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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ESOTERISMO

El Misterio de la Catedral de Barcelona. L'Ou com balla.

Infokrisis.- Una de las más celebradas tradiciones en la catedral de Barcelona es la que tiene lugar en el templete de Sant Jordi en el claustro de la catedral, cuando un huevo es mantenido en el aire impulsado por el chorro de una fuente. Sobre el origen y el significado de esta tradición (cuyo origen situamos en el siglo XVII seguramente traída por exiliados de la Guerra de Sucesión que habían permanecido en Austria) trata este capítulo. El huevo es el símbolo hermético de la "obra" al contener el germen de todos los desarrollos posteriores.

 

 

El misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo VII
L'OU COM BALLA


El llamado "Pequeño Tratado sobre la Piedra Filosofal" ha llegado hasta nosotros en varias ediciones anastásicas de la primera del Museum Hermeticum, datada en 1677. "He leído la  Filosofía y la he comprendido bien", dice una filacteria en la introducción situada bajo el blasón de su familia. El tratado de Lambsprink es interesante, no sólo por la belleza de sus ilustraciones y la notable precisión del texto que las acompaña, sino también  según explica en la introducción  por que, como él mismo confiesa, "he seguido un orden notable, a fin de que pobres y ricos comprendan".

La "primera figura" del tratado es extraordinariamente evocadora y nos muestra un mar por el que navega un barco y dos peces. En lo alto de los cielos, aun sin verse, el sol ilumina la escena, creando luces y sombras; uno de los peces nada en la luz; el otro entre tinieblas. El texto que acompaña el grabado explica: "Hay en nuestro mar dos peces, enteramente despojados de carne y de hueso" (...) "Los dos peces, parecen no ser más que uno, pero, no obstante, son dos y sin embargo una sola cosa. Cuerpo, Alma y Espíritu". El simbolismo no puede ser más diáfano: el mar lo contiene todo; ese mar es el caos originario, el que alberga todos los elementos y estados. El barco, es la representación del cuerpo humano al que evoca por su materialidad y solidez, construido en madera, a merced de los vientos que hinchan su vela. Los dos peces, uno iluminado y otro en penumbra, son las evocaciones de los dos estados del espíritu, que los hermetistas conocían como las dos formas del Mercurio. Las escamas de los peces, de la misma tintura que la Luna y que el Mercurio, su movilidad, idéntica a la inestabilidad del metal líquido, no dejan lugar a dudas. Un pez nada entre la luz, es el espíritu rectificado, rescatado y limpio de impurezas, lo que el sabio hermetista conoció como "Mercurio andrógino"; el otro, compartiendo las tinieblas y sin acceso a las fuentes de luz, cortado de ella, es el Mercurio lunar. A lo alto, el sol invisible se alza sobre las tinieblas; su situación y su luminosidad nos dicen que es el elemento sobrenatural del conjunto y oímos resonar otra vez las palabras del Génesis "el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas", es decir, algo exterior al caos de lo que el caos nació. Y ese "espíritu de Dios" está representado en las tradiciones Catedralicias, por un simple y sencillo huevo.

Tradicionalmente los equinoccios están relacionados con el mundo terrestre y con sus variaciones; los solsticios, por el contrario, aluden al mundo sideral. De ahí que los pueblos antiguos representasen los solsticios mediante una línea vertical, que indicaría ascenso y descenso y los equinoccios con un trazo horizontal, representación del mundo terrenal. Esta dualidad no está carente de interés y se traduce en las concepciones religiosas de los pueblos. Los que hacen de los solsticios el eje de su identidad religiosa, adoptarán cultos de tipo solar; mientras que los otros se referirán a cultos telúricos y ginecocráticos, o si se quiere, a cultos lunares. Con frecuencia, ambas concepciones se interfieren como producto de las migraciones de los pueblos, las mezclas e inevitables sincretismos. Así, por ejemplo, Apolo, concebido como el Sol en sí, inmóvil y soberano (traído a Grecia por Aqueos y Dorios, indo-arios), sufre la adulteración de los pueblos equinocciales de la Grecia Antigua (los pueblos pre-arios, minoicos, cretenses, etc.), transformándose en Helios, representación del sol sometido a la ley de ascenso y descenso, que cada noche se refugia en la madre tierra donde cobra nuevos bríos para ascender al día siguiente.

Hay que incluir los cultos y temas equinocciales entre los de la Gran Madre, cultos relacionados con la floración de la tierra, con lo caótico y desordenado de los bosques, es decir, con todo lo relativo al reino vegetal. La secuencia de las estaciones hace que al frío invierno siga la bondad de la primavera. La naturaleza experimenta un cambio radical, se aceleran los deshielos y los arroyos descienden impetuosos. El verdor empieza a enseñorearse de los campos y lo que se presentía en el solsticio de invierno -el triunfo del "Solis Invictus", el sol invencible- se confirma ahora. En aquella ocasión el astro rey alcanzó el punto más lejano de la elíptica y comenzaba su recuperación, confirmada ahora con la floración de la naturaleza.

El primer brote que despunta y que puede recogerse antes de la llegada del verano, es el haba que se incluía antes como único regalo de los torteles de Reyes que, ya de por sí, en su forma, eran símbolo mismo del Caos primordial. En el interior del Tortel-Caos se encontraba el principio de la generación, el haba, mientras que su exterior se adornaba con una corona de oro hecha en papel. En cuanto al haba se ha visto frecuentemente relacionada con cultos mistéricos y sobre él han pesado interdictos dignos de mención. En tanto que primicia de la cosecha, los pitagóricos establecieron la prohibición de comerlas como tributo a la Madre Tierra. Otra tradición clásica, rememoraba el gesto del héroe Teseo quien, de regreso a Creta, ofreció un sacrificio a los dioses cociendo cáscaras de habas y comiéndolas con sus  compañeros, como rito para un feliz regreso. El residuo de lo que era sagrado en primavera, era utilizado en los confines del otoño para augurar la futura renovación de la naturaleza.

Pocos pueblos han sido tan festivos como el romano, hasta el punto de que buena parte de las actuales celebraciones y fiestas de primavera son una herencia de la Roma antigua. Vinalias, rubigalias, parilias y, finalmente, las floralias, recordaban momentos decisivos en la historia de Roma y de sus mitos. Las parilias -21 de abril- aludían a la fecha de fundación de Roma. Por analogía, era la festividad que celebraban las madres embarazadas. La diosa tutelar de estas fiestas era Palés, diosa de los pastores a la que estos encomendaban la salvaguardia de sus rebaños ante el ataque de los lobos. En las proximidades del ganado se quemaba Azufre, laurel, olivo y romero, y el pueblo se untaba perfumes mezclados con sangre de caballo y cenizas de un becerro quemado justo al salir del vientre de su madre, junto con plantas de habas. Se trataba de un rito de purificación del ganado.

A estas seguían las rubigalias, también de carácter agrario, instituidas por Numa Pompilio -el fundador de las hermandades artesanales en la Roma mítica- en honor al dios Rubigo, conservador de las cosechas. El 23 de abril se sacrificaba en su honor un cordero y un perro y se le ofrecía vino e incienso. Del 29 de abril al 3 de mayo tenía lugar un nuevo ciclo festivo, el de las floralias o florales, en homenaje a la diosa Flora. Su celebración incluía los "juegos florales", instituidos en honor de esta diosa sabina; con su institución el 580 de la Fundación de Roma, el Senado quiso aplacar a la diosa por los desastres agrícolas de ese año. Fiesta de carácter orgiástico y promiscuo, la desnudez de las muchachas hizo -según refiere Plinio- que el virtuoso Catón se alejara de ellas, para no impedir su desarrollo.

Todas estas fiestas fueron, finalmente, cristianizadas: San Jorge, matador del dragón, el 23 de abril, sustituyó a las rubigalias. En el nuevo calendario cristiano la imagen del dragón quedó convertida en algo maléfico y demoníaco, en tanto que era frecuentemente utilizado por la iconografía pagana. El dragón que se muerde la cola -el ouróboros-  era similar en su simbolismo al "huevo cósmico", en absoluto un elemento maléfico; la expansión del cristianismo impuso la necesidad de criminalizar los cultos anteriores invirtiendo significados y dando un contenido propio a las mismas fechas. [Foto 55.- EL HUEVO BAILANDO EN EL TEMPLETE DE SAN JAIME DEL CLAUSTRO]

La sustitución de los viejos cultos paganos se hizo escalonadamente. En ocasiones la similitud entre la fiesta pagana y su equivalente cristiano era sorprendente. Tal es el caso del culto a Atis, joven dios frigio, cuya celebración tenía lugar en el equinoccio de primavera. Atis moría en un árbol, para resucitar al tercer día; si para el mundo clásico la muerte y resurrección del dios auguraban la muerte de la naturaleza en invierno y su resurrección en primavera, el cristianismo "humanizaba" este significado: Cristo, a través de su sacrificio en el árbol hecho cruz, redimía a la humanidad del pecado original.

Los cultos en honor de Maia (Maya), la tierra, en las teofanías cristianizadas se transformaron en ritos en honor de la Virgen, celebrados durante el mes de mayo. El ciclo de Pascua tiene lugar bajo el doble signo de rito de muerte y resurrección; a la tristeza (patentizada en la Semana Santa con la detención, juicio, crucifixión y muerte de Cristo y la rememoración de todos los episodios del Via Crucis), sigue una explosión de alegría y felicidad (Cristo resucita y consuma la purificación de los pecados del mundo). El ciclo se inicia con una festividad que apenas puede disimular su carácter agrario y estacional: el Domingo de Ramos.

Las aportaciones a la fiesta cristiana de Pascua no proceden sólo del entorno mistérico romano, el judaísmo también contribuyó a darle el carácter que tiene hoy. El año judío se inicia con la primavera, en el mes de Nisán, y se conmemora mediante la festividad de la Pascua que, al menos en su origen, gozó de un carácter doble, propio de agricultores sedentarios y de ganaderos nómadas; de ahí que se ofrecieran como sacrificio las primicias de las cosechas y el carnero pascual.

Es precisamente en el curso de la cena pascual cuando Cristo instituyó la Eucaristía (de carácter esencialmente agrario, a través del pan y el vino, utilizado como "carne" y "sangre" de la tierra); la inocencia e indefensión del cordero fue transferida a la imagen de Cristo ("cordero de Dios"). Los primeros cristianos, cuando apenas eran una disidencia de la religión judía, celebraban su pascua en la misma fecha que la hebrea, esto es, el 25 de marzo. Pero esto suscitó resistencias y oposiciones en la nueva religión. Tras un largo proceso, el Concilio de Nicea (325 d. JC) decretó que la Pascua fuera una fiesta móvil cuyo inicio lo marcaría el primer domingo siguiente a la luna llena tras el equinoccio de primavera, es decir, entre el 21 de marzo y el 25 de abril. Intentos de cambio posteriores y de transformación en una fiesta fija -aprobado en el curso del Concilio Vaticano II- no han podido imponerse.

En Cataluña, contrariamente al resto de España, el ciclo de Pascua no termina el domingo de Resurrección, sino el lunes siguiente, celebrándose con un dulce típico: la "mona". Hoy la repostería ha convertido lo que era simple en algo extremadamente sofisticado; sin embargo, en algunos pueblos del interior, puede todavía adquirirse la "mona" tradicional, redonda y con cuatro huevos duros equidistantes (en ocasiones solo con uno y situado en el centro).

En otras latitudes el huevo tiene un papel central en estas celebraciones desde un período que se pierde en la noche de los tiempos. En yacimientos arqueológicos suecos y rusos, se han encontrado huevos de arcilla en enterramientos. En la actualidad, en distintas latitudes -especialmente en Europa Central- se confeccionan huevos naturales, de mazapán, o chocolate, pintados con motivos tradicionales.

Este papel protagonista del huevo deriva de su simbolismo tradicional como germen que contiene en potencia todo lo que será el ser que nazca de él. Es el origen de toda generación. Y si se relaciona el huevo con la primavera se debe a que la renovación de la Naturaleza que tiene lugar en ese período del año se asemeja a la exuberancia que mostrará el potencial contenido en el huevo.

En la Seo barcelonesa existe la tradición de "l'ou com valla" ("el huevo que baila"), similar a la que se da en otras latitudes  -países eslavos, por ejemplo- consistente en colocar un huevo (previamente vaciado) sobre un surtidor para que la presión del agua le impida caer. Se trata de una alusión al poder renovador del sol  -"el sol danza en los cielos"- que desde las alturas genera la frondosidad de la tierra. El huevo, situado en el Templete del claustro, baila sobre una fuente decorada con motivos vegetales entre los que destacan las cerezas. No es una tradición excesivamente antigua, apenas setecentista, y es probable que fuera traída a Barcelona por gentes que la habían visto en Austria (a donde fueron a parar muchos exiliados políticos de la Guerra de Sucesión).

La noche del 30 de abril al 1 de Mayo tenía para los antiguos pueblos indoeuropeos un carácter mágico. Abría la puerta a las festividades del mes de mayo; sin embargo, hoy se la considera una celebración siniestra y ligada a la brujería. Hasta el triunfo del cristianismo, la noche que marca el tránsito de abril a mayo, se consideraba el momento en el cual las divinidades de la fertilidad se extendían por los campos, superando definitivamente el invierno. La fiesta se celebra todavía hoy en Suecia (día de la Valborgsmässoafton), especialmente por los estudiantes de la Universidad de Upsala, que en ese día queman sus gorros de invierno en medio del jolgorio general y de los excesos alcohólicos. ¿Cómo se operó la cristianización? Visto que la Iglesia no podía hacer olvidar el recuerdo ancestral dejado por la festividad pagana, se limitó  -como en otras ocasiones- a cristianizarlo. Creó un personaje mítico y legendario, cuya existencia real jamás ha podido ser confirmada, Santa Valpurga, que habría contribuido a la evangelización de los pueblos nórdico-germánicos en el siglo VIII. San Bonifacio, antes de su muerte, asesinado por paganos, le habría encargado su tarea evangelizadora.

La iconografía nos la presenta con un báculo abacial y un frasco de aromas; en su noche las campanas de las iglesias francesas sonaban llamándola para que las protegiera y apartara las brujas. Dado que los aquelarres brujeriles tenían lugar principalmente en esa noche, la Santa estaba reputada de ofrecer una defensa segura contra la maldad. Bram Stoker en "Dracula", recuerda que en la "Walpurgisnacht", el diablo sale de las entrañas de la tierra y habita entre los hombres.

Para protegernos de todo esto, el día de Valpurgis del 1298, el obispo Fray Bernardo Pelegrí señaló, según el ritual, con su báculo abacial el perímetro de la Seo barcelonesa, reinando Jaime II, hace ahora setecientos años.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

El Misterio de la Catedral de Barcelona. Santa Eulalia: el crisol y el atanor

Infokrisis.- Esta entrega de nuestra obra escrita y olvidada hace veinte años pertenece a la segunda parte está dedicada al estudio del simbolismo hermético de Santa Eulalia. Todavía hoy en Barcelona, el nombre de Santa Eulalia es considerado como un patrimonio local y buena parte de los símbolos que encierra al catedral de Barcelona están dedicados a esta Santa. Cuando en la mañana del 11 de Septiembre de 1714, el "conseller cap" Rafael de Casanova acudió a los baluartes de la ciudad más amenazados por las tropas borbónicas, resultó herido en una pierna, mientras portaba la bandera de Santa Eulalia que por su sola presencia era capaz de galvanizar las tropas. No es raro que el caso antiguo de la ciudad de Barcelona esté recorrido por decenas de leyendas referidas a muchas de sus calles como testimonio de la fe ancestral de los barceloneses en la figura de esta santa. Es la primera vez que se realiza una síntesis de las leyendas sobre la Santa a la luz de la Tradición Hermética.

El Misterio de la Catedral de Barcelona
Segunda Parte
Capítulo VIII
Santa Eulalia: el crisol y el atanor

Los forjadores barceloneses tuvieron fama proverbial en todo Occidente, hasta el punto que ha llegado a decirse que las verjas de Notre Dame de París fueron ejecutados por los maestros "serrallers" de la Ciudad Condal; queremos creer que es incluso posible que así fuera. Pues bien, también una vieja leyenda circula en torno a este tema. 

Cuentan que en la Barcelona del siglo XIV existía una gran competencia entre los maestros forjadores; había uno entre ellos tan pobre que al derrumbarse la pared del horno de su modesto taller, no pudo pedir el concurso de un maestro de obras para repararlo y debió ser él quien levantara de nuevo el muro. Pero su habilidad era el fuego y el hierro, no el mortero y la piedra, así que el muro resultó inclinado por la parte superior. Afortunado error, pues lo que constituía un defecto de construcción, supuso, en la práctica, un eficiente tiro que lograba calentar más y mejor los carbones y fundir rápidamente el mineral. Esto constituyó su secreto y el motivo por el cual sus trabajos fueron admitidos para ornar el interior de nuestra Catedral. La leyenda termina afirmando que un joven aprendiz, disfrazado de anciana, se hizo acoger por el artesano hasta que descubrió su secreto.

El horno es imprescindible, no sÓlo para la forja de los metales, sino para alcanzar las más altas cumbres del trabajo hermético. Ineludibles en el laboratorio alquímico, el crisol y el atanor, suponen un entendimiento necesario con el fuego. Las descripciones sobre la forma y estructura del horno, así como las notas sobre su utilidad, son, por lo demás, la prueba más fehaciente de que la alquimia no era sólo una técnica espiritual o una forma de mística, sino que suponía ante todo un entendimiento con los minerales y el fuego. Ya hemos aludido a que uno de los principios de la alquimia es la ley de las correspondencias según la cual existe una simetría entre dos órdenes distintos de realidad, el macrocosmos y el microcosmos ("lo que está arriba es como lo que está abajo"), entre el alquimista y su obra. El artista intenta reproducir en los trabajos y en el instrumental alquímico su propio cuerpo utilizando minerales o tomándolos como símbolo para identificarlos con las distintas partes de su ser (espíritu = Mercurio, alma = Azufre, cuerpo = sal). Esto nos sitúa ante el gran misterio de la alquimia: la equivalencia y el paralelismo entre las operaciones sobre los minerales en el laboratorio y las experiencias interiores que el alquimista atraviesa en su propio cuerpo. Cuando habla de "separar" se alude a la separación entre el mineral y su ganga, pero también entre el cuerpo y su espíritu. [Foto 56.- MENSULA CON LA CRUZ DE SANTA EULALIA EN EL TAMBOR DEL CIMBORRIO]

El instrumento en el cual se cifra el éxito del discurrir hermético es el Atanor, el horno de fusión, una esquematización simbólica -pero no por ello menos real- del propio cuerpo del alquimista. Las etimologías de la palabra son dos: atanor derivaría del término árabe "attannûr", horno, o bien de la palabra griega "thanatos", muerte, la cual, precedida de la partícula "a", que indica negación, expresaría no-muerte, o si se quiere, resurrección, vida eterna.

El atanor consta de una envoltura exterior compuesta de ladrillos refractarios, cemento o cualquier otro material sólido; en el interior está lleno de cenizas (los textos clásicos recomiendan cenizas de encina), que envuelven completamente el "huevo filosófico", la esfera de vidrio o el matraz en el interior del cual se encuentra la materia prima. Un fuego situado en la parte inferior calienta el "huevo", pero no llega a tocarlo directamente sino que resulta difuminado y suavizado por las cenizas.

Esta estructura encuentra su correspondencia en el cuerpo humano: la envoltura sólida exterior corresponde en el hombre el cuerpo físico, las cenizas equivalen al "espíritu" (lo mental, pasiones, obsesiones, instintos, etc. que han sido "purificados", esto es, reducidos a cenizas) y, finalmente, el "huevo" es el receptáculo del alma, la parte más íntima del ser humano que, como la semilla del oro, los alquimistas intentan reavivar.

El fuego se sitúa en la parte inferior y es regulado mediante la inyección de aire a través de un fuelle o soplete. Dependerá del volumen de aire que se inyecte que la llama sea más o menos viva. No todas las operaciones alquímicas se realizan a la misma temperatura. Los textos clásicos insisten en que, en ocasiones es preciso una temperatura natural constante (como la que la gallina da a sus huevos, incubándolos). Sin embargo, en algún momento es preciso obtener una subida brusca de calor; regulando la inyección de aire se obtienen tales efectos.

Y esto precisamente tiene su equivalente en el ser humano. Siendo el atanor una reproducción del cuerpo, existirá una correspondencia entre la temperatura del horno y la del cuerpo humano. Para entender esto es conveniente que recordemos los fundamentos del yoga. En la región ilíaca anida una serpiente enroscada que es preciso despertar y lograr que ascienda por la columna vertebral. Esto se consigue a través del control sobre la respiración; los pulmones son el equivalente al fuelle del atanor.

Los textos clásicos de la alquimia suelen presentar al atanor como una especie de torre pequeña cubierta por una cúpula, en cuyo centro está situado el huevo que contiene la materia prima. Pero esto no debe engañarnos; existen muchos tipos de hornos alquímicos y cualquiera puede construirlo a su gusto respetando una serie de normas. En principio, el método más seguro y allí donde podemos encontrar datos concretos, es en las obras de química del siglo XVII, en ellas se explica minuciosamente como eran los hornos de fusión utilizados en la época, aquellos que la química de entonces había heredado de la alquimia.

También en algún texto clásico se dan indicaciones abundantes. Señalemos tan solo a título ilustrativo el que nos parece más completo, "La entrada abierta al palacio cerrado del rey" de Ireneo Filaleto, en su capítulo XVIII o Nicolás Lemery en su "Curs de Chymie" (en realidad se refiere a alquimia) marca las líneas generales: "... se compone de ladrillos, que se unirán con un zulaque hecho de una parte de arcilla, otro tanto de excremento de caballo y dos partes de arena, todo ello empapado en agua: los ladrillos se colocarán en doble fila, para que el horno, al ser más grueso, mantenga el calor más tiempo; el cenicero será de un pie de alto y tendrá la puerta del lado de donde viene el aire, para que, al abrirla, el fuego se encienda o aumente fácilmente; la altura del fogón será como la del cenicero y terminará en la parte superior en dos barras de hierro del grosor de un pulgar que servirán para sostener la retorta y se elevará el horno a la altura de más o menos un pie, de modo que oculte la retorta. Se aadaptará encima una bóveda como tapadera, que tendrá un agujero en medio con su tapón, y una pequeña chimenea de un pie de altura, para introducir por este agujero, cuando esté destapado, y cuando se quiera excitar un gran fuego, pues la llama, al conservarse por medio de esta pequeña chimenea, reverbera antes sobre la retorta". El fuego procede de la combustión de carbones.

Es evidente que en todo este proceso lo más difícil es controlar la temperatura del fuego y lograr que sea constante durante horas e incluso, habitualmente, días. Existe la tendencia a que la temperatura de combustión varíe a medida que se consumen los carbones... y aunque el hecho de que la materia prima esté envuelta en ceniza y atenúe las variaciones de temperatura no bastan para asegurar el éxito de los trabajos. Así pues, desde el invento de las planchas térmicas o de los hornos eléctricos, no existe unanimidad sobre su adecuación a los trabajos alquímicos. En realidad, una plancha térmica conectada a la red eléctrica dará con mucha más facilidad una temperatura constante, sin que haya que preocuparse por inyectar aire o introducir carbones. En contra, se aluden los fenómenos de inducción magnética y la ruptura del proceso de atención con que el alquimista debe seguir su obra para establecer con ella una comunicación vital y una sintonía absoluta.

