Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El mito de la "España, paraíso de las tres culturas" (y II)

El mito de la "España, paraíso de las tres culturas" (y II)

Infokrisis.- Rematamos aquí el artículo anterior en el que intentábamos aportar algunas pruebas históricas de la inexistencia de una "armoniosa convivencia" entre las culturas islámica, hebrea y cristiana en la España Medieval. Abordamos dos temas interesantes: la discusión sobre si eran o no "españoles" los moriscos y  los agravios entre las distintas confesiones religiosas. La Península Ibérica fue cualquier cosa menos un remanso de interculturalidad, paz étnica y diálogo de civilizaciones.

En la época medieval, el fenómeno religioso era capital. Así pues, no hay que extrañarse de la hostilidad recíproca entre las distintas comunidades presentes en la Península Ibérica. Los cristianos reprochaban a los judíos el haber sido “el pueblo deicida”. Y a los musulmanes les reprochaban haber obstaculizado por todos los medios el culto cristiano en la zona dominada por ellos. Era rigurosamente cierto que, aunque las iglesias cristianas no vieron clausurado su culto, tampoco se abrieron iglesias nuevas e incluso no faltaron casos en los que la autoridad islámica impidió que se procediera a restauraciones en las ya existentes. Durante ochocientos años, las campanas no pudieron sonar en la Península dominada por los musulmanes. El rey Fernando III, restituyó a Santiago de Compostela las campanas que habían sido llevadas a Córdoba en 998. Las costumbres islámicas, no eran la mejor forma de convivir, desde luego.

Además, los musulmanes seguían una religión cuyo libro sagrado no era precisamente un dechado de tolerancia: “¡Creyentes! No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos”, se dice en el Corán 5:56. Y, para colmo, los musulmanes, como los judíos y los cristianos, se consideraban seguidores de la “única religión verdadera”, así que cualquier entendimiento era imposible por que, residiendo uno en la verdad, los otros dos, necesariamente, estaban instalados en la mentira.

La animadversión de los cristianos hacia los judíos tenía un fundamento teológico. Los Padres de la Iglesia ya habían determinado que su condición deicida les había condenado a la sumisión eterna. En la España cristiana se les consideraba “propiedad del rey” y así queda determinado en el Fuero de Teruel (1176) “los judíos son siervos del rey y pertenecen al tesoro real”.

Es cierto que algunos condottieros cristianos se pusieron al servicio de los musulmanes, pero su gesto mercenario no mejoró su imagen ante los musulmanes. “Las memorias –escribe Fanjul- de ‘Abd Allah de Granada reflejan el descontento y odio suscitado contra quienes admiten ofertas de servicio bélico de los catalanes”. El tratado de Ibn ‘Abdum, escrito en el siglo XII, equipara a judíos y cristianos con leprosos, prescribiendo su aislamiento para evitar contagios y algunas prohibiciones derivadas: “Ningún judío debe sacrificar una res para un musulmán” o “no deben venderse ropas de leproso, de judío, de cristiano, ni tampoco de libertino”, o esta otra: “No deberá consentirse que ningún alcabalero, judío ni cristiano, lleve atuendo de persona honorable, ni de alfaquí, ni de hombre de bien” y, finalmente, esta: “Un musulmán no debe dar masaje a un judío ni a un cristiano, así como tampoco tirar sus basuras ni limpiar sus letrinas, porque el judío y el cristiano son más indicados para estas faenas, que son para gentes viles”. Ni aun cuando los musulmanes fueron derrotados y pasaron a ocupar un lugar subalterno en los reinos cristianos de la Península, varió este tabú: los judíos eran considerados inferiores y así debían seguir siéndolo por toda la eternidad. En las Capitulaciones de anta Fe entre Boabdil y los Reyes Católicos, se incluye una cláusula a este respecto: “Que no permitirán sus altezas que los judíos tengan facultad ni mando sobre los moros, ni sean recaudadores de ninguna renta”.

Para es que, a finales del siglo XVIII, los musulmanes seguían sosteniendo que ni judíos ni cristianos podían entrar en la ciudad de Fez sino descalzos, como signo de humillación y en todo el norte de África estaba extendida la costumbre que ni judíos ni cristianos podían entrar en las ciudades en montura alguna para evitar que sus cabezas estuvieran sobre las de los musulmanes.

Cita Fanjul un ejemplo con la intención de demostrar que estas prohibiciones y tabúes, lejos de ser erradicados del Islam moderno, siguen teniendo redoblado vigor. Da cuenta de una noticia aparecida en “Diario 16” el 30 de agosto de 1995, en la que se explica la segregación que sufren las mujeres en los autobuses de Teherán. El autobús es, al parecer, un pervertido sistema de transporte en el que hombres y mujeres sin ningún parentesco restriegan ignominiosamente sus cuerpos. Dado que en aquella época viajaban diariamente 370.000 mujeres en los autobuses de Teherán, algún genial ayatolah calculó que, a un promedio de 10 fricciones por mujer y viaje, diariamente se cometían 3.370.000 pecados carnales solamente en los autobuses. De ahí que fuera necesario realizar una segregación en el transporte: los hombres en la parte de delante, las mujeres atrás. El Islam moderno se ha esclerotizado. Las prohibiciones sobre leer poemas en el interior de las mezquitas, o prohibir cualquier música sacra, o las interdicciones para que carpinteros y vidriaron se abstuvieran de fabricar copas para beber licores, la prohibición de alcohol, no solamente para musulmanes, sino para cualquier ciudadano que visite un país musulmán, etcétera, siguen estando tristemente vigentes en el Islam.

Los moriscos y los mudéjares ¿eran españoles?

Resulta curioso que nuestros “progres” insistan en uno de los argumentos más peregrinos sobre su nebulosa idea del “país de las tres culturas”, pues no en vano, aluden con frecuencia al “Estado Español” para evitar referirse a España y a los españoles, mientras que pugnan por imponer a los moriscos y mudéjares la nacionalidad española. Y para este quiebro ignoran la opinión de los mismos interesados. Vale la pena tenerla en cuenta.

Fanjul recuerda algunos detalles del esfuerzo integrador de los Reyes Católicos que en el 1500 que hoy son presentados como rasgos xenófobos y racistas, pero que en su época no tenían otra intención más que la de borrar las aristas entre ambas comunidades, mora y cristiana, y hacer viable la integración en el marco de una plena libertad religiosa. Se permite a los moriscos que utilicen las mismas ropas que los cristianos, se suprimen las “morerías”, se permite la participación de moriscos en las fiestas cristianas y se fomentaron los matrimonios mixtos. Todo ello sin el más mínimo resultado. Más se tendía la mano, más se reforzaba la identidad de la comunidad morisca y más ésta tendía la mano a los piratas argelinos y al turco. E, incluso cuando se producen matrimonios mixtos, los moriscos intentan no tener hijos, tal como demuestra una sentencia de la Inquisición, rescatada por Cardaillac, emitida contra un marido morisco que maltrataba –que raro, por cierto- a su esposa, cristiana vieja.

A decir verdad, da la sensación de que los Reyes Católicos conocían poco la mentalidad de los moriscos y se dejaron llevar en este tema, más por la generosidad que por la realidad. Ignoraban, por ejemplo, que la lengua árabe es considerada por los musulmanes como una lengua sagrada –no en vano, en ella se redactó el Corán y era la lengua del Profeta- así que pretender que utilizaran el castellano era pedirles que renunciaran, no solamente a una seña de identidad, sino también y mucho más, a un puntal de su fe. Fanjul recuerda que el empleo del castellano por los moriscos era “instrumental y sin consideración alguna”. Y Cardaillac añade: “Su posición [la de los moriscos] es muy clara: proclama todo su respeto por la lengua árabe, de innegable superioridad sobre el castellano”.

Como dice un viejo texto hermético alejandrino, “lo semejante se une a lo semejante”, por tanto no es de extrañar que quienes admiraran la lengua árabe y eligieran sólo y preferencialmente expresarse en ella, miraran a otros que también lo hacían, los piratas argelinos y los turcos, entonces y hasta Lepanto, en su apogeo. La piratería argelina y bereber prosiguió desde la Toma de Granada hasta finales del siglo XVIII, como quien dice, hasta hace 225 años apenas. Es significativo que tales hostigamientos se produjeron a partir de 1492, no antes.

El otro riesgo lo constituyeron los turcos. Como se sabe, los moriscos de Granada y de las Alpujarras, miraban más hacia la Sublime Puerta de Oriente que hacia la generosidad de los Reyes Católicos. Cuando se inicia la sublevación de las alpujarras, los rebeldes –gandules y monfíes- se tocan la cabeza con turbantes turcos y solamente toman las armas cuando han recibido garantías de apoyo turco. No eran unos insensatos desesperados por una opresión cultural y étnica de la que si alguien es inocente son los Reyes Católicos, sino los insurgentes que llaman en su auxilio a una potencia enemiga de Castilla y Aragón.

No es que no se quisiera asimilar a los moriscos, es que estos se identificaban con el mundo islámico, y no solamente de manera religiosa o cultural, sino empuñando las armas contra los reinos cristianos o abriendo la puerta a sus enemigos. Ni eran ni se sentían “españoles” porque en todo momento, desde la Toma hasta la expulsión, los moriscos ni reivindicaron su “españolidad”, ni estaban dispuestos a salir de sus “guetos” que, a fin de cuentas, eran los garantes de su propia identidad.

Hay que decir que, aparte de la politica integracionista de los Reyes Católicos, la mayor parte de la España cristiana no reconocía a os moriscos nuestra nacionalidad. Es rigurosamente cierto que los ocho siglos de Reconquista hicieron que el hecho religioso y el nacional estuvieran íntimamente unidos como en ningún otro lugar de Europa.

Maravall cita en su obra “El Concepto de España en la Edad Media”, abundante documentación que demuestra la común voluntad que tenían todos los reinos y condados peninsulares de ser y sentirse “españoles”, que entonces era una especie de entidad metapolítica, superior a los reinos hasta entonces existentes. A partir del siglo XI, estos que se reconocían “españoles” (y Américo Castro en su obra “Sobre el nombre y el quien de los españoles” aporta también datos de indudable valor) asumen la Reconquista como objetivo común. Pero ninguna taifa o califato musulmán asumía tal pertenencia. Ciertamente, también hasta el último musulmán peninsular –no digamos “español”- se sentía partícipe de una comunidad supranacional y metapolítica, pero no era desde luego, España, sino el “dar Islam”, las tierras ganadas para el Islam que se extendían desde Oriente Medio hasta Al-Andalus.

Al-Andalus jamás alcanzó unificación étnica, cultural y religiosa hasta los últimos siglos cuando se había reducido al Reino de Granada. Hasta entonces había predominado el elemento árabe, pero conviviendo con distintas minorías que, poco a poco, fueron exterminadas, deportadas, expulsadas, esclavizadas o fugadas. Particularmente fuertes fueron los encontronazos entre bereberes y árabes. La incapacidad musulmana para superar el estadio tribal y constituir naciones en el sentido moderno de la palabra, estuvo siempre presente y rompió el Califato de Damasco por las mismas razones que luego se rompería el de Córdoba y alumbrarías las inefables taifas.

¿Han oído hablar de la “taqqiya”? Es la ocultación de los verdaderos sentimientos, una práctica, realmente inmoral desde nuestro punto de vista, pero que algunas autoridades islámicas autorizan. Se ha hablado mucho de “cripto-judíos”, pero muy poco de “cripto-musulmanes”. Y haberlos, los hubo. Exteriormente, se habían hecho bautizar, pero mantenían sus prácticas religiosas originarias en secreto y boicoteaban como podían la práctica cristiana. Se sabe que muchos “cripto-musulmanes” evitaban ser enterrados en cementerios cristianos, o bien se sometían a un ritual de “limpieza” que borraba los beneficios aportados por el Bautismo. Se conocen casos en los que moriscos, presas de ataques de cólera, habían terminado evidenciando a gritos su verdadera fe, hasta el punto de que en 1602, un monje del Monasterio de Montserrat escribía al Duque de Lerma una misiva en la que pedía medidas contra estos “cripto-musulmanes”, “que con aver sido tantas vezes perdonados y reconciliados con nosotros, siempre nos tienen un odio mortal como lo an mostrado en las ocasiones que se an ofrecido”. Se conocen casos, así mismo, de “cripto-moriscos” que, casados con cristianas, propinaban palizas a sus hijos si los sorprendían comiendo tocino o bebiendo alcohol. Entre la Toma de Granada y la expulsión definitiva de los moriscos se sucedieron casos de profanación de iglesias y de objetos litúrgicos, hubo ensañamientos con imágenes de Cristo y la Virgen y Cardaillac cita el desánimo y la desazón con la que estos “cripto-moriscos”, tomaron la noticia de la victoria de Lepanto. El deseo de revancha aparecido con la Toma de Granada se reavivó de nuevo.

En 1495, finalizó la exención de impuestos a la comunidad morisca de Granada y, en ese momento, muchos optaron por emigran o por las conversiones más o menos interesadas. A pesar de la gran estatura religiosa, moral y política de fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, y del énfasis puesto por él en que fueran predicadores capaces de expresarse en árabe quienes asumieran la evangelización de su diócesis, lo cierto es ue cuando los Reyes Católicos regresaron a Granada en 1499, encontraron la ciudad completamente islamizada, aunque dirigida por el pequeño núcleo cristiano. En cualquier momento podía producirse un riesgo de subversión y, efectivamente, en el 1500 el Albaicín se subleva. Talavera actuó de mediador entre las partes y, aun a pesar de que se habían producido algunos asesinatos de cristianos, extendió la oferta de perdón a los sublevados, a cambio de bautismo. La Reina Isabel debió jurar que no consentiría conversiones forzadas, pero la sublevación se extendió por las Alpujarras. Allí destacó la guerrilla de los “gandules”, jóvenes moriscos sublevados. El Rey Fernando se desplazó a Granada y ofreció de nuevo el perdón. Hubo lucha y, finalmente, conversiones como alternativa de supervivencia, que por convicción. En 1501 la sublevación se había extinguido y se ofreció a los rebeldes medios para que emigraran, porque ya en esa época las autoridades empezaban a valorar que, ante la imposibilidad de integración de las comunidades moriscas y ante lo poco convincente de sus bautismos, solo quedaba la alternativa de la expulsión.

A diferencia de algunos judíos conversos que adoptaron la nueva fe con un vigor desconocido incluso para los cristianos viejos –la famosa “fe del converso”- no ocurrió lo mismo entre los musulmanes. Muchos fueron los conversos que destacaron luego como defensores de la fe cristiana, sin dobleces e incluso con un punto de fanatismo, desde Torquemada a Santa Teresa. Hubo en el caso de los judíos un intento de integración aunque el fenómeno de los “cripto-judíos” se prolongara hasta bien entrado el siglo XVII.

Los moriscos nunca quisieron ser considerados españoles. Su identidad era otra. Sus esfuerzos de integración fueron nulos. Su resquemor aumentó a medida que fue aumentando el tiempo transcurrido desde la toma de Granada. Se aliaron con los turcos, abrieron las puertas a los piratas argelinos y bereberes, se sublevaron finalmente, después de un período de continuas insurrecciones y conflictos. La expulsión se mostró pronto, como la única medida posible para atajar los problemas futuros que podían derivarse. Gracias a la expulsión subsiguiente a la guerra de las Alpujarras, la España que heredamos no tiene nada que ver con Bosnia o Kosovo. Los problemas de integración no son nuevos, son connaturales a las comunidades musulmanas.

Conclusiones en detrimento del mito de las “tres culturas”

Isaac Baer en su “Historia de los judíos en la España cristiana” sentencia la cuestión de la “España de las tres culturas”: Dice Baer: “las ciudades de la época de la Reconquista se fundaron en su mayoría según el principio de igualdad de derechos para cristianos, judíos y musulmanes; naturalmente que la igualdad de derechos era para los miembros de las diferentes comunidades religioso-nacionales como tales miembros y no como ciudadanos de un estado común a todos. Las distintos comunidades eran entidades políticas separadas”. Así pues, cabría más bien hablar de la “España de las tres culturas… aisladas” que omitir la última palabra con el riesgo de pensar en una convivencia pacífica que no fue tal. Si existió convivencia fue por que cada comunidad vivía en un aislamiento total y hacía innecesaria tratar con miembros de las otras dos.

Así pues, nuestros “progres” alimentan un mito. Mejor dicho, alimentan una mentira. El mito es una dramatización con fines educativos. La mentira es una forma de falsear los modelos. Así lo se ha hecho insistentemente a partir de los eventos del 92 y así se repite una y otra vez en la España de ZP. Pero una mentira mil veces repetida logra solamente engañar a los incautos y encabronar a los que se mantienen en guardia. Las mentiras y los errores fatuos sobre multiculturalismo, mestizaje, triplete cultural y demás, no han logrado avanzar ni un ápice hacia el objetivo metafísico, el zapateril “diálogo de las civilizaciones”. No son las civilizaciones, sino los civilizados, quienes dialogan y, hasta ahora, los intentos se han saldado con alardes de mediocridad.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El mito de la España "paraíso de las tres culturas" (I)

El mito de la España "paraíso de las tres culturas" (I)

Infokrisis.- En ya lejano nº 224 de La Revista de Occidente (enero de 2000), Serafín Fanjul, escribió un artículo titulado "El mito de las tres culturas" que tiene todavía hoy actualidad desde el momento en que el presidente del gobienro se ha empeñado en esa absurda falacia del "diálogo de civilizaciones", amparado en el mito de la perfecta convivencia de las tres culturas en la España Medieval. En este y en el artículo que siguen, glosamos este artículo de Fanjul y cargamos contra este insostenible mito progresista.

