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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Redescubriendo a Kondratieff…

info-Krisis.- El futuro no volverá a ser como antes de la crisis. La patronal de la construcción en el año 2000 tenía asumido que su sector siempre atravesaba “ciclos” y que la fase expansiva que se iniciaba en ese momento, antes o después terminaría. Sorprende, por tanto, que no tomaran medidas para cuando se produjera el punto de inflexión y que no supieran poner el pie en el freno. Sin embargo, los ciclos económicos afectan a todos los sectores y son una característica del capitalismo que emergió con la primera revolución industrial. Estos ciclos encontraron en el economista ruso Nikolái Dmítrievich Kondrátiev a su intérprete más riguroso. Kondratieff fue capaz de identificar cuatro ciclos… pero erró en el quinto al no percibir que entonces el capitalismo entraba ya en una fase senil.

 Recientemente, Alain de Benoist en su introducción a Mañana el decrecimiento (publicado por Ediciones Identidad) nos recordaba la existencia de los llamados “ciclos de Kondratieff”. Estos ciclos teóricos tendrían una duración de entre 50 y 60 años. En su primera mitad –fase ascendente de entre 25 y 30 años- se generaba creación de riqueza y prosperidad económica, pero en la fase más ascendente las empresas precisaban recurrir a ingentes cantidades de crédito para poder ampliar sus instalaciones, adecuarse tecnológicamente a los nuevos sistemas de producción y ampliar su volumen de negocio. A partir de ese momento se producía una “financiarización” de la economía que dejaba de ser productiva para convertirse en especulativa cuando ya se había entrado en la fase decadente del ciclo. En esta fase se producían las famosas “burbujas” con sus estallidos consiguientes y las grandes crisis, hasta que nuevamente, al alcanzarse un nivel mínimo de actividad económica se producía una expansión productiva, se contraía la dependencia financiera de las empresas y el ciclo volvía a comenzar.

Los cuatro ciclos Kondratieff

Kondratieff identificó cuatro de estos ciclos: el primero de 1790 (que se iniciaría con la revolución francesa) a 1848 (la llamada “primavera de los pueblos” con las revoluciones que estallaron en el primer semestre de aquel año, publicación del Manifiesto Comunista(cursiva), victoria de EEUU sobre México).

El segundo ciclo que alcanzaría desde 1848 hasta 1893 (en este año se empiezan a producir grandes innovaciones tecnológicas que alcanzan desde el motor Diesel hasta el invento de la Coca-Cola). En esta fase el capitalismo industrial entra en su auge y se generan las grandes concentraciones industriales en los países mejor situados para liderar el mundo en esa época. Ese período marcará el segundo ciclo de la expansión norteamericana, la superación de la crisis interna que supuso la guerra de secesión (1860-64). En España se produjo una sucesión de conflictos civiles, la aparición de los nacionalismos periféricos (vasco, catalán y gallego) y las primeras crisis especulativas que estallaron en Barcelona en 1889 y provocaron la quiebra de los grandes bancos locales.

Un tercer ciclo se inició a partir de 1893 que terminaría entre 1940 y 1948. Es la época de las dos grandes guerras mundiales y de los auges económicos que siguieron. El ciclo está marcado especialmente por la crisis de 1929 que solamente terminó cuando los franceses, inducidos por los ingleses, declararon la guerra a los alemanes después del estallido de un conflicto fronterizo entre este país y Polonia. Esta declaración hizo que un conflicto localizado se transformara en mundial y permitiera a los EEUU salir del bache de 1929 que diez años después de New Deal todavía no habían superado. El ciclo termina para Kondratieff en 1948, cuando ya resultaba evidente que se iniciaba el período de la reconstrucción de Europa y cuando había estallado el Golpe de Praga que, oficialmente, dio origen a la Guerra Fría.

Justo en ese momento se inicia –siempre para Kondratieff- la cuarta fase cíclica cuya fase ascendente llegaría hasta 1968-73, aproximándose a la versión de los economistas norteamericanos que definieron estos años (1945-1975) como “los treinta años gloriosos” en los que la economía, prácticamente, fue creciendo. Son también los años en los que, a la sombra del crecimiento productivo se va generando un fenómeno cada vez más visible de acumulación de capital. En esos años el capitalismo empieza a dejar de ser “industrial” y se convierte en “multinacional”. Lo esencial en la fase final del ciclo ya no es una fábrica produciendo manufacturas, sino un consorcio  generando ampliaciones y fusiones e incluso entrando en fases de oligopolio. Estos años de la gran expansión de la postguerra europea terminan con la primera crisis del petróleo y con la previa tercera guerra árabe-israelí. A partir de ese momento, se inicia un período de declive cuando la tasa de crecimiento de la economía mundial impulsada por los EEUU especialmente, se va moderando y perdiendo fuelle.

El “quinto Kondratieff” que jamás verá la luz

Según el modelo teórico propuesto por Kondratieff este descenso debería de haber alcanzado su punto crítico en 1992-96 para iniciarse entones la fase ascendente de un nuevo ciclo. Pero no ha ocurrido así. El por qué (porqué) de este desfase no le correspondió explicarlo a Kondratieff (que había fallecido en 1938) sino a sus epígonos. Desconocido en Occidente hasta que Schumpeter divulgó su obra poco antes de comenzar la II Guerra Mundial, Kondratieff vinculaba los ciclos de ascenso a innovaciones tecnológicos que afectaban a la producción: el ascenso del primer ciclo estaría motivado por la máquina de vapor que favoreció la primera revolución industrial y permitió dar un gran impulso a la industrial textil; el segundo ciclo estaría motivado por la generalización del ferrocarril que facilitó el transporte; luego el tercer ciclo se produjo gracias al desarrollo de la electricidad, los motores de explosión  la industria química; mientras que la fase ascendente del cuarto ciclo estuvo ligada a la industria petroquímica y a la electrónica. Era fácil prever que el inicio del quinto ciclo en 1992-96 se produciría gracias a la microinformática y a la biotecnología… pero no fue así.

Lo que se produjo a partir de 199296 no fue la implementación de un nuevo ciclo expansivo, sino la continuación del anterior ciclo decadente dado que la principal aplicación de la microinformática fue… la globalización financiera de los mercados. Por primera vez una innovación tecnológica facilitaba más a la financiarización de la economía que a la producción industrial. Sin el ordenador y sin las tecnologías de la información, esta globalización hubiera sido imposible. Hoy, gracias a la microinformática, el parasitismo financiero es capaz de movilizar anualmente un volumen de negocio de unos mil millones de millones de dólares, casi veinte veces el Producto Bruto Mundial.

El modelo teórico creado por Kondratieff parece haber funcionado durante el capitalismo artesanal y durante la primera revolución industrial e incluso durante la segundo, pero parece haber quedado superado por la realidad. ¿Por qué? Por que(Porque) el sistema capitalista ya no está ante la posibilidad de una fase expansiva de la producción industrial como en los ciclos anteriores, sino que la imposibilidad de acceder al “quinto ciclo” de Kondratieff se debe a la senilidad del capitalismo y en buena medida a la crisis de su “lidership”, los EEUU.

China – EEUU, pulso económico hoy, pulso militar mañana

Hoy los EEUU se han convertido en la bomba aspiradora de ahorros de todo el planeta. Para asegurar el consumo interno de los EEUU las bolsas de aquel país deben diariamente captar entre 1.500 y 2.000 millones de dólares procedentes de los “ahorros” del resto del mundo. El capitalismo es, ciertamente, universal, pero, paradójicamente, su capitalidad se encuentra en los EEUU y esta(ésta) es inseparable del dominio militar y del unilateralismo norteamericano. La financiarización de la economía es, sobre todo, la financiarización de los EEUU que, ha dejado de ser una “nación productiva” para consumir especialmente lo que se produce fuera, ha dejado de exportar bienes y capitales para importar todo esto en las mejores condiciones: esto es, en un mercado global.

Cuando incluso una nación oficialmente “comunista” como China se ha visto obligada a invertir sus capitales excedentes no lo ha hecho en países del Tercer Mundo, sino en el entorno capitalista y concretamente en las bolsas norteamericanas. Solamente Fanny Mae y Freddy Mac, las dos hipotecarias norteamericanas a mediados de 2008  registraban medio billón de dólares de la República Popular China. Si Bush aceptó inyectar dinero público para salvarlas de la crisis fue solamente ante la amenaza china de no volver a comprar jamás deuda pública norteamericana.

Para la estrategia de la República Popular China invertir en los EEUU garantiza un período de paz que durará todo el tiempo en el que éste último país siga manteniendo una hegemonía militar. La economía china apuntala a la norteamericana y, por tanto, los EEUU no estarán en condiciones de utilizar su hegemonía militar contra China a la vista de que, de hacerlo, la retirada masiva de capitales generaría el desplome de la economía norteamericana y con él la pulverización de las Fuerzas Armadas y de su presencia militar en todo el mundo. Solamente cuando se produzca el equilibrio de fuerzas, China invertirá preferentemente en otros países. La paz, a partir de ese momento, ya no quedará asegurada por la dialéctica del amo y del esclavo entre ambos países, sino por una nueva edición del “equilibrio del terror” que garantizó cuarenta años de equilibrio en Europa durante la Guerra Fría.

La crisis en la capital del capitalismo

La irresponsabilidad de los EEUU (gastando mucho más de lo que es capaz de producir, confiando en la doble fuerza de su potencia militar y del dinamismo de su economía financiera a la hora de atraer capitales) está –mucho más que la anécdota de las subprimes- en el fondo de la actual crisis mundial.

Se dice que los EEUU son la primera democracia que irrumpió en la historia. No es cierto. Fueron una democracia, pero hoy no son más que un Estado secuestrado por un oligarquía económica cuyo puntal es la especulación financiera cortoplacista y depredadora, convertida en su ley interior y en su fuerza motriz. Ese modelo es el que están imponiendo en todo el mundo a través de la globalización.

No es raro, que desde los EEUU el neoliberalismo haya encontrado inspiración en las doctrinas económicas de Friedrich Hayek, redescubierto a finales de los 70 por Margaret Tatcher y entronizado en el Olimpo de la Economía por Ronald Reagan.

La vieja idea reformulada de que el Estado debe inhibirse en cuestiones económicas llevaba directamente a la propuesta “más mercado, menos Estado” lo que en la práctica implicaba una subordinación de los “Estados democráticos” a los “mercados oligárquicos” y nos lleva directamente a otro planteamiento: “Estados de mínimo poder –contra(cuanto) más débiles mejor- gobernados por mercados”. Y cuando decimos “mercados” estamos aludiendo, no a entidades metafísicas y abstractas, sino a especuladores con nombres y apellidos y a los líderes de la economía financiera… no productiva.

Por otra parte ¿se puede hablar de “economía de mercado” cuando la existencia misma de éste está falseada por situaciones de monopolio, oligopolio o por existencia de cárteles en todos los sectores económicos?

Cuando ya no queda ni Keynes

Vale la pena recordar que los “treinta años gloriosos” (1945-75) estuvieron presididos por la hegemonía económica de John Maynard Keynes quien recomendó la intervención del Estado en materia económica, la existencia de un fuerte sector público y de inversiones del Estado que, por sí mismas, generaran movimiento económico. Cuando a finales de los 70, Tatcher empezó a reivindicar la figura del rival histórico de Keynes, Friedrich Hayek, algunos entendieron que la alternativa estaba entre ambos: o la economía se privatiza y se da prioridad a los mercados, o los Estados someten a una disciplina a los mercados.

Así pues, si la crisis actual era una crisis del modelo diseñado por Hayek y que ha concluido en la globalización de los mercados, devenidos libres, la alternativa sería retornar a Keynes y reconstruir sectores públicos de la economía así como salir de la crisis mediante fuertes inversiones estatales en estos mismos sectores de nuevo nacionalizados. La inversión pública y no los mercados garantizarían para los keynesianos, la salida a la crisis.

¿Siempre nos quedará Keynes? Ni eso. Para que una doctrina keynesista pudiera aplicarse hoy sería necesario que existieran Estados dignos de tal nombre y no conglomerados burocrático-administrativos, gestionados por unas clases políticas mediocres o simplemente ineptas. La actual crisis económica ha demostrado, además, que los Estados están inermes ante la amenaza de los “mercados” (esto es, ante la amenaza de quienes dirigen los mercados). De lo contrario no se entiende el celo que pusieron todos los Estados en enjugar las pérdidas de los consorcios bancarios en la primera fase de la crisis y que se tragó literalmente los superávits de muchos Estados entre ellos del español.

El keynesismo sería aplicable si hoy existiera economía productiva y los estados estuvieran dirigidos por “estadistas” y no por “gestores temporales aprovechados de la res pública”. El intervencionismo estatal ya no puede cortar las alas a los especuladores porque los Estados modernos son tan débiles que sus políticas están habitualmente dictadas por algo tan manipulable como son las estadísticas de intención de voto.

Guerra para salir de la crisis

Si no es posible la aplicación de las doctrinas keynesianas, solamente queda una alternativa para salir de la crisis: un nuevo conflicto bélico. Las guerras, siempre han supuesto para los EEUU una forma de salir de las crisis y alcanzar nuevos estadios de desarrollo. La guerra de la independencia, a fin de cuentas, tuvo una motivación económica: los colonos de Nueva Inglaterra se negaron a pagar los impuestos ordenados por el monarca británico. El pistoletazo de salida del conflicto precisamente fue el llamado “Motín del Té de Boston” cuando los miembros de la logia masónica de esa localidad arrojaron al agua las cajas de té de un navío británico después de que esta hierba fuera grabada con un impuesto particular.

En los 50 años siguientes, EEUU se anexionó vía conquista o a través de la compra, amplios territorios que componen hoy lo esencial de su paisaje. La guerra civil supuso otro nuevo golpe de tuerca, al que seguirían las intervenciones en  la zona del Caribe que culminaron con la guerra con España. La Primera Guerra Mundial supuso la posibilidad para los EEUU de proyectarse fuera del continente norteamericano, mientras la Segunda confirmó su proyección a nivel mundial.

La guerra siempre ha sentado bien al capitalismo norteamericano que ha visto reforzado su poder, mientras el pueblo de los EEUU ponía los muertos. El “patriotismo” y lo que implicaba (la defensa del “estilo de vida americano” y de la “democracia y la libertad”) excusa para unos y causa para los otros, era el motor emotivo de estos conflictos generados únicamente por las necesidades de la oligarquía de obtener rentabilidad al capital.

¿Es posible que EEUU tiendan hoy a una salida de este tipo ante la actual crisis? Es una posibilidad, pero que nunca será como en las dos últimas guerras mundiales. Los EEUU ni siquiera están en condiciones de afrontar el esfuerzo económico-militar que suponen las guerras de Irak y Afganistán, y todo lo que no sea realizar bombardeos a gran altura, lanzamiento de mísiles a distancias de miles de kilómetros del objetivo, se les hace demasiado cuesta arriba. De la misma forma que en los bombardeos contra Yugoslavia de 1999 apenas causaron daños a la defensa de aquel país (aunque destruyeron las infraestructuras civiles) y el Pentágono no se atrevió a una ocupación directa del territorio por parte de los marines, la marcha de las guerras de Irak y Afganistán en donde a los EEUU les resulta imposible vencer a pequeñas unidades irregulares demuestra muy a las claras la ineficacia del ejército norteamericano en los combates.

Así pues, si bien hay que excluir el protagonismo directo de los EEUU en nuevas guerras ofensivas, no se excluye la posibilidad de que aparezcan nuevos conflictos instigados por este país en escenarios periféricos y sin participación directa de los EEUU que se limitarían simplemente a producir y vender armas, dando un nuevo impulso a su sistema de “keynesianismo militar” (prioridad de las inversiones en el complejo militar-industrial haciendo del mismo el eje de la industria de aquel país).

¿Qué falló en el modelo de Kondratieff?

El economista ruso analizó el capitalismo desde la perspectiva de un capitalista, es decir, dando por sentado que este sistema sería eterno y superadas las fases descendentes de las crisis volvería a gozar de la misma salud. Este punto de vista es todavía más incomprensible si tenemos en cuenta que elaboró sus teorías en el marco de la sociedad socialista y que su teoría sobre los ciclos económicos se publicó en 1926 en el momento culminante de la sustitución de Lenin por Stalin.

Kondratieff permaneció de espaldas a las teorías marxistas que auguraban el fin del capitalismo y el triunfo de la revolución socialista internacional. No es raro que, finalmente, resultara detenido en 1930 y fusilado en 1938… Su teoría tenía un fenomenal agujero que inhabilitaba su modelo.

En efecto, Kondratieff daba por sentado que tras cada período decadente del capitalismo seguiría un nuevo ciclo ascendente. El hecho de que este proceso se hubiera producido en tres ocasiones le indujo a creer que poco después de su fusilamiento se iniciaría un nuevo ciclo expansivo y que a éste seguiría otro y otro. Olvidaba que el capitalismo, como cualquier organismo humano, nace, crece, se desarrolla y entra en una fase decadente y de senilidad que augura su muerte. El capitalismo no es eterno, lo único eterno son las ambiciones de los hombres que lo encarnan. Y estas ambiciones son necesarias para el desarrollo del capitalismo, de la misma manera que el oxígeno es necesario para la vida… pero de la misma forma que el oxígeno termina oxidando las células y provocando su degeneración y muerte, también las incontrolables ambiciones de los capitalistas terminan acelerando el fin de su ciclo vital.

Hoy nos encontramos en esa fase. No es solo(sólo) crisis económica, es también la crisis energética que le acompaña (hoy ya sabemos que no habrán hidrocarburos para alimentar eternamente las fábricas), la crisis ecológica (hoy ya sabemos que un sistema productivo no puede crecer eternamente sin modificar profundamente el entorno medioambiental), la crisis urbana (siendo las ciudades y los polos industriales es escenario de los procesos de consumo y producción, más allá de determinadas dimensiones se muestran humanamente inviables), la crisis tecnológica (ya es imposible aumentar la producción mediante nuevas tecnologías para satisfacer las necesidades de cada vez más millones de habitantes), la crisis geopolítica (nos aproximamos al colapso de los EEUU tenido todavía como “lidership” mundial), y finalmente, la crisis del “modo de vida” (que ha llevado a un empobrecimiento y a una banalidad existencial sin precedentes en la historia y a procesos de aculturalización cada vez más extendidos)… todo lo cual llega en un momento de senilidad del capitalismo cuando la actual hipertrofia financiera parece completamente irreversible.

Las salidas al “quinto ciclo de Kondratieff”

¿Hay soluciones? Siempre las hay. La primera es considerar al liberalismo como un mito y desterrarlo del plano de las fórmulas aplicables en la realidad. El liberalismo (con el pleonasmo neo-liberalismo) nos han llevado hasta el punto actual de crisis generalizada: no se trata tanto de profundizar en “más liberalismo”, sino de desterrarlo del escenario de las ideas verdaderamente constructivas.

La segunda es priorizar al Estado frente al Mercado. No es una idea “socialista” contrariamente a las estupideces defendidas por von Misses o Hayek: es la tradición Europea y la esencia de la tradición Romana. Un Estado fuerte no sometido a la dictadura de los mercados y de sus dirigentes. Un estado capaz de planificar áreas y fases de desarrollo, de aplicar implacablemente los guiones establecidos y actualizarlos según las necesidades. Un Estado en guerra contra las oligarquías económicas.

La tercera es romper la globalización en beneficio de “economías de proximidad”, tender a los grandes espacios económicos en función de las constantes geopolíticas, de la homogeneidad de los pueblos, de sus visiones del mundo, de sus capacidades étnicas y antropológicas, antes que caer en las fantasías de un “mercado global”. Solamente puede haber “mercado” y solamente puede ser saludable un “mercado” cuando quienes participan en él lo hacen en igualdad de oportunidades. ¿Qué igualdad existe entre un asalariado chino y un asalariado berlinés? Allí donde no hay igualdad de posibilidades no hay mercado viable.

Finalmente, debemos hacernos a la idea de que esta no es una “crisis cíclica más”, no estamos ante el inicio de un nuevo “ciclo de Kondratieff”, estamos asistiendo al desplome de las estructuras del capitalismo tal como fue concebido a partir de principios de los años 80 por Reagan-Tatcher y que generó a partir de 1989 el proceso globalizador. Estamos al final de un ciclo y al principio de otro. La única esperanza para que el ciclo que se avecina no sea, literalmente, un infierno o un mercado convertido en selva y escenario preferencial para depredadores, es aplicar los tres principios que hemos enunciado (romper la globalización, archivar el liberalismo y el neoliberalismo, atribuir más poder al Estado en lugar de a los mercados).

info-Krisis.- El futuro no volverá a ser como antes de la crisis. La patronal de la construcción en el año 2000 tenía asumido que su sector siempre atravesaba “ciclos” y que la fase expansiva que se iniciaba en ese momento, antes o después terminaría. Sorprende, por tanto, que no tomaran medidas para cuando se produjera el punto de inflexión y que no supieran poner el pie en el freno. Sin embargo, los ciclos económicos afectan a todos los sectores y son una característica del capitalismo que emergió con la primera revolución industrial. Estos ciclos encontraron en el economista ruso Nikolái Dmítrievich Kondrátiev a su intérprete más riguroso. Kondratieff fue capaz de identificar cuatro ciclos… pero erró en el quinto al no percibir que entonces el capitalismo entraba ya en una fase senil.

