frontera de Le Perthus utilizando solamente una funda de pasaporte que no contenía nada dentro. En otra más el tipo de la foto no era yo, sino alguien que ni remotamente se me parecía. De todas formas, las entradas y salidas de España a Francia y viceversa la realizaba a través del Pirineo por la ruta que había descubierto y que fui perfeccionando hasta finalmente no tener que andar más de 500 metros entre que me dejaba un coche en una lado de la frontera y cogía otro más allá de la alambrada. En una ocasión la situación alcanzó los límites del surrealismo. Retornaba de Argentina y un par de camaradas me esperaban en la salida de internacional de Orly. Había logrado pasar la frontera con un pasaporte italiano a nombre de "José Antonio Olivera, nacido en Milán y residente en Barcelona", de profesión “empresario”. Me encontraba a pocos metros de la puerta de salida cuando advertí que los camaradas que me esperaban acababan de dar media vuelta, desapareciendo. Por mi parte, oía detrás de mí a alguien que gritaba un nombre al que no atendí. El infarto me rondó cuando una mano recia detuvo mi hombro: era el gendarme de la aduana. En ese momento lo único que pensaba es en mi próxima frase: “Me declaro prisionero político y no tengo nada que decir” o quizás aquella otra de “No hablaré si no es en presencia de mi abogado”. Decididamente no sabía cual sería más oportuna. Sin embargo, el gendarme estaba demasiado sonriente como para practicar una detención. “¿Es usted empresario de Milán?”, me preguntó sin abandonar su sonrisa. “Ejem… sí” le respondí con todo el aplomo que era capaz de reunir en aquel angustioso trance. “Es que yo canto ópera…”. En una fracción de segundo pasé de la angustia más absoluta a ver la luz: por algún motivo, este gendarme asociaba “empresario de Milán” a “empresario del Bel Canto”. Le tuve que aclarar que no era empresario de ópera, sino de import-export. El gendarme puso cara de tristeza y entonces se me ocurrió que no podía dejar las cosas así: “no soy empresario de ópera, pero tengo un amigo quesí lo es…”. Y recuperó la luz en su mirada. El gendarme, en horas libres, se dedicaba a ejercitarse en el noble arte de Pavarotti y Carreras, era un aficionado y solamente cantaba ópera delante de su sufrida esposa, pero no abandonaba la idea de dedicarse profesionalmente. Quedé con él unos días después en plenos Campos Elíseos para que me diera algunos casettes con grabaciones suyas para hacérselas llegar a “mi amigo el empresario del bel canto”. Logró llamar la atención  de la clientela activando el casette con sus gorgoritos a dos pasos de la sede de Aeroflot. Era uno de esos tipos excelentes, ingenuos y con un carácter extraordinariamente jovial que uno conoce por esos mundos de Dios. En varias ocasiones sentí escrúpulos de jugar a esa pantomima solamente para lograr que la próxima vez que tuviera que cruzar la frontera redujera los riesgos a cero. Así fue, en efecto. El día antes de retornar a Iberoamérica le llamé: “Mañana me voy, si estás de guardia –sabía que iba a estar de guardia- te agradecería que me acompañaras para evitar las colas y de paso tomamos una última copa”. Atravesé la aduana francesa con varios kilos de documentación bajo el brazo, precedido por el gendarme: “C’est mon ami”, dijo al  encargado del control de pasaportes. ¿Quién me iba a detener? Luego, en el avión tuve ocasión de reflexionar: me sentí odioso por haber engañado a una buena persona. De tanto en tanto pienso en aquel tenor aficionado y no puedo evitar cierta caída en mi autoestima.

En las aduanas andinas, las cosas son bastante diferentes; basta que uno vaya bien vestido y mejor peinado, muestre ostentosamente alguna revista en otro idioma (solía recurrir a Le Monde Diplomatique hasta que terminé aficionándome a su lectura), o haya entablado amistad con alguna chica de buen ver, para que los aduaneros no reparen en ti o te pregunten sólo si tienes algo que declarar. Es preciso mirarles a los ojos y sonreír lo justo. Y sobre todo, aplomo, mucho aplomo. La documentación falsa es un engorro para todo militante clandestino. A fuerza de cruzar una y otra frontera y que no ocurra nada, uno tiene tendencia a pensar que sus problemas han terminado. Sin embargo, él no es quien dice su pasaporte que es. El pasaporte otorga solamente una falsa personalidad que no tiene nada que ver con la personalidad real. Con el tiempo y a fuerza de pasar fronteras, la tensión se va relajando y el militante clandestino tiende a confiarse. En cierta ocasión tres militantes del Frente de la Juventud se fueron exiliados a Paraguay, dos de ellos con pasaporte  italiano recién “armado”. Les dije unos días antes que, Paraguay no era un lugar saludable; ellos argumentaban que era el “más anticomunista” de todos los regímenes suramericanos. Era cierto, pero también lo era que Stroessner y sucesores controlaban todo el contrabando del país y que si las cuentas no le salían por un kilo que le faltase era capaz de montar una operación policial en todo el país buscándolo. Por otra parte, en Asunción se encuentra la centra de la CIA para Iberoamérica. Es, además, un país muy pequeño en el que cualquier europeo recién llegado llama la atención. Bolivia, que entonces era gobernado por la izquierda, era, con todo, mucho más seguro. No me hicieron caso y aterrizaron en Asunción. Menos de un año después, cuando estaban comiendo, se rompieron puertas y ventanas irrumpiendo una unidad especial de policía. Recibieron una paliza allí mismo y otra en la jefatura de policía. Sobrevivieron de puro milagro, pero permanecieron un año en la cárcel sin que nadie se dignara explicarles los motivos. La seguridad paraguaya pensó, inicialmente, que se trataba de activistas de ETA. Y les dio más fuerte. Así son las cosas en aquel remanso de paz que es Asunción de Paraguay. Todo había ocurrido porque al cruzar la frontera paraguaya con los pasaportes italianos creyeron que sus problemas habían quedado atrás y no era así, especialmente, cuando apenas sabían decir "spagethi" en la ñengua de Dante.

