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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

TERRORISMO

¿Qué está pasando exactamente en el “Proceso de Paz”?

¿Qué está pasando exactamente en el “Proceso de Paz”?

Infokrisis.- Desde el inicio del “proceso de paz” desde infokrisis hemos intentado, no solamente seguir sus fases, sino, especialmente extraer conclusiones lógicas, a partir de los datos objetivos que poseemos, ordenados sin prejuicios y sin servidumbre a lo políticamente correcto. El “proceso de paz” todavía no ha concluido. Así que vale la pena seguir interpretando el estado actual en el que nos encontramos.

REPASANDO LO ESENCIAL DE LA “TEORÍA SOBRE ETA”

ZP hizo el ridículo ante todo el país afirmando que “estamos mejor que hace un año…”, etc. Al día siguiente, con precisión asombrosa, ETA le desmintió. Llovía sobre mojado. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y el sentido común indicaban que ETA se estaba rearmando y que, alguna fracción podía contemplar la posibilidad de realizar nuevos atentados. A partir de ese momento, ZP se refugió en sus “vacaciones” familiares en Doñana, callado y silencioso, mientras Rubalcaba de un lado y Blanco de otro, daban la cara evidenciando su falta de talla.

Primera pregunta que se plantea: ¿qué espera ZP con este silencio y con la declaración ambigua de que “se interrumpe el proceso de paz”? Por que, a pesar de su declaración parlamentaria, el proceso de paz no se ha “roto”, sino se ha “interrumpido”. Da la sensación de que solamente un suicida, un loco o un perfecto imbécil podrían hacer algo así. Pero también alguien que tiene algún as en la manga. Y, desde el principio, siempre hemos dicho que la seguridad de ZP en que el “proceso de paz” llegará a un resultado tangible, es porque, dispone de información sobre la voluntad de la otra parte: sabe que Josu Ternera está por la paz, si ello le permite una jubilación tranquila, el control sobre el “tesoro de ETA” y no entrar en la cárcel. Total, todo esto, a cambio de entrar en la historia como “ZP el pacificador”, no es gran cosa. Ahora quedaba dramatizar este proceso que culminaría en un “frente de izquierdas” (PSE-HB) como fórmula para romper el “frente abertzale” (HB-PNV-EA), de tal manera que sea, no solamente rentable en el País Vasco, sino también en el Estado.

La predisposición de Josu Ternera a liquidar ETA, recibiendo contrapartidas, es el “as en la manga” con que cuenta ZP. Esa es, para él, la parte buena de la noticia. La parte mala viene dado por la sencilla razón de que, desde 2002, cuando Ternera abandonó su escaño y entró en clandestinidad… ETA ha sido desmantelada con una precisión asombrosa y, de toda la antigua dirección, solamente queda él en libertad. Llevamos meses diciéndolo: el desmantelamiento de ETA de 2002 a 2004 se debe a un topo, no en la base –siempre con una visión limitada de la organización- sino en la cúpula. De la cúpula del 2002 solamente hay un superviviente, Ternera, así que si hay un traidor en ETA este es Ternera.

Pero ¿qué ha ocurrido? Algo muy sencillo: algo se ha movido en la base de ETA. Si bien la cúpula, los presos y buena parte de HB están a favor de una “salida política”, la base de ETA y un sector de HB no lo están, siguen manteniendo su política de máximos y aspiran a transformar su actual derrota estratégica en una victoria sobre el Estado. Se apoyan en que ZP es el vivo rostro de la debilidad y que si reconstruye el pacto antiterrorista con el PP se verá anegado por este partido en las próximas elecciones generales… por tanto, es el momento de presionar a ZP para lograr las concesiones máximas.

En los meses de tregua, la base de ETA ha reconstruido una infraestructura propia, divorciada de la cúpula y desconocida para Ternera… esto es, desconocida para las fuerzas de seguridad del Estado. Ahora, esa infraestructura ya es lo suficientemente fuerte como para arriesgarse a cometer atentados sin riesgo de que sean inmediatamente localizados y encarcelados. O al menos, eso es lo que piensa la base, consciente o no de que de 2002 a 2004 se han producido “caídas” con excesiva facilidad, imposibles sin la complicidad de algún chivato en la cúpula de la organización.

PROCESO DE PAZ “EN SUSPENSO”, NO “ROTO”

Esto explica el por qué ZP no ha finiquitado claramente el proceso. Ahora queda contactar con el topo de la otra parte y preguntarle qué está ocurriendo. Es probable que Ternera haya intentado sobrevalorar su papel en ETA y eludir reconocer que existen tensiones insuperables en el interior de la organización y especialmente en la base, so pena de ver como mermaba su capacidad de negociación.

En efecto, ZP espera “información” de la situación real de ETA en este momento y, sobre todo, espera nuevos datos que le permitan deshacer la base de ETA con la misma facilidad con la que se realizó entre el 2002 y el 2004. ZP necesita ahora detenciones que presentar ante la opinión pública, precisa reconocer que, algunos comandos de la base se habían escapado del control de la dirección de ETA y habían actuado por su cuenta, pero que, a fin de cuentas, el proceso sigue adelante, porque la “cúpula” de ETA está a favor de la negociación. Para que este planteamiento sea creíble (el único que puede salvar la cara de ZP en esta cuestión del proceso de paz) ZP precisa detener a los culpables del atentado a la T-4 de Barajas. Y estamos persuadidos de que en los próximos días van a producirse detenciones. Pero ZP se va a encontrar con un problema…

Si hasta hace poco Ternera contaba con la confianza de toda la organización, ahora ya la ha perdido. Ternera es visto como un riesgo por la base etarra, probablemente hasta el punto de haber elaborado una nueva infraestructura cuyos detalles ya no son conocidos por Ternera y sus últimos hombres de confianza en la organización. ZP espera que los datos facilitados por Ternera sobre quien haya podido cometer el atentado (datos fragmentarios, parciales, pero datos, al fin y al cabo) lleven a detenciones y solamente en ese momento espera compadecer ante la opinión pública, el parlamento y los medios de comunicación: con algún éxito en la mano.

La cuestión es que cuando se crea una nueva infraestructura terrorista, se parte de cero. Partir de algo más supone el riesgo de ponerla nuevamente en peligro. Así pues, existe la posibilidad de que las detenciones correspondan a viejos militantes ya conocidos, arrojados como carnaza para que los medios de comunicación y la opinión pública puedan hablar de la “eficacia policial” y de la decisión del gobierno de “perseguir a ETA”. Pero parece difícil que la base de ETA haya reconstruido una infraestructura aportando los datos al dirigente responsable de la caída de cientos de militantes entre 2002 y 2004… Por que lo que se ha evidenciado desde el robo de las pistolas en Francia y desde el recrudecimiento del kale-borroka es que, no hay UNA ETA, sino DOS ETAS: la que se sienta en la mesa de negociación (Tercera, los presos, un amplio sector de HB) y la que roba pistolas, incendia cajeros, prepara explosivos y los activa…

ZP quiere presentarse con un éxito en la mano: “¿lo veis? No era ETA, eran solo unos descontrolados fuera de la disciplina de ETA. Por eso, el proceso de paz sigue, con todas las precauciones y con todo el empeño de un Estado de Derecho, y bla, bla, bla”.

Eso, o de otra manera, ZP es un cadáver político. “Apostar” por el proceso de paz suponía un “doble o nada”. Si se coronaba con éxito, reelección en 2008, si fracasaba ZP se hundía hasta sus peculiares cejas.

LA PRÓXIMA FASE DEL “PROCESO”

Tanto Pepino Blanco, como Rubalcaba han dado muestras de estar en situación dubitativa, no saber exactamente lo que estaba ocurriendo, mientras ZP se ha atrincherado en el silencio. Pero en la otra parte, las cosas tampoco van mucho mejor. Uno de los líderes de HB ha reconocido que este atentado no lo esperaba nadie. Otegui ha repetido su vieja cantinela –“si, ha sido un golpe duro, pero que es preciso contextualizar dentro de la ofensiva actual contra la izquierda abertzale y contra los presos y bla, bla, bla”- mientras que hasta el día anterior tenía la absoluta seguridad de que se iba a presentar a las elecciones de mayo, siendo la única duda si lo haría con la sigla HB (como proponía Otegui) o con cualquier otra (como proponía el gobierno), es decir, una ridícula cuestión de forma.

La “izquierda abertzale” también se está planteando en estos momentos ¿qué está ocurriendo? En síntesis es simple entenderlo: HB es lo que la justicia ha dicho que era, el “frente político” de una organización terrorista, en contacto con la cúpula de la organización. Así que HB come de la mano de ETA, pero ¿de su cúpula o de las bases de la organización?

Algunos en HB empiezan a entender que dentro de ETA se está produciendo una lucha por el poder y no dudan en absoluto de que si esa lucha termina en ruptura, eso repercutirá negativamente en la “izquierda abertzale”, con su consiguiente fraccionamiento. Además, HB empieza a notar que cuando hay muertos 80.000 de sus votantes se retraen y prefieren entregar su voto a la abstención, a Aralar, o al nacionalismo convencional, mientras que cuando no hay muertos, esos 80.000 votos van a ir a parar a HB.

HB precisa también “consultar” a la “superioridad”, es decir, a ETA. El control de muchos ayuntamientos vascos depende de lo que ocurra en los próximos días. Las dos partes del “proceso de paz” están aprovechando estos días de escasa información política, para reconstruir estrategias, reunir información sobre lo que está ocurriendo y prever actividades y actitudes.

Y todo esto se está haciendo con dos muertos hallados y un desaparecido a encontrar. Los tres inmigrantes. Los tres, muertos casuales. Los tres, víctimas de una innoble pantomima. Era mucho más fácil meter en la cárcel al último etarra (Ternera incluido, sino el primero) y arrojar la llave a la basura. Son culpables. Son asesinos. Deben pagar. Es así de simple.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (VII) 1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (VII) 1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

Infokrisis.- Se ha discutido sobre el origen del antisemitismo de la Tacuara. Algunos lo han atribuido a la influencia del Padre Meinvielle y otros a la de los exiliados alemanes hitlerianos que llegaron a Argentina después de la II Guerra Mundial. Lo sorprendente es que ambas influencias eran excluyentes y que Meinvielle acusaba a los nazis de naturalismo y paganismo... pero, sea como fuere, el antisemitismo es, prácticamente hasta el final de la Tacuara, una de las características más sorprendentes de esta formación política.

 

 

1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

A principios de 1959 se produjeron las profanaciones de tumbas judías en el cementerio de la Tablada, apareciendo svásticas en algunas lápidas. Los tacuaras jamás reconocieron esta acción como propia y acusaron a los medios judíos de haber realizado la provocación. A partir de 1960, cuando se produjo el secuestro en Argentina de Adolf Eichmann, los Tacuara sostuvieron que era intolerable que agentes clandestinos judíos operasen en el país, con la complicidad de medios izquierdistas, así mismo judíos. Sea por este prurito nacionalista o acaso por que los exiliados fascistas y hitlerianos en el país se habían fijado en Tacuara, el caso es que, a partir de ese momento, el movimiento multiplica sus acciones antisemitas. El 17 de agosto de 1960, al producirse el acto de homenaje a San Martín, el grupo de militantes de la Tacuara del Colegio Nacional Sarmiento se enfrentaron con los judíos del mismo centro, produciéndose un enfrentamiento a tiros que causó la muerte de Edgardo Trilnik, de apenas 15 años. A este episodios seguirán varios meses de atentados contra sinagogas, centros judíos, colegios judíos, miles de pintadas y decenas de miles de panfletos aireando consignas antisemitas. La Guardia Restauradora Nacional que, desde 1960 e había escindido de la Tacuara, siguió por esos mismos pasos, compitiendo con ella en antisemitismo.

En Argentina existía una antigua y arraigada tradición antisemita que se reforzó en los años 30 con la irrupción del nacional-socialismo en Alemania. Leopoldo Lugones o el prolífico novelista Hugo Wast (director de la Biblioteca Nacional desde 1931 a 1955) hasta Enrique Larreta, José María Rosa, Carlos Ibarguren, Jordán Bruno Genta, habían sido exponentes, junto a Julio Meinvielle, del antisemitismo argentino que, se expresaba a través de los periódicos “Bandera argentina”, ”Nuevo Orden” y “Pampero”.

La comunidad judía respondió constituyendo la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina. La DAIA, fundada el 5 de octubre de 1935 por 28 organizaciones judías de centro y derecha pertenecientes a todos los gruos étnicos y tendencias de la sinagoga; por su parte, los judíos vinculados a la izquierda se agruparon en el Comité Popular contra el Antisemitismo. En 1937, la DAIA constituyó el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo integrado entre otros por Arturo Illia y Arturo Frondizi... que luego gobernarían la Argentina post-peronista.

Durante la II Guerra Mundial, la DAIA se preocupó particularmente de ayudar a los judíos que huían de Europa, pero tras la guerra, con la llegada de Perón al poder, las organizaciones de defensa de la comunidad judía retrocedieron. Como se sabe, Perón favoreció la llegada de ingentes grupos de antiguos fascistas y nacional-socialistas a Argentina que fueron, en buena medida, incorporados como cuadros del nuevo régimen. Con la caída de Perón pareció que todo este entramado perdía fuerza y así fue, efectivamente, pero entonces la comunidad judía debió de afrontar un antisemitismo popular protagonizado por la Tacuara e inspirado en los escritos del padre Julio Meinvielle.

Una década después cuando se produjo el golpe militar del General Videla ese antisemitismo recrudeció. En la obra “La dimensión judía de la represión durante el gobierno militar (1976-1983),” (Informe Co.So.Fam, Barcelona, marzo de 1999) se rememora el aprecio que tuvo la Junta Militar por las obras de Meinvielle: «En febrero de 1979 el Ministerio de Educación y Cultura [de Argentina] instrumenta un decreto por el cual se establece la obligación de estudios confesionales católicos en la asignatura de Instrucción Moral y Cívica que afectó la libertad de cultos y el laicismo en la enseñanza. En la bibliografía recomendada se encontraban autores notoriamente antisemitas como el Rvdo. Julio Meinvielle y el profesor Bruno Genta».