El Mare Nostrum en el siglo XXI

info-Krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si esa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación mas espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidan (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofacista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin d crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

info-Krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si esa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación mas espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidan (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofacista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin d crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

info-Krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si esa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación mas espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidan (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofacista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin d crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

info-Krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si esa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación mas espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidan (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofacista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin d crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

info-Krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si esa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación mas espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidan (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofacista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin d crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – Infokrisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

ZP: o cómo reavivar el “efecto llamada” en tiempos de crisis

Infokrisis.- La noticia fue sugerida el día 8 por Intereconomía y parecía increíble, hoy, sin embargo la ha confirmado El Mundo: el gobierno prepara un Reglamento de Inmigración que “flexibilizará” la renovación de permisos de residencia y rebajará de 3 a 2 años el requisito para poder aplicar la “regularización por arraigo”. Como la ciudadanía no responda vamos a cerrar un ciclo de “alogenización” del país que empezó con la regularización masiva de febrero-mayo de 2005.

La noticia es increíble e implica una verdadera “regularización masiva” solapada, la última barbaridad ignorante e irresponsable cometida por el zapaterismo, una nueva traición al pueblo español y una puñalada más a todos los españoles que, gracias a la estupidez zapaterista, cada vez se sienten más extranjeros en su propio país.

Las noticias difundidas por Intereconomía (de la que se podía dudar a causa de sus posiciones políticas neoliberales y próximas a la derecha de la derecha de dentro del PP) confirmadas hoy por El Mundo supone una verdadera afrenta a todos los españoles a los que se nos ha subido impuestos para afrontar el déficit del Estado, déficit que se debe en gran parte a la propia presencia del peso muerto de 6.000.000 de inmigrantes de los que solamente la cuarta parte cotiza a la Seguridad Social y al resto ¡los mantenemos el resto de españoles!

La noticia de que el zapaterismo va a engañar al pueblo español y a las propias autoridades de la Unión Europea utilizando su clásico sistema de dejar que la ley siga como estaba, pero reformando el reglamento para su aplicación, supone otro intento de fraude a un pueblo. Fraude intolerable y que se suma ya a una larga serie de fraudes inmorales y tropelías cometidas por ZP y sus mariachis.

Dos medidas graves y erróneas

¿Qué nuevo desastre añade esta próxima reforma? Dos fundamentales y que, de prosperar tendrán una importancia decisiva en la adulteración de nuestro sustrato étnico y cultural en los próximos años:

- En primer lugar, tal como ha señalado el director general de Inmigración del Ministerio de Trabajo e Inmigración del Gobierno, Markus González, ha avanzado que el Gobierno plantea renovar el permiso de residencia a inmigrantes en paro si sus parejas trabajan y cumplen, en su lugar, los requisitos económicos para permanecer en España… por supuesto no ha explicado de que “requisitos” se trata. Lo ha dicho “Markus”: “se trata de facilitar las renovaciones automáticas”.  

- La segunda medida es todavía peor: es la reforma del arraigo social para que los extranjeros en situación irregular puedan obtener un primer permiso de residencia tras probar que han pasado dos -y no tres años, como ahora- en España.  

En otras ocasiones ya hemos insistido suficientemente en que la figura del “arraigo social” es absolutamente incomprensible y consiste en premiar las situaciones de ilegalidad con una regularización sin preocuparse de nada más. Pensemos otra vez en lo que supone la figura del “arraigo social” ideado por ese lerdo de Jesús Caldera: un inmigrante entra ilegalmente en España, vive de no se sabe qué durante treinta y seis meses, al cabo de los cuales, el gobierno premia estos tres años de presencia milagrosa, con la regularización. Pues bien: esta reforma pretende reducir de tres a dos años la estancia ilegal para recibir los papeles.

Premiar las situaciones de ilegalidad

¿Qué deben pensar los inmigrantes que, según la ley de extranjería, solicitan en los consulados españoles más próximos a su lugar de residencia, permiso para entrar en España? Deben pensar que éste es un país en el que no vale la pena respetar la legislación vigente y que es mejor forzar su presencia aquí entrando ilegalmente.

Para colmo ¿y los cuerpos de seguridad del Estado? ¿Para qué van a pasar el día pidiendo papeles en la calle a boleo y fastidiar a un ilegal que lleve ya 23 meses en España? Total para que el ilegal reciba una carta en la que se le dice que abandone el territorio nacional…

Todo esto es una secuela del “optimismo antropológico” de un enfermo mental: de Zapatero, cuya obsesión, desde que presentó su candidatura a la secretaría general del PSOE ha sido la inmigración (ya en el “programa” que presentó en la ejecutiva de León del PSOE para avalar su candidatura, podía en el número 1 –no en el 2 o en el 3, sino en el 1- de su programa: “Solidarizarse con la inmigración”… cuando en León en ese momento no había más de 100 inmigrantes en toda la provincia), un hombre que ya no sabe qué hacer para conseguir que vengan más y más inmigrantes a nuestro país.

Cuanto más inmigrantes, más deficit

A ninguno de los incapaces de nuestro gobierno se le ha ocurrido preguntar qué harán esos inmigrantes regularizados rápidamente: porque aquí resulta evidente que en los cuatro próximos años vamos a seguir sufriendo el azote del paro, no está de ninguna manera claro cómo vamos a salir de esta crisis y cada vez más economistas están convencidos de que hasta 2020 no acabaremos de salir. ¿Cómo vamos a poder mantener a todos este peso muerto de inmigrantes y más inmigrantes en paro, sin preparación profesional y sin posibilidades de encontrar empleo en el sector de la construcción nunca jamás (porque nunca más se volverán a alcanzar las cifras de construcción de hace tres años) y con un sector turístico declinante en calidad y en cantidad de visitantes?

Este peso muerto lo vamos a mantener nosotros con nuestros impuestos. Y no hay absolutamente ninguna duda de que Rajoy no es partidario de las repatriaciones masivas y del cerrojazo total a la entrada de nuevos inmigrantes.

¿Por qué estas actitudes? Muy sencillo: cada inmigrante que llega es un consumidor que genera más movimiento económico. Por tanto, el PIB tiende a subir cuando sube el número de inmigrantes presentes en un país. Así se engaña al PIB: de un 0’1 arriba o abajo depende de que estemos o no técnicamente en recesión.

Pero no debemos de olvidar que la lógica dice que un inmigrante de más es un poco más de presión fiscal sobre todos nosotros y un puesta de trabajo menos para nuestra gente.

Las cifras de la tragedia que está viviendo este país ante la pasividad de su población

El resto de puntos mencionados por El Mundo son casi un chiste: que la Generalitat de Cataluña ofrece cursos de 135 horas de catalán para extranjeros no  es por “patriotismo” y antiespañolismo, tanto como por desvío de fondos públicos: en Catalunya a los amigos se les da para que organicen cualquier tipo de cursos. Así se quema presupuesto con cursos para un público no exigente, interesado solamente por el certificado de asistencia (¡como que un moro o un pakistaní van a hablar catalán después de 135 horas!)

La información que recogía hace unos días La Gaceta indica que uno de cada tres inmigrantes han perdido su empleo y más de 600.000, los que obtuvieron sus papeles en 2005, deberán solicitar su tarjeta permanente –que se consigue a los cinco años– en los próximos meses y muchos de ellos no podrán acreditar un empleo. En teoría se tendría que ir ya: pero Zapatero acude al rescate justo en el peor momento para nuestra economía y en el peor momento para nuestro pueblo.

Pero hay más: si hay 6.000.000 de inmigrantes entre legales e ilegales empadronados (nadie sabe cuántos cientos de miles de ilegales no empadronados residen en España, ni mucho menos de qué viven) y solamente cotizan a la Seguridad Social 1.400.000 ¿de qué vive el resto? El día en que el gobierno nos lo explique habrá que brindar con cava.

¿Pero solamente hay 6.000.000 de inmigrantes? Sí, pero, en realidad hay más: algo más de un millón ya han recibido la nacionalidad española, aun cuando tengan de españoles solamente un papel en el que se acredita. Y, tal como informa La Gaceta, en estos momentos 1.200.000 más estén esperando como agua de mayo la nacionalidad.

Conclusiones

En definitiva:

1) Estamos ante una regularización masiva discreta

2) Esta regularización obedece a la acumulación de ilegales (algo más de 1.000.000)

3) Tiene como objetivo reavivar el efecto llamada, ligeramente apagado desde que estalló la crisis.

4) Uno de los objetivos es lograr que entre más población extranjera para garantizar la subida de unas décimas del PIB y poder alardear que “hemos salido de la recesión”.

5) Hasta 2004, como mínimo, la masa de inmigrantes en paro la seguiremos manteniendo nosotros con nuevas subidas fiscales, subidas

6) Cada puesto de trabajo al que aspira un inmigrante es un puesto de trabajo quitado a un español.

7) La preparación profesional de los inmigrantes se adapta solamente a situaciones de auge del turismo y de la construcción… sectores que nunca más, absolutamente nunca más, volverán a tener el desarrollo que tuvieron hasta 2007.

8) El zapaterismo ha evidenciado el cáncer de la sociedad española: la falta de sentido común de nuestra clase política y el silencio de Rajoy indica que en el otro lado tampoco se anda muy sobrado de este sentido, aunque sobren ambiciones.

En definitiva y resumiendo: Este país no tiene remedio porque tiene una clase política  irremediablemente inútil, ciega e incapaz. Ya va siendo hora de alojar la papeleta de voto de los dos grandes partidos al basurero en lugar de en la urna y de pensar opciones nuevas.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Un texto de hace 12 años: COMENTARIOS A "LA TENTACION NEOFASCISTA EN ESPAÑA" de Javier Casals (II de II)

Infokrisis.- La segunda parte de este texto está casi completamente consagrada al 23-F y todo lo que le rodeó. En la actualidad dispongo de más datos sobre todo aquello que, en realidad confirman -con pequeñas rectificaciones- lo dicho aquí. Por lo demás, este material ya fue tratado con cierto detenimiento en las Ultramemorias que publiqué en primavera-verano de 2009. No tengo gran cosa que añadir y me he limitado a colocar algunos comentarios entre corchetes. Si acaso valdría la pena rectificar que el nombre del norteamericano que aparece es más probable que perteneciera al Departamento de Estado o algún otro de los múltiples servicios de seguridad norteamericanos, que a la CIA. Sin embargo, no he rectificado ese punto, porque yo en aquel momento tenía esa convicción.

10. EL 23-F Y LA TRAMA CIVIL. ANTONIO IZQUIERDO.

Por algún motivo que desconozco el Sr. Casals que intentó ponerse en contacto con Tejero (el cual muy solícito siempre contesta a cualquier carta que se le envíe, no se dignó responder a las tres que le envió el Sr. Casals) y que logró un amplio intercambio epistolar con Blas Piñar, no quiso conectar con Antonio Izquierdo, de El Alcázar y uno de los personajes claves de la extrema-derecha durante la transición... personaje al que la extrema-derecha debe una parte considerable de su fracaso.

Antonio Izquierdo procedía de la burocracia movimentista. Era un personaje que recuerdo como una mezcla de mitómano y mediocre. Recuerdo en 1983, a poco de haber lanzado Juntas Españolas, cuando se excusó de una reunión diciendo que iba a ver a su "asesor de imagen". Tres meses después volví a verlo, con la misma caspa clamando al cielo sobre el mismo blazer azul marino... Supe entonces que Izquierdo era un mitómano capaz de creerse sus propias mentiras. Otro ejemplo: en una cena que organizamos en Madrid en mi último período de militancia en "Patria y Libertad", Izquierdo presidía la mesa; a un lado se sentaba Jorge Cutillas. Izquierdo, con la mayor frialdad, me dijo que había tenido entrevistas con oficiales de la OTAN que le habían confirmado que los tanques rusos cruzarían el Elba a finales de ese año. Yo intenté explicarle que, la prensa decía justo lo contrario y que los informes de inteligencia demostraban que la URSS empezaba a dar signos de agotamiento. Izquierdo seguía una y otra vez con sus improbables oficiales de la OTAN, así que decidí dejarlo por imposible. La foto que publicó El Alcázar al día siguiente, estaba recortada y era asimétrica. Izquierdo, Cutillas y no recuerdo quien más aparecían, de mí se veía solo el brazo de la cazadora...

Bien, situado el personaje, no hay que olvidar que Izquierdo fue un personaje clave en la trama del 23-F. Creo que no se ha publicado el dato de que su nombre circuló entre los golpistas como futuro "ministro de economía"... a lo cual el editor Vasallo de Mumbert alzó su protesta: "¿Izquierdo? Pero si ha hundido económicamente al Alcázar". En otras palabras: existió un entorno de extrema-derecha, del que el único nombre que salió a la superficie fue el de García-Carrés, que, no solamente querían dar un golpe de Estado, sino repartirse el Estado. ¿Quiénes eran? Digámoslo apresuradamente: mediocridades de extrema-derecha que no habían encontrado sitio en el partido de Blas Piñar, o mejor dicho, que, siendo de muy inferior peso político a Blas Piñar, no siendo nada, no representando nada, habían sido figuras secundarias del anterior régimen. Se querían aprovechar de las masas movilizadas por Blas Piñar. Tras de sí no tenían ni militancia, ni partidarios, ni partido, eran unas pocas docenas de notables, segundones del antiguo régimen que ni entendían lo que estaba pasando, ni sabían verdaderamente que hacer: y no se les ocurrió nada mejor que seguir a los militares que conocían, Tejero el primero. Habían oído que los "militantes" preparaban un golpe y estos besugos se creyeron tan buenos, tan listos y tan inteligentes como para aprovechar la situación y "constituir un gobierno" al que los militares debían entregar el poder. Era absurdo, pero es que los personajillos en cuestión eran igualmente absurdos: en 1978-81, en la extrema-derecha, o bien se militaba en Fuerza Nueva, o bien se era joven y se militaba en alguna liga radical como el Frente de la Juventud, o se era un falangista adoctrinado de buena fe y se militaba en Falange Española... fuera de esto, todo era incoherencia y mediocridad.

Izquierdo estaba hecho a partes iguales de incoherencia y mediocridad. Como director de Arriba logró que tanto la tirada como los lectores disminuyeran notablemente. Ese fue mérito suficiente como para que, apoyado por la Hermandad de Ex- Combatientes, Izquierdo fuera nombrado director de El Alcázar. Nunca apoyó ni a Falange Española, ni a Fuerza Nueva, ni siquiera a las "fuerzas nacionales" en su conjunto, nunca aprovechando que casi llegó a 100.000 ejemplares de tirada, realizó campaña alguna por la unidad de la extrema-derecha, siempre; por el contrario, mantuvo una postura ecléctica y ambigua que, a la postre, jugaba a favor de Alianza Popular.

¿Y qué decir del diario desde el punto de vista técnico y periodístico? Los militantes más conscientes de extrema-derecha en la época debíamos comprar dos diarios: "El País" para estar informados y El Alcázar por aquello de la militancia. Recuerdo un titular espectacular de El Alcázar: "Veintitrés asesinados por los terroristas", titular de primera página, a la grandes carácteres y a seis columnas. Leyéndolo con más calma se veía que los asesinatos habían sido en Filipinas... Otro ejemplo: la noche que estalló la bomba palestina en el restaurante "El Descanso", pasé por el lugar del atentado solo unos minutos después, cuando aquello era, un caos de bomberos, ambulancias, coches incendiados, etc. No era más tarde de las 10:30 de la noche. Poco antes habíamos estado en El Alcázar. A las 9:30, allí no había nadie. Conclusión: al día siguiente, El Alcázar no publicó nada de uno de los atentados más clamorosos de los años 80. Aquel diario, a poco que uno lo conociera, advertía que estaba mal organizado, mal gestionado y mal dirigido. Izquierdo era el responsable.

Lo peor de El Alcázar era su absoluta nulidad en interpretar la realidad política española de la transición. Ni formaba, ni informada, solo deformaba. La extrema-derecha durante la transición fue deformada por la mediocridad de El Alcázar. Cabe a la Confederación de Combatientes, de quien dependía el diario, la responsabilidad de no haber atajado esta situación. En realidad la Confederación leía su diario y... se lo creía. En la tardía fecha del otoño de 1984, durante un mitin en el Colegio Mayor Antonio Ribera, me referí al partido socialista, como "socialdemócratas", en absoluto como los "agentes comunistas" que pintaba El Alcázar. Luego habló Valero Vermejo, primer espada de la Confederación que, en tono paternalista, disculpó mi juventud y haber sido engañado por los cantos de sirena socialistas: el PSOE de entonces eran "agentes de Moscú" revestidos con piel de cordero. Hay que recordar que Blas Piñar disolvió Fuerza Nueva por las deudas y por el miedo que le causaba haber perdido el acta de diputado: "no quiero ser el nuevo José Antonio" le dijo a David Martínez Loza que compartía cárcel conmigo en Alcalá-Meco en febrero de 1983. Temía que los socialistas revivieran las "sacas" y lo fusilaran. No era una opinión única sino extremadamente extendida. Véase otra perla. El testimonio es de primera mano. Y en cuando al teniente general Milans del Bosch, comunicó a otro de nuestros camaradas pocos días después de la llegada de los socialistas al poder que "espero en cualquier momento las "sacas", estoy en paz con Dios". La lectura de "El Alcázar" había generado entre el 1975 y 1981, la ficción de que los socialistas eran "agentes de Moscú", cuando eran todo lo contrario: "agentes de la Internacional Socialista", es decir, del Capital multinacional... como por lo demás demostraron ampliamente en los trece años de su gobierno.

Decíamos que Izquierdo tuvo algo de mitómano. Lo fue hasta los últimos días de su gestión en "El Alcázar" y, naturalmente, lo fue en lo relativo al 23-F. Siempre hemos tenido la sospecha de que el "Colectivo Almendros" jamás existió. Fue Antonio Izquierdo y nadie más (bueno, quizás, el bueno de su adjunto, un ex-CEDADE, pero nadie más). En los libros y estudios escritos sobre la transición, la importancia que tuvo el "Colectivo Almendros" no se le escapa a nadie. Se decía y se dice aún que fue un colectivo militar ultra. Lo dudamos. Quizás algún artículo fuera firmado por algún alto oficial, pero nada más. Y desde luego ni los militares del "Grupo de los coroneles", ni los del entorno de Tejero-Milans, ni los de Armada, tuvieron nada que ver. Izquierdo era la voz de su amo y tuvo muchos amos: cada vez que creía que iba a poder sacar algunos duros de alguien hacía lo que ese alguien pretendía que hiciera. Para Izquierdo jamás existió un proyecto político de extrema-derecha, ni siquiera la necesidad de crear un partido político lo suficientemente fuerte como para tener diputados en el parlamento. No es extraño que Blas Piñar soñara en algún momento en lanzar un diario propio. Si detrás de ese proyecto hubieran estado profesionales, probablemente el partido existiría aun y el diario hubiera eclipsado a "El Alcázar" a poco de aparecer. La cuestión es "¿cuál era el amo de Izquierdo poco antes del 23-F?".

Vamos a contar otra anécdota que vivimos directamente. En 1978 apareció en Madrid un extraño personaje que luego volvimos a encontrar en nuestra peripecia sudamericana. Se llamaba Lewis A. Tambs y era profesor de historia en la Universidad de Waco, Texas. Vestía como una caricatura de agente de la CIA y, además, no lo ocultaba, sino que daba las insinuaciones suficientes como para que se pensara que, efectivamente, era un importante agente destacado en España. Tambs no era ningún mitómano, su nombre fue suficientemente conocido años después por ocupar cargos oficiales siempre en América Latina. Era un hombre bien informado y de una excepcional agudeza política. Nada más lejos de Izquierdo. Su excusa para introducirse en la extrema-derecha era el haber escrito un libro sobre la División Azul. Fue recibido por todas las instancias de extrema-derecha, incluso por las golpistas... Somos testigos.

11. EL PAPEL DE LA CIA, JAMAS CONTADO...

En agosto de 1978 tuvo lugar en Madrid un extraño seminario organizado por las "instancias clandestinas" de la Confederación de Combatientes. Fui invitado como miembro del FNJ junto a otros camaradas de Canarias, Galicia, Euzkadi y Cataluña. Se trataba de crear una organización clandestina, golpista, que englobase militantes de otras organizaciones. Era aquello tan típico de: “monta el partido tú que me aprovecho yo”. La cosa estaba dirigida por un personajillo de tercera fila, de procedencia carlista, cuyas iniciales eran Emilio M. de B. Aquello sirvió para patearse unos cuantos cientos de miles de pesetas de la Confederación y a nosotros para pasar unos calurosísimos días en Madrid que aprovechamos para entablar relaciones con otros grupos. Resulta que tras esta red estaba un militar en activo que nos recibió al concluir el curso, uno a uno, para ver nuestro grado de compromiso. Aquello era poco serio. El curso fue una desastre y las conferencias y seminarios, más que mediocres, simplemente una sarta de estupideces dadas por golpistas de pacotilla. La única conferencia que valió la pena fue la de Lewis Tambs. Fue mi primer contacto con la geopolítica que con el tiempo he ido reforzando.

