Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

¿neofascismo-ultraderecha?

¿neofascismo-ultraderecha?

¿NEO-FASCISMO EN EUROPA? NO, “LO DE AHORA” ES OTRA COSA.- Las recientes elecciones presidenciales austríacas en las que el candidato del FPÖ no ha salido elegido presidente de la República por el canto de un euro, han puesto de moda a este sector político emergente. En todos los medios de comunicación se han intentado elaborar artículos sobre la situación del espacio político europeo en el que participa el FPÖ. Las actitudes son dos: o bien definir a este espacio como neo-fascista o bien aludir a él como extrema-derecha. Ninguna de las dos calificaciones son apropiadas: la primera por errónea, la segunda por denigratoria.

Las 78 páginas que aprobó el primer congreso de la AfD el pasado 30 de abril de 2016 como definición del propio partido demuestran que los rasgos de una serie de fuerzas políticas europeas son muy similares y, básicamente, se reducen a tres: proponer el abandono del Europa, una reforma radical de la Unión Europea, la lucha contra la islamización de Europa y, finalmente, defensa de la identidad nacional. Estas propuestas se repiten tanto en el UKIP británico como en el Front National, están presentes en Amanecer Dorado y en los nacional-demócratas nórdicos… y bastan, por sí mismos, para definir un nuevo espacio político.

¿Qué espacio es ese? No, desde luego, el del neo-fascismo que históricamente desapareció en Europa con la transformación del Movimiento Social Italiano el 27 de enero de 1995. A partir de ese momento, el neo-fascismo italiano se desgranó en formaciones minúsculas que nunca más volvieron a tener peso en la política local. En cuanto al Front National, lejos quedan los tiempos en los que fue formado como ampliación por Ordre Nouveau, incluso lejos, los tiempos en los que su programa se reducía a una serie de reivindicaciones clásicas de la extrema-derecha francesa de la postguerra.

El neo-fascismo murió simplemente por el alejamiento creciente del período histórico del fascismo y por la desaparición física de la mayoría de los que vivieron en aquella época. Al igual que le ha ocurrido a Falange Española, el tiempo del neofascismo empezó a quedar muy atrás en los años 80 y no existieron ni ideólogos ni líderes políticos capaces de actualizarlo. A tiempos nuevos corresponden nuevas doctrinas. Así pues, el espacio político de todos esos grupos de carácter euro-escéptico e identitario no es el neo-fascismo.

Tampoco lo es la “derecha liberal” en la medida en que, son claros en su rechazo a las alternativas globalizadoras y mundialistas que, frecuentemente, critican en todos sus documentos. Se muestran siempre, absolutamente siempre, contrarios a la financiarización de la economía y a lo que implica la desregularización completa de la economía. Libremercado sí, pero con límites bien definidos. Lo que buscan sus programas es algo muy simple: disipar los miedos de las clases trabajadoras (es decir, de todos aquellos que dependen de un salario obtenido mediante la fuerza de su trabajo) ante los desafíos impuestos por el “nuevo orden mundial globalizado”. Mientras, la derecha opina que esta situación de inseguridad económica solamente se disipará yendo hacían las últimas consecuencias del proceso globalizador (ganando “competitividad”), estos sectores son partidarios de “decir basta” al camino emprendido y rectificarlo asumiendo otra vía. De ahí su rechazo al euro y a la actual UE. ¿Rechazo a realizar en función de qué? De la defensa de la identidad nacional y de los derechos de los ciudadanos autóctonos. Tal es la respuesta. Y, todo esto, cómo… respetando la legalidad vigente y aprovechando los canales institucionales. Ni exaltaciones a la violencia, ni llamamientos a la insurrección, ni al pueblo en armas, ni a las barricadas, ni siquiera manifestaciones violentas en la calle. Tal es la estrategia.

Estos comportamientos, al igual que los objetivos y el análisis doctrinal no tienen nada que ver con la extrema-derecha (entendida como área política inadaptada a la legalidad vigente y con tendencia a utilizar recursos violentos para hacer valer sus opiniones), nada con el neo-fascismo (que presupone una vinculación histórica con los desaparecidos movimientos fascistas y nacional-socialistas europeos) y nada, por supuesto, con la derecha liberal cuyos planteamientos rechazan casi en su totalidad. Esta es otra área política.

No es “de izquierdas”… luego será “de derechas”, si es que la derecha es un rechazo a la izquierda. El hecho de que este sector salga en defensa de las clases trabajadoras no presupone una orientación “de izquierdas”, salvo que aceptemos el discurso marxista (derecha con la burguesía, izquierda con la clase obrera). La impresión de que este sector se sitúa “a la derecha” viene confirmada porque, tanto en su discurso como en sus documentos, se percibe su naturaleza conservadora mucho más que progresista. Y aquí sí que existe una equivalencia: conservadores = derechas, progresistas = izquierdas. Ahora bien… el drama de los conservadores del siglo XXI es que ya no queda nada por conservar. Este sector político (euro-escéptico e identitario) lo que hace es utilizar la historia (la historia nacional) para identificar momentos e ideas sobre las que basar sus posiciones conservadoras. Cabría aludir a un “conservadurismo ideal” en la medida en que se alude a valores históricos presentes en la comunidad nacional (e incluso en el patrimonio europeo).

¿Derecha? ¿Conservadores? El conservadurismo de la derecha liberal es relativo y termina siendo una especie de “burguesismo” acomodaticio que sirve a sus intereses. La nueva área política que está irrumpiendo en Europa quiere “paz y orden”, pero también se muestra partidaria de defender el Estado del Bienestar… siempre y cuando los valores de meritocracia, esfuerzo, sacrificio, patriotismo, justicia, lo acompañen. A diferencia del progresista, aspira a que el Estado ayude los miembros de la comunidad nacional, pero, a cambio, éstos deben responsabilizarse: lo que se proponen no son cheques en blanco ni salarios sociales para todos, sino con una serie de restricciones. Primero para los miembros de la comunidad nacional, no para los recién llegados, so pena de hacer de la Nación la tierra de promisión de menesterosos y aprovechados de todo el mundo. En segundo lugar para quienes lo necesiten y no puedan valerse por sí mismos (pensiones de jubilación o de minusvalía dignas). En tercer lugar, para aquellos que estén dispuestos a dar algo a cambio (trabajo social), nunca se muestran partidarios de dar algo a cambio de nada. Y, finalmente, para este sector, Estado de Bienestar quiere decir mejores servicios públicos y sociales ofrecidos por el Estado. No basta con tener una sanidad y una educación pública: deben ser, simplemente, de calidad y contribuir a formar ciudadanos dignos de tal nombre.  

Así pues ¿cómo definir esa área política? “Derecha radical” es, sin duda, el nombre que mejor cuadra a los que hoy defienden posiciones euro-escépticas e identitarias. Derecha en tanto que bucean en el ideal conservador a través de la historia. Derecha porque basan su acción en el patriotismo y la identidad nacional. Derecha porque su deseo de “justicia social” no procede de reivindicaciones de clase sino de la certidumbre de que todos los miembros de una misma nación pertenecen a una comunidad que tiene derechos sociales adquiridos por el mismo hecho de nacer en el país construido por sus antepasados. ¿Y radical? Radical, porque en su análisis, estos movimientos aspiran a atacar las “raíces” de los problemas: globalización económica y mundialismo ideológico.

Ni neo-fascismo propio de nostálgicos, ni ultraderechismo patrimonio de descerebrados, ni liberalismo progresista de los poderosos. Lo que está apareciendo en Europa es una nueva forma de “derecha radical”. Cuando antes lo aceptemos, antes entenderemos la naturaleza del fenómeno.

.Cat ¿para cuando elecciones?

.Cat ¿para cuando elecciones?

CATALUÑA: LA QUE SE LE VIENE ENCIMA A PUIGDEMONT.- La dirección de la CUP (su “consejo político” y su “grupo parlamentario”) han presentado una enmienda a la totalidad a los presupuesto presentados por  Oriol Junqueras, conseller de economía y hacienda y vicepresidente de la Generalitat de Catalunya. El argumento es que “no son suficientemente desobedientes con el Estado”. Por lo demás, el resto de partidos políticos, también han manifestado su intención de no apoyar este proyecto de ley de presupuestos, con lo que Junts pel Sí tiene la posibilidad, o bien de rehacerlos hasta satisfacer las exigencias de algún grupo parlamentario o retirarlos.

La noticia es catastrófica para Junts pel Si (coalición que, en la práctica ha dejado de existir al presentarse en las próximas elecciones generales todos los grupos que la componían por separado) al evidenciar la imposibilidad de seguir gobernando con el apoyo exterior de la CUP o con su neutralidad. Parece difícil que en estas condiciones, y cuando ya han pasado cinco de los dieciocho meses para la “desconexión” que prometió el gobierno regional de Puigdemont, pueda seguir manteniéndose esta situación por mucho tiempo.

En primer lugar porque el apoyo de la CUP es inestable e imprevisible (además de la independencia, este partido presenta exigencias propias de la extrema-izquierda y sus frecuentes salidas de tono hacen que, a fin de cuentas, el gobierno Puigdemont carezca de iniciativa propia, sino que dependa del humor de esta coalición.

En segundo lugar porque la situación económica de Cataluña es crítica. En la semana que concluye la agencia de calificación Moody’s ha bajado un nuevo escalón el rating de la deuda catalán, pasando de Ba2 a Ba3. Así concluyó la revisión que comenzó el 3 de marzo pasado sobre la deuda catalana y que implica situarla al nivel de Nigeria o Bangladesh. Esta caída se debe, sobre todo, a la “incertidumbre, generada por la Generalitat para cumplir con sus obligaciones financieras, por el fracaso en transformar su deuda a corto plazo en deuda a largo plazo y por su debilidad fiscal a pesar del apoyo del Fondo de Liquidez. Otro de los argumentos que utiliza Moody’s para su descalificación es la inestabilidad del gobierno catalán que no anima a los inversores (dado que se encuentra en permanente minoría parlamentaria) y que harán difícil la “consolidación fiscal”. El dictamen es demoledor, no sólo para el gobierno Puigdemont, sino para la institución regional catalana: “es previsible que la calificación de la deuda siga bajando”.

