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CULTURA

Gaudí: zonas oscuras, crisis religiosas

Gaudí: zonas oscuras, crisis religiosas

Redacción.- Siguiendo con la serie de artículos sobre Antonio Gaudí que serán incluidos en el libro Gaudí y la masonería. Caso abierto, publicamos ahora el Capítulo VII, titulado “Zonas oscuras, crisis religiosas”. La biografía de Gaudí tiene distintas zonas oscuras en la que es posible percibir un elemento perturbador: su visión del mundo no fue la misma en su juventud que en su madurez. En este capítulo se revisan los datos biográficos que evidencian esa crisis.

Capítulo VII
Zonas oscuras, crisis religiosas…


Hay una pregunta legítima e ineludible ¿Por qué no hay huellas de las relaciones de Gaudí con la masonería? ¿a qué se debe que él mismo no diera alguna referencia sobre esa institución? Responder a estas cuestiones es relativamente simple. Cae por su propio peso. Antonio López, el Marqués de Comillas, era el principal financiador de las iniciativas antimasónicas en España… era su cliente y estaba emparentado con los Güell. Sin duda, aludir a la masonería en el entorno de Comillas, era mentar a la bicha.

Del 26 al 30 de septiembre de 1896, tuvo lugar en Trento el I Congreso Antimasónico Internacional (1). Asistió una nutrida representación española, dentro de la cual, destacaba la catalana. Esta delegación catalana empezó a estructurarse seis meses antes por el vicario general de la diócesis de Barcelona, Francesc de Pol que constituyó la Junta Diocesana del Congreso Antimasónico Internacional, vinculada a la Junta Nacional establecida en Valencia. En el documento emitido por la Junta de Barcelona a la opinión pública se denunciaba que la “francmasonería es una sociedad nacida a la sombra de las doctrinas librepensadoras, organizada en el secreto y en el misterio, apoyada por una propaganda esencialmente anticristiana (…) preguntad a vuestros hijos y a vuestros hermanos, cuya sangre riega los campos de Cuba, el origen de esa infame guerra, y sabréis que las logias masónicas, de acuerdo con las de los EEUU, hicieron y hacen propaganda antipatriótica para arrancar esa joya a la católica España”. Y, poco después, el boletín del Obispado de Barcelona anunciaba que las tareas del congreso antimasónico serían: “El estudio teórico de la masonería y establecer conclusiones prácticas para combatirla”. Pere Sánchez señala que “La representación catalana al congreso fue muy numerosa y una de las más activas. Se adhibieron dieciocho entidades barcelonesas, entre las cuales cabe destacar el Círculo Artístico de San Lluc (2) y la Asociación de Padres de Familia (presidida por el Marqués de Comillas)”. Un cronista explicaba que la “comisión catalana no igualada por ninguna otra así española como extranjera, se hace una excepción en su favor, admitiendo y leyendo esta cuarta sesión pública una proposición de Cataluña”. La citada propuesta catalana decía textualmente: “Atacar a las Órdenes religiosas y singularmente a la Compañía de Jesús (…) es hacer propaganda masónica”. Acabado el congreso, el boletín de Obispado de Barcelona destacó que “el presidente del congreso hizo constar que el comité español había sido el más activo en cuanto a la propaganda, con una mención especial de la comisión catalana y del Círculo Artístico de Sant Lluc que hacen propaganda religiosa y antimasónica por medio de sus pinceles”.

Estos datos, presentados por Sánchez Farré son tremendamente interesantes; de ellos se puede deducir que, no solamente existió una presencia española en el Congreso Antimasónico de Trento, sino que la delegación catalana, fue la más nutrida y, con mucho, la más activa. Pues bien, los dos puntales de esta presencia catalana fueron la Asociación de Padres, presidida por el Marqués de Comillas y por el Círculo Artístico de Sant Lluc, que agrupaba, precisamente, a los artistas e intelectuales modernistas, catalanistas y conservadores. La vinculación de Gaudí con Comillas y con su entorno, así como con el Círculo Sant Lluc, son suficientemente notorias como para que insistamos en ellas. Buena parte de los amigos, conocidos y allegados a Gaudí, pertenecían a este círculo. Bassegoda cuenta que Gaudí “trato mucho” al obispo Torras i Bages en dicho círculo del que fue consiliario. Pero es que Torras, los Llimona y el propio Gaudí fueron cofundadores del Círculo Artístico en 1893. Gaudí, hasta muy avanzada su vida, siguió frecuentando el Círculo e incluso fue allí, en 1912, donde conoció a Juan Bergós (3). Podemos imaginar, en estos ambientes, lo sospechoso que hubiera podido llegar a ser alguien que confesara su antigua militancia masónica, especialmente en un momento en el que los sectores conservadores se hacían eco de que “un masón nunca deja de ser masón”. En esos mismos momentos en los que se celebraba el congreso antimasónico de Trento, estaba en su punto álgido la mistificación de Leo Taxil que había exagerado hasta la caricatura la “venganza masónica” (4) (que, no era otra cosa que una condena iniciática a quien abandonaba y abjuraba de su pertenencia a la Orden, pero nunca una ejecución física, como Taxil y otros sostenían indicando incluso que se realizaba mediante un cuchillo ritual curvo y un tajo limpio en la yugular…). Como fruto de la confusión creada en el medio católico por las ideas injertadas por Taxil, se tenía tendencia a sospechar de antiguos masones y, desde este punto de vista, no es raro que, por breves y leves que hubieran sido sus relaciones con la masonería durante su juventud, Gaudí estuviera muy interesado en no proclamarlas.

Pero hay otra cuestión, así mismo importante. ¿Por qué no existen huellas documentales de la presencia de Gaudí en alguna logia? Nos equivocaríamos si pensáramos que ha llegado hasta nosotros mucha documentación sobre la masonería decimonónica. Hay obediencias enteras sobre las que no existe el más mínimo rastro documental; se han evaporado, prácticamente. Y mucho más si retrocedemos a la primera mitad del siglo XIX, donde las fuentes de documentación sobre las organizaciones carbonarias, comuneras y masónicas son escasísimas. Quizás, la obediencia de Rosendo Arús, la GLSRC, es una sobre las que ha conservado más documentos de su andadura, pueden consultarse sin restricciones en la Biblioteca que él mismo fundó y que tuvo como primer conservador a Eudaldo Canivell, amigo de Gaudí, socio de la Cooperativa Obrera de Mataró y francmasón notorio. Si consultamos este material, comprobaremos que no hay exceso de documentación y que, incluso en la vida de un personaje público y notorio como Arús, que anotaba cuidadosamente su historial masónico en una libreta, existen dudas y agujeros negros sobre su trayectoria masónica. Ya hemos dicho en otro lugar, que algunas obediencias siguieron (y siguen) practicando la antigua costumbre de las hermandades de constructores de quemar sus archivos periódicamente.

Además, no podemos olvidar la tendencia que existía en aquella época (último cuarto del siglo XIX) a reconstruir las propias biografías. Vamos a examinar el ejemplo de una mujer próxima a Gaudí para darnos cuenta hasta qué extremos se llegaba en la negación del pasado juvenil.

Josefa Moreu Fornells, “Pepeta” Moreu, está considerada como la única mujer a la que se declaró Gaudí. Llama la atención como Pepeta Moreu, reelaboró su biografía y pasó de mostrar una imagen de librepensadora y partidaria del amor libre en su juventud, a recibir el viático de un cura en el Sitjes de plena Guerra Civil y a negar sus ideales que le habían llevado a la Cooperativa Obrera de Mataró. Verán…

Josefa Moreu era, hacia 1877, una joven alta y rubia, al decir de todos, muy guapa e inteligente. Avanzada en su tiempo, solía bañarse en las playas de su ciudad natal, Mataró (5), algo inusitado en la época. Según se sabe por las memorias escritas por su hermano mayor Josep María Moreu, en 1880, las hermanas Josefa (“Pepeta”) y Agustina eran librepensadoras y republicanas y las define como “disparatadas, divertidas y enamoradizas”. Agustina practicaba el “amor libre” (6). En 1875, Pepeta se había casado con un exaltado militante carlista, Joan Palau; con los 3000 duros de la dote, compraron un barco con el que realizaron transportes entre Ceuta, Melilla y Marruecos. El carlista, alejado de su causa, al parecer cayó en el alcoholismo y cuando Pepeta le puso los puntos sobre las íes, anunciándole que estaba embaraza, aquél vendió el barco y desapareció. Pepeta quedó sola en Orán y sin un duro, pero dispuesta a salir adelante. Estuvo durante dos meses tocando el piano en cafetines, hasta que logró enternecer a unos marineros que la condujeron a ella y a la hija que llevaba en sus entrañas hasta su tierra natal. Tras el embarazo entró en la Cooperativa Obrera Mataronense como profesora de idiomas. Fue allí donde la conoció Gaudí que se enamoró perdidamente de ella.

En esa época, como hemos visto, Gaudí realizaba varios trabajos para la Cooperativa y hay varias versiones de cómo se conocieron pero lo que importa es destacar que fue la única mujer a la que el arquitecto se declaró en toda su vida. Fue rechazado. En esa época pertenecer a un círculo libertario estaba socialmente aceptado, incluso para una mujer; pero el terrorismo anarquista que acompañó al desarrollo de algunas fracciones del movimiento libertario hizo que esa percepción fuera variando progresivamente entre la población. Cuando el 7 de noviembre de 1893, Santiago Salvador lanza dos bombas Orsini durante la representación de “Guillermo Tell” en el Liceo de Barcelona, los anarquistas se convierten en réprobos. Precisamente, Pepeta Moreu debía haber asistido a la representación, pero no encontró un traje a su gusto y eso la salvó. En esa época, Pepeta ya había reconstruido su vida fuera de los ideales exaltados de su juventud (7). De hecho, Ama María Ferrín nos recuerda que Lluis Bonet i Garí publicó las conversaciones que mantuvo con Pepeta. Le explica que, si hubiera sido por ella, en la Cooperativa Obrera habría enseñado doctrina cristiana, pero que la institución no lo permitía. Esto, unido al hecho de que en los últimos días de la Guerra Civil en Catalunya, exactamente el 9 de diciembre de 1938, Pepeta Moreu, enferma de muerte a causa del parkinson, falleciera en el número 16 de la calle Sant Pere de Sitges, no sin antes haber recibido los Santos Sacramentos administrados por un sacerdote disfrazado de obrero de la construcción… (8), indican hasta qué punto Pepeta Moreu reelaboró su autobiografía e intentó, por todos los medios borrar los aspectos libertarios de su juventud. No se trató solamente de que hubiera cambiado de ideales, es que a partir de la irrupción del terrorismo anarquista, esa filiación había pasado a ser reprochable.

Si hemos sacado, precisamente en este punto los aspectos más relevantes de la vida de Josefa Moreu es, no sólo por su proximidad a la vida de Gaudí, sino especialmente para resaltar el contraste entre una juventud absolutamente libertaria, identificada con las ideas sociales más avanzadas de su tiempo, a la que sigue una etapa de estabilidad personal y madurez, para terminar en el conservadurismo más rancio y convencional y, en la consiguiente negación del propio pasado. Josefa Moreu siguió ese camino.

De ahí que cuando Gaudí explicara a toro pasado que “Cuando visitaba en su casa a Pagés [el dirigente de la Cooperativa Obrera], éste dejaba a la vista sobre la mesa, para que los leyera, ese tipo de libros que promueven ideas ateas anarquista, pero nunca les hice el menor caso” (9) … también aquí hay que preguntarse si esto fue así, realmente, o si el impacto, absolutamente brutal del atentado del Liceo y de las bombas anarquistas que siguieron, no determinó una reelaboración en los recuerdos del arquitecto y un intento de borrar –al menos psicológicamente- una parte de su pasado… tal como había hecho Josefa Moreu.

Cuando Gaudí realiza la Puerta del Rosario de la Sagrada Familia, introduce en su interior una ménsula con la imagen de una anarquista corriendo, con una bomba Orsini en la mano, exactamente igual a las que estallaron en el Liceo, entregada por una garra diabólica que surge del cuerpo informe de un congrio, es 1895, dos años después del atentado. En ese momento, no sólo Gaudí o Pepeta Moreu, sino mucho barceloneses honestos, que habían pretendido canalizar sus ansias de justicia social en las distintas organizaciones anarquistas, estaban horrorizados de hasta qué punto, los “redentores” de la humanidad, en las que ellos, en algún momento, creyeron, se habían convertido en bestias salvajes sedientas de sangre. En el fondo, el relieve de la Puerta del Rosario que hemos mencionado, no es sino una condena a la violencia anarquista. Ahora bien ¿y antes de esa fecha, en su juventud, por ejemplo? Esa condena no está tan clara.

Barceloneses tan notables como Ildefonso Cerdá, Narciso Monturiol, Anselmo Clavé, habían pertenecido a asociaciones socialistas utópicas. Clavé havía fallecido en 1874 y su féretro fue enterrado en el Cementerio del Este o de Pueblo Nuevo, diseñado por el carbonario italiano Ginessi. El ayuntamiento convocó un concurso para diseñar su panteón y, el entonces estudiante, Gaudí se inscribió aunque finalmente no presentaría ningún proyecto, venciendo el de Doménech i Montaner. En otras ocasiones Gaudí mostró interés por las iniciativas corales de Clavé cuyas orientaciones políticas, utopistas y de izquierdas, eran del dominio público. De hecho, el comunismo y el socialismo utópico tuvieron una gran importancia en la Barcelona de entre 1830 y 1860 en un episodio de la historia pasada de la ciudad que nadie, ni cátedra ni institución pública alguna, se han tomado excesiva molestia en reconstruir. El mismo callejero barcelonés ha dejado rastros de esta influencia en nombres como los de la Avenida Icaria, que procede de la comuna creada por Etienne Cabet en EEUU y en la que participó un barcelonés (un tal Rovira, miembro del grupo “cabetiano” o comunista utópico de la ciudad). El propio Joseph Xifré tuvo algunas relaciones con estos medios utópicos y algunos autores han considerado que la Casa que construyó en el Paseo de Isabel II, estaba inspirado, con propiedad, en los falansterios fourieristas. Abdón Terradas (10) y otros políticos liberales exaltadas de esa misma época, pertenecían así mismo a estos círculos. Cerdá elaboró sus manzanas con forma de cuadrado achaflanado en su intento de crear una ciudad “igualitaria”, sin barrios ricos, ni barrios pobres, y utilizó un recurso geométrico para seguir las directrices que Cabet dio en “Viaje a Icaria” (según las cuales el problema de la cuadratura del círculo tenía resolución geométrica, pero no matemática). Montubio investigó las posibilidades de un “buque insumergible” (que luego resultaría ser el submarino) para evitar el sufrimiento de las mujeres de los pescadores de Cadaqués y el riesgo de sus maridos a los que conoció bien durante su destierro en esa ciudad del Alto Empurdán. En cuanto a Clavé, sus coros fueron su respuesta a la idea de crear una comunidad de trabajadores que aumentaran su sentimiento de solidaridad de clase y cohesión vincular (11). Con todo esto queremos resaltar el hecho de que entre las clases cultivadas barcelonesas, las ideas “de izquierda” y progresistas, no eran desconocidas en el siglo XIX, sino que más bien formaban parte de su arsenal ideológico.