No extrañará a nadie que después de tres años de atravesar fronteras en estas condiciones, terminara por estar harto. Así que en octubre de 1983 regresé con la intención de presentarme en la Audiencia Nacional. Llegué hacia finales de octubre y quise pasar unos días con la familia. Luego la navidad quedaba cerca y  opté por presentarme después de las fiestas. Fue entonces cuando me encontré con Fermín Bocos de Interviú. A la salida de la reunión, en plena calle Pelayo, pisé una mierda de perro, caí y me hice trizas el codo. Cuatro días después me operaban en el Hospital Clínico de Barcelona extrayéndome media cabeza del radio. A pesar de encontrarme todavía en clandestinidad, suponía que no existiría ningún hilo entre la red hospitalaria y la jefatura de policía, así que no había riesgo. Pero luego, todo se torció. Y vale la pena recordar cómo y por qué, o quizás mejor cómo y a causa de quién.

Estar en la lista de busca y captura implica que tu nombre está en una base de datos. No quiere decir que la policía te busque afanosamente, sino que si te encuentra, sin saber quien eres, y comprueba tu identidad, sale en ese momento el “marrón”. Dicho de otra manera, alguien que está mucho tiempo en clandestinidad y al que no se le busca por motivos muy especiales, solamente puede ser detenido por la policía en dos hipótesis: o por que casualmente le piden la documentación o porque virtualmente le traicionan. A mí me ocurrió lo segundo.

El 15 de febrero de 1983, la policía aparecía por el lugar donde me encontraba utilizando a mi mujer como escudo humano. En efecto, tras ella aparecían una docena de policías pistola en mano que la ponían por delante no fuera a ser que yo respondiera a tiros a la detención. Lo único que se me ocurrió decirles es: “Mira que sois exagerados”. Habían pasado las navidades, había dejado atrás los efectos de la amputación de parte de la cabeza del radio, estaba iniciando la recuperación y, había encontrado todo este problema un motivo para retrasar unos días mi presentación ante la Audiencia Nacional. Unas semanas antes, Luis Pineda, un antiguo camarada del Frente de la Juventud madrileño me había presentado a un fiscal de la Audiencia Nacional, amigo de su familia, el cual, tras la barra de un pub me explicó mi situación: “Te buscan por una manifestación ilegal. Es casi un chiste en este país en donde ETA asesina un día sí y otro también. Preséntate y el fiscal que le toque el asunto no tendrá inconveniente en dejarte en libertad”. Y se atizó otro copazo. El problema era que no iba a tener ocasión de presentarme voluntariamente. Primero la navidad, luego la rotura del codo y la consiguiente operación. Pero, realmente, la culpa de que la policía me localizara en Barcelona la tuvo Carlos Blasco que seguía empeñado en reconciliarme con Ramón Graells.

Vale la pena poner en antecedentes sobre el origen de la disputa con Ramón Graells, pero para ello hay que aludir a algunos antecedentes: Fuerza Nueva, el Frente Nacional de la Juventud....

De la religión a la experimentación

Hacia septiembre de 1977 fui expulsado de Fuerza Nueva. ¿Motivo? Haberme casado por lo civil. En aquellos años éramos raros los que no subíamos al altar. Casarse por lo civil implicaba entonces visitar la parroquia por última vez y solicitar al sacerdote un dramático “certificado de apostasía”. Cuando lo tuve en mis mano experimenté una sensación de proximidad hacia Juliano el Apóstata, emperador que me habían intentado hacer odiar mis muy progresistas curas escolapios, pero por el que siempre he sentido admiración, sino devoción. Realmente, la entrevista con el sacerdote fue menos tensa de lo que hubiera pensado: “¿El certificado de apostasía? Sí, hijo, ahora mismo te lo hago” y el mosén añadió no sin cierto aire de desesperanza y comprensión: “Si es que tal como está la Iglesia de nada os va a servir a los jóvenes”. Eso mismo pensaba yo.