En tercer lugar, las próximas elecciones generales, en las que exCiU (y próximamente ex CDC) obtendrán unos resultados pobres, previsiblemente por detrás de ERC, indicarán a las claras que la composición del parlamento regional ya no tiene nada que ver con la situación política real en Cataluña y tenderán a restar credibilidad y capacidad de acción al gobierno autonómico.

El futuro del gobierno Puigdemont es, como mínimo, tan negro como el de la independencia y hace prever unas elecciones anticipadas que supondrán el entierro definitivo del “proceso soberanista”.

¡ACHTUNG, NEONAZIS ESTILOSOS!

¡ACHTUNG, NEONAZIS ESTILOSOS!

¿HIPTERS NAZIS? ¡ACHTUNG, NEONAZIS CON ESTILO!.- El éxito del FPÖ en las pasadas elecciones presidenciales austríacas (la “providencial” aparición de 60.000 votos por correo, más que deslucir, ha establecido que los movimientos euroescépticos avanzan, más que ayer y menos que mañana) ha servido para que los medios de comunicación hablen de este país (salvo en los últimos 80 años solamente ha estado en el “candelabro” de la información gracias a Georg Haider y al FPÖ). El País, publicó el pasado 25 de mayo un artículo que pretendía ser ingenioso titulado “Hipsters nazis” en el que se aludía a la versión austríaca del movimiento identitario europeo. Cada frase del artículo pretendía ser “ingeniosa” (“los skinheads visten de Prada”, “ahora puedes odiar a los árabes y comer tofu”, “los nazi-hipsters, llamados nipsters, llevan años usando el nuevo look para burlar la ley”, “los nuevos hipsters pueden tratar de que el odio parezca guay”… tal es el contenido del artículo.

El País demuestra el extraordinario desprecio que le representa la mayoría electoral obtenida en Austria por el FPÖ. Hay que decir que Identitäre Generation (GI, que es el nombre del movimiento al que alude el artículo de El País, está dirigido por Martin Sellner y ha apoyado al FPÖ en el curso de la campaña electoral. ¿Nazis? No: identitarios. El nazismo es historia, sólo historia y nada más que historia. El día en que El País y los representantes obsesivos de la “memoria histórica” empiecen a reconocerlo será un buen asunto.

Detrás del artículo El País (y de otros que ha publicado la prensa francesa, de los que éste no es más que la traducciones realizada por google-traductor) lo que se oculta es una incomprensión total hacia lo que está ocurriendo. Sectores cada vez más amplios de la población europea están reaccionando hacia la “multiculturalidad” introducida a base de vaselina en la cultura europea. Basta ver que las preocupaciones de Identitäre Generation ( http://www.identitaere-generation.info ) son especialmente culturales y de defensa de nuestro patrimonio, nuestra tradición y nuestra cultura. No hay referencias al “nazismo”. En su lugar, lo que sí existe es una crítica a la modernidad. Dice GI: “En Europa no existe ningún discurso postmoderno honesto. Ni siquiera se ha reconocido la gravedad del nihilismo real”. Sus denuncias al “etnomasoquismo” no se realizan en función del “nazismo”, sino del aquí y del ahora.

¿Has cuando la intelligentsia progresista va a seguir presentando a los grupos identitarios y euro-escépticos como herederos del “nazismo”? ¿Hasta cuando El País y los que son como él, medios de comunicación pagados –a falta de lectores reales- por el mundo de los negocios y el dinero público, van a enrocarse en sus nefandas posiciones multiculturales? ¿Durante cuánto tiempo conseguirán presentar a quienes se oponen a los designios ideológicos del mundialismo y a los laboratorios financieros de la globalización como skinetes ansiosos de patear la cabeza de un moro o cuyo mayor acto de rebeldía es gritar “heil Hitler”? El tiempo se les está acabando.

Millones de electores en toda Europa están advirtiendo que estamos inmersos en una crisis sin precedentes, una especie de tormenta perfecta que ha hecho confluir crisis económica, crisis política, crisis moral y existencial, crisis étnico-religiosa, crisis cultural, crisis nacional y crisis europea… y que ante ello, los partidos políticos que han gobernado ininterrumpidamente desde 1945 ya no son la respuesta, sino el problema.

A El País le extraña que en la web de los identitarios austríacos se aluda a temas pedantemente considerados como “hipsters”. Se habla, en efecto, del “Capitán Harlock” (manga japonés), a las películas de zombis (que describen perfectamente a la racionalidad atacada por la locura multikulti), se defiende el neofolf, donde se lee a Kafka y se critica el american way of life… en unos tiempos en los que la izquierda sigue pensando que detenta el “liderazgo cultural”, pero su domino no va más allá de la telebasura…

26-J, adios soberanistas, adios

26-J, adios soberanistas, adios

26-J: LOS SOBERANISTAS NO HABLARÁN DE SOBERANISMO EN AL CAMPAÑA ELECTORAL.- Resulta significativo que un partido que, con toda seguridad, dejará de existir después del 26-J (CDC, que en estos momentos ya se encuentra en la UVI), haya presentad como cabeza de lista para el congreso a Francesc Homs, seguramente, el más mediocre de todos los impulsores del “proceso soberanista” (que en paz descanse). Homs, que se convirtió en el portavoz de la presidencia mientras Artur Mas estuvo al frente de la Generalitat, ha sido el primero en reconocer implícitamente, que el “proceso” ya es cosa del pasado. En estas elecciones, CDC no pedirá el voto ni para la consulta soberanista, ni siquiera para una perspectiva independentista a largo plazo, simplemente se limitará a tomar partido por temas que durante ocho años estaban olvidados por CDC: “una apuesta por el Estado del bienestar, por el trabajo y por la igualdad de oportunidades”… según ha dicho el propio Homs.

A lo largo de la entrevista que realizó TV· al candidato, el soberanismo no apareció por ningún sitio. Mucho menos, el independentismo: “El 26-J queremos contrastar dos modelos de sociedad: el que reparte la miseria, que representa Podemos; y lo que pone en valor la cultura del esfuerzo, que representa Convergència”… y, efectivamente, hay que reconocer que para acumular el patrimonio que consiguieron acumular el clan de los Pujol en Andorra, hay que esforzarse algo transportando mochilas llenas de billetes de 500 euros…

Las declaraciones de Homs, e incluso su misma presencia como cabeza de lista, anuncian el batacazo que terminará pegándose CDC el próximo 26-J. El “sorpasso” que realizará ERC está garantizado y el partido que ha gobernado Cataluña, con mano corrupta y deslealtades constantes hacia el Estado, difícilmente superará la prueba. Artur Mas, hace una semana ya aludía a la necesidad de “refundar CDC” (esto es, de disolverla como tal, fusionarse con algún pequeño grupo nacionalista y volverla a resucitar con otra forma, otra sigla y partiendo de cero).

Las elecciones tendrán lugar cuando se cumplen 130 años del llamado “Mitin del Novedades” en el que históricamente se habló por primera vez de soberanismo (y no de regionalismo o de “catalanismo”). En ese mitin se leyó una comunicación escrita por Josep Narcís Roca i Ferreras (y encargada por Ángel Guimerá). El mitin no tenía un carácter político sino económico: era un acto de protesta antilibrecambista y proteccionista de la industria textil catalana). Eran los tiempos en los que la alta burguesía catalana exigía al Estado políticas “proteccionistas”en todo el Estado para la industria catalana. Desde entonces el nacionalismo independentista catalán estuvo ligado a la alta burguesía industrial… salvo durante el “reinado” de Artur Mas, cuando, a la vista de los cambios estructurales de los herederos de esta alta burguesía (dedicados a la inversión inmobiliaria, a la especulación en las bolsas internacionales y al negocio de la hostelería), apoyara su “proceso soberanista” en sectores mal definidos (pequeña burguesía periférica de ERC, borrokas de CUP y ecologistas de ICV) con el resultado que cabía esperar. Tanta épica para terminar presentando a Francesc Hos como “capo de lista”.

Kale-borroca barcelonés

Kale-borroca barcelonés

Nadie controla el kale borroka barcelonés.- La presencia de un diputado de la CUP en los incidentes que se han producido a lo largo de toda la semana en torno al “banco expropiado” de Gracia, ha podido dar la sensación de que este grupo “controlaba” a los okupas responsables de los incidentes. En realidad, no es así: los tres grupúsculos que han actuado en Barcelona –el independentista revolucionario (IR) y los anarquistas (Negres Tempestes y Áurea Negra) son completamente incontrolables. Harina de otro costal es que la CUP –y más en concreto, alguno de sus diputados, Jodi Garganté, en concreto- hayan querido dar la sensación de que tienen algún ascendiente sobre este movimiento.

De hecho, de lo que está quejando el ayuntamiento de Barcelon es de que, en la actualidad, no tiene interlocutor válido. Estos grupos, simplemente, se niegan a negociar: en realidad, se niegan a cualquier cosa que no sea el que les dejen hacer lo que les dé la gana, sin ningún tipo de limitación. Con tal de que el ayuntamiento, claro está, les pague la luz, el recibo del agua y del gas, el alquiler, el IBI, la antena de televisión, la tasa de basura, los gastos de comunidad y las reparaciones (incluso los atascos en los fregaderos), algo de lo que tendrá que responder el anterior alcalde de Barcelona, Xavier Trías, que compró la “paz social” costeando 65.000 euros a los okupas del “banco expropiado” para que solamente molestaran a los vecinos, pero no para que una desocupación que hubiera podido tener los mismos efectos que la de Can Víes hace dos años, hubiera sacado a flote ante toda la opinión pública la existencia del problema. Trías, en efecto, puede ser procesado por “malversación de caudales públicos”.

