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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

1-O. No me aburras

1-O. No me aburras

Exilio interior y gran negación: las consignas del momento

Ahora no solamente existen “dos Españas”, sino también “dos Cataluñas”. Así que Cataluña está hoy, sólo un poco más fracturada que el resto del Estado. Ayer estaba con un grupo de amigos desde las 14:00 hasta las 18:00 en la terraza de un bar. Al otro lado del vidrio la televisión desgranaba en directo la sesión del parlament. Hablaban. Nadie entre la clientela del bar prestaba atención a lo que decían diputados, tertulianos o simples enteraos, ni siquiera nuestro grupo formado por “unitaristas” y “españoles de bien”. En lo personal, reconozco que me importa una mierda –y digo, una “mierda”, yo que abomino del mal gusto y del lenguaje soez, pero es que no se me ocurre nada mejor para calificar este tema machacón y obsesivo que sólo interesa a los independentistas– toda esta fiesta del 1–O.

Ayer, uno de los amigos presentes comentaba que unos amigos suyos, vascos y nacionalistas le preguntaban que cuándo iban a dejar de “dar la brasa” en Cataluña con este tema que repercute en la televisión vasca a modo de “precedente”. Otro se iba a una manifestación delante de la delegación del gobierno. Miramos los balcones de Barcelona, cerca de la “derecha del Ensanche” y, francamente, apenas se vimos banderas independentistas.

Si hay urnas –que las habrá– el 1–O, dudo mucho que tengan más participación que en el anterior esperpento. Hoy, cuando veo las fotos del Parlament me resulta conmovedor la sala medio vacía. Estos lilas (sinónimo de tontorrones o fatuos) que hablan en nombre de Cataluña, estaban aplaudiendo al terminar la sesión como si hubieran logrado algo más que partir visualmente a Cataluña en dos. Tal ha sido el único logro de la banda de mediocridades que gestionan el gobierno autonómico.

LA ALTERNATIVA AL REFERENDUM DEL SIOSI, EL “PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL”

Esta mediocridad autonómica tiene como contrapartida la simétrica mediocridad de la que hace gala el gobierno español. La estrategia de Rajoy, se sabe, consiste en dejar pudrir los problemas y, una vez podridos, “aplicar la ley”. El problema es que la “ley” es una constitución desgastada, avejentada y superada que nació como producto de unos consensos hace 40 años, y que se pretende seguir aplicando hoy con una realidad muy diferente. Hoy ya no existen las mismas fuerzas políticas, económicas y sociales de 1978. Para abogadas del Estado como la Sáenz de Santamaría y Rajoy, todo se reduce a una visión leguleya del problema: “aplíquese lo previsto en la ley”… Nada más. Y esa “ley” (la constitución) no suscita entusiasmos, ni en torno a ella se pueden realizar movilizaciones. El “patriotismo constitucional” del que hablara Aznar, que durante casi cuarenta años, ha consistido en cambalachear con los nacionalistas catalanes, es la más inicua de todas las formas de patriotismo.

Los “padres de la constitución” se creyeron que el nacionalismo moderado catalán colaboraría con España, a cambio de ser el fulcro central para la gobernación del Estado. Se olvidaban de lo que era Pujol y su partido: “nacionalistas”. El nacionalismo presupone la creencia en que se es partícipe de una “nación” y toda nación aspira a la independencia: así pues, resultaba evidente que nacionalistas catalanes y vascos (y luego gallegos, y más tarde andaluces) iban a pedir, tarde o temprano la independencia de su “nación”. Era cuestión de tiempo. Declaraciones como aquella de Aznar de que “hablo catalán en familia” con la subsiguiente liquidación de Vidal Quadras contribuyeron a debilitar el “españolismo” en Cataluña y a decepcionar a los pepetillos que el día antes habían gritado bajo el balcón triunfal de Génova: “Pujol enano, habla castellano”. En la comida de ayer todos coincidimos en que, efectivamente, a un sujeto como Puigdemont se le va la tontería con dos sopapos legales. Basta con una citación ante el juzgado de guardia. El miedo no lo da Pelomocho y sus mariachis, sino Rajoy con su política de Don Tancredo, que ha sido el Red Bull para los independentistas: el “no pasa nada”, simplemente, les ha dado alas.

17 AÑOS DE POLÍTICA CATALANA: TRAGEDIAS ENCADENADAS

Hay que hacer historia sobre cómo se ha llegado hasta aquí y recordar la responsabilidad de Maragall, que llegó a la presidencia con el cerebro desbaratado por la enfermedad. Y nunca hay que insistir suficientemente en esto: todos los que veíamos a Maragall, lo conocíamos o sabíamos de él, nos constaba ya en 1998 que estaba enfermo y que había momentos en los que le faltaba lucidez. Es triste pero es real. Sus discursos eran erráticos, se perdía en los temas, se quedaba en blanco, su aspecto exterior era el de un enfermo y en el PSC lo sabían ¡pero no tenían otro candidato que enfrentar a Pujol primero y luego a Mas! Su esperanza era que llegara al poder el tándem Maragall como presidente y Montilla como vice, para al cabo de un año, que dimitiera el primero y se hiciera cargo de la Generalitat el segundo. Fue solo tras la dimisión de Maragall cuando se empezó a reconocer que estaba afectado de Alzheimer. Pero este drama personal fue un drama autonómico cuando un partido, sabiéndolo, lo presentó como presidente de la Generalitat y se demostró errático, incontrolable, sombra de sí mismo, manipulable (especialmente por ERC) ¿el resultado? El “nou Estatut”.

Fue el PSC el que insistió en el “nou Estatut” que todos sabían que no iba a progresar porque el PP en el gobierno del Estado lo hubiera rechazado. Pero Maragall quería superar a los nacionalistas mostrándose como más nacionalista que ellos. Y ocurrieron las tragedias encadenadas: las bombas del 11–M (primera tragedia) colocaron a ZP en la presidencia (segunda tragedia). El “nou Estatut” que llegaba sin ningún tipo de demanda social, podía tramitarse (tercera tragedia). El peor presidente de la democracia estimó que cualquier cosa que aprobara el parlament, sería aceptada por él… Y Carod Rovira vio el cielo abierto: “2014 será el año de la independencia de Cataluña”, dijo (aunque permaneció mudo cuando le preguntaron qué vendría después: sólo le importaba la independencia; luego podía sobrevenir el Apocalipsis…).

A un Maragall enfermo, le sustituyó un Montilla gris, deslucido, sin perfil propio (cuarta tragedia) y con gobiernos en los que estuvo presente ICV y ERC (quinta tragedia). Y a éste un Mas ansioso por pasar a la historia justo en el momento en el que se había desencadenado la gran crisis económica (sexta tragedia). Las investigaciones judiciales hacían peligrar todo el entramado de comisiones e intereses construido en torno a la Generalitat y con ello peligraban los patrimonios de muchos. Otro con más seso hubiera “negociado”, a fin de cuentas, en Cataluña no ocurría nada diferente a lo que en cualquier otro lugar del Estado, solo que el festín era mayor porque mayor era el presupuesto público que se movía en Cataluña. Mas jugó con la amenaza, especialmente cuando el Constitucional tiró atrás los artículos más extremos del “nou Estatut” (séptima tragedia). A partir de ahí, en plena crisis, la política catalana se convirtió en un sainete: llegó el reino de los menos que mediocres. Eran los hijos de la LOGSE aplicada en Cataluña. El mapa político catalán se fragmentó hasta la exasperación (octava tragedia).

Y lo que era peor: las viejas ambigüedades del PSC y de IUV fueron heredadas por la nueva izquierda de la Colau y los podemitas catalanes. “Somos soberanistas, no independentistas”… con lo que quería decir que el pueblo catalán es “soberano” y, en tanto que soberano puede pronunciarse sobre si quiere o no la independencia o que cultiven champiñones en los túneles del metro. Y luego, cuando les preguntabas: “¿Pero tú que votarías?”. Ah, eso depende de la campaña decían unos; otros decían que sí que votarían por la independencia; otros que no; otros que eso no les interesaba que lo importante es que el pueblo catalán se pronunciara…

LA NACIÓN DEL 50’1%

En cualquier caso, si en 2010 se hubiera convocado un referéndum, el independentismo no habría tenido más de un 25–30% de votos, calculando por todo lo alto. Después de siete años, quizás hoy llegara al 35% que es su límite (¿y eso por qué? Porque es el porcentaje de catalanes que solamente utilizan la lengua catalana en su vida cotidiana; por eso. Contando con que sectores de la izquierda obtusa–abstrusa–y–difusa podrían votar a favor de la independencia, a la vista de la ambigüedad de las particularidades del podemismo y del partido de la Colgau, difícilmente en un referéndum obtendrían la independencia. No vencería el “españolismo”, ni el “patriotismo constitucional”, sino que vencería la indiferencia, que es muy diferente.

Por otra parte, hay que pensar que para modificar una ley constitucional hace falta cierto consenso que se expresa en dos tercios de los diputados favorables. En la creación de una nueva nación el consenso debería de ser incluso superior… y no el miserable 50’1% al que aspiran los independentistas sobre el 49’9%, sobre una participación fuera del 45%. Ayer, los diez amigos reunidos bromeábamos con que a partir del 1–O tendremos “doble nacionalidad”. Sea lo que sea que ocurra el 1–O (y en nuestra opinión no ocurrirá apenas nada), ninguno de nosotros, se sentía ciudadano de una nación que se llamara República Nacional de Cataluña. Y hay miles que piensan lo mismo.

No es “resistencia” lo que pediría la “nueva entidad nacional”, sino desprecio e indiferencia. Una nación surgida de un referéndum será sólo la nación de quienes han votado en ese referéndum (inútil decir que en un referéndum como el del 1–O, la casi totalidad de los votantes votará SI… porque al resto o ni nos interesa la cita en las urnas de cartón, o está en contra o simplemente tiene la convicción de que es ilegal. O las tres cosas. Sin olvidar que lo que nace de una situación ilegal no puede aspirar a que se respete su legalidad.

Pero lo cierto es que, cada vez más, aumenta el número de catalanes que exigimos que termine esta fiesta. Que cambien el disco del “soberanismo”, del “referéndum” y de la “independencia” que está tan rayado y deslucido como las banderas compradas en los chinos  que cuelgan de los mismos balcones desde hace siete años. Cansa, aburre, es machacón y termina hastiando a segmentos cada vez mayores de población.

LOS LILAS (PARDILLOS, TONTILLOS, GILILILAS) FRENTE A LA YIHAD

Para colmo, está el yihadismo. Vale la pena dedicar un par de párrafos al tema. En toda Europa la consigna es “cuando haya atentados, sobre todo, que no se extienda la islamofobia”. Eso está bien porque el paquistaní que me vende refrescos hasta las tantas es un tipo enrollado, con el marroquí al que le compro frutas los viernes con el que he desarrollado una muy buena relación; y no hay que confundir justos con pecadores. Pero una cosa es eso y otra caer en la cursilería, el ridículo, la estupidez y hacer el lila: había que protestar contra el terrorismo yihadista, no contra los musulmanes, bien, pero lo que no podía hacerse después de que 16 cuerpos hubieran quedado fríos en las Ramblas y 140 personas más estuvieran heridas, era una manifestación contra la islamofobia y por la independencia… ignorando que no hubo precisamente aciertos por parte de la Conselleria de Interior y permaneciendo mudos ante el islamismo yihadista. Y sin olvidar el peripatético espectáculo del padre de una víctima infantil abrazando a un imán (¿era verdaderamente el padre de la víctima? ¿estaba en sus cabales o todavía bajo el impacto de la pérdida? ¿lo hizo de motu proprio o inducido por alguien? ¿había hablado antes con el imán y le había preguntado su opinión sobre la yihad? ¿el imán, era imán verdaderamente? Vivimos en una sociedad del espectáculo y el gesto del padre (o el que interpretaba el rol de padre) enroscado al imán (o al que había de imán) formó parte del espectáculo más lila y tontorrón que ha podido verse en toda la historia del terrorismo internacional (salvo, claro está cuando aquel socialista “perdonó” a los etarras que le habían arrancado una pierna de un bombazo en lugar de exigir que esos matarifes sedientos de sangre fueran encerrados ipso facto)… y que, junto a la manifestación, sirvió para demostrar que Cataluña tenía la mandíbula blanda ante el yihadismo.

Afortunadamente, los yihadistas se afilian al ISIS por Internet como quien se hace de un club de vinos, carecen de dirección estratégica y carecen de un centro que elabore estrategias y emita órdenes de atentar… Si lo hubiera, Cataluña sería el principal objetivo yihadista en el mundo: autoridades blandurrías centradas en lo suyo (“el referéndum”), nexo con el Estado reducido a unos párrafos de la constitución, policía autonómica con poca experiencia, una Generalitat que compra la paz étnico–religiosa mediante subsidios, subvenciones, prebendas y gabelas a la comunidad islámica (pensando que su apoyo será decisivo para desequilibrar a su favor el empate técnico independentismo–españolismo), una sociedad que no termina de entender lo que ocurre y con tendencias esquizoides (“no tenemos miedo”… cuando Barcelona estaba literalmente escagarrinada por el atentado con un bajón posterior del turismo se percibe en las calles). Afortunadamente no hay un “centro estratégico yihadista” capaz de evaluar la situación y bastante tienen los del ISIS con estar refugiados en las cloacas de Raqqa soportando los bombardeos de la aviación rusa (¡Hurra por los pilotos de los Mig! ¡Apunta a la barba, Iván!) y los cañonazos del ejército Sirio (¡Tres Hurras por el presidente El Assad y por el basismo sirio, honor y gloria del mundo panarabista!), para preocuparse de la yihad en la tierra Pelomocho y la Colgau.

