Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Marion abandona la política

Marion abandona la política

Marion Le Pen ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones legislativas francesas ni tratará de revalidar su escaño en la Asamblea Nacional. 

Y es que para dedicarse a esto de la política hay que ser de una pasta especial: seguir rigurosamente las reglas del juego, entre ellas, simular, mentir, adaptarse al “pueblo”, evitar decir unas cosas e insistir en otras, y sobre todo tragar y tragar. Hay gente que no sirve para otra cosa. Las bancadas parlamentarias están llenas de ambiciosos sin escrúpulos dispuestos a cualquier cosa por un sueldo fácil y la perspectiva de poder realizar las ambiciones personales. 

Pero hay gente “normal” cuyos ideales son simples: tener un lugar bajo el sol, vivir en una patria digna, formar una familia, educar a sus hijos, aprovechar la vida. Es ahí en donde está el verdadero heroísmo. Esta última es la vía que ha elegido Marion Maréchal Le Pen que anteayer anunció su retirada de la política a los 27 años (“si no lo hago ahora, no lo haré nunca”) en una carta dirigida a sus electores (es diputada por la Vaucluse-Costa Azul), publicada en el diario Vaucluse Matin. Marion Le Pen seguirá afiliada al Front National, pero como simple militante. 

¿Qué hay detrás de esta dimisión? Hastío por la política y por los políticos, por los medios de comunicación y por las posibilidades de reforma de los sistemas políticos europeos. ¿Es censurable la actitud de Marion Le Pen en estos momentos? No, pero demuestra una cosa: que para ejercer una actividad política, hoy, hacen falta unas condiciones “nietzscheanas”, heroicas. No basta con ser honesto, no basta con defender un programa político justo, no basta con ser un patriota: hace falta ser “grande” en el sentido que dio Nietzsche a esta palabra quien concibió la política como creación, voluntad y destino. 

Para dedicarse a esto de la política, no basta con tener una mentalidad heroica, hay que ser también post-humanista. Eso, o te quedas en lo que se suele llamar “populismo”.

Diario de un pobre Diablo (46)

Diario de un pobre Diablo (46)

REPASO AL “POPULISMO” DE NUESTROS DÍAS

El “populismo” se ha convertido en la bestia negra de los tertulianos y de cualquier forma de corrección política. Y se entiende. Porque lo más preocupante de eso que se ha dado en llamar “populismo” es su imposible ubicación en el esquema derecha-izquierda que es la base de todos los parlamentarismos. Y esto trae malos recuerdos. Nos explicamos.

En los años 30, el parlamentarismo era un fenómeno indefendible. Nadie, absolutamente nadie, tenía excesivo interés en defender un sistema que estaba en franca retirada ante los fascismos de un lado y ante el bolchevismo de otro. Quien decía “parlamentarismo” decía división, partidocracia, intereses de los partidos por delante del interés nacional, falta de liderazgo, discusiones estériles, intereses espúreos, corrupción… Por eso la República de Weimar cayó sin que nadie –ni siquiera la izquierda socialista- hiciera nada por intentar salvarla. Por eso la III República francesa estuvo a punto de caer tras las jornadas insurreccionales de febrero de 1934. Y por eso, eran pocos representantes italianos en el exilio los que se oponían a Mussolini y en muchas ocasiones desde posiciones igualmente antiparlamentarias. La República Española, en esos mismos años, era frecuentemente utilizada para mostrar los límites del parlamentarismo y hasta qué punto podían conducir al caos. Incluso en el Reino Unido, cuna del primer parlamento (por mucho que Puigdemont se empeñe en que fue una institución catalana) Mosley desde un lado y los comunistas desde otro, torpedeaban una y otra vez al sistema parlamentario.

Pero el parlamentarismo sobrevivió, no por la fuerza de la razón, sino de las armas. En 1945 se impuso en todo el mundo como forma “correcta” de ordenar la cosa pública. Nunca, desde entonces, absolutamente nadie se preocupó de rebatir a la crítica contra el parlamentarismo que, hoy sigue vigente y sin refutación a pesar de que los fascismos hayan desaparecido. Su derrota militar ha entrañado un largo ciclo de 70 años de rehabilitación del parlamentarismo.

En las crisis es cuando los sistemas políticos demuestran su fortaleza y solidez. La gran crisis económica iniciada en 2007 y que evidencia la imposibilidad de estabilizar un mundo globalizado, dura todavía hoy. Es en ese contexto en el que han aparecido las formaciones “populistas”. No es que antes no existieran: desde los años 70 eran “opciones refugio” para descontentos que habitualmente se inspiraban en doctrinas de la derecha o incluso del neofascismo. Eso se ha terminado. La crisis de 2007 generó en toda Europa nuevos modelos de organización provistos de nuevos objetivos. Ninguna se presentaba como antidemocrática, pero sí como antiparlamentarista. Todas, estas formaciones, en mayor o menor medida insisten de la necesidad de constituciones presidencialistas y en restar poder y peso a los partidos políticos en beneficio de la sociedad civil. Hoy, el concepto “corporativismo” ha desaparecido del lenguaje político, pero lo que amagan algunas de estas opciones y el lugar al  que inevitablemente irán a parar, es una reedición del corporativismo bajo formas inéditas.

Si estas opciones “populistas” emergen y lo hacen con el apoyo de amplios sectores sociales, es porque en toda Europa se ha extendido el hastío e incluso la repugnancia hacia las formulaciones políticas tradicionales de derechas e izquierdas. En efecto, las soluciones “populistas” no pueden ser definidas en términos de derechas e izquierdas. Hay un gran trecho entre el Front National de Jean Marie Le Pen que quería presentarse como “la droite National” y el encabezado por su hija que se sitúa “au delá de la droite et de la gauche”. Su presidenta ha sintetizado este punto de vista en una consigna: “La derecha ha traicionado a la Nación – La izquierda ha traicionado a los trabajadores”. Su característica, la del “populismo” es el no ser dogmático, sino eminentemente pragmático. Cada declaración de los considerados como “líderes populistas”, abunda en esta dirección.

