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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

RHF-51, Primavera 2017

RHF-51, Primavera 2017

REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO, Nº 51 – PRIMAVERA 2017

DOSSIER ERNST JÜNGER

En los años 20-30, el NSDAP alemán superó ampliamente a los grupos y proyectos de la llamada “revolución conservadora” que, a partir de 1933, o bien gravitó en los círculos concéntricos al partido hitleriano, o bien jugó un papel relativamente opositor. Ernest Jünger, tras unos pocos años en los que intentó dedicarse a la acción política en los medios nacional-revolucionarios, optó, finalmente, por concentrarse en su carrera como intelectual y novelista. Era, desde luego, lo mejor que podía hacer a tenor de sus cualidades para la narrativa descriptiva y la poesía y a la vista de que, como buen intelectual, era un mal agitador político.

Dentro de poco se cumplirán las dos décadas del fallecimiento de Ernst Jünger, autor pródigo en giros y rectificaciones en sus propuestas literarias. Hemos intentado reunir en un dossier su biografía doctrinal deducida de sus novelas más notables y acompañada por una extensa entrevista que, históricamente, fue la última que concedió a un medio de comunicación en lengua castellana.

REVOLUCIÓN CONSERVADORA

> Ernst Jünger: Elementos para una biografía política

Frederic Kister

Ernst Jünger es, sin duda, uno de los mejores escritores del siglo XX. Poeta, novelista, ensayista, fue también doctrinario de la tendencia “nacionalista revolucionaria”, una de las ramas de lo que Armin Mohler bautizó como “revolución conservadora”. Con frecuencia se ha asociado el nombre de Jünger al nacional-socialismo y, si bien es cierto, que el autor no tomó partido, también es cierto que mantuvo buena amistad con Joseph Goebbels y que el propio Hitler dio la orden a la Gestapo de que no se le molestara. Pero, aun reconociendo que la política no fue el territorio en el que mejor se movió nuestro autor, es rigurosamente cierto que sus posiciones “conservadoras-revolucionarias” y sus especulaciones, incluso en ls últimos años de su vida si están más próximas a alguna variedad doctrinal es a la de los fascismos. De ahí la descripción de su portentosa aventura intelectual en las páginas de la RHF.

Págs. 006-043

> PEQUEÑA ANTOLOGÍA DE FRASES DE JÜNGER

Págs. 044-045

> LA ÚLTIMA ENTREVISTA CON ERNST JÜNGER

Págs. 046-057

 

FASCISMOS DEL ESTE

> UCRANIA Y SU FASCISMO (2 de 4)

La Organización de los Nacionalistas Ucranianos desde los orígenes a la Guerra Fría

Michele Rallo

Esta segunda entrega de la traducción de la obra de L’Ukraina e il suo fascismo (Michele Rallo, Edizioni Sttimo Sigillo, Roma, 2016), abarca un período entre el nacimiento la Organización de los Nacionalistas Ucranianos y el desencadenamiento de la Operación Barbarroja, es decir, entre 1926 y 1941.  El asesinato de Symon Petljura, las “campañas de pacificación” polacas en Galitzia, el desencadenamiento del genocidio por hambre entre 1929 y 1933, el asesinato de Konovalets, el fracaso de los sucesivos sueños indepenentistas ucranianos, la escisión de los partidarios de Stepan Bandera y la formación de la Organización de los Nacionalistas Revolucionarios Ucranianos y, finamente, el inicio de la invasión alemana a la URSS son los elementos más importantes de este período.

Págs. 058-092

 

FASCISMO ESPAÑOL

> Los intelectuales en la Falange histórica (1 de 3)

Ernesto Milá

Iniciamos un ensayo, dividido en tres partes, sobre la historia de los intelectuales que militaron en la Falange histórica antes del 18 de julio de 1936. Estamos obligados, por tanto, a esbozar la génesis de este grupo significativo de afiliados al partido, los que Goebbels llamaba “los literati”. La diferencia entre la experiencia alemana y la española radicó en que, mientras que en Alemania se orientaban en las filas de la “revolución conservadora”, en España lo hicieron en Falange Española, pero no tanto en el partido como en el entorno joseantoniano. Como veremos, el estudio sobre esta parte de la historia del nacional-sindicalismo nos llevará a sorprendentes conclusiones. Esta primera parte, va dedicado especialmente a los primeros pasos de Giménez Caballero y Luys Santa Marina y a establecer la influencia real de la llamada Escuela Romana del Pirineo formada por Ramón de Basterra.

Págs. 094-141

 

ESPAÑA

> El primer franquismo ¿fascismo o dictadura reaccionaria?

Debate historiográfico sobre el "primer franquismo"

Álvaro González Díaz

La pregunta de qué fue el franquismo no tiene respuesta unánime por parte de los historiadores. Parece evidente que el primer franquismo fue muy diferente del tardofranquismo, pero ni siquiera si nos situamos en aquel período inicial del régimen, existe una visión unitaria por parte de los historiadores: unos lo consideran una simple dictadura reaccionaria, otros un régimen fascista de pleno derecho, y los hay que lo ven como un simple ejercicio autoritario similar a los que se daban en otros muchos países europeos en los años 30, con la única diferencia de que, al eludir participar en la Segunda Guerra Mundial, evitó que el resultado de ésta le afectase directamente. Nuestro colaborador Álvaro González Díaz inventaría todas estas posiciones.

Págs. 142-168

 

FASCISMOS AMERICANOS

> La matanza del Seguro Obrero

El Movimiento Nacional Socialista en Chile (5ª parte)

M. Moller

El 5 de septiembre de 1938, fue un día fatal para el Nacismo chileno. El espíritu idealista, la poca previsión y una alta dosis de irresponsabilidad; embarcaron a 59 jóvenes en una cita con la muerte. La responsabilidad de este trágico suceso, recae en varias personas; en primer lugar, sobre los responsables directos de las muertes; y en segundo, sobre los organizadores de la acción. Los jóvenes masacrados sólo obedecían órdenes, sin pensar en el trágico final que les esperaba en las escaleras del edificio del Seguro Obrero. Veamos entonces, que sucedió aquel día de septiembre. Un día que, a fin de cuentas, señalará el principio del fin del Movimiento Nacional Socialista chileno.