Meinvielle, en su obra “El Judío plantea”: "Ser grande en la grandeza carnal de Babilonia podrán serlo, si, pero como sirvientes del Judaísmo. Porque los judíos dominan en lo carnal....[de ahí] que la grandeza del capitalismo inglés y americano no es mas que una creación judaica...". En esta frase pueden apreciarse los lugares comunes de todo antisemitismo. En síntesis, la idea del Padre Meinvielle era que los judíos controlaban la economía argentina y, a través de sus peones políticos y culturales alentaban la disolución de la sociedad argentina, atentando contra los tres elementos sobre los que Meinvielle consideraba que constituían su pilar: la Patria, la Religión y la Familia (o, como solía decir, el “Hogar”). No duda en que la única posibilidad de afrontar estos riesgos es mediante una limitación de las libertades civiles y la aplicación de una política de “mano dura”. Su modelo de baluarte y defensa contra estos riesgos era la Inquisición Española. La primera institución a defender, por encima de cualquier otra, era la Iglesia, pues de ella dependía la salud espiritual de la Nación. Había escrito: "Sinagoga y masonería son los agentes, encarnaciones del diablo, que movilizan el combate de la Contra-Iglesia a base de mentira y crimen...". 
Pero las tareas represivas o de contención no serán nunca eficaces del todo, si no se apoyan sobre un renacimiento cultural de los valores que hasta ese momento han sido específicamente argentinos. Meinvielle está en contacto con el clero tradicionalista español de los años 50 y 60. En aquel momento, ese clero goza en España de todas las facilidades que le da el hacer causa común con el franquismo. Lo que propone Meinvielle es un “renacimiento cultural Hispanoamericano” (no latinoamericano, el matiz es importante por que Meinvielle se identifica con la forma “hispana” de catolicismo, más rigorista, combativo, “íntegro” sino integrista, y misional que el Italiano o cualquier otro). La idea “Hispanoamericana” sería la única con energía y vigor suficiente para enfrentarse al “panamericanismo” de los EEUU (también es significativo que Meinvielle jamás aluda el “imperialismo” norteamericano, sin duda, por identificar este concepto con la izquierda.
El antisemitismo de Meinvielle es completamente diferente al nacional-socialista. Si en este el antisemitismo arraigaba en las diferencias raciales, en Meinvielle la raza apenas tiene sino un papel secundario. El padre Meinvielle ancla su antisemitismo en el hecho bíblico (los judíos, a la postre, crucifican a Cristo y, por tanto, Israel es culpable); había escrito: "¿Quiénes son los agentes que el diablo utiliza para la realización de sus maquinaciones? En la providencia actual, el cristianismo tiene un enemigo primero y natural que es el judío. No en vano el Señor los acusa de "hijos del diablo" (Jn 8,44). En segundo lugar los paganos. En la crucifixión los judíos actúan como verdaderos instigadores y responsables, mientras que los gentiles se desempeñan como ejecutores. De aquí que los enemigos del cristianismo sean los judíos, masones y comunistas". Es evidente que la matriz del antisemitismo hitleriano es completamente diferente. De hecho, el Padre Meinvielle hacia 1937 tiene palabras muy duras hacia el régimen hitleriano, en el que ve una forma de paganismo naturalista. Percibía, además, que, a diferencia de otros regímenes fascistas europeos (Franco, Pavelic, Tiso, Salazar, Mussolini o Dulfuss), el nacional-socialismo no había concedido privilegios a la Iglesia Católica. 

Además, tampoco se sentía –a diferencia de Perón- identificado con la forma política de esos regímenes. Si bien era partidario de un “gobierno fuerte”, más o menos similar a una dictadura, no era eso lo que sostenía Meinvielle, sino más bien un gobierno teocrático de estilo medieval. Años después, el Centro de Estudios Evolianos de Buenos Aires, definió a esta corriente como “guelfismo”, y, seguramente es el apelativo que mejor le cuadra. Meinvielle sostenía la necesidad de que el poder político estuviera bajo la férula del poder religioso. Así se evitarían abusos: lo que en la concepción democrática supone el equilibrio de poderes, en la guelfa es sustituida por la subordinación del poder político al religioso considerado como emanación de la divinidad. Dios nunca haría nada injusto contra su grey. Eso facilitaría el advenimiento de la “Ciudad de Dios”, concepto tomista que tuvo su momento álgido en el siglo XIII, con Hildebrando elevado al papado con el nombre de Inocencio III. Por lo demás, el Padre Meinvielle tenía en alta estima al pensamiento nacionalista francés de Charles Maurras, hasta el punto que el secretario de éste, luego catedrático en la Sorbona consideraba al Padre Meinvielle como una “inteligencia francesa”.

El Padre Meinvielle no fue una excepción en su generación. En aquellos años apareció toda una cohorte de intelectuales nacionalistas –algunos como sus discípulos y otros como sus compañeros de generación- de envergadura, los curas Castellani, Octavio Derisi, Sánchez Abelenda, Juan Sepich y los laicos Sacheri (asesinado por el ERP-22 de Agosto), Tomas Casares, Cesar Pico, Nimio de Anquin y Jordán Bruno Genta (asesinado por Montoneros). Aún hoy el legado de Meinvielle y de toda esta generación de intelectuales nacionalistas católicos, sigue presente en la sociedad argentina a través de la veterana revista “Cabildo”, dirigida por Antonio Caponetto y que mantiene un sitio en Internet donde puede percibirse lo esencial de su doctrina, incluido el antisemitismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

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Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (VI) 1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (VI) 1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Infokrisis.- La historia del Movimiento Nacionalista "Tacuara" sería absolutamente incomprensible sin realizar un pormenorizada alusión a la vida y a la obra del Padre Julio Meinvielle, fallecido en desgraciado accidente de tráfico en 1973. Era Meinvielle el verdadero inspirador de la Tacuara y de la Guardia Restauradora Nacionalista. Además de esta influencia, el padre Meinvielle tiene interés para nosotros españoles, en tanto que gran conocedor de la Hispanidad y uno de los más ardientes defensores de este concepto a partir de los años 30.

 

 

1.2.2. El Padre Julio Meinvielle y su doctrina

Si Tacuara tuvo un inspirador ideológico éste fue el padre Meinvielle. El padre Meinvielle fue uno de esos productos del tradicionalismo católico mezclado con nacionalista, en cuyo pensamiento político, el antisemitismo tenía una parte muy notable. A principios de los años 60, Argentina vivió un recrudecimiento del antisemitismo a causa del secuestro del antiguo oficial de las SS, Eichmann residente clandestino en el país. Se demostró que el gobierno permitía a los servicios secretos judíos operar a sus anchas y que, además, éstos tenían relaciones con los partidos de izquierda, algunos de cuyos militantes y dirigentes eran de origen judío. Esta oleada de antisemitismo duró hasta finales de los setenta y, por lo que recuerdo, la Junta Militar estableció una oficina destinada a estudiar los movimientos de la comunidad judía. A decir verdad buena parte de la militancia del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo de orientación trotkysta), tenía apellidos que los vinculaban a la comunidad judía y, así mismo, muchas mujeres que militaron en los montoneros lo eran. Haría falta un estudio pormenorizado de este fenómeno y una interpretación conveniente, pero el hecho es que esta tendencia había sido detectada por la Junta Militar y especialmente en sus primeros años, reforzaron el “control” sobre la comunidad judía. En realidad, ésta última oleada de atisemitismo fue el postrero coletazo del “efecto Eichman” y de las soflamas del padre Meinvielle.

El pensamiento de Meinvielle tenía cinco componentes clásicas: nacionalismo inspirado en el general Rosas, catolicismo tradicionalista e inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, anticomunismo, antisemitismo y desdén, desconfianza y denigramiento hacia la democracia. Todos estos elementos están presentes en la “primera Tacuara”. No importa que, a partir de 1960, el peso de la “izquierda” se fuera acentuando progresivamente en el seno de la Tacuara. De hecho cuando conocí a “Alberto Santos” en Madrid, seguía siendo fiel a los principios inyectados por Meinvielle en la organización. De todas formas, el propio Meinvielle, cuando en marzo de 1960 percibió –a causa de la condena realizada por el movimiento Tacuara de la invasión de Bahía Cochinos y del reconocimiento de que algunos elementos de la reorma agraria castrista eran “esperanzadores”- viraba ligeramente a la izquierda, escindió a sus colaboradoras y fundó la Guardia Restauradora Nacionalista. No todos podían ser miembros de la GRN, era preciso demostrar una ascendenci argentina de cinco generaciones. Recuerdo algunos de los boletines ciclostilados dela GNR, solían alternar frases de San Pío X, con las de José Antonio Primo de Rivera. Pero lo más sorprendente es que, hasta última hora, la Tacuara “de izquierdas”, siguió citando también consignas del fundador de Falange Española, cundo ya había transformado su nombre en Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara. Recuerdo un de los dípticos de publicidad del movimiento que terminaba con el “Ni derechas ni izquierda” y “Patria para todos o patria para nadie”.

Meinvielle reclutó a los primeros tacuara entre la alta burguesía bonaerense, católicos a machamartillo, lo únicos con formación suficiente para apreciar su dominio de la patrística y el tomismo, educados inevitablemente en los mejores colegios religiosos del país. Resulta aventurado decir si la “infiltración marxista” se produjo de manera sistemática y deliberada o fue un signo de los tiempos, producto de la efervescencia guerrillera que vivió el subcontinente iberoamericano en la década de los 60. La cuestión es que, a principios de 1960, era evidente que una parte de la organización había escapado a la tutela doctrinal de Meinvielle.

En aquel momento, Meinvielle era un hombre meduro de 55 años. Había dado que hablar desde los 25, cuando polemizó con Jacques Maritain sobre la guerra civil española. Maritain había acertado a pasar por Buenos Aires negando el carecer religioso de la guerra civil española y sosteniendo posturas antifascistas que recabaron una oposición vivaz de Menvielle. En 1937 publicó su primer libro, “¿Qué saldrá de la España que sangra?”. Para él, estaba claro, fue uno de los más ardientes defensores del carácter de “guerra santa” y “cruzada” que tuvo nuestro último conflicto civil. Fue, precisamente Acción Católica Argentina quien editó ese libro (que hoy puede encontrarse íntegro en Internet). En realidad Meinvielle –que había estudiado filosofía en el Seminario Pontificia de Buenos Aires- había sido uno de los fundadores de la Acción Católica Argenita. Ese mismo año -1937- fundaba la Unión de Scouts Católicos Argentinos y poco después entraba a formar parte de la Sociedad Tomista Argentina, de cuya dirección formó parte. Estudió en el Seminario de Villa Devoto y fue ordenado en 1930. Colaboró desde su inicio con la revista “Criterio”, fundó a principios de los años 30 la revista “Crisol” y participó activamente en los cursos de Cultura Católica, donde se convirtió en mentor de un grupo de católicos de orientación nacionalista. Colaboró con algunos de ellos –Marcelo Sánchez Sorondo, César Pico, Mario Amadeo– en la fundación de “Sol y Luna” en 1938, y posteriormente de “Balcón”, en 1946.

Tomista convencido, aspiraba a restaurar el reino de Cristo Rey en la tierra. Durante los años 50 fue elaborando su proyecto político agrupando un catolicismo tradicionalista con el nacionalismo inspirado en el general Rosas en un contacto “nacional” y antidemocrático. Para él, los tres pilares de la sociedad argentina eran la Nación, la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Los adversarios a abatir eran cuatro: protestantismo, masonería, liberalismo y socialismo. Existía, naturalmente, un quinto adversario, el judaísmo, que operaba a modo de influencia transversal en los otros cuatro. Su primera obra sobre el judaísmo la compuso en 1936; se titulaba “El Judío” y en ella aludía y adaptaba los clásicos del antisemitismo –en especial “El Judío internacional” y “Los Protocolos de los Sabios de Sión”- a la situación argentina.

Meinvielle, ya en esa época, demostró ser un ágil polemista, brillante intelectual conservador y pluma anticomunista acerada. A lo largo de toda su vida, estas cualidades seguirían vivas y activas. Sus discípulos más directos dieron que hablar en los años siguientes y recorrieron el mismo sendero: Jordan Bruno Genta, el más próximo de todos ellos, escribió en 1965 “Guerra Contrarrevolucionaria: doctrina política” que todavía sería considerado por la Junta Militar que derribó a María Estela Martínez de Perón, como libro de cabecera. Otro de los intelectuales nacionalistas argentinos inspirados en Meinvielle es Alberto Buela Lamas, cuyo primer libro, “El ente y los trascendentales” fue prologado por Mainvielle en 1972, un año antes de fallecer. Su hermano, Carlos Miguel Buela Lamas, fundó en 1984 el Instituto Verbo Encarnado y escribió un opúsculo tras el fallecimiento de Meinvielle.

En los años 30 y 40 Meinvielle colaboró con distinas revistas católicas y desarrolló una portentosa labor para movilizar y organizar el catolicismo argentino. Levantó incluso iglesias, creó el Ateneo Popular de Versalles y fundó otras revistas católicas de formación doctrinal e información política. Todavía hoy existe una placa en el barrio bonaerense de Versalles que recuerda su dedicación y ejemplo. En efecto, desde 1933, Meinvielle era presbítero de la parroquia de Nuestra Señora de la Salud, en Versailles, un barrio nuevo del oeste de la ciudad. Inicialmente era un destartalado edificio hecho con chapa ondulada y restos de madera. En pocos años logró transformarlo en un edificio de calidad. Aún hoy se recuerda allí al “padre Julio” por su bondad y su dedicación a las necesidades materiales y espirituales de los feligreses. Algunos de los periodistas que han intentado reconstruir la biografía de Meinvielle se sorprendieron de que un teócrata opueso a la democracia liberal como él, sea recordado por su “actitud liberal y democrática”.. Una vez construida su parroquia, en 1951, Meinvielle fue relevado de su puesto. En efecto, se habían producido las primeras manifestaciones católicas de hostilidad a Perón y Meinville –como era de esperar- se destaco como uno de los más ruidosos polemistas antiperonistas.