EL ISLAM Y EL INDEPENDENTISMO

Siempre hemos dicho: “Cataluña no puede ser independiente en 2017 porque se la comen los islamistas”. Y hemos añadido: “Cataluña no pudo ser independiente en 1909 porque se la comía el proletariado”. En 1909 el ejército español salvó los papeles a la alta burguesía catalana propulsora del nacionalismo. El 2017 el independentismo ya no lo dirige la alta burguesía, sino sectores sociales muy diferentes (borrokas, marginados y ocupas de la CUP, honestas gentes de zonas rurales de ERC, clases funcionariales dependientes de la Generalitat…). A diferencia de la alta burguesía catalana que después de 1909 entendió cuál era el problema (que el proletariado “español” no iba a apoyar los devaneos nacionalistas de la nueva burguesía industrial que, por lo demás, actuó en consecuencia habilitando pistoleros y “sindicatos libres”…

Los soberanistas de hoy creen, con una pasmosa ingenuidad rayana en lo suicida, que el millón y medio de musulmanes “catalanes” se van a integrar con la misma facilidad con que lo hicieron en los 50–70 los inmigrantes llegados de otras partes del Estado. De hecho, creen que subsidiándolos hacen como Pujol con Justo Molinero, convirtiéndoles en “bons nous catalans”. No sé que me repele más del independentismo, si su cobardía congénita, su estupidez demostrada en el análisis de la presencia del islam en Cataluña o su ignorancia  (la integración que no ha funcionado en ningún país europeo por democrático que fuera… no va a funcionar en Cataluña–española ni en pastelazo de República Catalana).

EL TIEMPO DEL EXILIO INTERIOR YA ESTÁ AQUÍ

Pelomocho y sus mariachis han completado la tarea de Mas: partir a Cataluña en dos. En tres, si tenemos en cuenta que buena parte de la población no se identifica ni con el independentismo, ni con el patriotismo constitucional. En cuatro si tenemos en cuenta a la comunidad islámica. Cataluña no es una nación, es un ente territorial cada vez más atomizado. Y esa es la triste realidad a la que la han abocado unos y otros. No pasará gran cosa el 1–O. Y eso es lo peor que la fiesta corre el riesgo de proseguir ad infinitum. E incluso aunque hubiera el malhadado referéndum con las garantías democráticas mínimas, lo presumible es que no saliera adelante el proyecto independentista… pero eso no indicaría que aquí terminaba la historia, sino que los independentistas insistirían en un nuevo referéndum de aquí a unos años y así sucesivamente hasta que ocurriera como en Quebec que la población ha terminado por hartarse del nacionalismo (en un país que apenas tiene 150 años y en el que antes dos comunidades de lenguas de distintas raíz, estuvieron enzarzados en guerras) y darle la espalda.

Cataluña languidece, Cataluña preocupa, Cataluña va a la deriva y el independentismo se victimiza… y esto que ocurre hoy, no parará, seguirá por tiempo indefinido. Así que iros habituando. No os recomiendo ni que os exaltéis (el “procés” es una tormenta en el vaso de agua sucia del 3%), ni os desesperéis. La causa no vale la pena. Preocuparos más bien de que todo un país y si me apuráis, todo un continente que va a la deriva y cuya sociedad no reacciona aunque maten a 16 de los suyos y envíen al hospital a otros 140.

Es el tiempo de la carcajada ante las soplapolleces de unos y la mediocridades de otros. Es el tiempo del exilio interior. No busquéis soluciones porque el problema no lo tiene: ni el 1-O, ni en las décadas que seguirán. Exilio interior y gran negación: tales serían las consignas. Exilio interior porque "fuera" no hay nada que ganar, ni causa por la que luchar.

Gran Negación porque ya no existen propuestas que se puedan asumir sin reservas mentales, y lo único que puede decirse es un inmenso, gigantesco y absoluto NO. “Patriotismo constitucional”, “República catalana” ¡Vale ya de pamplinas! ¡Hay que decir bien alto que todo esto no va ni contigo ni conmigo! Va con los que tienen algo que ganar y que luchan por administrar la caja… No es política, es lucha entre contables con visera y manguito. No el PATRIA, es defensa de intereses de unos o de otros amparados unos por el “patriotismo constitucional” y los otros por el “derecho a decidir”.

NO PUEDO OLVIDAR...

NO PUEDO OLVIDAR...

Hay líneas que uno no desearía jamás haber escrito y que maldice la hora en que ocurrió el suceso que le obliga a escribirlos. No voy a negar que estas líneas son el producto del hartazgo ante una sociedad que sigue sin reaccionar ante los golpes que recibe, y que cree que poniendo velitas, apaludiendo a no se sabe qué en los momentos de duelo (el aplauso denota alegría y no dolor), los terroristas van a ser vencidos sin más. Del yihadismo uno se lo puede esperar todo. De la debilidad de una sociedad a la que sólo le falta presentar la otra mejilla para que la golpeen, cualquier actitud es posible... menos la correcta: denunciar con el dedo y con la razón a los asesinos, pero también las situaciones que han facilitado el crimen y a los culpables de los procesos de debiloitamiento de la sociedad. Sin ánimo de ser exhaustivo, hay una serie de cosas que no puedo olvidar y que os resumiré por si coincido con alguno de vosotros. Es casi un credo personal, pero es posible que coincida con el vuestro. Si es así cortad y pegad, no hace falta que mencionéis fuente:


NO PUEDO OLVIDAR QUE FUE GRACIAS A PUJOL QUE SE ABRIÓ LAS PUERTAS DE LA INMIGRACIÓN MARROQUÍ A CATALUÑA.

NO PUEDO OLVIDAR QUE EL ATENTADO DE BARCELONA ERA TAN PREVISIBLE COMO QUE EL DÍA SUCEDE A LA NOCHE... Y SIN EMBARGO UNA FURGONA RECORRIÓ 600 METROS SIN QUE NADIE LE ENDIÑARA UN TIRO AL CONDUCTOR.

NO PUEDO OLVIDAR QUE DESDE HACE 15 AÑOS LA GENERALITAT ESTÁ PARALIZADA ENTRE EL "NOU ESTATUT" Y EL "PROCÉS" Y SE HA OLVIDADO DE LOS RIESGOS MUCHO MAS REALES QUE CRECEN EN SU TERRITORIO.

NO PUEDO OLVIDAR LOS SUBSIDIOS Y LAS SUBVENCIONES ENTREGADAS POR AYUNTAMIENTOS Y GENERALITAT, PARA MEZQUITAS, INSTITUCIONES ISLÁMICAS, SIN PREOCUPARSE DE LO QUE SE ENSEÑABA EN ESOS CENTROS.

NO PUEDO OLVIDAR QUE PARA LA GENERALITAT DESDE HACE SIETE AÑOS, LA PRIORIDAD ES LA INDEPENDENCIA Y CUALQUIER COSA QUE NO ENTRE EN ESE PLAN ES COMPLETAMENTE SECUNDARIO (como demuestra el hecho de que incluso en el funeral de las víctimas hayan llegado a hacer publicidad del referéndum demostrando su catadura moral)

NO PUEDO OLVIDAR QUE CADA NIVEL ADMINISTRATIVO (AYUNTAMIENTO, EUROPA, ESTADO, GENERALITAT, CONSEJOS COMARCALES) EVITAN ASUMIR RESPONSABILIDADES EN MATERIAS CRUCIALES, PERO ESTÁN AHÍ EN EL REPARTO DE PRESUPUESTOS: nosotros ponemos el dinero y los muertos, ellos los titulares y la cuenta en paraísos fiscales.

NO PUEDO OLVIDAR QUE EL PROCESO INDEPENDENTISTA SOLAMENTE PODRÍA PROGRESAR DE CONTAR CON EL APOYO ACTIVO DE LA INMIGRACIÓN Y QUE UNA VEZ INDEPENDIENTE, EN CATALUÑA QUIEN DICTARÍA SUS REGLAS SERÍA LA COMUNIDAD ISLÁMICA.

NO PUEDO OLVIDAR QUE CATALUÑA ES EL ESLABÓN MÁS DÉBIL DE EUROPA, AL SER EL MAS DESCONECTADO CON UN ESTADO REALMENTE EXISTENTE.

NO PUEDO OLVIDAR QUE NINGÚN ESCALÓN ADMINISTRATIVO ES COMPLETAMENTE INOCENTE Y LIBRE DE TODA RESPONSABILIDAD.

NO PUEDO OLVIDAR QUE ESTE ATENTADO NO FUE UN VIDEOJUEGO NI UNA NOTICIA QUE SUSCITA FERVORES SOLIDARIOS (estilo "Yo soy BCN"), FUE UN CRIMEN COMETIDO A 50 METROS DE DONDE TRABAJA MI HIJA Y DONDE PASEAN MILES DE INOCENTES COMO ELLA.

NO PUEDO OLVIDAR QUE LAS AUTORIDADES (Rey: "no tenemos miedo". si que hay miedo en BCN, Colau/Pichareli: "Nadie nos indicó poner bolardos". Si os lo indicaron. Pelomocho: "nada cambiará el 1-O". Si cambiará porque estáis utilizando los muertos para hacer propaganda) TODAS LAS AUTORIDADES, NO HAN ESTADO A LA ALTURA.

NO PUEDO OLVIDAR QUE LAS NECESIDADES DE NO DIFUNDIR ISLAMOFOBIA ESTÁN REÑIDAS CON LA REALIDAD DE LOS HECHOS: "No todos los islamistas son yihadistas, pero todos los yihadistas son islamistas", "No todos los imanes predican el terror, pero sí que algunos imanes predican el terror", "No todo el Corán es un manual terrorista, pero si que algunos versículos del Corán llaman al exterminio de enemigos del islam"...

NO PUEDO OLVIDAR QUE EL PERFIL DE LOS TERRORISTAS NO ES EL DE CONOCEDORES DE LA DOCTRINA ISLAMICA, SINO EL DE DELINCUENTES COMUNES DE POCAS LUCES HARTOS DE UNA VIDA OSCURA Y QUE QUIEREN CAMBIARLA POR EL MITO DEL PARAISO SENSUALISTA DE ALÁ

NO PUEDO OLVIDAR QUE MIENTRAS EN TODAS LAS MEZQUITAS NO SE ENSEÑE QUE ESO DEL PARAISO DE ALA ES UN SÍMBOLO, O UN SIMPLE RECLAMO PUBLICITARIO A EFECTOS DE DIFUSIÓN DE UNA RELIGIÓN DEL DESIERTO, SEGUIRÁN HABIENDO MOROS POCO COMPETITIVOS QUE OPTARÁN POR LA VÍA FÁCIL HACIA EL PARAISO...

NO PUEDO OLVIDAR QUE NUESTRA SOCIEDAD NO ES LO SUFICIENTEMENTE FUERTE, NI DURA PARA SOPORTAR ATENTADOS DE ESTE TIPO, SIN DESMORONARSE Y SIN PENSAR QUE TODA CONCESIÓN REALIZADA VA A ALIMENTAR MÁS Y MÁS TERRORISMO YIHADISTA.

NO PUEDO OLVIDAR QUE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA TIENE LAS ADMINISTRACIONES QUE HA ELEGIDO, ESTO ES QUE SE MERECE... Y CREO, EN DEFINITIVA, QUE NO HAY NADA QUE HACER, SALVO RECLUIRSE EN EL EXILIO INTERIOR O IRSE DE UN PAÍS QUE TIEMBLA CADA VEZ QUE OYE HABLAR DE ISLAM Y QUE NI SIQUIERA ES CAPAZ DE RECONOCERLO.

CREO, FINALMENTE, QUE ESA ES LA SITUACIÓN EN TODA EUROPA, PERO QUE EN ESPAÑA LA MORAL DE RESISTENCIA ES TODAVÍA MENOR QUE EN CUALQUIER OTRO LUGAR DE EUROPA Y EN CATALUÑA AUN MENOR QUE EN EL RESTO DEL ESTADO.

LA GUERRA ETNO–RELIGIOSA

LA GUERRA ETNO–RELIGIOSA

El 17 de agosto de 2017 no lo recordaré por ser el 40º aniversario de mi matrimonio, ni siguiera porque fuera el 72º aniversario de la publicación de Rebelión en la Granja de George Orwell, sino porque fue el día en que empezó en España la guerra civil etno–religiosa en mi patria. El 17 de agosto lo recordaré mientras viva porque en esas Ramblas en las que habré paseado en miles de ocasiones y a las que he dedicado decenas de folios y algún libro, fueron asesinadas 13 personas y otras 100 resultaron heridas. Aquel kilómetro de Ciudad Condal en la que hasta no hace mucho uno podía ver auténticas librerías al aire libre (kioscos hoy convertidos en tiendas de gadgets para turistas), comprar animales de compañía (la Rahola prohibió que se vendieran), floristerías (hoy a título residual entre manteros y más y más y muchos más puestos de gadgets para turistas), lo vimos en fotos de nunca hubiéramos querido ver convertido en un sembrado de cadáveres.

UN ATENTADO “CANTADO”

Todo lo que ocurrió ayer pudo haberse evitado. Estaba cantado que en Barcelona, de un momento a otro, iba a producirse un atentado yihadista y que sería en el centro. Un mes antes lo había pronosticado en la conferencia sobre ¿Qué es el yihadismo? Que di en la sede de E2000 en Valencia. “Será pronto y será en Barcelona”. ¿Qué porqué pude ejercer de Casandra con tanta precisión? Es simple:

1) Por que en Cataluña se encuentra la mayor acumulación de islamistas radicales de todo el Estado.