Págs. 170-213

 

MInves - CATÁLOGO 2017

Págs. 214-222

 

CARACTERISTICAS

Título: Revista de Historia del Fascismo nº 51

Primavera 2017

Lema: "Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos; así fue una parte del siglo XX"

Tamaño: 15x21 cm

Páginas 222

Portada: en cuatricomía, peliculado brillante y con solapas

Abundantemente ilustrada

Precio: 18,00 euros (+4 de gastos de envío)

Suscripción España: 6 números 100 euros - 12 números 200 euros

Precios especiales a librerias y grupos o por cantidad y colecciones

 

 

 

 

 

Ante el último atentado yihadista

Ante el último atentado yihadista

¿Terminaremos por considerar el terrorismo yihadista en su verdadera y única dimensión? ¿Será capaz Europa de iniciar un debate sobre lo que supone convivir con una superstición que recompensa con el “paraíso” a quien muere en la yihad y al que considera que “yihad” es asesinar a inocentes? Estas reflexiones nos dan algunas claves del problema:

1) ¿Por qué se ha producido? Porque los creyentes en el Islam sufren la peor de todas las estafas a la esperanza: la propuesta de que “morir en la yihad” da acceso a un paraíso sensualista. Obviamente, un príncipe saudí no se inmolará en la yihad: tiene todo lo que Alá le pueda dar, no necesita morirse para llegar al “paraíso”. En cambio, un musulmán que malvive tirado en Palestina, en Kandahar o en los arrabales de cualquier ciudad europea, la única forma que tiene de acceder a los “siete castillos de jade, cada uno con siete harenes y cada harén con 77 huríes, manteniéndose eternamente en los 33 años y en estado de erección permanente” (tal como garantizan los ulemas del islam), es morir en la yihad. Luego, claro está, nadie vuelve presentando una protesta al sponsor por publicidad de un producto que crea expectativas imposibles de satisfacer…

2) ¿Por qué no dejarán de producirse atentados yihadistas en Europa? Porque el 80% de musulmanes que viven en Europa viven de los presupuestos públicos (es decir, subvencionados), que con suficientes como para garantizar la supervivencia sin grandes esfuerzos, como para tener los servicios básicos cubiertos, pero no cubren las expectativas de lujo que muestran los escaparates europeos. Esto genera en los islamistas un estado de frustración que les hace tomar la “directa”, evitar lo problemático del pequeño menudeo de droga y de la delincuencia de baja cota, pequeñas estancias en cárcel (que registran habitualmente los yihadistas eurpeos), y “tenerlo todo” muriendo en la yihad. A fin de cuentas, esa eventualidad supone solamente pasar miedo cinco minutos y renacer como privilegiado en el paraíso de Alá.

3) ¿Qué puede hacerse ante los yihadistas? Ser claros: decirles claramente, que el hecho de que un texto sagrado prometa algo, no quiere decir que sea una realidad tangible. Habitualmente, las religiones –especialmente la islámica– son un conjunto de normas para regular una sociedad mediante una sanción indiscutible (divina). Pero no implica que lo prometido sea algo real; dicho de otra manera: el “paraíso de Alá” es un mito tranquilizador para los fieles que creen en el islam, les ofrece una garantía de que sus sueños serán satisfechos en el más allá… dado que nadie vuelve para contarlo, la promesa se mantiene de generación en generación. Y, una de dos: o se satisfacen todos los sueños de todos los musulmanes y se crea un sistema de subsidios y subvenciones que haga de todos ellos, verdaderos “príncipes saudíes”, o bien se les es claro y terminante: el “paraíso de Alá” es una superchería. Una estafa a la esperanza. Algo que ni existe, ni puede existir.

4) ¿Qué es y que no es la yihad? Algunos tratadistas islámicos del siglo XIX han considerado que la “guerra santa” es una guerra contra el “enemigo interior” que cada ser humano tiene dentro de sí: todo lo que en la naturaleza humana es bajo, egoísta, apegado a la materia, eso es el “enemigo interior” y para ello el Corán habla de la “gran guerra santa”. La otra, la “pequeña guerra santa” es la que el fiel islamista mantiene contra el “enemigo exterior”, el “infiel” o el “idólatra”… Podemos discutir sobre este planteamiento filosófico-teológico, pero no podemos olvidar que los que hoy asesinan y mueren en los atentados del terrorismo yihadista, no son ni teólogos, ni filósofos, sino simples delincuentes que están hartos de pasar por cárceles y de no poder acceder a los escaparates de consumo, mediante su trabajo. Pensar que la “guerra santa” es asesinar gente que asiste a una discoteca, que pasea por la calle, que se encuentra esperando el avión en un aeropuerto o, simplemente, que viaja en un autobús en Palestina, es miserable, ignorante y zafio: a eso, aquí y ahora, se le llama “terrorismo” y tiene tanto que ver con la religión como un huevo con una castaña.

5) ¿Qué hacemos con el islam? El islam no es una religión europea. Es el producto de una sociedad primitiva y atrasada a la que el gran legislador que fue Mahoma, intentó dar forma mediante un nuevo mito religioso. El islam es hoy la única religión que admite y tolera la violencia como forma para expandirse fuera de su marco natural (Oriente Medo). Por tanto, las regulaciones religiosas de las legislaciones occidentales, no valen para el Islam en tanto que no es una religión como otras. Predicar la “guerra santa” como “pilar del islam”, sin especificar la diferencia entre “pequeña” y “gran guerra santa”, es instigar al asesinato y al terrorismo. Y Europa debe prevenirse ante supersticiones que pueden degenerar en criminalidad terrorista y “atajo” para lograr llegar a un paraíso sensualista. Todo lo que no sea enunciar ese “paraíso” como estafa a la esperanza pura y simple e impedir su difusión entre individuos de mentalidad primitiva y simple, supone dejar la posibilidad de que el fenómeno vaya extendiéndose cada vez a mayor velocidad. Se imponen, por tanto, restricciones a la predicación de “cierto islam” en Europa, que debe tener como complemento una declaración jurada, so pena de expulsión  cualquier país de confesión islámica, en la que los fieles islámicos residentes en Europa reconozcan explícitamente que la promesa de un “paraíso sensual” prometido a los que mueren en la guerra santa es una imagen literaria.

 

 

EL RAKNAROK HA COMENZADO

EL RAKNAROK HA COMENZADO

Donald Trump es multimillonario y presidente de los EEUU… lo que no quiere decir que sea “todopoderoso”. Sus primeros cien días en la Casa Blanca salieron a campaña mediática en contra diariamente. Los “todopoderosos” fueron, realmente, quienes articularon tales campañas que solamente bajaron de intensidad cuando Trump ordenó el bombardeo de las posiciones del Ejército Sirio: era el gesto exigido por el complejo petrolero–militar–industrial y por la oligarquía financiera para rebajar su nivel de oposición al gobierno legalmente elegido en los EEUU. Una especie de gesto de sumisión y respeto ¿Alguien pensaba que con Trump, al día siguiente, las cosas cambiarían radicalmente? Han cambiado, sí, pero sólo en la medida de lo posible, no hasta donde muchos hubiéramos deseado.

