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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Coudenhove-Kalergi ¿Ángel o diablo? (IV de VIII Parte C). El papel del judaismo en la obra de Coudenhove

Infokrisis.- Uno de los aspectos más polémicos de la obra de Coudenhove-Kalergi y los que le han constado más ataques por parte de la extrema-derecha es, sin duda, su actitud hacia el judaísmo. Para colmo, Kalergi estuvo durante unos pocos años –como ya vimos- adscrito a la masonería vienesa y, por si eso fuera poco, además, su esposa era una actriz de origen judío. De ahí a que algunos consideraran a Coudenhove-Kalergi como uno de los “sabios de Sión”, no había más que un paso que muchos no dudaron en dar. No podemos evitar percibir cierta sensación de proximidad entre Coudenhove-Kalergi y las opiniones (y el drama personal) de un alemán de origen judío que tuvo un papel relevante en la Alemania de la I Guerra Mundial y de la primera postguerra, Walter Rathenau.

Sobre los hombros de Rathenau había descansado la responsabilidad de la planificación de la industria armamentística durante la guerra. Y había cumplido. También le cupo la responsabilidad de formar parte de la delegación alemana que negoció el armisticio y los acuerdos de Versalles y, finalmente, fue la única mente verdaderamente notable de la República de Weimar. Había sido presidente de la AEG y dado trabajo a millones de alemanes, pero nada de todo esto le impidió ser considerado como uno de los “sabios de Sión”[1].

Ernst von Salomón, sin duda el mejor escritor de su generación junto a Ernst Jünger, describió con todo lujo de detalles las conversaciones que tuvieron lugar en el mes de XXX de 1922, cuando un grupo de excombatientes de los Freikorps decidieron atentar contra Rathenau. No lo hacían como ejercicio de antisemitismo sino por considerar que Rathenau era una mente superior a cualquier otra que hubiera participado en la República de Weimar y que, por tanto, hubiera podido a contribuir al odiado y débil régimen. Matarlo era para ellos una necesidad vital[2]. Y así lo hicieron. Dos de los tres miembros del comando murieron en los días siguientes y el propio von Salomón permaneció durante seis años en prisión por haber colaborado en el crimen. De la cárcel salió convertido en el mejor escritor de su generación.

En el caso de Coudenhove-Kalergi, la extrema-derecha, igualmente, ha simplificado sus ataques reduciéndolo al papel de marioneta de los judíos o de hacedor del mundialismo. A decir verdad, ni una ni otra acusación son ciertas. Si la extrema-derecha ha identificado la obra de Coudenhove como “masónica”, no se debe tanto a su breve militancia en la masonería austriaca (que no aportó nada esencial a su obra, ni para bien ni para mal y que lo más probable es que ingresara en sus filas, simplemente, para ampliar su radio de acción), sino que lo hace por que todo lo que aparece como superador de los Estados-Nación es, a los ojos de la extrema-derecha “masónico”. El problema es mucho más complejo. Y no digamos en lo relativo a la posición de Coudenhove-Kalergi en relación al judaísmo que merecería un estudio aparte. Vamos a intentar resumir los puntos de vista de Coudenhove sobre este tema y a procurar explicar el por qué de sus posiciones.

a. El sorprendente punto de partida

Idealismo Práctico es una de las obras de Kalergi que nunca han sido traducidas al castellano y que tampoco se encuentra en ninguna de las Bibliotecas accesibles en España. Eso, hace apenas diez años hubiera sido un problema insuperable, sin embargo, en la actualidad la combinación de sistemas de transmisión de archivos en P2P y software de traducción automática, permiten hacer una aproximación al texto. Y eso es lo que hemos hecho. Una parte de este libro está dedicada precisamente a estudiar el papel y la naturaleza del pueblo judío.

Nos llamó inicialmente la atención una fragmento de Idealismo Práctica, a partir del cual desarrollaremos el tema. El fragmento en cuestión dice: “De la humanidad cuantitativa europea que sólo cree en cantidad y masa, se destacan dos razas cualitativas: la aristocracia y el judaísmo. Separados entre sí, cada cual por su lado, tienen fe en su alta misión, su sangre más pura, las diferencias entre clases. En esas dos privilegiadas razas heterogéneas se encuentra el núcleo de la futura nobleza europea: En la aristocracia feudal, mientras que se deje corromper por la corte, y en la aristocracia intelectual judía, mientras no se deje corromper por el capitalismo […]. Aquí lo que una Lenin, el hombre de hidalguía campestre, y a Trotsky, el escritor judío, se convierte en un símbolo…”[3].

 

De este fragmento, en sí mismo, se pueden realizar algunas deducciones. La primera de todas ellas es el autodidactismo que subyace y que ya hemos resaltado. Coudenhove-Kalergi tiene “ideas propias” y algunas de ellas pueden parecer bastante excéntricas si no se tiene en cuenta cómo han llegado hasta él. La presunta “hidalguía campestre” de Lenin, un activista político, maquiavélico y fanático, aparentemente frío y calculador pero que solía caer víctima de los peores subjetivismos[4], en cuanto a considerar a Trotsky como “escritor judío” parece, así mismo, no menos aventurado[5].

Estas especulaciones personales de Coudenhove no pueden hacer olvidar el contenido esencial de la idea que pretende transmitir: en la Edad Media existieron dos “razas puras”, la nobleza y el judaísmo. Le falta explicar el por qué. La nobleza es, efectivamente, una “raza pura” en la Europa de la Alta Edad Media en la medida en que estuvo formada por las aristocracias germánicas que llegaron con las oleadas que destrozaron el Imperio Romano. En España este proceso es extremadamente en los montes Astures y en los Pirineos de los que partieron los dos núcleos originarios de la Reconquista. Sus impulsores fueron exclusivamente nobles visigodos refugiados en las montañas y que mantuvieron (hasta el siglo XI-XII) la idea de reconstruir el Reino Visigodo. Procesos similares aparecieron en otros países europeos siempre con la misma resultante: las aristocracias estuvieron formadas por las élites “barbaras” que llegaron a Occidente en los siglos IV-V. En cuanto al judaísmo, nadie podrá rebatir su carácter de “raza pura”. Hasta ahí el análisis de coudenhove es tan correcto como original. Es, a partir de ese momento, en donde el análisis se convierte en especulación subjetiva.

Repetimos el texto de Coudenhove, tras decir que el núcleo de la “futura aristocracia europea” se encuentra en la aristocracia y en el judaísmo, advierte que el “único problema” sería que la ristocracia feudal se dejara corromper “por la corte” y que la aristocracia intelectual judía, se dejara corromper “por el capitalismo”. Pero desde el siglo XVII las aristocracia europeas ya se habían dejado corromper por las cortes y el judaísmo había sido uno de los factores esenciales en la irrupción del capitalismo, no el único, pero sí uno de los más importantes tal como demostró Werner Sombart en varias obras[6], tesis que ha sido aceptada incluso en medios del judaísmo contemporáneo[7]. Le tesis clásica es que el judaísmo estuvo en mejores condiciones para asumir el capitalismo porque, los siglos en los que el catolicismo prohibió el préstamo con interés, los judíos eran los que se hacían cargo de esas operaciones y eso posibilitó que el pueblo judío estuviera “acondicionado” para la nueva etapa de evolución económica de la sociedad iniciada con las primeras acumulaciones de capital que se produjeron entre los mercaderes Venecianos y Genovesas cuando abrieron el comercio de las especies.

Sea como fuere, Coudenhove realiza un análisis elogioso sobe el judaísmo en Idealismo Práctica que, como todos los análisis de este tipo suelen destacar los aspectos positivos, capacidad intelectual de abstracción, liderazgo intelectual, eludiendo los problemáticos. Por otra parte y, a decir verdad, el liderazgo judío en muchos aspectos no es tal, sino que corresponde al podercentaje real que correspondería a cualquier otro grupo étnico europeo[8]. Por lo demás, frecuentemente, ese liderazgo aparece en personas que han abandonado el judaísmo, mucho más que en judíos afectos a la sinagoga. Ni Marx ni Freud fueron piadosos judíos. De Spinoza o Bergson puede decirse lo mismo. Y si en los orígenes de la física nuclear han aparecido acumulaciones de teóricos de raza judía, no es menos cierto que han estado también completamente ausentes de otras áreas de la ciencia moderna. Hay judíos en música y… muchos más músicos que no son judíos. En cuanto a la abrumadora presencia de judíos en los primeros tiempos de la Revolución Rusa y en las revoluciones comunistas de los años veinte, es cierto que existió y, a decir verdad, no se trató de ninguna élite intelectual, sino que correspondía al papel marginal y la situación social miserable del judaísmo centroeuropeo del que Gustav Meyrinck realiza una descripción magistral en sus novelas[9].

Coudenhove no ve que buena parte del judaísmo centroeuropeo de los años 20 vive en plena miseria. Quiere ver –y ve- en el judaísmo a una “raza superior”, cuando escribe: “La prominente posición de la que goza el judaísmo hoy en día, se debe únicamente a su superioridadi ntelectual que lo capacita para vencer a una inmensa mayoría de rivales privilegiados, hostiles, envidiosos […] Como pueblo, el judío vive la eterna lucha de la cantidad contra la calidad, de grupos interiores contra individuos superiores, de mayorías inferiores contra minorias superiores”[10].

Coudenhove escribe estas líneas en 1925. En ese momento, los sentimientos antisemitas en toda Europa, especialmente en Europa Central, se han alimentado a causa de dos fenómenos: la identificación de algunos exponentes del judaísmo como máximos beneficiarios de la I Guerra Mundial que han edificado sus fortunas sobre la miseria y la ruina de las poblaciones y el anticomunismo generado como rechazo a los excesos cometidos en todos los países en los que estallaron movimientos sediciosos comunistas en los primeros años , a la vista de que estos movimientos tenían entre sus dirigentes a numerosos miembros de la comunidad judía.

Sin embargo, a despecho de las realidades étnicas y sociales, el análisis de Coudenhove-Kalergi puede calificarse, como mínimo de subjetivo en materia judía. Volveremos más adelante a él.

El segundo elemento sorprendente de la “teoría racial” de Coudenhove Kalergi es su alabanza del mestizaje. A decir verdad, fue la primera persona en el siglo XX a la que se le ocurriría glosar las virtudes del mestizaje y proponer una “Europa mestiza”.

Para Coudenhove, en efecto, el mestizage es saludable… a pesar de que identifique en la personalidad mestiza cualidades problemáticas. Escribe eclécticamente: “El resultado es que, en los mestizos, se unen la falta de carácter, el desenfreno, la debilidad de la voluntad, la inestabilidad, la crueldad y la infidelidad con la objetividad, la universalidad, la agilidad mental, la falta de prejuicios y la amplitud de horizontes”[11].

A mayor abundamiento, cuando intenta pintar al hombre del futuro, nos vuelve a sorprender con una declaración que anticipa 80 años el zapaterismo: “El hombre del futuro será un mestizo […] la futura raza afroeurasiática que se parece exteriormente a la del antiguo Egipto, reemplazará la diversidad de los pueblos por la diversidad de las personalidades. Según las leyes genéticas, con la diversidad de los antepasados, crece la versatilidad, mientras que con la homogeneidad de los antepasados, crece la uniformidad de los descendientes. En las familias con cruzamiento consanguíneo, un ihijo se parece al otro, ya que todos poseen los mismos rasgos familiares […] la consanguinidad crea rasgos característicos, el cruzamiento crea personalices características”[12].

b. El origen de su admiración por el judaísmo y por el mestizaje

Estos elementos son perturbadores y se integran malamente en la imagen de marca de Coudenhove-Kalergi como “padre de Europa”. De hecho, se trata de afirmaciones discutibles que empañan lo indiscutible de la necesidad de una entente europeo para superar guerras como la de 1914-18 o la francro-prusiana de 1870 o la última guerra mundial. Pero, para Coudenhove estas ideas son capitales y las plasma en un libro que, cronológicamente, (1925) sigue al lanzamiento de su idea paneuropea (1922). ¿De dónde salen esas ideas?

Es extremadamente fácil contestar a esta pregunta a poco que nos fijemos en algunos datos de su biografía:

1.- Defensa del mestizaje (a pesar de los pesares y de reconocer él mismo que genera individuos “inestables, versátiles, crueles, infieles y débiles”…) es un producto… de su propia condición de mestizo de aristócrata austro-húngaro y madre japonesa, descendiente de un linaje de samuais[13]. Ese doble origen le dio una amplia cultura antropológica, pero también da la sensación a partir de la lectura del capítulo sobre el mestizaje en Idealismo Práctico que, en algunos aspectos de su vida, pesó como una losa sobre su personalidad: era mestizo en un universo de valores que tenía en alta estima a las “razas puras”.

2.- Síntesis de aristocracia con judaísmo: él era un mestizo casado con una actriz judía que se convirtió en estrecha colaboradora suya en el proyecto paneuropeo. A partir de su matrimonio, Coudenhove sintió necesidad de metabolizar su situación personal dándole forma de una teoría de las razas. Además, en su juventud, Coudenhove tuvo tentaciones antisemitas que posteriormente buscaría limpiar.

3.- Aristocratismo y judaísmo: Coudenhove era miembro de una ilustre familia centroeuropea. Él mismo heredó el título de Conde. Al defender una síntesis de aristocracia y judaísmo lo que hacía era reactualizar un viejo mito de la aristocracia europea (especialmente de la francesa y de la centroeuropea, aunque también estuvo presente en el pasado en el Reino Unido). Sintetizamos: esta concepción quería que por la aristocracia europea discurría la sangre de la Casa de David y no en sentido alegórico sino físico, a través de mezclas que tuvieron lugar a partir del período carolingio[14].

4.- Europeismo como resultado del mestizaje: La saga de los Coudenhove era oriunda de Flandes donde ya ostentaba titulo de nobleza y se trasladó a Austria al estallar la Revolución Francesa. En cuanto a los Kalergi con los que se fusionaron a mediados del siglo XIX, eran ricos cretenses. La saga se había cruzado a lo largo de los dos últimos siglos con polacos, bálticos, noruegos, franceses y alemanes. El padre de Coudenhova hablaba 16 idiomas y desempeñó cargos diplomáticos en Atenas, Constantinopla, Río de Janeiro y Tokio. Nadie mejor que él para intentar una síntesis.

Coudenhove, deliberadamente o movido por resortes de la psicología profunda, creó un sistema que respondía exactamente a su biografía y a los condicionamientos que le imponía. De hecho, en pocos intelectuales del siglo XX estos condicionamientos de origen han estado tan presentes en su obra.

Vamos a ver ahora la que sin duda constituye la característica más perturbadora de las que hemos mencionado: la relación entre la aristocracia europea y el judaísmo.

c. El judaísmo y la aristocracia europea. Planteamiento global

A fuerza de repetir la idea de que la monarquía liberal de hoy fue ayer monarquía absoluta y anteayer monarquía de derecho divino, nos hemos olvidado de explicar de dónde venía esta última noción. Como si nuestros antepasados hicieran gala de una mentalidad absolutamente planeante y se hubieran sacado de la manga una idea ingneua y gratuita… la de que el monarca, por el mero hecho de haber sido “coronado” ya pasara a tener la bendición de Dios.

Si sacamos a colación este tema en el contexto de un estudio sobre la vida y la obra del conde Coudenhove-Kalergi es precisamente porque tiene mucho que ver con él y con su toma de posición en relación al judaísmo. A medida que vayamos desglosando esta parte entenderán en donde reside el interés de realizar una excursión por la doctrina del “derecho divino”.

Wikipedia, esa mezcla inextricable de patanería y erudición, de mezcla de conceptos correctos con verdaderos alardes de ignorancia, todo ello a partes iguales, nos dice que “el derecho divino de los reyes es una doctrina política y religiosa proveniente del absolutismo político”[15]. Error puesto que la doctrina del derecho divino es anterior a la aparición de las monarquías absolutas.

La doctrina del derecho divino sostiene que la autoridad y legitimidad de un monarca está justificada por la voluntad de Dios. Cualquier acto del rey no es más que la traducción exacta de la voluntad de Dios. Toda prerrogativa real derivaría pues de la voluntad de Dios, y no de la voluntad de sus súbditos, de la constitución o del capricho real. Por lo mismo, un rey solamente estaba legitimado en cuando que aceptaba ser el medio a través del cual la voluntad de Dios se concretaba en su reino.

En las luchas entre guelfos y gibelinos en la Italia medieval ya se percibe claramente a lo que llevaría la doctrina del derecho divino de los reyes[16]. Explica Evola la esencial de gibelinismo:

“Según la teología gibelina, el Imperio era una institución de carácter y origen sobrenatural como la Iglesia. Tenía una naturaleza sagrada, así como también casi sacerdotal (y en efecto estacleida a través de un rito que sólo por algunos detalles se diferenciaba del de la ordenación de los obispos) había sido, en el primer Medievo, la dignidad de los mismos Reyes. Es en base a esto que los Emperadores gibelinos, exponentes de una idea universal y supranacional, que tenía la figura –según una expresión característica de esa época- de lex animata in terris, de ley viva en la tierra, se contraponían a las pretensiones hegemónicas del claro, considrando que tenían sólo a Dios por encima de ellos, una vez que hubiersen sido regularmente investidos de su función. Ellos no se contraponían al Papado tan sólo sobre el plano de una rivalidad política, como lo quiere la miopía historiográfica que se encuentra en la base de la común enseñanza escolar. La contienda política no fue sino consecuencia ocasional respecto de aquella existente entre dignitates remitidaas ambas al plano espiritual”[17]

Y más adelante:

“El conflicto entre la visión “gibelina” y la del guelfismo existió en germen ya con el surgimiento del cristianismo a través del contraste entre dos concepciones generales, de las cuales en aquel tiempo era bien visible su carácter irreconciliable. La una era la concepción dualista caracterizada por la fórmula “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y de este modo por una separación entre instituciones humanas y orden sobrenatural. La segunda –la romana y puede decirse qu también la tradicional- era una concepción jerárquica que consideraba en los jefes de los hombres a los representantes de un poder de lo alto, puesto que –las palabras por lo demás son del mismo San Pablo- “toda potestad viene de Dios”, con la consecuencia de reconocer un valor también espiritual y religioso a toda actitud de lealtad y a toda disciplina política”[18]

En síntesis, las dos concepciones antagónicas que dinamizan toda la edad media se basan, la primera en la doctrina de la doble naturaleza, espiritual que sería encarnada por la Iglesia y temporal que lo estaría por el Imperio. Dado que el espíritu es superior a la materia y al tiempo, la Iglesia –esto es el papado y quien lo ocupara- estaría por encima del Emperador. La segunda es la doctrina de “doble espada” que afirmaba que el Imperio era a la vez una entidad espiritual y material y el Emperados tenía, así mismo el carácter de líder político pero también religioso[19].

Lo que estaba detrás de estas dos concepciones era la doble vía que presentaba la Biblia, de un lado en el Antinuo Testamento con la figura de Melquisedec, a la vez “rey, sacerdote y profeta” y de otro en el Evangelio con la figura de Pedro (el que ata en la tierra para que sea atado en el cielo y el que desata en la tierra para que sea desatado en el cielo). La consagración de los emperadores gibelinos se remitía a la primera concepción, mientras que la del papado inspiraba a los sucesores de Pedro[20].

De esta segunda concepción, nacería con el tiempo, la idea de la “monarquía de derecho divino”. El rey lo es “por la gracia de Dios”. Y el acto de la consagración real pasa a ser el instante ritual en que recibe esa “gracia” del prelado de turno. Pero se trata de una doctrina relativamente tardía que aparece cuando el gibelinismo ha sido vencido, tras la muerte de Federico II Hohenstaufen. Pero ¿y antes? ¿en qué basaban los reyes su autoridad? Es fácil responder a la cuestión.

Tras la caída del Imperio Romano, las invasiones germánicas generaron una nueva aristocracia en toda Europa (de ahí que Coudenhove dijera que en la edad media solamente había dos “razas puras”, la caballería y el judaísmo, acertara plenamente). Inicialmente, algunas monarquías bárbaras como la merovingia en Austrasia y Neustria el rey era elegido entre un linaje noble caracterizado por algún signo distintivo. Los merovingios eran los “reges criniti” (monarcas velludos o monarcas con crines). Esta concepción abarcó a otros pueblos “bárbaros” y aparece en toda Europa en la Alta Edad Media: es Arturo cuyo nombre deriva de Arktos, el oso, animal caracterizado por la estrema frondosidad de su pelaje, o en episodios como la “muerte” de Don Favila, sucesor de Don Peñayo al frente de la resistencia anti-islámica en los montes astures que intentaba restaurar la unidad e integridad del reino visigodo. Cuenta la tradición que Favila fue muerto por el abrazo de un oso, lo que hoy suele reconocerse como rito de iniciación en la que el rey asumía el poder y la fuerza del oso. La pilosidad parecía distinguir a los linajes elegidos en las monarquías germánicas.

Marc Bloch ha podido escribir:[21] "La larga cabellera que constituía el atributo fundamental de la monarquía franca era ciertamente en su origen un símbolo sobrenatural concebido como la sede del poder maravilloso que se les reconocía a los hijos de la raza elegida. Se llegó incluso a concederle un valor mágico”.

El Rey merovingio, además, estaba marcado por otros rasgos distintivos de pertenencia al linaje sagrado: al nacer, tenía una mancha a la altura del pecho en forma de cruz. El mismo pelo, en el linaje regio merovingio no era una cabellera sino verdaderas crines particularmente gruesas que se extendían a lo largo de la columna vertebral[22]. Seguramente el hecho de que muechos de estos pueblos tuvieran al jabalí como animal totémico tiene mucho que ver con todo esto.

