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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (VII de X). La judaidad ante el fascismo

Y en Italia, ¿qué papel tuvo el judaismo en los años comprendidos entre el fin de la primera guerra mundial y el último conflicto? Con su Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo (Turín, 1961 y 1972), el historiador Renzo De Felice ha dado a este problema una respuesta exhaustiva. En lo que respecta a los orígenes del movimiento político que, en 1922, tomó el poder en Italia, referiremos un fragmento del libro de De Felice que tenderá a ilustrar las relaciones entre el Duce del fascismo y los judíos: "Ya hemos visto como Mussolini tuvo desde 1919 a diversos judíos en su entorno inmediatto: la adhesión y el apoyo de judíos al fascismo va sin embargo mmás allá de estos casos aislados. Algunos judíos tuvieron, tanto como pueda saberse de una materia tan delicada, una parte notable en la financiación de los primeros grupos fasxcistass. En las todavía poco claras  visicitudes económicas iniciales de "Il Popolo d'Italia", el comendador Elio Jona tuvo una parte importante según algunos rumores y, como hemos tenido ocasión de ver en su momento, según acusaciones explícditas formuladas por los judíos antifascistas de Túnez con ocasión de las medidas raciales, entre los principales financieron del fascismo habría figurado el tan maltratado Giuseppe Toeplitz. Y esto tanto en el centro como en la periferia, en particular en las zonas donde la presencia de los "rojos" era más masiva, en Livorno, Ancona, Romaña. En la región de Ferrera no hubo duda que fueron judíos quienes sostuvieron activamente al fascismo y a los escuadristas de Italo Balbo; algunos latifundistas judíos tuvieron en este sentido un papel no desdeñable. Por lo demás, algunas cifras son, en su aridez, ya significativas por sí mismas, entre los participantes en la fundación de los fascios de combate en Milán, el 23 de marzo de 1919, los famosos "sansepulcristas", figuraron ciertamente al menos cinco judíos (de los cuales uno, Cesare Goldman, fue también quien facilitó la sala); igualmente, tres judíos (Duilio Sinigaglia, Gino Bolaffri, Bruno Mondolfo) figuran en el martirologio oficial de la "revolución fascista" (...) en la Marcha sobre Roma participaron (o, al menos, recibieron el carnet que atestiguaba su aprticipación) doscientos treinta judíos (...) en esta fecha estaban inscritos en el Partido Nacional Fascista o en el Partido Nacionalista (y fusionados con éste último en el Partido Fascista en marzo de 1923) en torno a setecientos cincuenta" (95).

Tras la conquista del poder por el fascismo siguió el nombramiento de Aldo Finzi como sub secretario en Interior y de Dante Almensi como jefe adjunto de la policia; siguió luego el apoyo de la Italia fascista al sionismo, con diferentes encuentrosentre Mussolini, "astro del sionismo"  (96) y los principales representantes sionistas; hmás tarde se produjeron nuevas incorporaciones de judíos al PNF.

Luego se publicó la nueva ley sobre la ordenación de las Comunidades Judías, a propósito de la cual el gobierno fascista "aceptó casi en todo el punto de vista judío" (97); Guido Jung fue nombrado ministro de finanzas; se realizaron ofertas de asilo para los judíos que procedían de Alemania y del Este Europeo; se dieron campañas de prensa contra las medidas profilácticas adoptadas por el régimen nacional socialista y la acción del "Duce" en favor del éxodo de los judíos del Sarre "con todos sus bienes" (98); finalmente se creó una escuela marítima en Civitavecchia, destinada a entrenar militarmente a los sionistas de Jabotinsky en el marco del apoyo facilitado para la invasión judía de Palestina. La legislación racial misma  introducida por simples razones de oportunidad política, en relación a la alianza con Alemania  encontró oposición en algunos jerarcas, en primer lugar Italo Balbo (99).

Notas a pie de página:

(95) R. de FELICE, op. cit., pág. 105.

(96) "Tres cientos hombres que se conocen entre ellos, guían los destinos económicos del continente y eligen a sus sucesores entre sus discípulos", Rathenau había escrito, evidentemente con conocimiento de causa, estas líneas en un artículo publicado el día de Navidad de 1919 en la "Neue Freie Presse". Estaba aun convencido de ellos cuando en 1922 publicó el artículo en cuestión en su libro Zur Kritik der Zeit, aparecido ese mismo año.

(97) Op. cit., pág. 140.

(98) A principios de abril de 1973 fué publicado en el "Corriere della Sera" la carta de un judío de Ferrara, un tal Gualterio Finzi, en el cual reivindicaba la posición filosemita de Balbo: "Quisiera saber si vuestro redactor, en pleno régimen fascista y en un período de persecución, hubiera tenido el valor de intervenir de forma tan decidida en favor de los judíos italianos y si se cree verdaderamente hoy, perseverando en su actitud, empañar la figura de Italo Balbo, quien, solo entre todos, nos ayudó en aquellas jordanas trágicas".

(99) En Les Annales. Emile Ludwig no era otro que Abraham Cohn; el padre obtuvo, por decreto real, el poder de cambiar el nombre de Cohn por el de Ludwig, para él y para todos sus descendientes (NdA). El mismo judío alemán, "tras haberse prudentemente refugiado en Suiza, se hizo portavoz del judaismo publicando un pequeño libro titulado La Nouvelle Sainte Alliance (Partís, 1938), en el cual proponía "una nueva Santa Alianza concebida entre las tres grandes democracias del mundo". Dejemos la palabra a Ludwig: "... La Alianza está dirigida contra Alemania e Italia y contra cualquier otro Estado que en el día de mañana pudiera reclamarse de los mismos principios. Superará en agresividad el lenguaje de desafío de los dictadores". (Cit. enm L. DE PONCINS, Top Secret. Secrets d'Etat anglo americains. Diffusion de la Pensée Françcaise, Chiré en Montreuil, 1972; pág. 44 45). En cuanto a J. MONTIGNY, refiere, en su libro Le complot contre la paix (París 1966), estas propuestas del escritor judío Emmanuel Berl: "Todos los judíos políticamente organizados desean la guerra y la impulsan. En los corredores de la Cámara se libra la batalla cotidiana; el ejemplo de Blum y Mandel lo muestra con creces: la comunidad judía políticamente organizada ha sido, es aun, el alma ardiente de la coalición belicista" (NdT).

(c) Por el texto:el autor [desconocido, se agradecerán datos para identificarlo]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

 

Un estudio sobre la "cuestión judía" (VI de X). La I Guerra Mundial

A este programa el judaismo no podía ser ajeno. Salió a la descubierta en la acción llevada por las sectas en favor de la guerra (82), pero no es difícil tampoco percibir la parte que tuvo en la intervención americana. "Nadie  se lee en la obra ya citada de Malinsky y De Poncins  jamás comprendió porqué los Estados Unidos declararon la guerra a Alemania. El imperio germánico no constituía para ellos ningún peligro ni en el presente ni en el futuro. En su derrota  por adelantado, invirtieron sin embargo millones y enviaron a cerca de dos millones de combatientes, improvisados precipitadamente, al otro lado del Atlántico. en los anales de esta república pacífica entre todas, semejante cosa jamás se había visto".

El motivo de la intervención fue vengar un barco inglés a bordo del cual se encontraban americanos que realizaban una travesía turística y a los que la embajada alemana había tenido la precaución de dar una advertencia para que no hicieran la travesía bajo pabellón de una de las potencias beligerantes (83). La desproporción entre la causa y el efecto era de tal manera enorme que todas las frases sentimentales que se pronunciaron en la ocasión no podían bastar más que para convencer a adolescentes desprovistos de toda experiencia en la vida (...). No se explica tampoco por qué el presidente Wilson, que era la criatura del capitalismo judío, dudó hasta mediados de abril de 1917, tolerando el aprovisionamiento de las dos partes beligerantes por la industria americana, no porque a partir de esta fecha solo todo el aparato de la publicidad trasanlántica se volcó con todas sus energías contra Alemania.

Vemos en el presente que es muy simple: hasta mediados de abril de 1917, bastaba que la monarquía de derecho divino alemana fuera ayudada en su tarea de aplastar a la monarquía de derecho divino rusa. En esta fecha, el fin estaba ya alcanzado, era algo hecho y entonces era preciso ayudar exclusivamente a las grandes democracias occidentales, a fin de que a su vez ellas aplastaran a la monarquía de derecho divino alemana. En estas condiciones, Rusia era ventajosamente reemplazada  por América y podía ser abandonada a su destino, que era superar el socialismo, sin que resultara un peligro eventual para este mundo futuro "donde la democracia debía ser su centro" (Wilson)" (84).

Fue el judaismo quien llevó a América a la guerra, a fin de que colaborara en eliminar lo que quedaba de la Europa tradicional y construir el mundo democrático anunciado por Wilson. Bernard M. Baruch, el "Disraeli americano", el hombre que declaró haber reunido en él "una suma de poder más grande que cualquier otro político americano", era un judío de la Bolsa de Nueva York, un judío que controlaba 35 ramas de la industria americana. Cuando entró en guerra, América se encontraba bajo la dictadura de Baruch y de otros judíos del Comité de Defensa Nacional, un organismo constituido en 1915, del que dependía el todopoderoso Grupo Industrial de Guerra  formado a su vez en 1915 . Sobre el alucinante poder acumulado por el "proconsul de Judea en América", Henry Ford facilita numerosas informaciones, que no podemos reproducir aquí en su totalidad (85).

Una de las razones por las cuales los judeo americanos intervinieron en la guerra contra los Imperios Centrales debe ser buscada en el apoyo prometido por Inglaterra al movimiento sionista; es así que a la declaración de guerra americana (6 de abril de 1917) siguió, a corta distancia (2 de noviembre de 1917), la Declaración Balfour, mediante la cual el ministro inglés de Asuntos exteriores manifestaba a Lord Rothschild  uno de los principales representantes del sionismo  el compromiso de Londres de apoyar la invasión judía de Palestina.

Al término de la primera guerra mundial, en consecuencia, el poder mundial del judaismo se había ulteriormente consolidado. Además de haber lanzado las bases para la creación de una colonia en el Mediterráneo, disponía de dos puntos de apoyo de dimensiones continentales: Los Estados Unidos (86) y la Unión Soviética. Pero ya que el stalinismo, aunque a través de varias contradicciones y dificultades, frena el asalto judaico iniciado con la revolución de 1917, la Unión Soviética fue sustraida a la hegemonía judía; mientras, los Estados Unidos, pasaban a ser, hasta nuestros días, el "lugar" geográfico y político del judaismo mundial.

En cuanto a Europa, los cambios políticos que el fin de la guerra aportó coincidieron con los planes del judaismo. Un judío, Ludwig, escribió "El hundimiento de estas tres grandes potencias (Rusia, Alemania y Austria, n.d.t.) en su antigua forma significa una facilidad esencial para las directivas de la política judía. La guerra conducida a fin de imponer a Europa central formas políticas modernas como las que estaban ya en vigor en torno a ella (...). Los defensores de una paz por separado (con Rusia, n.d.t.) habrían podido salvar tanto al Zar como al Kaiser conservando una Europa insoportable" (87). Se hubo pues, favorecido un desencadenamiento judíos bajo forma "revolucionaria": la zarabanda espartakista  con los diversos Karl Liebknecht (88), Rosa Luxemburgo, etc...  y el carnaval judaico de Budapest  (89) Zsigmond Kunfi, luego los Pogany, los Vago, los Szaamueli, los Weltner, los Schewimmer y, en suma, todo el zsidosag húngaro  entraron en esta primera fase. Luego fue el momento en que Rathenau ocupó varios ministerios en la República de Weimar  (90) y donde el banquero Imredy se convirtió en primer ministro de Hundría; mientras que en las nuevas democracias checoslovaca y yugoslava, el judaismo estaba ampliamente representado.

En Francia, fortaleza experimentada del judaismo, el "armazón de la República"  (91) estaba constituida por la Liga de los Derechos del Hombre, fundada en 1898 por los judíos Sceurer Kestner y Joseph Reinach y convertida en el principal instrumento de al intervención judía en la vida política. Francia pues, ya habituada a los Cremieux y a los Gambetta, tuvo de nuevo sus ministros judíos, hasta que en junio de 1936, tras la victoria del Frente Popular, la presidencia misma del Consejo  fue ocupoada Leon Blum. Este judío había estado entre los fundadores de "L’Humanité" (92) y fue diputado y jefe del Partido Socialista; tras el hundimiento de su gobierno, Blum, volvió a la presidencia del Consejo en marzo de 1938 para caer de nuevo cuatro semanas despues. Con razón, en consecuencia, Henry Roberg Petit, tituló su libro sobre la política francesa Le Regne des Juifs (93).

Pero el reino de los judíos a partir de ese momento iba a adquirir dimensiones internacionales: la Sociedad de Naciones, la prefiguración de la ONU salida de la conferencia parisina de las potencias victoriosas, constituyó el intento democrático de imponer un supergobierno mundial. Estamos solo en los prolegómenos, y la Sociedad de Naciones se redujo a ser un instrumento, incluso no demasiado eficaz, de Inglaterra y Francia; lo que importa, se mostrar como las plutocracias comprendieron la necesidad de una organización política que, como sus tráficos, no tuviera fronteras. No fue por error que el judío Klee pudo escribir: "La Sociedad de Naciones ha sido no tanto el trabajo de Wilson como una obra maestra judaica de la que podemos estar orgullosos. La idea de una Sociedad de Naciones se refiere a los grandes profetas de Israel, a su visión del mundo" (94).

Notas fuera de texto:

(82) La "Rivista Massonica", órgano mensual del Gran Oriente de Irtalia, publica, en el nº 4 6  de Abril Junio de 1966, el discurso pronunciado con ocasión del cincuentenario de la intervención italiana, en el Templo Masónico de Trieste,  "lleno de Hermanos, entre los cuales se encontraban supervivientes condecorados de la guerra que borró del mapa del mundo a la monarquía de los Habsburg". El orador era el Gran Maestre Roberto Ascarelli, judío, el cual terminó así su discurso: "Y podemos también, orgullosos, acordarnos que fue la voz del inolvidable Gran Maestre Italiano quien sin embargo quiso la guerra, Ernesto Nathan (judío,. NdA), quien, a petición de las masonerías de la Entente, durante la primera guerra mundial, se alzó para proponer  antes que cualquier otra cosa  la unión de los pueblos del mundo en una Sociedad de Naciones" (pág. 96).
Que el judaismo italiano haya hecho todo para llevar a Italia a la guerra contra Austria, está confirmado también por el judío Piperno: "Ya hemos visto el paralelismo entre la liberación judía y la liberación nacional y la contribución judía al risorgimento; bastante amplia fue también la participación judía en el irredentismo y en la última gran batalla nacional y popular, es decir, en la Resistencia" (R. PIPERNO, L’antisemitismo moderno, Bolonia, 1964, pág. 67.); mientras que otro judío, Marcus Eli Ravage, reivindica para su raza el haber causado, exactamente, el desencadenamiento de la primera guerra mundial: "Nosotros hemos sido la causa principal, no solo de la última guerra, sino de casi todas vuestras guerras" (M.E. RAVAGE, Artículo publicado en "Century Magazine", nº 3, 1928). La misma reivindicación aparece en el órgano judío "The Jewish World" del 16 de enero de 1919: "El judaismo internacional ha obligado a Europa a esta guerra no solo para apropiarse de una gran cantidad de oro, sino también para preparar, por medio de ella, una nueva guerra mundial judío". Y esto sería pues puntualmente realizado.

(83) Cuando en 1965 el Departamento de Estado americano permitió el acceso a sus archivos, resultó claro que el naufragio del Lusitania fue deliberadamente provocado para justificar la intervención americana. Una fuente no sospechosa ("Storia illustrata", nº 182, enero de 1973) informa que: 1) se hizo transitar expresamente al Lusitania a una zona donde se había señalado la presencia de un submarino alemán que hizo naufragar a varios barcos aliados; 2) el crucero inglés Juno, que debía escoltar al Lusitania, recibió la extraña orden de volver al puerto de Queenstown, 3) las unidades inglesas que llevaban socorros al Lusitania fueron bloqueadas por el Primer Lord del Almirantazgo inglés; 4) los principales diarios americanos publicaron con retraso, bajo presión del Departamento de Estado, una inserción de la embajada alemana que advertía a los pasajeros del Lusitania el riesgo que corrían embarcándose en un buque cargado de explosivos; etc... Esta táctica de la provocación tuvo éxito si bien los judeo americanos la aplicaron también, en la segunda guerra mundial, en Pearl Harbour, para obligar al Japón a "agredirlos".  Sobre la trampa de Pearl Harbour, citaremos otra fuente no sospechosa: "Historia", nº 168 (Hace 30 años Pearl Harbour... pero Roosevelt lo sabía), diciembre de 1971.