También hay varios fenómenos en el mundo “euroescéptico” a tener en cuenta:

– La decepción por los resultados de las elecciones presidenciales austríacas en las que el candidato del FPÖ no pudo vencer al ecologista.

– En Holanda, el Partido por las Libertades de Gert Wilders mejoró posiciones pero no lo suficiente como alcanzar la mayoría.

– Por su parte, en Francia, solamente el paso de Marine Le Pen y de Jean–Luc Melenchon (el equivalente a Podemos) a la segunda vuelta electoral, hubiera podido dar la victoria a la primera, y evitar la sucesiva dimisión de Marion Le Pen y las críticas internas de las que es objeto, en estos momentos, la línea oficial del partido (especialmente por su ataque al Euro).

Hace apenas cinco meses, algunos podían pensar que todo iba a ser más rápido: que la victoria de Trump (o, incluso, el Brexit) eran una victoria definitiva contra el stablishment y que Europa se vería salpicada por enclaves cada vez más en ruptura con el “viejo orden” de la globalización. No ha sido así. Es cierto que se ha registrado una “mejora general” en las posiciones de las fuerzas antiglobalización y euroescépticas. De hecho en todos los países europeos que hemos mencionado, son ya el “primer partido de la oposición”, esto es la “segunda fuerza”. Las victorias de los partidos del stablishment son –vale la pena no olvidarlo– “pírricas”: esto es, de muy corto alcance. Macron, apenas es una especie de última excrecencia del régimen francés con lenguaje híbrido entre la corrección política y el discurso neoliberal, tardará poco en fracasar. Veremos si el gobierno holandés, con las costuras de un Frankenstein, puede resistir mucho tiempo. Y no parece que en Austria las simpatías por la inmigración masiva y los “refugiados” hayan aumentando con la victoria de un “ecoloco soft”.

Los sistemas políticos modernos son complejos: no basta una simple “marcha sobre Roma” para derribarlos de un plumazo. Además, se apoyan unos a otros internacionalmente. Y lo que es aún peor: su “infraestructura” es común a todos ellos y está  formada por una malla compuesta por oligarquías económico–financieras que constituyen el basamento mismo del sistema y del poder mundial: no acuden a las elecciones, pero son el verdadero poder. Pensar que un simple proceso electoral puede hacer saltar de un plumazo a estas oligarquías es mostrar una absoluta ingenuidad, especialmente porque las elecciones tienen carácter “nacional” y esta infraestructura constituye los cimientos de un “sistema mundial”.

A partir de aquí hay tres posibilidades:

o bien el sistema mundial, construido sobre el absurdo neoliberal, terminará por desplomarse como un castillo de naipes (lo que parece más probable y a lo que seguirá un caos generalizado antes de vuelva a estabilizarse un mínimo orden internacional);

o bien las fuerzas “europescépticas” y “antiglobalizadoras”, irán avanzando sus posiciones más y más, –como han hecho en los últimos 5 años– hasta que, por puro desgaste de las fuerzas que actúan en la “superestructura” del stablishment (los Macron y sus avatares) ya no estarán en condiciones de contener por más tiempo a los “populismos” (y en este caso, no bastará la victoria de estos en un país, sino que deberá ser en toda un área geográfica para alcanzar la masa crítica necesaria capaz de dar un vuelco a la situación);

– o bien, en última instancia, la aparición de una forma de terrorismo de nuevo cuño que, en lugar de golpear ciegamente, se oriente hacia los centros de poder haciéndolos saltar mediante cyberataques inmisericordes y/o liquidación física de la oligarquía (hipótesis posible que conocen bien los gemólogos: cuanto más dura es una estructura cristalina –un diamante– más fácilmente resulta hacerlo estallar simplemente dando un golpe preciso en un punto crítico).

La primera es la opción del Buda: “actuar sin actuar”, permanecer vigilantes ante el desplome del sistema (que inevitablemente sucederá), es la vía del “sacerdote”, del que medita y se prepara para cuando ocurra ese momento. Es la de quienes “cabalgan el tigre”: permanecen quietos y serenos hasta se ven pasar delante de casa el cadáver del enemigo y, entonces llega la hora de “los que han sabido permanecer en vela en la noche oscura”.

La segunda es la vía electoral emprendida por los partidos “euroescépticos”: es una vía a medio plazo de la que no puede excluirse que su victoria vaya, fatalmente, a confluir con la primera opción y que sea precisamente una victoria de este tipo la que precipite el hundimiento del sistema mundial. Es la opción del “trabajador”, del que actúa con sus manos, con su esfuerzo y lo hace como un artesano medieval: hilando fino y realizando un trabajo preciso y constante. Es la opción de las “hormiguitas laboriosas”, del trabajo paciente sobre el terreno de la política convencional.

La tercera es la vía del guerrero y de la espada vengadora, propia de aquel que quiere precipitar el caos súbito para que genere, además de una catarsis liberadora, la destrucción de los fundamentos mismos de la “infraestructura” del sistema mundial. A fin de cuentas, si alguien pudo hablar de un “gramscismo de derechas”, ¿por qué no va a existir un “yihadismo euroescéptico”? Posibilidad remota hoy, pero que no hay que excluir mañana. Es la opción del toro que, en lugar de cargar contra el paño rojo que le ponen ante las narices, quiere “hacer sangre” e hincar sus cuernos en el núcleo duro del sistema, pero también es la actitud de quienes aceptan que les puedan clavar un estoconazo por todo lo alto.

No hay una cuarta opción, ni una cuarta salida. Porque pensar que el sistema mundial conseguirá funcionar indefinidamente mostrando unos niveles de eficacia incompatibles con las reglas del sistema económico mundial y con su tendencia desde hace 150 años a ir concentrando el capital en cada vez menos manos, es obstinarse en pensar a la manera “progresista”: ver la realidad a través de un espejo, olvidando que lo que estamos viendo es un reflejo de la realidad, y su inversión. Es decir, negarse a ver, por ejemplo, que, detrás de las victorias parciales de las fuerzas del stablishment, lo que existe es

1) un deterioro inexorable del sistema ante imposibilidad por parte de la globalización de estabilizarse y satisfacer a todas las partes,

2) un avance de las opciones “euroescépticas” que son ya la “segunda fuerza” en buena parte de Europa y

3) una progresiva brecha entre los intereses de la población y los de las oligarquías económicas que llevarán cada vez más a actitudes radicales tanto por una parte como por otra, constituyendo el detonante de la crisis desintegradora.

