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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (12). La necesidad y la posibilidad de un mundo multipolar

a. Los años de hegemonía mundial de los EEUU: años de prosperidad para EEUU

La hegemonía mundial no es una ambición que tenga que ver con ninguna misión imperial, ni siquiera con la sensación de realizar un "destino histórico", sino simplemente una necesidad para la supervivencia de los EEUU. Dotado del capitalismo más dinámico y salvaje que pueda existir, su lógica interna exige un espacio cada vez más amplio para poder proyectar su economía, hasta que finalmente, en el límite, alcanza a todo el mundo (globalización). Y en este terreno no cabe una "segunda plaza": o se vence a todos los actores en liza y se impone el propio sistema a todo el mundo o se desaparece. La habilidad del neoconsevadurismo norteamericano consiste en haber sabido recubrir el liberalismo salvaje que constituye su médula, con apelaciones a la "América de siempre" (la del "destino manifiesto" y de la "doctrina Monroe", la de la "nueva frontera" y la de la "nación elegida por Dios") estableciendo un nexo místico entre el "pueblo elegido" del Antiguo Testamento y el "pueblo elegido" de la modernidad. Esta fuerte carga emotiva es lo que ha logrado que una parte del electorado aceptara unos planteamientos ultraliberales que machacaban a las clases medias y a los trabajadores.

Por otra parte, los extraordinarios niveles de endeudamiento del país, de las distintas administraciones y de las familias, hubiera sido inconcebible en otro país que no estuviera acompañado de un gigantesco poder militar y coercitivo. Entre 1989 y 2007, los EEUU se encontraban en la cúspide de su hegemonía: a pesar de que la producción industrial había caído en picado, a pesar de que la economía productiva se estaba deslocalizando aceleradamente y se había generado una financiarización de la misma, el dinero seguía afluyendo a las bolsas de los EEUU a un ritmo de 1.000 millones de dólares al día, procedente de los petrodólares, de algunos países de la UE, de Japón y, cada vez de manera más fluida, de la República Popular China.

Existen varias razones para justificar la existencia de este flujo de dinero continuado a las bolsas norteamericanas que empezó a finales de los 70 y se prolonga hasta hoy: de un lado, el poder militar y hegemónico garantizada que los  bonos de deuda pública norteamericana eran pagaderos y respaldados por el aparato burocrático-militar del país; eran, pues, bonos seguros. De otro lado, era la compra por los servicios de protección y seguridad (caso de los petrodólares que afluían a las bolsas USA para garantizar la persistencia del paraguas protector sobre las dinastías petroleras del golfo pérsico). En otros casos -como en Europa o Japón- el flujo de euros o de yens a las bolsas americanas tendía a reforzar la vinculación con EEUU. Finalmente, para la República Popular China, la inversión en bolsas norteamericanas suponía demostrar voluntad de coexistencia pacífica a la vista de que el país todavía no está en condiciones de competir por la hegemonía mundial. Dicho de otra manera: la prosperidad norteamerican
a se ha debido al flujo de dinero que ha llegado a sus bolsas, procedente de todo el mundo. En es se ha basado en los últimos 30 años la prosperidad de los EEUU.

b. La imposibilidad de prolongar el mundo unipolar


No es que la crisis económica esté vinculada a la imposibilidad de prolongar un ordenamiento unipolar del globo: es que la crisis económica ha acelerado el derrumbe del poder hegemónico de los EEUU y, por tanto ha hecho inevitable el tránsito hacia la multipolaridad. De todas formas se habría alcanzado la multipolaridad antes o después: mientras que los EEUU encuentran dificultades crecientes para alcanzar sus objetivos estratégicos, el resto de actores geopolíticos (salvo Europa…) siguen acumulando poder y, a pesar de que, Rusia y, especialmente, China, tienen problemas internos no tienen ni remotamente la intensidad de los que tiene planteados EEUU en los próximos años, el primero de todos, una moneda enferma que, en cualquier momento, puede caer y que, de hecho, caerá a medida que más países decidan realizar sus intercambios comerciales en euros o bien, como es la propuesta chino-soviética, en una moneda especial destinada a este fin.

La experiencia del ventenio de dominio exclusivo norteamericano ha demostrado tres cosas: que el mundo es demasiado grande como para poder ser dominado por una sola nación, que el mundo es demasiado diverso para ser penetrado por una sola cultura y que el mundo es demasiado complejo para poder ser gestionado por unos pocos.

El primer rastro de imposibilidad de prolongar la hegemonía mundial se pudo intuir con el fracaso del desembarco norteamericano en Mogadiscio, Somalia (en misión de paz de la ONU), debiendo reembarcar a las pocas semanas ante la virulencia inesperada de los combates con  las bandas locales. Menso de 10 años después esta sensación de impotencia militar se confirmó cuando el grueso del ejército norteamericano no estuvo en condiciones de vencer sobre el terreno a la insurgencia irakí y afgana. Poder militar decisivo, sí, pero para bombardeos estratégicos y lanzamiento de mísiles a cientos de kilómetros de distancia, no para ocupar y combatir sobre el terreno.

A esta incapacidad militar se fueron sumando anualmente las cifras de déficit público, las crisis que se sucedieron cada vez con más brevedad (tras caer las punto.com y los valores tecnológicos, se pensaba que se habían conjurado los riesgo de crisis bursátil por diez años, pero solamente ocho años después estallaba la crisis financiera internacional a partir de los EEUU).

Si hasta finales de los años 70, la inmensa mayoría de inmigración que había llegado a los EEUU era de origen europeo, a partir de ese momento aumentó desmesuradamente la llegada de "latinos" hasta el punto de constituir mayoría en algunas zonas del sur de los EEUU. Estos inmigrantes eran completamente diferentes (en raza, en valores, en religión, en ideales y en idioma) a los que habían llegado antes en toda la historia de los EEUU. A diferencia de los negros que perdieron todas sus señas de identidad cultural, los "latinos" las siguieron manteniendo. El aumento espectacular de su número hizo que no precisaran integrarse en la sociedad norteamericana: están en Norteamérica, pero no son Norteamérica. El país quedó formado a principios del milenio por media docena de comunidades étnicas separadas todas ellas por altos muros: barrios blancos, guetos negros, barrios hispanos, barrios coreanos, barrios vientamitas, barrios hindúes. Sociedad multiétnica, sí, pero también sociedad multirracista en la que cada comunidad se reconoce solamente en ella misma y en donde los recién llegados no tienen la sensación de pertenecer al país, sino de ser algo ajeno y distinto a él.

Y todo este cuadro se da en un sistema con bajas coberturas sociales y sanitarias, con un sistema penal excepcionalmente duro, con bolsas de pobreza y analfabetismo que tienen mucho más que ver con los países en vías de desarrollo que con el Primer Mundo y, con una permisividad extrema a la hora de comprar y portar armas. El combinado de rivalidades interétnicas latentes, de estado del bienestar poco desarrollado, crisis económica, resulta explosivo: ningún país con problemas internos sociales importantes puede aspirar a seguir siendo por mucho tiempo potencia hegemónica.

c. Cuatro patas de un Orden Mundial Multilateral

Lo más probable es que la implosión de los EEUU tenga lugar de manera violenta a raíz de una sucesión de revueltas étnicas que las fuerzas federales se vean impotentes para afrontar. Dichas revueltas pueden ser causadas por la carestía, por el empeoramiento de las condiciones de vida o, simplemente, como efectos de la crisis económica transformada ya en crisis étnico-social. En 2005, el gobierno federal logró reconducir la crisis causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans gracias a que se trató de un caso único localizado geográficamente, pero se evidenció a obsolescencia de las infraestructuras y las dificultades de los socorros y de las fuerzas de orden para desplegarse en apoyo de los damnificados. Esto indica que los EEUU no están en condiciones de reaccionar ni ante catástrofes naturales, ni siquiera localizadas, ni ante disturbios sociales si estos abarcan un cierto número de ciudades. En caso de crisis, según algunos analistas, es posible incluso, no solamente que los EEUU pierdan la posibilidad de ejercer cualquier tipo de proyección sobre el exterior, sino incluso que queden desgajados formándose distintos conjuntos: por una parte el sur de los EEUU con mayoría negra y latina, por otra parte, el centro de los EEUU, la América profunda, más afecta a los valores tradicionales y WASP, de otra parte, la costa Oeste y particularmente California que podría seguir siendo una potencia industrial sin ayuda del resto de la Unión. Desarticulados los abastecimientos y el aparato del Estado Federal la vida en ciudades como Nueva York se haría prácticamente imposible. Siempre que se produce una crisis de esta magnitud, el factor más espectacular es el estallido del país y la segregación de sus distintas partes (algo que ya ocurrió cuando la URSS entró en crisis o cuando el Imperio Austro-Húngaro fue disuelto en 1919).

Aunque este escenario dantesco -pero posible- no se realizara en todo su dramatismo y los EEUU consiguieran mantener intacta su estructura federal, no parece posible que lograran mantener en el futuro un rastro de poder hegemónico. Como máximo se preocuparían de controlar la zona del Caribe y poco más, incluso una crisis de liderazgo, por leve que fuera, serviría para avivar llamas de emancipación en zonas de Iberoamérica que hasta ahora han sido caldo de cultivo ideal para caudillos populistas. Lo único que justificaría la presencia de EEUU en la escena internacional serían los residuos de su poder armamentístico que todavía permanecería como elemento de coacción y eso, probablemente, les permitiría jugar un papel debilitado pero real en el hemisferio norte de América.

Las dos potencias hegemónicas de Eurasia seguirían siendo Rusia y China, seguida a distancia de la India, tras la resolución de su contencioso con Pakistán. En cuanto a Europa, la crisis de liderazgo y de proyecto que padece, así como el hecho de que durante 70 años se haya habituado a subcontratar su seguridad y protección, la mediocridad de su clase política en la que no están presentes estadistas dignos de tal nombre desde hace dos generaciones y en la que cualquier político no tiene más horizontes ni aspiración que lograr su reelección, parece poco probable que pueda jugar un papel decisivo en un mundo multipolar. Por lo demás, los problemas se acumulan en Europa que vivirá en la segunda década del milenio una sucesión ininterrumpida de conflictos étnico-sociales, diferenciados de los de los EEUU: en Europa, al estar protagonizados presumiblemente los incidentes por franjas de la inmigración islámica, revestirán los rasgos de "guerra de religión" que se superpondrá a la "guerra étnica" y a su contenido de revuelta social. La proximidad de Europa a los países del Magreb y la existencia en los Balcanes de Estados de confesión islámica, puede generar una corriente de simpatía y apoyo hacia el islamismo en estas zonas que verán en el debilitamiento de Europa una ocasión histórica para alcanzar ventajas. El problema de Europa es su dejadez a la hora de asumir su defensa, y su ingenuidad al creer que la "pax americana" en el continente duraría eternamente. De todas formas, la historia de Europa es la historia de crisis en lo más profundo de las cuales ha emergido el genio europeo que venció a los persas en Salamina e Himera, que los contuvo en las Termópilas, que liberó Palestina durante las cruzadas, que venció en Lepanto y que rechazó al islam cuando ya se encontraba a las puertas de Viena. El genio de Europa emerge en las situaciones difíciles y se reblandece en la paz. En cualquier caso, una sucesión de revueltas étnico-sociales contribuiría a desbordar a los Estados y a los partidos que durante años han hecho posible que camináramos de manera irresponsable hacia esa situación. De ahí que, en caso de sucederse una crisis de este tipo, se trate de una crisis liberadora: del parto doloroso de una nueva situación, que movilizará fuerzas vivas y sanas del continente. Allí donde los Estados no podrán hacer frente a las situaciones, minorías conscientes y decididas tomarán la iniciativa y al acabar el conflicto caliente tendrán en su mano una reordenación del mapa político europeo que, desde luego, nunca volverá a ser como antes del conflicto.

A partir de esa crisis liberadora y de la erradicación del cáncer que supone la clase política para los países europeos, será previsible que el viejo continente asuma de nuevo su papel de faro de la civilización y se configure como uno de los puntales de un nuevo orden multipolar, junto a la Rusia reconstituida y formando eje con ella y en coexistencia pacífica con China. Junto a estos tres puntales, en el continente americano son posibles dos escenarios: o bien una potencia local emerge (el eje Brasil-Chile) y ordena en torno suyo los territorios al sur de Rio Grande, o bien la ideología bolivariana abandona el populismo fácil y grosero en el que está anclada hoy y evoluciona hasta promover una federación similar a la Unión Europea. La gravedad de la crisis y la intensidad del desplome al que se pueden ver abocados los EEUU, seguramente les restará toda capacidad para actuar fuera de sus fronteras. Una eventual reconstrucción parcial del poder norteamericano solamente podrá hacerse en la costa Oeste a partir del potencial tecnológico e industrial de California y, con esa base, es posible que surja un nuevo poder regional. Pero esa nueva estructura parece difícil que pueda prolongar su influencia más allá del territorio de los actuales EEUU.

d. Principios de un mundo multipolar


1) La multipolaridad es una necesidad para el mundo: el futuro será multipolar o no será. La conveniencia de la multipolaridad se basa en que un cuerpo es mucho más estable si se sostiene sobre cuatro patas que si se sostiene solamente sobre una.

2) Los puntales del mundo multipolar solamente pueden ser naciones con amplios niveles tecnológicos, número de población suficiente, extensión territorial y con recursos naturales.

3) Los déficits de algunos de estos elementos deben inducir a las distintas potencias regionales a colaborar entre sí y la política internacional, a partir de ese momento, no puede ser sino un sistema equilibrado de pesos y contrapesos en el que ninguna potencia sea capaz de imponerse por sí misma a las demás y, por tanto, acepte una convivencia pacífica, con las demás.

4) Los puntales de un mundo multipolar solamente pueden ser Estados contra más homogéneos y coherentes, mejor. Solamente, homogeneidad y coherencia, permiten forjarse proyectos de futuro y tener la posibilidad de llevarlos a cabo.