En octubre 1966 los escolapios nos hacían asistir diariamente a misa a primera hora de la mañana, en solemne rito tridentino; las únicas canciones que cantábamos eran en gregoriano. Ese mismo curso escolar cambiaron el emplazamiento del altar para que el cura pudiera decir la misa frente a su público y en cuanto a música sacra, salimos malamente damnificados cuando cambiaron el gregoriano por la Misa Luba, los espirituales negros y el kumbaya. Aquello era lo que los escolapios entendían por acercar la misa al “pueblo de Dios”. Entre eso y el “darse la paz”, el culto católico había dejado de ser una mera manifestación exterior para convertirse en una expresión de demagogia social. De la nada a la más absoluta miseria.

Yo fui uno de los que ese curso dejé de ir a misa y dejé de creer, primero en el Dios de la biblia y luego en cualquier otro Dios. Al menos, el budismo no te obliga a creer en un dios personal y a medida que vas progresando en su senda te va siendo cada vez más claro: se empieza con el “no hay Dios” personal, se pasa del “Buda era un hombre como tú”, al “Buda histórico nunca existió” y se concluye, “por muchas veces que Buda haya nacido, no te va a servir como no nazca en tu interior”. La conclusión es bonita, pero mucho más que bonita, educativa y con desembocaduras terribles: no hay dios al que agarrarse, no hay clavos ardiendo en los que confiar, no hay otras vidas tranquilizadoras, no hay esperanza para desesperados, no hay anestesias para el espíritu.

Lo entendí en cierta ocasión en que meditando experimenté una sensación extraña: la del despertar. Realizar aproximaciones a ese estado sería demasiado ambicioso para este pobre plumífero, especialmente cuando ya Borges lo definió en su relato El Aleph, o con Arthur Koestler en su El Cero y el Infinito como “conciencia oceánica”, o, finalmente, Aldous Huxley demostró haber llegado hasta él en Las puertas de la percepción. Yo sentí esa misma sensación en aquellos meses de clandestinidad mientras practicaba zen. Entendí por qué Evola había titulado su estudio sobre el budismo La doctrina del despertar. O por qué Gustav Meyrink –bendito Meyrink y bendita su obra- escribió en sus mejores páginas de El rostro verde que “velar lo es todo”. Estar en vela es estar despierto. Cuando esos momentos de ruptura con la conciencia ordinaria se producen, se experimenta la sensación muy vivida y auténtica de “estar despierto”. Hay que ser muuy precavidos ante este tipo de experiencias, los textos zen alertan sobre estas experiencias de trascendencia que, a la postre, pueden resultar falsas y ser, en última instancia, nuevas manifestaciones del ego que se resiste a perder protagonismo. En cualquier caso, si el "despertar" es remotamente parecido a lo que yo experimenté habrá que fecilitarse porque si en aquel momento experimenté alguna sensación definible, ésta era la de una felicidad sin límites, sin posibilidades de expresarla con pobres palabras ni de encerrarla en definiciones racionales.

En cierto sentido este tipo de experiencias tienen cierta similitud con los efectos de las drogas psicodélicas. A fin de cuantas, la "psicodelia" etimológicamente no es más que  la "manifestación del alma" (de ψυχή, "alma", y δήλομαι, "manifestar"). Si bien es cierto que la definición es algo abusiva, lo cierto es que las drogas psicodélicas proporcionan efectos que trascienden la racionalidad y, utilizando la expresión de Huxley, "abren las puertas de la percepción". Harina de otro costal es lo que tú hagas con las drogas y si las drogas son los suficientemente fuertes como para abatirte o viceversa. Crowley llamaba a las drogas "el alimento de los fuertes" y ciertmaente lo es: consumirlas y sobrevivir, implica "ser fuerte". Consumirlas y ser arrastrado por ellas, equivale a ser como una mierda bien aplanada, pero sin el como. El problema es que la droga psicodélica implica insertar algo exterior al individuo que genera una reacción química en su cerebro. Por mucho que Castaneda y su Don Juan lo plantearan de otra forma, la triste realidad es que en una reacción química no hay nada de espiritual ni por asomo. Castaneda y su "vía del guerrero" sedujo a muchos de mi generación. Algunos se quedaron en la cuneta, incluso en nuestro ambiente político. Recuerdo, con especial cariño a uno de ellos: era noble de España, neurótico obsesivo y, en tanto que tal, coleccionista. Había pertenecido a Fuerza Nueva en sus últimos tiempos y a Juntas Españolas más tarde. Acompañado por un título de nobleza, afortunado él, no tenía que vivir para trabajar. Florensá, era un gran lector y estaba escribiendo una obra que debería revolucionar el mundo en el que se movía: Metafísica del Coleccionismo. Él y su grupo habían leído a Castaneda y decidieron experimentar con drogas. El canuto primero, luego la búsqueda de marihuana cada vez más fuerte. Y más tarde la heroica. En el viaje sin retorno, su madre le pagó primero las dosis para evitar que tuviera que delinquir. Así se fueron varios millones del patrimonio familiar. Luego vivieron las curas de desintoxicación. Los altibajos. Las recuperaciones momentáneas seguidas de caídas cada vez más profundas. Finalmente me vino a ver un día. Fue al lavabo y estuvo allí durante más de media hora. Bruscamente reparé que hacía rato que permanecía dentro del lavabo y era evidente lo que estaba haciendo. "¿No se te ocurrirá colocarte, verdad?", le pregunté intuyendo la respuesta: "¿Se nota mucho?". Sí, se notaba demasiado. Pensé en llamar a su madre para darle la mala noticia de que su hijo volvía a meterse caña, pero aquella tarde estaba muy ocupado. Florensá se despidió de mí sacando fuerzas de flaqueza y en su rostro era visible una extraordinaria amargura y la sensación de haber fracasado en la vida. Carlos Castaneda y esa ficcion maligna que inventó -su "Don Juan Matos"- estaban en el origen de su derrumbe. El fin de semana no me acordé de Florensá. Pocos días después me comunicaron que había muerto aquel mismo día en que lo ví por última vez. Pocas horas antes le habían comunicado que estaba infectado con el VIH. Eran los tiempos en los que resultaba habitual que los toxicómanos compartieran jeringuillas. Después de ver se fue a un bingo de la Meridiana, y en lavabo se inyectó una sobredosis de gran pureza. Se había suicidado y cabía recordar aquellas palabras de Ginsberg en su "Ahullido": "He visto a las mentes más lúcidas de mi generación destruidas por la droga, arrasadas por la locura". Florensá era una de las mentes más creativas que he conocido.

