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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Paro Nacional Político frente a “huelga general subvencionada”

Infokrisis.- La convocatoria de huelga general para el próximo día 29 nos obliga a realizar una reflexión sobre una jornada en la que, a decir verdad, no se dirime nada decisivo. Los ejes de nuestra reflexión son tres: primero denunciar el papel de las burocracias sindicales que se representan a sí mismas y que nunca han podido caer tan bajo como en estos últimos siete años. Segundo tratar de sustituir el concepto superado y decimonónico de "huelga general" correspondiente a otro tiempo y a otra fase de desarrollo del capitalismo, por el de "paro nacional político" tendente a lograr un bloqueo de las instituciones, la denuncia de la globalización y del modelo económico español aznarista heredado gustosamente por el zapaterismo y a abrir un proceso de regeneración política nacional que liquide el Estado surgido de la constitución de 1978 con todo lo que ello implica. Y en tercer lugar proponer una serie de desembocaduras prácticas para el día 29.

 

No es ahora cuando los sindicatos deberían de haber reaccionado sino al principio de la crisis, incluso mucho antes de las elecciones generales de 2008 cuando ya resultaba claro que el modelo económico español no iba a llegar muy lejos.


Los sindicatos podían haber reaccionado entonces y podían haber seguido reaccionando:

 

-          Cuando el gobierno tardó en reconocer la crisis exactamente un año después de haberse desencadenado.

 

-          Podían haber reaccionado cuando el gobierno consideró que la única medida para paliarla era… ayudar a la banca.

 

-          O podían haber reaccionado cuando el gobierno siguió decretando sucesivas baterías de medidas paliativas casi ninguna de las cuales pasó del nivel de enunciado.

 

-          Podían haber reaccionado cuando se emprendieron los Planes E que consiguieron solamente mantener crear empleos de corta duración a precios desorbitados, o simplemente, podían haber reaccionado cuando el gobierno siguió con hablando de “economía sostenible” sin que se concretara nada en absoluto.

 

-          Podían haber reaccionado, en definitiva, cuando las cifras de paro se duplicaron en pocos meses…

 

¡Y LOS SINDICATOS, sin embargo, PERMANECIERON MUDOS, SIN HACER NADA, RECIBIENDO SUBSIDIOS, SUBVENCIONES DIRECTAS O EN FORMA DE CURSOS DE RECICLADO PROFESIONAL!

 

¡Y ahora, esos sindicatos que se han ido difuminando en los últimos 7 años transformándose, no en “sindicatos de gestión” sino en verdaderas empresas privadas en manos de las burocracias que los dirigen, pretenden que creamos en su sinceridad cuando nos proponen un día de “huelga general”…!

 

NI CCOO, NI UGT TIENEN LEGITIMIDAD PARA HABLAR EN NOMBRE DE LOS TRABAJADORES A LOS QUE HAN TRAICIONADO Y HAN USURPADO SU REPRESENTACIÓN, NI TIENEN LA MÁS MÍNIMA CREDIBILIDAD PARA PROPONER NADA.

 

Esa es la triste realidad de las organizaciones que nos llaman a que les sigamos para justificar sus sueldos como “agentes sociales”.

 

-          ¡Que se queden solos con sus manifestaciones de liberados sindicales!

 

-          ¡Que no piensen que vamos a ser los trabajadores honrados, los parados, los jóvenes sin empleo, los trabajadores en precario quienes les vamos a dar alas para que aumenten su régimen de subvenciones!

 

-          ¡Qué irónico es que este año, cuando el gobierno nos exige a los trabajadores y a las pequeñas y medianas empresas un esfuerzo, reducción de salarios y de gastos, sean solamente los sindicatos quienes ven aumentados sus ingresos por vía de las subvenciones!

 

Para colmo, el nivel intelectual y moral de UGT –ese chiringuito del zapaterismo situado en las puertas del mundo obrero- ha ofendido a todos los trabajadores difundiendo vídeos absolutamente lamentables en los que se viene a decir: “Convocamos una huelga general porque no tenemos más remedio, antes de que la situación social del país estalle, pero, no os preocupéis que no nos meteremos más con el gobierno y al día siguiente seguiremos diciendo que la culpa de la crisis es de la derecha…”. UGT no solamente no sirve a los trabajadores sino que sirve solamente a los intereses del zapaterismo. Quien paga, manda ¿o es que alguien lo puede dudar?

 

Por tanto: NO A LA HUELGA GENERAL DE UNOS SINDICATOS QUE NO NOS REPRESENTAN y no vamos a ser los ciudadanos honrados quienes ayudemos a UGT y CCOO a cocinar sus propias lentejas y, con más seguridad, a salar su caviar el próximo día 29.

 

PERO SÍ ES RIGUROSAMENTE CIERTO QUE AFRONTAMOS UNA SITUACIÓN HISTÓRICA SIN PRECEDENTES ANTE LA QUE ES PRECISO REACCIONAR.

 

Esta crisis es hija de dos factores completamente diferentes:

 

-          La existencia de una economía mundial globalizada que nos ha impuesto la deslocalización (la desertización industrial de España), los recortes salariales (mediante la inyección de 6.000.000 de inmigrantes que han tirado a la baja de los salarios y cuya llegada era innecesaria a la vista de las tasa de paro “habitual” de la sociedad española: el 9%) y la servidumbre a la economía financiera y no productiva.

 

-          La existencia de un modelo económico español generado con Aznar basado en salarios bajos, inmigración masiva, ladrillazo y turismo de garrafón y acceso fácil al crédito. Modelo que generó un crecimiento económico ficticio y que fue heredado acríticamente por Zapatero que no lo ha variado ni un pelo.

 

Esta crisis tiene DOS RESPONSABLES: la alta finanza internacional y la miserable clase política española de centro-derecha y centro-izquierda. Gracias a ellos nuestras tasas de paro permanecerán por más de un lustro en torno al 20% de la población activa.

 

Y esto no lo va a solucionar un día de huelga general. El mal es mucho más grave y profundo como para pensar que esa medida podrá servir para algo.

 

DURANTE ESTOS AÑOS LA CRISIS ECONÓMICA, A FUERZA DE GENERAR PARO, HA TERMINADO TRANSFORMÁNDOSE EN UNA CRISIS SOCIAL QUE PROSEGUIRÁ MUCHO TIEMPO DESPUÉS DE QUE SE PRODUZCA UNA EVENTUAL RECUPERACIÓN (no antes de 2-4 años). Esta es la terrible realidad.

 

Mientras la crisis era económica, se trataba simplemente de aportar salidas económicas a la crisis, estructurar planes de recuperación y definir un nuevo modelo económico que sustituyera al modelo económico caído. Cuando la crisis se transformó a lo largo de 2009-10 en una crisis social esto ya no bastaba porque en las calles empezaba a haber sectores cada vez más amplios de la población que empezaban a tener problemas: hipotecas ejecutadas, más de un millón de familias en las que nadie tenía trabajo, subsidios de paro que se agotaban, abuelos que tenían que mantener con sus pensiones a hijos y nietos, llegada de inmigrantes que no se detenía aumentando el gasto público y, por tanto, la presión fiscal a un pueblo ya suficientemente esquilmado y estafado por su clase política.

 

Era a partir de principios de 2009, cuando esta tendencia era inequívoca, cuando los sindicatos debían de haber reaccionado contundentemente: si la crisis era SOCIAL eran los sindicatos los que más preparados deberían haber estado para afrontar la respuesta de la población. Pero no lo hicieron porque temieron que peligraran sus subsidios, que el gobierno no les concediera más cursos de formación. Y callaron.

 

AHORA YA NO HAY POSIBILIDADES DE UNA RESPUESTA SOCIAL, ESTO ES SINDICAL, POR LA SENCILLA RAZÓN DE QUE CCOOY UGT SON CASCAJOS DESPROVISTOS DE CONTENIDO. ASÍ PUES DE LO QUE SE TRATA ES DE ANTICIPARSE A LO QUE OCURRIRÁ EN LOS PRÓXIMOS AÑOS Y PREPARAR UNA RESPUESTA POLÍTICA.

 

PARO NACIONAL POLITICO frente a HUELGA GENERAL

 

Aunque la huelga general tuviera éxito (cosa altamente improbable) y aun cuando los sindicatos consiguieran arrastras a las masas el 29 de septiembre (y no ser aplastadas por ellas), nada cambiaría: el gobierno llevaría la reforma de la contratación y la prolongación de la edad de jubilación al parlamento y no faltarían partidos de la derecha que votarían en blanco o a favor. Y si esto fallara, siempre está la posibilidad de que estas medidas “sociales” se aprueben por decreto-ley, así pues, lo que requiere la situación no es una “huelga general” de un día… Cuando el gobierno adopta canales “políticos” (parlamento, decretos-ley gubernamentales) LA RESPUESTA DEBE SER POLÍTICA, especialmente en este momento de debilidad y desprestigio de los sindicatos.

 

El problema para articular una respuesta política radica en que la “banda de los cuatro” (PSOE + PP + CiU + PNV) controla todavía la política española y mientras sectores cada vez más amplios de la población (y que hoy se aproximan al 50% como demostrarán las elecciones autonómicas catalanas en noviembre) vuelven la espalda al régimen político y a los partidos mayoritarios.

 

El pueblo español, después del “desencanto” de principios de los años 80, a la que siguió la “era de la corrupción y de los GAL”, y luego “la era del ladrillazo y del amigo americano” para llegar a la “era del humanismo universalista” zapateriano, no es raro que haya vuelto la espalda a la clase política. Es gracias a este absentismo que la “banda de los cuatro” sigue teniendo la iniciativa política. PERO ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ.

 

La propia evolución de la crisis, en poco tiempo, hará que la crisis económica se transforme en crisis política: cuando el PP asuma el poder, lo más tarde en 2012… ¡Y TODO SIGA IGUAL! Cuando en Catalunya la corrupción haya reverdecido con CiU y la desertización industrial prosiga a la misma velocidad que el incremento de la islamización en Catalunya ¡TODO SEGUIRÁ IGUAL! Mientras se van agotando las prestaciones del paro y sus prolongaciones, mientras aumentan los contratos basura, mientras sectores cada vez más amplios de la sociedad son víctimas del subempleo, los salarios de hambre y la precariedad y, cuando, finalmente, siguen llegando -¡incluso a pesar de la crisis!- miles y miles de inmigrantes que jamás encontrarán acomodo en el mercado laboral y que tendremos que subsidiar con nuestros impuestos… ES EVIDENTE QUE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA PUEDE AGUANTAR AUN UNOS MESES MÁS ESTA PRESIÓN ¡PERO NO INDEFINIDAMENTE! ¡NO PARA SIEMPRE!

 

Antes o después, la sociedad española empezará a reaccionar ¡Y NO SERÁ NINGUNO DE LOS PARTIDOS DE LA BANDA DE LOS CUATRO QUIENES PUEDAN LIDERAR LA PROTESTA! ¡SERÁN FORMACIONES DE NUEVO CUÑO LAS QUE AMENACEN EL STATUS DE LA ACTUAL CLASE POLÍTICA CORRUPTA, DEGENERADA E INEFICAZ!

 

El concepto de “huelga general” hay que inscribirlo dentro del sindicalismo soreliano de finales del XIX y principios del XX y siempre como “mito” movilizador. Hoy, la sociedad es muy diferente que en aquella época y los sindicatos ya no aspiran a desencadenar a partir de la huelga general un proceso revolucionario. Por tanto, de una vez por todas, es preciso reconocer que en esta fase de desarrollo del capitalismo –el de la globalización- la huelga general es casi un chiste que ni siquiera raya la chapa del acorazado financiero multinacional en un país concreto. Para colmo, el mundo obrero tienen un papel mucho más disminuido que cuando Sorel teorizó sobre la “huelga general”. Hoy podría estallar una huelga general en las fábricas españolas y no por ello la sociedad se vería desabastecida: los Todo a 100 y el comercio étnico seguirían suministrando productos por tiempo indefinido…

 

Es preciso elaborar un nuevo concepto: el de PARO NACIONAL POLÍTICO cuya finalidad sea ESTIMULAR LA PROTESTA POPULAR Y CONSUMAR EL DIVORCIO DE LAS MASAS CON EL SISTEMA POLÍTICO NACIDO EN LA TRANSICIÓN, ABRIENDO EL PASO A UNA SEGUNDA TRANSICIÓN Y ABRA LAS PUERTAS A UN NUEVO ORDEN POLÍTICO. Cualquier otra cosa –la huelga general, la sustitución del PSOE por el PP- son apenas episodios sin importancia que no cambiarán lo esencial: que el modelo económico español ha fracasado y que en una economía globalizada somos y seremos siempre un país periférico tensionado por la desertización industrial y el flujo masivo de inmigrantes.

 

¿En qué se diferencia la “huelga general” del 29 de septiembre de un “paro nacional político”:

 

1)      La “huelga general” supone movilizar sólo a los trabajadores sindicados para que detengan la vida económica del país. El “Paro Nacional Político”, por el contrario, QUIERE MOVILIZAR A TODA LA COMUNIDAD DEL PUEBLO, A TODA LA NACIÓN.

 

2)      La “huelga general” se realiza siempre contra la patronal y contra el capital, por el contrario, el “Paro Nacional Político” debe realizarse CONTRA LA CLASE POLITICA QUE NO ES MÁS QUE EL DELEGADO DEL CAPITAL PARA ASEGURAR LA DEFENSA DE SUS INTERESES.

 

3)      La “huelga general” –tal como ha sido planteada por los sindicatos- cristaliza en una sola jornada de protesta, puntual y única, superada la cual, todo sigue igual –en especial en jornadas como la que se avecina en la que los sindicatos distarán mucho de paralizar el país-, por el contrario, el “Paro Nacional Político” ES PERMANENTE Y SUPONE LA INTERRUPCIÓN DE LAS RELACIONES ENTRE LA SOCIEDAD Y LA CLASE POLÍTICA, EL BOICOT A TODOS LOS INTRUMENTOS DEL PODER (EN ESPECIAL A HACIENDA), EL BOICOT A LOS PROCESOS ELECTORALES MEDIANTE EL LLAMAMIENTO A LA ABSTENCIÓN O BIEN MEDIANTE LA PRESENTACIÓN DE NUEVAS OPCIONES SITUADAS AL MARGEN DE LA “BANDA DE LOS CUATRO”.

 

4)      La “huelga general” tiene una intencionalidad meramente económico-social, mientras que el “Paro Nacional Político, ASPIRA A PARALIZAR LOS MECANISMOS POLÍTICOS DE DECISION HASTA QUE ESTÉN MADURAS LAS CIRCUNSTANCIAS PARA LEVANTAR UN NUEVO ORDEN POLÍTICO QUE SUSTITUYA AL NACIDO EN 1978.

 

5)      La “huelga general” supone la detención de las actividades de todos aquellos trabajadores contratados a cambio de un salario, el “Paro Nacional Político”, por el contrario, SUPONE ESTABLECER UNA INSOLIDARIDAD PERMANENTE DE LAS MASAS NACIONALES CON EL RÉGIMEN GESTIONADO POR LA “BANDA DE LOS CUATRO”.

 

6)      La “huelga general” aspira a detener la producción un solo día para exteriorizar una protesta, mientras que el concepto de “Paro Nacional Político” SUPONE DETENER LA NORMAL MARCHA DE LOS ORGANISMOS POLÍTICOS Y DE LA MISMA VIDA POLÍTICA DEL PAÍS Y ESO SOLAMENTE SE PODRÁ HACER CUANDO SE CUENTE CON DIPUTADOS Y CONCEJALES PROPIOS ELEGIDOS EN BASE A UN PROGRAMA DE REGENERACIÓN POLÍTICA.

 

Y EL DÍA 29 ¿QUÉ CONVIENE HACER?


Los sindicatos que convocan la huelga general carecen de legitimidad e incluso de fuerza para haceralgo más que acudir los primeros de mes al banco a retirar los subsidios recibidos por el Estado. De todas formas, es rigurosamente cierto que determinadas franjas de trabajadores y de ciudadanos pueden juzgar que el llamamiento de los sindicatos debe de ser aprovechado para exteriorizar su protesta. Y ES BUENO QUE ASÍ SE HAGA, PERO, NO SOLO CONTRA LAS NUEVAS MEDIDAS ANTISOCIALES EL GOBIERNO ¡SINO CONTRA LA CLASE POLÍTICA AMBICIOSA E INCAPAZ Y CONTRA LOS MISMOS SINDICATOS!

 

Ese día puede ser aprovechado para convocar movilizaciones y manifestaciones, no solo sin los sindicatos, sino CONTRA LOS SINDICATOS Y CONTRA LA CLASE POLÍTICA, CONTRA LA GLOBALIZACIÓN, CONTRA LA DESERTIZACIÓN INDUSTRIAL Y CONTRA LA PULVERIZACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO ESPAÑOL A CAUSA DE LA LLEGADA DE 6.000.000 DE INMIGRANTES.

 

Y de eso se trata: DE APROVECHAR CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, CUALQUIER CONVOCATORIA PARA DESBORDARLA, PARA LOGRAR TRANSMITIR A LOS TRABAJADORES MOVILIZADOS EN LA CALLE,

 

-          QUE SON VÍCTIMAS DE LAS BUROCRACIAS SINDICALES TRAIDORZUELAS, VERDAEERAS BOMBAS ASPIRADORAS DE FONDOS PÚBLICOS.

 

-          QUE SON VÍCTIMAS DEL CAPITAL FINANCIERO INTERNACIONAL Y DEL SISTEMA QUE NOS HA IMPUESTO A TODOS, LA GLOBALIZACIÓN.

 

-          QUE SON VÍCTIMAS DE UNA CLASE POLÍTICA SIN ESCRÚPULOS QUE EN 1978 CREO EL MARCO POLÍTICO PARA SATISFACER MEJOR LOS INTERESES DE LA “BANDA DE LOS CUATRO”

 

-          QUE ESTA CRISIS NO ES COYUNTURAL, SINO ESTRUCTURAL Y QUE A ESTA CRISIS SEGUIRÁ OTRA Y OTRA MÁS POR QUE EL SISTEMA MUNDIAL GLOBALIZADO ES INVIABLE A CORTO PLAZO.

 

-          QUE NO HAY SALIDA ECONÓMICO-SOCIAL A LA CRISIS, SINO QUE SOLAMENTE EXISTE UNA SALIDA POLÍTICA QUE SE EXTERIOZARÁ CUANDO NOS EMANCIPEMOS DEL SISTEMA MUNDIAL GLOBALIZADO Y ABORDEMOS UNA REFORMA Y UNA REGENERACIÓN NACIONAL DE CARÁCTER POLÍTICO.

 

Parar solamente el día 29 no es muy diferente a seguir trabajando ese mismo día. LO IMPORTANTE NO ES PARAR O TRABAJAR ESE DÍA, SINO LA ACTITUD CON LA QUE SE AFRONTA CUALQUIERA DE LAS DOS ACTITUDES.

 

Nada importante nos jugamos el día 29, ni nada decisivo se dirime en la convocatoria de las burocracias sindicales.

 

- Quienes se lo juegan son los sindicatos y quien decida salir a la calle debe tener claro que su actitud será aprovechada por los sindicatos para realzar su papel de “interlocutores sociales”, un papel que ni merecen, ni para el que sirven, ni para el que tienen dignidad suficiente.

 

- Quienes decidan secundar el paro deben tener en cuenta que lo imparte no es secundar a los sindicatos, sino desbordarlos, pasar por encima de ellos y atacar al poder político que ha hecho posible que esta crisis nos alcanzara con tanta intensidad.

 

- Por su parte, quien decida no secundar a los sindicatos y continuar en el puesto de trabajo, debe dejar claro, así mismo, que no está defendiendo ni la política del gobierno, ni el modelo económico nacido con el aznarismo, ni los designios de la globalización.

 

POCO IMPORTA COMO ACTUEMOS ANTE LA LAMENTABLE HUELGA GENERAL CONVOCADA POR LAS BUROCRACIA SINDICALES. LO ESENCIAL ES EMPEZAR A SUSTITUIR EL CONCEPTO DECIMONÓNICO DE “HUELGA GENERAL” POR EL DE “PARO NACIONAL POLÍTICO” Y ACTUAR EN CONSECUENCIA.

 

Se trata de aprovechar la huelga general del día 29 para realizar movilizaciones y concentraciones al margen de las burocracias sindicales como primer paso para abrir el camino al “Paro Nacional Político” y desbordar el llamamiento tardío, débil y forzado de las burocracias sindicales.

 

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis”yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

LA FAMILIA. La tradición ancestral más genuina y antigua de Europa

Infokrisis.- La Europa de hoy es altamente tributaria del mundo clásico. Tanto es así que algunos pensamos que la solución para el Viejo Continente es combinar los adelantos científicos más avanzados nacidos del genio de Europa con la tradición más ancestral. Y esta es la herencia clásica.

Por que fue aquí, en la sagrada tierra de Europa, donde nació la democracia, el pensamiento científico y todo aquello por lo que hoy vale la pena vivir e incluso sacrificarse. Y fue también en el mundo clásico donde nació una concepción de la familia que merece ser recuperada. Nuestro guía en esta etapa va a ser el brillante Foustel de Coulanges y su no superada y más que centenaria obra “La Ciudad Antigua”.

Explica Foustel que si nos trasladamos con la imaginación al mundo clásico encontraremos en cada casa un altar y en derredor del altar una familia congregada. La familia tiene conciencia de sí misma gracias a la memoria de sus ancestros. Si careciera de ancestros, ni siquiera existiría. Los vivos y los muertos están unidos en torno a este altar y no lejos de él, siempre cerca de la casa, se encuentra la tumba de los antepasados, la que Foustel denomina “la segunda mansión de la familia”. Y añade: “allí reposan en común varias generaciones de antepasados: la muerte no los ha separado. Permanecen agrupados en esta segunda existencia y continúan formando una familia indisoluble”. Por que lo que une a los miembros de la familia antigua es la religión del hogar y de los antepasados, sin duda la mejor y la más realista de todas las religiones. Resulta difícil que la presencia de un dios, ignoto e improbable, condicione nuestro comportamiento cotidiano, pero la fidelidad a los ancestros, a los de nuestra sangre, de nuestro linaje, a los que nos precedieron y de los que somos últimos vástagos, eso si que tiene fuerza de compromiso.

