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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Alternativas que no lo es tanto: UPyD, el partido de Rosa, en busca de la bisagra electoral

Infikrisis.- La socialdemocracia ha controlado durante 50 años en Europa (y durante 25 años en España) el espacio de centro-izquierda. Y lo ha hecho en solitario. Es un espacio inmenso que, frecuentemente, ha abarcado más del 30% del cuerpo electoral. Pero hoy su declive es innegable y la cuestión estriba en quién lo sustituirá. No es raro que abunden las “novias” más inesperadas, todas ellas tentadas por ejercer de suculenta bisagra en el ruedo español. Rosa Díez es una de ellas.

De Rosa Díez se suele decir que es “un político de raza”. Sin embargo, a poco que se examinan sus convicciones se percibe una inmensa vacuidad. Ambiciones muchas, ideas pocas, lo suficiente como para ser la “político más valorada en España” (un 4,08%, por encima de ZP con un 3,98 y de Rajoy con un 3,50 en la misma encuesta del CIS). No son precisamente baúles ideológicos los que acompañan a la Díez en su aventura.

Hasta principios del milenio quien asumir un protagonismo propio dentro del PSOE tenía tres opciones: situarse en las proximidades del líder de turno, crear una corriente propia y jugar con estos elementos para presentarse como candidato a la Secretaría General. Ahora todo esto está en trance de cambiar. Dado el actual nivel de desgaste del PSOE siempre queda la posibilidad de escindirse del partido y fundar una agrupación propia que se desmarque de los elementos que han sumido en el desprestigio a la sigla PSOE. Tal es el camino adoptado por Rosa Díez que aspira hoy a ser cabeza de ratón antes que cola de león, en la espera de que el león se empequeñezca y el ratón aumente su peso social en algunas comunidades.

Es lo que se llama partido catch all (literalmente “atrapalotodo”) basado en asumir “lo mejor” de una sigla, renunciando a todo lo que la ha desprestigiado y realizando una búsqueda oportunista de temas que, siguiendo la tradición de las democracias modernas, se reducen a unas cuantas frases, a propuestas superficiales que ni siquiera tienen que ser coherentes unas con otras. Basta que cada una de ellas contente a una bolsa de electores.

Cuando Rosa Díez funda Unión Progreso y Democracia (nombres suficientemente ambiguo en la tradición de los partidos catch all) las ideas básicas son las de “regeneración democrática” que fundamentalmente se presenta en su doble vertiente de lucha contra los nacionalismos y listas abiertas en las elecciones. Eso es todo: un mensaje populista de bajo perfil.

Cuando la Díez colaboraba con el PNV

La ambición y el afán de protagonismo, así como la ausencia de un discurso político coherente y estructurado, son las dos características que han acompañado a la trayectoria política de Rosa Díez. Y estos rasgos no son de ahora sino que la han acompañado siempre. En 2000 aspiró al liderazgo en el PSOE, siendo derrotada ampliamente por Zapatero. Dos años antes había aspirado a encabezar la candidatura socialista en Euskadi, siendo derrotada por Redondo Terreros. En 1999 fue número 1 en la candidatura socialista para las elecciones europeas y en 2004 fue la número 2.

Hoy no se entiende bien por qué se presentó como rival de Nicolás Redondo, si, en realidad, ambos parecían tener las mismas ideas, pero todo es mucho más comprensible si se atienden a las ambiciones personales de la Díez. Esas mismas ambiciones llevaron a la actual “lideresa” antinacionalista a ser entre 1991 y 1998 Consejera de Comercio y Turismo vasco… en un gobierno de colaboración PSE-PNV. Sobre por qué abandonó el cargo hay distintas versiones. El motivo oficial de la ruptura fue el acercamiento entre HB y el PNV (que negociaban el Pacto de Estella). Los tres consejeros socialistas, Rosa Díez entre ellos, presentaron su dimisión. Una versión sostiene que ella fue la primera en presentarla, sin embargo otra mantiene que no estuvo de acuerdo con la decisión de abandonar el Gobierno Vasco. Lo cierto es que no asistió a la reunión de la ejecutiva del PSE para evitar pronunciarse a favor o en contra.

Así pues, Rosa Díez, la enemiga declarada del nacionalismo vasco… colaboró durante una etapa no precisamente corta (siete años) con el PNV e incluso presentó denuncia contra el dibujante Antonio Mingote cuando éste denunció la “campaña de invisibilización de las víctimas del terrorismo” implícita en una de las promociones turísticas de Euskadi que realizó Rosa Díez en el ejercicio de su cargo de consejera.

Tampoco eran aquellos los tiempos en que se solidarizaba públicamente con las víctimas. Debió de producirse el asesinato de Miguel Ángel Blanco para que la sociedad vasca rompiera el cerco de silencio en torno a las víctimas del terrorismo. Y Rosa Díez, percibiendo el cambio de clima, se unió a la nueva tendencia. A partir de ese momento intentaría hacer de las víctimas del terrorismo un trampolín para su personal carrera política.

Si el cambio de actitud de Rosa Díez en relación al nacionalismo se operó cuando el movimiento de protesta contra el terrorismo etarra se convirtió en un movimiento de masas el nacimiento de UPyD coincide con el rechazo de amplísimos sectores de la población, al “proceso de paz” con ETA abierto por Zapatero.

Rechazo a las prácticas nacionalistas (sin explicar con claridad qué modelo de Estado propone), rechazo al terrorismo etarra (cuando desde 2003 el terrorismo etarra está en desbandada y sólo llega hasta donde se lo permiten las fuerzas de seguridad del Estado) y el tema de las listas abiertas, son las únicas propuestas más o menos claras de UPyD. Ahora bien…

Un partido como cualquier otro

En principio, uno estaría tentado en pensar que UPyD es una partido de nuevo cuño que responde mejor a las exigencias de la modernidad que el PP y el PSOE. Pero luego, a medida que se sistematiza el análisis se percibe que se trata de un partido como cualquier otro y especializado como todos en decir una cosa y hacer otra.

La propuesta regeneracionista de listas abiertas y desbloqueadas que UPyD presenta a la sociedad ni siquiera tiene el valor de aplicarla a sí mismo. En efecto, el llamado “Consejo de Dirección” de UPyD (su Comité Ejecutivo) es elegido en los congresos a partir… de listas cerradas y bloqueadas. Frente a la propuesta de Rosa Díez de que ningún político se eternice en el cargo más allá de dos elecciones, Rosa Díez, autotitulada “portavoz de UPyD” y los “coordinadores territoriales” (gente de su confianza) están libres de esta limitación temporal.

Todo en el nuevo partido tiende, mediante artificios estatutarios, a eternizar a Rosa Díez al frente del partido. La “portavocía” junto con los coordinadores territoriales elegidos en listas cerradas y bloqueadas, controla la totalidad del partido.

Esto ha creado hasta ahora los mayores problemas interiores especialmente con antiguos socialistas hartos del dirigismo y de la rigidez propia del PSOE, ganados por las propuestas regeneracionistas de UPyD y que, en la práctica, hace exactamente lo mismo que los partidos a los que critica. En el pasado I Congreso de UPyD, Valia Merino presentó una candidatura alternativa al Consejo de Dirección, siendo a continuación expulsado del mismo. Nada de prácticas democráticas dentro de UPyD: Rosa Díez controla férreamente el partido y los estatutos del mismo han sido ideados para prolongar ese control.

De hecho, la existencia misma de UPyD es significativa. Tanto sus impulsores como la propia Rosa Díez mantuvieron durante un tiempo coqueteos con Ciutadans que, a fin de cuentas, recibía en Catalunya los mismos apoyos que dieron vida el nacimiento de UPyD dos años después. Lo normal hubiera sido que entre ambos partidos hubiera existido un acuerdo. Sin embargo, Rosa Díez se negó a cualquier tipo de entendimiento a pesar de que los puntos de coincidencia entre ambas formaciones eran claros e incluso ambos decían reconocerse en el espacio de centro izquierda “de centro izquierda”.

Apoyo mediático de la derecha

Los líderes políticos hoy no nacen por méritos propios sino gracias al apoyo mediático que reciben. Tal es el caso de Rosa Díez que a partir de su postura discrepante con Zapatero, su oposición a los excesos de su política autonómica y a la política de mano tendida con el terrorismo, empezó a recibir el apoyo de la derecha hasta el punto de que en sus primeros pasos atrajo nichos electorales disconformes con la línea política y con los problemas internos del PP.

Era lógico que así ocurriera: mientras los medios afines al PSOE trataban a Rosa Díez como un peligro para la izquierda o simplemente eludían mencionarla, los de la derecha la apoyaban y reproducían todas sus manifestaciones en un intento, bastante ingenuo por lo demás, de debilitar al PSOE . El carácter de esta promoción mediática hizo que su imagen pública atrajera, al menos en la primera etapa de su desarrollo, más votos del centro-derecha que del centro-izquierda, con lo que Rosa Díez pareció haber dañado más a la propia derecha que a la izquierda.

Este tipo de operaciones realizadas en los laboratorios mediáticos de la derecha, nunca se sabe si van destinados a promover fenómenos nuevos, a realizar un tirón en las ventas (como puede suponer cualquier otra promoción), para generar nuevas fuerzas políticas que animen el aburrido y monótono panorama político español o, simplemente, para condicional la política de la derecha. El caso es que se trata de operaciones siempre arriesgadas y de dudoso futuro. En Catalunya ya fracasó cuando los medios de derechas apoyaron el nacimiento de Ciutadans destinado a robar votos al PSC en el cinturón obrero de Barcelona pero que prácticamente sólo restó votos al PP. Con UPyD las cosas se desarrollarían, al menos en la primera fase, igualmente.

Así se llegó a las elecciones generales de 2008 en las que Rosa Díez arrancó un diputado –ella misma- por Madrid con el 3,76% de los votos en la circunscripción y un 1,19% en todo el país. El resultado se dobló en las elecciones europeas de 2009 obteniendo 450.000 votos y un diputado (Francisco Sosa) que no se integró en ningún grupo parlamentario y figura como “no adscrito”. La suerte no le sonrió ni en las elecciones autonómicas andaluzas y gallegas (con el 0’61% y 1’45% de los votos respectivamente), pero, en cambio, 22.000 votos le bastaron para alcanzar un diputado autonómico en las elecciones vascas.

Sin embargo, la situación interior del partido se deterioró extraordinariamente a partir del 29 de marzo de 2009: la rama aragonesa del partido, al tratar las ponencia del I Congreso Nacional, propuso que las listas a para la elección al Consejo de Dirección fueran abiertas. La propuesta resultó rechazada por 85 votos contra 15. La propia Rosa Díez amenazó con abandonar el partido si se aprobaba la propuesta. Este episodio se saldó con varias destituciones y el cese del coordinador regional.

Unos meses después, el 4 de julio, Mikel Buesa, fundador de UPyD, lo abandonaba alegando el “control férreo y autoritario” que ejerce Rosa Díez sobre la formación y atacando al “coordinador de Madrid” al que acusaba de haber “construido un grupo organizado al margen de la dirección nacional en la región madrileña”. Acto seguido Buesa y 39 miembros de UPyD solicitaban la baja por “falta de democracia interna”, por la “instrucción de expedientes injustificados” y, finalmente, por “ausencia de regeneración democrática efectiva y exceso de personalismo”.

En el Congreso del partido celebrado el 20-21 y 22 de noviembre de 2009 asistieron 500 delegados elegidos por voto directo de los afiliados. Las ponencias presentados fueron dos: “organización” y “política” y se eligió un Consejo de Dirección formado por 20 miembros más Rosa Díez como “portavoz”, como se ha dicho, mediantes listas cerradas y bloqueadas. Tras el congreso, un centenar de afiliados –entre ellos, dato importante, la mitad de Consejo Político fundador- abandonaron el partido por el “sesgo totalitario” que había adquirido y por la inexistencia de ningún organismo que controlara al “todopoderoso consejo de dirección”.

Pero todo esto coincidía con una fuerte caída en picado de los apoyos sociales al zapaterismo víctima de la crisis económica y de su escasa capacidad para afrontarla. Así mismo, los distintos casos de corrupción que estallaron entre mediados de 2008 y el otoño de 2009, hicieron que la intención de voto de UPyD remontara especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid en la que es presumible que consiga arañar un parte sustancial de voto socialista.

¿Doctrina? ¿Para qué doctrina?