Meinvielle era ferozmente antiperonista; Perón, para él, era una especie de Kerensky argentino que preludiaría un gobierno bolchevique a cauda de lo que denominaba “su plebeyismo, su tendencia al desorden, su actitud antijerarquica respecto de la sociedad y sus atropellos a la propiedad privada”.
Meinvielle influyo en sectores reducidos de la clase media católica, que ejercían de profesores en la universidad, especialmente de filosofía, derecho, diplomacia, justicia (como el ex-Ministro de Justica menemista Rodolfo Barra) y las fuerzas armadas y los órganos de seguridad. Pero en donde logró más audiencia fue en la generación de jóvenes activistas nacionalistas de finales de los años 50 y principios de los 60. Fernando Abal Medina, Rodolfo Galimberti, Alejandro Giovenco, Joe Baxter, Carlos Osorio, José Luis Nell, Carlos Caride, Dardo Cabo (por solo mencionar a los mas conocidos) fueron Tacuaras… antes de pasar a otras formas de guerrilla urbana o de nacionalismo. 
Todos los títulos de las obras del Padre Julio Meinvielle son significativos de su pensar: “El judío, Asociación de los Jóvenes de la Acción Católica” (1937), “El  judío en el misterio de la historia” (1959), “Entre la Iglesia y el Reich” (1937), “Qué saldrá de la España que sangra” (1937), “Hacia la Cristiandad. Apuntes para una filosofía de la historia” (1940), “ El comunismo en la revolución anticristiana” (1961), “El poder destructivo de la dialéctica comunista” (1962), “Toma bolchevique del poder a través de generales nasseristas” (1963), “La «Ecclesiam Suam» y el progresismo cristiano” (1964), “La Iglesia y el mundo moderno, el progresismo en Congar y otros teólogos recientes” (1966), “¿Cisma en la iglesia? El conflicto Dolar-Oro, La Revolución Mundial y otros temas” (1968), “De la Cábala al progresismo” (1970), ”Concepción católica de la política. Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo. El comunismo en Argentina” (1974), “Influsso dello gnosticismo ebraico in ambiente cristiano” (1988)…

Murió en un accidente automovilístico en 1973.

 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (V) 1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (V) 1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Infokrisis.- A mediados de los años 60, la guerrilla urbana apareció como forma de lucha política en Brasil, Uruguay y Argentina, mientras que en Colombia y en centroamérica, siguió siendo guerrilla rural. Todo esto es suficientemente conocido y lo analizaremos con cierto detalle en próximas entregas de esta serie. Resulta mucho menos conocido, sin embargo, el que todas estas experiencias de guerrilla urbana tuvieron como precedente al Movimiento Tacuara que se configuró progresivamente como una verdadera guerrilla urbana.

 

1.2. La primera guerrilla urbana... fue de extrema-derecha

Oí hablar por primera vez de “la Tacuara” en casa de Ángel Ricote Sumalla. Era Ricote un probo militantes del Movimiento franquista, cuyas únicas diferencias con los otros miles de personajes grises similares a él, eran su afición a contactar con “camaradas” de otros países, su condición de fundador del Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE) y su esposa, una mujer de carácter, sin duda, con mucha más conciencia política que él. Fue Della Chiaie quien me presentó a Ricote allá por el lejano 1970. Era en aquel momento un hombre resabiado. Poco antes de había producido una revuelta palaciega en CEDADE y el grupo juvenil, dirigido por Jorge Mota, se había hecho con el control de la organización y estaba tratando de sacarlo de la atonía gris y pasiva en la que Ricote convertía todo lo que tocaba. Ricote fue quizás de los primeros españoles que conocieron a Le Pen a mediados de los años 60, cuando solamente era director del SERP, una empresa que comercializaba discos microsurcos sobre los más variados temas, entre otros la II Segunda Guerra Mundial. Desde principios de los años 60, Ricote había acudido a la mayoría de congresos del Nuevo Orden Europeo, la organización que Gaston Amaudruz dirigía desde Suiza.

En aquella época, la casa de Ricote en lo que es hoy la Diagonal barcelonesa, en Pueblo Nuevo, se había convertido en lugar de “operaciones”. Cuando me tocó ir al aeropuerto de Barcelona a buscar al capitán Labruna, uno de los hombres más turbios de los servicios secretos italianos, implicado en todas las operaciones de terrorismo de Estado de los años 60 y 70, tras dejarlo albergado en el Hotel Terminus, me tocó llevarlo a la casa de Ricote en donde tuvo lugar el encuentro que había solicitado con Della Chiaie. Ricote, como falangista que era, sobre todo gustaba de hacer profesión de fe antimonárquica y, como tal, tenía una foto del entonces príncipe Juan Carlos en la tapa del retrete. Labruna lo contó en su libro de memorias, añadiendo, que cuando vio esa foto todo aquello le pareció “poco serio”, pero si lo pensó se cuidó mucho de manifestarlo, porque, toda su estrategia consistió en proponer a Della Chiaie una colaboración de la que –según él- ambas partes saldrían beneficiadas. Della Chiaie eludió aceptar la colaboración y se limitó a decir que plantearía la cuestión al Príncipe Junio Valerio Borghese, que en ese mismo momento se encontraba exiliado en Madrid y que era el Presidente del Fronte Nazionale. La conversación en el domicilio de Ricote fue íntegramente grabada, así que no hay dudas sobre su contenido.

Pues bien, cuando tenía que ir a casa de Ricote, aprovechaba para ojear algunas de las revistas que le iban enviando grupos de extrema-derecha de toda Europa e Iberoamérica. Su colección de revistas, discos y panfletos, era sin duda la mejor dotada que podía encontrarse en España sobre la extrema-derecha de los años sesenta. Recuerdo que un día, había venido a visitarnos un camarada francés que en aquellos momentos militaba en Ordre Nouveau, Jean Marot, autor de un libro en el que glosaba a José Antonio Primo de Rivera, “Face au soleil”. El libro todavía hoy sigue siendo apreciado en los medios del Front National. A Marot le encantaba cantar las viejas canciones falangistas que nosotros le coreábamos. También le encantaba el Ricard. Ese día, por algún motivo, Marot empezó a hablar con Ricote sobre lo conocido que era Primo de Rivera en Argentina. Y fue así como me enteré de la existencia del padre Julio Meinvielle, autor de una obra excepcionalmente prolija en defensa del catolicismo, la tradición cristiana y el anticomunismo. Ricote tenía todos los libros de Meinvielle… en alemán. Ni Marot ni yo hablábamos esa lenga, pero Ricote tenía algo más: algunos panfletos y folletos de la organización política que inspiraba Meinvielle: el Movimiento Nacionalista Tacuara. Fue así como supe de la existencia esta organización.

En esos mismos años, un sobrino de Modesto Cuixart, Ignaci Castells, militaba con nosotros y su inquietud parecía no tener límites. Era de los pocos españoles que recibía desde Cuba las publicaciones de la OSPAAAL (Organización de Solidaridad con los Países de África, Asia y América Latina) una estructura de propaganda al servicio de la expansión internacional del castrismo. Así mismo, mantenía correspondencia con gentes de todo el mundo, entre otros con un argentino que en 1972 le había enviado algunas revistas de “Tacuara”. De todo este material, nosotros, con apenas 18 ó 19 años, extraíamos algunas ideas y fotos para reproducir en nuestra propaganda. La revista “Tacuara” había sido editada unos años antes (probablemente fuera de 1970) y evidenciaba una alta preparación política, al menos así me lo parecía en aquella lejana época. Entre este material y el que me prestó Ricote pude hacerme una somera idea de lo que había sido la “Tacuara”.

A poco de conocer a Ricote, también pude relacionarme con un súbdito argentino exiliado en Madrid, que atendía al nombre de guerra de “Alberto Santos”. Santos había tenido alguna participación en el asesinato de General Aramburu y consiguió llegar a España en donde permaneció durante varios años. Santos había sido miembro de la Tacuara y en nuestro país terminó colaborando con la revista Fuerza Nueva en la que semanalmente realizaba las fotos para una serie titulada “Hablan las Estatuas”, cuyos textos los escribía Omar Silva, un brasileño que por aquellas fechas también vivía en nuestro país. Silva en los años 80, de nuevo en Brasil, dirigiría una asociación de amistad y solidaridad con Irak, sostenida y financiada por Hussein Triki, el primer delegado de la Liga Árabe en Iberoamérica con quien estábamos ligados por lazos de amistad y camaradería. En 1982, durante el período del gobierno militar en Bolivia a través de Triki se gestionó un crédito de 1.000 millones de dólares de Irak en ayuda de la dictadura boliviana… crédito que no llegó a tiempo. Triki, como veremos, reaparecerá en alguna ocasión en nuestro estudio sobre la “Tacuara”.

1.2.1. La “primera Tacuara”

La tacuara es, hablando con propiedad, una caña maciza y sin espinas, de corteza lisa y con abundantes ramificaciones en sus nudos, de hasta 10 metros de alto y de follaje muy denso. Fue el arma de los gauchos en las guerras federales del siglo XIX. Una lanza eficaz y agresiva. No puede extrañar que uno de los grupos más activistas de los años 50 y 60, adoptara su nombre. De hecho, el nombre de Tacuara ha pasado a la historia por ser la primera guerrilla urbana de la historia.

La referencia más antigua de que disponemos sobre los orígenes de Tacuara, se remontan a finales de noviembre de 1955 con la creación del “Grupo Tacuara de la Juventud Nacionalista”, si bien –como veremos- es cierto que en los años treinta ya existió un grupo estudiantil que utilizaba este nombre para su boletín. El grupo quedó radicado en el local que la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES) poseía en Matheu 185, en el barrio bonaerense de Once. Poco después, la Unión Cívica Nacionalista (UCN), un pequeño partido en barbecho, les presta un local de tres habitaciones en un viejo edificio de Tucumán 415. No es gran cosa, pero desde allí irradiará un movimiento con una formidable capacidad para la violencia que prolongará su existencia durante los diez años siguientes.

La dirección del grupo está en manos de un joven de apenas 18 años, Alberto Ezcurra Uriburu, séptimo hijo de un profesor de historia, descendiente de Juan Manuel de Rosas y del general José Félix Uriburu. Quienes lo conocieron lo definen como “austero, inteligente, astuto, estudioso y casto”. Su aspecto físico era impresionante: alto, con cejas pobladas, lentes de vidrio grueso y pasta negra y hablando siempre con una gran autoridad. Llevaba el liderazgo en la sangre. Durante un tiempo fue seminarista, pero abandonó los estudios religiosos y empezó a trabajar en un garaje para sacar adelante a su modesta y numerosa familia. En 1950, con apenas 13 años, ingresó en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES). Su padre, Alberto Ezcurra Medrano, nacido en 1909, ya militaba en el nacionalismo y era un prolífico autor de esta corriente. Ya el padre, aceptaba de buen grado ser “antiliberal, católico, rosista e hispánico”. También era miembro de la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los Restos del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, de la Comisión de Homenaje al Combate de la Vuelta de Obligado y de la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas. Tras la experiencia de Tacuara que para él terminará en 1964, Alberto Ezcurra Uriburu, volverá de nuevo al seminario y, esta vez sí, terminará ordenándose sacerdote con una carrera pastoral en la línea del Padre Meinvielle, su inspirador. En los años setenta estuvo ligado a algunos levantamientos militares nacionalistas encabezados por la Fuerza Aérea, y ya en los ochenta dirigió la Congregación del Verbo Divino, sector tradicionalista del catolicismo argentino.

Ezcurra tenía como brazo derecho a José Baxter, más conocido como “Joe” Baxter o “El Gordo Baxter”. Ingresó en Tacuara en 1957 y nadie dudó de sus cualidades de propagandista. Era un hombre al que le gustaba ir al fondo de las cuestiones y encontrar las razones últimas de cualquier acontecimiento. A diferencia de la mayoría de tacuaras, su apellido no era “hispánico”, sino irlandés. Quizás por esto nunca terminó de caerle bien al Padre Meinvielle quien consideraba que sólo un limpio historial de cinco generaciones, podía asegurar un nacionalismo sincero y auténtico. Había nacido en 1940 en el seno de una familia modesta y se ganaba la vida como telefonista mientras seguía estudios de Derecho. El periplo de Baxter es sorprendente: de haber escrito poemas en su juventud en homenaje a José Antonio Primo de Rivera, pasó al trotskysmo más levantisco y, como tal murió, como otros militantes de la Tacuara. Pero no nos adelantemos.

La UNES había sido fundada el 5 de junio de 1935, por Juan Enrique Ramón Queraltó, hijo de un juguetero español. Era la organización estudiantil de la Legión Cívica, una especie de “Unión Patriotica”, creado en mayo de 1931 por decreto del general José Félix Uriburu. Publicaba un periódico llamado “Tacuara” cuyo logo eran dos cañas cruzadas en forma de T con un machete atado en el extremo de cada una. En 1937, Queraltó crea la Alianza de la Juventud Nacionalista (AJN) que el 1 de Mayo de 1938, intenta rivalizar con los partidos de izquierda. En esa época, tiene en torno a once mil cotizantes (ocho mil hombres y tres mil mujeres), concentrados en la ciudad de Buenos Aires. Defendían el “Estado Corporativo”, la instauración del catolicismo como religión de Estado y la disolución de los partidos políticos. Su componente antisemita es notoria. En lo económico proponían poner límites a la propiedad privada, colocar a los grandes capitales bajo el control federal y nacionalizar el petróleo y los servicios públicos. Así mismo, proponían una profunda reforma agraria, cuyo lema era "que quienes posean la tierra puedan trabajarla y quienes trabajen las tierras puedan poseerla". Esta será, más o menos, la ideología que asumirá la Tacuara.

A diferencia de otras formaciones nacionalistas que solamente albergaban resentimiento hacia otras formas de nacionalismo en ls países vecinos, la AJN, se mostraba partidaria de la cooperación con ellos dentro de un marco anticomunista y católico. En mayo de 1943, la AJN se transforma en Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y se instalan en la famosa calle Corrientes esquina con General San Martín. Han elegido como emblema un cóndor con las alas desplegadas sobre una pluma y un martillo. Se ha dicho que Tacuara era una secuela de la ALN y seguramente es cierto, si bien, dada la juventud de los dirigentes de la organización, cuesta encontrarles antecedentes políticos que no sean los de la UNES.

Precisamente, entre la primera generación de dirigentes de la Tacuara, la presencia de miembros de la Unión de Estudiantes Nacionalistas Secundarios (UNES) es masiva. No solo Ezcurra lo era, sino también otros nombres significativos de Tacuara, como Oscar Denovi. La UNES era una escisión de la Alianza Libertadora Nacionalista, con similitudes evidentes con los partidos fascistas de los años treinta. Allí ya se utilizaba el brazalete con la cruz de los Caballeros de Malta, que luego heredaría Tacuara.