Era evidente que Tambs había llegado a España para sondear las posibilidades reales de los medios de extrema-derecha de dar un golpe de Estado. La cobertura del libro sobre la "División Azul" le sirvió de excusa para introducirse en todas partes y llegar incluso a esta reunión tan clandestina que comentaba. Era especialista en temas latinoamericanos, había "trabajado" en Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia. Y no eran baladronadas: conocía y muy bien detalles que luego, años después, pude confirmar sobre el terreno. Por lo demás Tambs fue luego "embajador de choque" en Colombia: él lanzó la primera campaña psicológica contra los "narcos". Al producirse el golpe de García Meza en Bolivia, el "Diario" de La Paz recibió un amplio artículo... sobre geopolítica, donde Tambs exponía las mismas ideas que nos comunicó en el curso de Madrid. Es más, fue uno de los inspiradores de la campaña contra los "narcoterroristas"... es decir, !contra nosotros!.

Tambs, naturalmente, fue entrevistado por "El Alcázar" y, lo de menos fue lo que publicó el diario. Es fácil suponer que un agente experimentado supo extraer a Izquierdo todos los datos que necesitaba.

La cuestión es: ¿la CIA estaba interesada solamente en analizar las posibilidades golpistas en España? ¿o tenía algún otro tipo de interés? Nosotros intuimos esto último. Para analizar las posibilidades de golpe en España bastaba solo con los agentes de plantilla en la antena de la CIA en Madrid, en absoluto era necesario enviar un peso pesado. Los informes que se podían elaborar con poco esfuerzo eran suficientes para realizar un seguimiento rutinario. Tambs, en realidad, era un imán: él mismo se presentaba como lo que era, insinuándolo de una manera tan poco sutil que hasta los tontos que dirigían "El Alcázar" captaron su función. Antes de seguir hay que decir otra cosa.

12. SOBRE LAS CONCEPCIONES GOLPISTAS DE LA EXTREMA- DERECHA

Lo más curioso es que salvo un pequeño grupo de extrema-derecha, entre los que me encontraba y un cierto número de cuadros militares, la extrema-derecha de la época era presa de las concepciones golpistas difundidas por la izquierda. Se creía que el golpismo de extrema-derecha se basaba en la "estrategia de la tensión": había que hacer contra más atentados mejor para subir al poder. Se había hecho en Chile, se pretendió hacer en Italia y se estaba haciendo en esos momentos en España... Error total. La "estrategia de la tensión" no la provocamos militantes de extrema-derecha, sino el Poder: generando terrorismo de derechas y de izquierdas se lograba que la mayoría se plegara bajo el paraguas protector del poder establecido en busca de seguridad. Hasta que el consumismo, la sociedad tecnológica y las comunicaciones, no hicieron que la población se encaminara borreguilmente hacia el "pensamiento único" y el "centro amplio", en los años setenta y principios de los ochenta, la "estrategia de la tensión" generó efectos parecidos.

En 1987 me vino a ver Antonio Asiego, entonces uno de los hombres de confianza de Tejero. En esa tardía fecha me habló de que un grupo de oficiales estaba preparando un "golpe de Estado". No había nada de nada y la cosa era tan chusca como grotesca. Tanto que merece ser contada.

Debió ser hacia abril o mayo de 1987. Yo acababa de cumplir mis 14 meses de cárcel y, de tanto en tanto, me venía a ver gente enviada por servicios de información para sondearme. Así que cuando me llamó Asiego, a quien no conocía pero cuya "fama" le precedía, me preparé para alguno de estos intemperantes. La cosa resultó mucho más grotesca de lo que intuía al principio. Asiego, sostenía en 1987 que había oficiales dispuestos a "hacer algo". Acudimos a ver a Tejero -hay que decir que en esa época, yo ya había abandonado cualquier tipo de militancia, pero seguía de cerca la evolución de la extrema-derecha. Incluyo fui a Madrid con Bernardo Sánchez a buscar los famosos "autobuses de Tejero" que estaban abandonados en un descampado y había comprado Alberto Royuela... Asiego me preguntaba si yo le podía presentar "capitalistas", que entregaran dinero "para la causa". Por supuesto no le presenté a nadie. Estaba seguro de lo que hubiera pasado después... Pero juzgué interesante seguir la trama. Un buen día de mayo de 1987, Antonio Asiego, Bernardo Sánchez y yo subimos al Castillo de Figueras donde estaba preso Tejero. La conversación a la que asistí fue todo un portento del nivel político del golpismo español. Atiéndase bien:

La conversación empezó con un informe de Asiego a Tejero: "el gallego está bien, está de acuerdo en lo de Libia solo que pide 200 millones de pesetas para su mujer y sus hijos". En ese momento Tejero exclamó: "Si es que Jaime siempre ha sido un soldado de fortuna". En síntesis: Asiego afirmaba haber viajado a Libia y haberse entrevistado con Ghadafi (le pregunté: "¿en qué idioma hablabais?" me dijo: "por señas; él -Ghadafi- me decía, nosotros somos como vosotros, moros", "¿y dónde os reunisteis?", respuesta "En una jaima, en el desierto". Asiego era otro mitómano, no había visto a Ghadafi más que en fotos y tuve ocasión de comprobarlo por vías más directas, a través de un periodista italiano amigo del líder libio. Por cierto que el Señor Casals en su libro no menciona para nada un episodio capital de la crisis de la extrema-derecha: los contactos del coronel de Meer con Libia y los contactos de Izquierdo (a través de Gullón Walker) con Arabia Saudita. A reseñar solo que el "escándalo De Meer", coincidió en el tiempo -en la misma semana- con la providencial desarticulación del grupo seudoterrorista seudopalestino "La llamada de Jesucristo". En EE.UU. estas dos acciones tuvieron gran repercusión en los medios de comunicación. Se trataba de dos provocaciones encaminadas a hacer digerible el bombardeo de Trípolí por los cazabombarderos de la VIª Flota. El cómo se gestó la provocación no es éste el momento de relatarlo minuciosamente.

Volvamos a la entrevista con Tejero a la que fui testigo: Asiego afirmaba haber “pactado” con Ghadafi el establecimiento de un gobierno español de extrema-derecha en el exilio que estaría presidido por Jaime Milans del Bosch. Según Asiego, consultado Milans por él, respondió afirmativamente... sólo quería 200 millones para "su mujer y sus hijos". Milans que hasta entonces se había negado a pedir el indulto, se manifestaba -siempre según Tejero- ahora partidario de hacerlo para ser puesto en libertad y exiliarse a Libia... Resultaba evidente que Asiego buscaba la llave de los fondos que se creía que tenía acceso Tejero y que durante años había recogido la Asociación de Mujeres de Militares para los presos del 23-F que estos jamás aceptaron. Resulta, así mismo, fácil suponer que el dinero se hubiera perdido entre la prisión militar de Figueras y la de Galicia donde se encontraba Milans. Todo era, en definitiva, una pura invención de Asiego con fines lucrativos. Lo más curioso es que solamente yo le dije que no me lo creía, intenté convencerles a él, a Tejero y a Bernardo de que la política libia en el Mediterráneo no iba a enturbiarse por albergar a un gobierno español en el exilio. Inútil. A partir de ese momento, Asiego se preocupó de calumniarme en el entorno de Tejero, aduciendo mis "contactos con la prensa". Calumnias que Tejero creyó a pie juntillas.

Pues bien, para Asiego en 1987, las concepciones golpistas que me vendía eran tan primitivas como estúpidas: hacer atentados para acosar al Estado y abrir las puertas a los militares. Asiego no había leído ni a Curzio Malaparte, ni a Trotsky, ni siquiera La Salamandra de Maughan. Por no leer apenas había leído nada, lo cual es comprensible y disculpable; lo peor es que no había aprendido nada en 10 años de militancia. Cuando ese filón se agotó, Asiego pasó al entorno del pobre Ruiz-Mateos, a quien, por supuesto, también embarcó en aventuras que terminaron mal para mister Rumasa. Pero esta es otra historia.

13. SOBRE EL 23-F Y LA INTELIGENCIA QUE ESTUVO DETRAS

Básicamente estoy de acuerdo con la tesis del Sr. Casals sobre el 23-F. En realidad, buena parte del material que utiliza ha sido entregado por mí y el Sr. Casals lo ha transcrito con buen rigor. Ahora bien, quedan algunas cosas por decir y quizás algo por clarificar.

Quiero explicar, en primer lugar por qué di las informaciones al Sr. Casals. Siempre he tenido la convicción de que el golpe del 23-F hubo un muerto: Juan Ignacio González, secretario general del Frente de la Juventud. Defender la memoria de mi amigo y camarada asesinado era para mí un deber. En segundo lugar, la historia. Hoy el 23-F es historia. Y permitir que el episodio pasara a la historia con la versión oficial me parece una tropelía para con la memoria histórica. En último lugar, nosotros -los antiguos militantes del Frente de la Juventud- solo tenemos algunas claves del 23-F, no todas. Creo recordar que la frase "testimonio único, testimonio nulo" que cita el señor Casals al iniciar el capítulo, fui yo quien se la recordé al penetrar en este escabroso tema. Así pues, yo era consciente de que mis informaciones, aun dando lógica al contexto del 23-F podían ser malinterpretados como la enésima mitomanía que ha producido la extrema-derecha. Aun así valía la pena porque lanzando a través del libro del Sr. Casals una piedra en el estanque, podían provocarse reacciones y salir a la superficie más testimonios, no solo que validaran el mío, sino también que contribuyeran a clarificar más lo que pasó en aquellos penosos días. A decir verdad, en el momento actual, el libro no ha suscitado comentarios, ha sido ignorado por completo por los medios, aun a pesar de haber sido editado por una prestigiosa colección, de una no menos prestigiosa editorial. Para muchos medios de comunicación, la versión oficial del 23-F es un dogma a mantener y sostener por encima de cualquier respeto a la verdad. Allá ellos...

Dicho pasemos al análisis del 23-F.

14. CONTEXTO DEL 23-F

1º. Desde 1976 resultaba evidente que la democracia española no se podría estabilizar mientras los extremos fueran fuertes. Así pues ese salchichón que era la "sociedad política" española debió sufrir la amputación de sus extremos: los anarquistas a la izquierda y otros grupos marxistas y la extrema-derecha. Desde 1976 se advierten acciones por parte de los servicios de seguridad del Estado para aislar, criminalizar y provocar a estos grupos: "Caso Scala", "Caso Atocha", "Caso PCE(i)", "Caso Cesarsky", etc.

El Sr. Casals en su libro cita varias provocaciones contra la extrema-derecha. Por casualidades de la vida, años después alquilé una masía próxima a Vich junto con el Secretario General de la CNT, Pepe Ros; tuvimos horas y horas para sincerarnos y contar cada uno cómo vivió aquellos años de plomo. Ambos sectores del espectro político fuimos barridos cuando el Estado generó una violencia artificial de la que nos responsabilizó.

2º. Desde 1978 resultaba evidente que existía descontento militar que, poco a poco, podría coagularse en redes golpistas. El "Caso Galaxia" fue un primer intento, pero existían otros muchos más serios. En especial el llamado "Grupo de los Coroneles", algunos de cuyos líderes tenían suficiente (y reciente) experiencia política como para liderar una iniciativa golpista a la chilena a medio plazo.

Si se quería preservar "la democracia" había que evitar que las redes golpistas se coagularan: había que desmantelarlas cuando aún estaban en embrión. Pero en 1979 ya se contaba entre los descontentos con nombres de prestigio, no se trataba de desmantelar un nuevo "Caso Galaxia", sino de cortar para siempre la posibilidad golpista.

3º. A nivel internacional, España no estaba integrada en la OTAN, pero era cuestión de tiempo. Se vivían los peores momentos del enfrentamiento Este-Oeste y España debía integrarse en la OTAN para dar profundidad a la Alianza Atlántica, como zona de repliegue en caso de asalto soviético. Pero un golpe de Estado en España hubiera generado un rechazo en la OTAN al nuevo régimen español y hubiera neutralizado la Península Ibérica para satisfacción de la URSS.

Esto explica el interés de la CIA en destacar a uno de sus agentes a España y explica, sobre todo, donde se encontraba la "inteligencia organizadora" que no reconocemos en ningún estamento español.

4º. La situación española en 1980 era catastrófica: el terrorismo de ETA, incontrolado, desafiaba al Estado, el partido del poder se deshacía como un azucarillo, había no solo vacío de poder, sino ausencia de todo poder, toda esta inestabilidad se traducía en crisis económica y caos financiero. La inflación en la época era de infarto. Los niveles de abstención eran altísimos y, finalmente, amplios sectores sociales empezaban a pensar que esa democracia que no terminaba de estabilizarse, no era lo que se les había prometido.

15. OBJETIVO DEL 23-F

Así pues, los principales objetivos del 23-F fueron:

1º. Estabilizar de una vez y para siempre la democracia española, renovando el entusiasmo de la mayoría por el sistema política.

2º. Desmantelar de una vez y para siempre las redes golpistas sin que tuvieran la posibilidad de reconstruirse y sin provocar una reacción en cadena en los estamentos militares.

3º. Dejar expédito el camino a los socialistas para llegar al poder sin traumas y para que pudieran integrar España en la OTAN.

El enunciado de estos puntos ya implica el que vemos el 23-F, no tanto como un golpe sino como un antigolpe. Si hubo un golpe éste fue contra la extrema-derecha.

16. CENTRO POLITICO GOLPISTA

¿Dónde identificamos el centro politico golpista? ¿la Casa Real? !por favor! ¿UCD? bromas, no, gracias... ¿Entonces? Es bien simple: el antigolpe del 23-F es una maniobra típica articulada por servicios de seguridad del Estado bajo la dirección de la CIA, a uno de cuyos agentes en España hemos identificado, rondando el ambiente golpista y cuyo interés directo (por la ampliación de la OTAN) ya hemos comentado.  

17. ESTRATEGIA GOLPISTA Y ANTIGOLPISTA

1º. Aprovechar los distintos proyectos golpistas, inmaduros unos (Tejero, Milans), utópicos otros (Armada) o en embrión (San Martín), ligándolos mediante un ficticio hilo conductor que, en buena medida se había tejido así mismo.

2º. Superponer a estas distintas tramas inconexas de tipo golpista, otra, el antigolpismo, tal que maniobrara los hilos.

3º. Comprometer en una acción grotesca a un grupo reducido de oficiales, lo suficientemente significativa y de manera lo suficientemente clara como para que su posición ante la opinión pública y los medios de comunicación fuera insostenible e indefendible, y, sobre todo, lo suficientemente impactante como para disuadir a otros oficiales de seguir por ese camino. En otras palabras: se trataba de hacer saltar la liebre para cazarla mejor, y hacerla saltar cuando aun no era lo suficientemente adulta como para correr.

18. MAPA GOLPISTA

En 1984 en la entrevista que Vázquez Montálban incluyó en su libro "Encuentros con gente inquietante" ya tuve ocasión de insinuar algo de todo esto: existían distintos estratos golpistas que no estaban unidos ni por objetivo, ni por motivaciones, ni por provecto. Básicamente eran:

- Sector ultra: Tejero. Partidario del golpe cívico-militar, apoyado sobre grupos de extrema-derecha. A este círculo se vinculaba García Carrés y el proyecto de formar un gobierno ultra del que Izquierdo debía ser "ministro", tal como hemos comentado antes.

- Sector duro: Milans. Partidario del golpe militar-militar, sin participación civil y sin partidos ultras. A este golpe seguiría un gobierno militar, una dictadura pura y dura sin más problemas.

- Sector concentración: Armada. Partidario del golpe militar- constitucional, sin extrema-derecha y contra la extrema-derecha. Proyecto: gobierno de concentración nacional que salvara a la monarquía que se creía en entredicho.

- Sector embrionario: San Martín, grupo de los coroneles. Sin proyecto político definido en la época. En cualquier caso hubiera sido un golpe "carreriano", de Carrero Blanco, que muy probablemente hubiera reemprendido el diseño político que estableció el Almirante Carrero a principios de los 70: democracia vigilada -transición a la chilena- sin comunistas y con cierta participación de la extrema-derecha "presentable" (Derecha Democrática Española, Alianza Popular)

Finalmente se encontraba el "antigolpe" que identificamos en un sector de los servicios de seguridad del Estado que recorrían transversalmente los sectores que antes hemos mencionado.

19. TACTICAS

- Táctica golpista:

1º. Un núcleo militar no identificado por nosotros tomó a fines de noviembre de 1980 contacto con el Frente de la Juventud, a través de uno de sus responsables en Madrid, hijo de un alto mando militar. Se le propuso, textualmente, que un comando del Frente tomara el Congreso de los Diputados. No todos los responsables del Frente fueron informados. Durante unas semanas, un sargento del entorno de Tejero, se reunió con uno de nuestros militantes y juntos repasaron el famoso dossier sobre el Congreso de los Diputados. Todo el guión que este camarada pudo ver, se correspondía con lo que luego protagonizó Tejero: luego, el plan era el mismo, solo que fue protagonizado por otros actores.

2º. La táctica golpista consistía en generar una situación ficticia de terrorismo no identificado -en el dossier al que tuvo acceso nuestro camarada se especificaba que los militantes entrarían "armados, encapuchados y sin signos externos", en otras palabras se les pedía que su acción fuera de terrorismo no identificado: ¿ETA? ¿los GRAPO? ¿la extrema-derecha? ¿los anarquistas? No hay terror más eficaz que aquel cuyo origen se ignora- que apuntara a las alturas del país y ante la cual las Fuerzas Armadas -en su calidad de baluarte de la lucha antiterrorista- se vieran obligadas a salir a la calle y salvar a España. Era evidente que el grupo que entrase en el parlamento quedaba sacrificado por que la idea del núcleo golpista no era identificarse con la extrema-derecha, sino actuar a causa de una acción terrorista de la extrema-derecha. Para salvar la cara de ese grupo se preveía un avión en Barajas que llevaría al comando a Argentina o Chile.

Desde el punto de vista del Frente de la Juventud, entrar en el parlamento y retener a los diputados, hubiera significado ser dueños del guión y, si bien, se tenía conciencia de que el plan adolecía de puntos débiles y era bastante inviable, e incluso se temía una provocación, lo cierto es que se decidió seguir adelante para ver hasta donde llegaban estos contactos, siendo conscientes de que en caso de negativa, el núcleo militar buscaría otros contactos y nosotros perderíamos el tren de lo que estaba ocurriendo. Por lo demás siempre se estaba a tiempo de decir "hasta aquí hemos llegado y ya basta".

¿Qué datos objetivos avalan esté diseño táctico? El Sr. Casals lo recuerda:

a. La compra de decenas de casacas militares en el Rastro de Madrid por parte de Tejero en el mes de noviembre de 1908.

b. La compra de seis autobuses a Martín Berrocal, el promotor de boxeo, por parte de Tejero y con un crédito firmado por su mujer.

c. El que el camarada que tenía el contacto con el suboficial que propuso la acción, sabía el 17 de febrero de 1981 lo que iba a ocurrir en el Parlamento, tal como comentó a su compañero de celda, Pepe de las Heras.

d. El que sólo esta hipótesis contribuye a dar una explicación coherente a lo que ocurrió el 23-F.

- Táctica antigolpista:

La táctica antigolpista consistió en varias iniciativas demoledoras:

a. Infiltrar las redes golpistas de miembros de la Seguridad del Estado. Mientras estas redes estaban fracturadas horizontalmente, la Seguridad del Estado tenía una visión transversal de lo que ocurría en cada estrato y como manipularlo.

b. Desmantelar el grupo que tenía asignada la toma del Congreso de los Diputados y

c. Convencer a Tejero de que "por seguridad" fuera él mismo y en persona quien asumiera la acción del Congreso.

d. Preparar cuidadosamente el "día siguiente".

Inútil recordar qué militares y miembros de la Seguridad del Estado se infiltraron en las redes golpistas. Dos fueron procesados en el juicio de "Campamento"; pero no eran los únicos. En Barcelona pocas semanas antes se registraron visitar de oficiales del ejército adscritos a determinado servicio que sondearon a notables de la extrema-derecha más civilizada. Los enviaba el General Armada desde Lérida.

El grupo que tenía asignada la toma del Congreso, el Frente de la Juventud, fue desmantelado de un plumazo:

- El 14 de noviembre yo fui acusado de colocar la bomba en la Sinagoga de París. No tuve absolutamente nada que ver [el verdadero culpable fue identificado desde el primer momento y finalmente detenido, ¡en agosto de 2008!, perteneciendo a un red de terroristas palestinos. Añadido 9.10.10]. La bomba fue palestina, como ya se sabía a las pocas horas del atentado. Sin embargo, la noticia de mi responsabilidad corrió por Francia y me obligó a alejarme. Es muy duro ser sospechoso de haber matado a cuatro personas, créanme. Yo hoy conozco el rostro de la persona que orquestó la maniobra y conozco el organismo al que pertenecía en la época. Así que por mi parte no tengo dudas de lo que ocurrió y por qué ocurrió. Los datos falsos sobre mi responsabilidad en el atentado consistieron en un dossier que incluía unos pocos datos policiales y sobre todo la declaración de un abogado de Barcelona, Ramón Graells [colaborador de la policía de Barcelona desde finales de los 60 cuando estaba unido por lazos de amistad con la familia Creix, cuyos dos hermanos, como recordarán los demócratas que pasaron por Vía Layetana en aquellos años, eran jefes de la Brigada Político-Social; Graells estaba especialmente unido al hijo de uno de los Creix. Añadido 9.10.10] que fue dirigente del FNJ y que, al tener que huir de Barcelona a raíz de la manifestación ilegal del Frente en junio de 1980, fue a declarar voluntariamente contra mí, convencido de que la policía lo buscaba a él. El por qué creía que lo buscaban es simple: el día que huí de la policía saltando por la ventana de mi casa, casualmente me encontré poco después a Albert Viladot, entonces joven periodista que pocos años después sería director del diario Avui, desgraciadamente fallecido y con el que, en sus últimos años, me unió una buena amistad. Comuniqué a Viladot que había una redada contra la extrema-derecha. Viladot que me conocía a mí y a Graells se confundió y publicó al día siguiente en El Periódico que la policía buscaba a un "joven abogado de extrema- derecha". El abogado era Graells. Eso le llevó a pensar que la policía lo buscaba y fue voluntariamente a declarar a la policía. Se comportó como un cobarde y un traidor, pero esto es lo de menos y allá él con su conciencia. Por lo demás no sería la última de sus tropelías.