5) Si se aspira a la estabilidad durante generaciones, los puntales de un Nuevo Orden Internacional deben ser agrupaciones de civilización, cada una de ellas suficientemente independiente y diferenciada de las demás, con una dinámica interna propia y renunciando voluntariamente a intervenir en los asuntos de terceros.

6) Dos zonas geopolíticas tienen un futuro particularmente incierto: África y el mundo islámico. Demasiado tribal la primera y demasiado extensa y desigual la segunda, parece difícil que puedan jugar un gran papel en el futuro: las diferencias entre sunnitas y chiístas, restan a Irán la posibilidad de ser el leadership del mundo árabe. Por su parte, la atomización africana la convierte en la gran aglomeración de Estados frustrados de toda la humanidad. El carácter tribal de las sociedades africanas imposibilita el que algún país alcance "masa crítica" y peso político-económico para reivindicar el papel de "potencia regional".

7) Las armas y la defensa son garantías de libertad e independencia. Quien renuncia a su propia defensa y a ser pacifico pero armado, alienta las tentaciones intervencionistas del Estado vecino. Un mundo multipolar es un mundo en guardia y en vela permanente, un mundo unipolar es un mundo subordinado a una sola superpotencia. Antes vigilante y en guardia que desarmado y dominado.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (11). El escenario más indeseable: guerra para salir de la crisis

a. El ejemplo histórico de cómo el capitalismo sale de las crisis: 1939-1942

En 1939 los EEUU todavía no habían salido de la Gran Depresión iniciada 10 años antes. Si lograron salir a partir de 1941 fue gracias al estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Hay que recordar que la guerra se inició a causa de un problema fronterizo entre Alemania y Polonia que provocó la desmesurada reacción inglesa, arrastrando a Francia, que se sentía amenazada mucho más por la actividad del Intelligence Service que por presión alemana. Con Francia e Inglaterra en guerra contra Alemania, el papel de los EEUU consistió simplemente en engrasar sus plantas de producción y empezar a vender armamento, tal como luego hicieron con la URSS. Finalmente, tras dos años de presión sobre el Japón para cortar sus suministros petroleros, consiguieron que el Imperio del Sol Naciente lanzara un ataque por sorpresa contra Pearl Harbour consiguiendo la excusa perfecta para que la opinión pública norteamericana admitiera la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial. Dado su situación geográfica, alejada de todos los escenarios bélicos, los EEUU permanecieron libres de las destrucciones de la guerra, consiguieron poner en marcha un gigantesco dispositivo industrial que precisó incluso de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y, no sólo eso, sino que al acabar el conflicto estuvieron en condiciones de financiar la reconstrucción de Europa mediante el Plan Marshall. En 1945, tras Hiroshima y Nagasaki nadie recordaba ya la crisis de 1929. Salir de la crisis de 1929 había costado "simplemente" más de 60.000.000 de muertos.

b. El "terrorismo internacional" como gran farsa para justificar guerras de agresión


De entre todas las ficciones y señuelos creados en los últimos 15 años, sin duda el fantasma del "terrorismo internacional" ha sido el más lacerante  (por que ha costado miles de vidas). El "terrorismo internacional" ha sido la coartada que han utilizado los EEUU para intervenir en cualquier lugar del planeta. Para ello les ha bastado simplemente acusar a tal país concreto de ser el refugio de presuntos terroristas. Sin embargo, nunca ha logrado demostrarse la relación causa-efecto y aún hoy resulta imposible vincular orgánicamente, con datos aceptables para cualquier corte de justicia, los atentados del 11-S, de Londres o del 11-M, con alguna red terrorista internacional. Siempre, antes o después, aparecen las dudas sobre las informaciones difundidas o sobre a quién ha organizado y ejecutado verdaderamente cualquier atentado.

En el subconsciente colectivo de las masas ha calado hondo la idea de que nuestras sociedades están amenazadas por el "terrorismo internacional". No es casual que haya sido el islam a quien se asocie la paternidad ideológica de estas presuntas redes. El islam contiene en sus textos sagrados y en sus actuales difusores, un potencial de violencia que difícilmente encontraríamos en religión alguna. El hecho de que existan acciones de la resistencia palestina o de las insurgencia afganas e iraquí, es presentado como muestras de la existencia de ese terrorismo, cuando en realidad son actos propios de un movimiento de resistencia que se expresa mediante la violencia contra el ocupante. En Irak haría falta explicar muchos atentados firmados por Al-Qaeda y que en realidad no eran sino masacres perpetradas con el único fin de desacreditar y aislar a la insurgencia.

La excusa del "terrorismo internacional" -que no resiste el más mínimo análisis y que todos los que tienen alguna idea remota de "inteligencia" y de cómo operan los servicios especiales, son perfectamente conscientes de que se trata de un fenómeno generado artificialmente- ha servido, no solamente para desplazar los marines a territorios remotos, justificar invasiones, sino también para vencer la resistencia al aislacionismo propia del pueblo norteamericano. Así mismo, se ha utilizado como justificación preventiva para labrar una red de alianzas regionales (como en la Franja del Shäel) que han reforzado el poder de los EEUU en zonas de interés estratégico (el Magreb, África subsahariana, Sudeste asiático, etc.). Lo más sorprendente es que, en la actualidad, cuando a cualquier gobierno le interesa adoptar una medida que lesione los intereses populares, coarte las libertades o simplemente golpee a opositores, no tiene nada más que acogerse a la excusa del terrorismo internacional para que sus medidas, por antidemocráticas que sean, reciban la aceptación de amplios sectores de la población.

Hay que recordar por enésima vez que ninguna investigación, ni ningún servicio de inteligencia, ni tribunal alguno, ha podido establecer que existe una organización mundial terrorista que mueva los hilos, programe las acciones y ordenes las masacres.

c. Los EEUU como instigador, proveedor de armas, pero inhibido en el conflicto

El gran riesgo del momento presente es que la administración Obama asuma el hecho de que los EEUU no están en condiciones de abordar nuevos conflictos exteriores (como la pretendida invasión de Irán propuesta por los neoconservadores para "acabar el trabajo" iniciado en Irak), pero sigan considerando que solamente un conflicto regional puede reavivar la economía internacional y aportar carburante para un proceso de recuperación económica.

Hay que tener en cuenta que, en las actuales circunstancias (con un exceso de deuda y una imposibilidad de alcanzar mayores niveles de endeudamiento por parte de las familias y de los países), solamente una traumatismo internacional estaría en condiciones de poner en marcha de nuevo las fábricas y generar movimiento económico, tanto por parte de la industria armamentística, como por parte de las empresas de automoción y aeronáuticas, como por lo que respecta a los fabricantes de componentes electrónicos. Así mismo, un conflicto generaría la posibilidad de reconstruir posteriormente las zonas devastadas, lo cual sería otro estímulo a la economía internacional. Desde este punto de vista, una guerra programada es mucho más rentable que una catástrofe natural, un maremoto o un terremoto. El mecanismo de la economía no precisa una catástrofe natural sino el poder contribuir a generar una catástrofe humanitaria: un terremoto resuelve solamente el 50% del conflicto, la reconstrucción, pero una guerra hace que los beneficios aumenten con la compra de armamentos y, posteriormente, con la necesaria reconstrucción de las zonas afectadas.

En las actuales circunstancias, los EEUU ya no pueden afrontar una nueva aventura exterior, pero si están todavía en condiciones de instigar un conflicto localizado en alguna parte del planeta. El consumo de armamentos, haría lo suficiente, sin que la administración Obama resultada manchada por el aislacionismo propio de la administración norteamericana y sin que se corriera el riesgo de aumentar el déficit de las cuentas. Por tanto, si en los próximos años, el mecanismo económico no se vuelve a poner en marcha mediante medidas convencionales, es seguro que los estrategas del capital optarán por desencadenar guerras localizadas entre potencias de segundo orden, con lo que lograrán destrucciones superiores a las de la II Guerra Mundial, sin el empleo de armas nucleares (que harían inviable durante unos años, a causa de la contaminación atómica, la reconstrucción de las zonas afectadas)

d. Escenarios posibles para un conflicto generalizado

Los escenarios para conflictos de este tipo no faltan: guerras entre las exrepúblicas soviéticas del Sur por cuestiones de control de las reservas petroleras, una larga, prolongada y destructiva guerra civil en el interior de Irak cuando se retiren los marines en 2010, un conflicto entre la India y Pakistán, conflictos entre países africanos fáciles de instigar a causa del tribalismo de aquellas sociedades, conflictos religiosos en Malasia y Nigeria, guerras localizadas contra cualquier país miembro del "eje del mal", fermentos de guerras civiles en los países andinos aprovechando la degradación progresiva de las condiciones sociales, reactivación más o menos ficticia de la conflictividad en el Caribe y en Centro-América, instigación de un guerra civil en China aprovechando la permeabilidad de la etnia uigur y tibetana a la propaganda norteamericana, y un largo etcétera de posibilidades que se ofrecen a estrategas inmisericordes preocupados por que la economía vuelva a funcionar aunque sea sobre la pira de millones de seres humanos.

Nunca se advertirá lo suficiente de esta posibilidad: la memoria histórica enseña que de las grandes crisis económicas solamente se sale mediante grandes guerras de destrucción masiva. Y esta vez no va a ser diferente. Seguramente, la única diferencia es que anteriores crisis habían cogido a los EEUU en una fase ascendente y aprovecharon la ocasión para multiplicar su influencia y su peso en la escena internacional, al mismo tiempo que, amparados en su aislamiento geográfico, se veían libres de las destrucciones. La situación actual es completamente diferente: los EEUU encuentran dificultades para rellenar las filas de su ejército y deben recurrir cada vez en mayor porcentaje a grupos étnicos que no tienen nada que ver con los WASP. El hecho de que debieran comprometer a la OTAN en las operaciones en un país como Afganistán es significativo de sus necesidades y carencias actuales. De la misma forma que, Roma en sus 1000 años de vida solamente mostró decadencia militar en los últimos 70 años (a causa de la selección al revés propia de toda guerra en donde siempre mueren los mejores), el ciclo norteamericano no ha llegado a la cuarta parte de duración antes de que se haya evidenciado la decadencia militar. De ahí que no haya que esperar tanto una intervención directa de los EEUU en un eventual conflicto generado artificialmente para poner en marcha la maquinaria económica, sino tan sólo a nivel de potencia instigadora y suministradora de equipos y materiales bélicos, sanitarios, alimentarios, logísticos, etc., a cualquiera de las dos partes o a ambas…

e. El "escudo antimisiles" como elemento de coacción para Rusia y Europa

La voluntad de los EEUU de poner en marcha un sistema de detección de misiles que garantice la destrucción de los vectores lanzados contra su territorio nacional, sería loable… de no ser porque no existe potencia interesada ni en condiciones de lanzar un misil nuclear de un extremo a otro del planeta: tanto Corea del Norte como Irán están a años luz de disponer de una tecnología capaz de realizar una acción ofensiva de este tipo. Es evidente que el escudo antinuclear, apunta contra el "enemigo principal": Rusia. De ahí que las dos baterías de misiles anti-misiles y la estación de radar que los completan han sido situadas en las fronteras entre Europa y Rusia, comprometiendo de esa manera a los europeos ante el país que debería ser su aliado natural.

Desde los años 60, los EEUU han mantenido la ambición de controlar el espacio exterior para garantizar su hegemonía mundial. Todas las iniciativas desarrolladas por la NASA desde el Programa Apolo iban encaminadas a este fin. Si la doctrina de la "disuasión nuclear" hacía imposible el estallido de un conflicto bélico, demasiado destructivo, el destino de la lucha por la hegemonía mundial se librería en el espacio exterior, demostrando una de las superpotencias es capaz de destruir en el aire, antes de que lleguen a sus objetivos, los vectores lanzados contra ella y, por tanto, estaría en condiciones de mantener toda su capacidad ofensiva, mientras el adversario resulta completamente neutralizado.

La llamada "guerra de las galaxias" a principios de los años 80, propugnada por Reagan como continuación de la militarización del espacio exterior, no pudo desarrollarse en aquellos momentos por limitaciones de tipo técnico que hoy han ido desapareciendo. Al mismo tiempo, el desplome de la URSS hizo innecesario seguir en esa dirección. Pero en la actualidad, a la vista de las dificultades de EEUU para reclutar tropas, en vistas a su escasa eficacia militar y a las exigencias de la sociedad norteamericana de una guerra "asimétrica" con cero bajas, el programa ha sido de nuevo recuperado en forma de "escudo anti-misiles".

