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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Dalí entre Dios y el Diablo (III): Dalí y la Alquimia. Pintura y Tradición Hermética

Infokrisis.- En esta tercera entrega abordamos una cuestión sorprendente. Por excéntrica y frívola que parezca la personalidad de Salvador Dalí a primera vista, basta profundizar en sus obras, en sus lecturas o en sus escritos para advertir que tenía un conocimiento preciso de la tradición hermética y que había leído una parte de los clásicos de la alquimia. Se trataba, naturalmente, de un interés puramente intelectual y en absoluto ligado a un conocimiento iniciático, pero, en cualquier caso resulta sorprendente comprobar hasta qué punto Dalí intentó dar a su obra un sentido “alquímico”.

III

DALI Y LA ALQUIMIA:

Pintura y Tradición Hermética

"El hombre es materia alquímica,

predestinada a la aurificación"

Salvador Dalí 

En 1933, el pintor de Cadaqués empezó a obsesionarse con la figura de Hitler; muchos de sus correligionarios surrealistas, olvidando que uno de los principios de la escuela era la inexistencia de tabús, censuraron su actitud. Eluard le recomendó: "Tiene, necesariamente que encontrar otro tema de delirio". A finales de Enero de 1934, estallaba en Francia el affaire Stavinsky, un sucio caso de corrupción política en el que resultaron salpicadas las más altas instancias de la República. Se temía un golpe de extrema-derecha o del Partido Comunista. Por esos días, las ligas fascistas eran extremadamente activas en la capital francesa. El delirio hitleriano de Dalí, no dejaba de despertar iras en su grupo y oposición de Aragon y el hartazgo de Breton; finalmente, resultó expulsado.

El 5 de febrero de 1934, un día antes de que la policía disparara en el puente de la Concordia contra una manifestación de las ligas fascistas y del Partido Comunista que marchaban sobre la Asamblea Nacional, los surrealistas se reunieron en el apartamento de Breton en rue Fontaine. Dalí tenía gripe e iba con un termómetro en la boca, en un momento dado inició la lectura de su defensa: "En mi opinión, Hitler tiene cuatro bolas y siete prepucios". Breton lo interrumpió: "¿Piensas aburrirnos mucho más con esa maldita locura de Hitler?". Las versiones sobre como terminó la reunión son contradictorias[1]. Dalí afirmó siempre que, a pesar de su expulsión del grupo, le permitieron seguir exponiendo junto con los pintores surrealistas y que el torneo dialéctico le dió la victoria. Breton manifestó más tarde que, a partir de 1936 la pintura de Dalí había dejado de interesarle y no la consideraba, en absoluto, surrealista.

La ruptura supuso un verdadero trauma liberador para Dalí. Por fin se había sacudido del yugo de su "segundo padre", Breton. Las críticas que, con posterioridad, hizo Dalí a la escuela surrealista eran, en el fondo, las mismas que había realizado al final de los años treinta, cuando estaba reciente su expulsión. Gala ya le había advertido desde el principio: "en el fondo todos los surrealistas son unos condenados burgueses". Para Dalí, los surrealistas no habían podido sacudirse jamás la mentalidad pequeño-burguesa y un cierto conformismo (otro tanto les había reprochado Julius Evola); más que a cualquier otro, la acusación iba dirigida a Breton a quien, por lo demás, nunca guardó excesiva enemistad.

A partir de ese momento, Dalí buscó desesperadamente un estilo propio. Tardó diez años en encontrarlo, pero al lograrlo, irrumpió el mejor Dalí -a pesar de la opinión de algunos críticos de arte que opinan que en ninguna otra época igualó a su período surrealista- preocupado, no solo por sus problemas intimistas y psicológicos, sino por forjar una cosmogonía que fuera más allá de sí mismo. Es posible seguir las orientaciones de ese nuevo período a través de algunos documentos y manifiestos. El "Manifiesto Místico", presentado en la librería Bergruen de París en junio de 1951 y la conferencia "Dalí y Yo" que pronunció en el Teatro María Guerrero de Madrid el 11 de noviembre del mismo año, agrupan las ideas esenciales defendidas por el pintor en ese período.

"En 1951, las dos cosas más subversivas que pueden pasarle a un ex-surrealista son: primero, volverse místico y, en segundo lugar, saber dibujar", había dicho en el "María Guerrero", poco después de su famosa frase que mereció primeras páginas en la prensa franquista y el aplauso unánime del público que la escuchó: "Picasso es comunista, yo tampoco". En el "Manifiesto Místico" enumeró a sus maestros: "He aquí aquellos que son favorables para tu buen gobierno: Pitágoras, Heráclito el oscuro, hoy con la unidad del universo confirmada claramente como la estética de Luca Paccioli o de Vitribuio y San Juan de la Cruz, autor del mas grande manifiesto poético del misticismo militante español, que Dalí reactualiza". Y, en el mismo documento, hace una solemne promesa: "Se ha acabado negar y retroceder, se ha terminado el malestar surrealista y la angustia existencialista, el misticismo es el paroxismo de la alegría en la afirmación ultra-individualista de todas las tendencias heterogéneas del hombre sobre la unidad absoluta del éxtasis". Y concluía: "La nueva época de la pintura mística, comienza ahora conmigo".

Al recuperar la libertad creativa tras su expulsión del grupo surrealista, Dalí había ido desarrollando ideas que ya estaban en germen desde su primera juventud y que, durante años, fueron bloqueadas por el surrealismo que situaba el énfasis en el automatismo y las búsquedas psíquicas. A partir de ese momento y durante treinta años, pretendió entroncar con los grandes clásicos de la pintura universal, quería recuperar sus técnicas y tradiciones de oficio; había reconducido el interés del surrealismo hacia lo paranormal, a horizontes más sólidos y concluyendo que era preciso forjar una concepción del mundo y una cosmogonía de las que su pintura sería el vehículo expresivo. Las bases de esta cosmogonía las encuentra en la tradición hermética, la vieja alquimia, y en el misticismo español del siglo de oro. El fruto de este período serán las dos "Madonnas de Port Lligat", el "Cristo de San Juan de la Cruz", el "Corpus Hipercubicum" y "Leda Atómica".

Dalí y las tradiciones del oficio 

Ana María Dalí cuenta que, al visitar con su hermano, en plena adolescencia, el Museo del Prado, Salvador cayó literalmente de espaldas ante un cuadro de El Greco. Y al viajar a París el interés del que luego sería famoso pintor, no se centró en los exponentes de las vanguardias artísticas que ya por entonces causaban furor en Europa, sino en Leonardo, Rafael e Ingres. Este interés por los grandes de la pintura clásica no disminuirá a lo largo de su evolución artística. Solo frente a los grandes del Renacimiento italiano, Dalí evidenció un reflejo de modestia, algo inusual en él, que se tenía por el mejor pintor de su época; escribió: "No creo que me sea posible alcanzar la perfección del Renacimiento" y en varios de sus textos expresa, tanto su deseo de ser considerado el Miguel Angel de su época, como su desesperanza por saberse inferior a los grandes maestros. Al abandonar España huyendo de la guerra civil, Dalí realizó tres prolongadas estancias en Italia que aprovechó para estudiar con detenenimiento las pinturas de Boticceli, Cosimo, Rafael, Arcimboldo[2] y Uccelo, de quien diría que "sería aclamado como precursor del surrealismo por el mismo André Breton". En la conferencia de 1951 explicó claramente el motivo de su predilección por los clásicos: "El molde perfecto, osea el medio de expresión definitivo para hacer pinturas excelentísimas fue encontrado de una vez para todas en el Renacimiento. Si en este molde coexiste la instantaneidad del éxtasis, este molde será incorruptible, si no, será académico. El éxtasis puede ser en pintura visual, como en el caso de Velázquez y Vermeer, pero el éxtasis puede ser también cosa mental, como lo es en Rafael. Los Velázquez, Vermeer y Rafael han sido hechos con un molde incorruptible y son incorruptibles, por eso son antiacadémicos".

Dalí intenta imitarlos. Así como el hombre renacentista se interesaba no solo por el Arte sino también por los avances científicos y culturales de su época, Dalí considera que el estudio de la física nuclear, de la composición de la materia o las estructuras helicoidales del ADN, son obligadas para quien desee alcanzar la gloria. En este nuevo período afirma que desea realizar una síntesis entre la estética del Renacimiento y la física nuclear -a la que define como "la gran disciplina de la inteligencia"- y en el terreno moral, reconocerá la deuda contraída con los místicos católicos españoles, particularmente Santa Teresa y San Juan de la Cruz; la visión descrita por éste le inspirará directamente su "Cristo de Port Lligat"[3]. De los pintores españoles le atrae Velázquez y en particular "Las meninas" -"el cuadro con más metros cúbicos de aire velazqueño"- y el "Cuadro de las Lanzas" -"por su espíritu caballeresco"-. Escribe en otro lugar, "cuando llegamos a la madurez, [los clásicos] deben ser nuestra mejor compañía"...

En el capítulo I de "50 secretos mágicos para pintar", Dalí nos sorprende con una propuesta aparentemente excéntrica: "Van Gogh estaba loco e incondicionalmente, generosa y gratuitamente, se cortó su oreja izquierda con la hoja de una navaja de afeitar. Yo no estoy loco, pero a pesar de ello sería perfectamente capaz de dejarme cortar la mano izquierda; pero esto bajo las circunstancias más interesantes que cabe imaginar: bajo la condición, especialmente, de que pudiera observar, durante diez minutos, a Vermeer de Delft sentado ante su caballete cuando se hallaba pintando".

Y añade: "Sería capaz de mucho más que eso, pues igualmente estaría dispuesto a dejarme extirpar mi oreja derecha, y hasta las dos orejas, siempre que pudiera conocer la fórmula exacta de la mixtura que compone el "jugo precioso" en el cual el propio Vermeer, único entre los únicos -y al que no llamo divino por ser el más humano de todos los pintores- mojaba su exquisitamente raro pincel; mixtura que, no tengo duda alguna, era tan común en su tiempo, tan cotidiana y usual, como a su vez debió de serlo el "jugo precioso", la moneda corriente de los ingredientes de los estudios de la edad dorada de las artes". Unas líneas después se lamenta: "... en 1948 unas cuantas personas en el mundo conocen la manera de fabricar una bomba atómica, pero no existe ni una sola persona en todo el globo que sepa hoy cuál era la composición del misterioso jugo, el "vehículo" en el cual mojaban sus pinceles los hermanos Van Eyck o Vermeer de Delft".


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Ostras, garum y conejos en la vieja Barcino

Infokrisis.- Hace unos años, en una excursión por las costas de la antigua Septimania, llamada antes Galia Narbonense, nos sorprendió encontrarnos con varios criaderos de ostras. Hubo un tiempo en el que estas factorías estaban extendidas por todo el Mediterráneo Occidental. Las cultivadas en Barcelona tenían una fama especial.

Decimus Maximus Ausonius en su XXVII Epístola a su discípulo Paulino de Nola, en el sigo IV, glosaba las ostras barcelonesas: “Et ostrifero adita super Barcino ponto” decía, esto es: “Y también Barcino, construida sobre el mar fecundo en ostras”.

Las ostras de Barcelona eran consumidas por las grandes familias patricias romanas que sabían apreciarlas. A Ausonius, su discípulo Paulino, casado con la barcelonesa Tarasia y radicado en la Colonia Julia Augusta Paterna Faventia Barcino, le envió una provisión de garum y las inefables ostras que el receptor glosó en su epístola.

Aún hoy pueden verse las tinajas y recipientes en las que fermentaba el garum en los sótanos del Museo de Historia de la Ciudad. A pesar de todos los intentos de reconstrucción que se han intentado realizar estas últimas décadas y a despecho de la genialidad de algún hostelero avisado que ha optado por dar su interpretación particular del garum compuesta pasta de aceitunas negras machacada con sardinas en salazón, lo cierto es que se ignora completamente el proceso de fabricación de este alimento que, sin duda, constituyó la primera industria de exportación en la Barcelona Romana. Parece que las vísceras de algún pez, se intuye que de caballa -entonces abundante en las cosas de Barcino- se dejaban fermentar al sol sobre piedras bastamente talladas. Debía mezclarse con algunos otros productos, además de con sal marina, que no se intuyen y el producto era una especie de salsa densa y oscura que daba saber a cualquier otro alimento.

Los layetanos, primitivos habitantes de Barcelona debieron llevarse bien con los colonizadores romanos. Paulino cuenta de ellos que al no hablar latín se referían al garum con el nombre local de muria. Ausonius en la famosa Epístola le llamaba garum sociorum que puede ser traducido como “licor de los aliados”, indicando que el de mayor prestigio en ese momento correspondía al elaborado en Cartago Nova (la actual Cartagena), ciudad aliada de Roma.

El garum no era barato y su consumo quedaba reducido a las altas familias patricias de la capital imperial. Estaba reputado de ser un alimento afrodisíaco y se empleaba también como remedio medicinal; las mujeres se untaban con él el rostro para conservar la tersura de su piel.

Sin embargo, a pesar del prestigio que adquirió el garum barcelonés, nos parece mucho más importante el otro alimento producido en la ciudad en aquel tiempo, las ostras.

Al igual que el garum, las ostras había sido traídas por los romanos y a éstos ambos alimentos les llegaron, como tantas otras cosas, de Grecia. El geógrafo Estrabón, que escribió en torno al año 0, ya glosó las ostras de la Tarraconense. Si tenemos en cuenta que Barcelona fue fundada, más o menos, en esos mismos años, da la sensación de que los legionarios de Augusto, desmovilizados tras las guerras cántabras y a los que se adjudicó el llano de Barcelona para colonizarlo, trajeron el cultivo de la ostra. Él y otros geógrafos e historiadores romanos elogiaron también el vino producido en la Tarraconense y los cerdos criados en el interior. En aquella época, las comarcas de Barcelona y Tarragona estaban cubiertas de encinas y robles y crecían cerdos salvajes a partir de los cuales surgió una incipiente industria alimentaria de la que hoy todavía quedan testimonios en Osona.