Los incidentes de Can Víes sacaron a la superficie algo que ya existía, como mínimo, desde finales de los años 90: la existencia en Barcelona de un fuerte y agresivo movimiento okupa que había ido consolidándose a medida que, tanto en Cataluña como en Barcelona, se evidenciaba la debilidad de los poderes públicos. Tanto el GRAPO como ETA, en los últimos años de existencia, habían hecho del movimiento okupa barcelonés un campo preferencial de captación. Pero, al mismo tiempo, pronto se evidenció que el mundo okupa era muy permeable a las infiltraciones policiales. El GRAPO, prácticamente, resultó desarticulado completamente por depender en su última etapa de estos círculos. Otro tanto le ocurrió a ETA que, a partir de 1998 evitó completamente captar en esos medios.

En cuanto al independentismo catalán, siempre ha permanecido al margen y de espaldas a estos colectivos. Básicamente, los pequeños grupos okupas barceloneses están compuestos por anarquistas, buena parte de los cuales proceden de Italia y de Chile. En lo que se refiere a la CUP, siempre ha intentado “abrirse a movimientos sociales”, de ahí que haya hecho causa común con los okupas barceloneses… pero eso no implica ni que los “controle”, ni mucho menos que los dirija, ni siquiera que tenga la más mínima influencia sobre ellos.

Los incidentes de Can Víes, hace dos años, demostraron la excepcional violencia que estos grupúsculos desempeñan. Ante ellos, tienen a unos Mossos d’Esquadra con órdenes expresas de evitar solamente destrozos en el mobiliario urbano, pero sin realizar detenciones (una detención excita en la noche siguiente la violencia de estos grupos para pedir la libertad del detenido). En Can Víes se llegó a la absurda situación de que, una vez realizado en desalojo, se procedió a la demolición del inmueble, pero la violencia de los incidentes hizo que los trabajos se interrumpieran y el inmueble, medio demolido, se entregara de nuevo a los okupas.

La debilidad congénita de las autoridades catalanas procede del tiempo en que Joan Saura, dirigente de Iniciativa per Catalunya-Verds, estuvo al frente de la Consellería de Interior. Durante ese tiempo, puso especial énfasis en que los Mossos d’Esquadra respetaran los “derechos humanos”. Durante el mandato de Saura en interior (2006-2010), la situación se “pudrió” en Barcelona y el movimiento okupa, reforzado especialmente por activistas italianos, se convirtió en “intocable”. Las cosas no variaron con la presencia de su sucesor Felip Puig (CiU), en el cargo.

En este momento, con el proceso soberanista empantanado, con el apoyo de las CUP al gobierno Puigdemont en el aire, parece difícil que el gobierno de la generalitat y el ayuntamiento de Barcelona opten por una solución de fuerza, o simplemente que piensen exclusivamente en el bienestar de los vecinos (antes de que los incidentes violentos hayan alterado su vida, años de fiestas, broncas, ruidos, les han causado molestias constantes). De momento la alcaldesa de Barcelona ha transferido la responsabilidad de la crisis y su solución… a los “vecinos”.

Las fotos y los vídeos de los incidentes muestran una brutalidad que solamente tuvo precedentes en Barcelona hace dos años en los incidentes de Can Víes. Nos destrozos y una violencia de la que solamente son responsables los que han permitido la degradación de la vida ciudadana en Barcelona con su falta de autoridad. Cuando se paga para comprar la “paz social”, el precio, siempre, resulta demasiado alto.

Podemos|inmigración

Podemos|inmigración

LA INMIGRACIÓN EN EL PROGRAMA DE PODEMOS.- El 14 de mayo del 2014, cuando Pablo Iglesias estaba en plena campaña de promoción, en el curso de un debate televisivo dijo aquella frase lapidaria: “No sobran inmigrantes, sino casta política y sinvergüenzas”. La frase cayó bien y fue una de las bases sobre las que se asentaría la fortuna del personaje en los años siguientes. En realidad, la frase ni era ingeniosa, ni real, sino que suponía mezclar la velocidad con el tocino y dar la espalda a uno de los grandes problemas del país. No es que la “casta” no fuera un problema, ni que dos años después los miembros de Podemos se hayan convertido en la “nueva casta”, sino que, además existía el problema de la inmigración masiva, generado por la antigua “casta” y aprovechado por la “nueva casta” para llevar el agua hacia su molino.

En los años siguientes, especialmente cuando Podemos tuvo que elaborar su programa electoral para las elecciones de 2015 y 2016, la posición de este partido ante la inmigración evidenció todas las contradicciones y la superficialidad de su dirección. Hay pues que diferenciar dos partes en la exposición: lo que dice Podemos en su programa sobre la inmigración y lo que olvida Podemos en su análisis “ideológico” sobre el papel de la inmigración en el mundo globalizado.

Lo que dice el Programa de Podemos

En el programa de Podemos titulado 125 medias para el cambio, todo el Capítulo 9 está dedicado a los flujos migratorios. Se trata de los puntos 160 a 168. Además de esto, el punto 36 trata sobre este tema. ¿Qué es lo que propone este partido concretamente?

El punto 36 coloca en el mismo saco a inmigrantes, mujeres desfavorecidas, víctimas de la violencia machista, desempleadas de larga duración y mujeres en situación de exclusión social un “Incremento de la dotación presupuestaria” dedicada a estos colectivos. ¿No hay otros grupos sociales con problemas? Por ejemplo: jóvenes españoles en paro, matrimonios jóvenes que quieren tener hijos, parados mayores de 50 años, licenciados universitarios sometidos al paro profesional… Si se trata de “apoyar” a grupos sociales en dificultades, desde luego, estos son muchos más de los enumerados por Podemos que responden a los tópicos habitualmente manejados por la izquierda y a su retórica sobre los “movimientos sociales”.

El punto 160 del Programa marca perfectamente la posición de Podemos: en una organización que no tiene el valor de reconocerse “marxista”, pero cuyo impulso doctrinal originario procede de ese sector de pensamiento, el recuerdo del “internacionalismo proletario” es sustituido por un concepto más tranquilizador, extraído de los boletines de la UNESCO. De ahí que propongan: “Implementaremos una política pública migratoria basada en la construcción de un modelo de ciudadanía social o universalista, que permita generar una ciudadanía activa e integradora para lograr la plena pertenencia a la comunidad y el acceso al pleno ejercicio de los derechos en el ámbito civil, político y social”. Se trata de la misma matriz ideológica utilizada por el zapaterismo: el “humanismo universalista”, el sustitutivo del “internacionalismo comunista”.

Al igual que el PSOE, para Podemos, el problema no es la inmigración (aunque en la sociedad española y en toda Europa sea un problema) sino la “xenofobia”. De ahí que en el punto 162 del programa propongan la puesta en marcha de un plan de lucha “contra el racismo, la xenofobia y cualquier otra forma de discriminación que afecte tanto a las personas de origen español que residen en el exterior como a las personas de origen extranjero residentes en España, en el que se prestará especial atención tanto al racismo social como al racismo institucional”. Tras esta aparente muestra de “ecuanimidad”, lo que subyace es un cinismo fundamental: hasta ahora no han existido denuncias de “racismo” por parte de ciudadanos españoles radicados en el extranjero, ni ningún dirigente de Podemos ha aludido a ningún caso similar: todos, siempre, absolutamente todos los dirigentes y cuadros de Podemos, han aludido siempre a “xenofobia y racismo” en España. A ningún otro.

Porque para Podemos de lo que se trata es de de adoptar una serie medidas que tiendan a regularizar a los inmigrantes que entran ilegalmente en España y hacerlo de la manera más rápida posible: los informes de arraigo deberán realizarlos los municipios y antes de tres meses, pasados los cuales se considerará el silencio administrativo como positivo (punto 162). En un alarde de inconsecuencia, Podemos propone “reducir las barrera existentes para el empadronamiento” (punto 162) ¿Qué  “barreras” son esas? ¿Existe alguna barrera para el empadronamiento? ¿Cuál? En realidad, uno de los problemas de los fenómenos migratorios en España consiste en el absoluto descontrol y la facilidad extrema con el que se realizan estos “empadronamientos” y que han conducido a fenómenos tan absolutamente absurdos como los “pisos patera”.

Demostrando el desconocimiento absoluto del fenómeno de la inmigración, Podemos propone el desarrollo de “campañas de información para fomentar el acceso a los servicios públicos y sociales destinados a la población inmigrante y de acogida, así como el conocimiento de sus derechos” (punto 163)... olvidando que la inmigración, desde el momento mismo en el que desembarca en España o salta una valla fronteriza, recibe esa misma información por parte de ONGs subsidiadas por el Estado y, antes incluso, ese tipo de informes entran dentro del precio que cobran las mafias de la inmigración para colocar al “cliente” en España.

Olvidando, igualmente, el papel decisivo de la inmigración en el aumento de la delincuencia en España, proponen, en el punto 164 “el fin de las identificaciones policiales basadas en el perfil étnico y en la nacionalidad”… lo que implica que al presentar una denuncia por algún tipo de delito, el denunciante deberá ingeniárselas para no dar un “perfil étnico” de quien haya cometido el delito, ni la policía tendrá la posibilidad de efectuar detenciones en función de tales “perfiles étnicos”.