Obviamente, no estos “populismos” no son ni “fascismos” ni “neofascismos”. Están más próximos, eso sí, a las doctrinas identitarias, porque si lo que aspiran es a recuperar el sentido de la nación, deben de atribuirle a esta una rostro propio y defenderlo frente a las amenazas. Pero si es cierto que, los fascismos surgieron de sectores críticos con el parlamentarismo y que los nuevos “populismos”, tienen su fuerza en la superación de la dicotomía dogmática derecha-izquierda. Hoy por hoy, no critican al parlamentarismo sino a lo limitado de las soluciones de derechas e izquierdas y a los equívocos que conllevan.

En España no existe “populismo” en la medida en que, al haber llegado más tarde a la democracia y al carecer por completo de capacidad crítica y refugiándose en la apatía, el pueblo español está fuera de cualquier debate político. Se suele decir que Podemos es “populista”: ¿Lo es? No, verdaderamente: Podemos es, simplemente, un producto de la izquierda en crisis, o dicho de otra manera: el modelo de izquierda que llegó tras el hundimiento de la URSS (y de los Partidos Comunistas) y tras el hundimiento de la socialdemocracia zapaterista al no ser capaz de afrontar la crisis y, ante ella, ponerse del lado de la banca.

¿Por qué no existe “populismo” en España? Para que existe se deben dar una serie de circunstancias: la primera de todas ellas es que exista debate político en la sociedad. No hay que confundir el hastío de las sociedades europeas hacia las estériles polémicas derecha-izquierda, con la apatía del pueblo español ante el hecho político. Sin olvidar la mala calidad de la democracia española y lo que es todavía peor, la destrucción de cualquier sombra de capacidad crítica operada por los medios y por el sistema educativo. Por eso, a pesar de que la situación española es, posiblemente, más dramática que la dada en Alemania o Francia, aquí no hay posibilidades ni a corto ni a medio plazo de un movimiento de este tipo.

Y es que en España, la verdadera tragedia es que nadie, absolutamente ningún medio, ningún canal, ningún tertuliano, ningún partido, se atreve a decir en voz alta que la división derecha-izquierda ya no responde ni a las necesidades ni a los planteamientos de eficacia mínima que requiere nuestro momento histórico. Podemos se califica como “de izquierdas”, Ciudadanos, después de un período de ambigüedad situándose en el “centro-izquierda”, se ha reformulado como “partido de centro democrático”. Y en cuanto al PP, está donde Cánovas hará más de 125 años, dijo que debía estar la derecha… Así pues, no pidamos peras al olmo: el sistema político español, da de sí lo que da de sí y no hay más cera que la que arde. Es decir, poco o nada.

 

 

 

Diario de un pobre Diablo (45)

Diario de un pobre Diablo (45)

MARINA LE PEN EN MOSCU

El pasado 23 de marzo, Marina Le Pen aterrizó en Moscú, respondiendo a la invitación personal del diputado de la Duma Leonid Slutski, coordinador del grupo para las relaciones con el Parlamento de Francia y para participar en una reunión el comité parlamentario de Asuntos Internacionales. Estaba previsto que el presiente del parlamento ruso, la Duma, Viacheslav Volodin, se entrevistara con Marina Le Pen. Pero los contactos de la presidenta del Front National fueron mucho más lejos generando irritación entre la clase política francesa que ha interpretado tales relaciones como una “intolerable injerencia en las elecciones francesas”.

En realidad, esta visita es la equivalente a las que realizan los candidatos a cualquier país: todos los candidatos de relieve que se presentan a estas elecciones –todos, menos Marine Le Pen- se han entrevistado con la canciller alemana, Angela Merkel y todos han visitado el Parlamento Europeo. Pero si la visita a Moscú ha puesto, literalmente, al borde del ataque de nervios a la clase política francesa es por tres motivos.

En primer lugar porque, la candidata, en tanto que diputada del parlamento europeo fue recibida con todos los honores. En segundo lugar, porque, a pesar de que el Kremlim ha mantenido un respetuoso silencio en relación a las elecciones francesas, Marine Le Pen ha sido recibida por el mismísimo Vladimir Putin y los medios de comunicación rusos, en especial Rusia Today, han comentado favorablemente dicha visita, lo que implica que la candidatura frentista no es considerada ni como extremista, ni como un peligro para la paz mundial, ni siquiera como hostil a las buenas relaciones entre Europa y Rusia. Por último lugar, a nadie se le escapan las consecuencias políticas de dicha entrevista.

A diferencia del resto de candidatos presentes en las elecciones francesas, la candidatura de Marine Le Pen supone una desactivación de las tensiones Este-Oeste. Rusia no está interesada más que en mantener buenas relaciones con Europa: no enzarzarse en una competencia militar o económica. Y la única candidatura que la garantiza es la del Front National. Los tiempos en los que el padre de Marina Le Pen clamaba contra el bolchevismo y a estar atentos ante los tanques soviéticos estacionados al otro lado  de la línea Oder-Neise, han pasado. Si bien, aún es pronto para intuir como va a evolucionar la política exterior norteamericana en los próximos meses, parece claro que la candidatura de Marine Le Pen, al igual que la victoria de Donald Trump, van en contra del mantenimiento de ese tiranosaurios rex que es la OTAN, verdadera inyección de oxígeno para un enfrentamiento Este-Oeste ¡sobre territorio europeo! Una eventual victoria de la candidata del Front National entrañaría la redimensión inmediata de la OTAN y su final, al menos en los términos que hemos conocido.

Lo mismo ocurriría con la UE. Si bien, Marine Le Pen, es decididamente anti-UE, no es “anti-europea”, no se niega a la colaboración entre las distintas naciones europeas, sino a la pérdida absurda de soberanía nacional en beneficio de una estructura supranacional no democrática y que es, simplemente, el mecanismo de la globalización en el viejo continente. En lugar de una apertura cada vez mayor de la UE hacia el Magreb, en detrimento de economías como la española, la UE reformada debería de tener hacia mayores niveles de cooperación con Rusia y, por supuesto, a un eje político que supusiera un muro de contención frente al islamismo.

Pero hay algo más que se ha encargado de recordar Éric Zemmour en Rusia Today: “El combate ideológico de nuestro siglo es entre la democracia liberal y la democracia iliberal tan querida por el húngaro Viktor Orban. En la primera, el individuo es el rey. En las segundas, el pueblo es el rey”. 