La cuestión es si Gaudí compartió en algún momento de su vida criterios parecidos. Aun a pesar de que dijera que los textos que, distraídamente, Pagés, dejaba sobre su escritorio, lo cierto es que hay otras fuentes que indican que Gaudí se interesó por los problemas de la sociedad de su tiempo desde una perspectiva de lo que hoy llamaríamos “progresismo”. Rafols (y Bassegoda lo reproduce) dice que, en su período de estudiante, Gaudí “debió de sentir interés por los problemas de la clase obrera” (12).

Las convulsiones del entonces naciente movimiento obrero organizado hicieron que tempranamente aparecieran fracturas y estrategias diversas. Aunque, inicialmente, todas estuvieran reunidas en la Asociación Internacional de Trabajadores (1864), pronto se formaron dos corrientes la comunista en torno a Marx y Engels y la anarquista formada por los discípulos de Bakunin. Cinco años después de la fundación de la Internacional, la escisión estaba consumada. Pero dentro de la Internacional apareció una tercera estrategia, la cooperativista, que tuvo en España como dirigentes a Rafael Farga Pellicer y a Salvador Pagés. Ambos eran masones. El propio Farga (y también Anselmo Lorenzo, líder sindicalista y miembro de la logia Hijos del Trabajo), la Internacional nació en “un local de la masonería londinense el 5 de agosto de 1862, pero ésta no participó especialmente aunque suscribía la idea de unir en una organización a todos los trabajadores del mundo, peldaño de la futura unión de la humanidad: es decir, la fraternidad universal masónica” (13). Cuando murió Bakunin, Farga propuso al arquitecto Camilo Oliveras –del que Bassegoda dice que era “gran amigo de Gaudí” (14), que colaboró con él en Comillas y en el Palacio Güell y proyectó la Casa de la Maternidad, en cuya junta directiva se encontraba el doctor Sataló, utilizando abundantemente ángulos de 45º (la abertura tradicional del compás masónico, por cierto)- la construcción de un monumento fúnebre al líder libertario. Oliveras, redactó efectivamente el proyecto, pero el nunca hubo ocasión de levantar el monumento. El grueso del movimiento obrero catalán, a pesar de estar más próximos al bakuninismo (con Farga a la cabeza), tenía una fuerte corriente cooperativista de la que Pagés era líder. El hecho de que los jefes de fila de ambas corrientes fueran masones, fue el elemento que resto violencia a la polémica, a diferencia de que la que tuvo lugar luego entre los sectores marxistas y anarquistas. Ana María Ferrín dice que Gaudí, “en esa época, leyó a Marx” (15) y añade que “hay referencia a que colaboró en un proyecto de monumento a Bakunin”. Joan Bergós, por su parte reconoce que “En su juventud, pero, se contagia del movimiento socialista, que se iniciaba en Inglaterra, y generosamente impulsa la Cooperativa fabril La Obrera Mataronense; pronto quedó decepcionado”, y cita luego palabras de Gaudí: “Los sindicatos y cooperativos –excepto las de consumo que tienen la venta asegurada- acaban de mala manera, por que no tienen un jefe responsable que administre, sino que quieren mandar muchos; o si lo tienen y pasa una mala época para los negocios, atribuyen todo lo malo al jefe” (16). Si Bergós afirma que Gaudí en su juventud “se contagió” es por qué el propio Gaudí se lo dijo.

Teniendo todo esto en cuenta, la frase extraída de una conferencia de Bonet Garí (03.04.27) según la cual el arquitecto le dijo que “no se había dejado seducir por las ideas avanzadas del director de la cooperativa de Mataró”, hay que relativizarla con el paso del tiempo. Pagés figuraba entre los más moderados de los moderados de la internacional. En realidad, más que el “socialismo” o al “anarquismo”, a lo que aspiraba era a un “cooperativismo obrero” en el que un tejido de cooperativas dirigidas por obreros, compitieran en un mercado que en nada, o muy poco, se diferenciaba del capitalista. A estos ideales, Pagés unía consideraciones de tipo ético o moral, muy propias de las logias de la época. Probablemente, la cuestión era que Gaudí aspiraba a algo más. Después de leer a Marx, la verdad es que Bakunin parece poco y el sistema científico de aquel, si bien más árido, es, desde luego mucho más racional y sus razonamientos están, desde luego, mucho mejor concatenados.

De esa época data también su descripción en varias obras como “dandi” (17) partícipe de una tertulia agresiva y anticlerical en el “Café Pelayo”. Este dato es importante, por que si, realmente Gaudí participó en esos encuentros, que tendrían lugar entre 1874-76, es justamente en ese período de tiempo en el que más verosimilitud puede tener el centrar las relaciones Gaudí con la masonería. ¿Es cierto éste Gaudí? Pues la cuestión no está nada claro y cada cual tiene el derecho a dar por buenas unas u otras fuentes. Los biógrafos ortodoxos de Gaudí, con Casanellas a la cabeza y Rafols a prudencial distancia y con ciertas dudas, no comprenden “la contrafigura que presenta al arquitecto en plena actividad inicial, liberado de la angustia económica, inclinado a un “dandismo” pletórico y epicúereo, amante de los buenos manajares, frecuentador de salones, veladas musicales, Liceo, anticlerical, indiferente en materia religiosa y, por no decir ateo del todo, rayano en el ateísmo” (18). Pero, Ferrán Soldevilla, habla en el mismo período del arquitecto, como de un “dandi”, distante, que ni siquiera se bajaba de la calesa ni se sacada los guantes cuando visitaba las obras. Otros han dicho que “Gaudí, en seguida, se ganó fama de dandi, limpio y pulido que sólo se conformaba con lo mejor. Los guantes de piel de cabrito que compraba en la tienda Esteban Comella de calle Aviñó y en casa Arnau en calle Conde del Asalto, tenía un molde para que le hicieran sombreros a medida, tenía sombreros blandos, de paja para verano y de copa de seda negra, que eran sus preferidos” (19) ¿Cuál de los dos Gaudís es el auténtico?

Todos los autores ortodoxos suelen citar el famoso libro de Feliu Elías “Simó Gómez, un pintor de Poble Sec”. Elías que, en ocasiones firmaba sus artículos y caricaturas en “El Patufet” con el seudónimo de “Apa” y “Joan Sacs”, era crítico de arte. Escribió en muchas revistas de la época, pero sobre todo, sus colaboraciones en “La Publicitat”, lo han hecho célebre, mucho más, desde luego, que sus caricaturas en “Papitu” (qué él mismo fundó en 1908) de las que todo el mundo coincidía en que carecían completamente de gracia (20). Era amigo de Francesc Pujols, a su vez, amigo y apologeta de Gaudí, una persona que conocía bien la obra del arquitecto.

Elías habla en el Capítulo XII de su obra sobre Simó Gómez de “Los Intelectuales” y alude a varias tertulias que reunían a la flor y nata de las artes de Barcelona entre 1840 y 1870. Existía una tertulia en torno a Enric Gómez, hermano de Simó, en el Café Suiç, a mediodía y por la noche. Participaban, además de Enric Gómez, Carles Altadill (socio de Narciso Monturiol y de Xifré Downing, hijo de Xifré Casas, en la empresa que abordó la construcción del submarino “Ictineo”) y, Albert Llanas (amigo de Simó Gómez), Sefarí Pitarra, el abogado Serraclara, el doctor Santaló (amigo de Gaudí), el político catalanista Valentí Almirall y Carles Vidiella, que tocaba el piano en el bar. Cuando Vidiella fue contratado como pianista en el Café Nou (luego Café de las Delicias, más tarde Lyon d’Or, situado en las Rambla). Luego –cuando se abrió el Ensanche y la Rambla de los Capuchinos empezaba a quedar lejos- se trasladaron al Café Pelayo, situado en la esquina entre calle Pelayo y Rambla de Canaletas. Se sumaron Doménech i Montaner, amigo de Simó y Enric Gómez, Riera i Bertrán, Angel Guimerá (co-fundador de Jove Catalunya), Pico i Campanar (apoderado del Conde de Güell) y Pompeu Gener (librepensador y escritor familiarizado con las nuevas corrientes europeas). A nadie se le escapa que la orientación mayoritaria de todos ellos es catalanista, pero también muchos son republicanos, federalistas y… de algunos se sabe su filiación masónica y su anticlericalismo militante.

Elías se extiende en las conversaciones y exabruptos que solían protagonizar esta tertulia con el beneplácito del propietario del local “por que sabía que aquellos hombres selectos eran el crédito de la casa y aquellos cantos ruidosos el mejor reclamo”.

Finalmente, alude al “cenáculo del café Pelayo, esquina Rambla de los Estudios” (21), que “tenía otro apéndice interesante. Era una pequeña reunión que al llegar los tertulianos de Enrique Gómez al café se encontraba formada en una mesa rinconera. Era la tertulia de los anticlericales rabiosos que se reunían sólo para blasfemar en común en un rito nocturno”. Y luego enumera a los participantes más famosos de la tertulia: Gaudí y “otro arquitecto llamado Oliveras” y un “señor Fargas”. Es evidente que se refiere al arquitecto, a Camilo Oliveras (que, efectivamente, fue un gran amigo de estudios y colaborador de Gaudí en varios proyectos, además de un arquitecto cuyo nombre brilló con luz propia), y a Rafael Farga Pellicer que también utilizaba el seudónimo de “Justo Pastor de Pellico” para firmar algunos libros y ensayos, respectivamente. Elías sigue luego: “Gaudí era entonces debutante en arquitectura pero estaba ya lleno de talento y nuevas iniciativas, colaborando en la construcción del Parque y en las farolas de la plaza Real. Era tan apasionado anticatólico que no vacilaba ante las más vocingleras manifestaciones de anticlericalismo, deteniéndose ante la puerta de los templos para insultar a los fieles con el grito elocuente de entonces: Llanuts! [borregos!]” (22).
El libro de Elías es muy documentado y comedido, como crítico de arte es bueno y, en absoluto visceral. Reconoce, sobre todo, los méritos de la pintura realista, pero no hay ningún motivo para pensar que exageraba, ni siquiera que estaba contando datos que no hubiera vivido muy de cerca. En realidad, Elías pertenecía también a estos círculos y no hablaba de oidas. En cuanto al biografiado, el pintor Simó Gomez, mantenía ciertos vínculos con el que luego sería el entorno gaudiniano. Era amigo de Eudaldo Canivell y del poeta Joaquín Bartrina d’Aixemús, con los que Gaudí mantuvo una buena amistad y, al igual que estos y que Gaudí, fue miembro de la Asociación Catalana de Excursiones Científicas. Era huraño y le encantaba vivir en el campo, así que compró una finca en las faldas de Montjuich aun por urbanizar. Pero a una edad temprana, el doctor Santaló (otro vínculo con Gaudí) le diagnosticó epilepsia. Murió el 5 de febrero de 1880. Elías dice de él –y no puede dudarse de su opinión- que era “antirreligioso y anticlerical” (23).

Los biógrafos ortodoxos consideran este textos “lamentables” y alguno atribuye la responsabilidad a Doménech i Montaner (del que Josep Pla diría que “tratándose de cosas personales, era bilioso, amarillo y crispado”) con el que Gaudí ya había tenido choques de relativa envergadura desde su período de estudiante (Doménech fue con toda seguridad el único que votó contra la concesión del título de arquitecto a Gaudí, mientras el resto del tribunal lo hacía afirmativamente). Pero el hecho de que Doménech albergara resentimiento contra Gaudí, no implica, necesariamente, que fuera un mentiroso. Se sabe, a ciencia cierta, que la tertulia existía y que el propio Doménech la frecuentó en algún momento e incluso cuenta que participaban Bartrina d’Aixemús, Eduardo Toda y Agustín Querol. Pero lo que no están tan claras son las fechas. A la luz de los datos que facilitan uno y otros, puede deducirse que Doménech i Montaner da unas fechas (1882: Toda en Barcelona) que no son coincidentes con las que facilita Elías (1874-78: Trabajo de Gaudí en farolas de la Plaza Real). La diferencia de tiempo es suficiente como para que no existe seguridad de que se está hablando de la misma tertulia: parece que el local era el mismo, pero no la tertulia; entre ambas median entre 4 y 8 años de diferencia, tiempo más que suficiente como para que Gaudí atemperara sus fervores anticlericales, y pasara a rotular para Joan Martorell el alzado de la fachada de la Catedral de Barcelona. Por lo demás, también hay que considerar el Café Pelayo como el más céntrico lugar de reunión de aquel momento. El doctor Santaló, años después, seguía siendo un cliente habitual del local y, por lo que sabemos, no se trataba de un personaje particularmente anticlerical, sino que se le ha definido como “católico comprometido” (24). Los datos proporcionados por un artículo de Bassegoda Amigó (25) contribuyen a centrar más las fechas: Gaudí asistía a la tertulia del Café Pelayo “poco antes de la inauguración de la Exposición Universal” (1888), cuando “La Renaixença” ya era diario (desde 1881). Así pues, tenemos una orquilla de tiempo 1881-1888 que no está en contradicción con la fecha en la que Toda estuvo en Barcelona (1883)… pero esto sigue quedando lejos en el tiempo del trabajo de las famosas farolas: sigue existiendo un desfase, como mínimo, de cuatro años y máximo de nueve años, tiempo suficiente como para cambiar de opinión y actitud vital varias veces. Bassegoda termina su defensa del Gaudí católico durante toda su vida, citando en encuentro de Pla con José Pijoan (“muy adicto a Gaudí”, según Bassegoda, que conoció al arquitecto y cuyas opiniones son dignas de crédito) y que vale la pena reproducir: “Pijoan –dice Pla- dijo no conocer el texto de Elías pero que su afirmación no le extrañaba nada puesto que Gaudí fue un hombre contradictorio en grado indscriptible. En su juventud debió pasar momentos de pasión vehemente. Su crisis religiosa duró muchos años y su vida está llena de zonas sucuras que nada, quizás, intentará aclarar. En este país hay un interés excesivo en mantener ficciones, aunque de vez en cuando se quemen unas cuantas iglesias. Gaudí fue un catalán de fondo tráfico, como el mismo Maragall”. Y Bassegoda añade a modo de comentario: “Pijoan, muy adicto a Gaudí y defensor de la Sagrada Familia, únicamente sirven para confirmar la existencia de zonas oscuras en la personalidad de Gaudí, cosa nada extraña dada la defensa que siempre hizo de su intimidad” (26). Así pues, existe un punto en el que los biógrafos ortodoxos de Gaudí y los intérpretes heterodoxos estamos de acuerdo: en que existen “zonas oscuras” en su personalidad y que tuvo “crisis religiosas”. Este trabajo intenta aportar algo sobre las “zonas oscuras” y establecer el origen de su primera “crisis religiosa.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

NOTAS

1) Los datos sobre el Marqués de Comillas y las iniciativas antimasónicas han sido extraídos de “La Maçonería a Catalunya”, Ob, Cit., pág. 80-85

2) El Círculo Artístico de Sant Lluc fue fundado en 1893 a iniciativa de un grupo de destacadas personalidades del arte y de la vida pública catalana de la época. Los principales motores fueron los artistas Joan i Josep Llimona, Dionís Baixeras, Antoni Utrillo, Alexandre de Riquer, Antoni Gaudí y el obispo Dr. Torres i Bages. La voluntad que los movió a fundar la sociedad fue el espíritu de compromiso con la fe cristiana y un profundo amor a la propia tierra. Sus fundadores fueron destacados miembros del movimiento modernista catalán y posteriormente de las más renovadas tendencias artísticas. Puig i Cadafalch, Joaquim Folch i Torres, Joaquim Mir, Pau Gargallo, Opisso, Eugeni d’Ors, Joaquim Renart, Sunyer, Rafael Serrahima, Antoni Vila-Arrufat, Solanich, Joan Rebull, Joaquim Llucià, Carles Mensa, Llorenç Artigas, Joan Miró… han sido miembros del círculo. Datos extraídos de la web del círculo: http://www.santlluc.com/

3) “El Gran Gaudí”, Op. cit., págs. 25, 31 y 565.