(84) La guerra oculta, cit.; pág. 218 219.

(85) Remitimos al lector deseoso de conocerlos al libro de H. FORD L’Ebreo internazionale, Ed. di Ar, Padua, 1971.

(86) He aquí lo que escribe el correspondan judeo americano de una revista italiana de derechas, que no puede ser ciertamente sospechosa de antisemitismo, ya que está dirigida por el judío Mario Tedeschi, animador en el seno del Movimiento Social Italiano "neo fascista" (???) de la tendencia "Democracia Nacional", favorable a una alianza con los demo cristianos: "Sería un grave error evaluar el lobby judío, tal como lo hacen los árabes y, en general, las gentes superficiales o los antisemitas, como un elemento artificial, externo, no americano de la política americana.
Los judíos son parte integrante de América. Son América.Han hecho de este país lo que es hoy. Si su porcentaje en relación a la población entera es mínimo, su parte en el desarrollo cultural, políticdo, económico, en la concepción misma de la entidad americana, ha sido enorme" (N.E. GUN, Golia in America, "Il Borghese", 20 de abril de 1975).
No es una casualidad que el símbolo de los EEUU, la llamada Estatua de la Libertad, lleva una inscripción dictada por la judía Emma Lazarus; y otro tanto puede decirse si, en otro emblema de los EEUU, el dolar, encontramos dibujos inspirados en la simbología judaica, dibujos que fueron realizados por el judío S. Makronmowsky, más conocido bajo el nombre de nicola C. Koerich, íntimo del vicepresidente americano bajo Roosevelt.
No es extraño, en consecuencia, que los judíos reivindiquen para su raza a Cristobal Colon, descubridor del continente al cual algunos dieron el nombre de Judenland; por otra parte, está probado que varios judíos se encontraban en los barcos de Colón y que el primer en tocar, en 1492, suelo americano, fue un judío, Luis de Torres ("Cristobal Colón  ¿no era con toda probabilidad, uno de los suyos, así como varios marinos de su equipo?" y más adelante: "... un grupo de veintitrés judíos, procedentes de Brasil, ¿no ha desembargado, un día de septiembre de 1654, en lo que se llamaba entonces Nueva Amsterdam, en la isla de Manhattan?", artículo de D. DHOMBRES, Une nouvelle terre promise, "Le Monde", 19 de octubre de 1976, NdT). La relación entre la colonización de América y la expulsión de los judíos de España y Portugal ha sido puesta de refieve en diferentes obras. Ciotemos: M. KAYSELRING, Christophe Columbus und der Anteil der Juden, 1891, F. RIVAS PUIGCERVER, Los judíos y el nuevo mundo, 1891, L. MODONO, Gli Ebrei e la scoperta dell’America, 1893; C.M. PETERS, The Jews in America, 1906, etc... La conclusión es que América "es de un extremo al otro un país judío", tal como sostuvo Sombart, el cual ha mostrado en qué medida los Estados Unidos debían su existencia a los judíos. "Es a la impronta judía a la que los EEUU deben lo que son, es decir su americanismo; pues lo que nosotros llamamos americanismo no es más que el espíritu judío que ha encontrado su expresión definitiva" (W. SOMBART, Les juifs et la vie economique, París 1923).

(87) Citado en J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit.; pág. 56.

(88) Karl Liebknecht era hijo de Wilhem Liebknecht, el fundador del "Vorwärts" junto con Bebel. Este tenía razón en atacar al antisemitismo (lo definía como el "socialismo de los imbéciles") porque porque la mayoría de los jefesd el socialismo alemán eran judío: de Lassalle a Singer, pasando por Berstein, Kohn Nordhausen, Davidson, Frank, Herzfeld, Simon, Stadhagen...
Fue el judío Kurt Eisner quien dirigió, con Lewien, Toller, Landauer y otros correligionarios, la "revolución" en Baviera; fue el judío Hirsch quien la dirigió en Prusia, el judío Gradnauer en Saxo, el judío Fulda en Hesse.

(89) Quien, no equivocadamente, había rebautizado Judapest a principio de siglo ; la capital húngara contaba entonces con 300.000 judíos sobre 900.000 habitantes... Por lo demás, el judío Ferenc Heltai había conseguido convertirse en burgomaestre de la ciudad. Sobre la cuestión judía en Hungría, ver Kitartas, Ed. di Ar., Padua 1974, pág. 69 72.

(90) La expresión es del americano M.A. LEDEEN, L’internazionale fascista, Bari, 1973, pág. 180. En su libro titulado Mussolini e gli Ebrei (Milán 1967), el senador del MSI Giorgio Pisano ha documentado abundantemente la acción llevada a cabo por el "Duce" en favor de los sionistas, confirmando así el fundamento del epíteto  forjado por Ledeen. "A pesar de la posición oficial hostil a la raza judía adoptada poco antes de la segunda guerra mundial por Mussolini  escribe Pisano  este último, en realidad, fue el único hombre de Estado europeo que, en este período dramático, hubo maniobrado para la salvación de los judíos en toda Europa" (pág. 5).

(91) Entre los suscriptores de "L’Humanité", es difícil encontrar uno que no sea judío. Figuraban los esposos Rosnoblet, pero estos no eran otros que los testaferros de los Rothschild. Ver documentación publicada en H. COSTON, La haute finance et les revolutions, op. cit.; pág. 68 71 (NdA).
Es preciso creer que la situación no ha variado mucho desde esta época lejana ya que René Andrieu, redactor en jefe de "L’Humanité", acusado de antisemitismo durante un debate, se aprestó a ir a presentar sus excusas a la revista judía "L’Arché" (nº 227, pág. 16 20) precisando que: "...en L’Humanité Dimanche el redactor jefe es de origen judío, Henri Alleg es de origen judío, la mujer de Coubard, especialista en problemas de Oriente Medio es de origen judío... En el Comité Central, los principales colaboradores de Marchais son de origen judío". Citado en "Lectures Françaises" nº 233, septiembre de 1976.
Véase una lista no exhaustiva, de judíos que ocupan cargos de importancia en el aparato del Partido Comunista Francés: Fiterman, Kanapa y Gremetz: miembros del Buró Político; Fiszbin, secretario de la Federación de París, miembro del Comité Central; Malberg, director adjunto de "France Npouvelle" (semanario del Partido), miembro del C.C.; Zaidner, secretario de la sección de cuadros, miembro del C.C.; Ellenstein, director adjunto del Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas, miembro del C.C.; Cohen, director de "La Nouvelle Critique" (NdT).

(92) Se notará que el judaismo, en Francia, salió de tal manera a la superficie  que el mismo Blum, un año antes de ser presidente, acudió al XVI congreso sionista, en Zürich, en calidad de miembro de la Jewish Agency; "y las primeras palabras que pronunció han tendido a disipar la sorpresa que la aparición de un hombre como él, volcado a la causa del socialismo internación, podía hacer nacer en un medio que lazos de una inalterable gratitud unen a poderes financieros (...) Con fuerza, declaró no haber renegado, ni de su raza ni de su religión, sino, por el contrario, estar orgulloso en todas circunstancias" ("L’Ordre", Zürich, mayo de 1935).

(93) Citado en J. EVOLA, Tre aspetti, cit., pág. 54.

(94) R. DE FELICE, Storia degli ebrei italiani sotto il fascismo, Turín, 1972, págs. 73 74
.

(c) Por la obra: el autor [desconocido, se agradecen datos sobre la obra]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

 

Un estudio sobre la "cuestión judía" (V de X). Judaidad y socialismo

Pero, si en estos episodios de la "guerra oculta", el judaismo permanece más o menos en la sombra, con la Internacional y la Comuna  (71) salió al descubierto sin ningún pudor. Dejemos la palabra a un judío: "Es Marx quien da el impulso a la Internacional con el manifiesto de 1847, elaborado por él y Engels; no puede decirse que "funda" la Internacional, tal como han afirmado los que consideran siempre a la Internacional como una sociedad secreta dirigida por judíos, pues fueron muchas las causas que llevaron a la constitución de la Internacional, pero Marx fue el inspirador del mitin obrero celebrado en Londres en 1864, y en el consejo general solo se encuentra a Karl Marx, secretario para Alemania y Rusia y a James Cogen, secretario para Dinamarca. Muchos judíos afiliados a la Internacional jugaron más tarde un papel durante la Comuna, donde encontraron a otros correligionarios [(en la nota): Neumayer, Fribpourg, Loeb, Haltmayer, Armand Levi, Frankel, otro Cohen, Ph. Coenen].

En cuanto a la organización del partido socialista, los judíos contribuyeron directamente. Marx y Lassalle en Alemania, Aarón Liberman y Adler en Austria, Dobrojanu Gherea en Rumania, Gompers, Kahn y Lion en EE.UU. fueron los directores o iniciadores. Los judíos rusos deben ocupar un lugar aparte en este breve resumen. Los jóvenes estudiantes, apenas evadidos del ghetto, participaron en la agitación nihilista; algunos  entre ellos varias mujeres  sacrificaron su vida a la causa emancipadora, y junto a estos médicos y abogados israelitas, es preciso situar a la masa considerable de refugiados artesanos que fundaron en Londres y Nueva York importantes aglomeraciones obreras, centro de propaganda socialista e incluso comunista, anarquista (...). En general, los judíos, incluso revolucionarios, han mantenido el espíritu judíos y si bien han abandonado toda religión y toda fe, no han sufrido menos, atávica y educativamente, la influencia moral judía (...). Marx, era descendiente de un linaje de rabinos y doctores, heredó toda la fuerza lógica de sus antepasados; fue un talmudista lúcido y claro, que no se veía bloqueado por las minucias simples de la práctica, un talmudista que hizo sociología; y aplicó sus cualidades nativas de exégeta a la crítica de la economía política. Estuvo animado de este viejo materialismo hebraico que sueña perpetuamente con un paraiso realizado sobre la tierra y lleva siempre la lejana y problemática esperanza de un edén tras la muerte; pero no fue solo un lógico, fue también un revolucionario, un agitador, un agrio polemista y tomó su don del sarcasmo y de la invectiva, allí donde Heine lo había tomado: en las fuentes judías" (72) .

Las ideas de Marx, unidas al oro de los banqueros judíos americanos (73), fueron las armas con las que la democracia usurera internacional abatió la autocracia zarista. Parece que Lenin, "el asceta incorruptible de la idea pura" (74), se "dió cuenta solo en los últimos días de su existencia de haber trabajado para Israel  (75) y de haber contribuido a realizar un programa que, probablemente, no era el suyo" (76). De hecho, más que la obra de Lenin y de los mujiks rusos, la revoluciòn bolchevique fue "en gran parte una obra del pensamiento judío, del descontento judío, de los planes judíos cuyo fin era crear un nuevo orden en el mundo. Lo que, en medio del pensamiento judío, del descontento judío, de los planes judíos fue así extraordinariamente realizado en Rusia deberá, por la fuerza del alma judía, convertirse en realidad en otros países". Así escribía el 1 de septiembre de 1920 "The American Hebrew", el más importante órgano judíos de los Estados Unidos. Y el "Times" de Londres declaraba, el 29 de marzo de 1919, que "veinte o treinta comisarios que dirigen el aparato central del partido bolchevique, no menos del 75% son judíos; entre los oficiales subalternos el número de judíos es inmenso". Y el judío M. Cohen confirmaba incluso en el "Kommuinist" de Khadrkov (12 de abril de 1919): "Sin exajeración, se puede decir que la gran revolución socialista rusa ha sido hecha por judíos (...) que no solo han guiado sino que guían aun ahora la causa de los Soviets que han conservadpo en sus manos" (77). Y el judío A.S. Rappaport: "Los judíos en Rusia, unánimememnte,  son los responsables de la revolución bolchevique". La lista de reivindicaciones judaicas a propósito de la revolución bolchevique podría continuar; por nuestra parte, observaremos que los más ilustres revolucionarios de 1917, a parte de Lenin, eran casi todos judíos (78). Judíos eran Trotsky (verdadero nombre: Bronstein), Kamenec (Rosenfeld), Litvinov (Filkenstein), Radex (Sobelson), Steklov (Nachamkes), Martov (Zederbaum), Goussiev (Drappkine), Soukhanov (Ghimmer) y decenas más (79). Porcentajes muy elevados de judíos caracterizaron los principales organismos revolucionarios: 77,2% del Consejo de Comisarios del pueblo eran judíos, 76,7% del Comisariado de Guerra, 81,2% del Comisariado de Asuntos Exteriores. Encontramos porcentajes análogos en los Ministerios de Finanzas y de Enseñanza, mientras que en otras partes se llega incluso al 100% (80). Pero la primera guerra mundial no significó solo la eliminación del zarismo y la instalación de un régimen judío en Rusia; correspondió también a la demolición de los Imperio Centrales. En suma, "la causa de la guerra fue el deseo de cambiar la estructura interna de la sociedad en general y de hacer avanzar con un gran salto el probreso de la subversión mundial" (81) .

Notas fuera de texto:

(71) Es interesante señalar que la "revolución proletaria" comunera respetó escrupulosamente las propiedades judías; ni una sola de las 450 casas de los Rothschild fueron incendiadas.

(72) B. LAZARE, L’Antisemitisme, reedición "Documentos y Testimonios", La Librairie Française, París 1969.

(73) Sobre las financiaciones judeo mericanas a los bolcheviques, ver el artículo de P. Saint Charles, Banquiers et Bolcheviks, publicado en H. COSTON, La haute finance et les revolutions. La Librairie Française, París 1963. Ver además los documentos publicados como apéndice de esta obra. Por nuestra parte, recordaremos que Trotsky se casa con la hija de Giovotovsky, un socio de los banqueros Warburg.

(74) MALINSKY y DE PONCINS, Op. cit., pág. 243.

(75) De haber trabajado para el Rey de Prusia se habría, evidentemente, dado cuenta... Pero Alemania pagó cara su miopía, aunque en definitiva se debería decir de fue el Rey de Prusia quien trabajó para Lenin.

(76) Un escritor francés, Henri Guilbeaux, que fue amigo de Lenin y compartió sus ideas, escribió en un libro titulado, nada menos, Lenin no era comunista (Lénine n’etait pas communiste) que la revolución de 1917 dirigó en su realización de la forma como había sido concebida por Lenin. Guillbeaux afirma que Lenin admitía haber sido un instrumento involuntario del judaismo internacional; "los judíos  escribe Guilbeaux  han podido explotar la obra y la inteligencia de Lenin contra su verdadera voluntad y su verdadero pensamiento" (cit. en G. DE ROSSI DELL’ARNO, L’Ebraismo contro l’Europa, Roma 1940, pág. 28). Esta conciencia tardía explicaría el atentado que el judío Kaplan cometió contra Lenin; y explicaría también su muerte, que parece haber sido preparada por el judaismo soviético, quizás por el mismo Trotsky. Sobre esto, ver las actas del proceso Rakovsky (Rakovsky organizó la "oposición de izquierda", es decir, la oposición judeo trotskysta contra Stalin), parcialmente publicados en Stalin, Trotsky y la alta finanza, "Quaderni del Veltro", Ferrara, 1974.
    Sobre el "candor en relación a las fuerzas ocultas" manifestado por Lenin, ver, además, La guerre occulte, cit.; cáp. XVII

(77) A.S. RAPPAPORT, The pioneers of the russian revolution, Londres 1918; pág. 250.

(78) "Yo no creo que se exagere cuando se afirma que el comunismo y la revolución soviética han sido la obra de una mayoría judía. Con excepción de Lenin, los principales jefes revolucionarios han sido judíos. Se señala que Cicerine, uno, un puro ruso, fue reemplazado por su subordinado Litvinov y que la influencia de rusos como Bujarin (quien, sin embargo, fue definido como judío por el "Jeweish Chronicle" del 9 de octubre de 1953, NdA) o Launatchiarsky no puede ser comparada al poder de Trotsky o Zinoviev, el dictador de la ciudadela roja (Petersburgo, NdA) o al poder de Krassine o de Radek, estos últimos ambos judíos. En las instituciones soviéticas, la preponderancia de judíos es siempre sorprendente. Los procesos extraordinarios contra los combatientes contra revolucionarios han sido hechos solo por judíos y, en numerosos casos, por judías. Un caso similar se repite en Hungría durante el breve período del terror de Bela Kun. Lo mismo ocurrió en Alemania, especialmente en Baviera..." (WINSTON CHURCHILL, Zionism towards communism, "Illistred Sunday Herald", Londres, 8 de noviembre de 1920).

(79) Una lista de altos comisarios del pueblo ha sido publicada en el libro de monseñor Jouin, Le peril judéo maçonique. De esta lista, resulta que sobre los 48 altos comisarios en 1919, 41 eran judíos...