Elemento central del laboratorio alquímico, el atanor aparece descrito en numerosos libros clásicos de alquimia, con todas las formas inimaginables, se diría que se trata de un instrumento personalizado que cada alquimista se construye a su medida. Y así es en efecto. Basta contemplar las láminas del "Mutus Liber" para advertir la relación entre el alquimista y su atanor: arrodillado ante el horno, en posición de abandono total y concentración extrema, el alquimista muestra la simetría que existe entre él y su atanor. La escena ocurre, por lo demás, en el laboratorio. Hay que diseccionar la palabra laboratorio para advertir su sentido hermético originario: lab-oratorio, siendo "lab", corazón en hebreo, laboratorio será allí donde se realiza la "oración del corazón". Y ciertamente uno de los fines de la alquimia es transferir la conciencia del cerebro al corazón.

Habitualmente el atanor está representado en las "moradas filosofales" (definidas por Fulcanelli como "soportes físicos de verdades herméticas") de dos maneras diferentes, ora como torreón y ora como recipiente; así puede verse en el claustro de la Catedral de Barcelona y en la cuarta clave de bóveda de la nave principal. En efecto, en el primer caso, está esculpido un torreón (representación habitual del atanor) con una apertura en la base, firme y sólido, aparece en uno de los capiteles como "palacio de Egipto" (en donde la "tierra negra", nombre de ese país, se cuece), pero también aislado e incluso en una de las capillas, junto a marcas de canteros, está representado por una ermita de cuya puerta surge, de forma sorprendente, una corriente de agua. La clave de bóveda, por su parte, recurre a otro símbolo, así mismo muy frecuentemente utilizado por los imagineros medievales. [Foto 57.- EL ATANOR EN FORMA DE "PALACIOS DE EGIPTO". SOBRE ELLOS EL ANGEL CON LA ESPADA]

Representando la Anunciación de la Virgen, la imagen de ésta se encuentra enfrentada a la del Ángel, y entre ambas solamente está un recipiente sostenido por una columnilla gótica; del recipiente salen unas flores que parecen espigas y rosas. Este recipiente es el vaso, herméticamente cerrado, en el que se ha operado la transformación de la materia prima. Muchas veces, en la imaginería hermética, los alquimistas han utilizado la figura del recipiente del cual nacen flores y espigas. Los hemos visto en los grabados del siglo XV atribuidos a Johannes Andreae y que se encuentran actualmente en el Museo Británico. Los hemos vuelto a ver en el "Pretiosissimum Donum Dei" de Georgium Anrach, libro de grabados alquímicos del siglo XVII, conservado en la Biblioteca del Arsenal de París. Y podríamos seguir hasta llegar a esta clave de bóveda en la que el mismo recipiente tiene forma octogonal, recomendada también en algunos textos canónicos, al ser una figura de tránsito entre el cuadrado y el círculo,  es decir, entre lo humano y lo divino.

El atanor y el recipiente hermético se utiliza en la primera y segunda fase de la obra alquímica; y además sólo en la llamada "vía húmeda". Pero en las fases más avanzadas de la Obra el trabajo se realiza en recipiente abierto y sin la protección del atanor, en el crisol. Pues bien, la notación hermética del crisol es la X. Y esto nos remite a Santa Eulalia, a sus trece martirios y a su crucifixión en un aspa de madera. El aspa de Santa Eulalia puede verse en distintos puntos de la Catedral: está presente en el tambor del cimborrio, la segunda clave de bóveda de la nave central tiene como tema la imagen de la Santa, en los relieves a la derecha del trascoro, en la clave de bóveda de la primera capilla de la girola después de la puerta de San Ivo, si bien es San Andrés el martirizado en el aspa, en la vidriera central del ábside y en forma de motivos decorativos, alternados con la cruz griega, en las inmediaciones del altar mayor. [Foto 58.- SAN PEDRO CON LA CRUZ INVERTIDA, EN ESTE CASO EN FORMA DE X Y SANTIAGO APOSTOL, PATRON DE LOS ALQUIMISTAS, JUNTOS EN LA FACHA DE LA Catedral. A LA DERECHA: SAN ANDRES Y EL ASPA O CRISOL]

Patrona de Barcelona, el féretro de Santa Eulalia fue encontrado en Santa María de las Arenas -hoy Santa María del Mar- hacia el siglo IX y trasladado, según la tradición, al centro de la ciudad. La pila bautismal que hoy puede verse en Santa María del Mar fue el sepulcro de Santa Eulalia encontrado en la ermita de Las Arenas.

El feliz hallazgo fue augurado por San Francisco de Asís; cuenta la tradición que una vez llegado a nuestra ciudad, predicó en lo que hoy es la Plaza de Medinacelli y dice la leyenda que desde allí profetizó que se encontraría el cuerpo de la Santa y que él mismo fundaría una orden que tendría un majestuoso convento en aquel lugar, cosa que, efectivamente, también ocurrió.

Iniciado el traslado de la Santa, al llegar a la Plaza del Ángel no hubo forma de mover el cuerpo. Se dio la infeliz circunstancia de que había desaparecido un dedo del cadáver y sólo gracias a la intervención de un ángel pudo localizarse la reliquia sustraída por uno de los clérigos que acompañaron al cortejo. El cuerpo fue introducido en un sarcófago ricamente labrado por artistas pisanos en donde se registran los episodios mas sangrientos en el martirio de la Santa. Dicho sarcófago hoy está depositado en la cripta de la Catedral de Barcelona, sostenido por pequeñas columnillas salomónicas.

El tema de Santa Eulalia es altamente ilustrativo de hasta qué punto la sabiduría hermética fue preeminente en la conformación de los mitos y las tradiciones barcelonesas. Por qué, o bien la historia de Santa Eulalia fue urdida por iniciados en el noble arte de la Alquimia, o bien es apenas un catálogo de horrores sadomasoquistas. El tema de Santa Eulalia, va mucho más allá de la mera religiosidad popular y si bien es cierto que, en siglos anteriores, ejerció una profunda influencia sobre la ciudad -de la cual es último testimonio la presencia de los restos de la Mártir en el lugar más santo de nuestra Catedral- no es menos cierto que todas las tradiciones relativas a ella discurren por unos senderos simbólicos imposibles de comprender a menos de aceptar que no son sino episodios dramatizados de las distintas operaciones alquímicas... eso, o pensar que fueron solo el producto de una mente enferma; y parece difícil aceptar esta segunda explicación a tenor de la influencia que tuvo Santa Eulalia para las generaciones anteriores a nuestro desgraciado siglo. Por tanto, es en el hermetismo en donde hay que incluir el tema de la Mártir barcelonesa y utilizar la secuencia de operaciones alquímicas como clave interpretativa de tan extraña y, aparentemente cruel, historia.

Los barceloneses de hoy ignoran que buena parte del casco antiguo está tachonado por lugares que en otro tiempo evocaban a la Santa. Dice la tradición que la joven Eulalia fue martirizada en la Plaza del Padró en donde actualmente se encuentra su estatua sobre una alta peana, justo ante la iglesia de San Lázaro, antigua leprosería de la ciudad [hoy víctima de una ominosa restauración. 1997]. Dicha imagen fue inicialmente de madera y su ubicación en 1672 constituyó un hito ciudadano, pues no en vano se trataba de la primera estatua colocada en una calle barcelonesa. Al cabo de pocos años, en 1687, la estatua de madera, fue sustituida por otra de piedra, destruida, a su vez, en 1936 y restaurada en los años de postguerra. Existe un pequeño pasaje -la Volta de Santa Eulalia- en pleno casco antiguo, donde la tradición sitúa la prisión en que la mártir aguardó el tormento. Se trata de una pequeña calle, extremadamente umbría, de la que los barceloneses decían que el sol nunca la iluminaba por haber sido escenario de su encarcelamiento.

Cuenta la tradición que fue encerrada en un corral sucio y maloliente, lleno de pulgas; tal fue el primer martirio que hubo de sufrir en sus carnes. Añade la crónica que el 12 de febrero, festividad de la Santa, las pulgas son más grandes que cualquier otro día del año y pican con singular saña. Otra tradición, divergente con la anterior, sitúa la cárcel de la mártir en una casa adosada al muro de la calle San Ramón. Otra, bastante extendida, cuenta que en el camino hacia el convento de Pedralbes, en pleno barrio de Les Corts, existió un bosque de cipreses en donde se decía que había nacido la Santa; cuando la pequeña Eulalia paseaba por allí, un ángel le anunció su destino de Santa y patrona de Barcelona. En recuerdo de aquella milagrosa aparición los cipreses se trocaron en palmeras y es por ello que las imágenes de Santa Eulalia figuran siempre -y así puede verse en una de las claves de bóveda de la nave central de nuestra Catedral y en varios lugares más- con una palma en la mano y en la otra un libro cerrado.

Recordamos ahora otra tradición relativa al martirio de Eulalia. Se la tenía por hija de una de las más ricas familias barcelonesas, tanto es así que al iniciarse la persecución contra los cristianos, un sacerdote pagano cayó en la cuenta que hacía tiempo que no pasaba por el templo de Augusto y la denunció al pretor Daciano. El sacerdote estaba movido por la codicia puesto que quien denunciaba a algún cristiano obtenía parte de su patrimonio. El hijo de Daciano se enamoró de la joven y procuró salvarla; sin embargo, ésta, cuando fue llevada a la sala de tormento y contempló los hierros y demás instrumentos de infamia, falleció de la impresión. El sacerdote fue ejecutado a iniciativa del hijo del pretor.

Y aún una enésima leyenda sobre la joven mártir. Otra calle de la ciudad que llevó hasta no hace muchas décadas el nombre de la Santa fue la Bajada de la Llibretería, llamada antes Bajada de Santa Eulalia. Y quien pasee por la calle del Bisbe, podrá observar, adosado al muro de uno de los torreones del Portal Mayor que en otro tiempo constituyeron la entrada principal al recinto amurallado, una pequeña hornacina, dentro de la cual, el maestro escultor colocó una imagen de Santa Eulalia en 1456. Precisamente esa misma calle del Obispo era el lugar habitual donde se encontraban los talleres de los maestros escultores que tenían como patronos a Castorio, Claudio, Nicóstrato y Sinforiano, los famosos "cuatro mártires coronados" cuyo culto prosigue aun hoy vigente en los talleres masónicos, siendo, al menos una logia en cada país que recibe el nombre de "Quatuor Coronati".

Otra tradición sitúa el martirio de Santa Eulalia en el llano de la Boquería y, por ello, la puerta que abría la muralla medieval de la ciudad en ese punto y la misma calle de la Boquería, tenían el nombre de la patrona barcelonesa. Y, repasando las viejas historias de Barcelona compiladas durante el siglo pasado, todavía encontraríamos más y más referencias a la huella dejada por Santa Eulalia en el callejero de la ciudad.

Sin embargo, como ya hemos dicho en otro lugar, el principal recuerdo no estaba en la superficie, sino en las entrañas de la tierra, en el llamado "Riu de Sota" o "Riu de Santa Eulalia" que discurría -y discurre- entre las capas freáticas situadas bajos los pies de los barceloneses y que alimentó a los 800 pozos que existieron en la ciudad antigua. De este "Riu de Sota" se sabía que, periódicamente, sufría inesperadas crecidas que inundaban los bajos de las viviendas. Era frecuente que algunos pozos, repentinamente, vieran como ascendía hasta desbordarse el nivel de sus aguas y de esto queda constancia, especialmente, en los alrededores de la Catedral y entre las viviendas que hubieron en los aledaños de la calle del Bisbe. En la calle dels Geperuts (jorobados) existió un pozo ligado a este "riu" que sufría abundantes crecidas. No es raro que fueran los restos de Santa Eulalia y no los de cualquiera de las demás santas y santos populares en la ciudad, los que se depositaron en las entrañas de la Catedral, en su cripta, más próxima a la corriente telúrica que condicionó toda la ubicación del Templo.

El sepulcro de Santa Eulalia, trabajado en el año 1339, resume en pequeños iconos los suplicios que sufrió. Su cuerpo fue transportado a la Catedral en el tiempo que la jefatura de las obras recayó sobre el misterioso "Jaume Fabre", a quien ya hemos aludido y que puede verse en el relieve del sepulcro, situado detrás de la figura del rey; Fabre, el maestro de obras, vuelve la mirada en sentido contrario, en la parte superior del sepulcro. El maestro de obras está vuelto hacia otra figura, tocada con un extraño gorro y que realiza con la mano izquierda el gesto de los iniciados: los dedos pulgar y medio, extendidos, y, anular y meñique, doblados sobre sí mismos, "lo que está arriba es como lo que está abajo". "Fabre", por su parte, mantiene la mano derecha sobre el Santuario del Corazón.

Es hora ya de describir los tormentos que sufrió la santa.

Hay que tomar todas las precauciones a la hora de reseñar este amplio catálogo de horrores; existen muchas versiones de la leyenda y, evidentemente, se ha perdido la memoria de los orígenes trastrocándose tanto el orden como la naturaleza simbólica de algunos tormentos. Todo induce a pensar que el primer martirio que debió afrontar fue el ya mencionado de las picaduras de las pulgas. A este siguieron los azotes y la aplicación de garfios sobre su piel; otro tormento, coincidente con estos en sus consecuencias, es el que sufrió en la Bajada de Santa Eulalia, donde fue encerrada en un tonel con clavos y vidrios rotos, y lanzada por la pendiente durante 13 veces. Estos cuatro tormentos son, en el fondo uno solo y equivalen a los azotes que sufrió Cristo y al viento huracanado que afrontó Mithra tras su nacimiento y que desgarró su piel. El adepto sabe -por lo ha experimentado sobre su propia carne- que en las primeras fases del trabajo hermético, la extracción del Mercurio, provoca una serie de sensaciones objetivas muy vividas y especialmente la sensación de una ruptura interior, de un desgajamiento, como si una parte de sí mismo fuera desprendida, cortada del eje de la personalidad. Algunos dramatizan esta experiencia en forma de azotes, en otras como viento huracanado, también -podemos dar fe- como la experiencia de ser atravesado por algún objeto cortante. Da igual, siempre la esencia es la misma, algo que desgarra y, ante lo cual, en ocasiones, el adepto llega a aterrorizarse y dar marcha atrás o interrumpir la operación. Los cuatro martirios descritos tienen el mismo significado simbólico y objetivo; extracción de las "aguas mercuriales" que han hecho de la "sal" su lugar de presencia, separación del espíritu de su soporte físico, o si se prefiere, distinción entre la mena y su ganga.

A esta serie de "tormentos" siguen otros dos que entendemos corresponden a la misma operación. La Santa es rociada con plomo derretido y sus heridas frotadas con una piedra áspera. La primera fase de los trabajos -la mortificación de la materia primera- ha sido concluida, se trata ahora de obtener los primeros resultados y alcanzar la etapa en la que aparece el negro azabache en el recipiente filosofal. Tal es el simbolismo del frotar la piedra sin desbastar. Esa piedra, de cuya existencia se ha tomado conciencia y que es preciso trabajar en dos fases subsiguientes del trabajo (su conversión en piedra cúbica y la prueba de maestría que implicará transformarla en piedra puntiaguda) nace de la purificación anterior que se opera fundamentalmente en la sangre, esto es, en la vitalidad. Algunos maestros han sostenido que el arcano de la obra y acaso la práctica más delicada y difícil, en esta fase, consiste en transferir la vitalidad al compuesto mineral que bulle en el atanor y que ha ido acentuando su putrefacción y adquiriendo negritud en las operaciones anteriores. Tal sería el aporte energético que posibilitaría la transmutación metálica y también el punto de unión entre la alquimia entendida como ascesis personal interior y, paralelamente, como operación de laboratorio, pues de lo que estamos hablando, sin utilizar perífrasis simbólicas, ni artificios lingüísticos, es de depositar el espíritu extraído del compuesto humano, en el recipiente donde bulle el sulfuro metálico, a fin de vivificarlo. Es pues una piedra sin desbaratar -el sulfuro metálico aludido- lo que entra en contacto con el núcleo de la vitalidad que reside en la sangre y de ahí el sentido que tiene el martirio de la Santa. En cuanto al baño de plomo derretido hay que tenerlo como culminación del "opus nigrum": el metal por excelencia de Saturno, el plomo, cubre el cuerpo y acaecen entonces las tinieblas. Ese plomo abrasa toda superfluidez, quema restos de impurezas y es, en definitiva, el "agua que quema" de la que hablan Pontano, Della Riviera y tantos otros maestros. Unido a este grupo de martirios se encuentra otro, intercalable, aquel en el que la santa sufre en un brasero ardiendo. Tal brasero nos indica la inevitable presencia del atanor, ya descrito, en el interior del cual se realizan las transformaciones.

El siguiente grupo de tormentos tiene como leit-motiv la blancura y la desnudez. La santa es expuesta en su desnudez, que evoca, fundamentalmente pureza, pero la piadosa leyenda añade un elemento que va en la misma dirección: la nieve evita que su cuerpo sea visto por otros. Más tarde será arrojada a un depósito de cal cuyo color blanco y función ardiente van en la misma dirección que el simbolismo de la desnudez y de la nieve. Hemos llegado al "albedo", la "Obra al blanco". El compuesto renacido de su putrefacción y negrura anterior debe unirse al elemento sulfuroso e ígneo. Santa Eulalia resulta, en ese momento, rociada con aceite hirviendo y casi, acto seguido, está a punto de escapar de sus captores; es por ello que, detenida de nuevo, es fijada a una cruz en forma de aspa, de X. Pero la X -como ya hemos dicho- es la notación hermética del crisol, del horno abierto utilizado en los últimos trabajos de la obra. El mensaje es claro: se trata, a esas alturas de los trabajos, de provocar nuevas sublimaciones, "lavando con fuego" (tal es el sentido del aceite hirviendo que corresponde a un espíritu o Mercurio purificado y que ya posee en sí algunas de las características que lo hacen próximo del elemento ígneo, el Azufre de los filósofos o alma) y las subsiguientes coagulaciones (de ahí el sentido de colocar a la santa en el crisol, cruz o aspa tras su fuga, que, por lo demás, equivale a la sublimación o disolución). La dramática historia termina con la muerte de la Santa y su glorificación. [Foto 59.- "DAMA ALQUIMIA" EN NOTRE DAME DE PARIS]

Existe otra Santa Eulalia, celebrada en Mérida, que sufrió martirio en tiempos de Diocleciano. Evidentemente existen elementos de unión entre las dos Santas Eulalias, no sólo por la proximidad entre el nombre de Diocleciano y de Daciano (pretor que, según la tradición, gobernaba en la Barcelona romana de la leyenda), entre los nombres de ambas santas y en algunos de los tormentos complementarios que sufrieron. Así, por ejemplo, la santa extremeña sufrió la quemadura de sus senos (a la barcelonesa le fueron cortados) y de su cabello hasta que murió asfixiada. La clave interpretativa de la Santa Eulalia extremeña es más clara en algunos aspectos: el castigo de sus senos y de sus cabellos equivalen a la purificación de los "santuarios del corazón" y de "la cabeza", respectivamente. Pero, ni la santa barcelonesa, ni su homóloga extremeña, presentan con rasgos muy claros el inicio de la tercera fase, el "rubedo", leucosis u "obra al rojo", que, o bien se ha perdido en la leyenda, o bien nunca jamás fue compilado.

Habría que recurrir a los símbolos con los que es representada Santa Eulalia para ver que efectivamente en ellos están el principio y el fin, la apertura y la coronación de los trabajos herméticos: la palma y el libro cerrado. En el medallón situado en el centro del pórtico de Notre Dame de París se encuentra la representación de una extraña mujer, sentada en un trono, ante la que hay representada una escalera -símbolo de los peldaños que conducen al saber- y que ostenta en una mano dos libros, cerrado y abierto, representando respectivamente los dos tipos de materia, la materia primera, no penetrada, oscura e incomprensible y aquella otra abierta, preparada y dispuesta para la manifestación de su contenido. Principio y final de la Obra. En la fachada de la Catedral barcelonesa, en el contrafuerte de la parte derecha, situado justo en el arranque de las arquivoltas, las estatuas hieráticas de dos apóstoles miran a la lejanía; uno muestra un libro abierto y el otro cerrado; el primero señala con el índica el Santuario del Vientre y el segundo con índice y medio a la altura del Santuario del Corazón. El mismo símbolo que ocupa en Notre Dame un lugar central está presente en la Seo barcelonesa. [Foto 60.- LIBRO ABIERTO Y LIBRO CERRADO EN LA FACHADA DE LA CATEDRAL]

Sin embargo, en el tema de Santa Eulalia, el libro abierto es representado, por conveniencias del relato mítico, con la forma de una palma indicadora de victoria y fecundidad. Este símbolo tiene singular relieve en las festividades del Domingo de Ramos en Barcelona cuando los niños, rememorando la entrada de Jesús en Jerusalén, agitan sus palmas y palmones, que han perdido su color verdoso original, para adoptar un tono amarillento próximo al oro. Y así, con estos dos atributos, es representada la Santa en la clave menor de su cripta, dorada y policromada como corresponde al jeroglífico que resume en sí toda la Obra Filosofal. También puede vérsela en la segunda clave de la nave central, con idénticos atributos -ostentando, además, el noble escudo de doña Blanca reina de Aragón- y en la gran clave de la bóveda de la cripta vuelve a estar presente la palma y el libro, viéndose además la Corona que le tiende el Niño Dios y que corresponde a quien ha llegado al final del camino... Maravillosa obra de arte levantada por la sola fe de un pueblo. Maravilloso el arte que acrecienta la fe de quien tiene ojos y ve, entendimiento y entiende: "Fides fovet artem et ars fovet fidem", la fe fomenta el Arte y el Arte fomenta la fe. [Foto 61.- SANTA EULALIA EN UNA CLAVE DE BOVEDA, CON EL LIBRO CERADO Y LA PALMA]

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La eterna Juventud en la Catedral de Barcelona

Infokrisis.- Rescatamos el último capítulo de una obra escrita hace 20 años y que desde entonces ha permanecido en un cajón. Se trata simplemente de un trabajo monográfico sobre el simbolismo hermético de la catedral de Barcelona, del que presentamos a continuación el último capítulo sobre la Edad de Oro y la Juventud. El estilo empleado es el propio de esto trabajos sobre hermerismo de lo que Fulcanelli marcó en sus obras.

 

El misterio de la Catedral de Barcelona

Conclusión
La Edad de Oro y la Juventud

 

No es por casualidad que hayamos traído a colación la historia de Santa Eulalia en el último capítulo de esta pequeña obra. La Santa es habitualmente representada con los rasgos de una muchacha excepcionalmente joven. Esta es una de las muchas ocasiones en que el tema de la juventud se filtra en las leyendas y los símbolos de nuestra Catedral. Una vieja leyenda setecentista, por ejemplo, cuenta que existió una campana en la Seo barcelonesa cuyo sonido era singularmente claro y armonioso. Nadie sabe por qué los barceloneses de entonces la llamaron "Honorata"; si se cree saber, en cambio, que fue construida en la placeta de Junqueras, más o menos, en el lugar ocupado actualmente por la Plaza de Urquinaona. Dice la tradición que la campana entró en la ciudad por la Puerta del Angel y fue llevada hasta la confluencia con la calle Condal. Pero allí las fuerzas flaquearon y la campana -de más de tres toneladas de peso- quedó clavada en el suelo. En 1545 doscientos dos jóvenes barceloneses pidieron llevarla consiguiendo situarla al pié del campanario ochavado de San Ivo, que hacía poco que se había coronado. Treinta parejas de bueyes e ingeniosos juegos de poleas y polipastos, alzaron la campana casi a la altura de su emplazamiento; pero hubo un momento en que bestias y hombres, agotados, no alcanzaban a llevar la campana a la altura requerida. Fue un joven barcelonés el que dio con la solución, tan simple como todo lo que vale la pena en la vida: bastó con mojar las cuerdas para que el cáñamo se encogiera y la campana subiera sin más ayuda los pocos metros que faltaban...