La familia antigua tenía su altar en el hogar. Hogar, religión, familia, eran lo mismo. Es por eso mismo que Foustel puede decir con justicia: “Una familia era un grupo de personas a quienes la religión permitía invocar el mismo hogar y ofrecer la comida fúnebre a los mismos antepasados”. El fundamento de la familia era religioso y cultual. Separándose de la familia, el individuo quedaba al margen de la sociedad; espiritualmente era un desahuciado por que jamás su memoria sería venerada por los miembros de su familia. La idea era que al morir, el hombre clásico perdía su cuerpo físico, pero una entidad más profunda seguía acompañando a los miembros de su familia y se manifestaba a través del fuego sagrado del hogar situado en el altar del culto doméstico. Además, las familias patricias romanas podían establecer con toda precisión el origen de su linaje en algún dios o héroe de la mitología clásica: Hércules, Agamenón, Aquiles, Marte, etc. Y había que ser fiel al linaje de los ancestros por que ellos eran dioses.

Cada culto doméstico era diferente y particular al resto. Cuando una joven perteneciente a una familia determinaba se enamoraba de un joven de otra familia y terminaba casándose con él, no se trataba sólo de una boda con consecuencias sobre la herencia, la dote, la descendencia, etc. sino que afectaba sobre todo al culto doméstico. Abandonar el hogar paterno y construir otro con el esposo, equivalía a convertirse a otra religión: de ahí la importancia del matrimonio y la gravedad de la elección. Por eso los antiguos llamaban al matrimonio “ceremonia sagrada”.

La boda, si es que así puede llamarse, constaba de tres episodios: el primero transcurría en el hogar del padre, el tercero en el hogar del marido y el segundo era el tránsito de uno a otro. Inicialmente el padre de la novia, en su hogar ofrecía un sacrificio a los ancestros y declaraba que entregaba a su hija al novio. Solamente si el padre accedía a que su hija se desligara del culto doméstico, el matrimonio era considerado válido. Para entrar en la nueva religión doméstica, debía, previamente, abandonar la antigua. La segunda fase era una ceremonia iniciática que equivalía a un rapto: no en vano, el marido cogía entre sus brazos a la novia y entraba así en el nuevo hogar. Las amigas de la novia y ella misma debían gritar y realizar un simulacro de resistencia, aunque, claro, ninguna aspiraba a que el “rapto” fracasara. Ya en el hogar, el esposo colocaba a la esposa en presencia de la divinidad doméstica. La rociaba con agua lustral y tocaba el fuego sagrado. Rezaban unas oraciones y comían juntos una torta de pan, frutas y vino. Las tres fases se llamaban: tradition, deductio in domun y confarreatio. La fórmula romana: “Nuptiae sunt divini juris et humani communicatio” implicaba que la mujer había entrado a formar parte de la religión del marido.

Así concebían nuestros ancestros –todos los hijos de la Vieja Europa somos, así mismo, hijos del mundo clásico- la unión de un hombre y una mujer con vistas a formar una familia. Foustel, por eso concluye: “La institución del matrimonio sagrado debe ser tan antigua en la raza indoeuropea como la religión doméstica, pues la una va unida a la otra. Esta religión ha enseñado al hombre que la unión conyugal es algo más que una relación de sexos y un afecto pasajero, pues ha unido a dos esposos con los poderosos lazos del mismo culto y de las mismas creencias”.

El matrimonio era, por todo ello, sagrado e indisoluble. No eran unos pacatos estos romanos que concedían el divorcio civil con una gran facilidad... el civil, por que el matrimonio religioso no se disolvía por el equivalente al tribunal romano de la Rota, sino que se precisaba otra ceremonia sagrada: “Solo –dice Foustel- la religión podía separar lo que la religión había unido”.

Luego estaba la cuestión de los hijos. Cada romano y cada griego tenían el máximo interés en dejar un hijo tras de sí, por que gracias a ellos dependía su propia inmortalidad. Es más: tener hijos era uno de los deberes para con los antepasados, pues su dicha podía durar lo que durase la familia. En el mundo indo-europeo el primer hijo recién nacido se llamaba “el hijo del deber”, los demás eran hijos del amor, de la pasión o de los efectos de la noche al claro de luna llena. Pero el indo-europeo debía ante todo cumplir con su deber engendrando el vástago que supondría la posibilidad de prolongar el linaje. Por que el matrimonio era poco menos que obligatorio. Fustel cuenta que Dionisio de Halicarnaso había visto en los viejos anales de Roma una ley que prescribía el matrimonio de los jóvenes. Alabada sea aquella ley y maldito el tiempo futuro que la perdió. Cicerón en sus comentarios sobre la ley romana dice que proscribía el celibato. Y Fustel colige de todo esto que “el hombre no se pertenecía, sino que pertenecía a la familia”.

Del concepto de familia (como agrupación de los que proceden del mismo linaje en torno al altar doméstico), hemos pasado al examen del vínculo que lo hace posible (la boda con sus tres fases), para ver luego la importancia que adquiría el “hijo del deber” (en tanto que propagador del linaje). Pero si alguien creía que con esto ya bastaba, erraba. No era suficiente con engendrar un hijo. El hijo, además, debía ser engendrado según un ritual sagrado para que pudiera tener el poder de perpetuar la religión doméstica (y, por tanto, a la familia misma). El vínculo de sangre no era suficiente para prolongar la familia: era preciso un vínculo superior. Fustel, una vez más, explica con brillantez: “el hijo nacido de una mujer que no hubiese estado asociada al culto del marido por la ceremonia del matrimonio, no podía participar por sí mismo en el culto”. El casamiento era, por ello, obligatorio. Su objeto no era el placer, ni la fusión de dos fortunas patricias o del hambre y las ganas de comer plebeyas. El matrimonio servía para unir a dos seres del mismo culto doméstico para hacer nacer un tercero que fuera apto para continuar este culto.

Estaba claro que si la mujer era estéril el matrimonio podía disolverse sin excepciones. Por que es básico entender esto: lo fundamental para el griego y el romano antiguo era que la familia no se extinguiera y que la llama del culto doméstico jamás se consumiese. Y a este objetivo se subordinaba el amor, el pragmatismo o la pasión. Más aún: en las legislaciones indo-europeas más antiguas, si la esposa enviudaba, estaba escrito que debía casarse con el familiar más próximo del marido. Y si tenía hijos con él, éstos se consideraban hijos del difunto.

El nacimiento de una hija no suponía cumplir con el “hijo del deber”. Debía ser hijo varón. Pero tener un varón tampoco bastaba. Era preciso recibirlo en la comunidad religiosa familiar. El rito prescribía que, inicialmente, el hijo fuera reconocido por el padre. Luego venía la iniciación que los romanos celebraban al noveno día de vida del recién nacido, los griegos el décimo y los hindúes el duodécimo. Ese día el hijo era presentado a los dioses domésticos, una mujer debía llevarlo en brazos y dar con él varias vueltas en torno al fuego doméstico. A partir de ese momento se consideraba que el niño había entrado en la comunidad familiar, estaba obligado (obligado sería decir mucho, tenía el derecho sería quizás más adecuado) a practicar el culto doméstico y a profesar la religión de los antepasados. Por que era un privilegio más que una obligación.

Fíjense si estas concepciones estaban fuertemente arraigadas que influían en toda la legislación y en algunas instituciones familiares. Veamos. En aquellos tiempos la vida media era corta, no sólo por la precaria salubridad, sino también por la abundancia de guerras. Se tendía a que las familias fueran más que numerosas; la propia matrona romana era el símbolo de la fertilidad y de las necesidades de aquella sociedad tan ruda como pura y esencial. Además, si algo caracteriza a Roma era el pragmatismo. De ahí que existiera todo un ritual de adopción que garantizase la incorporación de hijos no sanguíneos al linaje. Cuando un linaje carecía de hijos varones, la legislación y el ritual permitían que se incorporara uno. Se repetían las mismas exigencias que para el matrimonio: para que un hijo pudiera integrarse en una nueva religión debía de abandonar la antigua. Cuando se adoptaba un hijo era preciso ante todo iniciarle en el culto familiar: “introducirlo en la religión doméstica, acercarlo a los penates”. El lazo de nacimiento quedaba roto, el vínculo otorgado por la iniciación era más fuerte y, desde luego, superior. Se integraba en una nueva familia y, para ello, era preciso emanciparse de la anterior; esto es, debía emanciparse de la religión practicaba por su antigua familia que, a partir de ese momento, ya no era nada para él. Para el mundo clásico, el lazo de la sangre no era nada a la hora de establecer un parentesco –cualquiera que sea- era preciso el vínculo del culto. Por que –siempre con Fustel- “la religión determina el parentesco”. El hijo no podía recibir la herencia del padre si no compartía el culto doméstico o si había abrazado otra forma de culto.

Demos otro paso ya que hablamos de herencia: la propiedad. Contrariamente a lo que algunos tienen tendencia a pensar, la propiedad privada no existió siempre. El establecimiento de la propiedad privada fue largo, trabajoso y no se realizó de manera uniforme. Los germanos cultivaban la tierra y eran propietarios de la cosecha... pero no de la tierra. Las tribus indoeuropeas se reunían cada año para deliberar qué lotes de tierra debían cultivar sus miembros. Había variantes: para los griegos, la cosecha era propiedad común y sólo la tierra pertenecía al patrimonio de la familia. Pero fuera cual fuese la desembocadura práctica, lo cierto es que en las sociedades indo-europeos la religión doméstica, la familia y el derecho de propiedad estaban íntimamente unidos. Cada familia tenía sus dioses y su culto; la propiedad se inicia precisamente con ese concepto: la familia es propietaria colectiva de los dioses. En un segundo paso dado que los dioses están asentados en el culto doméstico, esto es, en el hogar, y éste sobre una tierra, existe finalmente una relación misteriosa entre los dioses y el suelo. Y esto estaba arraigado de tal manera que la pena de destierro por la cual el sujeto debía abandonar la tierra de sus ancestros, era considerado como tan grave como la pena de muerte e incluso más por que suponía vagar por el mundo como un muerto en vida, sin relación con un linaje, con un culto doméstico y con un hogar.

Después de los dioses, el hogar –templo de esos dioses- constituye la segunda etapa de la aparición del derecho de propiedad. Pero, fijémonos, que no se trata de una propiedad individual, sino familiar. Aquella seguía sin existir. El hogar tenía puerta y esta debía permanecer cerrada, ¿por seguridad? ¿para preservar la intimidad? Sólo en parte: no conviene que el hogar permanezca abierto para que alguien ajeno a la familia vea el desarrollo del culto doméstico. Por eso los dioses de este culto se llaman “penates”, literalmente dioses interiores u ocultos. Por eso mismo, el hogar es aislado del exterior mediante un cercado que delimita un recinto sagrado que el dios protege y vela. Violar este recinto supone, no un atentado a la propiedad privada, sino un sacrilegio y una muestra de impiedad. De ahí la dureza con que siempre se castigó en el mundo antiguo el “allanamiento de morada”. El domicilio era inviolable: el dios doméstico –comenta Fustel- “ahuyentaba al ladrón y alejaba al enemigo”. El recinto sagrado era el herctum y en su centro estaba el altar doméstico. Cada casa debía estar aislada de otras; no podía haber muros en común: miren cualquier bloque de apartamentos de nuestra ciudad y los ansiados “adosados” y verán hasta qué punto estamos hoy en la inversión del concepto antiguo de hogar. “¿Qué hay de más sagrado que la morada de cada hombre?” se preguntaba Cicerón. Hoy sería fácil responderle: la televisión, el automóvil. Y en cuanto a lo que hoy llamamos “allanamiento de morada” penado con cuatro años, tres meses y un día, en otro tiempo suponía un sacrilegio. Fustel –siempre Fustel- escribe: “Para invadir el campo de una familia era necesario derribar o cambiar de sitio un límite; ahora bien: este límite era un dios. El sacrilegio era horrendo y el castigo severo”. Los romanos, que para esto no se andaban con chiquitas, establecieron en su legislación más antigua: “Si ha tocado el término con la reja de su arado, que el hombre y sus bueyes sean consagrados a los dioses infernales”, en otras palabras que el hombre y los bueyes debían ser sacrificados en expiación.

Nadie podía vender su propia casa –para horror de los API y desesperación de los gestores hipotecarios-, ni renunciar a ella. Era una ley antigua. Ni vender la tierra ni dividirla. La cosa es coherente: “Fundad la propiedad en el derecho del trabajo, y el hombre podrá enajenarla. Fundadla sobre la religión y ya no le será posible, pues un lazo más fuerte que la voluntad humana asocia al hombre a la tierra”. Fustel una vez más. La propiedad no es propiedad de un sujeto, sino que éste es su depositario en tanto que mero eslabón en la cadena del linaje. Por eso mismo la expropiación con fines de utilidad pública era desconocida por los antiguos. La Ley de las Doce Tablas prescribía la imposibilidad de confiscar las tierras de un deudor, pero con la misma autoridad establecía que el cuerpo de éste pertenecía al acreedor. La sociedad antigua no bromeaba con ciertas cosas.

El derecho de sucesión estaba plenamente regulado y garantizado. Cicerón resume: “La religión prescribe que los bienes y el culto de cada familia son inseparables y que el cuidado de los sacrificios recaiga en aquel que reciba la herencia”. Y un abogado griego especificaba ante el juzgado: “Reflexionad bien, jueces y decidid entre yo y mi adversario quién debe heredar los bienes de Filémon y hacer los sacrificios sobre la tumba”. Por que el cuidado del culto y la sucesión son inseparables. Fustel colige de todo esto que: “transmitiéndose la religión doméstica de varón en varón, la propiedad se hereda del mismo modo”. Lo que hace que el hijo herede no es la voluntad personal del padre. El padre no necesitaba hacer testamento: el hijo hereda sin restricciones. Pero es el hijo mayor el que hereda; no la hija. ¿Por qué?

Dado que la hija no es apta para mantener la llama de la religión doméstica en la medida en que al casarse renuncia al culto de su propia religión para asumir la del esposo, por eso mismo no tiene derecho a la herencia. Hacer heredera a la hija implicaría dejar al altar doméstico sin culto. ¿Y si el padre moría sin hijos? Entonces se intentaba buscar entre sus familiares quien debía ser el continuador del culto. La ley ateniense prescribía que “Si un hombre muere sin hijos, el heredero es el hermano del difunto, con tal que sea hermano consanguíneo; a defecto de éste, el que hereda es el hijo del hermano: pues la sucesión pasa siempre a los varones y a los descendientes de los varones”.

De todo esto puede deducirse que nuestros antepasados no daban importancia alguna al testamento. Los recios habitantes de Esparta lo proscribieron, simplemente. Solón en su código lo permitió sólo a quienes morían sin herederos. Legar arbitrariamente los bienes era una opción que apareció en un tiempo muy posterior a los orígenes. Todo el patrimonio era indivisible e iba a parar al primogénito, el “hijo del deber”. El código de Manú, ley de los antiguos arios establecía que “el primogénito sienta por sus hermanos menores el amor de un padre por sus hijos, y que éstos, a su vez, lo respeten como a un padre”.

El padre de familia detenta una autoridad similar a la de un jefe de Estado. Falta saber de dónde derivaba tal autoridad, pero está claro que ésta era, sobre el papel, absoluta hasta el extremo de poder vender y matar a su hijo. En el mundo clásico el origen del derecho no hay que buscarlo en un legislador, sino en la familia. Los principios que regían a la familia, con el tiempo pasaron a ampliar su radio de acción y a trasladar sus principios a un marco más amplio.

La autoridad en la familia, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no la detentaba el padre en tanto que tal. Hay alguien que está por encima del padre: la religión doméstica y el dios al que los griegos llamaban el “hogar-dueño” y los latinos “lar familiae pater”. Era una divinidad interior o, con más precisión, la creencia que anida en el alma humana, una autoridad indiscutible a partir de la cual se establecía la jerarquía familiar. El padre era el primero en tanto que encendía el fuego sagrado y lo conservaba. Era el pontífice, quien establecía puentes entre el mundo humano y el de los lares. Le corresponde dirigir y ejecutar la liturgia y los sacrificios, pronuncia las oraciones. La familia se perpetuaba a través suyo. Cuando muera se transformará en un ente divino que los descendientes invocarán. La mujer tenía otro rango, ni superior, ni inferior, simplemente diferente. Las legislaciones indo-europeas la consideraban como una menor de edad. No podía tener hogar propio ni presidir el culto. Era la materfamilias pero perdía el título al morir el marido. Soltera estaba sometida al padre; muerto el padre, a sus hermanos; casada a su marido; muerto el marido, a sus hijos. Que no se vea en esta dependencia una imposición, ni el derecho del fuerte, sino que derivaba de las creencias religiosas que situaban al varón como pontifex del culto doméstico. La mujer ejercía también, en cierto sentido, un sacerdocio. Tiene sus derechos derivados de ser la encargada de velar para que el hogar no se extinga. Sin ella, el culto doméstico resulta insuficiente. Si el paterfamilias enviuda, pierde por eso mismo el sacerdocio. En contrapartida, la legislación, las costumbres y la tradición romana atribuían a la mujer una gran dignidad, tanto en su papel de madre matrona como de amante. No nos engañemos: pocas sociedades como la romana han tenido en tan alta estima a la mujer y la han dotado de semejante veneración, incomparable con el rol social actual de la mujer. El hijo, por su parte, no podía cuidar el culto doméstico mientras viviera el padre y no importaba si se casaba y tenía hijos. En la casa romana, en la casa indo-europeo, si bien no existía la igualdad de derechos y obligaciones, si al menos había una igual dignidad. Esto es mucho más de lo que existe hoy.

La religión doméstica configuraba el núcleo familiar y lo organizaba. Se equivocan quienes atribuyen a este modelo organizativo un machismo inherente a la condición de varón del padre. En absoluto, repitámoslo otra vez, esa preeminencia aparecía en función de su papel en el culto doméstico y de su condición de sacerdote del hogar y depositario de los misteriosos ritos del culto y de las fórmulas secretas de oración. Fustel de Coulanges realiza un análisis etimológico de la palabra “pater”. En griego, latín y sánscrito la palabra era la misma y tenía idéntico significado. Era una palabra –y un concepto- antiguo, casi diríamos “originario”. Cuando los romanos querían aludir a quien había contribuido al nacimiento de los hijos, no utilizaban la palabra “pater”, sino “genitor” y los indios “gânitar”. Por lo demás, su autoridad distaba mucho de ser absoluta: era dueño del hogar y de sus bienes, pero no podía ni entregarlo, ni enajenarlo. Podía repudiar a los hijos, pero no era una decisión que se tomara a la ligera pues podía correr el riesgo de morir sin descendencia y, por tanto, su familia se extinguiría y los manes de sus antepasados caerían en el olvido. No había –óigase bien en estos tiempos de derechos adquiridos y relativismos morales- derecho del padre que no estuviera acompañado de obligaciones. Era el primero de entre los miembros de su familia, por que le correspondían unos deberes tan absorbentes que, en el fondo, no era sino el primer servidor de la familia.

Los lares eran los dioses terribles encargados de castigar a los humanos y velar sobre el destino del hogar. Los penates son los dioses que nos hacen vivir, mantienen nuestro cuerpo y sostienen nuestra alma. Los manes son nuestros antepasados devenidos dioses tras al muerte. Dioses protectores, dioses mantenedores, dioses destructores, era difícil que el romano en su hogar se sintiera solo: todo una cohorte sutil le acompañaba, le protegía y lo sostenía. El dios de la caridad no existía. El amor al próximo tampoco. Un hombre veía en otro a un ente exterior a sus ritos, que no debía conocerlos, con el que no tenía oraciones en común, ni siquiera dioses. Por lo mismo, el romano antiguo no imploraba a su dios en beneficio de alguien ajeno a la familia. También ignoraba lo que era la caridad: el romano entendía sólo de deberes. Y el primero de todos era contraer matrimonio. El celibato no era solo una negligencia, era también un crimen.

Nuestro padre es el mundo clásico. Yo me siento hijo de Roma. En Roma, para nosotros hispanos, empezó todo. Entramos en la civilización de la mano de Roma y de su romanización. No podemos evitar admiración, veneración y nostalgia por estos orígenes. Hoy aquel modelo histórico es irrecuperable, pero si es posible repensarlo. Por lo demás, este modelo no desapareció bruscamente, sufrió distintas adaptaciones y mantuvo hasta un tiempo relativamente reciente residuos de sus orígenes. La función de esta pequeña obra consiste en rescatar algunas de las tradiciones y costumbres –casi completamente desaparecidas en nuestros días- que afectaron al matrimonio y a la familia en nuestro horizonte geográfico. Vamos a intentar enumerar estas tradiciones y darles una explicación. Todo sea para recuperar el legado de nuestros ancestros, todo para renovar el contacto con el mundo de los orígenes.

Sabemos como se concebía la familia y el matrimonio en la Roma patricia. Veamos qué características ha tenido en la España tradicional.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

A por ellos: la catástrofe de la enseñanza...

Infokrisis.- La reciente autorización de Sarkozy a los registros, cacheos de alumnos y a la colocación de filtros de seguridad en centros de enseñanza conflictivos es el resultado final del desplome de la enseñanza en Francia previsto desde hace 15 años. En España la situación no es mucho mejor. No hace tanto tiempo que nosotros mismos y nuestros hijos frecuentábamos escuelas en las que los profesores podían caernos mejor o peor, pero, en cualquier caso, merecían y recibían un respeto y tenía "autoridad". Hoy, para las nuevas generaciones de estudiantes, el profesor es un don nadie al que se le hace la vida imposible. Las autoridades académicas y las nuevas tendencias educativas que inspiran las "escuelas normales", tienen mucho que ver en esta pérdida del prestigio del profesor. No es tarde para revisar el problema, pero superarlo solamente puede derivar de la restauración del principio de autoridad en las aulas. Buena parte de los mismos profesores, ni siquiera creen ya en este principio...