Diario de un pobre Diablo (44)

Diario de un pobre Diablo (44)

POR QUE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA ES (Y SEGUIRÁ SIENDO) DE MALA CALIDAD

Empecemos vulnerando la corrección política diciendo que la eugenesia debería de ser una de las razones de la existencia del Estado. Llevar una política eugenésica consiste en velar para que la salud y la calidad de vida de la población no se deteriore, sino todo lo contrario: que mejore hasta el límite de las posibilidades de lo humano. En lugar de esto, la eugenesia es considerada como algo satánico y, en cualquier caso, rechazable. Se olvida, con frecuencia que la inmensa mayoría de cánceres que afectan extrañamente a edades intermedias se deben a que nadie, absolutamente nadie, se preocupa sobre la calidad de la alimentación. Es mucho más fácil condenar la eugenesia que investigar si lo que se etiqueta y se vende como producto alimenticio no es más que un veneno que, por aquello de las casualidades, puede ser tu peor boleto para la rifa de cualquier tumor maligno. Hoy sabemos que de cada 4 personas vivas, 3 morirán de cáncer e intuimos que la alimentación, sobre todo, influye en esta siniestra estadística, junto a emisiones de ondas y a polución atmosférica. Y nadie, hace nada… precisamente porque la “salud de la raza” (es decir, la salud de los individuos que la componen) es algo que, lejos de interesar a los gobiernos, estos, simplemente, la condenan.

¿A qué viene todo esto? No es, desde luego, un grito iracundo sobre algo que sabemos que no tiene remedio en las actuales circunstancias. Viene a cuento de que nunca como ahora existen posibilidades para una vida humana feliz y venturosa, y nunca como ahora, esta ha estado tan lejos de nuestro alcance. En política, por ejemplo, está claro que llevamos ya 40 años de libertades políticas y democracia más o menos formal. A lo que habría que sumar los 40 años del franquismo, si se reconociera que fueron años de recuperación del atraso económico, en los que todo –incluidas las libertades públicas- se sacrificaron en aras de alcanzar este fin. Así pues, desde 1939, llevamos casi 80 años de paz: algo inimaginable en nuestra historia. Ahora bien, hay que elegir entre si nos conformamos con esto o comparamos dónde podríamos estar con dónde estamos efectivamente. De esta desproporción deriva una desazón fundamental.

Tenemos democracia, como tenemos comida, pero de la misma forma que ésta genera todo tipo de enfermedades y tumores nunca vistos hasta ahora, nuestra democracia es de baja calidad. Y, en ambos casos, no existen medios para rectificar esta realidad, ni voluntad política en las cúpulas de los partidos, ni siquiera en la voluntad del electorado.

La sociedad española, desde el momento en que terminó la Reconquista, como si el esfuerzo realizado hubiera sido superior al que estaba en condiciones de acometer y la llegada de los Austrias le exigiera un esfuerzo imperial que la población ni siquiera podía imaginar y mucho menos asumir, se refugió en la apatía y el desinterés por la cosa pública que fue avanzando y calando más hondo, a medida que avanzaba nuestra historia. Hoy, esa apatía es total y se agrava con 30 años de hundimiento del sistema educativo y de pérdida de capacidad crítica: incluso quienes son extremadamente críticos con el poder (Podemos, sin ir más lejos), lo son desde posiciones absolutamente ignorantes, ingenuas en unos casos, superficiales en otros y zafias en gran medida. Los mecanismos culturales han dejado de preparar ciudadanos para asumir responsabilidad. La cultura se ha convertido en ocio y el ocio en una simple cobertura al nihilismo. Pero eso no es lo peor.

Cuando un pueblo tiene, en sí mismo valores, conciencia de su existencia y de su identidad, puede superar cualquier crisis periódica que afronte porque, al final, siempre anidará en el interior de determinadas élites, un estilo de vida y unos valores, a partir de los cuales será posible movilizar las sanas reacciones populares. Pero el problema es que el pueblo Español y el nacionalismo español se han reconocido, no en valores propios, sino en los valores de la Iglesia Católica y ésta, reconozcámoslo, es hoy una entidad en fase de liquidación.

En otro tiempo era posible sostener que el catolicismo había hecho a España. Hoy ya no: en los años 60 tuvo lugar el Concilio Vaticano II; luego vino el “desencanto”, el tránsito de amplios sectores de la Iglesia del “catolicismo espiritual” al “cristianismo social”, más tarde se sucedieron los escándalos en el interior de la institución vaticana y, finalmente, un buen día, como si todo hubiera cambiado, la tensión de la fe descendió, los dogmas se convirtieron en cada vez patrimonio de menos gente, perdieron vigor y, finalmente, hoy apenas son compartidos por minorías testimoniales. ¿Qué ha ocurrido? Simplemente, que todo lo humano –y la Iglesia es algo humano, casi “demasiado humano”– está sometido a ciclos de nacimiento, crecimiento, madurez, vejez y muerte, y el ciclo de la Iglesia –no hay nada más que asomarse y comprobarlo– ha terminado. Ya es imposible seguir defendiendo una “España católica”, por la sencilla razón de que España ya no es católica: lo es una minoría por mucho que la apatía evita que buena parte de la población se dé oficialmente de baja como católico. Hace falta acercarse a una iglesia el domingo por la mañana para comprobarlo.

Desaparecida la vinculación de los españoles al catolicismo que fue uno de los cimientos de nuestra nacionalidad, desaparecen también imperativos morales: a diferencia de otros países europeos en donde han estado presentes elementos laicos de adhesión al Estado y a la Nación, en España, el nacionalismo se ha justificado hasta hace poco sólo con elementos religiosos. Y hoy con el recurso a algo que apenas ha penetrado en el subconsciente de los españoles: la constitución. España es “una” sólo porque lo dice la constitución. La autoridad de Dios difícilmente puede ser discutida, pero cuando desaparece, “todo está permitido”. Y, en cuanto a la constitución, no puede decirse que, ni en su origen (el consenso), ni en su desarrollo (que ha conducido por el caos autonómico, entre otras lacras), ni en sus posibilidades de reforma (inéditas), sea ninguna ganga. Es, digámoslo ya, la matriz de una democracia de baja calidad. Y, añadamos, que es irreformable.