(80) Cfr. la obra citada de Jouin, Tomo II, pág. 19 y La guerre occulte.

(81) La guerre oculte, cit. pág. 123.

(c) Por el texto: el autor [desconocido, se agradecerían datos]

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Un estudio sobre la "cuestión judía" (IV de X). Judaidad y Revolución Liberal-

Esta declara su programa proclamando, por boca de uno de sus profetas, el abate Gregoire: "La Francia del mañana querra ver sus ideales unidos a los que tienen porigen en el espíritu de justicia judaico" (61). Y Mirabeau, que se había inspirado por el iluminismo de Moises Mendelssohn, afirmó que "todo hombre clarividente debe alegrarse de que los judìos puedan convertirse en buenos ciudadanos" (62). El 27 de septiembre de 17912, los cincuenta mil judíos franceses recibieron el reconocimiento del derecho de ciudadanía.

¿Entre qué límites podemos hablar de una participación física de los judíos en la revolución del 89? El nombre más ilustra parece ser el de Marat, un sefarad cuya familia había alcanzado Francia a través de Cerdeña y Suiza; el cómplice inseparable de Marat, además, era el judío Pereyra. En conjunto, sin embargo, la intervención directa de judíos en los acontecimientos de la revolución no es muy manifiesta; es sobre todo el carácter de esta revolución lo que hace pensar en su participación. Los muros de los ghettos fueron abatidos en todos los países donde los "inmortales principios" fueron impuestos por los ejércitos de Napoleón Bonaparte; el cual, entonces primer cónsul, había firmado un concordato con el Sanhedrin judío (63).

El Mesías de la Revolución fue derrotado y relegado a Santa Elena, pero esto no impidió al judaismo europeo proseguir su obra silenciosa. Los Rothschild, propietarios de bancos en las grandes capitales europeas, estaban en condiciones de chantajear a los gobiernos, negándoles y concediéndoles préstamos, según la actitud que estos adoptasen en relación al problema judío (64).

La guerra entre la Banca y las Monarquías europeas estalla en 1830, con una revolución que confirma el fracaso histórico de la Santa Alianza (65). Rotschild fue el verdadero primer ministro de un soberano que había renunciado a la fórmula "por la gracia de Dios", en un reino que sustituyó la bandera con el lis de oro por el estandarte tricolor. Una de las primeras medidas del nuevo reino fue poner a cargo del Estado los gastos del culto judío y durante dieciocho años los judíos fueron verdaderamente los reyes de la época, por citar el título del libro de Toussenel sobre el régimen orleanista. La revolución de 1848 barre la monarquía, pero los judíos permanecieron la frase de Proudhom es suficientemente conocida: "Francia no ha hecho sino cambiar de judíos", análoga a la afirmación de Drumont según quien "al igual que los griegos que no se sientan jamás a la mesa de ajedrez sin uno o dos reyes de recambio en el bolsillo de su chaleco, los Rothschild no juegan si no es con dos o tres hombres de Estado judíos en la manga" (66). Los nuevos ases en la manga del banquero se llamaban Cremieux y Goudchaux: el primero  se convirtió en miembro del gobierno provisional y ministro de justicia, el segundo tuvo a su cargo el ministerio de finanzas.
Después de Francia el incendio se extendió a Austria, Italia (67) y Prusia; esta vez, los judíos entraron directamente en la arena política y muy pronto asumieron un papel dominante, en particular en los movimientos liberales (...). La revolución de 1848 terminó por identificarse con la emancipación judía" (68).

Durante todo el resto del siglo XIX  o más bien, hasta la primera guerra mundial  el judaismo se empleó en destruir lo que quedaba de la Europa aristocrática y monárquica, y hacer avanzar el nuevo orden burgués, laico y democrático, este nuevo orden que se había impuesto con la Revolución Francesa y había proseguido su camino a través de las etapas de 1830 y 1848. Es por esto que se vislumbró la presencia de judíos tras los acontecimientos de 1853 que marcaron la liquidación definitiva de la Santa Alianza (69); fue por esto que el judaismo sostuvo la guerra de 1859, una guerra que tuvo el sentido de un ataque contra el supervivencia residual del Sacro Imperio, localizada en Austria; por esto mismo encontramos judíos en el entorno de Cavour y entre los compañeros de Garibaldi; por esto Napoleón III mismo tuvo por aliados a los judíos (70).

Notas a pie de página:

(61) Cit. en: A. EBAN, op. cit., pág. 230.

(62) "Napoleón ¿era de origen semita? Disraeli lo ha dicho, el autor de "Judaismo en Francia" lo sostiene. Ciertamente en las islas Baleares y Córcega se refugiaron muchos judíos expulsados de España e Italia que terminaron por convertirse al cristianismo y, como ocurrió en España, tomar el nombre de grandes señores que les habían servido de padrinos, Orsinio, Doria, Colonna, Bonaparte" (E. DRUMONT, La France Juive, París, tomo I, pág. 330.
Parece, sin embargo, que Napoleón, personalmente no alimentaba una excesiva simpatía por los judíos. Tras la celebración del Consejo de Estado del 30 de abril de 1806, por ejemplo, habría dicho: "Los judíos son los cuervos de la humanidad. Los he visto durante la batalla de Ulm correr a Strasburgo para realizar un innoble pillage". Y el 17 de mayo de 1806, también tras un Consejo: "Todos se quejan de los judíos. Esto se debe al mal aportado al mundo por los judíos que no deriva de individuos, sino de la constitución espiritual de este pueblo. Los judíos son los potros que destrozan Francia".

(63) "Estos tráficos, en apariencia exclusivamente financieron, tenían la ventaja además de servir poderosamente a la idea judía. Los judíos diseminados en toda Europa (...) sabían que existía en Francia uno de los suyos que trataba asuntos de Estado directamente con los ministros (...). Los judíos de la otraorilla del Rihn que intentaban tímidamente aun, ciertamente, asentarse en París, se habituaron a mirar a la casa Rothschild como la casa madre del judaismo francés. Con el espíritu de solidaridad que anima la raza, los Rothschgild ayudaban a los recién llegados, les facilitaban fondos para hacer pequeña usura, al mismo tiempo que recibían de ellos preciosas informaciones y organizaban esta policía que no tiene igual en el mundo entero" (E. DRUMONT, op. cit., pág. 335.

(64) Se ha observado que "si la autoridad de los reyes (...) había sido semejante a la solidaridad de los judíos, esta no habría acabado con aquella" (MALINSKY y DE PONCINS, La guerre oculte, París, 1936, pág 24). De hecho, la revolución de 1830 era uno de los casos para los que los acuerdos de Viena preveían el derecho, o mejor, el deber de intervención.

(65) E. DRUMONT, Op. cit., pág. 363.

(66) Isaac Adolphe Crémieux, fundador de la Alianza Israelita Universal, será nuevo miembro del gobierno en 1870; se convertirá sucesivamente en ministro de justicia, del interior y de la guerra (NdA). Interesa recordar aquí al lector el papel particularmente nefasto desempeñado por Cremieux en Algeria. Fue él quien firmó en Tours, el 24 de octubre de 1870, junto a su correligionario Gambetta, un decreto que concede la naturalización francesa a los judíos de Argelia, rechazándola para las poblaciones musulmanas. Por este acto, de pesadas consecuencias, Francia se "vió privada de la afección y la estima de los musulmanes que, solos, entre los indígenas, han vertido su sangre por nosotros", por citar el telegrama enviado en la época por el comisario civil Lambert al ministro dle interior. El 15 de noviembre de 1870, el diario Akhbar escribía: "¿Sabe qué es lo que ha conseguido con este decreto?... Habéis subalternizado, aniquilado las poblaciones francesas. Habéis puesto entre las manos de los israelitas los Consejos Municipales, los Consejos Generales y la representación general. Por la fuerza de su número, harán elecciones, poseerán la riqueza, tendrán el poder" (cit. en G. OLLIVIER, L’Alliance Israelite Universelle, "Documents et Temoignages", La Librairie Française, París, 1959. (NdT).

(67) Bajo la presión de los acontecimientos de 1848, Pío IX hizo abatir los muros del ghetto de Roma. Casi en el mismo momento, el judío Daniele Manin se colocaba a la cabeza de los disturbios de Venecia, donde gobernó con su correlegionario Isacco Pesaro Maurogonato quien, a continuación, se convirtió en diputado del Reino de Italia, vice presidente de la Cámara y presidente de la comisión presupuestaria. "La participación ferviente de los judíos en la empresa de la independencia italiana y de la unidad nacional, sin que disminuyera la pureza del entusiasmo civil, se explica también por el fin ideal al cual un grupo tradicionalmente humillado sabía poder llegar ayudando al programa y a la acción que nos conducían a Roma. La Austria confesional y la temporalidad del Papado eran dos obstáculos a derribar (...)(. Se explica como consecuencia del genérico ideal laico de srael en el terreno del fermento político por la independencia y la unidad, la predilección por Mazzini estaba íntimamente ligada  al medio judío; la casa Nathan Roselli era por así decir, su familia (...). Este se debe quizás esencialmente a la acción de los israelitas si la masonería italiana ha hecho de Mazzini su autoridad y si, con los años, no solo la familia masónica, sino también la ciudad de Roma, han sido gobernadas por el heredero oficial de la casa refugio de Mazzini, Ernesto Nathan...". (P. ORANO, Gli Ebrei in Italia, Roma, 1937 XV; pág. 123 14). Respecto al trasfondo del llamado "risorgimento", ver los documentos reproducidos en CRETINEAU JOLY, L’Eglise romaine et la révolution, París, 1859.

(68) A. EBAN, Op. cit., pág. 238 239.

(69) La guerra de Crimea, escriben Malinsky y de Poncins, "fue la primera guerra franca y verdaderamente democrática de la historia. Como sabemos ahora, no ha sido la última. Por vez primera, en aquella ocasión, los hijos de una misma familia se han matado unos a otros, no por su patrias, ni por sus príncipes, o por un sentimiento que les fuera congénito, sino por que, en ambos bandos, la hez, trabajada por el fermento judáico, pudiera pisotearles el rostro" (Op. cit., pág. 56).

(70) Según algunos, Napoleón III  que formó parte de la masonería en su juventud y mantuvo luego contactos con la secta  habría sido "simplemente un agente de los medios ocultos que dominaban entonces la sociedad. Los que lo habrían hecho subir al trono y lo habrían manejado con ayuda de hilos invisibles que no conocemos, pero que habrían constituido una verdadera servidumbre de la que no pudo liberarse. Es quizás ir un poco lejos; pero si emitimos un juicio temerario, es muy excusable" (Op. cit., pág. 51). Es un hecho, sin embargo, que desde el principio del Imperio, Rothschlid convocó a la judería del mediodía: los Pereire, los Millaud, los Solar, los Mirès.

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Un estudio sobre la "cuestión judía" (III de X). La edad media: judaismo y usura

Hemos tratado ya sumariamente la ética mercantil y la usura como manifestaciones de la judaidad; ahora, en lo que concierne al plano más propiamente histórico, mostraremos como, durante la Edad Media, los judíos,  aprovechando un hábito multisecular del comercio (51) se insinuaron en los poros de la sociedad feudal, en los intersticios de esta donde "ni el oro en general, ni la moneda de oro misma (...) habían cesado jamás de circular" (52). en estos intersticios, los judíos cultivaron estas formas prehistóricas de capitalismo  capitalismo comercial y usurero  que produjeron a la larga, efectos mortales sobre la estructura económica feudal. Véase como Marx ilustra la destrucción de al economía feudal operada por el judaismo: "El capital usurero, bajo la forma en que se apropia en realidad de la plusvalía de los productores directos sin cambiar el modo de producción (...) empobreció este modo de producción, paralizó las formas productivas en lugar de desarrollarlas y perpetuó al mismo tiempo esta situación lamentable (...). De un lado la usura minó y convulsionó de esta forma la riqueza y la propiedad de la antigüedad feudal, de otra destruyó lentamente y arruinó la propiedad de los pequeños campesinos y de los pequeños burgueses, es decir, todas las formas donde el productor aparecía aun como propietario de los medios de producción (...). La usura centraliza los patrimonios monetarios, allí donde los medios de producción son fraccionados. No modifica el modo de producción, pero se engancha a él como un parásito y lo vuelve miserable. Lo sangra, lo debilita y obliga a la reproducción, a proseguir en condiciones cada vez más miserables. De ahí el odio popular contra el usurero" (53). El antisemitismo es visto  según la interpretación marxista de un judío, sin embargo no privado de una relación, incluso parcial, con la realidad  como la expresión de una "primordial y nebulosa oposición de clase al capitalismo, bajo la forma tangible de la circulación,l contra la que se enfrenta inmediatamente el antiguo trabajador libre desposeído y el pequeño burgués que desciende, con angustia y furor, por los círculos infernales de la proletarización" (54).

Es de justicia, en consecuencia, que los explotadores hayan sido, de tanto en tanto, duramente golpeados, aun cuando no fueran jamás definitivamente aplastados. "Es lógico  sostiene Jacob Tritemius  que pequeños y grandes, doctos y personas simples, príncipes y campesinos, hayan estado todos llenos de rencor contra los judíos usureros, y yo apruebo todas las medidas legales tomadas para proteger al pueblo de esta explotación. ¿Es justo que un pueblo extranjero que se ha establecido entre nosotros haga la ley y domina, no porque tiene mas valor y virtud, sino solo por el miserable dinero, acumulado de todas partes y por todos los medios, hasta parecer que la posesión sea para este pueblo el bien supremo? Es justo que deba engordar impunemente gracias al trabajo del campesino y del artesano?" (55).

Mientras que Europa se aprestaba a hacer su entrada en la época mercantil, descubría que los judíos podían ser útilmente empleados en las actividades capitalistas; eran de hecho "aventajados" por su condición de desarraigados, disponían de una amplia red de contactos en los centros urbanos de toda Europa, y poseían una experiencia consumada en materia financiera (56). Schutzjuden, "judíos protegidos", fueron llamados en Alemania estos judíos que, en virtud de su actividad de precursores, entraron, con derechos diversamente garantizados, al servicio de reyes, príncipes y duques. Así, en tiempo de Cromwell (57) y de Carlos II, los judíos pudieron volver a Inglaterra, de donde habían sido expulsados en 1290; así, en la época de Luis XIV regresaron a Francia. La lista de los aristócratas que pasaron de los ghettos de Ratisbona, Munich y Praga y de la yeshivah a los salones de las cortes es larga y sorprendente. Ex vendedores ambulantes se convirtieron en mercaderes en la escena internacional y proveedores de artículos de lujo, como lo habían sido, en la Edad Media, sus antepasados. Traficaban con sedas y encajes, armas y municiones. Aprovisionaban las fábricas de oro y de plata y manejaban mercados con cifras enormes  (58). Es evidente que estos "judíos de corte" no se limitaron, en numerosos caso, a ser consejeros financiaron, haciéndose, de hecho, con el poder político. La carrera de Joseph Süss Oppenheimer es ejemplar (59). Europa Occidental, que contaba en torno a cuatrocientos mil judíos (60) en la segunda mitad del siglo diecisiete, estaba madura para la Revolución Francesa.

Notas fuera de texto:

(51) M. BLOCH, Lavoro e tecnica nel medievo, Bari 1959, pág. 104.

(52) K. MARX, El Capital, trad. it., Roma, 1956, III 2, pág. 302.

(53) R. FINZI, Op. cit., pág. XXIII.

(54) J. JANSSEN, Die allgemeinen Zustände des deutschen Volkes beim Ausgang des Mittelalters, Friburgo, 1887, vol. I, pág. 404 405.

(55) "En mi libro sobre los judíos (Die Juden und das Wirtschaftsleben, 1911), creo haber demostrado que su importancia particular en la historia económica debe ser buscada en el impulso dado por ellos a esta forma de desarrollo económico que he llamado comercialización de la vida económica, y de haber por esto contribuido a acelerar el tránsito de la época del capitalismo inicial ("Frünhkapitalismus") con la del gran capitalismo ("Hochkapitalismus")... La creencia de que entre los judíos existe una inclinación particular hacia el capitalismo fue provocado, además de las condiciones que tienen en común con los herejes y los extranjeros, su gran dispersión en el mundo entero, la riqueza y las aptitudes técnicas que poseen ya cuando comienza el primer desarrollo capitalista y que habían amplificado mediante el ejercicio de la usura" (W. SOMBART, Il capitalismo moderno, trad. it., Florencia, 1925, pág. 219 220).

(56) Cromwell ¿era de origen judío? Este rumor fue referido también por la Histoire d'Oliver Cromwell del abate Raguenet (París, pág. 322).