El dossier sobre mi responsabilidad en el atentado de la calle Copérnico de París. Se intentó publicar en L'Aurore, luego en Le Figaro y, finalmente, solo fue aceptado por el muy estalinista L'Humanité del Partido Comunista de Francia. Prensa creíble donde las haya. Luego, algunos medios se vieron arrastrados por la campaña, sobre todo en España. El correo fue un sindicalista de la Unión Sindical de Policías, sindicatos de izquierda de la policía española, que entregó el dossier a un policía sindicalista francés, el cual intentó "colocarlo" en varios medios hasta que llegó a ese panfleto pervertido apto solo para tontos, que era L'Humanité.

- quince días después era asesinado al llegar a su domicilio, a altas horas de la noche, Juan Ignacio González. El Sr. Casals olvida decir que tres horas después del asesinato, Radio Nacional ya tenía una versión de lo que había ocurrido: "se trata de un ajuste de cuentas entre miembros de la extrema-derecha". No y mil veces no. Si hubiera sido algún miembro del Frente, el crimen se hubiera esclarecido poco después, como veremos. Lo que sí es cierto es que desde el primer momento un tal "Cocoliso", personaje que rondaba el Frente, antiguo infiltrado en ETA y siempre ambiguo, pero trabajando para los servicios de seguridad del Estado, intentó que las sospechas recayeran sobre uno de nuestros camaradas. "Cocoliso" había acompañado aquella noche a Juan Ignacio y a los otro camarada y sabía cuáles eran sus pasos esa noche. Lo cierto es que el camarada al que acusó fue uno de los que más lamentaron la muerte de Juan Ignacio a quien le unía una gran amistad.

Niego rotundamente la afirmación del Sr. Casals de que Juan Ignacio trabajara para alguien más que para el Frente. En aquella época, todos teníamos contactos con personajes más o menos turbios. Era una regla del juego y todos lo sabíamos. La cuestión no era con quién se hablaba, sino sobre lo que se hablaba y a lo que uno se comprometía. Y Juan Ignacio jamás traicionó al Frente. Todos teníamos muy claro que no era cuestión de trabajar para servicios de seguridad del Estado, creados, entre otras, con la función de destruir nuestro ambiente político. Lo que sí es cierto es que Juan Ignacio había tenido buena amistad con un policía relacionado con la muerte del etarra Arregui y cuyo nombre voy a obviar. Los antiguos militantes del Frente estamos convencidos de que gracias a esta amistad se creó una barrera protectora en torno al Frente. No es ningún secreto -y el Sr. Casals lo cuenta porque nosotros mismos lo comentamos- que el Frente se financiaba con "golpes económicos". Y esto duró durante años. No todos los grupos que realizaban este tipo de acciones tuvieron suerte, ni la discreción necesaria. Que a nosotros nos conste, desde principios de 1980, había demasiada gente que conocía el sistema de financiación del Frente. Necesariamente, la policía debía conocerlo igualmente. Y sin embargo, no pasó nada.

No es raro que el CESID pensara en aquella época que el Frente "trabajaba para la policía". Y sin embargo no era así. Pero en aquel ambiente de confusión, recelos y caos, era frecuente que se produjera este tipo de malentendidos.

Entre la muerte de Juan Ignacio y la desarticulación del Frente median tres semanas. En otras palabras: solo la muerte de Juan Ignacio permitió la desarticulación del Frente.

- A principio de 1981 se producía la desarticulación total de los grupos de acción del Frente y su desmantelamiento total. A partir de aquí el Frente no pudo reconstruir jamás su estrategia, ni su aparato organizativo. ¿Por qué se desarticuló el Frente en ese momento y no antes, un año antes por ejemplo? Por dos motivos: porque, hacerlo a mes y medio vista del 23-F impedía que los golpistas encontraran y formaran otro grupo de acción para tomar el Congreso de los Diputados y por qué, con Juan Ignacio asesinado, se rompía el cordón protector que hubiera podido disuadir a la Seguridad del Estado de emprender una tarea represiva, ante la amenaza de desvelar operaciones, manejos, maniobras, etc. que habían protagonizado desde la transición.

Así pues en poco menos de un mes y medio, la troika dirigente del Frente (Juan Ignacio, Pepe Las Heras y yo) habíamos sido barridos de una forma u otra. Y luego vino el 23-F. ¿Quién fue la persona que convenció a Tejero de que protagonizara él, personalmente, la toma del Congreso. ¿Por qué Tejero en persona? Por qué pertenecía al entorno golpista, porque su físico era inconfundible y por qué ya había protagonizado el caso Galaxia. Se puede decir que Tejero era en 1981 el Guardia Civil cuya foto había sido más conocida en toda España. Si los Capitanes Generales comprometidos con el golpe, esperaban la tarde del 23-F a las 6:22, una "acción terrorista", sus cerebros se debieron cortocircuitar cuando vieron aparecer en el Parlamento, no a un grupo terrorista, sino a una fuerza de la Guardia Civil dirigida por el Guardia Civil más conocido de toda España: no había duda. No se trataba de una acción terrorista indefinida que provocase un mecanismo de reacción y defensa por parte del ejército, sino de una acción militar ante la cual la lógica estratégica del golpe se desmontaba sola: ¿para qué sacar al Ejército para "salvar el país" de una situación que el propio ejército había generado? ¿no era más lógico, a la luz de a lectura del Bando de Milans del Bosch en Valencia, que el propio Milans hubiera llamado a Tejero para ordenarle que abandonara el Congreso, en lugar de lanzar lo tanques a la calle?

La táctica antigolpista consistió en anular credibilidad estratégica al golpe. Aquí Tejero debería explicar a quince años vista de aquellos sucesos cuándo, cómo y quién le introdujo en la cabeza que debía de ser él personalmente, él y no un grupo civil, quien entrara en el Congreso.

- La verdadera finalidad del 23-F se percibió claramente tres días después cuando se produjo la gran manifestación democrática en Madrid: con Fraga, Camacho, González y demás, todos juntos en unión, la democracia se había salvado. El impacto emotivo que causó en las masas el sentirse amenazadas por el golpismo, la necesidad de "salvaguardar las conquistas democráticas", regeneró la democracia española -hasta ese momento, desgarrada y en crisis-, hizo que en torno al Rey se creara una aureola de "salvador de la democracia" y, finalmente, desmovilizó las redes golpistas -a fin de cuentas era mejor seguir recibiendo la paga mensual que comprometerse en la aventura golpista-. Esto permitió a los socialistas tener el camino expédito para llegar al poder y, sobre todo, para integrar el país en la OTAN.

Cuando UCD percibió en las encuestas que tenía irremediablemente perdidas las elecciones de octubre de 1982, no dudó en inventarse otro golpe de Estado del que el SR. Casals no habla. Estalló poco antes de las elecciones; el Noticiero Universal de Barcelona en su titular definía perfectamente la situación: "Ante la previsible victoria socialista, ruido de sables". Los detenidos pertenecían a un pequeño grupo de militares madrileños, últimos amigos de Tejero. Era un núcleo al que se había dejado de lado en las investigaciones sobre el 23-F, a pesar de que su papel fue decisivo en la toma del Gobierno Militar de Madrid en la misma tarde de febrero. Se le dejó en al reserva para detenerlo cuando hiciera falta: UCD juzgó que la amenaza del "ruido de sables" era la única esperanza para no perder el poder, la "carta del miedo". Este episodio, fácilmente comprensible para quien se tome la molestia de mirar los diarios de la época, muestra que existía en las esferas del poder una tendencia a utilizar el impacto del tema golpista para manipularlo a su conveniencia. Claro que los hermanos Crespo Cuspinera y Garchitorena eran golpistas, y claro que se estaban moviendo en ambientes de extrema-derecha con fines golpistas. Esto no es lo importante: lo importante es que les dejaron hacer. En mayo de 1981 ya se sabía que este grupo estaba conspirando. Existían incluso grabaciones realizadas en cierto pasaje de Madrid, en el local propiedad de un antiguo carlista, militante de Fuerza Nueva. Era evidente que aquel grupo militar fue seguido de cerca y sacrificado cuando se juzgó que, políticamente, era rentable hacerlo así. Pues bien, otro tanto, y a una mayor escala sucedió el 23-F.

20. EL MITO CHILENO

Estos días se habla mucho a propósito de Chile. La nueva "garzonada" ha desestabilizado la transición en un país, Chile, y finalmente, ha causado un problema internacional: me gustaría denunciar a Felipe González en Francia por el tema GAL, o a la Reina Isabel de Inglaterra por las masacres en Kenia en los años 60, o a cualquier otro gobernante. Pero, en fin, seamos serios. La detención de Pinochet en Londres ha servido para reabrir el tema del golpe de Estado chileno. El Sr. Casals se refiere a este episodio despachándolo como una acción americana en Chile, ¿la prueba? el que Pablo Rodríguez, dirigente de "Patria y Libertad", era "abogado de la ITT"... y de otras muchas empresas, podríamos añadir, y por lo demás, no era el único abogado que tenía la ITT.

La izquierda a fuerza de repetir la misma mentira esquemática que lanzó en el momento mismo del golpe, ha terminado por creérsela aun a pesar de que ningún dato contribuyera a darle la razón. ¿Por qué, por ejemplo, los EE.UU. desde el momento mismo del golpe, lo condenaron e hicieron la vida imposible al régimen? ¿por qué esa misma hostilidad ha proseguido hasta la fecha? ¿por qué Towley lleva preso en EE.UU. desde hace veinte años por el atentado contra Letelier? La respuesta es que los EE.UU. no tuvieron nada que ver con el golpe de Chile, ni con ningún otro golpe que hubiera en los años 70 y 80 en América Latina, sino todo lo contrario: EE.UU. hizo cualquier cosa por detener el golpe chileno y cualquier otro golpe militar.

La situación geopolítica de América Latina en 1973 era diferente de la actual. Existía un gobierno militar en Brasil que tenía un preciso diseño geopolítico de lo que debía ser el Nuevo Orden para la zona. En geopolítica el dominio de los mares es fuente de poder. Para que una nación sea poderosa es preciso que sus costas estén bañadas por dos océanos o que dominen en el mar, casos de Inglaterra y Estados Unidos y pretensión frustrada de la URSS. Brasil tenía casi todos los elementos para ser una gran potencia local -la pretensión del gobierno militar-, tenía tecnología, tenía recursos y tenía masa de población. No tenía en cambio salida al Pacífico.

Pero Brasil a partir de finales de los años 60 estaba siguiendo una política de penetración hacia su oeste: promovía la carretera transamazónica, había convertido el cruceiro en moneda de cambio en el Este boliviano, habían condicionado los sucesos de Uruguay mediante el "Plan 24 horas" (ocupación de Uruguay en caso de que los tupamaros conquistaran el poder) y, sobre todo, estaba interesado en pesar políticamente en Chile. ¿Por qué Chile? Por dos motivo: por que Chile es apenas una franja costera y por que Chile estaba geopolíticamente enfrentado a Argentina, a su vez, vecino y rival geopolítico de Brasil.

Augusto Pinochet pertenecía a la misma logia masónica que Salvador Allende -la "fraternidad masónica" fue lo que hizo que le ofreciera la salida de abandonar Chile en avión, a lo que Allende se negó, suicidándose- pero Pinochet tenía otra afición: se había formado en la Escuela Geopolítica de Brasil, incluso escribió un libro sobre Geopolítica del Cono Sur. Era el hombre de confianza de los brasileños en política chilena. Y al decir "brasileños" nos referimos al SNI, Servicio Nacional de Inteligencia. Con un gobierno de confianza en Chile, el diseño político brasileño, avanzaba a pasos agigantados.

¿Y los americanos? ¿qué interés tenían en Chile? El primero de todos era que no gobernaran los comunistas. Es decir, romper la Unidad Popular. El segundo, que subieran al poder los amigos seculares de los EE.UU., la Democracia Cristiana. Fue con ese proyecto que los americanos intervinieran en Chile ¿cómo? Solo se ha demostrado una operación: la financiación de la huelga de mineros de "El Teniente"... pero es que el sindicato de esa cuenca minera !estaba en manos de los democristianos! Nada más, el resto de maniobras de salón que protagonizaron los agentes de la CIA en Chile tendían: 1) tareas de información, especialmente sobre la creciente presencia cubana en la zona y 2) maniobras maquiavélicas para descabalgar a los comunistas del poder, sugiriendo un gobierno socialista con la DC, con un Partido Nacional neutral. Pero nunca un golpe de Estado.

Nosotros mismos hemos visto de cerca como el gobierno americano de la época torpedeaba a los gobiernos militares de Chile, Brasil, Argentina, Bolivia y Uruguay... y de qué manera. Y lo hacían por un único motivo: habitualmente, aun a pesar de que muchos habían sido formados por el Souther Command en la "Escuela de las Américas", la mayoría de militares latinoamericanos eran nacionalista y odiaban profundamente a los norteamericanos (de la misma forma, por lo demás, que solían odiar, salvo excepciones, a los países vecinos...). Eso hacía que los diplomáticos americanos pudieran entenderse mejor con los democristianos y, posteriormente, con los socialdemócratas locales, que con los militares. Nosotros recordamos decenas de episodios que confirman lo que decimos. Por lo demás, hay que decir que los socialdemócratas se peleaban por acudir a las recepciones en las Embajadas Norteamericanas, mientras que los militares habitualmente no eran invitados.

En Chile y Argentina existió un drama, el de los desaparecidos. Pero este drama es posterior a otro que le precede: el de la guerra civil virtual que vivieron esos países. Esa guerra civil se caracterizaba en Chile por un encaminamiento hacia una dictadura de izquierdas: mientras los socialistas chilenos se dedicaban a la pequeña corruptela, los comunistas y el MAPU, estructuraban grupos armados y soldaban lazos con Cuba, es decir, con la URSS. Legalmente la oposición fue sofocada hasta el punto de negar al principal diario de la oposición "El Mercurio", el papel para imprimirse. Aquello no fue la panacea de la libertad que los familiares de los desaparecidos pretenden hoy. En cuando a Argentina, la situación de guerra civil provocada por los montoneros, el ERP y grupos menores, no era menos palpable. Buena parte de los hijos de las "Madres de la Plaza de Mayo" -con toda la carga emotiva y sentimental y todo el dolor que reconocemos en estas mujeres- eran guerrilleros que habían iniciado una guerra civil contra el Estado. Y vivieron en su propia piel las dramáticas consecuencias.

Técnicamente hay dos medios para acabar con una guerrilla: a barrerla de un plumazo y preocuparse que el mazazo haya sido tan espectacular que corte cualquier posibilidad de insurrección futura, o bien, las medidas policiales habituales que provocan detenciones tras investigaciones lentas. En el primer caso la violencia del Estado es máxima durante un corto período de tiempo, la contrapartida, es que la violencia acaba bruscamente. En el segundo, la ley no se infringe, ni se atenta contra los derechos humanos, pero la violencia se prolonga en el tiempo. El primero es el caso Argentino, el segundo el español. No hay otra forma de tratar a una guerrilla. En Argentina apenas duró tres años, en España más de treinta. No me pregunten que es mejor. Probablemente lo mejor es que nunca hubiera existido guerrilla. En toda guerra hay bajas.

Si hemos hablado un poco sobre Chile es por que el tema ha revivido a causa de la "garzonada". No por qué tengamos hoy un interés particular por "restablecer la verdad". La Biblia dice que el número de necios es infinito y si la izquierda quiere ver en el golpe de Chile una "acción americana", nosotros no tenemos nada que decir, es una demostración de que la Biblia tiene razón. Por cierto que el Sr. Casals tiene también razón cuando dice que Blas Piñar me expulsó del partido por haberme casado por lo civil... pero esta es otra historia.

21. ...Y OTRA HISTORIA MÁS: LA NUEVA DERECHA

El título del parágrafo que le da el Sr. Casals a este sector es suficientemente significativo y adecuado para España: Una Nueva Derecha sin intelectuales ni seguidores. Con todo el Sr. Casals no llega hasta el fondo de la cuestión de por qué fracasó en España la Nueva Derecha y por qué tuvo en Francia un relativo éxito o menor en Italia.

Veamos. Los límites de la Nueva Derecha. La ND parte de un análisis justo realizado en 1968: no existe un clima cultural favorable, el clima cultural es lo que hace que unas opciones políticas tengan posibilidad de ser hegemónicas o no; luego dediquémonos a hacer "cultura" para poder hacer luego "política". En el fondo era lo que decía Pujol en 1970. Pero además de decirlo, el Sr. Pujol "hacía banca" (Catalana, por supuesto). Y, por lo demás, no quería un cambio cultural radical, sino solamente un cambio que favoreciera su propaganda nacionalista. En el caso de la ND francesa éste planteamiento culturalista es su mejor hallazgo y... también su límite más acusado. Hace ya treinta años que salió el primer número de "Nouvelle Ecole" y ni ha cambiado gran cosa en la cultura francesa gracias a la ND, ni siquiera Le Pen tiene un 14% de votos gracias a la ND.

La ND era como un entrenador que proponía durante años entrenarse para jugar un partido que nunca llegaba. La ND surge como reacción a la decepción que la Federation des Etudians Nationalistes y Europe Action tuvieron en su breve maridaje con la extrema-derecha clásica de Tixier Vignancourt. Los cerebros de sus dirigentes quedaron quemados para colaborar con la extrema-derecha clásica y adoptaron unas posiciones de rechazo: rechazo estratégico (lucha cultural frente a lucha política), rechazo a sus tácticas (revolución cultural frente a conservadurismo y orden), rechazo ideológico (pro-germanismo, frente a anti-alemanismo, Nietzsche antes que Maurras, Europa antes que Francia, en definitiva, un rechazo a la derecha anti- alemana asumiendo los valores de la cultura alemana). Todo esto estaba muy bien para arrancar e incluso para tener un cierto éxito inicial, pero -como nos pasó a nosotros en el terreno político, sin ir más lejos- los valores culturales dominantes estaban tan arraigados y tenían tal peso en los medios de comunicación y de transmisión de cultura, que a la postre, la acción de la ND apenas supuso unos granitos de arena en los engranajes del sistema. Hoy se puede constatar, sin dificultad, el fracaso del proyecto de la Nueva Derecha. En España, en Italia, en Francia...

Si en Francia la ND tuvo algo más de éxito fue por dos factores: 1) la viveza habitual con la que se viven en Francia los debates culturales y 2) el que tras la ND existían algunos intelectuales que, sobre todo, tenían una gran capacidad de síntesis, con un patronato de profesores de fama suficientemente asentada como para permitirse comprometer su nombre con unos jóvenes lobos de la cultura. Eso no se dió sino en muy débil medida en Italia y en ninguna medida en Francia, en donde la ND surgió de sectores de universitarios que querían tener vitrinas para publicar sus trabajos con ambiciones de progresar en esta o aquella cátedra y, en segundo lugar, de sectores excesivamente vinculados a la extrema-derecha y, sin gran capacidad de divulgación: solo de ofrecer "ladrillos" culturales ilegibles para quienes no les interesara mucho el tema o para quienes no fueran los papás y la novia del autor. Y no bromeamos.

La primera aparición de la ND, El Martillo, se hizo sin medios humanos, ni materiales; fue una tarea heroica en la que participé. De no haber sido por la voluntad (y los dineros) de su fundador (al que no cito porque no sé si le hará ilusión que se vincule su nombre a este tema veinte años después) aquello no hubiera arrancado jamás. En 1997 desaparecía Próximo Milenio, último intento de irrupción de este ambiente (en el que también participé). Aquí habían medios de sobras (los ponía un grupo editorial de dimensiones medias), lo que no hubo fue calidad, ni líneas. La delegada de ventas de este grupo en Cataluña me decía angustiada: "¿cómo crees que se podría vender esta revista?". Ni yo ni nadie teníamos las respuestas. Siempre me pregunté, eso sí, por qué de mis relaciones de artículos se publicaban siempre los que yo juzgaba más malos e intrascendentes. Siempre me pregunté por qué Ernst Jünger se llegaba a mencionar en media docena de veces en distintos artículos en un solo número y al número siguiente un presunto chamán de medio pelo aparecía en seis artículos distintos a pesar de su evidente estulticia. Y todo así. No había línea ni cultural, ni periodística, solo un deseo de quedar bien con unos o con otros. Cómo se sabe esa publicación "Próximo Milenio" tuvo dos etapas, en la primera la dirigía una chica sin ningún criterio "doctrinal", en la segunda un viejo militante de la Nueva Derecha española. Pues bien, recuerdo artículos míos mucho más duros desde el punto de vista cultural en la primera fase que en la segunda. Y no me pregunten por qué. En otras palabras: había medios económicos y técnicos, pero no había equipo detrás. La cosa no podía funcionar.