Simbólicamente, podríamos decir que “el Ragnarok ha comenzado”: la forma en la que percibíamos el mundo está muriendo. El “Lobo Fenrir” (la alta finanza, los centros de poder económico, los consorcios mediáticos, en definitiva, “la infraestructura” del stablishment) devora los mundos. Lo que tenemos ante la vista, no es la posibilidad de un simple cambio político, es mucho más. Los viejos dioses, todos ellos, están cayendo, todos, sin excepción. Pero estamos en un momento de transición en el que lo que está muriendo y agoniza, todavía mantiene, mal que bien, sus posiciones, y lo que está por nacer todavía no ha alcanzado el nivel suficiente de maduración. De ahí la ambigüedad de nuestro tiempo y el que los signos de desesperación se alternen con síntomas de que se aproxima el amanecer.

Personalmente, concedo más valor a las leyendas de los ancestros que a los mitos progresistas que constituyen la “superestructura” emotiva y sentimental de nuestro tiempo. Las leyendas arcaicas nunca se equivocan. 

 

Marion abandona la política

Marion abandona la política

Marion Le Pen ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones legislativas francesas ni tratará de revalidar su escaño en la Asamblea Nacional. 

Y es que para dedicarse a esto de la política hay que ser de una pasta especial: seguir rigurosamente las reglas del juego, entre ellas, simular, mentir, adaptarse al “pueblo”, evitar decir unas cosas e insistir en otras, y sobre todo tragar y tragar. Hay gente que no sirve para otra cosa. Las bancadas parlamentarias están llenas de ambiciosos sin escrúpulos dispuestos a cualquier cosa por un sueldo fácil y la perspectiva de poder realizar las ambiciones personales. 

Pero hay gente “normal” cuyos ideales son simples: tener un lugar bajo el sol, vivir en una patria digna, formar una familia, educar a sus hijos, aprovechar la vida. Es ahí en donde está el verdadero heroísmo. Esta última es la vía que ha elegido Marion Maréchal Le Pen que anteayer anunció su retirada de la política a los 27 años (“si no lo hago ahora, no lo haré nunca”) en una carta dirigida a sus electores (es diputada por la Vaucluse-Costa Azul), publicada en el diario Vaucluse Matin. Marion Le Pen seguirá afiliada al Front National, pero como simple militante. 

¿Qué hay detrás de esta dimisión? Hastío por la política y por los políticos, por los medios de comunicación y por las posibilidades de reforma de los sistemas políticos europeos. ¿Es censurable la actitud de Marion Le Pen en estos momentos? No, pero demuestra una cosa: que para ejercer una actividad política, hoy, hacen falta unas condiciones “nietzscheanas”, heroicas. No basta con ser honesto, no basta con defender un programa político justo, no basta con ser un patriota: hace falta ser “grande” en el sentido que dio Nietzsche a esta palabra quien concibió la política como creación, voluntad y destino. 

Para dedicarse a esto de la política, no basta con tener una mentalidad heroica, hay que ser también post-humanista. Eso, o te quedas en lo que se suele llamar “populismo”.

Diario de un pobre Diablo (46)

Diario de un pobre Diablo (46)

REPASO AL “POPULISMO” DE NUESTROS DÍAS

El “populismo” se ha convertido en la bestia negra de los tertulianos y de cualquier forma de corrección política. Y se entiende. Porque lo más preocupante de eso que se ha dado en llamar “populismo” es su imposible ubicación en el esquema derecha-izquierda que es la base de todos los parlamentarismos. Y esto trae malos recuerdos. Nos explicamos.

En los años 30, el parlamentarismo era un fenómeno indefendible. Nadie, absolutamente nadie, tenía excesivo interés en defender un sistema que estaba en franca retirada ante los fascismos de un lado y ante el bolchevismo de otro. Quien decía “parlamentarismo” decía división, partidocracia, intereses de los partidos por delante del interés nacional, falta de liderazgo, discusiones estériles, intereses espúreos, corrupción… Por eso la República de Weimar cayó sin que nadie –ni siquiera la izquierda socialista- hiciera nada por intentar salvarla. Por eso la III República francesa estuvo a punto de caer tras las jornadas insurreccionales de febrero de 1934. Y por eso, eran pocos representantes italianos en el exilio los que se oponían a Mussolini y en muchas ocasiones desde posiciones igualmente antiparlamentarias. La República Española, en esos mismos años, era frecuentemente utilizada para mostrar los límites del parlamentarismo y hasta qué punto podían conducir al caos. Incluso en el Reino Unido, cuna del primer parlamento (por mucho que Puigdemont se empeñe en que fue una institución catalana) Mosley desde un lado y los comunistas desde otro, torpedeaban una y otra vez al sistema parlamentario.

Pero el parlamentarismo sobrevivió, no por la fuerza de la razón, sino de las armas. En 1945 se impuso en todo el mundo como forma “correcta” de ordenar la cosa pública. Nunca, desde entonces, absolutamente nadie se preocupó de rebatir a la crítica contra el parlamentarismo que, hoy sigue vigente y sin refutación a pesar de que los fascismos hayan desaparecido. Su derrota militar ha entrañado un largo ciclo de 70 años de rehabilitación del parlamentarismo.

En las crisis es cuando los sistemas políticos demuestran su fortaleza y solidez. La gran crisis económica iniciada en 2007 y que evidencia la imposibilidad de estabilizar un mundo globalizado, dura todavía hoy. Es en ese contexto en el que han aparecido las formaciones “populistas”. No es que antes no existieran: desde los años 70 eran “opciones refugio” para descontentos que habitualmente se inspiraban en doctrinas de la derecha o incluso del neofascismo. Eso se ha terminado. La crisis de 2007 generó en toda Europa nuevos modelos de organización provistos de nuevos objetivos. Ninguna se presentaba como antidemocrática, pero sí como antiparlamentarista. Todas, estas formaciones, en mayor o menor medida insisten de la necesidad de constituciones presidencialistas y en restar poder y peso a los partidos políticos en beneficio de la sociedad civil. Hoy, el concepto “corporativismo” ha desaparecido del lenguaje político, pero lo que amagan algunas de estas opciones y el lugar al  que inevitablemente irán a parar, es una reedición del corporativismo bajo formas inéditas.

Si estas opciones “populistas” emergen y lo hacen con el apoyo de amplios sectores sociales, es porque en toda Europa se ha extendido el hastío e incluso la repugnancia hacia las formulaciones políticas tradicionales de derechas e izquierdas. En efecto, las soluciones “populistas” no pueden ser definidas en términos de derechas e izquierdas. Hay un gran trecho entre el Front National de Jean Marie Le Pen que quería presentarse como “la droite National” y el encabezado por su hija que se sitúa “au delá de la droite et de la gauche”. Su presidenta ha sintetizado este punto de vista en una consigna: “La derecha ha traicionado a la Nación – La izquierda ha traicionado a los trabajadores”. Su característica, la del “populismo” es el no ser dogmático, sino eminentemente pragmático. Cada declaración de los considerados como “líderes populistas”, abunda en esta dirección.