De las ostras de Barcelona, el malogrado Néstor Luján nos dice que eran más pequeñas que las cultivadas en otras zonas del Mediterráneo, pero mucho más sabrosas y agradables. Se cultivaron en todo el Marésme y solamente la industria desapareció en las convulsiones de las invasiones germánicas. Los visigodos, pueblos nómadas del interior, que tenían poco interés por lo naval, al llegar a Barcino se despreocuparon tanto del garum como de las ostras. Luján nos cuenta que la última ocasión en la que se menciona como alimento de contemporáneo era en algunos documentos del siglo V. Luego desaparece. Es posible que Ataulfo en sus amoríos con Gala Placidia aun pudiera degustar las ostras y el garum barcelonés, pero sus sucesores no pusieron el más mínimo empeño en mantener esos manjares que reputaban de delicados y decadentes.

Los alimentos que hasta entonces habían sido desconsiderados por los patricios romanos, pasaron a ser habituales en el Reino Visigodo: el hormigo de cebada, las gachas de trigo, las habas secas y el garbanzo. Especialmente el garbanzo era un alimento considerado como grotesco para los romanos. Plauto da como característica de uno de sus personajes que quiere ridiculizar el nombre de Pultafagónides, literalmente “goloso de garbanzos”. Se decía que los comedores de garbanzos terminaban teniendo cara indolente y el propio Plauto cita a un esclavo cartaginés “con cara de idiota” que devoraba constantemente garbanzos en los arrabales de Roma.

Seguramente el tabú del garbanzo se debía a que había sido traído a la Península Ibérica por Asdrúbal y los cartagineses solían consumirlos con fruición. Los primeros cultivos de garbanzos se ubicaron en torno a la, por entonces, pujante colonia cartaginesa de Cartago Nova y de ahí, se extendieron a la Tarraconense.

La carne más habitual en aquella época era la de conejo. No se criaban en cautividad y se trataba siempre de liebres o conejos silvestres. Plinio llega a explicar que el nombre de Hispania procedía del término cartaginés i-sephan-in, literalmente, “costa de los conejos”, lo cual parece improbable. Catulo, así mismo exagerado, alude a la cuniculosa celtiberia como expresión negativa de nuestra península. Algo debía haber porque el emperador romano Adriano, oriundo de España, hizo grabar en sus monedas la imagen del conejo.

El romano, como podemos intuir, vivía en un universo simbólico en el que las filias y las fobias no eran gratuitas sino que hincaban sus raíces en profundidad. Ya hemos visto que los garbanzos eran denostados por ser considerados alimento habitual en Cartago. De hecho, la antítesis romana en relación a Cartago tenía mucho más de mítica que de política: los púnicos adoraban a la Diosa, los romanos situaban en lo alto de su panteón a dioses viriles y apolíneos; los primeros divinizaban a la Tierra Madre, los segundos al Sol, como padre de toda generación; para Roma esto era lo esencial y no la antítesis entre su potencia continental y el poderío naval de Cartago, o el hecho de que ésta situara en el centro de su paradigma al comercio y a la aristocracia comerciante, mientras que para Roma la idea central era el Estado formado en torno al patriciado sagrado.

El mundo antiguo, y Roma en particular compuesta según los historiadores antiguos por “hombres piadosísimos”, se movían en un universo de símbolos. Un símbolo es la expresión sensible de una idea. El garum era considerado como un alimento sagrado –y por tanto preferido- en tanto que era una “esencia” del mar y en él se veía un vehículo de toda generación. Por su parte, la ostra tenía también un carácter sagrado que derivaba de las perlas que aparecían en el interior de algunas. En tanto que producto marino se le vinculaba con la espuma del agua de mar que había dejado embarazada a Venus y, de esa relación, derivaban sus cualidades afrodisíacas. La Venus romana surge de la Afrodita griega cuyo nombre quiere decir “surgida de la espuma”, cuando Crono cortó los genitales a Urano y los arrojó al mar.

La perla es una secreción de la ostra y, a pesar de su belleza y perfección, está oculta entre las conchas fuera de la vista de todos. Por ello era tenida como símbolo de humildad. Simbolizaba así mismo las riquezas interiores, esto es, espirituales.

La perla, por su parte, está simbólicamente relacionada con el Agua y con la Mujer; su redondez y el tono nacarado la asimilan a la superficie lunar, el astro que, por su ciclo mensual, está vinculado al período femenino. En las culturas mediterráneas se atribuía al polvo de ostra cualidades afrodisíacas y medicinales. Para los griegos era emblema de la luz y del matrimonio. El mismo Platón concibe a los seres de la raza originaria como esféricos, “como la perla”. Todos estos significados paganos son asumidos luego por el cristianismo. Orígenes llega a comparar a Cristo con la perla.

Los gnósticos fueron capaces de elaborar una teología simbólica a partir de la perla: fragmento de luz, la perla estaba sumergida en las aguas –símbolo del devenir y de lo caótico del mundo- y encerrada en una concha, en contacto con el agua cenagosa, de la misma forma que las almas están encerradas en los cuerpos. “Buscar la perla”, pues, significa intentar liberar el alma de sus ataduras terrenales. “Encontrar la perla” no puede hacerse sin un gran esfuerzo y sin un impulso irrefrenable hacia la verdad, el conocimiento y la perfección. La perla es para gnósticos –como lo será más tarde para los hermetistas- el símbolo del alma caída y aprisionada en la materia que late en el interior de todo ser humano y que está ahí a condición de que sepamos encontrarla. En los primeros siglos del cristianismo, los gnósticos buscaron la perla, como a partir del siglo X se buscó el Grial.

Una vez obtenida la sabiduría no puede ponerse en manos de quien no sabría entenderla o haría mal uso de ella. Por eso el Evangelio de San Mateo dice aquello de “no echéis perlas a los cerdos”.

Algunos de estos significados coinciden precisamente con los que el pensamiento mágico romano atribuyó al conejo y a la liebre. Este animal estaba relacionado en la mitología clásica a la Tierra Madre, a su humedad y a las aguas que hacían florecer la vegetación. Las madrigueras del conejo y su ubicación en bosques y cultivos, permitían estas analogías. Así mismo, al igual que la perla, había en el conejo algo que los romanos asociaban a la luna y a lo femenino. El conejo dormía de día y abandonaba preferentemente sus madrigueras por la noche, prefiere la luz de la Luna a los rayos del Sol. Y además, los conejos son excepcionalmente prolíficos, es decir, en cierto sentido “venusianos”…

A partir del siglo V, el conjunto de símbolos y significados que acompañaron a los romanos en su tarea civilizadora empezaron a olvidarse ante el empuje de los nuevos conquistadores godos. Pasaron las centurias y todos estos símbolos parecieron olvidarse, pero en el siglo XIX todo este universo dio muestras de seguir existiendo.

En la cornisa de la Casa Xifré, en el Paseo de Isabel II, apenas visible a nivel de calle, hay un friso extraño e inesperado cincelado hacia entre 1839 y que ya existía cuando XXX XXXXX realizó el primer daguerrotipo con el que empezó en España la historia de la fotografía. En el centro del edificio puede verse todavía a Saturno provisto de sus atributos, la guadaña y el reloj de arena, junto a Urania embarazada y sosteniendo el compás abierto 45º. Pues bien, a la izquierda de esta figura central puede verse un friso con dos tritones, junto a uno de los cuales puede verse una concha en cuyo interior aparece un perla. Al otro lado, un casco guerrero colocado sobre un cetro, muestra unas largas orejas de asno.

Algunos han sostenido que esas orejas eran las propias de una liebre, pero se trataría de una reiteración: como hemos visto, el símbolo del conejo y el de la perla son similares y remiten a lo telúrico y lunar. Sin embargo, a poco que se miren las que figuran en la cornisa de la Casa Xifré, se percibe fácilmente que, por su tamaño y estilización, remiten al asno.

El asno es el símbolo de los viejos dioses traídos por los germanos a la vieja colonia Julia Augusta Paterna Faventia Barcino.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es

El cambio de política de Zapatero en relación a la inmigración ¿es real?

El cambio de política de Zapatero en relación a la inmigración ¿es real?

Infokrisis.-En la última semana, Zapatero ha manifestado en dos ocasiones cambios notables en relación a su anterior política anti inmigración. ¿Son sinceros o se trata, como siempre en estos casos, de intentos de contentar a todo el personal ante la proximidad de las elecciones? Sea lo que fuere, en cualquier caso, son significativos.

La semana que ha acabado –segunda de enero- ha sido extremadamente peligrosa para los socialistas. En un intento de hacer olvidar sus errores pasados, ZP ha debido varias sus planteamientos en media docena de temas ante la perspectiva de que el electorado solamente recuerde los bretes en los que la política inmadura, aventurerista y fatua del presidente del gobierno ha adoptado hasta ayer:

1.- Ante el Círculo de Empresarios aludió a la “Epifanía” y el “nacimiento de del Niño Jesús”. Y lo hizo con una cara tan angelical que sería difícil describir si había entrado en éxtasis o simplemente se había fumado un porro y disipado el humo se había quedado con la beatífica sonrisa propia de los colgados. Era urgente utilizar un lenguaje que entendieran los católicos porque dos días antes un inmensa muchedumbre de católicos se manifestaba en Madrid, “movilizado por los obispos” contra la política del gobierno. Si París bien vale una misa, imaginemos lo que valen cuatro años en el Moncloa.

2.- Para colmo, después de jurar y perjurar que ANV y el PCTV no era ETA, tuvo en la noche del sábado a Garzón trabajando en su despacho preparando lo que nadie duda va a ser el auto de ilegalización de todas estas siglas de ETA. A buenas horas.

Solo dos días antes en un homenaje a los Guardias Civiles caídos recordó los nombres de los dos últimos miembros del cuerpo asesinados por ETA y prometió institucionalizar el acto cada año.

3.- Solbes debió defender en el congreso de los diputados la justeza de su política económica y sostuvo, contra la lógica del bolsillo que es, a fin de cuentas, la que dice cómo están las cosas, demostrando que tiene bien merecido el apodo de Don Tancredo, ininmutable ante las embestidas del toro.

4.- El inefable Bono fue el único que en declaraciones a los periodistas y repasando estrofa a estrofa la letra propuesta para el Himno Nacional, dijo que “estaba muy bien”. Nadie se atrevió a tanto. Pero él, a eso hora, cuando los periodistas le abordaron, creía que sí, que la letra iba a suscitar entusiasmo. Hoy, cuando se sabe que el 76% de los españoles está en contra, veremos si volvería a decir lo mismo.

5.- La portavoz del gobierno pareció que se le saltaban los ojos y adquiría un mayor parecido si cabe con la tenia parasitaria, cuando explicó, junto a un Rubalcaba circunspecto, que los etarras detenidos habían cantado de motu propio y sin presiones y que la costilla rota de la criatura fue por el forcejeo en el momento de la detención. De todos los disparates de la semana, éste fue, sin duda el menor. No hay un ciudadano honrado que haya lamentado la costilla rota o fisurada de ese asesino, como tampoco nadie le hubiera llorado, salvo quizás algún familiar y, por supuesto, sus camaradas, si en lugar de la costilla le hubieran, simplemente, roto el espinazo. Puestos a que muera alguien que sean los asesinos.

6.- Pero, sin duda, la guinda le correspondió al presidente del gobierno y, dada su modestia habitual, no se supo por él sino por el presidente del vecino país, Nicolas Sarkozy. Resulta que los dos pilares de la “nueva izquierda europea”, Prodi y nuestro Zeta-Peta, le habían propuesto a él, a Sarkozy, duro entre los duros, deportaciones masivas de ilegales. Tuvo tiempo ZP de insistir en esta idea cuando tuvo cerca de Sarko. No negó lo dicho, pero tampoco lo afirmó. Se limitó a decir –él, el de la regularización masiva y las puertas abiertas- que quien entra ilegal, resulta expulsado.

¿Hay algo de sincero en el nuevo giro de ZP?

No, por supuesto. Es ZP ante las elecciones. Para él cualquier mentira es buena si sirve para mantenerlo en la Moncloa. ¿Alguien lo duda a parte de los ciudadanos que le votarán?

Zapatero es un individuo de ideas fijas, sino obsesivas. Ni cambia ni cambiará, ni cree que ha cometido errores, ni que sus posiciones originales han constituido un rotundo fracaso. Lo único que cree cuando hay protestas es que ha fallado el método para que la masa digiriera sus políticas y, como el tigre en la selva, retrocede para saltar mejor.

Si la población jamás digirió las conversaciones con asesinos, eso no es problema para él, simplemente se trata de dejar pasar unos meses y encontrar una nueva ocasión más favorable (que será sin duda pasadas las elecciones si el gañán todavía se mantiene en el machito). Lo vimos también con el Estatuto Catalán caído en el limbo del Tribunal Constitucional… tampoco hay problema, los magistrados pasan, pero las ambiciones permanecen, así que unos no, habrá otros que sí estarán dispuestos a votar lo que sea cuando el gobierno lo diga, pues ya se sabe que eso de la división de poderes que vino con Montesquieu es muy antiguo que dijera ese insigne ideólogo que siempre fue el Guerra.

Y, finalmente, ahí está la Alianza de Civilizaciones de la que nadie alberga la más mínima esperanza de que cuaje en algo tangible (y mucho menos en el Palacio de Santa Cruz en donde más fe deberían tener en el proyecto) y, sin embargo, esto no es óbice para que Zapatero siga, erre que erre, dando golpes de tuerca a su proyecto exótico, excéntrico y esperpéntico, del que hacía año y medio apenas se sabía nada salvo que intentaba incorporar a Koffy Aman como cabeza visible.

Zapatero es el hombre de los quiebros y requiebros, de las paradas con marcha atrás y nuevas fugas hacia delante, de las caídas y los rebotes para volver a situarse en el mismo punto crítica. Así es y así seguirá siendo mientras gobierne.