A partir de estas experiencias, a nadie le puede extrañar que no sea muy condescendiente con las drogas, ni con los que proponen su legalización. La droga, la psicodélica, abre ciertas puertas, muestra que más allá del mundo racional y sensitivos, existe otra realidad. Para activar esa percepción hay que consumir drogas, por tanto lo que se genera es un estado de dependencia. Y nunca es bueno depender de algo. Es como aquel usuario de un peep-show que sabe que mientras siga colocando monedas en la ranura, la chati de turno seguirá contorsionándose más o menos sicalípticamente, pero en el momento en que deje de hcerlo, la cortinilla le vedará seguir viendo las formas de sus sueños. No hay nada como el sexo en vivo, sin cortinilla y sin tragamonedas. No hay nada como estar retozando directamente con la chati. Por lo mismo, lo que puede percibirse a través de la droga ni tiene nada que ver con la espiritualidad, ni con búsqueda alguna, salvo que no sea la pura búsqeuda viciosa. Sin embargo, las prácticas tradicionales permiten prescindir de la moneda y de la cortinilla y, por así decirlo, tomar el cielo por asalto. Pero aún así, en los primeros pasos de la práctica de la meditación es frecuente la aparición de visiones, los llantos o las risas incontenibles, las experiencias extrañas, ante las que los maestros y los textos clásicos alertan: no hay que fijarse en ellas, no hay que agarrarse a ellas, no hay que buscarlas, sino simplemente dejarlas pasar y considerarlas como el necesario entremés de lo que vendrá luego, pero, en modo alguno, confundirlos con el plato principal.

Aquella tarde estaba leyendo un volumen publicado por Editions Copernic, la editorial francesa vinculada a la nouvelle droite, sobre Julius Evola. Me había atascado en un frase del Canon budista Palí: "Consideró el Nirvana como Nirvana y habiendo considerado el Nirvana como Nirvana pensó: "Nirvana", se identificó con el Nirvana, pensó como el Nirvana. Se dijo: "El Nirvana es mío" y se regocijó en el Nirvana. ¿Y esto por qué? a causa de su ignorancia te digo". El mismo texto en otra traducción no pierde su enigmático sentido: "Considerando la extinción como extinción, aquel que vive la extinción y experimentando la extinción, aquel no conoce la extinción"<br /><br />. No hay forma de interpretarlo y era un fragmento interesante porque, solamente en este texto Evola hubo encontrado un sentido a la vida. Después de la Primera Guerra Mundial, tras sus experiencias como poeta y pintor dadaísta, no conseguía encontrar un sentido a este tránsito por la vida y pensó en el suicidio. Le salvó precisamente este texto hinduista. En caso de atasco, lo mejor es pegarse un polvo. Luego las cosas se ven con más calma. No es una frivolidad. Para que la meditación opere efectos benéficos es preciso, en primer lugar no buscar nada, situarse en una situación de completo abandono de sí mismo, y en segundo lugar poder vencer fácilmente la tiranía del cuerpo, dicho de otra manera, el cuerpo debe estar debilitado. Un polvo en ayudas siempre es un polvo en ayunas y tiende a agotar el cuerpo. Otros logran ese mismo estado mediante “maceraciones” y ayunos. El polvo es, desde luego, mucho más reconfortante.