A pesar de haberse bautizado, los merovingios conservaron la tradición germánica de elección de sus reyes entre los miembros del linaje sagrado adornado con los rasgos físicos que le eran propios. Los nobles, a la vista de los signos de legitimidad, procedían a elegir al “rey legítimo”. El acto de “consagración” consistía simplemente en elevarlo sobre su escudo por los mismos nobles que lo habían elegido, símbolo de los pares que aceptaban su liderazgo. Se pedía al rey que reinara, que tuviera una vida justa y limpia, que su serenidad se situara en la cúspide del poder, por encima de las mutaciones de lo humano. Reinaban, pero no gobernaban: de eso se encargaban los mayordomos de palacio y antes, en las batallas, los “Dux Bellorum”. Por una fatal confusión de la lengua francesa, el rey “fait neant” (hacía nada, esto es, era el “motor inmóvil” que revestía el mismo sentido que el Apolo Délfico: sol inmóvil situado en el centro de la creación), esto es, el rey que “reinaba pero no gobernaba”, paso a ser el rey “faineant”, literalmente el “rey haragán”[23].

Extinguida la monarquía merovingia, el problema de sus sucesores consistió en aureolarse de legitimidad. Ellos no tenían los signos físicos que les marcaban como los elegiso, así que tuvieron que buscar un justificante para que su autoridad fuera respetada por todos.

Carlomagno abordó el problema desde dos puntos de vista: de una lado, la legitimidad de su Imperio procedía de ser la continuidad de “Roma la Grande” y en su coronación se utilizó la fórmula “renovatio romani imperio”. Pero eso no parecía suficiente para una nobleza y para un tiempo turbulento. Así que Carlomagno intentó apoyar su dinastía en otro recurso.

A partir de ahora cedemos la palabra a Artur J. Zuckerman[24], historiador norteamericano que ha elaborado un interesante planteamiento al respecto. Nuestra experiencia personal confirma la tesis de Zuckerman. Durante nuestra estancia en París tuvimos ocasión de relacionarnos con algunas familias de la nobleza francesa y centroeuropea cuyo concepto de la monarquía enlazaba perfectamente con la tradición instaurada por Carlomagno. Zuckerman presenta la siguiente tesis: los carolingios buscaron deliberadamente enlazar con el más sagrado de los linajes dinástcos, el representado por la Casa de David que había contado entre sus reyes, al gran rey de Israel y a Jesucristo. Si había un linaje “sagrado”, éste era el de David. No en vano la Biblia así lo afirmaba. Por lo tanto, el único linaje susceptible de hacer de la monarquía franca una entidad “intocable”, a falta de viejas tradiciones y de signos corporales definitorios, era unirse a la Casa de David.

Joaquín Javaloys llega a las últimas consecuencias de la vía emprendida por Zuckerman: “El elemento común en todas las ceremonias de coronación real en Europa en los siglos octavo y noveno es el vínculo que se establece, al ser ungido el rey, con los prototipos bíblicos David y Salomón”[25] y unas líneas más adelante, añade: “Los Carolingios, al unirse matrimonialmente con la Casa de David, crearon una familia davídico-carolingia que asumió la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido a David y a sus descendientes (…) Carlomagno pudo ser coronado emperador como heredero en Occidente de los antiguos Césares y como caudillo del nuevo pueblo elegido de Dios que era toda la Cristiandad, confirmando y haciendo duradera la alianza entre el trono y el altar que le comprometió a proteger a la Iglesia y al Papa de Roma”[26]

La tesis de Javaloys que completa la de Zuckerman es que “desde Sancho Garcés I, rey de Navarra, hasta Juan Carlos I de borbón, pasando por Alfonso VII, rey de Castilla y León y por Felipe II de Austria, todos los reyes españoles son indudablemente descendientes del rey David de Israerl, pues, en definitiva, los reyes españoles, por los Capetos de Francia, proceden en último término del emperador Carlomagno y de Makhir David-Teodoric, príncipe y jefe de la Casa de los descendientes directos de David”[27].

Si esto es cierto y los carolingios lograron unirse a la Casa de David, huelga cualquier doctrina del “derecho divino”, basta repasar la Biblia para ver que esta era la dinastía elegida por Dios en la que nació su Hijo y, por tanto, quien enlazara con ella, se hacía indiscutible. El problema vino cuando las convulsiones medievales hicieron que se perdiera la memoria de los orígenes y esta situación se enturbiara con los progroms antisemitas que se hacen frecuentes en el siglo XIV. Lo que hasta ese momento había un timbre de legitimidad, corría el riesgo de no ser entendido por un populacho que cada vez demostraba más beligerancia hacia el judaísmo, esto es contra el judaísmo.

Marc Bloch realiza pesquisas sobre un “milagro” que realizaban los monarcas franceses hasta Luis XVI: la curación de enfermedades por imposición de manos. A lo largo de más de 400 páginas de su famoso libro, Bloch presenta una documentación exhaustiva que avala la realidad de ese milagro. Se sabe, así mismo, que el prestigio que tuvo Carlos, Príncipe de Viana, de madre francesa, derivaba de que curaba enfermedades por imposición de manos. Bloch explica que los monarcas galos inicialmente curaban una amplia gama de enfermedades pero que, poco a poco se fue reduciendo. En el Renacimiento curaban la migraña y la escrufulosis, pero Luis XIV ya solamente curaba la migraña[28].

A partir de la instauración de la Inquisición, el enmascaramiento del origen judío de las monarquías europeas se generaliza y es entonces y sólo entonces cuando se establece la doctrina del derecho divino en la que las alusiones a la Casa de David son solamente simbólicas.

El origen remoto de la legitimidad monárquica obtenida en función del enlace con la dinastía de David se oculta para los más, pero sigue transmitiéndose de generación en generación a la alta nobleza europea y así llega a los que, sin duda, serán sus últimos representantes dignos en el siglo XX. Es pues, normal, que el conde Coudenhove-Kalergi, miembro de esa nobleza, mantuviera el recuerdo de sus orígenes y, utilizando argumentos propios para reforzar una concepción que a principios del siglo XX era patrimonio solamente de la alta nobleza europea –y en concreto de capas del legitimismo francés y del jacobitismo inglés y de algunos exponentes de la Casa de Habsburgo y de los Habsburgo-Lorena. Esta concepción fue la que ilustró Coudenhove-Kalergi en el capítulo de su obra Idealismo Práctico dedicada a la nobleza y a los judíos.

Queda ahora explicar el episodio histórico que enlaza a Carlomagno con la Casa de David. Es relativamente sencillo[29].

Como apéndice de su obra, Zuckerman reproduce el facsímil del llamado Sefer Seder ha Kabbaabah, de Abraham ibu Dandi actualmente en el Seminario Teológico Judío de América[30]. En esta obra se dice:

“Entonces el Rey Carlos envió una petición al Rey de Babilonia para que le remitiese uno de sus judíos descendiente de la Casa Real de David. Él la acogió y le envió uno de allí, un magnate y sabio, de nombre Rabbí Makhir. Y Carlos lo estableció en la capital de Narbona y lo instaló allí donde la dio grandes posesiones cuando la capturó de los ismaelitas. Y él tomó como esposa a una mujer de entre los magnates… y el Rey lo hizo noble. Este Nasí Makhir se convirtió en el caudillo. Él y sus descendientes emparentaron con el Rey y con todos sus descendientes”.

Este texto merece algunas precisiones: el “Rey Carlos” es Carlomagno y el “Rey de Babilonia”, el califa de Bagdad. Nasí es la palabra judía que equivale a príncipe. Sobre la confirmación de este téxto, Javaloys saca a colación un artículo de Arleth Graboïs, profesor de la universidad de Haifa quien dice: “esta tradición hebraica está confirmada por un texto, compuesto hacia la misma época, redactado en la abadía de Lagrasse y conocido por el nombre de la crónica de “Seudo-Philomeno”, según el cual “Carlomagno, confirmando a Makhir, el descendiente del rey David, su título real repartió Narbona entre el arzobispo, Aimeri de Narbonne y los judíos”[31]. Esta es la parte de la historia más conflictiva aue, para colmo ha resultado irreparablemente dañada cuando escritores a medio camino entre el periodismo mal llamado de “investigación” y los folletones de capa y espada han incluido su versión de los hechos en relatos de pura ficción[32]. Zuckerman se basa en el estudio de un privilegio de Carlomagno concedido en el 791 por el que se confirmaba el rango, la dignidad y la autonomía del Principado judío en el sur de Francia, a ambos lados de los Pirineos[33]. Pero existe una confusión: se trata de toda la “marca hispánica” y es difícil que toda ella, constituida por el esfuerzo de la nobleza visigoda que, luego, apoyada por los francos, consiguiera liberar del Islam un amplio territorio que incluía la Septimania[34] y llegaba hasta la línea del Ebro.

Sea como fuere, de lo que no hay duda es de que Alda, la tía de Carlomagno, se casó con el exilarca judío de Bagdad, Makhir, que una vez en Septimania cambió el nombre por Teodorico o Thierry. Este es el primero de una serie de enlaces que unirán al linaje descendiente del exilarca a todas las casas reales europeas[35].

Mil doscientos cincuenta años después de que ocurriera todo esto, en algunos sectores de la nobleza europea todavía se tenía una oscura memoria de lo que había supuesto este régimen de cruces con la Casa de David: el entronque de las dinastías “bárbaras”, surgidas de las aristocracias germánicas que habían derribado al Imperio Romano con la única dinastía indiscutible y legítima en tanto que hundía sus raíces en la Biblia y había sido elegida por la divinidad como cuna de su Hijo. A medida que los progroms antisemitas deslizaron a la población europea por la ruta de la oposición al judaísmo, las monarquías europeas enmascararon esa voluntad de entroncar con la Casa de David, pasando a referirse al “derehco divino” de los monarcas como fuente de legitimidad. Sin embargo, en la aristocracia centroeuropea todavía quedaba el recurso de que en los albores de la Edad Media, solamente existían, tal como Coudenhove-Kalergi había afirmado, dos “razas puras”: la caballería (surgida de las aristocracias germánicas) y el judaísmo.

Tal es el origen de las tomas de posición de Coudenhove sobre la “cuestión judía”.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

[1] Dominique Venner, Baltikum, La Storia dei Corpi Franchi, Germania 1919-1921, Ciarrapico Editore, Roma 1981, Capítulo XVI, La “vehme” punisce i tradittori, pág. 307 y sigs.

[2] Dominique Venner, Baltikum, op. cit., pág. 325.

[3] Idealismo Práctico, op. cit., pág. 45.

[4] En 1916, cuando Lenin languidecía en su exilio suizo y los alemanes todavía no habían llamado a su puerta enviándolo, literalmente empaquetado a la rusia zarista para que deslabazara su retaguardia, sostenía la “interesante” idea de que Suiza era el país europeo en donde antes estallaría la “revolución proletaria”… porque allí el proletariado “tenía armas” (las del servicio militar que consevan los suizos en sus hogares). Lenin, como máximo puede ser considerado un analista político fanático y dotado por la diosa Fortuna mucho más que por sus cualidades de prospectiva.

[5] Trotsky era el genial agitador, el despiadado conductor del ejército rojo y otra versión del analista político, que intenta ser frío pero que, como Lenin apenas hace otra cosa que establecer una visión apriorística que luego intenta por todos los medios justificar en función de exhaustivos análisis. Es decir, lo contrario al “método científico”.

[6] Ver a este respecto: Werner Sombart, El Burgués, Alianza Universidad, Mdrid, 1972, especialmente Capítulo 17, pag. 240, Capítulo 21 (Los Judios), pág. 273 y Catítulo 24 (Las emigraciones de los judíos), pág. 306.

[7] En la web argentina “Torah”, (http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=1202), Yehuda Levi culmina su estudio titulado “La Torah es ¿capitalista o socialista? con esta frase: “En definitiva, el aparato económico de la Torá es capitalista, pero su espíritu es socialista”.

[8] Por el contrario, Coundenhove-Kalergi pensaba que la presencia de judíos en las élites intelectuales era superior a la normal. Escribe: “Con estos dos intentos de salvación de la espiritualidad y las costumbes, el judaísmo ha auspiciado más que ningún otro pueblo a las masas desheredadas de Europa. Así como el judaísmo moderno supera a todos en el porcentaje de hombres importantes: apenas un siglo después de su liberación, este pequeño pueblo está a la cabeza de la ciencia moderna con Einstein, a la cabeza de la música moderna con Mahler, a la cabeza de la filosofía moderna con Bergson, y a la cabeza de la política moderna con Trotsky” (Idealismo Práctico, op. cit., pág. 51-52).

[9] Véase el blog: http://gustavmeyrink.blogia.com en donde estan insertadas algunas de las obras de este novelista, entre otras El Golem cuya acción se desarrolla en el gueto judío de Praga: no nos engañemos, el clima de estos guetos era de miseria pura y simple y, por tanto, era un nido de agistadores y militantes comunistas.

[10] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 52

[11] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 21

[12] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 22

[13] Dato aportado en Wikipedia, edición norteamericana, http://en.wikipedia.org/wiki/Count_Richard_Nikolaus_von_Coudenhove-Kalergi

[14] Esta idea está sintetizada en la obra de Joaquín Javaloys, El origen judío de las monarquías europeas, Editorial EDAF, Madrid 1999.

[15] http://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_divino_de_los_reyes

[16] Un amplio estudio de este conflicto puede encontrarse en Julius Evola, Rivolta contro il mondo moderno, Edizioni Mediterranee, Roma 1988, Capítulo Traslazione dell’Impero. Il Medioevo ghibellino, pág 350 y sigs. También en Julius Evola Los hombres y las Ruinas, Ediciones Heracles, Buenos Aires 1994, Capítulo X, Tradición – Catolicismo – Gibelinismo, pág. 131 y sigs. Y, finalmente Julius Evola, El misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio, Plaza-Janés, Barcelona 1977, Epílogo: 29. Inversión del gibelinismo, pág. 241 y sigs.

[17] J. Evola, Los Hombres…, op. cit., pág. 133-34

[18] J. Evola, Los hombres…, op. cit., pág. 135.

[19] Evola analiza detenidamente todas estas concepciones cuando describe el carácter sobrenatural que tenía para los romanos la idea imperio (J. Evola, Rivolta…, op. cit., pág. 321 y sigs.) y la idea gibelina medieval (J. Evola, Rivolta…, op. cit., pág 364 y sigs.).

[20] A lo largo de infinidad de artículos y ensayos, J. Evola desarrolla esta argumentación tras los pasos de René Guénon quien, como era habitual en él, se negaba a alcanzar las últimas consecuencias de sus afirmaciones. En este caso, Evola se limita a desarrollar lo apuntado por Guénon en El Rey del Mundo, Ediiones Alternativa, Barcelona 1988, Capítulo II, Realieza y Pontificado, pag. 15 y sigs., y Capítulo VI, “Melki-Tsedeq”, pág. 53 y sigs.

[21] Marc Bloc, Les Rois thaumaturges, Gallimard, 1924, pág. 319.

[22] Gerard de Séde, La race fabuleuse, Editions J’ai lu, París 1973. Pág 43-59.

[23] De Séde, LA race…, op. cit., pág. 62.

[24] Artur J. Zuckerman, A Jew Princedom in Feudal France, 768-900, Columbian University Press, 1972, págs.

[25] J. Javaloys, op. cit., pág. 17.

[26] J. Javaloys, op. cit., pág. 17.

[27] J. Javaloys, op. cit., pág. 21.

[28] Hay que pensar, por otra parte que en el siglo XVII empieza a experimentarse la decadencia de la nobleza y muy especialmente de las casas reales europeas. Luis XIII, casado con Ana de Austria, durante 23 años fue incapaz de engendrar un hijo. Fue solamente en las postrimerías de su reinado cuando se produjo el “episodio de Val-de-Grâce”. Luis XIII prometió a la Virgen construir una Iglesia en ese lugar si su mujer era capaz de concebir un hijo… Nueve meses después, efectivamente, nace ese hijo que será Luis XIV y del que nadie duda que es un bastardo. Al morir Luis XIII se sabrá que físicamente era incapaz de satisfacer a una mujer e incluso de penetrarla. La biología puede hacer milagros, pero la maledicencia popular hace de Luis XIV el hijo de Mazarino o del propio Richelieu. (G. de Séde, op. cit., Cap. Le Secret de la Fronde, pág. 114 y sigs.). Si esto es cierto, a partir de Luis XIV los borbones de Francia han perdido la pureza de su sangre.

[29] Lo más controvertido de la tesis de Zuckerman y lo que hace que su construcción peligre no es su estudio sobre los enlaces reales carolingios sino la existencia de lo que él llama “Principado Judío de Septimania”.

[30] A. Zuckerman, op. cit., pág. 384 y sigs.

[31] J. Javaloys, op. cit., pág. 16.

[32] Nos estamos refiriendo a la saga de El Enigma Sagrado de Michel Baignet, Richard Leigh y Henri Lincoln (Martínez Roca, Barcelona 1985) que tuvo su secuela en El legado mesiánico de los mismos autores (Martínez Roca, Barcelona 1987), y, finalmente, en la famosa novela El Código de Dan de Peter Brown (Umbriel Editores, Barcelona 2003) y, anteriormente, tomado como base por Umberto Eco en El Péndulo de Foucault (Novedades de bolsillo, Barcelona 2003). Todas estas obras parten de la documentación –en buena medida falsa y elaborada a propósito por un estrafalario personaje que se presentaba como el “último merovingio”, Pierre Plantard. El origen de esta saga fue, precisamente, una obra escrita en 1967 por Gerard de Séde, El misterio de Rennes le Château (Plaza Janés, Barcelona 1969) que fue elaborada con materiales facilitados por el propio Pierre Plantard, quien hasta 1973 facilitó lo esencial de la información para las obras compuestas por De Sede (buena parte de Templarios entre nosotros, Editorial Mateu, Barcelona 1965), parte de El Misterio Gótico, Plaza Janés, Barcelona 1981 y la totalidad de La Race Fabuleuse, op. cit.).

[33] Zuckerman, op. cit., pág 35, reproducido en J. Javaloys, p. cit., pag. 47.

[34] Es importante recordar el papel que tuvo Septimania en la caída del Reino Visigodo de Tolodo, no solamente porque poco antes de empezar la invasión islámica, el Conde Paulus, un noble hispano-romano, se había sublevado en la zona de Catalunya y la Septimania transpirenaica, sino porque los dos últimos reyes visigodos de Toledo, Akhila y Ardo, fueron elegidos en Septimania. A este respecto ver artículo de Olegario de las Eras en la revista IdentidaD nº 6, pág. 32-33.

[35] Javaloys en el apéndice de su obra ha incluido 30 páginas de cuadros genealógicos para demostrar esta filiación, op. cit., pág. 220 al final.

En este 12 de octubre recordar que el aparato del Estado es hoy el único instrumento jurídico y de poder contra la globalización

Infokrisis.- La celebración del Día de la Nación Española llega justo en el momento en que la crisis alcanza un momento dramático: con las bolsas mundiales al borde del desplome, con una operación mundial de salvación de las entidades de crédito que implicará a corto plazo aumento de los impuestos y de la inflación. Ante esta situación, estar quietos supone asumir un fatalismo que afectará negativamente en nuestro futuro y condicionará el de nuestros hijos.

A esto se unen los problemas que la economía mundial arrastra desde hace años: deslocalización de empresas a China, aumento de las importaciones procedentes de Asia, crisis del petróleo, aumento de las superficies dedicadas a biocarburantes y, por consiguiente, alza en el precio de los alimentos, y oleadas migratorias que abandonan sus países de origen y llegan a Europa...

El PP y el PSOE han generado un modelo económico basado en tres columnas: construcción, turismo-servicios y especulación. Este modelo ha fracasado: ambos partidos son responsables de que en España la crisis sea todavía más grave que en el resto del mundo.

Durante 10 años, en España ha ido aumentando el PIB y disminuyendo la capacidad adquisitiva de los trabajadores ¡y eso se ha considerado un éxito! ¿para quién? Para la banca, para los especuladores, para la patronal de la construcción… ¡para los mismos que el plan del gobierno Zapatero acude en su ayuda con 30.000 millones de euros! En esto consiste la “política social” de Zapatero: salvar a la banca, a constructores y especuladores con dinero público.

La mentira es todavía más sangrante en la medida en que Zapatero y Solbes han contado que esos 30.000 millones eran “para abrir la espita del crédito” ¡Una y mil veces mentira! Esos 30.000 millones son para que los bancos puedan afrontar los 30.000 millones de deudas que han contraído al poner en circulación bonos y al haber solicitado créditos a otros bancos y que vencen a fin de año. El gobierno Zapatero que logró engañar a 12.000.000 de españoles negando la crisis económica y atrayendo su voto, el gobierno de la mentira, el gobierno de ineptos e incapaces como la Pajín, la “Bibiana” Aído y demás mujeres de cuota, está en el poder porque logró enmascarar sus repetidos fracasos en la anterior legislatura con una mentira mil veces repetida.

La crisis de la mundialización

Esta es la crisis de la mundialización y del “orden viejo”. El final de esta crisis requiere medidas que ni el PSOE ni el PP están en condiciones de aplicar porque ellos han sido en España las dos columnas sobre las que se ha sostenido el “orden viejo”: el orden de la globalización, de la sumisión al gran capital, de la inestabilidad laboral, del capital sin fronteras, de la inmigración masiva y de la deslocalización.

