MSF: islamizacion de Europa

Publicado: Miércoles, 08 de Junio de 2016 08:48 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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MÉDICOS SIN FRONTERAS: SOLIDARIDAD PASANDO POR EL HARO ISLAMISTA.- No cabe duda de que Médicos sin Fronteras (MSF) es una de las ONGs más eficientes que operan en el mundo. Casi diríamos que es la única eficiente. Lo normal sería que esta ONG se comportara en los escenarios de sus misiones como lo haría en Europa. Y en Europa, obviamente, lo normal sería que se comportara cómo se comportan los europeos. Pero no: son los “ayudados” y no los “ayudadores” los que marcan el ritmo; son los “visitantes” y no los “visitados” quienes imponen sus condiciones.

Todo esto viene a cuento de que en el campamento para inmigrantes de Idomeni, en la frontera Macedonia, MSF tiene un puesto de ayuda. Inmensos carteles recuerdan a los miembros de MSF cuáles son las actitudes y prácticas autorizadas durante el “mes sagrado del ramadán”. Por ejemplo, los empleados de MSF tienen prohibido comer, beber y fumar durante las horas del ayuno, incluso mascar un chicle. Y esto desde que sale el sol hasta que se pone. Así lo estableció Mahoma y así deben cumplirlo… incluso aquellos para los que la religión islámica no es más que una superstición salida del desierto o para los cristianos que tienen otros hábitos religiosos menos excluyentes. Así mismo, se advierte a los funcionarios de MSF que el ayuno, bajo el sol de plomo, puede excitar y “estresar” a los inmigrantes y, por tanto, hacerlos “nerviosos”…

¿Dónde queda la “total independencia respecto a todo poder, así como a toda fuerza política, económica o religiosa” que prescribe la carta fundaciones de MSF? ¿Alguien puede imaginar a MSF respetando la abstinencia de comer carne de los viernes o que en los campamentos en donde actúa con mayoría católica se les obligue a comer pescado? Hacerlo, supondría que esta ONG y cualquiera con dos dedos de frente, pusiera el grito en el cielo. Pero para el islamismo rige otra lógica. “Integrarse” supone, simplemente, adaptarse a sus costumbres –por estrafalarias que sean- incluso en una tierra, como Macedonia, que no es la suya.

 

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