Sin embargo, el estilo de la Tacuara era sensiblemente diferente a todos los precedentes posibles de la ALN o la UNES. Sus miembros se trataban unos a otros de camaradas y preferentemente se trataban de usted. La edad de la mayoría de los jefes tacuaras oscilaba entre los 21 y los 24 años, siendo la media de edad de sus militantes en torno a 19. Inspirados por Meinvielle y, éste a su vez, por el estilo de Falange Española, predicaban la austeridad en el comportamiento individual, una vida honesta y alejada del lujo y la molicie.

El escritor izquierdista uruguayo Eduardo Galeano los caracterizó perfectamente escribiendo en relación a los Tacuara: “Vienen en busca del mito del poder, los atrae la emoción de los campamentos, en los que las maniobras militares suelen hacerse con verdadera munición de guerra y con verdaderos heridos, la magia de los juramentos en las galerías subterráneas del cementerio, el estampido de los primeros balazos, el culto del peligro elaborado en torno a las fogatas, lejos de la familia y el hogar -y de la blanda vida burguesa de la que pretenden liberarse- reivindicándolos a sangre y fuego, como ‘un pelotón de soldados que salva a la civilización’, que dijera Oswald Spengler”. Y daba en el clavo. Por su parte, Sergio Cierman escribió una nota extremadamente descriptiva sobre los tacuaras de finales de los cincuenta y principios de los senta. Decía Cierman: “Los jóvenes de Tacuara, como tantos otros jóvenes, pelean por cambiar el mundo de acuerdo a su ideología y a la visión que tiene del mismo. Desconfían y aborrecen a esa democracia liberal que solamente ha logrado hundir aun más al país. Y están convencidos (los de Tacuara y muchos otros jóvenes más que luego vendrán) que solamente la muerte puede apartarlos de su cometido: “Patria o muerte”, dicen los seguidores de Fidel y el Che; “Perón o muerte, viva la patria”, dirán los muchachos de la JP setentista; “A vencer o morir por la Argentina”, exclamarán los jóvenes del PRT-ERP para ese mismo tiempo; “Volveremos vencedores o muertos”, afirman ahora, estos pibes de la cruz de Malta”.

A pesar de que su mentor ideológico, el Padre Meinvielle no lo aprobara, lo cierto es que buena parte de los jóvenes Tacuara entraban en la calificación de neo-nazis aquí empezaba y terminaba su definición idelógica. Su punto de encuentro real era la “acción”. Querían “acción”, “aventura”, “enfrentamiento” y “riesgo” por encima de todo. Era el rasgo de aquella generación de jóvenes argentinos que se mantuvo hasta los años 70. Mucho más que de conciencia política –eso estaba implícito en algunos dirigentes y cuadros particularmente bien formados, pero no en las bases- habría que hablar de la ecuación personal propia de jóvenes que, como el rojo de sus banderas y brazaletes, experimentaban un fuego interior que les quemaba y que, de hecho, a muchos contribuyó a arrasarles completamente su vida.

Sociológicamente, la mayoría pertenecían a los colegios católicos bonaerenses a donde las clases acomodadas de la capital confiaban a sus vástagos para formarles cultural y humanamente. Muchos de ellos, pertenecían a familias empobrecidas o con riesgo de proletarización y buscaban respuestas a los riesgos sociales que percibían. A medida que se fueron incorporando sectores de las clases trabajadoras, que carecían de esa visión conservadora y elitista de su propio rol social, Tacuara fue variando de orientación. De ser antiperonista pasó a apreciar y apoyar el peronismo, de ser una fuerza que repetía machaconamente el eslogan de los falangistas españoles, “Ni derechas, ni izquierdas”, pero que nadie dudaba que se ubicaba en la extrema-derecha, pasó a seguir repitiéndolo, pero situándose en la extrema-izquierda. Entre una y otra, lo que hay es un trabajo de agitación y propaganda en las escuelas secundarias de Buenos Aires, que terminaría alterando la composición sociológica inicial del grupo.

Algunas de las pintadas que los jóvenes tacuaras realizaban en los muros de Buenos Aires eran francamente provocadores. En ocasiones aparecieron inscripciones en las que se podía leer: «haga patria, mate un judío». En otras se calificaba a sus militantes de “machos” y en otras se leía el lema del movimiento: “Habrá Patria para todos o no habrá Patria para nadie”. No está excesivamente claro que todas estas pintadas las realizaran los jóvenes tacuaras. Más de uno de ellos nos ha comentado que la mayor parte de pintadas antisemitas las realizaban los propios judíos  a modo de provocación, fotografiando luego las inscripciones y enviándolas a la prensa. Uno de los extacuaras que participaron en el asesinato del general Aramburu nos explicó que la campaña de pintadas de svásticas que aparecieron en 1962 en todo el mundo (coincidiendo con el secuestro de Adolf Eichmann) fueron realizadas por agentes del Mossad, desde EEUU hasta Australia y desde la Patagonia a Malmoe. Se trataba, según este tacuara, de mantener vivo el mito del nazismo, hacer omnipresente la presencia del neonazismo y contribuir a victimizar aún más al judaísmo. He oído esta misma historia en otros dirigentes de la extrema-derecha mundial. Lo único que parece cierto es que, en pocos días, en todo el mundo, aparecieron svásticas e inscripciones nazis en todo el mundo y que aún hoy no se sabe quien las pintó. También es probable, como suele ocurrir en estos casos, que algunos jovenzuelos, más o menos identificados con la Tacuara, pero no militantes de la misma, hicieran la “guerra” por su cuenta, pintando lo que creían eran la consignas más llamativas del movimiento. 

Los primeros tacuaras eran militantes nacionalistas católicos que, inspirados por el padre Meinvielle, planteaban un Nacionalismo Restaurador reivindicando la figura histórica de Juan Manuel de Rosas. Parece que algunos de los fundadores eran hijos de antisemitas católicos o de nacionalistas destacados de la Alianza Libertadora Nacionlista. No todos habían estudiado en colegios católicos, también existía una componente importante que había surgido de los liceos militares. Lo cierto es que cuando se planteó el debate sobre la enseñanza católica o laica, todos ellos saltaron en defensa de la educación religiosa y participaron en las movilizaciones callejeras contrarias al peronismo. Ya entonces, los nacionalistas demostraron una increíble capacidad para la violencia y para el enfrentamiento con sus rivales políticos, los partidarios de la enseñanza laica.

En los folletos y revistas que leí de Tacuara hace casi cuarenta años, existía una inenarrable proliferación simbólica. Se repetía el símbolo del yunque (especialmente en el material del MNR “Tacuara”, la “segunda tacuara”), pero si había uno que estaba presente en todas partes era, precisamente el que daba el nombre al grupo, la tacuara, una caña larga y fuerte, con un machete atado en la puta. Solían mostrar en su propaganda dos de estas armas cruzadas ante un yunque. Un arma mortal, en definitiva, propia del gaucho junto a sus boleadoras. A lo largo del siglo XIX, los indios, la convirtieron en el arma típica de los caudillos federales.

La bandera del Movimiento Nacionalista Tacuara poseía tres franjas horizontales, las de los extremos eran negras y simbolizaban la “revolución nacional”, mientras que la central, roja, evocaba la “revolución social”, tal como ocurría con los colores de Falange Española. En la “segunda tacuara”, estos colores pasarán a ser los de la “pólvora y la sangre”, respectivamente el cambio revolucionario y la voluntad de dar la vida por el ideal. Sobre la franja roja lucía una Cruz de Malta celeste y blanca, propia de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, también llamada Orden Hospitalaria, Orden de los Caballeros de Rodas y actualmente Caballeros de Malta. El Padre Meinvielle había dado a Tacuara este símbolo y su lema, que era también el de la orden medieval: “Volveremos vencedores o muertos”. Era evidente que Meinvielle intentaba rescatar el filón de la mejor edad media europea y que el mito de las Cruzadas y de la Reconquista tenía un peso decisivo en su modelo político. En los colegios de secundaria bonaerenses y luego en los rosalinos, era frecuente ver a los jóvenes estudiantes con cruces de malta celeste y blanca en la solapa. Era su símbolo de reconocimiento, aunque no el único. También utilizaban la estrella federal de ocho puntas que, por esos tiempos, era el distintivo de los Uturuncos con una U inscrita en el centro. Y, finalmente, se les podía reconocer por el llavero del que colgaba un crucifijo. Su portavoz era la revista “Ofensiva”, que lucía en su portada el símbolo de la organización custodiada por un águila con alas desplegadas.

Contrariamente a lo que hubieran pretendido sus fundadores e inspiradores, Tacuara distó mucho de ser un partido homogéneo en lo ideológico y unitario en cuanto a sus fines. En cada barrio de Buenos Aires parecía tener una orientación diferente, si bien la dominante era el nacionalismo, el anticomunismo y el antisemitismo. El antiperonismo inicial, fue, poco a poco, cediendo. Ezcurra visitaba una delegación tras otra, intentaba mantener los equilibrios y dejar hacer a los muchachos, que, en el fondo, todos eran bienintencionados y dotados del mismo espíritu de aventura, así que ¿para qué crear divisiones ideológicas? Curiosamente, todas las tendencias estaban de acuerdo en tomar como referencia ideológica al falangismo español. Algunos, como el propio Ezcurra, mantenían relaciones con España y asistían a las Reuniones de Verano organizadas por la Delegación Exterior del Frente de Juventudes y se nutrían en buena medida de las muchas ediciones de las “Obras Completas” de José Antonio Primo de Rivera o de las distintas compilaciones de sus escritos que realizó en los años 50 y 60, Agustín del Río Cisneros y que fueron publicados por la Sección Femenina. En aquellos jóvenes enfebrecidos de la Tacuara, la frase sobre los “puños y las pistolas” pronunciada por el fundador de la Falange en el discurso fundacional del partido, causó particular impacto y nunca la olvidarían… ni siquiera aquellos que años después decidieron orientarse hacia la izquierda.

Con el paso del tiempo, estas diferencias ideológicas se hicieron cada vez más patentes, especialmente cuando, a partir de la experiencia cubana de Sierra Maestra, dejaron de ser solamente diferencias de matiz y se convirtieron en diferencias estratégicas. En 1959, el castrismo llega al poder en Cuba. Dentro de la Tacuara, Joe Baxter, por entonces situado todavía en el neo-fascismo más agresivo, se siente fascinado por la experiencia. A Ezcurra, el castrismo no le decía gran cosa. Es cierto que Castro pasaba por ser católico, pero no hacía demasiada ostentación de esta calidad, aparte de declararse “demócrata”, así que había motivos para pensar que sostenía una posición muy parecida a la del odiado Maritain. El 1961, Castro se declara socialista. A partir de ese momento, la ruptura en el interior de la Tacuara está servida. “El Gordo” Baxter, siguiendo a su modelo, transitará a una velocidad cada vez mayor hacia formas extremas de socialismo, mientras que Meinvielle primero y Ezcurra después, optarán por el anti-castrismo. Los primeros, terminaron entendiéndose con cuadros sindicales y peronistas que veían en el modelo cubano una referencia. De ahí surgió la “segunda tacuara”.

Tacuara arraigó sobre todo en Buenos Aires a finales de los años 50, pero en meses sucesivos logró instalarse en las ciudades más importantes de Argentina, contando con comandos organizados en Rosario, Santa Fe y Tandil. El número de adheridos a Tacuara fue creciendo lentamente hasta septiembre de 1958, hasta que empezó el debate sobre la “enseñanza laica” y se incorporaron masivamente alumnos de las escuelas católicas secundarias de la capital. Una vez resuelta la discusión y establecida la enseñanza laica (o “libre”), el número de militantes de la Tacuara volvió a crecer, pero en esta ocasión se produjo el reemplazo sociológico del que hemos hablado e irrumpieron en el grupo los hijos de la baja burguesía y de las clases populares, cuyos padres, frecuentemente, estaban vinculados al peronismo. Y es a partir de este nuevo esquema sociológico de Tacuara cuando se producen algunas mutaciones ideológicas importantes: el movimiento deja de ser furibundamente antiperonista, se produce un acercamiento a sectores de esta corriente política; nunca jamás desaparecieron del todo, ni en el MN Tacuara, ni en su secuela el MNR Tacuara, las connotaciones anticomunistas, nacionalistas y antisemitas, como también siempre estuvo presente un cierto anti-yanquismo que, en el MNR Tacuara pasó a ser una muestra de sus nuevas simpatías hacia las experiencias de las izquierdas latinoamericanas y especialmente del guerrillerismo castrista.

Desde el momento de su fundación, Tacuara tuvo capacidad para hacerse con un cuantioso arsenal de armas. La leyenda explica que todo este armamento había sido facilitado por policías de orientación ultra-católica y por antiguos nazis refugiados en Argentina e integrados en el aparato de seguridad del Estado. Sea como fuere, y a falta de datos concretos, se suele repetir que el arsenal era envidiado por el resto de organizaciones nacionalistas.

Tacuara fue la precursora en el cobro del “impuesto revolucionario”. O al menos eso ha pasado a la historia y al mito de la Tacuara. Se ha dicho que cobraban una especie de racket de protección a los comerciantes judíos del barrio de Once en Buenos Aires. Pero donde sus militantes adquirieron mayor fama fue en los enfrentamientos con estudiantes de secundaria partidarios de la enseñanza laica, en tanto que los tacuaras constituían la punta de lanza de los partidarios de la escuela católica.

Cuando Fidel Castro entró en La Habana, Tacuara, inicialmente, había divulgado una declaración de apoyo a Cuba “donde un grupo revolucionario encabezado por Fidel Castro ha derrocado en enero de 1959 al tirano Fulgencio Batista”; el comunicado termina recordando la oposición “al capitalismo y al comunismo por igual”. La declaración, al parecer, había sido elaborada por el propio Baxter. Los militantes más próximos al Padre Meinvielle, empezaron a desconfiar de Baxter y de los “marxistas infiltrados”. Para colmo, tampoco les hacía gracia la progresiva aproximación al peronismo. Fue entonces cuando se escindieron y constituyeron la Guardia Restauradora Nacionalista. Con todo, Meinvielle siempre siguió manteniendo un cordón umbilical con Ezcurra, al menos, como veremos, hasta 1961.