Por supuesto, se manifiestan en contra de las “devoluciones en caliente” (punto 166) y exigen la aplicación de la ley en sus aspectos más garantistas y favorables para la inmigración ilegal. Piden, así mismo, el cierre de los Centros de Internamiento de Extranjeros (punto 167), con lo que hay que concluir que el inmigrante ilegal, a poco de entrar ilegalmente en España, tendrá movilidad y las autoridades deberán de limitarse a subvencionar su estancia y prepararle los papeles… a diferencia del inmigrante que quiera establecerse legalmente en España que, bajo su responsabilidad, deberá de pasa por un interminable sorteo de trabas administrativas,  limitaciones, retrasos y silencios.   

No en el programa de los 125, pero sí en otros documentos y declaraciones, los dirigentes de Podemos han exigido que los inmigrantes puedan votar, no solamente en las elecciones municipales, sino en las autonómicas y generales. Así mismo, proponen –fuera del programa- “sanidad universal” para todos. Así mismo,  además de negarse a las “devoluciones en caliente”, exigen también el “fin de los vuelos masivos de deportación”… Lo que está planteando Podemos, en la práctica, es que todo inmigrante que ponga sus pies en España, sea inexpulsable desde ese mismo momento.

Al igual que el PSOE, Podemos exige que se quiten las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, no sea que quienes pretenden vulnerar la legalidad vigente, puedan hacerse daño… Y lo que ya es de traca: “Promoveremos la revisión del tratado bilateral con Marruecos para garantizar el estricto cumplimiento del principio de no devolución”… Y, como no podía ser de otra manera, Podemos, también como el PSOE, pide suprimir el test de nacionalidad española  y acortar los plazos para adquirir la nacionalidad española.

Lo que propone Podemos no es más que lo mismo que propone el PSOE, casi como si se tratara de dos gotas de agua. De hecho, es en materia de inmigración en donde ambos programas han surgido de la misma inspiración (el “humanismo universalista”) y es indiferente elegir entre uno y otro.

La madre de todos los errores de Podemos y del PSOE en materia de globalización

La crisis económica parece haber levantado a los españoles de su sueño. El modelo económico de Aznar que generó un crecimiento asentado sobre bases falsas (salarios bajos, inmigración masiva, construcción y acceso fácil al crédito) generó unas burbujas que estallaron dejando atrás un paro estructural absolutamente insalvable y una deuda de la que, desde hace tres años, solamente estamos pagando los intereses pero que no se reduce en términos absolutos. Con 5.000.000 de parados y un 25% de la población próxima al umbral de la pobreza, la palabra de la clase política ha dejado de ser intocable, los portavoces del régimen han perdido toda credibilidad y buena parte de la población ha visto a la “casta” como a los únicos beneficiarios del régimen nacido en 1978.

Pero es en la cuarta parte del programa originario de Podemos –“Recuperar la fraternidad, construir la democracia”– donde se percibe a las claras que alguien en Podemos no ha realizado un análisis correcto de la globalización y que la presión psicológica de los viejos esquemas de la izquierda marxista y de la socialdemocracia humanista–universalista se han impuesto sobre la racionalidad y la objetividad.

En efecto, uno de los parágrafos más largos del documento se titula: “4.3 – Derecho a tener derechos. Reconocimiento del derecho de los y las emigrantes”, su lectura implica un desconocimiento total de uno de los INSTRUMENTOS MÁS PODEROSOS DE LA GLOBALIZACIÓN: EL TRANSVASE DE POBLACIONES DE UN LUGAR A OTRO DEL PLANETA. Esto es, la inmigración masiva.

Podemos se niega a reconocer, en la tradición marxista, que el ciudadano nazca con una identidad y que esa identidad sea determinante para su vida futura. Y, sin embargo, todos nacemos sobre una tierra. Nacer en una tierra implica adquirir una cultura, unos valores, unas constantes culturales propias, esto es, tener una identidad bien definida. Nacer en otra significar tener otra identidad. Desaparecidas las identidades nacionales, locales, personales, lo que emerge es un totum revolutum indiferenciado y sin barreras ni diques de contención ante la globalización. Pero hay más. Si algunos opinamos que es preciso restablecer la dignidad y la potencia de los Estados es, precisamente porque estas estructuras implican barreras a la globalización.

El sistema mundial globalizado es una autopista de doble dirección cuyas direcciones tienden a optimizar los beneficios del capital. Una de estas direcciones tiende a deslocalizar las empresas desde el Primer Mundo a determinadas zonas del Tercer Mundo: China, Vietnam, especialmente. Allí la producción es más barata al carecerse prácticamente de coberturas sociales y el salario mínimo ser, entre un tercio y una secta parte que en Europa. Hay deslocalización, pues, para rentabilizar el capital y ganar “competitividad”. Y en sentido inverso, la otra dirección de la  globalización es promover las migraciones masivas de población de Este a Oeste y de Sur a Norte para conseguir que la inyección artificial de mano de obra excedentaria, obligue a reducciones salariales según la ley de la oferta y la demanda. Siendo la “fuerza de trabajo” un valor de mercado, estará sometido a las leyes de la oferta y la demanda: cuando más trabajadores aspiren a un mismo puesto de trabajo, más bajo será el salario que acepten como remuneración. Solamente un ciego puede negar esto.

Podemos lo hace porque se niega a aceptar el derecho a la identidad de los pueblos (acaso el primer derecho colectivo que exista), se niega a aceptar el derecho de prioridad de los nacidos en una misma tierra sobre el derecho de los nacidos en otras latitudes, se niega aceptar que el primer derecho de todo ser humano es poder vivir en la tierra en la que ha nacido, se niega a aceptar, en definitiva, la lógica del mercado y algo tan evidente como que la inmigración tenga algo que ver con los estancamientos salariales, la precariedad laboral y la pérdida continua de derechos sociales que corresponden inevitablemente –siempre según la “economía de mercado”– a un país con 6.000.000 de parados y un 25% bajo el umbral de la pobreza.

Podemos no ha entendido, pues, lo que es la globalización. Sus comentarios sobre la inmigración caen dentro de los tópicos de cualquier otro partido de izquierda y de centro–izquierda. Su análisis del fenómeno globalizador es pues incompleto, peligroso y engañador. No estamos discutiendo la dignidad de los inmigrantes, sino la obligatoriedad de aceptar a todos los que se quieran establecer en Europa. Si así fuera, 400 millones de africanos, probablemente más de 800 millones de asiáticos e incluso algún que otro pigmeo, ya se habrían instalado entre nosotros.

Podemos no ha entendido que precisamente los jóvenes, las clases trabajadoras y las clases medias son los más afectados por una inmigración en grandísima medida subsidiada: es el Estado el que paga la factura de una inmigración que solamente beneficia a las patronales en tanto que tira hacia debajo de los salarios. Se beneficia el sector privado, pagamos todos los contribuyentes.

La izquierda acepta tan fácilmente la inmigración masiva porque se ha creído sus propias fantasías sobre “igualdad universal”, “una sola tierra, una sola raza, una sola humanidad” y demás ensoñaciones. Ve en la inmigración a un “nuevo proletariado” que responda a las necesidades de su esquematismo arqueomarxista. Los mismos votantes de Podemos no advierten ni por asomo que la inmigración es responsable en buena medida de su miseria y de sus bajas expectativas para conseguir un puesto de trabajo digno. Porque los votantes de Podemos, en gran medida, coinciden con los “damnificados por la globalización” que deberían de estar más atentos a los procesos que les han convertido en “nazarenos” (aguantando su cruz sin esperanzas) de la globalización.

Cuando en el programa de podemos se propone: “Libre circulación y elección de país residencia y regularización y garantía de plenos derechos para todas las personas residentes en suelo europeo, sin distinción de nacionalidad, etnia o religión, con o “sin papeles”. Adecuación de la sanción por falta de documentación y visado en regla a su categoría de falta administrativa. Eliminación de las cartas de expulsión emitidas a las personas sin visado en regla o pasaporte tramitadas de manera automática en las comisarías. Garantizar a las personas indocumentadas los permisos temporales de residencia necesarios, hasta resolver administrativamente su estatus jurídico”… no es raro que los primeros en aplaudir incluso con las orejas tales declaraciones de intención ¡sean las patronales y los señores del dinero!, a la vista de que cuanto más inmigrantes haya en Europa más “competitividad” ganará el viejo continente, esto es, más se rebajarán los salarios… sin contar, por supuesto, con las consecuencias deletéreas que están teniendo estas migraciones masivas en las identidad de los pueblos. Digámoslo ya: cada vez que se difumina una seña de identidad de un pueblo, la globalización avanza.

Las cuatro páginas siguientes del parágrafo titulado “Conquistar la soberanía, construir la democracia”, retornan a la alternancia de medidas saludables e innecesarias, urgentes y tópicas, para rectificar el rumbo emprendido por la UE. En general, lo que están diciendo –y es perfectamente asumible– es que hay que reformar las instituciones europeas y modificar especialmente tratados internacionales, algo que podemos compartir.

Ya hemos expresado que si no se entiende el papel de la importación de inmigración masiva dentro de la globalización, no se entiende tampoco uno de los resortes para abolir las identidades de los pueblos, ganar “competitividad” y, por tanto, no se entiende siquiera lo que es la globalización. El análisis que todos los sectores de la izquierda han realizado del fenómeno es altamente incompleto.

Nunca la izquierda ha realizado una verdadera crítica a la globalización porque, en el fondo, sentían el fenómeno como un eco remoto de su internacionalismo proletario, ya impresentable y rancio. Por eso hablan eufemísticamente de “altermundialismo” u “otra forma de globalización”. Pero no hay una “tercera vía”. La disyuntiva hoy no es entre globalización y “altermundialización”, sino entre GLOBALIZACIÓN Y MUNDIALISMO de un lado, E IDENTIDAD de otro. En un mundo globalizado no hay identidades posibles, todo queda apisonado y homogeneizado: pueblos, etnias, culturas, naciones.