4) “El contubernio judeo-masónico-comunista”, Op. cit., Capítulo I, pág. 31-126.

5) Todos los datos que hemos empleado sobre Josefa Moreu han sido extraídos de “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Op. cit., pág. 90 y sigs.

6) Op. cit., pág 99.

7) En efecto, había abierto una sombrerería en la calle Puertaferrisa y allí conoció a José Vidal Gomis, un comerciante al que le habían ido bien los negocios en Japón y con el que contrajo matrimonio. Vidal, posteriormente debería convertirse en delegado de la Paramount en España, gracias a lo cual, la hija que Pepeta tuvo con José Caballol Viader, pudo entablar amistad con Omar Shariff, Julie Christie, Sara Montiel, etc.

8) Se encuentra enterrada en el Cementerio de Marinos de Sitges, con la lápida 809 que corresponde a la familia “Moreu-Caballol”. Su hija, Joaquina, festejó la entrada de las tropas franquistas en Barcelona ofreciendo a dos oficiales un banquete en Villa Elvire (en el paseo de la Ribera 26), domicilio de unos parientes. Uno de los oficiales invitados era el Marqués de Castellvell, padre del escritor habitual de la prensa del corazón y aristócrata decadente, José Luís de Villalonga. Datos extraídos de “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit, págs. 114-115.

9) Citado en “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Op. cit., pág. 89.

10) Véase “Abdón terrados. Primer apóstol de la democràcia catalan (1812-1856), Joseph Soler Vidal, Edicions de la Magrana, Barcelona 1983, especialmente el capítulo “Abdón Terradas i Joan Prim”, pág. 148 y sigs.

11) “Guía de la Barcelona Mágica”, Op. cit., pág. 213 y sigs.

12) “El Grau Gaudí”, Op. cit., pág. 102, citando la referencia de “Gaudí”, Editorial Canosa, Barcelona 1929, pág. 32.

13) “La maçoneria a Catalunya”, Op. cit., pág. 256.

14) “El Gran Gaudí”, Op. cit., pág 103.

15) “Gaudí, de piedra y fuego”, Op. cit., pág. 81,

16) “Gaudí l’home i l’obra”, Joan Bergós, Lundwerg Editores, Barcelona 1999, pág 39.

17) Joan Bergós explica en “Gaudí, l’home i l’obra”, Op. cit., pág. 41: “Gaudí se dejaba arrastrar por la alegría de vivir y, como ya se ha visto, vestía con impecable elegancia, estimaba el confort, la buena mesa, los vinos y los tabacos exquisitos; le gusta la equitación y el paseo en coche, tiene un abono en el Teatro Principal, es un asiduo concurrente a las tertulias del Liceo…, sin llegar a excesos. Se muestra despreocupado en materia religiosa” (…) Se diría que ha hecho suya la máxima un poco epicurea del Cohelet: “No hay otro bienestar para el hombre bajo el sol, que comer y beber y alegrarse, y tanto mejor que eso acompañe su trabajo durante los días de vida que Dios le da bajo el sol””. Y más adelante, Bergós añade: “A pesar del ambiente enrarecido, producido por el contagio belicoso de buena parte de la clerecía –una de las nefastas consecuencias de la última carlinada, causa del anticlericalismo-, Gaudí no se dejó arrastrar nunca y nadie le sintió ninguna frase despectiva hacia la Iglesia”. Cita luego otra fase del arquitecto: “El hombre sin religión es un hombre al que le falta algo espiritualmente, un hombre mutilado”.

18) “Nueva Visión de Gaudí”, E. Casanella, Ediciones Polígrafa, Barcelona 1963, pág. 32.

19) “Antoni Gaudí”, Op. cit., pág. 65.

20) “Homenots – 3ª Serie”, Obra Completa, Vol. 21, Josep Pla, Ed. Destino, Barcelona 1872, pág. 428 y sigs.

21) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, FEliu Elias, Junta Municipal d’Exposicions d’Art de Barcelona, Barcelona 1913, págs 105-110.

22) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, Op. cit., pág. 109.

23) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, Op. cit., pág. 99.

24) “Antoni Gaudí”, Op. cit., pág. 154.

25) “La Vanguardia”, 14 de mayo de 1929.

26) “El Gran Gaudí”, Op. cit., pág. 104-105.

Gaudí y la masonería: con la AIT

Gaudí y la masonería: con la AIT Redacción.- Presentamos un nuevo capítulo de la serie “Gaudí y la Masonería. Caso abierto”. Se alude en estas líneas a las relaciones del arquitecto con la Cooperativa Obrera Mataronense, formada por Salvador Pagés, amigo de Gaudí y uno de los miembros de la AIT en España. Esta relación es importante por la naturaleza de los trabajos que realizó, por que allí conoció a la única mujer a la que se declaró y por que, finalmente, allí rompió con la masonería y la izquierda obrera, republicana y federal.

Capítulo VIII

La Cooperativa Obrera Mataronense

Si hemos aludido a la Cooperativa Obrera Mataronense es, precisamente, por que no se trataba de una organización anarquista como otra cualquiera, sino que en su interior, existía una increíble acumulación de gentes que unían, a sus ideales libertarios, la pertenencia indubitada a la orden de los francmasones. Como el propio Pagés… (1)

Es importante seguir el período de tiempo en el que Gaudí realizó distintos trabajos para esta Cooperativa por la razón de que, después de sus relaciones con los Fontseré, es ahí en donde trabajo “por última vez” con notorios francmasones. Y eso nos permite acotar una horquilla de tiempo que transcurre entre la llegada de Gaudí a Barcelona y su trabajo en la Cooperativa Obrera de Matarón, único período en el cual, existe la posibilidad de que Gaudí perteneciera a la masonería, lo cual contribuiría a explicar algunos símbolos que, posteriormente, utilizaría, cuando ya había abandonado la Orden.
Cuando escribimos “El Misterio Gaudí”, entre las pistas falsas que seguimos, figuraban tres hechos “anómalos” que un satanista miembro prominente del Templo de Seth y profesor universitario, por tanto, con cierto conocimiento de lo que estaba hablando, nos señaló: las estrellas invertidas que aparecían en las “vitolas” situadas en las tapias del Park Güell, el dibujo del macho cabrío depositado en la Cátedra Gaudí y realizado por el arquitecto en su período juvenil y, finalmente, la escala 1:666 que utilizó para el plano de la Cooperativa Obrera Mataronense en 1881. El satanista en cuestión, sostenía, utilizando estos tres elementos, que Gaudí habría pertenecido a alguna “masonería luciferina” cuya existencia denunciaría unos pocos años después Leo Taxil (2). Se trataba, evidentemente, de una enormidad de la que no nos hicimos eco, pero si es rigurosamente cierto que tanto los diseños como la escala del plano existen. Y es posible, interpretar esa escala y esa fecha como el final de la cooperación de Gaudí con los medios cooperatistas-masónicos.
En efecto, el plano con la escala anómala está firmado en 1881 y se titula “Sociedad Cooperativa La Obrera Mataronense. Plano General”. “El plano incluye todo el proyecto completo con indicación de lo realizado y de lo simplemente proyectado” (3). En 1875, Gaudí había, como hemos visto, diseñado durante su estancia en el estudio de los Fontseré, algunos de los elementos decorativos del Parque de la Ciudadela. Luego, uno de sus primeros trabajos fue el diseño de las farolas de la Plaza Real (1878) que, como hemos visto, se inspiró en los Porches de Xifré. Todo esto indica que, entre 1874-5 y 1881 existe una orquilla de tiempo en la que los clientes de Gaudí pertenecen a la masonería (incluidos Salvador Pagés y otros socios y amigos de la misma cooperativa), trabaja con arquitectos que son notorios francmasones (los hermanos Fontseré), participaba en asociaciones como la de Excursiones Científicas con presencia e influencia masónica (Eudaldo Canivell) o bien, realiza diseños inspirados en una “morada filosofal” de indiscutible raigambre masónica (la Casa Xifré y las farolas). Si Gaudí perteneció en un momento de su vida a la masonería… solamente pudo ser entre estos seis años.

Más tarde, se produjeron convulsiones políticas –el deslizamiento del anarquismo hacia su vertiente terrorista y el desbordamiento extremista de las posiciones del cooperativismo sostenidas por Pagés- y un cambio en las posiciones personales del arquitecto hacia el catolicismo. En este sentido, puede entenderse que utilizara la escala 1:666 en su trabajo para la cooperativa: era una forma de significar su falta de entendimiento con los principios que guiaban al grupo de Pagés. Gaudí realizó trabajos posteriores para la cooperativa, pero fueron de escasa entidad. El estandarte lo diseñó en 1884 y acarreó todo tipo de problemas: era tan grande y pesado que resultaba imposible que lo llevara una sola persona en los desfiles y manifestaciones. Josefa Moreu que, junto a su hermana, se habían comprometido a bordar la bandera, escribió al arquitecto: “Muy Sr. Mío: es difícil bordar una hoja con tanto detalle” (3). Para colmo, la abeja –símbolo de la laboriosidad y el trabajo- que figuraba en la cúspide del estandarte, metálica, compacta y de 35 centímetros, hacía prácticamente imposible que fuera trasladado verticalmente. Pero hay algo más.

El 2 de agosto de 1885, “El Eco Liberal” (4) daba cuenta de un acto que tuvo lugar el 28 de julio anterior en la famosa sala de blanqueo –diseñada por Gaudí de la Cooperativa y en la que utilizó por primera vez arcos catenarios de madera-. La directiva de la asociación había llamado a Miguel Morayta, Gran Maestre del Gran Oriente de España y, sin duda, una de las figuras más relevantes de la masonería española en el último tercio del siglo XIX. Gaudí había diseñado el decorado. Entonces ocurrió un episodio significativo. El arquitecto había convertido el escenario en un vergel y, al parecer, con gran ingenio, canalizó un flujo de agua que formaba una cascada y recorría el escenario. En aquella ocasión, mientras Agustina Moreu dirigía un coro de niñas que cantaron un fragmento de “Saffo”, ópera de Pacini, mientras que su hermana, Pepeta, tocaba el piano. Antes se habían hablado Pagés y otros miembros de la directiva, pero todos eran “teloneros” para la alocución de Moraya. Cuando éste empezó a hablar, el ruido del agua al romper sobre la cascada y el motor eléctrico que la accionaba, impedían oír su voz (no existían ni micrófonos, ni altavoces, no lo olvidemos). Le pidieron a Gaudí que interrumpiera el flujo, pero éste se negó en redondo: “Si no se entiende lo que dice, mejor. Porque esa gente de Madrid son todos un atajo de tontos” (5). El episodio es algo más que una prueba de lo que luego serían los proverbiales estallidos de mal genio del arquitecto; indicaría una falta de respeto por la figura de Morayta que era, en la época, sin duda la personalidad más indiscutible de la masonería española. Pero estamos en 1885, después de que Gaudí haya evidenciado su rechazo a los ideales de la Cooperativa, utilizando la escala maldita, que incluía el “número de la Bestía” del Apocalipsis, el “666”. No se me ocurre otra explicación para que, en un cierto momento, el arquitecto utilizara una escala tan anómala e inusual en la historia del arte.

Pero esa posición de rechazo no era, desde luego, la que había sostenido Gaudí en los primeros momentos de su colaboración con la Obrera Mataronense. Como hemos dicho, los inicios de la vinculación de Gaudí con la Cooperativa datan de 1875. En 1878 su firma aparece en un proyecto para la construcción de una casita dentro de los terrenos propiedad de la Cooperativa y en el mes de mayo elaboró el plano del casino de la institución que nunca se construyó. Sin embargo, este proyecto es importante por que, en el interior de la sala principal, los muros debían estar decorados con unas frases que han sido innumerablemente citadas para indicar la ingenuidad y simplicidad de ideales que guiaba a los cooperativistas y al propio Gaudí (6) … de quien se ha discutido si las consignas en cuestión eran suyas o inspiradas por Pagés. La cuestión de las frases no es secundaria: si son suyas, indicarían cierto grado de identificación con los ideales del cooperativismo de la época. Bassegoda explica que las consignas fueron sugeridas, “por los socios de la cooperativa” (7), lo que no implica que Gaudí no los compartiera. Algo que encajaría con las opiniones “progresistas y de izquierda” que según el libro de Elías mantenía Gaudí en esos momentos, muy en sintonía con el anticlericalismo de que hacía gala la masonería en la época.

Ya hemos visto que existen unas cuantas referencias que pintan al Gaudí de ese período como anticlerical impenitente, relacionado con una tertulia blasfema y, sino militante, si al menos simpatizante de organizaciones de izquierda. ¿Puede ser cierto todo este material? Digamos que entraría dentro de lo probable, aunque la imagen de este “Gaudí juvenil” y desvergonzado, choque con la imagen de místico cristiano que ha pasado a la posteridad como cliché del “Gaudí maduro”.
La Cooperativa Obrera Mataronense tendrá todavía un fleco más que aparecerá, precisamente, en la vida del “Gaudí maduro”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokriris@yahoo.es

NOTAS Y REFERENCIAS

1) La historia de la Cooperativa Obrera Mataronense puede leerse en “El Gran Gaudí” de Joan Bassegoda Novell, Editorial Ausa, Sabadell, 1989, págs. 93-105. El autor, de todas formas, elude señalar la pertenencia a la masonería de muchos de los miembros de la cooperativa.