En el documento fundacional la GRN divulga acusa a la Tacuara de haber sido infiltrada por “el fidelismo, el trotskismo y el ateísmo”, denuncia que padece “la influencia de elementos que habían militado hasta fecha reciente en el comunismo y que se proclamaban ateos, o que hacían gala de irreligiosidad, o bien que sostenían doctrinas económicas abiertamente contrarias al derecho natural y a las enseñanzas del magisterio de la Iglesia, o preconizaban la abolición de la institución militar y su reemplazo por milicias populares”. Poco después, echando más leña al fuego, Ezcurra, en el curso de una entrevista, califica a los integrantes de la GRN corno “reaccionarios conservadores que responden a tendencias que caducaron en 1930”, mientras que Baxter, en el curso de la misma entrevista, con un lenguaje completamente diferente, sostiene que los militantes del MNT “combaten al régimen democrático-liberal-burgués, aceptan la lucha en todos los terrenos, defienden los valores católicos y repudian por igual al capitalismo y al comunismo”. Es evidente que en esa época (1960), Baxter seguía identificado con los ideales originarios de Tacuara.

El alejamiento definitivo tiene lugar en 1961, cuando se produce el intento de invasión de Cuba de Bahía Cochinos. Tacuara condena la invasión, pero se cuida de no tomar partido a favor del castrismo, aun cuando aprecia la reforma agraria cubana. Poco después, el Padre Meinvielle escribe en la revista “Presencia” que Tacuara ha caído en “una mentalidad izquierdista filocomunista, que se manifiesta en consignas y doctrinas sospechosas”.

En 1960, las tensiones en el interior del grupo empiezan a ser insorportables y, Ezcurra ya no está en condiciones de armonizar a las distintas tendencias el movimiento. En 1960, se escinde del MN Tacuara, la Guardia Restauradora Nacional, inspirada directamente por Meinvielle y que aspira a retornar a los orígenes aristocrático-nacionalistas-católicos de los primeros tiempos. La GNR adoptará como paradigma “Dios, Patria y Hogar”. Poco después, en 1961, se produce la segunda escisión, dirigida por Dardo Cabo, hijo de un destacado sindicalista peronista, que fundará el Movimiento Nueva Argentina próximo al sindicalismo peronista de Vandor. La tercera escisión tiene lugar en 1964, cuando Joe Baxter y José Luis Nell, después de una evolución que les llevó a la militancia “nacional-izquierdista”, terminan constituyendo el Movimiento Nacionalista Revolucionario “Tacuara”. En la práctica llevaban ya año y medio utilizando este nombre y en franca disidencia con Ezcurra. Pero esta ya es “la otra Tacuara”, la izquierdista, la que será simplemente un estadio transitorio entre el nacionalismo de ultra-derecha y la extrema-izquierda en donde terminarán algunos de sus miembros como el propio Baxter o Santucho. Pero esta es otra historia.

Cuando se oficializaba la ruptura final de Tacuara, el movimiento ya era, más o menos, clandestino. En 1963, los distintos episodios de violencia en los que se habían visto envuelto las distintas ramas de la Tacuarahabía precipitado la promulgación del decreto 3134/63 por el que se prohibían las actividades del Movimiento Nacionalista Tacuara y de la GNR en todo el país. Ezcurra reingresó en el seminario un año después. Era el fin de la experiencia, si bien siguieron subsistiendo núcleos que ostentaron el nombre de Tacuara hasta finales de los sesenta. Pero su hora ya había pasado.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (IV) 1.1.7. Los Uturuncos: algunas conclusiones

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (IV) 1.1.7. Los Uturuncos: algunas conclusiones

Infokrisis.- Presentamos a continuación algunas conclusiones que se imponen sobre la experiencia de los Uturuncos. Dichas conclusiones explican el por qué el movimiento fue limitado y resaltamos el hecho de que se trató de una guerrilla precursora de otros movimientos posteriores. Así mismo, se insiste en las diferencias entre la experiencia uturunco y las guerrillas que en aquel momento tenían lugar en Argelia (el FLN) que constituían un modelo para los peronistas argentinos, quieres, por otra parte desconfiaban de la experiencia castrista hasta que Willian Cooke marchó a Cuba.

1.1.7. Algunas conclusiones

La mayoría de los estudiosos sobre el movimiento de los “Uturuncos”, procedentes de la izquierda, atribuyen el escaso impacto de esta guerrilla a su total extrañeidad a la clase obrera y a los trabajadores organizados en el sindicalismo peronista. Sin embargo, en posteriores esquemas guerrilleros, argentinos e iberoamericanos, volverá a repetirse esta ausencia de las clases trabajadoras y un protagonismo de los sectores juveniles e intelectuales y de las clases medias e incluso de los hijos de la alta burguesía.

Por otra parte, la escasa incidencia de los Uturuncos contrasta con el impacto que tuvo en el interior del peronismo. Cuando el peronismo fue desalojado del poder en 1955, la dirección de la resistencia estuvo en manos de grupos activistas, muy alejados de lo que hasta ese momento habían sido las jerarquías gubernamentales. La resistencia peronista se articuló en los “Comandos” clandestinos y en las organizaciones sindicales. En los tres primeros años de resistencia, ambas estructuras actuaron de manera coaligada. Veían a la antigua estructura gubernamental del peronismo como deslegitimada para seguir manteniéndose al frente de la organización; además, la propaganda gubernamental tendía a denunciar lo que habían sido sus excesos y corruptelas. En esos tres años, el peronismo pasó a ser dirigido por líderes surgidos de las fábricas y fue, más que nunca, un movimiento gremial en manos de gremialistas. La evolución de los “Comandos” fue distinta. Estos se configuraron como organismos de agitación, localizados en los barrios (no en las fábricas). Fueron estos “Comandos” los que impulsaron las campañas de atentados y sabotajes.

Cuando Arturo Frondizi resultó elegido presidente del país, los sindicalistas fueron los primeros en entender que el período insurreccional quedaba atrás y que no podían resignarse eternamente a aportar las masas a un nuevo proyecto subversivo conspirativo destinado a retornar a Perón a la presidencia del país. Por otra parte, los “Comandos” nunca estuvieron en condiciones de disponer de una dirección única y de una estructura orgánica centralizada. Sus operaciones terroristas de mayor importancia se extendieron hasta 1960, cuando el gobierno puso en marcha el “Plan Conintes” para la represión y desarticulación del terrorismo. Se habían logrado extender a casi todas las capitales de provincia y era allí en donde cometían sus atentados.

A partir de 1957 surgió una nueva componente del peronismo, liderada por los antiguos dirigentes del ala política. A pesar de que su estrategia (el frentismo con otras fuerzas de oposición) era opuesta a la oficialista sostenida por Cooke, Perón nunca los censuró. Muchos de estos eran dirigentes provinciales que veían peligrar sus escaños si se mantenían dentro de la estrategia insurreccional. Fueron los primeros en abandonar el insurreccionalismo de Cooke, antes incluso que los sindicatos. Pero se trataba de un grupo heterogéneo formado, de un lado, por los que disponían de una base electoral propia que querían aprovechar en cuantas convocatorias electorales se celebraban (este grupo recibió el nombre de “neo-peronista”), de otro lado, los que no contaban con base electoral propia, se limitaron a cuestionar el liderazgo de Cooke. El grupo de dirigentes políticos estaba convencido de que el progresivo retorno a la normalidad les devolvería el control de la totalidad del peronismo organizado que no habían estado en condiciones de mantener durante los años de clandestinidad y estrategia insurreccional.

En 1959, durante el momento álgido de la guerrilla, los sindicatos peronistas volvieron a una lucha exclusivamente gremial, instando al gobierno a que les devolviera el control de la CGT que había sido intervenida desde el inicio del gobierno militar. Hasta ese momento habían apoyado el insurreccionalismo, pero a partir de ahora ya no estaban dispuestos a apoyar una lejana guerrilla desarrollada en Tucumán.

Los “Comandos”, por su parte, si bien se entusiasmaron con la experiencia de la guerrilla peronista, eran perfectamente conscientes de que, por sí misma, no iba a estar jamás en condiciones de derribar al gobierno, si no se contaba con el apoyo de algún militar peronista que, finalmente, diera un golpe de Estado. Los “Comandos”, en realidad, no eran una guerrilla rural; la mayor parte de sus acciones tuvieron lugar en capitales departamentales o en Buenos Aires. Pero la sublevación del general Iñiguez (noviembre de 1960) fue un fracaso sangriento y la represión emanada del el “Plan Conintes” terminó por desalentarlos.

Apenas existen testimonios sobre la guerrilla de los “Uturuncos” y no por que tuvieran una menguada militancia, sino porque muchos de sus integrantes, en los años posteriores, pasaron a ejercer cargos políticos e incluso gubernamentales y pretendían cubrir con el velo del silención aquellos años en los que apenas eran otra cosa que jóvenes radicales que recurrían sistemáticamente a la dinamita, la pistola y el atentado. Solamente el “comandante Puma” asumió su aventura quizás porque, de retorno del presidio, decidió dedicarse a su familia y renunciar a sus ambiciones políticas.

Gracias a Serravalle sabemos que, en su origen, la primera guerrilla argentina surgió de una reflexión interna sobre el fracaso de la estrategia insurreccional. No era una copia de la Revolución Cubana como algunos han pretendido y debió mucho más al ejemplo del FLN argelino –que Abrahám Guillén había estudiado mejor- que a cualquier otro. En el período guerrillero, no estaba claro que Castro fuera algo más que un católico bienintencionado que quería derribar a una dictadura, mientras que, desde el principio, el FLN argelino fue siempre una fuerza “anti-imperialista” que estaba llevando a cabo una “guerra de liberación”. Para colmo, la prensa oficialista argentina realizaba comparaciones entre Batista y Perón, alineándose con Castro que habría logrado derrocar al “tirano”. Además, existía la impresión, al menos en esos primeros momentos, de que los EEUU habían cambiado la alianza con Batista por otra con Castro. Así pues, en los primeros momentos de castrismo, desde Argentina ni siquiera estaba clara su componente anti-imperialista. A esto se añadía el hecho de que tampoco los castristas veían con excesivos buenos ojos al peronismo. El Ché, en tanto que argentino, conocía bien lo que era al justicialismo. Lo consideraba una revolución de las clases medias que sólo accidentalmente había logrado el apoyo del proletariado organizado en los sindicatos. Los castristas jamás consideraron a Perón como un revolucionario, aunque siempre lo tuvieron por un líder anti-yanki. Y así seguirían las cosas hasta que Cooke llegó a Cuba. Los castristas descubrieron el enorme potencial popular del peronismo y los inmensos vacíos de su ideología que ellos podían cubrir especialmente desde que asumieron el comunismo como doctrina oficial del régimen.

El peronismo jamás fue una doctrina homogénea. Dentro de sus muros, cabía de todo. La inmensa personalidad carismática de Perón, atenuaba cualquier contradicción que pudiera surgir. Especialmente durante sus dos primeros períodos de gobierno y hasta su derrocamiento. A partir de entonces y hasta su retorno, a pesar de que Perón siempre fue indiscutible –solía decir, “Yo soy Perón, así que a mí nadie me va a explicar lo que es el peronismo”- resultó innegable que el movimiento estuvo dividido en tres corrientes: la rama sindical, la rama política y la rama activista, a partir de 1962 identificada con la izquierda. Los intereses de cada una de estas ramas eran diversos y en sus últimos tres años de vida, resultaba evidente que el Perón avejentado y con la salud quebrantada, ya no podía ejercer como moderador de los enfrentamientos entre las tres corrientes.

A fuerza de enviar jóvenes peronistas a Cuba, un sector de las Juventudes Peronistas empezaron a sostener tesis pro-castristas y a pensar que solamente la guerra de guerrillas podía abrir el camino a la insurrección armada de masas y a la guerra popular prolongada, dos conceptos típicamente marxista-leninistas… que, finalmente, lograrían algo tan absolutamente alejado del marxismo-leninismo como restituir al general Perón en el poder como paso previo para realizar una revolución socialista en la República Argentina. A medida que se van sucediendo las distintas experiencias guerrilleras de los años 60, el grueso del activismo armado peronista se fue decantando hacia la extrema-izquierda y sosteniendo posiciones cada vez más incoherentes con el sentir real del propio Perón. Pero, como veremos, hubo una excepción: la “Tacuara”.

En el fondo “Tacuara” se encuentra en el centro de todas las corrientes activistas y radicales de la Argentina de los años 60. Es, un movimiento nacionalista, pero también tiene una componente peronista, luego evoluciona hacia el izquierdismo marxista más rabioso… pero en ese mismo momento también realiza los atentados antisemitas que lo caracterizarán como un movimiento neo-nazi; son católicos inspirados por el padre Meinville, pero algunos de sus militantes se interesan, primero por Castro y, a partir de él, por el marxismo… y, finalmente, terminan en el trotskysmo y en el ERP.

Cuando alguien se siente ganado en su juventud por una ideología tan etérea y ambigua como el peronismo, a medida que va ganando madurez política, pueden ocurrir tres cosas: o que abandone los ideales de juventud, o que se convierta en un político al que le interesa más una etiqueta y una sigla en tanto que facilitan el escaño parlamentario y el poder… o bien que intente completar las lagunas de esa ideología mediante un ejercicio intelectual que no siempre llega a buen puerto. Pasar del peronismo a la extrema-izquierda es una pirueta intelectual que evidencia sólo lo permeable y maleable de los cerebros de aquellos muchachos peronistas. Nada más.

Cuando Guillén, un grupo de intelectuales bonaerenses y seguramente Cooke, asumen que Perón solamente puede volver después de un largo progreso de guerra de guerrillas, en realidad no saben muy bien de qué están hablando. Buenos Aires está situado en una zona geográfica completamente diferente a Tucumán, la única zona del país en donde podía desarrollarse una guerrilla rural. Tucumán es una región selvática. El intelectual que desde Buenos Aires proclama la necesidad de “Subir a la montaña”, no puede hacerse una idea exacta de lo que suponía acceder a una selva tupida e insalubre. Además, no tienen clara la estrategia que para ellos se reduce a una palabra “guerra de guerrillas”.