En 1995, Phillip Lawrence, director de un colegio de secundaria de Londres, fue asesinado cuando intentó intervenir en una pelea entre alumnos de su escuela y una banda de menores. En abril de 1996, el gobierno francés adoptó un nuevo plan contra la violencia escolar, presionado por los padres de los alumnos. Trece años después, Sarkozy autorizó los registros y cacheos personales de los alumnos al entrar en clase cuando más de 5000 centros de secundaria, sobre 8000, estaban expuestos a la violencia. En septiembre de 1996 se produjeron tres muertos en la enseñanza secundaria, cifras que fueron creciendo en años sucesivos hasta imponerse los filtros de seguridad, las cámaras de videovigilancia y la contratación de guardias jurados.

 

En 2000 se supo que el 30% de los alumnos y el 17% de las chicas del Reino Unido llevaban armas para protegerse. En enero de 1998 un escolar japonés de 13 años mató a puñaladas a una profesora, al ser reprendido por haber llegado tarde. El mismo mes en el que el Grupo de Menores de la Policía de Barcelona constataba el aumento de la delincuencia en las escuelas, en el colegio Westside de Jonesboro (Arkansas) dos niños de 11 y 13 años mataban a cuatro compañeros y una profesora. Era marzo de 1998. En abril de ese año, el gobierno inglés, autorizaba la creación de cinco “prisiones de lujo” para niños y niñas de 12 a 14 años, cada una de cuyas plazas tenía el coste de una matrícula anual en la selecta escuela de Eton.

 

A partir de 1999 la violencia juvenil se disparó en EEUU hasta el punto de que el presidente Clinton, propuso una “guía de alerta” sobre la violencia escolar. Habrá que esperar a que dos alumnos de 17 y 18 años del instituto Littleton de Denver Colorado maten a tiros a 12 compañeros y un profesor, antes de suicidarse, para creer que, efectivamente, algo estaba pasando. En septiembre de 1999 se proclama en Washington el toque de queda para menores.

 

¿Todo muy alejado de nosotros? El mismo mes en que ocurría ese incidente en EEUU, dos jóvenes del Instituto Abyla de Ceuta fueron expulsados por llevar una pistola al centro. En esa época la violencia ya empezaba a asediar los centros de estudio en España. Hoy, el 80% de los profesores afirma que los problemas de convivencia son la principal fuente de preocupación en su quehacer diario. El 26 de enero de 2003, el 50% de nuestro profesorado admitía en una encuesta haber vivido alguna situación violenta en su puesto de trabajo, y entre los alumnos, 4 de cada 10, confiesa haber sido objeto de la conducta violenta de sus compañeros. Un año después el sindicato ANPE realizó un estudio entre el profesorado de la Comunidad de Madrid que aportaba los siguientes datos: el 87% de los docentes no se sienten protegidos por la administración, el 80% ha sido insultados o han sufrido la indisciplina de los alumnos y el 81% de los alumnos le falta al respeto al profesor.

 

El año siguiente, 2005, el mismo sindicato elaboró un estudio que acentuaba más las tendencias alarmistas que se desprendían de la encuesta anterior: el 73% de los profesores de la Comunidad de Madrid (73 por ciento) se encuentran en riesgo de padecer enfermedades psíquicas como ansiedad o depresión, siete de cada diez profesores que consultan al servicio de asesoramiento presentan síntomas de depresión, un tercio de ellos recibe tratamiento psicológico, tres de cada cuatro casos corresponden a profesores a los que les resulta imposible dar clase, una cuarta parte sufre amenazas verbales de los alumnos, uno de cada diez recibe presiones dentro del centro, la mitad de éstos recibe también amenazas de los padres, en una proporción similar a la de los que han sufrido alguna agresión física.

 

En otros lugares de Europa la situación está sensiblemente peor. En Francia, por ejemplo, la enseñanza pública está pulverizada. La escuela pública francesa que durante casi dos siglos fue un modelo para toda Europa, atraviesa hoy una crisis que la inhabilita para cumplir su función. Hubo un tiempo en el que la escuela pública francesa era envidiada por los pedagogos españoles. Hoy, vamos camino de seguir los mismos pasos que los colegios públicos franceses emprendieron hace 20 años. Y además, estamos recorriendo ese camino aceleradamente. Pero quizás, de entre todas las muestras de crisis de la enseñanza pública francesa que se repiten más frecuentemente en España, la agresión contra los profesores sea la más similar en ambos países.

 

¿Es necesario exponer porque no se puede agredir a los profesores?

 

Si hace falta explicar porque los alumnos no pueden agredir a los profesores, es que algo está yendo muy mal. Vale la pena resumir unos cuantos argumentos es porque consideramos que puede ayudarte –a ti que tienes interés por todo lo que te rodea y que eres consciente de que si estás en la escuela es para algo más que calentar al asiento– a comprender el proceso de transmisión del saber. Éste proceso se basa en:

 

- Los protagonistas de la enseñanza: para que exista enseñanza debe de existir, una materia a transmitir, un alumno y un profesor. Todo lo demás –libros de texto, espacio físico, leyes de educación– son complementarios. Lo único esencial es que exista profesor, alumno y contenido.

 

- El “sujeto activo” y el “sujeto receptivo”: para que pueda existir transmisión del saber es preciso que el profesor disponga de un conocimiento y de la capacidad de transmitirlo. Su actitud es “activa”. El alumno debe estar motivado para recibir este conocimiento. Su actitud debe ser, pues, “receptiva”.

 

- La existencia de una relación jerárquica reconocida por ambos: en la enseñanza no existe igualdad. En este terreno rige la ley de la jerarquía que deriva de la especialización. Uno “entrega saber”, otro “recibe saber”. Ambos tienden, finalmente, a la nivelación, pero hasta llegar a ella, uno está situado por encima del otro: ocupa un rango jerárquico superior con deberes y obligaciones diferentes en ambos casos.

 

- Amor a la sabiduría y respeto mutuo, imprescindibles: pero hay elementos comunes entre profesor y alumno. Ambos deben amar el saber, la cultura, la educación, la transmisión de conocimientos. Si una de las dos partes es un completo pasota, no hay nada que hacer, el proceso de la enseñanza fracasará. Y ambos deben tenerse respeto mutuo. No importa si el profesor está por encima, jerárquicamente, del alumno, ni tampoco que sus derechos y obligaciones sean diferentes: lo que importa es que exista un respeto recíproco entre ambos.

 

Y sin embargo, en las clases, diariamente, buena parte de lo anterior no se aplica como debería. Este libro lo escribimos para ti, alumno, por tanto es de tus obligaciones de lo que vamos a hablar. El profesor sigue varios años de preparación para la enseñanza, así que –en general– sabe lo que está haciendo. A ti, en cambio, parece que nadie te enseña para qué acudes a clase. No hay unanimidad al respecto.

 

– Unos van a clase mientras es obligatorio, todo aquello no les interesa nada. Van porque están obligados a ir y cuando la enseñanza deja de ser obligatoria, la abandonan.

 

– Otros consideran la escuela como una especie de almacén, no es preciso aprender nada, tan solo que el alumno esté a buen recaudo mientras sus padres trabajan.

 

– Se cuenta a los alumnos que van a clase para “socializarse” y/o “divertirse”. Es mentira: los chavales se socializan antes de ir a la escuela y para divertirse tienen muchas opciones, no, desde luego, la escuela (aparte, claro está, de que con se diviertan en los recreos o el profesor tenga la habilidad de hacerles entretenida la enseñanza).

 

Algunos datos sobre la violencia en las aulas. Francia.

 

A partir de 2000 se han sucedido en Francia huelgas de profesores que se sentían “desprotegidos” ante las constantes amenazas de los alumnos. Y es raro, porque dinero no ha faltado: el Estado invirtió en educación, creó más puestos docentes y el número de alumnos disminuyó. Ni aún así se logró mejorar la enseñanza: tener un título expedido por una escuela pública francesa es no tener nada, además ha aparecido una violencia contra profesores y entre alumnos.

 

El 30 de enero de 2006 se publicaba en La Razón que para ser profesor en Francia era imprescindible poseer conocimientos de autodefensa… La semana anterior un alumno de 11 años se lanzó al cuello de una profesora embarazada y empezó a estrangularla, mientras otros compañeros aplaudían... Otro alumno sacó una pistola de fogueo y disparó. En pleno curso las escuelas empezaron a ser frecuentadas por policías de paisano. El 16 de diciembre de 2005. Karen Montet–Toutain, 27 años, profesora de artes plásticas en el instituto Louis Blériot, en la periferia sur de París, recibió tres puñaladas de Kevani Wansale, alumno suyo de 18 años de origen extranjero. El agresor quiso vengarse de los comentarios negativos de la maestra sobre su comportamiento. Meses antes, esta misma maestra había vivido escenas poco propias de un centro docente. «Profesora, tengo ganas de hacérmela encima de la mesa de clase», le espetó un alumno, pronto apoyado por uno de sus compañeros: «Vale, cuando acabe te la paso». Días más tarde, concretamente el 5 de diciembre, un grupo de chavales le comentaron, entre risas, que iban a robar en su casa y que tenían su dirección. «¿Qué haréis si estoy en casa?», respondió la enseñante. «Te meteremos una bala en la cabeza», fue la respuesta. Sin risas. Ambos sucesos acabaron plasmados en dos informes enviados por la víctima a la inspección de estudios. Sin respuesta. El hecho de que la mayoría de alumnos de ese centro sean de origen extranjero, pareció condicionar la falta de respuesta de las autoridades: y, aún hoy, en Francia, se prefiere la política del avestruz (esconder la cabeza ante la realidad y mirar para otro sitio).

 

En noviembre de 2005 se produjo en Francia un estallido social en las barriadas pobladas por inmigrantes no europeos. Habitualmente se trata de zonas desfavorecidas, pobladas por grupos étnicos y culturales que tienen poco que ver con la cultura y con la psicología francesa. Durante un mes, Francia estuvo colapsada por esta revuelta de los arrabales. Pues bien, existe un lazo muy directo entre la degradación de la enseñanza en las escuelas, la aparición de la violencia y los episodios de violencia protagonizados por inmigrantes e hijos de inmigrantes. Pero hay que hacer una advertencia necesaria.

 

La inmensa mayoría de inmigrantes que vienen a Europa, lo hacen para trabajar. Ni vienen a delinquir, ni vienen a poner en peligro nuestro modelo de vida. Ahora bien, de la misma forma que esto es cierto, también es cierto que la mayoría de delitos y de situaciones conflictivas –incluso en las escuelas, o quizás, preferentemente en las escuelas– es protagonizada por inmigrantes e hijos de inmigrantes.

 

Una minoría crea muchos problemas. ¿Por qué? Se suele responder diciendo que están lejos de su medio ambiente originario, o que tienen otra cultura, otra educación, otra visión del mundo y no están dispuesta a sacrificarla por la europea; en realidad, muchos no se sienten competitivos en Europa y se refugian en sus valores originarios: el fundamentalismo religioso, la “tribu” compuesta por gentes de su mismo origen, o incluso, la banda étnica que actúa violentamente contra todo lo que no es ella misma; otros no están dispuestos a trabajar como sus padres, a cambio de salarios bajos y de ver en los escaparates de las tiendas objetos que no podrán ser suyos quizás nunca o bien a cambio de agotadoras jornadas laborales. Se den las explicaciones que se den, lo cierto es que la enseñanza pública francesa está pulverizada en las zonas en donde la inmigración es masiva.

 

¿Es posible detener este proceso?

 

Sí, claro, pero para ello es preciso diagnosticarlo. Y aquí es donde se falla por prejuicios de todo tipo. En los años 50–70, los inmigrantes españoles y portugueses estaban presentes en toda Europa. Los estados europeos no invirtieron ni una sola moneda en su integración y, sin embargo, ésta se produjo espontáneamente. Nunca la inmigración española o portuguesa, creó problemas en las comunidades de origen.

 

Lamentablemente, existen bolsas de inmigrantes de otros países a las que en toda Europa se ha ayudado a integrarse, se les ha subvencionado, se les ha ayudado en todo lo posible, pero, da la sensación, de que su integración no  avanza mínimamente. Es más, las ayudas tienen como efecto el contrario al esperado: “si me das esto, es que puedes darme más y, si me das más, sólo me tengo que esforzar en exigirlo, no en ganarlo mediante el trabajo”.

 

El problema es que los Estados modernos tienen muchas preocupaciones y frentes a los que atender y que la sociedad europea no puede asimilar a la inmigración en el número desmesurado en que está llegando; ni hay trabajo suficiente para todos, ni hay posibilidades de subvencionarles permanentemente en número siempre creciente.

 

Reconocer este problema y en estos términos, no es “políticamente correcto”. Y por tanto, se prefiere la política de la subvención, pensando que tarde o temprano, terminarán integrándose en la sociedad europea. Pero esto no ocurre, sino que es todo lo contrario a lo que estamos asistiendo: los sucesos de noviembre de 2005 en Francia, y antes en mayo en Perpiñán, fueron sintomáticos.

 

Y, lo peor, es que el problema ya lo tenemos en España. Tu y tus profesores y todos los que, de alguna manera, participamos en la comunidad educativa, tenemos la obligación de que la situación francesa no se contagie en nuestro país.

 

Así está la situación. En esta España hay dos verdades: la de la España “oficial”, verdad de las autoridades educativas para las cuales, en todas las comunidades autónomas no hay problema de violencia contra los profesores; y la de la España “real”,  la de los profesores que están directamente relacionados con el problema para los que la violencia empieza a ser alarmante.

 

¿Quién tiene razón? Ha hecho falta de Jokin se suicidara para que en España se empezara a hablar de violencia en las aulas y de “buylling”. ¿Se tendrá que suicidar algún profesor para que se reconozca la naturaleza del problema? Por el momento, las cifras de bajas laborales por depresión que registra el cuerpo de profesores, resultan absolutamente insoportables y es el mejor síntoma de que algo no funciona. Así pues, es saludable tomar por zafia y mentirosa la “verdad oficial” y por ajustada a los hechos, la versión dada por buena parte del profesorado.

 

Unos cuantos ejemplos, tomados al azar, servirán para entender la naturaleza del problema e intuir su alcance (no hay que olvidar que no existen estadísticas sobre violencia contra el profesorado, como si el ministerio y las consejerías autonómicas se negaran a tener datos para reconocer el problema). Así empezó todo: en enero 1996 se reconoció que la disciplina es una grave problema escolar para el 72% de los profesores españoles. En marzo de ese año, un profesor de Formación Profesional de Barcelona es hospitalizado por la agresión de un grupo de sus alumnos. En febrero de 1997, profesores de 10 institutos del Vallés (BCN) piden normativa para proteger su integridad física. La Consellería descalifica a estos docentes. En mayo, en el IES Torre Roja (Viladecans) una chica de 15 años da una paliza a una profesora que había suspendido a su hermano y apuñala a un alumno. Pocos días después el claustro del IES Ramón Casas (Palau de Plegamans) denuncia las amenazas de que son objeto por parte de familiares de alumnos. En junio 1997: Profesores andaluces denuncian agresiones por parte de alumnos. En Catalunya se reconocen 27 casos de agresiones a profesores en ese curso. En agosto 1997, el Ministerio de Educación reconoce que uno de cada cinco profesores sufre angustia y estrés como causa de baja laboral. El 54% de encuestados afirmó haber vivido situaciones de violencia.

 

Todos estos episodios ocurrieron hace 10 años. Era evidente que estaba surgiendo un problema nuevo que fue advertido inmediatamente por los profesores. Nadie actuó en consecuencia. Hoy, el problema está enquistado y ha alcanzado una dimensión que imposibilita el funcionamiento del sistema educativo en algunas zonas.

 

En esa época, muchos lo pensaban, pero nadie se atrevía a decir en voz alta cuál era la solución: la reimplantación de la disciplina en las aulas y el aislamiento de los alumnos conflictivos en centros especiales.

 

Aún hoy, existe unanimidad en torno a la primera solución, pero no así en relación a la segunda. El problema es que, hoy la disciplina está tan absolutamente deteriorada que resulta muy difícil reimplantarla. Por otra parte, hay que tener en cuenta que parte de los padres que envían a sus hijos a escuela, ya creció entre 1980 y 1990 en pleno desmoronamiento de la disciplina en las aulas. De ahí que sean los primeros en reaccionar violentamente cuando algún profesor les cuenta que su hijito bienamado es una mala bestia mucho más digna de ser enjaulada que de participar de la comunidad escolar. Estamos ante un mal acumulativo.

 

Una historia de Jaimito

 

El “legislador” ha establecido leyes extremadamente proteccionistas para los escolares. En cierto sentido estás de suerte. Ningún profesor podrá dar una colleja al alumno. Ningún profesor podrá tomar medidas disciplinarias contra alumnos, por muy violentos e intratables que sean, sin un “proceso” abierto por la comunidad escolar en el que participarán padres, alumnos, profesores y autoridades departamentales. En un sistema así concebido solamente la falla un factor: la eficacia.

 

Jaimito es un alumno insoportable. No se está quieto e impide el normal desarrollo de las clases. Molesta y distrae a todos. Sus notas son una catástrofe y el chaval anda colocado buena parte del día. Esnifa goma, fuma porros a destajo, sin olvidar que se pone ciego de cerveza. La solución más simple es: si dentro de clase hace imposible las explicaciones del profesor, lo más sensato es expulsarlo. Luego, se trata de llamar a sus padres y exponer la situación, exigiendo de ellos un compromiso firme para que Jaimito deje de ser un personaje insoportable.

 

Puede ocurrir que sus padres no vean el problema. Jaimito es “libre”, por tanto, “hace lo que quiere y aquí no hay nadie con redaños suficientes para decirle a mi hijo lo que debe o no debe hacer…”. O puede ocurrir que los padres de Jaimito comprendan la situación pero, por diversos motivos, no estén en condiciones de hacer nada. En ese caso, la solución es también simple: Jaimito debería de ser llevado de un colegio “normal” a uno “especializado” en tratamiento de niños conflictivos. Sí, eso es segregarle, pero solamente hay dos opciones: o Jaimito sigue haciendo la vida imposible a sus compañeros y su ejemplo se extiende, o la comunidad escolar se protege de individuos como Jaimito, proporcionándole una atención personalizada a sus rasgos y a su carácter. La primera solución parece rechazable. La segunda opción la lógica, razonable y correcta… pues bien, esta es la solución excluida de nuestro ordenamiento educativo.

 

Expulsar a alguien de clase está prohibido. Si el profesor lo envía al pasillo, el estudiante puede demandarlo por incumplimiento de la legislación educativa. Y, para colmo, si estando en el pasillo, se torciera un tobillo, el profesor sería procesado y acaso condenado.

 

Así pues, el caso de Jaimito debería ser remitido al jefe de estudios y sus padres recibirían por correo la comunicación de que su hijo había sido amonestado por cometer una “falta leve”. En principio, todas las faltas son “leves”. Así que esta amonestación no disuadirá a Jaimito quien, al cabo de pocos días, hará sin duda una gamberrada mayor. Quizás destruya bienes del colegio, o insulte a su profesor o intente agredirlo físicamente. Si hace cinco gamberradas de estas, la falta “leve” pasa a ser “grave”... El director puede expulsarle de 3 a 5 días.

 

La expulsión no le servirá para nada, sino para confirmarle en su afán de protagonismo. Total, un mal estudiante como él, no ve el más mínimo problema en ser expulsado. En el fondo, le gusta. Así que, de regreso, arremete contra un alumno o contra el profesor. Pero, cuando cree que lo van a volver a expulsar, resulta que ahora le abren “expediente disciplinario”. Deberá compadecer ante el “Consejo Escolar” (dirección, más representantes de profesores, alumnos y padres). Pasarán meses antes de que tenga lugar la “vista”, se nombre al “juez instructor”, éste hable con todos los implicados y decida la sanción. Lo más probable es que, para entonces, el curso haya acabado…

 

Cuando esto ocurría, Jaimito tenía 15 años. Nunca supo que la escuela le podía servir para algo. Completó el ciclo obligatorio y nunca más se le volvió a ver en una escuela. Año y medio después, Jaimito, empezó a ser detenido regularmente por la policía. Fumaba porros en familia y uno de sus primos mayores le introdujo en la heroína. Hay dos finales para esta historia. El primero es el que se daría hoy: Jaimito se mata de sobredosis o aparece muerto en una reyerta por cuestiones de impagos de droga, o en el mejor de los casos pasa largos períodos de cárcel. El segundo es el que hubiera podido darse si el sistema educativo estuviera configurado de otra manera.

 

El primer día que Jaimito mostró su voluntad de impedir el normal desarrollo de las clases y se configuró como problema, la dirección del centro habló con sus padres: se le dio otra oportunidad, si fallaba, a la próxima vez que continuara creando conflictos, se pedía a los padres autorización para llevarlo a un centro para “jóvenes problemáticos”. Si los padres aceptaban, Jaimito podría recibir una educación destinada a su personalidad conflictiva. En caso de que no aceptasen, se les advertiría que al tercer fallo, sería expulsado del centro, recordándoles la obligación de que se preocuparan por darle una educación obligatoria. Más no puede hacerse. Todos debemos poner algo de nuestra parte: sabemos cuál es el papel de los profesores, pero los padres también tienen que colaborar en la educación de sus hijos y estos deben de esforzarse en evitar ser fuente de conflictos.

 

Perfil del estudiante agresor

 

En España tenemos diez años a la espalda, de violencia contra el profesorado y todavía no se harealizado un estudio concluyente sobre agredidos y agresores. En principio las características de los agresores no son coincidentes.

