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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Ultramemorias (II de X). Tipologías insólitas. El camarada alcoholizado

Tormo fue una leyenda en la extrema-derecha valenciana de los años 70, luego se eclipsó completamente y no hace mucho un antiguo camarada me preguntó: “¿Qué ha sido de Tormo?”, añadiendo a continuación: “¿Vive todavía?”, pregunta que contenía en sí misma una duda razonable sobre si el bueno de Tormo habría sobrevivido desde que se retiró a l valle de Beneixama, pueblo de frontera, allí donde termina el Reino de Valencia y empezaba el de Murcia o donde hoy se cruzan las comunidades autónomas valenciana, murciana y manchega. Allí languidece Tormo, cuando tiene dinero apoyado en la barra de un pub local y cuando no lo tiene ensimismado ante un viejo televisor, ausente de todo y recordando glorias pasadas.

Había conocido a Tormo en 1970 en el curso de un “campo de entrenamiento” que organizamos en Joanetas, provincia de Girona (entonces todavía era “Gerona”, nombre que al parecer derivaba de Gerión, el gigante al que venció Hércules después de la aventura del León de Nemea). Allí estábamos todos y Tormo nos daba clase de defensa personal pues, no en vano, era profesor de karate y ostentó los cinturones más negros que cualquier federación de este deporte fuera capaz de idear. Llegó a tener un gimnasio en Valencia y a ser juez en competiciones internacionales. Nos sacaba a los más mayores siete u otro años y él rondaba los veintimuchos cuando lo conocí.
 
Fue el cuarto valenciano que con el que me fue dado departir. Los dos anteriores habían sido Federico C. y los dos hermanos Selva que luego resultaron ser primos de Tormo. Los conocí a los tres en la cafetería Lauria, un local lánguido de la Plaza del Ayuntamiento que sobrevivió hasta finales de los 90 con una decoración de los 60 y una clientela de los 40. Carbonell era un tipo que desde su más tierna infancia había dado muestras de estar completamente enloquecido. Cuando yo tenía 19 años él debía tener 22 y su voz ya era cazallosa en extremo; sus juicios parecían nublados por una especie de surrealismo que lo acompañaba hasta en sus gestos más mínimos. Dormí una vez en su casa y su padre, un médico de prestigio en Valencia, falangista de pro que me contaba cómo había liberado valencia del bolchevismo casi en solitario, aderezan su peripecia con las anécdotas más abrakadabrantes que me hicieron comprender que Federico era digno hijo de su padre. La madre, a todo esto, intervenía sólo para preguntar una y otra vez si yo era de Barcelona. Cuando a la quinta vez quedó claro era nativo de Barcelona Ciudad y que sabía dónde estaba la calle Fernando, me encomendó la delicada tarea de ir a buscar gargantilla a un joyería que, por algún motivo, en lugar de ser reparada a dos manzanas de su domicilio en la valenciana Gran Vía Marqués del Turia, había ido a parar a 350 km de distancia.

Los Carbonell tenían otro hijo que se deslizó por la senda de la heroína con la misma facilidad con la que Federico lo hizo por la del alcohol (aderezado eso sí con salpicaduras químicas de todo tipo). Le gustaba la variedad; su hermano, en cambio, era más constante con el caballo. Se rumoreaba de él que fue hasta su fallecimiento uno de los yonquis decanos de Valencia.

Un buen día, el hermanísimo pidió prestada una pistola a un camarada sin explicarle que era para realizar un atraco en una sucursal bancaria de su misma calle. De alguna manera tenía que alimentar la vena. El golpe, dado en solitario, fue un éxito, así que al salir se decidió a atracar otra sucursal situada a pocos metros de distancia y al salir también indemne de esta, quiso rematar la faena con una nueva incursión en otro banco próximo… hasta que fue finalmente detenido a pocas manzanas de distancia cuando buscaba una cuarta sucursal. Años después moriría de sobredosis o simplemente porque su organismo estaba debilitado por dos décadas de consumo constante de heroína.

En cuanto a Federico jamás logré detectar cuál era su problema exactamente. O se había caído en una barrica de ron de pequeño y sobrevivía a cualquier consumo que hubiera literalmente convertido en foie-gras cualquier hígado sano, o bien era que sus vísceras estaban hechas de acero inoxidable y remachadas con pernos del 15. Era imposible beber a su ritmo si uno quería regresar en condiciones al hotel. Cada vez que lo he visto desde entonces me ha revalidado aquella primera impresión. Su vida personal era el resultado de su vida como bebedor: un completo desmadre. Era uno de los dirigentes de la ultraderecha universitaria a principios de los 70.
 
Había aprendido de su paso por la universidad que hablar en una asamblea, a fin de cuentas, no era algo difícil, e importaba poco lo que se dijera. Federico le echaba morro a la vida en todo lo que hiciera. Durante su mili en artillería ya había sido el típico “recluta bribón” y –como es habitual en España– se deleitaba contando una y otra vez más mismas anécdotas de su paso por el ejército. Las canciones de su mili nos las conocíamos todos: “¡Que lo suban, que lo bajen, que le canten el kiryleison!”, o aquella otra en la que denostaba a otros cuerpos y armas: “Caballería, cuerpo inmortal, cuando ella pasa huele a animal”. Tenía una habilidad especial para alternar canciones de la mili con canciones de la tuna, pero tres horas de serenata yendo con él de bares por Valencia, era excesivo incluso para hígados blindados como el mío.
 
Federico era tan valiente como irresponsable y daba la cara en los enfrentamientos con la izquierda universitaria, pero no estaba claro si la daba por exceso de testosterona o porque no se enteraba muy bien de lo que hacía. Entre él y Tormo habían sido atacados y cercados por la “turbamulta” de izquierdistas en múltiples ocasiones y sobrevivieron repartiendo mucho más que recibiendo, incluso contra fuerzas cien veces superiores en número. En la ultraderecha estas proporciones, que podrían parecer exageradas o otros, eran las normales. De todas formas, los estuvieron a punto de linchar en más de una ocasión y solamente el miedo cerval que la extrema-izquierda tenía a las siglas PENS-MSE -justificado, por lo demás- en la universidad valenciana a finales de los 60 y principios de los 70, logró garantizar su integridad, además, claro está, del cinturón negro de Tormo y de la Star 9mm de Federico que solía acompañarle incluso para tomar unas copas o irse de putas.

En 1970, Federico bebía ya demasiado alcohol y Tormo era, según los días, abstemio o bien bebía con una moderación compatible con su vocación deportiva. Pero eso no duró toda la vida. Federico, haciendo gala de una constancia encomiable y de un desprecio absoluto por el estado de sus vísceras sigue como siempre, aunque con una fístula de más y presumiblemente morirá con el gota-a-gota de ron suministrándole alcohol en la vena. En cuanto a Tormo es, quizás unos de los camaradas de aquella época que han evolucionado peor.

En 1980, Tormo seguía siendo abstemio. Cuando, tras una manifestación que organicé en Barcelona a mediados de junio y que terminó con la detención de algunos jóvenes militantes, la policía vino a buscarme, yo opté saltar por la ventana –nada heroico a tenor de que vivía en un principal– y reaparecí unos días después en Valencia ya investido del título encomiable de “clandestino”. Cuatro días después, la policía buscaba también a Tormo. Así que optamos por huir. Inicialmente nos fuimos en una Norton Comando sobre la que aguantamos 20 km en dirección 90º Norte, para dar luego vuelta atrás, volver a Valencia y alquilar con tarjeta de crédito, un Ford Fiesta. Así, tras una estancia en Andorra en la que aproveché para rhacerme con un juego de documentos que luego me servirían durante meses, llegamos a París. El mismo día de nuestra llegada, Sixto Enrique de Borbón Parma había sido víctima de un extraño atentado. Un magrebí le había, literalmente, rajado la garganta de un tajo. No murió de puro milagro, pero quedó durante una semana en el hospital en cuidados intensivos.
 
En París, inicialmente, nos alojamos en un hotel de la rue Vavin del que luego me enteré que en el siglo XIX, no solamente ya existía, sino que allí habían ido a parar todos los artífices del ocultismo y del satanismo de finales del XIX y principios del XX: los Eliphas Levi, los Aleister Crowley y varios más.  Tenía algo de siniestro el lugar que a principios de los ochenta era un albergue cochambroso regentado por unas zíngaras yugoslavas de aspecto intranquilizador. Mientras dormíamos agotados tras un viaje de 20 horas, se abrió bruscamente la puerta, apareció un fontanero y arregló con ruidos espantosos, el retrete que perdía agua y mierda por todas partes. Allí, Tormo y yo estuvimos cuatro días, al quinto, Alain Robert, hasta entonces dirigente del movimiento Occident –prohibido por las autoridades gaullistas en mayo de 1968- y luego de Ordre Nouveau –prohibido por Pompidou en 1973- y en aquel momento, dirigente del Partí des Forces Nouvelles –desaparecido sin dejar señas en 1983- estaba esperando para dar su saldo de la extrema-derecha a la Unión Nacional de los Independientes, el típico pequeño partido centrista cortejado por todos y que le comprometía menos que los grupos ultras mucho más belicosos que hasta entones había dirigido. Robert nos dejó las llaves de un apartamento en Courveoie, allá por la banlieu parisina, saliendo por la Porte de Clignancourt, donde nos esperaba otra sorpresa.

Se trataba de un pequeño apartamento, a ras de suelo, con cocina y lavabo de no más de 40 metros cuadrados, pero lo curioso no era esto sino que, sorprendente, estaba repleto de sacos y cajas de frutos secos. Había de todo: almendras, almendrucos, orejones, cacahuetes, avellanas, y otras variedades de las que ni conocía su existencia, ni jamás he vuelto a ver, producto de un cargamento sustraído a la mafia italiana. por el anterior inquilino del lugar. El caso es que durante unos días nos estuvimos alimentando de todo aquello. Sigan mi consejo: nunca sigan una dieta así. La ingesta reiterada de frutos secos genera una extraordinaria pesadez en el estómago y un tránsito intestinal plúmbeo, amén de un estreñimiento pertinaz. Las heces fecales, cuando tienen a bien salir, muestran una textura como de metralla por mucho que se mastiquen.

Tormo, en esa época seguía sin beber nada. Tampoco fumaba. Al cabo de un mes, requerido por su compañera –follar, si follaba–, volvió a España cuando ya sabía que no estaba buscado por ninguna causa. Unos años después, cuando regresé a España, tras cumplir mi condena por manifestación ilícita, volví a verlo y me llamó en muchas ocasiones. Algo parecía haberse roto en su interior especialmente a partir de 1989: me llamaba por teléfono presa de extrañas exaltaciones, su conversación era habitualmente desmadrada y me recordaba mucho más al Federico que había conocido que al Tormo del que me despedí entre la niebla en las inmediaciones del puente del Alma.

Lo que había pasado era bastante simple: al volver estudió enología en el Politécnico de Valencia y acto seguido dirigió la explotación agrícola de la propiedad familiar. Le conocí tres mujeres al bueno de Tormo: la primera era una francesa bordelesa que hacía gala a la primera parte de su nombre; permanentemente parecía contrariada y ni siquiera las generosas y rotundas formas de la chica hacían olvidar un carácter completamente insoportable. La segunda era del mismo jaez. Estaba introducida en el mundo de la moda valencia y era también una madurita aparente y extremada cuya dentadura me recordaba a los de una serpiente, entre víbora y cobra, aunque su carácter fuera el de una pija sin más ambiciones, corta de ideas y timorata de juicios que solamente entendía de zapatos de calidad. Rubia de bote, era capaz de volver loco a cualquier con sus imposiciones habituales y su cara de desprecio cuando no algo le impedía satisfacerlas. La conocí en Andorra y nunca entendí que había encontrado Tormo en ella. Para colmo, la chica conocía a todo el ambiente gay valenciano de los años 80 e introdujo en él a su compañero cuyos musculitos pronto gozaron de gran reputación entre los mariquitas saltarines de la comunidad. En un momento dado, la chica se fue con él a la casa solariega de los Tormo y allí, en el aislamiento del valle de Beneixama, ambos iniciaron una loca carrera de autodestrucción que le llevó a ella a huir de allí y a él a destrozar con un hacha un frigorífico que la otra intentaba cargar en una furgoneta. Todos conocemos trifulcas de este tipo, pero en el Valle de Beneixama no son habituales y los lugareños las recuerdan aún como algo excepcional. La tercera mujer en la vida de Tormo fue una gloria villenera unida a él por la común afición a la cocaína. La relación fue breve y tormentosa y como la anterior, también se recuerda en la zona hasta el punto de que la casa ha pasado, para los lugareños, de tener el nombre de la familia a ser la “casa de los drogaos”. Ya se sabe: pueblo pequeño, infierno grande. Aún hubo una cuarta mujer, inglesa ella, que había conocido en Londres en 1968 y con la que vivió un tórrido idilio. Con el tiempo, había sido azafata de las líneas aéreas australianas y cuarenta años después –cuarenta, ni uno más ni uno menos– apareció un buen día en la “casa de los drogaos”, entradita en carnes y cuando Tormo ya era otro y no el que ni ella ni yo habíamos conocido, ella en lo romántico y yo en lo político.

¿Qué había hecho de Tormo un individuo alcoholizado al que solamente la proximidad de una lata de cerveza bastaba para que perdiera el oremus? La inactividad y la soledad, por este orden. No le gustaba trabajar, no por vagancia, sino por vocación de hidalgo español. No lo era pero se consideraba así. Un día, de pequeño, le comentó a su padre que eso del negocio de la horchata parecía un buen asunto y que podrían ganar unas buenas pesetejas. El padre asintió, pero luego añadió: “Sí, pero ¿y la vergüenza que pasas?”. Para el padre de Tormo, trabajar o que alguien lo viera trabajar detrás de un mostrador, era algo bochornoso. El hijo tomó buena nota y nunca siempre evitó matarse trabajando. Estas cosas no pasan en Catalunya. Torno fue sobreviviendo el paso de las décadas a costa de ir vendiendo propiedades que incluso yo acerté a comprar. Cuando lograba vender algunas fanegas de tierra, como hombre de palabra que era, mientras el alcohol no le nublaba el juicio, cubría primero las deudas de las que era capaz de acordarse, luego acudía al pub más próximo y en los dos meses siguientes agotaba el beneficio de la venta en alcohol para malvivir hasta la siguiente.

Como todo alcholizado –y a estas alturas si Tormo era algo era un dependiente de la botella– vivía en medio de la más completa inmundicia. La casa solariega que compartía con dos de sus primos con los que alternaba temporadas de familiar intimidad con ciclos de disputas, trifulcas y recriminaciones, era un tétrico portento de telarañas, ratas y capas de polvo. Era posible datar el tiempo que tal o cual objeto por el grosor de la capa de polvo depositado en torno suyo. Los trajes elegantes de otro tiempo estaban literalmente comidos a dentelladas por los ratones de campo con los que convivía y sus más preciados tesoros (cámaras de fotos Haselblad, álbumes fotográficos en los que posaba junto a Jane Mandsfield o Silvye Vartan) mostraban los estragos de décadas de abandono y humedad, así como de algún que vómitos superpuestos en capas resecas en torno al tálamo. El vivía en medio de toda esa inmundicia sin que le preocupase mucho la opinión de los otros. En Francia les llaman clochards, él creía que ese era el destino de un hidalgo o presunto tal.

Se interesaba poco por la TV, pero tenía una particular fijación por el Diario de Patricia que jamás llegué a entender. De hecho, había estado a punto de aparecer en él como protagonista. Tormo, en 1978 había tenido un hijo con una prostituta. Antes de que la chica diera a luz, él desapareció de su vida hasta que un día le llamaron precisamente de la redacción del Diario de Patricia preguntándole si él era Tormo –lo era, hasta ahí estaba seguro, todo lo demás era la duda cartesiana– y si estaría interesado en aparecer en un programa junto a una chica cuyo nombre en principio le decía poco. No le interesaba y mucho menos para abrazar a su presunto hijo antes las cámaras. Declinó la oferta y poco después me llamó: “¿Tú qué harías?”. Yo no haría nada: ”A mí es que estas cosas no me pasan, coño”. La exprostituta le había llamado y quería verlo para presentarle a la criatura que tenía 30 años, se había casado y tenía incluso un hijo. Tormo que ni se acordaba de la chica, ni apenas de que la dejara embarazada, bruscamente supo que era padre y abuelo a la vez. Para colmo, el hijo tenía ganas de conocerlo.

Entonces Rafa no atravesaba una buena época. Era 2004 y se vivía la euforia del crédito, así que había pedido una línea de crédito avalada con su casa y 30 hectáreas de terreno. Como era habitual, pagó las deudas contraídas hasta ese momento y el resto, que debería haber servido para reiniciar la actividad vitivinícola de su propiedad, simplemente, se la bebió antes de procesar la uva. Y entonces aparece lo de su paternidad, en el peor momento en el que no tenía la mente, digamos, lo suficientemente clara como para juzgar lo que había que hacer. El hijo desconocido, a mayor abundamiento, tenía trastorno bipolar. Tocaba en una banda de rock salvaje y era lo que por aquella comarca se llama “un broncas”, esto es, un individuo intemperante con mal beber y peor estar. Lo habían detenido en varias ocasiones y acumulaba juicios de faltas como el héroe que acumula medallas o cicatrices. El psicólogo le había dicho que le iría bien conocer a su padre, así que la mater amantísima contactó con Rafa.

Éste, por su parte, en plena confusión mental, me llamó y me llevó al pub donde pasaba desde las 16:00 horas hasta las 03:00 de la madrugada (hay que añadir que tan sólo juzgaba prudente levantarse entre 13:00 y 14:00 horas; lo contrario hubiera sido demostrar excesiva laboriosidad, condenada por su educación aristocrática y que hubiera causado una puñalada en el costado de su amado padre). Tormo tras una copa seguía siempre el mismo ciclo: primero los problemas que le interesaban, segundo la batalla del Golfo de Leyte narrada con todo género de detalles, para seguir luego con sus historias de la mili en el triste microcosmos de un dragaminas  con casco de balandro y, ya más allá de la medianoche, recordar cuatro anécdotas –siempre las mismas– de su período de “militancia política” en donde fue, en realidad, un jefe de banda, más que un líder político. Todos los alcohólicos siguen los mismos ritmos y éste era el de Tormo.

En aquella ocasión le preocupaba si el complejo bipolar se heredaba. Yo conocía el tema porque no hacía mucho había escrito un librito en el que tocaba la cuestión (La Depresión y la madre que la parió, era el título). “Pues sí, lo primero que hace un psicólogo cuando trata a un depresivo es sobre sus padres. Si hay huellas de depresión en la familia, no hay duda, el aplatanamiento y la melancolía de que hace gala el paciente, se tipifica como depre y Prozac con él”. Tormo entonces empezó a preocuparse: si él era el padre de un hijo depresivo, la dolencia anidaba originariamente en él. En realidad, no había tal relación, su depresión procedía de su alcoholismo y la de su hijo de una vida desordenada, emporrada y encocada, jalonada de fracasos, sin olvidar a una madre todo lo amantísima que se quiera, pero hembra de tronío y de cafeta a la vez; el chaval, al frisar los 30 percibía su vida como desperdiciada.

A  Tormo lo dejé de ver el día en que lo vi demasiado intoxicado con coca y con alcohol, como para soportar una vez más su verborrea, la enésima descripción de la batalla del Golfo de Leyte o la enumeración de recuerdos deformados y alterados por la distancia y los vapores etílicos. Hacía tiempo que desoía la norma de vida que un día ya lejano me diera otro camarada notable de la ultra catalana: Don Fernando Durán, vástago lejano del Salmerón que fuera presidente de la I República.
 
Vaya por delante que Durán era otro tipo inteligente, culto y elegante que, por algún motivo, era una mezcla de Josemi Rodríguez Sieiro (su forma de hablar era exacta y sus modales superponibles) con el físico de Arturo Fernández. Lamentablemente, a diferencia de ambos, había evidenciado desde los treinta un afán desmedido por cualquier licor o bebida. Durán sostenía –y eso me transmitió– que “con razón o sin ella, mis camaradas por encima de todo”, lo que implicaba decir que exigía el mismo tato de favor por múltiples que fueran sus meteduras de pata. Era un tipo servicial que había experimentado en su propia carne el llamado “timo del camarada”, o lo que los neofascistas italianos conocen también como el “camerata, camerata, fregatura assicurata”, que viene algo así como que de un camarada solamente puedes esperar una estafa, una embarcada inenarrable o una jugada de fantasía que, sin duda, te hundía un poco más en la miseria. Durán había soportado muchas faenas, faenitas y putadas de sus camaradas más queridos y, por no quedarse atrás, había hecho otras muchas más. Murió completamente alcoholizado y solo no hará mucho, cuando ya se había perdido para todos, incluso para sus hijos de los que, él mismo era el primero en decir que todos los había tenido su mujer, pero que ninguno se le parecía a él, cosa que yo mismo, a decir verdad, pude constatar no sin cierta sorpresa.