 

 

 

PP e inmigración

PP e inmigración

PP E INMIGRACIÓN: “HAGA ALGO SR. RAJOY”.- Lo único que se puede achacar en estos últimos cuatro años es que Rajoy y su gobierno hayan permanecido completamente mudos en materia de inmigración. Rajoy no es, desde luego, el culpable del asentamiento de 8.000.000 de inmigrantes en los últimos 20 años en España. Esa responsabilidad corresponde, en primer lugar a la persona que lo colocó allí, José María Aznar, y en segundo lugar al lunático que prosiguió su obra, abriendo las puertas de par en par, José Luis Rodríguez Zapatero. Pero, a la vista de los efectos sociales y laborales de esta presencia, hubiera sido lógico que a partir de 2010, en lo peor de la crisis económica, se hubiera empezado a proceder a las repatriaciones de inmigrantes cuando ya era evidentes que constituían un factor más de déficit y que constituían una losa para nuestra recuperación. Nada se hizo porque no existía el valor suficiente para afrontar nada más que la presencia de la inmigración como un “hecho consumado” y ganar cada día la “paz social y étnica” subsidiándola como a ningún otro colectivo.

Y ahora toca preguntarse qué propone el PP en materia de inmigración para las próximas elecciones. Vamos a resumirlo en unas pocas líneas: más que ningún otro partido, el PP considera las políticas e inmigración como subsidiarias de las iniciativas de la UE. Dicho de otra manera: renuncia a formular políticas efectivas de inmigración delegando esa responsabilidad en la UE. Olvida, por supuesto, que, por mucho que hayamos firmado todos los acuerdos que la UE ha puesto bajo las narices de todos los que han pasado por Moncloa, las necesidades y los riesgos que plantea la inmigración son muy diferentes en Noruega que en Grecia, en España que en Irlanda. El carácter y el volumen de todas estas migraciones son muy diferentes y resulta quimérico que una ley votada en el parlamento de Estrasburgo o una directiva franco-alemana puede responder a las diferentes necesidades de todos los demás países.

Salvo esta dependencia suicida de la UE, el PP no propone nada en materia de inmigración. Al menos nada diferente al resto de partidos. En tanto que “conservadores”, ejercen su papel moderadamente: no piden el “papeles para todos”, pero tampoco el cierre de fronteras a las migraciones innecesarias.

Esteban González Pons en el Parlamento Europeo

Resulta un misterio saber porqué González Pons recibió la “patada para arriba” y fue a parar al parlamento europeo, siendo hoy el portavoz del PP en esa institución. Así debió aconsejarlo su pertenencia al PP valenciano, sin duda, una de las organizaciones del partido que ha demostrado un mayor nivel de corrupción. Sea como fuere, el 10 de marzo de 2016, González Pons, tomó la palabra en un debate marcado por la crisis migratoria en afirmando que “Europa hay que construirla poco a poco porque cuando dejamos de construirla vuelve a crecer el nacionalismo y con el nacionalismo vuelve siempre la xenofobia, el fanatismo y el populismo”. Nada diferente a lo expresado en el programa del PP y de Cs: el riesgo no es la inmigración sino el “racismo y la xenofobia”… calificativos ominosos que sustituyen a los muchos más reales de “euro-escépticos” e “identitarios” que responden mejor a los rasgos de las fuerzas a las que pretende descalificar.

Pero, de entre todo el cúmulo de vacuidades y cháchara tópica, González Pons dijo algo que merece ser esculpido en el frontispicio de la sede del PP en calle Génova: “las soluciones nacionales no resuelven los problemas europeos, al contrario: si Europa existe es porque a día de hoy las soluciones nacionales son insuficientes”.

No sólo eso, sino que reprochó al primer ministro sueco, Stefan Löfven, que su gobierno hubiera “decidido de manera unilateral reintroducir controles en la frontera” y también que “ha aprobado la posibilidad de suspender Schengen (que establece la libertad de circulación de personas dentro de la UE) durante 3 años”.

¿Se acuerdan aquella frase repetida tantas veces por el PSOE durante la época Zapatero: “No se pueden poner puertas al campo”? González Pons la recuperó en su discurso: “Levantar un muro o cerrar una frontera no va a acabar con la crisis migratoria. Tan solo hace más inhumana la huida desesperada de hombres, mujeres y niños y nos deshumaniza a los europeos”.

Que el físico de González Pons sea recordado como uno de los más oportunistas y sin escrúpulos miembros del PP y que sus palabras estén teñidas de estos rasgos y resulten, simplemente, repugnantes, no es óbice para recordar que es miembro del PP, que el PP lo ha enviado a Bruselas y que lo que dice lo hace como representante del PP. Y sería difícil encontrar en materia de inmigración una actitud más antipatriótica y perjudicial para nuestro Nación, para el Estado y para la Comunidad que la posición que en estos momentos tiene el PP en materia de inmigración

¿Qué dice el programa electoral del PP en materia de inmigración?

En el punto 3.6 de su Programa Electoral, el PP alude, en primer lugar a la “integración” y empieza con una sarta de falacias encadenadas: el parágrafo se titula “Integración: mismos derechos, mismas obligaciones”. La frase es una aparente muestra de justicia y equidad, pero a poco que se piensa en ella se percibe que propone exactamente lo mismo que las otras tres fuerzas mayoritarias del mapa político español: el recién llegado que se beneficia de un país construido por generaciones y generaciones de antepasados nuestros, pasa a tener, inmediatamente, los mismos derechos que los herederos de los que lo han construido. E incluso, en la práctica, muchos más: porque para eso están las políticas de “integración”.

La segunda falacia es el “diagnóstico” que establece sobre la inmigración. Hay que hacer esfuerzos por no reír a carcajadas. Citamos textualmente: “El hecho más significativo de la inmigración en nuestro país es su excepcional integración”. ¿De qué integración nos está hablando el infeliz que ha redactado estas líneas? ¿De lo burkas que vemos cada vez con más frecuencia en las ciudades especialmente mediterráneas? ¿De las bandas latinas de las que se anuncia una y otra vez su desarticulación pero siguen operando más y más? ¿De las tribus romanís que asolan siembran la intranquilidad en los pueblos por donde pasan? ¿De los miles y miles de delincuentes de origen extranjero que pueblan nuestras cárceles? ¿De una “paz étnica” obtenida a base de subsidios y subvenciones? ¿De barrios enteros abandonados a las mafias llegadas de fuera? ¿De qué “integración” nos está hablando el PP?

Resulta sorprendente que el programa del PP tenga la DESVERGÜENZA de aludir a que “se han incorporado a nuestra población más de cinco millones de inmigrantes, un doce por ciento del total de la población”: ES MENTIRA: el PP ha aprendido desde los tiempos de Aznar a jugar con el equívoco, aludiendo unas veces a inmigrantes “legales” eludiendo el número de ilegales. Ahora, amplía el equívoco a los tres millones que han recibido la nacionalidad en los últimos siete años: para ellos ya no son “inmigrantes”, sino que una simple resolución administrativa ha hecho de ellos “españoles” a pesar de que, en muchos casos, su nivel de “integración” sea cero absoluto o próximo a cero. NO SON CINCO MILLONES DE INMIGRANTES LOS QUE ESTÁN AQUÍ: SINO OCHO MILLONES sumando la cifra de legales, ilegales y naturalizados y sin sumar, el número de hijos que han tenido y que, de partida, ya gozan de la nacionalidad española.

El redactor del programa del PP utiliza los mismos argumentos intocables del período Aznar: “vienen a pagar las pensiones de los abuelos”, “traen prosperidad”, “rejuvenecen la población”… Y así lo dicen en su programa. Luego, claro está, tienen que dar alguna pizca de actualidad: “La tasa de desempleo de los extranjeros ha pasado del siete por ciento en 2004 al treinta y dos por ciento en 2011”. Es decir, uno de cada dos inmigrantes está en paro. En lugar de pedir la repatriación de parados inmigrantes de larga duración, se limita a lamentar que “hayan perdido su tarjeta de residentes”. No parece esa la mejor solución.

Vale la pena preguntarse por qué siguen aquí si están en paro. Respuesta: esperando obtener la nacionalidad (lo que les permitirá desplazarse por la UE y tener doble nacionalidad con las ventajas que conlleva) y viviendo del trabajo negro (completado con las subvenciones y subsidios). España y la UE son países en las que se han instalado las “mentiras estadísticas”. Una de las cifras que hacen una economía “competitiva” es que sus salarios sean bajos (así se puede exportar más). De ahí que la mera presencia de inmigración –aunque sea en paro- tiende a que los salarios se mantengan bajos. Por eso –y no por razones humanitarias- no se hace nada para repatriar a los excedentes de inmigración, sino que se permite que se asienten más y más, si no entran por decisión propia, se logran admitiendo refugiados y por el consabido método de las reagrupaciones familiares.

Entre los “objetivos” que propone el PP figura, el primero de todos, el que “España sea un país de integración”… No explican que es lo que entiende por “integración”. De hecho nadie sabe lo que esta palabra significa: ya hemos visto que para el PSOE “integrarse” es hacer lo mismo que se hace en el país de origen. Para Cs es “cumplir la ley”. Y, en tanto que partido neo-capitalista, lo que da la medida de “integración” para el PP “creemos que la principal vía de integración de los inmigrantes es el empleo; su disposición a trabajar y sus cualificaciones son activos muy útiles para salir de la crisis”. No se alude en nada, ni a  su “integración social”, ni mucho menos a su “integración cultural”, factores que aportan a una nación coherencia y estabilidad. Lo único que importa es que sea un PRODUCTOR INTEGRADO… justo en un momento en el que falta trabajo y el trabajo al que puede aspirar la inmensa mayoría de inmigrantes es un trabajo de baja cualificación y precario. Así pues, si esta “integración laboral” es imposible a la vista del mercado de trabajo… ¿en qué queda la “integración” propuesta por el PP?