Obviamente, no estos “populismos” no son ni “fascismos” ni “neofascismos”. Están más próximos, eso sí, a las doctrinas identitarias, porque si lo que aspiran es a recuperar el sentido de la nación, deben de atribuirle a esta una rostro propio y defenderlo frente a las amenazas. Pero si es cierto que, los fascismos surgieron de sectores críticos con el parlamentarismo y que los nuevos “populismos”, tienen su fuerza en la superación de la dicotomía dogmática derecha-izquierda. Hoy por hoy, no critican al parlamentarismo sino a lo limitado de las soluciones de derechas e izquierdas y a los equívocos que conllevan.

En España no existe “populismo” en la medida en que, al haber llegado más tarde a la democracia y al carecer por completo de capacidad crítica y refugiándose en la apatía, el pueblo español está fuera de cualquier debate político. Se suele decir que Podemos es “populista”: ¿Lo es? No, verdaderamente: Podemos es, simplemente, un producto de la izquierda en crisis, o dicho de otra manera: el modelo de izquierda que llegó tras el hundimiento de la URSS (y de los Partidos Comunistas) y tras el hundimiento de la socialdemocracia zapaterista al no ser capaz de afrontar la crisis y, ante ella, ponerse del lado de la banca.

¿Por qué no existe “populismo” en España? Para que existe se deben dar una serie de circunstancias: la primera de todas ellas es que exista debate político en la sociedad. No hay que confundir el hastío de las sociedades europeas hacia las estériles polémicas derecha-izquierda, con la apatía del pueblo español ante el hecho político. Sin olvidar la mala calidad de la democracia española y lo que es todavía peor, la destrucción de cualquier sombra de capacidad crítica operada por los medios y por el sistema educativo. Por eso, a pesar de que la situación española es, posiblemente, más dramática que la dada en Alemania o Francia, aquí no hay posibilidades ni a corto ni a medio plazo de un movimiento de este tipo.

Y es que en España, la verdadera tragedia es que nadie, absolutamente ningún medio, ningún canal, ningún tertuliano, ningún partido, se atreve a decir en voz alta que la división derecha-izquierda ya no responde ni a las necesidades ni a los planteamientos de eficacia mínima que requiere nuestro momento histórico. Podemos se califica como “de izquierdas”, Ciudadanos, después de un período de ambigüedad situándose en el “centro-izquierda”, se ha reformulado como “partido de centro democrático”. Y en cuanto al PP, está donde Cánovas hará más de 125 años, dijo que debía estar la derecha… Así pues, no pidamos peras al olmo: el sistema político español, da de sí lo que da de sí y no hay más cera que la que arde. Es decir, poco o nada.

 

 

 

Diario de un pobre Diablo (45)

Diario de un pobre Diablo (45)

MARINA LE PEN EN MOSCU

El pasado 23 de marzo, Marina Le Pen aterrizó en Moscú, respondiendo a la invitación personal del diputado de la Duma Leonid Slutski, coordinador del grupo para las relaciones con el Parlamento de Francia y para participar en una reunión el comité parlamentario de Asuntos Internacionales. Estaba previsto que el presiente del parlamento ruso, la Duma, Viacheslav Volodin, se entrevistara con Marina Le Pen. Pero los contactos de la presidenta del Front National fueron mucho más lejos generando irritación entre la clase política francesa que ha interpretado tales relaciones como una “intolerable injerencia en las elecciones francesas”.

En realidad, esta visita es la equivalente a las que realizan los candidatos a cualquier país: todos los candidatos de relieve que se presentan a estas elecciones –todos, menos Marine Le Pen- se han entrevistado con la canciller alemana, Angela Merkel y todos han visitado el Parlamento Europeo. Pero si la visita a Moscú ha puesto, literalmente, al borde del ataque de nervios a la clase política francesa es por tres motivos.

En primer lugar porque, la candidata, en tanto que diputada del parlamento europeo fue recibida con todos los honores. En segundo lugar, porque, a pesar de que el Kremlim ha mantenido un respetuoso silencio en relación a las elecciones francesas, Marine Le Pen ha sido recibida por el mismísimo Vladimir Putin y los medios de comunicación rusos, en especial Rusia Today, han comentado favorablemente dicha visita, lo que implica que la candidatura frentista no es considerada ni como extremista, ni como un peligro para la paz mundial, ni siquiera como hostil a las buenas relaciones entre Europa y Rusia. Por último lugar, a nadie se le escapan las consecuencias políticas de dicha entrevista.

A diferencia del resto de candidatos presentes en las elecciones francesas, la candidatura de Marine Le Pen supone una desactivación de las tensiones Este-Oeste. Rusia no está interesada más que en mantener buenas relaciones con Europa: no enzarzarse en una competencia militar o económica. Y la única candidatura que la garantiza es la del Front National. Los tiempos en los que el padre de Marina Le Pen clamaba contra el bolchevismo y a estar atentos ante los tanques soviéticos estacionados al otro lado  de la línea Oder-Neise, han pasado. Si bien, aún es pronto para intuir como va a evolucionar la política exterior norteamericana en los próximos meses, parece claro que la candidatura de Marine Le Pen, al igual que la victoria de Donald Trump, van en contra del mantenimiento de ese tiranosaurios rex que es la OTAN, verdadera inyección de oxígeno para un enfrentamiento Este-Oeste ¡sobre territorio europeo! Una eventual victoria de la candidata del Front National entrañaría la redimensión inmediata de la OTAN y su final, al menos en los términos que hemos conocido.

Lo mismo ocurriría con la UE. Si bien, Marine Le Pen, es decididamente anti-UE, no es “anti-europea”, no se niega a la colaboración entre las distintas naciones europeas, sino a la pérdida absurda de soberanía nacional en beneficio de una estructura supranacional no democrática y que es, simplemente, el mecanismo de la globalización en el viejo continente. En lugar de una apertura cada vez mayor de la UE hacia el Magreb, en detrimento de economías como la española, la UE reformada debería de tener hacia mayores niveles de cooperación con Rusia y, por supuesto, a un eje político que supusiera un muro de contención frente al islamismo.

Pero hay algo más que se ha encargado de recordar Éric Zemmour en Rusia Today: “El combate ideológico de nuestro siglo es entre la democracia liberal y la democracia iliberal tan querida por el húngaro Viktor Orban. En la primera, el individuo es el rey. En las segundas, el pueblo es el rey”. 