Por otra parte, no puede olvidarse que las dos intenciones complementarias que justifican para EEUU la instalación del escudo anti-misiles en Europa son: de un lado el constituir un obstáculo para las relaciones entre Rusia y la UE, utilizando a dos países "receptivos" a los intereses de los EEUU (Polonia y Chequia) y dar un aliento a su industria armamentista, especialmente a la industria aeroespacial, que no ha podido participar de los beneficios generados por las guerras de Irak y Afganistán para las industrias de equipos terrestres, logística y municionamiento.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (10). Las líneas de ruptura del sistema

El actual ordenamiento mundial es inviable por tiene distintas líneas de fractura o límites de sostenibilidad. En la actualidad se están alcanzando todos estos límites comprometiendo el futuro del sistema mundial a corto plazo. Estas líneas de ruptura son:

a. Inviabilidad geopolítica: caída del americanismo

El período de hegemonía norteamericano está terminando. El globo es un planeta demasiado grande y diverso como para que una sola potencia pueda mantenerse por mucho tiempo como única potencia mundial. La dilatación de sus líneas de aprovisionamiento, la pesadez de su maquinaria militar y la multiplicidad de adversarios hace que una sola potencia mundial sea inviable. Con la caída de los EEUU muchos problemas que hasta ahora no han tenido solución se resolverán bruscamente: el problema de Oriente Medio que hasta ahora no ha podido ser resuelto porque el apoyo de los EEUU a la causa israelita daba a esta la ventaja sobre los ejércitos árabes, la renuncia de Europa a ejercer su independencia con el consiguiente distanciamiento de su aliado natural, Rusia, los movimientos anti norteamericanos en Iberoamérica cuya existencia y persistencia en el poder se debe al rechazo que EEUU registra en el subcontinente, la misma existencia de la globalización y del capitalismo salvaje, todo ello se mantiene sobre la existencia de un imperialismo geopolítico a escala universal que, una vez desaparecido, abrirá el camino hacia la resolución espontánea de todos estos conflictos. Las leyes de la geopolítica establecen que un imperio es tal cuando tiene en su centro a una nación "transoceánica" susceptible de ejercer su influencia en dos océanos, pero el análisis histórico desconoce la existencia de una nación que haya gobernado sobre cinco océanos. Esta pretensión no hace más que multiplicar adversarios, enemigos y alianzas interesadas e inestables que desaparecerán a la primera dificultad. Además, la primera ley de la estrategia reconoce la imposibilidad de luchar en dos frente al mismo tiempo. Por todo eso el poder hegemónico de los EEUU va prolongarse por muy poco tiempo y ya hoy está en la cuerda floja.

b. Inviabilidad económica: fin de la economía financiera por exceso de deuda

El capitalismo, aproximándose cada vez más a su límite de acumulación de capital, no genera ninguna alternativa, en la medida a que este límite coincide con el final de su ciclo vital. La actual crisis económica del sistema mundial, cuyo eje es el mundo anglosajón, coincide con la crisis geopolítica. Si el sistema globalizado está íntimamente ligado a las necesidades del capitalismo anglosajón, la crisis geopolítica de los EEUU imposibilitará estabilizar la economía mundial. Por otra parte, ese sistema económico ha demostrado en la actual crisis que es víctima de algo que era previsible desde su arranque: la rapacidad, el afán desmesurado de lucro y de acumulación de capital, el desprecio por la vida humana y las desigualdades abismales entre personas. Para mantener una tasa siempre  creciente de beneficios, primero fue preciso mantener unos altos índices de explotación y depauperación de las clases trabajadoras (segunda mitad del siglo XIX), posteriormente el capitalismo entendió que era preciso transformar a los proletarios en consumidores (fordismo de principios del siglo XX), más tarde, tras los "30 años gloriosos" (1945-75) fue necesario que para mantener esos beneficios los salarios fueran comprimiéndose progresivamente (aumentando el número de proletarios: a mayor demanda de trabajo y con una oferta menor, los niveles salariales disminuían) y para seguir manteniendo los beneficios se abrió la espita del crédito (que daba la sensación a las clases modestas de que tenían "poder adquisitivo", cuando no era más que poder para endeudarse). Este fenómeno se desarrolló también en los Estados que se endeudaron progresivamente y más allá de sus posibilidades de pago. Cuando se ha producido el primer ralentizamiento del mecanismo de producción-consumo-deuda, a partir de la crisis de las subprimes, el sistema ha descarrilado. Hoy agoniza víctima del exceso de deuda.

c. Inviabilidad política: una democracia transformada en plutocracia

En una ordenación normal de la sociedad la política es anterior y superior a la economía y, por tanto, las decisiones políticas deberán tomarse independientemente de los centros de poder económicos. Los teóricos liberales -que tenían a esta doctrina económica por infalible- excluyeron a la "economía" de su teoría sobre la independencia de los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial). La democracia era imposible mientras no se reconociera la existencia de otro poder, el económico, que tendía a situarse siempre por encima de los tres poderes del Estado y a condicionarlos. Ahora es preciso liberar a la política de la economía. A medida que ha ido aumentando la concentración de capital, el poder económico ha ido restando a la democracia su rasgo de "poder del pueblo", transformándose en el caldo de cultivo más adecuado para el juego de los poderes económicos. Las elecciones no son más que un mero espectáculo en los que solamente pueden situarse en la recta final como ganadores, los partidos, no que mejor encarnan los intereses de la población, sino los que mejor encarnan los intereses del capital. La democracia se transforma así el "plutocracia" (poder del dinero). Si esta transformación ocurre "por arriba" (mediante una mediatización del poder político por medio del poder económico y de un servilismo del primero hacia el segundo), "por abajo" la democracia degenera igualmente en la medida en que para participar en ella es preciso hacerlo a través de los partidos políticos mayoritarios (los únicos que tienen posibilidades de acceder al gobierno de las naciones). Con fines de estabilizar el sistema de partidos, las legislaciones les atribuyen una presencia asfixiante en la sociedad (en los consejos audiovisuales, en las cajas de ahorros, etc.) cerrando el paso a los cuerpos sociales intermedios (sociedad civil, con sus asociaciones, sus sindicatos, sus colegios profesionales, el mundo de la enseñanza, de la justicia, de las fuerzas armadas, de la familia, etc.). Los partidos políticos, no solamente rompen el cuerpo electoral en opciones enemigas, sino que, además, se erigen como únicos representantes de la sociedad. En realidad, los partidos políticos hoy no son más que fuerzas dirigidas por ambiciosos que no han encontrado acomodo en la empresa privada y que aspiran a alcanzar altos niveles de rentabilidad personal haciendo sus negocios a la sombra del poder. La democracia se ha transformado en "partidocracia".

Estos dos cánceres, plutocracia y partidocracia, han desnaturalizado completamente a la representación democrática generando tres fenómenos profundos: un aumento de los niveles de abstencionismo e inhibición de la política por parte de sectores cada vez más amplios de población, un divorcio entre la clase política y la población (entre el país "oficial" y el país "real") y una desconfianza cada vez más extendida hacia todo lo que representa "partido". Mientras la situación económica era aceptable, esta protesta quedaba como propiedad de grupos marginales y agoreros, pero a medida que la crisis económica y la depresión subsiguiente, vayan profundizando, la protesta popular va a ir encaminada contra los "gestores de la crisis" incapaces de sacarnos de ella. La crisis económica, generará una crisis social que, en el último estadio, provocará una crisis política, cuestionando las bases del actual sistema de participación: la "plutocracia partidocrática" se hará entonces inviable.

d. Inviabilidad ecológica: "decrecimiento" frente a "desarrollo sostenible"


El capitalismo se basa en la explotación de los recursos naturales y en su conversión en bienes de consumo. La actividad depredadora de la naturaleza ha podido abordarse desde el inicio del capitalismo, sin que la vida en la tierra se haya visto excesivamente alterada; sin embargo, en este terreno se ha generado un proceso acumulativo similar al que se produce en el hígado de un alcohólico, el cual inicialmente no nota los efectos de la acumulación de alcohol en su hígado, pero que se van acumulando hasta destrozarlo. Los 150 años de explotación sistemática y cada vez más acelerada de los recursos naturales, ha ido acumulando detritus, residuos industriales, polución en las capas altas de la naturaleza, deforestación, y, en una palabra: alteración del equilibrio ecológico del planeta. Esto ha generado una marcha hacia el caos ecológico que cada vez se aborda a mayor velocidad.

A partir de la Conferencia de Río, la línea de la globalización mantenida por los EEUU y los grandes consorcios financieros e industriales, llega a un punto de acuerdo con la línea humanitarista y con los alterglobalizadores, lanzando el concepto de "desarrollo sostenible". La peligrosidad de este concepto deriva de que parece aureola de "prudencia" y "comprensión" hacia los problemas del medio ambiente y reconoce implícitamente los riesgos de explotar la naturaleza de manera "insostenible". De hecho, este concepto no suponía nada más que un intento de diversión, inviable desde el punto de vista de la racionalidad: el concepto de "desarrollo sostenible" implica que una voluntad aparentemente "moderada", pero constante: no habrá nada que detenga el desarrollo, éste será "sostenible" pero ilimitado. Este concepto choca pues con la realidad de un planeta de posibilidades y recursos limitados, más allá de los cuales se entra en el caos. El sistema no puede evolucionar de manera "ilimitada" porque, más allá de determinados umbrales se hace inviable: puede haber petróleo o uranio para treinta años, durante los cuales el sistema dispondrá de energía (si bien esta resultará cada vez más cara a medida que se vaya agotando), pero acabado estos recursos, la naturaleza tarda millones de años en renovarlos…

Por lo  tanto, mientras no se reconozca la dramática realidad (la imposibilidad de un "desarrollo sostenible"), seguirá el camino hacia el abismo. La alternativa es el "decrecimiento" esto es, la renuncia voluntaria a los actuales niveles de consumo y depredación de la naturaleza, a cambio de una perspectiva de "viabilidad". Y este estadio jamás podrá alcanzarse dentro del actual sistema político-económico. Para asumirlo será posible asistir a grandes convulsiones económicas, a gigantescos cambios políticos y a un cambio en las correlaciones de fuerzas a escala geopolítica.

e. Inviabilidad social: el capitalismo senil extrema las desigualdades

Mientras el capitalismo ha asegurado el progreso en amplias zonas del planeta, ha sido prácticamente incuestionable, especialmente cuando el fordismo se planteó convertir a los proletarios en consumidores, mejorando su nivel de vida. Pero esto ocasionó unos aumentos extraordinarios en la producción y llevó directamente a la depredación de los recursos naturales. La pirámide social tendió a convertirse en una extraña figura geométrica con una cúspide extremadamente alta y reducida, distancia a cada vez más distancia de una base extraordinariamente amplia (como un triángulo isósceles con los dos lados iguales convexos). Ninguna estructura social es viable cuando existe tanta distancia y tanda desigualdad entre los que poseen todo y deciden todo y los que solamente poseen deuda y no tienen ninguna esperanza más que la de seguir endeudados o embargados.

Este modelo social hipertrófico de las diferencias entre una exigua minoría y una mayoría abrumadora, es el signo de una estructura senil inviable a corto plazo, especialmente en momentos de crisis económica e incapacidad de la clase política para aplicar otra medida que no sea el utilizar los recursos públicos (esto es, los recursos de "los más"), para salir en auxilio de los intereses de "los menos". Pero en el marco de una plutocracia partidocrática no podía esperarse otra cosa: el dinero de la sociedad es desviado por la clase política hacia aquellos, precisamente, que han sido responsables de la crisis, aumentando de esta forma, todavía más, el abismo entre unos y otros.

Esta situación es propia de todo período pre-revolucionario: cuando los que "poseen" realizan demostraciones frívolas y prepotentes de su riqueza, excitando el resentimiento y el odio de quienes no poseen nada. Así ocurrió en el período previo a la revolución francesa y así está ocurriendo en la actualidad. El estallido histórico es generado, por una crisis económica, que se superpone a una ausencia de legitimidad, pero no por rechazo consciente y teórico sobre los elementos que generan la crisis, sino por rechazo visceral hacia el exhibicionismo frívolo de la élite económica.

f. Inviabilidad energética: se acabó el petróleo barato

El sistema capitalista mundial está sometido a ciclos económicos pero su crecimiento deriva del crecimiento energético. Los beneficios del capital, se reinvierten para que se transformen en fuente de nuevas rentas. Si este proceso se detiene, el valor del capital se estanca primero y luego disminuye. Pero este proceso se mantiene porque en los últimos 150 años siempre ha aumentado el flujo de energía a las fábricas. Si este se estanca o disminuye, los beneficios del capital disminuyen inmediatamente. De ahí que para mantener el actual sistema económico mundial sean precisos niveles cada vez mayores de producción de energía.

Hasta 1973 no hubo problema: se empezó utilizando el carbón y la energía hidráulica, más tarde los sistemas energéticos derivados del petróleo o del gas, finalmente la energía nuclear. La primera crisis del petróleo (1973) demostró la fragilidad de este sistema. Más adelante, el establecimiento del "Pico de Hubert" sobre el punto óptimo de extracción de crudo en relación a las necesidades del consumo, fue una segunda señal de alarma. Sabemos que habrá petróleo para no más de 30 años. Probablemente, menos. La energía de fusión nuclear, la única que podría sustituir ventajosamente al petróleo, es todavía una duda científica. Se ignora, simplemente, si podrá algún día ser dominada y aplicada.

Si tenemos en cuenta que el sistema globalizado se creó de espaldas a la teoría sobre el "Pico de Hubert", entenderemos la irresponsabilidad de quienes diseñaron un sistema mundializado en el que grandes buques de carga, aviones de bodegas gigantescas y trenes de alta velocidad, recorrieran el planeta transportando mercancías a cadenas de suministros cada vez más dilatadas y distantes. La globalización, en definitiva, no solamente ha hecho que amentaran las emisiones de CO2 a la naturaleza, sino que, ha generado la deslocalización industrial en un momento en el que se vivía aún la "era del petróleo barato"… pero la globalización solamente es viable con una aportación extraordinaria de carburantes que posibiliten el traslado de mercancías. Y el petróleo se agota. Este problema permite comprender la inviabilidad energética del actual sistema globalizado.

g. Inviabilidad alimentaria: del exceso de transgénicos a la escasez del agua


La vida humana en la tierra se sustenta sobre dos elementos que la hacen viable: alimentos y agua. A partir de 1943 se desarrolló la llamada "revolución verde" basada en la selección genética, los monocultivos y la utilización masiva de fungicidas, pesticidas, herbicidas y fertilizantes. En su segunda fase (a partir de los años 90) se utilizó la ingeniería genética para crear nuevas variedades (los "transgénicos"). Hacia 1965, la "revolución verde" se había extendido a amplias zonas del Tercer Mundo, mejorando la producción de alimentos y resolviendo el abastecimiento de arroz y maíz en Asia. El rendimiento de los campos se multiplicó por cuatro o, incluso, por cinco. Hasta 1995 todo esto no era cuestionado y se convenía en aceptar que había resuelto buena parte del problema del hambre en el planeta.