La proximidad de las elecciones le obliga a mucho. Especialmente a mentir con el mayor de los descaros. Puede aludir al Niño Jesús y a la Santísima Trinidad, pero quien detenta la franquicia católica es la Confederación Episcopal y ésta está compuesta por gente lo suficientemente avispada como para no creer en los cantos de sirena a estas alturas de la legislatura. Puede Don Tancredo decir y repetir que la economía va bien e incluso contar con el apoyo mediático de PRISA pero incluso el ciudadano con el cerebro más lavado por Gabilondo y Francino, es capaz de discernir por sí mismo si los alimentos suben o no y si tiene más o menos capacidad adquisitiva que hace un año. Y así sucesivamente. Si un político no mintiera a su electorado, tranquilizándolo y relajándolo, ¿cómo podría salir reelegido?

Y llegamos a la inmigración. El giro copernicano de Zeta-Peta no es más creíble en este terreno que en otros. Le debe mucho a Sarkozy (y lo más importante es que sea uno de los pocos líderes internacionales que aceptan salir en la foto con él, si bien es cierto que en sus pocos meses de presidencia, Sarko se ha fotografiado con los líderes africanos de los países más miserables) hasta el punto de que Sarko se cree en el derecho de decir lo que seguramente ZP jamás le dijo (lo de las repatriaciones masivas). Pero tampoco lo puede negar. Si lo negara, posiblemente la presión sobre ETA en el sur de Francia descendería.

De otra parte, atribuir energía a Zeta-Peta en materia de inmigración le beneficiaría electoralmente, siempre y cuando existiera un número suficientemente significativo de tontos de baba que creyeran en su sinceridad. Y al parecer ese número, como el de los cornudos de Gomorra y los sodomitas de sus vecinos, existe.

No le demos más rodeos, creer en la palabra de un político supone tener tragaderas suficientemente amplias como tragarse el Titanic de través. Y creer en la palabra de ZP es tener menos seso que la Barbi astronauta.

¿Cuál es la política de inmigración de Zeta-Peta?

La de siempre. ¿Alguien lo dudaba? Esa política se ha rectificado, solo en parte y, no precisamente para mejorar. Ciertamente los cayucos han experimentado un descenso… pero han muerto más ilegales en la travesía que otros años. Moratinos va negociando ya con países del Golfo de Guinea para que detengan la riada de cayucos. Negociar en África quiere decir pagar un canon a los sátrapas que gobiernan, canon que dejaría por miserables a los espabilados de la SGAE. El problema es que, estas mordidas hacen que los cayucos cada vez tengan que partir de más lejos, que la travesía y los riesgos sean mayores, y por tanto crezca desmesuradamente el número de ahogados que desde 2004, según algunas ONGs, alcanza entre los 9 y 10.000 desventurados.

Todos los portavoces del gobierno, con ZP al frente, han obedecido la consigna emanada de las cabezas pensantes: “hay que demostrar que estamos contra la inmigración ilegal”. Y han pasado a la ofensiva: Rubalcaba ha insistido en que las cifras de expulsados no tienen parangón alguno. Miente, claro.

Una cosa son las cifras de expulsados, es decir, la gente que ha recibido un oficio firmado por el juez de turno en el que le comunican que “está expulsado y debe de abandonar en 72 horas el territorio nacional” que, eso sí, es posible que se hayan comunicado 92.000, tal como han dicho los portavoces del gobierno. Pero esas “expulsiones por vía normal” no van a ningún sitio. Ninguno de quienes reciben el escrito hacen caso de su contenido. Es más, muchos recuerdan que documentos como estos sirven para luego poder acogerse a la regularización por arraigo cuando llevan ya tres años de residencia en España como ilegales. Otra cosa serían las “expulsiones por vía de urgencia” en las que el juez ordena a la policía que ponga en la frontera al ilegal. De estas pocas, muy pocas, no más de unos pocos cientos.

Lo que han olvidado decir los portavoces del gobierno es que cada día se regularizan a un millar de inmigrantes. Muchos de ellos proceden de la reagrupación familiar, otros de la regularización por arraigo social. Así pues, no confundamos los términos: ha disminuido la inmigración ilegal, poco, pero sí, ha disminuido. Lo que ha aumentado son las entradas legales… Legales, no legítimas. Nos explicamos.

No puede ser legítimo que en estos momentos, con una recesión económica que solo un ciego y un don Tancredo, se niegan a ver, con un parón histórico en el sector de la construcción, con una ralentización de la economía y con todos los indicativos puestos de espaldas, sigan entrando inmigrantes que se van a alimentar Dios sabe de qué y que, desde luego, no van a encontrar trabajo en lugar alguno.

Ya son 6.000.000, de ellos 2.500.000 han llegado en estos últimos cuatro años. Ese es el resultado de la política de Zapatero. Como para ahora seguir defendiéndola. Así pues, ZP ha optado por las regularizaciones de tapadillo, por subvencionar a la inmigración mediante el cheque-bebé, mediante los subsidios, las sopas bobas, ha permitido que se realicen decenas de miles de reagrupaciones familiares sin que esas mismas familias tengan claro de qué van a vivir aquí. Nunca ha renunciado a cerrar el grifo a la inmigración, sino todo lo contrario, a que el goteo se convierta en un chorro. Si son 6.000.000 ¿por qué no van a ser siete o nueva, o más aún? Total, cuando Gabilondo predica sus oyentes le creen.

Sigue llegando inmigración al mismo ritmo que en los mejores tiempos de la regularización masiva: en torno a 600.000 al año, llegan menos ilegales y muchos más legales. El problema es que esto no puede seguir así indefinidamente, salvo en la mente enferma y alucinada de ZP y de sus colaboradores.

No hay absolutamente ningún motivo para creer que Zapatero ha cambiado de posición en materia migratoria. Son declaraciones tan oportunistas como increíbles. Solamente el preceder el enunciado de una nueva estrategia en inmigración, de una autocrítica a la regularización masiva de enero-mayo, podía hacer mínimamente creíble la nueva postura de Zapatero.

Eso no llegará. Zapatero sabe tanto de autocrítica como de economía. Cero absoluto. Votadle en marzo y tendréis al día siguiente de cerradas las urnas, más de lo mismo.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es

De la Utopía de Zapatero a la Distopía de la realidad.

De la Utopía de Zapatero a la Distopía de la realidad.

Infokrisis.- En 1949 se publicaba 1984 la novela escrita por George Orwell en la que nos muestra un sombrío futuro dominado por un Estado omnipresente gestionado por un partido totalitario. Cuando llegamos a 1984, hace ahora casi un cuarto de siglo, se multiplicaron los homenajes al autor de aquella novela y las campanadas de la noche de San Silvestre anunciaron la llegada del “año Orwell”.

En aquel momento, Europa estaba bajo la presión del último tramo de la Guerra Fría; el despliegue de misiles norteamericanos en Europa hacía que volviera a planear, por última vez, el fantasma del desastre nuclear. Sin embargo, dos años después, Gorvachov inició el desmantelamiento de la URSS y poco después cayó el Muro de Berlín. La novela de Orwell se olvidó en un clima de optimismo y euforia.

La democracia había logrado disipar al espectro del totalitarismo. Sin embargo, si un año merece ser llamado “año Orwell” es precisamente 2008. Y si en algún lugar se da el escenario descrito por Orwell es en la España de Zapatero.

La sociedad descrita en 1984

Las dos mejores proyecciones de ficción de la literatura del siglo XX son, sin duda, 1984 y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Ambas novelas son, de hecho, complementarias. En el Mundo Feliz se describe un paisaje que encaja perfectamente con el que se desarrolla ante la vista. Ser feliz es casi una obligación. No importa que ser feliz haya costado renunciar a tener un alma (una personalidad). La dominación del ser humano es sutil y se realiza por medios tecnológicos en la novela de Huxley.

Orwell muestra técnicas de dominación más brutales. Ha conocido el stalinismo y sabe que no todos se dejan robar el alma. Algunos la defienden. El Gran Hermano es brutal con estos. Debe de serlo si lo que pretende hacer es una sociedad igualitaria. El mundo de Orwell nivela e iguala con la motosierra. Quien sobresale y tiene opinión propia, le son amputados esos centímetros que dan personalidad. Es Winston, el protagonista, que se niega a aceptar esa igualdad por abajo; aspira, el insensato, a algo más.

Pero en el mundo de Huxley, ya no hay brutalidad, el Gran Hermano ha podido construir su mundo feliz y ya no ejerce brutalidad, le basta con haber robado el alma a todos los ciudadanos. Ninguno de ellos tiene problemas o dificultades, el Estado resuelve cualquier conflicto y cubre cualquier necesidad, a condición de carecer de personalidad.

El mundo de ZP: el mundo feliz

Huxley pinta un “mundo feliz” en el que el desarrollo científico, el dominio de las tecnologías y la utilización de las técnicas de control social, han llevado a la realización de la Utopía. Se han conseguido erradicar la pobreza y las guerras; los ciudadanos circulan por las calles con sonrisa bobalicona, no conocen ni el miedo, ni la enfermedad; son permanentemente felices.

La ironía de la novela es que para alcanzar esa felicidad han debido eliminar muchas cosas: la familia, la cultura, la religión, las artes, la filosofía, la historia, la diversidad étnica y cultural, las identidades y las naciones…

No hace falta forzar las cosas para reconocer tanto en el modelo descrito por Huxley como en lo que ha sido preciso destruir, a la ideología de José Luis Rodríguez Zapatero. Da la sensación de que algún ideólogo de Ferraz ha tomado la novela de Huxley como programa electoral: lo que se ofrece es la felicidad (en lugar del esfuerzo, la lucha, el sacrificio, es decir, en lugar de la vida real) y para llegar a ella es preciso hacer tabula rasa de todo lo que conocemos.

En los cuatro años de gobierno de Zapatero se han dado pasos asombrosos para la destrucción de la familia (divorcio exprés, práctica liberalización del aborto, ausencia completa de facilidades y ayudas para formar familias y para la paternidad), para liquidar la identidad nacional (regularización masiva de ilegales en 2005 y puertas entreabiertas para llegar a 6.000.000 de inmigrantes), para pulverizar la enseñanza y la cultura, para imponer los nuevos valores (universalismo, pacifismo, ecologismo, paz universal, etc.) mediante la invención de asignaturas (educación para la ciudadanía), ofensiva contra la religión tradicional del pueblo español (mediante la promoción de un laicismo extremo, igualando el catolicismo a cualquier otra religión), centrifugar el Estado (apertura a los partidos nacionalistas e independentistas, diálogo con ETA, incapacidad para definir un modelo de Estado).

Para colmo en “el mundo feliz” las drogas son el pilar de la sociedad… España es hoy el país del mundo que consume más cocaína, por delante incluso de los EEUU. Huxley aludía a una mezcla de heroína y cocaína que proporcionaban una felicidad absurda.

Los ciudadanos del mundo feliz de Huxley ignoran lo que es la historia, simplemente tienen la idea de que en el pasado sólo se conocía el horror y la barbarie (lo contrario de la sociedad en la que viven). Es inevitable recordar la importancia que ZP da a la “memoria histórica” y el estímulo que ha dado a los nacionalistas e independentistas para que “rescriban la historia”. De hecho, en la concepción de ZP, todo lo que ocurrió antes del 14-M de 2004 era pura barbarie.

Huxley describe el proceso de la globalización que tanto gusta a ZP. Sitúa su origen en 1908 (año en que Henry Ford lanzó el “Ford T”, primer coche fabricado en serie) y, después de una guerra de nueve años que se desarrolló en Europa, se formó el “Estado Mundial” que dio paz y armonía universal.

No albergamos la menor duda de que el modelo de sociedad que tiene ZP (y, por extensión, toda la progresía alucinada de éste país) es el descrito por Aldous Huxley en El Mundo Feliz. Y el mismo Huxley describe los valores tradicionales que hay que liquidar. Justo los que Zapatero ha ido arrinconando en los últimos cuatro años.

Pepiño Blanco, en el Ministerio de la Verdad

El protagonista de 1984 es Winston Smith, un trabajador del “Ministerio de la Verdad” cuya función es rescribir permanentemente la historia, inventando héroes y anulando a protagonistas y a situaciones reales “políticamente incorrectas”.

La sociedad de 1984 es una inversión de una sociedad sana; cualquier nombre utilizado es la inversión de su función real: el Ministerio del Amor se ocupa de los castigos, el Ministerio de la Paz, prepara las guerras, el Ministerio de la Abundancia mantiene a la población al borde de la subsistencia y, finalmente, el Ministerio de la Verdad falsea la realidad para que ésta coincida con las previsiones del Gran Hermano... el dictador único del que emana un “pensamiento único”, verdadero paradigma al que debe atenerse toda la sociedad.

Cada mañana, cuando el portavoz del PSOE, Pepino Blanco ofrece una rueda de prensa parece que oficie como un representante del Ministerio de la Verdad orwelliano quien habla. De hecho su función consiste simplemente en encajar a martillazos la realidad con las necesidades electorales del partido.

En el mundo de 1984 se ha impuesto el “doble pensar”, el arte de pronunciar unas palabras y encerrar un significado contrario a su significado objetivo. A esto lo llamamos hoy “lo políticamente correcto”.

El Gran Hermano, ánima nera de la novela, lo es todo, es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios, el  juez supremo, la encarnación de los ideales del Partido único y todopoderoso. Vigila sin descanso. Al Partido único deben pertenecer todos salvo los "proles", equiparados a los animales, los proles somos todos: la Policía del Pensamiento apenas los vigila: "a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno". Da la sensación de que se está describiendo la situación de España en el siglo XXI, donde puede decirse todo, pero no sirve para nada y donde la masa carece de capacidad crítica al 100%.

El protagonista de 1984 toma conciencia de lo monstruoso de esta sociedad. Percibe en los mecanismos mediáticos, en la educación y en el ocio, instrumentos para el control mental de los individuos y para la educación totalitaria de las nuevas generaciones. El Gran Hermano aspira a penetrar en el cerebro de cada ciudadano y a controlar cualquier disidencia incluso en el dominio del pensamiento íntimo. Las técnicas de dominación hacen efecto sobre Winston y la novela termina con el protagonista mirando un monitor de televisión: “Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano”.