Poco después abordé la meditación tal como venía haciendo en los últimos meses: primera adoptando una posición cómoda, luego regulando la respiración, finalmente pasando revista a cada parte de mi cuerpo, luego inhibiéndome de cualquier pensamiento, en definitiva, unos prolegómenos de 20 minutos acabados los cuales me envolvió una increíble sensación de negrura. Cuando se cierran los ojos siempre se sigue percibiendo algún tipo de tonalidad o color. En esta ocasión un negro más negro que el negro era lo único que alcanzaban a ver mis ojos. Luego la sensación de caída vertiginosa, más tarde el percibir discos cortantes que venían hacía mí y literalmente me rompían. Y, bruscamente, la convicción de que “dentro de mí no hay nadie”. Habitualmente dentro de uno pugnan por aparecer distintos yos: vemos una película y nos identificamos con el prota, leemos un libro y nos inhibimos de la realidad en un proceso de identificaciones con personas, situaciones o estados. Es lo que los marxistas llaman “un proceso de alienación”. Nos alienamos cuando dejamos de ser nosotros mismos, para ser otra cosa. O como decía el diablo en el Evangelio: “Mis yos son legión”. Hay un yo valiente, otro yo conservador, otro lúbrico, otro festivo, otro generoso, otro ególatra y muchos más hasta lo incontable; todos ello se van superponiendo uno tras otra, con una formidable cadencia van asumiendo el control de nuestro Ego, por eso somos capaces de las mayores heroicidades y cinco minutos después de las vilezas más miserables; por eso somos capaces de decir una cosa y pensar otra; por eso la individualidad está hecha por múltiples vectores orientados en direcciones diferentes y contradictorias y que, finalmente, se anulan. Cuando se tiene la convicción de que, al menos en situación de meditación profunda, se ha superado momentáneamente todo este ciclo de contradicciones y conflictos internos, cuando, en definitiva, “dentro de mí no hay nadie”, es cuando empieza a ser posible percibir el mundo con objetividad, tal cual es, lo único  que a fin de cuentas, vale la pena en este tránsito.

La fe es un impulso emotivo y sentimental, irracional, que nos ayuda a vivir. Tenemos fe en la existencia de un dios todopoderoso que premia a los buenos y castiga a los malos. Tenemos fe en el más allá, en la vida eterna, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos, en la compasión de Dios, en la Trinidad y en los Santos… y eso hace que, a fin de cuentas, eludamos plantearnos cualquier problema sobre la trascendencia, simplemente porque tenemos fe en que nuestra “fe” es la fe verdadera. y la vida feliz que no conocemos ahora la conoceremos en el futuro a la diestra de Dios Padre. Además sirve, sobre todo, para mantener la cohesión y el orden social. Todo exoterismo es, a fin de cuentas, el intento de dar una sanción superior a un sistema de creencias que garanticen la estabilidad social. Si esa es la única forma para asegurar que no nos matemos unos a otros, para que no nos robemos sistemáticamente, bienes, propiedades y mujeres de prójimo a prójimo, para que no hagamos de la mentira una tradición, hay que reconocer que la religión es un invento genial. Más aún, si la religión sirve como puerta para que muchos entren en la vía del esoterismo, esto es, en la vía de la experiencia interior, el invento es, simplemente, genial, y útil para todos. A fin de cuentas el ateísmo puro y simple lleva a un nihilismo absoluto. No hay Dios. Vale, no hay Dios. No hay alma. Bueno, pues no hay alma, total para lo que la utiliza la mayoría de la gente que ni se ha enterado que la tiene, ni sabe para qué sirve, ni ha leído el folleto explicativo sobre su modo de empleo. ¿Qué no hay más allá? ¿y eso qué puede importar para los que no aspiramos más que a vivir el aquí y el ahora? De acuerdo, no hay nada de todo esto, la religión es una ficción ad hoc y nada más. ¿Cómo convencemos a la peña de que no mate, no robe, no mienta y, en general, no sea borde? ¿Mediante la coacción y la ley, vendiendo una ética que ni siquiera quienes lo venden respetan? ¿mediante la educación para la ciudadanía? Amos, anda... Mejor una ficción que, en general, se ha mostrado útil a lo largo de la historia, que la racionalidad que nos proponen ateos, agnósticos, librepensadores y positivistas que, no es que cree monstruos, sino que, de natural, ya tiende a ser montruosos.