Fue Bernardo el que me presentó una mañana de 1972 a Fernando Durán. Mañana inenarrable como pocas de mi juventud. Durán era vecino mío y vivía a dos manzanas, pero apenas habíamos coincidido. En aquel momento había emprendido una brillante carrera política siendo elegido Consejero Local del Movimiento por Barcelona. En teoría la elección era democrática y podían votar todos los “cabezas de familia” empadronados en el distrito VI de la Ciudad Condal que coincidía con el Distrito VI del Movimiento. Por entonces, el “Movimiento organización” formado por la fusión de falangistas y carlistas durante la guerra se había transformado en “Movimiento comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”, algo que hoy resulta difícil de explicar a las jóvenes generaciones y que también en la época era difícil de que lo entendiéramos las jóvenes generaciones. Fueron pocos los votantes. Se presentaban dos candidatos: el “oficialista” y el “revolucionario”, el propio Durán. Ganó por 7.017 votos a 7.015 votos. Tan escasa diferencia se explica porque tan sólo se registraron 17 votos para un candidato y 15 para el perdedor y éste acepto hinchar la cifra para que su derrota no fuera tan vergonzosa. Estas cosas solían pasar en la “democracia orgánica” del tardofranquismo.

Pues bien, Bernardo me llamó temprano diciendo que teníamos una “misión”. Por entonces yo seguía en la inopia y cualquier embarcada generada por los camaradas la asumía como propia sin pestañear. Lo primero fue conocer a Durán. En un bar, por supuesto, como corresponde al alcoholismo militar de nuestro estilo que diría, más o menos, José Antonio. En Santa Colona de Gramanet –me explicaron– se iba a celebrar esa mañana un juicio de faltas contra un camarada de la Guardia de Franco y, Bernardo –artífice de la movida y armador por antonomasia de todo tipo de embarcadas inverosímiles– nos aseguraba que los de CCOO estarían presentes para agredir al camarada en cuestión, así que había que ir a defenderlo. “Bueno, no llevo encima –les dije– la barra de hierro, pero podemos irla a buscar”. Lz barra de hierro en cuestión era de hierro al cromo y no pesaría menos de 10 kilos. Si le dabas a alguien lo partías en dos y si esquivaba el golpe la propia barra te expulsaba de la pela por pura inercia. Para colmo, el camarada en cuestión no tenía abogado. Durán puso cara de entender la situación y dijo aquello de “No os preocupéis que esto lo resuelvo yo”. Esa misma frase la oí de esos mismos labios en los siguientes veinte años y por algún motivo siempre me estremeció. Yo ya conocía las veleidades de los miembros de la Guardia de Franco barcelonesa; se atrevían con todo: “la Guardia de Franco contra el universo” venía a ser su norma de actuación; a la hora de la verdad, fallaban más que una escopeta de feria y solamente estaban en perfecto estado de revista los días de reparto de armas (cuando había una huelga general o Franco visitaba Barcelona). Luego costaba que devolvieran las armas y siempre había alguna que se despistaba y emergía semanas –u horas– después en el curso de algún atraco.

Durán llamó al jefe de policía de Barcelona, amigo suyo y camarada suyo del Distrito VI (que pocos meses después, por cierto, me ordenaría mi detención… cuando estaba confeccionando el pergamino que me habían pedido sus camaradas, Durán entre otros, para el homenaje que le preparaban). Éste le aseguró que “si hacía falta, envío a los antidisturbios”. No hizo falta porque, realmente, no pasaba nada. Entramos en la sala del juicio y el secretario empezó la lectura del sumario: “Doña tal…. asomándose a la ventana del patio interior del inmueble imprecó a la vecina del 5º 1ª llamándola “hija de puta”, añadiendo: “que tu marido es un cabrón de mierda y me voy a cagar en todos tus muertos y en tu puta madre, tía jodía”… Yo en aquel momento era un hijo de la honesta clase media barcelonesa, educado en los Escolapios y en un hogar católico en el que los tacos y los insultos estaban –como era menester– censurados. Me sentí abochornado por oir estas palabras exclamadas por un funcionario de aspecto sobrio y sereno. La retahíla de improperios siguió un buen rato leídao como la cosa más natural del mundo.

No juzgaban al camarada, sino a su mujer y no por tema político sino por una trifulca entre vecinas. Todo lo demás era correcto: el juicio era de faltas y en Santa Coloma. Y allí estábamos Bernardo y yo esperando que, de un momento a otro aparecieran las turbas de CCOO y se lanzaran sobre nosotros, cuando ya habíamos asumido una actitud numantina de resignado fatalismo: “si hemos de morir, muramos ya, coño, que esto es un bochorno”. Duran, por su parte, conservaba la cabeza fría (o quizás algo calenturienta como era propio en él). Justo cuando el juez lanzó una pregunta inocente a la acusada, Durán se levantó y pidió ser “el defensor de viva voz”. El juez dijo exactamente lo que usted y yo hubiéramos dicho sólo que avalado por su experiencia en leyes: “Mire, llevo veinte años de ejercicio en la judicatura y es la primera vez que oigo hablar de eso que usted llama defensor de viva voz”. No había hostilidad en la voz del juez, sino que era posible incluso percibir una mezcla de ironía y curiosidad. Durán no se amilanó y empezó a argumentar que en el derecho tradicional catalán era una práctica habitual. Mal asunto ir por ahí porque el juez había participado en el Congreso de Zaragoza en el que se había compilado los derechos regionales, entre ellos el catalán y seguía sin conocer la figura del “defensor de vida voz”. Seguramente Durán lo había oído en alguna francachela con jueces de la audiencia de Barcelona.

Cuando llego al forcejeo entre Durán y el Juez yo estaba ya literalmente refugiado dentro de mi cazadora de cuero negra, intentando ser invisible. Llevaban tres interminables minutos discutiendo, cuando, sin pedir la venia ni nada de lo que quienes habíamos visto con fruición todos los episodios de “Perry Mason” sabíamos que había que pedir para hablar en un juicio, la procesada se levantó con los ojos inyectados en sangre, además y juzgó que Durán ya la había defendido “de viva voz” lo suficiente: “!Qué viva voz ni que hostias! Si aquí lo que ha pasado es que mi marido es de la Guardia de Franco y los maridos de estas hijas de puta son de CCOO y nos están jodiendo la vida!”. El juez se hizo cargo de la situación, hizo unas preguntas protocolarias que fueron contestados con escuetos monosílabos y la cosa quedó vista para sentencia. El camarada de la Guardia de Franco nos agradeció nuestra presencia, pero ni siquiera nos invitó a una cerveza. Durán, en cambio, sí.

En aquella época bebía pero no en exceso. Cuando lo volví a ver ocho años después, en plena transición, lo hacía como una esponja. Por entonces ya era presidente del poderoso Colegio de Agentes Comerciales de Barcelona, elegido democráticamente… gracias a un recuento fraudulento devotos enviados por correo utilizando fotocopias de DNI falsificadas con los nombres de los electores. La cosa puede parecer escandalosa, pero me consta que muy avanzada la democracia, esta misma práctica seguía utilizándose como la cosa más natural del mundo. De hecho, en 1987, Durán presentó a un candidato amigo suyo y perdió. Había falsificado sólo unos pocos votos menos que su oponente.

Al frente del Colegio de Agentes Comerciales, Durán había aprendido que podía colocar en la lista de gastos de representación las copas que consumía y las que generosamente obsequiaba a todos los camaradas. No fue el único en salir alcoholizado de aquella experiencia. En 1980, ya estaba en el peor momento y su mujer se había ido del hogar llevándose a sus cuatro hijos. Pasó por el psiquiátrico de Sant Boi, y a partir de ese momento alternó instantes de abstinencia con desmesura etílica. Cuando llegaba ésta, podía pasar mes o mes y medio en estado de constante embriaguez. Todo esto tiene su coste y no he conocido a ningún alcohólico que superase los 65 años; por algún motivo, en llegando a esa edad se extinguen como la vela de la palmatoria.

Durán, hasta dos años antes de su muerte siguió manteniendo su elegancia y su buena estampa; sus modales refinados le daban acceso a salones distinguidos en los que entraba admirado por las cincuentonas y sesentonas, hasta que bebía la segunda cerveza. A partir de ese momento se ponía impertinente, beligerante y peleón. En ese estado era capaz de regalar dinero a espuertas o gastarse 900.000 pesetas en un puticlub. Luego –no es para menos–, le entraba la depresión a la que seguían más pastillas, tranquilizantes, euforizantes, pastillas contra la presión arterial, contra la acidez de estómago creada por todas las pastillas anteriores y un largo etcétera de dolencias que se le iban acumulando por mala circulación, trastornos alimentarios y estomacales y un sin fin de problemas que al final, tras un embolia que siguió a su segunda separación, se lo llevó a la tumba.

Entonces entendí porque siempre Durán salía con aquello de que “con razón o sin ella mis camarada por encima de todo”, norma a la que añadía como coletilla: “A mí no me importa que un camarada sea alcohólico, si hay que ayudarle se le ayuda”, que era como decir: “antes o después me vais a tener que ayudar así que iros haciendo una idea”. Yo nunca compartí ese criterio: si un camarada necesitaba cualquier tipo de ayuda, debía merecerlo. Hacia 1982 ya había entendido que la camaradería no puede ser una carta en blanco para justificar cualquier actitud vital.

Durán formaba parte de la generación de falangistas anterior a la mía. Era algo mayor que Bernardo y de la misma edad de otros como él, a los que el alcohol se llevó a la tumba o están en ello en fase avanzada de desintegración personal. Me he preguntado a menudo qué es lo que mueve a alguien a alcoholizarse. Desde muy joven sé que el mejor vino no vale el malestar de la resaca subsiguiente. Mi padre me enseñó la moderación propia del catalán de seny de la que solamente me aparté cuando me vinculé a la ultraderecha.
 
Aunque Durán o Tormo atribuyeran en el curso de sus delirios etílicos buena parte de sus desgracias a su opción política, la verdad es que el segundo militó solo unos pocos años y el primero nunca había sido “militante” sino que había intentado reciclarse en la política democrática después de ser Consejero Local del Movimiento en Alianza Popular (fue el primer candidato por Girona en 1977) y luego en UCD. Su carrera política se vio obstaculizada por sus altibajos alcohólicos. Nunca perteneció a Fuerza Nueva ni a Falange. Era “camarada”, simple y genéricamente. Tormo, a su vez, también intentó entrar en el Consejo Local del Movimiento de Valencia pero fue tumbado por una damita entonces grácil, vivaracha  y parlanchina que hoy es la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. Luego dirigió un pequeño grupo de estudiantes y bachilleres, protagonizó unas cuantas irrupciones violentas en la universidad y tras defender un mitin de Fuerza Nueva en Molina de Segura, se contentó en los dos años siguientes con ir al 20-N acompañado por 20 críos vestidos de paramilitares, luciendo brazales con la svástica, bajo la bandera de la svástica y con un dóberman cubierto con una manta con la svástica. La svástica, evidentemente, le iba como a un tonto un lápiz. La televisión alemana, habitual de aquellos saraos, filmaba cada año sus mejores poses inspiradas en su experiencia como culturista. Desde 1981, vivía de un recuerdo que el paso del tiempo y el alcohol lo deformaban progresivamente. Seguía contando que había sido un gran jefe político a quien quisiera escucharlo y estuviera apoyado en la misma barra del bar villenero en el que lo vi por última vez. Cuando murió su perro pastor alemán ni siquiera tuvo arrestos para enterrarlo. Me tocó hacerlo a mí cuando; por entonces, medio valle de Beneixama ya olía a muerto.
Dejé de ver a Durán tras advertirle en tres ocasiones que no me iban las borracheras ni propias ni ajenas. A la tercera vez, en plena calle, me despedí de él para no volver a verlo nunca más. A mi espalda oí la muletilla de todo alcohólico: “Joder, qué mal te lo tomas, ¿nos hacemos un cubata y lo discutimos?”. El caso es que el cubata me apetecía pero había llegado a odiar el alcoholismo y todo lo que comporta.

Camaradas deslizados por la pendiente etílica hubo muchos más. Diez días después de los ataques del 11-S supe del fallecimiento de Liberato Egea, quien fuera mi muy querido camarada desde 1969. Liberato era uno de los pocos falangistas de cultura enciclopédica, inteligencia muy superior a la normal, cerebro lujosamente amueblado y un sentido del humor desbordante que ponía al servicio de sus conocimientos eruditos. Se sabía de memoria la mitad de La Venganza de Don Mendo y seguramente nos entendimos bien desde el principio porque yo me sabía la otra mitad y nos gustaba declamarla a dúo incluso en salones mala nota. Liberato tuvo unas cuantas horas de fama mediática cuando salió en media docena de ocasiones como tertuliano de choque en aquellas Crónicas Marcianas de fines de los 90. Estaba especializado en chocar con Ramoncín y con Pilar Rahola. Tenía aplomo, que es lo que hay que tener en estos programas, frases irónicas y reacciones rápidas. El único problema era que le resultaba difícil condensar todo su saber en unas pocas frases telegráficos, lo más que podía entender el sufrido público de Crónicas Marcianas. Era licenciado en filosofía y letras y ejercía el magisterio. Había nacido en las inmediaciones del Pirineo leridano y hablaba catalán regularmente. Por lo demás había leído toda la literatura catalana del siglo XIX y XX sin excepción. Cuando la Generalitat obligó a los enseñantes a demostrar que conocían la lengua de Pompeu, Liberato se negó en banda. Él no tenía nada que demostrar a nadie. Era catalán, hablaba catalán normalmente, pero no iba a dar clases en lengua catalana porque no toleraba imposiciones de un gobierno autonómico al que despreciaba. Allí empezó su calvario.

De todos nosotros era el que tenía más motivos para zambullirse en una piscina llena de alcohol: en efecto, había visto la degradación del sistema de enseñanza pública desde que empezó a dar clases en 1969 hasta su muerte en 2001. Amaba la enseñanza y toleraba mal su desmadejamiento progresivo. Tenía otro problema y bastante grave que él mismo reconocía: le olían los pies; lo suyo no era un olor normal, era algo en extremo intenso y penetrante que no había forma que desapareciera ni siquiera se atenuara. Sus pies eran una especie de planta productora de metano que trabajaba a destajo y sin interrupción. Acompañarlo en coche a casa equivalía a tener una experiencia en guerra química.

Lo recuerdo como a una de las personas más inteligentes y eruditas que he conocido jamás. Bebía y se emborrachaba con cierta frecuencia especialmente en la segunda mitad de los 80 y a lo largo de los 90. Lo hacía, por respeto a sus alumnos, esto es, al salir de clase. Amaba la enseñanza como he visto a pocos maestros amar su profesión. Y sufría por ello. Había otros como él que también atravesaron idéntico calvario, procedían de la extrema-derecha más sofisticada que existió en Barcelona, era gente con capacidad para el debate con quien quería debatir y con testosterona agresiva contra quien pretendía acallarlos con soflamas antifascistas. A uno lo conocía de pequeño. Sus padres tenían en el barrio una perfumería (en la Gran Vía), la Perfumería París, pero a él no le gustó ser tendero ni perfumista así que optó por el Derecho. Le fue bien como abogado y profesor en un colegio privado por las tardes, hasta que empezó a engordar. Su novia le puso ante la tesitura de que adelgazaba o rompía con él. Lo dejó y a partir de entonces empezó a beber. Más y más. Lo perdió todo con la bebida. Liberato un buen día le llevó a unas maestras que habían sido sancionadas por la Generalitat por no expresarse en catalán y, con una seriedad pasmosa, Manolo les pidió una “provisión de fondos” para ocuparse del caso. Las chicas preguntaron cuánto necesitada y él con la misma seriedad se limitó a contestar: “¿Cuánto lleváis en el bolso?”. No era la mejor forma de empezar un caso, desde luego.

Manolo hablaba perfectamente en público, su dicción precisa y bien modulada solamente era superada por la prosopopeya digna de un Cicerón o de un Demóstenes. Incluso con el cerebro nublado por el alcohol seguía haciendo gala de una envidiable oratoria, a diferencia de Federico que, siempre, cuando agarraba una melopea, arengaba a los camaradas diciéndoles aquello de que “nosotros defendemos una ética, una estética, una hermanéutica…”, entonces paraba y gritaba el consabido “A por ellos” y poco importaba quien estuviera al otro lado, la bronca quedaba garantizada.

Manolo murió de puro alcoholismo, dejando deudas por todas partes y a todos los camaradas, triste y miserablemente, en plena ruina. Como Durán. Liberato en cambio fallecería de un tumor maligno que le afectó la garganta. La ultraderecha en Barcelona nunca volverá a ser lo mismo sin éllos.

Todos los camaradas que han padecido y padecen alcoholismo crónico, han llevado vidas paralelas. La historia es siempre la misma: han acabado peleándose con todos. No entienden el motivo por el que los camaradas junto a los que han militado y han combatido con ellos codo a codo, ahora les niegan el saludo y les cuelgan el teléfono o, en el mejor de los casos, les dan largas. En estado de embriaguez se han insolentado con todos, han generado malestar dentro de sus núcleos militantes, se han puesto impertinentes e insufribles… y luego, a la mañana siguiente, lo han olvidado todo disueltos los recuerdos en el alcohol del día anterior. Quienes no han olvidado son todos los demás.

En 1971 se adhirió al partido un joven camarada, un tal Alemany. Su familia era muy conocida en el obispado barcelonés y había dado varios sacerdotes notables a la diócesis. Fui yo quien lo introduje en el partido y al cabo de pocos días me lo llevé a uno de los habituales “campamentos” de Joanetas. Había venido, Jaime Serrano, un camarada que entonces estudiaba derecho en Zaragoza y luego fue el delegado de Fuerza Nueva en Gerona (que, a todo esto, ya se había reconvertido en Girona dejando atrás la “e” de su origen implícito en Gerión). Serrano nos estaba dando una charla sobre no recuerdo qué tema, cuando inopinadamente, Alemany, en un estado completamente alucinado, pronunció una frase inolvidable que resonó como un estampido en la estancia: “Los masones existen… yo los he visto”. Se hizo un silencio tenso. Era fácil ver que estaba como ebrio, pero no de alcohol ni de entusiasmo, sino de alguna otra cosa. Me lo llevé fuera y conseguí que explicara a qué se debía su estado: se había zampado unas cuantas dormidinas aderezadas con café y coca-cola. Desconocía los efectos del combinado pero, a tenor del estado en el que se encontraba, eran demoledores. Años después volví a verlo un 23 de abril en las Ramblas. En esa ocasión me ofreció su tarjeta de visita: “J. Alemany – Pastor Metodista-Presbiteriano”. Como alucinado que era, había conseguido montar su propia Iglesia. Luego se eclipsó de nuevo. Tras otro período de ausencia volví a verlo, esta vez como dirigente de la Iglesia de la Cientología en Barcelona. Además, como es habitual entre gentes que precisan ayuda, él mismo había abierto un consultorio psicológico. También había estudiado teología mormona en Alemania y, acto seguido, supongo que por “coherencia”, ingresó en la Gran Logia Simbólica de España. Se le vio poco entre masones porque tras la iniciación siguió un “ágape” y aquí Alemany bebió más de la cuenta insolentándose con el Venerable, con el primer y con el segundo oficial de Logia y con cuantos aprendices, compañeros, maestros y altos grados estuvieron presentes.

Alemany, luego, se casó con una chica que procedía de los Gnósticos de CARF, un grupo ocultista, verdadera fábrica en serie de averiados de la vida, que luego se recicló en la Iglesia Ortodoxa de Barcelona. La chica es, probablemente, la mejor iconógrafa del país utilizando técnicas del siglo VII para pintar y diseñar sus tablas sagradas. Su marido, a decir verdad, es otro tipo extraordinario e inusual.  Hacen buena pareja. Alemany debía tener sangre judía porque era muy conocido en la sinagoga de Barcelona durante una época y allí me llevó por pura curiosidad. Nunca entendí si era judío, lo parecía o se había arrogado la nacionalidad como enésimo gesto de originalidad. Era, en cualquier caso, encantador y podía perdonársele cualquier excentricidad con más facilidad que a otros.