 

- No está claro que sean mayoritariamente varones, se han dado muchos casos en los que chicas han reaccionado ante la observación de un profesor con una violencia inusitada.

 

-  Tampoco está claro si son profesores o profesoras los objetos de la agresión, si bien parece que en el caso de profesoras existe cierta tendencia a la agresión psicológica o física de naturaleza sexual.

 

- No siempre los agresores son hijos de familias desestructuradas y con una baja o bajísima cualificación cultural. Son mayoría, pero también existen casos de hijos de familias acomodadas cuyos padres no les han prestado demasiada atención.

 

- El número de inmigrantes implicados en este tipo de agresiones es muy superior a su porcentaje en la sociedad.

 

-  Los agresores ignoran el sentido de valores como “disciplina”, “autocontrol”, “responsabilidad” o “comprensión”. Se trata de individuos egocéntricos, con una fuerte componente agresiva. 

 

¿Tienes solución el problema de la violencia contra los profesores?

 

No estamos muy seguros. Todo depende de dos factores muy importantes:

 

- La “voluntad política” que el gobierno de turno debe manifestar mediante la aplicación de reformas legislativas y

 

- La posición de la comunidad escolar (dirección, profesores, alumnos, familiares).

 

Si no hay voluntad política, la comunidad escolar debe reaccionar. Su reacción será insuficiente, pero es posible, que, al menos sirva para evitar la parálisis del poder político y le induzca a tomar medidas. Mientras los principios que rijan la enseñanza estén derivados de la mitología anti autoritaria progresista, no habrá solución al problema. Así pues, de lo que se trata, por encima de todo, es de “cambiar el chip”, desandar lo andado por la vía muerta de lo “progre” y reimplantar el realismo y el sentido común en la enseñanza.

 

Medidas, ¿qué medidas?

 

Hay una serie de medidas sin las cuales es absolutamente imposible pensar que el problema se sosegará primero y se resolverá después. Estas medidas imprescindibles son:

 

Restablecimiento de la disciplina en las aulas: cuando algunos elementos no aceptan libremente la disciplina y optan por la vía del gamberrismo, el sistema educativo no debe ser tímido a la hora de buscar drásticamente el bienestar general aplicando la disciplina obligatoria para restablecer la normalidad.

 

- Restablecimiento del principio de autoridad: el principio de autoridad en las aulas se basa en la posición del profesor como transmisor del conocimiento y del saber y, en tanto que tal dispone de la capacidad para juzgar y aplicar las mejores condiciones posibles para el normal desarrollo de las clases.

 

- Restablecimiento del principio de jerarquía: el profesor tiene prioridad sobre el alumno a la hora de establecer normas para asistir a las clases. El alumno, en tanto que receptor de los conocimientos del profesor se sitúa en un grado jerárquico inferior a éste.

 

Reconocer el principio de preparación, confianza y eficacia al profesorado: el profesorado ha sido preparado para afrontar crisis en el proceso educativo. Cuando los padres confían la educación de sus hijos al colegio, aceptan la competencia de los profesores. La educación se basa en la confianza:

 

o Confianza de los padres en que los profesores son competentes para educar a sus hijos.

 

o Confianza de los padres en que las iniciativas de los profesores son adecuadas para la educación de los hijos.

 

o Confianza de los padres en la capacidad de los profesores para responder adecuadamente a los desafíos de la enseñanza.

 

- Derecho del profesor a aplicar sanciones y castigos inmediatos: esta confianza hace que a pesar de que la “comunidad educativa” esté formada por padres, alumnos, profesorado y dirección, la parte fundamental del proceso corresponda al profesorado y, por tanto, sea a él a quien corresponde decidir las sanciones necesarias para el mantenimiento de la disciplina y la eficacia educativa.

 

Creación de centros de estudios adaptados para alumnos problemáticos: No se puede premiar la indisciplina, la falta de educación y la irresponsabilidad, ni todo esto puede afectar al reto de alumnos. Se debe procurar corregir y atenuar. Pero ese proceso no puede convertirse en un castigo para los alumnos más predispuestos a aceptar el sistema educativo. El modelo educativo para alumnos predispuestos no puede ser el mismo que el destinado a los alumnos hostiles.

 

[Recuadro fuera de texto]

Derechos y deberes de profesores y alumnos

¿Qué derechos? ¿Qué deberes?

 

Hemos hablado de derechos y obligaciones propias de alumnos y profesores. Deberían de estar suficientemente claros, sin embargo, el mero hecho de tener que recordarlos indica la profundidad de la crisis del sistema de enseñanza. Veamos algunos:

 

- Deberes de los profesores:

Conocer la materia a transmitir y los mecanismos pedagógicos de la transmisión.

Tener una motivación vocacional que vaya más allá de la motivación económica. Aportar entusiasmo en lugar de rutina.

 

-  Deberes de los alumnos:

Ir a clase con la intención de aprender cosas nuevas, evitar la presencia desganada, sin motivación u hostil.

Esforzarse en atender a las explicaciones de los profesores y en intentar asimilarlas.

 

-  Derechos de los profesores:

Derecho al respeto por parte de los alumnos.

Derecho a disponer de un ambiente sereno y favorable para el desarrollo de su trabajo.

Derecho a castigar a los alumnos que obstaculicen el proceso de la enseñanza.

 

- Derechos de los alumnos:

Derecho al respeto por parte de los profesores.

Derecho a que sus dudas sean aclaradas.

Derecho a que los ritmos de estudio sean razonables.

 

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

ULTRAVIOLENCIA. Formas y problemas de la violencia en la modernidad: La violencia se apodera de las sociedades en crisis

Infokrisis.- Una sociedad violenta es una sociedad inviable. Nuestras sociedades son cada vez más violentas, por tanto se aproximan al abismo de lo inviable. ¿A qué se debe este proceso de primitivización de la sociedad? No costará mucho entenderlo, aunque si es posible que nos cueste un poco más saber cómo ha sido posible llegar hasta el punto en el que nos encontramos hoy. Se trata, en primer lugar de intentar reconocer la violencia y hacia dónde se dirige.

El hecho incuestionable es que nunca en una sociedad se han multiplicado tanto las iniciativas pacifistas y nunca ha existido tanta violencia en su seno. Esta aparente contradicción, sin embargo, es mucho más comprensible si tenemos en cuenta que:

a. Las situaciones de violencia aparecen en sociedades que, o bien no están estabilizadas o bien están en proceso de cambio. En el tránsito entre el Imperio Romano y el Feudalismo la sociedad era extremadamente violenta, reinaba la ley de la fuerza bruta, de la misma forma que durante la Revolución Francesa el tránsito de la monarquía a la república se hizo bajo el chasquido de la guillotina. Hoy vivimos un momento de cambio acelerado.

b. Se han perdido los valores que hasta ese momento eran referencias. Los anteriores valores han perdido fuerza, no tienen vigencia, y lo que viene, todavía no está suficientemente solidificado y extendido. Hay un momento en el que los valores del pasado ya no sirven, pero no se sabe, no se puede o no se quiere asumir valores nuevos.

c. La idea de “orden” queda anulada y subvertida y aparece una crisis de autoridad. Las jerarquías que hasta ese momento dirigían la sociedad, se han hundido, las emergentes carecen de prestigio. No se sabe exactamente sobre qué valores podría fundamentarse el principio de autoridad.

d. Aparecen rasgos de primitivismo y aculturalización. Se tiende a resolver los conflictos por la fuerza, la sociedad se diluye y la cultura deja de ser su cimiento. Nadie atiende a razones porque cada cual tiene “sus” razones incomprensibles e inasumibles para el resto. La racionalidad parece haber dejado de ser la norma de vida de muchos.

e. El individualismo se hace extremo. La sociedad deja de pensar como un conjunto orgánico dotado de intereses y objetivos comunes y pasa a ser una suma de “individuos” con intereses particulares, enfrentados a los demás que para hacer valer sus “derechos” recurren a la fuerza o a la coacción.

Todo esto hace que la agresividad desborde cualquier cauce, arrase todos los diques que la contienen y pase a ser, cada vez más omnipresente. Nuestra sociedad hoy se encuentra, precisamente, en ese punto. Este proceso ha ocurrido en períodos anteriores de la historia y se repite en nuestro presente. Por eso algunos han afirmado que nos encontramos en el inicio de una “nueva edad media”. Vale la pena, ahora, ver cuáles son los rasgos específicos de la crisis a la que nuestra sociedad se encuentra, aquí y ahora.

¿Por qué nuestra sociedad es violenta?

Los rasgos específicos de la crisis que estamos viviendo son, fundamentalmente, los siguientes:

a. A partir de los años 60, nuestra civilización empezó a mutar de manera acelerada. Primero, el Concilio Vaticano II cambió 500 años de hábitos persistentes del catolicismo, luego apareció la píldora anticonceptiva que, junto con la minifalda y el movimiento hippy, constituyeron los puntos de arranque de la revolución sexual. En música irrumpieron ritmos nuevos y la microinformática, junto con las telecomunicaciones, forjó un mundo que nada se parecía al de la humanidad de mediados del siglo XX.

b. Este proceso culminó con la “globalización”. Tras la Guerra Fría (choque entre el Este y el Oeste), cuando cayó el Muro de Berlín (1989) una sola potencia alcanza la hegemonía mundial (los EEUU) y pareció que un mundo “unipolar”, sería un mundo pacífico. La economía se convirtió en nuestro destino. Se creó un sistema económico mundial que pronto generaron dos fenómenos: uno de Sur a Norte (la inmigración en busca de mejores medios de vida) y otro de Norte a Sur (la deslocalización de empresas hacia países en donde la producción es más barata). Este proceso ha causado desajustes en todo el mundo que constituyen uno de los principales focos de tensión actuales.

c. Se ha generado una inestabilidad socio–económica permanente. Inestabilidad en el trabajo, desigualdades extremas de renta, salarios que no garantizan una vida digna y plena, generan la aparición de dudas sobre el futuro, quien tiene trabajo hoy nunca estará seguro de si lo mantendrá mañana. La inflación y desvalorización del dinero hace inútil el ahorro.

d. Las preocupaciones se vuelven excesivas en nuestra vida cotidiana. Todo resulta problemático, todo está en proceso de cambio, es muy difícil mantenerse en la cresta de la ola y no quedar, antes o después, rebasado por los acontecimientos y las novedades tecnológicas.

e. Sectores enteros de la sociedad no se sienten competitivos en economía, trabajo, estudios. Esta sensación de falta de competitividad en estos terrenos hace que busquen ventajas en otros. Se generan tribus urbanas en los que individuos no competitivos se agrupan y exteriorizan sus frustraciones. Otros cristalizan en bandas de delincuentes o mafiosas, volcados sobre actividades ilícitas.

f. El sistema legislativo es garantista y permisivo: Surgido durante la “transición” política, se adoptaron usos y formas lo más alejados del franquismo, pensando que ayudarían a alcanzar un sistema perfecto de justicia y libertad. Esto era cierto en una situación de estabilidad social, pero no en momentos de crisis: frecuentemente los derechos del delincuente están por encima de los derechos de la víctima; en lugar de castigar el delito se intenta reinsertar al delincuente. Todos estos principios han empezado a fracasar en el momento en que se ha evidenciado la naturaleza de la crisis y la inestabilidad actuales.

g. El sistema de enseñanza está en crisis. Las sucesivas reformas de la enseñanza no han conseguido invertir el aumento del fracaso escolar, ni han constituido una muralla contra la irrupción de la violencia en la escuela. Ésta debe mucho a la aculturalización creciente a la que tampoco han sabido responder las sucesivas reformas educativas. También aquí, el sistema educativo se basa en principios que es preciso revisar. Hoy más que nunca urge restaurar el principio de autoridad en las aulas, el esfuerzo y la capacidad de sacrificio del alumno, desde la pre–escolar hasta la enseñanza superior.

h. Se han instalado antivalores entre nosotros: el “pelotazo” o la especulación, son las actividades lucrativas preferidas propias de las fases de “financiarización” del ciclo económico; el anonimato horroriza al individuo y éste busca saltar a la fama mediática como remedio a todas las incertidumbres. No importa si se hace el ridículo delante de todo el país, lo que importa es salir por TV. Más que “tener personalidad”, lo que cuenta es “tener imagen”. La “imagen” es un reflejo contrahecho de la personalidad, construida en función de la moda del momento.

Todos estos elementos interactúan generando frustraciones, miedos, traumas, reacciones patológicas y sentimientos contrapuestos de hostilidad y agresividad hacia todo y hacia todos. Incluido hacia uno mismo.

¿Qué puede hacer el Estado contra la violencia?

El Estado lo puede hacer todo. Pero no inmediatamente. Los tiempos para el Estado son lentos. Dependen de factores presupuestarios y, sobre todo, de oportunidad electoral y prioridad en el programa electoral. El Estado hace mucho menos de lo que los ciudadanos necesitan. Y no siempre lo hace bien. Ni siquiera el diagnóstico a los problemas suele estar hecho en la dirección correcta. El que el Estado sea democrático no implica que el orden de prioridades elegido por sus gestores sea el correcto. Así pues, nosotros, los ciudadanos, debemos de confiar en el Estado. Pero no sólo en el Estado. O de lo contrario, nos llevaremos amargas decepciones.

En primer lugar hay que desconfiar de las estadísticas. Las mentiras estadísticas figuran entre las armas de una administración que pretende no decir toda la verdad por los costes electorales que ello acarrearía. Llama la atención, en este tema de la violencia escolar, por ejemplo, que cuando un partido está en la oposición, destaca la naturaleza creciente de esta forma de conflictividad, pero cuando ha llegado al poder, bruscamente, todo ha mejorado y no hay que crear “alarma social”… Desde tiempo inmemorial, todos los gobiernos repiten que la “delincuencia va decreciendo”. Y lo dicen con apoyos estadísticos... que la realidad desdice. Sin embargo, lo que importa no es eso, sino la percepción que el ciudadano tiene del problema. Si el ciudadano percibe que la delincuencia aumenta, es que aumenta. A fin de cuentas, el ciudadano es quien la sufre. Y, por lo demás, una estadística se puede enmascarar muy fácilmente: basta con eludir los datos de delitos denunciados en las policías autonómicas, o considerar sólo los delitos, pero no las faltas, o los ingresos en prisión y no las puestas en libertad con cargos, o las incautaciones de droga, pero no los aumentos en el consumo. Trampas y maquillajes no faltan. Así pues, lo que cuenta es lo que se percibe directamente, no lo que nos cuentan. Qué le vamos a hacer: todos quieren repetir mandato, así pues están obligados a demostrar que las cosas van mejorando. Siga mi consejo: no crea a las estadísticas maquilladas ni a los gobiernos que las esgrimen: crea, mejor, en su sentido común

Pero en un Estado democrático los ciudadanos tienen derecho a realizar algunas exigencias. Por ejemplo:

A. El ciudadano debe exigir al Estado celeridad, seriedad, eficacia y prontitud. El Estado debe articular leyes, medidas, rectificar las que han demostrado ineficacia o las leyes que no han conseguido frenar a los delincuentes. Y el Estado lo puede hacer aquí y ahora, a la voz de ya. No necesita esperar al momento electoralmente más rentable. Si se puede hacer una reforma necesaria del marco legal, se puede hacer ya. Mañana es muy tarde.

b. El ciudadano debe serenarse y evitar tomarse la justicia por su mano, tendencia a la que franjas cada vez mayores de la ciudadanía se sienten tentados. Desde hace veinte años la formación de “patrullas ciudadanas” salpica periódicamente unas u otras localidades. Créame: la seguridad para los profesionales de la seguridad, si usted no lo es, no se meta en camisa de once varas.

c. Pero usted tiene el derecho a exigir eficacia a todos los escalones del Estado que intervienen en el proceso de la seguridad. Los organismos del Estado son duros de oído: no se enteran a la primera de que las cosas van mal, precisan que una y otra vez se lo recordemos. Solo entonces actúan: por acumulación de insatisfacciones. Eso es injusto pero es así.

d. El Estado tiene la obligación de poner el arsenal legislativo al servicio quien cumple la ley, no del delincuente: muchas leyes están muy mal hechas, en su espíritu, en su letra y en sus reglamentos aplicativos. Dígalo en voz alta. Insista: tiene muchos medios de protesta. Desde las cartas al director hasta los correos electrónicos. Que no haya ningún profesional de la política que no le quede constancia de que la población piensa unánime y mayoritariamente que hay que castigar al delito y encerrar al delincuente, no tratarlo con guante blanco y paños calientes. Proteste una y mil veces contra aquello que considera injusto. Hasta que el “legislador” no pueda ocultar el foco de protesta que usted representa.

e. No crea en la “privatización” de los servicios ni en que el Estado desplace su responsabilidad a usted: Zapatero a tus zapatos. Pagamos impuestos, exigimos seguridad a cambio. Si no los pagáramos no tendríamos derecho a exigirlo. Pero lo hacemos: así pues, a otros con el cuento de contratar seguridad privada. Y, por lo demás, yo, en tanto que ciudadano no dejo que me culpabilicen: intento vivir honestamente, no robo, no estafo, no ejerzo violencia sobre nadie. Así pues, no me hagan creer que soy culpable de los accidentes en las carreteras, de la violencia doméstica o del desmadre educativo. Si el Estado tiene todo el poder, al Estado le corresponde hacer transitables y seguras las carreteras, solucionar los problemas de la educación, de la violencia doméstica o de la seguridad ciudadana. Yo soy el pueblo: quien paga los servicios y quien exige rapidez, prontitud y eficacia a los gestores de mis impuestos (porque eso es, en el fondo, la clase política).

Como verá no creemos mucho en el Estado ni en sus gestores. La vida nos ha hecho así. Sigan mi consejo: pagan impuestos, exijan servicios. Lo contrario sería de tontos. El político es un servidor público, aunque tiene tendencia a intentar servirse del público. No se lo consienta.

El Estado lo puede hacer todo contra la violencia y si hace menos alguien tiene que rendir cuentas.

[Recuadro fuera de texto]

¿Dónde está la violencia?

A los elementos propios de los momentos de crisis de civilización, se unen los elementos específicos de crisis de nuestra civilización. Esto genera una violencia que aparece en distintos planos entre los jóvenes:

a. Violencia contra nosotros mismos. Constantemente hacemos cosas que nos perjudican y que suponen actos de violencia contra nosotros mismos. Sabemos, por ejemplo, que fumar perjudica seriamente a la salud. Y, sin embargo, fumamos. Sabemos que, más allá de determinadas dosis, el alcohol trastorna nuestro comportamiento, pero asumimos que el fin de semana “nos emborracharemos”. Sabemos que todas las drogas pueden producirnos alteraciones psíquicas y trastornos del carácter, pero queremos autoconvencernos de que son inocuas y de que podremos “controlarlas”. Una música oída más allá de determinados decibelios dañará nuestros tímpanos y, aún así, nos encajamos los cascos del walkman al máximo volumen. Nos alimentamos sin otro criterio que la comodidad, pero ignorando nuestras necesidades nutricionales. Y engordamos; para colmo, no hacemos ejercicio. Finalmente, pasamos horas muertas ante el ordenador machacando nuestra vista y reduciendo la realidad a la virtualidad. Si, ejercemos la violencia contra nosotros mismos.

b. Violencia contra nuestros iguales. Es la violencia que ejercen jóvenes contra otros jóvenes, compañeros de escuela contra otros compañeros de escuela. Es una violencia “horizontal”, ejercida contra gentes en “casi todo” iguales a nosotros. Es el famoso y controvertido “buylling”, el acoso escolar.

c. Violencia contra nuestros superiores. Es la violencia ejercida por jóvenes contra sus padres, profesores o contra cualquier otra autoridad. Se trata de una violencia “vertical”, contra los que están encima en la escala jerárquica. También dedicaremos un capítulo de la segunda parte a este tema.

d. Violencia contra el entorno. Ataques contra las instalaciones escolares o deportivas, ataques contra el mobiliario urbano, violencias en el medio urbano en cualquier circunstancia (con ocasión de una celebración deportiva, de una manifestación reivindicativa, de una fiesta popular, de un botellón, etc.).

e. Violencia gregaria. Es la violencia ejercida en grupo. Puede ocurrir que los miembros de un grupo, tomados individualmente, no tengan una particular predisposición a la violencia, pero actuando colectivamente cometan actos de vandalismo o de violencia intensa. La psicología de masas enseña que las reacciones de un grupo tienen poco que ver con las de cada uno de sus integrantes.

f. Violencia pasiva. Es la que se padece a manos de acosadores, delincuentes o como usuario de servicios sometidos a violencia. La persona que sufre cualquier nivel de violencia pasiva es la víctima. Para valorar cualquier acto de violencia, lo primero a considerar es el impacto negativo que ha tenido en la víctima. El derecho de la víctima debe situarse por encima de los derechos del delincuente, el resarcimiento a la víctima por encima de cualquier otro objetivo.

g. Violencia lúdica. En buena medida es la violencia virtual que ejercemos en nuestro tiempo de ocio. No supone dañar a nadie, pero si el habituarnos a la violencia y al papel de agresores. Son determinados juegos de ordenador o determinadas formas de ocio que tienen como resultado ejercer algún tipo de agresividad sobre otros o sobre nosotros mismos.

h. Violencia mediática. Es la que recibimos a través de los medios. Los medios nos informan de sucesos violentos, nos muestran aspectos descarnados de la violencia cotidiana, pero también nos ofrecen constantemente ejemplos de violencia en series, películas, espectáculos, “debates” en los que los invitados se agraden verbalmente unos a otros, etc. Este tipo de violencia carecería de interés en una sociedad estable, pero puede ofrecer “modelos” a individuos que sufren particularmente las crisis y la ansiedad de los tiempos modernos y tienen una singular agresivida.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen


Los islamistas piden aquí lo que niegan en sus países de origen

Infokrisis.- En los últimos 10 años el gobierno marroquí ha ido aumentando su hostigamiento contra la presencia de misioneros de otras confesiones religiosas, incluso contra aquellos que no llegaban al país a convertir almas sino a ayudar en las tareas del desarrollo. El gobierno marroquí les ha visto siempre con una mirada extremadamente desconfiada y lo que es peor, con una frecuencia cada vez mayor los ha perseguido y expulsado. En marzo de 2010, más de medio centenar de miembros de distintas confesiones no musulmanas han sido expulsados de Marruecos demostrando que la libertad religiosa es algo que no está al alcance del mundo islámico.