2) Porque en Cataluña hay un millón de islamistas y entre 600 y 800 entre mezquitas y “puntos de oración”.

3) Porque Cataluña es la zona más indefensa de España donde ni hay ejército, ni hay fuerza armada capaz de afrontar una ofensiva terrorista en regla.

4) Porque Cataluña es el eslabón más débil de toda Europa a causa del “proceso soberanista” y de la incapacidad de la Generalitat para entender el problema yihadista.

Por todo eso, el contagio yihadista en España debería pasar por Cataluña. Y, finalmente, porque eso que se llama “Autonomía Catalana” es un “centro” (Barcelona) y una periferia multiforme (el resto de Cataluña). Si iban a golpear, iban a hacerlo en la capital (Barcelona) o en zonas con un altísimo porcentaje islamista (costa de Tarragona).

UN ATENTADO QUE PODÍA HABERSE PREVISTO

Digo que “podía haberse evitado”. Y también por varios motivos, algunos próximos y otros lejanos:

1) Podía haberse evitado si la inmigración que llegó a España desde 1996 hubiera sido controlada y ordenada (en cambio fue salvaje, caótica y desordenada,

2) Podía haberse evitado si en esa misma fecha Jordi Pujol no hubiera orientado hacia Cataluña un flujo masivo de inmigración magrebí, evitando al máximo la llegada de hispano–parlantes iberoamericanos.

3) Podía haberse evitado si desde la época de los tripartitos hubiera quedado algo en Cataluña de principio de autoridad, pero la única obsesión era, primero “el nou estatut”, luego “el procés”, más tarde el “referéndum” del 9–N y, finalmente, el 1–O.

4) Podía haberse evitado si las autoridades de la Generalitat no hubieran aludido constantemente a una ficción inexistente: “el islam catalá” que creían que podía desequilibrar a su favor el “proceso soberanista” aportando un millón de votos de la inmigración. El Islam es universal y la lengua sagrada no es el catalán sino el árabe en el que fue escrito el Corán. Olvidarlo constituye el “error fatal” de la Generalitat que solo ha cosechado la sonrisa falsa de las instituciones musulmanas beneficiarias de los subsidios y subvenciones.

5) Podía haberse evitado si desde 2002 hasta 2010, las autoridades de interior no hubieran sido tan optimistas en la desarticulación de grupos islamistas que hasta entonces no se había propuesto seriamente atentar, sino que enviaban ayuda a yihadistas de Palestina, Iraq o Afganistán. El “nuevo yihadismo” es otra cosa (y remitimos a nuestra obra Conocer el Yihadismo para entenderlo) y los medios convencionales, o el “amigo americano”, no están en condiciones de aportar información de inteligencia sobre las células yihadistas por la naturaleza compulsiva misma de esta forma de terrorismo.

De estas cinco razones, solamente la última resulta algo difusa: en efecto, no puede evitarse que cuatro locos ansiosos por conocer las mieles del paraíso de Alá, preparen, sin contacto con nadie, un atentado criminal… Pero las otras cinco razones están ahí para quien quiera entenderlas. Y, claro, si el ayuntamiento de BCN o la consejería de interior hubieran colocado los bolardos, tal como recomendó en su momento el Ministerio del Interior, se hubiera impedido, al menos, que la furgoneta asesina hubiera realizado su macabro recorrido zigzagueante de ¡¡¡600 metros!!!

¿QUÉ SUCEDIÓ EL 17 DE AGOSTO?

Sea como fuere en pocas horas se han sucedido momentos de gran tensión en Cataluña:

1) La explosión de Alcanar (última población catalana en la misma “frontera” con el Reino de Valencia). Una explosión en la noche del jueves, a las 23:17 causó un muerto y siete heridos. Allí se encontraban una veintena de personas manipulando bombonas de butano y propano. Era evidente que estaban tratando de fabricar una bomba y que algo falló.

2) El atropello masivo de las Ramblas que ha causado 13 muertos y un centenar de heridos realizado por una furgoneta que pudo recorrer inexplicablemente 600 metros del paseo más vigilado de la Ciudad Condal desde la Plaza de Cataluña hasta el Liceo, una zona –aparentemente– vigilada por mozos de escuadra armados y que tiene a 50 metros una comisaría de la Guardia Urbana. Los asesinos ¡¡pudieron huir a pie!! a través de una, el Raval, en el que la tasa de población islamista está próxima al 50%.

3) El extraño incidente ocurrido en la Diagonal en la que un coche se saltó un control, hirió a un agente y fue muerto, sin que hasta el momento haya logrado encontrarse una relación entre el episodio y el atentado.

4) La detención de dos individuos, de origen magrebí, al parecer vinculados con el alquiler de las dos furgonetas y con la explosión de Alcanar y presentados a última hora de la tarde como relacionados de alguna manera a los atentados.

5) Atentado a la 1:00 de la madrugada en Cambrils con furgoneta intentado arrollar, siendo abatidos cinco terroristas, según se ha dicho, que llevaban encima cinturones explosivos.

LAS CONSECUENCIAS DE LOS SUCESOS DEL 17 DE AGOSTO

Si esto es lo que ha ocurrido y los motivos por los que ha ocurrido, vale la pena ahora preguntarse por las consecuencias:

1) El terrorismo yihadista se ha instalado en España después de una década de cese del terrorismo etarra. A los matarifes nacionalistas les suceden los fanáticos religiosos propensos al asesinato low–cost. Porque este terrorismo está directamente unido –por mucho que se quiera ignorar o pasar de puntillas– a las creencias de la comunidad islámica sobre la “guerra santa” como pilar de su fe. El “nuevo yihadismo” ya está aquí y actuará justo en las zonas de mayor concentración de población islamista. Es inevitable. Combatirlo eficazmente implica necesariamente que cualquier islamista es sospechoso de poder derivar en algún momento de su vida hacia el yihadismo. Recomendamos para comprender esta problemática (“no todos los islamistas son yihadistas, pero sí que todos los yihadistas son islamistas”) la lectura de Conocer el yihadismo. Dudamos mucho que la Generalitat de Catalunya o el Estado Español (e incluso la Unión Europea) acepten este razonamiento tan simple y que cualquier conocedor mínimo de lo que es la inteligencia antiterrorista, no dudará. Cataluña, España, Europa necesitan los casi 50 millones de islamistas que el neoliberalismo ha traído al Viejo Continente para “ganar competitividad” y lograr que los niveles salariales se contraigan por la ley de la oferta y la demanda. Así que Europa deberá elegir entre reducir a menos de la mitad esta cifra o bien arriesgarse a una situación de inestabilidad terrorista permanente y pérdida de identidad cultural, que finalmente contribuirá a hundir más su economía y generar más problemas sociales.

2) El terrorismo yihadista ha hecho pasar a segundo plano, bruscamente, la tensión sobre el proceso independentista y va a ser difícil que recupere actualidad. Las negligencias (especialmente en el tema de los bolardos) van a salpicar a la consejería de interior y al ayuntamiento de Barcelona. No se puede olvidar lo dicho al principio: las legiones de magrebíes fueron traídas directa y deliberadamente por Jordi Pujol, quien destacó en Marruecos como “embajador” a uno de los personajes más nefastos de la política catalana: Angel Colom. A él y a Carod Rovira de deben las divagaciones ignorantes sobre la existencia del “islam catalán” y sus posibilidades de apoyar el “procés soberanista”. Sin olvidar que la eficacia de los mozos de escuadra no ha sido la que cabría esperar: y todavía falta saber cuántos estaban de guardia en las Ramblas cuando ocurrió el atentado y porqué no consiguieron detener a una furgoneta que fue arrasando implacablemente durante 600 metros. Así mismo, es evidente que el gobierno de Puigdemont ha sido tomado a contrapié por este atentado, cuando estaba completamente volcado sobre la que debería ser última parte del largo proceso independentista. A partir de ahora el problema que se le plantea es: ¿Cataluña es lo suficientemente fuerte como para afrontar una ofensiva yihadista como “Estado independiente”? La respuesta es, simplemente, no.

3) El turismo va a experimentar una merma: la inmensa mayoría de las víctimas y de los heridos parecen ser turistas y el atentado ha tenido un relieve excepcional en la prensa extranjera. Veremos si Barcelona se recupera del batacazo económico que va a suponer este atentado (y los que, inevitablemente, seguirán). Lo que esto significa para Barcelona es dramático porque la ciudad no tiene otra forma de subsistir en este momento más que el turismo: el sector inmobiliario se apoya en el turismo, el sector hostelero (que ha realizado últimamente inversiones multimillonarias comprando palacios del Ensanche para ofrecerlos como “apartamentos turísticos” en Internet) el único en el que invierte en Cataluña la alta burguesía regional, los cientos de miles de inmigrantes que viven en BCN dedicados a actividades relacionados con la hostelería y corren el riesgo de perder sus puestos de trabajo, aumentando las bolsas de descontento, ofrecen un panorama sombrío, especialmente, porque éste no ha sido un atentado “único y excepcional”, sino que, verosímilmente, va a ser el punto de partida para una guerra civil etno–religiosa en Cataluña, eslabón más débil de toda Europa y donde hay una mayor concentración de islamistas.

4) La Comunidad Islámica de España ha demostrado cuál es su posición: la ambigüedad. En el comunicado emitido puede leerse: Ante este hecho criminal, la Comisión Islámica de España reitera su pleno compromiso en la lucha CONTRA CUALQUIER TIPO DE TERRORISMO, y espera que los responsables de estos atentados puedan ser detenidos y llevados ante la justicia cuanto antes”, sin mencionar que se trata de un atentado yihadista y recurriendo a una calculaba ambigüedad. Cualquier diagnóstico sobre el nuevo terrorismo que no registre el hecho esencial de que sus protagonistas son islamistas de aluvión, con una visión muy general, primitiva y básica del islam, que creen que “inmolándose” renacerán en un entorno paradisíaco y sensualista, imposibilita para adoptar medidas coherentes y eficaces. Estas son: limitaciones a la predicación de ciertos temas propios del islam (la guerra santa), control sobre las mezquitas y sobre los imanes, consideración del islam como un conjunto de creencias diferentes a cualquier otra religión y, por tanto, con necesidad de un estatuto especial (nadie de ninguna religión, en ningún lugar del mundo mata por su fe), censura de algunos fragmentos del Corán, obligatoriedad de enseñar en las mezquitas y escuelas coránicas que lo dicho sobre la “guerra santa” es “simbólico” y que el yihadista muerto no recibirá “siete palacios de jade cada uno con siete harenes de setenta y siete huríes y vivirá en estado de erección permanente con treinta y tres años eternamente”…

LA HORA DE LAS CONCLUSIONES

 

1) En 1909 tuvo lugar en Cataluña la llamada “semana trágica”: hoy se repiten las mismas consecuencias. Estalló en un momento en el que el nacionalismo aspiraba a un programa de máximos. Sin embargo, aquellos incidentes demostraron a la alta burguesía catalana que la clase obrera instalada en la periferia de Barcelona y en las cuencas industriales podía poner en peligro su proyecto. Y lo que era todavía peor, que debían recurrir al ejército español para poder salvaguardar sus intereses de clase. Dieron marcha atrás. Algo más de cien años se repite la misma situación: ya no hay clase obrera y no hay sindicatos dignos de tal nombre, pero hay casi dos millones de inmigrantes instalados en Cataluña que, al menos en lo que a islamistas se refiere, no están dispuestos a integrarse sino es bajo sus condiciones. Siempre hemos dicho que la independencia de Cataluña es imposible por muchos motivos, pero uno de ellos –sin duda el más importante después del rechazo de la UE a estas aventuras– es que una Cataluña independiente, con una tasa de natalidad bajo mínimos, tendría en el islamismo inintegrable a su sector más activo y combativo, dispuesto a hacer triunfar sus principios, y a integrar antes al “nou Estat” en la Liga Árabe que en la Unión Europea. Porque, y esto es lo que la Generalitat se niega a admitir: el islamismo es inintegrable como se ha demostrado ampliamente en toda Europa.

2) Los Mozos de escuadra son una encomiable fuerza policial… pero quienes los integran tienen mentalidad funcionarial, no policial. Para coger un arma y disparar contra un delincuente o un terrorista hace falta estar hecho de una pasta que no se amasa, ni fermenta, ni madura en la escuela de policía catalana (el Institut de Seguretat Pública de Catalunya). A partir del último relevo en la institución, se ha acentuado el control político sobre este cuerpo… lo que no es la mejor garantía para su eficacia. Sin olvidar que durante el tiempo del tripartito, la institución estuvo bajo el control de Joan Saura (ICV) más preocupado porque los Mossos “respetaran los derechos humanos” en las comisarías, que por su eficacia policial.

3) A esto se une otro problema: en Cataluña “la autoridad” es algo que ya ni sabe lo que es. A fuerza de desafiar la Generalitat al Estado con el tema independentista, cada ciudadano entiende que puede hacer lo que le dé la gana a despecho de cualquier ley. No es por casualidad que Cataluña entera esté cubierta de manteros en los últimos veinte años, por mucho que esta actividad lesione a lo queda de pequeño comercio. No es por casualidad que los narcopisos hayan terminado de ahogar cualquier intento de dignificar el Raval. No es por casualidad que en torno a las Ramblas haya 200 “clubs de cannabis”. No es por casualidad que Barcelona sea el centro de los okupas europeos. No es por casualidad que banbadas de turistas borrachos hagan su ley en las zonas costeras y no solo en la Barceloneta. No es por casualidad que la primera tarea de las policías locales y de los mismos mozos de escuadra sea poner multas de tráfico. Y así sucesivamente.