Era imposible fijar a Alemany en sus posiciones políticas: fue secretario de Enrique Líster, confidente de sus últimos años y militó, tras la desaparición del gran timonel del stalinismo español, en el PCC, los llamados “afganos” escindidos del PSUC. Algo que se me escapa debió pasar porque también abandonó esta formación, cruzando la calle y pasando a la Sociedad Vegetariana de Barcelona, situada justo en frente. Resulta difícil interpretar la coherencia de estas opciones. Luego pasó a la Asociación de Amigos de la UNESCO, más tarde se escindió de la “Iglesia Ortodoxa–patriarcado de Serbia”, para fundar con otros la “Iglesia Ortodoxa–patriarcado de Bulgaria” que se reunía en la siniestra cripta de la encantadora iglesia de Montserrat a tiro de piedra de la cruz de Pedralbes. No se encuentran tipos de estos todos los días y Alemany era, desde luego, inusual. No he conocido una persona más generosa que él. La mala noticia es que sus recaídas alcohólicas eran cada vez más fuertes. Se me olvidaba decir que prácticamente había pasado por todas las iglesias protestantes de Barcelona, pero creo que a estas alturas esto ya no le extrañará a nadie.

Estaba con él y con su mujer en un bar y le prohibí que bebiera más cervezas. Sus melopeas no eran agresivas, simplemente se quedaba en Babia y seguía bebiendo más y más. Luego costaba levantarlo y mucho más llevarlo a su casa. Los años lo habían hinchado y en 1997 triplicaba el volumen que tenía 25 años antes cuando se quedó in albis a causa de la dormidina. Los toxicómanos –y el alcoholismo es una toxicomanía–, por buenas personas que sean, son, al mismo tiempo, mentirosos. Jordi se limitó a decirme que iba a telefonear y a una cabina porque no funcionaba el teléfono del bar. Se fue a otro bar y desde allí siguió bebiendo. No sé que se habrá hecho de él.

Aunque parezca increíble, entre Líster y los vegetarianos, entre protestantes y ortodoxos, fue un probo militante de la ultra barcelonesa. La última vez que lo vi había reingresado en la masonería, esta vez en la Gran Logia de España, preocupándose muy mucho de ocultar su breve tránsito por la Logia Simbólica.

Alemany tenía el espíritu de secta insertado entre las meninges. Toda su vida era una permanente búsqueda de la secta perfecta que le ofreciera justo lo que buscaba: respuestas a su vida y medios de vida. Debió de ser por eso por lo que un buen día se afilió al PP. Liberato, por su parte, buscaba, tras el vidrio, olvidar la decadencia del sistema de enseñanza. Durán, a su vez, quería enjugar sus fracasos personales. Hay muchos más de estos; casi diría decenas. Eran habituales en la ultra, pero muy especialmente, en algunos sectores de la ultra, particularmente entre los falangistas.

En CEDADE, sin embargo, siempre miró mal el consumo de alcohol, especialmente antes de 1980. No había para tanto. Ciertamente, Hitler había sido abstemio, pero no parecía que otros dirigentes del NSDAP, Rohem, Goebels, Borman, lo fueran. Durante un cierto tiempo, cuando algún falangista llamaba al local de CEDADE, Varela lo anunciaba de forma sintética y paradigmática: “Llaman los del carajillo”. Para Varela, y por extensión, para CEDADE, el carajillo era lo que definía el ideal falangista mucho más que las obras completas de José Antonio o la definición de España como “unidad de destino en lo universal”.  A fuerza de mirar atrás, contar y recontar alcohólicos, debo reconocer que ciertamente en las distintas falanges existía la tendencia al desmadre etílico quizás para compensar otras carencias políticas.

Bernardo contaba historias sorprendentes. Una de ellas era el origen del carajillo. Según él, el término procedía de la guerra de Cuba cuando los soldaditos españoles, entre tiroteo y tiroteo, ingerían café de Cuba con coñac. Eso, me decía Bernardo, servía para alimentar el “corajillo” (de coraje). De corajillo derivaría pues carajillo. No sé qué pensar, si hacías mucho caso a las etimologías de Bernardo, podías terminar delirando. La mía con el carajillo fue una dulce historia.

En 1992 ya eran habituales los camaradas rusos que venían a España. Me llegaron dos activistas del Pamiat –un grupo efímero pero que tuvo sus dos años de fama mediática que encarnaba las esencias del fascismo postsoviético– a la empresa mediática en la que trabajaba. Me los llevé al bar de abajo para conversar y pedí un carajillo de ron. Con curiosidad, ellos pidieron lo mismo. Al día siguiente me los encontré a la misma hora en el mismo bar: habían recorrido Barcelona de parte a parte pensando que el carajillo era una modalidad que solamente servían en aquel bar. Con el tiempo, los rusos mejoraron su capacitación para la vida occidental, pero entre la caída del Muro y mediados de los 90 anécdotas con rusos hubo de todos los colores que habrá tiempo de ir desglosando.

De todas formas, reconozco que los españoles eran únicos en cuando a su relación con el alcohol se refiere. Luis Antonio García, alias el “Mataestudiantes”, era uno de los “duros” de la extrema-derecha de la época. Para él el carajillo era una pura mariconada. Él prefería invitar a los camaradas a la llamada “leche de pantera” que consistía en un carajillo de coñac –o en su defecto de brandy El Brigadier fabricado en Rute en las mismas destilerías del Anís Machaquito– sobre el que vaciaba la pólvora de una bala de 9 mm. Luis había hecho de la ingesta de “leche de pantera” un ritual colectivo para la organización que creó en 1993 ó 94: ENE, surrealista sigla que correspondía al no menos surrealista nombre de Estado Nacional Europeo. Un día me lo encontré en la calle y quiso reclutarme para una fiesta que celebraban en la sede de su partido: “Tomaremos leche de pantera”. Fue suficiente para que eludiera el compromiso. “ENE es una opción,  nueva, original, ya sabes…”, añadió a modo de cuña publicitaria. Me dejó un folleto: era tan original que el símbolo era una svástica. Para animarme citó a un conocido mío –un “gran economista” recalcó– que había redactado el programa económico del ENE, Juan Bosh: “Bosh sostiene que no hay que reducir impuestos, basta con abolirlos”. Conocí a Bosh en Lérida el día que el primer astronauta pisó la luna, así que ninguna de sus teorías podía sorprenderme mucho. Su presencia era otro buen motivo para eludir el compromiso con ENE.

“El Mataestudiantes” fue uno de los habituales de la extrema-derecha desde principios de los sesenta hasta el 2005, cuando una embolia lo mermó físicamente. Hasta entonces había llevado una vida desmadrada y excesiva. La extrema-derecha de Barcelona no podría comprenderse sin él. No será ésta la única vez en la que aparecerá en estas páginas. Cuando un tipo es capaz de convertir algo tan intrascendente como tomar un carajillo en una anécdota es que todo su vida es pura anécdota. Desde luego su ejemplo fue uno de los que más convencieron a Varela para que apostrofara a los falangistas como “los del carajillo”.

No vale la pena seguir. El alcohol es una “prueba”; claro que engancha, como cualquier otra cosa que te satisfaga. Pero en nuestro ambiente ultra algunos desarrollamos con el tiempo una moral particularmente rígida, a pesar de su aparente pasotismo; la anunciábamos escuetamente: “Haz lo que quieras”. Y se justificaba así: “Si quieres beber, hazlo hasta reventar, que la prudencia no te paralice si el alcohol es tu demonio particular. Si sabes lo que quieres, y lo que quieres es alcohol, llega hasta el final de tu aventura y no dejes ni un momento de consumir”. A eso se le llama ser consecuente. Los alcohólicos que he citado lo solían ser; pero, añadíamos,  “cuando hayas emprendido esa vía, no mires atrás porque no verás a los que hasta ese momento han sido tus camaradas, ni les pidas apoyo porque ya los habrás decepcionado y, por lo demás, algunos sabemos que cuando alguien ha sido capturado por el demonio del alcohol carece de voluntad aunque en otro tiempo la hubiera tenido. Eres débil, camarada: has caído en manos del demonio del alcohol. Y si eres débil no eres de los nuestros”. ¿A cuántos camaradas les habré dicho estas mismas palabras? Os juro que a no menos ve una veintena. De estos, muchos ya no existen.

La ventaja de la heroína sobre el alcohol consiste en que la primera suele matar a mayor velocidad. El alcohol es más lento, más angustioso, más decadente; apto sólo para desesperados. Y en la ultra derecha hay muchos motivos para desesperarse: el que el rol social asumido según la lógica política, no corresponda con el rol real experimentado interiormente (el caso de un gay ultra al que le horroriza salir del armario o simplemente enfrentarse a su problema), la desesperación de ver la degeneración de una sociedad producida ante la complacencia general y el desinterés absoluto de los poderes públicos (el caso del maestro que fue Liberato amante de su profesión), el caso del desengañado y decepcionado por la vida, el caso del ocioso, lumpen o aristócrata, que de muy pequeño ha aprendido a moverse abotargado con un vaso largo en la mano apoyándose en la barra de un bar… hay muchos subtipos, muchas variantes taxonómicas del modelo genérico del alcohólico.

He de reconocer, finalmente, que en este terreno la ultraderecha no es sino un microcosmos de la sociedad. No me da la sensación de que en la ultra haya un porcentaje mayor de alcohólicos que en la sociedad, sino la cuota equivalente a la que le corresponde por su volumen. El problema con los alcohólicos es que dejan huella y te planteas porque la naturaleza humana es tan débil que el resultado de mezclar un azúcar con una levadura, el alcohol, es capaz de nublarles el cerebro y frecuentemente los mata antes de tiempo, incluso aunque algunos de ellos fueran, como cantaba Ginsberg en su “Aullido”, “los mejores hombres de mi generación”.

La conclusión que he sacado es que es posible justificar la debilidad, comprenderla, pero no vivir cerca de la debilidad. Todo alcohólico es, débil. No tiene lugar en un ambiente político en el que algunos queríamos formar hombres duros como el acero y puros como el diamante. Esa ultraderecha, por supuesto, solo existía en la imaginación de unos pocos que queríamos ignorar que este sector estaba en medio de una sociedad en la que la debilidad era la norma.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

¿Existe vida antes de la muerte? No es evidente...

Infokrisis.- La historia de este artículo es curiosa. Enviada al director de Mas Allá en 1994, no volvimos a tener noticias del mismo en los meses siguientes, dando por sentado que había sido rechazado. Sin embargo, por pura casualidad, años después un amigo al que encontramos casualmente nos "felicitó" por dicho artículo. Se había publicado sin avisar y, por supuesto, no se había abonado. Casi quince años después, podemos suscribir casi todo lo dicho en este artículo que es, seguramente, el único con fondo ideológico que nos han publicado en una revista del género.


El hombre moderno tiene miedo de morir y solo le reconforta pensar que más allá de la muerte existe un "corredor de luz", una sensación de "paz, quietud y serenidad", otra vida en definitiva. Muchos son los libros y los trabajos periodísticos, los reportajes y filmes que tratan -casi de manera obsesiva- sobre la supervivencia tras a muerte. Pero a fuerza de pensar en el "allí y entonces", nos olvidamos del "aquí y el ahora". Y la vida se resuelve en cada instante de eternidad, aquì y ahora.

En tales condiciones, es lícito preguntarse si existe o no vida antes de la muerte, entendiendo por vida, no solo el sufrir los acontecimientos de la cotidianeidad, sino el tener una percepción directa del ser y de la existencia.

LA VIDA: O ES ARMONIA O NO ES NADA

Algunos místicos católicos y también grandes meditadores de escuelas orientales o sufíes, han "percibido", en trances profundos de meditación, una ley de armonía en el cosmos que que hace de éste algo ordenado y evita que el caos se enseñoree.

El místico y el meditador no temen a la muerte, no tanto por la presunción -problemática, por lo demás- de que el principio de la personalidad, mi yo, subsistirá tras la muerte, como por la certeza de que con la muerte cesan las contradicciones de lo contingente y el alma humana, liberada, se integra -entra en sintonía- con el orden cósmico. A este proceso algunas escuelas budistas le han llamado "la extinción". Y, paradójicamente, es esa extinción -la abolición del principio de individuación que da nacimiento a nuestra personalidad- la que persiguen a través de sus prácticas y meditaciones.

A través de las diversas religiones y creencias, el abandono total del Yo (la renuncia al principio de individuación) y la práctica del amor (esto es, de la armonía y de la no-contradicción) hacia todo lo que les rodea, abren la vía a una percepción directa del cosmos y de la vida. Es en el curso de esas prácticas en donde la vida, aquí y ahora, adquiere su verdadero sentido. De ahí que a esta experiencia interior se la conozca en diversas latitudes como "el despertar", despertar es vivir, vivir es tener constancia del momento presente, apearse de la corriente del devenir, "vivir el aquí y el ahora".

A partir de aquí puede comprenderse el papel secundario que ocupaba el destino post-morten del ego que, sin embargo, centra buena parte de las preocupaciones del hombre moderno. Obsesionándose con la seguridad -altamente improbable- de obtener testimonios objetivos y convincentes al ciento por ciento sobre la pervivencia de su Ego tras la muerte, el hombre moderno se olvida que el problema fundamental lo tiene aquí y ahora; el momento presente es sacrificado y no vivido y la existencia se convierte en un sueño cuyo despertar es morir.

EL HOMBRE MODERNO UN HOMBRE ROTO

El proceso a través del cual se ha iniciado esta caida es complejo y se ha ido acelerando en el curso de la historia; está íntimamente relacionado con el tránsito de las civilizaciones tradicionales a las modernas. Entendemos por "civilización tradicional" aquella que muestra carácteres orgánicos, ordena todas sus partes y actividades en un conjunto integrador, holista y finalmente tiene su eje en la trascendencia, esto es en las posibilidades del hombre como ser que rebasa los marcos y las necesidades de lo estrictamente biológico y material.

La civilización moderna pone, por el contrario, el énfasis en una concepción biológica y reduccionista del hombre y en la satisfacción solo de su vertiente material -innegable por lo demás, pero no preeminente en relación al conjunto-; haciendo esto rompe el marco orgánico y holista anterior y coloca al hombre a merced de las fuerzas contradictorias que rijen todo lo que es material. Una serie de aspectos de la vida humana que anteriormente estaban integrados, se rompen y a partir de aquí puede entenderse el profundo malestar de las sociedades modernas y de sus componentes individuales.

Es dudoso que al resultado de todo esto se le pueda considerar "vida"; el hombre moderno no vive, soporta la vida.

LA RUPTURA DEL HOMBRE CONSIGO MISMO

El hombre moderno ignora cual es su verdadera naturaleza: apenas sabe nada importante de sí mismo. Conoce solo sus necesidades cotidianas y contingentes y al actuar en función de ellas termina convencido de que no es nada más que un tubo digestivo que es preciso alimentar y satisfacer en unas pocas necesidades más.

Pero el hombre es algo más que eso. Cualquier antropología tradicional implica una concepción más completa y realista: el hombre es cuerpo físico, pero también flujo mental (que puede controlar o mediante el cual puede ser controlado) y finalmente, late en él una chispa sobrenatural que hace de él algo diferente al resto de la naturaleza.

Una concepción reduccionista -utilitarista, si se quiere- hace del hombre un cuerpo, hecho de materia, que es preciso mantener y una mente atraida por las necesidades de esa misma materia que hay que satisfacer en lo que pida: el eje de la vida se desplaza de un polo trascendente (la concepción del hombre como un ser integrado en la naturaleza, pero al mismo tiempo radicalmente diferente a la misma, es decir, una vida orientada a satisfacerlos aspectos trascendentes) a un polo contingente (la vida como búsqueda del hedonismo más elemental y materialista).

LA RUPTURA DEL HOMBRE CON LA NATURALEZA

Una concepción materialista y economicista de la vida, debía repercutir, antes o despues, en la naturaleza: optimización de los beneficios, las leyes del mercado, la de la rentabilidad, de la productividad a todo trance, debía finalmente, agredir a la naturaleza. Los tiempos en los que el hombre tenía conciencia de que, en su parte contingente, formaba parte de esa misma naturaleza, han acabado.

La sobreexplotación de la naturaleza, los problemas del medio ambiente, las catástrofes derivadas de la energía nuclear, los experimentos genéticos descabellados, todo ello no son sino pruebas fehacientes del enfrentamiento del hombre con la naturaleza. Una lucha titánica en la que el hombre -como el Titán mitológico- siempre tiene las de perder.

Una vida integrada del hombre en relación a la naturaleza implica la utilización racional de los recursos que ésta ofrece; una ruptura, en cambio, implica sobreexplotación, agresión y conflicto. A estas alturas es imposible seguir compartiendo actitudes "progresistas" según las cuales el progreso científico irá compensando y corrigiendo el deterioro del entorno ecológico. Más aún: el encarrilamiento actual del progreso científico supone, día a día, una ruptura mayor del hombre con la naturaleza. La carrera entre una ciencia que deteriora el medio y otra ciencia que intenta paliar este deterioro prosigue frenética y sin cesar, con un resultado problemático al final del camino.

RUPTURA DEL HOMBRE SUS SEMEJANTES

Las sociedades modernos son profundamente insolidarias. El fenómeno no es nuevo. Desde que se definieron las relaciones entre los hombre como "homo homine lupus", estaban sentadas las bases para la aparición de un hiperindividualismo y para la abolición de todo lazo de solidaridad.

Fenómenos posteriores como el nacionalismo (que aparece con la revolución francesa, siendo en la práctica el individualismo de los pueblos), el racismo (que se afirma a lo largo del siglo XIX), el individualismo (para el cual el hombre es una unidad atómica separada de otras idénticas a él y necesariamente enfrentada), unido a la acumulación de capital y al afán de lucro y de usura, se van extremizando a lo largo del siglo XIX y XX y hoy no dan pié a ningún optimismo.

El repliegue individualista que registran las sociedades modernas, en las que nadie está dispuesto a sacrificarse por nada y ningún valor es defendido fuera de los estrictamente economicistas, hacen de la sociedad algo profundamente fragmentado y en crisis irreversible.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA MUJER

Sería injusto afirmar que la concepción tradicional de la pareja ha entrado en crisis; lo que está en crisis es la concepción burguesa de las relaciones hombre-mujer: la sumisión fálica de la mujer al hombre, ha sido sustituida por el igualitarismo a ultranza y en todos los órdenes. Pero la alternativa no está ahí; si la sociedad burguesa hubo roto la complementareidad hombre-mujer, lo que siguió después, no fue un "ir a más", sino un descender un peldaño: el de la reducción de la feminidad al tipo de varón, integrándose progresivamente en todas las actividades de éste, como si esto fuera una conquista, cuando en realidad lo que implicaba era llegar a las últimas consecuencias de una sociedad machista, la integración de la mujer en el modelo "macho". Pero esto supuso olvidar muchas cosas.

En primer lugar este planteamiento ignora la importancia de la sexualidad en la vida humana. Existe atracción sexual en tanto que existe polaridad entre los dos sexos. Polaridad implica atracción: más fuerte es la polaridad, más fuerte es la atracción, más atenuada está, más débil es la atracción erótica. Un mundo en el que los dos sexos tienden a igualar sus perfomances es un mundo sin polaridad, luego un mundo en el que la tensión erótica se ha relajado o desviado.

Nunca una sociedad ha sido tan libre y permisiva desde el punto de vista sexual como hoy, nunca al hombre se le han dado tantas posibilidades de gozar, pero nunca como hoy han existido tantas psicopatías sexuales.

La integración de la mujer en el mercado de trabajo (como trabajadora alienada y consumidora integrada), su incorporación a las filas militares y a trabajos ingratos y desfeminizantes, solamente puede ser considerada como una "conquista" por mentes abyectas y deformadas, nunca por cerebros sanos y objetivos.

RUPTURA DEL HOMBRE CON SUS HIJOS

La aceleración de los ritmos de la historia ha hecho prácticamente imposible la comunicación generacional. Las jóvenes generaciones lo ignoran casi todo de sus padres y lo que estos pueden transmitirles ya ha periclitado o carece de valor.

En este contexto el papel educador de los padres (en el supuesto de que estuvieran en condiciones y supieran educar a los hijos) se ha difuminado: los padres, delegando en la "educación obligatoria" la formación de sus hijos, han renunciado a aportarles algo de sí mismos, confiando en los buenos oficios del Estado o de entidades privadas.

Pero la educación es algo más que cinco horas de clase al día. La educación global implica convivencia, transmisión continua, y, sobre todo, ejemplo. El papel del padre de familia se ha devaluado y deja de ser, ejemplo, educador y orientador de sus hijos, para pasar a ser la persona que trae dinero a casa, tarea a la que se ha reducido la paternidad en nuestras sociedades.

No es de extrañar que el impulso vital que hace que una sociedad se prolongue en sus hijos, haya disminuido en Occidente y la pirámide de población se invierta. ¿Para qué tener hijos? Desde el punto de vista económico, son ruinosos; y tal es el único punto de vista que hoy cuenta, el economicista.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA "RES PUBLICA"

Occidente entero, el Primer Mundo, vive regímenes de democracia formal. En la práctica estos regímenes no son otra cosa que partitocracias tuteladas por una oligarquía económica. La libertad de expresión ("se puede decir todo pero no sirve para nada") es una ilusión formal. Las elecciones "democráticas", no solo se celebran ante una indiferencia cada vez mayor, sino que además las opciones en liza han sido uniformizadas en función del "realismo" y del "posibilismo": derechas e izquierdas liman sus aristas y se convierten en confusos conglomerados de centro.