Sin embargo, en la segunda mitad de los 90 empezó a evidenciarse que el aumento desmesurado de la producción estaba generando problemas inicialmente no complados: las semillas -hasta ese momento obtenidas gratuitamente por los campesinos de sus propias cosechas- se encarecieron extraordinariamente, aparecieron nuevas plagas, se multiplicaron los problemas en el almacenamiento, era preciso adquirir útiles de cultivo costoso para poder optimizar las cosechas (y, por tanto, el campesino debía endeudarse), desaparecieron miles de variedades locales mucho mejor adaptadas y se cambiaron los hábitos alimentarios de las poblaciones. Todo esto llegó a su clímax cuando empezaron a comercializarse las semillas transgénicas que precisaban de fertilizantes específicos y de las que se decía que eran inmunes a las plagas. Casi veinte años después de la aparición de los primeros transgénicos, todo esto se ha demostrado como un verdadero fiasco: su productividad por hectárea es similar a la de las semillas habituales; terminan precisando más fertilizantes e insecticidas; su aspecto exterior parece más agradable a la vista, pero sus cualidades nutricionales están reducidas; en algunas variedades sus ciclos de crecimiento son ligeramente menores, a costa de retener agua y, por tanto, de alterar su sabor tradicional. Por lo demás, a medio plazo se ignora el efecto que pudieran tener sobre la salud en una generación.

A todo esto se añade el problema de los aditivos, la mala utilización de los pesticidas (en muchas ocasiones sin tenerse en cuenta los plazos de seguridad recomendados por los fabricantes), los problemas que han surgido con los embases (algunos de los cuales se ha demostrado que eran responsables de la disminución en el número de espermatozoides de los consumidores). Los mismos cultivadores, sometidos a los efectos más inmediatos de los pesticidas, vermicidas y fungicidas, son quienes experimentan más directamente sus efectos: a pesar de la aparente vida sana que supone trabajar en la naturaleza, los campesinos son quienes muestran mayores tasas de cánceres y de infertilidad. Si en las últimas décadas han aumentado los tumores se debe, en gran medida, a los residuos químicos anidados en los alimentos.

La escasez creciente de agua complica todavía más el problema. El agua se ha convertido en un elemento estratégico de primera magnitud, casi como el petróleo: éste mueve a las máquinas, pero el agua mueve al ser humano y nutre los cultivos que alimentan a las poblaciones. No es raro que buena parte de las crisis mundiales tengan lugar a causa del control del agua (Palestina y el Kurdistán, por ejemplo). El cambio climático hace que todo este problema aumente aún más: el deshielo del agua dulce contenido en los Polos hace que las corrientes marítimas queden alteradas y, por tanto, el clima tienda a modificarse, amén del aumento del nivel de las aguas marinas que puede forzar al abandono de amplios territorios situados al nivel del mar.

La "revolución verde" logró engañar durante más de 50 años a los observadores que la tuvieron como un gran avance y lo mismo puede decirse de los transgénicos. Pero, a la larga, se han demostrado como factores esenciales para el caos alimentarios del planeta y, sin duda, uno de los factores más desequilibrantes del actual sistema mundial. La deslocalización alimentaria de la humanidad y el envío de alimentos de un lugar a otros del planeta, puede ser fatal en caso de estallido de alguna pandemia que obligue al cierre de fronteras y a la interrupción el comercio mundial, especialmente para las zonas del globo que, como Europa, son cada vez más dependientes de los alimentos llegados del exterior. Frente a la deslocalización mundial alimentaria es preciso tender cada vez más a criterios de proximidad alimentaria: cada comunidad debe alimentarse de aquello que es capaz de producir. Así ha sido durante milenios, existiendo una amplia estabilidad. Han bastado, sin embargo, 20 años de globalización, 70 de "revolución verde" y 20 de "transgénicos" para que el sistema alimentario mundial entre en crisis.

h. Inviabilidad social: las convulsiones sociales que vendrán

La globalización ha generado movimientos ingentes de población de sur a norte y de este a oeste. Se ha excedido con mucho la capacidad de asimilación e integración de los países receptores y, así mismo, ha crecido extraordinariamente las más de la misma identidad, deseosas de mantenerla, encastradas en otras comunidades y que ya no precisan la integración en el país receptor por que su comunidad-gueto la hace innecesarias. Se crean así islotes identitarios en el seno de otros países que antes o después reivindicarán derechos propios: es normal, mantener la identidad lleva necesariamente a reivindicar territorialidad y, llegado a este punto, el paso siguiente, es reivindicar soberanía. De ahí que más allá de un 5% de concentración de la inmigración en una zona determinada, genere inmediatamente fenómenos de "gentrificación" (cambio de los habitantes de una zona por otros, recién llegados, con aparición de guetos) y altere los rasgos y los comportamientos de las comunidades.

Para colmo, se están produciendo fenómenos sociales de los que cada vez existen señales más alarmantes: el hecho de que los piratas somalíes puedan operar casi con entera libertad en zonas próximas al Cuerno de África, el hecho de que la UE haya permitido la fundación del Estado mafioso de Kósovo, dirigido por una banda de gánster y delincuentes, el hecho de que las redes mafiosas y los cárteles de la droga, cada vez extiendan más su área de influencia por el país, el que cada vez resulten más evidentes las vinculaciones entre el poder político y el poder mafioso, la desaparición de toda norma ética y moral entre la clase política, unido a una profunda y cada vez más visible "barbarización" de la sociedad (cada vez más violencia y cada vez más gratuita: en las calles, en las escuelas, en el propio hogar, el hecho de que la vida no valga absolutamente nada en algunas zonas del planeta, la inseguridad ciudadana, el aumento casi asindótico de los presos y, por tanto, el aumento en la comisión de delitos y faltas), todo ello aumenta, mientras que, paralelamente, va disminuyendo la influencia de los factores tradicionales que hasta ahora han ido garantizando la estabilidad y la subsistencia de una sociedad organizada: la familia (con aumentos insoportables en el número de divorcios, la elevación de la edad en la que el joven se emancipa y monta su familia, las familias monoparentales), la procreación (la gestación y educación de los hijos, la transmisión de los valores de un pueblo a la generación siguiente), los cuerpos intermedios de la sociedad (distintos niveles orgánicos de la sociedad, corporaciones, gremios).

A todo esto se unen los criterios deletéreos de "mestizaje" y "multiculturalidad" que en realidad implican pérdida del nivel cultural de un pueblo, creación de híbridos culturales de muy escasa calidad en función de los cuales son "educados" (más bien habría que decir, "deformados") los jóvenes y una relajación general de las costumbres. La caída del nivel cultural que se ha operado asindóticamente desde principios del siglo XX y que ha tomado el carácter de una carrera desenfrenada en los últimos 25 años, con la aparición de la "telebasura", pero también con la universalización de productos infraculturales en todos los dominios del ocio, hacen que esta sociedad carezca de fundamentos sólidos y pueda desplomarse en cualquier momento y ante la primera dificultad insuperable.

El cuadro final es de una sociedad que está situada social y culturalmente al borde de la inviabilidad y a punto de dar el paso final hacia el abismo. Hasta ahora, las sociedades han reaccionado ante las crisis que se han entrado a su paso, estimulando a sus mejores elementos para realizar trabajos titánicos de enderezamiento que se anclaban en las tradiciones culturales de los pueblos. Pero la globalización y las concepciones multiculturalistas han arruinado todos los elementos sobre los que podían apoyarse las reacciones hasta el punto de que resulta legítimo preguntarse si en la actualidad existe una masa crítica, una élite cultural, capaz de superar la marcha hacia la decadencia de toda la sociedad.

Hay que contemplar, así mismo, la perspectiva de que la crisis económica, termine acelerando el proceso de desintegración social.  En este sentido, la crisis y la depresión, actuarían a modo de electroshock susceptible de desarticular completamente las prácticas y los criterios sociales erróneos y enfermizos de las últimas décadas, en la esperanza de que después, la sociedad volvería a enlazar orgánicamente y reconstruir una unidad coherente y "normal", lo que equivale a decir que el nacimiento de un nuevo marco social y cultural, como todo nacimiento solamente se podrá realizar tras haber sufrido los dolores del parto.

Notas para entender el siglo (I de V) PERSPECTIVA INTERNACIONAL (9). Las corrientes ideológicas de la globalización

a. Globalización económica y globalización ideológica

Es frecuente cometer un error en el análisis y ver a la globalización como un todo homogéneo que tiende hacia el mismo objetivo. Ante la globalización existen cuatro posturas posibles:

- Los que sostienen la necesidad de una globalización por motivos económicos, tratándose siempre de instancias financieras y de consorcios multinacionales que precisan abaratar costes y optimizar rendimientos del capital.

- Los que sostienen que la “humanidad” es un todo y que, por tanto, hay que caminar hacia una unificación: un solo gobierno, una sola religión, un solo estilo de vida, y tender finalmente al mestizaje étnico y cultural con el objetivo de acceder a un estado multicultural que genere una sola cultura mundial.

- Los que se oponen desde distintas actitudes a la globalización, proponiendo “otra globalización” que recogería elementos de las otras dos corrientes: para “controlar” los efectos deletéreos del flujo internacional de capitales, bastaría, según ellos, instaurar una “penalización” (la Tasa Tobin) a la circulación de flujos económicos de un país a otro. Así mismo, aun sin llegar a los extremos del sector “humanitarista” de la globalización (segunda posición), asumen un internacionalismo que no es sino el último reducto de la antigua militancia marxista que todos ellos compartieron.

La primera corriente defiende la necesidad de la globalización por razones económicas (más bien por mitos económicos) y sirve a los intereses de los grandes consorcios multinacionales y de los centros de poder financiero. La segunda corriente, iluminista es de carácter ideológico y utópica y puede ser definida como un mero “humanitarismo”, tan ingenuo como deletéreo. La tercera corriente, por su parte, es una síntesis posibilista de las otras dos con fuerte influencia ideológica del marxismo de otros tiempos, reconvertido y tamizado a la luz del ecologismo y de otros mitos contemporáneos.

b. De la UNESCO a Bildelberg y vicecersa

Hay que ser más precisos. No basta con señalar las tres corrientes ideológicas por las que discurre la globalización. Hay que señalar con el dedo y describir más exactamente a los actores responsables de haber diseñado estos esquemas.

La primera corriente fue promovida por los descendientes de los financieros y magnates que vienen dominando la economía mundial en los últimos 200 años. Estas élites económicas se organizaron desde principios del siglo XX en “círculos influencia” que no “tenían poder político” pero que eran el verdadero poder. Cristalizaron en el Consejo de Relaciones Exteriores de los EEUU, sin duda, el organismo privado más influente, saltando al otro lado del Atlántico y constituyendo el Instituto de Estudios Internacionales, matriz británica de la misma área de influencia económica. Estos círculos estaban inicialmente informados por las ideas “fabianas” (corriente del laborismo británico que proponía una mejora progresiva de las condiciones de vida de la población con vistas a convertirla en consumidores y aumentar, por tanto, los beneficios de la gran industria) difundidas por la London Economic School. Anteriormente, en los EEUU, las dinastías económicas habían constituido una serie de “corporaciones estudiantiles” y logias destinadas a forjar el carácter de sus hijos y, así, perpetuar su influencia. La existencia de la más influyente de estas corporaciones se supo a finales del siglo XX, a pesar de haber sido fundada a mediados del XIX. Se trataba de Skull and Bones constituida en el Campus de Yale que ha aportado generaciones funcionarios a los servicios secretos norteamericanos y a las redes financieras, convirtiéndose en una de las mallas más exclusivas del poder mundial. Así mismo, después de la Segunda Guerra Mundial se constituyeron otros dos “círculos concéntricos”: el Club de Bildelberg y la Comisión Trilateral ideada por Zbigniew Brzezinsky, presentados como foros de análisis de los acontecimientos mundiales, cuando en realidad son justamente los foros en los que se preparan esos mismos acontecimientos.

La marcha de la concentración de capital en los años 60-90, facilitó el camino a la globalización, pero éste jamás habría sido recorrido, de no ser por ideólogos, políticos y economistas que establecieron la naturaleza y los tiempos de los jalones a recorrer. A partir de los años 50 se hizo evidente que no basta ostentar solamente el poder económico y, por tanto considerar al poder político como un instrumento en manos de los gestores del capital, sino que era preciso también controlar el poder mediático e incluso el tiempo de ocio en lo que cínicamente, Brzezinsky llamó “entetanimiento”: la ciencia de mantener dormidas y en un lavado de cerebro permanente a las poblaciones, ajenas a la acción de quienes tejen los hijos de su destino.

La otra línea de la globalización, la “humanitarista” también es fácilmente identificable con nombre y apellidos. Emergió a finales del siglo XIX en los laboratorios ideológicos anglosajones en los que interfirieron fenómenos muy diversos: los restos del socialismo utópico, el ocultismo de matriz teosófica, los “progresistas” que consideraban que el avance de las ciencias resolvería cualquier problema de futuro, las corrientes filosóficas positivistas y masonerías disidentes del tronco central y tradicional de la Orden. Estas primeras corrientes se plasmaron en los eventos “mundialistas” que empezaron a ser frecuentes en el último cuarto del siglo XIX: Exposiciones Internacionales, eventos mundiales, posteriormente, la rehabilitación de los Juegos Olímpicos, los Foros Mundiales de la Religión, etc. Hacia principios de los años 20 estaba muy extendida la idea de una “nueva religión mundial” o de un “idioma universal” (el esperanto) que sustituiría a la multiplicidad existente hasta ese momento. Tales ideas, después de sucesivos retoques y revisiones, plasmó a causa de los acontecimientos históricos generados en gran medida por el capital mundial (la necesidad de una guerra para salir del bache económico generado por la crisis de 1929), en la formación de las Organización de las Naciones Unidas y, posteriormente en varias agencias especializadas, en particular, la UNESCO. Estas entidades internacionales disponen de funcionarios de plantilla que tienen la capacidad de actuar al margen de las directrices emanadas de los gobiernos de los países a los que pertenecen. Por ese resquicio se filtraron los ideales “humanitaristas” que sostenían todos los secretarios generales de las NNUU, desde Trigve Lye a Ban-ki-Moon y todos los directores generales de UNESCO desde Julien Huxly hasta Koichiro Matsura. La acción de este sector se plasmó en la redacción de una serie de “cartas internacionales”, la más conocida de las cuales es la de Derechos Humanos. A pesar de no disponer del peso específico de los gobiernos que forman parte de estos organismos internacionales, lo que sí han hecho ha sido promover un tejido internacional de asociaciones y ONGs, financiadas con cargo al presupuesto de estos organismos y que difunden la doctrina “humanitarista” por todo el mundo.