4) No es que en el resto de España vayan mejor las cosas, es que en Cataluña es, de todo el Estado, en donde la sociedad está más descoyuntada, más atomizada, el poder político es más difuso (el PP en el Estado, la Generalitat en manos de nacionalistas, el ayuntamiento en manos de ineptos seudopodemitas, sin olvidar, claro está, los “consejos comarcales” y, menos mal, que nadie se acuerda de las “veguerías” a las que incluso ERC parece haber renunciado…). Quizás como resaca del franquismo, el caso es que desde hace décadas cualquier referencia a la “autoridad” y a su ejercicio goza de mala prensa en Cataluña en donde se ha instalado el “hago lo que me da la gana”.

5) La LOGSE, para colmo, ha terminado de liquidar la posibilidad de que las nuevas generaciones tuvieran capacidad crítica, formación cultural, preparación. Sí, la LOGSE no es una originalidad catalana, sino el concurso de la ineptitud socialista para confeccionar leyes de educación y la pasividad del PP en la materia. Y, además, en Cataluña a la malhadada LOGSE se unen las originalidades nacionalistas que se enseñan en las escuelas, hijas sin excepción de una interpretación nacionalista de la historia que genera entre carcajadas y tristeza al escucharse sus “hitos”.

6) Cataluña no tiene remedio en una España que no va mejor. De hecho, si hoy Cataluña sigue siendo España es precisamente por esa comunidad de desgracias, de limitaciones y de adversidades. Los atentados del 17 de agosto e incluso el hecho de que todo empezara en Alcanar, en la frontera entre Cataluña y Valencia y no muy lejos de Aragón, es casi simbólico. Los terroristas igual podían hacer recorrido los 150 que les separaban de Valencia que los 150 que les separaban de Barcelona. Si optaron por ir hacia el norte es, simplemente, porque ahí hay más islamistas y es donde su acción podía tener más impacto. Y Cataluña no tiene ya ni vitalidad, ni sus autoridades prestigio ni fuerza moral, para afrontar este terrorismo como merece.

¿La conclusión? La que no hubiera querido nunca: “Preparaos para lo que se avecina. Esto no ha hecho más que comenzar? ¿El independentismo? No, colegas, la hora en la que se creaban naciones como churros ya ha pasado; el verdadero problema es el yihadismo”

 

ODIO SER PROFETA

ODIO SER PROFETA

CORTO Y PEGO UN FRAGMENTO DE "CONOCER EL YIHADISMO" publicado hace dos meses: (http://eminves.blogspot.com.es/2017/07/conocer-el-yihadismo-de-ryan-ymas.html) DECIDME SI EL ATENTADO SE PODÍA O NO PREVER?

¿Puede haber yihadismo en España?

Hasta ahora, afortunadamente, no se ha manifestado el terrorismo islámico en nuestro país. Es lógico: las comunidades islámicas, hasta ahora son minoritarias. En esos casos, el propio Corán recomienda la estrategia del enmascaramiento, la mano tendida y la moderación. Es la que cualquier otro estratega militar recomendaría: primero ampliar la base social, mejorar sus posiciones, crear infraestructuras y redes mientras se permanezca en una situación que, desde el punto de vista militar corresponde a una “defensiva estratégica”.

Pero, no debemos olvidar que en algunas zonas de nuestro país se han formado auténticos guetos en los que la inmigración islamista es ya mayoritaria. Esta situación es particularmente visible en Catalunya y en zonas de Andalucía y Levante y apenas visible en Madrid, donde la inmigración procedente de países islámicos es minoritaria. En esas zonas en cualquier momento podrían crear “redes organizadas” de carácter yihadista… siempre y cuando existiera una organización que las impulsara. De momento, siendo realistas, cabe decir que este tipo de organización no existe, ni siquiera de manera rudimentaria.
Catalunya es hoy la tierra de promisión del Islam venido del Magreb, Pakistán y África. Sin duda no es por casualidad que buena parte de las redadas contra presuntos terroristas islámicos hayan tenido lugar en aquella autonomía. Además, Catalunya acumula riesgos: está gobernada por una clase política que desde hace tres lustros no concibe ningún otro proyecto fuera de la independencia, para lo cual necesitan el apoyo (o, como ínimo, la neutralidad) de la comunidad islámica. Durante años, además, el área de interior ha estado en manos de personajes que lo ignoraban todo o casi todo sobre su departamento (Joan Saura que ocupó el cargo entre 2006 y 2010, fue, seguramente, la persona menos capacitada para la tarea); y, para colmo, no existen unidades militares operativas en toda la autonomía capaces de responder a una eventual insurrección islámica. Los acuerdos autonómicos han hecho que la Guardia Civil desapareciera de Catalunya y que el orden público quedara en manos de una policía autonómica, sin experiencia en esta materia. Si en algún lugar de España pueden producirse conatos de terrorismo islámico, Catalunya es la más vulnerable de todo el Estado: con una comunidad islámica amplísima, con un alta tasa de paro, muy mal gobernada (en materia de orden público y seguridad ciudadana, incluso desgobernada) y sin capacidad de reacción.
En zonas de Levante y Andalucía, la acumulación de inmigración islámica es, inferior, pero sigue siendo notable. Aun así, ni siquiera en Catalunya existe una densidad suficiente de población islámica como para que pudieran desatarse hoy procesos yihadistas clásicos propiamente dichos (a través de la cristalización de organizaciones yihadistas). Ahora bien, lo más terrible del yihadismo que ha aparecido en Europa a partir de 2015 es que no hace falta disponer de redes organizadas para cometer atentados “low-cost”. Basta tener voluntad para hacerlo. El cálculo de posibilidades nos dice que cuanto mayor sea la densidad de población musulmana, más posibilidades existen de que se comentan atentados yihadistas. Francia, Inglaterra, Alemania, Bélgica, han sido objeto de atentados yihadistas simplemente porque albergan a las comunidades musulmanas más amplias. Luego, por cierto, viene España...

El problema turístico 2017

El problema turístico 2017

INTRODUCCIÓN

La reciente campaña de tono menor protagonizada por los más jóvenes de la CUP contra el turismo ha generado posiciones encontradas. Para unos, si las protagonizan los de la CUP, hay que estar en contra “por principio”. A fin de cuentas, la CUP representa una especie de radicalismo independentista, neo–borroka, ideológicamente endeble, contradictorio y sin muchas luces. Si han errado en tantas cosas, probablemente esta sea una más, como cuando aquella de la CUP defendió a la “tribu” y el otro concejal tuiteó que a Ernest Lluch se merecía que lo asesinaran. De hecho, los de la CUP no son precisamente “intelectuales” lúcidos, ni sus análisis se caracterizan por su rigor y precisión. Son espontáneos en esto de la política y en un tiempo de desvaloración de la clase política, el último subproducto que es capaz de generar las dinámicas democráticas y que siempre encuentran sintonía con una fracción del electorado. Siempre habrá gente como ellos, producto de un sistema educativo quebrado q1ue no dan más de sí. Lo semejante se reconoce en lo semejante. Por eso existe la CUP y por eso existen animalistas, partidos rarillos: porque hay gente para todo. Pero, francamente, estar a favor del turismo, justo porque la CUP está en contra, me parece casi tan desaprensivo e intelectualmente inane que la postura de este grupo.

Seguramente por chiripa y como producto de las calores veraniegas, a falta de una actividad más convencional, la CUP –y más que la CUP, uno de sus grupos, Arran– han optado por una campaña antiturística. Hasta un reloj averiado, acierta dos veces al día la hora. Esto nos induce a realizar una reflexión sobre el turismo y lo que significa.

“VIAJAR” Y “HACER TURISMO”

El turismo es un cáncer. Y lo dice un viajero que ha recorrido buena parte del mundo ¿haciendo turismo? En absoluto: turista es aquel que realiza un “tour”, un recorrido, habitualmente recomendado o contratado por un “tour–operador”. El “turista” es un producto de la sociedad de masas. Alejandro Magno, recorriendo Asia, o Colón camino de las Indias, no podrían ser considerados como turistas, ni yo lo soy cuando evito destinos masificados, de moda o simplemente promocionados a buen precio. Viajar es una cosa: supone conocer el mundo, visitar, observar y aprender cómo son y lo que se cuece en otros países. No es llegar a un puerto, desembarcar, estar cuatro o cinco horas, reembarcar y así durante diez días, tal como se hace en los cruceros de pulserilla tan en boga en nuestro días (los hay de 5.000  pasajeros, se ha botado uno de 7.000 y se han diseñado para dentro de unos años, otros de 10.000… si esto no es un hormiguero flotante, se le parece). Viajar es estar y observar, no es llegar en avión, irse directo al hotel, rebozarse con protector solar, irse a la playa, comer, dormir y en las noches discotequeo ruin hasta cinco minutos antes del coma o el infarto. El turismo es una actividad esencialmente masificada que sigue flujos concretos determinados por la industria. Viajar es algo incompatible con la masificación. Lamentablemente, viajar es algo que cada vez se puede realizar menos, especialmente si uno está sometido a un trabajo fijo y a unos ciclos de vacaciones veraniegas establecidos e inapelables. Afortunadamente, para viajar tampoco hace falta irse tan lejos: cerca nuestro existen lugares desconocidos de belleza insólita y serenidad sin límites.

TURISMO = MASIFICACIÓN

En principio estoy contra el turismo porque se trata de una actividad masificada. Huyo de la masa como huyo de la peste. Recomiendo ir a la playa a primera hora (yo lo hago todos los días) de 9 a 10, prácticamente no hay nadie. Nunca se me ocurriría ir en horas de mayor masificación que, por cierto, coinciden con la mayor radiación solar y con su mayor peligrosidad. Y luego, es posible volver a partir de las 19:00 horas, cuando el sol se oculta y es en los momentos en los que la brisa marina refresca. Las playas a esas horas suelen despoblarse. Tomad nota. Por otra parte, nada tan inútil como “tomar el sol”: el sol no se “toma”, te da o no te da. Y te puede dar caminando y haciendo ejercicio. Nada tan pasivo como tenderse sobre la arena, vuelta y vuelta, sin hacer absolutamente nada durante horas. La playa es para hacer un ejercicio imprescindible: natación, nadar en el mar no es nadar en una piscina clorada, os lo aseguro. Además de ser un ejerció menos brutal que levantar pesos o machacarse a base de footing, se absorben iones de agua marina ricos en minerales y se cultiva resistencia, esfuerzo y dureza. ¿Vais a la playa? Nadad, malditos, nadad. Porque si solamente vais a “tomar el sol”, cabría decir que en la azotea de vuestra casa o en un parque público delante del trabajo podéis hacerlo, no se requiere ir a un paraíso turístico masificado para practicarlo.

El turismo, como digo, no es más que un fenómeno de masas en el que el individuo, tan anónimo como el grano de arena de la playa, trata de imitarlo: si no se ve rodeado de miles como él que hacen lo mismo que él, se siente desgraciado e incómodo. El turista es siempre un individuo (no una persona: la persona tiene rostro, el individuo es anónimo) en manos de otros que diseñan su ocio, como se troquelan piezas o se produce en serie. Si uno rechaza la modernidad y todo lo que implica, rechazará necesariamente “hacer el turista”. Además, si gusta viajar, todavía existen momentos, tiempos y destinos para hacerlo: no es preciso pasar bajo las horcas caudinas de los “tour–operadores”.

EL TURISMO EN LA ECONOMÍA

Tal sería la primera cuestión: no me gusta el turismo, porque no me gusta lo impersonal, anónimo, sin rostro, ni la actitud de quienes renuncian a ser ellos mismos y ponen su odio en manos de terceros. Que el diablo y las estadísticas se los lleven, que diría Nietzsche. Ahora bien: el turismo –se dice– es un negocio, una industria de la que dependen millones de puestos de trabajo. Es, por tanto irrenunciable. Veamos esta línea de argumentación.

El turismo empezó a ser negocio durante el franquismo. A partir de 1960, un año después de la nueva ley de inversión extranjera en España, se dio el pistoletazo de salida para que el turismo, que hasta ese momento había ido llegando con cuentagotas, pasara al modo riada. Debió ser en 1962 cuando se recibió al “turista un millón”. Ahora ya ni se cuentan, pero vamos por los 75-80 millones anuales y a un ritmo de crecimiento del 5% hasta 2050. Es decir, que en torno a mediados de siglo vendrán a España 150 millones de turistas extranjeros. Así pues, si usted quiere dedicarse a una actividad lucrativa, dedíquese al turismo. ¿Para qué va a cursar su hijo o usted una ingeniería industrial, para qué una carrera tecnológica de alto valor añadido o una humanística de valor cultural: entrénele y entrénese para servir copas, hacer camas, limpiar habitaciones y pinchar discos. Enséñele las cuatro reglas de media docena de idiomas y lo tendrá preparado para dar la bienvenida a gentes de no importa qué origen.