Hoy, democracia, en Occidente, supone elegir solo, cada cuatro años, a unos sujetos con los cuales no existe la más mínima relación, divorciados completamente de sus electores, impuestos por las cúpulas de los partidos (esto es, por los grupos de presión a los que sirven), y cuya tarea se limita a apretar un botón siguiendo las consignas de su jefe de grupo parlamentario. No tienen iniciativa propia, ni autonomía de decisión, ni relación con sus electores...

Para colmo, la pared que separa la vida política de la económica es tan fina como un papel de fumar: los grandes negocios se realizan al abrigo del poder que, frecuentemente es cortejado por mafias corruptas y corruptoras. Esta degeneración de la vida pública -corrupción- aumenta, día a día, la separación entre el país real y el país legal. Por lo demás, puede intuirse el ejemplo de unas instituciones corruptas sobre una sociedad presionada por necesidades economicistas: es el "aquí vale todo" que vivimos. La economía dirige a la política, el poder económico al poder político, las necesidades del rendimiento máximo del capital se traducen en decisiones políticas...

La separación de poderes, base del liberalismo democrático, es mera entelequia y solo existe de manera teórica; la representatividad de las instituciones es más que cuestionable en tanto que los electores no reciben suficiente información (sino consignas y falacias publicitarias) a la hora de votar. Por lo demás, es tradicional que los partidos traicionen el voto de los electores y hagan todo lo contrario de lo que han dicho...

En estas condiciones el hombre moderno no participa de la vida pública. Esta ha sido usurpada y acaparada por una clique de políticos profesionales para los que la gestión del poder por el poder es la única norma y ley.

RUPTURA DEL HOMBRE CON LO TRASCENDENTE

Entendemos por trascendencia el impulso del hombre hacia el conocimiento de lo divino. La trascendencia forma parte de la naturaleza humana, tanto como su aspecto biológico o su flujo mental. El marco a través del cual el hombre pudo vivir en el pasado la trascendencia, no era únicamente el religioso; buena parte de las técnicas de ascesis no están necesariamente ligados a ninguna forma religiosa concreta. Estas técnicas forman parte del esoterismo, que se sitúa en un plano superior a la mera religiosidad exotérica.

En Occidente, la Iglesia Católica, renunciando a su esoterismo, poniendo el énfasis solo la fé y en el culto ritual, ha sido uno de los responsables de la ruptura del hombre con la trascendencia. El esoterismo implica la posibilidad de tener directamente la experiencia de lo Absoluto. La Iglesia, hace pasar tal experiencia a través del sacerdote y de la fé, no de un ascesis interior.

El resultado ha sido, no solo la disolución progresiva de los lazos del hombre con lo trascendente -lo que se operó en una primera fase- sino la desviación posterior del impulso hacia la trascendencia. Esta desviación se operó en dos direcciones diferentes: de un lado con la aparición de ideologías político-sociales que implicaban la aceptación de dogmas, ritos, culto, sacerdotes, escritos sagrados, etc. (el marxismo en primer lugar), y de otro, la proliferación de sectas seudo-religiosas, cultos exóticos, ocultismo de distintos pelages, etc. que han constituido lo que podemos llamar "supermercado espiritual".

RUPTURA DEL HOMBRE CON LA ECONOMIA

La economía ha pasado, en el decurso de los siglos, de ser un accesorio para facilitar la vida social, a dirigir la totalidad de las actividades humanas. El hombre ha dejado de utilizar la economía para su beneficio y se ha convertido en una pieza más del complicado engranaje de producción y consumo.

La economía en las sociedades tradicionales estaba situada en el nivel que le correspondía: junto a la función productora. Ahora bien, al convertirse la burguesía en clase social preeminente, impuso sus valores a la totalidad de la sociedad y los convirtió en hegemónicos: afán de lucro y usura, leyes del mercado, de la oferta y la demanda, etc.

Pero el burgués utilizaba un arma peligrosa para alcanzar sus fines: el capital. Poco a poco, la acumulación de capital se ha ido concentrando en cada vez menos manos y ha cobrado vida propia: la economía se ha vuelto onmipresente, rije los destinos de los hombres y de las naciones, dirige la política e impone sus leyes en todos los campos de actividad humana y millones de hombres sufren las oscilaciones de un sistema económico que ya nadie controla.

Ya hemos dicho que la economía, para servir a la realización de sus leyes objetivas, ha terminado por agredir, de un lado al hombre, de otro a la naturaleza; pero esto no es todo. En los últimos 200 años se han ido produciendo crisis coyunturales en el sistema económico capitalista, que, mejor o peor, se corregían mediante ajustes técnicos; pero hoy, un examente pormenorizado de la actual crisis económica demuestra que no es coyuntural, sino estructural: pero la reforma de las estructuras económicas, pasa por el rompimiento de las leyes del capital y éste hoy, es hegemónico e inamovible y camina hacia sus últimas consecuencias lógicas: máxima acumulación de bienes, optimización de los costos de producción, regímenes de oligopolio, etc. con sus secuelas sociales: alienación del trabajo, legiones de parados, desfase entre la oferta de consumo y las posibilidades reales de consumir, marginación de sectores cada vez mayores de la población, etc.

RUPTURA DEL HOMBRE CON EL SABER

A partir del triunfo de las nociones mecanicistas de la ciencia, se operó un cambio sustancial en ésta: el saber dejó de ser algo universal y se fragmentó en especializaciones horizontes progresivamente más restringidos. La educación integral de los científicos se olvidó y la ciencia se convirtió en una búsqueda ciega y sin conciencia, en la que el desprecio más profundo por la dignidad humana, la seguridad del entorno ecológico y la calidad de vida, se utilizó en beneficio de los intereses de las multinaciones y de los gobiernos: unos y otros preocupados por los problemas de competencia.

El saber -como la economía- ha pasado de ser un instrumento en manos del hombre, a ser una cadena de hierro que marca su esclavitud. Hoy sabemos que la idea del progreso indefinido en falaz y engañosa y que los avances técnicos solo mejoran la vida en sus aspectos más superficiales, sino banales.

Ahora bien, dado el proceso economicista de las sociedades modernas, el saber -que en otro tiempo abarcaba ramas muy diferentes del pensamiento humano- ha quedado reducido al saber científico y éste, a su vez, al saber utilitarista: solo merece ser investigado aquello de lo que puede derivar un beneficio, sin importar cualquier otra consideración ética o moral: los espectaculares avances en biología son significativos a este respecto.

Dado que las humanidades no rinden un beneficio directo, pasan a ocupar un plano muy secundario en la enseñanza y son desvalorizadas por las nuevas generaciones. Idiomas como el latín y el griego, cuyo aprendizaje no es un alarde de mera erudición, sino un instrumento para comprender el significado de las palabras y la génesis de las ideas, desaparecen de los programas de bachillerato. La memoria -ese "músculo" a desarrollar- es estigmatizada por una pedagogía "progresista" y su práctica -que todas las civilizaciones tradicionales han colocado en el centro de su sistema pedagógico- borrada literalmente de los nuevos planes de estudio. El resultado son niños que utilizan constantemente la calculadora para sumar cantidades mínimas y que ignoran todo sobre el origen de su cultura y su pasado. El empobrecimiento humanístico de un saber así concebido, es tan evidente como dramático.

SOLDAR LAS RUPTURAS: PARA QUE HAYA VIDA ANTES DE LA MUERTE

De todas estas rupturas emana una psicopatología social que hace que la humanidad viva una crisis progresivamente generalizada que afecta a las sociedades en tanto que tales y a los individuos aislados en tanto que miembros de unas sociedades en crisis.

Aislando los males es posible evaluar los remedios eventuales. Hay que ver la marcha actual de la civilización, en su tendencia dominante, como una bola de nieve que cae por una ladera arrastrándolo todo y a velocidad progresiva. Parece como si a lo largo de los últimos doscientos años la historia se hubiera acelerado adquiriendo la forma de una curva asindótica en la que las fechas son el eje de ordenadas y el la desintegración el eje de abcisas. Pues bien, la existencia del hombre antes de la muerte, se desenvuelve en ese marco espectral.

Una vida "rota" no es vida, es un sucedáneo de vida. Frente a las rupturas y desintegraciones de hoy no queda más que una vía: recuperar el sentido -etimológico- de lo religioso. La palabra religión procede del latín, "religare", volver a unir. En sánskrito, la palabra "yoga", deriga igualmente de "yug", (raíz que, por derivación directa a dado origen a la palabra latina "yugo", unión) cuyo sentido es idéntico. Al hablar de "religión" nos estamos refiriendo no a dogmáticas concretas, ni a cultos o fés particulares, sino a la recuperación de una sabiduría capaz de reintegrar los distintos aspectos de la vida del hombre en una totalidad holística, en un conjunto unitario. Eso y solo eso, puede ser considerado como verdadera vida.

Solo así la vida recuperará un sentido. Solo así, podremos decir que vale la pena vivir la vida y más aun, que existe una vida antes de la muerte... al menos una vida digna de tal nombre.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

Alquimia del dolor (o la universal metafísica del sufrimiento)

Infokrisis.- Se trata de un artículo escrito a principios de los años 90 y que fue reproducido inicialmente en la revista Próximo Milenio. Publicado en Internet en nuestra primera web (Disidencias on|line press) el artículo ha sido reproducido en numerosos blogs y webs, habitualmente sin indicar procedencia. Lo reproducimos ahora para unirlo al resto de artículos que estamos recuperando de nuestros archivos personales. Es evidente que el artículo es una ampliación de algunos temas tocados por Julius Evola en su obra escrita hace más de sesenta años y no superada hasta la fecha Metafísica del Sexo.


Recientes estudios han mostrado cierta preferencia de los españoles hacia el "sexo duro", no mayoritaria pero si, en cualquier caso, en un porcentaje significativo. Por lo demás, un somero examen de los anuncios de locales de relax, así como el material a la venta en los sex-shop, confirman esta tendencia, más acusada todavía en otras latitudes.

¿Qué tiene el dolor que existe una tendencia universal a relacionarlo con el sexo? ¿por qué las prácticas sado-masoquistas, tan denostadas y marginales no terminan nunca de desaparecer? Las relaciones sexuales a través de la historia ¿son una escuela de violencia? Y estos interrogantes nos llevarán a descubrir un insólito mundo en el que el sufrimiento camina parejo al éxtasis...

LA SABIDURIA SEXUAL ORIENTAL Y LA VIOLENCIA

Sorprende que las dos joyas del erotismo oriental, el "Kama Sutra" y el "Ananga Ranga" den precisas indicaciones sobre prácticas sexuales violentas, como un aditamento más al repertorio de sutiles refinamientos sexuales. Y lo hacen, casi banalmente, introduciendo de forma natural la violencia y el sufrimiento como un recurso erótico más.

Uno de los capítulos del "Kama Sutra" se titula precisamente "Diversos modos de pegar", estableciendo en qué momentos del intercambio sexual es aconsejable golpear a la mujer y sobre qué lugares de su anatomía hay que descargar la furia. Espalda, vientre, costados y nalgas parecen ser las zonas indicados. En cuanto a la intensidad de los golpes, deberá estar en relación directa al grado de excitación de los parteners.

También se precisa la actitud con que la mujer debe aceptar este tratamiento: sumisa y agradecida, debe gemir, no ahogará sus gritos, sino todo lo contrario, los exajerará, protestará, pedirá que cese el castigo y implorará al hombre que se detenga, evidentemente no con la intención de que lo haga, sino, antes bien, de excitarlo más.

UN POCO DE HISTORIA: LOS CASTIGOS SEXUALES EN ROMA

En el período álgido de la romanidad, cuando no se había iniciado la pendiente de la decadencia, una vieja tradición -quizás procedente de los etruscos derrotados e incorporados a Roma- establecía que en las fiestas denominadas "lupercalias" los jóvenes corrieran desnudos por las calles de Roma provistos de látigos hechos con tiras de piel de cabra trenzadas, azotando a todas las mujeres que se encontraban por el camino.

Contra lo que podía preveerse, las mujeres romanas no solo aceptaban gustosas esta práctica sino que además se ofrecían a ella tendiendo sus manos hacia los jóvenes para que las golpearan. Frecuentemente se llegaba a la promiscuidad sexual y a prácticas orgiásticas y desenfrenadas.

Dicha práctica estaba reputada de garantizar la fertilidad femenina y aunque se realizaban en honor del dios Fauno-Pan (telúrico y ginecocrático) su nombre procedía de "lupus", lobo/a, en honor de la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundaron de la Ciudad Eterna. Las "lobas" romanas eran también las prostitutas, que ocupaban así un lugar, en absoluto marginal y execrable, en las costumbres sexuales de la raza romana.

Marco Antonio, pertenecía a la cofradía de los "lupercos" y no fue el único de los grandes hombres de la romanidad en participar de estos ritos hoy incomprensibles y extraños.

En otro campo, el "Ars Amandi" de Ovidio, prescribe tres tipos de besos: el "osculum", dado a los amigos en las mejillas, el "basium", sobre los labios, para indicar afecto; finalmente, el "suavium", dado entre amantes, consistía en morder en los labios. Y al hablar de labios, Ovidio alude tanto a los del rostro como a los vaginales...

LA EDAD MEDIA: DULZURA Y VIOLENCIA

En los distintos relatos del ciclo del Grial están presentes escenas que sorprenden por su doble aspecto de erotismo y violencia. Estos relatos muestran la falsedad de una Edad Media timorata y recatada en la que la sexualidad era considerado como algo perverso y diabólico. Son muchos los casos -Gawain, entre ellos, pero también Sir Balin, el mismo Lanzarote, etc.- en los que el caballero llega a una fortaleza y tras ser llevado al baño por la castellana, la violenta.

También en el terreno legendario las hijas del Cid sufrieron la "afrenta de Corpes", en la cual fueron atadas a un árbol y azotadas, episodio incluido en el "Cantar del Mío Cid", que muestra la extensión de ésta práctica sexual.

En el terreno de la aberración pura y simple, casos como el de Gilles de Rais, son igualmente significativos. De Rais, brazo derecho de Juana de Arco, regresó a su castillo tras el proceso y muerte de ésta. Allí se dejó arrastrar por una manía demoníaca, en el curso de la cual asesinó a no menos de 140 niños menores de 16 años. Las descripciones de estos horripilantes crímenes sexuales fue minuciosamente detallada en los registros de la Inquisición y así ha llegado hasta nosotros.

El Señor de Rais, ayudado por dos lacayos degollaba a los infortunados y complaciéndose con los espasmos del moribundo, frotaba el pene sobre sus cuerpos; finalmente, eyaculaba mezclando su semen con la sangre que manaba a borbotones. Luego cortaba la cabeza del niño y sodomizaba al cuerpo sin vida. Tan pronto reía a carcajadas como lloraba, mostraba exitación o terror, para finalmente caer rendido sobre el cadáver. Al menos en una ocasión, ordenó le trajeran la cabeza del niño asesinado el día anterior, copuló con ella y finalmente se durmió estrechándola entre sus brazos.

EL DIVINO MARQUES: FILOSOFIA DEL TOCADOR Y CULTO AL MAL

Todos estos ejemplos nos sirven para establecer una constante: hay una tendencia universal, en todos los tiempos y en todas las latitudes, a implicar actos de violencia en medio de relaciones sexuales. Y esto -salvo en el caso de aberraciones como la mencionada del Señor de Rais, que hemos traido aquí a colación, precisamente, a título de aberración- es admitido y consentido por el objeto del castigo: la amante.

Pero no es sino hasta llegar al Alphonse Donatien, Marques de Sade, que estas prácticas, dejan de ser un aditamento erótico para  convertirse en una verdadera concepción del mundo. Con Sade el dolor y la violencia sexual pasan a ser filosofía de la vida.

Sade permaneció buena parte de su vida en la cárcel, no tanto por sus excesos eróticos, como por su actitud política. Tanto bajo la monarquía como durante el período revolucionario o incluso durante el ciclo napoleónico, De Sade fue un inadaptado político que escribió panfletos y adoptó actitudes contestatarias que las autoridades de su tiempo castigaron con la prisión y el manicomio.

Semanas antes del asalto a la Torre del Temple, la Bastilla, las masas parisinas se concentraban en un ángulo del edificio, por donde desembocaba una tubería de desagüe; el marqués de Sade, desde su celda, arengaba a las masas y les narraba inverosímiles torturas a las que eran sometidos los prisioneros, exhortando a tomar por asalto la fortaleza y liberarle.

Allí había escrito "Los 120 días de Sodoma" y "Justine". Ambos se perdieron en el asalto a la Bastilla que se produjo, finalmente, cuando el marqués ya había sido trasladado de fortaleza. No era ni revolucionario, ni bonapartista, ni monárquico absolutista. Su opción era la de una monarquía constitucional a la inglesa. No era el único noble en defender esta alternativa, pero sí uno de los que lo hizo con más behemencia. Esto le acarreó toda serie de desgracias. Finalmente murió encarcelado por Napoleón en el asilo para locos de Charenton.

La vida del "divino marqués" no estuvo a la altura de su obra literaria. No se comportó como un ser perverso; parece que solamente azotó a una prostituta y derramó sobre ella cera líquida, lo cual es casi una caricia, si nos atenemos a las morbosas descripciones que ofrece en sus libros. Incluso se portó cortés y generosamente con adversarios suyos, en el período del terror jacobino cuando toda la sociedad francesa se hizo proclive a los excesos más sanguinarios.

En Sade, la perversión, la violencia, el "sadismo", no es una práctica personalizada, pero sí una filosofía. Sade es un hombre decepcionado por el mundo; abomina de lo que le rodea y no concibe que en la época que le ha tocado vivir, pueda pensarse todavía que un Dios bueno haya creado el mundo. El razonamiento es simple: El mundo es "malo", Dios ha creado el mundo, luego Dios es malvado. A este razonamiento sigue una conclusión: la maldad es la forma más directa de acercarse a Dios; el bien, por el contrario, es su negación.

Así puede entenderse que los personajes de sus novelas, las pobres mujeres que siempre -como Justine, el paradigma de su filosofía- sean virtuosas y castas y siempre sus vidas sean desgraciadas y su virtud lacerada. El verdadero placer es aquel que consiste en hacer repetida y reiteradamente el Mal. El, por su parte, se limita a pensarlo y describirlo en el formidable catálogo de horrores que es "Los 120 días de Sodoma". El culto que Dios puede entender mejor, es el culto al Mal, porque el Mal está en la esencia de lo divino.

Se ha dicho que con el marqués de Sade, el "mal" adquiere carta de ciudadanía...

EL TANTRISMO Y LA VIA DEL SEXO

Pero esta afirmación no es del todo cierta. Lo que ocurre es que Sade es el primer en redescubrir el valor del mal y la violencia para llegar al éxtasis. Durante el Renacimiento y en todo el ciclo humanista, se produce una involución en la sexualidad europea, pasando a ser de buen tono ignorar las prácticas eróticas refinadas. La descripción de prácticas sexuales -cualesquiera que fueran- pasa a ser algo reprochable. La burguesía hizo el amor con un camisón provisto de una abertura por la que emergerá el pene durante el coito, una frase que es a la vez un canto a la resignación forzada y la negación de todo erotismo: "Dios lo quiere", "Deus vult". Y todo esto a oscuras, por supuesto...

Los trovadores y las damas de las "cortes de amor" sabían más de erotismo que los calvinistas o los tridentinos. Hizo falta que llegara Sade para que volviera a reconocerse el sexo como la "fuerza más fuerte de la naturaleza". En otras latitudes no se había sufrido semejante proceso. El tantrismo en la India y en el Tíbet, o las prácticas sexuales taoistas, o incluso la misma sexualidaden el Islam, se resentían del mismo orden de ideas al que De Sade solo logró aproximarse.

Para estas corrientes el sexo es una forma de aproximarse a la divinidad y de vivir una experiencia íntima de trascendencia. Las vías de toma de contacto con lo divino son múltiples para estas tradiciones, vía de la guerra, vía de la oración, vía del trabajo, vía, finalmente, del sexo. Y a esta última se le llama la "Vía de la Mano Izquierda".

Los presupuestos de la "sexualidad divina" son muy simples: el sexo puede arrastrar al hombre o el hombre puede dominarlo. Dado que existen dos fuerzas que actúan sobre el hombre y le imponen su tiranía, el sexo y la respiración, si el hombre consigue dominarlas, será libre. En el momento del orgasmo, el hombre y la mujer, se sienten arrastrados por una fuerza que debilita sus lazoscon la materia, esto produce una sensación de placer que aparece acompañada frecuentemente de una sensación de muerte, agotamiento o extenuación: eros y thanatos siempre caminan juntos. Dominar y reorientar el impulso sexual es una de las finalidades del tantrismo y las prácticas eróticas su medio para alcanzar el fin: la búsqueda de la trascendencia.