En aquel momento, el castrismo acababa de instalarse en el poder y todavía no había surgido la corte de exegetas que iban a examinar en los seis años siguientes, al dedillo, la experiencia de Sierra Maestra. El maoísmo no logró interesar a los militantes de izquierdas sino hasta la segunda mitad de los años sesenta, coincidiendo con el inicio de la revolución cultural y de la Primavera de Praga. En cuanto al trotskysmo era, pura y simplemente, nada, y así seguiría siéndolo hasta 1968. Faltaba todavía una fermentación intelectual para que una experiencia guerrillera pudiera ser explicada. Los “Uturuncos” ni siquiera sabían lo que era el “foquismo” (debían de pasar por Cuba para enterarse del concepto original y de su crítica), tampoco entendían que hubiera que “ganarse al pueblo” por que partían de la base de que “el pueblo es peronista”. Ignoraban que la “guerra de guerrillas” se desarrollaba en áreas rurales… mientras que, en realidad, todos sus miembros pertenecían a las clases medias urbanas. Abrahám Guillén y, tras su senda, Carlos Marighela, reflexionando sobre todo esto llegarán a algunas conclusiones (… a posteriori) sobre las diferencias entre “guerrilla rural” y “guerrilla urbana” que, aprovecharán especialmente los “tupamaros” uruguayos.

La experiencia guerrillera de los “Uturuncos” apenas duró un año, pero sus consecuencias se prolongaron durante las dos décadas siguientes. Era el espejismo de la “guerrilla” como posibilidad de derrocar a un gobierno y a sus estructuras represivas. Se ha dicho: “Los Uturuncos abrieron una puerta”; y así es, en efecto. Los “Uturuncos” perciben la limitación de los “comandos” e intentan especializarse en el enfrentamiento contra el régimen que había expulsado a Perón. No hay preparación previa, no hay siquiera estrategia más allá del vago recurso a la “guerrilla”, tan solo se experimenta la tenue sensación de que es preciso ser más duros en la lucha contra quienes han derrocado a Perón, que es preciso pasar del cóctel molotov al explosivo, del revolver de principios de siglo a la ametralladora. Ya no se trataba de “hacer política” más o menos radical, sino de “hacer la guerra”. El compromiso que se requería de los militantes era diferente y no todos estaban dispuestos a asumirlo. Es más, ni siquiera todos los que estaban dispuestos a asumirlo estaban en condiciones físicas de hacerlo. Además de valor, se requería preparación física. Pero había un problema: para que una guerrilla sea efectiva y pueda prolongar su actividad, además de “guerrilleros”, precisa “organización”. Los guerrilleros pueden morir o ser capturados, pero durante el tiempo que permanecen en activo precisan avituallamiento, municiones, información, contactos exteriores y sobre todo una red de apoyos y contactos. Los “Uturuncos” no tenían nada de todo esto, justo por que pensaban que bastaba con que “todo el pueblo de Tucumán sea peronista” para compensar todas estas carencias.

Cuando se crea el Comando de Operaciones de Resistencia, dirigido por el general Iñiguez, y se produce el golpe de la comisaría de Frías, es evidente que los “Uturuncos” no tienen capacidad para diseñar su propia estrategia, sino que sirven a una estrategia diseñada por éste general retirado… estrategia que, en realidad, los “Uturuncos” perdidos en la montaña desconocían (puesto que era una reedición de la estrategia conspirativa). Si el COR coordinaba (o intentaba coordinar) las distintas iniciativas de la resistencia armada peronista, no parece claro que tuviera la intención de iniciar una guerra de guerrillas. Así pues, el fracaso de los “Uturuncos” se explica por muchos motivos, pero el menor de todos ellos no es desde luego, el haber ido al monte sin la visión de un plan de conjunto. Lo que ellos creían que iban a hacer (una guerra de guerrillas) no era lo que Iñiguez estaba dispuesto a coordinar (apenas quería hacer otra cosa que un golpe cívico-militar convencional). Y en cuanto a Cooke, parece que no fue hasta su periplo cubano cuando estuvo en condiciones de entender plenamente lo que significaba la idea de la “guerra de guerrillas”. Así pues, si el caso de los “Uturuncos” puede ser considerado como episodio histórico de interés no es por la importancia en sí del movimiento, sino porque abrió una puerta, por la que transitarían otras experiencias en los años 60 y 70. Lo que empieza en la selva de Tucumán, termina en el asalto al cuartel de la Tablada conducido por Gorriarán Merlo el 23 de enero de 1989. En torno a 25.000 personas murieron en estas aventuras.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es


Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (II) 1. El caso argentino y sus enseñanzas

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica  (II) 1. El caso argentino y sus enseñanzas

Infokrisis.- La existencia de una guerrilla terrorista en los años 60 y, especialmente, en los 70, sería incomprensible si no dedicáramos algo de tiempo a estudiar lo que supusieran los dos períodos de gobierno peronista y el golpe militar que lo arrojó al exilio hasta 1973. Tal es la tarea de esta segunda parte de nuestro estudio que dedicamos exclusivamente a relatar sumariamente lo que supuso aquella época y, en especial la caída del gobierno democrático argentino presidido por Perón.

 

 

1. El caso argentino y sus enseñanzas

La importancia y repercusión mediática que tuvieron los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo, en los años 70, hicieron que se olvidaran las experiencias terroristas de los diez años anteriores, las únicas en las que se podían encontrar las explicaciones y los porqués a la explosión guerrillera de los 70. Las guerrillas y el terrorismo argentino son inseparables e incomprensibles sin entender al peronismo como fenómeno político. Por eso hará falta remontarnos a los orígenes del movimiento peronista para entender el terrorismo de los 70.

El 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Perón fue elegido presidente de la República Argentina. Hijo de italiano y criolla, Perón, siguió una rápida carrera militar que le llevó a finales de los años treinta a Europa en misión de estudio sobre las nuevas estrategias militares. Su periplo europeo le llevó a conocer de cerca a militares de los países fascistas de la época (Italia, Alemania, Portugal y España) y a observar sus logros en política social. De regreso al país, en junio de 1943, ingreso en el Grupo de Oficiales Unidos, una logia militar secreta, cuando ya había alcanzado el grado de coronel. Poco después fue nombrado Secretario del Ministro de la Guerra y algo más tarde Jefe del Departamento de Trabajo. Este cargo le permitió entablar relaciones estrechas con el sindicalismo de izquierdas argentino. Poco tiempo después, Perón se convirtió en el ministro más apreciado por los medios obreros, mientras que, a medida que iba aprobando una legislación social paternalista, generaba el recelo de los sectores conservadores. Se crearon tribunales laborales, se dio un impulso decidido a la protección social, se abrieron escuelas de formación profesional, se prohibieron las agencias privadas de empleo y se firmaron cientos de convenios colectivos que regulaban prácticamente todas las actividades económico-sociales y muchos jóvenes de la clase obrera pudieron ingresar en la Universidad que en aquella época solamente estaba abierta para los jóvenes de la burguesía media y alta. Aún hoy, cuando ya se han sucedido dos generaciones de trabajadores, la mayor parte de la clase obrera argentina venera el nombre de Perón. En 1945 ocupó el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia de la República en un momento en el que la alianza entre sindicalistas y militares jóvenes, era progresivamente reprobada por las clases medias y los altos mandos militares. Esta escisión en la sociedad argentina duraría, prácticamente con la misma configuración, durante los siguientes cincuenta años.

El error de la oposición burguesa consistió en seguir las indicaciones del “embajador de choque” de los EEUU, Braden, quien promocionó la formación de un frente único antiperonista del que formaban parte desde el Partido Comunista a la Sociedad Rural que agrupaba a los terratenientes más conservadores. La Unión Cívica Radical formaba también parte de este frente opositor que en 1945, coincidiendo con la derrota del Eje, realizaba las primeras manifestaciones públicas. En el curso de estas movilizaciones, el grueso del movimiento estudiantil se orientó hacia la lucha contra el peronismo y, por el contrario, el peronismo se configuró posteriormente como un movimiento anti-intelectual de carácter social cuyo eje mayoritario era el proletariado urbano y su médula, los sectores más desfavorecidos, los “descamisados”. Perón no pudo soportar todas estas presiones y finalmente debió dimitir de sus cargos el 9 de octubre de 1945, siendo inmediatamente arrestado. Apenas una semana después, la movilización masiva de la CGT logró su liberación. En las elecciones libres de febrero de 1946, Perón, apoyado por el Partido Laborista y la Junta Renovadora de la Unión Cívica, obtuvo un 54% de los votos, ganando en prácticamente todas las provincias.

En esta etapa de presidencia indiscutible, Perón siguió impulsando las reformas sociales y a constituir su propia estructura política. La CGT logró desmantelar al sindicalismo marxista y anarquista configurándose como la única fuerza sindical con peso real entre las masas obreras. Los primeros años del gobierno de Perón supusieron un gran impulso a la industrialización del país. Optó, tal como había visto en la Europa fascista, por la planificación de la economía y apostó por la industria pesada. En 1948, la suma de las percepciones salariales superó a los ingresos en concepto de rentas, beneficios e intereses…

La llegada masiva de científicos e ingenieros procedentes del III Reich hizo que se forjaran ambiciosos proyectos de desarrollo tecnológico. Incluso en aquella temprana época existieron planes de “nuclearización” de Argentina y se levantaron plantas secretas en el lago Nahuel Huapi. En general, se impulsó el desarrollo industrial y se abrieron las universidades a las clases medias bajas y trabajadoras, pero, ni aún así el medio estudiantil, controlado por las organizaciones universitarias de izquierda y nacionalistas, rectificó su oposición al peronismo.

Otros dos aspectos de la política peronista merecen ser comentados. De un lado su interés en lograr políticas de igualdad en relación a la mujer, impulsadas, sin duda, por la figura carismática de Eva Perón, “Evita de los descamisados”, esposa del general; y, de otro lado, la política de “tercera posición”, considerada como precedente de la “no alineación”. En las elecciones de 1946, Evita había hecho una activa campaña a favor del voto femenino. Fue a partir del arranque de esa campaña, cuando el peso político de Evita Perón empezó a crecer hasta casi superar en sus últimos meses de vida, al de su marido. Gracias a su tarea, el 9 de septiembre de 1947, la famosa Ley 13.010, estableció la igualdad de derechos entre ambos sexos.

En 1952 se inicia el segundo gobierno peronista cuando ya se había evidenciado el agotamiento de las reformas políticas del general y en un ambiente de recesión económica. A esto se unen errores políticos que granjeaban la enemistad de sectores que hasta ese momento habían apoyado al peronismo. De un lado, el diálogo social fracasa, de otro la ley del divorcio de 1954 genera un enfrentamiento con la Iglesia Católica cuando el régimen ya se encaminaba hacia su fin.

Desde 1951, los opositores al peronismo habían menudeado acciones de violencia contra los apoyos políticos al peronismo. Los llamados “Comandos Civiles”, fundamentalmente integrados por miembros del partido radical, crearon una estructura represiva que llegó a cometer atentados contra los sindicalistas peronistas de la CGT, en lo que puede ser considerado como una de las primeras muestras de terrorismo, aún desorganizado, y probablemente estimulado artificialmente desde la embajada norteamericana. El 15 de abril de 1953, los “Comandos Civiles” (o alguien que actuaba en su nombre) colocaron una bomba en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, mientras tenía lugar una concentración del sindicalismo peronista; murieron 6 personas y se registraron 95 heridos algunos de ellos de extrema gravedad. Oficialmente, los “Comandos Civiles” tenía como jefe máximo a Roque Carranza, luego ministro de obras públicas y ministro de defensa con Raúl Alfonsín, ya en los años 80. Carranza y otros 12 radicales resultaron detenidos acusados de la matanza de la Plaza de Mayo. Todos los detenidos confesaron ser los autores y fueron condenados por asesinato. En 1955, tras ser liberados por orden de Perón, Carranza y el resto de los detenidos denunciaron haber confesado bajo tortura, pero, a decir ver, nadie volvió a investigar quienes fueron los integrantes del grupo que colocó las bombas.

El hecho es que el 16 de junio de 1955, los “Comandos Civiles” intentaron un golpe de Estado en combinación con la Marina y sectores activistas de la Iglesia. Aviones de la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo y otros puntos de la capital causando 365 muertos y varios cientos de heridos. El ejército de tierra reaccionó contra estos ataques y los rebeldes se refugiaron en Uruguay. Los peronistas de base respondieron con la movilización general y el país se situó durante unos días al borde de la guerra civil. En ese momento, Perón comprendió su debilidad y decidió evitar el aislamiento auspiciando un “diálogo interpartidario” en el que los partidos de oposición no estaban en absoluto interesados: sólo querían deshacerse del general-presidente. El 20 de septiembre de 1955, cuando fue evidente el fracaso del “diálogo”, las FFAA derrocaron finalmente a Perón. La CGT reclamó armas al gobierno, pero el general se negó a ser responsable de una guerra civil, optando por exiliarse, primero a Paraguay y luego a España.

Nueve meses después de este golpe de Estado, el general Juan José Valle, de orientación peronista, intentó un golpe de Estado amparado en sectores militares y en la militancia sindical. El golpe fracaso y Valle junto con varias decenas de civiles y militares fueron fusilados, desatándose, a continuación, una represión sobre las organizaciones sindicalistas que, sin embargo, no logró erradicar la extraordinaria influencia del peronismo entre la clase obrera.

A partir de ese momento, se genera una situación en la que los sectores nacionalistas civiles y militares y los católicos de extrema-derecha se situaron en la oposición al peronismo al que califican de anti-católico (no sólo por la ley de divorcio, sino porque tras la primera intentona golpista contra Perón, sus partidarios habían saqueado e incendiado algunos establecimientos religiosos en todo el país), mientras que el movimiento justicialista (cristalización política de la corriente peronista) y los sindicatos de él dependientes adoptarían una actitud progresivamente más hostil hacia los “mílicos”. Y es en este contexto en el que se desarrollan las experiencias “armadas” (en realidad, terroristas) de los siguientes veinte años de la dramática historia política argentina.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (I) Introducción. En París con militares y peronistas...

Lucha armada y terrorismo en Iberoamérica (I) Introducción. En París con militares y peronistas...

Infokrisis.- Iniciamos la publicación de una serie de artículos sobre el terrorismo y la lucha armada que forman parte de un texto más amplio en fase de elaboración sobre el terrorismo del siglo XX. En la tercera parte abordamos los rasgos y las enseñanzas del terrorismo iberoamericano. Iniciamos este capítulo describiendo nuestros contactos a principios de los años 80 con los medios peronistas y militares de la República Argentina. Testimonio personal que sirve como introducción al tema.