¿Cuál es el principal activo de UPyD? Rosa Díez. Así pues, la imagen del partido está directa e inseparablemente unido a la de su “lideresa”? A partir de ahí, cualquier examen sobre sus contenidos políticos sobra. UPyD hará lo que Rosa Díez estime oportuno que haga: esto es, lo que convenga a su carrera política personal. Exactamente igual que cualquier otro partido. Rosa Díez que durante toda su carrera política fue socialdemócrata ahora le cuesta definirse en términos doctrinales si esa definición implica perder un solo(solo) voto

¿Sus ideas políticas, eso que antes se llamaba “ideología”? Pocas y tal como hemos sugerido desde el principio, aquellas que convengan a la promoción de su imagen: ¿aborto? Posición ambigua. ¿Laicismo? Manifestado pero no ejercido, especialmente cuando la COPE es uno de sus principales apoyos. ¿Inmersión lingüística? Difícilmente podría criticar hoy lo que aprobó el gobierno vasco cuando ella formaba parte. ¿Inmigración? No sabe, no contesta. Liquidado prácticamente el tema antiterrorista (por desmantelamiento efectivo de ETA y control policial sobre la organización), Rosa Díez recibe sus apoyos especialmente de los desengañados en materia autonómica. Y éstos proceden de la derecha tanto como de la izquierda. El principal atractivo de su programa para estos electores es, precisamente el primer punto de su programa: “retorno de las competencias de educación y sanidad de las autonomías al Estado para garantizar la igualdad de todos los españoles ante la prestación de los servicios básicos”.

En este sentido, UPyD sigue en la tradición jacobina del viejo socialismo que siempre consideró a las autonomías y a los partidos nacionalistas como excrecencias pequeño burguesas generadas por las élites económicas regionales.

Es cierto que quienes impulsaron inicialmente UPyD eran antiguos socialistas y progresistas de izquierdas. Entre ellos se encontraba el filósofo Fernando Sabater, Martínez Gorriarán portavoz de !Basta ya!, la tendencia Socialistas en Positivo, el Foro de Ermua con Mikel Buesa y los periodistas y artistas catalanes que habían contribuido al nacimiento de Ciutadans. Pero hoy, muchos de ellos ya están fuera del partido y la ideología de “centro izquierda” apenas es reconocible por el recurso habitual al tópico “progresista”.

Lo que UPyD tiene hoy como pauta doctrina es un conjunto de ambigüedades, calculadas para seguir royendo votos en los caladeros de la izquierda y de la derecha. ¿Para qué? Para servir de soporte electoral a Rosa Díez que es, a la vez el principal activo del partido, pero también su gran riesgo riesgo: si, por algún motivo, se pretende “acabar” con UPyD basta con apuntar las baterías contra Rosa Díez. Erosionada su imagen ante la sociedad, el partido, pura y simplemente, desaparece.

UPyD, lejos de ser una “alternativa” es uno de los muchos aspirantes a jugar como “bisagras”. Más que una propuesta regeneracionista es apenas otro partido que acepta las reglas de juego pactadas en 1978: fuerte proyección mediática de una “figura”, más que propuestas concretas a la sociedad. Rosa Díez, que perdió toda posibilidad de jugar un papel efectivo en el PSOE después de su enfrentamiento con Zapatero en el congreso de 2000, optó por jugar una carta propia y personalizada: ella es UPyD. Sin ella, UPyD es apenas un agregado de buenas voluntades sin proyección mediática y sin un programa con contornos claramente definidos.

Quien haya querido ver en el seno de la izquierda a UPyD como algo parecido a Die Linke de Oskar Lafontaine o a cualquier otro producto surgido de la crisis de la socialdemocracia, se equivoca. Este tema apenas aparece en el discurso de Rosa Díez probablemente porque ni siquiera es consciente del mismo a diferencia de algunos de quienes se sumaron a UPyD y ahora ya están situados fuera del partido ¿Qué es UPyD? Es el partido de Rosa Díez. Nada más. Sólo partiendo de esta única base, un afiliado a UPyD puede sentirse cómodo. Esperar algo más de esta formación parece excesivo.

[Recuadro I]

La gran crisis de la socialdemocracia europea

Socialdemocracia reciclada

Las elecciones europeas de 2009 confirmaron lo que ya se intuía desde principios del milenio, a saber, que la socialdemocracia europea había entrado en crisis. En 2001 eran doce los países europeos gobernados por la socialdemocracia. A principios de 2010 eran solamente cinco, de los que uno, el Reino Unido, ya ha pasado a manos conservadores. En cuanto a los gobiernos de Grecia, Portugal y España tienen las horas contadas a causa de las medidas que se están viendo obligados a adoptar para conjurar la crisis económica. Hacia mediados de 2012, la socialdemocracia prácticamente habrá desaparecido del continente europeo.

Los dirigentes de los partidos socialdemócratas son optimistas. Han vivido situaciones parecidas de pérdida de influencia que han recuperado en los años siguientes. Esto es cierto, pero nunca el descrédito de la socialdemocracia europea ha llegado tan lejos y en tantos países al mismo tiempo. Además se producen otras circunstancias que estaban ausentes en anteriores crisis y que permiten intuir que la socialdemocracia europea está agonizando y puede correr el mismo destino que otras facciones de la izquierda aplastadas por la apisonadora de la historia: radicalismo, anarquismo, estalinismo, comunismo, maoísmo, trotskysmo, de los que no quedan ni los rastros.

En teoría, la contradicción entre derecha e izquierda en las últimas décadas ha sido, en realidad una lucha entre liberalismo y socialdemocracia. Hoy, lo que está en crisis es el sistema económico liberal y, por tanto, su adversario, la socialdemocracia, debería experimentar un ascenso político y sus ideas estarían en boga como remedio a la crisis. Sin embargo no es así, sino todo lo contrario.

A partir del Congreso del SPD alemán en Bad Godesberg (1959) el socialismo alemán renunció al marxismo y se transformó en la socialdemocracia que hemos conocido hasta ahora. Esto implicaba una aceptación del liberalismo económico que, a partir de ahora, asumían como irrenunciable. En las décadas siguientes, con la actitud propia del converso esta postura se fue afianzando hasta el punto de que los socialistas figuraron entre los más ardorosos partidarios de la consecuencia extrema del liberalismo: la globalización.

La pérdida de identidad de la socialdemocracia

Los 50 años que van desde Bad Godesberg hasta la crisis económica actual han supuesto una permanente pérdida de identidad de la socialdemocracia europea. Poco a poco su perfil se ha ido reduciendo hasta que finalmente, en nuestros días, esta tendencia no es más la otra cara de la moneda liberal, la contraria al centro-derecha. Cada una de estas caras se define como negación de la otra hasta el punto de que las elecciones ya no se vota a un candidato concreto por sus méritos, sino por el demérito del otro…

Los grupos que han constituido la base social de la socialdemocracia también han ido cambiando desde una amplia base obrera en los años 60 a las clases medias acomodados a finales de la primera década del milenio autodefinidas como “progresistas”. Éstos, evitan solidarizarse con las penalidades de las clases más modestas en tiempos de crisis y prefieren lavarse la conciencia apadrinando a un niño peruano, sumándose a las ONGs más pelegrinas o manifestándose a favor de las energías alternativas. De su pasado “de izquierdas” no queda nada más que el apoyo a algunos temas de escasos calado: la “memoria histórica”, el apoyo al juez Garzón, un laicismo forzado en una sociedad laica y poco más…

A fuerza de ir aceptando las consecuencias extremas del liberalismo, de renunciar al marxismo y de asumir una tenue patina ideológica “progresista”, la socialdemocracia ha renunciado a su propia identidad sin dotarse de otro perfil que fuera fácilmente reconocible. Y así ha ocurrido que cuando ha sobrevenido la “gran crisis”, no hayan estado en condiciones de aportar ninguna respuesta, ni mucho menos de estimular y capitalizar la protesta popular.

Los socialdemócratas se han quedado sin mensaje. Les queda, claro, toda una gama de temas de perfil bajo (violencia doméstica, derechos de los inmigrantes, lucha contra la discriminación, apoyo al feminismo, algunos tópicos ecológicos y solidaridad con el tercer mundo) que importan muy poco al elector en tiempos de crisis. Pero, en realidad, no pueden proponer nada a los jóvenes (que, desde Felipe González en España, disponen solamente de contratos basura y perspectivas de paro, con la imposibilidad de emanciparse de sus padres y de formar una familia o tener hijos), ni a los trabajadores (instalados entre el paro, la competencia desleal que supone la inmigración y la inseguridad laboral), ni mucho menos a las clases medias (machacadas a impuestos y en fase de proletarización). Tal ha sido el precio de ser ganados por el liberalismo: ahora son co-responsables de la gestión del sistema, de los éxitos de ayer y de los fracasos de hoy.

El bofetón de 2009

Hacia principios del milenio la socialdemocracia europea ya daba signos de agotamiento y era evidente que cada vez era “menos socialdemócrata”. La marcha hacia el centro protagonizada por todos los partidos había terminado creando una inmensa zona gris en la que centro-derecha y centro-izquierda apenas se diferenciaban e incluso cada una de ellas mantenía elementos en su interior que bien podrían haber estado en el otro bando (caso de Pimentel ex ministro de Trabajo con el PP o caso de Bono en el caso del PSOE). Por encima de ambos centrismos lo que existía era una aceptación del capitalismo liberal y globalizador.

En 2009, con la impresionante derrota socialdemócrata que evidenciaron las elecciones europeas en el viejo continente, el declive de esta opción era difícil de negar. Hoy solamente gobiernan en cuatro países europeos que perderán inevitablemente en uno o dos años, tras perder el Reino Unido en mayo. Para la socialdemocracia no hay mañana porque ni siquiera en estos momentos la mayoría ha advertido la profundidad de su crisis, ni .quienes lo han hecho (el socialismo francés) saben cómo salir de ella.

En España el zapaterismo ni siquiera es socialdemocracia sino una mixtura híbrida de humanismo universalista y progresismo de manual dela UNESCO. Incluso es significativo que la sigla PSOE haya desaparecido en beneficio de la sigla ZP. En esta transformación el PSOE ha perdido a sus mentes más lúcidas que se han negado a ponerse al lado de un indigente ideológico y de una nulidad política como Zapatero. ¿Quién sucederá a ZP en 2012? En el PSOE ya no hay líderes políticos, ni mucho menos estadistas, sino apenas un racimo de ambiciosos (Bono, Blanco) o de bobos y bobas planeando sobre el cielo de Babia (Aído, Pajín). Es difícil que con toda esta patulea pueda reconstruirse el socialismo español. De hecho la pregunta correcta es ¿quedará algo del PSOE en 2012?

[Recuadro 2]

Rosa Díez: El síndrome del “gran timonel” y el síndrome de “Ottinger”

La carrera política de Rosa Díez parece discurrir entre dos síndromes poco conocidos pero no menos reales.

Mao Tse Tung era llamado “el Gran Timonel”. Enver Hoxa “el faro del socialismo”. Stalin “el gran líder patriótico”… y así sucesivamente. En la tradición de la izquierda, siempre ha habido un “ayatollah”, un “gran inspirado” o el consabido “amado líder carismático”. Tal es la única tradición de izquierdas que conserva UPyD.

Quienes creen que la izquierda procede de una tradición democrática tienen mucho de ingenuo. Vivimos en la época del “liderismo” (a no confundir con la época del “cesarismo”. La diferencia entre el “líder” y el “césar” es que el primero es un jefe ocasional que goza de buena imagen mediática y el “césar” un estadista enérgico que lleva a su pueblo hasta mucho más allá de donde éste cree que podría llegar solo). Los “líderes” no son más que proyecciones mediáticas realizadas a conveniencia de los medios de comunicación que, por iniciativa propia, o a cuenta de terceros, desencadenan operaciones políticas destinadas a lograr efectos concretos.

La “operación Zapatero” (que incluyó el 11-M verosímilmente), la “operación Obama”, como en su momento la “operación Suárez” no son nuevas, están hechas de la materia con que están hechas las fantasías democráticas de la modernidad: fama mediática, personajes mediocres situados en el centro de la escena por decisión de los poderes fácticos. Nada que no hubiera sido denunciado ya por Guy Debord desde mediados de los años 60 cuando era evidente que las “democracias” se habían convertido en “espectáculo”.

Todo eso explica el que Rosa Díez frecuentemente figure con mejor imagen que cualquier otro político… lo que no implica, paradójicamente, que esa imagen se traduzca necesariamente en votos.

El mal de todo “liderismo” reside en que el personaje central aureolado de fama mediática frecuentemente pierde la perspectiva de sí mismo y de sus limitaciones y aspira siempre a ocupar una centralidad cada vez mayor, muy por encima de sus posibilidades reales, de sus condiciones o de su capacidad. Mientras que el “césar” suele rodearse de asesores y pares de calidad que forman con él una especie de “clase dirigente”, el “líder” actúa según el principio de Peeter sobre los distintos niveles de incompetencia: percibe rápidamente quienes le pueden hacer sombra (o quienes cree que le harán sombra) y los aleja del centro, mientras se rodea de gente aún más mediocre que él para evitar que ninguno de ellos consiga hacerle sombra. Esto explica el porqué Rosa Díez se deshizo de algunos de los fundadores del partido y porque tiene siempre la pluma tan dispuesta para firmar sentencias de expulsión. Tal es la concreción del “síndrome del gran timonel”.