Nada que beneficia a una clase política va a ser reformado por esa clase política, sino es para contentar a esa misma clase política. Nadie renuncia a sus intereses ni privilegios voluntariamente. Por eso, nuestra norma fundamental permanece inamovible desde hace 40 años. La Constitución llegó de la mano de la “banda de los cuatro” (PSOE, UCD, CDC y PCE). El PCE ha desaparecido y sus restos se han convertido en minúsculos satélites de Podemos, CDC ya no existe e incluso su avatar –el PDcat– está sometido a tensiones internas que permiten pensar que será residual en las próximas legislaturas, UCD se difuminó y ese espacio ha quedado ocupado por el PP; y, en cuanto al PSOE, simplemente, está en vías de implosionar. Todo esto debería inducir al optimismo: los inmovilistas de los últimos 40 años, debilitados por sus errores, por su mala gestión y por sus corruptelas, están en recesión. Pero, en realidad, no es así.

En primer lugar, el PP resiste e incluso, si hoy se convocaran elecciones generales es más que probable, que mejoraría sus posiciones. Podemos, por su parte, lleva camino de sustituir al PSOE, pero, no solamente evidencia una mala calidad en su dirección (en algunos casos hasta extremos difícilmente digeribles), sino que además es un agregado explosivo de fracciones inestables. Ciudadanos, empeñado en ocupar el espacio centrista, vuelve a ser lo que siempre ha sido el centrismo: el receptáculo de todos los oportunismos. No hay, ni se le espera –vale la pena reconocerlo para evitar decepciones futras– ningún partido euroescéptico al estilo de los que se han configurado en Europa como segunda o tercera fuerza. Y, en lo que se refiere a “fuerzas vivas”, están completamente ausentes de la escena. La fiebre de los “indignados” en 2009-2010 es algo que hoy queda lejos y que fue, a poco de nacer, ganado por la extrema-izquierda. La duda es durante cuánto tiempo el PP permanecerá íntegro y unido interiormente.

Ninguna de estas fuerzas políticas está en condiciones ni interesado en alterar la constitución, ni es capaz de aportar valores al conjunto nacional, ni siquiera de hacer otra cosa que lo que han hecho los partidos mayoritarios en los últimos 40 años: alimentar a sus élites corruptas. La telebasura, la falta de capacidad crítica y el aroma a porro hacen el resto, unido a la apatía consuetudinaria de nuestro pueblo. Lo peor que podría hacerse es ignorar estos hechos esenciales que llevan a una terrible conclusión: España carece de futuro y está encarrilada en una vía muerta porque no dispone de élites de reemplazo, de un sistema cultural capaz de producirlas y de una élite intelectual en condiciones de elaborar un proyecto nacional para la España del siglo XXI.

Mi decepción por la política y por el futuro de mi nación, cada día encuentran más y más argumentos para confirmarse. Me gustaría, simplemente, que alguien me diera el más simple argumento para el optimismo. Hoy me considero apolítico, si por ello se entiende permanecer distanciado de la política, pero no desinteresado por ella. El problema es que la política española es tan absolutamente aburrida y miserable que, cada día resulta más difícil, seguir preocupándose por los vaivenes del día a día, incluso desde posiciones de alejamiento y distancia. ¿A quién le puede interesar hay la política? Sólo al que vive de ella (como político o como periodista). Si hay un milagro en esta democracia de mala calidad es que la gente siga acudiendo a las votaciones. ¿Ni siquiera hace falta un dios para que haya milagros en estos tiempos crepusculares.

 

 

 

Diario de un pobre Diablo (43)

Diario de un pobre Diablo (43)

ATAQUE ISLAMISTA EN ORLY: ALGUNAS REFLEXIONES

Lo más significativo del último ataque yihadista que ha tenido lugar en París ha sido, una vez más, el tratamiento que han dado al tema los medios de comunicación franceses: estos han insistido, por activa y por pasiva, en una sola idea: “El asesino es un francés, nacido en París”… Otros medios han insistido en la misma dirección: “Français de souche” (francés de pura cepa). No hay nada más que ver su foto para comprobar la veracidad de la información. Es más, cuando conocemos su nombre, esta primera impresión –la de que se trata de un “francés, nacido en París”– se refuerza todavía más: Ziyed Ben Belgacem… Sobre su religión, obviamente se evitar decir que es islamista. Como se sabe, los islamistas no son una amenaza.

Este “francés de pura cepa”, con sus 39 años a cuestas, ayer, inició su yihad particular: salió de su casa, situada en la banlieu parisina. Llevaba un bulto que podría ser un arma, así que al llegar a Stains, dos policías le piden la documentación. Dispara sobre ellos, para confirmar su identidad de “francés nacido en París”. Y, de paso, adorna, los disparos con el consabido “Alá es grande”. Como la cosa más normal del mundo se mete en un bar de Vitry-sur-Seine. Los clientes no le gustan, seguramente porque no se sienten tan franceses como él. Así que los amenaza y dispara sobre ellos. Solo los milagros de la balística hacen que ninguno resulte herido. Luego roba un coche y se planta en el aeropuerto de Orly.

A eso de las 8:30 de la mañana en el primer piso del hall de Orly Sur, el “francés de pura cepa” lanza el suelo una mochila en la que lleva gasolina, luego dispara contra una patrulla de tres soldados (dos hombres y una mujer). La mujer logra arrancarle el fusil de asalto, pero Ziyed Ben Belgacem la arrastra amenazándola con un revólver (a ella y a los otros dos militares): “Tirad las armas. Manos a la cabeza. Estoy aquí para morir por Alá” y luego añade: “Detodas formas, seguro que hay muertos”. Demostrando su valor se escuda en la mujer militar, pero enfrente tiene a soldados bien entrenados que finalmente lo abaten. En su poder se encontró 750 euros, una lata de gasolina, cigarrillos, un mechero y, por último, un ejemplar del Corán.

Por una vez el “loco solitario” ha sido la única víctima mortal. Habrá comprobado que el anuncio de que Alá recompensa a los fieles que mueren en la guerra santa con siete palacios de jade y siete harenes en cada uno de ellos y que los yihadistas muertos viven eternamente conservando la edad de 33 años y un estado de erección permanente, era sólo publicidad de un inexistente paraíso.