Diario de un pobre Diablo (44)

Diario de un pobre Diablo (44)

POR QUE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA ES (Y SEGUIRÁ SIENDO) DE MALA CALIDAD

Empecemos vulnerando la corrección política diciendo que la eugenesia debería de ser una de las razones de la existencia del Estado. Llevar una política eugenésica consiste en velar para que la salud y la calidad de vida de la población no se deteriore, sino todo lo contrario: que mejore hasta el límite de las posibilidades de lo humano. En lugar de esto, la eugenesia es considerada como algo satánico y, en cualquier caso, rechazable. Se olvida, con frecuencia que la inmensa mayoría de cánceres que afectan extrañamente a edades intermedias se deben a que nadie, absolutamente nadie, se preocupa sobre la calidad de la alimentación. Es mucho más fácil condenar la eugenesia que investigar si lo que se etiqueta y se vende como producto alimenticio no es más que un veneno que, por aquello de las casualidades, puede ser tu peor boleto para la rifa de cualquier tumor maligno. Hoy sabemos que de cada 4 personas vivas, 3 morirán de cáncer e intuimos que la alimentación, sobre todo, influye en esta siniestra estadística, junto a emisiones de ondas y a polución atmosférica. Y nadie, hace nada… precisamente porque la “salud de la raza” (es decir, la salud de los individuos que la componen) es algo que, lejos de interesar a los gobiernos, estos, simplemente, la condenan.

¿A qué viene todo esto? No es, desde luego, un grito iracundo sobre algo que sabemos que no tiene remedio en las actuales circunstancias. Viene a cuento de que nunca como ahora existen posibilidades para una vida humana feliz y venturosa, y nunca como ahora, esta ha estado tan lejos de nuestro alcance. En política, por ejemplo, está claro que llevamos ya 40 años de libertades políticas y democracia más o menos formal. A lo que habría que sumar los 40 años del franquismo, si se reconociera que fueron años de recuperación del atraso económico, en los que todo –incluidas las libertades públicas- se sacrificaron en aras de alcanzar este fin. Así pues, desde 1939, llevamos casi 80 años de paz: algo inimaginable en nuestra historia. Ahora bien, hay que elegir entre si nos conformamos con esto o comparamos dónde podríamos estar con dónde estamos efectivamente. De esta desproporción deriva una desazón fundamental.

Tenemos democracia, como tenemos comida, pero de la misma forma que ésta genera todo tipo de enfermedades y tumores nunca vistos hasta ahora, nuestra democracia es de baja calidad. Y, en ambos casos, no existen medios para rectificar esta realidad, ni voluntad política en las cúpulas de los partidos, ni siquiera en la voluntad del electorado.

La sociedad española, desde el momento en que terminó la Reconquista, como si el esfuerzo realizado hubiera sido superior al que estaba en condiciones de acometer y la llegada de los Austrias le exigiera un esfuerzo imperial que la población ni siquiera podía imaginar y mucho menos asumir, se refugió en la apatía y el desinterés por la cosa pública que fue avanzando y calando más hondo, a medida que avanzaba nuestra historia. Hoy, esa apatía es total y se agrava con 30 años de hundimiento del sistema educativo y de pérdida de capacidad crítica: incluso quienes son extremadamente críticos con el poder (Podemos, sin ir más lejos), lo son desde posiciones absolutamente ignorantes, ingenuas en unos casos, superficiales en otros y zafias en gran medida. Los mecanismos culturales han dejado de preparar ciudadanos para asumir responsabilidad. La cultura se ha convertido en ocio y el ocio en una simple cobertura al nihilismo. Pero eso no es lo peor.

Cuando un pueblo tiene, en sí mismo valores, conciencia de su existencia y de su identidad, puede superar cualquier crisis periódica que afronte porque, al final, siempre anidará en el interior de determinadas élites, un estilo de vida y unos valores, a partir de los cuales será posible movilizar las sanas reacciones populares. Pero el problema es que el pueblo Español y el nacionalismo español se han reconocido, no en valores propios, sino en los valores de la Iglesia Católica y ésta, reconozcámoslo, es hoy una entidad en fase de liquidación.

En otro tiempo era posible sostener que el catolicismo había hecho a España. Hoy ya no: en los años 60 tuvo lugar el Concilio Vaticano II; luego vino el “desencanto”, el tránsito de amplios sectores de la Iglesia del “catolicismo espiritual” al “cristianismo social”, más tarde se sucedieron los escándalos en el interior de la institución vaticana y, finalmente, un buen día, como si todo hubiera cambiado, la tensión de la fe descendió, los dogmas se convirtieron en cada vez patrimonio de menos gente, perdieron vigor y, finalmente, hoy apenas son compartidos por minorías testimoniales. ¿Qué ha ocurrido? Simplemente, que todo lo humano –y la Iglesia es algo humano, casi “demasiado humano”– está sometido a ciclos de nacimiento, crecimiento, madurez, vejez y muerte, y el ciclo de la Iglesia –no hay nada más que asomarse y comprobarlo– ha terminado. Ya es imposible seguir defendiendo una “España católica”, por la sencilla razón de que España ya no es católica: lo es una minoría por mucho que la apatía evita que buena parte de la población se dé oficialmente de baja como católico. Hace falta acercarse a una iglesia el domingo por la mañana para comprobarlo.

Desaparecida la vinculación de los españoles al catolicismo que fue uno de los cimientos de nuestra nacionalidad, desaparecen también imperativos morales: a diferencia de otros países europeos en donde han estado presentes elementos laicos de adhesión al Estado y a la Nación, en España, el nacionalismo se ha justificado hasta hace poco sólo con elementos religiosos. Y hoy con el recurso a algo que apenas ha penetrado en el subconsciente de los españoles: la constitución. España es “una” sólo porque lo dice la constitución. La autoridad de Dios difícilmente puede ser discutida, pero cuando desaparece, “todo está permitido”. Y, en cuanto a la constitución, no puede decirse que, ni en su origen (el consenso), ni en su desarrollo (que ha conducido por el caos autonómico, entre otras lacras), ni en sus posibilidades de reforma (inéditas), sea ninguna ganga. Es, digámoslo ya, la matriz de una democracia de baja calidad. Y, añadamos, que es irreformable.

Nada que beneficia a una clase política va a ser reformado por esa clase política, sino es para contentar a esa misma clase política. Nadie renuncia a sus intereses ni privilegios voluntariamente. Por eso, nuestra norma fundamental permanece inamovible desde hace 40 años. La Constitución llegó de la mano de la “banda de los cuatro” (PSOE, UCD, CDC y PCE). El PCE ha desaparecido y sus restos se han convertido en minúsculos satélites de Podemos, CDC ya no existe e incluso su avatar –el PDcat– está sometido a tensiones internas que permiten pensar que será residual en las próximas legislaturas, UCD se difuminó y ese espacio ha quedado ocupado por el PP; y, en cuanto al PSOE, simplemente, está en vías de implosionar. Todo esto debería inducir al optimismo: los inmovilistas de los últimos 40 años, debilitados por sus errores, por su mala gestión y por sus corruptelas, están en recesión. Pero, en realidad, no es así.