Algún tontopollas (expresión granaína extraordinariamente elocuente) rechaza el turismo “porque es franquista”. Quien lo hace, seguramente es más superficial que el sentido del humor de Freddy Kruger. En el fondo, el turismo sí fue, originariamente, “franquista” (tanto como la sopa de ajo o el vino en tetrabrick), pero los tecnócratas del franquismo eran lo suficientemente inteligentes como para saber que se trataba de un negocio de muy bajo valor añadido y que solamente podía coexistir con otros sectores que rentaban mucho más beneficios con menos esfuerzos: por eso se construyó una petroquímica en Tarragona, por eso había altos hornos y astilleros en las costas, por eso el Instituto Nacional de Industria hizo lo que correspondía a su nombre (industrializar el país), por eso se abordó el Plan Badajoz o las políticas de concentración parcelaria y, por eso, finalmente, Franco, inauguraba pantanos con la misma frecuencia con la que hoy los presidentes de comunidades autónomas y alcaldes de las grandes ciudades inauguran orgullosos carriles bici. Para el franquismo, hay que recordarlo, el turismo era uno de los puntales de la economía nacional, pero no era ni el único, ni siquiera el más importante. Había otros.

Tal es la diferencia: hoy le quitas a la economía española el turismo y, simplemente, se derrumba. El paro ascendería bruscamente a los 8.000.000 y los ingresos del Estado descenderían un tercio. No hay otros sectores de sustitución, ni siquiera otros puntales de la economía (salvo, claro está, la especulación). El problema no fue del franquismo, sino de los que llegaron luego y muy especialmente de quienes negociaron el Tratado de Adhesión de España a la Comunidad Europea que nos situaron en la periferia de Europa, como “nación de servicios” y uno de ellos era el turismo. Ni siquiera hemos logrado ser –como aspiraba Aznar– el geriátrico de Europa. Los extranjeros jubilados que llegaron aquí en los 90 y en los primeros años del milenio, están abandonando el país y el flujo se ha interrumpido: demasiado caro, demasiado inseguro, demasiado sol, demasiado chorizo, demasiadas colas en la sanidad, demasiado pasotismo, demasiado colgado. Además hay otros horizontes más serios y fuertes: el Adriático, especialmente. Después de la reconversión industrial (es decir, tras el holocausto industrial) sólo nos ha quedado el turismo. Nada más que el turismo.

Pensemos en una ciudad como Barcelona: está completamente dedicada al turismo, no hay más industria que la turística, ni más inversión que en ese sector. La ciudad, que empezó a estar de moda cuando los Mundiales de Fútbol de 1982 y luego con las Olimpiadas celebradas diez años después, convirtiéndose al monocultivo turístico con el ayuntamiento nacionalista. Hoy, Barcelona sólo tiene ingresos por esa parte. Si, por una circunstancia dramática, el flujo turístico cesara bruscamente (y puede ocurrir: una epidemia, algún asesinato truculento de impacto internacional, atentados yihadistas, inestabilidad política y conflicto civil, todo ello verosímil), la Ciudad Condal luciría como Detroit: con la mala hierba creciendo en las calles y edificios comerciales abandonados.

Así pues, el segundo problema es que nuestra economía hoy depende del turismo y su columna vertebral es ese sector y no otro. Si hay que buscar un responsable ese es Felipe González, sin ninguna duda: fue él, a fin de cuentas, quien firmó el acta de adhesión a la Comunidad Europea. Establecida la responsabilidad vamos a otro tema: ¿quién diablos viene a éste país? ¿Hay un perfil mayoritario del turista?

TURISMO DE BAJO NIVEL

Basta mirar los ojos y ver: cada año el turismo tiene un nivel –cultural, social, educativo- más bajo. No puede extrañar: los tour operadores, a fin de atraer a más y más millones de turistas, se ven obligados a rebajar precios, hasta que llega un momento que, prácticamente está al alcance incluso de los que viven de la caridad pública. Y no digamos de los colgados. Hay que recordarlo: hay países que atraen turismo con la perspectiva de la sexualidad (Thailandia, Cuba, la República Dominicana), son verdaderos burdeles (y es triste que el mundo te vea como un burdel). No es el caso de España, desde luego, pero sí que una parte sustancial del turismo, especialmente el que viene a Barcelona, está atraído porque aquí se puede hacer lo que en el país de origen está prohibido o nadie se atrevería a hacer. Fumar porros, por ejemplo. En Francia no hay grow–shops, pero solamente en torno a las Ramblas barcelonesas hay 400 clubs de cannabis a precios más baratos que los holandeses… ¿Se entiende el por qué cada año hay más accidentes de tráfico, muertes por balconing, y este año un número espectacular y desmesurado de ahogados (¡casi 300 en lo que va de año!)? Se fuma demasiado porro, se consume demasiado alcohol y se realizan mezclas de alcohol, anfetas, porros, coca, sin que a nadie le preocupe absolutamente nada. Está banalizado. Algún pijo–guay dirá que el porro no es peligroso y que el tabaco lo es más… sí, claro, pero el tabaco no induce a la somnolencia, ni genera psicodelia, en cambio un canuto bien ligado sí. ¿Se ve la diferencia? ¿Se entiende porque hay más accidentes y lo que llega es más conflictivo? Gente incapaz de controlarse, incapaz de tener sentido de la medida, bebe sin límites y lía porros trompeteros igualmente sin límites.

A pesar de que en nuestro país hay muchas cosas para ver y para maravillarse, lo esencial de los recorridos turísticos no va por ahí: va, simplemente, por el modo de diversión y ocio de más bajo nivel, lo más cutre, simplón y bobo. Y estas cosas son selectivas y excluyentes: zonas como Salou jamás de los jamases recuperarán un turismo de calidad: se ha producido una selección a la inversa, el turismo de balconing, borrachera, meada fácil y amante de la peor música, domina y ha excluido por completo, un turismo algo más exigente. Así pues, podríamos ofrecer turismo en zonas desérticas del país, a condición de que instaláramos redes de clubs de cannabis, pipis-can, unos pocos toldos bajo los que dormir la mona, paradetas de venta de latas de cerveza a menos de treinta céntimos y puntos de venta de garrafón. Buena parte del turismo que viene aquí es eso y no otra cosa lo que buscan. No somos el burdel de Europa pero si el fumadero de canutos. Podéis estar orgullosos.

¿Puede sorprender el que un joven británico que cobra una paga del Estado se vuelva, literalmente, loco cuando ve en los supermercados DIA latas de cerveza a 0’26 céntimos, cuando en su país, una calidad similar está a libra y media? La solución sería elevar los impuestos del alcohol… ejem, no fastidiemos: seríamos nosotros, los autóctonos, los primeros afectados. Sí, porque, en el fondo, el turismo genera también efectos perversos sobre las poblaciones autóctonas: lo paradójico es que cada vez se baja más y más el listón para abrir fronteras a un turismo de nivel cultural, económico y educativo más bajo –de hecho, ya estamos próximos al “España = paraíso turístico para indigentes culturales, económicos y sociales”– y, sin embargo, el coste de la vida cada vez sube más para los habitantes autóctonos. Esto se nota, por ejemplo, en Barcelona: un café todavía debería costar menos de un euro, sin embargo, en el extranjero es mucho más caro, por lo que los hosteleros avispados tienden a elevar el precio hasta el límite en el que sigue siendo barato para el turista (que lo compara con el de su país), pero es el doble de caro que el autóctono estaba dispuesto a pagar. Y es que, los hosteleros, normalmente, tratan a todo el que aparece en su establecimiento, nacional o extranjero, como turista.

LO QUE TIENE SER LA PERIFERIA EUROPEA

Para colmo, las nuevas tecnologías que han impuesto nuevas fórmulas de negocio y de viaje, ya no en hoteles estandarizados y masificados, sino en habitaciones de apartamentos, han generado en la Ciudad Condal una subida del precio de la vivienda y de los alquileres del 20%. Edificios del Ensanche barcelonés que hasta ayer estaban habitados por familias en régimen de alquiler, han sido desalojados y transformados en hoteles informales y fuera de todo control. No es que estén siendo explotados por particulares (estos están penados por un ayuntamiento que prefiere machacar a los pequeños propietarios) sino por los grandes trust hoteleros e inmobiliarios que han apostado por esta fórmula libres para vaciar edificios, sin preocuparse de quien los habita temporalmente, ni se alarmen por el bajo nivel cultural y de educación de los turistas ocasionales. Los propietarios de estos trusts y grandes empresas no viven en esos barrios: es el barcelonés medio el que debe bregar con esta barbarie ante un ayuntamiento indolente y preocupado por los carriles bici, por el orgullo gay, subirse disimuladamente los sueltos, colocar a los cuñados y recaudar diariamente mediante las multas de aparcamiento.

Tal es la perspectiva. El panorama es odioso. Es el precio de haber renunciado a cualquier actividad industrial o agrícola, aceptando ser la periferia de Europa y permanecer mudos ante la precarización de la vida y la invasión turística (que se une a la invasión de la inmigración). Los beneficios económicos que puede reportar el turismo no tienen compensación con los prejuicios que ha aportado y está aportando a la mayoría de ciudadanos. Prejuicios que, especialmente podrían haberse evitado si España no fuera como es hoy un monocultivo turístico (PP y PSOE, junto con la extinta CiU, al alimón son los CULPABLES; no vayamos ahora a olvidarlo y echemos la culpa al franquismo o a los visigodos). Lo peor es que España no es otra cosa: es solamente eso y nada más que eso. Cada vez más, ante una administración depredadora, el perfil del país será ese: destino turístico masificado para turistas poco o nada exigentes, de botellón y de chancleta, de disco playera y de garrafón, un turismo que de música conoce el Despacito y la canción del verano, algo de hip-hop y el rap es demasiado intelectual para ellos, y que ve en España el país en donde se fuman los porros más baratos de toda Europa.

ABOCHORNADO DE SER ESPAÑOL

Siento vergüenza de mi país y de esto en lo que lo han convertido. Abandonad toda esperanza: esto no tiene remedio. Ya es imposible cambiar la estructura económica del país, sin que todo se derrumbe. Lo oís: es tarde para imprimir cualquier cambio de rumbo. Además, para hacer alguna reforma en profundidad, haría falta POLÍTICOS, y esto hace décadas que han desaparecido sustituidos por individuos coriáceos que sólo buscan agradar a los medios, llamar la atención del electorado quince días antes de las votaciones y subirse los sueldos. Lo que tenemos son parásitos ciegos y oportunistas, cuyas políticas no cambian; en absoluto “políticos”. Lo único que cambian son sus actitudes: antes y después de llegar al poder. Observemos que la Colau, por ejemplo, lleva ya dos años y pico en el poder y en este tiempo, los procesos de desplome de la ciudad por presión turística, se han acelerado hasta alcanzar velocidad asindótica. Lo que ha hecho la Colau, en la práctica, ha sido llegar al último extremo de las políticas anteriores de los gobiernos tripartidos y nacionalistas del ayuntamiento. Y eso que iba de protestaría y contestona. Suele ocurrir que los más “rebeldes” terminan siendo los que antes se aclimatan a los vientos que soplan de los trusts turísticos y de las inmobiliarias.

¿Se puede hacer algo? Sí, irse. A Barcelona y a otras ciudades de entidad similar les queda mucho por sufrir. No desde luego a las piedras que, a fin de cuentas, son tan indolentes como las administraciones, sino a los ciudadanos autóctonos. Para abordar las reformas necesarias no hacen falta partidos, ni referéndums, ni siquiera elecciones. Hacen falta superhombres en el sentido nietzscheano del término. Y esto, hace mucho que desaparecieron. Por primera vez en la historia de España, estamos ante una acumulación de problemas de tal magnitud que comprometen y hacen difícil la subsistencia de nuestra sociedad y ante los cuales no puede aplicarse ninguna solución que corrija, ni siquiera que retrase los tiempos del hundimiento. Sin olvidar que no existen grupos sociales en número y con capacidad suficiente para reaccionar y capitanear un enderezamiento de la situación digno de tal nombre y que no sea una mera portada mediática (¿os acordáis de los “indignados”? pues bien, ese es el límite máximo de lo que puede dar el rechazo a lo existente).

BARCELONA IS DETROIT, IS NOT NEW-YORK

A diferencia de los chicos de la CUP, yo que soy más “anti–turismo” que ellos (y además, sé porqué lo soy), estoy, así mismo, persuadido que el problema carece de solución: la alternativa a una Barcelona no turística es, hoy, tal y como están las cosas, Detroit. No, como pretendía Maragall y aquella generación de socialistas alucinados y vividores que asumieron el control de la ciudad desde la transición, hacer de Barcelona una ciudad fashion, la Nueva York del Mediterráneo, sino más bien la Detroit de nuestro horizonte. Eso, o en el mejor de los casos, convertir a BCN en una ciudad de inmigración, la nueva Marsella, No hay salida, insisto: el foso es demasiado profundo como para que algún modelo económico pudiera aportar los ingresos que traen 80 millones de turistas. No hay sectores económicos que puedan absorber los 8.000.000 de parados que se generarían con la liquidación del sector turístico, ni siquiera con un leve redimensionamiento. No hay, pues, solución, si de lo que se trata es de seguir las leyes de la lógica. ¿Atacar al turismo? ¿Para qué? Seguirán llegando. ¿O es que creéis que un borracho inglés renunciará a cervezas a 0’26 céntimos o un colgado francés hará ascos a porros para todos los colegas a 20 euros en cualquier club de las Ramblas o aledaños simplemente por el hecho de que unos nanos le hayan pintado el autobús turístico o unos vecinos airados le hayan increpado en un idioma del que no conoce nada?