No es la única tradición en la que la Seo barcelonesa se acerca al tema de la juventud. Si iniciábamos la primera parte de esta obra hablando del desaparecido convento de Santa Caterina, volvemos ahora a referirnos a la Santa, una de las patronas de la Juventud, junto al Apóstol San Andrés y a San Nicolás de Bari. Este último está presente en la clave de bóveda de una capilla lateral, mientras que puede verse a San Andrés en el pórtico principal de la Catedral, junto al resto de discípulos de Cristo y, así mismo, en la clave de bóveda de otra capilla, ostentando siempre su cruz en forma de X.

Santa Caterina tenía 19 años, era huérfana e hija de reyes; como en el caso de Santa Eulalia, el Emperador la quiso seducir ofreciéndole matrimonio que, por supuesto, rechazó. Alimentada en su encierro por una paloma blanca, sus suplicios tienen igual sentido simbólico que los de la Santa barcelonesa. Sometida al tormento de la rueda -ésta se rompió hiriendo a sus torturadores- y decapitada luego, su cuello manó leche. La imagen de la Santa está presente en la clave de bóveda de la capilla consagrada a San Marcos y al gremio de zapateros. Una ves más, bajo la imagen de los suplicios se evocan operaciones herméticas muy concretas. El llamado "fuego de rueda", es una técnica de los alquimistas consistente en cocer en el atanor, durante largo tiempo, el huevo filosofal a temperatura constante. Esta operación permite alcanzar la "obra al blanco", el "albedo", evidenciado en la leyenda de la Santa con el símbolo de la cabeza cortada que destila leche. Cuando se alcanza esta fase se está próximo a la regeneración del cuerpo y a la eterna juventud que otorga a la Santa el patronazgo de la adolescencia junto a San Andrés (martirizado, como la joven Eulalia, en un aspa, X, notación alquímica del crisol) y San Nicolás (su nombre en griego, deriva de "piedra").

Análogamente, la Capilla de la Madre de Dios de Montserrat, anteriormente dedicada a Santa Agnes, está coronada por la clave de bóveda que nos muestra a esta santa de apenas trece años en el momento de su martirio. A esa edad se convirtió al cristianismo y, como en el caso de Eulalia, el Cónsul romano se enamoró de ella; Agnes lo rechazó. Llevada a un burdel y expuesta en su desnudez ante los ojos lúbricos de los paganos, el Cielo quiso que el cabello le creciera hasta cubrirla. El hecho fue tenido como milagroso y el burdel transformado en casa de oración. Cuando el cónsul acudió a comprobar la veracidad de los rumores sobre el hecho, la luz que irradiaba el corazón de Agnes lo cegó y murió. Y es que el Santuario del Corazón, purificado y renovado, desprende tal luminosidad que abrasa al "Hombre Viejo".

Idéntico tema de la juventud triunfadora sobre el mal  -representado, esta vez, por el dragón- se repite en la clave de bóveda de la Capilla de la Madre de Dios del Pilar, antes dedicada a Santa Margarita, cuyos atributos son la cruz y el libro. Hija de paganos, su niñera la introdujo en la fe cristiana. A los 15 años, el gobernador romano quiso tomarla como esposa, pero ella se resistió y sufrió martirio. Un dragón amenazó devorarla, y al igual que Santa Marta, se libró con la señal de la cruz. Tragada luego por la fiera, salió de sus entrañas enarbolando nuevamente la cruz; por eso la tradición quiere que la Santa se invoque en las situaciones difíciles. El diablo volvió a tentarla con forma de hombre peludo  -otra vez la misma imagen presente en los frisos del pórtico de San Ivo-, pero se libró. Martirizada con fuego y agua fría, salió reforzada en su fe. Como otros muchos santos, fue, finalmente, decapitada. En la clave de bóveda se la representa con perlas, símbolos de pureza. Una vez más estamos ante la perífrasis simbólica de un martirio que no es sino la descripción de un proceso hermético de realización interior. A la victoria sobre el dragón, sucede la purificación del Santuario de la Cabeza.

Cuando estábamos a punto de dar por concluida esta obra, caímos en la cuenta de que faltaba hablar de la disposición de ánimo con que el alquimista debe iniciar sus trabajos. Esa actitud es la misma que la demostrada por nuestra amada hija cuando vio, en el Templete de San Jaime del claustro, el huevo bailando sobre las aguas. Nos llamó la atención la extraordinaria pureza de corazón con la que contemplaba la escena. Entendimos súbitamente por qué Cristo quiso rodearse de niños, por qué dijo que quien no fuera como ellos no tendría acceso al Reino de los Cielos y por qué alabó en sus bienaventuranzas a los "mendicantes de espíritu" (ya que no pobres). Entendimos también aquellas líneas que dedicó von Eckartshausen a todos los buscadores: "¿En qué consiste el órgano de la verdad? ¿Qué es la capacidad de verdad en el hombre? Respondo: es la simplicidad de corazón; la simplicidad coloca al corazón en una situación conveniente para recibir con pureza el rayo de la razón; y éste organiza al corazón para la recepción de la luz". La Juventud es el estado físico que equivale en el plano interior, a la simplicidad de espíritu, y en el plano cósmico a la Edad de Oro.

La Edad de Oro fue considerada en el mundo clásico, el período de plenitud del ser. La primera característica que enumera Hesíodo de la Edad de Oro es la juventud, "la vejez miserable no existía", escribe en "Los Trabajos y los Días". Aquel tiempo de plenitud espiritual aparece reflejado en otras tradiciones con las mismas características, incluso en el período cristiano. San Brandán, en el curso de su navegación llega a una "Isla Bienaventurada" en donde sus moradores viven una eterna juventud. La tradición china nos muestra otro ejemplo de una isla, Kuchea, poblada por "hombres trascendentes con rasgos de niños".

El lenguaje chino permite otra generalización interesante. En algunos dialectos la palabra "tse" quiere decir tanto "norte" como "joven". Habitualmente, todos las tierras paradisíacas relacionadas con el inicio de los tiempos y la Edad de Oro, están situadas en el Norte, esto es, en el Polo. Hiperbórea -el continente situado en el extremo septentrional del globo según la tradición griega- es el ejemplo que nos ofrece el mundo clásico: situada en el extremo Norte, allí reinaba la eterna juventud.

En otros contextos culturales no tendríamos ninguna dificultad en encontrar seriado este mismo dato. Los chiitas esperan la llegada del XIIº Imán, el "Imán Oculto", "polo de los polos", que tendrá los rasgos de un joven de belleza sobrenatural. Esta tradición deriva probablemente de otra anterior, la que define el reino iranio de Yima como un lugar en el que "no había vejez ni muerte (...) Padre e hijo parecían tener quince años". El "Zend Avesta", libro sagrado de la tradición irania, sitúa el reino de Yima en el Norte, lugar de juventud y trascendencia. Todos estos elementos son interesantes en su calidad de mitos, pero también contienen una enseñanza aplicable al proceso de realización del ser.

Una iniciación consiste en el acto de introducir al sujeto en un sendero de trascendencia que regenera su vida. Existe un "antes" y un "después" de la ceremonia iniciática; antes, el sujeto era considerado como un ser incompleto, limitado y en una situación similar a la vejez, al margen de su edad biológica real. A lo largo de las anteriores páginas, hemos aludido en varias ocasiones a este tema; el "hombre viejo", queda renovado mediante la ceremonia iniciática y se convierte en un hombre nacido a una nueva realidad, un "hombre nuevo", un re-nacido.

En el momento en que los francmasones son iniciados en el grado de Aprendiz, el primero de su jerarquía iniciática, reciben el nombre "Hijos de la Viuda", aludiendo al hijo que portaba en sus entrañas Balkis, la reina de Saba, fecundada por Hiram, el arquitecto. El rey Salomón, celoso de Hirám ordenó su muerte. Por eso los francmasones, herederos del arquitecto y fundidor se dan a sí mismos el nombre de "Hijos de la Viuda".

Antes que ellos, los templarios -que algunas obediencias sitúan en el origen de la francmasonería- fueron acusados de "quemar recién nacidos". Sus verdugos confundieron -o quisieron confundir- el mito con la realidad. La ceremonia de iniciación al capítulo secreto de la Orden recibía el nombre de "Baphomet" -nombre que la inquisición consideraba erróneamente como el de un ídolo demoníaco-; hay que descomponer esta palabra en "baphos", bautismo en griego y "metheos", fuego, para comprender el significado de la ceremonia: un "bautismo por el fuego", similar al dispensado por el Espíritu Santo, que posó "lenguas de fuego" sobre las cabezas de los apóstoles. El hecho de que se tratara de un bautismo (sólo se bautiza a los niños) y que fuera realizado mediante el "fuego" (esto es, a través del "espíritu") hizo que los inquisidores, tomando la alegoría por realidad, creyeran que los templarios quemaban a recién nacidos.

Idéntica confusión entre mito y realidad produjo la perdición de los judíos. Hasta un tiempo relativamente reciente se creía que los judíos, en las proximidades de la fiesta del Pesaj, secuestraban y torturaban a recién nacidos. En 1928, incluso, en Massena, estado de Nueva York, el rabino de la localidad fue interrogado tras la desaparición de un niño; éste fue encontrado, tiempo después, perdido en un bosque cercano y sólo el feliz hallazgo calmó a los antisemitas. Nicolás II, a finales del siglo pasado culpó oficialmente a los judíos de otro asesinato ritual, sin que nada pudiera demostrarse. Encontramos casos parecidos a partir del siglo XII, algunos de los cuales posiblemente fueran ciertos, pero sobre la mayoría persiste la duda. Una vieja leyenda urbana barcelonesa es significativa al respecto. Los judíos del Call (barrio judío de Barcelona situada en la parte noroeste de la ciudad antigua) asesinaron a Mauret, un niño, crucificándolo. Cuando lanzaron su sangre a las aguas, éstas se tiñeron de rojo. El niño, al decir del relato, fue santificado. Se trata, evidentemente de una leyenda hermética. No existen huellas de un culto a Sant Mauret en la Ciudad Condal, sin embargo, la leyenda, efectivamente circuló. Ya hemos visto por que el nombre de "Mauret" es sospechoso; en España, desde la Edad Media, los nombres cuya etimología se asocia a los "moros" están relacionados con lugares de magia y brujería. Mauret es pues un mago o un hermetista. Su crucifixión y muerte implican una ceremonia iniciática: ser crucificado equivale al "coagula" alquímico, la fijación en la cruz de los cuatro elementos (fuego, tierra, agua y aire), es decir, la obtención del dominio sobre ellos. La muestra de que la operación ha tenido éxito es que la sangre renovada de nuestro "Mauret" (en catalán, diminutivo de "moro") adquiere el carácter de una "tintura" que enrojece las aguas (en términos herméticos, dignifica el espíritu y otorga la mestría).

Los escritores herméticos representan a quien ha logrado extraer la "piedra filosofal" con la imagen de un niño o un adolescente. Abundan los grabados para demostrarlo: la XV figura del Libro de Lambsprinck muestra a un "nuevo Hijo" coronado de oro; en la II Clave de la "Filosofía Hermética" de Basilio Valentino, Hermes, representado por un joven coronado, está revestido con los atributos del triunfo alquímico. Así mismo, la quinta lámina del "Atalanta Fugiens" de Michel Maier muestra un embrión en el vientre de su madre, premonición del futuro nacimiento.

La consumación de la obra alquímica está reputada de ofrecer la "eterna juventud". Sus textos hablan de una misteriosa "fuente" que prolonga la vida en un estado joven y vigoroso para quien consiga descubrirla y beber de sus aguas. El famoso pintor Hieronimus Bosco en su retablo "El Jardín de las Delicias", representa esta fuente y "Cilyani", autor alquímico del siglo XIX, nos dice que se trata de la "fuente de Cadmo". Hay que entender por "fuente" al propio espíritu, el cual purificado, se convierte en germen del estado de eterna felicidad interior, comparable al Edén.

Aun es posible realizar otra asimilación entre la juventud, la fuente y el Edén: el símbolo del Grial.

Entre 1180 y el 1230, como respondiendo a una influencia subterránea oculta durante muchos años, de manera simultánea aparecieron en todo Occidente una multitud de leyendas relacionadas con la búsqueda del Grial. Época de las cruzadas, del auge de los templarios, el período de los grandes Emperadores del Sacro Imperio y de la síntesis espiritual del tomismo, en solo unos pocos años los textos de Chretien de Troyes, Robert de Boron, Massenier, Wolfram von Eschembarch, von der Tumlim, Gerbert de Montreuil, y algún otro autor anónimo, respondiendo sin duda a una consigna, se sitúan en la base del último gran despertar de la Tradición Occidental. El tema central es la búsqueda del Grial.

Tallado de una esmeralda caída de la frente de Lucifer, fue utilizado como copa en la Ultima Cena y luego en la cruz recogió la última sangre de Cristo. Recuperada por José de Arimatea, una saga de reyes-sacerdotes la custodió en un castillo. Pero uno de estos reyes resulta herido y el Grial se pierde. Deberán llegar Arturo y sus caballeros para acometer su búsqueda. Solo tres lo alcanzarán: Galahad, hijo de Lanzarote, el "caballero perfecto", Bors, el "caballero humilde" que regresa con él a Camelot y, finalmente, Perceval, llamado el "tonto perfecto" por su inocencia y juventud.

Una de las virtudes que dispensa el Grial es la "salud", entendida tanto en un sentido de salvación espiritual, salud física y juventud interior. Wolfram escribió: "el Grial infunde al hombre tal vigor que sus huesos y carne encuentran súbitamente su juventud". De los tres caballeros que lo conquistan, solo uno nos interesa a efectos de nuestro análisis; Perzeval, en efecto, es representado en los relatos del Grial, como un adolescente que apenas conoce el miedo -como el héroe nórdico-germánico Sigfrido, otro arquetipo heroico de la juventud- simple y sencillo de costumbres; caballero santo, vagará durante 5 años en busca de la Copa y conseguirá curar con su virtud al Rey Herido. Tras aproximarse al Grial y cosechar un primer fracaso, acomete de nuevo la aventura y lo obtiene al responder a la pregunta fatídica formulada por el Rey Herido "¿A quién sirve el Grial?", "A vos" responde Parzeval.

A pesar de la poca relación entre el tema del Grial y la tradición católica, es significativo que ambas hagan del estado de infancia una cualidad imprescindible para aproximarse a la experiencia trascendente y llegar a Cristo.

Los Evangelios no ahorran alusiones a la necesidad de un estado de infancia para alcanzar la conciencia crístico. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son pródigos en este tipo de referencias. "Dejad que los niños vengan a mí" dice el Cristo y también "El que no reciba el reino de Dios como un niño pequeño no entrará en él". San Mateo repite textualmente la frase. Incluso el Antiguo Testamento tiene algunas referencias a la juventud: "El cordero y el lobo serán guardados juntos por un niño en el Paraíso", dice Isaías (XI: 6). La misma iconografía católica reconoce la virtud del estado de infancia en las figuras de los ángeles representados siempre con rasgos puros y etéreos de la pubertad.

Ya que hemos empezado con Hesiodo, sigamos el camino trazado por él en "Los Trabajos y los días". Allí, el autor clásico nos presenta un cuadro mítico para explicar la decadencia de la humanidad. A la Edad de Oro seguirán otras tres de decadencia progresiva, en las que se acorta cada vez más la vida de los hombres. En efecto, las edades de Plata (edad de los sacerdotes), de Bronce (edad de los guerreros) y de Hierro (edad de la confusión y el caos, la actual), siguen a la Edad de Oro (edad de la espiritualidad pura). En cada etapa la brecha entre el hombre y la trascendencia aumenta.

Hesiodo nos dice que los dioses para dar una esperanza a los hombres crearon una "raza de Héroes", capaces de ofrecer a los hombres de la Edad de Hierro una vía de reintegración en el estado primordial de la edad de oro. A través de un esfuerzo personal y de una búsqueda individualizada, afrontando la vida como una prueba, el Héroe clásico podía alcanzar un estado idéntico al de los hombres de la Edad de Oro. No se garantizaba el éxito de la aventura; unos triunfaban -como Hércules- y otros muchos fracasan (como varios argonautas compañeros de Jasón o héroes griegos muertos ante las murallas de Troya). El héroe siempre es presentado con los rasgos de un joven de vigor y fuerza inagotables.

El descenso de la Edad de Oro a la Edad del Hierro, último de los períodos de la decadencia, produce, como hemos visto, un acortamiento de la vida humana. El tema está presente en todas las mitologías. Los Vedas aluden al "Toro del Dharma" que en cada una de las cuatro edades va perdiendo una pata; en la Edad de Oro se mantiene sobre las cuatro, en la de Plata con tres, luego, en la de Bronce con dos y en la de Hierro -el Kali-Yuga, edad oscura, de la tradición hindú- con solo una. Esto indica una situación de inestabilidad creciente y una reducción en la duración de los tiempos, según la proporción 4, 3, 2, 1, cuya suma nos da el 10, límite de duración de un ciclo completo. En la tradición hebrea encontramos análogos retazos de la misma sabiduría; la Biblia pone especial énfasis en mostrar la edad de los patriarcas. Así, por ejemplo, Adán viviría 930 años, su hijo Seth 912, Enós, 905, hasta llegar a Abrahám cuya vida se extinguió a los 175 años. Después del episodio de la Torre de Babel, la vida humana sufrió una drástica reducción y tras el episodio de Esaú y Jacob, la edad media de los patriarcas pasa a ser similar a la actual. En el Libro de Daniel se habla de la visión de una estatua con la cabeza de oro, el torso de plata, las piernas de bronce y los pies de barro.

Pero en todas estas tradiciones se contempla la posibilidad de superar el pobre destino de la muerte y la extinción. Es universal la creencia que tras un período de decadencia absoluta, cuando se ha alcanzado el límite de las desintegraciones, se producirá una recuperación brusca y al caos más absoluto será sucedido por un nuevo ciclo áureo. El universo absorberá las partes impuras y reaparecerá el estado edénico primordial.

Incluso el cristianismo considera esta posibilidad bajo la forma de la "segunda venida de Cristo", la "era del Paráclito" a la que aludió Joaquín de Fiore, el místico y profeta medieval intérprete del Apocalipsis. Anunciado por las trompetas de ángeles y arcángeles, el concepto católico de renovación del Cosmos tiene también equivalente en la tradición clásica. Virgilio, en "Las Bucólicas", anuncia que el nacimiento de un niño providencial llevará al mundo de la Edad de Hierro a la de Oro. Ese Niño, para nosotros, es Jesús, el que, como la Piedra transmutadora de Plomo en Oro, nació en la oscuridad, en el seno de una caverna y bajo el signo de la estrella.

En un lugar privilegiado de la Catedral de Barcelona, en la nave lateral derecha, a la altura del coro, se encuentra la Capilla de San Raimundo de Peñafort. Antes del traslado de los restos del Patrón de los Abogados estaba consagrada a San Cristóbal. La clave de bóveda de dicha capilla muestra aun a San Cristóbal. El Santo no supone más que una leve alteración del eterno tema clásico del titán Atlas aquel que cargaba sobre sus espaldas el globo terráqueo. Cristóbal, el cananeo, era, como Atlas, un gigante que toda su vida había ansiado ponerse a las órdenes del Señor más grande del Universo. En el palacio de un Rey cristiano, observó como el monarca se santiguaba al oír el nombre del diablo y se hizo servidor del Maligno a quien creía el más poderoso. Lo abandonó cuando, llegando a una población, vieron la cruz de piedra, y el demonio huyó. Entonces supo que Cristo era más poderoso y decidió buscarlo, pero en vano. Un ermitaño le recomendó el ayuno y la ayuda a los débiles. Cristóbal así lo hizo. Un día, un
Niño le pidió que le transportara a la otra ribera de un río. A medida que Cristóbal se internaba en las aguas, notaba como el peso del Niño aumentaba más y más. Era Jesús que llevaba sobre sus hombros la carga de todos los pecados del mundo. Esos "pecados" tienen la densidad, opacidad y pesadez del plomo, oscurecen nuestra naturaleza trascendente y le privan de manifestar su verdadera faz. Pero, en el Niño se encuentra el germen del Oro.

Próximo a la capilla de Santa Lucía se encuentra el arcosolio funerario que alberga los restos de un joven juglar, Mosén Borra. Una vieja leyenda catedralicia nos explica que había nacido en el seno de una familia pobre, pero su padre, consiguió aproximarse a la cámara real e intercambiarlo por el hijo del Rey, cuando aún era muy niño. Devenido pobre juglar, Mosén Borra, el monarca verdadero, ignoraba su auténtica naturaleza, la regia, áurea y solar y había asumido aquella situada en las antípodas; en la jerarquía de las cortes medievales, el número uno era el rey y el último, su juglar, considerado como la inversión del primero, de la misma forma que el plomo es oro invertido y toda la luminosidad que hay en uno se transforma en negrura y pesadez en el otro. Borra quiere decir cordero y su raíz, bor-, se encuentra en la palabra boreal; en el fondo se trata de una reiteración: el "cordero" es Aries, primer signo del Zodíaco, el jefe de la manada que indica la dirección a seguir, el Norte, boreas, marcada por la estrella polar. La tumba de mosén Borra, el juglar que ignoraba su noble origen, se encuentra hoy junto a la capilla de Santa Lucía, en el claustro. En este sepulcro se lee la siguiente inscripción: "Hic jacet dominus Borra, miles gloriosus  - Facta fuit sepultura ista anno Domini MCCCXXIII".

La leyenda de mosén Borra es el símbolo de todos nosotros: alejados de nuestro origen tras la caída adámica, nos queda la esperanza de descubrir nuestras raíces trascendentes. El devenir del Mundo, como la caja de Pandora, tras haber arrojado todos los horrores del universo, solo ha dejado en el fondo la esperanza: y esa esperanza tiene un nombre en todas las tradiciones; se llama juventud y es un estado interior...

Sólo conocen ese estado quienes forman parte de la Ekklesia -literalmente "asamblea de los que han sido puesto aparte"- y digan, con Alfonso X, el Rey Sabio, "por bienaventurado se debe tener todo home que pueda construir iglesia". Aquellos, en definitiva, que hayan completado su templo interior, nacidos, con ello, a la nueva vida.

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René Guénon y la cuestión del satanismo

Infokrisis.- Este artículo rescatado de la carpeta de ficheros olvidados, fue escrito hacia 2004, cuando pretendíamos publicar una obra titulada "Satanás y su puta madre..." de la que debería de ser una especie de anexo. La radical oposición de nuestra amada esposa que amenazó simplemente con dejarnos tirado si persistíamos en obras con títulos tan provocadores, nos hizo renunciar a este proyecto del que quedaron algunos artículos dispersos que iremos publicando poco a poco. Este es uno de ellos y se centra en el análisis del papel que la figura del diablo tiene en la obra de René Guénon.

Hacia principios del siglo XX una figura de primer orden emergió en el magma del ocultismo francés. Con pasos vacilantes e inseguros, René Guenon no cortó completamente con el ocultismo sino hasta 1909, cuando sus disputas con estos ambientes se agriaron definitivamente. Veinte años después Guenon ya había completado lo esencial de su obra, ofreciendo a Occidente un cuerpo doctrinal sólido e imprescindible para comprender qué fue y qué es la Tradición. En la senda abierta por Guenon discurrieron otros autores que han configurado la "escuela tradicional" (1) . Antes o después era inevitable que Guenon abordara el tema del Diablo y lo hizo de manera concreta en "L’Erreur Spirite" (2) y más globalmente en "El reino de la cantidad y los signos de los tiempos"(3). La perspectiva que plantea Guenon, no solo es lúcida, sino que al mismo tiempo tiene la virtud de responder a la mayor parte de interrogantes sobre susceptibles de plantearse sobre el Diablo y el satanismo contemporáneo. Al mismo tiempo Guenon sitúa perfectamente estas cuestiones dentro de una perspectiva mayor a la que da el nombre de "contra-iniciación". El satanismo es pues, para Guenon, una forma, la más absoluta y degradada de negación del orden normal representado por la iniciación. El análisis es lo suficientemente lúcido como para que lo repitamos en cada uno de sus fases.
   