Pero hay otro síndrome aún peor: dar gato por liebre, frase española que no tiene traducción directa en otros idiomas, aunque existe la tendencia a unificar el mismo concepto en el llamado “síndrome de Ottinger”.

Richard Ottinger era un político sin experiencia que se presentó como candidato al senado de los EEUU en 1976. Un perfecto incapaz con modales de proto-yupi. Sus asesores o mostraron como un político joven, seguro de si (sí) mismo, enérgico pero dialogante, con conocimiento y empatía con los problemas de la gente, dotado para el arte del gobierno y cuya única intención era servir a sus electores. Nadie dudaba que sería el vencedor hasta que se enfrentó con sus adversarios en un debate televisivo. Allí Ottinger se hundió en la miseria.

No estuvo en condiciones de responder a ninguna pregunta concreta sobre cómo sería su política, ni qué medidas concretas aplicaría una vez llegado al senado. Una cosa es construir mediáticamente a un personaje y otra muy diferente que éste sea capaz de dar la talla. Para que una operación de este tipo tenga éxito es preciso dotar al personaje de contenido. Y en el caso de Ottinger, sus asesores se olvidaron de llenar con contenidos al “líder”. Cuando acabó el debate televisivo, la carrera política de Ottinger acabó también.

Es inevitable recordar a Rosa Díez y sus giros copernicanos en los últimos 15 años. Su discurso siempre ha estado desprovisto de fondo, sus propuestas en positivo apenas son reconocibles, el contenido de UPyD es, por tanto, mínimo, pues si Rosa Díez es apenas una proyección mediática de la prensa de derecha, UPyD es una proyección personalizada de Rosa Díez.

(c) Ernesto Milà - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción e este texto sin indicar origen.

Natalidad agónica, inmigración sustitutiva

Infokrisis.- Los datos demográficos son malos y ningún miembro de la clase política ni de la clase periodística parece advertirlo. Llevamos 30 años con esta dinámica de pérdida de vigor demográfico de nuestro país y de dirigentes políticos que miran a otro lado. La situación es actualmente insostenible, las cifras más escalofriantes que nunca.

 

En 2009, Alejandro Macarrón publicaba un extenso artículo en Expansión sobre el problema democrático español que en abril de 2010 sería retomado por Libertad Digital. Macarrón empezaba recordando que nuestros gobiernos, desde Suárez, cuando empezó el invierno demográfico español, no han prestado absolutamente ninguna atención al fenómeno de la caída de natalidad, resolviendo el problema mediante la importación masiva de inmigración.

A fin de cuentas no era tan complicado estimular la natalidad en España en 1984, cuando el fenómeno empezó a ser una tendencia inequívoca; basta con estimular la natalidad mediante campañas de publicidad, favorecer la constitución de familias mediante créditos a las parejas jóvenes, incentivar la natalidad reduciendo impuestos e introduciendo desgravaciones fiscales, concediendo ayudas estatales, etc. Ni PP, ni PSOE, ni los partidos de inspiración cristiana (PNV y CiU) adoptaron absolutamente ninguna de estas medidas. En 1995 era evidente que el país estaba “envejeciendo” y que en breve el número de nacimientos sería inferior al de defunciones con lo que la pirámide demográfica adoptaría una forma peligrosa. El lugar de adoptar medidas pendientes en los años 80 se optó por importar masivamente inmigración en número muy superior al que podía absorber la sociedad española y en número extremadamente superior al necesario para reequilibrar la pirámide demográfica. Los resultados estamos empezando a pagar ahora.

Es importante recordar que todos los partidos políticos, absolutamente todos, sin excepciones, fueron culpables por dejadez de permitir el envejecimiento del país primero y de adoptar la solución más irresponsable: la inmigración.

Solamente en 2007 el zapaterismo optó por la medida más polémica para estimular la natalidad: el “cheque bebé” de 2.500 euros entregados en una única ocasión y que, Zapatero se cuidó mucho de aclararlo desde el primer momento, se entregaba a todos los padres “que tuvieran los papeles en regla”… era otra forma de subsidiar a la inmigración. En efecto, en 2008 nacieron 26.000 niños más que el año anterior (492.500)… de los que solamente 12.000 eran de madre española. En 2009, la crisis hizo que descendieran aún más el número de nacidos de madre española, pero no así el de hijos de inmigrantes.

La esperanza de vida de los españoles hoy dobla a la de 1900. Especialmente entre 1850 y 1975, en España nacieron prácticamente todos los años entre 550.000 personas, lo que unido a los avances médicos, la higiene, los servicios y la alimentación, la población española fue aumentando de manera constante. Pero, coincidiendo con la transición, empezó a caer un 33% hasta 1996, año en el que Aznar llega al poder e inaugura el nuevo modelo económico español una de cuyas bases era el injerto de inmigrantes en la población española. A partir de ese momento y hasta 2008 la natalidad española alcanzó más de 500.000 nuevos nacimientos anuales…

La natalidad española se construye con marroquíes

Para Macarrón Larumbe todo el problema consiste en llegar a las cotas de natalidad que se alcanzaron hasta 1977… Pero el problema es mucho más complejo. Para la doctrina económica neoliberal –que sin duda comparte Macarrón- el gran fetiche es el PIB: si este crece, la economía va bien… (¿es posible un crecimiento hasta el infinito del PIB…?) y de lo único que se trata es de que crezca. La forma más directa y simple es mediante el crecimiento del padrón municipal: a más ciudadanos más consumo global… Un liberal-conservador como Aznar juzgó que habría que dejar entrar inmigrantes para que el PIB aumentara, y un liberal-universalista como Zapatero ni siquiera se planteó porqué la economía iba bien: porque entre 1997 y 2010 entraron en España anualmente una media de 500.000 inmigrantes.

El problema que le preocupa a Macarrón es que esta tendencia está alterando el sustrato demográfico español. Escribe, por ejemplo: “La madre de casi el 5% de los bebés españoles de 2008 es marroquí, porcentaje que crece año a año y que casi se duplica en Cataluña -donde, precisamente, están surgiendo los primeros partidos “inmigrófobos” de España-, Murcia o La Rioja. Lógicamente, la proporción es muy superior en Ceuta y Melilla, con un 17% y un 34%, respectivamente, de hijos de madre marroquí en 2008”.  Y añade: “Y si a los nuevos españoles de madre marroquí añadimos el resto de los de madre africana, en su gran mayoría de religión mahometana, y los de madre paquistaní o siria, los porcentajes de hijos de mujer musulmana superan el 9% también en Aragón o Baleares”.

Macarrón (y otros demógrafos como Emmanuel Todd) se tranquilizan ante la perspectiva que conduce el invierno demográfico europeos en contraste con la “primavera demográfica” de la inmigración magrebí alegando que, a medida que los magrebíes se habitúan a estar en España su tasa demográfica de modera. Eso está por ver. No ha ocurrido en ningún país de Europa Occidental y, por supuesto, no ocurrirá tampoco en España.

Si para los economistas y demógrafos liberales todo el problema es que el PIB no baje, y la alteración del sustrato etno-cultural de un país es irrelevante y completamente secundaria, la población lo percibe de una manera mucho más realista: una sociedad solamente es viable y gobernable cuando es homogénea y coherente.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Diario de BCN de un descastado. 28.08.210 (VI de ¿?). Sangre catalana e informática

Infokriris.- ¡SI ES QUE NO ME LO PUEDO CREER! Un ejemplo de la PROVINCIANIZACIÓN DE BARCELONA. Hace un par de horas he ido a donar sangre al Hospital de Sant Pau. Es la primera vez que lo hago en Barcelona desde 2003, cuando me fui a vivir a Alicante. Como sabéis, antes de donar sangre, hay que llenar un cuestionario y poner la dirección. Lógicamente he puesto la mía habitual en la actualidad, con el código postal 03409... de Alicante. El programa no la admitía y nadie, ni las enfermeras ni el médico entendía el por qué. Como ya me conozco el percal, les propongo poner la dirección de mis hijos en Barcelona y, oh maravilla de maravillas, el programa lo admite a la primera...

Conclusión: en Catalunya no se admite a donantes de sangre altruistas radicados fuera del territorio de la Generalitat... No se trata de un error de programa: sino que el informático ha confeccionado la base de datos siguiendo órdenes superiores e indicaciones del cargo político correspondiente de la Conselleria de Sanitat. ¿Quién es el imbécil que ha ordenado la introducción de una línea de programa que bloquee la toma de datos cuando aparece un donante altruista cuyo domicilio esté fuera de Catalunya? ¿Decidme si esto no es más de pueblo que el tomillo?

En octubre volveré a Barcelona y volveré a donar sangre en el mismo lugar. Si me vuelve a ocurrir lo mismo pienso pedir un libro de reclamaciones y presentar una protesta ante el "Dfensor del Pueblo". Me parece muy bien que la Generalitat aparezca por todas partes, lo que ya me parece una canallada es la mezquindad de que la base de datos que gestiona las donaciones de sangre no admita en su arquitectura donantes de fuera de Catalunya. El nacionalismo es esto: mezquindad sobre mezquindad.

De la misma forma que yo no pregunto a quien va mi sangre, ni condiciono la donación a alguién que me sea simpático, exijo que -sino las autoridades sanitarias de la Generalitat (que no dan más de sí), sí al menos, la dirección del Hospital de Sant Pau- corrija esta base de datos que da una triste impresión y apenas es otra cosa que el reflejo de la pobreza de espíritu del nacionalismo.

Y lo curioso es que los documentos a rellenar antes de donar sangre, están en lengua castellana...

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Diario de BCN de un descastado. 28.08.210 (VI de ¿?). Miscel.lania barcinonensis

Infokrisis.- Hoy que tengo tiempo paso revista a algunas particularidades de la vida barcelonesa que me han llamado la atención estas semanas. Veamos la primera: siempre he dicho que el Estado de las Autonomías no es más que una forma de generar en toda España burocracias clientelares costosas y de muy poca eficacia. La Generalitat de Catalunya en este sentido sigue a corta distancia a la Autonomía Andaluza en donde el 50% de quienes disponen de un empleo es funcionario público.

Ayer fui víctima de un caso de ineficacia y desidia burocrática. Hay en el Ensanche una oficina de la Generalitat que distribuye números del ISBN y del ISSN, imprescindibles para poder editar un libro o una revista. En Catalunya, a pesar de que existe un registro central de estos códigos, la tarea está “descentralizada” y le corresponde a la Generalitat expedirlos. A fin de cuentas no es difícil y está al alcance de cualquier administración: viene alguien solicita un impreso, lo rellena, le penen el sello del registro de entrada que corresponde con el número que se le otorga para su publicación.  Una guardería en prácticas podría hacerlo. Para la Generalitat es un trabajo complicado que requiere, sobre todo, de unas oficinas a la altura. Sí, la Generalitat tiene instalada esta oficina en el que fuera antigua redacción de Solidaridad Obrera, el diario de la CNT antes de la guerra y que luego, por una burla cruel, pasó a ser redacción de la prensa del Movimiento en Barcelona. Desde esas oficinas se escribía e imprimía diariamente “la Soli” (ahora ya reconvertida en “Solidaridad Nacional” y “La Prensa”, el diario de la tarde que se disputaba con El Noticiero Universal y con Tele|Expréss la clientela de las tardes… cuando había lectores para tanto diario.

¿Lo han oído bien? En aquellas oficinas impresionantes que ocupan toda una esquina del Ensanche Barcelona estuvieron albergados dos diarios con sus redacciones y sus rotativas. Hoy, ese despliegue inmobiliario sirve para que se expida el ISBN y el ISSN. ¡Qué maravilla de burocracia! Varios miles de metros cuadrados para dar un numerito… O ni siquiera. Sí, por que lo que menos podía esperar es que todo ese despliegue burocrático ni siquiera sirviera para que pudiera irme con el numerito de marras… La funcionaria estaba de vacaciones. Había otra, claro está, la suplente, pero ni siquiera se dignó recibirme a pesar del os buenos oficios de la recepcionista. La funcionaria, al parecer, era completamente incapaz, no solamente de dar un numerito de mierda, sino también de afrontar cara a cara con el ciudadano el hecho de que estaba allí solamente para calentar el asiento y demostrar, una vez más, que la burocracia sirve sólo para hacer un poco más complicada la vida del ciudadano. En definitiva, he pedido el ISSN a “Madrid”. ¿Para qué perder el tiempo? “Som una nació”, pero ni siquiera funciona el sello del registro de entrada.