La religión es un sistema casi perfecto y extremadamente simple: ayuda a mantenerse en pie gracias a lo irracional. El problema es doble: evidencia un bajo perfil espiritual y en segundo lugar, si por cualquier motivo, se pierde la fe, luego ya no hay forma humana de recuperarla. Además, contrariamente a sus pretensiones, la historia enseña que los sistemas religiosos no son eternos, nacen, crecen, evolucionan, declinan y mueren para ser sustituidas por otros. Es la rueda del zodiaco, hasta ahora no hay religión algura que no haya nacido de la combinación de símbolos zodiacales. Como si se tratara de un plano para orientarse en lo que vendrá. Desde hace 100 años se habla de la decadencia de Piscis-Virgo, signos antagónicos de los que se ha extraído lo esencial del cristianismo. Nos dicen quienes entienden de esto que viene Acuario-Leo, la polaridad siguiente y  que gobernará durante los próximos 2.125 años, lo cual no es poco. Acuario, la humanidad; Leo, la jerarquía. Quizás sea cierta la última profecía de la pithya de Delfos: "Un día Apolo volverá y será para siempre". Para un tipo cuya vida dura en la mejor de las hipótesis 100 años, 2.125 pueden ser considerados "siempre". La trascendencia está en cualquier parte, puede ser vivida en la soledad y en la estabilidad de una sesión de meditación y también en un ferrocarril metropolitano a una hora punta. La ventaja del paganismo clásico es que recomendaba la naturaleza salvaje como expresión directa de la trascendencia y como forma más accesible para alcanzarla. Haga montañismo, vaya con frecuencia a la montaña y lo comprobará. Creo que el viejo paganismo volverá y que determinadas formas de ecología y determinados deportes pueden ponernos en la pista de la trascendencia mucho más que todos los sacramentos y las docenas de iniciaciones del budismo tibetano.

A pesar de estar tonsurados, de haber recibido la iniciación sacerdotal y vestir hábito, los escolapios que tuve constituyeron para mí verdadera máquinas para hacer perder la fe a sus alumnos. Nunca más la recuperé. Hice esfuerzos por restablecer un vínculo con la fe que había ayudado a vivir y a morir a mis padres, con la fe de mi linaje, con la fe que había caracterizado a mi pueblo a lo largo de la historia. A falta de lecturas en La Santé, le pedí al cura de la prisión un ejemplar de la biblia en castellano y tuve con él unas cuantas conversaciones. Casi lo consigue, pero no, la fe es como la virginidad, una vez verdida no hay pegamento que te la re-ligue. La lectura de la Biblia tan sólo me sirvió para apreciar las pocas páginas de El Cantar de los Cantares, algunos de cuyos versos me había repetido tantas veces mi padre durante la infancia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Ni los salmos, ni las peripecias de los judíos yendo y viniendo por el desierto, ni el puteo del que fueron objeto por su dios, causaron en mí la más leve emoción. Intenté recuperar la fe de mis antepasados, pero no lo conseguí. Había hecho bien en abandonarla oficialmente cuatro años antes cuando solicité a aquel simpático sacerdote diocesano el “certificado de apostasía”. A fin de cuentas, el honor es más importante que la fe y el honor se pierde cuando lo que se hace no está en consonancia con lo que se piensa. Blas Piñar no lo vio así y me expulsó del partido. A decir verdad, Blas pensaba justo lo contrario de lo que yo pensaba en esa época en materia religiosa. Una buena dosis de realismo me hubiera simplemente ahorrado entrar en Fuerza Nueva a la vista de que el partido y su líder eran no solo católicos, sino católicos a machamartillo. ¿Por qué entré? por que había una tarea política por hacer yaunque su resultado no tuviera nada que ver con la Iglesia, si era cierto que, en mi primer contacto con Fuerza Nueva percibí rápidamente que, aun habiendo gente con una fe acrisolada, la inmensa mayoría vivía la religión con una indiferencia completa, y el nivel medio de práctica religiosa se situaba en un escalón quizás ligeramente más alto a la media de la sociedad española de la época, pero, en cualquier caso, bastante bajo.

Existía una contradicción creciente entre las gentes que llegaban a Fuerza Nueva atraídas, más que por los méritos del partido, por las dificultades y desajustes generados en la transición y por la sensación de que aquel período era duro y, en comparación con el cual, el franquismo era un ideal. En esto radicaba el drama del partido:  de un lado en que existía una contradicción entre los intereses y motivaciones de las bases del partido y los de la dirección, y de otro en que a medida que los desajustes de la transición fueran desapareciendo y el sistema entrara en su fisonomía definitiva, esto es, a medida que el franquismo quedara atrás, el partido iría perdiendo "tirón". Lo mismo ocurrió con el Movimiento Social Italiano a partir de los años 90: este partido tuvo como sustrato a los partidarios y simpatizantes de la República Social Italiana. Lo esencial de su electorado había salido de ahí y cuando empezó a mermar, por el paso de la dama de la guadaña, no tuvo más remedio que renovarse o morir. Fini optó por la senda de la renovación y en eso está. Fuerza Nueva hubiera podido seguir el mismo camino con el paso del tiempo de no huber tenido esa percepción tan particular  y excéntrica del franquismo como nacional-catolicismo y supeditase la acción política a la creencia religiosa.