Nadie sabe quien, nadie sabe porqué, el caso es que, a partir de 1992, empezó a popularizarse el slogan de “España, país de las tres culturas”, y por ellas se entendían no la cristiana, la greco-latina y la indoeuropea, sino la cristiana –lo cual es correcto- la islámica –lo cual ya es mucho más discutible- y la judía. Se presentaba, no a España, sino a Al-Andalus, es decir, a la ideo que los islamistas se hacen de nuestro país, como un lugar de tolerancia, convivencia e idilio intercultural.

Es posible que el slogan surgiera de malos lectores de Américo Castro y de peores políticos a la búsqueda de una idea “progresista” que vender a falta de algo mejor. El caso es que, aquellas aguas trajeros estos lodos y del mito de la “España, país de las tres culturas”, surgió la nefanda y pervertida idea del “diálogo de civilizaciones” (como si las civilizaciones dialogaran y no fueran los civilizados a quienes cupiera tal honor y habilidad).

El mito es mito y como tal queda en el capítulo de las buenas intenciones, frecuentemente, inconscientes y alocadas. Jamás hubo un “país con tres culturas”; mejor dicho, hubo varios, la cuestión es que, lejos de convivir armoniosamente, cada cultura maldijo a las demás. Y, si se nos apura, algunas culturas despreciaron más a otras. No se puede decir que la cultura islámica haya sido particularmente tolerante, ni fértil –salvo honrosas excepciones- en los ocho siglos de presencia en nuestro solar. Y, en cuanto a la judía, si es cierto que demasiado frecuentemente, a partir del siglo XIII, fue más yunque que martillo, pero cabría añadir que en las estrofas del Talmud no se encuentran precisamente llamamientos a la tolerancia, sino justamente al desprecio más absoluto del “goim”, esto es, del no judío.

Son estas cosas que más vale olvidar y que, seguramente, no habríamos sacado a colación de no ser porque la verdad está por encima de los eslóganes “políticamente correctos” y que a cualquier mentira debe seguir un esfuerzo de la misma envergadura y de sentido contrario, en aras de restablecer la verdad. Y de la misma forma que quienes hoy, en su insensata ingenuidad han contribuido a que más que nunca se hable de la II República y de la malhadada Guerra Civil, son precisamente los mismos que han desatado el tema del “diálogo de civilizaciones”, habrá que decirles que, casi mejor hubieran callado en uno y otro tema, porque así habrían contribuido a tapar precisamente las vergüenzas de quienes pretenden defender. Es posible que, de no ser por la insensatez de gente como ZP, las nuevas generaciones hubieran crecido sin saber que Santiago Carrillo fue llamado “el verdugo de Paracuellos” y porqué se le tildo de tal. De no haber existido un reciente e injustificable “visionarismo” histórico sobre nuestra guerra civil, no habría existido tampoco el “revisionismo” consiguiente y, probablemente, se hubieran dejado las cosas como estaban, que más valía. Y, es posible que gentes como Serafín Fanjul, o nosotros mismos, en aras de la buena armonía entre vecinos, no hubiéramos estimado pertinente cargar contra el mito de la “España, país de las tres culturas”, de no ser por que tenemos el hábito de lanzarnos como el viejo Quijote contra los molinos, allí en donde nuestro sentido común y la verdad histórica se ven lacerados.

Nuestro país ha sufrido un proceso de falsificación histórica que se inicia en el último tramo de los años setenta, cuando cualquier localista podía retorcer la historia en beneficio propio, sin que nadie opusiera el más mínimo reparo, so pena de ser tildado de franquista y ridiculizado como “fundamentalista visigodo”. La falsificación flagrante que el nacionalismo periférico hizo de nuestra historia, abrió las puertas a cualquier otra falsificación ulterior, desde el lanzamiento del mito de las “tres culturas”, hasta el movimiento por la recuperación de la “memoría histórica”, es decir, de una memoria hemipléjica. Porque aquí, pecados, lo que se dice pecados, los cometieron las dos partes y no es el caso ahora, elucidar cual de las dos fue más culpable.

Un eminente arabista e hispanista, R.I.Burns, escribe en su obra “Los mudéjares de Valencia”: “a pesar de la asimilación recíproca y pacífica convivencia de cristianos y musulmanes, una aversión profunda dividía a ambos pueblos. Este sentimiento fue, no solo más allá de las actitudes convencionales o expresiones de desprecio mutuo, sino incluso más allá de la hostilidad que se podía esperar que provocarían las diferencias religiosas: refleja un antagonismo básico de culturas en una posición clásica de conflicto. Tal antagonismo tomó, finalmente, forma violenta en las revueltas y asaltos a las aljamas mudéjares que afectaron a todo el Reino de Valencia hacia el 1275 (…) Para comprender este fenómeno no resultan muy útiles los conceptos modernos de tolerancia/intolerancia o de raza o patriotismo nacionalista frente a la amenaza de revuelta”.

De la noche de las fosas de Toledo

El bachillerato del franquismo nos lo ocultó, quizás por aquello de “nuestra tradicional amistad con los árabes”, pero el caso fue que en el 729, dieciocho años después de que Tarik y Muza cruzaran el estrecho y se desplomara el Reino Visigodo de Toledo, tuvo lugar un episodio repugnante que no contribuye en mucho a afianzar la idea de la convivencia entre dos de lastres culturas de la España medieval.

Ese año, en una sola noche, fue exterminada toda la nobleza hispano-visigoda de Toledo, a traición y por la espalda. Amrus bin Yusuf, gobernador de Talavera, recibió la orden de liquidar a la nobleza toledana sobre la que recaía la sospecha de que antes o después terminaría sublevándose. El episodio es relatado con minuciosidad por Evariste Leví-Provençal. Con esa duplicidad de intenciones que ha “topificado” al islamismo, bin Yusuf llegó a Toledo aparentando buenas y loables intenciones. Reunió a los nobles y les propuso que residieran en el interior de un castillo que él mismo construiría en el noroeste de la ciudad. Cuando concluyó la construcción, Abderramán pasa cerca de Toledo y bin Yusuf y los notables salen a su encuentro y le invitan a visitar la ciudad. Abderramán acepta y Yusuf invita a la nobleza toledana al convite. Uno a uno, a medida que van penetrando en el recinto, son llevados por el estrecho pasadizo que bordea el foso de donde se ha extraído la tierra para construir las murallas. Ahí, uno a uno, son degollados. Displicentemente, los esbirros de Yusuf los dejan caer al foso muertos o agonizantes en lo que se convertirá en una fosa común. Los islamistas de Hispania han inventado la “limpieza étnica” que prefigura las matanzas de Paracuellos, las fosas de Katyn o las masacres de los khmeres rojos. Se trata de liquidar a los notables y a la élite de una comunidad para lograr que ésta pierda su identidad y se doblegue. Ha cronistas que elevan la cifra de degollados a 5000, pero otros más realistas, dan la muy considerable de 700. Ahora ya sé por que mi madre me decía en las noches de tormenta o en aquellas en las que apenas concilió el sueño que había pasado una “noche toledana”.

Pues bien, desde la “noche de las fosas” hasta la guerra de las Alpujarras en el siglo XVI, pasando por la represión de Hixen II contra los cristianos o las reiteradas técnicas de “limpieza étnica” de los “djuns” (milicias armadas de la aristocracia árabe) en el tiempo de Abdelramán III (siglo X), puestos en la balanza los pros y los contras del mito del “país de las tres culturas”, parecen dar la razón a los “negacionistas” por mucho que les pese a los Antonio Gala del “Manuscrito Carmesí” (Al-Andalus, el paraíso perdido) o a los Ropp y Calamar autores en comandita de “La España árabe, legado de un paraíso”.

Todas estas obras son altamente tributarias del libro de Américo Castro “La Realidad Histórica de España”. Como recuerda Fanjul, no hay que confundir los excesos del nacionalcatolicismo de los años cuarenta, con los excesos en sentido contrario y con la negación de las “apoyaturas históricas” que éste utilizó. Por que Américo Castro se equivoca cuando dice: “las tres religiones, ya españolas, conviven pacífica y humanamente”. O bien: “es imposible separar lo español y lo sefardí” o “Tan españoles son los unos como los otros todavía en aquella época”, citas extraídas de “La Realidad Histórica de España”. Para comprender por que Américo alude a “los españoles” en el siglo XIV hay que leer otra de sus obras, “Sobre el nombre y el quien de los españoles”, no carente de aspectos interesantes, pero erróneo en este aspecto que nos ocupa ahora. De todas formas, no es solamente Américo Castro quien se equivoca sino también Toynbee el cual niega connotaciones racistas al Islam. Y las tiene. Vaya que si las tiene.

A quien diga que siempre subsistieron importantes comunidades mozárabes en Toledo, Mérida, Córdoba o Sevilla, también es rigurosamente cierto que en el siglo XII, los cristianos de Málaga y Granada fueron deportados en masa a Marruecos y expoliados de todos sus bienes. Y sin olvidar que entre el 850 y el 859, los cristianos cordobeses sufrieron una dura persecución (con la decapitación de San Eulogio). En toda Al-Andalus los cristianos fueron objeto continuado de condena moral. Dice el sevillano Ibn ‘Abdun: “Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y somitas”. Y acto seguido pide que se circuncide a los nacidos cristianos. En la Granada nazarí se martirizaron a franciscanos durante en 1397 durante el reinado de Enrique III, que habían ido a predicar la fe cristiana en aquella zona.

El racismo islámico en Al-Andalus y en la actualidad

Es habitual entre los notables musulmanes alterar sus genealogías para mostrarse como descendientes del Profeta o bien, simplemente, para promocionarse socialmente. Se hizo ayer y se sigue haciendo hoy. Domingo Badía, que lo sabía, no dudó en construir falsas genealogías que acreditaban a su alter ego, “Ali Bey” como descendiente del profeta. Eso le permitió ser recibido el la Sublime Puerta y en Tánger por el sultán de Marruecos y, finalmente, ser el primer occidental que pudo penetrar en La Meca y ver la Kaaba. Esto sin olvidar las dificultades puestas los las autoridades islámicas a las uniones entre islamistas y no islamistas. De hecho se recuerda a la secta “ajnasí”, como una rareza, precisamente porque autorizaba tales matrimonios.

Los cuentos son una inagotable reserva de datos sobre los hábitos, las creencias y las preferencias de los pueblos. En este sentido, Serafín Fanjul nos recuerda que vale la pena revisar la cuentística popular norteafricana para documentarnos sobre el “enfrentamiento continuo entre etnias, pese a ser musulmanes todos árabes y kábilas, marroquíes y argelinos reflejan sus odios, sus prejuicios transmitido, a permanente adjudicación al contrario, o al vecino, de cuantos defectos se pueda imaginar”. Hay jurisconsultos islámicos que llegan a negar el derecho a permanecer en territorios no musulmanes, dado el riesgo que corren de contraer matrimonios mixtos. Como si unirse a quien practique otra religión, convierta, por esto mismo, automáticamente, en impuro.

El Islam es sin duda el elemento que explica porqué las sociedades islámicas se encuentran en el más triste subdesarrollo o bien en unas problemáticas vías de desarrollo. La práctica coránica establece el concepto de “kafa’a”, según el cual el matrimonio aconsejable es aquel en el que existe igualdad social entre ambos cónyuges. Y precisamente por eso, una cónyuge musulmána, jamás puede ser “igual” a un esposo que no lo sea. Ahora bien… un varón musulmán si puede casarse con una mujer que no lo sea, dado que, como recuerda Fanjul, “por ser su condición masculina garantía de una superioridad que no permitirá, por ejemplo, que los hijos adopten otra fe distinta de la islámica”. Al racismo se une el machismo.

Pero el racismo islámico se observa especialmente en relación a las etnias negras africanas. Ciertamente, el esclavismo de los siglos XVIII y XIX, no figura entre los capítulos más luminosos de la historia de Europa, pero, puestos a revisar la historia, habría que añadir que estos esclavos eran capturados por traficantes árabes que habían conquistado territorios en África Central.

El hecho de que los negros sean considerados como situados en el escalón más bajo de la escala social y, por tanto, la unión de una musulmana con un negro repugne a la conciencia islámica, se evidencia en el episodio de “Las Mil y Una Noches”, en la que un “negro bueno” es recompensado al final de su vida ¡volviéndose blanco en el momento de la muerte!, o la historia de los reyes Sahzaman y su hermano Sahriyar en la que sus esposas fornican con negros.

Salvo en el caso de los “Musulmanes Negros” de los EEUU (una rama desgajada por completo del Islam ortodoxo y que no es más que una rareza americana como tantas otras), los musulmanes de raza negra, han debido aceptar, finalmente y a regañadientes, su inferioridad social y el ocupar el rango más bajo de la jerarquía. Y es curioso, por que los judíos de origen negroide, que huyeron en los años setenta y ochenta de las crisis en Etiopía y en el Cuerno de África, son hoy vejados y considerados como el estrato social más despreciable, tras haber emigrado hacia el Estado de Israel.

Ciertamente hay alguna obra clásica musulmana en la que se defiende a los negros. Por ejemplo en “Elogio de los negros frente a los blancos” de al-Yahiz, cuyo título, precisamente, evidencia ciertas connotaciones racistas. Es, de todas formas, una excepción. Lo más habitual es considerar a los negros en los términos que hace al-Maydani en sus “Proverbios Árabes”, uno de los cuales dice: “Como el negro, cuando tiene hambre, roba, y si se sacia, fornica”. Y no encontraríamos la menor dificultad en multiplicar las citas en el mismo sentido intolerablemente racista.

Así pues, con el Islam cabalga un racismo innegable y tozudo. Podemos pensar que ese racismo también cristalizó en los ocho siglos de presencia islámica en la Península Ibérica.

¿Mezcla étnica en la Iberia Medieval?

No, apenas o nada. Decir que los españoles somos “medio moros” es uno de los tópicos de la “leyenda negra”. De hecho, hoy es cuando viven sobre nuestro suelo mayor número de magrebíes. Por otra parte, las mismas barreras que el propio Islam pone a los matrimonios mixtos salvaguardó el legado hispano-romano anterior. Ni los 30.000 árabes que entraron inicialmente con Tarik y Muza, ni los que se incorporaron en las sucesivas oleadas posteriores, alteraron el fenotipo medio de los hispanos.

Hacia el 1500 apenas existían 25.000 moriscos en Castilla , casi todos concentrados en Trujillo, Plasencia de las Armas, Alcántara y Uclés, mientras que en Andalucía solamente quedaban 2000 en Sevilla y Córdoba, aparte de los de las Alpujarras y Granada que en esa época apenas quedaban 40.508. Es decir, que en la España liberada de reinos musulmanes, apenas quedaban no más de 65.000 moriscos. Poco, realmente. Y no se sentían “españoles” contrariamente a lo que Américo Castro opina. Ni se sentían, ni lo eran, ni querían serlo, ni se comportaban como tales. Uno de ellos –el morisco Juan González- escribía en 1597: “la lei de los cristianos se podía decir de perros […] que era puto el que estaba en esta lei de Cristo […] Y que quisiera que lo llevara el diablo a su tierra [Argel] que havía de fazer quemar a todos los cristianos que allí uviese”. Podemos pensar lo que hubiera supuesto que toda esta patulea permaneciese en la Península hasta nuestros días. Las guerras balcánicas habrían sido poco en comparación con lo que nos hubiera esperado de no haber sido expulsados tras la guerra de las Alpujarras. En realidad, lo que ocurría es que los ocho siglos de presencia islámica habían creado dos campos enemigos. Tras la Toma de Granada y las medidas pacificadoras de los Reyes Católicos, esta mentalidad de bando se siguió manteniendo, especialmente en las filas de los perdedores. Y que no se diga que los Reyes Católicos extirparon el culto islámico. Fanjul recuerda el testimonio de un viajero de la época que describía Granada: “Las casas son como se acostumbra en Egipto y África, pues todos los sarracenos convienen tanto en las costumbres como en los ritos, utensilios, viviendas y demás cosas”. La política generosa de integración impulsada por los Reyes Católicos no cosechó el más mínimo resultado.

Caro Baroja recuerda: “Hacia el 1550 o 1560 no cabía establecer gran diferencia racial entre la población morisca y la cristiana vieja de muchos de los pueblos de Granada, Almería y Murcia. La distinción entre unos y otros era de tipo social, no biológico. Se hacía teniendo sencillamente en cuenta la línea masculina y la religión del padre. Así, un cristiano viejo, e hidalgo por añadidura, podía ser y de hecho era con frecuencia, hijo de madre morisca y nieto, también de abuelas moriscas”. Así pues, en la zona cristiana no existía el prejuicio religioso con la misma intensidad que en la parte musulmana. Fanjul cita dos hechos que contribuyen a elucidar la situación de la época.

El primero es la galería de retratos de los príncipes omeyas reproducida por Sánchez Albornoz en “La España musulmana”, “con presencia de rubios y morenos y hasta algún pelirrojo, pero dentro de las características generales del tipo físico común a la Península Ibérica”. El segundo dato explica la tendencia de los musulmanes de la Península a vincular sus linajes con las familias conquistadoras del siglo VIII; pero la mayoría de estas genealogías son espúreas. De hecho, cuando Ibn Hazm compone su “Yamhara”, comprueba que “el reducido número de linajes árabes arraigados en la Península y lo limitados y dispersos que vivían en el siglo XI, señalando la cifra de 73”. Y concluye Fanjul: “La aportación racial árabe fue muy exigua”.

A lo largo de ocho siglos, a esta aportación foránea se fueron uniendo los hispano-romanos que terminaron convirtiéndose al Islam, ya sea por convicción, o más frecuentemente, para evitar pagar tributos.