(57) A. EBAN, Op. cit., pág. 223; W. SOMBART, Op. cit., pág. 219 220.

(58) Süss el judío (1698 1738) se convirtió en primer ministro del gran ducado de Würtemberg en tiempo de Carlos Alejandro. Ahogó al pueblo bajo el peso aplastante de la imposición fiscal y privó de todo contenido político real a los organismo representativos. Su brillante carrera terminó en el patíbulo.

(59) España estaba entonces tranquila: la expulsión de 1492 fue seguida, durante dos siglos, de un éxodo lento y continuo de marranos (NdA). Pero los tiempos cambian también en España, si se juzga por lo que refiere Lectures Françaises, nº 230, junio de 1976: "La reina de España ha asistido el viernes 28 de mayo al oficio del Shabat de la sinagoga de Madrid, después de la comida ritual: desde 1492, ningún soberano español había puesto los pies en una sinagoga". De hecho, desde 1969, el gobierno franquista había reconocido la existencia de la comunidad judía de España y autorizado la construcción en Madrid de la primera sinagoga desde el siglo XV. A lo que hay que añadir que es en la capital española donde se reunió del 4 al 7 de diciembre de 1976, la rama europea del Congreso
Mundial Judío (NdT).

(60) Cit. en: BENTWICH, op. cit., pág. 47.

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Un estudio sobre la "cuestión judía" (II de X). El judaismo en la Roma Antigua

Hemos dicho anteriormente que el judaismo degenerado fue el cuerpo en donde la judaidad se manifestó y que este cuerpo constituyó uno de los instrumentos físicos mediante los cuales la Antitradición realizó su obra en la historia. Ilustraremos pues ahora, en un panorama sintético, la acción conducida por el judaismo sobre el plano histórico, demostrando como contribuyó, con otros factores de desintegración, a destruir las instituciones políticas mediante las cuales se expresó la Europa tradicional.

El primer episodio de la participación judaica al asalto desencadenado contra la civilización europea consistió en la guerra subterránea que el judaismo llevó contra Roma. Esta guerra finalizó con el hundimiento  espiritual en principio, político luego  del Imperio Romano; y una de las causas de este hundimiento, el cristianismo nació de la matriz judaica.

Que hubiera que contemplar al judaismo como un foco perturbador, era algo que ya se había comprendido en Roma antes de que el contagio cristiano amenazara a la Ciudad Eterna.
En el 411 a. JC los judíos habían sido expulsados de Roma al ser juzgados culpables de corromper las costumbres romanas; en otra ocasión fueron expulsados por Tiberio, que consideraba a la comunidad judía como "un peligro para Roma" y indigna de permanecer entre los muros de la Urbs" (como nos informa Suetonio); Claudio los había alejado de nuevo, porque "actuaban sin cesar a instigación de Chrestus" (Suetonio); el mismo Claudio había amenazado a los judíos de Alejandría con ser castigados "como los que provocan una peste universal en el mundo" (Flavio Josefo).

Horacio, Tíbulo, Propercio, Ovidio, habían descubierto en el judaismo una realidad irreconciliable con el mos Romanus; y Cicerón, en su requisitoria a favor de Flaco, había hablado de los judíos en términos muy claros (40). Roma no ignoraba puesque tenía un enemigo mortal en ese pueblo que, reducido numéricamente a ocho millones de individuos sobre una población de sesenta o setenta millones de sujetos del imperiales. A las primeras escaramuzas de la revuelta cristiana, Roma reparó pues inmediatamente en los judíos como la causa de la infección. Tal es el sentido de la advertencia de Claudio a los Alejandrinos y de la expulsión de los judíos de Roma, por él decretada en el año 49; veía bien que los judíos eran "solidariamente responsables  del tumulus y de la nosos producida por la nueva airesis judaica de los cristianos; castigó a los judíos para castigar a los cristianos. Se puede decir con precisión: castigó a los judíos, pues acumulaba sobre ellos la responsabilidad de la propaganda misionera cristiana" (41).

Y, de hecho, Jesús el Ungido  el Chrestus del que habla Suetonio era "un judío en palabras y actos" (42), por utilizar la definición de un representante autorizado del judaismo contemporáneo que, con justicia, reivindica para al matriz judaica la esencia del nacimiento del cristianismo.

Saulo de Tarso, el fundador intelectual del Cristianismo, era un judío separado de la tradición, que denuncia la Ley como algo penoso y "transforma una fe despreciada y perseguida en una religión mundial" (43); las más antiguas comunidades cristianas estaban constituidas por judíos de Alejandría, Cirene, Siria y Cilicia.

Se ha observado que "a través de las formas primeras, precatólicas del cristianismo, mientras que el Imperio romano estaba ya animado de todo tipo de cultos impuros asiático semíticos, el espíritu judaico se puso efectivamente a la cabeza de una gran insurrección de Oriente contra Occidente, de los shudra contra los aria, de la espiritualidad mezclada el Sur pelasgo y prehelénico contra la espiritualidad olímpica y urania de las razas superiores conquistadoras" (44); una confirmación de esto se tiene en el hecho de que fue el Africa semítica  la misma región donde se estableció, en otro tiempo, el foco antiromano de la fenicia Cartago  quien produjo los más famosos retóricos y apologetas de la superstitio nova ac malefica (Suetonio), no menos que el principal doctor de la Iglesia de la antigüedad: Tertuliano, Minucio Felix, Cipriano, Comodiano, Arnobio, Lactancio, Agustín eran, de hecho, semitas de Africa. El hecho de que el cristianismo descienda del judaismo de la decadencia es visible también en la obra específica que la nueva religión acomete en el terreno político y social (45). La secta cristiana, en realidad, se sitúa en la línea del profetismo que había anunciado la revancha de los "humildes, los pobres y los desheredados" (anavim ebionim) sobre las civilizaciones "inicuas y orgullosas", se relaciona con el ideal profético de "nivelación general que hará desaparecer todas las distinciones de clase y finalizará con la creación de una sociedad uniforme, donde serán eliminados cualquier privilegio" (46).

Además, desarrollando la antítesis judaica entre "espíritu" y "materia", entre "más allá" y "más acá", el cristianismo concibió la oposición bien conocida entre civitas Dei y civitas Diaboli. El mundo es impuro, el Estado es obra del demonio, el imperio la creación del orgullo y la soberbia. "Todo lo armonioso de la sociedad romana es declarado culpable: su resistencia a las exigencias yavhicas, sus tradiciones, su modo de vida constituyen otras tantas ofensas a las leyes del socialismo celeste. Culpable, debe ser castigada, es decir, destruida" (47). Y en consecuencia las anatemas antipaganas de la literatura cristiana primitiva recuperan los temas y el tono del profetismo judío, incitan a la lucha de clases (48), anuncian la inminencia de la venganza, se extienden en imprecaciones contra Roma: la "gran prostituta", la "nueva Babilonia". Desconocen la sacralidad del imperium y rechazan sacrificar ante su símbolo viviente, los galileos atacaron los fundamentos de la concepción tradicional que confería a la fides una sanción divina y un valor religioso. La unidad de la autoridad espiritual y del poder civil, unidad que Roma había establecido en el principio imperial, fue sacudida desde la base, mientras que el "Rey de los judíos" proclamaba la separación del César y del Dios y anunciaba un Reino que exluía "este mundo" de sus fronteras.

"La tragedia del pueblo judío consistió en el hecho de que es precisamente cuando la Biblia y la ética judaica empezaron a difundirse en el mundo (con la cristianización del Imperio, n.d.t.), cuando los judíos fueron excluidos de la sociedad de los hombres y el odio marcó siempre con su peso toda aportación espiritual procedente de ellos... El pueblo de Cristo, aquel que había enseñado el sufrimiento, se convirtió en el Cristo de los pueblos" (49). En realidad, si la cristianización del Estado comportó un régimen jurídico de neta separación entre cristianos y judíos, e implícitamente la inferioridad declarada de estos últimos, una discriminación precisa no puede jamás completamente realizada, hasta tal punto que no fueron raros, en los siglos que siguieron a la caida de Roma, ver a judíos propietarios de esclavos cristianos (50).

Notas fuera de texto:

(40) S. MAZZARINO, L'Impero romano, vol. I, Bari 1973, pág. 201.

(41) A. EBAN, Op. cit., pág. 99. Ya en 1899 Max Nordau, próximo colaborador de Theodoro Herz, decía: "Jesús es el alma de nuestra alma, la carne de nuestra carne. ¿Quién podría pues separarle del pueblo judío?". Diferentes pensadores judíos han recuperado esta idea: Joseph Klausner, Martin Buber, Leo Beck y, recientemente, David Flussier. En su estudio titulado Jesús (Ginebra, 1976), Flusser, que es profesor en la universidad hebrea de Jerusalén, sitúa los hechos emanados de la actividad de Jehoshua en las formas de pensar y de "ser" judíos de la época.

(42) Op. cit., pág. 100.

(43) J. EVOLA, Tre aspetti..., op. cit., pág. 22.

(44) Es sobre todo en este terreno, según Marx, donde se manifiesta la marca judía del cristianismo: "El judaismo  escribe Marx  alcanzó su apogeo con la perfección de la sociedad burguesa; pero la sociedad burguesa no ha alcanzado su perfección más que en el mundo cristiano. No es más que bajo el reino del cristianismo, quien exterioriza todas las relaciones nacionales, naturales, morales y teóricas del hombre, que la sociedad burguesa podía separarse completamente de la vía del Estado, desgarrar todos los lazos genéricos del hombre y colocar en su lugar el egoísmo, la necesidad egoísta, descomponer el mundo de los hombres en un mundo de individuos, atomísticos, hostiles unos a otros. El cristianismo ha nacido del judaismo; y ha terminado por remitirse al judaismo. Por definición, el cristiano fue el judío teorizante; el judío es, en consecuencia, el cristiano práctico y el cristiano práctico se ha vuelto judío" (K. MARX, La question juive, op. cit., pág. 54).

(45) G. WALTER, Les origines du communisme, París 1931. Se lee en el Libro de Enoch, bastante difundido entre los cristianos del siglo I: "El Hijo del Hombre expulsará a los reyes y a los poderosos de sus lechos, y a los fuertes de sus tronos; destrozará los reinos de los fuertes... Derribará los tronos de los Reyes y su poder. Hará bajar el rostro de los fuertes y los cubrirá de vergüenza..." (Enoch, XLVI, 4 6). Jeremías maldiciendo dice: "Sepáralos como se hace con las bestias pequeñas del ganado para el matadero y destínalos para la carnicería" (Jer., XII, 3). Y Amós amenazaba así a las mujeres de los poderosos, a las que llamaba "vacas de Basan": "Adonai Iavhé ha jurado por su santidad que llegará el día para vosotros, en que se os levantará con arpones y vuestra posteridad con anzuelos de pesca" (Amos, IV, 2). El judío Isidoro Loeb ha encontrado huellas de este deseo social en los Salmos igualmente; mejor, según él el único verdadero problema de los Salmos es la lucha del pobre contra el malvado (Litterature des pauvres dans la Bible, París, 1892).

(46) A. DE BENOIST, Presentación del ibro de Louis Rougier: El conflicto del cristianismo primitivo y de la civilización antigua, Ed. Thor, Barcelona, 1988, pág. 25).

(47) Cfr. SANTIAGO, V, 1 6: "!Os toca a vosotros los ricos! ¡Llorad y gritad a causa de las desgracias que vienen sobre vosotros... Habéis amasado en los últimos días! El salario que habéis hurtado a los obreros que han trabajado en vuestros campos, he aquí que grita, y los clamores de los que han trabajado para vosotros han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos, etc...." [NdT].

En el período igualitario introducido por el cristianismo: "El ciclo igualitario llega así a su fin. Según el proceso clásico del desarrollo y de la degradación de los ciclos, el tema igualitario ha pasado, en nuestra cultura, del estadio de mito, (igualdad ante Dios) al estadio de ideología (igualdad ante los hombres), luego al estadio de pretensión "científica" (afirmación del hecho igualitario): del cristianismo a la democracia, luego al socialismo y al marxismo. El gran reproche que se le puede hacer al cristianismo es haber inaugurado el ciclo igualitario, introduciendo en el pensamiento europeo una antropología revolucionaria, con carácter universalista y totalitario". (R. DE HERTE, La question religieuse, "Elements", n 17 18) [NdT].

(48) N. BENTWICH, Op. cit., pág. 22.

(49) Casi todos los judíos  nombrados en las cartas de Gregorio el Grande aparecen como poseedores de esclavos cristianos: "...en Nápoles, en Luni, en Sicilia, donde Joses Nasas compra esclavos cristianos burlándose de los rigores de la Ley; en Galia, la reina Brunehilde tolera tal escándalo sin intervenir. La Galia del siglo VI debía constituir, en realidad, un medio particularmente favorable para los judíos, ya que un tal Basilio consiguió fácilmente burlar las disposiciones en vigor en este terreno, presentando sus esclavos cristianos como perteneciendo a sus hijos conversos; mientras que un tal Domingo, cristiano, se lamentada que cuatro de sus hermanos, reducidos a la esclavitud por los judíos, estuvieran todavía a su servicio en Narbona" (R. MORGHEN, Medioevo christiano, Bari, 1970, pág. 135).

(50) La "larga tradición  comercial" de los judíos es reconocida, aunque de forma contradictoria, por R. FINZI (Per un'interpretazione materialistica della questione ebraica, en L. POLIAKOV, Storia dell'antisemitismo, Florencia, 1974; vol. I, pág. XX). Cfr. además sobre esta "larga tradición", A. LEON, Il marxismo e la questione ebraica, Roma 1968, cáp. I y II.

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(c) Por la traducción: Ernest Milà

 

Un estudio sobre la "cuestión judía" (I de X). Metafísica de la cuestión judía

Infokrisis.- En el otoño de 1980, en el domicilio parisino de un conocido evoliano francés, recibimos una copia en papel carbón de una traducción al francés que había realizado de un texto italiano. Las peripecias de aquellos años no nos permitieron abordar la traducción de este texto sino hasta 1985 durante un período de descanso.  El inicio de la era de la informática y los sucesivos cambios de formato hicieron que este texto quedara finalmente almacenado en un disco magneto-óptico que no hemos podido leer hasta hace pocos días al haber instalado en nuestro nuevo equipo informático los drivers de este sistema ya en desuso. Lamentablemente, perdimos el original y no podemos garantizar ni la personalidad del autor ni el título original, si bien estamos persuadidos que el escrito se debe a la pluma de un conocido intelectual tradicionalista italiano y que el libro fue editado en el curso de los años 70 en aquel país. Por supuesto, si el autor, o alguno de nuestros lectores puede aportarnos alguna referencia sobre este texto, inmediatamente lo colocaríamos en el blog.

Si hemos decidido publicarlo es precisamente porque consideramos que este texto tiene un especial interés al abordar un problema que generalmente queda olvidado en todos los autores que han pretendido indagar sobre los matices de las "grandes cuestiones judías", la metafísica del problema que es precisamente el tema que aborda este capítulo I. En lo personal no compartimos algunos de los puntos de vista vertidos por el autor en sucesivos capítulos, pero consideramos que en su conjunto el texto ofrece una visión global del problema y evita reducirse a los altos muros de los textos llamados "conspiranoicos". En la medida en que el autor nos es desconocido, no hemos podido pedirle autorización 

(c) Por el texto original en italiano: el autor [desconocido]

(c) Por la traducción al castellano: Ernest Milà

Prohibida la reproducción de este texto sin autorización.

 

 

I
Metafísica de la cuestión judía


No es posible, a nuestro entender, afrontar seriamente la llamada "cuestión judía", cuando no se ha establecido, previamente, la causa verdadera, metahistórica, que le ha dado origen. De hecho, contrariamente a las aserciones apodícticas de un antisemitismo de coartada y grosero que atribuye la "subversión" a la acción oculta del judaismo, estimamos que es la primera de estas dos realidades  es decir, la subversión, entendida no como proceso histórico (1), sino como espíritu de mentira, como falsificación "satánica" de la Tradición, en suma como Antitradición (2)  el que ha engendrado al segundo, el judaismo destructor.

Una manifestación más inmediata de la subversión ha sido este espíritu antitradicional que, ejerciendo su acción en el terreno de la visión del mundo, de la mentalidad, de la ética, ha fabricado el mundo moderno. Tal obra de desviación ha sobrevenido, evidentemente, a través de fases sucesivas y ha sido producido mediante diversos instrumentos: entre estos instrumentos que figura el judaismo. En el caso de este último, se trata, como ha escrito un autor de origen judío (3) más que de una "tendencia del espíritu, de una constitución psíquica, la cual representa para todo hombre una posibilidad, y que solo en el judaismo histórico ha tenido su realización más grandiosa" (4). Es preciso pues considerar la judaidad como una especie de "idea platónica" (5) que, en tanto que tal, ha precedido a la historia misma del pueblo judío y ha determinado solo algunas fases de su vida.