 Marruecos ha solicitado en diversas ocasiones el ingreso en la UE avalada por los EEUU y en la actualidad por José Luis Rodríguez Zapatero. Petición inútil porque Marruecos es una monarquía teocrática en flagrante contradicción con el laicismo propio de la UE. Hay una serie de prácticas de gobierno seguidas por Mohamed VI que impiden que cualquier acercamiento entre la UE y Marruecos, por buena que sea la voluntad de las partes, pueda concretarse.

Marruecos tiene una religión de Estado, el Islam. La libertad religiosa está formalmente prohibida y se traduce en la ilegalidad de difundir cualquier otra religión que no sea el Islam. Quien realice proselitismo entre ciudadanos marroquíes se arriesga a recibir duras penas de cárcel. Los servicios de seguridad del Estado son los encargados de velar que nadie predique algo que no sea el Islam, sólo el Islam y nada más que el Islam. Apenas los extranjeros pueden practicar su fe y con limitaciones flagrantes. No se pueden construir nuevas iglesias a la espera de que las antiguas se vayan cayendo y a nadie, en su sano juicio, se le ocurriría realizar, por ejemplo, una procesión de Semana Santa más allá de los altos muros de las pocas parroquias que quedan en pie en todo el país. Cualquier parecido con la tradición y con la legalidad europea es, como se ve, pura coincidencia. Y es que el Islam es así…

La apostasía en el seno de la religión islámica

Para todas las religiones abrahámicas la apostasía figura como el peor delito, pero así como en el judaísmo moderno implica apenas el alejamiento de la sinagoga y solamente entre judíos integristas supone una especie de repudio social, y en el catolicismo es algo intrascendente, el islamismo sigue manteniendo el mismo fanatismo del período coránico.

La guerra santa es admitida en el Islam en cuatro casos: contra infieles, contra bandidos, contra rebeldes y contra apóstatas. El no creyente figura como enemigo principal y la yihad se dirige contra él por excelencia. Los tratadistas islámicos consideran al no creyente como el enemigo por excelencia. De hecho el mundo no islámico es el Dar al-harb, literalmente “el Territorio de la Guerra” en donde al no creyente se le llama harbi, forma adjetival de la palabra guerra. El harbi no es lo mismo que el dimmi, o no creyente, sometido a un gobierno musulmán (acepta la protección musulmana y paga impuesto al Estado islámico). La misma palabra dimmi implica “contrato”: derechos reconocidos a cambio de deberes hacia la autoridad musulmana. Existe un tercer tipo de “ciudadano” desde el punto de vista islámico, el mustam’min, que equivale al ciudadano no musulmán de paso por tierra islámica. A éste es al único que se le permite practicar su religión y está exento del pago de impuestos, pudiendo asociarse junto a otros como él en comunidades con leyes propias, sujetas al poder islámico. Un salvoconducto le permite que su condición sea reconocía.

A efectos de comprender las limitaciones actuales a la libertad religiosa en Marruecos debemos centrarnos en la categoría de los apóstatas. Marruecos considera que todo habitante nacido en el país es necesariamente musulmán, salvo los judíos que tienen un estatuto aparte. Se respeta la costumbre del visitante y se le deja practicar su culto mientras no sea en público ni, por supuesto, haga proselitismo. En el momento en que, por el motivo que fuere, algún nacido musulmán renuncia a su fe y se convierte a otra religión pasa a ser una apóstata y es considerado, por tanto, como el peor de los enemigos.

Así como los bandidos y los rebeldes la legislación islámica los ve como a musulmanes que, por algún motivo, se han opuesto a la autoridad, pero que siguen siendo musulmanes y, por tanto, la guerra contra ellos nunca puede ser declarada “santa”, la lucha contra quienes han nacido en el Islam y han renunciado a él, no solamente adquiere ese carácter sino que suele revestir la mayor crudeza. Es importante destacar que algunos tratadistas consideran que durante la lucha contra otros musulmanes se pueden firmar pactos y es necesario respetarlos, no así los que se firman con los gobernantes de los “territorios de guerra” (esto es con gobiernos no islámicos), ni con los apóstatas.

La lucha contra el apóstata es, en sentido propio, yihad. A diferencia del no creyente (kafir) que jamás ha aceptado al Islam, el apóstata ha conocido el Islam y ha renunciado a él, adquiriendo por eso mismo la consideración de enemigo; para el islamismo quien tiene la oportunidad de “conocer la verdad” y rechazarla, tiene olor azufre y un aroma satánico; hacerle la guerra es lícito y necesario.

A la hora de combatir contra el apóstata se emplearán normas de guerra mucho más duras incluso que contra el no creyente o el bandido. Nadie le podrá dar alojamiento, ni autoridad alguna lo dotará de salvoconductos; ningún pacto o armisticio podrá firmarse con él. Si resulta capturado jamás será considerado prisionero de guerra. Ni puede convertirse en dimmi, ni seguir el destino de los capturados en la yihad: ser esclavo. Sus únicas posibilidades son retractarse o morir. Si se retracta se le perdonará por los delitos cometidos durante el tiempo que duró su apostasía y se le devolverán las propiedades confiscadas. Si se niega resultará decapitado.

El problema que ya denunció al-Gahiz en el siglo IX es que para los teólogos cualquiera que está en desacuerdo con ellos pasa a ser un apóstata…

En la práctica la legislación islámica considera al apóstata como el peor de los delincuentes y, por tanto, en los países islámicos se procura que ningún ciudadano tenga la posibilidad de abandonar su religión secular y sumarse a otra. Y esto explica suficientemente porqué la libertad religiosa es completamente inaceptable en países como Marruecos y por qué se reprimen con singular dureza las muestras de proselitismo realizadas por otras religiones.

Libertad religiosa en Marruecos: estado de la cuestión

El 7 de marzo de 2010 tenía lugar en la emblemática ciudad de Granada la primera cumbre entre Marruecos y la Unión Europea. Por si hubiera alguna duda de que cualquier acuerdo era imposible, ese mismo día resultó detenido en Larache (Marruecos) un joven egipcio miembro de la Orden Franciscana, Rami Zaki. Tras ser interrogado fue trasladado hasta el aeropuerto y obligado a tomar el primer vuelo para El Cairo, sin que ni siquiera pudiera recoger su equipaje. Lo más sorprendente es que Zaki ni siquiera era misionero, ni mucho menos se encontraba en Larache para predicar.

En todo Marruecos, especialmente en el territorio del antiguo Protectorado de Tánger todavía hay entre 2.000 y 2.500 católicos que reviven el tiempo de las catacumbas y sufren un “marcaje” continuo por parte de la seguridad el Estado marroquí. Una situación intolerable que contrasta con las facilidades que los imanes marroquíes (frecuentemente agentes de ese país y siempre formados y autorizados por el gobierno de Mohamed VI) encuentran para abrir sus mezquitas en España.

El franciscano Zaki no era el único miembro de “otra religión” que se vio expulsado del país coincidiendo con la cumbre UE-Marruecos. Otros 70 cristianos de distintas confesiones evangélicas siguieron el mismo camino, algo sin precedentes que no puede ser debido a ninguna casualidad. El gobierno marroquí solamente reconoció la expulsión de 16 evangélicos que regentaban un orfanato en Ain Leuh, en las estribaciones del Atlas, la Aldea de la Esperanza, y que realizaban “tareas de proselitismo”.

Este orfanato gozaba de todos los permisos legales para ejercer su actividad y en su programa de estudios regían los mismos principios que en todas las escuelas marroquíes, incluyendo el aprendizaje obligatorio del Corán. Sus gestores, además, se habían comprometido por escrito a no enseñar a los niños la Biblia… Nada de todo esto bastó para el gobierno marroquí que les acusó de violar el derecho sobre la adopción e “intentar propagar el evangelio contra la fe de los musulmanes”. Los interesados siempre han negado este extremo y han afirmado que respetaron escrupulosamente la legalidad vigente.

No era la primera vez que este tipo de instituciones cristianas veían su actividad humanitaria obstaculizada por el régimen marroquí. Pocas semanas antes el director del colegio americano de Casablanca no fue autorizado a desembarcar del avión cuando regresaba de sus vacaciones. Otros profesores de ese centro –gestionado también por evangélicos- fueron, así mismo, obligados a abandonar el país. Todos ellos, tal como denuncian los “ulemas” son considerados como “terroristas ideológicos”...

Poco después de las expulsiones el arzobispo católico de Rabat, Vincent Landel y el jefe de las comunidades cristiano-evangélicas en Marruecos, Jean Luc Blanc, enviaron un comunicado conjunto que pretendía ser una afirmación de ecumenismo: "Nuestra responsabilidad es ayudar a nuestros hermanos cristianos a encontrarse con sus hermanos musulmanes (...) sin ningún deseo de proselitismo". Mucho más realista el nuncio apostólico del Vaticano en Rabat prefirió no hacer declaración alguna. El arzobispo Landel declaró a la prensa española que "En Marruecos gozamos de libertad de culto [una de cal].En cambio, y no creo que sea ofensivo el decirlo, no hay libertad de conciencia, libertad religiosa [otra de arena]". Pero, ¿realmente hay libertad de culto en Marruecos? Podemos dudarlo. Una de las tareas del culto católico es la pastoral… que está justamente prohibida en Marruecos. Nadie puede estar “un poco embarazado”: la libertad religiosa existe cuando no tiene restricciones y éstas son patentes en Marruecos.

Mientras que el gobierno holandés y el norteamericano expresaban su protesta por las expulsiones, el gobierno español callaba insensible ante la presión de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España que pidió por carta Moratinos, que intercediera por ellos. ¿Para qué defender la libertad religiosa en Marruecos si los cultos cristianos resultarían beneficiados? ¿Cómo podría el gobierno español pedir en Marruecos lo que obstaculiza en España? No hay que olvidar la paradójica política religiosa del gobierno Zapatero: apoyar el uso de una prenda religiosa, el velo islámico, en los colegios públicos, mientras en esos mismos colegios retira crucifijos y símbolos propios de la tradición secular y religiosa española.

La Iglesia Católica presente en Marruecos merecería más apoyo internacional y, particularmente del gobierno español, pues no en vano se introdujo a partir de nuestra presencia en el país en tiempos del Protectorado de Tánger. Hoy, en esa amplia zona apenas quedan 99 religiosas y 16 religiosos (en su mayoría franciscanos) realizando tareas asistenciales con niños de la calle, madres solteras o inmigrantes subsaharianos. Las autoridades marroquíes procuran que contra menos contacto tengan con ciudadanos marroquíes, mejor, pero hasta ahora no ponían excesivos problemas en que ayudasen a los inmigrantes que vienen del África negra y que sufren todo tipo de exclusiones racistas.

¿Surgió alguna voz discordante entres los imanes y ulemas marroquíes en defensa de los cristianos expulsados y de la libertad religiosa en general? En absoluto, ni los 7.000 ulemas (doctores en la ley coránica) adictos al Palacio Real que tienen a Mohamed VI como “gran líder espiritual”, ni los 3.500 imanes que regentes pequeñas mezquitas wahabitas situadas fuera de la disciplina del islam oficial, ni uno solo, manifestaron el menor signo de solidaridad, comprensión, ni la menor nota disonante con la medida. No sólo eso, sino que el llamado Consejo Superior de Ulemas remitió un comunicado apoyando las medidas de expulsión y oponiéndose a lo que llamaban “prácticas de terrorismo religioso” que, según ellos, practicarían los expulsados.

¿Por qué contra los cristianos? ¿Por qué ahora?

Desde marzo de 2008, Marruecos goza de un Estatuto Avanzado suscrito con la UE. Ese estatuto apenas ha servido hasta ahora para otra cosa que para facilitar la importación de frutas y verduras a la UE, pero se conviene en que aparte de esto no ha aportado nada esencial a ninguna de las dos partes y la distancia política es igual o superior a la que existía antes de su firma. Para colmo, Mohamed VI sabe que en el momento en que Zapatero abandone la Moncloa habrá perdido a su peón esencial dentro de la UE y, a partir de entonces, el camino de Europa se volverá completamente impracticable para él.

Mohamed VI es consciente de que ya no puede ir mucho más allá de donde ha llegado en su relación con la UE y, desde este punto de vista, no es por casualidad que las detenciones y expulsiones de cristianos tuvieran lugar coincidiendo con la cumbre de Granada, a modo de desafío. Mohamed VI se siente hoy respaldado y seguro gracias al apoyo de los EEUU y a los acuerdos suscritos con ese país.

Otra interpretación que se ha difundido y que tiene relación con toda esta temática, explica que Mohamed VI ha realizado con estas medidas un guiño a los sectores integristas del régimen y las asociaciones religiosas que lo acusan de apóstata o de “falso islamista” al proclamarse musulmán pero no aplicar los principios de la ley coránica. En este sentido la expulsión de los católicos podría interpretarse en clave interior: reprimiendo a las organizaciones cristianas demostraba su ortodoxia coránica e impedía que algún imán extremista o la poderosa organización fundamentalista Justicia y Caridad (mayoritaria en la universidad) del jeque Abdesalam Yasín, lanzaran una fatwa contra él.

En las últimas elecciones venció el partido oficialista, éste se declara “islamista moderado”, mientras que el Partido de la Justicia y el Desarrollo, sigue siendo una fuerza importante en el país pero resulta mucho más dudoso para la Casa Real. En cuanto al Istiqlal, es una extraña forma de religiosidad y nacionalismo. Pero es el jeque Yasín el que marca la partitura por la que discurre buena parte del islamismo marroquí… y éste no se presenta a las elecciones.

Conclusiones airadas: “el principio de reciprocidad”

Llama especialmente la atención el cinismo con el que la administración marroquí está tratando este tema. Poco después de producirse esta crisis, la Agencia Magreb Press informaba sobre la participación de este país en un seminario que tuvo lugar en Barcelona sobre “Libertad religiosa y ciudadanía musulmana en Catalunya” organizado por el Departamento de Derecho Eclesiástico de la Universidad Autónoma junto con el Consejo de las Comunidades Marroquíes en el Extranjero. La función de este seminario consistía en demostrar que lo blanco es negro y que era posible combinar religión musulmana y laicidad europea en un marco “multicultural”, marco que, por supuesto se sitúa en Europa y no en Marruecos. Todo lo relativo a la religión es paradójico en Marruecos cuya constitución proclama el “derecho a la libertad religiosa” en el Art. 6, mientras que en el Art. 200 del Código Penal sanciona “cualquier actividad que pueda inducir a otro a abandonar su religión”…

Al parecer todavía hay gente que cree en los Reyes Magos en esa Catalunya donde el Conseller en Cap, Carod-Rovira (otro al que le quedan dos telediarios en el cargo), ha hablado sin el más mínimo recato del “Islam Catalán”. A Carod le podemos recordar las palabras de Said Halim Pachá, visir otomano que declaró en 1917 que “la patria de un musulmán es cualquier lugar en el que prevalezca la sharia” o las más recientes palabras del imán Jomeini cuando declaró que “no hay fronteras en el Islam”. Hablar pues de un “Islam catalán” es algo más que una contradicción: es una estupidez ignorante. Pero en estos tiempos estamos asistiendo a cadenas de estupideces. ¿No salió la Iglesia Católica española en defensa de Nawja y de su velo islámico menos de un mes después de que Rami Zaki, el franciscano egipcio, fuera expulsado de Tánger?

Es preciso retornar a criterios racionales de normalidad, incluso para la Iglesia Católica y reconocer que solamente existe libertad religiosa cuando un ciudadano tiene pleno derecho para adherirse a la confesión que estime oportuno; cuando tenga el pleno derecho de proclamar su fe y comunicarla a otros, dentro y fuera de los lugares de culto; cuando tenga el derecho de publicar libros y revistas, emitir programas de radio, TV e Internet en los que defienda su fe libremente elegida y, finalmente, cuando no sea víctima de discriminaciones en razón de su fe.

Si esto es tan difícil de reconocer en Marruecos, lo prudente, en virtud del principio de reciprocidad, es que se apliquen las mismas restricciones a la difusión de la religión islámica en Europa.

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Alternativas que no lo es tanto: UPyD, el partido de Rosa, en busca de la bisagra electoral

Infikrisis.- La socialdemocracia ha controlado durante 50 años en Europa (y durante 25 años en España) el espacio de centro-izquierda. Y lo ha hecho en solitario. Es un espacio inmenso que, frecuentemente, ha abarcado más del 30% del cuerpo electoral. Pero hoy su declive es innegable y la cuestión estriba en quién lo sustituirá. No es raro que abunden las “novias” más inesperadas, todas ellas tentadas por ejercer de suculenta bisagra en el ruedo español. Rosa Díez es una de ellas.

De Rosa Díez se suele decir que es “un político de raza”. Sin embargo, a poco que se examinan sus convicciones se percibe una inmensa vacuidad. Ambiciones muchas, ideas pocas, lo suficiente como para ser la “político más valorada en España” (un 4,08%, por encima de ZP con un 3,98 y de Rajoy con un 3,50 en la misma encuesta del CIS). No son precisamente baúles ideológicos los que acompañan a la Díez en su aventura.

Hasta principios del milenio quien asumir un protagonismo propio dentro del PSOE tenía tres opciones: situarse en las proximidades del líder de turno, crear una corriente propia y jugar con estos elementos para presentarse como candidato a la Secretaría General. Ahora todo esto está en trance de cambiar. Dado el actual nivel de desgaste del PSOE siempre queda la posibilidad de escindirse del partido y fundar una agrupación propia que se desmarque de los elementos que han sumido en el desprestigio a la sigla PSOE. Tal es el camino adoptado por Rosa Díez que aspira hoy a ser cabeza de ratón antes que cola de león, en la espera de que el león se empequeñezca y el ratón aumente su peso social en algunas comunidades.

Es lo que se llama partido catch all (literalmente “atrapalotodo”) basado en asumir “lo mejor” de una sigla, renunciando a todo lo que la ha desprestigiado y realizando una búsqueda oportunista de temas que, siguiendo la tradición de las democracias modernas, se reducen a unas cuantas frases, a propuestas superficiales que ni siquiera tienen que ser coherentes unas con otras. Basta que cada una de ellas contente a una bolsa de electores.

Cuando Rosa Díez funda Unión Progreso y Democracia (nombres suficientemente ambiguo en la tradición de los partidos catch all) las ideas básicas son las de “regeneración democrática” que fundamentalmente se presenta en su doble vertiente de lucha contra los nacionalismos y listas abiertas en las elecciones. Eso es todo: un mensaje populista de bajo perfil.

Cuando la Díez colaboraba con el PNV

La ambición y el afán de protagonismo, así como la ausencia de un discurso político coherente y estructurado, son las dos características que han acompañado a la trayectoria política de Rosa Díez. Y estos rasgos no son de ahora sino que la han acompañado siempre. En 2000 aspiró al liderazgo en el PSOE, siendo derrotada ampliamente por Zapatero. Dos años antes había aspirado a encabezar la candidatura socialista en Euskadi, siendo derrotada por Redondo Terreros. En 1999 fue número 1 en la candidatura socialista para las elecciones europeas y en 2004 fue la número 2.

Hoy no se entiende bien por qué se presentó como rival de Nicolás Redondo, si, en realidad, ambos parecían tener las mismas ideas, pero todo es mucho más comprensible si se atienden a las ambiciones personales de la Díez. Esas mismas ambiciones llevaron a la actual “lideresa” antinacionalista a ser entre 1991 y 1998 Consejera de Comercio y Turismo vasco… en un gobierno de colaboración PSE-PNV. Sobre por qué abandonó el cargo hay distintas versiones. El motivo oficial de la ruptura fue el acercamiento entre HB y el PNV (que negociaban el Pacto de Estella). Los tres consejeros socialistas, Rosa Díez entre ellos, presentaron su dimisión. Una versión sostiene que ella fue la primera en presentarla, sin embargo otra mantiene que no estuvo de acuerdo con la decisión de abandonar el Gobierno Vasco. Lo cierto es que no asistió a la reunión de la ejecutiva del PSE para evitar pronunciarse a favor o en contra.

Así pues, Rosa Díez, la enemiga declarada del nacionalismo vasco… colaboró durante una etapa no precisamente corta (siete años) con el PNV e incluso presentó denuncia contra el dibujante Antonio Mingote cuando éste denunció la “campaña de invisibilización de las víctimas del terrorismo” implícita en una de las promociones turísticas de Euskadi que realizó Rosa Díez en el ejercicio de su cargo de consejera.

Tampoco eran aquellos los tiempos en que se solidarizaba públicamente con las víctimas. Debió de producirse el asesinato de Miguel Ángel Blanco para que la sociedad vasca rompiera el cerco de silencio en torno a las víctimas del terrorismo. Y Rosa Díez, percibiendo el cambio de clima, se unió a la nueva tendencia. A partir de ese momento intentaría hacer de las víctimas del terrorismo un trampolín para su personal carrera política.

Si el cambio de actitud de Rosa Díez en relación al nacionalismo se operó cuando el movimiento de protesta contra el terrorismo etarra se convirtió en un movimiento de masas el nacimiento de UPyD coincide con el rechazo de amplísimos sectores de la población, al “proceso de paz” con ETA abierto por Zapatero.