2) A partir de 1885 se produjo una eclosión de la literatura antimasónica que vinculaba a esta Orden al satanismo. El artífice único de todo este material fue Gabriel Jogand Pagés, que firmaría sus escritos con el seudónimo de “Leo Taxil”. En 1897, el propio autor confesó que todas las informaciones relativas al satanismo masónico eran falsas. Sin embargo, sus escritos tuvieron en aquella época –e incluso en la actualidad- un peso decisivo a la hora de que los católicos realizaran una valoración de la masonería. El mejor estudio en lengua española sobre el “affaire Taxil” puede leerse en “El contubernio judeo-masónico-comunista”, J.A. Ferrer Benimelli, Colección Fundamentos, nº 78, Ediciones Istmo, Madrid 1982, Capítulo I, págs. 31-131. Así mismo, por su accesibilidad, puede consultarse también un resumen de la cuestión en Internet: “El Asunto Leo Taxil: masonería, satanismo y erotismo”, Ernesto Milá, URL: http://www.arrakis.es/emila.

3) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág 95.

4) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 97.

5) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 97-99. que reproduce la totalidad del artículo “La velada de la Cooperativa”, La Voz del Litoral, órgano del Partido Republicano Histórico, Mataró, domingo 2 de agosto de 1885.

6) “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 102.

7) Las frases en cuestión, citadas en casi todas las biografías de Gaudí, eran: “No hay nada más inmenso que la
fraternidad”, “Viva la nobleza de conrazón que es la vida”, “Compañero, sé solidario, practica la bondad”, “Compañero, sé solidario, practica la bondad”, “¿Quieres ser hombre de ciencia? Sé bondadoso”, “Impulsemos la humanidad hacia el amor” y “Los muchos cumplimientos son prueba de falsa educación”.

8) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 95.

Gaudí y las enseñanzas del abate Sebastián Kneipp

Gaudí y las enseñanzas del abate Sebastián Kneipp Redacción.- Presentamos el capítulo XIII del libro “Gaudí y la masonería. Caso Abierto” dedicado a estudiar las vinculaciones del arquitecto con la masonería barcelonesa de su tiempo. En próximas entregas iremos sirviendo más anticipos de esta obra exhaustiva. En este primer capítulo se explica por primera vez el origen de algunas costumbres particulares de Gaudí que siempre han llamado la atención.

En la segunda mitad del siglo XIX, se formó en Barcelona, un caldo de cultivo, que hoy llamaríamos “alternativo”, en el que florecieron socialismo utópico, vegetarianismo y naturismo, frenología, teosofía, espiritismo, escuelas librepensadoras y positivistas, anarquismo y movimientos sociales avanzados, universalistas y esperantistas, y un largo etcétera. Este ambiente duró, prácticamente, hasta la guerra civil e incluso, algunas supervivencias, pudieron prolongarse durante la postguerra. Lamentablemente, no existe ningún estudio monográfico sobre este ambiente tan rico y variopinto, como desconocido. Sin embargo, en algunas biografías de personajes concretos, podemos encontrar algunas pinceladas sobre dicho ambiente. En este sentido, la biografía de Mariano Cubí escrita por Ramón Carnicer, es una fuente inagotable de datos, así como la obra de Sánchez i Ferré sobre “La maçoneria a Catalunya”, pueden servirnos para hacernos una idea del “panorama ideológico” de la Ciudad Condal en la segunda mitad del siglo XIX. Y resulta sorprendente saber que menudeaban las manifestaciones callejeras de estos grupos en los que vegetarianos, teósofos, agrupaciones corales, partidos de izquierda, espiritistas, socialistas utópicos, cooperativistas, círculos librepensadores y masónicos, acudían, cada uno con sus estandartes y afiliados, conscientes de que pertenecían a un mismo linaje dividido en distintas familias. Afirmamos que éste fue el ambiente del que Gaudí se nutrió en sus años de juventud.

Afirmamos que, a partir de su último año en Reus, cuando, junto a sus dos jóvenes amigos, redactan el proyecto de restauración de Poblet, ya había asumido una parte de estas ideas, que las mantuvo a lo largo de sus años de estudio en la Escuela de Arquitectura y que se desengañó de ellos, muy probablemente por sus relaciones con la Cooperativa Obrera Mataronense y cuando, a través de su mecenas, Eusebio Güell y del Marqués de Comillas, pudo conocer a las grandes figuras de la Iglesia Católica que influyeron en la rectificación de su pensamiento: desde Verdaguer a Collell, y los obispos de Astorga y Vich, Grau y Torras i Bages. Es, en ese momento, cuando supera su gran crisis interior y se orienta, cada vez con pasos más decididos por la senda del catolicismo. No es esta segunda parte de su evolución la que nos interesa: ha sido tratada hasta la saciedad por sus biógrafos más minuciosos.

¿Cómo llegó Gaudí a lo que hemos definido como “ambiente alternativo”? Reus, como hemos visto, era la segunda ciudad de Catalunya en la época en que nació. Grandes figuras de la política y la intelectualidad del momento habían nacido en aquella ciudad: el poeta romántico Joan Bartrina, el general Prim, el pintor Fortuny. Sabemos que hubo logias masónicas y círculos librepensadores. Sabemos que operaron partidos y agrupaciones de izquierda, utopistas y jacobinos. Y sabemos, finalmente, que cuando los tres amigos de Reus redactan el proyecto de restauración de Poblet, están impregnados de este ambiente. No sabemos exactamente por qué los padres de Gaudí lo enviaron a Barcelona a cursar el último año de bachillerato. Si ha dicho que fue para alejarlo de los disturbios políticos (pero en Barcelona las cosas no estaban mucho mejor que en Reus, sino todo lo contrario e, incluso, aunque esa fuera la razón, daría lugar a pensar que los padres veían con preocupación la evolución de las ideas de su hijo y prefirieron alejarlo de las “malas compañías”) y para que acompañara a su hermano mayor, Francisco, que estudiaba medicina en la Ciudad Condal (y es significativo que fuera matriculado en un instituto laico y no en alguno de los muchos colegios religiosos que existían en la misma zona, próxima a la escuela de medicina en la que estudiaba su hermano). Pero el misterio, a estas alturas, no es Gaudí, sino su padre. De él se saben muy pocas cosas: que era hábil calderero, hijo y nieto de caldereros, casado con una mujer procedente de este gremio… y poco más. Sabemos también, gracias a Joan Bergós, que “Su padre se hizo naturista, según el método del abate Kneipp, y con las prácticas hidroterapeuticas se curó las varices de las piernas que los médicos no conseguían curarlo; en vista de la eficacia del sistema, Gaudí adoptó algunas prácticas. Hasta en pleno invierno se lavaba todo el cuerpo con agua corriente, friccionándose intensamente; así hacía ejercicio y masaje a la vez” (1). Lamentablemente, no sabemos si esta adhesión del padre del arquitecto hacia las prácticas recomendadas por Kneipp, se produjo en su tierra natal de Tarragona o bien cuando, tras fallecer su esposa, se trasladó con su sobrina a Barcelona, ayudando a su hijo en la administración de su estudio de arquitectura. Lo importante, en cualquier caso, es recordar que el abate Kneipp era uno de los puntales de este ambiente alternativo al que hemos aludido. La adhesión al medio vegetariano y naturista procedía, pues, en Gaudí de su padre. Es decir, que la familia, en algún momento, estuvo predispuesta a asumir estas teorías alternativas aplicadas a la salud, quizás a causa de la muerte de su hijo mayor que, precisamente estudiaba medicina, o quizás a causa de la mala salud que tuvo el arquitecto desde muy niño.

Bergós cuenta, por ejemplo, “al día siguiente de su nacimiento fue bautizado en la Parroquia de Sant Pere de Reus (…) El niño se desarrolló con dificultad, obligando a alargar el período de lactancia”, y más adelante, “antes de los seis años empezó a sufrir los ataques de reumatismo articular que reaparecieron en diversas ocasiones en el transcurso de su vida. Esta enfermedad tuvo consecuencias importantes en la formación del muchacho: le hizo frecuentar las estancias en el Mas, donde recordaba que muchas veces había de ir montado en un burro porque el dolor le impedía caminar” (2). Estos ataques reaparecieron en distintos momentos en la vida del arquitecto. Van Hensbergen explica que “oyó a sus padres hablar sobre su próxima muerte” (3).

La madre de Gaudí fallece en 1876 su hermano Francisco y, pocos meses después, su madre; la hermana de ésta, Rosa, apenas le sobreviviría tres años. Posteriormente el arquitecto reconoció que en ese período sufrió una fuerte depresión y, poco después empezó un diario (que abarca del 22.11.876 al 25.01.877). Es, a partir de ese momento cuando su hija pasa a vivir con el padre de Gaudí. En sus treinta y seis años de vida parece que solamente existe una fotografía de ella, con el doctor Santaló y su familia y Gaudí y su padre. Al parecer, Gaudí pidió consejo al doctor sobre anatomía para la fachada del nacimiento y también sobre dieta y nutrición.

Por cierto que en esa foto Gaudí está fumando un puro con el gesto distraído. Si recordamos el proyecto de Poblet, allí los tres jóvenes sostienen la conveniencia de vender tabaco y abrir un estanco en el monasterio. Otros autores también han recordado que, en su juventud, le encantaba la buena mesa y los tabacos seleccionados. Algo que no encaja con el odio que, posteriormente, adopta en relación al tabaco y a los fumadores. Rosa Egea, murió de tuberculosis y era propensa a la taquicardia (1912), probablemente agravada por el creciente alcoholismo de la muchacha, tras la muerte del padre del arquitecto (1906). Bergós dice que “tan ajeno como era Gaudí al vicio del alcohol, sufrió mucho al ver que su sobrina se bebía el agua del Carmen”.

La foto de Gaudí fumando es de 1904. Lo cierto es que, inmediatamente después de esa foto Gaudí empieza a mostrarse intolerante con el tabaco. Solía ordenar a sus subordinados “Tire el cigarro” y frecuentemente lo argumentaba: “Dios no hizo las narices para que echaran humo como una chimenea” (4). En otra ocasión el pintor castellonense Joan Porcar explicó la anécdota de que en cierta ocasión, Gaudí hablaba sobre el Escorial en términos poco elogiosos; Porcar no le hacía mucho caso y seguía fumando; esto sacó de sus casillas a Gaudí el cual le increpó: “Es un cigarrillo lo que perderá a los valencianos”, y Porcar añade: “Desde aquel día me tuvo cierta manía”. Porcar, intentando mejorar la relación y aprovechando que se encontró al arquitecto acompañado por el escultor Matamala en una parada de autobús, les pagó el billete. Los dos artistas ni siquiera le hicieron caso. Al día siguiente, para fatalidad de Porcar, se volvió a encontrar a Gaudí y lamentó el cáncer de Matamala que había llegado a que le extirparan la nariz. Gaudí literalmente le dijo “Fot el camp” (5). Pero lo más sorprendente es que el abate Kneipp en sus miles de páginas de consejos higiénicos y dietéticos, no tiene ni una sola línea contra el tabaco. De hecho, él mismo era un moderado fumador de puros. Así puede entenderse la foto de Gaudí con el puro, junto a su padre. Así pues, hay que pensar que cuando empezó a denostar el tabaco era en el último período de su vida a partir de 1914, cuando se dedicó exclusivamente a las obras de la Sagrada Familia. Quizás la edad, la muerte de sus familiares más próximos y de sus mejores amigos (Berenguer, Matamala, Maragall, Güell) y la conciencia de que había atravesado una grave enfermedad nerviosa (en 1910), le indujeron abandonar el tabaco, incorporando una prohibición que Kneipp no había realizado nunca.

Indudablemente, el estilo de vida que llevó, como mínimo después de la muerte de su sobrina y quizás en un período situado en torno a la muerte de su padre, estaba inspirado en la dieta que llegó, precisamente a su padre a los 92 años de vida, en un tiempo en el que la vida media estaba en torno a los 50 años. Paseaba cada día 3 km por el Park Güell y sostenía que, como la distancia ideal que había que recorrer cada día era de 10 kilómetros. Había dicho a Bergós: “He llegado a la conclusión de que el total de caminar durante el día tiene que ser de unos diez kilómetros y que los cambios de altitud aumentan la eficacia del ejercicio; por eso los días festivos, indefectiblemente vamos a la escollera y cada tarde subo a dormir al Park Güell” (6). El método de Kneipp llamaba a este procedimiento “kinesioterapia o terapia del movimiento” y, la modalidad que practicaba Gaudí, “entrenamiento dinámico”, que seguía en su aspecto de caminar, pero que, en realidad, podía incluir natación, bicicleta, correr, etc.

Pero todo esto no impidió la crisis de 1910, seguramente, producta de una multiplicidad de factores: “Tensiones, poco descanso, mala alimentación, salud llevada al límite, desembarcaron en una anemia cerebral o, como diríamos hoy, una depresión nerviosa” (7). La estancia en Vic en el domicilio señorial de Doña Concepción Vila, no le sirvió de mucho. La habitación que Doña Concepción le había destinado le desagradó por su hedonismo y, al parecer, durmió en el suelo. Cuando algún solicito vigueta se ofrecía a acompañarlo por los recorridos artísticos de las inmediaciones, el paseo se solía hacer difícil. El arquitecto no apreciaba lo que veía: “No es arte verdadero, sólo copias de obras mediterráneas”.

Aprovechaba para denostar a Van Eyck o Rembrandt a los que calificaba de “artistas de comedor burgués, decoradores de tercer orden”. Joaquín Vilaplana, familiar de Doña Concepción, debió de sufrir el carácter difícil que mostraba Gaudí en ese momento. Posteriormente dijo que “le dio la impresión de que Gaudí poseía una gran cantidad de conocimientos, pero que prefería aparecer como un snob de la humildad y la pobreza” (8). Las tres semanas que estuvo en Vich no sirvieron de gran cosa, tan solo para que diseñara unas farolas muy criticadas que fueron, finalmente, derribadas en 1924. Seguían los problemas en el Colegio de las Teresianas, en Palma de Mallorca las cosas no iban mejor y cabildo estaba alarmado por los gastos desmesurados, la urbanización del Park Güell era evidente que había fracasado y las obras de la cripta Güell estaban detenidas. Para colmo, el doctor Santaló, a la vista de los síntomas –accesos de fibre intermitente y escalofríos- diagnosticó “fiebre de Malta”. En la primavera de 1911 estaba tan débil, que Santaló tomó la iniciativa de llevarlo al Puigcerdá. Se alojan en el Hotel Europa y Gaudí demuestra ser muy consciente de qué es lo que le ha llevado hasta ese extremo. Dirá a Santaló: “Presiento que mi curación no es cuestión de medicamentos sino de norma de vida” (9).
A esas alturas, era evidente que los remedios y las medicinas alternativas no le habían ayudado mucho, lo cual no fue obstáculo para que siguiera siendo vegetariano hasta el final de sus días y siguiera a rajatabla los peculiares consejos del abate Sebastián Kneipp.