SEXO Y VIOLENCIA, UN MATRIMONIO INDISOLUBLE

El tantrismo no hace ascos a ninguna práctica sexual por extrema que sea. Algunos escalofriantes relatos de rituales mágicos hablan de prácticas realizadas en cementerios teniendo a cadáveres como parteners; otros cuentan ritos enervantes realizados bajo el sonido de tambores hechos con cráneos humanos; porlo demás en estos ritos se copula por sorteo: un hermano puede unirse a su hermana; un padre a su hija, etc.

En el mismo orden de ideas, Aleister Crowley estableció los rituales de los distintos grados de sus organizaciones -Ordo Templis, OTO, y Astrum Argentinum- sobre la base de prácticas sexuales. Uno de los grados de la OTO prescribía la masturbación, otro el coito anal, y así sucesivamente.

Todas estas prácticas, contrariamente a lo que estaríamos tentados de pensar, se basan, no en un deseo de satisfacción pervertida y viciosa del eros, sino de su dominio. Se trata de controlar el eros, mantener la erección en cualquier situación, guste o no guste, eyacular en el momento preciso o retener el esperma más allá de lo que una sexualidad normal, profana, nos induciría a hacerlo. Dominar el sexo, afrontarlo directamente, en lugar de huir de él, de ser dominado por él.

Dentro de esta óptica hay que englobar los castigos sexuales. Se trata de obtener a través de ellos, un incremento de la tensión erótica de la pareja, aumentar la excitación y crear un climax más acentuado.

En el fondo de todo intercambio sexual existe un transfondo innegable de violencia presente incluso en las relaciones más bucólicas y tiernas. El intercambio sexual implica algún tipo de penetración y ésto es ya de por sí, un acto con cierto contenido de violencia. Los movimientos de la cadera del varón, en cualquier posición, acentúan el carácter violento del coito. Los gemidos de ambos parteners, en otro contexto podrían ser interpretados como sufrimiento. Por lo demás frases como "me estás matando", "me muerto", etc. introducen un contenido problemático que va en la misma dirección.

En este contexto las prácticas sexuales sado-masoquistas adquieren una nueva dimensión: son una forma extrema de vivir extrema y brutalmente las relaciones sexuales y no es raro que siempre hayan estado presentes a lo largo de la historia.

LA VIA DEL MISTICISMO: VIA DEL DOLOR

Existe una explicación fisiológica -como por lo demás existe otra psicológica- para explicar la tendencia y el gusto de ciertos segmentos de población hacia las prácticas sado-masoquistas: de un lado se produce una mayor vasoconstricción que genera más hormonas de excitación sexual, también una piel que enrojecida por un golpe es más sensible a una caricia; así mismo, es imprescindible una cierta novedad y originalidad, buenas dosis de imaginación, en los intercambios sexuales repetidos entre los mismos parteners, si no se quiere que la tensión erótica disminuya y se relaje. En este sentido, el atractivo de ciertas prácticas sado-masoquistas suaves radica en que engloba distintos refinamientos y tendencias eróticas, más o menos infrecuentes: voyerismo, fetichismo, etc...

Pero estamos en pleno dominio profano, el inaugurado en los tiempos modernos con el marqués de Sade. En otro tiempo el sexo y la violencia caminaban juntos por las vías de lo sagrado. El misticismo católico nos lo demuestra en infinitud de ocasiones.

En el desierto de Siria, florecieron en los siglos V en adelante comunidadesd e estilitas. Monjes que vivían en lo alto de una columna en donde habían situado una pequeña plataforma. Se organizaban en comunidades que constituían verdaderos bosques de columnas. Muchos de ellos murieron fulminados por rayos.

Esta práctica procedía de los cultos -originarios de esa región- de la diosa Atargatis -que veneró Nerón- que consistían en que el iniciado debía ascender a un enorme falo de ¡52 metros de altura¡ y permanecer sobre él siete días. Se decía que desde allí, el iniciado hablaba con la diosa.

Las comunidades cristianas de la zona recuperaron el tema y lo adaptaron a su "pathos", convirtiendo el falo en columna. Encima de ella, el asceta seguía hablando con Dios, para ello añadía mortificaciones suplementarias: ayunos, siempre en pié para evitar dormirse, comida miserable, etc. Algunos se cargaban de cadenas, otros discutían con sus vecinos de columna sobre problemas teológicos e incluso se insultaban y enfurecían; de Simeón Estilita se cuenta que su cuerpo se cubrió de úlceras y aparecieron gusanos; algunos de estos caían al suelo y un ayudante los colocaba en la cesta para que Simeón los volviera a colocar en sus pústulas: "Comed lo que Dios os da", decía...

Los estilitas no eran un caso único, de los místicos españoles o de Santa Catalina de Pazzi se cuentan proezas -desde levitación, hasta inspiración profética, pasando por éxtasis, telekinesia, etc.- realizadas sobre la base de mortificaciones del cuerpo. El efecto producido sobre el místico, no es solo el de sorprendentes capacidades parapsicológicas, sino sobre todo el de un inmenso placer no exento de sensualidad.

Las descripciones del "fuego que abrasa las entrañas" que realizan distintos místicos es idéntico en todo al fuego que quema a los amantes. En el caso de Catalina de Pazzi, empezó a tener estas sensaciones desde los 6 años, cuando inició sus autoflagelaciones. De sus testimonios -y de los de Santa Teresa, sin ir más lejos- se evidencia una fuerte componente erótica en el éxtasis divino.

El caso de San Antonio, las relaciones entre sensualidad y mortificación son igualmente evidentes: San Antonio rechaza las tentaciones eróticas del diablo, porque el éxtasis divino le provoca un placer todavía mayor. San Juan de la Cruz abunda en descripciones que sorprenden por su brutalidad ("Laborad en el desprecio de vosotros mismos y en que los demás os desprecien") y el mismo rezo del rosario está dividido en tres grupos de misterios: dolor, gozo y gloria, significativa gradación jerárquica.

Otros sistemas religiosos y filosóficos recorren idénticos senderos: el hinduismo es maestro en este arte y las hazañas paranormales de los ascetas hindúes -atravesar el cuerpo con objetos punzantes, someterlo a la acción del fuego o de brasas, acostarse sobre colchones de clavos, etc.- causan admiración y sorpresa. Algunos yoguis permanecieron durante veinte años comiendo excrementos de vaca e inmóviles. Se trata siempre de sufrimientos y privaciones del cuerpo que causan tales efectos paranormales y extáticos. El Gran Buda Siddharta Gautama llegó a la iluminación tras una larga ascesis; él mismo describe este tránsito en sus "Nobles Verdades": "El hombre huye del dolor y busca el placer". Pero ese placer supremo se consigue a través de la mortificación del cuerpo y de la doma de los sentidos.

UNA EXPLICACION AL BINOMIO PLACER/DOLOR

Si queda establecido que un cierto tipo de dolor provoca placer  -sagrado o profano, similar en su base ya que no en su contenido- y que éste es buscado en la medida en que gratifica más que el dolor que produce, queda solo explicar cual es el proceso de esta alquimia interior.

Hay que excluir interpretaciones psicoanalíticas o simplemente psicológicas; la extremización de las pulsiones sado-masoquistas valen para individuos psicológicamente alterados y aparece como resultado de malformaciones de la psique. En el caso de juegos sexuales de alcoba -como los indicados en el "Kama Sutra" o en el "Ars Amandi"- se trata solo de recursos eróticos al alcance de los amantes que crean una barrera entre la sexualidad animal y la humana: el hombre necesita erotismo para exteriorizar y canalizar su pasión amorosa, el animal no.

Pero no es esto lo que nos interesa. Existe una búsqueda del dolor que -desde las lupercalias hasta los ascetas del desierto y los místicos, pasando por los yoguis y los círculos tántricos-, al decir de quienes lo han atravesado, provoca un placer supremo, traducido en una experiencia mística. La consecuencia de esto consiste en implicar la experiencia del dolor como una vía más, entre las muchas posibles, para vivir la experiencia de lo trascendente; ni más ni menos.

Existe en el hombre una parte física que está sujeta a los procesos de la materia y que genera un flujo mental -ideas, pensamientos, voliciones, deseos, etc.- estos dos factores constituyen el Yo, el Ego. El Ego no puede vivir la trascendencia porque ésta es de otra naturaleza: esencialmente el Ego es material, la experiencia de lo divino es inmaterial.

La experiencia trascendente solo puede vivirse cuando el Ego es colocado en un segundo plano y el eje de la persona se centra en un estrato más profundo: el alma, la chispa divina de la que hablaban los rosacruces. Este alma, solo se manifiesta cuando el Ego se retrae y una de las formas de obtener tal efecto es mediante el sufrimiento.

Es el Yo el que tiene miedo, es el Yo el que sufre, es ese mismo Yo que supone una barrera infranqueable entre el hombre y "dios". Todos los místicos han percibido esto como sensación y certidumbre y por ello se han aprestado a las más brutales mortificaciones. Exponer el propio cuerpo al dolor, voluntariamente, implica que para superarlo hay que desplazar el eje de la personalidad a otro punto en el cual los estímulos negativos extracorporales (el látigo, la ausencia de alimentos, el cilicio, los ayunos, etc.) no son sentidos como dolor. Es, en ocasiones, por una necesidad de superar ese mismo dolor que la personalidad fuerza la entrada en el dominio del alma.

"A medida que mi cuerpo se debilita, se fortalece mi espíritu" es una frase que repiten invariablemente todos los místicos. De ahí que para tener éxito en cierta prácticas de yoga o de meditación, o incluso prácticas mágicas, se requiera al sujeto un control sobre la alimentación y la sexualidad. Hasta no hace poco el cristianismo solía exigir unas horas de abstinencia antes de recibir la comunión. Los derviches, por su parte, extenúan su cuerpo mediante la danza hasta que, éste rendido, deja paso a un estrato más interior.

La extremización de un proceso de sufrimiento es la muerte; por ello no es raro que todo sistema de iniciación se base es la muerte y el renacimiento del aspirante. En griego muerte es τελευτ_v e iniciación  τελε_oθαι, palabras con la misma raíz. Ahora bien, al hablar de "muerte" se entiende muerte de lo físico, del "hombre viejo" y por "resurrección" hay que entender alumbramiento del "hombre nuevo", es decir, de aquel que hace de la trascendencia, de la identificación con "dios", el eje de su vida.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

Ocho misterios de la Barcelona Mágica

Infokrisis.-Cuando en 1995 apareció la primera edición de nuestra obra Guía de la Barcelona Mágica, tuvimos que escribir algunos artículos a efectos de promocionarla. Uno de ellos fue publicado en la revista Año Cero y resumía algunos de los misterios de la ciudad., elegidos al azar de entre los muchos que incluimos en aquella obra que va ahora por la tercera edición.  Lo reproducimos a continuación.

 


¿Qué tiene Barcelona que "engancha" tanto? Tiene pasado, tradición y misterio. Dos mil años desde su fundación y cinco mil desde la aparición del primer barcelonés -aquel cuyos restos fueron encontrados no hace mucho en la  confluencia de las calles Copérnico y Muntaner- discurren a caballo entre la leyenda y lo inexplicable. Mirar hacia atrás, en ocasiones, puede constituir un ejercicio desengrasante que ayuda a conocer nuestro pasado ancestral. Estos ocho misterios de la Barcelona mágica que siguen han sido elegidos al azar; no son los únicos, ni siquiera los más importantes; son, desde luego, la huella de lo maravilloso sobre el suelo en el que discurre nuestra cotidianeidad.

El misterio de los cuatro megalitos

Generalmente se admite que existieron dos dólmenes, uno en Sant Martí de Provençals, cerca de la actual iglesia románica y otro en Montjuic, más o menos situado en el lugar ocupado actualmente por el semi-desconocido jardín botánico.  Pero es posible que existieran otros dos monumentos megalíticos, menhires más precisamente, si hemos de fiarnos de las descripciones que nos hacen textos antiguos.

Antes de llegar los romanos, en el lugar donde actualmente se encuentra la estatua de Santa Eulalia en la plaza del Padró existió una piedra que muy bien podría ser un megalito. Los romanos se limitaron a conservarla y establecieron allí un "limes", un límite, en la Vía Augusta que unía la capital imperial con Tarraco y que pasaría por las actuales calles de Pedro IV, Hospital, Mistrl y Cruzcubierta.

El otro menhir estaría situado en las inmediaciones de las Ramblas en el patio interior de un edificio próximo a la fuente de Canaletas. El lugar era conocido como el "pati del Carall" (por la forma fálica del menhir) y fue famoso hasta principios del siglo pasado, se le conoció como "pati del carall".

Hoy parece fuera de dudas que los pueblos antiguos utilizaban estos megalitos con fines mágicos. Pretendían captar con ellos las energías telúricas. Los cuatro megalitos están prácticamente en línea recta.

El misterio de la Ciudad Romana

¿Por qué los romanos construyeron la ciudad sobre el minúsculo Monte Taber de apenas 16 metros difícilmente defendible? ¿No hubiera sido más lógico hacerlo sobre la montaña de Montjuïc que ofrecía mejores posibilidades de defensa, estaba más próximo de la desembocadura del Llobregat por cuyas aguas discurrían barcazas que traían metales preciosos procedentes del Pirineo?

La construcción de la ciudad en el Taber parece mucho más absurda si tenemos en cuenta que hubo que traer de Montjuïc las piedras con las que se construyó la gigantesca muralla. Para colmo el acueducto (del que todavía subsisten algunas arcadas en la plaza Duran i Bas y frente a la Casa de l'Ardiaca) fue una obra de ingeniería gigantesca.

El misterio es menor si atendemos a algunas leyendas de la Barcelona antigua. Como se sabe los romanos no elegían al azar el emplazamiento de sus ciudades; éste obedecía a una técnica sagrada. No todos los lugares eran buenos para construir una ciudad. El lugar debía de ser marcado por los dioses y para averiguar cual era recurrían a los arúspices, sacerdotes adivinos.

Bajo el Taber circulaba -según la Tradición- una corriente de aguas telúricas que hasta hace poco era conocida como "el riu de sota" o "rio de Santa Eulalia". El discurrir de sus aguas provocaba la aparición de corrientes electrostáticas que los arúspices y "sensitivos" percibían.


De este "riu de Sota" procedería el agua los más de 800 pozos que llegó a haber en la ciudad a principios del siglo pasado y que frecuentemente estaban reputados de virtudes mágicas. Se sabe que el gremio de poceros -uno de los más respetados de la ciudad- confeccionaba remedios mezclando aguas de distintos pozos.

El misterioso saqueo de Almanzor

Barcelona estuvo en poder de los musulmanes apenas 80 años, del 715 al 801; sin embargo, la mayoría de sus habitantes prefierieron convertirse al Islam para eludir los impuestos con los que se gravaba a los no-creyentes. Esto no impidió que tras el asedio que sometió Luis el Piadoso a la ciudad, esta recuperara súbitamente su fé católica.

El llano de Barcelona fue colonizada con oriundos de Francia que tuvieron incluso una parroquia propia en Sant Martí de Provençals. Los moros no dejaron otra huella en la ciudad más que el nombre de "Ramla" (arenal) que luego se transformaría en las populares "Ramblas". Sin embargo los musulmanes volverían en el 895.

El 2 de julio las tropas de Almanzor sitiaron Barcelona. Dos días después la ciudad se rendía sufriendo un saqueo en toda regla. Se ha dicho que ese día "murió Barcelona". Incluso la reconstrucción de un paño de muralla hacia el 1032 en la actual calle Regomir, indicaría que fue por alli por donde los musulmanes rompieron la muralla y penetraron en riada.

Pero todo induce a pensar que no fue así. Almanzor respetaba a quienes se le rendían. Es más probable que la ciudad decidiera abrir sus puertas y permitir el saqueo mientras que sus habitantes salvaban la vida fortificados en las torres de la muralla. Si bien es cierto que Almanzor se llevó prisioneros a Córdoba, no es menos cierto que se trataba de habitantes del "pagus", la periferia.

Es así mismo falso que la expedición catalana dirigida por Ramón Borrell contra Córdoba en el 1010 fuera una represalia por el saqueo de Barcelona. En realidad Ramón Borrel había acudido en auxilio de una de las facciones musulmanas en lucha. A decir verdad la mayor parte de las tropas con las que Alamanzos atacó Barcelona eran mercenarias, habiendo entre ellos muchos castellanos.

Dice la leyenda que al regreso de sus campañas, Almanzor se sacudía el polvo de sus vestidos, guardándllo en una arqueta. Los 40 rapsodas y poetas que lo acompañaron en su campaña contra Barcelona así lo atestiguan. Tras la derrota de Calatañazor fue enterrado con esta arqueta; en ella habrían también huellas de su paso por Barcelona.

El misterio de los cordeleros

Barcelona tuvo durante siglos tres grupos sociales marginados; judíos y gitanos fueron a parar a la "isleta del Raval" y al "call" respectivamente. Pero hubo otro grupo menos conocido que sufrió idéntica marginación: los cordeleros.

Desde lo más profundo de la edad media los cordeleros eran objeto de todo tipo de discriminaciones: se decía que tenían cola, los domingos les sangraba el ombligo, de sus escupitajos nacían abundantes gusanos, se les achacaba incompetencia profesional, practicaban artes mágicas y hechicería... tan solo esta última característica parece cierta.

Los cordeleros eran transhumantes; tenían que buscar su materia prima allí donde la hubiera y esto les implicaba ausentarse de su domicilio buena parte del año. Aun cuando el cáñamo que se cultivaba en las zonas situadas más allá del actual Arco del Triunfo, en Glorias y La Llacuna, no era el cannabis alucinógeno, dormir cerca de los campos implicaba un cierto grado de intoxicación al respirar los efluvios que despedían las plantas. Esto les sumía en una especie de sueño hipnótico en el cual creían dotarse de capacidades de videncia.

Fue así como ganaron fama de brujos. Por lo demás las cuerdas fabricadas en Barcelona tenían fama en todo el Mediterráneo; sin embargo los cordeleros se ganaron a pulso su marginación al fabricar también las cuerdas para los ahorcamientos. Para los familiares de los ajusticiados los cordeleros eran los responsables de la horrenda muerte de sus deudos. Para el pueblo, en general, existían rumores de que los cordeleros recibían enormes sumas de dinero a cambio de fabricar cuerdas que se rompieran en el curso de las ejecuciones. Si esto ocurría los reos eran perdonados...

Existieron cordeleros en la Ribera y en el Raval. Estos vivían cerca de la plaza del Padró, existiendo una gran concentración en la calle de la Botella. Durante siglos no se les permitía vivir dentro del recinto amurallado y solamente sus mujeres entraban en la ciudad para vender su mercadería; debían abandonar el recindo al caer la noche. 

El único cordelero que se hacía acreedor del respeto de sus vecinos era el que fabricaba las cuerdas utilizadas en la Catedral.

El misterio de las logias masónicas

Resulta difícil establecer cuando apareció la masonería en Barcelona. Todo induce a pensar que fue durante el siglo XVIII si bien no existen pruebas documentales escritas. Sin embargo, dos relieves situados en dos de las tres puertas de la antigua Caja de Reclutas de la Calle del Comercio, nos indican la presencia inequívoca de la masonería en la Barcelona del siglo XVIII.
En fecto, poco después de la toma de Barcelona por las tropas de Felipe V, el rey como castigo por la feroz resistencia que opusieron los habitantes del Barrio de la Ribera, derribó varios cientos de casas hasta el límite de la actual calle del Comercio. Los escombros de esta demolición fueron arrojados al mar y sobre ellos se construyó posteriormente el barrio de La Barceloneta. El convento de los Agustinos marcó el límite de la destrucción; parcialmente derribado, tan solo quedaron pié algunos arcos de claustro, actualmente en fase de rehabilitación.

Los restos del edificio fueron transformados en Escuela de Matemáticas del Ejército, luego Cuartel de Artillería y finalmente Hospital Militar. Es de esa época -mediados del siglo XVIII- cuando fueron grabados los signos masónicos de la escuadra y el compás sobre las puertas. Milagrosamente han llegado hasta nuestros días. Aun a pesar de ser edificio militar durante el franquismo y de la obsesión antimasónica de la época, nadie cayó en la cuenta de que los oficiales y tropa al entrar y salir del cuartel pasaban bajo los odiados símbolos masónicos.

En el siglo XVIII muchos oficiales del ejército hablaban varios idiomas y leían regularmente libros publicados en el extranjero, en particular ideas de la Ilustración.