Este no es un análisis a posteriori: era el que un grupo de camaradas hacíamos a principios de 1976. Se imponían dos líneas de trabajo: intentar que el eje de la "derecha nacional" (esto es de lo que hoy se llama "patriotismo social" y "derecha no liberal") no basculara tanto en torno a Blas Piñar y procurar que el partido adoptara una línea "más política" y "menos religiosa". Y fue en función de estas consideraciones como algunos camaradas que manteníamos contactos informales fuimos ingresando en Fuerza Nueva a lo largo de 1976.

En Fuerza Nueva

Había ingresado en Fuerza Nueva año y medio antes, hacia mayo de 1976. Asistía a una especie de acto en el antigua local del SEU de calle Canuda, tomé la palabra aludiendo al divorcio creciente entre el papel del rey asignado por Franco y el que había adoptado una vez muerto, me aplaudieron y, como en la época uno era sensible a estos halagos, me afilié. Escribía habitualmente en el semanario Fuerza Nueva (que había comprado ocasionalmente desde los 15 años) y era conocido entre la delegación de Barcelona por los artículos, pero no personalmente.

Hacia mediados de 1970, por iniciativa de Javier Antoja se había constituido en Barcelona el grupo Fuerza Joven, rama juvenil de lo que entonces era un círculo informal que rodeaba a Blas Piñar. Deberían ser no más de 15 jóvenes que disponían de un despacho en el local de la Hermandad de Alféreces Provisionales de la Gran Vía. Allí estaba también la ciclostil en la que editaban un boletín mensual o poco más. Repartían algunos panfletos y, sobre todo, acudían a los mítines de Blas. Todos ellos eran católicos tirando a ultramontanos y todos ellos sin duda bienintencionados pero con muy poca experiencia política. Había algunas chicas de buen o de buenísimo ver. En llegando a la Semana Santa una de ellas me llamó, era encantadora en todos los sentidos. Me invitó a quedar con ella. Lamentablemente era para que la acompañara a una procesión en el barrio de Sans. En aquel tiempo, prácticamente todas las parroquias hacían su procesión particular. Abría el cortejo la cruz y detrás alguna imagen particularmente notable de la iglesia, luego seguían las autoridades de riguroso uniforme: el jefe local del movimiento, el jefe de la Guardia de Franco, y así sucesivamente. En uno de estos saraos devotos conocí a Javier Gracia portando una cruz extraordinariamente grande y de aspecto pesado. Me dio la sensación de estar a punto de herniarse por el esfuerzo. De no ser por las cuerdas que ataban los brazos a derecha e izquierda, se le hubiera venido abajo el Cristo, la cruz y el INRI.

Aquel era un grupo formado por gente encantadora, pero era muy heterogéneo, la prueba es que pocos años después cada uno de ellos había adoptado un rumbo diferente. La hermana de Antoja era wagneriana y la tenía vista por los pagos de CEDADE. Otro, ya fallecido prematuramente, solía ir con camisa azul incluso dentro del local y terminó en la Falange Auténtica. Curro, pasó al PENS, como ya he dicho, y unos años después me lo encontré en un corredor de metro vendiendo Combate, la revista mensual de la Liga Comunista Revolucionaria. Antoja, tras un par de años de coordinar el grupo se retiró casi completamente de la actividad política y no tuvo protagonismo alguno en Fuerza Nueva durante la transición. De la rubia encantadora no volví a tener noticias tras la procesión, la supongo casada o recasada con familia numerosa.

El local de los Alféreces provisionales era un amplio entresuelo dominado por una enorme sala para casi un centenar de personas y un bar anexo para otro tanto. El resto eran despachos ocupados por las Hermandades de Ex Combatientes de las que, sin duda, la de Alféreces era la más poderosa. A unas ocho manzanas de allí, se encontraba un discreto quinto piso, en la misma Gran Vía, sede de la Hermandad de la División Azul, mucho menos influyente, pero mucho más militante. La primera institución estaba gerenciada por falangistas moderados, alejados de gesticulaciones revolucionarias y que, habían tenido su parcela de poder bajo el franquismo: allí se encontraban afiliados muchos concejales y ex concejales del ayuntamiento de Barcelona. Algunos pasaron a Alianza Popular, otros a UCD y sólo unos pocos a Fuerza Nueva. Los divisionarios, en cambio, más broncos y activistas, pasaron en bloque a Fuerza Nueva que aportó lo esencial de los altos mandos del partido en Barcelona.

En cierta ocasión, algunos miembros del PENS habíamos quedado citados en el local. Al lado nuestro había llegado un negro (aunque lo políticamente correcto es llamarlo subsahariano, el color de su piel legitima a llamarlo negro con toda la propiedad del mundo y sin rastro alguno de hostilidad, discriminación o racismo). Era habitual de la Hermandad de la Legión. Pidió una cerveza, el cantinero se la sirvió y debió caer algún fragmento de vidrio del cuello de la botella en el interior del vaso, porque al beberse de un trago el contenido, inmediatamente dio signos de que se estaba ahogando o lo que era peor, de que algo le estaba poniendo en un trance apurado. El cantinero llamó a la ambulancia y ahí quedó todo. Sin embargo, corrió el rumor en la Hermandad de que los del PENS habían “apalizado a un negro”. Entre episodios como éste y los asaltos a las librerías firmados por el PENS pero realizados por gente próxima a la Guardia de Franco, empezábamos a tener una fama tan endiablada como falsa.