En 1894, cuando se terminan los cimientos del Pórtico del Nacimiento, Gaudí se encuentra en un estado de exaltación mística extrema. Es entonces cuando evidencia su segunda crisis emocional grave en el famoso episodio del ayuno cuaresmal que deja al arquitecto postrado en su lecho en situación de extrema debilidad que su amigo, colaborador y dibujante, Opisso, reflejó en un apunte.

Bergós da cuenta de que Gaudí sufría una disfunción ocular. Un ojo le permitía ver bien a larga distancia, pero con el otro solamente podía apreciar los detalles próximos. Le recetaron un monóculo, pero terminó rechazándolo en beneficio de los baños oculares de agua fría recomendados por el abate Kneipp. La única crítica que se permitió realizar jamás a su admirado obispo Torras i Bages fue, precisamente, utilizar gafas: “Cuando alguien tiene problemas en al vista, lo mejor es hacer ejercicios con los ojos y lavárselos con fuerza” (10). El abate Kneipp en sus estudios sobre hidroterapia daba instrucciones precisas para lavarse todas las partes del cuerpo, con agua natural, fuera cual fuera la época del año. Gaudí seguía estas instrucciones, por lo que nos cuentan sus biógrafos, al pie de la letra.

El sistema de Kneipp preveía baños de agua externo e internos, vahos (Gaudí los hacia con eucalipto) y lo que llamaba “envolturas”. Habitualmente consistía en un “lienzo basto de lino”, colocado mojado sobre la parte del cuerpo que se pretendía sanar y que se mantenía con imperdibles (hoy los discípulos de Kneipp recomiendan ligarlos con velero). Se sabe que Gaudí se frotaba las plantas de los pies con fragmentos de hielo y que se colocaba vendas en las piernas, según cuentan sus biógrafos, para protegerse del frío. Pero esto no parece muy coherente; unas simples vendas apenas pueden proteger del frío húmedo de la Ciudad Condal. Es mucho más probable que Gaudí, a la vista de los problemas que tuvo su padre en las piernas a causa de las varices y que sanó gracias a los tratamientos recomendados por Kneipp, fuera sobre sus pasos. El caso es que en varias ocasiones, sus acompañantes vieron como entraba en algún portal para volver a colocarse las vendas que se le habían soltado. En el método Kneipp, estas envolturas húmedas, tienen como finalidad sustraer o acumular calor según la duración con que sean aplicadas.

En cuanto a la costumbre de aplicarse hielo en las plantas de los pies, iba en la misma dirección que la costumbre de su padre de andar descalzo sobre la hierba: el abate Kneipp así lo recomendaba e incluso hoy sus discípulos sostienen la existencia de una “estrecha relación entre la actividad vasomotora de la piel, de la pelvis menor y de la garganta, y entre los pies y el resto de los órganos” (11). En realidad, el abate Kneipp no recomendaba “andar sobre hierba”, sino “sobre rocío o nieve”, descalzo, por supuesto. E incluso recomendaba andar así durante uno o dos minutos, aumentando el tiempo paulatinamente hasta llegar a cinco (12). Y Gaudí andaba… en 1906 iba al oratorio de San Felipe Neri donde realizaba la confesión diaria. Los domingos llegaba hasta la Catedral y luego solía ir a la escollera del puerto y a la Barcelonesa. De regreso, seguía el Paseo de Colón hasta el monumento y luego ascendía por las Ramblas, frecuentemente acompañado por el escultor Matamala y Alfonso Trías, hijo del abogado Trías que vivía como él en el Park Güell. Quizás algo más de diez kilómetros los domingos…

Se sabe, así mismo, que su alimentación, al menos en el último período de su vida era exigua, apenas un poco de lechuga, un vaso de leche, unas gotas de aceite sobre la lechuga, nueces, confitura de remolacha y pan con miel, todo ello acompañado por mucha agua. En ocasiones comía algo de frutos secos o pasas (13). También se sabe que comía verduras con sal y un poco de aceite vegetal. En algún texto hemos leído que, ocasionalmente, mezclaba la leche con cítricos e incluso tenía alguna teoría al respecto. Siempre, después de comer, tenía la costumbre de limpiarse las manos con miga de pan mojada en agua. “Explicaba que las ensaladas, la lechuga y la escarola son la forma más sencilla y perfecta de tomar aceite, preparado así para su emulsión; que es un error que la leche con frutas, incluídos los cítricos, combinen mal, que es todo lo contrario: la piel de las frutas es el mejor regulador intestinal. Todo lo que comía lo acompañaba con pan y no bebía aun que no hubiera comido nada más que frutos secos; acababa siempre con miga de pan, que hacía de “esponja limpiadora de la dentadura”; después bebía un poco de agua” (14). Y estos hábitos dietéticos contrastan con los que mantuvo, siempre según Bergós, el arquitecto en otros tiempos: “Gaudí, de joven, había sido un gran gourmet, pero nunca fue goloso; en su madurez, primero por convencimiento de la moda naturista, después para combatir los ataques reumáticos que reaparecen alguna vez y finalmente por ascetismo, llegó a un grado de frugalidad extraordinario; hasta tal punto que un día, paseando por la escollera, no pudo evitar comer excepcionalmente fuera de hora unas cuantas almendras crudas, diciéndome: “Siempre tengo hambre y no me he levantado de la mejo que no me quedaran ganas de comer”” (15).

Van Hensbergen explica que en 1911 se le diagnosticó brucelosis, quizás como resultado de su costumbre de beber leche sin pasteurizar. El mismo autor atribuye el mal carácter del arquitecto a la enfermedad: “Uno de los síntomas más potentes y perturbadores de la brucelosis son los cambios de humor súbito, que pueden terminar en depresiones suicidas. Van acompañados de ataques de cólera, intervalos de concentración, agotamiento físico, dolores de cabeza intensos, inflamación glandular, sudores nocturnos, artritis dolorosas” (16). Algunos de estos síntomas son los mismos que los de la depresión. Las depresiones, sin embargo, suelen ser recurrentes. Gaudí, él mismo, al morir su madre, su hermano y su tía, en un plazo corto, cuenta que sufrió un estado depresivo. Cuesta entender si lo que le ocurrió durante el ayuno de 1894 fue una crisis mística aguda o un nuevo estado depresivo, o una mezcla de ambos. Y, por lo mismo, la brucelosis sirve para explicar algunos exabruptos del arquitecto. Si a esto unimos una hernia que le obligó a llevar bastón y la extraña costumbre de llevar zapatos de piel con suela de esparto, habremos completado el cuadro clínico de Gaudí. ¿A dónde nos lleva?

Cuando aparece una figura de estatura desmesurada, todos los que se encuentran en su entorno quedan empequeñecidos. De su sobrina de treinta y tantos años se sabe muy poco y de su padre de 92 no se sabe mucho más. Sin embargo, están ahí, rodeando al arquitecto día a día, hasta principios del siglo XX. Da la sensación de que, al menos el padre, tuvo un peso decisivo en la educación de Gaudí y en la adopción por éste de algunas peculiaridades de su comportamiento. Sabemos que conoció la obra del abate Kneipp gracias a su padre… pero sabemos también que, absolutamente todas las peculiaridades de su vida cotidiana –dieta, hábitos higiénicos, largas caminatas- no fueron otra cosa que el resultado de la aplicación de los principios del abate Kneipp que recibió de su padre. Si los descontextualizamos se quedan solo en excentricidades. Y en este terreno, Gaudí no era precisamente un excéntrico: todo lo que hacía era seguir el sistema de Kneipp metódicamente y hasta su muerte.

Resulta imposible recabar más datos sobre su padre. Deberemos reconocer que no sabemos absolutamente nada sobre él. Ni, por lo demás, tampoco hay muchas posibilidades de obtener hoy información. Pero si contextualizamos el marco en el que surgieron las especulaciones dietéticas e higienistas del abate Kneipp, deberemos convenir que pertenece a ese “entorno alternativo” al que hemos hablado al principio de este capítulo. A decir verdad, no sabemos por qué su padre abandonó el oficio de calderero, y vendió el “mas” La Calderera. Se ha dicho que para pagar los estudios del joven Antonio Gaudí… pero, esas mismas biografías, han señalado por activa y por pasiva que, desde muy pronto, trabajó para pagarse la carrera. No sabemos mucho sobre las opiniones del padre de Gaudí y es raro por que desde que llegó a Barcelona con su sobrina hasta que murió en 1906 pasaron algo más de 25 años. Todo lo que se sabe del padre es que tuvo como médico de cabecera al doctor Cubero, que seguía los consejos del abate Kneipp gracias a lo cual se curó las varices y que administró los dineros del arquitecto. Gracias a Bergós se ha podido saber que cuando Francisco Gaudí, padre del arquitecto, se encontraba en estado preagónico, preguntó los nombres de los diputados elegidos en las elecciones (17). Lamentablemente, de la frase, no puede deducirse cuáles eran sus preferencias políticas. Todo esto tiempo dio para una foto con la familia Santaló y para un dibujo de Opisso. Poco realmente. De hecho nada. Debieron llevarse bien, padre e hijo, nada hay que permita intuir lo que hoy sería una “guerra de generaciones” o algo similar. El padre fue un ejemplo para el hijo. Y el hijo llevó algunos consejos del padre hasta extremos muy radicales, como en su fidelidad al abate Kneipp.

Todavía está por llegar el historiador que investigue (y la institución que subvencione…) el “ambiente alternativo” de la Barcelona decimonónica en el que tuvieron eco las enseñanzas del abate Kneipp, proliferaron los clubs naturistas y vegetarianos, las asociaciones espiritistas y teosóficas, los círculos de librepensadores y de positivistas, las ideas utopistas y cooperativistas. Pero todo esto existió en una Barcelona que, a partir de 1936, lo dejó atrás y que las velocidades de transformación, siempre aceleradas, han hecho que olvidáramos, incluso nosotros ciudadanos de la antigua Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino, este tejido que formó parte de nuestro pasado reciente.

¿Qué queda de la lectura de estas páginas? La duda sistemática que en este caso se traslada del arquitecto a su padre. ¿Quién fue en realidad Franciso Gaudí Serra? ¿qué hizo a lo largo de sus 92 años de vida? ¿qué pensaba? ¿cómo llegó a conocer y practicar la dieta de Kneipp? ¿estaba vinculado al tejido alternativo en el que se compartían estas y otras ideas no menos excéntricas? Ninguna de estas preguntas pueden ser contestadas, pero contribuyen a traspasar una parte del “misterio Gaudí” a su padre.

¿Qué sentido puede tener, entonces, incluir un capítulo sobre esta temática en un libro sobre las relaciones, presuntas o reales, entre Gaudí y la masonería? Las logias masónicas –algunas más que otras, por supuesto- eran una parte de este “tejido alternativo”. Como ha analizado Pere Sánchez Ferré en su estudio sobre la masonería en Catalunya, librepensadores, vegetarianos, teósofos, libertarios, socialistas, republicanos, francmasones, solían manifestarse de forma unitaria.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

NOTAS

1. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 31.

2. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 23 y 25

3. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 39.

4. Frases citadas en “Gaudí, de piedra y fuego”, Ob. Cit., pág. 273.

5 “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 393.

6. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, ob.cit., pág. 31.

7. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 305.

8. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 309.
9. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 373.

10. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 394.

11. Los discípulos de Kneipp han resumido en una página web las características generales de los tratamientos recomendados, puede compararse con las costumbres y hábitos de vida de Gaudí, para ver que son completamente coincidentes: http://www.unizar.es/med_naturista/hidroterapia/Lacurakeneipp

12. Una buena recopilación de los remedios y principios del abate Kneipp puede leerse en “Water Connection”, Marc Ams, Las Mil y una Ediciones, Madrid, 1987.

13. “Gaudí en la intimidad”, Cordoner Blanch, pág. 89.

14. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

15. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

16. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 259.

17. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

PYRE Libros, nuevas secciones: ofertas y libros de ocasión

PYRE Libros, nuevas secciones: ofertas y libros de ocasión Redacción.- Tienda PYRE ha colocado dos nuevas secciones en su catágolo de libros: "Libros de Ocasión" y ""Ofertas PYRE. En la primera se ofrecen libros descatalogados y de segunda mano de los más diversos temas, en la segunda, los libros de Editorial PYRE se ofrecen en "paquetes" con importantes descuentos.

Antropología de la Vieja España (XI): el Convite de Boda

Antropología de la Vieja España (XI): el Convite de Boda Redacción.- En esta nueva entrega de la serie Antropología de la Nueva España traemos a colación dosa de las tradiciones más arraigadas incluso en nuestros días: el convite de novios y el lanzamiento del ramo a la salida de la ceremonia de boda. El material del que disponemos sobre estos temas es particularmente significativo y dispone de una fuerza suficiente como para que buena partes de estas costumbres locales hayan persistido a lo largo de los siglos

El lanzamiento del ramo

El matrimonio en los primeros años del cristianismo se limitaba a una bendición impartida por el sacerdote o el obispo. Solo muy tardíamente pasó a ser un sacramento, pero cuando alcanzó este rango le fueron incorporados los atributos característicos de cualquier rito iniciático. Los ritos de este tipo dramatizaban el tránsito entre la situación anterior al desarrollo del rito y la siguiente que aportaba todas las cualidades prometidas a quienes han respetado escrupulosamente el desarrollo del rito. Esto se traducía en peregrinaciones como las que la cristiandad realizó a Santiago de Compostela, a Roma o a Jerusalén, en la costumbre pascual de recorrer “monumentos” (iglesias adornadas de morado) o simplemente dar vueltas en torno a unos lugares sagrados.

Todas estas ceremonias son designadas genéricamente como “ritos de circunvalación”. Este tipo de ritos no parece que abundasen en la España de otro tiempo, pero sí estaban presentes en algunos pueblos hasta no hace mucho. Se sabe que en Barcelona hasta mediados del siglo XIX, en Semana Santa, la procesión daba la vuelta a la catedral y quienes la seguían recibían las mismas indulgencias que los peregrinos a Tierra Santa. En Niño de San Esteban, el día siguiente de la boda los novios estaban obligados a montar en un burro y a dar unas cuantas vueltas al pueblo. En otras ocasiones los novios debían subir en un carro o en el cesto de la basura como queriendo indicar que han dejado atrás el estado de soltería. El Barbadillo del Rey los novios son atados a un carro y dan la vuelta al pueblo; solo paran para tomar una copa cuando pasan ante un bar. En Aldehuela de Tubo en los nueve días que siguen a la boda la novia debe dar la vuelta la ermita de Nuestra Señora del Castillo. Finalmente, en Nava del Rey, los novios deben recorrer todo el pueblo bailando la noche de bodas.