De regreso me meto en la Biblioteca Joan Fuster. Es grande, casi diría enorme, y apenas tiene tres años desde que se inauguró, lo que no es óbice para que las estanterías estén repletas de libros. Me llevo una biografía de Santiago Rusiñol, la novela la Plaça del Diamant de Mercé Rodoreda y una historia de la Vila de Gracia. Los tres en catalán, no hay problema, hablo, leo y entiendo el catalán. Aprovecho para mirar qué otros libros tienen en las estanterías y me deleito con el ambiente de estudio que reina allí. Pero al cabo de un rato esta primera impresión empieza a redimensionarse y me adentra en el drama de la cultura en Catalunya. Verán…

La mayoría de personas que ocupan prácticamente todos los asientos de la biblioteca Joan Fuster no están leyendo libros, sino que se limitan a aprovechar el Wi-Fi para sus ordenadores, estudiar apuntes u ordenarlos de cara a los exámenes de septiembre. No hay ni uno que lea un libro. Cuando bajo a la sección de préstamos no hay cola, da la sensación de que nadie pide ya libros en préstamo. Y es con esa sensación que vuelvo a mirar las estanterías: la mayoría de libros están nuevos, completamente nuevos, algunos incluso, mal guillotinados, no han visto a nadie en tres años que separara sus páginas. La mayoría están en catalán. A mí no me importa que lo estén, pero a otros –a las nuevas generaciones criadas en la inmersión lingüística- sí parece importarles: simplemente, no leen literatura catalana. La Generalitat debería empezar a reconocer un día de esto, que ha perdido la batalla lingüística.

El miércoles pasado en la sesión de las 19:00 de los cines Bosque, pude ver la película “Origen” (no está mal y hasta se puede recomendar y todo). Una pareja joven, antes de empezar la película se preguntaba entre inquieta y angustiada: “Oye, no hemos preguntado si era en catalán”… Muy pocos, poquísimos quieren ver cine doblado al catalán: todas las voces suenan a lo mismo y algunos giros y palabras son tan especializados que resultan ininteligibles para muchos. La nueva ley que obliga a doblar películas en catalán masivamente será un nuevo hachazo a la convivencia y supondrá un nuevo ahondamiento de la brecha que separa la Catalunya Oficial de la Catalunya Real.

Para colmo, me leo de un tirón los 11 primeros capítulos de La Plaça del Diamant. La Colometa es lo que hoy se llamaría una “nena faba”. La novelita se ha quedado anticuada (si no fuera por la benevolencia que gozó la literatura catalana en los últimos años del franquismo y en la transición, realmente esta novela me parece floja, mediocre y escrita en un estilo tan naïf que más parece encubrir la falta de cualidades narrativas de la autora. La Colometa, si es el arquetipo de las “donas del 36” tendería a demostrar que aquella generación estuvo formada por mujeres maulas, sin carácter, casi sin opinión propia, dadas a equivocarse a la hora de elegir novio, incapaces de cortar con el merluzo que está resultando ser el “Quimet”. Por otra parte, conozco la Plaza del Diamant, la época y el barrio en el que transcurre y ni siquiera puede hablarse de pinceladas sociológicos o políticas, una novela intimista de pocos vuelos, a ratos incluso cursilona.

No se trata de una novelita rosa aunque lo rosa está presente en esta Barcelona de mis desamores y descojonos, esta Barcelona en fase de provincianización que quiso ser Manhattan  a base de fashion e I+D y se quedó en una Marsella inhabitable y portuaria. Hay unas banderolas en toda la ciudad que demuestran el grado de incivismo que se vive. El leit-motiv de la campaña de publicidad municipal dice algo así como “En Barcelona cabe todo, pero no vale todo”, que precisaría un volumen de extensión kantiana y claridad heideggeriana para que nos lo explicaran. Si Heidegger fue capaz de establecer una diferencia entre el “ser” y el “existir”, haría falta que el cerebro municipal que ha diseñado este petardo de campaña nos iluminara sobre la diferencia entre el “caber” y el “valor”. La campaña tiene su prolongación en unas banderolas rosas en las que se ve la silueta de un tipo orinando.

El cartel amenaza a quien haga semejante estropicio y no, precisamente, con las penas del infierno, una noche en comisaría, realizar trabajos sociales ad infinitum o un par de hostias por guarro y enguarrador, sino con una multa de 150 euracos.  El ayuntamiento de Barcelona parece desconocer lo que es el “imperativo kantiano” según el cual algo no debería hacerse por que es una cochinada en sí mismo que genera vergüenza y crujir de dientes, sino porque sobre el enguarrador pende la amenaza de los 150 machacantes.

Carteles similares a este ilustran al ciudadano sobre cual será su triste destino (pasar por la ventanilla de pagos del ayuntamiento o ver su cuenta corriente embargada) si su perro defeca en la calle o si se destroza el mobiliario urbano.  Tengo para mí la duda sobre si quien es un Atila en la ciudad le importará mucho la amenaza de la multa… total se va a declarar insolvente o deberán enviarle la contravención a Chichester, Narvick o Palermo. Esta campaña es completamente inútil: va digerida al ciudadano honrado que ni orina en la calle, ni deja que su perro defeque en las aceras, ni va incendiando papeleras, ni destruyendo maceteros. Quien se dedica full time a todas estas actividades salvajes le importa un níspero los cartelitos rosas que nos muestran una cagada o una silueta orinante en las esquinas de la ciudad.

Todo sea por recaudar en estos tiempos de hambre impositiva y crisis galopante. Todos estos carteles, para colmo, son rositas. El rosa es el color que el mundo gay atrincherado en el Ayuntamiento y en las oficinas de diseño amamantadas por el consistorio, destila para toda la ciudad.

Hablando de lo rosa y de los rosita. Me ha llamado la atención un anuncio de una conocida marca de automóviles que demuestra cómo está la situación, no solo de la conciencia ciudadana, sino del subconsciente individual. Como se sabe, la publicidad subliminal es aquella que va dirigida al subconsciente. La mirada se dirige hacia un anuncio y no percibe algo que sí percibe, en cambio, el subconsciente y esa percepción es lo que genera el consumo. El individuo compra sin saber por qué experimenta la sensación irreprimible de comprar. Su subconsciente en cambio si lo sabe, pero está tan sumergido en su interior que no lo cuenta.

Bien, hasta aquí la teoría. Verán el anuncio al que me refiero. Se ve un vehículo utilitario de gama baja. En el morro muestra el logo de la compañía fabricante. Justo a la derecha, dos caballos encabritados, completan la escena. Llama la atención que los dos caballos estén cubiertos de topos rosa (¿se trata de un producto dirigido a honestos mariconetis?). El que está detrás tiene algo que no debería estar: polla medio flácida en forma de un detalle de la decoración del muro posterior. Esa polla apunte directamente al ano (o a la vagina) del caballo que está delante. Ese pena, por supuesto está a la misma altura que el logotipo de la marca y a pocos centrímetros. Es evidente que se quiere asociar potencia sexual (jugando con los 50-70 cm de pene del garañón habitual, con la idea de “caballos de vapor” y la idea de potencia sexual con potencia del motor) al modelo y a la marca.

El anuncio llama la atención por la burda concepción de lo subliminal que maneja: en esta sociedad de analfabetos estructurales se diría que no sólo el consciente está taponado a la inteligencia, sino que el mismo subconsciente sólo entiende mensajes tan explícitos como este. La pereza instalada en la sociedad parece como si obligase a los publicistas a renunciar a las sutilidades subliminales y situarse en un terreno en el que lo explícito, visible y evidente ha tomado el relevo. ¿Compraría usted un coche anunciado por dos caballos con topos rosa y en el que el de atrás intenta sodomizar al de delante? Espero que no. Pero no le quepa la menor duda de que si este anuncio ha visto la luz es después de que estudios pormenorizados y sesudos hayan demostrado que incluso el subconsciente de las nuevas generaciones está embotado como para poder percibir sutilidades subliminales.

Sí, ya sé que este anuncio seguramente se habrá difundido en toda Europa, pero es que yo lo he visto en Barcelona en este asfixiante mes de vacaciones.

Hoy el clima barcelonés me ha recordado al que se respira en San Juan de Puerto Rico, en Cartagena de Indias o en Tegucigalpa. Ambiente húmedo, sofocante, andas y parece que estás cubierto de agua. Sudas, te sientes pastoso y con ganas de acostarte con una muñeca de hielo. Las ideas tardan en fluir, las neuronas se recalientan y te asalta la idea obsesiva de cómo huir de ese clima abotargador y desesperante. Es raro, pero tengo ganas de que terminen mis vacaciones barcelonesas. Y no sé si antes me voy a derretir.

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Diario de BCN de un descastado. 28.08.210 (V de ¿?). Barcelona tomada por insectos urticantes...

Infokrisis.- Las vacaciones se acaban –y en mi caso debo decir que, afortunadamente, Barcelona me carga- y en cuatro días volveré a mi residencia habitual en el campo alicantino.  Este diario se acaba sin haber podido alcanzar sus fines: reflejar mi día a día barcelonés. La serie que escribía sobre las Plazas de Gracia y que debería haberse extendido a otras plazas tradicionales de la ciudad ha quedado inconclusa. Tengo excusa: en la plaza del Nord me di cuenta de que Barcelona está ocupada por nuevos e indeseables vecinos. Están en todas partes, si llueve porque llueve y si hace calor se les tiene como productos  del mismo, el caso es que piojos, pulgas, chinches, garrapatas y parásitos no identificados pululan por la ciudad y atacan a quien se sienta en cualquier plaza apenas unos minutos. Y cucarachas: hoy las he visto en el metro, Plaza de España, pero también en Lesseps, atontadas y desorientas por el calor y la humedad. En las noches salen de las cloacas y disputan ese dominio a las ratas. Pero los insectos urticantes son mucho peor: no solo producen repugnancia sino que dejan su escozor como recuerdo durante unos días.

Y este año la cosecha ha sido abundante. También están en bares. He matado un mosquito tigre en un cajero automático de Gala Placidia. No pican una vez sino que al primer signo de existencia siguen cinco o diez en apenas unos segundos, de tal manera que pasas de sentirte reconfortado en un asiento a retorcerte de malditos picores en apenas unos segundos.

Yo que, en el fondo, soy hijo de la postguerra (cosecha del 52), realmente no he conocido chinches sino hasta 1984 cuando un juez estrafalario y descentrado me condenó a dos años de cárcel por manifestación ilegal. En la primera noche que pasé en la cárcel Modelo tuve mi primer encuentro con los chinches: redondos, con forma y color de lenteja con patas, al aplastarlos emanan un desagradable y característico aroma de ácido fórmico. Salen por las noches, se esconden en las oquedades. La Brigada de Desinfección de la Modelo, ataviada con mascarilla antigas de la I Guerra Mundial apenas podía hacer otra cosa que rociar las celdas con un ominoso desinfectante que parecía dar alas a esos miserables insectos. Cada semana solía desmontar mi litera y pasar una antorcha ardiendo hecha con un tetrabrik de leche por el somier. Los chinches caían a docenas.

También había garrapatas en la Modelo. Y en 1984. Había un asesino visiblemente anormal que había instalado su litera sobre la mampara del retrete, de tal manera que siempre que defecábamos se beneficiaba de los efluvios. El muchacho estaba preocupado por lo que el juez pensaría de su crimen: había acuchillado a un pastor y lo había arrojado por un pozo en donde tardó varios días en morir, pero no era eso lo que le preocupaba sino el haber matado, ya de paso, al perro y haberse bebido su sangre: “No te preocupes que el juez no te acusará de los perro, hombre”, le decía mientras defecaba bajo su almohada. Estando así, un día me cayó una garrapata criada y amamantada por el tarado. Esas cosas solamente te pueden pasar en la Modelo.

En cierta ocasión sustraje al jefe de talleres unos 5 centímetros cúbicos de un repelente de insectos reputado de tener la máxima eficacia ante las pulgas que amenazaban en las oficinas de la prisión, aquellas que pueden verse desde la calle Nicaragua. Nada, el mejunje no fue capaz de repeler ni a una sola pulga, yo incluso diría que aumentó su interés por mí.

A pesar de ser niño de postguerra, mi primer choque con los piojos no tuvo lugar ni en la escuela, ni en campamentos juveniles, sino cuando mi hija, ya en el siglo XXI, vino un  día entregándome una circular de la dirección de la escuela en donde alertaban a los padres de la epidemia de piojos que se había extendido por la escuela. Y, debo añadir, que el centro era de pago y de los más prestigiosos de la ciudad. Los piojos, al parecer, no tienen preferencias sociales. Debió ser en 2002 cuando ví por primera vez una liendre. Yo tenía y 50 años y mi hija menos de 12.