Cuando se produjo la caída del Muro de Berlín y se hizo evidente que se caminaba hacia un Nuevo Orden Mundial, ambas líneas de la globalización parecieron converger. Pero a partir de la cumbre de Río se evidencias conflictos e incompatibilidades: el impulso que anima a la primera línea globalizadora no es el deseo de un “mundo unificado y más justo”, sino el de un “mercado mundial que permita obtener mayores beneficios”, propulsado especialmente desde los centros de poder financiero y económico del mundo anglosajón. A partir de 1999, se evidenció radicalmente la ruptura entre ambas líneas. La llamada “batalla de Seatle” evidenció el frente común formado entre los partidarios de la “otra globalización” y la legión de ONGs impulsada desde los ambientes de UNESCO y NNUU. Las propias declaraciones del entonces director de UNESCO, Mayor Zaragoza, evidenciaron netamente que la luna de miel entre ambos sectores de la globalización se había interrumpido y se asistía a un tira y afloja que todavía dura hoy.

c. La “otra globalización”

En 2001 tuvo lugar el primer Foro Social Mundial, reunión anual de organizaciones que llaman a “otra globalización”. En esa primera ocasión, la convocatoria fue realizada por el Grupo ATTAC (partidario de la Tasa Tobin) y en buena medida promovido por la izquierda progresista disidente europea, así como por el Partido de los Trabajadores de Brasil. Aquel primer foro tuvo lugar en Portoalegre y desde entonces se ha ido  convocando anualmente bajo la consigna de “Otro mundo es posible”. Este sector es un pastiche de sindicalistas, ONGs, comunistas, ecologistas, proteccionistas, anarquistas, cristianos de base, pacifistas, feministas, con presencia de muchos partidos de izquierda, así como con el apoyo de la línea “humanitarista”, que ya desde mucho antes trabajaba en distintas ONGs y asociaciones internaciones especializadas. Susan George explicó que no se trataba un movimiento “antiglobalización”, sino que “en realidad, entre los que queremos una globalización inclusiva, basada en la cooperación y la seguridad, y aquellos que quieren que todas las decisiones las tome el mercado”. En realidad, exceptuando las tendencias hacia formas utópicas de organización y unificación mundial que todavía están presentes en NNUU y, especialmente, en la UNESCO, puede decirse que ambos sectores son complementarios y actúan al unísono.

Es importante destacar dos elementos: que este sector coloca el énfasis de manera obsesiva en la “libre circulación de personas” por todo el mundo, manifestándose como el primer “lobby inmigracionista” y, en segundo lugar, que de este sector con ósmosis entre los ideales propagados por UNESCO y el “altermundialismo” se sitúa el extraño enfoque ideológico de José Luís Rodríguez Zapatero y de nueva parte de sus ministras y funcionarias de cuota (de ahí, entre otras lindezas, la exótica insistencia de gente como Leyre Pajín en aludir a “acontecimientos cósmicos”).
d. Contra cualquier forma de globalización: identidad

La globalización es una tendencia absolutamente rechazable en cualquiera de sus acepciones la medida en que:

1) Prioriza los intereses de las élites económicas anteponiéndolos a los intereses de los pueblos.

2) Los desequilibrios regionales hacen imposible una “unificación del mundo”, siendo éste ideal utópico la fuente de buena parte de los conflictos que afectan hoy a la humanidad, especialmente la deslocalización industrial y los movimientos masivos de población.

3) Todas las formas de globalización sostienen que la “humanidad” es un todo… pero, la “humanidad” no es nada, sino un concepto teórico y, por tanto, utilizado solamente para analizar determinadas categorías intelectuales. Lo que existen son los “pueblos”, esto es las comunidades organizadas en función de vínculos históricos, genéticos, políticos y culturales.

4) En tanto que “pueblos” cada uno de ellos tiene sus “señas de identidad”, es decir, lo que les define que es, al mismo tiempo, aquellas formas con las que se sienten más a gusto y que hunden sus raíces en el pasado. Por tanto, todo lo que es “identitario” tiene que ver con las raíces y con el entronque de una persona concreta con lo que ha sido a lo largo de las generaciones “su pueblo” y “su comunidad”. Nunca ha existido “la humanidad” más allá de cómo especie biológica.

e. De la globalización a los “espacios integrados”

La actual crisis económica es, como hemos dicho, la crisis de la globalización. Si la justeza de un sistema político o económico se mide por sus resultados y se revalida por su puesta en práctica, hay que reconocer que la globalización es, sin duda, el sistema que peor ha funcionado y  cuyo fracaso se ha evidenciado antes. Son los riesgos de aplicar construcciones teóricas que encubren objetivos de lucro económico y saqueo de los pueblos. Si la globalización económica supone solamente una optimización máxima de los beneficios del capital, la globalización humanitarista supone el empobrecimiento cultural de los pueblos al borrar sus rasgos de identidad y subordinarlos a un mestizaje universal situado siempre muy por debajo del nivel de la cultura a la que pertenecemos.

La alternativa a la globalización económica, no es una ingenua y simple tasa como pretenden los altermundialistas, sino la división de la economía en zonas “integradas”. Entendemos por este concepto: zonas autosuficientes que siguen sus propios ritmos económicos y que actúan en función de sus posibilidades, cerrados el máximo posible, a otras zonas. Resulta absurdo traer corderos de Nueva Zelanda cuando aquí se pueden criar, es incomprensible que gobiernos como el español o el inglés, que podrían ser autosuficientes en materia lácteo, importen leche del extranjero. El principio de autonomía alimentaria y de proximidad industrial debe ser la norma para la definición de los espacio de economía integrada.

Nuestro espacio económico es el bloque euro-ruso que podría perfectamente emanciparse de ese cáncer de la economía mundial que es el sistema financiero anglosajón y ser autosuficiente en materia industrial, en investigación, en energía y el cultura, a la vista de que ese amplio espacio tiene como origen a los pueblos indo-europeos que civilizaron desde Moscú a Finisterre y desde Atenas a Islandia, pueblos absolutamente diferenciados en su trayectoria histórica, en sus realizaciones culturales, de cualquier otro pueblo y, sin embargo, tan similares entre sí.

El concepto de “espacios integrados”, con sus traslaciones culturales, económicas y políticas es el concepto que sustituirá ventajosamente al mito imposible de la globalización.

Carta abierta a los militantes de DN y a los exDN

El proceso unitario emprendido por tres organizaciones de nuestra área política se ha iniciado en un clima de colaboración y voluntad de entendimiento, lo cual no es poco para partidos que desde hace cinco años apenas habían mantenido contactos.  Se trata, de tres organizaciones que enfatizan el tema de la "prioridad nacional" en lo que se ha dado en llamar el "área anti-inmigración". Es evidente que no están todos los que son… pero vale la pena también preguntarse por qué una de las siglas, Democracia Nacional, no está presente en ese proceso.

En las últimas reuniones que tuvieron lugar en 2005 de la llamada Mesa de Coordinación, DN, en cambio, sí estuvo presente. Sin embargo, en esta ocasión se ha juzgado que era imposible e inadecuado invitarla. El motivo es muy simple: en las dos últimas convocatorias electorales, la dirección de DN ha demostrado su mala fe ordenando a sus militantes que taparan sistemáticamente los carteles de cualquier otro partido que defendiera la "prioridad nacional". DN ha usado y abusado de esta táctica de manera injustificada y reiterada. Ahora le toca a su dirección asumir las responsabilidades de sus actos y afrontar un aislamiento que les va a ser muy difícil de superar.

Sin embargo, DN en su momento representó un intento de renovación de nuestro ambiente político: las tesis que dieron vida a DN todavía hoy siguen siendo válidas. Su análisis sobre la mundialización figura entre las mejores aportaciones ideológicas que se han producido desde la transición, su tesis sobre la "autonomía histórica" contribuyó a redefinir los contornos de un ambiente político, también, hacia 2003 fue el primer partido que estuvo en condiciones de enunciar una serie de medidas tendentes a resolver el problema de la inmigración. Inútil decir que quienes elaboraron todo este arsenal de documentos, en la actualidad se encuentran fuera de DN (a decir verdad, dentro de DN solamente queda uno de los fundadores del partido: uno solo de los 900 miembros que contó el partido en el momento de su fundación y que hoy están reducidos a menos de la tercera parte).

Desde el año 1999, DN ha ido segregando distintas promociones de dirigentes y militantes de tal manera que seguramente en la actualidad existen más ex militantes de DN que militantes en activo. Por otra parte, los principios que dieron vida a DN parecen haberse difuminado dentro del partido. Las delegaciones nacen, crecen y mueren a velocidad vertiginosa. De hecho, salvo un par de delegaciones (Burgos y Asturias) el resto está formado por grupos inestables de poca entidad, incluidos los de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Y es preciso recordar que el partido tiene ya 13 años y que, salvo en una ocasión que rozó los 15.000 votos, en todas las convocatorias electorales se sitúa entre los 5 y los 10.000, error técnico incluido.

En el momento de escribir estas líneas son las 3:30 de la madrugada. A esa hora el contador del partido indica 30 visitas simultáneas, simpre 30 visitas, ni una más ni una menos… lo que quiere decir que el contador está deliberadamente falseado. Lo sabemos todos desde hace años, pero ¡qué importa!: estas prácticas no ayudan a que el partido crezca, sino tan sólo a retrasar el reconocimiento del fracaso de la gestión de Manuel Canduela al frente del partido.

Y esto es lo que todos tenemos claro: que el problema de DN no es la militancia que, fácilmente podría integrarse en el proceso unitario que hemos emprendido; el problema es el presidente del partido. Sólo ese y nada más que ese.

Va siendo hora de que los militantes de DN pidan explicaciones a su presidente ¿Qué avances se han logrado en estos últimos seis años, desde que asumió la dirección en exclusiva? ¿Qué éxitos se han cosechado? ¿Qué incremento -o disminución- en el número de militantes? ¿Cuántas delegaciones se han creado y cuántas más han desaparecido? ¿Qué número real de visitas tiene la Web? ¿Por qué en los últimos años ni siquiera se ha podido convocar la Universidad de Verano digna de tal nombre que fue otra de las innovaciones de DN y que contribuyó a que, al menos durante unos días al año, los militantes de distintas provincias tuvieran un conocimiento exacto de la situación del partido? No aludiré ya a que todo militante tiene derecho a pedir el libro de cuentas del partido porque esta es una vieja historia tan evidente que, a estas alturas, no vale la pena remover.

Durante estos años, para los que estamos fuera del partido, ha resultado evidente que Canduela lo ha dirigido como si se tratara de una secta: ha estimulado una visión paranoica de la realidad ("todos están contra nosotros", "el CNI, la policía, los demás partidos patrióticos, todos conspiran contra nosotros", "DN es la pieza clave de la política española y para cerrarle el paso, el sistema utiliza todos sus recursos", y así sucesivamente). Realmente nadie, ni siquiera dentro de los grupos patrióticos se acordaría de DN de no ser por esa persistente manía de tapar la propaganda de todos los demás partidos. A decir verdad, es seguro que los cuerpos de seguridad del Estado tienen a algún informador dentro de DN, pero no porque suponga un peligro de desestabilización, sino simplemente porque, ha convocado manifestaciones provocadoras con choque garantizado contra la extrema-izquierda. Y ni siquiera Canduela se ha preguntado quién es el informador que tiene dentro de sus filas, en su propia cúpula.

El presidente del partido cuando viaja a Barcelona explica que en Salamanca el partido avanza incontenible; cuando está en Huelva dice que el avance se produce en Asturias; cuando está en Burgos explica que en breve se abrirá un local en Madrid y que la estructura allí es fuerte… En realidad casi todo esto es falso y tiene un único fin: que los militantes tengan una imagen falseada de su propia organización, que crean que, aunque allí donde se encuentran ellos son débiles, hay otras provincias alejadas en las que DN "arrasa". Todo esto es mucho más patético que una estafa pura y simple: es un fraude a la esperanza y a la buena fe de la militancia. Y está durando demasiado.

La militancia de DN debe de entender que el cinturón sanitario creado en torno a esta sigla no es gratuito: está forzado por la actitud de su presidente Manuel Canduela, abiertamente hostil a cualquier otro grupo patriótico y anti-inmigración. Hoy, en un momento en que es preciso concentrar esfuerzos, la militancia de DN se encuentra cada vez más aislada. Es preciso recordar que nadie, absolutamente nadie, alberga el menor resquemor contra la militancia de DN. Lamentablemente no puede decirse lo mismo de la actitud hacia su presidente que cosecha un rechazo unánime en todo nuestro ambiente político.

Desde este punto de vista, la militancia de DN debe de hacer un esfuerzo para tomar el tren que está arrancando: informarse bien sobre la situación real del partido, plantear los problemas en congreso o mediante escritos a la dirección y afrontar la sustitución del actual presidente por incapacidad manifiesta para alcanzar los fines estatutarios.