Después del interregno que supuso la ocupación napoleónica (los masones del ejército francés crearon una logia en el Palau Centelles de la bajada de San Miguel) la masonería barcelonesa logró estabilizarse y crecer extraordinariamente y estableció logias en la calle de la Basea y en Tantarantana, cerca de la actual plaza del Ou. Otra situada en la calle Ferlandina figuró entre las más antiguas de la ciudad.

Los viejos y devotos barceloneses evitaban pasar por la misma acera de las logias: creían que era terreno maldito. Sus ventanas estaban siempre cerradas para evitar que desde la calle pudieran verse los destellos que provocaba la presencia del diablo en las ceremonias masónicas... tal era la creencia popular.

El misterio de los octógonos del Eixample

La forma de los octógonos del Eixample diseñada por Ildefonso Cerdá ¿obedece a un concepto de urbanismo funcional o bien tiene un significado más profundo? Podemos pensar que no era casual ni limitado a mero utilitarismo funcional.

Ildefonso Cerdá pertenecía a la franc-masonería (en la que incluso se inició su hija Clotilde en un tiempo en el que apenas existieron mujeres en las logias) y fue un hombre de ideas avanzadas. Una de sus lecturas favoritas fue "Regreso a Icaria" de Etienne Cabet. En este libro se definían las características de la ciudad ideal, Icaria.

Las avenidas eran rectilíneas en esta ciudad utópica que tenía una forma circular. Cerdá cuando se aprestó a planificar el Eixample barcelonés no podía darle forma circular por que existían ya núcleos próximos en formación que la ciudad adsorvería antes o despues (Sans, Gracia, Horta, Sant Marti de Provençals, San Gervasio, etc.). Así pues recurrió a una conocida técnica masónica para resolver el problema de la cuadratura del círculo...

La resolución del problema de la cuadratura de un círculo es imposible desde el punto de vista matemático. Efectivamente, no se ha encontrado un número constante tal que multiplicado por él nos permita hallar un círculo y un cuadrado equivalentes. Sin embargo, desde el punto de vista geométrico, el problema está resuelto desde hace milenios.

Basta con trazar en el interior de un círculo una figura geométrica llamada "vesica piscis" (vesícula del pez; esto nos permitirá trazar un segundo círculo. Ahora bien, si trazamos un cuadrado que sea tangente al primer círculo, éste será equivalente al segundo círculo. Cerca no hizo más que "limar" los extremos del cuadrado que sobresalían a este segundo círculo. Fue así como obtuvo los famosos octógonos del Ensanche...

El misterio del triángulo Gaudí

Basta tomar un plano de Barcelona y una regla para obtener la demostración sorprendente de la voluntad de Gaudí y de sus asociados por cubrir Barcelona con un gigantesco triángulo rectángulo de catetos iguales.

Un triángulo viene definido por tres puntos que constituyen sus tres vértices. En el caso del "triángulo Gaudí" estos vértices son: el atanor situado en la escalinata del Parque de Güell, el naranjo de antimonio de los pabellones Güell de Pedralbes y la Plazoleta Aribau del parque de la Ciudadela que, ya de por sí, está trazada con forma de flecha que indica la dirección que nos lleva a los pabellones de Pedralbes.

Ciertamente la colaboración de Gaudí en la construcción de la plazoleta Aribau fue mínima y siempre a las órdenes de los hermanos Fontseré, maestros de obras con los que trabajó al concluir sus estudios de Arquitectura. Los Fontseré pertenecían a la Asamblea de Logias de Barcelona y eran, como buena parte de los amigos de Gaudí en esa época, franc-masones.

También era franc-masón Josep Xifré, una de las grandes fortunas barcelonesas del siglo pasado, indiano, constructor de la Casa Xifré donde se encuentra el famoso restaurante "Las Siete Puertas" y cuyos relieves demuestran la adscripción masónica de su constructor. Los terrenos en los que luego se construyó el Hospital de Sant Pau eran propiedad de Xifré, cuyo arquitecto de confianza, Elías Rogent, era el director de la Escuela de Arquitectura mientras Gaudí cursó estudios.

Lo cierto es que, trazando una línea desde la entrada principal del Hospital de Sant Pau, que recorra la avenida Gaudí, ésta pasa por el ábside de la Sagrada Familia y, después de un larga travesía por la ciudad, va a concluir al Palau Güell. Aun hoy resulta un misterio por que los Güell construyeron allí aquel suntuoso palacio. Dicha línea, así trazada, marca la dirección Norte-Sur, mientras que la hipotenusa del triángulo antes definido marca la dirección Este-Oeste.

¿Que conclusiones pueden sacarse de todo esto? Tan solo perplejidad y escepticismo: estadísticamente es difícil que todas estas correspondencias geométricas deriven de la casualidad. Pero lo contrario, afirmar que fueron trazadas conscientemente parece una monstruosidad y nos llevaría automáticamente a aceptar que existe un linaje esotérico que agrupa a Elías Rogent, los hermanos Fontseré, Josep Xifré, la familia Güell, Antonio Gaudí y... Ni un solo especialista serio puede admitir la existencia de un linaje esotérico que una a estos personajes, sin embargo ahí está el intranquilizador triángulo para hablarnos otro lenguaje.

El misterio de la Villa Olímpica


¿Sabía el equipo de Pascual Maragall que el lugar elegido para el emplazamiento de la "Villa Olímpica" corresponde al sector de la ciudad que astrológicamente está regida por el signo de Acuario? Lo ignoramos; lo cierto es que ya desde el siglo pasado los socialistas místicos intentaron urbanizar la zona. El nombre de Avenida Icaria evoca la república ideal definida por Etienne Cabet en su obra "Regreso a Icaria" en donde describe a una comunidad ideal.

El signo de Acuario tiene implícitos los caracteres de humanidad, libertad y sobre todo novedad y renovación. Lo acuariano es lo nuevo. ¿Qué mejor que ubicar la médula de la Barcelona-2000 en la zona que astrológicamente corresponde a la novedad?

Es significativo, por lo demás, que al inicio de la Villa Olímpica se encuentre una gigantesca escultura metálica de un pez sin cabeza, ni cola. Este símbolo es fácil remitir al signo de Piscis, el anterior al de Acuario. La ausencia de cabeza y cola, indicaría la superación de la fase histórica que representó la Barcelona fundada míticamente por el Hércules Libio.

¿Será acaso en relación al Hércules Libio que la estatua del pez al que hemos aludido esta situada justo bajo los dos edificios más emblemáticos de esta zona, las Torres Mapfre y Hotel de las Arts? ¿No son estos dos gigantescos edificios la rememoración de las "columnas de Hércules" situadas frente al mismo mar del que procedió el héroe clásico en la "Barca Nona" (novena barca) de donde deriva el nombre de Barcelona?

(c) ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

 

Las gárgolas de la Catedral de Barcelona



Infokrisis.- Las siguientes notas fueron aprovechadas para la elaboración de un trabajo que quedó inédito y que era nuestro homenaje a la Catedral de Barcelona. Se trataba de un estudio sobre los motivos alquímicos presentes en la Seo barcelonesa. Para ello tuvimos que rescatar algunas leyendas que circulaban a finales del siglo XIX sobre la catedral y, sobre todo, consultar la inigualable obra de Viollet-le-Duc, el Diccionario Razonado de Arquitectura. No perdemos la esperanza de disponer del tiempo suficiente para completar aquel estudio sobre uno de los edificios de Barcelona que más atracción ejercieron sobre nosotros.



    Doscientas cincuenta gárgolas miran a los barceloneses desde las cornisas de los distintos monumentos góticos. Se suele aceptar que no son otra cosa que representaciones del demonio o de los vicios personificados en distintos animales simbólicos. Derivado del latín gurges-gurgitis, torbellino, masa de agua, el término se transformó en la raíz garg- por corrupción fonética. Algunos hacen derivar el término "gárgola" del nombre de los dos auxiliares del anticristo, Gog y Magog; concretamente, el primero es el "príncipe del Aire", y en hebreo indica algo que es aéreo, que procede del aire, lo cual coincidiría con el emplazamiento de las gárgolas. Gargagliare, en italiano, tiene el mismo sentido que gargarizar en español, y una cierta correlación con la función de estas obras de arte situadas en lo más alto de las catedrales: hacer de canal.

    No hay gárgolas anteriores al siglo XIII; el románico desdeñó situar desagües en los tejados dada la sencillez de sus construcciones; luego, cuando estas se fueron sofisticando, aparecieron algunos canalillos que evacuaban el agua de lluvia, sin que tuvieran el más mínimo mérito artístico, ni su elaboración requiriera algo más que el concurso de noveles aprendices. Fue hacia el 1220 cuando aparecieron las primeras gárgolas en la catedral de Laon. Eran extremadamente sencillas, tenían formas animales excepcionalmente simples y constaban de dos piezas, la superior que no era más que el recubrimiento de la inferior por donde discurría el canal de desagüe. A lo largo de ese mismo siglo se fueron generalizando, depuraron sus formas y se estilizaron; ya no eran labradas por novatos, sino encargadas a los más hábiles artesanos. Hay miles de gárgolas en todas nuestras catedrales, pero no existe una pareja idéntica, cada una de ellas es original y única y nos equivocaríamos si pensáramos que unas son muy parecidas a otras. En absoluto, cada una tiene una personalidad propia y un estilo que denota una vitalidad específica y unos rasgos concretos del carácter, un momento de inspiración, en definitiva, distinto de cualquier otro. Los artistas que construyeron Notre Dame de París las emplearon sistemáticamente a partir de 1240 en la coronación de las cornisas superiores. Eran todavía fuertes y compactas, robustas, no excesivamente separadas del edificio, y denotaban la enorme habilidad de los maestros talladores. Luego aparecen otras mucho más esbeltas y largas sobre los contrafuertes. La mayoría reproduce monstruos mitológicos, animales fantásticos, salidos todos de los ingenuos bestiarios medievales, cada vez más detallistas. Los que ornan la Saint Chapele, situada a pocos metros de Notre Dame, al otro lado del Sena, representan animales enteros, con sus más pequeños detalles, en absoluto hieráticos, da la sensación que muchos están a punto de saltar sobre la población a la que parecen mirar amenazadoramente. Están en los ángulos de los contrafuertes y en las cornisas. Hay gárgolas que muestran a diablos aullando, otros secuestrando infantes, algunas son representaciones humanas, pero solo aparecen hacia finales del siglo XIII, cuando la técnica de la gárgola se ha depurado hasta convertirse en virtuosismo.

    Es un cortejo de horrores el que nos mira desde las alturas... Otras gárgolas, invisibles desde el suelo, cumplen la función de canalizar el agua de manera excepcionalmente funcional, desprovistas de toda sofisticación; son, en efecto, apenas pobres tuberías de desagüe...

    Todavía no existían en la catedral de Barcelona, cuando una procesión presidida por un obispo del que la leyenda no nos ha dejado constancia de su personalidad, se vió acosada por una cohorte de magos, brujos y archidiablos que intentaban hacerse con la hostia, para Dios sabe que rito abominable. El más osado de los brujos arrojó una piedra sobre el sacerdote que llevaba la custodia, pero ésta rebotó y mató al que la había lanzado. Los brujos jamás volvieron a hostigar la Sagrada Forma y en recuerdo de tan infausto episodio se colocaron las gárgolas de nuestra Catedral.

    Algunas son, en efecto, animales monstruosos, pero otras son nobles caballeros, hay algunas que incitan al pánico y difunden el terror, pero también existen amables y benéficas. ¿Cómo calificar el unicornio que mira al viandante y apunta hacia la Plaza del Rei? ¿o al elefante que ha sufrido la merma de sus cuernos? ¿Hay que tener a estos animales por fieras vencidas y por principios del mal petrificados por su impotencia ante la falange de los justos? Se suele afirmar que las gárgolas están ahí, en lo alto de las Catedrales, prisioneras de un principio superior, subordinadas a las entidades angélicas, siempre aparecen como secundarias y subordinadas a estas. Juan Eduardo Cirlot, en su "Diccionario de Símbolos" decía de ellas que jamás ocupaban el centro; pero esto no basta-

    Debemos a Norbert Font i Sagué el haber inventariado todas las gárgolas góticas de la Ciudad de Barcelona. Encontró ochenta y cinco que representaban a diversos tipos de dragones alados, de ellos, sesenta y tres con alas de águila y el resto de murciélago; algunos de estos dragones incluían formas de perro en la mitad inferior y algunas más incluso de macho cabrío. Siguen los leones en número de veinticuatro y luego catorce perros, todos ellos extremadamente delgados hasta el punto de poder contar sus costillas. Existen algunos animales domésticos como el puerco de la Capilla de Santa Agueda y otros salvajes, en ellos varios jabalíes, hasta un total de 8. En el ábside de la catedral hay tres gárgolas que representan un puerco con el pelo muy largo que cobija a dos lechones, otro puerco, en la siguiente, con la boca muy abierta y el morro plano, también con dos lechones y finalmente, en la tercera un perro de extrañas formas, junto a dos cachorros. La imagen del sátiro aparece en distintas ocasiones y debió llamar poderosamente la atención del gremio de zapateros -al tener pezuñas de buco- que lo colocaron en una gárgola de su sede, cuando se encontraba frente a la Catedral en la calle de la Corribia. Hoy puede vérse el mismo edificio, despiezado y reconstruido de nuevo, en la Plaza de San Felipe Neri. Las menos, son antropomórficas. Pero una llama poderosamente la atención, la situada en la fachada de Sant Ivo que representa a un hombre con el gorro frigio propio de los iniciados, la boca bien abierta y en posición de defecar... ¡Santo e inagotable humor el de los maestros talladores! o ¿desprecio a lo que solamente es mero exoterismo y culto exterior...?

    ¿Qué conclusión hay que sacar de todo esto? ¿Acaso un capricho estético? ¿o una simple enseñanza moral? Clemente de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia, escribió que Moisés al haber sido príncipe de los egipcios e instruido por ellos en la sabiduría, explicaba los preceptos de la ley moral por medio de jeroglíficos, es decir, bajo símbolos misteriosos de animales. Si aceptáramos esto, reduciríamos todo el simbolismo de las catedrales al rango de la moralidad más banal. Es bien cierto -¿cómo podría ser de otra forma?- que una de las intenciones con las que el artífice colocó las gárgolas en las cornisas de las catedrales fue el recordar la eterna lucha del bien contra el mal. Pero este mal tenía múltiples rostros. Y por lo demás, no todas las gárgolas tienen igualmente el mismo carácter; basta observar las diferencias morfológicas entre unos y otros motivos. Las alas de águila estarán más en relación con la luz luminosa que las del murciélago, animal nocturno por excelencia. Y en cuando a los cerdos representados, su carácter variará si son salvajes  -jabalíes- o bestias de corral. ¿Y qué decir del unicornio situado en un contrafuerte que nos indica el Este, el lugar por donde sale el Sol?

    Acechan desde las alturas pero nada pueden contra aquellos que han penetrado en el interior del Templo. Se diría que su fuerza y poder solamente se cierne sobre quienes están desprotegidos fuera de los muros y las bóvedas; quienes aun no han iniciado la construcción de su templo interior, pueden sentir el terror que inspiran esas formas blasfemas y monstruosas.    

    Su función delimita perfectamente su simbolismo, mucho más que sus formas horribles. Las gárgolas no son más que desagües concebidos para alejar el flujo de las aguas de las paredes y de los fundamentos de la Catedral. Por su interior no pasa nada que no sea agua y son completamente inútiles para cualquier otra tarea. Todas ellas están vacías en su interior; las primeras que se labraron en Francia, no eran sino algo parecido a una cáscara exterior, hueca, muchas de ellas sin recubrimiento superior, salvo por la cabeza. De su boca mana el agua de lluvia. Esto da que pensar sobre si la intención del hábil artesano que concibió tan bello aditamento no sería demostrar lo monstruoso y absurdo de una vida por la que solo fluye el devenir; nada queda en la gárgola sino la esperanza que la tormenta siguiente sea más amable, al igual que nosotros, rendidos y agotados cada noche, caímos sobre la cama, sin percibir que nuestro interior está igualmente vacío y que nuestra cotidianeidad se construye de un flujo de situaciones que se suceden en infernal cadencia. Pero a la quietud de cada noche, sigue la tempestad del nuevo amanecer y así, día tras día, nos vamos nosotros mismos convirtiendo en devenir, flujo incontenible, que llega incluso a desgastar la piedra más dura de nuestras gárgolas. Es así como envejecemos. Hemos visto gárgolas en Notre Dame de París, pero también en Barcelona, desleidas como un azucarillo, romos los ángulos, desgastadas las facciones y enferma la piedra... tal es el destino de quien no sabe zafarse de la corriente del devenir.

    Un viejo refrán nacido a la sombra de nuestra Seo, denuncia la insensatez de permanecer arrastrado por la corriente continua de lo cotidiano cuando dice "Ballas més que el gegant de la Ciutat"... Y otra muestra de la sabiduría popular dice a ritmo marcial "Trampes, trampes, tot son trampes". Hemos elegido ambos refranes por que están ligados a la que, para nosotros, constituye la más entrañable de las festividades que se celebran en la Catedral, el Corpus Christi. Barcelona, a poco de tenerse conocimiento que el Papa, había instituido dicha festividad, puso todo su empeño en que el segundo gran jueves del año -siguiente al Jueves Santo, pero precediendo al Día de la Ascensión- alcanzara gran relieve y vistosidad. Aun hoy, en la explanada de la Catedral, puede verse a los últimos menestrales de Barcelona, hombres de edad madura, casi todos ya jubilados, apenas unos niños en la tragedia de la guerra civil, pulcros, modestos pero aseados, con un estilo muy personal y el gesto de serenidad en el rostro, visten, junto a sus esposas, las mejores galas de día festivo y se reúnen para asistir a la misa concelebrada y luego seguir al Aguila y al León de la Ciudad, así como al gigante, en la procesión que sigue. El Aguila y el León, reyes, respectivamente del Aire y de la Tierra, tienen ambos un carácter solar e imperial, como igualmente Imperial es el gigante gótico de la ciudad, tras cuyos rasgos de cartónpiedra hemos de ver la personificación idealizada de Carlomagno, el emperador de Occidente que tanto empeño puso en avanzar las marcas de sus fronteras, debiéndose a él y a sus herederos, más que a nadie, la liberación de Barcelona y la repoblación de la comarca con sus provenzales que dejaron recuerdo en la toponimia de algún barrio periférico (Sant Martí de Provençals, por ejemplo). Pues bien, en el curso de esa procesión el tambor bate a un ritmo descrito de forma insuperable por el refrán, "Trampes, trampes, tot son trampes", que al mismo tiempo nos define -junto con el movimiento perpetuo del gigante de la ciudad en el curso de su desfile- el acecho que sufre la naturaleza humana arrastrada por el devenir continuo: una verdadera trampa mortal para quien considera que es algo más que carne mortal.

    No es raro que en la leyenda de las gárgolas de nuestra Catedral sea la Sagrada Forma quien ahuyenta las amenazas de los brujos y diablos. Situada en el centro de la custodia, la hostia irradia destellos de oro, levantada entre los fieles por las manos y bondadosas de un hombre santo. Nada hay más alejado de la estabilidad crística ubicada en el centro de la custodia, imitando el Sol, situado en el centro mismo del Universo, que la canalización que no tiene otra posibilidad que aceptar pasivamente el líquido que por ella fluye. Allí estarán siempre las gárgolas mostrando a quien quiera verlo el drama de lo humano antes de acometer los trabajos de construcción del puente de oro que le permitirán pasar de la física a la metafísica, del devenir al ser, del flujo a la estabilidad, de lo contingente a lo trascendente.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen

Cagliostro: vecino de la Villa y Corte.

Infokrisis.- Escribimos este artículo en 2001, publicándose acto seguido en Nuevos Horizontes. En aquel tiempo estábamos muy interesados por la personalidad de Giuseppe Balsamo y, más especialmente, por su "masonería egipcia" en la que intuíamos el origen del rito masónico de Menphis-Misraïm y, al mismo tiempo, de algunas de las más graves desviaciones de la masonería europea. Nos sorprendió saber que Balsamo, no solamente estuvo en España, sino que visitó Madrid... y su cárcel. Seguimos, entre otras, la mejor biografía de Cagliostro (Las Vidas de Cagliostro de Constantinos Photiades -curiosamente publicada en Barcelona en mayo de 1937 mientras la ciudad se veía agitada por los disturbios entre facciones izquierdistas).