Y en cuanto a los judíos, no puede decirse que fueran muy numerosos en relación a la población residente en otros países europeos. Se cree que en el siglo XI no vivían en la Península más de 50.000 judíos y algunas fuentes hebreas dan cifras menores.

Ahora bien, esta minoría judía era fuertemente racista y tampoco aquí encontramos nada que pueda evocar la “España de las tres culturas”. Quien no era de raza judía, de pura raza judía, no pertenecía al “pueblo elegido”. La sangre, tanto como la religión, eran extremadamente importantes en la visión hebrea de la vida. Las referencias bíblicas a la prohibición de mezcla de la sangre hebrea con otras sangres “impuras”, recorre todo el Antiguo Testamento, desde el Deuteronomio hasta el Libro de Esdras. Fanjul, siempre atento a los pequeños detalles, recuerda que “en la literatura hispano-hebrea menudean las muestras de hostilidad hacia cristianos y judíos”. Cita también dicterios hispano-hebreos repletos de improperios hacia los musulmanes, que, en el fondo, no son sino la muestra de la mentalidad de la época, cualquier cosa menos “intercultural”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

No a Turquía en la UE (VIII). El petróleo del Caspio en el fondo de la cuestión

No a Turquía en la UE (VIII). El petróleo del Caspio en el fondo de la cuestión

Infokrisis.- A dos años de la primera "revolución naranja", la ucraniana, los hechos no pueden ser más desalentadores, tanto para este país como para Georgia que habían depositado sus esperanzas de avanzar en estos movimientos de renovación política. El problema no sería tan importante si no fuera por que los países ribereños del Caspio se encuentran todos en la misma situación y... son, al mismo tiempo, primeras potencias petroleras.

El fracaso de las “revoluciones naranjas” está pesando como una losa sobre el proceso democratizador de las repúblicas exsoviéticas del Cáucaso. Es más, esas repúblicas han caído en manos de aventureros, estafadores y mediocres. Se calcula que en el Kirguistán de Balaiev el 25% de los diputados electos son, simplemente, estafadores. Pues bien, esta zona inestable, caída en manos de políticos sin escrúpulos y sin orientación, es la alternativa más viable al petróleo de Oriente Medio.

A finales de los años 90, algunos grupos de presión petroleros, formados por neo-conservadores norteamericanos, planificaron distintos oleoductos que conducirían ese petróleo del Caspio evitando que pasara por Rusia.Se proponían construirlos desde Azerbaiyán a Occidente y desde Kazajastán hacia el Este y el Oeste. La idea era que contra más oleoductos bombearan petróleo del Caspio hacia EEUU, más seguro sería el suministro.

Hoy se calcula que las reservas totales de las antiguas repúblicas exsoviéticas del Sur se sitúan en torno a los 120 millones de barriles de petróleo y su explotación, de mantenerse el actual ritmo de producción, se prolongará durante 20 años. Parece difícil que ni siquiera los cinco países ribereños del Capio logren ponerse de acuerdo en la explotación de las riquezas que allí se ocultan. Mientras que los iraníes argumentan que el Caspio es un lago, más o menos grande, pero que no justifica aplicar el derecho marítimo a la hora de pactar el reparto de sus riquezas y, por tanto, de lo que se trata es de repartír “equitativamente” tales riquezas. Los otros cuatro Estados, opinan justamente lo contrario. Claro está que Irán es el país al que le ha tocado la peor parte en la distribución de esta cuenca petrolífera. En el momento de escribir estas líneas se ignora como concluirá la polémica en torno al intento de Irán de convertirse en un nuevo socio del club nuclear, pero, en cualquier caso, el tira y afloja en torno a este tema, supone un riesgo añadido a la situación política de la zona.

Además, esta zona carece de estabilidad política. Esta inestabilidad empieza en Turquia y termina en el Este chino. Existen fotos de violencia multiétnica en Daguestán , Azerbaiyán y Armenia continúan su lucha en torno al enclave de Nagorno-Karabaj, Armenia se encuentra actualmente en trance de verse despoblada a causa de la presión insoportable que ejercen sobre ella Turquía y Azerbaiyán, Kazajastán tiene un desarrollo, como Arabia Saudí, basado en el petróleo y, al igual que el país de los Saud, las libertades políticas son un sueño; Azerbaiyán es casi una monarquía, el presidente Gaiday Aliev, fallecido en 2004, fue sustituido por su hijo, y, como era de esperar, las libertades formales siguen ausentes; pero está la cosa en Turkmenistán, que se ha definido como el más retrógrado de los regímenes de la zona; y, en lo que se refiere a Rusia, Putin está empeñado en restaurar la autoridad del Estado –algo legítimo- por encima de cualquier otra prioridad –algo dudoso-

En estas circunstancias, los EEUU han proyectado su poder en la zona, utilizando como excusa los extraños atentados del 11-S. Ha constituido en Georgia y otras repúblicas de la zona, pequeñas bases militares de las que el sociólogo Emmanuel Todd dice que, en caso de conflicto, serán rehenes más que bases operativas. Además, la presencia de esas bases ha excitado la posición antiamericana de las poblaciones y ha alertado a Rusia sobre las pretensiones de EEUU.

Pero un nuevo factor ha entrado en juego en los últimos años. El despegue económico de China hace que buena parte del petróleo del Caspio vaya a engrasar los polos industriales de reciente creación en ese país. Pero hoy sabemos, a raíz de la lectura de las actas del llamado “Grupo de Shangai” (que incluye a Rusia, China, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán), que la política china excluye la presencia norteamericana en la zona y, desde luego, es conocedora del impulso pro-norteamericano de las “revoluciones naranja”. Así mismo, China es perfectamente consciente de que está obligada a pactar una política comun para la zona, con Rusia. Y, como último factor, China, se opone decididamente al progreso de las fuerzas islamistas en zona en la medida en que estas fuerzas hacen causa común con los rebeldes uigures que actúan en el Oeste de sus propias fronteras.

Así pues, el llamado “espacio turcófono” es un avispero y se sitúa en el eje de intereses de tres grandes bloques euroasiáticos (la Santa Rusia en trance de reconstruir su poder gracias a la mano inflexible de Putin, China en la vía para convertirse en una gran potencia, y la Union Europea que precisa, como cualquier país desarrollado, un volumen creciente de petróleo) y de un actor ajeno a Eurasia (los EEUU que verían horrorizados como una entente euroasiática le excluía del pastel del Caspio).

Pero la potencia exterior a Eurasia tiene un peón en la zona que puede utilizar con la ventaja de que, solamente a través de ese peón, basta para desestabilizar a los tres actores euroasiáticos. Y ese país es Turquía.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

No a Turquía en la UE (VII) Turquía en la geoestrategia norteamericana en Eurasia

No a Turquía en la UE (VII) Turquía en la geoestrategia norteamericana en Eurasia

Infokrisis.- Resulta muy difícil dudar del papel de Turquía como aliado preferencial de los EEUU. En las líneas que siguen analizaremos este papel y sus implicaciones, a partir del estudio del texto "El Gran Tablero Mundial" de Zbignie Brzezinsky. Este texto es la continuación al elaborado hace un año y medio sobre la geopolítica de Turquía y los riesgos ue comporta la creación de un espacio turcófono a expensas de Rusia.


Zbigniew Brzezinsky en su obra “El Gran Tablero Mundial”, define a Turquía es un “pivote geopolítico” de primera magnitud. El antiguo secretario de Estado norteamericano, explica que un “pivote geopolítico” es “un Estado cuya importancia se deriva no de su poder y de sus motivaciones sino más bien de su situación geográfica sensible y de las consecuencias que su condición de potencial vulnerabilidad provoca en el comportamiento de los jugadores geoestratégicos”. Afortunadamente, el propio Brzezinsky explica su concepto de “jugadores geoestratégicos”; dice: “Los jugadores geoestratégicos activos son los Estados con capacidad y voluntad nacional de ejercer poder o influencia más allá de sus fronteras para alterar el estado actual de las cuestiones geopolíticas”. Ahora las cosas están mucho más claras. Pero Brzezinsky realiza su estudio al analizar la geoestrategia euroasiática de los EEUU. Para él solamente hay un actor principal en política internacional, los EEUU, el resto son “jugadores geoestratégicos” y “pivotes geopolíticos”. Entre los primeros, Brzezinsky distingue cinco en Eurasia: Francia, Alemania, Rusia, China e India y, otros tres en un discreto segundo plano (Gran Bretaña, Japón e Indonesia). Los “pivotes geopolíticos” que individualiza son Ucrania, Azerbaiyán, Corea del Sur, Irán y Turquía.

¿Por qué Turquía? Nos lo explica: “Turquía estabiliza la región del Mar Negro, controla el acceso a ella desde el mar Mediterráneo, equilibra a Rusia en el Cáucaso, sigue ofreciendo aún un antídoto contra el fundamentalismo musulmán y es el pilar sur de la OTAN”. No está muy claro que esto sea así y mucho menos lo que Brzezinsky dice a continuación: “Una Turquía desestabilizada sería susceptible de provocar una mayor violencia en el sur de los Balcanes, facilitando al mismo tiempo la reimposición del control ruso sobre los estados recientemente independizados del Cáucaso”. Por nuestra parte, pensamos que es justamente lo contrario: es Turquía la que desestabiliza en los Balcanes y en el Cáucaso y, por lo demás, lejos de ser un muro de contención contra el fundamentalismo islámico, Turquía es hoy un país gobernado por islamistas. Cabe decir, en beneficio de Brzezinsky que su libro se escribió en 1997, cuando Turquía se presentaba (como, por lo demás, la monarquía alhauita, como defensa contra el islamismo radical).

El análisis de Brzezinsky le lleva a identificar lo que llama “zona global de infiltración de la violencia”, un círculo que incluye a Chipre y a los países de Oriente Medio (el Este de Egipto y Sudán, franja costera de Etiopía, la Península Arábiga, Jordania, Siria, Israel, Irak, Irán), el Cáucaso (Georgia, Azerbaiyán y el Cáucaso Ruso), las exrepúblicas del sur de la URSS (Kazajistán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán), el Oeste de China (la zona islámica de los uigures, Xinjiang) y, finalmente, Afganistán, Pakistán y el Nor-Oeste de la India.

Tiene rzón Brzezinsky en llamar nuestra atención sobre esta zona. En la actualidad es, sin duda, la más conflictiva del planeta: tras las últimas elecciones egipcias, los Hermanos Musulmanes –la más antigua de todas las formaciones políticas islámicas- se han configurado como la primera fuerza político-social de ese país; guerra civil en Sudán; inestabilidad interna en Etiopía; aumento de la actividad del islamismo radical en Arabia Saudí; partición de Chipre con la creación del Estado de facto turco-chipriota en el Norte; dominio de los fundamentalistas de Hamas en Palestina con la consiguiente posibilidad de recrudecimiento del conflicto judío-palestino; guerra civil en Irak dentro de un país con fuerte resistencia a la ocupación norteamericana; toma del poder por los islamistas radicales en Irán que han decidido llevar a la realidad su peligroso plan nuclear; resistencia en Afganistán; conflicto indo-pakistaní siempre susceptible de reavivarse; inestabilidad creciente en el Oeste chino a causa de las protestas islamistas; situaciones que distan mucho de ser estables y democráticas en todas las exrepúblicas soviéticas del Sur; guerra civil chechena; etcétera. Hay que alabar la perspicacia de Brzezinsky en 1997 cuando prevé dificultades internas en los gobiernos en los que podrían haberse depositado esperanzas de que constituyeran un baluarte “seguro” ante la violencia de los radicales. Dice Brzezinsky: “Las presiones internas dentro de Truquía y de Irán no sólo tienen posibilidades de empeorar sino que reducirán mucho el papel desestabilizador que esos Estados son capaces de desempeñar en esta volcánica región”.

Durante cuarenta años, el comunismo, o mejor dicho, la URSS, fue el enemigo secular de Bzezinsky y de los EEUU; pero a partir de mediados de los años ochenta y, especialmente, tras la caída del Muro de Berlín, todo esto cambió extraordinariamente. Por una parte, Rusia que, hasta entonces era la potencia dominante en el Mar Negro pasó a controlar solamente una franja costera, a causa de la independencia de Ucrania. Hoy, la flota rusa en el Mar Negro es un recuerdo de lo que un día surcó los mares. Pero es que, además, la independencia de Georgia, supuso otra mordedura territorial. Otro tanto le ocurrió en la rica zona petrolera del Mar Caspio. De tener que compartir ese espacio al sur, solamente, con Irán, Rusia ha pasado a controlar solamente otra pequeña franja costera. El resto ha ido a parar a Kazajistán, Azerbaiyán y Turkmenistán. Hay que recordar que todas estas repúblicas, mayores o menores (Kazajistán es un coloso territorial con cinco veces la extensión de España) tienen un característica común: salvo Georgia, todas las demás ¡son etnias turcas! En otras palabras: el debilitamiento de Rusia ha hecho aumentar el peso de Turquía. Como veremos, Turquía aspira a obtener la hegemonía en pocas década sen el “espacio turcófono” que, más o menos, coincide con estas regiones. Esta pretensión tiene una importancia vital, como veremos más adelante, y, desde luego, es un factor adicional desestabilizante. Brzezinsky ha reparado en ello y escribe: “Apoyados desde el exterior por Turquía, Irán, Paquistán y Arabia Saudí, los Estados de Asia Central no han estado dispuestos a negociar su nueva soberanía política, ni siquiera a cambio de unas beneficiosa integración económica con Rusia, como muchos rusos esperaban. Como mínimo es inevitable cierta tensión y hostilidad en las relaciones de estos países con Rusia, en tanto que los dolorosos precedentes de Chechenia y Tayikistán hacen suponer que no puede excluirse del todo algo peor”. Solo queda reseñar que los cuatro países mencionados, en este momento son islamistas. Y este es el peligro que el islamismo reviste para la política internacional, éste y no la figura de Bin Laden, del que, por otra parte, no sabemos ni siquiera a qué intereses sirve su imagen.

En el fondo la intención del libro de Brzezinsky es dar unas pautas para que EEUU siga sieno hegemónica en “Eurasia”. Y el método es claro: reforzar al amigo, torpedear al enemigo. La lectura de la obra de Brzezinsky no debe llamar a engaño, es mucho más evidente lo que no dice de lo que dice: dice que EEUU deben seguir manteniendo un eje privilegiado con Europa (a pesar de que desprecia, página a página al aliado inglés), pero se preocupa especialmente de alentar la integración de Turquía en Europa, consciente de que Turquia está orientando buena parte de su política exterior hacia el Este y, por tanto, esto supone situar a la Unión Europea en un avispero, en donde, antes o después, terminaría chocando con Rusia. Brzezinsky en esto demuestra que, a pesar de la caída del Muro de Berlín, muy poco ha cambiado en sus análisis. El enemigo real, durante los cuarenta años de la Guerra Fría, no era el “comunismo”, ni siquiera la URSS, sino Rusia. Y hoy sigue siendo el enemigo secular. Y Turquía, por lo mismo, es el “amigo del alma”.

Por eso, en las conclusiones de su obra, Brzezinsky explica que “Para promover la estabilidad y la independencia del sur del Cáucaso y de Asia Central, los EEUU deben cuidarse de no enajenar a Turquía (…) Una Turquia que se sienta excluida de la Europa en la que ha intentado participar, se convertirá en una Turquía más islámica, más proclive a cooperar con Occidente en la búsqueda de la estabilidad y de la integración de una Asia Central secular en la economía mundial”. Y, más adelante, concluye: “Por consiguiente, los EEUU deberían usar su influencia en Europa para presionar a favor de la futura admisión de Turquía en la UE y deberían esforzarse en tratar a Turquía como a un Estado europeo” y añade, evidenciando que ni siquiera él cree lo que está escribiendo: “… siempre que la política interna turca no dé un giro importante en dirección islamista”. No es raro que los políticos europeos más próximos a EEUU (Aznar, Blair) hayan sido los grandes valedores de Turquía en la UE.

El problema es que ese giro hacia el islamismo ya se ha producido. Para los EEUU se trata de lograr que Turquía protagonice la construcción del oleoducto Bakú (en Azerbaiyán) hasta Ceyhan (en la costa mediterránea de Turquía) para dar salida a la producción petrolera del Caspio. Ahora podemos entender porqué “alguién” ha decidido que el Cáucaso se haya convertido en un avispero. En efecto, el petróleo del Caspio, o se dirigía a Europa a través de Rusia o hacia el Mediterráneo a través de Ceyhan. La diferencia estriba en que la primera opcion, supone, inevitablemente, un eje euro-ruso, mientras que en la segunda, Rusia queda completamente al margen y, por otra parte, ese mismo petróleo llega, a través del Mediterráneo, hacia las refinerías de la Costa Este de los EEUU, uniéndose al flujo petrolero que sube del Golfo de Guinea y de las costas africanas (hasta Marruecos).

Así pues, lo que EEUU aspira es a abastecerse de petróleo seguro y barato procedente de la cuencia del Caspio. Por eso le interesa la amistad con Turquía. Por otra parte, esa amistad tiene como contrapartida el debilitamiento de sus dos grandes enemigos “euroasiáticos”: de un lado la Unión Europea (que de ser “aliado” en la Guerra Fría ha pasado a ser “competidor” en la economía globalizada, como paso previo a ser “enemigo”, pues, no en vano, los intereses económicos de las grandes potencias, antes o después, terminan por entrar en contradicción) y de otro lado Rusia (el enemigo secular).