Orwell define a la ideología totalitaria como IngSoc, contracción de “socialismo inglés”, abierta a todas las razas, que propone el mestizaje universal y cuyo símbolo es una mano blanca y otra negra que se dan la mano. ¿Les suena?

Distopía frente a Utopía

La Utopía es una ficción en la que se describe un mundo ideal. La distopía, por el contrario, es una utopía negativa y completamente indeseable. Los mundos descritos por Orwell en 1984, por Huxley en Un Mundo Feliz o por Ray Bradbury en Fahrenheit 451, en La Naranja Mecánica de Anthony Burgess o, más recientemente Neuromante de William Gibson, son distopías.

En política, es frecuente que los buscadores de utopías, terminen generando monstruosas distopías. Es lo que ha logrado José Luis Rodríguez Zapatero de quien hasta el 14 de marzo de 2004 no podía dudarse de su honestidad y de su sinceridad, pero a medida que ha ido avanzando en su tarea de gobierno, ha dado muestras de su capacidad para generar problemas y llevar el caos allí a los terrenos más insospechados y hasta su aparición sosegados.

Zapatero intentó que el proceso de paz llevara por vía del diálogo al desarme del terrorismo. Y la utopía se trocó en distopía cuando estallaron las bombas de la T-4, ETA siguió amenazando y dos guardias civiles resultaron asesinados en Francia.

Zapatero intentó abrir un debate sobre el “modelo de Estado”; su utopía consistía en salvar la contradicción entre las autonomías y el Estado, pero se encontró con la distopía que llevó al Plan Ibarreche o al nou Estatut.

Desde 2004 hasta hoy la inmigración ha aumentado un 30%. La regularización masiva de 2005 debía de haber llevado a una nueva situación utópica en la que todos los residentes en España tuvieran papeles, pero, nuevamente apareció la distopía en forma de efecto llamada y de conscuencias más perversas que acarrea todo fenómeno migratorio incontrolado (desarraigo, delincuencia, formación de guetos, alteración de todos los parámetros y constantes de la sociedad española, etc.).

Como si Orwell hubiera anticipado la política económica del gobierno ZP en su descripción del Ministerio de la Abundancia, la utopía de la justicia social que decía defender, se convirtió en la distopía de la mayor crisis económica que se va haya visto en nuestro país. Y poco importa quien venza en las elecciones de marzo: la situación es tan grave que el margen de maniobra de unos o de otros es el mismo, aguantar la crisis y esperar que el tiempo lo resuelva todo… 

Zapatero buscó alcanzar la utopía en materia internacional y para ello promocionó su Alianza de Civilizaciones, intentó alianzas con los “grandes”, pero, finalmente su política tan solo pudo atraer a países-parias africanos, a Turquía deseosa de buscar alianzas para acercarse a la UE, fracasando en todos los demás frentes. La utopía internacional de ZP y de Moratinos, se volvió, una vez más, distopía.

Otro tanto ocurrió en políticas sociales. El programa del PSOE de 2004 aludía a un utópico “viviendas para todos”, en la práctica se quedó, primero en “soluciones habitacionales”, luego en “pisos de 30 metros”, más tarde en 200 euros para alquileres que provocaron una inmediata subida de 200 euros en la oferta. La Ley de Acompañamiento no es nada sin los presupuestos de las autonomías, los beneficios prometidos a Autónomos y pensionistas, no sólo no aparecieron sino que la crisis económica iniciada en otoño de 2007 mermó hasta la raíz el poder adquisitivo de las economías más modestas. Si la distopía es algo, es precisamente esto.

El régimen de partido único aquí y ahora.

Alguno dirá: “Si, ciertamente, Zapatero si no ha leído –lo que parece probable- ni 1984 ni Un Mundo Feliz- los ha bene trovato y cada una de sus medidas ha conducido a la distopía, el “feliz mundo” que ZP ha querido construir se ha convertido en un “mundo feliz” huxleyano. Pero, afortunadamente, hay oposición”. Error, no hay oposición, hay competidor. El PP es el “competidor”, mucho más que el “opositor” y en tanto que “competidor”, juega a la contra sistemáticamente. Si fuera “opositor” miraría mucho más a los intereses nacionales que a los intereses propios, de la misma forma que si el PSOE fuera el “poder”, gobernaría en lugar de limitarse a disfrutar de las mieles del poder. Ni la oposición construye una alternativa, ni el partido en el poder sabe ni tiene la intención de ejercerlo.

Por lo demás, ninguno de los dos partidos “hace política”. La política es lucha, construcción, destino, no expolio de las arcas públicas allí en donde tiene ocasión, ni búsqueda sistemática del máximo beneficio económico propio con el mínimo esfuerzo.

No hay oposición porque ningún partido cuestiona ni lo políticamente correcto, ni el pensamiento único, ni el nuevo orden mundial (la globalización). Vivimos en un escuálido régimen de partido único, el partido del conformismo, de los intereses de parte sobre los intereses de la colectividad y de la utilización del poder para satisfacer su desmedida ambición.

Por eso los programas de los partidos se asemejan tanto en lo esencial e incluso se complementan (Aznar abrió las puertas a la inmigración, ZP los legalizó; Aznar fue partidario de la entrada de Turquía en la UE, ZP también; los alcaldes del PSOE recalifica como máxima actividad municipal, los del PP también; ni el PSOE, ni el PP se atreven a criticar la globalización; ni el PSOE ni el PP hicieron absolutamente nada por la familia española, por estimular la demografía, ni por aumentar los niveles de representatividad democrática; el PSOE ejerció el antimilitarismo, pero fue Aznar quien liquidó el ejército con su oportunista abolición del servicio militar sin que existieran alternativas; y así sucesivamente), las únicas diferencias son en “talante” y en estilo con el que realizan, es decir el “relumbrón”.

Si bien ZP ha “enunciado” proyectos radicalmente diferentes a los del PP, no ha llevado a la práctica nada esencial de verdaderamente profundo, porque para hacerlo debería de contar con el consenso del PP de acuerdo a la constitución del 78. De ahí que, incluso desde el punto de vista constitucional, podamos decir que vivimos en un régimen de partido único, el partido del conformismo y del pancismo.

El rostro del Gran Hermano varía –de hecho en la novela de Orwell nunca se le presta un rostro concreto, es anónimo- pero su mentalidad es siempre la misma: Rajoy y ZP, tanto monta, una diarquía oligárquica, un sistema con aspecto democrático –en el que cada cual puede decir todo lo que quiera, sabedor de que no va a servir para nada- en el que los ciudadanos son arrojados por el Ministerio de la Abundancia (Solbes) a los límites de la supervivencia económica y donde el Ministerio de la Verdad (Blanco) rescribe cada día la historia y miente con un cinismo digno de Satanás pidiendo acceso al Cielo de los justos, en donde los Caldera-Rumi-Pajín muestran la multiculturalidad como la gran panacea y la mano blanca y la mano negra descritas por Orwell cruzándose en una improbable armonía universal que remite al mundo feliz de Huxley.

La bastardización de la población mediante la educación –esa educación que ni el PP reformó cuando tuvo ocasión, y que el PSOE solamente ha hecho otra cosa que hundir un poco más- junto a la precariedad económica de las masas, las mantienen quietas. En el fondo siempre puede perderse algo más. Y, por lo demás, ambos partidos han promocionado un sistema de ocio que agudiza más la ignorancia y la bastardización.

Quien no tiene cultura, ignora lo que es la verdadera libertad y aunque la tuviera no sabría como ejercerla; ni sabe juzgar ni criticar, ni analizar, si apoya no sabe porqué –por vísceras- y si se opone ignora los motivos de fondo –por vísceras- es simplemente un paquete de vísceras, un tubo digestivo y poco más. Ese es el Winston que ante el monitor del Gran Hermano derrama unas lágrimas porque entiende que “se ha vencido a sí mismo”. Es decir, porque ha renunciado a su alma.

Esos somos usted y yo, y el tipo que me acabo de cruzar y el vecino del quinto y el enésimo concursante del enésimo concurso televisivo o del último talk-show. A eso nos han reducido y nosotros se lo agradecemos porque cobramos el paro, porque a fuerza de ganarnos la vida la perdemos día a día, porque nos han traído inmigración para limpiarnos los mocos, porque el PIB crece aunque mi cartera mengüe. Gracias porque ya solo me quedan 29 años para pagar la hipoteca. Gracias eternamente al Gran Hermano, gracias a la sigla PPSOE y gracias a Zapajoy, reflejo pálido del Gran Hermano.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es

 

Barcelona: la ciudad en la que nada funciona. De ciudad fashion a sumidero de incompetentes

Barcelona: la ciudad en la que nada funciona. De ciudad fashion a sumidero de incompetentes

Infokrisis.- Del 24 de diciembre al 3 de enero hemos estado en la ciudad de Barcelona observando si la opinión que nos habíamos forjado a 450 kilómetros distancia era exagerada o respondía a la realidad. Barcelona ha dejado de funcionar. La ciudad que languidece entre el Besós y el Llobregat que un día ambicionó ser una “ciudad fashion” cuyo modelo era New York… va camino de convertirse en un pobre remedo de Marsella. Esta es la crónica de nuestras últimas cuatro horas en Barcelona. A poco de irnos, nuevamente las infraestructuras de cercanías dejaban de funcionar…

10:30 horas.- Hay que darse prisa. Hubo un tiempo en el que vivíamos a poca distancia del centro de Barcelona, hoy seguimos viviendo en el mismo lugar, pero incomunicados. Las obras de la Plaza de Lesseps (que duran ya casi cuatro años) han colapsado toda la zona norte. Zanjas, hormigoneras, pasos provisionales, accesos cortados impiden acercarnos al metro de Lesseps. Pero hay algo peor: justo delante de nuestro portal tenemos una parada de autobús… Algo completamente inútil porque ayer, hoy y mañana viernes, hay huelga de autobuses y los servicios mínimos solamente cubren hasta las 9:30. Así pues hay que ir a la estación de Sans en taxis.

11:15 horas.- Después de un trayecto plagado de dificultades, finalmente conseguimos que un taxi nos acerque a la Estación de Sans. Y digo bien: “que nos acerque”. De hecho, los andenes están separados entre 300 y 400 metros del lugar al que el taxi puede aproximarse como máximo. Desde allí hay que salvar obstáculos inimaginables junto con el equipaje, para penetrar en la estación. Además el día anterior llovió, así que ese trayecto está repleto de baches llenos de agua.

11:25 horas.- Una vez dentro de la estación, por costumbre, miramos al reloj que indica la hora oficial de RENFE. Algo completamente inútil. El reloj situado junto a las taquillas se paró hace días a las 12:01 y desde entonces no ha vuelto a funcionar. Allí sigue donde lo dejamos, clavado en esa hora. No hay otro reloj visible en toda la estación; por lo demás, a nadie se le ha ocurrido desmontar el reloj, taparlo o poner un cartel de no funciona. Allí está a la vista de todos para que todos piensen que son las 12:01…

11:30 horas.- Los trenes de cercanías han vuelto a funcionar (unas horas después, cuando ya habíamos abandonado la estación, volvían a quedar paralizados por un nuevo fallo técnico), pero eso no es óbice para que por los altavoces se anuncie una u otra vez que el tren “con destino Cervere ha sido suprimido excepcionalmente”. ¿Suprimido? Un mero eufemismo para decir que algo ha fallado y que el caos de las infraestructuras sigue vivo y activo. Los viajeros que aspiren a ir a Cervere deberán coger un tren con destino a Granollers y allí hacer trasbordo.

11:45 horas.- preocupado porque a poco para salir mi tren con destino a Cartagena nadie indica de qué vía partirá se me ocurre preguntar en la ventanilla de información. Un solo funcionario da la cara a una cola de airados viajeros concentrados al otro lado del cristal con las más inverosímiles quejas. Cuando llega mi turno apenas es capaz de informarme de que mi tren lleva una hora de retraso. Y añade: “Viene de Francia”… excusa destinada a crear la sugestión de que el retraso no se ha generado en Catalunya, sino en Francia.

11:55 horas.- busco algún lugar en donde sentarme para esperar. Intento que esté cerca de alguna de las pantallas planas recién estrenadas situadas en toda la estación. La mayoría de bares que hubieron en otro tiempo han cerrado o bien se han puesto a un precio prohibitivo y ni siquiera hay camareros que tomen nota de la comanda y la sirvan, así pues hay que ir a la barra, esperar que el camarero de turno tenga ganas de atenderte después de haber cobrado y llevar la consumición a la mesa. Los cafés van a 1’75 €. Nadie parece quejarse a pesar de que son de ínfima calidad y que hace falta temer imaginación para adivinar el aroma del café. Hubo un tiempo en el que hasta eran comestibles. Las mesas, por lo demás, están literalmente asquerosas, contienen generaciones de tazas y vasos de plástico vacíos, restos de bocadillos y bollería industrial que a los sufridos consumidores les han resultado incomestibles y en algunas zonas del suelo el zapato se queda literalmente pegado por bebidas de cola derramadas. Aquello no anima a quedarse así que opto por comprar una revista y esperar en el andén que me corresponda. En eso que noto la vejiga a punto de explotar.

12:10 horas.- Hace 10 minutos, mi tren debería haber salido y heme aquí en plena estación de Sans con un carrito repleto de maletas a la búsqueda del lavabo. En una estación de casi cuatro hectáreas de superficie solamente hay un lavabo (el que ha existido siempre desde principios de los 70). Desde tiempo inmemorial ese lavabo olía a mierda rancia acumulado. Ahora hemos mejorado, solamente huele a pis añejo. Y no hace falta penetrar en el lavabo, huele desde las inmediaciones. Para colmo no hay posibilidades de dejar las maletas resguardadas ni tampoco de entrarlas en el urinario. A la vista de los tipos que merodean por la estación no tengo la menor duda de que perder de vista un segundo las maletas equivaldría a que desaparecieran. Así pues, renuncio a vaciar la vejiga y opto por ir directamente al andén que me corresponde… y que no está indicado en lugar alguno, a pesar de que hace 10 minutos que debería haber partido mi tren.