Guenon considera que el satanismo es un desorden contemporáneo que hay que incluir en un orden mayor. Nos encontramos en una fase de decadencia que hay que insertar en el extremo terminal de un ciclo. Guenon repite a lo largo de su obra que el aparente desorden actual tiene una lógica que hay que insertar en la doctrina tradicional de los ciclos cósmicos. El discurrir del Cosmos -y de cada una de su partes, la Tierra, el Hombre- está sometida a una ley invariable: a una Edad de Oro, de máxima expansión, siguen tres períodos sucesivos de progresiva decadencia, tras los cuales se produce la consiguiente crisis terminal de la que nacerá un nuevo período áureo. Este instante final tendrá un carácter depurador. Así pues, el desorden aparente que representa nuestro actual momento histórico, encuentra su razón de ser y su normalidad dentro de este ciclo mayor; en otras palabras, la decadencia es inevitable, en la medida en que, partiendo de un estado edénico, insuperable, el devenir y la cotidianeidad no pueden sino generar procesos de disolución, primero apenas imperceptibles, que, progresivamente, van ganando en intensidad y dramatismo. Es necesario que lo anterior muera para que pueda manifestarse un nuevo período áureo, tal es el mensaje final de Guenon. Este desorden parcial inscrito dentro de un orden más amplio, no puede tomarse, al menos desde el punto de vista humano como un mero fatalismo irresistible y al que no vale la pena oponer ningún esfuerzo sino apenas dejarse llevar por la corriente de los acontecimientos. Guenon recuerda la palabra bíblica: "Es necesario que haya el escándalo, pero hay de aquel por quien se produce el escándalo". Y la advertencia va dirigida contra las formaciones contra-iniciáticas.
   
Para Guenon las condiciones cíclicas objetivas generan los procesos de decadencia, pero estos, al proyectarse sobre el mundo contingente precisan de factores subjetivos y voluntaristas. No hay decadencia sin hombres capaces de convertirse en vehículos de la misma. Hay que buscar en las filas del satanismo a los promotores inmediatos de la decadencia contemporánea. Esta posición puede parecer similar a la sostenida por los sectores más integristas de la Iglesia Católica para la que Satanás se manifiesta e identifica con cualquier plano de actividad. Pero esto choca con la realidad: los adoradores de Satanás siempre han sido numéricamente pocos a lo largo de la historia y muy frecuentemente de personalidad irrelevante. No es gracias a ellos que el satanismo ha podido progresar e instarse en el mundo moderno. Hoy mismo, no existen dudas sobre lo exiguo de las "iglesias satánicas" y lo reducido y enfermizo de los conventículos diabólicos, sin embargo, ninguna época como la nuestra ha tenido rasgos satánicos tan acusados. Guenon salva esta aparente contradicción distinguiendo entre "satanismo consciente" y un "satanismo inconsciente".
   
Después de reconocer que los "satanistas conscientes" no han sido nunca muy numerosos (4), y, frecuentemente, es reconocible en ellos lo "grotesco" del Diablo (5). No es por casualidad que, en nuestras catedrales góticas, las imágenes labradas hace casi setecientos años, nos muestren unos diablos cornudos, frecuentemente caricaturizados e, incluso, en ocasiones, tomando los rasgos prestados de micos. El Diablo, decían los antiguos, "es el mico de Dios", el gran imitador. Y si nos fijamos en las sectas actuales que se reclaman específicamente satánicas, hay en ellas una componente grotesca no desdeñable e imposible de pasar desapercibida. La misma "Iglesia de Satán" y los conventículos que de ella se han desprendido, no hacen sino confirmar este detalle: Sandor LaVey no ha dudado en aparecer en público cubierto con leotardos rojos, capa negra, cuernos y tridente de guardarropía y quizás el elemento más hábilmente manejado por Alex de la Iglesia para su "Día de la Bestia" sea esa característica grotesca que tan frecuentemente enlaza con lo diabólico y en donde radica el gran hallazgo de la película. Pero no es a este satanismo grotesco -"consciente"- al que vamos a referirnos ahora.
   
Guenon encuentra cuatro rasgos definitorios del "satanismo inconsciente". En primer lugar, nos dice, es algo teórico y mental; sus valedores, generalmente, no manifiestan interés por entablar una relación directa con entidades maléficas. Este rasgo se da en distintos grados, desde el extremo fronterizo con el "satanismo consciente" de aquellos que sienten una atracción enfermiza por el diablo y el mal, como sería la figura del Marqués de Sade que llega a teorizar que el Mundo ha sido hecho por un dios malvado y que, por tanto, seguir la ley de ese dios, implica, necesariamente, realizar el mal constantemente, hasta un satanismo teórico disminuido que ni siquiera hace referencias a lo diabólico, sino que se limita a erosionar la figura de Dios. Y también aquí existen grados: no es lo mismo el indiferentismo religioso que el ateísmo agresivo y militante de los librepensadores decimonónicos, no es lo mismo la infantil doctrina mormona que sugiere que Dios es un ser corporal que habita en un planeta imaginario, Colob (6), que las ideas de William James, popularizadas por H.G.Wells, sobre la experiencia religiosa como un producto del subconsciente, el único canal a través del cual el hombre puede ponerse en contacto con lo divino. Guenon, a este respecto, comenta que "Entre los diversos elementos del "subconsciente", indudablemente, se contienen todo lo que, en la individualidad humana, constituyen huellas o vestigios de los estados inferiores del ser, y lo más seguro es que aquello con lo que el hombre se pone en comunicación, es lo que, en nuestro mundo, representa estos mismos estadios inferiores. Así, pretender que es aquí donde es posible comunición con lo Divino, es verdaderamente situar a Dios en los estados inferiores del ser, in inferis en sentido literal" (7).
   
Pero el "satanismo inconsciente" se descubre por alguna otra característica demasiado evidente que Guenon define como la inversión del orden normal de las cosas. "Lo Satánico -escribe Guenon-, puede aplicarse en rigor a todo cuanto supone negación e inversión del orden y no cabe la menor duda que ésto es lo que podemos ver a nuestro alrededor: ¿es acaso el mundo moderno en definitiva diferente de la negación pura y simple de toda verdad tradicional?. Mas al mismo tiempo, tal espíritu de negación es también, por necesidad, el espíritu de la mentira; adopta todos los disfraces, incluso los más inesperados, para no ser reconocido e incluso para hacerse pasar por todo lo contrario, con lo que resulta plenamente manifiesta la falsificación; no hay mejor ocasión que ésta para recordar que "Satán imita a Dios" y también que se transfigura en el ángel de luz" (8).
   
Algún ejemplo, tan reciente como polémico, ayudará a perfilar el pensamiento guenoniano. Lo esencial de la predicación de Cristo que ha llegado hasta nosotros en los textos evangélicos, discurre por canales religiosos; los aspectos sociales y las referencias que van más allá del núcleo evangélico, son irrelevantes o, en cualquier caso, muy secundarios en relación al contexto global que es, incontestablemente, de tipo religioso. Las innovaciones aportadas por la "teología de la liberación" suponen algo más que una caída de nivel (lo teológico, es decir, el estudio de lo superior, lo trascendente, no puede ser nunca inferior a lo sociológico, el estudio de la construcción humana), es la sustitución de la idea de "salvación del alma" por la de "salvación político-social". En este sentido -y solo en este- la "teología de la liberación" es una doctrina de corte, fundamentalmente, satánico. Guenon en este terreno es preciso: es satánico todo lo contrario al orden normal; la pregunta subyace inmediatamente ¿cuál es el "orden normal"? Aquel que deriva directamente de la idea de trascendencia, que tiene esta idea por centro, objetivo y fin supremo. 
   
La devaluación de la idea de trascendencia que realiza el "satanismo inconsciente" va pareja a la degradación e inversión de los símbolos. Los "vintrasianos" del siglo pasado oponían el "Cristo Doloroso" al "Cristo Glorioso", mientras que los modernos teólogos de la liberación oponen el "Cristo Obrero" al "Cristo Rey". Vintrás y sus seguidores solían utilizar la cruz invertida, no como un símbolo conscientemente satánico, sino explicando que era la cruz que descendía de Dios a los hombres. El hippismo popularizó, en la misma dirección, el símbolo de la paz en el interior de un círculo, que no era más que la runa de la muerte para unos y para otros una cruz invertida con los brazos transversales rotos. En el conocido "affaire" de Rennes-le-Château, los elementos satánicos son ampliamente visibles, pero muy pocos de los que lo han seguido han reparado que el pilar visigótico sobre el que se sitúa la imagen de la Virgen de la Salette (muy ligada a los vintrasianos franceses, por lo demás) muestra una cruz invertida  (9). La hoz, símbolo de los druidas y el martillo, arma de Thor, se convirtieron en el símbolo de las revoluciones comunistas, junto con la estrella de cinco puntas, el antiguo "duath" egipcio; la svástika, plurimilenaria y universal, pasó a ser símbolo de un partido ultranacionalista... Un símbolo reconducido de su significado originario a una inversión pura y simple, es para Guenon, uno de los rasgos característicos del "satanismo inconsciente".
   
Tampoco esta modalidad de satanismo se ve libre de los aspectos grotescos que acompañan siempre al Diablo. Es significativo que Guenon dedicara veinte páginas al Maligno en su libro sobre el Espiritismo, doctrina que consideraba lo suficientemente grotesca como para ver en ella un fondo de "satanismo inconsciente". Un médium, Jules Berel, se decía "secretario de Dios", otro, Paul Auvard, decía "escribir bajo el dictado de dios". Hoy las cosas no han cambiado mucho. En cada gran ciudad legiones de "contactados" afirman recibir mensajes de extra-terrestres como ayer los espiritistas decían recibirlos de los muertos; no importa el tiempo que ha pasado, todos los mensajes hacen gala de una banalidad exasperante o de un seudo-profetismo patológico. La pequeña historia de la ufología está plagada de individuos en los cuales actuaciones histriónicas y rasgos grotescos se dan cita para producir movimientos mesiánicos que, no por risibles, menos peligrosos. La Orden del Templo Solar o la Puerta del Cielo, defendían doctrinas que harían sonreír de conmiseración sino fuera por la oleada de suicidios que les siguieron. Algunas de las interpretaciones de Freud y, no digamos de Wilhem Reich, reflejan algo más que sus obsesiones personales, sus carencias y sus traumas afectivos: desprovistas del aura seudo-científico quedan reducidas al nivel de bromas de pésimo gusto. La "New Age", finalmente, ha traído toda una secuela de videntes que no ven, sanadores que no sanan y tarotistas cuyo índice de previsiones está muy por debajo del cálculo normal de posibilidades, chamanes improvisados, "canalizadores" cuyo destino no sería otra que el psiquiátrico, sino fuera por que el movimiento en su conjunto es tomado en serio por gentes de los más diversos horizontes. La trascendencia se caracteriza por la serenidad que imprime en sus representantes y en quienes siguen sus vías; lo satánico, como no podía ser de otra forma, es una irrisión inestable, chocarrero y burlesco. Entre Dios y el Diablo hay la misma distancia que la establecida por la jerarquía de las cortes medievales, entre el Rey y el Bufón. "Lo grotesco -termina Guenon- es la marca inequívoca de algo de orden inferior, incluso cuando la fuente está en el ser humano, procede seguramente de las mas bajas regiones del subconsciente" (10).
   
Finalmente, otra característica sorprendente del "satanismo inconsciente" es la abolición de toda perspectiva metafísica en beneficio de lo que es exclusivamente moralista, por estricto que sea. Guenon apunta sobre esta característica: "Las cosas "consolantes" y "moralizantes" son precisamente a nuestros ojos de orden mas inferior y es preciso estar cegado por algunos prejuicios para encontrarlas "elevadas" y "sublimes". Colocar la moral por encima de todo como hacen los protestantes y espiritistas es invertir el orden normal de las cosas; esto mismo es pues diabólico, pero no quiere decir que todos los que piensan así estén en comunicación directa con el diablo" (11). ¿Por qué esta inquina contra el moralismo? Guenon lo sufrió en los círculos ocultistas, forjados a imagen y semejanza de la mentalidad victoriana, la cual, a su vez, no era sino un reflejo tardío del moralismo protestante. Allí donde la metafísica ha caído en la incomprensión aparece la teología excluyente y cuando esta es combatida lo es en nombre del moralismo. Toda verdadera teología puede ser expresada en términos metafísicos, pero no a la inversa. En cuanto al moralismo supone una alteración del "orden normal" en cuanto que sustituye el ascesis interior y la iniciación por las "buenas obras". Este fenómeno apareció brutalmente con los movimientos neo-espiritualistas del siglo pasado (teosofismo, seudo-rosacrucianismo, ocultismo en general) y, cien años después, ha irrumpido, si cabe con más fuerza, en el movimiento de la "New Age". Es sorprendente como estos círculos insisten en temas completamente banales que deberían abrir el camino hacia la "liberación" y hacia "otros estados de conciencia"; es condición sine-qua-non ser vegetariano, sin que importe el hecho de que en las biografías de la mayoría de santos y místicos se encuentren indicaciones de que hubieran renunciado a una dieta basada en proteínas animales. La desviación aparece con el protestantismo que sitúa el moralismo como un sustituto de los ritos y sacramentos, pero, en cualquier caso carente de valor iniciático y religioso. El vacío iniciático de la Sociedad Teosófica hizo que la Blavatsky imprimiera a su doctrina un contenido moralizante en el que el antialcoholismo, la lucha contra la vivisección, el vegetarianismo y el pacifismo, ayudaban a "evolucionar" al ser humano, adquiriendo una dimensión ocultista (12) . En la misma dirección, distintas secta ocultistas anglosajonas, llegan a atribuir importancia iniciática a la abstención del vino, olvidando, sin embargo, que ha sido utilizado por muchos rituales a lo largo de los siglos. Así por ejemplo, los miembros de las Logias de Temperancia se comprometían a abstenerse de toda bebida alcohólica y otra orden para-masónica norteamericana, la los Buenos Templarios, olvidando que seiscientos años después de la desaparición de los monjes guerreros, en Europa ha quedado el dicho "Beber como un templario" atribuido a aquellos alcohólicos impenitentes, se comprometía a loables intenciones antietílicas. A otros "ocultistas" les ha dado por la lucha contra la vacuna y la inoculación, opiniones perfectamente legítimas en sí mismas pero que no tienen nada que ver con la espiritualidad.
   
Humanitarismo, sentimentalismo, moralismo, en definitiva, son los sustitutivos de la iniciación ofrecidos por el "satanismo inconsciente" del que habla Guenon. Pero aun quedan otras características.
   
Queda hablar del odio y la falsificación que tiende a realizar el "satanismo inconsciente" de cualquier forma religiosa tradicional, en su esoterismo y en su exoterismo. Guenon, avalando esta tesis, cita la figura extremadamente problemática del Clement de Saint Marcq, presidente de la Federación Espiritista Belga y de la Oficina Espiritista Internacional en 1912 (13). Saint Marcq publicó un folleto titulado "La Eucaristía" que ha influido en determinadas concepciones de otros ocultistas, más próximos al satanismo, como Theodor Reuss y Aleister Crowley. Massimo Introvigne (14) ha dicho lo que Guenon juzgó prudente callar en su libro sobre el  Espiritismo. Saint Marcq aludía en su folleto a la "magia sexual" y, más en concreto, a la "espermatofagia" (ingerir el propio semen en el curso de una ceremonia mágica), una práctica que llegaba a atribuir a Cristo (Guenon, púdicamente, aludía a "prácticas problemáticas"). Por otra parte no hay más que recordar la bajeza a la que llegaron los librepensadores del siglo pasado en su polémica anticristiana, o las falsificaciones continuadas del hinduismo realizado por la Blavatsky, o del budismo acometida por sus discípulos (con Annie Besant y Sinnet a la cabeza), concluyendo las infames descripciones realizadas por un fontanero inglés sobre el tantrismo tibetano y firmadas por Lobsang Rampa, o la parodia de religiosidad laica, puesta en marcha por Auguste Compté y su positivismo, para percibir una inequívoca tendencia hacia la falsificación deliberada de las formas esotéricas tradicionales. Y, por supuesto, en este mismo contexto podemos situar los intentos de formaciones nacidas en la India (Aryan Samaj y Bhrama Samaj) por dar un contenido "occidental" a la doctrina vedantina, reduciéndola casi exclusivamente a un moralismo descafeinado. 
   
Para quienes conozcan la temática de todas estas escuelas resulta evidente como recuerda Guenon que se trata de algo más que una discusión informal e inofensiva. No se trata de oponerse al esoterismo tradicional y a sus formas, sino que revistan algo que va mucho más allá de una negación pura y simple. Son su inversión (15). No se trata de anti-tradición, sino de contra-tradición. Mientras que la primera suele traducirse en un materialismo práctico y cotidiano, la contra-tradición pretende, en cambio, falsificar las doctrinas tradicionales. La mera idea de anti-tradición ya implica que no existe posibilidad de rito iniciático, esto es de la transmisión de una influencia espiritual. En el momento en que aparece la anti-tradición en una formación o una escuela concreta, el espíritu se retira y por tanto no es posible que exista una iniciación. La contra-tradición, solo está en condiciones de generar una parodia: la contra-iniciación. Guenon dice al respecto: "Al no poder conducir a los seres hasta los estados "supra-humanos", como la iniciación, ni limitarse al mero ámbito de lo humano, la "contra-iniciación" les arrastra indefectiblemente hacia lo "infra-humano" siendo aquí precisamente donde se localiza lo que le resta de poder efectivo; no es difícil comprender que esto es algo completamente diferente a la comedia de la "seudo-iniciación". El en esoterismo islámico, se dice que aquel que acude a una "puerta" determinada sin haber llegado a ella por una vía normal y legítima, ve cómo esta puerta s cierra ante sus ojos viéndose obligado a volver atrás, si bien no como simple profano, pues ello resulta ya imposible, sino como sâher (brujo o mago que opera en el ámbito de las posibilidades sutiles de orden inferior)" (16). Tal es, en síntesis, la vía infernal que se opone a la vía celeste. La vía contra-iniciática aboca a la total desintegración del ser consciente y en su disolución irreversible.
   
Nuestro autor marca distintas fases o etapas de decadencia. Primero se produce una tenue desviación que luego, progresivamente, se va agudizando. Alcanzado un punto puede empezarse a hablar ya de "subversión" y, finalmente, de "inversión" siendo éste el estado diametralmente opuesto al normal (17). Resume Guenon: "La primera de las dos fases que hemos distinguido en la acción anti-tradicional representa sencillamente una obra de desviación cuya meta legítima no es más que el más completo y burdo materialismo; en cuanto a la segunda fase, ésta podría caracterizarse más especialmente como una obra de subversión que debe lógicamente abocar en el establecimiento de lo que ya hemos llamado una "espiritualidad al revés" (18).
   
Guenon sostiene que la acción anti-tradicional tiende por todos los medios a arrastrar a los hombres hacia lo "infra-humano" (19). El motor subjetivo de este proceso es la contra-iniciación, que designa a aquellos agentes a través de los cuales se opera la acción antitradicional. El seguimiento del proceso de decadencia en la actual fase del ciclo ha sido abundantemente tratada por René Guenon y Julius Evola (29) en varios de sus trabajos; el primero lo resume en su última fase diciendo que el cambio que tuvo lugar el los siglos XVII y XVIII respecto a la Edad Media, fue tan completo y tan brusco que en modo alguno ha podido realizarse de una forma natural y espontánea: "Era preciso, en primer lugar, reducir al individuo a sí mismo (...),  obra fundamental del racionalismo (...); por lo demás, es obvio que el racionalismo entró en acción antes incluso de recibir el nombre (...) Aparece ya en el protestantismo; además el "humanismo" del Renacimiento no era en sí más que el precursor directo del racionalismo propiamente dicho, ya que al decir "humanismo" se afirma la pretensión de reducirlo todo a unos elementos puramente humanos y por lo tanto la exclusión de todo cuanto pertenece al orden supra-individual. Posteriormente, era necesario desviar la atención del individuo hacia las cosas exteriores y sensibles, con el fin de encerrarle, digámoslo así, no sólo en el ámbito humano, sino mediante una limitación mucho más angosta, únicamente en el ámbito corpóreo; éste es el punto de partida de toda la ciencia moderna (...). La ciencia decayó también.  El mecanicismo preparó directamente el camino del materialismo que se iba a encargar de señalar la completa reducción del horizonte mental al mero ámbito corpóreo, considerado en lo sucesivo como la única "realidad", quedando, así mismo despojado de todo cuanto no podía ser considerado como puramente "material". La ciencia profana que siempre había sido mecanicista a partir de Descartes y que, desde la segunda mitad del siglo XVIII iba a hacerse más específicamente materialista, convirtiéndose, a lo largo de sus sucesivas teorías, en un cuerpo cada vez más exclusivamente cuantitativo, al tiempo que, al ir penetrando el materialismo en la mentalidad general, llegaba a determinar en ella esa actitud, independiente de toda afirmación teórica, pero tanto más difusa y reducida a la calidad de una especie de "instinto" que hemos denominado el "materialismo práctico" (...)El hombre "mecanizaba" odas las cosas y finalmente se "mecanizaba" a sí mismo, cayendo gradualmente en el estado de las falsas "unidades" numéricas extraviadas en el seno de la uniformidad y la indistinción de la "masa", es decir, en definitiva, en la multiplicidad" (21). Tal es, globalmente considerado, el camino que lleva de la anti-tradición a la contra-tradición, pasando por la subversión. Guenon sostiene que la acción de la contra-tradición es efímera y fundamentalmente inestable (22), para entender su implacable razonamiento hay que pasar a otro terreno.
   
Guenon, utilizando la clasificación tradicional propia del mundo clásico, nos habla de Pequeños Misterios y de Gran Misterios, que, lejos de ser dos géneros diferentes de iniciación, son dos fases o grados de una misma iniciación (23). Los Pequeños Misterios, no son más que una preparación para los Grandes. Guenon recuerda que cada ser no puede ir más allá de donde se detienen sus posibilidades individuales, por tanto algunos solo podrán estar cualificados para los Pequeños Misterios (24). Los Pequeños Misterios comprenden todo lo que se relaciona con el desarrollo de las posibilidades del estado humano encarado en toda su integralidad: culminan en lo que podemos llamar la perfección de este estado, a la que Guenon alude como "restauración del estado primordial". Los Grandes Misterios, en cambio, conciernen a la realización de los estados suprahumanos; tomando al ser en el punto en que lo han dejado los Pequeños Misterios, centro del dominio de la individualidad humana, los otros aspiran a situar al iniciado en el camino de la "liberación final" o la "identidad suprema". Guenon, haciendo un símil geométrico habla de "realización horizontal" y de "realización vertical", sirviendo la primera de base a la segunda, encarnan respectivamente los Pequeños y los Grandes Misterios. Aquellos son representados simbólicamente por la Tierra, que corresponde al dominio humano, mientras que la realización suprahumana es descrita como una ascensión a través de los cielos, que corresponden a los estados superiores (25). Para emplear el lenguaje de Dante, el Paraíso terrestre es una etapa del camino que conduce al Paraíso celeste (26). Los Grandes Misterios están en relación directa con la iniciación sacerdotal y los Pequeños con la iniciación real. El primero de estos dominios es de orden "sobrenatural" o "metafísico", mientras que el segundo es solo de orden natural o físico (27). Los Pequeños Misterios comportan el conocimiento de la naturaleza, los Grandes el conocimiento de lo que está más allá de la naturaleza. Los Pequeños Misterios dependen de los Grandes y ahí tienen su principio, lo mismo que el poder temporal para ser legítimo, depende de la autoridad espiritual y en ella tiene su principio (28). Los Pequeños Misterios sirven para preparar a los Grandes, es decir preparar la toma de posesión de los estados superiores del ser, es por ello que éstos tienen por objeto el conocimiento metafísico puro, esencialmente uno e inmutable. Aquí no hay error posible, ni desviación susceptible de aparecer, esto solo puede aparecer en la zona de los Pequeños Misterios. Cuando aparece una pequeña ruptura entre ambas escuelas de Misterios, los "pequeños misterios" terminan siendo tomados como un fin en sí mismo (29).
   