Un par de consejos: los que podáis, preparar las maletas. Si os quedáis en España, vais a asistir al declive cada vez más acelerado de un país y de una sociedad. España está peor que cualquier otro país europeo. Os lo aseguro porque conozco muy bien Europa. Se dirá que en Grecia están peor todavía. Sí, es verdad, pero, al menos en Grecia saben por qué están mal, son conscientes, han reflexionado y se han producido cambios –no los suficientes, pero sí que hay grupos de protesta, a derecha e izquierda cuya existencia es elocuente y, sobre todo, el ciudadano medio tiene alguna conciencia de lo que ha ocurrido–; por el contrario, en España, ni siquiera se es capaz de reflexionar sobre nuestro hundimiento, a qué se debe y quiénes son los responsables. De hecho, resulta significativo que hayan sido los “intelectuales” de la CUP, los que han tomado la bandera de la protesta anti turística en estos momentos de preocupación pre-referéndum. Pensar cómo salir es ocioso cuando todavía la población no ha constatado que está en una sima.

No creo que sean de recibo las campañas de los borrokas catalanes. Y no porque la industria turística no precise un tirón de orejas (precisa mucho más que un tirón por cierto), sino porque no hay alternativa: la actual dinámica es mala y va a peor, la propuesta por la CUP es torpe, limitada, ciega y supone un doble salto mortal: Barcelona sin turismo, bien ¿y de qué vive una ciudad que solamente tiene al turismo como actividad? Y lo contrario, seguir como estamos, es insoportable y, no os quepa la menor duda, la situación se irá degradando cada vez más. No hay solución, salvo el pataleo y el ir preparando las maletas hacia horizontes más agradables. Porque viajar implica conocer otros lugares y pronto se entiende que cualquier lugar es bueno para vivir, con tal de que tenga una economía diversificada, un nivel de educación aceptable y un sistema educativo y sanitario como el que hace décadas resultó destruido en España. Y, países de este tipo aún quedan. Afortunadamente. Podría repetirse lo de que “me duele España”, pero es porque me duele hasta lo insoportable, que la única forma de sanar es la lejanía. Esto es tierra quemada. Y si alguien me demuestra lo contrario, me alegrará, francamente.

2ª carta a un independentista

2ª carta a un independentista

El 23 de diciembre de 2013, hace ya casi cuatro años, te escribí una carta que venía ilustrada por una bandera independentista rota por los vientos y colocada en Calella. Desde entonces tus amigos han repuesto en tres ocasiones esa misma bandera que, inevitablemente, el tiempo castiga, como castiga también a tu ideal, la independencia de Cataluña.

Te escribo de nuevo cuando mis circunstancias personales han cambiado completamente: la política ha dejado de interesarme; es así de simple. La sensación de que España no tiene remedio y de que, a nivel mundial, las fuerzas que se oponen a los procesos de decadencia están irremisiblemente vencidas, especialmente en Europa y en los Estados Unidos, me induce a pensar que no vale la pena realizar esfuerzo alguno, al menos en mi patria, y en ningún sentido. Hace pocos días celebré no haber recibido a tiempo un mensaje que me hubiera casi obligado a asistir a una comida en Valencia en la que algunos “salvadores de España” llegados de Madrid propusieron la realización de acción para “reforzar la unidad nacional”… De haber asistido, les hubiera dicho algo tan simple como que la unidad nacional no está en peligro (lo cual no quiere decir que goce el patriotismo español atraviese su mejor momento). Ni tú ni los tuyos sois un peligro para el Estado Español. Más que tigres de papel, habéis demostrado ser gatos callejeros de peluche. “Gatos” porque apenas arañáis, en absoluto asestáis zarpazos; “callejeros” por vuestra falta de estilo; “de peluche” por lo inofensivo de vuestro accionar.

Oídme bien: las naciones no se construyen con declaraciones ni con referéndums, las naciones se construyen con proyectos que van más allá de acudir a una urna a depositar con expresión bovina un papelito; las naciones se construyen “tendiendo rieles de acero sobre ríos de sangre”. Claro está que vosotros, ni vuestros precedentes, habéis estado dispuestos a nada más que a acudir a manifestaciones con el bocata pagado, colocar en vuestros balcones banderolas subvencionadas o compradas en los todo a 1 euro (de las que se destiñen en quince días)  y poco más; vuestra lucha consiste, hoy, sobre todo, en convencer a convencidos. El hecho de que no haya ni siquiera funcionarios de la Generalitat dispuestos a firmar la compra de las urnas para la francachela del 1º de octubre o que la Generalitat siga absorbiendo dinero del Fondo de Garantía Autonómica para financiar el costoso “proceso”, es el síntoma de lo que tus jefes están dispuestos a arriesgar. Nada. Ninguno de ellos quiere que se lo coman los chinches de la Modelo o compartir celda con un carterista marroquí.

No sé si os dais cuenta de que hace mucho tiempo dejasteis de ser novedad: sois pesados, pelmazos y cansinos. Los que no somos independentistas, estamos tan hartos de vosotros que ya ni os hacemos caso. Ni habéis llegado muy lejos, ni habéis avanzado en vuestra independencia. Esa es la triste realidad que debéis forzosamente de reconocer. Y, lo que es peor, intuís que el 1º de octubre no ocurrirá nada que no haya ocurrido antes.

Si me apuras, tú y los tuyos estáis hoy mucho peor que hace cuatro años cuando perdí una hora de mí tiempo escribiéndote la anterior misiva. Hace cuatro año teníais un partido que aspiraba a ser el “pal de paller” de la política catalana y que ahora ya no existe o, más bien, es un despojo. Ni existe CiU, ni existe CDC y en su lugar, tienes a ese PDCat cubierto por la sombra de los abusos realizados por los Pujol y los Mas, o por la irrelevante mediocridad de Puigdemont.

No sé porqué insistís tanto en ese referéndum, por qué os empeñáis en una consulta que seguramente perderíais. No comparto, por supuesto, la opinión del PP o de Cs, que reducen su defensa del patriotismo español a una defensa de la “España constitucional”, ignorando lo esencial: que hace décadas que la constitución es un texto desgastado, promotor de la España actual, esto es, de la España de la corrupción, de la ruina del sistema educativo, del vacío de poder, de la centrifugación autonómica, del despilfarro o de la ley d’Hont, esa máquina de falsificación de los resultados electorales. Los del PP y de Cs se aferran a esa frase hueca de que “la soberanía reside en el pueblo español” que no deja de ser retórica… Hace mucho tiempo estoy convencido de que “la justicia es como el timón: hacia donde se le da, gira”. Si esta es la trinchera de la derecha unitarista, poco es, desde luego: las leyes y las constituciones se crean, se destruyen y se interpretan con la facilidad con la que uno se cambia de calzoncillos.  La frase es de Lao-Tsé y puede aplicarse a la letra de las leyes. Por eso no creo en la constitución, ni considero que sea de recibo cerrarse en banda y atrincherarse detrás de su articulado, especialmente, cuando el desgaste del texto de 1978 es extremo.

Soy de los que creen que una nación no se crea ni se destruye por un referéndum, salvo que no esté creada ni destruida previamente. Un referéndum es solamente una fotografía instantánea del estado de la opinión pública en un momento dado. Una nación, por el contrario, se forma a lo largo de siglos de historia, y cristaliza como resultado del esfuerzo de generaciones. Y, lo lamento, pero cada vez que repaso algún extremo de la historia me convenzo de que Cataluña nunca ha sido una “nación”. Fueron condados, fue marca (“hispánica”, para colmo), fue casa condal de Barcelona, fue parte del Reino de Aragón, del que formaban también parte el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca, pero nunca fue ni reino, ni siquiera condado, ni formó parte de una “federación catalano-aragonesa” que jamás existió.

Podéis alegar que en 1714 Barcelona cayó en poder de las tropas borbónicas. Si me preguntáis, os diría que, de haber vivido en aquella época, estoy seguro de haber militado junto al Conseller en Cap, Rafael de Casanova. Me veo como un menestral de la época, acaso miembro del gremio de carpinteros, humilde miembro de “la coronela”, defensor de los paños de Muralla de la Ribera. Entre borbones y austriacistas, sin duda hubiera optado por los que tenían una idea de la España tradicional y resultaban ajenos a los influjos de la Ilustración, las Luces y el Absolutismo llegados de Francia. Si te han dicho que “Cataluña” resultó derrotada el 11 de septiembre de 1714, te han engañado, lo que resultó derrotado fue una idea de España, o más bien de “las Españas”. Aquello no fue ni el “nacimiento de una nación”, ni había defensor alguno de Barcelona, ni el propio Casanova, que creyera que actuaba en nombre de la “nación catalana”. Esto es tan elemental que, el hecho de que no se enseñe en las escuelas catalanas es signo de la mala fe del nacionalismo que las ha gestionado desde la transición.

Créeme que si me siento lejos del independentismo es porque los “héroes” que me presentas como tales, son sin excepción malos actores secundarios de un peor guión. Pienso en el pobre Pau Clarís; para ti un “héroe”, para mí un traidor irresponsable. No se puede proclamar la “independencia catalana” y luego entregarse a Francia, sin que el título de traidor planee sobre ti. Brillante Pau Clarís… cuya aventura costó a Cataluña y a las Españas, la pérdida del condado del Rosellón y de la mitad de la Cerdaña. Pienso en el abuelo Macià, tu otro héroe histórico, capaz de planificar la “invasión de Cataluña” (los “hechos de Prats de Molló”) con 140 aventureros italianos ácratas, parte de los cuales vendían confidencias a la policía francesa, a la embajada española, a la policía italiana, o al propio Mussolini que estaba puntualmente informado de todo por el mismísimo Riciotti Garibaldi el hombre en el que Macià había confiado; genial el “avi” pactando primero con la CNT y luego pidiendo ayuda en Moscú a Zinoviev el día antes de que éste cayera en desgracia (lo que, de paso, costó la ruptura del pacto con la CNT), geniales los “bonos catalanes” (que nadie compró) que lanzó para financiar la empresa y genial su proyecto de invadir con 140 exiliados italianos Cataluña tratando de ocupar OIot. El “avi”, en su optimismo olvidaba que la localidad fronteriza contaba con cuartel del ejército, de la guardia civil y de la guardia de asalto, para proclamar desde allí la “República Catalana” y la huelga general… aun cuando la CNT, sindicato mayoritario, jamás la hubiera apoyado y el apoyo obrero al proyecto era, simplemente, igual a cero. Fue el abogado de Maciá en París el que transformó aquella chusca insensatez en algo presentable, gracias a lo cual Macià se erigió como presidente de la Generalitat restaurada en 1931. Pienso en Companys, un hombre pusilánime, mezclado en asuntos sucios durante su tránsito como diputado por Madrid (sus relaciones con el estafador Bloch, o el asesinato de los hermanos Badía, o la misma aventura del octubre de 1934, su pérdida absoluta de control a partir del 17 de julio de 1936 y su impotencia ante la situación, no hacen de él una figura, precisamente ejemplar). Solamente su fusilamiento lo ha hecho incuestionable, pero si descendemos a todo lo que ocurrió antes, veremos que la mediocridad de Companys, como lo insensato de la aventura de Macià en Prats de Molló o la traición pura y simple Pau Clarís, resultan difícilmente defendibles. Te diría incluso más: tiene algo de bochornoso.

Claro está que tú y los tuyos demostráis el más absoluto desprecio por la historia. Solamente así puede entenderse que un chalado de pocas luces, beneficiario de algunas subvenciones de la Generalitat, vaya por ahí explicando que Leonardo de Vinci, Cristóbal Colón, Teresa de Ávila, Miguel de Cervantes, son catalanes. Y el individuo en cuestión lo dice con sonrisa de suficiencia y aires de catedrático emérito, ante un público predispuesto para reírle las gracias o simplemente ignorante en historia e, incluso, en sentido común. Ese, a fin de cuentas, es el perfil del independentismo: haber aprobado la asignatura de historia según el programa de la Generalitat, carecer de inquietudes culturales, tener unas aspiraciones al conocimiento más simples que el mecanismo de un chupete y, sobre todo, tener mucha emotividad. Porque el nacionalismo y el independentismo son, especialmente, exabruptos de la emotividad cuando la razón y el conocimiento no pueden ofrecer respuestas simples.

Lleváis casi 150 años con la cantinela de “la construcción nacional de Cataluña”. Veamos: mientras el PP esté en el poder, éste partido os seguirá bloqueando el camino al referéndum. Éste solamente lo abriría un gobierno de izquierdas. Pero no está del todo claro que en esta materia, los restos del PSOE y Podemos lograran llegar a un acuerdo. El PSOE está preso con el PP de la constitución de 1979. Por otra parte, no os engañéis: la izquierda radical está a favor del referéndum porque cree que es “progre” que se consulte a la población, pero no es tan evidente que esté a favor de la independencia. Así que, ir despertando de vuestro sueño: hoy, entre un 30 y un 35% de la población de Cataluña se expresa habitualmente en catalán, el resto, hasta un 95% conoce el catalán pero apenas lo utiliza. El techo de vuestro independentismo es ese: entre el 30 y el 35%, no más. Os quedaría conquistar entre un 21 y un 16% del electorado para que vuestro proyecto independentista saliera adelante. Incluso, en el caso de que el referéndum se convocara legalmente, estáis muy lejos de ser que saliera el Si a la independencia.

Conste que si me interesara algo la política, sería de los partidarios de que se celebrara el referéndum. A ver si así calláis para siempre con esta cantinela reiterativa y cargante. Ahora bien, para que un referéndum pudiera celebrarse en igualdad de condiciones habría que rectificar muchas cosas: en primer lugar, los planes educativos.