Pero ¿qué fases? La tradición hebraica se refiere, por sus orígenes, a la gran tradición primordial: de tal filiación, extrae, indudablemente, su legitimidad. En el relato bíblico, de hecho, el primer patriarca hebreo  es decir Abraham  es bendecido por Melquisedec, reconociendo su dependencia. Melquisedec, es la imagen del sacerdote rey que conserva los atributos fundamentales del "Rey del Mundo", "sin padre, ni madre, ni antepasados; y de quien se ignora el principio y el fin" (6). Esto significa que la naturaleza del Melquisedec es "no humana", siendo  al igual que Manú en la tradición hindú, o el "hijo de Ra" en la tradición egipcia, etc...  el arquetipo mismo del hombre, el "Hombre Universal". Abraham recibe pues la investidura espiritual de este "Señor Universal" y la transmite a sus descendientes.

Un símbolo alusivo al Principio y a la función "central" de la verdadera realeza se encuentra, de nuevo, en el mito de Jacob. En la visión que Jacob tiene en Beth El  el lugar donde la tradición hebraica sitúa el "Centro del Mundo"  una escala une el cielo y la tierra (7); estamos ante un símbolo equivalente al del puente, símbolo de la mediación pontifical tradicionalmente referida a la realeza divina. Despertándose del sueño, Jacob consagra la piedra sobre la que ha acostado su cabeza durante la noche: la piedra  una prefiguración del Tabernáculo, en tanto que sede de la Shejinah, es decir de la presencia divina  nos lleva nuevamente hacia la idea de un "centro", entendido como manifestación terrestre del Polo metafísico. Y es también Jacob quien, tras haber luchado durante toda la noche contra un ángel con forma humana, alcanza ser bendecido. Se trata, evidentemente, de una realización de tipo "heroico"; el nombre mismo de "Israel", que Jacob recibe del ángel al término de su lucha, significa "aquel que lucha con Dios" (8). Elementos de este tipo  elementos que revisten incontestablemente "caracteres de pureza y grandeza" (9)  vuelven a aparecer en el personaje de Moisés.

Moisés, que en el mito bíblico asume los rasgos iniciáticos de un "Salvado de las Aguas", es hijo de una princesa egipcia y sacerdote de Osiris, según fuentes egipcias. Por su parte, la Biblia, reconociendo que Moisés fue educado en Egipto, establece una filiación oculta de la religión mosaica a través de la iniciación egipcia ...

Como Sargón, Ciro o Rómulo, Moisés toma los rasgos iniciáticos de un "salvado de las Aguas" en el mito bíblico. Su nombre parece ser "una abreviación de algunas formas más completas de la misma palabra, tal como por ejemplo "Amon mose", es decir, Amon niño, o "Ptah mose", es decir, Ptah niño, nombres que, a su vez, eran abreviaciones de formas más completas: "Amon (ha dado) un niño" o Ptah (ha dado) un niño" (10) ; esto confirma la hipótesis, formulada por algunos, según la cual Moisés no habría sido un judío, sino un egipcio. Según la suposición de Freud, el egipcio Moisés habría vivido bajo la dieciocho dinastía, cuando Amenofis IV intentaba imponer un monoteismo riguroso y cambió él mismo su nombre por el de Ikhnaton, recuperando el nombre de un muy antiguo dios solar de Heliópolis, Aton, nombre que habría dado lugar luego al hebreo Adonai. "Supongamos  escribe Freud  que Moisés haya pertenecido a una noble familia, que haya ocupado una alta situación, que quizás haya sido miembro de la familia real (...). Ciertamente consciente de sus grandes posibilidades, era ambicioso y enérgico, quizás soñaba con convertirse  un día en jefe de su pueblo y dueño de un Imperio. Familiar del Faraón, se mostraba adepto convencido de la nueva fe cuyas ideas dominantes había comprendido y de las que se hubo apropiado. Cuando se produjo la reacción a la muerte del soberano, vió hundirse todas sus esperanzas y deseos. A menos que no abjurase de sus amadas creencias, Egipto no tenía nada que ofrecerse; había perdido su patria. En su angustia, encuentra un curioso expediente. El soñador Ikhnaton había alienado el espíritu de su pueblo y había dejado dividir su imperio. Dotado de una naturaleza enérgica, Moisés concibió el plan de fundar un nuevo imperio al cual daría la religión desdeñada por Egipto (...) Quizás fuera gobernador de esta provincia fronteriza (la tierra de Gessen) donde algunas tribus semíticas se habían establecido, sin duda desde la época de Hyksos. Es a partir de estas tribus que quiso establecer su nuevo pueblo" (11). Independientemente de las ingeniosas suposiciones de Freud, existen diversos testimonios respecto de la pertenencia de Moisés al pueblo egipcio: fuentes egipcias dicen de él que era hijo de una princesa y sacerdote de Osiris, Flavio Josefo nos habla de él (Antigüedades Judías, II, 238 y siguientes) como de un general egipcio que condujo victoriosamente una campaña militar en Etiopía. En la historia bíblica misma, se afirma que Moisés fue educado en Egipto,  de donde puede verse reflejado el reconocimiento de la filiación oculta de la religión mosaica a través de la iniciación egipcia, filiación que un Judío contemporáneo admite en los siguientes términos: "La magia egipcia y babilonia puede ser reconocida aun en las historias de las serpientes transformadas en cayados, de una zarza que ardía pero que no se consumía y de plagas producidas mediante encantamientos" (12). La revelación islámica, finalmente, subordina Moisés a la enigmática figura de Khidr, equivalente de la figura bíblica de Melquisedec: esto, nuevamente, indica que la legitimidad de la tradición judía originaria se sitúa en la dependencia de su legislador de un principio que transciende el judaismo y se une a la Tradición Primordial.

Encontramos una recuperación del espiritu "heroico" en el episodio conocido relativo al sucesor de Moisés  Josué  el cual es, al igual que Mithra, un dominador del Sol.

La época siguiente, que es la de los Legisladores, está caracterizada por la presencia de un Jefe  el Legislador, precisamente  suscitado directamente por Dios. A la vez vidente, guía y salvador, el Legislador dispone en ocasiones, además del poder militar y civil, igualmente de la autoridad religiosa. La monarquía, instituida a pesar de la oposición del último Legislador  Samuel, quien creía percibir en la dignidad real una disminución del derecho divino , culmina en la figura de un Rey sacerdote como Salomon, una figura en la cual encontramos de nuevo las características del Señor de Paz y de Justicia (13). De hecho, el nombre hebreo e Salomon  Shlhomo  significa "el Pacífico", ya que deriva de Salem ("Paz"), denominación simbólica de la residencia de Melkisedec; es así que la edificación del Templo debe ser referida a la función "central" revestida por este Rey. Al cual, no sin razón, fue reconducida en la Edad Media, la tradición del Grial; de hecho, ya el mito de la Reina de Saba hace alusión, en su sentido esotérico, a una lucha victoriosa emprendida por la "Luz del Norte", representada por Salomón, contra las fuerzas inferiores de la Naturaleza (14).

Hasta aquí hemos hablado de los aspectos aparentemente más positivos presentes en el antiguo judaismo. Queda sin embargo ver hasta que unto pueden ser llamados judaicos: en otros términos, se trata de elementos que revelan la existencia de una tradición homogénea o, por el contrario, ¿se trata de "cuerpos extranjeros" procedentes del exterior el judaismo e insertados en el cuerpo de éste?

Se ha hablado ya de los orígenes de Moisés. Se podría decir otro tanto de José, que habría sido un sacerdote egipcio de nombre Iuia, mientras que Salomon parece haber sido un asirio llamado Salmanazar, espiritualmente relacionado con Egipto a través de su iniciación en los misterios de Hathor.

Es igualmente conocido, además, que en la formación del pueblo hebreo intervinieron razas de orígenes muy diversos: amorreos  y cananeos, edomitas y madianitas, quenitas y arameos, amonitas y moabitas, hititas y gebusitas, luego fenicios, filisteos, samaritanos, galileos, amalacitas y otros pueblos más. De hecho, semejantes elementos religiosos y míticos de la antigua civilización hebraica extrajeron su origen de otras iniciaciones. Así, la noción de "pueblo elegido", depurada de la actitud faccional y de las exageraciones judaicas, había sido propia a otros pueblos, como los amalacitas y los iranios; así el tema del Mesías, que durante un cierto tiempo conservó rasgos heroicos, manifestación del Dios de los Ejércitos, no fue otra cosa que una adaptación del motivo iranio del Shaosian, el futuro "Señor Universal" así muchos otros elementos espiritualmente positivos derivan casi ciertamente del mundo religioso de los amorritas, una población de origen probablemente ártico atlántico.

Los orígenes egipcios y asiáticos de algunas figuras de pro de la antigua historia judía, el carácter compuesto del substrato étnico del que Israel extrajo su forma, no menos que las "improntas" venidas de otras culturas, confirman como los hebreos no constituyeron una realidad racialmente homogénea.

Sin embargo, desde el punto de vista de la "raza del espíritu" ocurrió algo muy diferente. En el compuesto judaico puede ser encontradas huellas de diferentes tipos espirituales: del tipo demetríaco lunar al tipo telúrico, del tipo dionisíaco al tipo afrodítico. Es el espíritu lugar, de hecho, que debe ser atribuida la tendencia judaica a instaurar, con la realidad divina, una relación esencialmente sacerdotal, al igual que es típicamente lugar, el carácter dualista de la religiosidad judaica. Y es siempre a cuenta de la componente demetríaco lunar que debe ser inscrita la importancia asumida, en el judaismo, por as ciencias sacerdotales de procedencia caldea (15). Al elemento telúrico debe ser imputada, por el contrario, la propensión, a menudo manifiesta entre los judíos, por un materialismo craso y corpulento, el cual se muestra a través de numerosas ocasiones en la imaginación mitológica de este pueblo. Dionisíaca es la necesidad de "redención" de la carne, dionisíaca la vacilación producida por el éxtasis, dionisíaco el misticismo confuso que servirá de base al profetismo, dionisíaca esta idea de "morir y renacer" que se realizará en la desviación cristiana. Bajo el signo del afroditismo, en fin, se tiene esta predisposición a la sensualidad que contribuye ciertamente a exasperar la antítesis entre "espíritu" y "materia", característica del judaismo y de su subproducto cristiano.

Si la falta al pueblo hebreo la comunidad de orientaciones espirituales y de orígenes étnicos, ¿a que se debe la inigualable unidad del judaismo o, mejor, como se ha formado el tipo bien definido del judío? Esto es lo que responde un judío, James Darmesteter: "El judío ha sido formado, por no decir fabricado, por sus libros y sus ritos. Al igual que Adam ha salido e las manos de Jehová, así el judío ha salido de las manos de sus rabinos" (16).  Esto significa que el tipo judío, comprendido como raza del alma más que del cuerpo, ha sido modelado por la acción formadora de una élite sacerdotal: "una "ley", casi bajo la forma de una violencia, ha buscado mantener unidos a elementos bastante heterogéneos y les ha dado una cierta forma, cosa que, mientras Israel se mantuvo sobre el plano de una civilización de tipo sacerdotal, pareció casi conseguir" (17).

Pero la antigua civilización hebraica no evitó la crisis general que, entre los siglos VIII y VI, se abatió sobre Oriente y Occidente, provocando por todas partes una caida de nivel y la emergencia de elementos inferiores. Este momento universal de crisis coincide, en el caso hebreo, con un período de desgracias civiles y militares: la disolución política hebraica, de hecho, acaece durante una fracción de tiempo que va del 721  año de la desaparición del Reino Septentrional  al 586  fecha de la destrucción del Reino de Juda, el otro Estado surgido del hundimiento de la monarquía salomónica. Es en tal situación cuando se manifiesta el fenómeno del profetismo.

El tipo del profeta (nabi) desde hacía tiempo había ido sustituyéndose al tipo superior, casi olímpico, del vidente (roeh) (18); sin embargo, los profetas eran considerados como posesos por las castas sacerdotales más antiguas: "personajes que, ya sea en virtud de una disposición natural, sea por medios artificiales... alcanzaban tal estado de exaltación que se sentían de alguna manera transformados en otros seres, dominados y transportados por un poder superior a su propia voluntad"  (19). Con el profetismo se desencadena pues una espiritualidad compuesta e informe, un pathos confuso y mistificante, un sentimentalismo pandémico y plebeyo con implicaciones morales y sociales. Todo esto termina por erosionar la autoridad de lo que había de hierático y ritual en la antigua religión, de forma que el Templo y los sacrificios dejaron de ser considerados indispensables, mientras que el rito se veía rebajado al nivel de una simple práctica. Fue así como explotó la intolerancia de las capas inferior del judaismo en relación a todo lo que podía tener, en esta tradición, el mismo espíritu antisentimental, activo, determinado, indicado por nosotros como característica del ritual viril ario primordial y también romano (20). Incluso el ideal guerrero del Mesías sufrió, con el profetismo, una degradación: para los profetas, el Mesías es visto como el símbolo de los deberes de Israel en tanto que Servidor de Dios, antes que como individuo de estirpe regia con antipatías nacionales y ambiciones políticas" (21), por utilizar las palabras decadentes de un judío contemporáneo. En términos más explícitos, el Mesías es concebido, en las divagaciones apocalípticas de los nebiim (los "posesos") como una víctima expiatoria, un consolador de los afligidos, un salvador de los parias; y es así como se pudo reconocer al Mesías en la figura ignominiosa de un demagogo ajusticiado.

A partir de ahora, el síncope de la gran civilización hebraica hubo llegado. El profetismo, y sobre todo su culminación cristiana, habían minado la tradición, sacudido la ortodoxia, debilitado la Ley. La fuerza unificadora que había dado una forma al judaismo dominando y reteniendo a los elementos más caóticos, empezaba a faltar y las diversas componentes se disociaron quedando libre el fermento de descomposición. Desprendido de toda forma, desligado de la tradición y de la Ley, la materia prima heterogénea con la cual había sido modelado el judío se convirtió en una sustancia infecciosa, de donde procedieron fermentos cosmopolitas y desagregadores, mientras que él, el judío, se convirtió den un paria étnico, un bacilo de desintegración racial y nacional. De la componente "desértica" (22) procedió en el judaismo moderno este instinto nomádico que le lleva a inocular en las diferentes culturas el virus del internacionalismo, mientras que la  componente levantina (23) de su carácter le lleva a contaminar y degradar todo valor superior.

Además en el judío de la Diáspora encontramos, en un nivel degradado y secularizado, algunos motivos de la antigua Ley, entre otros la pretensión de ser el "pueblo elegido". Este tema, que en el judaismo antiguo había sido contenido, bien o mal, en el marco orgánico de una tradición, sufrió con la degeneración de la tradición en un tradicionalismo residual, un proceso de materialización, dando lugar a un racismo intransigente y a un resentimiento desmesurado hacia los no judíos. La destrucción del Estado hebreo y, posteriormente, el triunfo de la secta cristiana, contribuyeron incontestablemente a exasperar el antiguo motivo de la elección de Israel y a conferirle un peso anormal: el fin político de los judíos, su dispersión, su condena en tanto que pueblo deicida terminaron por desencadenarse, como una idea de compensación y una especie de revancha, la teoría de Israel como pueblo destinado al mando universal (24).

La voluntad de dominio mundano, producida y justificada por la laicización del tema bíblico de la elección de Israel como "pueblo de Dios", se ligó a un deseo desenfrenado de riqueza material y a una tendencia pronunciada por el comercio; y esto, en parte, tiene relación, sin duda, con la materialización de otro tema tradicional: el del "Reino". El nomadismo desértico del judío hizo que la riqueza  instrumento para la conquista de un "reino" profano y terrestre  fuera concebida como riqueza móvil, sin patria. Esto puede ofrecer una indicación importante para comprender el papel jugado por los judíos de la Diáspora en el desarrollo del capitalismo (25) papel que las obras de Werner Sombart han ilustrado admirablemente (26). Como Sombart, Karl Marx  el judío Mordecai  vió también con claridad la conexión entre el judaismo profano y la ética mercantil. Escribió: "El Dios de los judíos secularizándose se ha convertido en el dios mundial. El cambio, tal es el verdadero Dios del judío. Su Dios no es más que un tráfico ilusorio" (27). Y añade: "La quimérica nacionalidad del judío es la nacionalidad del comerciante, del hombre de plata" (28). "El jesuitismo judío, el mismo jesuitismo práctico del que Bauer demuestra su existencia en el Talmud, es la relación del mundo del egoísmo con las leyes que dominan este mundo y que este mundo pone su habilidad principal en volver diestramente" (29). "¿Cuál es el fondo profano del judaismo? La necesidad práctica, la utilidad personal. ¿Cuál es el culto profano del judío? El tráfico. ¿Cuál es su Dios profano? El dinero" (30); etc... Esta ética mercantil asumida por el judío de la Diáspora alcanzó su cúspide más elevada en la práctica de la usura. A nivel doctrinal, incluso este fenómeno extrae su legitimidad de la enseñanza talmúdica (31).  El Talmud, de hecho, mientras que prohíbe a los judíos prestar con interés a otros judíos, recomienda practicarla en relación al goi: "Está prohibido prestar a los no judíos sin usura" (Sanhedrin, f. 76, c.2). Y cuando incluso algunos comentadores del Talmud estimaron que la usura debía ser justificada por un estado de necesidad (32), en general extraer interés del dinero prestado al goim fue considerado como un "mandamiento" (33). Entre las razones de tal mandamiento, la última no fue el miedo que un préstamo gratuito hiciera nacer relaciones de amistad entre el judío y el no judío.