Hoy ya han pasado los furores de la ND. Se ha visto que su análisis es falaz: no solamente entran en juego elementos culturales para conformar la cultura de una civilización. El análisis gramsciano -como todo lo que viene del marxismo era parcial, subjetivo y reduccionista, a pesar de que cautivara a la ND- ignoraba las causas psicológicas, históricas, fácticas, que tienen mucho más peso que la cultura. El paradigma mecanicista jamás se habría impuesto de no haber sido por el desgaste del paradigma medieval, si no hubiera sido por las guerras de religión, sino hubiera sido por las nuevas perspectivas psicológicas de la ciencia de su tiempo, etc. La teoría gramsciana ha sido superada, olvidada y enterrada por la teoría sobre los "paradigmas". Ni hoy, ni ayer servía. A menos que uno lo que pretenda es lo que decía Drieu: "Intelectual no es alguien que piensa sino alguien que hace del pensar una profesión".

Por lo demás y en lo que se refiere al Proyecto Cultual Aurora, francamente les deseo la mejor de las suertes posibles. Aunque con 500 ejemplares de tirada, convendrán conmigo que no puede llegarse muy lejos. Por cierto, de los 500 ejemplares ¿cuántos se leen de cabo a rabo?

[Este es uno de parágrafos que lamento haber escrito en la actualidad. Creo que mi juicio sobre la Nueva Derecha fue excepcionalmente duro e inconsistente y, en la actualidad, tiendo a opinar que la lectura de las obras de Alain de Benoist y de otros miembros de su entorno, es imprescindible para comprender las realidades que acompañan a la modernidad.  Ciertamente, la Nueva Derecha merece una crítica que posteriormente fue realizada por Guillaume Faye en su obra El Arquefuturismo y no es cuestión de repetirla. Lamento haber escrito estas líneas en 1998, de las cuales me arrepiento 12 años después]

22. LA NUEVA DERECHA POLITICA: DE JJ.EE. A DN

Los últimos pasos que di en política antes de entrar en la cárcel para cumplir mi condena por la manifestación de junio de 1980, los di en Juntas Españolas. Reconozco lo traumático de la experiencia, como traumáticos fueron sus distintos avatares.

El tránsito de JJEE a ADN fue una larga marcha hacia ningún sitio. La historia empezó mal y es lamentable que el Sr. Casals no haya insistido más, por qué ella, más que ninguna otra cosa, la explicación de por qué en España la extrema-derecha haya desaparecido. Tras el fracaso de FN, que es el fracaso de un líder y de una forma de hacer política (a la antigua usanza del Movimiento Nacional), la extrema-derecha no podía soportar el fracaso en cadena de las distintas emanaciones lógicas que la sucedieron. Estas causas subjetivas, unidas a las objetivas (repliegue a lo personal y desmovilización de la sociedad civil durante los años socialistas) explican la ruina actual de la extrema-derecha.

JJ.EE. nació de los restos de un sector de FN (Jaime Alonso) a los que se sumaron gentes que habían permanecido ajenas al Partido (Carvajal el antiguo presidente del Colegio de Arquitectos de Madrid) y Pablo Ortega (sobrino, de Ortega y Gasset), con el apoyo inicial de Antonio Izquierdo. Se trató de un equívoco. Nosotros organizamos "Patria y Libertad" para impedir la desmovilización de la militancia del Frente y de Fuerza Nueva, con la idea de ser la rama juvenil del Partido. "Patria y Libertad" solamente tenía lógica, si existía Partido. No hubo tal, a pesar de las apariencias.

A poco de publicarse un más que mediocre "Manifiesto" empezaron a recibirse adhesiones (Izquierdo en persona me dijo: "Más de 100.000" y a los pocos días "casi 200.000". En realidad no pasaban de 10.000). Tres meses después nada se había hecho con esas adhesiones sino enviarles una circular para que pagaran cuota. Algunos ingenuos incluso picaron. A todo esto ya se había producido un golpe de estado palaciego y el tandem Alonso-Carvajal había sido descabalgado por Izquierdo. Izquierdo tomó la decisión de que el partido adoptara un nombre aséptico y grisáceo -Juntas Españolas- e incluso nombró una junta provisional presidida por  Pablo Ortega. En el puesto clave de vocal de finanzas, colocó a un ex-combatiente aquejado de una enfermedad terminal y que jamás acudiría a reunión alguna... eso le permitía tener la llave de las finanzas en su propia mano, justo en un momento en que las arcas de "El Alcázar" estaban más que mermadas. De hecho, el lanzamiento de JJEE obedeció a la voracidad crematística de Izquierdo, el cual desvió fondos, desde el principio, desde la cuenta de JJEE hasta El Alcázar. Es decir, hasta él mismo.

Pero el partido no arrancaba. Hubo un congreso inicial en un gran hotel de Madrid con cena y fiesta en el marchito "Florida Park" de Madrid. Sabemos quien cobró las comisiones por este rancio espectáculo, pero no me pidan que lo escriba aquí, casi parecería mezquino. Aquel Congreso fue el areópago de la mediocridad: las famosas "200.000 adhesiones" eran apenas nada. Menos que nada. No había gente nueva, ni ideas nuevas, el sentir de la mayoría de los delegados producía tortícolis de tan mirando al pasado que estaban. Izquierdo en aquella ocasión nos dijo que estaban buscando un local para hacer una "gran mitin", "el campo del Atletic o el Bernabeu...", "va a venir tanta gente que no encontramos local para reunirnos". Luego vino el capítulo en fondos: había unos cuantos millones en cartera. La barra del hotel era libre, así que en aquel congreso nos fundimos buena parte de esa reserva.

Tras este congreso me fui a Latinoamérica unas semanas. Al volver, aproveché la escala del avión en Madrid para visitar El Alcázar. Nadie sabía nada. Ni Palacios, ni Ortega, ni nadie. Y lo que era peor: se advertían los primeros síntomas de que algo no funcionaba. Pregunté a Pablo Ortega por qué no se había hecho el gran mitin: "no hay fondos". Tilt.

De regreso a Barcelona, hablé con la dirección de Patria y Libertad y con el que entonces era Delegado de Izquierdo en Barcelona, un tal Castejón, amigo de Izquierdo que, al calor de la confusión de la transición, logró ser por unos meses gobernador civil de Tarragona. Castejón "esperaba órdenes". Así que al cabo de un mes -debió ser en febrero de 1984- volví con otro camarada a Madrid y me fui directo a ver a Pablo Ortega. Había un cuello de botella, era Izquierdo; y, efectivamente, los fondos de Juntas se habían desviado a "El Alcázar". El propio Ortega hacía más de un mes que no veía a Izquierdo, éste le reuía. La Junta no se reunía y el partido estaba embarrancado. Volví a Barcelona con la idea de que aquello se había acabado. Comuniqué el resultado de la reunión al tal Castejón. Delante mio habló por teléfono con Izquierdo: "¿vas viendo a Ortega?", le preguntó. "Todos los días", contestó Izquierdo. Cuando colgó, Castejón acertó solo a decir: "Entonces ¿tú crees que me pagará los libros que me debe?", efectivamente, Castejón le había enviado unas cuantas decenas del libro La Cataluña de Franco. Y eso era la preocupación de Castejón en la época.

Aun a pesar de eso, celebramos una asamblea en Madrid con los delegados de "Patria y Libertad". La reunión tuvo lugar en El Alcázar. Izquierdo asistió durante una hora. Creía que iba a encontrar a un grupito de jovencitos sin experiencia. Y nos encontró hechos unos hombrecitos. Intentó explicar lo que había pasado: "nos han torpedeado", "nos siguen y persiguen", y lo mejor, "en realidad Gullón Walker, Palacios y yo, estuvimos en Arabia Saudita, gestionando una financiación de aquel gobierno para hacer propaganda antisionista, lo que ocurrió fue que Fraga nos torpedeó desde Madrid"... lo que traducido quería decir que el trío fue a Arabia vendiendo humo, los despacharon con palabras diplomáticas y ellos entendieron estas palabras diplomáticas como concesiones... que jamás terminaron de concretarse.

A partir de aquí lo que quedó fue un cadáver irrecuperable. "Patria y Libertad" se autodisolvió, a partir de ese momento, cuando ya no tenía lógica su existencia como sección juvenil de un partido inexistente. Juntas Españolas tiró miserablemente adelante gracias a que desde Cataluña "tiraron del carro". Primero por parte de este caballero que ya hemos mencionado, Agustín Castejón y luego por parte de Ramón Graells, que ocuparon la jefatura nacional de ese partido nacido muerto. Luego la cosa se fue disgregando. Electoralmente todo fueron derrotas, desde el punto de vista militante la cosa no fue mejor. Ni siquiera existió fuerza y voluntad para separar a los skins que se les pegaron como lapas. De repente, por causas que el Sr. Casals explica, el partido se transformó en ADN, dirigido por un tal Juan Peligro.

Cuando parecía que el partido había entrado en barrena, sus restos fueron a converger con otros núcleos para transformarse en Democracia Nacional. Todavía es pronto para establecer si DN logrará alcanzar los objetivos propuestos en sus documentos fundacionales. Existe en el grupo una auténtica voluntad de superar errores pasados y realizar una acción política seria y en ruptura con anteriores concepciones de la extrema-derecha. Resulta evidente que, en el momento de escribir estas líneas, el partido, aun realizando frecuentes conferencias y actos públicos, adolece de falta de "masa crítica". Sus núcleos son aún pequeños como para poder afrontar tareas de envergadura, por lo demás, carece de lo que debe ser el primer instrumento de un partido político: un órgano de agitación y propaganda competitivo. En esas circunstancias, lo más aconsejable sería, de cara a futuras contiendas electorales, pactar candidaturas unitarias en las provincias en las que ello sea posible, con otras fuerzas (¿AUN? ¿FE/JONS? ¿restos de FN?... hoy nos confesamos muy alejados de la práctica política como para poder dar consejos o sugerir orientaciones, sin embargo nos parece lógico y necesario que, dada la limitación cualitativa y cuantitativa de las actuales formaciones políticas, los elementos válidos, más preparados y activos, se reúnan y labres acuerdos puntuales en vistas a obtener lo que sería el más precioso tesoro para todos ellos: un éxito electoral, aunque sea pequeño y localizado, pero un éxito después de tantos años de bloqueo.

[Ejem… mis esperanzas en DN se disiparon hacia 2004, cuando asumió la dirección del grupo Manuel Canduela y realizó una regresión increíble hacia la extrema-derecha clásica, impulsada por su propia tosquedad y escaso dominio de las propias líneas que habían dado nacimiento a Democracia Nacional. Desde ese momento, DN sufrió un rosario de crisis, expulsiones, fugas, abandonos y un aislamiento general que han borrado prácticamente toda huella de actividad pública. Descanse en paz]

23. BALANCE FINAL

Como podrá advertirse si es que usted ha tenido paciencia de llegar hasta aquí, este largo Web no es tanto una crítica del libro del Sr. Casals, como un complemento y unas precisiones desde nuestro particular punto de vista que no es el del historiador, sino del, por así decirlo, ex-combatiente. Consideramos la obra del Sr. Casals extremadamente positiva en todos los aspectos que toca, al margen de las precisiones que le hayamos podido hacer en alguno de sus capítulos o interpretaciones. Es, desde luego muy superior a la productos como la obra de José Luis Rodríguez y desde luego muy superior al miserable panfleto, "Los hijos del 20-N" escrito por el periodista llorón cuyo nombre me niego a reproducir. En este último libro se miente descaradamente en tantos extremos que más que criticarlo lo que habría que hacer es reescribirlo. Entre otras cosas y en lo que a nosotros se refiere, el sujeto en cuestión afirma que nosotros mismos fuimos detenidos junto a Luis Antonio García Rodríguez en la frontera, con un cargamento de "mariettas". Hay algo peor que estar mal informado... ser un cretino. Los hijos del 20-N muestran una vez más que el número de necios es infinito. Dejemos los panfletos de lado y concluyamos.

El reproche que se le puede hacer al Sr. Casals, es no haber agotado el tema. Han quedado muchos cabos sueltos. Incluso, como hemos intentado demostrar, los hechos sobre los que se han centrado son susceptibles de ser interpretados de formas muy diversas. Como siempre la interpretación a un episodio no se consigue a través de un único elemento: siempre son muchos los factores que entran en juego y el efecto producido es la resultante de todos ellos. En mi caso el libro del Sr. Casals me ha ayudado a reflexionar sobre unos años que para mí empiezan a quedar lejos. Me ha servido para interrogarme sobre muchos episodios de mi vida como militante de extrema-derecha. Los errores fueron muchos, errores políticos, errores estratégicos, cálculos erróneos en muchos sentidos. Lo pagamos y yo personalmente, lo he pagado caro. La cuestión no es si nos equivocamos, sino como tituló el coronel Skorzeny uno de sus libros, la cuestión es que "luchamos y perdimos" y la lucha, al menos la nuestra, la que abordamos un pequeño grupo de camaradas, fue -lo he dicho en otras ocasiones- una buena lucha.

Creo que lo que resta por decir es qué queda de los ideales que defendimos, qué hemos conservado y que hemos superado. Hace años que damos vueltas a este tema. Si se lee el documento que elaboramos sobre los "Años de Plomo" italianos, puede decirse que nuestra variación en los últimos quince años es la que va de los ideales que expuso Julius Evola en "Los hombres y las ruinas" y aquellos otros que expuso en "Cabalgar el Tigre". El que quiera entender, que entienda.

Así pues, nuestra felicitación al Sr. Casals y

Sursum corda!

E.M.
día del 8º Aniversario de mi hija Sofía, 1998

PD.- Lamento si las líneas anteriores han podido ofender a alguien. No está en mi intención polemizar, sino decir como he visto episodios del pasado. Por lo demás, como Santa Teresita del Niño Jesús, sigo sin leer, ni repasar lo que escribo. Así que lo escrito, escrito está. Para bien o para mal.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Un texto de hace 12 años: COMENTARIOS A "LA TENTACION NEOFASCISTA EN ESPAÑA" de Javier Casals (I de II)

Infokrisis.- Por pura casualidad, hoy alguien que tiene que presentar una comunicación en unas próximas jornadas sobre la transición a celebrar en la Universidad de La Rioja, me ha pedido algunas especificaciones sobre un texto que yacía olvidado en Disidencias online|press, mi primera web hará algo así como 12 o 14 años, casi en la prehistoria de Internet. He recuperado el texto, he corregido algunas faltas de ortografía y de expresión, sin cambiarlo apenas, introduciendo algunos comentarios entre corchetes. Lo añado en el tema "ultramemorias" porque es es, en el fondo, este artículo



 

COMENTARIOS A "LA TENTACION NEOFASCISTA EN ESPAÑA" de Javier Casals

 

Sumario

 

1. SOBRE LA INFLUENCIA DE DEGRELLE EN EL NEOFASCISMO ESPAÑOL
2. SOBRE LA INFLUENCIA DE CODREANU EN EL NEOFASCISMO ESPAÑOL
3. LA MATRIZ IDEOLOGICA DEL PIÑARISMO
4. SOBRE LA MODERNIZACION DE LA EXTREMA-DERECHA ESPAÑOLA
5. LA "AUTENTICA": EL AUTENTICO FRACASO
6. CEDADE: NAZISMO EN DISNEYWORLD
7. LOS NACIONAL-BOLCHEVIQUES: MADURAD, MUCHACHOS, MADURAD
8. VIOLENCIA DE EXTREMA-DERECHA
9. LA VIOLENCIA DE FUERZA NUEVA Y SU RESPONSABLE
10. EL 23-F Y LA TRAMA CIVIL. ANTONIO IZQUIERDO
11. EL PAPEL DE LA CIA, JAMAS CONTADO...
12. SOBRE LAS CONCEPCIONES GOLPISTAS DE LA EXTREMA- DERECHA
13. SOBRE EL 23-F Y LA INTELIGENCIA QUE ESTUVO DETRAS
14. CONTEXTO DEL 23-F
15. OBJETIVO DEL 23-F
16. CENTRO POLITICO GOLPISTA
17. ESTRATEGIA GOLPISTA Y ANTIGOLPISTA
18. MAPA GOLPISTA
19. TACTICAS GOLPISTAS Y ANTIGOLPISTAS
20. EL MITO CHILENO
21. ...Y OTRA HISTORIA MÁS: LA NUEVA DERECHA
22. LA NUEVA DERECHA POLITICA: DE JJ.EE. A DN
23. BALANCE FINAL




1. SOBRE LA INFLUENCIA DE DEGRELLE EN EL NEOFASCISMO ESPAÑOL

 

Contrariamente a la tesis del Sr. Xavier Casals, en nuestra opinión, ni el Rex de Degrelle, ni la Guardia de Hierro tuvieron un papel preponderante en la conformación de la extrema derecha española del postfranquismo, sino muy secundario e incluso mínimo en un partido relativamente similar a ellos como fue Fuerza Nueva. Es en este punto donde el Sr. Casals ha complicado algo que en principio era simple y se ha dejado seducir por unos cuantos documentos escritos que apenas tuvieron importancia en el desarrollo de los distintos grupos de extrema-derecha.

 

Ciertamente muchos eran los militantes neofascistas que visitaban a Degrelle en su residencia española. Y él los recibía a todos. Ciertamente, la hija de Degrelle se casó con Servando Balaguer, durante un tiempo jefe de Fuerza Joven. Ciertamente, Degrelle era católico antes que cualquier otra cosa. Ciertamente, por último, Degrelle fue un soldado heroico pluricondecorado antes que un criminal de guerra. Pero también es cierto que Degrelle nunca participó en la postguerra en operaciones de reconstrucción de lo que podríamos llamar "internacionales negras", ni siquiera sus compañeros de exilio, con los cuales mantuvo relaciones de cordial amistad -Skorzeny, Borghese, etc.- pensaron en incorporarlo a los proyectos políticos que impulsaron hasta que murieron. El motivo es que Degrelle era "poco práctico". Quienes lo conocieron saben que era capaz de hablar hasta altas horas de la madrugada de la defensa de tal o cual cota en el frente ruso, y de divagar: pero jamás fue capaz, ni estuvo en condiciones, ni probablemente quiso en la postguerra, hacer política, asesorar a las generaciones posteriores, ni hacer otra cosa que reconstruir sus memorias y deleitarse en episodios bélicos.

 

El hecho de que grupos como CEDADE difundieran alguna de sus obras, o que la prensa se preocupara frecuentemente de él, o quizás diera alguna conferencia en el Aula de Fuerza Nueva (no lo podríamos asegurar), o que distintos boletines neofascistas le dedicaran artículos, no implica que su influencia fuera mucho más allá. He conocido simpatizantes de extrema-derecha de toda Europa que alardeaban de haber conocido a Degrelle; yo mismo lo conocí casualmente en una fecha tardía y por casualidad hacia 1985. En general, quienes iban a ver a Degrelle eran jóvenes admiradores del fascismo y del nazismo; nostálgicos más que militantes políticos, más apasionados por las condecoraciones y la literatura bélica sobre la segunda guerra mundial que por la acción política.

 

Aparte de esto hay que tener en cuenta otro elemento que va en contra de la tesis del Sr. Casals. Blas Piñar era (y es, naturalmente) católico y, dato importante, anti-nazi. Se ha recordado su papel en la fundación de la Amistad Judeo-Cristiana y su catolicismo propio del "converso". Como para muchos católicos conservadores, para Blas, el nazismo era una forma de neopaganismo, y no existía nada fundamental que diferenciara la revolución comunista de la revolución nacional-socialista. El catolicismo de Degrelle era sensiblemente diferente: Degrelle estaba más cerca del nacionalsocialismo en lo político y en lo personal las simpatías de Degrelle hacia el Führer lo hacían sospechoso a ojos del catolicismo de Piñar. Y este elemento es capital para limitar extraordinariamente la influencia de Degrelle en la extrema derecha española: simplemente no existió.

 

2. SOBRE LA INFLUENCIA DE CODREANU EN EL NEOFASCISMO ESPAÑOL

 

Con Codreanu las cosas se plantean de otra forma. En 1976 asistí al Primer Congreso de Fuerza Nueva como ponente de organización. La cosa tuvo gracia. Normalmente un congreso - incluso de un partido de extrema-derecha- se convoca cuando ya se han difundido unos textos de base que son discutidos previamente. A los congresos asisten delegados de pleno derecho y delegados elegidos por las bases, se procura -como en cualquier otro partido- que todos los elementos representativos estén presentes en el Congreso que es, en el fondo, quien marca la dirección estratégica del partido. Pues bien, un buen día recibo una carta de Blas que me encarga preparar la ponencia de organización. Como es natural, yo tenía ideas propias que antes hubiera sido necesario contrastar con la dirección del partido, porque en realidad no coincidían con aquellas por las que se regía el partido. Nadie pensó en eso. Simplemente, aterricé en Madrid, fui a la sede del partido, entré en la sala justo en el momento que me tocaba hablar y, así, parachutado, me encontré delante de unas cincuenta personas que constituían el "congreso" del partido. En realidad aquello no pasaba de ser una reunión de delegados provinciales de Fuerza Nueva, elegidos todos ellos, a dedo por Blas. Inicié mi alocución y, en cierto momento, abordé la organización de la Guardia de Hierro rumana, como modelo organizativo. Poco después de abordar este tema, reparé en un caballero, menudo, de unos setenta años, situado en la segunda fila: era Horia Sima. La presencia de Sima y mi intervención contribuirían a afianzar la idea de que el exotismo de la Guardia de Hierro, pesó en Fuerza Nueva. Contrariamente a la tesis del Sr. Casals, no es así. Se trata sólo de un espejismo basado en pruebas circunstanciales.