La historia de Cataluña debería enseñarse tal como fue, no idealizada en una perspectiva nacionalista. Llevamos entre 35 y 40 años con la enseñanza nacionalista y eso ha determinado automáticamente el criterio de dos generaciones de catalanes que tienen una visión estrábica de su propia historia que predispone a creer que Cataluña fue en algún momento independiente, que es algo radicalmente diferente al resto de España y que fue una “nación”.

En segundo lugar, haría falta que los medios de comunicación de la Generalitat de Cataluña fueran medios de comunicación independientes: desde hace décadas, desde finales de los 70, estos medios, subvencionados por la Generalitat han creado un estado de ánimo favorable a las tesis nacionalistas (para algo se dan las subvenciones…) y han falseado el estado de ánimo de la opinión pública.

Luego, haría falta que, de la misma forma que desde hace ya siete años, el independentismo está en campaña electoral a favor del Sí a la independencia, pasaran otros siete años en los que se pudiera expresar en medios de comunicación subvencionados, el No a la independencia, sus argumentos y sus razones…

Dicho de otra manera: los mismos millones de euros que han sido inyectados en defensa de la independencia de Cataluña, deberían inyectarse en sentido contrario. Eso o el referéndum estaría falseado por años de condicionamiento de la opinión pública… ¿Jugamos a eso? Los referéndums solamente son admisibles en igualdad de condiciones: por eso el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado de 1967 es considerado ilegítimo, porque los partidarios del No, no se pudieron expresar en los medios de comunicación y en la televisión franquista…

Lo que vamos a ver el 1º de octubre es otro simulacro de referéndum: el tercero, que sigue a aquel de hace un par de años convocado por la Generalitat y a aquellos otros simulacros que se iniciaron en 2009 con aquel referéndum en Arenys de Munt. Lo sabes también como yo y lo saben sus promotores. El hecho de que cuando quedan tres meses se hayan solicitado “voluntarios” (¡como si en los referéndums los “voluntarios” pudieran sustituir a los “funcionarios”!) es síntoma de las “garantías” que va a existir en la consulta.

No me cabe la menor duda que Puigdemont es un tipo que se ha visto arrastrado a las posiciones que defiende hoy. Tampoco tengo la menor duda sobre que Junqueras no tiene ni la más remota idea de qué hacer a partir del 1º de octubre, ni sobre el bajo nivel intelectual y cultural de la CUP que su propia dirección se encarga a diario de recordarnos. Tampoco albergo la menor duda de que Puigdemont resiste en el cargo, simplemente, porque de convocar elecciones anticipadas (y rectificar la posición que ha mantenido hasta ahora CDC), supondría el reconocimiento de que el PDCat se ha empequeñecido hasta las dimensiones del PP catalán. Pero una cosa es que resista y otra muy distinta que esté en condiciones de gobernar: todo en Cataluña desde hace más de una década de supedita al fantasma del referéndum independentista.

Hace cuatro años pensaba que todo este baile aburrido y cansino del referéndum terminaría con una simple negociación entre Artur Mas y Mariano Rajoy: el “do ut es” (yo te doy, tú me das”. Hubiera sido lo razonable. ¿Qué ha ocurrido? En 1989, el entonces director de Avui, Albert Viladot, un buen amigo que aspiraba a ser director de medios de la Generalitat y que un inoportuno cáncer se llevó por delante, me comentaba que el problema del independentismo es que es endogámico. Solamente hablan entre sí, solamente se juntan entre ellos mismos, solamente discuten en sus círculos y estos son cerrados para cualquier otra realidad. Así, poco a poco se van mentalizando de una situación que tiene poco que ver con la realidad: es la que ellos mismos van creando en sus consideraciones endogámicas.

A fuerza de repetir que Cataluña es una nación y que el 11 de septiembre de 1714 Cataluña perdió la independencia, han terminado creyendo que esa es la única y sola realidad. Gentes como Pilar Rahola, por ejemplo, se niegan a discutir sobre esos puntos: no es que crean eso, es que no quieren dejar de creer en su simulacro de “historia nacional”, no es que se cierren al diálogo, es que solamente dialogan entre ellos, es que ellos mismos han construido un muro que hace imposible cualquier otra salida que no sea el referéndum y… la independencia. Porque, en su irrealidad extrema, están convencidos de que “referéndum”, equivale a “independencia”. Cualquier otro resultado no es concebido por ellos y ni siquiera se lo plantean.

Y sería cuestión de que lo fueran planteando. En primer lugar porque el tiempo en el que se creaban naciones como hongos ya ha quedado atrás en la historia. España no es Yugoslavia, ni siquiera Checoslovaquia, ni Cataluña es un país báltico o Balcánico. Ni estamos en 1850, ni el principio de las nacionalidades es cosa de ayer, ni siquiera estamos en el tiempo de la descolonización, ni cuando cayó el Muro de Berlín. Estamos en tiempos de la globalización que, por definición, excluye la creación de nuevas nacionalidades, sino que es más bien el tiempo de reaproximación entre naciones para formar frentes que permitan afrontar mejor los signos de los tiempos nuevos. El independentismo va contra la historia. Cada vez se presenta más como un arcaísmo provinciano que requiere un alto grado de aculturización y de banalización localista de la cultura para poder avanzar.

Así que, desengáñate: por muy progres que parezcan los alegres muchachos de la CUP, por mucho que Junqueras y los suyos quieran parecer “catalanes del siglo XXI” son meros arcaísmos, productos de otra época, apéndices excretados por el nacionalismo moderado que se hundió entre la corrupción, el 3% y una concepción burocrática de la autonomía catalana que no era sino la rentabilización en el último cuarto del siglo XX de los teóricos del nacionalismo catalán de finales del XIX. Y éste, por cierto, era la expresión de los intereses de algo que hoy ya no existe: la burguesía catalana. Porque los que ayer dirigían Cataluña e invertían en Cataluña, los nietos de las 200 familias que siempre han dirigido Cataluña desde principios de 1800, siguen haciéndolo, pero, para la mayoría de ellos, ni sus negocios ni sus inversiones están en Cataluña. Se realizan en las bolsas mundiales y en cualquier horizonte que tengan. Da incluso la sensación de que han renunciado a gestionar la Generalitat directamente y se la han entregado a los segundones, a los cuñados, a los hijos tontos y a los advenedizos y estos, con Puigdemont y antes con Mas, andan perdidos en su mediocridad.

Hace cuatro años te comentaba que en Cataluña hay un problema y que no es el nacionalismo, ni el independentismo, ni el españolismo, sino la inmigración masiva de carácter islamista. Te recordaba que la responsabilidad de esa inmigración se debe a Jordi Pujol y a Ángel Colom su “embajador” en Marruecos. Ellos fueron los que canalizaron la riada marroquí a Cataluña. Hoy, Cataluña tiene 7.750.000 de habitantes, de los que solamente 6.000.000 pueden considerase “población autóctona”. El resto, hasta 1.750.000 es población inmigrante o hijos de inmigrantes nacidos en Cataluña. Y no te engañes: no importa las cifras oficiales que te den, si te tomas la molestia de buscar en Internet datos por ti mismo, advertirás que en los últimos 20 años se han instalado 1.000.000 de musulmanes en Cataluña y que además tienen una tasa de reproducción cuatro veces superior a la autóctona. Te voy a explicar algo que la ceguera de las distintas direcciones independentistas te oculta.

Desde hace tres años, se han ido sucediendo de manera trepidante y sangrienta atentados yihadistas. Está claro que –afortunadamente- no todos los musulmanes que permanecen en Europa son yihadistas, pero también hay que reconocer que todos los yihadistas son musulmanes. Un 12% de la actual población catalana es islamista: nadie considerará absurdo que sostengamos que cuantos más islamistas hay, el porcentaje de yihadistas es mayor.

La Generalitat y, especialmente, el independentismo son conscientes de que el porcentaje de votos a favor de la independencia puede crecer solamente ganando a los islamistas y para ello ha invertido recursos económicos como en ninguna otra comunidad. La Generalitat, por supuesto, ignora lo que es el Islam. Cree que un musulmán por el hecho de decir “Bon dia” o “Bona nit” ya está integrado. Olvida que para un musulmán el árabe es la lengua sagrada en la que fue escrito el Corán, como lo sería el catalán si Mahoma hubiera recibido al dictado el libro en la lengua de Pompeu. Pero no ha sido (así a falta de que los “historiadores” catalanes nos digan que, además de Cervantes, Leonardo, Colón o Santa Teresa, Mahoma también era catalán). Creen que se puede integrar a los islamistas llegados del Magreb y del África Subsahariana o de Paquistán, con la misma facilidad con la que en los años 60 y 70 se integraron los llegados de otras zonas del Estado Español. Error fatal: mientras entre los distintos pueblos de España existe continuidad antropológica y cultural, con los islamistas existe una brecha insalvable. Desengáñate, pobre independentista: el Islam siempre será Islam, tú serás un kafir o un dimmi y vivirás no en Cataluña sino en har-al-Islam antes de pasar a dar-al-Islam

Cataluña tiene un problema: la Generalitat, gracias a ese despojo de constitución de 1978, ha conseguido que en Cataluña no existan unidades operativas del Ejército, que no haya prácticamente Guardia Civil y que, salvo en temas de extranjería, los Mossos d’Esquadra hayan sustituido a la Policía Nacional. Cataluña, te lo recuerdo, es el eslabón más débil, no sólo del Estado Español, sino de toda Europa, mucho más que las zonas más islamizadas de la Costa Azul francesa o del Reino Unido, no solo por el número de islamistas presentes en su territorio en relación al total de la población, sino por el débil nexo que une a Cataluña con el resto de España. Si existe un riesgo en un país europeo de que se declare una guerrilla yihadista digna de tal nombre, es precisamente en Cataluña. Romeva y otros “cerebros” de la Generalitat deberían de negociar con la Liga Árabe su reconocimiento a la independencia de Cataluña, antes que con la Unión Europea. Este es el verdadero riesgo: debilitando al Estado Español, estás debilitando las propias defensas de Cataluña que, hoy por hoy, corre el riesgo de convertirse en presa del fanatismo yihadista.

Yo te sugeriría que te preparas para lo que ocurrirá el día 1º de octubre. Disfruta del próximo 11 de septiembre: será la última vez en la que se convocará una manifestación preparatoria de un referéndum. Habrá menos gente que el año anterior y ya el año pasado hubo bastante menos gente que el anterior y así sucesivamente hasta remontarnos al 2014 que marcó el punto culminante de movilizaciones. El siguiente, no lo dudes, aún habrá menos y, por esta regla de tres, en diez años, el 11-S se terminará celebrando en un teatrito. Prepárate para un fracaso histórico y, sobre todo, prepárate para tener conciencia de que la clase política dirigente del independentismo es capaz de vociferar durante años, pero no de renunciar a las comodidades ni a los sueldazos y prebendas… ¿y así quieren construir una nación?   

El independentismo no desaparecerá el 1º de octubre, seguirá su inevitable proceso de empequeñecimiento y provincianización. Es el tributo de estar contra la historia. Los que han vivido de él en la última década carecen de tema de reemplazo, seguirán con lo suyo, erre que erre, cada vez más solos, cada vez más incomprendidos, cada vez más convencidos entre sí mismos de la justeza de sus propuestas, cada vez más ignorantes de la miseria histórica del independentismo. Seguirán con lo suyo e, incluso, aunque un día de estos, Podemos o cualquier formación de izquierdas llegue al poder y acceda al referéndum independentista, lo más probable es que el resultado de este supongo una amarga decepción para ti y para los tuyos.

A partir del 1º de octubre, podrás sumar una derrota más a la historia independentista de Cataluña hecha de derrota sobre derrota. Regocíjate: tendrás un buen motivo para victimizarte un poco más. ¿Sabes qué es lo peor? Que el patriotismo español no saldrá reforzado, se impondrá el “patriotismo constitucional”, sin alma, sin nervio, sin garra, otro gatito de peluche, conservador y conformista.

Me preguntarás ¿y tú qué diablos propones? Yo no soy cocinero, no tengo menús milagrosos que dar. Cuando militaba en política me debía a las propuestas de mi partido, ahora, en cambio me puedo permitir el lujo de ser sincero. Antes he dicho que yo hubiera sido “austriacista” en 1714. Luego hubiera militado en las filas del carlismo, sin ningún tipo de problema: en el fondo, el viejo carlismo recogía lo esencial de la concepción tradicional de la monarquía española, la organización foral. Un sistema foral es un sistema de libertades a cambio de lealtades. Hoy se ha perdido el sentido de este par de fuerzas. Pero creo, en cualquier caso, que valdría más que la clase política catalana y española, si todavía le queda algo de honestidad y rigor intelectual (algo de lo que, por cierto, no estoy muy seguro) empiece a mirar hacia nuestro pasado y hacia nuestra Tradición antes que a soluciones exóticas, excéntricas o lo que es peor, “progresistas”.

Pero no es mi problema: ya te he dicho que hace tiempo me he desinteresado por la política y me he convertido en ese apolítico en sentido clásico que, en el fondo, siempre fui: alguien que no toma partido pero que sigue desde lejos la evolución de los hechos.

Tuyo afectísimo.