    El ocultismo del siglo XVIII tiene tres nombres señeros, Saint Germain, Cagliostro y Casanova; estos últimos pasaron por Madrid, recibiendo el trato gentil con el que se obsequia a todo visitante. Cuando Cagliostro visita Madrid, todavía no ha sido "recibido" en el Gran Oriente de Francia, ni tampoco ha fundado su Rito Egipcio, pero ya por entonces ha practicado la alquimia en el laboratorio y es un ocultista versado; ha viajado lo suficiente como para haber absorvido conocimientos ocultos de los lugares que ha visitado y empieza a superponerse a su personalidad  de aventurero  y delincuente, aquella otra de mago, brujo e iniciado. Su estancia madrileña supone un punto de inflexión entre  ambos Cagliostros. Más aún: la masonería egipcia, contrariamente a lo que su nombre podría sugerir, se compone de una serie de elementos, añadidos y tradiciones de carácter judío, no cabalístico. Y estos elementos debió adquirirlos, casi necesariamente, en el Madrid del siglo XVIII, donde aun existían núcleos de judíos "marranos", falsos conversos, que seguían manteniendo ritos clandestinos que inspiraron a Cagliostro. Por todo ello, Cagliostro tiene su lugar en el marco del presente estudio.

    Giuseppe Balsamo, había nacido en Palermo, donde era conocido como "Beppo"; a los doce años se fuga del seminario de San Roque donde estaba internado. Sus primeros contactos con el mundo de la alquimia tendrían lugar en el convento de los Benfratelli. Sus constantes faltas de respeto y sacrilegios entrañaron su expulsión. Ya en Roma ejerció de proxeneta, alternando este oficio con la brujería y magia que aprendió con el orfebre Marano. Y es entonces cuando en busca de más conocimientos viaja a Constantinopla, Badgad, Esmirna, Alepo y El Cairo.

    De regreso a Roma, conocerá a la heredera de un fabricante de fajas, Lorenza Feliciani, de espíritu tan aventurero como él, su compañera fiel hasta penúltima hora.  Ambos se forjarán un pasado fabuloso capaz de impresionar a los más nobles y causar reverencia en los simples. Giuseppe Balsamo se dirá alumno de Altohotas, descendiente del jeque de La Meca, hijo putativo de Acharat, último rey de Trebisonda. Al ser destronado éste, su hijo -Cagliostro- debió exiliarse, pero resultó capturado en La Meca y vendido como esclavo a un notable jeque quien lo instruyó en la cábala y le otorgó el título de "Hijo desdichado de la Naturaleza". Las enseñanzas allí adquiridas le darían derecho a utilizar  el título de Gran Copto de Europa  y Asia. Encontró a una cofradía de derviches bailarines turcos, y a los últimos adoradores de Osiris. Fue a Damasco, conoció al sabio Althotas, poseedor de los arcanos superiores y con él llegó a Malta, isla en la que ambos en un laboratorio subterráneo, practicaron la alquimia. Enfrentados, Cagliostro mató a su amigo. Tal fue la génesis legendaria forjada por Cagliostro; es posible que la mayoría de elementos fueran fantaseados a efectos de construir una "leyenda iniciática".

    La realidad del origen de "Beppo" Balsamo era bien diferente: sus padres procedían de conocidas familias palermitadas;  de la familia materna se sabe que su abuela procedía de la familia Cagliostro y su padre era un Bracconieri; utilizaba indebidamente el título de "conde" con el que ha pasado a la historia. El no pretendía que le correspondiera por herencia regular, sino que lo atribuyó siempre a su condición de "noble viajero", con la que siempre quiso entroncar, uniéndose al linaje de Apolonio de Tiana y otros antiguos, y luego, a los peregrinos medievales que hicieron la ruta de Santiago. El mismo realizó el viaje hasta la tumba el Santo Apostol en Galicia. Probablemente se tratase aquí también de una fabulación. Era frecuente que los alquimistas tradujeran sus experiencias en el laboratorio a un lenguaje simbólico en el que el leit motiv era una larga peregrinación. Uno de los maestros intelectuales de Cagliostro, Nicolás Flamel, ya había utilizado el tema del viaje a Santiago de Compostela como excusa para mostrar veladamente las distintas fases el proceso hermético. Cuando le preguntaron a qué escuela pertenecía, la contestación fue simbólica: "...una con muy pocos alumnos; de ahí he atravesado el mar Rojo y Egipto para venir aquí. Había hecho voto de viajar como todos los de su sociedad, por el bien de su sociedad". Solovioff vió en él a un "iniciado desviado", lanzado por el camino de la magia negra y el poder. Nosotros nos adheridos a esta consideración.

    Si, en cambio, están documentados sus viajes sucesivos en ese período a Venecia, Marsella, Madrid, Barcelona, Cádiz, Lisboa y Bruselas. Se desplazaba en su carroza, negra y ornada con blasones rojos; al llegar a una población siempre se ospedaba en el mejor albergue. El atractivo de Lorenza Feliciani, cuyo peinado era extraño y su acento enigmático, contribuían a que excitara la curiosidad de los notables; luego, el propio Cagliostro remataba la obra, realizando la estafa: la realización de un conjuro, la fabricación de un diamante alquímico, lanzar una maldición a un adversario, etc. Hasta ese momento parecían no ser más que un par de aventureros, él muy versado en esoterismo y ocultismo, pero puesto al servicio de sus traperías.

    Según Gustave Ventura Cagliostro era ya franc-masón cuando visitó Madrid. Habría sido iniciado en la logia Secreto y Armonía de Malta en 1766. En caso de ser así, no cabría la menor duda que durante su estancia en la Villa y Corte se parovecharía de su filiación masónica, bien para tomar contactos o bien para dar un impulso a las logias.

    Llegado a Madrid, parece que se ganó honestamente la vida durante un tiempo, entre 1770-71 ejerciendo como dibujante y medrando a costa de su mujer, Lorenza, con la que se había encaprichado el Marqués de Fontanar. Aquí se le conoció como "Marques de Pellegrini", una bahía y un monte palermitanos, única referencia de su origen. Se relacionó con los duques de Alba y no tardó en convertirse en un aficionado al toreo, a cuyas corridas asistía junto con el Marqués de Fontamar. Lorenza, al levantarse, acudía presurosa a satisfacer los deseos del Marqués con el consentimiento de su esposo. Más de medio año duró esta comedia, hasta que la Inquisición amenazó detenerlo. Entonces huyó. Estaba acusado de realizar encantamientos y pronunciar conjuros. Estas mismas acusaciones, de brujos y blasfemos, eran proferidas en las mismas fechas, contra los judíos falsamente conversos, quienes, por lo demás, habían alcanzado a la alta nobleza nadrileña y a la profesión médica, en particular. Resaltamos esto porque eran dos áreas predilectas de trabajo de Cagliostro que suponen una interferencia con el judaismo no cabalista del que el aventurero extrajo lo esencial del Rito Egipcio.

    En 1775, después de un breve paso por Londres, se ve envuelto en escándalos y estafas en  Calais. Viajará a Nápoles en 1775 y ese mismo año volverá a España. En Barcelona se encontrará con problemas y resultará encarcelado después de intentar estafar a un cura. La huida de un turbio asunto de diamantes robados lo llevará a Cádiz y, por segunda vez regresará a Londres. Allí parece otro hombre: se hace iniciar en la franc-masonería el 12 de abril de 1777 en la Logia Esperanza, reunida al efecto en la taberna "King's Head"; un año después, cosa insólita, ya ha alcanzado los más altos grados de la orden, y una notoriedad que hará que los masones de La Haya celebren un banquete en su honor y formen sobre su cabeza la "bóveda de acero" con sus espadas. Conocerá al Duque de Brunswick Gran Maestre de una de las obediencias masónicas y disertará ante él sobre el Gran Arquitecto del Universo. En ese momento está muy cerca de Nuremberg, para evitar contactar con los núcleos rosacruces que se mueven allí cerca de las esferas de poder. será recibido por Federico II y por la más alta nobleza prusiana, como recomendado por el Duque de Orleans, Gran Maestre de la franc-masonería francesa. No son discutibles sus dotes para la adivinación, la profecía y la hipnosis. En Rusia efectuará curaciones milagrosas, igualmente indiscutibles y gozará de la protección del Príncipe Potenkim. También allí practicará la alquimia con el general Yelaguin. En Varsovia realizará una transmutación de plomo en plata; algnos lo denunciarán como falsario, pero siempre subsistirá la duda sobre la veracidad de la operación. En todas estas peripecias siempre visitará los hospitales y a los menesterosos de los lugares que recorría; se duda si era con la intención oportunista de rodearse de una aureola de santidad o bien como acto de bondad. Con Cagliostro los aspectos rufianescos se alternarán con los datos que indican una verdadera búsqueda del conocimiento. En 1785 multiplicó sus curaciones milagrosas; estas no afectaban solo a pobres diablos, sino a la nobleza de su tiempo: la princesa de Nassau, la de Mont Barey, el príncipe Soubise, el duque de Caillus, también a un capitán de dragones, entre las que constante sin duda alguna. Resulta difícil explicar porqué Cagliostro, si tenía vocación solo y exclusivamente de estafador, había dedicado tanto tiempo a la práctica de la alquimia, a menos que él mismo, a partir de un cierto momento, hiciera una dicotomía entre su condición de buscador y su necesidad de subsistencia; ya se sabe que la estafa rinde más que el trabajo constante...

    En 1785 en París funda el Rito Egipcio de la Franc-Masonería, poco después adquirirá gran fama al predecir la fecha exacta del nacimiento del Delfín. Sus procedimientos mágicos más habituales consistían en utilizar a alguién como medium, frecuentemente un niño o una muchacha, quienes miraban en el interior de una copa llena de agua e intuían las formas y las predicicones. Según otras versiones habría sido fundado en 1778 en Bruselas y según otras versiones la funda la Logia Madre del rito Egipcio en Lyon, a lo largo de 1784. El Consejo Supremo del Rito estaría fundador por tres grandes personajes de la sociedad francesa de su tiempo y los nobles hacían literalmente cola para iniciarse en sus logias. También las mujeres recibían de Lorenza, devenida Gran Sacerdotisa y Reina de Saba, su aiento en la frente mientras decía: "Te concedo este soplo para que germine y viva en tu corazón el espíritu de la verdad con los nombres de Helios, Mene, Tetragammaton". Las "síbilas" eran las iniciadas en el Rito Egipcio.

    Habían tardado más de veinte años en alcanzar su sueño dorado: fundar una nueva religión. El ritual de iniciación en su orden implicaba un período previo de ayuno y se realizaba en función del tema astrológico del aspirante. Este, vestido de negro era despojado de él y de sus joyas; recitaba el oficio del Espíritu Santo, mientras los sacerdotes trazaban con sangre de un ave, signos sobre su cuerpo. Debía trazar un círculo con yeso en el suelo y escribir las palabras sagras: Rap, Yob, Oz, Fa, evocando a las cuatro regionesd el universo. Luego penetra en el círculo, invoca al Ser, se postra con las manos en ángulo recto en espera de apariciones. En el vestíbulo de la logia se colocaban colgaduras negras con sserpientes bordadas; se administraban bebedizos a los novicios que los colocaban en una situación psíquica de máxima receptividad. Tres hombres les colocaban una venda ensangrentada en la frente. Todo esto recuerda más a las misas negras que a los ritos propiamente egipcios.

    En Estrasburgo, durante el año 1783, conoció al cardenal de Rohan y a la condesa de La Motte. Pretendió del primero que gestionara el reconocimiento de su Rito Egipcio ante el papa. Rohan esaba enamorado de María Antonieta y Cagliostro prometió que lograría su amor mediante un conjuro. La condesa de La Motte sabedora que dos joyeros habían armado un fabuloso collar para la reina, que ésta había rechazado por considerar que el erario público estaba ya suficientemente sobrecargado, falsificó una carta dirigida a De Rohan, en donde le comunicaba que deseaba verdaderamente el collar. De Rohan lo obtuvo y se lo entregó a la condesa de La Motte. Descubierta la farsa, Cagliostro, Rohan y La Motte fueron procesados. Cagliostro resultó exhonerado, pero su expulsión de Francia fue inevitable. El "asunto del collar" supuso un primer aldabonazo de lo que luego sería la revolución francesa. Cagliostro fue acompañado hasta las puertas de la Bastilla por una multitud delirante, probablemente más que 10.000 personas que lo vitorearon. Esa misma multitud, menos de tres años después volvería a plantarse ante la antigua Torre del Temple para abatirla.

    La aventura de Cagliostro había llegado al cénit. Seguirá estudiando cábala y alquimia en Basilea, pero finalmente cometerá su gran error marchando a Roma. En la corte papal la masonería egipcia había causado profundo rechazo, se percibía en ella un tufo satánico y no hubo más que recurrir a un antiguo proceso abierto contra Cagliostro por falsificación de moneda, incoado más de tres décadas antes, para encarcelarlo en el castillo papal de Sant'Angelo. Juzgado también por herejía, elñ 7 de abril de 1791 un tribunal lo condena a muerte; la pena será conmutada por prisión perpetua, pero no podrá evitar que su libro de rituales "Masonería Egipcia" sea quemado públicamente junto a su mandil masónico, su cordón y demás objetos rituales, en la Plaza de Minerva. Pocos meses después pidió confesión, intentó arrebatar el cinto del cura enviado al efecto y estrangularle con él, pero el sacerdote se defendió con tal furia que logró desasirse; a partir de este momento las condiciones de detención de Cagliostro se endurecieron y murió poco después en San Leon el 26 de agosto de 1795. Había concluido la peripecia del hombre más sorprendente del siglo XVIII.

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El Duque de Warthon y los Clubs del Fuego del Infierno

Infokrisis.- En 1996 elaboramos este artículo que fue reproducido por la revista Próximo Milenio y, posteriormente, nos sirvió como material para el primer capítulo de nuestra obra Gaudí y la Masonería. Recientemente, nos hemos acordado de este artículo al visionar una extraña película producida en los años 60 por la Hamer que lleva precisamente el mismo nombre: "El club del fuego del infierno". Se alude en este artículo a la juventud del Duque de Warthon, importante para nuestro país, pues, no en vano, fue el fundador de la primera logia masónica sobre la Península. En la actualidad, la Logia de Investigación adscrita a la Gran Logia de España lleva el nombre de "Duque de Warthon". Por lo demás, el personaje murió en España y fue enterrado en la abadía de Poblet.



    A principios del siglo XVII la sociedad londinense se encontraba en plena transformación. Si probablemente fue uno de los períodos mas libertinos de la historia inglesa, no hay duda que fue la época en la que se bebieron más y más pintas de cerveza. Las tabernas eran los lugares de reunión de las más variadas asociaciones y círculos intelectuales. Algún crítico ha dicho que las tabernas no es lugar más adecuado para la espiritualidad, sin embargo, fue en esos centros -en la Taberna del Ganso y la Parrilla- donde nació la masonería. Cuando Wren dimitía y los protestantes realizaban su sigiloso entrismo en las logias, en algunas tabernas de alta alcurnia se concentraban jóvenes libertinos con ganas de alternar orgías con bromas pesadas. Se llamó a estos centros "Hell Fire Clubs", Clubs del Fuego del Infierno. Para hacer gala a su nombre, blasfemar era una obligación a la que se comprometían sus miembros; ateos impenitentes, se daban a sí mismos nombre "iniciáticos" relacionados con sus cualidades amatorias ("Jhonny pijo largo", "Lady Vagina", "Mary Orgasmos", etc.) e imponían a sus miembros un brindis al diablo en noche de luna llena y en el interior de un cementerio, como rito de admisión. A partir de 1720 los Clubs del Fuego del Infierno experimentaron un crecimiento espectacular en un tiempo que la masonería seguía casi con sus mismos efectivos que a principios de siglo.

    El ídolo de todos estos clubs no era otro que el joven Duque Philip de Warthon. Se trató de un personaje, oportunista, provocador, alcohólico, libertino y, globalmente, depravado. Sus vaivenes políticos le llevaron de jurar fidelidad a Jacobo III en Avignon, cuando apenas tenía 18 años, aprovechando la ocasión para sacarle 2000 libras a la viuda de Jacobo II, en Saint Germain, que hicieron de él el mejor conocedor de los burdeles de París. Pero nada le impidió, de regreso a Inglaterra, tomar partido por la causa contraria. Su comportamiento fue progresivamente más escandaloso, sin duda, trastornado por su progresivo alcoholismo. Tan escandaloso comportamiento, conocido de todos, no fue óbice para que fuera admitido en la masonería. No tardaría en crear problemas a la recién creada institución.

    Se ignora la fecha en la que Wharton ingresó en la masonería, se sabe, eso sí, que logró escalar, muy pronto, hasta la cúpula. El 25 de marzo de 1722, la Gran Logia de Londres sostuvo la candidatura del Duque de Montagu para ocupar el cargo de Gran Maestre. Montagu no era santo de la devoción del Duque de Wharton, así que éste tomó la iniciativa para impedir la elección. Clavel, historiador masónico por excelencia, cuenta la significativa anécdota: "El 21 de junio [Wharton] convocó una gran asamblea, para la cual había hecho preparar un suntuoso banquete. Estando ya en los postres, y por consiguiente, cuando ya las cabezas estaban algo acaloradas con los vapores del vino, que se había servido con profusión, los partidarios de Wharton, tomando a un tiempo la palabra, atacaron vivamente la reelección del Duque de Montagu, que reputaron como un acto impolítico y suficiente para desalentar a los hermanos, cuyo acto e influencia social podían ser empleados en beneficio de la masonería (...) Los partidarios de Wharton obtuvieron un triunfo completo, resultando aquél elegido pro unanimidad".

    Todo volvió a la normalidad cuando la Gran Logia declaró nulo e irregular un procedimiento tan expeditivo de nombrar Grandes Maestres que había fraccionado en dos a la masonería. Montagu se comportó moderadamente y, en la asamblea convocada para resolver el contencioso, renunció a su cargo en beneficio de Wharton. Clavel explica que "su administración fue sumamente favorable para la sociedad. El número de logias se aumentó considerablemente en Londres y en los demás condados y la Gran Logia se vió obligada a crear el oficio de Gran Secretario, a fin de poder despachar la correspondencia" .

    En junio de 1725,Wharton, viajó al continente y tomó contacto con los medios jacobitas romanos y españoles. En 1728, llegó a España y junto con otros ingleses residentes en Madrid fundaría la logia "Las Tres Flores de Lis", situada en la fonda del mismo nombre, en la calle San Bernardo, esquina con la calle de la Garduña. La logia es conocida como "Logia Matritense"  e, históricamente, a pesar de que algunos hayan puesto en duda su existencia en los últimos tiempos, puede ser considerada como la primera logia establecida en España. A fines de 1728 volvió a Francia y permaneció en París entre septiembre de 1728 y abril de 1729, federando varias logias existentes en la capital del Sena. Wharton es tenido por algunos, como el primer Gran Maestre de la Masonería francesa. En 1729 regresó a España muriendo en el monasterio de Poblet.

    Por motivos que se desconocen, su nombre fue borrado de las Actas de la Gran Logia de Inglaterra en 1768. Wharton murió al poco tiempo con el cuerpo desgastado por todo tipo de excesos. Su recuerdo se mantiene aun en la masonería española cuya Logia de Investigación lleva su nombre.

    A pesar de esta tarea misional en España, el Duque de Wharton pasará a la historia por ser el representante mejor conocido y más representativo de los "Clubs del Fuego del Infierno". Puede entenderse entonces el interés que puso el pastor Anderson y Teófilo Desaguliers en denunciar a los "estúpidos ateos" en sus "Constituciones". Efectivamente, el Artículo I del reglamento establecido por en 1723 obligaba al masón "a obedecer a la ley moral; y si comprende bien el Arte, nunca será un estúpido ateo ni un religioso libertino". Estas frases han hecho verter ríos de tinta, pero, conociendo el dato de los Clubs del Fuego del Infierno, mas parecen dardos dirigidos contra el Duque de Wharton que principios dictados por la tradición ancestral de los maestros masones, como hubiera sido de esperar.

    El 20 de abril de 1721, el dean de Windsor, un proyecto de ley contra los clubs blasfemos. El proyecto era excesivamente radical y permitía perseguir a cualquier indiferentista religioso o disidente de la iglesia anglicana. Wharton fue el principal opositor con que contó dicho proyecto. En ese ocasión actuó como un cínico redomado. Extrajo una biblia del bolsillo y leyó distintos fragmentos de los Hechos de los Apóstoles, adoptando las poses de un predicador. El proyecto fue rechazado y el propio duque blasfemó a gusto esa misma noche en su Club.

    Un año después de estos episodios Wharton ingresaba en la masonería y se hacía elegir Gran Maestre, bajo la tutela, bien es cierto, de Teófilo Desaguliers quien le impidió que condujera la masonería, como conducía cualquier otro asunto propio, desordenadamente. Al cabo de pocos años, desposeido de su cargo, terminó siendo expulsado de la masonería, su mandil, guantes y joyas quemados ritualmente. Fundó una asociación, la de los "Gorgomones", en la que caricaturizó a la masonería. Abandonadas las Islas Británicas, volvió a contactar con el pretendiente jacobita. Más tarde hay que ubicar su peripecia española. Murió a los 33 años con el hígado deshecho. Anderson y Desaguliers quisieron asegurarse estatutariamente de que nadie de las mismas características volviera a ostentar un alto cargo en la Orden.