En cuanto a los mosquitos tigre son una novedad aportada por África a la Ciudad Condal. Parece que llegaron hace unos años y se han extendido rápidamente por Catalunya. Ayer decían por la tele en un canal ignoto que los mosquitos tigre viajan en coche. Se introducen en los vehículos, no llaman la atención y así consiguen extenderse e implantarse a grandes distancias. Hace una semana, ví uno de estos insectos, como digo, en el display de un cajero automático. Me quité el zapato y lo estampé sobre el bichejo. No sobrevivió, claro. Es grueso, no tiene nada que ver con el mosquito de toda la vida que nos ha amargado con sus zumbidos los veranos. De África, siempre lo dicho, ni nos viene ni vendrá nunca nada bueno.

En cuanto a las cucarachas da la sensación de que cada vez se enseñorean más de la ciudad. Donde hay una hay cientos. Si el vecino de al lado les pone un ahuyentador las tendrás en tu casa en minutos. Hay buenos insecticidas contra ellas. Su eficacia se demuestra en que pocas horas después de haberlo pulverizado, aparecen decenas, acaso cientos, muertas o agonizando. En 2002 hubo ya alguna epidemia de cucarachas en determinados barrios de la ciudad. Parece que ni siquiera las ratas del subsuelo sirven para paliar la increíble tasa demográfica de las cucarachas. Las ratas, tienen buen paladar. Y ni siquiera las cucarachas ciudadanas son aquellos simpáticos escarabajos peloteros que veía en Sitjes en mi infancia. Bicho curioso este que hace una bola de mierda perfecta en donde introduce sus huevos para que fecunden. Es un bicho de lo más esotérico. Los egipcios arrancaban el corazón a sus momias y los sustituían por escarabajos de oro. Sus hábitos eran toda una teofanía y por eso habían llamado la atención de los sectarios de Ra: el hecho de que de la muerte (los excrementos) surgiera la vida (las larvas surgidas de los huevos) era para los egipcios el símbolo de iniciación. Además, el hecho de que la bola esculpida por el escarabajo pelotero fuera esférica les sugería una relación de la bestiola con la forma geométrica más perfecta: la esfera que tiene en la superficie el mismo número de puntos que en su centro, esto es… infinitos. Y para colmo recorría la bola en dirección Este-Oeste, es decir, siguiendo el recorrido del Sol. Siempre el Sol. Ese Sol gracias al cual vivimos y ese mismo Sol que nos transmite melanomas, insolaciones y quemaduras. Hay un fuego que calienta y un fuego que destruye. Hay un poder creador en el sol y un poder destructor que los antiguos representaron con esos rayos alternativamente ondulados y rectilíneas con que se ornan algunas de sus imágenes e incluso el mismo Corazón de Jesús: en hebreo LEB es “corazón” y BEL “sol”. Hay algo en el esoterismo y en el simbolismo tradicional que siempre nos ha cautivado.

Pero la Barcelona de 2010 no hay más fascinante que preguntarse cómo es posible que una ciudad que ya prácticamente vive sólo del turismo (y veremos por cuánto tiempo) no haya previsto la contingencia de verse invadida por todo tipo de parásitos e insectos urticantes. Y lo que es peor: por qué el Ayuntamiento permanece silencioso y mirando a otro lado, en lugar de adquirir partidas de desinfectantes y antiplagas para afrontar este problema que amarga el verano barcelonés a propios y extraños.

Sería demasiado fácil decir que en el clima político-social de la ciudad abunda el parasitismo y que no hay nada más urticante que un político en campaña electoral, pero no lo diré por aquello de que resulta demasiado tópico. El flash de la noticia sería: “Barcelona tomada por una plaga de insectos urticantes”. Si no se publica es porque, sin duda, los turistas se lo pensarían dos veces. Ver la Sagrada Familia mientras nubes de parásitos residentes en las plazas contiguas asaetean al visitante, no resulta un plato de gusto. Hoy se ve mejor la Sagrada Familia en la visita virtual situada en Internet que en realidad, manteniendo más de cien metros de cola bajo un sol de plomo y, total, para ver el monumento más kischt de toda Europa…

¿Visitas Barcelona? Ven con un repelente anti-insectos ¿Vives en Barcelona? Haz como yo. Para mí Barcelona ha sido como una mujer hermosa a la que se ha querido mucho (le he dedicado una Guía Mágica que va por la tercera edición) y que al final ha terminado engañándote. Simplemente, le pegas una patada y te vas.

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Diario de BCN de un descastado. 24.08.210 (V de ¿?). El barrio Chino que ya no es chino y BCN que ya no es Barcelona...

Infokrisis.- Paradójicamente, el barrio Chino de Barcelona cada vez es menos golfo -y por lo tanto menos de lo que ha sido hasta hora- y, sin embargo, cada vez hay más chinos. No creo que queden más de una docena de prostitutas autóctonas en la zona que en otro tiempo todos visitamos en nuestro período de “amanecer al sexo”. Por primera vez en las calles de Barcelona he visto a prostitutas chinas en las aceras del Raval, de las de 20 euros el polvo, treinta y tantos años cumplidos, todas ellas ajadas y prematuramente avejentadas. Este no es mi “chino” que me lo han cambiado.


Ya no hay apenas comercio autóctono en lugar alguno del Raval, los pocos que siguen abiertos están regentados por abueletes que van camino de la jubilación, ansiosos todos de vender el local o de que un chino con maletín cargado de Euros les compre el negocio inaugurado por el bisabuelo hace algo más de un siglo. Un mendigo que arrastra un carrito de la cadena DIA u sobre él un radio-casette taleguero a pilas atronando pasodobles parece constituir el último rastro de población autóctona en la Riera Alta. El mismo local en donde hasta 1991 tuve una imprenta es hoy una frutería regentada por un “paki”. La pastelería Lis tiene el cierre bajado (no sé si por vacaciones o por haberse desplazado a otra zona) y es, junto con un almacén de maderas (que, según se indica) “sólo abre mañanas” y “Mobal” una ferretería industrial, los únicos restos de comercio autóctono que quedan en toda la calle. Y el sex shop gay, se me olvidaba… Cuatro comercios entre cuarenta.

 

Hay que reconocer que urbanísticamente nunca el Raval ha estado tan bien como hoy, con sus calles esponjadas y equipamientos para dar y vender… pero nunca me he sentido tan ajeno a él. Vázquez Montalbán era un asiduo del Raval, había nacido en la Plaza del Padró y frecuentemente me lo encontraba en alguna de aquellas callejas. Cada día abandonaba su lujoso chalet de  las faldas de Collcerola y se venía a trabajar a la que fuera domicilio de juventud Para un desarraigado como él, el Padró terminó siendo lo más parecido a su “patria chica”. Ahora, el Padró es “territorio comanche”, zona donde sólo sobrevive el comercio étnico.

 

En la entrada de la calle Robadors (puterío y “clínicas urinarias” en donde se vendían preservativos por unidades y se daba una primera cura a la gonorrea y las ladillas, conformaban hace treinta años su paisaje característico) están edificando un edificio enorme de hormigón con toda la pinta de que albergará dependencias oficiales de cualquier administración. No lejos de allí, mi querida Fonda España, aquella que decoró Domenec i Montaner con su famosa chimenea modernista en el comedor y que me trae algún que otro recuerdo furtivo, está cerrada a cal y canto. De las distribuidoras de libros que había en la zona, por supuesto, ya no queda ni rastro (y mira que había vendido libros allí, incluso hasta 2001). La Librería Milla, la veo cerrada por vacaciones, pero me da la sensación de que parece no comprender que ya no está dentro de Catalunya (era una librería de un simpático y agradable tinte nacionalista) sino en un barrio que “está” en Catalunya, pero que ya “no es” Catalunya. A decir verdad, en Barcelona ya no queda más librería que el Corte Inglés y poca cosa más.

 

El Raval ha perdido completamente ese aire marginal que tuvo siempre todo lo ubicado extramuros de la ciudad. Hubo un tiempo maniqueo y simplón en el que todo lo que se situaba más allá de la muralla de ciudad era considerado oscuro, reprobable, delictivo y bandidesco y lo que quedaba más acá del muro, por el contrario, adquiría por eso mismo carta de honestidad, moralidad y buenas costumbres. Pero en el Raval de hoy, los únicos que se sienten marginales son los últimos ciudadanos autóctonos que quedan. El Raval no deja de recordarme la “taberna galáctica” de la primera entrega de la Guerra de las Galaxias, a la que han ido a parar seres extraños llegados de no se sabe dónde.

 

El comercio étnico africano, andino, chino, paquistaní, marroquí, está a la orden del día y parece gozar de buena salud. Las carnicerías Hallal están llenas, el mango se consume más que la pera leridana y el cuscús ha desplazado a la paella amb muscles y, por supuesto, a la carn d’olla de la que las nuevas generaciones catalanas casi ni tienen recuerdo. El comercio étnico es una mancha de aceite que se extiende por toda la ciudad.

 

Contenido durante 10 años por las Rondas que marcaban el perímetro de la muralla de la ciudad, ahora ya lo ha desbordado ampliamente extendiéndose hasta Poble Sec y alcanzando la Plaza de España y envolviendo al Mercado de Sant Antoni que, en buena medida, ya es zona de inmigración. Sans y Hostafrancs, también están pringados por ese aceite huntoso y exótico. Solamente la Gran Vía parece ser el último muro de contención. Al paso que vamos no creo que resista mucho tiempo.

 

La mancha se detendrá aquí. Continuará hasta dejar esta ciudad con el perfil de Marsella: ciudad oscura, sombría, multicultural y multiétnica, convertida toda ella en taberna galáctica, poblada por seres extraños y sin raíces llegados de no sé sabe dónde para no se sabe bien qué. Los sucesivos equipos municipales han hecho un “buen trabajo” en la Ciudad Condal: querían transformarla y lo han logrado. La mala noticia es que no han hecho de BCN una “ciudad fashion” a lo Manhattan sur, sino una ciudad de sombras y casposidades modelo marsellés.

 

La Barcelona que conocí ya no existe y no vale la pena lamentarlo. Para eso ya está Ruiz Zafón. Se dice que la primera ciudad la fundó Caín. Viejas leyendas cuentan las cuitas de Hércules tras su “trabajo” con el León de Nemea llegando por estos lares en la “novena barca”, barci nona, Barcelona. Mitos que se desdibujan de día en día y que quedan tan atrás como la Barcelona de los años 60, 70 y 80 y de la que en 1992 cometimos el error de creer que ya había concluido su transformación. Quedaba, ciertamente, la Diagonal Mar y hubo que esperar doce años más para verla concluida. Aquel Foro de las Culturas de 2004 no dejaba presagiar nada bueno, demasiado buenismo y excesiva sobredosis de multiculturalidad para que pudiera salir algo más que el pringuel que hoy se enseñorea por una tercera parte de la ciudad, amenaza con dominar la zona media entre la Gran Vía y la Diagonal y solamente Pedralbes y poco más se ven completamente libres de su influjo.

 

El único día que visité el Foro 2004 entendí el equívoco. El Foro, impulsado por los masones del Ayuntamiento y por la caterva de especuladores de toda la vida (ya en la edad media se decía en Barcelona: "El terreny val diners i si es en la Rambla encara val més"). Era, como se sabe, humanista y pacifista, por tanto multicultural y ecléctico. Pero el día en que lo visité pude ver la actuación de un conjunto de baile africano. Iban los negritos con una malla obviamente negra, para ocultar desnudeces, domingas y nísperos al viento, pero danzaban con un escudo en una mano y una lanza en la otra. Estaban representando inequívocamente una danza guerrera… para unos promotores del Foro humanistas y pacifistas. Los progres hablan un lenguaje que creen que los “primitivos” comparten. Cuando los progres proponen juguetes no sexistas y que no exciten a la violencia para los niños, los “primitivos” siguen regalando garrotas a sus hijos y considerarían una mariconada que la violencia no  tiente a sus hijos. A partir de aquí pueden entenderse todos los equívocos suscitados por el Foro 2004. Lo que para los progres era una “riqueza cultural”, para sus protagonistas era una simple “danza guerrera” escenificada para derrotar, machacar (y eventualmente comerse) al enemigo (su hígado, su seso o acaso toda parte comestible).

 

Aquel día de 2004 entendí que Barcelona prefería renunciar a sí misma y entregarse a “lo diferente” porque había agotado su ciclo vital. Cuando a un pueblo le falta vitalidad sobreviene primero la agonía y luego la muerte inevitable. Hoy Barcelona está en agonía. Y no agoniza la ciudad que yo conocí, sino la ciudad en sí. La misma película “Vicky, Cristina, Barcelona” marca uno de los estertores de ese proceso. Ni en lo más ñoño del franquismo se rodó en la ciudad una película tan estúpida, fatua y vacía. Ya no queda ni rastro del “ball de la patacada”, pero en las pasadas fiestas de Gracia y en las que están por venir en Sans, se bailó salsa, merengue, rap y ritmos que son tan europeos como la olla de asar exploradores. Y todo eso, claro, pagado por el Ayuntamiento.