Los que ayer volaron a París  fueron las víctimas colaterales del enésimo yihadista que decide acometer su guerra particular. Durante todo el día, los aviones en vuelo fueron desviados a otros aeropuertos y no se permitió despegar ni siquiera a los aviones que estaban en pista cargados con pasajeros. No se sabía si éste “francés nacido en París” podía tener más cómplices. De no estar presentes los tres militares, ahora estaríamos llorando una nueva masacre, tan estúpida como las anteriores y protagonizada por otro tarado con el cerebro recalentado por supersticiones mal asimiladas.

¿Lo mejor de todo? Ziyed Ben Belgacem no era un desconocido. Se trataba de un delincuente habitual con nueve tránsitos por la cárcel y 44 detenciones. Dicen que en 2011, tras salir de la cárcel se había radicalizado. En aquella ocasión fue por atraco y tráfico de drogas. Habá protagonizado muchos robos a mano armada. No, esto no es lo mejor: esto es lo esperable de un “francés de pura cepa” que atienda al nombre de Ziyed Ben Belgacem y lleve un Corán en la mochila. Lo mejor son las declaraciones del primer ministro francés Bernard Cazeneuve que por la tarde señalaba al enemigo metafísico: “el ultrancismo de Marine Le Pen”.

Hasta aquí los datos que hemos podido reunir a vuelapluma. No son sensiblemente muy diferentes a los de otros episodios similares. La buena noticia es que un chorizo pasado al lado el terrorismo ha ido a saludar a la nada. Pero es necesario extraer una serie de conclusiones, algunas de ellas son duras:

1) ELEMENTOS DE ODIO SOCIAL.- Ziyed Ben Belgacem, ha nacido en Francia y tiene nacionalidad francesa, pero ¿Es francés? Obviamente no. Ni lo es ni lo ha pretendido ser jamás. Es un hijo de inmigrantes que tuvo en vida todo el derecho de no sentirse miembro de la comunidad cuyo DNI llevaba en el bolsillo.  Él era el primera que no se sentía miembro de la comunidad nacional en la que vivía. Es más, no solamente, no se sentía francés, sino que odiaba a Francia y a los franceses. Lo ha demostrado con creces. Como muchos magrebíes consideraba que “el francés” es un tipo que, sobre todo, vive bien y consume mucho. Ziyed Ben Belgacem era un “nuevo proletario” y odiaba a todo aquel que vivía como un burgués. Hay en su locura y en la de todo yihadista odio social. Muchos inmigrantes, hijos y nietos de inmigrantes no soportan el papel subordinado y fronterizo con la pobreza que les ha atribuido el capitalismo moderno y los Estados Europeos: les han convencido de que se instalaran en Europa para hacer “competitiva” la economía europea, esto es para que su número hiciera disminuir el valor de la fuerza de trabajo. Se beneficiaban algunas patronales y pagaba el Estado (es decir, la sociedad francesa). Pero ellos querían tener acceso a los escaparates de consumo y con la caridad del Estado no podían hacerlo salvo por la vía del atraco.

3) NECESIDAD DE SEÑALAR LAS REALIDADES.- Hace falta ser un indigente intelectual para no darse cuenta de la realidad: la combinación de fanatismo religioso, pequeña delincuencia, nula cultura, crisis económica e islamismo, dan como resultado personajes como Ziyed Ben Belgacem: un chorizo que está harto de pasar por cárceles y que algún electroimán de pega le ha convencido de la existencia de un paraíso cuyo boleto te lo regalan muriendo en la yihad. Y va el idiota y, en su deseo de gozar cuanto antes de los beneficios prometidos, se “inmola” con un Corán bajo el brazo. Hijo de inmigrantes, islamista de origen étnico magrebí, impermeable a cualquier tipo de educación europea, islamista ansioso de alcanzar el paraíso sensual prometido…  Estas son las realidades.

2) SITUACIONES FÁCILMENTE REVERSIBLES.- Hace veinte años, algunos amigos empezaban a comentar que el tema de la inmigración ya no se puede resolver porque los inmigrantes ya tienen pasaporte y nacionalidad francesa. Lo tienen pero lo pueden perder. De hecho, la concesión de la nacionalidad debería ser algo condicional: “yo te doy la nacionalidad, pero si muestras que no eres un buen ciudadano, me reservo el derecho de quitártela”. Tal hubiera sido la norma: pero la izquierda quería “nuevos franceses proletarios” para sustituir a los “proletarios franceses” que se desenganchaban de sus opciones electorales. La mayor tropelía que ha cometido la derecha europea ha sido abrir las puertas a la inmigración masiva, pero la mayor estupidez de la izquierda ha sido ver en esos “nuevos europeos” a carne de cañón para sus candidaturas. El problema, en realidad, nunca han sido los inmigrantes: estos jamás hubieran venido a Europa si la derecha no los hubiera traído, primero y subvencionado después y si el esquematismo de la izquierda no hubiera visto en ellos a “nuevos proletarios”. Pero el entuerto es más fácil de resolver: basta con una serie de medidas disuasivas. No permitir la permanencia en el país de inmigrantes que hayan cometido delitos, eliminar las medidas de “discriminación positiva”…

3) EL PROBLEMA ES EL ISLAM.- Recordemos algo que los medios hacen esfuerzos por enmascarar: hoy la única religión en nombre de la cual se mata y se muere es el Islam. Así pues, el islamismo, moderado, radical o ambidextro, es un problema y como tal hay que tratarlo… a menos que se quiera que el problema se generalice. El error consiste en considerar que la religión islámica es, como cualquier otra religión, una especie de evasión espiritualista y mística que enseña buena conducta, códigos éticos y da esperanzas para la muerte. La teoría de la guerra santa coránica es un incentivos para morir matando y lo antes posible. Sabiendo que al otro lado de la puerta esperan 77 huríes dispuestas a satisfacerlo a usted eternamente ¿esperaría a mañana o cruzaría la puerta hoy mismo? Fracasados, incompetentes, individuos sin formación profesional, que en su momento despreciaron la escuela y la educación, que han ido sobreviviendo a base de subsidios y, cuando no, de atracos, ¿pueden aspirar a algo mejor que morir en la yihad lo antes posible y vivir de lujo sin sudar la camiseta? Esa es la cuestión.