Y luego estamos los que en un momento de nuestras vidas fuimos militantes de DN y, por diversos motivos, nos hemos alejado o hemos sido expulsados por los motivos más banales. También a nosotros nos compete cierta responsabilidad en la resolución del impás que vive el partido. La creación de una Asociación que agrupe a los que se suele llamar exDN debería ser el primer paso para recuperar los temas y los ejes que dieron vida al partido hace 13 años.

Lo paradójico es que, durante ese tiempo, las tesis de autonomía histórica y la crítica al mundialismo han sido incorporadas a otros partidos… mientras que han desaparecido completamente de DN. Va siendo hora de que los exDN recordemos qué reflexiones políticas e ideológicas nos llevaron a incorporarnos al partido.

Digámoslo claro: quienes impulsamos el proceso unitario queremos que la militancia de DN se integre en el mismo en plano de igualdad con las otras organizaciones. Pero, para eso, la militancia de DN tiene que poner algo de su parte y manifestar interés y decisión. Por nuestra parte estamos dispuestos a apoyarles. Pero, eso sí, hay una persona incompatible e irrecuperable para cualquier proceso unitario: a la militancia de DN corresponde decidir cómo resolver este conflicto.

Recibid un cordial saludo

Ernest Milà

PD.- A las 4:10 cuando termino esta Carta Abierta el contador de la web de DN sigue "misteriosamente" atascado en las consabidas 30 visitas de cada noche. Sólo por eso alguien merece ser corrido a gorrazos.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (8).Los "actores emergentes"

a. El papel de las potencias regionales como sustitutos del Imperio

Desde los años de Lydon Jhonson al frente de la presidencia de los EEUU y, posteriormente, bajo Richard Nixon, una idea fue cobrando cuerpo entre los estrategas norteamericanos: a la vista de la oposición interior que suscitaba la Guerra del Vietnam y al tradicional aislacionismo norteamericano, debería ser posible actuar en distintas partes del mundo mediante "gendarmes", es decir, mediante países interpuestos que siguieran las directrices del "imperio" y fueran ellas las que sofocaran los incendios regionales. Gobiernos como el militar de Brasil, como el Sha de Persia, como el Suharto en Indonesia, como los gobiernos sudafricanos, debían realizar un papel similar al de los "foederati" en el antiguo Imperio Romano: combatir contra los enemigos de Roma en las regiones de su influencia.

Con el paso de los años éste sistema de alianzas fue cayendo: primero, el Sha de Persia no pudo soportar la embestida de los ayatollahs, luego los militares brasileños se vieron forzados a abandonar el gobierno en 1984, Indonesia se vio presa de una inestabilidad interior que la inhabilitó para jugar papel alguno internacional y que concluyó en 1998 con la dimisión de Suharto después de más de 30 años de ejercicio del poder. El final del régimen del apartheid en Sudáfrica, sumió a este país es en una situación incontrolable cada vez más dramática.

En estos momentos, EEUU sigue manteniendo la teoría de los "regímenes preferenciales": Marruecos en el Norte de África y, a partir, de esa fase mantener el control de la Franja del Shäel, Polonia y Chequia en el Este de Europa, los países de la Commonwealth, especialmente India en la zona del Indico y en el sur de Asia… pero se trata de potencias regionales poco eficaces y seguras.

La realidad es que las naciones que cuentan (China, India, Irán, Brasil, etc.) tienen otros planes y no están dispuestas en este momento a asociarse como "foederati" de un "imperio" que se muestra como decadente y de futuro incierto. Estas potencias optan, más bien, por convertirse en potencias regionales con aspiraciones de liderar sus regiones respectivas dentro de un mundo multipolar.

b. El mundo islámico frente a Israel


Oriente Medio sigue albergando el dudoso honor de ser una de las zonas más calientes del planeta durante los últimos 60 años. Esta conflictualidad arranca de la creación del Estado de Israel en 1948. Desde entonces se ha generado una tensión permanente, cuatro guerras árabe-israelíes y dos intifadas. El resultado de toda esta tensión acumulada ha sido la polarización de las posiciones en dos ejes: Israel-EEUU y Palestina-Islam. El papel de los EEUU en el conflicto deriva de tres hechos: el peso de la comunidad judía dentro de los EEUU, la necesidad de los EEUU de contar con un "gendarme regional", a la sazón, Israel, con capacidad para ser una base en un hipotético conflicto por el control de las reservas petroleras de Oriente Medio, y, finalmente, el mesianismo propio de los EEUU que, culturalmente, enlaza con el mesianismo judío y les hace "pueblos hermanos", tal como sostienen los fundamentalistas cristianos (EEUU pueblo elegido de la modernidad, Israel pueblo elegido de la antigüedad).

En el fondo del conflicto lo que subyace es la imposibilidad de coexistencia de dos pueblos sobre una misma tierra, a lo que se une la peliaguda cuestión del control de los acuíferos de Gaza y Cisjordania y de las Fuentes del Jordán que abastecen de agua el desierto de Neguev y permiten la colonización judía. El conflicto se agrave todavía más a tenor de que Israel es la única potencia nuclear en la zona y se ha negado a firmar cualquier acuerdo sobre limitación de armas nucleares.

Si el conflicto de Palestina se ha mostrado insoluble a lo largo de más de sesenta años, se ha debido especialmente a que cada parte cree tener detrás de sí la potencia suficiente como para derrotar a la otra: los EEUU tras Israel y el mundo islámico tras Palestina. Eso y, cierto maximalismo a la hora de la negociación por ambas partes desde 1946, ha enquistado el conflicto cuya resolución hoy no se percibe. Además, detrás del conflicto subyace el elemento irracional en la medida en que la clave de bóveda de la crisis permanente es el control de la ciudad de Jerusalén de especial relieve para judíos e islamistas.

No habrá paz en Oriente Medio mientras persista un orden multipolar que precisa de la pieza israelita para estar contar con una base próxima a las reservas petrolíferas de la zona. Ni habrá paz mientras la irracionalidad fundamentalista convierta al conflicto en una especie de lucha cósmica de potencias divinas y demoníacas.

Europa no tiene nada que ganar en este conflicto y, no solamente debe de abstenerse de apoyar a una u otra parte, sino que debe lograr que el resto de potencias se inhiban y sean los propios protagonistas quienes, faltos de otros apoyos exteriores, buscan una solución a sus problemas. El problema de Palestina no es un problema de "terrorismo internacional", ni puede ser un pulso con el sionismo internacional: son los habitantes de Palestina quienes deben tener la responsabilidad de decidir su futuro.

Lo que se dirimió en la guerra entre Irán e Irak de 1980 a 1988 tenía como único objetivo afirmar a una sola potencia regional. El régimen irakí tenía la aquiescencia de Occidente a la vista de su carácter laico y del rechazo que provocaba en la opinión pública las masas iraníes fanatizadas por los ayatolahs. Sin embargo, tras la guerra se puso de manifiesto la voluntad de Saddam Husein de erigirse en potencia regional con dos aspectos que resultaban preocupantes: era consciente de que la clave del proyecto era el control sobre las reservas petrolíferas de la zona y era enemigo del Estado del Israel. Esto impidió que los EEUU siguieran con Irak la misma política que habían seguido con Arabia Saudí: protección y seguridad a cambio de petróleo.

A raíz de la invasión norteamericana de Irak, el régimen iraní concentró esfuerzos para convertirse en una potencia regional y empezó a actuar como tal. A pesar de que la constitución iraní defina al país como un Estado Islámico y, por tanto, integrado dentro de la idea de umma musulmana, lo cierto es que, de la misma forma que la URSS utilizó el comunismo como soporte ideológico para su proyecto expansionista, Irán utiliza el Islam con la misma intención, aspirando a liderar el mundo árabe y a transformarse en gran potencia regional.

c. El coloso indio

A partir de 2000, el papel de la India ha ido creciendo en la escena regional. El famoso "efecto 2000" hizo que, ante la imposibilidad de los programadores de los EEUU para resolver los conflictos que se auguraban en el momento del tránsito de 1999 a 2000 en los equipos informáticos, tuvieran que "subcontratar" a programadores hindúes. A partir de entonces Bangalore se convirtió en la meca mundial del software a precio de saldo. La militarización y nuclearización de la India y su permanente conflicto con su rival histórico Pakistán, no deben hacer olvidar el hecho esencial: india, como China, son potencias en estado de formación, sometidos a fuertes tensiones internas propias de países que aspiran a ser potencias regionales, en los que una minoría de la población ha alcanzado un nivel de vida similar al norteamericano en el siglo XXI, mientras que una parte notable de la población sigue estancado en niveles de vida medievales o pre-medievales. Así mismo, si la cuestión social está atenuada por el apego a la tradición que todavía se vive en India (y, en menor medida en China a causa de la Revolución Cultural que borró los rastros de tradición en aquel país), el problema religioso está vivo y activo. Una minoría de la población india es de religión islámica y cada vez con más frecuencia aparecen chispazos entre ambas comunidades.

El riesgo de conflicto armado con Pakistán por la región de Cachemira, es recurrente y se reaviva cada cierto tiempo. Hasta ahora los inversores y la patronal de ambos países han conseguido evitar que el choque pasara a la fase "caliente", pero es difícil establecer cuánto tiempo pasará antes del nuevo repunte de la tensión.

Hay que tener en cuenta que un choque indio-pakistaní (con los EEUU tras el primero y China tras el segundo contendiente) podría arrasar completamente la zona de conflicto. India aspira a ser una potencia regional en el Sur de Asia en condiciones de controlar todo el comercio del Indico (y, por tanto, tener también las llaves de la ruta del petróleo y del comercio marítimo de China hacia Europa).

d. Los problemas de Iberoamérica


Con una democracia mal asentada y con una irreprimible tendencia a caer en la corrupción y en los escándalos, Iberoamérica sigue siendo un continente inexplicablemente balcanizado a pesar de hablar una misma lengua (los pasos dados en Brasil para que todos sus habitantes hablen castellano son significativos). Al Sur de Rio Grande, Mexico podría aspirar a ser una potencia regional pero dos factores juegan en detrimento a esta legítima aspiración: la proximidad con los EEUU que taponan cualquier ascenso de México en la escena internacional y una absoluta inseguridad interior, desempleo, deuda externa, extrema pobreza, analfabetismo y desnutrición infantil en algunas zonas. Mientras México no sea capaz de atajar la influencia de los carteles de la delincuencia, aumentar el nivel de vida de su población y establecer un Estado fuerte, no podrá jugar un papel relevante en la zona salvo en la hipótesis de desplome del Estado Federal Norteamericano.

El subcontinente está parcelado en tres zonas: Brasil que sigue aspirante al papel de superpotencia regional y que, para alcanzarlo suele actuar conjuntamente con Chile (constituyendo así, en la práctica, un "espacio transoceánico" que según la escuela geopolítica es fuente de poder). En su contra juega el factor étnico que hace de Brasil un conjunto inestable, en el que una parte importante de su población está más preocupada por samba, la liga de fútbol o de boleyplaya que del futuro de su país. A favor juegan sus dimensiones, reservas energéticas y el contar con una élite cultural y tecnológica.

La segunda zona sería Argentina país que cuenta así mismo con espacio, reservas y nivel científico y cultural. Sus handicaps son la inigualable miseria de su clase política y el situarse geopolíticamente cogida en una pinza por la alianza chileno-brasileira.

En cuanto a los países andinos, paradójicamente están siguiendo en mayor o menor medida las directrices políticas emanadas de Venezuela. La idea "bolivariana", como todo mito colectivo, tiene capacidad de atracción, a condición de no olvidar su naturaleza: la voluntad de Chávez de convertir a su país en potencia regional y no el mesianismo indigenista que se le pretende atribuir. Las soflamas de Chávez y todas sus aparentes excentricidades no tienen más que un objetivo: crear en torno suyo un polo de agregación de todos los gobiernos indigenistas o de izquierdas interesados en emanciparse de la tutela del "imperio". Mientras los pozos de petróleo sigan fluyendo crudo este proyecto tendrá cuerpo y solidez. A favor suyo juega el sentimiento antiyanqui anidado en el subconsciente colectivo sudamericano, que ha permitido que durante cincuenta años el castrismo no haya encontrado nunca grandes oposiciones en Iberoamérica, especialmente tras la renuncia del régimen de exportar la guerrilla; el riesgo de desplome de los EEUU que le impedirá ejercer como "gendarme" del mundo y, por tanto, intervenir en Venezuela (mayor proveedor mundial de petróleo a los EEUU). En contra del proyecto chavista juegan los nacionalismos propios de cada nación andina que el recurso al "bolivarismo" no consigue desterrar, así como el "monocultivo económico" venezolano. Las reservas de crudo venezolano, estimadas en 2009 en 172.000 millones de barriles (en torno a un 34% de las reservas mundiales y quinto mayor productor mundial) no durarán siempre (se estima que más allá de 2025 la disminución de la extracción en Venezuela será notable y se agotará totalmente en el 2040; por otra parte, la extracción del petróleo venezolano es más costosa: de 7 a 10$, frente al de Oriente Medio, 2$ y al ruso 5$).

e. China y su cita con la desestalinización


El crecimiento económico chino y su espectacularidad han hecho momentáneamente olvidar que aquel país es el último país en el que los principios del stalinismo siguen vigentes. Así mismo es el país del mundo que con su miserable sistema de coberturas sociales, con sus salarios de hambre y sus ritmo aberrantes de trabajo ha dado alas a la globalización y ha permitido la deslocalización de miles y miles de empresas a aquellos horizontes privilegiados para la rapacidad del capitalismo y que, paradójicamente, se dicen "socialistas y científicos".