Rechazo a las prácticas nacionalistas (sin explicar con claridad qué modelo de Estado propone), rechazo al terrorismo etarra (cuando desde 2003 el terrorismo etarra está en desbandada y sólo llega hasta donde se lo permiten las fuerzas de seguridad del Estado) y el tema de las listas abiertas, son las únicas propuestas más o menos claras de UPyD. Ahora bien…

Un partido como cualquier otro

En principio, uno estaría tentado en pensar que UPyD es una partido de nuevo cuño que responde mejor a las exigencias de la modernidad que el PP y el PSOE. Pero luego, a medida que se sistematiza el análisis se percibe que se trata de un partido como cualquier otro y especializado como todos en decir una cosa y hacer otra.

La propuesta regeneracionista de listas abiertas y desbloqueadas que UPyD presenta a la sociedad ni siquiera tiene el valor de aplicarla a sí mismo. En efecto, el llamado “Consejo de Dirección” de UPyD (su Comité Ejecutivo) es elegido en los congresos a partir… de listas cerradas y bloqueadas. Frente a la propuesta de Rosa Díez de que ningún político se eternice en el cargo más allá de dos elecciones, Rosa Díez, autotitulada “portavoz de UPyD” y los “coordinadores territoriales” (gente de su confianza) están libres de esta limitación temporal.

Todo en el nuevo partido tiende, mediante artificios estatutarios, a eternizar a Rosa Díez al frente del partido. La “portavocía” junto con los coordinadores territoriales elegidos en listas cerradas y bloqueadas, controla la totalidad del partido.

Esto ha creado hasta ahora los mayores problemas interiores especialmente con antiguos socialistas hartos del dirigismo y de la rigidez propia del PSOE, ganados por las propuestas regeneracionistas de UPyD y que, en la práctica, hace exactamente lo mismo que los partidos a los que critica. En el pasado I Congreso de UPyD, Valia Merino presentó una candidatura alternativa al Consejo de Dirección, siendo a continuación expulsado del mismo. Nada de prácticas democráticas dentro de UPyD: Rosa Díez controla férreamente el partido y los estatutos del mismo han sido ideados para prolongar ese control.

De hecho, la existencia misma de UPyD es significativa. Tanto sus impulsores como la propia Rosa Díez mantuvieron durante un tiempo coqueteos con Ciutadans que, a fin de cuentas, recibía en Catalunya los mismos apoyos que dieron vida el nacimiento de UPyD dos años después. Lo normal hubiera sido que entre ambos partidos hubiera existido un acuerdo. Sin embargo, Rosa Díez se negó a cualquier tipo de entendimiento a pesar de que los puntos de coincidencia entre ambas formaciones eran claros e incluso ambos decían reconocerse en el espacio de centro izquierda “de centro izquierda”.

Apoyo mediático de la derecha

Los líderes políticos hoy no nacen por méritos propios sino gracias al apoyo mediático que reciben. Tal es el caso de Rosa Díez que a partir de su postura discrepante con Zapatero, su oposición a los excesos de su política autonómica y a la política de mano tendida con el terrorismo, empezó a recibir el apoyo de la derecha hasta el punto de que en sus primeros pasos atrajo nichos electorales disconformes con la línea política y con los problemas internos del PP.

Era lógico que así ocurriera: mientras los medios afines al PSOE trataban a Rosa Díez como un peligro para la izquierda o simplemente eludían mencionarla, los de la derecha la apoyaban y reproducían todas sus manifestaciones en un intento, bastante ingenuo por lo demás, de debilitar al PSOE . El carácter de esta promoción mediática hizo que su imagen pública atrajera, al menos en la primera etapa de su desarrollo, más votos del centro-derecha que del centro-izquierda, con lo que Rosa Díez pareció haber dañado más a la propia derecha que a la izquierda.

Este tipo de operaciones realizadas en los laboratorios mediáticos de la derecha, nunca se sabe si van destinados a promover fenómenos nuevos, a realizar un tirón en las ventas (como puede suponer cualquier otra promoción), para generar nuevas fuerzas políticas que animen el aburrido y monótono panorama político español o, simplemente, para condicional la política de la derecha. El caso es que se trata de operaciones siempre arriesgadas y de dudoso futuro. En Catalunya ya fracasó cuando los medios de derechas apoyaron el nacimiento de Ciutadans destinado a robar votos al PSC en el cinturón obrero de Barcelona pero que prácticamente sólo restó votos al PP. Con UPyD las cosas se desarrollarían, al menos en la primera fase, igualmente.

Así se llegó a las elecciones generales de 2008 en las que Rosa Díez arrancó un diputado –ella misma- por Madrid con el 3,76% de los votos en la circunscripción y un 1,19% en todo el país. El resultado se dobló en las elecciones europeas de 2009 obteniendo 450.000 votos y un diputado (Francisco Sosa) que no se integró en ningún grupo parlamentario y figura como “no adscrito”. La suerte no le sonrió ni en las elecciones autonómicas andaluzas y gallegas (con el 0’61% y 1’45% de los votos respectivamente), pero, en cambio, 22.000 votos le bastaron para alcanzar un diputado autonómico en las elecciones vascas.

Sin embargo, la situación interior del partido se deterioró extraordinariamente a partir del 29 de marzo de 2009: la rama aragonesa del partido, al tratar las ponencia del I Congreso Nacional, propuso que las listas a para la elección al Consejo de Dirección fueran abiertas. La propuesta resultó rechazada por 85 votos contra 15. La propia Rosa Díez amenazó con abandonar el partido si se aprobaba la propuesta. Este episodio se saldó con varias destituciones y el cese del coordinador regional.

Unos meses después, el 4 de julio, Mikel Buesa, fundador de UPyD, lo abandonaba alegando el “control férreo y autoritario” que ejerce Rosa Díez sobre la formación y atacando al “coordinador de Madrid” al que acusaba de haber “construido un grupo organizado al margen de la dirección nacional en la región madrileña”. Acto seguido Buesa y 39 miembros de UPyD solicitaban la baja por “falta de democracia interna”, por la “instrucción de expedientes injustificados” y, finalmente, por “ausencia de regeneración democrática efectiva y exceso de personalismo”.

En el Congreso del partido celebrado el 20-21 y 22 de noviembre de 2009 asistieron 500 delegados elegidos por voto directo de los afiliados. Las ponencias presentados fueron dos: “organización” y “política” y se eligió un Consejo de Dirección formado por 20 miembros más Rosa Díez como “portavoz”, como se ha dicho, mediantes listas cerradas y bloqueadas. Tras el congreso, un centenar de afiliados –entre ellos, dato importante, la mitad de Consejo Político fundador- abandonaron el partido por el “sesgo totalitario” que había adquirido y por la inexistencia de ningún organismo que controlara al “todopoderoso consejo de dirección”.

Pero todo esto coincidía con una fuerte caída en picado de los apoyos sociales al zapaterismo víctima de la crisis económica y de su escasa capacidad para afrontarla. Así mismo, los distintos casos de corrupción que estallaron entre mediados de 2008 y el otoño de 2009, hicieron que la intención de voto de UPyD remontara especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid en la que es presumible que consiga arañar un parte sustancial de voto socialista.

¿Doctrina? ¿Para qué doctrina?

¿Cuál es el principal activo de UPyD? Rosa Díez. Así pues, la imagen del partido está directa e inseparablemente unido a la de su “lideresa”? A partir de ahí, cualquier examen sobre sus contenidos políticos sobra. UPyD hará lo que Rosa Díez estime oportuno que haga: esto es, lo que convenga a su carrera política personal. Exactamente igual que cualquier otro partido. Rosa Díez que durante toda su carrera política fue socialdemócrata ahora le cuesta definirse en términos doctrinales si esa definición implica perder un solo(solo) voto

¿Sus ideas políticas, eso que antes se llamaba “ideología”? Pocas y tal como hemos sugerido desde el principio, aquellas que convengan a la promoción de su imagen: ¿aborto? Posición ambigua. ¿Laicismo? Manifestado pero no ejercido, especialmente cuando la COPE es uno de sus principales apoyos. ¿Inmersión lingüística? Difícilmente podría criticar hoy lo que aprobó el gobierno vasco cuando ella formaba parte. ¿Inmigración? No sabe, no contesta. Liquidado prácticamente el tema antiterrorista (por desmantelamiento efectivo de ETA y control policial sobre la organización), Rosa Díez recibe sus apoyos especialmente de los desengañados en materia autonómica. Y éstos proceden de la derecha tanto como de la izquierda. El principal atractivo de su programa para estos electores es, precisamente el primer punto de su programa: “retorno de las competencias de educación y sanidad de las autonomías al Estado para garantizar la igualdad de todos los españoles ante la prestación de los servicios básicos”.

En este sentido, UPyD sigue en la tradición jacobina del viejo socialismo que siempre consideró a las autonomías y a los partidos nacionalistas como excrecencias pequeño burguesas generadas por las élites económicas regionales.

Es cierto que quienes impulsaron inicialmente UPyD eran antiguos socialistas y progresistas de izquierdas. Entre ellos se encontraba el filósofo Fernando Sabater, Martínez Gorriarán portavoz de !Basta ya!, la tendencia Socialistas en Positivo, el Foro de Ermua con Mikel Buesa y los periodistas y artistas catalanes que habían contribuido al nacimiento de Ciutadans. Pero hoy, muchos de ellos ya están fuera del partido y la ideología de “centro izquierda” apenas es reconocible por el recurso habitual al tópico “progresista”.

Lo que UPyD tiene hoy como pauta doctrina es un conjunto de ambigüedades, calculadas para seguir royendo votos en los caladeros de la izquierda y de la derecha. ¿Para qué? Para servir de soporte electoral a Rosa Díez que es, a la vez el principal activo del partido, pero también su gran riesgo riesgo: si, por algún motivo, se pretende “acabar” con UPyD basta con apuntar las baterías contra Rosa Díez. Erosionada su imagen ante la sociedad, el partido, pura y simplemente, desaparece.

UPyD, lejos de ser una “alternativa” es uno de los muchos aspirantes a jugar como “bisagras”. Más que una propuesta regeneracionista es apenas otro partido que acepta las reglas de juego pactadas en 1978: fuerte proyección mediática de una “figura”, más que propuestas concretas a la sociedad. Rosa Díez, que perdió toda posibilidad de jugar un papel efectivo en el PSOE después de su enfrentamiento con Zapatero en el congreso de 2000, optó por jugar una carta propia y personalizada: ella es UPyD. Sin ella, UPyD es apenas un agregado de buenas voluntades sin proyección mediática y sin un programa con contornos claramente definidos.

Quien haya querido ver en el seno de la izquierda a UPyD como algo parecido a Die Linke de Oskar Lafontaine o a cualquier otro producto surgido de la crisis de la socialdemocracia, se equivoca. Este tema apenas aparece en el discurso de Rosa Díez probablemente porque ni siquiera es consciente del mismo a diferencia de algunos de quienes se sumaron a UPyD y ahora ya están situados fuera del partido ¿Qué es UPyD? Es el partido de Rosa Díez. Nada más. Sólo partiendo de esta única base, un afiliado a UPyD puede sentirse cómodo. Esperar algo más de esta formación parece excesivo.

[Recuadro I]

La gran crisis de la socialdemocracia europea

Socialdemocracia reciclada

Las elecciones europeas de 2009 confirmaron lo que ya se intuía desde principios del milenio, a saber, que la socialdemocracia europea había entrado en crisis. En 2001 eran doce los países europeos gobernados por la socialdemocracia. A principios de 2010 eran solamente cinco, de los que uno, el Reino Unido, ya ha pasado a manos conservadores. En cuanto a los gobiernos de Grecia, Portugal y España tienen las horas contadas a causa de las medidas que se están viendo obligados a adoptar para conjurar la crisis económica. Hacia mediados de 2012, la socialdemocracia prácticamente habrá desaparecido del continente europeo.

Los dirigentes de los partidos socialdemócratas son optimistas. Han vivido situaciones parecidas de pérdida de influencia que han recuperado en los años siguientes. Esto es cierto, pero nunca el descrédito de la socialdemocracia europea ha llegado tan lejos y en tantos países al mismo tiempo. Además se producen otras circunstancias que estaban ausentes en anteriores crisis y que permiten intuir que la socialdemocracia europea está agonizando y puede correr el mismo destino que otras facciones de la izquierda aplastadas por la apisonadora de la historia: radicalismo, anarquismo, estalinismo, comunismo, maoísmo, trotskysmo, de los que no quedan ni los rastros.

En teoría, la contradicción entre derecha e izquierda en las últimas décadas ha sido, en realidad una lucha entre liberalismo y socialdemocracia. Hoy, lo que está en crisis es el sistema económico liberal y, por tanto, su adversario, la socialdemocracia, debería experimentar un ascenso político y sus ideas estarían en boga como remedio a la crisis. Sin embargo no es así, sino todo lo contrario.

A partir del Congreso del SPD alemán en Bad Godesberg (1959) el socialismo alemán renunció al marxismo y se transformó en la socialdemocracia que hemos conocido hasta ahora. Esto implicaba una aceptación del liberalismo económico que, a partir de ahora, asumían como irrenunciable. En las décadas siguientes, con la actitud propia del converso esta postura se fue afianzando hasta el punto de que los socialistas figuraron entre los más ardorosos partidarios de la consecuencia extrema del liberalismo: la globalización.

La pérdida de identidad de la socialdemocracia

Los 50 años que van desde Bad Godesberg hasta la crisis económica actual han supuesto una permanente pérdida de identidad de la socialdemocracia europea. Poco a poco su perfil se ha ido reduciendo hasta que finalmente, en nuestros días, esta tendencia no es más la otra cara de la moneda liberal, la contraria al centro-derecha. Cada una de estas caras se define como negación de la otra hasta el punto de que las elecciones ya no se vota a un candidato concreto por sus méritos, sino por el demérito del otro…

Los grupos que han constituido la base social de la socialdemocracia también han ido cambiando desde una amplia base obrera en los años 60 a las clases medias acomodados a finales de la primera década del milenio autodefinidas como “progresistas”. Éstos, evitan solidarizarse con las penalidades de las clases más modestas en tiempos de crisis y prefieren lavarse la conciencia apadrinando a un niño peruano, sumándose a las ONGs más pelegrinas o manifestándose a favor de las energías alternativas. De su pasado “de izquierdas” no queda nada más que el apoyo a algunos temas de escasos calado: la “memoria histórica”, el apoyo al juez Garzón, un laicismo forzado en una sociedad laica y poco más…

A fuerza de ir aceptando las consecuencias extremas del liberalismo, de renunciar al marxismo y de asumir una tenue patina ideológica “progresista”, la socialdemocracia ha renunciado a su propia identidad sin dotarse de otro perfil que fuera fácilmente reconocible. Y así ha ocurrido que cuando ha sobrevenido la “gran crisis”, no hayan estado en condiciones de aportar ninguna respuesta, ni mucho menos de estimular y capitalizar la protesta popular.

Los socialdemócratas se han quedado sin mensaje. Les queda, claro, toda una gama de temas de perfil bajo (violencia doméstica, derechos de los inmigrantes, lucha contra la discriminación, apoyo al feminismo, algunos tópicos ecológicos y solidaridad con el tercer mundo) que importan muy poco al elector en tiempos de crisis. Pero, en realidad, no pueden proponer nada a los jóvenes (que, desde Felipe González en España, disponen solamente de contratos basura y perspectivas de paro, con la imposibilidad de emanciparse de sus padres y de formar una familia o tener hijos), ni a los trabajadores (instalados entre el paro, la competencia desleal que supone la inmigración y la inseguridad laboral), ni mucho menos a las clases medias (machacadas a impuestos y en fase de proletarización). Tal ha sido el precio de ser ganados por el liberalismo: ahora son co-responsables de la gestión del sistema, de los éxitos de ayer y de los fracasos de hoy.

El bofetón de 2009

Hacia principios del milenio la socialdemocracia europea ya daba signos de agotamiento y era evidente que cada vez era “menos socialdemócrata”. La marcha hacia el centro protagonizada por todos los partidos había terminado creando una inmensa zona gris en la que centro-derecha y centro-izquierda apenas se diferenciaban e incluso cada una de ellas mantenía elementos en su interior que bien podrían haber estado en el otro bando (caso de Pimentel ex ministro de Trabajo con el PP o caso de Bono en el caso del PSOE). Por encima de ambos centrismos lo que existía era una aceptación del capitalismo liberal y globalizador.

En 2009, con la impresionante derrota socialdemócrata que evidenciaron las elecciones europeas en el viejo continente, el declive de esta opción era difícil de negar. Hoy solamente gobiernan en cuatro países europeos que perderán inevitablemente en uno o dos años, tras perder el Reino Unido en mayo. Para la socialdemocracia no hay mañana porque ni siquiera en estos momentos la mayoría ha advertido la profundidad de su crisis, ni .quienes lo han hecho (el socialismo francés) saben cómo salir de ella.

En España el zapaterismo ni siquiera es socialdemocracia sino una mixtura híbrida de humanismo universalista y progresismo de manual dela UNESCO. Incluso es significativo que la sigla PSOE haya desaparecido en beneficio de la sigla ZP. En esta transformación el PSOE ha perdido a sus mentes más lúcidas que se han negado a ponerse al lado de un indigente ideológico y de una nulidad política como Zapatero. ¿Quién sucederá a ZP en 2012? En el PSOE ya no hay líderes políticos, ni mucho menos estadistas, sino apenas un racimo de ambiciosos (Bono, Blanco) o de bobos y bobas planeando sobre el cielo de Babia (Aído, Pajín). Es difícil que con toda esta patulea pueda reconstruirse el socialismo español. De hecho la pregunta correcta es ¿quedará algo del PSOE en 2012?

[Recuadro 2]

Rosa Díez: El síndrome del “gran timonel” y el síndrome de “Ottinger”

La carrera política de Rosa Díez parece discurrir entre dos síndromes poco conocidos pero no menos reales.

Mao Tse Tung era llamado “el Gran Timonel”. Enver Hoxa “el faro del socialismo”. Stalin “el gran líder patriótico”… y así sucesivamente. En la tradición de la izquierda, siempre ha habido un “ayatollah”, un “gran inspirado” o el consabido “amado líder carismático”. Tal es la única tradición de izquierdas que conserva UPyD.

Quienes creen que la izquierda procede de una tradición democrática tienen mucho de ingenuo. Vivimos en la época del “liderismo” (a no confundir con la época del “cesarismo”. La diferencia entre el “líder” y el “césar” es que el primero es un jefe ocasional que goza de buena imagen mediática y el “césar” un estadista enérgico que lleva a su pueblo hasta mucho más allá de donde éste cree que podría llegar solo). Los “líderes” no son más que proyecciones mediáticas realizadas a conveniencia de los medios de comunicación que, por iniciativa propia, o a cuenta de terceros, desencadenan operaciones políticas destinadas a lograr efectos concretos.

La “operación Zapatero” (que incluyó el 11-M verosímilmente), la “operación Obama”, como en su momento la “operación Suárez” no son nuevas, están hechas de la materia con que están hechas las fantasías democráticas de la modernidad: fama mediática, personajes mediocres situados en el centro de la escena por decisión de los poderes fácticos. Nada que no hubiera sido denunciado ya por Guy Debord desde mediados de los años 60 cuando era evidente que las “democracias” se habían convertido en “espectáculo”.

Todo eso explica el que Rosa Díez frecuentemente figure con mejor imagen que cualquier otro político… lo que no implica, paradójicamente, que esa imagen se traduzca necesariamente en votos.

El mal de todo “liderismo” reside en que el personaje central aureolado de fama mediática frecuentemente pierde la perspectiva de sí mismo y de sus limitaciones y aspira siempre a ocupar una centralidad cada vez mayor, muy por encima de sus posibilidades reales, de sus condiciones o de su capacidad. Mientras que el “césar” suele rodearse de asesores y pares de calidad que forman con él una especie de “clase dirigente”, el “líder” actúa según el principio de Peeter sobre los distintos niveles de incompetencia: percibe rápidamente quienes le pueden hacer sombra (o quienes cree que le harán sombra) y los aleja del centro, mientras se rodea de gente aún más mediocre que él para evitar que ninguno de ellos consiga hacerle sombra. Esto explica el porqué Rosa Díez se deshizo de algunos de los fundadores del partido y porque tiene siempre la pluma tan dispuesta para firmar sentencias de expulsión. Tal es la concreción del “síndrome del gran timonel”.

Pero hay otro síndrome aún peor: dar gato por liebre, frase española que no tiene traducción directa en otros idiomas, aunque existe la tendencia a unificar el mismo concepto en el llamado “síndrome de Ottinger”.

Richard Ottinger era un político sin experiencia que se presentó como candidato al senado de los EEUU en 1976. Un perfecto incapaz con modales de proto-yupi. Sus asesores o mostraron como un político joven, seguro de si (sí) mismo, enérgico pero dialogante, con conocimiento y empatía con los problemas de la gente, dotado para el arte del gobierno y cuya única intención era servir a sus electores. Nadie dudaba que sería el vencedor hasta que se enfrentó con sus adversarios en un debate televisivo. Allí Ottinger se hundió en la miseria.

No estuvo en condiciones de responder a ninguna pregunta concreta sobre cómo sería su política, ni qué medidas concretas aplicaría una vez llegado al senado. Una cosa es construir mediáticamente a un personaje y otra muy diferente que éste sea capaz de dar la talla. Para que una operación de este tipo tenga éxito es preciso dotar al personaje de contenido. Y en el caso de Ottinger, sus asesores se olvidaron de llenar con contenidos al “líder”. Cuando acabó el debate televisivo, la carrera política de Ottinger acabó también.

Es inevitable recordar a Rosa Díez y sus giros copernicanos en los últimos 15 años. Su discurso siempre ha estado desprovisto de fondo, sus propuestas en positivo apenas son reconocibles, el contenido de UPyD es, por tanto, mínimo, pues si Rosa Díez es apenas una proyección mediática de la prensa de derecha, UPyD es una proyección personalizada de Rosa Díez.