4) HAY REMEDIO, PERO NO CON LOS QUE HAN CREADO EL PROBLEMA.- Los avances de los partidos euroescépticos e identitarios que en grandísima medida encarnan el rechazo de las poblaciones autóctonas europeas a la nueva situación generada por la inmigración masiva de un lado y la deslocalización de otro, se basan precisamente en que proponen soluciones extremadamente simples a problemas complejos. ¿Las empresas se van para obtener beneficios? Bien, pues cuando quieran vender sus productos aquí, que paguen una sobretasa… que corresponde a los problema de paro que generan. ¿Hay riesgo yihadista? Bien, con limitar la difusión del islam, prohibir las ediciones del Corán con determinados versículos y dejar de incentivar a las comunidades islámicas, es suficiente. ¿Hay mucha población extranjera en las cárceles? Tampoco hay problema: los que han venido a Europa a robar, Europa tiene el derecho de expulsarlos. Y así sucesivamente. Pero de la forma en que las cosas no se solucionan es manteniendo en el poder mediante el voto a una clase política ciega, de derechas o de izquierdas, pero ciega en su conjunto. Los que han generado el problema y quienes lo han agravado, no tienen al alcance de su mano la solución, salvo  traicionándose a sí mismo y traicionando a sus intereses. Ved a la izquierda europea: la única esperanza de volver a gobernar consiste en ganar el voto de los grupos étnico-religiosos no europeos.

Hay muertes inútiles, la de Ziyed Ben Belgacem no habrá sido tan absurda como fue su vida, si ha servido para que algunos de nosotros realicemos estas reflexiones. 

Diario de un pobre Diablo (42)

Diario de un pobre Diablo (42)

ETA ENTREGA LAS ARMAS… ¿NOTICIA O BROMA DE MAL GUSTO?.- La semana pasada ETA anunció la entrega de armas. Importa muy poco porque esas armas ya deben estar herrumbrosas o ser simplemente inservibles. Claro está que matar se puede hacer con una estaca. Pero hace mucho tiempo, más de veinte años, que ETA iba a la desbandada. Demasiados topos, topetes y topazos en su interior (y uno en su dirección) que hacían todo lo posible por sobrevivir y por asegurarse una vejez tranquila sin tener que ver a los nietos en los vis a vis en el Puerto de Santa María. Seguían matando porque eso era lo que venían haciendo desde su nacimiento.

En cada tramo en la historia de ETA, las razones que encontraban para justificar el recurso al gatillo eran diferentes, pero el resultado fue siempre el mismo. Incluso los gudaris que se rindieron a las tropas italianas en Santoña en 1937 se hubieran avergonzado del valor y de los argumentos de una organización que, a medida que fue creciendo, iba reclutando cada vez más en los estratos intelectualmente más indigentes del País Vasco.

De no haberles salvado por la campana, aquel gran mameluco de la política española que fue José Luis Rodríguez Zapatero, el asunto ETA se hubiera resuelto hacia 2004 ó máximo 2005, con todos los etarras en mazmorra fría a ambos lados de la muga. ETA, estaba  vencida, vale la pena no olvidarlo, cuando el melifluo ZP le lanzó el capote de la tregua. Lo que siguió luego fue el juego de la confusión que ha durado hasta ahora y con la complicidad del PP, (también hay que recordarlo): ETA nunca hubiera negociado en 2009-2010 con un ZP que estaba virtualmente desahuciado y cuando era evidente que convocaría elecciones anticipadas.

El pacto para poner en libertad a los matarifes que seguían presos (¡y que se ha puesto en marcha en tiempos de Mariano Rajoy!) se realizó necesariamente con el visto bueno del PP. Puede entenderse el silencio de este partido ante la política de puertas abiertas en las prisiones. ¿Qué quedan etarras en cárcel? En torno a 300, de los que muchos están ya en segundo grado. En cuatro o cinco años, ya no quedará ninguno.  A quienes les queda mucho por delante es a los familiares de las víctimas y a quienes quedaron mermados en sus facultades tras ser objeto de atentados.

ETA solo venció en un terreno: en el de hacer que la izquierda se tomara sus crímenes como “políticos”. No lo eran. Eran simples asesinatos. Sin más. Y, mal argumentados. El Estado también tenía sus culpas: las torturas a presos, el GAL… sí, en efecto, el GAL existió pero, digámoslo ya, fue una excusa del área de interior del felipismo para saquear el almacén de los fondos reservados, no para acabar con ETA. Y en cuanto a las torturas, existieron, claro está: elija usted, o que una banda que asesina siga haciéndolo, o impedir que lo hagan. Las torturas no se realizaron contra gente que pasaba por ahí, sino sobre gente que mataba y estaba dispuesta a matar. Sí, ya sé que es políticamente incorrecto decir esto: pero es lo que piensa la mayor parte de gente para la que los derechos de las víctimas están por delante que la de los asesinos.

Y luego estaba el gran justificante de Herri Batasuna para los crímenes cometidos: para entenderlos, se nos dijo durante treinta años, había que “contextualizarlos”. Claro, si le estallaba una bomba a una niña, eso era porque existía una “lucha de liberación”, si se mataba a los hijos de unos Guardia Civiles o a los recién salidos de la Academia de Valdemorillo, era porque el “Estado” se negaba a la “autodeterminación”. Todo estaba contextualizado y cualquier agravio real o supuesto bastaba para apretar el gatillo contra no importa quién.

La historia de ETA figura entre lo más bochornoso de la España de la segunda mitad del siglo XX y de lo que llevamos de milenio. Ellos creen que ETA es una parte de la “historia de Euzkadi”, una expresión del nacionalismo abertzale, pero se equivocan: ETA forma parte de la historia de cierta España, de la España negra y profunda, aquella de crímenes incomprensibles y siniestros, de asesinatos zafios y las venganzas pueblerinas. Nada más. Así que no demos épica a quienes no parece más que cuatro paredes para un castigo.