La contra-iniciación y las distintas formas de satanismo solo pueden actuar en el terreno de los "pequeños misterios". Se dice que, cuando quiere, el diablo es un buen teólogo, pero hay un dominio que le está prohibido, el de la metafísica que es el propio de los Grandes Misterios. La posibilidad de extravío subsiste en los Pequeños Misterios en tanto que el ser no está aún integrado en el "estado primordial" pero que cesa de existir desde que él ha alcanzado el centro de la individualidad humana; y es por eso que puede decirse que quien ha alcanzado ese punto, es decir el acabamiento de los "pequeños misterios", ya está virtualmente liberado, aunque solo lo pueda ser efectivamente, cuando haya recorrido la vía de los "grandes misterios" y finalmente realizado la "identidad suprema" (39).   
   
Para la corriente tradicionales representada por Guenon ¿qué es exactamente el Diablo? ¿tiene entidad propia? ¿es un ser personalizado? Distintos textos del propio Guenon y de varios de sus discípulos parecen conformes en este punto: el diablo, no es para ellos, un ser personal, como tampoco Dios lo es; uno y otro, a efectos didácticos y sobre el plano exotérico, adquieren una forma personalizada, pero en realidad, tanto desde el punto de vista del esoterismo como de la metafísica que es anexo, el Diablo es una fuerza maléfica. Es característico de la corriente tradicional concebir el mundo como un escenario de colusion de fuerzas que vehiculizan los distintos temperamentos y estados de ánimo. Así por ejemplo, un tradicionalista jamás dirá: "estoy colérico", sino más bien "la cólera ha entrado en mí". Otro tanto ocurre con la noción de Mal.

Esto choca frontalmente con los criterios del ambiente ocultistas. Allan Kardek, por ejemplo, enseña que los "malos espíritus" mejoran progresivas y, casi, inevitablemente. Guenon recuerda que para Kardek, ángeles y demonios son igualmente seres humanos situados en los dos extremos de la "escala espirita" (31).  "Diversos ocultistas pretenden que lo que aparece como fuerzas, son en realidad seres individuales, más o menos comparables a los seres humanos; esta concepción antropomórfica es lo contrario de la verdad" (32).
   
En Guenon todo esto no se quedó en teorías. De hecho, la obra de Guenon es una incitación a realizar una práctica de ascesis dentro de una formación tradicional, exotérica o esotérica. Guenon no tardó en enfrentarse abiertamente a algunos notorios ocultistas de su tiempo en los que veía reflejadas formas contra-iniciáticas y "satanismo inconsciente". Sus ataques a los teósofos más notorios, pero más especialmente a los ocultistas Charles Detré ("Teder") (33), Thedore Reuss, Aleister Crowley, Gurdjief, Joanny Bricaud (34) y René Schwaller de Lubicz (35), le valieron el ser objeto de "ataques psíquicos". Un amigo y colaborador de Guenon define su situación en la época: "Había sido víctima de ataques "materializados" bajo la forma de animales negros y especialmente de un oso negro del cual le quedaba el rastro de una mordedura en el cuello. Por mi parte, volviendo con él a su casa (había salido a la calle para "desviar" el ataque del que estaba prevenido) hemos encontrado uno de los vidrios de su oficina estallado como si se le hubiera lanzado un objeto pesado. Tamos (36) llegó poco después y Guenon le pidió intentar ver de donde venía el ataque. Tamos se concentró y, durante un momento, describió dos personajes -un hombre y una mujer- que no conocía pero que Guenon identificó como algunos de sus enemigos habituales" . Guenon sostenía que estos ataques procedían de los medios contra-iniciáticos y aprovechaba las cualidades paranormales de Tamos -más incluso que su identidad doctrinal con él- para protegerse de estos ataques. Enfrentarse al Maligno y denunciar sus tretas, siempre ha entrañado un cierto peligro...

Notas a pie de página:

1. Tras Guenon, es Julius Evola, indudablemente, el representante más cualificado de esta corriente; a pesar de sus discrepancias en algunos extremos, Evola manifestó siempre un tributo de agradecimiento a Guenon a quien consideró en rigor su maestro. Fritjof Schuon, Ananda K. Coomaraswami, Michel Valsan y otros muchos, en ocasiones grandes medievalistas, constituyen lo esencial de esta corriente de pensamiento que jamás ha constituido una organización iniciática unitaria, pero que si ha influido en muchas individualidades europeas.

2. L’Erreur Spirite, René Guenon, Editions Traditionelles, especialmente el Capítulo X, "La Question du satanisme", págs. 302-328.

3. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, René Guenon, Editorial Ayuso, Madrid, 1976, especialmente los Capítulos XXXVIII-XXXIX, págs. 265-277.

4. Se cita a la secta de los Yezidis como un caso excepcional. Entre los ocultistas se tiene en consideración a Lucifer más que al Diablo, y como "portador de luz", no como "espíritu del mal". "L’Erreur Spirite", op. cit., pág. 302.

5. "El diablo no es solamente terrible, es a menudo grotesco", Guenon, op. cit., pág. 305.

6. Guenon, op. cit., pág. 307.

7. Guenon, op. cit., pág. 307.

8. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág. 205

9. Nosotros mismos hemos visto como el pilar y la imagen de la Virgen eran limpiados y el pilar volvía a colocarse con su cruz invertida, por unos operarios que, desde luego nada tenían de satánicos y probablemente lo ignoraban todo, incluso del "affaire" de Rennes-le-Château. Para los que deseen conocer este tema les recomendamos el apéndice de nuestraobra "Guía del Catarismo", Ed. Martínez Roca, Barcelona 1998, págs. 267-301.

10. Guenon, op. cit., pág. 311.

11. Guenon, op. cit., pág. 316

12. La Blavatsky hacía escrito: "El alcohol es un enemigo peor que la carne para el progreso espiritual y moral, pues, cualquiera que sea la forma en que se sirva, la condición psíquica del hombre experimenta una influencia directa marcada y muy perjudicial" y también "El hombre que se alimenta de la carne de los animales absorbe algunas de las propiedades del animal del que proviene esa carne. La ciencia oculta enseña que el efecto embrutecedor y animal producido en el hombre por ese alimento, tiene tantas más fuerza cuando se trata de la carne de los animales grandes, menor cuando se trata de las aves, menor aun si es de los peces y otros animales de sangre fría, pero que el alimento que tiene influencia inferior de esta índole, es el que procede de los vegetales". Ambas frases son citadas por Guenon en "El Teosofismo", Ed. Obelisco, Barcelona 1989, págs. 272 y 273.

13. Sobre Clement de Saint Marcq, véase Guenon, op. cit., pág. 321-325.

14. Massimo Introvigne, Enquête sur l’espiritisme, Dervy Livres, París 1997, pág. 223-224 y para una referencia más explícita sobre Clement de Saint Marcq, Il ritorno dello gnosticismo, págs. 155-160.

15. Véase a este respecto el Capítulo XXXVIII de "El reino de la Cantidad...", Guenon, op. cit., págs.

16. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., cap. XXXVIII, pág.

17. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág. 202.

18. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 206.

19. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 198.

20. Ver René Guenon, "La Crisis del Mundo Moderno", Ediciones Obelisco, Barcelona 1983 y Julius Evola, "Los Hombres y las Ruinas", Herakles, Buenos Aires 1996, "La crisis del mundo moderno" (especialmente su segunda parte), Herakles, Buenos Aires, 1995, "Cabalgar el Tigre", Ediciones Thor, Barcelona 1986 y en distintos ensayos recopilados bajo el título de "L’Arco e la clava", Vanni Scheiwiller, Milán, 1969.

21. Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 200-209.

22. "La confusión en la que se sumen todos estos grupos es una consecuencia derivada de la ausencia de influencia superior. Aquí aparece lo que podemos llamar "la estupidez del diablo"". Guenon, "El reino de la cantidad...", op. cit., pág 210.

23. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 377.

24. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 380.

25. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 380.

26. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 381.

27. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 382.

28. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 382.

29. "Aperçus...", Guenon, op. cit., pág 385.

30. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 396.

31. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., pág 304.

32. "Aperçus ...", Guenon, op. cit., nota en la pág 311.

33. Sucesor de Papus al frente de la Orden Martinista. Gran Maestre de la Orden Martinista, sucesor de Teder, patriarca de una Iglesia Gnóstica, sucesor del abate Boullan al frente de un cisma de la vintrasiana Iglesia del Carmelo).

34. Fundador del grupo "Les Veilleurs", egiptólogo heterodoxo, nombre iniciático AOR. Algunos autores lo dan como el verdadero autor de "El Misterio de las Catedrales". Fue colaborador de Julien de Champagne, ilustrador de las obras de Fulcanelli, de quien, se ha sostenido que robó el manuscrito sobre las Catedrales a Schwaller con quien realizó, por lo demás, experimentos alquímicos. Perteneció durante un tiempo a la Sociedad Teosófica.

35. Colaborador de Guenon y Redactor Jefe de su revista "Etudes Traditionelles", dotado de capacidades paranormales de videncia.

36. Quelques souvenirs sur René Guénon et les "Etúdes Traditionelles" (Dossier confidentiel inédit). Documento sin firma publicado en Internet: http://www.geocities./c...hens/7524/doconfid. El documento en cuestión aborda las relaciones del autor -un prominente miembro de la redaccion de "Etúdes Traditionelles"- con Guenon. Es fácil identificar la personalidad del autor del documento y la veracidad de sus informaciones; preferimos respetar su voluntad y no desvelar el nombre.

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Alquimia del dolor (o la universal metafísica del sufrimiento)

Infokrisis.- Se trata de un artículo escrito a principios de los años 90 y que fue reproducido inicialmente en la revista Próximo Milenio. Publicado en Internet en nuestra primera web (Disidencias on|line press) el artículo ha sido reproducido en numerosos blogs y webs, habitualmente sin indicar procedencia. Lo reproducimos ahora para unirlo al resto de artículos que estamos recuperando de nuestros archivos personales. Es evidente que el artículo es una ampliación de algunos temas tocados por Julius Evola en su obra escrita hace más de sesenta años y no superada hasta la fecha Metafísica del Sexo.


Recientes estudios han mostrado cierta preferencia de los españoles hacia el "sexo duro", no mayoritaria pero si, en cualquier caso, en un porcentaje significativo. Por lo demás, un somero examen de los anuncios de locales de relax, así como el material a la venta en los sex-shop, confirman esta tendencia, más acusada todavía en otras latitudes.

¿Qué tiene el dolor que existe una tendencia universal a relacionarlo con el sexo? ¿por qué las prácticas sado-masoquistas, tan denostadas y marginales no terminan nunca de desaparecer? Las relaciones sexuales a través de la historia ¿son una escuela de violencia? Y estos interrogantes nos llevarán a descubrir un insólito mundo en el que el sufrimiento camina parejo al éxtasis...

LA SABIDURIA SEXUAL ORIENTAL Y LA VIOLENCIA

Sorprende que las dos joyas del erotismo oriental, el "Kama Sutra" y el "Ananga Ranga" den precisas indicaciones sobre prácticas sexuales violentas, como un aditamento más al repertorio de sutiles refinamientos sexuales. Y lo hacen, casi banalmente, introduciendo de forma natural la violencia y el sufrimiento como un recurso erótico más.

Uno de los capítulos del "Kama Sutra" se titula precisamente "Diversos modos de pegar", estableciendo en qué momentos del intercambio sexual es aconsejable golpear a la mujer y sobre qué lugares de su anatomía hay que descargar la furia. Espalda, vientre, costados y nalgas parecen ser las zonas indicados. En cuanto a la intensidad de los golpes, deberá estar en relación directa al grado de excitación de los parteners.

También se precisa la actitud con que la mujer debe aceptar este tratamiento: sumisa y agradecida, debe gemir, no ahogará sus gritos, sino todo lo contrario, los exajerará, protestará, pedirá que cese el castigo y implorará al hombre que se detenga, evidentemente no con la intención de que lo haga, sino, antes bien, de excitarlo más.

UN POCO DE HISTORIA: LOS CASTIGOS SEXUALES EN ROMA

En el período álgido de la romanidad, cuando no se había iniciado la pendiente de la decadencia, una vieja tradición -quizás procedente de los etruscos derrotados e incorporados a Roma- establecía que en las fiestas denominadas "lupercalias" los jóvenes corrieran desnudos por las calles de Roma provistos de látigos hechos con tiras de piel de cabra trenzadas, azotando a todas las mujeres que se encontraban por el camino.

Contra lo que podía preveerse, las mujeres romanas no solo aceptaban gustosas esta práctica sino que además se ofrecían a ella tendiendo sus manos hacia los jóvenes para que las golpearan. Frecuentemente se llegaba a la promiscuidad sexual y a prácticas orgiásticas y desenfrenadas.

Dicha práctica estaba reputada de garantizar la fertilidad femenina y aunque se realizaban en honor del dios Fauno-Pan (telúrico y ginecocrático) su nombre procedía de "lupus", lobo/a, en honor de la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundaron de la Ciudad Eterna. Las "lobas" romanas eran también las prostitutas, que ocupaban así un lugar, en absoluto marginal y execrable, en las costumbres sexuales de la raza romana.

Marco Antonio, pertenecía a la cofradía de los "lupercos" y no fue el único de los grandes hombres de la romanidad en participar de estos ritos hoy incomprensibles y extraños.

En otro campo, el "Ars Amandi" de Ovidio, prescribe tres tipos de besos: el "osculum", dado a los amigos en las mejillas, el "basium", sobre los labios, para indicar afecto; finalmente, el "suavium", dado entre amantes, consistía en morder en los labios. Y al hablar de labios, Ovidio alude tanto a los del rostro como a los vaginales...

LA EDAD MEDIA: DULZURA Y VIOLENCIA

En los distintos relatos del ciclo del Grial están presentes escenas que sorprenden por su doble aspecto de erotismo y violencia. Estos relatos muestran la falsedad de una Edad Media timorata y recatada en la que la sexualidad era considerado como algo perverso y diabólico. Son muchos los casos -Gawain, entre ellos, pero también Sir Balin, el mismo Lanzarote, etc.- en los que el caballero llega a una fortaleza y tras ser llevado al baño por la castellana, la violenta.

También en el terreno legendario las hijas del Cid sufrieron la "afrenta de Corpes", en la cual fueron atadas a un árbol y azotadas, episodio incluido en el "Cantar del Mío Cid", que muestra la extensión de ésta práctica sexual.

En el terreno de la aberración pura y simple, casos como el de Gilles de Rais, son igualmente significativos. De Rais, brazo derecho de Juana de Arco, regresó a su castillo tras el proceso y muerte de ésta. Allí se dejó arrastrar por una manía demoníaca, en el curso de la cual asesinó a no menos de 140 niños menores de 16 años. Las descripciones de estos horripilantes crímenes sexuales fue minuciosamente detallada en los registros de la Inquisición y así ha llegado hasta nosotros.

El Señor de Rais, ayudado por dos lacayos degollaba a los infortunados y complaciéndose con los espasmos del moribundo, frotaba el pene sobre sus cuerpos; finalmente, eyaculaba mezclando su semen con la sangre que manaba a borbotones. Luego cortaba la cabeza del niño y sodomizaba al cuerpo sin vida. Tan pronto reía a carcajadas como lloraba, mostraba exitación o terror, para finalmente caer rendido sobre el cadáver. Al menos en una ocasión, ordenó le trajeran la cabeza del niño asesinado el día anterior, copuló con ella y finalmente se durmió estrechándola entre sus brazos.

EL DIVINO MARQUES: FILOSOFIA DEL TOCADOR Y CULTO AL MAL

Todos estos ejemplos nos sirven para establecer una constante: hay una tendencia universal, en todos los tiempos y en todas las latitudes, a implicar actos de violencia en medio de relaciones sexuales. Y esto -salvo en el caso de aberraciones como la mencionada del Señor de Rais, que hemos traido aquí a colación, precisamente, a título de aberración- es admitido y consentido por el objeto del castigo: la amante.

Pero no es sino hasta llegar al Alphonse Donatien, Marques de Sade, que estas prácticas, dejan de ser un aditamento erótico para  convertirse en una verdadera concepción del mundo. Con Sade el dolor y la violencia sexual pasan a ser filosofía de la vida.

Sade permaneció buena parte de su vida en la cárcel, no tanto por sus excesos eróticos, como por su actitud política. Tanto bajo la monarquía como durante el período revolucionario o incluso durante el ciclo napoleónico, De Sade fue un inadaptado político que escribió panfletos y adoptó actitudes contestatarias que las autoridades de su tiempo castigaron con la prisión y el manicomio.

Semanas antes del asalto a la Torre del Temple, la Bastilla, las masas parisinas se concentraban en un ángulo del edificio, por donde desembocaba una tubería de desagüe; el marqués de Sade, desde su celda, arengaba a las masas y les narraba inverosímiles torturas a las que eran sometidos los prisioneros, exhortando a tomar por asalto la fortaleza y liberarle.

Allí había escrito "Los 120 días de Sodoma" y "Justine". Ambos se perdieron en el asalto a la Bastilla que se produjo, finalmente, cuando el marqués ya había sido trasladado de fortaleza. No era ni revolucionario, ni bonapartista, ni monárquico absolutista. Su opción era la de una monarquía constitucional a la inglesa. No era el único noble en defender esta alternativa, pero sí uno de los que lo hizo con más behemencia. Esto le acarreó toda serie de desgracias. Finalmente murió encarcelado por Napoleón en el asilo para locos de Charenton.

La vida del "divino marqués" no estuvo a la altura de su obra literaria. No se comportó como un ser perverso; parece que solamente azotó a una prostituta y derramó sobre ella cera líquida, lo cual es casi una caricia, si nos atenemos a las morbosas descripciones que ofrece en sus libros. Incluso se portó cortés y generosamente con adversarios suyos, en el período del terror jacobino cuando toda la sociedad francesa se hizo proclive a los excesos más sanguinarios.

En Sade, la perversión, la violencia, el "sadismo", no es una práctica personalizada, pero sí una filosofía. Sade es un hombre decepcionado por el mundo; abomina de lo que le rodea y no concibe que en la época que le ha tocado vivir, pueda pensarse todavía que un Dios bueno haya creado el mundo. El razonamiento es simple: El mundo es "malo", Dios ha creado el mundo, luego Dios es malvado. A este razonamiento sigue una conclusión: la maldad es la forma más directa de acercarse a Dios; el bien, por el contrario, es su negación.

Así puede entenderse que los personajes de sus novelas, las pobres mujeres que siempre -como Justine, el paradigma de su filosofía- sean virtuosas y castas y siempre sus vidas sean desgraciadas y su virtud lacerada. El verdadero placer es aquel que consiste en hacer repetida y reiteradamente el Mal. El, por su parte, se limita a pensarlo y describirlo en el formidable catálogo de horrores que es "Los 120 días de Sodoma". El culto que Dios puede entender mejor, es el culto al Mal, porque el Mal está en la esencia de lo divino.

Se ha dicho que con el marqués de Sade, el "mal" adquiere carta de ciudadanía...

EL TANTRISMO Y LA VIA DEL SEXO

Pero esta afirmación no es del todo cierta. Lo que ocurre es que Sade es el primer en redescubrir el valor del mal y la violencia para llegar al éxtasis. Durante el Renacimiento y en todo el ciclo humanista, se produce una involución en la sexualidad europea, pasando a ser de buen tono ignorar las prácticas eróticas refinadas. La descripción de prácticas sexuales -cualesquiera que fueran- pasa a ser algo reprochable. La burguesía hizo el amor con un camisón provisto de una abertura por la que emergerá el pene durante el coito, una frase que es a la vez un canto a la resignación forzada y la negación de todo erotismo: "Dios lo quiere", "Deus vult". Y todo esto a oscuras, por supuesto...

Los trovadores y las damas de las "cortes de amor" sabían más de erotismo que los calvinistas o los tridentinos. Hizo falta que llegara Sade para que volviera a reconocerse el sexo como la "fuerza más fuerte de la naturaleza". En otras latitudes no se había sufrido semejante proceso. El tantrismo en la India y en el Tíbet, o las prácticas sexuales taoistas, o incluso la misma sexualidaden el Islam, se resentían del mismo orden de ideas al que De Sade solo logró aproximarse.

Para estas corrientes el sexo es una forma de aproximarse a la divinidad y de vivir una experiencia íntima de trascendencia. Las vías de toma de contacto con lo divino son múltiples para estas tradiciones, vía de la guerra, vía de la oración, vía del trabajo, vía, finalmente, del sexo. Y a esta última se le llama la "Vía de la Mano Izquierda".

Los presupuestos de la "sexualidad divina" son muy simples: el sexo puede arrastrar al hombre o el hombre puede dominarlo. Dado que existen dos fuerzas que actúan sobre el hombre y le imponen su tiranía, el sexo y la respiración, si el hombre consigue dominarlas, será libre. En el momento del orgasmo, el hombre y la mujer, se sienten arrastrados por una fuerza que debilita sus lazoscon la materia, esto produce una sensación de placer que aparece acompañada frecuentemente de una sensación de muerte, agotamiento o extenuación: eros y thanatos siempre caminan juntos. Dominar y reorientar el impulso sexual es una de las finalidades del tantrismo y las prácticas eróticas su medio para alcanzar el fin: la búsqueda de la trascendencia.

SEXO Y VIOLENCIA, UN MATRIMONIO INDISOLUBLE

El tantrismo no hace ascos a ninguna práctica sexual por extrema que sea. Algunos escalofriantes relatos de rituales mágicos hablan de prácticas realizadas en cementerios teniendo a cadáveres como parteners; otros cuentan ritos enervantes realizados bajo el sonido de tambores hechos con cráneos humanos; porlo demás en estos ritos se copula por sorteo: un hermano puede unirse a su hermana; un padre a su hija, etc.

En el mismo orden de ideas, Aleister Crowley estableció los rituales de los distintos grados de sus organizaciones -Ordo Templis, OTO, y Astrum Argentinum- sobre la base de prácticas sexuales. Uno de los grados de la OTO prescribía la masturbación, otro el coito anal, y así sucesivamente.

Todas estas prácticas, contrariamente a lo que estaríamos tentados de pensar, se basan, no en un deseo de satisfacción pervertida y viciosa del eros, sino de su dominio. Se trata de controlar el eros, mantener la erección en cualquier situación, guste o no guste, eyacular en el momento preciso o retener el esperma más allá de lo que una sexualidad normal, profana, nos induciría a hacerlo. Dominar el sexo, afrontarlo directamente, en lugar de huir de él, de ser dominado por él.

Dentro de esta óptica hay que englobar los castigos sexuales. Se trata de obtener a través de ellos, un incremento de la tensión erótica de la pareja, aumentar la excitación y crear un climax más acentuado.

En el fondo de todo intercambio sexual existe un transfondo innegable de violencia presente incluso en las relaciones más bucólicas y tiernas. El intercambio sexual implica algún tipo de penetración y ésto es ya de por sí, un acto con cierto contenido de violencia. Los movimientos de la cadera del varón, en cualquier posición, acentúan el carácter violento del coito. Los gemidos de ambos parteners, en otro contexto podrían ser interpretados como sufrimiento. Por lo demás frases como "me estás matando", "me muerto", etc. introducen un contenido problemático que va en la misma dirección.