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Renovación Española y Acción Española, la “derecha fascista española” (IV de VI) Renovación Española: de monárquicos a fascistizados y de ahí al fascismo. a) Introducción

Renovación Española: de monárquicos a fascistizados

a) Introducción

Como en el caso de Acción Española, se suele aludir a Renovación Española como un “partido monárquico”, algo incuestionable y que efectivamente era. Lo que ocurre es que no era solamente monárquico sino que existió –como en toda la derecha maurrasiana y en todo el monarquismo europeo entre 1918 y 1968 (entre la caída del Kaiser y la fusion del Partido Democrático de Unión Monárquica con el Movimiento Social Italiano) un proceso de deslizamiento hacia el fascismo.

Ese proceso tuvo distintas fases y no es nuestra tarea resolverlo aquí (si bien habría que recordar que uno de los pensadores de la derecha monárquica italiana era Julius Evola cuyo pensamiento, siendo monárquico, trascendía con mucho el monarquismo de la época), sin embargo, desde las crisis que sufrió Action Française en los años 20 y 30 y el apoyo de los monárquicos alemanes al NSDAP, siempre se reproduce el mismo proceso: los partidos monárquicos tienden a fascistizarse por mucho que al aristocratismo de algunos de sus elementos les repugne el populismo del que hacen gala los distintos fascismos. Dicho de otra manera: el conservadurismo monárquico se podia transmitir a las masas con mucha más dificultad que el fascismo, las necesidades electorales de los partidos monárquicos hicieron que los planteamientos fascistas y corporativistas fueran calando cada vez más entre sus filas. No fue que el fascismo se “monarquizara” sino que lel monarquismo se fascistizó.

El resultado nos lleva directamente a la idea de la que hemos partido en este dossier: existió una “derecha fascista” que incluía lo esencial de esta corriente doctrinal, siendo más monárquica que social, como existió una minuscula “izquierda fascista” más social que monárquica y un “centro fascista” en el cual la equidistancia de unos y de otros le daba carta de naturaleza: Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma serían los tres exponentes en España de estas tres corrientes.

La discussion sobre el “fascismo” y los “fascistizados” es vieja y rebasa con mucho las fronteras naciones. Ya existía en la época en la que Ramiro Ledesma lo utilizó por primera vez en su libro “¿Fascismo en España?”. Desde entonces la discussion entre historiadores ha proseguido. En 1982, el historiador francés R. Remond en su obra “Les droites en France” decía que “Existen aún muchas reservar que realizar sobre la noción de fascistización que a menudo no es más que una simplificación verbal, un subterfugio nominalista para evitar la dificultad de calificar a tal o cual regimen”.  El propio Stalin aludió en algún momento a la “fascistización de la burguesía” y Mussolini como recuerda Ismael Sanz Campos (en Fascismo y Franquismo) habló también de la “Europa fascista o fascistizada”. Ramiro Ledesma, como se ve, no tenía el copyright del término.

Un término, éste de “fascistización” que es, en definitive, poco claro y susceptible de sembrar el equívoco y la ambigüedad. Lo más razonable, de todas formas, es pensar que entre la palabra “fascista” y el concepto de “fascistizado” existe una allusion al “contenido” y al “continente”. Algunos regímenes de derechas –el franquismo, o el petainismo, incluso el salazarismo- estuvieron “fascistizados”, es decir emularon exteriormente al fascismo, sin ser propiamente fascistas. Lo mismo podría decirse de algunos partidos como Renovación Española y su alma Joaquín Calvo Sotelo: imitarían la exterioridad del fascismo, pero nada más. Algunos regímenes y partidos de derechas tomarían prestados elementos al fascismo, para caracterizarse como tales en un determinado momento de la historia europea en el que esta corriente estaba en boga, pero aquí acabaría todo. El franquismo, por ejemplo, sería un regimen autoritario mucho más que “fascista” y lo mismo cabría decir de los regímenes de Petain o Salazar

¿En donde estribaría la diferencia? Esencialmente en que los fascismos se declaran “totalitarios”… dando a esta palabra el contenido que el propio fascismo le daba (como intento de integrar en un mismo estado a la “totalidad” de los habitantes de una nación, sin divisiones de partido o exclusiones debidas al origen social). El término “totalitario”, aun mas que el de “fascistizado” se presta a equívocos. Hoy “totalitario” se aplica a los regímenes marxistas que, en rigor, no aspiraban a ser otra cosa que “ultrademocráticos” al considerar que el Estado Soviético era propiedad de “todos los trabajadores de la URSS…” tal como rezaba en la constitución aprobada promulgada por Stalin.

Para Ramiro Ledesma las cosas estaban claras: tras su salida de Falange explicaba: “Nuestra tesis es que España está a punto para la ejecución de la revolución nacional (fascista, en la terminología que el lector sabe). Cuanto ha ocurrido en España desde hace tres años, es lo más adecuado y favorable que podía ocurrir para que fuese posible con rapidez y éxito la revolución nacional española. Lo primero era crear su instrumento político, es decir, la organización ejecutora de ese designio. La realidad actual es que ese instrumento (que empezó a forjarse en las J.O.N.S., colaboró en ello F.E., y luego, más tarde, proseguido por ambas organizaciones unificadas) no ha podido, por diversas causas, vigorizarse suficientemente”, tras lo cual se plantea: “Si no el fascismo, ¿harán frente a la situación los fascistizados? La empresa es tan sencilla y oportuna que habría que optar por suponer que sí. Los fascistizados son una realidad española fuerte, con posiciones ya conquistadas en el Estado y mucho que perder si el enemigo llega” y más adelante: “Los fascistizados, ya se sabe, están hoy en lugares muy diversos; pero seguramente responderán con urgencia, el día que sea, al llamamiento del aldabonazo decisivo”. ¿Quienes son, pues, para Ramiro Ledesma los “fascistizados”? Él mismo responde: “Empresa bien fácil y sencilla es señalarlos con el dedo, poner sus nombres en fila: Calvo Sotelo y su Bloque nacional. Gil Robles y sus fuerzas; sobre todo las pertenecientes a la J. A. P. Primo de Rivera y sus grupos, hoy todavía a la órbita de los anteriores, aunque no, sin duda, mañana. Sin olvidar, naturalmente, a un sector del Ejército, de los militares españoles”. Intuye luego la proximidad de una “accion militar convergente” para evitar que todos esos sectores queden “reducidos a Comité electoral de un bloque anti o contrarevolucionario, que comprenderá esos mismos grupos a que nos hemos referido. Muchos parece que prefieren esa vía, deseando transferir el pleito a las urnas”. Estaba anticipando con dos años de adelanto el 18 de julio de 1936.

Sorprende un análisis tan lúcido. Ledesma añade en su obra: “Un régimen más o menos militar no está nada fuera de las características españolas. Casi siempre ha sido España gobernada de ese modo. Los llamados espadones del siglo XIX fueron lo único que de valor político produjo esa centuria española. Unificaron, como pudieron y les fue posible, el vivir de la nación. Siempre han actuado aquí las espadas un poco como resortes supletorios. ¿No estamos hoy ante la necesidad de suplir una fuerza nacional fascista, inexistente cuando es su hora exacta y propia?”. Si no hay “fascistas” en número suficiente, habrá “fascistizados” que los reemplacen y que creen un gobierno “fascistizado” vía golpe militar.

El problema era que Ramiro Ledesma escribía estas líneas justo después de su ruptura con Primo de Rivera. Dos años después, las cosas habían cambiado: ¿hasta qué punto una parte de los “fascistizados” no habían escorado hacia el fascismo convencional, cediendo en su monarquismo? Y lo que es, incluso más significativo: ¿hasta qué punto el propio Ramiro Ledesma por simples necesidades de supervivencia no se había aproximado a los “fascistizados” para poder tirar adelante algunos de sus proyectos periodísticos?

En nuestra opinión algunos intelectuales de la derecha española, con el paso del tiempo fueron asumiendo los rasgos del fascismo, dejando de ser fascistizados. Esta tendencia es particularmente visible en Calvo Sotelo para el que la restauración de la monarquía, a medida que iba pasando el tiempo, y el reinado de Alfonso XIII iba quedando atrás, dejaba de tener sentido. Como intentaremos demostrar, Calvo Sotelo, no solamente se “fascistizó” sino que terminó constituyendo el sector mayoritario del fascismo español en el último año anterior a la Guerra Civil.

Este escoramiento de la derecha antiliberal al fascismo convencional no se dio en todos los sectores que Ramiro Ledesma enunciaba como “fascistizados”. Y, por supuesto, no se dio en la mayoría del estamento militar. El fascismo nunca fue un regimen fascista en sentido propio y si el calificativo de “fascistizado” le corresponde a alguien en España es, en primer lugar, a Gil Robles y a su CEDA y en segundo lugar al régimen franquista que fue a la postre una mezcla de paternalismo y autoritarismo mucho más que de fascismo y revolución nacional. Solamente en el período 1936-1943, el franquismo asumió los rasgos de la Falange en lo que se ha conocido como “el período de exaltación imperial”. Eran los rasgos de la Falange los que podrían “caer mejor” y sintonizar más con los de los regímenes fascistas que habían ayudado a Franco a resolver el destino de la Guerra Civil. Pero, cuando la suerte cambió de bando, tras el Alamein, Stalingrado y, especialmente, tras la entrada de los EEUU en la guerra y el desplome italiano, cualquier militar mínimamente avisado podía intuir que el III Reich y el fascismo italiano tenían la guerra perdida. El régimen en ese momento cambió su estilo “fascistizado” por otro “nacional-católcio” en el que la Falange ya no era la fuerza hegemónica, sino los “propagandistas católicos”, la doctrina fascista quedó sustituida por la llamada “doctrina social de la Iglesia” y el régimen acentuó sus rasgos autoritarios y paternalistas.

Renovación Española fue ese partido fronterizo entre la derecha antiliberal y el fascismo español. Lo hemos calificado siempre de “derecha fascista española”, ubicada en la zona gris situada más allá de la derecha liberal y antes del fascismo convencional (representado por José Antonio Primo y Ramiro Ledesma). Esto no supone resolver todo el conflicto histórico: ¿hasta qué punto amplios sectores de las Juventudes de Acción Popular fueron “fascistizadas” pero no “fascistas”? Dadas las características de la época la impresión que da es que el “área fascista” (recuérdese lo que dijimos sobre el fascismo “uno y tirno”) se fue ampliando en los dos años anteriores a 1936 precisamente por la inexistencia de lo que Ramiro Ledesma consideraba como “ejecutores de la revolución nacional”. De haber existido un polo “centrista” en el fascismo español, la evolución hubiera sido diferente: sectores amplios de la derecha, pero también de las clases populares, se habrían sumado a este polo. Pero en 1934, Falange de un lado y las JONS de otro, eran pequeños grupos de activistas juveniles que no suscitaban absolutamente ninguna confianza en el electorado. Y luego estaban los albiñanistas algunos de cuyos rasgos son propios de los fascismos europeos (el hecho de que su “servicio de orden”, por ejemplo, estuviera casi completamente constituido por veteranos de la guerra de Marruecos).

Esto hizo que en la construcción del “fascismo español” haya que fijarse en sectores con más peso político (lo hemos hecho hasta ahora recurriendo a la revista Acción Española y ahora le toca el turno a Renovación Española) que ocuparon, casi de manera de manera inercial, es espacio vacío que no fue capaz de cubrir la endeblez y los errores de conducción política tanto de Falange Española como de las JONS. El mero hecho de que tanto José Antonio Primo de Rivera como Ramiro Ledesma mantuvieran relaciones con “los fascistizados” hasta el momento de su detención evidencia a las claras dónde estuvo hasta el 18 de julio de 1936 el eje de la forma española de fascismo: en la ”derecha fascista”, completamente fascistizada.

Lo realmente sorprendente no es esto –que a fin de cuentas entro dentro de la ley de las simetrías políticas y del relleno de los espacios vacíos-; lo realmente sorprendente es que buena parte de los historiadores que han asumido la reconstrucción documental del “fascismo español” se hayan centrado en un movimiento minúsculo en su momento (FE) o simplemente inexistentes (JONS) insuficientes para explicar tanto el 18 de julio como la propia fascistización de los primeros años del régimen franquista. Y mucho mas inexplicable todavía ha sido en los últimos 50 años esa persistencia de los que se han seguido considerando falangistas en negar la realidad: a saber que Falange era un “partido fascista” (desde los Círculos José Antonio hasta los hedillistas e incluso la mayoría de los falangistas-franquistas solían negar que falange fuera un “partido fascista”) y que compartía espacio con otro partido bastante más grande, el Bloque Nacional/Renovacion Española, así como el hecho de que para la izquierda el fascismo “peligroso” era el de Calvo Sotelo, mientras que los núcleos falangistas se les consideraba apenas –en la simplificación clásica del marxismo- “brazo armado del capital”.  

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Renovación Española y Acción Española, la “derecha fascista española” (III de VI) b) Acción Española, autor intelectual de la sublevación franquista

Renovación Española y Acción Española, la “derecha fascista española” (III de VI) b) Acción Española, autor intelectual de la sublevación franquista

Infokrisis.- Se ha dicho que Acción Española tenía solamente el nombre de coincidencia con el maurrasianismo. No es cierto. Además del nombre –algo que, por otra parte, resulta evidente y difícilmente cuestionable- y de la común fe monárquica, el ideario antiliberal y católico era común en ambas. Lo que ocurre es que España tenía sus propias fuentes ideológicas (en todo coincidentes con las de Maurras) y el pensamiento conservador español del siglo XIX había figurado entre los más brillantes de Europa con teóricos dela talla de Donoso Cortés o Jaime Balmes, sin olvidar a Menéndez Pelayo y a Vázquez de Mella. El tradicionalismo francés no podia ser sino una influencia secundaria en un panorama tan bien surtido. Y sin embargo, esa influencia existió. Así mismo, si bien es cierto que la presencia de monárquicos alfonsinos en la redacción de la revista era muy superior a la de tradicionalistas carlistas, no es menos cierto que Eugenio Vegas Latapié reconocía que debía una parte de su pensamiento a la doctrina de Maurras (a diferencia de Maeztu que siempre fue ajeno a ella).

Acción Española fue el laboratorio ideológico de la derecha monárquica, un foro compuesto por intelectuales de prestigio antiliberales y antirepublicanos, monárquicos y tradicionalistas. En su seno se empiezan a percibir las influencias del fascismo italiano. Éste, a fin de cuentas, se insertaba dentro de un regimen monárquico que había conseguido revitalizar y mantener en el poder. Para Acción Española como para su equivalente francés, lo esencial era conectar el presente con el pasado y hacer que aquel pudiera utilizar como trampolín a éste. De entre las muchas partes de la historia de España que los hombres de Acción Española querían especialmente rescatar, es significativo que apelaran al Imperio… como hacía en esos mismos momentos el fascismo que había elegido como símbolo y mito movilizador, el águila de Roma.

Si Acción Española insistió en la necesaria descentralización del Estado, no fue solamente porque los carlistas mantuvieran en su tetralogía los “fueros” en tercera posición (detrás de Dios y la Patria y delante de la misma figura del Rey), sino porque Maurras estaba recordando e insistiendo en que la característica de los Estados liberales es el jacobinismo y la eliminación de los cuerpos intermedios de la sociedad. El rey, tanto en la perspectiva de Acción Española, como en la de Maurras, se limitaba a ser alguien independiente, moderador de los distintos poderes, situado al margen de los partidos, de los grupos oligárquicos y que encarnaba a toda la nación siendo, por tanto, la persona más adecuada para guiar a la nación; así, las instituciones tradicionales, “sociales y representativas”, evitarían caer en las peores formas de absolutismo que siempre –Maurras lo había enseñado- terminan conduciendo al republicanismo jacobino.

Al igual que Maurras, el monarquismo de Acción Española se basaba en la necesidad de encontrar una formula de orden y estabilidad para el Estado (que a un lado y otro de los Pirineos, se coincidía en que era incompatible con el liberalismo y la partidocracia). Por eso mismo no se aspiraba a una monarquía constitucional en la que el “rey reine pero no gobierne”: el rey debía de ser activo y no podia limitarse a un mero papel decorativo y protocolario.

En varios articulos de Acción Española se discute sobre el “Estado Corporativo”. Ciertamente; ciertamente tal era la formula propuesta por Maurras… pero también, en 1931, por el fascismo. Lo único que variaba entre el concepto maurrasiano y el mussoliniano era que lo que era “tradición” en los primeros, se convertía en culto y exaltación al trabajo, lo que entraba en la tradición socialista que fuera la del Mussolini joven.

Tanto en Maurras como en Acción Española la tradición católica ocupaba un lugar esencial: era el cimiento de las sociedades, el principal factor que les daba estabilidad. Para colmo, tanto Francia como España (y el Reino Unido) habían desarrollado teorías que llegaron hasta los años 30 en los que cada país se presentaba como la salvaguarda y defensa de la fe religiosa. En su pasado identificaban los elementos que les confirmaban en estas piadosas intuiciones. La monarquía era la institución defensora del catolicismo y que, a su vez, lo encarnaba en sí misma. El catolicismo, a su vez, era el signo distintivo del “país real” y el factor de coherencia y unidad de la nación. Por eso, Maurras, descreído y agnóstico, se había visto obligado a aceptar la necesidad del catolicismo en Francia, al no encontrar ningún otro elemento que pudiera servir de cristalizador de la unidad nacionalo. Esta componente no estuvo tan presente en el fascismo que, si bien tuvo una dimension “mística”, revistió más bien las formas de un neopaganismo mucho mas que una defensa de la fe católica (aunque estuviera implícita como demostró ampliamente la firma del concordato entre Mussolini y la Santa Sede).

A pesar de que la derecha española durante la Segunda República estuvo divida entre quienes aceptaron el hecho republicano (y sólo aspiraban a rebajar y a atenuar las leyes antirreligiosas proclamadas por la República) y los monárquicos, lo cierto es que, era frecuente que los votantes de Gil Robles prefirieran la monarquía a la república. A partir de 1933 empezaron a producirse “combinaciones” entre estos sectores y el fascismo que en estos momentos se había convertido –a partir del 1 de enero de 1933 cuando Hitler es llamado por Hindemburg para formar gobierno- en una moda para las derechas al encarnar el orden, la jerarquía y la autoridad, verdadera trilogia contrarrevolucionaria opuesta al libertad, igualdad, fraternidad liberales. Mientras Gil Robles evitaba que Acción Popular se declarara “monárquica” para eludir el aislamiento, cada día iba incorporando más y más elementos de la doctrina fascista en el fenómeno que Ramiro Ledesma llamó “fascistización”. En cuanto a las bases de su partido,  la CEDA, en un 90% eran monárquicas y en tanto que monárquicas, de este sector procedía el grueso de suscriptores de Acción Española.

A pesar de estar formada por “nacionalistas españoles”, la revista no se limitó a publicar solamente artículos sobre nuestro país escritos por plumas autoctonas; no tuvo empacho en publicar materiales procedentes de otros países, realizar traducciones de obras y artículos de Maurras y publicar artículos escritos por militantes fascistas italianos o integralistas portugueses.  También de neojacobitas ingleses, así como de Chesterton, nostálgico medievalista además de autor de prstigio. Como ya hemos dicho en la introducción le cupo a Acción Española la tarea de traducir tardíamente la Encuesta sobre la Monarquía de Maurras y alguna que otra obra procedente de su entorno. Víctor Pradera hizo su contribución sobre El Estado Nuevo resumiendo los ideales de la revista que, hace falta decirlo una vez más, coincidían con el protofascismo maurrasiano y, poco a poco, iba filtrando ideas del fascismo italiano y europeo propiamente dicho.  Ese medievalismo arcaizante está también impreso en artículos publicados en la revista FE, el primer semanario de Falange en donde se loaban las ruinas clásicas y la presencia latino-romana en la peninsula, antes de que otros autores específicamente falangistas –Santamarina, Fray Justo Pérez de Urbel, y otros muchos de los que ha dado cumplida cuenta Pascual Tamburri en su artículo El imaginario medieval en la Universidad franquista (Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija, 4 - 2001) lo que contribuye a demostrar la sintonía cultural entre lo que hemos dado en llamar “centrismo fascista” y “derecha fascista”.

El programa estratégico de Acción Española consistía en el restablecimiento de la “monarquía tradicional” en la que el monarca sería el moderador de los tres poderes. No se trataba de una forma de “absolutismo” sino que se establecía que el poder real estaría limitado por los “Consejos” y por los fueros tradicionles. En tanto que católicos, Acción Española sostenía que el poder real emanaba de Dios. La función de las estructuras corporativas sería representar y legislar junto al Rey. El enemigo principal era la República y la vía para “superarla”, con el paso de los meses y, especiamente despues de los episodios de Asturias y Catalunya en febrero de 1934, la vía insurreccional era la que fue ganando adeptos. Renovación Española compartía completamente este programa estratégico.

El proyecto de constitución de un círculo de este tipo arrancó en los últimos meses de la dictadura de Primo de Rivera y se prolongó hasta una vez proclamada la República en un período que va desde enero de 1930 a diciembre de 1931. Las fuentes ideológicas estaban claras: Acción Española, aun estando muy influida por el maurrasianismo, como movimiento patriótico que era, lógicamente, aspiraba a hundir sus raíces en pensadores autoctonos y estos no faltaban en el siglo XIX español. La tetralogía que inspira a la revista está formada por Jaime Balmes (union de lo histórico con lo apologético, según Sáinz Rodríguez), Menéndez y Pelayo (interpretación católica de la civilización española), Donoso Cortés (tradicionalismo contrarrevolucionario) y Vázquez de Mella (carlismo, antimasonismo, foralismo).