Resaltado el hecho de que solamente interesa la “integración económica” (garantía, por lo demás de que los sueldos seguirán bajos-bajísimos y las patronales de turismo, construcción y agricultura ganarán “competitividad”), el PP pasa a definir el tipo de inmigración al que aspira. Se podría pensar que pide inmigración “cualificada” que compense la fuga de cerebros que sufre el país. O que pide inmigración solamente en aquellos sectores en los que falta personal cualificado… En absoluto: lo que el PP propone es “una inmigración legal y ordenada, en coherencia con las políticas adoptadas por la Unión Europea”... Y nos preguntamos: ¿quién quiere una inmigración “ilegal y desordenada”? Lo esencial de la propuesta no es lo relativo a la “legalidad y orden” con el que deberían llegar los inmigrantes en función de leyes españolas, sino según leyes de la UE. Es la forma de eludir responsabilidades y trasladarlas a un organismo que ha fracasado en todos los terrenos y que ha generado una oleada euroescéptica en todo el continente que refleja el estado de ánimo de las poblaciones.

El resto de los “Objetivos” marcados por el PP es de una mediocridad insultante y no pasa de ser una acumulación de tópicos pobremente redactados con la jerga propia de un partido de centro-derecha fiel a las reglas del juego: “Impulsaremos una sociedad plural y la integración individual, en la que cada uno, sin perder sus raíces y, a través de su propio esfuerzo, se sienta parte de la sociedad y logre los objetivos que se ha marcado. Fomentaremos políticas de integración de los extranjeros que residan legalmente en nuestro país, con especial atención a las segundas generaciones”. Al ignoto redactor del programa del PP le recordaremos que en materia de integración todas, absolutamente todas las políticas que han asumido los distintos países de la UE como éste organismo en su conjunto, todos, sin excepción, han fracasado.

Para quienes vean en el PP al “mal menor” (que aun debe quedar alguno), les citaremos otro objetivo de su programa: “Favoreceremos la empleabilidad de los extranjeros que se hayan quedado en el paro”... Si usted ha nacido en Navalcarnero o en Jumilla, si es oriundo de Arousa o de Pollensa, si vive en Sabiñánigo o en Arrigorriaga y está en paro: usted, usted está detrás. Cuando se “favorece” a alguien es que se perjudica a otro, se le da un impulso que lo sitúa por delante de otro, incluso del que estaba antes: eso es lo que propone, en definitiva, el PP. ¿Su consigna de facto? INMIGRANTES, PRIMERO. Bien por ellos: pero que el votante sepa lo que vota y que luego no se queje.

El resto de propuestas es puro bla-bla-bla sin mucho valor ni interés. El PP se limita a decir lo que dicen todos. Es la parte del programa que resulta intercambiable: vale lo mismo para el PP que para el PSOE, para Cs o para Podemos. Reproducimos íntegro las MEDIDAS concretas que propone el PP en su documento electoral: “Favoreceremos una inmigración legal, ordenada y vinculada al empleo, acabando con las regularizaciones masivas. Lucharemos contra las mafias y el tráfico de personas. Garantizaremos siempre el respeto a los Derechos Humanos y a la dignidad de las personas con independencia de su situación legal o administrativa. Seremos activos en la construcción de una política común de inmigración y de firma de acuerdos con países terceros. Reviste una importancia capital la consolidación del espacio de libertad, seguridad y justicia, con atención especial a la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Desarrollaremos agendas creíbles en las cumbres internacionales multilaterales y en Naciones Unidas y en el G-20. Prestaremos particular atención a la defensa de la democracia y los derechos humanos, la seguridad energética, la inmigración, la pobreza, pandemias y cambio climático y la defensa del medio ambiente. Estamos comprometidos con que el pueblo cubano pueda decidir libre y democráticamente su futuro”

En otras declaraciones y documentos, el PP se limita a constatar el “fracaso de las políticas socialistas en materia de inmigración”, algo que resulta evidente para quien se acerca al fenómeno. Pero es que estas POLÍTICAS DE INMIGRACIÓN QUE PUSO EN PRÁCTICA EL GOBIERNO SOCIALISTA ERAN EXACTAMENTE LAS MISMAS QUE APLICÓ AZNAR Y ANTE LAS QUE RAJOY NO HA RECTIFICADO LO MÁS MÍNIMO.

Si hubo “regularización masiva” fue porque Aznar dejó que se acumularan 800.000 inmigrantes sin regularizar. Si Aznar dejó entrar a 3.000.000 de inmigrantes fue para que sirvieran a su peculiar y ruinoso “modelo económico” (mientras fueron entrando el PIB aumentó al aumentar la población). Aznar, a diferencia de ZP, no tenía una ideología propia, le bastaba con que la llegada de inmigración tendiera a rebajar los salarios y a permitir la hipertrofia del sector de la construcción. ZP, en cambio, llevaba la multiculturalidad en sus genes doctrinales hechos a base de revistas de la UNESCO y de humanismo new-age. Sean cuales fueren las motivaciones de unos y de otros, el resultado para la sociedad española ha sido el mismo: bajadas salariales, liderazgo en el paro en Europa, servicios sociales y asistenciales saturados, pérdida de cohesión de la sociedad española, aumento del gasto del Estado, chispazos de guerra étnica esporádicos, aparición del yihadismo, superpoblación de cárceles, paralización en juzgados, sobrecarga en las fuerzas de seguridad, aparición de “enclaves étnicos”, fracaso de las medidas de integración…

Por todo ello, el PP no puede aportar ninguna solución a un problema que él mismo ha contribuido a crear –y en primera fila- y que se niega a reconocer como tal. En cuanto a los últimos cuatro años y medio de Rajoy al frente del Estado: ¿ha aplicado alguna medida correctiva a las iniciativas del zapaterismo? EN ABSOLUTO. Simplemente, se ha limitado a mirar a otro lado y dejar que la situación se pudra, negando que existiera el problema. Y si existe: que lo solucione la UE. Tal es el planteamiento de Rajoy. Y es a ese planteamiento, una especie de dontancredismo en materia de inmigración lo que el PP propone que votemos… como “mal menor”.

Programa PSOE inmigración

Programa PSOE inmigración

La caraba: El PSOE y su programa (suicida) para la inmigración.- No soplan buenos vientos para la socialdemocracia europea y mucho menos para el PSOE. Culpable, en primer lugar, de haberse desprovisto de una doctrina política y de asumir el progresismo más vacío como reemplazo, lo que verdaderamente desarticuló al PSOE ha sido su actitud ambigua ante el problema autonómico (especialmente en Cataluña), su reacción a la crisis de 2008 preocupándose por salvar, primero a sus comisionistas (Plan E y Plan E2010) y, finalmente, su actitud suicida en materia de inmigración. Es rigurosamente cierto que fue el PP –Aznar en concreto- el que abrió las puertas a la inmigración por la que pasaron 3.000.000 de inmigrantes- pero es a Zapatero a quien se debe la entrada de otros 4.000.000.

De la política de inmigración del PSOE, sabemos que, inicialmente apoyó las campañas de “ningún ser humano es ilegal” y del “papeles para todos” (mientras “todos” iban  recibiendo papeles y a todos los ilegales se les trataba como seres humanos). Luego, una vez en el poder, moderó su “pancartismo” y, simplemente, lo sustituyó por decretos-ley: el de la regularización masiva de febrero mayo de 2005 fue el más espectacular: se regularizaron 800.000 inmigrantes y al terminar habían entrado otros 800.000 nuevos… ilegales. De ahí que el paso siguiente fuera la “regularización por arraigo”: basta con que un ilegal vulnere la ley durante dos años seguidos, sin explicar ni sus medios de vida, ni cuál es el motivo de su presencia en España, para que se le recompense con la regularización.

En los últimos años, desde la oposición, las políticas del PSOE no han variado. Esto es lo que nos propone sobre la materia de inmigración en esta campaña electoral y en su práctica política. Empecemos por esto último.

Un sombrío “gabinete en la sombra

Tras pasar a la oposición, el PSOE, como máximo ha logrado estar presente en algunas comunidades autónomas, apuntalado por otras fuerzas políticas (Ciudadanos y fracciones de la galaxia Podemos). Esto le ha permitido poner en práctica algunos aspectos de su programa. Por ejemplo, el noviembre de 2015, Pedro Sánchez elogió la actitud de Ximo Puig de recuperar el acceso a todas las prestaciones de la sanidad por parte de los ilegales. En otras comunidades, los socialistas se dieron prisa en aprobar la misma medida, curiosamente, siempre, junto a la de autorizar operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social.

Sin olvidar que en su “gabinete en la sombra”, constituido antes de las elecciones del 20-D de 2015, Sánchez incluyó como “ministro de inmigración” a Luc André Diouf, un senegalés llegado a España en 1992… funcionario de Comisiones Obreras desde 1996 y, cuyo único mérito, ha sido ser presidente de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias y secretario de Migraciones de CCOO… además de fundar el “grupo afrosocialista del PSOE canario para luchar contra la discriminación y mejorar la integración de los inmigrantes” (o al menos eso es lo que dice su historial en el PSOE).

Dentro de ese “gabinete en la sombra”, Sánchez había incluido también como “asesor” a Sami Naïr, “politólogo y sociólogo francés” de origen argelino. Naïr explicaba en 2000 que el miedo de la población europea a la inmigración se debía a que, “no había tantos, pero como eran diferentes, parecían muchos…” (en Salt, la inmigración alcanza más del 60%... y parecen muchos, porque son muchos), teoría que satisfizo a la izquierda francesa y española, aunque mucho menos al sentido común.

¿Qué dice el preámbulo del programa socialista sobre inmigración?