12:15 horas.- Finalmente me explican que el tren para Cartagena partirá de la vía 11 y que hay una “sala de espera”. Allí que voy. Hubo un tiempo en el que la estación de Sans era diáfana desde un extremo podía verse lo que ocurría en el lugar opuesto. Eso es un recuerdo como diría Ruíz Zafón, “de la Barcelona de los 70 que fue y ya no será jamás”. La estación está parcelada como un corral: allí para las ovejas embarazadas, allí para las lactantes, en el otro lado para las esquiladas, más lejos para las que tienen parásitos, etc. Aquí otro tanto, solo que las rústicas divisiones están hechas con acero y vidrio. Cada una de estas divisiones es accesible a condición de pasar las maletas por radiología, esto es, por el aro. Y eso que hago. Dos maletas y dos bolsas de mano. Una segurata de acepto andino me grita con poca educación que “la cartera también”. El tipo que había antes se atasca y en apenas unos segundos dentro de la caja de los rayos X se produce el colapso. Para colmo los seguratas hablan entre ellos y apenas miran el contenido. Casi mejor por que justo en el momento en el que dejé una de las bolsas de mano en la cinta recordé que en su interior llevaba un cuchillo Gerber de doble filo, diseñado para ser lanzado. El instrumento ideal para secuestrar el tren… Nadie la hace caso, por supuesto.

12:30.- Nadie informa de la situación, ni de cuando aparecerá el tren. A las 12:30 las modernas pantallas planas todavía informan de que el TALGO con destino Cartagena saldrá a las 12:00. En ningún lugar se alerta de que lleva retraso, ni de cuanto es ese retraso, ni mucho menos a qué hora aparecerá. Para colmo, la pomposamente llamada “sala de espera” es apenas un reducido espacio en el que nos encontramos unas 250 personas con apenas 40 plazas de bancos, incómodos por lo demás y con las filas tan pegadas unas a otras que es imposible pasar con un carrito. Los funcionarios que deberían informar –un 40% sudamericanos- apenas repiten con evidente desgana lo que les han dicho que repitan, que es como no decir nada. Por los altavoces los mensajes son en catalán, al parecer si las disculpan se piden en catalán el usuario catalán parece más predispuesto para aceptarlas. Todo esto genera una contradicción: estamos en plena “construcción nacional de Catalunya”, a pesar de que buena parte de los funcionarios de RENFE sean extranjeros. Por cierto, algunos programas de TV3 –“la nostra”– vienen subtitulados en castellano y árabe. En castellano por los andinos, por supuesto. En la Catalunya multicultural definida como “nació” nunca se ha hablado menos catalán que ahora y nunca los Jordis estuvieron tan mermados ante los Mohameds, o los Wilson andinos.

13:15 horas.- Después de una interminable espera, anuncian que el tren llegará a las 13:20, así pues hay cinco minutos para chequear los billetes y bajar a los andenes. ¿Chequear los billetes? No se pudo hacer antes. En absoluto. Y en cuanto a bajar a los andenes apenas hay una escalera mecánica por la que, en la confusión y con la precipitación, una señora de cierta edad cae literalmente como una piedra provocado un parón en el mecanismo de la escalera. Siempre queda el ascensor en el que estoy obligado a bajar a causa del carrito de las maletas. Hay unas 400 personas que pugnan por llegar al andén, pero este objetivo solamente parece accesible para los elegidos. En el único ascensor que da acceso a los andenes apenas caben una persona con un carrito y dos personas con maletas y equipaje de mano. Nada más. Para colmo las puertas se atascan y se precisa otra funcionaria para que las empuje manualmente.

12:25 horas.- Finalmente logro llegar al andén… pero el tren anunciado para las 13:20 todavía no ha llegado. Me indican más o menos por donde tendré acceso al vagón número 9. El andén es estrecho y, para colmo, 75 cm de pavimento desde la vía han sido cubiertos con un material que no permite que los carritos ni las maletas sobre ruedas se deslicen. Llegar al lugar donde debería parar el vagón 9 se convierte en otra aventura. Las pantallas del andén están averiadas y uno tiene la sensación de estar completamente perdido entre cientos de personas en la misma situación. Hay que recordar que el viaje no es precisamente barato y que en los últimos tres años esta misma ruta ha experimentado un 60% de incremento en la tarifa.

13:30 horas.- Por supuesto y, tal como podía preverse, desde el principio el vagón 9 para entre 40 y 50 metros de donde me habían indicado. Dentro, a pesar de viajar en 1ª, no funcionan ni los cascos de audición, el monitor de TV que me toca tiene el tubo catódico gastado y apenas muestra sombras (aunque el siguiente ni siquiera funciona) y para colmo la calefacción está averiada y aquello parece una sauna maloliente. El vagón-restaurante, para colmo, está alejado seis vagones, trayecto que me permite recorrer los distintos lavabos de cada vagón a la búsqueda de uno que no esté excesivamente asqueroso. Y, efectivamente, hay uno, a título de excepción, en el último vagón.

Algunas conclusiones

Llegué a mi destino a las 18:20. Al salir de la provincia de Barcelona, se logró aminorar algo el retraso.

El día antes había tomado unas copas con un amigo residente en Sitges cuyo padre fue durante muchos años funcionario de RENFE. Comentando la situación de las infraestructuras me decía que hace ya dos años y medio su padre le había alertado sobre los perjuicios que la gente que tenía que venir cada día a Barcelona en tren de cercanías iban a sufrir con la llegada del AVE. Si un funcionario de a pie de RENFE era perfectamente consciente de lo que iba a ocurrir ¿cómo fue que nadie hiciera nada por evitar el caos que finalmente se produjo a partir del mes de junio y que dura todavía en el momento de escribir estas líneas?

La estación de Sans está sobresaturada. Los accesos a la estación mucho más. Había otras rutas y otros finales de trayecto pero, por algún motivo, se eligió el peor de todos. Nadie duda de que los problemas acaban de empezar. Cuando el AVE esté en funcionamiento veremos lo que ocurre. Un tren lanzado a 200 km por hora no es un ninguna broma. En El Carmelo la ciudad de Barcelona tuvo la certeza de que cierta clase política a cambio de un 3% es capaz de autorizar los proyectos más “changos” realizados de la manera más desaprensiva. Ahora los barceloneses están divididos en dos: los que piensan que el AVE terminará por derribar las torres de la Sagrada Familia y discuten en los bares sobre este tema y aquellos otros que no tienen la más mínima duda de que esas torres caerán pero prefieren refugiarse en el silencio.

Barcelona es una ciudad en crisis total. Va a costarle mucho levantar cabeza. La ciudad se vuelve día a día cada vez más inhabitable, agresiva y hostil. Hace unos años la gente empezó a irse de BCN ante los precios de la vivienda, cada día volvían para acudir a los trabajos. Ahora el ideal de la ciudadanía es irse a vivir fuera de BCN y encontrar trabajo fuera de la Ciudad Condal. De aquí a 20 años solamente quedarán en BCN jubilados y moros. Como en Marsella. Lo hemos dicho otras veces: Marsella es el destino de Barcelona, la ciudad fashion que quiso ser y no fue se habrá convertido en la ciudad fracaso que no quiso ser y fue.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La cuestión masónica en el siglo XXI. Algunas reflexiones desde fuera de la masonería

La cuestión masónica en el siglo XXI. Algunas reflexiones desde fuera de la masonería

Infokrisis.- Existe un equívoco en torno a la masonería. Habitualmente se suele criticar a la masonería sin conocerla. Realmente, sólo Marqués-Riviére fue capaz en los años 30 de estructurar una crítica a la institución masónica después de haberla conocido hasta la saciedad. En nuestro caso no hemos sido iniciados en logia pero sí tenemos el número suficiente de amigos de infancia y juventud que si lo han sido y que hoy son altos grados de la masonería. Eso nos permite cierto grado de objetividad personal. A esto se une el que nos definamos como “tradicionalistas” en la línea de Julius Evola y René Guénon. Como se sabe, mientras que Evola realizó una crítica en profundidad a la masonería –crítica que compartimos sin fisuras y que hoy no pretendemos otra cosa que ampliar–, Guénon adoptó una postura favorable a la masonería que hoy comparten muchos de sus seguidores. Hoy nos queremos distanciar de las críticas extremas y sin conocimiento excesivo de la materia (la que ha ejercido De la Cierva o César Vidal, tan brillantes en otros temas, pero con un conocimiento limitado en éste) y de las posiciones incondicionalmente masónicas. Como siempre, la verdad está en otro lugar.

1. Introducción

El auge de la masonería había empezado en el siglo XVIII cuando entraron en las logias una parte sustancial de las mentes más brillantes de aquella generación. Fue en las logias en donde se percibió que el absolutismo –última forma degradada de Estado Tradicional– estaba agotado y era preciso operar la sustitución. De la crisis del absolutismo centralista y nivelador, que había surgido como estadio degradado de las monarquías sagradas de la antigüedad, se abrió el camino las democracias modernas.

La masonería tuvo un papel central en esta sustitución, de la misma forma que la casta guerrera había tenido arte y parte en la constitución de las monarquías medievales. De hecho, cuando Julius Evola establece la pauta de la decadencia alude a la doctrina de la “regresión de las castas” que puede resumirse como el proceso de sustitución de la hegemonía de la monarquía sagrada a la casta sacerdotal, de ésta a la casta guerrera y de la casta guerrera al tercer Estado.

En la sociedad tradicional las castas se relacionan jerárquicamente teniendo cada una de ellas un propio sistema iniciático y unas estructuras organizativas propias: órdenes religiosas para la casta sacerdotal, órdenes militares y de caballería para la casta guerrera y gremios y hermandades artesanales para la función productiva. Es importante fijar este concepto: cuando se produce una caída de nivel, la hegemonía pasa de una casta a la inmediatamente inferior y en este sentido, el final de las monarquías absolutas supuso la liquidación de los residuos de poder de la casta guerrera y la entrada en el período hegemónico de la función productiva, la casta burguesa.

Vistas así las cosas, las democracias son aquellos estados de poder en los que la burguesía es la casta hegemónica y detenta la preeminencia social, instalando sus valores y sus ideales como arquetipos a seguir por toda la sociedad.

Las revoluciones burguesas, sin excepción, fueron inspiradas por la masonería, desde la revolución americana hasta la II República Española, pasando por la revolución francesa, la unificación de Italia, la independencia de las colonias españolas en América o la instalación de las democracias en Europa Central después de la II Guerra Mundial.

Cuando finalizó el último conflicto mundial, en 1945, los ideales masónicos se plasmaron en la creación de Naciones Unidas. Por otra parte, cuando estalló la Revolución Rusa en octubre de 1917, lo que irrumpió con el comunismo fue la revolución de la última casta, el proletariado (los que no poseen otra cosa mas que la fuerza de su trabajo). Y como tal, las revoluciones comunistas se configuraron como antiburguesas y liquidaron sin piedad a la masonería. Salvo en Cuba, en donde la masonería sigue existiendo bajo el castrismo, en el resto de revoluciones comunistas, la masonería fue perseguida y los masones alejados de las filas de los Partidos Comunistas desde 1923 siguiendo las órdenes del Komintern.

Todo el absurdo de la “conspiración judeo-masónica-bolchevique” fue una simplificación, a menudo ignorante, realizada con una ligereza y una falta de base documental sorprendente, insostenible desde el punto de vista histórico objetivo.

Entre principios del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, la masonería lideró todos los procesos políticos democratizadores e incluso el proceso de unificación europea iniciado a principios de los años 50 puede ser considerado como la última manifestación de éste impulso creativo. Esta capacidad creativa hacía que algunos elementos problemáticos de la historia masónica (el affaire Stavisky en Francia, en affaire Strauss y Perle en España, el asesinato de un periodista antimasónico en los EEUU, etc.) pasaran a segundo plano en relación a la veta central del impulso masónico: el impulso a la creación de Estados democráticos.

Sin embargo, a mediados del siglo XX, el impulso creativo finaliza. La masonería deja de ser un laboratorio de ideas y, en ese momento, pasan a primer plano lo que hasta entonces había sido solamente el trasfondo bajamente humano de la historia masónica: el amiguismo, el tráfico de influencias, las corruptelas, el confundir fraternidad con complicidad, etc.

Desde ese período, la masonería no ha hecho otra cosa que aumentar su crisis y acentuar sus rasgos más problemáticos. Y es en esta situación como afronta el siglo XXI.

2. La cuestión iniciática, cuestión a resolver

La masonería tiene sentido como asociación iniciática. Diríamos más: solamente como asociación iniciática. Desprovista de su contenido iniciático, los rituales, los símbolos, la liturgia masónica carecen absolutamente de sentido. La iniciación es la piedra angular de la masonería y su razón de ser. Sin la iniciación la masonería no pasaría de ser un club social que podría prescindir de toda la superestructura ritual tal como han hecho los Rotary o cualquier otra asociación que agrupe a burgueses convencionales.

Cuando se pregunta qué es la masonería, la respuesta inevitable es: “Es una asociación que busca el perfeccionamiento del ser humano”. Si prescindimos del hecho iniciático, ese “perfeccionamiento” es puramente moral: ser “buenos”, ser “justos”, ser “tolerantes” y poco más. Una pura banalidad que puede acompañar a la personalidad, pero no ser su eje central. La antigua masonería cuando aludía a ese “perfeccionamiento” se refería a otra cosa muy diferente.

Vale la pena aclarar algunos puntos:

- Concepto tradicional del mundo: existen dos realidades, una física y otra metafísica; dos mundo: el mundo del devenir y el mundo del ser; dos realidades: una material y otra espiritual.

- Concepto tradicional de iniciación: desde la simbólica “Caída” adámica, el ser humano está preso del mundo de la materia y ha perdido la llave que da acceso al mundo del espíritu. La iniciación es el “puente” entre uno y otro mundo.