En realidad, el progreso chino abarca solamente las grandes ciudades pero, en el interior del país, la pobreza, la debilidad en las infraestructuras, la falta de servicios sanitarios, la corrupción, la omnipresencia del partido comunista (la mayoría de "millonarios" son afiliados al partido o de lo contrario jamás habrían logrado contar con una posición preponderante en sus sectores económicos), la falta de libertades políticas, el déficit creciente en seguridad, contrastan con las aspiraciones china a derrotar a los EEUU en la carrera económica. Desde los años 60, el Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación Chino sostiene la ineluctabilidad del conflicto con los EEUU. China todavía no está preparada y, por tanto, aplaza el momento del enfrentamiento decisivo: en realidad, atraer a toda la producción mundial de manufacturas hacia China supone condicionar el futuro y restar capacidad industrial al "primer mundo" y, especialmente, a los EEUU. Comprar deuda pública norteamericana supone, así mismo, tender la mano y demostrar buena voluntad momentánea. Pero China, para todo aquel que haya pasado por el país, se haya comunicado con la población y haya podido ver los informativos es: una sociedad militarizada, convencida de que el futuro de la humanidad es el socialismo y que éste será extendido por el Ejército de Liberación Popular Chino.

China ha entendido que el hueso duro de roer es Rusia. La extrema violencia con la que Rusia contestó a las reivindicaciones chinas por los territorios al Este del Usuri y del rio Amur que culminaron en enfrentamientos violentos que costaron muchas bajas a ambas partes en 1969, no dejaban lugar a dudas: Rusia sería a partir de los años 90 el "enemigo segundario" y mientras la República Popular China no tuviera acumulación militar suficiente de fuerzas, había que practicar la política de la amistad y de la mano tendida hacia EEUU.

A lo largo de los últimos años, China ha descubierto que existía otro enemigo: el "enemigo interior" constituido por las importantes comunidades uigures del Turkestán chino de confesión islámica. No es que esta comunidad en sí misma pueda constituir un factor de desestabilización, pero sí que puede ser espoleada especialmente desde los EEUU como factor de desestabilización interna. No es que los EEUU vayan a atizar directamente una revuelta uigur, es que pueden hacerlo por medio de Turquía, aspirante también a convertirse en potencia regional para lo cual utiliza como excusa la existencia de un espacio turcófono que abarca también al Turkestán chino. La geoeconomía no es ajena a este conflicto: el Turkestán Chino (rebautizado como "Xinjiang" a partir de 1884 con su incorporación al Imperio Chino) alberga sobre su territorio un tercio de las reservas chinas de petróleo y dos tercios de las reservas de carbón, demasiado importantes si China quiere acceder a un posición hegemónica (o de Turquía si quiere aspirar a ser una potencia regional).

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (7).El papel de la OTAN

a. El último vestigio inútil de la Guerra Fría

Nuestra condición de europeos occidentales nos sitúa dentro de la OTAN, de ahí que sea necesario analizar el papel de la Alianza Atlántica y establecer qué es lo que representa para nuestro continente. Creada en 1948, después del Golpe de Praga, como culminación de la alianza estratégica de los países que quedaron fuera del "Telón de Acero", fue desde el principio un instrumento de la política exterior norteamericana. Con el paso de los años, ese papel ha ido creciendo para convertirse actualmente en una apéndice del Pentágono, una especie de fuerza auxiliar del ejército norteamericano.

Hoy, la OTAN es el último dinosaurio de la Guerra Fría. Nada justifica su existencia, ni nada explica cuál es su misión en las actuales circunstancias. El desmantelamiento de la OTAN o su transformación, son absolutamente necesarias para dejar atrás el recuerdo de la Guerra Fría y la fase de ocupación de Europa por las dos superpotencias.

b. La OTAN de alianza antisoviética a escoba de los EEUU

Desde el principio, la OTAN se presentó como una alianza antisoviética. Su misión no solamente consistía en defendernos de los tanques soviéticos que esperaban al otro lado del Telón de Acero el momento para lanzarse sobre Europa, sino también y sobre todo para evitar la implantación del comunismo en Europa, seguramente la forma más tosca de ordenación de la sociedad con su igualitarismo extremo, sus concepciones seudo-religiosas, y su desconsideración por la persona y la libertad, así como su "método" histórico y sus pretensiones científicas desmesuradas. Entre 1945 (y especialmente a partir de 1948) era necesario cerrar el paso al stalinismo en Europa. Ese fue el papel de la OTAN entre su fundación la caída del Muro de Berlín.

A partir de 1989 queda en evidencia que quienes sostenían que la OTAN no era más que la subordinación de los Estados Mayores europeos al Pentágono, no estaban exagerando. La URSS se hundió, pero los EEUU siguieron manteniendo su presencia en Europa y no hicieron ningún amago de retirarse o disolver la Alianza (mientras que el enemigo, el Pacto de Varsovia) desapareció por sí mismo.

Desde entonces la OTAN ha sido empleada por los EEUU como ayuda en operaciones que sólo convenían a los intereses norteamericanos, pero que nada tenían que ver con la defensa y seguridad europeas.

c. Sin función y sin misión: creando enemigos. El terrorismo internacional

En 1989 y el 11 de septiembre de 2001, se hizo demasiado evidente que la OTAN no tenía enemigo y, por tanto carecía de principio de razón suficiente. Las protestas contra la OTAN, incluso de partidos que hasta ese momento le había apoyado, tomaron especial cuerpo en Alemania que paga una quinta parte del esfuerzo presupuestario de la organización y que en esos momentos tenía otras prioridades (la reconstrucción de la Alemania Oriental reunificada). Sin embargo, el 11 de septiembre de 2001, los EEUU consiguieron afirmar la existencia de un enemigo imaginario, el llamado "terrorismo internacional", en función del cual atribuyeron una nueva misión a la Alianza Atlántica: a partir de ese momento, los EEUU consiguieron salvar temporalmente la existencia de la OTAN atribuyéndole como misión la "lucha contra el terrorismo internacional".

Eso hizo que tropas europeas fueran a escenarios remotos que nada tenían que ver con la misión estatutaria de la OTAN, para completar el esfuerzo norteamericano. De ahí la presencia de tropas europeas e Afganistán y en cierta medida en Irak.

Pero el "terrorismo internacional" es una ficción. No se sabe ni quien lo promueve (y las sospechas no apuntan precisamente al islamismo radical), a estas alturas es evidente que carece de entidad orgánica, misteriosamente todas sus acciones son inoportunas y susceptibles de ser empleadas como "casus belli" o, simplemente, hacen daños calculados a la causa que dicen defender (como ha sido el caso de los atentados firmados por Al Qaeda en Irak). Por otra parte, pensar que los ejércitos de 19 países se han forjado como misión combatir a un fenómeno que, como todo terrorismo es minoritario y precisamente solamente un seguimiento policial, es casi un chiste y el ejemplo de hasta qué punto, los gobiernos europeos siguen desinteresados por su defensa nacional y dispuestos a seguir a los EEUU en todas sus aventuras neocoloniales.

d. De la alianza anti-soviética a la alianza anti-rusa

Fue a partir de 1989 cuando quedó suficientemente desvelado el carácter de la OTAN como organismo subordinado a los intereses hegemónicos norteamericanos. Hasta ese momento, la OTAN había sido presentada como "alianza antisoviética", contra los tantos del Ejército Rojo y contra la ideología marxista. A fin de cuentas, resultaba más desagradable una cheka que un MacDonals. Pero lo que resultó sorprendente para muchos fue que, a partir de esa fecha, no cambiaron esencialmente las directrices de la OTAN que, en la práctica, se transformó en una alianza anti-Rusa. Y aquí es donde reside el gran problema.

Por que si hasta 1989, los intereses del Estado Soviético eran completamente diferentes a los de los Estados europeos, a partir de la caída del muro y, más especialmente, a partir de la toma del poder por Vladimir Putin, el escenario estratégico generado era nuevo. Europa ya no debía de ver a Rusia como enemigo sino como aliado histórico y al mundo anglosajón como el persistente boicoteador de cualquier alianza euro-rusa.

Cuando en 2008, los EEUU anunciaron la colocación de diez interceptores antimisiles en Polonia y una estación de radar en la República Checa, era evidente que tales iniciativas -tomadas, además, fuera del marco de la OTAN, apuntaban hacia Rusia a pesar de que cínicamente se anunciara que iban dirigidos a prevenir ataques llegados desde… ¡Irán y Corea del Norte! Nada les importó que ese sistema antibalístico dejara sin cobertura a Rumania, Bulgaria, Grecia y Turquía, países miembros de la OTAN. Era evidente que los misiles norteamericanos seguían apuntando a ciudades rusas y que Rusia, para el Pentágono, seguía siendo el enemigo principal.

Ante la protesta por la instalación anunciada de mísiles y radar, los rusos manifestaron que consideraban la iniciativa como "el avance de la infraestructura militar de la OTAN hacia nuestras fronteras". Posteriormente declararon no estar convencidos por las explicaciones dadas por Condoleezza Rice.

Este episodio, así como los prolegómenos de la Guerra de Irak en los que la OTAN demostró ser una estructura superada e inadaptada a un mundo temporalmente unipolar, generaron una oleada de inquietudes en las cancillerías europeas y, momentáneamente, la sensación de que era necesario reformar la OTAN. Sin embargo, la llegada al poder de Nicolás Sarkozy en Francia, sin duda el "más americano de todos los presidentes franceses", hizo que esos intentos de reforma chocaran con las posiciones norteamericanas reforzadas en el continente.

e. Por una defensa europea común

La existencia de la OTAN es una condición sine qua non para el mantenimiento de un mundo unipolar. De ahí que el desmantelamiento de la OTAN, o al menos su transformación en otro tipo de estructura, sea prioritaria e imprescindible si el objetivo principal es la creación de puentes de amistad, alianza y cooperación con la Rusia reconstruida. Los marines que llegaron a Europa en 1944 tienen que reembarcar. Las bases de la OTAN sin excepción deben ser desmanteladas. Los últimos vestigios de la guerra fría deben desaparecer para siempre.

Pero todo esto no contribuye a resolver el problema fundamental: la defensa europea. La prudencia induce a plantear el desmantelamiento de la OTAN en dos fases: en una primera, el mando europeo de la OTAN tendría autonomía propia y se situaría al margen de las decisiones e intereses del Pentágono. En una segunda fase, ese mando europeo se independizaría completamente de la OTAN, disolviéndose oficialmente la Alianza. Este proceso caminaría paralelo a otro cuyo primer paso sería el desmantelamiento de las bases norteamericanas en Europa. Se trataría de crear algo parecido a lo que fue en los años 50, la Comunidad Europea de Defensa formada únicamente por ejércitos europeos para defender intereses europeos y que, en su momento, no tuvo continuidad, asfixiada por la OTAN y por las presiones de la Guerra Fría.

Todo esto implica algo que no debe perderse de vista: la necesidad de que Europa recobre su interés por su propia defensa. Esto implica mejorar la eficacia, los presupuestos, la investigación y el armamento de los ejércitos europeos, así como el establecimiento de prioridades estratégicas que no pueden deslindarse del objetivo a alcanzar: un mundo estable, en tanto que multipolar y en el que la alianza euro-rusa jugara un papel moderador. Mientras los gobiernos europeos no arrojan por la borda ese pacifismo de manual que ignora el hecho esencial de que solamente los países armados son independientes, Europa seguirá siendo un títere en política internacional, dirigido por funcionarios subcontratados del "imperio". Mientras Europa niegue los verdaderos desafíos de nuestro tiempo y siga percibiendo en el horizontes enemigos ilusorios (el "terrorismo internacional") proyectados como señuelos por el maestro de ceremonias, ese gigante económico que es todavía la UE seguirá sin tener peso político.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (6).Geopolítica del siglo XXI

a. El choque histórico Tierra-Mar en el ciclo de la modernidad

El análisis geopolítico parte de la base de un enfrentamiento casi metafísico entre potencias continentales y potencias oceánicas. Las primeras estarían predispuestas a atribuir la primacía al Estado, desembocarían en sistemas en los que se confía en el Estado para resolver los conflictos de los pueblos, a diferencia de las potencias marítimas que concederían la primacía el comercio. Este esquema que tiene en la antigüedad su climax en el enfrentamiento Roma-Cartago, se reprodujo durante la Guerra Fría en el choque entre los EEUU (potencia naval-comercial) y las URSS (potencia continental-estatalista). El eje angosajón que prolongó luego su existencia, ya como potencia hegemónica, impulsó por su misma naturaleza marítima, el sistema globalizado que mejor convenía a sus intereses. Ahora bien, a partir de 1989-91, el problema geopolítico mundial consistía en que los EEUU debían dilatar demasiado su expansión marítimo-comercial y afrontar la "colonización comercial" de un parcela de la Tierra excesivamente grande: el continente euro-asiático, de Finisterre a Hong-Kong y de Ceylán a Narkik. Ya no se trata pues del enfrentamiento de una potencia naval contra otra terrestre, sino del choque entre una potencia naval y varias terrestres. Los estrategas norteamericanos han calibrado que la victoria para ellos es posible a costa de controlar las fuentes energéticas y las reservas mundiales de petróleo.

El problema geopolítico de la modernidad consiste en la imposibilidad  por parte de los EEUU de controlar espacios geopolíticos tan complejos y diversos y afrontar a actores que tienen las reservas mundiales más próximas a sus bases, mientras que el carácter "insular" del mundo anglosajón y su alejamiento de las principales fuentes energéticas fragiliza su estructura imperial y la hace imposible de mantener. Si tenemos en cuenta que el despliegue para la intervención en Afganistán duró aproximadamente mes y medio y la que precedió a la invasión de Irak se prolongó durante un trimestre, entenderemos la fragilidad de una situación en la que los pozos de petróleo del Caspio están a pocas jornadas de marcha de los T-72 rusos y que los pozos de Arabia Saudí y el Golfo Pérsico están solo a algo más de distancia de Moscú, incomparable con la que separa esos objetivos energéticos de Washington.