El judío estaba pues bastante bien predispuesto a convertirse en usurero; pero fueron los cristianos quienes crearon las condiciones que volvieron posible la manifestación de tal predisposición. La teoría cristiana, de hecho, es conocida, según la cual el usurero judío entre en el plano providencial; asumiendo el monopolio de la usura, el judío  ya maldito y condenado  tiene a los cristianos alejados de esta actividad culpable y en consecuencia, colabora, aunque involuntariamente, a la salvación de sus almas.

Etica mercantil, mamonismo, usura, tales son algunos rasgos de la historia judía a través de los cuales se manifiesta la judaidad, la "idea platónica" de la que hablábamos al principio. Al igual que un alma da vida a un cuerpo, así mismo la judaidad anima al cuerpo sin forma del judaismo desposeído convirtiéndola en un instrumento de acción antitradicional. La judaidad fue ciertamente presentada en el judaismo de forma "qauintaesenciada"; pero hay que precisar que  precisamente porque se trata de una "tendencia del espíritu", de una posibilidad oculta para todo hombre y para todo pueblo' la judaidad no ha sido una particularidad solo de los judíos, al igual que es preciso recordar que todos los judíos, tras la secularización del judaismo, no fueron víctimas de la judaidad.

Que la judaidad no haya sido monopolio exclusivo de los judíos, era ya precisado por el joven Marx: "El judío se ha emancipado... en la medida en que, gracias a él, por el dinero se ha convertido en una potencia mundial, y el espíritu práctico de los judíos (se ha transformado) en espíritu práctico de los pueblos cristianos. Los judíos se han emancipado en la medida misma en que los cristianos se han vuelto judíos" (34). El judío fue pues el más típico, más poderoso, mas virulento vehículo de la judaidad; de forma que esta categoría designa, ya en el tiempo de Marx, pero antes también, a un tipo humano que comprende judíos y judaizados. Pero, frente a la masa de los judíos honoris causa ¿qué significado y que incidencia pueden derivar de los hebreos, de los judíos originis causa? Como máximo el significado restringido que se puede atribuir a estos últimos de poseer, ellos mismos, el "prestigio" de los corruptores, o, si se prefiere, de los precursores.

Pero esto no ocurre solo en la mercantilización de la existencia, no solo en la visión burguesa, práctica, materialista del mundo que se manifiesta mediante la judaidad; está también expresada a través de un tipo particular de inteligencia, una inteligencia analítica y destructora, tendida hacia la desintegración espiritual y ética, el hundimiento de los valores tradicionales y de todo lo que se refiere al aspecto superior de la persona humana. La acción de la inteligencia judaica procede paralelamente al ejercicio de la Schadenfreude, la característica del alma levantina que consiste en el "placer de envilecer, manchar, sensualizar, abrir las puertas a la parte "subterránea" del alma humana, para que se desencadena y se satisfaga" (35). Tal es la vía seguida por la inteligencia judaica para revelarse como factor de fermento subversivo tendente a corroer todo lo que, para el no judío, revestía el valor de "ideal". En la cultura, en el arte, en la ciencia, en la literatura, esta inteligencia ha actuado en la dirección indicada inspirando un sentimiento de desorientación espiritual y favoreciendo el abandono de la persona humana a la influencia de fuerzas más bajas (36).

Como la ética mercantil, este tipo específico de inteligencia igualmente es un aspecto de esta tendencia del espíritu que, por el nombre de sus principales agentes humanos, hemos llamado judaidad. Pero, al igual que la ética mercantil no es una particularidad exclusiva de los judíos, así mismo la inteligencia judaica no es un atributo exclusivo de los judíos. El judío Schlam reconoce esta realidad cuando juzga como "típicamente judía" la inteligencia de algunos escritores europeos como Malraux, Sartre, Camus, Celine, Aldous Huxley, Robert Musil, Bertol Brecht, Gottfried Benn (37). Una vez más, en consecuencia, es necesario subrayar como la "cuestión judía" debe ser planteada no sobre el plano de los individuos, sino sobre el de los principios; es solo partiendo de estos últimos como será posible, de hecho, llegar a la definición de realidades de orden subordinado. En otros términos: el punto de partida a establecer no es la esencia del judío histórico, sino la esencia  suprahistórica de la judaidad, la cual, tal como hemos visto, se refleja, de forma mayor y más evidente, en el judío, pero ha alcanzado  sirviéndose amenudo, pero no siempre, del vehículo judaico como medio de infección  al hombre europeo y, da la casi total europeización del mundo, al hombre no judío en general. Para confirmar estas tesis podrán servir algunas breves reflexiones sobre un fenómeno que está en estrecha relación con el tipo de inteligencia que hemos llamado, analógicamente, judaica. Estamos aludiendo al fenómeno del racionalismo. Este, según algunos, constituiría la plasmación típica de una religión donde la relación entre hombre y Dios estaba concebida sobre la base del cálculo y en términos de ganancia y pérdida. El germen racionalista inherente a la religión hebraica se habría desarrollado en un proceso anticualitativo, mecanicista, despersonalizante que culmina en el iluminismo y el racionalismo moderno. Típicamente judaico sería pues la pretensión iluminista y racionalista de calcularlo todo y ajustarlo a la razón humana, hasta construir, siempre sobre la base de este cálculo racional, esquemas de civilización indistintamente válidos para todo pueblo, en todo tiempo y lugar. Un corolario del racionalismo, evidentemente, es la destrucción de las diversas tradiciones, razas, religiones, que deberían ser sustituidas por una única "religión natural" que la ideología enciclopedista y la masonería profana han proclamado.

Indudablemente, este objetivo y esta mentalidad tienen características  y es lo menos que puede decirse  análogas a las del cosmopolitismo judaico. Pero ¿hasta qué punto es legítimo afirmar que el racionalismo y el cálculo son una característica de los judíos exclusivamente? Aquel que quiera estimar que estos fenómenos son exclusivamente judaicos, escribe Evola, "estaríamos obligado a pensar que las primeras convulsiones antitradicionales, críticas, anti religiosas y "cientifistas" de la antigua civilización griega han sido favorecidas o entabladas por judíos; que Sócrates fue judío y judíos no solo los nominalistas medievales, sino también un Déscartes, un Galileo, un Bacon, y así sucesivamente. De hecho, si quisiéramos caracterizan analógicamente como "semítica" o "judaica" la actitud que coloca la medida y el cálculo orientado hacia el dominio de la materia como ideal, en lugar de la contemplación y de la consideración de todo lo que, en las cosas, en cualitativo e irreductible a números y leyes matemáticas inanimadas, deberíamos llamar "semita" a todo el materialismo cientifista y todo el método experimental, que han dado al mundo moderno la técnica y la industria misma? Aunque la pasión por el número sin vida y por la razón abstracta sea característica de los semitas, y aunque el judío, por todas partes y siempre, haya sido pintado como aquel que cuenta y calcula, parece sin embargo claro que, en este terreno, no se puede hablar de un espíritu judaico desintegrador a través del racionalismo y el cálculo, hasta un mundo hecho de máquinas, cosas y dinero, más que de personas, tradiciones, patrias, más que usando este término "judaico" en un sentido analógico, e incluso sin una referencia obligatoria a la raza... En el proceso concreto del desarrollo de la civilización moderna, el judío puede ser considerado como una fuerza operando de concierto con otras para la construcción de la decadencia "civilizada", racionalista, cientifista y mecanicista moderna, pero no como la única causa clarividente" (38).

Una vez más, pues, en el examen de las fuerzas que han fabricado el mundo moderno, la perspectiva debe superar los límites del judaismo. Debe superarlos por así decirlo, "verticalmente", reconociendo en la judaidad la causa más inmediata del judaismo; debe superarlos "horizontalmente", descubriendo las fuerzas que han actuado en la misma dirección que el judaismo y considerando, a un nivel más elevado, las tendencias que han operado en un sentido paralelo al de la judaidad. Se trata, en suma, de identificar un conjunto de influencias y factores que, aunque hayan contribuido a producir el mundo moderno, no pueden absolutamente ser cargados en la cuenta de los judíos. Otro punto a clarificar este el ya mencionado, a saber, que todos los judíos no son víctimas de la judaidad.

La desviación secular sufrida por el judaismo no pudo, de hecho, implicar a los maestros del a Kabbala, depositarios de una doctrina esotérica que, aun pareciendo, desde cierto punto de vista, propiamente religiosa, es sin embargo de naturaleza metafísica y constituye "la rama judaica de la sabiduría deifiante; la misma sabiduría que está en la base de todas las vías ortodoxas conducentes al conocimiento puro e integral" (39). Como toda tradición, pues, la Kabbala tiene orígenes no humanos y procede de la Tradición primordial misma, uniendo el pasado y el porvenir  la sapiencia de Adam a la del Mesías  por medio de una "cadena tradicional" (shalsheleth hakabbalah) que parece haber permanecido intacta hasta nuestros días.

NOTAS A PIE DE PAGINA

     (1) El proceso histórico se plantea solo como condición de manifestación de la subversión.

     (2) El misterio del origen de la Antitradición coincide con el misterio de la decadencia, el cual, precisamente por que se trata de un misterio, es incomprensible. Sus límites, por el contrario, nos parecen bastante claros y neo creemos equivocarnos definiéndolos de la siguiente forma: si el mundo originario de la Tradición excluyó de su seno toda contradicción y todo dualismo, ¿de dónde surgió la Antitradición?, o si se prefiere ¿como se inicia la decadencia en el mundo de la Tradición? Dado que no hay causas más que las que son exteriores, la decadencia puede ser concebida según la fórmula propuesta por Evola, como el fruto de una "decisión metafísica" (Gerarchia y democrazia, ed. di Ar, Padua, 1970, pág. 19)? El misterio, sin embargo, permanece.

     (3) O. WEININGER, Sesso e carattere, Roma 1956; pág. 417.

     (4) Op. cit.; pág. 415.

     (5) Op. cit.; pág. 417.

     (6) Epístola a los Hebreos, 7,3.

     (7) El símbolo de la escalera fue llevado a Occidente por el mithraismo, pero su origen parece caldeo. De hecho, Abraham era originario de Ur de los caldeos.

     (8) Evola fue impulsado a ver en esto "una aparición casi luciferina" (Rivolta contro il mondo moderno), Roma, 1972.

     (9) J. EVOLA, Tre aspetti del problema ebraico, Roma, 1936, pág. 21.

     (10) J.M. BREASTED, The Dawn of Conscience, London, 1934, pág. 350.

     (11) S. FREUD, Der Mann Moses und die monotheistische Religion; trad. española, Escritos sobre la cuestión judía, Alianza Editorial, 1969. Pág.  9 y 38 39.

     (12) "La magia egipcia y babilonia puede aun ser reconocida en el relato de las serpientes transformadas en callados, la zarza que ardía pero no se consumía y las plagas producidas por encantamiento" (A. EBAN, Storia del popolo ebraico, Roma, 1936; pág. 21). Así pues un judío contemporáneo admite la filiación que hemos expuesto.

     (13) El simbolismo del hombre Universal está implícito en el sello de Salomón, donde el triángulo superior y el triángulo inferior representan, respectivamente, la naturaleza divina y la naturaleza humana.

     (14) Cfr. G. VENTURA, Considerazioni storico tradizionali sul mito della Regina di Saba, supl. al n 4 de "Vie della Tradizione".

     (15) "Un residuo de esta componente del espíritu semita, secularizado e intelectualizado actuará entre los judíos mismos de épocas recientes: de un Maimónides y de un Spinoza hasta los matemáticos judíos modernos (por ejemplo Einstein, y en Italia Levi Civita y Enriques), encontramos una pasión característica por el pensamiento abstracto y por la ley natural dada bajo la forma de números sin vida. Y esto, en el fondo, puede ser considerado como la mejor parte de la antigua herencia semiótica" (J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 19). Cfr. además, sobre el mismo problema, el ensayo de J. EVOLA, Die Juden und die Mathematik, Berlín, 1940.

     (16) Cit. en: J. EVOLA, Il mito del sangue, Milán, 1942m, pág. 219.

     (17) J. EVOLA, Sintesi di dottina della razza, Milán 1941, pág. 173.

     (18) De tal sustitución se habla en I Samuel, IX, 9: "Aquel que hoy se llama nabi, en una época se llamaba rôeh".

     (19) J. REVILLE, Le prophetisme hébreux, París, 1906, pág. 5.

     (20) J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 21.

     (21) I. EPSTEIN, Il giudaismo, Milán 1967; pág 54.

     (22) "La "raza desértica" u "orientaloide" es, en la tipología propuesta por L.F. Clauss, la raza del "hombre de la revelación". Esta raza coincide con el estilo de vida del nómada, donde reina lo imprevisible, la instantaneidad, lo que se manifiesta en una revelación súbita apropiándose del ser entero y que es aceptada para todo el ser... El símbolo del viento, que sopla donde quiere y no sabe donde va ni por donde erra, resume el sentido último de su vida" (J. EVOLA, Il mito del sangue, op. cit., pág. 150). [NdA]
    En su obra maestra El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, René Guenon ha consagrado un capítulo fundamental al sedentarismo y al nomadismo. A propósito de algunas corrientes del judaismo moderno, ha hablado de "nomadismo desviado". Expresión particularmente justa si se piensa en el fenómeno contemporáneo del "hippismo" y de los viajes a Katmandú o al Tíbet, que son otras tantas parodias casi satánicas de la peregrinación tradicional, y cuando se sabe que este fenómeno nació en California, tierra donde pululan las sectas de la contra iniciación, y ha sido suscitado por toda una pléyade de escritores y poetas decadentes, casi todos ellos judíos, empezando por Allen Ginsberg, el más conocido.

     (23) La raza levantina, siempre según la tipología de Clauss, es la de la "redención". El tipo humano que se expresa en ella está caracterizado por una incurable escisión interna: "de una parte, cultiva ideas espirituales, normas religiosas, de otra sitúa la carne como lo no sagrado, el enemigo del espíritu y la fuente del pecado. La carne debe ser superada, tal es el sentido de su vida. Pero la carne resiste y mantiene en ella su propia fuerza amenazadora, tanto más potente cuando es combatida por el espíritu. De aquí deriva una oscilación continua, una tortuosidad interior que tiene dos desembocaduras: una es la salida ascética, el sacerdote o el santo como tipo "rescatado" de la carne tras una penosa mortificación de ésta; la otra es la propia al tipo que, precisamente porque el aguijón de la redención lo ha asaeteado vanamente durante toda su vida, se precipita desesperadamente en la materia, se abandona a un deseo ilimitado hacia la materia y hacia el poder material. Estos se sienten esclavos de la carne y, por ello, no quieren sino esclavos en torno suyo. Dominan por el odio y transforman toda su vida en una venganza contra toda criatura que ven vivir con sinceridad y espontaneidad. Todos los valores propios a su tipo de invierten entonces prácticamente en sus opuestos: en lugar de mortificación se tiene una desconsagración, en lugar del tipo rescatado de la carne, se tiene un culto a la carne, en lugar de espiritualización de la carne se tiene materialización del espíritu. Mientras que le primera solución  la solución ascética  da lugar al ideal cristiano, la segunda caracteriza el espíritu y el tipo judaicos" (J. EVOLA, Il mito del sangue, cit.; pág. 150 1).