En este contexto las prácticas sexuales sado-masoquistas adquieren una nueva dimensión: son una forma extrema de vivir extrema y brutalmente las relaciones sexuales y no es raro que siempre hayan estado presentes a lo largo de la historia.

LA VIA DEL MISTICISMO: VIA DEL DOLOR

Existe una explicación fisiológica -como por lo demás existe otra psicológica- para explicar la tendencia y el gusto de ciertos segmentos de población hacia las prácticas sado-masoquistas: de un lado se produce una mayor vasoconstricción que genera más hormonas de excitación sexual, también una piel que enrojecida por un golpe es más sensible a una caricia; así mismo, es imprescindible una cierta novedad y originalidad, buenas dosis de imaginación, en los intercambios sexuales repetidos entre los mismos parteners, si no se quiere que la tensión erótica disminuya y se relaje. En este sentido, el atractivo de ciertas prácticas sado-masoquistas suaves radica en que engloba distintos refinamientos y tendencias eróticas, más o menos infrecuentes: voyerismo, fetichismo, etc...

Pero estamos en pleno dominio profano, el inaugurado en los tiempos modernos con el marqués de Sade. En otro tiempo el sexo y la violencia caminaban juntos por las vías de lo sagrado. El misticismo católico nos lo demuestra en infinitud de ocasiones.

En el desierto de Siria, florecieron en los siglos V en adelante comunidadesd e estilitas. Monjes que vivían en lo alto de una columna en donde habían situado una pequeña plataforma. Se organizaban en comunidades que constituían verdaderos bosques de columnas. Muchos de ellos murieron fulminados por rayos.

Esta práctica procedía de los cultos -originarios de esa región- de la diosa Atargatis -que veneró Nerón- que consistían en que el iniciado debía ascender a un enorme falo de ¡52 metros de altura¡ y permanecer sobre él siete días. Se decía que desde allí, el iniciado hablaba con la diosa.

Las comunidades cristianas de la zona recuperaron el tema y lo adaptaron a su "pathos", convirtiendo el falo en columna. Encima de ella, el asceta seguía hablando con Dios, para ello añadía mortificaciones suplementarias: ayunos, siempre en pié para evitar dormirse, comida miserable, etc. Algunos se cargaban de cadenas, otros discutían con sus vecinos de columna sobre problemas teológicos e incluso se insultaban y enfurecían; de Simeón Estilita se cuenta que su cuerpo se cubrió de úlceras y aparecieron gusanos; algunos de estos caían al suelo y un ayudante los colocaba en la cesta para que Simeón los volviera a colocar en sus pústulas: "Comed lo que Dios os da", decía...

Los estilitas no eran un caso único, de los místicos españoles o de Santa Catalina de Pazzi se cuentan proezas -desde levitación, hasta inspiración profética, pasando por éxtasis, telekinesia, etc.- realizadas sobre la base de mortificaciones del cuerpo. El efecto producido sobre el místico, no es solo el de sorprendentes capacidades parapsicológicas, sino sobre todo el de un inmenso placer no exento de sensualidad.

Las descripciones del "fuego que abrasa las entrañas" que realizan distintos místicos es idéntico en todo al fuego que quema a los amantes. En el caso de Catalina de Pazzi, empezó a tener estas sensaciones desde los 6 años, cuando inició sus autoflagelaciones. De sus testimonios -y de los de Santa Teresa, sin ir más lejos- se evidencia una fuerte componente erótica en el éxtasis divino.

El caso de San Antonio, las relaciones entre sensualidad y mortificación son igualmente evidentes: San Antonio rechaza las tentaciones eróticas del diablo, porque el éxtasis divino le provoca un placer todavía mayor. San Juan de la Cruz abunda en descripciones que sorprenden por su brutalidad ("Laborad en el desprecio de vosotros mismos y en que los demás os desprecien") y el mismo rezo del rosario está dividido en tres grupos de misterios: dolor, gozo y gloria, significativa gradación jerárquica.

Otros sistemas religiosos y filosóficos recorren idénticos senderos: el hinduismo es maestro en este arte y las hazañas paranormales de los ascetas hindúes -atravesar el cuerpo con objetos punzantes, someterlo a la acción del fuego o de brasas, acostarse sobre colchones de clavos, etc.- causan admiración y sorpresa. Algunos yoguis permanecieron durante veinte años comiendo excrementos de vaca e inmóviles. Se trata siempre de sufrimientos y privaciones del cuerpo que causan tales efectos paranormales y extáticos. El Gran Buda Siddharta Gautama llegó a la iluminación tras una larga ascesis; él mismo describe este tránsito en sus "Nobles Verdades": "El hombre huye del dolor y busca el placer". Pero ese placer supremo se consigue a través de la mortificación del cuerpo y de la doma de los sentidos.

UNA EXPLICACION AL BINOMIO PLACER/DOLOR

Si queda establecido que un cierto tipo de dolor provoca placer  -sagrado o profano, similar en su base ya que no en su contenido- y que éste es buscado en la medida en que gratifica más que el dolor que produce, queda solo explicar cual es el proceso de esta alquimia interior.

Hay que excluir interpretaciones psicoanalíticas o simplemente psicológicas; la extremización de las pulsiones sado-masoquistas valen para individuos psicológicamente alterados y aparece como resultado de malformaciones de la psique. En el caso de juegos sexuales de alcoba -como los indicados en el "Kama Sutra" o en el "Ars Amandi"- se trata solo de recursos eróticos al alcance de los amantes que crean una barrera entre la sexualidad animal y la humana: el hombre necesita erotismo para exteriorizar y canalizar su pasión amorosa, el animal no.

Pero no es esto lo que nos interesa. Existe una búsqueda del dolor que -desde las lupercalias hasta los ascetas del desierto y los místicos, pasando por los yoguis y los círculos tántricos-, al decir de quienes lo han atravesado, provoca un placer supremo, traducido en una experiencia mística. La consecuencia de esto consiste en implicar la experiencia del dolor como una vía más, entre las muchas posibles, para vivir la experiencia de lo trascendente; ni más ni menos.

Existe en el hombre una parte física que está sujeta a los procesos de la materia y que genera un flujo mental -ideas, pensamientos, voliciones, deseos, etc.- estos dos factores constituyen el Yo, el Ego. El Ego no puede vivir la trascendencia porque ésta es de otra naturaleza: esencialmente el Ego es material, la experiencia de lo divino es inmaterial.

La experiencia trascendente solo puede vivirse cuando el Ego es colocado en un segundo plano y el eje de la persona se centra en un estrato más profundo: el alma, la chispa divina de la que hablaban los rosacruces. Este alma, solo se manifiesta cuando el Ego se retrae y una de las formas de obtener tal efecto es mediante el sufrimiento.

Es el Yo el que tiene miedo, es el Yo el que sufre, es ese mismo Yo que supone una barrera infranqueable entre el hombre y "dios". Todos los místicos han percibido esto como sensación y certidumbre y por ello se han aprestado a las más brutales mortificaciones. Exponer el propio cuerpo al dolor, voluntariamente, implica que para superarlo hay que desplazar el eje de la personalidad a otro punto en el cual los estímulos negativos extracorporales (el látigo, la ausencia de alimentos, el cilicio, los ayunos, etc.) no son sentidos como dolor. Es, en ocasiones, por una necesidad de superar ese mismo dolor que la personalidad fuerza la entrada en el dominio del alma.

"A medida que mi cuerpo se debilita, se fortalece mi espíritu" es una frase que repiten invariablemente todos los místicos. De ahí que para tener éxito en cierta prácticas de yoga o de meditación, o incluso prácticas mágicas, se requiera al sujeto un control sobre la alimentación y la sexualidad. Hasta no hace poco el cristianismo solía exigir unas horas de abstinencia antes de recibir la comunión. Los derviches, por su parte, extenúan su cuerpo mediante la danza hasta que, éste rendido, deja paso a un estrato más interior.

La extremización de un proceso de sufrimiento es la muerte; por ello no es raro que todo sistema de iniciación se base es la muerte y el renacimiento del aspirante. En griego muerte es τελευτ_v e iniciación  τελε_oθαι, palabras con la misma raíz. Ahora bien, al hablar de "muerte" se entiende muerte de lo físico, del "hombre viejo" y por "resurrección" hay que entender alumbramiento del "hombre nuevo", es decir, de aquel que hace de la trascendencia, de la identificación con "dios", el eje de su vida.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

Ocho misterios de la Barcelona Mágica

Infokrisis.-Cuando en 1995 apareció la primera edición de nuestra obra Guía de la Barcelona Mágica, tuvimos que escribir algunos artículos a efectos de promocionarla. Uno de ellos fue publicado en la revista Año Cero y resumía algunos de los misterios de la ciudad., elegidos al azar de entre los muchos que incluimos en aquella obra que va ahora por la tercera edición.  Lo reproducimos a continuación.

 


¿Qué tiene Barcelona que "engancha" tanto? Tiene pasado, tradición y misterio. Dos mil años desde su fundación y cinco mil desde la aparición del primer barcelonés -aquel cuyos restos fueron encontrados no hace mucho en la  confluencia de las calles Copérnico y Muntaner- discurren a caballo entre la leyenda y lo inexplicable. Mirar hacia atrás, en ocasiones, puede constituir un ejercicio desengrasante que ayuda a conocer nuestro pasado ancestral. Estos ocho misterios de la Barcelona mágica que siguen han sido elegidos al azar; no son los únicos, ni siquiera los más importantes; son, desde luego, la huella de lo maravilloso sobre el suelo en el que discurre nuestra cotidianeidad.

El misterio de los cuatro megalitos

Generalmente se admite que existieron dos dólmenes, uno en Sant Martí de Provençals, cerca de la actual iglesia románica y otro en Montjuic, más o menos situado en el lugar ocupado actualmente por el semi-desconocido jardín botánico.  Pero es posible que existieran otros dos monumentos megalíticos, menhires más precisamente, si hemos de fiarnos de las descripciones que nos hacen textos antiguos.

Antes de llegar los romanos, en el lugar donde actualmente se encuentra la estatua de Santa Eulalia en la plaza del Padró existió una piedra que muy bien podría ser un megalito. Los romanos se limitaron a conservarla y establecieron allí un "limes", un límite, en la Vía Augusta que unía la capital imperial con Tarraco y que pasaría por las actuales calles de Pedro IV, Hospital, Mistrl y Cruzcubierta.

El otro menhir estaría situado en las inmediaciones de las Ramblas en el patio interior de un edificio próximo a la fuente de Canaletas. El lugar era conocido como el "pati del Carall" (por la forma fálica del menhir) y fue famoso hasta principios del siglo pasado, se le conoció como "pati del carall".

Hoy parece fuera de dudas que los pueblos antiguos utilizaban estos megalitos con fines mágicos. Pretendían captar con ellos las energías telúricas. Los cuatro megalitos están prácticamente en línea recta.

El misterio de la Ciudad Romana

¿Por qué los romanos construyeron la ciudad sobre el minúsculo Monte Taber de apenas 16 metros difícilmente defendible? ¿No hubiera sido más lógico hacerlo sobre la montaña de Montjuïc que ofrecía mejores posibilidades de defensa, estaba más próximo de la desembocadura del Llobregat por cuyas aguas discurrían barcazas que traían metales preciosos procedentes del Pirineo?

La construcción de la ciudad en el Taber parece mucho más absurda si tenemos en cuenta que hubo que traer de Montjuïc las piedras con las que se construyó la gigantesca muralla. Para colmo el acueducto (del que todavía subsisten algunas arcadas en la plaza Duran i Bas y frente a la Casa de l'Ardiaca) fue una obra de ingeniería gigantesca.

El misterio es menor si atendemos a algunas leyendas de la Barcelona antigua. Como se sabe los romanos no elegían al azar el emplazamiento de sus ciudades; éste obedecía a una técnica sagrada. No todos los lugares eran buenos para construir una ciudad. El lugar debía de ser marcado por los dioses y para averiguar cual era recurrían a los arúspices, sacerdotes adivinos.

Bajo el Taber circulaba -según la Tradición- una corriente de aguas telúricas que hasta hace poco era conocida como "el riu de sota" o "rio de Santa Eulalia". El discurrir de sus aguas provocaba la aparición de corrientes electrostáticas que los arúspices y "sensitivos" percibían.


De este "riu de Sota" procedería el agua los más de 800 pozos que llegó a haber en la ciudad a principios del siglo pasado y que frecuentemente estaban reputados de virtudes mágicas. Se sabe que el gremio de poceros -uno de los más respetados de la ciudad- confeccionaba remedios mezclando aguas de distintos pozos.

El misterioso saqueo de Almanzor

Barcelona estuvo en poder de los musulmanes apenas 80 años, del 715 al 801; sin embargo, la mayoría de sus habitantes prefierieron convertirse al Islam para eludir los impuestos con los que se gravaba a los no-creyentes. Esto no impidió que tras el asedio que sometió Luis el Piadoso a la ciudad, esta recuperara súbitamente su fé católica.

El llano de Barcelona fue colonizada con oriundos de Francia que tuvieron incluso una parroquia propia en Sant Martí de Provençals. Los moros no dejaron otra huella en la ciudad más que el nombre de "Ramla" (arenal) que luego se transformaría en las populares "Ramblas". Sin embargo los musulmanes volverían en el 895.

El 2 de julio las tropas de Almanzor sitiaron Barcelona. Dos días después la ciudad se rendía sufriendo un saqueo en toda regla. Se ha dicho que ese día "murió Barcelona". Incluso la reconstrucción de un paño de muralla hacia el 1032 en la actual calle Regomir, indicaría que fue por alli por donde los musulmanes rompieron la muralla y penetraron en riada.

Pero todo induce a pensar que no fue así. Almanzor respetaba a quienes se le rendían. Es más probable que la ciudad decidiera abrir sus puertas y permitir el saqueo mientras que sus habitantes salvaban la vida fortificados en las torres de la muralla. Si bien es cierto que Almanzor se llevó prisioneros a Córdoba, no es menos cierto que se trataba de habitantes del "pagus", la periferia.

Es así mismo falso que la expedición catalana dirigida por Ramón Borrell contra Córdoba en el 1010 fuera una represalia por el saqueo de Barcelona. En realidad Ramón Borrel había acudido en auxilio de una de las facciones musulmanas en lucha. A decir verdad la mayor parte de las tropas con las que Alamanzos atacó Barcelona eran mercenarias, habiendo entre ellos muchos castellanos.

Dice la leyenda que al regreso de sus campañas, Almanzor se sacudía el polvo de sus vestidos, guardándllo en una arqueta. Los 40 rapsodas y poetas que lo acompañaron en su campaña contra Barcelona así lo atestiguan. Tras la derrota de Calatañazor fue enterrado con esta arqueta; en ella habrían también huellas de su paso por Barcelona.

El misterio de los cordeleros

Barcelona tuvo durante siglos tres grupos sociales marginados; judíos y gitanos fueron a parar a la "isleta del Raval" y al "call" respectivamente. Pero hubo otro grupo menos conocido que sufrió idéntica marginación: los cordeleros.

Desde lo más profundo de la edad media los cordeleros eran objeto de todo tipo de discriminaciones: se decía que tenían cola, los domingos les sangraba el ombligo, de sus escupitajos nacían abundantes gusanos, se les achacaba incompetencia profesional, practicaban artes mágicas y hechicería... tan solo esta última característica parece cierta.

Los cordeleros eran transhumantes; tenían que buscar su materia prima allí donde la hubiera y esto les implicaba ausentarse de su domicilio buena parte del año. Aun cuando el cáñamo que se cultivaba en las zonas situadas más allá del actual Arco del Triunfo, en Glorias y La Llacuna, no era el cannabis alucinógeno, dormir cerca de los campos implicaba un cierto grado de intoxicación al respirar los efluvios que despedían las plantas. Esto les sumía en una especie de sueño hipnótico en el cual creían dotarse de capacidades de videncia.

Fue así como ganaron fama de brujos. Por lo demás las cuerdas fabricadas en Barcelona tenían fama en todo el Mediterráneo; sin embargo los cordeleros se ganaron a pulso su marginación al fabricar también las cuerdas para los ahorcamientos. Para los familiares de los ajusticiados los cordeleros eran los responsables de la horrenda muerte de sus deudos. Para el pueblo, en general, existían rumores de que los cordeleros recibían enormes sumas de dinero a cambio de fabricar cuerdas que se rompieran en el curso de las ejecuciones. Si esto ocurría los reos eran perdonados...

Existieron cordeleros en la Ribera y en el Raval. Estos vivían cerca de la plaza del Padró, existiendo una gran concentración en la calle de la Botella. Durante siglos no se les permitía vivir dentro del recinto amurallado y solamente sus mujeres entraban en la ciudad para vender su mercadería; debían abandonar el recindo al caer la noche. 

El único cordelero que se hacía acreedor del respeto de sus vecinos era el que fabricaba las cuerdas utilizadas en la Catedral.

El misterio de las logias masónicas

Resulta difícil establecer cuando apareció la masonería en Barcelona. Todo induce a pensar que fue durante el siglo XVIII si bien no existen pruebas documentales escritas. Sin embargo, dos relieves situados en dos de las tres puertas de la antigua Caja de Reclutas de la Calle del Comercio, nos indican la presencia inequívoca de la masonería en la Barcelona del siglo XVIII.
En fecto, poco después de la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V, el rey como castigo por la feroz resistencia que opusieron los habitantes del Barrio de la Ribera, derribó varios cientos de casas hasta el límite de la actual calle del Comercio. Los escombros de esta demolición fueron arrojados al mar y sobre ellos se construyó posteriormente el barrio de La Barceloneta. El convento de los Agustinos marcó el límite de la destrucción; parcialmente derribado, tan solo quedaron pié algunos arcos de claustro, actualmente en fase de rehabilitación.

Los restos del edificio fueron transformados en Escuela de Matemáticas del Ejército, luego Cuartel de Artillería y finalmente Hospital Militar. Es de esa época -mediados del siglo XVIII- cuando fueron grabados los signos masónicos de la escuadra y el compás sobre las puertas. Milagrosamente han llegado hasta nuestros días. Aun a pesar de ser edificio militar durante el franquismo y de la obsesión antimasónica de la época, nadie cayó en la cuenta de que los oficiales y tropa al entrar y salir del cuartel pasaban bajo los odiados símbolos masónicos.

En el siglo XVIII muchos oficiales del ejército hablaban varios idiomas y leían regularmente libros publicados en el extranjero, en particular ideas de la Ilustración.

Después del interregno que supuso la ocupación napoleónica (los masones del ejército francés crearon una logia en el Palau Centelles de la bajada de San Miguel) la masonería barcelonesa logró estabilizarse y crecer extraordinariamente y estableció logias en la calle de la Basea y en Tantarantana, cerca de la actual plaza del Ou. Otra situada en la calle Ferlandina figuró entre las más antiguas de la ciudad.

Los viejos y devotos barceloneses evitaban pasar por la misma acera de las logias: creían que era terreno maldito. Sus ventanas estaban siempre cerradas para evitar que desde la calle pudieran verse los destellos que provocaba la presencia del diablo en las ceremonias masónicas... tal era la creencia popular.

El misterio de los octógonos del Eixample

La forma de los octógonos del Eixample diseñada por Ildefonso Cerdá ¿obedece a un concepto de urbanismo funcional o bien tiene un significado más profundo? Podemos pensar que no era casual ni limitado a mero utilitarismo funcional.

Ildefonso Cerdá pertenecía a la franc-masonería (en la que incluso se inició su hija Clotilde en un tiempo en el que apenas existieron mujeres en las logias) y fue un hombre de ideas avanzadas. Una de sus lecturas favoritas fue "Regreso a Icaria" de Etienne Cabet. En este libro se definían las características de la ciudad ideal, Icaria.

Las avenidas eran rectilíneas en esta ciudad utópica que tenía una forma circular. Cerdá cuando se aprestó a planificar el Eixample barcelonés no podía darle forma circular por que existían ya núcleos próximos en formación que la ciudad adsorvería antes o despues (Sans, Gracia, Horta, Sant Marti de Provençals, San Gervasio, etc.). Así pues recurrió a una conocida técnica masónica para resolver el problema de la cuadratura del círculo...

La resolución del problema de la cuadratura de un círculo es imposible desde el punto de vista matemático. Efectivamente, no se ha encontrado un número constante tal que multiplicado por él nos permita hallar un círculo y un cuadrado equivalentes. Sin embargo, desde el punto de vista geométrico, el problema está resuelto desde hace milenios.

Basta con trazar en el interior de un círculo una figura geométrica llamada "vesica piscis" (vesícula del pez; esto nos permitirá trazar un segundo círculo. Ahora bien, si trazamos un cuadrado que sea tangente al primer círculo, éste será equivalente al segundo círculo. Cerca no hizo más que "limar" los extremos del cuadrado que sobresalían a este segundo círculo. Fue así como obtuvo los famosos octógonos del Ensanche...

El misterio del triángulo Gaudí

Basta tomar un plano de Barcelona y una regla para obtener la demostración sorprendente de la voluntad de Gaudí y de sus asociados por cubrir Barcelona con un gigantesco triángulo rectángulo de catetos iguales.

Un triángulo viene definido por tres puntos que constituyen sus tres vértices. En el caso del "triángulo Gaudí" estos vértices son: el atanor situado en la escalinata del Parque de Güell, el naranjo de antimonio de los pabellones Güell de Pedralbes y la Plazoleta Aribau del parque de la Ciudadela que, ya de por sí, está trazada con forma de flecha que indica la dirección que nos lleva a los pabellones de Pedralbes.

Ciertamente la colaboración de Gaudí en la construcción de la plazoleta Aribau fue mínima y siempre a las órdenes de los hermanos Fontseré, maestros de obras con los que trabajó al concluir sus estudios de Arquitectura. Los Fontseré pertenecían a la Asamblea de Logias de Barcelona y eran, como buena parte de los amigos de Gaudí en esa época, franc-masones.

También era franc-masón Josep Xifré, una de las grandes fortunas barcelonesas del siglo pasado, indiano, constructor de la Casa Xifré donde se encuentra el famoso restaurante "Las Siete Puertas" y cuyos relieves demuestran la adscripción masónica de su constructor. Los terrenos en los que luego se construyó el Hospital de Sant Pau eran propiedad de Xifré, cuyo arquitecto de confianza, Elías Rogent, era el director de la Escuela de Arquitectura mientras Gaudí cursó estudios.

Lo cierto es que, trazando una línea desde la entrada principal del Hospital de Sant Pau, que recorra la avenida Gaudí, ésta pasa por el ábside de la Sagrada Familia y, después de un larga travesía por la ciudad, va a concluir al Palau Güell. Aun hoy resulta un misterio por que los Güell construyeron allí aquel suntuoso palacio. Dicha línea, así trazada, marca la dirección Norte-Sur, mientras que la hipotenusa del triángulo antes definido marca la dirección Este-Oeste.

¿Que conclusiones pueden sacarse de todo esto? Tan solo perplejidad y escepticismo: estadísticamente es difícil que todas estas correspondencias geométricas deriven de la casualidad. Pero lo contrario, afirmar que fueron trazadas conscientemente parece una monstruosidad y nos llevaría automáticamente a aceptar que existe un linaje esotérico que agrupa a Elías Rogent, los hermanos Fontseré, Josep Xifré, la familia Güell, Antonio Gaudí y... Ni un solo especialista serio puede admitir la existencia de un linaje esotérico que una a estos personajes, sin embargo ahí está el intranquilizador triángulo para hablarnos otro lenguaje.