Afrontar la lucha contra esta crisis supone afrontar la lucha contra la mundialización y preparar un mundo post-globalizado.

Por eso:

- Es preciso defender de nuestra industria, nuestros trabajadores, nuestro sistema de producción, de la ofensiva asiática. Y para ello es preciso reimplantar aranceles y prohibir importaciones masivas.

- Es preciso que Europa se desenganche de la economía globalizada y genere un espacio económico homogéneo, propio, autónomo, con una economía integrada y protegida de las migraciones de capital y la deslocalizaciones.

- Es preciso crear industria, dar marcha atrás a las deslocalizaciones y detener la locura de la inmigración masiva que, hoy, cuando la crisis empieza a evidenciar su profundidad, sigue llegando y supera los 6.000.000 de inmigrantes en España.

Tales son las primeras medidas que tienen como objetivo romper la globalización.

En este momento no existe otro instrumento jurídico consolidado, con recursos y con un arsenal legislativo suficiente para impedir que la globalización nos arruine que el Estado Nacional. La defensa de su integridad y de su unidad es una necesidad.

Por eso es preciso cerrar de una vez y para siempre la polémica de las “autonomías” afirmando inequívocamente y sin sombra de dudas la primacía del Estado Nacional del que las Autonomías son sólo partes subordinadas para evitar cortar que a la ofensiva “por arriba” contra el Estado Nacional (a través del mundialismo) prosiga la ofensiva “por abajo” (a través de las autonomías).

Reconocemos la existencia de tres niveles de identidad: la identidad que deriva de haber nacido en tal o cual región del Estado, la identidad Nacional y la identidad europea que nos hace a todos hijos de la misma cultura. Pero, hoy estos tres niveles de identidad son arrojados unos contra otros por políticos desaprensivos que intentan hacer de los sentimientos identitarios un escudo para defender mejor sus intereses y prebendas. El Estado de las Autonomías es ingobernable y ha fracasado y todo lo que no sea aceptar esta realidad, es engañarse.

España no es hoy un país “descentralizado” sino atomizado, formado por pequeñas taifas que acen imposible estructurar políticas estatales. Esta situación es inviable en condiciones normales e insoportable en tiempos de crisis como los que tenemos ante la vista.

Es preciso recordar que en esta tierra, los españoles son los primero. Ni los banqueros, ni los especuladores, ni el ladrillo, ni los inmigrantes, ni los políticos haraganes, ineptos y/o corruptos están por delante de los trabajadores españoles ni de nuestros derechos.

Frente al “patriotismo” del que hacen gala los defensores de los banqueros y de los especuladores, los defensores de la inmigración masiva y del ladrillo, hoy solamente hay un patriotismo admisible: una concepción social del patriotismo.

Y de ahí que en éste 12 de octubre debamos recordar: no hay más patriotismo que el que defiende los derechos de los trabajadores españoles.

Si queréis hacer algo por vosotros mismos y por vuestros seres queridos, por vuestras familias y vuestros hijos, salid expresar vuestra oposición al gobierno mentiroso e inepto y contra la clase política preocupada sólo por sus negocios e intereses.

Si queréis que aumenten las dudas sobre vuestro futuro permaneced callaros, seguid votando con fidelidad bovina al PP y al PSOE, los promotores de la globalización y los causantes de que la crisis económica en España sea todavía mayor que en cualquier otro país de Europa.

Es la hora de la movilización nacional contra la crisis, en defensa de los derechos de los trabajadores y de la unidad del Estado: o de lo contrario nos irán robando uno tras otro, todos los derechos sociales conquistados, y terminarán considerando como “derechos” el haber roto al Estado en 17 parcelas con 17 fronteras interiores para mayor lucro de la clase política.

¡Adelante con la defensa de nuestros derechos sociales! ¡En defensa de nuestra identidad!

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

Psicopatología del amor a los animales y otras nureosis (II de II)

Infokrisis.- Despues de la introducción que hemos dado en la primera parte de este pequeño estudio, pasamos en esta segunda y última parte a enumerar las distintas formas de neurosis que puede encubrir el "amor a los animales". Hemos puesto particular énfasis en una de las más llamativas que afecta, especialmente, a algunos detractores extremistas de la fiesta del toreo. Con esto liquidamos un tema que nos parece, curioso y digno de que fuera investigado en las facultades de psicología.

 

Las neurosis derivadas del “amor a los animales”

Todo lo anterior nos lleva a reconocer una serie de neurosis (literalmente: enfermedad funcional del sistema nervioso caracterizada principalmente por la inestabilidad emocional), generalmente de carácter leve… salvo que adquieran rasgos extremos. Y este condicional es importante, porque, el que suscribe no alberga la menor duda de que muchos “amantes de los animales” en sus vertientes más extremas, están como las maracas de machín o, ya que hablamos de animales, como las cabras que tuve que inopinadamente daban saltos absurdos desde los más inverosímiles lugares. Sí, también tuve cabras...

Podemos distinguir un cierto número de tipologías que revisten esta neurosis. Vamos a repasarlas brevemente:

1) El amor a los animales como reflejo de la propia soledad.- Hay gente que depara hacia sus mascotas unos cuidados muy superiores a los que tienen consigo mismos. Los he visto acariciando lúbricamente la panza de hembras de danés o peinando y repeinando a odiosos caniches. En cierta ocasión confundí al galgo afgano rubio, incorporado en el asiento trasero del vehículo de un amigo con una rubia despampanante cuyos cabellos caían en cascada sobre unos improbables hombros, pues hasta tal punto los tenía cuidados que no desmerecían en nada los de una hembra de trapío.

Estas actitudes de mimo exagerado hacia los animales son el reflejo de la propia soledad del propietario de la mascota. Dentro de la sociedad tenemos iguales a los que podemos deparar cariño: hijos, familiares próximos, amigos entrañables, o incluso otros seres humanos desconocidos que sufren del mal de la época, la soledad. En ocasiones no se trata de una soledad física, sino interior: cuando la mente está vacía, carece de intereses y preocupaciones, es posible que algunos humanos se "vuelquen" hacia los animales como se volcarían hacia un scaletrix o a una colección filatélica.

De hecho, todas las formas de neurosis hacia los animales indican algún tipo de carencia. La mujer soltera, el matrimonio sin hijos, el gay desengañado del mundo gay o periódicamente desengañado de su compañero periódico, tienen una tendencia a proyectar sobre su mascota todo el amor y el cariño que no pueden proyectar a otro ser querido.

No hacen daño a nadie, pero su soledad es tan evidente que, frecuentemente uno está tentado de invitarles a una copa en territorio neutral. Si el sueño de la razón produce –inevitablemente- monstruos, la soledad produce comportamientos monstruosos.

2) El resentimiento hacia los humanos.- Todos hemos sufrido desengaños y golpes duros de amigos, novias, novietas, familiares, amores y amoríos. Frecuentemente, no hemos entendido por qué se nos ha hecho daño, ni por qué otros se han aprovechado de nuestro dolor y de nuestra decepción. Pero eso no es motivo suficiente para renunciar a la compañía de lo humano. Un matrimonio se puede romper, pero hay muchas más mujeres que, sin duda, encajan con nosotros, puede convertirse en nuestra nuevas compañeras titulares, suplentes u ocasionales, sin necesidad de que nos arrojemos a comprar la mascota más abrakadabrante o que nos enganchemos en un curso de cocina o de cata de vinos (salvo que no sea para ligar).

Una decepción profunda, especialmente en la juventud, puede determinar nuestro comportamiento futuro. Universalizar el daño que alguien nos ha podido hacer a todo lo que camine erguido sobre las piernas parece excesivo, y mucho más excesivo transferir nuestro exceso de cariño a una mascota que ni entiende de amores ni de cariños sino solamente de instintos.

Es cierto que la “humanidad” (si es que puede otorgarse a este concepto carta de naturaleza) ha cometido los mayores errores en la conducción de su destino. Con el planeta envenenado, con los recursos en vías de agotamiento, buena parte de la humanidad y la totalidad de la clase política miran hacia otro lado. La “humanidad” decepciona más que jugar a las quinielas y mucho más que el rasca-rasca de la ONCE, pero no tanto como para arrojarnos en brazos de los animales. Hacerlo implica una carencia y un juicio enturbiado. De la misma forma que el reconocimiento de las carencias y el sinsentido de la monarquía moderna no debe hacernos olvidar las grandezas pasadas de los grandes Austrias, de nuestros reyes de la Reconquista o la gesta de la nobleza visigoda, el odio hacia tal o cual ser humano no puede arrastrar el odio a toda la humanidad y el refugiarse en los animales como “interlocutores válidos” para paliar nuestra soledad.

3) La transferencia sado-masoquista: el sexo es un "gran misterio" que diría Crowley y también un gran espejo de deseos, traumas y frustraciones. Estas últimas semanas no han dejado de sorprenderme algunas noticias aparecidas en la prensa. Reconozco que las protestas antitaurinas no han dejado de sorprenderme por su agresividad. En 1997, en Barcelona, entonces en vías de ser declarada “ciudad antitaurina”, ya tuve la primera sorpresa cuando los activitistas antitaurinos lograron prohibir la representación de la Carmen de Bizet, coreografiada por Salvador Tábora porque un rejoneador mataba a un toro en la Plaza de Toros de la Monumental. Será porque Carmen es una de las pocas óperas que no me han hecho bostezar que recuerdo ese episodio como el principio de mi alerta sobre algo que no funcionaba en los amantes de los animales. En los diez años siguientes, los activistas antitaurinos han multiplicado sus protestas. El 18 de junio de 2007 llegaron al límite convocando una manifestación durante una corrida de toros. Asistieron 5.000 antitaurinos llegados de toda España que “sitiaron” la plaza de toros Monumental, llena hasta la bandera con sus 18.000 espectadores protaurinos. Los primeros llamaron “asesinos” a los segundos. José Tomas fue aplaudido. Entre los “asesinos” figuraba la duquesa de Alba… esa venerable anciana casadera.

Son curiosos estos antitaurinos. Un amigo que había realizado un documental aún inedito sobre las corridas de toros, me comentaba que había intentado dar una visión equilibrada de la fiesta, a favor y en contra. Cuando terminaron el documental, la productora organizó una fiesta agradeciendo a todos los que habían colaborado de una manera u otra. Invitaron a taurinos y antitaurinos. Los primeros no tuvieron inconveniente en asistir sin preguntar quien más estaba invitado. Daban por supuesto que estarían presentes los antitaurinos pero era un buen momento para intercambiar impresiones con ellos en terreno neutral. Los segundos no asistieron al saber la presencia de los primeros: ellos “no se mezclaban con asesinos”. ¿Cuál es la postura correcta? Seguramente la tolerante. Pero la tolerancia no estaba del lado antitaurino.

Esto ocurría en 2006. El año antes, la Barcelona del tripartito había declarado a la villa condal el título de “ciudad antitaurina”.

En Las Ventas las cosas no iban mucho mejor. El 30 de septiembre de 2008, seis activistas antitaurinos de la Fundacion Equanimal (que dice ser “una organización que da la cara por los animales”) irrumpían en el ruedo en plena corrida para demostrar su protesta. Acabaron ante el Juez de Instrucción del nº 32 de Madrid. El juez entendió que la medida no era sancionable y los dejó en libertad sin más molestias. Están los tiempos como para preocuparse cuatro atontolinados con ganas de hacerse masacrar…

Por que, efectivamente, desplegar pancartas insultando a los espectadores en el centro de una plaza llena no es tener “valor”, sino cometer un acto de irresponsabilidad. Sería como ir a una carnicería para hacer publicidad del vegetarianismo, y tan solo tiene parangón con la estupidez de Pepe Bono, entonces ministro de Defensa, cuando fue al Pentágono a decir, con una seriedad pasmosa a los mandos del ministerio de la defensa norteamericano que él “prefería morir a matar”, lo cual equivalía a llamar a los militares “asesinos”. O intentar difundir rap negrata en una velada wagneriana en el Liceo de Barcelona…

Anteayer mismo, una organización de defensa de los animales denunció ante el Parlamento Europeo en Bruselas las corridas de toros con una protesta de treinta personas semidesnudas que simulaban tener banderillas clavadas en la espalda. Las siglas en inglés del grupo proponía “Gente por el Tratamiento Ético de los Animales” es PETA, que en la lengua de Cervantes suena incluso más rotundo. Las consignas rezaba: "Ponte en la piel del toro. Abolición de la tauromaquia". En junio pasado, toreros como el colombiano César Rincón y el español Enrique Ponce habían salido al ruedo en el Europarlamento para defender el toreo. El camino lo había abierto Alaska (esa chica que canta mal desde hace treinta y tantos años, a la que entrevisté en 2000 y comprobé por mí mismo sus limitaciones intelectuales más que patentes, pasa por musa de la “movida” y suele vestir de manera estrafalaria, uno de los síntomas del trastorno bipolar) que no dudó en fotografiar su excedente de humanidad con tres banderillas de atrezzo clavadas en la espalda...

Oíga, toda esta forma de protestar no es excesivamente normal: si ves a una chati en la calle tirada en el suelo y desnuda con una banderilla en la espalda se te ocurre cualquier cosa antes que pensar en que protesta por las corridos. ¿Es una streaper que reivindica mejores condiciones laborales? ¿acaso una meretriz anunciando su producto? ¿una nudista en ejercicio de su causa? ¿Acaso una masoca pidiendo guerra? ¡Vaya usted a saber! Cualquier cosa antes que pensar en el tema taurino.

Un cuerpo desnudo, lamentándolo mucho, remite, sobre todo, ante todo y por encima de todo, al sexo, salvo que tenga lugar en un lugar en el que la abundancia de carnaca inhiba la sexualidad, como una playa o un congreso nudista. Y lo sorprendente es que casi tenga que pedir perdón por esta frase, cuando la desnudez humana esta íntimamente vinculada a la atracción sexual. Y es bueno que así siga siendo porque demostrará, a fin de cuentas, que algunos todavía no tenemos los instintos anestesiados con litros de pentotal sódico.

Fijémonos en la imagen: gentes en el centro de la plaza (nuevo coliseo romano) provocando al personal y buscando el martirio (pues no iban, desde luego, a convencer a los antitaurinos llamándolos "asesinos" e insultándolos). Cuerpos femeninos desnudos tendidos luciendo banderillas en la espalda. ¿Me estoy equivocando si veo en estas protestas sublimaciones de una sexualidad masoquista presente en muchos antitaurinos?

El antitaurino en el centro de un ruedo, rodeado de un público hululante que los observa entre fastidiado e iracundo por interrumpir el espectáculo, les hace sentir como los pobres cristianos llevados por esbirros romanos al circo para enfrentarse a las fieras que inevitablemente los devorarán, o para ocupar el lugar del toro en el martirio-espectáculo que es, a fin de cuentas, una corrida de toros.

El antitaurino -¿por su “amor al toro” arquetipo de la virilidad? ¿por sus pulsiones masoquistas?- desearía sustituir al toro en el ruedo y ser él la víctima del suplicio, un suplicio del que a nadie se le escapan sus connotaciones sexuales. La figura del torero resalta por sus genitales y sus nalgas, estiliza su figura en los pases y todos los toreros consideran que su arte tiene mucho que ver con la sexualidad. Muchos han confesado que los pases del toro con su rozamiento les provoca erecciones en plena corrida, otros tienen por costumbre abstenerse relaciones sexuales antes de la corrida, incluso de masturbarse, pues “el toro lo sabe”… En el arte del toreo hay mucho de sexualidad, pero en las protestas antitaurinas la sexualidad que queda delatada es la de los activistas.

En las relaciones sadomasoquistas la parte pasiva se pone en manos del sádico para que haga con su cuerpo lo que desee. Análogamente, los antitaurinos se exponen indefensos gustosamente en el centro de miles de miradas (una de las fantasías habituales del masoquismo). Y en cuanto a esa proliferación de fotos de cuerpos femeninos desnudos con banderillas en la espalda, caídos en el suelo, es una imagen es, ni más ni menos, una fantasía que satisface tanto al masoquista que gusta mostrarse débil, vencido y expuesto, como al sádico que en pie observa al cuerpo que ha dominado y que tiene a sus pies.

En el cristianismo del siglo XIX existía una técnica de expiación de los pecados que inicialmente admitió el Vaticano. Era el llamado “sacrificio pro victimal”, en la que el penitente asumía los pecados de otras personas, intentando expiarlos mediante maceraciones y castigos autoinflingidos. En el llamado “vintrasismo” (la secta fundada por Pierre Vintras)  esta técnica llegó a su exasperación y derivó, como era inevitable, en prácticas sadomasoquistas. Los antitaurinos van por los mismos pasos: de un lado intentan redimir al toro de su martirio y hacerse ellos mismos objeto del juego erótico-taurino que incluso el mismo Almodóvar identificó en la que, en lo personal, creo que es su mejor película: Matador.

La redención del toro, implica transferir inconscientemente hacia ellos el martirio. No es lo que se dice una garantía de estabilidad mental. Uno hace esfuerzos por pensar qué problemas interiores tienen algunos antitaurimos para hacer tales alardes que delatan un caos en su subconsciente que haría frotar las manos al propio doctor Freud de encontrárselos en la sala de espera de su consulta.

Es posible estar equilibrado y protestar contra la tauromaquia (“de to’ tié que haber’” que diría "el Gallo" cuando le presentaron a Ortega y Gasset como filósofo), pero cuando se vulneran los límites de lo razonable, la protesta se convierte en un escaparate de la propia interioridad.

4) El humanismo ultra generoso: hay gente, como el que suscribe, partidario de restringir el título de “humano” a aquella minoría que aparte de comer y defecar tiene algún otro mérito que le haga acreedor del diploma de “cúspide de la evolución”. Hay otros, sin embargo, que prefieren extender el título de humano, no sólo a la totalidad de la especie humana (lo que ya nos parece mucho), sino incluso a algunas especies animales. Ahí están los fervorosos impulsores del Proyecto Gran Simio que han conseguido que el parlamento español (donde hay emboscado mucho simio o presunto tal) extienda los derechos humanos a los primates.

Se trata de una mala percepción de lo que es humano y de lo que no lo es. El ser humano es aquel que ha abandonado la estupidez (recuerden la frase de mi lama favorito) para tomar conciencia de sí mismo. Lo que define al ser humano es precisamente esto, el tener conciencia de sí mismo, y no el dominar unas pocas habilidades propias de niños de pocos meses.

El orangután es un proyecto frustrado de la evolución: es la única especie de mamífero superior al que no le importa carecer de un "hogar" propio. Cada noche, al acostarse, hace un nido nuevo. Ni siquiera se levanta para defecar. Duerme sobre sus propias heces y parece haber agotado su ciclo vital: apenas se reproduce y se extingue, no por que sea perseguido, sino porque no se reproduce. Es una especie que se agota por sí misma. El único derecho que cabría reconocerle es a una digna extinción, como a la rara avis de los comunistas todavía vivos y activos. No cabe reconocerles derechos humanos a especies que… no son humanas.

En cuanto a la experimentación científica con otros primates cabe decir que, difícilmente un científico se comportaría como un niño sádico empeñado en arrancar alas a las mariposas. Además, la imagen del científico que trabaja sólo pertenece al tiempo pasado. Hoy son equipos de científicos los que ejercen un trabajo de investigación: si uno de ellos plantea un experimento innecesario sobre un mono, los otros le censurarán su actitud y evitarán que el presupuesto de investigación, siempre escaso, se dilapide en lo superfluo. Así pues, el “ensañamiento científico” sobre los primates ya hace tiempo que cesó y también aquí el sentido común ha impuesto un código ético aceptado por todos. La investigación científica, por tanto, no es excusa para generalizar los derechos humanos a todo lo que se mueva. Si es algo, esta tendencia es un nuevo rostro de la neurosis.

Existen dos líneas diferentes de esta neurosis que derivan de dos actitudes distintas: la ignorancia es una de ellas (extender por ignorancia a todo lo que se mueva los mismos derechos que a lo humano) y la desvalorización de lo humano es otra (entender que lo humano y lo animal están en el mismo nivel, lo que implica, no que el reino animal es elevado a lo humano –algo imposible- sino que lo humano es solamente considerado desde el punto de vista de su estricta animalidad).

Ser ignorante no es ninguna enfermedad nerviosa, sin embargo, desvalorizar consciente y voluntariamente la naturaleza humana, degradarla hasta situarla en el rasero de los primates superiores, es una muestra de algo más peligroso: compartir la estupidez con los animales y odiar a la propia especie.

La pobre Jane Godall, apóstol de los primates, es heroica en cierto sentido, ridícula en otro y dramática en cualquier caso. El amor a la ciencia, como el amor a los animales, también tiene su límite, franqueado el cual se cae en formas de neurosis más o menos acusadas, con o sin premio Príncipe de Asturias.

También aquí, seguramente, son las malas experiencias personales con seres humanos, lo que hace que algunas personalidades frágiles tiendan a optar por preferir el reino animal a la compañía de los humanos. Pero, no por comprensible, estamos ante algo menos que una neurosis.

5. Exhibición de matonismo: Como se sabe hay especies de perros extremadamente agresivas que gozan del favor de determinados grupos sociales. En la actualidad y con cierta razón, el gobierno ha querido que existe un censo de estas razas y que sean los ayuntamientos quienes lo gestionen. Pitbull, mastines argentinos, doberman, etc., son razas que tienen un par de características comunes: dan la sensación de que son más tontos que otras razas de perros y precisan mayor tiempo en su adiestramiento básico, y de otro son extremadamente fuertes e incluso brutales. Es decir, lo tienen todo para no acercarse a ellos, y sin embargo algún colectivo hace de estas especies su mascota de compañía.