En primer lugar, el PP resiste e incluso, si hoy se convocaran elecciones generales es más que probable, que mejoraría sus posiciones. Podemos, por su parte, lleva camino de sustituir al PSOE, pero, no solamente evidencia una mala calidad en su dirección (en algunos casos hasta extremos difícilmente digeribles), sino que además es un agregado explosivo de fracciones inestables. Ciudadanos, empeñado en ocupar el espacio centrista, vuelve a ser lo que siempre ha sido el centrismo: el receptáculo de todos los oportunismos. No hay, ni se le espera –vale la pena reconocerlo para evitar decepciones futras– ningún partido euroescéptico al estilo de los que se han configurado en Europa como segunda o tercera fuerza. Y, en lo que se refiere a “fuerzas vivas”, están completamente ausentes de la escena. La fiebre de los “indignados” en 2009-2010 es algo que hoy queda lejos y que fue, a poco de nacer, ganado por la extrema-izquierda. La duda es durante cuánto tiempo el PP permanecerá íntegro y unido interiormente.

Ninguna de estas fuerzas políticas está en condiciones ni interesado en alterar la constitución, ni es capaz de aportar valores al conjunto nacional, ni siquiera de hacer otra cosa que lo que han hecho los partidos mayoritarios en los últimos 40 años: alimentar a sus élites corruptas. La telebasura, la falta de capacidad crítica y el aroma a porro hacen el resto, unido a la apatía consuetudinaria de nuestro pueblo. Lo peor que podría hacerse es ignorar estos hechos esenciales que llevan a una terrible conclusión: España carece de futuro y está encarrilada en una vía muerta porque no dispone de élites de reemplazo, de un sistema cultural capaz de producirlas y de una élite intelectual en condiciones de elaborar un proyecto nacional para la España del siglo XXI.

Mi decepción por la política y por el futuro de mi nación, cada día encuentran más y más argumentos para confirmarse. Me gustaría, simplemente, que alguien me diera el más simple argumento para el optimismo. Hoy me considero apolítico, si por ello se entiende permanecer distanciado de la política, pero no desinteresado por ella. El problema es que la política española es tan absolutamente aburrida y miserable que, cada día resulta más difícil, seguir preocupándose por los vaivenes del día a día, incluso desde posiciones de alejamiento y distancia. ¿A quién le puede interesar hay la política? Sólo al que vive de ella (como político o como periodista). Si hay un milagro en esta democracia de mala calidad es que la gente siga acudiendo a las votaciones. ¿Ni siquiera hace falta un dios para que haya milagros en estos tiempos crepusculares.

 

 

 

Diario de un pobre Diablo (43)

Diario de un pobre Diablo (43)

ATAQUE ISLAMISTA EN ORLY: ALGUNAS REFLEXIONES

Lo más significativo del último ataque yihadista que ha tenido lugar en París ha sido, una vez más, el tratamiento que han dado al tema los medios de comunicación franceses: estos han insistido, por activa y por pasiva, en una sola idea: “El asesino es un francés, nacido en París”… Otros medios han insistido en la misma dirección: “Français de souche” (francés de pura cepa). No hay nada más que ver su foto para comprobar la veracidad de la información. Es más, cuando conocemos su nombre, esta primera impresión –la de que se trata de un “francés, nacido en París”– se refuerza todavía más: Ziyed Ben Belgacem… Sobre su religión, obviamente se evitar decir que es islamista. Como se sabe, los islamistas no son una amenaza.

Este “francés de pura cepa”, con sus 39 años a cuestas, ayer, inició su yihad particular: salió de su casa, situada en la banlieu parisina. Llevaba un bulto que podría ser un arma, así que al llegar a Stains, dos policías le piden la documentación. Dispara sobre ellos, para confirmar su identidad de “francés nacido en París”. Y, de paso, adorna, los disparos con el consabido “Alá es grande”. Como la cosa más normal del mundo se mete en un bar de Vitry-sur-Seine. Los clientes no le gustan, seguramente porque no se sienten tan franceses como él. Así que los amenaza y dispara sobre ellos. Solo los milagros de la balística hacen que ninguno resulte herido. Luego roba un coche y se planta en el aeropuerto de Orly.

A eso de las 8:30 de la mañana en el primer piso del hall de Orly Sur, el “francés de pura cepa” lanza el suelo una mochila en la que lleva gasolina, luego dispara contra una patrulla de tres soldados (dos hombres y una mujer). La mujer logra arrancarle el fusil de asalto, pero Ziyed Ben Belgacem la arrastra amenazándola con un revólver (a ella y a los otros dos militares): “Tirad las armas. Manos a la cabeza. Estoy aquí para morir por Alá” y luego añade: “Detodas formas, seguro que hay muertos”. Demostrando su valor se escuda en la mujer militar, pero enfrente tiene a soldados bien entrenados que finalmente lo abaten. En su poder se encontró 750 euros, una lata de gasolina, cigarrillos, un mechero y, por último, un ejemplar del Corán.

Por una vez el “loco solitario” ha sido la única víctima mortal. Habrá comprobado que el anuncio de que Alá recompensa a los fieles que mueren en la guerra santa con siete palacios de jade y siete harenes en cada uno de ellos y que los yihadistas muertos viven eternamente conservando la edad de 33 años y un estado de erección permanente, era sólo publicidad de un inexistente paraíso.

Los que ayer volaron a París  fueron las víctimas colaterales del enésimo yihadista que decide acometer su guerra particular. Durante todo el día, los aviones en vuelo fueron desviados a otros aeropuertos y no se permitió despegar ni siquiera a los aviones que estaban en pista cargados con pasajeros. No se sabía si éste “francés nacido en París” podía tener más cómplices. De no estar presentes los tres militares, ahora estaríamos llorando una nueva masacre, tan estúpida como las anteriores y protagonizada por otro tarado con el cerebro recalentado por supersticiones mal asimiladas.

¿Lo mejor de todo? Ziyed Ben Belgacem no era un desconocido. Se trataba de un delincuente habitual con nueve tránsitos por la cárcel y 44 detenciones. Dicen que en 2011, tras salir de la cárcel se había radicalizado. En aquella ocasión fue por atraco y tráfico de drogas. Habá protagonizado muchos robos a mano armada. No, esto no es lo mejor: esto es lo esperable de un “francés de pura cepa” que atienda al nombre de Ziyed Ben Belgacem y lleve un Corán en la mochila. Lo mejor son las declaraciones del primer ministro francés Bernard Cazeneuve que por la tarde señalaba al enemigo metafísico: “el ultrancismo de Marine Le Pen”.