Una variante de todas estas extrañas ceremonias lo constituyen las llamadas “carreras rituales” en las que el novio, la novia o ambos, o los amigos de ambos deben salir corriendo hasta llegar a la meta donde reciben algún premio simbólico. En toda Castilla hacia finales del siglo XIX seguían celebrándose estas carreras ceremoniales como en Sorihuela (provincia de Salamanca) donde novio y novia cogen un plato de migas y se las van comiendo mientras corren. En la Maragatería el padrino regala al novio un muñeco de pan al que han introducido una moneda; envuelto en un pañuelo de seda, le entregan la cabeza al vencedor de la carrera que lo come con los amigos solteros, mientras que los novios comen el resto.

Ni Enrique Casas, ni Amadés, ni otros etnólogos, antropólogos y folkloristas han encontrado muchas más muestras de ritos de circunvalación o de carreras rituales que los mencionados antes. El mero hecho de que existieran confirma el carácter de los viejos ritos iniciáticos procedentes de las antigüedades clásicas. Diferente es con los ritos de lanzamiento que todavía están presentes en los matrimonios modernos.

En el siglo XIV apareció en Francia la costumbre de arrojar una liga de la novia, reputada de propiciar buena suerte, felicidad y fortuna. Los invitados, durante el convite, acorralaban a la novia, corrían tras la novia y le quitaban la liga sin ahorrar esfuerzos ni picardías. Para evitar las consecuencias nefandas de esta costumbre, las novias comenzaron a tirar la liga voluntariamente. Un rito de origen frívolo y significado igualmente frívolo. Más calado y seriedad tiene el rito del lanzamiento del ramo de flores. En la actualidad ambas costumbres subsisten y gozan de buena salud, la primera ha sido alterada y la liga es troceada y subastada; en cuanto al ramo la lanza sobre las invitadas solteras una de las cuales, al recogerlo, abandonará tal estado. Pero había otros muchos ritos de lanzamiento de los cuales estos son los pálidos reflejos.

Los antiguos arios se arrojaban una pelota durante los esponsales. La pelota, precisamente por que su forma era esférica, era la forma geométrica más perfecta, hasta tal punto que algunas tribus arias consideraban que por el mero hecho de que mozo y moza se arrojaran uno al otro la pelota ya era suficiente como declarar que el compromiso estaba formalizado. Por sinuosos vericuetos históricos, los ritos de lanzamiento siguieron apareciendo vigorosamente en los casamientos. En el romancero castellano se alude a que al paso del cortejo que casó al Cid con Doña Jimena, los castellanos viejos arrojaban trigo a través de la ventana. Hoy se arroja arroz pero el significado es el mismo: el trigo aludía a la lluvia de oro que se deseaba para los recién casados, el arroz a la felicidad y a la fecundidad. En la actualidad todavía goza de gran predicamento que los novios se aseguren de que les van a arrojar arroz a la salida del templo (o del juzgado que también por ahí pasa el “pensamiento mágico”) o de lo contrario se arriesgarían a no tener descendencia. Pero también se han arrojado flores, confites, nueces, calzado y un largo etcétera. Peor lo pasan en aquellas zonas en las que la tradición obliga a los invitados a arrojar objetos de la mesa sobre los novios: huesos, restos de alimentos, huesos de aceituna, curruscos de pan y demás lindezas. De origen inequívocamente francés es la costumbre que subsistió hasta principios del siglo XX en Ripoll donde los comensales se arrojaban los confites que había sobre la mesa o que habían traído al efecto. La batalla estaba dirigida por el “abate de los locos” que solamente autorizaba el lanzamiento cuando se había retirado la vajilla susceptible de poder romperse. En el pueblo pirenaico de Isil donde todavía se siguen algunas tradiciones de solsticio procedentes de la más remota antigüedad, se sigue la misma costumbre solo que con la vajilla y la cristalería sobre la mesa, cuando se rompe la primera pieza el “abate de los locos” decreta el fin del combate. La costumbre seguía en vigor a principios del siglo XX en Santa Coloma de Gramanet, hoy integrada en el área metropolitana de Barcelona. Aquí no había límite: se trataba de arrojar los confites con tal violencia que el impacto se recordara y no importaba la cantidad de piezas de vajilla que saltaban en mil pedazos. Mucho más comicidad debía tener la tradición también catalana, de Guimerá, que llevaba esta batalla dulzarrona al mismo interior de la iglesia. Los maragatos en esto eran más comedidos y solamente los invitados a la boda arrojaban un puñado de trigo a los novios cuando se acercaban el altar.

Hay que constatar la similitud del rito cuando se arroja trigo (dorado), arroz (fertilidad) o confites. Por que, en efecto, hechos de miel, los confites tenían el mismo sentido áureo que el trigo.

El convite de bodas

En la masonería el ágape es tan importante como el cristianismo, lo cual no impide que ambas instituciones sean enemigas irreconciliables. El ágape masónico es el banquete celebrado por los miembros de la logia tras su “tenida” (reunión). El ágape cristiano es la rememoración de la última cena de Cristo con sus discípulos. El ágape masónico es laico y se celebra tras la conclusión de la ceremonia sagrada, la tenida celebrada en logia. Por el contrario, el ágape cristiano es sagrado. El primero es real: los masones cenan opíparamente cuando toca. El segundo, el cristiano, es simbólico, poco pan y menos vino, el justo para mantener el símbolo de la transubstanciación. En cualquiera de los dos casos, el ágape está relacionado con misterios iniciáticos. No es raro que en otros terrenos, el predicamento del banquete lo haya hecho imprescindible como símbolo y como culminación de la fiesta. Así ocurre en las bodas tras la ceremonia religiosa.
Los “compañeros” eran, originariamente, los que “comían pan juntos”. Lo cual era bastante en tiempos de escasez y de lucha por la vida. En Roma los banquetes ya estaban integrados en las bodas, como remate de las ceremonias. Dato que se trataba de un rito de agregación, las partes intentaban demostrar a través del convite su poder, su fuerza y sus recursos. A medida que avanzó el tiempo los convites ganaron en espectacularidad y asistencia hasta que en la Edad Media fue necesario limitar tanto la duración como el número de asistentes que llegaban a varios cientos congregados durante ocho días seguidos. En la Huesca del siglo XII los invitados debían pagar los gastos generados por su presencia en el convite. Y en Castilla, cuenta Maura Gamazo, se limitó el número de convidados a 10 por cada parte, sin contar los padres y los interesados. Sesenta maravedíes era el gasto máximo que podía dilapidarse en dos días de celebraciones.

Sea como fuere, el convite ha llegado prácticamente hasta nuestros días gozando de la misma reputación y casi con los mismos ingredientes. El plato recomendado en todos los tiempos pertenecía al repertorio de la cocina regional: potes en Galicia, cocidos castellanos, carn d’olla en Catalunya, paella en Valencia, etc. Sin embargo, algunas tradiciones locales merecen ser recordadas. En algunas poblaciones existían platos típicos que solamente se comían en las bodas. En Añora, por ejemplo, se comía una especie de morcilla formada por huevo duro picado, pan rallado, perejil y jamón troceado. En la Alberca el banquete incluía casi de todo con un orden particular e inalterable: pescado para empezar, albóndigas luego, arroz dulce y queso de ovejas para concluir; alterar el orden hubiera constituido un sacrilegio. Curiosa también y de un gran simbolismo era la costumbre maragata de comer los novios en un mismo plato.

Pero de todo el banquete, en todos los tiempos, lo más tradicional y celebrado ha sido la tarta nupcial. La costumbre, al parecer, comenzó en la antigua Roma; después de la boda se abriría un pan encima de la cabeza de la novia simbolizando fertilidad y larga vida. Sin embargo, en aquel tiempo, la tarta no era un pastel dulce como los actuales, sino apenas una torta plana, hecha de harina, sal y agua. Los invitados consideraban que las migas caídas en esta ceremonia aportaban buena suerte así que las recogían del suelo y se las comían. La tradición evolucionó en Inglaterra durante el Medievo: los invitados traían pequeñas tartas y las amontonaban. Estas tortas, como las romanas también eran planas y redondas, pero incorporaban frutas y nueces, símbolos de la fertilidad. El novio y la novia las besaban, luego se les añadía una capa de azúcar glasé y se repartían a los invitados. Evidentemente, el aspecto de las actuales tartas de boda derivan de esta costumbre inglesa. Las antiguas montañas de tartas ingleses frecuentemente se desmoronaban alcanzada cierta altura, lo que aconsejó hacia mediados del siglo XVII, cambiar las tartas por la de un pastel gigante.

En España las tradiciones a este respecto fueron diferentes. En algunas zonas de Castilla, la torta que celebraba la boda no era de la que se compraba en el mercado sino la realizada con harina procedente de las dos casas de los novios. La torta era elaborada por las muchachas de ambas familias unos días antes de la celebración. Y mientras la elaboraban lanzaban bendiciones de felicidad, descendencia y salud para los novios. En algunos de estas tortas –que frecuentemente eran panes aderezados con frutos secos- se colocaba –como en Galicia- un huevo, símbolo de la fertilidad. En ocasiones las tortas o panes era de formas antropomórficas: de falo entre los vaqueiros del Valle de Alzada, de ser humano en la Maragatería.

Cuando no existía facilidad para encargar las invitaciones de boda, de la masa formada para realizar el pastel de bodas, se apartaba lo suficiente para hacer un pan que la madre de la novia o la novia misma iban repartiendo casa por casa. Se consideraba a estos fragmentos como verdaderas invitaciones al convite. En Añora, cuando se recibían estos fragmentos de pan, los invitados estaban obligados a llevar una gallina y una docena de huevos certificando que acudiría a la boda. Si solamente remitía los huevos, quedaba implícito que agradecía la invitación, pero la declinaba. Otras costumbres españolas muy extendidas hasta principios del siglo XX hacían que el pan fuera repartido por el cura durante la misa de desposorios. La costumbre alcanzó particular relieve en la mitad norte de la Península y especialmente en Cataluña. En otras zonas, en la misma época, el pan de bodas se repartía durante el convite y la capacidad adquisitiva de los novios y de sus familias se medía por la cantidad de pan que eran capaces de dar a sus invitados. En León este reparto se acompañaba con alguna cancioncilla tradicional y en Mondoñedo los cantes eran improvisados.

Estamos hablando de una torta o de un pan, no de las tartas lujosas y medidas con altímetro de nuestros días. Los novios son como los niños: cualquier alimento puede satisfacerlos en ese día, incluso el más modesto pan. No en vano en la mayoría de pueblos de nuestra tierra, un último corrusco de pan de aquel día memorable les acompañaba durante toda su vida. Era, no solo el deseo de que nunca faltara nada en el hogar, sino el tributo al día más feliz de su vida en común.

En Navidad y Reyes: ¿Regalos sexistas y violentos? ¡Por supuesto!

En Navidad y Reyes: ¿Regalos sexistas y violentos? ¡Por supuesto! Redacción.- Lo políticamente correcto es hacer campaña contra los juguetes bélicos y rechazar regalos que tengan que ver con el rol sexual. Quiero explicar por que me gustaría regalarle a mi hijo mayor un rifle del 22, a mi hijo pequeño un laser desintegrador matamarcianos y a mi hija pequeña una muñeca, más o menos, chochona. [en la foto, uno de los modelos de sofisticadas pistolas intergalácticas matamarcianos. Justo lo que necesitaríamos todos]

Se aproxima la navidad. La estupidez de los estúpidos se nota más en algunos períodos del año. Navidades, por ejemplo. Ya desde mediados de noviembre, los medios de comunicación han ido esparciendo mensajes contra los juguetes violentos y sexistas. Al parecer sería de buen tono regalar a un niño una muñeca y a una niña un camión volquete. Así evitaríamos que la niña cuidando a su muñeca se identificase con el rol de mujer-madre y al niño se le desvincularía de cualquier tendencia agresiva. Al menos en teoría.

Por que en la práctica, lo que obtendríamos –y lo que frecuentemente obtenemos- son niños neuróticos. Si una niña se identifica con una muñeca y un niño con una pistola es por que está escrito en sus predisposiciones genéticas, comunes a todos los mamíferos superiores, que la hembra tiene a su cargo el cuidado de la prole y al macho que se encarga de su defensa. A una comunidad no se la defiende chochona en mano, ni a una prole se la cuida con un camión-volquete. El progre, que piensa así y razona en tanto que progre, es el estúpido por excelencia.

El origen del problema: el buen salvaje de Rousseau

El progre intenta diseñar un mundo a su gusto, aunque contravenga la ley de la naturaleza que ha permitido la evolución de la especie desde el australopiteco al homo sapiens. No es raro que contra más fundamentalista es una utopía progre, tienda a niveles más inhumanos. En efecto, al no conocerse a sí mismo, el progre, desconoce su propia naturaleza y la de la sociedad que le rodea. Vive en el mundo de las esencias románticas creadas a partir de Rousseau (infame entre los infames y obtuso entre los obtusos) en su Discurso sobre la Desigualdad. Allí establece la fuente de la que han mamado los progres de todos los tiempos: de Darwin a Marx, de Freud a … ZP, a saber, la bondad intrínseca del ser humano al que la sociedad ha pervertido. Y no.

Los antropólogos progres actuales siguen sosteniendo esta tesis a partir del estudio de algunos pueblos primitivos actualmente existentes (bosquimanos, lapones, pigmeos e indígenas australianos). Y ciertamente parecen pueblos tímidos, totalmente faltos de agresividad… a los que la falta de competitividad ha llevado al aislamiento en territorios extremadamente hostiles en donde nadie más ha deseado vivir. Es, precisamente por eso y no por su bondad natural, por lo que estos pueblos han configurado un estilo de vida pacífico y tímido en tanto que su hábitat natural no seducía a ningún otro pueblo y, por tanto, nadie se lo disputaba. Por que, sépanlo nuestros progres, los pueblos “pacíficos” siempre han vivido en territorios extremadamente inhóspitos. La bondad natural, entendida como la “política de bambi” (remember ZP), jamás ha existido.

El problema era que Rousseau tenía una visión limitada del mundo. Apenas había visto otra cosa que las laderas verdes y disciplinadamente cultivadas próximas a Ginebra. Para él un “hombre primitivo” era un “campesino”. Uno de los fundadores de los EEUU llegó más lejos. Jefferson, en efecto, llegó a decir que el “hombre natural”, el campesino, posee más "pureza de alma que el hombre de la ciudad" (algo en lo que, hasta cierto punto, podemos estar de acuerdo) para afirmar luego que una nación incorruptible debe basar su fortaleza en la sociedad rural antes que en la urbana. De ahí que los granjeros en los EEUU sean la quintaesencia de “América”. Si esto es así ¿de dónde diablos ha salido Bush, los telepredicadores, los gansters, Hollywood, la comida basura, los marines de Abu Ghraib o, hablando de granjeros, Leatherface, el protagonista de la “masacre de Texas” que realmente existió…?