- Contenido de la iniciación: la iniciación es un ritual mediante el cual se inserta en el ser humano una “fuerza” (y unos conocimientos técnicos) que le permiten atravesar el “puente”. Ese tránsito no podría realizarse solamente con las meras fuerzas del ser humano, para ello hace falta un conocimiento y una energía que rebasan las meras dimensiones humanas.

- Condiciones para la iniciación: la condición central de todo proceso iniciático es que sea transmitido por una “organización regular” en la que esté clara que esa fuerza asumida por los fundadores se ha logrado transmitir de unas generaciones a otras de forma “regular”, esto es, conforme a los rituales y mediante individuos cualificados. Si estos elementos no están presentes, el ritual carece de eficacia y es una ceremonia vacía e inútil.

La iniciación masónica, al menos en principio, no es diferente a cualquier otro régimen iniciático. Incluso la Iglesia Católica muestra una eco de esta enseñanza en la doctrina de los sacramentos que son sólo válidos si se cumple la liturgia y son transmitidos por un sacerdote regularmente ordenado. Así pues no estamos hablando de algo desconocido en la tradición occidental. Ahora bien…

Los problemas que se plantean en la masonería son, por éste orden:

1) Si la iniciación masónica es “regular”, esto es, si ha sido transmitido a partir de una organización regular y con un origen indudablemente iniciático.

2) Si el ritual sigue conservando su “eficacia” y no ha sido alterado, en cuyo caso pierde su valor.

3) Si la transmisión masónica se ha mantenido desde la creación de la Gran Logia de Londres en la taberna del Ganso y la Parrilla en 1707.

La respuesta a estas tres cuestiones es negativa:

- La logia madre de todas las logias no se creó de acuerdo a los rituales de los antiguos gremios operativos.

- Los rituales de iniciación masónica han sufrido alteraciones muy profundas en la mayor parte de obediencias y ritos, e incluso extremadamente profundas en otras (el Derecho Humano, por ejemplo, o la co-Masonería).

- La iniciación masónica se ha transmitido muy frecuentemente por individuos que carecían de la más mínima cualificación reduciendo el hecho iniciático a una cáscara vacía y hueca.

Todo esto nos hace dudar del valor y de la eficacia iniciática de la masonería moderna por mucho que René Guénon haya intentado aludir a ella como una de las vías iniciáticas que están abiertas para occidentales.

Es importante recalcar por qué hemos negado el que la Gran Logia de Londres fuera fundada de manera regular. El asunto ha vertido mucha tinta, pero a estas alturas se disponen de datos incontrovertibles. Vamos a intentar resumirlos:

1) La fundación de la Gran Logia de Londres supuso una ruptura con la masonería operativa anterior de la que la masonería moderna se presenta como su legítima continuadora.

2) Para fundar la Gran Logia de Londres no se alcanzó el número de maestros suficiente requerido por las Old Charges de la vieja masonería operativa, eso implica que la logia fue irregular como todo lo que le siguió.

El misterio de la masonería moderna

A pesar de haber seguido el origen de la masonería, a pesar de conocer su evolución a lo largo del siglo XIX, a pesar de conocer, acaso mejor que los propios francmasones lo que fueron las hermandades gremiales de las que la masonería aspira a extraer su origen y legitimidad, debemos confesar nuestra absoluta perplejidad por las orientaciones de algunos sectores de la masonería moderna.

A decir verdad, el nacionalismo deriva de la revolución francesa y, a lo largo de todo el siglo XIX, allí donde hubo una logia masónica, allí tuvo su germen alguna forma de nacionalismo. Ahora bien… resulta significativo que para algunos francmasones la “era de la luz” se iniciara en 1946 con la creación de las Naciones Unidas. A nadie se le escapa lo banal de esta fecha.

Las esperanzas que pudo suscitar NNUU en la postguerra fueron similares a las que despertó la Sociedad de Naciones tras el anterior conflicto mundial. Ambas expectativas fueron desmesuradas y decepcionaron pronto a quienes las alumbraron. NNUU siempre ha tenido un papel irrelevante en la política internacional y apenas ha servido para otra cosa que para el absurdo a países prácticamente inexistentes como Lesotho o Senegal a potencias tecnológicas de primera magnitud como Suecia o Canadá, por citar a países que no tienen derecho de veto. El hecho de que en NNUU a cada país le corresponda un voto, al margen de su población, de su solvencia internacional, de su solidez y de su peso específico, es solamente el primer gran error en la concepción de NNUU

Por no hablar, desde luego, de que, a fin de cuentas, NNUU es un marco en el que las superpotencias se disputan el control sobre los pequeños países. Las loables intenciones de NNUU jamás han podido llevarse a cabo y todo ha quedado en notables fracasos (especialmente en Oriente Medio), en impulsar procesos catastróficos en su desarrollo y en sus consecuencias (como la independencia de las colonias africanas que ha llevado a África a estar retrasada 200 años en relación a los países occidentales y a perder definitivamente el ritmo del desarrollo), o simplemente en aprobar resoluciones que nadie ha respetado o que cada cual ha interpretado como le ha convenido (resoluciones en torno a Irak previas a la invasión americana).

Así pues, estamos hablando de una institución banal, frecuentemente rodeada del aroma del fracaso y cuya fundación tiene relativo interés histórico habiendo permanecido completamente al margen de los grandes movimientos de la segunda mitad del siglo XX. Si en 1946, la fundación de NNUU inicia la “era de la luz”, esa luz tiene muchas más sombras que radiaciones tranquilizantes.

Ahora bien, ¿de dónde procede esa idea que había estado ausente de toda la doctrina masónica anterior a la Segunda Guerra Mundial?

Repetimos: la masonería fue desde su fundación hasta los años 30 el principal impulsor de los nacionalismos jacobinos. Es solamente a partir de finales de los años 40 cuando aparecen en el acervo doctrinal masónico elementos “universalistas” que antes habían estado casi completamente ausentes de la ideología masónica.

En efecto, durante el último tercio del siglo XIX, elementos masónicos habían impulsado distintas iniciativas para alcanzar el “entendimiento universal”. Eventos como las “exposiciones internacionales” o los mismos “juegos olímpicos” estaban impregnados de este espíritu “universalista”, ajeno por completo a la doctrina masónica originaria y que solamente con el correr del último tercio del siglo XIX va haciéndose un hueco. Pero es a finales de los años 40 del siglo XX cuando un sector amplio de la masonería se ve ganado por estas ideas y abandona el nacionalismo de los “enfants de la patrie” del que habían sido sus primeros impulsores desde la revolución americana y la francesa.

Esta aparición del “universalismo” ¿es una mutación interior de la masonería, una mutación espontánea o bien el trabajo sistemático de algún sector que ha ido impregnando a la masonería de valores que, en rigor, no fueron nunca propiamente masónicos? Hoy creemos que ha habido algo de lo uno y de lo otro.

En principio, la introducción de elementos “universalistas” aparece en el tiempo en el período en el cual alcanzan su máxima difusión determinadas corrientes ocultistas, en especial la Sociedad Teosófica fundada por Helena Petrovna Blavatsky, que alcanzan su paroxismo con su sucesora, una conocida feminista y socialista inglesa, para desembocar por vía de la escisión en dos personajes extremadamente curiosos: Jiddu Khrisnamurti de un lado y Alice Ann Bailey de otro. En estos dos, el “universalismo” es un proyecto perfectamente definido. Khrisnamurti fue un gurú que entre los años 20 y los 70 tuvo cierto impacto en las élites cosmopolitas, especialmente norteamericanas. Su “producto espiritual” no era más que una forma de moralismo ingenuo sin mucho contenido, con alusiones frecuentes a la “armonía universal”. Mucho más contenidos tenía Ann Bailey a pesar de ser mucho menos conocida.

Es importante recordar que las sugestiones que declaró haber recibido la Bailey procedían de una “entidad” a la que la Blavatsky ya se había referido en alguna ocasión, “Dwjal Kull”. La doctrina de la Bailey hacía de NNUU el eje de la “nueva era” (ver en este mismo blog el artículo sobre “La sala de la meditación de las NNUU”). La idea es que la “humanidad” (Proudhom decía: “Atención quien dice ‘humanidad’ pretende engañar”) forma un todo por encima de pueblos, naciones, razas, culturas y diferencias. Así pues, si la “humanidad” es un todo, para que haya armonía universal deberá existir: una “religión mundial”, un “gobierno mundial”, un “sistema mundial” y, por supuesto, una “cultura mundial” y una “raza mundial”.

Todo esto haría sonreír por su ingenuidad e ignorancia de los problemas reales de la humanidad, como si se tratara de un idealismo extremo y planeante, excepcionalmente subjetivo en donde las propias sugestiones se confunden con la realidad, sino fuera porque esta doctrina ha ejercido una influencia visible en la primera generación de funcionarios de NNUU. Como muestra de ello allí, en el edificio de Nueva York, está la “Sala de la Meditación” a la que hemos aludido.

En ocasiones, las influencias ideológicas no son completamente visibles. Resulta muy difícil definir a través de qué canales, el “universalismo” se superpuso a la doctrina masónica, pero el único hecho seguro es que así ha ocurrido. Y, vale la pena recordar, que originariamente la masonería distaba mucho de ser “universalista”.

Lo más probable es que algunos sectores masónicos tuvieran una relación de ósmosis con los medios ocultistas procedentes del teosofismo, el entorno de Khrisnamurti y el movimiento fundado por Alice Ann Bailey. Es también posible que estos medios practicaran el “entrismo” en la masonería y que, al mismo tiempo, se tratara de una penetración “ideológica” en la que UNESCO debió ser uno de los vehículos. Insistimos: es difícil aportar datos objetivos sobre esta penetración ideológica que cambió las orientaciones de la masonería… lo cierto es que hoy, distintas obediencias masónicas y Grandes Logias comparten esta doctrina. En España, por ejemplo, esta influencia es bien visible y vamos a citar uno de sus consecuencias más extremas.

Zapatero y la masonería

El hecho de que la “ideología” de Zapatero responda más al universalismo masónico que a cualquier doctrina socialista conocida, no implica que él sujeto pertenezca a la masonería. Si pertenece a alguna logia, no es desde luego española y en ese caso sería probable que como otros políticos españoles –socialistas, nacionalistas vascos, democristianos catalanes o del PP, que de todo hay en las filas masónicas– no esté afiliado a una logia española, sino francesa o suiza. En este sentido, la Gran Logia Alpina, a la que pertenecen algunos socialistas de segunda fila, ha sido la obediencia más atrayente para españoles en tanto que garantiza confidencialidad y posibilidad de buenos negocios. O bien el Gran Oriente de Francia al que perteneció el malogrado Ernest Lluch, obediencia en la que también los ideales universalistas calaron hondo desde los años cuarenta.

Lo rigurosamente cierto es que detrás de la idea que Zapatero se hace de la sociedad española del futuro parece existir, una ideología que, desde luego, tiene poco que ver con el socialismo y mucho más que ver con los aspectos más desagradables del universalismo. Y uno de ellos es la inmigración.

Lo que Zapatero ha hecho en materia de inmigración es, simplemente, una salvajada. Zapatero, más que nadie, ha provocado el que la constitución étnica de nuestro país vaya a alterarse en profundidad en apenas una generación. Todas las medidas que ha aprobado en materia familiar tienen como denominador común liquidar al grupo étnico autóctono, cortando la posibilidad de que prolongue su descendencia, exista la estabilidad familiar necesaria para educar hijos de forma natural, ha creado un caos en el concepto mismo de “matrimonio” al equiparar las parejas homosexuales (y, por tanto, estériles), al matrimonio heterosexual, y, finalmente, si no se ha atrevido a liberalizar completamente el aborto es por las consecuencias electorales que en este momento podría acarrearle. Pero no sólo eso.

Gracias a la regularización masiva de 2005, se ha producido un efecto llamada –que ya se inició en 1999 con la reforma socialista del a Ley de Inmigración- que solamente aminorará la crisis económica que tenemos ante la vista. Las consecuencias de importar a 6.000.000 de inmigrantes en apenas 10 años, no se le escapan a ningún observador avisado. Los problemas sociales, étnicos y religiosos se van a acentuar hasta convertirse en insoportables y verdaderos focos de conflictividad como ya es hoy la delincuencia, el narcotráfico, la pulverización del sistema educativo y así sucesivamente (ver los distintos números de la revista IdentidaD, http://www.revistaidentidad.com).

Hemos hablado con varios masones de alto grado, de militancia socialista sobre la política de inmigración de ZP y nos ha llamado la atención el que estos amigos son suficientemente elásticos y dialogantes como para poder abordar temas espinosos impulsados por ZP (la Alianza de Civilizaciones, el problema autonómico, la situación económica catastrófica o el proceso de paz con ETA), y lo hacen con un grado total de apertura al diálogo… que concluye en el momento en el que se toca el tema de la inmigración, como si se tratara de un tabú, algo en el que, sin saber exactamente el motivo, debe compartirse cualquier iniciativa que tienda a una “religión universal”, a una “raza universal” o a un “mestizaje universal”… sin querer entrar –esto es, negándose a entrar– en el fondo de la cuestión y en las consecuencias de todo estos movimientos, a la vista de lo que la sociedad europea ha evidenciado en los últimos años (la imposibilidad de integrar a la inmigración y la absoluta negativa de los recién llegados, no ya al “mestizaje”, sino a la integración). Y esto resulta sorprendente.

Cuando Zapatero, la Rumi, Caldera o la Pajín hablan de inmigración, es evidente que desconocen completamente de lo que están hablando, más parece que repitan una cantinela aprendida no se sabe donde y en la que ni quieren pararse a pensar ni tienen intención de dar marcha atrás a pesar de que sus iniciativas tienen el aroma del fracaso y generan una evidente alarma social de la que el rostro tumefacto de José Luis Moreno es la enésima llamada de atención.