Cada cual es como es y el matonismo de algunos sujetos tiene su prolongación en su mascota que es vista, no como un animal de compañía, sino como una extensión de la propia personalidad que intenta ampliar el radio de acción y las potencialidades más bajas de la misma.

Es evidente que no todos los propietarios de estos perros responden a estas características. Algunos de ellos han optado por comprar un perro particularmente fiero para disuadir a posibles atacantes a su propiedad. Estos perros gozan de fama bien ganada de crueles y sanguinarios, así que, a fin de cuentas, disuaden que es de lo que se trataba. A otros les ha ocurrido algo todavía más simple: el vendedor de la tienda de perros les ha encajado una de estas razas porque tenía un excedente de los mismos o para deshacerse de ellos y no ha dudado en utilizar todos los argumentos del vendedor carente de escrúpulos: que si estos perros son muy inteligentes, que si son muy obedientes, que si aprenden pronto… no, ni son inteligentes, ni aprenden pronto, ni son obedientes especialmente cuando llevan 12 horas sin zamparse un filetillo. Recuerdo a un impresentable que conocí y que todavía sigue en la emisora de Luis del Olmo haciendo infumables programas de ocultismo que solía cambiar bienes tangibles por publicidad. Mister Guau, una empresa barcelonesa de perros, accedió al intercambio: cuando estaban de moda los siberianos le encajaron uno de estos bichos de ojos penetrantes. Se preocuparon de que lo viera de lado antes de llevárselo porque el pobre siberiano era completamente bizco. Años después intercambiaron con éste tipo, un pitbull de esos que “aprenden pronto”. Así que nuestro locutor intercambió más publicidad por los servicios de un adiestrador de perros. Al cabo de mes y medio, el pitbull seguía tan absolutamente asilvestrado como antes. No había nada que hacer. Era un leño, incapaz de sumir el más mínimo truco de adiestramiento.

Un perro de gran tamaño solamente puede tenerse en el campo. Y uno de estos perros agresivos, solamente puede tenerse en una jaula o de lo contrario puede dañar a personas y bienes que acierten a pasar por ahí. Además, su tontería congénita facilita el que cualquier ladrón lo pueda neutralizar con la mera exhibición de un hueso.

La inmensa mayoría de propietarios de este tipo de perros peligrosos, simplemente los consideran, como hemos dicho, una prolongación de la personalidad, un complemento y un refuerzo de la misma. En general,  quienes obran de este tipo tienen un bajo nivel de autoestima, se saben limitados y pequeños y precisan una mascota –a falta de un par de guardaespaldas con pinta de duros- que anuncie que han llegado y que genere respeto. Pobre diablo aquel que es respetado por la mascota que va delante de la correa.

6) La excentricidad confesable: conocí a una chica encantadora que en aquel momento tenía pirañas en el acuario. Me llamó la atención, pero como había otras cosas de ella que me llamaban mucho más la atención, no di mucha importancia al asunto. Mientras tenía compañia prescindía de las mascotas (seguramente por que  aquellas cubrían su necesidad de compañía y calor). Unos años después me la encontré por la calle con un animalejo extraño serpenteando entre sus piernas. Un hurón. No estaba, obviamente con nadie en ese momento. Cuando quiso regalarle algo a su hermano le regaló una iguana de la que todavía hay dudas sobre si se ausentó sin dejar señas o se la comió su perro pastor belga. Sí, hay gente que le gusta lo exótico.

Se trata aquí de una neurosis menor consistente en demostrar lo original que uno es teniendo una mascota que casi nadie tiene: una serpiente, un cocodrilo, un odioso escorpión. Tengo un matrimonio de amigos que durante años se dedicaron a la bonita cría del grillo. De su factoría salían semanalmente millones de grillos que alimentaban a las mascotas exóticas de media España. En cierto momento se fueron de vacaciones y al volver encontraron a todos los grillos muertos o agonizando: el sistema de calefacción había fallado. Los animales exóticos –iguanas, lagartos y lagartones- sufrieron durante algunos días hambre hasta que se recuperó el nivel de producción. Mis amigos dejaron el negocio de los grillos y se dedicaron a la publicidad. Sobre todo, coherencia.

Hubo un tiempo en que tener una iguana o un hurón era “original”. Ahora es señal de que en la tienda de animales se han desecho de un lote de estos bichos comprados a bajo precio. En un momento en el que todos los fenómenos sociales son de masas, es muy difícil ser original poseyendo una mascota que nadie más posee. No estamos en los tiempos de Blade Runner en donde tener un búho de verdad o un carnero de carne y hueso es un signo de poder (de hecho, el guión de la película se confeccionó sobre el libro ¿Sueñan los androides con ovejas metálicas?, clásico de la ciencia ficción).

Si alguien quiere demostrar algún rasgo de su personalidad o su propio estatus socio-económico y está lo suficientemente neurótico, es frecuente que lo haga a través de los animales. El famoso cura de Rennes-le-Château podrido de francos cuyo origen todavía hoy se ignora, tenía un zoológico en su jardín. Faisanes, serpientes exóticas, tigres y trigretones eran mostrados en sus jaulas para admiración del visitante. Cien años después, cualquier tahúr con fortuna derivada de la especulación o de la estafa pura y simple ha visto en el zoológico privado (jamás en la biblioteca privada, faltaría más) una forma de exhibir su poder. Desde Rodríguez Menéndez a los narcos colombianos.

Ya sea para demostrar originalidad o poder, la mascota es el recurso que indica cierta anemia en la imaginación y un obvio estado de dependencia hacia los animales.

7) Bestialismo: al documentarme sobre este tema he recurrido a libros y, por supuesto, a Internet. En la red he encontrado poco material, tirando a ninguno, y en la biblioteca las referencias a la etología me han confirmado en lo ya escrito en algunos artículos de infokrisis sobre los instintos animales (ver la serie de artículos titulada Militia). Así que he seguido escarbando en mi biblioteca. En los manuales de sexualidad he encontrado referencias al “bestialismo”, definida como todo tipo de parafilias en los que algún animal o animalejo entran en el juego sexual de la pareja o bien la cópula con algún animal. Como casi todas las parafilias ésta es bastante escalofriante para quienes no la compartimos y no puede de dejarnos de llamar la atención especialmente porque tiene que ver con la materia aquí tratada. Los psiquiatras se han interrogado sobre el origen del bestialismo, pero las respuestas no son concluyentes.

Los eruditos distinguen entre zoofilia (atracción hacia los animales) y bestialismo (acto sexual realizado con animales). Por lo visto hasta ahora, buena parte de las neurosis que hemos visto hasta ahora tienen como denominador común la zoofilia. Un “zoófilo” es aquel al que le gustan los animales, pero sin experimentar un deseo sexual. Un practicante del bestialismo, por el contrario, es el que se siente irreprimiblemente atraído hacia el coito con animales. Del bestialismo vamos a hablar a continuación. Dejando aparte el consabido caso de pastores que hasta no hace mucho pasaban meses enteros aislados con su ganado y sentían tentaciones lúbricas que saciaban con ovejas o cabras, el bestialismo es un fenómeno raro, pero no tan raro como para no ocupar un lugar en la red.

Una estadística sumergida en Wikipedia indicaba que en EEUU entre ¡un 10 y un 30% de personas! han tenido relaciones sexuales con animales… Y el Wiki añade: “la estadística aumenta hasta un 50% en jóvenes que viven cerca de granjas”… En el libro Mi Jardín Secreto de Nancy Friedman, sobre 180 mujeres norteamericanas entrevistadas el 10% confesaban como la cosa más natural del mundo el haber tenido relaciones con animales. Y realmente no debe ser algo tan infrecuente cuando el bestialismo está penado en todas las legislaciones de los países occidentales. En España, en cambio, no hay ninguna ley que prevenga actos de este tipo y se aplican las leyes contra el maltrato animal.

El título de algunas películas porno halladas en la red es suficientemente significativo: “Mi mujer follando con el mastín” o aquel clásico de “Que grande la tiene mi caballo loco” (en inglés suena mejor). De todos los clásicos de lo porno, los labios de Cicciolina jugando con el pene de un garañón es quizás uno de los espectáculos más antieróticos que hayamos visto en nuestra juventud. Uno tarda en recuperarse de tales imágenes.

Habitualmente, las parafilias derivan de la búsqueda insensata de nuevas experiencias sexuales e irrumpen en personalidades particularmente obsesionadas por el sexo. La multiplicidad de emociones fuertes, rebaja la intensidad de la emoción, así pues para seguir teniendo emociones fuertes hay que rectificar el tiro y buscar siempre novedades, como el cliente habitual de un burdel especializado en número sofisticados al que después de una larga negociación el cliente habitual termina pidiendo: “¿tienen algo en peces?”. Decididamente, los labios de un besugo recuerdan a los labios recauchutados atiborrados de botox de cualquier producto erótico de consumo. Y el locutor de Punto Radio que antes os mencionaba –os lo juro por mis hijos- en directo y en cierto programa olvidable, le espetó a modo de piropo a una vidente: “Aquí está maga Iris con esos ojos de vaca…”. Y se quedó tan fresco. Comparar una mirada femenina con la de una vaca evidencia cierta perturbación mental, además de una indescriptible tontería.

Cuando esta parafilia no deriva de la curiosidad sino de la obsesión por lo animal, la cosa es mucho más grave. Las tipologías son varias: desde el marido voyerista que no toleraría jamás que su mujer hiciera el amor con otro hombre, pero que no tiene inconveniente en que el pastor alemán (raza de perro) penetre a su mujer, hasta la solterona que ha adiestrado a su caniche para el consabido trabajo en los bajos.

Determinadas parafilias suscitan tanto ironías como conmiseración, a partes iguales. Si la vida te ha llevado a que tus orgasmos dependan de un caniche o de la lengua de un Alaska Malamute, menuda vida sexual más triste y decepcionante.

La conclusión de este trabajo es que si el rechazo a lo humano, la desconsideración por lo humano, la minusvaloración de lo humano, la soledad en relación a lo humano, el resentimiento hacia lo humano o las transferencias masoquistas, te han llevado a amar a los animales, lo primero que debes hacer es visitar al psiquiatra más próximo. Hay algo en tu sistema nervioso que hace contacto.

Si perteneces a alguna asociación de defensa de los animales, estás haciendo un trabajo altruista en lo que crees justo. Piensa de todas formas que muchos humanos sufren mucho más que los animales que, a fin de cuentas, carecen de sentido de la presencia. Y piensa incluso que cerca de ti siempre hay humanos que sufren y que requieren ayuda. Tú no tienes derecho en creerte obligado a ayudar a especies inferiores, mientras que los que son como tú, y que están cerca de ti sufren.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

Psicopatología del amor a los animales y otras neurosis (I de II)

Infokrisis.- A pesar de lo que digamos en las líneas que siguen, nos gustaría que quedara claro que, desde muy pequeños, hemos tenido distintos animales y conocemos perfectamente lo que es el noble arte de la ganadería que nosotros mismos hemos practicado. Así que tenemos “títulos de nobleza” suficientes como para afrontar uno de los fenómenos más curiosos que ha llegado con la moderna civilización de masas: un gremio extraño y exótico autotitulado “amantes de los animales”, que se permiten dar lecciones de ética y moralidad... a los que tenemos cayos de tratar con animales. Va siendo hora de denunciar que este “amor a los animales” oculta solamente problemas interiores de quienes lo ostentan.

Memorando personal a modo de exorcismo

He tenido perros de todas las razas. En Francia viví durante un año en el Château de Reveillon acompañado por ocho perros de raza Leomberg. En España he tenido perros pastores belgas, mastines españoles y mastines daneses. ¿Por qué perros siempre tan grandes? Por que he vivido en el campo y un caniche estaría fuera de lugar. probablemente  un conejo le asustaría. Los perros se han de adaptar al medio en el que van a vivir. Campo grande, perro grande de grandes colmillos. Eso, o muere.

Item mas. He tenido rebaños de ovejas y granjas de pollos. He rechazado las técnicas modernas de estabulación porque desvirtuaban el noble arte de la ganadería. Si quiere que una costilla de cordero sepa a costilla de cordero y la lana de oveja huela a lana, sus ovejas deben estar libres por los prados. El rebaño de 200 ovejas que tuve en el Marne pastaba libre en los campos que la climatología volvía exuberantes durante la primavera y el verano y volvía solo –son animales pero su instinto es superior a su estupidez- al establo que cada noche cerraba. En invierno y en parte del frío otoño del Marne, tenía que “acolchar” la “cama” de los corderos con paja y darles de comer heno. Pero incluso en esos meses, la puerta del establo estaba abierta para que pudieran recorrer el prado. Sólo una se perdió en el curso de una tormenta.

En ese período de mi vida, dos vacas alimentadas de la misma manera más el grano necesario para que abrieran sus ubres y permitieran ser ordeñadas, me permitió alimentarme con leche natural (nada que ver con ese líquido teñido de blanco) que al desnatarla tenía el mismo sabor y textura que la leche que hoy se vende en los supers como "entera”, fabricar queso con la nata y, por supuesto, mantequilla, pues en Francia es frecuente freír con mantequilla. De todos estos derivados de la vaca debo decir que no tenían competencia en sabor y matices con los comprados en los comercios. De hecho, la mantequilla que con la que untaba pan en los hoteles de París sabía a parafina comparado con “mi” mantequilla, hecha por "mí" mismo.

Nunca he practicado la crueldad con los animales. Naturalmente, he matado animales (corderos, pollos, cabras) porque desde los albores de la civilización, el ser humano fue pastor y comió para sobrevivir. Debo confesar que no he experimentado una sensación particular al degollar a un carnero, colgarlo por los tendones, despellejarlo, abrirlo en canal, quitarle las vísceras, vaciar sus tripas y trocear los restos. He sentido, eso sí, cierta ternura al tener que hacer otro tanto con el único cerdo que he tenido en mi vida y que dio dos jamones de singular sabor. Sobre jamones, también debo decir que he curado jamones de pato que gozaron de cierta fama en la comarca.

Como ven, conozco el asunto de la ganadería, la he practicado y si algún día puedo volver a permitírmelo, mi vida ideal sería en una propiedad de 4-8 hectáreas, rodeado por dos perros de gran tamaño, una vaca, dos cerdos, cincuenta gallinas, treinta patos y seis ocas no para sacrificarlas sino como alarmas, seguramente más eficaces que cualquira de las electrónicas en venta.

Nosotros y los animales

No puedo decir que “ame a los animales”: los conozco, sin embargo, y considero que tienen una función ecológica y social. Por lo demás, comparto la opinión que me transmitió lama Chongyan Tsulstrin de que lo que caracterizaba a los animales era, simplemente, la estupidez. Puedes “querer” a tu perro, pero no puedes evitar la sensación de que su fatum es la estupidez cuando recorre las calles orinando en un árbol y en el siguiente y así hasta regresar al hogar, o cuando mira con cara de fascinación la comida que está en tu plato. Si tienes la tentación de hablarles, verás que en su rostro está grabada la expresión de “No entiendo nada, coño” o "Me importa un higo lo que puedas decirme". En efecto, la vida de un perro se resume en el paradigma 2P: "Pis y Papeo" y contra más, mejor.

Es lógico que sea así: nosotros, humanos –y no todos, lo puedo asegurar- somos la especie superior que puebla el planeta. No hay punto de comparación entre nosotros y los animales. Los únicos puntos de contacto son dos: la biología y el instinto.

La biología nos hace hijos de un padre remoto: el carbono. Lo que es malo para un organismo animal, es malo para el ser humano, de ahí que, puestos a experimentar nuevos fármacos o nuevas técnicas quirúrgicas sea bueno experimentar con primates antes que con el vecino del quinto por muy capullo que sea. Las ratas de laboratorio son contaminadas con las enfermedades más extrañas, no para que los experimentadores desahoguen un impulso sádico, sino porque las ratas sirven así a la humanidad. Y lo mismo cabe decir de los primates empleados en experimentos análogos.

Luego está el instinto: en los animales el instinto ocupa todo el cerebro. Si lamen la mano del amo y lo defienden es por instinto, si se unen a la hembra es por instinto y si atacan es para sobrevivir, es ecir, por instinto de supervivencia. Es falso que el hombre sea el único que mata a otros de su especie: he visto batallas entre dos hormigueros distintos y como ha quedado el “campo de batalla” después de estos choques, sembrado de fragmentos arrancados del adversario, que me han recordado los campos de batalla del Marne o de Verdún después de insensatas cagas a la bayoneta ante los nidos de ametralladora del adversario. Y, he visto como el macho-alfa de mis caballos –sí, también he convivido con ocho caballos y he aprovechado su mierda mezclada con paja para cultivar los mejores champiñones que he comido jamás y que perfumaban todo el sótano con un olor genuino que no encontraréis jamás en los champiñones del súper- perseguía a su propio hijo, lo agotaba, lo arrinconaba y le rompía la columna golpeándolo con sus cascos… El animal mata por instinto de supervivencia. Si mi macho-alfa lo hacía era para no tener competencia a la hora de reproducirse con las yeguas del grupo. Y no sólo matan a los de su especie, sino que  no dudan en matar a sus hijos.

En el ser humano, biología e instintividad existen como en los animales, pero modulados por la inteligencia. Esa es la diferencia. No busquéis inteligencia en los animales (ni siquiera en la clase política): encontraréis sólo instintos. Y el de supervivencia el primero de todos (este instinto está presente en la clase política y se llama "lucha por la poltrona").

Los gorilas y cualquier otro primate superior pueden manejar un palito, pueden incluso resolver problemas propios de un niño de tres meses. Poco más. Solamente hay una especie, extraña, anómala en la fauna en donde hay algo que va más allá: los delfines. Hay “algo” en los delfines que va más allá de lo animal. Los he visto seguir a los barcos, acercarse a las lanchas con el motor parado en pleno Mediterráneo. Y cuando los he tenido cerca he percibido algo que me ha estremecido: de alguna manera, os puedo asegurar, que están más cerca de lo humano que cualquier primate superior. Casi diría que el ser humano es el rey de la superficie y análogo título le corresponde al delfín como rey de las aguas. Pero esta es otra historia que nada tiene que ver con lo que nos proponíamos en estas líneas: estudiar la psicología de los amantes de los animales.

Qué entendemos por amar a los animales

¿De qué está hecha la psicología de la estirada fémina que pasea por los bulevares acompañada de una mascota ridículamente atusada con lacitos que hace juego con el bolso o con los zapatos? ¿Y en qué tienen la cabeza esas chicas que anteayer, en Bruselas, mostraron su exultante anatomía a pelo, tiradas en el suelo con banderillas de atrezzo sobre el lomo protestando contra las corridas de toros? ¿Y qué me dicen de los que responden a la llamada de la ONG “Adopt an Orangután” o de Jane Goodall que prefiere la compañía de qué se yo que especie de primates? He conocido a mujeres maduras que tenían hasta 12 gatos en su propia casa que destilaba un insoportable hedor… a gato. Y también he conocido a una escultural vedette de El Molino alimentar cada mañana con la “cordilla” de los años 60 a una treintena de gatos del barrio (santa mujer, ésta). Finalmente, he conocido a algún propietario de perros que se esforzaba en mantener una postura tan fiera como su mascota, hasta el punto de que se sabía quien era el ser humano por los ojos de inteligencia del perro… ¿Cuál es la psicología de toda esta gente?

Hemos buscado en Internet y no hemos encontrado ninguna referencia válida que nos ayude en estas líneas, así que lo fiaremos todo a nuestras observaciones empíricas.

Lo primero sería definir exactamente cuál es el objeto de este artículo: definir la psicología y las motivaciones profundas de los amantes de los animales. Ya… ¿y qué es un “amante de los animales”? Es alguien que se siente más próximo a los animales de lo que es normal en su entorno cultural y antropológico. Si yo alimento a mis gallinas con pan mojado, hierba verde primorosamente cortada por mí mismo, maíz molido, y algo de pienso… estoy haciendo lo normal. Sé que así darán huevos grandes, de cáscara resistente y yema casi impenetrable de color amarillo rojizo, de lo contrario pondrán una especie de cagarro ovoide que dentro contiene algo parecido a una yema que suerte hay si no se rompe al abrirlo. Se que cuando, incubada por la gallina o salida de la incubadora, aparece el poyuelo, tengo que apresurarme a colocarlo bajo una lámpara de calor o sucumbirá y debo hacerlo sea que sea la hora del día o de la noche, y si quiero que sobreviva la mayoría deberé cuidarlo yo, en lugar de su propia madre. Esto es lo que he aprendido y que me han enseñado otros campesinos.

Ahora bien, si por una irreprimible tendencia a “amar a mis gallinas” las alimento con paella y puré de patatas enriquecido con queso fundido y si coloco a los poyuelos sobre un lecho de rosas y cubiertas con palio de seda, no estaré demostrando el amor hacia mis gallinas sino una anormalidad similar a la de aquellos que prefieren que a su compañera las monte en mastín que un amigo o, sin ir más lejos, él mismo.

Las condiciones antropológicas y culturales son las que definen el comportamiento “normal” con los animales. Las corridas de toros son propias de nuestra cultura mediterránea, pero no pidamos a un finlandés o a un negrito del Ngoron-goro que las ame con locura, ni siquiera que las entienda. Una filia normal puede pasar a ser fobia en otro marco antropológico. Dicen que los árabes –así lo he oído desde pequeño pero nunca he tenido ocasión de experimentarlo- muestran su satisfacción por una comida eructando, algo que sería una guarrada de tomo y lomo en nuestro marco geográfico.