En la geoestrategia norteamericana, se trata de que Turquía, deje de ser, como lo fue durante la Guerra Fría, una espina clavada en el flanco sur de la URSS, para pasar a ser un espolón, mediante la creación del “espacio turcófono” con los despojos de la URSS, esto es, con la repúblicas exsoviéticas del Sur. Esto sobredimensiona la importancia geoestratégica de Turquía, pero, más particularmente, sobredimensiona los riesgos que este país aporta a la situación de Eurasia. Por que si el islamismo se hace con el poder en Turquía –como de hecho ya ha ocurrido- no se trata de que desparrame sus excedentes de población subdesarrollada y fuertemente islamizada hacia la Unión Europea (para esto hará falta que Turquía entre en el Club europeo) sino que, proyectará sobre las repúblicas exsoviéticas y turcófonas, la concepción islamista de la política, teniendo detrás una fuerza demográfica que Arabia Saudí no tiene, o un territorio etnopolítico del que carece Irán, constituyendo por ello un riesgo de primera magnitud.

© Ernesto Milá Rodríguez - infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La masonería en la Revolución Francesa

La masonería en la Revolución Francesa

Infokrisis.- La revolución americana prendio pronto en Europa; el primer contagio se produjo en Francia hacia finales del siglo XVIII. La crisis de la sociedad francesa y de las estructuras feudales fueron las causas "objetivas" ue favorecieron el estallido de la revolución de 1789 ue liquidó al antiguo régimen; pero probablemente los acontecimientos no se hubieran desarrollado como lo hicieron de no haber sido por la exixtencia de una estructura organizativa ue operó a modo de detonador de los acontecimientos. Tal detonador, como en el caso de la revolución americana, fue la masonería, verdadero responsable intelectual de la Revolución Francesa.


FRANC‑MASONERIA CATOLICA

El contingente de exilados que siguieron a Jacobo II Estuardo, después de ser expulsado del trono británico, estaba compuesto fundamentalmente por católicos que imprimieron en las logias rasgos de su confesión religiosa. Así por ejemplo la recién constituida "Gran Logia de Francia" decía en sus estatutos: "La Orden está abierta solo a los cristianos. Es imposible aceptar a cualquiera que no pertenezca a la Iglesia de Cristo. Judíos, mahometanos y paganos son excluidos por incrédulos".

Puede entenderse así porqué personajes católicos de primera fila, que se situaron en el bando de la contra‑revolución en 1789, como Josep de Maistre, se sentían cómodos en los bancos de sus logias. De Maistre, había sido iniciado en la Logia "Los tres morteros" de Chambery y ocupaba el cargo de Gran Orador, en su famosa "Memoria al Duque de Brunswick", explica cuál debe ser el papel de la masonería en el siglo: "el fin de la masonería es la ciencia del hombre", es decir, "la verdadera religión". De sus tres principales grados, el primero debe dedicarse a perseguir el "bienestar general", el segundo, la "unificación de las confesiones cristianas, la unidad del cuerpo místico de Cristo mediante el triunfo de la Iglesia Católica" y el tercero buscar "la revelación de la revelación", es decir, la iluminación a través de la metafísica. El conjunto de todo esto es lo que De Maistre llama "catolicismo trascendente". De Maistre ‑luego crítico implacable de la revolución francesa‑ consideraba a las logias como un espacio de reflexión e iluminación, para católicos laicos, en donde se estudiaba y practicaba una metafísica inspirada en los textos bíblicos y siempre aceptando la disciplina de la Iglesia Romana.

Como se ve, a la largo del siglo XVIII, en Europa la masonería no tiene el aspecto de una sociedad conspirativa, sino de un club de pensamiento, en el que, a medida que pasa el tiempo, los no‑católicos ‑hugonotes, protestantes, etc.‑ van teniendo un peso y una influencia crecientes y dentro de la cual coexistían distintas sensibilidades políticas. Hasta ese momento, a ningún francmasón europeo se le había ocurrido actuar como tal en política. Esto iba a cambiar en los años siguientes y para entender el origen de este cambio hay que tener en cuenta tres factores: 1) el ejemplo de la Orden de los Iluminados de Baviera y de la masonería norteamericana, 2) el cambio cultural que se fue operando en la sociedad francesa a lo largo del siglo XVIII y 3) la relajación de la tensión metafísica en las logias debida al crecimiento desmesurado y desordenado de la masonería.

LA ORDEN DE LOS ILUMINADOS DE BAVIERA

La llamada "conspiración de los Iluminados de Baviera" es para algunos historiadores ‑como el abate Barruel‑ un "ensayo general con todo" de lo que luego sería la revolución francesa.

"Cada hombre es su rey, cada hombre es soberano de sí mismo" decía el juramento del grado 13º (el último) de la Orden de los Iluminados de Baviera y en ella se intuye ya la temática política de la que se apropiaría una parte de los francmasones franceses. La vocación antimonárquica ‑y más específicamente, antiabsolutista‑ de los "iluminados" se complementa con el fin de ‑común a la masonería‑ promover la fraternidad humana. Adam Weishaupt, fundador e inspirador de la Orden, reconoce al respecto: "Y su finalidad [la de los Iluminados], en resumen ¿cuál es? ¡la felicidad de la raza humana! Cuando vemos cómo los mezquinos, que son poderosos y buenos, que son débiles, luchan entre si; cuando pensamos que inútil es querer luchar solo contra la fuerte corriente del vicio, nos viene al magín la más elemental idea: la de que todos debemos trabajar y luchar juntos, estrechamente unidos para que así la fuerza esté del lado de los buenos, que todos unidos ya no sean débiles".

Los grados de iniciación eran tres, divididos en sub‑grados: Grado de Iniciación (dividido en Preparatorio, Noviciado, Minerval e Iluminado Menor), Grado de Masonería (subgrados de Iluminado Mayor, Eliminad Diligente), Grado de los Misterios (subgrados de Sacerdote, Regente, Mago y Rey). El grado de Iluminado Menor marcaba la división entre "pequeños misterios, llamados aquí "Edificio Inferior" y "grandes misterios" que darían acceso a la construcción del "Edificio Superior", que en este caso supondrían el dominio de las capacidades del hombre y dominio sobre el mundo, respectivamente. Los "Iluminados de Baviera", cuando hablaban de "dominio del mundo", incluían también dominio político. Las "constituciones" (reglamento) de la orden especificaban que quien alcanzara el grado de Sacerdote debía asumir los poderes del Estado. A esta organización en grados que se la llamó "de círculos concéntricos".

La ideología de los "iluminados" era una curiosa mezcla de ideas políticas, místicas y filosóficas, no exenta de contradicciones flagrantes: igualitarios en su objetivo final, pretendían llegar a él mediante una rígida estructura jerárquica, ateos impenitentes, divinizaban, en cambio, la naturaleza. Al Grado de Sacerdote debía revelarse el secreto del "amor universal", pero a él se llegaba a través de los patriotismos.

En 1785 un correo de los "iluminados" fue fulminado por un rayo cuando trasladaba importantes documentos sobre la organización y proyectos de la orden. La conspiración urdida laboriosamente por Adam Weishaupt resultó así desvelada.

Weishaupt, masón de alto grado, se relacionó con distintos ambientes esotéricos y ocultistas en el último tercio del siglo XVIII. A través de la masonería contactó con Adolf von Knigge, su alma gemela, y juntos fundaron la "Orden der Illuminaten" en la noche de Walpurgis (30 de abril al 1 de mayo) de 1776. Su documento fundamental está inspirado en tres corrientes: el seudo‑rosacrucianismo, ya por entonces en pérdida de vigor en Alemania, las constituciones masónicas de Anderson, inspiradoras de la masonería moderna, y la regla de la Orden de los Jesuitas.

Los miembros de la Orden recibían un nombre místico, generalmente extraído de la antigüedad griega. Weishaupt era "Spartakus", Knigge, "Philon", el célebre poeta Goethe, "Abaria" y el filósofo Herder, "Damasus". En los pocos años en los que la Orden estuvo en actividad logró atraer a sus filas a buena parte de los alumnos de la Universidad de Ingolstadt, pero también encuadró a muchos nobles bávaros. Su afiliados no fueron más de 600.

Tras la prohibición de la Orden por el elector de Baviera, Weishaupt fue condenado a prisión. Huyó de la cárcel de Regensburg, muriendo en la más absoluta miseria en 1830. Tal es la historia de lo que se ha dado en llamar "la conspiración de los Iluminados", la cual, sostiene el Abate Barruel, inspiró el accionar de la masonería durante la revolución francesa.

Por primera vez, en la edad moderna, con los "Iluminados", una sociedad secreta se plantea directamente conquistar el poder político con un programa revolucionario, antimonárquico y nacionalista, que efectivamente prefigura los rasgos que luego encontraremos en la revolución francesa.

La conspiración de los "iluminados" fracasó, no solo por contingencias y casualidades humanas, sino también por que Alemania carecía en ese momento del substrato cultural sobre el cual pudieron asentarse también los principios revolucionarios en Francia: la Ilustración, el Enciclopedismo...

INFLUENCIAS EXTRANJERAS EN LA REVOLUCION

¿Existe un hilo directo, más allá de las similitudes de método y las eventuales coincidencias de programa, entre los "Iluminados" y los acontecimientos revolucionarios? Hay que reconocer que son tenues, pero existentes, al fin y al cabo. Ciertas fuentes ‑e incluso testimonios de protagonistas como Marat‑ han insistido en la presencia de agitadores extranjeros que operaron a modo de instigadores en los principales sucesos revolucionarios: toma de la Bastilla, asalto al palacio de las Tullerías, etc. Marat identificó a prusianos entre los agitadores que dirigían al populacho en el episodio de la Bastilla; el emisario de Federico‑Guillermo II de Prusia, Veitel Efraïm, escribió a su monarca una famosa carta en la que decía: "El club de los jacobinos está completamente entregado a Prusia". Rabaut Saint Etienne, diputado de la Asamblea Constituyente, dimitió de su cargo por percibir que en los incidentes del Campo de Marte (1791) era notoria la presencia de "sediciosos venidos del extranjero".

En cuanto a la influencia específica del Iluminismo en Francia existen muy pocos datos, si bien son significativos. En el congreso Iluminista celebrado en Francfort en 1786 asistieron delegados alemanes, pero también franceses e ingleses. En este congreso se aprobó el programa de destrucción de las monarquías europeas y, sería aquí, donde la asamblea emitió una condena a muerte contra el rey de Francia. El introductor de la Orden en Francia, para Alan Stang, fue el conde de Mirabeau que reclutó en las logias masónicas a los que muchos de los que luego serían líderes revolucionarios (Saint‑Just, Desmoulins, Hebert, Danton, Marat, Chenier, entre ellos). Otro historiador norteamericano, Curtis B. Dall, ex‑yerno del presidente F.D. Roosevelt, masón, por su parte, afirma que la Orden de los Iluminados ‑reconstruida en la clandestinidad, tras ser prohibida en 1786‑ tuvo arte y parte en el proceso revolucionario. Ninguno de los dos aportan pruebas objetivas, pero si se hacen eco de comentarios que circulaban por las logias.

No son eco, sino experiencia directa, la vivida por los protagonistas revolucionarios, que, como hemos dicho percibieron la presencia de elementos "prusianos" entre los instigadores de los sucesos revolucionarios. El proceso a la fracción extremista de Hebert y los suyos es prolija en confesiones sobre las influencias extranjeras que llevaron al patíbulo a varios agentes, el banquero prusiano Koch, el español Guzmán, los austríacos Junius y Emmanuel Frey y varios más. Pero también las logias inglesas habían enviado a sus peones. El caballero de La Luzerne, embajador francés en Londres, acusó, en carta su gobierno, a Dantón y Paré de estar a sueldo del gobierno inglés. Otro autor, Bernard Fay, aporta el nombre de uno de los agentes ingleses que distribuyeron fondos entre los jacobinos, "Miles". Felipe de Orleans, iniciado en la Gran Logia Unida de Inglaterra y que llegaría luego a Maestre del Gran Oriente de Francia, habría sido para estas fuentes, otro de los agentes encargados de transmitir y ejecutar órdenes emanadas del gobierno inglés. Estos datos inducen a pensar en una colaboración entre logias iluministas prusianas y la Gran Logia de Inglaterra, unida a los masones e iluministas franceses, en los sucesos revolucionarios. Ahora bien, los datos son escasos y fragmentarios, es preciso reconocerlo.

Pierre Gaxote, historiador francés da en el clavo cuando explica que "la miseria puede suscitar revueltas, pero no es causa de revoluciones. Estas tienen causas más profundas". Y Jacques Bordiot abunda en esta línea: "Una revuelta puede ser espontánea, una revolución jamás lo es". Para que se produzca un proceso revolucionario es preciso que exista una situación en la que la población pida, exija, un cambio; pero otros dos fenómenos son necesarios, o de lo contrario, como máximo se producirían solo revueltas o motines. Estos dos fenómenos son: la existencia de un clima cultural entre la "intelligentsia" y la presencia de una organización revolucionaria.

EL CLIMA CULTURAL PRE‑REVOLUCIONARIO

El clima cultural que abre el paso a la revolución se va larvando a lo largo del siglo XVIII con la Ilustración y el Enciclopedismo. Es útil recordar que el período revolucionario se inicia con la convocatoria de los representantes del clero, la nobleza y el pueblo llano, en los Estados Generales; los representantes del "Tercer Estado", del pueblo llano, eran 578, de los cuales 477 eran "iniciados" en las logias. Noventa representantes de la aristocracia lucían también mandiles en sus tenidas, así como un cierto número del clero. Este contingente se adhirió a la masonería, en parte, por oportunismo, pero también haciéndose eco del clima cultural favorable que impregnó a la sociedad civil francesa en el curso del siglo XVIII. Montesquieu y Fenelon fueron en buena medida sus inspiradores. Ambos estaban relacionados con la masonería.

Montesquieu había sido iniciado en la masonería durante su estancia en Londres. Cierta tradición masónica afirma que Montesquieu fue el primer masón francés. Fenelón, por su parte, tuvo a Ramsay ‑uno de los artífices de la masonería moderna‑ como secretario y luego como ejecutor testamentario. No consta que Fenelon participara en la masonería, pero su obra "Telémaco" está repleta de alegorías que inducen a pensar en que conocía bien la temática de las logias. Luis XIV lo miró siempre con desconfianza.

La masonería es, en esos tiempos, una "sociedad de pensamiento" que, dejando cada vez más atrás sus orígenes católicos, se resiente de dos influencias: la inglesa y la alemana. De la primera procede el racionalismo mecanicista y volteriano, mientras que la segunda se verá influenciada por el misticismo germánico y el martinismo.

No puede decirse que haya uniformidad ideológica en las logias, éstas se romperán en distintas obediencias y ritos. En el último período de maestrazgo de Louis de Borbón, la influencia política de la sociedad es notoria y esto provoca nuevas limitaciones a su actividad. Poco a poco, los masones católicos, al estilo de De Maistre, se van encontrando en minoría y anegados por el crecimiento espectacular de la filiación.

La primera logia había sido ya constituida en Francia en 1725, se trata de la Logia de Santo Tomás de París. En 1732 es reconocida por la Gran Logia de Inglaterra. Ya asociación se extiende rápidamente entre la nobleza. Uno de los amigos íntimos de Luis XV, el duque de Villeryo, fue uno de los primeros masones franceses. El mismo rey se interesó por la vida de las logias. Pero el hecho de que subsista en torno a la masonería una aureola de secretismo y que la moda de las logias proceda de la "pérfida Albión" en esos momentos, hacen que en 1737 la francmasonería sea prohibida. Seguirán reuniéndose en un hotel del barrio de la Bastilla y en 1738, el duque de Antin, asumirá el cargo de Gran Maestre; solo ocupará un año el cargo, sucediéndole el primo del rey, Louis de Borbón Condé que ostentará el cargo hasta 1771. Bajo su mandato las logias ganarán peso e influencia y se extenderán por toda Francia.

Al asumir el cargo de Gran Maestre el duque de Chartres, asistido por el duque de Montmorency en 1771, se produce una pugna en el interior de las logias que tiene motivos filosóficos ‑el Gran Oriente, poco a poco, se va deslizando hacia posturas indiferentistas religiosas‑, pero también organizativos; durante unos años la masonería francesa estará dividida entre el Gran Oriente y el Oriente de Francia. Poco antes de la revolución existen en toda Francia 629 logias, de ellas 63 en el mismo París, adscritas al Gran Oriente, mientras que las logias del Oriente ascienden a 376 logias, cifras impresionantes. El número de francmasones en ese momento era superior a los 75.000 en Francia.

En el curso de la revolución las logias perdieron la fuerza que tenían anteriormente: habían sido dirigidas por nobles, buena parte de los cuales, o bien se asalarian, o se limitaron a participar en las primeras fases de la revolución, siendo barridos, mas adelante, por los jacobinos. En cuanto a sus grados más bajos, ocupados generalmente por burgueses, la virulencia de los acontecimientos, les retrajo del trabajo en las logias. El mismo Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, Felipe "Igualdad", en 1793, tras haber votado a favor de la ejecución de su primo Luis XVI, rechazaba la práctica del secreto en la masonería ‑"no debe de haber ningún secreto ni misterio en una república", escribía‑ dimitiendo de la sociedad. A partir de ese momento la masonería como tal desapareció del escenario revolucionario; Felipe "Igualdad" fue guillotinado el 1793, después de que su espada ceremonial fuera rota en la Asamblea del Gran Oriente de Francia.

Es imposible demostrar documentalmente que la masonería ‑francesa, inglesa o el iluminismo alemán‑ emitieran alguna directiva concreta para iniciar, dirigir o encauzar los acontecimientos, lo cierto es que la casi totalidad de los líderes revolucionarios, fueron miembros de las logias.