El misterio de la Villa Olímpica


¿Sabía el equipo de Pascual Maragall que el lugar elegido para el emplazamiento de la "Villa Olímpica" corresponde al sector de la ciudad que astrológicamente está regida por el signo de Acuario? Lo ignoramos; lo cierto es que ya desde el siglo pasado los socialistas místicos intentaron urbanizar la zona. El nombre de Avenida Icaria evoca la república ideal definida por Etienne Cabet en su obra "Regreso a Icaria" en donde describe a una comunidad ideal.

El signo de Acuario tiene implícitos los caracteres de humanidad, libertad y sobre todo novedad y renovación. Lo acuariano es lo nuevo. ¿Qué mejor que ubicar la médula de la Barcelona-2000 en la zona que astrológicamente corresponde a la novedad?

Es significativo, por lo demás, que al inicio de la Villa Olímpica se encuentre una gigantesca escultura metálica de un pez sin cabeza, ni cola. Este símbolo es fácil remitir al signo de Piscis, el anterior al de Acuario. La ausencia de cabeza y cola, indicaría la superación de la fase histórica que representó la Barcelona fundada míticamente por el Hércules Libio.

¿Será acaso en relación al Hércules Libio que la estatua del pez al que hemos aludido esta situada justo bajo los dos edificios más emblemáticos de esta zona, las Torres Mapfre y Hotel de las Arts? ¿No son estos dos gigantescos edificios la rememoración de las "columnas de Hércules" situadas frente al mismo mar del que procedió el héroe clásico en la "Barca Nona" (novena barca) de donde deriva el nombre de Barcelona?

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Las gárgolas de la Catedral de Barcelona

Infokrisis.- Las siguientes notas fueron aprovechadas para la elaboración de un trabajo que quedó inédito y que era nuestro homenaje a la Catedral de Barcelona. Se trataba de un estudio sobre los motivos alquímicos presentes en la Seo barcelonesa. Para ello tuvimos que rescatar algunas leyendas que circulaban a finales del siglo XIX sobre la catedral y, sobre todo, consultar la inigualable obra de Viollet-le-Duc, el Diccionario Razonado de Arquitectura. No perdemos la esperanza de disponer del tiempo suficiente para completar aquel estudio sobre uno de los edificios de Barcelona que más atracción ejercieron sobre nosotros.



    Doscientas cincuenta gárgolas miran a los barceloneses desde las cornisas de los distintos monumentos góticos. Se suele aceptar que no son otra cosa que representaciones del demonio o de los vicios personificados en distintos animales simbólicos. Derivado del latín gurges-gurgitis, torbellino, masa de agua, el término se transformó en la raíz garg- por corrupción fonética. Algunos hacen derivar el término "gárgola" del nombre de los dos auxiliares del anticristo, Gog y Magog; concretamente, el primero es el "príncipe del Aire", y en hebreo indica algo que es aéreo, que procede del aire, lo cual coincidiría con el emplazamiento de las gárgolas. Gargagliare, en italiano, tiene el mismo sentido que gargarizar en español, y una cierta correlación con la función de estas obras de arte situadas en lo más alto de las catedrales: hacer de canal.

    No hay gárgolas anteriores al siglo XIII; el románico desdeñó situar desagües en los tejados dada la sencillez de sus construcciones; luego, cuando estas se fueron sofisticando, aparecieron algunos canalillos que evacuaban el agua de lluvia, sin que tuvieran el más mínimo mérito artístico, ni su elaboración requiriera algo más que el concurso de noveles aprendices. Fue hacia el 1220 cuando aparecieron las primeras gárgolas en la catedral de Laon. Eran extremadamente sencillas, tenían formas animales excepcionalmente simples y constaban de dos piezas, la superior que no era más que el recubrimiento de la inferior por donde discurría el canal de desagüe. A lo largo de ese mismo siglo se fueron generalizando, depuraron sus formas y se estilizaron; ya no eran labradas por novatos, sino encargadas a los más hábiles artesanos. Hay miles de gárgolas en todas nuestras catedrales, pero no existe una pareja idéntica, cada una de ellas es original y única y nos equivocaríamos si pensáramos que unas son muy parecidas a otras. En absoluto, cada una tiene una personalidad propia y un estilo que denota una vitalidad específica y unos rasgos concretos del carácter, un momento de inspiración, en definitiva, distinto de cualquier otro. Los artistas que construyeron Notre Dame de París las emplearon sistemáticamente a partir de 1240 en la coronación de las cornisas superiores. Eran todavía fuertes y compactas, robustas, no excesivamente separadas del edificio, y denotaban la enorme habilidad de los maestros talladores. Luego aparecen otras mucho más esbeltas y largas sobre los contrafuertes. La mayoría reproduce monstruos mitológicos, animales fantásticos, salidos todos de los ingenuos bestiarios medievales, cada vez más detallistas. Los que ornan la Saint Chapele, situada a pocos metros de Notre Dame, al otro lado del Sena, representan animales enteros, con sus más pequeños detalles, en absoluto hieráticos, da la sensación que muchos están a punto de saltar sobre la población a la que parecen mirar amenazadoramente. Están en los ángulos de los contrafuertes y en las cornisas. Hay gárgolas que muestran a diablos aullando, otros secuestrando infantes, algunas son representaciones humanas, pero solo aparecen hacia finales del siglo XIII, cuando la técnica de la gárgola se ha depurado hasta convertirse en virtuosismo.

    Es un cortejo de horrores el que nos mira desde las alturas... Otras gárgolas, invisibles desde el suelo, cumplen la función de canalizar el agua de manera excepcionalmente funcional, desprovistas de toda sofisticación; son, en efecto, apenas pobres tuberías de desagüe...

    Todavía no existían en la catedral de Barcelona, cuando una procesión presidida por un obispo del que la leyenda no nos ha dejado constancia de su personalidad, se vió acosada por una cohorte de magos, brujos y archidiablos que intentaban hacerse con la hostia, para Dios sabe que rito abominable. El más osado de los brujos arrojó una piedra sobre el sacerdote que llevaba la custodia, pero ésta rebotó y mató al que la había lanzado. Los brujos jamás volvieron a hostigar la Sagrada Forma y en recuerdo de tan infausto episodio se colocaron las gárgolas de nuestra Catedral.

    Algunas son, en efecto, animales monstruosos, pero otras son nobles caballeros, hay algunas que incitan al pánico y difunden el terror, pero también existen amables y benéficas. ¿Cómo calificar el unicornio que mira al viandante y apunta hacia la Plaza del Rei? ¿o al elefante que ha sufrido la merma de sus cuernos? ¿Hay que tener a estos animales por fieras vencidas y por principios del mal petrificados por su impotencia ante la falange de los justos? Se suele afirmar que las gárgolas están ahí, en lo alto de las Catedrales, prisioneras de un principio superior, subordinadas a las entidades angélicas, siempre aparecen como secundarias y subordinadas a estas. Juan Eduardo Cirlot, en su "Diccionario de Símbolos" decía de ellas que jamás ocupaban el centro; pero esto no basta-

    Debemos a Norbert Font i Sagué el haber inventariado todas las gárgolas góticas de la Ciudad de Barcelona. Encontró ochenta y cinco que representaban a diversos tipos de dragones alados, de ellos, sesenta y tres con alas de águila y el resto de murciélago; algunos de estos dragones incluían formas de perro en la mitad inferior y algunas más incluso de macho cabrío. Siguen los leones en número de veinticuatro y luego catorce perros, todos ellos extremadamente delgados hasta el punto de poder contar sus costillas. Existen algunos animales domésticos como el puerco de la Capilla de Santa Agueda y otros salvajes, en ellos varios jabalíes, hasta un total de 8. En el ábside de la catedral hay tres gárgolas que representan un puerco con el pelo muy largo que cobija a dos lechones, otro puerco, en la siguiente, con la boca muy abierta y el morro plano, también con dos lechones y finalmente, en la tercera un perro de extrañas formas, junto a dos cachorros. La imagen del sátiro aparece en distintas ocasiones y debió llamar poderosamente la atención del gremio de zapateros -al tener pezuñas de buco- que lo colocaron en una gárgola de su sede, cuando se encontraba frente a la Catedral en la calle de la Corribia. Hoy puede vérse el mismo edificio, despiezado y reconstruido de nuevo, en la Plaza de San Felipe Neri. Las menos, son antropomórficas. Pero una llama poderosamente la atención, la situada en la fachada de Sant Ivo que representa a un hombre con el gorro frigio propio de los iniciados, la boca bien abierta y en posición de defecar... ¡Santo e inagotable humor el de los maestros talladores! o ¿desprecio a lo que solamente es mero exoterismo y culto exterior...?

    ¿Qué conclusión hay que sacar de todo esto? ¿Acaso un capricho estético? ¿o una simple enseñanza moral? Clemente de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia, escribió que Moisés al haber sido príncipe de los egipcios e instruido por ellos en la sabiduría, explicaba los preceptos de la ley moral por medio de jeroglíficos, es decir, bajo símbolos misteriosos de animales. Si aceptáramos esto, reduciríamos todo el simbolismo de las catedrales al rango de la moralidad más banal. Es bien cierto -¿cómo podría ser de otra forma?- que una de las intenciones con las que el artífice colocó las gárgolas en las cornisas de las catedrales fue el recordar la eterna lucha del bien contra el mal. Pero este mal tenía múltiples rostros. Y por lo demás, no todas las gárgolas tienen igualmente el mismo carácter; basta observar las diferencias morfológicas entre unos y otros motivos. Las alas de águila estarán más en relación con la luz luminosa que las del murciélago, animal nocturno por excelencia. Y en cuando a los cerdos representados, su carácter variará si son salvajes  -jabalíes- o bestias de corral. ¿Y qué decir del unicornio situado en un contrafuerte que nos indica el Este, el lugar por donde sale el Sol?

    Acechan desde las alturas pero nada pueden contra aquellos que han penetrado en el interior del Templo. Se diría que su fuerza y poder solamente se cierne sobre quienes están desprotegidos fuera de los muros y las bóvedas; quienes aun no han iniciado la construcción de su templo interior, pueden sentir el terror que inspiran esas formas blasfemas y monstruosas.    

    Su función delimita perfectamente su simbolismo, mucho más que sus formas horribles. Las gárgolas no son más que desagües concebidos para alejar el flujo de las aguas de las paredes y de los fundamentos de la Catedral. Por su interior no pasa nada que no sea agua y son completamente inútiles para cualquier otra tarea. Todas ellas están vacías en su interior; las primeras que se labraron en Francia, no eran sino algo parecido a una cáscara exterior, hueca, muchas de ellas sin recubrimiento superior, salvo por la cabeza. De su boca mana el agua de lluvia. Esto da que pensar sobre si la intención del hábil artesano que concibió tan bello aditamento no sería demostrar lo monstruoso y absurdo de una vida por la que solo fluye el devenir; nada queda en la gárgola sino la esperanza que la tormenta siguiente sea más amable, al igual que nosotros, rendidos y agotados cada noche, caímos sobre la cama, sin percibir que nuestro interior está igualmente vacío y que nuestra cotidianeidad se construye de un flujo de situaciones que se suceden en infernal cadencia. Pero a la quietud de cada noche, sigue la tempestad del nuevo amanecer y así, día tras día, nos vamos nosotros mismos convirtiendo en devenir, flujo incontenible, que llega incluso a desgastar la piedra más dura de nuestras gárgolas. Es así como envejecemos. Hemos visto gárgolas en Notre Dame de París, pero también en Barcelona, desleidas como un azucarillo, romos los ángulos, desgastadas las facciones y enferma la piedra... tal es el destino de quien no sabe zafarse de la corriente del devenir.

    Un viejo refrán nacido a la sombra de nuestra Seo, denuncia la insensatez de permanecer arrastrado por la corriente continua de lo cotidiano cuando dice "Ballas més que el gegant de la Ciutat"... Y otra muestra de la sabiduría popular dice a ritmo marcial "Trampes, trampes, tot son trampes". Hemos elegido ambos refranes por que están ligados a la que, para nosotros, constituye la más entrañable de las festividades que se celebran en la Catedral, el Corpus Christi. Barcelona, a poco de tenerse conocimiento que el Papa, había instituido dicha festividad, puso todo su empeño en que el segundo gran jueves del año -siguiente al Jueves Santo, pero precediendo al Día de la Ascensión- alcanzara gran relieve y vistosidad. Aun hoy, en la explanada de la Catedral, puede verse a los últimos menestrales de Barcelona, hombres de edad madura, casi todos ya jubilados, apenas unos niños en la tragedia de la guerra civil, pulcros, modestos pero aseados, con un estilo muy personal y el gesto de serenidad en el rostro, visten, junto a sus esposas, las mejores galas de día festivo y se reúnen para asistir a la misa concelebrada y luego seguir al Aguila y al León de la Ciudad, así como al gigante, en la procesión que sigue. El Aguila y el León, reyes, respectivamente del Aire y de la Tierra, tienen ambos un carácter solar e imperial, como igualmente Imperial es el gigante gótico de la ciudad, tras cuyos rasgos de cartónpiedra hemos de ver la personificación idealizada de Carlomagno, el emperador de Occidente que tanto empeño puso en avanzar las marcas de sus fronteras, debiéndose a él y a sus herederos, más que a nadie, la liberación de Barcelona y la repoblación de la comarca con sus provenzales que dejaron recuerdo en la toponimia de algún barrio periférico (Sant Martí de Provençals, por ejemplo). Pues bien, en el curso de esa procesión el tambor bate a un ritmo descrito de forma insuperable por el refrán, "Trampes, trampes, tot son trampes", que al mismo tiempo nos define -junto con el movimiento perpetuo del gigante de la ciudad en el curso de su desfile- el acecho que sufre la naturaleza humana arrastrada por el devenir continuo: una verdadera trampa mortal para quien considera que es algo más que carne mortal.

    No es raro que en la leyenda de las gárgolas de nuestra Catedral sea la Sagrada Forma quien ahuyenta las amenazas de los brujos y diablos. Situada en el centro de la custodia, la hostia irradia destellos de oro, levantada entre los fieles por las manos y bondadosas de un hombre santo. Nada hay más alejado de la estabilidad crística ubicada en el centro de la custodia, imitando el Sol, situado en el centro mismo del Universo, que la canalización que no tiene otra posibilidad que aceptar pasivamente el líquido que por ella fluye. Allí estarán siempre las gárgolas mostrando a quien quiera verlo el drama de lo humano antes de acometer los trabajos de construcción del puente de oro que le permitirán pasar de la física a la metafísica, del devenir al ser, del flujo a la estabilidad, de lo contingente a lo trascendente.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

España, frente a bandidos y piratas

Infokrisis.- Todos los Estados occidentales, sin excepción -por no hablar del Tercer Mundo-, han acabado sufriendo el flagelo de la corrupción. La corrupción no es una fatalidad de nuestros días; es la consecuencia lógica de la anomia, palabreja que indica la ausencia de valores y principios. Antepenútima consecuencia de las leyes no escritas del mercado, deriva de la regla de oro de nuestros días, a saber, que solo vale la pena aquello que reporta el máximo beneficio y exige el mínimo esfuerzo. A eso se le llama "rentabilidad" y se acepta universalmente como la única forma de organización económica, acaso para justificar al pereza mental de los economistas, resignados, o acaso incapaces, de establecer nuevas fórmulas desde hace trescientos años.

En el momento en que los Estados modernos se laicizaron por la acción de la masonería y el positivismo -pero también por la claudicación de quienes defendían opciones contrarias- perdieron toda posibilidad de dotarse de una ley superior inconmovible. De estar regidos por principios venidos de lo alto, pasaron a gobernarse por leyes escritas por los hombres; ni siquiera por los mejores entre los hombres, sino por los más numerosos. La anacrónica ley de la mayoría por la que se rigen las partitocracias occidentales subordina el principio de la calidad al de la cantidad. Y los más suelen -siempre- dejarse seducir por quienes les alaban y cubren de promesas. Es el tiempo de los demagogos, el tiempo extremo de la decadencia, tiempo del hierro y del lobo tal como decía la saga goda. Nuestro tiempo, en definitiva.

Las leyes del mercado, la anomia, el materialismo efectivo de gentes que jamás han oido hablar de filosofía materialista pero se comportan como catedráticos en la temática, generaron grupos de presión a los que termina subordinándose cualquier interés. Los partidos políticos, no son sino títeres de tales o cuales grupos de presión y sus dirigentes, los funcionarios delegados. Una simple firma capaz de recalificar un terreno puede generar tantos beneficios como un abogado o un profesional puede obtener en una vida de trabajo y no digamos un obrero manual. Un mero gesto determina una fortuna y la ruina de miles de gentes, insignificantes en lo económico. Nunca época alguna se ha visto tan huérfana de valores y sometida al único valor del "pelotazo, ya". Nadie se sorprenda por ello; se trata, más bien, de la consecuencia lógica e irreversible de un proceso de decadencia iniciado hace siglos. Primero, con la fuerza de una piedra que se desliza desde lo alto de una pendiente, luego creciendo en volumen y aumentando su velocidad de caída, finalmente arrasándo cualquier oposición y todo lo que encuentra a su paso, el mundo moderno, y con él nuestra esquilmada España, esperan la crisis desintegradora final en un plazo más o menos breve.

Lo extraño no es la naturaleza de este proceso; lo que sorprende al observador es que los Vedas ya habían previsto tal coyuntura con varios milenios de adelanto. La edición del "Vishnu Purana" de H.H. Wilson se publicó en Londres en 1868; ya entones llamó la atención de los estudiosos por su cuadro profético. Siglo y cuarto después la sorpresa de quienes hemos tenido la ocasión de consultar esa misma edición ha sido aún mayor. "La tierra será apreciada por los tesoros minerales que esconde" es una de las características que el discreto profeta que escribió el "Vishnu Purana" entrevió en su delirio. Puede ser una casualidad para hacer las delicias de los ecologistas de fin de milenio y no videncia, pero el resto de visiones son aun más precisas: "La raza dejará de producir nacimientos" (los hombres occidentales hemos perdido el 40% de nuestra capacidad genesíaca en los últimos 25 años), "los hombres conceptrarán su interés en la adquisición de riquezas aunque sea de forma ilícita", "quienes dispongan de más dinero dominarán a los hombres", "las mujeres solo serán objeto de satisfacción sexual". En cuanto a los "jefes" se dice de ellos que serán tiranos crueles y demagogos que solo pensarán en su beneficio. Decididamente no hay que escuchar los telediarios para estar al cabo de la calle de nuestra cotidianeidad.

Sirva esto de introducción para hablar de España y los bandidos, piratas y delincuentes. Todos ellos, no son solo patrimonio de nuestros desgraciados días. Están dentro de nuestra historia, casi tanto como el Quijote, la Reconquista y el motor de agua. Junto a lo ideal, lo heroico y lo fingido, los siglos vieron gentes que valoraron la delincuencia como único camino para sobrevivir. La historia misma de España, en sus mejores momentos, dependió de los ataques de corsarios y filibusteros que llegaron a estrangular el comercio con América. Una vez más, la historia "en profundidad", difiere de la historia "bidimensional"; la delincuencia que atentó -y atenta- contra España, no es fruto de la casualidad o de una malhadada época. Es la consecuencia directa de percepciones erráticas de historia, reflejos siempre  -a poco que se examinen los hechos objetivos y se engarcen unos con otros- de concepciones titánicas y prometéicas en unos casos y simplemente demoníacas y luciferinas en otros.

Quedan rastros en las crónicas generales que en tiempos de Alfonso IX y San Fernando los delincuentes se organizaron en poderosas sociedades de bandidos. Ambos reyes los persiguieron y desollaron sin piedad. Más adelante, en las circulares de la Santa Hermandad y en las novelas picarescas de los siglos XVI y XVII se tiene noción de "cortes de milagros" que agrupaban a mendigos, delincuentes y minusválidos, en curiosa amalgama.

Sabemos que en la edad media hubo sociedades de mendigos organizados y que, en un momento dado, algunas derivaron hacia la delincuencia pura y simple. Nuestros clásicos dan abundantes pistas como para que podamos deducir que tales hermandades de mendigos y ladrones tenían sus signos de reconocimiento, su lenguaje secreto y sus ritos de iniciación. Mucho antes que la maffia, la camorra o la n'dragheta arraigaran en la bota italiana, aquí ya teníamos a La Garduña desde el tiempo de los Reyes Católicos.
 
En la Edad Media hubo tres cofradías de mendigos, la de los ciegos patroneados por San Martín, la de los cojos con San Andrés al frente, mientras que los oracioneros se ponían bajo la custodia del Espíritu Santo. Las tres ramas se fusionaron luego en la Cofradía del Espíritu Santo. Sus miembros tenían una medalla que los acreditaba y les daba el privilegio de mendigar. Pobres pero no pícaros. Solían vivir en comunidad. En Barcelona existió una casa en el Barrio de Jesús que los albergaba y luego, al ser derribada, pasaron a inmuebles comunales en las calles de la Boquería, Ripoll y Capellans. Los ciegos solían formar orquestinas que se trasladaban de barrio en barrio para mostrar sus habilidades. Los había rapsodas. Algunos gozaron de gran reputación como Cayetano Parera que en 1784 tocó para la Duquesa de Alba en la visita que esta hizo a Barcelona. En el último tercio del siglo XVIII las crónicas hablan de una conspiración de mendigos que hicieron desaparecer de la circulación las monedas pequeñas de 1 y 2 céntimos. Esto ocurrió  en la Ciudad Condal y en pueblos del Principado de Cataluña. También hubo cofradías de jorobados y tullidos de las que a finales del siglo XIX todavía quedaban huellas. Algunos se colocaban en la puerta de las iglesias para que los feligreses pasaran los billetes de lotería por sus jorobas. Los cojos se ofrecían para realizar penitencias por delegación... desde la Colegiata de Santa Ana recorrían el foso de la muralla y volvían al punto de partida musitando oraciones.

Estos datos no hay que tomarlos a la ligera. Muestran que la sociedad española intentó integrar en la sociedad a aquellos minusválidos que, esa misma sociedad rechazaba. Existen huellas abundantes que permiten pensar que la sociedad de nuestro país  -como por lo demás, todo Occidente- consideraba las minusvalías y deformaciones físicas como reflejos de un trastorno del alma. La máxima "mens sana in corpore sano" se había adaptado, con el paso de los siglos, a esta percepción. Otros, frenólogos y fisiognomos, todavía sostienen que "el rostro es el reflejo del alma".

Se estableció una relación directa en la que el cuerpo físico, era una materia modelable cuyo artífice era un estrato más profundo de la personalidad, el alma y el espíritu. Si éste era deforme y torturado, el cuerpo debía de salir a su imagen y semejanza. Como eco de esta tradición, el Opus Dei en nuestros días mira con malos ojos a aquellos que no alcanzan cierto patrón de belleza. Los feos, en efecto, tienen poco que hacen en las filas de Escibá de Balaguer, al que Dios haya perdonado. La Iglesia Católica ha mantenido viva hasta hace poco creencias de este tipo. Los principales reproches que tuvo el inquisidor Torquemada en su tiempo aludían a sus deformidades físicas (era cojo y jorobado) antes que a su afición por la quema de herejes. El horror por las deformidades físicas llegaba a extremos insospechados. Robert Ambelain cuenta que la Santa Congregación de los Ritos intervino para permitir decir misa a unos jesuitas a quienes los indios iroqueses les habían arrancado las uñas. Sabido es que Orígenes de Alejandría, uno de los padres de la iglesia, fue desposeído del episcopado por haberse castrado siguiendo la palabra evangélica que animaba a convertirse en eunucos...