La normalidad es lo que da el tono y hace que un comportamiento sea “normal” o neurótico.

El problema es que en estos tiempos de multiculturalidad, mestizaje y demás chorraditas telecomandadas en estos tiempos de buen rollito y originalidades varias, la noción de “normalidad” está más que desvirtuada. De ahí que la recuperación de un paradigma de normalidad sea la más alta tarea a la que puede aspirar nuestra generación en estos tiempos de crisis generalizada.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción del presente texto sin indicar origen.

 

 

Una explicación seria y razonada de la crisis económica

Infokrisis.- A diferencia de la crisis del 29 que fue, ante todo una crisis de superproducción y un recalentamiento brutal de la economía norteamericana, a diferencia de la crisis del año 1973 que se desencadenó a raíz de la Tercera Guerra Árabe Israelí y del embargo de petróleo, la crisis económica actual tiene unas causas completamente diferentes: la irresponsabilidad de las compañías financieras. En el vídeo que presentamos, las causas profundas de la crisis queda completamente desenmascaradas. A pesar de que pueda parecer que la entrevista es en broma, no lo es: registra con una fidelidad increíblemente descarnada lo que ha ocurrido, cómo ha ocurrido y cuál será el remedio de las autoridades (hay que decir que la entrevista se filmó hace casi un mes... cuando aún se ignoraban cuáles iban a ser las medidas aplicadas por la administración norteamericana. En la entrevista, con treinta días de anticipación, se definen con una exactitud pasmosa.

Coudenhove-Kalergi ¿Ángel o diablo? (IV de VIII - Parte A). Las ideas ético-político-sociales de Coudenhove

Infokrisis.-Abordamos en esta nueva entrega el meollo del pensamiento político de Coudenhove Kalergi. La extensión de este capítulo nos va a obligar a parcelarlo en cuatro partes que seran desglosadas en días sucesivos. Vale la pena no perder de vista las intenciones del presente escrito: establecer la naturaleza, los límites y las proyecciones del pensamiento político de una de las "eminencias grises" del siglo XX. Creemos necesario realizar esta larga excursión por sus teorías -algunas de ellas absolutamente sorprendentes- antes de penetrar en la naturaleza más íntima de su proyecto.

 

d. Las ideas ético-político-sociales de Coudenhove-Kalergi

 

A la hora de abordar este capítulo debemos reconocer que nos ha sorprendido encontrar en el material que hemos examinado, escrito por el Conde Coudonhove-Kalergi, un espíritu que no esperábamos. A decir verdad, esperábamos que la obsesión europea del autor que examinamos, simplemente se tradujera en unos cuantos principios históricos y geopolíticos que justificaran la convergencia de las naciones europeas. Nos equivocávamos. En algunos fragmentos de sus obras, Coudenhove demuestra una singular independencia de criterio que lo aproxima a otros pensadores de su tiempo, a pesar de que se trató de un autodidacta. Es un teórico original, en el sentido de que le preocupa el retorno a los orígenes de la tradición europea, pero, al mismo tiempo, es un pragmático que no elude el choque con la realidad.

Los documentos que vamos a manejar para establecer una síntesis del pensamiento de Coudenhove-Kalergi son tres:

-   La famosa obra Paneuropa que dio origen a su movimiento de convergencia europea[1] en donde se insisten sobre todo en los aspectos políticos y en donde justifica su llamamiento europeista.

-   El opúsculo Paneurope. Questions et Réponses[2], folleto de 34 páginas en el que se resumen las ideas contenidas en el libro Paneuropa, mediante preguntas y respuestas.

-   El libro Héroe o Santo[3], dedicado al estudio de la ética heroica y caballeresca, a valorar el cristianismo y el proceso de formación de la mentalidad europea. La obra contiene unos juicios extremadamente curiosos que hablan mucho del clima intelectual que rodeaba a Coudenhove-Kalergi.

No hemos tenido ocasión de examinar la obra Idealismo Práctico, publicada solamente en lengua alemana y no depositada en ninguna biblioteca accesible[4].

A partir de toda esta documentación nos hemos podido hacer una idea muy exacta de los contenidos ideológicos de la obra de Coudenhove-Kalergi. Vamos a dividir esta exposición en dos partes: la primera dedicada a la idea europea, incluidos sus desarrollos políticos y la segunda a la concepción ética y a la interpretación de la historia.

1. Europa según Coudenhove-Kalergi

Si Coudenhove ha pasado a la historia es precisamente como precursor de la idea europea. Así pues será cuestión de partir de esa idea para introducirnos en su pensamiento. ¿Qué es Paneuropa? Dice Coudenhove: “El fin del movimiento paneuroeo es una Confederación de Estados europea y una Unión Aduanera. Paneuropa significa toda Europa”[5]. Coudenhove se inspiró en el concepto de “Panamérica”, muy en boga en aquel momento (1930) que debía designar a todas las repúblicas soberanas del norte y del sur de América. Si prefiere llamar a su proyecto Paneuropa en lugar de Estados Unidos de Europa es porque no pretende imitar a los EEUU de América, con su unidad de lengua y administración, en donde la inmensa mayoría de Estados están mal definidos y poco diferenciados unos con otros, sino que aspira a unir en una Confederación de Estados dotados de profundas particularidades nacionales[6].

Así pues, lo que Coudenhove aspira es a una unión de Estados Nacionales bajo la forma de una confederación continental respetuosa con las particularidades de cada Estado. Las bases de esta confederación serán la igualdad y la solidaridad entre sus miembros.

Vale la pena preguntarse sobre el concepto que Coudenhove tiene de Europa y cuáles son sus límites. Define así al continente: “Geográficamente, no existe el Continente europeo. Europa es una pequeña península del continente eurásico. Esta península está limitada por el Mar Báltico y por el Mar Negro. Al Norte, se encuentan el Archipiélago Británico, Islandia y la Península Escandinávida”[7]. Y añade más adelante: “Europa está limitada geográficamente por el océano Atlántico, el Mediterráneo y el Mar Negro, por una parte; el océano glacial del Norte por la otra. Solamente por el Este no tiene Europa límites naturales, penetando poco a poco en Asia. No hay montañas ni ríos que separen de Asia a la península europea”[8]. ¿Y Rusia? ¿y los Urales? Responde Coudenhove: “los geógrafos se vieron obligados a reconocer por frontera al Ural, bien qe esta cadena no limtiaba la pen´nsula europea por encontrarse en pleno continente asiático: era la única cadena de montañas que cortaba de Norte a Sur la llanura eurásica. El Ural fue también reconocido como límite geográfico de Europa porque era desde hacía dos siglos el límite político de la Rusia metropolitana”[9].

Así pues, Coudenhove no considera a Rusia como parte de Europa. Le concede carta de identidad propia cuando en un plano del globo universal situado en la última página de su folleto Questions et Reponses muestra a Rusia y a su prolongación Liberia como integrantes de la “Confederación rusa”. Ese mismo mapa excluye también de Europa a Ingletarra y, por supuesto, a sus colonias. Coudenhove llamada a las islas británicas y a la Commonwealth “Confederación Británica”. Por lo mismo, en ese mapa, considera que Paneuropa no es solamente el territorio continental sino las colonias que en aquel momento están en posesión de las potencias europeas especialmente en África y en el Sudeste Asiático[10].

Quince años después de la publicación de ese folleto, éste concepto había sido superado: Europa empezaba a perder sus colonias de un lado y de otro, la caída del telón de acero hacía que parte de la Europa Central y Balcánica fuera satelizada por lo que Coudenhove llamaba la “Confederación rusa”. Sin embargo permaneció siempre fiel a esta exclusión de partida de Rusia y del Reino Unida de la idea paneuropea.

Sabiendo cuáles son los límites de Europa y su alcance, la cuestión que plantea Coudenhove es si a la vista de realidad es posible construir una Europa unida o se trata de una nueva utopía. Su análisis es breve y su respuesta netamente positiva. En 1923 ni siquiera hacía 100 años que países como Italia y Alemania habían logrado su unificación, por eso Cudenhove escribe: “Las dificultades que se oponen a la confederación europea son incomparablemente menores que las que encontraron para alcanzar sus fines otros movimientos de unificación  como Alemania, Polonia o Italia”[11].

El folleto Paneurope, quéstions et réponses, está escrito en enero de 1931, poco después de que Aristide Briand publicara su famoso “memorando” sobre la unidad europea. Coudenhove estaba presa de un optimismo desbordante. Escribía en ese momento: Todos los gobiernos europeos, en su respuesta al memorando de Briand, se han pronunciado en principio por la unión europea”[12]. Un año después moriría Briand, el nacionalsocialismo se aproximaría al poder y todo se iría al garete. Pero, cuando todavía había esperanzas, Coudenhove consideraba que la grna posibilidad de hacer Europa “dependía única de la voluntad de sus pueblos y de sus jefes”[13] y esta voluntad se expresaba a través de los gobiernos elegidos ¿democráticamente? En princoipio sí, si bien, las conversaciones que Coudenhove tuvo con Mussolini y la ausencia en su obra de consideraciones sobre la existencia de gobiernos democráticos como condición previa para entrar en una confederación paneuropea, dan que pensar sobre si creía que la democracia liberal era la única forma política que podría tener lugar en su proyecto.

Para Coudenhove, Suiza era el microcosmos de Europa: allí convivían distintas lenguas y culturas sin que aparecieran problemas. Escribe: “Lo que es posible en Suiza ¿no puede ser también posible en Europa”[14].

Y, a todo esto, ¿por qué Europa? ¿por qué no seguir con los Estados-Nación existentes hasta ese momento y optimizar sus potencialidades? La respuesta de Coudenhove es clara: el Tratado de Versalles ha dejado abierta la puerta para una nueva guerra eu Europa, se trata de detenerla. Además, en 1931 se viven los efectos del crack de 1929 que se prolongarán, al menos en la Europa democrática hasta el estallido de la II Guerra Mundial y, finalmente, el peligro del bolchevismo está cada vez más presente: “Estos tres peligros están estrechamente relacionados. Una nueva guerra aportaría la miseria y el bolchevimo. La miseria general aportaría el bolchevismo y la guerra. Una revolución de esencial bolchevique aportaría la guerra y la misería”. A partir de esta constatación, la conclusión es ineludible: “No puede lucharse en común contra estos peligros más que oponiéndoles un sistema que asegure la paz europea revelando el nivel vital de Europa. Este sistema es Paneurosa. Sólo Paneuropa aporta a los europeos la paz, la prosperidad y el orden”[15]. En este sentido el proyecto de Coudenhove puede ser calificado como conservador en lo político, solo que en el marco de Paneuropa en lugar de en el marco de los Estados Nacionales existentes.

A lo largo de toda su obra política es fácilmente observable que Coudenhove intenta por todos los medios evitar que sus posiciones personales creen obstáculos y resistencias para la realización de su obra. Sabe que definirse como conservador le acarreará las resistencias de los progresistas, por tanto, en todo momento evita autodefinirse y procura siempre situarse “por encima del bien y del mal”. Es frecuente que, después de un discurso eminentemente europeista cierre la cuestión con una frase eminentemente conservadora, casi como si se le escapara. Es cierto que tuvo amigos socialistas, siempre moderados, siempre alejados del marxismo, siempre en la órbita socialdemócrata, siempre alejados del internacionalismo. No hay que engañarse en torno a Coudenhove: su obra parece progresista simplemente porque formula la intención de realizar un tránsito dictado por la lógica histórica y por la lógica de su pacifismo, del Estado-Nación a la Confederación Paneuropea, pero, insistimos, no hay que engañarse, su modelo es la Santa Alianza de Metternich mucho más que la Joven Europa de Mazzini.

Uno de los capítulos de Paneuropa se titula precisamente La liberación de Europa Oriental[16] estando su primer parágrafo dedicado a Metternich y a Mazzini. Coudenhove parte de la situación europea anterior a la I Guerra Mundial y establece que hasta ese momento existían dos sistemas en el continente: el Occidente liberal y el Oriente conservador. En estas condiciones era imposible tender hacia Paneuropa dado que la diferencia de sistemas políticos era abrumadora. Escribe: “Sin duda Occidente podía pactar con Oriente una alianza política interesada, pero no una federación de Estados”[17]. Añade, con razón, que la mentalidad de los emperadores de Europa oriental se oponía a una unión europea: “La idea paneuropea hubiera sido considerada al Este como un renacimiento de la Santa Alianza en el espíritu de Metternich y al Oeste como una renovación de Europa en el sentido de Mazzini”[18]. Para que el proyecto paneuropeo fuera viable, una de las dos europas debía desaparecer. Y desapareció la Europa de los zares, de los kaisers y de los emperadores. A partir de 1919 y durante una década, Europa sería democrática. Coudenhove lo resume con una frase lapidaria: “Mazzini venció a Metternich”[19].

Hay que tener cuidado con las palabras. En ocasiones, leyendo a Coudenhove se tiene la sensación de que tenía tendencia a expresar en sus escritos, no exactamente su pensamiento político más profundo, sino aquello que más convenía decir para evitar la aparición de resistencias y oposiciones. Por otra parte, aparece también la duda –ante la ausencia de cadlificativos- de su algunas de las situaciones de hecho que habían aparecido en la Europa Central y Oriental después de la I Guerra Mundial son aceptada por él por convicción o simplemente como situaciones de hecho, absolutamente irreversibles. Da la sensación de que Coudenhove estudia las situaciones y practica sobre ellas una forma de “pensamiento positivo”. Su razonamiento político parece conducirse según el siguiente razonamiento: “Me guste o no, el zarismo, el Kaiser y los Habsburgo han caído y nada en el mundo hará que vuelvan a gobernar. En su lugar se han instalado repúblicas sólidamente asentadas y los propios representantes de estas monarquías imperiales han sido los primeros en desertar de su puesto de combate en defensa de su legado histórico y de sus dinastías, así pues hay que aceptar la realidad tal cual es. A fin de cuentas –parece pensar- no es malo que las monarquías imperiales hayan caído si el nuevo orden surgido de sus cenizar permite construir Paneuropa con más facilidad”. Este razonamiento es el que nos ha inspirado la lectura de sus obras y el espíritu que se destila de ellas. No puede evitar, por ejemplo, una vez ha explicado que los Imperios caídos limitaban las libertades nacionales de algunos pueblos, reconoce que la nueva situación no es la ideal y que la nueva situación “no ha borrado toda traza de opesión: millones de alemanes, de magiares y ucranianos han sido abandonados a la opresión de naciones vecinas”[20].

El capítulo termina: “Desde el fin de la Santa Alianza, nunca Europa estuvo tan madura para la unión”[21]. Anteriormente hemos visto como Coudenhove deparaba hacia la Santa Alianza de Metternich una admiración que le llevaba incluso a rescatar el texto íntegro del acuerdo firmado por los representantes de las monarquías europeas tras la caída del Imperio Napoleónico. Es hora de volver a esta temática.

En su obra De la guerra permanente a la paz perpetua, Coudenhove reitera su espíritu pacifista, identificando tres organizaciones internacionales que han intentado defender el ideal antibelicista: La Santa Alianza, la Sociedad de Naciones y Naciones Unidas[22].

Sobre la Santa Alianza, Couenhove se explaya más que sobre las otras dos organizaciones. Empieza restituyendo la verdad histórica, una verdad incómoda: “La Santa alianza tuvo peor reputación de la que se merecía. Esta fama hay que atribuirla a los liberales de la época y a los historiadores asimismo liberales, que no vieron en ella una alianza a favor de la paz, sino un bastión de la reacicón y de la represión de los anhelos nacionales”, añade: “Es indudable que la Alianza fue reaccionaria, más al propio tiempo constiuyó el primer intento práctico para acabar con las guerras. Por ello sólo, y a pesar de sus defectos, la Santa Alianza debería ocupar un lugar de honor en la Historia del mundo”[23]. Estamos persuadidos de que a lo largo del siglo XX no han sido pronunciadas tan elogiosas para la Santa Alianza por ningún político relevante europeo. Y Coudenhove lo hace, aun a sabiendas de que eso podría implicar el calificarle entre los “reaccionarios”.

En las cinco páginas siguientes, Coudenhove demuestra conocer perfectamente la historia y la evolución de la Santa Alianza[24] y es perfectamente consciente de sus logros y de sus deficiencias. Cuando se termina la lectura de estas páginas se tiene la sensación de que Coudenhove ha tomado a este pacto decimonónico como elemento de inspiración. El riesgo no es como entonces las revoluciones liberales, sino el bolchevismo. Coudenhove es un antibolchevique convencido a nadie se le escapa que el proyecto de Paneuropa es, entre otras cosas, un proyecto, pacifista sí, federalista también, pero especialmente Antibolchevique.

Hay otro elemento de primera magnitud que no se escapa a Coudenhove. A decir verdad, el Zar era ortodoxo, por tanto no se trataba de una alianza exclusivamente católica, sino “cristiana” abierta a protestantes, ortodoxos y católicos. Cudenhove dice al respecto: “Después de tantos siglos de lichas religiosas. Al considerar a Europa como “Nación Cristiana” constitúa, sin duda, un importante paso hacia mayores progresos. El carácter supraconfesional de la alianza fue, sin duda, lo que impidió al Papa adherirse a la misma”[25].

No es raro que Coudenhove se fijara en el ejemplo histórico de la Santa Alianza que era una respuesta a la guillotina que había cortado la cabeza de Luis XVI y de María Antonieta, de la misma forma que Paneuropa sería una respuesta a la ofensiva bolchevique. Escribe: “La Santa alianza era una especie de compañía aseguradora establecida entre los soberanos para protegerse contra guerras y revoluciones (…) Las guerras napoleónicas habían sido la consecuencia lógica de la ofensiva revolucionaria de 1789 de la misma forma que las revueltas sociales que asolaron Europa central entre noviembre de 1918 y 1923, no son sino la consecuencia de dos fenómenos íntimamente relacionados: la caída de las monarquías imperiales y la revolución bolchevique. “La Santa Alianza constituía una especie de puntal –prosigue Coudenhove- que los soberanos pretendían colocar al edificio de una Europa maltrecha después de tantas guerras (…) Europa estaba en condiciones de poder recuperarse de los daños y las destrucciones ocasionados por veintitrés años de guerra”[26].

Incluso Metternich extrae una lección interesante del final de la Santa Alianza. Ésta, como se sabe, precipitó su final a causa del levantamiento de los griegos contra el sultán turco. Turquía, evidentemente, no era miembro de la Santa Alianza y el pacto no estaba obligado a apoyarla. Sin embargo, Metternich optó por ponerse del lado del sultán turco, mientras que el zar optaba por apoyar a los cristianos ortodoxos griegos enfrentados al “opresor mahometano” (las palabras son de Coudenhove[27] que en ningún escrito manifiesta que turquía formase parte de Europa. De hecho en el mapa que hemos mencionado antes y que cigura en la contraportada del folleto Paneurope, Quéstions et Réponses, se ve claramente que Turquía no es considerada como parte de Europa).

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com



[1] El ejemplar que hemos consultado, de las distintas ediciones de esta obra es el titulado Paneuropa, dedicado a la juventud de Europa, Coudenhove-Kalergi, Editorial Aguilar, Madrid, sin fecha de edición, depositado en la Biblioteca de Catalunya con la signatura A34-8-432.

[2] Hemos consultado el folleto depositado en la Biblioteca de Catalunya con la signatura 34-8º-C.36/18: Paneurope. Questions et Réponses. Editions Paneuropéennes, Vienne Hofburg, sin fecha de edicion. El prefacio está fachado el 1º de enero de 1931.

[3] Hemos consultado la primera edición de esta obra, Héros ou Saint, publicado en París, 1929, Editorial Rieder, colección Cahiers Internationaux, signatura Mts 4392.

[4] Sobre esta obra nos hemos limitado a consultar los fragmentos de la misma contenido en Adios, Europa, el Plan Kalergi de Gerd Honsik, Editorial Bright-Rainbow, Barcelona 2005

[5] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[6] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[7] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 43.

[8] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 44.

[9] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 43.

[10] En Paneuropa, op. cit., págs. 44-45, Coudenhove abunda en estas ideas: “La noción geográfica de Europa no corresponde ni a la noción cultural ni a la política- Bakjo el punto de vista cultural, Australia es una parte de Europa y lo es también geográficamente la Gran Bretaña, y , sin embargo, están políticamente fuera de Europa y forman parte de un imperio intercontinental: el Imperio Británico. (…) Generalmente se divide el mundo en cinco coninentes: Eurasia, Africa, Australia, América del Norte y América del Sur. Políticamente, se divide en campos de fuerzas americanos, europeo, ruso, británico y chino-japonés. Bajo el punto de vista cultural se pueden distinguir en el mundo cuatro grandes civilizaciones: Europea, China, India y Árabe”.

[11] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[12] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[13] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 3.

[14] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 4.

[15] Coudenhove-Kalergi, Paneuope. Questions et Réponses, op. cit., pág. 4.

[16] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., Capítulo VIII, Europa después de la guerra mundial, pág. 137 y sigs..

[17] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[18] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[19] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 138.

[20] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 139.

[21] Coudenhove-Kalergi, Paneuopa. Dedicado a la juventud europea, op. cit., pág. 140.

[22] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 109 y sigs.

[23] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 110.