En el apartado “Política Migratoria”, el PSOE empieza –significativamente- adoptando una postura fatalista y, a la vez, “positiva”: “Los movimientos migratorios, además de un rasgo definitorio e ineludible de nuestro mundo globalizado, son un importante desafío que entraña, a su vez, una oportunidad”. Se reconoce, en primer lugar que el “vaso está medio vacío” (desafío) pero hay que verlo como si estuviera “medio lleno” (oportunidad). Las frases siguientes son esa cháchara aburrida en la que un partido con mala conciencia desea manifestar sus buenas intenciones mediante frases huecas y retórica vacía.

Al igual que Ciudadanos, el primer problema que se percibe en el PSOE es que es incapaz de reconocer, o al menos de confesar, el porqué existen movimientos migratorios de Este a Oeste y de Sur a Norte y porqué existe deslocalización industrial siguiendo las direcciones contrarias. Simplemente por razones económicos: los primeros movimientos son para “ganar competitividad” (más inmigración, menos salario, menos costes de fabricación) y los segundos movimientos son para atenuar los costes de producción allí donde los salarios son más bajos. Este es el motivo principal. Para justificar esto que resulta injustificable se ha ideado toda una ideología que considera a la migración un derecho humano (y lo es… pero, antes, se sitúa la soberanía de los Estados y de las Naciones para decidir qué tipo de inmigración interesa, en qué cuotas y con qué preparación) amparado en la declaración universal derechos humanos emitida por la ONU en 1948. Lo más interesante de este primer parágrafo es ese “fatalismo” al que aludíamos: “Hoy día, todas las sociedades del mundo sufren transformaciones vinculadas a los desplazamientos de poblaciones. No hay ni un solo país que pueda pretender quedarse al margen de esa tendencia histórica. La realidad del siglo XXI está marcada por potentes movimientos de emigración, inmigración, intercambios y enriquecimientos identitarios. Nuestro país debe saber gestionar este reto con serenidad, realismo, madurez, solidaridad y proyección hacia el futuro”. Valdría la pena recordar que si esas migraciones existen es porque ningún Estado se atreve a adoptar medidas para proteger sus fronteras…

El segundo problema del PSOE abunda en ese mismo fatalismo: el saldo demográfico es negativo (y lo es, entre otras cosas porque el PSOE a partir de 1983 abolió toda la legislación de protección a la familia existente previamente con el argumento de que era… “franquista”), por tanto nuestra “única esperanza” es la “aportación demográfica procedente de la inmigración” (cuando, en realidad, hubiera bastado con campañas de estímulo de la natalidad y con mejores condiciones fiscales y ayudas económicas para la formación de nuevas familias y para maternidad para resolver el problema y no alterar la composición antropológica, étnica, cultural y religiosa del país).

A partir de este “análisis” absurdo, vacío, superficial y falaz, lo que sigue en el Programa del PSOE es un canto a la inmigración, un deseo indisimulado de estimularla y de conseguir reavivar el “efecto llamada” en el que se puede escuchar el estribillo de lo “políticamente correcto” una vez más. (“las no comunitarias, tras largos periodos en los que contribuyeron a nuestro desarrollo económico y social, han perdido  su estatus en nuestro país y han visto sus derechos reducidos, negados por medidas injustas, e incluso inhumanas (así, los efectos devastadores sobre el derecho a la salud de la población inmigrante irregular a partir del Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril)”...en realidad la “contribución de la inmigración” en estos últimos 20 años se ha reducido 1) Contribuir a que los sueldos se estancaran y rebajaran en términos macroeconómicos, 2) Contribuir a que algunos sectores patronales (turismo, construcción y agricultura) obtuvieran buenos beneficios, pero la “factura” la pagara toda la población (la inmigración “da” menos de lo que “recibe” mediante el sistema de subsidios y subvenciones), 3) Contribuir a que España ocupe puestos de cabeza en el paro en Europa, 4) Generar focos de tensión en aquellas zonas en donde la inmigración está sobrerrepresentada y 5) Desbordar muchos servicios del Estado (sanidad, juzgados, prisiones, servicios asistenciales, educación)…

Nada de todo esto –que es bastante evidente para quien tenga ojos y vea, cerebro y entienda- es mencionado en el Programa del PSOE que opta en su segunda página sobre Inmigración por recurrir a la palabra clave “SOLIDARIDAD”. La gestión del gobierno debe ser “solidaria con los inmigrantes”, la actitud de la sociedad española debe ser, igualmente, “solidaria”, los poderes públicos y las instituciones se deben preocupar por hacer efectivo este principios de “solidaridad” y –dice- “Nuestra obligación moral y humana es restablecer la realidad de una España digna y civilizada, propia de un Estado social y democrático de Derecho”. Civilización se confunde con “solidaridad” y “solidaridad” pasa a ser sinónimo de pro-inmigracionismo… único camino para ser “demócrata”.

Se alude también al problema de los “refugiados”… pero se olvida quién ha generado esos conflictos: se habla de Siria e Irak (conflictos que bullen a 10.000 km de distancia y que obligan a ser solidarios a los países vecinos), luego se alude a los conflictos en el entorno subsahariano (generados por la actividad yihadista o por guerras civiles). Se alude al conflicto de Somalia-Eritrea… Con todos ellos, el PSOE nos propone “ser solidarios”. En ningún caso hay palabras de condena para los promotores de las “Primaveras árabes” que han estado en el origen de todos estos conflictos, la mayoría de los cuales ligados a los manejos de los EEUU y a la complicidad de algunos gobiernos de la UE (Francia, especialmente).

En ningún punto del programa se alude a que la “solidaridad” en abstracto es puro idealismo y que los países fronterizos y de la misma sensibilidad cultural son los que están obligados a ejercerla. Los “europeos”, por algún motivo que la socialdemocracia continental no explica y que el PSOE igualmente ignora, debemos ser “más solidarios” que nadie, incluso que los vecinos, e insertar en nuestro continente enclaves trasplantados de horizontes con los que existen brechas culturales y antropológicas que, inevitablemente, generarán tensiones al considerar irrenunciables sus identidades de origen… pero ser contradictorios con los principios de la democracia europea.

Y eso es lo que más sorprende del programa socialista: que deplora la actitud de una Unión Europea que acaba de avalar la entrada de 1.000.000 de “refugiados” a su territorio. Para el PSOE no es solamente 1.000.000 sino todos los que lo deseen quienes deben instalarse en Europa. La frase y la retórica en la que se alude a esto es maravillosa: “Ahora bien, las políticas migratorias de la Unión Europea, tal y como están formuladas hoy, no están a la altura de esta situación. Y eso es así porque se inscriben en una perspectiva global errónea: consideran que, al fin y al cabo, es el mercado de trabajo desregulado el que debe, en relación con sus inputs, gestionar centralmente la inmigración y luego decidir por sí mismo las necesidades del país, lo que, en realidad, conduce al debilitamiento de los derechos globales de las personas asalariadas. Esta confusión, equiparada a la que se produce entre las personas refugiadas y peticionarias de asilo y la inmigración económica irregular, está fundamentando un tratamiento predominantemente de naturaleza represiva (policial y penal), y no civil y administrativo de la diversas facetas de la inmigración y desde los derechos fundamentales de las personas extranjeras”... Jerga neoliberal de inputs y outputs destinada a velar la propuesta de fondo: el viejo “papeles para todos” y “cuantos más mejor”…

Sin ningún pudor el programa socialista alude a la existencia de “población inmigrante no cualificada” como merecedores de más ayuda o a la necesidad de “neutralizar el efecto llamada”, fenómenos ¡DE LOS QUE EL PSOE ES UNO DE LOS DOS GRANDES RESPONSABLES! En “operaciones psicológicas” se sabe que para distraer la atención del problema real es necesario crear un señuelo contra el que vayan dirigida la atención: el señuelo que crea aquí el PSOE es la “xenofobia y el racismo” (“Debemos escarmentar en cabeza ajena y aprender que esa instrumentalización alimenta pulsiones racistas, xenófobas y beneficia la proliferación de opciones sociales y políticas no democráticas”). No se trata, en ningún caso, ni de analizar porqué entra inmigración con nula cualificación profesional, ni de considerar que su presencia pesa como una losa en la sociedad española, es un factor más de su falta de cohesión, sino que, de lo que se trata es de EVITAR QUE EN ESPAÑA APAREZCAN FENÓMENOS EUROESCE´PTICOS Y MOVIMIENTOS MASIVOS DE PROTESTA CONTRA LA INMIGRACIÓN MASIVA QUE SE NUTREN DEL APOYO DE SECTORES QUE HASTA HACE POCO APOYABAN A LA IZQUIERDA.

En el colmo de la irresponsabilidad y TRAICIÓN llegan a censurar la existencia de una examen lingüístico para acceder a la nacionalidad española (“[se] ha incorporado un examen de idioma e integración para todas las personas inmigrantes que quieran adquirir la nacionalidad española que resulta injusto, porque impedirá el acceso a personas que no alcancen niveles culturales que no suponen un estándar en la población española, y es arbitrario, porque no va a valorar la verdadera trayectoria de integración”… valdría la pena preguntar al “cerebro” que ha redactado estas líneas cómo es posible la sacrosanta “integración”, sin conocimiento mínimo del idioma y de la cultura el país de acogida ¿Dentro de cuántos programas electorales el PSOE –o sus restos- proclamarán la necesidad de que los españoles aprendamos árabe y cingalés para facilitar la “integración de la inmigración”?)