 

También, como en el caso de Degrelle, buscando, existe mucha información documental, revistas, artículos, unos pocos libros, sobre la Guardia de Hierro, que demostrarían el interés del neofascismo español por este movimiento. Espejismo.

 

Vamos a ver: las revistas de los grupos neofascistas de todo el mundo se escriben en base a revistas anteriores ya desaparecidas. Es frecuente encontrar en cualquier revista cultural neofascista de los años 60, 70 y 80, de España y Francia, de Australia o Argentina, artículos sobre Drieu la Rochelle, Celine, Brasillach, Codreanu y las Flechas Cruzadas húngaras. Se trata de temas recurrentes. Y la presencia del artículo no implica nada más.

 

Puedo conceder que Sima y el ejemplo de Codreanu confirmaran a Blas en su forma de ver las cosas: Blas encontraba en el legionarismo rumano y en su catolicismo militante una confirmación de su ultramontanismo y de la justeza de llevarlo al plano político. Nada más. Blas jamás tuvo en cuenta ningún otro extremo de la -por otra parte, muy rica- doctrina legionaria: ni el antisemitismo, ni sus tesis racistas -perfectamente explicadas por el propio Codreanu a Julius Evola- ni la organización en "cuibs" (nidos); para Blas, la Guardia de Hierro y la muerte de Ion Motta y Basile Marin en Majadahonda, constituían un recurso oratorio más, un alarde retórico, sincero y emocionado, pero sin prolongaciones.

 

En los primeros años 70, gracias a Claudio Mutti, entre otros, la Guardia de Hierro rumana y los Flechas Cruzadas húngaros, tuvieron mucha repercusión en los estratos jóvenes de la militancia neofascista. Y no se quedó solo en teoría: la organización de los Campos Hobbit en Italia respondía al descubrimiento de la riqueza de la Guardia de Hierro: incluso las células del Fronte della Giuventú empezaron a llamarse "cuibs" al modo rumano. En 1979, existía la intención de crear una "Legión" de carácter operativo y solo para la acción directa, entre militantes neofascistas de media docena de países europeos. De hecho, en las crónicas judiciales de los Nuclei Armati Rivoluzionari, ya aparecen alusiones a "la Legione", sin que los investigadores insistieran mucho en esa dirección y sin que pudieran entrever la dimensión europea del proyecto. No fue por casualidad que se eligió ese nombre: era en recuerdo de Codreanu y de sus hombres. En aquella época estábamos experimentando el mismo estilo de vida: núcleos cerrados, haciendo vida comunitaria, compartiendo bienes, dispuestos a luchar cómo fuera y en el marco geográfico que fuera. Nada de esto se dio en el entorno de Blas Piñar. Ni siquiera Horia Sima dio cursillos entre la militancia joven, apenas participó en la vida del partido, nunca ejerció funciones de dirigentes. Todo su papel, y el de otros rumanos exiliados no pasó de una relación de amistad con la persona de Blas Piñar, más que con el partido en sí. Y nunca se trató de un intercambio ideológico o doctrinario en profundidad, pues, como ya he comentado, los temas esenciales del movimiento rumano permanecieron siempre ausentes del ideario fuerzanuevista.

 

Ciertamente Fuerza Nueva Editorial le publicó varios libros que evidenciaron solo que Horia Sima -persona por la que sentí en su momento y aun siento, una gran admiración y simpatía- se había quedado anticuado. Su libro "¿Qué es el comunismo?" es cualquier cosa menos la respuesta a la pregunta que plantea: el comunismo es una conspiración, concluye. Nosotros recibimos del SEDEC un buen paquete de libros que intentamos utilizar en algunos cursillos: en aquella época -principios de los años setenta- el comunismo que describía Sima era complemente diferente al comunismo real que encontrábamos en la Universidad y en los foros intelectuales. El libro de Sima nos fue completamente inútil para alimentar nuestro arsenal teórico anticomunista. Resulta significativo que Fuerza Nueva Editorial no publicara otras obras procedentes del ambiente rumano mucho más útiles: El libro del jefe del Cuib, ni que reeditara las canciones de la guardia de hierra en formato disco o casette, o que simplemente procurara popularizar mediante posters, folletos y proliferación de artículos, la trayectoria de Codreanu y de la Guardia de Hierro. Por lo que recuerdo el Director de Ediciones Acervo que por entonces (1971) había editado la biografía de Codreanu escrita por Sburlati, se quejaba de que Fuerza Nueva había hecho oídos sordos a su oferta de que adquiriera una cantidad de ejemplares. Cuando las obras de Codreanu estaban publicadas en Francia, Italia y Alemania, Fuerza Nueva no se había tomado la molestia de traducir ni un solo libro o biografía de Codreanu. !Menuda prueba sobre el interés de Blas por el fenómeno rumano! Cuando en París, Munich y Lombardía se publicaban noticias sobre la resistencia anticomunista en Rumania, cuando se apoyaban redes de apoyo que falsificaban pasaportes, recibían exiliados, se buscaban fondos, se editaban boletines mensuales de noticias, etc. en las páginas de Fuerza Nueva apenas aparecía otra noticia sobre Rumania que el acto anual de Majadahonda. Inútilmente buscaríamos otras noticias ni otras muestras, más prácticas, más actuales, más "políticas", de la identificación entre Fuerza Nueva y la Guardia de Hierro.

 

De otro lado, incluso los propios neofascistas ignoraron en los años 60 y 70 cómo había nacido y a qué influencias obedecía la creación de la Guardia de Hierro, quién era su inspirador "místico", del que Codreanu sería su portavoz. Hemos tenido que esperar a leer el Dossier Reyor, precisamente en Internet, para conocer las rápidas alusiones que su autor hace a la figura de Michel Valsân, diplomático rumano miembro de la Guardia de Hierro, posteriormente llegado al Islam sufí y dirigente de una tariqah, todavía en actividad. Fue en el curso de los años 30, cuando Valsân llegó a París, ingresó en los círculos guenonianos, y relató a Reyor la historia "del Viejo", especie de profeta que habría inspirado la creación del partido de Codreanu. Esta veta está todavía por explotar y pertenece a la nueva generación rumana trabajar en esa dirección. No hay que olvidar que tras la caída del Muro de Berlín, en los primeros momentos del hundimiento del régimen de Ceaucescu, aparecieron guenonianos en lugares capitales. Jerzsy Voyjkan (excúsenos la ortografía), fue uno de ellos y estuvo presente en el juicio contra Ceaucescu y en su posterior ejecución que consideró como un "sacrificio expiatorio". En fin, esta es otra historia, apasionante, pero que no afecta al contenido del libro que comentamos.

 

Hay un error capital en esta parte del libro, por cierto. Alude a la Tacuara. Conocimos personalmente a varios Tacuaras, así que podemos hablar con conocimiento de causa. La Tacuara (planta local, que se utilizó para confeccionar lanzar en los conflictos civiles argentinos del siglo pasado) fue una organización nacionalista argentina -no peronista- que surgió en los años sesenta, junto con la Acción Restauradora Nacionalista. Sufrió distintas visicitudes y derivó hacia la acción directa, sufriendo, consiguientemente, redadas, persecuciones y no pocas bajas. Tacuara nunca jamás, y somos tajantes en esto, tuvo la más mínima relación con el legionarismo rumano. Por lo demás, no toda la Tacuara era católica. Impulsado por los acontecimientos siguió una deriva similar a la de la Falange Auténtica: un sector fue corriéndose hacia lo que podríamos llamar "izquierda nacional". Una parte de los tacuaras, Joe Baxter, entre ellos, ingresaron en el Secretariado Latinoamericano de la IV Internacional y formaron el núcleo originario del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Baxter murió en accidente aéreo cuando acudía a Bruselas -si no recordamos mal- para asistir a una reunión de la Internacional trostkysta. Es curioso constatar como una parte de la Tacuara, derivo hacia posiciones troskystas y tuvo arte y parte en la constitución del Ejército Revolucionario del Pueblo, en el seno del cual los antiguos militantes antisemitas encontraron su "media naranja", en las numerosas mujeres de origen judío incorporados a la guerrilla. Los Tacuara nacionalistas participaron, igualmente, en los primeros pasos del Movimiento "Tupamaro" uruguayo, hasta que Raúl Sendic logró hacerse con el control del mismo y derivarlo hacia posiciones marxistas y castristas.

 

Niego rotundamente, contrariamente a lo afirma el Sr. Casals, que los "carapintadas" de Aldo Rido, Seineldin y demás, tuvieran la más mínima influencia de la Legión de Codreanu y otro tanto vale para la Triple A que no fue sino una emanación personal de López Rega para deshacerse, no solo de lo más molesto de la guerrilla (no olvidar que en Argentina, además de desaparecidos, hubo una guerra civil de baja cota iniciada por los distintos grupos guerrilleros que desencadenaron una espiral de violencia que luego terminó arrasándolos) sino de sus propios adversarios políticos (incluidos los de su propio partido). La cuestión de qué referentes ideológicas tenían los "carapintadas" es sencilla. En los años, el Ejército Argentino, cuidó por la preparación ideológica de sus cuadros. Doctrinalmente los militantes argentinos han sido siempre en los años 60, 70 y 80, nacionalistas, antiperonistas y, finalmente, han sido formados en las doctrinas católicas militantes de la "Cité Catholique". Ni Codreanu, ni Degrelle tuvieron absolutamente nada que ver en la formación de las opiniones ideológicas de los carapintadas. Solo el nacionalismo y la "Cité Catholique".

 

3. LA MATRIZ IDEOLOGICA DEL PIÑARISMO

 

El franquismo no fue otra cosa que una forma de pragmatismo. La España atrasada y rural de los años 30, con unas instituciones republicanas fracasadas, precisó cuarenta años de "dictadura" -es decir, de mando único, dirigismo, control estatal sobre muchos sectores de la producción- para recuperar el retraso. La estructura política se adecuó a las necesidades económicas, hasta que, entraron en contradicción: entonces, para alcanzar nuevos y saludables estados de evolución económica, hizo falta una adecuación política del Estado. Eso coincidió con la muerte de Franco, la transición, la incorporación a Europa, una incorporación que no podía hacerse manteniendo un marco político "orgánico" y rechazando el sistema de partidos.

 

No es nuestra intención juzgar al franquismo, solo situarlo como una forma de pragmatismo: aun hoy resulta difícil establecer cuáles eran sus ideas políticas, en el caso de que las tuviera. Si lo tenemos que comparar con algo, lo haríamos con la ideología del Mariscal Petain y del gobierno de Vichy. Pero esta es otra historia.

 

La cuestión es que las fuentes ideológicas de Blas Piñar son dos: la primera una forma de franquismo, el nacionalcatolicismo. No la única, ni siquiera la última, solo una forma más de pragmatismo franquista. La segunda es más importante. Antes aludíamos a que el Sr. Casals había complicado algo que en lo personal siempre hemos considerado simple: Blas era un católico integrista y un franquista... nada más. Ni nada menos.

 

La cuestión es a qué catolicismo respondía Blas. Tridentino, sin duda. Preconciliar, naturalmente. Pero aquí cometeríamos otro error si simplificáramos las cosas. El sector ultramontano de la Iglesia, tras el Concilio Vaticano II, lejos de ser uniforme, era un conjunto de tendencias, frecuentemente en polémica unas con otras. Y, por lo demás, consideramos que la tendencia católica a la que se refiere Piñar es anterior al concilio. Esta es la cuestión. Es en el seno del "aparicionismo" mariano del siglo pasado en donde se gestan las ideas básicas del integrismo europeo. Todo empieza en las apariciones de La Salette. Por primera vez la manifestación de la Virgen alude al clero: lo ataca, explica a dos niños que la crisis de la Iglesia es la crisis de sus pastores, que la Iglesia está en peligro porque la jerarquía y el clero se han corrompido. La Virgen de La Salette hace un llamamiento a los "Apóstoles de los Últimos Días" para que formen un conjunto de combatientes por Cristo... aun que sea al margen de Roma donde en el futuro calará también la corrupción. No es extraño que la Iglesia aceptara difícilmente las apariciones de La Salette y que se reconfortara con las de Lourdes, mucho más tranquilizadoras...

 

A esto hay que unir otras concepciones que aparecieron, más o menos en la misma época: la idea de que los regímenes republicanos -novedad en el siglo pasado- habían cometido iniquidades y degradado la moral pública, hizo que la iglesia promoviera la creación de "templos expiatorios" que contribuyeran a aplacar la ira de Dios por los pecados de su pueblo y expiaran las culpas de la humanidad de la época. En Cataluña algún historiador ha seguido las huellas del integrismo regional en el siglo pasado que culmina precisamente en dos templos expiatorios: el del Tibidabo y el de la Sagrada Familia. El templo del Sacré Coeur de Montmartre obedece al mismo designio ideológico.

 

Pues bien, esta idea de "los Apóstoles de los Últimos Tiempos" se convirtió en una constante en el catolicismo conservador europeo del siglo XX, progresivamente recluido en un ghetto, a medida que la Iglesia se "aggiornaba". Y llegamos a mediados de los años sesenta: el catolicismo integrista estaba desorientado por los resultados del Concilio; justo en ese momento empiezan a ser conocidas las apariciones marianas de Garabandal, en territorio español, pero que alcanzarían fama entre el catolicismo integrista mundial. La última aparición de la Virgen en Garabandal -tampoco aquí han sido reconocidas por la Iglesia- se produjo en 1965, a partir de entonces la polémica se fue enconando.

 

Existía en aquel momento cuatro publicaciones integristas en España que se vendían en la calle: Cruzado Español, ¿Qué Pasa?, Iglesia Mundo y Fuerza Nueva. Las dos primeras aceptaron las apariciones de Garabandal de una manera extremadamente militante. No hay que olvidar tampoco que el nombre de "Guerrilleros de Cristo Rey" surge, no en el ambiente fuerzanuevista por asimilación con el Rex belga o con los legionarios rumanos, sino en el ambiente de ¿Qué pasa? que nada tenía que ver con el neofascismo europeo. Repásense los números atrasados de aquella revista, dirigida por el otrora diputado radical-socialista, Pérez Madrigal, y se tendrá una nueva visión de todo esto. Creemos que esta es la principal carencia del texto del Sr. Casals: que ha ignorado la explicación más simple que, a la postre, siempre suele ser la verdadera. Fuerza Nueva fue como fue, por que era un partido hecho a imagen y semejanza de su líder y éste era solo una católico ultramontano criado al abrigo de Acción Católica y de la Asociación Católica de Popagandistas, no de la Falange y para el que el Rex o la Guardia de Hierra eran apenas un par de fotos en el despacho y la posibilidad de tener asegurado un discurso al año en Majadahonda.

 

Hay otro dato fundamental para valorar lo que hemos dicho hasta ahora. Entre 1976 y 1981, un rumor corría por las altas esferas del partido piñarista en Madrid: Blas Piñar era llamado "el Caudillo del Tajo"... el dato no está carente de interés y tiene su explicación. Un personaje sevillano lo suficientemente conocido luego, en uno de sus éxtasis místicos, "recibió" un mensaje de Cristo en persona: "!Ay España! Pobre de ti el día que Franco termine de gobernar en España !Ay España! Cuánta desolación vendrá sobre España... Los españoles dirán: !Señor Trae a otro Franco a España, porque así nos hundimos! Y entonces yo os traeré al gran caudillo del Tajo, el segundo Franco. Ya veis cómo os amo"... El personaje sevillano no es otro que Clemente Domínguez, vidente -o seudovidente- del Palmar de Troya y hoy autocoronado Papa... [fallecido ya cuando realizamos la corrección de este artículo]

 

Lo que ocurría era que desde 1968 Clemente Domínguez aseguraba tener estas visiones. En aquel tiempo los sectores católicos integristas ignoraban la evolución posterior de Clemente, lo tenían por un vidente, acaso inspirado por Dios, cuyos Carmelitas de la Santa Faz, aun no habían entrado en disidencia con la Iglesia. Existía entonces una ósmosis entre el catolicismo integrista de Fuerza Nueva y el catolicismo integrista de los primeros adeptos del Palmar de Troya. Estos, a su vez, atrajeron temporalmente el interés, no solo de quienes rechazaron el Concilio, sino también de aquellos otros que habían asumido las profecías sobre los "Apóstoles de los Últimos Tiempos".

 

Con el tiempo, las posiciones se fueron matizando: Lefevre emergió como la respuesta más elaborada al Vaticano II, luego los "sedevacantistas" se hicieron con otro espacio más crítico, finalmente, surgió toda una serie de antipapas de los que Clemente Domínguez es, sin duda, el que tiene menos fundamento. De otra parte, la actitud de la Iglesia en relación a Lefevre hizo que muchos fuerzanuevistas de la cúpula se retiraran del partido cuando Blas autorizó a que Monseñor Lefevre diera una misa tridentina en el local de Fuerza Nueva. Este sector, estaba contra las innovaciones doctrinales del Vaticano, pero aceptaron someterse al Papa y, aun compartiendo las posiciones doctrinales de Lefevre, prefirieron no seguirle en su tarea pastoral.

 

Por caminos que, en su momento no nos interesó elucidar y que actualmente, a decir verdad, nos siguen trayendo sin cuidado, la profecía del "caudillo del Tajo" se extendió como una mancha de aceite entre la militancia de Fuerza Nueva, especialmente en el partido, más que entre la juventud, y más en Madrid y Andalucía que en cualquier otro lugar. Pero esa profecía contribuía a otorgar a Blas Piñar una misión cósmica y divina. Blas no podía ignorar la existencia de esa profecía: nunca se refirió en público a ella, ni nosotros tuvimos la ocasión de preguntarle directamente qué opinaba al respecto. Fuimos expulsados del partido por haber contraído matrimonio civil en agosto de 1977. Este gesto que nos afectó en su momento, lo hemos mencionado solo porque es significativo del talante de Blas: catolicismo ante todo, catolicismo sobre todo, catolicismo por encima de todo, nada más que catolicismo; y nosotros, que hemos tenido ocasión de trabajar políticamente con antiguos cuadros de la Guardia de Hierro, con antiguos miembros de unidades comandadas por Degrelle, jamás encontramos el más mínimo problema. Con Blas, en cambio, sí, ¿por qué? por que las fuentes ideológicas de Blas no eran ni Degrelle, ni Codreanu, sólo una interpretación fragmentaria de Franco a la luz del catolicismo preconciliar.

 

No pretendemos haberlo demostrado en las líneas que preceden, pero sí haber marcado líneas por donde debería discurrir la investigación histórica (puesto que de historia se trata). Por lo demás, lo que hemos pretendido hacer, no es criticar la obra del Sr. Casals que apreciamos en su totalidad, sino construir una hipótesis contraria capaz de medirse con ella. Y en este sentido, creemos que el Sr. Casals en su afán investigador ha agotado todo el material en defensa de su hipótesis, mientras que nosotros apenas hemos apelado a otra cosa que a nuestros recuerdos. Pero es que nosotros no somos historiadores... en realidad, lamentamos haber sido protagonistas de algunos eventos.

 

4. SOBRE LA MODERNIZACION DE LA EXTREMA-DERECHA ESPAÑOLA

 

En algún lugar de su libro el Sr. Casals destaca una frase que escribimos en algún opúsculo: "Las fuerzas nacionales precisan renovación". Esas líneas debieron escribirse en 1981 ó 1982. Si hoy continuáramos la militancia política no la habríamos escrito así sino de esta otra forma, en estilo "marxiano": "Tras treinta años de dura lucha la extrema-derecha ha llegado desde la nada a la más absoluta miseria; la renovación es imposible".

 

En efecto, si atendemos en lo que se han convertido los distintos sectores de extrema-derecha que han intentado la renovación, hubiera sido mejor que todo se hubiera quedado como antes. No es la extrema-derecha el único sector cuyas renovaciones han constituido una auténtica metida de pata: el trotskysmo ha seguido idéntica deriva. Recordamos un ex-trotskysta que después de veinte años de "renovación", hablando con un miembro de CEDADE le dijo: "No toquéis nada del nazismo histórico, fijaos en nosotros cuando se nos ocurrió cuestionar que la URSS fuera un Estado Socialista, el caos que creamos fue tal que desaparecimos". Aparte de lo surrealista que supone el que un ex-trotzkysta diera consejos sinceros a un militante de CEDADE, certificamos que la frase es auténtica.

 

5. LA "AUTENTICA": EL AUTENTICO FRACASO

 

Y ya que estamos con lo auténtico. El gran error político de la transición y de la extrema-derecha fue Falange Española de las JONS (Auténtica). Sabemos que esto no hará gracia a sus exmilitantes que, con el tiempo, han ido idealizando sus recuerdos de juventud y convirtiéndolos en el único referente político de sus vidas. De hecho, cuando Gustavo Morales y unos pocos más ex-miembros de la Auténtica, se hacen con el poder en FE-JONS en 1996, lo hacen provistos de cierto espíritu revanchista: "por fin hemos triunfado, por fin el espíritu de la Auténtica imbuye a toda la Falange". Incluso incluyen algunos de sus tópicos en la nueva formación: la imagen del Ché Guevara con yugo y flechas en la boina, no es sólo una incoherencia, es una muestra de incultura política. No es raro que dos años después de aquella aventura, Morales se retirara, constatando el empantanamiento del partido y la imposibilidad de construir una estrategia. Hay vías que pueden fracasar, pero cuyo fracaso se advierte solo cuando el camino ya se ha emprendido. Otras vías están llamadas a fracasar de partido. La "Auténtica" pertenecía a este segundo tipo.