[24] Vale la pena resumir la historia y el sentido de la Santa Alianza a fin de entender mejor lo que intenta decirnos Codenhove. La idea de la Santa Alianza partió del Zar Alejandro I de Rusia quien convenció al emperador Francisco I de Austria y al rey Federico Guillermo III de Prusia para que firmaran un tratado el 26 de septiembre de 1815 en el que unían sus esfuerzos. Inicialmente, el contenido del pacto era meramente religioso: los firmantes asumían como principio inspirador de su gobierno los principios cristianos de  justicia, amor y paz. Declararon su mutua fraternidad, su renuncia a guerrear entre sí y guiarían a sus ejércitos con estos mismos principios. Metternich quiso ir más allá y pocos meses después, el 20 de noviembre de 1815, estableció un pacto político entre Austria, Prusia, Rusia e Inglaterra (la Cuádruple Alianza) que iba más allá de estas intenciones y garantizaba el mantenimiento del orden monárquico en el continente europeo, incluyendo la posibilidad de intervenir militarmente en defensa de monarquía amenazadas. En este sentido, el Congreso de Verona en 1823 autorizó la intervención en España de un ejército francés, conocido como “los cien mil hijos de San Luis” destinado a liquidar el trienio liberal y restaurar el absolutismo de Fernando VII. En 1818, Francia se había adherido a la Alianza, pasando a llamarse Quíntuple Alianza. A partir de ese momento, Inglaterra se fue alejando discretamente del pacto que suele darse por concluido en 1825 con la muerte de su principal promotor el Zar Alejandro de Rusia. Una ampliación de estas informaciones puede encontrarse en la Biblioteca Julius Evola, en el artículo titulado Metternich, http://juliusevola.blogia.com/2006/092106-metternich.-julius-evola.php. Coudenhove, por su parte se muesta mucho más favorable a la idea inicial de la Santa Alianza que a la Cuádruple Alianza desarrollada por Metternich. Sin embargo, en la perspectiva histórica ambos proyectos son inseparables y son considerados como un mismo y único proyecto.

[25] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 111.

[26] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 111.

[27] Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 112.

 

Coudenhove-Kalergi ¿Ängel o diablo? (III de VIII). El pacifismo como punto de partida

Infokrisis.- Entramos con esta entrega en el meollo del asunto que nos ocupa: la obra del conde Coudenhove-Kalergi y la naturaleza y el origen de su pensamiento político. En esta entrega estableceremos que el pacifismo, muy común en la primera postguerra europea, fue el núcleo originario de inspiración sobre la que construiría su idea de Paneuropa. Al mismo tiempo tocaremos tangencialmente los coqueteos de Coudenhove con la masonería austriaca.

 

c. Europa, antes de Paneuropa. El pacifismo en los años 20

Por algún motivo que se escapa al analista, el Conde Coudenhove-Kalergi es considerado como el “padre de Europa” gracias al lanzamiento de su proyecto en 1922, cuando en realidad existían relevantes precentes anteriores a los que les correspondería este honroso título.

En 1919, Luigi Einaudi, profesor de economía política en las universidades de Turín y Milán, publicó un manifiesto en forma de carta abierta sobre la “necesidad de reunir a los pueblos hermanos que acababan de combatir y reconstruir juntos una Europa unida, para que ésta conservara su papel eminente en el mundo”[1]. La idea aparecía en el momento en el que la Conferencia de Paz de París había aprobado una resolución en sentido contrario. En efecto, el presidente norteamerino Wilson hizo triunfar su tesis sobre el “derecho de los pueblos a disponer de sí mismos” lo que equivalía a negar proyectos supranacionales. Los conflictos de intereses surgidos en las negociaciones de París entre las distintas potencias europeas demostraron que ni siquiera los países amigos y aliados eran capaces de entenderse. Por todo ello el proyecto de Einaudi quedaría inédito.

Sin embargo, Einaudi debería haber quedado como precedente originario de la Unión Europea. Si no ha pasado a la historia como arranque de la idea europea ha sido, sin duda, porque colaboró con el fascismo y solamente se separó del régimen a partir de 1935 cuando Italia invadió Etiopía. A partir de ese momento se refugió en Suiza y se convirtió en uno de los padres de la República Italiana. Einaudi siempre fue un liberal, pero su silencio durante los primeros años del fascismo le costó el olvido histórico[2].

Desde 1920, esta vez desde la Alemania vencida, se había elevado otra voz pro-europea. Esta vez no partió del campo de la política sino de la economía. El 22 de abril de 1926 el diario francés Le Matin publicaba una entrevista con Arnold Rechberg, en la que este magnate del potasio se manifestaba a favor de un compromiso franco-alemán. Rechberg proponía una fusión de intereses entre la industria de la potasa francesa y la alemana, entre la industria pesada y entre las industrias químicas de ambos países. Esto le permite figurar como precedente de los intentos de unión económica europea que luego serían confirmados por los acuerdos de Roma y la creación del Mercado Común Europeo.

Lamentablemente para Rechberg los otros siete puntos de su programa eran favorables a la revisión del Tratado de Versalles en un proyecto que recuerda extraordinariamente el programa del NSDAP que llevó a Hitler al poder en 1933. Rechberg se manifestaba, en efecto, por la caducidad del Tratado de Versalles, el derecho de Alemania a recuperar el corredor de Dantzig, a la incorporación de Austria a Alemania y a la evacuación de las tropas de ocupación en el Sarre. Los acuerdos económicos franco-alemanes, previos a todo esto, alejarían el peligro de una guerra[3].

La opinión de Rechberg era compartida por importantes industriales de ambos lados del Rihn. En 1927, a instancias de los empresarios franceses amigos de Rechberg se creó un Comité franco-alemán de información y documentación cuya primera asamblea tuvo lugar el 29 de mayo de 1926 en Luxemburgo. La iniciativa quedó ligada a los representantes de la industria pesada franco-alemana.

¿De dónde había surgido esta iniciativa? Rechberg estaba vinculado al Príncipe Heredero y estaba próximo al alto mando imperial. Más tarde sería amigo de Alfred Rosemberg y en la época en la que realizaba su declaración a Le Matin ya habia entregado las primeras cantidades a Hitler que contribuyeron a mantener en pie la estructura de las SA. Se ha dicho incluso que, gracias a Rosenberg, Rechberg financió el periódico del partido, el Volkischer Beobachter[4]. Era evidente que todas estas relaciones le costaron a Rechberg ser ignorado como padre de Europa si bien, mucho más que Einaudi, entendió que la reconciliación franco-alemana pasaba por la cooperación económica y, por tanto, precedía en casi 20 años el nacimiento del Mercado Común Europeo. De hecho, existieron expectativas de aplicación del “plan Rechberg” mientras gobernó en Alemania el canciller Stresemann y Aristide Briand en Francia. La muerte del primero en 1929 y del segundo en 1932 lo hicieron prácticamente imposible[5].

Era evidente que tanto Coudenhove como Rechberg estaban arropados por los mismos personajes de la alta política. Ciertamente, el programa Coudenhove-Kalergi era “más político que económico”, mientras que el de Rechberg era justamente al contrario y acaso más realista y anticipador: primero unidad política franco-alemana y a partir de ella unidad política ampliada a nivel continental.

La iniciativa Rechberg estaba apoyada por las fuerzas conservadoras alemanas horrorizadas no sólo por las destrucciones de la Primera Guerra Mundial, sino también y sobre todo por la caída del Kaiser y la disolución del II Reich. El denominador común de la iniciativa Rechberg con la del Conde Coudenhove-Kalergi era el pacifismo surgido del conflicto.

En este sentido, a pesar de que, ya desde el momento en que estos planes fueron lanzados, no faltó, especialmente en la derecha radical europea –y muy concretamente en Francia en las filas de Action Française- quien denunció estas iniciativas como “cosmopolitas”, antipatrióticas e internacionallistas, lo cierto es que basta un análisis ponderado para advertir que la importancia de las destrucciones de la Primera Guerra Mundial que seguían a las que y habían tenido lugar una generación antes con la Guerra Franco-Prusiana y que enlazaba casi directamente con las guerras napoleónicas. Era evidente que, o existía un acuerdo franco-alemán que garantizara la paz en Europa, o un par de veces en cada siglo, ambos países terminarían enfrentados; dado el creciente poder destructivo de las nuevas armas, cada guerra era más destructiva que la anterior. Las nubes de gas de cloro lanzadas primero en Ypress y luego el descubrimiento de gases organofosforados, utilizados por uno y otro bando, habían estremecido a las inteligencias más sensibles. Además, en el horizonte se adivinaban nuevas armas que solamente habían sido tímidamente utilizadas en este primer grna conflicto del siglo XX: la aviación de bombardeo y las fuerzas blindadas mecanizadas. Muchos estimaban que Europa no podría soportar un nuevo conflicto y nadie se engañaba –solamente el primer ministro francés Clemenceau- que la “venganza” antialemana que supuso el Tratado de Versalles sería, a corto plazo el semillero de un nuevo conflicto.

Así pues, no es raro que en los años 20 las ideas pacifistas fueran a coincidir con las nacientes ideas europeistas: no era necesario ni ser masón –como acusaban los artículos de Action Française- ni ser uno de los “amos del mundo” denunciados en las revistas antisemitas de la época e identificados a la ligera con los “sabios de Sión”, para reconocer que pacifismo y europeismo eran una esperanza en la Europa de los años 20.

Así mismo tampoco es sorprendente advertir que este pacifismo emergió también en los círculos nacionalistas de la derecha no solamente económica, sino también en la derecha intelectual. Los que luego serían grandes escritores fascistas de los años 30 y 40, reconocidos internacionalmente y olvidados hoy a causa de su compromiso político y del desenlace de la II Guerra Mundial, serían pacifistas de esticta observancia. “Todavía es habitual hablar del “pacifismo” de Ezra Pound, de Drieu La rochelle o de Celine”[6] escribe Tarmo Kunnas uno de los que han sistematizado de manera más brillante su análisis sobre la intelectualidad fascista.

Pensar que estos escritores fueron belicistas es confundir los términos. Ninguno de ellos aspiraba a una nueva guerra de agresión. A algunos, como Jünger, la posibilidad de la guerra no les asustaba y sus obras podían ser confundidas como belicistas. Sin embago, gentes como Jünger e incluso como Drieu la Rochelle que habia sido soldado en las trincheras opuestas, la experiencia de la guerra era sobrehumana, ponía a la personalidad ante el desafío absoluto, ante el cual o se derrumbaba o se sobreponía. Jünger no enseña nada más que a soportar las destrucciones de la guerra y a transformarlas en via de acceso a experiencias trascendentes. En la obra de Drieu encontramos idénticas indicaciones. Sin embargo todos estos autores eran excepcionalmente violentos con quienes habían hecho posible la guerra mundial y las destrucciones del frente: la alta finanza. Ezra Pound transformó en poesía su odio al mundo del dinero y al de la política dominada por el dinero[7].

De todos estos autores, uno de ellos entra directamente en el ámbito de nuestro estudio sobre Paneuropa en la medida en que, tambien él, propuso a mediados de los años 20 la idea europea como salida a la conflictividad continental. Era Pierre Drieu la Rochelle. Drieu había sido durante dos años uno de los defensores de Verdún. Diariamente había sobrevivido a las cargas a la bayoneta y a los bombardeos sobre las trincheras, durante más de 700 días había escuchado las detonaciones y olido el aroma de la pólvora y la cordita, empapado con su propia sangre y la de sus compañeros, aquel joven que había llegado a las trincheras impregnado por el pensamiento de Nietzsche y un patriotismo de empuje, duda y expresa esas duras en Estado Civil[8], su primer libro. Drieu, a lo largo de los años 20 y al margen de las ideas de Coudenhove-Kalergi y de Rechberg, se convencería por sí mismo, estudiando la historia –esa gran fuente de enseñanza de la que han bebido todos los partidarios de la idea europea- de la necesidad de “Europa”. Expresará estas ideas en sus obras Géneve ou Moscou[9], Europe contre les patries[10], Gilles[11], Le Française d’Europe[12] y, especialmente, Le Jeune Européenne[13], ninguna de las cuales, desgraciadamente, está traducida al castellano.

En ninguna de estas obras, Drieu menciona a Coudenhove, pero la proximidad de algunos planteamientos es clara. A medida que la situación en Europa se vaya radicalizando, especialmente a partir de 1933, los caminos de separarán pero siempre quedará un poso común: la idea de que la Europa de hoy es hija del mundo clásico y la admiración por la Edad Media y por el fenómeno de la caballería. Incluso en los escritos más radicales de Drieu y de Louis Ferdinand Celine se percibe ese aroma antibelicista y pacifista. Se ha argumentado que era lógico que los escritores fascistas franceses adoptaran el pacifismo porque resolvía su contradicción entre su nacionalidad francesa y sus simpatías (relativas, por lo demás) pro-germanas[14]. No es cierro: su pacifismo era anterior a la subida de los fascismos al poder. Estado Civil, sin ir más lejos, se publica en 1921, cuando ni siquiera el fascismo italiano es conocido más allá de los Alpes.

Otros movimientos artísticos de la época eran igualmente pacifistas. El dadaísmo, en el fondo, había sido el producto de un grupo de exiliados en Suiza que se habían negado a combatir, no tanto por cobardía como por rechazo a lo que estaba en juego (el poder de la alta finanza incitadora del conflicto). Solamente los incipientes movimientos comunistas hablaban un lenguaje opuesto y agresivo. Para ellos, lo importante no era negar la guerra sino afirmar la necesidad y la decisión de luchar por una “revolución mundial” cuyo teatro de operaciones sería, indudablemente Europa –pues no en vano era la sede de lo esencial del mundo capitalista desarrollado-.

Y, por supuesto, el Conde Coudenhove-Kalergi era uno de los más convencidos pacifistas de la época. Las razones que contribuían al arraigo de ese pacifismo eran múltiples: de un lado su origen. Nació siendo ciudadano del Imperio Austro-Hüngaro, pero por sus venas corría la sangre japonesa de su madre. Cuando concluye la guerra, pasa a ser ciudadano checoslovaco (luego, como hemnos visto, pasará a ser ciudadano francés). Nunca la nobleza ha sido “nacionalista”, en el sentido de que siempre, desde los orígenes de la edad media, ha considerado que estaba más próxima a otro noble de su mismo rango de cualquier país, por distante que fuera, de cualquier conciudadano de su propio país que tuviera un rango distinto[15]. Por su origen étnico y su pertenencia a la nobleza no es raro que Coudenhove-Kalergi estuviera más cerca de un ideal “supranacional” que de unos Estados centroeuropeos mal definidos e inestables. De hecho, como iremos viendo a lo largo de este estudio, el pensamiento de Coudenhove-Kalergi es inseparable de su propia vida: sólo entendiéndola se consigue entender cómo llegó a las conclusiones que le convirtieron en el “padre oficial” de la idea europea.

Tardíamente, Coudenhove, resume sus convicciones pacifistas en una obra escrita en la segunda postguerra europea: De la Guerra permanente a la Paz universal[16]. La lectura de esta obra nos confirma en tres opiniones: su autor es un hombre de gran cultura, esa cultura es inseparable del origen diverso de sus padres (maneja perfectamente conceptos cristianos con orientales) y es un pensador autodidacta que construye su obra a partir de sus propias observaciones empíricas mucho más que siguiendo a determinados autores.

Por curioso que pueda parecer –sin duda, se trataba del “espíritu de la época”- Coudenhove, al igual que Drieu la Rochelle o el propio Céline, experimentaban hacia la guerra una doble actitud. De un lado la consideraban como la expresión máxima del heroísmo y, por tanto, como asumible por determinados tipos humanos. De otro, abominaban de ella en tanto suma de destrucciones. Coudenhove realiza una notable metáfora al respecto; dice: “El hombre es, po naturaleza, amante de la paz, más al propio tiempo, muestra inclinación hacia la guerra. Anhela la paz, pero la guerra le atrae de un modo irresistible, del mismo modo que la polilla se siente atríada por la llama que acabará con ella”[17].

La obra, fue escrita en 1958 cuando Coudenhove ya había realizado un breve tránsito por la francmasonería checa[18]. A pesar de la importancia que algunos autores han dado a esta adhesión, en sus escritos posteriores, Coudenhove-Kalergi es extremadamente respetuoso con el cristianismo e incluso se aleja de las interpretaciones propiamente masónicas de temas como el de Lucífer o Prometeo[19]. Es curioso leer como acepta la versión del Génesis y considerar que la primera “guerra” fue la habida entre Caín y Abel: “Ello provocó la caída del hombre y la expulsión del Reino de la Paz, del Paraíso, para habitar un mundo de dolores, amarguras y forcejeos: el mundo, Reino de la Guerra”[20].

Para Coudenhove-Karlegi “La guerra y la paz quedan personificadas en héroes y santos”[21]. También aquí realiza una afirmación de cristianismo. Explica: “El culto al héroe es la base de una de las cuatro falsas religiones más antiguas del hombre, siendo las otras el culto a los astros, la veneración a los antepasados y la adoración de los fenómenos de la naturaleza”[22]. Se sobreentiende que si estas son las “falsas religiones”, el cristianismo es la “auténtica religión”. Y es, precisamente lo que afirma unas líneas más adelante: “El cristianismo acabó con este culto al héroe, reemplazándolo cpn al veneración a Dios y a los santos”[23]. Pero aún así, a pesar de que sea patrimonio de la “falsa religión” reconoce que: “Los ideales representados por el héroe siguen existiendo latentes en lo más profundo del alma europea”[24], especialmente entre los jóvenes: “Todo joven sueña con convetirse en héroe y toda muchacha con ser la amada de uno de ellos” y concluye más adelante: “Del mismo modo que el héroe es el hombre de la guerra, el santo es el hombre de la paz”[25]. Cómo indica: “el santo es esencialmente pacifista, puesto que en su alma reinan la paz y el amor a la misma siendo su mayor afán compartirla con sus semejantes. Por ello el santo abomina de la guerra”[26]. Esta disquisición lleva a una conclusión imprevista: el héroe –y cita a Alejandro Magno- honra a los santos[27], lo que está implícito en este juicio es que el “santo” es superior al “héroe”, o dicho de otra manera, la religión es anterior y superior a la política. Ambos aspectos son como los dos filos de uan espada: “Héroes y santos se complementan unos a otros, del mismo modo que en el alma humana hallan cobijo por igual el amor a la paz y la afición a la guerra. Si todos los hombres fuesen santos, se acabarían las guerras y, con ellas, la gran lucha de la humanidad”[28]. Este planteamiento remite casi directa y necesariamente a la vieja polémica entre guelfos y gibelinos, partidarios del papado o del imperio, del poder espiritual en estado puro y del poder imperial considerado como espiritual y material a la vez, respectivamente. Es significativo que Coudenhove recupere esta vieja polémica dictaminando que, aún siendo necesarios el héroe y el santo, éste último es superior al primero porque la paz es superior a la guerra.

En 1958 Coudenhove ha dejado muy atrás su estado emocional al percibir la grandeza de las destrucciones de la I Guerra Mundial, incluso hace 13 años que los cañones han acallado y que Europa ha reemprendido el camino de la reconstrucción, pero no puede evitar sentir un estremecimiento por la nueva realidad que se ha impuesto, la Guerra Fría y que corre el riesgo de ensangretar, quién abe si definitivamente, a Europa. No comparte el espíritu de algunos estrategas de la época que afirmaban que la bomba atómica era la arma definitiva para asegurar la paz en tanto que su utilización garantizaba la destrucción mutua de los contendientes. Desconfía de las situaciones de provisionalidad: “Los llamados tratados de paz” no fueron nunca otra cosa que armisticios, precursores de preparativos para nuevas campañas”[29].

Para Coudenhove-Kalergi la paz solamente puede ser asegurada permanentemente mediante iniciativas políticas y por eso a lo largo de las 100 páginas siguientes de su obra se dedica a trazar una somera historia de los conflictos[30]. En el Capítulo VI, titulado Tres Organizaciones Pacifistas”[31], es signifitivo que la primera de todas ellas sea la Santa alianza, siendo las otras dos, la SDN y NNUU. Incluso en el Anexo de su obra reproduce el pacto firmado el 26 de septiembre de 1815 que dio origen a la Santa Alianza sobre las ruinas del imperio napoleónico[32].

Así pues, hay que situar el pacifismo de Coudenhove-Kalergi –pacifismo que es la excusa para lanzar la idea paneuropea- en un marco propio: el de la primera postguerra europea que advierte que las destrucciones del conflicto 1914-18 no han sido solamente materiales, sino que es todo un mundo el que se ha hundido: la monarquía austro-húngara caída, la monarquía de los zares pulverizada, el gobierno del Keiser liquidado, incluso el imperio turco convertido en República. No es raro que ante esta oleada de destrucciones, Coudenhove-Kalergi –y tanto otros como él en su propia generación- se preocuparan de adoptar iniciativas para que esto no volviera a ocurrir. Ya hemos mencionado que incluso los escritores más brillantes del fascismo, fueron también, a su manera, pacifistas convencidos.

Pero el pacifismo de Coudenhove-Kalergi es diferente. Difiere del pacifismo actualmente de moda que llega hasta renunciar a cualquier forma de defensa que implique la utilización de las armas. Su pacifismo se basa en la “superioridad del santo sobre el héroe”, pero en la necesidad de ambos. Es, digámoslo ya, un pacifismo conservador y la idea de Paneuropa, renovadora en lo político, es conservadora en su basamento ideológico. No se basa como han percibido erróneamente los autores antimasónicos en principios universalistas o antinacionales, sino que pretende que las naciones europeas colaboren entre sí para evitar nuevos conflictos y tensiones que, a la vista de los recursos armamentísticos, serían cada vez más destructivas.