 

 

Tercera Parte

Los inicios de la lucha armada y el terrorismo
en Iberoamérica

 

0. Introducción

 

0.1. En París…

0.2. …con los dirigentes peronistas

 

1. El caso argentino y sus enseñanzas

 

1.1. La experiencia de los uturuncos y la izquierda peronista

1.2. Las experiencias de extrema-derecha

1.3. La Tacuara rota: hacia los Montoneros y hacia los Tupamaros

1.4. La guerrilla peronista

 

2. La experiencia del Ché Guevara

 

2.1. Una sed enfermiza de aventuras

2.2. Los “escritos militares” del Ché

2.3. La gira internacional del Ché

2.4. El Ché engañado o la experiencia boliviana

2.5. El Ché más útil muerto que vivo

2.6. El cantor del Ché: Regis Debray y la “Crítica de las Armas”

 

3. La guerrilla urbana y la guerrilla rural

 

3.1. Las experiencias colombianas de los 50

3.2. Abraham Guillén

3.3. Los Tupamaros

3.4. El dogmatismo de los modelos clásicos

3.5. La guerrilla urbana y rural en Argentina

 

4. El techo de las iniciativas

 

4.1. La derrota sistemática de las experiencias armadas

4.2. La narcoguerrilla en Perú y Colombia

4.3. Sandinismo y antisandinismo

4.4. La Tablada y el canto del cisne del guerrillerismo latino

4.5. La irrupción de la neodelincuencia

 

 

0. Introducción

0.1. En París…

En junio de 1980 me encontraba en París exiliado. Militaba en un grupo de extrema-derecha, el Frente de la Juventud y el 12 de ese mes, Fuerza Nueva había organizado una manifestación “anti-separatista” en Barcelona. El gobierno civil la prohibió alegando que “podían producirse disturbios”. Fuerza Nueva aceptó la prohibición; nosotros no. Así que convocamos una manifestación ilegal ante la sede de UCD en la Diagonal de Barcelona. Se produjeron algunos incidentes, resultaron detenidos algunos de nuestros militantes y yo fui considerado como organizador de la manifestación. Para colmo, la delación de un abogado barcelonés que se movía por estos ambientes –un tal Ramón Graells- hizo que fueran detenidos dos personas más de Madrid y Valencia y la policía pudiera intervenir dos ametralladoras Ingram M-10 “Mariettas” que, al parecer, habían sido uilizadas en atentados anti-ETA en Francia. Por algún motivo, la policía sostenía que yo era el depositario de la tercera “Marietta”. Como, por lo demás, en aquella época, yo amaba la aventura y las emociones fuertes sobre cualquier otra cosa, opté por no dejarme detener e incorporarme a lo que entonces los medios de prensa conocían como “internacional negra”. Tras un largo período que me llevó a Iberoamérica, recalé en París.

En aquel momento Tomás de Anchorena era el embajador argentino en la capital francesa y el capitán Alfredo Astiz era uno de los responsables de la inteligencia militar. Me tocaba ir con cierta frecuencia a la embajada argentina a través de la cual enviaba documentación y material político a los camaradas exiliados en Argentina. Probablemente los entonces conocidos como miembros de la “internacional negra”, éramos los únicos que manteníamos a la vez contacto con el personal diplomático argentino y chileno en París. Aquella ciudad se había convertido a principios de los años 80 en un hervidero de servicios de inteligencia, terroristas de ultraizquierda, y gentes, como nosotros, sospechosos de cualquier cosa y, por tanto, gentes a vigilar. Corrían informaciones interesantes a las que uno podía tener acceso, a condición de permanecer atento. Una funcionaria chilena en la UNESCO, por ejemplo, facilitaba generosamente informaciones a la CIA sobre las actividades comunistas en esa organización internacional. Me habló sobre Illich Ramírez (a) “Carlos”, del que le constaba que, tras cometer sus brutales atentados en París –sin duda el más cruel, gratuito y sanguinario fue lanzar una granada de mano por la escalera del drugstare de Saint-Germain-, corría a refugiarse junto al delegado de Cuba en la UNESCO. El bullicio y la tranquilidad parisinas no eran más que un espejismo. “Bajo los adoquines, la playa” decían en mayo del 68. En realidad, 10 años después, cabía decir mejor “Bajo la normalidad, el submundo del terror”.

En octubre de 1980 estaba tomando unas cervezas en Saint-Michel con Yves Bataille, un antiguo camarada, por entonces estimulador de los movimientos francófonos en Canadá y posteriormente infatigable puntal del lobby proyugoslavo en Francia. Bataille vivió in situ los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia. El misil que fue a estrellarse contra el Ministerio del Interior serbio pasó por delante de sus narices. En la actualidad forma parte del “movimiento euro-asiático”. Pues bien, aquella tarde de octubre de 1980, tomábamos una cerveza “Gueuze” en Saint-Michel departiendo con el delegado parisino del entonces naciente sindicato polaco “Solidarnosc”. Justo antes de encontrarme con ellos, había acudido a la Embajada Argentina de la rue Cimarossa para entregar un material que me interesaba que llegara pronto a los camaradas exiliados en Buenos Aires. Luego cogi el metro y me dirigí a la cita de Saint-Michel. Mientras tomábamos las cervezas, observamos como, al otro lado del Sena, en la Prefectura de Policía se producía un movimiento inusual. Decenas de sirenas aullando, coches de la policía saliendo en todas direcciones, y una sensación extrema de confusión. Ignorábamos qué estaba ocurriendo.

Cuando llegué al apartamento del boulevard Versailles esquina con rue Exalmans puse la televisión mientras me hacía la cena. Entonces entendí lo que ocurría: había explotado una carga explosiva en la rue Copernic, frente a una de las sinagogas de París, matando a cuatro personas. El problema era que, la rue Cimarossa, donde se encontraba la embajada argentina y la rue Copernic donde había tenido lugar el atentado eran concluyentes. Me encontraba exiliado en París desde julio de 1980, pero en la capital francesa me movía con discreción, utilizando mi propia documentación y sin que existieran en aquel momento cargos contra mí. Poco antes, una revista italiana se había hecho eco de la presencia de Della Chiaie y de la mía en París, y había lanzado la enormidad de que desde allí habíamos planificado el atentado contra la Estación de Bolonia. Naturalmente, se trataba de una mera especulación periodística e incluso de algo mucho más rastrero: una operación de intoxicación que contribuía a reforzar las sospechas de que la extrema-derecha había sido la autora de la masacre de Bolonia.

Por algún motivo, cuando oí la noticia del atentado de la rue Copernic, supe que terminaría por afectarme. Así fue en efecto. Pero esta es otra historia.

0.2. En París con dirigentes peronistas

El mismo día en que llegué a París, nuestro amigo Sixto Enrique de Borbón Parma había sido objeto de un tentado a la puerta de su residencia en el Boulevard des Invalides. Estuvo a punto de perecer a causa de un tajo en la garganta. Nunca pudo esclarecerse la procedencia de los ejecutores. Diez días después llegaban a París dos dirigentes del movimiento peronista argentino, un diputado justicialista por Buenos Aires y al entonces presidente de las juventudes peronistas. Habían llegado a la capital francesa con la intención de seguir a Roma y entrevistarse con el Papa Juan Pablo II para qué éste intercediera por la líder justicialista María Estela Martínez de Perón, detenida por el gobierno militar. Stefano delle Chiaie, fundador de Avanguardia Nazionale, también exiliado en París en ese momento, debía ser el intermediario a través de Monseñor Pintonello, un conocido cardenal italiano vinculado a los ambientes de la extrema-derecha (pocos años después se le vinculó al fracasado “Golpe Borghese” e incluso su figura apareció fugazmente en la película “Vogliamo i Coronelli”).

El encuentro con estos dos peronistas aclaró algunas de mis dudas sobre la realidad de este movimiento. Hasta entonces solamente había tenido contacto con ellos a través de un francés nacionalizado argentino, el profesor Jaime María de Mahieu (Jacques de Mahieu), que entre otros cargos era el presidente de la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Justicialista, una especie de escuela de cuadros de éste partido. Pero Mahieu era, en realidad, más representativo de la derecha radical e intelectual europea que del movimiento para el que formaba cuadros. El diputado y el jefe de la Juventud Peronista eran, en este sentido mucho más “auténticos”. Les entrevisté para “Hebdo-synthese”, un boletín que entonces publicábamos en el marco del Institut de Recherches Politiques et Sociales, presidido por SAR Sixto Enrique de Borbón Parma.

Quedé literalmente impresionado por las narraciones de los peronistas: hablaban de la muerte sin el menor rasgo de dramatismo, de sus amigos asesinados y de los que ellos mismos habían matado. Aprovecharon el periplo parisino para ver al “loco Garimba”, Rodolfo Galimberti, uno de los fundadores del movimiento Montonero y entonces miembro de su cúpula en el exilio. Recordaban sin una pizca de amargura ni dramatismo la llegada de Perón a Ezeiza; allí, los montoneros avanzaron precedidos por un autobús que habían blindado, detrás iban varias filas de sus militantes armados; enfrente estaban los “oficialistas” que dispararon primero: “Cayó derrumbada toda la primer fila montonera”… luego fueron los propios oficialistas quienes recibieron su ración de plomo. ¿Muertos? Incontables por ambas partes.

Pero no todos los argentinos que conocíamos en París eran peronistas. El agredado militar de la Embajada gaucha se explayó en distintas ocasiones vertiendo abundantes datos sobre la naturaleza del movimiento montonero y, por extensión del peronismo. A pesar de ser militar como ellos, Perón no era muy apreciado en ese momento en las filas castrenses. Cuando a sus alegatos antiperonistas respondimos que “en el fondo Perón había condenado a los montoneros”, se rio y corrió a ponernos un casette de uno de los mítines multitudinarios en la Plaza de Mayo. Se podía oir como un rumor creciente interrumpía el discurso que Perón dirigía a las masas. Prestando atención se podía oír como un grupo manifestaba su oposición a Perón gritando: “Hemos luchado duro por una puta y un cornudo”… Eran los montoneros. Fue entonces cuando Perón les expulsó del “movimiento peronista”, no antes. Habían ofendido su dignidad de macho. Y en cuanto a Evita, el mismo militar nos explicó que la reina de los descamisados abría sus armarios cuando las manifestaciones de adhesión pasaban bajo su ventana y les arrojaba, enardecida, sus fondos de armario. “Eso es caridad, no justicia social”, nos dijo el oficial. En cuanto a Perón, cuando abandonó España no estaba en condiciones de dirigir el movimiento justicialista y mucho menos su país. Apenas tenía unas horas de lucidez al día.

La inteligencia argentina en París me pasó un grueso volumen de declaraciones de un dirigente montonero detenido a su regreso a Argentina. Habíamos alquilado una pequeña oficina en la rue Reichelieu, cerca de la Bolsa y de la Biblioteca Nacional a donde me retirada para leer todos estos dossiers. Aquel era particularmente interesante por que aludía a España. Contaba, por ejemplo, que a nuestro país llegó un grupo de exiliados montoneros que decidieron abrir una “Casa del Pueblo Argentino” cerca de Puerta de Hierro y para ello se entrevistaron con el entonces ministro del interior Rodolfo Martín Villa el cual dio su nihil obstat. Sin embargo, lo sorprendente era que esos mismos montoneros se entrevistaron también con miembros de ETA(p-m) los cuales les presentaron a los traficantes de armas belgas que habitualmente los aprovisionaban de armas. En las declaraciones del montonero se daban todo tipo de detalles sobre las fecha de estos contactos y sobre su contenido. Extraje los elementos esenciales y se los envié a Blas Piñar, entonces diputado en el Parlamento y a Antonio Izquierdo, por entonces director de El Alcázar. A ambos les añadí el nombre del contacto en la Embajada Argentina en Madrid en donde podrían confirmar estas informaciones. Le sugerí a Piñar que utilizara ese material para realizar una interpelación al Ministro del Interior para que explicara como se podía a la vez entrevistar a los montoneros y luego estos encontrarse con quienes asesinaban a los funcionarios de Interior… Pero la interpelación jamás se llevó a cabo. En cuanto a Izquierdo, yo ignoraba en ese momento que era amigo de Martín Villa con quien había compartido el curso de formación de mandos del Frente de Juventudes. Así que tampoco publicó nada. Volvamos a los argentinos.

En realidad, el “patriotismo” argentino estaba escindido entre el “sector nacionalista” y el “sector peronista”. Al primero pertenecieron los grupos anticomunistas de los años 60, especialmente la Guardia Restauradora Nacionalista y el Movimiento Nacionalista Tacuara (sólo en parte peronista sui generis), la Alianza Libertadora Nacionalista y un amplio sector militar. El peronismo no era menos heteróclito, formado por el Partido Justicialista –estrutura organizada del movimiento peronista- incluía a grupos tan diferentes como las “62 organizaciones”, esto es, su corriente sindical, o los grupos armados de izquierda, especialmente los Montoneros, pero también de extrema-derecha. Ambas ramas eran, aparentemente, irreconciliables y cada una esgrimía un capitulo interminable de agravios ante la otra.

En aquel momento, nosotros –me refiero a los que integrábamos lo que se conoció mediáticamente como “internacional negra”- nos habíamos propuesto atenuar esas fricciones. De hecho, había que aprovechar aquella situación extraña en la que nos encontrábamos, gracias a la cual nuestro anticomunismo militante e indudable nos granjeaba la amistad de los medios nacionalistas y de los sectores militares de la Junta Argentina, pero nuestro énfasis en las cuestiones de justicia social y el hecho de que algunos de nosotros fueran recibidos por el propio Perón o por los líderes del sindicalismo justicialista, hacían que el grueso del movimiento justicialista nos tomara como “aliados europeos represaliados”. Della Chiaie y el Comandante y Príncipe Junio Valerio Borghese, en efecto, habían conocido a Perón durante su estancia en Madrid en Puerta de Hierro y el general se comprometió, cuando volviera a presidir su país, a albergar discretamente a los refugiados que pudieran llegar de Europa. Allí fueron el teniente de paracaidistas y diputado italiano Sando Sacucci o Augusto Cauchi (y, allí fueron detenidos años después). Della Chiaie también pudo entrevistarse con Rucci, el líder sindical de las “62 organizaciones”, posteriormente asesinado por los montoneros en las habituales guerras tribales entre grupos peronistas, y con la propia María Estela Martínez de Perón.