Por amplia que sea la presencia de los marines en Eurasia nunca se eliminará el handicap decisivo de la distancia con la capital "imperial" y de una excesiva dilatación de sus líneas de aprovisionamiento y suministro. A la hora de realizar un análisis de este tipo es preciso no perder de vista la noción de "espacio geopolítico", aquel sobre el cual se puede operar de manera efectiva: Alejandro Magno no lo entendió y llegó a las puertas de la India construyendo un Imperio efímero que no le sobrevivió a causa de haber rebasado con creces el "espacio geopolítico" de Hélade. Por el contrario, Julio César intuyó esta noción haciendo estableciendo para el Imperio un espacio que se reducía a los contornos del Mediterráneo y a los territorios anexos. Roma jamás tuvo excesivo interés en controlar, ni la cornisa cantábrica ibérica, ni las islas Británicas, ni los territorios situados más allá de las Galias, con considerar que estaban demasiado alejados de la capital imperial. Los EEUU, desconociendo la noción de "espacio geopolítico" afrontarán en el primer cuarto del siglo XXI una situación insostenible.

b. ¿Desplazamiento del eje del comercio hacia el Pacífico?

Durante todo un ciclo histórico, hasta el siglo XV, el eje del comercio mundial y, por tanto, el centro de la política mundial era el Mediterráneo en las proximidades de cuyas orillas tuvieron lugar los grandes enfrentamientos decisivos para la humanidad. A partir del siglo XV, ese escenario se desplaza hacia el océano Atlántico Norte a cuyas orillas tienen acceso los países más desarrollados. Ese ciclo dura hasta 1973, a partir del cierre del canal de Suéz, cuando se evidencia que la ruta estratégica esencial para la humanidad que conduce el petróleo del Golfo Pérsico a Europa Occidental y hacia los EEUU, discurre necesariamente bordeando las costas de Sudáfrica, esto es, ampliando la importancia geopolítica de la totalidad del Atlántico. Sin embargo, a partir de 1989, con la globalización como escenario, se constata que la diferencial demográfica y poblacional, así como el traslado de las plantas de producción del Primer Mundo hacia China y los "dragones asiáticos", está desplazando el eje del comercio mundial del océano Atlántico al océano Pacífico. A esto se une otro fenómeno: el desigual desarrollo industrial de los EEUU que, a partir de la irrupción de la era de la informática, hace del Oeste de los EEUU uno de los centro tecnológicos más activos. Se constituye así un "arco del Pacífico" que va desde California a Japón, de Japón a las costas del mar de la China y de ahí a Indochina, en donde se acumulan grandes contingentes de población (luego, de consumidores), recursos naturales y potencia industrial.

Si bien es cierto que el eje de la actividad económica mundial se está desplazando de Esta a Oeste, hasta tener en las orillas del Pacífico su eje central, no es menos cierto que todo lo que rodea a este océano es problemático: el arco del Pacífico está, así mismo, sometido a zonas tectónicas de ruptura, los países asiáticos distan mucho de ser una balsa de aceite y China tiene una cita ineludible con formas democráticas de organización o bien, cuando la burguesía local haya crecido lo suficiente, el Partido Comunista se verá imposible para controlar la disidencia, las revueltas en las nacionalidades (especialmente de la etnia uigur), y, especialmente, las revueltas sociales. Por otra parte, es pronto para decir como terminará la polémica entre las dos Coreas cada vez mas rearmadas y cómo saldrá el Japón de una crisis económica que ya dura 10 años.

Por otra parte, el Pacífico encierra cuatro sectores completamente diferentes: la diagonal anglosajona de California y Australia y la diagonal amarillo-andina de Tokio a Valparaíso, completamente diferentes desde el punto de vista antropológico, existiendo en medio un amplio espacio de navegación vacío, pero excesivamente dilatado para poder ser controlado por una sola potencia naval, especialmente cuando en el momento de escribir estas líneas los chinos están priorizando sus fuerzas navales.

De ahí que, desde el punto de vista geopolítico parezca excesivo afirmar que los EEUU afrontan mejor que cualquier otro país el desplazamiento de la economía mundial al Pacífico. Más parece que si fue el Atlántico el océano que propulsó a los EEUU como potencia hegemónica mundial, la correlación de fuerzas no le es tan favorable en el Pacífico en donde encontrará flotas rusos y chinos que accederán a alta mar con facilidad en lugar de las dificultades que la marina rusa encontraba para acceder al Atlántico.

c. Las fuerzas en conflicto en Eurasia

Mientras Europa se sienta "protegida" por los EEUU, en lugar de reconocer en el espacio Ruso-siberiano, un aliado natural del Viejo Continente, Europa no jugará un papel político internacional de ninguna magnitud. Los dirigentes europeos, presos de los esquemas ya superados que datan de la Guerra Fría, han confiado su defensa a una potencia exterior, inhibiéndose del mantenimiento de unas Fuerzas Armadas en condiciones de garantizar la independencia y la autonomía europeas. De hecho, el servilismo con que unidades militares europeas acuden al llamamiento del "imperio" en conflictos que no tienen nada que ver con los intereses de Europa (Afganistán e Irak), y las facilidades de los gobiernos de Chequia y Polonia para la instalación en su territorio de baterías y dispositivos que forman parte del "escudo antimisiles" apuntado contra Rusia, son indicativo del nivel de renuncia de los dirigentes europeos a asegurar su propia defensa, esto es a disponer de un papel en la escena geopolítica mundial como potencias que cuentan.

De todas formas, en Europa Occidental, antes o después deberá dedicarse un presupuesto aceptable de defensa a la vista de la conflictividad interior que registran las masas ingentes de inmigrantes magrebíes que se han ido instalando en los últimos treinta años. Pero esta situación de atomización del continente (que la UE dista mucho de haber superado) le impedirá jugar a Europa un papel en la escena mundial en los próximos años.
Rusia, reconstruida y con ganas de hacer pagar las humillaciones sufridas en el período 1989-2006, se está rearmando y reconstruyendo su poder interior y preparando su nueva proyección exterior. En el primer frente, la destrucción de la oligarquía generada con las privatizaciones y los negocios mafiosos que afloraron durante la perestroika, es garantía de la recuperación de confianza de un país que, a partir de ahora, va a dedicar todo su poder a reconstruir el espacio de lo que antiguamente fue la URSS. Y eso no va a realizarse sin tensiones internacionales, especialmente porque los EEUU prevén que si su presencia es proscrita de los antiguas repúblicas del sur de la URSS, quedará fuera del acceso a la cuenca petrolera del Caspio. Rusia, en estos momentos, carece de un plan geopolítico de hegemonía mundial y tan sólo aspira a garantizar la estabilizad de Eurasia.

Para ello debe contar con el entendimiento con la otra gran potencia Euroasiática: China. A pesar del crecimiento espectacular del PIB en los últimos veinte años, China es todavía un país con amplias zonas y cientos de millones de ciudadanos anclados en el subdesarrollo, con unas infraestructuras, en buena medida, primitivas e insuficientes y, especialmente con unos sistemas de organización social situados entre el mandarinato y el stalinismo. Se suele olvidar que China es el último país del mundo en el que el partido dicta despóticamente las reglas. Incluso hoy, para acceder a la élite de "millonarios", es preciso pertenecer al partido, el cual mantiene una presencia en la sociedad similar a la descrita por el Gran Hermano en la novela de Orwell 1984. El "primer mundo" existe solamente en China en las grandes ciudades de la costa del Pacífico. Es inevitable que, antes o después, aparezca en China una burguesía ciudadana que rebase las posibilidades de integración del Partido Comunista y que reivindique formas democráticas de organización. Al mismo tiempo, las masas chinas no pueden estar permanente sometidas a ritmos infernales de trabajo, sin apenas coberturas sociales, con una sanidad deficiente, con infraestructuras insuficientes y con salarios al borde de la depauperación. La enormidad de las dimensiones de China hace que todo allí sea gigantesco: la pobreza, las necesidades del desarrollo y, especialmente, los riesgos a afrontar, riesgo de guerra social, riesgo de convulsiones pre-democráticas y riesgo de recesión económica que implica un retorno de los inmigrantes interiores al campo que abandonaron en los años de progreso desmesurado.

El tercer elemento presente en Eurasia es el islamismo. A pesar de su identidad religiosa, el "creciente islámico" que alcanza desde las costas del Atlas hasta Filipinas, podría jugar un papel importante en el futuro tan sólo si tuviera un sustrato étnico unificado que aceptara una única política. Pero el mundo islámico está fracturado y su importancia deriva simplemente de que sobre su territorio se encuentran las reservas de petróleo más importantes. El mundo islámico está dividido entre las potencias del Magreb de un lado, Turquía y el espacio turcófono de otro (que abarca territorios situados en las exrepúblicas soviéticas de mayoría islámica y en el Este y Sur Este de China), la zona de Oriente Media fracturada a su vez entre sunnitas y chiítas y el Islam del Este y del Sudeste Asiático. Sin olvidar el islam africano despreciado por el islam árabe y que juega un papel importante en África Negra.

En conclusión: tres de los cuatro actores principales en Eurasia (la UE, China Rusia) están a favor de un mundo multipolar. Dos (Rusia y China) mantienen una decidida postura contraria a la intervención norteamericana en Eurasia. Una (el mundo árabe) tiene una actitud ambigua: enfrentada a EEUU por una parte, por otra los EEUU sobreviven gracias al petróleo del Golfo Pérsico y Arabia Saudí). De estas cuatro "patas" dos son débiles interiormente (el mundo islámico y la Unión Europea) y los otros dos son Estados típicamente continentales fuertes. Eurasia, por todo esto, demasiado diversa, demasiado amplia como para que pueda aludirse a ella como una totalidad orgánica o con posibilidades de estructurarse como tal (error de los intelectuales "euroasistas"), como para que no aparezcan los conflictos en este inmenso espacio continental.

Sin embargo estos conflictos, son habituales entre naciones. A lo largo de los años 60 y 70, Rusia y China estuvieron en varias ocasiones el filo del conflicto armado por los territorios situados al Este del río Usuri, sin embargo, hoy son aliados. Europa debería participar también en esta alianza estratégica, a condición de emanciparse definitivamente de la tutela norteamericana.

d. La necesidad de una alianza Madrid-París-Berlín-Moscú

Desde el siglo XIX los estrategas anglosajones han experimentado terror ante la posibilidad de un eje continental euro-ruso que equivaldría a vedarles su presencia en el espacio euroasiático. En la actualidad, esa estrategia sigue todavía en vigor y tiene éxito a causa de la dejadez, la apatía y la ignorancia histórica de la clase política europea. Sin embargo, la perspectiva de un acuerdo euro-ruso es hoy más necesaria que nunca.

Una vez concluida la Guerra Fría y retornada Rusia a una situación de "normalidad", han desaparecido los condicionantes ideológicos que impedían un estrechamiento de las relaciones entre Europa y Rusia. Hoy, a pesar de la desaparición del Pacto de Varsovia, a pesar de la reiterada evidencia de que Rusia no alberga intenciones ofensivas o ambiciones territoriales sobre Europa, los EEUU han seguido manteniendo a la OTAN como alianza anti-rusa, han aprovechado los años de debilidad de Rusia para ampliar la OTAN a los países del Este y aún hoy los mísiles balísticos norteamericanos siguen apuntando contra 200 ciudades rusas. Los EEUU saben perfectamente que un acuerdo euro-ruso supondría que los marines desembarcados en Normandía en junio de 1945 deberían de reembarcar para no volver a poner jamás la bota en Europa.

A lo largo del siglo XIX y durante el siglo XX (especialmente en los momentos que precedieron al estallido de las dos guerras mundiales) el mundo anglosajón se preocupó de evitar que Francia, Alemania y Rusia llegaran a acuerdos de cooperación y firmaran tratados de paz. Eso permitió el estallido de dos guerras mundiales y la destrucción de Europa cuyo primer beneficiario fueron los EEUU que en 1945 estuvieron ya en condiciones de competir por la hegemonía mundial.

No fue sino hasta 1951 cuando el Tratado de Roma fue el primer síntoma de que la situación había cambiado: el primitivo Mercado Común se organizó en base al acuerdo franco-alemán, constituido a partir de entonces como el "núcleo duro" de lo que luego sería la UE. En aquellos años de la Guerra Fría, España estaba incorporada de facto al dispositivo militar norteamericano por vía de los acuerdos firmados entre Eisenhower y Franco. Fue a partir de 1985 cuando España entró de pleno derecho en la OTAN, aportando "profundidad" a la Alianza Atlántica. Seguía el enfrentamiento secular con la URSS. Sin embargo, a partir de 1989, con la Caída del Muro de Berlín, era posible plasmar por primera vez un eje euro-ruso.

No es por casualidad, ni por un prurito nacionalista que aludamos al eje geopolítico necesario para el futuro como un eje que incluya Madrid - París - Berlín - Moscú. Ya no se trata de dar "profundidad" a la OTAN, sino de priorizar el papel de España en un futuro orden multipolar en el que la fachada atlántica de la Penínsuma Ibérica, unido al sistema de archipiélagos anclados en la ruta del Petróleo (Canarias y Azores), el control sobre el estrecho de Gibraltar y la situación geopolítica de España tiendan a resaltar el papel de la Península Ibérica como puente hacia Centro y Suramérica.

Al mismo tiempo, España tiene, por su configuración y por su historia, rasgos que corresponden a una potencia oceánica. Así mismo, es la frontera sur de Europa, lindante con el mundo islámico del Magreb. Si el entendimiento entre la UE y Rusia es importante porque supondrá el reencuentro histórico de pueblos provistos del mismo bagaje antropológico y cultural, también es importante porque Europa está tecnológica, científica y culturalmente desarrollada, pero sufre una crisis demográfica que precisa renovación genética. Así mismo, el hecho de que Rusia posea recursos energéticos de grandes magnitudes posibilita el que el espacio Euro-Ruso pueda jugar un papel en el futuro, a condición de desembarazarse de la globalización, independizarse de las finanzas anglo-sajonas y asumir un destino histórico y geopolítico capaz de establecer un orden mundial multipolar.