Dejando sentado estos principios, estaremos en condiciones más delante de definir cuáles eran los puntales sobre los que Richard de Coudenhove-Kalergi apoyaba su proyecto de Paneuropa.


(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com


[1] Cf. Pierre Ginestet, Le Parlament européen, PUF, colección Que sais-je?, París 1974, pág. 7-9.

[2] Una biografía extremadamente favorable y acrítica sobre el personaje se puede leer en http://es.wikipedia.org/wiki/Luigi_Einaudi. Nuestros datos proceden de Jacques bordito, L’Occident Demantelé, París 1974, Librairie Française, pág. 197.

[3] El texto completo de esta entrevista está incluido en La Europa de los Banqueros, Henri Coston, Librería-Editorial Argos, Barcelona 1963, págs. 10 y 12.

[4] Articulo publicado el 28 de febrero de 2001 en The Guardian y reproducido en http://www.cpa.org.au/garchve3/1035cult.html

[5] Henri Coston, L’Occident Démantelé, op. cit., pág. 189-192.

[6] La tentazione fascista, Tarmo Kunns, Akropolia, Nápoles, 1981 (edición original Drieu, Céline, Brasillach et la tentation fascista, Les Sept Couleurs, París 1972), especialmente Capítulo V, págs. 101 y sigs.

[7] Ezra Pound en sus Cantos Pisanos llega a decir que mientras Pétain defendía Verdun, Léon Bkum o defendía nada más que su bidé (Citado por T. Kunnas, op. cit., pág. 101).

[8] «Cada noche, durante años, esperaba encontrarme al día siguiente distinto de como me había acostado, impaciente con el yugo de mi debilidad, resuelto por fin a ejercer el maravilloso poder de la voluntad». Estado Civil, Drieu la rochelle, Ediciones Icaria, Barcelona 1978, pág. 45.

[9] Geneve ou Moscou, Drieu la Rochelle, Editions Gallimard, 1928 (reimpresión en Gallimard 1978).

[10] Europe contre les patries, Drieu la rochelle, Editions Gallimard, 1938.

[11] Gilles, Drieu la Rochelle, Editions Gallimard 1939 (reimpresión 1978).

[12] Le Française d’Europe, Editions Balzac, 1944.

[13] Le Jeune Européenne, Editions Gallimard 1927 (reimpresión 1978).

[14] Tal es la tesis de Eduardo González Calleja, en el artículo Los intelectuales filofascistas y la defensa de Occidente, reproducido sin más indicación en http://www.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/3/REPNE_081_130.pdf. En dicho artículo González Calleja cita incluso a Coudenhove-Kalergi pero sin conseguir establecer ningún nexo entre alguno de estos escritores y el promotor de Paneuropa.

[15] Julius Evola, por lo demás miembro de la pequeña nobleza italiana, ha insistido mucho en esta idea en buena parte de su obra, expresando ideas que todavía hoy son habituales en muchos sectores de la nobleza europea que siguen considerándose “supranacionales” y enabsoluto vinculados a los Estados-Nación que surgieron con las revoluciones liberales del siglo XIX y liquidaron las monarquía tradicionales. Podemos citar entre otras referencias, sin duda las más significativas de este autor: Rivolta contro il mondo moderno, Julius Evola, Edizioni Mediterranee, reimpresión 1988 (Primera Edición, 1934), Primera Parte, capítulo 14, La doctrina delle caste, pág. 120 y sigs., Segunda Parte, capítulo 11, Traslazione dell’Impero. Il Medievo ghibelino, pág. 350 y sigs. Y finalmente, capítulo 14, La regresiones delle caste, pág 397. Así mismo este orden de ideas está presente en la “parte política” del compendio evoliano: Los Hombres y las Ruinas, Juius Evola, Ediciones Heracles, Buenos Aires, 1994,especialmente capítulo II, Soberanía, Autoridad, Imperium, pág 33 y sigs., y capítulo V, Bonapartismo, maquiavelismo, elitismo, pág, 45 y sigs. Así mismo está idea está presente en El fascismo visto desde la derecha y especialmente en el anexo Notas Sobre el Tercer Reich, (véase en http://juliusevola.blogia.com/temas/notas-sobre-el-iii-reich.php)

[16] De la Guerra permanente a la Paz universal, Conde Richard Coudenhove-Kalergi, Editorial Hispano Europea, Barcelona 1958. Existe un ejemplar depositado en la Biblioteca de Catalunya

[17] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra, op. cit., pág. 11.

[18] Resulta curioso que autores como Henri Coston o Jacques Bordiot, tan habitualmente bien informados sobre la masonería, no hayan publicado en las obras en las que han mencionado a Coudenhove-Kalergi, su pertenencia a esta organización. Bordiot en L’Occidente Démentelé, op. cit., pág. 192, en el parágrafo La iniciativa Coudenhove-Kalergi, se limita a citar un texto de Pierre Virion en donde dice crípticamente que “Su abuela Marie Kalergi, nacida en 1860, fue amiga de Bismarck, de Enrique Heine, de Wagner, es deci, que vivió en un medio pasablemente “iniciado””. La cita original está extraída de la obra de Pierre Virion, Bientôt un Gouvernement Mundial, une super et contre église? Editions Saint Michel, Saint-Cénéré, 1967, pág. 45. En la página 315 del Dictionnaire de la Francmaçonnerie puede leerse en la notación sobre Coudenhove-Kalergi que fue iniciado en 1922 en la Logia Humanitas « al oriente de Viena ». Esta logia formaba parte de la Gran Logia Austríaca y del Capítulo Mozart. Esta obediencia estaba muy influida por la personalidad de Albert Hermann Frisch, miembro de la logia Sokrater de Viena entre 1908 y 1921 fecha de su muerte. Frisch era pacifista y siguió siéndolo durante toda la I Guerra Mundial; su carácter y sus ideas, mucho más que sus escritos, tuvieron una gran influencia en la masonería austríaca de postguerra que conoció Coudenhove. Pierre Virion y los autores antimasónicos despachan la obra de Coudenhove limitándose a afirmar en el mejor de los casos que “fue masón”, sin aportar datos. Efectivamente, fue masón, pero esto no resuelve la cuestión. Coudenhoe publica su manifiesto paneuropeo en 1923 y un año antes entra en una masonería conservadora y pacifista. A fin de cuentas, él también es un conservador pacifista. Es posible que ingresara en la masonería para facilitar la circulación de sus ideas por Europa. Pero lo cierto es que no permaneció mucho tiempo como masón activo. En el Dictionnaire de la Francmaçonnerie se lee: “Para no entorpecer los esfuerzos de Coudenhove, la Gran Logia Austríaca suspendió su pertenencia masónica, aun manteniéndose en contacto con ñel y apoyando su obra”. Lamentablemente, no existen fuentes en las que se establezca en qué fecha tuvo lugar esta “suspensión”, pero debió ser al poco de publicarse el manifiesto, en cualquier caso cuando Coudenhove-Kalergi llevaba menos de un lustro en la masonería. Por tanto, en una logia observante de las viejas tradiciones y conservadora también en los rituales, Coudenhove no pudo escalar hasta los más altos grados masónicos. Es posible que llegara al grado de Maestro. Por lo demás, el que la militancia en la masonería tuvo una importancia relativa lo da el hecho de que, si bien algunos de sus colaboradores en el ideal paneuropeo sí eran masones (Eduard Benes, presidente de a república checoslovaca, dimisionario tras los acuerdos de Munich (1938) y luego, tras la guerra nuevamente presidente del país hasta el llamado Golpe de Praga que dio origen al gobierno comunista checoslovaco, había sido iniciado en 1918 en la Logia Pravda Vitézi de Praga), pero la mayoría no lo eran y, desde luego, quienes llevaron adelante la idea europea eran democristianos (Monnet, Adenauer, De Gasperi). Por lo tanto, hay que redimensionar la breve militancia masónica de Coudenhova-Kalergi y no exagerar su importancia. Los autores antimasónicos tienden a realizar una generalización abusiva. Su razonamiento se basa en el siguiente silogismo: “la masonería es antinacional”, “todo lo que excede la idea nacional es masónico”, por lo tanto, paneuropa es una idea masónica”. El razonamiento es falar en sus premisas: la masonería no es “antinacional”… sino que incluso la existencia de la mayor parte de Naciones-Estado de Europa ha estado íntimamente ligada a la actividad masónica. Para la crítica de la segunda premisa léase nuestro trabajo sobre el “universalismo masónico” en http://infokrisis.blogia.com/2008/081201-una-reflexion-sobre-el-universalismo-masonico...-anexo-a-la-docrina-excentrica-.php

[19] El mito de Lucifer y el de Prometeo están muy difundidos en la masonería en tanto que revueltas contra los poderes absolutos y búsqueda de la “luz”. Coudenvohe-Kalergi, sin embargo, los menciona de forma crítica: “Lucifer –“portador de luz”, Prometeo- rebelose contra Dios, imulsado por la envidia y el orgullo” (Coudenhove-Kalergi, De la guerra…, op. cit., pág. 12. Da la sensación incluso de que Coudenhove-Kalergi haya leído la obra de René Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, Editorial Ayuso, Barcelona 1976. En efecto, en esa misma disquisición sobre el origen de la guerra, explica: “La mitología griega nos descubre como se realizó la unión entre guerras y tiempo. Cronos, el dios del tiempo, arrojó del cielo a su padre Urano, iniciándose así la era de las luchas, tanto entre los dioses como entre los hombres. El tiempo se había adueñado del espacio”. René Guénon, por su parte, en la obra citada explica detalladamente este proceso en el capítulo XXI, titulado precisamente Caín y Abel. En este capítulo Guénon explica justamente que la contradicción entre Caín pastor y Abel agricultor, dependientes respectivamente del espacio y del tiempo, elementos contradictorios. La muerte de Abel a manos de Caín significaría la victoria del espacio sobre el tiempo, pero, añade Guénon progresivamente “los nómadas son absorbidos por los sedentarios” (op. cit., pág. 154) con lo que, como concluía Coudenhove: “El tiempo se adueña del espacio”.

[20] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 12.

[21] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 13.

[22] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 13.

[23] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 13.

[24] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 14.

[25] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 14.

[26] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 15.

[27] Coundenhove explica sobre el Santo: “Su combate no se libra contra otros hombres ni contra fieras y dragones, sino contra los malos instintos e inclinaciones de su corazón; contra la avaricia, el afán de honores y el pecado. El santo es un héroe de carácter íntimo y profundo. Está dispuesto a morir por sus ideales, pero no a matar por ellos”. Sigue: “La religión ha tratado de reemplazar el culto al héroe por la veneración a los santos, pero, debido a la naturaleza humana, no ha podido lograrlo aún”. Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., págs. 14-15.

[28] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 15.

[29] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 24.

[30] “El pasado es la escuela del fturo; la Historia, la escuela de la política. Hechos y situaciones no se repiten nunca; pero con frecuencia se parecen entre sí. Sólo aquel que comprende el pasado puede atreverse a interpretar el futuro y confiar en poder dominar los acontecimientos” Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 24.

[31] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 109.

[32] Coudenhove-Kalergi, De la Guerra…, op. cit., pág. 212-213.

 

 

Coudenhove-Kalergi ¿Ángel o Diablo? (II de VIII / Parte B). De 1933 al Mercado Común Europeo.

Infokrisis.- Agotamos en esta entrega la historia del Movimiento Paneuropeo. El estudio nos llevará por una enmarañada red de iniciativas que Coudenhove considera que han partido todas de su iniciativa paneuropea de 1922 y que de hecho culminarán en la firma del Tratado de Roma que dará origen al Mercado Común. La historia de todos estos grupos es mucho más enmarañada de lo que Coudenhove-Kalergi pretende y en los próximos capítulos estaremos en condiciones de aclarar algunos aspectos que en la historia del movimiento paneuropeo permanecen voluntariamente oscuros

 

b. De 1933 al Mercado Común Europeo

Coudenhove tiene razón al explicar que de los destrozos de la Primer Guerra Mundial surgieron tres ideologías: el bolchevismo, el fascismo y paneuropa[1], pero elude explicar que la repercusión a nivel popular de esta última fue nulo y, paradójicamente, esta idea gozó de un creciente peso e influencia entre las élites políticas y económicas de Europa Occidental. A lo largo de sus obras, Coudenhove-Kalergi no explica como le fue posible entrevistarse con las principales figuras de la política europea de la época amparado solamente en lo que era entonces apenas una utopía. En un capítulo siguiente intentaremos aclarar este misterioso extremo. Baste por el momento decir que a partir de 1933 la unión Pareneuropea fue disuelta en Alemania y sus obras arrojadas al fuego. Coudenhove se lamenta: “Durante todo el tiempo que el nacionalsocialismo dominara en alemanai, Paneuropa sería completamente irrealizable”[2].

Quedaba el fascismo italiano. Cudenhove no lo veía tan “irrecuperable” como el nacionalsocialismo alemán y se fijó en Mussolini en tanto que en esa época (1933-35) fue el más firme defensor de la independencia austríaca. Llegó a entrevistarse en cuatro ocasiones con el Duce al que instigó a aliarse con Francia para defender la independencia austríaca y tender a la unificación europea. Las conversaciones no fueron mal hasta que estallí la guerra civil en España y Mussolini fue el aliado de Hitler en su apoyo al régimen de Franco[3].

Finalmente, la muerte del canciller Dolfuss y la anexión de Austria a Alemania clausuró las posibilidades de un apoyo centroeuropeo a la idea paneuropea que todavía se reduciría aún más cuando la Checoslovaquia de Benes, amigo personal de Coudenhove, saltó por los aures y fue en parte anexiada al Reich alemán. Esto ocurria pocos meses después de que se hubiera reunido precisamente en Viena el IV Congreso Paneuropeo en las salas del parlamento de ese país. La asamblea tomó netamente partido contra el gobierno de Hitler. El congreso anterior había tenido lugar en Berlín el 17 de mayo de 1930, coincidiendo con la publicación del Memorando Briand. En cuanto al III Congreso se celebró en Bâle e intentó sin excesivo éxito que el eje de la propaganda paneuropea se desplazara de los gobiernos a la población[4]. Cuando se llega a 1936, resulta evidente que la idea paneuropea, paradójicamente, se enfrentaba a los proyectos paneuropeos de Hitler (una “Europa constuida por Alemania”) y de Stalin (una “Europa bolchevique”).

En 1938, Coudenhove ya había trasladado su centro de operaciones de la Viena unida al Reich a París. En ese momento era evidente que la SDN se había disuelto en la inoperancia. Coudenhove figuraba en las filas de una resistencia moderada al nacionalsocialismo y consideraba que su idea paneuropea era la única munición ideológica que podía dispararse contra Hitler. La sensación que da a partir de ese momento es que de pasar a tener la iniciativa se convierte en un juguete de la propaganda inglesa. Él mismo reconoce: “Inglaterra se convirtió sutilmente en el principal apoyo de nuestro movimiento”[5]. Mientras que Chamberlein buscaba salvaguardar la paz (o retrasar la guerra) haciendo concesiones a Hitler, Winston Churchill optaba por la vía del enfrentamiento y asumía la idea paneuropea como una más del arsenal antihitleriano. Es concierta petulancia, no exenta de exageración que Coudenhove llega a escribir: “El programa paneuropeo adoptado por Francia Inglaterra, se había convertido de golpe en la ideología oficial de Occidente”[6]. De hecho basta consultar la prensa de aquella época para convencerse de que el eco de la idea paneuropea era escaso a nivel de alta política y nulo a nivel de calle. El nacionalismo alemán era combatido en la época por el nacionalismo francés y el nacionalismo británico, no por la idea paneuropea. A pesar de todo, Coudenhove consigue organizar en Londres un comité paneuropeo presidido por Alfred Duff y Leo Amey.

En ese momento ya había adoptado la ciudadanía francesa. En efecto, al anexionarse el III Reich Bohemia-Moravia, el ministro de Asuntos Exteriores francés le ofrece pasaporte de esa nacionalidad que acepta y con el que viaja a los EEUU a poco de estallar la guerra en Europa. Allí organiza un comité paneuropeo que cuenta entre otros con la presencia de John Foster Dulles. Será en Nueva York en donde tendrá lugar el V Congreso Paneuropeo bajo los auspicios de la Universidad de Nueva york en donde daba clases. También de manera excesivamente eufórica, Coudenhove tiende a exagerar el impacto de este congreso explicando que: “en tres años, América entera fue ganada por la idea paneuropea”[7].

Coudenhove explica que los únicos oponentes en EEUU a paneuropa eran “los comunistas” que preten´dian organizar un “directoro mundial, compuesto por los EEUU, la URSS, Gran Bretaña y China, y añade: “Europa debería ser dividida en una esfera de influencia rusa y una esfera de influencia atlántica”[8]. Según esta interpretación, para él los vencedores de la II Guerra Mundial deberían ser los bolcheviques, pues no en vano, éste fue el ordenamiento final que resultó de la victoria sobre el III Reich. De todas formas reconoce que Churchill siguió durante toda la guerra defendiendo las tesis paneuropeas frente a Roosevelt del que dice textualmente que nunca le dio su “bendición”. Sin embargo, obtuvo ésta de dos influyentes diarios el Times” y el “Herald Tribune”[9].

Más significativo es el hecho de que reconociera que los partidarios de la idea paneuropea “fueran reclutados entre los católicos americanos que quería a cualquier precio impedir que la dominación de Hitler sobre Europa fuera reemplazada por la de Stalin”[10] y que nos dice mucho sobre lo que Coudenhove tenía detrás. Cuando Roosevelt, después de dos años, prácticamente de no estar en condiciones de dirigir el esfuerzo bélico, es sustituido por Truman en 1945, las cosas parecen cambiar para coudenhove. El nuevo presidente publica un artículo favorable a Paneuropa en una revista popular: Selecciones del Reader’s Digest.

Restablecida la paz, Coudenhove vuelve a Europa y observa que se han reavivado los odios franco-alemanes. Además, tras el golpe de Praga de 1948, un “telón de acero” ha caído sobre media Europa. Paneuropa, a partir de ese momento, solamente será Europa Occidental. A poco de regresar a Suiza, se entrevista con Churchill de quien recibe la promesa de que utilizará toda su influencia para realizar la idea paneuropea. Claro está que en ese momento, Churchill ha sido derrotado en las urnas y es solamente una personalidad influyente. Poco después, en Zurích, Churchill pronuncia un discurso imprevisto en el que llama a la reconciliación europea y en concreto a la franco-alemana[11]. Es paradójico que, precisamente, la idea paneuropea consiguiera ponerse nuevamente en pie en la postguerra a partir de un político conservador de una nación considerada por el propio Coudenhovo como “exterior a Europa continental” y que disponía de un imperio propio que le hacia ajena a las preocupaciones de los europeos.

El discurso de Churchill no se quedó ahó. Al acabar, impulsó en toda europea comités favorables a la idea que presididos por su yerno, Duncan Sandys deberían formar años después el Movimiento Europeo[12]. En esa época Coudenhove-Kalergi se queja de que muchos hombres políticos europeos admitían en privado sus tesis, pero las ocultaban en público por miedo a que el electorado no supiera entenderlas. A causa de esto: “Me decidó pues a mobilizar los Parlamentos europeos”[13]. Y a este esfuerzo consagró los cinco años siguientes, de 1946 a 1951.

Empezó enviando una circular a todos los parlamentarios democráticamente elegidos. Eran 4.000 cuestionarios acompañados de cartas personales en las que solicitaba su apoyo. La gran mayoría se declararon a favor. Solamente no remitió esta circular a ningún alemán al no existir en ese momento todavía un Reichtag legalmente constituido. Esto no le impidió instalarse en el Oberland bernés donde convocó a principios de julio de 1947 la Conferencia de Grupos Parlamentarios Nacionales que decidieron fundar la Unión Parlametnaria Paneuropea y convocar para septiembre del mismo año el Primer congreso Parlamentario Europeo[14].

A esta reunión asistieron, no solamente políticos de primera magnitud (Pierre Reynaud, Ferruccio Parri, René Coty, antiguos jefes de gobierno), sino también personalidades notables de la época (el general Nobile, primer aviador que voló sobre el Polo Norte y el Abate Pierre, así como Lodovigo Benvenuto que sería elegido secretario general del Consejo de Europa. En su resolución, el congreso rogaba a los gobiernos convocar una Asamblea Europa compuesta por Delegados de los parlamentos nacionales[15].

Ocho meses después tendría lugar el primer Congreso Parlamentario Europeo en La Haya (mayo de 1948) a invitación de Winton Churchill. Según Kalergi asistió una “élite política y cultural”. La Unión Parlamentaria Europa de la que Coudenhove era secretario (acaso porque era el único miembro no parlamentario) fue el motor del encuentro del que debería salir el Movimiento Europeo. Esta iniciativa si encontró su eco en toda la prensa mundial y desembocó en la convocatoria de una Asamblea Europea realizada a instancias de Francia y Bélgica representadas por Georges Bidault y Paul Henri Spaak. Esa reunión tuvo lugar en Estrasburgo en 1949 y llevó a la fundación del Consejo de Europa. Un año antes había tenido lugar el II Congreso de la Unión Parlamentaria Europea en Interlaken al que ya participaron delegados alemanes de los länders entre los cuales se encontraba un viejo amigo de Coudenhove, Honrad Adenauer miembros desde 1927 de Paneuropa.