 

Barcelona está tan acadada como el zarismo, la inquisición o la sopa de cebolla en esta huxleyana era de progreso cibernético y de enjuagues multiculturetas. Tiene gracia que el Colegio Milá i Fonanals (al que le cabe el dudoso honor de ser el primero en el que ya no hay ni un solo alumno autóctono, especie de guardería de la taberna galáctica) esté situado en la Plaza de Joan Amades. Amades fue el folklorista que más hizo por recuperar las leyendas y tradiciones catalanas. Hablando de Amades... los seis volúmenes de su Costumari Catalá eran hasta no hace mucho una joya bibliográfica. Era difícil comprarlos por menos de 600 euros. Iban buscados y se cotizaban al alza. El domingo pasado por la noche los vi tirados en la calle Verdi, ante el cine del mismo nombre, vendidos por un mendigo a 3 euros ejemplar, 2 si los compraba todos. Peor está la Gran Enciclopedia Catalana cuyas tres docenas de tomos  se venden sin esperanzas en ebay por 50 euros. Nunca Catalunya ha tenido unas instituciones tan exclusivas como hoy y nunca la cultura catalana se debate entre la muerte y la supervivencia impuesta a golpe de decreto (es decir, la muerte de la cultura real y sus sustitución por la cultura oficial) como ahora.

 

“Som una nació” se ve en algunos carteles firmados por CiU (el partido de la corrupción y del 3% de racket). Es mentira. Catalunya es hoy apenas una zona de mezcla étnica, empobrecimiento cultural y pérdida irremisible de tradiciones, especialmente de las catalanas. Resultan patéticos los esfuerzos del Canal 33 por popularizar mañana, tarde y noche, las collas de Castellers (a la antigua calle del Camón en Gracia se le ha puesto el nombre de Calle del Xiquets de Valls…). De este hundimiento de “lo catalán” lo que está surgiendo es un islam reforzado y maximalista que en 5 ó 10 años se creerá lo suficientemente fuerte como para reivindicar la primacía ena la ciudad. Catalunya, como els castellers, "fa llenya".

 

Por eso digo: “Ahora queréis ser una nación, pero no os dais cuenta de que os estáis convirtiendo en un emirato, solitos y sin ayuda de nadie”.

 

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Renovación Española y Acción Española, la “derecha fascista española” (IV de VI) Renovación Española: de monárquicos a fascistizados y de ahí al fascismo. a) Introducción

Renovación Española: de monárquicos a fascistizados

a) Introducción

Como en el caso de Acción Española, se suele aludir a Renovación Española como un “partido monárquico”, algo incuestionable y que efectivamente era. Lo que ocurre es que no era solamente monárquico sino que existió –como en toda la derecha maurrasiana y en todo el monarquismo europeo entre 1918 y 1968 (entre la caída del Kaiser y la fusion del Partido Democrático de Unión Monárquica con el Movimiento Social Italiano) un proceso de deslizamiento hacia el fascismo.

Ese proceso tuvo distintas fases y no es nuestra tarea resolverlo aquí (si bien habría que recordar que uno de los pensadores de la derecha monárquica italiana era Julius Evola cuyo pensamiento, siendo monárquico, trascendía con mucho el monarquismo de la época), sin embargo, desde las crisis que sufrió Action Française en los años 20 y 30 y el apoyo de los monárquicos alemanes al NSDAP, siempre se reproduce el mismo proceso: los partidos monárquicos tienden a fascistizarse por mucho que al aristocratismo de algunos de sus elementos les repugne el populismo del que hacen gala los distintos fascismos. Dicho de otra manera: el conservadurismo monárquico se podia transmitir a las masas con mucha más dificultad que el fascismo, las necesidades electorales de los partidos monárquicos hicieron que los planteamientos fascistas y corporativistas fueran calando cada vez más entre sus filas. No fue que el fascismo se “monarquizara” sino que lel monarquismo se fascistizó.

El resultado nos lleva directamente a la idea de la que hemos partido en este dossier: existió una “derecha fascista” que incluía lo esencial de esta corriente doctrinal, siendo más monárquica que social, como existió una minuscula “izquierda fascista” más social que monárquica y un “centro fascista” en el cual la equidistancia de unos y de otros le daba carta de naturaleza: Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma serían los tres exponentes en España de estas tres corrientes.

La discussion sobre el “fascismo” y los “fascistizados” es vieja y rebasa con mucho las fronteras naciones. Ya existía en la época en la que Ramiro Ledesma lo utilizó por primera vez en su libro “¿Fascismo en España?”. Desde entonces la discussion entre historiadores ha proseguido. En 1982, el historiador francés R. Remond en su obra “Les droites en France” decía que “Existen aún muchas reservar que realizar sobre la noción de fascistización que a menudo no es más que una simplificación verbal, un subterfugio nominalista para evitar la dificultad de calificar a tal o cual regimen”.  El propio Stalin aludió en algún momento a la “fascistización de la burguesía” y Mussolini como recuerda Ismael Sanz Campos (en Fascismo y Franquismo) habló también de la “Europa fascista o fascistizada”. Ramiro Ledesma, como se ve, no tenía el copyright del término.

Un término, éste de “fascistización” que es, en definitive, poco claro y susceptible de sembrar el equívoco y la ambigüedad. Lo más razonable, de todas formas, es pensar que entre la palabra “fascista” y el concepto de “fascistizado” existe una allusion al “contenido” y al “continente”. Algunos regímenes de derechas –el franquismo, o el petainismo, incluso el salazarismo- estuvieron “fascistizados”, es decir emularon exteriormente al fascismo, sin ser propiamente fascistas. Lo mismo podría decirse de algunos partidos como Renovación Española y su alma Joaquín Calvo Sotelo: imitarían la exterioridad del fascismo, pero nada más. Algunos regímenes y partidos de derechas tomarían prestados elementos al fascismo, para caracterizarse como tales en un determinado momento de la historia europea en el que esta corriente estaba en boga, pero aquí acabaría todo. El franquismo, por ejemplo, sería un regimen autoritario mucho más que “fascista” y lo mismo cabría decir de los regímenes de Petain o Salazar

¿En donde estribaría la diferencia? Esencialmente en que los fascismos se declaran “totalitarios”… dando a esta palabra el contenido que el propio fascismo le daba (como intento de integrar en un mismo estado a la “totalidad” de los habitantes de una nación, sin divisiones de partido o exclusiones debidas al origen social). El término “totalitario”, aun mas que el de “fascistizado” se presta a equívocos. Hoy “totalitario” se aplica a los regímenes marxistas que, en rigor, no aspiraban a ser otra cosa que “ultrademocráticos” al considerar que el Estado Soviético era propiedad de “todos los trabajadores de la URSS…” tal como rezaba en la constitución aprobada promulgada por Stalin.

Para Ramiro Ledesma las cosas estaban claras: tras su salida de Falange explicaba: “Nuestra tesis es que España está a punto para la ejecución de la revolución nacional (fascista, en la terminología que el lector sabe). Cuanto ha ocurrido en España desde hace tres años, es lo más adecuado y favorable que podía ocurrir para que fuese posible con rapidez y éxito la revolución nacional española. Lo primero era crear su instrumento político, es decir, la organización ejecutora de ese designio. La realidad actual es que ese instrumento (que empezó a forjarse en las J.O.N.S., colaboró en ello F.E., y luego, más tarde, proseguido por ambas organizaciones unificadas) no ha podido, por diversas causas, vigorizarse suficientemente”, tras lo cual se plantea: “Si no el fascismo, ¿harán frente a la situación los fascistizados? La empresa es tan sencilla y oportuna que habría que optar por suponer que sí. Los fascistizados son una realidad española fuerte, con posiciones ya conquistadas en el Estado y mucho que perder si el enemigo llega” y más adelante: “Los fascistizados, ya se sabe, están hoy en lugares muy diversos; pero seguramente responderán con urgencia, el día que sea, al llamamiento del aldabonazo decisivo”. ¿Quienes son, pues, para Ramiro Ledesma los “fascistizados”? Él mismo responde: “Empresa bien fácil y sencilla es señalarlos con el dedo, poner sus nombres en fila: Calvo Sotelo y su Bloque nacional. Gil Robles y sus fuerzas; sobre todo las pertenecientes a la J. A. P. Primo de Rivera y sus grupos, hoy todavía a la órbita de los anteriores, aunque no, sin duda, mañana. Sin olvidar, naturalmente, a un sector del Ejército, de los militares españoles”. Intuye luego la proximidad de una “accion militar convergente” para evitar que todos esos sectores queden “reducidos a Comité electoral de un bloque anti o contrarevolucionario, que comprenderá esos mismos grupos a que nos hemos referido. Muchos parece que prefieren esa vía, deseando transferir el pleito a las urnas”. Estaba anticipando con dos años de adelanto el 18 de julio de 1936.

Sorprende un análisis tan lúcido. Ledesma añade en su obra: “Un régimen más o menos militar no está nada fuera de las características españolas. Casi siempre ha sido España gobernada de ese modo. Los llamados espadones del siglo XIX fueron lo único que de valor político produjo esa centuria española. Unificaron, como pudieron y les fue posible, el vivir de la nación. Siempre han actuado aquí las espadas un poco como resortes supletorios. ¿No estamos hoy ante la necesidad de suplir una fuerza nacional fascista, inexistente cuando es su hora exacta y propia?”. Si no hay “fascistas” en número suficiente, habrá “fascistizados” que los reemplacen y que creen un gobierno “fascistizado” vía golpe militar.

El problema era que Ramiro Ledesma escribía estas líneas justo después de su ruptura con Primo de Rivera. Dos años después, las cosas habían cambiado: ¿hasta qué punto una parte de los “fascistizados” no habían escorado hacia el fascismo convencional, cediendo en su monarquismo? Y lo que es, incluso más significativo: ¿hasta qué punto el propio Ramiro Ledesma por simples necesidades de supervivencia no se había aproximado a los “fascistizados” para poder tirar adelante algunos de sus proyectos periodísticos?

En nuestra opinión algunos intelectuales de la derecha española, con el paso del tiempo fueron asumiendo los rasgos del fascismo, dejando de ser fascistizados. Esta tendencia es particularmente visible en Calvo Sotelo para el que la restauración de la monarquía, a medida que iba pasando el tiempo, y el reinado de Alfonso XIII iba quedando atrás, dejaba de tener sentido. Como intentaremos demostrar, Calvo Sotelo, no solamente se “fascistizó” sino que terminó constituyendo el sector mayoritario del fascismo español en el último año anterior a la Guerra Civil.

Este escoramiento de la derecha antiliberal al fascismo convencional no se dio en todos los sectores que Ramiro Ledesma enunciaba como “fascistizados”. Y, por supuesto, no se dio en la mayoría del estamento militar. El fascismo nunca fue un regimen fascista en sentido propio y si el calificativo de “fascistizado” le corresponde a alguien en España es, en primer lugar, a Gil Robles y a su CEDA y en segundo lugar al régimen franquista que fue a la postre una mezcla de paternalismo y autoritarismo mucho más que de fascismo y revolución nacional. Solamente en el período 1936-1943, el franquismo asumió los rasgos de la Falange en lo que se ha conocido como “el período de exaltación imperial”. Eran los rasgos de la Falange los que podrían “caer mejor” y sintonizar más con los de los regímenes fascistas que habían ayudado a Franco a resolver el destino de la Guerra Civil. Pero, cuando la suerte cambió de bando, tras el Alamein, Stalingrado y, especialmente, tras la entrada de los EEUU en la guerra y el desplome italiano, cualquier militar mínimamente avisado podía intuir que el III Reich y el fascismo italiano tenían la guerra perdida. El régimen en ese momento cambió su estilo “fascistizado” por otro “nacional-católcio” en el que la Falange ya no era la fuerza hegemónica, sino los “propagandistas católicos”, la doctrina fascista quedó sustituida por la llamada “doctrina social de la Iglesia” y el régimen acentuó sus rasgos autoritarios y paternalistas.

Renovación Española fue ese partido fronterizo entre la derecha antiliberal y el fascismo español. Lo hemos calificado siempre de “derecha fascista española”, ubicada en la zona gris situada más allá de la derecha liberal y antes del fascismo convencional (representado por José Antonio Primo y Ramiro Ledesma). Esto no supone resolver todo el conflicto histórico: ¿hasta qué punto amplios sectores de las Juventudes de Acción Popular fueron “fascistizadas” pero no “fascistas”? Dadas las características de la época la impresión que da es que el “área fascista” (recuérdese lo que dijimos sobre el fascismo “uno y tirno”) se fue ampliando en los dos años anteriores a 1936 precisamente por la inexistencia de lo que Ramiro Ledesma consideraba como “ejecutores de la revolución nacional”. De haber existido un polo “centrista” en el fascismo español, la evolución hubiera sido diferente: sectores amplios de la derecha, pero también de las clases populares, se habrían sumado a este polo. Pero en 1934, Falange de un lado y las JONS de otro, eran pequeños grupos de activistas juveniles que no suscitaban absolutamente ninguna confianza en el electorado. Y luego estaban los albiñanistas algunos de cuyos rasgos son propios de los fascismos europeos (el hecho de que su “servicio de orden”, por ejemplo, estuviera casi completamente constituido por veteranos de la guerra de Marruecos).