Es evidente que si la masonería reconducida por el universalismo es el mentor de esta doctrina, el fin de la masonería está próximo y difícilmente va a poder soportar el hundimiento de estas ensoñaciones ingenuas y el choque de tanta irresponsabilidad con el mundo real.

¿Hay un futuro para la masonería?

Hay vías muertas y vías en las que es posible la marcha atrás. El universalismo es una vía muerta porque lo ignora todo sobre todo: los factores étnicos, los factores culturales, los factores antropológicos, los factores históricos, los factores geopolíticos… ¿seguimos? En el fondo, el universalismo es la coreografía emotiva y sentimental de la globalización que, por paradojas de lo humano, ha terminado constituyendo el trasfondo doctrinal de los movimientos antiglobalización o de excrecencias del Partido Socialista como esa nueva formación presidida por Rosa Díez que combate al micronacionalismo vasco, no en nombre de la unidad del Estado y de la Nación, sino en nombre de un vago universalismo de bajos vuelos.

El universalismo es una vía muerta porque ignora la naturaleza humana y para imponerse debería de alterarla tan en profundidad que el ser humano perdería sus instintos, sus pulsiones y todo aquello que lo caracteriza en su grandeza y en su miseria. Debería, pues, de dejar de ser humano para convertirse en un robot o en un individuo domesticado, bastardizado, “normalizado” y sin personalidad propia, un ente anónimo similar a cualquier otro, sin rostro, un sujeto extraído del mundo feliz de Huxley o de la pesadilla orwelliana de 1984, cuyo lugar sería el Fahrenheit 451 descrito por Bradbury.

Si esa es la vía que elige el grueso de la masonería, mucho nos atrevemos a profetizar que en una generación habrá desaparecido como institución y de sus rituales y ceremonias no quedará sino el recuerdo. Pero hay otra vía: la marcha atrás. El “progresismo” es aquella doctrina que impide la marcha atrás porque parte de la ilusoria base de que la humanidad siempre avanza hacia estadios superior de desarrollo y felicidad. Así pues, desde el “progresismo” no hay marcha atrás posible, sino una eterna fuga hacia delante de la que el mismo Zapatero, en el momento de escribir estas líneas, a confirmado en su advertencia a la Iglesia Católica de que “la sociedad no dará marcha atrás”… pues sería bueno que la diera en materias como inmigración, enseñanza, etc.

La masonería sobrevivirá a condición de que dé marcha atrás y regrese a sus orígenes. Estos orígenes son gremiales, corporativos y, por tanto, formativos e iniciáticos. Dejando atrás cualquier veleidad universalista, cualquier ensoñación progresista, recuperando la pureza de las corporaciones de constructores de las catedrales, rescatando sus concepciones geométricas y el sentido de sus símbolos, la masonería tendría todavía una oportunidad de sobrevivir. Eso implica:

- necesidad de un mayor rigor en la selección de miembros

- elevación del nivel teórico de las logias, en la mayoría por los suelos

- reconvertir a la masonería en un centro de trabajo y de estudio del simbolismo y del mundo tradicional

- alejamiento de las corrientes universalistas y progresistas y retorno a los principios que inspiraron el gremialismo y las hermandades de constructores.

- Esfuerzo por retornar a los primitivos rituales gremiales, simplificación de la estructura de altos grados y retorno a los conceptos que fueron propios de los mejores momentos de la masonería del siglo XVIII

La cuestión es que, aun asumiendo estas tendencias, todavía no quedaría resuelto el problema iniciático del que hemos dicho que es el central para el presente y el futuro de la masonería. Esto tiene también solución.

Si una institución ha perdido o carece de “regularidad iniciática” eso no es óbice para que intente injertarla desde el exterior. Todavía hoy existen en Francia y en algunos países del norte de Europa, gremios de constructores que derivan de las hermandades medievales. El fenómeno del Compagnonage en Francia está todavía vivo y demuestra cierto dinamismo y una evidente fidelidad a los orígenes. Es de estas organizaciones “regulares” de donde la masonería debe vivificar su médula iniciática.

Mientras eso ocurre, la masonería es un marco muy adecuado para el estudio del simbolismo tradicional, para que el aspirante se familiarice con un sistema de símbolos y ritos que están en el mundo moderno, pero que no son del mundo moderno.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

Catalunya: ensoñación independentista y olvido de la realidad

Catalunya: ensoñación independentista y olvido de la realidad

Infokrisis.- El reciente partido amistoso entre las selecciones catalana y vasca, así como el acuerdo firmado por exponentes políticos de estas dos autonomías y de la gallega para estimular la creación selecciones nacionales, ha causado cierto revuelo. Vale la pena redimensionar este conflicto creado artificialmente y plantearse realmente si el independentismo puede llegar a ser un grave peligro o apenas es un sobresalto puntual superpuesto a los problemas reales, que no son pocos, que está sufriendo el Principat.

La marcha hacia nacionalismo

Catalunya tiene un problema. Y un problema grave. Ese problema está latente en buena parte de la clase política catalana y apenas presente en sectores de la población. La clase política catalana alberga la creencia de que solo elevar el techo autonómico constantemente “da votos” y, desde hace décadas existe una loca carrera para demostrar mediante los hechos y las palabras que se es más catalanista que cualquier otro.

Esa discusión se produce solamente entre los miembros de una clase política completamente irresponsable solamente capaz de colocar el producto “catalanismo” en su oferta electoral, sin duda para tapar sus vergüenzas que no son pocas y su moralidad más que dudosa. A decir verdad, nosotros, que estamos estos días en Catalunya, no hemos percibido en la calle esta discusión y los hechos demuestran que la “cuestión nacional” importa muy poco. Si está presente es porque los medios de comunicación se hacen eco de los delirios de la clase política catalana.

El resultado es que los porcentajes de abstención que se dan en Catalunya no tienen parangón con los que se dan en cualquier otra autonomía del Estado y que son siempre crecientes (a diferencia de otras autonomías en donde son oscilantes). Los asesores de imagen y los jefes de campaña de los partidos, se empecinan en ofrecer como única oferta el “más nacionalismo”, consiguiendo desanimar cada vez a sectores mayores de la población ajenos por completo a los intereses nacionalistas. Así pues, el ruedo político catalán, cada vez está más cerrado en sí mismo y en su pequeño mundo nacionalista.

El nacionalismo catalán está dividido en tres sectores:

- el oportunista del PSC, guiado por un acomplejado Montilla que intenta hacer olvidar su origen andaluz y su mala pronunciación catalana, siendo cada vez menos socialista y más nacionalista. Hay que decir, que Montilla solamente aspira a gestionar él y su pequeño círculo, el “pastel catalán”. Con él, una vez más, el patriotismo es el último refugio de los bribones.

- el moderado de CiU, con el tándem Durán Lleida y Artur Mas, dos caras de la misma moneda, con aspiraciones a ser ministro de un gobierno “español”, y por tanto, obligado a hacer ejercicio de prudencia y moderación, y Artur Mas, el doblemente fracasado aspirante a ocupar la Generalitat que para evitar un goteo de votos hacia el radicalismo independentista, periódicamente da rienda suelta a gesticulaciones ultracatalanistas. No nos engañemos: no existen diferencias objetivas entre este sector y el oportunista; ambos tienen una única ambición: detentar las llaves de la “caja”. Nada más.

- el radical de ERC y la calderilla independentista, diferente de los otros dos, en el sentido de que están dirigidos por una banda de fanáticos alucinados, muchos de ellos verdaderos casos patológicos, capaces de cualquier loca aventura para alcanzar la quimera independentista. Además de ERC, existe una docena larga de grupúsculos y círculos independentistas de muy escasa entidad y que no serían nada sin la cobertura de TV3 y del resto de medios que comen de la mano de la Generalitat.

El hecho fundamental es que el papel de ERC está sobredimensionado por las simetrías de la política catalana que en los últimos cinco años han hecho de este partidillo la pieza clave de la “gobernabilidad” (si es que puede llamarse gobernabilidad a lo que se ha venido produciendo en Catalunya desde que Maragall llegó al poder).

Salvo en la provincia de Girona, el papel de ERC es extremadamente tenue en Lleida, pequeño y en Tarragona y desigual en Barcelona, estando ausente en buena parte del cinturón industrial y con presencia en algunos barrios de la ciudad de Barcelona y de la “Catalunya profunda”.

Por otra parte, la situación interior de ERC es movediza. Así como Carod-Rovira es un pobre alucinado que se cree sus ensoñaciones independentistas y lo suficientemente inconsciente como para hundir a Catalunya si eso acelerara el proceso secesionista, otros jerarcas de ERC han sido troquelados sobre el mismo material averiado que la clase política de CiU o de PSC, albergan como ellos las mismas ambiciones, practican su mismo relativismo moral y su “independentismo” es solamente una excusa para satisfacer esas mismas ambiciones. El problema es que son bastante más “tontos”, si por tontería en política hemos de entender la ignorancia de los mecanismos de la política y la ausencia casi absoluta de prudencia y sentido de la realidad.

Es evidente que en el momento en el que ERC tenga el primer “pinchazo” electoral, el liderazgo de Carod Rovira será cuestionado por buena parte de la base. No es nada que no haya ocurrido antes en ERC. Durante el período en que fue liderado por Ángel Colom y Pilar Rahola, este proceso ya se repitió. Si en aquella ocasión no se produjeron apenas tensiones interiores fue porque el tándem dirigente ya había decidido abandonar el partido… cuando los bancos dejaron de financiar a ERC ante el pinchazo electoral obtenido en las municipales de 1995 y lo único que podía rentar fondos era la formación de un Grupo Mixto en el Parlament de Catalunya, cosa que Colom y la Rahola hicieron con una frialdad desaprensiva que los define.

Fuera de ERC existe la constelación de grupúsculos independentistas sin mayor interés humano ni político. Ahora bien, éste sector tiene una finalidad precisa: amedrentar a los ciudadanos desinteresados por la temática nacionalista. De ahí que sean muy raras las voces discordantes, a pesar de que la opinión pública catalana experimenta un vértigo innegable ante el independentismo. El nacionalismo radical genera miedo en sus oponentes y el moderantismo propio de la sociedad catalana (nacionalista o indiferente al nacionalismo) no está dispuesto a “jugársela” para expresar su opinión. Dicho en otras palabras: allí donde el nacionalismo tiene cierta implantación, termina –directa o indirectamente- coartando la libertad de expresión.

Resumimos la situación de la política catalana:

  1. Todos los partidos están implicados en una loca carrera para convencer a la opinión pública de que son más nacionalistas que cualquier otro.

  1. Esta loca carrera interesa muy a la sociedad catalana, preocupada por los mismos problemas que preocupan en cualquier otro lugar del Estado (aparte de la crisis de las infraestructuras, claro).

  1. El PP carece de personalidades relevantes tras la “patada para arriba” de Vidal Quadras para constituirse como alternativa a la marea nacionalista y, en cuanto a Ciutadans, parece difícil que logre arrancar algún día.

  1. El elemento común en todos los sectores del nacionalismo catalán es la ambición; y la estrategia para satisfacerla el alzar cada vez más el listón nacionalista. A lo que hay que unir en ERC una mayor dosis de irresponsabilidad e infantilismo político.

El problema real de Catalunya

Desde el principio de este comentario hemos insistido en que el nacionalismo y el independentismo son meras ensoñaciones a partir de las cuales se generar “sugestiones” en la población, por parte de unas clases políticas desaprensivas que permiten, por un lado acaparar votos y por otro inducir al silencio y a la abstención a los oponentes. En 2004, cuando los empresarios catalanes preguntaron a Carod-Rovira: “¿Después de la independencia qué”, el político catalán fue muy claro: no le interesaba nada lo que pudiera ocurrir después, solamente le interesaba una Catalunya independiente. Otro tanto puede decirse de los jerarcas del PNV. Ni Catalunya ni el País Vasco son viables económicamente y, por eso llamamos ensoñaciones a los proyectos nacionalistas.

Ahora bien, Catalunya tiene problemas, pero desde luego, ninguno de los problemas reales de Catalunya tienen que ver con el nacionalismo o con la ampliación de los techos autonómicos.

El problema de Catalunya es muy simple: consiste en que se reconozca a nivel institucional la realidad social de la autonomía, a saber, que existen dos identidades que derivan de la lengua vehicular utilizada, la castellanoparlante y la catalanoparlante.

Desde principios de los años 50 llegó a Catalunya casi un millón de inmigrantes andaluces, extremeños y gallegos principalmente. En los últimos 40 años, la tasa de natalidad de este colectivo fue muy superior a la catalana, generándose la existencia de dos comunidades lingüísticas perfectamente diferenciadas y que no conocían problemas de expresión. Estos problemas han aparecido solamente a nivel institucional cuando la Generalitat se ha negado a reconocer la realidad sociológica catalana y ha utilizado los mecanismos institucionales para minimizar la importancia de la comunidad castellano parlamente. Pero, incluso en esta situación, a nivel de ciudadanía, sigue sin existir un problema lingüístico.

Ahora bien, en una reciente encuesta de El Mundo quedaba demostrado que los apellidos más difundidos en Catalunya ya no son catalanes, sino de origen castellano. El primer apellido catalán está en las profundidades de la lista. El hecho de que el presidente de la Generalitat se llame Montilla es, en cualquier caso, significativo.

Pero el problema no es este. Entre la comunidad castellanoparlante y la catalanoparlante no existen brechas lingüísticas, religiosas, antropológicas o culturales. Lo que existe es una contigüidad y la prueba es la ausencia de conflicto real más allá de la presión realizada por las instituciones nacionalistas. Ahora bien, desde 1996 han llegado a Catalunya 1.250.000 inmigrantes con los que SI existe esa brecha antropológica, religiosa, lingüística y cultural.

La doctrina oficial de la Generalitat es que basta enseñarles el idioma catalán para hacer de ellos buenos catalanes… Nueva ensoñación. En primer lugar porque entre un magrebí y un catalán lo que existe es una inevitable brecha antropológica sin apenas puntos en común. Y en segundo lugar porque para integrarse en la sociedad catalana, hace falta tener voluntad de hacerlo y ésta está ausente por completo en la comunidad magrebí o en la paquistaní por citar un ejemplo.