 

En este punto coincido con lo escrito por el Sr. Casals en su libro y agradecemos que uno de sus libros de referencia a la hora de construir algunas partes de este capítulo haya sigo nuestro Falange, Años Oscuros, escrito en 1983. Lamentablemente, el Sr. Casals desconocía un artículo nuestro que apareció en 1978 en la revista Fuerza Nueva y que se titulaba "Tres tesis sobre la Falange Auténtica". En el libro en cuestión nos limitábamos a abordar las vicisitudes de los distintos grupos políticos, en el artículo, abordábamos las causas primeras que determinaban que esa historia hubiera sido así y no de otra manera.

 

Decíamos en ese artículo:

 

Primera Tesis.- José Antonio, Ramiro y Onésimo se vieron obligados a crear Falange en un momento extremadamente difícil: combates callejeros, organización del partido, situación extremadamente dramática a nivel de calle, etc. En esas condiciones no lograron construir un sistema ideológico completo, sino extremadamente incompleto y en evolución.

Segunda Tesis.- Es imposible intuir hacia donde hubiera evolucionado el pensamiento y la organización falangista de no haberse producido la guerra civil. Con posterioridad a la guerra, no existieron intentos serios de "cerrar" el pensamiento falangista. Los intentos que hubo de completar el pensamiento joseantoniano fueron parciales, nunca sistemáticos y nunca realizados por gentes con capacidad de síntesis.

Tercera Tesis.- Desde sus orígenes Falange -incluso con José Antonio- ha ido confundiendo ideología y estrategia. Ha situado como cuestiones ideológicas de primer orden, aquellas que no eran más que estratégicas e incluso, en ocasiones, tácticas. La Auténtica en esto fue maestra: la posición en relación al franquismo o a la monarquía no dejan de ser posiciones estratégicas que no deberían de afectar al núcleo ideológico. No fue así: la gesticulación táctica de la Auténtica afectó a la propia ideología. Bruscamente vimos una falange republicana, guevarista, partidaria de la ruptura democrática, sindicalista en la voluntad y anárquica en el comportamiento.

 

En algún lugar del artículo incluíamos lo que luego comentamos al Sr. Casals y él recogió en su libro: la Auténtica no era más que el producto de un complejo de inferioridad de algunos jóvenes falangista en relación a la izquierda. No aportó nada más a los jóvenes que ingresaron en sus filas que las emociones fuertes de toda iniciación tribal; la mayoría luego la olvidaron y jamás volvieron a interesarse por la falange. Sólo para algunos fue algo realmente importante en sus vidas y siempre la recordarán como ligada a los mejores años de su vida.

 

Pero ¿qué es la Falange? ¿qué podía ser? Como siempre vimos la luz gracias a una frase inspirada. Volvíamos del Primer Congreso Nacional Sindicalista (1976), realmente compungidos: se había votado en la ponencia ideológica si el hombre era portador o no de valores eternos. Resultó que sí pero por apretado margen mínimo de votos. En la ponencia internacional, se negaba lo que la geografía y la historia afirmaban -Europa- en beneficio de la Hispanidad -de la que nos separan 14.000 km, apenas-. Nuestro camarada de la época J.H.(a) "el boinas", catalán muy sensato y cabal respondió a nuestra pregunta de por qué se procuraba en cualquiera de las falanges que los nuevos programas aprobados tuvieran "26 puntos" nos desveló el secreto de la Falange: "Falange son los 26 puntos fundacionales, Falange es la camisa azul, una serie de flechas, el Cara al Sol, el yugo y las flechas y poco más. Si se altera alguno de estos elementos la falange se queda en nada". La frase tiene mucho más valor en la medida en que "el boinas" llevaba muchos más años de militancia que nosotros. Fue tras ese malhadado Congreso cuando decidimos ingresar en Fuerza Nueva. Estaba claro que la mayoría de los que ingresábamos en FN en aquellas fechas estábamos en contra de la línea del partido, pero había esperanzas de modificarla y, por lo demás, era un reto. En Falange estaba claro que no había nada que hacer en 1976. Cuando escribimos "La Ofensiva Neofascista" en 1977 preveíamos que la Auténtica se partiría en dos (como así ocurrió dos años después) y que los raimundistas entrarían en la órbita de FN o desaparecerían. En 1979, FE-JONS de Fernández Cuesta vivió su momento álgido... junto a Blas Piñas y, desde el momento en que quisieron volar completamente solos, iniciaron su ocaso que aun dura (y nos cuesta escribir estas palabras cuando tenemos a muchos amigos en la dirección de Falange, pero "nobleza obliga").

 

6. CEDADE: NACIONAL-SOCIALISMO EN DISNEYWORLD

 

Peor fueron los intentos de renovación que realizaron otros sectores de extrema-derecha. Suponiendo que podamos hablar de renovación y no de obsesiones que unos u otros impusieron a sus más que menguadas huestes. CEDADE mientras existió, "renovó" en nacional-socialismo... Es rigurosamente cierto que CEDADE idealizó el nazismo y lo convirtió en algo parecido al ecologismo moderado. La primera novedad de CEDADE consistió en incorporar Walt Disney, Wagner y el vegetarianismo al nacional-socialismo y en querer demostrar lo indemostrable: que Hitler fue cristiano... Lo que pudo salir de aquí era previsible.

 

Ahora bien, CEDADE tuvo una virtud: fue un receptáculo de militantes en busca de iniciación tribal -una vez más; para quien quiera interesarse por este concepto, lea nuestro artículo sobre los Skin Heads, en DisidenciaS onLines/Press- luego la militancia se autidividía en tres: los que se iban a casa (los más), los que permanecían en CEDADE (los menos) y los que pasaban a otras formaciones (algunos). Pasar por CEDADE tenía algo positivo para la militancia de extrema-derecha: en lugar de entrar en FN, encorsetada en el nacional-catolicismo, sin posibilidades de recibir otro tipo de formación, en lugar de ingresar en el caos ideológico de Falange, los cedadianos de la época lo hacían en una organización que estaba regularmente en contacto con todos los grupos extranjeros de extrema-derecha, se recibían muchas revistas y una pequeña minoría de la dirección, culturalmente, tenían una formación completa. No es raro que los intentos más ambiciosos de la extrema-derecha, desde el punto de vista cultural, hayan sido protagonizados siempre por ex- militantes de CEDADE. Recordamos El Martillo, recordamos Graal, recordamos Fundamentos, recordamos Punto y Coma, etc. revistas que, en su contenido remitieron a un núcleo cultural que era más propio de la Nueva Derecha francesa que de CEDADE. También es innegable que estas iniciativas provocaron tensiones y rupturas dentro de CEDADE.

 

[quitaría ese título, deliberadamente provocativo e insolente y por el que pido disculpas a quien pueda ofender, pero no así el contenido de los dos párrafos anteriores. El nacional-socialismo que difundió CEDADE era una idealización de este movimiento que aumento introduciendo elementos que respondían a las características y gustos personales de algunos de sus fundadores. Y, cierta sigue siendo que CEDADE fue una especie de semillero que fructificó en todos los sectores de la extrema-derecha hasta principios del nuevo milenio]

 

7. LOS NACIONAL-BOLCHEVIQUES: MADURAD, MUCHACHOS, MADURAD

 

Queda otro sector "renovador" del que vale la pena escribir un par de líneas. Son los "nacional-bolcheviques". Desde mediados de los ochenta, un núcleo reducidísimo de militantes muy jóvenes se empeñaron en hacer algo que la Auténtica ya había hecho: imitar a la extrema-izquierda. La diferencia era que la Auténtica lo hizo con unos cuantos cientos de militantes detrás y conquistando con mucho esfuerzo militante un cierto protagonismo en la calle, mientras de estos "nacional-bolcheviques" lo repitieron con no más de dos decenas de militantes. Cuando se es joven las equivocaciones son comprensibles, la falta de criterio político es habitual, las vísceras y las obsesiones personales, tiran mucho más que el análisis y la ideología. Casi quince años después del inicio de actividades del núcleo "nacional- bolchevique" aquellos jóvenes de 20 años, tienen 35 y... siguen como ayer. Llama la atención que estos grupos contra más pequeños son, más aumentan su volumen de correspondencia y sus pactos con grupos extranjeros y más grandilocuentes son sus siglas, más provocadores son sus mensajes y más verbalismo izquierdista -no del "mayo blanco", precisamente, sino del otro...- utilizan en sus publicaciones.

 

Quizás éste sea uno de los aspectos criticables del libro del Sr. Casals. Aceptando el Sr. Casals que "lo pequeño es hermoso", dedica unas páginas a algo que, en sí, no tuvo ni importancia teórica, ni entidad numérica, ni protagonizó ninguna "justa" política o ideológica; todo su trabajo político ha consistido en dedicar interminables horas muertas a colocar pegatinas en las farolas como muestra pristina de talante "revolucionario" y editar revistas de mínima tirada. El Sr. Casals tuvo, hace unos años, la enorme habilidad de escribir 500 largas páginas sobre un fenómeno a poco inexistente. Nos referimos a su Neonazis en Cataluña. En realidad apenas han existido neonazis en Cataluña. Y mucho menos neonazis separatistas. Una cosa es la anécdota, otra la historia. La minuciosidad y seriedad con la que el Sr. Casals suele trabajar es digna de mejores causas que dedicar 500 páginas a los 5-7 militantes de "Nosaltres Sols", a los 25-50 de CEDADE en Barcelona en sus mejores tiempos y a una cifra análoga que tuvo el PENS hacia principios de los 70. Y otro tanto puede aplicarse a este otro libro. Junto a Tejero, Blas Piñar, la Falange, el Frente de la Juventud aparecen otros grupos como La Alcantarilla o los "nacional-bolcheviques".

 

Estamos en el terreno de la pura anécdota. Y ya que de anécdotas se trata vamos a revelar una suficientemente significativa del estado de inanición en que se han encontrado estos grupos. Resulta que un militante de estos grupos, sospechoso desde hacia más de cinco años de pasar datos a algún servicio de información, asiste a un reunión. En un momento dado se levanta y va al lavabo. Los otros aprovechan para mirarle la carpeta y las notas y encuentran, oh maravilla, una relación de asistentes a una reunión anterior: evidentemente se trataba de la confirmación a las sospechas que desde siempre habían existido sobre este militante. Sin embargo, optan por no decirle nada. Expulsarlo o hablar francamente con él, hubiera supuesto la posibilidad de perder un 20% de los efectivos... Únase a esto lo pobre de la teorización política y se tendrá un cuadro exacto del pomposamente llamado "nacional- bolchevismo", o la extrema-derecha en su fase más infantil.

Madurad, muchachos, madurad.

 

[je..., pues no, no han madurado, y es curioso, porque precisamente hoy he colocado un post en un foro en el que se hablaba del último avatar de estos nacional-bolcheviques de 1998: Corto y pego, sin añadir ni quitar nada:

 

Ese grupo (el MSR, avatar de los nacional-bolcheviques), el problema que tiene es que vive en un estado de confusión permanente:

1) Confusión en torno a lo qué es una "ideología"
2) Confusión entre lo que es una "ideología" y lo que es un "programa"
3) Confusión entre lo que es "imagen" y lo que es "estrategia"
4) Confusión entre lo que es "estrategia" y lo que es "táctica".

En apenas diez años han pasado por todo tipo de "fiebres ideológicas": nacional-bolchevismo, nacionalismo-revolucionario, fascismo y neo-fascismo, izquierda nacional, identitarismo, federalismo, socialismo, y seguramente me olvido alguno. No es, desde luego, la mejor trayectoria para hablar de "purismo ideológico", sino más bien de "bandazos".

El grupo se adapta a los que llegan... no los que llegan se adaptan a la "ideología" del grupo.

Esto sitúa al MSR como un grupo INESTABLE.
Y todo esto les ha repercutido:

- Interiormente: en una conflictividad cíclica y permanente (fundadores del grupos que se ausentan sin dejar señas, identitarios que se van, izquierda nacional que se va, militantes que son hoy "jefes" y mañana desaparecen)
- Exteriormente: en unas alianzas siempre breves y que terminan en ruptura (con la misma PxC, con el Partit per Catalunya, con el Tripartito, con asociaciones ecologistas, con Izquierda Republicana y ecologistas en las anteriores municipales, con el Tripartito...)

Si el problema es que, más que "purismo ideologico", de lo que conviene hablar cuando nos referimos a este grupo es de "rarezas ideológicas y políticas".

Les conté en cierta ocasión un chiste que creo que no entendieron:

"Dos caníbales se están comiendo a uno del MSR. Y uno le dice al otro: oye, esto sabe raro".

Y este es el problema: que aquello ha terminado siendo un grupo de gente rara en lo personal, en lo psicológico, en lo político, en lo "ideológico", en sus relaciones con otros grupos, en lo dicen, en lo que hacen, en lo que son, etc, etc, etc.

Fin de la cita y del añadida el 9.10.10].

 

8. VIOLENCIA DE EXTREMA-DERECHA

 

Existió violencia de extrema-derecha, eso es innegable. Como hoy existe violencia de los hooligans. Creemos que en un 90% la violencia de extrema-derecha que vagó por España entre mediados de los 70 y principios de los 80 era una violencia tribal de jóvenes en busca iniciación a la pubertad. Nada más. En el otro lado del espectro político ocurría exactamente lo mismo. Y el hecho de que las cúpulas de extrema-izquierda teorizaran la violencia y la justificaran como "defensa antifascistas" o "gimnasia revolucionaria" para preparar la "guerra popular prolongada" o la "insurrección armada de masas", no implica más que confirmar la vocación de plastas intelectuales de la izquierda. En la extrema-derecha los plastas intelectuales hemos sido menos. Y aquí me incluyo pretenciosamente.

 

En lo personal siempre he sido contrario a la violencia. Ayer y hoy. No necesité violencia para sentir que había abandonado la infancia y me había convertido en hombre. Me bastó con emociones fuertes de muchos tipos. Nadie me puede acusar de haberle agredido, ni en política, ni fuera de la política. Eso no implica que sea pacifista. El hecho de que no me guste la violencia no me arroja necesariamente en manos del humanismo pacifista de lo "políticamente correcto". Lo que ocurre es que en política algunos efectos no pueden conseguirse sino es a través de la violencia. Al menos yo pensaba eso en 1977; lo que pienso hoy al respecto carece de interés dado que hace muchos años concluía mi militancia política en la extrema-derecha. En 1977 no se trataba para nosotros de ser "maquiavélicos", considerábamos ayer que cualquier fin no justificaba no importa que medios. Pero nosotros teníamos entonces un “Fin” -así, con mayúsculas- que justificaba la utilización limitada de algunos medios. La violencia de baja cota era uno de ellos. Nosotros intentamos tensionar la situación a nivel de calle. Esto no implicaba necesariamente enfrentamientos callejeros, ni violencia: suponía solo una presencia militante en la calle, una ocupación de la calle, la interrupción del tráfico, la dislocación de la normalidad ciudadana que demostraba a las masas algo que para nosotros resultaba evidente: que las cosas no iban bien y no podían funcionar bien. En aquella época hicimos cientos de pequeñas manifestaciones, cortamos el tráfico durante horas en las grandes ciudades, nos manifestamos una y otra vez en las calles, unas veces cientos de miles, otras veces decenas; en algunas ocasiones surgieron choques. Por nuestra parte pagamos nuestra cuota de sangre, de exilio y de cárcel. Hemos tenido muchos camaradas caídos. Recuerdo más de una docena de rostros de mis camaradas a los que no veré nunca más. Fueron asesinados, unos por policías de distintos Estados, otros por grupos terroristas de izquierda. Muchos de los asesinados, tras serlo, han sido calumniados. Hoy no milito políticamente, pero no me pidan que los olvide.

 

Nuestro error consistió, fundamentalmente, en enfrentarnos a la Bestia -los Estados modernos- y a sus lacayos -marxistas en la época y liberales de todos los pelajes- y creer que existía una posibilidad de vencerla. Olimos su fétido aliento, nos cubrió con su baba ardiente y nos barrió. Durante años fuimos apestados. Bastaba que alguien recordara que habíamos militado en la extrema-derecha para que se justificara cualquier marginación. El año pasado, un periódico, El País, se creyó en la obligación de recordar nuestra pasada afiliación a la extrema-derecha solo para torpedear al periódico de la competencia con el que colaboraba. Nos enfrentamos a la Bestia y perdimos; en realidad, no teníamos ninguna posibilidad de vencer. Para algunos de nosotros, el combate valió la pena: tuvimos experiencias humanas de una intensidad inigualable y comprendimos algunas frases de Jünger en Tempestades de Acero o de Evola en Cabalgar el Tigre. Dado que militábamos en lugares extremos, parte de la militancia que acudía era también extrema: conocimos seres de una bajeza y vileza infame, pero también y sobre todo, tuvimos la suerte de relacionarnos con monumentos de austeridad y valor, heroísmo y entrega. Los años de lucha política nos transformaron como el crisol y el atanor transformaban la materia prima de los alquimistas. Gracias a los años de militancia encontramos nuestra verdadera vocación que nada tenía que ver con la política.

 

9. LA VIOLENCIA DE FUERZA NUEVA Y SU RESPONSABLE

 

Volvamos a la violencia. Salvo en el Frente de la Juventud que conscientemente inició en 1978 una estrategia de movilización y presencia directa en la calle. El resto de organizaciones que, posiblemente se vieran más implicados en episodios de violencia callejera, no tenían estrategias similares: solamente el descontrol de la militancia provocó tales episodios.

 

Es ineludible hablar del papel de Blas Piñar en este tema. Blas no fue jamás un personaje ni violento, ni que enviara a otros a practicar una violencia de la que él siempre huía. Pero Fuerza Nueva, más que cualquier otra organización, vio a su militancia implicada en episodios de violencia. Y en esto Blas tuvo responsabilidad. Recuerdo sus mítines: asistían cientos de jóvenes y oían extasiados aquellas proclamas de Blas en sus discursos, lanzadas con toda la gesticulación y pasión del gran orador que era. Y Blas les decía que la Patria estaba en peligro, que había que salvarla, que la situación era grave y sólo ellos podían hacer algo ante la desidia general... Luego, acabado el mitin, los jóvenes salían a la calle con el cerebro hirviendo: solo que carecían de consignas, Blas les había pintado una situación dramática, pero no les había dicho lo que tenían que hacer (o no le habían entendido en ese punto). Y ellos, esos cientos de jóvenes, lo interpretaron en su clave tribal: unos se fueron al Retiro y batearon el cráneo de un pobre joven que nada tenía que ver con la militancia. Otros se vieron implicados en la muerte de Yolanda González, otros en el acuchillamiento de un joven en la Gran Vía, muchos asaltaron la Facultad de Derecho de Madrid, etc. Todas estas acciones no eran justificables desde ningún punto de vista, sin embargo, la responsabilidad de estos crímenes no pertenecía solo a sus ejecutores: se había instaurado en la sociedad un clima que guetizaba a la extrema-derecha y, finalmente, la organización en la que militaban -Fuerza Nueva- carecía de estrategia y tácticas. En esto es significativo que la organización más radical y extremista, el Frente de la Juventud, cuyos comandos operativos realizaron atracos, estaban armados hasta los dientes y poseían una capacidad de acción que ninguna otra organización de extrema- derecha tuvo jamás, hasta el punto de ser considerados por el Ministro del Interior Juan José Rosón como la organización más peligrosa después de ETA, es significativo, decíamos que el Frente de la Juventud se viera implicada en mucho menos episodios de violencia que Fuerza Nueva. Al existir estrategia y tácticas, la violencia estaba encauzada y limitada.

 

Tras el asesinato del Secretario General del Frente de la Juventud, nuestro amigo Juan Ignacio González, existió un conato descontrolado de represalia. Es en ese contexto en el que hay que encuadrar el intento de atentado contra Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución. El Sr. Casals narra el episodio correctamente, si bien con algún elemento de redacción equívoco. Da la sensación al leer sus líneas sobre este tema, que fuera yo quien di la orden del atentado. No fue así. Tras producirse el asesinato de Juan Ignacio –yo estaba en aquel momento en el exilio- llamé a mi contacto en Madrid con el Frente, una chica de la Dirección. Fue el último contacto con la dirección y sólo a título informativo; a partir de ese momento, las mutuas medidas de seguridad y prudencia hicieron que no hubiera más posibilidades de relación y que no estuviera en condiciones de dar ninguna orden. Por lo demás, yo me encontraba en aquel momento extremadamente lejos de España -no en el país en el que, sin duda por un malentendido, dice el Sr. Casals, pero lejos, a fin de cuentas- y las comunicaciones no eran tan sencillas como en la actualidad. A las pocas semanas de la muerte de Juan Ignacio estaba previsto el atentado, pero la policía lo evitó "providencialmente", deteniendo a una treintena de militantes (si no recuerdo mal, en algún momento estaban detenidos casi 60, solo que no todos entraron en la cárcel) y recuperando buena parte del armamento. Y si quieren mi opinión yo jamás habría dado la orden de atentar contra Peces Barba. Su participación en la elaboración de la "constitución" bastará por sí misma para arrojarlo a la cloaca de la historia... esa constitución cuya ambigüedad será en el próximo futuro germen de discordias civiles. Sólo deseamos que el Sr. Peces Barba y los demás "padres de la constitución" vivan lo suficiente para sentir vergüenza y abominar de su obra.