Esto hizo que en la construcción del “fascismo español” haya que fijarse en sectores con más peso político (lo hemos hecho hasta ahora recurriendo a la revista Acción Española y ahora le toca el turno a Renovación Española) que ocuparon, casi de manera de manera inercial, es espacio vacío que no fue capaz de cubrir la endeblez y los errores de conducción política tanto de Falange Española como de las JONS. El mero hecho de que tanto José Antonio Primo de Rivera como Ramiro Ledesma mantuvieran relaciones con “los fascistizados” hasta el momento de su detención evidencia a las claras dónde estuvo hasta el 18 de julio de 1936 el eje de la forma española de fascismo: en la ”derecha fascista”, completamente fascistizada.

Lo realmente sorprendente no es esto –que a fin de cuentas entro dentro de la ley de las simetrías políticas y del relleno de los espacios vacíos-; lo realmente sorprendente es que buena parte de los historiadores que han asumido la reconstrucción documental del “fascismo español” se hayan centrado en un movimiento minúsculo en su momento (FE) o simplemente inexistentes (JONS) insuficientes para explicar tanto el 18 de julio como la propia fascistización de los primeros años del régimen franquista. Y mucho mas inexplicable todavía ha sido en los últimos 50 años esa persistencia de los que se han seguido considerando falangistas en negar la realidad: a saber que Falange era un “partido fascista” (desde los Círculos José Antonio hasta los hedillistas e incluso la mayoría de los falangistas-franquistas solían negar que falange fuera un “partido fascista”) y que compartía espacio con otro partido bastante más grande, el Bloque Nacional/Renovacion Española, así como el hecho de que para la izquierda el fascismo “peligroso” era el de Calvo Sotelo, mientras que los núcleos falangistas se les consideraba apenas –en la simplificación clásica del marxismo- “brazo armado del capital”.  

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Textos antiliberales (I de IV): Breve historia de la idea de progreso. Alain de Benoist

Infokrisis.- La idea de progreso aparece como una de las bases teoricas de la modernidad. Hasta hace poco se le consideraba, no sin razón, como la verdadera "religión de la civilización occidental". Históricamente, esta idea se formulo en torno a 1680, en el marco de la discusión que oponia a los antiguos y los modernos, en la que participaron Terrasson, Perrault, el abate de Saint-Pierre et Fontenelle. Se enrriquece más tarde por iniciativa de una segunda generación, que incluye principalmente a Turgot, Condorcet y Louis Sébastien Mercier. Los teóricos del progreso se dividen sobre cual es la dirección del progreso, el ritmo y la naturaleza de los cambios que le acompañan, y eventualmente a quienes consideran sus protagonistas principales. Pero, todos se adhieren, sin embargo, a tres ideas-clave:

1) un concepto lineal del tiempo y la idea de que la historia tiene un sentido, orientado hacia el futuro

2) la idea de la unidad fundamental de la humanidad, como un todo destinado a evolucionar en la misma dirección.

3) la idea que el mundo puede y debe ser transformado, lo que implica que el hombre se afirma como amo soberano de la naturaleza.

Estas tres ideas proceden originariamente del cristianismo. A partir del siglo XVII, el desarrollo de las ciencias y la técnica implica la reformulación de estas ideas en una óptica secularizada. A diferencia, en los Antiguos Griegos, solamente lo eterno es real. El ser auténtico es inmutable: el movimiento circular que garantiza el eterno retorno de lo mismo en una serie de ciclos sucesivos es la expresión más perfecta de lo divino. Si hay instantes de progreso y decadencia, dentro de un ciclo es porque no puede sino ser sucedido por otro (teoría de la sucesión de las edades en Hésiodo, del retorno de la edad de oro en Virgilio). Por otra parte, la determinación principal viene del pasado, no del futuro: el término “ar” devuelve sobre todo al origen (antiguo) como autoridad (arch, monarca).

Con la Biblia, la historia se convierte en un fenómeno objetivable, una dinámica de progreso que espera, en una perspectiva mesiánica, la llegada de un mundo mejor. El Génesis asigna al hombre la misión "de dominar la tierra". La temporalidad es el vector por medio del cual el mundo debe dirigirse progresivamente en dirección a lo mejor. Bruscamente, cada acontecimiento se convierte en un episodio de la salvación: Dios se revela históricamente. El tiempo, por otro lado, se orienta hacia el futuro, y va de la Creación a la Parusía, del jardín del Eden al Juicio Final. La edad de oro no esta en el pasado, sino al final de los tiempos: la historia terminará, y terminará bien, al menos para los elegidos de Dios. Esta temporalidad lineal excluye todo eterno retorno del pasado, toda concepción cíclica de la historia, toda imagen de la alternancia de las edades y los ciclos. Desde Adán y Eva, la historia se desarrolla según una necesidad opuesta a toda eternidad, avanza con la antigua Alianza y, en el cristianismo, culmina en una encarnación que no podra repetirse. San Agustin será el primero en tomar esta concepción filosofica de la historia universal que englobará a toda la humanidad, la cual debe progresar de edad en edad hacia algo mejor.

La teoría del progreso seculariza esta concepción lineal de la historia, de ahí derivan todos los historicismos modernos. La diferencia principal es que la armonia en el más allá es sustituida por la esperanza en un futuro mejor en la tierra, y que la felicidad terrenal sustituye a la salvación. En el cristianismo, el progreso sigue siendo, en efecto, mas escatologico que histórico en sentido literal. El hombre debe pretender lograr su salvación en la tierra pero para luego pasar al otro mundo. No tiene, por otra parte, ningun control sobre el plan divino. Por último, el cristianismo condena el deseo insaciable y considera, como el estoicismo, que la sabiduría moral reside más en la limitación que en la multiplicación de los deseos. Sólo la corriente milenarista, que se inspirá en el Apocalipsis, quiere anticipar el Juicio Final y acelerar la llegada del Reino de los Cielos en la tierra. La secularización de la visión de Agustin, inspirará la posteridad espiritual de Joachim de Fiore. Para llegar a su formulación moderna, la teoría del progreso necesitaba pues de elementos suplementarios. Éstos aparecen a partir del Renacimiento, y se evidencian a partir del siglo XVII.

El desarrollo de las ciencias técnicas, añadido al descubrimiento del Nuevo Mundo, alimenta entonces un nuevo optimismo en tanto que parecia abrirse una nueva era de cambios y mejoras infinitas. Francis Bacon, que es el primero en utilizar la palabra "progreso" en un sentido temporal, y no espacial, afirma que el papel del hombre es controlar la naturaleza conociendo sus leyes. Descartes propone igualmente a los hombres volverse a amos y dueños de la naturaleza. La naturaleza, escrita "en lengua matemática" para Galileo, se vuelve muda e inanimada. El Cosmos no es ya portador de un sentido en sí mismo. A partir de ahora no es mas que un ente mecánico que es necesario desmontar para conocerlo e instrumentalizarlo. El mundo se vuelve un puro objeto propiedad del hombre. El hombre prueba la convicción de que, gracias a la razón, no puede confiar mas que en sí mismo.

El Cosmos de los antiguos cede así su lugar a un nuevo mundo, geométrico, homogéneo e infinito, controlado por las leyes de la causa y el efecto. El modelo de comprensión que se aplica es un modelo mecánico, más concretamente el del reloj. El propio tiempo se vuelve homogéneo, mesurable: es el "tiempo de los comerciantes", que sustituye al "tiempo de los campesinos". La mentalidad técnica surge de este nuevo espíritu científico. La técnica tiene por objeto principal, acumular utilidades, es decir, ayudar a producir cosas útiles. Hay una convergencia evidente entre este optimismo científico y las aspiraciones de una clase burguesa que trata de imponerse en los mercados nacionales cuya creación se realizó al mismo tiempo que la de los reinos territoriales. La mentalidad burguesa tiende a dar solamente por válidos, o incluso por reales, exclusivamente las cantidades calculables, es decir, los valores reales. Georges Sorel verá más tarde en la teoría del progreso una "doctrina burguesa".

Se sabrá más siempre, por lo tanto todo irá mejor siempre.

En el siglo XVIII, los economistas clásicos (Adam Smith, Bernard Mandeville, David Hume), promueven, por su parte el deseo insaciable: las necesidades del hombre, en su opinión, pueden ser aumentadas siempre y constantemente. Está, pues, en la naturaleza del hombre querer cada vez más y actuar en consecuencia, pretendiendo permanentemente maximizar sus intereses. Junto al optimismo predominante, esta argumentación tiende a relativizar o borrar en los espíritus la doctrina del pecado original, que imponia limitaciones. Con una particular insistencia, se destaca el carácter acumulable del conocimiento científico. La conclusión que se extrae es el carácter necesario del progreso: se sabrá cada vez más, por lo tanto todo irá mejor siempre. Dado que "se compuso un buen espíritu de todos los que nos han precedido", se deduce la constante superioridad de los modernos: "somos enanos sobre hombros de gigantes", frase de Bernard de Clairvaux, recogida por Fontanelle. Los antiguos ya no tienen ninguna autoridad. La tradición, al contrario, es percibida como un obstáculo para el avance de la razón. La comparación entre el presente y el pasado, siempre dará la ventaja al primero y permitirá al mismo tiempo revelar hacia donde se dirigue el futuro. El movimiento comparativo se vuelve así profético: el progreso, considerado en primer lugar como el resultado de la evolución, se instaura como el principio de esa evolución.

Otra idea, ya formulada por San Agustin, es la de una humanidad concebida como un organismo unitario, que ha dejado progresivamente atrás la infancia "de las primeras edades" para entrar en la "edad adulta". Turgot habla así del género humano, que “desde su origen (...) parece a los ojos del filósofo como un conjunto inmenso que tiene, como cada individuo, su infancia y sus progresos”. El mecanismo cede aquí su lugar a la metáfora organicista, pero se trata de un organicismo paradójico, puesto que se no se preve ni el envejecimiento ni la muerte. Esta idea de un organismo colectivo que mejora perpetuamente dará nacimiento a la idea contemporánea del desarrollo como crecimiento indefinido. En el siglo XVII, se consolida un determinado menosprecio hacia la infancia, que se realiza al mismo tiempo que el menosprecio hacia los orígenes y los inicios, siempre observados como inferiores. El concepto de progreso implica además la idolatría del novum: toda novedad es mejor a priori por el hecho de que es nueva. Esta sed de lo nuevo, sistemáticamente considerado como sinónimo de mejor, rápidamente se convertirá en una de las obsesiones de la modernidad. En el arte, desembocará en el concepto de "vanguardia" (que tiene también sus contrapartidas en la política).

La teoría del progreso posee en adelante todos sus componentes. Turgot, en 1750, luego Condorcet, lo expresan en forma de una convicción: la masa total del género humano se dirigue siempre a una perfección mayor. La historia de la humanidad se percibe así como definitivamente unitaria. Lo que se conserva del cristianismo, es la idea de una perfección futura de toda la humanidad y la certeza que la humanidad se dirige hacia un único destino final. Lo que se abandona, es el papel la Providencia en esta progresión, que es sustituida por el poder de la razón humana. El universalismo se basa en adelante en una razón "una y universal en cada uno" que supera todos los contextos, rechazando todas las particularidades.

La irresistible marcha del progreso

Paralelamente se considera al hombre, no sólo como un ser de deseos y necesidades insaciables, sino también como un ser indefinidamente perfectible. Una nueva antropología le considera en realidad como una tabla rasa, una hoja virgen que puede ser llenada, o le asigna una "naturaleza" abstracta universal, enteramente disociada de su existencia concreta y sus diferencias. La diversidad humana, individual o colectiva, es observada como contingente, irrelevante e indefinidamente transformable por la educación y el "medio". El concepto de artificio se vuelve central y sinónimo de la cultura refinada. Se cree ahora que el hombre para realizar su humanidad debe oponerse a una naturaleza, de la que debe liberarse "para civilizarse"; la humanidad debe entonces liberarse de todo lo que podría obstaculizar la irresistible marcha del progreso: los prejuicios, las supersticiones, el peso del pasado, las tradiciones. Lo que lleva, indirectamente, a la justificación del terror: si la humanidad tiene el progreso como único destino, cualquiera que suponga un obstáculo para ese progreso puede ser reprimido de manera justificada; puede, así mismo, justificarse que cualquiera que se oponga al progreso de la humanidad pueda ser expulsado de la humanidad y señalado como "enemigo del género humano" (de ahí la dificultad de reconciliar las dos afirmaciones kantianas de la igualdad en dignidad de los hombres y del progreso de la humanidad).