Por lo demás, los campesinos y granjeros norteamericanos -si es eso lo que preocupa- lograron asegurar la independencia de las colonias con las armas en la mano y, aún hoy, el derecho a disponer de armas de fuego es considerado como uno de los principales derechos del pueblo norteamericano. De Rousseau lo que ha surgido, no es un mundo feliz, sino la "Sociedad Norteamericana del Rifle"...

Mundo real y mundo imaginario

Como siempre, una vez más, el sueño de la razón ha producido monstruos. Absurdo pues pensar que impidiendo que un niño juegue con una pistola, se va a hacer de él un ciudadano pacífico. Para ejercer la violencia, de hecho, no hacen falta armas: nunca como hoy existe tanta violencia en la sociedad y nunca como hoy se ha impedido tanto a los niños jugar con armas simuladas. Intento vano por que los niños juegan con pistolas aún sin tener ni siquiera una pistola de juguete ¿o es que no habéis observado a los niños extendiendo los dedos medio e índice como si se tratara del cañón de un Colt y el pulgar como si fuera el martillo percutor, “disparándose” unos a otros?

El progre da por supuesto que la infancia es tan estúpida como lo es él. Y nuevamente, no. El niño siempre ha distinguido perfectamente entre el mundo de la fantasía y el mundo real. El progre no. El hecho de que la pedagogía progre se base en el “aprender jugando” indica ya el grado de confusionismo que inserta en las mentes infantiles: a base de aprender jugando, el niño termina por no aprender ni siquiera a jugar. Hasta que apareció la pegadogía progre, el niño distinguía perfectamente lo que era el mundo de ficción creado en sus juegos al mundo de la realidad en la que vivía cuando no jugaba. ¿Quién no ha hecho una tienda de campaña con unas sábanas y unas escobas? Seguramente la mayor parte de varones, ahora bien, acabado el juego, la sábana servía como equipamiento de la cama y las escobas y mochos para mantener la limpieza en el hogar. De la misma forma que una niña que juegue a “las cocinitas”, jamás se le ocurriría degustar uno de sus “pasteles” hecho con barro, plastilina y guijarros. A un niño le regalan una pistola laser desintegradota matamarcianos… es perfectamente consciente de que le va a acompañar en sus juegos, pero que él vive en el planeta tierra y su amiguimito del alma que vive en el 4º 2ª, no es un marciano o un tenebroso klinkorn.

El mundo del juego, como el mundo de los cuentos infantiles, es considerado por los niños como imaginario. Pero el niño, como el actor que sigue el método Stanislawsky, intenta asumir al máximo la fantasía... mientras dura el juego.

La confusión no se produce con este tipo de juegos, sino con aquellos otros de naturaleza alienante. Mucho más peligroso que un niño juegue con una videoconsola que con una escopeta de aire comprimido. La capacidad adictiva y alienante de la videocónsola es superior a cualquier juego clásico, aunque el soft no sea particularmente violento. De hecho, los videojuegos, incluso los más simples y pacíficos, se diseñan para que el jugador quede, literalmente, "enganchado" a la videocónsola. A esto se le llama "capacidad adictiva" y todos los programadores de videojuegos procuran acentuarla.

Con la escopeta, el niño aprenderá a apuntar, a templar la respiración, se entrenará su capacidad de observación, le ayudará a conocer el nexo de unión entre respiración y quietud, y cuando se canse de haber horadado la diana o la pared, abandonará el juego y pasará a hacer cualquier otra cosa. Por el contrario, un niño con una videoconsola jugará interminablemente, horas y horas, un juego alienante, hecho de luces, sincopadas, sonidos y situaciones virtuales desconectadas completamente del mundo real, con una componente altamente adictivia.

La adicción deriva de la posibilidad de mejorar el fallo cometido en la jugada siguiente. El adolescente con la escopeta de aire comprimido aprenderá pronto que cada disparo es algo único, que una vez apretado el gatillo no puede volver atrás; sus fallos quedarán reflejados en la diana taladrada. Eso le llevará a algunas conclusiones, pero no al lavado de cerebro generado por la videoconsola a partir de sonidos, luces, explosiones, muertos virtuales, vidas regeneradas, etc.

De todas formas, tal como afirma el viejo principio de la medicina homeopática, la dosis es lo que hace al veneno. Ingerir dos docenas de algo tan alimenticio como el plátano pueden causar trastornos graves en el estómago. Análogamente, tres días seguidos de videoconsola generan daños en el cerebro y en la visión del mundo que se hace el adolescente. Ahora bien, en sí mismo, incluso en las videoconsolas, el usuario normal, distingue entre mundo real y mundo virtual.

Está claro que si entre los adultos existe un 2% de psicópatas, existen unos mínimos de violencia social asumibles. Esto explica el por qué en las sociedades “normales” existe un remanente, desagradable pero aceptable de violencia juvenil generada por tribus urbanas. El problema es cuando –como en este momento- estos mínimos de “disparan” asindóticamente (aparición de bandas de “latin-kings” en las grande ciudades españolas, delincuencia infantil de origen magrebí, etc.), pero no es, desde luego por que los niños jueguen con armas, sino por la aparición de patología sociales muy concretas.

El rifle del 22 para mi hijo mayor

Es más, regalar un arma a un joven es una forma de iniciarlo en el mundo de los adultos y darle una lección de alto valor ético y moral: recordarle quien es, cuál es su obligación para con su comunidad. Es un hombre. Debe defender a su comunidad cuando ésta precise ser defendida. No es un moco vil y cobarde que huye cuando le atacan y que espera que venga el primo de Zumosol para hacer lo que él no es capaz de hacer. La vida es dura, contra antes se enseñe a los más jóvenes mejor.

Existe un maravilloso libro del antropólogo Kenneth Oakley, “El hombre, constructor de instrumentos”, que muy bien podría haberse llamado “El hombre constructor de armas”. La tesis de Oakley es que la construcción de “instrumentos” es lo que ha facilitado la selección natural y ha podido asegurar la evolución del austrolopiteco al homo sapiens. Pero el primer instrumento no fue otra cosa que un húmero de antílope y el primer cuchillo de sierra, hace un millón de años, media mandíbula de gacela. Gracias a las armas, los australopitecus lograron vencer a otras especies de primates competidoras y afirmarse hace un millón de años como antecesor del homo sapiens. Eran "seres naturales" y, precisamente por eso, contrariamente a lo que suponía Rousseau, estaban habituados a utilizar y fabricar armas.

En otras palabras: son las armas las que han facilitado la selección natural y han hecho que llegáramos a donde estamos, situados en la cúspide de la evolución. Desde el húmero de antílope en una mano y la media mandíbula inferior de gacela en otra, hasta lo tasers y las modernas tecnologías, la historia de nuestra especie y de nuestras antepasados ha sido un perfeccionamiento de armas que nos han permitido afirmar los dos intentos básicos presentes en toda especie biológica: el instinto territorial y el instinto de jerarquía.

Es fácil utilizar a Freud como arma arrojadiza. Una pistola para el viejo psiquiatra era un símbolo fálico y no incluye a las armas en ningún momento en su libro “El malestar en la civilización”. Freud creía –como buena parte de los científicos en su época y a partir de Darwin- que la selección natural genera la búsqueda de hembra y, por tanto, situaba a la sexualidad en el centro de su sistema. Ahora sabemos, gracias a la etología, que el instinto territorial y el instinto jerárquico preceden en importancia al instinto sexual, es más, gracias al primero se conciben las nociones de “amigo-enemigo” o “amor-odio” que permiten, a la postre, elegir pareja. Hoy se sabe sin sombra de duda que el control del territorio y el establecimiento de una cadena jerárquica, proporciona en las especies animales, automáticamente, compañía sexual y no al revés. Los machos pelean por el territorio y por su posición jerárquica, antes que por la hembra. De hecho, es la hembra la que decide, finalmente, a que macho se entrega.

Para luchar y defender a la propia comunidad (la familia, la tribu, la ciudad, la nación) frente a agresiones exteriores es preciso estar preparado, mental y físicamente. Y dotado de armas. Difícilmente puede estar preparado para defender algo aquel que desconoce lo que es el instrumento de toda defensa: el arma. Y mucho menos preparado puede estar alguien que niega incluso la posibilidad de que la comunidad corra riesgos y se vea sometida a amenazas constantes. El progre, evidentemente, con su afirmación rousoniana de bondad universal, y el buenismo implícito en su estupidez mental, sostiene eso precisamente. Sería bueno que, si ese es su ideal, se fuera a compartir su vida y sus tonterías con los pigmeos del Kalahari que, sin duda, piensan como él.

La pistola desintegradora matamarcianos para mi hijo pequeño

Una educación sana no ahoga los instintos que viajan con los genes, todo lo contrario, los potencia o, simplemente, los satisface. La peor de todas las educaciones posibles es aquella que tiende a confundir los deseos quiméricos con posibilidades reales e intenta torcer y quebrar el desarrollo de los instintos naturales. Haciendo que un niño juegue con muñecas, lo que se logra no es inhibir su agresividad y transmitirle valores de tolerancia e igualdad sexual, lo que se fabrica es un perfecto neurótico que arrastrará las consecuencias de su falta de adaptación a su naturaleza genética de varón desde su infancia hasta su senectud.

No es que yo le regale a mi hijo una pistola desintegradora matamarcianos para hacer de él un ser intolerante y cruel, es que en su naturaleza infantil y en sus circuitos genéticos está implícita la obligación de defender a la comunidad mediante el uso de los mismos instrumentos cuya utiliza ya entendió el australopiteco pero no el progre beatífico y rousoniano. No soy yo el que le tengo que elegir el juguete… es él el que quiere ese juguete y no la muñeca o la cocinita o el estuche de peluquería. No es que la elección de una pistola sea un elemento imitativo de su padre –de hecho, lo habitual es que los niños no vean a sus mayores con armas- ni mucho menos que la falacia freudiana del complejo de castración emerja del subconsciente y le imponga esa elección. Es que, al nacer varón, dotado de determinadas glándulas productoras de hormonas masculinas, la naturaleza ya hace la elección.

Está claro que de tanto en tanto aparecen “anormalidades”, a título de excepciones. No es ayer, en el pasado "primitivo" y "salvaje" en donde proliferaban tales anormalidades, sino en la modernidad. El caso de los dos adolescentes en torno a los que giró el documental de Michael Moore, “Bowning for Colombine”, pertenecen a este tipo de casos, como muchos otros casos de brutalidad juvenil (no olvidar que el psicópata está determinado genéticamente y que el asesino en seria, habitualmente psicópata, suele tener un cromosoma de más, el XYY). Como también es cierto que el complejo de castración existe… en gente interiormente desestructurada y con profundos problemas psicológicos, pero no para el ciudadano medio que no siente una especial atracción sexual por un arma. De hecho, el instinto señala perfectamente con quién tenemos que satisfacer el instinto sexual y reproductivo y con qué órgano podemos hacerlo. El primer orgasmo nos confirma en que la importancia del falo. El freudismo lo que hace es tomar la parte por el todo y extender de manera abusiva, “casos perfectos” protagonizados por perfectos tarados, a la totalidad de la sociedad.

Yo prefiero que mi hijo juegue con una pistola desintegradora matamarcianos para que esté preparado para el día, no en el que vengan los marcianos, sino en que le toque defender a su comunidad, para que no juegue con muñequitas como seguramente hacía ZP de pequeñín y luego adopte la política de la “renuncia preventiva”, para que cumpla la misma función, implícita en su estructura genética, que ha permitido la evolución de la humanidad a partir de los vertebrados.

Dice Robert Ardrey en “Génesis en África»: la evolución de cualquier especie social, incluyendo la humana, la selección natural castiga con igual rigor el fracaso en la paz como el fracaso en la guerra. El instinto territorial, de origen tan antiguo que no podemos señalar sus inicios, exige a todos los animales sociales, con igual intensidad, la capacidad de cooperación tanto como la de lucha”. Y unos años antes, el el doctor Carpenter escribió en su informe a la Academia de ciencias de Nueva Cork: “Aquellas actividades que se aceptan como éticas –tales como el altruismo, afectos fuertemente emotivos y cooperación- se atribuyen a los procesos intelectuales más elevados del hombre o bien a orígenes superhumanos. El enfoque natturalista relativo al estudio del comportamiento humano, competitivo y cooperativo, egoísta y altruista, admite raíces a nivel prehumano… Las acciones defensivas pueden implicar la estrecha coordinación de todos los miembros del grupo en un ataque concertado. En estos ataques hay individuos que hallan la muerte, pero esto es incidental ante el hecho de que el grupo sobrevive y se perpetúe la especie”. Lo esencial en cualquier especie es su pervivencia. Lo inevitable, la muerte de algunos de sus miembros. Lo imprescindible, lo imprescindible, no negar ni destruir el fondo territorial y jerárquico de la naturaleza humana.

Hoy, el problema no ha variado, solamente se ha introducido un elemento nuevo: el progresismo desarrollado a partir de Rousseau ha intentado modificar la naturaleza humana, torcerla y retorcerla. Cuando la realidad no ha encajado con su esquema intelectual artificioso y abstracto, ha intentado encajar la realidad a martillazos. El resultado ha sido que allí en donde el progresismo ha triunfado (de hecho, solo en “Occidente”), se ha atenuado el instinto natural de la especie humana. Precisamente por eso, mi hijo pequeño, que todavía tiene el instinto vivo, pide para Reyes una pistola desintegradora laser matamarcianos. Y la tendrá.

Y la muñeca chochona para mi hija...

Una hembra con un pico y una pala, o el casco de minero, indica que ha alcanzado la igualdad con el varón. Ahora sólo le falta todo lo demás. Y en cuanto a la sociedad, ha demostrado haber vencido cualquier reserva sexista. Ahora solo le falta quien le asegure su subsistencia. ZP está orgulloso de su gran logro en la materia, el 50% de ministras, ahora solo le queda evitar que en 2050 la sociedad española sea la que tenga más ancianos de toda la humanidad… Hay más ancianos por que faltan nuevos nacimientos. Claro está que ZP tiene solo una parte de culpa (en el fondo no es más que un progre, solo un progre y no da más de sí) como también el estilo de vida de la sociedad española que a partir de 1975 pasó a aceptar acríticamente cualquier sugerencia progre. La primera de todas, la integración de la mujer en el mercado de trabajo. Esto, acompañado de cierto hedonismo y de un culto al cuerpo que, inevitablemente, queda alterado después de la maternidad que, por lo demás, ocasiona problemas, prejuicios y esfuerzos suplementarios a ambos cónyuges, todo esto, decimos, ha generado el hundimiento de las tasas de natalidad y el que hoy más del 40% de los nacimientos sobre territorio español sean de parejas de origen extranjero.