 

A estas alturas, como decimos, el Frente había visto roto su estrategia, su estructura organizativa, su dirección y era previsible que las bases y, sobre todo, los comandos de acción se descontrolaran. Hay que decir en esto, que el Frente de la Juventud pagó caro su voluntad de enfrentamiento al Estado: muchos militantes pasaron largas temporadas en la cárcel y en el exilio, e incluso algunos fueron detenidos, torturados y encarcelados en prisiones de otros países.

 

Sobre la violencia de nuestros camaradas italianos de los que el Sr. Casals apenas habla en su libro, remito a mi reciente comunicación a las "Primeras Jornadas sobre el Movimiento Social Italiano" celebradas a finales de septiembre de 1998 y a las que fui invitado, excusando mi asistencia por causa de fuerza mayor.

 

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UN ESTUDIO SOBRE LA MASONERIA, el último libro de Ernesto Milá, publicado por PNL-books a vuestra disposición

                                   

 

Estudio sobre la masonería, cuyo título es suficientemente explícito sobre la materia de que tratan las 300 páginas de la obra. Es posible que haya muchos libros sobre la masonería pero este ha sido elaborado con materiales que no son habituales. Por ejemplo:

- Es la primera vez en España que se trata el tema de la procedencia de la masonería a través del “compagnonage”, describiéndose como eran las sociedades secretas gremiales y de dónde procedían. Me extiendo en la primera parte de la obra en las extrañas costumbres y ritos de estos grupos que hoy existen todavía en algunos países europeos.

- También hago una referencia a otras organizaciones similares a la masonería, sociedades conspirativas españolas (los Caballeros Comuneros) y italianas exportadas a nuestro país (la Sociedad Carbonaria), similares a la masonería y como ésta, de carácter conspirativo y liberal.

- Discuto también en otro capítulo sobre la “regularidad” de la masonería: empezó mal. De hecho, la creación de la Gran Logia de Inglaterra fue ilegal y fraudulenta y los pastores Anderson y Desaguliers destruyeron documentos de los antiguos gremios católicos ingleses.

- Me extiendo en el capítulo III en los grupos que no son propiamente “masonería” pero que pueden ser llamados con propiedad “paramasónicos” y en otros terreno “ocultistas”. Todos tienen interpenetraciones y nexos comunes pero son muy diferentes unos de otros: hago especial referencia a la Orden de los Iluminados de Baviera, al papel del iluminismo en la Revolución Francesa, o a la masonería femenina.

- Dedico un capítulo a aspectos desconocidos o poco conocidos de la masonería española: desde su historia de la transición hasta nuestros días, los neo-templarios españoles del siglo XIX, la masonería nacionalista catalana de Rosend Arús, para llegar, cómo no, a la polémica sobre si Zapatero es o no masón (no lo es, por toda seguridad).

- A modo de conclusión planteo el problema de si el problema iniciático tiene o no sentido en la masonería actual y si queda en ella algo de iniciático y tradicional.

- En los dos anexos finales trato el tema del simbolismo masónico y sus dualidades y en el otro abordo un tema que ha fascinado durante 30 años a muchas mentes calenturientas: el caso de Rennes-le-Château y las sociedades secretas que se sitúan tras el tesoro hallado por un sacerdote en ese pequeño pueblo francés. Me limito a explicar cómo ha nacido una mitología contemporánea y quienes la han promovido, desde el trotskista Gèrard de Sède hasta Dan Brown con su Código da Vinci…

Este es el contenido de las 300 páginas de este volumen de 17 x 22,5 cm, por portada plastificada y solapas, cosido en la encuadernación, publicado por PNLbooks, y que podéis pedir a vuestra librería habitual al precio de 25 euros o bien a mí directamente por 20 euros (y si os puede interesar estaré muy honrado de firmároslo). Escribidme a infokrisis@yahoo.es para enviarme los datos y os digo la forma de pago.

Locura y milicia (IV de V). Lope de Aguirre, “el traidor”, “el loco”, “el peregrino”


Infokrisis.- Su figura ha sido tratada hasta la saciedad por novelistas y se han filmado incluso dos películas recordándole, los estudios históricos sobre su figura han proliferado y no se descarta que en el futuro genere nuevo interés pues, no en vano, no todos los días la historia alumbra de un Lope de Aguirre. Personaje nietzscheano por excelencia, megalómano, Caro Baroja dice de él que es un personaje de gran guiñol y añade que los Aguirres de Oñate frecuentemente ven relacionado su apellido con el lobo (lupo, Lope), que se asocia al apellido Lope. El lema que acompañaba al escudo “Omnia si perdideris, famam servare memento” (“Aunque pierdas, recuerda de mantener tu fama”). Cuando en el siglo XVI un animal estaba asociado al escudo nobiliario de una familia equivalía a que reconocer que ese animal iba a tener gran importancia en la vida de ese linaje. Se trataba de un resto de las antiguas creencias totémicas. Había en Lope de Aguirre mucho de lobo.

Que fue un guerrero no cabe duda. Como buena parte de la caballería y de la nobleza medievales, tenía cierta ilustración y había leído a los clásicos, él mismo en sus escritos –especialmente en su archifamosa carta a Felipe II- se expresaba con claridad y finura; incluso tenía buena letra y suele utilizar latinismos en sus escritos. Conocía así mismo, la política de Felipe II, lo que indica que estaba al cabo de la calle de la actualidad de su momento histórico. Pero, sobre todo, él se consideraba un guerrero y, como recuerda Caro Baroja, practicaba cierto desdén hacia los “ombres ceuiles”. En sus horas más sombrías seguía recordando ese linaje de guerreros al que pertenecía. Decía por ejemplo: “Yo bien sé que me tengo que condenar pero en el infierno no tengo yo de estar con la gente bahúna, sino con Alejandro Magno, con Julio César, con Pompeyo y otros príncipes del mundo”.

Cuando Lope de Aguirre nace (1510) estamos en pleno Renacimiento, pero en los altos valles de Guipúzcoa se viven todavía conceptos propios de la Edad Media. Lope de Aguirre es, ante todo, un guerrero impregnado por esos conceptos y especialmente por el deseo de demostrar su valor y temple. A esto se le llamaba “más valer”. El concepto de igualdad era completamente inexistente para la humanidad medieval y solamente existía un régimen estricto de jerarquías en función de méritos adquiridos. La aspiración de un guerrero era “valer más” que cualquier otro. Dice Lope de Aguirre en su carta a Felipe II: “En mi mocedad pasé el océano a las partes del Pirú, por valer más con la lanza en la mano y por cumplir con la deuda que debe todo hombre de bien”.

Un guerrero medieval no podía concebir ni el honor ni la jerarquía sino era en función del concepto de “más valer”. Cualquier hazaña se realiza para “valer más”, todo acto de heroísmo o de servicio no tiene otra justificación más que demostrar el propio temple. El propio Aguirre recalca este concepto en su carta a fra Francisco Montesinos: “… porque después de creer en Dios, el que no es más que otro, no vale nada”. En la cúspide de la pirámide jerárquica se encuentra el guerrero que vale más que cualquier otro, en la base el que no vale nada. Cuando se demuestra la propia valía, la cúspide de la jerarquía aceptar el acto de afirmación personal con su reconocimiento explícito.

Lope de Aguirre de había criado en este concepto que vivió intensamente por lo cual reaccionó de manera desaforada ante lo que juzgaba era la indiferencia y la falta de reconocimiento a su valía por parte del emperador Felipe II. Lope juzgaba que había sido tratado injustamente por el emperador que había desconocido su valor en las guerras del Perú. Desde 1531, Lope de Aguirre había puesto pie en el nuevo continente siguiendo a Rodrigo Buran, para enrolarse luego junto a Cristóbal Vaca de Castro y participar en algunos enfrentamientos cuando ya su fama de aguerrido, pendenciero y exaltado se había extendido por el virreinato. Se enfrentó a Gonzalo Pizarro para liberar al enviado de Felipe II y aplicar las Leyes Nuevas que debían liberar a los nativos. En los enfrentamientos, Lope resultó herido en el pie derecho y la explosión de un arcabuz defectuoso le quemó las manos. Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal, el Demonio de los Andes, fueron finalmente derrotados en 1546 cuando Lope de Aguirre era sargento mayor y se había desplazado a Nicaragua.

En 1551, al regresar a Potosí, cometió un abuso sobre unos indios lo que le valió ser procesado. En su defensa alegó que era “hidalgo de buena familia” lo que no impidió que fuera azotado públicamente por orden del juez Francisco de Esquivel al que perseguiría durante tres años y cuatro meses a lo largo de 6.000 km hasta matarlo, episodio por el cual fue declarado culpable en rebeldía.

Vázquez describe así a Lope de Aguirre: "Fue hombre de casi cincuenta años, muy pequeño y poca persona; mal agestado, la cara pequeña y chupada; los ojos que si miraban de hito le estaban bullendo en el casco, en especial cuando estaba enojado… Fue gran sufridor de trabajos, especialmente del sueño, que en todo el tiempo de su tiranía pocas veces le vieron dormir, sino era algún rato del día, que siempre le hallaban velando. Caminaba mucho a pie y cargado con mucho peso; sufría continuamente muchas armas a cuestas; muchas veces andaba con dos cotas bien pesadas, y espada y daga y celada de acero, y su arcabuz o lanza en la mano; otras veces un peto".

Es muy probable que fuera la sentencia del juez de Esquivel la que tendría un extraordinario impacto emocional en Lope de Aguirre mucho más que los azotes a los que fue sometido. A través de esa sentencia se demostraba que sus esfuerzos por “más valer” no habían sido tenidos en cuenta, sus méritos pasados no habían logrado borrar su culpa presente, ni sus múltiples heridas al servicio de la corona, ni siquiera su apoyo a la legalidad vigente frente a los nobles levantiscos.

Cuando en 1560, el virrey Andrés Hurtado de Mendoza organiza una expedición para buscar El Dorado, estaba claro que su intención era deshacerse de los antiguos combatientes curtidos en las guerras civiles, algunos empobrecidos y otros como Lope de Aguirre, simplemente resentidos por no haber sido reconocido su “más valer”. Las posibilidades eran dos, que encontraran la mítica ciudad y el brusco enriquecimiento les hiciera sentar la cabeza, o simplemente que todo fuera un mito y murieran en la aventura. Tal fue la innoble motivación que originó la famosa expedición de “los marañones”.

En total no llegaban a 1000 hombres de los que solamente 300 eran españoles siendo el resto esclavos negros y sirvientes indios. Cuando Lope de Aguirre sintió bajo sus pies las aguas del río Marañón ya era un hombre con el juicio enturbiado y un odio cerval hacia la autoridad imperial y cualquiera de sus servidores. Era inevitable que Pedro de Ursúa, que comandaba la expedición fuera el objeto inicial del odio de Lope. Ursúa, por lo demás, había llevado a la expedición a su amante mestiza y pronto Lope extendió el rumor de que Ursúa desatendía sus obligaciones y estaba completamente volcado a su amante (lo que, por otra parte, parece que era cierto). Lope de Aguirre entendía que él valía más que Ursúa para encabezar la expedición, juzgaba que sus méritos eran muy superiores y parece milagroso que tardara un año, desde que se inició la expedición, en derrocar y asesinar a Ursúa.

Pero El Dorado parecía huir de los “marañones” y estos respondían a las calabazas del destino causando estragos entre las poblaciones que recorrían. Quizás el resentimiento, la brutalidad y la sensación de ser desconsiderado, fuera larvando a lo largo de ese primer año, agravado por las privaciones, los accidentes, las enfermedades y los choques con los indígenas que poco a poco fueron mermando la expedición. Puede pensarse en un clima de progresiva pérdida del sentido de la realidad y de enrarecimiento de las relaciones personales que debió agravar la locura incipiente de Lope de Aguirre. Y fue así como se llegó a la jornada del 23 de marzo de 1561 cuando Aguirre reunió a 186 capitales y soldados y les instó a firmar una carta declarando la guerra al Imperio Español, carta que él mismo firmó con el nombre de “Lope de Aguirre, el traidor” y que se preocupó de hacer llegar al Emperador.

La carta es una pieza de megalomanía pero con destellos de lucidez. Básicamente, la carta explica al Emperador que él y los firmantes “hemos salido de tu obediencia, desnaturalizándonos”. No se trata de una expresión habitual en el lenguaje de las armas del siglo XVI, pero sí tenía un sentido preciso: indicaba la voluntad de los firmantes de dejar de estar sometidos a la corona imperial y renunciar a tener a Felipe II como Rey y Emperador ¿Era admisible que en tiempos de Felipe II, alguien se “desnaturalizara”? Era posible, en efecto, hacerlo y así lo preveían las leyes medievales empezaron por el código de las Siete Partidas en donde se dice que la “desnaturalización” puede sobrevenir en cuatro supuestos: por una traición del vasallo, por culpa del señor que practica excesos y obliga a cargas insoportables vasallo, cuando el señor deshonra a la mujer del vasallo y, finalmente cuando alguna de las partes no respeta una decisión superior. Lope de Aguirre estima que  es el segundo supuesto el que está justificado para romper con el Emperador de las Españas y es al que se acoge.

Caro Baroja ha demostrado que si bien la carta de Lope de Aguirre es un signo de desmesura y, por tanto, de locura megalomaníaca, la fundamentación jurídica y los argumentos que utiliza, no son los de un castellano del siglo XVI, pero sí los de un vasco del siglo XV, porque, nuestro guerrero era, un hombre de temperamento medieval, casi como alguien de otro tiempo perdido en un universo hostil que cada vez entendía menos y provisto de unos valores que cada vez quedaban más atrás en el tiempo y, por tanto, parecían más incomprendidos a la vista de todos.

PARA LEER EL RESTO DEL ARTÍCULO ES PRECISO ADQUIRIR EL VOLUMEN II DE MILICIA. EL LIBRO DE LA TRADICIÓN GUERRERA.

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Locura y milicia (III de V). Ungern Khan


Infokrisis.- Aquellos pocos que se aproximan a la figura de Ungern Khan reconocen en él, a primera vista, el paradigma del guerrero enloquecido. Su hazaña es similar a la expedición de los “marañones”: como ellos cruzaron el Amazonas, Ungern Khan y su división asiática de caballería cruzaron Siberia. Ambos, Lope y Ungern fueron despiadados con sus enemigos y más todavía con sus propios hombres. Los dos eran hombres cultos, los dos habían nacido guerreros y ambos tenían delirios místicos que estuvieron presentes en el trasfondo de sus aventuras. Los dos terminarían rodeados de sus últimos leales y muertes bajo el fuego enemigo. Ambos, estaban locos.

Jalones de una vida

Ungern Khan von Stemberg había nacido en Graz, Austria, hijo de una familia de Baltenritter (“barones del Báltico”, de origen alemán. Creció en Reval, Estonia. Estudió en la Academia Militar de San Petersburgo, y de paso por Siberia quedó fascinado por el estilo de vida de los nómadas. Al estallar la I Guerra Mundial es destinado al frente de Galitzia, en Polonia, donde se acreditó como un oficial valiente, a menudo temerario y en torno al cual proliferaban los chismes sobre sus excentricidades. Se decía que el general Wrangel, su superior en el Ejército Ruso, tenía miedo a ascenderlo intuyendo lo que sería capaz de hacer. En su expediente como oficial de operaciones figuraba una palabra que sintetizaba la opinión que tenían sus superiores de él: “imprevisible”.

Al igual que Lope de Aguirre, Ungern era un guerrero cultivado, familiarizado con las literaturas europeas, cuyas lenguas dominaba: Dante, Goethe, Dostoïesky o Bergson constituían algunas de sus lecturas favoritas. Ambos experimentaron un deseo de independencia de los poderes establecidos, fueron incapaces de adscribirse a ningún bando y, finalmente, la desmesurada ambición de sus obras denotaba por sí misma su grado de locura. Tanto Ungern como Lope evidenciaron un extraño impulso místico. La megalomanía y la crueldad, mezcladas con una lucidez extrema, desembocaron en la locura absoluta entre ambos. Ambas vidas son incuestionablemente paralelas.

Es posible que su atracción por Asia procediera del recuerdo de su abuelo, un aventurero que finalmente resultó expulsado de la India por los británicos para retornar a la isla Báltico en donde los von Stemberg tenían su feudo. Poco después se le acusó de “naufragador” pues encendía fuegos que despistaban a los navíos y les hacían embarrancar en la isla donde eran saqueados. Con tales antecedentes familiares no era raro que Ungern Khan se considerara procedente de un “linaje de guerreros donde la sangre de los hunos y la de los germanos se mezclan”.

Las primeras noticias que llegaron a España sobre este personaje se deben a la obra de Ferdinand Ossendowsky, Bestias, Hombres y Dioses, publicado en España antes de la guerra civil. En su obra, Ossendowsky que había sido ministro en el gobierno contra-revolucionario, narra su atribulada fuga de la revolución bolchevique que le lleva por Siberia y Mongolia. Gracias a él conoceremos la tradición del “Rey del Mundo” y la figura de Ungern Khan. Hubo de pasar mucho tiempo, casi cincuenta años, para que el cómic de Guido Crepax diera unas pinceladas breves sobre el personaje en uno de los cómics de su serie Corto Maltés. En 1973, Julius Evola le dedicó un artículo  en el diario Roma, en donde explicaba que había conocido a su hermano: “Nosotros mismos tuvimos ocasión de oír hablar directamente de Stemberg por su hermano, que debía ser víctima de un destino trágico: habiendo escapado a los bolcheviques y regresado a Europa a través de Asia tras toda clase de vicisitudes increíbles, él y su mujer fueron asesinados por un portero preso de la locura cuando Viena fue ocupada en 1945”. Poco antes, la revista Etudes Traditionelles, aportó algunos datos sobre la personalidad de Ungern Khan transmitidos por el que había sido jefe de artillería de su división. Evola comentaba que en Mongolia la figura de Ungern Khan fue adorada en templos budistas como “manifestación del dios de la guerra”, Mahakala.

En tanto que Mahakala, Ungern tomó partido contra los bolcheviques y recorrió Asia combatiéndolos. Se enfrentó a los chinos a los que expulsó de la zona que ocupaban en el Tíbet, marchó hacia Mongolia y ocupó el país contando con el apoyo de la jerarquía lamaísta local. Tras vencer a los rusos blancos, a los ejércitos bolcheviques solamente les quedaba terminar con la “división asiática de caballería” comandada por Ungern Khan. Y a eso se aprestaron en agosto de 1921. Tras su muerte y durante muchos años la figura de Ungern Khan alcanzó especial relieve entre las comunidades budistas de Asia Central siendo considerado como una especie de santo y venerado como tal aún hoy en los templos budistas de Mongolia.

A lo largo de toda su vida solamente tuvo una filosofía en la que creyó profundamente y que él mismo resumió así: La victoria o la derrota son dos putas mentirosas. Solo me interesa la guerra, nunca lo que viene después. Es preciso combatir hasta el final. También yo considero que esta guerra está perdida, pero la desesperación es tan mentirosa como la esperanza. Sólo cuenta una cosa: ser aquello que se es y hacer lo que debe hacer”.

En el infierno de la guerra civil rusa

Evola, en su artículo publicado en el diario Roma, nos confirma que Ungern-Stemberg pertenecía a una vieja familia báltica de origen vikingo y añade que “mandaba en Asia, en el momento en el que estalló la revolución bolchevique, numerosos regimientos de caballería, que poco a poco acabaron convirtiéndose en un verdadero ejército. Ungern decidió combatir con éste la subversión roja hasta las últimas posibilidades”. En realidad, Ungern estuvo contra los bolcheviques pero también contra los “blancos”. Lo que Evola no explica es que, Ungern fue enviado por el Gobierno Provisional ruso, el último democrático antes de la ocupación el poder por los bolcheviques, al extremo oriente ruso acompañado por el general Semiónov, atamán de los cosacos. Una vez allí les sorprendió la revolución de octubre de 1917 y ambos militares optaron por el campo contra-revolucionario. Cuando esto sucedía, la fama de Ungern como personaje excéntrico e irracional ya era suficientemente conocida en el ámbito militar. Allí, en Siberia y Mongolia demostró que estos adjetivos no eran inmerecidos. Pronto empezó a actuar fuera de cualquier disciplina de Wrangel y Kolchack, los jefes militares de la contra-revolución y haciendo gala de un comportamiento cada vez más exaltado, excéntrico y cruel hasta el punto de que cuando conoció al ingeniero Ossendowsky le dio: «Mi nombre está rodeado de tal odio y de tanto terror que nadie consigue distinguir la historia de la leyenda».  

Su ejército englobaba a cosacos de Transbaikalia, mongoles, buriatos, y rusos, y era una muestra de selección natural: le seguían aquellos que estaban lo suficientemente locos o que experimentaban un impulso místico enfebrecido como mínimo tan grande como su jefe.

PARA LEER EL RESTO DEL ARTÍCULO ES PRECISO ADQUIRIR EL VOLUMEN II DE MILICIA. EL LIBRO DE LA TRADICIÓN GUERRERA.Información sobre la obra y pedidos en Editorial EMInves

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