A esto hay que añadir que Catalunya se está viendo abandonada, no solo por catalanes que hemos elegido –como es mi caso- otras zonas del Estado más cómodas en todos los sentidos para residir, sino por los inmigrantes que llegaron en los años 50-70, hoy jubilados y que regresan a sus regiones de origen, más baratas que Catalunya y mucho más cómodas que cuando las abandonaron.

Eso hace que la desproporción entre autóctonos (castellanoparlantes o catalanoparlantes) y la población inmigrante de origen extranjero se vaya reduciendo poco a poco. Hacia el 2.030, en torno a 20 años antes que en el conjunto del Estado, entre el 40 y el 50% de la población residente en Catalunya será de origen no europeo, y de éstos, aproximadamente un 75-80% serán de origen magrebí o paquistaní. Siguiendo con estas proyecciones, prácticamente, apenas un 15% de la población de Catalunya tendrá apellidos catalanes… ¿será viable la existencia, no sólo de un Estat Catalá, sino incluso de un nacionalismo catalán en estas circunstancias? Lo dudamos.

Lo dudamos y también lo sentimos en cierta medida porque lo que correrá el riesgo de desaparecer no será sólo una opción política, el nacionalismo y el independentismo, que pagarán su ceguera política, su ambición enfebrecida y su estupidez, sino por que creemos que la tradición, la etnia y las costumbres catalanas hubiera merecido otra suerte en el ámbito del Principat.

Se suele olvidar que Barcelona fue capital del Reino Visigodo, que la Catalunya actual formaba parte de la Septimania romana y que muy frecuentemente, la ciudad ocupó un papel de primer orden en el orden previo a la invasión islámica. Se olvida que en Barcelona existe un Barrio Gótico de raigambre medieval y una catedral cuya gárgola del unicornio mira hacia el Este, y marca el lugar en el que surge el Sol. Se olvida que “Catalunya” (y, por extensión el Reino de Aragón y las Españas) se forjaron en la lucha contra el Islam y que aquí, en Navarra o en Galicia, así como en el Duero, en Cantabria y en Galicia, la consigna durante ochocientos años fue solo una: RECONQUISTA

Frecuentemente las realidades se convierten en símbolos: hoy en la Plaza de Sant Jaume, el Palau de la Generalitat a un lado y el Ajuntament de Barcelona al otro recuerdan el Fort Apache, rodeado por los indios. Sólo que no son aborígenes norteamericanos los que viven en el Casco Antiguo, sino un 70% de población extranjera que rodean las sedes de las dos instituciones emblemáticas de Catalunya. ¿Realmente es el “autogobierno” el máximo problema de los catalanes o más bien es el agotamiento de la natalidad catalana, la llegada masiva de inmigración con una tasa demográfica disparada y una delincuencia galopante, los verdaderos problemas que encuentra el sufrido ciudadano catalán? Unido, naturalmente, a la crisis de las infraestructuras, a una enseñanza absolutamente degradada, a una clase política irresponsable y desaprensiva y a una crisis económica que, afecta tanto en Sans y Hostafrancs como en Bobadilla o en Cangas…

No sobrevaloréis el papel de los Carod, Montilla o Mas, a fin de cuentas se los van a comer magrebíes y paquistaníes con kebab y shawarma, a pesar de no comer jalufo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

Dalí, entre Dios y el Diablo - II Surrealistas y freudianos en los senderos de la magia

Infokrisis- El segundo capítulo de esta obra dedicada a Dalí está dedicado a las fuentes intelectuales en las que bebió el pintor en su juventud. Los alumnos de la Residencia de Estudiantes experimentaban una atracción irracional hacia la obra de Freud que ejerció una influencia innegable en el surrealismo. En los años 20 y 30, la vida del pintor se mueve entre estos dos ejes: freudismo y surrealismo. Pero en ese mismo período experimenta una interés irresistible por el ocultismo de la época e incluso tanto él como su esposa, como el ambiente intelectual en el que se mueve, tienen contactos frecuentes con los medios ocultistas parisinos. Una mujer, María de Naglowska, influye en la trayectoria del pintor. En este libro es la primera ocasión en la que se establecen paralelismos y relación entre la pareja Gala-Dalí y María de Naglowska, llamada en la época "la sacerdotisa de Lucifer".

 

II

SURREALISTAS Y FREUDIANOS

EN LOS SENDEROS DE LA MAGIA

"Si las profundidades de nuestro espíritu

ocultan extrañas fuerzas

capaces de crecer en la superficie

o de luchar victoriosamente contra ellas,

es interesante captarlas y

someterlas luego al control de la razón".

André Breton

EL PSICOANÁLISIS Y LO PARANORMAL 

Freud murió sin comprender por qué los surrealistas estaban tan interesados en su obra. Dalí, fue de todos ellos, el único que le impresionó verdaderamente. Como el discípulo de los cuentos esotéricos que desea ser admitido por un maestro de sabiduría, Dalí debió de llamar tres veces a la puerta del Doctor Freud -"mis tres viajes a Viena fueron como tres gotas de agua, faltas de reflejo que las hicieran brillar", había escrito- antes de ser recibido por éste en 1938. Deseaba verlo desde que en 1924 leyera "La interpretación de los sueños" ("uno de los descubrimientos capitales de mi vida" explicó) en la Residencia de Estudiantes; creyó encontrar en esta obra la explicación a sus paranoias. Por entonces, era todavía un ilustre desconocido, sin medios para atravesar media Europa y llegar a la antesala del venerable anciano. Cuando pudo alcanzar la ciudad de los valses, Freud estaba aquejado de un cáncer de mandíbula y no pudo recibirlo. La enfermedad de Freud no dejaba de agravarse desde 1922, así que, en dos ocasiones más, Dalí tuvo que contentarse -y no era poco para él- con contemplar los cuadros de Vermeer de Delft incluidos en la colección Czernin. Finalmente en 1938, poco después de que Freud huyera de la ocupación alemana de Austria y se expatriara en Londres, ambos se conocieron a instancias de Stefan Zweig.

Freud se convirtió en una obsesión, aparecía en sus sueños, e incluso le acompañó imaginariamente en su recorrido por Europa; en Francia, durante una comida, vio su rostro en el caparazón de los caracoles que tenía en el plato y así advirtió que "el inventor del psicoanálisis ya no tenía secretos morfológicos para mí. Su cráneo era un caracol"... Y en "Vida Secreta" insiste en la misma obsesión: "Mientras cruzaba el patio del anciano profesor vi una bicicleta apoyada en la pared y sobre la silla, atada con un cordel, había una roja bolsa de goma, de las utilizadas para el agua caliente, que parecía llena, y sobre la bolsa ¡se paseaba un caracol! La presencia de éste parecía extraña e inexplicable en el patio de la casa de Freud". En 1938, después de la entrevista pintó cuatro retratos del psiquiatra, tres con tinta china y el cuarto al guache. Uno de ellos, el que hoy se encuentra expuesto en la "Edward James Foundation" de Gran Bretaña, está inspirado precisamente en esa morfología de caracol[1]. Estos retratos aparecen en el período surrealista más duro de Salvador Dalí, cuando, a despecho de la disputa con André Bretón, jefe de filas de la vanguardia artística, afirma "El surrealismo soy yo"...

La entrevista distó mucho de ser un encuentro entre genios. El psiquiatra vienés, desde su encuentro con Breton y Eluard en 1923, tenía prevenciones contra los surrealistas. Dalí estaba avalado por el escritor Stephan Zweig y fue acompañado por éste y por el poeta Edward James (inmortalizado en una serie de fotos de Man Ray que luego interpretó René Magritte de manera espectacular), mecenas de Dalí que, dotado de una personalidad muy compleja, deseaba ser psicoanalizado por Freud. El diálogo fue imposible: Dalí acudió con la obsesión de conocer la opinión de Freud sobre un artículo suyo dedicado a la paranoia, pero Freud, esa tarde, no tenía muchas ganas de leer y por tres veces rechazó la lectura del texto. Durante largos e interminables minutos ambos se miraron a los ojos fijamente ("nos devorábamos mutuamente con la vista", escribió luego el pintor). A pesar de la insistencia de Dalí, no hubo forma de que Freud abordara las cuartillas. Años después, el pintor reconoció que no había estado particularmente inspirado aquella tarde; se mostró petulante y falsamente intelectual; con todo, Freud rectificó en parte su opinión sobre el surrealismo; al día siguiente de la entrevista, escribió a Stephan Zweig: "Tengo que darle mis más efusivas gracias por la presentación del visitante de ayer. Hasta ahora estaba inclinado a considerar a los surrealistas (...) necios ciento por ciento (...). Este joven español, con sus ingenuos ojos fanáticos y su perfecta maestría técnica, me ha hecho cambiar de concepto. Sería muy interesante explicar analíticamente el desarrollo de un cuadro como ése". Se refería a "Las metamorfosis de Narciso". De aquella conversación, retuvo sobre todo una frase de Freud: "En las pinturas clásicas busco lo subconsciente; en una pintura surrealista, lo consciente". Las teorías de Freud se adaptaban sorprendentemente bien a la compleja ecuación personal de Dalí... lo cual no implicaba, necesariamente, que fueran ciertas.

La vida sexual de Dalí, desde su adolescencia, estuvo repleta de obsesiones paranoicas; en la medida que el freudismo intentaba explicar en qué forma la sexualidad era una infraestructura que afectaba en todos los órdenes de lo cotidiano, el pintor se interesó por él como instrumento de reflexión sobre sí mismo; el freudismo le proporcionaba respuestas a los porques de su carácter, respuestas que, ante la ausencia de cualquier otra, aceptaba como buenas. En los años 70, Dalí verdaderamente necesitó tratamiento psiquiátrico para superar sus crisis anímicas y depresiones internas.

La lectura de Freud -a quien Dalí colocaba a la misma altura de Paracelso[2], Lulio o Della Porta, como "alquimista de la mente"- impulsó al pintor a analizarse a sí mismo de manera implacable y, a nuestro juicio, errónea. Puede decirse que el freudismo tendió a complicar su, ya de por sí, complicada ecuación personal y le indujo a seguir caminos erróneos en el conocimiento de sí mismo. La situación familiar de Dalí era susceptible de explicarse en clave freudiana: menos de una semana después de la muerte de su hermano, con el recuerdo del óbito reciente, sus padres lo habían engendrado; el hecho de que su hermano mayor muerto se llamara igualmente Salvador; las proyecciones edípicas arraigadas antes de la muerte prematura de su madre y el hecho de que su padre esposara a la hermana de la fallecida, su cuñada, que pasó a ser madrastra, pero nunca aceptada como tal, sino llamada por Dalí y por su hermana Ana María, "la tieta"; su expulsión de la familia por parte del padre tras conocer que el pintor había faltado al respeto a su madre muerta, la "proyección de la imagen del padre" en objetos, insectos e incluso en su hermana; su sexualidad completamente anómala y pusilánime, con la convicción, arraigada desde niño, de que el acto sexual -tanto hétero como homosexual- era una práctica que exigía un esfuerzo superior a su capacidad, su terror desmesurado a contraer una enfermedad venérea y el conflicto entre su deseo de gozar y su miedo a la muerte -problemática Eros-Thanatos- que le fue avivado por García Lorca, verdaderamente obsesionado con la idea de morir... todo esto era excepcionalmente fácil interpretarlo en clave freudiana. Para colmo, el énfasis colocado por Freud en el estudio de la niñez, período en el cual juzgaba que se encontraban inscritas las impresiones que luego condicionarían la vida del sujeto, le llevó a Dalí a pormenorizar sus recuerdos infantiles y atribuirles una importancia desmesurada que reaparecería, casi constantemente, a lo largo de toda su vida: la visión del asno muerto que los campesinos de Cadaqués colocaban en los campos dejándolo pudrir para así abonar la tierra, o del hidrocéfalo que veía en Figueras, el impulso a besar los dientes de un asno podrido, los alaridos de los animales sacrificados en el matadero ante su casa, la ocultación de su sexo entre las piernas ante un espejo a los seis años, y un largo, muy largo etcétera que Dalí describe detalladamente en sus cuadros, libros teóricos, poemas, diarios y novelas, demuestra hasta qué punto su reflexión sobre sí mismo había sido minuciosa y de qué manera había interpretado sus recuerdos en clave freudiana. En su relato autobiográfico "Confesiones Inconfesables", escrito a una edad ya madura, reconoce la utilidad de su constante mirada atrás: "Fue durante mi infancia cuando se forjaron todos los arquetipos de mi personalidad, mi obra y mis ideas. El inventario de este material psicológico es, por tanto, imprescindible". Si hemos de creer al pintor, la rememoración de los acontecimientos más importantes de su infancia, se remonta hasta el período intrauterino del que recuerda "la viscosidad de esperma y clara de huevo fosforescente"[3]. Incluso en muchas ocasiones fue fotografiado en posición fetal, incluso en tomas no preparadas; cuando lo eran, Dalí quería dramatizar su regresión al estado primario de la creación, idea también extraída del arsenal freudiano.

Freud nunca desaparecerá totalmente del universo daliniano. Algunas de sus últimas pinturas realizadas en 1983 representan violines en los que destaca la abertura de la caja, una S, inicial de Salvador, igualmente, signo matemático de integración, pero también, reminiscencia freudiana. Dalí en sus memorias cuenta que conoció en Figueras a un niño que tenía un violín, esperó pacientemente el momento de destrozárselo de un puntapié. El niño lo persiguió hasta alcanzarlo; Dalí optó por arrodillarse, pedirle perdón y ofrecerle 25 pesetas para compensarlo; pero el niño lo golpeó hasta que los fueron oídos por un maestro. Dalí explicó que había destrozado el violín para demostrar la superioridad de la pintura sobre la música. El profesor no le castigó y el pintor, a partir de este episodio dedujo lo beneficioso de dar una explicación ingeniosa por grotesca que pudiera parecer.

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