La maternidad es otro instinto, un instinto fundamentalmente femenino, en la medida en que solo la mujer y nada más que la mujer puede procrear. La economía de esfuerzos y la división de funciones hacía que el hombre protegiera a su comunidad y la mujer cuidara de su prole. Ambos, cada uno en su especialidad, lo que hacían era perpetuar la especie (y el linaje). Pues bien, el instinto de la maternidad se ha perdido, algo de lo que están muy orgullosos los progres. Ahora se trata de dar el paso siguiente: abolir la división sexual. ZP va en camino: la equiparación de la pareja homosexual al matrimonio heterosexual es, sin duda, una de las excentricidades mayores que vamos a ver en los años de segunda “pasada por la izquierda”, al igual que facilitar el divorcio y el aborto, en lugar de crear las condiciones económico-sociales para atenuar los divorcios y recuperar la natalidad. Pero los objetivos de los progres, ya lo hemos dicho, son tan estúpidos como ellos.

Cuando una niña se siente a gusto con una muñeca y a su hermano lo único que se le ocurre es destripar a esa misma muñeca… eso es que las cosas van por buen camino, nacen niños y niñas conscientes de cuál va a ser su papel en la sociedad. Ahora bien, cuando el niño juego con muñecas y la niña no se aparta del último videojuego ultraviolento, entonces lo que se está preparando es el advenimiento de una sociedad neurótica que reprima la agresividad de unos y atenúe el instinto de reproducción de otras. Ya hemos llegado a ese tipo de sociedad: un cuerpo que ha rebajado sus sistema inmunológico, esto es, sus defensas. Por eso decimos que la sociedad moderna está aquejada de una serie de patologías que comprometen su existencia futura

Por que, en definitiva, no son los padres los que eligen los juguetes a sus hijos; ni siquiera los que eligen según sus gustos y la publicidad. Son sus genes. Es su instinto lo que hace que los niños busquen las armas por que su naturaleza más profunda, heredada de los cazadores-recolectores del neolítico y, si nos retrotraemos mucho más atrás en la prehistoria, por que los australopitecos ya experimentaban esa necesidad y las armas aseguraron su supervivencia, y por que las niñas llevan en su carga genética la potestad de dar la vida y el deber de cuidar de la prole. Esos son los "modelos naturales" y no el campesino bucólico de la antropología romántica generada a partir de Rousseau y de la que mamaron los tres grandes popes del siglo XX: Darwin, Marx y Freud.

Por mucho que las idioteces progresistas lo intenten, castrando a los niños y masculinizando a las niñas, creando un “tercer sexo” ambiguo que solo satisface a los ambiguos, por mucho que se cierren las puertas a los determinismos naturales, los determinismos naturales entran por la ventana.

Personalmente prefiero conocer y reconocer lo que tenemos en nuestro interior. Por eso regalo a mis hijos un rifle del 22, una pistola desintegradora laser matamarcianos y una muñeca chochona. Quiero hacer de ellos hombres y mujeres libres en condiciones de asegurar la supervivencia del linaje y de la especie, no seres neuróticos y frágiles, con el cerebro confuso por jugar con la Barbie desdiciendo su naturaleza de hombres y por jugar con todo aquello que niega su feminidad convirtiéndolas en hombres desprovistos de falo. Neuróticos todos y con todos los problemas de identificación posibles. Eso es para los progres, no para los Hombres.

© Ernesto Milá infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Antropología de la Vieja España (X): Traje de novia y velo

Antropología de la Vieja España (X): Traje de novia y velo Redacción.- Llegamos a la décima entrega de esta serie que dedicamos a dos elementos ineludibles en toda oda: el traje de novia y el velo. En estos breves apuntes resaltamos algunas de las tradiciones antiguas que se siguieron hasta hace poco en nuestro país, así como el origen histórico y el simbolismo de ambos elementos. [En la foto boda tradicional en Madridejos en 1945... sensiblemente diferente en su desarrollo a la que celebró MAV veinticinco años después]

EL TRAJE DE NOVIA

Nada que ver una boda del ayer con una de nuestros días. En la antigüedad los matrimonios se contraían vistiendo los novios el traje regional correspondiente, nuevo, eso sí. No era específicamente blanco y, posteriormente, los novios volverían a utilizarlo en eventos especiales: otras bodas, el bautizo de los hijos, las celebraciones colectivas, etc.
Se cuenta sin gran convicción que la primera mujer que mandó confeccionarse un traje blanco especialmente para su boda fue Anna de Britania, casada en 1499 con el rey de Francia, Luis XII El Piadoso. Hasta entonces se aplicaba lo ya dicho sobre el mejor vestido, sólo que en Inglaterra, por tradición, era de color amarillo o rojo. Otras versiones atribuyen a la Reina Victoria de Inglaterra la imposición del color blanco para las novias de la época. Las fotos que nos han quedado de la dama indican que no era precisamente la alegría de la huerta y que la elección se debió a su interés por promover para la sociedad de su tiempo los valores de castidad, pureza, inocencia y, si se nos permite, incluso, asepsia, en tanto que el blanco es la ausencia de todo color. Claro está que en estos tiempos de mestizaje cultural y migraciones aceleradas y masivas hay que tener presente que en otros horizontes culturales el simbolismo de los colores es diferente. Para el islamismo el color de la pureza es el negro y en Japón el color predominante es el rojo.

En tiempos de nuestros bisabuelos, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, las novias de los pueblos de la Península requerían un atuendo extremadamente rico en prendas interiores y exteriores. Fundamental era el justillo de tela que hoy ha sido ventajosamente sustituido por el sujetador. Más abajo, tocando también la piel, un corsé apretado mediante un complejo entramado de cintas que presionaban la cintura hasta convertirla en más aceptable para las entradas en carnes y propia de avispa para las flacuchas. Junto con el corsé ceñía la cintura el jubón. Hoy ambas prendas han sido sustituidas por la faja. No se crea que la falda era suficiente para ocultar las piernas; unos pantalones de tela cubrían en la áspera meseta de Castilla, desde la cintura hasta las rodillas, concluyendo en una trabajada puntilla y atada con cintas de colores. La prosaica y estilizada braga de nuestros días es el sustituto de esta prenda. La cosa no concluía aquí, por que encima de esta prenda se colocaban las enaguas. Elaboradas en tela tenían el tamaño de una falda y terminaban con una puntilla. Dado que las bodas tenían lugar cuando los novios eran extremadamente jóvenes, en ocasiones se hacía necesario disimular la delgadez de la novia y el procedimiento más utilizado era colocar una segunda enagua que inspiraba más confianza en su capacidad procreadora. Hasta aquí todavía no hemos salido al exterior. Este era, como mínimo, tan complejo como la ropa exterior. La falda solía ser negra y de tejido damascado. Sobre ella el delantal, de raso y con bordados cubría la parte delantera de la falda. Se veía una porción de pantorrilla, eso sí, convenientemente cubierta con media de algodón. Los hombros cubiertos con una toquilla, cuyos picos se cruzaban por delante. Sobre la toquilla, que en Castilla solía ser de piel de cabra, un manto de blonda, habitualmente negro en raso, se colocaba encima y cubría la espalda, la cabeza y los hombros y llegaba hasta la cintura enlazando con el delantal. La cabeza solía estar cubierta con un velo negro. Y sobre los hombros, mayor que el manto, el mantón de Manila, verdadera joya del ajuar, rematado en flecos y cerrado por la parte delantera. Bota baja abotonada, guantes en algunos casos y abanico siempre, remataban el complejo vestido.

¿Y el novio? En conjunto, su traje era algo más simple, pero no mucho más. En el interior camiseta de felpa en invierno y calzoncillos largos hasta los tobillos, que con el clima castellano no se jugaba. En el exterior camisa de popelín blanca y corbata negra. Traje negro compuesto por chaleco y chaqueta, ésta de astracán o pana, abotonada y que cubría hasta los riñones. Los pantalones estrechos y marcando lo que hubiera a marcar por delante y por detrás, en plan torero. Se les llamaba “pantalones de tubo”. Botas, sombrero y capa en negro.

Así subían al altar los novios. El traje tenía las lógicas variaciones según fuera en campo o en ciudad, se aligeraba en los veranos y tenía leves variaciones de una región a otra. Hoy todo esto ha variado extraordinariamente, pero subyace ayer y hoy la idea de que el momento de contraer matrimonio es particularmente importante, supone un tránsito de una situación de independencia y ausencia de responsabilidades familiares a otra de vida en común. La solemnidad del momento se realzaba mediante un traje nuevo, específico y complejo. Con todo el traje de ayer era más similar al utilizado habitualmente que el actual impuesto a finales del siglo XIX. En la actualidad el 80% de los trajes de novia son de color blanco natural y el resto se distribuyen según la moda y la capacidad de convicción del vendedor entre marfil, champán o blanco refulgente. Se rescató en las bodas de postín la costumbre medieval de mostrar la capacidad adquisitiva y la nobleza de la novia añadiendo unos cuantos metros de cola. Cuanto más larga era la cola de la novia se indicaba que más cercano era su parentesco con el monarca de turno. En cuanto a los guantes, en otro tiempo –siglos XVIII y XIX- eran también símbolo de gracia y porte, los solían utilizar las novias procedentes de familias con recursos y la costumbre se convirtió en rigurosa hasta que apenas hace veinte años perdió intensidad y se dejó de considerarlos imprescindibles.
Estas someras indicaciones deben necesariamente completarse con una serie de indicaciones supersticiosas llegadas hasta nosotros desde la noche de los tiempos y que aún hoy gozan de buena salud. Es importante, según las supersticiones populares que el novio jamás vea como se viste la novia, ni siquiera que vea el traje antes de entrar en la Iglesia (o en el Juzgado). Segunda superstición, a observar: la novia y los que acompañan al novio deben preocuparse de que éste lleve la corbata perfectamente centrada, por que si la lleva virada hacia la derecha la infidelidad presidirá las relaciones matrimoniales. Más madera: Se considera factor propiciatorio de mala suerte el que la novia confeccione su propio vestido o que lleve un vestido usado o prestado. La novia no debe usar completo su traje antes del día de la boda. Algunas dejan una terminación final en el vestido deshecha hasta último momento.

Más que supersticiones puede considerarse una costumbre la recomendación, por así decirlo, de que la novia lleve en el momento de subir al altar “algo viejo, algo nuevo, algo usado (o prestado) y algo azul”, reputada de constituir la tetralogía de la felicidad. La costumbre tiene una respetable antigüedad cuyo origen no es posible precisar, pero que entronca con el lenguaje simbólico propio de las sociedades tradicionales. Lo viejo simboliza la conexión de la novia con su pasado, la fidelidad a su linaje familiar y a las tradiciones ancestrales, muestra el sentido de continuidad en la vida; simboliza también el estado que se deja atrás y suele ser una joya familiar. Los lazos familiares, los amigos y las costumbres siguen siendo las mismas, tan sólo se adaptan.. Lo nuevo simboliza sus esperanzas de comenzar una nueva vida feliz, el nacimiento a una nueva vida que supone el tránsito de la soltería al matrimonio, representa un cambio y la renovación del espíritu, suele ser el vestido, la ropa interior. Lo prestado simboliza la amistad, quiere indicar que la felicidad se puede atraer usando algo de alguien que sea feliz; suele ser también una joya o un pañuelo... En cuanto a lo azul simboliza la fidelidad; en Inglaterra se dice que "aquellos que se visten de azul tienen amores verdaderos"; se dice que la costumbre es de origen judío, las novias de esa etnia usan un arco azul en su cabello, que representa fidelidad; desde que en la Guerra de Secesión americana, las mujeres confederadas utilizaban una liga de blonda azul como símbolo de virginidad, esta prenda pasó a ser la utilizada en nuestros ritos matrimoniales, pero ya se utilizaba en antiguas ceremonias. Ricardo del Arco en su libro “Costumbres y trajes de los Pirineos” explica que antiguamente en la ceremonia de petición del Empordà se colocaba en la pierna de la novia una liga como símbolo de fidelidad o como promesa de tal.

En Ansó, la novia, contrariamente a la mayoría de pueblos, va a pie hasta el altar. Hay que decir que va vestida igual que el resto de zagalas. Así los malos espíritus no la reconocen y a esto se une un crucifijo, dos relicarios y dos medallas de la Virgen del Pilar. El traje utilizado por la novia en esa ocasión, era conservado y utilizado durante años, finalmente, antes de arrojarlo a la basura se le realizaban los últimos remiendos. En otros pueblos, como en Ripoll, la novia iba vestida como las mozas de su edad, y el traje se transportaba junto con el ajuar y los regalos en la comitiva; en la rectoría de la Iglesia se cambiaba.

EL VELO

No siempre se ha utilizado el velo, pero tampoco existe una linealidad en su utilización. Ha aparecido y desaparecido en determinados momentos de la historia sin que tales avatares tuvieran lógica. En las ceremonias matrimoniales de los parsis el velo ya tenía un papel central y se le consideraba la forma de aislar a los novios de las malas influencias mágicas. Los sacerdotes del culto solar parsi recitaban el himno de bodas constituyendo un círculo en cuyo centro se situaban los novios. Evidentemente se trataba de un círculo mágico de protección. Los sacerdotes los cubrían completamente con un manto de cachemira y así pasaban el largo período de recitación de los exorcismos. Cuando terminaba la oración, los novios, ellos mismos, se despojaban del chal y podían ser considerados marido y mujer. Este tema se encuentra en muchas tradiciones de los pueblos indo-europeos. Inicialmente se convino, que el velo se impuso para ocultar a la novia de los malos espíritus como una medida más para alejar a éstos de la ceremonia. Así se concebía en las ceremonias romanas y así estaba presente en las uniones de aquel tiempo. Al velo le pasó como al Imperio, desapareció. En el año 800, el velo volvió a irrumpir en Inglaterra pero ya con un sentido de sumisión, modestia y humildad de la novia.

La actual utilización del velo en las ceremonias de boda procede de una española, Eugenia de Montijo, cuando esposó al Emperador Napoleón III. Lució velo acompañado por un tocado con tiara de brillantes. Al otro lado del Canal de la Mancha, la princesa Augusta, recogió el gesto y lo popularizó.

El velo no siempre es blanco –símbolo de pureza-, ocasionalmente se ha utilizado el azul cielo como símbolo de la Virgen María. Algunas costumbres que han llegado hasta nosotros proceden de insospechados horizontes geográficos. En Oriente Medio, el velo ocultaba el rostro de la novia que el novio jamás debía haber visto antes, imagínense; solamente después de la ceremonia se permitía que la novia mostrara su rostro. Este mismo acto es el que tiene lugar tras la bendición del sacerdote cuando éste indica que los novios pueden besarse; ella, entonces, levanta su velo y une sus labios a los del novio devenido por la bendición sacerdotal, esposo hasta que la muerte o el divorcio los separe. En el ámbito de la cultura islámica el velo –negro, necesariamente- es símbolo de respeto a Mahoma. Casas menciona un trabajo de Laurière el cual “creía que el velo simbolizaba el dosel del lecho nupcial y al ponerle el cura sobre los esposos, formulaba votos de fecundidad”.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es