La reunión de Estrasburgo puede considerarse como el arranque histórico del proceso de construcción del Mercado Común Europeo. Coudenhove reconoce que lo acordado en este encuentro quedaba por debajo de las expectativas trazadas en el II Congreso de la Unión Parlamentaria, pero aún así afirma: “Tras 27 años, la Unión Paneuropea había alcanzado su primer fin”. Y añade: “Por primera vez “Europa” había psado de una noción geográfica a una concepción política”[16]. Se equivocaba: apenas había pasado a ser un mercado económico. Coudenhove-Kalergi solamente había aportado, como veremos más adelante, el basamento emotivo y sentimental, el acompañamiento histórico y cultural que justificaba la existencia de ese “mercado” que para algunos de sus impulsores solamente debía aspirar a evitar nuevas guerras franco-alemanas y para otros constituirse en una zona de libremercado sin más ambiciones políticas. Esta ha sido durante años, la madre de todas las confusiones que han afectado a la construcción de Europa.

A partir de este momento, Inglaterra que a través de Churchill tanto había facilitado el nuevo impulso para la idea paneuropea, se convierte en voz crítica de la misma. Mientras que Francia y Bélgica querían que el Consejo de Europa tuviera poder efectivo de decisión, los delegados ingleses solamente aspiraban a que el foro fuera un organismo consultivo más, Coudenhove decidió abordar el tema directamente en el III Congreso Parlamentario Europeo (Venecia, otoño de 1949), pero la cerrazón inglesa clausuró toda posibilidad de avanzar más en esa dirección. A partir de ese momento, Coudenhove pasa a ser un “precursor” pero la construcción de Europa ya se realiza al margen de sus desvelos e iniciativas.

El verdadero “padre de Europa”, al menos del Mercado Común, es Robert Schuman y su “plan” hecho público en 1950. Él y Monnet habían llegado a la conclusión de que la unión europea solamente podría realizarse en base a la economía. Coudenhove lo había intentado a través del recurso a los gobiernos, luego del recurso a los parlamentos, de la apelación a los electores, pero, fnalmente, el realismo se había impuesto: creando un espacio económico común podría aspirarse a generar, en un segundo y secundario momento, a transformar ese espacio económico en político.

A partir de ese momento, los intentos supranacionales proliferaron en Europa. En primer lugar, aun antes de terminar la II Guerra Mundial, tres pequeños países, Holanda, Bélgica y Luxemburgo habían unificaso sus esfuerzos en 1944 en un pacto que entró en aplicación el 1º de enero de 1948. Luego se constitutó la Organización Europea de Cooperación Económica promovida desde los EEUU el 5 de junio de 1947 por el general George Catlett Marshall, miembro del Council on Foreign Relations (CFR) y antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército Americano, luego secretario de Estado con Truman. El “Plan Marshall” fue diseñado para atender las necesidades de 16 países (Alemania no se adhirió pues no tenía estatuto de Estado). De ahí surgió el Comité de Colaboración Económica Europea que debía canalizar la ayuda americana. Cuando el Plan Marshall concluyó, la OECE se reconvirtió el 14 de diciembre de 1960 en Organización de Cooperación y Desarrollo Económico al que se adhirieron EEUUU, Finlandia, Canadá y Japón con la intención de facilitar el desarrollo económico y la estabilidad de la economia mundial[17].

El 10 de agosto de 1952, seis países, Bélgica, Francia, Alemania, Luxemburgo, Italia y los Países Bajos, crearon la Comunidad Económica del Carbón y del Acero cuyo primer presidente fue Jean Monnet y que supuso un nuevo desarrollo del Plan Schumann. Este acuerdo permitió que la producción de acero se incrementara en los cinco años siguientes un 100% y que la CECA absorbiera 1/5 parte de la producción mundial de acero. El éxito de esta iniciativa llevó de manera automática a la firma de los acuerdos de Roma en 1957 por el que se establecía la creación de la Comunidad Económica Europea, conocida en la época como Mercado Común Europeo, reconvertida en 1993 en Unión Europea. El tratado de la CECA expiró en 2002[18]. Coundenhove, que nada había tenido que ver con la iniciativa, reconoce, sin embargo: “Así la comunidad del carbón y del acero tomó forma sobre una base continental. Tuvo un éxito que superó todas las expectativas y abrió la vía a la comunidad económica de Europa”[19].

Coudenhove-Kalergi glosa la iniciativa de la clase política europea de la época. La creación de la CECA había hecho que “el centro de gravedad de la realización de Paneuropa no residiera ya como durante los años 1946-1949 en los parlamentos, sino en los gbiernos”[20]. Tres de los cuatro impulsores de la CEE eran democristianos con los que mantenía exceentes relaciones: Honrad Adenauer por Alemania, Robert Schumann por Francia y Alcide de Gasperi por Italia. Solamente Pau Henri Spaak era tibiamente socialdemócrata. Coudenhove reconoce que, a partir de entonces, la Unión Parlamentaria Europeo “perdió su importancia”, pero “la Asamblea europea recogió en parte su herencia”[21]. Así pues, la unión Parlamentaria Europea se transformó en el Consejo Parlamentario del Movimiento Europeo: “Para evidenciadr la solidaridad entre el antiguo Movimiento Paneuropeo y el nuevo Movimiento Europeo yo fui elegido presidente de honor del movimiento Europeo, junto a los primeros ministros en funciones: Anedauer, Churchill, de Gasperi, Schumann y Spaak”[22].

Coudenhove-Kalergi también está en condiciones de señalar el punto en el cual se disipan las últimas resistencias y sombras que impedían hasta ese momento la reconciliación europea. En 1958 tiene lugar la caída de la IV República Francesa y la elección del General de Gaulle como presidente de la V República. De Gaulle sorprenderá a todos los observadores y hará justo lo que nadie cree que fuera capaz de hacer. Quienes lo eligieron para mantener a Argelia en la órbita de Francia tardaron poco en verse decepcionados y quienes creyeron que con él, el nacionalismo antieuropeo ocupaba el Elíseo erraron también. Solamente Coudenhove-Kalergi parece no haberse equivocado en su valoración: conocía a De Gaulle desde 1943cuando se encontraba en Argel al frente del Gobierno provisional francés. Poco después, le ofreció la presidencia de la Unión Paneuropea, que De Gaulle rechazó para evitar el enfrentamiento con nacionalistas y comunistas, pero manifestándole en privado su adhesión total a la idea paneuropea. El general tenía ideas propias sobre la materia: Europa no podía surgir del Consejo de Europa, sino de la reconciliación franco-alemana que solamente De Gaulle podía hacer creíble dada lo que Coudenhove llama su “autoridad moral incontestable”[23]. De ahí que para Coudenhove, la subida al poder de De Gaulle supusiera la confirmación de que la construcción europea se aceleraría. Cuando en el curso de la primavera de 1960, Coudenhove realizó un llamamiento a De Gaulle para que sellara la reconciliación franco-alemana antes de que expirara el mandato de Adenauer, aquel respondió con un gesto histórico invitando al canciller alemán al Elíseo y discutiendo con él, “fuera de toda publicidad los preparativos para la unión política”[24]. La respuesta de Coudenhove realizada en Niza, en otoño de 1960 en el curso del IX Congreso de la Unión Paneuropea consistió en apoyar el plan del general De Gaulle. Incluso el congreso se celebró bajo una consigna propiamente gaullista: “Congreso para la autodeterminación de Europa”. Eso implicaba que la idea europea se alejaba de nuevo de la influencia del mundo anglosajón.

Aquí termina, en la práctica, el opúsculo de Coudenhove-Kalergi escrito en 1962 y que engloba un último capítulo dedicado a examinar las perspectivas futuras de la idea europea y a reproducir el artículo escrito por él mismo y aparecido en 1922 que fue el arranque del movimiento paneuropeo[25]. Coudenhove ve a todas las ramas del movimiento europeista surgido tras la II Guerra Mundial como hijas del mismo tronco. Esto sería discutible y el propio Coudenhove limita sus entusiasmos al escribir: “La Unión Paneuropea no es ya el único porta voz de la idea europea”[26]

El balance que el propio Coudenhove realiza su obra es ampliamente positiva. A fin de cuentas, la idea europea se abrió paso poco a poco hasta transformarse en una realidad política –endeble aún, titubeante siempre- a partir de Maastrich. Pero también reconoce algunos de los fracasos que ha experimentado como propios: el movimiento paneuropeo no pudo impedir ni el advenimiento del nacionalsocialismo ni el estallido de la II Guerra Mundial, no pudo impedir que media Europa estuviera en manos del bolchevismo durante 45 años, ni tampoco pudo suscitar “un verdadero patriotismo europeo, comparable al sentimiento nacional que existía en Alemania y en Italia antes de su unificación: los europeos en su mayor parte han seguido siendo nacionalistas. Son partidarios de una Europa unidad, en la medida en que esta unidad no se realiza a expensas de la soberanía de su propia nación” y añade: “El número de los verdaderos patriotas europeos es muy restringido”[27].

En las dos últimas páginas de su opúsculo Coudenhove reitera los tres objetivos de su movimiento después de la II Guerra Mundial: la prosperidad europea, la consolidación de la paz en Europa y la protección contra el peligro soviético[28]. Más adeante reconoce que “El centro de la defensa de Europa contra Rusia se encuentra sobre el plano militar en América, pero sobre el plano político en Europa. Todo Estado europeo alberga un caballo de Troya: el Partido Comunista[29]. Esto le lleva a enunciar sus dos enemigos: el nacionalismo de los Estados-Nación y el bolchevismo. Su proyecto consiste en organizar el mundo en cinco grandes grupos (Paramérica, Paneuropa, URSS, Commontwalth y Extremo-Oriente). Pero el tiempo ha desgastado este plan: mientras Coudenhove predicaba Paneuropea, el Imperio Británico se había desleído como un azucarillo. Panamérica no era más que el patio trasero de los EEUU, la URSS se mostraba brutal e implacable con sus aliados y con los pueblos que englobaba bajo su férula; en Asia en 1962, China se había alineado con la URSS (así estaría hasta ese mismo año) mientras que Japón lo había hecho con EEUU… Las dudas de Coudenhove se perciben en las últimas líneas de su escrito: algo le dice que la guerra fría va a ser larga y esto es lo que le conmueve: “Tras una tercera Guerra Mundial, las ruinas de una Europa unificada no podrían distinguirse de las reuinas de una Europa dividida. En todo caso, tal guerra atómica no significaría solamente la desaparición de Paneuropa, sino de la misma Europa, con toda su civilización tres veces milenaria”[30]. A partir de aquí reafirma su vocación pacifista, herencia de la I Guerra Mundial y su voluntad de terminar con la guerra fría mediante una política de coexistencia pacífica. Añade, a modo de testamento: “Europa no olvidará jamás a sus hermanos y hermanas del otro lado del telón de acero”[31].

 

(c) Ernesto Milà Rodríguez - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com



[1] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 11.

[2] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 11 y añade: “Paneurona, pues, parecía un año después de la muerte de Briand, más utópica que nunca”. Así mismo sus finanzas se habían resentido: la sociedad fundada por el industrial alemán Robert Bosch fundada para financiar el movimiento, cesó sus actividades con la llegada de Hitler al poder. De hecho, a partir de ese momento, Coudenhove aceptó que su movimiento fuera financiado por Estados –algo a lo que hasta entonces se había negado- y en particular por Austrai, Francia, Checoslovaquia y Rumanía.

[3] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 11. Coudenhove-Kalergi llega a escribir: “Mussolini parecía dudar entre esta política y la del eje Berlín-Roma”.

[4] Una excesivamente sucinta cuenta de estos tres congresos es ofrecida por Coudenhove en las páginas 12-13 de su obra, Coudenhove-Kalergi, op.cit..

[5] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 13.

[6] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 13.

[7] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 14.

[8] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 15.

[9] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 15.

[10] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 15.

[11] Creemos que vale la pena reproducir el texto completo de este discuro en el que Churchill cita en uno de sus párrafos al propio Coudenhove-Kalergi. El discurso es importante porque transmite el espiritu de una época. Fue pronunciado en la Universidad de Zurcí el 19 de septiembre de 1946 y en él, Churchill prevé lo que será la Guerra Fría (que se declararía oficialmente dos años después):

“Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa. Este noble continente, que abarca las regiones más privilegiadas y cultivadas de la tierra, que disfruta de un clima templado y uniforme, es la cuna de todas las razas originarias del mundo. Es la cuna de la fe y de la ética cristianas. Es el origen de casi todas las culturas, artes, filosofía y ciencias, tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfruta rían sus tres o cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites. Y sin embargo, es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado esta serie de horribles guerras nacionales, originadas por las naciones teutonas, que hemos conocido duran te este siglo XX, e incluso durante nuestra existencia, que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad.

¿Y cuál es la situación a la que ha sido reducida Europa? Es cierto que algunos pequeños Estados se han recuperado rápidamente, pero en grandes áreas, una masa trémula de atormentados, hambrientos, desposeídos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y de sus casas y escudriñan los oscuros horizontes, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror. Entre los vencedores hay una gran confusión de voces agitadas; entre los vencidos, el sombrío silencio de la desesperación. Eso es lo que han conseguido los europeos, agrupados en tantos antiguos Estados y naciones, eso es todo lo que ha obtenido el poder germano, destrozándose unos a otros en pedazos, y propagando estragos por todas partes. A no ser porque la gran República del otro lado del océano Atlántico se ha dado cuenta finalmente de que el caos o la esclavitud de Europa, acabarían comprometiendo su propio destino, y nos ha tendido las manos para socorro y guía, los malos tiempos hubieran vuelto con toda su crueldad. Y todavía puede volver.

A pesar de todo, aún hay un remedio que si se adoptara de una manera general y espontánea, podría cambiar todo el panorama como por ensalmo, y en pocos años podría convertir a Europa, o a la mayor parte de ella, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea, o al menos todo lo que se pueda de ella, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especia de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena. El proceso es sencillo. Todo lo que se necesita es el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones.

Mucho se ha trabajado en este sentido a través de las gestiones de la Unión Paneuropea, que tanto debe al conde Coudenhove-Kalergi y que recurrió a los servicios del famoso patriota y hombre de Estado francés Aristide Briand. Existe también ese inmenso cuerpo de doctrina y procedimiento, construido para servir a las grandes esperanzas después de la Primera Guerra Mundial, que es la Sociedad de Naciones. La Sociedad de Naciones no fracasó debido a sus principios o concepciones, sino que los habían creado. Falló porque estos principios no fueron acatados por los mismos Estados que los habían creado. Fracasó porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo. Este desastre no debe repetirse. Hay, pues, muchos conocimientos y material con que construir, y también la amarga y cara experiencia de las vidas que ha costado.

Me agradó mucho leer en los periódicos hace dos días que mi amigo el presidente Truman ha expresado su interés y simpatía por este gran proyecto. No hay razón para que una organización regional europea deba enfrentarse de ninguna forma con la organización mundial de las Naciones Unidas. Todo lo contrario, creo que las mayores síntesis sólo sobrevivirán si se fundamentan sobre agrupaciones coherentes y naturales. Ya hay una agrupación natural en el Hemisferio Occidental. Los británicos tenemos nuestra propia Comunidad de Naciones, Estas organizaciones no debilitan, sino que por el contrario fortalecen a la organización mundial. De hecho, por su principal apoyo. ¿Y por qué no podría haber un grupo europeo que diera un sentido de amplio patriotismo y común ciudadanía a las perturbadas gentes de este turbulento y poderoso continente, y por qué no podía ocupar su adecuada posición con otras agrupaciones, para perfilar los destinos de los hombres? Para que esto se realice, debe darse un acto de fe en el que participen conscientemente millones de familias que hablan muchas lenguas.

Todos sabemos que las dos guerras mundiales que hemos pasado, surgieron por la vana pasión de una Alemania recién unida, que quería actuar como parte dominante del mundo. En esta última contienda se han cometido crímenes y masacres sin igual desde la invasión de los mongoles en el siglo XV. Los culpables deben ser castigados. Alemania debe ser privada del poder de volver a armarse y hacer otra guerra agresiva. Pero cuando se haya realizado todo esto, y se realizará, y se está haciendo, debe. haber un final para la retribución. Tienen que haber lo que Mr. Gladstone llamó hace muchos años «un bendito acto de olvido». Tenemos que volver la espalda a los horrores del pasado. Debemos mirar hacia el futuro. No podemos permitirnos el arrastrar a través de los años aquello que puede traer de nuevo los odios y las vengan zas que se desprenden de las injurias del pasado. Si hay que salvar a Europa de la in finita miseria, y por supuesto de la condena final, tiene que darse un acto de fe en la familia europea y un acto de olvido hacia los crímenes y locuras del pasado.

¿Pueden los pueblos de Europa elevarse a la altura de estas resoluciones del alma e instintos del espíritu humano? Si pueden hacerlo, los errores y las injurias que se han infringido se lavarán en todas partes por las miserias que se han tenido que soportar. ¿Hay alguna necesidad de que haya más abundancia de agonías? ¿Acaso la única lección de la historia es que la humanidad es imposible de educar? Que haya justicia y libertad. Los pueblos sólo tienen que quererlo, y todos alcanzarán el deseo de su corazón.

Ahora voy a decir algo que les sorprenderá. El primer paso en la recreación de la familia europea de no ser una asociación entre Francia y Alemana. Sólo de este modo puede Francia recuperar la primacía moral de Europa. No puede haber un renacimiento de Europa sin una Francia grande espiritualmente y una Alemania grande espiritualmente. La estructura de los Estados Unidos de Europa, si se construyen bien y de verdad, será de tal manera que haga menos importante la fuerza material de un Estado. Las pequeñas naciones contarán tanto como las grandes y ganarán su honor por su contribución a la causa común. Los estados y principados de Alemania, unidos libremente por conveniencia mutua en un sistema federal, ocuparán cada uno su lugar entre los Estados Unidos de Europa. No trataré de hacer un programa detalla do para cientos de millones de personas que quieren ser felices y libres, prósperos y seguras, que desean disfrutar de las cuatro libertades de las que habló el Presidente Roosevelt, y vivir de acuerdo con los principios incorporados en la Carta del Atlántico. Si este es su deseo, no tiene más que decirlo, con la seguridad de que se encontrarán los medios y se establecerán los instrumentos necesarios para llevar este deseo a su plena realización.

Pero tengo que hacerles una advertencia: el tiempo se nos puede echar encima. Actualmente contamos sólo con un espacio de respiro. Los cañones han dejado de disparar, la lucha ha cesado, pero no se han detenido los peligros. Si queremos construir los Estados Unidos de Europa, cualquiera que sean el nombre y la forma que tomen, debemos empezar ahora.

En nuestros días vivimos extraña y precariamente bajo el escudo y protección de la bomba atómica. La bomba atómica está aún en manos de un Estado y nación que sabemos que nunca la usará, excepto a favor del derecho y la libertad. Pero puede ser que dentro de unos años este terrible agente de destrucción se extienda ampliamente y la catástrofe que provocaría su uso por varias naciones guerreras no sólo acabaría con todo lo que llamamos civilización, sino que posiblemente desintegraría el mismo globo.

Debo ahora resumir las propuestas que tienen ante ustedes. Nuestro constante propósito debe ser fortificar la fuerza de la Organización de Naciones Unidas. Bajo, y en el seno de este concepto del mundo, debemos volver a crear la familia europea con una estructura regional llamada, quizás, los Estados Unidos de Europa. El primer paso es crear un Consejo de Europa. Si al principio todos los Estados de Europa no están dispuestos o capacitados para integrase en la Unión, debemos proceder, no obstante, a unir y combinar a aquellos que quieren y pueden. La salvación de la gente normal de cada raza y de cada país, del peligro de la guerra o esclavitud, tiene que establecerse sobre sólidos fundamentos deben estar protegidos por la voluntad de todos los hombres y mujeres de morir, antes de someterse a la tiranía. En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntas la cabeza. Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética —y entonces todo sería perfecto— deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y deben defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo ¡Levantemos Europa!

[12] En 1946 se fundó el United Europe Movument por Chuchill, el Conseil pour une Europe Unie de Jean Monnet y Robert Schumann, con Edouard Herriot y Daoul Dautry en Francia; la Ligue indépendante de Coopération économique européenne y la Association Internacional pour une Unité Européenne del belga Paul van Zeeland ; la Unión des Fedéralistes de Henri Brigmans ; los Nuevos Equipos Internacionales Democristianos encabezados por Robert Bichet ; el Comité Internacional d’Etudes et d’Action pour les Etats Unies socialistas d’Europe y luego la Izquierda Europea de los ingleses Bob Edwards y Georges Raskin. (datos extraídos de L’Occident Démantelé, Jacques Bordito, Librairie Française, 1976, pág. 199). Así pues, es rigurosamente cierto que, a nivel de élites políticas existía un impulso desmesurado hacia la idea europea que excedía con mucho la influencia de Coudenhove.

[13] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 16.

[14] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 17.

[15] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 17.

[16] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 18.

[17] Jacques Bordiot, op. cit., pág. 198-218.

[18] Una historia completa y extractada de la CECA puede encontrarse en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Comunidad_Europea_del_Carb%C3%B3n_y_del_Acero

[19] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 19.

[20] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 18.

[21] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 19.

[22] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 19

[23] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 20.

[24] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 21

[25] La question européenne, Coudenhove-Kalergi, op.cit., págs. 29-35.

[26] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 22. Sólo unas líneas antes había escrito: ”El movimiento Paneuropeo, surgido de la I Guerra Mundial se había dividido tras la Segunda, en una cantidad de organizaciones, cada una de las cuales participó en la unificación de Europa”.

[27] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 22.

[28] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 23.

[29] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 23.

[30] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 25

[31] Coudenhove-Kalergi, op.cit., pág. 27