Hasta aquí los datos que hemos podido reunir a vuelapluma. No son sensiblemente muy diferentes a los de otros episodios similares. La buena noticia es que un chorizo pasado al lado el terrorismo ha ido a saludar a la nada. Pero es necesario extraer una serie de conclusiones, algunas de ellas son duras:

1) ELEMENTOS DE ODIO SOCIAL.- Ziyed Ben Belgacem, ha nacido en Francia y tiene nacionalidad francesa, pero ¿Es francés? Obviamente no. Ni lo es ni lo ha pretendido ser jamás. Es un hijo de inmigrantes que tuvo en vida todo el derecho de no sentirse miembro de la comunidad cuyo DNI llevaba en el bolsillo.  Él era el primera que no se sentía miembro de la comunidad nacional en la que vivía. Es más, no solamente, no se sentía francés, sino que odiaba a Francia y a los franceses. Lo ha demostrado con creces. Como muchos magrebíes consideraba que “el francés” es un tipo que, sobre todo, vive bien y consume mucho. Ziyed Ben Belgacem era un “nuevo proletario” y odiaba a todo aquel que vivía como un burgués. Hay en su locura y en la de todo yihadista odio social. Muchos inmigrantes, hijos y nietos de inmigrantes no soportan el papel subordinado y fronterizo con la pobreza que les ha atribuido el capitalismo moderno y los Estados Europeos: les han convencido de que se instalaran en Europa para hacer “competitiva” la economía europea, esto es para que su número hiciera disminuir el valor de la fuerza de trabajo. Se beneficiaban algunas patronales y pagaba el Estado (es decir, la sociedad francesa). Pero ellos querían tener acceso a los escaparates de consumo y con la caridad del Estado no podían hacerlo salvo por la vía del atraco.

3) NECESIDAD DE SEÑALAR LAS REALIDADES.- Hace falta ser un indigente intelectual para no darse cuenta de la realidad: la combinación de fanatismo religioso, pequeña delincuencia, nula cultura, crisis económica e islamismo, dan como resultado personajes como Ziyed Ben Belgacem: un chorizo que está harto de pasar por cárceles y que algún electroimán de pega le ha convencido de la existencia de un paraíso cuyo boleto te lo regalan muriendo en la yihad. Y va el idiota y, en su deseo de gozar cuanto antes de los beneficios prometidos, se “inmola” con un Corán bajo el brazo. Hijo de inmigrantes, islamista de origen étnico magrebí, impermeable a cualquier tipo de educación europea, islamista ansioso de alcanzar el paraíso sensual prometido…  Estas son las realidades.

2) SITUACIONES FÁCILMENTE REVERSIBLES.- Hace veinte años, algunos amigos empezaban a comentar que el tema de la inmigración ya no se puede resolver porque los inmigrantes ya tienen pasaporte y nacionalidad francesa. Lo tienen pero lo pueden perder. De hecho, la concesión de la nacionalidad debería ser algo condicional: “yo te doy la nacionalidad, pero si muestras que no eres un buen ciudadano, me reservo el derecho de quitártela”. Tal hubiera sido la norma: pero la izquierda quería “nuevos franceses proletarios” para sustituir a los “proletarios franceses” que se desenganchaban de sus opciones electorales. La mayor tropelía que ha cometido la derecha europea ha sido abrir las puertas a la inmigración masiva, pero la mayor estupidez de la izquierda ha sido ver en esos “nuevos europeos” a carne de cañón para sus candidaturas. El problema, en realidad, nunca han sido los inmigrantes: estos jamás hubieran venido a Europa si la derecha no los hubiera traído, primero y subvencionado después y si el esquematismo de la izquierda no hubiera visto en ellos a “nuevos proletarios”. Pero el entuerto es más fácil de resolver: basta con una serie de medidas disuasivas. No permitir la permanencia en el país de inmigrantes que hayan cometido delitos, eliminar las medidas de “discriminación positiva”…

3) EL PROBLEMA ES EL ISLAM.- Recordemos algo que los medios hacen esfuerzos por enmascarar: hoy la única religión en nombre de la cual se mata y se muere es el Islam. Así pues, el islamismo, moderado, radical o ambidextro, es un problema y como tal hay que tratarlo… a menos que se quiera que el problema se generalice. El error consiste en considerar que la religión islámica es, como cualquier otra religión, una especie de evasión espiritualista y mística que enseña buena conducta, códigos éticos y da esperanzas para la muerte. La teoría de la guerra santa coránica es un incentivos para morir matando y lo antes posible. Sabiendo que al otro lado de la puerta esperan 77 huríes dispuestas a satisfacerlo a usted eternamente ¿esperaría a mañana o cruzaría la puerta hoy mismo? Fracasados, incompetentes, individuos sin formación profesional, que en su momento despreciaron la escuela y la educación, que han ido sobreviviendo a base de subsidios y, cuando no, de atracos, ¿pueden aspirar a algo mejor que morir en la yihad lo antes posible y vivir de lujo sin sudar la camiseta? Esa es la cuestión.

4) HAY REMEDIO, PERO NO CON LOS QUE HAN CREADO EL PROBLEMA.- Los avances de los partidos euroescépticos e identitarios que en grandísima medida encarnan el rechazo de las poblaciones autóctonas europeas a la nueva situación generada por la inmigración masiva de un lado y la deslocalización de otro, se basan precisamente en que proponen soluciones extremadamente simples a problemas complejos. ¿Las empresas se van para obtener beneficios? Bien, pues cuando quieran vender sus productos aquí, que paguen una sobretasa… que corresponde a los problema de paro que generan. ¿Hay riesgo yihadista? Bien, con limitar la difusión del islam, prohibir las ediciones del Corán con determinados versículos y dejar de incentivar a las comunidades islámicas, es suficiente. ¿Hay mucha población extranjera en las cárceles? Tampoco hay problema: los que han venido a Europa a robar, Europa tiene el derecho de expulsarlos. Y así sucesivamente. Pero de la forma en que las cosas no se solucionan es manteniendo en el poder mediante el voto a una clase política ciega, de derechas o de izquierdas, pero ciega en su conjunto. Los que han generado el problema y quienes lo han agravado, no tienen al alcance de su mano la solución, salvo  traicionándose a sí mismo y traicionando a sus intereses. Ved a la izquierda europea: la única esperanza de volver a gobernar consiste en ganar el voto de los grupos étnico-religiosos no europeos.

Hay muertes inútiles, la de Ziyed Ben Belgacem no habrá sido tan absurda como fue su vida, si ha servido para que algunos de nosotros realicemos estas reflexiones.