LA APORTACION DE LAS LOGIAS A LA REVOLUCION

Las logias masónicas fueron en la Francia pre‑revolucionaria, la correa de transmisión de las nuevas ideas. Es innegable que su aportación fue fundamentalmente ideológica y simbólica, si bien no hay pruebas objetivas, de valor para la historiografía, de que organizativamente las logias prepararan los sucesos revolucionarios.

La divisa masónica "Libertad, Igualdad, Fraternidad", fue incorporada al acervo revolucionario. Los colores de la bandera republicana ‑azul, blanco y rojo‑, proceden de los tres tipos de logias, procede de la escarapela tricolor ideada por Lafayette, francmasón y carbonario. El gorro frigio, símbolo de la república, es igualmente un símbolo masónico. El mismo himno de la revolución, "La Marsellesa", compuesto por el también masón Leconte de l’Isle, fue cantada por primera vez en la Logia de los Caballeros Francos de Strasburgo. Y así mismo, todo el simbolismo griego que adoptan los revolucionarios, al igual que el deísmo naturalista de que hacen gala, puede encontrarse sin dificultad en las leyendas y temas masónicos.

La masonería ‑insistimos‑ como organización parece haber sido desbordada ‑como, por lo demás, cualquier otra institución francesa de la época‑ por el discurrir revolucionario. Masones guillotinan a masones, rompiendo el juramento de fraternidad y ayuda mutua: Hebert es guillotinado con el beneplácito de Dantón, éste, a su vez, sube al patíbulo a instigación de Saint Just y Roberspierre ‑instaurador del "culto al ser supremo"‑, cuyas cabezas rodarán al producirse la "reacción termidoriana" que dará origen al Directorio constituido por notorios masones como Fouché. Finalmente, Napoleón Bonaparte, según algunas versiones iniciado durante la campaña de Italia en la Logia Hermes de rito egipcio y según otros, mucho antes, cuando era teniente en Marsella, pone término a todo este caos, nombrado Primer Cónsul y luego proclamándose Emperador. Napoleón impondrá a su hermano José Bonaparte ‑"Pepe Botella", un hombre mucho más serio y responsable de lo que este mote popular deja pensar‑ como Gran Maestre de la Masonería francesa.

Los principios de la masonería triunfan más que la masonería en sí. Notorios masones protagonizaron los sucesos revolucionarios, llevados por sus instintos y sus intereses, más que siguiendo un plan preestablecido y una planificación orgánica. Si existió una "conspiración masónica", el deber respecto a la verdad nos obliga a afirmar que no puede demostrarse. Pero los resultados están ahí: la Revolución Francesa, hija directa de la Revolución Americana, abrieron el paso hacia lo que hoy es el mundo moderno. Este puede gustar o no a nivel socio-político, económico y tecnológico, pero de lo que no cabe la menor duda es que ningún período histórico anterior ha estado tan alejado de la verdadera espiritualidad como el nuestro. Y el responsable, no único, pero sí principal, es la masonería nacida en 1717.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El espejismo del proceso de paz en la crisis global de España

El espejismo del proceso de paz en la crisis global de España

Infokrisis.- El que una banda de asesinos, diezmada y desperdigada entre la cárcel, el exilio y bajo las piedras, se permita "declarar una tregua" al Estado, apenas sería un chiste si no estuviéramos en la "España de ZP". En el mundo de ZP, todo es posible, incluso renunciar al desmantelamiento de ETA y hacer todo lo posible por transformarla en un sujeto político de primera magnitud.

El test de ETA

Es evidente que ETA está realizando un test, necesario para saber hasta qué punto puede obtener beneficios en el mal llamado “proceso de paz”. Se trata de algo tan simple como ir tensando la cuerda y esperar a ver los resultados de cada movimiento. Si se envían cartas de extorsión, se trata de ver como los responsables del gobierno se deshacen en excusas intentando justificar lo injustificables; si se quema una ferretería, se trata de no expresar la solidaridad con el concejal de UPN y elogiar los desvelos de Otegui; si arde una oficina de seguros en solidaridad con un extorsionador que vendía “bonos de ETA”, hay que oír las explicaciones oficiales que vuelven a exculpar a ETA y a su galaxia de toda responsabilidad en el delito…

Lo que para el gobierno es la “comprobación del alto el fuego”, para ETA se trata también de comprobar hasta qué punto el gobierno ZP está dispuesto a bajarse los pantalones para obtener el éxito definitivo susceptible de llevarle a la mayoría absoluta en las elecciones generales de 2008. Y la comprobación, por el momento, está resultando muy alentadora para ETA. El gobierno está dispuesto a ceder lo indecible por obtener un titular: “Paz en el País Vasco” que podría eclipsar a cualquier otro subtítulo: “Los presos de ETA en libertad”, “Navarra en vías de unificarse definitivamente con Euzkadi”, “Referéndum por la autodeterminación en tres años”, etc.

El gobierno del caos

Andalucía una nación, Aragón camina hacia un nuevo estatuto (veremos como se conjugan los intereses aragoneses sobre el Ebro, con los catalanes, los riojanos y los cántabros), el estatuto valenciano con la “cláusula Camps”, reivindica aquello que otras autonomías puedan obtener en el futuro, Galicia recordando a los suevos, Catalunya con un Estatuto ambiguo que ganará en concreción cuando los nacionalistas lo desarrollen, ¿para cuándo Madrid-Nación?

A nadie se le escapa que un país dividido en 17 cantones es ingobernable. Personalmente vivo en la Comunidad Valenciana, a 15 kilómetros de la “frontera” con la Comunidad Murciana y a 6 kilómetros de distancia de la “frontera” con Castilla-La Mancha. Diez minutos en coche me llevan a tres realidades completamente diferentes. Sé que he atravesado una “frontera”, no por el cartel que la anuncia, sino por el estado de las carreteras. Cada “autonomía” lleva a cabo diferentes proyectos viales, sin contar con las autonomías colindantes, así puede darse el caso de que una autonomía desarrolle una carretera extraordinariamente avanzada que, llegada a la “frontera” de su comunidad, se convierta en casi un camino vecinal, porque la otra autonomía ha juzgado que las inversiones era más importantes en otros puntos.

De hecho, el gobierno ha sido víctima de su propia centrifugación nacional cuando ha aprobado una ley antitabaco que solamente conserva su espíritu restrictivo en las autonomías gobernadas por el PSOE, pero que ha sido completamente desnaturalizada en las gobernadas por el PP. En cuanto al tema de las carreteras, vale la pena detenerse un momento.

La siniestralidad española es líder en Europa. Vale la pena preguntarse el porqué. Ni la mayoría de los conductores españoles somos más suicidas que los europeos, ni los vehículos españoles son de peor calidad que los que circulan por Europa. Las reiteradas campañas de sensibilización de la opinión pública sobre la seguridad vial, ni las mejoras en la seguridad y estabilidad de los vehículos, traer una disminución de los accidentes y las víctimas. Y esto se debe a que el gobierno ZP (como antes los que le han precedido) han depositado todas las esperanzas de lograr una disminución en aquellos factores de menos incidencia.

Porque la siniestralidad de nuestro país se debe a dos factores fundamentales: el mal estado de las carreteras y la benevolencia con la que el poder mira los hábitos que ha asumido nuestra juventud, estadísticamente primer grupo social responsable de los accidentes. El primer factor es decisivo: existen en España 60 “puntos negros”, esto es, tramos de carreteras que, por lo que sea, o han sido mal trazados y son peligrosos, o se encuentran extremadamente deteriorados. Este problema solamente se resuelve mediante una inversión en infraestructuras de comunicación terrestres. Pero, para eliminar esos puntos, sería preciso que existiera un poder central que planificara el trazado, la reforma y la mejora de las vías con “puntos negros”, en lugar de dejarlo al albur de las comunidades autónomas. El segundo factor es todavía más grave: si toda la campaña contra el tabaco se hubiera dedicado a atenuar los efectos secundarios del botellón o del consumo de drogas, probablemente la siniestralidad entre los jóvenes habría descendido. Por que la siniestralidad esté íntimamente unida al alcohol y a las drogas.

Para el gobierno ZP resulta muy progre apuntar contra los fumadores, mientras que el consumo de drogas es visto con absoluta laxitud y el botellón es considerado como un derecho de los jóvenes. Mientras que la juventud francesa es capaz de salir a la calle un día y otro en defensa de sus derechos, la juventud española demuestra su alejamiento de la “res publica” a través del botellón. Es evidente que ZP no es el único culpable de esta situación. A todos los gobiernos les ha venido mejor una juventud tirada en los parques públicos, más colgada que una farola, que una juventud en pie en las barricadas. Los colgados de hoy son los mansos de mañana.

Hemos sacado a colación estos dos fenómenos –mal estado de las carreteras y siniestralidad a causa de uso y abuso de alcohol y drogas- simplemente como muestras del gigantesco caos en el que está inmerso nuestro país. El drama de nuestro tiempo consiste en que los políticos oportunistas, cobardes y sin escrúpulos como ZP, no tienen el menor interés en solucionar los problemas de la comunidad. Su interés prioritario se centra en lograr una “buena imagen” ante el electorado. Ellos mismos, utilizando los medios de comunicación, son capaces de crear los problemas adecuados y aportar las soluciones a los problemas que ellos mismos han “revelado”.

Por algún motivo el gobierno ZP ha decidido que el tema del tabaco o el de los simios es importantísimo, pero no así el del botellón o el del aumento asindótico de cánceres en algunas zonas de Andalucía; por algún motivo el gobierno ha decidido –seguramente a causa de las quejas de las aseguradoras- que la siniestralidad vial es gravísima –lo es- pero ha sentenciado que la culpa es de la falta de atención del conductor (que si utiliza móvil, que si oye la radio, que si fuma dentro del coche, que si no lleva cinturón, etc.). Las grandes soluciones consisten en hacer la vida imposible al fumador, reconocer los derechos humanos de los simios (¡) o, simplemente reclamar responsabilidad del conductor. Cuando las verdaderas soluciones están en otro lugar, acaso porque esos no son los problemas vitales de nuestra comunidad, y apenas son otra cosa que iniciativas “fáciles” mediante las cuales el gobierno buscar darse lustre… Como en la cuestión de los matrimonios gays, la financiación de las operaciones de cambio de sexo, la ley de violencia doméstica (que no ha detenido la violencia doméstica porque ha ignorado cuál es el único elemento nuevo que ha disparado este conflicto: la inmigración) y así sucesivamente.

Estas medidas innecesarias, aplicadas a problemas menores, es lo único que el gobierno ZP puede presentar en su activo en dos años de gobierno y tienen efectos electorales, acumulativos, pero limitados. Por eso, la cuestión del desmantelamiento de ETA es básico para asegurar el triunfo de ZP.

ZP rehén de ETA

El gran drama de la nueva situación es que, por primera vez en la historia de España, un presidente del gobierno, se ha puesto en manos de ETA. ZP, en sus dos primeros años de gobierno se puso en manos de ERC. Algunos pensaban que era imposible que se cayera más bajo. ZP ha demostrado que lo imposible es para él, algo habitual; porque ZP hoy es un rehén de ETA.

ETA sabe que ZP saldrá reelegido si acaba la violencia en el País Vasco. Tanto él como sus acólitos han ido tan lejos en sus declaraciones (López el secretario general de los despistados socialistas vascos ve como posible un acuerdo de gobierno con HB, las mujeres del PSV firman documentos en los que venían trabajando desde hace dos años –incumpliendo el Pacto Antiterrorista y por las Libertades- con las mujeres de HB), que el mantenimiento de las hostilidades por parte de ETA iba a suponer para el gobierno una losa tan pesada que, muy probablemente, sentenciaría el final político de ZP.

ZP y los suyos no quieren hundirse políticamente. Prefieren que todo se hunda en torno suyo antes que reconocer que su política antiterrorista es errórea, que su política de vertebración nacional es suicida y que la gestión de los asuntos que importan, no a minorías, sino a las amplias mayorías del país, da, por el momento un balance tan absolutamente miserable como ningún otro gobierno de la democracia. El manual del político socialista dice que jamás hay que reconocer los propios errores, que cualquier disfunción del gobierno debe atribuirse a la oposición y que cada palabra debe ser dicha para seducir a una parte del electorado.

Seducir quiere decir, en política, engañar con una fascinación que impida ver la realidad. ZP es un gran seductor –especialmente para aquellos cuyo cerebro tiene la complejidad del mecanismo de un botijo-, mucho más que un político, y un hacedor de espejismos, antes que un conductor de la realidad. ZP es el producto de la educación de la transición: un progre inconsciente e inconsistente, preocupado sólo por su imagen, carente de visión histórica, de sentido del Estado y de proyección política. Es como una mierda, pero sin el como.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

No a Turquía en la UE (VI) Chipre, o el conflicto con Grecia, esto es, con Europa.

No a Turquía en la UE (VI) Chipre, o el conflicto con Grecia, esto es, con Europa.

Infokrisis.- La "cuestión chipriota" dista mucho de estar resuelta y es todavía más importante en la medida en que afecta directamente a dos sodios de la Unión Europea, el propio Estado de Chipre y Grecia ue, por otra parte, es una de las cunas de Europa. No es una crisis nueva, sino uno de los contenciosos más antiguos que permanecen aún abiertos. Que a nadie le quela la menor duda, Europa se defiende en Chipre, tanto como en Madrid, Berlín u Oslo.

Yo era muy niño cuando oí hablar por primera vez –en 1960- de “turco-chipriotas”, “greco-chipriotas”, del general Grivas y de su EOKA, del obispo Mamarios y de los “comunistas chipriotas”... En mi cerebro de apenas cinco años, todo eso resultaba incomprensible, pero conseguí retener aquellos nombres sonoros. Desde entonces, el conflicto sigue abierto y, a lo largo de toda mi vida, nunca he dejado de oír hablar de él en los informativos. El estado de la cuestión es como sigue.

Fisonomía de la isla de Afrodita

La República de Chipre, cuyo nombre griego es Kypros y a la que los turcos llaman Kıbrıs, es desde 2004 miembro de la Unión Europea. Se dice que Chipre es la “isla del amor” y cuenta la tradición clásica que Afrodita –Venus para los romanos-, emergió del mar en las costas de Chipre. Su nombre tiene que ver con los yacimientos de cobre que se encuentran en la isla. El mismo nombre latino de este metal, “cuprum”, es una contracción de “oes Cyprium”, literalmente “el metal de Chipre”. En todos los rincones de la isla existen restos arqueológicos representativos de todos los pueblos que han poblado el Mediterráneo: yacimientos prehistóricos, poblados micénicos, templos griegos, santuarios romanos, basílicas paleocristianas, mezquitas, fortificaciones medievales, etcétera.

Geográficamente, Chipre es Asia, pero política y culturalmente, es Europa. Situada en el Mediterráneo oriental a 75 kilómetros de las costas turcas y a 800 de las griegas continentales, Chipre está situada en el cruce de rutas marítimas entre Europa, Asia y África. Por su tamaño es la tercera isla del Mediterráneo. Está poblada por 800.00 almas, de las cuales 650.000 son de origen griego y religión ortodoxa y 90.000 de origen turco y religión islámica. Griego y turco son las dos lenguas oficiales. La tercera parte de la población de la isla se concentra en la capital, Nicosia.

En la actualidad, el 99’5% de los greco-chipriotas viven en la zona sur de la isla y solamente un 0’5% en el área turca; por su parte, los el 98’7% de los turco-chipriotas viven en la zona norte y el 1’3% en la parte greco-chipriota. La segregación entre ambas comunidades es total. El 78% de la población total de la isla es de origen griego y el 18% de origen turco y profesan respectivamente el cristianismo ortodoxo y el Islam; existe un 4% de población maronita, armenia y católica.

El progreso económico de la isla es diferente según el sector étnico. La parte griega vive bien su nivel de vida figura entre los 25 más altos del mundo, por delante de Portugal y por detrás de Italia; la renta per capita es ligeramente inferior a la española. En cambio, en la zona turca, la situación es completamente diferente, pudiendo ser considerado un país atrasado en vías de desarrollo.

A pesar de haber entrado en la Unión Europea, la economía de la isla se encuentra fuertemente condicionada por la ocupación turca del Norte. El turismo, principal fuente de ingresos, no es una industria todo lo boyante que debería ser, a causa de las tensiones generadas por la división de la isla. Chipre es una escala obligada para los cruceros que se dirigen hacia los puertos de Oriente Medio. A diferencia de Malta, también miembro de la UE y situada a corta distancia de Italia y Francia, Chipre tiene un problema de aislamineto geográfico en relación a la masa continental europea. En efecto, por su situación geográfica, parece estar “a cobijo” de la Península Anatolia.

Chipre en la historia del Mediterráneo

Chipre es uno de esos lugares –como Armenia o los Balcanes- cuyas condiciones geopolíticas determinan su papel de cruce de migraciones y, por ello, en foco reiterado de conflictos. No hubo civilización alguna del antiguo Mediterráneo que no pasara por Chipre y que no aspirara a lograr su vasallaje. Los hititas fueron los primeros en llegar y someter a la población aborigen; luego, los micénicos y, tras ellos, los fenicios y los griegos, establecieron colonias comerciales, cuando los egipcios de Tutmosis III ya obligaban a pagar un tributo a los isleños. Finalmente, los aqueos, pueblos descendidos del Norte, se asentaron en la isla. En el 600 a.JC, los egipcios olvieron a reconquistar la isla que, luego, como todo Egipto, pasó a manos de los persas. Alejandro Magno, en el 331 a.JC reincorporó Chipre al mundo griego y a su muerte, tras ser codiciada por todos, cayó en manos del Egipto de los Ptolomeos. Roma, que se apoderó de la isla el 57 a.JC, aseguró un largo período de paz y estabilidad.