Cuando hablábamos con militares argentinos o con peronistas, nuestro discurso iba en dirección a convencerles de que el país precisaba una alianza entre el “nacionalismo” y el “peronismo” y que solamente esa alianza daría estabilidad a Argentina. Pero el enconamiento entre las partes era tal que salvo avances muy parciales, este planteamiento debía caer sobre terreno insuficientemente abonado.

Los militares eran, sobre todo, anticomunistas y, por extensión, antiizquierdistas. Tenían una buena formación política inspirada en el pensador católico francés Jean Ousset y su organización “La Ciudad Católica”. Ousset había escrito algunos libros de carácter anticomunista que gozaron de gran éxito en los medios militares argentinos. Los peronistas, en cambio, podían ser cualquier cosa y su contraria; los había de derechas, de extrema-derecha, de izquierda moderada y de izquiera radical. Partidarios de la lucha política pero que veían con conescendencia el terrorismo mientras fuera peronista, y partidarios del terrorismo que soñaban con su acta de diputado, bien remunerada por otra parte. Era difícil entenderse con los peronistas. Solían discutir entre ellos –incluso los de una misma corriente- y defender matices con ardor y beligerancia ante las opiniones contrarias de sus propios camaradas. Una olla de grillos, en definitiva. El propio Jacques de Mahieu, el hombre que debía formar cuadros peronistas, era, a finales de los 70, uno de los más hostiles adversarios del peronismo y había terminado utilizando todo su bagaje científico para buscar restos europeos en el amazonas pre-colombino y llegó a escribir libros de éxito sobre la presunta presencia de vikingos en Tiwanaco o de templarios en el Amazonas, libros que han sido traducidos al castellano y publicados por editoriales de éxito.

Los dos dirigentes peronistas me pusieron en la pista de diversas siglas, nombres y opciones sobre los que hasta entonces tenía una vaga idea. Desarrollando aquellos datos he llegado a las conclusiones que siguen.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

 

El proceso de paz, liquidado… Zapatero también

El proceso de paz, liquidado… Zapatero también

Infokrisis.- Era de esperar. Solamente el inútil irresponsable que ejerce el empleo de Presidente de Gobierno gracias a las bombas del 11-M podía ignorarlo. Unas bombas lo colocaron en la Moncloa, otras lo enviarán al estercolero. La primera costó 191 muertos, la segunda 1 desaparecido y 19 heridos…., es el coste de la mediocridad de ZP. La bomba que ha estallado hoy sitúa en una posición extremadamente frágil al presidente del gobierno. La va a costar recuperarse

HOY ZP HA ENTENDIDO QUE ESTÁ EN MANOS DE ETA

Cuando ZP accedió al poder, su plan era perpetuarse en él y entrar en la historia por la puerta grande: era el gran redentor, el hombre que iba a operar la “segunda transición”, el líder carismático internacional que construiría un “orden global” basado en la paz y en la armonía internacional, un JFK redivivo para ilustración y ejemplo de las nuevas generaciones…

Sus primeras acciones de gobierno fueron demostrativas de ese “talante”: retirar las tropas de Irak. Sobre ese tema había unanimidad… a pesar de que la retirada costara la ruptura de las relaciones internacionales que la diplomacia española había labrado en los últimos 50 años. Pero luego dio la sensación de que ZP había agotado su programa, así que se decidió por el mesianismo.

Mesianismo social que colocó a España al frente de los países de vanguardia progresistas que no dudaban en legalizar los “matrimonios” homosexuales y las adopciones de niños, facilitar el divorcio a la primera pelea de recién casados, combatir a la violencia doméstica entendida solamente del hombre hacia la mujer (pero no del hombre hacia los niños, de la mujer hacia los niños, de la mujer hacia el hombre o el todos contra los abuelos…), redimir a los fumadores, redimir a los conductores, redimir a los inmigrantes ilegales, redimir a quienes desearan un cambio de sexo con pase por el quirófano y por el registro civil sea lo que fuere que les colgase de las entrepiernas, etc. En este terreno es en el único en el que ZP tuvo la iniciativa; en todo lo demás, fue arrastrado por las circunstancias. Salvo en uno: el proceso de paz.

ETA y HB habían hablado muchas veces de ese “proceso” y, especialmente, desde el pacto de Lizarra, pero con Aznar al frente del ejecutivo el único proceso viable era entregar las armas, pedir perdón a la sociedad y esperar que la sociedad (y las víctimas del terrorismo, en especial) recibiera compensaciones por cuarenta años de asesinatos. Con ZP todo cambió. Hasta el último dirigente del último país subdesarrollado percibió otro “talante” en la Moncloa, favorable para sus intereses. El hombre incapaz de decir no, el “hombre si”, se había sentado en el sillón de la presidencia dispuesto a conceder cualquier deseo… incluso a ETA.

Se renovó toda la cúpula policial, situando a los amigos y amiguitos del anterior período socialista. No importó que en apenas dos años la delincuencia creciera un 25%... amparado en PRISA –el verdadero poder- y en los medios de comunicación del Estado, ZP no dudaba en afirmar que la delincuencia iba descendiendo. Y en materia antiterrorista, los nuevos asesores de presidencia se equivocaron: tomando la parte –Josu Ternera, y el 80% de los presos- por el todo –ETA-HB-, alguien le metió en la cabeza que era posible “la paz”… Y el pobre imbécil se lo creyó.

Llevó el tema al parlamento. Afirmó con una seriedad pasmosa que solamente habría “proceso de paz” con la contrapartida de “tregua” (como si una banda de delincuentes pudiera permitirse el lujo de declarar “la tregua” al Estado) y que no habría negociaciones políticas (entonces, ¿qué se iba a negociar?). Afirmó que en septiembre explicaría la marcha del proceso de paz. Pero concluyó septiembre y, ni ZP, ni el ministro del interior, ni nadie, explicaron nada. Hubo que esperar a diciembre para que expresaran “prudencia y esperanza”. Durante el año que ha durado esta farsa innoble, todo un país ha tenido que confiar en “las intuiciones”, “los deseos”, “las esperanzas” de un iluminado ignorante.

En el momento de escribir estas líneas, Rubalcaba ha afirmado con las ojeras llegándole al ombligo que “el gobierno da por concluido el proceso de paz”… hubiéramos esperado algo más. Todo el país –salvo el presidente y el ministro del interior- sabía que tras el robo de 350 pistolas y tras el hallazgo de un zulo con explosivos recientemente fabricados en Francia que era cuestión de días el que se produjera un nuevo atentado. Es de destacar que sólo el día antes, ZP había hablado en su mensaje de fin de año que “hoy nos encontramos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor que hoy”… ETA ha aprovechado esas declaraciones para ridiculizar a ZP. Y ZP, hoy, ha quedado en ridículo.

Hoy, 30 de diciembre de 2006, ZP ha entendido –o al menos sus asesores lo habrán entendido puesto que es difícil que el presidente del gobierno entienda algo más allá de donde tiene situada la nariz- que es un rehén en manos de ETA. Si quiere pasar a la historia, si quiere salir reelegido, si aspira a un nuevo mandato… necesariamente va a tener que realizar concesiones a ETA (algo de lo que siempre estará a tiempo para alcanzar la “ansiada paz”) con el coste electoral consiguiente, o bien responder a ETA (y a su brazo político), con una dureza que no encaja ni con el perfil ni con el talante de ese moco-que-camina que es el presidente del gobierno.

Lo segundo ya no es posible. ETA, en estos últimos nueve meses, ha aprovechado para reconstruir una infraestructura al margen de los infiltrados que evidentemente tenía. Es incluso probable que haya constituido una dirección paralela y que Josu Ternera sea solamente hoy el dirigente de una de las fracciones, pero en absoluto el jefe máximo de ETA. La costumbre socialista de nombrar para los cargos clave a “policías amigos” (hay que premiar a los participantes por acción o por omisión en la trama del 11-M) en lugar de a “policías eficaces”, la van a pagar cara.

Si ZP quiere la reelección, tendrá que pactar: pactar la entrega de Navarra a ETA (o un sucedáneo que comprometa la autonomía navarra y la vincule a la vasca), liberar a los presos (incluso a los criminales más odiosos que en los últimos meses han mostrado su rostro de psicópatas ante las cámaras de TV), legalizar a HB (cuando el PSE y Pachi López ya se frotaban las manos ante un acuerdo post-electoral HB-PSE), etc.

Lo dijimos en infokrisis cuando empezó el mal llamado “proceso de paz”: si ZP quería abordar esa aventura, debía de haber sido consciente de que esa actitud suponía ponerse en manos de ETA. Si el proceso concluía, ZP pasaría a la historia como “el pacificador”… ETA lo sabía y era evidente, desde el principio, que los costes políticos y las concesiones iban a ser altos. ZP lo ignoró y ahora podría pedir –si lo admitieran, por supuesto- ser admitido como “víctima de ETA”, pues, no en vano, es una “víctima política” de la banda.

ETA, UNA BANDA FRACCIONADA

Rubalcaba no se lo explicaba tres horas después del atentado. Según los datos del ministerio no había ninguna duda de las buenas intenciones de ETA. Además, añadía que siempre que la banda había dado por concluido una tregua lo anunciaba previamente. Y terminaba, no sin cierta ingenuidad, explicando que el gobierno “daba por concluida la tregua”… Si no fuera porque hay un ecuatoriano desaparecido y 19 heridos, sería para echarse a reír cinco segundos antes de arrojar a este conspirador de opereta a los leones.

Desde hace meses podía intuirse lo que estaba ocurriendo: ETA no tenía una voz, sino dos, la del negociador Ternera y la de la nueva generación de terroristas improvisados nacidos al calor de las herriko tabernas y de esa patología social vasca que es el nacionalismo extremista. Los signos del rearme de ETA eran inequívocos por mucho que los interlocutores del gobierno mantuvieran la tregua. Los niños de la kale borroka actuando libremente como en sus mejores tiempos, comandos robando armas, otros elaborando nuevos explosivos, los empresarios vascos y navarros recibiendo cartas de extorsión… y el ministerio del interior sin encontrar –como decía Rubalcaba- datos que permitieran pensar que algo siniestro se estaba moviendo en el entorno de la banda… Lo dicho, sería grotesco si no fuera porque ETA mata (y seguramente, hoy, ha vuelto a matar).

La inmensa mayoría de los presos quieren el pacto. O hay pacto o algunos no saldrán a la calle en los próximos 15 años. HB quiere presentarse a las elecciones municipales y hacer lo que suele hacerse en la política municipal: meter mano a la caja de los ayuntamientos. Josu Ternera quiere el “tesoro de ETA” y vivir su ancianidad sin estar pendiente de si llamarán a las 5 de la madrugada, o un comando anti-ETA le sirve su propia medicina.

ETA no es lo que algunos pretenden que sea: no es un grupo político, es una banda de delincuentes con unas bases absolutamente “sonadas” y enloquecidas, sin la más mínima preparación política, sin el más mínimo ideal y que experimenta esa patología social vasca de la manera más extrema. Se puede negociar con una formación política, pero ETA no lo es, es un “estado de ánimo”, es el producto de una enfermedad que afecta a la sociedad vasca y que es mucho mas profunda que su nacionalismo.

El error del gobierno ha sido pensar que su interlocutor representaba a la “totalidad de ETA”, cuando no era así… y que la totalidad de la banda quería “la paz”, cuando en realidad tampoco era así.

EL FIN DEL PROCESO DE PAZ

Concluido el proceso de paz, no queda más que la liquidación salvaje de la banda, el escarmiento absoluto, la presión policial llevada al límite y el escarmiento judicial. Asfixiar a la banda en el frente político, machacarla en el frente policial y anularla internacionalmente… algo que ZP no tiene capacidad para realizar, ni mucho menos legitimidad. ZP ha sido el hombre que ha pedido apoyo del parlamento europeo para su proceso de paz… justo el día después del robo de armas en Francia. El hecho de que el gobierno haya dado por concluido el proceso de paz tras este atentado, no implica siquiera que haya renunciado a su proyecto: en el fondo, dirá ZP, también hubo el atentado de Omagh en la última fase de las conversaciones con el IRA, así que… si hasta ahora se ha tragado con la kale borroka, si se ha tragado con robos de armas, extorsiones a empresarios, fabricación de explosivos y demás, ¿por qué no se iba a tragar con una furgona bomba, con un desaparecido y 19 heridos? ZP en estos momentos está realizando este cálculo: todo sea por salvar el proceso de paz…

Pero, para los que no nos alimentamos de irrealidades sino de tangibles, el proceso de paz estaba muerto a poco de empezar, cuando los empresarios navarros denunciaron la recepción de cartas de extorsión. Fue el primer signo de que ETA estaba ganando tiempo y haciendo lo que ya había hecho en la tregua anterior: dirimir sus polémicas internas, reconstruir una infraestructura segura con gente segura y prepararse para saltar mejor.

ZP intentará en los próximos días realizar concesiones a la banda para salvar el proceso de paz, es decir, para salvar su reelección en 2008 (o en las elecciones anticipadas del otoño de 2007). Es suficientemente estúpido para intentarlo, con la esperanza de que al menos una fracción de la banda firme la paz…

Mucho más grave va a ser la situación el PSE. Pachi López ha repetido por activa y por pasiva que su proyecto era pactar con los batasunos tras los próximos comicios, facilitando “mayorías de izquierdas”. López quiere repetir el tripartito catalán: romper el frente nacionalista sustituyéndolo por un frente de izquierdas. Una estrategia así parece descabellada y producto de otra patología política: el síndrome de Estocolmo, donde la “víctima” (en este caso el PSE), cae en brazos de quienes les han acosado, han incendiado sus sedes, les han amenazado e incluso asesinado… ETA-HB.

En este fin de año, a ZP se le van a indigestar las 12 uvas. El atentado de ETA va a pesar de manera demoledora en las encuestas de intención de voto. Falta saber lo que dice el presidente y de dónde va a sacar energías para afrontar lo que le queda de legislatura. Su debilidad, de momento, ya ha costado la reactivación de la banda que en marzo de 2004 estaba derrotada, liquidada y en sus madrigueras. Hay estadistas que pasan a la historia por sus méritos y otros por las desgracias que para su país generan. ZP no va a ser, desde luego, de los primeros.

© Ernesto Mil`- infokrisis – infokrisis@yahoo.es