A una historia triste y lamentable lo único que cabía era un final sainetesco y grosero: “tu escenificas la entrega de armas, te pones una máscara, una txapela y un mono blanco, entregas solemnemente cuatro hierros oxidados, los pones de manera que parezca un arsenal militar y, yo a cabio voy sacando a tus presos de la cárcel, me olvido de investigar crímenes impunes y, sobre todo, eso sí, no insisto en que tus asesinos paguen indemnizaciones civiles, ni me preocupo del “tesoro de ETA”, es decir, a dónde ha ido a parar el dinero acopiado en décadas de raket, secuestros, atracos y negocios”. ¿Entienden ustedes el porqué la historia de ETA en los últimos años ha sido una lucha por el control de ese “tesoro” y por qué miembros de la dirección han vendido  periódicamente a sus propias bases para garantizar su inmunidad, o por qué se han peleado distintas fracciones? Al final era cuestión de supervivencia, asegurarse la vejez y de control sobre la llave de la caja. Y el Estado ha transigido.

Seamos claros: ETA no entregará más de 300 hierros viejos (la mayoría robados en Vaubert en 2006) y unos cuantos barriles de explosivos caducados. No tiene nada más. Los 800-900 muertos ocasionados por la banda, se redimen –tal es el pacto- por menos de una tonelada de hierro y unos pocos barriles de productos químicos inservibles. Medio millar de matarifes saldrán a la calle en tandas. A esto, el gobierno, la oposición y el nacionalismo vasco, le llaman “proceso de paz”.

Vivimos una democracia de mala calidad y un concepto de autoridad y legitimidad del poder que derivan de la “voluntad popular”.  A partir de estos presupuesto, y habida cuenta de que la “voluntad popular” en un país carente de capacidad crítica y que lleva como treinta años de sistema educativo en quiebra, es un concepto cuestionale, cualquier cosa es posible. Incluso que un ZP renunciara a la victoria sobre ETA que ya tenía a su alcance. Pocos de los antiguos presos de ETA se reciclarán en la parte política: la mayoría de  ellos son incapaces de articular ideas, 10 ó 15 años de talego han sido suficientes; no estaban en eso del tiro en la nuca por ideales sino porque su peña lo estaba o para deslumbrar a alguna chati o para hacer la machada y afirmar sus güebs ante el sedicente matriarcado vasco. El terrorismo de ETA fue el último terrorismo que subsistió en Europa, ha terminado más de un cuarto de siglo después del terrorismo irlandés y casi cuarenta años  después de las Brigadas Rojas y de la Banda Baader. Acaba –y esto si que hay que contextualizarlo- cuando empieza el terrorismo islámico.

Formulo una previsión: solamente puede existir una actitud ante el terrorismo, liquidándolo y liquidando las causas que lo generan; la debilidad que el Estado ha mostrado ante ETA volverá a repetirse con los yihadistas. En 1976 ETA estaba vencida y pocos etarras se encontraban en la cárcel. La amnistía de aquel año puso a muchos en libertad y los últimos que quedaban en prisión por delitos de sangre, fueron “extrañados” por Suárez. Al poco tiempo volvían a España y participaban en la campaña electoral de 1977 como si tal cosa. De ahí salió el terrorismo de los años 80, cuando ETA alcanzó sus más altas cotas de crueldad.

Hoy los tiempos son otros: si la debilidad, el mirar a otros lado, la cobardía a la hora de afrontar el fenómeno terrorista, el encontrarle justificación, el “contextualizarlo”, siguen aplicándose al terrorismo islámico, lo tendremos muy grave y lo pagaremos muy caro. No se trata solamente de encarcelar a los terroristas, sino de impedir la progresión del fenómeno. Nuestra sociedad no se puede permitir una ETA-2 con barba de talibán, chilaba rifeña y crueldad de hiena del desierto.

 

Diario de un pobre Diablo (40)

Diario de un pobre Diablo (40)

WILDERS NO HA GANADO… LO QUE NO IMPLICA QUE HAYA SIDO DERROTADO.- La progresía europea se frota las manos. La UE parece que recibió ayer un balón de oxígeno en Holanda cuando el Partido por la Libertad de Geert Wilders ha salido derrotado: no habrá, pues, referéndum en Holanda sobre la permanencia en la UE, ni tampoco variará la política de inmigración. Así pues, el “nuevo orden mundial” no recibirá de Holanda su puntilla. Bien, pero hay que formularse tres preguntas: ¿Quién y por qué ha vencido en Holanda?  ¿Cuál era el tema estrella de la campaña? y, finalmente, ¿Qué partidos pueden considerarse irremisiblemente derrotados?

1. ¿Quién ha vencido en Holanda?

Incuestionablemente el primer ministro Rutte que se vio reforzado en el último tramo de la campaña por la “actitud de fuerza” ante la presencia de ministros turcos en territorio holandés para hacer campaña a favor del referéndum convocado en su país por Tayyip Erdogan. Quienes reprocharon al primer ministro excesiva beligerancia ante el gobierno turco, olvidaban que se trataba e la última esperanza para frenar a Wilders y al PVV. Se trataba de demostrar que podía detenerse al islam por procedimientos convencionales y sin recurrir al doble salto mortal que hubiera supuesto para el elector votar a una opción tan controvertida como la de Wilders. Y el electorado ha creído a Rutte y no se ha arriesgado a imprimir un nuevo curso a la política holandesa. De todas formas, la victoria de Rutte es una victoria pírrica, porque el mismo electorado que le ha votado será el que le exija medidas contra la inmigración masiva y la pérdida de identidad de Holanda. Pero Rutte tiene un problema: le va a ser muy difícil estabilizar un gobierno. Deberá poner de acuerdo a otros tres partidos, uno de los cuales será el de los verdes, que puede considerarse el segundo vencedor de estas elecciones. Pero la política de Los verdes es justamente la opuesta a la de Wilder: sociedad multicultural, “profundizar” en la integración de la inmigración, puertas abiertas a “refugiados”… Dicho de otra manera: el desgaste que a partir de esta semana va a sufrir Rutte hace muy difícil que pueda terminar la legislatura que ahora comienza. La promesa de “mano dura” que le ha llevado al éxito electoral y la necesaria “mano blanda” de la que deberá hacer gala mientras se mantenga en el poder dicen a las claras que ha tenido una victoria pírrica.