Por la isla pasaron San Pablo y San Bernabé que consiguieron critianizarla en el año 45. Cuando Constantino dividió el Imperio Romano en dos, Chipre quedó en el área del Imperio de Oriente. Sin embargo, la isla resultó conquistada por el Islam y, más tarde, se convirtió en un objetivo de las cruzadas. El año 1192, Ricardo Corazón de León la arrebató al Islam. Cuando el Reino Latino de Jerusalén periclitó, Chipre se convirtió en una especie de base de retaguardia que permitió que el repliegue no se convirtiera en desbandada. Durante un tiempo, Jacques de Molay, último maestre de la Orden del Temple, estableció allí su cuartel general y allí fue visitado por Raymond Llull. En el Renacimiento, la expansiva Venecia logró el control de la isla durante noventa años, hasta que fue conquistada por los otomanos y, finalmente, en el siglo XIX, pasó a manos británicas.

Durante la guerra ruso-turca de 1878, Inglaterra consiguió alquilar la isla de Chipre. Además de una compensación económica anual, según los términos del acuerdo, Inglaterra se comprometía a ayudar al Imperio Turco para rechazar a los ejércitos rusos y cuando pasara el peligro la isla volvería a dominio otomano. Pero unos años después, los turcos se alineaban con los Imperios Centrales y participaban junto a Alemania en la Primera Guerra Mundial. Inglaterra, a partir de entonces, consideró que había “comprado” la isla a Chipre. En 1917 dio a los habitantes de la isla la posibilidad de que asumieran la nacionalidad inglesa. Buena parte de la comunidad turca no aceptó las condiciones y emigró a la Península Anatolia en un éxodo que prosiguió hasta el inicio de la Segunda guerra Mundial. En el Artículo 20 del Tratado de Lausana (firmado el 20 de julio de 1923), se afirmaba que “Turquía reconocía que Chipre pertenece a Inglaterra”. Cuando la isla se declaró independiente del dominio inglés, otra oleada de emigración turca regresó a Turquía. En 1963 y 1974 esta tendencia volvió a manifestarse. Sin embargo, en la actualidad, más de 400.000 turco-chipriotas viven fuera de la isla, pero la mitad no han regresado a Turquía; 120.000 viven en Inglaterra, 40.000 en Australia y 10.000 en EEUU.

Ya en el siglo XX, la dictadura griega del General Metaxas favoreció la aparición de una corriente nacionalista que defendía la integración de Chipre en Grecia. A esta idea se le dio el nombre de “enosis” y fue asumida por el general Grivas y su grupo terrorista, la EOKA. Frente al terrorismo de Grivas, el Arzobispo Makarios, ofrecía la independencia de la isla y una especie de “enosis” atenuada, con una relación privilegiada con Grecia.

Tras los atentados de 1956, Makarios fue deportado, pero la resistencia no se detuvo. Cuatro años después, Inglaterra intentaba salvar lo salvable, firmando un acuerdo con el gobierno griego y la comunidad chipriota para independizar la isla, a cambio de mantener las bases de Acrotiri y Dhekelia. Se dotó a la isla de una constitución que atribuía a los turcochipriotas el derecho de veto a cualquier decisión. Esta constitución estuvo en el inicio de las tenciones étnicas que estallaron a continuación y alcanzaron sus cimas en 1963 y 1967. Cuando la monarquía griega fue abolida por el “gobierno de los coroneles”, éstos favorecieron un golpe de Estado pro-helénico en la isla (15 de julio de 1974). Turquía respondió invadiendo militarmente el norte de la isla Incumpliendo cualquier acuerdo previo, Turquía proclamó, acto seguido, la República Turca del Norte de Chipre que solamente fue reconocida por el Estado Turco y la Conferencia Islámica.

El largo camino hacia la independencia

A principios del siglo XX Creta se unió a Grecia y en Chipre surgió un movimiento similar apoyado por la Iglesia Ortodoxa. Turquía se opuso a estas pretensiones y los dominadores ingleses reprimieron al movimiento, encarcelando a los popes, pero uno de ellos consiguió escapar, el arzobispo Makarios que dirigió el movimiento desde el exilio.

Makarios ha sido, junto con el general Grivas, uno de los dos grandes protagonistas de la historia de Chipre en el siglo XX. Curtidos en las dificultades de las dos guerras mundiales, ambos personajes se convirtieron en los artífices de la independencia de la isla y jamás albergaron la menor duda de que sus enemigos eran Inglaterra y Turquía. Combatieron, cada uno con sus armas, Grivas con las armas y Makrios con su habilidad política, hasta lograr la independencia total de la isla y luego defender esa independencia contra Turquía.

Antes de ser primado de la Iglesia Autocéfala Ortodoxa de Chipre, con el nombre de Makarios III, había sido bautizado como Mijail Khristódulos Muskos y era hijo de un modestísimo pastor de cabras, criado en la fe ortodoxa y en el odio a los turcos. A los 13 años, por vocación y también para huir de la miseria, habia ingresado en el monasterio de Kykkos. Ordenado diácono en 1938, marchó a Atenas para estudiar teología. Tras el paréntesis de la guerra, en 1946 fue ordenado sacerdote y viajó a EEUU para completar sus estudios. De regreso, fue nombrado obispo de Kition y en 1950 enviado a Chipre para sustituir a Makarios II. A partir de ese momento se convirtió en el líder espiritual y el referente político de la comunidad greco-chipriota. Desde que tuvo uso de razón, era partidario de la “enosis” y, utilizando el púlpito para sus arengas, movilizó a la población griega de la isla para unirse a Grecia. Los ingleses lo detuvieron en 1956, exiliándolo a las Seychelles hasta finales de 1957.

Así como Makarios era un pope capaz de encender a la población desde el púlpito y luego utilizar la diplomacia para alcanzar sus fines, el otro gran protagonista de la historia de Chipre, el general Grivas era un militar agresivo, en cuyos análisis políticos el recurso a la violencia era una táctica más, sin duda, la que permitía alcanzar los objetivos propuestos más diligentemente.

Si después de la Segunda Guerra Mundial, Grecia tuvo como prioridad derrotar a las guerrillas comunistas, una vez concluyó esta lucha en 1949, el énfasis se puso, durante los años cincuenta en la “enosis”, destino que, para Grecia, debía seguir a la descolonización de la isla. A partir de abril de 1955, la EOKA (iniciales de Organización Nacional de Lucha por la Libertad de Chipre) lleva a cabo una lucha sin cuartel contra los ingleses. Pues bien, tanto la resistencia contra los ocupantes primero, como la lucha contra los comunistas después, y la lucha contra los ingleses más tarde, tuvieron un héroe nacional: el General Grivas.

Cuando el 27 de enero de 1974, Géôrgios Grivas, alias “Digénis”, moría en la clandestinidad en su isla natal de Chipre, tenía a sus espaldas casi cincuenta años de combates al servicio del nacionalismo griego y la “gnosis”. A los 18 años había ingresado en la Academia Militar griega y a los 21 combatió contra el que, a partir de ese momento, sería, junto con el comunismo, su enemigo secular, los turcos. Fue destinado a Asia Menor, en el frente de Esmirna, para hacer realidad la “Megali Idea”. A pesar de la derrota griega, Grivas recibe varias condecoraciones por su valor y marcha a la Escuela Militar de París para completar su formación. De regreso, se convierte en profesor de la Academia Militar griega durante el gobierno conservador del General Metaxas. Cuando se produce el ataque italiano, Grivas es asignado a un lugar tranquilo en el Estado Mayor que dirije las operaciones en el frente norte, pero solicita ser enviado al frente. Finalmente, es destinado al frente albanés como jefe de Estado Mayor de la 2ª División en diciembre de 1940. Allí demuestra su preparación militar. No solamente contiene la ofensiva italiana sino que logra penetrar en el territorio albanés controlado por los italianos. Cuando alemanes, italianos y búlgaros ocupan Grecia, Grivas se une a la resistencia y combate con ella hasta el final de la guerra. Luego, en 1946 se retira del ejército y reside en su tierra natal, Chipre.

En los peores momentos de la Segunda Guerra Mundial, Churchill, para atraerse a los nacionalistas griegos, había prometido que, al concluir el conflicto, Chipre sería devuelto a Grecia como recompensa por haber figurado entre los aliados. Pero a principios de los años 50, es evidente que, Inglaterra ha faltado a su palabra. Entonces, Grivas, que nunca había renunciado a la “gnosis”, se une, junto con el arzobispo Makarios, al comité clandestino para liberar la isla. En 1954, Grivas vuelve a la clandestinidad, con el nombre de “Digénis”, y comienza a lucha armada contra los británicos. Funda la EOKA.

Los objetivos de la EOKA son, por este orden, hostigar a las tropas y a los funcionarios británicos, a los líderes turcochipriotas y al Partido Comunista de Chipre (AKEL) que exigía la independencia de la isla y la formación de un Estado multiétnico no alineado. Cualquier cosa que no fuera la unión con Grecia era inaceptable para Grivas. En esos momentos, el enemigo secular, Turquía, propone en las NNUU un plan de partición de la isla en dos sectores. Pero este plan chocaba con la realidad, las comunidades turco-chipriota y greco-chipriota estaban muy dispersas por la isla y resultaba imposible trazar una línea divisoria. Desde mediados de los años cincuenta se evidencia que la política turca en relación a Chipre consiste en dividir la isla y anexionarse el sector norte (más próximo a sus costas), pero negando a Grecia la posibilidad de incorporar el resto de la isla a su Estado. La zona sur, según el plan turco sería una zona neutral e independiente. Este conflicto tenía importantes repercusiones a nivel internacional. Grecia y Turquía eran miembros de la OTAN y la incorporación del sur de Chipre a Grecia hubiera hecho que el papel de éste país en la Alianza Atlántica ganara en importancia y rivalizara con el de Turquía. Y en este terreno, el Estado turco no quería competencia: le había costado ganar la amistad de los EEUU a costa de entrar en guerra contra Alemania en febrero de 1954 y no estaba dispuesto a renunciar a una alianza estratégica que todavía hoy conserva su vigor e interés.

Pero había un tercer implicado, en este conflicto geopolítico, la URSS que contaba con un peón sumiso y fiel en la isla: el Partido Comunista, AKEL. La URSS había montado dos emisoras de radio para uso del AKEL que emitían desde Praga. En esa época, el AKEL, como cualquier grupo político partidario de la independencia de la isla, había sido declarado ilegal por los ingleses y, tras la conclusión de la guerra civil de 1949 en Grecia, era la única formación de carácter comunista que subsistía en el ámbito helénico. Estas dos radios –que funcionaban desde el 20 de marzo de 1958- iban destinadas a las dos comunidades étnico-lingüisticas de las islas: de un lado la “Bizim Radio”, portavoz del Partido Comunista Turco y del otro, la “Voz de la Verdad”, del Partido Comunista Griego. Ambas emisoras, multiplicaron los llamamientos a la independencia e informaron ampliamente sobre las luchas anticolonialistas que se daban en otros lugares del mundo en esos momentos. Su acción fue uno de los elementos que más contribuyeron a dividir a la población chipriota. Los partidarios de la “enosis”, habitualmente eran anticomunistas que habían luchado en la guerra civil griega y no estaban dispuestos a que sus enemigos de antaño volvieran a desafiarlos en su tierra natal.

A finales de los años cincuenta, la situación en la isla era lo suficientemente grave como para que los ingleses decidieran que resultaba mucho más económico llegar a un acuerdo con todas las partes, antes que seguir manteniendo el pavellón británico ondeando en la isla. Contrariamente a lo que implicaba la lógica, no fueron las NNUU, sino la OTAN, quien consiguió poner de acuerdo a las partes implicadas. LA OTAN, en efecto, no podía permitir que tres de sus miembros –Inglaterra, Turquía y Grecia- vivieran un enfrentamiento a causa de la cuestión chipriota. El problema fue que la OTAN no contó con la población de la isla para establecer el futuro de Chipre. En vitud de los acuerdos de Zürich de 1959, Chipre obtuvo la independencia. El acuerdo preveía que el país sería declarado independiente el 16 de agosto de 1960, otorgando la presidencia del país al arzobispo Makarios y nombrando a un turco-chipriota como vicepresidente. El acuerdo no daba la razón ni a los miembros de la EOKA, ni a los turco-chipriotas. Gran Bretaña se reservaba el derecho de mantener dos bases militares en la isla. Estas dos bases –todavía abiertas- están en Akrotiri y Dhekelia. La primera base se encuentra al sur de la isla, cerca de Limasol. Allí están acantonados 3.500 efectivos de la RAF. Dhekelia se encuentra al sureste de Larnaca, limitando al norte con Famagusta. Ambas bases, además de las instalaciones militares, contienen zonas residenciales y tierras de cultivo.

A partir de ese momento, Makarios, fue el hombre clave de la politica chipriota. Fue reelegido en 1968 y 1973. Tras la caída del régimen de los coroneles en Grecia y tras la invasión turca de la isla, Makarios, recuperó la presidencia que mantuvo hasta su muerte en Nicosia, el 3 de agosto de 1974. Había sobrevivivo a cuatro atentados contra su persona.

Profundizando el conflicto

Lejos de atenuar los conflictos étnicos y políticos en el interior de la isla, la independencia los agravó. La constitución aprobada albergaba la quimérica pretensión de equilibrar los intereses de las comunidades grecochipriota y turcochipriota. El 21 de diciembre de 1963 se produjeron violentos choques en Nicosia entre ambas comunidades. Las autoridades de la isla denunciaron ante las NNUU, a Turquía como instigador de estos incidentes. Turquía, a pesar de las evidencias, negó su responsabilidad y tres meses después, ante la imposibilidad de pacificar Chipre, el Consejo de Seguridad adoptó la famosa Resolución 186/1964, recomendando el envío de los “cascos azules” (Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre, UNFICYP). Desde entonces, los “cascos azules” han estado presentes ininterrumpidamente en la isla.

Pero la llegada de los “cascos azules” tampoco consiguió detener los incidentes. En agosto de 1964, tuvo lugar el choque de Kokkina. El gobierno griego había enviado al Teniente General Grivas para repeler la actividad de las guerrillas turco-chipriotas. El enérgico Grivas, hábil en la lucha clandestina, consiguió introducir armamento y militares griegos consiguiendo organizar una fuerza 9000 soldados y 650 oficiales. Los “cascos azules” solicitaron a Makarios que detuviera los preparativos, pero éste alegó que desconocía la existencia de tales fuerzas. Los enclaves más importantes dominados por la comunidad turco-chipriota eran Limnitis, el Norte de Nicosia y el puerto de Kokkina, protegidas por formaciones paramilitares. El primer objetivo de Grivas era asegurar la ruta Paphos-Kyrenia, que pasaba por el puerto natural de Kokkina. Además, este puerto era regularmente utilizado por las guerrillas turco-chipriotas para recibir armamento y desembarcar hombres. Por allí habían penetrado medio millar de turco-chipriotas que se habían unido a la guerrilla. Las operaciones se iniciaron el 6 de agosto con un avance de 2000 hombres de Grivas en direccón a Kokkina. Contaba con cañones de 105 mm, morteros y metralladoras pesadas de 20 mm y unos pocos blindados. Cuando se encontraban cerca de alcanzar sus objetivos, la aviación turca bombardeó a las unidades greco-chipriotas y el avance quedó paralizado. Los “cascos azules” restablecieron una precaria tregua y poco después, Grivas, bajo presión turca, debió abandonar la isla. Regresaría en 1971 con la firme voluntad de reemprender el combate por la “gnosis”.

Con los coroneles en Grecia

¿A qué se debía la decisión de Grivas de avanzar sobre Kokkina? Las cosas en Grecia había cambiado a lo largo de 1964 y el General consideraba que había llegado el momento de plantear nuevamente la “gnosis”. En efecto, en 1964, sube al poder un gobierno centrista en Grecia que arrebata el poder a la coalición que gobernaba el país desde la guerra civil de 1949. A partir de este cambio de gobierno, la EOKA redobla sus atentados tomando como objetivo a la comunidad turco-chipriota. Es entonces, cuando Turquía, realiza incursiones aéreas para garantizar seguridad de su población y cstigar las ciudades bajo control de la EOKA.

En 1967 se produce el golpe de Estado de los coroneles y en los meses inmediatamente posteriores, cesan las reivindicaciones griegas sobre la isla y las actividades de la EOKA descienden hasta niveles mínimos. Esta situación de paz se prolonga hasta 1973. A decir verdad, la precaria situación de los golpistas griegos les hacía ser extremadamente sumisos a las exigencias de Washington que seguía actuando como “protector” de Turquía. La junta militar griega, en esas circunstancias, prefirió poner en barbecho las reivindicaciones griegas sobre Chipre y seguir contando con la amistad norteamericana.

En 1968 la comunidad greco-chipriota está dividida en dos. Una era partidaria de una rápida operación militar para destruir la resistencia turca y proclamar la “enosis”. La otra, prefería evitar el choque directo y presionar económica y políticamente para alcanzar la “enosis”. La primera opinion era sostenida por los antiguos militantes de la EOKA, mientras que la segunda tenía a Makarios como principal sostenedor. Éste había entendido que una ofensiva militar greco-chipriota acarrearía inmediatamente una contraofensiva turca. Fiel a su política, Makarios facilitaba la salida de turcos de la isla, mientras que los partidarios de la intervención militar habían constituido una organización clandestina con el nombre de EOKA-B, que recibía el apoyo de la Junta de Coroneles griegos entonces en el poder. En marzo de 1970, la EOKA-B realizó su primera acción, atentando contra el helicóptero de Makarios; sin embargo, éste pudo salvarse. El incombustible arzobispo, respondió deteniendo a antiguos miembros de la EOKA, uno de los cuales –el antiguo ministro de Asuntos Exteriores- fue asesinado.Grivas, que hasta ese momento, se había mantenido al margen de los acontecimientos, regresó en agosto de 1971 a la isla y asumió la direccion de la EOKA-B. Curtido en mil luchas clandestinas, Grivas sabía que una fuerza armada irregular precisa, ante todo, armas; así que sus hombres empezaron a robarlas sistemáticamente de los cuarteles de la Guardia Nacional. Acto seguido, empezaron los atentados contra la comunidad turca y las declaraciones a favor de la “enosis”. Makarios –que, en el fondo, tenía las mismos objetivos que Grivas- intentó un acuerdo entre ambas facciones, pero el belicoso general la rechazó. Buscaba derribar a Grivas y alcanzar la “enosis” intensificando su campaña de atentados. En enero de 1973, Makarios, declaró que el terrorismo de la EOKA-B constituía el “fin de la enosis”.

A mediados de 1973, los coroneles griegos proclaman la república y abolen definitivamente a la monarquía, instalando al coronel Andreas Papandreu en la presidencia. Una rebelión de los estudiantes de la Escuela Politécnica de Atenas marcó el principio del fin del gobierno de los coroneles. Tras tres días de encierro, intervino el ejército el 17 de noviembre de 1973, violando la autonomía universitaria. Cuando se restablece el orden, los coroneles recuerdan el contencioso de Chipre e intentan, nuevamente, realizar la “enosis”. Su fracaso sella, no solamente, el fin de la idea unificadora, sino también marca el fin del gobierno militar.

Un mes después de la revuelta de los estudiantes, el coronel Papadópulos fue derribado por Dimitris Ioannidis y el general Fedón Ghizikis juró como presidente de la República el 21 de abril de 1974 que, finalmente, entrega el poder a Konstantinos Karamanlis, el 25 de julio de 1974. Todos estos incidentes evidenciaron la debilidad interior griega. Los turco-chipriotas, aprovecharon para abortar las negociaciones que estaban llevando con los greco-chipriotas.

El golpe contra Makarios y la invasión turca

Makarios resultó derrocado en julio de 1974 por la Guardia Nacional. Los golpistas se apoderaron de Radio Nicosia y notificaron la muerte de Makarios. Sin embargo, éste había sobrevivido y gozaba de buena salud, pudiendo dar señales de vida a través de las emisors turcas. Desde Radio Chipre Libre se emitieron comunicados en varios idiomas y durante varios días informando sobre la buena salud del Arzobispo. Finalmente, la Guardia Nacional, consiguió localizar y destruir la emisora. Makarios fue evacuado por los británicos y protegido en una de las bases inglesas en la isla.

Como hemos dicho, en 1967, Grivas había abandonado Chipre debido a las presiones turcas y norteamericanas, pero retornó clandestinamente a la isla en octubre de 1971. En esa época opinaba que el mayor obstáculo para la “gnosis” era la presencia de Makarios. El astuto arzobispo sostenía que para realizar la “enosis” –a la que, en principio, no se oponía- era preciso contar con la comunidad turca y no plantearla solamente como una cuestión que interesaba solamente a los greco-chipriatas. Pero Grivas volvía a la isla para reorganizar la EOKA e impulsar la EOKA-B. Nikos Sampson que, hasta ese momento había apoyado la política de Makarios, cambió de bando y pasó a sostener las operaciones de Grivas.

Las negociaciones entre ambos líderes, Makarios y Grivas, que tuvieron lugar en 1972 terminaron sin alcanzar ningún resultado. Luego, Grivas desencadenó su ofensiva y terminó enfrentándose con el sínodo de la iglesia ortodoxia chipriota que había excluído a tres prelados partidarios de la “enosis”. Grivas mantuvo en su puesto a estos prelados, apoyados por los militantes de la EOKA-B.

El 26 de julio de 1973, los activistas de la EOKA-B atacaron el cuartel de policía de Limason y secuestraron a varios policías partidarios de Makarios. Al día siguiente la casa del Ministro de Comercio Kolokasidis y na fábrica fueron dinamitadas. El Ministro de Justicia, resultó secuestrado. Makarios y sus partidarios respondieron deteniendo a los militantes conocidos de la EOKA. Pero cuando esta espiral de violencia alcanzaba sus más altas cotas, Grivas fallecía el 27 de enero de 1974. Le sucedió Georgios Karusos, de gran experiencia en lucha clandestina, que había acompañado a Grivas en su retorno a la isla en 1971. Pero Karusos no era Grivas ni recogía la misma unanimidad que quien hasta entonces había sido su jefe. Dentro de la organización, un sector mayoritario, le reprochaba confiar solamente en la lucha armada para realizar la “enosis” a despecho de cualquier consideración política. La polémica ganó intensidad y Karusos, debió, finalmente, retirarse a Grecia en febrero de 1974 y abandonar la dirección de la EOKA-B. Estas fricciones interiores debilitaron a la EOKA y dieron la ocasión para que Makarios la denunciara como una extensión de los servicios secretos de la dictadura militar griega. En esos días, Makarios aseguró a medios de comunicación de Europa del Este, que si el gobierno de los coroneles griegos seguía adelante con su política de inmiscuirse en los asuntos internos de Chipre, él, Makarios, sería partidario de dividir la isla en dos Estados. Inmediatamente, los militares griegos contraatacaron.

Tres tanques en manos de la EOKA-B atacaron el Palacio Presidencial el 15 de julio por la mañana, pero Makarios consiguió escapar. Los militantes de la EOKA-B ocuparon la Radio greco-chipriota y difundieron el himno nacional griego, tras anunciar la muerte de Makarios. Desde la zona norte donde los turcos eran mayoritarios, Rauf Denktash anunció que el golpe se debía a ajustes de cuentas internos entre la población greco-chipriota y solicitó la intervención de la República de Turquía.

El 19 de julio de 1974, Turquía advierte que puede actuar como parte interesada en el conflcto y, para demostrarlo, aviones turcos bombardean de manera indiscriminada la zona greco-chipriota, dañando algunos campings y hoteles en los que se encontraban turistas extranjeros. En Famagusta murieron 20 turistas suecos y en Limassol otros 30 de distintos países. Esta escalada de agresiones concluyó con la puerta en marcha de la “Operación Atila”.

El objetivo de la “Operación Atila” consistía en conquistar la superficie de la isla situada al norte de la línea Famagusta-bahía de Morphou, incluido el sector norte de Nicosi, zona más próxima a la costa turca y en donde se concentraba la población de ese país. La operación se desarrolló en dos fases. Inicialmente, disturbios provocados por las milicias irregulares turco-chipriotas atrajeron al grueso de las tropas greco-chipriotas. Inmediatamente y por sorpresa, en la primera fase de la operación se realizó un desembarco naval en Kyrenia con objeto de ocupar el norte de Nicosia, ciudad sobre la que se lanzaron paracaidistas turcos. En la segunda fase se conquistó el resto de la irla en dirección a Famagusta, Lefka y Limnitis. Para realizar esta operación, contaban con los 15.000 guerrilleros de la TMT (Türk Mukavemet Teşkilati, Organización de resistencia turca), además del ejército regular y del batallón turcohripriota compuesto por 800 hombres que como el TMT conocían perfectamente el terreno. La defensa griega contaba con la Guardia Presidencial (500 hombes con armamento ligero) la Guardia Nacional (12.000 hombres), la EOKA-B (15.000 hombres), unos pocos y anticuados tanques T-34 y cinco patrulleros. Pero estas fuerzas carecían completamente de apoyo aéreo, ni siquiera de helicópteros, a diferencia de las fuerzas turcas dotadas de una extraordinaria movilidad gracias a las unidades paracaidistas (capaces de lanzar 5.000 efectivos por oleada) y heliotransportadas (con capacidad para 1.000 soldados pertrechados).

La resistencia griega retrasó la ocupación de Famagusta que, finalmente cayó el 15 de agosto a las 19:00 horas. Por entonces, las NNUU habían intentado imponer el alto el fuego, pero en media docena de ocasiones, los turcos lo rompieron y prosiguieron su avance hasta los objetivos propuestos. Al día siguiente consiguió establecerse un alto el fuego permanente. Poco despues los “cascos azules” establecieron la línea de cese el fuego y una zona neutral entre ambos contendientes.

La zona norte de Chipre era la adecuada para la invasión. No solamente allí la comunidad turca era mayoritaria, sino que, además se encontraba más próxima a la Península Anatolia y, para colmo, las unidades greco-chipriotas estaban dispersas y con dificultades comunicación. Era un momento en el que Grecia, que acababa restaurar la democracia formal, no estaba todavía en condiciones de reaccionar.

Quienes arrastraron las peores consecuencias de esta invasión fueron las bolsas de población greco-chipriotas instaladas en el Norte de la isla. Durante los primeros días de la invasión, se cometieron abominables excesos contra estos núcleos griegos. En su ocupación, el ejército turco utilizó tácticas de “limpieza étnica”. En el informe de la Comisión Europea de Derechos Humanos de 10 de julio de 1976, se alude a "indicios muy poderosos de asesinatos cometidos a una sustancial escala", incluyendo violaciones, torturas, trato humillante de cientos de personas incluyendo niños, mujeres y ancianos durante su detención, vandalismo, pillaje y robo a gran escala por parte del ejército turco y de los civiles turco-chipriotas amparados por ellos. Miles de greco-chipriotas perdieron su vida, 1.619 siguen aún desaparecidos, 200.000 debieron abandonaron sus casas y sus pertenencias. Cuando se produjo la declaración unilateral de independencia de la zona norte, la comunidad internacional manifestó su protesta a través del Consejo de Seguridad de la ONU, en su resolución 367/1975, "rechaza la decisión unilateral de 13 de febrero de 1975 de declarar una parte de la República de Chipre como un Estado Turco Federado". Treinta y un años después, el norte de Chipre es, según el Secretario General de las NNUU, "una de las zonas más militarizadas del mundo".

El 16 de agosto de 1974 se proclamó el Estado federal turco-chipriota, bajo la presidencia de Rauf Denktash. A partir de ese momento se producen los ensayos de limpieza étnica y los grandes desplazamientos de población turca de sur a norte y griega de norte a sur. Pero el Chipre independiente siguió existiendo bajo la presidencia de su patriarca, el arzobispo Makarios, desde su regreso en 1974 hasta su fallecimiento en 1977. Su sustituto Spyros Kyprianou fue fiel a su predecesor y la política exterior del Estado independiente chipriota no varió: no alineación en cuestiones internacionales, mantenimiento de la independencia y reunificación del país.

Denktash y Makarios habían acordado cuatro bases para las negociaciones de paz: el establecimiento de una república federal binacional, determinación de los territorios que administraría cada comunidad, libertad de circulación interna, derecho de propiedad en el marco de un sistema federal que reconoce iguales derechos a ambas comunidades. Desde entonces, todos los proyectos de reunificar la isla han fracasado. El referéndum de abril de 2004 para la integración de la isla en la UE, constituyó el último y fallido intento.

El día 24 de abril de 2004, tuvieron lugar dos referéndums simultáneos en la isla de Chipre. Grecochipriotas y turcochipriotas fueron consultados sobre el Plan de Naciones Unidas que debía hacer posible la entrada de un Chipre reunificado a la Unión Europea el día 1 de Mayo, junto a nueve otros estados. Los sondeos previos preveían que el Plan recibiría un 60% de apoyo popular en el norte turcochipriota y sólo un 40% en el sur grecochipriota. Sin embargo, el resultado sería de un 64% en el norte y un 75% de voto negativo en el sur. La jerarquía ortodoxa había realizado campaña por el “no”; además, la comunidad grecochipriota se manifestó siempre por la reunificación de la isla, mientras que la UE no condicionaba la incorporación de Chipre a la reunificación de la isla. Así pues, la adhesión

Actualmente, la isla está dividida en dos sectores, en el norte se encuentra la República Turca del Norte de Chipre, constituida tras la invasión turca de 1974, y al sur la originaria República de Chipre. Mientras ésta última es un Estado internacionalmente reconocido y miembro de pleno derecho de la Unión Europea, solamente Turquía reconoce oficialmente a la República del Norte, en realidad, un mero gobierno de facto, títere de Ankara.

El 25 de noviembre de 1992, la resolución 789 de las NNUU considera a los turco-chipriotas responsables del estancamiento de las negociaciones para intentar acabar con la partición de la isla y solicita una disminución “sensible” de las fuerzas militares turcas en la isla. En agosto de 1996, se producen varias manifestaciones de greco-chipriotas solicitando la reunificación de la isla. Un turco-chipriota dispara sobre la multitud produciendo un muerto y dos heridos entre los “cascos azules”. Tres días antes, un greco-chipriota había resultado golpeado hasta morir y otros cincuenta resultaron heridos. De poco servía que la UE condenada las “muertes brutales” el 16 de agosto

Chipre y la Unión Europea

El 19 de diciembre de 1972, la isla, todavía unificada, firmó el Acuerdo de Asociación con la entonces Comunidad Económica Europea. El acuerdo no sentó bien en Turquía, que, a su vez, aspiraba a un acuerdo privilegiado con la CEE. Debieron de pasar todavía dieciocho años para que el 4 de julio de 1990, el gobierno chipriota solicitara oficialmente la adhesión a la UE con la seguridad de que la propuesta iba a contar con el favor de los socios.

En 1997, el presidente griego Tassos Papadopoulos amenazó en la Cumbre de Bruselas con vetar la entrada de Turquía en la UE si no reducía su fuerza de 36.000 soldados en la parte norte y permitía que los barcos con matrícula chipriota atracaran en los puertos del norte. Entonces estalló la llamada “crisis de los misiles”.

El 4 de enero de 1997, el gobierno Clerides anunció la compra de misiles rusos S-3000 ante la cólera del gobierno de Ankara que amenaza con una nueva intervención militar y responde adquiriendo misiles en Bélgica. Los S-300 son la piedra angular de la “doctrina común de defensa”, diseñada en 1993 por el ministerio de Defensa griego de Andreas Papandreu para integrar a Chipre en la defensa nacional griega y garantiza el apoyo a los greco-chipriotas en caso de agudizarse el conflicto greco-turco. Para entender mejor la situación hay que recordar que la Guardia Nacional chipriota carecía de aviones y de defensa aérea. Los turcos sospechaban que los mísiles contribuirían a neutralizar su inicial superioridad aérea. La mediación de la UE y de NNUU logró, finalmente, pacificar la situación, pero dejó un agrio sabor de boca en todas las partes. Era evidente que el contencioso de Chipre, no solamente existía, sino que seguía estando presente a flor de piel.

El 30 de marzo de 1998, se inician las relaciones entre la UE y la República de Chipre. En respuesta, Turquía y la República del Norte de Chipre, crean un “consejo de asociación” paralelo. A finales del 2001, Bulen Ecevit, entonces primer ministro turco, amenaza con anexionarse la parte norte de la isla en caso de que los greco-chipriotas se integren en la UE y, unas semanas después, Turquía rechaza la reunificación de la isla, alegando que este proyecto llevaría a los turco-chipriotas a ser considerada como una minoría. Estas declaraciones y el interés del gobierno chipriota en integrarse en la UE, indujeron a Glafcos Clérides a tender nuevamente la mano a Rauf Denktash, bajo el patrocinio de las NNUU, para volver a tratar la reunificación de la isla. Pero a principios de julio de 2002, estos contactos se cortaron ante la imposibilidad de seguir avanzando. Esto, inicialmente, afectaba poco a las negociaciones con la UE. De hecho, la República de Chipre era un Estado independiente y a la república del norte, era un “Estado” de facto, reconocido solamente por Turquía. Así que el 9 de octubre de 2002, la Comisión Europea recomendó que el Consejo Europeo de Copenhague, aceptara la incorporación de Chipre, sin restricciones, a partir del 1º de mayo de 2004, junto a otros 10 nuevos Estados.

Las elecciones de febrero de 2003 dieron la victoria a Tassos Papadopoulos se impuso por un 51% de votos, sobre Glafcos Clerides que obtuvo el 38%.

En esos meses de intensa actividad diplomática en torno a Chipre, Kofi Annan, Secretario General de las NNUU, había presentado un plan al Consejo dde Seguridad proponiendo la reunificación de Chipre en un solo país, dotado de una constitución federal y compuesta por dos Estados con igualdad de derechos. El plan fue enviado a las partes con la propuesta de que contestaran antes del 28 de febrero de 2003. Pero cuando se aproximó esa fecha, ni Tassos Papadopoulos ni Rauf Denktash habían conseguido ponerse de acuerdo. Kofi Annan se reunió con ambos mandatarios en La Haya el 11 de marzo de 2003, proponiendo que su plan de paz fuera sometido a referéndum en las dos partes de la isla. Pero Denktash rechazó esta solución alegando que el plan era “completamente inaceptable” para los turco-chipriotas. Aquí concluyó la posibilidad de ver como un Chipre reunificado se integraba en la UE. No obstante, el 16 de abril de 2003, la República de Chipre firmó en Atenas el Tratado de Adhesión a la Unión Europea que fue ratificado por el parlamento chipriota el 14 de julio.

El 23 de abril, se permitió que los ciudadanos griegos que quisieran desplazarse al sur pudieran hacerlo libremente y otro tanto para los turcos del sur que quisieran unirse al territorio donde su comunidad era mayoritaria. El 1º de mayo de 2004, la isla de Chipre se integra en la UE, pero, ante el hecho consumado de la partición de la isla, la zona norte quedó al margen del derecho comunitario.