El idilio entre la Hermandad de Alféreces y Fuerza Nueva no se prolongó excesivamente. Las hermandades de ex combatientes sostenían la curiosa e increíble teoría de que ellas “no eran políticas”. Bajo el franquismo, nadie era “político”: el ejército se declaraba apolítico, la policía gustaba presentarse como una institución profesional, en la Iglesia nadie quería ver nada político o que supusiera un apoyo al régimen, la educación era, por supuesto, apolítica, como apolítico era también el Frente de Juventudes, la OJE y el sindicalismo vertical. Y ya, en el colmo del desenfoque, el propio Movimiento Nacional de FET y JONS no era un “partido”, sino la “comunión” de todos los españoles en los ideales del 18 de julio… Había gente que todo esto incluso se lo creía. Fuerza Nueva, que sí era “política”, tuvo que cambiarse del local de los Alféreces al del SEU (que hacía 15 años que no existía, salvo el restaurantillo para estudiantes de pocos recursos que siguió abierto hasta que murió con Franco).

Era 1976 y, como joven que todavía era, me tocaba estar en la rama juvenil de Fuerza Nueva. Desde que Antoja se retirara a la vida privada, el partido no había conseguido cristalizar un grupo juvenil. Ahora se trataba de reconstruirlo e impulsarlo. Había una buena base militante de en torno a 50 personas y media docena de cuadros algo fogueados. Con todo, no me hacía excesivas ilusiones –quien se las hace no deja de ser un iluso- sobre el futuro del partido. De hecho, conocía a Blas Piñar desde 1970. Lo fui a ver junto con Enrique Molina otro dirigente del PENS en Badalona, a unas “jornadas” que organizaba la revista Fuerza Nueva en el Valle de los Caídos. Le preguntamos como veía la situación política y, aun sin lograr recordar exactamente sus palabras, recuerdo, sí, que salimos tirando a decepcionados. Para colmo, el entonces jefe de Fuerza Joven que si no recuerdo mal era Fernando Abollado, cuando le preguntamos sobre estrategias de lucha contra el comunismo, nos explicó con una seriedad pasmosa que “el comunismo es el brazo ejecutor del diablo contra la cristiandad”, respuesta que aumentó todavía más nuestro escepticismo en relación a Fuerza Nueva. Había gente, pero muy heteróclita y, poco aprovechable políticamente. Con esa impresión indeleble volvimos a Barcelona. Manteníamos en esa época contactos con José Luis Jerez, que nos había sido presentado por Della Chiaie que era redactor de la revista semanal.

En los años que siguieron y a la vista de los discursos que oíamos en mítines de Blas y de las columnas de la revista aumentó nuestra sensación de que aquel grupo aspiraba sobre todo a realizar una tarea pastoral y a difundir mucho más el catolicismo que pensamiento político alguno, por más que para ellos el catolicismo fuera, en sí mismo, una definición política. En aquellos momentos, la Iglesia de Paulo VI también se había declarado –para variar- apolítica. De hecho, todavía creo que Blas Piñar eligió una vía errónea a la vista de sus creencias más profundas. Probablemente le hubiera cuadrado mejor formar algo parecido al Movimiento Neo-Catecumenal de Kiko Argüello o a los Legionarios de Cristo, o si se nos apura mucho, a la asociación Familia, Trabajo y Tradición creada en Brasil por Plinio Correa de Oliveira. En todos estos grupos, nadie se llamaba a engaño: el carácter religioso aparecía por encima de todo y, desde luego, muy por encima de su aspecto político. Esto le hubiera permitido a Blas Piñar contar con un fuerte movimiento de matriz religiosa que en pocos años y a la vista del verbo fogoso de Blas, hubiera podido ser hegemónico entre los grupos católicos y, sobre todo, hubiera dejado libre el espacio político para opciones menos marcadas desde el punto de vista religioso.

En aquella época, yo había advertido sobre esta deriva del partido. Envié algún informe a Madrid en el que recordaba que en un partido político obligado a actuar en un marco democrático lo que cuentan son los votos y que la adscripción de Fuerza Nueva al catolicismo tradicionalista nos reducía, en el mejor de los casos a disputar un 5% del electorado que se identificaba con esa opción. Sostenía que el partido debería defender una ética y una moral, mucho más que una religión concreta. Pero esa, ni era la opción mayoritaria dentro del partido, ni siquiera la admisible. De ahí, primero mi puesta en el índice y luego mi expulsión.

Vale la pena introducir aquí una breve interpolación sobre Montejurra 76.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia