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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

365 QUEJÍOS (16) turistas

365 QUEJÍOS (16) turistas

365 QUEJÍOS (16) MALDITO SEA EL TURISMO MASIFICADO QUE HA DESFIGURADO MI CIUDAD

Uno de los motivos por los que me alejé de Barcelona es por tener conciencia de que el rumbo que le habían impreso los ayuntamientos que la dirigieron a partir de los mundiales de fútbol de 1982 era inviable y conducía directamente a la inhabitabilidad. En aquella ocasión, el ayuntamiento dirigido por Maragall descubrió que los italianos se encandilaban con las Ramblas y la arquitectura monstruosamente kistch de Gaudí. ¿Por qué no organizar unas olimpiadas? El socialista encontró eco en el Presidente del Comité Olímpico Internacional de la época, un franquista de tomo y lomo. Fue la santa alianza entre la socialdemocracia catalana y el desarrollismo franquismo. Pero no es de esto de lo que me quejo.

En 1992 tuvieron lugar aquellas olimpiadas y se urbanizó una zona abandonada de la ciudad que se intentó reconciliar con el mar. Como aquello no era suficiente porque la ciudad seguía hasta el Besós, se convocó un peripatético Forum Mundial de las Culturas doce años después, que supuso un nuevo aporte especulativo en la Diagonal Mar en 2004. A partir de ahí la cosa se desató: el turismo fue creciendo, la ciudad vaciada de sus habitantes de siempre, sus viviendas convertidas en hoteles galácticos, los edificios de barrios enteros transformados en pisos turísticos y la ciudad sufrió una segunda desfiguración en apenas 20 años. En efecto, a la que había aportado la inmigración masiva de carácter magrebí a partir de 1996, se unió la que trajo el turismo masivo e insostenible.

PERO HOY NO ME QUEJO DE TODO ESTO, SINO DEL GANADO QUE LLEGA A LA CIUDAD  CONDAL (y que no es otro que buena parte del que llega, igualmente, a cualquier otro lugar de un país convertido en reserva turística).

Personalmente, me gusta viajar: NO SOY TURISTA, SOY VIAJERO, me repito cada vez que cojo un avión para algún destino. ¿Qué diferencia hay entre ambos conceptos?

1) El turista vaga de una ciudad a otra sin importarle mucho lo que ve, piensa en pasárselo bien, es una actividad ligada a la dinámica hedonista. El viajero, no solamente quiere conocer otros países, sino impregnarse de ellos, observarlos, juzgarlos y entenderlos, aprender un poco más del mundo que le ha tocado vivir.

2) El turista no cambia su estilo de vida, sino que lo afirma allí a donde va: el putero busca putas baratas a cascoporro, el porrero mas canabinoides a menos precio, el alcohólico cervezas a 26 céntimos lata, el gay una buena red y el discotequero impenitente una ruta del babalao que absorba su semana de ocio. El viajero busca conocer otros pueblos y otras culturas, saber algo más sobre su presente y sobre su pasado.

3) El turista se adapta a lo que le ofrecen los paquetes turísticos más baratos y masificados. Si se encontrara en solitario ante unas ruinas históricas se sentiría mal: necesita masificación y proximidad humana, cuanto más agobiante mejor. El viajero busca él mismo organizarse sus viajes, los planifica, los prepara, los disfruta, en una palabra y sabe muy bien que los circuitos turísticos, son siempre trampas para incautas y para gentes poco exigentes.

ME QUEJO DE QUE EL TURISMO QUE LLEGA A BARCELONA HA DESBARATADO SIMPLEMENTE LA VIDA CIUDADANA Y QUE UNA PARTE IMPORTANTE, NI SIQUIERA PRECISABA PISOS TURÍSTICOS (QUE HAN ALTERADO HASTA DEJAR IRRECONOCIBLES ALGUNOS BARRIOS), HUBIERA BASTADO, A LA VISTA DE SU NIVEL DE EDUCACIÓN, CON ARROJARLOS A PORQUERIZAS Y CUADRAS PIOJOSAS. NI MERECEN MÁS, NI CONOCEN MÁS, NI SU NIVEL DE EDUCACIÓN EN LA CONVICENCIA DA PARA MÁS.

 

 

365 QUEJIOS (15) eurovisión

365 QUEJIOS (15) eurovisión

365 QUEJÍOS (15) ¡YA VALE CON EUROVISION!

El pasado sábado tuvo lugar la nueva edición del Festival de Eurovisión. Lo parajódico de esta edición ha sido que nuevamente ha ganado una cantante procedente de un país no europeo. El Estado de Israel, al parecer, produce fenómenos freakys a mogollón. Hace unos años fue una especie de travestí barbudo, ahora es una chica de aspecto sanote y de voz más que deficiente. A pesar de tener las hechuras iniciales de aquella Rosa de Operación Triunfo que tenía una voz difícilmente igualable (y una dicción que, cuando no cantaba era imposible entender lo que decía, por cierto), la ganadora de la última edición hacía gala de un tono quebrado propio de vieja borracha. Bastante lamentable en todos los sentidos. Pero no me quejo de eso.

Ni siquiera me quejo de que, desde los años 60, España haya tenido una participación poco brillante. Tampoco me quejo de que allí se haya enviado a fracasar desde cantantes de gran categoría y voz hasta simples payasos conscientes de que lo eran, mujeres de tronío, gays de porcelana,  o julays como en esta edición, ni de la calidad de lo que allí han cantado “los nuestros”.

DE LO QUE ME QUEJO ES DE LA EXISTENCIA MISMA DEL FESTIVAL DE EUROVISIÓN.

La época de los grandes festivales de música queda muy lejos. Fueron los años 60: España compitió con el Festival de la Canción de Benidorm y con aquel otro Festival de la Canción Mediterránea. El primero se prolongó entre 1959 y 2006, esto es entre el inicio del despegue económico y del desarrollismo en la España franquista hasta el boom de la construcción. El Festival del Mediterráneo, era pura promoción del ayuntamiento de Barcelona y duró de 1959 a 1967. Estaban invitados los “países mediterráneos” de las dos orillas, incluido Israel. Estos festivales se formularon al estilo del Festival de la Canción de San Remo que va por su 68 edición, pero que hace mucho tiempo dejó de llamar la atención. La fórmula ha muerto hace mucho. En Barcelona, cuando aparecieron los nuevos estilos (incluida la nova canço y las diversas variedades de rock) entendieron que era inútil tratar de promocionar la ciudad por ahí). El de Benidorm murió de muerte natural y el de San Remo como algo específicamente italiano, una especie de Operación Triunfo de una noche.

Y, sin embargo, Eurovisión sigue. ¿Para qué seguir llamando “eurovisión” a algo que, en realidad es “tutivisión”?  Red creada en 1954 a partir de la Unión Europea de Radiodifusión, fue inicialmente una red para intercambio de programas, material de archivo y material informativo. Pero hace tiempo que dejó de ser algo “europeo”. De hecho, hoy cuenta con 56 países… aún cuando la Unión Europea cuenta con 28 países a los que hay que sumar los que, hasta 43, no están incluidos en la malhadada federación. Uno se pregunta: ¿Qué diablos hace Azerbaiyán en Eurovisión? ¿O Armenia? Por no hablar de Israel, Marruecos y Turquía que son cualquier cosa menos “Europa”.

El festival estaba en crisis en los 10 años anteriores y posteriores al 2000. Sin embargo, sobrevive. Quienes le han inyectado vida artificial son dos sectores: los países marginales, no europeos (que han ido ganando: Turquía en 2003, Azerbaiyán en 2011, e Israel reiteradamente, en 1978, 1979, 1998 y 2018) y, sobre todo, el movimiento gay de los países occidentales. Y me quejo de que alguien a quien no le interesa ni el movimiento gay o mira un mapa de Europa y dice “¿Eurovisión? Esto debe ser cosa de europeos”, no tiene porqué soportar en el mes previo a la celebración del certamen el machaque de canciones mediocres, intérpretes que, al margen de su calidad real o supuesto, jamás ganarán porque en ese festival el voto es político o de vecindad.

ME QUEJO DE QUE LA FÓRMULA PERTENECE A MEDIADOS DEL SIGLO XX Y YA ES UN ARCAISMO EN LA MODERNIDAD. Y aburre PORQUE HACE TIEMPO QUE NO APARECEN CANCIONES PEGADIZAS NI DE CALIDAD NI LOS GANADORES RESULTAN SER INTÉRPRETES CON CARISMA. Lo del Chiquilicuatre tuvo [des]gracia… Después de aquello, por dignidad, hubiera bastado con retirarse del festival. Diez años después, seguimos esperando.

¿PARA CUÁNDO ENTERRAMOS AL FESTIVAL DE LA MEDIOCRIDAD Y EL KITSCH?

365 QUEJÍOS (14): Esos cambios

365 QUEJÍOS (14): Esos cambios

365 QUEJÍOS (14): ESAS DEVOLUCIONES  DEL CAMBIO MAL DADAS

Me quejo de que la tasa de errores a la hora de devolver el cambio en los comercios está subiendo desmesuradamente en los últimos años. Compras una barra de pan que cuesta ochenta céntimos, pagas con un billete de cinco euros y te devuelven dos veinte euros… ¿Y los otros dos euros? Pueden ocurrir dos cosas: que lo adviertas o que no lo adviertas. Lo sorprendente es que si lo adviertes y reclamas, quien te ha dado el cambio, ni siquiera examina las monedas que le muestras: te devuelve los dos euros sin mediar disculpa y con expresión de acordarse de tus muertos. Simplemente, te ha querido engañar. Si no lo adviertes, los dos euros van a parar a la caja B de su bolsillo. En las grandes ciudades esto se ha convertido en el pan de cada día.

Uno tiene que permanecer constantemente en guardia para evitar que le timen pequeñas cantidades. Ciertamente, no es como para presentar una denuncia, pero la reiteración es lo suficientemente grave como para pensar que hay cientos de personas al día a los que les hacen el mismo truco y no lo advierten. ¿A qué se debe todo esto?

Personalmente lo atribuyo a tres causas:

1) La formación de primaria en matemáticas es tan básica y poco exigente que una parte de los alumnos salen de las aulas sin saber realizar una simple resta. No lo hacen por mala fe, sino que se equivocan. Lo digo, porque en alguna ocasión, me ha ocurrido lo contrario: he visto que me daban más cambio del que correspondía. Problema grave que, por sí mismo, denota el fracaso de nuestro sistema de enseñanza. Los niños van pasando de curso en curso a pesar de tener las asignaturas suspendidas. Y al final resulta que no les sale un cálculo diferencial-integral simplemente porque no tienen facilidad para multiplicar ni restar…

2) Ha aparecido un grupo social nuevo, bruscamente, en los últimos veinte años, que está habituado en sus países de orígenes a realizar este tipo de trucos o bien que ha llegado con la idea de que en España todos atamos los perros con longaniza así que ni siquiera nos preocupamos, si damos un billete de cinco, de veinte o de cincuenta euros, del cambio. Como nos sobra el dinero, no lo miramos. E incluso, como algunos españoles de a pie es, por término medio, son algo paradillos, aunque lo advierta, prefiere no reclamar. Sí, me estoy refiriendo a la inmigración. Siempre ha dicho que los inmigrantes son mucho más “listos” que los de aquí, que tienen más instinto de supervivencia. Y lo ponen en práctica con mucha facilidad, no sólo en los cambios, sino en las reclamaciones y la exigencia de beneficios sociales.

3) Y luego está, claro, la mezquindad salarial que también influye. Determinados empleos se realizan a cambio de salarios de miseria. El empleado debe compensar de alguna manera esta carencia y lo hace, simplemente, buitreando cambios a los clientes que es menos comprometedor que escatimando productos del propio comercio. Cuando trabajaba en radio, aquello era un hervidero de becarios sin sueldo o con sueltos que no cubrían ni siquiera los transportes que utilizaban: no era raro que CD que llegaba a la emisora regalado por las distribuidores y para que se emitiera en el curso de los programas, se lo quedaran los becarios. La sala de archivo de CDs era periódicamente sometida a saqueo hasta el punto de que Luis del Olmo, en Onda Rambla, optó por contratar un segurata para evitar el expolio (prefería pagar uno de estos servicios, antes que subir 100 o 200 euros el “salario” a los becarios…).

Sea cual sea el motivo que induce a unos empleados a sistematizar los errores en la devolución de los cambios, de lo que me quejo es de tener que estar permanentemente en guardia. La base para la sostenibilidad de una sociedad es la confianza entre vecinos, no el estar permanentemente en situación de “prevengan” como se decía en la mili. Y además, reconozco que estoy harto de decirle a la de la panadería: “Me has dado mal el cambio” o de ver como uno de cada X clientes se ve obligado a repetir la misma frase. Estos harto de listos, de listillos y de listones. ¿A quién no le ha pasado esto?

 

365 QUEJÍOS (13) badulakes

365 QUEJÍOS (13) badulakes

365 QUEJÍOS (13): ESOS BADULAKES QUE VAN DE PALO

Me hacen gracias los amigos que se han obstinado en ser defensores de “el pequeño comercio”: lamento deciros que el “pequeño comercio”, el de siempre, el de proximidad, el que vivieron nuestros padres, ha muerto. Es terrible, y todo eso, pero es la realidad: se lo han cargado las grandes superficies. La primera de estas que vi en Barcelona debió aparecer hacia el 1962, era un Pryca en Balmes - Travesera de Gracia. No prosperó, unos años después cerró y bastante más tarde, en la transición, en su lugar apareció otro. Luego estaban los Spar, pequeños y recoletos, que convivieron durante un tiempo con las “tiendas de ultramarinos”. Pedías en estas arroz y te lo servían. Pedías aceite y le daban a la bomba de un barril Brent. Pedías galletas y te abrían una caja de hojalata. Eso era el pequeño comercio. Inició su ocaso en la transición y murió antes de llegar a la crisis de 2007. Pero, entre tanto, a partir de mediados de los 90 se produjo otro fenómeno nuevo: llegaron inmigrantes magrebíes y abrieron lo que podría ser considerado como primeras muestras de “comercio étnico”. Apenas vendías unas pocas cosas: refrescos, frutas, frascos de legumbres, latas… Pero la verdadera avalancha empezó a finales de los 90 cuando los pakistaníes que utilizaban la manga ancha española en materia de inmigración para saltar al Reino Unido e instalarse allí, decidieron que España era mucho más barato y menos explotado: entonces empezaron a abrir su badulakes.

Los pakis no podían competir en calidad, vendían lo mismo que en cualquier super. Pero, inicialmente, lo vendieron más barato. Además, tenían la ventaja de estar abiertos a horas extremas, desde las 6:00 hasta las 12:00, incluso más tarde. Competían en horario. Luego, empezaron a aprender que, una vez ganada la fama de que eran comercios baratos, podían ir subiendo paulatinamente el precio. Dejaron de competir en precio y pasaron a competir solamente en horario. No les ha ido mal. Han ocupado una franja del comercio de la que, inexplicablemente, desertó el comercio español. Y se han hecho los dueños de esa franja del mercado.

No voy a quejarme de que en nuestros barrios el pequeño comercio autóctono haya desertado y que en cada esquina proliferen como hongos los badulakes pakis. Sería absurdo, porque cuando las ganas de hacerte una birra aprietan a las 22:00, igual solamente encuentras un paki que te vente una lata. DE LO QUE ME QUEJO ES DE QUE CADA VEZ HAY MÁS BADULAKES QUE VAN DE PALO. Me explico.

El otro día en Barcelona, me apetecía un Burn, bebida energética a base de taurina. Veo a un paki que la vende a 85 céntimos. Precio normal: de 80 a 90. Aceptable, por que el resto de marcas, Monster, especialmente, van a 1,50 euros, con el mismo litraje, contenido en taurina y cafeina. Cojo una lata de Burn, me dispongo a pagar: ¡y, como la cosa más natural del mundo, me lo pasa dos veces! Es cierto que apenas hablaba castellano, pero sabía perfectamente como decir: “son 1,70 euros”. Ahí se quedó el Burn. Otra muestra: en un badulake de la costa compro una lata de Cider Magners (sidra irlandesa). Ochenta céntimos. Bien. Ta güeña. A la semana siguiente vuelvo al mismo badulake, compro lo mismo. Precio: uno ochenta euros… Ni siquiera se tomó la molestia de realizar una discreta subida escalonada en unas semanas.

El principio ético-moral  de este “comercio étnico”: “si pagan más es que son tan primos como parecen; por tanto, voy a probar…”. De eso me quejo. De que en los badulakes, simplemente, nos toman por tontos. No creo que ninguno tenga libro de reclamaciones, ni listado de precios, ni siquiera estén al día con las licencias municipales. Son así: plena anarquía.

¿Este es el “pequeño comercio” que hay que defender? Es el único que queda. Yo me pregunto, por qué, los jóvenes españoles no se unen dos o tres y abren pequeños comercios autóctonos, retornando a aquellos tiempos en los que el “tendero” conocía a su clientela, hablaba su idioma y, además, no hubiera sido capaz de ofrecer mierda seca a precio abusivo, so pena de quedar mal con sus vecinos. De eso me quejo.

 

365 QUEJÍOS (12) publicidad

365 QUEJÍOS (12) publicidad

365 QUEJÍOS (12): HUYAMOS DE LA PUBLICIDAD

Hará algo así como dos décadas, estaba claro que la publicidad se había desmadrado y que los canales generalistas ofrecían excesiva publicidad. Por no hablar de la radio en al que por cada hora de programación, entre 20 y 25 minutos estaban destinados a cortes publicitarios. Una ley quiso regularlo… ley no derogada pero si olvidada. Hoy, nada impide que cada canal coloque de manera abusiva publicidad y más publicidad hasta matar a la gallina de los huevos de oro. ME QUEJO DE LA PUBLICIDAD OMNIPRESENTE E INTERMINABLE, CHIRRIANTE Y CON UNA FALTA DE ORIGINALIDAD RAYANA EN LA INDIGENCIA INTELECTUAL.

¿Puede verse una serie de 20 minutos con dos y tres cortes publicitarios, el último de los cuales se da a pocos segundos de terminal? ¿Pueden soportarse secuencias de cortes publicitarios de 10 e incluso 15 minutos, separadas por un minuto de programación? Bueno, pues ese es el resultado de las televisiones privadas que nacieron en los años 80 y que se ha renunciado a controlar. Carloti, el baranda de Tele 5 ya lo dijo hace algunos años: “yo vendo publicidad, y tengo que poner contenidos para que la gente vea los anuncios”. Imposible ser más claro: la televisión pasó de ser un servicio público a un negocio publicitario desbocado.

Si cuando era un servicio público, nos quejábamos de que solamente había un par de canales nacionales y media docena de canales autonómicos-oficialistas, la irrupción de las televisiones privadas marcó el inicio de la era dorada de las mama-chichos, los culebrones y la telebasura.  Y en eso estamos. Abandonad toda esperanza: a medida que se degrada el nivel cultural de las masas, lo que precisan no son productos sofisticados, sino pura mierda enlatada. Eso es lo que hoy sirven las televisiones generalistas. Y ese ha sido el resultado y más notorio resultado de las televisiones privadas que han cumplido ya las tres décadas.

Lo más sorprendente es que la publicidad ha llegado a invadir algunos canales de pago. Lo que se ha generado ha sido una fuga masiva hacia la televisión es streamming después de una década en la que bajar contenidos a través de programas P2P se había convertido en algo habitual. ¿Podía esperarse otra cosa? El problema de las televisiones privadas, no era que vivieran de la publicidad, sino que han querido vivir demasiado bien.

ME QUEJO DE QUE LA PUBLICIDAD ES UNO MÁS –NO EL ÚNICO, PERO SÍ UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES- DE LOS FACTORES QUE HAN CONTRIBUIDO A LA DECADENCIA IRREVERSIBLE DEL MEDIO TELEVISIVO. Y no tenía por qué ser necesariamente así.

- Un medio saturado por publicidad directa e indirecta, no es un medio que pueda transmitir otro valor que los contenidos de los propios anuncios.

- Una publicidad masiva no puede ser sino una publicidad zafia, hecha, no para la satisfacción de la media intelectual de la audiencia, sino al nivel de los estratos de más baja cultura.

- Una publicidad omnipresente desvaloriza cualquier otro contenido televisivo, resta interés, rompe la continuidad de las películas y las series y termina siendo una tortura para el espectador.

- Una publicidad tan poco imaginativa, tan machacona y reiterativa como la actual, además, resulta ser engañosa y en absoluto útil para el espectador.

A lo que habría que añadir los efectos subliminales de los que nadie habla pero que seguramente siguen existiendo (¿o es que alguien ha pensado que el estudio de las técnicas subliminales se interrumpió en los años 50 y nadie se ha interesado desde entonces por ellas?).

Obviamente, no todo son quejas contra la publicidad. LE AGRADEZCO EXTRAORDINARIAMENTE QUE EL RECHAZO A LA PUBLICIDAD HAYA OPERADO EL MILAGRO DE QUE DESDE HACE CASI 20 AÑOS NO VEO TELEVISIÓN, SINO QUE YO MISMO SELECCIONO LOS CONTENIDOS QUE ME INTERESAN. NO ME IMPORTA PAGAR POR VER… LO QUE ME IMPORTA ES QUE NO POLUCIONEN MI CEREBRO CON CIENTOS DE ANUNCIOS POR HORA DE PROGRAMACIÓN.  

 

365 QUEJÍOS (11) gritos

365 QUEJÍOS (11) gritos

365 QUEJÍOS (11): LOS ALARIDOS DEL NIÑO DE LA VECINA

Establezcamos un axioma (proposición suficientemente evidente como para no necesitar demostración): LOS NIÑOS ESPAÑOLES SON MÁS CHILLONES QUE EN CUALQUIER OTRO PAÍS DEL MUNDO (incluidos los países más chillones del tercer mundo). Me quejo de eso: NO SABEMOS EDUCAR LA VOZ DE NUESTROS NIÑOS. CUANDO JUEGAN, LO HACEN A TRAVÉS DE ONOMATOPEYAS Y ALARIDOS. Cualquier viajero sabe que esto ocurre solamente en España. Harina de otro costal es explicarse el por qué.

En cierta ocasión, sentado en un restaurante, la niña de apenas tres años de la mesa de enfrente empezó a gritar, sus padres y familiares no la calmaban así que comenté en voz alta lo inútiles que eran y que ni siquiera se preocupaban de educar a su hija para que no molestara en los locales públicos. Por increíble que pueda parecer, los padres –que me habían oído perfectamente- prefirieron abandonar el local antes que enseñar a la niña que en lugares públicos no se chilla. En los últimos años, confirmando la anécdota, debo decir que no he visto a padres que se esforzaran en educar la voz de sus hijos (que es como educarlos a ellos mismos). Da la sensación de que la actual generación de padres considera que cualquier reconvención, regañina o simplemente intento de rectificar el carácter de su vástago, vaya a castrarlo y sea algo inhumano. El resultado es que, cuando alcanzan los 14 años, ya resulta imposible que aprendan a modular la voz.

Por lo demás, una de las muestras del fracaso educativo de la enseñanza primaria es que en España, los niños se comunican POR ONOMATOPEYAS, MUCHO MÁS QUE CON FRASES CONSTRUIDAS MEDIANTE VOCABLOS. Y esto,  también, es algo que solamente existe en España. He contado en varias ocasiones que, en cierta ocasión, en Praga, dentro de un par, en la mesa de al lado, estaban sentados merendando un grupo de cuatro niños de 12-13 años ¡y hablaban entre ellos! ¡ni gritaban, ni se comunicaban por onomatopeyas, ni mediante alguna red social! ¡ESTABAN HABLANDO! Era algo que hacía tiempo no veía en España. En otra ocasión, en Québec, en un fast-food en el que me encontraba, entraron como 90 jóvenes escolares. Me horroricé: algo así en España equivalía a tener que evacuar el local ante los gritos, los chillidos, las peleas, la música, etc… Al cabo de poco rato vi que los profesores tenían perfectamente controlada la situación: TODOS ELLOS SE COMPORTARON CÍVICAMENTE.

¿El balance? ESTAMOS FORMANDO ENERGÚMENOS A FUERZA DE RENUNCIAR A EDUCARLOS. Educar quiere decir RECTIFICAR las tendencias y transmitir hábitos sociales correctos. Implica, naturalmente, ejercer presión sobre el niño: pero es rigurosamente necesario. O de lo contrario, lo que va creciendo es una raza asilvestrada incapaz de vivir en sociedad y de comunicarse de manera racional. ESTO ES LO QUE TENEMOS HOY. Corresponde a los sociólogos y educares explicar cómo hemos llegado hasta ese punto. Pero es una situación que resulta imposible de soportar.

En mi pueblo, procuro no salir a la misma hora que sueltan a los niños de los colegios. Cada día que veo el espectáculo de los niños saliendo de la escuela, no sé por qué, recuerdo aquellas películas del Oeste en las que se producía una estampida de búfalos. Pues lo mismo.

LO ESENCIAL PARA MANTENER LA CONTINUIDAD DE UNA SOCIEDAD ES ESTABLECER CÓDIGOS DE COMUNICACIÓN ENTRE SUS MIEMBROS: CUANTO MÁS SOFISTICADOS SON ESOS CÓDIGOS Y MÁS ELABORADOS, MAYOR ES EL NIVEL CULTURAL Y EDUCATIVO DE ESA SOCIEDAD –implica que todos sus miembros se han esforzado en alcanzar unos mismos estándares aceptados por todos- CUANDO MÁS SIMPLES, PRIMITIVOS Y ONOMATOPÉYICOS SON ESOS CÓDIGOS, MÁS PRIMITIVA ES UNA SOCIEDAD. Si hemos de vivir los decibelios que emiten las jóvenes generaciones, hay que reconocer que la sociedad española se ha degradado al nivel de los neandertales recién bajados del árbol.

La generación en la que me eduque y la generación en la que he educado a mis hijos eran capaces de gritar más y mejor que la de ahora. PERO SABÍAMOS CONTROLAR EL SONIDO, MODULAR LA VOZ Y SUBORDINAR NUESTRO IMPULSO A LA NORMA SOCIAL ACEPTADA DE NO CAUSAR MOLESTIAS A LOS VECINOS. De eso me quejo. De que de esto ya no quede ni rastro.

 

 

365 QUEJÍOS (10) ¿son tomates?

365 QUEJÍOS (10) ¿son tomates?

365 QUEJÍOS (10) ¿PERO ES QUE NO HAY NINGÚN TOMATE QUE SEPA A TOMATE?

Llevamos 20 años en los que lo esencial del cultivo de tomates viene del norte de África gracias a la UE y a la falta de habilidad y de carácter de los que negociaron la entrada de España en este organismo. Allí no existe ni la famosa “trazabilidad” que garantiza cómo se han cosechado los tomates, cómo se les ha abonado y de dónde proceden, ni siquiera garantías de que lo que vamos a comer sea lo que parece que es. Las semillas modificadas genéticamente han hecho el resto. La última vez que comí un tomate con sabor a tomate me lo cultivé yo mismo. Me quejo de que ya nada sabe a nada de lo que debía saber. Fresas que saben a agua, croissants que dejan en el paladar un aroma de grasa pastosa, pan que no aguanta más de tres horas sin adquirir rigidez portmorten, carnes imposibles de freír que, una vez en la sartén, se hierven en su propia agua, congelados que a temperatura normal pierden el 50% de su volumen, jamones con el más fino buqué del plástico industrial, zumos “concentrados” con el 5% de fruta y azúcar a cascoporro, carne que a poco que se mite el etiquetado anuncia que no es carne sino “preparado de carne” y así sucesivamente. ME QUEJO DE QUE NO SÉ LO QUE COMO.

Antes, el tendero de la esquina no te iba a vender mierda seca bien aplanada, porque al día siguiente, podía perder clientela: no había “redes sociales”, pero si “relaciones sociales” en los barrios, así que si algún tendero te daba gato por liebre, al día siguiente se encontraba sin clientela. Hoy, en cambio, compramos en grandes superficies en las que ni siquiera los que trabajan conocen a los “responsables” de lo que se vende, los complementos los vamos a comprar a badulakes pakis, abiertos a cualquier hora y a los que tú y los tuyos no les interesáis un carajo. Lo que compráis no se cultiva al lado de donde vives, sino que viene de allende los  mares, habitualmente cultivado por alguien desganado y mal pagado o por un iletrado incapaz de leer las recomendaciones que rezan en los envoltorios de fungicidas, vermicidas, abonos, insecticidas, sobre los “plazos de seguridad” (luego gentes que no deberían morir de cáncer, con buenos hábitos de vida y genéticas envidiables, mueren a edades tempranas). Algunas de las marcas blancas vendidas en ciertas cadenas de supers, simplemente “Hacendaño”, en casi todas la calidad de lo que se vende no corresponde al etiquetado. Así que, a estas alturas, ¿a alguien le extraña que los tomates tengan sabor a agua, piel blindada y un remoto recuerdo de lo que, en otro tiempo, fue el tomate de nuestra infancia.

Tengo en el recuerdo las yescas de pa amb tomaquet i pernil de mi infancia: pan de payés, tomate de la huerta y el jamón producto de la matanza hecha en casa. Comparar uno de aquellas meriendas en el pueblo con lo que comemos ahora es comprar lo excelso con los subproductos del basurero.

¡Y APENAS SE OYEN VOCES DE PROTESTA! ¡NINGÚN PROGRAMA DE NINGÚN PARTIDO PROPONE RECUPERAR LOS SABORES AUTÉNTICOS! EN ESTOS TIEMPOS DE MASTER CHEF Y DE CULTO A LO GASTRONÓMICO NADIE SE PREOCUPA PORQUE UN PUTO TOMATE TENGA SABOR A LO QUE SU FORMA SUGIERE QUE DEBERÍA TENER!

De eso me quejo.  NO SABEMOS, EN REALIDAD, LO QUE ESTAMOS COMIENDO. He vivido en el campo y desde un ultraligero he visto como, cada año, se iban abandonando parcelas y más parcelas, como donde había un bancal se ha construido un chaletito, pequeñito y redondito con piscina, he visto como los campesinos han abandonado cultivos ancestrales para echarse, todos a la vez, a cultivar la variedad que en esos momentos más subvenciones recibía de la UE, he visto como se subvencionaba la colocación de cepas y como la misma UE subvencionaba… el arranque de esas mismas cepas, he visto como, masivamente, todos los campesinos de una comarca pasaban de un año a otro al cultivo del girasol, y como al cabo de unos años se tiraban a la vid, he visto naranjales en las afueras de Valencia abandonados con sus frutos tiñendo el suelo y luego comer allí mismo naranjas argelinas o israelitas… He visto incluso campesinos que compraban en el super tomates o frutas que ellos mismos podían cultivar en sus propiedades abandonadas (claro está que también he visto a bandadas de inmigrantes saquear esas propiedades y llenar furgonetas enteras con lo robado). Por la imagen, he visto a seis tomates en rama dentro de un blíster con los tallos verdosos en el centro, todo del mismo tamaño, todo extraordinariamente simétrico: con unas simetrías que no se dan en la naturaleza…

NO ME DIGAIS QUE NO HEMOS ENTRADO EN EL REINO DEL ABSURDO ALIMENTARIO.

Lo triste es que, por primera vez en la historia, la generación de nuestros hijos vivirá peor y seguramente disminuirá su esperanza de vida, en relación a la actual. Los motivos son simples: quizás los avances tecnológicos sean mayores, pero la calidad de la vida será mucho peor; de hecho está empeorando ante nuestros ojos. La comida es uno de esos frentes en los que el proceso degenerativo de nuestras sociedades es más patente. Y lo peor es que no hay remedio. Solamente puedes saber lo que comes, si lo cultivas o lo crías tú. Imposible, claro está. De eso me quejo.

 

 

 

 

365 QUEJÍOS (9) chinos

365 QUEJÍOS (9) chinos

365 QUEJÍOS (9): ¡PERO QUE PASA CON TANTO BAR DE CHINOS…!

Hasta ahora, aquel que quería zamparse un rollito de primavera, un chop-suey con gambas, un pollo agridulce o un pato laqueado, no tenía nada más que irse al restaurante chino de la esquina y por un módico precio saciarse. Igualmente, quien deseaba una herramienta de baja calidad, un cacharro de cocina poco sofisticado o un juguete para el Terminator de turno, solamente tenía que ir a un “Todo a 100” chino y ahí sabía que podría hacerse por unos pocos euros con unas objetos que prácticamente quedarían inservibles a poco de estrenarlos. Nos habíamos habituado a eso y lo dábamos como normal.

El problema es que China tiene, más que cualquier otro país del mundo, una población excedentaria y sus dirigentes están contentísimos con que abandonen las fronteras nacionales y se busquen la vida en cualquier otro país del mundo. Por aquello de las reglas no escritas de la globalización, parece como si China tuviera la venia para exportar cualquier volumen de inmigrantes vulnerando las leyes nacionales de inmigración, especialmente en algunos países como España. Por otra parte, estos nuevos recién llegados cobran salarios de miseria, pero, de manera increíble, han conseguido hacerse con miles y miles de bares en todas las ciudades españolas. No han cambiado apenas la decoración, intentan servir lo mismo que antes y hacer como si nada hubiera cambiado.

De dónde llegan los capitales para pagar los traspasos de los bares, es un misterio que nadie parece interesado en explorar. Y sería interesante. Pero lo cierto es que, un buen día, en cientos de barrios de esta España entristecida y cuernilarga, uno va a tomar el café con leche de todas las mañana y se encuentra con que, en lugar del camarero que conocíamos desde siempre, nos encontramos con un chino hermético que apenas conoce las palabras: “café con leche”, “café solo”, “cubata”, “cerveza” y poco más. Los nuevos camareros de estos bares no parecen haber seguido ningún curso de “manipulador alimentario”, ni desde luego han salido de las aulas de ninguna escuela de hostelería. Y ahí están. De eso me quejo.

Las tapas les llegan por catering. Si antes podía identificarse por el sabor un bar propiedad de gallegos o de andaluces, si en los bares de extremeños el jamonaco partía con la pana, e incluso las cazuelas de habas a la catalana podían encontrarse en muchos bares del reino de Puigdemont, lo cierto es que ahora, se tome la tapa que se tome, en la provincia que sea, si detrás de la barra hay un rostro chino, todas saben igual y todas parecen haber salido de la misma factoría.

ME QUEJO DE QUE INCLUSO NUESTROS BARES ESTÁN PERDIENDO LAS SEÑAS DE IDENTIDAD. Se dirá que es el signo de los tiempos: globalización, mundialismo y clientela poco exigente.

Es así, pero no necesariamente debería serlo. De hecho, no es bueno que así sea. La mayoría de bares chinos tienen a un personal contratado subpagado. Ni les interesa hacer clientela, ni les interesa nada de lo que pueda interesar a los clientes. Sin olvidar que, buena parte de los que están al  otro lado de la barra –vale la pena recordarlo, y me resisto a llamarlos “camareros”- apenas sabe hablar castellano. Aquí tenemos otra muestra de empobrecimiento de la vida urbana (de la urbana y de la rural, porque nos hemos encontrado bares chinos en pueblos del interior de apenas 100 habitantes).

El cliché étnico y el tópico dice que los chinos son “guarros”. No sé si será cierto o no e incluso afirmarlo podría ser delictivo en esta España políticamente correcta, paraíso del pensamiento único. Pero la fama de “guarros” les acompaña y contribuye a disuadir a muchos, entre ellos a mí, de frecuentar bares con chinos al otro lado de la barra. Además, de tanto en tanto, me gusta conversar con el camarero. Sobre todo si lo veo todos los días. No me gusta tener a un chino hermético al que sé de sobras que no le importo nada, ni que comparte nada de aquello que me pueda interesar.

Los hijos del mandarinato tienen poco que ver con los hijos de la Vieja Europa.

¿Boicot a los bares chinos? Si quiero un restaurante indonesio, tengo un restaurante indonesio; si quiero cocina balinesa, seguro que encuentro algún local y si me apetece un kebab como los servidor en Siria o en Ankara, no faltarán. PERO COMO MUESTRA DEL ABSURDO DE LA MODERNIDAD Y DE LA GLOBALIZACIÓN, SI EN EL ENSANCHE BARCELONÉS, EN EL BARRIO EN EL QUE NACÍ, QUIERE UNAS TAPAS ESPAÑOLAS ¡¡NO LAS ENCONTRARÉ!! A cambio, eso sí, tendrá decenas de bares en donde me servirán el mismo café aguado, la misma ensaladilla rusa amazacotada, olivas del mismo sabor, cubatas de garrafón, todo eso sí, servido con expresión hermética. Ni siquiera podré discutir de Lao-Tsé o de Confucio con el que está al otro lado de la barra: porque apenas le interesa otra cosa más que el juego y los culebrones chinos y es hijo de su tiempo, ni siquiera de la China de siempre.

Me quejo de todo eso: de que ni siquiera los chicos de los bares son los descendientes de los constructores de la Gran Muralla o los educados en las filosofías contemplativas.

¿BAR CON CHINOS? SERÁ TU BAR, NO EL MÍO.