Algunas conclusiones

Chipre ha vivido en un verdadero estado de guerra desde principios de los años 50. Por algún motivo, también en Chipre se evidencia las dificultades de convivencia entre dos comunidades separadas por barreras étnicas, religiosas y culturales. Podemos suponer que la integración de Turquía en la UE, con su enorme potencial demográfico, supondría el desplazamiento de millones de turcos a Europa Occidental. Es inevitable pensar en los problemas que esto acarrearía.

Una de las cuestiones más intensamente debatidas es si Chipre es o no es Europa. Es tan Europa como pueden serlo las Islas Canarias, geográficamente africanas y políta, cultural y étnicamente europeas. Chipre es, así mismo, asiática por su proximidad a las costas turcas, pero Europea por la mayoría de su población, por su cultura y por buena parte de su historia. No es que la integración en la UE, por sí misma, haya resuelto la cuestión de la europeidad de Chipre, es que, justamente al revés: la vinculación histórica de Chipre con la cuna de Europa, con Grecia, ha hecho de esta isla una punta avanzada de la Unión Europea.

Geopolíticamente, el interés que tiene Chipre para la UE es extraordinario: su privilegiada ubicación geográfica, permite considerarla como un portaviones insumergible, verdadera atalaya sobre Oriente Medio. Si, Turquía también podría cumplir esa función, el problema es que Turquía es un país cuyas fronteras son conflictivas: cuestión kurda, cuestión armenia, cuestión chipriota, fronteras directas con las zonas más inestables del planeta (Siria, Irak, Irán, el Cáucaso), y, para colmo, el corredor turco hacia los Balcanes, que empieza en Tracia y termina en Albania, lugar a través del cual se calcula que entra el 70% de heroína que se consume en Europa. Turquía es un conflicto rodeado de fronteras conflictivas, con la perspectiva de arrastrar a otros a sus propios conflictos. Conflictos prolongados e irresueltos.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

No a Turquía en la UE (V). El genocidio armenio

No a Turquía en la UE (V). El genocidio armenio

Infokrisis.- En 1915 y 1916, un pueblo europeo y cristiano fue masacrado sistemáticamente por otro pueblo asiático e islámico. Tal es la desnuda, brutal y áspera realidad, con perdón del "diálogo de civilizaciones". La historia es lo que es y no lo ue a nosotros nos gustaría que fuera. La historia es brutal. La verdad también. Volver la espalda a la historia es vivir de espaldas a la realidad. Ignorar una brutalidad, no hace, necesariamente, ue no se reproduzca otra. Por eso traemos auí la dramática historia del pueblo armenio y del genocidio ue lo mermó y dispersó. Yo no sé si ignorar la historia es estar condenado a repetirla, lo que si sé es que Turquía debería disculparse -en lugar de justificar- por su proceder y resarcir al pueblo armenio.

En 2005, el gobierno turco declaraba que el genocidio jamás existió y se limitó a aludir a “trágicos acontecimientos”. “Trágico” era, efectivamente, el aniquilamiento de un pueblo, con la muerte de millón y medio de sus miembros y la diáspora del resto.

En 2004 el Papa Juan Pablo II debía haber visitado el Cáucaso, pero su precario estado de salud, aconsejó aplazar el viaje que jamás pudo realizarse. Armenia está en el Cáucaso, pero sus habitantes están por todo el mundo. Se les encuentra en comunidades importantes en EEUU, Alemania, Francia, Persia, Austria, Rumania, incluso en Chipre e India, tal fue el resultado de lo que se ha llamado “la diáspora armenia”.

El caso armenio y, posteriormente, el drama kurdo, son recientes. Pertenecen a un pasado demasiado próximo a nosotros como para que podamos soslayarlo.

Armenia, un pueblo europeo

Los armenios son un pueblo indoeuropeo; ellos mismos consideran que su pueblo fue fundado por el patriarca Haík y llaman a su país Hayastán. En el siglo VII a. JC, poblaban las regiones del monte Ararat y del lago Van. Conquistada la zona por los romanos, en el siglo III se convirtieron al cristianismo. Los primeros en convertirse fueron Gregorio “Illuminator” y el Rey Tiridates, que recibieron las aguas bautismales en Capadocia; tras ellos, siguió el resto de su pueblo. Había nacido la Iglesia armenio-gregoriana cuando aún faltaban cincuenta años para la conversión de Constantino. Así pues, le cabe a la Nación Armenia haber sido la primera del mundo en asumir el cristianismo. En el siglo V, los prelados armenios no pudieron acudir al concilio de Calcedonia a causa de la ofensiva que contra su pueblo habían desatado los persas. Este conflicto prefiguraba el drama histórico de Armenia.

Situado en el cruce entre Oriente y Occidente, la tierra armenia es una de esas zonas de interés geopolítico vital para cualquiera que intentara aproximarse a Europa o contener a Asia. Las luchas entre romanos y partos, entre persas y bizantinos, las invasiones árabes del siglo VII y de los turcos en el X, marcaron a fuego a este pueblo y lo trataron con una dureza inusitada. Y, sin embargo, a pesar de todos estos avatares, la cultura armenia, lejos de desaparecer, floreció como ninguna otra en la zona. Sus catedrales e iglesias, aún hoy, son buena muestra de ello.

A lo largo de la Edad Media, Armenia se encontraba presionada entre turcos y bizantinos. En el 885, Rubén Bragatida federó unos cuantos principados menores situados en el Sudeste de Asia Menor fundando el reino de Cilicia. Al tratarse de un reino cristiano, cuando los cruzados iniciaron sus campañas en Tierra Santa, Cilicia supuso una posición avanzada. En 1198, León II, fue consagrado Rey y reconocido por el papa y por el Emperador Enrique II del Sacro Imperio. León II se había comprometido volver a establecer la supremacía del Papa sobre la Iglesia armenia. Los dominicos se establecieron y permanecieron allí hasta el siglo XVIII. Hetún II, uno de los reyes armenios, llegó a hacerse franciscano.

El apogeo de este reino logró mantenerse y prosperar gracias al comercio y a la habilidad de sus gobernantes, pero cuando se hundió el Reino Latino de Jerusalén, Cilicia volvió a encontrarse en una difícil situación. Los mamelucos egipcios terminaron invadiendo el reino y expulsando a los armenios de Cilicia. Por entonces ya se produjo una primera diáspora armenia que llevó a los más brillantes de sus mentes a los Balcanes. Armenia languideció durante tres siglos, hasta que a finales del XVII, David el Sunio, consiguió batir en retirada a los invasores. A su muerte, en 1728, Armenia volvió a afrontar su sino, atacada por turcos, persas y rusos. La mayoría de la población cayó sobre la férula turca, pero también, bolsas de población fueron administradas por el Imperio Ruso. Los turcos, particularmente, sometieron duramente a los armenios y no es raro que en las revueltas terminales que sacudieron al Imperio Turco en 1908, los armenios tomaran partido por los revolucionarios. Pero la resistencia armenia no había caído en la cuenta, de que la nueva élite gobernante –los Jóvenes Turcos- tenían un carácter nacionalista que encajaba mal con el respeto a las minorías nacionales como la armenia. Como todo movimiento nacionalista, los Jóvenes Turcos aspiraban a “homogeneizar” el país y transformar al Imperio en Nación. Este nacionalismo llevó a las masacres de 1915-16.

El tratado de Sevres en 1920 había previsto la constitución de un Estado Armenio. Pero turcos y rusos boicotearon este proyecto. El Ejército Soviético, constituido tres años antes, jamás se retiró de la parte conquistada a Turquía en donde se constituyó la República Soviética de Armenia. Algunos voluntarios armenios se unieron a las tropas alemanas en la II Guerra Mundial, no sólo por anticomunismo, sino con la esperanza de que un eventual triunfo alemán permitiría la independencia armenia. Pero la derrota de las armas alemanas hizo que debieran de pasar cincuenta años mas hasta que Armenia fuera independiente, agrupando solamente una parte de su territorio y de su población.

Las dimensiones del genocidio armenio

Se conoce como “genocidio armenio” a la masacre de millón y medio de turcos realizada entre 1915 y 1917 durante el gobierno de los llamados “Jóvenes Turcos”. Ningún gobierno turco en los últimos noventa años, ha admitido que se tratara de un genocidio planificado y llevado a cabo sistemáticamente, sino que, para ellos, se trató “solamente” de un conflicto interétnico localizado, al que se añadieron las epidemias y la hambruna causada por la Primera Guerra Mundial. No vale la pena intentar contestar estos razonamientos. Desde el punto de vista formal, las cifras son elocuentes y el resultado final fue un genocidio, porque, sobre los dos millones de armenios censados por el Imperio Otomano en 1914, solamente sobrevivieron medio millón.

En esa turbulenta época, el grueso de la población armenia estaba situada en el Este de la Península Anatolia, con una importante comunidad de algo menos de cien mil miembros en la antigua Constantinopla (Estambul). Jamás habían tenido problemas con otras etnias, incluso los otomanos los conocían con el sobrenombre de "Nación leal" y esto, a pesar de que, jurídicamente, al pertenecer a otra confesión religiosa, se veían lesionados por la ley coránica que les confería un estatuto de inferioridad social y política.

Las reiteradas ofensas a las que fueron sometidos los armenios en la gran crisis del Imperio Otomano durante el siglo XIX, generó la aparición de un movimiento de liberación nacional. Pero si Turquía había concedido la independencia a las provincias balcánicas de su Imperio, no estaba dispuesta a ceder ante los armenios y mucho menos al existir la posibilidad de que un Estado Armenio, inmediatamente, se configurara como aliado de Rusia.

Hamid II, entre 1849 y 1897 realizó las primeras masacres sistemáticas entre los armenios. Se calcula que en ese período fueron asesinados doscientos mil miembros de esa etnia, a la que siguieron otros treinta mil asesinados en 1909. Ya en esa época, nadie lloró por los armenios. Lo peor estaba todavía por llegar.

Fue un genocidio premeditado. Del 23 al 24 de Abril de 1915 fueron detenidos y asesinados 650 notables de la comunidad armenia en Constantinopla. El perfil era siempre el mismo: personalidades influyentes, mayores de 15 años y susceptibles de configurar la clase dirigente de un futuro Estado Armenio independiente. Quienes no correspondían a este perfil (mujeres, ancianos, niños) fueron deportados al desierto sirio y mesopotámico. El mismo esquema de arresto y asesinato de los líderes y de los hombres mayores de 15 años, así como la deportación del resto de la población -mujeres, ancianos y niños-, hacia los desiertos de Siria, se repitió en todos las localidades armenias.

Por su parte, el gobernador turco de Van, Cevdet bey, azuzó a los nacionalistas turcos para que multiplicaran sus exacciones sobre la población armenia; se trataba, de un plan más ambicioso que el de satisfacer meramente los deseos de venganza de los extremistas; con estos ataques se pretendía provocar a la población armenia para justificar una represión indiscriminada. Entre las tropas turcas servía un curioso personaje con el grado de oficial e instructor. Se trataba de Rafael de Nogales Méndez, mercenario de nacionalidad venezolana, que, al acabar el conflicto, escribió un testimonio titulado “Cuatro años bajo la Media Luna”, en el cual se aportaban datos sobre estas provocaciones y la represión que siguió.

Cuando el ejército ruso penetró en territorio turco en enero de 1915, tras la batalla de Sarikamis, numerosos armenios se integraron en el ejército del general Vorontsov para vengar estas masacres. La mayoría de estos voluntarios pertenecían a formaciones nacionalistas que había acogido favorablemente la promesa del Zar Alejandro II sobre la formación de un Estado Armenio independiente al concluir el conflicto. No es raro que en abril estallara una revuelta pro-rusa en la ciudad de Van y que se cometieran excesos contra los musulmanes. La situación se agravó por que en el curso de 1915, la ciudad fue ocupada sucesivamente por los rusos (mayo), luego por la contraofensiva turca (agosto) y, más tarde, la reconquistaran los rusos (septiembre). Este baile de avances y retiradas prosiguió a lo largo de 1916, pero en 1917, el frente ruso se desmoronó a causa del estallido de la revolución bolchevique. Los turcos se sintieron con fuerzas de contraatacar en la zona del Caspio y llegaron a conquistar Bakú, entonces en poder de los británicos. Sin embargo, la derrota turca en la guerra fue total y solamente en el frente anotolio consiguieron mantener posiciones e incluso avanzar.

Paralelamente a estos vaivenes militares, la situación política se agravó mucho más. Enver Pasha atribuyó la derrota de Sarikamis a la revuelta armenia y ordenó que los reclutas de esa nacionalidad que servían en el ejército turco fueran desarmados e internados en campos de concentración. Al desplomarse el Imperio Otomano, la inmensa mayoría de estos reclutas habían muerto, unos a causa de la guerra, otros debido a la dureza del internamiento, la élite había sido fusilada y los más afortunados fueron incorporados como trabajadores esclavos. Por otra parte, nada más se inició la revuelta de 1915, el gobierno de los “Jóvenes Turcos” deportó a la población que estaba en el territorio por él controlado, al actual desierto Sirio, deteniendo primero y fusilando después a prácticamente toda la clase dirigente e intelectual. En los meses siguientes se alcanzaría la pavorosa cifra de un millón de deportados. Pero lo importante no era la deportación en sí –en el fondo se había producido una revuelta nacional- sino los excesos de los soldados turcos en el traslado y la falta de recursos y condiciones de la zona que debía albergar a los deportados, un verdadera desierto. Pues bien, fue allí donde se instalararon los veinticinco campos de concentración que albergaron a la población armenia.

En Anatolia Oriental y Antioquía, los armenios no se dejaron detener, sino que ofrecieron resistencia. En Musa Daga, la resistencia fue feroz, durante cuarenta días, hasta que los supervivientes fueron rescatados por la marina francesa.

Según las cifras dadas por el Patriarcado Armenio de Constantinopla, de los 2.000.000 de armenios que vivían en el interior del Imperio Otomano en 1912, se pasó a 77.435, en 1927, concentradas especialmente en Estambul y aproximadamente 50.00 en 1993.

El “negacionismo” pro-turco

Existían responsables ideológicos del genocidio; eran los “Jóvenes Turcos” que habían pasado de ser un movimiento liberal partidario de la modernización del país, a un movimiento nacionalista, progresivamente radicalizado y excluyente. El nacionalismo turco, para realizar su proyecto, precisaba liquidar al nacionalismo armenio y eliminar de una y por todas, la posibilidad de secesión.

Aún hoy, no solamente el genocidio armenio es ignorado sino que, además, se intenta borrar todo rastro cultural de este pueblo. Cualquier resto arqueológico es atribuido por el Estado Turco a cualquier otro pueblo, todo, con tal de evitar cualquier dato que pudiera confirmar lo evidente: que hubo un tiempo en el que el pueblo armenio se extendía por Anatolia (mucho antes que los otomanos), el Cáucaso y la Meseta de Armenia.

Resulta curioso que sean tres países los que se niegan a utilizar el término “genocidio” para calificar la masacre sistemática de armenios: uno de ellos es Israel que, al parecer, no quiere competencia en este tema; ellos se consideran las únicas víctimas de los genocidios del siglo XX; ellos y nadie más. Los otros dos países son los que históricamente han formado el eje atlántico o anglosajón, EEUU e Inglaterra, los principales valedores del ingreso de Turquía en la UE. Por el contrario, Alemania, Grecia, Italia, Holanda, Bélgica, Austria, Portugal, Eslovaquia, Suiza, Suecia y Ciudad del Vaticano, han reconocido oficialmente la tragedia. ¿Qué espera el aprendiz de brujo, hacedor de diálogos de civilizaciones y demás lindezas, para unirse a Europa también en este terreno? ¿están los armenios excluidos de tal “diálogo”? ¿Es que no sabe Moratinos que en Erivan el gobierno legítimo del Estado Armenio ha levantado un monumento a este genocidio?

A todo esto, el paciente candidato a “ser Europa”, ¿que dice sobre este episodio de la historia reciente? Que si no se trató de un plan organizado, que si se limitó a luchar contra una sublevación ilegal estimulada por un país extranjero, que si no fueron tantos los muertos, que si los armenios asesinaron más… en el colmo del absurdo, las cifras del actual gobierno turco, sitúan este macabro regateo de cifras, en 500.000 turcos asesinados por los armenios por 10.000 armenios asesinados por los turcos. O como el gato aplastó al elefante… El caso es que, todavía hoy la mera mención del genocidio armenio acarrea una queja formal de los embajadores turcos, y de tratarse de un turco, corre el riesgo de ser condenado a prisión.

En 2005, el Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ante las protestas internacionales, propuso la formación de una comisión internacional para establecer qué fue lo que realmente ocurrió. La oferta iba dirigida especialmente al gobierno armenio y a historiadores de todos los países. Armenia solamente ha puesto una condición previa: el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países y regularizar el tráfico fronterizo sin limitaciones de ningún tipo. Pero Turquía se negó alegando que estas medidas implicarían aceptar la ocupación de Nagorno-Karabagh.

Una estela de 44 metros simboliza el renacimiento nacional de los armenios y doce losas colocadas en un círculo (representando a las 12 provincias armenias todavía en poder de territorio turco) en el centro del cual se encuentra la llama eterna. En el centro del círculo, a una profundidad de 1,5 metros, se halla una llama eterna. Cada año, el 24 de abril, dentro del Estado Armenio y de las comunidades armenias de todo el mundo, se celebra el “Día de la Conmemoración del Genocidio Armenio”. El monumento fue elevado por las autoridades soviéticas en 1965, cuando se cumplió el cincuentenario de la masacre. En Erivan, caminan hasta el monumento donde arde la llama de los antepasados muertos y depositan claveles rojos. Hoy, esta conmemoración está más viva que nunca.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es