En las antípodas de la Iglesia se repetía el mismo tabú. La masonería, durante siglos no admitió a quienes sufrían ciertas anormalidades. Era lo que llamaban "el ostracismo de la letra B". Solamente la lengua francesa permite entender a que se refiere esta tradicion masónica, hoy erradicada en la mayoría de obediencias. Para la masonería originaria existían siete categorías de "indeseables" a los que se les impedía el acceso a las logias. Se trataba de tartamudos (bègue en francés), bastardos, tuertos (borgne), bizcos, cojos (boiteux), jorobados (bossu) y bribones, las "siete letras B". Los masones de la época no se planteaban el acceso de homosexuales, ciegos, lisiados sin piernas, iletrados y retrasados mentales. Se daba simplemente por supuesto que, marginados por la sociedad, ni eran libres, ni de "buenas costumbres", tal como exigían los landmarks masónicos. En cualquier caso esta tradición masónica, refleja una concepción generalizada en las sociedades occidentales que nos limitamos simplemente a constatar a efectos de introducción.

Tal concepción difícilmente podía ser aceptada por los desgraciados que se agruparon en las sociedades de autodefensa que ya hemos mencionado. La marginación seguía y las humillaciones continuas se sucedían a la miseria material. No fue de extrañar que esta legión de humillados y ofendidos franqueara la frontera de la legalidad justo en el momento en que España vivía una transmutación histórica.
Granada había caído, los Reyes Católicos impusieron un poder centralizador basado en el ideas religioso. Todavía no se manifestaba la vocación imperial, pero sí una extendida corrupción en los organismos judiciales y policiales. Todo eso debió coagularse en una peligrosa asociación secreta que se mantuvo durante algo más de tres siglos y que precedió en el tiempo, prefigurando sus estructuras, a la mafia.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, algunos corchetes y jueces empezaron a admitir sobornos de delincuentes. Aprendieron pronto a abusar de su autoridad. Vieron en la represión contra judíos y moriscos una ocasión de enriquecerse. Algunos corchetes falsificaban órdenes de detención, otros procedían al arresto y requisa de los bienes de judíos y moriscos. Los abusos proliferaron entre 1492 (expulsión de los judíos) y 1609 (expulsión de los moriscos). El Estado no existía aún, consolidado, tal como lo entendemos en nuestros días. El feudalismo había caído y los nobles locales, los únicos que podían haber atajado estos abusos, estaban contra las cuerdas por una legislación que rebajaba sus privilegios y atribuciones. Como en todo período de asentamiento de una nueva forma de Estado, se produjeron conflictos y vacío de poder. Corchetes, leguleyos y jefes de bandidos supieron aprovecharse.

Hacia finales del siglo XV la Garduña estableció su sede en Sevilla y unas décadas después, a la vista de lo boyante de los negocios, trece hombres elegidos entre corchetes corruptos y bandidos de fama, se reunieron en la capital andaluza para deisgnar por votación puestos de mando y establecer una jerarquía en la sociedad. Dictaron también un código de contraseñas para anunciar riesgos y transmitir mensajes aun estando presos.

La asamblea estableció tres grados, cada uno de ellos divididos en especialidades. El grado inferior, por ejemplo, estaba compuesto por chivatos, coberteras y soplones. Los chivatos espiaban simplemente a personas, las coberteras, mujeres de mala vida, servían en casas nobles y los fuelles o soplones eran espías de avanzada edad y aspecto honorable. Este primer grado no tenía otra finalidad que la de espiar y dar informaciones que otros grados superiores aprovecharían con finalidades delictivas. El segundo grado, podría decirse que era el de los ejecutores. Compuesto por floreadores, punteadores y guapos, los primeros eran asesinos a suelto; sabían que si fallaban un golpe la Garduña los eliminaría. Los punteadores eran asesinos especialistas  los guapos, duelistas y espadachines mercenarios. El tercer grado, finalmente, era el de dirección. La jerarquía máxima de la sociedad estaba presidida por un Gran Maestre o Hermano Mayor; los capataces eran los responsables locales y los ancianos tenían como misión recordar a los afiliados el reglamento y cuidarse de la administración.

La Garduña, hacia finales del siglo XVI había abierto sucursales en Sevilla, Madrid, Toledo y Valencia. En otras ciudades tenía colaboradores. Muchos de ellos eran itinerantes, pasaban de provincia en provincia alertando sobre tal o cual golpe. Hasta principios del siglo XIX sobornaron e integraron en su organigrama a funcionarios procedentes de todos los estamentos, gobernadores, jueces, alcaldes e incluso prohombres de los gremios.

Sus delitos eran los más audaces de la época: raptos, violaciones, secuestro de niños, petición de rescate, desvalijamiento de diligencias, cortijos, falsificación de moneda y asesinato por encargo.

Como toda sociedad secreta que quiera seguir siéndolo, La Garduña no tuvo documentos escritos en los primeros siglos de existencia. La falta de datos objetivos es lo que ha permitido a algunos historiadores sostener que La Garduña es una fabulación urdida por mentes imaginativas. Por nuestra parte pensamos que se trata de una tradición sobre la que existen demasiados datos y muy concretos como para pensar que fue solo una patraña.

En otras latitudes se han visto sociedades secretas de bandidos que, durante siglos persistieron en la sombra, sin que apenas se filtraran noticias de su existencia. Las tríadas chinas son difícilmente penetrales y se sabe algo de ellas gracias a que muchos de sus lideres locales entraron en el Partido Comunista Chino en los años 20. Los movimientos de resistencia antibritánica en la India fueron asumidos por sectarios de Shiva, organizados y, frecuentemente, revistieron los rasgos de sociedades secretas de asesinos y bandoleros. No es extraño, pues, que fenómenos análogos se hayan producido en España.
 
En agosto de 1822, en pleno trienio liberal, se descubrieron los cadáveres de una muchacha secuestrada días antes, María de Guzmán, y los de sus tres asesinos y violadores. El dueño de la casa, un personaje influyente en la Sevilla decimonónica, confesó y delató a otros. Al parecer los tres secuestradores violaron y asesinaron a la joven sin autorización de su jefe, que les asesinó a su vez al enterarse que habían desobedecido sus órdenes. En la misma casa donde apareció el cuerpo de María de Guzmán se halló un texto manuscrito que era la crónica de La Garduña. Los estatutos que jamás habían sido transcritos, las cuentas de la sociedad que nunca se llevaron a pergamino, y las actas de las tropelías sin contabilizar, ampararon el secreto durante siglos; el error de los garduños ochocentistas fue pretender redactar una crónica "heroica" de su sociedad.

Sus jefes fueron ajusticiados en la Plaza Mayor de Sevilla en noviembre de 1822. Se sabe que los mayores centros operativos se encontraban en Sevilla, Toledo, Madrid, Valencia, Jaén, Málaga y Córdoba. Jamás se sabrá el número total de afiliados, pero las crónicas de la época remontan hasta 26.000 entre hombres, mujeres y niños, a todas luces desmesurado. En 1825 decayó del todo.

La leyenda y la realidad de La Garduña persistió durante todo el siglo XIX. En 1857, el Ministro de la Gobernación de la época, atacado por el Sr. Cánovas, declaró que los bandidods andaluces formaban "una vasta y formidable asociación que era preciso extirpar con energía. A mediados del siglo, delincuentes portugueses, juramentados, robaban en Iglesias castellanas. Zaragoza albergaba una sociedad de jugadores de azar; el tahur que perdía todo su caudal recibía una pensión del resto de cofrades hasta que se recuperaba, curioso sistema que prefigura ciertos aspectos de la Seguridad Social. El 24 de octubre de 1865 el diario "El Universal" hablaba de una asociación de secuestradores que contaba con un Comité Directivo formado por personas de posición y rango. Se decía que el jefe de la tenebrosa asociación era un presbítero... Tales son las noticias significativas que hemos querido destacar entre un material muy rico que está al alcance de quien quiera releer las amarillentas páginas de la prensa del siglo XIX.

En todos estos movimientos fuera de al ley encontramos una serie de características suficientemente significativas de la temática que estamos tratando. De un lado, los gremios y cofradías de mendigos entran dentro del cuadro de la sociedad estamental, fuertemente jerarquizada y estructurada en su interior. Era un intento de insertar en la sociedad y "normalizar", lo que se consideraba una anormalidad, no tanto del cuerpo, recuérdese, como del espíritu. Como cualquier otro gremio artesanal, los mendigos tenían sus reglas, jerarquías, lenguaje secreto y ritos de admisión. Hasta aquí todo es normalidad dentro de una sociedad trifuncional que, tal como Georges Dumezil ha demostrado, es la que corresponde a los indo-europeos.

Pero luego algo se complica en el período de los Reyes Católicos. Algunos sectores de las cofradías de mendigos, los humillaos y ofendidos, tienen ansias de revancha social. Carecen de fuerza para organizar revueltas o revoluciones, por lo demás su proyecto no va tan lejos, sino simplemente pretenden sobrevivir. En ese momento, algo está cambiando en la sociedad; los valores feudales se han derrumbado pero no han sido sustituidos temporalmente por nada de profundo, auténtico, ninguna idea-fuerza ha conseguido arraigar suficientemente. España aun no vive una vocación imperial. Es un tiempo de anomia para algunos, especialmente comerciantes, mercaderes y funcionarios sin escrúpulos. Son ellos quienes dirigirán La Garduña, sirviéndose de escalones inferiores reclutados en ambientes mercenarios (también el ejército ha cambiado y el guerrero se ha transformado en "soldado", etimológicamente aquel que lucha por la "soldada", el sueldo) y mendigos. Estos últimos no tienen nada que perder. Marginados y erradicados por una sociedad en la que aun imperan, aunque a título residual, valores de nobleza y lealtad, constituirán una asociación de rasgos luciferinos.

Soterrada durante el mejor período imperial con Carlos de Europa y Felipe II, la crisis que siguió y el repliegue ulterior generarán una eclosión de La Garduña y de otras formas de delincuencia. La delincuencia organizada solamente ha aparecido en momentos de crisis del Estado, y no solo de crisis estructural, sino cuando aparece crisis en la idea de Estado. Hoy vivimos uno de esos momentos como, en cierta forma, la sociedad recién salida del Medievo vivió una crisis de valores a finales del siglo XV.

Es preciso desvincular este tipo de delincuencia el bandolerismo histórico del siglo XVIII y XIX cuyas raíces son muy diferentes. La palabra "bandolero" es suficientemente significativa de cual era la extracción de sus gentes. Bandolero deriva de "bando" (facción que toma partido por una causa u otra); bandera es la enseña de un bando y bandería el lugar de reclutamiento. Bandido es, si bien en sentido despectivo, el que actúa bajo una bandera, pertenece a un bando o bandería. Y se trata de términos esencialmente políticos.

Las luchas entre nyerros y cadells en Cataluña, genera, acto seguido, movimientos de "bandidos" como consecuencia directa. Las partidas de la guerra de la independencia no siempre se desmovilizaron tras la retirada del francés y los movimientos liberales y carlistas actuaron como verdaderos bandidos (en realidad lo eran en tanto que bandos sostenedores de distintas causas). Ante estos grupos no estamos ya en presencia de organizaciones tradicionales de carácter neo-gremial como en las Cofradías de Mendigos o en la "Corte de los Milagros", tampoco estamos en presencia de una oligarquía sin escrúpulos que manipula a mendigos y pequeños delincuentes, como en el caso de La Garduña, estamos en presencia de combatientes políticos a los que solo la adversidad y el afán de supervivencia, así como la lealtad a sus ideales, han arrojado a la marginalidad.

En algunas partidas de bandidos del XVIII y XIX encontramos verdaderos jefes con carisma y valor suficientes como para ser respetados, no solo por sus hombres, sino por sus propios enemigos; partidas en que solamente procuraban robar al poderoso, no para distribuirlo, sino para sobrevivir en una sociedad hecha por los poderosos y para su beneficio; gentes, en muchos casos, nobles, verdaderos hombres de armas, que tenían, en la clandestinidad e ilegalidad, vivos y activos los principios de honor y lealtad, sacrificio y camaradería, y cuya fama transpasó las órdenes de captura de la Santa Hermandad, arraigando en la mitología popular como seres de virtudes excepcionales; en algunos de ellos -especialmente en los jefes de algunas partidas carlistas y entre bandoleros catalanes surgidos de las luchas entre nyerros y cadells- se percibe incluso un espíritu aristocrático y heroico del que están desprovistos sus adversarios. Todo eso desaparecerá en las décadas siguientes. Cuando la marginación deja de ser causada por motivos políticos (identidad con un ideal), religiosos (defensa de la propia confesión), pasa a serlo solo por motivos sociales primero (reivindicación del propio derecho a una vida digna) y luego por motivos meramente economicistas y hedonistas (el deseo, no de vivir una vida digna, sino de vivir de espaldas al heroísmo cotidiano del trabajo bien hecho, sin gloria, fama, ni prebendas), sin medida ni autocontrol y con características literalmente luciferinas. Hoy hemos alcanzado ese último estadio, presente ya en nuestra historia desde principios del XVI.

Pero España tuvo como enemigo declarado a otro fenómeno al que debe buena parte de su ruina económica: la piratería. Aquí la componente luciferina, es todavía más acusada y se sitúa en primer plano con sorprendentes derivaciones.

Si alguien pensara que la piratería estaba formada solamente por románticos bandoleros de los mares, sea anatema. Si alguién pensara que la piratería era un fenómeno exclusivamente social, sea anatema. Si alguien pensara que la piratería carece de causas y objetivos más allá de los estrictamente delincuenciales o de rapiña, sea anatema...

La piratería contra España que estranguló el comercio con ultramar y obligó a redoblar esfuerzos en la protección de los barcos de mercancías, que generó convoyes protegidos que cruzaron el Atlántico, atentó no solamente contra la idea y la estructura imperial española, sino que luego viró contra quienes hasta ese momento habían sido sus patronos e inspiradores, el Almirantazgo inglés. La piratería pasó a ser uno de los elementos más importantes que contribuyeron a la emancipación de las colonias y a la creación de los Estados Unidos, nación líder de nuestros días y faro del actual momento de desintegración.

Un somero examen de la piratería contra España demuestra fehacientemente que existieron "fuerzas ocultas" y causas metafísicas que hicieron discurrir a la piratería por unos canales anti-imperiales, siempre identificados con utopías y comportamientos luciferinos.

Los elementos que componen el "estilo pirata" tienen un origen que casi siempre se desconoce. En los siglos XVII, XVIII y hasta bien entrado el XIX, existieron "ideales piratas" dignos de tal nombre e incluso proyectos utópicos llevados a la práctica. 

El negro de su bandera con la calavera y las dos tibias son un emblema suficientemente significativo que nos dice mucho acerca de su inspiración. El símbolo del color negro relacionado con la muerte queda reforzado por la calavera y las tibias cruzadas. El nombre que los piratas daban a su pabellón es "Jolly Rogers", sin que nadie haya sabido explicar el por qué. "Jolly", en cualquier caso, es la transcripción fonética de "Holly", sagrado; en cuanto a "Rogers" es posible que se trate de uno de los millares de extremistas religiosos que entre 1640 y 1650, huyeron de Inglaterra y se refugiaron en El Caribe, particularmente ubicados en Barbados y Jamaica. Arruinados, aislados y exiliados de la metrópoli por sus ideales igualitarios y revolucionario, debieron de sobrevivir grancias a la piratería. Daniel Defoe en su libro "La vida de los Piratas más ilustres", escrito con el seudónimo de Capitán Jhonson, había sido puesto en la picota por sus ideas extremistas en materia socio-religioso. Gracias a él ha podido reconstruirse la "pista caribeña".

Así pueden entenderse muchos de los motivos piratas y, en particular su forma de organización, absoluta y sorprendentemente democrática. El capitán pirata era elegido en asamblea general. Podía ser revocado por cobardía o crueldad; se alimentaba del mismo rancho que sus hombres y todos tenían derecho a sentarse en su mesa. Antes de zarpar el capitán y la tripulación debían firmar un "contrato de caza" que definía las reglas, reparto del botín y distribución de la autoridad. Un "cabo de marineros" asumía la representación y defensa de la tripulación. A él y al capitán le correspondían una parte y media del botín, al resto de la tripulación una parte. Si el capitán fallecía, caía preso o daba muestras de incapacidad, lo sustituía un Consejo emanado de la asamblea general.

Una parte del botín iba destinado a engrosar el fondo común. Al contramaestre le correspondía la administración de ese dinero que se destinaba a auxiliar a heridos, mutilados y jubilados. Los piratas recibían ayuda por la pérdida de un dedo, el brazo, piernas u ojos. El ojo era lo que más se tasaba.

Nadie era embarcado contra su voluntad. Sin embargo, si aceptaba subir a bordo la disciplina era férrea y quienes no consentían ser sometidos a la ley común aprobada por todos, eran abandonados en islas desiertas o simplemente lanzados por la borda.

Los disidentes religiosos ingleses del siglo XVII -no hay que olvidarlo- se encuentran en el punto de partida de dos fenómenos de capital importancia: el debilitamiento del Imperio Español y la formación de los Estados Unidos. Ya hemos referida que la piratería estranguló el comercio entre España y las colonias, pero también fue determinante para que las colonias de Nueva Inglaterra salvaran las prohibiciones de la Metrópoli y recibieran aprovisionamiento de productos a bajo precio llegados en buques piratas. En ese momento -cuando el Imperio Español está muy debilitado- los piratas se declaran enemigos jurados de la Corona Inglesa. Barbanegra, Henry Morgan, Stiff Bonnet, Edward Teach, John Rackman, no ahorrarán crueldad y violencia. Barbanegra, cuyos ataques de furia homicida eran bien conocidos, encendía mechas en su barba para aterrorizan al enemigo. En cierta ocasión cortó los labios a un prisionero y se los comió; en otra cortó las orejas a un oficial inglés y obligando a comérselas con sal.

Cuando Inglaterra insistió en mantener el monopolio del comercio con sus colonias, abrió el camino para que Boston, Rod Island, Nueva York, etc. fueran aprovisionadas por piratas, establecidos en Nassau y New Providence, a pocas millas de las costas norteamericanas. Poco a poco, los piratas trabaron amistad con gobernadores y oficialidad, sus precios eran los más baratos, sus mercancías las mejores. Por lo demás, muchos de ellos habían compartido militancia en los grupos puritanos extremistas del siglo XVII, que se exiliaron hacia el Nuevo Mundo. De los descendientes del "May Flower", organizados luego en logias masónicas, partió la revolución y la independencia americana.
Pero había otro elemento común que la piratería compartía con la naciente "ideología americana": el concepto de igualdad a ultranza. Ya hemos visto que las constituciones y reglas piratas eran de un democratismo absoluto. Allí donde ondeaba el "Jolly Rogers" reinaba la igualdad. Los piratas intentaron en El Caribe crear un Nuevo Mundo, armados con la convicción de defender una causa justa: la causa de los extremistas religiosos ingleses del XVII.

Su persecución y expulsión del Viejo Mundo supusieron para ellos una sacudida. A sus temas religiosos añadieron un calado político-social. Querían venganza contra una sociedad que no los admitía en su interior. "Revenge" (venganza) fue el nombre de muchos de los buques piratas (así se llamaba el de Barbanegra y también el de Steef Bonnet) y su grito de guerra.

La piratería fue un fenómeno de revancha social, sangriento, irracional y luciferino. El pirata Bellamy tenía muy presente una concepción de la piratería como surgida de la lucha de clases; insultaba a unos prisioneros: "Marionetas rampantes que aceptais ser gobernados por leyes dictadas por los ricos". Y luego añadía: "Esos crápulas nos condenan, cuando solo nos diferencia que ellos roban a los pobres amparados en sus leyes y nosotros saqueamos a los ricos amparados en nuestra valentía".

En décadas posteriores, incluso hasta bien entrado el siglo XIX, esta conjunción entre extremismo religioso surgido de un proyecto religioso fracasado, que conlleva persecuciones y marginalidad, seguirá siendo una constante. A principios del siglo XVIII, François Mission, oriundo de Provenza, se lanzo a la mar. Un biógrafo dice de él que "su filosofía social, aunque cruda y extraña, era democrática y la pasión más profunda en su vida era el amor por el hombre". Se hizo pirata. En Italia buscó alivio en el confesionario y alli conoció a Piero Caraccioli, un extremista religioso que estaba, en esos momentos, en plena efervescencia intelectual. Caraccioli, examinando el mundo de su tiempo, sostenía que la "Creación" había fracasado y había que repensar de nuevo el mundo. Caraccioli quería "rehacer la Creación", en otra manifestación de la vocación titánica que ya hemos denunciado en la piratería. Caraccioli colgó los hábitos definitivamente y se embarcó con Mission; después de un combate con un barco holandés, los dos socios se hicieron con el control de su buque, el "Victoire". Caraccioli se dirigó a la tropa: "... habéis hablado, a menudo, ocasiosamente, de no querer estar sujetos a ningún rey, sino ser ciudadanos libres en un mundo mejor, en el ual la libertad y la igualdad de derechos prevalecieran. Habeís deseado una República ideal. Ahora está aquí". El barco fue rebautizado "La República del Mar".

Caraccioli y Mission prohibieron la bebida y la blasfemia a bordo. La ley de oro era la igualdad y la libertad. Capturó a esclavos negros y los hizo ciudadanos de su República anfibia. En las islas Comores construyeron su república pirata, Libertaria. Su primera proclama fue: "Nos dedicaremos a esparcir la libertad y el amor a la libertad, la tolerancia y el amor a la humanidad de cualquier fe y de cualquier color". Se dotaron de imprenta y se enseñó un nuevo idioma. Al principio estableció la castidad, pero luego permitió la poligamia; raptaron 100 mujeres que se dirigían en un barco hacia La Meca. Dirigida por Caraccioli (italiano), Mission (francés) y Thomas Tew (norteamericano), la comunidad cosmopolita prosiguió durante unos años, hasta que los indígenas la asaltaron e incendiaron. Pocas semanas después Mission se hundió con su barco.

A estas alturas están claras las relaciones entre los principios de libertad e igualdad y los ideales piratas. Lo que los piratas caribeños no consiguieron -establecer una república libertaria- se plasmó en la Constitución Americana y en la Declaración de Independencia. El espíritu era el mismo: la "Luz del Sur", finalmente, terminaba imponiendo su fuerza y marcando fatalmente el final de nuestro ciclo.

Los ideales piratas, por su extremismo y estilo violento, sanguinario y cruel, no pudieron captar más allá de los primeros filibusteros, los disidentes religiosos exiliados y las tripulaciones de navíos capturados que habían sido embarcados contra su voluntad. Estos místicos perseguidos, soñadores de una nueva edad de oro, prefiguran los movimientos anarquistas y comunistas del siglo XIX y su fracaso es, así mismo, el de estos ideales.

No es sin duda por casualidad que Jean Laffite, último "rey de Galvestone", pirata de pro, financió la primera edición del Manifiesto del Partido Comunista.

El espíritu del Imperio Español entraba en flagrante contradicción con la "ideología" pirata. El Imperio, cualquier idea Imperial, es, por definición un concepto vertical y jerarquizado, organizado en torno a un ideal encarnado en un personaje -la figura del Emperador- a la que se atribuyen rasgos no humanos, superiores. En torno a esta idea y a su coagulación, se ordena el todo. La autonomía de cada parte es posible en función de su identificación con el todo. La idea imperial, por tanto, es lo opuesto a la promiscuidad democrática e igualitaria. Está claro donde se encuentra la piratería y donde el Imperio. No es raro que surgiera entre ambos una lucha a muerte con el beneplácito y la satisfacción del Almirantazgo inglés. Pero tras ser desarticulado el comercio con ultramar, la piratería volvió su vista hacia las colonias de Nueva Inglaterra. Fue entonces cuando, amamantados por el contrabando procedente del desvalijamiento de navíos, la piratería facilitó, más que ninguna otra institución, salvo la masonería, la emancipación de las colonias inglesas y un giro en la historia. Cayó primero el Imperio de los Hidalgos, luego el de los Comerciantes ingleses, finalmente nació un imperialismo. El último capítulo del ciclo moderno es, en definitiva, el momento álgido de la ideología americana.
 
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