     (24) A fin de ilustrar brevemente el desarrollo tomado por el tema del "pueblo elegido" tras la Diáspora, referiremos algunos cortos fragmentos talmúdicos: "y es el Talmed quien ha formado las doctrinas religiosas y morales del judaismo actual" (I. EPSTEIN, Op. cit.; pág. 113).
    "El no judío es homicida, ser inmundo, presa de la bestialidad y otras horribles infamias, tal que solo verlo contamina" (Trat. Beba Metsia, fol. 114, Amsterdam 1645).
    "Que los apóstatas pierdan toda esperanza, que los nazareos y los minim (es decir, los cristianos, NdT) perezcan súbitamente, que sean arrasados del libro de la vida y no se cuenten entre los justos" (Shemoné Esré)
    "El judío que mata a un goi efrece a Dios un sacrificio agradable" (Sepher Or Israel, 177b).
    "Considerad a los goim como bestias y animales feroces y tratadlos como tales. Colocad vuestra inteligencia y vuestro celo en destruirlos" (Tomo 3, libro 2, cap. 4, art.5).
    "En fin, proclamad algo lícito hacer uso del fraude, de la mentira y del perjurio, desde el momento en que se trate de hacer condenar en justicia a un no judío" (Baba Kama, 113b). "A ninguna solemnidad deberá impedir al judío degollar a un goi" (Pesachim, 49b).
    Otras citas del mismo tipo son referidas en el ensayo de J. EVOLA, L'authenticité des Protocoles prouvée par la tradition juive.

     (25) El economista David Ricardo, el apóstol del capitalismo, conocido por sus estudios monetarios  y bancarios, era judío. Esto puede ser visto como un hecho emblemático, en relación al papel del que se habla.
    Sombart ha sido acusado de basarse sobre un postulado antropológico consistente en atribuir a los judíos propiedades raciales naturales. Es interesante notar que la tesis de Sombart ha sido confirmada precisamente por un judío, Bentwich, el cual admite explícitamente que se debe reconocer, en el caso de los judíos, una "inclinación natural al comercio, que da progresivamente un carácter particular al desarrollo económico del pueblo judío" (N. BENTWICH, Gli Ebrei nel nostro tempo, Florencia, 1963).

     (26) K. MARX, La question juive, París 1968, pág. 52.-53

     (27) Ibidem.

     (28) Op. cit., pág. 49. También: en la Sagrada Familia Marx habla de un "mundo moderno que es judío hasta lo más profundo de su corazón" (trad. it. Roma 1967), mientras que en las Tesis sobre Feuerbach la praxis burguesa es definida como "schmutzig jüdish", es decir, "sórdidamente judía" (trad. it. Roma 1950). En El Capital se lee: "el capitalismo sabe que todas las mercancías (...) son dinero; son judíos interiormente circuncisos" (trad. it. Roma 1964, vol. I, cap. 4) y así sucesivamente.

     (29) A decir verdad, el mandamiento relativo a la usura se encontraba ya en el Deuteronomio: "Al extranjero le prestarás con interés, pero a tu hermano no prestarás con interés, a fin de que Yavhé tu Dios, te bendiga en toda empresa de tu mano, sobre la tierra donde vas a entrar para poseerla" (XXIII, 21).

     (30) Los mismos comentaristas establecen sin embargo que los doctrores de la Ley pueden practicar la usura en toda ocasión (Baba Metsia, 73a; cfr. también Choul'han Aroukh, Yoreh Deah, 159). Hasta tal punto que el rabino de Barcelona, Solomón Ben Adreth (1235 1310), observa irónicamente que los judíos de su generación se consideraban todos doctores de la Ley (cfr. J. ROSENTHAL, Ribbith min ha nokhri, en Ialpiyyoth, V, 1952, pág. 488). El estado de necesidad al cual se hace alusión, por otra parte, no era concebido ciertamente como un límite a la rapacidad judaica respecto a los gentiles; se trataba por el contrario de impedir que los judíos, "una vez adquirido el hábito, puedan pasar de la usura en general a la usura entre hermanos" (L. POLIAKOV, I bancheri ebrei a la Santa Sede dal XIII al XVII secolo, Roma, 1974, pág. 28).

     (31) Entre los principales defensores de este punto de vista, figura el mismo Maimónides.

     (32) Op. cit.; pág. 50 (subrayado por nosotros). Muchos judíos han intentado explicar el "antisemitismo" de Marx. A nuestro entender el límite de lo grotesco lo marca el psicoanalista Arnoldi Künzli que, en su obra Karl Marx, eine Psychographie (Zürich 1966), interpreta tal actitud a la luz de uná masoquista y típica jüdischer Selbsthass ("odio judío a sí mismo"). Una explicación análoga ha sido formulada por Poliakov: "En la alquimia de la pasión antisemita, la imaginación (...) o la realidad (ser judío de nacimiento y no querer serlo, como en el caso de Marx) pueden llevar a precipitados parecideos. Pero, en el segundo caso, la reacción quizás aun más explosiva, porque la realidad viene en ayuda de la imaginación. He aquí entonces estímulos y tensiones suplementarias: sobre todo a los conversos, interesa demostrar a los otros que no son judíos (...). La simulación es vana; los golpes son encajados por quien los da, víctima y verdugo cohabitan bajo una misma piel" (L. POLIAKOV, Storia dell'antisemitismo, Florencia, 1975, vol. III, pág. 488 489).

     (33) J. EVOLA, Il mito del sangue, cit.; pág. 233. Es interesante recordar que esta característica no se ejerce solo en el terreno intelectual, sino también en la acción concreta, si hemos de juzgar lo que refiere el nº 61 de France Palestine: "Interrogado por Ivan Levai en Radio Europe I el 5 de julio pasado, el embajador de Israel Mordechai Gazit, respondió a propósito de la operación de comando que su gobierno había desencadenado en Kampala, que se trataba no solo de liberar a los secuestrados (...) sino igualmente que su gobierno había actuado por "schadenfreude". El diplomático israelita no pudo encontrar más que en alemán el término exacto para precisar su pensamiento: "schadenfreude" significa "placer de hacer mal" o "deseo de molestar". Podemos imaginar el deleite de los sionistas y de sus amigos después del raid de Entebbe" (NdT).

     (34) He aquí la apología de la inteligencia judía, tal como está hecha por un judío: "¿Qué es pues la inteligencia judía y cómo es? Es aguda, penetrante, vulnerable, vivaz, analítica, inquieta, reveladora, irónica. Busca siempre lanzar una ojeada "tras las cosas", sin jamás contestarse con un sistema metafísico de circuito cerrado. El concepto de "placer paradisíaco" la hace no sentirse descontento; no sabe que hacer con la convicción de que éste sea el mejor de los mundos. Germina y florece preferentemente en la zona estrecha y atormentada entre amor y dolor, reacciona a no importa qué provocación, alza los hombros ante el "olímpico", analiza los sueños incluso durante el sueño, se inquieta frente a la "indolencia", vibra en la tranquilidad. Su hambre es insaciable, y contra más bebe, más sed tiene" (W.S. SCHLAMM, Chi è ebreo?, Milán 1964, pag. 30). Y  añade"..."agitación judía" o "talento judío". Pero, en el fondo, se tratasiempre de lo mismo: una inigualable intensidad de la intelilgencia, un sentido vivo de los matices, una sensibilidad particular" (Op. cit.; pág. 26).
    He aquí, por el contrario, como otro judío critica la inteligencia judaica: "(Los judíos) no son críticos, sino censores, no escépticos como un Déscartes, no espíritus dotados para extraer de la mayor desconfianza una perfecta certitud; son irónicos absolutos como  y no es una casualidad si no puede citar aquí más que a un judío  como Henri Heine" (O. WEININGER, Op.cit.) Se notará que detractores y apologetas concuerdan en las definiciones de la inteligencia judía y en los contenidos que atribuyen a este concepto.
    Referiremos, finalmente, el fragmento del Gog de Papinmi, de donde extraeremos algunas frases significativas que el autor coloca en boca del judío Benrubi: "Para no ser exterminados (los judíos, NdT) debieron
también invertar defensas. Tuvieron dos: el dinero y la inteligencia... Estas pasaron a ser de útiles de protección, a instrumentos de venganza. Más potente que el oro, para mí, fue la inteligencia. ¿De qué manera el judío oprimido y segregado pudo vengarse de sus enemigos? Por el hecho de rebajar, envilecer, desenmascarar y disolver los ideales de los goim. Destruyendo los valores en los cuales debió vivir la cristiandad... Y, de hecho, si observáis bien la inteligencia judía de un siglo a otro, no ha hecho nada más que socavar y barrenar vuestras queridas creencias, las columnas que sostenían el edificio de vuestro pensamiento. Desde el instante en que los judíos han podido escribir libremente, todos vuestros andamiajes espirituales amenazan con caer".

     (35) En lo que concierne a la afirmación de Schlamm sobre la judaidad de la inteligencia de Benn o de Celine, estimamos que se impone una nota. en el caso de Benn, sabemos lo que ha conducido a Schlam a contar a este poeta entre los intelectuales judaizados o judaizantes. ¿Es quizás el "terrorismo" que caracteriza la primera producción de Benn? Si fuera así, podríamos replicar que el nihilismo del joven Benn, su cinismo, su ferocidad misma de descuartizador de cadáveres constituían un ataque, una provocación, no contra una cultura tradicional, sino contra el mundo burgués y decadente contra el cual se había encarnizado un Nietzsche. En nuestra opinión, en suma, la inteligencia del joven Benn no tiene nada de judaica, por el contrario, es un signo positivo porque, precisamente, en su agresividad antiburguesa, representa la negación de la negación.
    En cuanto a Celine, según Schlamm, se habría convertido en antisemita despiadado por casualidad; en realidad, afirma el periodista judío, Celine "ha sido un espíritu rebelde eternamente a la defensiva, al igual que el judío Franz Kafka" (Op. cit.; pág. 30). Sin embargo, establecer una ecuación entre inteligencia judaica e inteligencia de la displaced person, es decir del excluido, del perseguido, nos parece excesivo. Además, lo que salta inmediatamente a los ojos de los críticos literarios es el "tono de cinismo ingenuo" (M. RAGO, Celine, Florencia 1973) que caracteriza las obras "antisemitas" de Celine. Pero ¿la ingenuidad no es una cualidad exactamente opuesta a las huellas de la inteligencia judaica?

     (36) Por ejempolo H. WOLF, el autor de Angewandte Rassenjunde y Welgeschichte der Revolutionen.

     (37) J. EVOLA, Tre aspetti, op. cit., pág. 41 42.

     (38) L. SCHAYA, The universal meaning of the Kabbalah, Baltimore, 1973.

     (39) Reproducimos el fragmento donde Cicerón se refiere a los judíos: "Ahora existe la acusación relativa al secuestro del oro judío... Es a causa de esta ocasión, oh Lelio, que has elegido este lugar (el tribunal aureliano, donde se desarrollaban las asambleas de los judíos [NdT]) y la masa de judíos que nos rodea. Tu sabes bien lo grande que es su influencia, su solidaridad entre ellos, y como está extendido su poder en nuestras reuniones. Hablaré bajo, para que solo los jueces puedan oirme. Tu sabes bien que no faltan personas que excitan a estos judíos contra mí y no quiero dar pretextos a su maledicencia. Era habitual, cada año, transportar de Aria y de las provincias de Jerusalén el oro recogido por los judíos; un edicto de Flaco prohibió esta exportación a los judíos de Asia. ¿Quién no loará tal medida? El Senado, por rigurosos decretos, antes y después de mi consulado, ha prohibido el transporte del oro: ha sido muy sabio interrumpir una superstición bárbara, el desafío, lanzado por el bien del Estado, a esta multitud de judíos que amenudo agitan en nuestras asambleas, ha sido un gesto de firmeza fundamental... Cada ciudad, oh Lelio, tiene su propia religión: nosotros la nuestra y Jerusalén la suya. Cuando los judíos estaban en paz con nosotros y Jerusalén prosperaba, considerábamos sus ceremonias y sacrificios indignos de la majestad del Imperio, del esplendor de nuestro nombre y de las instituciones de nuestros ancestros. Lo son aun hoy, cuando esta raza, declarándonos la guerra, ha manifestado cuál era el espíritu que la animaba en relación al Estado; y los Dioses inmortales, permitiendo que fuera vencida y hecha tributaria, han mostrado cual es el caso que es preciso hacer de ella" (Pro Flaco, XXVIII).

Ultramemorias (VIII de X) Visicitudes políticas en la transición (4ª parte). Referendum

El “jueves negro” tuvo como consecuencia el alejamiento de Masana de la política activa así que la dirección de Fuerza Joven quedó en manos de Ramón Graells., siempre dispuesto a encaramarse a espaldas de otros, incluso para acceder a cargos de muy escasa rentabilidad. Se vivían años de politización extrema. Uno se afiliaba a un partido como quien compraba un casette de Dyango, Camilo Sesto o Dire Straits, Emerson, Lake & Palmer o Blondi o los más tirados lograban hacerse con uno ful de Sex Pistols. Así que no había que  esforzarse  mucho para que ingresaran algunas decenas de nuevos afiliados. En ese contexto se producen violentos episodios en las Ramblas que también propiciaron el cambio de local . El partido compró, si no recuerdo mal, por tres millones de pesetas, toda una planta de un piso situado a la izquierda del Eixample, en torno a 200 metros cuadrados sobre un antiguo bar que había frecuentado bastante en otro tiempo, el Chiu-Chiu, a 300 metros de mi hogar familiar. Un segundo piso en el mismo edificio fue alquilado para albergar las oficinas centrales del partido en Catalunya.

La compra del local tuvo algo incluso de heroico. Se realizó con pequeñas aportaciones, algunas de las cuales venían de camaradas modestos o muy modestos. En aquella época 100.000 pesetas era el equivalente a 10.000 euros de hoy, así que para muchos era un fortunón. De entre todas las aportaciones recuerdo una particularmente enternecedora y, lo digo sin ironías de ningún tipo. Fue la de Mateu Argerich. Argerich era padre de familia, más que numerosa, numerosísima, sino llegaba a la docena de hijos, poco le faltaba. Era un hombre entregado al partido en cuerpo y alma y no sólo él sino, detrás de él, toda su familia, incluso los hijos y las hijas más pequeños. En sí mismo, todos los Argerich tenían mucha más militancia que buena parte de los partidos que se creaban al calor de la transición. Era un hombre modesto, pero extremadamente trabajador. A nadie se le escapará que con tamaño número de hijos, los Argelich eran católicos de estricta observancia. Un día el patriarca de la saga no pudo por menos que sorprenderme cuando hablando con él sobre la transición me dijo con una convicción solo comparable a la de Moisés lanzando las plagas sobre el faraón: “La culpa de todo la tienen los protestantes”. Hasta entonces el único protestante que había conocido, un antiguo camarada del PENS, oriundo de la Val d’Arán, no me pareció ningún tipo peligroso, sino más bien ponderado y circunspecto. Pero Argerich tenía sus razones, por subjetivas que fueran, arraigadas en la médula de su pensamiento. Sus pobladas cejas de patriarca bíblico con los pelos saliendo disparados hacia delante, tanto como su mirada profunda y permanentemente en tensión, aumentaban esa sensación de personaje bíblico. Los Argelich estaban, en aquel momento, ahorrando para cambiar de piso. Es lo que tiene de malo la familia numerosa en permanente crecimiento, que hay que ampliar superficie. Pero, en esa ocasión, los Argelich antepusieron el interés del partido al interés familiar y realizaron una notable aportación para la compra del local que se llevó buena parte de sus ahorros. A la postre, Fuerza Nueva resultó una mala inversión. El partido duró apenas cuatro años en aquel local que luego recompró un miembro de la Junta Local. Ignoro si se restituyó a Argerich y a todos los que desembolsaron dinero, la parte alícuota de la inversión. Años después supe que los locales del partido iban a nombre de una sociedad, Riotajo SA. Y había muchos.

El período que siguió entre abril de 1976 y septiembre de 1977 no fue especialmente activo en Barcelona. La actividad se concentró en el referéndum para la reforma política y en las primeras elecciones democráticas y no fue, desde luego, desbordante. Habían cesado las agresiones contra el partido y éste iba creciendo por pura inercia mucho más que por la agitación y propaganda desarrollada. Graells demostró ser un hombre de despachos, mucho más que de acción en la calle y en cuanto a la dirección del partido, a cargo de Pepe Ruiz, un ex divisionario, se limitaba siempre a esperar órdenes de Madrid que llegaban muy escasamente. Se vivía la ficción de que existían las llamadas “fuerzas nacionales” como prolongación de lo que un día fue el “bando nacional” y de espaldas a la realidad de lo que supone el concepto de “nación” (ente político dotado de una misión y de un destino). Las “fuerzas nacionales” eran, especialmente los excombatientes que poco antes nos habían sorprendido a todos borrando el “ex” del nombre en un intento de afirmar su condición de “combatientes” en permanente estado de vigilia. Los más jóvenes de entre ellos deberían tener en torno a 60 años y los más mayores marcaban ya los 75, quizás hubiera algún veterano de la División Azul con tres o cuatro años menos de 60, pocos sin duda. Pero también eran “fuerzas nacionales” los falangistas de Raimundo Fernández Cuesta, que en aquellas fechas estaban a punto de recuperar las siglas históricas y por el momento trabajaban con el nombre de Frente Nacional Español. Al parecer había que recordar que el frente era “español”, pues la mera alusión a “nacional”, no bastaba. Siempre, en la ultra me ha sorprendido esa sobreactuación patriótica.