Medidas concreta del PSOE en materia de inmigración: la caraba

La palabra “caraba” es de origen árabe (“qarabah”) que indica “fiesta” o “reunión festiva”. El diccionario la define como algo “fuera de serie, extraordinario, tanto para bien como para mal. Eso es lo que son las propuestas socialistas: una verdadera caraba. Hay que leer cada línea del programa para advertir lo que es una política suicida, asumida con optimismo, “positividad”,  en la que un partido, lanza alegremente un programa que, de llevarse a cabo, haría de nuestro país la meca de la multiculturalidad y enviaría al baúl de los recuerdos en apenas cinco años nuestra herencia clásica greco-latina, nuestra herencia católica y nuestra herencia, en definitiva, europea. Y todo ello, eso sí, con la alegría del que practica balconing desde un décimo piso sobre un balde de agua.

En su primer parágrafo el derecho de la inmigración se antepone al derecho a la soberanía de un Estado. Dicho de otra manera un Estado solamente puede ser democrático si garantiza “los derechos humanos de los inmigrantes”. En el punto 1.1 el PSOE repite la cantinela que ha hecho de la justicia en España el paraíso de la corrupción: su obsesión “garantista”, aplicada ahora a la “política de fronteras” (“una política conforme al Estado de Derecho, presidida por los criterios de imperio de la ley, seguridad jurídica y respeto de los derechos humanos y fundamentales”). El “garantismo” en cuestión de fronteras ha tenido en estos últimos 20 años como resultado la inexpulsabilidad del inmigrante. Basta con que se niegue a decir su origen y procedencia para que bloquee su expulsión. Lo normal sería establecer que cualquier “garantía” se gana a cambio de “lealtad”: cuando una autoridad legal pregunta a alguien algo que tiene necesariamente que conocer y éste se niega a responder, se está cometiendo una “deslealtad”. El progresismo en general, desde 1789 siempre ha aludido a “derechos”, ningún a “deberes” y hoy el PSOE sigue por los mismos pasos. En un larguísimo tedioso párrafo –incomprensible en un programa electoral- el PSOE sale en defensa de “lo que denominamos inmigrantes irregulares” y pide compatibilizar la ley (que reformó el mismo ZP en 2005) para hacerla “compatible con el resto a la dignidad y a los derechos humanos”. Ahora bien: en España, en los últimos 20 años han entrado 8.000.000 de inmigrantes, la inmensa mayoría lo han hecho de manera ilegal. La Ley de Inmigración con las distintas reformas que ha sufrido y con su “garantismo” inherente, solamente puede aplicarse cuando se produce una inmigración por goteo, no cuando es masiva. Y HOY ESTAMOS AFRONTANDO UN PROBLEMA DE MASAS QUE NO PUEDE TRATARSE DE MANERA “GARANTISTA”, especialmente cuando los inmigrantes que llegan, vienen guiados por una única intención y asesorados por sus abogados: quedarse, realizando todos los fraudes de ley posibles.

El PSOE en el punto 1.2 alude a una “política migratoria flexible”… y un par de líneas después explica: “el concepto demagógico de inmigración “cero” es xenófobo, irreal y además  ruinoso para los intereses nacionales del país”. Por eso propone, acto seguido, “implementar cauces de acceso legales y seguros”.

Todo esto por lo que respecta a las políticas de Estado (“papeles para todos”… en conclusión y “garantizados”). El segundo punto del programa socialista era también previsible: dado que los trabajadores son los más afectados por la inmigración masiva (¿o es que hay alguien que lo dude?) y la sociedad arruga la nariz cada vez más ante el espectáculo multicultural, es preciso vacunar a la sociedad contra cualquier tipo de criterio de alarma, prevención o, simplemente, reserva ante la inmigración masiva: es decir, insertar un estupefaciente social. A este anestésico el PSOE le llama “toma de conciencia del principio de responsabilidad ciudadana como ingrediente básico de una política de integración”.

El error del PSOE en este terreno es múltiple: en primer lugar, reconocer que las políticas de inmigración han quebrado “por causa de la crisis económica”… cuando, en realidad, habían quebrado en toda Europa, mucho antes de la crisis económica: el fracaso de las políticas de integración en toda Europa es muy anterior al estallido de la crisis de 2007. Hay que recordar que el reconocimiento de la quiebra del “modelo holandés” se produce en 2002 y la intifada en Francia tiene lugar en noviembre de 2005…

¿Qué es lo que ha fracasado? El PSOE comete un error terminológico: no utiliza la palabra “asimilación” (disolución de la sociedad inmigrante en la de acogida, con adopción de los rasgos de esta y la renuncia a los propios rasgos), sino que coge el concepto, lo traspasa a “integración” y dice que si ésta ha fracasado ha sido porque no se ha entendido su “bidireccionalidad”. Pero, para que la integración funcione, además de hacer falta el apoyo de la sociedad (“responsabilidad compartida”), hace falta que los españoles hagamos un ¡ESFUERZO DE INTEGRACIÓN! Estado equivale a decir que, cuando alguien va a entrar en tu casa por decisión propia, no es él quien debe avanzar, sino que eres tú quien debes mover tu casa…

El PSOE sabe (de oídas, porque la superficialidad y la ignorancia del fenómeno de la inmigración es estridente en el redactado de su programa) que los inmigrantes de “segunda generación” han dado muchos problemas en Europa y están empezando a darlos en España. ¿La solución? “La integración, para no ser mera y simple asimilación, ha de ser bilateral, esto es, no va dirigida sólo a los y las inmigrantes, sino que debe contemplar acciones que favorezcan en nuestra ciudadanía la sensibilización ante las exigencias de una política de igualdad inclusiva, desde la información y formación en el respeto primordial a los derechos y la exigencia de cumplimiento de los deberes de toda la ciudadanía y también de los residentes en nuestro país”.

¿El riesgo de contagio yihadista? ¿Las mezquitas convertidas en centros de predicación del fundamentalismo islámico? Nada grave: “España, como país de inmigración, tiene un papel eminentemente pedagógico”.

“El acceso a la nacionalidad española por residencia, debe ser visto como corolario de un proceso de integración de las personas extranjeras en España (…) pues la adquisición de la nacionalidad comporta la plenitud de derechos de ciudadanía”… y, seguramente es por eso, por lo que el PSOE se ha manifestado en ese mismo texto, hostil a los exámenes lingüísticos. Ciudadanía con derecho a uso de traductor; derecho humano fundamental.

El tercer pilar del PSOE, en su redacción, es otro engarce de tópicos y de cháchara tendente a crear humo. Lo reproducimos y recomendamos su lectura para entender el universo en el que se mueve este partido y el lenguaje seudo post-moderno utilizado: “El tercer pilar que debe orientar la actuación básica en política migratoria para que sus programas e iniciativas permitan una gestión proactiva y mutuamente beneficiosa, es, evidentemente, el diseño de una política de cooperación y codesarrollo con los países de origen de los flujos migratorios y los de tránsito, que no esté supeditada a los intereses de las élites de esos países, ni tampoco a nudos intereses de mercado o geoestratégicos, y que tenga, más allá de los agentes fundamentales de las administraciones públicas, a los propios inmigrantes y a los agentes de las sociedades civiles de los países de origen y de nuestro propio país. Es decir, una verdadera cooperación descentralizada en materia de gestión de los flujos migratorios”. Dicho de otra manera que se entiende más rápido: “hay que echar una mano al Tercer Mundo”. Soltar dinero, vaya… A fin de cuentas, la “ayuda al desarrollo” genera importantes comisiones y, total, a nadie le preocupa si sirve o no para algo. Simplemente es dinero opaco a repartir entre las élites corruptas del Tercer mundo y las élites degeneradas del Primer Mundo.

Definidos los “pilares”, las propuestas son todavía más escalofriantes: política de asilo abiertas y solidarias a quien lo pida, sanidad sin restricciones para todos los que pisen territorio nacional, envío de fondos a los pozos sin fondo africanos, “eliminar el principio de reciprocidad del derecho de sufragio en las elecciones municipales de los extranjeros residentes en España”, más dinero para la integración (“Crear un Fondo para la financiación de las políticas de integración que, a su vez, represente un marco de cooperación y concertación con administraciones de los ámbitos regional y local”), integración y más integración especialmente de la “segunda generación” (mediante un “refuerzo de la formación educativa”, olvidando que la educación hace tiempo que ha quebrado), concesión más fácil de la nacionalidad (“reducción sensible de los plazos máximos establecidos actualmente, la revisión de los supuestos de renuncia a la nacionalidad anterior y la valoración de la trayectoria de integración, más allá de un examen, como elemento preeminente a la hora de evaluar las condiciones del acceso”), liquidar las “devoluciones en caliente” (derogación de la Disposición Adicional de la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo), “Retirar las denominadas concertinas en las vallas fronterizas que producen graves riesgos para la integridad física de las personas”, eliminar los actuales Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) convirtiéndolos en paraíso para las ONGs, “Recuperar la estrategia de cooperación migratoria bilateral con los países de origen y tránsito de los flujos de inmigrantes”, “Revisar la política de visados y autorizaciones para flexibilizar la movilidad de los flujos migratorios”, mejorar las autorizaciones, de arraigo y reagrupación familiar, “Impulsar una estrategia contra el racismo y la xenofobia”, “Dar respuesta efectiva y urgente a la crisis de las personas refugiadas mediante (…) el incremento  del número de acogidos, la dotación de los programas de reasentamiento”…

Increíble, si no fuera cierto… cuando se lee el programa del PSOE en materia de inmigración, por sí mismo, por la jerga utilizada, por los conceptos y tópicos repetidos hasta la saciedad, por ignorar que todo lo que propone es, justamente, lo que ya ha fracasado, porque el Programa socialista parece ignorar que uno de los terrenos en los que el fracaso del zapaterismo fue más palpable fue, precisamente, en materia de inmigración, por todo ello cabría definir mejor al PSOE como el Partido Sin Objeción Extraterrestre.

Quién vota “socialista” que sea consciente de que está votando contra su comunidad y su identidad.