Oficialmente, Acción Española, como grupo se constitutó en octubre de 1931 y el primer numero de la revista aparecería en diciembre, primero con una cadencia quincenal y luego mensualmente. Fue prohibida de agosto a noviembre de 1932 (por sus elogios a la “sanjurjada) y su último número, el 88, se publicó poco antes de estallar la guerra civil, si bien apareció un número 89 en marzo de 1937, espectacular con 400 páginas que no era sino una antología de textos de la revista, con introducción del propio Franco y del Cardenal Primado. Calvo Sotelo y Víctor Pradera fueron los dos colaboradores más asiduos y la dirección quedó a cargo de Maeztu quien, sin embargo, ni pudo imponer el nombre que proponía para la revista –Hispanidad- en lugar del muy maurrasiano de Acción Española. Vegas Latapié y Fernando Gallego Marqués de Quintanar fueron los impulsores. Este último se había relacionado con Antonio Sardinha, el ideólogo de los “integralistas” portugueses que se llamaban a si mismo “tradicionalistas anticonservadores”, monárquicos, pero también sindicalistas, antiparlamentarios y antiliberales. Sardinha era “antiiberista”, pero consideraba que España y Portugal tenían que unificarse en una “alianza peninsular” que implicara la fusion de la dinastía Borbón y de los Braganza que repercutiría en el marco de la “Hispanidad”. Era justamente por eso por lo que Maeztu opinaba que la revista debía llamarse Hispanidad. Latapié, mucho más político que doctrinario, pensaba que la revista debía tener un carácter de análisis político y combate. El marqués de Quintanar fue el primer diretor de la revista hasta el número 27 y, a partir de ese número, Ramiro de Maeztu ostenta el cargo. En cuanto a la sociedad que impulsaba la revista, recibía el nombre de Cultura Española y estaba presidida por Ramiro de Maeztu con el Marqués de Quintanar, José María Pemán, Jorge Vigón, el Marqués de las Marismas, el Marqués de la Eliseda, Luis Vela y Vegas Latapié quien explica todo esto en sus memorias (Planeta 1983) esenciales para entender y situar en el tiempo esta iniciativa. Las oficinas estuvieron instaladas en la Glorieta de San Bernardo. A partir del número 36 adoptó una portada que hoy parece muy simple pero que en aquel momento era el “último grito” en diseño cubista y en tintas roja y negra que incluía uncírculo con la imagen esquemática de Santiago el Mayor y el lema “Santiago y Cierra España” (ver la curiosa explicación de la portada en http://www.filosofia.org/hem/193/acc/e36545.htm). En el libro de Luis María Anson titulado Acción Española (Editorial Círculo, Zaragoza 1960) se da la que parece ser la relación mas completa de colaboradores de la revista: Víctor Pradera, conde de Rodezno, Javier Reyna, Marcial Solana, González de Amezúa, pertenecientes al sector monárquico, gente de la CEDA como el marqués de Lozoya y Fernández Ladreda, pero también miembros de Falange Española: Eugenio Montes, Sánchez Mazas, Ledesma Ramos (lease, por ejemplo, http://www.filosofia.org/hem/193/acc/e24581.htm, publicado en el número 24 el 1 de marzo de 1933), Giménez Caballero, Emiliano Aguado. Tras ser suspendida durante la sarjurjada y reaparecer se publicó una nota firmada  por José María Pemán, Pradera, Ruiz del Castillo y Sáinz Rodríguez, Ramiro de Maeztu, el marqués de Lozoya, Calvo Sotelo, Ibáñez Martín, González de Amezúa, Juan Antonio Ansaldo, el marqués de Quintanar, Manuel Pombo Polanco, Eugenio Vegas y el marqués de la Eliseda, Javier Vela del Campo. Se empezaron a dar cursillos y conferencias. Sáinz Rodríguez tenía razón cuando dijo: «Acción Española ha logrado reunir a un grupo de intelectuales en torno a una idea de la cultura nacional.»

Mientras se prolongó la República, Acción Española, se limitó a ser un grupo de elaboración intellectual y preparación de cuadros de la derecha monárquica, cada vez más virada hacia el fascismo. La revista tendrá una influencia más amplia a la vista de su plantel de colaboradores que van desde la “izquierda fascista” (Ramiro Ledesma), hasta la “derecha fascista” (el Marqués de Eliseda) y abarcará, naturalmente a Renovación Española, a las JAP e incluso a amplios sectores de la CEDA. Raúl Morodo en su estudio sobre la revista ha sido de los que ha percibido el inequívoco deslizamiento hacia el fascismo en sus contenidos. Tan solo Sáinz Rodríguez y Vegas Latapié se verán libresde esa tendencia, paradójicamente, gracias a la influencia determinante de Maurras, el protofascista que aportó la mayoría de cuadros al fascismo francés y que, finalmente, se horrorizó de algo que, si bien era antiliberal e incluso que podia ser monárquico, también sacratilaba al Estado, destruía la autonomía de las partes que lo constituían y parecía culminar en una especie de absolutismo sin monarca o con un monarca títere. Morodo, termina diciendo: “Vegas Latapié y Sáinz Rodríguez serán así las escasas excepciones en la evolución de AE hacia el fascismo comisorio” y en esto coincide con Éugene Weber quien en su libro titulado Action Française explica que Latapié intentaba solamente extender el ideario de esta organización en Francia. En cuanto a Maeztu, hasta muy avanzado su proceso de elaboración ideological–que sera completamente diferente al de Maurras y que incluso desconfiaba de él- fue específicamente español, quería llamar a la revista, como hemos dicho, Hispanidad y, para colmo, encartarla en el diario conservador La Nación.

Nunca los fundadores de Acción Española se propusieron crear un nuevo partido, pero sí convertirse en una especie de escuela de cuadros y en un elemento de formación del pensamiento de la derecha monárquica que irrumpió en un mlmento tardío para esta idea, cuando ya la misma teorización de Maurras empezaba a quedar atrás y a verse rebasada por los fascismos europeos. El drama de Acción Española fue precisamente este: nace a caballo cuando Maurras ya da en Francia señales de perder peso específico y cuando el fascismo está en expansion. Era evidente que, la revista se iba a resentir de esta situación internacional y que, aun siendo Maeztu el director, muchos de sus colaboradores no iban en la misma dirección: unos por maurrasianos y otros por fascistas. Cuando Morodo alude a la colaboración de Ledesma con Acción Española destaca que “Ledesma Ramos no sólo colaborará en AE, es cierto que con un solo artículo, sino que mantenía relaciones conspiratorias con ellos” y en cuanto a José Antonio destaca que “los amigos tradicionales de José Antonio Primo de Rivera estaban casi todos ellos dentro de AE, en gran parte por haber sido colaboradores de su padre”. Si bien Sainz Rodríguez quería hacer de Acción Española un “laboratorio” de las derechas sobre la base de tres “antis”: antiparlamentarismo, antiliberalismo, antipartidismo de las que dise que son “las tres negaciones son un ansia total del alma española”. El grupo aspira a "la salvación de España" y la “regeneración nacional” partirá de una “minoría directora”. Pero la lucha –y es muy importante señalar este aspecto porque bruscamente nos pone con 35 años de adelanto sobre Alain de Benoist y la “nouvelle droite” que empezó a trabajar en Francia en junio de 1968- es, ante todo, ideological. Sáinz Rodríguez escribe: “Sólo se vence a la revolución derrotando previamente la ideología revolucionaria”. Y en ese momento (mediados de 1932) todavía la derecha guardaba un recuerdo nefasto del fracaso de la dictadura de Primo de Rivera que los hombres de Acción Española atribuían a una falta de claridad ideologica. Era esa indefinición, esa falta de adecuación del nacionalismo español a la nueva situación lo que había generado el hundimiento de la dictadura primero, de la monarquía después y lo que había abierto el camino a la “revolución española”. Era esta revolución la que se trataba de derrotar: y la “lucha final” se identificaba con la lucha contra la República.

Si la “lucha final” todavía no puede darse en 1933 es porque “No existe aún la minoría directora debidamente impuesta en los verdaderos principios sociales y políticos que nos es indispensable, y tampoco está maduro el ambiente que debe acompañar la existencia de esa selección". Y Maeztu, autor de esas palabras, añadía: “Nos encontramos con que lo más que necesitábamos en aquel momento no eran razones, sino espadas, pero para tener espadas necesitábamos de las razones”. Para Morodo (cuyo estudio sobre Acción Española está lastrado por una óptica progresista pero que agrupa datos e interpretaciones dignas de consideración) se trataba de crear un laboratorio de idas por encima de los partidos “de la derecha autoritaria y no liberal”. Cita a Quintanar: "AE nació porque el frente intelectual de la España tradicional estaba desguarnecido. Tenemos que afirmarlo con toda rotundidad: AE no vino en 1931 a llenar un hueco a los ocho meses de la revolución. No. AE vino a ocupar todo un frente extensísimo cara al enemigo ensoberbecido y pedante. AE ha ido volviendo a poner en pie esa tradición desempolvándola, sacándola a la luz... Y cuando la política de reacción fue mostrando el pecho y ofreciéndola a la lucha por sus ideales, fueron las páginas de AE a un terreno amigo y propicio, donde se encontraron los escritores de la 'Comunión Tradicionalista', de la gloriosa historia intelectual y moral, aquellos otros de 'Renovación Española', de reciente constitución, y muchos independientes de credos tan diversos dentro de su unidad españolista que van desde el filósofo católico hasta el doctrinario del nacionalismo integral. Que nuestra fórmula de reclutamiento y de convivencia es, por oposición a la de la democracia parlamentaria que no quiere enemigos a su izquierda, la de no tener a la derecha sino amigos, y entendiendo por derecha esa zona abnegada donde se funden todas las esencias nacionales". Las palabras fueron pronunciadas a principios de octubre de 1934 coincidiendo con la revolución de Asturias y la proclamación del Estat Catalá en Barcelona.

Es a partir de ese momento cuando la influencia del fascismo en España va creciendo y todo este sector se convence de que la malhadada República solamente podrá ser derrocaba por la vía golpista. Es a partir de ahí cuando Maeztu empieza a hablar de “armonizar inteligencia-espada”, idea que irá repitiendo machaconamente desde entonces. En esa idea se reconocían todos, desde Ramiro Ledesma a Albiñana.

Que nosotros sepamos no existen cifras de ventas, ni de suscripciones, ni mucho menos de lectores de la revista. El marqués de Quintanar estima que los suscriptores fueron entre 2.500 y 3.000 en 1934. Algunos son “suscriptores de honor” que aportan anualmente la cifra de 500 pesetas recibiendo a cambio una edición especial de cada número impresa en papel registro. Los datos estudiados por Morodo le llevan a intuir que existían dos grupos de suscriptores: industriales del Norte y terratenientes del Sur y, en Madrid, núcleos intelectuales, con algunos militares dispersos por toda la geografía, entre los que figuraba el propio Francisco Franco, como suscriptor.

Al producirse la sublevación de Julio de 1936 y, especialmente, en los meses siguientes, se percibirá con claridad que buena parte de los colaboradores, suscriptores, corresponsales y ensayistas de Acción Española reaparecen convertidos en funcionarios del nuevo regimen, incluso ocupando parte de los cargos ministeriales. Algunos de ellos habrán participado activamente en la conspiración. Muchos eran aristócratas (los marqueses de la Eliseda, del Saltillo, de Lozoya, de las Marismas del Guadalquivir, el marqués de Albayda, conde de Barcenas, marqués de Camposanto, vizconde de Casa Aguilar, conde de Casal, marqués de la Conquista, duquesa de Durcal, conde de Eaga, conde de Elda, marqués de Fuentes, conde de La Granja, conde de Haro, marqués de Hazas, marqués de Yturbieta, marqués de Manzanedo, marqués de Ordlana, marqués de Sales, vizcondesa de San Enrique, conde de Torneros, conde de Vega Florida, marqués de Villarrubia de Langre, entre los citados por Morodo. La lista de suscriptores y colaboradores parecía un verdadero Ghotta de la nobleza española.

Militares tampoco faltaban, además de Franco. Sanjurjo, por supuesto, y también los generales Orgaz y García de la Herrán que también era colaborador. El plantel de futuros ministros de Franco estaba bien nutrido: Ramón Serrano Suñer, Pero Sáinz Rodríguez, Esteban Bilbao, entre otros. Entre los falangistas y naciona-sindicalistas figura, como hemos vito, Ramiro Ledesma, pero también José Antonio Primo de Rivera (quien publica dos artículos) y Emiliano Aguado. Tampoco podían faltar los carlistas: Victor Pradera y Marcial Solana. O los corporativistas como Eduardo Aunós (que, maurrasiano de pro, difundirá el pensamiento corporativo de René de la Tour du Pin en España). Y, naturalmente, los clérigos presididos por el cardenal Gomá.

En cuanto a la lista completa de colaboradores, Morodo nos ofrece la siguiente en la que pueden percibirse apellidos que circulaban también por Falange Española e incluso por La Conquista del Estado, primera muestra del fascismo español: Emiliano Aguado, Alvaro Alcalá-Galiano, Rafael Alcocer, Manuel Alemán, conde de Altares, Martín Andréu Valdés, Juan Antonio Ansaldo, Luis de Araujo- Costa, Felipe Arcocha, José María de Areilza, Joaquín Arrarás, Cristina de Arteaga, José Artero, Pedro Artiñano, Eduardo Aunós. Jaime Balmes (textos), J. Barja de Quiroga, Antonio Bcrmúdez Cañete, Fernando Bertrán, José Bertrán y Güell, Esteban Bilbao, Mario Briceño, Manuel Bueno, Carlos Buhigas, Rafael Burgos, Luis Cabello Lapiedra, José Calvo Sotelo, Francisco G. del Campillo, Francisco Carmona Nenclares, Santiago Carro, Miguel Castells, Aniceto de Castro Albarrán, Juan de la Cierva, Coloma Gonzalo, Santiago Corral, José Corts Grau, Jorge de la Cueva, Juan Domínguez Berrueta, Armando Duran Miranda, marqués de la Eliseda, F. Enríquez de Salamanca, Gumersindo de Escalante, marqués de las Marismas del Guadalquivir (José Ignacio Escobar), Carlos Fernández Cuenca, José María Fernández Ladreda, Luis de Galinsoga, Félix García, R. García de Castro, Tomás García Figueras, Miguel García de la Hcrrán, Alberto García Nueva, Alfonso García Valdecasas, Zacarías García Villada, Vicente Gay, Ernesto Giménez Caballero, Antonio Goicoechea, cardenal Goma y Tomás, Agustín González de Amezúa, Wenceslao González Oliveros, César González Ruano, Nicolás González Ruiz, Antonio de Gregorio Rocasolano, Nemesio Guenechea (SJ), Carlos Hernández Herrera, Emilio Herrera, Miguel Herrero García, Javier Hurtado de Zaldívar, José Ibáñez Martín, Bruno Ibeas, Mauricio de Iriarte (SJ), Fernando Jiménez Placer, Alfonso Junco, Claudio de Lanzos, Ramón Ledesma Miranda, Ramiro Ledesma Ramos, Pablo León Murciego, F. de Llanos, Diego López Cabrera, José María Lorente, marqués de Lozoya, Ramiro de Maeztu, Jesús Marañón, Tomás de Martín Barbadillo, Cirilo Martín Retortillo, Marcelino Menéndez y Pclayo (textos), fray Albino Menéndez Reigada, Pedro Mourlane Michelena, padre Andrés Mesanza, Carlos Miralles, Eugenio Montes, Enrique Montesinos, H. Muñoz, F. Murillo, Teófilo Ortega, Julio Palacios, Leopoldo Eulogio Palcios, Francisco Pciró, José María Pemán, José Pemartín, Osear Pérez Solís, Francisco Pompey, Víctor Pradera, José Antonio Primo de Rivera, Mariano Puig- dollers, Juan Pujol, marqués de Quintanar, Javier Reina, Lorenzo Riber, Blanca de los Ríos, conde de Rodezno, padre Teodoro Rodríguez, F. Rodríguez Pomar, Antonio Rubio, Carlos Ruiz del Castillo, Rafael Ruiz y Ruiz, Antonio Rumeu de Armas, Pedro Sáinz Rodríguez, marqués del Saltillo, Rafael Sánchez Mazas, conde de Santibáñez del Río, Marcial Solana, Enrique Súñer, M. Terraval, José María Torres Murciano, Francisco Valdés, Juan Valera (textos), A. Vallejo Nájera, Vázquez de Mella (textos), José Luis Vázquez Dodero, Eugenio Vegas Latapié, Luis Vela del Campo, padre Vélez (OSA), Jorge Vigón, Lorenzo Villalonga, Zacarías de Vizcarra, José de Yanguas Messía, padre Pelayo de Zamayón y Eusebio Zuloaga.

La guerra civil separó a muchos de estos autores. Unos fueron fusilados por la república, otros –especialmente monárquicos- terminarían enfrentados a Franco y a su concepto de “monarquía sin rey”. Ansaldo, siempre xaltado, debió exiliarse y lo mismo hizo Sáinz Rodríguez. Otro participaron en la elaboración del dispositivo legal e institucional franquista, algunos mantuvieron buenas relaciones con Franco hasta el final aunque retornaron a su fe juanista tras la derrota de los fascismos. Muchos de ellos ocuparon cargos destacados en la estructura franquista, en el Consejo de Regencia, en los distintos ministerios, en las Cortes franquistas, alguno, incluso, como Luis Escobar, Marqués de las Marismas, triunfó como autor teatral primero y luego como actor cómico en distintas películas incluso hasta principios de los años 90, protagonizando a aristócratas descentrados en La Escopeta Nacional, Patrimonio Nacional o bien ironizando sobre la política de la época en Que vienen los socialistas.

Franco les agradeció a casi todos ellos su aportación a la creacion del regimen otorgándoles nuevos títulos de nobleza: a Bau Nolla el condado de Bau, a Churruca el de Abra, al conde de Rodezno la grandeza de España, a Esteban Bilbao y a Víctor Pradera un marquesado y un condado respectivamente. Morodo resume la situación del conjunto afirmando que “la inmensa mayoría se instalará en el establishment de la posguerra franquista”.

Es evidente el motivo de esas recompensas: la Falange Española que conoció José Antonio Primo de Rivera había desaparecido prácticamente fusilada por los republicanos o desangrada en los frentes de batalla. De las JONS no quedó absolutamente nada y Ramiro compartió paredón con Maeztu. El único núcleo intelectual capaz de aportar cuadros formados al regimen era la corriente maurrasiana que se fue fasiscizando con el paso del tiempo y que creó “espacios compartidos”. Con los fascistas. Ya hemos visto como colaboraron los maurrasianos catalanes de la Lliga Regionalista. Franco recurrió a ellos, especialmente, a la hora de “internacionalizar” su posición. Otro tanto hizo con Acción Española que con su crítica al liberalismo y al socialismo, con su ensalzamiento de la tradición española, del pensamiento corporativo y del Estado autoritario, elaboraron en los números que duró la publicación las bases doctrinales que luego aprovecharía el franquismo. E incluso más. El denominador común que une los tres períodos del regimen franquista (1936-43, 1943-56 y 1956-75) tan diferentes entre sí y lo que permitió dar coherencia al entramado franquista, fue precisamente el pensamiento divulgado por Acción Española antes de la guerra y que prolonga su influencia incluso en la Ley Orgánica del Estado que sienta las bases de un “Estado Orgánico”, eufemismo para evitar la palabra “corporativo” en desuso en 1967. Sería imposible de entender la propuesta de “Estado Orgánico” sin remontarnos a las fuentes “trabajadas” por Acción Española: Maurras y La Tour du Pin, especialmente, en un momento en el que ya era imposible establecer un andamiaje basado en el fascismo denostado en 1967.

La teorizacion que hoy se llamaría “metapolítica” (crear cuadros para obtener la hegemonía cultural y derrotar por ese camino a la “revolución”) la puso en práctica en exclusiva Acción Española y, lo precipitado de los acontecimientos hizo que diera sus frutos una vez estalló la sublevación franquista. Si el propio Franco era suscriptor de Acción Española y si buena parte de sus ministros lo eran también, era innegable que la orientación de su regimen iría en esa misma dirección: monarquismo (aunque sin rey hasta 1967), antiparlamentarismo, antiliberalismo, patriotismo, corporativismo, antimarxismo, vision católica de España y autoritarismo. Es significativo que el foralismo fuera precisamente el elemento maurrasiano y monárquico que estuvo ausente del franquismo… y que estuvo también ausente en los fascismos (véase Evola, El Fasismo visto desde la Derecha y las Notas sobre el III Reich para confirmarlo). ¿Por qué? Porque cuando estalla el 18 de Julio, Acción Española y Renovación Española se han ido fascistizando cada vez más y asumiendo los rasgos autoritarios y centralistas que han caracterizado siempre al fascismo. La ausencia de “foralismo” y la centralización que siguió demuestran por sí mismos que Acción Española se convirtió en, como mínimo, tan fascista como monárquica. Fue, en cualquier caso, el exponente de un “fascismo español de derechas”… en el que colaboró la “izquierdas fascista española” (Ledesma) y lo que hemos llamado el “centrismo fascista español” (falange), como creemos haber demostrado suficientemente. Claro está que entre estas tres tendencias había polemicas, rivalidades y fricciones… no podia ser de otra manera. Lo mismo ocurrió en Francia, en Alemania y en Italia. La coexistencia entre tres Corrientes del fascismo nunca fue completamente una balsa de aceita, como tampoco lo era la coexistencia entre marxismo-revolucionario, consejismo, trotskysmo, marxismo-leninismo y stalinismo en la otra acera política. La diferencia entre ambos extremos radicó en que mientras el “fascismo” fue capaz de cooperar estrechamente en España en sus tres Corrientes, las distintas Corrientes marxistas tenían cierta tendencia a la checa, el tiro por la espalda y la desaparición de los adversarios politicos, especialmente los del mismo bando.

Queda ahora por resumir la trayectoria de Renovación Española que nos confirmará en esta tesis: el protofascismo maurrasiano cristaliza en España en Acción Española y en Renovación Española que constituirán, una vez fascistizadas, lo esencial de la “derecha fascista española”.

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