El patriotismo es una sana cualidad que hace reconocer a quien lo esgrime que pertenece a la “tierra de los padres”, lo que implica fidelidad al legado recibido de ellos. Es, por lo demás, la modulación de un instinto que está presente en las especies superiores: el instinto territorial. Así pues, nada más normal que el apego de las gentes a su tierra natal. Sin embargo, ese patriotismo no es uniforme en la medida en que no todos los individuos sienten con la misma intensidad los mismos instintos. Algunos confunden el instinto territorial por el de posesión y otros el instinto de supervivencia de la especie por todo el catálogo del kama-sutra y el ananga-ranga. Si la ultraderecha en general se ha caracterizado por algo es por una hipertrofia del patriotismo que le hace sobreactuar en esta materia. Cuando un ultra sale a la calle para manifestarse, está como desnudo si no lleva una bandera nacional.,alguna pegatina con la bandera nacional, una bufanda roja y gualda, y en ocasiones incluso un gorrito con los colores de España. De Raymond y José María, dos cantantes que actuaban en comandita en el entorno de Fuerza Nueva, solía mostrarse, abrazados uno junto a otro en camaradesca pose, el uno con la mitad de la camisa y una pernera del pantalón roja  y la otra mitad gualda (amarilla, vamos), mientras que el otro mostraba la inversión simétrica de tan pintoresco atuendo. Solamente cuando  se levantaba el telón y los dos se mostraban abrazados, los colores tenían un significado; en efecto, componían los de la bandera nacional. Bastaba que se desasiesen para que yendo cada uno por su parte, recordaran más bien al atuendo del Buda hecho con fragmentos de los vestidos encontrados donde se quemaban cadáveres, o bien de arlequín el que aparecía en la comedia del arte, ese "tinglado de la antigua farsa".

Para colmo, desde la transición, todo cartel de cualquier partido ultra precisaba llevar una gigantesca bandera nacional, o dos o muchas más.  De lo contrario parecía no responder a las espectativas que se esperaban de él. En 1976 y 1977, no existían diseñadores gráficos en las “fuerzas nacionales” ni nada que remotamente se pareciera. Tampoco existía el Photoshop, así que lo más normal era que cuando se encargara un cartel se dejara al albur del impresor la selección de los tipos y se le impusiera solo el colocar una bandera nacional por algún sitio. Gente sin complicaciones, lo solían hacer atravesando el cartel en diagonal y produciendo un efecto visual catastrófico que denotaba falta de imaginación, inadaptación a las modernas técnicas de propaganda y un primitivismo gráfico propio de principios del siglo XIX. Sí se siguió hasta bien entrada la transición. Eso gustaba mucho a los que encargaban los carteles, ninguno de los cuales lamentablemente fue fusilado al ser encontrado en flagrante delito de mal gusto.
 
Y, por supuesto, entre las “fuerzas nacionales” estaba Fuerza Nueva. En realidad, con el eufemismo “fuerzas nacionales” se aludía a las fuerzas políticas que en otro tiempo dieron apoyo al antiguo régimen: falange, el carlismo y lo que quería ser la síntesis de ambas, el partido de Blas que, para demostrarlo había elegido como uniforme de sus muchachos la camisa azul de la falange y la boina roja del requeté. Este era otro problema insoluble: porque si en 1939 falange y el requeté eran fuerzas hegemónicas en la política de su tiempo, en 1954 lo eran menos y en 1973 menos aún y cuatro años después, ya representaban poco, apenas un arcaismo. Algunos alertamos ya a principios de 1977 sobre esa mala costumbre de permitir que se uniformaran los chavales y que a la primera de cambio se realizaran simulacros de formaciones paramilitares. No sirvió de nada, claro está.

Muy frecuentemente, no eran los chavales jóvenes y sin experiencia de quienes salía esa vena “militarista”, sino de los más mayores. En la delegación de Fuerza Nueva de Barcelona, al menos en esa época, apenas se utilizaban uniformes. Sin embargo, apareció un tipo curioso que procedía de la Guardia de Franco de Horta, un tal Artime; le precedía su fama: asturiano y con una placa de platino (o acaso titanio, o quizás incluso plexiglas) en la cabeza a raíz de algún leñazo recibido; de él se decía que no andaba en sus cabales y que el pegote de platino le presionaba malamente las meninges hasta cortocircuitarle ideas. Y doy fe de que era así. Este individuo se entrevistó con el delegado de Fuerza Nueva: “Ruiz, la gente joven necesita disciplina, si tu me dejas, dentro de tres meses te presento formadas dos centurias…”. Y Ruiz que, a fin de cuentas, eso del militarismo le recordaba su juventud en Rusia y las paradas militares que la Guardia de Franco siempre había ejercitado desde los años 40, dio su acuerdo. No había forma más directa de desmoralizar a la gente joven que corría por Fuerza Nueva, no sólo porque el asturianu en cuestión no era su “líder natural”, sino porque a las chicas les daba la sensación de que las miraba mal. “Ernesto –me dijo una– ese individuo me da cosa, así que si no te importa me abstendré de subir al local”. Cuando intentó paramilitarizarnos le paramos los pies. Si quería dos centurias que se las buscara con lupa, pero nosotros no íbamos a ponernos a las órdenes de un analfabestia para el que la política era “¡un, dos, firmes, ar!”. Eso ocurría en el verano de 1976: cuando en España los partidos se preparaban para la democracia, en Fuerza Nueva se pensaba en payasadas de este tipo.

Cuando se convocó el referéndum para la reforma política de diciembre de 1976, los “Combatientes” convocaron a las “fuerzas nacionales”. Hubo una reunión y Girón prometió textualmente “distraer unos cuantos milloncejos para la campaña”, campaña para responder negativamente a la pregunta “¿Aprueba el Proyecto de Ley para la Reforma Política?”. El diario de la Confederación de Combatientes, El Alcázar, estuvo en primera línea de la campaña y Fuerza Nueva renunció a colocar carteles propios, al menos en Catalunya, para dar una mayor sensación de unidad. Un buen día nos llamaron para que fuéramos a recoger a un almacén de Pueblo Nuevo los carteles; lo que allí  encontramos era francamente terrorífico: algo así como cuarenta metros cúbicos de papel mal ordenado y amontonado. Daba la impresión de que, en lugar de carteles, aquello eran revistas y efectivamente lo eran: se habían impreso en las rotativas de El Alcázar, se habían doblado como si fuera una revista de 32 páginas, esto es, 16 páginas encaradas que se habían impreso solamente por una cara. Es decir que cada “ejemplar” tenía 8 carteles distintos cuyo denominador común era la cutrez personificada. Incrédulo de mí, me subí a la montaña de papel para ver si todos eran iguales. Lo eran. Algunos de ellos ni siquiera podían considerarse como carteles: las consignas eran del género de “Español vota no para evitar el advenimiento de la anti-España” (lo ven lo que les decía con aquello de la “sobreactuación”). Había, como máximo, un par que eran comprensibles para el ciudadano de a pie, el resto parecían diseñados por un extraterrestre que lo ignorase todo sobre el planeta tierra. Cargamos unas cuantas decenas de bultos en la furgoneta de los Argelich y volvimos a la sede con cierto aire de desolación.

En teoría nos teníamos que repartir las zonas para pegar los carteles con los falangistas y los carlistas, pero si nosotros andábamos flojos de militancia en aquella época, ellos más aún. Con todo, durante varias noches estuvimos pegando carteles (si bien, en Barcelona, seleccionamos sólo dos modelos y tiramos el resto a la basura). Ocurrieron incidentes. Cerca de la Catedral, alguien se insolentó con los militantes, lo agarraron y le volcaron los dos cubos de engrudo sobre la cabeza. El tipo quedó pringoso, empapado, pero con cara de agradecimiento, pues no en vano algunos militantes habían propuesto que se le diera a beber un tazón de engrudo. A mi me pasaron tres incidentes dignos de mención en bajando la calle Balmes. A la altura de Mitre, justo ante un semáforo, estaba con Arturo (un querido amigo abogado ex miembro del FSR, que conocí en los círculos y con el que pasamos a Fuerza Nueva) vigilando que no les ocurriera nada a los que pegaban carteles cuando de repente un seiscientos con cinco personas dentro se paró en el semáforo. Nos fijamos en él porque iba medio desballestado y tenía la chapa abollada y desprendiendo óxido y desconchados de pintura; una joya, vaya. Pude ver como el conductor bajaba su ventanilla y nos gritaba: “¡Fascistas asesinos!”. Arturo y yo nos dirigimos con cierta parsimonia hacia el vehículo, estábamos convencidos de que apretaría el acelerador al tenernos cerca, así que no era cuestión de perder la compostura. Increíblemente, cuando estuvimos a un metro del vehículo, el conductor todavía sonriente y desafiante se limitó ¡a subir la ventanilla! Mi nunchaku y la barra de hierro de Arturo terminaron por desmadejar al vehículo que se quedó sin un solo vidrio. Cuando ya era puro “siniestro total” aceleró  petardeando.

Una hora después en Balmes esquina Diagonal ocurrió algo parecido, pero en esta ocasión el conductor se creía más inteligente. Grito la imaginativa frase de “¡Fascistas asesinos!” (que a esas alturas parecía haberse convertido en tradición) y aceleró por el lateral… sin advertir que 50 metros más adelante se encontraba un camión de basura que le cerraba el paso. Arturo y yo estábamos en perfecta forma física así que dimos alcance al coche en dos zancadas, eran una parejita con todas las trazas de pertenecer a Bandera Roja. También aquí les hicimos trizas los vidrios. Le di el primer al parabrisas con lo que perdió toda visión. Dentro pude percibir histeria por parte de la parejita: si, realmente, se creían que fuéramos “asesinos” su pánico estaba más que justificado y si no se lo terminaban de creer, serían perfectamente conscientes de que estábamos en estado de cabreo. El último golpe a los pilotos traseros y a la chapa fue demoledor. Mi nunchaku saltó nuevamente por los aires a pesar de que lo había reforzado con un anillo de metal. Era el segundo que hacía trizas al servicio de Fuerza Nueva. Así que al tercer coche que insultó a los colgadores de carteles me cogió con las manos desnudas.

Si el primero era un alelado de la vida y el segundo un listillo, el tercero resultó ser un gallito. No solamente nos insultó sino que hizo ademán de bajar del coche aunque sus otros dos compañeros intentaron calmarle. El individuo estaba exaltado, debía ser uno de esos “antifascistas” tocados por la rauxa catalana, el stalinismo más recalcitrante y una copa de anís Machaquito, o quizás es que, además, era completamente obtuso. Le propiné una bofetada del revés cuando aún no había salido del coche.  Cayó sobre el asiento y aceleró dejando media rueda (era un Mini) en el asfalto. Lo raro es que salió haciendo unas eses exageradas y bruscamente se detuvo. Salió del coche y se apoyó en la capota con las manos en la cara, tambaleándose. Yo permanecía a unos 30 metros intrigado por saber qué estaba ocurriendo. “¡Me ha sacado un ojo!” y parece que, efectivamente, por algún motivo el revés le había sacado un ojo de la órbita. El gallito, por carambola, se había quedado momentáneamente tuerto. Supongo que un paso por la clínica oftalmológica del doctor Puigvert le debió reparar el desaguisado. Ser un gallito tiene esas cosas: antes o después te encuentras a la horma de tu zapato.

Nunca he experimentado la más mínima sensación de arrepentimiento por haber protagonizado estos incidentes. Nosotros no habíamos provocado. Nos habían provocado. Nos habían insultado. Nos habían señalado como asesinos. ¿Qué se terciaba hacer? ¿acaso enseñarles la otra mejilla? Creo que aquello fue educativo para los que estaban en la otra punta del nunchaku. Desde el que recibió un baño de engrudo hasta el que tuvieron que encajarle el ojo, se enteraron que las gesticulaciones exaltadas y gratuitas conducen a situaciones difíciles. No es que me gustaran este tipo de episodios que, a fin de cuentas, eran sobresaltos y creaban tensiones en una actividad de propaganda que debía ser relajada, pero mi conciencia estaba tranquila entonces y lo sigue estando ahora: yo cumplía el “dharma” del militante. Cuando hice los votos del bodishatva, el tercero era “Por muchas que sean las obligaciones de una ley –el “dharma”– prometo conocerlas todas”. En aquellas noches mi “dharma”, mi ley de comportamiento interior, era cumplir como militante. Lo hice y, por tanto, no debo de avergonzarme ni siquiera arrepentirme. Mi “dharma” era el del militante. Si el “dharma” de los que tenía al otro lado era el del gilipollas, seguramente ellos también podían estar orgullosos; no en vano, un gilipollas es aquel que se hace daño a sí mismo. El karma es lo que tiene, que toda putada (un insulto inexacto y dsabrido) genera una reacción kármica de la misma intensidad pero en dirección opuesta a modo de compensación (una hostia seca o chapa, vidrios, pilotos y pintura nuevos). Desde siempre un instinto me ha dicho que hay que hablar a cada cual en el lenguaje que es capaz de entender: amable con los amables, dialogante con los dialogantes, borde con los bordes e indiferentes con los mediocres, intelectual con los intelectuales, festivo con los juerguistas y cachondo con las cachondas. Ya lo dice el Evangelio: “Mis yos son legión”.

El referéndum, por supuesto, fue una catástrofe para las “fuerzas nacionales” que saldaron una pobre campaña con 450.000 votos en contra, apenas en 2,56%. De todas formas había un signo esperanzador: en Santander y Toledo, los “noes” superaron el listón del 5%. Era evidente que había que “trabajar” políticamente en esas provincias. De todas formas el partido no realizó un análisis correcto de los resultados. Blas siguió con un discurso franquista y catastrofista que solamente podía recoger el favor de ese 2,56% de los electores. Su esperanza consistía en que el “franquismo sociológico” terminaría respondiendo bien a su mensaje y anhelando el regreso al antiguo régimen. Lo dicho: el análisis era incorrecto, porque si aquel referéndum sirvió para algo fue para abrir la vía para la demolición definitiva del franquismo.

A las “fuerzas nacionales” en su conjunto no les iba nada bien aquel período. Un sábado me acerqué al local de FE-JONS que acampaba en el antiguo local de la Hermandad de Ex Cautivos, que en otro tiempo fuera sede del gobierno vasco (cuando en el 37 Franco ocupó Euzkadi). En Catalunya los tránsitos de locales y los nombres de las calles se hacen a mala hostia. La calle Falangistas Roberto Basas, por ejemplo, pasó a ser en la transición, calle Sabino Arana, y la Plaza Calvo Sotelo, cambió placa para pasar a honrar a Francesc Maciá. Estaba la falange viviendo sus últimos meses en aquel local cuando se convocó una asamblea que estaría presidida por Raimundo Fernández Cuesta. Asistí por pura curiosidad y para conocer al que fuera amigo personal de José Antonio y secretario general del partido, nombrado por el “fundador”. Visto de cerca parecía un anciano de gran dignidad, cierto porte aristocrático que los años no le habían sustraído y elegancia en el estar. El problema fue que cuando le di la mano la encontré fría como la muerte; detuve el apretón no fuera a ser que le triturara unos huesos y falanges (nunca mejor dicho) ya desprovistas de músculo. Tenía 80 años recién cumplidos. A pesar de la edad y de cierta debilidad que solamente se podía percibir en el cuerpo a cuerpo, tenía el cerebro completamente lúcido. Al cabo de un rato se inició la reunión.

Mientras se realizaban las intervenciones, sonaban algunos martillazos en la puerta de entrada. Raimundo, que era gato viejo en estas lides, había ordenado que cambiaran la cerradura del local, pues no en vano, la junta de Barcelona iba a ser en breve destituida. Ese “savoir faire” solamente se puede conseguir con años de experiencia y haber visto, experimentado, promovido y sufrido marrullerías de este tipo. Los destituidos pasaron luego a formar un grupo local, Unidad Falangista. Nunca pude entender el fondo de la cuestión, pero ya en esas fechas había renunciado a entender las querellas interfalangistas. Poco más o menos en esa época, un mitin del FE(i) de Sigfredo Hillers en Madrid había resultado boicoteado estrepitosamente por falangistas de otras corrientes. La transición empezó muy para el bando azul.

Poco después se convocó el I Congreso de Fuerza Nueva.

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