 

Ante el último atentado yihadista

Ante el último atentado yihadista

¿Terminaremos por considerar el terrorismo yihadista en su verdadera y única dimensión? ¿Será capaz Europa de iniciar un debate sobre lo que supone convivir con una superstición que recompensa con el “paraíso” a quien muere en la yihad y al que considera que “yihad” es asesinar a inocentes? Estas reflexiones nos dan algunas claves del problema:

1) ¿Por qué se ha producido? Porque los creyentes en el Islam sufren la peor de todas las estafas a la esperanza: la propuesta de que “morir en la yihad” da acceso a un paraíso sensualista. Obviamente, un príncipe saudí no se inmolará en la yihad: tiene todo lo que Alá le pueda dar, no necesita morirse para llegar al “paraíso”. En cambio, un musulmán que malvive tirado en Palestina, en Kandahar o en los arrabales de cualquier ciudad europea, la única forma que tiene de acceder a los “siete castillos de jade, cada uno con siete harenes y cada harén con 77 huríes, manteniéndose eternamente en los 33 años y en estado de erección permanente” (tal como garantizan los ulemas del islam), es morir en la yihad. Luego, claro está, nadie vuelve presentando una protesta al sponsor por publicidad de un producto que crea expectativas imposibles de satisfacer…

2) ¿Por qué no dejarán de producirse atentados yihadistas en Europa? Porque el 80% de musulmanes que viven en Europa viven de los presupuestos públicos (es decir, subvencionados), que con suficientes como para garantizar la supervivencia sin grandes esfuerzos, como para tener los servicios básicos cubiertos, pero no cubren las expectativas de lujo que muestran los escaparates europeos. Esto genera en los islamistas un estado de frustración que les hace tomar la “directa”, evitar lo problemático del pequeño menudeo de droga y de la delincuencia de baja cota, pequeñas estancias en cárcel (que registran habitualmente los yihadistas eurpeos), y “tenerlo todo” muriendo en la yihad. A fin de cuentas, esa eventualidad supone solamente pasar miedo cinco minutos y renacer como privilegiado en el paraíso de Alá.

3) ¿Qué puede hacerse ante los yihadistas? Ser claros: decirles claramente, que el hecho de que un texto sagrado prometa algo, no quiere decir que sea una realidad tangible. Habitualmente, las religiones –especialmente la islámica– son un conjunto de normas para regular una sociedad mediante una sanción indiscutible (divina). Pero no implica que lo prometido sea algo real; dicho de otra manera: el “paraíso de Alá” es un mito tranquilizador para los fieles que creen en el islam, les ofrece una garantía de que sus sueños serán satisfechos en el más allá… dado que nadie vuelve para contarlo, la promesa se mantiene de generación en generación. Y, una de dos: o se satisfacen todos los sueños de todos los musulmanes y se crea un sistema de subsidios y subvenciones que haga de todos ellos, verdaderos “príncipes saudíes”, o bien se les es claro y terminante: el “paraíso de Alá” es una superchería. Una estafa a la esperanza. Algo que ni existe, ni puede existir.

4) ¿Qué es y que no es la yihad? Algunos tratadistas islámicos del siglo XIX han considerado que la “guerra santa” es una guerra contra el “enemigo interior” que cada ser humano tiene dentro de sí: todo lo que en la naturaleza humana es bajo, egoísta, apegado a la materia, eso es el “enemigo interior” y para ello el Corán habla de la “gran guerra santa”. La otra, la “pequeña guerra santa” es la que el fiel islamista mantiene contra el “enemigo exterior”, el “infiel” o el “idólatra”… Podemos discutir sobre este planteamiento filosófico-teológico, pero no podemos olvidar que los que hoy asesinan y mueren en los atentados del terrorismo yihadista, no son ni teólogos, ni filósofos, sino simples delincuentes que están hartos de pasar por cárceles y de no poder acceder a los escaparates de consumo, mediante su trabajo. Pensar que la “guerra santa” es asesinar gente que asiste a una discoteca, que pasea por la calle, que se encuentra esperando el avión en un aeropuerto o, simplemente, que viaja en un autobús en Palestina, es miserable, ignorante y zafio: a eso, aquí y ahora, se le llama “terrorismo” y tiene tanto que ver con la religión como un huevo con una castaña.

5) ¿Qué hacemos con el islam? El islam no es una religión europea. Es el producto de una sociedad primitiva y atrasada a la que el gran legislador que fue Mahoma, intentó dar forma mediante un nuevo mito religioso. El islam es hoy la única religión que admite y tolera la violencia como forma para expandirse fuera de su marco natural (Oriente Medo). Por tanto, las regulaciones religiosas de las legislaciones occidentales, no valen para el Islam en tanto que no es una religión como otras. Predicar la “guerra santa” como “pilar del islam”, sin especificar la diferencia entre “pequeña” y “gran guerra santa”, es instigar al asesinato y al terrorismo. Y Europa debe prevenirse ante supersticiones que pueden degenerar en criminalidad terrorista y “atajo” para lograr llegar a un paraíso sensualista. Todo lo que no sea enunciar ese “paraíso” como estafa a la esperanza pura y simple e impedir su difusión entre individuos de mentalidad primitiva y simple, supone dejar la posibilidad de que el fenómeno vaya extendiéndose cada vez a mayor velocidad. Se imponen, por tanto, restricciones a la predicación de “cierto islam” en Europa, que debe tener como complemento una declaración jurada, so pena de expulsión  cualquier país de confesión islámica, en la que los fieles islámicos residentes en Europa reconozcan explícitamente que la promesa de un “paraíso sensual” prometido a los que mueren en la guerra santa es una imagen literaria.

 

 

EL RAKNAROK HA COMENZADO

EL RAKNAROK HA COMENZADO

Donald Trump es multimillonario y presidente de los EEUU… lo que no quiere decir que sea “todopoderoso”. Sus primeros cien días en la Casa Blanca salieron a campaña mediática en contra diariamente. Los “todopoderosos” fueron, realmente, quienes articularon tales campañas que solamente bajaron de intensidad cuando Trump ordenó el bombardeo de las posiciones del Ejército Sirio: era el gesto exigido por el complejo petrolero–militar–industrial y por la oligarquía financiera para rebajar su nivel de oposición al gobierno legalmente elegido en los EEUU. Una especie de gesto de sumisión y respeto ¿Alguien pensaba que con Trump, al día siguiente, las cosas cambiarían radicalmente? Han cambiado, sí, pero sólo en la medida de lo posible, no hasta donde muchos hubiéramos deseado.

También hay varios fenómenos en el mundo “euroescéptico” a tener en cuenta:

– La decepción por los resultados de las elecciones presidenciales austríacas en las que el candidato del FPÖ no pudo vencer al ecologista.

– En Holanda, el Partido por las Libertades de Gert Wilders mejoró posiciones pero no lo suficiente como alcanzar la mayoría.

– Por su parte, en Francia, solamente el paso de Marine Le Pen y de Jean–Luc Melenchon (el equivalente a Podemos) a la segunda vuelta electoral, hubiera podido dar la victoria a la primera, y evitar la sucesiva dimisión de Marion Le Pen y las críticas internas de las que es objeto, en estos momentos, la línea oficial del partido (especialmente por su ataque al Euro).

Hace apenas cinco meses, algunos podían pensar que todo iba a ser más rápido: que la victoria de Trump (o, incluso, el Brexit) eran una victoria definitiva contra el stablishment y que Europa se vería salpicada por enclaves cada vez más en ruptura con el “viejo orden” de la globalización. No ha sido así. Es cierto que se ha registrado una “mejora general” en las posiciones de las fuerzas antiglobalización y euroescépticas. De hecho en todos los países europeos que hemos mencionado, son ya el “primer partido de la oposición”, esto es la “segunda fuerza”. Las victorias de los partidos del stablishment son –vale la pena no olvidarlo– “pírricas”: esto es, de muy corto alcance. Macron, apenas es una especie de última excrecencia del régimen francés con lenguaje híbrido entre la corrección política y el discurso neoliberal, tardará poco en fracasar. Veremos si el gobierno holandés, con las costuras de un Frankenstein, puede resistir mucho tiempo. Y no parece que en Austria las simpatías por la inmigración masiva y los “refugiados” hayan aumentando con la victoria de un “ecoloco soft”.

Los sistemas políticos modernos son complejos: no basta una simple “marcha sobre Roma” para derribarlos de un plumazo. Además, se apoyan unos a otros internacionalmente. Y lo que es aún peor: su “infraestructura” es común a todos ellos y está  formada por una malla compuesta por oligarquías económico–financieras que constituyen el basamento mismo del sistema y del poder mundial: no acuden a las elecciones, pero son el verdadero poder. Pensar que un simple proceso electoral puede hacer saltar de un plumazo a estas oligarquías es mostrar una absoluta ingenuidad, especialmente porque las elecciones tienen carácter “nacional” y esta infraestructura constituye los cimientos de un “sistema mundial”.

A partir de aquí hay tres posibilidades:

o bien el sistema mundial, construido sobre el absurdo neoliberal, terminará por desplomarse como un castillo de naipes (lo que parece más probable y a lo que seguirá un caos generalizado antes de vuelva a estabilizarse un mínimo orden internacional);

o bien las fuerzas “europescépticas” y “antiglobalizadoras”, irán avanzando sus posiciones más y más, –como han hecho en los últimos 5 años– hasta que, por puro desgaste de las fuerzas que actúan en la “superestructura” del stablishment (los Macron y sus avatares) ya no estarán en condiciones de contener por más tiempo a los “populismos” (y en este caso, no bastará la victoria de estos en un país, sino que deberá ser en toda un área geográfica para alcanzar la masa crítica necesaria capaz de dar un vuelco a la situación);

– o bien, en última instancia, la aparición de una forma de terrorismo de nuevo cuño que, en lugar de golpear ciegamente, se oriente hacia los centros de poder haciéndolos saltar mediante cyberataques inmisericordes y/o liquidación física de la oligarquía (hipótesis posible que conocen bien los gemólogos: cuanto más dura es una estructura cristalina –un diamante– más fácilmente resulta hacerlo estallar simplemente dando un golpe preciso en un punto crítico).

La primera es la opción del Buda: “actuar sin actuar”, permanecer vigilantes ante el desplome del sistema (que inevitablemente sucederá), es la vía del “sacerdote”, del que medita y se prepara para cuando ocurra ese momento. Es la de quienes “cabalgan el tigre”: permanecen quietos y serenos hasta se ven pasar delante de casa el cadáver del enemigo y, entonces llega la hora de “los que han sabido permanecer en vela en la noche oscura”.

La segunda es la vía electoral emprendida por los partidos “euroescépticos”: es una vía a medio plazo de la que no puede excluirse que su victoria vaya, fatalmente, a confluir con la primera opción y que sea precisamente una victoria de este tipo la que precipite el hundimiento del sistema mundial. Es la opción del “trabajador”, del que actúa con sus manos, con su esfuerzo y lo hace como un artesano medieval: hilando fino y realizando un trabajo preciso y constante. Es la opción de las “hormiguitas laboriosas”, del trabajo paciente sobre el terreno de la política convencional.

La tercera es la vía del guerrero y de la espada vengadora, propia de aquel que quiere precipitar el caos súbito para que genere, además de una catarsis liberadora, la destrucción de los fundamentos mismos de la “infraestructura” del sistema mundial. A fin de cuentas, si alguien pudo hablar de un “gramscismo de derechas”, ¿por qué no va a existir un “yihadismo euroescéptico”? Posibilidad remota hoy, pero que no hay que excluir mañana. Es la opción del toro que, en lugar de cargar contra el paño rojo que le ponen ante las narices, quiere “hacer sangre” e hincar sus cuernos en el núcleo duro del sistema, pero también es la actitud de quienes aceptan que les puedan clavar un estoconazo por todo lo alto.

No hay una cuarta opción, ni una cuarta salida. Porque pensar que el sistema mundial conseguirá funcionar indefinidamente mostrando unos niveles de eficacia incompatibles con las reglas del sistema económico mundial y con su tendencia desde hace 150 años a ir concentrando el capital en cada vez menos manos, es obstinarse en pensar a la manera “progresista”: ver la realidad a través de un espejo, olvidando que lo que estamos viendo es un reflejo de la realidad, y su inversión. Es decir, negarse a ver, por ejemplo, que, detrás de las victorias parciales de las fuerzas del stablishment, lo que existe es

1) un deterioro inexorable del sistema ante imposibilidad por parte de la globalización de estabilizarse y satisfacer a todas las partes,

2) un avance de las opciones “euroescépticas” que son ya la “segunda fuerza” en buena parte de Europa y

3) una progresiva brecha entre los intereses de la población y los de las oligarquías económicas que llevarán cada vez más a actitudes radicales tanto por una parte como por otra, constituyendo el detonante de la crisis desintegradora.

Simbólicamente, podríamos decir que “el Ragnarok ha comenzado”: la forma en la que percibíamos el mundo está muriendo. El “Lobo Fenrir” (la alta finanza, los centros de poder económico, los consorcios mediáticos, en definitiva, “la infraestructura” del stablishment) devora los mundos. Lo que tenemos ante la vista, no es la posibilidad de un simple cambio político, es mucho más. Los viejos dioses, todos ellos, están cayendo, todos, sin excepción. Pero estamos en un momento de transición en el que lo que está muriendo y agoniza, todavía mantiene, mal que bien, sus posiciones, y lo que está por nacer todavía no ha alcanzado el nivel suficiente de maduración. De ahí la ambigüedad de nuestro tiempo y el que los signos de desesperación se alternen con síntomas de que se aproxima el amanecer.

Personalmente, concedo más valor a las leyendas de los ancestros que a los mitos progresistas que constituyen la “superestructura” emotiva y sentimental de nuestro tiempo. Las leyendas arcaicas nunca se equivocan.