2. ¿Cuál era el tema estrella de la campaña?

Ni los Verdes ni los liberales de Rutte han impuesto sus propios temas en la campaña. En todo momento y desde hace un par de años ha sido Geert Wilders el que ha impuesto agenda y ritmo a la campaña. Y la campaña ha girado en torno a tres temas: identidad holandesa, inmigración masiva y permanencia en la UE. Los electores se han tenido que definir en estos temas que habían sido arrojados al tapete por el PVV de Wlders. Éste, por lo demás, no puede considerarse “derrotado”: simplemente, ha crecido menos de lo previsto (pero ha ganado cuatro escaños y con un 20% se ha configurado como el primer partido de la oposición, por delante de los verdes, de los democristianos y los socialistas. Que nadie piense que la Unión Europea ha salido reforzada: lo que ha ocurrido es que ha retrasado su caída inevitable. Nada más. Para salvar a la UE, que aun no ha superado el Brexit, haría falta que la economía de la zona euro experimentara una revitalización en la que nadie cree, o que las instituciones europeas se vieran de nuevo aureoladas de un prestigio de eficiencia y control del gasto público que han ido perdiendo en los últimos veinte años o que la “construcción europea” experimentara un golpe revitalizador después del fracaso de la “constitución europea” de 2004 del que no se ha repuesto todavía. Y nada de todo esto va a ocurrir en los próximos años. El problema no es ya ver a la UE como una iniciativa fracasada, sino prever cuándo y dónde se va a producir su apuntillamiento. Hubiera podido ser ahora en Holanda. Mañana podrá ser en Francia. Es posible que resista unos años más, por pura inercia: pero las circunstancias económicas mundiales juegan en su contra.

3. ¿Qué partidos pueden considerarse derrotados?

Basta mirar los resultados: el Partido del Trabajo, los socialistas, pasan desde 35 escaños hasta 10. Así pues, este es el gran derrotado: el partido que habla en nombre de los “trabajadores”, esa socialdemocracia ecléctica que siempre ha apostado por un progresismo humanitarista de puertas abiertas a la inmigración, que lleva décadas instalado en las ambigüedades ideológicas y que, a la hora de la verdad, opta por salvaguardar los intereses del capital y de la banca antes que los de sus electores y de los trabajadores en nombre de los que habla. Obviamente, la destrucción –sí, estamos hablando de liquidación de una opción política- del socialismo holandés es total y para siempre. No le va a ir mucho mejor en Francia, en donde ya conspicuos socialistas de toda la vida, hablan, no de “refundar” el partido, sino de “converger” con otras fuerzas políticas para crear otro nuevo. Y no hace falta más que mirar a la tragedia del socialismo español para ver que su futuro depende de tres opciones: la políticamente nula e inercial (Patxi López), el neozapaterismo (Pedro Sánchez) y la corrupción emblemática (Susana Díaz). Si hay un derrotado en Holanda ese es el socialismo. Su funeral augura el de toda esta corriente en Europa.

 

Diario de un pobre diablo (38)

Diario de un pobre diablo (38)

ELECCIONES EN HOLANDA: CORTANDO UNA ESTRELLA DE LA BANDERA DE LA UE

El The Guardian publica un artículo sobre las elecciones en Holanda que serán dentro de dos días. Todo puede ocurrir: el 40% de los votantes todavía están indecisos. De momento un 13% de los encuestados han declarado que su mejor opción es Geert Wilders y su PVV, Partido por la Libertad. Su candidatura va solamente tres puntos por detrás de la del primer ministro saliente, Mark Rutte. Éste, por su parte, ha advertido sobre las consecuencias que podría tener una eventual victoria de Wilders. En realidad, algunas encuestas y, especialmente, medios de comunicación extranjeros –entre ellos The Guardian- dan como vencedor al PVV. El tercer candidato en discordia es de origen marroquí y envoltura ecologista. Los medios holandeses lo califican como el anti-Wilders. Todos los partidos se han comprometido a unificar sus esfuerzos para bloquear el ascenso de Wilder y han declarado que se negarán a pactar con él.

Para colmo, el primer ministro Rutte, sin duda por conveniencias electorales ha adoptado una postura de firmeza ante Turquía a causa de los gravísimos incidentes que se generaron a raíz de la expulsión el pasado fin de semana de la ministra turca de la Familia que fue escoltada por la policía a la frontera alemana después de que el gobierno le advirtiera que no podría realizar campaña a favor de la opción de la reforma constitucional propuesta por Erdogan. La ministra desoyó las advertencias y la decisión de no dejar aterrizar en territorio holandés al mnistro de asuntos exteriores turco. El ministro de exteriores turco calificó la actuación del gobierno de Rutte como “exactamente fascismo”, mientras que el propio Erdogan calificaba de “nazi” al gobierno de la Haya. A nadie se le escapa que la tensión entre ambos países es la más grave que se ha producido entre un país europeo y Turquía.

Sin embargo, a pesar de que Rutte ha intentado sacar pecho y demostrar una fuerza y una decisión que no posee, esta actitud que llega tarde y mal, no ha erosionado a la candidatura de Wilders y lo que es peor para el primer ministro saliente, le ha enajenado las simpatías de los islamistas moderados y del partido ecologista. Sin olvidar que en estas elecciones participarán 300.000 turcos con derecho a voto en Holanda y que, de momento, ya han protestado de manera sonora en las calles y ocasionado fuertes disturbios en la capital.

Así pues, las opciones están abiertas en Holanda (uno de los países más democráticos de Europa y que durante décadas alardeó de tener el “modelo integración más sólido del continente). Sin embargo, los asesinatos de Theo Van Gogh y de Pym Fortuyne demostraron que, tras la fachada, el “modelo holandés” era tan inconsistente como cualquier otro. El temor que manifiesta The Guardian, no es solamente que pueda producirse una victoria del PVV que haga inevitable pactar con él, o al menos, iniciar un período de inestabilidad política que podría tener como consecuencia el ir decantando a favor de esta opción a sectores que instalados hoy en el apoliticismo, sino que tal victoria sea un mal augurio para lo que el diario llama “el siguiente paso: el derrocamiento del orden liberal mundial”…