Esta actitud de rechazo a la naturaleza y al pasado frecuentemente es representada como sinónimo de una liberación de todo determinismo. Realmente, el determinismo en relación al pasado es sustituida por el determinismo en relación al futuro: es el "sentido de la historia". El optimismo inherente a la teoría del progreso se extiende rápidamente a todos los ámbitos, a la sociedad y al hombre. Se supone que el reino de la razón desembocará en una sociedad a la vez transparente y pacífica. Supuesto ventajoso para todas las partes, el "suave comercio" (Montesquieu) debe substituir por medio del intercambio al conflicto, cuyas causas "irracionales" serán eliminadas progresivamente. El abate de Saint Pierre enuncia así un "proyecto de paz perpetua" que Rousseau criticará duramente.

Condorcet propone mejorar racionalmente la lengua y la ortografía. La propia moral debe presentar los caracteres de una ciencia. La educación tiene por objeto enseñar a los niños a deshacerse de los "prejuicios", fuente de todos los males sociales, y a hacer uso exclusivamente de la razón. La marcha de la humanidad hacia la felicidad se interpreta así como sinonimo del bien moral. Para los hombres de las Luces, dado que el hombre actuará en el futuro de manera cada vez "más ilustrada", la razón se perfeccionara y la humanidad devendrá en moralmente mejor. El progreso, lejos no afectar más que al marco exterior de la existencia, va pues a transformar al propio hombre. Un progreso adquirido en un ámbito se reflejará necesariamente en todos los demás. El progreso material implica el progreso moral.

A nivel político, la teoría del progreso se asocia muy rápidamente a un animus antipolítico. El carácter asignado al Estado por los teóricos del progreso es, sin embargo, ambiguo. Por un lado, el Estado reduce la autonomía de la economía, observada como la esfera de la "libertad" y de la acción racional por excelencia: William Godwin dice que los Gobiernos crean por naturaleza obstáculos para la propensión natural del hombre a comerciar. Del otro, permite al hombre, en la tradición contractualista inaugurada por Hobbes, escapar a las dificultades consustanciales al anarquico "estado de naturaleza". El Estado puede, pues, ser la vez obstáculo y motor del progreso.

La idea más habitual es que la propia política debe volverse racional. La acción política debe dejar de ser un arte, controlado por el principio de prudencia, para volverse una ciencia, controlada por el principio de la razón. A imagen del universo, la sociedad puede ser observada como un ente mecánico, cuyos individuos son meros engranajes. Debe, pues, ser administrada racionalmente, según principios tan regulares como los que se observan en la física. El soberano debe ser el mecánico encargado de hacer evolucionar la "física social" hacia "la mayor utilidad pública". Esta concepción inspirará la tecnocracia y la concepción administrativa y gestora de la política que se encontrará en un Saint Simon o en un Auguste Comte.

¿En qué desemboca el progreso?

Una pregunta especialmente importante consiste en saber si el progreso es indefinido o si desemboca en una etapa última o final que sería o una novedad absoluta, o la restitución "más perfecta" de un estado originario: la síntesis hégéliana, la sociedad sin clases que nos retornaría al comunismo primitivo (Marx), el fin de la historia (Fukuyama), etc. Se presenta al mismo tiempo, le interrogante de si el objetivo final, en caso de que tuviera uno, quizá pudiera ser conocido con anticipación. ¿En qué desemboca el progreso? ¿puede desembocar en otra cosa diferente a sí mismo?

Aquí, los liberales tienden a creer en un progreso indefinido, en una mejora sin fin de la condición humana, mientras que los socialistas le asignan más bien un final feliz determinado. Esta segunda actitud hace converger al progresismo y al utopismo: el cambio perpetuo desemboca en el estado estacionario y el movimiento de la historia anticipa, por medio del progreso, su final. La primera actitud no es, tampoco, la más realista. Por una parte, si el hombre está en marcha hacia la perfección, aquella, en tanto que es perfecta, deberá un día dejar de perfeccionarse. Lo que, por otra parte, implica que si no hay objetivo reconocible en el progreso, ¿cómo se puede aún hablar de progreso, puesto que solamente el reconocimiento de un objetivo dado permite afirmar que un nuevo estado representa, respecto a este objetivo, un progreso con relación al estado previo?

Otra pregunta igualmente importante sería: ¿El progreso es una fuerza incontrolada que se produce por sí misma, o los hombres deben intervenir para acelerarla o suprimir todo aquello que la obstaculiza? ¿El progreso es, por otra parte, regular y continuo, o bien implica saltos cualitativos bruscos y rupturas? ¿Se puede acelerar el progreso interviniendo en su curso o ¿se corre el riesgo, así, de retrasar su realización? Aquí, los liberales, creyentes en la "mano invisible" y del "laisser-faire", se separan de los socialistas, más voluntaristas, si no revolucionarios. Es en el siglo XIX cuando la teoría del progreso conoce en Occidente su apogeo. Se reformula, no obstante, en un entorno diferente, caracterizado por la modernización industrial, el positivismo cientifista, el evolucionismo y la aparición de las grandes teorías historicistas.

Se hace hincapié, entonces, en la ciencia más que en la razón en sentido filosófico del término. La esperanza se generaliza en una organización "científica" de la humanidad y en un control por la ciencia de todos los fenómenos sociales. Tal es el tema sobre el cual vuelven una y otra vez, de manera incansable Fourie, con su idea del falansterio, Saint Simon con sus principios tecnócratas, o Auguste Comte con su Catecismo positivista y su "religión del progreso".

La idea de progreso sirve de legitimación a la colonización

Los términos "progreso" y "civilización" tienden al mismo tiempo a convertirse en sinónimos. La idea de progreso sirve de legitimación a la colonización, cuyo objetivo en su momento consistió en difundir por todos los rincones del mundo los beneficios de la "civilización".

El propio concepto de progreso se reformula a la luz del evolucionismo darwiniano, dado que se reinterpretó la evolución de lo viviente como progreso (en particular, en Herbert Spencer quien define el progreso como evolución de lo simple hacia lo complejo y de lo homogéneo a lo heterogéneo). Las condiciones del progreso se transforman entonces sensiblemente. El mécanicismo del Siglo de las Luces se combinará a partir de ahora con el organicismo biológico, mientras que su pacifismo cede el lugar a la apología de la "lucha por la vida". El progreso resultará, en adelante, como un producto de la selección de los "más aptos" (los "mejores"), en una visión competitiva generalizada. Esta reinterpretación consolida el imperialismo occidental: la civilización tecnica del Occidente es considerada como la "más evolucionada", y en consecuencia la mejor.

La fama máxima del evolucionismo social le debe mucho a la idea de progreso. La historia de la humanidad se divide en "fases" sucesivas, que señalan las distintas etapas de su "progreso". La dispersión de las distintas culturas en el espacio transpuesto en el tiempo: las sociedades "primitivas" devolverían a los occidentales el recuerdo de su propio pasado (son "antepasados contemporáneos"), mientras que el Occidente les presentaría lo que sería su futuro. Condorcet hacía pasar a la humanidad por diez etapas sucesivas. Hegel, Auguste Comte, Karl Marx, Freud, etc proponen esquemas similares, yendo de la "creencia supersticiosa" a la "ciencia", de la "mentalidad primitiva" (mágica o teológica) a la mentalidad "civilizada" y al reino universal de la razón.

"Se generaliza la esperanza en una organización –científica- de la humanidad y de un control por la ciencia de todos los fenómenos sociales."

Conjugada con el positivismo cientifista, que afecta en primer lugar a la antropología y alimenta la ilusión de que se pueden medir las culturas con valores absolutos, esta teoría da nacimiento al racismo o supremacismo, que percibe las civilizaciones tradicionales, o como definitivamente inferiores, o como temporalmente atrasadas (la "misión civilizadora" de las potencias coloniales consiste en hacerles superar ese retraso), y postula que existe un criterio universal, un paradigma que permite jerarquizar las culturas y los pueblos según cuan próximas estén al ideal del progreso. El racismo aparece así directamente vinculado al universalismo del progreso, en tanto que cubre un etnocentrismo inconsciente o encubierto.

El final de los "días esplendorosos"

No se discutirá aquí, la crítica de la idea de progreso, que comienza con Rousseau, ni las innumerables teorías de la decadencia que pudieron oponérsele. Se tendrá en cuenta solamente que estas últimas representan a menudo (pero no siempre), el doble negativo, el reflejo de la teoría del progreso. La idea de un movimiento necesario de la historia se conserva, pero en una perspectiva invertida: la historia se interpreta, no como progresión constante, sino como una inevitable regresión (específica o generalizada). En realidad, el concepto de decadencia parece tan poco objetivable como el de progreso.

Desde hace veinte años al menos, las obras sobre las desilusiones del progreso se multiplican. Algunos autores llegan hasta decir que la idea de progreso ya no es mas que una "idea muerta" (William Pfaff). La realidad es seguramente más moderada. La teoría del progreso esta hoy seriamente debilitada, pero aún sobrevive bajo distintas formas.

Más no es sinonimo de mejor

Los totalitarismos del siglo XX y las dos Guerras Mundiales han reducido el optimismo de los dos siglos anteriores. Las desilusiones sobre las cuales se estrellaron muchas esperanzas revolucionarias suscitaron la idea de que la sociedad actual, pese a lo desesperada y privada de sentido que pueda ser, es a pesar de todo, la única posible: la vida social se vive cada vez más bajo el horizonte de la fatalidad. El futuro, que parece en adelante imprevisible, inspira más pesimismo que esperanza. La agravación de la crisis parece más probable que los "días esplendorosos".

La idea de un progreso universal sigue vigente. Se cree más que el progreso material vuelve al hombre mejor, o que los progresos registrados en un ámbito se reflejan automáticamente en otros. El propio progreso material aparece como ambivalente. Se admite que junto a las ventajas que confiere, tiene también un coste. Se observa que la urbanización salvaje multiplicó las patologías sociales, y que la modernización industrial se tradujo en una degradación sin precedentes del marco natural de vida. La destrucción masiva del medio ambiente dio nacimiento a los movimientos ecologistas, que estuvieron entre los primeros en denunciar las "ilusiones del progreso". El desarrollo de la tecnociencia, finalmente, plantea con fuerza la cuestión de los fines. El desarrollo de las ciencias ya no se percibe como una contribución siempre positiva a la felicidad de la humanidad: el propio conocimiento, como se ve en el debate sobre las biotecnologías, se considera como portador de amenazas. En estratos sociales cada vez más extensos, se comienza a comprender que más no es sinónimo de mejor. Se distingue entre tener y ser, entre la felicidad material y la felicidad a corto plazo.

Algunos temas del progreso siguen apareciendo, sin embargo, como predominantes, pero sólo con carácter simbólico. La clase política sigue llamando a la unión de las "fuerzas de progreso" contra los "hombres del pasado" y el "obscurantismo mediaval" (o las "costumbres de otra epoca"). En el discurso público, la palabra "progreso" conserva globalmente una resonancia o una carga positiva.

La orientación hacia el futuro sigue siendo dominante. Aunque se admite que este futuro está cargado de incertidumbres amenazantes, se sigue pensando que, lógicamente, las cosas deberían mejorar globalmente en el futuro. Retransmitido por el desarrollo de las tecnologías de punta y el ordenamiento mediatico, el culto de la novedad sigue siendo más fuerte que nunca. Se sigue también creyendo que el hombre es "más libre" cuanto mas se separe de sus pertenencias orgánicas o de las tradiciones heredadas del pasado. El individualismo que reina, combinado con un etnocentrismo occidental legitimado, en adelante, por la ideología de los derechos humanos, se traduce en la destructuración de la familia, la disolución del vínculo social y el descrédito de las sociedades tradicionales, donde los individuos siguen siendo solidarios a su comunidad de pertenencia.

Pero sobre todo, la teoría del progreso sigue estando ampliamente presente en su versión productivista. Alimenta la idea de que un crecimiento economico indefinido es a la vez normal y deseable, y que un mejor futuro pasa necesariamente por el aumento constante del volumen de bienes producidos y por la universalización de los intercambios. Esta idea inspira hoy la ideología del "desarrollo", que es dominante en las sociedades del Tercer Mundo económicamente retrasadas con relación al Occidente, y que hace al modelo occidental de producción y consumo el único destino necesario posible para toda la humanidad. Esta ideología del desarrollo fue formulada perfectamente por Walt Rostow, que enumeraba en 1960 las "etapas" que deben recorrer todas las sociedades del planeta para acceder al universo del consumo y del capitalismo comercial. Como lo mostraron distintos autores (Serge Latouche, Gilbert Rist, etc), la teoría del desarrollo no es más que una creencia. Mientras no se abandone esta creencia, no se habrá terminado con la ideología del progreso.

© Alain de Benoist por el texto original

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