    Para Wharton la exaltación del mal, la hebriedad y lo satánico, no parece que fuera otra cosa que un ejercicio diletante. Más adelante el affaire Taxil, si bien volvió a unir el nombre de la masonería al del satanismo, demostró ser igualmente fatuo (aunque no para todos, como veremos).

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción sin indicar origen.

Terrorismo, Matriarcado Vasco y Sacrificios Humanos.

Infokrisis.- Escrito en 1999  publicado poco después en la revista Nuevos Horizontes, en este artículo pretendíamos realizar un análisis antropológico sobre el terrorismo vasco. En aquel momento resultaba un misterio para nosotros el por qué individuos jóvenes, habitualmente de clase media iniciaban la vía muerta del terrorismo que arruinaría las vidas de las víctimas y sus familiares y la suya propia. No existía para nosotros una causa política que pudiera justificar el desatino, así pues partíamos de la base de que si el terrorismo solamente había sobrevivido en Europa en el País Vasco y desaparecido en cualquier otro lugar era porque, efectivamente, existía un "factor diferencial". Siguiendo algunas notas de Caro Baroja, elaboramos esta hipótesis pocos días antes de que Ardi Beltza -entonces el órgano "legal" del entorno etarra- publicara unas cuantas informaciones sobre nosotros. Aprovechamos parte de estas notas para elaborar un artículo sobre Federico Krutwig y Jon Mirande, publicado en este mismo blog.

 


    El País Vasco no ha asimilado la violencia cotidiana. En medio de un rechazo cada vez más unánime, el terrorismo sigue existiendo apoyado por un 12-14% de la población y, la sociedad se siente impotente contra él. Nos equivocaríamos si percibieramos solo un fondo político-ideológico en el terrorismo. Quienes hemos tenido la ocasión de entrevistar o interrogar a etarras, leer sus publicaciones y documentos, hemos podido constatar la extrema pobreza intelectual de la organización. La “ideología” etarra no es más que una cobertura de lo que podríamos llamar “un estado de espíritu”.  ¿Qué impulsa a unos jóvenes a entrar en una organización terrorista? ¿por qué el terrorismo y la violencia han arraigado en el País Vasco con una intensidad desconocida en cualquier otro lugar del mundo desarrollado?

    Todos los intentos de aproximación al fenómeno etarra se han realizado desde el punto de vista político o sociológico y, por tanto, las respuestas han sido necesariamente parciales, en tanto se refieren a los fenómenos más superficiales de la conducta humana. Nuestra intención es analizar el terrorismo vasco desde una perspectiva antropológica

ETA: JOVENES Y VARONES

    Lo esencial de ETA, desde sus orígenes, ha estado constituido por militantes extremadamente jóvenes. La misma organización nació de un grupo juvenil –“Ekin”- en el curso 1953-54, formado por estudiantes de la Universidad de Deusto que atrajo a las juventudes del PNV. Esta constante se ha mantenido hasta nuestros días. Si bien los comandos más experimentados y que realizan acciones de mayor envergadura, están compuestos por individuos maduros, lo esencial de ETA y del electorado de HB sigue siendo un público extremadamente joven. Los etarras de mayor edad, son pocos y figuran a título de excepción y protagonizan la casi totalidad de “arrepentidos”.

    Históricamente, las mujeres apenas han estado presentes en ETA, ni a nivel de base ni de dirección; incluso en la “galaxia etarra”, tienen un porcentaje muy disminuido. ETA como su entorno, es “cosa de hombres”. ¿Podemos extraer alguna conclusión?

EL MATRIARCADO VASCO

    La sociedad vasca es telúrica y matriarcal. El drama del nacionalismo es precisamente éste: a la hora de destacar el factor diferencial, lo que se están destacando son los aspectos telúricos y ginecocráticos del pasado ancestral. Y esto no hace sino generar una contradicción exasperante entre una sociedad machista (recuérdense los chistes que circulan al respecto) cuyas raíces son telúricas.

    Las sociedades pre-modernas hicieron del factor religioso el eje de sus vidas. La tradición se solidificaba y conformaba en torno al factor religioso. El pueblo vasco ha sido un pueblo extremadamente religioso. En la antigua religiosidad vasca se muestran más detalladamente los carácteres telúricos y ginecocráticos. El hecho de que el catolicismo haya impregnado hasta la médula la psicología vasca es un hecho meramente accidental: paralelamente han sobrevivido las leyendas y mitos precristianos.

    Mari está situada en el centro del panteón vasco. No es, sin embargo, una diosa, sino más bien una especie de genio de la Tierra y de la Naturaleza. Su vivienda está en el interior de la Tierra y se comunica con la superficie a través de cuevas y barrancos. Se la representa con pies de oca o de cabra, puede ser un árbol parecido a una mujer o bien un zarzal; en el valle del Baztán es un macho cabrío y en Oñate una novilla. Es la Madre Tierra, la Gran Diosa neolítica, dispensadora de vida y gracias a la cual todo existe. En otro tiempo, toda mujer vasca era una perífrasis simbólica de Mari.

    No hay nadie por encima de Mari y, en modo alguno, su marido, Sugar, representado frecuentemente con forma de serpiente, animal telúrico, por lo demás. Mari tuvo dos hijos, Atarrabi y Mikelats, sobre los que circula un ciclo legendario extremadamente rico; uno de ellos es bueno y el otro malo... Del Todo telúrico, nace la Dualidad, representada por los dos hijos de Mari.

    En otro tiempo, cuando un vasco se iba de su casa para vivir en casa de la esposa, adoptaba el apellido de ésta. La herencia la recibía no en tanto que tal, sino como marido o hijo de la “Señora de la casa”, “etxekoandre”. La casa supone una progresión en relación a la caverna primitiva; era en la caverna donde habitaban todos los seres superiores y, en especial, la Mari.

    El caserío tiene tanta fuerza y arraigo en la cultura vasca que sus habitantes, implícitamente, se consideran propiedad de la casa. Así pues, al hablar de alguién se dice “Fulano de Tal, de la casa de...”. La casa no pertenece solo a los vivos, sino también a los muertos. En las cavernas neolíticas vascas se han encontrado enterramientos situados, no en las profundidades, sino en la entrada. La costumbre ha persistido con el paso de los milenios. Hasta hace relativamente poco, los niños sin bautizar, muertos en los caseríos, eran enterrados en el jardín de la dueña de la casa y solamente ella podía plantar flores allí. La mujer fue hasta ayer la sacerdotisa del hogar, como en un tiempo excepcionalmente remoto lo fue de la Naturaleza. En este culto dispensado por la mujer, honrar a los ancestros era capital.

    Junto a Mari figuran otros personajes igualmente femeninos: las lamias, mujeres palmípedas, las sorgiñas que presiden los nacimientos, Eguzkia, el Sol y Ilargia, la Luna, igualmente femeninas en la mitología vasca; Ama Lur, la Madre Tierra, es otro de los avatares de Mari, y así sucesivamente.

EL GRUPO SANGUINEO VASCO

    Exiten dos grandes grupos de religiones y cosmogonías: las de naturaleza masculina y solar y las de carácter telúrico, femenino y lunar. Este hecho, ha determinado los grandes conflictos históricos: Roma contra Cartago, Dorios contra Minoicos, etc. La religión vasca pertenece al grupo telúrico y lunar. Podemos establecer que su origen es similar a la del resto de pueblos que tienen idéntico simbolismo religioso. El grupo sanguíneo nos ayudará a perfilar la respuesta al problema de los orígenes vascos.
    El grupo sanguíneo dominante entre los vascos autóctonos es el 0 (entre un 75 a 80%). Tal proporción solamente se da entre pueblos atlánticos (escoceses, irlandeses, islandeses), en Creta, Cerdeña, algunas zonas de Túnez y poco más. La sangre 0 está ligada a pueblos marineros y disminuye a medida que vamos dejando atrás el Atlántico. La sangre A, por el contrario, está presente de forma mayoritaria a medida que nos remontamos hacia el Norte de Europa y disminuye cuando vamos descendiendo. A pesar de las migraciones y los cambios provocados por las invasiones, es posible percibir perfectamente que allí donde las religiones de tipo solar fueron hegemónicas, la sangre dominante era del grupo A y cuando predominaron las telúricas y lunares, la sangre fue de grupo 0. Y es así como podemos hablar de dos grupos de mitos que aluden a ubicaciones geográficas muy concretas que se corresponden con grupos sanguíneos y con formas religiosas.
 
    Los mitos de los pueblos que ostentaban religiones solares y sangre A, afirmaban que su lugar de procedencia era el Norte, Hiperbórea o Thule, mientras que los pueblos telúricos y lunares, de sangre 0, se querían hijos de la Atlántida o de Occidente. Los vascos pertenecen a este segundo grupo. Tal es su origen mítico... Si los escrúpulos, impiden hablar de la Atlántida en el caso vasco, habrá, necesariamente que aludir a “pueblos marineros”, pues no hay ni uno solo en donde la sangre 0 y la religión telúrica predominen, que desconozcan las rutas marítimas.

LAS INICIACIONES HEROICAS EN LAS SOCIEDADES TRADICIONALES

    El pueblo vasco recibió poca aportación de sangre A. Las legiones romanas, apenas se internaron en lo que hoy es el País Vasco. Los pueblos germánicos tampoco penetraron. Leovigildo y los visigodos arrinconaron a los vascos en sus valles rodeados de montañas. Los vascones perdieron La Rioja y Navarra. Los musulmanes, ascendieron hasta Poitiers, pero no se preocuparon de penetrar en el País Vasco. Solo en el siglo XIX, la industrialización hizo necesaria la presencia de mano de obra nueva y la burguesía local hubo de apelar a la emigración. Esta prosiguió hasta hace poco. Euskal-Herria dejó de ser una sociedad estanca, encerrada en valles y caseríos, la emigración trajo la diversidad cultural y las doctrinas nacionalistas de Sabino Arana, constituyeron un reflejo de autodefensa para la identidad vasca. Pero, por entonces, era inevitable que el matriarcado originario hubiera entrado en conflicto con el sistema patriarcal que, no solo rodeaba a Euskal-Herria, sino que había penetrado con la inmigración. En el fondo, el nacionalismo, con su culto a la tierra natal, no es sino una muestra evolucionada de telurismo.

    La sociedad vasca, especialmente los jóvenes varones, terminaron por experimentar una incomodidad existencial. Su problema consistía en huir del matriarcado originario y construir una sociedad patriarcal a imagen de los pueblos vecinos. Para ello se sirvió de los mecanismos iniciáticos y, en particular, de las iniciaciones heroicas.
 
    Permanecen rastros de estas iniciaciones en ciertas danzas que todavía hoy siguen practicándose. En la “mascarada” de Zuberoa o en la “Axeri dantza” de Azuma, en las fiestas de Carnaval de muchos pueblos vascos, los jóvenes imitan la conducta del zorro o del lobo, animales típicamente guerreros; luego deben mostrar su habilidad como jinetes, decapitan aves y danzan con espada y palo. El baile de “Orratzakoa” es particularmente significativo: los danzantes se colocan uno tras otro con las piernas abiertas formando una especie de túnel que cada uno de ellos debe atravesar a gatas. Al llegar al final, el primer bailarín lo pone de pié agarrándolo por las axilas. Evidentemente se trata de la dramatización de un parto. Bruno Bettelheim escribe a propósito que uno de los fines del ritual de iniciación masculina podría consistir en afirmar que “también los hombres pueden engendrar hijos”. En el País Vasco existía la costumbre de la "covada", pantomima consistente en que el padre se acuesta en el lecho de la esposa que acaba de dar a luz, simulando los dolores del parto, mientras la madre se incorporaba para realizar los trabajos cotidianos... Lejos de ser una costumbre desprovista de sentido, supone una aspiración a asumir la generación del hijo y tener potestad sobre él.

    Mediante la iniciación, el joven que ha nacido en una sociedad dominada por lo telúrico, intenta zafarse de esta influencia que considera contraria a su naturaleza y establece su hegemonía en el seno de una sociedad de hombres. A través de la iniciarión, el joven muere como adolescente -equiparado a las mujeres y a los niños-, es arrancado de los vínculos que la unen a la madre y entra en la comunidad de los hombres. Su equivalente moderno son las “peñas” y “sociedades” vascas.

    Este esquema ha funcionado durante milenios hasta que el mundo moderno lo ha arrojado al baúl de las supersticiones y de lo irracional. Caro Baroja decía que cuando se cierra la puerta a lo mágico, vuelve a entrar por la ventana. Este es el motivo de porque ha arraigado con tanta fuerza el terrorismo y la violencia callejera.

    Hoy conocemos buena parte de las tradiciones vascas gracias a los estudios etnográficos. El Euzkal-Herria ha sufrido el mismo proceso de abandono de las tradiciones que otros pueblos occidentales, se ha cerrado la puerta a lo mágico. Sin embargo el proceso iniciático se ha reconstruido en forma de terrorismo y de violencia callejera. Mediante estos dos fenómenos, una parte de los jóvenes vascos se afirma como “hombres” realizando actos terroristas, pobres remedos de acciones “guerreras”, gracias a las cuales, olvidan su carácter de adolescentes en régimen de dependencia de la Madre. Huyen así del mundo matriarcal y se refugian en el patriarcal. Los “Comandos Y de Apoyo a ETA” y los jóvenes violentos de “Jarrai” entran perfectamente dentro de este esquema que explica porqué su militancia es siempre corta en el tiempo. La iniciación es un momento de tránsito, no una situación estable que pueda prolongarse muchos meses.

    La iniciación viene prologada de un período de retiro en el que el joven, solo o en compañía de los que están en su misma situación, se prepara para la prueba (el joven que se integra en "Jarrai" o en los "Comandos Y", pasa por "cursos", "seminarios" de formación como primer acto de su militancia). Luego, como en todo rito de este tipo, viene la “aventura iniciática”; entre los jóvenes africanos se tratará de cazar a un león o a un animal salvaje; los jóvenes urbanos occidentales, en unos casos, irán a los estadios de fútbol a animar a su equipo y buscar el enfrentamiento violento con los hinchas contrarios y en el caso de los radicales vascos, se tratará de vivir su aventura lanzando un cóctel molotov contra una entidad bancaria, incendiando un autobús o destrozando el mobiliario urbano. Al cabo de un tiempo, cuando el joven ya ha mostrado su virilidad y valor, cuando gracias a una serie de acciones delictivas, logra sentirse “hombre” y ser reconocido como tal por sus compañeros, ya no precisa más de la organización activista y reemprende una vida normal. Apenas se contentará con votar a HB como recuerdo de su período de militancia activa.

ETARRAS CON UN PIE EN LA ATLANTIDA

    En 1998 quien se vincula a una organización como ETA, lo hace por motivos irracionales, causas psicológicas inconscientes o impulsos irreflexivos. El etarra se siente atraído hacia esa organización por que piensa que, gracias a ella, superará su estado de dependencia matriarcal y se afirmará como hombre a través de una serie de pruebas iniciáticas (actos terroristas).

    Hay muchos datos en la historia de ETA que abundan en dirección de lo ya expuesto. Uno de los primeros teóricos de ETA, Federico Krutwig, mezclaba elementos muy disparen con la ideología marxista. Krutwig tenía ascendencia alemana; excepcionalmente erudito, entró en la Academia de la Lengua Vasca. Su implicación con ETA le obligó a exiliarse en Bélgica. Krutwig tuvo parte de responsabilidad en el decantamiento de ETA hacia la lucha armada. En uno de los textos más difundidos entre los nacionalistas radicales de los años sesenta, intenta sintetizar sus orígenes germano-vascos: “La tendencia hacia las ciencias secretas y el ocutismo son uno de los rasgos resaltantes del carácter vasco que lo acercan en mucho a un sentimiento parecido que existe entre los pueblos germánicos. Por otra parte, no sólo en los libros ocultistas sino también en la literatura teosófica, los vascos juegan un papel importante como descendientes de la raza “atlántica” que precedió a la llamada “arya”, entendiéndose por estas palabras algo muy diferente a lo que la ciencia enseña”.

    El teórico etarra conocía la obra de Helena Petrovna Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, grupo ocultista que hizo furor en los últimos años del siglo XIX. La Blavatsky sostenía la llamada “teoría de las razas matrices”, que se irían superponiendo y "guiarían" la evolución mítica de la humanidad; una de ellas era la “atlántica” a la que sucedió la “arya”, que daba como hegemónica en el momento actual. Para la Blavatsky, la raza vasca es un residuo del “ciclo atlante”. Y tal es la tesis que recoge Krutwig, lo cual demuestra que los primeros etarras sí tenían presente tesis ocultistas e insertaban –incluso los marxistas- su nacionalismo en un terreno místico.

SIMBOLOGIA ETARRA

    ETA ha tenido distintos símbolos a lo largo de su historia. En un primer tiempo se limitaron a utilizar el lauburu, svástica vasca, o simplemente las siglas como logotipo. Finalmente, a lo largo de los años setenta, se fue extendiendo, a partir de la VI Asamblea, la utilización del hacha y de la serpiente.

    El hacha es, tradicionalmente, un símbolo de sacrificio y de cólera,  emblema de fuerza, dureza y penetración. Contrariamente a las hachas de doble filo propias de los pueblos indo-europeos, cuyo significado no es solamente destructor sino también creador, el hacha utilizada por ETA quiere ser símbolo de dureza (“duros como el hacha, sigilosos como la serpiente” decía el slogan de ETA). El hacha etarra pretende ser un símbolo de virilidad, atenuada por el símbolo femenino de la serpiente que la rodea y estrecha. El conjunto es andrógino (hacha masculina y serpiente femenina) y refleja hasta cierto punto el drama psicológico de la banda terrorista: hombres con la sensación de estar disminuidos en el seno de una sociedad matriarcal, que solamente mediante una dureza y virilidad fálica (Federico Krutwig, una vez separado de la organización, explicó que, el “cojonímetro era la medida de todas las acciones”...). Otro militante, igualmente separado, José María Escubi Larraz, pinta un cuadro muy particular de los etarras en fuga y de su actuación cuando eran acogidos en algún caserío: “Cuando nos cobijaban en alguna casa, debíamos adaptarnos a su régimen de vida, ayudar en la cocina, cuidar de los niños, hacer las camas, etc.” en otras palabras, todas las actividades tradicionales propias de las mujeres vascas...

EL TERRORISMO COMO FORMA DE SACRIFICIO HUMANO

    Lejos de ser una organización madura, en la que sus militantes tienen integrado el consciente y el inconsciente, ETA muestra rasgos, cada vez más primitivos y degradados. Los factores subpersonales (traumas, frustraciones, bagaje inconsciente heredado, virilidad fálica, complejos e inhibiciones) se imponen a cualquier otra consideración lógica, política o estratégica.
 
    En el momento de justificar sus crímenes los militantes etarras y la torpeza a la hora de elegir objetivos, ponen de manifiesto la estructura arcaica y primitiva de sus resortes psicológicos. La pobreza de sus argumentos contrasta con la desproporción de sus crímenes. Haciendo abstracción del primitivismo de sus justificaciones, tras el terrorismo reaparece la vieja teoría universal del sacrificio humano, practicado en tantas latitudes: el sacrificio de unos debe servir para restablecer el orden cósmico y salvar a la comunidad. Se ofrece sangre inocente a los dioses -y muy frecuentemente a las diosas- para que intercedan en los asuntos de los hombres y les concedan aquello que piden. La víctima expiatoria se convierte intermediario entre el dios y el hombre. En ocasiones es necesario que la víctima sufra hasta lo indecible antes de ser ejecutada (pensamos en Ortega Lara), eso garantiza que su sacrificio surtirá sus frutos. El esquema utilizado por todas las sociedades que han practicado sacrificios humanos es aplicable también al terrorismo moderno. Pero lo que era propio del neolítico hoy adquiere su auténtica dimensión de salvajada.

    ETA y su entorno precisan asistencia psiquiátrica y seguimiento psicológico antes que negociación. Etarras y radicales son, ante todo, enemigos de sí mismos, antes que enemigos de la sociedad que les ha visto nacer. Solamente un proceso psicológico mal asumido de rechazo del universo de la Madre, ha sido capaz de generar en la sociedad vasca el cáncer terrorista. No todo el terrorismo vasco deriva de esta componente, pero, al menos a nivel inconsciente, es la más importante. ETA y el terrorismo armado son, antes que una ideología o un proyecto político,  una patología del alma. Y como tal hay que tratarlo.

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